En mi habitación, mi hermana y yo compartimos un secreto de nuestros padres. Poco saben que mi hermana y yo hacemos cosas que serían extrañas o incluso extrañas para los demás. Pero no hay nada que podamos hacer, porque cuando nos sentimos atraídos el uno por el otro, nuestros corazones laten salvajemente y nuestro corazón solo se calma cuando nuestras energías se quedan sin tanto amor.
Aunque tengo 18 años y mi hermana tiene 20, tenemos sexo como lo hace cualquier adulto en los videos porno que vemos como referencia. Aprendimos tantas cosas que nos sentimos como adultos, mi hermana prefiere mucho el sexo anal. Por supuesto, ella tiene una razón para no quedar embarazada, pero de alguna manera encontró placer en el anal. A mi hermana le gusta tanto el anal que no sé qué hacer cuando lo quiere de inmediato.
Pero por suerte para ella, mi pene se siente bien metiéndose en su trasero. A diferencia de su coño mojado y caliente, su culo solo está caliente, no tiene la misma lubricación que sus fluidos vaginales. Además del hecho de que está apretado, lo que me obliga a empujar profundamente dentro de él. Sin embargo, como ella es mi querida hermana, tengo la obligación de complacerla más que nada. Si ella quiere tomarlo por el culo, como hermano, asumo este papel sucio, aunque no lo disfruto muy bien.
……….
Fue una noche como cualquier otra, pero esa noche fue especial. Mis padres salieron a disfrutar su día de San Valentín a pesar de que estaban casados. Mi hermana y yo no tenemos estas cosas llamadas novios, solo nos tenemos el uno al otro.
-¿Qué te han parecido mis nuevas bragas?
-Linda.
-Hola, en realidad no lo compré, se lo robé a mamá. Entonces, ¿me parezco a ella?
-Hmm, ¿qué me dice que sí? -Lo desafié.
-Bueno, si dijera que sí, ganaría toda mi furia. Pero si no, tendrás todo mi amor por esa noche.
-Lógicamente digo que no. -Dije desesperado.
Ella sonrió, su hermosa sonrisa sexy y seductora. Mi blanca y rubia hermana con hermosos pechos, con su hermosa vagina cubierta por las bragas de mamá. No tenía forma de no emocionarme. Mi pene quiere su coño más que nunca.
Mi hermana sabe cómo deseo su cuerpo, sabe que en lugar de ir directamente a mis brazos en la cama, estaba haciendo algunas posesiones donde me seguía empujando cada vez más. Tu trasero que me gusta morder dejando marcas, tus tetas que me encanta chupar, tus pezones rosados que hacen que mis ojos brillen de emoción.
Mi hermosa hermana rubia con ojos azules que tiene los deseos carnales más sucios, quiero follar cada parte de su cuerpo. Aunque delgada, es una mujer resistente a mis ataques en la cama, su cuerpo puede soportar cada golpe que le doy en el culo y el coño.
-¿Por qué hay tanta presa? Tenemos una noche entera para nosotros. -Mi hermana habló notando mi ansiedad.
-Incluso estaría de acuerdo con eso, si no fuera por el hecho de que estamos haciendo esto en la cama de nuestros padres.
-No hay problema, cariño, lo hemos hecho muchas veces y no es hoy que nos atraparán.
Estaba tan segura de que me dejó otra opción si ella no lo aceptó, pronto se vio que no era tan confiado. Ella decidió ir a la cama ella misma, trepando a cuatro patas y arrastrándose hacia mí. Sus pezones sufrieron el tirón de la gravedad al ser derribados. Sería un cachorro si me quedara abajo y chupara esos pezones rosados. Mis ojos pasaron de su sonrisa a sus tetas sin mucho esfuerzo de ella.
-Perro bastardo, entre mirarme la cara o las tetas, prefiere mis tetas. Los hombres son hombres. -Ella gruñó juguetonamente.
-No es ese amor. Sus senos son tan hermosos que no pude evitar admirarlos. -Expliqué.
-En serio, además de mis tetas, ¿qué otra parte te llama la atención además de la cara bonita? -Ella me preguntó evaluándome.
-Yo… hmmmm… luz, tu coño, esa parte es la más bella además de tu cara.
-Perro de verdad, pero haz qué. Es un hombre de dieciocho años con una erección por todo lo que parece un coño. Pero basta de hablar, ven aquí y quítate las bragas.
Mi hermana se dio la vuelta mostrándome su hermoso culo blanco que amo tanto, es como siempre me gusta. Grande, gordito, muy redondo. Le gusta ir al gimnasio y la parte donde más trabaja es su trasero. Solo pensando que hay un entrenador personal mirando su trasero, no hay forma de que no pueda ponerme celosa.
Mi hermana es mi esposa, y si pudiera estar con ella en el gimnasio, definitivamente iría.
-Oiiiii, Terra para Marte, mis brazos se cansan manteniendo mi trasero en tu cara.
-Ok, lo siento, déjame quitarme esas bragas y déjame ver bien este coño.
-Perro.
Le quité las bragas en las que ella ayudó a quitarse, pude ver muy cerca de su hermoso coño que ningún otro hombre puede ver. Tu trasero como siempre parpadea de emoción, deseando una vez más que mi pene entre en él dejando un gran agujero.
Mi corazón, lleno de emoción, se reflejó en mi pene que luchaba dentro de la ropa. Luego, a toda prisa, me quité toda la ropa, dejándome desnuda como mi hermana.
Al ver que me quité la ropa, mi hermana se dio la vuelta, con sus tetas deslizándose sobre mi glande, que por cierto seguía saltando de emoción. Mi hermana vio esto y sonrió en respuesta, todavía planeaba jugar conmigo incluso queriendo que ella comenzara a tener relaciones sexuales.
-Tu polla está muy emocionada por mi gusto, ¿debería darle el placer del incesto?

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