Hola, me llamo Raúl y soy profe de una primaria y tengo una novia joven, hermosa y muy caliente que llamare Claudia, cogemos a diario y últimamente queremos invitar a otro hombre para que se la coja frente a mí y también la hagamos sándwich, ¡los comentamos mientras cogemos y mi amorcito se pone más caliente y lubricada, terminando con unos orgasmos que casi se desmaya!
Al profe Manuel casi se le cae la baba cuando Claudia me visita en la escuela al verla tan sabrosa con ese vestido entallado luciendo sus hermosas piernas y ese delicioso culo que se carga. Estábamos a fin del ciclo escolar y ese miércoles era el festival de clausura. Claudia me acompaño vestida de infarto con un vestido holgado y sin ropa interior, cuando Manuel la vio se quedó con la boca abierta y más cuando ella se sentó y cruzó las piernas ¡y él pudo ver esa papayita rosada y húmeda que Claudia le exhibió como un trofeo de caza!
Termino la fiesta de graduación de los alumnos de sexto de primaria y en un momento que fui al baño, Manuel se acercó y le pregunto que si yo la llevaría el próximo viernes a la fiesta de fin de ciclo de los profesores y también le dio su número telefónico. Ya en el coche Claudia estaba excitada y con la papaya mojada y me contó sobre Manuel, le dije que lo invitara mejor a nuestra casa el viernes en vez de que fuera a la fiesta de la escuela.
¡Estaba tan animada y emocionada que le llamo en ese instante por teléfono! ¡Hola Manuel soy la esposa de Raúl, oye te tengo una propuesta, si en vez de que vayas a la fiesta del viernes mejor ven a mi casa a eso de las 2 de la tarde y entre tú y mi marido me dan una super cogida toda la tarde! Manuel no se la creía, pero acepto y le dijo ¿qué te llevo?: ¡Tráete unas cervezas, condones y unas botanas!
El recibimiento: Una visión de infarto.
Manuel llegó a las 2 pm puntual, con el pulso a mil y las manos sudorosas cargando las cervezas. Raúl abrió la puerta con una sonrisa cómplice. —”Pasa, colega. El material didáctico está listo”—.
Al entrar a la recámara, Manuel casi se desmaya. Claudia estaba recostada en la cama, luciendo un baby doll negro transparente que apenas lograba contener sus grandes senos abultados, con los pezones endurecidos rompiendo la tela. Se había delineado el mechón púbico de forma perfecta, una flecha de vello oscuro que apuntaba directamente a su sexo empapado. Sus zapatillas de aguja estilizaban sus piernas esculturales que ya estaban abiertas de par en par. La erección de Manuel fue tan violenta que el pantalón de vestir de la escuela amenazaba con romperse.
La clase magistral: El sándwich perfecto.
Sin perder un segundo, Manuel se desnudó, revelando una verga larga, nervuda y hambrienta. Raúl, ya erecto y listo para el combate.
Manuel se abalanzo sobre las tetas de mi mujercita como un hambriento, mordisqueando sus pezones endurecidos mientras ella gemía mi nombre y el de él en una mezcla de placer y exhibicionismo. El bajo a su “papaya” húmeda, dilatada y la devoró con la lengua, recorriendo desde su ano hasta el clítoris, provocándole un orgasmo violento que salpicó su rostro de fluidos femeninos.
La primera posición (El trono de carne): Tal como lo planearon, Manuel se sentó a la orilla de la cama. Claudia, dándole la espalda, se montó sobre él, ensartando la verga de Manuel por la vagina jugosa. Raúl se paró frente a ella. Al estar de espaldas a Manuel, la papaya de Claudia quedó expuesta de frente, dilatada y estirada al máximo. —”¡Dámela toda, Raúl! ¡Mira cómo me abre este animal por detrás!”— gritó Claudia mientras Raúl hundía su verga hasta los ovarios. —”¡Oh, Dios, ¡me tocan las puntas adentro! ¡Siento el sándwich de verga!”—. Los gemidos de mi mujercita eran una melodía de puro gozo, mientras sus nalgas firmes chocaban con los muslos de Manuel.
La inversión (El castigo trasero): Claudia cambió el juego. Se montó de frente a Manuel, devorándole la boca mientras sus senos abultados se restregaban contra el pecho del profesor invitado. Raúl se posicionó detrás. Con un movimiento rudo, Raúl buscó el rico ano de su novia. —”¡Siii! ¡Ahí, amorcito! ¡Rómpeme mi culito mientras Manuel me llena por enfrente!”—. Manuel la sujetaba de las caderas con fuerza animal, mientras Raúl la martillaba por el culo. Mi amorcito era un sándwich humano de lujuria, gritando de placer mientras sus dos orificios eran reclamados simultáneamente.
El festín individual: La admiración del dueño.
Raúl decidió tomar un respiro, se sentó en el sillón de la esquina con una cerveza en la mano y disfrutó del espectáculo. Manuel, viendo que tenía “permiso de libre cátedra”, no tuvo piedad.
Llevó a Claudia al escritorio donde Raúl solía calificar exámenes. —”¡Aquí es donde vas a aprender, perra!”— rugió Manuel. La puso en cuatro sobre los libros de texto. Raúl observaba cómo el culo monumental de su novia recibía las embestidas de Manuel. —”¡Mira cómo me la mete, amor! ¡Mira qué grande la tiene el profe!”— gritaba Claudia, con la cara pegada a la madera, mientras Manuel le daba con una rabia cogelona que hacía que el escritorio vibrara.
Manuel se la metió por todos lados: la hizo mamar hasta las arcadas, le dio por la vagina hasta que el ruido de la carne chocando llenó toda la casa, y terminó por ensartarla en el sofá, con las piernas de Claudia apuntando al techo.
El gran final: La graduación de leche.
La tarde caía y el cansancio era inexistente, solo quedaba la sed de semen. Los dos hombres rodearon a Claudia en la alfombra de la sala.
—”¡Ponte lista, que ya viene tu calificación!”— gritó Manuel.
Raúl y Manuel comenzaron a descargar. Fue un bombardeo coordinado. Claudia, de rodillas y con la lengua fuera, recibió ráfagas espesas de ambos. Raúl le llenó la cara y los senos de muy buen tamaño, mientras Manuel le inundaba el culo y la vagina. Claudia quedó bañada en una mezcla de leches, con el baby doll hecho jirones y el rastro de la batalla brillando bajo las luces de la sala.
—”Gracias, profes…” —susurró Claudia, pasándose la mano por el vientre cubierto de semilla—. “Esta es la mejor clase que he tenido en mi vida. ¡Miren qué bien cogida me dejaron! ¿El próximo viernes repetimos el examen?”.
Raúl abrazó a Manuel, sellando una amistad de carne y sudor, mientras Claudia se lamió los labios, saboreando el éxito de haber sido la puta más codiciada del ciclo escolar.
Con gusto recibo tus comentarios.
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