El tour Alison Beauregarde

Cabello rubio y en corte bob, cara ovalada, piel clara, ojos marrones, cuerpo delgado y algo envidiable, ya saben: pechos, caderas y culo algo notables, pero sin sobrepasar lo natural. Estaba vestida con una casaca y pantalones deportivos, por debajo solo llevaba un top deportivo y zapatillas blanca. Estaba parada frente a una enorme puerta de metal oxidado y cómo no, aquella famosa fábrica de dulces se había ido a la quiebra hace mucho tiempo, desde el 2025 para ser exactos.

-¿Qué demonios quieren que haga aquí?

Hace semanas le llegó un email con una invitación para este lugar donde habría un “Gran Evento” como ponía en el mensaje, pero no había nadie, solo ella y esa enorme puerta. Había ido por simple curiosidad, además, en una posdata ponía: podrás comer todo el chocolate que quieras. A pesar de su dieta estricta, siempre se comía una barra a la semana y siempre de diferente sabor. Era su dulce favorito, así que esa posdata la convenció totalmente, igual vive sola desde hace meses con sus 20 años cumplidos y no tenía nada que hacer ese fin de semana. Jerry le había llamado para invitarla a una fiesta y ligar con ella, pero Alison se negó.

Ahora estaba aquí, frente a esta puerta oxidada que, para su sorpresa, estaba abierta. Hizo esfuerzo en empujarla, hasta que pudo entrar, le sorprendía que nadie estuviera allí esperándola, usualmente en los eventos te recibían o algo parecido. Lo único que encontró fue una laptop que ponía “emitir mensaje”. Alison oprime el botón y un mensaje de voz femenino le dio la bienvenida a la Fábrica de las Maravillas.

-Vaya, pensé que estaba sola.

El mensaje solo fue esa bienvenida junto con un indicativo de ir hacia la puerta e ingresar al enorme edificio. Adentro todo era enorme, comenzó con un pasillo largo hasta una mediana puerta que se abre de par en par. Del otro lado encuentra un enorme valle artificial, pero Alison debía admitir que se veía muy natural. Caminó por veinte minutos hasta encontrarse con un rancho lleno de vacas que mugían sin parar. Ingresó con cuidado y allí encontró otra laptop con un mensaje que decía lo siguiente: para pasar al otro lado, ordeña una vaca, ten cuidado, su leche es radiactiva.

-¿Cómo?

Había una gran puerta, pero estaba cerrada, solo estaba el mensaje de “ordeña una vaca” en mayúscula. Alison mira hacia los animales que mugían, parecía estar sufriendo, pero a ella no le importaba. Con fastidio recoge un enorme balde, se alcanza una silla y poniéndose por debajo de las ubres de la vaca, comienza a ordeñarla. “Cómo sabrá la leche sin procesar” se pregunta mirando el balde lleno de leche extraído recientemente. Desde pequeña nunca tuvo la oportunidad de ver como se ordeñan a las vacas, pero ahora lo estaba haciendo y tenía la oportunidad de satisfacer su curiosidad, así que, tontamente, levanta la cubeta llena de leche, ignorando el mensaje anterior y bebe un poco, pero el peso de la misma le gana y la leche termina mojándola de cuello hacia abajo.

-Mierda.

Se oye un ruido de alarma y las vacas comienzan a mugir con furia. De algún lado, una voz robótica decía: “Aviso, aviso…

-¿Qué demonios?

Sale del corral, la puerta ya estaba abierta, pero sentía algo en su cuerpo y en especial, en sus pechos. Le dolían, sentía los pezones erectos y maternales.

-¿Qué…?

El top deportivo le estaba apretando, sentía que la iba a partir en dos. Se abrió la casaca y efectivamente…

-Qué mierda…

Sus pechos habían crecido y soltaban un líquido transparente. Se oía feo y se sentía doloroso, pero no podía pararlo. Sus pechos no dejaron de crecer hasta se los apretó y de ellos salieron leche. Se sintió muy bien, fue como masturbarse. Al otro lado de la puerta, se recostó, se levantó el top deportivo algo rasgado y comenzó a chuparse las tetas, absorbiendo la leche que producía. Tardó mucho en volver a componerse, con los senos un poco más relajados, pero sin volver a su tamaño normal.

-Maldita leche.

Tardó un poco en darse cuenta de que estaba: era un enorme laboratorio. En la salida había otra laptop.

-¿Ahora qué querrán? me han hinchados los pechos…

Aunque debía admitir que en parte le gustó, beber su propia leche. Avanzó hasta la laptop y escuchó el siguiente mensaje: debía conseguir tres llaves para abrir la puerta.

-Vaya ¿qué es esto? ¿saw?

Pero sabiendo que no se iría sin actuar, comenzó a buscar las llaves. Las dos primeras las encontró cerca a unos muebles, la último sí que fue la más difícil, ya que estaba ubicada dentro de una máquina de chicles.

-Genial.

Comenzó a rebuscar en sus bolsillos, pero no llevaba nada de monedas, pero luego de ver de nuevo la máquina se dio cuenta de que no había falta, solo giró la manija y una bolita salió, de color rojo. Lo probó y le supo a sopa de tomate. Giró de nuevo y sacó uno de color marrón que sabía a carne y por último sacó una de color azul que sabía a moras. Los sabores se mezclaban en su boca, estaba delicioso, pero antes de poder coger otro, notó algo extraño, algo en su barriga rugía y, sin darse cuenta, su nariz se estaba volviendo azul. Avanzó unos pasos y se recostó sobre una máquina que hacía burbujas.

-¿Qué me pasa?

Su barriga no dejaba de rugir, pero llegó un punto en que aquellos ruidos ya no le importaron, porque al mirar hacia abajo, vio su enorme barriga azul que estaba hinchándose, retrocedió torpemente tropezando con unos cables, cayendo de espaldas y viendo como era aplastada por su actual enorme estómago. Todo su cuerpo se inundaba de manchas azules que no dejaban de esparcirse, como un virus letal.

-Qué mierda… ayuudaaa…

Pero nadie podía socorrerla, estaba sola en esa fábrica abandonada. Su estómago no dejó de hincharse, se sentía caliente, a su casaca se le rompió el cierre y su top se rasgó rebelando sus enormes y abominables pechos, que volvieron a escupir leche junto con jugo de moras. Su culo también estaba inflándose, Alison sentía el jugo salir por su vagina irritada. Su pantalón también se rasgó y su trusa le apretaba, presionándole su clítoris con fuerza hasta que se rompió con un fuerte y doloroso sonido, Alison dejó escapar un gemido.

Sus brazos y piernas se perdieron y sus mejillas se hincharon, hasta que ya no pudo gritar más. Su ropa se rasgó, su enorme barriga formaba todo su cuerpo, que ahora parecía un enorme globo. Sus pensamientos se difuminaban entre el pánico y el placer. Detrás de ella, alguien reía, era de nuevo aquella voz robótica que, desde un altavoz, expresó: Vaya Alison, eres otra víctima de las malas decisiones. Dos errores y estás fuera.

“¿Qué? ¿de qué mierda me está hablando?” quería hablar, pero sus mejillas apretaban su rostro, sus labios estaban inflados. En todo su cuerpo el calor aumentaba, su vagina estaba irritada, así como sus pezones erectos, que no dejaban de chorrear un espeso líquido morado. Aunque, se sentía bien. En medio de esa habitación, sonó otra alarma y del techo aparecieron dos enormes manos robóticas muy similares a las de Mickey mouse. “No ¿qué van a hacerme?” quería gritar, pero su boca no respondía, sus pensamientos poco a poco se difuminaban y sin darse cuenta, su cabello rubio ahora se volvía de un verde pálido y al parecer, un tallo crecía de él. Su barriga rugió de nuevo, por un momento pensó que se iba a reventar.

Su enorme cuerpo, jugoso y blando, fue llevado por un pasillo hasta un cuarto muy extraño muy similar a un quirófano. “¿Qué es esto?” ya no podía pensar, sus mejillas le aplastaban, sentía cosquilleos en su intimidad, sus pezones también le ardían y no dejaban de escupir jugo de moras. “Mi mente, mi cuerpo… no siento nada, solo este calor” sentía placer, todo su cuerpo pedía ser exprimido como el arándano que es ahora.

Su redondo y jugoso cuerpo fue depositado sobre una especie de bandeja donde unas correas la sujetaron además de dos plataformas que le presionaban por los costados, como una aplanadora en esos videos de YouTube. Las plataformas la mantenían en su lugar, para que no se mueva. “Dios, mi cuerpo arde” estaba sudando gotas de jugo de arándano, nunca antes se había sentido así de bien. Entonces, luego de oír otro ruido, como el de una puerta automática abriéndose, sintió algo frío cerca de su trasero: algo grande, redondo y que la calentó más. “¿Qué es esta sensación? Se siente genial” pensó al momento de volver a sentir aquel tentáculo metálico y frío, pero que la calentaba. De pronto, sin previo aviso, aquel tentáculo acaricio su vagina.

“Por dios, se siente tan bien, que no pare” y, como si la máquina leyera sus pensamientos, más tentáculos descendieron para acariciar con más fuerza sus labios vaginales, aunque en esta ocasión, expulsaron un pegajoso líquido que Alison no pudo identificar, pero le encantaba. “Me estás provocando. Vamos estúpida máquina, hazlo de una vez”. Entonces lo que deseó se hizo realidad, aquel enorme y frío tentáculo de metal se introdujo de lleno en su vagina apretada y mojada.

Alison emitió un grito de placer casi mental, pero no se quedó ahí, sino que continuó entre gemidos que eran acompañados del jugo que salía expulsado de su boca. Del techo salieron más tentáculos que fueron hacia sus erectos pezones, chupándolos y su succionando todo el jugo como si fuera un bebé chupando la leche de su madre. Las máquinas hicieron lo suyo por un rato hasta que su estómago, que antes estaba hinchado, se encogía, así como sus pechos, caliente y jugosos. Sus pezones danzaban, expulsando todo el jugo al igual que su clítoris.

Alison alcanzó a morderse los labios y sentir el dulce sabor de las moras. El tallo en su cabeza comenzó a deshojarse y su cabello volvía poco a poco a la normalidad.

“Mmm, se siente bien… quiero más, más” y como si la máquina pudiese leer los pensamientos, los tentáculos se introdujeron con más brusquedad en su interior, provocándole más placer y que más de ese jugo saliese a la superficie.

Las planchas a los costados comenzaron a apretarle, como un cálido abrazo, mientras los chupones seguían ordeñando hasta que no quedó nada. El cuerpo de Alison volvió a la normalidad, aunque el color de su piel no cambio para nada. Las correas se soltaron y Alison fue depositada en el piso con cuidado, aunque todavía no podía moverse debido al placer. La voz robótica de antes le informa: Gracias por usar nuestro último invento de placer, vuelva cuando quiera. Alison alcanzó a oírlo todo y si bien, ahora mismo estaba satisfecha, en los próximos días, mandaría mensajes desesperados al primer email para solicitar otro tour por la fábrica para obtener lo que quería.

Al fin, a la tercera semana, le contestaron, le habían dado otro permiso. Alison, toda feliz y excitada, se puso una ropa sencilla antes de salir hacia la vieja fábrica. La puerta ya estaba abierta así que, sin miedo alguno, ingresó para probar más de ese chicle de moras.

Semanas después, en las noticias salió el mensaje de que una tal Alison Beauregarde llevaba tres semanas desaparecida.

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