En casa es mejor (4)

Los cazadores, han sido cazados.

Acordamos que mi novia Cristina y yo nos casaríamos, cuanto antes, al igual que lo hicieron Felipe y mi hermana Luisa en una ceremonia sencilla por lo Civil, que no hubo problema en llevarla a cabo, en tanto Blanca, seguiría siendo la novia de nosotros cuatro, ya habría tiempo de pensar cuando embarazarnos y tener nuestros hijos sin ningún tipo de riesgo, ni reclamo de la sociedad. Ya estábamos casados. Una ceremonia a la cual también asistieron nuestros tíos.

Una semana después de disfrutar juntos nuestra compartida Luna de Miel con intercambio de parejas, -alternando hermano con hermana y esposo con esposa- regresamos a casa, donde luego de terminar de bañarse nuestros tíos y Luisa y yo que aún continuábamos durmiendo juntos y de desayunar algo, salimos junto con el tío a nuestros trabajos, aún no nos poníamos de acuerdo de cambiarnos de casa con nuestras respectivas parejas.

Blanca cree que su plan ha funcionado a la perfección, lo que no sabe es que tanto Eugenia como Ernesto han resultado ser más listos de lo que pensaban.

–No entiendo por qué me estás hablando de esos secretos tan íntimos, preciosa. –decía mientras sus bocas se unían en un suave beso de tantos más que se darían a partir de ese momento.

–Me imaginé que querrías saber porque mi hermano Ernesto y yo gozábamos teniendo incesto con nuestra hermana Andrea, la madre de mis sobrinos que se divorció de su marido y está casada con Clara una novia que tuvo desde la secundaria y por qué ella se ha negado a saborear la mieles del incesto con sus propios hijos, Luisa y Javier.

Para Blanca aquella confesión se había salido del control que pensaba que tendría. Ni siquiera se sorprendió cuando Eugenia le estaba acariciando sus pechos y comenzaba a jugar con ellos, cuyos pezones colgaban y ella iba atrapándolos con su boca, encendiendo el fuego que también llevaba dentro incrementándose al escuchar esa palabra que significaba el placer que solo les podía proporcionar el tabú del incesto y de la unión familiar, apoderándose de una gran lascivia en aquel mágico momento entre dos mujeres.

–Necesito que me expliques ¿cómo? –uniendo su boca con la de ella al tiempo que sus lenguas se absorbían simultáneamente.

–¿Cómo supe a lo que venías, Blanca? –las caricias de ella se dirigían a los pechos de Eugenia, rodeando con las yemas de sus dedos los endurecidos pezones.

–Mi hermano Ernesto y yo veíamos todo lo que ocurría en la recámara donde mis sobrinos siempre se la pasaban cogiendo, al igual que vimos cuando Javier instalaba esas cámaras para sorprendernos con la intención de vernos mientras mi hermano y yo cogíamos. Lo que no sabían es que Ernesto también había instalado cámaras ocultas para observarlos, por eso vimos cuando veían esa revista que les prestó tu hermana Cristina y grabamos cada palabra de lo que decían.

–Me has dejado, perpleja, pero no dejo de admirarte y desearte al mismo tiempo.

–Eva, nuestra madre, nos enseño a mis hermanos y a mí a coger desde que nos descubrió un día manoseándonos. Actualmente Aurora es su esposa, una novia que fue su alumna y que fue motivo del divorcio con nuestro padre, y la historia se repitió pues al igual que con nuestra madre, nuestra hermana Andrea la madre de Luisa y Javier se divorció de su marido y está casada con Clara una novia que tuvo en la secundaria.

–Me sorprendió saber que la madre de ustedes les enseñara a coger –Eugenia le señalo una foto donde estaban ella y su hermano al lado de una mujer muy guapa, abrazada de otra más joven y bella, seguramente Aurora.

–Yo no he querido embarazarme de mi hermano por el riesgo que implica tener hijos con alguien de tu propia sangre, me gustaría más bien tener una hija con tu hermano Felipe sí se prestara, ya que no somos de la misma sangre, él me gustó desde que lo conocí y volví a verlo en la revista dónde estabas cogiendo con él y con tu hermana Cristina. Eres como la hija que hubiéramos deseado tener mi hermano y yo.

–Me halaga que me desees como a tu propia hija y que podamos hacer incesto los tres. Eres como la madre con la que me hubiera gustado coger.

–¡Ven hermosa!, gocemos como solo una madre podría hacer gozar a su propia hija.

Las caricias suplieron a las palabras, la vulva de Eugenia estaba prácticamente encharcada, todo lo que ellos habían pensado, se estaba desarrollando aunque no conforme a sus planes. Ernesto hizo una llamada de video al celular de Eugenia, ella contestó mostrándose desnuda tal y como estaba al lado de Blanca.

–¡Hola hermanita!, veo que la estás pasando muy bien.

–¡Hola Ernesto! –contestó Blanca sorprendida al verlo, pero riendo a un lado de Eugenia- tienes una hermana muy rica, ya hasta me siento como la hija de ustedes, hasta me gustaría decirte papi. ¿Querrás venir para ayudarnos? ¿Podrás mostrarme lo que tienes?

Ernesto se había escondido en la recámara de sus sobrinos, en espera del momento oportuno, ya se había despojado del pantalón y los calzoncillos, para mostrarle a Blanca el tamaño de su verga, la cual colgaba como si se tratara de un chorizo del mismo color de su tez blanca, larga y gruesa con un glande brilloso y mojado de la excitación, ante la complaciente mirada de ella.

–Tiene buena verga mi hermano, ¿no te parece, hijita?

–Se ve tan rica como la que tiene mi hermano Felipe

–¿Te gustaría que la probáramos juntas?

–Como si tú fueras mi mami y él mi papi.

–No sigas, porque me calientas más, chiquilla. No sabes cómo desee ser la madre de ustedes desde que los vi en esa revista.

–¿También te hubiera gustado ser la madre de Cristina y de Felipe, mis hermanos?

–Claro porque formaríamos una gran familia, juntos, Papá, mamá, hijas, hijo y sobrinos.

–Y tu hermana, la mamá de tus sobrinos ¿se integraría?

–¿Andrea la madre de ellos, junto con Eva nuestra madre?

–Ajá, la misma que les enseño a coger entre ustedes.

–Todo cuanto decimos es parte de una deliciosa fantasía, hija.

–Ni lo digas, mamita.

Tanto Blanca como Eugenia estaban disfrutando ese juego de roles donde ella era la madre de sus sobrinos junto con su propia hermana Andrea, su hermano Ernesto el padre y Blanca su caliente y apetecible hijita.

Ernesto se acercó a ellas blandiendo su reluciente verga para ponerla a disposición de sus bocas.

–Te esperábamos con ansías querido hermano, te presento a tu hija Blanca

–¡Hola hijita! –estás muy buena y tienes muy bonitas nalgas igual que tu madre Eugenia.

–Les voy a leer el cuento que me escribió mi sobrina Luisa, mientras te acomodas en medio de nosotras, y nos disfrutas a tu hija y a mí, hermanito.

Ernesto acomodó su verga en medio de las nalgas de Blanca, mientras escuchaba a su hermana leerles el cuento preparado por su excitante sobrina Luisa.

El cuento de la Bella.

Hubo una vez un rey muy querido y apreciado por su Pueblo. El rey Ernesto tenía dos hermanas de las cuales eligió a Andrea para desposarla como su reina mientras que Eugenia seguiría siendo la amante de ambos. Tenía el poder de permitir por derecho divino, el disfrute de mantener relaciones de incesto entre los miembros de las familias de su corte. Se trataba de algo bien visto y normal. Mientras para el resto del reino se trataba de algo que solamente se permitía disfrutar dentro del Castillo, para ellos el rey Ernesto, “El Incestuoso” como se hacía nombrar, todo cuanto hiciera se trataba de algo divino.

Tenían por costumbre el rey Ernesto y la reina Andrea, copular desnudos ante la vista de todos en la corte o dentro de los aposentos reales a los que se tenía acceso para sesionar ahí, con las coronas reales a un lado, ya que les gustaba exhibirse, en tanto los sacerdotes junto con sus esposas que eran también familiares entre sí, oraban por la unión incestuosa de las familias.

Eugenia la hermana menor de ambos quien a su vez era cuñada del Rey y la reina, gustaba de copular con ellos, realizando la tijera con su hermana la reina Andrea con la vagina llena del semen de su hermano el rey, el cual una vez que vaciaba su abundante carga dentro de su hermana Andrea era compartida entre ellas cuando practicaban la tijera. Ver los cuerpos entrelazados de ambas era toda una delicia para la corte quien movida por el morbo que esto causaba participaban cogiendo con sus familias sobre los cojines que se extendían por el piso de los aposentos reales.

De la unión de ambos hermanos el rey Ernesto y la reina Andrea nacieron cinco hijos, los príncipes Felipe y Javier y con diferencia de un año las hermanas de Felipe, las princesas Cristina, Blanca y Luisa, las tres de cabellos rubios al igual que sus hermanos. Tanto la princesa Luisa como el príncipe Javier se casaron con el consentimiento del rey e hicieron un largo recorrido por todo el reino.

Al igual que sucedió con la Bella Durmiente, la princesa Blanca fue condenada por una mala hechicera, la que por un malentendido no fue invitada a su bautizo, cuyo encantamiento consistía que al cumplir la edad del cuento de La Bella durmiente, “Bella” a quien luego llamarían así las jóvenes doncellas encargadas de cuidarla, y que luego de tener sexo lésbico con Bella, a ella le daba mucho sueño.

A fin de que no pudieran encontrar a la princesa Blanca, las jóvenes doncellas la esconderían en una choza en medio del bosque. El encantamiento surtiría sus efectos al morder la manzana del sueño eterno y podría romperse al cumplir ella la misma edad de la Bella durmiente del cuento, no antes ni después, luego de yacer dormida su propio hermano debería darle un beso de amor en sus labios, para luego introducir el glande de su verga dentro de su boca y llenarla con su blanco semen.

Después de eso Bella –su hermana Blanca- despertaría de su largo sueño seductor, para posteriormente copular juntos rompiendo así el encantamiento malo y dejando un exacerbado deseo incestuoso entre ambos. –algo que para romper el encantamiento no sabían- Por otra parte, luego de haberse dado el primer beso de amor lascivo entre ellos los siguientes besos culminarían en la unión perfecta de sus genitales para experimentar lo que para ambos significaría gozar del incesto que finalmente rompería el encanto.

Sucedió que un día, su madre la reina Andrea quien gustaba de los paseos matutinos a caballo, acompañada de sus hijos el príncipe Felipe y la princesa Cristina, cabalgaban con sus corceles por el bosque, encontrándose a Bella, la que luego de despojarse de sus ropas se disponía a nadar desnuda en un río de aguas cristalinas.

Al ver la belleza de esa mujercita, viendo sus hermosas nalgas y sus hermosos pechos, la reina turbada, sintió como algo empezaba a escurrir por dentro de su vagina, mojando su tanga real, ante la hermosa visión, optó por bajar de su caballo y desnudarse dejando sus prendas sobre el camino para luego de ello, zambullirse en ese río maravilloso y encontrarse con la jovencita que la había dejado sin aliento, sin saber que se trataba de su propia hija.

–¡Hola!, espero que no te turbes como yo, pero veo que tienes muy bonito cuerpo y se me antojó nadar contigo entre otras cosas.

–¡Gracias!, ¿Cómo te llamas? –tuteó a la reina sin saber de quién se trataba y que además se estaba dirigiendo a su propia madre.

–Me llamo Andrea y me gustaría ser tu amiga, espero que no te moleste que admire tu cuerpo tan bien formado.

–De ninguna manera, ¿cómo crees?, también las doncellas que me acompañan, me dicen lo mismo y hacen que me apene.

Así Bella, sin saber que era hija de la reina y que la princesa Cristina y su hermano el príncipe Felipe mantenían relaciones incestuosas tanto con su madre como entre ellos, quedaron embelesados al ver como su madre besaba a aquella desconocida, sin saber que a quien estaba deseando era a su propia hija, quien al verlos parados observándola, desnuda como se encontraba no sabían que faltaban apenas un par de meses para cumplir la edad requerida para que se cumpliera el hechizo.

–Ellos son mis hijos- nosotros tres, nos bañaremos junto a ti. –los hermanos se desnudaron mostrando el príncipe un pene hermoso y erecto a la vez que la princesa Cristina mostraba sus hermosos pechos y nalgas además de contar con bonitas piernas y una vulva repleta de una bonita alfombra de vello ensortijado –Bella quien al ver la herramienta de tan apuesto joven sin sospechar que era su propio hermano.

–Me llamo Felipe, soy un príncipe y ellas son la reina Andrea, nuestra madre y mi hermana la princesa, Cristina, mi prometida y a quienes nos has dejado atónitos ante tu belleza.

–También puedes probar mi verga con tu boca, mi madre hace eso junto con mi tía, Eugenia hermana de nuestra madre quien también pertenece a la corte Real.

–¿A ellas también les gusta probar tu verga con su boca?

–Sí, a ellas también les gusta.

–Son muy bonitas tu madre y tu hermana.

–No tienes de que apenarte, tanto mi madre como mi hermana y tú tienen muy bonitos pechos y debes saber que nos gusta mucho coger entre nosotros.

–¿Puedo tocar los pechos de tu madre la reina y los de tu hermana la princesa Cristina con quien estás comprometido en matrimonio?

–Claro que puedes acariciarlos y besarlos, si se te antojan. –contestó la reina, a su hija Blanca, hermana de la princesa Cristina y del príncipe Felipe y sus otros dos hijos Luisa y Javier concebidos por incesto real con su hermano el rey Ernesto.

–Siento algo raro debajo de mí, como si me estuviera saliendo agua o algo así. –dijo Bella mientras sostenía entre sus manos los pechos de Cristina y de la reina Andrea María palpando sus pezones tan parecidos a los de ella, los lamió metiéndoselos a la boca instintivamente, sin saber por qué lo hacía.

Sin esperar más, la reina Andrea y su hija la princesa Cristina y aquella extraña y bella desconocida fueron acercando sus bocas para obsequiarse sus primeros besos, aunque el príncipe Felipe ya estaba acostumbrado a coger con su hermana Cristina y su madre la reina junto con la hermana de Andrea, su tía Eugenia, por lo que besarse entre mujeres era algo muy común como parte de la tradición real.

–¡Puedes sacar tu lengua para que también la besemos y la entrelacemos con las nuestras, eso hace que los besos sean más ricos! –respondió la reina.

–Me siento rara estar desnuda al lado de ustedes y que tú también los estés junto con tu madre la reina y tu hermana y prometida la princesa Cristina.

–No te fijes y deja que te besemos ahora junto con mi hermano y nuestra madre, ellos también besan muy rico, en nuestro palacio siempre hacemos el amor, lo nuestro se llama Incesto real. –manifestó la princesa Cristina.

–¿Tú también besas siempre igual de rico que tu hermana y tu madre la reina?

Bella se acercó e instintivamente la verga de él pegada a los labios de su vagina, empezó lentamente a abriéndose paso, siendo ayudada por la princesa Cristina que la tomaba de las nalgas para abrirlas y meter uno de sus dedos dentro de su esfínter de su culo que fue abriéndose al mismo tiempo que su vagina empezaba a dar paso al miembro de Felipe, que se topó de pronto con la virginidad de la hermosa Bella.

Ante tal sorpresa, la recostaron sobre el pasto acomodando la Reina su cabeza entre las piernas de Bella que aunque no sabía que era su hija, de cualquier forma lo hubiera hecho, la princesa Cristina fue a su caballo y quitó unas mantas para ponerlas por debajo de las caderas de Bella.

–¿Qué haces mi reina?

–Estoy lengüeteando tu clítoris, que lo tienes bastante grande, ¿sientes mis labios como lo están estirando?

–¡Ufff! Me gusta como lo están estirando, creo que hasta me estás haciendo llegar.

–Me gusta que lo hagas porque siento tu miel sobre mis labios, es muy dulce para mí, ¡Ven mi preciosa hija Cristina!, prueba la miel de esta doncella llamada Bella de mis propios labios.

–¡Qué vulva y vello púbico tan hermoso es el que tiene Bella! –dijo Cristina acercando su boca a la de su madre a la vez que ambas sin dejar de lamer sus lenguas, pegaban sus bocas lamiendo los labios vaginales de Bella.

–Mi hermano y prometido te va a desflorar porque eres virgen, hermosa mientras yo termino de coger con mi madre.

–¿Te gusta coger con tu madre, la reina?

–Y con su hermana también nuestra tía, no nada más con mi madre, pero tú siente por lo pronto lo que es que te haga mujer mi hermano.

–¿Cómo va a hacer eso tu hermano?

–Te va a meter toda su verga dentro de tu hermosa vagina

–¿Puedo besarte princesa Cristina mientras eso me hace tu hermano?

–Desde luego, mi hermana y mi prometida, -contestó el príncipe Felipe- con quien me casaré, también disfrutara de tu cuerpo, al igual que nuestra madre, además me gusta ver cuando se están besando tres mujeres incluyendo a nuestra madre. Siempre me excito mucho cuando veo a mi madre y a Eugenia, su hermana besándose cuando hacen tijera.

–Debes ser muy excitante verlas en vivo como lo haces tú, príncipe. ¿Pero qué es eso de hacer tijera?

–Tu misma puedes ver a mi hermana y a mi madre e incluso unirte a ellas. Hacer tijera es unir sus vaginas y restregarlas hasta venirse.

–Me encantaría poder hacerlo. –dijo, deseaba experimentar eso que decía el príncipe Felipe.

Cristina acomodó bien las nalgas de Bella sobre la frazada que había traído para levantarlas mientras su hermano el príncipe Felipe, lamía los cuerpos de Bella y de Cristina porque se excitaba aún más al estar participando con su propia hermana en el desflore de Bella, así que fue colocando el glande de su verga ya a tope debido a que Cristina la había estado lamiendo para prepararla –pensaba ella sin saber que se trataba de su propia hermana- El príncipe Felipe sin dejar de besar la boca de su hermana y la de Bella, empujó para ir abriendo esos labios que parecían anhelantes de ser amados fue penetrándola hasta que empezó a sentir cierto dolor, en un momento la introdujo provocando que Bella gritara de dolor, luego él se quedo quieto pero con la verga aún metida dentro de su vagina, la cual palpitaba deseosa de vaciar sus espermas.

Pasó un buen rato mientras su prometida Cristina y su madre la reina Andrea se engolosinaban con los pechos de Bella mordisqueando sus alargados pezones estirándolos y chupándolos hasta dejarlos llenos de sus sabrosas salivas mientras Bella, sentía como disminuía el ardor con toda la verga de su hermano metida dentro de su intimidad.

Luego de ello empezó a disfrutar el mete y saca constante haciéndola gritar ya no del dolor sino del placer que la estaba haciendo sentir la verga de su enamorado, empezó a venirse tal como lo hacía con las doncellas que la cuidaban, pero con un sentimiento de sentirse más mujer, en tanto el príncipe vaciaba toda la preciosa carga acumulada de semen, ella se mostró complacida luego de que el dolor se convirtiera en ardor y de ahí a algo ligero y soportable, en tanto su vagina se iba acoplando al tamaño de la verga del príncipe, sin sospechar que fuera la verga de su propio hermano la que estuviera alojada dentro de su encharcada vagina.

Bella se había enamorado perdidamente no tan solo de Felipe sino también de la hermana de él y por más increíble que pueda parecer también de la reina, que continuaba besándola en la boca mientras su hijo, el príncipe estaba cogiendo también con su madre, aún sabiendo que la princesa Cristina y él ya estaban comprometidos en matrimonio. Así sin saber que eran sus hermanos, Bella pensó que tal vez ella también pudiera sumarse a ambos, lo cual sería algo grandioso el poder comprometerse los tres en matrimonio.

Cuando llegó el tiempo en que Bella cumpliera la edad en la que el hechizo hiciera efecto luego de comer una manzana envenenada, cayó en un sueño profundo, las doncellas trataron de revivirla poniendo sus propias vaginas al alcance de su boca, pero su boca permanecía inerte, no como otras veces que chupaba sus clítoris y lamía sus vaginas hasta hacerlas venirse al igual que ella misma se chorreaba sus piernas con su propia miel tan dulce para las bocas de las doncellas que la cuidaban.

El príncipe Felipe al ver que no llegaba a la cita que tenían para volver a coger los tres junto con su hermana Cristina que también se había enamorado de Bella, apresurándose a llegar hasta la choza donde sabían que vivía. La encontraron tendida sobre una cama de madera mientras las doncellas desnudas pretendían hacerla despertar inútilmente lamiendo su vagina como siempre lo hacían para despertarla.

La princesa Cristina también se desnudo al verla y unió sus labios a los de Bella sin lograr que despertara, fue entonces cuando el príncipe Felipe, blandió su verga, colocando el glande en los labios de Bella, los abrió con ayuda de Cristina para dejar que penetrara dentro de su boca, pero sin otra reacción, al sentir la lengua de Bella rodeando su glande, excitado por la presencia de su hermana Cristina que no dejaba de besar la boca de Bella, empezó a masturbarse dejando que su esperma entrara en la boca de su amada, salpicando en parte los labios de Cristina que al ver reaccionar a Bella, devolvió parte del semen que había salpicado sus labios, lamiendo la boca de Bella.

Bella abrió los ojos y sonreía, más no se movía, fue entonces que Felipe se subió a la cama y empezó a penetrarla hasta que inundo su vagina llenándola con su esperma, el incesto había sido consumado en el tiempo correcto rompiéndose así el hechizo y Bella recuperó el habla y el movimiento, al verla Cristina se abalanzo sobre ella besándola en la boca al tiempo que las demás doncellas besaban todo su cuerpo haciéndola venirse con un gran chorro que salió de su vagina, salpicando los deliciosos cuerpos de todas ellas.

Hubo una gran algarabía en el reino. Finalmente se realizó una gran boda, cuando se supo que Bella era nada menos que la princesa Blanca, la cual al saberlo le agradeció a su madre por todo el incesto que había experimentado al haber cogido con ella. Al igual que a su hermana Cristina y a su hermano Felipe con quienes ahora compartiría inolvidables momentos de incesto al casarse con los dos como había sido su deseo.

La boda se realizó con Felipe, Cristina y Blanca totalmente desnudos pero con sus medias coronas de príncipe y princesas puestas sobre sus cabezas, en tanto su comitiva de doncellas también desnudas los acompañaban hasta la alcoba Real para participar junto con ellos en los incestuosos orgasmos que se llevarían a cabo a partir de esos momentos, acompañados de sus hermanos la princesa Luisa y el príncipe Javier quienes acababan de regresar.

–Un bonito cuento, pero a lo que nos truje chencha.

–Me gusta esa voz, papito –contesto Blanca

Fin

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