Hola, mi nombre es Marlene, estoy muy entusiasmada de encontrar un lugar como esta página donde puedo platicar de lo que he vivido, y donde puedo escribir lo que me ocurrió hace ya varios años.
Tenía yo 25 años al momento de lo sucedido, yo me gradué de licenciatura en finanzas en una universidad privada de la Ciudad de México que se encuentra por la zona de Santa Fe.
Desde que estaba estudiando ya acudía a trabajar medio tiempo en la empresa consultora financiera de mi papá, por lo que adquirí cierta experiencia desde la escuela y cuando me gradué a los 21 pasé a trabajar de tiempo completo con él, estuve esos años en diversos puestos manejando primero cuentas de negocios pequeños y poco a poco me aumentaba la responsabilidad dándome clientes más grandes, hasta que y a pesar de mi edad, mi papá ya me puso a cargo de ciertas cuentas importantes.
Mi papá, Arturo, es un hombre de 45 años, lo considero sumamente inteligente, caballeroso, muy de familia, protector, proveedor, para su edad creo que se conserva bastante bien y aunque no tiene un cuerpo súper atlético hace ejercicio de forma casi regular, con inicios de canas en cabello y barba, claro indicio de que pronto será un lobo plateado.
Por parte de mi mamá, Laura, misma edad de papá, tez blanca también como él, un cuerpo llenito, pero no demasiado, muy sociable, ella es doctora, desde que yo me acuerdo siempre ha trabajado en varios hospitales y casi no conviví con ella, a la fecha no tenemos una relación estrecha, nunca estuvo en la casa, siempre trabajando, siempre socializando, así que debo reconocer que poco nos conocemos y poco hemos compartido, aun así y sea como sea es mi mamá y siempre quise acercarme a ella, aunque ella siempre haya sido distante.
Tengo una hermana que es 5 años menor que yo, Andrea, también somos muy diferentes, ella es súper activa, extrovertida, platicadora, sociable, no le gustaba quedarse en casa, siempre saliendo, siempre con alguna actividad fuera. Mamá y ella si se entendían mejor.
Mi personalidad es completamente opuesta a ellas, mucho más introvertida, hogareña, “ratón de biblioteca”, quizá en lo único que nos parecemos mi hermana y yo es en el gusto por el ejercicio, pero hasta en eso también tenemos algunas diferencias, ella siempre le gustó más hacer ejercicio en el exterior y a mí en casa, como el yoga, el funcional, hiit, tabata, etc., es por eso que desde adolescente mi papá me acondicionó un espacio en casa para poder hacer ejercicio casi a diario, esto ocasionó que se me acentuara un cuerpo firme, atlético, curvilíneo, con cintura de avispa, piernas y glúteos duros y unos pechos levantados como dos naranjas maduras.
Mi hermana siempre me tuvo envidia en ese aspecto ya que por más que hacía ejercicio, su cuerpo no llegaba a ser tan agraciado y llamativo como el mío, además de que su cabello era negro y rebelde, el mío castaño sedoso acompañado con unas lindas facciones de cara.
Creo que lo introvertida que soy lo compensé con la belleza física.
Desde que iba en la escuela siempre acaparaba miradas, no solo de mis compañeros sino también de los maestros, llegué incluso a recibir “ofertas” para mejorar mis calificaciones, las cuales siempre rechacé, no las necesitaba, a mí me gustaba estudiar y sacaba buenas notas sin la ayuda de nadie.
De las muchas invitaciones que tuve para salir de fiesta tanto en la escuela como ya trabajando pocas aceptaba, no me sentía cómoda, todos los hombres siempre iban con dobles intenciones, nunca me hicieron sentir a gusto, ni cuidada, ni protegida.
Para mi mala suerte cuando al fin decidía aceptar ser novia de un pretendiente me iba pésimo, o resultaba ser un súper celoso posesivo, u otro tenía tintes de ser un tóxico, o incluso me fueron infieles (dos novios Héctor y Marcos) uno de ellos con la que creía mi mejor amiga, provocándome un dolor emocional y sentimental muy grande que me retrajo aún más a mi mundo y a mi trabajo en la consultoría.
Eso ocasionó que empezara a pasar mucho tiempo con papá, yo trabajaba para él en un tema que a ambos nos apasionaba, por lo que no solo nos veíamos en la oficina sino también en casa revisando estados de cuentas, balances generales, flujos de cajas durante las tardes, y cuando el proyecto era muy grande e importante parte de las noches.
Yo que era una persona de pocas palabras pues con él no lo parecía ya que pasaba horas hablando de finanzas, de los clientes, de proyectos, me entusiasmaba mucho trabajar con él, en horas de comida hablarle de alguno de esos temas, o hasta en la cena y por lo que yo percibía él también parecía entusiasmado de pasar tiempo conmigo.
Así pasó un tiempo hasta que salió el viaje a Monterrey para visitar a un posible cliente muy importante, papá y yo pasamos semanas revisando cada detalle de la presentación, los números, las gráficas, que todo estuviera perfecto.
El cliente nos citó un viernes en la mañana por lo que llegamos a Monterrey desde el jueves en la noche, para estar listos y frescos para el día siguiente, por obvios temas de costos nos quedamos en una habitación doble.
La presentación fue tan exitosa que el cliente quería revisar los detalles finos el siguiente lunes y dedicarnos ese día completo para cerrar el proyecto, se disculpó que nos tuviera que hacer esperar, pero ya tenía compromisos previos. Eso a papá y a mí no nos importó porque si el trato se cerraba sería tan grande que esperar un par de días más poco importaba, por lo que accedimos a la proposición de volver el lunes.
¡Cuando estuvimos en el hotel estábamos tan contentos! ¡Era un éxito para la consultoría!
Papá: ¡Hermosa todo es gracias a tu trabajo, brillante presentación! Qué opinas, nos regresamos a México o mejor nos quedamos el fin de semana y aprovechamos para afinar el proyecto.
Yo: ¡Estoy también muy emocionada!, ¡no solo fui yo fue un gran trabajo de los dos! Creo que lo mejor será quedarnos y de una vez empezar a trabajar.
-Nooo, tenemos todo el fin de semana para hacerlo, creo que al menos hoy podemos darnos un descanso y festejar que casi tenemos esto en el bolsillo.-
Casi no es suficiente, algo puede que se nos escape, mejor revisemos el proyecto, además hay que cambiar el vuelo de regreso que teníamos para hoy, y comprar algo de ropa para el fin de semana.-
-Yo me encargo del cambio de vuelos y estoy de acuerdo con que tendremos que comprar algo, pero respecto a continuar hoy con la revisión soy tu papá y tu jefe así que te ordeno que dejes el trabajo por hoy-
Sonreí, me parecía buena idea.
-Bueno si es así pues está bien, pero no traje otro vestido formal para ir a cenar y no creo que sea necesario otro, mejor si es que estás de acuerdo solo compro ropa para el fin de semana y para dormir.-
-Para cenar no importa te ves muy bella así, creo incluso que parte del éxito de hoy fue el hermoso vestido que traes puesto, te ves muy linda, claro eso no demerita lo inteligente que eres.-
No sé si fue lo que dijo o la forma tan natural como lo dijo, pero me sentí halagada, creo que él lo notó por que inmediatamente carraspeó y cambió el tema.
-Emm, bueno todavía faltan varias horas para la cena, podemos ir de compras.-
Salimos los dos juntos a caminar por la zona, había un mall bastante grande así que fuimos ahí. Todo el tiempo comentando alguna cosa interesante o divertida, me sentía muy bien, pasó el tiempo muy rápido, entramos a varias tiendas y él como clásico hombre se compró casi lo primero que encontró, yo como mujer me tardé en elegir, al final me probé un pantalón de mezclilla entallado y una playera apretada que me pareció bonita.
-¿Papá cómo me queda?-. Le pregunté mientras salía del probador.-
-…
-¿No dices nada?-lo vi recorriéndome con la mirada, pero por alguna razón (quizá porque es mi papá) no me sentía incomoda con él.
-Perdón Mar es que… emm bueno… te hace resaltar tu bello cuerpo, tus curvas, si me permites decirlo, debes de llevártelo.-
-Vaya gracias por el piropo, también me gusta, me lo llevo. –
Papá hasta en sus intentos de piropos era tierno.
Pasó el tiempo volando y llegamos al hotel ya anocheciendo, cada quien se turnó en el baño del cuarto para cambiarse, yo me quería arreglar un poco para cenar, no importa que la cena fuera solo con mi papá yo me quería ver bien (típico de mujeres)
Bajamos al restaurante del hotel, bastante exclusivo por cierto, noté que papá entró como en un ciclo de miradas, me veía y desviaba la mirada varias veces, como que me recorría el cuerpo. Lo tomé también como una especie de halago.
-Mar no quiero que hablemos de nada de trabajo, pidamos la cena, una botella de vino y hablemos de cualquier otra cosa, ¿te parece?-
-Trato hecho!! Adelante, vino tinto me gustaría.-
Trajeron la botella, estábamos tan contentos, yo me sentía como pocas veces en mi vida, consumando éxito profesional con algo que nunca había hecho que era disfrutar de un momento tan lindo sin sentir esa sensación tan desagradable de cenar con un hombre que tuviera dobles intenciones o que fuera un loco tóxico. Cenamos, platicamos mucho rato de cualquier cosa, el me hacia reír tanto, nos bebimos toda la botella, papá pidió la segunda, yo ya me sentía con ese leve mareo, pero estábamos tan a gusto, que él fue el que me dijo:
-Hermosa te parece si esta nos la tomamos en el cuarto, así si ya no queremos o nos cansamos pues ya estamos allá arriba.-
-Si dale, sigamos platicando en el cuarto -(intenté como pude disimular el clásico seseo… sss de la lengua)
Subimos, papá destapó la segunda botella, los dos ya con visibles efectos del alcohol, sobre todo yo. Seguíamos hablando en el cuarto de varios temas cada vez más personales, él me decía de sus problemas con mamá, de cosas que yo no sabía y se me hacía lindo que él me las contara porque sentía que confiaba en mí, por lo que yo para sorpresa mía también le empecé a contar algunas cosas personales, eso me sorprendió a mí misma ya que siempre fui muy reservada para hablar con quién fuera de esos temas, pero con él me salía natural, le platiqué de lo mal que me había ido en mis relaciones y lo decepcionada que estaba.
-¿Marlene te puedo hacer una pregunta?
-Si claro la que quieras
-¿Qué pasó primero con Héctor y luego con Marcos? Ambos parecían buenos muchachos, se veía que te trataban bien y tú parecías entusiasmada con ellos, cada uno en su momento.-
-Ayy papá si superas -suspiré
-Perdón que te pregunte estas cosas, sabes que no me meto en tu vida privada, pero al final eres mi hija y bueno me preocupo por ti.-
-En efecto no quería hablar de eso porque es algo doloroso para mí, pero para no hacerte el cuento largo, ¡terminé con ambos por que los dos me engañaron y el imbécil de Marcos incluso fue con María!
-Dios hija perdón, yo no sabía, que rabia me da, siendo tu tan inteligente, tan responsable, tan bella, tan linda.-
El vino me puso muy sentimental al recodar aquello, así que se me aguaron los ojos.
-Pues ellos no lo vieron así, seguramente me veían fea y tonta y por eso me engañaron, yo soy la culpable, con nadie tengo suerte, con nadie me siento a gusto y en confianza.-
-No digas eso Mar eres tan hermosa, la envidia de cualquiera.-
-Lo dices porque eres mi papá y así me ves -dije al borde del llanto.
-No Marlene lo digo de corazón, no lo digo como tu papá sino como hombre que soy, yo que te conozco, que he pasado tanto tiempo contigo, conozco lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que te hace reír, lo que te asusta, tus miedos, tus ilusiones, lo linda que eres no solo de cuerpo sino de forma de ser, eres única.-
-¡Papá… que lindas palabras, me sonrojas! -el vino hacia que mi cabeza diera vueltas y no me di cuenta que mientras me decía eso papá se iba acercando cada vez más hasta que lo tuve de frente a unos centímetros.
-Mar eres tan bella… nunca te lo había dicho pero… me gustas tanto…
-¿Papá que haces?
Y entonces sucedió… sin decir ya más nada y en un movimiento rápido, pero delicado me besó en los labios, su lengua se internó en mi boca de forma tierna, sedosa, con sabor a uva, intentando buscar mi lengua, tocándola suavemente, yo quedé en auténtico shock, paralizada, en trance por lo que estaba pasando, no sé cuantos segundos tardé en reaccionar, pero lo aparté de forma brusca.
-¡Papá! ¿Pero qué te pasa, que haces? -de la impresión se me bajó el mareo alcohólico que ya tenía
-Mar…yo…-
-¡Me besaste! ¡Como te atreves!
-¡Hija no sé qué me pasó, discúlpame por favor, por dios! Es que el vino, el momento, soy un infame.-
Me metí inmediatamente al baño con la sorpresa a flor de piel.
-Marlene perdóname, ya es de madrugada estamos cansados, el vino nos afectó mucho por favor me siento muy mal por lo que hice.-
-¡No me hables!
-Escucha estoy tan tomado que no puedo decir palabra, me voy a dormir es lo mejor, te juro por lo más sagrado que no pasará nada más, puedes estar tranquila.-
Estaba tan ensimismada en mis pensamientos repasando con temor lo que había sucedido sin poder creerlo, que ya no tuve fuerzas para decir nada más.
Se apagó la luz del cuarto y cuando me aseguré que papá dormía con leves ronquidos, salí del baño para yo también acostarme en mi cama a dormir.
Desperté casi al medio día con un fuerte dolor de cabeza, papá no estaba y había dejado una nota diciendo que había ido a almorzar al restaurante del hotel, eso me relajó porque en ese momento no quería verlo, necesitaba poner en orden mis pensamientos analizar lo sucedido, seguía sin poder entenderlo.
Es verdad que los dos estábamos muy tomados, pero eso no lo justificaba, ¿o si?, me sentía fatal, quizá no debí de haberle contado nada de mis patéticos exnovios, o no sé, lo que si cada vez tomaba más fuerza en mi cabeza era el pensamiento de perder a papá, a la única persona con la que me siento identificada, con la que comparto tantos intereses comunes, con la que trabajamos juntos y todo por una mala noche de vino y por algo tan sencillo como un beso, al fin es verdad que después no pasó nada más tal y como él prometió, en definitiva no quería perder su amistad.
Rápido me arreglé y bajé, él estaba ahí todavía tomándose un café con la mirada perdida, cabizbajo, pensativo, lo vi sin que él me viera, parecía genuinamente avergonzado.
-Buenos días, ¿me puedo sentar? -saludé intentando disimular mi nerviosismo.
-Mar… hola… si, emm buenos… claro… por favor.-
Se levantó para acomodarme la silla, ni en esos momentos papá perdía su caballerosidad.
-Escucha Mar… yo este… que bueno que bajaste a almorzar quería decirte que… es que mira… de anoche… pues…
-Papá no tienes que decir nada, en serio, los dos habíamos bebido mucho, simplemente pasó y ya, dejémoslo ahí, no te culpo ni quiero que te sientas mal, olvidémoslo y enfoquémonos en el proyecto.-
Abrió los ojos grandes y llorosos, le cambió el semblante, le volvió la sonrisa y el color a la cara.
-Mar, no sabes, me sentía muy mal, gracias por entender, no sé qué más decir, me quitas un enorme peso de encima, ya no diré nada más, solo deja que te tome la palabra, sin embargo, déjame por favor recompensarte por el mal vino de anoche, permíteme que ahora cambiemos el mal rato por uno bueno.-
-Qué quieres decir.-
-Me sigo sintiendo responsable por lo sucedido, y sé que nunca habías venido a Monterrey por favor acepta que te invite a pasar una buena tarde aquí en la ciudad, yo me hago cargo de todo.-
Sonó tan sincero.
-Déjame llevarte a pasear a parque fundidora y al paseo santa lucía, creo que te gustará.-
Medité unos segundos mi respuesta, yo hubiera preferido volver al proyecto y dejar ya que pasen rápido los días faltantes, pero tampoco quería darle una negativa, las cosas estaban muy frágiles como para tensarlas si me negaba.
-Si con eso quedamos tranquilos me parece bien.-
Esperamos que diera la tarde para que bajara el sol, papá pidió un taxi que nos llevó al parque, el me abría y cerraba la puerta, siempre tan galante y mientras más pasaba el tiempo más a gusto con él me sentía, poco a poco se iba desvaneciendo esa mala sensación.
Mientras más caminábamos y a pesar de la tranquilidad del parque notamos que cuando pasaba algún hombre se me quedaba viendo de arriba a abajo, uno tras otro, que desagradable impresión, como fueron varios le dije a papá apenada bajando la mirada y la cabeza:
-Creo que no debí de haberme comprado y puesto estos pantalones tan entallados y esta playera, lo siento, es mi culpa.-
-Mar no digas eso por favor, nunca te disculpes por lo bella que eres.-
Me tomó de la mano, entrelazó sus dedos con los míos, me sorprendió, pero no sentí la necesidad de retirarla, ya que pensé que con eso los demás hombres que estaban por ahí me dejarían de mirar, o al menos verían que no voy caminando sin un acompañante, esa acción de papá me agradó mucho. Me hizo sentir segura, protegida, cuidada.
El paseo Santa Lucía fue hermoso, el atardecer, la brisa, el lugar, durante todo el tiempo estuvo sosteniendo mi mano, no decíamos nada, solo estábamos ahí los dos disfrutando del paisaje.
Regresamos en taxi al hotel, en el trayecto nuevamente hablamos de cualquier cosa y volvimos a reírnos, estaba muy contenta de volver a estar así con él.
Al llegar al hotel subimos al elevador y me volvió a tomar de la mano.
-Mar tienes tus mejillas chapeadas, estas sonrojada.-
-Yo… emm, es que fue muy lindo de tu parte lo del parque, digo el haberme cuidado con algo tan sencillo como lo de la mano.-
-Mar sabes que siempre te cuidaría y protegería.-
Pasé saliva por que sentí que con ese comentario me sonrojé todavía más.
Salimos del elevador, yo estaba nerviosa, presentía algo, no sabía qué, pero mi corazón latía fuerte, sentía la presión en las sienes.
Antes de llegar al cuarto con el pasillo a media luz papá me dijo:
-Mar antes de que entremos y ahora sin una gota de alcohol te lo tengo que decir nuevamente, me gustas mucho, no tienes una idea de cuánto pienso en ti, de las emociones que me causas, de cuanto quiero cuidarte.-
Y con firmeza me sujetó de la cintura con sus dos brazos y se inclinó hacia adelante, por reflejo intenté hacer mi espalda hacia atrás, pero entre sus brazos y la pared no pude moverme ni un centímetro.
Nuevamente me besó, su lengua abrió mis labios buscando la mía, a diferencia de anoche, ahora la sensación era muy diferente, no me sentía en shock, y para mi propia sorpresa mi lengua tocó la suya, fue algo cálido, lindo, con un sabor dulce, fue un auténtico y largo beso…….
Lo separé ahora suavemente.
-Papá espera…
-Mar tus labios que delicia de sabor, tan suaves y tu cintura tan firme, nunca pensé tenerte entre mis brazos de esta forma.-
-Papá, espera suéltame por favor, no sé qué decir, pero suéltame.-
Papá me soltó delicadamente y mientras lo hacía ingresé al cuarto y fui directamente al baño (como anoche para nuevamente refugiarme), el corazón me latía a mil por hora, ¿por dios que acababa de pasar? ¡Y yo lo consentí! ¡Y le respondí el beso! Pero que locura, algo debe estar mal en mí. Después de unos minutos intenté calmarme, salí del baño, ahí estaba él sentado en un sillón.
Papá escucha vamos a centrarnos ya en lo que venimos a hacer del proyecto.-
-Mar no puedes negar que…
-¡Ya!, ni una palabra más -lo interrumpí
Papá al verme tan decidida no quiso decir nada más.
Y lo cumplí, no hablamos más que para lo del proyecto, pasando el domingo solo enfocados en eso, desayunamos, comimos, cenamos casi sin hablar, el lunes trabajamos con el cliente, en eso todo de maravilla, regresamos a la CDMX por la tarde, llegando a casa sin contratiempo.
Yo me sentía incomoda, pero no mal, sino incomoda de la situación, del primer beso, pero sobre todo del segundo donde yo le correspondí y reconociéndome a mí misma que fue algo que me gustó, pero que hasta ahí nada más.
Una vez ya en casa estaba mi hermana Andrea, lo primero que preguntó:
-¿Cómo les fue?
Le lancé una mirada tan gélida que hasta ella se sorprendió.
-Vaya Mar tú como siempre de mal carácter, no te vuelvo a preguntar nada.-
No quería decirle, ahh pues fíjate que papá me dio no uno sino dos besos de lengua y además yo le correspondí.
Me encerré en mi cuarto y no quise salir hasta el día siguiente. A partir de ese momento intentaba evitar a papá a toda costa, lo cual era bastante difícil ya que si bien en casa podía salir antes que él, en la oficina teníamos que seguir trabajando juntos y más ahora con lo del proyecto.
El intentaba por todos los medios hablar conmigo, mensajes, correos, pequeños post-its, quería quedarse conmigo después de las reuniones de trabajo, pero siempre me las arreglaba para que estuvieran otros compañeros.
Así pasamos varios días, hasta que para mi “mala suerte” se abre el elevador de la oficina y entra él y estamos solos.
-Marlene, escucha no podemos seguir así y lo sabes, tenemos que hablar a solas de lo sucedido.-
-No hay mucho de qué hablar.-
Yo creo que sí, eres injusta conmigo, dame oportunidad esta tarde a las 6 pm en el parque que está por la casa, por favor, yo necesito decirte varias cosas.-
Papá lo dijo muy convencido de si mismo, su seguridad me animó a poner fin a esto de esquivarnos y poder seguir adelante con nuestras vidas normales.
-Y como salimos los dos de la casa si mamá hoy no trabajó y de seguro Andrea querrá ir también con lo chismosa que es!!, alguna excusa habrá que dar y tú no la tienes.-
-Decimos que saldremos a pasear a los perros, es algo muy normal y lo hemos hecho antes, no creo que haya problema.-
-¿Y con eso cerramos el capítulo de Monterrey?, ¿me lo prometes?-
-Si
-Ok vamos
En ese momento no sabía que esa cita sería un punto de inflexión crucial que cambiaría nuestras vidas.
Continuará.
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