La llamada

-¿Hola?

Al otro lado del teléfono solamente escuchó una respiración profunda. Estaba intentando encontrar palabras, pero solamente jadeaba.

-Ho… la…

-¿María? ¿Estás bien?

Aguanté la respiración un segundo mientras dejaba de frotarme el clítoris. Frotarme el coño con toda la mano por lo menos me dejaría hablar.

-Estoy masturbándome y de repente apareciste en mi cabeza. Quiero escuchar tu voz.

Se hizo un silencio que me excitó. Mientras esperaba otra palabra empujé uno de mis pezones a mi boca. En invierno era lo más parecido a una fresa que podía comerme.

-¿En serio te estás metiendo mano? -Solo respondí con un gemido. Escuché un suspiro del otro lado. -Estoy en el trabajo, pero me queda un rato de pausa para comer. Tú sigue.

Me excité más. Me apreté el coño con la mano. Solté el pezón y gemí largo y profundo.

-¿Sabes? Estaba chupándome el pezón derecho mientras hablabas. La saliva me está resbalando por la teta… Es una pena que nunca nos hayamos acostado, creo que te gustaría…

Escuché el timbre y la puerta del ascensor del otro lado.

-Estoy seguro… te he mirado las tetas muchas veces. Me gusta cuando las aprietas. Te metería unos hielos ahí y me sentaría a ver cómo se mancha tu blusa mientras se derriten.

Escuché otra vez el timbre del ascensor.

-Ahora mismo lo que tengo bien manchado de agua son las bragas… ¿Te imaginas de qué color son?

Del otro lado, mientras salía del ascensor, una mujer se puso a hablar con él. Le estaba pidiendo a qué hora podrían reunirse para hablar de algunos papeles…

Poco se imaginaba ella que en lo único que estaba pensando en ese momento era en buscar un rato para follarme a mí.

-Perdona, sigo escuchándote -me dijo para despedirla rápido.

Volví a meter los dedos entre los labios de mi vulva y empecé a gemir suavemente al micrófono.

-Está todo tan mojado… ¿Cuándo vas a hablarme? Ya que no puedes comerme… por lo menos… Quizás si acerco el micrófono a mi coño te harás una idea de lo mojada que estoy.

Me quité los auriculares para poder bajar el micrófono y comencé a frotarme con más fuerza. A gemir más alto para que me pudiera oír. Los pechos empezaban a arderme. Acerqué los dedos a la entrada de la vagina y dejé que uno resbalara dentro. No sabía si podía escucharlo por el micrófono pero lo moví de la forma más ruidosa posible. Y metí otro. Y seguí moviéndolos agitando mis aguas lo más que podía.

Paré un momento para volver a colocarme los auriculares, justo para escuchar una puerta cerrándose.

-¿Has podido escuchar mi música?

-Joder si te he escuchado… Estás chorreando. No sabes cómo preferiría tomarme un buen sorbo de tu coño en vez de un café ahora mismo.

De fondo, le oí abrirse el cinturón.

Sonreí.

-¿Has encontrado un lugar donde estar solo? ¿O prefieres que te miren? ¿O vas a hablar conmigo mientras le metes mano a otra?

-No, princesa. He tardado un poco porque me he ido al último despacho del último pasillo. Ni siquiera tiene ventana, pero la puerta puede cerrarse con pestillo.

-Ah… ¿crees que… esté hecho así para venir a echar un polvo rápido?

-Pues no lo sé. Pero te aseguro que yo ahora mismo te haría de todo encima de esta mesa.

-¿Estás sentado cómodo?

-Estoy sentado en una silla acolchada. Necesito hacerme una paja mientras hablamos. Cuando venía hacia aquí, atrapada en los vaqueros mientras escuchaba tu coño pensaba que me iba a estallar.

-Oh…

Esa imagen me puso muy cachonda. Me incliné y volví a meterme los dedos.

-¿Qué estás haciendo?

-Aca… bo… de meterme tres dedos en el coño… Quizás… eso se parezca a tu polla

-Dudo mucho que pajearme con la mano se parezca en nada al calor y a la humedad de tu vagina. -Escuché como se escupía en la mano. -Pero ahora mismo no tengo otra cosa.

-¿Has tenido… fantasías conmi.. .go al… guna vez?

Los gemidos me cortaban las palabras. Del otro lado escuchaba la respiración de él, cada vez más pesada.

-El sábado me desperté con una erección que hasta me dolía… Y me hice una buena paja pensando que estabas en mi cama, haciéndome una buena mamada. Con esos labios que tienes, tienes que mamarla muy bien. Muy… muy… bien. Mmmmm… La pena es que me corrí en mi mano, en vez de en el fondo de tu garganta.

Comencé a meterme los dedos más profundo. Más rápido. Me mojaba más. Gemía más fuerte.

Los pechos me ardían, pero me llevé la otra mano a atender a mi clítoris.

Le escuché ahogar un gemido.

-Mujer… no sabes lo cachondo que estoy -en la voz se le notaba que le costaba no gritar de placer a él también. -Aunque quizás podría echarte todo mi semen en la cara. Caliente y abundante sobre tus ojos.. tus labios… las mejillas… el cuello… Y mientras se seca y solo puedes respirar ese olor te comería bien el coño. Eso te gustaría, ¿verdad? Que te lamiera y chupara entre los labios hasta que estallaras…

-No… no me… queda mucho ya

Le escuché sonreír.

-Bien… Aunque te preferiría aquí, cabalgándome desbocada. Tienes una polla bien dura esperándote… mira… está empezando a llorar por ti

Y con esa imagen mi coño estalló la placer. Grité y gemí. Y me quedé tumbada boca arriba en la cama. Jadeando.

Al otro lado del teléfono escuchaba una respiración cada vez más agitada. Escuché un grito ahogado. Y jadeos.

-María… qué cachondo me has puesto. ¿Te has corrido a gusto?

-… Mm… sí… -respondí con pereza

-Bien, preciosa. Tengo que regresar al trabajo.

Y colgamos.

Pero si le gustaba mirarme las tetas y hacerse pajas pensando en mí, esto no podía quedar así.

Me estiré para coger un pintalabios y un pañuelo de tela blanco. Marqué un beso y le saqué una foto.

Al cabo de un par de horas se la envié.

La vio, pero no me respondió.

A la mañana siguiente la que tenía un mensaje era yo.

Una ubicación.

“A las 15 h te espero aquí. La matrícula es 5673 IXB”.

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