Comienza esta nueva saga de relatos, la anterior buscaba establecer como mis relaciones pasadas me acercaron al mundo de los cuernos consentidos y contar como mi matrimonio con mi actual esposa se abrió al mundo del cuckold.
En el capítulo final de la saga anterior se relató como el juego entre nosotros traspaso el acuerdo donde se establece el mutuo consentimiento, quizás por accidente pues no hubo tiempo para conversar ya que todo pasó en una semana, aceptando mi responsabilidad ya que yo insistí en convertir a don José en una fantasía recurrente despertando el deseo de Yes por estar con él, admitiendo también que don José supo convencerla, provocando y hasta chantajeándola, pero finalmente alcanzando su objetivo, cogerse a mi mujer.
Debido a los sucesos que se relatan a partir de aquí, es merecido y necesario el cambio de título, pues aquí nuestro matrimonio se vio puesto a prueba por una relación extramarital motivada principalmente por la lujuria y el placer sexual. También, con motivo de esta nueva etapa, comenzaremos relatando los mismos sucesos de la cena de fin de año, pero desde la perspectiva de Yes, explicando al lector cuáles fueron las circunstancias y sentimientos que la llevaron a terminar esa noche con él. Asi mismo, debido a lo largo del relato, nuevamente me veo en la necesidad de ponerlo en dos partes para no recortar nada de la historia.
Parte 1:
Los días previos al fin de año habían estado cargados de mucha intensidad, lo que había ocurrido con don José el día de la posada me tenía atemorizada, se estaba tomando atrevimientos que no me agradaban y encima el muy descarado me había robado un beso, una cosa era que fantaseaba con mi esposo, pero que me dejara engatusar por un hombre así me parecía imposible, estaba casado y encima, engañaba en a su esposa con la tía de mi marido y quién sabe cuántas más, que creyera que podría convencerme de llevarme a la cama me ofendía.
Lo tomé con calma y decidí dejar que se enfriaran las cosas para poder contárselo a mi esposo, pero don José no me dio tiempo ni de pensarlo, anteriormente ya me había pedido mi teléfono y se lo había proporcionado con el fin de quedar por las mañanas cuando tuviera oportunidad de coincidir en el camino, por ese medio estuvo muy insistente para que lo acompañara, era evidente que yo no quería irme con él, pues me había incomodado con sus comentarios, pero ante su insistencia tuve que aceptar subirme con él.
Al principio me pidió disculpas y parecía sincero, me hizo pensar que tal vez no era necesario comentárselo a Karin, probablemente don José solo había aprovechado la oportunidad para ver qué pasaba, al sentirse rechazado y no querer mayor problema no le quedaba otra que disculparse.
Me invitó para que fuéramos a su convivencia de fin de año que organizaban en la vecindad donde vive, no pensaba aceptar su invitación, no tenía interés en pasar una noche así cerca de él y si le decía a mi marido lo ocurrido, él tampoco tendría razón para ir. Sin embargo, volvió a cambiar el tono de la conversación, tomó mi silencio con mi marido sobre la situación ocurrida días antes como un interés de mi parte por él, la verdad no es que no quisiera decírselo, solo tenía miedo de las consecuencias, pero admito que don José fue muy hábil con sus palabras, se aprovechó del miedo que tenía de meter en problemas a mi marido y lo transformó rápidamente en una amenaza.
Ya antes me había comentado mi esposo el tipo de hombre que era, tampoco es que hiciera falta pues se le ve a leguas lo maleado, con otras personas podría habérmelo tomado a broma, pero don José parece justo el tipo de hombre que podría golpear a otro solo por una mujer. Me sentí acorralada, no quería que mi esposo pasara un mal rato solo por eso, pensé en pretextos con tal de quitármelo de encima, pero mi silencio habló por mí, como si no tuviera ninguna opción más que aceptar.
Pase el día intentando pensar cómo decirle a Karin sobre su invitación, ya don José me había dado la solución, decirle que la invitación era por parte de su tía, eso significaba seguirle ocultando lo ocurrido, al menos hasta que pasara la fiesta. Mi mente se debatía, sé que tenía que decirle sobre la forma en que se había sobrepasado, pero si se lo decía ahora seguramente le buscaría bronca, tan solo imaginar que don José podría golpear a mi marido me asustaba mucho, sumida en esos pensamientos no me percate que mi mano se encontraba tocando mi entre pierna.
Me encerré en el sanitario de la oficina, sin querer me había puesto muy sensible, necesitaba desahogarme así que baje la tapa del sanitario, me senté y me masturbe, mi calentura era alta por lo que termine rápido, fue un momento de satisfacción, que fue precedido de inmediato por la culpa. Me había excitado la amenaza de don José y su insistencia a través del móvil para que le dijera a mi esposo acerca de la invitación, no me estaba dejando opción y me sentía obligada por él, más bien, sometida.
Ya en el camino de regreso, me había convencido de que, así como me lo habido dicho don José, le diría a Karin que fuéramos a la fiesta, no creo haberlo convencido, no le parecía natural que fuéramos, él vivía desde pequeño en el barrio, pero no guardaba mucha relación con ellos, si acaso lo saludaban al pasar, pero no conversaban, se mantenía alejado de los problemas y yo estaba cayendo en ellos.
Por la mañana don José me envió mensaje para decirme que no podría llevarme con él pues tenía que pasar a otra parte, solo me pregunto si le había dicho a mi esposo acerca de la fiesta, conteste que sí, y después sobre si le había mencionado lo ocurrido en la posada, conteste que no, él solo me dijo “así me gusta, que sean obedientes, te veré aquí entonces”, pocas palabras, pero suficientes para hacerme sentir de nuevo sometida y excitada, al llegar al trabajo repetí la misma operación del día anterior, tuve otro orgasmo intenso, la culpa me volvió a abordar, pero ya estaba decidida a ir.
De nuevo en la noche tocamos el tema de la fiesta, Karin me intentaba convencer para no ir, pero me encapriché, no le quedó más remedio que aceptar ir, pero era notorio que sospechaba que algo ocurría, nos acostamos y recibí mensajes de don José.
DJ: ¿ya estás en casa?
Y: si, estoy acostada
DJ: muy bien, quiero que descanses para mañana
Y: tendré tiempo para descansar, no iré a trabajar
DJ: eso está bien, pero no me refiero a ese descanso
Y: ¿a cuál entonces?
DJ: reserva energía
Y: no le entiendo
DJ: solo continua sin tener sexo con tu marido
Y: no tiene derecho a pedirme algo así
DJ: no te lo estoy pidiendo
Y: cínico
DJ: solo obedece y me lo agradecerás después, ahora solo quiero que te masturbes
Detestaba la forma en que me hablaba, como si fuera una cualquiera, pero tampoco podía negarme a sus “ordenes”, espere a que mi esposo se durmiera y me masturbe, tenía muchas ganas acumuladas, seguramente eso era lo que buscaba don José, al terminar revise de nuevo mi teléfono, sin saber exactamente porque, le envié un mensaje más “hecho”.
Ahora sí me dispuse a dormir, por la mañana Karin fue a trabajar medio tiempo, lo cual aproveché para arreglarme, fui al salón a rizar mi cabello, arreglarme las uñas, ponerme pestañas, maquillarme y demás, inconscientemente me esforcé porque quería estar perfecta, don José me había sacado de quicio y ahora era mi turno de hacerlo con él, pretendía responder el juego y provocarlo solo con mi belleza, sería la forma perfecta de desquitarme.
Cuando regrese a casa ya estaba Karin, se quedó sorprendido por cómo me veía, eso me agrado mucho y me cruzo en la mente que después del juego con don José, volvería a la casa a estar con mi marido, así que seleccione la ropa adecuada para la ocasión, me puse cada prenda y arregle cada detalle.
Al mirarme en el espejo me sentí espectacular, pensé para mí misma “seguro que le va a encantar a don José”, el pensamiento de nuevo me traicionó, mientras tenía esa duda en la cabeza, Karin intento besarme y yo lo rechace, me justifique con que echaría a perder el maquillaje, pero no me creyó, es más, insistió en que había algo detrás de mi comportamiento, a punto de salir no quería que tuviéramos una discusión, así que me sincere y le conté lo más relevante de lo ocurrido con don José.
Mientras me confesaba con él, lo hacía conmigo misma, la situación me daba miedo, pero también me mantenía expectante, las experiencias que habíamos tenido con otros hombres me habían abierto un nuevo mundo, pensar que lo que habíamos fantaseado antes con él se pudiera hacer realidad me excitaba de sobremanera, estaba decidida a ir y jugar con él y si se daba algo más, disfrutaría el momento.
Pero tampoco quería tener problemas con mi esposo, así que, si decidida no acompañarme estaba bien, pero de igual forma yo sí iría a la fiesta, don José había logrado su cometido, la calentura acumulada me había convencido, estaba dispuesta a tener sexo esa noche, me había pasado el día preparándome para eso y a mi esposo solo le pedí una cosa, que se apegara al “acuerdo” y me apoyara en esto.
El no tuvo más remedio que aceptarlo, me sentí victoriosa por un momento, pero confieso que aun así mi inseguridad me azotaba, una cosa es lo que había dicho con tanta seguridad y otra lo que me atrevería a hacer, la realidad es que soy muy cobarde. Salimos a la fiesta, pasamos por donde había chicos que nos saludaron con mucha confianza, no soy ingenua, todos aprovechaban para observarme, a las mujeres nos gusta sentirnos deseadas, pero en ese momento mi mirada solo buscaba a un hombre, cuando lo vi y se acercó, me quedé congelada mientras me sujetaba de la cintura para abrazarme y darme un beso en la mejilla, tenía una sensación de vacío en el estómago.
Estuvimos un rato disfrutando de la fiesta, salí a bailar con varios chicos, pero el mejor momento fue cuando don José se acercó y me llevó a la pista, y es que vaya que sabía bailar, el me llevaba en cada movimiento, el ritmo de la música incitaba a bailar de forma sensual y pegaditos, sin decirnos una palabra nos estábamos acoplando muy bien, otros se acercaban pero él no les permitió llevarme, me quería solo para él y me encantaba como marcaba su territorio ahuyentando a los demás, me sentía protegida y celada, como si yo fuera su mujer.
Así pasó un rato en que me olvide del entorno, Karin ya no estaba y don José también lo noto, me soltó y solo con una mirada me dijo todo, comenzó a caminar hacia un pasillo, sin esperar que me lo pidiera fui detrás de él, lo alcance llegando a unas escaleras que llevaban a una habitación, me indico que subiéramos, el lugar estaba descuidado, típico de una vecindad, despintado, cayéndose, ventanas rotas, ya dentro no era diferente, estaba tirado, trastes acumulados en la mesa, cortinas que habían en lugar de puertas entre las habitaciones, siguió caminando y atravesó una cortina, seguí detrás de él, en ese cuarto había una cama con base de madera, un colchón ya viejo y sabanas desgastadas.
Se sentó en esa cama y como si su mirada me hipnotizara, camine hacia él, me tomo de la cintura y me sentó en una de sus piernas, como si de una niña con su padre se tratara, me acaricio el cabello y me sujeto con fuerza para llevarme hasta su cara, me beso de una manera guarra metiéndome la lengua al primer contacto, su aliento era fuerte, se notaba el olor de las cervezas que estaría tomando, sus barba me raspaba y con todo eso, aun así lo disfrute.
Me levanto con sus brazos fuertes, se dio la vuelta sin dejar de besarme y me tiro en ese viejo colchón, que rechino cuando caí sobre él, se abalanzo sobre mí y abrió mis piernas para acomodarse mejor, me besaba en esa posición mientras realizaba movimientos imitando la penetración, me rozaba por encima de la ropa y eso me prendió aún más de lo que ya estaba, con sus manos recorría mis piernas y llegaba hasta mi trasero, lo apretaba con fuerza, estrujándolo como si fuera masa de pan, me descubrió el busto bajando un poco el vestido, vio mis tetas adornadas por un bra de encaje negro y poso sus manos sobre ellas, dándoles el mismo trato que a mi trasero antes.
Dejo de besarme y ahora su boca se centró en mi busto, me besaba las tetas y pasaba su lengua por todas ellas aun por encima del bra, yo solo podía gemir, no me salían palabras, estaba extasiada por el momento que estaba viviendo, me bajo el bra para destapar mis pezones y los lamió, arquee mi espalda, eso había sido suficiente para provocarme un orgasmo, al notar los resultados continúo haciéndolo, todo era increíble hasta que un ruido lo interrumpió, alguien había entrado a los cuartos.
Era su esposa, lo llamaba para saber si se encontraba ahí, él respondió que ya salía en un momento, ella se acercó a esa habitación y se quedó por un momento afuera, pero no abrió la cortina, se dio la vuelta y solo dijo “date prisa”, salió y escuchamos como se cruzó con alguien afuera, aprovechamos para arreglarnos la ropa y me dijo que esperara unos minutos antes de salir.
Tras esperar un poco salí de aquellas habitaciones, como pude regresé a través del laberinto de pasillos intentando recordar por dónde había llegado pues mi acompañante se había adelantado dejándome atrás y a mi suerte, solo tuve que seguir el sonido de la música.
Conforme me iba encontrando más personas supe que iba por buen camino, reconocí el pasillos que daba al patio y seguí hasta salir de nuevo a donde estaban las mesas, ahí me acerque de nuevo a la mesa con mi marido, él estaba nervioso y preocupado por mí, quería contarle lo ocurrido pero no podía ser en ese momento, había demasiadas personas como para comentarlo ahí, le dije una mentira sobre ir a la tienda, se vio conforme con lo que le platique, para no hacer más drama me quedé con él, aunque también para mantenerme al tanto si veía de nuevo a don José, ya habíamos dado un paso muy grande y ahora no pensaba echarme atrás, deseaba con todo mi ser llegar hasta las últimas consecuencias.
Estuvimos unos minutos hablando, no podía ver a don José en ninguna parte, me estaba resignando a qué eso sería todo por esa noche, cuando de pronto recibí un mensaje.
DJ: ven al departamento de tu tía
No puedo explicar todas las sensaciones que viví esa noche, cuando recibí ese mensaje, tan seco y que parecía más una orden que una petición, sentí una dicha de que me pidiera ir con él. De nuevo le dije una mentira a mi esposo, que su tía me pedía ayuda como en la noche de la posada, no es que no quisiera contarle las cosas, de hecho, me moría por hacerlo, pero sentía su inseguridad, si se lo decía, le querría poner fin a la situación y yo no aceptaría esa respuesta.
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