El que busca, encuentra (III)

Camila entró y vio el charco en el piso «¿Que le hiciste, negra?» Preguntó entre risas, mientras abría una cerveza y tomaba unos puntines de coca.

«Le llené el culito de leche y de meada, amor. Te lo dejé bien limpito» contestó riéndose perversamente. «Voy a salir por unas horas, pero está bien atadito, cuídalo hasta que yo vuelva» ya estaba vestida, tomó su abrigo y se marchó. Camila prendió la cámara de su teléfono y lo enfocó hacia la cama, dejo una tenue luz solo en el baño.

Se acostó vestida, su mini negra, sus bucaneras, sus ligas y una remerita de encaje también negra.

Me acomodó de espalda a la pared y se acostó de frente a mi, pasó sus manos rodeando mi cintura y tomando mis nalgas con fuerza, su pene aún blandito se apoyó sobre mis manos sujetas y sus labios sobre los míos. Sentí su lengua húmeda tratar de penetrar mi boca, su saliva y su aliento invadiéndome, no tenía manera de resistirme.

Me beso por mucho tiempo, casi apasionadamente, sus manos acariciaban mis nalgas y la puerta de mi ano, su pene crecía y se endurecía rápidamente y se escapaba por un costado de su bombacha y por su mini levantada, mientras su boca llenaba la mía de saliva.

De un momento a otro sus manos me giraron hasta quedar de espaldas a ella, me volvió abrazar y su miembro, ahora gigante se deslizaba por toda mi zanja, por parte de mi espalda y rozando mi ano.

Sentía sus gemidos en mi nuca, sus dientes mordiendo con fuerza mi cuello y sus movimientos tratando de llevar su punta ya mojada hasta mi dolorido y lastimado orificio.

«Que lindo bebé, te voy a hacer el amor como si fueras mi putito novio, así a pelo, para que sientas mi carne bien adentro, amor, tengo ganas de cogerte por horas y dejarte preñado, de dejarte la leche adentro para siempre, putito mío» Mientras me susurraba su punta forzaba mi puerta, su cabeza enorme entraba apenas y volvía a salir, y luego empezó a entrar lentamente pero sin detenerse, parecía no terminar nunca, hasta que sentí sus huevos chocar contra mis nalgas y un dolor bien adentro, cerca de mi columna.

A pesar de mis lamentos ella se movía en círculos, y en un bombeo corto y profundo «¿Te gusta como te hago el amor, sentís mi pijota como te quiere? Contestame bebé, no me hagas enojar, contestá o va a ser peor!!»

«Si, si me gusta, la siento» me salió decirle

«Así me gusta, amor, ahora decime que te preñe por favor, y decilo con ganas y fuerte para que se escuche en el video»

Ante mi silencio, hundió su pija con fuerza y me ordenó: «decime que te preñe, putito, y decime Camila»

«Preñame Cami» repetí varias veces

Me cogia muy rápidamente y se ubicaba para que la cámara filmara con detalles

-«¿Querés que te llene de leche, amor?»

-Si Cami

-¿Te gusta mi pija?

-Si!

-pedime, rogame que te de la leche

Su calentura era mucha, su enorme carne no cabía casi dentro mío.

-Llename de leche, amor

-Por favor Cami haceme un hijo

Sentí una explosión en mi interior, su boca buscó la mía y me beso, escupió mientras acababa a chorros.

Me había cogido más de dos horas, ya eran las 10 de la mañana. Sin sacármela se abrazó a mi y me dijo «vamos a descansar un rato».

Aun la tenía enorme y dura, esto todavía seguiría por mucho más tiempo…

Continuará.

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