Avería, calor, y…

Volvía de la playa. Sola, en pleno verano.

El coche empezó a calentarse. Y la aguja no paraba de subir. Empecé a ver un poco de humo que salía del capó.

Sin parar el motor salí del coche y levanté la tapa. Avería segura.

Y yo allí, en un lateral de la carretera, a pleno sol, con una camiseta de tirantes y un pantalón corto. Tan corto que afloraban por la parte inferior los bordes de ambas nalgas.

Me había sacado el bikini mojado detrás de unas rocas, poniéndome algo justito para no ir conduciendo desnuda, con la idea de llegar al garaje y subir directa al piso, para una buena ducha.

Cogí el móvil para llamar a una grúa. Sin cobertura. ¡Jooo!

Me apoyé en el lateral del coche, junto al motor, y me crucé de brazos.

Fue entonces cuando vi a lo lejos acercarse un enorme camión. Agité una mano cuando lo tuve más a la vista.

Se detuvo detrás de mi coche.

Lo vi bajar de aquella altura de la cabina. Era alto, cuadrado, enfundado en un mono ajustado y reflectante. Andaba ligero hacia mí. Antes de que llegase a mi altura empecé a hablarle:

-Menudo problemón, el coche se ha calentado y no hay cobertura -le dije con voz quejosa, con la esperanza de que me pudiese ayudar.

-Veamos qué puedo hacer. Si no, pediré ayuda o una grúa desde la emisora- me respondió con una voz que destilaba seguridad. O, al menos, a mí me la dio.

Se apoyó en el lateral del motor abierto, frente a mí, y empezó a indagar. La curiosidad me pudo y yo también me incliné sobre el lado contrario, para observarle.

-Con el sol que pega, y el calentón del motor, hasta la chapa del coche quema -dije al notar la temperatura en mis muslos desnudos.

-Aquí y así… todo está caliente -me respondió alzando los ojos del motor para mirarme a la cara.

A la cara… y a las tetas. Diosss, estaba inclinada sobre el motor, con la camiseta de tirantes y sin sujetador. No tengo unos pechos muy abundantes, pero era evidente que se estaba recreando con el espectáculo que le ofrecía sin tan siquiera haberme dado cuenta. Sentí una mezcla de rubor y halago y decidí no moverme.

-Voy a buscar un medidor de temperatura al camión, a ver si podemos hacer “algo”, con tu trasto de coche.

-Siempre le digo a mi pareja que tenemos que cambiarlo. Tiene ya muchos años…

-¿Tu marido o el coche?- me preguntó sonriendo.

-Ambos -respondí, seguido de una risa seductora.

Cuando volvió, se acercó a mi lado y mientras me mostraba el medidor me dio unas indicaciones:

-Tendrás que aguantar tú desde este lado los cables donde yo te indique, y yo desde el otro lado y mirando la pantalla, probaré de darle gas a ver si sube más la temperatura-

Me sonó todo a chino, así que me giré de nuevo sobre el motor y agarré los cables que me ofrecía. Fue entonces cuando se colocó a mis espaldas y extendió ambos brazos alrededor mío, sin soltar mis manos, dirigiéndolas hacia dos puntos del motor. Su cuerpo se pegó al mío. Su voz sonó muy cerca de mi oreja. Y una fuerte presión de su apretado “bulto” se clavó en mis nalgas.

-Aguanta fuerte en ambos lados, y procura no moverte. ¿Puedes? ¿Molesta?

Un movimiento de vaivén lateral acompañaba a sus preguntas sobre mis nalgas, haciendo más evidente el frote sobre ellas de su miembro erecto.

-Molestar no molesta, pero…

-Pero ¿qué?

Se me soltó un cable de una mano.

-Pues que con los nervios ¿no ves? Ya se me ha soltado un cable.

Sentí como se separaba de mí y volvió al otro lado del coche, frente a mí.

-Puedes hacerlo, coloca de nuevo el cable donde te he indicado.

Me abalancé algo más sobre el motor y atendí su petición, aún a expensas de que sabía que su perspectiva sobre mis tetas resultaría más “específica y generosa”. Seguro que mis pezones se presentaban bien visibles a sus ojos.

Después de hurgar con sus manos por el interior del motor, se dirigió de nuevo hacia mi costado, y colocándose de nuevo tras de mí me dijo:

-Un último intento…¿te llamas?

-Cleo -le respondí, sintiendo de nuevo su paquete presionando mis nalgas. No voy a negar que me estaba excitando. Y al parecer, por el mayor tamaño de su bulto, creo que él también.

Sus manos se colocaron sobre las mías y las avanzó hacia un lugar más distante del motor, lo que me hizo ponerme de puntillas y sentir todavía más el calor de la chapa en todos los muslos y las ingles.

-Yo me llamo Jesús. No, no, estira más los brazos. Así, ahora. Aguanta que le daré al acelerador.

Otra vez liberó mis nalgas y se dirigió al interior del coche. Miré mis manos, las había manchado con las suyas al acompañarlas a su nuevo destino.

Los acelerones del motor hicieron brotar de nuevo humo del radiador. Giré el rostro hacia Jesús y lo vi salir rápido del coche mientras me jalaba:

-No, no sueltes ahora, que quiero ver hasta dónde sube la temperatura.

Hice un esfuerzo para no soltar los cables, y en menos de un segundo noté como sus manos ladeaban mi pantalón se clavaban en ambas caderas, al tiempo que una polla húmeda se abría paso entre mis nalgas, para invadir mi coño que también se encontraba ligeramente lubricado.

Solté los cables y lancé un suspiro profundo como respuesta a esa entrada en mi intimidad. Sus manos manoseaban mis caderas, masajeaban mi vientre, mientras que sus embestidas se hacían cada vez más profundas e intensas. Apenas pude articular una palabra entre los continuos gemidos que brotaban de mis labios:

-Cabrón

-Puta. Que buena estás. Y que calor hace aquí, dios.

-Me has manchado de grasa toda- Pero no pares ahora, sigue, sí, soy tu puta, una puta de carretera que te estás follando. Una mujer inocente que te ha pedido ayuda y de la que estás abusando, cabrón. No paresss

Sus manos amasaban ahora mis tetas y sus dedos pellizcaban mis pezones. Su miembro me llenaba por completo. Lo sentía entrar hasta el fondo, para volver a salir y volver a entrar, aplastando con su cuerpo al mío contra la ardiente chapa del coche.

-Vamos al camión. Tengo aire acondicionado y podemos avisar a una grúa. Y te podrás cambiar esa ropa sucia-

-Quiero tu leche. Dámela toda, cabrón. Quiero correrme. Me has puesto a mil-

Y fuimos al camión. Y me desnudé entera. Y me clavé su polla sentada en su regazo mientras él hablaba por la radio con la grúa.

Que, por cierto, tardó más de una hora en llegar. Tiempo que aprovechamos para “distraernos” en la litera de la cabina, donde, semi estirada y con mis pies en sus hombros, pude disfrutar de varios orgasmos seguidos, mientras soportaba con pasión los envites que su polla me proporcionaba antes de invadir todo mi interior con una más que generosa cantidad de semen.

Lo revivo mientras os lo escribo, y siento de nuevo como se moja mi sexo.

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