La habitación de mi hermana (1)

No era frecuente, pero algunas noches, cuando nuestro “cariño fraternal” daba paso a una convivencia pacífica después de las frecuentes discusiones en las que nos trenzábamos con mi hermana, solíamos quedarnos después de cenar viendo una película en su habitación o en la mía, o charlando hasta altas horas de la noche para ponernos al tanto de nuestras vidas, ya que a pesar de nuestras peleas, teníamos en general una buena relación, afectiva y cómplice que nos hacía ser muy confidentes.

Ambas habitaciones tenían prácticamente la misma disposición, un placar, un escritorio para la computadora con dos sillas, al lado un mueble con espacio básicamente para un televisor de 45”, un equipo de música y equipos varios, dos camas de una plaza, por si alguno de nuestros parientes o amigos, según fuera hombre o mujer se debía quedar a dormir. Las habíamos estrenado juntos el año pasado justo cuando ella cumplió 18, yo ya tenía 21.

De una noche en especial guardo varios recuerdos, más que nada porque era la primera de las varias que yo me debía quedar a dormir en la de ella porque estaban haciendo unos arreglos en mi dormitorio; y por las cosas que comenzaron a suceder a partir de ese día: era un jueves de verano, por eso estábamos con poca ropa, yo solo con un bóxer y ella en bombacha y una musculosa, era común que tanto nuestros padres como nosotros anduviéramos en ropa interior en la casa. Estábamos ella en su cama contra la pared y yo en la de visita mirando una película que nos había recomendado una amiga de mi hermana.

Cuando apagamos el televisor empecé a sentir unos murmullos y vi que Sonia pegaba la oreja a la pared que daba a la habitación de mis padres, le pregunté que eran esas voces.

Sonia: ¿Que va a ser Diego? Son los viejos que empezaron a coger.

Diego: ¿Y todas las noches tenés este quilombo?

S: No, solo los jueves, pero más que quilombo te voy a contar que es un audio porno….

D: ¿En serio? ¿Es para tanto? –Le dije sonriendo.

S: Si no me crees vení acércate y apoyá la oreja.

Me pasé a su cama y me estiré detrás como ella estaba pero invertido con la cabeza hacia sus pies. Apoyando la oreja contra la pared se escuchaba bastante clarito:

Mamá: Por favor no me la metas de golpe, hacémela desear, la tenés tan linda, tan dura, ¡estuve toda la tarde con una calentura!

Papá: ¡Se te nota porque estás empapada guacha! Mirá como me resbala la cabeza de la pija entre los labios de tu concha! Me va a costar no metértela de golpe. ¿Te calentaste por algo?

M: Sí, y por culpa tuya, que te la pasas tratando de hacerme el bocho con pendejos, ¡y bueno… al final me la paso pensando en eso! hasta me tuve que pajear.

P: ¿Y qué maginabas que hacías para calentarte?

M: ¿Querés que te cuente en serio?

P: Si sabés lo que quiero, y con detalles…

M: ¿Mirá como se te pone la poronga cuando te digo lo que pensé, te imaginas cuando te cuente algo que pase en serio?

P: Dale tocate mientras me contás, y no me hagas desear más…

M: ¡Si eso es lo que te gusta perverso! Bueno me imaginaba que íbamos en colectivo al centro con el pibe en cuestión, era hora pico, nos lográbamos acomodar por el medio y yo no quedaba apretada a él de frente, con un brazo abrasando su cintura y el otro me había quedado caído apretado entre su pierna y la mía, él no podía moverse porque nos sostenía a ambos agarrándose del pasamano del techo, había imaginado que un tipo me empezaba a apoyar de atrás y yo sentía que la pija se le empezaba a parar entre mis nalgas (en realidad mientras me pajeaba tirada en la cama, había hecho un bollo con las medias y me lo había metido debajo del culo imitando el bulto del tipo).

La cuestión es que yo me acercaba al oído del pibe y le contaba que me estaban apoyando, entonces él me preguntaba qué quería que hiciera, le dije que nada, solo que él se pegara más a mí y yo iba a empujar con el culo al tipo para sentirla mejor, cuando lo hice, él metía su muslo entre mis piernas y me apoyaba la poronga que la tenía alargada en la pierna del jogging, me imaginaba que la tenia durísima como ahora la tuya. El tipo que tenía atrás se apretaba más a mí clavándome la punta de la pija bien en el ojete, y obligándome a apretarme más al pibe. Imaginé que le contaba al oído que estaba muy caliente y que necesitaba tocarme la concha con la mano libre. Entonces él me decía que le encantaría pero si lo pajeaba también a él.

P: Me encanta como decís poronga, la boca se te abre como si la estuvieras chupando, te ponés muy puta. ¿Decime quien era el pibe esta vez?

M: Ya te voy a decir, y cuando me lo coja de verdad no sabés lo puta que me voy a poner. déjame que te termine de contar qué imaginaba, la idea de la paja doble me había parecido genial, ¿pero como hacerla con una sola mano? Se me ocurrió que si me levantaba la pollera, nuestros sexos se iban a tocar a través de mi bombacha y su jogging, al acercarme imaginé sentir esa poronga al palo, empujando contra mi concha, ya tenía la otra clavada en el culo, necesitaba más, agarrarla, sacársela fuera del jogging y bajarme la bombacha metérmela entre las piernas y refregármela metida entre los labios de la concha.

Y así fue que transforme mis dedos en su pija y me los metí lo más adentro que pude, moviendo las caderas hacia atrás y hacia adelante para ensartarme el bulto de las medias y mis dedos encharcados por el flujo que despedía, así hasta acabar imaginando que le susurraba en el oído si le gustaba lo que le estaba haciendo, te juro que tuve la sensación como que me acababa toda la leche entre los labios de la concha.

P: ¡Qué hija de puta! ¿Así te acababa como yo ahora? ¿Y te pasaba el glande de arriba abajo?

M: Si desparramándome la leche desde la concha hasta el culo.

P: ¿Decime ahora quién era el pibe?

M: Vos sabés quien, dale ahora si métemela toda de golpe y te lo digo, ¡así guacho!, sos un hijo de puta me haces calentar con mi propio hijo.

En ese momento ambos despegamos la oreja de la pared, y mi hermana separó también el cuerpo pegándose más al mío, mi bulto coincidía con su culo y ahí nos dimos cuenta que los dos estábamos calientes, tomamos conciencia, yo de cómo estaba al palo apoyando la pija entre los cachetes del culo de mi hermana, y ella porque tiró la mano hacia atrás y al agarrármela la sintió tan dura como imaginaba que estaría la de papá en ese momento, y empezó a empujar con el culo. Mi hermana es flaca, estatura mediana, tetas tipo perita del tamaño justo para chupárselas, pero tiene un culo perfecto, es uno de esos culos hechos con compás de atrás y de costado, y una cosa era mirárselo como yo lo había hecho mil veces, y otra sentirlo como lo estaba haciendo ahora.

S: ¡Guacho que dura la tenés, tanto te calienta que tu vieja te quiera coger! ¿Te diste cuenta lo grande que la tenés?

D: Si, ya me dí cuenta, y vos también debés haberte calentado escuchándolos coger, porque parece que te gusta pajeármela bien apoyada en el culo.

S: Y como querés que esté si hace meses que vengo escuchando los consejos del viejo a mi madre para que te seduzca, y uno de esas sugerencias era que buscara la manera de hacer que la apoyes para después llevarte a la cama y, como vos me estas apoyando ahora, las veces que he imaginado eso, pero no pensando que se lo hacías a ella sino a mí, y la dureza de tu pija supera mi imaginación por mucho, por favor refregame la cabeza de esa pija hermosa a lo largo de mis labios como ella contaba que le hacías en el colectivo, así, así… Guacho por todas las pajas que me debés.

Yo en ese momento sentía mi poronga resbalando en el flujo que empapaba la bombacha de Sonia, aunque en realidad estaba imaginando la concha de mi madre, recordando ahora la canaleta que formaban sus anchos labios en las bombachas que usaba, hubiera querido tenerla entre los labios de ella, más ahora que sabía que me deseaba y que tenía el consentimiento del fiestero de mi viejo para garchármela.

D: ¿Qué más le sugería el viejo? Contame que me calienta, correte la bombacha así puedo sentir tus labios que deben estar hirviendo, ¿no?

S: Si, hirviendo y empapados, mejor esperá que me saco la bombacha, ahora ponela directamente a lo largo de la concha y después alterná con el glande apoyado en el ojete, y girá el cuerpo así puedo sentir mejor cuando me apoyás, y tus huevos me golpean contra las nalgas. Dejame que yo te la acomodo, que lindo que es agarrártela así, ¿sintiendo lo caliente que la tenés? Me encanta lo dura que está. ¡Dale imginate que la tenés entre las piernas de la vieja! ¿Querés que te la siga pajeando?

D: Si, pajeámela y movela como quería la vieja en el colectivo así te pajeas vos también, y contame que más le sugería el viejo.

S: Qué sé yo, un montón de cosas, cuando se calienta con eso entra a imaginar situaciones todas juntas, a veces hasta me cuesta pajearme porque no termino de concentrarme en una situación y salta a otra.

D: Pero contame las que te hayan calentado a vos.

Yo mientras tanto seguía bombeándola cada vez más rápido y me aferraba una teta con la mano derecha, y con la izquierda le acariciaba el clítoris que lo tenía inmenso y parado.

S: Le pedía que cuando estemos en la mesa trate de volcarte un vaso de agua en el pantalón y después busque una servilleta para limpiarte, y te la pase bien por la pija mirandote a los ojos hasta que sienta que se te para, y entonces te la apriete y después te la suelte dejándote con las ganas. ¿Te lo hizo alguna vez? ¿Te pusiste al palo?

D: Si, lo hizo dos veces.

S: ¿Y estabas palo como ahora?.

D: No tanto, porque tu concha me calienta mucho, pero sí me palpitaba.

S: ¿En serio te caliento tanto? ¿Y no te apoyó nunca?

D: Si una vez en la cocina cuando me pidió que le alcance un paquete de harina de la alacena que estaba alto, y se quedó delante mío, después me pidió uno de arroz que estaba más atrás, te imaginás que cuanto más me estiraba más se me enterraba la poronga entre las nalgas, y yo sentía que ella apretaba y soltaba las nalgas como masajeándome, la pija ya se me salía por debajo del calzoncillo.

S: Y decime, no tenías ganas de metérsela hasta el fondo, ¿si la hubieras tenido en la concha como ahora la tenés en la mía?

D: Me enloquecía por metérsela, empujaba como vos estas empujando el culo ahora, y ella movía el culo haciendo círculos, yo no quería llegar hasta el arroz nunca, estaba por acabar y en eso entró el viejo, pegué un salto y alcancé a ponerme el arroz frente a la bragueta para disimular el bulto.

S: Ay, si seguime tocando la concha así que me encanta, y me gustaría que me la metieras bien adentro, hace de cuenta que se la ensartas a mamá. ¿Viste los labios de afuera que grandes que los tengo? ¿como me cuelgan? ¿Sabes que los tengo igual que mamá?

D: ¿Y como sabés eso guacha?

S: Porque una vez yo salía del baño en toalla, y a mamá se le ocurrió que quería ver como tenía la concha, yo le dije que no tenía problema si ella me mostraba la suya, nos pusimos las dos enfrentadas en la cama con las piernas abiertas, y ahí nos dimos cuenta que las teníamos iguales, y me dijo sonriendo con un aire de lujuria: espero que tu padre no se entere porque la va a querer probar.

D: Si querés cuando me la coja la convenzo para que se lo cuente y le haga el bocho con vos.

S: Ay, sí, dale. Vos crees que él se va a empezar a pajear pensando en mi argolla.

D: Seguro, y seguro que la vieja es tan perversa que le va a tratar de proponerle que te haga cosas para calentarte, como hizo el con vos.

S: ¡Ay, me pusiste a mil hijo de puta, por favor ensartámela bien hasta el fondo que voy a acabar…!

D: Así guachita. ¿Así la querés? ¿Me la vas a pedir todas las noches?

S: Creo que varias veces al día, mirá los chorros que me hacés actabar hijo de puta… nunca me había pasado… Más adentro… Sï… Sï… ¡Ay!

D: ¿Donde querés que te acabe? ¡Dale apurate que no aguanto…!

S: En la boca asï también te pajeo… que lindo que es encerrarla en mi mano y que sientas como te la meneo…

Sonia estaba desatada, se metió la cabeza en la boca empezó a succionar como si quisiera arrancármela del tronco, era tan excitante verla tragársela mirándome con esos ojos de lujuria, que mi acabada se acelero, y era tanta que la leche le corria por los costados de los labios.

Me desplome a su lado –¡Sos hermosa! –Le dije y la abrace fuerte

S: Yo te amo hermano. Y te prometo que mañana le cuento a mamá que vos ya sabes que te quiere coger, y la voy a hacer calentar tanto, que te aseguro que la semana que viene te la garchás… pero ojo, ¡primero a mí!

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