Esos días en qué la farmacéutica estuvo fuera se me hicieron eternos. Solo esperaba que llegara el lunes para poder ir a la farmacia y por fin estar con ella. Además, tenía mucha curiosidad para saber cómo le fue de novia provisional por cinco días con ese Pancracio.
Tuve la mala suerte que al final no dispuse del dinero que esperaba con ansia y, además, con el poco que tenía guardado, debí afrontar unos gastos inesperados. Es lo que pasa cuando eres padre de dos hijas, siempre hay cosas que pagar. Por lo menos, Julia este martes me contó qué pasó durante esas vacaciones especiales. El lunes ella no acudió a trabajar. El señor Boscos, muy serio, me dijo que estaba indispuesta. Compré unas aspirinas y me fui alicaído. Al día siguiente, ella ya estaba en la farmacia y pudimos vernos un momento. Seguidamente, os escribo lo que me explicó.
“Don carpintero, me fui de casa muy triste el miércoles porque mi esposo estaba disgustado conmigo. Entendía que tuviera que asistir yo a un congreso de farmacia porque don Boscos era demasiado mayor y que sabía lo importante que era mi trabajo, pero que me iba a echar mucho de menos. Es que era la primera vez que íbamos a estar tantos días sin vernos. También le preocupaba poder atender bien a nuestros tres hijos. Además, él se enfadó porque por la noche, en la cama, no dejé que se acercase ni que me tocara ni nada. Le di un beso rápido de buenas noches y le dije que estaba muy cansada. Pero no era verdad.
En realidad, el motivo era que, cumpliendo las instrucciones del que sería mi novio durante los siguientes cinco días, tenía insertado el tapón que me dio y temía que mi marido lo descubriera y me pidiera explicaciones. La verdad es que tenía ganas de hacer el amor con mi esposo, pero no podía ser, claro. Y eso que estaba muy excitada, no sé si por notar el enorme plug en el ano o porque me imaginaba las cosas que desearía hacer mi novio temporal conmigo durante esas vacaciones. Pero bueno, Pancracio, muy agradecido conmigo por esos días, me ha regalado el tapón y voy a compensar a mi marido y dejaré que más de un sábado juegue con él en mi culo.
Seguro que le va a encantar. ¡Y a mí, más! Uy, vaya, ya me estoy mojando. Mire que estuvimos años antes de que mi marido se aficionara al sexo anal y ahora solo quiere mi culo, como una obsesión. Si hubiera sido así desde el principio, seguro que no habríamos tenido tantos hijos. A ver, los quiero muchísimo y estoy contenta de tenerlos. Y más ahora que estamos tan bien de dinero. Bueno, continuo.
“Cuando salgo de casa con la maleta, veo que Pancracio me está esperando en un cochazo, un deportivo, descapotable. Mi esposo mira por la ventana y le mando un par de besos. Mi novio provisional me saluda amablemente y subo al coche. También dice adiós, con la mano, a mi esposo y veo que él le devuelve el saludo. ¡Pobrecito Ramón! Espero que no piense mal ni tenga celos y que le pase pronto el disgusto.
“Cuando estamos a unas calles de mi casa, Pancracio me besa en los labios y me dice que estaba deseoso de que llegara el miércoles. Estoy algo triste, pero le digo que yo también e intento sonreír. Me dice que lo vamos a pasar bien y que yo especialmente. Eso me alegra. Supongo que me tratará muy bien. Me hace una cierta gracia volver a ser novia por unos días, sin obligaciones familiares, sin hijos… Por unos días, ya me está bien desconectar y eso.
“En la carretera, fuera de la ciudad, mi nuevo novio pone su mano derecha en mi muslo. Me mira. Yo le sonrío. Me dice que estoy muy guapa. Y añade:
-Juli, pensaba que usted vendría al viaje vistiendo más sexy.
-¿A sí? Es que le dije a mi esposo que íbamos a un congreso de farmacia y claro, no podía irme vistiendo muy provocativa. ¿Es que no te gusta mi outfit?
-Está muy guapa, sí, ya le digo. Pero quiero presumir de novia sexy. Y exhibicionista. Cuando paremos a comer, se cambia y se pone algo más provocativo.
-Si así lo deseas…
-Sí, claro. Y ¿ha sido buena chica y se ha insertado usted lo que le pedí?
-Obedezco a mi novio en todo. Así que sí – sonrío y me sonrojo.
-A ver, deje que lo compruebe – sube su mano por mi muslo, la pone debajo de mis nalgas y noto que palpa entre ellas hasta que encuentra el extremo del tapón – Ya veo que sí. ¿Le gusta tener el plug en el ano, Juli?
-Nunca me había metido uno, la verdad. Es algo incómodo, y más así sentada. Pero también, de alguna manera, morboso y excitante – él lo gira delicadamente en mi culo – Es que me llega muy al fondo, ay.
-¿Le hago daño?
-No, no, es solo que, bueno, nada. Quiero ser una buena novia para ti, así que, haré todo lo que me pidas para complacerte.
-Juli, deseo que estos días sea mi pareja, pero no mi esclava ni mi criada.
-Ya, claro. Sí, sí, no te preocupes. ¡Seré la mejor novia para ti!
-Seguro que sí. Pero no tema, no tendrá que hacer nada que no desee.
-Te lo agradezco. Sé que me vas a tratar muy bien.
-Por supuesto.
-Y yo seré muy cariñosa contigo.
-No lo dudo, Juli. Ya vi esa tarde que usted es muy mimosa con los hombres.
-Me gustan los hombres y me gusta complacerles. Y que ellos sean buenos conmigo y me hagan sentir a gusto.
-Mire, como somos novios, le agradeceré que me llame “cariño” o “amor” o cosas así.
-Ningún problema, cariño, ja, ja, ja. Pero quizá que no me trates de usted ¿no? ¡Sería raro tratar de usted a tu pareja, ja, ja, ja!
-Sí, tiene usted razón. Bueno, tú. ¿Oiga, qué le parece si la llamo “churri”?
-Cómo quieras, amor ¡ja, ja, ja!
-Bueno, churri, mire, lo primero, mientras llegamos al restaurante, deje que… – acerca su mano a mis bragas y me las baja hasta los tobillos – No le importa ¿verdad?
-Ay, no sé. Bueno, no, no, me da morbo.
-¿A ver? – me palpa la vulva y sé que se da cuenta que me estoy mojando – Um, es usted una mujer muy caliente, Juli.
-Oh, me sabe mal, le voy a manchar el asiento. Mejor me subo las braguitas. Es que ya me estoy poniendo cachonda.
-No se preocupe, Juli, la verdad es que tener su flujo en el asiento para mí es un honor.
-¡Oh! ¿Sí? – al oír eso noto que mi humedad crece y rebosa mis labios vaginales.
-Deme, deme las bragas. Sé que a usted le gusta exhibirse.
-No, no es eso -me quito las braguitas y se las ofrezco. Él las huele con placer. Eso me excita todavía más.
-Juli, ir sin bragas pero con una falda tan larga…
-No es tan larga, no me llega ni a las rodillas.
-Demasiado larga. Súbasela, por favor. No, más, más arriba.
-Pero se me va a ver hasta…
-Sí, no importa. Va usted con su novio.
-Ya sí, pero…
-Hasta la cintura, por favor.
-Es que… me van a ver los otros coches.
-No, mujer. Nadie va a mirar. Y es mi deseo. Además, aquí ya no la conoce nadie.
La hago caso. Estoy completamente desnuda desde el ombligo para abajo. Cuando adelantamos al segundo camión, el conductor toca el claxon y veo que me saca la lengua lascivamente, como un perrito . Yo me tapo el pubis, pero enseguida mi novio me aparta la mano. Aunque es cierto que los turismos no se dan cuenta de que lo enseño todo, los camioneros sí tienen una vista privilegiada. Lo peor es cuando adelantamos a un autocar y veo que sus ocupantes me miran con sorpresa y me hacen gestos y eso. Pero Pancracio no deja que me tape con mis manos. Verme así exhibida debe de excitarle porque noto un buen bulto en su bragueta. En fin, solo espero que de verdad nadie me reconozca.
-Juli, quítese la blusa.
-Mejor no, solo llevo una camiseta muy…
-Mejor sí, Juli.
-Pero…
-Dijo que sería una buena novia para mí, ¿no?
-Sí, pero es que, la blusa es muy escotada y… es que se me verá desde todos los coches, no solo los camiones y los autocares.
-Mejor, así me alegra la vista y también a los que adelantemos.
-Ya, pero… es que se van a fijar más en mí y verán que no llevo bragas y que tengo la falda en la cintura.
-Oiga, si le pedí que fuera mi pareja estos días es para presumir de tía buena y desinhibida.
-Yo no soy una tía buena.
-En eso se equivoca, Juli. Tiene usted un cuerpazo.
-No, ya me gustaría. Pero he tenido tres hijos y tampoco soy una jovencita.
-Es poco mayor que yo, Juli. Venga, va, blusa fuera. ¡Quiero presumir de novia con un buen pecho y muy escotada!
Le hago caso y me quedo con la falda en la cintura y un top blanco de apenas un palmo. Casi se me ven las tetas y más cuando mi novio me pide que también me quite el sostén. Luego él estira un poco el top para abajo y crece tanto el escote que muestro algo mis aureolas.
-Así, así, me gusta usted más. Está irresistible.
-Gracias, amor. Pero… -aunque avergonzada, estoy tan cachonda que temo correrme allí mismo. – Es que, la gente en los otros coches…
Él me pone un dedo en los labios para que no diga nada y me da un beso en la mejilla. Después acerca su mano para ponerla en mi pubis. La tiene ahí quieta, excepto un dedo con el que me acaricia muy suavemente el clítoris. Me avergüenza que esté mojando tanto la tapicería, pero es su culpa. Muchos de los ocupantes de toda clase de vehículos me miran el pecho. Cuando adelantamos un autocar o un camión, el cabrón de Pancracio aparta su mano para que vean que voy sin bragas.
Estamos a punto de entrar en una ciudad. Yo le pido que me deje poner la blusa y bajar la falda, aunque no me ponga las bragas ni el sostén si él no quiere, pero él me contesta que, si quiero complacerle, que siga así, que no llevar bragas, pero que nadie lo vea, no tiene gracia. Y me baja algo más el top, para que se me vean algo los pezones.
-¡Oye, eso no se lo harías a tu pareja!
-Bueno, eso no lo sabe usted. Quizá ese es uno de los motivos de que ahora mismo esté divorciado y sin novia.
-Oh, quieres decir que…
-Dejemos el tema. Siempre me ha gustado tener novias guapas y… dejar que todos las puedan admirar. Pero bueno, ninguna como usted, Juli. Ni con su cuerpo de MILF extremadamente follable.
-No, pero si yo… a ver, soy una mujer casada, una buena esposa.
-Seguro que sí. Pero estos días será mi novia.
-Sí, eso sí. Cariño.
-¡Mi churri!
Cuando estamos ya en la ciudad, debemos detenernos en algunos semáforos. Allí mucha gente se da cuenta de que lo enseño casi todo. Yo evito la mirada de los transeúntes y de los coches que tenemos al lado. Cuando Pancracio ve que alguien me mira, él me baja más el top y deja que se me vean completamente los pezones. Yo me lo subo enseguida. Me parece que todos los semáforos estén en rojo. Mis mejillas arden de vergüenza, pero reconozco que la situación me excita un montón. Noto la humedad del asiento en mis nalgas.
-Vaya, señora, parece que tiene usted calor – dice el conductor del autocar que está detenido al lado. Yo intento taparme, pero mi novio no me deja y baja el top hasta debajo de mis tetas. Miro hacia el autocar y veo que sus pasajeros me toman fotos. Lanzo un chorro de flujo, pero eso ellos no pueden verlo.
-Oiga señorita, si su marido es un cornudo, que seguro que sí, luego nos vemos – grita un hombre de mediana edad que anda a nuestro lado cuando estamos detenidos en un semáforo y me lanza una tarjeta con su nombre, su teléfono y eso.
-¡Qué descarado!
-A ver, usted le estaba enseñando el pecho y el coño, Juli.
-¡El coño, no!
-Bueno, casi.
-Ya. Es verdad. Por favor, deja que me ponga la blusa – me subo el top para que tapen algo mis pechos.
-No, ahora ya pronto llegamos al restaurante. Entonces sí que dejaré que se vista bien. A ver, sinceramente, me encantaría entrar así con usted, enseñándolo todo, pero creo que no nos iban a dejar.
-Pues claro que no.
-Pero de momento, que más gente ve lo buena que está usted.
-No, yo no…
-Oiga, no tire la tarjeta de ese hombre, quizá pueda ser uno de sus clientes especiales.
-No, pero si estamos muy lejos de mi ciudad.
-Nunca se sabe. A ver, deme esa tarjeta. Yo se la guardo.
Cuando nos detenemos en un semáforo, un señor muy elegante y con bigote se me queda mirándome fijamente y está a punto de darse contra una farola.
-Perdone, caballero, es que a mi novia le gusta que todos vean lo buena que está.
-No, si, yo no miraba a su novia, perdone.
-Oiga, no se disculpe, ye le digo, a ella le gusta que los hombres la miren desnuda.
-Cariño, no digas esto al señor.
-Es la verdad, caballero. Y a mí, me gusta presumir de novia guapa y cachonda – y tira de mi top para abajo para que el caballero vea completamente mis pechos. -Qué, ¿ha visto que tetas tiene?
El hombre abre los ojos como platos y Pancracio arranca el coche porque el semáforo lleva un rato verde.
-Ay, amor, me da vergüenza que…
-¡Estoy seguro de que a usted le encanta y le excita!
-Sí, eso también, cariño.
Cuando llegamos al restaurante, mi novio deja que me ponga bien la falda y me cubra con la blusa.
-Pero las bragas, no. Me las quedo yo.
-¿Y el tapón, puedo quitármelo ya?
-No, de ninguna manera. Cuando yo le diga.
-Es que…
-No, no, aguante. Luego quizá yo mismo se lo quite.
-¿Pero para qué es? – me hago la tonta.
-Ya verá. Quizá ya se lo imagina.
-Si es por… a ver, hablando claro, para tener sexo anal conmigo, de verdad que no me hace falta.
-Sí, ya sé, el señor Boscos me contó que él mismo le había estrenado el culo.
-¡Oh! ¿Eso te dijo?
-Y también que más de un cliente suyo la da porculo.
-Es verdad, sí. Pero solo los que pagan muy bien.
-Y también me dijo que a usted le gusta.
-Pues sí, lo reconozco. Y a mi esposo, también.
-¿A su esposo le gusta que le den a usted porculo?
-No, por favor, claro que no. Él no sabe nada, pobre Ramón. Quería decir que… bueno, que a él le gusta mucho encularme. Y también que lleve tanto dinero a casa.
-Me parece que tiene usted un culo muy deseable.
-La verdad es que a todos que lo han probado les ha encantado.
-No lo dudo.
-Tú eres mi novio y dejaré que me des porculo si lo deseas.
-Gracias, churri.
-¡De nada, amor!
Esta conversación me puso a mil, parecía que mi coño iba a arder, y habría dejado que él me follara ahí mismo, dentro del coche y delante de toda la gente que pasara. Pero no podía ser, claro. Así que bajamos del coche. Él mira mi asiento y dice:
-¡Vaya cómo ha dejado de empapado mi asiento, Juli! ¡Vaya novia más cerdita que tengo!
-Me sabe mal, amor.
-No se preocupe. Me enorgullece tener una novia tan cachonda. Y quién vea el asiento de mi coche así de mojado sabrá que allí se ha sentado una chica muy caliente y se que me envidiará.
-Gracias, cariño.
-Recuerde que ahora en el restaurante deberá usted cambiarse de ropa.
-Pero no hace falta.
-Sí, quiero presumir de pareja sexy.
-Vale, pues tendré que abrir la maleta y ver qué me pongo.
-Lo más sexy.
-Sí, cariño.
-Y sin bragas. Ni sostén.
-Ya, vale, me lo imaginaba.
Entramos en el restaurante. Si el cochazo de mi novio me asombró, este restaurante de lujo me deja alucinada. Un camarero muy amable nos acompaña a nuestra mesa.
-Juli, antes de sentarse, vaya por favor a los servicios y cámbiese de ropa.
-Pero, ay, no sé. Este restaurante es muy distinguido. Yo creo que con lo que llevo puesto, no sé, es más adecuado.
-Bueno, si lo prefiere. Pero le subiré la falda hasta la cintura.
-¡Pero si voy sin bragas!
-¡Precisamente por eso!
-No, no, ya voy a cambiarme. Pero es que creerán que más que tu novia soy una pilingui.
-Bueno, eso tampoco no es muy equivocado.
-No digas eso. Pero bueno, tienes razón.
-Mire, Juli, ¡qué casualidad!
-¿Qué?
-Acaba de entrar el caballero ese que casi se da con una farola mirándote.
-¡Oh, qué bochorno!
-No hay por qué. A ver, usted tiene un cuerpazo y es normal que quiera que todos la vean.
-No es verdad.
-Vamos a saludarle.
-No, ay, , ve tú si quieres.
-Se le ve muy distinguido. Vamos a decirle algo.
-Yo no, que me muero de vergüenza. Voy a cambiarme. Vuelvo enseguida.
-Tómese su tiempo. Maquíllese también cómo si fuera una fulana.
-Ay, amor, pero es que aquí todo el mundo viste muy elegante, me da vergüenza.
-Debe ser una novia muy obediente.
-Sí, sí, la mejor. Voy. Espero que te guste lo que me pondré.
-Seguro que sí. No tenga prisa, yo mientras voy a saludar al caballero e iré viendo qué pedimos. Ah, y me tomaré una copa.
-Sí, amor – le doy un besito en los labios y, convencida de que me mira el trasero, camino muy sensual. Y sí. Le miro y veo que tiene los ojos fijos en mi culo. Pero descubro que el caballero del bigote también me está mirando atentamente. En fin. Sigo andando muy coqueta y me meto en los servicios.
“En los lavabos me quito la falda, la blusa y el top.
-Oh, creo que me he pasado escogiendo esta ropa. Es que la falda es demasiado corta y, si debo ir sin bragas… se me verá todo. Uy, y además con el tapón en el culo. Temo que se me note en la falda. A ver, si me lo inserto más para adentro… uy, um, oh. Me haría una paja ahora mismo, pero iba a tardar demasiado y quizá Pancracio se enfadaría. A ver, quizá él, después de comer querrá… ni que sea en el coche, en algún lugar discreto. Ojalá no tenga que esperar a la noche para tener sexo con él. Con este disfraz de colegiala ingenua y sexy quedan bien dos coletas. A mi edad, me da vergüenza. A mi esposo le encanta y a algún cliente especial, también. Pero aquí, en este restaurante tan distinguido… En fin, va.
“Me hago las coletas, me pongo la faldita y veo que por poco que me mueva se me ve todo el culo y el brillante del plug. Y cuando me siente, se me verá el sexo al ir sin bragas. Espero que nadie se de cuenta. La blusita es blanca y muy corta. Enseño el ombligo. Y es tan transparente que se me marcan los pezones y se intuyen las aureolas. Pero no quiero enfadar a mi novio temporal. Él ha pagado mucho y debo complacerle en todo. Ojalá la gente esté comiendo y no pendiente de mí.
-¿Oh, qué? -llaman a la puerta del lavabo – Espero, señora, ya termino.
-Abre, por favor, hija.
-¿Qué? ¿Quién es? Este es el servicio de señoras, caballero.
-Sí, sí, ya sé. Pero abre, guapa.
-A ver, pero ¿qué quiere? – abro la puerta – ¡Oh, el señor del bigote, de la farola!
-Pues sí. ¡Oh, qué guapa te has puesto!
-Yo… -me ruborizo -gracias. ¿Qué quiere, señor?
-Lo sabes bien. Tu novio me ha explicado que me esperabas en los servicios. Espera, entremos. -me empuja suavemente, entra conmigo y echa el pestillo. – Me ha contado que le has dicho que querías follar conmigo y que a él no le importa. Que, al contrario, eso le da morbo.
-¡Oh! ¿eso le ha dicho?
-Sí, el dinero se lo he dado a él.
-¿Cómo? ¿Qué dinero?
-No te hagas la tonta. Ya me ha contado que tú no tienes suficiente con él, que eres mucha hembra, y que deja que te lo montes con todos a cambio de dinero. – me arremanga la falda-¡Oh, llevas un tapón en el culo! ¡Qué cerda!
-Es solo porque… mi novio…
-Ya sé para qué es. Mira, mi mujer está a punto de llegar. Aunque a tu novio le he dado mucho dinero para follarte, no tenemos tiempo. Toma – se saca el miembro erguido. Me haces una mamada y yo me corro en tu boca y ya está.
-¿Seguro que mi novio le dijo que…?
-¡Que sí, mujer! ¡Va, chúpame la polla, hija!
Me baja la cabeza y me la acerca a su glande, puntiagudo y húmedo. Me penetra la boca con su tranca empinada y se la chupo con fruición. No quiero enfadar a Pancracio ni al señor. Pero es que además lo deseo. Él me agarra las coletas y tira algo de ellas. Empieza a suspirar. Su pene crece en mi boca y me va regalando su líquido preseminal. Me folla la boca, mete sus manos en mi blusa y me acaricia las tetas. Después, juega con el tapón en mi culo. Todo eso me excita mucho y tomo su otra mano para que me acaricie el clítoris. En unos segundos exploto en un orgasmo bestial y él me folla la boca con más intensidad y por fin se corre en mi boca.
Cuando él se va, yo me maquillo y voy con mi novio. Él se levanta, me toma de una mano y me hace dar una vuelta para ver bien mi outfit.
-Me encanta usted de colegiala inocente y putilla.
-Sí ¿te gusta, cariño?
-¡Mucho! De hecho, todos la miran.
-Ay ¡qué vergüenza!
-Venga, sentémonos. ¿Le ha gustado la sorpresa en los baños?
-Pues sí, la verdad. ¡Es que me habías puesto muy cachonda! Pero ¿qué habrá pensado ese señor?
-Habrá pensado lo que es. Que me gusta que mis novias sean cariñosas con otros hombres.
-¿A sí?
-Pues sí. ¡Va, brindemos por eso! ¡Por la novia más mimosa y cachonda!
-¡Chin, chin, cariño!
“Ya ve, señor carpintero, cómo fue la mañana”.
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