Autor: admin

  • Entrega total (Capítulo 7)

    Entrega total (Capítulo 7)

    Había pasado un año desde que Paco se encontró a Marta borracha en la escalera y su vida había cambiado sustancialmente, e indudablemente el de ella también. La brutalidad del primer par de meses había desaparecido y Paco había empezado a desarrollar un cariño especial hacia Marta. Se negaba a llamarlo amor, pero en realidad era eso. Aun así, la seguía torturando porque sabía que ella lo necesitaba, pero jamás la marcaba porque si algo le gustaba a Paco era exhibirla, que todos vieran el pedazo de mujer en que la había convertido, cómo la perfecta mariposa que sale de la crisálida del gusano.

    Marta ya no era la sumisa muda de los primeros meses, ahora conversaba con ella, y los fines de semana salían al teatro o al cine, y a cenar. También se habían apuntado a una escuela de bailes de salón cuando Marta le dijo que era un anhelo que siempre había tenido.

    El despertador del móvil sonaba muy temprano porque Paco necesitaba tiempo para follar a Marta concienzudamente: como Dios manda. La rutina de por las mañanas era siempre igual. Primero la sujetaba las manos a la espalda con unas esposas. A continuación, estaba varios minutos besándola. La comía la boca como si fuera a ser el último día y acto seguido la ofrecía la polla mientras él degustaba su vagina en un sesenta y nueve bestial. Finalizaba sobre ella penetrándola, mientras la abrazaba y la comía la boca. Durante todo ese proceso Marta encadenaba orgasmos sin parar. Después, se iba a trabajar dejándola bien follada durmiendo en la cama.

    Cuando regresaba a casa, rápidamente la volvía a follar con una violencia inusitada: tirones de pelo y azotes en el trasero, y siempre por el culo. Después, si no tenía trabajo pendiente se dedicaba a ella, y finalmente, por la noche, se iban pronto a la cama y la follaba con mucha creatividad.

    Durante este último año, en algún momento tuvo un conflicto moral propiciado por el cariño (amor) que había desarrollado hacia ella. Era plenamente consciente de que Marta tenía un problema psiquiátrico grave. Un problema que tal vez deberían tratar profesionales, pero su egoísmo pudo más que sus diatribas morales. ¿Y si la curan y la pierde? Sólo pensar en eso le ponía malo. Se había convertido en un adicto a su sumisa.

    Decidió solucionarla la vida por sí a largo plazo el desaparecía. Abrió en su financiera una cuenta a su nombre (él, al ser empleado lo tenía prohibido) con una cantidad importante y empezó a gestionarla como si fuera un cliente normal, pero claro, no lo era. En pocos años Marta sería millonaria sin saberlo. También hizo testamento y la dejó todo: Paco no tenía familia.

    Se aficionó a viajar con ella, principalmente fuera de España. El primer viaje fue a Praga a final de invierno. No fue una buena elección. Durante toda la semana estuvo nevando y el frío era intenso, acrecentado por la fuerza del viento. Marta iba a todas partes metida en su plumas largo, gorro y guantes de lana y botas de invierno.

    Por las mañanas, después de follar, salían a hacer las visitas turísticas de rigor, a mediodía comían en algo restaurante del centro y luego al hotel hasta la hora de la cena.

    Se había aficionado a atarla sobre la mesa, bocarriba, bien abierta de piernas. Se sentaba en una silla delante de su fantástico chocho y empezaba a chupar: podía estar horas así. Marta gemía constantemente como una loca, hasta que les llamaron la atención. Decidió amordazarla y la intensidad bajo ostensiblemente, pero solo de sonido. La vagina de Marta segregaba fluidos como una fuente y Paco, cada cierto tiempo se levantaba y poniéndose a la altura de la cabeza la penetra la boca y la follaba hasta que la llenaba la boca de esperma. Después vuelta a empezar.

    Una de esas mañanas, salieron para visitar la zona del castillo. Paco la dijo que sólo se pusiera las botas. Después la hizo arrodillarse, inclinarse hacia adelante y la introdujo en el ano un gran plug decorado con un cristal tallado de color morado. Era tan grande que a Marta la dificultaba el andar. La puso el plumas largo y así salieron a la calle. Iba enormemente excitada y eso que el juego no había empezado. Mientras andaban por el complejo de El Castillo con cierto disimulo la iba sobeteando. Le excitaba meter la mano fría dentro del plumas y encontrar el cálido cuerpo de Marta. Llegaron a uno de los callejones cercanos al Pasaje de Oro y aprovechando que no había nadie, sin previo aviso la levanto el plumas, la inclino y sacándose la polla la penetró. El vaho salía cómo un chorro por la boca de Marta con el impulso de los gemidos y la llegó un orgasmo tremendo cuándo empezó a oír las voces de un grupo de turistas que se aproximaba. Terminaron justo a tiempo de que no les sorprendieran.

    Después de ese viaje decidió ponerla piercing en la lengua para que le chupara la polla mejor, si eso fuera posible, porque cómo ya ha quedado claro, Marta se entregaba totalmente en esa labor. Pero la verdad es que lo que más le atraía a Paco, lo que más morbo le daba, era que la gente la viera con ese adorno en la lengua. La llevó a un conocido establecimiento del centro de Madrid y allí la pusieron dos: uno cerca de la punta de la lengua y otro un poco más atrás. Fue una decisión de última hora después de verlo en el catálogo. Cuando la vio con ellos puestos tuvo una erección tan fuerte que casi no les dio tiempo a llegar a casa y eso que estaban cerca. Una vez solos la folló la boca con una violencia inusitada. Con el tiempo descubrió que le encantaba que le hurgara el ano con los piercing y cómo pasaba cuándo le chupaba la polla, en esa nueva función Marta se entregaba a conciencia.

    Así las cosas decidió hacer una prueba. Quería verla con otros hombres y analizar sus sensaciones, las de Paco, al verla comer pollas distintas a la suya entre otras cosas. Lo preparó todo concienzudamente. Estuvo investigando por Internet y al final encontró lo que buscaba. Contrató a seis caribeños, de piel negra, muy altos y grandes cómo armarios y con grandes pollas que se dedicaban a eso: a follarse mujeres insatisfechas con maridos más o menos complacientes, impotentes, o vaya usted a saber. Para tal fin alquiló una casita discreta y apartada en las cercanías de Huesca y les pagó los billetes de AVE hasta allí. Sus planes eran que la dieran caña durante 48 horas consecutivas: sin descanso. Al principio los planes eran otros: que un negro se la follara, pero después empezó a añadir más elementos, más negros, y decidió ponerla al límite aunque sabía perfectamente que nunca se iba a negar. Aun así, los días previos la estuvo aleccionando para que no hubiese ningún problema. El día que se lo dijo, se sentó en el sillón y la hizo arrodillarse entre sus piernas. La puso la mano en el chocho y la obligo a correrse en su mano mientras se frotaba con ella. Le encantaba ver, y notar, cómo se mojaba la mano con la corrida de Marta además de sus gestos y gemidos.

    —El próximo finde quiero hacer un experimento contigo, —la dijo mientras se recuperaba—. Vamos a ir a una casa en Huesca, y allí vas a estar follando durante todo el fin de semana con unos hombres que no conoces. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

    —Si amo.

    —Repítemelo.

    —Vamos a ir a Huesca y voy a estar con unos hombres que no conozco…

    —Vas a follar.

    —Voy a follar con unos hombres que no conozco, amo.

    —Muy bien: buena chica, —dijo acariciándola la mejilla—. Quiero que te entregues totalmente a todos sus deseos y que seas cariñosa y servicial. Me sentiré muy defraudado contigo si hay algún problema. ¿Lo entiendes?

    —Si amo: lo entiendo.

    —Saldremos el jueves por la mañana y al día siguiente llegaran ellos, y te lo repito: desde ese momento harán contigo lo que quieran. ¿Alguna duda?

    —Ninguna amo.

    —Buena chica, —la hizo inclinarse y la metió la polla en la boca. La obligo a chupar muy despacio, más de lo habitual. Un largo rato después, se corrió y la llenó la boca de semen que Marta se tragó cómo era habitual.

    El día del viaje, jueves, casi no la tocó. La tuvo todo el día sin provocarla ningún orgasmo. Cuándo Paco necesitaba correrse, Marta se la chupaba y nada más. Cuándo al día siguiente llegaron los seis negros, Marta estaba más que receptiva y preparada: esta salida cómo una perra en celo.

    Les había puesto varias condiciones que se resumían en principalmente en dos: podían hacer con ella lo que quisieran salvo golpearla en la cara o hacerla sangrar, y siempre estaría con las manos atadas por la espalda. Demostraron ser de una profesionalidad total y cuándo llegaron a la casa Paco comprobó que ya se había organizado. Traían un guion preparado. Dormirían de dos en dos y siempre habría dos cómo mínimo dándola caña.

    Desde una habitación contigua, Paco controlaba la grabación de todo lo que pasaba con las cuatro cámaras de alta resolución que no perdían detalle. Cada cierto tiempo salida con una cámara portátil y tomaba primeros planos.

    El lubricante se gastaba por litros y todos siempre que tenían ocasión y estaba libre la daban por el culo. La manejaban como si fuera una osita de peluche, una muñequita, y estaba más tiempo en el aire que tumbada. Para ellos no representaba la más mínima dificultad: Marta con sus cuarenta y cinco kilos de peso y ellos enormes y musculados. La postura que más les gustaba era que mientras uno de pie la tenía penetra mientras la sujetaba en el aire, otro la daba por el culo. A las pocas horas, Marta tenía el culo rojo como un tomate y es que todos los que la daban por detrás aprovechaban para azotarla el trasero.

    Cuando llegó la noche la actividad siguió sin tregua y Marta estaba como ida, en trance. Paco, que dormitaba cómo podía en la silla del ordenador, de vez en cuando la daba una bebida energética rica en cafeína para ayudarla a permanecer despierta.

    Al día siguiente la actividad siguió frenética y por la noche Paco dio por finalizado el experimento porque hacia un par de horas que Marta estaba adormecida y ni siquiera respondía a los estímulos sexuales o violentos. Les dio una generosa propina y les llamó un par de taxis para que les llevarán a la estación del AVE.

    Cuando todos se fueron, y ya solos, regresó a la cama donde yacía Marta. Acercó un sillón a la cama, la cogió por los pies y con ellos se masturbó: Marta tenía tanto el culo cómo la vagina rebosantes de esperma. Fue poco tiempo: a los pocos segundos se corrió sin que ella hiciera el más mínimo gesto. Recordó que lo primero que hizo con ella, aparte de meterla los dedos en la boca para que vomitara, fue masturbarse con sus pies.

    Cuando se tranquilizó la levanto en brazos y entró con ella en la bañera que previamente había llenado. La lavó detenidamente, la frotó concienzudamente con la esponja de baño, no quería dejar el más mínimo rastro de los seis hombres que durante 34 horas la habían estado follando. Después, la envolvió en una toalla y regresó con ella a la cama. Cuando estuvo bien seca, se dedicó a inspeccionarla detenidamente. Las tetas las tenía un poco tumefactas, y los pezones muy inflamados de las veces que se las habían estrujado y pellizcado. En estado similar tenía la vagina, porque a pesar de estar siempre muy untado de lubricante, el estar penetrada casi permanentemente por pollas largas y gordas pasaba factura. Aun así nada preocupante: nada que no solucionen los antinflatorio. Otra historia era su ano: ese maravilloso ano que tanto le gustaba. Estaba feo e inflamado, y además presentaba varias grietas y abrasiones.

    <<Cuando volvamos a Madrid, la llevaré a un médico que conozco y que me debe algún favor>> —pensó.

    Terminada la inspección, se preparó una generosa copa de Ginebra y se sentó en el sillón con ella acurrucada en su regazo y el ordenador a mano. Mientras saboreaba la copa velaba el intranquilo sueño de Marta interrumpido por espasmos esporádicos fruto de los malos sueños y el agotamiento. Estuvo visualizando ligeramente las imágenes grabadas mientras sentía una enorme ternura hacia ella.

    Decidió analizar el experimento como si se tratara de una transacción financiera: los pros y los contras. Empezó por estas últimas.

    1º. No le gustó que otros hombres se follaran a Marta. Aunque al principio le excito mucho verla con seis caribeños enormes dándola caña, al poco tiempo se le paso.

    2º. Marta tuvo un montón de orgasmos, sobre todo al principio, pero nada que ver con los que tiene con él.

    3º. Le había costado cierto trabajo convertirla en el pibón que era ahora para poder exhibirla y para su disfrute personal, y el experimento le iba a obligar a tenerla en el dique seco un tiempo, sobre todo el culo: tendría que estar un tiempo sin entrar por ahí.

    En definitiva, esto y algunos puntos más se podían resumir en algo muy simple: Marta es de su propiedad y sólo de él, única y exclusivamente, y después del experimento no quería volver a cruzarla con ningún otro macho, sea del color que sea, aunque con otra mujer sería cuestión de pensarlo.

    La llevó a la cama y se quedaron dormidos. Paco se despertó, tarde, a media mañana, con la cabeza de Marta apoyada sobre su hombro. Estuvo un rato largo mirándola dormir. Si antes no tenía dudas, ahora menos: quería tenerla junto a él siempre. De improviso, abrió los ojos y estuvo unos instantes mirándole. Después, se fue hacia abajo, se metió la polla en la boca y empezó a chupar muy lentamente: como sabía que le gustaba.

  • La fantasía de realizar un stripper en público

    La fantasía de realizar un stripper en público

    Aposté con mi novio un baile erótico, que él deseaba y para complacerle fuimos a un local de stripper en la Isla Margarita.

    Llevo puesta una mini falda con algo de volumen en color negro un top plateado que solo se sujeta al frente por dos pequeños lazos y tacones negros.

    Llegamos a un lugar de escenario, barra, luces, sillones por todos lados y música sexy.

    Nos encontramos a muchas personas bailando, parejas, grupos se siente buen ambiente.

    Anuncian un show con participación del público, solo chicas pueden subir al escenario, es noche de chicas dicen. Solicitan voluntarias.

    El público aplaude.

    Y (…) dice sabes que quiero, sonríe y muerde su labio inferior yo respondo besándole, el manosea mi culo mientras yo le abrazo.

    Invitan a subir al escenario, de inmediato me dirijo al escenario y me encuentro con un stripper, lo detallo de arriba abajo. Pienso está muy bien este tipo, nos sonreímos y subimos casi al mismo tiempo, me pide que mire de frente al público, ya no veo a (…) me siento un poco nerviosa, pero recuerdo porque estoy ahí.

    Apagan la música y solo escucho pequeños ruidos a mi espalda, me pregunta el stripper si bailare para él o el para mí, le sonrió y le indicó que no, que ese baile es para mi novio, pregunta su nombre y seguido le llaman y te invitan a subir al escenario.

    Comienza a sonar la música y el chico me indica la pista es suya… de inmediato dejo de pensar y solo bailo, giro a ver la pista y me encuentro un tubo sobre un pequeño escenario de dos escalones a mi izquierda… y a la derecha cómodamente sentado en un sillón esta (…) le sonrió con mucha picardía y el responde con una mueca de satisfacción. Señala con su mano el tubo, sin dudarlo

    Bailo hasta el tubo lo tomo con mis brazos extendidos hacia arriba, colocándome de espalda a él frotando mi culo, lo acarició arriba, abajo cada vez más rápido, veo su cara de placer y lo voy disfrutando cada vez más, suelto mi mano derecha y acarició mi seno izquierdo, lo aprieto y bajo mi mano pasando por mi cintura apretando mi culo.

    Giro y abro mis piernas, me balanceó haciendo arcadas hacia el como si me estuviera penetrando una y otra vez… muerdo mis labios mientras le veo sonreír, “Mmm si…” Gimo. “¿Te gusta?” Y responde “mucho y a ti” – “Oh sí, me gusta digo excitada”.

    ¿Quiere bailarme más cerca?

    Camino y de inmediato me señala los dos pequeños lazos que sujetan el frente de la blusa, suéltalos

    Le sonrío…

    Llevo mi mano derecha a mi boca doy una pequeña lamida a mi dedo índice, lo dejo bajar por mi escote, centro de los senos, suelto los pequeños lazos dejando ver mi sostén, lo veo sonriendo, mordiendo su labio. Mnn paso mi dedo índice por cada seno en círculos, los acarició.

    Bailo un poco más, voy subiendo mi falda mientras acarició mis caderas.

    Me siento en el primer escalón – Mirándole a los ojos, mordisqueo mi labio mientras voy abriendo las piernas, al abrir las piernas siento un poco de miedo de que el hilo se moviera y deje a la vista mis labios mayores… pero al ver su cara de placer continuo… así que abro y cierro las piernas un parte de veces, las dejo abiertas mientras mis dedos se deslizan desde las rodillas hasta la entrepierna. Mnn., saboreando mis labios, mis manos hacen un recorrido desde mi abdomen acariciando los senos, pasando por la cintura, bajan al trasero, me siento húmeda uhh… al levantarme cruzó una pierna frente a la otra me levanto y voy quedando de espaldas al público acarició mi trasero mientras subo la falda dejándolo expuesto al público… lo miro con mucho deseo

    Me levanto y voy hacia ti

    Siento como mi cuerpo se enciende aún más, mis pezones están duros y erguidos, mi vagina húmeda, la siento contraerse…

    Abro mis piernas y me colocó sobre el dejando mi vagina sobre su miembro, lo puedo sentir duro muy duro… comienzo a moverme, cada vez más… si rico

    Paso mis manos por su cabello, subo un poco.

    Me pregunta ¿Quieres terminar de quitarte la blusa? Asiento

    Me ayudas, sonríe con placer al ver pequeño y sexy sostén que medio cubren mis pechos

    Siento como los aprietas, los besa y los corre para dejar las aureolas un poco más a la vista.

    Estoy muy excitada, no dejo de moverme, es como si me follara con todo y ropa.

    Me giro, y el sube mi falda para dejar mi culo de manera perfecta sobre su pene, voy apretando mis manos sobre sus piernas… Mnn, Sus manos acarician mi espalda, no dejo de mover mi culo sobre su pene, solo con sentirlo, me excito cada vez más, me pide que suelte la falda… mientras pasa su mano por sobre mi pierna un brazo derecho y con sus dedos comienza a jugar con mi vagina… Gimo cuando mete el primer dedo, luego el segundo estoy muy mojada, arqueo un poco la espalda, y comienzo a tocar mis senos, siento sus besos en mi espalda, pasa su mano izquierda por mi cintura, mientras retira sus dedos de mi vagina y dice la falda quiero verte toda, estoy muy excitada.

    Me levanto… con mucha picardía saboreo mis labios y mirándole con complicidad y deseo me giro quedando de espaldas a él, suelto y dejo caer la falda mientras voy inclinando mi torso hasta que mis manos tocan el piso, quedando perfectamente expuesto a su vista… flexiono un poco las rodillas Mmm. Voy subiendo mis manos… acarician mis piernas pasan por mi abdomen, mis senos, terminan sujetando mi cabello… quedando en un divino, transparente y muy pequeño hilo en T que hace juego perfecto con el sostén y ligero de encaje.

    Sus ojos me recorren completa… acarician mi cuerpo!

    Siento que estalló de deseo!

    Bailo un poco más acariciando mi cuerpo y escuchó cuando piden que me quite el sostén, sonrió pero me niego.

    Vuelvo a sentarme esta vez de frente a él abriendo mis piernas y apoyándolas en el sillón…

    Siento sus manos acariciar mi espalda Mnn… Suelta el sujetador del sostén y solo escucho lo voy a quitar…! dejando mis grandes senos desnudos, no puedo creerlo!

    Comienzo a sentir sus manos acariciarlos… no puedo dejar de moverme… los acaricia… pellizca los pezones… Gimo de placer y dolor, siento que llegare al orgasmo

    Lo vuelve hacer se me erizo la piel y entonces los besa uno a uno, pasa sus manos por mis nalgas… me pide que me levántate que baile que permita que se deleiten con mis pechos. Me niego, le pido que nos marchemos ya no aguanto más deseo hagamos el amor, responde con una sonrisa sólo un baile y nos vamos.

    Agarrada del respaldo del sillón, puedo sentir en cada movimiento, su pene perfectamente erecto, me muevo con más fuerza para sentirlo. Arriba, abajo, de un lado a otro.

    Estas mojada? Me preguntas. Quieres ver… respondo

    Y comienzo a sentir sus dedos entrar en mi vagina, subo un poco para dejarle espacio. Gimo… y aceleró mis movimientos… pero retira los dedos…

    Me pide que me levante… lo hago y quedo frente al público y de espaldas a el

    … siento sus manos en mi nuca, siento como bajan por mi espalda y aprietan mis nalgas, escuchó los gritos pidiendo que baile y que mis pezones están levantados, siento vergüenza y mucho deseo a la vez… Mnn., voy sintiendo la mirada fija de muchos desconocidos, siento como me desean con sus miradas… Bailo acariciando todo mi cuerpo, al agacharme inclino el culo hacia atrás y abro un poco las piernas subo acariciando mis grandes pechos, disfruto cada movimiento. Me levanto y giro hacia (…) quien está parado observando con cara de satisfacción le abrazo y termina la música.

    Lo beso mientras le pido que nos marchemos, deseo hagamos el amor como nunca…

  • Soy la exclava sexual de mi yerno

    Soy la exclava sexual de mi yerno

    Me llamo Marta, soy una mujer de 54 años, divorciada, vivía con mi hija y su esposo hasta que hace algunos meses mi hija murió de un paro cardiaco. Dicen que aun a pesar de mi edad soy una mujer bastante atractiva, yo en realidad no me veo nada fuera de lo común, soy de altura mediana, cabello por los hombros, el cual peino de moño conservadoramente, soy gordita, mi cuerpo es proporcionado y debido a la edad ha ido adquiriendo la madurez que solo el tiempo da, mis caderas son anchas mi trasero aun firme, mis senos son chicos.

    Una pequeña explicación le ayudara probablemente a entender lo que les voy a contar, mi marido era un hombre completamente dominante, el cual manejaba totalmente cada aspecto de mi vida.

    Nunca fui feliz en mi matrimonio, la única felicidad que me dio mi unión marital fue mi hija, la cual ahora perdí.

    Desde que mi hija se casó con su esposo decidieron vivir en nuestra casa, por lo que era muy común que ambos notasen la forma en que mi marido me trataba, siempre haciendo de mi su juguete el cual movía a su gusto, hacia conmigo lo que quería, imponiendo siempre su voluntad aun incluso delante de mi hija y su marido. Hace dos años, me abandono por irse con una mujer mucho más joven con la cual sabia, había andado desde hacía bastante tiempo pero por mi temor no había dicho nada, siempre había guardado silencio, conformándome con recibir de él muy poca atención.

    Recibí de mi hija y su marido todo el apoyo que necesite para superar esa difícil situación, con el tiempo me fui resignando a ser una mujer abandonada por su marido. Pero de nuevo la tragedia llego a mi casa y esta vez aun fue más dolorosa, mi hija moría repentinamente de un paro cardiaco, dejándonos solos a su esposo y a mí. Es aquí donde empieza la historia que les voy a contar.

    Joel el esposo de mi difunta hija siempre fue un hombre respetuoso y responsable, a sus 30 años era el esposo modelo siempre trato a mi hija de forma excelente, además era hogareño y cariñoso, quien se hizo cargo de la manutención de la casa cuando mi marido me dejo. Aunque fue muy duro superar la pérdida de mi hija, poco a poco me fui acostumbrando a convivir con él, trataba de atenderlo en todo lo que podía, tratando de recompensar de alguna manera que se preocupara por mí aun después de que su esposa había muerto y ya no tenía ninguna obligación para conmigo. Pero creo que algo había permanecido oculto dentro de mi yerno desde que mi esposo me abandono, creo que todo lo que había visto de la dominante relación de mi marido sobre mi había causado un efecto en él que yo desconocía.

    Como ya les dije Joel era un hombre muy responsable que contribuía en la casa con todo cuanto podía, yo me sentía feliz de convivir con él pues me agradaba su compañía, aunque no era un familiar directo me sentía protegida por él.

    Pero hace tres semanas todo cambio, en la víspera de navidad mi yerno me informo que le habían ofrecido un mejor empleo en otra ciudad lejana de donde vivíamos, y que pensaba aceptarlo, me horrorice! Ante la posibilidad de que mi yerno se fuera de la casa dejándome completamente solitaria.

    Me comento que le gustaría saber que pensaba yo de la posibilidad de que tuviera que marcharse a trabajar lejos, ahora creo que mi yerno me pregunto esto porque sabía exactamente cuál sería mi reacción, sabía que me había vuelto muy dependiente de él, pienso que mi yerno sabía que haría cualquier cosa para que él reconsiderara su decisión de marcharse.

    Estábamos en la sala, empecé a hablarle a mi yerno pidiéndole y suplicándole que no se fuera, trate de justificar mis palabras diciéndole que me preocupaba por él, mi yerno me escuchaba callado, parecía que estaba completamente decidido a aceptar el empleo.

    «Por favor Joel» suplique, «Piense lo que está haciendo, ese trabajo puede parecer más bueno pero piense, que va a hacer solitario en una ciudad nueva y desconocida, quien se va a ocupar de atenderlo»

    «Si señora, lo sé, pero debo pensar en mi futuro, en rehacer mi vida, en buscar una nueva mujer, sé que es difícil para usted, pero debo pensar en mí, sé que siente temor de que me vaya de esta casa y de su vida, porque soy su compañía, verdad señora?» pregunto mi yerno.

    Joel tenía razón, me sentía llena de terror de quedar solitaria, él era mi única compañía, aunque nuestro trato era poco, para mí era menos difícil llevar mi vida sabiendo que por lo menos quedaba alguien que de cierta manera se preocupaba por mí, me sentía útil pudiendo ayudarlo, teniendo su comida lista cuando regresaba del trabajo, lavando su ropa y ocupándome de cuanto podía, me había acostumbrado a compartir con él, no podía imaginar lo que haría sola en aquella casa, sin más compañía que las paredes que me rodeaban, tenía que admitirlo.

    Intentando recuperar la calma, limpie las lágrimas de mis ojos y cabecee «SI, es cierto, pero es acaso incorrecto que una suegra se preocupe por cuidar de su yerno, y ocuparse de sus necesidades, además no resisto la idea de quedarme sola» confesé.

    Joel me miro de forma seria, «Le diré que es lo incorrecto de eso» me dijo.

    «Soy un hombre joven y sinceramente estoy cansado de vivir en la casa de mi suegra, necesito un lugar propio, un lugar donde yo sea el jefe, deseo vivir de nuevo con una mujer, la cual haga lo que le diga y cuando se lo diga» continuo.

    Empecé a llorar de nuevo, en parte porque sabía que era cierto y aunque muchas veces lo había pensado, creí que nunca llegaría el momento, sabía que mi yerno era un hombre joven, y que probablemente desearía rehacer su vida, era verdad lo que decía, no sabía que más decirle, «Por favor…» le suplique, sabiendo que mi esfuerzo era en vano, «no hay ninguna cosa que pueda hacerlo desistir de su decisión y que lo haga quedarse aquí?»

    Entonces mi yerno sonrió, era una expresión calculadora, una que me hizo sentir miedo, su mirada cambio, de pronto notaba un extraño brillo en sus ojos.

    «Bueno suegra» dijo sonriendo, «Quizás puede haber una cosa que usted podría hacer que posiblemente me haría reconsiderar mi decisión de irme, digo reconsiderar porque no podría garantizarle que sería definitivo».

    Entonces nerviosamente pregunte.

    «Por favor dígame que es, haré cualquier cosa que me usted me diga?»

    Sonrió aún más mientras se levantaba del sofá donde se encontraba, y caminando unos pasos se sentó a mi lado en el sofá grande. Entonces lentamente me hablo.

    «Usted quiere que me quede suegra?» pregunto.

    «Sí, claro que si Joel,» respondí suavemente.

    «Y usted haría cualquier cosa para que me quedara?» pregunto de nuevo.

    «Si» respondí nerviosamente, estaba asustada de a dónde podía conducir su pregunta, escuchaba el tono de las palabras de mi yerno y no podía dejar de sentir un gran temor, de pronto parecía reconocer la misma actitud que tenía mi marido cuando se proponía algo.

    «Siempre me he preocupado por atenderlo de la mejor manera en todo cuanto he podido» agregue.

    «Si lo sé» continuo «Pero bueno, hay una necesidad de la cual usted nunca se ha ocupado suegra, y ahora si usted quiere que permanezca aquí, eso va a tener que cambiar, de hecho todo tendría que cambiar drásticamente si me quedo».

    «Una necesidad de que?» balbucee temiendo lo peor, «Le he dicho que haré lo que usted quiera».

    Su sonrisa se ensancho aún más y entonces hablo «Veamos entonces».

    Al decir esto, Joel alargo su brazo y puso su mano sobre uno de mis senos, y empezó a acariciarlo suavemente.

    Me sorprendí y me aterrorice congelándome de la impresión, esto era aún peor de lo que temía, estaba tan impresionada que no podía reaccionar. Mi yerno, el esposo de mi difunta hija, un hombre mucho más joven que yo, y quien siempre me respeto, ahora acariciaba mis senos. Jamás hubiera imaginado aquello.

    Creo que mi yerno pensó que mi reacción inmóvil, era una aceptación, porque se inclinó sobre mí para besarme, esto hizo que mi mente reaccionara de nuevo. Antes de que sus labios se pegaran a los míos, hable suplicante, «No por favor… no lo haga… esto es incorrecto yo soy su suegra, por favor no puede hacer esto».

    Entonces mi yerno se detuvo inmediatamente retirando su mano de mi pecho, su mirada se hizo fría y sus gestos más serios.

    «No la voy a forzar a nada señora”, hablo secamente, «Ahora sabe cuál es la opción, a menos que quiera que me levante y me vaya de aquí, usted me ofrecerá lo que deseo por su propia voluntad, tendrá que convencerme de quedarme, usted dijo que haría cualquier cosa para eso, pues bien es el momento de demostrarlo».

    No era una pesadilla, lo que estaba sucediendo era completamente real, y tenía que tomar una terrible decisión Entregarme a mi yerno incondicionalmente o quedarme completamente sola, sabia por la forma en que se comportaba que este era como mi marido no bromeaba en lo que decía.

    Así que aun con mi cabeza llena de miedo, vergüenza y remordimientos levante mi cabeza y sumisamente le hable «Haré lo que usted quiera» El temor a quedarme sola era mayor que todo.

    Mi yerno volvió a sonreír, sin importarle toda la vergüenza, el horror y la tristeza que yo sentía en ese momento.

    «Entonces suegra ahora demuéstreme que desea que me quede y creo que es mejor que haga su mejor esfuerzo en convencerme» dijo autoritariamente.

    Sintiendo que mi corazón se rompía y que la vergüenza y la humillación llenaba cada pulgada de mi cuerpo y de mi mente, me levante del sofá y comencé a desnudarme. Joel me miro, sus ojos brillaban mientras recorrían mis desnudos senos y el arbusto de mi vello púbico que cubría mi vagina.

    Totalmente desnuda me arrodille frente a mi yerno «Por favor déjeme servirle Joel» suplique sollozando, casi estrangulada por mis vergonzosas palabras. «Deseo pertenecerle a usted, quiero que me deje satisfacerlo en todo, deseo ser su esclava, le aseguro que le obedeceré completamente» continué.

    Mis mejillas ardían de vergüenza, incline mi cabeza sumisamente esperando que mis palabras lo hubiesen convencido, satisfaciendo su necesidad de dominarme completamente.

    Mi yerno sonrió otra vez, la satisfacción se notaba en su rostro, Había ganado, había logrado someterme a su voluntad.

    Entonces tomándome del brazo mi yerno me levanto sentándome a su lado en el sofá, «Inclínese suegra y separe sus piernas» me ordeno «Deseo examinarla».

    Hice lo que me dijo, completamente avergonzada por la humillación que sentía, mi yerno se inclinó sobre mi desnudo cuerpo y coloco su boca sobre la mía, deseaba luchar, resistirme, empujarlo lejos de mí, pero sabía que no sería lo mejor, en lugar de hacer esto, separe los labios y acepte que su lengua entrara en mi boca. Sentía una inmensa degradación, pero no debía incurrir en ninguna equivocación, correspondí a su beso fingiendo cuanto podía, el beso duro bastante tiempo, hasta que separándose satisfecho mi yerno sonrió.

    «Eso estuvo muy bien suegra» me dijo «siga así y vera que me convencerá de que me quede».

    Parecía que no necesitaba una contestación, mi yerno tenía otras cosas en mente, su mano acaricio de nuevo mis senos, involuntariamente mis pezones ante las caricias empezaron a ponerse duros, no paso mucho tiempo antes de que sustituyera su mano por su boca, comenzando a chupar mis senos. Aun contra mi voluntad, sus caricias tenían el efecto previsto, podía sentir como mi vagina empezaba a humedecerse, mientras mi cuerpo traicionaba mi voluntad. Mi respiración empezó a hacerse más pesada e inestable.

    Entonces mi yerno empezó a inspeccionar mi vagina, frotando ligeramente los dobleces de mis labios, insertando primero uno y entonces otro dedo dentro de mi vagina, rozando ligeramente mi clítoris con su pulgar, la excitación de mi cuerpo empezaba a vencer la parte consciente de mi pensamiento. No podía negar que aun con toda la vergüenza, repugnancia y humillación que sentía mi cuerpo estaba excitándose mucho al ser acariciado de aquella manera. Físicamente había despertado la muy olvidada necesidad de sentir un pene dentro de mí, absolutamente involuntariamente me escuche comenzar a gemir suavemente.

    «OH parece que le gusta lo que le hago señora?» pregunto Joel mi yerno.

    «Ohhh» gemía excitada, tenía que complacerlo «OH si Joel, se siente maravilloso».

    «Que bien señora, será mejor que usted empecé a tomarle el gusto a esto» hablo.

    Entonces mi yerno se levantó y me indico que me arrodillara de nuevo ante él, esto hizo que mi cara quedara al mismo nivel de su entrepierna. Mire asustada como mi yerno se quitaba la camisa revelando un muscular torso casi sin pelo, tenía que admitir que mi yerno tenía muy buen cuerpo, entonces mi yerno desabrocho sus pantalones y los bajo. Cuando él finalmente estuvo parado desnudo ante mí, incluso con mi vergüenza y repugnancia no podía evitar admirar su erguido pene. Era largo y de una circunferencia impresionante.

    «Dígame lo que desea suegra» dijo

    Sabiendo que no tenía ninguna opción, le dije lo que él obviamente deseaba oír.

    «Ponga su pene en mi boca, por favor».

    «Quiere mamarme la verga?» pronuncio cínicamente.

    «Si», susurre, completamente humillada por mi yerno.

    «Muy bien señora, eso es lo que quería escuchar» sonrió Joel y entonces tomándome suavemente por el cabello acerco mi cara a su erecto miembro

    «Aquí tiene su recompensa por ser una buena esclava» agrego.

    Separe los labios, y metí su pene dentro de mi boca, demostrando simbólicamente mi reconocimiento de que me había dominado completamente. Comencé lentamente a chupar la cabeza de su viril erección, cerré los ojos y simplemente acepte mi nuevo estado como esclava de mi yerno. Extrañamente a medida que le continuaba haciendo el sexo oral a este, empecé a disfrutar del hecho mamar el pene del hombre al cual me sometía.

    Después de algunos minutos empecé a escuchar como mi yerno gemía cada vez más fuerte, parecía que su orgasmo se acercaba, entonces cuando sentí su pene hincharse aún más y temblar dentro de mi boca, trague con impaciencia las abundantes cantidades de semen que disparo dentro de mi boca y que descendieron por mi garganta.

    Como pueden las cosas cambiar tan rápidamente? En el lapso de algunos minutos había dejado de ser una recatada señora para convertirme en la esclava sexual de mi joven yerno.

    Solamente comentarios a [email protected], espero les haya gustado, besos.

  • Erótica poesía

    Erótica poesía

    ¿Quién no hizo erótica poesía

    en la soledad de un anochecer

    y a una margarita no hizo arder,

    no la hizo gozar sin ella saber,

    y sin ella saber no desbordó su ría?

     

    ¿Quién no bebió dulce ambrosía

    que guardaba muy dentro de su ser,

    viendo su maravilloso fallecer,

    viendo en su rostro el amanecer,

    viendo su deliciosa agonía?

     

    ¿Quién no gozó de una alegría,

    de un nuevo y dulce amanecer,

    de una paloma que quiso hacer

    real lo que era una utopía?

     

    ¿Quién no tuvo suficiente picardía

    para volver loca a una mujer,

    soñando que era lo que no podía ser,

    soñando que regaba su celosía?

     

    ¿Quién no alcanzó con su fantasía

    las cumbres donde duerme el placer

    cuando la estancia estaba fría?

     

    ¿Quién no se sumió en la algarabía

    que traía el goce de recorrer

    una piel que nunca recorrería?

  • Amante del cerrajero (2 – Final)

    Amante del cerrajero (2 – Final)

    Eso me causo un poco de vergüenza y a la vez excitación pues esos viejos amigos de don Lucas ya habrían escuchado la historia de cómo llego esa tanga a él, voltee la mirada y subí al taxi estaba con Paul pero mis pensamientos estaban en otra parte, el estar ahí con él, pensar lo que había sucedió horas antes me llenaba de un arrepentimiento y lo que podría ocurrir el día siguiente mas me sentía mal, en ese instante pensé que aquello podría ir muy lejos y que ya no debía seguir solo pasaría una vez solo una ocasión en que perdí la cabeza por unos instantes y hasta ahí, decida llegue a la conclusión de que don Lucas no entraría mañana a mi casa que pondría seguro y que después iría a su local hablaría claro con él y le pediría esa copia de la llave lo que había pasado fue solo una locura, solo eso le dejaría claro, me sentí más tranquila y trate ya no pensar más en eso y la pase muy bien con mi esposo fuimos un rato al parque y de ahí de compras a un centro comercial ,cuando pasamos frente a una tienda de lencería y corsetería Paul me detuvo y me dijo

    – mi amor mira que bonitos modelitos están bien sexys te quedarían de maravilla

    Yo me quedé sorprendida era una especie de brasier blanco de encaje y una linda tanga rojita semitransparente era muy sexy y como casi nunca me propone vestirme sexy para el me extraño

    – llévatelo mi amor quiero verte así hoy en la noche

    Yo me emocione pues pensé que viéndome en esas prendas quizás esa vez podría ser diferente y hacerme cosas nuevas en la cama, así que nos metimos a la tienda los estuve viendo y Paul detrás de mi lo voltee a ver y le sonreí

    – ok mi amor me los voy a llevar solo porque tú me lo pides

    Le plante un besito y lo compre salimos de aquella tienda muy contentos como dos novios enamorados y traviesos, fuimos a comprar otras cosas y la pasamos bien, ya no recordaba los sucesos de aquella tarde regresamos a casa el local de don Lucas estaba cerrado al verlo la idea momentos antes pensaba la reafirme y estaba decidida a ponerle un alto a la situación llegamos a casa, ya en la noche me metí a la ducha me iba a poner lista para la noche romántica que Paul y yo tendríamos supuestamente, estaba duchándome tranquilamente cuando de pronto el agua no se iba por la tubería estaba formándose un charco de agua a mi alrededor, el caño estaba tapado me dio mucho coraje pues no terminaría de ducharme ahora que podría hacer con ese problema, así que me seque con la toalla y salí del baño Paul veía el televisor y le comente sobre el problema y se preocupo fue a probar con el W.C. pero también sucedía lo mismo el agua no se iba, así que era un problema pues tendríamos que asearnos así que pensamos en ir a casa de mi vecina, fui yo y le comente el problema ella muy gustosa acepto, me tranquilicé pues ahí podríamos usar el baño, lo que me incomodo un poco fue que se encontraba el esposo de mi vecina en casa era un señor como de unos 55 años calvo y gordito, me daría un poco de vergüenza, así que fuimos los dos y usamos su baño, el viejo esposo de mi vecina solo se quedaba observándome de pies a cabeza no hablaba mucho, yo entre al baño me duche y como sabia de la ocasión que tendría con mi esposo me puse la tanga nueva y un short de licra blanco y una blusita cuando salir del baño el viejo se me quedo viendo en el momento que le di la espalda sentí su mirada hacia mi trasero seguramente viendo cómo se me marcaba la pequeña tanga pues mi short de licra era blanco y mi tanga roja eso provoco en mí una sensación de calor dentro de mí, ahora sabía lo que me pasaba las miradas de deseo por viejos me causaban excitación, mi esposo no se dio cuenta se ducho también y al retirarnos mi vecina me dijo que conocía alguien que podría arreglar el defecto de nuestro baño y me dio su nombre Jaime y su teléfono, cuando regresamos a casa ya era de noche Paul me dijo que se sentía cansado se fue a dormir yo no le dije nada, yo que pensaba que sería una noche romántica y de amor, se arruino por ese problema y también por que Paul ya no quiso nada me decepcione, me puse a pensar en lo del día siguiente así me fui quedando dormida.

    Al día siguiente Paul salió temprano me dijo que hablara al reparador para resolver el problema, así quede sola en casa con el problema del baño pensé si llamar a la persona que arregla las cañerías y a la vez pensaba que don Lucas podría llegar en cualquier momento así que puse seguro a la puerta, llame al reparador, después de comentarle el problema me dijo sabia donde era pues ya había ido a la casa de mi vecina hacerle unos trabajos, así que me dijo que llegaría cuanto antes, porque no tenía trabajo, para esto su voz se me hizo familiar pero no lo tome mucho en cuenta, pasaron 20 minutos mientras desayunaba, cuando escucho que alguien tocaba a la puerta, dude en abrir pues no sabía si era el reparador o don Lucas. Así que andaba en mi short de licra y en caso de que fuera don Lucas imaginaria que lo estaría esperando así cosa que ya no era así, rápidamente me fui a cambiar me puse lo primero que vi un vestidito azulado pegadito que estaba por ahí, fui abrirle y cuál fue mi sorpresa, el reparador era el viejo aquel amigo de don Lucas que en dos ocasiones me vio salir de local él era moreno rollizo corpulento como de unos 50 años media como unos 1.70 de estatura me avergoncé un poco por que el tipo seguramente ya sabría algunas cosas de mi.

    – buenos días señora soy el reparador mi nombre es Jaime

    – hola pase conteste llena de pena

    El sin embargo no me hizo ninguna mirada de deseo o de complicidad por lo que seguramente ya debía saber de mi desliz con don Lucas, le indique donde estaba el baño y el problema, el enseguida saco sus herramientas y se puso a trabajar como si nada, yo me sentí un poco aliviada por eso pero a la vez incomoda estar con el ahí solos en el departamento, y por todo lo demás que el sabia sobre mí, así que le dije en cuanto tiempo terminaría de arreglar el desperfecto me contesto

    – en una hora o dos si es muy difícil me dijo

    Le dije que yo iría por unas compras y que después regresaría que no tardaría, él me dijo que estaba bien, así que salí de la casa y lo deje trabajando, yo pensé en ir al local de don Lucas a reclamarle lo de la llave hablar con el de eso, así que salí y llegue al local de don Lucas, para mi mala suerte estaba cerrado y yo no quería regresar a la casa por la incomodidad que me causaba lo que ya he comentado así que aproveche para ir a comprar algo y perder por lo menos ese tiempo que estaría trabajando ese señor ahí en casa, así que anduve por ahí mientras se hizo una hora ya me disponía regresar a casa pensé que ya habría terminado el trabajo, al entrar el departamento no escuche ruidos pensé que el señor Jaime ya había acabado de trabajar y se había ido, pero fui a ver al baño y ahí estaba su herramienta y el desperfecto seguía latente el charco seguía ahí, me dirigí hacia mi recamara me pareció raro ver la puerta entreabierta y cuando iba a entrar, a través del espejo del tocador, vi algo que me dejo paralizada, don Jaime sentado en la cama frente al tocador, con su enorme pene afuera y una de mis tangas enrollada en el contorno de su miembro más gordo que el de don Lucas y con una cabezota grande brillosa, muy venudo y largo era un mástil impresionante, haciéndose una espectacular paja inspirada por mi tanga, solo escuchaba los sonidos que producían aquellos movimientos, don Jaime cerraba los ojos y frotaba su miembro con mi tanga muy rápidamente, solo salían gemidos de su boca yo me quede impresionada de la imagen era un depravado morboso, quizás mas que don Lucas pues se puso a espulcar entre mis ropas para hacerse una paja con mi tanga, don Jaime no se percató de mi presencia hacia que siguió con su trabajo, en ese momento de confusión yo parada en la entrada de mi recamara y don Jaime adentro del cuarto de pronto de pronto a través del espejo vi como un gemido hizo estallar a don Jaime retorciéndose ahí sentado y potentes chorros de semen rociaron mi tanga, entre la puerta me encontraba parada, estaba excitadísima por la situación por la imagen nuevamente por lo morboso del momento me estaban haciendo entrar en un estado de shock de hipnotización y de excitación, don Jaime termino de pajearse, y yo como pude quise salir pero hice un ruido con la puerta que se abrió completamente, y don Jaime rápidamente volteo al verse sorprendido, me vio y se quedó observándome fueron como 5 segundos así, aun con su verga parada al máximo y mi tanga en su mano, rompió el silencio

    – Pamela… no aguante las ganas de imaginarme cogiéndote después de lo que me ha contado Lucas y al ver estas pequeñas tangas que usas no pude contenerme y hacer esto

    Yo no dije nada, agarro su verga y acariciándola me dijo

    – sabes yo te haría gozar más que Lucas tiene mucho tiempo que no cojo a una mujer y tengo mucha leche para darte disfrutarte y bañarte

    Esas palabras vulgares en el tono como me las decía produjeron un calor dentro de mí me hacían perder la razón, se acercó a mí, yo como hipnotizada no me moví ni un paso, camino hacia mi acariciándose su verga cuando estuvo de frente a mi mirándome lujuriosamente, yo no pude caminar hacia atrás y negarme a algo que el quería hacer conmigo, tomo mi mano, cerré los ojos estaba llena de deseo dispuesta a entregarme a esa verga, a ese viejo, como una verdadera puta, puso mi mano sobre su pene, yo perdí el control con mi mano como si de un hechizo se tratara empecé agarrar aquel enorme pene de don Jaime y empezarlo acariciar con mi mirada abajo viendo como mi mano pajeaba aquella enorme verga, don Jaime empezó acariciarme un pecho yo no decía nada estábamos así, empezó a morder mis senos por encima de mi vestidito y acariciarlos yo gemía un poquito, de pronto empezó a bajarme el vestido por la parte de arriba hasta mi cintura, dejándome en brasier

    – que preciosa estas pamela eres una muñequita

    Planto unos besos por encima del brasier en el contorno de mis pechos, desabrocho mi brasier me lo quito, mis pechos quedaron desnudos ante su mirada, hizo un gesto de emoción y de gusto por verlos así, mientras yo seguía haciéndole una paja el acariciaba mis pechos, yo estaba excitada y loquita, agarro un pecho y con sus dedos apretó uno de mis pezones que estaban bien parados para esos momentos, yo solo gemí ahhhh…

    – Pamela son los más hermosos pechos que he visto que ricos pezones rosaditos…

    Empezó a chupar mis pezones y a morderlos como un desesperado eso me gusto muchísimo, con una mano seguía pajeandolo mientras que con la otra dirigía su cara hacia mis pechos para que los chupara mas

    – más don Jaime chúpemelos asiii que rico

    Don Jaime seso sus movimientos y dijo

    – quiero que mi verga los disfrute

    Así que me tomo de los hombros y me hizo agacharme ponerme de rodillas enfrente de él, y su verga quedo frente a mi agarro su pene y empezó a golpear mis pechos y mis pezones con él y a pasarlos por todo su contorno, yo me calentaba con esas cosas y tome mis pechos y con los dos empezaba a querer atrapar con ellos la verga de don Jaime, después de un rato así mis pechos ya lucían una brillantes deliciosa del líquido pre seminal que dejo en ellos la verga de don Jaime, tomo su miembro y con la punta hacia arriba me hizo la señal que lo atrapara con mis pechos

    – que rica te vez así que dirías tu esposo si te viera así haciendo hacer cualquier cosa por este viejo, estas ansiosa de verga, ahora quiero que me hagas una paja con tus lindas tetas, quiero ver lo putita que eres

    Como si de una orden se tratara tome mis dos pechos y atrape la verga de don Jaime empezándola a masturbar con mis pechos, su verga casi llegaba a mi boca en cada vaivén, y yo ya entregada totalmente a ese encuentro prohibido y obsceno de ese viejo, quería atrapar con mis labios esa enorme tranca y don Jaime disfrutaba al máximo de eso

    – que rico mami eres toda una perrita te encanta la verga se nota mucho que tu marido no te da lo que quieres, pero yo te voy a dar una culeada que nunca olvidaras

    Los movimientos de mis pechos los hice mas rápidos, mi tanga para entonces ya debía estar húmeda por mis fluidos, gozaba y gemía también no aguante más y solté mis pechos y agarre su verga y la empecé a chupar

    – eso es putita, cómetela toda a ver si te entra siii asiii mamita

    Don Jaime disfrutaba viéndome como se la chupaba, no se equivocaba al decirme si me entraría completa pues esa gran verga no cabía en mi pequeña boca así me metía lo que entraba, su sabor mi volvió loca, y la empecé a chupar con deseo y pasarle por su glande mi lengua dándole varios besitos en la punta, provocándole miles de sensaciones aquel viejo, que solo tomaba mi cabeza y dirija también mis movimientos y gemía como un loco, cosa que no hacía falta pues yo me estaba ampliando a fondo chupándosela, se la chupe durante unos 20 min

    – que rico la chupas Pamela,

    – eres una experta mamadora, que rico lo haces mami sigue sigue más hooo

    Me decía don Jaime eso me calentó mas y empecé a chupársela lo mas rápido posible tratando de que se viniera.

    De pronto don Jaime me apretó un poco más hacia a su verga, y sentí como su verga se hinchaba dentro de mi boca

    – toma mi semen, Pamela tómatelos putaaaa

    Sentí como un chorro caliente sacudió mi garganta, desde del primer lanzamiento de su semen inesperadamente para mí, saco su verga de mi boca y apunto hacia mi cara, yo no hice nada gustosa recibí el siguiente chorro disparado por esa potente verga, después disparando nuevamente hacia mis pechos su semen, don Jaime termino dejándome sema bañada de su semen, me trague el semen que había lanzado adentro de mi boquita, así hincada don Jaime empezó a golpear con su verga mi rostro y al mismo tiempo tallármela para esparcirme su semen y en mis tetas hizo lo mismo, yo solo disfrutaba muchísimo y salió de mi garganta, lo que jamás habría podido imaginar pero estaba tan excitada por el momento que no pude contenerme

    – que rico don Jaime, estoy loca porque me la meta

    – si te la voy a clavar toda putita pero quiero disfrutar de ti nunca he culeado un culo como el tuyo estas bien buena y voy a disfrutarte cogiéndote, vas a tener toda esta verga adentro pero quiero disfrutar tu cuerpo

    Me levanto de donde estaba agarro mis piernas y sus manos fueron su viendo por mis muslos y tomando mi vestido subiéndolo poco a poco hacia mi cintura, frente a el quedo mi tanga aun con olor a nueva y a mis fluidos, el viejo enloqueció con aquella visión, en un movimiento agarro la tanga con la que estaba pajeandose momentos antes y la utilizo para limpiar un poco mi rostro de su esperma, que se encontraban en mi yo estaba ya en mi papel de puta dominada por aquel viejo

    – le gusto don Jaime

    – si te ves bien putita con esta tanguita

    – es nueva hoy usted la va estrenar

    – si putita te la voy a estrenar, te estrenare muchas cosas

    Dijo con una sonrisa burlona, me cargo como cual novio lleva a la novia a la cama el día de la boda, yo en brazos de aquel viejo el más feo que hubiese podido imaginar mi nuevo amante en mi cuarto de matrimonio con mi vestidito enredador en la cintura mis tetas al aire y mi pequeña tanguita nunca lo hubiese podido imaginar

    Me sentó a la orilla de la cama frente al espejo del tocador y dijo

    – aquí Pamela quiero ver cómo te clavas mi verga pero no tengo condón…

    No lo deje hablar más y le dije

    – así don Jaime culeeme, quiero probar su verga no importa que no tenga condón quiero sentirlo dentro de mi (por suerte no quede embarazada esa ocasión)

    Se sentó quedando de frente al espejo del tocador me tomo por la cintura y me alzo para que me sentara en sus piernas dejando su verga entre los muslos de mis piernas, era enorme pues aun cerrando mis muslos la cabeza de su verga se asomaba por entre ellos, estaba bien parada brillosa con restos de mi saliva y de su semen, quedando así mire hacia el espejo me calenté verme así, don Jaime de pronto agarro de los costados mi tanga y la fue bajando poco a poco, yo alce un poco mis pompis para facilitarle el trabajo, las bajo hasta la altura de mis tobillos quedando completamente enredadas ahí, que dando mi vagina al descubierto y su verga a centímetros de ahí

    – que rica rajita, como a mí me gustan rasuraditas, prepárate putita te la voy a clavar

    – despacio por favor don Jaime

    Le dije pues ese trozo de carne era enorme, agarro su verga y empezó a golpear la entrada de mi vagina, eso me hizo casi llegar a un orgasmo pues el sonido que se producía me calentaba y lo que veía a través del espejo como los hilos de nuestros fluidos llegaban de mi vagina a su verga estaba tan caliente y el viejo más pues tenía la cara de gozo absoluto

    – te gusta mami como te pega mi vergota en tu cosita

    – si don Jaime me gusta mucho… ya métamela por favor…

    Agarro y me tomo por la cintura me alzo un poquito y yo colaborando tome su verga la puse erecta para que entrara a mi vagina don Jaime me fue bajando poco a poco, entro su verga dentro de mi yo la solté cuando estuvo la punta dentro de mí y tome mis pechos gozaba de esta penetración, solté un pequeño grito…

    – ayyy don Jaime, la tiene muy grande despacioso me dueleee. Don Jaime me vuelve loca su vergota, métamela todaaa.

    Me fue bajando hasta que me la ensarto por completo mire hacia el espejo mi vagina ya se había comido toda esa verga me la dejo un rato dentro yo meneaba mi culo en círculos para gozar más de ello, don Jaime tomándome de la cintura empezó a subirme y a bajarme, para que me ensartara una y otra vez en su verga, me cargaba sin esfuerzo

    — mas don Jaime más que rico me culeeaa

    -así mamita me gusta que pidas más como la putita que eres, me gustaría que tu marido te viera como te clavas en mi verga

    Don Jaime clavaba su mirada hacia mis redondas nalgas le excitaba ver y oír como rebotaban en sus muslos una y otra vez, yo mirándome también me excitaba parecía una muñequita como me manejaba don Jaime.

    En la habitación los sonidos del choque de mis nalgas con sus muslos se oían muy fuertes mezclados con los gemidos de los dos.

    Estuvimos así cerca de 20 minutos cogiendo pausadamente, don Jaime estaba disfrutándome y yo también disfrutaba de su vergota que me daba un placer inimaginable me bajaba una y otra vez.

    De pronto don Jaime se detuvo

    – quiero que te tu claves solita mamita quiero ver como devoras mi verga

    Yo quería más así que obedecí al viejo, él se acostó en la cama y yo quede sentada arriba de él tomando mis dos pechos con mis dos manos, empecé a clavarme solita cuando empecé hacerlo tuve un orgasmo, me calme un poquito y empecé hacerle círculos con mi culo cosa que disfruto pues cuando lo voltee a ver tenía los ojos cerrados gozándome,

    Cuando retome fuerzas otra vez empecé a clavarme nuevamente despacio y luego fui acelerando mi sube y baja

    – así mami así, muévete rico putita, comételo todooo.

    – me parte don Jaime ayyy

    Eran mis gemidos, después de un rato hace con mis movimientos desenfrenados con locura producto de es verga, don Jaime no tardo en correrse

    – Pamela me vengo voy a llenarte de lechita

    Cuando oí eso me calenté y empecé a ensartarme lo más rápido que pude

    – tómalos mamitaaa

    Sentí como los chorros del semen caliente de don Jaime invadían mi interior, produciéndome otro orgasmo, que cogida me estaba metiendo, yo encima de el aun con su verga metida en mi interior, me di vuelta sobre la cama estaba rendida y me acosté boca abajo con mis pompas arriba voltee a ver a don Jaime y no lo podía creer su verga estaba totalmente erecta con su cabezota completamente roja y bañada por mis fluidos

    – que buenas nalgas tienes Pamela se me antojan quiero metértela por ahí

    Me dijo don Jaime dándome un par de palmadas en mis glúteos, me movió hacia el centro de la cama en esa posición empezó acariciar mis nalgas, se puso de rodillas y empezó con su verga a un erecta a golpearla y tallarla en mis nalgas yo al sentir eso pare mi culito, el con sus manos abría mis nalgas y metía su verga entre medio de ellas yo sentía su animalote y me excitaba mas yo lo veía todo a través del espejo, me gustaba como se veían mis nalgas bien paraditas para el empezó acariciarme con su manos y apretarme las nalgas

    – qué bonito culo, alguna vez te lo han hecho por atrás mamita

    – no don Jaime nunca, soy virgen por ahí, dicen que duele mucho

    – si pero después vas a querer que te dé más por ahí, quiero cogerte por ahí te lo voy abrir todito mamita

    Me hizo que me pusiera de ha perrito, tomo mi tanga que se encontraban en mis tobillos y las subió hacía en medio de mis muslos lo hizo para que mis piernas quedaran juntas y según el me veía mas puta así, a mí no me desagrado eso, la verdad se me veían excitantes enrolladas ahí, empezó a acariciarse su verga el líquido los restos de nuestros fluidos que habían quedado ahí los utilizo como lubricante, empezó a ponerlo con su dedo dentro de mi anito, yo me volvía loca con esa sensación de aquel viejo violando me culito con uno de sus dedos yo meneaba mi colita en círculos

    – uuyy por favor hágamelo despacio ohhh

    – te lo voy hacer delicioso, vas a aullar de placer cuando lo tengas bien adentro, yo solo veía fijamente al espejo para ver todo lo que pasaba atrás de mí, con sus manos hizo que parara mis pompas, y yo lo hice, agarro la punta de su verga y la puso en dirección a mi anito, mientras que con la otra mano empezó abrirme las nalgas cuando sentí la glande en el principio de su glande solté un grito mezclado con un gemido largo y pausado.

    – tranquila putita ahorita vas a gozar cuando te lo comas todo, quiero que te adoptes a mi verga ya no querrás tener otra dentro de mi después de esto, voy a ser quien más desearas que te culee estoy seguro haaa, mamitaaa que rico me lo estas apretandoooo

    Esas eran las palabras del viejo, que poco a poco fue metiendo su enorme verga dentro de mi pequeño anito, yo sentía un dolor con placer, mire hacia atrás y ya la mitad de su verga estaba dentro, siguió empujándola hacia dentro, yo no aguante más y quería toda esa verga dentro así que eche mi culo hacia atrás ensartándomela toda

    Fue un grito de dolor, toda su verga estaba dentro de mi culo se perdía entre mis nalgas, después de eso don Jaime dejo su verga dentro de mi yo mientras miraba por el espejo, la forma en que me veía, era lo más excitante que podría yo ver mi lindo culito clavado por la enorme verga de ese viejo feo, empezó a culearme despacio, ya mi ano se había acostumbrado a su tamaño, empecé a sentir un enorme placer indescriptible cuando empezó a culearme, tuve un orgasmo prolongado

    – ahhh tómala putitaaa haaa que rico se ve tu culo ensartado, siempre he soñado con un momento asiii, putitaaaa

    Yo solo gemía gozaba al máximo de sus palabras y de la escena, estuvo un buen rato culeándome así ese viejo no se cansaba aunque me culeaba pausadamente disfrutándome había momentos en que lo hacía de una forma frenética, cuando pasa eso sentía que esa verga me partía, y se lo decía a don Jaime

    – ahora quiero que tú te claves solita, yo solo pondré mi verga, clávate Pamela

    Me dijo don Jaime, inmediatamente en cuanto él se paró yo empecé a culearlo, mientras me veía en el espejo como lo hacía, mi anito ya debía estar bien abiertote pues su verga entraba y salía de mi culito sin dificultad alguna sentía que me partía

    – te vez bien linda, clavándote así… Que diría tu esposo si tuviera dándole placer a este viejo, que rico me lo aprietas, en este culito solo mi verga entrara, la de tu maridito no te llenara

    – si don Jaime mi culito será suyo y se comerá su verga cuando usted quiera

    Dure como 20 minutos clavándome la verga de don Jaime mi cuarto matrimonial solo se oían nuestros gemidos y los sonidos productos de sus testículos rebotando en mi nalgas, cuando me venía otro orgasmo don Jaime me dijo

    – prepárate mamita te voy a bañar de leche

    Sentí como un chorro de semen caliente invadía el interior de mi ano, después saco su verga dirigiendo los siguientes descargas hacia mis nalgas, las baño de leche empezó a esparcírmela y a golpearlas con su verga en todo el contorno de mis nalgas, me dijo que me acostara boca abajo por que quería gozar viendo mis redondas nalgas todas bañadas por su semen, sentí mi ano bien abiertote, puse mi mano atrás para sentirlo y no me equivocaba don Jaime me lo había abierto al máximo, lleno de semen y me dolía un poco, las sabanas de mi cama matrimonial estaban manchadas por nuestros fluidos y el cuarto olía muy fuerte a sexo … Él se acostó a un lado de mi observando mi cuerpo especialmente mis nalgas, me dijo

    – no pensé que te llegaría a coger de esta forma yo solo venía a hacerme una paja con tus tangas

    – le dije porque lo tenía planeado?

    Me confeso que la idea principal fue de don Lucas, pero solo para que se pajeara con mis prendas, el día anterior que salí con mi esposo don Lucas entro a mi casa con la tercera llave, y descompuso el caño, y sabía que llamarían a don Jaime pues es el único reparador que el edificio conocía, pensó que yo sintiéndome incomoda con su presencia saldría del departamento dejándolo solo, cosa que así fue, mientras el disfrutaría de mis pequeñas prendas intimas, y después solo le invitaría un par de cervezas a don Lucas como pago, pero no pensó que yo sería tan puta que me dejaría coger, al ver la tremenda verga de don Jaime, yo no dije nada sonríe pues termine feliz por la cogida que me había metido el viejo, después de un rato se vistió dándome un par de palmadas en mis pompis se fue dejándome en la cama desnuda con mi vestidito enredado en la cintura, mi tanga de la misma manera en mis muslos y mis nalgas bañadas de su semen, con el problema del caño sin arreglar y su tarjeta del número telefónico, yo feliz satisfecha, con mi anito bien abierto… Bien cogida, quede profundamente dormida…

  • Celebraciones familiares 2: El cumpleaños

    Celebraciones familiares 2: El cumpleaños

    Unos meses antes, había tenido lugar la boda de Sebastián, el primo de mi mujer. A pesar del banquete algunos quedamos hambrientos (ver Celebraciones familiares 1: La boda).

    Hagamos un repaso de las personas que de una forma u otra intervinieron en aquellos emocionantes días de invierno.

    Carla era una chica fisgona de 18 años aplicada en sus estudios. Corría el mes de noviembre y pronto sería su cumpleaños. A pesar del frío, su padre, Rodrigo, se había empeñado en celebrarlo en una casa de campo que apenas utilizaban. Era una casa de labor que llevaba siglos en la familia pasando de generación en generación. Antaño, allí se trasladaba toda la familia cada temporada de siembra y cosecha, pero ahora su uso principal era el de hospedería para cazadores los días de montería. A causa del desuso la casa presentaba algunos desperfectos. Rodrigo era un ingeniero que nunca había empuñado un destornillador pero María Luisa, su esposa, sabía a quién debe pedir ayuda. Me llamo Roberto y soy el marido de Teresa, prima de Rodrigo y manitas oficial de la familia. Mi difunto padre siempre decía que hay que saber hacer de todo, y se esmeró en enseñarme lo básico para hacer arreglos de electricidad, fontanería, etc.

    Rodrigo – María Luisa

    Carla

    Piedad – Paco

    Sebastián – Montse

    Teresa – Roberto

    ― Buenos tardes Rodrigo ¿Cómo vas? ―dije al pasar al salón donde Rodrigo leía entretenidamente el periódico enfrente del fuego.

    ― Aquí, descansando un poco. ―respondió.

    A Rodrigo le gusta mucho descansar, claro está lejos de sus 4 hijos. Por lo que yo sé esa es su única afición. Por suerte para él siempre van acompañados de la nani. Espero de corazón que cuando muera Dios lo mande al cielo junto a todos los niños.

    ― Perdona, ¿tú sabes donde tengo que poner el enchufe? ―pregunté.

    ― ¡Luisa! ―gritó sin cerrar el periódico― ¡Mira a ver qué quieres del muchacho!

    Enseguida apareció por la puerta que daba a la terraza. Debía estar fuera con los críos. Rodrigo y María Luisa tenían cuatro hijos y los dos chicos eran aún pequeños. Vestía de manera formal, de acuerdo a su edad y condición de madre de familia numerosa, no como otras que siguen vistiendo igual que cuando tenían veinte años. Vamos que llevaba un jersey recio, falda de algodón oscura y medias de abrigo, la verdad es que en la calle hacía un frío acorde al mes de enero en el que estábamos. Menos mal que la abuela puso la calefacción antes de morir.

    ― ¡Hola Roberto! No pensaba que vendrías tan pronto. ―me saludó María Luisa, con su sonrisa perfecta. La última vez que la vi llevaba aparato corrector en los dientes.

    ― “Al que madruga Dios le ayuda”. ¡Te han quitado el aparato! ¡Qué descanso te habrá quedado! ¿No?

    ― Sí, la verdad. Ya estaba hasta las narices ―dijo con gesto sincero.

    ― Estas muy guapa… Sin querer ser insolente delante de tu marido. ―pero Rodrigo ni se inmutó.

    ― Gracias por el piropo. Es un alago “viniendo de ti”… No te preocupes.―puntualizó con una franca sonrisa y gesto pícaro. Pero en lugar de tranquilizarme aquellas palabras de misterioso significado provocaron mi curiosidad. ¿Qué habría querido decir con “viniendo de ti”?

    La acompañé por las diferentes estancias de la casa mientras me iba explicando las tres chapucillas que tenía que hacer. Confieso que tuve que esforzarme para atender a lo que me iba diciendo en lugar de mirarle el culo. María Luisa poseía un pandero generoso que embutido a presión en aquella tosca falda clamaba un buen par de azotes.

    En total eran tres las faenas que debía realizar. Poner un enchufe en una habitación, colocar burlete en varias ventanas y sustituir la junta de goma del grifo de la cocina para que cesara de gotear.

    Comencé por instalar el enchufe en la habitación de la hija mayor, Carla. La habitación ya contaba con un enchufe donde había conectada una regleta de varios enchufes. En ella se amontonaban uno tras otros los enchufes del radiador, el ordenador portátil, el cargador del móvil y la lámpara del escritorio. Aquello era un peligro, dada la antigüedad de la instalación eléctrica de la casa.

    Tenía que sacar un cable del registro de la habitación. Llamé de nuevo a María Luisa para pedirle una escalera. Me indicó donde podría encontrarla pero entonces. ―Tienes que echarme una mano un momento. Necesito que alguien me dé lo que necesite mientras estoy en la escalera.

    ― Carla te ayudará, yo tengo que preparar la comida con Yeimy, ¡Carla! ¡Deja el teléfono y ayúdale a tu tío! ―gritó desde la cocina.

    Carla apareció con cara de pocos amigos. Probablemente habría tenido que dejar a medio una interesante conversación por Whatsapp. Carla era una chica alta como su madre, delgada sin llegar al extremo, con el pelo largo, lacio y moreno, bastante vergonzosa y callada, formal en el vestir, muy estudiosa eso sí ya que además de sacar buenas notas hablaba cuatro idiomas. No se le conocía novio, aunque era tan reservada que quizá sí estuviese saliendo con algún chico sin que nadie lo supiera. Efectivamente, estuvo dándome las piezas y herramientas eficazmente, todo evitando mirarme. Por alguna razón se sentía incómoda en mi presencia. Yo quería solucionar el tema de una vez.

    ― Oye Carla. ¿Qué pasa? ¿Es qué he hecho algo para que estés mosqueada? ―pregunté.

    ― ¿Eh? Da igual. No importa. ― dijo evitando responder.

    ― Vale bien, pero ¿qué es lo que no importa?

    Carla meditó unos instantes su respuesta.

    ― Pues que te acuestes con Tita… No te hagas el tonto ―dijo reprendiéndome, como si para ella estuviese claro el problema y mi culpabilidad

    Por fin lo había soltado. Yo ya lo suponía, pues había descubierto a Carla mirando cómo su tía Piedad me la chupaba el día que se casaron Sebastián y Montse. Desde aquel momento Carla se mostró esquiva conmigo. Tita, como los críos la llamaban, no se enteró de nada ya que Carla y la otra muchacha nos observaron ocultas por la encubridora penumbra de la discoteca.

    ― Son cosas de mayores. Te habrán contado mil chorradas sobre el amor y el sexo, y tú misma sacarás otras mil ideas. Para mí el sexo es placer, el amor es otra cosa más profunda, más duradera. Yo amo a mi mujer y me encanta estar a su lado. No la dejaré por nada ni por nadie. Con tu tía Tita es sólo placer. ― aclaré.

    ― ¡Placer para ti, no te fastidia! ―replicó Carla enojada ― ¡Eres un embustero! ¡Engañas a tu mujer!

    Yo no le contesté inmediatamente, quería evitar que los ánimos se caldearan y termináramos teniendo una bronca. Enseguida Carla hizo ademán de irse. Entonces traté de irritarla y avivar su curiosidad.

    ― Aún eres muy ingenua ―comenté sin mirarla, clavando las grapas que guiaban el cable del enchufe.

    ― ¡Y una mierda! ―respondió desde la puerta furiosa.

    ― A las mujeres les gusta dar placer a los hombres tanto como recibirlo, y lo mismo nos ocurre a los nosotros ―entonces la miré a los ojos― Pronto descubrirás que entre hombres y mujeres las cosas son complicadas.

    Hice una nueva pausa. Carla se había quedado parada delante de la puerta escuchando de medio lado.

    ― A las mujeres maduras les gusta divertirse con hombres inteligentes y cariñosos con una buena polla ―declaré con convicción― Tus tías se sienten atraídas por mí y les voy a dar todo el placer que me pidan… Eso no es malo, siempre que no se líen las cosas. Espero que me guardes el secreto.

    Se marchó sin decir nada.

    Terminé con el enchufe y fui a buscar el burlete, una cinta esponjosa que evita que el frío se cuele por las juntas de las ventanas.

    ― ¡María Luisa! ―grité.

    ― ¿Sí? ―la oí responder desde la concina.

    ― ¡¿Qué ventanas son?! ―pregunté en voz alta.

    ―Espera, ya voy.

    La mujer de Rodrigo apareció al instante. Sofocada por el calor de la cocina se había quitado el jersey. Gracias a Dios y al gasoil de la calefacción el calor había empezado a vencer al helor de aquel caserío.

    La verdad es que habría sido mejor que María Luisa me hubiese dicho que repasara todas las ventanas, ya que ver como movía el culo delante de mí hizo que empezase a ponerme malo. Llevaba puestos unos zapatos con medio tacón que hacían resonar sus pasos sobre las baldosas. Era una mujer delgada y al llevar tacón sus piernas lucían torneadas y su culo bien respingado. Afortunadamente, María Luisa se marchó y me dejó trabajar tranquilo.

    Menos mal que había comprado en el bazar chino un montón de burlete. Las ventanas eran viejísimas, y en algunos sitios los huecos eran tan grandes que tenía que poner burlete en ambos lados para conseguir tapar los huecos.

    Después de almorzar vi que mi mujer, su prima Piedad y María Luisa salían a andar por el camino que daba acceso a la casa. No parecían haber salido de paseo si no a andar a buen ritmo, se habían cambiado y todas lucían atléticas con mallas y zapatillas. Los niños seguían jugando en el patio, acompañados de la niñera que se sentó al sol a vigilarlos. Sin darme cuenta, me quedé atontado mirando a las tres señoras alejarse. El trasero de Tita se sacudía a cada paso. Piedad tenía un buen pandero, sí Señor. Mi mujer lo tenía más chiquito y firme en comparación, apenas le temblaba al caminar. En cambio, María Luisa no tenía apenas caderas y su culito era poco más ancho que su cintura. De las tres Piedad era la que tenía el culo mayor, claro que también era la más alta de todas.

    ― ¡No os peleéis! ―la orden de la niñera me hizo salir de mi embelesamiento. Algo se estiraba dentro de mi pantalón. Las señoras de la casa me la habían puesto dura, y hay que estar en lo que se está cuando andas subiendo y bajando de una escalera.

    El problema de las casas viejas es que por cada cosa que arreglas, descubres que hay otras dos que están mal. Puertas que chirrían o rozan en el suelo, manivelas que se atascan, bombillas fundidas, etc.

    Los críos jugaban en el patio, mientras yo iba pasando por orden de una habitación a la de al lado. De pronto me pareció escuchar un rumor extraño diferente al griterío de los niños. Me quedé quieto y en silencio tratando de verificar lo que creía haber escuchado. Cuando ya pensaba que mi excitación me había gastado una broma pesada… ¡ummm! Ahí estaba otra vez, un gemido sí, el débil gemido de una mujer.

    Igual que un perro de presa, rastreé la procedencia de aquel murmullo atenuado. Me acerqué andando de puntillas sin hacer ni un solo ruido. Lógicamente sólo podía tratarse de Montse y Sebastián, ya que las demás habían salido a andar un rato. Quizá intentando lograr la fecundación antes de que “se les pasara el arroz”. Era mediodía, unas horas un poco raras para el sexo.

    Pronto identifique la habitación de donde salían los gemidos. Ahora que estaba pegado a la puerta podía diferenciar con claridad jadeos y gruñidos que delataban a una mujer sumida en la excitación, acercándose poco a poco al éxtasis.

    ― ¡Ogh! ¡Ogh! ¡Ogh!

    Los quejidos se aceleraban y la emoción crecía no sólo para la pareja, también para mi. Recordé una experiencia similar que viví en mi infancia, aquella noche de verano en la que salimos en pandilla a merodear por los caminos de la urbanización. En un rincón apartado descubrimos a una pareja haciendo el amor dentro de su coche con las ventanillas bajadas. Realmente a juzgar por cómo se movía el coche y los quejidos de la chica más bien estaban follando como salvajes.

    En efecto, faltaba ruido. Ruido de muelles, de choques de un cuerpo contra otro, alguna exclamación involuntaria. Eran demasiado silenciosos para mí. Aquellos ¡Ah! ¡Ooogh! ¡Ummm! Casi no se oían, ni siquiera estando junto a la puerta.

    Me cansé del espectáculo pero me apetecía verlos salir y reírme un poco de su desenfreno e indiscreción, así que me puse a revisar el ventanal que había al fondo del pasillo a la espera de que salieran.

    De pronto oí que se abría la puerta.

    Me quedé perplejo…

    ― Carla. Ven.

    La muchacha se quedó sorprendida y tardó un poco en reaccionar. Estaba sofocada, sus mejillas lucían un intenso tono rosado. Se acerco con vergüenza, eludiendo mirarme a los ojos confirmando de esa forma mis sospechas. Acababa de masturbarse.

    ― Ayúdame, anda. Tú me vas dando eso de ahí y así no tengo que estar subiendo y bajando de la escalera.

    Debería haber ya unos 20 grados de temperatura en la casa. Carla llevaba puesta la misma falda colegial, las mismas medias de algodón y la misma sudadera azul marino que unas horas antes. No era un trabajo de sudar pero con la calefacción y tanta ropa estaba sudando, de modo que pronto se quitó la sudadera. Me dirigió una sonrisa, ya que debajo llevaba una fina blusa de marca con un generoso escote.

    Llevábamos media hora o más colocando burlete, y Carla se iba poniendo descarada. Se acercaba poniéndose justo debajo para enseñarme las tetas haciéndose la despistada. ― Condenada cría―pensé. Yo seguía a lo mío tratando de ignorarla, reclamando lo que me iba haciendo falta: lija, cinta, tijeras, etc. Los rollos de burlete estaban en el suelo y al agacharse Carla no doblaba las rodillas, así que se le subía la falda por detrás. Lo hacía aposta, obscena y juvenil, se daba perfecta cuenta de que me mostraba medio muslo. Me percaté de que se me estaba poniendo dura de nuevo. La cosa se estaba poniendo fea, así que decidí alejar el peligro.

    ― Gracias Carla, ya puedes irte, yo termino.

    ―No, me quedo. ―respondió con seguridad.

    ― No seas mala. ―la reprendí.

    ― No soy mala. Es que me aburro. ―Carla se sentía atractiva y poderosa. Le divertía provocarme.

    Involuntariamente me la imaginé desnuda sobre la cama, con las piernas bien separadas frotándose intensamente el coñito, con un pezón entre sus dedos y gimiendo con la boca abierta. No pude evitar mostrar mi sorpresa por su decisión de quedarse allí, pero yo no estaba dispuesto a permitir que una cría de riera de mí. Hasta ahí podíamos llegar. Aunque yo nunca he sido de esos a quienes les gustan las jovencitas, como se suele decir, “A nadie le amarga un dulce”. En realidad no era justo que se divirtiera sólo ella. Por eso reté a la muchacha para saber hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Carla me estaba mirando complacida e insolente, la verdad es que tenía unas tetas bonitas… como corresponde a una muchacha joven.

    ― ¿Es que tienes calor, Carla?

    ― Sí, un poco.

    ― Pues quítate las bragas ―la desafié burlón mirándola a los ojos.

    ― ¡Puff! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ―se rió sorprendida.

    ― Veras que fresquita. Además, nadie se dará cuenta. ―bromeé.

    Entonces ocurrió. Yo no esperaba que Carla hiciera lo que yo le había pedido. Pero tras mirar al final del pasillo, Carla metió las manos bajo su falda y se bajó las bragas.

    ― Ten―me dijo sostenido en mis narices sus braguitas, que colgaban de su dedo índice.

    Se las arrebaté rápidamente y tras un intercambio de miradas desafiantes le di un trapo y le ordené que se subiese a la escalera. Carla se había pasado de la raya.

    ― Limpia los cristales. Que tú madre se lleve una sorpresa.

    Enseguida comencé a acariciar el interior de sus muslos mientras la muchacha pulverizaba limpiacristales. No había tiempo que perder, así que pase dos dedos por su chochito y como estaba bien mojado le introduje a Carla un dedo.

    ― ¡Aaah! ―gimió. Afortunadamente no debía ser virgen a pesar de ir a un colegio religioso. Las rodillas se le doblaron y hubo de agarrarse a la escalera para no caer.

    Comencé un lento mete-saca y no tardó en empezar a jadear como una perrita al tiempo que secaba en círculos la ventana. Decidí acelerar, aumentar también la profundidad. Vi una gota de líquido transparente deslizarse entre sus muslos. Apenas hicieron falta dos minutos para que el orgasmo la sacudiera. No hay nada como la juventud y Carla debía estar en plena efervescencia. Tuve que sujetarla en brazos para que no cayera al suelo.

    ― Tranquila… ―le dije al oído dejando que se fuera escurriendo hasta quedar sentada en el suelo. Aproveché esos instantes de aturdimiento para bajarme la cremallera del pantalón.

    ― Limpias muy bien Carla, ahora limpia esto.

    Obviamente mi refería a los catorce o quince centímetros de polla que saltaron a través de la abertura de mi pantalón. No tuve que insistir, Carla la agarró y sacudiéndola horizontalmente me miró un instante tratando de recuperar el aliento, y después, con gran ardor pasó la lengua desde la base a la punta. Con ternura se metió la punta del obús en la boca. Dio unas cuantas mamadas arriba y abajo mirándome a los ojos. Después me lamió los huevos, para volver a mamar tras una fugaz sonrisa.

    Nunca me habría imaginado que Carla, una chica aplicada y con buenas notas, tuviese tiempo o interés en habilidades propias de mujeres adultas. A sus 18 años la chica era toda una especialista. Evidentemente a la muchacha le hacía gracia mi cara de sorpresa.

    ― ¿Dónde has aprendido a chuparla así? ¿Quién…?

    ― Mi profe ―sonrió.

    ― ¡Se la chupas a tu profesor!

    ― Es un profesor privado de Alemán ―Carla no pudo aguantarse la risa― Viene a casa los martes. Papá le paga 12 euros la hora.

    ― ¡Y tú le das un buen repaso! ¡Qué cabrón! ―exclamé.

    Tan pronto pasaba su pequeña y puntiaguda lengua arriba y abajo por ambos lados de mi rabo, como se absorbía con cuidado cada uno de mis huevos sin dejar de menearme la polla con su mano derecha. Una nueva sonrisa antes de volver a mamar haciendo mi porra chocar contra su mejilla, que se combaba hacia afuera por la presión. Otra nueva sonrisa mordiendo suavemente con sus dientes perfectos mi inflamadísimo glande, y vuelta a mamar con ganas al tiempo que me masajea los huevos. Quién lo hubiera dicho, con lo estirada y repelente que parecía.

    ― ¿Te gusta…? ¿Está rica mi polla…? ―le pregunté.

    Carla me miró y respondió de forma afirmativa con la cabeza. Tenía la polla para reventar y entonces sacó la lengua y me pajeo con brío con la boca abierta como un pajarillo esperando alimento.

    ―Todavía no, guapa. Sigue, sigue, que lo haces muy bien. ―le dije de inmediato.

    Al mamar arriba y abajo a la pobre muchacha se le iban todos los pelos a la cara, y el instinto me pudo. Agarré su lisa y morena melena y la penetré oralmente de forma autoritaria sin dejarla tomar aire durante unos segundos. Agradecida, Carla me regaló todo tipo de lametones, besitos y mordisquitos en el amoratado capullo. Entonces me incliné y le metí la mano en la blusa.

    ― Enséñamelas ―dije, entre orden y petición.

    Carla no se lo pensó dos veces y aprovechando que su blusa era de cuello amplio me mostró dos peras bien duras con sus correspondientes pezones apuntando al techo.

    Por su intensa forma de mamarme y menearme la polla me di cuenta de que Carla comenzada a impacientarse.

    ― ¿Quieres mi leche, verdad?

    ― Sí, dámela.

    ― Así no se piden las cosas ―protesté― ¡Con educación!

    Carla se quedó pillada.

    ― “Por favor” ―dijo con énfasis.

    ― Así sí, la educación ante todo. Por supuesto que te la voy a dar. Te la has ganado muchacha…―la tranquilicé― Deja que te folle otro poco.

    Carla no pudo responder, sujetándomela con una mano y reteniendo su cabeza con la otra le ensarté mi polla hasta la campanilla.

    Aún gocé su boca un par de minutos, con delicadeza al principio permitiéndole sorber y saborear mi rabo, y con brutalidad al final ignorando sus quejas, sus arcadas, sus lágrimas. Sí, utilicé su boca a placer, la follé y follé igual que habría hecho con su coño o su culo. En ese momento sólo me importaba mi propio placer, y al notar que iba a eyacular saque de su boca para rociarla bien.

    ― ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Diooos! ―exclamé al compás que mi polla escupía en su cara.

    Carla sonreía orgullosa de haberme dejado K.O. y dio a mi polla cuatro o cinco fuertes succiones para apurar hasta la última gota de semen. Del mismo semen que adornaba su pequeña nariz, su sonrosada mejilla derecha y su pelo lacio.

    – Joder, eres toda una mujer ―la felicité.

    Carla seguía de rodillas. Antes de guardarme la polla, recogí con un dedo el grueso chorretón de esperma que había sobre su nariz y se lo di a chupar.

    – ¡Ummm! ―la oí relamiendo mi dedo con lujuria.

    Mientras se masturbaba le di más, todo lo que pude recoger. Después Carla recogió sus braguitas y entró de nuevo en su habitación.

    A duras penas retomé la faena. Debía dejarlo todo terminado para no tener que volver aposta otro día. Por la tarde se celebraría la fiesta de cumpleaños, así que sólo tenía esa mañana para hacer los arreglos que me había encargado la madre de Carla, y no me gusta decepcionar a una mujer.

    CONTINUARÁ.

  • Llenando las expectativas de Alexandra

    Llenando las expectativas de Alexandra

    En los últimos días, he estado recibiendo correos electrónicos de algunas chicas, pero con más insistencia y que me llamó la atención fue el de una chica que se dice llamar Karla. En realidad ella dice comunicarse más por su amiga que por ella, aunque también dice estar interesada en conocerme y tener una aventura, pues ella me da a conocer que es casada y que nunca le ha sido infiel a su esposo, así que todo se basa en concertar un encuentro con su amiga quien dice llamarse Alexandra.

    Aparentemente han leído mis escritos y les llama la atención mis relatos donde hablo de la experiencia del orgasmo anal que he vivido con muchas mujeres. Karla dice que ha experimentado sexo anal, pero aunque siente cierto placer, asegura que nunca ha sentido un orgasmo anal en su vida. Con respecto a su amiga Alexandra, ella también casada asegura que nunca ha experimentado sexo anal, pues parece que tiene mucho que ver con ciertas barreras religiosas y prefiere encontrar y saciar su curiosidad en una infidelidad, que dejar una mala impresión con su actual marido, a quien Karla describe un tanto antisocial y muy involucrado en su iglesia.

    Por las fotos que hemos intercambiado, ambas parecen llamar la atención, aunque Karla parece ser más alta, pero al igual que Alexandra su cuerpo tiene una sensual simetría. Me han enviado fotografías de sus cuerpos semidesnudos, aunque nunca muestran sus rostros, y cuando lo muestran en sus fotos, están sensualmente vestidas. De esta manera nos hemos comunicado y el día de ayer concertamos nuestro primer encuentro personal con Alexandra. Tomo el riesgo de ir, pues vivimos a una hora manejando y hemos acordado encontrarnos en un restaurante afuera de la ciudad de Alexandra, pues quiere evitar a toda costa, ser sorprendida por algún familiar o amigas. En esta aventura, solo existimos Karla, Alexandra y yo.

    Quedamos en reunirnos a las diez de la mañana y Alexandra llegó precisamente a esa hora. Vestía un vestido azul de una sola pieza que le llegaba apenas a la rodilla, aretes y un collar color turquesa y hasta ese día descubro los ojos azules de esta linda chica, cuyo cabello castaño y ondulado le llegan casi tocando sus bonitos glúteos, zapatos negros y algo elevado, que le hacen parecer más alta que lo que imaginé. Hacemos contacto visual y nos saludamos con un beso en la mejilla.

    – ¿Cómo estas Alexandra?

    – ¡Muy bien Tony! Algo nerviosa. –me dijo.

    La realidad que hasta yo me pongo nervioso cuando tengo uno de estos encuentros. No sé si es la ansiedad, la curiosidad, realmente no sé; y ahora imagino como esta mujer se ha de sentir con un extraño a quien ha conocido a través del internet. Tomamos una café, algún jugo de manzana para platicar y lograr sentirnos cómodos con esta situación impredecible. Quizá habrá pasado media hora cuando fui directo al grano preguntándole:

    – ¡Bueno Alexandra! Ya ves que soy real… ¿qué dices, quieres dar realmente el siguiente paso?

    – Mire Tony, sigo un poco nerviosa, pues esto no lo he hecho antes, pero ya estamos aquí, ya di mi primer paso, aunque confieso, que me tiembla todo el cuerpo. –dijo con una sonrisa nerviosa.

    – Alexandra, déjeme le hago una pregunta, ¿puedo?

    – Dígame Tony.

    – ¿En realidad existe Karla? ¿O Karla y usted son la misma persona?

    – Si, Karla es mi mejor amiga. Ella fue la que me envió el enlace para leer sus relatos.

    – ¿Ha leído mis relatos? ¿Alguno que le guste más que otro?

    – ¡Casi todo! Quizá el que más me gusto fue el relato de Verónica y Lizbeth. Ahora entiendo como una chica de solo 18 años sea atraída por un hombre como usted. Usted Tony, es muy guapo.

    Con aquel cumplido el cual le agradecí nos hemos levantado en busca de esa habitación de hotel donde consumaríamos esta nueva aventura para mí y esa primera infidelidad de esta hermosa chica de 35 años de nombre Alexandra. Muy cerca de ahí encontramos un motel y fue cuando observé a Alexandra más tensa cuando cruzó esa puerta de habitación y se cerró echándole llave. Tuve que tomar control, pues Alexandra creo que pasó ese trance de retraída, pues quizá seguía cuestionándose, cómo o porqué estaba ahí con alguien extraño.

    Le tomé desde su espalda por la cintura y comencé a comerle y lamerle su precioso y alargado cuello. Solo me dijo algo que parecía como un ruego entre suspiros: -Por favor, no me deje marcas. – Creo que esa era la única preocupación que tenía, pues diciendo aquello, Alexandra comenzó a ser otra mujer mucho más abierta. Bajé el cierre de su vestido y de una sola vez desabroché su sostén, el vestido se deslizó completamente hasta sus pies y yo he removido completamente su sostén. Tiene pechitos alargados, areola oscura y sus pezones se le han puesto erectos. Lleva ligas hasta la cintura y las cuales comienzo a remover y noto su diminuto bikini también color azul y puedo ver esa mancha húmeda que comienza a aparecer. Le dejo su bikini y comienzo a quitarme mi traje y ropa frente a una expectante Alexandra. Le doy el honor que me remueva el bóxer y donde yace todavía un pene todavía en estado pasivo, pues debido a que tuve una faena sexual con una chica de Madrid hace un par de días, no tengo la presión y puedo manejar mejor la presión de esta nueva faena.

    Alexandra me baja el bóxer y mira como mi verga se alarga y toma grosor entre sus manos. Parece sorprendida y creo que es la primera verga de esta medida que tiene entre sus manos. Ella está sentada a la orilla de la cama y mi verga le queda al nivel de su bello rostro e instintivamente se lleva mi glande a su boca. Veo como me la mama delicadamente e intenta meterse todo lo que puede en su linda boca. En aquella posición me hace un oral mientras con sus manos me masajea los testículos; hace alguna pausa mientras cambia a chuparme los huevos y me pajea con sus delicadas manos la verga. Aquello duró algunos diez minutos hasta que yo la interrumpí y la invité a tomar posición de misionero sobre la cama.

    He removido su diminuto bikini azul marino y observo que ahora después de haberme mamado la verga, Alexandra se ha puesto tan excitada, que sus jugos son abundantes y toda esa zona donde su rica conchita toca su bikini, está saturada de sus jugos vaginales bien espesos. Me coloco por sobre ella, en rodillas sobre la cama y comienzo a mamar y lamer sus pechos y abdomen. Meto mi lengua en su ombligo y amenazo con llegar a su clítoris, pero me sostengo y quiero que se excite y tome ansiedad sexual con mi juego. Le encanta que le mame sus pechos, mientras con mis dedos aprieto su pezón que no tengo en mi boca. Deslizo mi lengua hasta llegar a su pubis, el cual no tiene señal de ningún vello pero si descubro una pequeña cicatriz que debe de ser de alguna cesaría. Finalmente juego con su clítoris y le deslizo mi lengua por sobre los labios superiores de su linda conchita y gime de placer y me toma y me da masaje con sus manos en la cabeza, mientras la hago gozar con un intenso sexo oral.

    Su conchita tiene un aroma a perfume de flores y su sabor saladito es exquisito de sus jugos espesos que emana con un calor ardiente. Alexandra ha comenzado con ese vaivén de los movimientos de su cadera, como si estuviera cogiendo mi verga, al punto que eleva su pelvis y sus glúteos se separan de las sabanas de la cama. Sus jadeos son exquisitos y gime constantemente con gran ímpetu y solo se le escapan algunas breves y cortas palabras: ¡Que rico, que rico…uh que rico!

    Pienso que en cualquier momento se corre, pero aquello se extiende por unos diez a quince minutos y solo sé que su excitación aumenta, por su gemido más fuerte, su jadeo más quebrantado, el golpe que quiere sentir al chocar su concha con mi lengua y prácticamente me ato entre sus piernas, para no despegar mi lengua que se introduce en los más profundo que puedo de su mojada y caliente concha. Le llega el orgasmo y explota con un grito repetitivo diciendo: ¡Tony, que rico… uh que rico!

    Dejo que poco a poco recobre la compostura y he terminado mi aplicación oral limpiándome sus jugos de mi rostro con una toalla que instintivamente he dejado por sobre la cama. En esa posición del misionero, le pongo mi glande para masajear su clítoris el cual aún se siente vibrante del orgasmo que acaba de vivir y Alexandra tiene esa mirada de lujuria, de una sorpresa indescriptible y vuelve a gemir de placer cuando siente que mi verga de repente comenzó a bajar lentamente por ese canal vaginal, que realmente me sorprende, pues Alexandra es de esas chicas reducidas de la vagina y que me manda esa sensación de sus paredes cuando interiormente me aprieta al contraerlas.

    Hoy la tengo frente a frente y puedo ver sus ojos azules mirándome con pasión. Mi penetración es estable, mi verga solo se mantiene hundida en su conchita sin ningún movimiento más, que el solo tenerla sumida con cierta presión. Alexandra me dice que siente delicioso y hablarle al oído que me quiero comer su rico culo iba cuando suena su celular, el cual contesta, pues es su marido y ella le habla intentando salirse de la éctasis que siente, pues creo que le pregunta donde se encuentra:

    – Estoy camino a la tienda. Cosas que los niños necesitan para la escuela. –oigo que dice.

    Alexandra habla por unos 3 a 4 minutos mientras yo me mantengo por sobre ella, pero ahora yo me apoyo con mis brazos para no comprimir ni hacer más difícil la respiración de Alexandra. Por alguna razón se elevaba el morbo y no solo el mío, pues cuando Alexandra hablaba con su marido, ella ha movido su pelvis en un vaivén lento y yo le he sumido mi verga y le sigo contraminando mis huevos en la abertura de su ano. Se despide con un beso y se asegura que su celular se haya desconectado de esta llamada por completo.

    Creo entender el morbo de Alexandra, pues creo que se excitó demasiado al contemplar que hablaba con su marido, mientras un extraño le tenía con sus hermosas piernas bien abiertas y con toda su verga hundida en su conchita. Aquello le dispara un torrente de excitación que solo me dijo al oído mientras le metía mi lengua y jugaba con su lóbulo: Creo que me va hacer acabar y quiero que se venga conmigo. Comencé con un ritmo más constante y en aquella posición arrodillado frente a la conchita exquisita de Alexandra, podía ver como mi verga entraba y salía en su totalidad llena de un lubricante blancuzco producido por la química de nuestros ardientes sexos. Quizá aquello incomodó en algo a Alexandra, pues al entrar y salir de aquella manera, debí saturarle su vagina con aire y eso hizo que produjera ese sonido como si fuera un ventoso, pero del cual le di a entender que no se preocupara, ni que sintiera pena, pues yo entendía a pleno que producía aquello.

    Mis embestidas se fueron elevando y se fueron tornando frenéticas. Yo elevé las piernas de Alexandra y ahora pegaban contra mi pecho, mientras mi verga se hundía constantemente haciendo ese chasquido junto a la conchita de esta bella mujer. Ella correspondía con ese vaivén de sus caderas mis embestidas y sus ojos se cerraban mientras su linda boca se abría, como imaginando que me mamaba la verga. Y con todos sus jadeos y sus gemidos Alexandra me lo anunció: Tony, me corro…uh que rico… no pares cariño. Dame así, así, me vengo.

    Explotó con tremendo orgasmo, el cual se lo extendí lo más que pude pues le taladré su conchita con todas mis ganas hasta que aproximadamente dos o tres minutos después, le dejo ir mi descarga en su rica conchita. Ella me lo dice, pues ha sentido el calor y el cosquilleo de mi esperma que con presión le ha llenado sus paredes de su vagina: Tony que rico me has hecho acabar y que delicioso es sentir que te has venido.

    Después de esta última faena nos hemos ido a bañar juntos. Alexandra me da sus cumplidos con esos signos de admiración y se extiende recalcando el aguante sexual que poseo. De esta manera tenemos una conversación donde me cuenta que perdió la virginidad a sus 17 años, que yo soy el cuarto hombre en su vida, pero el primero en sacarle un orgasmo oral a sus 35 años. Se lo habían hecho antes, pero fue con su segundo novio y quien fue el primero que se lo comió, pero que no llegó al orgasmo, pues siempre fue a las ligeras y con muchos riesgos a ser descubiertos. Con el tercer novio tuvo relaciones sexuales, pero al igual, nunca logró tener un orgasmo con él, y el segundo que se cogía su conchita la hizo acabar, pero era su profesor en secundaria y quien estaba casado. Finalmente se casó y tiene orgasmos regulares, pero su esposo es el monótono juguete del misionero y quien por cuestiones de creencias, pues nunca le ha comido la concha a su mujer, mucho menos pensar en quererle follar el culo.

    Es por esta razón que estábamos ambos aquí, en una relación clandestina donde esta hermosa chica quiere experimentar por primera vez lo que es el sexo anal, con el agregado que ha escuchado hablar y ha leído mis relatos donde yo hablo de dicha experiencia. Ella no me pregunta tanto, pues me conoce a través de mis relatos y ha sido ella la que más ha hablado contándome sus experiencias de juventud. Yo solo le pregunté algo simple y que me dio una respuesta con su última experiencia del presente:

    – ¿Qué es lo más atrevido que has hecho sexualmente?

    – Lo más atrevido… lo de hoy. Hablar con mi esposo, mientras otro se está cogiendo eso que prometí solo sería para él.

    – ¿Cómo te sientes después de eso?

    – ¡No sé! Pena, miedo… no sé cómo lo veré esta noche que llegue del trabajo.

    Con aquello pasamos al clímax del morbo de esta linda chica de nombre Alexandra. Ella quería experimentar por primera vez el sexo anal. Comencé a hacerle plática y a provocarla para que iniciara con otra mamada de verga. Estábamos acostados sobre la cama y con el televisor encendido para que de alguna manera ayudara a camuflar los jadeos y los gemidos de nuestra excitación sexual. Alexandra está con su rostro sobre mis piernas y tomo sus manos para que masajee mi verga. Ella la mira nuevamente con esa misma sorpresa de la primera vez y me dice:

    – Está llorando, porque se quiere coger mi tortita. – se refería mi fluido pre seminal.

    – ¿Te gusta?

    – Tienes un pene hermoso Tony. He leído su descripción en tus relatos, pero una cosa es leerlo y otra cosa es tenerlo adentro y sentir esa tremenda masa de tu pene. Muchos dicen cosas por internet, pero tú, lo tienes para ponerlo en evidencia.

    – ¿Lo quieres sentir en tu culito?

    – Realmente lo deseo Tony, pero al verlo me da tremendo miedo. No sé cómo me cabria tremendo pedazo de carne. – y se mete mi glande en su boca.

    – La sentirás despacito para no lastimarte.

    – Con solo decir eso, me has provocado escalofríos.

    Alexandra se concentra en darme placer oral por unos minutos y me deja bien ensalivada la verga. Después de unos minutos le digo que es mi turno y busco su conchita la que nuevamente está muy mojadita. Le pido que se ponga en cuatro y ella asiste con algo de desconfianza, pues cree que ha llegado el momento de explorar el interior de su rico culo. Se pone en cuatro y le pido que encorve su columna y que se ponga una almohada en sus preciosos pechos y me eleva esas ricas nalgas perfectas que son una delicia a la vista de cualquier hombre. Sus glúteos son perfectos y redondos y por los rayos de luz que entran, puedo ver esos microscópicos vellos en sus nalgas. Yo me subo a la cama y me pongo de rodillas y me agacho para poner mi lengua en el rico orificio de su ano y exclama reaccionando con un leve movimiento: ¡Me da cosquillas Tony!

    Vuelvo a insistir y esta vez es toda mi lengua la que se desliza por esa rajadura de sus nalgas hasta que nuevamente llego a su rico ano. Esta vez controla las emociones y solo gime y siento un breve temblor en sus caderas. Continúo con ese movimiento una y otra vez, hasta que Alexandra asimila el cosquilleo y siento que ahora gime de placer. Con mi lengua intento abrirle el culo y se lo dejo lleno de mi saliva para que posteriormente me sirva de lubricación. He bajado al orificio de su tortita, como dice Alexandra y veo que un hilo de su espeso jugo se desprende y se desliza en su entrepierna. Esta chica se calienta fácilmente y se moja que realmente me asombra la cantidad del fluido. Le chupo su conchita mientras intento con mi pulgar dilatarle su esfínter con delicadeza y mucho tacto. Oigo que jadea y gime con esa incertidumbre del placer y del dolor.

    A los diez minutos y mientras mi lengua lame los labios y el clítoris de Alexandra, mi dedo pulgar ahora entra y sale del rico culo de esta linda chica. La invito que se acueste de lado y yo hago lo mismo y la pongo para que su espalda choque con mi abdomen y sus nalgas contra mi verga. Y así de lado, le subo una de sus piernas sobre mi rodilla doblada para tener libre acceso a su rico culo y con mi mano tomo mi verga y apunto mi glande a ese rico orificio de su concha, para que sus jugos vaginales me sirvan de lubricante y los jugos de esta linda chica son abundantes. Ella solo gime de placer y ahora mi glande está tocando su ano y ella sabe que llego el momento que ella deseaba.

    Se lo deslizo suavemente y poniéndole más presión a medida que sus mismos jugos y mi líquido seminal le embarran todas sus nalgas. Su esfínter ya dilatado hace que mi glande tenga una mejor bienvenida, aunque para Alexandra, dado que es su primera experiencia anal, pues ella vuelva a ponerse tensa cuando mi glande amenaza con invadir su reducida abertura. Me tomo el tiempo y con los minutos mi glande está en el rico culo de esta chica y Alexandra no sé si jadea de dolor o placer. Ella conlleva muy bien la penetración, y poco a poco, muy lentamente mi verga está toda en su rico culo y Alexandra reacciona con tocarme los huevos y revisa el área como para cerciorarse que lo ha logrado y que por primera vez tiene una verga en su reducido espacio. Pienso tomarme mi tiempo y vuelve a ocurrir lo mismo que hora y media antes. Su marido le vuelve a llamar, cuando le tengo a su mujer bien clavada por el culo. Ella contesta y solo escucho que dice:

    – Si mi amor, todavía sigo de compras… aquí comiéndome uno de esos hot dogs, que tú sabes que me gustan.

    Quizá hablaron por unos cinco minutos más o menos y donde ya había comenzado a pompear el culo de esta linda chica que ya casi se le salía un gemido cuando hablaba con su marido. Ella ha seguido el ritmo muy bien con sus caderas, pero creo que le excita el hecho que a medida que mi verga sale y vuelve a entrar a su rico culo, le he comenzado a apretar uno de sus pezones. Jadea y gime de placer cuando ya mis embestidas son más violentas y que ensanchan las paredes de tan rico culo. Ella solo dice: Así Tony, así, así… que rico Tony, así está bien cariño.

    No sé si me lo dice por el apretón a su pezón o por sentir mi verga que se hunde hasta ella sentir el choque con mis huevos. Pienso cambiar de posición y ponerla en cuatro, pero ella comienza a jadear más intensamente y ahora si me dice que le apriete su pezón y yo no solo hago eso, pues ya que hemos encontrado un ritmo, me hago del otro pezón y ahora le taladro con buenas embestidas el culo y sus dos pezones sienten el estímulo de las yemas de mis dedos. Sigo y sigo con lo mismo y ahora sin ningún jadeo ni gemido, Alexandra me cubre con sus manos las manos que le aprietan sus dos erectos pezones y ahora la culeada es frenética y solo grita con tremendo gozo: ¡Me corro Tony, me corro!

    Su orgasmo fue sensacional y creo que Alexandra había encontrado y descubierto algo que solo tenía en su imaginación. Jadeó y gimió con una respiración profusa que se extendió por unos tres minutos y aquellos movimientos y su mirada que me dio con unos ojos azules me hicieron acabar adentro de su rico culo. Le saqué la verga después de cinco minutos de haberme ido. Vi cómo le había sangrado el culo y como su sangre se mezclaba con el líquido blanco de mi esperma al salir de excitante orificio. Ella se asustó al limpiarse en el baño, pero tomó tranquilidad al explicarle que era natural su sangrado.

    Había llenado sus expectativas, y después de otra faena donde la puse en cuatro dándole por su tortita, Alexandra explotaba con su cuarto orgasmo del día y yo eyaculaba por tercera vez. Nos hemos dado un baño caliente y he visto cómo se vuelve a maquillar y ponerse un calzón no menos excitante que el que le quité. Ella ve como me meto ese bikini color azul marino mojado, lleno de sus jugos vaginales en el bolsillo de mi traje y me dice:

    – ¿Otro de sus trofeos verdad?

    – ¡Solo otro de mis buenos y exquisitos recuerdos!

    – ¡Imagino tiene muchos!

    – Algunos. –le dije.

    Salimos de aquel motel a eso de la una de la tarde, nos hemos despedido con un beso en la boca y le he preguntado:

    – ¿Crees que se volverá a repetir este encuentro?

    – Me temo que sí. – me dijo.

    Esa misma tarde recibo un correo electrónico de Karla, para hacerme una confesión. Karla no existe, es solo el nombre de un correo electrónico que Alexandra creo para afrontar ese sentido directo de pena y conllevar su fantasía a la realidad. La otra foto es de una amiga real, pero ella no sabe nada de esta invención de Alexandra. Quiere volver a experimentar lo mismo en cuanto tenga las más pronta oportunidad.

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  • Masturbación en el trabajo

    Masturbación en el trabajo

    Parecía un día de trabajo normal como cualquier otro, sin embargo, ella estaba muy cariñosa, seguramente discutió con su esposo que normalmente “no la comprende” en fin, puntos a mi favor, me abrazo por la espalda y pude sentir sus senos, pequeños, pero igual placenteros, esta juguetona, seguramente ya vio mi erección sobre el pantalón, lo cual ya es normal para ambos, se aprieta más a mi espalda, pone su cara junto a la mía y nuestras bocas están casi juntas, le encanta ese juego.

    Trato de aguantarme las ganas de tomarla ahí mismo, pero sé que eso no es parte del juego que a ella le gusta.

    Así pasa la mayor parte del día, entre abrazos, intentos de besos y mis erecciones ya acostumbradas, además de insinuaciones verbales de mi parte, sexuales por supuesto.

    Termina la hora laboral del día, le pido que se siente en la silla frente a mí con el pretexto de planear el día de mañana, comienzo como los habitual, -hoy te ves hermosa, me encantaría saber que traes puesto abajo, quiero comerte a besos, que rico hueles; pareciera trillado, pero sé que eso la excita, lo he comprobado. Estamos cada vez más cerca uno del otro y de repente ya estamos besándonos como si quisiéramos tragarnos, pero recuerdo que hoy se siente más cariñosa de lo normal.

    Comienzo a besar su cuello, eso la moja rápidamente, podría jurarlo, mi excitación es tremenda pero no puedo dejarme llevar, debo contralarme, lo sé, puedo escuchar como respira agitadamente, comienzo a desabrochar su blusa lentamente sin dejar de besarla, puedo ver sus pechos contenidos en un hermoso brasierre negro de encaje, comienzo a besarlos, ella se excita cada vez más, con paciencia y delicadeza logro bajar uno de los tirantes de sus sostén, lo que deja al descubierto uno de sus pezones, oscuro pero ya completamente duro, y delicioso debo decir, chuparlo, lamerlo, morderlo suavemente, es un placer, sé que ya no hay vuelta atrás para ella, ahora es cuando.

    Su pecho esta descubierto, con las copas del sostén bajo sus senos, lo que hace que resaltan más, los pezones totalmente duros y húmedos por mi saliva, mi verga a punto de reventar y ella completamente mojada, estoy seguro, regreso a su cuello, su boca, sus pechos de nuevo, una y otra vez, ahora mis manos comienzan a acariciar sus piernas, poco a poco se va hundiendo cada vez más entre su falda, hasta que logro ver esa pequeña tanga de encaje color negra, haciendo juego con su sostén, comienzo a tocar sus labios por encima de la tanga y lo confirmo, está húmeda, muero de ganas de hincarme abrir todas sus piernas y comerme esa vagina completamente mojada, pero recapacito, aun no es tiempo, froto sus labios y clítoris con mis dedos sobre su tanga por un buen rato, ella comienza a gemir delicada y suavemente, es el momento exacto para hacer a un lado esa deliciosa tanga y comenzar a jugar con sus labios y su clítoris con mis manos.

    Al principio solo por la parte externa, sé que lo disfruta tanto como yo, ahora mis dos manos deben ocuparse de su vagina, aún sigo disfrutando de sus senos y cuello, por lo que con un poco de dificultad logro abrir sus labios exteriores para descubrir su orificio vaginal casi chorreando, mi dedo se desliza sin problemas hasta el fondo, ella suelta un pequeño gemido.

    Saco mi dedo, sale completamente mojado, nos despegamos un poco, quiero que me vea, mi dedo completamente bañado en sus jugos, lo acerco a mi nariz, sabe que me encanta el olor de su vagina, lo pruebo, el sabor de su coño me gusta aún más, ella me ve con cara de traviesa y quiere más, lo noto.

    Intenta ir al sofá a terminar el juego, pero aún no, comienzo a besar sus senos nuevamente, ahora con más intensidad, mi dedo medio hace lo suyo entrando y saliendo de ese orificio vaginal que está escurriendo, logro abrir mi pantalón y comienza un frenesí de masturbación, ella jalando mi verga cada vez más rápido y yo cogiéndola con mis dedos cada vez más fuerte a la vez de morder su cuello, sus pechos y sus pezones.

    No pudo más y me empujó hacia atrás, se agacho y me chupo la verga con tantas ganas y fuerzas que casi termino, pero no podía, aún faltaba más, necesitaba comerme esa vagina, esos fluidos, sus jugos, la puse en cuatro en el sofá, ella esperaba que la penetrara fuerte por atrás y todo terminara, pero no, hoy era un día distinto, hice a un lado esa tanga empapada, abrí sus nalgas y ahí estaba, esa vagina escurriendo y con los labios completamente hinchados y abiertos, era tiempo de disfrutar, comencé a comérmela, dando lengüetazos desde su clítoris hasta su ano, chupando su clítoris y penetrándola lo más profundo que pude con mi lengua, ella arqueaba su espalda y gemía, gemía como nunca la había escuchado, yo disfrute enormemente comerme ese culo, hasta que lo sentí, ella quiso apártese pero la sostuve fuerte de las caderas y no la deje, dio un grito y se mojó a un más, termino en mi boca, pude ver como su vagina tenia esas contracciones y disfrute de todos sus fluidos, ella estaba extasiada aun.

    Mi verga estaba más dura que nunca y ya era tiempo de terminar, podía ver como aún tenía espasmos y rápidamente la penetre, con fuerza, con ganas, ella comenzó a gemir de nuevo, le di un par de nalgadas que le encantaron, la penetre con más fuerza hasta que no pude más y termine a chorros dentro de ella, sabia a que estaba a punto, así que me esforcé un poco más y ella termino de nuevo.

    Me encanta el sabor de su vagina en mi boca, y resta decir, aún conservo la tanga que termino completamente bañada con sus jugos para cuando mi lado fetichista necesita de su olor a sexo.

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  • El de la tintorería pagó por tenerla

    El de la tintorería pagó por tenerla

    Hoy recordando un encuentro de mi esposa con el sr. de la tintorería quien después de tanto insistir y pedirle la clásica invitación de solo tomar un café, resulto que en una ocasión mi esposa no tenía cambio para pagar en la recaudería y fue a hacer cambio de uno de a $200.00 con el de la tintorería el cual le dijo que solo por un billete de $500.00 que si lo quería y mi esposa es muy sonriente y coqueta y le dice bueno y se lo daba el amigo total que ella no lo acepto y se quedó con la idea de lo que le ofrecía el de la tintorería

    Ya es un señor de 55 aproximadamente pero a ella le llama la atención el grueso de sus manos y me decía que le gustaría probar que tal estaba yo le decía que adelante pero decía que no; después de este acontecimiento de la situación con el cambio del billete, en una noche de calentura le dije que si quería sentirse como una buena puta cobrándole y me dijo que si pero me va a querer dar 200 pesos y la verdad yo no voy así; pues dile que si se anima que lo menos son 1000 y ya si te los da vas a tener que hacerle de todo para que desquite su dinero ella se excitaba mucho con sentir que cobraba por sus servicios aparte de disfrutar de otra verga que a ella le encantan.

    En la primera oportunidad ella acepto la propuesta y le dijo al sr que iba pero solamente si le daba los 1000 el sr. no lo dudo en absoluto y le dijo que cuando iban, fue pronto a la siguiente semana se programo fue día jueves quedamos que yo pasaría por ella cerca de donde la iba a dejar porque él no sabe que yo le di permiso.

    Le pedí de favor que me dejara escuchar lo que hacían y que le marcaria calculando el tiempo en que la tuviera bien ensartada porque quería oír como la gozaba, me mando mensaje que ya se iba a su cita ya no la moleste después de 1 hora y 20 minutos aproximadamente le marque ya que pasaría por ella y que no anduviese sola en esa zona me contesto muy tranquila para que el sr. No se diera cuenta y le pregunte que si era buena hora me dijo que si quedamos que nos veíamos en 40 minutos en el lugar acordado y se despidió de mí sin colgar el teléfono; solo escuche que le pregunto el sr. “Era tu marido” a lo que ella contesto que si ya no escuche más ella solo comenzó a gemir de placer, estaba pujando y jadeando de placer, por algunos minutos después se alcanzaron a escuchar los gemidos del sr. Seguro que se estaba viniendo segundos después ella colgó el teléfono. Mientras escuchaba sus gemidos de ambos yo tenía la verga bien tiesa y extensa guau que sensaciones tan morbosas pasan al escuchar el placer que sentía mi mujer yo me acariciaba la verga solo de escuchar tenía ganas de tenerla frente de mí y hacerla mía en ese instante

    Salí con tiempo tome el transporte y me baje a 6 cuadras de donde habíamos quedado para que el sr. No se diera cuenta en su caso que era cómplice de mi mujer en esta aventura, llegue y ella venia del otro lado de la calle a media cuadra, nos encontramos y nos dimos un gran beso le pregunte que como se la paso a lo cual me contesto que ya le hacía falta, nos fuimos caminando a casa no quiso abordar taxi me fue contando todo el camino como se la paso yo le preguntaba detalles uno de ellos es que el sr. Le dijo que ya tenía años de desearla y que hasta que se le hiso tenerla así y cuando mi mujer se bajó su pantalón que la vio con su tanga y que se sorprendió de saber que las usaba, también en algún momento de la acción se le puso flácido a lo que ella tomo el mando y se la comenzó a mamar para que no perdiera poder y dice que le fascino; cuando le pregunto que si le gustaba mamar y ella solo le contesto me encanta mamarla, también la dedeo y acaricio su panocha mientras le preguntaba si me la había cogido el día anterior a lo cual ella contesto que no (una mentirilla ella iba bien cogida); pero eran comentarios para excitarla; al mismo tiempo que yo le decía que me urgía cogérmela.

    Llegando a casa nos dedicamos a coger muy rico; que experiencia tan deliciosa sentí al momento que me dijo ahí están los $1,000.00 que me gane soy una puta tenlos; yo solo le dije que eran suyos que se comprara lo que quisiera al fin y al cabo le costó su trabajo ganárselos, pero que mi pago era el haberla escuchado a través del teléfono mientras el otro ni siquiera se imagina que fue para cumplir una de nuestras fantasías.

    Gracias por compartir sus comentarios buenos o malos realmente en el mundo hay muchos que se esconden tras de una imagen que no lo es y creo que es tiempo de expresar lo que realmente se es en la sexualidad.

  • Crédito bancario (1): Cuando mi esposa conoció a su amante

    Crédito bancario (1): Cuando mi esposa conoció a su amante

    Todo surge en una entidad bancaria, mi esposa y yo fuimos a solicitar un crédito para la adquisición de una casa, todo iba bien. Mi esposa es muy bella, de apariencia sumisa, viste elegante, todo una dama, sin embargo, es la mujer más sexy y adicta al sexo que conozco.

    Ese día Martes en la mañana, ella vestía un vestido color rojo corto, con tacones negros, debajo lleva ropa interior negro, con un hilo muy pequeño que se marca a través del vestido, tiene un cabello castaño con reflejos rubios largo casi hasta la cintura. Yo fui a acompañarla, para conversar con el gerente y ser el garante del crédito, era un día normal como cualquier otro.

    Todas las mañanas mi esposa y yo teníamos sexo, ella es adicta y le gusta experimentar, ese día habíamos tenido sexo duro como siempre, por lo cual ella irradiaba mucha sensualidad.

    El gerente nos invita a pasar a su oficina, él al verla distinguió ese hilo que se marcaba al vestido ajustado que a pesar de ser muy conservador no disimula esa sensualidad que mi esposa tenia, él se sintió atraído sexualmente y no disimulo frente a mí, yo estalle en celo pero a la vez sentí una sensación masoquista que me gustaba, sobre todo después de ver a mi esposa que también le correspondía con coqueteos, era innegable ellos se gustaron.

    Ya avanzada la conversación el Gerente se atrevió a insinuar a mi mujer que para la aprobación del crédito ellos debían tener sexo, mi esposa se sintió muy atraída y me dice

    Esposa: «me das permiso»?

    Esposo: «te gusta»?

    Esposa: «si, a mí me gusta»

    Yo al ver esa declaración tan directa quede pasmado, lleno de celos pero ansioso de ver como ella se iba a comportar,

    Esposo: bueno, pero con una condición

    Esposa; «cual»?

    Esposo: yo también participo

    Ella sin más accedió y el encuentro se dio así:

    Ella (esposa) camina hasta la silla del gerente y lo empieza a besar mientras le quita la corbata y le desabrocha la camisa, él (gerente) le corresponde con caricias mientras le sube el vestido hasta la cintura, le mueve un poco el hilo y le mete el dedo, al ver que ella esta mojada la sienta sobre él penetrándola, mientras yo veo eso la ayudo a subir el vestido hasta quitarlo y le quito el brasear, quedando sus hermosos senos naturales al descubierto, los agarro y se los meto a la boca del Gerente, mi esposa gime y lo agarra con fuerza por el pelo y le hunde la cara es sus senos.

    Ella tiene la vagina bien depilada, con un vello marcado en el medio muy bajo y está muy mojada, yo al ver esta situación la paro muy agresivamente y la monto sobre el escritorio, le abro bien las piernas, ella pensó que la iba a penetrar, sin embargo, la volteé con fuerza y rabia y recosté su torso sobre el escritorio, ella quedo en 4 y la penetre por el culo.

    En ese momento el gerente solo ve la cara de mi mujer excitada recibiendo placer anal, y se masturba, y me vengo en el culo de mi mujer gritando de placer. Enseguida al sacarlo la volteo y la siento bien abierta sobre el escritorio y le empiezo a dar un buen sexo oral, como ella dice «le mame el papo».

    Mientras le «mamo el papo» el gerente le mete a ella el pene en la boca, él no aguanto, lo saco y se vino sobre sus senos, ella al ver eso no aguanto y se vino sobre mi boca.

    Aparentemente todo había acabado, nos vestimos, cada uno volvió a su sitio para firmar los documentos. A mí me tocaba bajar para hacer el depósito correspondiente para aperturar a cuenta donde iban a depositar el crédito, todo iba bien, sin embargo, mi esposa me cuenta que paso lo siguiente:

    Gerente: «no podemos quedarnos así, me gustas mucho»

    Esposa: «es verdad, no podemos porque sigo muy excitada»

    Relato de la esposa:

    Él se levantó de su silla y camino hacia donde yo estaba, me levanto de la silla y me empezó a besar hasta llevarme a una pared, me subió las manos y me las apretó con un brazo y con la otra mano me subió el vestido, me abrió las piernas contra la pared y me penetro. Cuando empezamos a movernos, me volteo y me cargo, mis piernas abrazaban su cintura, yo gemía de placer. Caminamos hasta el escritorio sin que lo sacara de mi vagina mojada «papo», me sentó sobre el escritorio y me dio duro duro hasta acabar. Después de acabar me puso en 4 y lo metió por el culo, justo en ese momento entro mi esposo, yo quede asombrada y asustada por su reacción, su semblante cambio (mientras nosotros seguíamos en 4 y el sádico gerente dándome duro por el culo, tenía un webo grande y grueso, yo gemía) en ese momento mi esposo camino hacia mí y se baja el cierre del pantalón, saca su webo y me lo mete a la boca, yo se lo mamaba y el gritaba con rabia y placer diciendo «eres demasiado puta, pero me encantas», el acabo en mi boca, yo le mostré la leche que tenía en la boca y me la trague, el otro también acabo en ese momento en mi culo, yo grite de placer y acabe!

    Quede enganchada con el gerente, tomo mis datos y a los días empezamos a hablar, me gustó mucho el tipo y concertamos una cita para un encuentro entre los dos, sin mi esposo, ahí comenzaba mi etapa de infidelidad.

    CONTINUARÁ…