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  • Le fui infiel a mi esposa con su amiga coreana y sin querer

    Le fui infiel a mi esposa con su amiga coreana y sin querer

    Hola, mi nombre es Juan, tengo 29 años y quiero platicarles del día que le fui infiel a mi esposa ya hace un tiempo.

    Mi ahora exesposa Karen de 27 aprendió coreano cuando era más joven y daba clase en una universidad privada en la ciudad de México y nos conocimos básicamente por un accidente de tránsito (casi me atropella, yo iba a pie porque soy pobre), describiendo a mi esposa, ella es muy bonita, típica chica de clase alta, delgada con el cabello rubio, con unos pechos que alimentarían sanamente a cualquiera, en mi caso me la pasaba bien en medio de ese par, tiene un culito no grande pero respingado y bien marcado, usa unas tangas que matan a cualquiera de un infarto. Yo por el contrario soy normal, nada especial, un poco robusto porque en mi juventud hice pesas, y pues de herramienta me siento bien, cargo 19 cm y yo creo que ando en 1 pulgada ¼ de grueso, la verdad Karen nunca se ha quejado (solo cuando se lo meto).

    Ella me fue infiel hace un par de meses con un amigo de su padre y me enteré, estuvimos separados unos 20 días yo me fui a casa de mi papá y ella se quedó con sus padres que es donde vivíamos.

    Como tengo buena relación con su familia por todos los medios hablaron conmigo y se disculparon, terminamos regresando con ciertas condiciones y yo le prometí que cobraría venganza, ella es muy celosa y después de eso me mantenía vigilado así que no tuve muchas oportunidades hasta ese día.

    Un día cuando yo llegaba del trabajo (trabajo como administrador de un taller de camiones), saludé a mis suegros y subí al cuarto, Karen estaba hablando por teléfono en Taka Taka (Creo que era coreano), y se escuchaba del otro lado del teléfono a una mujer. No le di importancia y baje por una caguamita a la nevera de mis suegros para relajarme, me senté en el comedor a tomar un ratito.

    Pasaron 10 minutos y Karen estaba muy contenta:

    Karen: ¿Amor que crees?

    Yo: ¿Qué? ¿Ya me vas a dar el divorcio culera?

    Karen: ¡¡¡ ontoooo!! No baby, mi amiga Yeong está en México, y quiere verme.

    Yo: Yeeiiii… Me vale verga… ¿Además yo que tengo que ver?

    Para que no se me saquen de onda, después de que me fue infiel la he tratado mal, más que por convicción, es porque se lo ganó.

    Karen: Yaaa bebe no seas así con tu esposita

    Yo: Ya se te olvido lo que me hiciste? En fin, que tengo que ver?

    Karen: Bueno bebe, el asunto es que ella no pudo venir cuando nos casamos y quiere conocerte…

    Yo: Uy Simón (Simon es si para los que no son de México, jerga local jaja) como tengo ganas de ver a una jodida coreana toda operada y flaca, mejor preséntame a tus amigas, para cobrarte eso que me debes…

    Karen: Ya ves como no puedo hablar bien contigo? Voy a verla mañana y tú vas conmigo…

    Yo: No!, estoy cansado y lo único que quiero en mi día libre es descansar.

    Al día siguiente de alguna manera me convenció de ir, llegamos a un pintoresco restaurante de la ciudad y su mencionada amiga ya la estaba esperando. Siendo honesto nunca me han gustado las extranjeras, pero su amiga me llamó la atención.

    Era delgada pero a la vez tenia eso que los mexicanos llamamos carne, de 25 años, tenía buenas piernas, y unas tetas un poco más grandes que las de mi esposa, traía un short muy diminuto, y una playera un poco aguada pero amarrada de la cintura con un nudo, se le marcaban sus pezones, su cara estaba bien pero estaba algo cachetona y muy clara de la piel, traía un perfume que la verdad si medio me prendió, pero traté de tomarlo con calma.

    Ya en el restaurante cuando estábamos comiendo, hablaban y pues yo como hablante de español y de mal español pues no entendía lo que me puso más de malas.

    -Vale madre, pa que vine- Pensé.

    Karen se levantó y me dijo que iba al tocador y se quedó su amiga conmigo… Me fui de espaldas porque me habló.

    Yeong: No hablas?

    Yo: ¿Hablas español?

    Yeong: Si, y muy bien, eres muy guapo para quedarte callado

    Yo: ¿Te gustan los mexicanos?

    Yeong: Solo algunos, las coreanas no son fáciles.

    Yo: Ahh! Qué bueno pa saber (poniendo cara de “me vale madres”)

    Mi esposa regresó y se sentó, y comenzaron a hablar español.

    Yeong: Si me vas a llevar a conocer la ciudad? Quiero ver la Torre latino americana y el Zocalo.

    Karen: Amiga perdóname, eh estado tan ocupada con la universidad, pero Juan te puede llevar. Verdad Juan?

    Yo: (Viéndola con ojos de “no mames”) Oye, tu amiga quiere ir contigo

    Yeong: Juan, si no te molesta me gustaría ir contigo, veras tengo que regresar a mi país en unos días y de verdad quiero conocer aquí

    Yo: Pensé que ya conocías aquí, digo, conoces a mi esposa supongo que se conocieron aquí

    Yeong: Viví un tiempo en Monterrey, ahí la conocí, por favor vamos, nos vamos a divertir mucho.

    Cuando Yeong dijo eso lo dijo en un tono medio raro, y note que Karen puso la cara que siempre pone cuando esta celosa. Pero ella tenía que hacer investigación de un proyecto que tenía para la Uni e invito a sus compañeras a la casa para hacer los trabajos y comer pizza.

    Yo por mi parte pues acepté, ya que no tenía nada que hacer al día siguiente que era domingo y mi otro día de descanso, además de que las amigas de mi esposa no me caen bien, ella me dio la dirección el hotel en donde estaba hospedada y arreglamos los detalles, como a donde quería ir, que quería hacer y que quería comer.

    Ya de regreso a la casa, Karen mientras conducía empezó a hacerme preguntas raras.

    Karen: ¿Por qué aceptaste? ¿No que no querías ir?

    Yo: Chinga ¿No fuiste tú la que lo sugirió? Además sentí feo por ella que no conoce aquí, solo la voy a acompañar.

    Karen: No se te olvide que es mi amiguis y que si haces algo ella me va a decir.

    Yo: Algo como ¿qué?

    Karen: Bueno, ya te dije.

    Ya domingo, me preparé para ir por Yeong, saque mi tarjeta del Metro y tome una chamarra y una sombrilla ya que había aviso por lluvia. Me despedí de Karen que ya estaba con sus amigas haciendo sus cosas de la Uni.

    Cuando llegué a un hotel que me refirió, un modesto hotel en la avenida Reforma, ella ya estaba esperándome, y c-a-r-a-j-o…

    Traía una minifaldita pegadita de estas que se adhieren bien a las curvas de cualquier mujer, con un escote discreto pero sexy, unos tacones y una chamarra negra pequeña.

    No pude evitarlo y le dije:

    Yo: Wow, te vez muy bien.

    Yeong: Gracias ¿te gusta?, no le digas a nadie pero me arreglé para ti

    Yo: (Riéndome un poco) Oye gracias pero no creo que sea adecuado, además va a llover.

    Yeong: Escucha, la verdad es que hoy no quería salir, solo quiero platicar contigo, quiero ir a una cafetería cerca de aquí.

    Me tomó de la mano sin dejarme responder y no me soltó.

    Yo: Oye ¿es necesario que me tomes de la mano?

    Yeong: Si, por que con mis zapatos me puedo caer

    Nos fuimos tomados de la mano, supuse que era cierto lo que me dijo.

    Cuando llegamos a la cafetería y tomamos lugar, ella me platico de cómo es Corea de sus tradiciones y demás, un tema que la verdad no me importaba ya que pues no me llama la atención y supuse que solo quería pasar el rato conmigo.

    Así estuvimos hasta que la regresé al hotel, ya cuando me despedía ella me dijo.

    -¿Quieres un trago? Hay un bar en el hotel, y pues no ha pasado ni medio día

    Asenté con la cabeza, es un trago, ¿Qué puede pasar?

    Ya en el bar noté que tenía carta abierta, y que bueno porque tenía sed, hace tiempo que no tomaba y pues me pareció un buen momento, ese día abuse del Tequila y mi compañera de bar parecía que también, ya entrados en copas y sin perdernos ella me dijo.

    -¿Sabes? Las coreanas cuando se trata de chicos a veces somos muy frías y más con los extranjeros-

    A lo que respondí.

    -Ok pero yo no soy un chico, soy un hombre casado, además siendo honesto, si me preguntas si me gustan las extranjeras, te contestaría que no, así que no te preocupes no tengo intenciones contigo, solo pasemos un buen rato-

    Ella al parecer se enojó por lo que dije, el único gesto que hizo fue acercarme una botella y seguimos bebiendo.

    Un rato después, yo ya entonado sonó la música y quería bailar, en ese momento pensé –Hoy levanto, me voy a vengar-, y cuando comencé a ver alrededor a ver que material había, Yeong me tomo de la cara para que no viera e inmediatamente me tomo de la mano y nos acercamos a la pista y comenzamos a bailar. Quede impresionado por que se movía muy bien, así estuvimos un rato hasta que pusieron música más romántica, ella no perdió el tiempo y me jalo para bailar, ella me tomo las manos y me las puso en su cintura y ella puso sus brazos en mi cuello y bailamos lentamente, ella me miraba fijamente a los ojos, yo ebrio comencé a ceder poco a poco, nuestros labios se rozaron mutuamente, solo alcance a escuchar que dijo –Perdón, pero quiero estar contigo.

    Nos besamos en la pista mientras sutilmente mis manos rozaban su culito, yo ya estaba sometido, quería probarla, estaba caliente pero a la vez tenía curiosidad. Me tomo de la mano y sin decir nada fuimos hacia su habitación, en el elevador nos besamos desenfrenadamente, ella me tocaba la herramienta por arriba de mi pantalón mientras yo le metía la mano bajo su falda.

    En su habitación ella me tomo por el cuello y me guio hasta la cama para quedar tumbado sobre ella, nuestros besos desenfrenados cambiaron a ser más apasionados, la tome por la cintura y la subí sobre mí, le descubrí sus tetas y no dude un segundo y las empecé a chupar, jugando con mi lengua en sus pezones ella gemía poco a poco, me tomaba de la cabeza para que no me separara, así estuve un rato y ya excitados los dos, ella me quito mi camisa, y me bajo el pantalón quedando solo en boxers, yo le quite su falda, traía una tanga negra, estaba hermosa así, la recosté en la cama y le quite su tanguita lentamente cuando vi abajo, completamente depilada su vagina sin ningún pelo, quería hundir mi lengua en ese pastelito que me estaba esperando, pero me reí un poco.

    -¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?

    Yo conteste:

    -Pensé que todas las asiáticas no se depilaban.

    Ella me sonrió y me agarro la cabeza para guiarme a ese pastelito depilado que traía, se lo lamia descontroladamente, ella gritaba de placer mientras me bebía sus deliciosos jugos, mi lengua pasaba por las orillas de sus labios vaginales, por el centro, me detuve en su monte de venus para jugar con mi lengua, le tome una mano mientras que con la otra agarraba su pierna, ella me apretaba más y más mi mano, y sus piernas cruzaron mi cuello, hasta que tuvo un orgasmo.

    Después me recosté para que ella se sentara en mi cara, dándole la misma dosis hasta que ella me pauso por un momento, me quito el bóxer e hicimos un 69, ella tenía algo que con otras mujeres incluida mi mujer no sentía, ella me chupaba mi herramienta con una maestría, tuve varias contracciones en mi herramienta, era como venirme sin venirme, fue mágico, cuando terminamos ella me miro de nuevo y se me aventó al cuello dándome besos por el cuello hasta llegar a mi boca, mientras me besaba se acomodó, tomo mi miembro y de un sentón lo desapareció y empezó a rebotar en mi pelvis mientras me besaba hasta que se descontrolo y me empezó a cabalgar como si me amara y me deseara, estaba tan estrecha que sentía ese algo diferente que les dije.

    Ella se cansó y mientras yo le daba un tierno beso la recosté boca abajo dejando esa figura esbelta sometida a mis deseos, me quedo su culito arriba y yo me puse en posición detrás de ella y la empecé a penetrar salvajemente, ella ya en el éxtasis me dijo algo en coreano que no entendí, mi verga entraba y salía haciendo sonar nuestros fluidos, fue maravilloso.

    La puse de perrito y continuamos, la tome de los brazos y la levante un poco para poder abrazarla y tocarle las tetas (mi posición favorita), ella ya no aguantaba, ella soltó un gemido de placer que jamás olvidare, tan sensual y al mismo tiempo me vine dentro de ella, el mejor sexo que he tenido en mi vida, con alguien que no me llamaba la atención.

    Nos recostamos ya cansados y sudorosos los dos, ella me miro se subió encima mío y me beso tiernamente, nos quedamos así hasta que ella me dijo que nos metiéramos al jacuzzi.

    Ya sentados ella encima de mi miembro conversamos un poco:

    Yeong: Me gustas mucho

    Yo: Al principio no me gustabas, pero me hiciste cambiar de opinión, ¿Sabes? Karen me fue infiel y sin querer tú me diste la oportunidad de vengarme, pero más que venganza, me la pase muy bien contigo, espero no haber hecho algo que te disguste, pero todavía estoy un poco ebrio.

    Yeong: No, me la pase muy bien contigo, y si, ella me contó que te fue infiel, pero no te preocupes que no diré nada a Karen.

    Yo: Por mi dile, ella ya sabía que me iba a desquitar, siéndote honesto desde que me casé con ella no ha ido muy bien la relación, pero sus papas se oponen a que me divorcie, no entiendo porque pero en fin me la pase muy bien contigo…

    En ese momento la besé y ella tomo de nuevo mi verga ya dura y antes de metérsela me dijo.

    -Cuando rompas con tu esposa búscame, yo te mostraré lo que es ser una esposa-

    Mi verga se deslizo dentro de ella nuevamente, para mayor comodidad nos salimos del jacuzzi y la puse en el lava manos abierta de piernas dándome un espectáculo único, mientras me la cogía la besaba y ella estimulaba su clítoris, ella se volvió a venir rasguñándome la espalda, me sentó en la orilla del jacuzzi y me la chupo hasta que me vine en su boca y ella se tragó toda mi leche.

    Ya era hora de irme, me vestí y cuando estaba en la puerta ella me volvió a besar como si no hubiera un mañana (Técnicamente porque ella regresaba a su país).

    Ya en casa después de ducharme otra vez me preparé para dormir pero no me acordaba que Yeong me había arañado la espalda y Karen lo vio.

    -Antes de que me la hagas de a pedo te aviso que rasque la espalda ahorita que me estaba bañando- Le dije.

    Ella me dijo.

    -Si ya se, luego sales todo arañado del baño, ya córtate las uñas, platique con Yeong-

    -Y que te dijo- Respondí

    -Me dijo que se la pasó bien contigo- Ella dijo en un tono como que ya estaba sospechando.

    Estuve intrigado y no dejaba de pensar en Yeong por un tiempo, a veces conversábamos por mensaje y pues creo que me enamoré de ella por alguna razón, ella siempre me escribía con amor, y me mandaba fotos de ella desnuda y con poses muy sexys, quería volver a tener su cuerpo y además su corazón. Así que decidí ver a mi camarada Jesús (El Chuy), el vato quien me ayudo cuando estaba deprimido cuando Karen me fue infiel y quien está feliz casado con una japonesa y un maestro en el diseño mecánico. Fuimos a un bar y ahí platicamos.

    Chuy: Que paso mi Juancho que acontece en tu existencia, te veo afligido, tal vez preocupado.

    Yo: Nada mi Chuy, verás ya me vengué de Karen, pero creo que me enamoré y se pone peor bro, es asiática. Así que te quería consultar tú qué sabes de extranjeras y además que tienes una buena relación con Emi (El nombre de su esposa)

    Chuy: A huevo Juancho que es, ¿Japonesa?

    Yo: No, es coreana

    Chuy: Jajaja no tienes llenadera amigo mío, te voy a ser franco men, de coreanas en general no se mucho, casi nada, sé que por su cultura son muy selectivas con los hombres, sé que deben de tener como que cierta estabilidad económica y mamadas como esas, su cultura no es mala en sí pero pues tiene sus detallitos me imagino yo, además cuando vivía en Japón una coreana frecuentaba mucho a Emi, y escuchaba que si se fijaban en la posición económica cuando se trata de hombres, pero a mi experiencia creo que en todos los países hay de todo y jamás se debe de juzgar.

    Yo: ¿Sabes? Ya estoy por dejar a Karen y quiero intentarlo con Yeong pero quiero saber tu secreto, para que todo salga bien.

    Chuy: Yeong? Que nombre tan raro jeje. El secreto es que no hay secreto bro, depende de cómo lo quieras y de cómo lo quiera ella, tengo camaradas que estuvieron casados con japonesas que también les fueron infieles, por varias razones, es como te digo en todos lados hay de todo, tu sabes que yo desde la prepa fui un ojete con las mujeres y solo las usaba pero desde que llegó Emi a mi vida note que todavía hay mujeres que quieren algo serio, que valen la pena, y tal vez Yeong quiera algo más contigo.

    Yo: Pero que tengo yo bro? No tengo una buena posición económica ni nada de lo que mencionas.

    Chuy: Como te lo dije, en cada país hay de todo, tal vez a ella le importe más lo sentimental, sabes? Lo mismo pensé cuando conocí a Emi pero ella no le importó que no tuviera solvencia económica, y ella me impulso a ser lo que soy. Deberías darle una oportunidad a Yeong si ya no ves futuro con Karen, tal vez quiere algo diferente, o vio algo en ti que rifa un chingo.

    Yo: Y si ella también me es infiel?

    Chuy: A Emi le doy razones suficientes para que no me sea infiel, a diario le meto unas cogidas que al día siguiente se levanta adolorida, trabajo para ella, y me doy un tiempo para ella, la consiento, le doy lo que me pide y se lo cobro con el cuerpo, esto del matrimonio es mierda de todos los días men. Si ese es tu miedo dale razones a tu asiática para que te sea fiel, pero yo creo que ella si va en serio contigo bro.

    Chuy me levanto la moral, deje a Karen quien por cierto me volvió a ser infiel con 2 hombres, pero a ella le dolió mucho mas que yo le fuera infiel con su mejor amiga, y ahora vivo con Yeong aquí en México, y cada día le hago el amor de distintas formas, también ya se lo hice por atrás, y aunque no quiero aprender coreano ella me ama demasiado como para querer obligarme, y cada vez que se pone celosa, me castiga a sentones.

    Hasta la fecha, desconozco mucho de la cultura de mi futura esposa y de como son la mayoría de las mujeres coreanas, pero soy afortunado de haberla conocido solo a ella.

    Espero te haya gustado mi experiencia y si te fueron infiel espero que tengas la suerte que yo tuve.

  • Despidiéndome de mi ex y comprometiéndome con mi contadora

    Despidiéndome de mi ex y comprometiéndome con mi contadora

    Y sin pensarlo apareció por última vez Marla, una ex saliente la cual estaba intrigada al saber de mí, ya que había desaparecido repentinamente al relacionarme rápidamente con “La contadora”, pues ahora gozaba de mi nueva relación y de las maravillas que me hacía en la cama, fue el cierre de una y el comienzo de la otra, de mi mujer actual.

    Citándonos por mensaje de texto

    M: Hola, perdido… que es de ti, en que andas que ya te olvidaste de mi… o es que ya estás de novia

    D: Hola… no nada andando full trabajo, y tú que tal

    M: Bien, bien… y estas ocupado en estos días para vernos… o no se ir a tu depa y pues no se conversar un rato que dices

    D: Puedo ir a tu negocio si deseas… así como antes… digo si tú quieres

    M: Y porque no en tu departamento? ¿O tienes visitas habituales… seguro que es eso?

    Fui al grano, si podíamos tener algún encuentro fugaz no lo desaprovecharía y sería bajo mis condiciones

    D: Marla, la verdad… la verdad es que he conocido a alguien y estamos conociéndonos como amigos, no sé qué pueda pasar… si deseas podemos vernos y claro si no pasará nada lo entiendo, eres una mujer muy sexi y ardiente, pero tampoco quiero jugar contigo, tienes mi respeto y amistad sobre todo y lo sabes.

    Paso un buen rato sin responderme, hasta que me llego su intrigante mensaje

    M: Ok, ok entiendo… que bueno por ti que estés conociendo a alguien, me imagino que por eso desapareciste

    D: No solo por eso Marla, sabemos que tienes muchos problemas con tu ex, y además estas dedicada a sacar a tus hijos adelante, no quisiera causarte confusiones ni problemas. Eres una mujer muy valiosa para tu familia y como siempre me lo repetías, me pedías discreción… espero sigan con tus proyectos por delante y ser una empresaria exitosa, discúlpame si me aleje, pero no quisiera tratarte como una mujer más… espero me entiendas

    M: Si, si descuida, no debí insinuarte nada, discúlpame tú a mí, cuídate mucho y mucha suerte en lo que estés haciendo, en el trabajo y el amor… en todo

    D: Gracias, espero también te cuides y tengas todos los éxitos del mundo

    M: Cuídate un beso

    Sentí que fui cortante, sin embargo, empecé a maquinar en ir a verla de improviso a su negocio, y pues a los mejor se daría ese último encuentro de despedida y realmente esos encuentros suelen ser de los mejores y más deliciosos.

    Luego de verme con mi novia contadora, la deje en su departamento ya que estaba en unos preparativos de la fiesta de su sobrinito y ayudaría a su hermana, así que fue perfecta esa oportunidad para ir a su negocio de Marla, aparecer y quizás insinuarle un último encuentro sexual en su cocina, como lo hacíamos tan deliciosamente en ese habitual lugar.

    La despedida con Marla

    D: Hola Marla, ¿ocupada?

    Ella toda sorprendida

    M: Eh… Hola… que sorpresa, si algo ocupada… dime necesitas de algo, ¿de algún pastel?

    D: Si, necesito de ti – sigilosamente sin que nos oigan

    Ella se puso algo nerviosa y sonrojada me dio una respuesta positiva

    M: ¿Si me esperas hasta más tarde… quizás… o te esperan en tu departamento?

    D: No, hoy estoy libre para ti – guiñándole

    M: Ok, ok… me agarraste de improviso… regresa en un par de horas

    D: Ok, regreso

    Volviendo por un instante al tema de mi mujer la contadora, aproveche en buscar anillos de compromisos, algo sencillo para dárselo en un momento especial, simbólicamente, estaba dentro de nuestros planes ir a Cancún, y pensé que sería una oportunidad única, en esas dos horas, compre un anillo y lo metí en mi casaca, y ya de regreso por Marla, la encontré cerrando su puerta de su negocio.

    D: ¡Heyy que paso!, ya te ibas, no me ibas avisar…

    M: No si, si claro que sí, pero se me presento un problema a resolver en mi casa, me lleves… vamos a mi casa

    D: ¡Estas segura?

    M: Si vamos, mis hijos están de viaje con su papá de vacaciones, vamos a mi casa ya te cuento en el camino

    Ya juntos y conversando en el auto, tenía que estar en casa preparando una masa para los pasteles que tenía que entregar al día siguiente, y pues sería la primera vez que iría a su casa, estaba algo nervioso, obvio que si iba a su casa era por si o si iba a pasar una riquísima sesión amatoria como lo sabía hacer, esas manos que sabían amasar mi verga y mis huevos a placer.

    M: Y quien es ella, de donde la conociste? Es soltera me imagino

    D: Eh, si, si es un poquito mayor que yo, pero no parece, si… linda, no más que tu

    M: jaja mentiroso, eres un florero, en fin… espero que te vaya bien… tú sabes…

    D: Si Marla entiendo, no tienes por qué darme explicaciones, ya somos grandes… entiendo todo lo que me dirías, y sabes que pase lo que pase seremos amigos.

    M: Ya vamos a llegar, cuadra tu carro al frente de mi casa para que no haya problemas con los vecinos y sus cocheras, no quiero que nos interrumpan

    D: Ok, lo que órdenes.

    Ya entrando a su casa y ayudándole a llevar materiales para sus pasteles, ingrese a su sencilla casa, era toda de pisos de parquet y con el olor habitual de como huele la casa de alguien que se dedica a postres, olores de vainilla, en su sala me indico que dejará mis cosas y la acompañara a la cocina, al principio estaba nervioso de que se hiciera tarde y me llamará mi “novia contadora”, así que a medio preparar de sus pasteles fui atrevido y directamente fui a abrazarla por detrás rodeando con mis brazos su figura y presionando sus tetas mientras le besaba el cuello y ella excitada a flor de piel debido a mis besos, accedió a follar si antes decirme

    M: ¡Vamos a follar como nunca, para que nunca te olvides de mí!

    Esas palabras encendieron en mi a un ser sediento de sexo, hambriento de comerme sus tetas y devorarme ese culo de deliciosas nalgas.

    Acto seguido nos desvestimos, rápidamente íbamos de frente al acto, para variar bajo para darme una deliciosa mamada con el plus de sus manos que amasaban mis huevos y me pajeaban, para que en incesantes mamadas me llevará a ponerme a fierro, la lleve hacia el piso y quitándole sus calzón y piernas al hombro me fui devorando tan deliciosa vulva.

    M: ¡auu, si si, sigue comete todo mi coño, vamos, para que me recuerdes!

    D: ¡amm, umm, no tienes por qué decírmelo, am, am… nunca me olvidaré de tu rica conchita!

    Y ahí estábamos follando a placer, despidiéndonos con un bello acto sexual

    M: ¡Lámeme el culo, méteme tu lengua, fóllame, hazme tuya!

    Iba besando, mordiendo, devorándome cada rincón de su culo, sus muslos, piernas

    D: Ven hazme una rusa con tus tetotas, esos será algo que siempre me gusto y recordaré…

    Me puso a mil, ver sus tetotas masajear mi verga, ver su cuerpo voluptuoso, algo gordita, pero de deliciosa piel blanquita de pecas, me puso a mil el follar en su casa… hasta que le dije

    D: ¡Vamos a tu cuarto, quiero que tú me recuerdes que follamos en tu cama, vamos!

    M: ¡Vamos!

    Fuimos raudamente a su cuarto ingresando a lo cual ella directamente se subió en cuatro patas sobre su cama abriéndose el culo y repitiéndome toda arrecha

    M: Dame por el culo, dame tu leche en mi culo

    Fui directamente a clavarme ese delicioso ano, recordando como siempre nuestras atrevidas sesiones, aunque esta vez sería la despedida, lo entregaríamos todo

    M: ¡Si, si… sigue! ¡rómpeme el culo… sigue así, cáchame bien rico para que nunca te olvides de mí, soy tuya!… sigue!… auu… auuu

    D: Si… ah!! Sí que rico culo, jamás olvidaré ese culo, tus tetas, todo de ti Marla… eres una hembra sensacional…

    Estuvimos así, hasta que descargue mi leche dentro de su culo, para luego ella sin medirse girará para lamerme y devorarse los restos de leche que aún podrían salir de mi verga, caya que lo entregamos todo; caímos rendidos sobre su cama y…

    D: Así que este es tu habitación, esta linda, me hubiera gustado venir más seguido a tu casa para follar aquí… ya sabes

    M: Si, me imagino que hubiera sido delicioso, pero al menos tienes en tu memoria este recuerdo, tengo que seguir haciendo mis pastales, me voy a bañar y seguir…

    D: Vamos, te acompaño

    M: Ya lo sabía

    Su baño era algo sencillo, pero amplio en la ducha, así que aprovechamos en darnos un baño y mientras nos besábamos intensamente, empezamos a tener un segundo encuentro follándomela frenéticamente, mientras el agua caía sobre nuestros cuerpos, sentí compararla con mi mujer la contadora, pero cada quien tenía lo suyo, además si estaba ahí era por placer y por nuestra despedida.

    Mientras acababa de eyacular en su boca y toda habilidosa me limpia cada centímetro de mi verga y lamia mis huevos, sentía que ya no podía dar más, vaya que me dejo muy satisfecho.

    Ya cambiados y en medio de su sala, dándonos unas tiernas palabras de despedidas antes de que me pudiera llamar mi mujer, nos dimos tiernos besos y largos abrazos, y para ser sincero las mujeres son bien curiosas y se dio cuenta que en mi bolsillo de mi casaca estaba el anillo.

    M: ¿y esto? – toda curiosa

    D: Nada un regalo, olvídalo

    M: ¡a ver?

    Toda curiosa no dejo de quitar la mano hasta que puedo meter su mano en mi bolsillo, mirando que era una cajita con el anillo dentro

    M: Eh, no entiendo… es para tu… para ella… no me dijiste que eran solo amigos

    D: No, si… bueno somos más que amigos, no sé porque me preguntan sería mejor que no preguntes mucho, estamos aquí para despedirnos y gozar por úl…

    M: ¡Estúpido! – dándome una bofetada

    Quede algo sorprendido, así que tome mis llaves del carro y dándome media vuelta

    M: ¡Espera, discúlpame!… soy una tonta, no debo ponerme así contigo… discúlpame, no tendría por sentir celos!… es la última vez y no quiero que te vayas así, no quiero que tengamos un mal recuerdo de despedida.

    Algo temeroso, giré y le respondí el abrazo y le di tiernos besos en la mejilla.

    D: Espero seas feliz y cumplas todas tus metas, no tengo porque enfadarme por tus celos, yo estaría igual si supiera que sales con alguien

    M: Estamos tratando de volver con mi ex marido

    D: ¿De verdad?, bueno… me imagino que es por tus hijos.

    M: Si en parte… por eso quería verte, porque quizás ya después sería posible y quería que me beses, que me ames, que me hagas el amor… te extrañaba

    D: Yo también, pero ahora que ya los dos estamos en nuevos planes, es mejor el adiós, te quiero mucho y espero seas muy feliz.

    M: Yo también te quiero mucho y también espero que seas feliz con tu novia

    Nos dimos unos últimos besos intensos y con un fuerte abrazo, nos despedimos aquella noche.

    Ya camino a mi departamento, por suerte, mi novia contadora no me llamo, pues siempre esos preparativos de cumpleaños para niños suelen demorar, hasta que la llame, cuando llegue a mi casa y dentro del carro

    D: Hola mi amor, como vas todo bien… ya acabando

    C: Hola… uy no nada tenemos para un rato más… y tú que haces donde estas

    D: Aquí en el auto

    C: ¿En el auto? ¿Qué has salido a algún lugar?

    D: No, he venido al carro para sacar mis lentes que me olvide y de paso ver si tengo suficiente gasolina, no me acordaba, pensaba ir a verte, pero ay creo que es muy tarde, ya mañana iré a cargar gasolina

    C: Ah ya, no amor, no creo, ya será lunes por la tarde… dime ya reserve el hotel de Cancún con las decas que tengo, para semana santa, más bien voy a confirmar los pasajes, ¡No importa si es con escala para que salga más cómodo?

    D: Si, si ya tu encárgate de todo. Ya me dices nomas

    C: Ok, vamos hablando

    D: Ok, vamos hablando que todo salga bonito, diviértanse

    C: Ok besos amor, que descanses

    D: Besos

    Y bueno para no hacer el cuento largo, ya cuando viajamos a Cancún por semana santa, fuimos muy felices esos días disfrutamos de la playa, de lugares turísticos, y como siempre follando deliciosamente disfrutando de sus ricas tetas y culo de mi mujer, sobre todo de su delicioso ano lo cual me entregaba para complacer a su hombre.

    Una noche mientras disfrutábamos de un baño en el jacuzzi del hotel, pegada a mí y abrazándola tiernamente, por debajo de sus tetas emergí el anillo de compromiso, a lo cual ella muda, poniéndose las manos sobre su boca, como sorpresa, tuvo una explosión de felicidad.

    C: ¡Es en serio, no es un juego, quieres! … me estas pidiendo…

    D: Si, si, te estoy pidiendo que seas mi novia, ya eres mi mujer, pero quiero estar contigo… es real, lo que siento por ti es real…. Te amo, te amo mucho, quiero que seas la mujer de mi vida.

    Sus ojos, algo sollozos miraron el anillo, lo tomo, a la vez que se lo coloqué en una de sus dedos, calzando a la perfección, ya que días anteriores, le escondí un anillo el cual me ayudo a conseguir ese pequeño anillo de fantasía fina, giro y me abrazo fuertemente dándome largos besos.

    C: Te quiero, gracias por tomarme en serio, pensé que sería un juego para ti, no sabía cómo tomarlo, tenía mucho temo por como reaccionarias a mi forma de ser…

    D: Lo sé, lo se tranquila… ya somos ahora uno… haremos las cosas bien… comenzó quizás todo al revés, pero es nuestra historia y lo llevamos a nuestra manera

    Y aquella noche después de tantas veces que me entrego “su anillo” yo le di anillo, uno de compromiso, y hasta ahora seguimos amándonos, cuidándonos y protegiéndonos en plena pandemia, con altibajos y todo.

    ¿Qué fue de Marla?, pues le perdí contacto con ella y espero todo le vaya de maravilla, alguna vez la stalkee en sus redes y estaba más delgada, pero sin dejar de perder su sensualidad.

    *****************************

    Si quieren saber cómo inicio esta corta y ardiente aventura con Marla puedes leer los relatos:

    “Madre madura, follándomela a escondidas de su familia”

    “Trágatela toda! ¿O quieres que se la traguen mi otras amiguitas”

    Y si desean saber del ardiente amor y sexualidad con mi contadora pueden leer los relatos:

    “Encuentro con la contadora de mi trabajo y compañera sexual”

    “La contadora: una adicta a mi verga y a mi leche”

    “La contadora: su pasado, nuestro presente y su ardiente culo”

    Historias entrelazadas entre sí, pero con un solo tema de por medio, el placer de gozar de dos mujeres espectaculares, dos hembras insaciables. Decidí por una de ellas y es con ella “La contadora” quien sigo gozando, con quien tuvimos muchas fotos y videos porno de por medio en plena pandemia y sobre todo mucho amor.

    Un tributo por la ninfómana ex saliente que se fue, y por mi actual mujer ardiente, que goza de mí y sobre todo la propietaria de mi verga y toda mi leche.

    Continuará…

  • ¿Ya está a gusto? ¡Ya me desvirgó!

    ¿Ya está a gusto? ¡Ya me desvirgó!

    Creo que el país que más he visitado es la ciudad de Cali Colombia. Aquí me he encontrado con muchas chicas hermosas que bien podría escribir 160 relatos más solo de estas visitas. Hoy intentaré abreviar de la manera que conocí a Paulina y todo ese tiempo que invertí para convencerla y tener unos ricos momentos tiempo después junto a ella.

    Era mi primera visita a Cali e iba invitado por una de mis grandes amigas con la tengo una relación muy especial, pues ella es una chica casada. Obviamente esos 10 días que visité Cali, era el acompañante en todos los sentidos para Diana y aunque ella es bastante liberal, tampoco iba a intentar ligarme o coquetear con alguien más frente a ella, aunque debo decir, que Diana es cómplice en algunas de mis aventuras con otras chicas. Una tarde fuimos a un restaurante muy bonito y es donde por primera vez miré a Paulina, a quien la mayoría solo la llama como Pao.

    No era la mesera quien servía nuestra mesa, pero si a las otras paralelas a la nuestra. Todas las meseras estaban sensualmente vestidas y no creo que alguna pasara de los 30 años cuanto mucho. Pao en esa ocasión vestía un pantalón vaquero bien ceñido a su hermoso cuerpo, una camisa corta con el logo del restaurante que estaba por debajo de sus dos hermosos pechos, pero sin cubrir el ombligo. El pantalón se podía ver que le quedaba un tanto suelto, aunque tenía un cinturón, pero las curvas de sus caderas de esta niña son proporcional y sensualmente anchas que le hacen proyectar una cintura que es un poema. Un abdomen plano y delgado, pero con un trasero redondo de avispa que definitivamente hizo que mi vista de vez en cuando vacilara buscando apreciar tan rico monumento. En un momento se agachó a recoger algo que se cayó de la mesa que atendía y pude ver ese hilo dental que usaba de color rojo.

    Si su cuerpo era tan sensual y llamativo que a cualquiera hace fantasear, también lo era su lindo juvenil y angelical rostro. Realmente parecía menor de edad, con un rostro alargado y un cabello rizado que se le esponjaba al punto de parecer afro y que lo llevaba corto al cuello. Piel de tez clara y su cabello era de color castaño. Tiene unos ojos redondos color miel y unas pestañas largas y onduladas que al principio pensamos que eran postizas. A mi amiga Diana también le llamó la atención, pues ella es una lesbiana pasiva y no dudó en preguntarle. Eran naturales y en esa inspección curiosa de mi amiga hacía a Pao, mirándola de perfil divisé una pequeña nariz con simetría en su rostro y una bonita y pequeña boca de labios gruesos pintados de rojo que invitan a besarlos. Debo agregar que le calculé un 1:65 metros de altura, de algunas 130 libras de peso máximo que se concentraban en sus dos melones y suculento trasero, pero no podía conciliar su edad, pues su rostro era una mezcla de una infantil confundida en la pubertad.

    Tuve que regresar a solas al restaurante y aunque ese día tampoco atendía mi mesa, ahí estaba ahora vistiendo una especie de pantalón corto cachetero, que en las dos cervezas que me tomé con unos aperitivos, pasé con la verga parada a reventar a pesar de que Diana me tenía servido, pues aprovechando esa libertad lejos de su esposo, regularmente cogíamos tres veces por las mañanas. Ese día me presenté con ella y la invité a salir, algo que obviamente ella se negó diciendo: – ¡Disculpe… no salgo con desconocidos! – Ese día supe su nombre completo y la mesera que me atendía, con la promesa de una buena propina me proveyó los detalles para encontrarla por FB.

    FB fue mi enlace directo con Pao, pues ella aceptó mi petición de amistad semanas después sin recordar que era el mismo que la había invitado a salir. Regularmente le enviaba saludos sin recibir respuesta alguna y pensé que le incomodaba el hecho que le hacía saber todo el tiempo lo hermosa que era. Un día le envié un ramo de rosas al restaurante con una nota que llevaba mi nombre y una frase que decía: Tu amigo de FB, tu más ferviente admirador. – Esa noche recibí una nota dándome las gracias y ese día me cuestionó si yo era el mismo que semanas antes la había invitado a salir en el restaurante. Desde ese día nos volvimos más cercanos y comenzamos a chatear de vez en cuando. Creo que se sintió confortable al saber que no vivía en Cali y que estaba a millas de distancia.

    Es como supe que acababa de cumplir 18 años y me aclaraba que no miraba inconveniente en tener un amigo de 46 años, pues era la edad que tenía, aunque según el recuerdo de Pao y como me miraba en la foto de perfil de FB, ella pensó que era más joven. Pasamos con esa comunicación por varios meses y siempre le decía que el día que decidiera salir conmigo, yo iría hasta Cali sin pensarlo. Un día mi insinuación fue más directa en una plática y ese día ella me dijo lo siguiente: – Si lo que usted busca es sexo, en el club que está en frente del restaurante, ahí usted se puede conseguir a alguna chica hermosa por algunos cuantos dólares.

    No parecía molesta con mi insistencia y a donde quería llevar todo esto y más bien parecía más suelta y como que le encantaba sentirse deseada. Me dedicaba varias horas a la semana y desarrollamos tanta confianza que un día hasta me le ofrecí como su “sugar daddy”. Por esos días lo único que aceptó y que miré como que estaba accediendo fue que le envíe $100.00 dólares para pagar los datos de su celular, pues creo su servicio era limitado y también intuia que esa acción ratificaba que lo que le ofrecía realmente era serio. Un día ella me preguntó:

    – En un caso hipotético… ¿Usted se molestaría si yo tuviese un novio y usted fuera mi “sugar daddy”?

    – No me lo tienes que decir… no tendría que saberlo. Solo iría a verte unos cinco días al mes y en todo caso, eres tú la que te verías con la situación de que tu novio no se entere de mí.

    – ¿No eres celoso?

    – Pao… lo tengo claro. Tú eres una chica joven que tiene que vivir y yo alguien a quien le gustas y estoy dispuesto a hacer algunas cosas para tenerte, aunque sea una sola vez en la vida.

    Un día me fui a Cali con la idea que estando allá y con la confianza que había obtenido podría convencerla, pero no se dio nada y terminé tomando la palabra de Pao, que en el club de enfrente podría conseguir lo que yo quería por algunos cuantos dólares y tenía razón… allí fui a encontrar el desahogué que acumulaba viendo ese hermoso culo y bello rostro de Paulina. Esa semana creo que me llevé a tres chicas muy hermosas al hotel, pero mi obsesión seguía siendo Paulina.

    El último día que la vi de esa semana, pues llegaba al restaurante y ella me atendía, en un pequeño sobre le dejé $500.00 con una nota que decía: -Cómprate lo que quieras o por lo menos te dejo algo para pagar los datos de tu celular, pues me gustaría seguir chateando contigo. – Cuando aterricé y encendí mi celular tenía varias notificaciones de ella. En unas me daba las gracias en otras que no podía aceptarlo y cosas así. En fin, seguimos chateando por varias semanas y siempre me preguntaba que cuándo iba a regresar y mi respuesta era siempre la misma: ¡Cuando tú te decidas!

    Por esas semanas sus pláticas se tornaron más íntimas queriendo averiguar acerca de mi sexualidad, eran pláticas candentes y creo que le encendía cuando le daba detalles de las cosas que me gustaría hacerle. Yo terminaba con los calzoncillos mojados e imagino que también Paulina humedecía sus bragas. Llegó el punto que un día se lo pregunté:

    – ¿Te ha calentado la plática?

    – Si… sí.

    – ¿Se te ha mojado tu calzoncito?

    – ¿Usted qué cree?

    Creo que para Paulina se le volvió una conversación adictiva como aquellos que llaman a esas líneas eróticas que no dudaría en que ella se masturbaba en el momento o pensando en el momento. Por esos días me había dicho que nunca lo había hecho y no sabía si creerle o no, pero la verdad que sus preguntas eran esas, como esa chica queriendo descubrir lo que era el sexo. Para este punto era ella quien me llamaba regularmente por las noches y un día de la nada me sorprendió con su propuesta:

    – Tony, quería proponerle algo, pero no quiero que sea mi “sugar daddy”. Si hay algo que realmente quisiera me regale un día si es que usted puede, es una computadora. Mire… no sé que le vaya a parecer, pero lo más que le puedo ofrecer es un oral… una mamadita… pues.

    – Estoy de acuerdo, siempre y cuando yo pueda hacer lo mismo contigo.

    – ¡Está bien! ¿Cuándo podría usted venir?

    – ¡Podría estar allí este viernes!

    – No… este viernes no puede ser… es que apenas me llegó mi regla. ¿Cree que puede venir el miércoles de la próxima semana? Yo el jueves estaré en mi día de descanso.

    – ¡No hay problema! Estaré en Cali la próxima semana.

    Realmente fue algo que nunca esperé, que nunca se iba a dar y la verdad que seguí con los chats, pues Paulina realmente era una chica muy hermosa. Tenía de ella fotos en todas las poses, vestida y semi desnuda, pues un día me envió una foto solo vistiendo una tanga blanca, donde podía apreciar ese hermoso y perfecto trasero, aunque no podía ver su rostro. Un día me hizo un video donde se comenzó a desnudar, pero nunca se quitó la tanga y solo se quitó el brasier cuando me daba la espalda. La verdad que como ella se había hecho adicta a esas platicas eróticas, yo también estaba ya adicto a desear su cuerpo.

    Un martes por la mañana aterrizo en Cali. Le llevaba una computadora que mi hijo me había regalado, de esas que el deshecha a cada dos años, pero que son de las mejores en el mercado, pues yo todavía tengo una que me dio hace ocho años y es funcional, es la misma con la que hoy escribo este relato. Llegué al restaurante y le di la sorpresa que estaba un día antes. La esperé hasta el final de su turno y la fui a dejar a un apartamento que compartía con tres amigas. Estaba feliz con su computadora y quedamos que el jueves pasaría por ella desde las ocho de la mañana y tomarnos el tiempo para desayunar.

    Verdaderamente estaba ansioso y creo que por primera vez entendía el poder del sexo. Colombia por años desarrolló la mala fama por la violencia que provocaban las drogas, pero la droga más exquisita y adictiva que encontré en esa tierra fueron sus hermosas mujeres. Yo había sacudido mar y tierra por quererme coger a esta linda chica y lo único blanco que quería absorber era el olor de esa tanga que esta chica un día vestía en ese video que me había enviado.

    Llegó el día… y fui por ella a ese departamento. Llevaba unos pantalones deportivos y luego después descubri que llevaba una tanga, pues esta se le marcaba en la parte superior de su trasero. Fuimos a un restaurante donde esta vieja me dio una mirada inquisitiva donde leí en sus ojos… sí esta era la niña de mis ojos o mi hija… o simplemente era un viejo rabo verde. En ese momento Paulina se comportaba de una manera neutral sin dar a conocer ni el uno ni el otro.

    Sabía que estaba muy nerviosa… lo intuí por su comportamiento desde que se subió al taxi. Salimos de ese restaurante y ella me dijo que nos fuéramos al hotel, pues no quería que nadie más nos viera. Yo no estaba perezoso en complacerla, pues quería llegar ahí inmediatamente y ver si en realidad se iba a dar todo esto. Obviamente ni ella ni yo sabíamos cómo empezar, pero intuyendo que ella no estaba ahí para dirigir, yo siendo el alfa empujé todas mis energías a lo que íbamos hacer. Quise quitarle su pequeña blusa, pero ella me puso un alto diciendo: – No es necesario… usted y yo sabemos lo único que vamos hacer. Me recordó que solo me haría un oral y que yo podría hacerle lo mismo.

    Es un tanto difícil creer que uno puede detener… ponerle alto al placer sexual después de sentir ese contacto oral y en mi caso no lo podía concebir, pero todos somos diferentes y cada uno tiene sus propias barreras. Paulina me hablaba de que era virgen y que no era hasta que salió de su pueblo natal hacia Cali que tuvo su primer novio a sus 17 años, pero que le había decepcionado pues en la primera oportunidad este chico le quiso meter mano. En sus pláticas me había hecho la pregunta hipotética de las muchas que solía hacer: – En el caso que lo hiciéramos y saliera embarazada ¿usted se haría cargo de un culicagado (niño) o me dejaría abandonada? – Creo que ese era uno de sus temores y aquel día que nos encontramos en este hotel me había preparado con algunos condones porque según mi experiencia muy pocos o ninguno da paso atrás cuando se está en esa cúspide sexual y al borde de caer en la magia de un orgasmo. Obviamente no era un chiquillo desesperado y me concentré en darle el mejor oral, pues me ponía claro que no quería que le despojara de su blusa, mucho menos pensar en quitarle el brassier.

    Estaba sentada en un sillón pequeño en la habitación de hotel y la tomé de la mano para levantarla y llevarla a la cama. Respiré su perfume y olor dulce del químico de la laca que usaba en su cabello. Paulina estaba nerviosa y sentí sus manos frías y con cierto temblor y fue cuando le dije:

    – Si tú no estás segura de esto, no lo tienes que hacer. Podemos esperar otro día u otra ocasión. No quiero que te sientas obligada.

    – ¡No es eso! La verdad que estoy nerviosa… nunca he hecho algo parecido. ¿Usted lo quiere hacer?

    – ¡Tú sabes que sí!

    – Entonces… hágale pues.

    Aquella expresión de “hágale”, al principio me desconcertaba, pues me parecía ambigua, pero entendía que me decía que prosiguiera. Recuerdo que no me despegaba su mirada mientras se sentaba a la orilla de la cama donde empecé por removerle su zapatos de tacón. Su pantalón era uno de esos deportivos con líneas blancas a los costados y este se ceñía perfectamente a su cuerpo haciendo realzar ese exquisito trasero de esta niña. Era fácil de remover, pues era elástico. Ella me asistió apoyándose con su brazos para levantar su trasero y yo poder remover sus pantalones. Al bajarlos, descubrí que su tanga era color rojo, como la de la primera vez en el restaurante que, al agacharse, tuve la dicha de ver cómo estas se hundían en esa parte posterior de sus adorables glúteos. Sus piernas estaban sedosas y se le miraban alargadas y con esa curva de su trasero y su abdomen plano con ese ombligo tan sensual, ver a esta niña con solo esa tanga realmente era un poema. Iba directo a besar sus entrepiernas y Paulina me preguntó: ¿Usted no se va a quitar la ropa?

    Ella solo me miraba cuando me quité la camisa, me bajé los pantalones y me quedaba solo en calzoncillos. En esa ocasión llevaba unos estilo bóxer, pero más pegados al cuerpo, así que se me notaba el paquete comprimido como también la mancha húmeda de lo excitado que estaba. Paulina me miraba el paquete cubierto por esta tela de color azul y luego ella me volvía a decir a forma de sugerencia:

    – Ahora enséñeme a hacérselo.

    – ¿Realmente nunca has hecho esto? ¿No has visto alguna vez alguna película pornográfica?

    – Si… eso sí, pero de hacerlo… nunca.

    – Mira… puedes comenzar besando la punta, besar alrededor del tronco, poco a poco metértelo en la boca.

    – ¿Es cómo a usted le gusta? Bueno… usted me va diciendo.

    Era divino sentir y ver como Pao me besaba el glande suavemente. No podía creer que después de tantos meses y desde esa primera vez que la vi estuviéramos en una habitación de hotel. Sus pequeñas manos me tomaron el tronco mientras abría su linda boca de labios gruesos y rojizos y mi glande entraba y salía. Sabía que era lo más que se iba a tragar. Ella me volvía a preguntar: ¿Está bien así? – Yo lo estaba disfrutando, aunque a veces con sus incisivos superiores sentía que me hacía daño, pero lo toleraba y le decía que no tenía que apretar el falo con los dientes, especialmente la punta que era más sensitiva aun y en todo caso que sí deseaba apretarme la verga, que lo hiciera con los labios.

    Era lindo ver a esta chica aprendiendo a chupar verga y desde esa sugerencia el oral mejoro mucho. Comenzó a producir mucha saliva y al igual yo emanaba de ese liquido preseminal. Yo había dejado una toalla en el gabinete frente a la cama y se lo alcancé para que se limpiara. Estuvo en ese accionar por unos diez minutos y me preguntó: ¿Le gusta? ¿Le falta mucho para que se venga? – Quizá era una de las mamadas más torpes y simples, pero me excitaba por el hecho de ver esa carita tan juvenil que tal parecía hasta infantil y que por primera vez probaba mamando una verga. Hice una pausa para darle una explicación y preguntarle:

    – Paulina, me encanta en como me la estás mamando y estoy a punto de acabar, pero no sé si deseas que me corra adentro de tu boca, pues si me voy afuera te puedo salpicar tu camisa y era por eso por lo que al principio te la quería remover.

    – Ah… entiendo.

    Ella misma se quitó su camisa y quedó con un brasier rojo y como se miraban esas tetas comprimidas. Yo le asistí en desabrocharlo y Paulina quedaba casi desnuda con solo su tanga roja. Eran unos melones redondos de una copa que se acercaba a la medida D. Sus pezones eran cafesosos y redondos también de buen tamaño y su areola la magnificaban las puntas de sus tetas. Realmente daban ganas de chuparlas, pero luego recordé el trato de solo hacer sexo oral, aunque en mi mente ya se las estaba mamando e imaginado que me hiciera una rusa.

    En esa pausa me he hincado a la orilla de la cama entre medio de las hermosas piernas de esta chica. Le dije que había llegado mi turno de probar su conchita y que luego ella continuaría mamando y hacerme tocar el cielo. Nuevamente ella se apoyó con sus brazos y levantó el trasero para remover esa pequeña tanga. Estaba mojada y cuando se la despegué de su concha, un hilo incoloro de sus jugos vaginales se alargó y ella solo me dijo:

    – ¡Me tiene bien caliente!

    – ¡Y tú a mí!

    – Espere, me voy a limpiar con la toalla.

    – No… no te preocupes. La idea es probar como sabes, saborearte.

    – ¿De veras le gusta como huele eso?

    – ¡Me encanta como huele y de seguro me encantará a como sabe!

    – Ustedes los hombres son muy raros.

    La verdad que de su sexo emanaba ese olor a feromonas juveniles muy penetrante y cuando probé esos jugos son los típicos gruesos y muy lubricantes con todos los ingredientes para dar vida a la semilla que sostiene nuestra especie. No sé si alguien puede corroborar con un comentario, pero la vagina joven de una chica de esta edad sabe y huele diferente a la de una mujer madura. Y no digo que sabe mejor o peor, pero yo en mi experiencia he encontrado una enorme diferencia. Quizá porque una chica de experiencia comienza ha hacerse duchas y eso como que le quita el sabor y olor natural de esa conchita. Y no es que me queje del sabor y olor de una conchita perfumada, pero el sabor y olor natural de una chica joven es algo que disfruto a lo máximo.

    Vi esa conchita húmeda y brillosa de labios gruesos y un clítoris brillante que pulsaba por la idea que estaba a segundos de sentir un toque diferente y quizá prohibido. No parecía que estaba depilada, más bien parecía que los únicos vellos en ella apenas estaban apareciendo en esa zona. Paulina debería estar tan caliente como ella lo decía pues sus jugos bajaban por su perineo donde alcancé a ver un pequeño ojete también con unos cuantos vellos. Primero besé su entrepierna y sus poros respondieron al contacto, su piel se erizaba y con mi lengua masajeé sus entrepiernas amenazando llegar a su conchita. Pao no decía nada y sus gemidos en ese momento eran callados y tímidos. Poco a poco me acerqué a su conchita y en una de esas le deslicé suavemente mi lengua en su rajadura de abajo hacia arriba hasta llegar a su clítoris. Me detuve por un minuto y solo le tocaba su clítoris con la punta de mi lengua que apenas podía sentir su roce. En esta ocasión Paulina levantó su pelvis como queriendo alcanzar y tocar con su clítoris mi lengua. Sabía que estaba excitada, la sola idea de hacer esto la tenía ya excitada y luego sentir por primera vez esa sensación, creo que para todos es inolvidable. Me acomodé mejor y mientras lo hacía le dije de una manera erótica pues sé que también las palabras excitan y te pueden poner a mil: -Quiero que sepas, que si tú lo deseas tengo condones por si quieres sentir mi verga adentro de ti.

    Continué con mi masaje oral y paseaba mi lengua por encima de sus labios casi sin tocarlos y literalmente miraba como Paulina contraía su conchita y sube su pelvis con la desesperación de sentir mi lengua a pleno. Dos o tres pasos así y literalmente se estaba corriendo en seco y no pudo mas y elevó su pelvis con desesperación, como pidiendo sentir mi lengua y sus jadeos se elevaron y su piel en todo su cuerpo se erizó. Quedé empapado de sus jugos, los cuales limpié con la toalla que teníamos a mano. Fue un potente orgasmo y solo miraba esa carita juvenil con los efectos de esa sensación de relajación. Le pregunté:

    – ¿Te gustó?

    – ¿Usted que cree?

    – Por lo que he visto, creo que sí.

    – ¿Quiere que se la siga mamando?

    – Si quiero, pero me gustaría seguir haciéndotelo yo… apenas comenzaba y te has corrido.

    – La verdad que me tenía muy excitada y no aguante más. Tenía razón mi amiga de los hombres mayores.

    – ¿Qué hay con tu amiga?

    – Bueno, es que le conté que tenía un pretendiente mucho mayor que yo y ella me dijo que hacerlo con un hombre de experiencia podría ser satisfactorio, pues saben lo que hacen.

    – ¿Crees que sabemos lo que hacemos?

    – ¡Pues creo que sí! Esto no me lo esperaba así.

    Acordamos que le seguiría dando placer oral, pero esta vez el contacto era mas fuerte al punto que le hundía la lengua en su hueco. Le hice un masaje con la lengua en el perineo mientras con uno de mis dedos delicadamente le tocaba el clítoris. Vi literalmente caer un chorro de jugo vaginal que comenzó a mojar la sabana de la cama y para que esto no fuera incómodo posteriormente pusimos la toalla bajo sus nalgas. seguí con la invasión de mi lengua en su conchita y para esto había tomado uno de sus pezones con mis dedos y al ver que no se opuso, con la otra mano tomé el otro. Paulina no decía nada, pero podía escuchar su respiración como cuando alguien se queja de dolor y nuevamente su pelvis hacia ese vaivén gozando con la invasión de mi lengua. Cuando no pudo más, se llevó una de sus manos hacia su boca, mientras la otra me la ponía en la cabeza y le sacudí la lengua de arriba hacia abajo y podía sentir cómo emanaban eso juguitos saladitos de su vagina. Creo que este segundo orgasmo era más fuerte. Le volví a preguntar:

    – ¿Te gustó?

    – No creo que me haya corrido dos veces en un día y tan seguidas. Si… este segundo lo senti más rico. Venga, se la quiero mamar.

    – En que quedamos… ¿Me corro adentro de tu boca?

    – Uh… como usted quiera.

    Verdaderamente me tenía muy excitado. Escuchar y ver a una chica que se corre es lo más erótico de la vida y me tenía prendido. Me tomó con su boca el glande, que es lo que más podía entrar y luego le hice ese vaivén con el cálculo de no incomodar a Paulina y ella instintivamente solo recibía mi envestida que le perforaba su linda boca y de recordar ese jadeo y ver esa linda carita no aguanté ni cinco minutos y parte de mi corrida se fue en su boca y la otra en esos dos espectaculares melones. Me la pajeé ante ella para expulsar todo lo acumulado y nuevamente se la metí a la boca para que siguiera mamando. Mientras nos limpiábamos le preguntaba:

    – ¿Qué te pareció?

    – ¡Tiene un sabor raro!

    – ¿Rico, feo, dulce, salado?

    – No sé cómo decirle… algo dulzón y salado.

    Yo me bañé y luego Paulina decidió hacer lo mismo, aunque ella se cubría la cintura con una toalla, pues parecía no se sentía cómoda estando desnuda. Yo me puse un bóxer limpio y ella se quedaba con una toalla en la cintura y otra cubriéndose los pechos. Sabía que este era el momento para convencerla y que me diera su conchita y fui directo al tema:

    – ¿No se te antoja sentir esa verga que hoy has mamado adentro de ti?

    – No le voy a decir que no… pero es que me da miedo.

    – ¿Por qué te da miedo?

    – Mis amigas me han contado que duele mucho la primera vez… y su cosa como que es bastante grande y gruesa.

    – ¿O sea que ya has visto otras?

    – Ya le dije, en películas porno. La suya es la primera que veo en mi vida en la realidad.

    – Mira Paulina, la verdad que con quien sea que lo hagas te sabrá incómodo, pero quizá será mucho más incómodo si lo haces con alguien que llegue desesperado y quiera hacértelo a las ligeras. Lo que yo te prometo es que iré despacio y con tacto, así como lo hice anteriormente haciéndote el masaje oral. En el primero creo que apenas sentías mi lengua y ya el segundo fue diferente.

    – La verdad que no sé… Déjeme decirle que, si quiero y sé que usted tiene experiencia en esto, pero me da miedo salir embarazada.

    – Te dije que tengo condones.

    – Si, pero he escuchado que estos se pueden romper.

    – Puede suceder, pero estos son de buena calidad e incluso estos que compré son de los más caros.

    Hicimos plática por alrededor de unos diez minutos y finalmente se decidió a intentarlo. Llevaba unos condones que son de piel de cordero, cuya publicidad los vende con la idea de que es como hacerlo al natural. Ya los había usado antes y la verdad que son delgados y casi no se sienten cuando los he usado. Con la decisión tomada me pongo el condón frente a Paulina que se que nuevamente esta nerviosa. Le pido que se ponga en cuatro pues le doy el cuento que por mi experiencia uno tiene mas control en la penetración, pero la verdad quiero verle ese culo tan hermoso que tiene y comérmelo con la intensión de hacer camino y ver si luego se decide a dármelo también. Se pone en la orilla y con sus brazos se apoya y sus dos ricas tetas posan por sobre la cama. ¡Qué espectáculo es este… qué poema de culo tiene esta niña! Pienso que es fácil llegar al orgasmo solo deslizando la verga entre sus nalgas donde cualquier verga de tamaño promedio se pierde fácilmente en ese camino.

    Creo que pensó iba directo a la penetración, pero se sorprende sentir mi lengua en su cuquita, como me dijo que ellos le llamaban a la conchita en su tierra. Juego con su concha y luego llego a su culo con mi lengua y esto la hace reaccionar: ¿Qué haces? ¡Ahí no! – Creo que se sorprendió, pero también sintió un placer diferente que terminó cediendo y entregándome ese culo que me lo he comido como yo he querido y abrirlo con mi lengua. Esta mujer vertía jugo vaginal de lo excitada que estaba. Luego le anuncié que vendría la penetración. Le puse el glande y me pidió que me cerciorara que tenía puesto el condón. De hecho, ella me tocó la verga. El glande estaba en la entrada, pero por el ángulo pensé que le dolería, así que le dije que, por el ángulo y mi altura, era mejor hacerlo en posición del misionero.

    Ella cambió de posición y me acomodo hincado frente a su conchita y se la comienzo a pasear entre la rajadura. Ella solo me observaba sin decir nada y yo pensaba sí en realidad esta linda niña todavía era virgen. Mi verga estaba llena de sus jugos vaginales y le hice presión en el hueco. Yo como para que ella se hiciera una idea pues estoy consciente que mi verga es más grande que el promedio le dije:

    – Mira… vas a sentir como un pinchón como cuando te ponen una inyección… te va doler un poco y luego pasa el dolor del pinchón.

    – La única diferencia es que esa aguja no se compara a lo que usted tiene. Solo hágale despacito.

    La verdad que se la empujaba y se sentía apretada, pero siempre una chica petit se siente apretada. Se la empujé con cuidado y literalmente sentí que la abrí y creo haber sentido como se rompió el himen. Dio un grito chillón, que hasta intentó alejarse por un movimiento instintivo. Le mantuve la cabeza de mi verga adentro y ella solo me decía: -Si me duele y me arde mucho! – No me moví más, pero no se la saqué y así estuvimos por un par de minutos y ella me observaba y yo hacía lo mismo pensando que me estaba follando a tan linda niña. Se la empuje más y volvió a gemir del dolor y realmente se sentía muy apretada. Creo que he sentido vaginas reducidas, pero esta me apretaba desde la entrada y se sentía más que reducida. Vi que le salió una lágrima y hacía esos gestos como si fuese a llorar. Se contuvo y luego me dijo: ¡Ya está a gusto… ya me desvirgó!

    Continuamos así hasta que su ardor desaparecia por la excitación. Y Paulina movía su pelvis con ese vaivén del deseo y literalmente mis 21 centímetros gozaban del calor hirviente de una vagina deseosa de ser penetrada y yo correspondía a ese danzar de su pelvis aun sorprendido por lo que vivía. Paulina no decía mucho, no tenía que decir nada… su cuerpo lo decía todo, sus ojos color miel divagando en las mieles del deseo y comenzó a tomarme de las nalgas mientras ese terremoto subía a una escala que le dejaría exhausta en el cansancio, vi como sus labios se fruncieron y me abrazó como si estuviera asustada. Podía sentir su aliento con olor a sexo, sus muslos temblando de una manera instintiva e incontrolable… había tenido hasta el momento tres orgasmos en su primera cita sexual con un hombre y había alcanzado un orgasmo al haber perdido su virginidad. Yo no me pude contener de vivir el orgasmo de Paulina y me corrí por segunda vez llenado el profiláctico con mi corrida.

    Paulina no había mentido, el condón tenía la evidencia de su sangre y la toalla debajo de sus nalgas estaba húmeda de sus jugos vaginales y también se divisaba la evidencia de su sangrado. ¡Qué rico es desvirgar a una chica! Especialmente una chica tan bella y hermosa como lo es Paulina y no me lo podía creer que vivía este momento a mis 46 años.

    Naturalmente seguimos cogiendo todo aquel día y practicamos diferentes posiciones y desde ese día comencé a conquistar ese culito que eventualmente me entregaría como despedida de ese viaje cuatro días después. El sexo es la más fuerte droga y Paulina vivía esa adicción y experimentamos todo lo imaginable con esta linda chica. Estuve viajando a cada dos meses y me la estuve cogiendo por un buen tiempo hasta el día que ella misma le puso un paro a todo diciendo que, intentaría tener una relación seria con alguien y nos alejamos amigablemente. Si gustas que te relate como me follé ese tremendo culo, házmelo saber.

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  • A metros de su novio

    A metros de su novio

    Como ya he contado en varios relatos, yo tenía una amante que se llamaba Gina. Teníamos una conexión muy fuerte y un sistema muy sólido también para realizar nuestras aventuras. Con las horas del trabajo como aliadas hacíamos de todo en un motel cercano, vivíamos un idilio prohibido.

    Gina tenía un novio, su único novio de toda la vida y el único que, aparte de mi, gozaba de su duro y menudo cuerpo. Era un buen tipo y solíamos salir con él en grupo a cualquier actividad social. Yo no sentía ningún tipo de culpa pero si era un poco raro cruzar palabras y risas con él mientras durante la semana había soltado largas descargas de semen espeso dentro de la boca de su novia. A veces hablando con él se me venían recuerdos puntuales de los últimos encuentros con Gina, cuando le metía dos dedos por el culo, cuando le ponía la correa de perro y la hacía caminar en cuatro patas por todo el cuarto.

    Era viernes y un grupo numeroso del trabajo decidió ir al apartamento de uno de los compañeros. El tipo había puesto su nuevo sitio a disposición de todos para pasar el rato y tras un par de cervezas avanzamos caminando hacia allá. Éramos como ocho personas entre quienes estaban, Luis y Verónica, que eran novios, Gina y su novio, el dueño del apartamento, yo y otro par que no recuerdo muy bien.

    Al llegar encontramos un sitio no muy acogedor para el número de personas. El apartamento contaba apenas con dos espacios. En un espacio estaba la cama, una cocina, un área de lavado y el otro espacio era un baño. Nos sentamos en la cama y empezamos a tomar cerveza y a charlar.

    Se había vuelto normal tener al novio de Gina en aquellas reuniones así que actuábamos con total naturalidad mientras el alcohol iba haciendo efecto. El dueño del apartamento amaba los videojuegos. Lo más lujoso de todo el sitio era una consola PlayStation 3, que para la época era lo mejor de lo mejor. Resultaba que el novio de Gina también era amante de los videojuegos así que en cierto momento se enfrascaron en un juego de pelea y dejaron de participar en la conversación.

    Yo salí por un momento del estrecho apartamento, a ver el interior del edificio. No era una construcción normal. Todos los apartamentos se situaban alrededor de un hall inmenso, tenía solo dos pisos pero era un espacio largo que ocupaba casi una cuadra. Nosotros estábamos en el segundo piso. A lo que salí del apartamento vi un largo corredor. En uno de los extremos había un espacio particular y caminé hasta allá. Era un balcón grande con unos muebles de cuero de color café, era fresco, mucho mejor que el apartamento, así que me quedé allí.

    Di un par de tragos a mi cerveza mirando la calle. Sentí unos pasos y vi que Gina, Luis y Verónica venían hacia el balcón.

    Gina llevaba una blusa blanca y una falda larga con unos estampados y una abertura que tras cada paso dejaba ver su firme muslo. Se acercaron a donde estaba yo y nos pusimos a charlar. La charla se tornó candente.

    – Yo podría con ustedes dos jajaja! – Dijo Gina refiriéndose a Luis y a mi.

    – Estoy seguro que sí – Respondí y todos reímos.

    Gina se fue acercando más y más a mi, un poco víctima del efecto de las cerveza y un poco sin importarle que Luis y Verónica se pudieran dar cuenta de que algo pasaba allí. Desde donde estábamos podíamos ver el largo pasillo en donde estaba el apartamento. En el apartamento estaba el novio de Gina y nuestro anfitrión atacando los controles del PlayStation.

    Di una rápida mirada por el pasillo, no vi a nadie venir, miré a Gina que me sonreía y planté mi boca sobre la suya. Me respondió y nos besamos en frente de Luis y Verónica. Ellos ya sabían que algo pasaba allí pero no dejaron de expresar su sorpresa por la situación.

    A partir de ese momento fueron cómplices. Gina y yo nos besabamos ebrios a pocos metros de su novio que estaba jugando videojuegos mientras Luis y Verónica se besaban también. Pronto estuvimos los cuatro juntos y las manos de todos exploraron los cuerpos de los demás. Con una mano yo sujetaba una nalga de Gina mientras con la otra masajeaba un seno de Verónica. Luis agarraba la otra nalga de Gina y con la otra mano apretaba una nalga de Verónica.

    Llevé a Gina al gran sillón de cuero café, ella se acostó, separó sus piernas y las levantó para dejar sus rodillas en alto y ampliar sus ángulos para mi. Metí una mano entre sus piernas, corrí su tanga e introduje dos dedos en su coño. Mi mano se empapó de sus fluidos.

    Desde mi posición tenía vista directa al pasillo por si el novio de Gina o alguien más aparecía. Pero no apareció nadie. Al voltear la mirada vi que Verónica estaba en la misma posición que Gina y Luis masajeaba sus partes sobre un apretado jean. Si bien interactuaban entre ellos Luis y Verónica permanecían atentos a lo que hacíamos Gina y yo. Frente a todos saqué mi mano del coño de Gina y llevé los dedos a mi boca. Viendo directamente a los ojos de Gina saboreé los jugos de su vagina húmeda.

    Se hacía tarde y tenía que llegar a casa con mi chica. Como todo fue más bien un juego no tuve oportunidad de venirme así que me fui a tomar un taxi con el pene duro. Bajé al primer piso y al salir a la calle subí la mirada para ver a Gina y a Verónica mirándome.

    – ¿Lo vas a dejar ir así? – Le dijo Verónica a Gina.

    – Lo calenté para ella – Le respondió Gina refiriéndose a la chica que me esperaba en casa.

    Llegué a mi casa a punto de explotar. Mi chica estaba acostada, dormida boca abajo, tenía una bata morada como pijama y se le asomaban las nalgas. Me quité la ropa y me puse en cuatro frente a su culo. Ella solía dormir sin ropa interior así que no tuve obstáculo alguno, mi lengua se buscó lugar entre sus nalgas y se adentró en su ano.

    Ella se levantó exaltada, me miró asustada tratando de racionalizar la situación. No dije nada, me acerqué, la besé y dirigí su cuerpo para que se pusiera en cuatro. Le metí la verga, sus nalgas grandes rebotaban contra mi tras cada empujón. No tardé mucho en venirme, ya venía casi listo del balcón aquel. Cuando sentí que me venía saqué mi falo y lo puse entre sus nalgas para contener mi líquido en algún lado y no hacer un desastre pero fue inútil, el primer chorro se disparó a presión y fue a reventar contra la pared, contra la almohada, contra su cabello y su pijama. Se quejó por ello y se fue a bañar mientras yo descansaba ya con la verga flácida.

    – Fue tremendo lo del viernes – Le escribí a Gina el lunes en la mañana.

    – Sí, super loco, mi novio estaba ahí cerquita, que peligro – Respondió.

    – No te importó mucho jajaja

    – es que estaba muy arrecha, ellos mirándonos… ufff.

    – Pero no terminamos como siempre, me quedó faltando más

    – ufff a mi también, llegué a la casa y lo hice con mi novio pensando que eras tú

    -¿Vamos al motel al medio día?

    -dale

    Así fue. Como siempre nos encontramos en la esquina cerca al trabajo y tomamos un taxi con dirección al motel de siempre. Nos bajamos del taxi y pedimos una habitación sencilla. Nos dieron una habitación lejana, supongo que fue porque estaban limpiando las otras habitaciones, si bien el medio día es un momento estratégico para las parejas furtivas no es una hora muy frecuentada. En el camino yo iba tocándole el culo a Gina, ella juguetona me quitaba la mano.

    Su teléfono sonó y paró en seco. Estando detrás de ella pude ver la pantalla del móvil, era su novio.

    -Tengo que contestar – Me dijo.

    -Contesta – le dije.

    Abrí la puerta de la habitación mientras Gina contestaba su teléfono.

    -Hola baby – Dijo.

    -…

    -Sí, estoy comprando una blusa en el centro comercial

    -…

    -no, como se te ocurre

    – Si ahora que llegue almuerzo

    Su novio no quería colgar. Ya yo me había quitado la ropa en completo silencio y ella seguía de pie junto a la puerta manejando la situación. Me acerqué y empecé a tocarla. Suspiró. Se dio cuenta de lo que había hecho y me empujó para que me alejara. Yo insistí. Bajé su pantalón y le hice darse vuelta, su cabeza quedó pegada a la puerta. Llevaba una tanga tipo hilo de color negro, lo corrí y empecé a mamarle el culo.

    Por un espejo al costado podía ver como apretaba la cara mientras seguía hablando con su novio.

    – Si mi amor

    – …

    – Sí, este sábado con tu mamá

    – …

    – Dale, chao

    Por fin colgó y lo siguiente fue quitarse la ropa, se arrodilló, sujetó su pelo en una moña y empezó a comerse mi verga. La llevé a la cama para continuar en aquello. Encima de la cama había un espejo gigante. Me acosté boca arriba y Gina se puso en cuatro frente a mi verga. Podía ver en el espejo el movimiento de su cabeza, su espalda arqueada y sus nalgas duras, le pedí que las moviera un poco.

    Tiramos como siempre, compenetrados. Pasada una hora terminamos. Nos bañamos, nos vestimos y volvimos al trabajo. Me bajé del taxi una cuadra antes para llegar con cierta diferencia de tiempo y evitar sospechas de algún curioso. El método funcionaba.

  • Situación difícil para mi, en las duchas

    Situación difícil para mi, en las duchas

    Hola. Mi nombre es Luis Alberto, tengo 18 años y he decidido darme de alta en este portal, para contar una historia real que estoy viviendo, en estos momentos de mi vida, para saber cual es vuestra opinión sobre este tema y que debería hacer.

    Eso sí, recalco, que lo que quiero es saber vuestra opinión de mis actos, pero también espero que os guste, el morbo de las situaciones.

    Como ya he dicho me llamo Luis Alberto y hace poco empecé el curso de segundo de bachillerato, del itinerario científico. No soy un estudiante ejemplar, pero tampoco se me dan mal los exámenes, en excepción de los de matemáticas, como a casi todos.

    Respecto a mi soy un chico bastante tímido y sin muchos amigos, pero suelo caer bien, en general. Físicamente soy bajito y no tengo una cara atractiva, de hecho, sufro de una enfermedad visual, llamada glaucoma, que hace que mis ojos sean bastante repugnantes. Además de reducir considerablemente mi capacidad visual, ya que para ver bien un objeto tengo que mirarlo fijamente y con la cabeza recta.

    El tema es el siguiente, en nuestro curso básicamente solo tengo un amigo con el que me hablo, puesto que solamente él y yo, fuimos los únicos chicos que pasamos primero de bachillerato, todos los demás o se fueron o repitieron. Así que, la situación es esta 2 chicos en una clase de 22 alumnos. Eso sí, la clase se puede llenar en según que asignaturas por repetidores de segundo de bachillerato del curso pasado. Sin embargo, esto no nos concierne.

    Mi compañero y amigo, se llama Víctor y es un buen tío. Muy alto, al menos de 1,90 y se parece bastante en mi, en lo referente a la personalidad, es decir es algo tímido y poco sociable. Ahora bien, es bastante más inteligente y mucho más guapo que yo. Es un tipo que me cae bien y que a pesar sus virtudes, más cuantiosas que las mías, no hace ostentación de las mismas. Aunque, alguna vez no he podido evitar sentir algo de envidia, pero aun así me cae bien y le deseo lo mejor.

    La situación es la siguiente, nuestro segundo de bachillerato tiene la asignatura de educación física como obligatoria, ya sé que hay muchos centros que en este curso no la imparten, pero en el que yo voy sí, lo cual me es molesto, porque a mí nunca me ha agradado esta asignatura. Siempre se me ha dado falta y sea cual sea la actividad a realizar, yo siempre quedo el ultimo o por allí. Y también otro inconveniente que tiene para mí y que por eso estoy escribiendo este relato, es que nos tengamos que cambiar de ropa en los vestuarios, después de la clase. Pues como ya he dicho. Soy bastante tímido y sobre todo muy pudoroso. De hecho, me da vergüenza hasta quedarme en calzoncillos en el vestuario. Por eso siempre que hago educación física, suelo llevar una sudadera bastante larga, para que cuando me quite los pantalones, nadie me vea los calzoncillos.

    El tema está en que en primero de bachillerato, la profesora de educación física era muy buena, ya que su nivel de exigencia era mínimo y en sus clases apenas sudábamos, por no decir que no sudábamos ni una gota. Era una de esas profesoras con muy poca autoridad, y apenas sabia dirigir la clase. Y nunca se fijaba si nos cambiamos o no de ropa. Aunque yo, por respeto a la normativa, siempre lo hiciera.

    Este segundo año el profesor es diferente, es buen tipo, pero te hace sudar la gota gorda. Y lo que más me molesto de él es que en el día de presentación, nos dijo que la higiene era un tema muy importante y que era completamente obligatorio: ducharse y cambiarse toda la ropa! Lo cual me dejo helado.

    La situación fue que le dio por decir esta norma que, obviamente, era obligatorio tanto para chicas y para chicos. En este curso de educación física, solamente somos 2 chicos: yo y mi compañero Víctor. Respecto a Víctor decir que él también es un chico pudoroso, pues el año pasado no se cambio de ropa ni una sola vez en todo el curso. Yo al menos me cambiaba la sudadera y los pantalones. Y eso me tranquilizaba porque así sentía que no estaba solo. Él tampoco sabía que yo era tan pudoroso.

    Al final de la clase de presentación, nos dirigimos él y yo a recoger las mochilas a los vestuarios y justo en ese momento, entro el profesor de educación física, que por cierto se llama Manuel.

    Y fue allí cuando nos recalcó que la higiene era un tema delicado y que de ninguna forma iba a permitir que algún alumno la burlase. Ya que otro profesor, compañero de él. Ya le aviso que alguna vez tuvo quejas de otros profesores de otras asignaturas de que los chicos no se duchaban y que eso a la hora de la clase se notaba. Y que por tanto no iba a permitir que se reputación quedase manchada. Entonces, nos dijo claramente que notaba alguna sospecha de que no nos duchábamos, seria capaz de entrar en el vestuario para comprobarlo. Lo cual me dejo petrificado. Él no paraba de decir que le prometiéramos que: por favor, haced el favor de ducharos. Y creo que a la tercera vez que nos lo dijo, Víctor dijo:- Vale, sí nos ducharemos. A lo que él contesto:-entendido, espero no encontrarme con sorpresas.

    Nos fuimos a la siguiente clase, la cual era la última del día y era la de tutoría. Yo solamente pensaba en la clase de educación física, Víctor es muy pudoroso así que supuse que cuando dijo que no había ningún problema en ducharnos, lo dijo para hacer callar la profe. Porque yo lo tenía clarísimo, ni él ni yo nos íbamos a duchar. Cada uno tiene sus cosas y las nuestras son que somos muy vergonzosos. Lástima que esta razón no sea suficiente para impedir hacer educación física o para no obligar a los alumnos a cambiarse y ducharse, ya que como ya sabéis y más de uno lo entenderá, si dices que no me cambio a educación física por vergüenza, lo más probable es que no te tomen en serio y que aun estén más pendientes de ti, para vigilar que te cambies, en vez de aceptar tu problema.

    Sin más dilación, paso la semana y llego el día. (solamente hacemos gimnasia una vez por semana, durante 2 horas). Yo ese día lleve todo el materia necesario, para darme una ducha y pensé que como mucho, fingiría dármela, es decir si la situación era irremediable por lo que fuese, iría en calzoncillos a la ducha y me mojaría el pelo y ya esta. No le había dicho nada a Víctor de estos temores y yo suponía en todo momento que haría lo mismo que yo. Ahora bien yo tenia pensado una estrategia. Cuando finalizase la clase y fuéramos a los vestuarios, entonces yo iria rápido en quitarme la sudadera, el pantalón y de ponerme la toalla. Y sería justo en ese momento que le diría a Víctor:- te importa que sea yo el que vaya primero a la ducha? Esa era la frase clave y esperaba que contestase que sí. Cualquier otra respuesta podía ponerme la piel de gallina.

    Y entonces llego el momento, después de una intensa clase de gimnasia y de haber quedado sudados completamente sudados. Víctor y yo fuimos a los vestuarios y seguí mí estrategia. Rápidamente me quite la sudadera y los pantalones y seguidamente cogí la toalla. Y le pregunte a Víctor:- Te importa que vaya la ducha primero? Ël se quedo parado y tardo 1 segundo a contestar:- a vale, sí. Ufff, esa es la expresión que paso por mi mente en ese momento, fue el gran alivio que tanto llevaba esperando.

    Me fui a la ducha, con la toalla puesta y los calzoncillos también. Y logre ducharme sin quitarme los gayumbos y con la mirada puesta en la entrada de las duchas, por si a Víctor le daba por aparecer, que yo en todo momento, pensaba que no lo haría ya que es un tipo de lo más respetuoso.

    Me duche, me enrolle la toalla y me dirigí a los bancos. Allí Víctor estaba sentado y con en toalla, cuando llegue a mi mochila, que estaba justo a lado de la suya y que él a la vez estaba al lado de la misma. Se puso de pie y se fue a las duchas.

    Mientras Víctor estaba en la ducha, aproveche para cambiarme el calzoncillo y ponerme la ropa limpia. Y es que ese era la mejor parte del plan. Ducharme yo primero para que cuando fuese Víctor, poder cambiarme sin la presencia de nadie en la sala de los bancos. Y así paso, estaba muy aliviado por haberme cambiado sin haber tenido que sufrir ninguna mirada. Y también, estaba muy contento con Víctor, porque ahora ya había visto que él también esta en la misma situación que yo. Cuando le pedido que me dejase ir primero y me lo ha permitido, es porque él sabe que somos muy pudorosos y que por tanto tendremos un respecto mutuo de ambos. Ahora cuando el volviese de la ducha, me pedirá que me gire o que me ponga en una posición para que no le pueda ver. Mientas tanto, yo me entretenía viendo el Twitter.

    Víctor salió de la ducha y vi que se dirigía hacia su mochila, la cual estaba justo un metro a la izquierda de mí. Espere que me dijera que quería sobreguardar su intimidad, mientras yo seguía mirando el móvil.

    Y es aquí cuando llega el momento cumbre, cuando Víctor llego a su mochila, se quito la toalla y empezó a secarse con la misma… Se me corto la respiración, porque la situación ya no era la esperada. He de decir que yo no tenia a la vista el cuerpo de Víctor. Hubiese tenido que mover la cabeza hacia la derecha para verlo, pero evidentemente no lo hice. No quería tener problemas con él y no quería que viese que yo le miraba mientras se secaba. Pero la situación fue agónica.

    Entonces por un momento se me llego a pasar por la cabeza que Víctor, estaba en calzoncillos, como yo al llegar. Pero no, porque recordaba haber mirado la ropa sucia de Víctor mientras él se duchaba, y me fije que había sus calzoncillos usados por allí.

    Vaya situación se me había presentado, Víctor secándose desnudo a mi derecha! No daba crédito. Y la verdad, es que quería mirar, quería girar la cabeza y mirar como era su cuerpo. Antes, cuando salí de la ducha, había podido apreciarlo en toalla y sinceramente a mi me impresiono. Sobre todo por su altura, ya que yo soy muy bajito, y al ver lo grande que era, ese cuerpo me dejo sorprendido. Pero no mire, no soy descarado y decidí mantener mi mirada al móvil.

    Víctor acabo de secarse, se puso los calzoncillos y seguidamente el resto de la ropa. Mientras se vestía fue cuando pude apreciar que efectivamente Víctor se estaba secando sin calzoncillos que cubriesen su desnudez. No le vi nada de sus partes intimas, pero por los gestos que realizo, pude apreciar que efectivamente no se quito ningún calzoncillo después de secarse.

    Salimos del vestuario y allí nos encontramos a Manuel, el cual hizo su chequeo de si nos habíamos duchado y cambiado. Simplemente miro nuestro pelo y nuestra ropa y nos dijo que Ok.

    Yo ese día estuve muy pensativo sobre lo que había sucedido. Víctor en bolas a mi derecha y yo pudiendo verle el pene en cualquier momento. ¿Y si hubiese levantado la mirada y hubiese mirado? ¿Se habría enfadado? ¿Se hubiese cubierto las partes? ¿Me hubiese pedido que yo le enseñase mi pene para estar en paz? ¿Cómo pudo hacer con esa naturalidad? Es un chico tímido como yo ¿A lo mejor no es pudoroso? o ¿a lo mejor piensa que hay confianza? O como sabe que no veo bien de la vista, ¿Piensa que no podría verle sus partes con nitidez?… Al fin un millón de preguntas relacionadas con este tema. No obstante, mientras pensaba en todo ello, yo no podía contener algo de excitación, así que hubo momentos en que se me puso dura. ¿Sere gay? Pero no puede ser a mi las tías me parecen atractivas. ¿Seré bisexual? Todo un galimatías…

    Ahora es cuando voy a la siguiente semana y precisamente es esta donde se produce lo que más me llamo la atención y por la cual estoy escribiendo este relato.

    Vamos directamente a clase de educación física. Concretamente una vez finaliza esta. Una vez hemos acabado los ejercicios de ese día. Nos vamos al vestuario y a las duchas. Debo decir que no siempre tenemos los mismos vestuarios en educación física. Tenemos tres, y los vamos cambiando según la disponibilidad que tangamos, con otros grupos de formación profesional. Nosotros ya nos conocemos los tres, por la educación física del año pasado.

    En el de esta semana, hay primero una zona de bancos que tiene forma rectangular, donde los bancos están pegados en la pared y luego hay un pasillo que va a una sala rectangular como la de los bancos, donde hay las duchas acopladas en las paredes, y dos muros de un metro de altura que sirve como protector de miradas, cada uno en un lado.

    El tema esta en que los bancos estaban ocupados por cajas de cartón y solamente una renglera estaba disponible, que era la del fondo. Que es donde nos situamos para dejar las mochilas y las bolsas de gimnasio.

    El tema estaba en que esa renglera de bancos estaba cubierta por una estantería que iba de un extremo hacia el otro. Y esa estantería estaba a 1,70 metros de altura (aproximadamente). Yo mido 1,60 metros, así que las estanterías quedan por encima de mi, pero Víctor mide 1,90 metros y por tanto su cabeza queda por encima de la estantería. Entonces, cuando yo me siento en el banco para dejar el equipaje, a Víctor le da por decir:-yo lo dejo aquí arriba que me queda más cerca. Lo cual es lógico.

    Sin embargo, vi en seguida donde estaba el problema. Si volviéramos a repetir lo mismo que lo de la semana anterior, la cabeza de Víctor estaría por encima de la estantería y yo estaría debajo de la misma. Con lo cual, no habría contacto visual en ningún momento entre yo y él. Y por tanto en caso de mover la cabeza hacia la izquierda, entonces yo podría ver a Víctor tal y como él saliera de la ducha! Aunque, estaba convencido que esta vez, dada esta situación, Víctor me pediría que no mirara o algo así. Yo, en mi mente, solo pedía que me dejase duchar primero como la ultima vez.

    Llegamos al vestuario y yo hice como el anterior día. Me quite la sudadera y luego el pantalón chandal, me puse la toalla, cogí el jabón y le pregunte a Víctor si le parecía bien que yo fuese primero y luego él. Y me volvió a contestar que sí. Respuesta que me puso contento. Mientras me duche, lo hice como la ultima vez, me duche en calzoncillos y mirando en todo momento el acceso a las duchas por si a Víctor le daba por aparecer. Pero no apareció, como ya suponía es un tipo de lo más respetuoso.

    Me acabe de duchar y fui a la sala de los bancos, donde Víctor se encontraba de pie frente la estantería y en toalla. Ese momento puede contemplar su espalda al completo y me fije que tenia algunos granos en la parte superior. Me oyó, se giro, me pregunto si ya estaba, lo cual era evidente y se fue a la ducha. Una vez desapareció de mi campo visual, me quite los calzoncillos que llevaba, me puse los limpios y el resto de la ropa. Esta vez yo no podía ver el equipaje de Víctor, ya que lo tenía encima de la estantería de 1,70 metros de altura. Me senté en el banco y empecé a ver el Twitter en el móvil, como la última vez.

    Ante todo yo, ya estaba aliviado, por como habían ido las cosas. Pues mi intimidad sigue entera por segunda semana y eso a mi me alivia mucho. Estaba respaldado en la pared, viendo el móvil y esperando que Víctor volviese de la ducha. Esta vez, dada la situación estoy seguro que Víctor me iba a pedir que me levantara y girase la cabeza para que no tuviese contacto visual de él, mientras se vestía.

    Y Llego el momento, oí como Víctor salía de la ducha y lo vi con la toalla cubriéndolo de cintura hacia abajo y con un neceser en la mano izquierda. Se estaba aproximando, hasta que llego a su sitio en la estantería. Esta vez lo volvía a tener a mi izquierda como la anterior vez, pero algo más cerca, solamente a medio metro de mi.

    Yo estaba esperando que me dijese algo y entonces. Tachan, tanchan. Se quito la toalla. Y empezó a secarse la barriga y luego el pecho. Yo ya tenia la respiración cortada en ese momento. Aun no le había visto nada, porque la toalla que llevaba era muy extensa y le cubra sobradamente hasta la mitad de las piernas. Pero justo en ese instante, empieza a secarse la espalda.

    Es en ese momento, cuando tengo su pene a menos de un metro de mis ojos. Y dios mío, vaya pedazo de polla tiene. Grande no, gigantesca tal vez, pero desde mi punto de vista, yo la categorizaría de monstruosa. Mi mirada se quedo pegada ante tal asombroso miembro, que entre otras cosas a destacar era muy muy peludo. Tan peludo que me atrevería decir que hay más pelo entre las piernas de Víctor que en toda mi cabeza. De vez en cuando mi mirada se dirigía un instante hacia arriba para comprobar que Víctor no me miraba, pero al cabo de un nanosegundo volvía a bajarla para seguir contemplando tal prodigio. Santo dios creo que solo tres centímetros de distancia había entre las rodillas de Víctor y él capullo de su miembro, el cual no estaba operado de fimosis. Era bastante grueso y tenía un pequeño granito en el medio.

    Era una situación altamente excitante para mí y según podía comprobar Víctor no paraba de secarse con la toalla, había pasado un minuto ya desde su exhibición, Y él no me veía a mi.

    Hubo un momento en que se me paso por la cabeza la espeluznante idea de hacerle una fotografía con el móvil. Así podría contemplar el pene de Víctor, cuando quisiese. Pero la verdad, me parecía una idea muy injusta y que no tenía ningún tipo perdón. Es decir, Víctor me permite salvaguardar mi intimidad hasta el punto en que ni siquiera tengo que mostrarme en calzoncillos en su presencia, y yo voy y le hago una foto de sus partes. Era una acción demasiada impura para mi conciencia. Aunque la verdad tenía ganas de hacérsela.

    Víctor paro de secarse y luego empezó a ponerse el desodorante, mientras seguía con la polla al aire. Me parecía una situación de lo más anormal. ¿Cómo podía Víctor estar tan tranquilo con su monstruosa tranca al aire? Además el había visto mientras regresaba de la ducha que yo tenía el móvil en mi mano, ¿Cómo podía estar seguro de que no le fotografiaría? ¿A lo mejor la idea de fotografiarlo? ¿Era una locura que solo a mí se me pasaba por cabeza? ¿Estoy mal de la cabeza?…

    Finalmente Víctor se puso el calzoncillo y acabo de vestirse. Recogió sus cosas de encima la estantería y nos fuimos. Manuel, el profe, volvió a chequearnos, para comprobar que habíamos seguido las medidas de higiene y nos fuimos a la siguiente clase. Tutoría. Mientras fuimos yo no me atreví a decirle nada a Víctor. No veía ningún tema de conversación para romper el hielo. En mi mente, cuando cerraba los ojos, seguí viendo la polla de Víctor. Sinceramente, no me reconocía, no asimilaba lo que había pasado. ¿Un tipo tan pudoroso como Víctor en bolas a medio metro a la izquierda de mi cara? Aquí había algo que no cuadraba.

    Antes de empezar la clase de tutoría, Víctor empezó a dar conversación sobre una serie que emitían en la tele ese día. Y yo también entre en la conversación, para romper el hielo que yo tenía en mi mente.

    El día acabo y nos fuimos a casa. Esa noche le conté a mi hermano, todo lo que había pasado, detalle a detalle, tal y como lo he explicado en el relato. Solamente, omití la parte del deseo de hacerle una fotografía con el móvil, pero todo lo demás fue contado con pelos y señales. Mi hermano no es un tipo pudoroso como yo y ya sabía de días atrás de la situación en que me encontraba. Siempre me decía que no tenía que preocuparme por estas situaciones, que lo mejor que podía hacer, era despelotarme en el vestuario e ir a la ducha en bolas y volver de la ducha en bolas mojadas. Lo que más me llamo la situación es que cuando le dije que Víctor se había quedado casi frente a mí con la polla al aire durante 2 minutos, mi hermano me dijo:-Luis, hermano, pero por qué no le hiciste una fotografía a esa polla que tan monstruosa afirmas que es, yo también quiero ver esa polla tan monstruosa.

    -A lo que conteste:- Pero no quiero meter a Víctor en un tormento, y ni yo quiero meterme en un marrón- Mi hermano me dijo entonces:- ¿Marrón? Por favor Luis, mientras no publiques ni difundas la imagen, nunca te pasara nada ni a ti, ni a Víctor. ¿Crees que serias el primero en hacerlo?, Vamos vamos Luis, con lo que gusta mirar, dudo que haya un solo vestuario en el mundo, donde al menos, un individuo, saque imágenes de la gente en bolas del mismo-. Esta ultima frase me dejo petrificado. Yo nunca lo haría, la verdad me parece algo muy fuerte.

    Y es aquí donde termino este relato. Ya hace algún tiempo que empezó el curso y ha habido más situaciones desde entonces. Si les interesa este primer relato, a lo mejor cuento alguna que otras más. Pero lo que realmente quisiera son vuestras opiniones sobre todo esto.

    ¿Creéis que debería tomar una fotografía del pene de Víctor?

    ¿Cómo puedo quitarme el pudor de encima?

    ¿Es normal que un tipo como Víctor se despelote en el vestuario?

    … Muchas gracias

  • Un inconveniente afortunado

    Un inconveniente afortunado

    No había visto a Laura en dos años, hasta aquel encuentro casual en el subte. La empresa donde trabajamos juntos, una pequeña firma de veinte empleados tenía un ambiente laboral tóxico, a veces hasta violento. Moldeado a la personalidad de su dueño, Francisco. O mejor dicho Francesco. Un tano sanguíneo y gritón, disconformista y de carácter difícil. Se le ocurrió que quería un manager profesional para poner para ordenar su empresa la cual creía era un caos. El problema que pronto descubrí es que en realidad la fuente del caos era el mismo. Traté de hacer lo mío por un tiempo, pero pronto le di la mano con cortesía y frialdad y me fui a buscar nuevos horizontes. Nada relevante podía ser corregido.

    Desde el primer día Laura me calentaba a sobremanera. Rubia, ojos azules penetrantes, un carácter extrovertido y divertido, y un sentido del humor ácido, igual al mío. Su rostro anguloso pero de bellos rasgos. Su boca amplia y sus dientes blancos fueron hechos para reír. Pero por sobre todo Laura tenía un tremendo par de tetas. Increíbles. Y sabía vestirlas bien, en parte también para distraer la atención de su cola quizás algo grande, y su contextura más bien robusta. Tampoco era muy alta. Debía medir alrededor de 1.55. Nos llevábamos bien y ella claramente se daba cuenta de lo que me producía. Nuestro sentido de la ironía y gusto por los comentarios de doble sentido nos mantuvieron siempre en tensión sexual.

    De cualquier manera, más allá de los frecuentes flirteos, lo cierto es que mi cabeza (la de arriba) siempre primó. A los 48, casado y con hijos, estuve siempre entreverado con el sexo recreativo, pero le daba este carácter con rigor: sin lazos sentimentales posibles y a eso ayuda una sana distancia. Muy difícil con una compañera de trabajo. Y menos en un ambiente laboral, que como dije no era el mejor. Había empleados que ni siquiera se dirigían la palabra entre ellos y escándalos de amoríos e infidelidades cinematográficos, entre otras cosas. Y yo debía ganarme y ejercer autoridad en ese quilombo. Con experiencia en esos menesteres, sabía que avanzar a Laura era una receta para el desastre. Mas aún con una chica de 32, soltera y sin pareja estable, de las que extienden quizás un poco más de la cuenta los años de boliche y sexo casual, pero que en un plano íntimo sienten añoran una relación duradera.

    Pero ese día en el subte, en el mismo trayecto que habitualmente compartíamos a salida de la oficina, liberado de aquella otra carga, pensé que quizás debía aprovechar la suerte y tratar de avanzar en una aventura.

    – Jorge, ¡tanto tiempo!

    – Hola Lau, ¿cómo estás? ¿Qué es de tú vida? ¿Seguís con ese desgraciado?

    – Si, no me hables. Cada vez peor, pero el sueldo lo sigue pagando y no tengo otra.

    Cierto, la eterna crisis económica de mi país no trata a todos por igual. A ella peor que a mí. Conversamos de esto, de aquello y de la vida. Aunque la notaba un poco extraña. Quizás dispersa.

    – ¿Te sentís bien?

    – Si… No, bueno, me peleé a los gritos con el Tano y me fui dando un portazo… Nada nuevo.

    Exactamente así, ese tipo de situaciones no eran infrecuentes es esa oficina.

    – Tranquila. Ya sabes como es. Y así de sorete igual no echa a nadie. Solo maltrata. El corte lo pones vos cuando decidís hacerlo. Lo hablamos muchas veces. – “¡Listo!” pensé. Era mi oportunidad. “Le invito un café con la excusa de charlar sobre eso y vemos a donde llego.”

    – Si – dijo dubitativa – bueno en realidad… pero el caso es que ya tenía que ir al baño hace rato, me fui en la bronca de la discusión y me estoy re-meando.

    Esto último lo agregó susurrado al oído, estirando un poco el cuello, ya que le llevo 15 centímetros. Estábamos parados uno frente a otro, en el vagón que ya iba bastante lleno. En el espacio reducido apoyaba circunstancialmente sus tremendas lolas sobre mi pecho. Vestía una blusa blanca, que las contenía con algo de esfuerzo en sus botones y con la ayuda de un corpiño que se adivinaba de encaje blanco. Su largo llegaba apenas hasta la cintura insinuando algo de piel arriba del jean celeste lavado muy ajustado.

    – Che, ¡pero es corto el viaje! ¿Tomaste mucho café?

    – No ni había. Tomé dos de esos tecitos de hierbas que supuestamente te calman los nervios.

    – ¿Los del sobrecito lila?

    – ¡Si esos! Los que te gustaban a vos.

    – ¡No boluda! ¡Son diuréticos! A mí me hacían mear todo el tiempo…Bueno, tranquila. Mejor sigamos charlando de otras cosas así te distraés.

    Todo el diálogo fue también al oído, casi abrazándonos. Aunque prudentemente trataba de tener mi cintura separada. Mi erección ya podría ser perceptible. Con Laura en el subte era la norma. Conversando cerquita por el gentío como a punto de chapar, no colaboraba en mi esfuerzo por no calentarme con ella. Pero los movimientos nerviosos de sus piernas ya claramente no tenían que ver con mantener el equilibrio en el movimiento del subte, y ocasionalmente descansaba el peso en una cruzando la otra con fuerza, inclinándose levemente hacia adelante, y en consecuencia volviendo a descansar suavemente sus pechos en el mío. Por un momento, en una breve y furtiva mirada a sus tetas (siempre había breves y furtivas mirada a sus tetas cuando la tenía cerca) me pareció que sus pezones ahora se marcaban en las prendas que los contenían. “Que cagada” pensaba. “que oportunidad para aun café casual cerca de su parada y esta mina tiene la cabeza en correr a su casa al baño… bueno, igual el reencuentro es una buena justificación para chatear mañana ver qué onda”.

    De cualquier manera la conversación «de otras cosas» duró poco. La formación frenó y se detuvo entre estaciones. Nada raro en la hora pico.

    – ¡No te puedo creer! ¡Justo ahora, la puta madre! – Dijo nerviosa.

    Los siguientes minutos nos quedamos en silencio.

    – Arrancá subte de mierda. – murmuró apretando los dientes.

    – ¿Tan mal Lau? – Una idea para intentar aprovecharme de su problema me vino a la cabeza.

    – Peor. No aguanto más Jorge. ¡Me meo encima! ¿Qué hago? – me susurra casi entre lágrimas.

    – Bueno a ver…… primero: colgá la cartera en la otra mano. Yo me quedo cerquita tuyo, y la otra mano, que tenés de lado de la puerta, no se ve. Desabrochate el botón del pantalón para aflojar un poco la vejiga porque en ese jean te queda de infarto pero parece que te lo calzaron a presión.

    – Me van a ver.

    – Te digo que no. – Ella estaba con su espalda sobre las divisiones que separan las puertas de los asientos y su derecha sobre la puerta, yo a su frente. Es interesante como en un lugar abarrotado de gente hay determinados espacios de intimidad. Bien lo saben los pungas.

    – ¿Y cuándo se abra la puerta?

    – En próxima estación se baja del otro lado, no de este.

    – ¿Y la siguiente?

    – Y la siguiente bajamos.

    – ¿Bajamos? ¿Y a dónde voy? ¿Hay algún café… fff…. – inspiró profundo y contuvo la respiración, me apoyó la cabeza en el hombro, y percibí su cuerpo temblar con el esfuerzo. También pude ver que se colocaba la mano en la entrepierna. Exhaló al poder controlarse. – No puedo, Jorge, no aguanto más… te decía, ¿Sabés de un café cerca?

    – Ningún café. A un departamento mío. ¿Viste lo que te venía contando? ¿Qué ahora estoy invirtiendo en departamentos viejos y reciclándolos para ganarme la vida? Bueno, uno que acabo de terminar y estoy sacando a la venta esta justo a la salida de esta estación de subte. Está vacío, ni papel higiénico hay, pero no creo que te importe. – Era mi carta. Quizás hasta le podía avanzar allí mismo.

    – ¡Genio! …. El asunto es que llegue. Creo que si esto no arranca en cinco minutos me hago. No sé cómo voy a caminar así por la estación. ¡Y esta mierda sigue parada!

    – Tranqui. Obvio que vas a poder.

    Por el altoparlante anunciaron que había un desperfecto en la formación que nos precedía y que en breves minutos se liberaba la línea. Lo que esto significaba, ya que era algo demasiado común), es que bajaban todo el pasaje del tren de adelante, y lo hacían seguir solo con el motorman, para desviarlo al taller más adelante. Eso significaba que toda la gente que había descendido iba a pretender abordar nuestra formación. En la hora pico, significaba que íbamos a estar apretados como sardinas. Los “breves” minutos fueron veinte. Laura conversaba cada vez menos y su frente traspiraba un poco. Finalmente, con un traqueteo el tren se puso en marcha y avanzo a la siguiente parada. Allí el subte se llenó al máximo. Ya no era necesario sostenerme en algún barral. La presión del gentío me sostenía de pie. Laura realmente la estaba pasando mal. Mi pelvis quedó inevitablemente apoyada contra su mano, que mantenía cerca su entrepierna. Era imposible que no sintiera mi erección. Una descortesía, pero inevitable. Descansó su cabeza levemente sobre mi hombro, respirando profundo. “Please cuidado con mi pantalón”, estuve a punto de decir una de mis bromas ácidas pero ya hubiera sido cruel. En cambio, deslicé una mano hasta colocarla en su cintura (lo más parecido a un abrazo que me permitía el apretujamiento), más en un gesto de empatía que de sensualidad. Una cosa es el deseo, pero Laura era una buena mina y yo no era tan hijo de puta.

    – ¿Y cuándo bajemos, es muy lejos? – me susurra.

    – Salimos al andén, tenemos una escalera mecánica corta, luego atravesamos el patio frente a la boletería. Todo este tramo hay gente. Giramos en un pasillo y subimos otra escalera mecánica larga, allí generalmente no hay nadie. Luego otro tramo de escalera común, salimos a una plaza seca, unos metros más y llegamos a la calle. Contiguo a esta está el edificio, no hay portero y generalmente no hay gente, y debemos llegar al segundo piso.

    – Ok. Abrochame el pantalón.

    – ¿Qué?

    – Yo no puedo, tengo una mano con la cartera, y con la otra sola no puedo.

    Maniobré mis manos furtivamente en el ínfimo espacio hasta sujetar ambos lados de prenda, encontrándome con su mano que también estaba por allí. Los ceñí mientras exhalaba, y luego le subí el cierre. Llegábamos a la estación y la puerta se abrió a nuestro lado. Mas que bajarnos, la presión de la gente nos empujó al andén. La tomé del brazo y caminamos en silencio, ella con pasos muy cortos y nerviosos, por el andén. Luego subimos la primera escalera mecánica, cruzamos el patio de la boletería. Giramos en el corredor, avanzamos hasta la segunda escalera mecánica, donde como había anticipado no había nadie. Al subirse delante de mí Laura lanzó un quejido, puso ambas manos en su entrepierna con fuerza, y se agachó hasta quedar casi en cuclillas. Yo estaba un escalón más abajo tras ella, con lo cual apoyo ahora su culo en mi verga. Llegamos arriba, y rodeé su hombro con mi brazo para acompañarla en la escalera, que ella subió con ambas manos en su entrepierna, atenta a que nos pudiéramos cruzar con gente. Cuando salimos a la plaza seca procuró normalizar su postura al caminar, y podía sentir la tensión en todo su cuerpo. Abrimos a la puerta de calle (ya tenía la llave lista en mi mano), fuimos hasta los ascensores…

    – ¡No, no, no!

    Ninguno estaba en planta baja. Laura movía rápidamente sus piernas golpeando los pies en el piso. La acompañé finalmente dentro del ascensor.

    – Ayyy… – Laura se pone en cuclillas dando respiraciones cortas y profundas.

    Llegamos, y corre por el pasillo delante de mí, con trancos cortos hasta que llegamos a la última puerta la cual abro de sin demora.

    – ¡Ahí, a la izquierda!

    Laura corre, apenas entorna la puerta del baño y en un segundo la escucho descargar el meo más largo y fuerte que vi en mi vida. Por Dios como debía estar de llena la vejiga de esa mujer.

    Enciende la luz de baño y la escucho suspirar relajada.

    – ¿Mejor Lau? Llegaste.

    – Si boludo. O no tanto.

    – ¿No tanto?

    – Mi pantalón esta mojado, la toallita está saturada y mi bombacha es un enchastre y desbordó bastante al pantalón. ¿Tenes algo para secarlas?

    – Y… no. Habrás visto que el departamento está vacío. – Literalmente. Vacío, recién terminado, y preparado para ser mostrado para la venta.

    – No, imaginate que no vi nada. – su tono mostraba que recuperaba algo de su alegría habitual.

    -Ya sé. Pasámelos los pongo al lado del termotanque que está encendido. En 30 minutos se

    Con el calorcito y la ventilación se secan lo suficiente. Al menos el jean….

    Me los pasa entreabriendo la puerta, los voy a colgar en ese lugar. “Que mierda”, pensé. “Acá en el departamento solos, pero con Laura habiendo pasado probablemente la situación más vergonzosa de su vida. Es no da para más que una conducta de hermano mayor”. Siento correr el agua del bidet.

    – ¿Tampoco una toalla?

    – Mmmm tampoco… a secarse al aire, jaja – al tiempo que me sentaba en el piso desierto del cuarto de estar, y comenzaba a chequear mensajes en mi celular.

    – ¿Y ahora?

    – Y ahora vos estas allá, yo acá, y conversamos un poco de la vida mientras se secan tus pantalones… – la escucho revolver la cartera, seguramente buscando también su celular.

    – Gracias por lo que hiciste. Me da mucha vergüenza todo, y espero que sigas con esa frase que repetías acerca de que los caballeros no tienen memoria.

    – Para eso están los amigos, y respecto a lo otro, justo estaba subiendo el ¨Story¨ en Instagram, con la foto de tus jeans secándose.

    – ¡Que pelotudo que sos! – rio – Ya imagino el texto: «Laura Rodriguez se meó encima y su pantalón se orea junto a un termotanque mientras la protagonista intenta secar su concha».

    – ¡Que feo sonó eso último! Tratá de que nunca se seque del todo.

    – ¡Jorge! – Rio a carcajadas. – Me hacés poner colorada.

    – Vos no te ponés colorada, sos más malvada que yo.

    – Si estoy colorada.

    – A ver, pasame una selfie. – Me pasa una por chat, sacada desganadamente desde abajo, probablemente con el celular apoyado en sus rodillas.

    – ¿Vistes?

    – No, no veo nada, me ocultás tu cara con las tetas. – dije entre risas.

    – Bien que te gustaron siempre mis tetas, Jorgito. Pero nunca avanzaste…. – la última oración la dijo en otro tono, más seria, hasta con cierta melancolía.

    – Si es cierto. Estás rebuena Lau, y me gustás mucho. Tenemos mucha onda y no soy ningún santo. ¿Pero en ese puterío? Acordate lo que me costaba. Ya estoy algo viejo Laura, y veces uso más la cabeza.

    – Tu otra cabeza sugería otra cosa en el subte. – Su voz ya no veía de dentro del baño.

    Yo tenía la vista en el celular durante la conversación. Giro la cabeza y la veo parada junto a la puerta del baño, desnuda de la cintura para abajo. Su cara con su amplia sonrisa y sus hoyuelos, sus ojos azules penetrantes clavados mí. Sus muslos generosos pero bien torneados enmarcaban una concha carnosa, jugosa, perfectamente depilada. “El arco del triunfo” – me vino a la mente una metáfora que usábamos de jóvenes con unos amigos.

    En silencio me pongo de pie y me acerco.

    – Que linda que sos… pero… pero… el vino francés también está incluido en el menú, supongo.

    Y sonreí pícaro mientras extendía la mano y comenzaba a desabrochar los botones de la blusa. Abierta la blusa, la empujé suavemente hasta que cayó tras sus hombros, y en el mismo movimiento la acerqué, alcancé el broche de su corpiño y lo abrí. Libres sus senos de la prenda, hice una pausa contemplar tan sublime perfección. Del tamaño de melones, maravillosamente formados y aún sin palparlos, decididamente suyos: no hay cirujano plástico que pueda lograr eso.

    – Uauuu….

    Dije mientras las acaricié hasta como pidiendo permiso. Saboreé con mis manos la consistencia de lo natural. Masajeé sus areolas medianas, pellizqué tímidamente sus pezones generosos, que se endurecieron a mi tacto.

    – ¿Suficiente para levantar un viejo? – Bromea con sorna.

    Sin dejar de mirarla a los ojos, aflojé mi cinturón, desabroché mis pantalones, los cuales dejé caer con mis calzoncillos. Mi erección saltó hacia el frente como resorte. Tomé su mano, y la coloqué sobre mi pene, sin romper el contacto visual.

    – Eso parece. – agregó.

    Comenzó a sobar mi miembro suavemente, y bajó la vista para mirarlo por primera vez.

    – Ummm… pasable. – me provocó. No soy superdotado pero no tengo nada de qué avergonzarme.

    – ¿Pasable? – la expresión pícara de su rostro iluminado y hermoso me llamaba a comerla a besos.

    Sin mediar otra palabra, nos abrazamos, y nos entrelazamos en un profundo y largo beso. Mientras nos comíamos la boca, flexioné un poco mis piernas ya acomodándome con una mano le coloqué mi pija entre las piernas, no para penetrarla, sino simplemente para apoyar el largo de mi erección en la ranura caliente, cosa que adoro.

    – ¿De parados? ¿O en el piso duro? Que mal. Mejor lo dejamos para otra vez – claro que su lenguaje corporal no acompañaba su broma.

    Entre besos ni la fui haciendo retroceder lentamente al pequeño baño y dentro se sentó en el borde del el vanitory. Mordisqueé los lóbulos de sus orejas y besé su cuello, descendiendo lento hacia los objetos de mi deseo, donde me entretuve largo con mi lengua y mis manos, incitado por sus suaves gemidos. Sin prisa continuaron mis besos en su panza dura de gimnasia, su ombligo, sus ingles y sus entrepiernas, que gradualmente fue separando más, apoyando un pie sobre el borde de la bañera anexa, invitándome al punto ansiado. Me senté sobre el bidet que estaba justo enfrente, para atacar su concha con mi lengua con comodidad. Con pereza intencional, me fui acercando con lamidas y mordiscos suaves en la parte interna de sus muslos, hasta descansar mi lengua con intensidad sobre su engordado clítoris. Laura se tensó de placer y emitió un gemido gutural. La chupé por un rato, saboreando sus jugos, empujando ocasionalmente la lengua en su entrada perfectamente lubricada. Su respiración se volvió más agitada entre pausas largas donde contenía el aire y tensaba sus músculos.

    – No… Jorge… Ahhh… no…

    – ¿Mhhh? – pregunté sin que mi boca dejara su tarea.

    – Ahhh…me estás matando. Así no, te voy a empapar.

    “¿Te voy a mojar?” pensé… “¿será… que tengo una “squirter” entre manos?” Incrementé la intensidad de trabajo de mi lengua sobre su clítoris, coloqué mi mano izquierda sobre su pubis envolviendo su pierna, un poco para restringirle los movimientos, ya que estaba retorciéndose mientras sujetaba con sus dos manos mi cabeza, por momentos empujándome como para sacarme. El dedo mayor de mi mano derecha rápida y subrepticiamente buscó su abertura, y entró en la cavidad, estrecha por la tensión de sus músculos pélvicos, pero tan lubricada que resbaló adentro sin resistencia alguna. Rápido localicé la rugosidad de su punto G, y comencé a estimularla.

    – Ahhh… no Jorge… pará… en serio te digo… ahhh…

    Sentí espasmos reprimidos en mi dedo, mi boca se mojó con una tenue pero perceptible eyaculación, y sus muslos apretaron fuerte mi cabeza. Un orgasmo sí, pero no una liberación total. Me puse de pie, y antes de que se recuperara un poco, la penetré. Ningún estímulo extra necesitábamos ambos. Hace rato estaba rígido como hacía mucho tiempo no lo estaba, y ella tan mojada que un solo movimiento y mi glande ya flotaba en vacío húmedo y cálido de sus entrañas, y mis huevos apoyaban contra sus glúteos separados. Le puse mi mano tras la cabeza, y la acerqué para un apasionado beso, su cola resbaló en parte del borde de la mesada, y se sostuvo contra mi penetración presionado su clítoris contra mi pelvis.

    Nos movimos unos segundos en esa posición trabada mientras nos besábamos, y luego la sostuve de las piernas para acomodarla. Laura se colgó de mi cuello y arqueó su espalda hacia atrás, con lo cual pude comenzar a bombear desde abajo un buen rato, alcanzando bien su punto G con mi pene.

    – ¡Ay no! Ahí no. Voy a hacer un enchastre.

    – Relajate, no importa.

    – No…

    – Estamos en un baño, ¡Relajate boluda, haceme caso!

    Fueron pocos bombeos más. Giró sus ojos hacia atrás, contuvo la respiración y luego exhaló emitiendo un largo y gutural gemido. Sus muslos me apretaron con violencia, y su vagina se contrajo con espasmos esta vez sí, liberadores. Dejé resbalar mi pene afuera en parte expulsado por sus contracciones, y sentí el poderoso chorro se su eyaculación. Luego todo su cuerpo comenzó a temblar, a convulsionar, resbaló hacia adelante como poniéndose de pie, pero sus piernas, se aflojaron, y la tuve que sostener. La giré hacia mi izquierda, hasta sentarla sobre la tapa cerrada del inodoro, donde quedó largos segundos con sus piernas cruzadas, y todo su cuerpo aun temblando. Cuando su orgasmo comenzó a ceder, me coloque por sobre sus piernas cruzadas, con las mías abiertas, mi pija a la altura de su cuello, mientras agarraba sus lolas con ambas manos. Laura adivinó mis intenciones, tomó solo mi glande en su boca, y arqueó su espalda hacia atrás, para ensayar una turca, lubricada por sus jugos que estaban en mi miembro, y por el extra de la saliva en la punta que recibía en su boca en cada movimiento. Sentí que ya no podía retardar más mi orgasmo y saboreaba ya mis chorros sobre sus tetas.

    – Pará, todavía falta. – Corto la turca y se puso de pie. – Sentáte, quiero acabar de vuelta.

    – Lau, exploto. Estamos cogiendo sin protección y te lleno de leche en cinco bombazos si te ponés arriba mío.

    – Lo primero no te preocupes, estoy con la píldora. Lo segundo no me jodas, ¿no era que los hombres más grandes se controlaban mejor?

    – Mejor si, pero esto ya está fuera de escala. – dije mientras me sentaba resignado a sufrir.

    – Dale, yo también sigo calentísima. Tampoco tardo mucho más. Para el próximo digo, el siguiente veremos ¡jajaja! – Rio con mirada pícara, mientras se ponía a horcajadas mío y se ensartaba sin más trámite. Se quedó un momento quieta, me miró con sus ojos azules. Su expresión había pasado de burlona a amorosa y me sostuvo la nuca con ambas manos (las mías ya estaban sujetando sus nalgas).

    – ¿Acabamos juntos?

    – Dale, acabemos juntos.

    Y comenzó a mover su pelvis hacia adelante y atrás, frotando con fuerza su clítoris, sus ojos clavados en los míos, sus tetas masajeando mi pecho. Me favorecía, se estimulaba más ella que a mí sabiendo que yo estaba muy cerca.

    – ¿Estás?

    – Bancá, un poquito más.

    Aceleró sus movimientos y su cuerpo se tensaba más y más, mientras escalaba al orgasmo. Y yo trataba de pensar en fútbol….

    – Ya estoy. – jadeó.

    Pero no hacía falta mucho aviso, porque sentí su vagina contraerse. Eso fue demasiado para mí, y exploté dentro de ella. Sentir mi eyaculación terminó de empujarla por el borde, se quedó inmóvil, inclinó su cabeza hacia atrás, y su cuerpo vibró intensamente en nuevo orgasmo. Sentí sus espasmos en mi verga, y sus flujos que chorreaban hasta mis huevos.

    Nos quedamos largo rato en esa posición, sencillamente mirándonos a los ojos y besándonos.

    – ¿Y la parte donde yo te acabo en las tetas? – bromee.

    – ¡Jaja, la próxima, pero venís bien cargadito!

    Luego otro silencio, más miradas y besos…

    – ¿Habrá secado tu pantalón?

    Y ambos reímos a carcajadas.

  • Un sencillo emprendimiento de negocios

    Un sencillo emprendimiento de negocios

    Mi amiga Gilda me convenció de que le ayudara a organizar un negocio, quedamos de vernos en la casa que según me dijo había sido muchos años de su familia, pero que actualmente estaba en desuso. Entramos a ver y en efecto era un espacio amplio, tenía un bonito patio y entrada, estaba descuidado, las plantas muy crecidas y las paredes muy manchadas, fuimos a ver el interior, tenía muchas paredes descascarándose y algunas piezas de cerámica en la cocina estaban quebradas.

    -Ayúdame con esto! Tu sabes de organización, me puedes dar toda una guía para empezar el negocio!

    Yo solo hice en mis cuentas lo que costaba una asesoría de negocios y organizar un negocio… los trámites, los procesos, la cultura laboral, reglamentos…

    -Me pides justamente algo en lo que ya trabajo, te puedo dar algunas luces, pero no todo, tengo que cumplir con los trabajos que ya tengo

    -Sí, ayúdame aunque sea un poco!

    Después de las veces que nos sentamos a revisar todo lo que le indique que hiciera, además de corregir varios detalles y de plantearle ajustes a la idea de negocios, me pidió otras cuestiones que representaban un gasto económico que ya no pasaba por la asesoría gratuita.

    -Si me ayudas, te pago lo que gastes y… puedo ayudarte a conseguir a Rebecca

    Pensé en Rebecca, un amor platónico desde que me la presentó hace unos años, alguien muy reservada, pero siempre amable y sonriente, no tenía novio, pero si un pretendiente que aparecía donde ella estuviera, así que al final se hicieron novios y luego se casó, pero nunca dejo de gustarme y hasta Gilda una vez me lo hizo notar, que me vio la desilusión cuando me dijo que ya se casaba.

    -Pero ella está casada ya… no veo como

    Ahí me hizo callar y le brillaron los ojos, porque se dio cuenta de que me despertó el interés.

    -Solo porque sé que te gusta y lo mucho que ya me ayudaste…

    Creo que trague saliva en esa pausa que hizo, se me calentó el cuerpo en solo ese pequeño lapso.

    -el esposo es un patán, se fue a EE UU a trabajar y la dejo a aquí, ya lleva como 6 meses allá y apenas le ha mandado algo, la dejo sola

    -y es que, está pensado en divorciarse?

    -ella? Pues… no está contenta, pero como los papas son muy cerrados, le dicen que aguante, pero ella ha estado demasiado reprimida

    -y cómo estás pensando que yo pueda… bueno, que es lo que piensas que puede pasar?

    Se sonrió otra vez, una sonrisa de oreja a oreja, porque me tenía interesado, comenzó a darme vueltas la cabeza imaginando lo que antes no pensé.

    Días después, cuando por la simple mención que me hizo le dedique tiempo a ayudarle, me dijo que nos viéramos en la recién remodelada casa, que ahora sería una bistró café, aun sin abrir, pero totalmente arreglado. Me dijo que me vistiera casual, que fuera a la casa, así que me prepare y a la hora indicada estaba tocando el timbre; espere un rato y me abrió Gilda, nos saludamos de beso y me lanzo una amplia sonrisa, me tomo de la mano y me hizo pasar, cerré la puerta y fui detrás de ella por el jardín hacia el patio, el cual estaba cubierto con una pérgola de madera, tenía ya las mesas y sillas, aun cubiertas con el plástico, pero listo para abrir, había quedado un espacio hermoso y amplio para varias mesas, ella estaba muy eufórica, se notaba porque al hablar de cómo quedaba todo hizo un giro como de baile, ella usaba un vestido sencillo de una pieza, al momento de girar, dio tres vueltas lo suficiente para que la falda se levantara por sobre la rodilla dejando ver sus piernas bronceadas. Ella es una chica morena de 1.70 de alto, largo cabello negro, ojos negros gran sonrisa, de curvas generosas y bien proporcionadas.

    Tenía una mesa arreglada dentro del salón, me había dicho que preparó una pequeña reunión de los tres para ir acercándonos y que yo pudiera encantar a Rebecca. Estuvimos platicando mientras esperábamos, me sirvió vino, dijo que para estar relajados, y que quería brindar primero conmigo por mi ayuda, me pareció normal, para bajar la ansiedad que sentía por ver de nuevo a Rebecca, pero no esperaba lo siguiente.

    -Ella no vendrá hoy

    Me quede desconcertado y ella me miraba con la copa de vino en la mano, pero había algo distinto en el ambiente, algo que no había pasado en tantas ocasiones que estuvimos solos.

    -Y entonces qué?

    -Es que primero, quería agradecerte tu ayuda en esta locura mía

    -No te entiendo

    -Bueno… es que, mi agradecimiento es profundo y quiero ayudarte con Rebecca, pero…

    Tomo un sorbo de vino, alzando la barbilla y vaciando la copa, luego la dejo en la mesa y volvió a verme sonriente.

    -Bueno, te escucho- insistí en saber que pasaba

    Se puso de pie y se acercó a mí, comenzó a soltar los broches del vestido, uno a uno, llego a la cintura y se detuvo un momento como para darme chance a pararla, pero la verdad es que a este momento ya esperaba que siguiera, el vestido abierto dejaba ver desde su pecho al vientre, sus pechos eran grandes, pero nunca habían estado tan al alcance de mí, ella tomo mi mano y la llevo hacia su vientre, pose un dedo sobre su ombligo, ella me sonreía muy ufana, muy excitada también.

    -Te gusta lo que ves?

    El tacto con su piel, la sensación de su cuerpo ahí frente a mí, exponiéndose me empezó a enloquecer

    -Sí, me gusta

    -Sígueme, quiero darte las gracias por todo

    Se sonrió muy segura de sí, se vino hacia mí y se quedó de pie poniendo frente a mi cara sus pechos; su sostén de color azul, contrastaba con su piel morena, ella tenía algo de gitana en su ser, o eso me hice pensar, era exótico, llamativo, y eso aloca a cualquiera…

    Pensando eso ya estaba agarrando sus caderas y recorriéndolas hasta llegar a sus nalgas, ella me miraba muy alegre, tenía una amplia sonrisa, con labios carnosos, unas largas pestañas sobre unos ojos negros intensos, un lunar muy sugestivo en su mejilla, que parecía cambiar de lugar cuando sus mejillas se proyectaban por su amplia sonrisa y es que se sonreía de manera muy sensual, se dio la vuelta dándome la espalda y exponiéndome sus nalgas.

    No me resistí a tocarlas, apretarlas, se sentó sobre mí, la agarre por la cintura, su pelo recayó sobre mi cara, sentí el peso sobre mi entrepierna, que rápido comenzó a ponerse dura, ella se froto y me llevo las manos a sus pechos, agarre cuanto pude, eran grandes y duros, además de estar apretados en la prenda.

    -sígueme- Se levantó de sobre mis piernas y mi verga saltó, el pantalón me apretaba, ella lo vio y se puso aún más sonriente, rápidamente puso la mano encima y lo apretó, la quede viendo y ella solo rio. Me atragante con la propuesta, que raro, me sentí como que fueran a desflorarme, dio unos pasos y me hipnotizaba el contoneo de sus caderas, se descubrió los hombros y se giró a verme, dejando caer su vestido hasta su cintura y nos quedamos mirando.

    -caminas o te llevo?

    Me puse de pie y la seguí, me tendió la mano y se la tomé, estaba cálida; me guio hasta el segundo piso, ahí frente a la puerta de la habitación, la agarre nuevamente de la cintura, ella soltó un suave pujido y levanto los brazos sobre mi cabeza, me dio un beso y luego bajo las manos a desabrocharme el pantalón; comenzamos un largo beso, nuestras manos se pasaban por todo el cuerpo del otro, metí mano en todo espacio que estuvo a mi alcance, en un instante la ropa había saltado de nuestros cuerpos, agarre sus piernas, tan carnosas y firmes, solo tenerlas pegadas a mi cuerpo sentía su calor, me sumergí entre sus pechos, eran dos maravillosas montañas de las que me dirigí a chupar sus pezones, que eran como las cimas de dos volcanes queriendo estallar, tenían un tono más oscuro que su piel, me dedique a lamerlos cuanto pude, cuanto aguante la respiración, mientras ella frotaba sus piernas contra mi cuerpo, también el roce de su pubis, me excitaba, me rozaba las bolas dándome una sensación excitante de cosquilleo.

    Entramos al cuarto y mi pantalón cayó, al igual que su vestido, lo que me dejo un claro panorama de ese cuerpo moreno y frondoso. Me fui acomodando y ella también, mi verga estaba dura y ella… estaba lubricada, estaba lista, fui metiéndola, que sensación, la diferencia de la primera vez de una chica, es que nunca se ha preparado para el momento, mientras que mi amiga, ya conocía más de la vida, mi verga se deslizó cómodamente con ella, nos miramos con complicidad, yo tenía mis mañas para lograr estar con una chica y ahora, yo era quien caía en las mañas de mi amiga, los dos disfrutamos ese momento, comencé a bombearla y ella se contoneaba con maestría, con conocimiento de que yo era su juguete ahora, así que me retaba con la mirada, solo para seguir excitarme y sacar más de mí. Me concentraba en mantener el ritmo y no correrme, en que no me ganara el placer que estaba dándome con su contoneo y calor.

    Puso su pierna sobre mi hombro, así que llegue más profundo, sus pechos se bamboleaban de forma hipnótica en cada embestida que le daba, ella estiraba un brazo por sobre su cabeza, apoyándose en la cabecera de la cama, mientras con el otro trataba de controlar el movimiento de los pechos.

    -Dame más, dame más!

    Me aparte un poco para acomodarme y ella se giró para ofrecerme sus nalgas, se arqueo dándome la mejor vista de su trasero y simplemente apunte a su sexo, seguí bombeando y palmeando sus nalgas, cada palmada parecía que retumbaba en la habitación, me incline a morder su espalda, agarre sus pechos que se bamboleaban libres, se sentían pesados y duros, apreté sus pezones, ella lanzo un largo gemido. Ella movía su trasero frotándolo contra mi cuerpo, lo que me llevo al límite, la sacaba para correrme pero ella apretó las nalgas, no me dejo salirme.

    -Córrete, córrete!

    Fue como lo dijo, con jadeos, con deseo, lo que hizo que explotara y la llenara con mi leche, soltó un gemido al sentir el chorro caliente en su interior, seguí bombeando y ella se estremecía, aguante cuanto pude y ella también, se recostó y yo me tumbe al lado, los dos a recuperar el aliento. Nos miramos y me sonreía, nos dimos un beso y se acomodó sobre mí, sus pechos aplastándose contra mi cuerpo y sus manos, explorando hacia abajo, tanteando, sentí como lo agarraba y comenzaba nuevamente a frotarlo, se acomodó sobre mí y comenzó a mover su cuerpo, haciendo círculos, excitándome nuevamente. En la segunda vuelta, ella arriba de mí, contoneándose sobre mi verga ya recuperada, en su sexo aun chorreante, agarrando sus grandes pechos, duros, pesados y brillando de placer. No sé cuánto tiempo más seguimos hasta que llego un gran orgasmo de ella y me corrí nuevamente ni que más siguió antes de caer dormidos.

  • Nunca digas de esta agua no beberé

    Nunca digas de esta agua no beberé

    Después de recoger su maleta, cruzó la cristalera que separaba a los pasajeros de los familiares que esperaban al otro lado. Felicia sólo había comunicado su regreso a su abogado, sin embargo, le sobresaltó el fogonazo de un flash en la cara. Lo último que esperaba encontrarse en el aeropuerto era a la prensa rosa apostada a la salida. El hecho de llevar sus gafas de espejo no sirvió de cortapisas para que el paparazzi la reconociera y empezase a disparar su cámara. Felicia ocultó su rostro con el abrigo y avanzó hacia la salida, sin embargo, aquella hiena ávida de morbo no le daba un respiro y avanzaba de espaldas, delante de ella, pulsando una y otra vez el disparador de su cámara.

    La escena condujo a que se armase un importante revuelo entre turistas, viajeros y familiares sin saber con certeza qué estaba pasando. Se podía intuir que Felicia era una persona relevante y por eso aquel sujeto intentaba sacarle fotos, pero no sabían quién era la celebridad que pretendía escabullirse del paparazzi.

    Cuando salió al exterior, subió a un taxi sin ni siquiera hablar con el propietario y éste, al ver la situación entendió que debía actuar discretamente y con premura. Incluso dentro del vehículo, el paparazzi continuaba haciendo su trabajo sin darle ninguna tregua, como si se tratase de una actriz hollywoodense.

    Felicia le dio la dirección de su ático y el taxista se alejó quemando rueda, dejando atrás a aquel sujeto que acosaba a su clienta.

    Al llegar le pagó al taxista y subió a su ático, abrió la puerta y le invadió el olor a cerrado. Inmediatamente abrió las ventanas (pese al frio) para que se ventilaran las habitaciones. Todo estaba conforme lo había dejado el último día cuando partió. Deshizo el equipaje, llenó la bañera, echó sales de baño y se metió en ella para relajarse después de tantas horas de vuelo.

    Felicia disponía de dos días antes de comparecer ante el juez y pensó en llamarle a Emma, aun a sabiendas que, en el hipotético caso de que la hubiese desbloqueado, posiblemente inventaría cualquier excusa para no verla. Así y todo, la llamó confiando en que su número estuviese operativo, y al escuchar el primer tono le dio un vuelco el corazón, con en el segundo sus pulsaciones se aceleraron y al oír el tercero oyó un “Hola” sin mucha devoción.

    —Hola Emma. ¿Cómo estás?

    —¿Tú qué crees?, —respondió aséptica.

    —Me gustaría verte.

    —¿Crees que eso cambiará algo?

    —Por favor, —suplicó.

    Se hizo un incómodo silencio que rompió Felicia.

    —¡Déjame ir a verte! —volvió a suplicar.

    —Está bien, —admitió Emma.

    —En media hora estoy ahí, ¿de acuerdo?

    —Ok.

    Felicia se vistió, cogió su cazadora y salió rauda de casa. En la calle no tuvo que esperar mucho a que pasara un taxi, se subió a él, le indicó la dirección al conductor y este enfiló hacia la dirección solicitada, y después de un breve silencio, el taxista le habló mientras miraba por el retrovisor.

    —¿Es usted Felicia Cuéllar?

    No esperaba que la reconociese, sin embargo, intentó ser lo más cortés posible.

    —Sí.

    —He escuchado que pasado mañana es el juicio.

    —Así es, —respondió.

    —Últimamente no se ha sabido mucho de usted.

    —¿Todavía quiere saber más? —le increpó.

    —No es que yo quiera, es que hace unos meses no se hablaba de otra cosa.

    —Pues menos mal que ya hay algo más de lo que hablar, —añadió en su defensa.

    —No se ofenda, pero es que aquella noticia fue una bomba.

    —¿Lo dice porque murió una persona?

    —No exactamente.

    —¿Entonces por qué lo dice? —preguntó sabiendo la respuesta.

    —Bueno… yo la veía todos los días. Me encantaba escuchar las noticias, pero sólo porque las contaba usted, la verdad, y he de decir en su favor que ahora ya no las veo. Entre políticos que no se ponen de a acuerdo ni en el color de la mierda, entre que siempre se habla de lo mismo y entre que la tipa que la ha sustituido es más sosa que el apio no merece la pena encender la tele.

    Felicia sonrió y agradeció el cumplido dejando que el taxista continuara explayándose en su charla.

    —Puede escucharlas en otra cadena, —le sugirió.

    —No quiero ser grosero, pero la prefería a usted.

    —Gracias, es muy amable, —dijo.

    —Imagino que pasar de contar las noticias a ser el contenido de ellas sería tremendo.

    —No se hace una idea, —añadió.

    —La verdad es que fue un shock para su audiencia.

    ¡Qué sabrá usted! Pensó ella.

    —Era usted muy querida, —agregó el taxista.

    —Usted lo ha dicho, era.

    —No haga demasiado caso de lo que se dice. La gente le quiere, a pesar de todo.

    —No estoy muy segura.

    —Yo la quiero… quiero decir… como profesional es usted muy buena… y como mujer, ni le cuento… impresionante, —añadió sin poder evitar su admiración.

    Felicia no sabía si sentirse complacida u ofendida, pues aquel hombre se estaba tomando unas libertades que quizás no procedían, no obstante, intentó ser cordial, pues su reputación ya estaba lo suficientemente dañada.

    —Es muy amable.

    —Nada, a mandar señora. Hemos llegado.

    Felicia le pagó la cantidad estipulada y añadió diez euros de propina. Cuando bajó del vehículo el taxista la llamó.

    —Por cierto, aquí tiene mi tarjeta por si necesita algo.

    Felicia levantó las cejas perpleja, miró al taxista y cogió la tarjeta sin saber exactamente si en sus pretensiones se hallaba la necesidad del taxi o del taxista. En cualquier caso, como su reciente reputación le precedía, sospechaba que con la pícara sonrisa que el jovial caballero le dedicó, no le cupo ninguna duda que estaba yéndose por los cerros de Úbeda y Felicia le siguió el juego.

    —Lo tendré en cuenta, gracias.

    Llamó al timbre desde abajo e inmediatamente se abrió la puerta. Emma la esperaba en el zaguán y se alegró enormemente de verla. Le dio un beso y un abrazo, correspondido por su hija con cierta renuencia. Después la hizo pasar al salón y su yerno salió también a saludarla, a continuación las dejó solas, manteniéndose al margen para que madre e hija hablaran. Fue Emma quien rompió el hielo.

    —Bueno, ¿Qué quieres? —preguntó en un tono adusto.

    —Tan sólo quería verte. No hace falta que estés tan borde. Hace mucho tiempo que no hablamos, y más que no nos vemos.

    —No me apetece mamá. ¿Es que no lo entiendes?

    —Sí, sí que lo entiendo. Comprendo que estés disgustada conmigo…

    —¿Disgustada? —le cortó. —Disgustada no es la palabra mamá. La verdad es que no sé cual es para definir como me siento, ¿escandalizada, consternada, estafada, engañada, decepcionada, indignada…? Elige la que quieras, aunque todas son válidas y con todas me siento identificada con respecto a ti.

    —No he venido a justificar lo que hice. Sé que es injustificable. En mi defensa diré que nuestra vida no fue una mentira como tú crees. Yo quería a tu padre con locura y fueron veinticuatro años maravillosos. Eso es una verdad como un templo. Lo que pasó nunca tuvo que haber pasado. Hubo demasiado alcohol y todo se desmadró.

    —Todo no, la que te desmadraste fuiste tú. No pretendas culpar al alcohol de lo que hiciste. No eres tan inocente. ¿Pero por qué mamá? ¿por qué? Estabas con un tío, poniéndole los cuernos a mi padre. Es muy fuerte.

    —Lo sé. Perdí la cabeza.

    —No, mamá, perdiste la vergüenza y la decencia y, al parecer, encontraste otras cosas que no quiero mencionar.

    —Estás siendo muy dura conmigo, ¿no te parece?

    —¿Dura? ¿Crees que estoy siendo dura? ¿Cómo se supone que he de sentirme? Si mi madre se dedica a montárselo con otros. ¿Cómo crees que tengo que estar? ¡Dímelo tú!

    —He venido porque te quiero. Sé que estás decepcionada y todo lo demás. Lo que hice lo he pagado con creces. Lo que no quiero es perderte a ti también.

    —A mí ya me has perdido mamá. ¿Es que no lo ves? No puedo, de repente, poner una sonrisa en mi cara y aparentar que todo va bien. No puedo. No sé tú.

    —No te estoy pidiendo eso. Lo único que te pido es que no me cierres la puerta.

    —Tú se la cerraste a papá.

    —Yo no le cerré la puerta.

    —No, sólo le plantaste unos cuernos para que no pudiera pasar por ella.

    —No tienes derecho a hablarme así.

    —Ah, ¿no? ¿Y qué estabas haciendo cuando le dio el paro cardíaco a tu becario?

    —Fue un accidente—dijo avergonzada.

    —¡Ah, perdona por el tecnicismo! Eso te exime de toda culpa. Se le paró el corazón mientras te estaba dando duro mamá. ¿Por qué lo niegas? Papá tenía los cuernos de un toro bravo porque tú te dedicabas a follar por ahí.

    —No lo niego, y lo que yo hiciera es asunto mío. No tienes derecho a juzgarme. Yo no te digo lo que tienes que hacer, ni con quien tienes que salir.

    —Pero, ¿qué me estás contando? Yo tengo novio. No dejo a mi novio en casa y me voy a fornicar por ahí.

    —No. Tú eres doña perfecta. Eres la voz de la experiencia. La que nunca ha roto un plato. ¿Acaso te he dicho yo alguna vez con quien tenías que salir o con quien tenías que follar? Yo también tenía las ideas muy claras a ese respecto y por eso tú eres como eres, porque recibiste una educación y unos valores. La vida te abre senderos, y el camino que creías que era recto, resulta que luego no lo es tanto porque se te van cruzando obstáculos y no te queda más remedio que ir sorteándolos. Unas veces puedes hacerlo y otras te caes. Esto no estaba en mi ruta, Emma, o yo creía que no estaba y no supe sortear el obstáculo. No lo sé. Las vivencias son las que son. Marcan tu viaje y modelan tu personalidad. Las decisiones que tomamos en cada momento las adoptamos porque creemos que son las correctas. A ti también te pasará. Es posible que hoy pienses que nunca harías una determinada cosa, pero después, por circunstancias, la terminas haciendo. Por eso más vale ser cauta antes de decir de esta agua no beberé. Unas veces acertarás y otras te equivocarás, pero siempre habrá sido una decisión tuya con sus aciertos y sus errores, y nadie debería juzgarte por ello, así que no me juzgues tú a mí tan a la ligera porque puede que algún día tus palabras se vuelvan en tu contra. El karma se encarga siempre de ello. Créeme, sé de lo que hablo.

    —Siempre has tenido mucha labia, mamá, eso no quita lo que eres.

    —¿Y qué soy, según tú?

    —Una adultera, y no me tires de la lengua.

    —Puedes decir lo que piensas.

    —Mejor no.

    —Siento que pienses así de mí.

    El incómodo silencio entre madre e hija se hizo atronador, y en vista de que Emma no estaba por la labor de ceder ni un ápice por aliviar la pesada carga de su madre, ésta se levantó considerando que era una batalla perdida, ya no olvidar lo ocurrido, sino intentar llevarse bien o, al menos darle una oportunidad para que el tiempo adormeciera las heridas. Felicia fue a darle un beso para despedirse, pero Emma retrocedió para evitarlo, de modo que cogió su cazadora y su bolso y se despidió con un pesaroso “Adiós” respondido con otro más airado.

    No cogió ningún taxi. Caminó hasta su casa inmersa en sus reflexiones. No podía hacer nada por cambiar el pasado, ni tampoco podía justificar ante su hija lo que había hecho. Ella parecía tener muy clara su postura, en cambio, Felicia pensaba que era su vida y que nadie tenía derecho a inmiscuirse, y mucho menos a juzgarla, ni siquiera ella. Si había tomado la decisión, buena, o no tan buena de hacer lo que hizo, no tenía por qué sentenciarla, sino, tratar de entenderla o, al menos escucharla. Hasta el momento Felicia no había renunciado a insistir ante la posibilidad de una reconciliación, pero ese día desistió cuando, al parecer, Emma ya había decidido que su madre había muerto para ella. Si no quería tener ya ninguna relación, no sería ella quien se opusiera. Ya lo había intentado por todos los medios, sin éxito.

    Mientras caminaba, dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y se las limpió con los dedos, pero, en realidad, al haber hablado con Emma sintió que había limpiado su alma y su conciencia, a pesar de que para ella estaba mancillada.

    —¿No estás siendo muy dura? Es tu madre, y te quiere. No deberías juzgarla con tanta dureza. ¿No has visto por lo que ha tenido que pasar? ¿No ves lo afligida que está? —le amonestó.

    El muchacho siempre había admirado a su suegra, tanto como persona, como profesional, aunque también como mujer.

    —¿Lo dices en serio? ¿Qué hubieses hecho tú en mi lugar?

    —No lo sé. Lo que tengo claro es que cada cual tiene derecho a vivir su vida como le plazca. A ti nadie te dice como tienes que vivirla. Ella nunca te puso impedimentos para que te vinieses a vivir conmigo, incluso, te pagaba el alquiler y tu manutención, incluso la mía. Ahora decides que no quieres saber nada de ella, pero mientras puedas echar mano de las prebendas de tu padre puedes seguir despreciando la ayuda de tu madre, haciéndole sentirse una furcia.

    —Es lo que es, —dijo tajante y, con ello dio por concluida la conversación dando un portazo.

    Felicia se encontraba sola, vacía y abandonada por sus seres queridos. ¿Pero cuál tendría que haber sido, según ella, la actitud de su hija? Sabía lo que se jugaba cuando decidió cruzar el umbral de la lujuria y tuvo que pagar el precio al que ese camino conducía. El alcohol y otras sustancias sólo fue el empujón que necesitaba para atreverse a hacer algo que en el fondo le apetecía.

    Necesitaba urgentemente hablar con alguien que la comprendiera, un consuelo o unas palabras de aliento para seguir adelante. Creía haber superado la etapa sombría del día después, siempre con la esperanza de reconciliarse con Emma, sin embargo, ella parecía tener muy claro en qué se había convertido. Pasó de ser la persona más importante de su vida a ser una infecta pústula en su existencia que le recordaba cada vez que la veía que su madre se abría de piernas con relativa facilidad.

    Aquella fiesta hubiese sido una más de tantas de las que celebraban en la cadena de no haber sido por el incidente de esa noche. El hecho de que muriera un becario de forma fortuita no habría generado tal repercusión, pero era ella la que estaba fornicando en ese momento con él.

    Felicia era una profesional de la comunicación y aunque ya llevaba ocho años poniéndole cara a los informativos, su carisma bien le valió durante años para acaparar la mayor audiencia. Su reputación había sido intachable hasta la noche en la que un exceso de alcohol y otras sustancias la condujo por una senda inexplorada hasta el momento, o eso es lo que ella quería pensar.

    Unos ojos que parecían haber robado a los cielos su azul, se enmarcaban en unas finas pestañas y una naricilla perfecta, cincelada a base de bisturí separaba los realzados pómulos, fruto también de algún retoque. Su boca, siempre sonriente era ya de por sí su mejor carta de presentación.

    En el pasado, recibir elogios y ser siempre centro de atención en su entorno social le agradaba, sin embargo, ahora ese protagonismo se había convertido en el foco de la mala prensa, y hastiada de ese acoso mediático desapareció por un tiempo.

    Aunque exenta de culpa alguna, estaba obligada a comparecer en el juzgado para declarar, y por ese motivo regresaba después de dos meses en los cuales no había dejado de ser la protagonista de la prensa rosa.

    Aquella no era la primera vez que tonteaba con unos y con otros, siempre claro está, salvando las distancias. Marcos era solícito a sus demandas laborales, pero tras esa fachada servicial y afable se ocultaba un componente sexual, dado que Felicia, con cuarenta y ocho años continuaba emanando sensualidad por todos sus poros y Marcos no era ajeno a ello, si bien, entendía que aquella era una mujer prácticamente inalcanzable, por consiguiente, aprovechó aquel momento de flaqueza para aventurarse en su gesta.

    Tampoco era la primera vez que Felicia lo miraba con ojos anhelantes, o eso es lo que él quería pensar. Lo cierto es que el alcohol allanó la ardua senda de la seducción.

    Un poco hastiada ya de repetir siempre lo mismo y de corresponder a todas las felicitaciones por ser líderes de audiencia, —en parte, gracias a ella—decidió escabullirse entre el gentío, pues tenía la cabeza embotada después de dos gin tonics. Marcos esperó a que se quedara sola y fue a su encuentro antes de que otro acaparara su atención.

    —Menudo ambiente, —dijo.

    —Sí, —añadió de forma escueta.

    —¿Siempre es así? —quiso saber él.

    —Desde luego, —afirmó.

    —Todo esto es por ti, —le hizo saber él.

    —No lo es. No os quitéis méritos. El éxito es de todos. Esto es un equipo y todos formamos parte de él.

    —No seas tan modesta. Concédete el cincuenta por cien.

    —¿Cómo que el cincuenta? Yo había pensado en un setenta.

    —Bueno, podemos discutirlo.

    —¡Qué capullo! —le regañó dándole un cariñoso cachete con el que Marcos se sintió halagado.

    —¿Te traigo algo de beber?

    —No, te lo agradezco. Creo que ya he superado mi tope. Tengo la cabeza embotada.

    —Tengo algo que te ayudará.

    Felicia observó interesada como Marcos extraía del bolsillo de su chaqueta un sobrecito de polvo y lo depositaba sobre la mesa para seguidamente partirlo con una tarjeta de crédito en dos rayas completamente simétricas.

    —Pareces todo un experto, —le dijo, y él asintió ratificando su interpretación. Después hizo un canutillo con un billete y esnifó el polvillo. A continuación se lo ofreció a ella y aspiró profundamente de la otra raya. Inmediatamente notó un subidón y el letargo de minutos antes le cedió el paso a una euforia desacostumbrada y, al mismo tiempo vigorizante en la que sus sentidos se acentuaron, algo que hasta ese momento no había advertido. Aparte del perfume, reparó en su olor corporal, como si fuese capaz de captar sus feromonas reclamándola, y sintió cierta atracción irracional hacia él.

    —¡Ven! Quiero enseñarte algo, —le dijo cogiéndola de la mano y quebrando ese sensorial instante.

    Felicia lo siguió intrigada por el pasillo de los despachos hasta una habitáculo que servía de almacén de cachivaches en desuso, como trípodes, sillas, una mesa, estantes con cajas, papeles y otros enseres.

    Marcos abrió la puerta y le cedió el paso. Después cerró y Felicia lo miró desconcertada hasta que sintió su lengua intentado enroscarse con la suya. Su primera reacción moral fue de rechazo, en cambio su cuerpo no estaba de acuerdo y sus terminaciones nerviosas se pusieron alerta dando paso a una receptividad y a una predisposición con la que su mente batalló un instante hasta que sintió como fuego unas manos que bajaban por su espalda deteniéndose en sus nalgas para presionarlas con firmeza, de tal manera que no quedase resquicio alguno entre los dos cuerpos, y de ese modo percibió su hinchazón a la altura de su sexo. Con todo ello Felicia se dejó llevar y se unió a la comida de boca en la que ambos buscaron hasta la campanilla del otro, y sin apenas preámbulos, Marcos le levantó el vestido, con la mano indagó en su entrepierna y presionó haciéndole abrir la boca deseosa. A su vez, ella llevó la suya hasta su miembro apretándolo y calibrando su envergadura.

    Marcos desplazó la tela del tanga a un lado y con dos dedos la penetró con brusquedad, de tal modo que empezó a follarla con una fiereza desatada en un sonoro chapoteo en el que los caldos se le iban desparramando entre las ingles. Un tercer dedo se incorporó a las sacudidas y Felicia gimió de gusto, mientras intentaba liberar el miembro con ciertas dificultades que él remedió liberando una verga deseosa de clavársele en el coño.

    La sentó en la mesa, abrió sus piernas de par en par, se cogió a ellas y la ensartó de un estacazo. Felicia sintió una efervescencia interior como si la polla que percutía en sus entrañas fuese una barra de hierro candente. Era un placer difícil de describir, y desconocía si era producto de la coca, del morbo implícito o de deseos reprimidos, y sin llegar a ninguna conclusión se corrió cogiéndose a los brazos del joven en un orgasmo tan rápido como placentero. A continuación echó la cabeza hacia atrás buscando el sostén de la mesa y respirando aceleradamente. En su lugar, Marcos le dio la vuelta colocándola sobre la mesa y contempló aquel par de nalgas que tantas veces había visualizado en sus pajas nocturnas y que ahora las tenía a su entera disposición.

    Le dio varios azotes para cerciorarse de que aquello era real y la volvió a penetrar.

    —Menudo culo, —dijo pensando en voz alta.

    Felicia aún no se había recuperado del orgasmo y ya estaba sintiendo el inicio de un segundo, pero una contundente nalgada hizo que se quejara, y una segunda aplicada con relativa intensidad le dejó su impronta en un tono rojizo, al tiempo que su coño engullía la polla del becario en su interior, haciendo que despareciera aquel picor provocado por los fuertes cachetes. La percusión de su becario fue ganando en pasión y virulencia con su polla entrando y saliendo del coño de su jefa, mientras ella gemía en un tono que se intensificaba en cada golpe de caderas. Sus pupilas desaparecieron detrás de sus párpados en señal de un placer desbocado y salvaje en el que ninguno de los dos se andaba con ñoñeces.

    Marcos la agarró del pelo y tiró de su melena hacia él mientras la intensidad y rapidez con la que arremetía le iba arrancando gemidos apasionados en cada embate.

    —¡Qué buena estás, Felicia, —le declaró, mientras ella le reclamaba más polla.

    —¡Dámelo todo! —le exigió exaltada. —¡Fóllame más fuerte, cabrón! —demandó sin reconocerse en ese momento ella misma. —¡Dame tu leche que me voy a correr! —gritó, y el becario aceleró las acometidas para correrse a la vez en un penetrante orgasmo, en el que ambos gritaron de gozo y sin cuartel, compartiendo un clímax que se vio truncado por la interrupción en seco del joven becario que se desplomó segundos después en el suelo.

    Felicia quedó un instante vacilante sin haber procesado lo que había pasado, ni la magnitud del suceso. Lo que estaba claro era que Marcos había pasado a mejor vida. Debió de haber hecho caso al doctor y haber controlado esas arritmias que le diagnosticaron años atrás. Ahora ya era tarde, no obstante, se fue de este mundo de la mejor manera posible, pensarían muchos. Otros reflexionarían sobre qué poner en su epitafio, y aparecieron propuestas de todo tipo en las redes como: “Desapareció en combate”, “Murió vivo”, “Polvo al polvo” y otros muchos.

    Los intentos por reanimar al joven alertaron a varios miembros de la cadena, entre ellos el director de programa que no daba crédito a la estampa que tenía delante. Por su parte, Felicia empezaba a tomar conciencia de la dimensión del infortunio. Aparte de que se había visto envuelta en una muerte, su pequeño desliz iba a ser trending topic. Estaba hecha un manojo de nervios, su desconcierto era manifiesto, pero nada comparado con el caos que se le avecinaba, y por tanto, lo primero que le vino a la mente al desaparecer su euforia fue Emma, lo segundo, su esposo.

    A las doce de la noche el local estaba a rebosar de gente, mayormente eran universitarios. Los jueves por la noche era cita obligada para una gran mayoría, pues los viernes, muchos de ellos no tenían clases y otros volvían a sus casas, de tal manera que era casi un ritual salir y olvidar durante unas horas el esfuerzo intelectual.

    El volumen de la música en el local impedía mantener una conversación y se hacía necesario acercarse al oído del compañero y levantar la voz para hacerse oír.

    Todos en el garito parecían haberse percatado de la presencia de aquel hombre, excepto el grupo de amigas que charlaba amigablemente en una mesa, pero ante la mirada indiscreta de gran parte de los allí presentes, fue inevitable que también ellas repararan en aquel semidiós recién bajado del Olimpo, y el impacto que causó en las amigas, no fue menor. El hombre intentó acceder a la barra y, al aproximarse, la muchedumbre iba apartándose, abriéndose a su paso, al igual que lo hicieran las aguas del mar rojo cuando Moisés las separó, y por tanto, no le fue difícil hacerse con un hueco en la barra. Tenía ciertos problemas con el idioma, pero se hizo entender para pedir su bebida.

    Apoyado en la barra, miró en rededor el ambiente y pronto las palomas revolotearon en torno a él, haciéndose notar. Las más osadas se aproximaron e intentaron entablar conversación con él. Unas desistían por falta de entendimiento, otras estaban dispuestas a hacerse entender, aunque fuese a fuerza de acentuar su escote soltando botones, otras renunciaban, pues, al parecer, aquel mulato parecía no mostrar interés en mujeres, y ante su indiferencia, las moscas que revoloteaban alrededor de comida potencial desistieron en su empeño, considerando que aquel hombre tenía otros apetitos que para el sector femenino se traducía en un desperdicio de las delicias que atesoraba.

    Aun así, el galán no dejaba de sonreírle a una de las amigas que charlaban en una de las mesas. Todas examinaban al forastero, pese a que él sólo parecía tener ojos para la muchacha de pelo castaño y ojos azules, y cuando se dio cuenta de que todas las amigas estaban de acuerdo en que así era, ella ratificó sus observaciones. Se puso nerviosa sin entender por qué era ella presa de aquel hostigamiento visual, sin entender tampoco por qué su cuerpo le estaba mandando señales fuera de discusión.

    Estaba meridianamente claro que, de todas las beldades allí presentes, la muchacha de cabello castaño y ojos azules estaba en el punto de mira de aquel inalcanzable semidiós. Muchas habían merodeado a su alrededor buscando una oportunidad, y todas ellas sintieron cierta frustración, dadas sus supuestas inclinaciones, si bien, aquel moreno seductor le sonreía a la muchacha, manifestando por ella cierto interés, desestimándose por tanto los rumores que empezaban a pulular por el local.

    Iba muy elegante, pero informal. Vestía unos pantalones chinos color granate y una camisa de un blanco nuclear perfectamente planchada (con dos vueltas de manga), dibujando el contorno de su torso. Su piel morena contrastaba con el color claro de sus ojos, otorgándole el calificativo de bello, si es que a un hombre se le podía conceder tal título. Era difícil para una mujer resistirse a mirar semejante espécimen, incluso a un hombre le resultaba complicado no hacerlo, aunque sólo fuese por interés meramente llamativo, reconociendo que Dios había sido muy generoso en las dádivas que le otorgó a aquel hombre y muy cicatero con las que les concedió a otros.

    Las amigas animaron a la joven a acercarse a él. Las había rechazado a todas, pero todas ellas tenían claro en quien se centraba la atención del mulato de ojos claros.

    —Tengo novio, —dijo la muchacha.

    —¿Y quién no? —Si este tío me mirara a mi conforme te está mirando a ti, esta noche mi novio no podría darse la vuelta en la cama. ¿Pero tú le has visto? Si su atractivo no te convence, mira más abajo. ¡Joder tía! ¿Cómo puedes ser tan santurrona? —se quejó una de sus amigas.

    Después de ser espoleada por ellas reiteradas veces, la muchacha, se levantó a regañadientes. Coincidía con sus compañeras en que aquel adonis era extremadamente atractivo, si bien, continuaba sin entender que entre todas las chicas atractivas del lugar, la eligiera a ella como su musa, y por ello, su ego se pronunció y doblegó sus buenas costumbres. Cogió su chaqueta y su bolso y se acercó a la barra, pero, en el último momento su nerviosismo la hizo cambiar de tercio y siguió caminando hasta la puerta, así que no tuvo más remedio que abrirla y salir. Se quedó unos segundos en la calle sin saber muy bien qué hacer, pero entendiendo que había metido la pata desperdiciando la oportunidad, ¿o no? A los pocos segundos, salió el apuesto mulato de ojos claros y la saludó con un “Hola” que revelaba su acento extranjero.

    —Hola, —le contestó la muchacha con una tímida, pero complaciente sonrisa, agradeciendo que el moreno le allanara el camino y que sus opciones continuaban permaneciendo intactas.

    —Me llamo George, —dijo con un acento inglés-americano, dándole la mano.

    —Emma, —dijo ella asintiendo y ofreciéndole la suya con una sonrisa que ya era más decidida, y después de una breve conversación, ambos se alejaron por la acera.

    A treinta metros, en la acera de enfrente, Felicia observó a la pareja alejarse y los siguió durante unos minutos hasta que subieron a un coche y desaparecieron del lugar, y una taimada sonrisa se perfiló en sus labios reafirmándose en su verdad: “Nunca digas de esta agua no beberé por muy turbia que esté”.

  • Dora, mi niñera que necesitaba mi semen urgente (2)

    Dora, mi niñera que necesitaba mi semen urgente (2)

    La parte 2 de la historia en la que me cogí a mi niñera Dora, una madura de 56 años que hace 15 años no tenía sexo y me saca 38 años de edad.

    Al día siguiente, por la mañana, me desperté y vi a Dora acostada a mi lado desnuda, con sus hermosas tetas y vagina morena al aire y su boca abierta. Apenas la vi mi pene se puso durisimo y comencé tocar y lamer sus gordas y caidas tetas mientras me hacia una paja, luego bese su cuello y boca, la muy puta todavia no se despertaba ya que seguramente estaba exhausta de los cogidones que nos habíamos pegado la noche anterior así que agarre ni pija, la puse en sus labios y empecé a cogerme su boca metiendole mi verga hasta el fondo de su garganta. Estuve asi como 5 minutos hasta que me vine y llene de leche su cara y boca y la madurita por fin se habia despertado.

    Dora: Aaaah papi que rico despertarme con tu lechita en mi boquita, es mi desayuno favorito mijo. Dijo sorprendida

    De ahi nos levantamos y nos fuimos al baño, donde le empece a comer su hermosa vagina:

    Yo: Ahora me toca desyunar a mi ehh…

    Dora: Veni mi vida, mi conchita esta lista para tu lengüita. Apoye mi boca en sus labios vaginales y comence a besarlos suavemente

    Dora: Aaay hijo, mete tu lengüita papito dale que eso le encanta a tu putita. Dijo mientras me agarraba de los pelos y empujaba mi cabeza hacia su concha.

    Apenas termino de decir eso metí mi lengua, luego mis dedos y asi estuvimos por 15 minutos hasta que se vino y me empapó la cara con sus fluidos.

    Despues de eso nos metimos en la bañera a darnos una ducha y me la cogi de vuelta, pero esta vez ella de espaldas apoyando todo su culo gordo y con algo de estrías, tipico de su edad, en mi pelvis y llene de semen su madura vagina. Luego de un baño nos fuimos a desayunar, nos tomamos un descanso de tanto sexo fogoso y Dora me dijo que habia llamado por telefono a sus familiares para que vengan a almorzar a mi casa, ya que mis padres no estaban.

    Dora: Papi, llame a mi hermana para que venga con sus hijos a almorzar y seguramente venga mi hija con mi nieto tambien.

    Yo: Pero Dora, no ibamos a garchar todo el dia? Dije con cara de tristeza.

    Dora: Tranquilo mijo, que vengan a almorzar no significa que no me puedas meter esa rica pija adentro mio. Dijo con cara picara y de puta.

    Yo estaba completamente impresionado, Dora es una trola de verdad! Al llegar sus familiares Dora fue a recibirlos con un vestido negro de pijama el cual mostraba gran parte de sus tetas y encima la muy puta andaba sin tanga ni corpiño. Dora los hizo pasar y los sento en la mesa, almorzamos hablamos un rato de nuestras cosas y en un momento la madurita me miro, me guiño un ojo y dijo:

    Voy al baño, ando algo estreñida y seguramente demore un poco no se preocupen.

    Y su hermana dijo que no había problema que se tome el tiempo que necesite. Yo había entendido completamente lo que quiso decir la putita de Dora asi que fingí que me llego una llamada y dije que me disculpen que debía atender si o si. Me fui prácticamente corriendo al baño, abri la puerta y ahi estaba Dora esperandome apoyada en el lavatorio, viendose al espejo, con su vestido negro levantado hasta su cadera y su culo abierto listo para recibir una buena verga.

    Dora: Yo te dije papi, que haya venido mi familia a comer no significa que no pueda comerme yo una buena verga. Dijo mirandome con su cara de trola.

    Yo: Dorita prepara ese ojete porque te lo voy a hacer mierda.

    Dora: Aaayy hijo como me excita cuando me hablas así, veni para acá. Mientras sacudia su culo de arriba hacia abajo.

    Puse mis manos en sus gordas nalgas y meti mi cara entre ellas y comence a chuparle su mojada vagina y su calentito culo. La puta lo habia previsto, se habia depilado completamente y su culo estaba suavecito.

    Dora: Mira mijito me depile todo mi culito solo para vos.

    Yo: Que trola que sos. Mientras metia mi lengua en culo.

    Dora: Aaahhh hijo que ricoo.

    Y la puta se tocaba sus tetas y me miraba a través del espejo.

    Yo: Shhh… Dora acordate que esta tu hija y tu hermana en el salon, te van a escuchar.

    Dora: Que me importa! que se enteren que me están comiendo el culo como nunca.

    Yo segui metiendo mi lengua en su hoyo, el cual tenia un aroma a flores y un sabor riquisimo, hasta que la puta de Dora no aguanto más, se dio media vuelta y dijo:

    Dora: Ahora me toca comer a mi. Y se arrodillo y comenzo a chuparme la pija.

    Yo: Aah que rico Dorita, sos la mejor puta de todas.

    Dora: Si papi? Soy tu putita sabias, solo tuya, solo quiero tu verga y tu leche.

    Y la madurita siguió chupando y ahogandose con mi verga por 5 minutos hasta que dio media vuelta otra vez, se apoyo contra el lavamanos y comenzo a pedirme pija.

    Dora: Mi niño, con tu verga y mi culito mojadito está todo listo, quiero tu pija en mi culo ya. Dijo acompañado de un dulce gemido.

    Yo: A ver, pedimela, que queres?

    Dora: Quiero tu verga mijo, bien adentro de mi culito Quiero que seas el primero en meter pija en mi orto papi. Dijo casi llorando.

    La puta de Dora ya tenia su culo algo dilatado pero no lo suficiente para que mi verga entre pero no me importó y la comence a meter igual.

    Dora: Aaay hijo, me duele. Dijo gimiendo Retrocedi y saque mi verga pensando que se habia arrepentido, pero fue todo lo contrario.

    Dora: Que haces papito? Me encanta esa verga en mi culo, no importa que me duela metela bien fuerte.

    Yo baje a chuparle su culo llenandolo se saliva, escupi mi mano, moje mi verga y comencé a meterla nuevamente.

    Dora: Aaaahh así mi vida, me encanta esa pija.

    Su culo se estaba calentito y muy estrecho, eso me excito muchisimo y mi verga se puso mil veces mas dura de lo que estaba. Comencé a empujar con todas mis fuerzas y sentia como ese culo se iba desgarrando poco a poco.

    Dora: Aaaah hijooo, me duele.

    No me importo lo que la puta decia y segui empujando hasta que meti toda mi verga, 17 cm habian entrado de lleno en su culo virgen. Yo sentia que como su orto apretaba mi verga y comence a darle masa, el lavamanos temblaba y la cara de dolor y exitacion de Dora reflejada al espejo ponia mi verga cada vez mas dura. Segui dandole hasta que note en su culo un poco de sangre, pero mi puta queria mas y mas y cada vez mas duro.

    Dora: Segui papito, aaayy me encanta como me rompes el culo.

    Yo seguia dandole duro, casi tiramos el lavamanos y la puta de Dora sin sacar mi verga de su culo nos dimos media vuelta y la apoye contra la puerta del baño. Ahi segui dandole con todas mis fuerzas, cuando me di cuenta Dora ya se habia venido 2 veces y el piso del baño estaba completamente mojado con su corrida.

    Dora: Dale mijo, quiero me llenes el culo de lechita. Dale a tu putita tu leche en su ano mi vida. Decía mientras se escuchaba el sonido de mi cadera chocando contra sus nalgas y mis huevos contra su vagina.

    Dora: Aaaay papii me estas rompiendo el culo, me duele pero me encanta.

    Yo segui dandole, y Dora me pedia que por favor acabe que su culo no daba para mas pero no me importo y continué rompiendole el culo que todavia se sentia estrecho. Asi estuvimos por 10 minutos mas, la puta de Dora seguia rogando por semen en su roto culo y no aguante mas y comencé a bombear leche en ese culo desgarrado y con un poco de sangre.

    Yo: Aaay Dorita toma tu lechita, toda en tu orto.

    Dora: Siiii mijo dame toda la lechita en la colita.

    Yo habia soltado semen como nunca, ni yo sabia de donde salio tanto y cuando saque mi verga de su culo vi su hoyo completamente abierto, el semen chorreaba hasta su concha y la trola se metia los dedos, le ardia pero sacaba la leche y se la llevaba a su boca.

    Luego de unos minutos descansando de tal cogida en el baño su hija Belen toco la puerta preocupada.

    Belen: Mami??? estas bien???

    Dora: Si hija, estoy 10 puntos ya pude arreglar mi problema de estreñimiento, pero me duele un poco la cola. Dijo mirandome con su cara de trola.

    Yo habia metido mi verga ya flacida en su culo de vuelta, ella seguia apoyada a la puerta y asi como estabamos nos acostamos en el suelo. Dora boca arriba acostada encima mio me decia que no podia caminar, que su culo le ardia y eso me excito y mi verga se comenzó a poner dura adentro de su culo.

    Dora: Mi vida, otra vez se esta poniendo durita?. Me dijo como rogando que me la coja de vuelta, era impresionante la puta tenia el culo roto y queria mas pija. Asique asi como estabamos, ella encima mio boca arriba, comence a darle de vuelta por el culo pero esta vez acabe mas rapido y volvi a llenarle el culo de leche.

    Dora: Mijo, me rompiste el culo, me duele mucho mi vida. Dijo con una voz sexy pero a la vez de dolor.

    Luego nos levantamos y Dora no podia caminar, su culo estaba completamente dilatado y desgarrado. La madurita se puso su vestido de vuelta y salio del baño rengueando y agarrandose el culo, se acosto y estuvo todo el dia en cama. Por la tarde tuvo que ir al hospital y efectivamente, se habia desgarrado el ano, aunque no le dijo ni a su hija ni hermana lo que pasaba.

    Y así fue como literalmente le rompi el culo a Dora y la llene de leche.

    PD: Hay mas historias asi que avisen si les gustó.

  • Soy la putita de mis dos pervertidos amigos

    Soy la putita de mis dos pervertidos amigos

    Relato anterior, “Mi roomie me rompe el culo vestida de nena con sorpresa”, dejo el enlace al final del relato. 

    Me había convertido en la putita de mis dos roomies, ahora tenía dos machos que complacer, los cuales se turnaban para coger y dormir conmigo, aunque a veces me tocaba que llegaban ambos a mi cuarto, esa era mi rutina de Domingo a Jueves, los viernes no me dejaba coger ya que el fin de semana era de mi novia Adriana y necesitaba reposo para poderla complacer, Adriana era la otra parte de mi ser.

    Dejé el equipo de futbol, ya me costaba jugar con la colita rozada, ahora las tardes las pasaba en el departamento ya que la mayoría de las clases eran en la mañana, solamente tenía una clase en la tarde y eran miércoles y viernes.

    Pablo era mucho más cachondo que Luis, también tenía sus clases durante la mañana, así que coincidíamos en las tardes en el departamento, apenas llegaba se desnudaba y así andaba, desnudo, exhibiendo su cuerpo, sabía que me calentaba verlo, yo dejé también de preocuparme y me encantaba andar en bóxer, los cuales desaparecían siempre que estaba Pablo y en ocasiones Luis, que también llegaba en las tardes, aunque con menor frecuencia, Pablo llegaba de la escuela o de jugar basquet y así todo sudado se desnudaba, se quitaba el bóxer y me lo ponía en la nariz para que lo oliera, húmedo, oloroso, aspiraba profundamente, mi olfato se impregnaba de su aroma a macho, me embriagaba, incluso salivaba con mayor intensidad, sabía cómo prenderme el desgraciado, se sentaba en el sillón abierto de piernas y me hacía mamarle su verga y sus huevos, me encantaba el olor que desprendía su verga sudada, un olor a sudor y a macho penetrante, le mamaba la verga hasta que me dolían las quijadas, en ocasiones eran deliciosos 69 en lo que mientras mamaba su verga me dedeaba y chupaba el culo haciéndome gemir de placer, me la metía hasta la garganta y tenía arcadas que me dejaban sin respiración, pero con el tiempo me fui acostumbrando y logré meterme su verga sin problema, también me costaba tragarme su semen, era demasiado viscoso y me causaba náuseas en la garganta, pero poco a poco le fui hallando el gusto y después me excitaba mucho tragar el semen calientito recién salido de su verga, sentir como salen los chorros de leche e inundan mi boca era de lo más excitante, saborear su fuerte sabor saladito y dulzón y sentir como atraviesa mi garganta me encantaba, tragaba todo su semen con avidez hasta dejar su verga limpia y brillante, no sé de dónde sacaba tanta leche, pobres de sus huevos pensaba, trabajaban horas extras para generar ese rico néctar para mi deleite y todo esto solo era el preámbulo, no me dejaba coger, eso lo tenía reservado para la noche, después de ir a ver a mi novia, sólo era un entremés delicioso, después del cual me bañaba y me cambiaba para salir con Adriana, para que al regresar al departamento me dieran alguna cogida fenomenal Luis o Pablo, o ambos, generalmente ya estaban esperándome deseosos de descargar toda su fogosidad, éramos jóvenes y con las hormonas muy alborotadas, por lo que sólo pensábamos en coger, coger y coger.

    Con Luis también llegaba a tener esas sesiones en la tarde previas a los encuentros nocturnos, pero eran más esporádicas, tenía clases en la tarde, pero no me perdonaba en las noches después que llegaba de mis citas con mi novia, pero cuando las llegaba a tener en la tarde también eran excelentes, y con frecuencia también estaba Pablo, su verga era más dulzona que la de Pablo y al ser más delgada me cabía mejor en la boca, cuando hacíamos el 69 además de chuparme el culo y dedearme me llegaba a chupar los huevos y el perineo y en ocasiones la verga, y no lo hacía mal, me hacía gozar mucho, así también, como tenía un culito chiquito, pero redondito, lampiño y apetecible me encantaba morderle suavemente las nalgas y chuparle tanto las nalgas como su culito y no tenía ningún reparo, al contrario, le gustaba que lo hiciera, lo disfrutaba mucho.

    En cualquier momento podía llegar Pablo y meterme mano, incluso si me estaba bañando, entraba Pablo y me enjabonaba en forma muy cachonda, y yo también disfrutaba enjabonando su cuerpo y su verga, se repegaba a mi cuerpo y me encantaba sentir el contacto de su piel húmeda y caliente sobre la mía, su verga jugando con mis nalgas, quería penetrarme pero no me dejaba, si lo dejaba masturbarse con mis nalgas, me las enjabonaba y cerraba mis piernas envolviendo con mis nalgas su verga y así se masturbaba hasta que descargaba su leche en medio de ellas, era un roce muy erótico y en ocasiones venció mi resistencia y lograba penetrarme, lo hacía muy suave, sabía que esa era la forma de conquistar mi culo, usando el jabón o shampoo como lubricante, gemía de placer y acababa con su verga dentro de mi culo, llenándome las tripas de su tibia leche, era muy imaginativo, y en una ocasión después que acabó siguió moviéndose por un largo rato, sentí que su verga ya no estaba tan firme, pero seguía moviéndose, hasta que me penetró profundo y sentí un chorro ardiente dentro de mis entrañas, pensé que se había corrido nuevamente, pero la sensación era diferente, el chorro era menos espeso, abundante y más caliente y me causaba un leve ardor en lo más profundo de mi culo, sentía que me llenaba por dentro e incluso que mi abdomen se abultaba de tanto líquido, se estaba orinando el cabrón, sentir su ardiente líquido en mis entrañas fue una sensación muy extraña, pero lo disfruté, cuando terminó de descargar su orina dentro de mi cuerpo, sacó su verga y torrentes de orina y esperma salieron de mi culo, literalmente estaba orinando por el culo, mi cuerpo se estremeció, fue una sensación de placer enorme y diferente, jamás experimentado.

    Era el colmo, me había usado para descargar sus orines como un retrete humano, como la más puta de las putas, le recriminé que me hubiera usado como depósito de sus orines y sonriendo solamente expresó:

    – ¿Pero te gusto?, ¿Sí o no?

    No me quedó más remedio que aceptarlo, fue algo diferente, tal vez sucio, pero me encantó.

    Los desayunos también se convirtieron en algo muy erótico, Pablo se bañaba y se sentaba a desayunar completamente desnudo, con frecuencia con la verga parada y me hacía hincar bajo la mesa para mamarle la verga, habitualmente se unía Luis, que no desperdiciaba la ocasión, así que me convertí en una experta mamadora de vergas y sabía cómo hacerlos gozar al máximo y acabar en mi boca, disfrutando mi ración diaria de leche como desayuno.

    Recuerdo que en una ocasión Pablo sacó un yogurt de fresa del refrigerador y me preguntó:

    – ¿Quieres?

    Le contesté afirmativamente y lo que hizo fue meter su verga en el recipiente y llenar la cabeza de su verga de yogurt, la acercó a mi boca y en forma golosa empecé a mamársela saboreando el delicioso sabor del yogurt combinado con el sabor de verga de macho, era riquísimo, metía mi lengua entre su prepucio y la cabeza de su verga para extraer el yogurt, así me estuvo alimentando por un rato, hasta que me prendí como becerro a su verga y no se la solté hasta que le saqué su deliciosa leche, la saboreé en mi lengua, junto con los restos de yogurt.

    – mmmm, que glotona eres princesa, te encanta el yogurt así, pero sabes, yo también quiero yogurt, ven levántate y recárgate en la mesa.- Dijo

    Obedecí y abrí las piernas mientras mi pecho se posó sobre la fría mesa de madera del comedor, quedando con el culito levantadito y expuesto, sentí que me quitaba el bóxer y abría mis nalgas, un líquido frío y viscoso cayó en medio de ellas, Pablo hundió su cara y empezó a succionar, su lengua daba vueltas por mi esfínter y me hacía gemir con cada lengüetazo, puso otro chorro de Yogurt en mi culo y ahora empujó sus dedos en mi interior para meterme el yogurt dentro, siguió succionando el yogurt de mis nalgas y culo en forma divina y cuando terminó abrió bien mis nalgas y metió la punta de su lengua en mi interior, extrayendo con su lengua el yogurt dentro de mi colita, me abandoné al placer, mil sensaciones recorrían mi cuerpo, me relajé y aflojé la colita gimiendo como puta, me retorcía en la mesa y jadeaba sin parar cuando llega Luis y dice.

    – Mmmm, que rico desayuno, ¿me invitan?

    – Claro Luis, acércate sabe delicioso.

    Pablo depositó más yogurt en medio de mis nalgas y me metió otro poco con sus dedos, empezaron a succionar el yogurt en forma alternada, mil calambres recorrían mi cuerpo en cada succión, me volvía loco de placer, un poco del yogurt resbaló a mis huevos y Luis se encargó de succionarlo son su lengua, la sensación de la lengua y labios de Luis en mis huevos me causó otro calambre.

    Pablo embadurnó sus dedos con yogurt y me metió dos dedos, pero ahora me llegaron muy profundo, di un respingo, apreté las nalgas y un gemido de placer salió de mi boca, en cambio Luis se embadurnó de Yogurt la verga y la dirigió a mi boquita, abrí la boca y me la metió, profundo, fue el desayuno más rico de mi vida, me encantaba que fueran tan fogosos y cachondos, pronto sentí la punta del nabo de Pablo llena de yogurt resbalando por mi rayita y presionar en la entrada de mi culo, abrió más mis nalgas y me fue enterrando su garrote usando el yogurt como lubricante, hasta que sentí sus huevos golpear los míos, se recostó sobre mi cuerpo y me comenzó besar mi cuello y nuca, su lengua recorría mi piel lascivamente, mientras seguía metiendo y sacando su verga con fuerza, mis gemidos se ahogaban con la verga de Luis que me tomó del pelo y empezó a cogerme por la boca, me la enterraba profundo hasta sentir la pelambre de su ingle en mi nariz, y me llegó el olor de sus huevos, estaba como ensartado con una verga larga que me entraba por el culo y me salía por la boca.

    Así estuvieron dándome duro, Pablo me enterraba la verga hasta los huevos y la movía en círculos, deliraba de placer, mi saliva chorreaba por la verga de Luis, continuaron embistiéndome duro y arreciando sus embestidas cada vez más rápido y con fuerza hasta que ambos se corrieron intensamente en mi interior, la leche de Pablo inundando mis entrañas y chorreando por mis nalgas y piernas y la deliciosa y calientita leche de Luis depositada en mi boca y chorreando por la comisura de mis labios.

    Cabe señalar que ese día no llegué a la primera clase, ni a la segunda y estoy seguro que Pablo y Luis tampoco llegaron, esos deliciosos desayunos se siguieron repitiendo, y a pesar de mis negativas no fueron pocas la veces que lograron vencer mis defensas y cogerme, en forma alternada por mi boca y culo y como imaginativos y cachondos que eran, siempre había algunas variantes, en ocasiones, sobre todo Pablo, me hacía mamar su verga y cuando estaba a punto de venirse lo hacía sobre un tazón lleno de cereal, grandes cantidades de semen salían disparados de su roja cabeza hacia el tazón con una puntería asombrosa, a veces Luis se unía a este juego y era el semen de ambos el que se depositaba en el tazón y posteriormente se llenaba de leche y lo ponían en la mesa, ante la mirada divertida de ambos, ya me había acostumbrado a al sabor de su semen y me comía el cereal con glotonería, el cereal tenía un sabor diferente, pero rico, algo dulzón y un toque amargo, conforme me iba comiendo el cereal y absorbía la leche el sabor se iba haciendo más intenso, si, la mayor cantidad de semen quedaba al fondo, así que después de terminar el cereal y dar los últimos sorbos de leche, lamía el fondo del tazón, tomaba su semen con mi lengua y lo saboreaba, abriendo la boca para que vieran el viscoso líquido, eso los prendía mucho también, perdí muchas clases gracias a estos dos calenturientos, sobre todo en las mañanas, eran incansables, incluso cuando estudiaban para preparar sus exámenes, me tenían bajo el escritorio, hincado, mamándoles sus vergas, o bien cuando veían televisión ahí estaba yo, con alguna verga dentro de mi boca, hasta que mis mandíbulas dolían, solamente respetándome los días Viernes, ya que les supliqué me dejaran descansar o no podría cumplirle a mi novia, me dejaban exhausto pero feliz.

    Esa rutina se repitió por algunos meses, hasta que todo cambió, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

    Relato anterior:

    “Mi roomie me rompe el culo vestida de nena con sorpresa”

    “Mi roomie me rompe el culo vestida de nena con sorpresa (2)”