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  • Ana Cecilia (4): Mi primer marido, la rutina

    Ana Cecilia (4): Mi primer marido, la rutina

    Después de la primera vez que Daniel me cogió comenzamos una relación de pareja, desde el principio supe perfectamente que mi nuevo macho buscaba solamente mejorar su nivel de vida, el sueldo que obtenía en su trabajo apenas le alcanzaba para pagar la renta y la comida… conmigo no solo iba a dejar de pagar renta y comida sino que además siempre iba a tener mi culo a su disposición porque Daniel era muy caliente Y yo bien puta… Así que nos complementamos a la perfección. De modo que le pedí que viniera a vivir conmigo. Por supuesto que aceptó de inmediato.

    Para mí fue una temporada muy buena establecimos una rutina muy satisfactoria para los dos nuestro día comenzaba más o menos así:

    6:00 a.m. Daniel despierta muy excitado y comienza a manosear mis suaves nalgas completamente desnudas pues el babydoll que uso apenas las cubre, comienza a meter un dedo en mi culo y en cuanto siento ese travieso dedito hurgando mi hoyito despierto de inmediato me empino poniéndome en cuatro patas ofreciendo mi culito impúdicamente a mi macho, quien toma su rígida y hermosa vergota y la dirige a la entrada de mi lujurioso culo, el roce de la cabeza de su verga tocando los pliegues de mi ano despierta a la puta que hay dentro de mí… De inmediato comienzo a pedir:

    – ¡Ya papi estoy lista méteme la verga! ¡Cógeme papito culo! ¡Me encanta la verga! ¡Adoro como me comes papi! ¡Ay que rico me coges! ¡Dame verga papi, dame duro!

    – ¡mueve las nalgas mami! ¡Aprieta el culo mi reina! ¡Qué culito tan rico! ¡Qué rico se traga mi verga tu cola! ¡Toma verga puta trágate toda mi verga!

    Me coge lentamente sacando su vergota casi totalmente para luego clavármela de golpe hasta los huevos, haciéndome gritar de placer, comienza a culearme más rápidamente… Señal de que se va a venir empiezo a masturbarme al ritmo de la deliciosa culeada… Hasta que finalmente siento que mi macho se tensa y comienza a llenar mi culito con su espesa y rica leche… Me masturbo más rápido hasta que me vengo en la palma de mi mano con la verga de mi hombre clavada en el culo, limpio con mi lengua hasta la última gota de leche de mi mano… Mi macho saca su verga de mi culo y dándome una sonora nalgada se va a bañar.

    Ese es mi desayuno favorito una buena ración de verga rematada con un rico chorro de lechita de mi macho.

    6:45 a.m. Mientras mi marido se baña y se viste yo preparo su desayuno, siento correr su leche por mis desnudas piernas hasta mis sandalias de tacón bajo… Mis huevos y mi pena flácido después de la culeada que acabo de recibir, no traigo calzones mi tanga está «perdida en combate» así que salvo el babydoll y las zapatillas estoy casi encuerada, una vez vestido y arreglado mi marido se sienta a desayunar yo sólo bebo café, mientras desayuna lo observo detenidamente !se ve tan guapo! Con la ropa que le he comprado se ve muy atractivo, cuando llegó a mi vida traía muy poca ropa y muy gastada… Así que comencé a regalarle ropa de buena calidad y el cambio valió la pena, luce realmente guapo estoy muy orgullosa de ser «la mujer» de Daniel.

    Termina su desayuno, se lava los dientes y se despide dándome un fuerte beso. 7:15 Me doy un rico baño y repaso mi depilado para eliminar de mi cuerpo cualquier vello indeseado, salgo del baño, después de secarme aplico cremas humectantes para mantener mi piel suave, me pongo un lindo par de medias transparentes sostenidas por un coqueto liguero y me pongo unas pantaletas (no uso tanga cuando salgo vestido de hombre porque las pantaletas completas me permiten ocultar mejor mis cositas mejor me pongo un brassier sin tirantes para no se note que lo llevo puesto, me pongo una camiseta blanca y la camisa, un par de calcetines gruesos para ocultar las medias y me pongo el pantalón después me peino y aplico una loción para caballero de aroma muy dulce casi de mujer finalmente me pongo zapatos y un saco, tomo mi portafolio y estoy listo para el trabajo.

    7:30 a.m. Abordo el metro en la estación Bellas Artes como siempre… Está hasta la madre repleta con muchos trabajos logro subir al vagón, vamos todos apretujados es muy incómodo de vez en cuando algún tipo se coloca detrás de mí y muchas veces por accidente y otras intencionadamente apoyan su paquete en mis nalgas… Me pongo cachonda de inmediato pero tengo que reprimir mis ansias de restregar mis nalgas para que sepa que me gusta… Pero como voy vestida de hombre me hago pendeja y a duras penas permanezco inmóvil hasta que llego a mi destino y abandono el metro

    8:00 a.m. Llego a la oficina y después de saludar a mis compañeros de trabajo y a mis jefes y me lanzo de lleno a hacer mi trabajo.

    2:00 p.m. Salgo a comer con algunos compañeros

    3:00 p.m. Regresamos a la oficina para reanudar nuestras labores

    5:00 p.m. Me despido de mis compañeros de trabajo y salgo de la oficina rumbo a mi casa.

    6:00 p.m. Llego a casa y de inmediato me quito la ropa de calle y como ya llevo lencería solo me pongo algún vestido o alguna bata corta me pongo zapatillas y me hago un peinado femenino aprovechando que ya tengo el cabello largo, me maquillo y así completamente arreglada preparo la cena para mi marido, mientras cocino tomo algo de vodka y naranja para relajarme, cuando termino de cocinar me hago un lavado anal y me lubrico el culo con vaselina, ya no me pongo las pantaletas, a partir de ese momento sólo son un estorbo, saco del closet una camisa y un pantalón de mi marido y los plancho los acomodo junto con una trusa, camiseta y un par de calcetines para que mi marido se vista mañana para ir a trabajar, me gusta que siempre esté bien vestido y limpio, cuando termino me siento en el sofá y mientras bebo vodka y fumo veo algún programa de televisión, esperando ansiosamente la llegada de mi macho… La mayoría de las veces no presto atención a la tele, comienzo a ponerme cachonda pensando en cómo mi marido me va a coger esta noche.

    8:15 p.m. Por fin llega mi marido… Lo recibo abrazándolo y besándolo mientras él acaricia mis desnudas nalgas metiendo sus deditos traviesos en mi culo, lo llevo al sofá y le sirvo una copa o una cerveza empinándome frente a él mostrando impúdicamente mis desnudas nalgas, me siento junto a él y mientras bebemos nos manoseamos y besamos poniéndome muy cachonda, comienzo a tocar su tiesa y rica verga, no tardó mucho en liberar al adorable objeto de todos mis anhelos y más íntimos deseos, beso la punta de la maravillosa vergota de mi marido para demostrarle cuánto me gusta.

    9:00 p.m. Sirvo la cena y platicamos de nuestras vidas lo que deseamos y cada día nos conocemos mejor y nos comportamos cada vez más como una pareja normal, cuando terminamos de cenar yo limpio la mesa y lavo los trastes como cualquier mujercita… Mientras mi marido se baña, ahora él está completamente desnudo y yo solo llevo puesta mi lencería, tomamos una copa más mientras nos besuqueamos y nos manoseamos… Ya estamos cachondos y él comienza a sobarme las nalgas y a meter sus dedos traviesos en mi culito dedeándome bien rico mientras yo me dedico a mimar y a mamar su rica vergota, a veces me culea ahí en el sofá y otras me lleva a la cama donde me da verga a gusto, yo encantada dejo que me coja a su antojo, porque de cualquier manera siempre me hace delirar de placer, es la gloria ser tratada como una dama en la calle y como una auténtica puta en la cama, siempre me culea riquísimo, y noche tras noche termino con el culo repleto de la leche de mi hombre.

    Primero me pongo empinada en la cama en cuatro patas… Como perrita y Daniel saca el consolador del tocador y lo introduce lentamente en mi lubricado culo, despacio… Lentamente… Siento como roza los pliegues de mi ano y mi placer es increíble comienzo a gemir como una auténtica puta.

    – ¡Ay papi que rico siento! ¡Sigue así métemelo todo! ¡Me gusta mucho!

    Daniel se toma su tiempo… Sabe que tenemos toda la noche para gozar… Mientras mete y saca el consolador de mi cola acaricia y besa mis nalgas desnudas se coloca delante de mí ofreciéndome su rica verga… No necesita pedírmelo inmediatamente abro la boca y comienzo a mamar recorriendo con mi lengua desde los huevos hasta la punta, tener mis dos huecos ocupados… Una verga en la boca y un consolador en el culo me ponen muy cachonda. No puedo apartar la mirada de mi imagen en el espejo, me pone muy cachonda ser tratada como una puta.

    Ahora le pido a mi macho que me deje cabalgar su rica verga.

    – ¡Ay papi déjame sentar en tu verga!

    Él se tiende de espaldas yo me pongo en cuclillas dándole la espalda y poco a poco me voy sentando hasta que mi culo se traga completamente esa rica vergota, apoyando mis rodillas en la cama comienzo un delicioso sube y baja, recorriendo con mi ano toda la longitud de la poderosa vergota de mi hombre. Mis nalgas se sacuden con cada sentón y mi verga muy tiesa se mueve como badajo al ritmo de la culeada, me muevo como loca disfrutando alegremente de la verguiza.

    – ¡Ay papi me encanta estar ensartada en tu verga! ¡Siento muy rico!!! ¡Sóbame mis chichitas… pellizca mis pezones! ¡Adoro tu verga… Me hace muy feliz! ¡Dame de nalgadas azótame las nalgas! ¡Cógeme más fuerte papacito!

    Sin sacar su verga de mi culo giro mi cuerpo hasta quedar frente a frente, entonces me quito el brassier y me recuesto sobre él besándolo con pasión… Ya estoy desatada mi frenesí solo puede ser apagado a base de vergazos, mi hombre nota que estoy completamente entregada y me culea violentamente. Apoya mis nalgas en las palmas y me levanta hasta sacarme la totalidad de la verga y luego me deja caer sentada totalmente ensartada… Mis nalgas chocan contra sus piernas, siento un hormigueo muy rico en mi ano, ¡por dios, estoy tan Cachonda!

    Desesperada le pido a mi macho que me coja otra vez empinada como perrita porque me encanta que me culee así, me pongo en cuatro patas y me clava su vergota de una sola vez, haciéndome ver estrellitas, me muero de gusto y lo demuestro gritando como loca:

    – ¡Cógeme más fuerte amor! ¡Me encanta cómo me abres el culo!

    – ¡Qué rico culito tienes Cecilia! ¡Te tragas todo mi camote! ¡Mamacita eres bien puta! ¡te encanta la verga puta!

    – ¡Si papacito soy una puta! ¡Me encanta la verga! ¡Adoro que me metas la verga! ¡Amo tu verga! ¡Ay, ay, ay Cógeme más fuerte!

    – ¡Toma cabrona ahí te van mis mocos! ¡Te voy a llenar el culo de leche! ¡Toma verga puta! !trágate toda mi leche con el culo!

    Cuando se viene en mi culito se queda quieto con su verga aún tiesa dentro de mi colita y casi en seguida se duerme… Yo tardo más en conciliar el sueño así que siento cuando su verga pierde su maravillosa dureza y sale de mi satisfecho hoyito, entonces lo abrazo y así acurrucada a mi hombre pensando que ahora mi vida es casi perfecta y que mañana tendré un día muy parecido al de hoy… Mañana voy a recibir otra rica deliciosa verguiza como la de hoy… Daniel tiene razón… Soy una auténtica puta, pero no puedo evitar que me guste tanto la verga. Me gusta ser una mujercita muy puta.

    11:00 p.m. Completamente satisfecha me duermo en brazos de mi hombre.

  • Mariel, mi madrastra puta

    Mariel, mi madrastra puta

    1

    Cuando papá me presentó a Mariel no me gustó ni un poquito. Era mucho más joven que él, de veintitantos años. Podía ser mi hermana más que mi madrastra. Además, era tan linda que estaba seguro de que le traería problemas al pobre viejo.

    Desde que mamá murió, papá se sumió en una depresión de la que tardó en salir más de tres años. Yo tuve que hacerme cargo de los gastos de la casa, ya que él no tenía ánimos ni para salir a la calle.

    Pero con la ayuda de un psiquiatra y un psicólogo, de a poco, fue encontrando de nuevo el sentido a la vida. Yo me alegré muchísimo cuando me dijo que volvía al trabajo. Siempre temí encontrarlo un día colgado de una soga. Pero esos tiempos quedaron atrás, y si bien en su actitud persistían unas formas melancólicas, no se comparaban con la depresión que sufrió antes.

    Pero entonces apareció Mariel, y todo cambió.

    Al principio era todo color de rosas. Parecían dos adolescentes enamorados (aunque de hecho ella no estaba lejos de serlo). Papá comenzó a vestirse como un pibe, salía con ella todos los fines de semana a cenar afuera, le compraba toda la ropa que le pedía, y más. Básicamente le cumplía todos sus caprichos.

    Pero a mí no me terminaba de cerrar mi nueva madrastra. No tenía ninguna virtud: no era inteligente (aunque tampoco tonta), no era solidaria (maltrataba a las personas que pedían limosnas en la calle), y no tenía otro interés que el de verse bonita. Y eso era probablemente lo único que tenia de bueno. Era linda. Y sexy. Era una morocha de pelo negro azabache, con una cara ovalada muy peculiar y atractiva. Yo mismo la miraba con ganas, antes de que se juntara con mi viejo, cuando la veía por el barrio, y más de una vez le dije algún piropo que ella fingía no escuchar.

    Entendía a mi viejo. Para un tipo de cincuenta años que hace años no cogía, una mina como esa resultaba irresistible. Pero lo que no entendía era qué veía ella en el viejo. El pobre era petiso y feo, además de ser ya muy grande. No me quedó otra que pensar que Mariel estaba con él por interés. Y no es que mi viejo sea un tipo con plata, ni mucho menos. Pero para las zorras como Mariel, un hombre con casa y auto propios, y un trabajo estable, era todo un sueño.

    Durante bastante tiempo fingí cordialidad hacia ella. Al fin y al cabo, el viejo era feliz.

    Ella venía casi todos los días, y a los pocos meses de salir con papá, fue trayendo cada vez más cosas suyas a nuestra casa, y sin darme cuenta ya estaba viviendo bajo el mismo techo que mi nueva madrastra.

    Mariel trataba de caerme simpática. Pero yo le hablaba lo justo y necesario. Solía cebarme mate a la mañana, y a veces hacía la cena. Tengo que reconocer que me trataba bien, siempre me preguntaba cómo iban mis cosas, y se preocupaba si le contaba que tuve algún percance. De todas maneras, yo mantuve mi conducta hosca, cosa que ella atribuía a mi personalidad. Es decir, Mariel creía que era así de seco y callado con todo el mundo, cosa que de hecho era cierto. Pero la diferencia era que ella me caía mal. A mis veintitrés años aprendí a identificar a una zorra a diez kilómetros de distancia, y ella era una zorra calientapijas, de las mejores.

    2

    Le gustaba coger. Le encantaba. No dejaba a papá descansar dos días seguidos. La perra se aseguraba de hacerme escuchar sus orgasmos. Yo no podía creer su descaro.

    Solía salir de casa, mientras papá estaba trabajando, y volver varias horas después. Se ponía muy linda, con un vestido corto, o un pantalón blanco bien ajustado que la hacían ver como una puta. Yo no le decía nada. Si a papá no le molestaba que su mujer salga así a la calle, yo tendría que guardarme mis opiniones. Cuando volvía, me contaba, sin que yo se lo preguntase, que había ido a visitar a su madre, o a alguna amiga. Yo le creía muy poco todas las cosas que me contaba, porque más de una vez, mientras hablaba, miraba hacia arriba y a la izquierda, señal inequívoca de que se estaba inventando una mentira. Eso lo aprendí en un programa de televisión.

    Cuando se dio cuenta de que yo era un hueso duro de roer, y de que sus salidas “a la casa de su madre” no me convencían en absoluto, intensificó sus intentos por caerme bien.

    Me mandaba mensajes antes de llegar a casa preguntando si hacía falta algo para la heladera. Me preguntaba todos los días si había dormido bien. Me decía que quería presentarme a una amiga de ella, que andaba buscando un chico lindo y serio como yo. Pero yo le daba la cabida justa y necesaria, y no quería saber nada con las zorras de sus amigas.

    Después noté que había cierta rutina en sus salidas. Lo miércoles en particular, salía de casa a las dos de la tarde, y volvía a las seis, con una puntualidad exagerada. Seguramente la muy puta se veía con un tipo que sólo contaba con esas horas libre. Algún oficinista quizá.

    De alguna manera Mariel percibía mi encono hacía ella. Así que para no tener problemas conmigo, y viendo que sus actitudes condescendientes no le servían de nada, optó por una estrategia más arriesgada: empezó a seducirme.

    Una vuelta, a la madrugada, yo estaba viendo House of Cards en Netflix. Me había quedado hasta tarde porque la serie me gustaba mucho (aunque la última temporada me pareció una porquería) entonces aparece Mariel: la zorra vestía solo el corpiño y una tanga blanca.

    — Perdón, no sabía que estabas acá. — dijo, con una risa descarada. — vine a tomar agua. Tu papá me dejó exhausta.

    Yo actué como si me hubiese dicho cualquier otra cosa. La zorra fue hasta la cocina, meneando las caderas, y moviendo el culo para que yo se lo mirase. Era una puta calientapijas, y me caía mal, pero estaba muy buena. Si su pareja no fuese mi viejo, la seguiría hasta la cocina y le ensartaría la verga en el culo por la fuerza, para que aprenda a no andar insinuándose por la vida. Noté que en la espalda tenía un tatuaje que era como una firma, aunque no entendí qué decía, pero le quedaba muy sexy. La zorra de mi madrastra volvió de la cocina, ahí me di cuenta que tenía gotitas de transpiración encima de las tetas.

    — Me voy a dar una ducha y luego a dormir. — dijo, como si alguien se lo hubiese preguntado. Y se fue al baño mostrándome el culo.

    De pura curiosidad, y para saber qué tan calientapijas era, me acerqué al baño, y vi a través de la cerradura: Le yegua se duchaba, y no había corrido la cortina para taparse. De hecho, sí la había corrido, pero para asegurarse de quedar a merced de cualquiera que quisiese verla.

    Tenía el cuerpo atlético. Los músculos de los brazos y piernas se le marcaban, pero no tanto como para dejar de ser femenina. Estaba completamente depilada, y se pasaba el jabón por todo el cuerpo. Su piel bronceada resultaba muy llamativa cuando estaba mojada. Tenía un cuerpo imponente. Mi pija ya estaba hinchada desde que la vi en tanga, pero ahora se había endurecido por completo. Volví al living y seguí mirando la serie. Mi miembro tardó bastante en ponerse flácido.

    Solía hacer ejercicios delante del televisor. Se ponía calzas ajustadísimas. Cuando yo volvía de la facultad solía encontrármela toda transpirada, tirada en el piso, haciendo ejercicios para endurecer los glúteos. Yo la saludaba, le echaba una fugaz mirada y seguía con lo mío.

    En otra ocasión, cuando se estaba poniendo un vestido para salir con mi papá, que todavía no volvía del trabajo, me pidió que la ayude a levantar el cierre del vestido.

    Me puse a su espalda. Ella tenía el pelo recogido y por primera vez vi un tatuaje en su nuca, el cual consistía en una flor perfectamente simétrica, dibujada prolijamente justo en el medio de la nuca.

    — Lindo tatuaje. — le dije.

    — Gracias. Me dijo. Mientras yo agarraba el cierre. Antes de cerrarle el vestido, tironeé levemente del cierre, y mirando hacia abajo, noté que llevaba una diminuta tanga blanca. — ¿te parece sexy? — me preguntó.

    Al principio me desconcertó. ¿Se refería a si su tanga era sexy? Por supuesto que lo era. Pero ¿Me había visto observarla y la muy puta me preguntaba eso?

    — ¿Qué? — Pregunté.

    — El tatuaje… ¿te parece sexy? — aclaró ella, riendo.

    — Ah, sí. A papá seguro que le gusta. — dije yo, remarcando la palabra papá, para que la puta recuerde de quién es pareja, y no ande preguntando cosas desubicadas a otros.

    El viejo llegó al rato y se fueron a cenar afuera. Cuando volvieron, a la madrugada, escuché cómo se movía la cama de ellos. El viejo la estaba pasando bien, y seguramente le había gustado verla en tanga tanto como a mí.

    3

    No entendía esa actitud de Mariel de andarse mostrando con poca ropa por toda la casa. Y menos entendía a mi papá que no parecía importarle.

    Cuando llegó el calor la cosa fue peor, porque aprovechaba para andar en minishorts, y polleritas bien cortas.

    Un día yo estaba haciendo un trabajo práctico en la computadora, cuando ella me interrumpió.

    — ¿Te puedo hacer una pregunta Gaby?

    — Sí, decime. — le dije, sin apartar los ojos del monitor.

    — ¿Yo te caigo bien?

    Ahora sí giré a mirarla. Tenía uno de esos shorts diminutos que dejaban las piernas completamente desnudas, y una blusa escotada. Estaba levemente inclinada. Me miraba seria, y preocupada, pero al mismo tiempo me exponía sus tetas, y hasta podía ver el corpiño. ¿Cómo me iba a caer bien una puta buscona como ella?

    — Sí. — Mentí. — ¿Por qué?

    — Porque sos muy osco conmigo. Quizá hice algo que te ofendió…

    — Para nada. Soy así con todos. — aclaré. — quedate tranquila.

    — Ah bueno, menos mal. — me dijo, irguiéndose. — ¿Y qué pensás de mi relación con tu papá? Me imagino que te habrás asombrado de que tenga una novia tan joven.

    Se cruzó de brazos, y flexionó una pierna, sacando culo.

    — A mí no me sorprende casi nada. — dije, una vez que terminé de mirarle las piernas y las tetas. — Si él es feliz, yo me alegro por ustedes. Eso sí. — agregué. — vos sabés muy bien lo que sufrió por mi madre. No creo que aguante un desengaño.

    — Quedate tranquilo que yo lo amo con todo mi corazón. — Dijo la imbécil. Y se quedó un buen rato explicándome lo importante que era para ella la fidelidad, y el compañerismo, y que mi viejo era la mejor persona que conoció, y que sabía que yo también era una buena persona, y que no quería otra cosa que agradarme.

    Estuvo como media hora hablando y hablando, hasta que por fin me dejó con mis cosas.

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    Ese discurso paranoico sólo sirvió para que yo sospeche aún más de ella.

    Seguía desapareciendo durante la semana, y cuando volvía, iba inmediatamente a bañarse. Yo aprovechaba para espiarla, al fin y al cabo, tener a una zorra como ella en casa habría de servir para algo.

    Mientras miraba como se pasaba el jabón por los muslos, y cómo se frotaba el sexo, yo pensaba que la puta acababa de verse con algún amante, y trataba de borrar cualquier prueba que haya quedado en su cuerpo.

    Revisé su celular. Pero no había nada incriminatorio. Seguramente borraba todos los mensajes.

    — Carlooos — gritó. Me sobresaltó pensar que me había descubierto revisando su celular, pero el grito venía del baño. Me acerqué a él.

    — ¿Qué? — Le pregunté.

    — Me pasas una toalla por favor, que me olvidé de traer una.

    Le llevé una toalla. La puerta se abrió levemente y Mariel sacó su rostro empapado con una sonrisa provocadora.

    — Gracias mi amor. — me dijo. Estiró la mano para agarrarla, y cuando lo hizo, pude ver parte de su seno.

    — De nada. — dije, y pensé: “puta”

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    No me cabían dudas de que engañaba al viejo. Ese culo no podía ser para un solo hombre. Pero no encontraba pruebas. No sólo revisaba su celular. Cuando dejaba la computadora encendida, su sesión estaba abierta. Entonces revisaba todas sus redes sociales y sus mails. Pero nada. Seguramente borraba todo mensaje incriminatorio apenas le llegaban.

    Pasó casi un año de que salía con el viejo. Era difícil evitar una relación con ella, porque la veía todos los días, así que de a poco le fui dando un poco de confianza, sólo para tenerla controlada de cerca. Estaba todo el tiempo a la expectativa de encontrarla en una situación comprometedora, pero la perra era muy escurridiza.

    Un día la vi yendo para casa, cuando yo, desde la otra vereda también me dirigía hacía ahí. Un vecino, que estaba parado detrás del muro de su casa, le dijo algo, y ella sonrió.

    Otro día la escuché hablando en la cocina por celular, en susurros, y cuando me acerqué para servirme una tasa de agua, dijo algo ininteligible y colgó.

    A veces yo volvía a casa en horarios irregulares, sólo para ver si la encontraba en algo raro. Pero no había caso. No tenía nada contra ella, pero aun así seguía convencido de que no era la mujer ideal para el viejo.

    Cuando llegó fin de año se fueron con el viejo a la fiesta anual de la empresa para la que él trabajaba. Mariel llevaba un vestido negro, muy ceñido y corto, con un pronunciado escote que mostraba parte de sus tetas. A mí me parecía que le quedaba mucho mejor los colores claros, ya que resaltaban su piel bronceada, pero aun así se veía muy hermosa. Y muy puta.

    Cuando volvieron a la madrugada, yo todavía estaba paveando con una serie. Él iba con su brazo sobre el hombro de Mariel, y arrastraba lentamente sus piernas. Creí que estaba borracho, pero vi que ella tenía una expresión de preocupación. Entonces observé mejor al viejo, y noté que su cara estaba hinchada.

    — ¿¡Qué pasó?! — Pregunté, preocupado.

    — Tuvimos un problema, pero está todo bien. — balbuceó el viejo. — solo necesito un poco de hielo y descansar. — agregó.

    — Pero cómo que está todo bien. — dije, indignado. — ¡mirá como estás!

    — No le grites. — intervino Mariel. — dejame que me ocupe de él, y después te explico.

    Después de media hora, Mariel volvió al living.

    — ¿Está bien? — pregunté. — ¿No es mejor que lo llevemos a un hospital?

    — Está bien, no te preocupes. Sólo tenía unos golpes en la cara. Ya está durmiendo como un tronco.

    — Pero contame qué pasó, por favor.

    — Tuvo una pelea con un tipo en la calle. Nos bajamos del taxi unas cuadras antes, para caminar un poco, y ahí nos cruzamos a ese tarado.

    — ¿Y por qué fue la pelea? — pregunté. Aunque ya me imaginaba la respuesta.

    Mariel miró al piso, parecía algo avergonzada, y culpable.

    — Es que el tipo me dijo una guarangada, y tu papá se puso loco.

    — Me imaginaba. También… si vas así vestida…

    — ¿Qué tiene que ver la manera en que voy vestida? — preguntó ella, indignada.

    — Vos sabés a qué me refiero. — dije.

    — No, no lo sé.

    La vi de arriba abajo. Estaba sentada al lado mío. Las piernas cruzadas. Si le levantara unos centímetros el vestido, podría ver la tanga que llevaba puesta.

    — El problema es que andás provocando a todo el mundo. — le largué. Estaba furioso. El pobre viejo había recibido una paliza por culpa de esa zorra.

    — Me duele lo que decís. No pensé que fueses tan machista. — dijo ella.

    — No te hagas la inocente. — retruqué. — no me vengas con esa mierda del feminismo. Si salís vestida así, sabés muy bien que vas a calentar a todo el mundo.

    — ¿Ah sí? ¿A vos también? — preguntó la zorra, desafiándome. Descruzó las piernas, y luego las volvió a cruzar.

    Yo hice de cuenta que no la escuché.

    — Además no me gusta que lo cagues al viejo. Y si no le digo nada es para que no romperle el corazón.

    — ¿Qué yo cago a tu viejo? — dijo, fingiendo indignación. — yo lo amo a tu papá. — de repente se puso a llorar. — Ya no sé qué hacer para caerte bien. Siempre me estás mirando con desprecio. No me hablás. Me vigilás todo el tiempo. ¿Qué hice yo para que me odies?

    — Lo que pasa es que no me gustan las putas.

    — ¡¿puta?! — dijo, estupefacta. — ¿acaso vos sabés si me acuesto con alguien más que no sea tu papá? ¡Estás totalmente equivocado!

    — Yo conozco a las putas cuando las veo. — dije. Y casi sin darme cuenta apoyé una mano sobre su rodilla, y la deslicé hasta llegar al muslo.

    — ¿Qué hacés? — me dijo, haciéndose un poco para atrás. — ¿Estás loco?

    Quizá fue la locura lo que se apoderó de mí. Pero también lo hice para comprobar que era una puta traidora. Si no había conseguido evidencias que la delaten, yo mismo sería la prueba de su infidelidad. Así que metí mano más adentro. Ella cerró las piernas, pero yo las separé con mi mano libre y alcancé a acariciar su vulva.

    — ¡No, Carlos, basta! — dijo ella, susurrando. — Tu papá está arriba. — agregó. Cosa que me provocó aún más.

    — ¿y si no estuviese arriba, qué? ¿Entonces si lo harías? — pregunté, malicioso. La agarré de las piernas y la arrastré hasta que su cuerpo quedó a lo largo del sofá.

    — ¡No Carlos, basta! ¡No quiero! —dijo, pero continuaba susurrando, no quería que escuche el viejo, y por ende supuse que en realidad sí quería hacerlo.

    Levanté su vestido, y de un tirón le arranqué la tanga. Ella me empujaba, pero era muy débil, y con una sola mano pude dominar sus brazos. Cerró las piernas. Yo me bajé los pantalones y luego, con la mano libre intenté separarlas. Eso fue más difícil. Forcejeamos un rato hasta que pude hacerme lugar.

    — ¡Basta, voy a gritar! — dijo, cuando yo apuntaba mi cañón a su sexo.

    — A ver gritá. — la desafié. Mi pija estaba a unos centímetros. — ¡Gritá, zorra! — hice un movimiento pélvico, y la penetré.

    — ¡Ay, no. No quiero! — decía Mariel, apretando los dientes.

    Pero yo hice otro movimiento y se la ensarté más adentro. Cuando me descuidé intentó de nuevo empujarme, y me arañó el pecho. Pero eso no era suficiente para que yo desista.

    La agarré de las tetas con violencia, y sentí cómo se desgarraba la tela del vestido. Se las chupaba mientras la penetraba, y por momentos le mordía el pezón. Era una puta muy sabrosa.

    Por fin desistió de su intento de repelerme. Al fin reconocía que quería que la coja, la muy puta. Así que me hice un festín con su cuerpo. Mariel fingía no disfrutar, cerró los ojos y me dejó hacer. Pero cuando le lamí el clítoris, su cuerpo reaccionó.

    — Así que esto te gusta ¿eh, puta? — le dije, y me dediqué a devorarle la concha. — Yo sabía que eras una puta regalada. — agregué. Luego, como veía que, si la quería hacer acabar con el oral, iba a tardar una eternidad, la penetré de nuevo.

    El sofá se arrastraba y hacía ruido a cada movimiento nuestro. Pero yo conocía al viejo, una vez que cerraba los ojos, no había quien lo despierte.

    La zorra de Mariel no era la gran cosa en el sexo. Sólo se limitaba a abrir las piernas. Pero al menos ahora no se resistía. Además, lo buena que estaba compensaba su frigidez.

    — Voy a acabar en tus tetas, puta. — le dije. Mientras me pajeaba, ella se tapaba la cara para que no le salpique semen. Pero yo apunté a las gomas, y se las llené de leche, y también le ensucié el vestido.

    Una vez que acabé, se puso a llorar. No había cosa que me molestara más que una puta arrepentida.

    — Andá a bañarte y lavá bien ese vestido, que no quiero que mi pobre viejo se entere que sos una puta. Al menos no por ahora. — le dije, y la dejé llorando.

    6

    Al otro día no la vi por casa, ni cuando me levanté, ni cuando volví de la facultad. Me ilusioné pensando que por fin me había deshecho de ella. Pero ¿cómo había sucedido la ruptura? ¿Ella le confesaría que era una puta? ¿Le contaría a papá que por la noche me provocó y que tuvimos sexo? Si hizo eso, mi viejo estaría destruido. A mí tendría que perdonarme, porque él sabe bien cómo somos los hombres, no le podemos decir que no a una concha caliente. Pero aun así lo atacaría la depresión de nuevo y quien sabe qué haría.

    Pero a la noche volvieron juntos. Él estaba de lo más contento de que la zorra lo haya visitado a su trabajo. Seguramente fue la envidia de todos sus compañeros. Pero Mariel, aunque fingía normalidad, estaba perturbada.

    Pero lo importante es que la zorra no abrió la boca.

    Cuando cenamos, me miraba todo el tiempo, como a la expectativa de lo que yo iba a hacer.

    — Te queremos contar algo. — dijo el viejo, todo sonriente. — estamos pensando en casarnos.

    Yo no sabía si reírme o llorar ¿casarse con esa puta? El mundo se había vuelto loco.

    — ¿En serio? Los felicito. — dije, inventando mi mejor sonrisa.

    Festejamos destapando una botella de champagne. Mariel me rehuía la mirada todo el tiempo.

    Cuando el viejo se fue a atender un llamado de trabajo, me acerqué a ella. La zorra retrocedió, hasta quedar atrapada entre la pared y mi cuerpo.

    — Vos no te vas a casar con mi papá. — le dije.

    — Yo lo amo a él, y vos ayer abusaste de mí.

    — Abusé de vos…— dije, con ironía. Le agarré una de sus tetas, y la estrujé. — ¿Y ahora estoy abusando de vos? — le pregunté.

    — Basta. — dijo, agachando la mirada.

    Yo disfruté de sus tetas un buen rato, hasta que escuché los pasos del viejo que volvía a la cocina.

    — ¿Qué pasa mi amor? — le preguntó a Mariel, ya que la imbécil estaba llorando.

    — Está emocionada por el casamiento. — intervine yo. Y ella asintió con la cabeza.

    7

    Siguió esquivándome, pero era imposible que no nos veamos en algún momento del día. Yo aprovechaba cualquier momento en donde papá estuviese mirando a otra parte para pellizcarle el culo, o sobarle las tetas. Ella fingía estar molesta, pero eso no me importaba. Lo que yo quería era tenerla a solas una vez más. En esta ocasión la grabaría, y usaría eso para obligarla a cortar con el viejo. Eso sí, le ordenaría que lo haga paulatinamente, y que le encuentre a alguna otra zorra con quien entretenerse.

    Pero era difícil encontrarla sola. Como yo solía desvelarme, cuando me levantaba ella ya no estaba en casa. Y cuando me levantaba temprano, Mariel se iba casi corriendo. En una ocasión, me la crucé en el comedor justo cuando se iba. Pasó a mi lado, sin siquiera saludarme, así que la agarré de la muñeca.

    — ¿no saludás? — le recriminé.

    — Chau. — dijo ella, y trató de zafarse, sin éxito.

    Me levanté de la silla. La llevé a los tirones contra la pared, y poniéndola de espaldas, empecé a explorarla por todas partes. Ella se dio la vuelta, y me dio un cachetazo para luego salir corriendo.

    En otra ocasión la intercepté cuando salía de bañarse. Tenía todo el cuerpo húmedo y olía muy bien.

    — Basta Carlos, esto tiene que terminar. — llevaba una toalla enorme que envolvía su cuerpo. Su cabello mojado estaba suelto — No quiero, por favor. — me dijo.

    La agarré la cintura y la puse contra la pared.

    — Basta, me das miedo. — me dijo la muy mentirosa. Metí mano por debajo de la toalla. La piel era tersa, y gracias a la humedad mis dedos se resbalaban en ella con suma facilidad. — No quiero hacerle esto a tu papá. — Dijo, gimoteando. Puso sus manos en mis hombros y empujó, pero no podía hacer nada. Yo ya estaba deleitándome con sus nalgas a dos manos. Le olí el cuello. Se sentía fresco y dulce. — Por favor Carlos, no me hagas esto. — suplicó, pero mientras más rogaba más al palo me ponía. Los glúteos eran firmes y suaves, resultaba muy difícil dejar de manosearlos, pero subí una mano para dedicarme a sus tetas.

    — Yo sé que sos una puta. — Le dije, estrujándole una goma. — reconozco a una puta a mil kilómetros de distancia. — tomé la toalla, y la obligué a sacársela.

    Estaba completamente en pelotas. Toda su piel estaba bronceada, y su pelvis totalmente depilada, como ya lo había confirmado antes. Ella se tapó las tetas con los brazos, y se encogió. Miraba al piso, y caían algunas lágrimas de sus ojos. Lágrimas de cocodrilo pensé yo.

    Me humedecí la mano con mi saliva, y la metí entre sus piernas. Ella intentaba cerrarlas, pero yo las abría con la otra mano. Le metí un dedo entero de un solo movimiento.

    — ¡Ay, me estás lastimando! — Se quejó Mariel. — basta, no quiero. Le voy a contar a tu papá.

    — No creo que te animes. — le dije. La agarré de la cintura. La levanté y la cargué al hombro. La llevé hasta mi cuarto. La tiré a la cama. Me desvestí en tres segundos. Cuando terminé de hacerlo, ella intentaba salir por la puerta. La agarré de nuevo y la tiré otra vez a la cama. Durante un rato forcejeamos, cual luchadores de judo. Hasta que una vez más, logré abrir sus piernas y metí mi verga en su sexo.

    — Te odio. — me dijo Mariel. Mientras yo ponía sus piernas en mis hombros y se la metía con toda la furia que tenía, hasta que mis bolas peludas chocaban con sus labios vaginales. — Te odio. — repitió, llorando. Yo le tapé la boca para que dejara de decir tonterías. Le di mordiscones por todas partes y la cabalgué un buen rato hasta retiré mi verga y eyaculé en su cara de zorra. Ni loco acabaría adentro suyo.

    8

    Esa misma noche, después de cenar, Mariel y papá subieron a su cuarto, y me dejaron en el living mientras me preparaba para un parcial. Pero a eso de las doce de la medianoche mi viejo bajó.

    — Quiero decirte algo Carlos. — dijo, con el semblante serio.

    — Si, viejo, decime. — le contesté yo, haciéndome el otro. Sospechaba que ya se había enterado de lo que hicimos con Mariel por la tarde. Y bueno ¿Qué iba a hacer? Me comería las recriminaciones de mi viejo. Le diría que ella me provocó. Se pondría triste, y no me hablaría por un tiempo. Pero luego de meses o semanas me perdonaría. Al fin y al cabo, él también era un hombre, y sabía que nosotros pensábamos con la cabeza de abajo. El problema era que caería en un pozo depresivo por culpa de creerse enamorado de esa zorra. Pero, en fin, si pudo sobreponerse a la muerte de mamá, tarde o temprano saldría también de esta.

    — Sabés que con Mariel nos vamos a casar. — dijo el viejo. No esperaba oír eso. ¿Me habré equivocado con mis suposiciones? — Y bueno, en algún momento pensamos tener hijos. — agregó. Yo pensé que si el viejo tuviera otro hijo parecería más bien su nieto, pero me abstuve de hacer comentarios. — y bueno…— siguió diciendo papá. Se lo veía muy dubitativo. — la casa va a quedar chica para todos, viste…

    — ah ¿sí? — dije. Al fin empezaba a entender a dónde quería ir a parar el viejo. La zorra de Mariel le habría llenado la cabeza.

    — Así que pensamos…— dijo, casi balbuceando.

    — ¿Pensaron? — Pregunté, indignado.

    — Bueno, en realidad lo pensé yo. — dijo el viejo, mintiéndome descaradamente. — Pensé que como ya tenés veintitrés años, bien podrías ir buscándote otro lugar para vivir.

    Me quedé en silencio, contemplándolo con indignación. Pero no podía estar enojado con él. El viejo era un buen tipo, sólo que era muy manipulable.

    — Desde ya que no te estoy echando. — aclaró, al notar mi expresión sombría. — Te podés tomar el tiempo que quieras. Y cuando necesites un garante para el alquiler, obvio que contás conmigo. Y si la en algún momento no alcanzás a llegar con la plata, siempre te puedo dar una mano.

    Tragué saliva. Pensé muy bien en qué iba a decir. No quería causarle un disgusto al viejo.

    Llegué a la conclusión que lo mejor era darle la razón. Total, qué más daba. Cuando por fin me librase de esa zorra, todas estas ideas raras quedarían en el olvido.

    — Tenés razón viejo. — Dije — Yo ya estoy grande, y vos vas a necesitar tu lugar y yo el mío. Pero Haceme un favor. — agregué. — dejame terminar primero el cuatrimestre. Necesito concentrarme en el estudio, y las mudanzas toman su tiempo viste.

    — Por su puesto Carlitos. — Me dijo. Hace mucho que no me llamaba así. — Por supuesto. — Repitió, y me dio una palmada en el hombro, la cual era la máxima expresión física de afecto que nos permitíamos entre nosotros. Sonrió orgulloso, y se fue a la habitación de la puta de Mariel.

    9

    Me quedé despierto estudiando para el parcial, pero la verdad que no me podía concentrar. Tenía que evitar que mi viejo se case con esa zorra. ¿Cómo iba a formar una familia con una mujer que lo traicionaba con su propio hijo? La idea era absurda.

    Cuando se hicieron las cuatro de la madrugada, fui a dormir unas horas, pero me fue imposible conciliar el sueño. Estuve un rato cavilando qué haría, hasta que me levanté de la cama y me dirigí al cuarto de papá.

    Probablemente no hubiese hecho eso si no estuviese trasnochado, y con la cabeza tan alienada. Pero lo hice.

    Abrí la puerta apenas, y cuando oí los ronquidos del viejo, entré.

    Estaba totalmente oscuro. Caminé, sigiloso, esperando no chocar con nada. Fui tanteando la cama, y avancé hasta el lado donde dormía Mariel. Sentí su cuerpo a través de las sábanas. La sacudí un poco, hasta que se despertó, sobresaltada.

    — ¿Qué pasa? — preguntó.

    Yo le tapé la boca, acerqué mis labios a su oreja y le susurré:

    — Vos te venís conmigo, zorra.

    Se aferró al colchón. Yo la arrastré con fuerza. Cuando las sábanas se estiraron por el forcejeo, el viejo se removió sobre sí mismo, y balbuceó algo ininteligible.

    — Vos venís conmigo. — repetí.

    La llevé a los tirones abajo. Estaba temblando. Sólo vestía su ropa interior. Un conjunto blanco.

    — Así que querés que me vaya. — le dije. Haciéndola arrodillarse en el piso duro.

    — Sí, ya estoy cansada de esto, y si no le digo nada a tu papá es porque no quiero lastimarlo, y no quiero separarme de él por tu culpa. — dijo, con la cabeza erguida. — Tenés que parar con esta locura. No te comportás como un chico normal. — trató de levantarse, pero de un empujón la volví a poner de rodillas. — ¿ya ahora qué? ¿Me vas a coger de nuevo por la fuerza? — preguntó.

    Me bajé el cierre del pantalón y le mostré mi poronga hinchada y dura.

    No hizo falta decir nada. La arrimé a sus labios. Fingió que no quería, pero cuando le tironeé el pelo, gritó de dolor, y yo le metí mi sexo en la boca.

    — Chupámela zorra. — le dije, y con un movimiento pélvico se la metí más a dentro. La zorra no chupaba. — chupala, si sabemos que te gusta. — repetí. Saqué la pija y empecé a darle golpes en la cara con el tronco. — la vas a chupar, porque sos una puta.

    Ella rompió a llorar. Odiaba cuando hacía eso. Su cara estaba toda mojada de lágrimas. Yo froté mi miembro sobre ella.

    — Me la vas a chupar, yo sé que querés. — le di unos golpes más en la cara, y entonces ella abrió la boca. — Así me gusta. Llename de saliva. Pasá la lengüita por la cabeza. — ella lo hacía. Lloraba, pero obedecía. — si yo siempre supe que eras una zorra. Mirá si mi papá va a casarse con alguien como vos. — Le dije. Me gustaba verla humillada. Se lo merecía. — no dejes de lamerme las bolas también. No pongas esa carita y hacelo. — ella dejó la pija por un rato, y se ocupó de mis huevos. La sensación era muy relajante. Un vello púbico de adhirió a su lengua. Me dio gracia verla sacárselo con los dedos, para después seguir mamando. Luego agarró la pija con ambas manos y practicó una felación exquisita. Me masturbaba al mismo tiempo que chupaba el glande con vehemencia.

    Eyaculé en su cara mientras ella seguía estrujándome la pija, hasta que quedó flácida.

    —¿A dónde vas zorrita? — pregunté, cuando se disponía a irse.

    — A bañarme y a dormir. — dijo, mirándome indignada con su rostro enchastrado de mi semen. — No veo la hora de que te vayas. — agregó.

    — La que se va a ir vas a ser vos. — le dije. — y no te vas a ir a dormir todavía. Quedate con la cara así de sucia, que me gusta cómo te queda.

    — Estás enfermo ¿sabías? — dijo. Pero a mi no me importaba lo que ella pensara.

    — Vení para acá. — la agarré del brazo y la llevé hasta la cocina.

    Agarrándola del culo la subí para que se sentara sobre la mesada. Metí la cabeza entre sus piernas y comencé a devorarle la concha.

    — Qué rica estás mamita — le dije y seguí chupando un rato, para luego interrumpirme y decirle. — ¿te gusta que te diga así? ¿Mamita? ¿Mami? ¿Esas cosas te ponen cachonda? Sos una perra alzada. — succioné su clítoris con fruición, y por primera vez noté el sabor de sus flujos. — ¿ves que te gusta, zorra? Aquí tenemos la prueba de que sí te gusto. — dije, y seguí chupando.

    Lo hice durante mucho tiempo. No pensaba dejar de hacerlo hasta lograr que acabe. De esa manera nunca más podría acusarme de que yo la obligaba.

    Por fin logré darle un orgasmo cuando los rayos del amanecer se filtraban en la cocina. — Ahí tenés puta. Ya ves que estás descubierta. Sos una zorra calentona. Si cogés con el hijo de tu futuro marido no me imagino las cosas que harás fuera de casa.

    Pero todavía no había terminado con ella. La llevé hasta el comedor, no sin antes agarrar de la heladera un pote de miel, y una zanahoria. Le ordené que se acueste sobre la mesa. Lo hizo a regañadientes.

    Le quité el corpiño y le llené de miel las tetas. Acto seguido, empecé a chupetearlas con violencia. Estaban deliciosas. Cuando ya dejaban de saber dulces, le untaba más miel, y seguía devorándola. Esa madrugada, Mariel era mi alimento.

    Agarré la zanahoria y se la metí en la concha. Jugué con eso un rato mientras seguía degustando sus gomas.

    — Tu papá se puede despertar. — dijo ella.

    — Sabés muy bien que papá es un reloj. No se despierta hasta dentro de una hora.

    — Entonces apurate, por favor.

    Escarbé su sexo con la zanahoria, y luego, la retiré con cuidado de que no se rompa y quede un pedazo adentro.

    La parte que había entrado en ella estaba mojada por sus flujos. Yo le acerqué la zanahoria a la boca.

    — Mordela. — dije, y Mariel mordió. — masticala. — agregué, y ella lo hizo. — tragala. — ordené, y ella obedeció.

    Luego me desnudé, y me subí a la mesa, y me cogí a quien pretendía ser mi madrastra en la misma mesa donde todas las noches comíamos junto a mi padre.

    10

    Unos días después mi viejo, apesadumbrado, me contó que Mariel había suspendido el casamiento indefinidamente, y se había ido de casa. Necesitaba tiempo para pensar, dijo. Pero creo que ambos sabíamos que no volvería.

    Estuvo unos meses triste, pero no cayó en la depresión. De todas maneras, insistí en que viera a un psicólogo para que se sienta apoyado cuando necesitara hablar cosas que quizá a mí no me quería contar.

    Con el tiempo todo volvió a la normalidad. Quedamos los dos hombres viviendo en la casa. Papá tuvo algunas parejas más, pero nada serio. Nadie podría suplantar a mamá.

    De Mariel nunca supimos más nada. Por mi mejor. Aunque reconozco que a veces la extraño, al fin y al cabo, la pasaba muy bien cogiendo con esa puta.

    Fin.

  • La vida sexual de Pilar (4): El despertar

    La vida sexual de Pilar (4): El despertar

    Desperté en la cheslón abrazada a Elisa, las dos desnudas, la bese los labios y acaricie su pelo, despertó con una gran sonrisa, me beso metiendo su lengua hasta mi garganta.

    Elisa: me has hecho muy feliz.

    Yo: y tú a mí

    Mientras acariciaba mi coño jugando con mi clítoris nos despejamos un poco con caricias y besos.

    Me levante desnuda, Elisa me miraba sin perderme de vista ni un momento, en el baño puse a llenar la bañera con sales relajantes, la cogí de la mano y la lleve a la bañera, nos enjabonamos mutuamente disfrutando de nuestros cuerpos, me senté en el borde de la bañera y abrí mis piernas, Elisa empezó a comerse mi coño mordía mi clítoris y recorría con su lengua todo mis labios vaginales hasta el ano, me hizo estremecer cuando metió dos dedos dentro y con otro buscaba el agujero de mi culo hasta que lo metió, comenzando a masturbarme, mis gemidos eran continuos sentía mi coño mojarse estallando en un orgasmo brutal, lamio mis jugos relamiéndose los labios con cara de placer, mientras me reponía de mi orgasmo Elisa cogió una maquilla de afeitar enjabono mi coño y comenzó a depilarlo, combinaba el paso de la cuchilla mientras abría los labios de mi coño y metía los dedos y acariciaba mi clítoris, ya me tenía otra vez a cien, termino con la depilación y disfruto de comer mi coño depilado suave y mojado, con la lengua dentro de mi coño y un dedo en mi ano me corrí otra vez.

    Yo: ahora te toca a ti. Mi niña.

    Cambiamos de posición y depile su coño rubio dorado, sentía como se excitaba y contraía su vulva, gemía de placer, abrí su coño con mis dedos y con la manguera de la ducha y el agua caliente masturbe su coño, gemía sin parar, justo cuando orgasmo, puse mi boca en su coño y trague sus deliciosos jugos relamiendo sus labios y clítoris.

    Salimos de la bañera nos secamos la una a la otra entre besos y caricias, Elisa se vistió yo me quede con el albornoz cambiamos los números de teléfono y quedamos para otra sesión.

    No despedimos con un beso con lengua y salió de casa con cara de niña traviesa.

    PILAR ARDIENTE

    Gracias por vuestro apoyo y comentarios. Un beso donde más os guste.

  • Mi amor platónico es el enorme culo de mi mejor amiga

    Mi amor platónico es el enorme culo de mi mejor amiga

    Conozco a Maica desde el instituto. Ella empezó a salir con Alberto, uno de mi clase, el típico chulillo que no aprobaba ni una. Iba de malote, y claro, a las niñas les encantaba. Maica y yo nos conocimos un fin de semana en el que quedamos todos los del grupo. Maica tampoco llamaba mucho la atención; no era muy guapa, estaba como una tabla de planchar y tampoco se podía decir que tuviese muchas luces. Pero había algo que sí que comentábamos todos; tenía un impresionante culo redondo y perfecto. En ese momento no era muy grande, pero en comparación con los de las otras chicas del grupo sí se notaba que tenía un buen tamaño. Tanto ella como Alberto estaban enchochados. Quedaban prácticamente todos los días y cuando estaban con nosotros estaban siempre pegados.

    Ella iba de santurrona porque sus padres eran muy católicos; la típica que iba a misa, convivencias y esas cosas… La sorpresa fue cuando nuestro colega nos contó que la había desvirgado; que no nos hacíamos una idea del culazo que tenía y que encima le encantaba follar. El resto del grupo no podíamos tener más envidia del cabrón de Alberto, que estaba ya follando mientras que los demás suplicábamos por liarnos con alguna. Y más duro se hacía cuando Maica se ponía leggins y podíamos hacernos una muy buena idea del culazo que tenía, nos poníamos como locos. Siempre con cuidado de que Alberto u otra de las chicas no nos pillase mirando, claro. Empezamos a repetirle un millón de veces, cuando no estaba Alberto, el culazo que tenía. Esto puede parecer raro, pero es que acabamos teniendo mucha confianza con ella, y cuanta más confianza, más cosas le decíamos y a ella le encantaba. Estuvieron saliendo unos 2 años, creo recordar. Por aquel entonces sabíamos que follaban y que les gustaba, pero tampoco teníamos muchos más datos porque Alberto era del grupo, pero tampoco era muy amigo y ella no iba a venir a contarnos las cosas que hacían. Pero con el tiempo Maica nos contó que él siempre la ponía a cuatro patas, y que a ella le encantaba porque Alberto se ponía cachondísimo follándola desde atrás y dándola azotes en su perfecto culo.

    Cuando rompieron, Maica siguió saliendo con nosotros, de Alberto pasamos porque seguía siendo un puto chulo y ella nos caía mejor. En el grupo éramos unos 8 chicos y ella, imaginaos a quien iban a parar todas las inquietudes y bromas sexuales. Yo empecé a tener mucha confianza con ella, nos hicimos mejores amigos: de cabeza a la puta friendzone. Ella me contaba todo lo que hacía. Ella ya no se conformaba con liarse con otros tíos, había probado lo que era que la diesen bien a cuatro patas y eso era lo que quería. Encima, cada tío que se tiraba era peor al anterior, normalmente los más tontos de cada casa. Los padres pensaban que su hija, como muchísimo, había follado con Alberto pero que ahora no estaba con nadie. En cambio, se estaba ganando una fama de guarra bastante importante. Siempre vestía con leggins de cuero o normales, o se ponía vaqueros bien ajustados. Los comentarios sobre su culo los hacíamos ya sin corte ninguno. Además, empezó a crecerle mucho, las nalgas eran dos grandes círculos perfectos. Cuando salíamos de fiesta nos solía perrear, a ella le encantaba, pero a nosotros más. Acabábamos todos peleándonos por bailar con ella, parecía que le encantaba notar nuestras pollas contra su enorme culo, era impresionante como se restregaba. Le gustaba bailar más con Juli y con Riki, los que tenían la polla más grande. Ella decía que porque bailaban mejor que el resto…

    Maica repitió primero de bachiller. Menuda suerte tuvieron los chavales de su clase. Estando acostumbrados a tener siempre las mismas compañeras mojigatas alucinaron con Maica. En las clases de educación física, cuando Maica corría, estaban todos atentos para ver cómo se movían sus caderas y como le botaban sus enormes nalgas. En clase les pasaba lo mismo, prestando atención a cualquier descuido para verle el tanga. Ella siempre llevaba tanga:

    – Es que para mi culo las bragas son incomodas porque no se adaptan bien, lo tengo demasiado grande, con el tanga no tengo problema porque se mete y ya está, y cuanto más pequeño sea el tanga más cómoda voy. – Me dijo una vez.

    En nuestro grupo eso nos ponía cachondísimos. A veces nos enseñaba las tiras del tanga y nos decía pues hoy me he puesto el rojo, el negro…. La cabrona sabía cómo hacernos sufrir. Estoy hablando principalmente del invierno, pero en verano también se ponía unos shorts alucinantes. Personalmente yo soy más de leggins, nunca engañan. Eso sí, doy gracias por ver como cada año los shorts de Maica mostraban cada vez más nalga, para cabreo de su padre. Su madre la defendía y le decía que fuese como quisiera. Aún sigo sin saber si el enseñar más nalga era debido a que acortaba sus shorts o que el culo no paraba de crecer. Es que era increíble, parecía que todo lo que comía iba al culo pero que se colocaba perfectamente para darle esa maravillosa forma. He decir que el culo llamaba tanto la atención porque Maica no estaba nada gorda, al contrario, tenía cinturita de avispa, le fallaban un poco las tetas, pero tenía un cuerpazo.

    Un día que mis padres estaban de viaje la invite a dormir. Íbamos a hacer algo de cena, ver una película y así, plan de amigos vamos. Cuando terminamos de cenar nos preparamos unas copas. La verdad es que casi no bebíamos y con un par de copas ya estábamos contentos. Empezamos a hacernos confesiones. Me dijo que se estaba follando a un repetidor de su clase. En cuanto lo dijo, antes de saber el nombre, ya me podía imaginar que era el típico subnormal y flipado. Acerté. Encima por lo que me contaba, él pasaba bastante, es decir, la quería para follar y ya está. Maica, muy ingenua, no se daba cuenta o no quería darse cuenta. A ella mientras la follasen bien la valía. Me dijo que él estaba obsesionado con su culo, siempre estaba tocándoselo, incluso en clase. También me contó que le había mandado fotos guarras. Yo con esto flipé, y hay que reconocer que me puse cachondo. Ese tío podía pajearse todo lo que quisiera con las fotos de mi amiga. En ese momento, Maica estaba en leggins y con el tanga por fuera todo el tiempo, se había dado cuenta y le daba lo mismo, y yo tan contento claro. Dijimos de irnos a la cama, y para mi sorpresa en lugar de irse al baño a ponerse el pijama, se cambió delante de mí. Cuando vi su enorme culo en tanga casi me da algo. Ese culo era de actriz porno de las buenas. Aunque casi lo que hizo fue joderme, más que ponerme cachondo. Parecía que para ella no tuviera polla, estaba en la friendzone total, o como si fuese su amigo gay o algo así. Y mientras no para de hablar del de su clase, hasta me dijo que tenía una polla bien grande, más incluso que la de Alberto. Que lo que le encantaba era follar, pero a él también se la chupaba porque se le mojaba el coñito y luego podía follar mejor. Lo que me resultó raro, es que cuando me dijo eso, en vez de decirla que se callase me puse más cachondo viendo que para ella, yo era una amiga más. De pronto la dije que tenía un culo maravilloso, y me contestó que al de su clase le encantaba correrse en él. Con ese comentario se me puso la polla durísima. El puto cabron ese no para de correrse en el culazo de mi amiga y a mí eso me ponía cachondo. Lo peor de todo fue que ella se percató de mi erección y dijo lo peor que me podría haber dicho: “aaayy que mono´´. Ahí me di cuenta de que mi polla, grande, precisamente, no debía ser. Tenía la certeza de que Maica, por aquel entonces, al menos 8 pollas ya había visto y tocado, por lo que sabía si una polla merecía la pena o no. Mi suerte cambio un poco cuando de repente me dijo:

    – Oye, si tanto te gusta… ¿Quieres verlo? A mí no me importa, tenemos mucha confianza.

    Puse una cara de enfermo alucinante. Solo la idea de poder ver ese culazo de nuevo, ya que la vez que se cambió de ropa fue bastante rápido, me volvía loco. Aunque, por otra parte, ahí ya confirme que no tenía ninguna posibilidad con ella, me debía de ver totalmente inofensivo.

    – Bueno, por la cara que pones yo creo que es un sí jijiji. – Me dijo orgullosa por la cara que puse.

    Se empezó a bajar el pantalón del pijama poco a poco, mi polla me iba a estallar. Empecé a decirle lo increíble que era su culo y el cuerpazo que tenía. Ella me dijo:

    – Pon música y ven conmigo que me apetece bailar. Pero tu pantalón en su sitio eh, a ver si vas a hacer algo con tu cosita, recuerda que somos amigos, y con los amigos no se hacen esas cosas.

    Cuando me dijo eso hasta me enfadé un poco. Se estaba tirando a lo peor de lo peor, que la trataban como una puta, y a mí que era buen chaval y su amigo desde hace años ni puto caso. Se puso a restregarse a saco contra mi polla. Ella estaba en tanga y yo a punto de correrme. Baje un poco las manos para tocarle el culo:

    – Estate quieto, eso no lo hacen los niños buenos. Ay, que cachonda estoy, hazme una foto con el culo en pompa para mandársela al de mi clase.

    Y yo como buen perro obediente, pues fui y se la hice.

    – Vamos a dormir a ver si se me pasa un poco el calentón – Me dijo.

    Vamos, que estaba yo ahí con la polla súper dura y ella con todo el tanguita empapado y ni por esas pensó en mí como una opción sexual. Lo peor es que eso me puso aún más cachondo y terminé corriéndome encima con el pantalón puesto. Cuando Maica lo vio empezó a reírse en mi cara y me dijo:

    – Gracias, con esto se me ha pasado el calentón totalmente – Me dio un beso en la mejilla. – Anda cielo, ve al baño a limpiarte y vuelves, que quiero que durmamos abrazaditos.

    Desde ese día me trató aún más como su amigo gay. Iba de compras con ella y me contaba todo sobre los tíos que se tiraba. Era como su perro, y como premio lo que me llevaba es que cada vez que se compraba algún pantalón o tanga me lo enseñaba y si se me ponía dura eso era que le quedaban bien. Aunque he de reconocer que se me ponía dura casi siempre. Ese puto culo gordo que tenía no paraba de crecer, cada vez era mejor y cada vez me tenía más obsesionado. Era una obra de arte ver como se adaptaba el culo a los vaqueros cuando se los ponía. En el grupo cada vez estábamos más salidos, todos nos hacíamos pajas pensando en su culo. Se lo decíamos y a ella le encantaba; que lo disfrutáramos decía.

    Todo cambió bastante cuando Maica empezó a salir con Jaime. Ella maduró y se estabilizó. Aunque realmente, lo único que hizo, fue pasar de hacer mil guarradas con mil tíos a hacerlas solo con uno. Después de que follasen la primera vez, antes de que estuviesen saliendo, me dijo:

    – Dios, es que Jaime está súper fibrado y tiene una polla enorme. Es una polla gorda y grande, tiene venas que parecen las del brazo, nunca había visto una polla así. Cuando me la metió parecía que fuese virgen, no veas como me dolió. Luego me puso a cuatro patas, como hacen todos conmigo, y se notaba que le da al gym, no paraba de follarme fortísimo. No sé ni las veces que me corrí.

    Nuestra relación se enfrió porque dejó de salir con el grupo, solo quedaba con Jaime. No eran muy listos ninguno de los dos, no tenían mucho tema de conversación, por lo que follaban todo el tiempo. Ya fuese en casa de alguno de los dos cuando estaba libre, en el coche o incluso en algún parque.

    En ese tiempo yo también me eché novia: Andrea. Era muy guapa con unos ojos verdes preciosos, y un buen culo, no como el de Maica claro, pero bastante bueno. Aunque su principal virtud era otra, y es que era muy guarra. Y eso que no había estado con nadie más. Era guarra por talento natural. Me tocó la puta lotería. Le gustaba que le hablasen guarro, que la ordenasen/prohibiesen, estar simplemente chupándome la polla mucho tiempo, que me corriese en su cara y tragárselo, y lo mejor de todo es que le encantaba que la diese por el culo. Entre otras cosas, aquí os cuento lo principal.

    Un día Maica me habló, me dijo que lo había dejado con Jaime y que si podíamos quedar. Sin dudarlo le dije que sí.

    – Hemos roto por una tontería, pero no quiero hablar de ello – me dijo.

    Había engordado un poco. Cuando se quitó el abrigo me quede en shock. Ese peso de más había ido sobre todo al pecho. Vaya tetazas tenía ahora.

    Poco a poco fuimos intimando más, como antes. Y como no, acabamos hablando de sexo.

    – Yo ya he hecho de todo con Jaime jijiji. He aprovechado que me han crecido las tetas y le he hecho cubanas mientras se la chupaba. Me he tragado su lefa y se ha corrido por todo mi cuerpo, sobre todo en el culo. Pero tragármelo no me gusta mucho y solo le dejo si estoy muy cachonda. Últimamente habíamos probado por el culo, pero solo me entraba la mitad de su polla; ahí fue la única vez que deseé que la tuviese pequeña porque me estaba gustando realmente que me diese por detrás. Aaaayy, como voy a echar de menos ese pollón, tendré que esmerarme en buscar uno igual jajaja. – Me confesó Maica.

    Después le conté todo lo que hacía con mi novia, y me dijo que tenía mucha suerte, que había encontrado una buena guarra.

    – Aunque claro, tu polla yo también me la meto entera por el culo, nos ha jodido jijiji. Que es broma, no te enfades – Comentó ella, mientras yo ponía cara de gilipollas.

    Nos despedimos y quedamos en que debíamos vernos de nuevo para que le presentase a mi novia. A los pocos días me hablo de nuevo y me dijo que lo había arreglado con Jaime, y que encima habían echado un polvazo. No omitió detalle alguno. Me dijo que Jaime no debía de haber estado con ninguna ya que se le corrió en la boca y tuvo que tragarse un montón de lefa. Como estaba muy cachonda y quería tener una buena reconciliación con su macho, disfruto mucho esa enorme corrida.

    – Vamos a ir a mi apartamento de la playa a pasar el finde, por si quieres venir con tu novia y así nos conocemos. – Me ofreció. Cosa que yo acepté. Me moría de ganas de verla en bikini y además sabía que a mi novia le haría ilusión ir a la playa.

    Conduje yo durante todo el camino por lo que cuando llegamos me fui directo a dormir después de cenar. Andrea se quedó con las ganas de follar. En cambio, Maica y Jaime estaban follando bastante fuerte. Andrea estaba sintiendo envidia de los gritos de placer de Maica, y de los sonidos que debían ser de choques de un cuerpo contra otro. Seguramente porque la estuviese follando a cuatro patas.

    El sábado por la mañana fuimos a la playa. La verdad es que de los 4 yo era el que menos a la moda iba, con mi bañador estilo bermudas. Jaime llevaba un bañador estilo bóxer bien apretado con el que se podía intuir bastante lo que había debajo.

    – Fíjate en el bañador de Jaime, se le marca todo. Y vaya cuerpazo tiene, se nota que va al gimnasio bastante. – Me cuchicheo Andrea cuando salíamos de piso.

    – No sé cómo no le da vergüenza ir marcando todo. – Contesté.

    – Es que por lo que parece no tiene nada de lo que avergonzarse. – Terminó mi novia la conversación.

    Andrea se había puesto un bañador completo en el que la zona del culo era como un tanga. Cosa que no pasó desapercibida por Jaime, al que pille varias veces mirándola el culo. Maica, como no, iba con un bikini-tanga. Era un espectáculo ver como todos los tíos de la playa se giraban para ver su gran culo, hasta que se daban cuenta de que el mazado de Jaime era su novio y se cortaban. Andrea y Jaime se fueron al agua. Parecía que se llevaban bastante bien. Yo aproveche para hablar con Maica:

    – Tu culo es aún mejor que antes, y vaya tetazas has echado amiga.

    – Aaaay, muchas gracias. Ten cuidado cielo, a ver si se te pone dura mirando mi culo y tienes que justificarte con Andrea. – Me contestó orgullosa riéndose.

    – Tranquila, con este bañador no se nota.

    – Ya, ya… por el bañador… Mira, otra ventaja. – Me dijo ella sonriéndome y revolviéndome el pelo.

    A la media hora avisaron por megafonía que estaba prohibido el baño debido al fuerte oleaje. Llegaron Jaime y Andrea del agua:

    – Deberíamos irnos al apartamento, total, ya no nos podremos bañar. – Dijo Jaime. Todos asentimos.

    – Menudo cuerpazo tiene tu novia, eres un suertudo. – Me dijo Jaime con una amplia sonrisa.

    – Pues anda que vosotros…Vaya pareja de guapos, se nota que os cuidáis. – Le contestó Andrea sin darme tiempo a decir nada.

    Después de comer nos informamos de que a no muchos kilómetros había una cala, que prácticamente era una piscina debido a su geografía y que podríamos bañarnos. Solo estaba la pega de que era una playa nudista. Realmente, al único que le parecía una pega era a mí, a los demás les daba igual.

    – Venga tío, si ahí nadie te obliga a desnudarte. Yo tampoco me voy a quitar el bañador. – Me animó Jaime mientras me daba una palmada en la espalda.

    Por una parte, sí tenía ganas de ir porque las chicas seguro que hacían topless, y la idea de ver a Maica sin la parte de arriba del bikini me ponía cachondo, y tendría material para hacerme buenas pajas.

    Pasó tal como había pensado, pero Maica ni si quiera se había puesto la parte superior del bikini. Cuando se quito la camiseta me quede embobado mirándole esas novedosas y bonitas tetas. No me explicaba como de ser una tabla de planchar había pasado a tener ese buen par de tetas.

    – Córtate un poco, ¿no? – Me susurro Andrea.

    – Eso digo yo. – Dijo Jaime, que la había oído y también se había dado cuenta, entre risas. – Ahora cuando Andrea haga topless haré igual que tú, como venganza. – Bromeó.

    – No creo que vayas a ver mucho. Si quisiera hacer topless me tendría que quitar el bañador entero. – Le contestó Andrea.

    – ¿Y cuál es el problema?

    – Pues que no quiero estar desnuda delante de esta gente.

    – ¿Pero qué más da? Si no te conocen y entre nosotros ya hay confianza. Mira si tú te lo quitas, yo también. – Desafió Jaime a mi novia.

    – No hay huevos.

    – Mira si hay. – Dijo Jaime mientras se bajaba el bañador de golpe. Maica empezó a reírse; mientras que Andrea y yo nos quedábamos alucinados viendo la tremenda polla de Jaime, y eso que no estaba empalmado. Andrea se quedó con la boca abierta.

    – Joder que si hay, y no solo huevos jijiji. – Dijo Andrea sin poder evitarlo.

    – Ahora es tu turno. – Y mi novia le obedeció como buena perrita. A mí no me hacía tanto caso. Mientras todos miraban como Andrea se desnudaba yo no podía apartar la mirada del cuerpazo del cabrón de Jaime, que mal me dejaba. Además, note un pequeño respingo en su enorme polla, ¿Se estaba poniendo cachondo viendo cómo se desnudaba Andrea?

    Yo no pensaba quitarme el bañador, si ya de por si no iba a quedar muy bien, en comparación con la enorme polla de Jaime iba a quedar en ridículo. Incluso estar a su lado me daba vergüenza. Él y Andrea se fueron al agua. Iban haciendo bromas, diciéndose lo buenos que estaban y que les gustaba mucho la playa nudista. El único consuelo que me quedaba era disfrutar del cuerpazo de Maica.

    – Joder, ya veo que cuando me hablabas de la polla de Jaime no exagerabas.

    – Ya te dije que tenía un rabo enorme, perfecto para mi culo jijiji.

    – En realidad, para tu culo no, ¿O sí?

    – No no, la verdad es que tienes razón, para mi culo sería perfecta tu polla, con esa seguro que no tendría problemas. – La miré con cara seria.

    – Ay no te piques, que es broma. Si a la que más le jode esto es a mí, me encantaría tener una polla entera en el culo. Pero todo no se puede tener, es el precio que pago por comerme ese pollon jijiji.

    – Joder no digas esas cosas que se me pone dura, y más si te miro el culo.

    – Pues ale, aprovecha a mirar, y luego te haces un buen pajote a mi salud, cielo.

    – Eso haré. – Le dije con la polla durísima.

    Cuando se hizo tarde volvimos al apartamento para cenar. Estábamos Andrea y yo en la habitación cambiándonos y como no, sacó el tema:

    – Dios, ¿Has visto la polla de Jaime? Yo pensaba que esas pollas solo existían en las películas porno. Era bien gruesa. ¿Y sus cojones? Eran bien grandes y los tenía depilados, yo he flipado.

    – Vaya, parece que te has fijado bien eh.

    – Es que me vino a la mente lo que me contaste de que a Maica no le entraba entera por el culo. En su momento pensé que sería culpa suya, que no aguantaba nada. Pero viendo como tiene la polla Jaime dudo de si a mí me entraría.

    – ¿Y te gustaría probar con una tan grande? Te haría daño.

    – Bueno por probar… Menuda sensación tiene que ser tener toda esa polla en el culo. Si me entrase me correría del gusto seguro.

    Las chicas no cenaron porque habíamos comido tarde. Después de que los hombres picoteásemos algo, nos servimos todos unas copas. Andrea sugirió jugar al yo nunca. Después de unas cuantas preguntas normales e infantiles, empezaron las preguntas sobre sexo. Cuando ya estábamos un poco borrachos, Andrea hizo la pregunta por la cual había propuesto el juego:

    – Yo nunca he metido mi polla entera en un culo.

    Yo bebí, aunque a nadie le sorprendió. Al parecer todos estábamos al tanto de lo que los otros habían hecho con sus parejas.

    – Que cabrona, has dicho eso para joder. – Dijo Maica.

    – Hija, no es mi problema si no puedes hacer frente a la polla de tu novio. – Contesto Andrea. Maica se puso roja. Parecía que la situación se iba a complicar bastante.

    – Normal, la polla de tu novio cualquiera se la mete en el culo, ya te querría ver yo a ti probando con la de Jaime.

    – Pues probémoslo. – Todos nos quedamos flipando.

    – ¿Perdón? – Dijo al fin Maica.

    – Lo que has oído, si tan chulita te pones, intenta meterte la polla de mi novio y yo la del tuyo.

    Entonces intervine, no podía permitir que las cosas se pusieran peor. Pero antes de decir nada salto Maica:

    – Por mí perfecto, encima a los chicos no creo que les importe. – Nos dijo con una medio sonrisa.

    No dio tiempo a decir más cuando Andrea ya estaba cogiendo a Jaime del brazo para llevarlo a una de las habitaciones.

    – No, no, guapita, si quieres ganar, tengo que ver yo misma como Jaime te da por el culo. – Saltó Maica.

    – Está bien, pues todos en el salón. – Y le metió un morreo a Jaime.

    – Ven y quítame la camiseta. – Me dijo Maica.

    Me quedé quieto. Estaba en shock. No me creía lo que estaba pasando. Me lo volvió a repetir. Vi como Jaime y Andrea se estaban liando y desnudándose. No me lo pensé una vez más. Fui directo a por Maica y le quité la camiseta. Las tetas estaban perfectamente colocadas por el sujetador. Yo ya estaba empalmado, era exagerado lo cachondo que me ponía Maica. Por fin me la iba a follar, y encima a dar por el culo, estaba emocionadísimo.

    – Venga, deja de estar embobado y quítame todo lo demás. Tú novia no ha andado con tantos miramientos.

    Me giré y vi como Andrea estaba de rodillas y haciendo esfuerzos por intentar meterse en la boca la máxima parte de polla posible. Se atragantaba, pero seguía, parecía desatada. La polla de Jaime la estaba poniendo cachondísima. A su vez, él estaba encantado de tener semejante guarra a sus órdenes. A la cual, en breve, la iba a partir el culito. Le sacó la polla de la boca y se la restregó por la cara.

    – Pon tus manos en tus nalgas y ábrete el culito, y no las quites de ahí hasta que yo te diga. – Le dijo Jaime mientras le daba pollazos en la cara. Andrea no podía estar más cachonda.

    Me puso aún más cachondo ver como la polla de Jaime sometía a Andrea, le podía ordenar lo que quisiera. Intenté centrarme en lo que Maica me había dicho. Le quite el pantalón tirando con fuerza porque lo tenía ajustado. Fue maravilloso ver como salían esas nalgas rebosantes del pantalón. Me desnude mientras Maica miraba como su novio ahogaba a Andrea con su pollón. Eso pareció poner cachonda a Maica. Me dijo que me pusiese de rodillas, le quitase el tanga y le lamiese el coño desde atrás. La idea me encantó: comerle el coño a Maica y encima tener su culo en la cara. Me arrodille y Maica me acerco su culo ¡Lo tenía casi en la cara! Tenía la polla tan dura que me dolía. Empecé a bajarle el tanguita. Estaba nervioso. Cuando lo baje por completo casi me da algo viendo su ano y su coño, quería lamerlos durante horas. Cuando iba ayudar a Maica a sacarse el tanga note un pequeño espasmo. Respiré e intenté relajarme. No fue posible, otro espasmo más fuerte. Me iba a correr. Joder no puede ser, tengo que aguantar; pensaba. Y mientras trataba de aguantarme, Maica puso una mano en una de sus nalgas y se azotó, y me dijo:

    – Te gusta mi culito cielo. Tú le gustas a él y quiere que lo abras.

    Eso fue demasiado para mí. Me vino un fuerte espasmo por todo el cuerpo y empecé a echar grandes cantidades de lefa al suelo. Maica se enfadó conmigo:

    – Joder, otra vez… Aunque bueno, al menos esta vez no te has corrido encima. Pero me has dejado con todo el calentón. Cariño, tienes que controlarte más, sé que te pongo muy cachondo, pero así no vas a conseguir follarte un culo como el mío nunca.

    Andrea paro de chuparle la polla a Jaime:

    – Madre mía, eres un desastre, mira que se veía que querías follarte a Maica, pero que no seas capaz ni de aguantar para tocarla. Anda, ve a por papel para limpiar el suelo.

    Estaba hundido. No sabía que decir. Ni siquiera había podido llevarme la satisfacción de tocarle el culo y lo había tenido justo delante de mí. Así que le hice caso y fui a por papel para limpiar mi humillante corrida. Mientras yo iba a por la fregona siguieron hablando, pensando que no les escuchaba:

    – Ay Maica lo siento mucho. Esto era para que lo pasáramos bien todos y el tonto de mi novio lo ha estropeado. – Le dijo comprensiva Andrea.

    – Tranquila, si tampoco es que me hiciera mucha ilusión follármelo. Pero la idea de que me diesen bien por el culo sí me gustaba.

    – Pues podemos hacer una cosa. Como yo tengo más experiencia, aunque no sea comparable en tamaños, te puedo dar unos consejos e intentas meterte la de Jaime entera.

    – ¿Sí tía? Pues a mí me encantaría. Podemos intentarlo las dos si Jaime no pone pega.

    – Yo no pongo ninguna objeción, pero… ¿Qué hay de tú novio? – Dijo dirigiéndose a Andrea.

    – Después del espectáculo que ha dado, si quiere seguir conmigo, hará lo que yo le diga.

    Maica se agachó, y se puso de rodillas igual que Andrea con la polla de Jaime a la altura de la cara. Se dieron un abrazo. En ese mismo momento entré yo haciéndome el loco, no quería que supieran que les había oído.

    – Limpia tu lefa del suelo, siéntate en el otro sofá y mira como folla un macho. – Me ordenó Andrea. La obedecí sin rechistar, estaba bastante hundido.

    Al ver que la hacía caso, las dos se giraron hacía el enorme trabajo que tenían entre manos.

    – Vaya, parece que vamos a tener que animar a Jaime, que con tanta charla se ha venido un poco abajo. Y yo me estoy muriendo por probar estos huevos. – Dijo Andrea mientras se agachaba para chuparle mejor los huevos.

    Maica se unión a ella. Le estaban dejando los huevos bien limpios. Alzaban la vista y veían como sobre sus cabezas se erigía una gran barra de carne. Maica estaba acostumbrada, pero Andrea seguía flipando con el tamaña, olor y sabor de esa polla. Habría hecho todo lo que el dueño se tremendo instrumento la ordenase. Estaba deseando metérsela por todos lados. Andrea empezó a chuparle la polla de nuevo. Maica, en cambio, siguió con los huevos. Parecía que quería dejar disfrutar a su nueva amiga de algo que ella tenía todos los días. El cabrón de Jaime estaba disfrutando de lo lindo. Tenía a las dos agarradas del pelo y de rodillas. Él, de pie, las dirigía como quería: Que sacasen la lengua para lamer, garganta profunda hasta que casi se ahogaban, restregarles la polla por toda la cara, algún que otro pollazo bien fuerte… A Maica todo eso parecía gustarle, pero es que a Andrea esas humillaciones la estaban poniendo cachondísima. Me miro y me dijo:

    – Cariño, ven a comerme el coño, mientras yo le como la polla a Jaime. – Y eso hice sin vacilar ni un segundo.

    Tenía el coño empapadísimo, estaba pidiendo polla por todas partes. Después de un rato lamiendo, tanto ellas como yo, le dije a Maica que si quería que le comise el suyo:

    – Tú no me vas a tocar en tu vida, y menos con la lengua. – Me contesto sonriendo. Los tres empezaron a reírse de mí. Volví a lamerle el coño a Andrea.

    No me explicaba como Jaime aguantaba sin correrse teniendo a esas dos cachondas a sus órdenes y comiéndole la polla con gran dedicación.

    – Necesito follar. – Suplico Andrea. Todos dimos por hecho que no se refería a que la follase yo.

    – Tú primera, que eres la invitada. – Le ofreció Maica.

    Andrea se sentó en el sofá y se echo hacía abajo para facilitar el trabajo a Jaime. Mientras tanto, yo me fui al otro sofá. Cogí mi ropa para no estar desnudo, ya que no iba a hacer nada con ninguna.

    – Ni se te ocurra, quiero tener a la vista tu pollita para compararla con la de un hombre de verdad. Así me iré haciendo a la idea de lo que me he estado perdiendo. Además, seguro que a Maica le hace gracia ver una polla así, acostumbrada a ver la de este dios griego. – Me ordenó Andrea en cuanto adivinó mis intenciones.

    Maica se puso en la misma postura que Andrea y empezó a frotarse el clítoris. Toda la situación la ponía bastante cachonda. Ver como su macho iba a follarse a una mujer necesitada de una verdadera polla. Jaime se puso frente Andrea y flexiono las rodillas para dejar su polla a la altura del coño de ella. Se agarró su tremendo rabo y empezó a dar golpecitos sobre el coño de Andrea:

    – Ay, no hagas eso… Mmmm… Dios, me estás poniendo muy cerda.

    Él la ignoraba y seguía dándole golpecitos. También empezó a restregarle bien la polla sobre el clítoris y a hacer amagos de meterla.

    – Joder para con esta tortura. Métela ya cabrón.

    En ese momento, Jaime se separó de golpe y dio a Andrea un tremendo pollazo en la cara:

    – A mí no me llames cabrón, eh, perra. Yo no soy como el pringado de tu novio. Yo soy un señor y además tu amo.

    – Perdón amo. – Le dijo Andrea disculpándose al instante. Yo no daba crédito. Maica se reía mientras se hacía dedos. – Métemela, por favor. – Le suplicó Andea.

    Y nuevamente, en un rápido movimiento, Jaime se agacho y le metió de golpe media polla en el coño.

    – Aaaaaaaaaaaayyy, diosss, es enorme joder. – Gritó Andrea.

    – Pues si con media polla en el coño te quejas… Veremos por el culo…- Dijo Maica riendo.

    Jaime la sacó un poco, pero al ver que Andrea se había relajado volvió a la carga. Era increíble ver como sea masa de carne se abría paso en el coñito de Andrea. Parecía una tuneladora haciendo su trabajo. Al menos Andrea estaba muy cachonda y eso facilitaba las cosas. Jaime fue metiéndola cada vez más, poco a poco. Andrea pasó del sufrimiento al puro placer. Era indescriptible esa sensación de que la estuviesen rellenando de aquella manera. No se creía que eso fuera una polla. La estaba encantando. Jaime tenía tres cuartas partes de polla dentro cuando dejo de intentar meterla más y empezó a follársela cada vez más rápido. Andrea no paraba de gemir y de decirle lo mucho que le encantaba su pollón. Cuando quiso darse cuenta se había corrido. Conmigo nunca había gritado de esa manera, quizás es que nunca había conseguido que se corriese.

    – Jaime métela más, hasta el fondo, aún hay polla fuera, por favor. – Le suplicaba Andrea.

    – Perra, ya no puedo meterla más, no te cabe. Tienes la boca muy grande, pero el coñito no tanto, esperemos que no pase lo mismo con tu culo. Maica, ponte de rodillas y hazme una cubana, que ahora te voy a follar a ti.

    Maica, obediente hizo lo que le dijo. Por mucho que le hubiesen crecido las tetas, no daban la talla para semejante polla. Se la restregó un poco por las tetas, pero en seguida le pidió si podía follársela. Jaime se sentó y Maica se puso a cabalgarle. Se corrió en nada, al haberse hecho dedos, estaba ya muy caliente. A Jaime le estaba encantando la situación y estaba muy cachondo. Pero se estaba controlando para aguantar todo lo posible. Tenía el reto de partirles el culito.

    – Maica ve a por el lubricante que quiero abriros el culo. – le ordenó Jaime mientras Andrea ocupaba su sitio y empezaba a cabalgar para no desaprovechar ni un segundo ese tremendo rabo.

    Al rato vino Maica con el lubricante. Parecía que le había costado encontrarlo. Empezó a echárselo por el culo y a meterse dedos poco a poco mientras veía como Andrea cabalgaba sobre su novio.

    – Toma tía, el lubricante para el culo. Que si no este cabrón nos lo parte jijiji. – Dijo Maica ofreciéndole el bote de lubricante a Andrea.

    – Tranquila, si yo tengo mi propio lubricante natural. – Andrea y Jaime se quedaron extrañados. Yo sí que sabía a qué se refería

    – Ven, cómeme el coño y el culo, y me vas abriendo el culo como sabes hacer. Esta vez mete más dedos ya que hay que prepararlo para una polla de verdad. – Me ordenó Andrea mientras descabalgaba con esfuerzo de la polla de Jaime.

    – No pienso comerte nada, Jaime te ha follado y restregado su polla por todas partes. Sería como comerme su polla. – Protesté.

    – ¿Y cuál es el problema? No veo que problema hay en que sabores un poco de polla.

    – Andrea me niego a hacerlo.

    Se acercó a mí, me agarro del pelo hasta ponerme de rodillas. Me puso la cara muy cerca de la polla de Jaime. Impresionaba aún más tan de cerca. La verdad es que era gigantesca, no sé como podía Maica follarse esa monstruosidad. Encima tan dura, parecía un consolador de plástico. Notaba como emanaba calor, y un olor no tan desagradable.

    – ¿Ves como tiene que ser una polla de verdad? Como no hagas lo que te he ordenado, corto contigo ahora mismo y me busco una polla así. – En cuanto termino la frase me gire hacía ella y asentí.

    Se puso a cuatro patas en el sillón. Di el primer lametazo y ya sentí un sabor desconocido en su coñito. Aunque al contrario de lo que pensaba, me gustó. Al cabrón le sabía hasta bien la polla. Me esmeré como nunca. Le abrí el culito poco a poco. Al final, hasta quería que Andrea fuese capaz de meterse la polla de Jaime y Maica no. Así al menos podría demostrar que mi novia era mejor en algo, aunque fuese en ser una puta. Mientras tanto, Maica le estaba chupando la polla a su novio y metiéndose dedos en el culo. Tratando de dilatarlo para poder hacer frente a lo que se la venía encima.

    – Bueno Maica, este es el principal consejo que te puedo dar, búscate un buen perro como el mío para que te preparé bien el culito. Aunque saliendo con ese hombre tienes difícil que te obedezca. Pero realmente lo más importante es estar relajada cuando te la vaya a meter. Imagino que, al ser la primera vez por el culo, con una polla tan grande, es difícil, pero esa es la clave.

    En ese momento Andrea se dio cuenta de que yo estaba empalmado:

    – Bueno Jaime, parece que aquí hay uno más al que le gusta tu polla. – Todos se rieron de mí. – Y basta perro, vamos a probar si mi culito da la talla. Jaime, ¿Me follas el culo, por favor?

    – Veo que has aprendido como me tienes que pedir las cosas. Muy bien, ponte a cuatro patas. Vamos a ver si tu perro ha hecho bien su trabajo.

    Andrea le hizo caso sin pensárselo. Parecía que estaba nerviosa. Normal, me dicen a mí que tengo que meterme semejante polla monstruosa en el culo y estaría acojonado. La polla de Jaime se veía brillante debido a la mamada que le había estado haciendo Maica. Al igual que el culo de Andrea, gracias a mí. Además, estaba bastante abierto, yo nunca se lo había visto así. Lo veía difícil pero quizás sí que podría meterse la polla de Jaime. Él apunto hacia su culo y empezó a hacer fuerza. Andrea fue cambiando su cara de preocupada a cara de relajación, incluso de placer. Le estaba gustando hacer frente a esa polla, que nunca había sido derrotada por ningún culo. Jaime hizo más fuerza y parece que el culo cedió.

    – Bueno al final parece que no ha sido para tanto. – Dijo Andrea.

    – Cariño, solo te ha metido la mitad de la polla. – Le contestó Maica.

    – Ay, es que tal como está ahora es lo que siento cuando mi novio me la mete entera. Dios yo creo que lo próximo que viene no me va a hacer gracia.

    Jaime continúo empujando hasta meter un poco más de la mitad de su polla, unos 14 centímetros yo creo. Aunque lo más importante no era eso, si no su increíble grosor y dureza.

    – Aaaaaaaaaah, joder como duele. Ve lento, por favor. – Suplicaba Andrea.

    Jaime le dijo Maica que lamiese lo que quedaba de polla fuera del culo, y escupiese justo entre el ano de Andrea y su polla. Necesitaba que estuviese bien lubricado. Volvió a empujar, y el culo cedió más. La polla estaba casi entera dentro. Yo como un gilipollas estaba hasta orgulloso de Andrea.

    – Diooooooos, joder, es enorme. Siento como si me estuviesen rellenando. Parece que me va a reventar el culo. Hazme una foto, quiero tener un recuerdo de esto. – Dijo Andrea dirigiéndose a mí.

    – Voy meterla un poquito más. Siento como la tengo super presionada por tu culito. Me está poniendo muy cachondo reventarte. – Le dijo Jaime con voz de enfermo.

    – Vale, pero despacio, por favor. Te tengo muy dentro de mí hora mismo. Noto como las venas de tu polla se deslizan entrando por mi ano.

    El enorme rabo volvió a tunelar unos milímetros.

    – Ah ah ah, dioooos… No puedo más, sácala, por favor, me está reventando el culo.

    – No ibas de chula, que podrías con mi polla entera, pues ahora aguantas. – La desafió Jaime mientras hacía minúsculos movimientos de delante hacia atrás con su polla.

    A Andrea esa orden, ese estar totalmente sometida a lo que Jaime hiciese con ella, la puso cachonda como nunca antes lo había estado. Empezó a tocarse el coño. Jaime lo aprovecho para aumentar el ritmo de la penetración. Yo creía que la iba a destrozar. En cambio, Andrea estaba cada vez más cachonda. Llego un momento en que Andrea estaba casi con los ojos en blanco, no decía más que palabras sueltas:

    – Aaaaah, diosss, jodeeer aahhh mmm, mmm, es enorme ahhh.

    Empezó a frotarse aún con más fuerza el coño mientras Jaime la follaba. Parecía mentira que estuviese gozando tanto, Jaime a penas se movía. Simplemente con tener ese enorme rabo dentro, a ella ya le valía para ponerse a mil. Fueron incrementándose los gritos de dolor/gozo hasta un último grito con el que Andrea perdió todas las fuerzas. Jaime vio que su trabajo había terminado y saco su monstruo apuntando a mi pobre amiga Maica, quien había gozado de lo lindo con el espectáculo y había estado preparándose. Andrea se quedó tumbada de lado con las piernas temblando, un agujero enorme entre las nalgas y una cara de placer indescriptible. Yo en ese momento pensé que era imposible que su ano recuperase su forma original.

    – Cariño déjame abrirte el culito que quiero correrme. – Le dijo Jaime a Maica.

    Ésta se echo más lubricante en el culo y se puso en la misma postura que Andrea hace un rato. Cuando sintió el prepucio en su ano, empezó a tocarse el coño. Sabía por experiencia, que el dolor al que se iba a someter se llevaba mejor con placer. Jaime volvió al trabajo, empezó a separar las enormes nalgas de Maica poco a poco, abriéndose pasó con su descomunal rabo. Me parecía increíble pensar que hace unas horas habría matado por ver a Maica en tanga, sus tetas o verla tocándose. Y ahora la tenía delante con su enorme y perfecto culo, siendo amenazada por una barra de carne que iba rellenarla. Su culo se mantenía firme, sabía lo que se le venía encima, pero aguantaría. Jaime la azotó, su nalga tembló. Le dio otro azote, Maica grito de placer. Él empezó a manosear su culo mientras introducía su polla poco a poco. Puso los dedos entre el ano y la polla, y separo las nalgas de Maica mientras hacia más fuerza. Maica ya tenía media polla de su novio dentro, serían unos 12 centímetros. En cambio, no parecía dolerle, al contrario tenía una cara de placer que no se la había visto poner a nadie en mi vida. Como mucho se acercaba a las caras que Andrea había puesto hace un rato.

    – Sigue cielo, mmmm, me encanta como entra tu rabo en mi culo. Me encanta que me lo abras, estaba muy cerradito. Me encanta sentirte dentro de mí. Dios vaya pollón tienes, aaaah. Te quiero mi vida, me encanta que mi novio sea un hombre de verdad. – Jaime metió un buen empujón, las tres cuartas partes de la polla estaban dentro. – Aaaaah joder Jaime, que rico, aaay diosss, no la metas más profunda, simplemente fóllame duro.

    Jaime la hizo caso y empezó a bombear con su pollón. No paraba de azotarla y manosearla el culo. Yo habría hecho lo mismo si fuese merecedor de tal hembra.

    – Aaaaahh mi amor, fóllame más rápido, dioooos. – Se frotaba el coñito con fuerza.

    Jaime fue aumentando la velocidad. Eso sí que era follar, la estaba reventando pero bien. No tenía la polla tan dentro como con Andrea, porque eso la hubiera destrozado. Pero sí que se la estaba follando con más ritmo. Era un espectáculo verles follar, mejor que una película porno. Ver como le temblaban las nalgas a Maica, y como Jaime la castigaba con su rabo.

    – ¡¡¡Me encanta tu polla!!! Dame más fuerte, aaaaahhh. Jodeeeer me corro, aaaaaaaaaah.

    Todas las facciones en la cara Maica se relajaron, y sonrió. Había tenido uno de los mejores orgasmos de su vida. No sabía como podía haber cortado con aquel semental, aunque hubiesen sido solo unos días. Cuando Jaime vio que Maica se había corrido, sacó su polla, y empezó a pajearse sobre su culo. Ésta puso el culo bien en pompa, como le gustaba a él. ¡Vaya maravilla era ver el culo de Maica así! Estaba super abierto, aunque no tanto como el de Andrea, y era perfectamente redondo. Andrea, cuando vio que Jaime iba a correrse, se acercó al culo de Maica a por su premio. Jaime tardó poco en correrse. Era un dios. Se corría cuando quería. Echó una enorme cantidad de lefa sobre el culo de Maica. Yo creo que en la vida había visto una corrida tan grade como la que ese semental acababa de tener. Maica no se sorprendió, parecía que era lo normal en Jaime. También le salpicó a Andrea en la cara. Mi novia ya no se cortaba un pelo delante mía.

    – ¿Puedo limpiar este estropicio? – Preguntó Andrea sonriente con la boca hecha agua hacía Jaime. Él asintió.

    Andrea empezó lamiendo cada milímetro de polla a Jaime. Quería dejársela reluciente. Lo hizo concienzudamente. Repaso cada una de las venas de su polla con la lengua y exprimió las últimas gotitas de leche que le quedaban. Cuando terminó, se giró hacía Maica, que seguía a cuatro patas. Jaime, al ver su intención, fue a por el móvil y empezó a grabarlas. Andrea tardó bastante tiempo en recoger toda la leche del culo de Maica, ya que era muy grande y Jaime se había corrido por todos lados. Una vez terminadas las tareas de limpieza, enseño su boca llena de lefa al móvil de Jaime. A mí eso me estaba empezando a dar vergüenza. Cualquiera podría ver ese video y confirmar lo puta que era mi novia. Andrea, en vez de sentirse humillada, estaba orgullosa de tener la lefa de aquel macho en su boca. Se estaba relamiendo.

    – Tía no seas cabrona, yo quiero un poco. – Le dijo Maica mientras se ponía de rodillas a su lado. Jaime no se lo creía. Yo menos.

    Cuando Andrea fue a pasarle la mitad del semen no apuntó bien y se cayó al suelo. Andrea se lamió bien los labios y recogió lo que goteaba. El resto de la corrida sí que se la pasó a Maica en un segundo intento, quien después de saborearla bien se la tragó.

    – Mmmm que rica cielo ¿Has estado comiendo bien últimamente o es que hoy me ha sabido especialmente bien? Que pena que tu no te hayas tragado nada Andrea, aunque al menos la has saboreado. Voy a coger la fregona para limpiar lo que se ha caído. – Y mientras lo decía, Andrea se agachó, puso el culo bien en pompa, y recogió con su lenga toda la lefa que había en suelo.

    – Sí que está rica sí, ojalá esto todas las mañanas en mis cereales. – Dijo sonriendo Andrea después de tragarse la lefa del novio de mi mejor amiga.

    Publio Cuckold Escipión.

    Espero que les haya gustado el relato. Hay partes ficticias y partes reales. Dejo a la imaginación y gusto del lector adivinar qué hecho corresponde a qué dimensión. Si quieren más relatos de mi autoría espero bastante feedback por su parte, ya que la realización de los mismos conlleva mucho trabajo, y eso me daría fuerzas para llevarlos a cabo. Pueden comentar aquí o interactuar conmigo mediante el Twitter @PCE_Cuckold. Muchas gracias por su lectura.

  • Tres viejas y un sátiro (3)

    Tres viejas y un sátiro (3)

    -Vamos a trabajarte el culito para que te entre bien la verga de mi hermano… -me dijo Herondina… -y agregó: -La tiene gorda, ¿sabés?… Jejeje…

    Al escucharla me estremecí de miedo y ganas a la vez, ¿le haría daño a mi culito una pija gorda?… ¿cómo se la sentiría yendo y viniendo?

    Cuando Herondina me lo metió por primera vez sentí un dolor tan intenso que grité… Pero para mi alivio ese dolor fue atenuándose y desapareció en el momento en que el consolador estuvo todo adentro y empezó a ir y venir… ¡Qué goce me daba! Tanto que yo no dejaba de gemir y jadear mientras iba asumiéndome como putito y las tres viejas se burlaban sádicamente y mí eso me calentaba más todavía…

    Fue cuando Petra me estaba violando que sonó el timbre…

    Herondina fue a abrirle y un momento después entró con su hermano en la habitación… Petra me sacó el consolador del culo y clavé la vista en el recién llegado…

    “¡Ay, qué hombrote!”, me dije… Es alto, robusto, calvo y algo panzón…

    -Parate, Jorgito, que mi hermano te vea bien… -me ordenó Herondina y obedecí, claro…

    Miré al recién llegado y sentí que una de las cosas que me calentaban era la expresión perversa de su cara…

    Durante un momento me comió con los ojos y dijo:

    -Es increíble el cuerpo que tiene, parece el de una nena… Además es muy lindo de carita…

    -Y ahora mirale el culo… –intervino Herondina y me ordenó que me diera vuelta… Obedecí y escuché la exclamación del hombre:

    -¡No se puede creer! ¡Tiene el culo de una chica!… Bien empinado y redondito…

    -Y ese culito es todo tuyo, Rogelio, pero primero que te la chupe y se trague toda tu leche…

    -¡Claro que sí! –aprobó el hombrote y me hizo ir hacia él mientras se bajaba los pantalones y el bóxer…

    Las tres viejas formaron un semicírculo alrededor de mí y Herondina me urgió a hacer mi tarea:

    -Vamos, Jorgito, a chupar y te tragás todo. No quiero que escupas ni una sola gota. ¿Oíste?

    -S… Sí, señora, lo que… lo que usted diga… -murmuré dándome cuenta de que me excita muchísimo que me dominen… Y empecé a chupar esa pija que fue cobrando vida en mi boca, hasta ponerse durísima… La señora Herondina la había descripto muy bien: no es muy larga pero sí bien gorda… La sentía presionando de un costado y del otro de mi boca mientras me deleitaba con los gemidos y jadeos del señor Rogelio, que me hacían saber que se la estaba chupando bien…

    Me tenía agarrado del pelo y por fin se corrió gritando y echándome varios chorros de semen que tragué ávidamente…

    -Abrí la boca… -me ordenó Herondina… -Ah, muy bien, Jorgito, tragaste todo…

    -Sí, señora, como… como usted me lo había ordenado…

    -Sos perfecto, Jorgito, sos tan lindo como una nena, sos muy putito y muy obediente… Ni loca dejaría que te nos escapes… Sos nuestro, Jorgito; sos mío, de Lola, de Petra y de mi hermano… Decilo…

    -S… sí, soy de ustedes… Soy suyo, señora Herondina, de la señora Lola, de la señora Petra y de su hermano, el señor Rogelio…

    -Muy bien, putito, a partir de ahora, cuando terminás de cenar te venís para acá, ¿oíste?…

    -Sí, señora…

    -Y vos, Rogelio, ¿ya estás como para darle pija por el culo?…

    -Sí, que me la ponga dura y se la meto hasta los huevos… -contestó el hombrote, que reposaba echado de espaldas en la cama…

    -Andá y ponele la pija bien dura, Jorgito… -me ordenó Herondina… -Y fui…

    (continuará)

  • La nota erótica

    La nota erótica

    Esto de escribir no ha sido lo mío, pero un día de sorpresa leo un escrito erótico que una chica escribió para mí. Celebrando mi cumpleaños 48, una de las chicas que trabajan para mi hermana en su compañía de bienes y raíces, me dejó una tarjeta anónima adjunta con un presente. Quizá se atrevió a hacerlo, pues tradicionalmente nunca abro los regalos ese mismo día, a como he visto con otras personas que abren los regalos ante todos los invitados. La verdad que nunca supe quien lo escribió, pero debo asumir que la persona que lo escribió, con un gran porcentaje de probabilidades, ya me la habré follado, pues de las 8 mujeres que trabajaban para mi hermana, con 6 de ellas me he ido a la cama.

    Y es por eso que al leer ese escrito erótico que me escribió esta chica, me da esa idea de relatar mis experiencias con todas las mujeres que me han dado a gozar sus cuerpos y créanme que ese relato me encendió, a pesar que esa mañana me fui a dar gusto con una chica de paga a quien le dejé ir tres palos en dos horas. Follada, la cual asocio al escrito erótico que me dejó esta chica anónima y el cual todavía mantengo guardado en esa tarjeta donde me deseaba un feliz cumpleaños. Su nota decía así:

    “Sr. Antonio, quizá para usted sea solo una chica a quien usted nunca dirigirá una mirada, quizá hasta le parezca infantil mi nota, pero sea como sea, la sola idea que usted leerá lo que siento e imagino de usted, hace que me palpite a gran velocidad el corazón, que mi piel se me erice, que siga fantaseando con usted y que mi prenda interior se humedezca.

    Desde que lo conocí, siempre me ha provocado estas emociones. Me gustan sus gestos, me gusta su voz y como habla y al tenerle cerca, siempre aparece ese cosquilleo desde mi coronilla, recorriendo con esa electricidad mis piernas, llegando con inmenso calor a mi vientre. Solo de mirarle su lindo rostro hace que mi sexo se moje, cuando lo he visto en traje de baño me vuelve loca y no me pude contener al visitar su casa, que ese deseo me hizo ir al baño cerca de la piscina y desde ahí he abierto la cortina para mirarle y masturbarme imaginado como ese hermoso pene que imagino, me penetra lo más íntimo de mi ser. No me da mucho tiempo en lograr sentir que me hace acabar, pues siento sus embestidas mientras me acaricia mis pezones y desliza su lengua en mi cuello. Imagino saborear sus labios, lamer sus pectorales, lo mágico de despojarle de su prenda íntima y descubrir ese pene con todo su potencial de erección. Créame que lo he imaginado en todas partes de mi cuerpo, que lo he besado y me lo comido a placer. Solo de escribirle esta nota me he vuelto a humedecer y me he vuelto a masturbar y he logrado un orgasmo más pensando en usted.

    Quizá nunca lo he de tener, pero créame que sin usted darse cuenta, lo he poseído y lo he sentido donde ese hermoso pene que imagino pudiese entrar. Créame que si algún día tengo esa oportunidad de tenerle desnudo, usted haría todo lo que quisiese conmigo y yo le besaría cada milímetro de su piel. Espero tenga un feliz cumpleaños y al soplar sus 48 candelitas, imagine que yo en ese momento que usted hacía eso, yo imaginaba chupar su candelita y que me hará sacar otro orgasmo esa misma noche”.

    Esto fue lo que encontré adentro de la tarjeta de cumpleaños, y como esta imprimido, hasta el momento, no tengo idea de quien lo haya escrito. Obviamente la tarjeta no tiene firma y el regalo consistía en un bóxer y ropa íntima estilo bikini, que me quedaron precisos a mi talla.

    Fue por esta nota que un día comencé a escribir y es como comencé a compartir todas esas experiencias que he tenido con muchas mujeres. Creo que ya me follé a la autora de esa nota, aunque quizá nunca tendrá el valor de reconocerlo y darme el placer de que mi intuición es acertada. Quizá nunca sepa su nombre, pero sí sé que es tan caliente y erótica como yo.

    [email protected]

  • Raquel, mi hermana y mi obsesión

    Raquel, mi hermana y mi obsesión

    Desde muy pequeños, mi hermana Raquel y yo somos muy unidos. Aunque ahora que ella trabaja. Ya casi nunca nos vemos. Mi hermana siempre fue muy coqueta, jugaba con cuanto chico o adulto se atravesaba en su camino. Metió en problemas a muchos profesores, ahora que está en la universidad, parece que por fin sentó cabeza. Y el que los hombres de todas las edades estén siempre rondándola, es lógico. Mi hermana tiene una cara de niña traviesa, pero un cuerpo esbelto y bien formado. El cabello negro hasta la cintura, y su piel blanca le dan ese toque de adolescente perpetua a sus veintiún años. Incluso mis amigo, se acercaron a mi queriendo estar cerca de ella. Y yo como su hermano dos años menor, termino siendo el recadero de todos.

    Me gusta verla salir por las tardes a su trabajo en una tienda departamental, se pone faldas y pantalones ajustados y se marca de maravilla su culito, que además, con la diminuta cintura su blusa ajustada hace que se vea aún más apetecible. Y no es que yo mire con morbo a mi hermana. Pero es una belleza espectacular.

    En fin, cada fin de año nos reunimos en casa de mis abuelos paternos, primos tíos y todos los nuevos familiares que añadan a la familia. Su casa es amplia pero debido al crecimiento en los miembros de la familia, parece insuficiente. Así que después de brindar, tuvimos que acomodarnos para dormir. A mí me tocó dormir en una cama matrimonial con mis padres y mi hermana. Y a no ser por los ronquidos de papá, jamás hubiera sucedido lo que les voy a platicar.

    Casi todos habíamos bebido algo de alcohol, así que cuando fuimos a dormir, mis padres cayeron rendidos, al igual que Raquel. La espalda de papá chocaba con la mía, pero frente a mi está mi hermana, no podía dormir, no aguantaba los ronquidos de papá. Y pase al menos dos horas sintiendo el aliento de Rachel en mi boca, ver su lunar arriba del labio y sentir su perfume. Ahora entendía porque todos estaban locos por ella. Incluso mis tíos aprovechaban cualquier descuido para tomarla de la cintura y se extendían en los abrazos. Hasta ahora yo solo había tenido una novia y solo fue por un periodo muy breve, sabía que llevaba un año sin besar a ninguna chica porque justamente el año pasado, con un mensaje de texto. Me terminaron.

    Eso recordaba y por instinto o estupidez. No lo tengo muy claro aún, pero acerque mis labios hasta que rozaron los de mi hermana. Ella no tuvo ninguna reacción, así que me acerqué más y le di un beso de lengua. Podía escuchar los latidos de mi corazón, mucho más fuerte que los ronquidos de papá. Rachel respondió el beso, su lengua jugaba con la mía, pero al mismo tiempo abría los ojos.

    —¡¿Qué haces?!—me dijo y giró hasta darme la espalda. Luego jalo mi brazo y lo paso por encima de ella, hasta que la abrace y sentí como se fue perdiendo en el sueño. El perfume en su cuello estaba me mantenía extasiado, pero lo más importante y peligroso. Sus nalgas estaban contra mi verga. Y mi verga, se ponía cada vez más dura.

    Baje mi mano y pude sentir la forma de sus caderas. Con mucho miedo mi mano nerviosa recorría sus nalgas. Me caracterizo por hacer toda clase de idioteces, desde chocar el auto de papá, hasta incendiar mi casa del árbol. Pero nada comparado con lo que estaba a punto de hacer en ese instante. Metí mi mano dentro de la pijama de Raquel y mi mano bajo hasta sentir lo vellos en su pelvis.

    De nuevo despertó, tomó mi mano y la llevo hasta sus pechos.

    —Duérmete—me dijo susurrando y cerró los ojos. A pesar de la gran erección que tenía apretando su culo, el sueño me venció. Cuando desperté, la mano de Raquel me aprisionaba la verga y la jalaba, suavemente. Por más que quise no pude aguantar y me vine sobre su pantalón de pijama. Al mismo tiempo mis padres despertaron.

    —¿Pudieron dormir?—preguntó papá mientras se levantaba.

    —Poco, pro recuerden que hoy trabajo—dijo Raquel mientras se limpiaba las manos con las sábanas.

    —Desayunamos y nos vamos a casa—dijo mamá, luego se fueron juntos a la ducha.

    Por la tarde, como ya era mi costumbre. Me senté en la sala para ver salir a Raquel, su pantalón azul marino parecía que estallaría en cualquier momento.

    —Adiós travieso—me dijo mientras salía. Yo me masturbe pensando en ella. Imaginaba como sería tener sexo con mi hermana. Sé que está muy mal pero, no podía parar de pensar en ella.

    Por la noche, llegó con su novio. Un tipo infumable, que no soltaba su teléfono para nada. Supuse que tendrían sexo, así que me acerque a su puerta. Para mi sorpresa, estaba abierta y podía ver la cabeza de mi hermana subiendo y bajando, mientras le mamaba la verga a su novio. En automático, yo estaba sobándome la verga. Hasta que el sonido de mensaje en mi celular me hizo brincar y correr a mi habitación. Temblando y con el pulso a mil por hora, saque mi teléfono y vi que el mensaje era de mi hermana. Lo abrí y vi una selfie de ella con la boca llena de verga. Me dio miedo y lo cerré como si me quemara. Y me mantuve inmóvil hasta que escuché que salían. Volvió a sonar mi teléfono. Un mensaje que decía «ven a la sala» apareció en mi pantalla. Cuando baje, Raquel me esperaba con una sonrisa burlona.

    —¿Entonces, te gusta espiar?

    —No… yo solo…

    —¡espiabas! Soy tu hermana, ¿sabes que estás muy mal? No puedes pensar en mi de esa manera. Deberías buscar una nueva novia, llevas ya mucho tiempo solo.

    —Es solo que…

    —¿Dime cómo puedo ayudarte? En serio, me siento mal de verte así.

    —Pues dame una mamada… como a tu novio!

    —¡¿ESTAS LOCO?!—me dijo y se alejó tapándose la cara con ambas manos.

    —Me quieres ayudar, pero me tomas por loco. No estoy mal, solo quiero que me la chupes. A ti te gusta, te visto muchas veces, con muchos. Pero a tu hermano no puedes hacerle un pequeño favor —fingí llorar y me senté a su lado. Raquel me abrazo y me beso la frente.

    —Solo estas confundido, seguro fue por la noche de Año Nuevo. No debí jalártela.

    —Y ahora qué hago, estoy cansado del porno, incluso he pensado en pagar por sexo.

    —¿Y de dónde vas a pagar si ni dinero tienes?—Me abrazo y se puso de rodillas frente a mí, me saco el cinturón y desabrocho mi pantalón.

    —Ok, pero será solo una vez—de inmediato baje mi pantalón hasta los tobillos y mi verga dura quedo frente a su cara.

    —¡¿qué mierda estamos haciendo?! —comenzó a masturbarme suavemente, y sus labios, esos que el día anterior bese, estaban pegados a mi verga. Tome su cabello con ambas manos, no quería perderme el espectáculo de ver esa cara hermosa con mi verga dentro. Me miro a los ojos y me repitió.

    —Solo será esta vez —luego metió mi pene en su boca y comenzó a mamarla. Cerré los ojos un instante, pero recordé su cara y me concentré en verla, de verdad mi hermana es hermosa. Su legua jugaba con la punta de mi pene, y Raquel me miraba fijamente, luego fue hasta el fondo. Toda mi verga entro en su boca, podía sentir su garganta. Una y otra vez se dejaba ir hasta el fondo, su saliva me escurría por mis bolas.

    —¡QUE RICO LA MAMAS HERMANITA!

    —Shhhh! —Puso su dedo en la boca y no me quedo más que guardar silencio, y disfrutar de esa boquita. Cuando sintió que me venía, saco mi verga y la puso contra su cara. Con su mano me masturbo hasta que los chorros de leche salieron directo a su cara. Su nariz, su frente y su pelo estaban llenos de semen. Limpio el poco que me quedo en la punta con su lengua y luego salió hacia el baño.

    —Me ensuciaste el pelo, voy a tener que bañarme. Otra vez.

    Yo seguía atónito y extasiado en la sala, fascinado por la mamada de verga. Pero, pensaba que si fue así de fácil que me la mamara, tenía que conseguir que me dejara coger con ella. Aunque sea una vez.

    Los días pasaban y ahora si sentía celos, celos de que la vieran mis amigos, de que el señor de la tienda se la comiera con la mirada. De que su estúpido novio se la cogiera en el asiento trasero de su maldita camioneta. Así que un domingo, espere a que nuestros padres salieran y cuando escuche que Raquel se daba un baño, entre. Me quite la ropa y abrí la cortina.

    —¡¿PERO QUE HACES?! ¡ME ESPANTASTE!

    —Te quiero coger!

    —Ponte tu ropa, ¡¿estás loco?! Eres mi hermano! ¡NO VAMOS A COGER!

    —Entonces mámamela!

    —Sabía que había sido un error, no debí haberte echo nada —salió de la ducha y se enrolló en una toalla. Pero yo se la arranque.

    —Solo una vez —le dije mientras la volteaba contra el muro.

    —¡NO! Ya habíamos hablado esto, no podemos… ¡¿QUÉ HACES?!

    Le tome las manos por detrás de la espalda y mi verga se chocó con sus nalgas. Me acomode y pude sentir como entraba en ella, sentía su humedad, nunca había penetrado a nadie sin condón. La sensación de sus vellos en mi verga me parecía exquisita.

    —¡SÁCALA AHORA MISMO CABRON! ¡NOOO… QUIERO! —intentaba zafarse, pero yo no tenía planeado dejarla ir a ninguna parte.

    —Te voy a coger, solo eso… tranquila.

    —¡NI SIQUIERA TE PUSISTE CONDÓN! ¡ESTAS… HAAAA… LOCO… HAAAAAA… SUÉLTAME O LE DIRÉ A PAPÁ!

    —YAAAA! CASIII! ACABO…

    —¡ADENTRO NO! HAAAAA! NO ACABES ADENTRO O ME VAS A EMBARAZAR PENDEJO!

    Mi verga chocaba contra sus nalgas y mi hermana había dejado pelear, sus gemidos me daban la aprobación, así que fui contra ella con más fuerza. Y sentía que explotaba.

    —¡NO ACABES ADENTRO! —repetía una y otra vez.

    —¿en… tu boca?

    —¿QUÉ? HAAAA! HAAAA!

    —Puedo acabar en tu boca. ¡Ya casi me vengo!

    —Si si si —la solté y nuevamente la tenía de rodillas frente a mí, apenas sentí su boca, salieron unos chorros intensos de semen. Aunque trataba de tragarse todo, mi leche le escurría por la orilla de sus labios. Podía sentir como se tragaba mi leche y yo ahora era quien empujaba la verga hasta su garganta.

    ¡HIJOS YA LLEGAMOS!

    —¡MIERDA!

    —Vete a tu cuarto y vístete —me dijo mientras ella entraba nuevamente a la ducha. Mis padres estaban en la cocina, por poco y nos atrapan. Pero yo al igual que muchos otros, estaba locamente enamorado de mi hermana Raquel. Y ya esperaba con ansia volver a tenerla solo para mí.

    Tu ve que esperar toda la semana para volver a estar a solas con mi hermana, me conformaba con verla salir en ropa ajustada y masturbarme en la regadera pensando en ella. El sábado mis padres tenían una fiesta, me escapé fingiendo estar enfermo y sabía que Raquel llegaría casi a la medianoche.

    Me quede dormido frente al televisor, y no me di cuenta cuando llegó mi hermana. Hasta que una canción sonaba en el aparato de audio. La televisión ya estaba apagada, al igual que las luces. Cuando trate de incorporarme, me di cuenta de que Raquel se acercaba a mí, pero solo vestía una tanga. Sus tetas estaban al aire y sonreía. Cuando me abrazo alcance a percibir el olor a cerveza.

    —Bueno hermanito, lo tuyo es rápido y brusco. Hoy te voy a enseñar a tener un buen sexo.

    No pronuncie ni una sola palabra, ella me empujó hasta que quede acostado en el sillón y comenzó a besarme.

    —Ahora veras lo que a mí me gusta —dicho eso se fue montando en mí, hasta que quedó sentada en mi cara. No podía respirar, pero no deseaba estar en ningún otro lado del mundo.

    —Déjame sentir tu lengua, despacio…

    Sus caderas comenzaban a moverse y yo seguía el ritmo con mi boca, sentía como mi lengua se hundía en ella, podía sentir su excitación cada que frotaba su clítoris. Después de un rato, ya estaba más que a gusto comiéndole la panocha a mi hermana. Ella bajo y me beso, que rico sabe. Lo sé. Luego fue hasta mi verga y su lengua recorría desde mis bolas hasta la punta.

    —No te vayas a venir… todavía no.

    —Quiero seguir chupando—se dio la vuelta e hicimos un 69. Sentía como se aferraba su boca a mi verga y entre más la excitaba, más duro me la mamaba. Hasta que se detuvo para retorcerse con escalofríos, hasta que sentí sus jugos en mi boca. Estaba teniendo un orgasmo.

    —¡QUE RICO! QUE RICO! SIII!

    Se acomodó sobre mi verga y fue bajando sus caderas hasta pude hundírsela por completo y jadeando, comenzó a darse unos centones. Estaba de espaldas a mí y podía ver sus nalgas. Aún llevaba puesta la tanga, de lado para que mi verga entrara sin obstáculos.

    —Siii! Me encanta coger! Que rico es sentirte dentro! ¿Te gusta?

    —¡Me encanta! Creo que ya me voy a…

    No termine la frase y mi hermana estaba de pie, y ahora se colocaba en cuatro frente a mí.

    —¡Ven aquí y dame lo más duro que puedas, pero no acabes dentro!

    Me coloqué detrás y fui metiendo moverla hasta que mi pubis chocó con sus nalgas, entonces me dejé llevar y chocaba contra su culo con tanta fuerza que la aventaba hacia adelante.

    —Si asiii! No pares! ¡Cógeme! Haaaa! Que rico!

    —¿Te gusta?

    —Me gusta muchooo! Sigueee!

    —Me vas a dejar cogerte… cuando quiera…

    —Siiii! Cógeme hermanito! Que rica verga tienes!

    —Me vengo! ¡ME VENGOOO!

    Cuando sentí que me venía saque la verga y los chorros de semen mojaron sus nalgas, le escurrían por la espalda.

    —En la mesa hay un condón, póntelo y méteme la verga por mi cola —cuando volví, tenía la cara hundida en el sillón y el culo bien levantad, aunque me costó un poco de trabajo, mi verga fue entrando poco a poco. Mi hermana apretarlos puños y mordía un cojín. Por alguna razón me excitaba su dolor, jale sus manos hacia mí y logré tirar de ellas para que las embestidas fueran aún más fuertes, Raquel se retorcía, pero no dejaba de gemir.

    —Para que me duele —por supuesto no me detuve y fui con más fuerza, hasta que me vine otra vez. Cuando saque mi verga, ella se sentó.

    —¿Te dolió? —le dije mientras intentaba abrazarla.

    —Es mi primera vez por el culo, duele mucho. Pero me gusto.

    Con signos de dolor se fue a su habitación y escuche como abría la regadera, me fui a la cama con una gran satisfacción, y cansado también. Al día siguiente, desperté con Raquel acurrucada contra mí, entro en mi cama por la noche y amanecimos abrazados.

    —Creo que voy a dejar a mi novio, ¿te gustaría ser mi novio?

    —¡POR SUPUESTO!

    Nos besamos dulcemente hasta que escuchamos a nuestros padres.

    ¡HIJOS, BAJEN A DESAYUNAR!

    @MmamaceandoO y sus mamacitas.

  • Pezones y pellizcos

    Pezones y pellizcos

    Codos golpeando, puños apretados alrededor de los brazos, y un empujón especialmente decidido a través del sofá y ellos están ahí, o comen un combate de lucha libre, Tan graciosos como desmesurados.

    Están en un lío de extremidades, esforzándose por ganar influencia sobre el otro hasta que ambos estén rojos y doloridos.

    Ken tiene la cabeza de Daisuke bloqueada, con el codo apretado alrededor de la parte posterior de su cuello, sosteniéndolo boca abajo en la alfombra, sonriendo en su victoria eminente. Daisuke gruñe debajo de él, con las manos selladas alrededor de los huesos de Ken, tratando de retroceder en vano en un ángulo extraño detrás de su propia cabeza.

    – ¿Estás listo para rendirte?-. Pregunta Ken a través de sus dientes posteriores, apretado en el esfuerzo. Se sienta sobre un brazo, apoyándose contra la alfombra áspera y el amplio hombro de Daisuke, completamente consciente de que podría ser su ruina, porque en ese momento Daisuke guarda silencio, como lo hace cuando tiene una idea: Ken puede decir que esa persona debajo de él trama algo porque, Daisuke quiere jugar, el ha empezado con esta clase de juego y continuará con lo que sea que esté haciendo hasta ahora. Hasta el último segundo

    Se queda en silencio, con los labios relajados, en su cara hay una sonrisa y su mano serpertea por la cara de Ken y hacia su pezón

    A Daisuke le parece jodidamente gracioso cómo a veces la voz de Ken es muy alta, como cuando comienza a gritar con una cadencia cada vez más estridente ¡no te atrevas, no te atrevas…! Justo antes de que Daisuke encuentre su pezón a través de su camiseta apretada hoy puesta para la ocasión.

    Entonces Ken deja escapar este gemido patéticamente ruidoso, estremeciéndose, poniéndose rígido como una tabla, así que es bastante fácil para que Daisuke salga de su agarre y cambien de posición, empujando a Misha sobre su espalda y subiendo lo suficiente en la parte superior para sostener ahora a Ken abajo. Estratégicamente acostado a mitad de él, continúa tirando de su pezón con movimientos rítmicos y sincronizados para aumentar la agonía del asalto contra el tierno nudo.

    -No deberías… Hacer eso-. Gruñe Ken con la voz pellizcada.

    -¿Ah, no?-. Daisuke murmura travieso con las pupilas abiertas, pone cara de superioridad como de costumbre.

    Ken no le da una respuesta, inclinó su cabeza distraídamente hacia un lado y luego golpeó su rodilla contra el costado de Daisuke, metiéndola en la carne debajo de las costillas de su chico. Este suelta un grito de dolor, lo siente muy adentro y renuncia a su agarre el tiempo suficiente para que Ken ruede con sus piernas.

    Se tranquiliza, colocando sin piedad todo su peso en el estómago de Daisuke

    – Eres más pesado de lo que pareces-. Dice Daisuke con la voz aplastada, casi resollando. Ken sonríe y retrocede un poco, equilibrando su peso donde es menos vulnerable, colocándose en las caderas de Daisuke

    Pero este último no se rinde, especialmente cuando la ereción detrás de la cremallera de los pantalones vaqueros de su novio lo llama con tanta facilidad. Lo ha visto, los dos lo han visto, y Ken no tiene tiempo suficiente para apartar la mano de Daisuke cuando vuelve a pellizcarle el pezón izquierdo otra vez.

    Deja escapar un grito ahogado, llenando sus pulmones por completo hasta que su pecho se hincha como un pájaro acicalado. Se agarra a la muñeca de Daisuke con ambas manos, sabiendo que cualquier intento de alejarse forzosamente podría resultar la pérdida de un pezón lo cual no va a suceder. Pueden haciendose daño jugando así para siempre, a pesar de todos los cuidados de Ken, Daisuke puede mantener su estúpido gesto de exprimir los pezones hasta que vencen, y Ken no cederá su lugar.

    -Tienes que parar esto-. Murmura Ken, siseando en estado de shock ante un giro particularmente áspero. Daisuke sonríe al sentir los muslos de Ken y su culo apretarse a su alrededor mientras se tensa.

    – ¿Oh si? ¿Por qué? No veo el problema te tengo encima revolviéndote-. Dice en ese tono travieso y juguetón que vuelve inestable a Ken, toma la cabeza rígida del pezón de este ultimo entre el dedo medio y el pulgar y acaricia la punta con un tercer dedo, girando y formando un círculo alrededor del pequeño nudo.

    – Creo que esto es justo donde te quiero -. Vuelve a decir Daisuke con una sonrisa, una sonrisa, maldito sea él, mientras se burla del pezón pobre de Ken por todo lo que vale.

    -El problema es que estás jugando con algo que no sabes las consecuencias de jugar con eso -. Se retuerce, la voz se tensa de paciencia desgastada, Daisuke sonríe al pequeño gemido que se le escapa cuando Ken se mueve sobre sus abdominales

    Con el pecho contraído, Ken se inclina con una mano, abre su cremallera y su miembro se alinea con la línea del muslo de Daisuke, rozando la línea de su pierna, la cabeza de su erección presionada directamente en la articulación de su cadera.

    Ahora Ken se desliza a lo largo de la cadera de Daisuke , bajando su culo lentamente por las piernas de Daisuke para poder meterse en el pliegue entre sus muslos cubiertos de dulce presemen, deleitándose en la aspereza contra su polla queriendo. Él hace preguntas astutamente con sus ojos, la mayoría de los cuales contienen una sonrisa que le desestabiliza aún mas y la frase «te quejas, pero sabes que eres feliz hora mismo»

    Mirando hacia abajo a través de pestañas pesadas en la forma propensa de Daisuke, suelta una especie de jadeo y echa la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados.

    Daisuke solo sonríe porque Ken se ve bastante hermoso así, con la espalda arqueada como una bailarina, un contraste repentino con su acostumbrada depresión tímida, el pecho empujado hacia adelante como un faisán, aprovecha el momento de distracción para deslizar sus manos debajo de la camisa de Ken y forzarla alrededor de su esternón, agrupando la tela gris debajo de sus axilas, exponiendo su pecho.

    Ken grita en protesta, luchando por apartar las manos de Daisuke, excediendo solo a que sea agarrado el pezón maltratado. Ahora Daisuke gira alrededor de la punta en círculos rápidos, haciendo que la pobre protuberancia quede a una pulgada de su vida, sintiendo que las caderas de Ken se tensan y su excitación aumenta con cada ciclo.

    Parece que Ken está a punto de ceder, entonces, con los ojos oscurecidos por la lujuria hasta que aparece una mera rendija azul bajo las pestañas pesadas y hacia abajo. Se lame los labios, jadeando con una pequeña protesta.

    Daisuke sonríe. Sonrisas absolutas, súbitamente extremadamente complacidas con el hecho de que ciertas partes de los cuerpos están en el mismo ángulo. Desliza su otra mano hacia arriba, tomando el segundo pezón y trabajando con el primero.

    Ken echó la cabeza hacia atrás en lo que podría ser un sollozo o una risa histérica sobre toda la situación. Él tiene una debilidad, no es como si él no lo supiera. Él no es tan obtuso con su propio cuerpo, muchos años de experiencia con su propia sexualidad no equivalen a nada. Sus juegos de masculinidad beligerante que lo ponen en la posición poco envidiable de estar a merced de Daisuke

    Se introduce varias veces en el deslizamiento de los muslos de Daisuke, acariciando con su mano su propia polla una o dos veces, acariciándola. Daisuke se ríe del trato tierno y Ken se acerca rencoroso, poniendo sus manos sobre los pectorales de Daisuke e intentando devolverle el favor.

    – No tienes cosquillas, ¿recuerdas? -Daisuke dice sin siquiera estremecerse. Maldito sea.

    – ¿Sí? Y como le llamas a esto? -Ken le susurra, desabrochando fuertemente una cremallera.

    Pone una mano en los pantalones de Daisuke y toma su eje con fuerza en una mano, satisfecho con el pequeño tartamudeo de la respiración y el sonido que viene de la parte posterior de la garganta de su mejor amigo -novio.

    – ¿Realmente necesitas que te lo explique?-. Responde Daisuke no afectado, o tan inafectado como un hombre con una erección tan insistente. Empuja la mano de Ken en lugar de alejarse, porque aparentemente todavía están jugando.

    Daisuke ah ora levanta sus caderas de repente, haciendo que Ken pierda el equilibrio y lo hace jadear en estado de shock. Sin embargo, la expresión de su rostro se convierte rápidamente en agonía, cuando Daisuke comienza a apretar más fuerte. Ken se había acostumbrado a la atención en su pecho ahora obscenamente sensible, el hormigueo se convirtió en un tenue zumbido de electricidad estática que casi podía ignorar, pero ahora Daisuke aparentemente sacó las armas grandes, y Ken grita y se empuja hacia el movimiento.

    Daisuke parece disfrutar de la forma en que puede guiar a Ken por el camino al éxtais tirando de él hacia adelante para que esté encorvado sobre el cuerpo de Daisuke, las caderas que se mecen hacia atrás hasta la cintura para unirse a su mitad superior. Él tira de las protuberancias ahora hinchadas, de un rojo brillante y acariciadas a una pulgada de sus pequeñas vidas.

    – Tienes que… Tienes que detener esto -. Ken se queda sin aliento, colocando sus manos una sobre su propia polla y otra sobre la de Daisuke. Se queda allí un momento, incapaz de agarrarlo con fuerza, demasiado abrumado por la sensación de dedos anchos y calientes que le destrozan el pecho.

    Luego se agarra, comienza a frotarse con una intención casi maliciosa, fuerte y rápido a lo largo de su eje y el de Daisuke. Gimió y se llevó las manos a la boca, una tras otra, lamiendo una raya húmeda y gorda a lo largo de la palma de la mano, al tiempo que bajaba la respiración y continuaba acariciando, jalandose a él mismo y a Daisuke con una en cada mano.

    Ken debería tener la sartén por el mango, ahora es casi imposible, el placer no le deja usar todas las habilidades que él obviamente emplea. Pero, lamentablemente, sentarse en el estómago de Daisuke ha dejado libres las piernas del bastardo, y este último las dobla en ese momento, presionando sus rodillas contra la parte posterior de las caderas de Ken y enviándolo hacia adelante.

    – ¡Tu… Hijo de… Puta -. Ken jadea casi en silencio mientras su polla entra en su lugar junto a la de Daisuke, las cabezas se deslizan una sobre la otra y hacen que ambos se estremezcan de amor y Daisuke pellizque con fuerza los pezones de Ken, este grita en estado de shock, casi podría comenzar a sollozar en ese momento porque en realidad, ¿qué hizo él para merecer este tipo de atención?

    Todo lo que puede hacer es defenderse, y pronto es solo un furioso lío de manos frotando más fuerte y más rápido, las pollas húmedas de sudor y líquido claro y escupitajo. A medida que acelera, Daisuke acaricia su pecho con más urgencia, girando los dedos en círculos más amplios, más perezosos pero, lo que es más importante, más duros. Ken gime y echa hacia atrás la cabeza, odiándose por llegar al final tan rápido pero deleitándose con la alegría de que Daisuke se está acercando también, y él acelera sus golpes, apretándose más fuerte en los ejes y soltándose en las puntas, follando en el túnel de sus dedos con sacudidas agudas de sus caderas, sintiendo a Daisuke hacer lo mismo a medida que se acercan cada vez más.

    Ken llora cuando termina, sintiendo a Daisuke tensarse debajo de él y deja escapar un pequeño gruñido como el delicado cabrón que es. Golpea con vehemencia a través de las réplicas, jadeando suavemente, ordeñando cada gota de Daisuke, sintiendo la forma en que los muslos de este se contraen bajo su culo con cada ola de orgasmo.

    – Sabes que no lo haría tanto si no te gustara tanto-. Insiste Daisuke con una pequeña sonrisa, de repente todo pulcro y suave otra vez a pesar de tener todavía su polla afuera.

    Ken pone los ojos en blanco, antes de hacer una mueca, con el pecho entumecido cuando Daisuke lo suelta, un calor como quemadura de alfombra se extiende a través de su pecho de color rubor.

    – Eres un maldito, no sé por qué todos creen que eres tan encantador -. Replica Ken sin hacer nada, plantando las manos y deslizando las rodillas para poder estar más cerca de Daisuke

    Daisuke devuelve una pequeña sonrisa y extiende una mano suavemente debajo de la arrugada camisa de Ken, deslizando la palma sobre sus hombros y manteniendo la camisa levantada mientras se estira para besar el pecho de Ken. Él le da con rosa oscuro casi rojo un suave beso en disculpa, labios hinchados acariciando suavemente el esternón de Ken antes de alejarse.

    Este suspira y mira a Daisuke, y hay algo en esos ojos marrones que no puede evitar pero quiere perdonar. Él retira su mano de su regazo, cubierto de semen por todos sus nudillos y en las redes de sus dedos, y Daisuke sigue su mano con una cuidadosa atención al detalle que Ken no puede evitar sentirse halagado.

    Casi hace que no quiera frotar su mano pegajosa y cubierta de semen sobre la linda camisa de Ken

    Casi.

  • Reencuentro con Silvia, mi ex (Segunda parte)

    Reencuentro con Silvia, mi ex (Segunda parte)

    Y verla vestida tan sensual mi libido se tornó incontrolable. Luego le pregunté sí no se sentía mal por lo que había hecho, pero ella muy tajante dijo que su venganza apenas había comenzado y que aparté de todo, el ser prostituta la había gustado mucho y que seguiría adelante.

    Se acercó a mi cara y me dio un gran beso en la boca, luego al oído me confeso lo arrepentida que estaba por haberme abandonado.

    Entonces dijo: mi amor: el próximo viernes quiero regresar al putero y te pido de favor por el gran amor que nos tuvimos que me acompañes. Mi reacción fue la de sensatez, puedes tener problemas y muy fuertes, tu marido te puede dañar y no me gustaría saberte lesionada, pero Silvia insistió en seguir con su venganza y para convencerme me prometió otra sorpresa más salvaje y lujuriosa. Así que luego de comer la deje en su casa quedando en vernos al siguiente viernes.

    Por fin luego de una semana tortuosa, llego el viernes, recibí la llamada de Silvia y pase por ella a las 10 de la noche. Venía cubierta con un abrigo ligero pero largo, subió al auto y nos besamos.

    -A dónde primor?

    -Al hotel para arreglarme

    Llegamos al hotel y Silvia cambió su vestuario, se maquillo peino y perfumo, al terminar su arreglo, se veía más hermosa y sensual que la semana anterior. Dejamos el hotel y directo al putero.

    En el trayecto le pregunté sobre cuál era su plan para estar en la misma sintonía a lo que me respondió que iba dispuesta a todo y que al igual que la semana anterior, yo aguardara hasta que cerrarán el putero.

    Así que llegamos al putero, nos sentamos en una mesa. Pedí mi botella de tequila y luego de unas copas Silvia se paró y se fue a dejar su abrigo y bolso a la barra. Luego se fue a sentar a una mesa ella sola esperando algún cliente. No tardó mucho en que una mesera la llevo a una mesa donde estaba un tipo sólo, estuvieron bebiendo y fajando, salieron a bailar mientras yo los observaba. El tipo la mañoseaba toda y Silvia le repegaba su panocha y se dejaba llevar por la música. No pude evitar una fuerte erección al verla tan sensual y provocativa, regresaron a la mesa y de ahí se fueron a un cuarto a coger.

    Después de una hora regresaron y Silvia se despidió de su cliente para irse de nuevo a una mesa a esperar otro cliente.

    Resumiendo, bailo con muchos clientes y entro a los cuartos a coger con otros tres tipos.

    Al regresar al salón de baile luego de coger con el cuarto tipo, anunciaron el cierre y Silvia fue a la oficina a recoger sus comisiones.

    Ya con su abrigo puesto, vino a mi mesa, me dijo que nos fuéramos al hotel y que nos lleváramos la botella de tequila.

    Ya en nuestra habitación, la abrace y le dije que estaba más hermosa y sensual que nunca, que me había excitado mucho viéndola talonear bien puta.

    Silvia me contesto que esa noche se había sentido muy en confianza y que ya le había tomado gusto a la taloneada y al dinero que ahí se ganaba.

    Brindamos por nosotros y al cabo de varias copas me dijo:

    -Te mereces tu premio por apoyarme en todo, te voy a hacer feliz, te lo mereces.

    -Y cómo?

    -El ser ya una prostituta me ha hecho comprender muchas cosas y entre esas cosas quiero dominarte, sentirme tu dueña, así como yo me sentía tu esclava, quiero que tú lo seas.

    Me llevo a la cama y nos quitamos la ropa, me empujo y me pidió que me acostara boca abajo con los ojos cerrados.

    Así lo hice y luego de un rato, sentí que Silvia se subió a la cama, diciéndome:

    -Hoy vas a ser mío, serás mi esclava pues te gusta la verga y eso me da mucho gusto.

    -Quieres ser mi esclava?

    -si mi Reyna

    -no vayas a abrir los ojos perra! Escuchaste?

    – si mi cielo

    – no me digas cielo, dime ama

    – si mi ama

    Silvia comenzó a acariciarme desde el cuello hasta los talones y cuando me acariciaba las nalgas me dio varias nalgadas diciéndome:

    – ten por puta!

    -quieres ser mi perra puta? Contéstame perra!

    – si mi ama, si hazme tu puta!

    – abre las piernas zorra!

    La obedecí. Me abrí de piernas y con su lengua comenzó a lamerme mi ano provocándome un placer intenso.

    -te gusta suripanta?

    – muchoo

    -quieres verga?

    – siiiii

    – ponte a cuatro patas cabrona! Pero ya rápido!

    Me puse a cuatro y Silvia comenzó a darme de nalgadas, que lejos de dolerme, me estaba produciendo un raro placer.

    -ahora verás la sorpresa que te tengo pendeja gila

    Se bajó de la cama ordenando me que no abriera los ojos, así que no pude ver que hacía, hasta que la cama se movió cuando Silvia se subió.

    De pronto sentí que los dedos de Silvia estaban embarrando me lubricante en el culo y solté un gemido de placer.

    -pinche puta, estás bien deseosa, eres una perra goloza!

    Eres igual de puta que yo!

    -si mi ama, las dos somos unas verdaderas putas!

    Sus dedos recorrían en círculos mi culito y de pronto metió dos dedos, auchhh gemí, los metía y sacaba muy despacio para luego meterme cuatro, mientras con su mano izquierda no dejaba de nalguearme muy rico.

    Metía y sacaba cada vez más profundo y fuerte. Saco los dedos, escuche como untaba más lubricante en su mano y luego muy suave acomodó su puño cerrado en la entrada de mi culo. Comenzó a empujarlo y me fue entrando poco a poco, mientras yo no paraba de gemir.

    -ay pinche perra, que rico culito tienes, se te está abriendo mucho, te gusta cabrona?

    – agggg si que rico! Me gusta mucho mi ama

    – quieres que te meta toda la mano perra?

    – si mi dueña, pero despacio

    Y Silvia con más fuerza empujo su puño metiendo y sacándolo hasta que sentí que me entraron sus nudillos, ahhhh que rico!

    Ahora ya me estaba metiendo y sacando todo su puño sin dejar de gritarme:

    -toma puta, te gusta verdad?

    – me encanta, que rico!!!

    – quieres más zorra golosa?

    – siiii dame más mi Amita!

    Entonces saco su mano del culo, me untó más lubricante y sentí algo en la entrada de mi ano,

    – esta es tu sorpresa joto!

    De pronto sentí que mi año se dilataba en exceso, pero no hubo dolor, algo muy grueso estaba penetrando me poco a poco.

    – que me haces mi ama?

    – te estoy dando de comer un dildo extra grande te gusta?

    -siiii pero despacio!

    Silvia metía y sacaba el dildo y mi culo cada vez más abierto, muy abierto.

    Cuando me entro esa monstruosidad, Silvia comenzó a masturbarme hasta que tuve una brutal eyaculación.

    Pasó un rato y me fue sacando el dildo, me pregunto si me había gustado contestándole que mucho.

    Silvia me confeso que ella también disfruto mucho cogiéndome y que se sentía muy plena sabiendo que yo lo disfrute.

    Me prometió que cada vez que la acompañara, me daría nuevas sorpresas.

  • Más consejos para principiantes

    Más consejos para principiantes

    Hace unos meses publiqué un texto bajo el título “Algunos consejos para principiantes”, en el cual, siempre desde la perspectiva de un escritor aficionado, di unos tips que podrían resultarles útiles a quienes recién empezaban el camino de la escritura, y más específicamente, el de la porno-escritura.

    Como hubo dos o tres personas a quienes les gustó el texto, hoy voy a compartir un poco más de mis limitados conocimientos, que, sin embargo, han de servirle a uno que otro autor.

    1. Talleres literarios

    Dejando de lado, por un momento, el género erótico y pornográfico, y hablando de la escritura en general, no existen muchas carreras que ayuden a desarrollarse como cuentista. De hecho, acá en Argentina, recién hace dos años se creó la carrera “licenciatura en las artes de la escritura” la cual intenta captar a todos aquellos interesados en aprender a escribir, pero que no quieren caer en carreras mucho más estructuradas como licenciatura en letras o en literatura.

    Por otra parte, en mi país contamos con talleres literarios, que son muy populares en Buenos Aires. Estos talleres consisten en un espacio donde se comparte con otras personas con las mismas inquietudes, los textos que uno va escribiendo en solitario. Estos lugares resultan sumamente útiles, ya que las personas que solemos escribir en anonimato, nos encontramos con un pequeño público que nos escucha mientras leemos, y nos hace críticas constructivas que luego implementemos al texto para mejorarlo. Y si bien no es común que en estos talleres se lean cuentos pornográficos, y quizá al autor le resulte vergonzoso leer estas cosas en público, siempre se puede aplicar lo que se aprende en los talleres, a los textos que luego publicamos en estas webs. Por lo tanto, para el que esté interesado en desarrollarse como escritor, les recomiendo estos espacios, que no sólo son muy útiles sino también muy agradables y desestresantes.

    2. Aceptar las críticas

    No hay que tener miedo a las críticas, y no hay que pensar que siempre son mal intencionadas. En diferentes webs he observado que cuando un texto recibe críticas negativas, el autor sale con los tapones de punta a refutar dichas críticas, como si se trataran de acusaciones personales. Es cierto que algunos usuarios, aprovechando el anonimato que nos da internet, usan un lenguaje irónico y a veces hasta desagradable. Pero no hay que quedarse con las maneras, sino con el contenido del mensaje. Hay que plantearse seriamente si el comentario no es acertado en cierto punto, y de ser así, tenerlos en cuenta para el siguiente relato.

    3. Leer

    Quizá sea una obviedad, pero cabe mencionar que mientras más se lea, más se aprende a escribir. Esto es porque mientras nos entretenemos con algún libro, inconscientemente vamos absorbiendo determinados conocimientos, tales como la utilización de los signos de puntuación, la manera de describir un lugar, la forma de contar una historia, etc. Todo esto sale de manera natural, ya que cuando uno adquiere el hábito de la lectura, sin darse cuenta se va fijando en detalles en que antes no reparaba, y eso se traslada a la hora de escribir un texto.

    Personalmente recomiendo dedicarse a leer cuentos, y no novelas. Ya que, por la extensión de casi todos los relatos de estas páginas, encuadrarían más en la categoría de cuento, y no de novela. Hay muchas diferencias entre ambos, pero la principal es que están estructurados de manera diferente. Los cuentos tienden a ser sumamente concisos, y todo lo que sucede en él debe hacer referencia a la historia que se cuenta. Mientras que en las novelas podemos encontrar diferentes arcos argumentales, y muchas escenas que no resultan indispensables para contar la historia.

    En resumen, mi consejo es leer mucho y preferentemente cuentos.

    4. Los personajes

    Ahora voy a referirme a cuestiones más puntuales. En mi texto anterior hablé muy escuetamente sobre la construcción de los personajes. Ahora me gustaría agregar algo más.

    Una manera de crear los personajes es, escribiendo, antes de comenzar el relato, una ficha del personaje. Por ejemplo:

    Nombre: Juan

    Edad: 42

    Ocupación: abogado.

    Ideología: liberal.

    Estado civil: divorciado.

    Hijos: Rocío y Jimena de 14 y 15 años.

    Alguno se podrá preguntar ¿De qué sirve tener estos datos de antemano? ¿No es mejor ir creándolos sobre la marcha?

    Bueno, eso dependerá de cada uno. Personalmente, cuando creo personajes sobre la marcha, tiendo a repetirme. Y no me cabe duda de que a muchos les pasará lo mismo, y sus personajes terminarán siendo una copia de otros personajes que ya habían creado, o incluso, copias del mismo autor. Crear la ficha del personaje nos permite tener un abanico de diferentes personalidades con las que trabajar. Se pueden hacer varias fichas, uno por cada personaje principal, y en base a estas, hacerlos interactuar. Teniendo los datos de antemano sabemos cómo va a reaccionar una persona en determinada situación. Por ejemplo, sabiendo que Juan es una persona divorciada, podemos suponer que tiene una visión negativa acerca de las relaciones convencionales. Sabiendo que tiene hijas adolescentes podemos decir que tiene una mirada crítica hacia los hombres que se acuestan con chuicas jóvenes. Y sabiendo que es abogado, podemos suponer que es una persona que tiende a hablar mucho y a decir poco (que así son los abogados en Argentina).

    Sin embargo, hay que tener cuidado. Los datos que escribí sobre Juan son muy fríos, casi estadísticos. Y esto puede llevar a que construyamos un personaje estereotipado. Para evitar esto, es conveniente tratar de definir cómo es el personaje en su interior. Yo arbitrariamente dije que por ser divorciado debería tener una visión negativa hacia las relaciones tradicionales. Pero podría ser todo lo contrario. Quizá Juan anhele encontrar una pareja nuevamente, y así estabilizar su vida. Lo mismo pasa con los otros ejemplos que di. Quizás Juan, al ver cómo sus hijas crecen, comienza a verlas de otra manera, y afloran en él sentimientos que nunca creyó tener.

    Lo importante es conocer al personaje que vamos a usar, para que sus acciones sean coherentes y tengan sentido. De esa manera la historia se tornará más verosímil, y evitaremos errores argumentales.

    5. Escribir mal no es ser rebelde

    No soy un experto en gramática, pero creo que es importante intentar escribir de acuerdo con ciertas reglas básicas.

    Hace poco me encontré leyendo un texto en otra web, y en el sector de comentarios se desataba una discusión que ya presencié en incontables oportunidades. El autor en cuestión se rehusaba a poner guiones de diálogo, y en cambio usaba un sistema tipo obra de teatro poniendo los nombres de los personajes y luego lo que dichos personajes decían. Pero eso era lo de menos, porque después, en lugar de poner los nombres, sólo ponía las iniciales. Cuando un lector le comentó que su manera de escribir causaba confusión por partes, y que era difícil seguir el hilo de la historia, el autor le contestó básicamente que eso era lo que había, y que él (el autor) era así, un irreverente, y por eso hacía lo que se le ocurría.

    El problema con el diálogo no era el único. El autor tendía a terminar ciertas palabras con la letra H, cosa que fue explicada por el mismo, aunque yo personalmente no entendí la explicación. Y otra cosa curiosa en su narración: en una parte alienta a los lectores a saltarse un montón de párrafos y leer más abajo (wtf!)

    ¿A dónde pretendo ir contando todo esto? En primer lugar, el autor comete el error de no oír a sus propios lectores. Grave error. Y por otra parte tenemos el problema de la “irreverencia”. Ciertamente hay muchos autores que piensan que por hacer las cosas mal son irreverentes (que sí los son) o incluso rebeldes (que no lo son). Como está el dicho de que toda ley existe para romperla, estos autores creen que las reglas gramaticales están para pasársela por las bolas. Tienen la fantasía de que haciendo las cosas mal, están haciendo algo disruptivo, algo diferente, algo novedoso. Pero nada más lejos de la realidad. y voy a explicar el por qué (según mi punto de vista, conste). La gramática no es sólo un conjunto de reglas engorrosas que hay que seguir. También es un sistema de códigos que nos sirve para comunicarnos. Si uno quiere pedir, mientras desayuna, el frasco de mermelada que está un poco lejos de su alcance no va a decir “Yo tener los brazos cortos”, no, lo que va a decir es “¿Me pasás la mermelada por favor?” o “alcánzame la mermelada” o “¿serías tan amable de levantar el culo y pasarme la mermelada que la dejaste en la otra punta, forro?” Como vemos, podemos expresar una necesidad de miles de maneras, y podemos ser irreverentes o rebeldes sin estar escribiendo mal.

    De la misma manera los guiones de diálogo, los puntos y aparte, las comas, los puntos suspensivos, etc, tienen un fin. Y al usarlos no estamos siguiendo a la manada, sino que estamos hablando en el mismo idioma que el que lee. A partir de ahí, se pueden crear infinidad de relatos diferentes, y es posible ser original, o disruptivo.

    Sé que más de uno me leerá, y llegará a la conclusión de que no soy quien para estar hablando de gramática, ya que de seguro encontrarán muchos errores en mi prosa. A esto me declaro culpable, y sólo diré en mi defensa que no soy necio, y que siempre intento mejorar.

    En definitiva, ese es el consejo que quiero transmitir, revisar los errores, escuchar a los lectores cuando dicen que no se entiende lo que escribís, e intentar mejorar continuamente.

    Esto es todo lo que se me ocurre de momento, espero que resulte útil a alguien. Me gustaría también que me comenten qué opinan al respecto.

    Saludos.