Autor: admin

  • Polvos demasiado caros

    Polvos demasiado caros

    – “Hoy hace cuatro meses que nos dimos el primer beso”. 

    – “Es buen recuerdo, pero prefiero celebrar los cuatro meses de la noche en que bebiste mi leche y te rompí el culo”.

    Ese intercambio de mensajes es lo que leí en el celular de Noelia, mi señora.

    Dos horas antes, sentados frente al televisor, ella había escrito algo en su teléfono para luego dejarlo sobre la mesa ratona antes de salir urgente al baño diciendo que se orinaba. Al momento sonó, indicando un mensaje entrante; simplemente miré por si era una llamada, pero no, se trataba del envío de un tal Marcelo. Cuando regresó le dije del sonido, respondiéndome que debía ser algo intrascendente de alguna amiga. Luego, después de preguntarme si deseaba tomar algo, se levantó llevando el aparato.

    Por supuesto que esperé que se durmiera para ir a donde había dejado el celular cargando la batería y así sacarme la duda. No fue difícil acceder al contenido, pues cuando compró dicho teléfono aceptó mi sugerencia de usar como clave la fecha de casamiento.

    El mensaje de él venía con dos videos agregados. En el primero la toma es desde arriba y muestra a Noelia arrodillada, desnuda, lamiendo una pija con los ojos cerrados y expresión de devoto placer. En seguida se escucha la voz del macho diciendo que está por correrse y quiere ver como esa boca hambrienta toma todo lo que le da. Para eso ella saca la lengua donde se apoya el glande, cuyo ojo expulsa varias escupidas de crema pastosa que la hembra traga golosa después de haberla saboreado.

    El segundo es un poco más largo. La toma de costado enfoca a mi mujer desnuda, en cuatro, y mirando hacia la cámara. En esa postura recibe la pregunta <El cornudo, te hizo el culo> la respuesta, ya sabida por mí, fue <No, nunca lo dejé>, <Bárbaro, ahora a ese pelotudo, le voy a mandar la esposa con el culo bien abierto y roto>. A continuación hay un acercamiento a las posaderas de mi señora, una mano separa las nalgas dando un primer plano del anillo estriado y que los dedos abren lentamente dando espacio para que se pose la cabeza que, a modo de vanguardia, precederá al tronco intruso. El ingreso fue súbito, violento, como si quisiera ocasionar dolor y daño, sin preparación y con mínima lubricación. El grito de la hembra será testimonio de eso.

    Después de la parálisis provocada por la sorpresa, con la poca cordura que me quedaba, me impuse comportarme como ni nada pasara, salvo suspender toda intimidad. Por supuesto que esa noche no logré conciliar el sueño a pesar de la pastilla que tomé.

    El tal Marcelo podía ser el jefe de área de ella, a quien yo conocía pues trabajábamos en la misma empresa aunque en distintos departamentos. Por ser hijo del dueño le habían creado ese puesto a medida e inútil. La suposición no era aventurada ya que el individuo tenía fama de mujeriego y se rumoreaba que alguna empleada integraba la lista de trofeos logrados.

    Y así yo, Roque, cumplidos los cuarenta, veía que mis diez años de matrimonio se iban a la mierda.

    Al día siguiente, con la excusa de abundante trabajo y luego un asado en casa de mi hermano, no regresé ni a dormir.

    Cuando pude pensar con claridad, y después de darle muchas vueltas al asunto, quedé persuadido de dos cosas. Ella había llegado a esta situación de manera intencional y eso lo demostraba evocando el primer beso como un hito trascendente en la relación. Por otro lado la expresión de ese recuerdo indicaba a las claras que esta nueva relación eclipsaba totalmente nuestro matrimonio.

    Es sabido que cualquier operación, para ser exitosa, requiere una preparación, y que el tiempo que ella demanda excede por mucho el lapso de ejecución. En este caso el esfuerzo mayor de la fase previa lo tuve que dedicar a controlar la impaciencia generada por el rencor.

    Decidí concluir nuestra unión previa venganza, y esa revancha debía provocar un progresivo desgaste de las defensas. Cuando fuera manifiesta su extrema debilidad sería el momento del corte definitivo. Desde luego que, de darse la oportunidad, le haría pagar caro al galán su insolente arrogancia.

    Confirmado que su jefe era el amante hable con el responsable del servicio de vigilancia de la empresa, a quien me une una buena amistad. Después de contarle mi triste situación le pedí dos cosas. Que instalara una cámara en el cubículo del engreído y que hiciera las conexiones para poder observar, desde mi portátil, tanto el sector general de los empleados cuanto el despacho de aquel que disfrutaba de mi esposa.

    Aunque representara remover dentro de la herida me esmeré en observar los encuentros, tratando de encontrar algunas rutinas que facilitaran mi accionar, y así elegí dos momentos para hostigarla e ir minando su ánimo. Por supuesto que eso no representaba impedimento para improvisar algo más según la situación.

    Para el primer episodio contraté dos sicarios, compré una maza de un kilo y un celular robado. El día elegido fue un miércoles cuando Sara me dijo que se había acumulado trabajo y que seguramente llegaría tarde, por lo cual no la esperara a cenar. Me aposté a la salida de su trabajo en el horario habitual y al rato salieron, conversando animadamente en dirección al auto de él. Como era invierno y anochece temprano no tuve dificultades para pasar inadvertido mientras los seguía y alertaba a los ayudantes ejecutores. Fotografié el vehículo entrando al hotel y esperé la llegada de los convocados. Luego de recordarles lo que debían hacer estacioné el auto, prestado por un amigo, al lado de la salida y le envié a mi señora, desde el teléfono desconocido para ella, la fotografía recién tomada con un mensaje:

    – “Tengan cuidado al salir, ese es un barrio peligroso”.

    Cuando vi las dos tildes celestes al lado del mensaje remitido nos aprestamos. No hubo que esperar mucho.

    De acuerdo con lo previsto, cuando las luces anunciaban la salida de un auto encendí el motor y, al comprobar la patente, me adelanté bloqueando la salida obligándolo a frenar. Ese era el momento de los contratados; uno llamaba la atención del conductor golpeando suavemente la ventanilla, y cuando los dos ocupantes volvían la vista hacia él, el otro rompía el vidrio del acompañante y sacaba la cartera de la mujer. Apenas empezó la acción de los sicarios yo seguí la marcha. Ellos, en motocicleta, salieron a contramano, reuniéndose conmigo a cinco cuadras para entregarme lo arrebatado.

    La cartera, después de vaciarla a conciencia en una bolsa, fue descartada en un contenedor de basura y luego busqué al dueño del auto el cual me dejó en casa.

    Imagino que la romántica parejita estaría intentando resolver algunos interrogantes acerca del mal rato que habían pasado, amén del probable ataque de nervios de mi mujer, que además debía pensar una explicación por llegar exaltada y sin cartera. Su teléfono tenía abundantes pruebas de la traición.

    Simulaba mirar un partido por televisión cuando entró a casa, por supuesto mucho antes de lo previsto y sin haber cenado. Al preguntarle por su expresión alterada me respondió que a la salida del trabajo le habían arrebatado la cartera y tuvo que volver a pedir prestado dinero para tomar un taxi que la trajera. Sin comer tomó una pastilla contra el insomnio y se acostó.

    El efecto del percance duró dos semanas, pues trascurridos quince días me anunció que saldría a cenar con sus amigas, volviendo tarde. Con la excusa de comprar comida me fui antes, pues había que vigilar su actividad. No fue errada mi desconfianza, él la esperaba en la puerta de un restaurant de moda.

    Me tomé algo de tiempo para que fueran atendidos y les tomaran el pedido, y entonces con una fotografía de ellos, ingresando, mandé el texto al celular de él:

    – “A veces la compañía inadecuada entorpece la digestión, aunque el barrio sea más tranquilo”.

    Al ver la señal de mensaje leído me concentré en la puerta del local. Al rato nomás aparecieron, él con cara de malhumorado y ella con la mirada alerta ante una posible agresión. Rápidamente fueron hasta el auto sin cesar en su actitud vigilante mientras arrancaban e iniciaban la marcha. Cuando la velocidad no se correspondía con las revoluciones del motor, frenaron para darse con las cuatro ruedas casi desinfladas. Varios clavos <miguelitos> junto a cada rueda habían cumplido su cometido.

    Nuevamente su vuelta se produjo antes de lo previsto. Yo, por el contrario, después de verla regresar en taxi me fui a un bar; la intención era aumentar su malestar al no saber de mí. Cuando llegué a casa se encontraba en la cama mirando televisión.

    – “¡Regresaste temprano, no esperaba encontrarte!”

    – “¡Y vos dónde estabas!”

    Sin contestar me acerqué, con la mano derecha la tomé del cuello y, mientras presionaba quitándole aire, le respondí.

    – “Si cambiás la manera de preguntar te suelto, de lo contrario sigo apretando”.

    Su trastorno ante lo inesperado era evidente por la expresión desencajada y algunas lágrimas que aparecieron.

    – “Perdón, es que me extrañó no encontrarte y me preocupé”.

    – “Ahora hablamos otro idioma, cuando iba a comprar comida me encontré con un amigo y decidimos cenar juntos, tomando después alguna copa. Luego, mientras regresaba, tomé conciencia del tiempo que llevamos sin tener sexo. Por si acaso la rutina fue culpable hoy podemos romperla con algo nuevo, me hacés una buena mamada tomando toda la corrida y luego te doy por la colita”.

    – “Estás loco, yo no hago eso”.

    – “Qué lástima, un fracaso intentando componer la cosa”.

    – “Si te hago una pregunta, me vas a contestar con sinceridad?”

    – “En el tiempo que llevamos juntos siempre hemos sido sinceros el uno con el otro. No veo razón para cambiar. Escucho la pregunta”.

    – “Me estás siguiendo?”

    – “No es correcto responder con otra pregunta pero es lo que me surge. ¿Hay alguna razón para que tenga que seguirte?”

    – “Ninguna”.

    – “Entonces quedate tranquila, no te estoy siguiendo. De todos modos, si en un rapto de locura me diera por hacerlo, tu conducta irreprochable sería una manera de vengarte. Me harías sentir como un estúpido desequilibrado”.

    Decidido a continuar el acoso me acosté como de costumbre y, al arrimarme simulé olerla.

    – “Qué es ese olor que tenés y que me repugna? Parece la saliva de alguien con mal aliento”.

    – “Estás alucinando”.

    – “Puede ser, pero lo siento, y seguro la ropa de cama ya está impregnada. Levantate y cambiá sábanas y fundas”.

    – “Ni pienso”.

    – “Ya sé, te gustó la presión en el cuello, ahora lo vas a hacer sintiendo mi mano como tenaza. Si frenás te aplasto la tráquea”.

    Por supuesto que la amenaza surtió efecto y, llorando, lo hizo. Al ver que intentaba acostarse nuevamente reanudé el ataque.

    – “Ni se te ocurra meterte a la cama con ese olor. Si no te bañás bien, dormís en la otra pieza”.

    Cuando salió de la ducha se acostó mirando para el otro lado lo que aproveché para dar la última estocada.

    – “Mantenete alejada, no sea que te quede algo y me hagás vomitar”.

    Así pasaron algunos días, siempre perseverando en la presión y a la espera del momento propicio para dar el corte definitivo.

    Una mañana en el trabajo, mirando en la pantalla lo que mostraban las dos cámaras de mi interés, veo que ingresa al cubículo del conquistador, Claudia, compañera de trabajo y amiga cercana de mi mujer. Tan cercana y amiga que también compartía los favores de su jefe como había podido apreciar en otros momentos de observación. En esta oportunidad, él quería cogerla y ella le decía que no pues le había venido la regla. Entonces este mariscal de la pija adoptó una resolución que me vino como anillo al dedo.

    – “Decile a la otra puta que venga”.

    La emisaria salió a cumplir el encargo con una sonrisa de oreja a oreja y, al llegar al lado de mi señora, sin importar que alguien pudiera verla, señaló con un dedo el despacho de su superior para después completar el mensaje con el puño cerrado moviéndose en vaivén. Por supuesto que la recién llamada concurrió de inmediato.

    – “Me llamaste”.

    – “Sí, tengo ganas de coger, desnudate zorra, pero primero cerrá bien con llave”.

    Ante eso baje al piso de ella. Siendo que su escritorio estaba vacío y la puerta del despacho de Marcelo cerrada, era evidente que nada había cambiado. Al verme llegar salió a mi encuentro Claudia, su amiga y confidente.

    – “Noelia salió recién”.

    – “Te agradezco la información, sé dónde buscarla”.

    Mientras la mujercita, que intentaba cubrirla, tomaba con urgencia el teléfono, agarré el matafuegos que colgaba en una columna y seguí mi camino hacia la puerta que cubría el encuentro clandestino.

    El golpe del pesado cilindro contra el picaporte hizo saltar la cerradura y la abertura quedó libre. La sorpresa paralizó a los protagonistas. Ella con el torso desnudo, sin bombacha, la falda arrollada en la cintura en cuatro sobre la alfombra. El sin pantalones ni zapatos, encaramado sobre la espalda de la hembra, tomándola de los hombros y con la pija horadando el culo femenino. Ambos compartían la cara de asombro y su vista fija en mi silueta, que recostada en el marco, filmaba tranquilamente la escena.

    Él volvió en sí mismo primero, levantándose apresuradamente y por ello se enredó en los pantalones tirados en el piso, trastabillando y cayendo. Aproveché su postura para darle con la punta del zapato en la cara y tomándolo del cuello de la camisa lo arrastré afuera.

    Entré nuevamente por mi mujer, que permanecía inmóvil sentada en el piso. Con una mano tomé su ropa y con la otra la agarré del pelo arriba de la nuca y la llevé al salón, teniendo la falda arremangada como única vestimenta.

    – “Si alguien quiere tener un recuerdo de este momento poco común, donde una hermosa puta muestra sus íntimos encantos, aproveche para fotografiar o filmar. No creo que se presente otra oportunidad similar”.

    La mantuve de pie y quieta durante un minuto y luego la empujé haciéndola dar de cara contra una columna.

    – “Querida, cuando te repongas, pasá por casa a retirar tus cosas”.

    Naturalmente hubo daños colaterales. Tuve que rescindir mi contrato con la empresa; no era razonable pretender seguir allí después de haber desfigurado al hijo del dueño. Las revistas que competían con la que publicaba los artículos de mi señora se hicieron un festín con el escándalo de su infidelidad, aunque no pudieran difundir masivamente las fotografías. Y por último me encargué de que el marido de Claudia recibiera un video de su esposa siendo enculada por el averiado galán.

    Si habían compartido macho también podían compartir desgracia.

  • Sayo – onara. Relato de una atracción

    Sayo – onara. Relato de una atracción

    «Sobre una roca, en medio de aguas termales, se levantaba un pequeño árbol de tronco retorcido, hojas verdes y pequeño tamaño. Una mujer oriental, de culito prieto y tetas pequeñas, daba pequeños pasos en dirección al agua. Dentro de la piscina natural, dos amigas japonesas, con el cabello recogido en un moño, hablaban en susurros riendo y disfrutando de la cálida sensación que el líquido provocaba sus cuerpos. Un poco más allá, sentada en un saliente, una joven europea de pelo rubio y algo entrada en carnes, mostraba sus grandes senos mientras que con el cuenco de la mano se echaba agua por encima. La brisa primaveral, de vez en cuando, traía el aroma de los cerezos en flor que no muy lejos de allí crecían. Otra chica, de gran belleza, se hallaba en las instalaciones del onsen completando el proceso de higiene previo. La lluvia artificial procedente de una ducha de mano resbalaba por su espalda, mezclándose con la espuma del gel, formando remolinos que osaban explorar el nacimiento de la rajita de su culete. Una pequeña toalla de color blanco ocultaba de manera pudorosa su entrepierna…»

    – En breve iniciaremos la maniobra de aterrizaje en el aeropuerto de Narita. – sonó la voz del piloto en inglés sacando a Manuel de su sueño erótico.

    Cerca de una hora y media después, tras dejar sus cosas en el hotel, asearse y cambiarse de ropa, el varón salió en dirección a una taberna japonesa a la que los habitantes de aquel país llamaban «Izakaya».

    – Manuel, bienvenido. – saludó una chica española que llevaba años viviendo en Tokio.

    – Hola Sonia, ¡qué alegría verte!

    – Mira, te presento a mi amigo Peter, que viene de Nueva York y a mi amiga Sayo, que es de Yokohama, pero lleva tiempo viviendo aquí.

    Manuel hizo una pequeña inclinación con la cabeza y hablando en inglés les saludó con un «Hello».

    – Sayo sabe un poco de español. – informó Sonia.

    – Hora Manueru, ¿qué tal? – saludo la japonesa sonriendo y acompañando el saludo con una inclinación.

    La velada transcurrió de manera animada, entre conversaciones que utilizaban palabras en tres idiomas, traducciones improvisadas y muestras de sorpresa por parte de Manuel según iba descubriendo platos y costumbres típicos del país nipón.

    Al despedirse, miró a la chica japonesa y queriendo practicar su escaso japonés, y por qué no decirlo, impresionarla, dijo «Adiós» en el idioma de los samurais sin doble intención, fruto de la ignorancia.

    – Sayo…onara, Sayo.

    Sonia no pudo reprimir la risa mientras que la aludida se ponía roja.

    Manuel sonrió estúpidamente sin saber muy bien que estaba pasando.

    – Te acompaño al hotel – se ofreció Sonia.

    – Vale

    Durante el trayecto, ambos iniciaron una animada conversación.

    – Tus amigos parecen buena gente.

    – Sí, tengo suerte de conocerlos.

    – Por cierto, de que te reías al final, ya sé que mi pronunciación es un desastre pero… además tu amiga se puso colorada.

    – Ah, eso. Es que dijiste Sayo y luego después de una pausa «onara». Sayo es el nombre de mi amiga y «onara» significa «tirarse un pedo» en japonés

    – ¿De verdad? qué vergüenza. – dijo Manuel ruborizándose.

    – No pasa nada… además, creo que le gustas.

    – ¿Tú crees?

    – Bueno, ya quedaremos otro día.

    ****************

    Dos días después, Manuel bajó del tren en una estación rodeada de árboles. El plan era visitar un templo que estaba en lo alto de una montaña.

    El americano, la española y la japonesa le recibieron vestidos con ropa deportiva, zapatillas, camisetas de deporte y mochilas con su correspondiente cantimplora. Sayo llevaba el pelo recogido en una coleta y pantalones negros ajustados que le quedaban francamente bien. Sobre su cabeza, un gorro blanco para protegerse del sol.

    – ¡Listos! Empezamos.

    La ascensión tenía lugar por caminos que alternaban escaleras de piedra y senderos de tierra. Sobre las laderas crecían arbustos y de vez en cuando aparecían pequeñas cascadas que, junto con el sonido de la respiración y el esfuerzo, ponían banda sonora al camino.

    – Konnichiwa – dijo Sonia al cruzarse con excursionistas que venían de vuelta.

    – Konnichiwa – respondían por turno los aludidos.

    Pronto el resto entró en la dinámica del grupo y el saludo se convirtió en algo automático que contribuía a crear una atmósfera única.

    – Paramos aquí. – dijo el americano visiblemente fatigado.

    – Vale – respondió Manuel tosiendo.

    – ¿Bien? – preguntó Sayo interesándose mientras se quitaba el sudor de la frente con la mano.

    – Arigato, gracias. – respondió Manuel apoyando sus posaderas sobre una piedra húmeda.

    Sayo se sentó a su lado.

    – ¿Quieres una toallita? – le ofreció en inglés.

    La japonesa asintió agradecida y se secó el sudor. Manuel no pudo evitar fijarse en sus senos durante un instante. Luego, recuperando la compostura la miró y empezó a hablar al mismo tiempo que ella. Ambos pararon y se rieron. Esta vez el chico esperó contemplando el rostro de aquella mujer que cada hora que pasaba le parecía más hermosa. Tendría que aprender a decir «eres bonita» en japonés, aunque después de lo del otro día mejor era estar seguro.

    Casi sin querer, mientras esperaban en silencio, Sayo tomó la mano de Manuel para luego retirarla con rapidez y separarse un poco, como temerosa de su osadía. El breve contacto pilló por sorpresa a nuestro protagonista. En ese momento, si no hubiesen estado en medio de un camino transitado, Manual hubiese correspondido a su gesto con una caricia en la mejilla.

    – Bueno, bueno. Seguimos no… ya tendréis tiempo para jueguecitos – intervino Sonia.

    – ¿Eres mala? – intervino Manuel recuperando la lengua de Cervantes para la ocasión.

    Sayo miró sin comprender y Sonia le dijo unas palabras en japonés en las que el español creyó oír una mención a su nombre.

    Unos minutos después una señal de madera en forma de flecha indicó que faltaba un kilómetro para llegar. Sonia, que iba primera, avivó el paso. Sayo, empezando a sudar de nuevo la siguió de cerca, mientras Manuel y el americano trataban de no perderlas.

    Ya en la cima visitaron el templo y luego, en una pradera cercana, disfrutaron de un picnic compuesto de bolas de arroz blanco rellenas de atún y envueltas en una tira hecha de algas. De bebida agua y refrescos de sabores imposibles que contenían una pizca de alcohol.

    En el camino de vuelta, cuesta abajo. Hicieron una parada para orinar. Japón es el país de los servicios. No importa que estés en medio del bosque, seguro que siempre se podrá encontrar un aseo cerca. Incluso uno de estos aseos con botones que lanzan chorritos de agua caliente y que hacen innecesario el uso de papel higiénico. Mientras orinaba, Manuel pensó en Sayo, sentada en una de esas tazas con calefacción, orinando, quizás tirándose un… apartó la imagen de su cabeza, era estúpido pensar en ello, parecía un niño de ocho años repitiendo el «caca, culo, pis».

    – Cuesta abajo es más fácil. – dijo Peter cuando retomaron el camino.

    – Sí, la verdad es que sí.

    Manuel decidió extremar la precaución, no era momento de tropezar torpemente por ir pensando en ella.

    Antes de coger el tren de vuelta compraron helados de té verde.

    – ¿Te gustan los dulces? – preguntó Sayo a Manuel en inglés.

    – Sí. –

    – ¿Yo es dulce? – probó a preguntar, esta vez en español

    – Eres dulce.

    Sayo se dirigió a Sonia en japonés y Sonia habló en castellano con Manuel traduciendo.

    – Básicamente, Sayo quiere saber si te apetecería ir pasado mañana a su casa a probar comida japonesa.

    – Sí, podemos ir, así me contáis que…

    – No me has entendido. – dijo Sonia interrumpiéndole

    – La invitación solo te incluye a ti.

    ****************

    Manuel dedicó el día siguiente a la excursión a ir de compras y visitar el barrio dónde se vendían todo tipo de dispositivos electrónicos. De vuelta al hotel, su mente se centró en Sayo. Estaba nervioso y tenía cierto temor a que la chica pensara que era un desastre o a equivocarse de nuevo. En su activa imaginación, llegó a visualizar como era arrestado por la policía por insultar y comportarse como un pervertido. En una celda una mujer con cara de pocos amigos se estaba poniendo unos guantes de látex mientras que un guardia, con señas, le indicaba que se bajase los pantalones.

    Suspiró y decidió pensar, al menos por una vez, de forma práctica. ¿Se entenderían? Qué haría si no le arrestaban antes y llegaba a tener cierta intimidad. Al menos tendría que aprender algunas palabras. Así que, con este propósito en mente, navegó por Internet y tras descartar algunas palabras que le parecieron demasiado subidas de tono, apuntó «oppai» (teta) y «oshiri» (culo)… beso era fácil «kisu» y por supuesto bonita… «utsukushi»… como no, la más útil y la más dificil de todas. ¿Quién dijo que romper el hielo fuese fácil?

    ********

    – Hola – saludó en castellano cuando Sayo abrió la puerta de su casa.

    – Hola. –

    Sayo se había puesto una «yukata» una bata decorada con flores que se sujetaba con un cinturón de tela grueso. El cabello suelto y los labios pintados de rojo pálido.

    – Utsukushi – dijo Manuel

    – Tu japonés mejor que otro día. – respondió Sayo riendo.

    – Pasa y siéntate. – añadió en inglés

    – ¿Te ayudo?

    Sayo le dijo que no hacía falta.

    Manuel se sentó en la mesa y miró a su alrededor. El salón y la cocina compartían el mismo espacio abierto. Un sencillo sillón de dos plazas, la tele y un cuadro representando una escena del periodo Edo del antiguo Japón.

    – Perdona, no te he enseñado casa.

    El invitado se levantó y acompañó a su anfitriona mientras esta le mostraba el dormitorio principal, una habitación sin nada y un cuarto de baño con bañera y retrete moderno.

    La comida, a base de pequeñas porciones de distintos platos transcurrió de manera amena, de bebida tomaron cerveza y de postre algo dulce que estaba muy bueno. Luego se sentaron en el sillón y Sayo le mostró unas fotos familiares que por lo poco que entendió, fueron tomadas en un festival de verano.

    – Bonitas fotos y bonita chica

    – ¿Tu crees? – dijo Sayo cogiendo la mano de Manuel.

    El perfume, la singular belleza de su cuello desnudo, la electricidad y calidez que transmitía su mano y el ligero mareo fruto de la cerveza unido, esta vez sí, a la intimidad del momento hicieron posible lo inevitable. El beso en los labios. Un beso correspondido, un beso con lengua, saliva y pasión.

    Después de minuto y medio, se separaron.

    – ¿Te gustó?

    – Sí.

    – Voy un momento al baño. – dijo Sayo.

    Manuel la observó mientras caminaba y antes de que cerrase la puerta la llamó por su nombre.

    – ¡Sayo!

    – Sí. Manuel san.

    – Sayo… onara

    Sayo no cerró la puerta del todo y obedeció.

  • Destellos

    Destellos

    El ritmo de la música marcaba el tiempo…

    Ella tiene un vestido corto y amplio, con marcada cintura y el pecho al descubierto a tan solo dos botones…

    Está sobre una mesa con las piernas levemente separadas, el vestido tapa ligeramente los glúteos y los pechos acarician la mesa suavemente. Él sube lenta y dolorosamente por las piernas, sus labios se intercalan con la suavidad de los dedos y esa presión que tensiona los músculos. Continúa subiendo y el pulso se acelera, crece el deseo en el vientre y la carne deseosa se curva para encajar perfectamente en ese baile. Pero no llega, esa espera la enciende, mientras él con un movimiento seguro separa un más sus piernas, la tiene cautiva, jadeante, la tiene para él.

    La humedad la delata, la excitación la posee, lo quiere adentro, necesita sentir su piel y su fuerza.

    El satén es corrido delicadamente para recorrer su interior. Aprieta su cuerpo contra ella para que lo sienta y para que lo desee más.

    Su mano asciende a la cintura recorriéndola y llega a su escote, toca sus pezones marcados en la tela, desabrocha lentamente los botones que liberaran la presión. Aprieta sus pechos salvajemente, ya no aguanta y lo decide… va a acabar con el castigo…

    La penetra de una forma tan intensa, tan animal que también lo destruye, son fuego y destellos.

    Con un golpe final explotan, pero no terminan van dejando que los latidos bajen al compás de cada embestida.

  • Soy la amante de mi ex-marido

    Soy la amante de mi ex-marido

    -Hola, ¿Cómo estás? Te habla Sonia, la mujer de Tomas.

    -Hola, me sorprende tu llamado. ¿Pasa algo con Tomas? Pregunté.

    -No, gracias a Dios. Y entiendo que te sorprenda mi llamado. Y más te va a sorprender mi invitación a tomar un café las dos esta tarde.

    -No te equivocas. Disculpame, pero no creo que tengamos mucho que hablar nosotras. Solo cruzamos un saludo alguna vez.

    -Lo sé. Quiero hablar con vos un tema personal, entre dos mujeres que tienen en común a Tomas.

    -Sonia, no le encuentro sentido ni a juntarnos ni a esta charla. Vos sos la pareja de Tomas, yo su ex mujer. Hace 5 años que Uds. están juntos, sin contar el tiempo que salía con vos estando casado y viviendo conmigo. Y perdoname, pero no sos la persona con quien me sentaría a tomar un café justamente.

    -Entiendo. Pero por favor, te pido que nos encontremos, no te voy a robar mucho tiempo.

    -Ok. Te espero en la confitería de Salta y Perú a las 16:30. Y se puntual por favor.

    -Gracias Ana.

    Que carajo quiere esta mina. Fue lo primero que pensé. Era todo muy extraño.

    -Hola Tomas.

    -Ana, que sorpresa. ¿Todo bien?

    -Si flaco, todo bien. Bueno, hasta hace unos minutos. Me acaba de llamar Sonia, tu mujer, para juntarnos a tomar un café. Insistió tanto, que al final acepté, nos juntamos a las 16:30. ¿Pasa algo? ¿Se pelearon? ¿Sabes que mierda quiere?

    -Me sorprendes con lo que me decís. Me dijo que a esa hora tenía que ir al médico. Y no, no pasa nada, ni nos peleamos, ni se para que carajo te llama.

    -Tomas no tengo ganas de meterme en un quilombo, ni puterío. Nos costó un año volver a saludarnos y tres poder hablar. Sabes que te aprecio, te quiero porque fuiste mi marido 10 años. Flaco…

    -Lo sé, y también me molesta. Y tampoco quiero que arme un bardo entre nosotros que no lo tenemos. ¿Me das unos minutos y la llamo?

    -Dale, por favor.

    Creo que fue la primera vez que agradecí tener un buen dialogo con Tomas. Faltaba un rato para salir a encontrarme con ella por lo que me serví un té.

    -Anita, Tomas.

    -Si Flaco.

    -Tiene el celular apagado. No me puedo comunicar. Y no tengo idea donde puede estar. Si lo tuviese prendido, lo puedo rastrear, pero apagado…

    -Dejé, no voy un carajo. Esto es muy turbio. Me cita, apaga el celular, te dice que va al médico. No me gusta un carajo. ¿No te estará cagando y me quiere usar como escudo?

    -Sos mente podrida.

    -Amorcito… vos lo hiciste conmigo… no te hagas el boludo.

    -Eh… no peleemos Ana.

    -No peleo, te jodo. Ya supere la etapa de pelearme con vos por tus cuernos. Por algo me los metiste, no sos el único responsable.

    -Epa, toda una declaración… Pero si tuve la mayor responsabilidad. Si nos sentamos a aclarar todo un viernes a la tarde, creo que el domingo a la tarde, todavía estamos hablándolo.

    -O cogiendo como locos por lo boludos que fuimos. Dije.

    -No lo quise decir tan suavemente. Jajaja. Escuchame. ¿Podes hacerme el favor de ir? Quiero saber que quiere o trama. ¿Me haces el favor? Decime donde se van a encontrar y yo voy a estar cerca. Si me mandas un mensaje, no importa lo que pongas, entro y me sumo a la charla. Si no, me llamas y nos juntamos en otro lado.

    -Flaco, lo único que me falta, ser tu espía. No sos Roger Moore en “La espía que me amo” de la serie de James Bond querido. Lo que voy a hacer es llamarte antes de entrar, así escuchas todo.

    -Dale hace eso. Y vos con el lomo que tenes, bien podrías ser una chica Bond. Te vi la semana pasada saliendo del gimnasio y rajabas la tierra.

    -Viste, estoy fuerte, a pesar de los 35 añitos.

    -Dale, haceme el favor y andá.

    -Ok. Voy.

    Para ir al encuentro con Sonia, me puse una mini muy mini, una musculosa muy ajustada, que resaltaban mis pechos, unos zapatos con taco medio, y me arreglé el pelo.

    Cuando llegué ella, que estaba adentro, me hizo seña con la mano. Me acerqué y se paró para saludarme. Quiso darme un beso pero yo estire mi mano para saludarla, ella me la estrechó. Tenía puesto un traje muy lindo, elegante y el pelo mojado.

    -Gracias por venir. Dijo.

    -No estaba segura de venir. No me interesan los líos de pareja de otros, menos de mi ex. Habla.

    -Creo que Tomas me engaña con otra.

    -Ups, te estás tomando de tu propio veneno entonces.

    -Parece. Quiero saber, que me digas si vos sos la otra. Si se están viendo.

    -Jajaja. Mi carcajada retumbo en toda la confitería.

    Que tomaste loca, si yo fuese la otra, no te lo digo ni en pedo. Sería devolverte con la misma moneda. Por lo tanto, te vas a quedar con la duda.

    -Por favor te pido, necesito saberlo, lo amo, no quiero perderlo.

    -Sinceramente pensé que tenías más cerebro. Sabes, nunca pensé en vengarme de Tomas y menos de vos. Y vos me estas entregando la venganza en bandeja. Que pelotuda que sos pendeja. Cuanto te falta para ser mujer. No te voy a contestar.

    -Ana, si se están viendo, te juro que me abro. No haría problema.

    -Entonces no lo amas como decís, porque una mujer que ama a su hombre, lucha por él hasta el final, hasta el último segundo. A menos que vos también estés cuerneándolo a él.

    Me cansaste. Chau.

    -No Ana, por favor.

    No la escuche y me fui del bar. Cruce la calle y le pregunte a Tomas si estaba escuchando.

    -Si, acá estoy. En Salta y Chaco, a una cuadra, en un bar. ¿Venis?

    -Voy.

    La cuadra que nos separaba la hice riéndome de la estúpida de Sonia. Entré sonriendo a la confitería donde me esperaba Tomas, y él se paró para saludarme. Me dio un beso en la mejilla y me largue a reír.

    -Flaco, por lo menos un pico tenes que darle a tu amante. Le dije y él se largó a reír. Pero de repente me dio el pico.

    -Epa, que atrevido que estas. No era así.

    -No, lamentablemente. Y vos tampoco te cuidabas como ahora.

    -No empecemos. ¿Escuchaste todo?

    -Si. Es una pelotuda. Como se le ocurre ir a preguntarte a vos, justo a vos, si nos estamos viendo. Como le dijiste, te la dejo en bandeja.

    -¿Le estás metiendo los cuernos? A mí, la verdad.

    -No Ana, no.

    -¿Y ella a vos?

    -No sé. Ahora, no sé. Aunque no creo.

    -Por experiencia propia, el último que se entera es el cuerneado…

    -Tenes ganas de pelear. Dijo Tomas.

    -No. Tomy. No justamente de pelear. ¿Qué pensas hacer con Sonia?

    -Le voy a decir que me llamaste, me contaste de su llamado, que la llamé y tenía el celular apagado, y ni loco le digo que escuche todo o que estamos tomando este café. A ver que dice.

    -¿Firmaste papeleta?

    -No.

    -Menos mal. Y hace menos de 8 años. Chau bebota, si queres.

    -Si. Recién cuando te dije que tenías ganas de pelear, dijiste que no justamente de pelear. ¿De qué?

    -Tomy, no la quiero ni un poquito a Sonia. Pero mejor, déjalo ahí. Sería muy sucio de mi parte decírtelo porque me parece, conociéndote, que te engancharías.

    -Por favor, decímelo.

    -Hoy cuando hablamos por teléfono se me ocurrió. Sentarnos a hablar, sin límite de horas, solos, con los celular apagados, un par de cervezas, una botella de whisky y sobre todo, muchas ganas de hablar y ser sinceros.

    -Pensé que ibas a decir de hacer el amor.

    -Te recuerdo que vos no me amas. Eso no sería hacer el amor. Sería coger.

    -Claro, no te amo.

    -No. Flaco, cuidate, y que soluciones el quilombo que armó tu nena.

    -Dale. Y gracias.

    Lo salude en con beso en la mejilla y me fui a mi casa. Casa que era la que compartíamos con Tomas cuando estábamos casados.

    Puse Netflix para sacarme todo ese bardo de Tomas y Sonia.

    El resto de la semana, estuvo tranquila, fui a mi negocio, y al gimnasio. El viernes al mediodía me llamo Tomas.

    -Flaca, hola.

    -Tomy. ¿Todo bien?

    -Si. Any, sobre lo que dijiste la otra tarde, de hablar. ¿Queres hacerlo?

    -Mmm. Que pregunta. Y encima me llamas Any. Sos turro.

    -Perdón, fue sin querer, en serio flaca. No te rayes.

    -Tranquilo. Si, me gustaría. Pero vos, ¿cómo te vas a escapar?

    -Lo puedo arreglar. Te paso a buscar mañana a las 8. Vamos a un resort en el Tigre. Ya reservo un par de habitaciones.

    -No te voy a comer, a menos que tengas miedo de compartir habitación conmigo.

    -Me gusta como cambiaste, como sos punzante. Que sea una sola habitación entonces. Es el Resort “Las Palmeras”.

    -Ok. te espero.

    Corté y muchas sensaciones encontradas me invadieron. Tomarnos tiempo para hablar, estar solos otra vez, me preguntaba hasta donde llegaríamos hablando, como terminaría el fin de semana. Aunque trataba no podía dejar de pensar. Miré la página del resort, revisé el pronóstico, y armé el bolso. A las 8 de la mañana puntualmente, como era su costumbre, estaba en la puerta de casa.

    -Flaco, buen día.

    -Hola Ana, ¿Vamos?

    -Espera. Me gustaría poner cosas en claro, o reglas, como quieras decirle:

    1.- De Sonia y lo del otro día, hablamos solo en el auto. Bajamos y termina el tema.

    2.- Y principal, seamos honestos, con el otro y con nosotros mismo. Si no, es una payasada lo que hacemos.

    3.- Aunque no creo que ocurra, no nos agredamos.

    -Totalmente de acuerdo. Me parece muy lógico lo que propones.

    -Bien, ahora sí, vamos.

    -Hable con Sonia. Según ella, está segura que le meto los cuernos. Y vos sos la principal “sospechosa”.

    Que estoy cambiado, que dedico mucho tiempo al trabajo y ella no puede comprobar que sea así porque sabe que tengo muchas reuniones fuera de la oficina, que tengo el teléfono con bloqueo y antes no, que cuido mucho mi apariencia, que me compro ropa elegante, y varias cosas más.

    -¿Y cuánto de eso es cierto Tomy?

    -Todo, absolutamente todo. Cambie por qué estoy más grande, dedico más tiempo al trabajo porque la empresa lo requiere, gracias a Dios, y a ese trabajo, duplicamos las ventas y la producción. Tengo el teléfono con bloqueo por seguridad, por si lo pierdo o me lo roban. De allí accedo a las cuentas del banco. Y si, cuido más mi apariencia, compro ropa elegante, primero que me gusta, y segundo es importante presentarte bien vestido a las reuniones, no te lo voy a explicar a vos, que peleaste con eso por años.

    -Y no dabas bola. ¿Le dijiste todo eso? ¿Qué te dijo?

    -Se lo dije, pero no quiere creerme. Está convencida que tengo otra.

    -¿No será que sabiendo de la forma que llegó ella, se sienta insegura, piense que estás haciendo lo mismo que conmigo?

    -Puede ser, pero te juro, no estoy haciendo nada. Bueno, hasta hace 10 minutos. Jajaja.

    -Para mí es eso. Lo que no entiendo porque la obsesión de que soy yo.

    -Quizás porque vio que nunca borre tus fotos de la computadora, que las fotos que me lleve cuando me fui están guardadas en una caja, porque revisa que nos mandamos like en Instagram.

    -¿No borraste las fotos?

    -No, no tengo por que borrarlas Ana. Vos sos una persona muy importante en mi vida. Personal y Empresaria. No puedo borrar doce años de mi vida de un plumazo solo porque nos separamos…

    -Nos divorciamos.

    -Es lo mismo. ¿Acaso vos borraste las fotos? ¿Acaso borraste todas nuestras fotos de Facebook? No. Encima sabe que ahora tenemos una buena relación, que hablamos bien, sin pelear.

    -¿Qué excusa pusiste para tomarte el fin de semana?

    -Que me iba con vos a un resort del Tigre.

    -¿Qué??? ¿Y que dijo?

    -No me creyó. Una boluda. Le digo la verdad y no me cree.

    -Sos tremendo. ¿Flaco, que esperas sacar de este fin de semana?

    -Ah, empezas con las puñaladas de entrada, no tenes paz desgraciada. Mira la pregunta que me haces.

    -No sos el único que cambio. La boludita no está más Tomas. Y no pienses que voy a abrirme de piernas en cuanto lleguemos.

    -Wow. Espero que no te joda que te diga la verdad, es lo que acordamos, ser honestos. Quiero ver cuánto cambiaste, cuanto y que quedó de la que fue mi mujer. Quiero conocer a la nueva Ana. Por lo pronto, tu cambio físico, verte cuidada, ver que te ocupas de vos, me encanta. Y por supuesto el resultado.

    -Gracias. ¿Te gustaría acostarte conmigo? ¿Digo, que sea tu amante?

    -Ana, por favor, baja con los cañonazos. Acostarme con vos, sí. Que seas mi amante, no, definitivamente no.

    -¿Qué vas a hacer con Sonia?

    -Si sobrevivo a tus puñaladas y cañonazos, y tengo pensado cortar al volver. Tome la decisión cuando subiste al auto. Te soy sincero, no esperaba que subas. Esperaba que me llames y me digas que no querías ir. La Ana que fue mi esposa, no hubiese venido.

    -No, seguro que no. ¿Es en serio que la vas a dejar u otro jueguito de hombre casado?

    -Es en serio Ana.

    -¿Coge mejor que yo?

    -Ana, no te reconozco. Como me vas a preguntar eso.

    -Como lo hice. ¿Coge mejor que yo?

    -Si. Por lo menos cogía mejor que vos cuando nos separamos.

    -Divorciamos.

    -Si, claro.

    -¿Te hace feliz en la cama, te sigue cogiendo bien ahora?

    -Para, eso es… una bestialidad. No te voy a contestar.

    -Porque la respuesta es no. Y te duele, te da bronca aceptarlo.

    -¿Vos que sabes?

    -Tomas, si la respuesta fuera sí, lo hubieras dicho orgulloso de entrada. Y no te olvides, que pasaron 5 años de nuestro divorcio, y yo tuve mucho tiempo para pensar. Y reconozco que los últimos años, no funcioné en la cama como hubiera debido. Rutina, falta de dialogo, aburrimiento. A Uds. les puede estar pasando lo mismo.

    -Por suerte llegamos. Dos kilómetros más y me provocas un ACV con tus preguntas.

    Subimos a una lancha que nos llevó al resort, nos dieron una habitación muy linda, con vista a un arroyo a través de un ventanal y una pequeña terraza, y yo fui al baño a ponerme la malla porque hacía mucho calor y para ir a la pileta.

    Cuando salí, tenía la parte de abajo de la bikini, y una remera arriba. Tomás no se había cambiado.

    -Hey, cámbiate, vamos a la pileta y nos sentamos a charlar allá.

    -No traje malla Ana. No lo pensé.

    -Ah, pero estas muy boludo. Menos mal que te conozco algo. Toma, quedo una malla tuya en casa.

    -Ana… gracias. Dijo y se empezó a bajar los pantalones.

    -Chiquito, no te di tanta confianza como para que te pongas en bolas delante mío. Cambiate en el baño.

    -Ok. Dijo refunfuñando.

    -Boludo, te estoy jodiendo. O te olvidas que te conozco muy bien. Dije mordiéndome el labio inferior.

    -¿Te vas a dedicar a torturarme con preguntas y bromos todo el fin de semana?

    -Puede ser. Me encanta hacerlo.

    No termine de decirlo que fui para la pileta y me senté en una reposera. Tres minutos después llegó Tomas.

    -Que lindo lugar Tomas, ¿ya habías venido?

    -No me lo recomendó un amigo, que vino con una amiguita.

    -Ahh, entiendo.

    Y me saque la remera, quedando con mis pechos descubiertos ya que no tenía la parte de arriba de la bikini.

    -Ana, que haces… tapate…

    -Tomy, por favor, no hagas escándalo. En la página web dice muy claro que es un resort solo para parejas, no permiten menores, y que tanto el toples como el nudismo está permitido. Ponerme en bolas recién llegada, me parece mucho. Pero toples sí. ¿No lo sabías?

    -No, claro que no lo sabía, y aunque lo hubiese sabido, nunca pensaría que mi Ana iba a hacer toples.

    -Tomy, no soy tu Ana. Soy Ana. Y sacate la remera que quedas ridículo.

    -O me da un ACV o te mato.

    -Para que veas que soy buena, te cedo un turno de preguntas. Dije.

    -Te juro que temo preguntar por las respuestas.

    -Vos dijiste que queres conocerme, si no preguntas…

    -¿Me fuiste infiel?

    -No boludo.

    -Dijimos que sin agredir.

    -Te lo dijo con cariño. Sabes que no lo pienso. Dale.

    -¿Te hacía feliz en la cama, gozabas?

    -Sí, claro, solo que como hablamos ya, al final… perdimos como en la guerra los dos.

    -Dijiste que estuviste pensando mucho en porque fracasamos. ¿Yo en que fracasé?

    -No lo sé. No me importó analizarlo. Ya no estabas y no tenía oportunidad de recuperarte. Me concentre en mí por si tenía una nueva pareja, no cometer los mismos errores.

    -Entiendo. Y aparte de lo de la cama, ¿en que otra cosa consideras que fallaste?

    -En cuidarme, en arreglarme para vos, en quedarme en casa y no acompañarte en la empresa o tener mi propio negocio, como ahora. En dejar de hacer pequeñas cosas, que nos daban buenos momentos, por ejemplo, deje de amasar pizza y compraba las pre pizzas, o amasar pastas. Eran momentos que compartíamos, que nos tomábamos una copa de vino mientras yo lo hacía y charlábamos. Así con otras cosas. Ah, nunca te jodí para seguir yendo a un telo de vez en cuando. Y una muy importante, no haber hablado. Había cosas que me molestaban y me quede callada. Un gran error. No eran cosas graves, pequeñas, pero me callé.

    -Ana, te hiciste mierda.

    -Si, llore mucho Tomas, muchas horas de llanto tuve que pasar para estar bien.

    -¿Nunca me recriminaste nada? ¿Nunca me echaste culpas?

    -¿De que valía? Y yo tenía tanto, que era al pedo. No, no lo hice.

    -Me dejas helado. Y dolido. Hasta me siento para la mierda ahora. Yo no hice ese proceso, no pensé en que había fallado. Que tipo boludo.

    -Es que vos me dejaste, y estabas con Sonia, ella te daba lo que yo no. ¿Por qué ibas a pensar que habías fracasado vos también?

    -¿En serio no sentís rencor? ¿No te da bronca que yo no me haya dado cuenta de mis errores?

    -No, es un problema tuyo. No mío.

    -Tenes razón. Y flor de problema. Y ahora, segundo fracaso.

    -Dale, seguí preguntando.

    -¿Estuviste con alguien?

    -Con mucha gente, no me quede encerrada, te lo dije.

    -Ana, sabes de lo que hablo.

    -¿Te da miedo preguntar o que la respuesta te joda?

    -¿Estuviste en la cama con algún tipo?

    -Si. Claro.

    -¿Cómo te sentiste?

    -Con el primero rara, después, bien muy bien. Aprendí a hablar, a que el sexo puede ser muy divertido, a disfrutar cosas que antes no disfrutaba o ni se me ocurrían.

    -¿Fue más de un tipo?

    -Ups, si… digamos que más de dos y menos que siete. En ese rango.

    -No te puedo creer. Ana, nunca fuiste así.

    -No, ni tampoco estuve con una mujer antes, y estuve; ni antes se me hubiese ocurrido hacer un trio con un tipo y una mina y lo hice.

    -No te puedo creer. No te reconozco. Vos…

    -Yo que… ¿Me consideras una puta?

    -No, es que el cambio es tan grande que…

    -Tomas, aprendí a ser libre, aprendí a que nadie, nadie puede juzgarme, porque cuando estuve caída, nadie se acercó, descubrí que me hace bien, me hace feliz, decir lo que siento.

    -Vos me hiciste unas preguntas brutales, de entrada, y ahora, sinceramente no sé que podes responder, estoy totalmente confundido.

    -Hacelas.

    -¿Cogían mejor que yo?

    -Si.

    -¿Te hicieron feliz en la cama, o te hacen?

    -Si, muy feliz.

    -¿Te acostarías conmigo? ¿Aceptarías ser mi amante?

    -Sí, claro. Te deseo, y quiero acostarme con vos. Y no, me valoro lo suficiente como para no aceptar se tu amante.

    -Uff.

    -¿Seguís queriendo acostarte conmigo?

    -No sé, es que…

    -¿Porque estuve con otros tipos? ¿Por qué estuve con una mina y goce? ¿Por tu ego?

    -Ana… Basta.

    -Te falta una pregunta me parece. Hacela. Quiero que me la hagas.

    -¿La de que esperas sacar de este fin de semana?

    -Si. Espero comprobar si me amas como yo pienso y si podemos irnos como pareja.

    -Ana…

    -Me voy a meter a la pileta. Me pedís un Gin Tonic.

    -¿Gin Tonic? ¿Vos alcohol?

    -Si.

    Me metí en la pileta y él se quedó pensando en la reposera. Estuve un rato y volví a sentarme junto a Tomas.

    -¿Qué pasa Tomas?

    -Estoy hecho mierda. Me hiciste mierda. ¿Esto es una venganza? ¿Para esto quisiste que vengamos?

    -No, Tomy, no. Quise que vengamos porque por fin me sentí fuerte para pelear por vos, para decirte en la cara que te amo, y nunca deje de amarte. Para contarte como lo hice, que se en que me equivoque, o en mucho de lo que me equivoque, que sabiendo eso, luche para cambiar, y por eso me siento fuerte. Nunca buscaría vengarme de vos, si, tratar de abrirte los ojos. Mostrarte que necesitas cambiar un poco vos también, no soy yo quien para decirte en que, pero porque te amo me gustaría que vivas más, que me parece genial el éxito de la empresa, pero que no sirve de nada si te lleva puesto.

    -Ana…

    -Tomy, lo de Sonia fue un aviso. No es feliz a tu lado, duda de vos porque ve que no vivís, que seguramente no le haces el amor como antes, ni la misma cantidad de veces.

    Tomas no dijo nada y los dos nos quedamos callados por un rato. Cuando termine el gin, fui nuevamente a la pileta, estuve un rato y cuando salí camine sensual hacia Tomas.

    -Una cosa, no fueron 6, solo dos y la chica. Eso fue una maldad.

    -Sos yegua.

    -Para compensarte, si me pedís otro gin, te voy a tomar de la mano, te voy a llevar a nuestro cuarto y te voy a dar una cogida que nunca te vas a olvidar.

    -Ana, estas completamente desatada.

    -Completamente libre. ¿Lo pedís o arrugas?

    -Tengo la cabeza explotada, mi ex me dice que me ama, y quiere recuperarme, y ahora, que me quiere coger como nunca. Es demasiado Ana.

    -Boludo, escuchame una cosa. Desde ayer hay una tensión sexual entre nosotros, que no se banca. Sabías que acá iba a pasar algo, que pasa ¿No te gusto? ¿No me deseas? ¿No te excita verme así como estoy, en toples? ¿O es que ya ni para un polvo te intereso? ¿Ni para sacarte las ganas te acostarías conmigo?

    -Para Ana, por favor te pido. En serio que estoy explotado.

    -No hay problema. Tranquilo. Dije y me fui a mi reposera.

    -Ana, ayudame por favor. Dijo.

    -Si puedo, sabes que lo voy a hacer.

    -Te mentí con lo de Sonia. Todo empezó hace como dos meses. Tuvimos una pelea por una boludez al mediodía. A la noche, hablamos y cuando hicimos el amor, y acabé, dije tu nombre. Sonia lo escucho, y no dijo nada. Yo claro que me di cuenta. Tampoco dije nada. Hace casi un año que vengo pensando en vos todos los días, y comparando a Sonia con vos… ella siempre pierde. Dos veces más quise decirle algo y la llame Ana. Se puso loca. Y me dijo que dormido te nombraba. Cuando pensaba en vos y la comparaba a ella con vos, me di cuenta que estábamos igual que cuando yo empecé a salir con ella. Si, tenes razón, ni me hace feliz en la cama, pero yo tampoco la hago feliz. Y también tenes razón, cada vez hacemos el amor más espaciado, y es por mí.

    Y me di cuenta de las veces que fui un boludo con vos. Las veces que íbamos a salir a cenar y como yo llegaba cansado, no salíamos y vos te la bancabas.

    Me di cuenta todo lo que me apoyabas, siempre atrás mío. Hasta el nudo de la corbata me arreglabas.

    Escucharte decir que vos te hacías cargo de tu parte del fracaso, ver como cambiaste, y yo… siempre el mismo boludo.

    Escuchar que estuviste con otros hombres, que gozaste, que estuviste con una mina, que eras libre en la cama, otro bombazo. Lo hiciste y te juro que te felicito. Estas en todo tu derecho. Yo no crecí como vos.

    Y para terminar de hacerme mierda, escucho que me amas, y que tenes la fuerza necesaria para pelear por mí. Que queres que nos vayamos como pareja. Y yo… yo no me animo a aceptar que nunca deje de amarte. Que fui un tarado, me fui tras una concha, sin pelear por salvar lo que tenía. Fue más fácil flaca.

    Perdoname.

    -Tom, no te martirices, ya está, lo sacaste. Nos quedan casi treinta horas en el resort. Te propongo que pongamos un punto final a esto. Yo, ya dije todo lo que tenía para decirte. Y ahora me gustaría disfrutar, jugar, seducirte, pelearte, hacerte el amor, pero también cogerte bien cogido. Podes ser libre, podes tomarme de la mano y disfrutarme, besarme, acariciarme, y también como recién, sentarte a charlar, contarme tus sueños nuevos, tus problemas, y tus fantasías, eso me interesa mucho. Jajaja.

    -Ana, ¿en serio me amas, en serio queres que volvamos, podes perdonarme?

    -Si, si, nos equivocamos los dos, demolimos la pareja los dos, nada que perdonar y de que pedir perdón.

    -¿Me acompañas al cuarto?

    -No sin mi gin.

    -Ana…

    Pedí mi gin, lo tome rápido junto a la pileta y fuimos al cuarto. Tomas busco su celular en el bolso y lo encendió.

    -Tomas, no jodas, dijimos sin celulares.

    -Espera un minuto. Una sola llamada. Video llamada en realidad.

    -Hola Sonia. Tenías razón, lo nuestro se terminó. Cuando vuelva, no voy a volver con vos.

    -¿Cómo? Tomas, por favor, no podes… ¿Dónde estás? Voy a verte.

    -No Sonia, no vengas, todo terminó.

    -Te espero para hablar, por favor. Te perdono todo lo que hayas hecho. No me importa nada.

    -Sonia, no quiero estar con vos. Quiero estar con otra persona, y con ella estoy. Chau.

    Sacó todo el aire de los pulmones, apago el celular y lo guardó.

    -Eso fue muy duro.

    -Sé porque lo hice. No opines.

    Me pare frente a él y poniéndome en puntas de pie, le di un pico. Lo tome de la mano, lo lleve a la cama y lo hice acostar. Me acosté junto a él lo besé y le dije:

    -Pupi, no sabes cuánto soñé este momento.

    Lo comencé a besar y acariciar, me excite instantáneamente. Puse mi mano sobre su malla y fui acariciando lentamente su pija. De inmediato se empezó a poner dura. Metí la mano bajo la malla y la tome para masturbarlo lentamente mientras lo besaba sin parar.

    -Mmm, que linda que está, espero que no se haya olvidado de mí. La quiero saludar. Permiso.

    -Ana…

    Le quite la malla, hice que separe sus piernas y me la metí en la boca. La chupaba suavemente y el gemía de placer. Le pasaba la lengua lamiéndola, para metérmela en la boca nuevamente.

    -Pupi, ¿te gusta como te la chupo? Soy una chancha, y esta pija me encanta. ¿Te gusta?

    -Ana por Dios, es, sos impresionante.

    -Gracias Pupi, pero no te me vayas a ir, falta mucho papito.

    Seguí chupando un rato, hice que levantara sus recogiera un poco sus piernas y le fui chupando desde el ano, hasta la pija, el no paraba de gemir. Chupe y lamí sus bolas. Sentí que estaba camino a acabar y me detuve.

    -Pupi, también aprendí cosas nuevas… quiero enseñarte.

    Me puse haciendo un 69 y acerque mi concha a su boca.

    -Pupi, no me beses ni me chupes la concha porque me pone muy caliente.

    Me incline para chupar nuevamente su pija y el comenzó a chupar mi concha. Se notaba que lo había hecho antes, no me molesto para nada.

    -Hay si, que placer pero si me metes dos dedos, huy… así metelos hasta el fondo y juga…

    Estuvimos varios minutos así, yo con su pija el con mi concha. Moje un par de dedos en mi boca y los lleve a mi culo. Primero metí uno, sacándolo y metiéndolo al ritmo de mis chupada.

    -¿Te gusta lo que ves Tomy? Te gusta como juego con mi culo.

    -Sí, me encanta Any.

    Estuve así un par de minutos y luego lo monté, metiendo toda su pija en mi concha. Apoyando mis manos al costado de su cabeza me empecé a mover como loca.

    -Hijo de puta, así te quiero coger, que te des cuenta cuan puta puedo ser para vos, y tengo un regalito para el final. Pero ahora, méteme un dedo en el culo. Dale, date el gusto.

    -Yegua…

    Me metió el dedo en el culo y me volví loca, saltaba sobre su pija sin parar, tuve un orgasmo y no me detuve, más rápido me movía.

    -Guacho, cinco años esperando este momento, tener esa hermosura dentro mío. Te la voy a exprimir toda.

    Tomy me apretaba los pechos, tiraba de mi cabeza para besarme y yo más loca me ponía.

    -¿Te gusta como cojo? ¿Te gusta tener una putita como yo?

    -Si, sos una yegua, me encanta como me coges guacha.

    Tuve otro orgasmo y me levanté.

    -Escuchame, esto es coger, y quiero que me cojas el culo, nunca me lo pediste, nunca lo di, es todo para vos.

    -Ana…

    -Que me cojas el culo, quiero que como te di mi virginidad hace años, ahora darte la virginidad de mi orto, y que me cojas bien cogida.

    Tomas se puso detrás de mí, puso un poco de saliva en mi orto y apoyo su pija. La fue metiendo de a poco. Me dolía, pero era más mi excitación que el dolor. Cuando sentí que había entrado una buena parte, empuje mi cuerpo contra él, haciendo que entre totalmente.

    -Aggg. Así, ahora cogeme con todo, coge bien cogida a tu puta. Disfrutame Tomy, quiero que me goces toda.

    Tomy me empezó a bombear con todo. Yo estaba totalmente loca de placer, él estaba desencajado.

    -Así, con todo, y si me das un chirlo, uff, loquita es poco.

    El me dio un chirlo en el culo, y tuve un orgasmo apretando con mi esfínter su pija. Me estuvo bombeando por unos 10 minutos hasta que me aviso que estaba por acabar.

    Me corrí y me acosté con mi cabeza al lado de su pija. La comencé a chupar y masturbar con todo.

    -Soy una cerda, quiero toda tu leche en mi boca, dame toda tu leche Tomy.

    El no tardó en acabar y lo hizo en mi boca. La abrí y le mostré como la tenía en mi boca. La trague y le volví a mostrar la boca, ahora vacía. Se la chupe y lamí hasta que la dejé limpia. Fui al baño, me lave la boca y cuando volví Tomas estaba acosado. Me tiré sobre él y lo bese con todo.

    -Te amo Tomy, te amo.

    -Y yo a vos, y por favor, sos una bestia en la cama. Me volviste totalmente loco.

    -¿Te gusta lo puta que me pongo para vos?

    -Me encanta, no puedo creer que seas la misma mujer que estuvo casada conmigo.

    -Es que no soy la misma. Crecí Tomas. Crecí para esto, recuperarte con las mismas armas que te perdí. Y no me interesa si te cojo mejor o peor que Sonia. Quiero cogerte de la mejor forma que puedo cogerte, y que me cojas de esa forma.

    -Te amo.

    Nos dimos una ducha y fuimos a almorzar. Era elección libre, y me estaba sirviendo ensalada cuando una chica se puso a mi lado a servirse.

    -Hola, soy Tere. Estamos con mi novio en la habitación junto a la de Uds.

    -Hola, Ana, un gusto.

    -¿Estas con tu novio?

    -No… digamos que en este momento estamos en un estado raro. Es mi ex marido… y puede que nos estemos reconciliando…

    -Son lindas las reconciliaciones pero la de Uds… parece que esté yendo muy bien por lo que escuche…

    -Ups. ¿Mucho bardo?

    -Y… pero no molesta, al contrario. Lástima que al tonto de mi novio no lo mueve ni una grúa… tuve que usar la técnica digital. Jajaja.

    -Una pena…

    -Nos vemos en la pileta. me dijo.

    Almorzamos muy liviano y fuimos a la pileta, a unas reposeras que estaban en la sombra.

    -¿Cómo estás Tomy?

    -Bien, feliz, sorprendido de vos, admirándote lo hermosa que estas, lo libre, como sos otra mujer ahora. Y me encanta como sos. No solo en la cama. Como pensas, como hablas. Quiero estar a tu lado.

    -Me alegro mucho. Contame un poco de la empresa.

    Estuvimos charlando un rato de la empresa, sus planes, y como pensaba hacerlos realidad. Después me fui a meter a la pileta. De repente apareció Tere, la chica de la habitación de al lado.

    -Hola.

    -Hola. Que lindo cuerpo que tenes. Me dijo.

    -Gracias, vos también.

    Para mi sorpresa, por debajo del agua primero toco una de mis tetas, y luego puso su mano sobre mi concha. La mire a los ojos, y corriendo la bombacha de su bikini, le metí un dedo en la concha. Ella mordió sus labios y no dijo nada. De inmediato, metí la primera falange de mi dedo índice en su orto. Ella volvió a morder sus labios sin decir nada.

    -Parece que queres jugar. Mira que yo juego duro, mi Tomy, ama romperle el culo a pendejas como vos.

    -Uff. Que buen plan entonces.

    De un solo movimiento metí todo mi dedo en su culo.

    -Pendeja, para dejarlo bien en claro, te voy a coger el culo, me vas a chupar la concha y mi hombre va a hacer lo que quiera con vos.

    -Si, por favor.

    -Ok. cuando vaya a nuestra habitación me seguís y entras directamente. Ahora anda.

    Me quedé un rato más en el agua y luego salí, pedí un Gin doble con tónica y limón y me senté en la reposera.

    -¿Gin doble con tónica y limón?

    -No tengo tiempo para dos gin tonic.

    Tomy me miró y me sonreí.

    -Decime las tres fantasías que te gustaría hacer. Le dije a Tomy.

    -Eh, no sé. Una ya esta, era hacerte el culo. Otra, hacerlo en un lugar público. Y la tercera, un trio con dos mujeres, como todo hombre creo.

    -Bien, en dos coincidimos, una ya está, otra la estas por cumplir… Voy a la habitación, en cinco minutos anda. Y se libre…

    -Pero Ana… no entiendo.

    -Cuando abras la puerta vas a entender.

    Me levante y empecé a caminar hacia la habitación, de reojo vi que la chica me seguía. Rápidamente busque un consolador en mi bolso, y lo puse en la cama. La chica entró y le saque la malla. Yo ya estaba mojada, me acosté y la puse a chuparme la concha. La pendeja sabía bien como hacerlo. Yo tomándola del pelo, apretaba su cara contra mi concha.

    En ese momento, entro Tomy y se quedó parado junto a la puerta sin poder creer lo que veía.

    -Amor, esta pendeja puta es Tere. Quiere jugar un rato con nosotros.

    -Ana… es una sorpresa.

    -¿Pendeja cuantos años tenes?

    -19.

    -Uh… una criatura, vení, vamos a jugar.

    Tomy se sentó a ver como Tere me chupaba la concha, no lo podía creer. La pendeja estaba como loca chupándome, su lengua iba de mi clítoris al interior de mi vagina sin parar. No tardó mucho en sacarme un orgasmo.

    Hice que ella se acueste, y yo le empecé a chupar bien la conchita. Tere gemía muy suavecito, y apretaba las sabanas con todas sus fuerzas. Le saque un orgasmo y la hice dar vuelta. Separé sus piernas y puse sus manos en sus glúteos. Ella entendió que hacer.

    Mi lengua comenzó a jugar con su ano y dos de mis dedos entraron raudos a su conchita, para jugar con su punto G. La pendeja, gemía como loca, tenía orgasmos y pedía más. Y por supuesto, más le daba. Así estuvo un rato.

    Me separé y le dije a Tomas.

    -Dasela para que te la chupe.

    Él, obediente, le acerco su pija a la boca de Tere, que comenzó a chupar con desesperación. Tome una de las manos de Tere, y la lleve a su concha, haciendo que se meta un par de dedos. Los empezó a mover frenéticamente, mientras yo me ponía atrás de Tomas, le besaba el cuello, lo abrazaba y le decía obscenidades al oído.

    -No te podes quejar, no terminamos y ya te cumplí dos fantasías guacho. Hija de puta, como te esta chupando la pija la pendeja.

    Tomas la tomaba de la cabeza y le marcaba el ritmo. Mis caricias y besos, tener a la pendeja por la cabeza chupándole la pija, lo ponía a mil.

    -Tere es muy caliente, cógela, bien cogida, yo, te recomiendo que hagas que te monte un rato, después vos elegís donde acabar.

    Tomas me miró y asintiendo con la cabeza, se acostó y la pendeja lo montó sin que diga nada. Se metió la pija en la concha en un solo movimiento, con un leve quejido y una fuerte exhalación. Empezó a mover su pelvis, sin levantarse, frotándose el clítoris contra la pelvis de Tomas, tomo una de la manos de él y la puso en uno de sus pechos. Le pidió que lo apreté y sus movimientos se aceleraron, mientras que ella ponía las manos en el pecho de él y lo apretaba como queriendo arañarlo.

    Tuvo un orgasmo, se detuvo temblando unos segundos y volvió a moverse. Tomó la otra mano te Tomas y la puso en su culo, y ella misma se dio un golpe. Tomo la mano de él, haciendo que la golpee.

    -Por favor… le dijo la pendeja mirándolo a los ojos.

    Tomy le dio otro golpe y ella grito de placer. Alternaba subidas y bajadas con movimientos para frotar su clítoris. Estuvo un par de minutos y tras otro orgasmo, se levantó y se volvió a enterrar la pija en la concha, pero ahora dándole la espalda a Tomas, que tenía una vista inigualable del orto de la pendeja. Ella mojó dos dedos en su boca y en un solo empujón los metió hasta el fondo en su culo.

    -Muy putita soy y los tipos grandes me rompen la cabeza. Cojeme con todo por favor te pido.

    Yo los miraba y sentada con las piernas recogidas, me acariciaba mi vagina, apretaba mis pechos y disfrutaba ver como Tomas gozaba.

    Él la hizo levantar, y vi una mirada en sus ojos que pocas veces había visto. La de estar a punto de estallar bestialmente. La hizo poner en cuatro patas sobre la cama, tomo los brazos de Tere y los junto en la espalda, se puso detrás, metió la pija en la concha de la chica con toda su fuerza, soltó las muñecas de ella, hundió uno de sus dedos en el culo de Tere, y con la mano libre le daba cachetadas en el culo.

    Tomas envestía con todas sus fuerzas, ella, con la cabeza apoyada en la cama, gozaba como loca. El dedo entraba y salía del culo de Tere con violencia casi. No más de dos minutos después, embistió con todo y se quedó quieto. Ella arqueo su espalda con todo.

    Tomas saco el dedo del culo y la pendeja de inmediato se salió, se dio vuelta y le chupo la pija hasta que la dejó limpia.

    Tere me miró y sonrió.

    -Gracias, son geniales. Dijo Tere, que se puso la parte de abajo de la bikini y salió de nuestro cuarto.

    -¿Y Tomy, podemos decir que otra fantasía cumplida?

    -Si, Ana, claro que sí. Pero, ¿Por qué vos no interviniste mucho? Me la dejaste toda a mí y no me pediste que te la meta.

    -Porque era un regalo para vos, para probarte que puedo dejarme de lado para que vos tengas placer. Y ahora sabes, que si queres hacer un trio de este tipo, solo tenes que hablarlo.

    -Pues a mí ni me pidas que te comparta con otro tipo, no soy tan abierto como vos.

    -¿No te gustaría ir a un club swinger y ver como un tipo me rompe el culo mientras le chupo la concha a una mina?

    -No Ana. Ni me lo menciones. Y si tenes esa idea para el futuro, olvidate que volvamos. Te quiero toda para mí.

    -Te amo calentón, pero si lo pensas, no es equitativo. Yo te dejo estar con otras chicas.

    -Es distinto, yo…

    -Sos un celoso de mierda. Y te amo por eso. Vamos a la pileta.

    Fuimos directo al agua, Tere y el novio estaban en las reposeras y nos miraban. Me colgué del cuello de Tomas y le dije al oído:

    -Fijate como nos miran la pendeja y el novio. ¿A que nos proponen algo?

    -Ana, ni se te ocurra, ya te lo dije. No quiero que un tipo te toque siquiera.

    -Tranquilo.

    Nos fuimos a tomar sol y como lo esperaba Tere y el novio se acercaron.

    -Hola Ana.

    -Tere.

    -Chicos, queremos proponerles algo. Mi novio tiene la fantasía de verme en un trio con otra mujer y otro hombre. Y como la pasé genial con Uds., bueno, me gustaría repetir, y con el mirando.

    -Pendeja, esos encuentros rara vez terminan bien. Gracias pero pasamos. Con vos podría ser, pero con él o delante de él, imposible.

    -Si, se lo que decís, no hay problema. Y si me quieren para jugar, me avisan…

    Ellos se fueron y lo miré a Tomas, que respiró aliviado. Fuimos al cuarto.

    -Ana, ¿Queres que volvamos a vivir juntos?

    -Tomas, yo cambie, vos, parece que estas cambiando. No creo bueno precipitarnos, salir de acá e irnos a vivir juntos. Podemos equivocarnos, vos podes equivocarte. Me gustaría ir tranquilos. Sin presiones ni apuros.

    -¿Hay otro hombre?

    -No, no hay nadie. No estaría acá si hubiera otro.

    Se honesto: Vivimos juntos, una tarde llegas una hora antes a casa, entras y me encontras con una chica teniendo sexo, en el living, en nuestro dormitorio. ¿Cómo te sentirías? ¿Lo aceptarías de buena forma?

    -¿Puede pasar eso?

    -Puede.

    -¿Por qué lo harías?

    -Placer, sexo por placer. Ojo, vos también lo podrías hacer con otro hombre. Como mi relación es homosexual, vos tendrías derecho a lo mismo…

    -Ana, como se te ocurre, vos estas totalmente loca. Ya te pasas de la raya con eso.

    -Te estoy jodiendo. Ves eso te pedirías que cambies, el humor, no tomarte todo en serio.

    Pero volviendo ¿Cómo te sentirías si me encontras con una chica? ¿Bancas esa parte mía?

    -Recién lo banque.

    -No Tomas, lo de recién no cuenta. Te hablo de casa, de un día cualquiera. ¿Te bancas que me guste tener sexo con otra mujer, sin que vos estés y participes?

    -No lo sé Ana. Pienso que es como si me metieras los cuernos. Solo cambia el sexo de la otra persona. ¿Pensas que no voy a satisfacerte en la cama, que no te voy a hacer gozar? ¿Es por eso?

    -No, no es por eso. Es por placer. Distintas formas de llegar al placer.

    Hoy, en tu vida, ¿Qué haces por placer?

    Tomas pensó un par de minutos mirando la ventana que da al arroyo, y miro para abajo.

    -Nada.

    -¿Y para que vivís, para que trabajas tanto, para que haces crecer la empresa? ¿Para disfrutar cuando ya no puedas disfrutar? ¿De qué va a servir todo si dejaste la salud, la juventud, la fuerza, en el camino? Soy tu socia en la empresa, veo los balances, se lo que sacas y lo que saco. Siempre soñaste con comprarte un equipo de audio espectacular para escuchar música, esa música que tanto te gusta. ¿Lo compraste? Aunque no me guste un carajo, ¿Te compraste la moto? En uno de esos viajes que haces a Europa, ¿contrataste una de esas escort que son unas animales tremendas, que pueden ser modelos internacionales tranquilamente?

    -No a todo.

    -¿Tus celos van a soportar que me vaya una semana a Bahamas sola? Tengo la plata para hacerlo y de hecho lo hago por lo menos cada cuatro meses.

    -No sé.

    -La respuesta correcta era: Iría con vos.

    -No Tomy, no quiero volver a convivir con vos así. Te amo, y no te quiero cambiar a la fuerza. Si me gustaría, deseo de todo corazón que puedas darte cuenta de varias cosas. Pero si no lo haces convencido, un mes y todo vuelve a su curso normal.

    Te repito, te amo. Pero así, no mi amor.

    -¿Vos te bancarías que contrate a una de esas escort? ¿Te bancarías que te ponga los cuernos?

    -Desear a otra mujer, sentirte atraído por ella, acostarte, no es meter los cuernos. Meter los cuernos es pensar en tener una relación duradera. Y con sentimientos de por medio obviamente. Claro que te lo bancaría. Te banque sabe que estabas con Sonia un mes antes que me dejes. Pensé que era solo una aventura.

    -¿Lo sabías? ¿Cómo?

    -Los vi salir de un hotel, de casualidad.

    -Ana, ¿cómo hago para cambiar?

    -Cambiando. Volve mañana y el lunes andá a comprarte ese equipo de audio. Empeza a darte gustos, hacer cosas que te den placer.

    Se honesto: ¿Aquí y ahora, te daría placer hacer el amor conmigo?

    -¿Cómo me prenguntas eso? Claro que me daría placer.

    -¿Seguro? ¿O estarías compitiendo con fantasmas de los tipos con que me acosté? ¿O estarías pensando si realmente me estás haciendo gozar?

    -Vuelven las puñaladas.

    -¿Te diste cuenta que desde que salimos de casa, no me rompiste la boca con un beso como solías hacer? ¿Qué no me tocaste el culo una sola vez? ¿Qué estás constantemente a la defensiva?

    -Cañonazo.

    -¿Cómo responderías si te digo que deseo con locura esos besos, que aunque me fastidia mucho, extraño esas tocadas de culo en cualquier lado, que te deseo con locura, que deseo que me hagas el amor ya mismo?

    -Temblando.

    -Listo, hagamos los bolsos y volvamos a Bs.As., aún podemos tomar la próxima lancha.

    Dije y me puse a armar mi bolso, y las lágrimas empezaron a salir solas. No quise que me viera y fui al baño. No aguanté y me largue a llorar.

    -Ana, ¿qué te pasa?, abrí la puerta.

    -Nada Tomas, nada. Arma el bolso y vamos, por favor.

    En un par de minutos me recompuse y salí del baño.

    -Ana por favor, escuchame: sé que si nos vamos ahora, te pierdo para siempre. Te amo Ana, no quiero perderte, por mi culpa te perdí una vez, no quiero perderte de vuelta. ¿Qué tengo que hacer para que te quedes, para que me des una oportunidad?

    -¿Y si peleas por mí? ¿Y si peleas contra esos fantasmas que hay en tu cabeza? ¿Y si sos vos otra vez, aquel tipo que me hacía el amor en la cocina, en al baño? ¿Aquel que se le paraba la pija cuando en un shopping yo te hacía acompañarme a comprarme ropa interior? Aquel que con una mirada, me volvía loca. Y por favor, no des excusas, ni las busques. Si realmente me amas, si realmente extrañas mis caricias, mis besos, mis retos, mis camisas planchadas, lucha por eso, pone lo que tenes que poner para que pueda confiar en que ahora sí, los dos vamos a aprovechar la oportunidad y vamos luchar día a día por nuestra felicidad.

    -Por favor, quedémonos hasta mañana. Solo eso te pido. Hasta mañana.

    -No pongas cara de carnero degollado. Con eso ya no me convences.

    Me abrazo con fuerza, agarrándome de un cachete, y me partió la boca de un beso. Cuando me dejó, me separé un poco y le dije:

    -Vas por buen camino, seguís participando…

    -No podes ser tan yegua…

    Me acerque a la puerta del cuarto, le hice la seña de Fuck you, y me fui a la pileta.

    Estuvimos todo lo que quedaba de la tarde tomando sol. Antes de cenar, nos fuimos a dar una ducha y cambiarnos. Me bañe primero y mientras él lo hacía me puse un vestido mini, sin ropa interior. Me maquille un poco y fuimos a cenar.

    Al salir del cuarto hice que iba a levantar algo del suelo, y me agache, dejándole ver que no tenía ropa interior. Tomas abrió los ojos como el dos de oro de la baraja. Mientras cenábamos, Tere y el novio nos miraban desde otra mesa cercana. Aprovechando como estábamos sentadas, separé mis piernas y le mostré a Tere, que no llevaba tanga.

    Ella respiró profundo y se levantó para ir al baño. Cuando volvió, me mostro como guardaba la tanga en la cartera. Le guiñe un ojo y me sonreí.

    Tomas me miraba y sonreía.

    -La estas volviendo loca a la pendeja. Le tenes unas ganas tremendas.

    -Estoy jugando, nada más.

    Terminamos de cenar, y le dije a Tomas de tomar algo junto a la pileta. Nos sentamos en las reposeras y una camarera se acercó.

    -¿Tomamos un Champagne?

    -No hay nada que festejar… todavía. Para mí un whisky doble, sin hielo, ni agua ni soda.

    -Wow, para mí uno simple, con hielo.

    La camarera se fue, y él se quedó mirándome.

    -¿Qué pasa que me miras así?

    -Te admiro. Admiro la mujer en que te transformaste. Admiro tu fuerza, tu lealtad para decir las cosas, tu valentía para reconocer errores, y decirlo. Admiro como peleas para conquistarme pero poniendo límites. Admiro como sos capaz de irte porque no me ves reaccionar. Que pena que tuvimos que separarnos para crecer.

    -Divorciarnos.

    -¿Me lo vas a recordar cada vez que diga separarnos?

    -Si. Y por el resto de tu vida. Vos me pediste el divorcio. Vos cortaste todos los lazos que nos unían. Divorcio. Vos fuiste el que primero le dijo al juez que no querías probar una reconciliación.

    -¿Eso fue lo que te hizo enojar tanto?

    -Si. Me clavaste un puñal. Y encima, no te casaste con esa pelotuda. La tenes flotando en el aire.

    Pero no te preocupes, todo bien, me sirvió. Ah, si queres que vivamos juntos, vas a tener que firmar la papeleta. Yo pelotudita, no soy.

    Nos trajeron los whisky`s y propuse un brindis.

    -Por Sonia, que sin su llamado no estaríamos aquí. Gracias Sonia.

    -Por vos. La mina más espectacular que conozco.

    Chocamos los vasos y tome un buen trago, casi una medida entera.

    -¿La nueva Ana, siempre va a jugar fuerte, va a ir al frente siempre, va a ser ella siempre? Preguntó Tomas.

    -No lo dudes. Aprendí que me gusta jugar fuerte.

    Tomas tomo un trago y me dijo:

    -Te deseo, quiero hacerte el amor.

    Lo mire sonriendo, me pare, y baje el cierre de mi vestido, lo deje caer en el borde de la pileta, y antes de meterme le dije:

    -No veo nada que te lo impida.

    Y nadé un poco en medio de la noche, disfrutando sentir como el agua recorría mi piel.

    Tomas se sacó la camisa, el pantalón, el boxers, y se metió a la pileta. Nadó hasta mí, me abrazo y me comenzó a besar como tanto extrañaba, me tomo de las piernas e hizo que rodee su cintura con ellas. Nunca dejo de besarme, acariciarme, mirarme. Hizo un movimiento con su cuerpo y sentí como su pija totalmente parada estaba entre los labios de mi concha.

    Me hizo bajar un poco y me entro hasta la mitad. A partir de allí fue todo placer. Sosteniéndome, se empezó a mover para entrar y salir de mí mientras me besaba los labios, el cuello, mordía mis orejas, apretaba mi culo. Y decirme que me amaba, que amaba a la nueva Ana, que ni loco iba a perderme, y mil cosas hermosas más.

    -En la casa que vamos a comprar tenemos que poner una pileta calefaccionada mi amor. Hacerte el amor así, es una de las cosas más placenteras que puedo tener.

    -Con un jacuzzi me conformo.

    -Yo no…

    Estuvimos así abrazados un buen tiempo, sin dejar de hacer el amor. Otros pasajeros pasaba y sonreían al ver nuestra ropa al costado de la pileta e imaginar lo que estábamos haciendo. Yo estaba en otro planeta, ahora sí estaba sintiendo al hombre que tanto amaba, su ternura, su suavidad, y al mismo tiempo la fuerza tremenda que tiene adentro.

    -Así te amo Tomy, este es el Tomy que quiero para mi vida. Dije.

    Él fue aumentando su ritmo y la fuerza con que me besaba, me abrazaba y apretaba mi culo. Yo estaba totalmente extasiada en sus brazos. Sentí que estaba por llegar e hizo que nos hundamos, y así, totalmente cubiertos por el agua y besándonos, acabamos juntos. Lo apreté fuerte y me quede quieta.

    Salimos a la superficie y sonriendo me dijo que me amaba. Salimos de la pileta y por mis piernas caía su semen, no se vistió y se sentó a tomar su whisky.

    Yo lo mire, totalmente enamorada y tome un trago del mío.

    -Eso fue hermoso, y no me equivoco en decir que estuve entre las 5 mejores veces de nuestra pareja. O las tres mejor.

    -Totalmente de acuerdo. Vení.

    Me recosté con él en su reposera, y nos quedamos abrazados mirando las estrellas.

    -Vas por buen camino, seguís participando…

    -Hija de puta.

    Nos quedamos un buen rato en silencio. Habíamos hablado mucho, y muy pesado como para seguir. Para ir al cuarto, se puso los pantalones, pero no entró.

    -Voy a buscar Champagne, si me dejas.

    -No todavía. Whisky doble, sin hielo, soda o agua.

    -Ok.

    Me seque un poco el pelo y como a los diez minutos regreso. Para mi sorpresa, con Tere.

    -Como veras, me gusto. Ahora yo tengo ganas de algo. Tere está de acuerdo, y vos… no tenes opción. Tere no va a tocarme ni yo a ella. A menos que yo le indique algo, puede acariciarte, besarte y demás, donde quiera. Lo mismo vos, si podes…

    -Me parece que esto me va a gustar. Dije.

    Tomas se quitó el pantalón y subió a la cama. Tere se quitó la ropa y espero una indicación de Tomas, que hizo una seña con la cabeza y me comenzó a besar con todo. Ella se puso a chuparme las tetas, jugando con mis pezones y acariciándolas. Tomas bajo su mano, y se puso a jugar con mi clítoris mientras me besaba. Yo esta ya caliente, no solo por lo que me hacían, también porque era una idea de Tomás. Me metió dos dedos en la concha, y me hizo tener un orgasmo directo, sin necesidad de moverlos. Cuando lo hizo, el placer era total, me entregaba por completo.

    Yo acariciaba la cabeza de Tere, que con mucha suavidad, me besaba los pechos, bajaba hasta el clítoris y volvía a subir. Tomy, me comía el cuello a besos.

    -Por favor, me están matando. Dije, y Tomas hizo que me ponga en cuatro patas. Se puso detrás de mí y comenzó a chuparme la concha.

    Tere, se acostó boca arriba bajo mis tetas y me las mamaba como un corderito. El placer que me daban era infinito, como mis orgasmos. Me tuvieron así por un rato, hasta que Tomas la llamó.

    -Tere, seguí vos, por ahora solo la concha.

    Ella lo obedeció y él se sentó frente a mí poniendo su pija frente a mi boca. Me puse a chupar como loca. Literalmente me estaba cogiendo yo misma la boca. Lo miraba y la sonrisa en su rostro me volvía loca. No sé cuánto tiempo lo estuve chupando, pero él, ni indicios de acabar.

    -Tere, ahora el culo.

    Sentí su lengua y casi me desmayo de placer, lo siguiente, fue meterme dos dedos en la concha y jugar en ella mientras me chupaba el culo. Yo no paraba de chupar la pija, las bolas y lamer con todo. Eran oleadas de placer que me invadían todo el cuerpo con cada orgasmo.

    -Es tiempo. Dijo Tomas y se levantó.

    Se colocó detrás de mí y le dijo a Tere que era libre de hacer. Me comenzó a penetrar la concha lentamente, y Tere se acostó junto a mí. Me besaba la cara y acariciaba mis pechos. Yo quería que la entierre con todo pero no, lo hacía lentamente. Así fue como se comenzó a mover, muy lentamente, haciéndome sentir como lo hacía. Tere seguía besándome la cara y luego en los labios con una dulzura tremenda, de la misma forma que acariciaba mis tetas.

    Era una tortura maravillosa. Fue incrementando la velocidad de sus movimientos y Tere se puso debajo de mis tetas para chuparlas y con una mano, jugar en mi clítoris. Cuando Tomas entraba y salía frenéticamente de mí, pensé que estaba por acabar, de pronto me penetro hasta el fondo y se quedó quieto. Tuve un orgasmo fuertísimo. Tere no paraba de chuparme las tetas, Tomas se empezó a mover lentamente otra vez y sentí como escupía mi orto y empezaba a meter un dedo.

    -Hijo de puta, basta.

    -Vos me dijiste que tenía que sentir placer al hacerte el amor, pues eso estoy sintiendo, y tratando de darte. Placer mi amo.

    No pude contestar a eso. Escupió otra vez y ahora eran dos los dedos en mi culo. Tere cada vez chupaba con más fuerza, casi provocándome dolor, pero no, solo aumentaba mi excitación si eso era posible. Cuando entro el tercer dedo, me sentí desfallecer, Tomas se detuvo un segundo. Me recupere y siguió taladrando mi concha y orto.

    Cuando lo considero oportuno, saco su pija y la apoyo en mi culo. Con una suave y continua presión fue metiéndomela toda. Tere, metió dos dedos en mi concha y los movía al mismo ritmo que Tomás, sin dejar de alternar entre mis pechos para chupar.

    Los movimientos de Tomas rápidamente se hicieron brutales, su pija entraba y salía de mi culo como impulsado por una máquina, sin parar y hasta el fondo. Yo explotaba en orgasmo sin parar. Me dio un chirlo en el culo y gemí bien fuerte. Fue la señal para darme otro y ya golpear su pelvis contra mi culo.

    -Animal, me estás haciendo mierda, por favor para, no doy más.

    Me dio una estocada final y total, enterrándola toda, lo mismo que los dedos de Tere. Se paró, me hizo acostar boca arriba y le dijo a Tere:

    -Gracias pendeja, estuviste genial.

    -Ana, disfruta el tremendo hombre que tenes, no todas tenemos la misma suerte.

    Tomas, gracias por dejarme ayudarte. Dijo, para darnos un beso a cada uno y marcharse.

    Tomas se puso encima de mí, levanto un poco mis piernas y me penetró.

    -No puedo más. Le dije.

    -Vos y yo, placer, amor, entrega, sueños, todo. Te amo.

    Y se empezó a mover muy lentamente. Su boca jugaba con mi cuello y mi oreja. Tome su cabeza y empecé a acariciarla. Mi otra mano apretaba su espalda como queriendo que nuestros cuerpos se fundan. Fue incrementando su velocidad, como sus besos. Entraba y salía con todo. Se irguió un poco y apoyándose en sus codos, tomó mi cara y no paraba de besarme.

    -Ana, perdón por todo el daño que te hice. Te amo.

    Dijo y sentí como acababa dentro de mí desatando un orgasmo como nunca en mi vida. Me abrace a él, clavándole las uñas en la espalda. Él no se movió ni un centímetro. Me beso con todo y así nos quedamos por un rato.

    Cuando se levantó, fue para sentarse a mi lado, tomar mi mano y besarla.

    -Vas por buen camino, seguís participando…

    -Hija de puta.

    Me senté y lo bese con todo. Tomamos un trago de nuestros vasos de whisky y nos miramos sonriendo.

    -Gracias Tomas, todo fue hermoso. Y gracias por darme tanto placer, por entenderme, por pensar en como darme placer. Estuviste maravilloso, no dudo en decirte que fue la mejor vez de nuestra vida juntos.

    -Comparto totalmente, estuve maravilloso. Jajaja

    -Basura.

    -En serio, fue la mejor ves y por mucho. Y te aseguro que goce como loco dándote placer, sintiendo tu placer.

    -En serio: Vas por buen camino, seguís participando…

    -No podes ser tan mala.

    -Por nosotros sí, alcanzaste una parte, muy importante por cierto, y divertida. Ahora vamos a ver cuando volvamos…

    -No te voy a prometer nada. Lo vas a ver.

    Un rato después, nos dormimos abrazados. Cuando despertamos nos dimos una ducha y fuimos a desayunar. Nos sentamos y segundos después entraban Tere y el novio. Le hice una seña y Tere vino a nuestra mesa.

    -Sentate pendeja. Gracias, estuviste genial me hiciste gozar con todo con este desgraciado, y creo que vos ni un orgasmo tuviste.

    -No tenes nada que agradecer, aprendí mucho Ana. No, no tuve orgasmos pero el placer que sentía besándote, tocándote, viendo como Tomas manejaba cada detalle para darte placer fue increíble. Me hubiera gustado filmarlo para que veas su cara cuando vos ibas gozando cada cosa que hacía, era feliz dándote placer Ana. Soy una pendeja y no he estado con muchos tipos, pero no dudo que Tomas es de los pocos que se preocupa tanto por su pareja.

    -Lo sé, y por eso estoy tan enamorada de este tipo. Soy su ex mujer. Cinco años divorciados. Estamos tratando de reconstruir algo que hasta un momento, fue hermoso y lo dejamos ir.

    -Tremenda mujer sos. Tremenda pareja. Me gustaría darles mi número, seguir en contacto, sea para lo que sea.

    -Dale. Antes de irnos lo agendamos. Nuestros teléfonos están apagados.

    -Este fin de semana era para tratar de salvar nuestra pareja. En vez de eso, me pidió que me acueste con Uds. para verme. Solo me quedé por si tenía oportunidad de estar con Uds. nuevamente. Anoche lo hice dormir en el piso, ni para compartir cama lo quiero.

    -Bien hecho. Escuche, Uds. tienen muy buena energía, si quieren ir al cuarto… Dijo Tomas. Y se levantó de la mesa para sentarse en otra, solo.

    Desayunamos las dos, y nos fuimos a tomar sol junto a la pileta. Tomas se vino a sentar junto a nosotras. Charlamos de todo, menos de su novio y de nosotros. Faltaba poco para el mediodía cuando la tome de la mano y fuimos al cuarto.

    Tuvimos un sexo genial, gozamos las dos con todo, nos sacamos las ganas y disfrutamos con todo. Volvimos a la pileta y Tere fue y le dio un beso a Tomas en la boca.

    -Gracias Tomas, sos divino. Y se fue a otra reposera más alejada.

    -¿Todo bien? me preguntó.

    -Todo muy bien. Y también te digo gracias.

    Vas por buen camino, seguís participando…

    -Hija de puta.

    Los dos nos reímos a carcajadas.

    -Escuchame, en un rato volvemos. Te voy a decir algunas reglas:

    1.- En mi casa, porque después del divorcio es mi casa, no te quedas a dormir.

    2.- En mi casa, no vamos a hacer el amor ni tener sexo.

    3.- En mi casa, podemos almorzar, cenar, pero nada de besos, apretadas nada.

    4.- Nada de controlar al otro, horarios, salidas, nada.

    5.- Cualquier cosa que se me ocurra después.

    -Bueno, aunque me jode acepto. Yo quiero pedirte algo.

    Quiero que me ayudes en la empresa. Sos socia. Quiero escuchar tus opiniones. Si no queres trabajar todos los días por tu negocio, lo entiendo. Pero quiero poder consultarte y que opines.

    Quiero que me digas cuando me equivoco.

    -No hay problema.

    Volvimos, no sin antes hacer el amor una vez más en el resort.

    El dejo a Sonia, seguimos viviendo separados, aunque pasaron cuatro meses de nuestra escapada al Resort. Él aprendió a cambiar y lo está haciendo. Encuentros, tenemos varias veces por semana. Y estamos viendo una casa para comprar. No queremos volver donde fracasamos.

  • Memorias de una zorra (2)

    Memorias de una zorra (2)

    Tal como comenté en el relato pasado, iba de viaje y para divertirme en el autobús, decidí intercambiar nudes con un amigo.

    La plática se fue poniendo cada vez más cachonda y, sin darme cuenta que el pasajero junto a mi me estaba viendo pues creí que iba dormido, decidí hacerle caso a mi excitación y comencé a masturbarme. El problema, o lo que inicialmente fue un problema, fue que el pasajero no iba dormido y estaba muy pendiente de cada movimiento mío.

    Decidí mandarle a mi amigo un vídeo jugando con mis pezones y cuando comencé a masturbarme no me puse bien la ropa, dejando expuestos mis pechos. Cerré los ojos mientras mis dedos acariciaban mi clítoris, a punto de llegar al orgasmo, cuando sentí una mano callosa pellizcar mi pezón izquierdo. Fue tal el jalón que dio que me despertó de mi fantasía, haciéndome tener un orgasmo muy fuerte. Abrí los ojos sorprendida y me encontré con la mirada del señor, quién veía como mi orgasmo mojaba el asiento. Me congelé un instante, cosa que él debió de interpretar como una invitación. Con rudeza tomo uno de mis pechos con su mano mientras que con la otra me separaba las piernas e introducía un dedo en mi vagina. Solté un gemido.

    «Cállate, nos van a escuchar y no quieres eso, verdad puta?» Me susurró.

    Por instinto guardé silencio y dejé que hiciera lo que quisiera conmigo. El pasajero volvió a pellizcar mi pezón, haciéndome estremecer de dolor y un poco de placer. Sentía como la excitación se adueñaba de mi otra vez. Con una mano tomo la mía y la colocó en su entrepierna, pude sentir que yo no era la única excitada. Desabotone y bajé el cierre de su pantalón, metí la mano y agarré la enorme verga parada que se me ofrecía, tengo que admitir que con solo tocarla se me antojó montarla. Era dura, venosa y muy muy grande, no había tenido nunca una así. Despacio mire a mi alrededor y escupí en mi mano. Comencé a masturbarlo, aunque se me hacía agua la boca, necesitaba comérmela. Pareciera que el hombre me leyó la mente, pues me tomo del cuello mientras me decía:

    «Nadie nos va a ver, cómetela… mámamela putita»

    Empujaba mi cabeza hacia abajo con cada palabra, dejándome la punta de su verga en los labios, podía olerla y no me quise aguantar más, abrí la boca y la metí entera. Me comí esa verga como si mi vida dependiera de ello, mientras que el pasajero tapaba nuestro acto por si algún chismoso quería ver el show. Con mi lengua acariciaba la punta, mordisqueaba un poco y me la volvía a comer entera. Sentía como el hombre temblaba de la excitación y aceleré el ritmo, me la metí hasta que sentía que me ahogaba, y me sorprendí a mi misma cuando pude chupar también sus huevos. Esto fue suficiente para él y sentí como su verga palpitaba mientras llenaba mi boca de semen caliente. Ni bien termine de limpiarlo con la lengua cuando me tomo del cabello y me hizo regresar a mi asiento.

    «Maldita puta golosa» me dijo al darme un pellizco en el pezón.

    Se acomodó el pantalón y, como si nada hubiera pasado se acomodó de lado, medio dándome la espalda y a los pocos minutos lo escuché roncar. Me dejó ahí, con la boca llena de semen fresco, los pechos al aire y adoloridos por sus pellizcos y la vagina empapada.

    Espero les guste está pequeña historia. Pronto regresaré con más.

  • Sueños de medianoche

    Sueños de medianoche

    El sudor me moja la frente, fruto del calor que desprenden mi cuerpo y las sabanas que apenas lo cubren. Una gota resbala por mi cuello y se pierde entre los mechones de cabello castaño que se han quedado adheridos a mi piel por la humedad.

    Mis senos erectos claman por tus manos, tu boca, tu piel. Mi sexo se estremece al más simple roce, la humedad que surge de mi interior empapa mis muslos desnudos y me hace desear con mayor intensidad tu presencia dentro de mi. Tu miembro penetrando firme y rápido, llenando cada espacio de mi mojada cavidad mientras me dices al oído las mil y un perversiones que te gustaría hacerme.

    Mis gemidos junto con el sonido de nuestros sudorosos cuerpos chocando forman la dulce melodía que acompaña la maravillosa follada que me estás dando, tu aroma impregnando mis fosas nasales, mi cuerpo y mi cama.

    Tu mirada salvaje, cargada de erotismo y deseo aun no satisfecho fija sobre mis labios semiabiertos mientras tus caderas siguen con el vaivén y tus grandes manos recorren mis costado, mi abdomen y finalmente se instalan en mis pechos, abarcándolos en su totalidad y presionándolos a tu gusto.

    Siempre es así, a tu manera, a tu ritmo, a tu gusto pues esa fue la forma en que lo hicimos aquella ultima vez, antes de que te fueras, antes de que los recuerdos fueran mi única compañía en las noches solitarias y nuestros encuentros se convirtieran tan solo en mis sueños de medianoche.

  • Un sueño prohibido hecho realidad (Parte 2)

    Un sueño prohibido hecho realidad (Parte 2)

    Hacía ya bastante tiempo que no tenía contacto físico con una mujer y sabía que era casi imposible el hecho de tener una oportunidad como la que se me presento aquella calurosa noche de verano, mi cuerpo estaba a mil, sentía el fuego recorriendo cada parte de mi ser y a pesar de que una parte de mi quería detenerse, al final decidí dejarme llevar por mis instintos y llevar a cabo una relación que no hasta hace unos días me parecía algo imposible y una completa locura, después de todo la carne es débil y el deseo mutuo de recibir calor humano se apoderó de nosotros, sin importar que fuéramos familia:

    No aguantaba más, necesitaba hacerle el amor a mi tía sin importar las consecuencias… Dejamos de besarnos por un momento, me quite la última prenda que tenía puesta y dejé al descubierto mi enorme erección, era tanta mi excitación que el líquido presemimal había humedecido mi trusa al mismo tiempo que sentía los fluidos vaginales de mi tía mojando mi entrepierna… Me puse de rodillas frente a ella para contemplar su hermosa silueta de pies a cabeza y lentamente fui bajando su tanga que estaba ya completamente mojada, por puro instinto la acerque a mi nariz para olerla y la pase por mi cara.

    Por Dios el olor a sexo que emanaba me llenó de un frenesí de adrenalina… Me puse de pie, tome a mi tía por la cintura y la seguí besando al tiempo que le daba vuelta para sentarla en el sofá.

    Comencé a besar su cuello y ella gemía de placer a la vez que daba suaves caricias en sus piernas y sus brazos con las llenas de mis dedos, jugando a elevar la temperatura lo más que pudiera, el calor natural del ambiente más el morbo de la situación era más que suficiente. Mientras tanto mi tía arañaba mi espalda con sus uñas en señal de una enorme excitación.

    Acto seguido mordí levemente su oreja izquierda para después pasar nuevamente por su cuello hasta lamer sus pezones eh ir bajando lentamente por su vientre hasta llegar a su glorioso monte de Venus, el cual para mí sorpresa estaba depilado con solo una pequeña línea de vello púbico en la parte superior de su pelvis, si no me equivoco tal vez ella estaba esperando que algo así sucediera, en fin. Volví a percibir entonces el mismo olor de su conchita, que me tenía completamente loco. Comencé a comerle su rico coño sin piedad alguna.

    Metí mi lengua entre sus labios y comencé a moverla lentamente comenzando un preludio de lo que venía, con mis labios succionaba suavemente el exterior de esa rica conchita y de a poco iba subiendo la velocidad de mi lengua, saboreando por completo sus jugos que sabían a gloria. Aceleré más el movimiento sube y baja de mi lengua, tratando de alcanzar lo más que podía su interior, y buscando su punto débil en la parte superior con la punta de mi lengua, al tiempo que seguía succionando su clítoris lo más que podía. Con ambas manos acariciaba sus piernas por todas partes, y enfocaba mi mirada en su cara para verla gemir de placer:

    «Ahah que rico, no pares, no pares…» exclamaba ella al tiempo que me llenaba la cara de unos deliciosos fluidos vaginales… Yo seguía con ímpetu… Metía toda mi lengua en su rica vulva ya con toda mi fuerza, entonces decidí usar mis dedos de la mano derecha para estimular su clítoris y los de la mano izquierda para introducir un par dentro de ella y así poder excitarla lo más posible… Sabía que estaba muy cerca del primer orgasmo:

    «Ahahah aaah…» La escuché jadear primero para después desahogarse en un intenso grito de placer.

    Sentí todo su cuerpo estremecer, sus piernas apretaban mi cabeza, su espalda se arqueaba y echaba la cabeza hacia atrás… Todo su cuerpo temblaba y yo no pensaba darle tregua… seguía chupando su delicioso y mojado coño con más fuerza, ahora con mis dedos metiéndolos y sacándolos por debajo de mi lengua y con la otra mano dando círculos en su clítoris para entonces volver a escuchar otro grito de placer:

    «Ay Diooos Ah ah ah ah….»

    Seguía gimiendo y supe que era su segundo orgasmo, su cuerpo entero sudaba y mi lengua seguía moviéndose para dar aún más placer, mi cara estaba completamente mojada por sus fluidos y mi excitaba sobremanera la forma en que gemía… Seguí lamiendo con la misma intensidad, y metiendo mis dedos en su concha, el sofá estaba completamente mojado y los dedos que tenía dentro de su concha iban al ritmo contrario de mi lengua en un doble movimiento para al fin volver a hacerla estremecer y gritar:

    «Ah ah ah sí, así no pares mi vida…»

    Finalmente volvió a convulsionar… Sus ojos estaban en blanco y en toda la sala se escuchaban sus gritos de placer… Mientras daba los últimos movimientos orales y besaba suavemente su concha para saborear sus ricos jugos… Los dos estábamos a mil, a mi me encanta hacer sexo oral y definitivamente lo hice bien por la forma en que vi su cuerpo temblando de placer y sus fluidos salir de forma abundante… A pesar de no estar mucho en práctica aproveche el morbo de la situación. Siempre eh tratado de ser un amante generoso y dar un buen cunnilingus es parte de ello.

    Fui directamente a su cuello y seguí besando con leves mordiscos de cuando en cuando tanto en su cuello como en su oreja, ella busco mi boca y continuamos con besos apasionados llenos de lengua y sus ricos fluidos…

    Nos separamos un momento para tomar algo de aire, y entonces me dijo aun temblando y con la cara llena de sudor:

    «Por el amor de Dios nunca antes me habían comido así mi conchita, me estabas matando de placer»

    «Espero que quieras más porque mi lengua aún tiene energía» le respondí

    «Claro que sí, pero ahora es mi turno de darte placer, me hiciste venir muy rico y haré lo mismo por ti…»

    Me empujó suavemente hacia atrás, para quedar de pie frente a ella, apartó su cabello hacia atrás, y se arrodillo frente a mi para comenzar a darme una mamada espectacular…

    Succionaba con fuerza y destreza, se ve que le gustaba hacer sexo oral como a mí, y tenía bastante experiencia… Usaba su lengua para lamer la punta de mi pene que estaba completamente rojo y se lo metía hasta el fondo de su garganta, daba una pequeña horcajada y seguía chupando… Con su mano derecha masturbaba y seguía mamando con mucha destreza y suavidad…

    «Mmmm que rico…» Ahora era yo quien gemía de placer… Abrí mis piernas para tratar de aguantar lo más posible… Seguía chupando mi verga con mucha agilidad, entonces tome su cabeza y comencé a llevar yo el ritmo: me la estaba cogiendo por la boca, primero fui despacio y de a poco iba acelerando el ritmo tratando de no lastimar su garganta, era increíble, sentía toda mi verga llena de su saliva, al tiempo que ella acariciaba mis huevos, pasados ya unos minutos tomo mis manos y las separó de su cabeza, volvía ella a llevar el ritmo, succionaba y masturbaba, con la mano completamente mojada de su saliva, comenzó entonces a acelerar sus movimientos, su mano apretaba con fuerza mi verga y subía y bajaba rápidamente, y su boca seguía lamiendo con ganas… Yo estaba en la gloria, me moría de placer y ya no aguante más: «Me voy a venir tía…»

    Entonces soltó su mano, y su boca succionaba con más fuerza… «Quiero toda tu lechita en mi boca…» Seguía chupando rápidamente… «No aguanto más» le dije y metió todo mi miembro hasta el fondo su boca… Salieron con bastante fuerza varios chorros de mi semen… «Ah ah ah…» yo gemía al mismo tiempo que mi cuerpo entero se estremeció y sentí un orgasmo increíble, le llené toda la boca con mi leche…

    El semen brotaba de sus labios y con su mano lo llevaba de vuelta a su boca… «Mmmm que rico sabe tu lechita y se ve tenías las bolsas llenas…» exclamó al tiempo que saboreaba mi manjar y trataba de no desperdiciar ni una sola gota, se lo trago todo y me lanzó una mirada lasciva y de satisfacción…

    Yo me sentía extasiado, y efectivamente no había descargado mi leche en las últimas semanas, además hacía mucho más tiempo que no me daban una buena mamada y esta fue una muy especial… El morbo de estar haciendo algo indebido le dio un toque de pasión muy distinto, definitivamente no había sentido algo así antes… Me gustó demasiado y quería volver a repetir ese momento…

    Nos tumbamos nuevamente en el sofá, ella encima de mí le di un beso muy largo y suave, sin importar probar mis propios jugos mientras acariciaba sus nalgas y su cintura… Su olor corporal me tenía loco, y entre eso y el olor a sexo que emanaba de la sala sabía que había entrado en un camino ardiente y peligroso que no tenía vuelta atrás.

    Mi miembro volvía a tomar fuerza, apenas sentía su conchita toda mojada rozando mi pierna y con el calor de los besos y caricias no tarde mucho en estar listo para el siguiente round.

    Estábamos demasiado excitados, y con el calor reciente de nuestros orgasmos sabíamos que esto apenas comenzaba… Ninguno de los dos tenía intención de dormir aquella noche, que fue el inicio de una relación que cambiaría nuestras vidas para siempre…

    La tomé de sus hombros y me levante empujando el cuerpo hacia arriba, bese una vez más su cuello y rodeaba con mis brazos su cintura, entonces le susurré suavemente al oído: «Es hora de hacerte completamente mía, vamos a mi habitación, me muero por hacerte el amor»

    Ella solo esbozo una sonrisa, y dijo: «Vamos, que ya deseo sentir toda esa rica verga que te cargas dentro de mi…» La tomé por debajo de sus hombros, la atraje hacia arriba y hacia mí en un movimiento, y sus piernas rodearon mi espalda, la lleve abrazada en esa posición hasta mi habitación con mi miembro erecto rozando su vientre… Era momento de consumar todo y sentirme dentro de ella, estábamos listos para una noche que jamás olvidaremos, quería hacerla sentir especial así que prolongue ese momento todo lo que pude mientras seguía besando su cuello y en mi mente imaginaba todas las posiciones en que quería ponerla para al fin penetrarla y cogérmela como si no hubiera un mañana…

    Continuará…

  • Reencuentro con mi mejor amante antes de su boda

    Reencuentro con mi mejor amante antes de su boda

    Nunca perdí contacto con Arturo, de vez en cuando algún saludo en redes, comentarios a algún post o felicitación por algún evento o cumpleaños, todo en plan de buenos amigos, sin embargo la distancia y el trabajo había impedido que pudiéramos volver a vernos, hasta que recibí una invitación muy especial, Arturo se casaba, me habló y me suplicó que no faltara, era un evento muy importante para él y quería compartirlo con sus mejores amigos, con aquellos que realmente estimaba y a quienes les tenía un cariño especial y que yo era uno de ellos, le dije que intentaría ir, pero no estaba seguro de poder hacerlo, dependía de varios factores.

    Poco después me llegó por correo la elegante invitación, le conté a mi esposa, la boda sería en Nogales, ya que la novia era de esa ciudad y se me ocurrió que podríamos aprovechar y visitar Tucson y Phoenix, mi esposa se entusiasmó mucho, nunca había viajado fuera de México y le encantaba la idea de conocer otro país, otra cultura y además aprovechar para ir de compras.

    Una preocupación era que Laura, mi esposa cursaba el primer trimestre de embarazo de nuestro segundo hijo, y el viaje era muy largo, se requerían dos largos vuelos Tuxtla Gutiérrez-Ciudad de México y Ciudad de México-Hermosillo y un viaje en autobús de Hermosillo a Nogales, al consultar con el ginecólogo de Laura, éste no puso objeción, así que pedí dos semanas de vacaciones.

    El siguiente obstáculo fue que mi esposa no contaba con la visa americana, pedí cita al consulado de Mérida y rápidamente nos la dieron, así que todo se todo se estaba compaginando a nuestro favor. La visa nos la dieron sin contratiempos y compré los boletos de avión.

    Por el embarazo de mi esposa preferí hacer escala una noche en la ciudad de México y al siguiente día abordamos el siguiente vuelo, llegamos a Hermosillo, recogí las maletas y cuando íbamos saliendo de la sala de equipajes escucho que me gritan por mi nombre. Efectivamente eran Arturo y su novia, tan pronto lo vi me impactó, si bien siempre fue muy apuesto, el mujeriego y galán de la escuela, el que hacía babear a todas las mujeres, los años le habían favorecido, había embarnecido un poco y se notaba que hacía mucho ejercicio, tenía un cuerpo espectacular, más tonificado y musculoso, llevaba unos pantalones de mezclilla y una playera blanca muy ajustada que resaltaba su espectacular cuerpo y sus fuertes brazos, nos dimos un fuerte abrazo, sentir nuevamente su cuerpo apretando el mío me estremeció, el calor de su piel, su fragancia, sus brazos rodeando mi cuerpo, hicieron evocar en mi mente los tiempos en que fui su hembra, y sin proponérmelo mi verga se puso morcillona, ese simple abrazo me excitó de una manera increíble, incluso me sonrojé un poco, después saludó a mi esposa y yo saludé a su novia, su futura esposa, como no podía ser de otra forma, era una mujer muy hermosa y de un cuerpo espectacular, perfecto, alta y rubia, aunque la había visto en las fotos que publicaba Arturo en sus redes sociales, en persona era todavía más hermosa, llevaba también unos jeans de mezclilla y una blusa blanca, a tono con Arturo, era la pareja perfecta, parecían sacados de un anuncio de revista.

    Les agradecí que se hubieran molestado en ir a esperarnos hasta Hermosillo, ya que era un largo viaje de un poco más de 3 horas hasta Nogales, por lo que me encontraba un poco apenado, sobre todo con Vanessa, su novia, ya que seguramente estarían muy ocupados con los preparativos para su boda.

    Charlamos todo el camino rumbo a Nogales, recordando viejas anécdotas y riendo, Vanessa o Vane como nos pidió que la llamáramos era muy sencilla y agradable y rápidamente hizo amistad con mi esposa, el tiempo de viaje se nos hizo un suspiro de lo bien que lo estábamos pasando, llegamos a Nogales, le pedí a Arturo nos llevara a algún hotel, pero no aceptó, dijo que sería un placer si nos hospedábamos en la casa propiedad de sus abuelos y que ya tenía todo preparado, él también se estaba hospedando en esa misma casa, no quería dar molestias, pero insistente como siempre no aceptó otra opción.

    Llegamos a una enorme residencia, se notaba que la familia de Arturo tenía dinero y nos dieron una recámara espaciosa y lujosa, ese día nos quedamos hasta tarde charlando y bebiendo, en el caso de mi esposa bebidas no alcohólicas por su embarazo, y tuvimos una velada muy placentera.

    Al otro día, después de desayunar, Arturo y Vane nos estuvieron paseando por la ciudad, nos enseñaban calles, lugares y nos presentaron algunos familiares y amigos, Vane invitó a mi esposa a ir a Tucson por el vestido de novia y realizar algunas compras y mi esposa accedió al instante, así que sería una tarde de chicas y mientras tanto Vane le dijo a Arturo que me llevara al club deportivo, poco después las chicas se despidieron, nos quedamos solos Arturo y yo.

    Salimos rumbo al club deportivo y en el camino me empezó a preguntar que sabía de Adriana y le conté como habíamos terminado la relación, ante su negativa de acompañarme a Chiapas por no dejar solos a sus padres, aproveché para dejarle en claro que ni fuera a pensar en Laura, sabiendo lo mujeriego que era, sólo se rio y señaló:

    – Ja, ja, no te preocupes, sabes que te respeto y no haría nada así, por lo menos sin tu consentimiento, ja, ja, además sólo quería saber que había pasado con Adriana, cierto que tenía un culito muy rico, pero no es precisamente ese culito el que extraño- dijo, sonriendo y mirándome a los ojos, mi corazón se aceleró, entendí la indirecta, su mano alcanzó mi rodilla al tiempo que decía.

    – No te gustaría recordar viejos tiempos- agregó al tiempo que su mano recorrió mi pierna, toda mi piel se puso chinita, un escalofrío recorrió mi cuerpo, me quedé sin habla, cerré los ojos y con mi silencio le estaba dando autorización para continuar, así que tomó mi mano y la llevó a su entrepierna, con nervios sentí nuevamente aquel grueso y duro miembro que me había hecho tan feliz en mi época estudiantil.

    – ¿La extrañaste?, Te aseguro que ella si te extrañó.

    A través de la ropa sentía su calor, grosor y dureza, incluso me atrevería a decir que su enorme trozo de carne palpitaba en mi mano, seguí acariciando su verga por encima de su pantalón deportivo, palpando su contorno y longitud, estaba mudo, pero era obvio que la había extrañado y mucho, incluso sentí un leve ardorcito en mi culo y contraerse de ansiedad.

    Su auto se desvió y se metió por un camino poco transitado, alcancé a ver un letrero que decía Motel a lo lejos, al estar fuera de las arterias principales era muy discreto, tenía toda la pinta de ser un excelente refugio para amantes, llegamos a la entrada y había un señor de mediana edad, así que solté la verga a Arturo para disimular, aunque realmente había poco que disimular, era obvio que la gente llegaba a ese lugar a saciar sus pasiones, no sé porque, pero siempre me ha dado mucha pena llegar a un lugar así y esa vez no fue la excepción, temblaba de nervios y cuando vi al señor mirándonos, sentí que sonreía burlonamente.

    – Bienvenidos, normal o suite con jacuzzi- expresó el señor de la entrada.

    – Suite con Jacuzzi- respondió Arturo – deme la mejor suite que tengan- agregó-

    – Suite 27, siga la numeración, son $600 por seis horas, en unos minutos paso a cobrar- exclamó el señor de la entrada, sonriendo y viéndome a los ojos, como adivinando que era a mí a quien le iban a partir el culo, su mirada me hizo sonrojar y bajé la vista, nervioso y excitado a la vez.

    Llegamos a la Suite, era muy grande y espaciosa, totalmente alfombrada, con una enorme cama King Size, un gran sofá y un sillón reclinable, sobre una pared estaba colocado un televisor de gran tamaño y en las paredes de la habitación y en la parte superior enormes espejos, el baño era muy amplio con tina y regadera, y en la sala un enorme Jacuzzi indudablemente era un lugar muy propicio para que los amantes descarguen sus pasiones.

    Tan pronto entramos me abrazó con sus fuertes brazos y buscó mi boca, su lengua se entrelazó con la mía, un beso lleno de pasión contenida, nuevamente me sentía derretir, Arturo había sido el mejor de mis amantes y era el único que lograba estremecerme con su sola presencia, no podía creer que nuevamente estaba en sus brazos, sentía que estaba en un sueño del que no quería despertar, separé mis labios de su boca para musitar:

    – Ay Arturo!, te extrañé tanto, no te voy a mentir, después de ti tuve otros encuentros con hombres, pero nadie como tú, eres el mejor macho que pude haber imaginado, nadie pudo hacerme sentir lo que sentía contigo, – ¿Recuerdas?

    – Claro que recuerdo princesa, también tuve muchos culitos, pero ninguno como el tuyo, estrechito, suave y aguantador como ninguno, me encantaba llenarlo de leche, era lo máximo, vaciarme dentro de tu culo, lo disfrutaba mucho, y era cierto lo que alguna vez te dije, solamente contigo y en ocasiones con Adriana no usaba condón.

    – Si Arturo, ¡que recuerdos!, me sentía una hembra con tu sola presencia, y sabes me encantaba que me llenaras de leche, sentir tus chorros de semen ardiente llenando mis entrañas era increíble, sentía que me estabas preñando, me hacías sentir una hembra muy putita y pervertida. Te extrañé mucho.

    Le hablé en femenino porque así me hacía sentir, fui su hembra en aquella época, y nuevamente me sentía como tal.

    – Y yo a ti, princesa, fuiste la mejor hembra de todas, tuve muchas parejas, pero nadie me hacía gozar como tú, ninguna me la aguantaba toda y se entregaba como tú, siénteme como estoy duro por tu culpa- respondió al tiempo que me tomaba de las nalgas y me apretaba contra su cuerpo, sentía su virilidad contra mi vientre, palpitante y dura

    Nuevamente buscó mi boca, mordió mi labio superior y lo estiraba succionándolo, mientras tanto mi pantalón ya había caído al suelo y sus manos apretaban mis nalgas, corrió mi bóxer a un lado sin quitármelo, su dedo medio recorrió el surco hasta que se posicionó en la entrada de mi culo y lo frotó suavemente, un gemido salió de mi boca.

    – Te gusta nena- susurró en mi oído y mordisqueó el lóbulo de mi oreja.

    – mmmm, que rico, como extrañaba tu culito, tan suave, delicado, apretadito, calientito, lo extrañé mucho- dijo, siguió masajeando la rugosa entrada de mi orificio en forma circular, me encantaba la sensual caricia y levanté la colita, poco a poco fue aplicando más presión y mi culito fue cediendo, entró la punta de su dedo.

    – Ufff, sigue igual de apretadito como lo recordaba, ay nena, me encanta como aprietas mi dedo y que caliente y suave se siente.

    Mis manos desabrocharon su cinturón y su pantalón cayó al suelo, su verga salió disparada, desafiante, me apretó contra él, su miembro ardiente palpitaba contra mi vientre, sentía que me quemaba, de la punta salieron las primeras gotas de precum seguía moviendo la punta del dedo en forma circular, no entraba más, faltaba lubricación, sacó su dedo de mi culo y lo llevó a mi boca, lo succioné con suavidad, sabía a culo, a mi culo, lo metió profundo a mi boca y regresó a mi trasero, húmedo con mi saliva se pudo introducir más profundo, recorriendo las paredes interiores de mi recto, lo hacía tan suave, olas de placer recorrieron mi cuerpo, levanté más el culo para que me llegara más a fondo y empezó a moverlo y sacarlo con más rapidez, mi colita se iba dilatando poco a poco y entendió que uno ya no era suficiente, lo sacó y ahora metió dos dedos a mi boca humedeciéndolos de mi saliva, sus gruesos dedos regresaron a mi culo, y se deslizaron poco a poco hasta alcanzar y masajear mi próstata, di un respingo, y un gemido salió de mi boca, como había extrañado esos dedos mágicos, me tenían en éxtasis, le quité su playera y me quitó la mía, me fue llevando a la enorme cama, acostándome de espaldas a él, abrió mis brazos y comenzó a pasar su lengua por mi cuello, continuó por mi espalda, sentía un placer indescriptible, su lengua ardiente me quemaba, mi piel se erizaba al contacto, continuó bajando hasta que llegó a mis nalgas, las besó y mordió con suavidad, procedió a abrirlas, dejando mi arrugado y rosado orificio al descubierto, cuando sentí su lengua en mi agujero, creí que me desmayaba, que placer, cerré los ojos y gemí, mi orificio se contraía involuntariamente, estaba en el cielo, en el paraíso, empujó la punta de su lengua en mi orificio y fue el acabose, me retorcí en la cama y contraje las nalgas, todo mi cuerpo se tensó, fue una sensación alucinante.

    – Que rico culito nena, no sabes cómo lo voy a gozar, uffff, te lo voy a dejar bien abiertito y lleno de leche, te va a encantar preciosa.

    Se separó y tomó un sobre de lubricante que estaba en el buró a un lado de la cama, lo abrió y lo echo en medio de mis nalgas, lo extendió por mi rajita y volvió a introducirme dos de sus largos y gruesos dedos para lubricarme bien por dentro, procurando esparcir el lubricante hasta en los puntos más remotos, la hora había llegado, sacó sus dedos, tomó un cojín y lo puso bajo mi vientre, abrí mis piernas y arqueé mi espalda lo más que pude para que mi colita quedara en pompa, con mi arrugado orificio expuesto en todo su esplendor, noté su mano acariciar mis nalgas y de pronto sentí un fuerte azote que hizo que soltara un gran gemido.

    – ¿Te gusta princesa?

    Mi respuesta fue otro gemido, nuevamente masajeó la entrada de mi culo y otro azote en mi otra nalga, un poco más fuerte, sentía las nalgas calientes y sensibles, su dedo pulgar encontró mi orificio y lo fue metiendo poco a poco, cuando llegó al fondo empezó a moverlo en forma circular y mis gemidos se acentuaron, con la otra mano me propinó un nuevo par de azotes en las nalgas. Ya no podía más de la excitación y le rogué que me cogiera.

    – Ya Arturo, no puedo más, quiero ser tu hembra, cógeme.

    – En serio quieres que te coja putita, anda, ¿Lo deseas?, Sigues siendo la putita que recordaba, anda, pídemelo más fuerte, quiero oír que extrañaste a tu macho.

    Sacó su dedo y empujé mi culo buscando si dedo, estaba que ardía de la excitación y frustración

    – Por favor, cógeme, quiero ser tu hembra, tu puta, no me hagas sufrir, eres el mejor macho, siempre lo has sido, ay ya no aguanto, rómpeme el culo.

    Se arrodilló detrás mío, sentí que abrió mis nalgas y restregó la gruesa cabeza de su verga contra mi sensible orificio, el placer fue enloquecedor, empujo suavemente y la punta de su verga fue traspasando mi esfínter, solamente la mitad de la cabeza entró y la volvió a sacar, me estaba haciendo sufrir, le rogué nuevamente.

    – ¡No me hagas sufrir, cabrón, metela! -exclamé terminando mi frase en un largo gemido ya que me volvió a enterrar su verga, sentí como mi esfínter se abría y se cerraba apretando el tronco con suavidad, di un suspiro de placer, nuevamente tenía su verga dentro de mí, nuevamente era su hembra, su mujer.

    – Ya entró mi amor, ya tienes la cabeza dentro, ¿quieres más?, quiero que me lo pidas, que todos escuchen, dime cuanto extrañaste mi verga.

    – Me encanta tu verga, la extrañaba tanto, mucho, la mejor verga del mundo papi, me vuelves loca, la quiero toda, dámela, métemela, párteme el culo, ahhh,

    Me tomó de la cintura y me fue penetrando lentamente, su barra de carne fue abriendo mis carnes, llegó a la mitad de su recorrido, y empezó a meterla y sacarla, suave, lento, moviéndola en forma circular, yo no paraba de gemir y gritar, sacaba toda su verga fuera y volvía a repetir su entrada triunfal, tenía mucho tiempo sin ser penetrado y solamente me entraba hasta la mitad, dolía un poco y sentía que me faltaba el aire, no podía imaginar como fui capaz en mi época juvenil de aguantar tremenda verga, voltee mi mirada a un lado, y vi reflejados nuestros cuerpos, la verga de Arturo entraba y salía de mi culo hasta la mitad, la imagen era tan erótica que quise ver como entraba toda y soportando el ardor empecé a culear hacia atrás, ensartándome yo mismo ese inmenso instrumento, Arturo entendió el mensaje y tomándome de la cintura me la enterró por completo, me dolió, pero me encantó la imagen de su verga desapareciendo entera, hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, sentí una sensación de plenitud y orgullo, había sido capaz de volverme a tragar esa enorme barra de carne, mi felicidad brotaba por cada uno de mis poros, estaba tan sensible, notaba su vello púbico haciéndome cosquillas en las nalgas, la fue sacando poco a poco hasta dejar solamente la cabeza dentro y me la fue metiendo despacio, era increíble la imagen que me regalaba el espejo, digno de las mejores películas porno, al cabo de unas cuantas metidas y sacadas fue acelerando el ritmo poco a poco, dando golpes de cadera que me hacían aullar de placer, sus testículos chocaban con los míos en cada embestida, pesados y calientes.

    – Cabrona, como te entra toda, ufff, pocas me la aguantan completa, eres la mejor, la mejor puta del mundo.

    Sentía cada centímetro de su barra de carne dura frotando mis paredes internas haciéndome gozar intensamente, sentía el culo tan abierto, tan entregado, indudablemente Arturo había sido el mejor macho de todos, nunca nadie me hacía gozar de esa forma.

    – Uff Ariel, como extrañaba tu culo, que culo tan rico, como aprietas, aghhh, siempre ha sido tan estrechito, es como si estuviera cogiendo un culito virgen.

    Sabía el poder de elasticidad para cerrarse de mi culito, no era el primero que lo decía, pero le quise dar el crédito a mi macho:

    – Ay Arturo con esa verga, cualquier culito te ha de parecer virgen, aghhh.

    – ¿Te gusta?, siente como te recorre por dentro, es tuya, gózala, puta, te voy a romper el culo como nadie lo ha hecho, para que recuerdes a tu macho, puta cabrona, te va a quedar bien abierto y vas a caminar como charrito un mes, y vas a recordar esta cogida por el resto de tu vida, zorra, puta.

    Había empezado nuevamente con sus obscenidades, toda clase de groserías, recordé como me prendían en mi época estudiantil y que tanto extrañé, sueña extraño decir que extrañé que me insultaran, pero me excitaba y me daba tanto morbo que me dijera que era una puta, una pervertida, que era más puta que mi esposa.

    Fue acelerando el ritmo, sus manos en mi cintura me empujaban contra su cuerpo a un ritmo alocado, mientras me seguía diciendo toda clase de obscenidades.

    – Así puta, grita mi nombre, quiero que todos en el motel escuchen quien es tu macho, quién te está partiendo el culo.

    – Tú Arturo, el macho, el mejor macho, Arturo, Arturo, tú me partes el culo, gritaba a todo pulmón.

    – De quien es este culo divino, puta- grita

    – Tuyo amor, tuyo, mi culo es tuyo, Arturo, Arturo, Arturo- gritaba

    – Así puta- siente lo que es un verdadero macho- eres más zorra que tu esposa, aprende cabrón, aprende como se goza una hembra.

    Se fue recostando sobre mi cuerpo y besó mi cuello, cada vez me daba con más fuerza, mordisqueaba el lóbulo de mi oreja, lo escuchaba gemir en mi oído y al recostarse mi cuerpo quedó sobre las sábanas restregando mi verga dura sobre las sábanas en cada embestida, se dejaba caer sobre mi cuerpo con fuerza, enterrándome su virilidad hasta lo más profundo, estaba tan entregado que no me importaba, disfrutaba sus embestidas salvajes y me sentía la hembra más feliz del mundo, empezó literalmente a taladrarme el culo a un ritmo inimaginable, todo mi cuerpo empezó a retorcerse, mis ojos se pusieron en blanco y saliva escurría por la comisura de mis labios.

    – Ya casi puta, te voy a llenar de leche, prepárate, ya no aguanto, aghhh, quieres sentir mi leche puta, aghhh, ahí va, siente como te lleno el culo de leche, puta.

    En ese momento dio un último empujón profundo y mi verga estalló también sobre la cama llenando las sábanas de leche, justo al mismo tiempo que su verga se expandía y su ardiente semen inundaba mi interior, en cada espasmo de su verga sentía un chorro de semen ardiente llenarme por dentro, grité y grité y tensé el culo, todo mi cuerpo temblaba.

    – Aggg, uf, grrrrr puta, toma, toma mi leche- gruñíó, agghh, ay puta, aghhh

    – Ah, agh, me corro, ah, no pares hijo de puta, coge, coge, dame duro, lléname de leche, preñameee- gritaba

    Se dejó caer sobre mi cuerpo con su verga metida hasta los huevos y buscó mi boca besándome con pasión, así me estuvo besando largo rato, abotonados, mordiendo mis labios, poco a poco su verga dio un último espasmo y descargó hasta la última gota de leche, perdiendo dureza, hasta que se puso flácida y salió de mi culo, apreté mis nalgas para no dejar escapar ni una gota de su tibio néctar de mi interior, guardándola como un preciado tesoro, me decía al oído lo mucho que había disfrutado y lo mucho que había extrañado mi culo, nos quedamos un rato acostados en la cama solamente acariciándonos y llenándome de elogios, seguía acariciando mis nalgas, la sensación de tener el culo lleno de semen, de su semen, me excitaba mucho.

    Ahí no terminó todo, pero lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato.

    Espero sus comentarios en [email protected]

  • Los deseos de Damaris

    Los deseos de Damaris

    Llego a casa de Mabel.  La música resuena en el interior y el olor a alcohol se filtra por las rendijas de la puerta mezclado con el tabaco y algún otro aroma dulzón que no sé discernir. Alguien desconocido me abre la puerta y se marcha. Permanezco algunos segundos bajo el quicio de la entrada observando el interior. Tardo unos segundos en adaptar la vista a la penumbra, no hay una sola lámpara encendida, sólo velas, montones de velas distribuidas estratégicamente por todo el pasillo, en la escalera, y por supuesto, en el gran salón, donde el volumen de la música y la semioscuridad envuelven los movimientos sugerentes de quienes se dejan llevar por ella sin control.

    Cierro la puerta tras de mí y avanzo unos pasos dándome de bruces con Mabel, que me mira perpleja de arriba abajo, sin mediar palabra me coge por la muñeca y me arrastra literalmente hasta su dormitorio.

    —Pero… ¿Qué carajos es eso? —pregunta, apenas entramos en su habitación.

    —¿Qué? ¿No te gusta?

    —¿Es en serio? ¿Vans? ¿Jeans? ¿Camisa tres cuartos? ¡Por Dios, Damaris!, —rezonga frente al espejo, mientras se ajusta sus firmes pechos en su vestido rojo—. Querida, esto es una fiesta, no es una iglesia. Así que hazme el favor y deshazte inmediatamente de esos trapos.

    —¿Y qué se supone que me voy a poner?

    —Eso te vas a poner —dice, ladeando su cabeza con una sonrisa y señalando las prendas de vestir sobre la cama—. Mujer prevenida vale por mil, querida. Sabía que vendrías vestida como una mojigata y, bueno, tomé mis precauciones.

    Miro mi ropa y no percibo nada extraño en ella, a excepción de un clasicismo que parece estar fuera de lugar en esta fiesta. Pero no puedo resistirme. Una fuerza interior hace que me deshaga de ella y me coloque la que Mabel ha elegido para mí.

    Después de escasos minutos, abro las puertas del armario para observarme en un espejo de cuerpo entero y me ruborizo mientras me pregunto si seré capaz de salir a la fiesta vestida así.

    Nunca me he vestido tan apretada, tan insinuante, tan sugerente. La falda ceñida de punto gris remarca mis curvas hasta el último milímetro. No había sido consciente, sino hasta este instante de la atractiva redondez de mis caderas y de la prominencia de mis nalgas, elevadas y firmes, cuyo trazado curvo muere en el comienzo de mi espalda, parcialmente descubierta, imbuida en el top negro anudado al cuello que deja al aire parte de mi cintura, de mis hombros torneados y un amplio escote que desvela sutilmente la parte superior de mis senos. No cabe nada más en el interior del top que casi me corta la respiración.

    —Mabel, yo…

    —Tú, nada —interrumpe, detrás de mí con sus manos puesta en mis hombros—. Tú, nada, querida. Además, está aquí, abajo, y sé que le fascinará verte vestida así.

    Su revelación me ha bloqueado, no sé si Mabel se está refiriendo a la misma persona en la que estoy pensando, pero desconocía que estaría aquí y, por un momento, me asalta la duda de salir huyendo de inmediato. No sé, pero sentir su presencia cerca de mí me intimida, me pone nerviosa, hasta el punto de no haber sido capaz de dirigirle la palabra en las tres o cuatro veces en que habíamos tenido la ocasión de coincidir, tal vez es porque me gusta demasiado de una manera que no comprendo, y de alguna forma, mi amiga lo intuye o ya lo sabe.

    Mabel, coge un vaso largo que había dejado por un momento en la cómoda y se sienta sobre la cama cruzando sus piernas.

    —Querida, estás de infarto y tienes unas piernas de escándalo —dice, dándole un trago a su bebida.

    No me había fijado antes en mis piernas, ni siquiera antes de acostarme o cuando me depilo, siempre han estado escondidas bajo los monos deportivos y los jeans. Vuelvo a sentir vergüenza de mostrarlas hasta la mitad de mis muslos, sin unas medias que velen algo la visión de su contorno y de una piel que, a pesar de lo tersa y aterciopelada que, según Mabel parece ver, a mí me violenta profundamente enseñar en tal medida; el borde inferior de la falda, me queda a poco más de dos cuartas de la confluencia de mis piernas. Pero no hay discusión. Mabel me acerca unas botas negras, altas, de elevado tacón y me desabrocha los dos botones delanteros de la parte superior del top, dejando el encaje transparente de mi ropa interior y la turgencia que trata de contener, parcialmente a la vista. Me mira con autoridad cuando me llevo las manos al escote y me hace desistir de mi recato, me suelta el pelo largo y liso, ligeramente despuntado, y lo deja caer alborotándolo sobre mis hombros, y me perfila los ojos con lápiz negro y sombra gris. Lo que había pensado inicialmente que podría ser un atuendo de una ordinariez sublime, me queda atractivo, sugerente y nada vulgar. Por un momento, no reconozco la imagen que me devuelve el espejo. Pero me gusta. Y mucho.

    Mabel, me tiende el vaso de tubo y me apremia a beber un trago largo sin remilgos. No sé con certeza lo que pretende con todo esto, pero tampoco se lo pregunto. No he estado antes en ninguna de sus fiestas, ni he intimado con su círculo de amistades más allá de lo que pudiera ser una conversación intrascendente. Pero yo necesito más. Siento que mi cuerpo necesita más.

    Bajo las escaleras con las piernas temblorosas y Mabel me va presentando a varios chicos y chicas que están reunidos en pequeños grupos, a medida que nos acercamos a la pequeña barra que está en una esquina del gran salón.

    —Pide lo que quieras y disfruta del ambiente, ya vuelvo, querida —dice Mabel, mientras yo me siento frente a la barra y ella se pierde por el pasillo.

    La suave voz de Adele, interpretando «easy on me» comienza a resonar en los altavoces, y en el mismo momento en el que agarro el trago sobre la barra, siento una cálida mano sobre mi hombro, me volteo y ahí está. Es ella. El corazón me da un vuelco descomunal. Me quedo perpleja, su aroma a Jasmín y rosas invaden mis fosas nasales en cuestión de segundos y una bella sonrisa se le refleja en su fino, blanco y perfilado rostro. Lleva una falda de color negro con franjas blancas que le llega hasta las rodillas y una blusa blanca sin sostén que delinea su hermosa silueta y remarca sus pequeños y fascinantes senos. Su corto pelo negro, ha crecido un poco desde la última vez que la vi y luce cuidadosamente despeinada, con dos largos mechones cayéndole sobre el rostro. Sus rosados y carnosos labios añaden un atractivo al profundo color negro de sus ojos, que noto clavados en mí cuando le da un sorbo a su largo vaso con un líquido color rosado claro. No sé discernir si es atracción o sorpresa lo que le provoco, pero me sonrío tímidamente y eso es suficiente para que un escalofrío me recorra el cuerpo hasta sus rincones más recónditos. Bebo otro largo trago antes de que se acerque más a mí y me salude con un tierno beso en la mejilla, muy, pero muy cerca de la comisura de mis temblorosos labios. No sé si es el alcohol o su proximidad lo que me enciende, pero me pone la piel de gallina en un dos por tres.

    —Estás hermosa —dice, despacio, mirándome de arriba abajo.

    Intento responder «gracias», pero las palabras no salen de mi boca.

    —¿Qué te parece si vamos a sentarnos en el sofá? —interroga, pero más que una pregunta, es una sugerencia.

    Me dejo acompañar cuando me toma con sutileza por el brazo, para luego bordear mis hombros con un abrazo y comienza a hacer pequeños círculos con la yema de su dedo en mi brazo. Miro hacia una zona del salón donde más de una decena de invitados están contoneando el cuerpo al ritmo de la música, ocultos bajo la penumbra de las velas.

    Mabel, pasa por mi lado y nos cambia el vaso vacío por otro lleno de diferente color, tanto a Elisa, como a mí, nos dedica un guiño cómplice y se marcha agitando el cuerpo y los brazos alocadamente. Elisa, en vez de llevarme al sofá, me agarra por la cintura y me adentra entre las personas, y yo, instintivamente, comienzo a contonearme con lentitud, dejándome llevar. Me siento flotar y me encuentro bien, la timidez parece evaporarse junto al humo de los cigarros. En la penumbra, observo las siluetas de las chicas que bailan a mi alrededor, unas con chicos; otras con chicas, y comienzo a imitar sus movimientos sensuales, insinuantes, marcando sutiles círculos con la cintura y bamboleando las caderas, elevando los brazos por encima de la cabeza. Me siento tan abducida por la música y por mi baile particular, que no me percato de la proximidad de Elisa, hasta notar su aliento en mi nuca. El estómago me da un vuelco, pero no le rehúyo. Esbozo una media sonrisa y caigo en la cuenta de que no le había dirigido la palabra en todo el tiempo, pero hablar con ella es lo que menos me importa en este momento. Por primera vez la tengo cerca y no me siento intimidada. Por primera vez no deseo salir corriendo.

    El ritmo de la música ha cambiado. Ahora, comienza a sonar «primera vez» de Ricardo Arjona, tengo el cuerpo de Elisa pegado a la espalda y una mano en mi abdomen abrazando mi cintura. Comenzamos a movernos a la vez, al compás de la melodía y de los tragos del cóctel que mantenemos en la otra mano. Noto acelerarse mi respiración cuando me roza el cuello con sus labios. Me pongo ligeramente tensa y en un acto reflejo, echo la cabeza hacia un lado sutilmente para favorecer su acercamiento. Noto la sonrisa contenida de Elisa ante tal invitación y no tarda en pasear sus labios húmedos por mi cuello de arriba abajo, mientras suelta el vaso sobre una mesa para recobrar la libertad de ambas manos. No dejamos de movernos, ni de contonear las caderas con un ligero vaivén que le permite rozarme de manera insinuosa sus duros pezones. Elisa, me rodea el cuerpo con el otro brazo, posando la mano bajo mi pecho mientras mordisquea suavemente el lóbulo de mi oreja.

    —¡Estás guapísima! —susurra—. Y me estás poniendo, ¿sabes? ¡Mucho!

    Esas palabras me terminan de encender completamente, nunca me he sentido tan atractiva, jamás me había sentido capaz de despertar deseo sexual en ninguna mujer. Y yo, es la primera vez que me siento tan cerca, la primera vez que siento unas manos femeninas posadas sobre mi piel, acariciándome con los dedos la parte desnuda que mi top no es capaz de cubrir. Estoy acelerada, noto calor en las mejillas y un cosquilleo interno que no quiero que acabe. Me tiemblan ligeramente las piernas, y por un momento, temo caer de estas botas de tacones afilados en las que me he subido por primera vez.

    Doy un último trago al líquido que contiene mi vaso, el sabor de lo prohibido, de lo novedoso, de lo que no había hecho nunca, me excita. Y, sin perder el contacto con ella, me aventuro a echar ambos brazos hacia atrás para aproximarla aún más a mí, al menos hasta que termine esta pieza musical y luego se rompa el hechizo. De pronto, noto como Elisa, me empuja y me apremia a caminar sin despegarse de mí. Sorteamos una mesa, un pequeño sillón, un par de sillas y nos adentramos en el oscuro pasillo, no sin antes de apropiarse de un grueso cirio encendido colocado sobre una cómoda a la salida del salón. Abre la primera puerta de la izquierda y me empuja dentro. Estamos en el baño. La cierra con el pie y la bloquea mientras deja la vela encendida sobre la amplia encimera de mármol donde está encastrado el lavabo. Miro fijamente el rostro de Elisa, insinuándose bajo la intermitencia de luz que provoca la llama encendida. Está guapísima. Su atractivo rostro y su atrayente cuerpo me hacen respirar nerviosa, no puedo creer lo que estoy haciendo y que la tengo tan cerca, no tanto como para besarme. Elisa sujeta mi cuello con sus manos y me besa, invadiéndome por entero, mordisqueándome los labios de forma desenfrenada. El contacto con su boca desata una inusitada corriente eléctrica en mi piel que no había sentido jamás. Siento que me abandono, dispuesta a dejar mi cuerpo a su merced.

    Sujeto a Elisa por los brazos, apretando con nerviosismo sus antebrazos, mientras ella me desabrocha con dedos ágiles los botones delanteros de mi top, sin interrumpir su largo y profundo beso. Mi respiración se acelera aún más. Miro hacia la puerta, temiendo que pueda entrar alguien, me moriría de vergüenza si nos llegan a ver. Pude haberme zafado de ella, pero quiero y deseo que siga, que me toque, que me haga subir al cielo o al mismísimo infierno, aunque solo fuera por un momento. Elisa, desliza una mano por mi espalda y la pone sobre mis nalgas, apretándome contra ella, mientras libera mi pecho de la ropa interior que lo mantiene oculto parcialmente. Su respiración se hace mucho más profunda y sonora cuando pone su mano sobre uno de mis senos oprimiéndolo con deseo. La destreza con que Eliza desliza sus manos por mi cuerpo me hace gemir y cerrar los ojos. Acaricio su espalda, sus brazos, sus pechos, pero no me atrevo a bajar. No había tenido nunca entre mis manos a una mujer, sin contar con que nunca había sido tan atrevida como para consentir lo que está ocurriendo en este instante. Elisa, comienza a besar mi piel desnuda por todas partes, y yo, apenas puedo soportar esta sensibilidad tan placentera; siento erizado el vello, los pechos y el cuerpo entero. Veo mi torso completamente desnudo, cuando Elisa se retira de mí ligeramente para agarrar mi falda por ambos lados y subirla bruscamente hasta la altura de la cintura, pasando a acariciarme la cara interna de los muslos con la yema de los dedos, ascendiendo lentamente. Tiene la mirada clavada en mis ojos, lánguida, seria, la boca entreabierta y la respiración jadeante. Creo que busca mi aprobación para proseguir, y yo, no se la pienso negar, me tiene por completo, rendida a sus pies. Coge una de mis manos y la pone en su sexo sobre su vestido. Me estremezco. Sonrío ligeramente mientras mi pecho sube y baja con rapidez. Estoy excitada, tremendamente excitada. Deslizo mis manos por debajo de su falda buscando nerviosa su humedad. Pero Elisa, no me deja seguir. Me gira bruscamente en dirección al espejo y aprisiono mi cuerpo entre el suyo y la encimera de mármol obligándome a doblegarme ligeramente hacia adelante. Noto como una de sus manos me acaricia el muslo y clava sus uñas en mis nalgas sobre la ropa interior; mientras que la otra mano, comienza a masajear mis senos y me besa la espalda. Gimo una y otra vez, y la humedad entre mis muslos se hace mucho más intensa, cuando Elisa, rasga el encaje de mi ropa interior haciéndola caer al suelo, me libera por completo del top y de la minifalda, para luego deshacerse de su vestido y vuelvo a sentirla sobre mí. Puedo ver su rostro y sus pequeños, pero firmes senos a través del espejo, su rostro desencajado junto a mi nuca, su aliento confundiéndose con el mío, empañando la pared de espejo que nos observa a las dos, me sujeta con fuerza por la cintura, mientras comienza a dejar un camino de besos por toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas; las muerde, las lame y vuelve a morderlas. Sus dedos comienzan a frotar con delicadeza mi clítoris, y yo, me aferro al espejo, mientras levanto una de mis piernas y la coloco encima de la encimera, ella sigue frotando con suavidad, y de pronto, siento su respiración muy cerca, muy cerquita de mi anillo que se dilata y se contrae con el contacto de su lengua haciendo pequeños círculos a su alrededor. Me muerdo los labios y aprieto mis senos cuando siento sus dedos adentrarse en mí, apretando y acariciando mi punto G simultáneamente. Ahogo un gemido intenso cuando noto la primera embestida con su otra mano en mi ano… su doble penetración me hace emprender por primera vez el camino al cielo o al infierno, ya no lo sé, no sé adónde me está llevando esta mujer. No creo que mi pie pueda seguir sosteniendo mi peso, Elisa se da cuenta y me da la vuelta dejándome abierta por completa sobre el mármol, sube una de sus piernas y choca su sexo con el mío, produciendo en mí una sensación incontrolable, comienza a moverse lentamente y a frotar su humedad contra la mía, mis caderas se unen al movimiento de la suya, mientras me aprieta los senos y pellizca los pezones. Siento mi piel arder, suaves espasmos amenazan mi entrepierna cuando Elisa acelera sus movimientos. Gimo, gimo y sigo gimiendo hasta no poder contenerme por más tiempo y exploto en una sensación imposible de descifrar, dejándome las piernas temblando e incapaz de mantenerme en pie.

  • Sexo en el hospital

    Sexo en el hospital

    Me encontraba realizando mis practicas hospitalarias después de dos años de pandemia, así que ahí estaba yo en el servicio de urgencias, todo el personal se movía de un lado a otro para atender nuevos ingresos, así que sin dudar comencé mi trabajo correspondiente.

    Era tanto el trabajo que no me había dado cuenta de que había un enfermero con un aspecto particular, sobresalía de los demás hombres, de hecho, opacaba a los médicos guapos; este enfermero tenía unos músculos enormes, se veía su increíble trabajo en el gym, sus brazos tatuados, su cara trasmitía que era de carácter fuerte, sin embargo, cuando se acercaba a una mujer adulta, su rostro se volvía suave y su voz se hacía más dulce, era un espectáculo verlo.

    Todos los días, al entrar a mi habitación me masturbaba pensando en él, imaginando como sería sus brazos alrededor de mi cintura, penetrándome una y otra vez, sentir su verga romperme, sus labios besándome, sus dientes mordiéndome los pezones, las palmas de sus manos marcadas en mis nalgas, quería cumplir todas mis fantasías con él, pero sabía que eso era imposible.

    Un día, el servicio de urgencias estaba completamente tranquilo, mi enfermera me encargo realizar un poco de limpieza en los almacenes, así que me dirigí ahí y me encontré con él:

    -Hola, perdón, me mandaron aquí para arreglar esto -Dije algo nerviosa

    -Oh si, no te preocupes, un par de manos más hacen que el trabajo termine más rápido, ¿no crees?

    -Sí, supongo que sí

    Así fue como realizamos la limpieza, el hacia chistes o bromas, como si fuéramos amigos, yo poco a poco agarre confianza, el era una persona increíble y sobre todo muy atenta, una vez terminado nuestro trabajo, nos sentamos cansados por el esfuerzo que hicimos, todo estaba tranquilo, hasta que se me ocurrió decirle un comentario:

    -Dios, no te sientes raro por traer esa filipina así de apretada, otro poco y siento que un botón saldrá volando.

    -Me gusta traer la ropa así, siento que algunas mujeres caen rendidas ante mi si ven lo que cargo

    -Pues estoy segura de que a más de una las traes babeando y bueno, con justa razón, se ve una buena vista -Pensaba que eso último lo había dicho en mis pensamientos

    -¿Qué dijiste?

    -Nada

    -No lo niegues pequeña estudiante, he notado tus miradas sobre mí todos los días -se va acercando un poco más -Dime, ¿has pensado en cosas sucias?

    -Claro que no, eso lo tengo prohibido y si te veo es porque haces un buen trabajo atendiendo a las personas.

    -Vamos pequeña, tu has imaginado como meto mi verga en ti y te lleno completa -pone sus dedos en mis labios y los acaricia, su otra mano se pone en mi cintura y baja hasta llegar a mis nalgas -este pequeño culo lo he estado deseando desde que lo vi entrar, ¿me lo darás preciosa?

    10 minutos después de aquella pregunta no pude resistirme, él me había cargado hasta una mesa cercana y me sentó ahí, en menos de 5 segundos ya no tenía ropa y el solo se había quitado la filipina y se había bajado los pantalones, su verga por encima de su bóxer rozaba mi húmeda vagina, gemía como una gata en celo, lo quería dentro de mí y a él, eso le daba risa.

    -¿Vamos preciosa, tan deseosa estabas de mí que no puedes dejar de gemir? Me lo pudiste haber pedido y yo gustoso te lo daría las veces que quisieras.

    Me hizo que chupara dos de sus dedos, y los metió rápidamente en mí, solté un grito que hasta tuvo que tapar mi boca, mi éxtasis era tan grande, sus dedos eran gruesos, largos, justo como los había imaginado.

    -Veo que te esta gustando mi amor, así me gustan, que sean tiernas y que supliquen para que les metan la verga y las llenen completamente.

    Sus dedos se metían violentamente dentro de mí, su otra mano estaba ocupada acariciando mi clítoris, era una sensación tan increíble que podría desmayarme ahora mismo, pero sabia que tenia que durar, estaba a punto de correrme hasta que saco sus dedos, los llevo a su boca y los chupo, al sentir el sabor de mis fluidos sonrió:

    -Sabes tan bien, si fuera por mi te haría disfrutar por más tiempo, pero no quiero que nos descubran.

    Saco su verga del bóxer, del bolsillo saco un condón y rápidamente se lo puso y sin más, me penetro, era tan grande, no tuve la oportunidad de gritar, me había quedado sin voz, sus estocadas eran lentas pero profundas, lo único que podía hacer era rasguñarlo de la espalda, mis pechos se movían de un lado a otro, el me besaba el cuello, gemía en mi oído, ambos teníamos sudor en nuestro cuerpo:

    -Me aprietas tan bien la verga, eres increíble pequeña, tu cuerpo es tan delicioso, dios, estoy por terminar

    Ambos gemíamos lo más bajo que podíamos, pero sus embestidas eran tan fuertes que era imposible hacerlo, el sonido de las nalgadas que me daba, de como sus huevos me golpeaban era un sonido tan increíble.

    De pronto se escuchó como venían personas hacia donde estábamos y esa fue la gota que derramo el vaso para que él y yo tuviéramos el increíble orgasmo, no sentía mis piernas, todo mi cuerpo temblaba, él se aferraba en mi cuerpo, supongo que sentía lo mismo que yo.

    -Estuviste increíble, deberíamos repetirlo, ¿no?

    -Pero en otro lugar

    -¿Qué, no te gusto la idea de que nos pudieran encontrar?

    -Estaríamos en problemas los dos

    -Pero el placer nadie no los quitaría.

    ***************

    Hola, mi nombre es Daniela

    Si te gusto mi relato por favor vota y comenta, si hay alguna opinion que quieras hacerme escribeme al correo [email protected].