Autor: admin

  • Las consecuencias de ser infiel (Parte 2)

    Las consecuencias de ser infiel (Parte 2)

    El viaje de novios los hicimos al caribe, a un hotel con muchas estrellas y en primera línea de playa, pero la noche de bodas debido ya al avanzado estado de gestación, la cosa quedó en unos simples besitos pues no queríamos desgraciar a la criatura. Así que yo que seguía con mi obsesión, de poner cuernos a diestro y siniestro pues me ponía a cien el follarme a la mujer de otro. No quería chicas guapas ni espectaculares rubias, sencillamente follar lo que era de otro y, luego mirarlo por encima del hombro pensando en el tamaño de sus cuernos.

    No tardé en encontrar a una mujer ya entrada en años. Erika dijo llamarse, venezolana ella, de cuarenta y muchos años. Era ese tipo de mujer que se dice que quien tuvo retuvo, y sin ser una belleza espectacular siempre hacía volver la cabeza a los hombres. Me dijo que estaba allí acompañando a su marido en un viaje de negocios el cual no le hacía ni caso. Solo pensaba en perseguir jovencitas y pasaba olímpicamente de ella. No deje escapar la oportunidad y después de unas copas y un poco de charla la acompañe hasta una caseta de las que se utilizan para cambiarse de traje de baño, bastante espaciosa y con unos bancos bastante cómodos en el centro.

    Allí me senté y ella me bajo el pantalón de las bermudas. Yo como siempre estaba trepado a tope, con esa mezcla de deseo y morbo de coger lo que era de otro. Aún tenía la falda azul puesta. Mi boca se cebo en su pezón derecho. Sus tetas eran grandes, muy grandes. Sentir aquello en mi boca nublaba mi mente, no hubiese parado nunca si ella no me hubiese dejado entrever que quería que bajase mas por su cuerpo. La gire y la puse boca abajo, baje la cremallera de su falda y se la quite. La dejé en pelotas y ante mi quedó aquel hermoso culo, culo que ese día seria mío. No pude evitar manosearlo mientras ella se movía lascivamente pidiéndome caña. Mi mano paso hacia su coño, acariciaba su depilada mata de pelo en un suave ir y venir. Notaba como se iba poniendo húmeda, cada vez movía mas su caderas, se estaba poniendo caliente, y yo necesitaba meter mi polla en su cueva.

    Al bajar a su entrepierna, noté un gusto que me hizo notar que no había sido el primero en probar aquel coño ese día. La miré y se lo dije hasta que ella me contestó:

    – Estoy dispuesta a con dos hombres por cada mujer que el cabrón de mi marido se cepille.

    Paro de moverse, se volvió, su lengua ascendía rozándome la piel del pecho, llego hasta mi oreja y me susurro…

    – Móntame, quiero que seas mi jinete particular. Mi culo te llama.

    Acto seguido, se puso a cuatro patas, culo en pompa, aquella imagen era impresionante ese gran culo delante de mi polla. Podía ver su clítoris húmedo y caliente y, su pelo púbico delicadamente depilado y al fondo sus grandes tetas apuntando al centro de la tierra. Encorvó un poco la espalda, mostrando aún más su abertura, agarre mi polla como un torero dispuesto a entrar a matar. La situé justo delante, pase mis dedos por sus labios mayores y con su flujo impregne mi espada. Poco a poco la iba metiendo, ella levanto su cabeza, la estrechez hacia que fuese con cuidado, lo que sentía era una mezcla de placer, gusto y poder.

    Cada vez se la metía mas rápidamente mientras la agarraba por las caderas. Mi respiración se alteraba, ella jadeaba y yo seguía metiéndosela cada vez mas bruscamente. Era mía, yo era quien mandaba, a ella le gustaba, una de sus manos estaba en su clítoris, frotándolo repetidamente. Mi polla entraba y salía cada vez mas rápido. Ella gritaba, yo notaba como el primer chorro de semen iba por mi polla, intentaba retenerlo, haciéndolo mas duradero y disfrutar mas del placer que aquel culo me proporcionaba. Ella se retorcía de placer, yo estaba a punto ya, iba a explotar.

    Al momento saqué mi espada y el semen encontró la salida, me corrí encima de ella…

    Se dio la vuelta y cogió mi polla y se la introdujo otra vez en la boca, su calidez y suavidad contrastaba con la estrechez de su culo, el placer que sentía con mi polla en su boca era inmenso, mis manos estaban acariciando sus labios internos, rosados, calientes y mojados.

    Así estuvimos casi todos los días. Recuerdo que en nuestra segunda cita en la caseta, ella me confeso que era una amante de la penetración anal pero que su marido lo consideraba asqueroso. Al momento ella se engolosinaba con mi gruesa verga que chupaba con una pasión desbordada. Fue cuando besé sus nalgas redondas que ella me pidió, me suplicó que la penetrara en su ano.

    No me lo pensé dos veces, después de todo, el ver su rico culo invitándole a que lo destrozara con mi herramienta, era una de sus más deseadas fantasías. Entonces, empecé a lamer el área donde habría de trabajar. Me humedecí un dedo con saliva y lo introduje en el culo de Erika lentamente. Ella gemía cada vez que mi dedo penetraba más y más su interior. Con su mano ella acariciaba su clítoris y ante tal estimulación no tardó mucho en tener un orgasmo formidable. Tan pronto como ella se recobró de su orgasmo, tomé mi picha, escupí sobre su cabeza y lo guie al precioso orificio que estaba a punto de ser penetrado.

    Sin vaselina ni mas preámbulos se la metí de un sopetón hasta los huevos, pero ella ni abrió los labios, solo tembló de placer y pidió mas, así que yo continúe cada vez mas violentamente mientras mi mano llegaba hasta su coño, haciéndole una monumental paja. Nuestros gemidos se confundían con el ruido de nuestros cuerpos al chocar. Más y más rápido, con más y más fuerza… hasta que el final llegó, exploté en su interior. Mi semen inundó sus intestinos.

    Así estuvimos casi todos los días de mi luna de miel, hasta que volvimos a casa y aunque los cuernos con la venezolana fueron mas grandes que los de las demás, tampoco aquello me permitió sentirme realizado.

    De regreso a casa yo seguí con mi obsesión, follando a diestro y siniestro, de forma cada vez mas atrevida y desconsiderada. Llegado el momento, mi mujer dio a luz a un niño precioso al que pusimos mi nombre. Después de eso mi mujer muy caliente por el largo periodo que había pasado sin mantener relaciones, me pedía hacer el amor casi a diario, pidiéndome que folláramos como en aquella noche en la que la deje embarazada. A mi la verdad ya no excitaba ella, y de hecho tampoco las múltiples conquistas que realizaba fuera del matrimonio, que cada día me dejaban peor sabor de boca y no me dejaban contento como al principio.

    Recuerdo especialmente una cena de negocios. Nos encontramos una tal Carolina y yo para una cita de negocios. Durante la cena muy animada y con vino de por medio se dio cuenta que la miraba con harto deseo. Sin perder tiempo ella tomó una servilleta y la colocó bajo mi copa, mientras salía en dirección al baño. Titubeé unos segundos y leí la nota en la servilleta: “SÍGUEME AL BAÑO, NO TE ARREPENTIRÁS”.

    Dudé unos instantes pero al fin me decidí y la seguí. Cuando llegué a la puerta me abrió haciéndome entrar en un sanitario. Mientras cerraba la puerta aproveché para levantarle la falda deliciosa que traía puesta y me dediqué a morderle las nalgas con frenesí, al tiempo que tomaba con mis dos manos su sexo ardiente.

    Rápidamente la doblé hacia la puerta y con su culo doblado chupeteé el agujero de su ano, mientras jadeaba de placer. Carolina lucía desesperada por tomar mi verga y mis bolas. Luego de chuparme la verga y tenerla lista ella con sus manos, se abrió el agujero de su culo y de un certero movimiento se ensartó mi enhiesta verga causándome un tremendo placer que no podía disimular.

    Mientras tanto busco sus deliciosos pezones y le coloco uno en la boca mientras saboreé el otro. Ensarté mis dedos en su vulva y ataqué su clítoris. En ese momento entró una chica al baño y nos oyó gemir a ambos. Abrió la puertezuela y nos miró extrañada. Alcanzando a ver la deliciosa vulva de Carolina. Inmediatamente entró a nuestro lugar y se inclinó besando el clítoris de ella causándole un gran orgasmo.

    Luego abrió su blusa y le colocó sus tetas (grandes y oscuras como sandias negras) y Carolina se las chupó como si fuera un dulce. A poco le aviso a Carolina que estoy a punto de lanzar mi leche, entonces ella la saca de su culo y ambas se inclinan ahora y me chupan la verga, aprovechando para besarse y besarme las bolas.

    Lancé tal cantidad de leche que luego tuvieron ambas que limpiarse la cara pues estaban bañadas de semen.

    Un par de años después los negocios iban de maravilla. Nos mudamos de nuestro piso a una villa en las afueras enorme, y la empresa iba tan bien que casi funcionaba sola. Mi socio y yo solo íbamos a hacer alguna gestión de vez en cuando. Mi mujer me dijo que era demasiada casa para ella sola así que quería contratar un matrimonio para le ayudara en las faenas ella y él hiciera de mayordomo, jardinero, chofer y todo el resto de tareas. Los elegidos fueron un matrimonio de color (negros para no irnos con tonterías) muy jóvenes, muy eficientes y muy baratos pues provenían de un país con problemas políticos y ellos por tener estudios no eran muy bien vistos así que tuvieron que emigrar.

    Laura la negrita en cuestión no tenía desperdicio, tenía 2 melones enormes, una cintura de avispa y un culo que me llevaba por la calle de la amargura. Clot el negrata en cuestión media casi dos metros y aunque pecaba un poco de barrigón se notaba muy fuerte al estilo de un deportista que hubiera dejado de cuidarse.

    Mi obsesión me llevo a perseguir a Laura, noche y día, haciéndole regalos, y metiéndole mano cuando y donde podía. Así, un día en el que mi mujer se llevó al negro como chofer, yo lleve a la negrita hasta el pequeño bungalow junto a la piscina donde vivían.

    Allí ella que sabía bien a lo que íbamos, se me acercó y me desnudó. Me levante y sitúe detrás, ella no dijo nada. Lentamente aplique un suave masaje en sus hombros que poco a poco fue descendiendo por su espalda, me percate que era una sensación que ella aceptaba de muy buena gana, ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se acomodó en la silla. Cuando vi aquello comencé un suave besuqueo por su cuello y los lóbulos de las orejas. Poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba que iba por buen camino, mis manos pasaron de su espalda a sus costados y poco a poco, siempre por encima del vestido acaricie sus enormes melones, notando ya una creciente erección en sus pezones, de repente una mano subió por mis muslos hasta agarrar mi herramienta. Salvajemente la tiré en su sofá y me interne en su entrepierna, notando una humedad que denotaba el estado de excitación al que estaba llegando. Paré de chupar al comprobar que aparte del aroma a negra que emanaba aquel chumino, otro olor y sabor me perturbaba. Después de interrogarla al respecto, ella me lo aclaró:

    – Perdóneme señorito, pero es que esta misma mañana mi hombre se empeñó en pincharme el higo, justo antes de salir con la señora. Y como luego me llamó usted, no he tenido tiempo ni de lavarme el asunto. Perdóneme y ahora mismo me lo lavo en el bidé.

    La miré con cara de salido y me lancé a pegarle una chupada de aspiradora mientras le decía:

    – Veras que limpia te la dejo!- exclamé. Su clítoris estaba hinchado y su chocho no dejaba de soltar calientes caldos que se unían a los restos de lefa del negrata. Me comí aquella sopa sin hacer ascos, es más mi picha parecía a punto de estallar. Mi boca era ahora un puré de flujos vaginales y saliva que ya empezaba a invadir parte de mi barbilla.

    Mis caricias hicieron que todo su cuerpo temblara de placer y sus negros melones se agitaran hasta que se corrió entre sollozos:

    – Venga chupa, chupa. Comete la pepitilla. Ahhh, que gusto, pero que gustazo en el chumino. Mi cosa, cómeme el chichi, mátame de gusto cabrón, que ya no aguanto más Ahhh, asiiii, que gusto, me voy, me corro en tu cara… Ahhh. Ya, ya… ¡No puedo más! ¡Yo me voy… ¡Sigue… Sigue! ¡Me corro… Ya… Me corro… por el chochooo!

    Se quedó derrengada en el sofá hasta que al rato y por mis acometidas recuperó los sentidos. Entonces comenzó a aplicarme un tratamiento especial a toda mi virilidad. Sus negras manos acariciaron mi herramienta produciéndome una sensación maravillosa. El suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos consiguiendo que por mi espalda recorrieran pequeños espasmos eléctricos. Al cabo de unos momentos de este suave vaivén se inclinó sobre mi picha a punto de reventar y aplicando sus labios sobre ella empezó una suave mamada. Notaba como su lengua recorría mi cipote mientras sus manos masajeaban mis cojones. El efecto fue instantáneo pues mi verga se hincho hasta límites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, notando como espasmos de placer empezaban en mi nuca y después de recorrer mi espalda llegaban hasta el pene que no paraba de ser atendido por los solícitos labios de ella. Al cabo de unos instantes la carga de esperma pugnaba por salir y avisando de la circunstancia asistí con estupor y placer a una, si cabe todavía, más excitante succión que denotaba las ganas que tenía de beber mis jugos.

    No pude más y explote en su boca. La leche rebosaba por sus labios mientras se afanaba en evitar que no se escapara ninguna gota que con avidez relamía. Después de limpiar con la lengua toda la longitud de mi mango y dejarlo reluciente se recostó en el sofá y reclamo mi atención que inmediatamente fue solícitamente puesta en práctica. Volví a incrustarme en su almeja chorreante, los jugos se escapaban de su interior y dejaban sus labios brillantes. Los separé con mi lengua hasta dejar al descubierto el pequeño botón de su clítoris que se estremecía de placer en cada uno de mis lengüetazos. Mis caricias se prolongaron a lo largo de unos momentos, desplazándome de su suave chocho hasta su ano en el cuál estuve entretenido un tiempo, los suaves gemidos se convirtieron en poco rato en grititos que intentaba ahogar mordiéndose el labio inferior, sin embargo mi trabajo obtuvo su premio y al cabo de unos instantes explotaba en un largo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se arqueara sobre mi, después de unas contracciones se relajó y me abrazó fuerte susurrándome en la oreja mientras me besaba suavemente que quería ser penetrada:

    – Metemela! no aguanto más! -gritó casi histérica.

    Sin hacer ninguna objeción agarre su suave culo y levantándola en vilo coloque mi falo en su entrada y la embestí de una sola estacada, note como todos los músculos de su cuerpo se ponían en tensión y proseguí las salvajes embestidas mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía. Cuando note que estaba a punto de llegar al clímax me retire y la tumbe sobre el sofá, dejando todo su culo a mi vista, ella intuyendo mis intenciones se puso de rodillas y se acomodó para recibir mi virilidad por su negro orificio, suavemente fui entrando todos mis centímetros en su interior mientras ella susurraba palabras ininteligibles para mi, cuando logré establecer en su interior mi verga comencé un lento vaivén que nos llevó a los dos hasta límites insospechados de placer, finalmente descargué mi lefa en su culo y quedamos los dos tendidos uno encima de otro agotados por la experiencia. Poco a poco se fue recuperando y después de unos momentos me la volvió a chupar y me metió la lengua el culo, cosa que me puso a cien.

    – ¿Qué es lo que más le gusta a mi señorito? -dijo sacando su carita de mis glúteos.

    Yo la susurré bajito y un poco cortado que me chupara allí, ella entonces me dijo más fuerte:

    – Así que al señorito le gusta que le chupen el ojete, sinvergüenza. Voy a mamar suavecito tu pozo chocolatero y luego te voy a follar el trasero con mis dedos hasta que me llenes la boquita con toda tu leche…

    Dicho y hecho. Me siguió lamiendo la polla y follándome el ojete con los dedos hasta que de pronto se paró y me dijo que me tenía guardado un regalo especial. Yo estaba fuera de mí cuando ella me miró con cara de guarrilla y sacó del cajón de su mesilla unas esposas de policía, y me dijo que si quería seguir jugando seria bajo sus reglas. Yo ciego perdido de deseo y de vicio me tiré al ruedo y dije que de acuerdo.

    Ella cogió las esposas y pasándolas por uno de los barrotes de la cama me ato. Entonces cuando yo creía que iba a llegar el cielo, llegó el infierno. Se bajó de la cama y se fue de allí. Al momento se abrió la puerta y allí estaban mi mujer y el negrata.

    Yo no sabía que decir, salvo que comprendí que aquello era una encerrona. El negro se desnudó y dejó al descubierto un rabo descomunal, que le llegaba hasta casi la rodilla. Parecía la manguera de un bombero, pero negra y llena de nervios y venas.

    Mi mujer y la negrita se amorraron a ella y la besaron y adoraron como si fuera un dios fálico, y aquel monstruo descomunal todavía creció más y mas. Después le untaron el rabo de crema y mientras mi mujer cogía una cámara de vídeo, el negro y la negrita me ataron los pies a la cama quedando boca abajo con las piernas abiertas.

    Yo suplicaba a mi mujercita desconsolado, sobre todo cuando los negros me varios cojines debajo para que se me levantara el culo y mi ojete quedara indefenso ante lo que intuí que se avecinaba de manera ineludible.

    La intuición se convirtió en certeza absoluta cuando ellas a dúo comenzaron a ponerme crema en el ano, metiendo salvajemente los dedos en él. Después mi mujer sacó un consolador del cajón y me dijo que era para que fuera haciendo boca, y mientras la negrita seguía con el vídeo, se puso a metérmelo por el ojete mientras decía:

    – Llama ahora a esa guarra de Puri.

    Me estaba devolviendo mi primer polvo bestial con ella. Entonces cuando ella consideró que mi culo estaba bastante dilatado se fue con la negrita que había colocado la cámara de vídeo sobre un trípode, y le comió el coño lleno de sus caldos y de su marido y mío, mientras el negro que estaba a cien por la chupada de antes, mas por el espectáculo que aquellas zorras le estaban dando, pasó a la acción, es decir empezó a meterse en mi culo.

    – Hay que abrir ese agujero como si fuera un pozo… no sabes lo que se valora una buena enculada… así que… dale duro!!!… sin compasión!!!… hasta que grite como un maricón – le dijo a mi nuevo enculador…

    Sentí un dolor desgarrador, casi me desmaye de dolor, pero al mismo tiempo algo empezaba a surgir en mi interior y mi polla empezaba a ponerse dura, y mas dura sin podérmela tocar, quizás por lo extraño de la situación, y mientras tanto el martillo pilón de Clot seguía subiendo y bajando en mi culo, y la dichosa cámara grabando mi denigración total. Al mismo tiempo cada vez la tenía mas dura hasta que llegó el momento en que Clot se quedó parado un momento, una décima de segundo justo antes de meterme el envite mas fuerte junto a una descarga de semen tan grande que después de llenarme todo el culo como una lavativa, rebosó por los laterales calmando el dolor de mis entrañas.

    Para colmo me corrí, pero de una forma dolorosa, era un placer tan grande que quede medio desmayado, culo en pompa con un agujero tan dilatado que cabría por allí una mano. Clot sin apenas inmutarse.

    Se pasó a la cama de al lado y se montó a Dolores mi mujer por delante con ese trozo de carne que no solo no había perdido ni un centímetro sino que parecía la trompa de un elefante. En pocas emboladas mi mujer se corrió pegando unos gritos casi cómicos. Después le tocó el turno a Laura su mujer, a la que cogió y le pego unos envites que pensé que la partía por el medio, pero ella le pedía mas y mas.

    Cuando estuvo de nuevo a punto de correrse vino hasta mi y para colmo de mi humillación me la metió en la boca y se corrió adentro. Yo no podía tragar aquel río de esperma y me chorreaba por la comisura de los labios, después se tumbó a mi lado, me soltaron las manos y me dormí abrazado a él.

    A la mañana siguiente Dolores me aclaro el tema, ella se había enterado de todas mis aventuras y me las había permitido, porque desde el día que le desflore brutalmente el culo, había encontrado su camino. Iba a ser mi Ama y estaba dispuesta a mandar en casa, así que a partir de ahora, yo haría lo que ella quisiera en todos los aspectos o mis amigos recibirían una copia de la cinta. A cambio podría gozar de ella y de Laura siempre que quisiera.

  • Eyaculando en la playa

    Eyaculando en la playa

    Día 21 de septiembre. Cielo cubierto por un manto de blancas nubes. Supongo que la playa estará prácticamente desierta, así que hoy incluyo en mi mochila un objeto especial. Me dirijo hacia allí y al llegar, mientras camino por las tablas de madera que te llevan casi hasta la orilla del mar, confirmo lo que había pensado un rato antes: no hay nadie tumbado en la arena ni bañándose. Sólo algún paseante por la orilla y poco más. Ando unos veinte minutos por la arena húmeda y dura y me alejo de la zona de playa más cercana al pueblo. Poco a poco el paisaje se va convirtiendo en virgen. Nada de edificaciones cercanas ni de ruido de tráfico. Calma y silencio absoluto. Únicamente están el mar. La arena, el cielo y algunos arbustos que quedan a mi izquierda conforme camino. En esa zona ya ni siquiera aparecen los caminantes. Avanzo unos centenares de metros más y decido al fin detenerme. He elegido un buen sitio: justo allí los arbustos invaden un poco la arena como si estuvieran besándola o lamiéndola. Protegido por detrás por el espeso ramaje de dichos arbustos y con el agua marina a escasos metros delante de mí, me siento sobre la arena fina, suave y dorada. Me quito las zapatillas deportivas y me despojo de mi camiseta roja, dejando mi torso desnudo al descubierto. Unos tímidos rayos de sol luchan con afán por abrirse paso entre la capa de níveas nubes.

    Abro la cremallera principal de la mochila guardo mi camiseta dentro y busco, palpando con la mano, ese objeto tan especial que hay en el interior hasta dar con él. Como si fuera el más preciado de los tesoros, lo extraigo cuidadosamente. Ahí aparece ya, azul, alargado, con varios salientes curvilíneos. Es un dildo, mi dildo. El que me desvirgó el culo no hace mucho a manos de mi novia a la que le permití satisfacer una de sus fantasías, el que ese día casi logró que me corriese sin tener que estimular mi verga por el placer infinito que me estaba proporcionando. Ése con el que, con mi chica como testigo, en múltiples ocasiones he masajeado y rozado mi miembro empleando los distintos niveles de vibración que tiene el objeto. Justo ese dildo que tanto disfrute me ha proporcionado, nos ha proporcionado, hacía hoy su presentación en público.

    Ahí me encuentro en la playa con mi juguete en la mano, en plena naturaleza y cubierto sólo por un bañador azul oscuro. Me levanto y me acerco al agua, hoy algo más fría y cristalina de lo habitual. Comienzo a acariciar el juguete con mis dedos, a tocarlo lentamente sintiendo su textura. Empiezo a excitarme y mi mente echa a volar: imagino que es la mano de mi novia la que toca no el dildo, sino mi propia polla. Siento entonces que bajo el bañador se pone a palpitar como si tuviera un corazón propio. Con cada bombeo me doy cuenta de que se extiende y se agranda más, centímetro a centímetro. Ya está tieso y se me marca en el short de baño. Una gaviota que cruza el cielo es fiel y silencioso testigo de la situación, al igual que las pequeñas olas del mar que, al romper en la orilla, aportan una relajante banda sonora. Continúo magreando el juguete y fantaseando con las delicadas pero ardientes y eficaces manos de mi novia. Estoy totalmente empalmado y mi polla se encuentra firme y tiesa con sus más de diecisiete centímetros alzados como el mástil de una bandera. De repente a lo lejos y por mi izquierda distingo las siluetas de tres mujeres. Caminan por la orilla en mi dirección. Todavía están lejos, así que prosigo pero esta vez me sobo todo mi paquete sobre el bañador. No tarda en aparecer sobre la prenda una mancha por culpa de mi calentón. Lo siento rico y delicioso. Durante unos minutos no ceso en esos movimientos que agrandan mi excitación. Vuelvo a pensar en mi chica, en que está aquí conmigo en la playa y en que son sus manos las que ahora se cuelan por dentro del bañador intentando contactar directamente con mi polla y con mis peluditas bolas.

    Pero las tres mujeres siguen acercándose cada vez más y creo que es mejor parar antes de que me pillen haciendo eso. No quiero montar un pequeño espectáculo. Dejo de palpar mi pene y mi bulto pero no guardo el dildo: hoy es día de atrevimiento y quiero ver las caritas que se les quedan a esas féminas cuando pasen por mi lado y contemplen el juguete erótico. Retomaré más tarde mis tocamientos íntimos. La pequeña distancia a la que se encuentran las tres me permite ya distinguir que se trata de chicas jóvenes, entorno a los veinte años, no más. Espero que no se asusten. Las tres traen un bikini negro que las hace casi idénticas. El viento que sopla hacia mí hace que pueda oír las voces de las chicas. Son extranjeras, de eso no hay duda. Pero el idioma no me es familiar. Debe de ser de la zona nórdica de Europa. Ya están a escasos metros de mí y, sorprendentemente, me encuentro tranquilo, esperando con el dildo en la mano derecha la reacción de las jóvenes. Vienen en paralelo y la primera que se da cuenta de lo que agarro en la mano es la que va en el centro. Mira primero de refilón, luego una segunda vez con mucho descaro. Después de un inicial gesto de sorpresa, dibuja una sonrisa en su rostro. No parece molesta por lo que acaba de ver, ni mucho menos. Las otras dos extranjeras no tardan mucho más en percatarse del juguete y compruebo cómo la que camina en el extremo más alejado de mí se muerde tímidamente el labio inferior con los dientes superiores. Noto que acortan ligeramente los pasos para poder mirar más el dildo. Me sobrepasan y comienzan a alejarse de mi posición. Casi al unísono giran las tres la cabeza y cuchichean algo entre ellas de forma pícara y haciendo una de las chicas gestos con las manos tratando de reproducir el tamaño del juguete. Finalmente se distancian y se pierden de mi vista. Quién sabe lo que les puede provocar más tarde en su alojamiento el recuerdo del dildo. ¿Juegos lésbicos tal vez?

    Es momento de retomar mis tocamientos tras la interrupción. Necesito más, centrarme por completo en mi polla. He sobrepasado el límite y sé que ya no hay marcha atrás, que necesito masturbarme hasta el final. Miro hacia ambos lados para asegurarme bien de que no se aproxima nadie y de que no tendré que parar de nuevo. Me bajo el bañador por completo y me deshago de él sacándolo por los pies y dejándolo sobre la arena. Mi verga sigue tiesa y empiezo a machacarla, primero algo suave, luego cada vez más intensa y enérgicamente. Estoy totalmente desnudo, en pelotas, al aire libre y la leve brisa marina golpea con suavidad mi piel bronceada.

    Acelero todavía más hasta dejar mi glande al descubierto, fuera del prepucio. Brilla enormemente por lo mojado que se encuentra y por los rayos de sol que caen sobre él. Acaricio el glande, lo aprieto, lo rozo con la yema de mis dedos y lo agito empapando por completo la palma de mi mano. Siento un gran e intenso placer y comienzo a jadear y a gemir. Veo cómo pequeñas burbujitas salen del agujero del glande pringando aún más mi mano. No debo perder más tiempo. No puedo arriesgarme a que aparezca alguien y tenga que cortar precipitadamente. Porque entonces sería eso o correrme casi delante de quien sea. Vuelvo a incrementar el ritmo mientras contemplo las verdes y gruesas venas que se marcan sobre la estirada y tensa piel de mi polla. Mis testículos se bambolean sin control en todas las direcciones debido a la rapidez de mis movimientos manuales. Siento que ya no voy a aguantar mucho más: comienzo a notar en mi bajo vientre espasmos y cómo mis bolas hinchadas están a punto de explotar. Machaco violentamente mi pene una, dos, tres, cuatro veces más hasta que un enorme e interminable chorro de leche blanca sale disparado e impacta sobre la arena que lo absorbe y lo chupa sedienta. Varios chorros más siguen luego al primero y, por último, gotas aisladas de semen caen débiles a la arena anunciando el final de la eyaculación.

    Estoy empapado en sudor y decido caminar hacia el mar para bañarme. Toda mi piel desnuda va entrando progresivamente en contacto con el agua: los pies, los tobillos, las tibias, mis fuertes muslos, mi polla aún tiesa pero que poco a poco comienza a relajarse, mis duras y firmes nalgas, mi cintura… hasta que me zambullo en el mar sin esperar más y tratando de enfriar por un rato el ardor que se apodera continuamente de mi cuerpo.

  • El chantaje (Un paso a lo prohibido)

    El chantaje (Un paso a lo prohibido)

    Mi nombre es Valery, no es presunción pero siempre he tenido un cuerpo bien formado el cual me ha permitido trabajar como edecán, no porque mis padres no me puedan dar lo indispensable, sino que como mujer también tengo ciertas necesidades y gustos; por esta razón decidí trabajar primeramente los fines de semana, pero con el tiempo esto fue ampliándose al grado de tener que trabajar casi todos los días por las tardes.

    Mi familia está integrada por mi padre Rubén y mi madre Lourdes ambos docentes de profesión quienes prácticamente solo los fines de semana están con nosotros, pues su trabajo los llevo a estar en otro estado, mis tres hermanos Antonio, Jesús y Juan Carlos que solo se preocupan por divertirse.

    Como les decía en mi trabajo siempre tenemos que tomarnos fotos con las personas que en su mayoría se acercan a observar el producto en promoción o simplemente por curiosidad, utilizar vestimentas diminutas, ajustadas con el simple hecho de atraer al público. Lo cierto es que uno de tantos fines de semana al dirigirme al trabajo mi hermano Antonio, decide acompañarme, ese día teníamos que estar en una exhibición de autos por lo que el atuendo que tendríamos que usar eran calzas y minifaldas, al estar en la agencia de autos me dispuse a ir con mis compañeras para cambiarnos, paso algo de tiempo que ni me di cuenta que perdí de vista a mi hermano pues no era para menos la muchedumbre se hacía presente y con ello nuestro trabajo se incrementaba, ese día recuerdo que utilizamos unas calzas grises oscuras y un top negro con unas zapatillas de plataforma, si bien esas delgadas telas se adhieran al cuerpo dejando todo a la imaginación de los asistentes, estuvimos ahí bailando con música electrónica y obviamente sacando nuestros mejores pasos, después comenzó la toma de foto con las personas en su mayoría hombres de entre 18 a 40 años, foto por aquí, foto por allá, un poco agotada y a punto de acabar el show, se acercó un joven para tomarse una foto ya sin opción de evadir decido tomármela pero jamás pensé que eso detonaría el mayor de los chantajes, este individuo no se conformó con tomarse la foto sino que también aprovecho para acariciarme las nalgas y el muy atrevido recorrer con su dedo el canal de mis pompis, solo sujete su mano y la lleve a mi cintura y cuando se alejaba le deje un pellizco de aquellos que seguro aún se acordara.

    Por otro lado mi hermano a espalda mía se había percatado de todo lo que se había suscitado, trate de no dar cavidad al suceso por lo que me dirigí al camerino para de cambiarme e irnos a casita a descansar. De regreso a casa note como me miraba un tanto morboso, me sentía casi violada, lo cierto es que cuando hablo, solo lo hizo, para decir, ¿que sentía al ser tocada por un desconocido?, ¿que si me excitaba? No sabía qué decir, además veníamos en el transporte público y no era el momento para discutir sobre eso pero algo paso por la mente de mi hermano que puso su mano izquierda sobre mi muslo y comenzó ese vaivén, me sentía extraña pues su comportamiento era otro, tome la mano y me pare para solicitar la parada que ya estaba cerca, ya era un poco tarde, al bajar del micro Antonio sin contemplaciones comenzó a meterme mano trate de detenerlo pero lo único que sentí era excitación el imaginarme que mi hermano se excitaba tocándome, además estaba tan solitario pues en su mayoría barda y locales sin uso y la noche ya un tanto tenue por la luz de las lámparas permitía que mi hermano hiciera de las suyas, cuando ya nos acercábamos a la casa se detuvo sin antes darme una nalgada.

    Al abrir la puerta veo todo oscuro en completo silencio algo raro porque siendo sábado y por la noche era imposible que la sala estuviera en absoluta soledad pues mi padre jamás se perdería su función de box. Ambos nos dirigimos a nuestras habitaciones no sé qué tiempo abra pasado cuando tocan la puerta de la habitación, pensé que sería mi madre que solo acerté en decir que pasara y vaya sorpresa, era Toño, se dirigió a mi cama, se sentó y me dijo que habláramos pero me negué no quería tocar el tema, pero fue tan habilidoso que advirtió que sino conversábamos, él les diría a mis padres lo sucedido en mi trabajo, por lo cual me reí, burlándome de él, cuando saca su cama digital y me enseña que había grabado aquel acontecimiento, por un momento dude pero después tome en cuenta que él había ido por esa dichosa exposición de autos. Maldecí el momento en el que acepte que me hubiese acompañado.

    Toño comenzó preguntando ¿por qué me dejaba manosear? a lo que advertí que no era que me dejara más bien muchos de los espectadores son caballerosos y unos más, un tanto pecaminosos. ¿Que si me excitaba al ser mirada con morbosidad? por ello que asegure que en cualquier lugar estuvieras donde estuvieras te mirarían. Trataba de dar respuestas convincentes. El solo se quedó callado ante mis respuestas que se puso de pie y me dijo pues ni modo hermanita ahora estas en mis manos. Me quede anonadada, por mi mente cruzaron mil ideas, pero lo único que estaba seguro era que sería chantajeada y si mi hermano ya en un principio me había metido mano que no me haría hacer. Mientras se dirigía a la puerta de mi recamara y con una risa burlesca solo comento vístete como en tu trabajo que desde hoy comienzas con unas actividades extras, salió de mi habitación, mientras que yo no lo podía creer estaba tan angustiada pero a la vez excitada y solo escogí una mini de cuero y un top blanco, cuando mi hermano abre la puerta y me dice que saliera, en ese momento recordé mis padres donde estaban puse como objeción y el solo dijo estamos solos y ellos están en la fiesta junto con nuestros hermanos, salí y nos dirigimos a la sala, al bajar las escaleras note como mi hermano clavaba su mirada en mis nalgas me hizo caminar por toda la sala lentamente y escuchando unos susurros ¡que culo! ¡Que buenas nalgas! ¡Estas buenísima! pero lo cierto es que al voltear él me estaba grabando, no lo podía creer mi propio hermano me grababa cada vez me sentía más acorralada pues bien sabía que si no lo hacía, lo que les diría Toño a mis padres y aunándole el video de mi trabajo no me dejarían trabajar y mis gastos personales se reducirían, no sé qué tiempo paso lo cierto es que fui grabada casi por toda la casa en varios ángulos donde dejaba ver mi diminuta tanga pues la mini con el caminar se subía lentamente.

    Eran cerca de las 2 a.m. del domingo cuando escuchamos que un auto se detiene en la entrada de la cochera de inmediato apagamos las luces y nos dirigimos a nuestras habitaciones rumbó a ellas y en la escalera Antonio nuevamente me agarra mis nalgas y con uno de sus dedos recorre el canalito de mis posaderas hasta llegar a su habitación y atinando a decir que descanses. Al llegar a la habitación mis dedos automáticamente se metieron en mi panocha pude sentir los flujos que tenía por lo sucedido, lo cierto es que no sé cuándo me gano el sueño que me dormí vestida. Creo eran las 9 am cuando alguien toca a mi puerta y solo jalo la cobija era mi madre que me despertaba para desayunar, rápidamente me fui bañar y baje a desayunar. Toño desayunaba como si nada, por lo que hice lo propio, solo que pregunte donde estaba papá pues su lugar estaba vacío, por lo que mi madre respondió que se había quedado con mis tíos y que al rato iríamos por él.

    Serian como la 11 am cuando mama entra a mi cuarto y me dice que iríamos a misa, llega Antonio excusando que tenía tarea para no ir a misa, mi mama se salió y él me dice que me vistiera en calzas y le dije que no me dejaría mama ir así además para que si él no iba, lo se dijo; pero desde la venta te estaré grabando. Cuando nos dirigíamos a misa solo pude observar que la ventana del cuarto de mi hermano estaba abierta y resguardada por sus cortinas, mi madre y mis otros hermanos caminaban en frente mientras yo lo hacía detrás solo de imaginar que mi hermano me grababa o aún más que en ese momento se estuviera masturbando o corriéndose viéndome caminar me mojaba.

    De regreso solo nos dirigimos a la cochera y mis dos hermanos mayores mi madre y yo partimos a traer a papá. Rumbo a la casa de mis tíos todo era silencio, Jesús al volante como ya era costumbre, mientras que Toño mandando mensajes a sus amigos, mi madre y yo solo mirábamos el panorama, cada quien adentrada en sus pensamientos o por lo menos eso era lo que demostrábamos.

    La tarde empezaba a nublarse y con ello el viento era más frio, casi llegando a la casa de los tíos una ligera brisa comenzó a caer, desde lo lejos se podía ver la casa con un gran manteado rojo, al llegar un aguacero se soltó que ni tiempo nos dios de cubrirnos, por lo que tuvimos que correr, al entrar nos percatamos que aún había invitados, amistades, familiares de mis tíos. En su mayoría hombres que por cierto ya se veían demasiado tomados que al vernos solo clavaron la mirada en mí y uno que otro hasta piropeo, cosa que no me extraño. Cuando mi tío salió a recibirnos de inmediato nos ofreció un lugar donde poder comer, habrán pasado más o menos unas tres horas desde nuestra llegada y en lo que respectaba a Toño ni una palabra, pero aquel frio hacia que mis pezones se empezaran a marcar cosa que no podía evitar, varios invitados comenzaron a darse cuenta, que ni disimulaban, cosa que comenzó a incomodarme, cuando mamá manda a Toño por las chamarras y suéteres. La lluvia no se contenía pareciera que aquel aguacero seria para un buen rato. Mi tía Amelia se dirigió a nosotros y se disculpó por no atendernos como merecíamos lo cierto es que eran unas tradiciones el recibir al otro día a los familiares más allegados. Y como vio que el frio y el aguacero aumentaba nos pido que entráramos a la casa ahí mis hermanos y yo terminamos viendo películas por un buen rato alejados de todos. Serian alrededor de las 8:00 p.m. cuando ya cansados y aburridos salíamos para decirle a nuestro padres que nos iríamos y vaya sorpresa solo quedaban mis padres y mis tíos en un mal estado, ya el panorama era otro, la lluvia no cesaba y solo atine a decir que mala suerte por lo que veo esto va pa´ largo cuando mi tío me ve y me llama, me acerque, me invito un tequila, pero como no me gusta y jamás he tomado alcohol decidí volver por lo que me pido que le hablara a Jesús pues había tomado el día anterior con él.

    Vaya tarde, lluviosa, mis padres y mis tíos ebrios a mas no poder y por si fuera poco eran cerca de las 10:0 p.m. cuando Jesús llega a la sala y no dice que le ayudáramos a subir a mi tía a su recamara, sin más Toño y yo subimos a mi tía a su habitación apenas si podíamos con ella, pues el alcohol ya hacia su efecto y ella ni caminar podía, cuando mi mama ya sin saber cómo llego a la sala estaba ya durmiendo por lo que mi tío decide darle la habitación de mi primo pues él se había ido a su luna de miel, como pudimos la llevamos a esa habitación, no falto mucho tiempo cuando oímos que todo era silencio, pensamos que tal vez se habrían salido, se asomó Toño, y solo vi que salió, no le tome importancia igual y lo llamaban. Cuando regreso traía su cámara cosa que me exalto pues no pretendería que… cuando menciono que estábamos ya solos, que tendría que modelarle y hacer unas poses no daba crédito, pero bien sabía que estaba en sus manos, en seguida nos dirigimos a la cocina y desde ahí comenzó a grabar esta vez me puso a imitar a que estaba lavando los trastos cuando siento como su mano me comienza a sobar mis nalgas, casi grito pero el astutamente me tapa lo boca y solo comienza a sobarme y a apretarme mis nalgas, como llevaba la calza podía sentir como sus dedos aprisionaban mi carne y la otra mano ya recorría mi cuello, dirigiéndose a la altura de mis senos, bajando el cierre de la chamarra, metiendo su mano por debajo de la playera su mano apretaba mis senos, mis pezones comenzaban a endurecer la excitación ya estaba presente y mi respiración se agitaba, hasta que un ruido en el patio hizo que me soltara, nos dirigimos percatándonos que el ruido fue ocasionado por mi tío que estaba en el suelo, mientras que mi padre y Jesús ya roncaban sobre la mesa. Como pudimos levantamos a mi tío y lo llevábamos a su habitación pero Toño aprovecho para irme metiendo mano y como era de esperarse el movimiento hizo que soltara el brazo de mi tío y este bajara rosándome todo mi trasero por un instante pensé que se había despertado pero no solo era un movimiento sin intención.

    Ya en su habitación Toño me tomo por la cintura y me replegó, de inmediato pude sentir su erección y su mano se adueñó de mi conchita, que sin medir las consecuencias se me salió un gemido que me puso tan nerviosa que como pude salí de la habitación, pero Toño ya en su afán por seguir metiéndome mano me sujeto en el pasillo y me hizo sentir su virilidad, me replegó tanto que sentía como su verga se metía en mi canalito de mis nalgas ese momento se me hizo largo pues al bajar las escaleras no le quedo de otra que soltarme, me dirigí a donde se encontraba Jesús y mi padre, nuevamente los subimos a mi padre en la habitación junto a mama y Jesús al cuarto de visitas. Mi hermano me miro y solo se atrevió a decir que nadie nos molestaría que estábamos completamente solos y que esa noche haría algunas cosas para él, no sabía que decir lo cierto es que estaba excitada, más sabiendo que estábamos en la casa de mis tíos, eso me ponía cachonda salimos del cuarto donde mi hermano ya descansaba, me tomo de la mano y me jalo tomándome con ambas manos de mis nalgas apretando tan fuerte que sentía como sus dedos se clavaban, llevándome a la habitación de nuestros padres ambos se encontraban boca abajo, se sentó en el sillón, encima yo, no dilato mucho su excitación pues ya comenzaba a sentir como su miembro comenzaba a endurecer, me tomo de la cintura y comenzó a recorrer mis piernas lentamente yo solo veía o más bien estaba pendiente de que mis padres no fueran a despertarse pero ese maldito alcohol los había desvanecido por completo, situación de la cual mi hermano aprovechaba.

    El nuevamente me sentó sobre sus piernas quedando de frente a mis padres y me pidió que comenzara a moverme quería sentir como mis nalgas recorrían su verga, sentía como su miembro era introducido por el canal de mis nalgas abriéndolas, sin duda era tan excitante la situación y placentera que sin darme cuenta sus manos ya tomaban mis pechos los magreaba a su vil antojo y yo, ya aceptaba lo que estaba empezando , después su mano derecha dejo mi seno y se apodero de mi vagina, comenzó a sobarme el clítoris y los gemidos comenzaron hacerse presente, ahhh, ahhhh, ese jadeo comenzó a ser más frecuente que me volteo sobre él y mis pechos quedaron a su entera disposición me subió la playera y se aferró como un bebe, sus manos postrados en mi cintura hacían de vaivén mi cadera logrando masajearle con mis nalgas esa verga que estaba a su máximo esplendor era delicioso que empezó a darme unos mordiscos, me chupeteaba y jalaba dejando el plooooop del chupetón que me hicieron gritar y con ello mi mama se gira haciendo un ligero ruido, por lo que me cargo y salimos de la habitación, para dirigirse a la de mis tíos, que estaban más perdidos que mis padres, ahí ya me hizo hincarme, se desabrocho el jeans, bajo la bragueta y por el orificio que traía en el bóxer saco su verga, de la cual me pido que se la jalara, quería que lo masturbara por un momento me quede pensativa pues eso era otra cosa que sobrepasaba el chantaje que había empezado y si lo hacía sabía que lo que me pidiera, seria cada vez más excitante y arriesgado. Al mirarlo veo como con su mano enfocaba la cámara cosa que recordé y sin alternativa me dispuse hacerlo, al verla y sentir que tan caliente estaba no pude resistirme y comencé ese trabajo no sé por cuanto tiempo lo hice lo cierto es que el solo gimió y enseguida ese líquido viscoso y un tanto amarillento salió disparado salpicando el edredón de mis tíos, me acerque al buró y tome unos clínex para limpiar su verga que ya comenzaba a volver a tener su flacidez y enseguida a limpiar donde se había venido, debo decir que salpico un buen y que su lechita se rego en los pies de mi tía cosa que él no quiso que limpiara pues sería huella de lo que habíamos hecho. De ahí nos salimos y no fuimos a la sala cada uno tomo un lugar y en silencio nos quedamos dormidos.

    En la mañana los ruidos del agua nos despertaron, mi tía apurada a lavar los trastos junto a mi madre, mi padre y mi tío curándose la resaca, parecía que tenían demasiada sed que una jarra de agua no basto para calmar su saciedad, lo cierto que cuando me vio mi tío, no quitaba su vista de mí, por un momento me apene y me acerque a saludarlos fue un saludo general, me acerque con mama y ahí fue cuando note que no solamente mi hermano Antonio se sentía atraído fueron fracciones de segundo cuando pude ver por un vidrio de la alacena como mi tío veía mis nalgas y se tocaba disimuladamente su verga, cosa que no podía creer mi tío también se excitaba viéndome, lo cierto es que cuando nos despedíamos mi tío me abrazo tanto que me restregó su verga en mi pierna, situación que tome como advertencia. De regreso a casa solo platicaban de lo acontecido mientras yo solo reflexionaba sobre lo que ocurrió entre mi hermano y yo. Ese fin de semana había sido placentero por lo que me había pasado, lo que seguiría seria el producto de un chantaje y la excitación que en mi provocaba.

  • En Boca Ratón y en la boca del lobo

    En Boca Ratón y en la boca del lobo

    Muy por la mañana, tipo, 6:30 am, adolorida y todo, fui al aeropuerto de San Juan, y partí rumbo a Boca Ratón (cerca de Miami), hora y media duró mi viaje hacia este destino, una mujer como yo, Alfonsina Roberzzi, de mi edad 48 años, de 1.82m, buscaba aventuras, de todo tipo, y Miami, es la oportunidad más adecuada para vivir mis experiencias de todo tipo.

    En el avión, recordaba cada una de mis vivencias sexuales que tuve en Puerto Rico, sobretodo mi doble cogida, que aun estaba adolorida, me sentaba de ladito un poco, porque me dolía mi concha y sobretodo mi culito, escapando sin querer, una risa pícara, cómplice, señal que quisiera volver a repetir tremenda doble sesión con Daniel y Carlos.

    Llegué a Boca Ratón, a un hotel, cercano a la playa, que es maravillosa, entré a mi habitación, contemplé la vista al mar, por la tarde del primer día, así como lo hice en San Juan, salí a explorar la playa de ese lugar, me quedé sorprendida de lo espectacular que es la playa, había turistas de todo tipo, con cuerpos radiantes y bien trabajados (sobre todo en los hombres, jajaja), con un atardecer maravilloso, fascinada de lugar, fui a mi habitación, y cansada de, viaje, me fui a descansar.

    Al día siguiente, llegan al hotel, un grupo de personas, por el acento, eran cubanos, por curiosidad, pregunté a uno de los botones del hotel, él me dijo que era un grupo católico cubano, conformado por 5 mujeres y 4 hombres, eran personas de humildes orígenes, me imaginaba que estaban de retiro, cuando salí del hotel, a correr por la playa, llegando al gimnasio y a la piscina del hotel, cuando bajan 2 hombres y 3 mujeres, a tomar baños de sol, ellos eran personas de mas o menos 40 años, pero los hombres tenían cuerpos trabajados, las mujeres igual, me acerco a ellos, con las mujeres hablé, me dijeron que estaban de retiros, la mayoría eran parejas, pero solo el líder era viudo, igual que yo, en plana conversa estaba, cuando aparece un hombre negro, de unos 50 años, siquiera de 2.01m, encanado tipo Morgan Freeman, se saca la camisa y se pega un clavado, que atravesó toda la piscina, al salir de la misma, tiene un cuerpo ejercitado, pero un poco descuidado, no era ni gordo, ni tan flaco, al acercarse a mi amiga María, ella muy amablemente me lo presentó:

    María: Alfonsina, él es Juan, el líder del grupo,

    Recordé las palabras de ella al decir que él es viudo, así que:

    Yo: Mucho gusto Juan, tengo 48 años, soy sudamericana y mido 1.82m.

    Juan; El gusto es mío en conocerla bella dama (sonriendo me dijo eso). cierto tengo 52 años, y mido 2.01m, lidero a estos chicos para que vayan por el buen camino.

    Me dio un beso en la mejilla, que me dejó marcada hacia él, sin duda, a pesar de que es religioso, comencé a tener una atracción hacia él, María se alejó de nosotros, y comenzamos a platicar, Juan es un tipo muy simpático, con buen sentido del humor, me sacaba más de una sonrisa, eso en un hombre me encanta, me excita, estuvimos conversando toda la tarde con él, cuando me dijo algo:

    Juan: Alfonsina, quiere venir tal vez a mi reunión que vamos a tener esta noche con los chicos, verás que no te vas a arrepentir, la vas a pasar bien…

    Yo solo quería que me invite a estar a solas con él, para poder comerlo y cogérmelo.

    Yo: Bueno, ya que no conozco a nadie aquí en boca ratón, un rato de distracción, será bueno.

    Juan; Entonces nos vemos tipo 8pm en el Lobby

    Yo: Ok, a esa hora en el lobby.

    Con el tremendo calor que hacía, salí con un pantalón ligero y blusa, ambos color blanco, se notaba mi figura, más mis curvas, iba un poco atrevida, ya que por dentro, llevé una minitanguita y brazier blancos, sin ida, me vi sexy, como para levantarme a cualquier hombre, más aún a un exponente cincuentón de ébano cubano, bueno, llegó la hora planeada, fui al lobby, y me sorprendí, no solo por la puntualidad de Juan, sino por lo elegante que iba, todo de blanco, fuimos junto con el grupo, al principio me aburrí un poco, por lo que iban de rezo, claro está que a mi si me gusta rezar, así que no tuve problema, al llegar a la playa, hicimos una fogata, Juan sacó una guitarra, tocó música entre católica y cubana, vaya que él si canta bien, acompañábamos con las palmas, como estaba frente a él, noté que Juan no separaba su mirada de mi, quizá lo dejé pasmado, con mi vestimenta que fui a esa reunión, hacíamos dinámicas, en grupos de a 2, y para mi suerte, caí con el líder, conversamos un poco, como para conocernos más, nos presentamos mas formalmente, casi serían las 10:30 cuando Juan les dijo para irnos al hotel, todo el grupo, la verdad, la pasé bien con los chicos del grupo.

    Cuando llegamos al hotel, estaba dispuesta a ir a descansar, cuando Juan, me dijo que me quedara un rato en el lobby, aprovechó el momento en que todos se fueron a sus cuartos, me invitó a pasear un rato en la playa, me contaba muchas cosas, ahí me enteré de verdad que era viudo, desde hace 5 años, ya que su esposa murió de cirrosis hepática, con lágrimas en sus ojos, decía que su difunta esposa era alcohólica, no paraba de beber, me amostró la foto de ella (era hermosa), de sus 2 hijas y de sus nietos, (2), que no superaba aun la muerte de ella, y de como murió, se puso a llorar, y ahí aproveché para abrazarlo, noté enseguida que su cuerpo es fuerte, pese a su edad, me apretó duro, cuando:

    Yo: Tal vez, te has vuelto a enamorar de alguien…

    Juan: No, decidí este tiempo estar sólo, para encontrarme con Dios, y si hallo a alguien, que sea una mujer que me entienda lo que pasé.

    Después de consolarlo, le tomé la mano y caminamos por la playa, sin duda, me estaba excitando al sentir sus manos cogiendo las mías, me hacía reír, era un señor agradable, que sin duda, me enamoraría de él, hasta que:

    Juan: Alfonsina, es cierto que las sudamericanas son pasionales?

    No me imaginé que me preguntase eso, un líder de un grupo católico, un exponente macho de la raza negra, entrando en la vejez, tomé un suspiro, le apreté la mano, de buena manera, balanceándola, y:

    Yo: Así dicen de nosotros, que todo lo hacemos con pasión, porque la pregunta…

    Juan: Porque noté que me mirabas todo el tiempo, desde que canté, hasta que nos fuimos al hotel. Dime la verdad, talvés te gustan los tipos como yo, cubanos, negritos y entrando a la vejez?

    Otra vez me quedé sorprendida, no pensé que era un tipo encarador, me puse un poco nerviosa, cuando me dijo eso, pero no era de miedo, sino como señal de que lo estaba esperando con todas las ganas:

    Yo: A mi me gustan de todo tipo, más los experimentados, porque los niños, no lo hacen bien jejeje..

    Sin querer, le respondí demás. Juan notó que estaba excitada, así que se acercó:

    Juan: Así, que te gustan los hombres como yo?

    Yo: Si, pero tú eres líder del movimiento católico y eso está prohibido…

    Juan: Pero, todos pecamos, no…

    En eso, se me acerca casi a mi boca, me le hice para atrás, cuando:

    Yo: Tú debes ser ejemplo para los jóvenes que vinieron a buscar el camino correcto gracias a ti?

    Juan: Claro, pero, yo también quiero buscar mi camino, y te encontré mi amor…

    Con eso, no opuse resistencia, y me besó, si, me besó rico, sabía mover sus carnudos labios, su lengua se metía en mi boquita, me abrazó de la cintura, como él era grandote, sentí su palo en la altura de mi vientre, noté que era grande, como todo negro lo tiene, en el ritmo de los besos, él era encantador, me besaba el cuello, sin duda, estaba en pleno éxtasis, ni siquiera mi difunto esposo, me besaba así, peor los chicos de Puerto Rico, cuando:

    Yo: Juan, que estamos haciendo, no es justo para ti, que estés expuesto a que los chicos te vean besándote con una desconocida como yo.

    Juan: Hay una solución fácil…

    Se me vino a la mente, llevarlo a mi cuarto, a que pasemos la noche juntos,

    Yo: Vamos a mi habitación, es grande, ahí podemos hacer lo que queramos, mi negro…

    Juan: No, Alfonsina, no. Mejor vamos al mío, que es la suite presidencial. O tienes miedo a que te haga sentir…

    Yo: No tengo miedo a nada Juani, así que vamos ehh…

    Nos besamos mas rico si quiera unos 5 minutos, cuando llegamos al hotel, en el ascensor, nos seguíamos besando, nos metíamos mano, en especial, yo acariciaba su palo, que estaba firme, llegamos al último piso, donde es su habitación, entramos al mismo, con besos y todo, nos fuimos sacando nuestras ropas, él tenía su torso trabajado, chupé sus tetillas, eso lo excitaba mucho más, cuando bajé hacia su bragueta, besé su palo por encima de su cremallera,

    Juan: así, que quieres ver lo que traigo escondido mi hembra…

    Yo: si mi negro, quiero verte todito, desnudo, con tu pene apuntando hacia mi, que tengo hambre de zorra…

    En ello, Juan se baja el pantalón, junto con su bóxer, quedando desnudo, delante de mí, su verga era casi el doble de larga y gruesa, que la de Daniel y Carlos juntos, enseguida, me la metí lo que pude de su miembro en mi boquita, le daba ricas felaciones, chupaba su cabeza, junto con su líquido preseminal que emanaba de su glande, era rico el olor a macho que destilaba Juan, luego, el me penetraba mi boquita, lo hacía rico, tosía, me sacaba arcadas, paré un poco, me quité mi blusa y pantalón blanco, quedando en ropa interior, seguía mamando esa rica vergota, cuando, noté que se venía, a lo que Juan, paró sus embistes, me levanté, lo besé rico en su boquita, saboreando sus carnudos labios,

    Juan: te gustó mi pene cosita rica.

    Yo: si mi amor, tu verga me pone así, de excitada, me moje rico cuando me culeabas mi boquita…

    Juan aparte de ser buen hombre, pese a sus 52 años, seguía siendo fuerte, porque me levantó como recién casados, fuimos a su cama, una grandísima cama, me acostó, me desabrochó con una sola mano mi sujetador, dejándome con mis tetas grandes al descubierto, él las chupaba como desesperado, como niño lactante, me estaba viniendo un rico orgasmo, después de mamar mis senos, bajó a la altura de mi vagina, cuando:

    Juan: Alfonsina, hueles a hembra en celo, ahora te voy a comer tu almejita, vas a ver que te voy a hacer ir al cielo…

    Yo: Juani, cómeme todita, soy tuya, solo tuya…

    Enseguida, Juan, de un arrancón, me quita la tanguita, rompiéndola por completo, quedando desnuda ante él, un negro entrado en años, pero con la vitalidad de un joven, al sentir su lengua jugando con mi clítoris, me vino una sobrecarga eléctrica, que me hizo perder el conocimiento, sin duda, Juan, un líder religioso, sabe cómo complacer a una mujer, me hizo una comida de concha que sin duda fue espectacular, metía su lengua grande dentro de mi vagina, haciéndome venir de nuevo, rico, delicioso:

    Yo: aaahhh Juani, que rico lo haces bebe, más sii, siiii, más masss, que rico, asi asi, asi.

    Juan: amor, termina rico, así, mójate más, quiero probar tus jugos vaginales, que hembra de verdad me estoy comiendo…

    A lo que me vine, sin querer mojé a Juan, en su rostro, que rico que terminé, ya no tenía aire, él se recostó encima mío, me besó tiernamente, para hacerme recobrar fuerzas, cuando de la nada, sentí que de golpe me clavó media verga, que rico, mojé su palo para que pudiera entrar todita en mi, en la pose del misionero, lo hacía riquísimo, el mete y saca era magnifico, sus bolas chocaban con mi culito, eran tremendas sus embestidas, pese a su edad, el viejo Juan era resistente, con su vergota, me hizo estallar:

    Yo: aaaahhh dame duro, así, así, si, que rico que me culeas Juan, dame duro, si, duro.

    Juan: toma mi hembra, bien dicen que las sudamericanas son fogosas y apasionadas, toma, toma, dime quien es tu macho, ehh

    Yo: tu mi negro, eres mi macho, mi hombre, mi líder.

    Me da un beso, y as ensartada en esa vergota, me siento encima de él, comencé la cabalgata, que rico era tenerla todito ese trozo de carne dentro de mi vagina, lo cabalgué como toda una potra, mientras él acariciaba mis tetas, yo seguía el toma y daca, que rico que es ese espectáculo, que nunca en mi vida soñé, con mis caderas le hacía movimientos circulares, otro rico y delicioso orgasmo vino hacia mí, pero sentada encima de Juan,

    Yo: aaahh que hombre, cogeme así, rico, más mas, mas, así papito.

    Juan: nadie te va a culear rico como yo, tu negro, tu viejo negro, que ahora te seguirá culeando toda la noche, toma…

    Enseguida me puso de lado, y me siguió taladrando mi conchita, se movía a mi ritmo, y él también imponía el suyo, durante el tiroteo que hacíamos, Juan me aprieta con una mano las tetas, y con la otra, me masturba, juega con mi clítoris, que rico que sentía ese momento, cuando sentí las contracciones del pene de Juan, señal de que se venía:

    Yo: aaaahh si, que rico, Juani, eres un campeón, culeame así, siiii, lléname con tu leche mi vagina, quiero sentir tu semilla dentro de mí.

    Juan: me vengo cosita, siii, toma, siii siii, que rico, ahi te va… Ooohh.

    Siento que de la verga de Juan, sale tremendas cantidades de semen, que son descargadas en mi vagina, que rico sentir ese líquido caliente dentro mío, es maravilloso que un negro viejo, como Juan tenga una vitalidad enorme, su vergota, después de inseminarme, se salió solita de mi vagina, me volteó, nos besamos como señal de satisfacción, nos abrazamos, sudados y desnudos, nos quedamos dormidos..

    Me despierto, y eran tipo 3am, que rico quedarme dormida en el pecho de mi macho, que me hizo sentir hembra en esa noche, busqué mi vestido, mi sostén, mi tanguita estaba rota, él se dio cuenta, se levantó hacia mí, y otra vez me cogió, si, la fuerza de Juan era sorprendente, él parado me hizo el amor, me penetraba con todas las de la ley, me hizo tener orgasmos, y otra vez me llenó de leche mi cuevita, que ya había sido regada anteriormente por el mismo macho.

    Estaba saliendo las primeras luces del día, cuando me vestí, dejé a Juan dormido en la suite, sin antes decirme que la pasó espectacular conmigo y quería que nos siguiéramos viendo. Al cual yo accedí con gusto durante el tiempo que pase en Boca Ratón.

    Sin querer, me uní al grupo católico que llegó a Miami, compartí con ellos muchas cosas, y con su líder, sin duda, la pase fenomenal, ya que me hizo suya un par de veces, y yo sin querer, caí en la boca del lobo…

  • Somos una familia incestuosa

    Somos una familia incestuosa

    La clase de inglés de hoy, es un poco más larga de lo habitual. Me la da Blanca, una chica de unos 20 años, muy guapa y con un buen par de tetas.

    -El presente perfecto es así y tal… me explica.

    Yo apenas le hago caso, solo le miro las tetas que sobresalen a través de su escote. Me hago el tonto, diciéndole que no entiendo bien lo que pone en el libro, para que ella se acerque y poderle ver mejor las tetas.

    En eso estoy, cuando se abre la puerta de casa y entra mi hermana.

    -Hola hermanito. ¿Qué tal la clase?

    -Bien, estamos acabando.

    Unos diez minutos después terminamos y le pago a Blanca por la clase. Cada vez avanzamos más, pero yo siento que no aprendo nada. Solo estoy pendiente de ella y sus tetas.

    Al poco rato terminamos.

    -Hasta la semana que viene, me dice. Se marcha y cierra la puerta.

    Mi hermana se sienta junto a mi.

    -Veo que no le quitas ojo de encima a Blanca, ¿eh?

    -Si, esta buena.

    -Pero nunca te tirarás a una mujer así. Me dice. Es mucho para ti.

    Se gira y se va a la cocina. Mi hermana tiene un año menos que yo. Hoy lleva puesto un pantaloncito corto y una camiseta. No lleva sujetador.

    Saca un zumo de la nevera y se pone a bebérselo. Se le derrama un poco por encima.

    -¿Me ayudas hermanito? Me he puesto perdida.

    Levanta la camiseta justo hasta la línea de sus tetas. Me estoy poniendo palote.

    Cojo un trapo de la cocina y le limpio la camiseta. Mi polla está creciendo. Ella deja caer el trapo y nos besamos en la boca.

    De un manotazo, mi hermana ha tirado casi todo el zumo al suelo. La cojo y la subo al fregadero mientras seguimos besándonos. Si. Somos hermanos incestuosos y no nos importa.

    -Cómemelo, me dice.

    Bajo su pantalón hasta el suelo y le quito las braguitas. Esas braguitas rosas que lleva hoy mi hermanita y que tanto me gustan.

    -Hoy no te has depilado mucho el chocho, le digo.

    -No tenía tiempo para depilármelo del todo. Llegaba tarde a clase.

    -No me importa. Te lo voy a comer igual.

    Separo sus labios y empiezo a comérselos. En ese momento veo como un poco de zumo se derrama por su chocho. Mi hermana está tirando un poco que ha quedado sobre ellos.

    -¿Te gusta con sabor a naranja, hermanito?

    -Tu coño ya es suficientemente dulce. Pero así es todavía mejor.

    Después de un rato de comérselo, paso a su clítoris. El botoncito de mi hermana es muy rico, redondito y muy suave.

    Mientras se lo lamo, me agarra la cabeza. Se está muriendo de placer. Sus gemidos van en aumento. Para que no nos oigan los vecinos, pongo en marcha una pequeña radio que tenemos en la cocina y que suele poner mi padre cuando prepara nuestra comida el fin de semana.

    -Joder hermanito. La clase de inglés te ha sentado genial.

    Yo no digo nada porque tengo mi boca en su coño. Sus fluidos empapan mi boca, pero no me importa para nada.

    En poco rato mi hermana llega al orgasmo. Mi polla está babeando semen. Es el líquido pre-seminal, pero necesito descargar ya.

    Mi hermana mira mi polla que babea el semen y me pide que follemos.

    Joder, tengo que ir a la habitación de mis padres, pienso. Le robaré un condón a mi padre.

    -Ahora vuelvo hermanita.

    Regreso desnudo y con el condón ya puesto para no perder tiempo. Apoyo a mi hermana contra la nevera y la penetro sin más.

    -Ugh, gime ella.

    Empiezo a bombear. Lento al principio, saboreando como mi pene entra y sale de ella y como el condón roza sus labios al entrar y salir.

    La humedad de mi hermana y el condón hacen un ruido como de ¡blugh! al follar.

    Pum, pum, pum, resuena el culo de ella al empujarla contra la nevera.

    Nuestros gemidos van en aumento.

    -¡Ah, ah, ah! hermanito, que bien me follas…

    -¿Te gusta pequeña?

    -Si, si, si, mucho. Sigue así, así, asíii…

    Yo me agarro a la puerta de la nevera por arriba, mientras sigo bombeándola con ardor. La nevera tiembla y me hermana se corre por segunda vez.

    -¡Aaahhh! ¡Me corrooo! ¡Hermanito, me voy!

    Estoy durando mucho y no sé si mis padres llegaran pronto y nos pillaran. Aun así, disfruto mucho porque casi siempre me corro antes que mi hermana.

    Unos minutos más tarde estoy a punto.

    -Hermanita, agh, agh, me voy a correr.

    -Córrete hermanito. Suéltamelo todo dentro.

    Doy unos empujones más y me corro.

    -¡Aaah, aaah! ¡Me corrooo!

    Suelto en mi hermana unos chorros de semen que adivino enormes. Cuando termino, me salgo de ella y me quito el condón. Voy a limpiarme. Mi hermana se lava el chocho y cuando hemos acabado, mis padres vuelven del trabajo.

    Nos hemos sentado en la mesa del comedor simulando que estudiamos y que nuestros padres no sospechen nada.

    -¿Qué tal chicos? Pregunta mi padre. ¿Habéis comido ya?

    -Si Papá. Le respondo. Si tú supieras lo bien que hemos comido, pienso.

    Mi hermana me mira picara y seguro que ha adivinado mis pensamientos.

    Después de comer y recoger todo, mis padres se despiden. Van a echarse la siesta como todos los días. Solo que muchas veces la siesta se convertía en echar un polvo. Y este sería uno de esos días.

    Estoy en mi cuarto, tumbado boca arriba en la cama, cuando oigo como la cama de mis padres empieza a moverse. La habitación de ellos está junto a la mía y es lógico oírles.

    Ñi, ñi, ñi. Suena la cama. No sé si mi hermana puede oírles, porque su habitación es la siguiente a la mía y tampoco sé si estará durmiendo.

    Pego el oído a la pared y les oigo haciéndolo.

    -Ah, ah, ah, cariño, sigue así, así, más fuerte.

    -Querida, los chicos pueden oírnos.

    -No, no, tu sigue… sigue… no nos oirán.

    Parece que mi padre obedece porque la cama comienza a moverse más rápido.

    Pam, pam, pam. La cama se acelera y mi madre no puede evitar gemir más alto aún.

    -¡Ah, ah, ah! ¡Cariño! ¡Me corro!

    -Nos van a oír. Oigo que le dice mi padre. Pero parece que este tampoco puede parar, porque sigue empujando más y más fuerte y los dos terminan corriéndose con un grito.

    Todo se queda en silencio después de que acaben.

    No sé si mi hermana los habrá escuchado al llegar al clímax.

    La puerta de mi cuarto está entreabierta, y veo como mi madre pasa desnuda por delante de mi habitación.

    Entra en el baño y la oigo lavarse en el bidé. Así que imagino que lo han hecho sin condón.

    Algo se despierta en mí, porque decido levantarme y salir fuera de mi cuarto. Al salir oigo que mi padre está roncando.

    Camino de puntillas hasta el baño y veo que mi madre no ha cerrado la puerta. Está sentada en el bidé, lavándose el chocho. Ella no puede verme. Me quedo mirando sus tetas. Las tiene muy bonitas, algo caídas, pero muy excitantes.

    Estoy en calzoncillos delante del baño, cuando mi pene empieza a empinarse. Mi hermana esta también dormida en su cuarto.

    Me bajo un poco los calzoncillos y empiezo a masturbarme delante de mi madre. Sé que es una locura lo que estoy haciendo, pero no puedo evitarlo.

    Mi madre termina de lavarse y coge un paño y se seca su chocho. El hecho de verla así medio levantada y secándose sus partes me ponen a cien y termino corriéndome. Un primer chorro de semen salta a la pared y otros dos caen al suelo.

    Me sale un pequeño gemido y mi madre se da cuenta de que estoy ahí, enfrente de ella y con mi polla goteando semen.

    -Hijo, ¿qué haces?

    -Lo siento mamá, es que no pude evitar oíros hacerlo y me he excitado.

    Sale del baño y no me dice más que: Lo has puesto todo perdido.

    Coge el paño con el que acaba de secarse y se pone a limpiar las manchas de semen.

    Imaginaros la escena, yo con la polla medio tiesa y mi madre desnuda limpiando todo el semen que he dejado.

    Ver su culo al agacharse me pone bruto otra vez.

    -Mamá no puedo más. Le digo.

    -¿De que no puedes más? Me pregunta.

    -De verte así. Joder, que buena estas.

    Cojo el paño y lo tiro al suelo y le como la boca. Mi madre no me lo impide, es más, me coge el culo y me aprieta con fuerza. Estamos un rato besándonos y luego me arrastra al baño y cierra la puerta con el pestillo.

    Baja mi calzoncillo y se agacha a chupar mi pene, que enseguida recupera su erección.

    Justo antes de entrar al baño me he dado cuenta de que mi padre y mi hermana siguen durmiendo por lo que no tenemos que preocuparnos.

    Mi madre mi sienta en la taza del váter y se dispone a follarme.

    -Deberíamos usar un preservativo, le digo.

    -Si con tu padre no usamos goma, contigo tampoco. Me contesta.

    Se sube encima de mí y me agarra la polla. Muy despacio se la clava y termina deslizándose muy despacio, hasta que la tiene toda dentro.

    -Ahora vamos a follar. Me dice. Parece que no haya tenido bastante con el polvo que acaba de echarle papá.

    Comenzamos a movernos a un ritmo lento, aunque acompasado. Mi madre se muerde el labio mientras me folla, y yo le cojo las tetas que suben y bajan con cada movimiento.

    Para tener 45 años mi madre esta buenísima. Ya sé que esto es incesto, pero si follo con mi hermana, ¿cómo no voy a follar con mi madre, que está más buena todavía?

    -Hijo, que bien lo haces.

    -Me gusta que te guste, mamá.

    -Sí, mucho. Sigue, sigue, más, más, más.

    Yo siento que no voy a durar mucho, aunque acabe de correrme.

    -Mamá. No aguantaré mucho más.

    -No te preocupes, tú córrete.

    -Vale, está bien.

    Unos cuantos botes más de mi madre y termino corriéndome dentro de ella, aunque un poco menos que antes.

    -Tú sigue, le digo. Sigue follándome y córrete tú también Mamá. Quiero que te corras con tu hijo.

    Me sonríe y sigue botando sobre mí. En eso estamos cuando suenan unos golpes en la puerta.

    -Hermano, sal de baño, necesito mear.

    -Ahora no puedo, estoy ocupado.

    -Deja de meneártela y sal ya.

    -¿Qué hacemos? le pregunto a mi madre en voz baja.

    -Nada, tranquilo, yo me salgo de ti y que entre tu hermana.

    -¿Pero qué va a pensar si nos ve juntos?

    -Nada cariño. Sé que follas con tu hermana.

    -¿Que dices mamá?

    -Sí, lo sé. Bueno, lo sabemos tu padre y yo.

    Me quedo a cuadros con la revelación, pero lo peor viene ahora.

    -Tu padre también se folla a tu hermana.

    -¿Cómo dices? Me quedo casi sin voz.

    -Somos una familia incestuosa. Así que no pasa nada porque tu hermana nos vea.

    Mi madre abre la puerta y deja entrar a mi hermana. Yo me quedo sin palabras.

    -Veo que ya habéis follado por primera vez. Dice mi hermana bajándose las bragas y sentándose en el váter a mear.

    -Pues si cariño. Le responde mi madre.

    -Está bien. Pero si papá no estuviera durmiendo, podríamos hacer un cuarteto genial.

    Yo me quedo paralizado por la idea. Solo pienso en que quieran que folle con mi padre y yo por ahí no paso.

    Mi hermana me mira fijamente. Parece que me haya leído el pensamiento porque me mira y me dice:

    -Tranquilo hermanito. Solo tendrás que follar con las mujeres de la casa.

    Justo en ese momento se abrió la puerta del baño. Era mi padre desnudo y con la polla morcillona. La tenía casi más grande que yo en erección y me sentí un poco acomplejado.

    -Vamos a ver qué hace toda la familia aquí reunida dijo y sonreía.

    -Estamos descubriendo a tu hijo un mundo que no conocía. Dijo mi madre.

    -Pues eso está muy bien.

    En eso mi hermana, que se había quedado mirando su polla, se agacho y sin decir nada comenzó a mamársela a mi padre, que echó la cabeza hacía atrás. Y siguió hasta que alcanzó una erección plena.

    Se levantó y cogió a mi padre de la mano y lo llevo a su habitación. Mi madre y yo les seguimos.

    Mi hermana se tumbó boca arriba y abrió sus piernas y las elevó sobre ella.

    Mi padre se colocó sobre ella y se giró a mí y me dijo:

    -Así es como le gusta a tu hermana. Fíjate bien

    Coloco su polla en la entrada de la vagina y se la metió de un golpe. Mi hermana hizo uff.

    Y entonces mi padre comenzó a bombearla con movimientos fuertes y constantes.

    Mi madre y yo seguíamos de pie desnudos contemplando como follaban los dos.

    Los gemidos de mi hermana iban en aumento, pero mi padre no se detenía. Seguía con si ritmo constante.

    Como 5 minutos después mi hermana tuvo su primer orgasmo. Mi padre entonces frenó el ritmo y saco su polla de ella y me dijo que me acercara.

    Su polla babeaba líquido pre-seminal y el coño de mi hermana rezumaba sus fluidos. Mi padre frotó su polla contra el clítoris de mi hermana mientras estaba casi se desmaya de gusto.

    Yo asentí con la cabeza cuando el paró, como diciendo que había entendido lo que tenía que hacer la próxima vez que me tirara a mi hermana.

    Luego mi padre volvió penetrar a mi hermana y así siguieron follando un rato más. Mientras pasaba esto, mi madre agarró mi rabo que estaba tieso y empezó a masturbarme.

    Cuando veía que llegaba al orgasmo me acercó a mi hermana me corrí en su cara mientras mi padre estaba terminando de tirarse a su hija.

    Solo salpiqué un par de gotas a mi hermana por mis corridas anteriores.

    Por aquel entonces mi padre estaba rojo y congestionado. Estaba a punto de correrse por lo que notaba en sus jadeos y mi hermana parecía que iba a morirse de gusto.

    En ese instante mi madre encendió la mini cadena dela habitación de mi hermana y subió el volumen al máximo, para que no los oyeran, justo cuando ambos se volvían a correr, mi hermana por segunda vez.

    -Ughhh Aaahhhh ¡me corroooo! Gimió mi padre.

    Y a la vez mi hermana.

    -¡Aaaah! ¡Papaaaa!

    Terminó de bombearla y se paró, quedándose un rato dentro de ella.

    Cuando recuperaron la respiración, se salió de dentro de ella y se tumbó a su lado.

    Mi hermana me dijo:

    -¿Has visto hermanito? Tú me follas bien, pero papi me folla todavía mejor. Mañana espero que hayas aprendido bien y lo hagamos también como hoy.

    Me quedé pensando y supe que mañana sería un buen día. Ahora sabía cómo satisfacerla.

    Y también tendría que satisfacer a mi madre…

  • Tres viejas y un sátiro (final)

    Tres viejas y un sátiro (final)

    -Sí, Jorgito… Sí, así… -me alentaba y las tres viejas seguían mi trabajo alrededor de la cama…

    La pija se le iba poniendo cada vez más dura, hasta que por fin estuvo a punto y yo, excitadísimo, me incliné y me la metí en la boca… ¡Ay que dura la sentí!…

    -¡Bueno, basta de chupar, nene! ¡Ahora le toca a tu culito!… ¡Vamos, ponete en cuatro patas!… –me ordenó Petra y yo obedecí ardiendo de calentura… Me excita sobremanera que me dominen, que me den órdenes, que dispongan de mí… ¡que me humillen! ¡que me usen!… Antes de ponerme en posición miré la pija del señor Rogelio… ¡Tan dura y bien parada!…

    -Tomá, Rogelio… -dijo Herondina y le alcanzó el pote de vaselina…

    Rogelio me lo pasó a mí y me dijo: -Tomá, putito, lubrícame bien la pija…

    -S… sí, señor… -y me volví hacia él para cumplir con la orden… ¡Es tan excitante envaselinar una pija bien dura!…

    -¡Vamos! ¡vamos! –me apuraban las tres viejas…

    Por fin la pija estuvo lista, hermosamente dura y brillando de vaselina…

    -Por favor, señor… por favor, métamela… supliqué incapaz de controlarme y las viejas estallaron en carcajadas…

    -¡Qué tremendamente putito sos, Jorgito!… –dijo Lola y Petra agregó:

    -¡Muuuuuuy putito!…

    -Decilo, Jorgito… -intervino Herondina… -Si querés que mi hermano te culee decinos todo lo putito que sos…

    -Sí… Sí, señora, soy… soy muy… muy putito… ¡Muuuuy!… –me sentía muy humillado y temblaba entero de tan caliente que estaba mientras los cuatro se reían de mí…

    De pronto el señor Rogelio dijo:

    -Bueno, basta, nene… Ponete en cuatro patas que te la voy a meter…

    -¡Ay, sí, señor!…-me entusiasmé…

    Mientras Lola y Petra entreabrían mis nalgas, sentí la punta de la pija presionando en mi agujerito… -¡Ese momento es sublime! Aunque de pronto recordé lo gorda que es esa pija y me dio miedo… Mientras la pija me entraba sentí un dolor muy intenso que me hizo gritar:

    -¡Tapale la boca, Lola! ¡A ver si lo escuchan los vecinos!… –pidió Herondina y con la boca tapada mis gritos se transformaron en ahogados y débiles gemidos… Más fuertes sonaban los jadeos del señor Rogelio, cuyas manos aferraban mis caderas… El dolor se fue reduciendo bastante y empecé a gozar hasta que por fin mi violador me soltó varios chorros de leche caliente…

    Cuando me cogen mi pito no se para, permanece inerte y todo el placer se concentra intenso y vibrante en mi culo… Sin embargo sí se para cuando con el permiso de las viejas y del señor Rogelio corro al baño a masturbarme… Lo sobo un poco y reacciona…

    Tal cual me lo ordenaron esa primera noche, voy siempre después de cenar a casa de Herondina, donde me encuentro con las tres viejas y el señor Rogelio… Cuando él tarda un poco en llegar las viejas me violan con el consolador, que va pasando de mano en mano entra risas y frases obscenas…

    Las divierte obligarme a decir todo lo putito que soy…

  • El punto exacto de nuestros cuerpos

    El punto exacto de nuestros cuerpos

    El aliento de Ken se enganchó con cada empuje dentro de él; lo embriagaba con una embriagadora mezcla de filo de dolor mezclado con avivamiento del fuego de su excitación. Esperó a que Daisuke cambiara de posición, rodara sobre él y lo empujara con su típica actitud impulsiva tambien a la hora de hacer el amor, pero no lo hizo, eso a Ken lo sorprendió.

    -Levanta la pierna. Debajo de tu muslo-. Respondió Daisuke con suavidad rompiendo el beso que ambos estaban teniendo mientras se estaba produciendo la penetración por detrás, como si Ken fuese de cristal y con algún movimiento brusco le haría romper, Ken de todas formas lo hizo, tambien esperaba que Daisuke siguiera empujando. Sus labios se separaron y él gimió.

    Un jadeo ronco vino de Ken a la misma vez que apretaba los puños en las sábanas

    -¿Te sientes bien?-. Daisuke le susurró al oído.

    Ken no estaba seguro de qué palabra responder a eso, llevaba AÑOS haciendo el amor con Daisuke, lo habian hecho de muchas maneras, siempre respetando el ritmo que uno de los dos marcase, cuando le tocaba a Ken ser el pasivo, a veces le costaba mantener el ritmo que tenía Daisuke, pero al estar con él y la seguridad que le transmitía se mantuvo abierto por detrás mientras Daisuke le hacía el amor, sin control, pero se lo estaba haciendo.

    Todo esto le hizo sentir femenino y más sumiso, deseaba hablar, decirle que parase, que el movimiento era nuevo y le costaba ajustarse a este nuevo ritmo, pero se mantuvo callado, por él, por su chico, por ellos, queria adaptarse a Daisuke, deseaba hacerlo con él, porque con él empezó todo

    -No pares-. finalmente dijo. Porque una cosa era cierta: Ken no quería que esto terminara. Este era el sexo de sus sueños, el sexo con Daisuke era diferente, alocado, cada vez era un movimiento nuevo, podía ir rápido, podia ir a un ritmo intermedio, y a veces demasiado lento, y era precisamente esto lo que Ken quería, no importaba los intervalos de tiempo si al fin y al cabo podia sentir a Daisuke dentro y fuera de él, para él no habia nada mas bonito que sentir el aliento de su chico, su respiración, en su cuello, el sentir los besos de los dos, sentirse ambos apretados, haciendo el amor como dos seres que no podian dejar de amarse, diferente y siempre nuevo, no le importaba para nada porque esto significaba adaptarse una y otra vez a Daisuke, buscaba el eliquilibrio, el yin y el yang, diferente, como ellos eran.

    -Si esto te desespera, nos detenemos ¿quieres?

    -No, sigue, no quiero que detengas el ritmo con el que te adentras en mi carne

    – Me sigue costando un poco adaptarme a ti

    – Es nuestra rutina de vida ¿no? adaptarnos y ajustarnos, deseo esto tanto como tú. -. Dijo buscando su mirada con una sonrisa de lo más bonita, Daisuke sonrió, dandose cuenta que a pesar de su torpeza, estaba haciendo bien las cosas a pesar de que pensase que en todo momento estaba perjudicando a Ken

    -Entonces seguiré buscando el punto exacto para sentirnos unidos

    -Intentalo, pero creo que nunca lo lograrás -. Volvió a decir con una sonrisa pura y muy blanca

    Le encantaba sentir a Daisuke entrar y salir de él o sentir como sus pezones rozaban su columna vertebral, sentir las manos temblorosas pero seguras de Daisuke aferrandose a sus caderas y no quería que nada lo distrajera del orgasmo que se desarrollaba en su interior. Solo quería estar cerca de Daisuke así todo el tiempo que pudiera.

  • Solo una hembra en celo

    Solo una hembra en celo

    Los que han leído mis relatos anteriores saben que me llamo Ana, tengo 43 años y vivo en Ecuador. No creo ser una mujer mucho más caliente y promiscua que otras. A mi elevado deseo sexual no lo veo como algo perverso o depravado. Solo acepto mis fantasías y deseos, y trato de hacerlos realidad, eso es todo.

    Como ya saben mis bebotes amigos del MSN, me gustan los hombres jovencitos y disfruto de su conversación y de su incansable virilidad. También debo reconocer que los hombres negros, son otras de mis debilidades.

    En cuanto al sexo, me gusta hacer el amor con varios hombres a la vez y ser bañada por su semen caliente, y a mis 43 años todavía puedo hacerlo y disfrutarlo y encontré en mi sobrino a mi mayor aliado sexual, a él le encanta verme poseída por varios hombres y tomar algunas fotos de nuestros encuentros.

    Él es un joven con mucha imaginación y para nada egoísta la que voy a contar es una de nuestras aventuras.

    Vivo en Ecuador y allí hay algunos bares donde se baila salsa y es frecuentado por negros, ese sería el lugar para buscar algunos de esos sementales de color ébano.

    Me vestí para la ocasión con una minifalda muy corta y apretada, unas medias de red negras debo decir que no llevaba ropa interior, lo complemente con tacones altos y en la parte superior de mi cuerpo una blusa blanca bien entallada y sin sujetador. Cuando entré en el bar con mi sobrino, me dio la impresión de que todo el mundo sabía que no tenía ropa interior y que podían observar mis pechos balanceándose casi libremente. Sentí que mi vagina se humedecía de la excitación.

    Pasamos junto a la mesa de dos jóvenes negros, que me desnudaron con la mirada, tendrían unos 18 o 19 años, tal como me gustan a mí. Sus ojos me siguieron hasta la mesa que elegimos. Tomamos unas copas con mi sobrino y sentí la mirada de esos jóvenes clavadas en mi exuberante anatomía. Supongo, que dada la posición y la longitud de mi minifalda, estoy segura de que fueron capaces de ver la parte superior de mis medias, tal vez incluso llegar a percibir que no llevaba ropa interior.

    Uno de los jóvenes, de apariencia atlética me miraba de manera sostenida. Cuando percibió que yo me había dado cuenta de sus miradas insistentes, me saludó con la cabeza, sin pensar, le devolví el saludo con una gran sonrisa.

    Me levanté de la mesa y me dirigí al baño, el joven se levantó de su meza y me siguió, me alcanzó justo antes de llegar al baño, me saludó nuevamente. Me comentó que su amigo y él no podían dejar de mirarme, que era una mujer muy bella y seguramente debía ser una mujer muy ardiente y que esperaba no haberme ofendido al ser tan directo con sus palabras.

    Le dije que me halagaba sentirme deseada por hombres tan jóvenes y vigorosos y que eso era lo que me gustaba de los jovencitos que podían decir y hacer lo que les viniera en ganas, sin medir las consecuencias. Me sonrió y pícaramente dijo:

    -¿En serio te gustaría que haga lo que me venga en gana?, porque se me ocurren cosas muy entretenidas y muy calientes.

    -¿Qué tan calientes bebé?, le pregunté con una amplia sonrisa.

    El tomo mi respuesta como un permiso para tocarme, me tomó del brazo, y me arrincono contra la pared, me beso en el cuello suavemente. Una mano hurgo en mi falda buscando mi sexo.

    Sentí mi vagina completamente empapada de deseo y lo bese en la boca. Note que su miembro estaba duro como una roca. Era evidente que estaba muy excitado. Sentí mis pezones hincharse bajo la seda, bajo la influencia del deseo.

    Soy una mujer con hambre de sexo, y ese jovencito adivinaba en mí, a una hembra en celo.

    Mi sobrino me observaba desde la mesa y me sonreía constantemente. El joven se percató de ello y me preguntó con quien había venido, le conteste que con mi sobrino, y que con él que me unía una relación muy especial, remarcando la palabra especial. Para ser más gráfica, pasé mi legua por mis labios, guiñándole un ojo. Mientras pasaba mi dedo índice por su pecho.

    -¿Y él no se pone celoso? Me preguntó

    -No, a él le gusta verme muy cariñosa con mis amigos, le respondí

    -¿Con tus amigos? Ah, ya entiendo. Tal vez tu sobrino y tu puedan tomar unas copas conmigo y mi amigo, y demostrarnos cuan cariñosa puedes ser, me dijo guiñándome un ojo

    -Me encantaría, suelo ser muy cariñosa, le susurre pasándole la lengua por su oreja.

    Fui a sentarme en mi mesa. Y los dos jóvenes se unieron a nuestra mesa, luego de las presentaciones y de una charla caliente de índole sexual nos fuimos a mi departamento.

    Llegamos al departamento y nos servimos unas copas, pasamos a la habitación y los jóvenes se sentaron en la cama y mi sobrino en una silla con un vaso de whisky y su cámara de fotos a observar el show que su caliente tía le ofrecería en breve.

    Me senté entre mis dos amantes y bebí unos sorbos de whisky, mientras uno comenzó a desabrocharme la blusa, para poner al aire mis pechos hinchados para poder acariciarlos.

    Me saque la minifalda y separé mis piernas. Alternativamente, la mano de los jovencitos tocaban mi sexo y separaban mis labios brillantes y húmedos y acariciaban mi clítoris, arrancándome suspiros de placer.

    Mientras uno de los negros me besaba, el otro se levantó y se quitó la camisa, el pantalón vaquero y el calzoncillo, dejando a la vista su hinchado pene

    Se recostó en la cama y me tomo de los cabellos llevando mi boca hacia su pene, mientras el otro joven se desnudaba.

    Me volví para ver la reacción de mi sobrino, él respondió con una sonrisa, sabía que esos negros podían disfrutar de mí y hacerme lo que quisieran…

    Mi lengua disfrutaba de esa poderosa y caliente barra de carne negra, saboreándola con placer Su amigo acarició mi esfínter anal con un dedo y lo pasó a lo largo de mi línea hacia abajo, en dirección a mi vagina, y lo introdujo entre mis labios húmedos, diciendo que estaba dispuesta, como una perra en celo.

    Y empezó a lamer mi vulva y el ano alternativamente, su lengua áspera se insinuaba en mi agujero. Sus manos grandes separaban mis nalgas para deslizar su lengua entre mis dos globos carnosos.

    Yo era como una perra en celo delante de mi sobrino que me miraba lascivamente sin decir una palabra, tenía el placer de verme depravada ante él, lamiendo un pene tieso y grande.

    Él aprovechaba para sacar algunas fotos con su cámara fotográfica

    Las cosas estaban a punto de ponerse calientes, iba a ver a su adorada tía gemir como una puta.

    Después de haber logrado con mi lengua que su pene adquiriera un tamaño descomunal, me monte sobre él, y con mi mano y lo deposito en la entrada de mi vagina ardiente y mojada, para meterlo por completo en el fondo de mi vientre. Su sexo me llenaba, forzando mi carne para amoldarla a el tamaño de su miembro

    Su miembro en cada estocada se deslizaba con más facilidad, mi trasero golpeaba sonoramente contra su cintura.

    El otro joven pasaba su pene erecto entre mis nalgas intentando lubricar mi agujero con un poco de vaselina que le alcanzó mi sobrino.

    Tomó mis caderas y suavemente ubicó su pene en mi esfínter anal lo introdujo un poco, hizo una pausa y luego, lentamente, continuó con su empuje penetrándome completamente.

    Y empezó con su movimiento de mete y saca. En esta posición estaba totalmente dominada por el joven que me embestía violentamente. Las olas de placer recorrieron todo mi cuerpo una y otra vez yo estaba en éxtasis

    Me sentí abrumada con el placer, yo estaba gritando y le imploraba a mis amantes que me llenaran más y más que derramen todo su esperma en mí.

    Un orgasmo profundo retumbo en todo mi ser, sintiendo las ondas de placer que llegaban de lo más profundo de mi vagina.

    Finalmente el que me penetraba vaginalmente, explotó dentro de mí, me llenó de su jugo con potentes chorros .Su orgasmo duró mucho tiempo y se quedó dentro de mí, acariciando mis pechos.

    El otro negro a punto de eyacular, se retiró de mi ano y junto con mi sobrino se pararon frente a mí y se masturbaron hasta bañarme con su esperma toda la cara mi lengua se encargó de unir el semen de esas dos razas y una foto lo inmortalizo para siempre.

    Yo temblé de placer al verme entregada a la agresión lasciva de dos negros.

    Mi vagina estaba dilatada por completo. Se podía ver mi clítoris que sobresalía de su hendidura inundada de espeso semen.

    Seguimos teniendo sexo toda la madrugada.

  • Una noche de lujuria

    Una noche de lujuria

    Una noche de verano el ángel desnuda duerme plácidamente solo le cubre su cuerpo una sábana blanca… Siente que alguien la observa es él, ha vuelto el demonio de la noche extrañaba ella su presencia solo el sabia complacerla solo el sabia sus deseos sus perversiones y conocía su lujuria salvaje pues no era cualquier ángel esta no.

    Ella sabía complacerlo en todo sus deseos extendió su brazo y le dijo: “Ven aquí a mi lado amor”. De la oscuridad se sacó la sabana y sus pechos estaban a su merced sus pezones duros que la luna iluminaba aumentaron la excitación del demonio se abalanzo a ella y comenzó la danza del sexo toda la noche.

    El demonio comenzó a chupar los pezones de su ángel ella sentía entre sus piernas la erección descomunal de su demonio entonces se soltó de sus brazos se agacho y comenzó a chuparlo primero suavemente apretando un poco sus huevos notaba la enorme crecida de su polla en su boca ya empezaba a gotear su néctar de placer corría por su garganta ella está en la gloria pues complacerlo le encantaba a ella el demonio se corrió y ella lo trago lo disfruto se lo dejó limpio ahora era su turno de complacerla.

    Ella se acostó en la cama abrió sus piernas y le dijo: “Aquí mi amor caliente deseo que me des el placer con tu boca”. Ni corto ni perezoso se abalanzó a su ángel tomo sus piernas beso sus muslos los olfateo olía a rosas y jazmín le gustaba luego beso lentamente sus labios menores y mayores ella se estremecía de placer “¡¡aahh!! ¡¡aahh!! Siii mi cielo sigue2 y el obedecía lo lamia y apretujaba su botoncito del placer seguía y ella lo disfrutaba siii… Y llego el ansiado orgasmo si se retorcía de placer extasiada por el pacer que le otorgaba se amasaba los pechos y apretaba sus pezones estaba en la cúspide y se corrió en sus labios él los bebió se acercó a ella y se besaron con pasión y prosiguieron con el sexo desenfrenado el entraba y salía de ella la follaba salvajemente y ambos alcanzaron la excitación y placer todo en una noche donde el ángel dormía desnuda a la espera de su demonio.

  • Cami y yo en el sitio menos indicado

    Cami y yo en el sitio menos indicado

    Cami y yo llevábamos mucho tiempo tratando de conocernos pero siempre se presentaba algo, ella sus múltiples ocupaciones y yo igual. Siempre acordábamos una cita pero llegaba el día y resultaba imposible nuestro encuentro, siempre hablábamos nos hicimos muy amigas, sentía cosas diferentes cuando hablábamos me ponía nerviosa saber que ella también me pensaba y tenía los mismos deseos que yo, le enviaba los videos lésbicos xxx que yo veía y pensaba en hacer todo con ella me la imaginaba de todas las maneras posibles además que era genial hablar con ella. En una ocasión acordamos encontrarnos como siempre pensé que Cami no podría pero fue ella la más motivada dejándome muy pero muy sorprendida me excitaba la idea de verla y por fin tener el placer de hacerle todo lo que me imaginaba.

    Llego el día de encontrarnos hacia mucho frio y yo no quería salir de mi casa pero era esa tal vez la única oportunidad de vernos, aunque estamos en la misma ciudad vivimos en lados completamente opuestos pero me arregle y salí a su encuentro atravesé la ciudad solo para conocerla; era excitante saber que se acercaba la hora de encontrarnos. Cuando por fin llegue al sitio la espere mucho tiempo pensé que no iba a aparecer me pasaban todo tipo de ideas por la cabeza, estaba a punto de irme cuando llego estaba oscuro pero se veía lo linda lo que estaba, podía sentir que estaba igual de emocionada que yo me levante y la saludé era como si la conociera de toda la vida nos fuimos a tomar un café y hablamos bastante tiempo, era muy difícil no mirar sus labios ni sus grandes pechos que deseaba con ansias tener entre mis manos, hablamos y me pregunto que quería que hiciéramos lo único que se me ocurrió decir fue que nos fuéramos directo a su automóvil y ahí decidíamos.

    Mientras caminábamos hacia el auto no pude evitar preguntar porque tenía fantasías con otras mujeres entre otras cosas hablamos y note que teníamos muchas más cosas en común de lo que yo imaginaba, llegamos al estacionamiento que quedaba al lado de un gimnasio una calle bastante sola, los chicos del gimnasio salieron a trotar mientras el vigilante saludaba a Cami muy amablemente, ella le comentó que íbamos a estar un rato dentro del vehículo antes de irnos se me hizo algo raro pues pensé que íbamos a ir a otro sitio, entramos y note que los vidrios son muy oscuros y era imposible que vieran hacia adentro.

    Conversamos un rato y Cami muy sonriente me pregunto qué quería hacer lo único que pude responder fue que quería darle un beso! Estaba loca por sentir sus labios… Ella sonriendo me dijo hazlo ya yo quede asombrada no pensé que tuviera los mismos deseos que yo. Nos acercamos al mismo tiempo y a oscuras entre el auto nos dimos un profundo beso yo la acariciaba mientras sentía sus labios tocar los míos moría de ganas por tocar sus grandes pechos me mojaba imaginarme lo húmeda que estaba mientras me besaba, después de eso no pudimos detenernos baje la mano y le acariciaba sus senos y más excitaba le dije que nos fuéramos a un motel donde pudiéramos estar solas pero preferimos quedarnos ahí, recosté mi silla y ella se puso encima mío se quitó su pantalón y rápidamente hice lo mismo con el mío se desnudó completamente y yo entre en pánico de pensar en los chicos que trotaban y el vigilante que estaba a unos pocos metros de nosotras.

    Supongo que eso nos excitaba más porque después me beso con más ganas metí mi mano en su entrepierna y estaba empapada era delicada sus jugos hacían deliciosos sonidos mientras yo la acariciaba la besaba y sujetaba su cabello con fuerza con mi otra mano y ella solo gemía y hacía lo mismo con la mía abrió sus piernas y con dificultad puso una entre las mías para sobas su delicioso clítoris en mi pierna puso su rodilla en el mío y empezamos a jugar con nuestros sexos no podíamos parar ya no nos importaba que nos miraran yo sujete sus dos pechos poniendo sus dos pequeños pezones en mi boca se sentía único mi lengua no podía parar de moverse y mi boca de succionar ella gemía y se movía cada vez más fuerte nos besábamos tocábamos y gemíamos tan fuerte que fue inevitable corrernos de inmediato fue el orgasmo más delicioso que pude sentir y creo que el de ella igual terminamos nos besamos unos segundos más y de inmediato ella volvió a su silla de piloto y nos vestimos, nos reímos un rato y después nos fuimos me acerco a mi casa nos despedimos yo muy satisfecha y ella igual, aun espero que se repita en el mismo vehículo o en otro sitio.