Autor: admin

  • Tu rosa

    Tu rosa

    Vine a vivir a este barrio siendo muy joven, e inexperta. Mi familia es gitana, y, en fin, se pueden imaginar la fama de la que venimos precedidos, los gitanos. Sin embargo, de un tiempo hasta ahora veo a un payo que me mira cada vez que paso cerca de él. No sé qué tipo de mirada es la suya, aunque aventuro que es de deseo. Mi cuerpo se ha desarrollado de forma armónica: mis tetas son salvajemente perfectas, mi cintura fina, mi culo pequeño y duro y mis piernas fibrosas. Había noches en que mi calentura de hembra me llevaba a inesperadas ensoñaciones en las que el payo que me miraba a diario se metía en mi cama y me follaba; jamás pensé que ocurriría, pero así ensoñaba.

    Una tarde salí a la puerta de mi chabola y vi al payo. Tenía un pitillo sin encender entre mis dedos y me dije: «Le pediré yesca». Eso hice y me la dio. Él posó sus ojos en mi cuello mientras yo encendía el pitillo; le pregunté: «¿Qué miras?»; «Tu hermoso cuello, niña», respondió; «¿Me lo quieres besar?», le reté; «Sí, pero necesitaría tiempo», dijo; «Ven», le invité, y le llevé a un derribo que había cerca.

    Pasamos entre ladrillos y hierbajos y nos adentramos en un bosque de columnas que no sostenían nada. Tomé al payo la mano para no caerme si tropezaba, y así llegamos hasta un rincón oculto a las miradas de los vecinos. Detuve mi marcha y encaré al payo. «Aquí», dije acercando mis labios a los suyos: nos besamos. Su boca caliente calentaba la mía; su lengua daba círculos en mi boca. Me estremecí cuando sentí una misteriosa energía expandirse en el interior de mi pecho. Estreché mi cuerpo junto al suyo. Las manos del payo investigaban mi anatomía: lo mismo me acariciaban el culo que se introducían bajo mi camisa verde y estrujaban mis tetas. Dado que no llevaba sostén, el tacto de sus dedos sobre los pliegues de mis pechos me hacían dar suspiros que se ahogaban en su aliento. El abultamiento de su entrepierna presionaba mi vientre: abrí la portañuela de su pantalón y saqué su hinchada polla. Él, en ese momento, se separó de mí. «¿Qué vas a hacer?», me preguntó. «Te la voy a chupar, payo», le contesté, «no puedo follar contigo, mi rosa vale mucho», añadí. Entonces me arrodillé sobre el polvoriento cemento y me metí su venoso miembro en la boca. Lo había hecho más veces: con mi primo Jenaro, con mi hermano Adrián, con mi padre…, sin embargo a este payo lo quise impresionar y se lo hice despacio, deslizando mis labios sobre su glande con parsimonia, sosteniendo sus huevos en mis palmas; adelante y atrás con ritmo pausado hasta que oí un sonido gutural de masculino y ronco placer; entonces aceleré mis acometidas hasta que su semen regó mi paladar y mi lengua probó su templada viscosidad. Exprimí la totalidad de las gotas que manaban de su capullo cabeceando varias veces en su pubis y elevé la vista para admirar mi obra: el rostro del payo me lo decía todo: le había sacado un buen polvo.

    Nos separamos a la salida del derribo. Empezaba a oscurecer y él aprovechó que no nos veía nadie para plantarme un sonoro beso. Después me dijo: «Me voy, nos veremos». Yo sonreí y me di la vuelta hacia mi casa.

    La mañana siguiente, cuando me dirigía caminando al estudio del pintor para el que posaba desnuda a cambio de comida, por una calle estrecha y empedrada del Centro vi al payo. Iba acompañado de una mujer. Ésta lo tenía cogido del brazo. Me fijé en la mujer: era rolliza; bajo su larga falda negra se perfilaba el grosor de sus muslos y la magnificencia de su culo; y, aunque algo tapados por el abrigo de astracán, sus protuberantes pechos tensaban las abotonaduras que los protegían; su cara, redonda y graciosa, era rubicunda y su melena morena y rizada reposaba sobre sus hombros. Ya me podía hacer una idea de las noches amorosas que compartían en pensiones de habitaciones por horas, ya. Ella a cuatro patas jadeando mientras mi payo la bombeaba por detrás, esa exuberancia carnal desparramada sobre unas sábanas mugrientas después de haber realizado el coito, o antes, mientras mi payo le comía el coño grasiento. Ya me podía hacer yo una idea, ya.

    «Mi gitana es muy guapa, y su figura esbelta, delicada pero plena de femineidad, me invita a ensoñar a que un día la posea, sea enteramente mía; por el momento sólo me la chupa cuando encarta porque dice querer conservar su rosa y me conformo, sin embargo quiero conquistarla, quiero saborear su piel morena, quiero llegar a la cima del placer con ella; sé que será difícil pero es lo que más deseo; no es que me vaya mal con mi novia, no, ella también me la chupa, aunque nunca me deja terminar en su boca; eso sí, pasamos horas en pensiones baratas amándonos, su voluptuoso cuerpo pide sexo a todas horas y yo la debo contentar; como no podemos usar condón porque estamos en guerra y estos están reservados para los militares, hacemos la marcha atrás, vuelco mi semen sobre su fofa barriga; pero lo que más le gusta a ella, y a mí, es que la folle por el culo; se quita la falda, las enaguas, las bragas y se pone a gatas sobre la cama, entonces, así, con la camisa puesta y los zapatos de tacón, me dice: «Vamos, pichón, a qué esperas»; yo me quito los pantalones y el calzón y la cubro como un caballo a su yegua; ella grita cada vez que la embisto; sus carnosas nalgas tiemblan cuando mi polla entra y sale de su agujero; arquea ella su espalda para tomar impulso hacia atrás, para que mi miembro le llegue más profundo, y grita más fuerte, tanto que hasta la dueña de la pensión da golpes de amonestación en la puerta; ah, pero el clímax le llega y a ella le da igual, para eso es la que paga; a veces mi novia, en un repente, me exige que le coma el coño, entonces entramos en la primera pensión que nos salga al paso, se desnuda completamente en la habitación y se tumba sobre las manchadas sábanas; sus tetas gigantes caen hacia sus costados; yo comienzo a chupárselas y ella gime contenta; luego voy bajando hasta su pubis y le introduzco la lengua y dos dedos en su raja; sus vellos rizados y negros me hacen cosquillas bajo mi nariz mientras la masturbo; el olor es penetrante y excita mis sentidos, así que me afano en mi labor con entusiasmo, oyendo como cada vez resolla más profundo, midiendo el crecimiento de su clítoris, su endurecimiento, saboreando el dulzor de sus jugos; ah, y no lo puedo evitar, echo mano a mi polla y me la empiezo a menear hasta correrme a la vez que ella me aparta la cabeza porque también se ha corrido; pasados unos minutos me acurruco sobre su acogedor cuerpo sudoroso y lamo todas sus curvas con fervor; ella, siempre, es la que paga.»

    Cuando empezaron a caer las bombas, Gonzalo estaba con su tía desayunando pan mojado en vino dulce y malta con leche de burra en la casa del patio de vecinos donde vivían. Se sobresaltaron y se agacharon para esconderse bajo la mesa. Debían estar disparándoles desde el mar, puesto que el frente en el interior estaba estabilizado desde hacía varias semanas. Los obuses caían por cualquier sitio: era la tan cacareada Guerra Total cuyo único objetivo era sembrar el pánico. Y, de seguro, lo estaban consiguiendo: el griterío en el barrio era tan ensordecedor como las explosiones que los provocaban. Fue en una pausa entre estruendos cuando Gonzalo se acordó de Paquita, su gitana. Súbitamente, desobedeciendo los consejos de su tía, Gonzalo salió de debajo de la mesa como una exhalación y salió corriendo hacia la puerta; la abrió, cruzó el patio sembrado de gente herida y llegó a la calle; debía dirigirse hacia las chabolas, debía librar a Paquita de una muerte segura.

    La manzana de chabolas hechas de adobe y cañas ya ardía casi en su totalidad en cuanto Gonzalo la divisó. Se adentró entre los escombros humeantes salpicados de despojos humanos y gritó: «¡Paquita!» Un niño sucio y ensangrentado le miró. «¿Has visto a Paquita?», le preguntó. El niño señaló una dirección a su izquierda, señaló el derribo. Gonzalo corrió con todas sus ganas; su corazón se le salía; le faltaba la respiración. Al fin, penetró por el bosque de columnas y allí la vio. Paquita estaba hecha un ovillo en un rincón con sus ropas ennegrecidas convertidas en harapos y sollozando. Nada más ver a Gonzalo, Paquita adelantó sus brazos: sus senos semidesnudos se agitaron. Gonzalo llegó hasta ella y se acuclilló a su lado; «¿Estás bien?», le preguntó; «¡Oh, Gonzalo, ha sido horrible, han muerto todos!», exclamó Paquita tomando a Gonzalo de la cabeza para besarle con desesperación; éste se dejó caer junto a ella, y ambos comenzaron a dedicarse caricias con sus manos sucias. Gonzalo se sentó apoyando su espalda al muro desportillado; Paquita se sentó frente a él, sobre sus muslos. «Gonzalo, bésame», suplicó Paquita, «pero hazlo como si fuese lo último que fueses a hacer en tu vida, por favor». Gonzalo puso sus labios sobre los de ella y le introdujo la lengua; Paquita le correspondió: la asfixia de ambos hizo que tuvieran que respirar por la nariz forzadamente. Y así, entre bufidos, Gonzalo levantó el culo de ella hasta situarlo en su entrepierna. La falda de ella estaba tan rajada que de un tirón Gonzalo se la pudo quitar; las bragas eran solo un trozo de tela descolgado. La polla de Gonzalo salió de su escondrijo en cuanto sintió la calentura que emanaba del chocho de Paquita, y nada más que el pantalón fue desabrochado surgió poderosa y enhiesta. «Tu rosa, Paquita, será mía», dijo Gonzalo; «Nada importa mi rosa ya, Gonzalo». Gonzalo la poseyó con destreza. Paquita apoyaba los brazos sobre sus hombros con la cabeza caída, mientras Gonzalo movía sus caderas arriba y abajo. Oh, la visión de su gitana…

    Las ráfagas de ametralladora que los mató procedieron del cielo. La mortífera escuadra de aviones tenía órdenes precisas de acertar a cualquier bulto que se moviera, pues los generales no querían que sus tropas de infantería fuesen diezmadas por individuos emboscadas en algún agujero. Así que el piloto no tuvo dudas de que en aquel infesto derribo algo anormal ocurría al ver dos cuerpos moviéndose espasmódicamente; de seguro que fabricaban una trampa letal; y activó la fusilería que sesgó la vida de los amantes. No sin antes besar la estampa de la Virgen de las Angustias que llevaba en el salpicadero.

  • El amigo de mi hijo me hizo su mujer (II)

    El amigo de mi hijo me hizo su mujer (II)

    Habían pasado 2 semanas desde lo sucedido en la cocina, Adrián seguía visitando mi casa después de la escuela como si nada hubiera pasado, me saludaba nos sentábamos a comer y al terminar se ponía a jugar video juegos con mi hijo, todo parecía cotidiano pero desde ese día cada vez que Adrián estaba en la casa se escapaba a la cocina para pedirme que lo volviéramos a repetir.

    Intente detenerlo y negarme por completo pero me resultaba imposible ignorar las caricias de Adrián, estaba tan abandonada por mi esposo que un simple rose de Adrián estimulaba en mi un sentimiento de placer y excitación tan olvidado que no podía resistirme a ninguna de sus peticiones.

    Me pedía que lo masturbara mientras chupaba mis pechos o que lo masturbara con ellos, en ocasiones solo quería que me quedara quieta mientras él se masturbaba mirándome las nalgas Y como de algún fetiche se tratara se terminaba corriendo en todas las partes de mi cuerpo manchándome con su semen y lo peor aún es que me encanta que lo haga.

    Después de cada encuentro con Adrián me entraba un sentimiento de arrepentimiento por lo que había hecho, aunque no habíamos llegado a tener sexo con el me sentía culpable sobre todo por mi esposo, mi hijo y en lo que podría llegar a pasar si nos descubrían. Me prometí que no lo volvería a hacer y esa misma tarde hable con Adrián antes de que se fuera a su casa y le deje muy claro que nuestros encuentros en la cocina se habían acabado.

    Pasaron 3 días con normalidad sin el acecho de Adrián en la cocina, el continuaba visitado a mi hijo como acostumbraba pero no tenía ninguna intercesión conmigo hasta que Adrián me sorprendió nuevamente en la cocina.

    Yo estaba lavando los platos sucios cuando Adrián se acercó a mí y desde atrás me abrazo con fuera diciendo que no podía olvidar lo que habíamos hecho y que no podía sacar de su cabeza la imagen de mis pechos desnudos.

    Comenzó a mover sus manos sobre mi blusa masajeando mis pechos, Le dije que se detuviera, que no podíamos seguir haciéndolo y que no podía traicionar a mi familia pero Adrián seguía insistiendo, sus manos recorrían todo mis pechos y comenzó a quitar los botones de mi blusa y a rogar nuevamente porque lo hiciéramos otra vez.

    La verdad es que yo tampoco había olvidado lo que había pasado y me sentía tan sola por el poco interés que mi marido mostraba en mí, que la atención de Adrián me hacía sentir acalorada y receptiva a sus mimos, “por favor señora Isabel solo una vez más se lo prometo”.

    Su contacto suave y cariñoso me comenzaba a provocar nuevamente, “Está bien pero solo una vez más y ya le dije”, lo lleve al fondo de mi cocina donde nadie pueda vernos y termine de desabrochar mi blusa sacando mis pechos, me coloque en mis rodillas y su pene quedo a la altura de mi cara, tengo que admitir que su pene se veía muy duro y más grande que el de mi esposo.

    Ubique mi mano sobre su miembro para masturbarlo pero Adrián me pidió que me detuviera y esta vez por favor se lo chupara como regalo de despedida. Considerando que esta seria nuestra última vez y que no se volvería a repetir acepte.

    Estando tan cerca su miembro me lo lleve a mi boca, nunca me imaginé que terminaría chupando otro pene que no fuera el de mi marido y menos del amigo de mi hijo, empecé a darle ligeros lengüetazos a su glande, automáticamente los ojos de Adrián se fijaron en mí, no dejaban de observarme “se siente magnifico señora Isabel, no se detenga” sus comentarios me hacían sentir un poco avergonzada y excitada.

    Su pene se contaría a cada lamida que le daba, parecía que en cualquier momento estallaría en mi boca así que apreté con fuerza la base de su miembro con mi mano para que se contuviera y coloque mis labios sobre su glande atrapándolo y comencé a chuparlo con fuerza solo con mis labios.

    La cara de Adrián se puso roja y su mirada estaba perdida de placer, comenzó a emitir pequeños gemidos por lo que le dije que no hiciera ruido porque mi hijo se iba a dar cuenta, temiendo que mi hijo escuchara algo aumenta la fuerza de mi succión metiéndome casi por completo su miembro para que se corriera rápido.

    Seguí chupando su miembro y Adrián me dijo que estaba a punto de correrse, “quiero correrme en su cara señora Isabel por favor déjeme hacerlo “sin alcanzar a responderle Adrián termino eyaculando sobre mi cara cubriendo todo mi rostro con su semen.

    Esta era la primera vez que alguien se corría en mi cara, su semen se sentía caliente y tenía un fuerte olor, nunca creía que alguien pudiera eyacular tanto como lo hizo Adrián “perdone señora Isabel dijo Adrián disculpándose”, pero no me había molestado todo lo contrario me había gustado sentir toda mi cara cubierta de esperma, estaba a punto de levantarme pero Adrián me pidió como último favor que le chupara nuevamente su miembro hasta quitar la última gota de semen y lo dejara limpio.

    Gustosa acepte y por segunda vez se lo volvió a chupar, utilice mi lengua para dejar limpio sus glande y su tronco, quite todos los restos de semen y lo deje limpio .Terminando de chupar su pene me levante y busque una servilleta para limpiar mi cara, me volví a abotonar mi blusa le dije que regreso al segundo piso con mi hijo.

    Limpie la cocina y me fui a duchar para quitarme el olor de Adrián, me lavaba mi rostro paro aun sentía el aroma del semen de Adrián impregnando en mí, tarde en quitar por completo su hedor. Estando bajo el agua volví a sentir culpa por mi familia pero no podía detenerme Adrián despertaba en mi un fuerte impulso que no podía controlar.

  • Ana Cecilia (5): De coqueta con los amigos de mi marido

    Ana Cecilia (5): De coqueta con los amigos de mi marido

    Mi vida con Daniel como pareja se estabilizó y durante unos seis meses nos conocimos mejor y nuestra relación se hizo más cómoda para ambos, yo sabía que al principio Daniel había buscado aprovechar la situación porque al vivir conmigo iba a ahorrarse pagar renta y comida, y además yo empecé a comprarle ropa de mejor calidad, de esta manera el recibía íntegro su salario y prácticamente no tenía que gastar en nada. Si bien acepto vivir conmigo por mero interés, al paso de los días y meses comenzó a mostrarse más cariñoso conmigo, y a veces tomaba algo del dinero que estaba ahorrando para regalarme alguna cosa bonita.

    En fin… parecíamos una pareja de novios. Yo estaba encantada con nuestra relación, ocasionalmente Daniel salía con sus compañeros de trabajo para divertirse, y casi siempre que salían juntos iban a los cabarets y puteros del centro, a mí no me incomodaba para nada que se fueran de putas… Total, Daniel era joven y quería divertirse… Y yo salía ganando porque cuando regresaba en la noche venía ebrio y muy excitado y esas noches en especial me daba unas ESPECTACULARES CULEADAS, y por supuesto yo dejaba coger a su antojo.

    Siempre me invitó a ir con él y sus amigos, pero la verdad es que no me apetecía salir con mi marido a la calle vestida de hombre… Cuando se lo dije mitad broma mitad en serio me respondió:

    – Pues acompáñame vestida de mujer

    -¡Cómo crees estás loco!?… Tus amigos me van a reconocer de inmediato… Y además como me vas a llevar al putero… Yo soy una señorita decente

    – ¡Huy si cómo no! Pinche Cecilia con lo puta que eres a lo mejor hasta agarras clientes… Jajaja.

    – Ya no seas payaso… Me daría pena que tus amigos me vieran vestida de mujer porque en seguida se darían cuenta de que me andas cogiendo…. Porque tu no les has dicho que soy tu puta… o sí?

    – No… Como crees les digo que vivo contigo como amigos, te juro que no saben que eres mi vieja.

    – Bueno está bien… Ya vete a divertir y cuídate.

    El día que tuvimos esa conversación tuve la sospecha de que Daniel ya les había dicho a sus amigos que me andaba cogiendo y que yo me vestía de mujer, aunque en realidad no me importaba mucho porque yo ya no iba a la vinatería, cada sábado yo le daba dinero a Daniel para que trajera las bebidas y cigarros aprovechando que él trabajaba ahí.

    En fin… En una ocasión me pidió permiso para traer a sus amigos a casa para ver un partido de fútbol de la selección, porque los bares estarían repletos y sus amigos vivían muy lejos… Como nuestro departamento estaba sólo a 4 calles de la vinatería era la solución perfecta para ellos, cuando Daniel me pidió permiso de traer a sus amigos no me gustó mucho la idea, primero porque mientras ellos estuvieran aquí yo tendría que estar vestida de hombre (cosa que detesto) y segundo porque aunque Daniel no les hubiera dicho que me andaba cogiendo yo estaba segura que cuando les dijo que vivía conmigo por lógica alguno de ellos sospecharía… Pero accedí porque me encantaba consentir y mimar a mi marido.

    En fin… El sábado después de que Daniel se fue a trabajar me di un baño lavando perfectamente mi colita y mis nalgas porque mi macho me las había dejado completamente bañadas de leche, me puse mi acostumbrada lencería y encima una batita cortita unas sandalias y me puse a preparar la comida y las botanas para mi marido y sus amigos, hice un poco de limpieza ordenando la casa, barrí y pase el trapeador, después puse la lavadora y lavé la ropa de mi marido y la mía. Cuando ya estaba todo listo muy a mi pesar me quité la bata y me puse un pantalón de mezclilla bastante ajustado, una camiseta y una sudadera para ocultar mi brassier, calcetines sobre las medias un par de zapatos deportivos y arreglé mi pelo de manera masculina y mientras bebía una cerveza me dispuse a esperar a los chicos.

    Llegaron a las 2 de la tarde cargados con las bebidas y hielos de inmediato pusieron las bolsas de hielo y las cervezas en la tina de baño, entonces Daniel me presentó a 3 chicos que yo no conocía los otros cuatro eran compañeros de trabajo de Daniel y ya los conocía así que los salude muy natural… Se acomodaron en el sofá y el comedor y de inmediato comenzamos a beber, a fumar y a platicar desde el principio me trataron muy bien… Yo diría que los cuatro compañeros de trabajo de Daniel eran me trataron exageradamente bien, eran muy atentos conmigo cuando yo iba a la cocina para traer más botanas o al baño para traer más cervezas siempre alguno de los cuatro se ofrecía a ayudarme.

    Pasaron casi 5 horas de plática, bromas, bebidas y buen humor hasta que a las 6 de la tarde comenzó el partido, ya estábamos algo ebrios y las bromas comenzaron a subir de tono… Albures, frases con doble sentido y cuatro pares de ojos atentos a cualquier movimiento que yo hacía,… mmm… «casualmente» los cuatro compañeros de Daniel ya medio borrachos mostraban un interés en mi muy marcado, los 3 chavos que no conocía me trataban normal parecíamos el típico grupo de hombres divirtiéndose, pero los 4 compañeros de trabajo no apartaban los ojos de mi parecía que el partido no les interesaba.

    En una ocasión en la que fui a buscar más cervezas al baño de inmediato dos de ellos se ofrecieron a ayudarme, entré al baño con uno de ellos mientras el otro se quedó parado junto a la puerta, tuve que empinarme frente a la tina para sacar las cervezas del hielo y entonces el tipo (se llama Ricardo) me agarro de las caderas y frotó su paquete en mis nalgas sinceramente yo no me esperaba algo así… Me levante rápido y cuando giré fingió estar muy borracho y me dijo:

    – Perdón, perdón es que el piso está muy mojado y me resbalé…

    Como yo estaba realmente sorprendida me quedé muda, sólo me hizo a un lado suavemente y comenzó a sacar las cervezas, entonces el otro chico (Joel) se paró junto al retrete y mirándome a los ojos sacó su verga y se puso a orinar… El arrimón de Ricardo me había dejado muda… Pero cuando vi la verga de Joel me quedé sin aliento… No era una vergota era una «vergototota»… En serio era una verga enorme aun en estado de reposo media como 15 cm. (eso mide mi verga cuando está bien parada) no podía apartar mi mirada de esa maravilla ¡era increíble!

    Cuando Joel terminó de orinar sacudió su anaconda y sin apartar su mirada de mí la guardó y ayudó a Ricardo a sacar las cervezas y salieron del baño, yo me quedé ahí muy sacada de onda… Entonces comprendí todo: seguramente Daniel les había dicho que me andaba cogiendo por eso actuaban así, salí del baño y me hice pendeja… Seguimos bebiendo aún después que terminó el partido, ya estábamos francamente borrachos, dos de los chicos nuevos se despidieron y se fueron como a las 8, unos 15 minutos más tarde se retiró Manuel junto con el otro chico… Quedamos Daniel, tres de sus compañeros: Ricardo, Joel y Pablo. Seguimos bebiendo aunque ya estábamos muy borrachos… Entre broma y broma esos cabrones me lanzaban frases con doble sentido, hasta que Joel dijo:

    – George pon algo de música para bailar.

    Mientras yo buscaba algo de música bailable escuché que Pablo decía:

    – No mames guey… Para que quieres música para bailar guey?… Si no hay viejas pendejo con quien vamos a bailar.

    Casi al unísono Joel y Ricardo respondieron:

    – Ahí está el George guey puede bailar con nosotros.

    – Volteé a ver a mi marido y el muy cabrón sólo sonrió y se encogió de hombros, Pablo les reclamó al par de cabrones.

    – No mamen ojetes todavía que George nos invita a su casa y nos trata a toda madre, ustedes están ahí de culeros, si es joto y se lo anda cogiendo el Daniel es pedo suyo, ustedes no tienen ningún derecho a burlarse de ellos

    Yo seguía bebiendo vodka mientras oía todo eso y como ya estaba borracha y era evidente que ya sabían que Daniel me cogía decidí cortar por lo sano.

    – Gracias Pablo eres muy amable… Pero no hay necesidad de echar a perder la reunión, la estamos pasando bien entonces si Daniel no tiene inconveniente puedo bailar con ustedes que dices Daniel?

    – Por mí no hay problema si quieres puedes bailar con todos mientras no se pasen de listos.

    Puse un disco de danzones y de inmediato Ricardo me jaló del brazo y me tomó de la cintura comenzamos a bailar mientras los demás se reían y aplaudían, cuando terminó la pieza Joel me tomó de la cintura y bailamos, me sentía muy bien bailando con ellos dejándome conducir como una chica, luego llegó el turno de mi novio y con la confianza de ser mi pareja me tomó de las nalgas y mientras bailábamos restregaba su paquete contra mi pelvis, los demás comenzaron a chiflar y a aplaudir cómo locos. Yo me dejaba manosear por mi marido divirtiéndome con sus bromas… Pero cuando tocó el turno de Joel primero me tomó de la cintura y me atrajo hacía él y después puso descaradamente sus manos en mis nalgas y pude sentir a través de la ropa su tremenda vergota, acercó su boca a mi oreja y me dice:

    – Es cierto que Daniel te mete la verga cuando te vistes de mujer?

    Mirando a Daniel y viendo que él estaba feliz disfrutando de la fiesta contesté:

    – Pues… Si

    – pinche Daniel suertudo, me imagino que vestido de mujer te has de ver bien bueno

    – Pues yo que te puedo decir, tendrías que verme para saber cómo me veo

    Cuando terminó la pieza Joel le dijo a Daniel:

    – Qué onda Dan… Porque no le das chance al George de que se vista de vieja para que el ambiente se ponga mejor?

    Daniel respondió: por mí no hay pedo guey… Si ELLA quiere, pero no se vayan a pasar de listos.

    – Por mí no hay problema, si tú me das permiso me visto y bailo con todos.

    Con el permiso de Daniel me retiré a la recámara donde me quité el pantalón casi me caigo por la peda que traía, quedé sólo con mi lencería y me maquillé decidí peinarme con dos coletas con moños rojos, me puse un brassier strapless con relleno y encima una blusa que dejaba mis hombros descubiertos y una falda cortita de mezclilla finalmente me puse unas zapatillas descubiertas con tacón de 10 cm. Me perfumé generosamente y finalmente salí.

    Cuando me vieron comenzaron a silbar y a decirme que me veía muy buena y las mamadas que siempre dicen los borrachos a las mujeres, brindando por mi nueva apariencia seguimos bebiendo y Daniel les dijo:

    -¡A ver cabrones! el George ya no existe, en su lugar llegó este bizcochito que se llama ANA CECILIA… Con mucho gusto les presento a mi novia.

    Mientras bebíamos podía ver que ellos me miraban de pies a cabeza, yo me sentía cómoda sabiendo que todos estábamos borrachos y cuando los hombres están pedos ven buenas a todas las mujeres. Joel como siempre era el más aventado y de inmediato me jaló de la cintura y me dijo:

    – ¡Vamos a bailar Mamacita!

    Mientras bailábamos volvió a tomarme de las nalgas restregando su vergota en mi vientre y aprovechó que bailábamos muy pegados me mordía el lóbulo de la oreja y susurraba:

    – En serio Cecilia… Te ves bien buena me cae que si no fueras la vieja del Dan, yo si te metía la verga aunque seas un joto, tengo la verga bien parada nomas de imaginarme las culeadas que te ha de dar el Dan. Prométeme que si algún día lo mandas a la chingada me vas a dar chance a mí… Me cae que estás bien sabrosa.

    Yo solo me dejaba manosear mientras bailábamos y discretamente buscaba con la mirada a Daniel que estaba muy quitado de la pena platicando y riendo con los demás chicos viendo como Joel me manoseaba a placer, bailé con cada uno de ellos incluido mi marido y con todos fue lo mismo, cada uno

    a su manera me pidió las nalgas… Joel era el más aventado y como pude ver en el baño y sentir mientras bailábamos el mejor dotado allá abajo, se me hacían agua las nalgas nada más de pensar en esa vergotota, Pablo era el más alto de los cuatro y también era el más educado y amable aunque también me pidió las nalgas lo hizo muy caballerosamente no me dijo que me quería coger… Dijo que me quería «hacer el amor» me gustaba mucho que me tratara como una dama… Ricardo era el más pendejo muy guapo (más guapo que mi marido)… Pero bruto como un diamante, torpemente también me pidió las nalgas… Me hizo reír como loca con todas las pendejadas que dijo, era tan divertido oírlo que bailé tres piezas seguidas con él y al final le di un prolongado beso en la boca mientras jalaba sus manos y las ponía en mis nalgas ante las burlas y bromas de los demás.

    Continuamos la fiesta hasta la una de la mañana, los chicos se fueron bien pedos y en cuanto cerré la puerta Daniel se me echó encima quitándome la blusa y la falda con mucha brusquedad mientras me decía:

    -¡Ven acá mamacita… No sabes cómo me puse de caliente ver cómo te metían mano esos cabrones! ¡Deja todo así mañana limpio la casa! ¡tengo la verga bien parada! ¡Me urge meterte la verga! ¡Empínate frente a la mesa y abre las piernas mamacita!

    Obedecí y cuando estaba frente a la mesa Daniel con el brazo hizo a un lado vasos, platos, etc. y me empujó por la espalda hasta que mi pecho quedó apoyado sobre la mesa y jaló mis pantaletas rompiéndolas, nunca lo había visto así… Apuntó su verga a la entrada de mi culo y de un solo golpe me la ensartó hasta los huevos haciéndome pujar de inmediato lancé mis nalgas hacia atrás para recibir sus estocadas más profundamente me cogía casi con furia y dijo:

    – A ver mamacita mueve esas ricas nalguitas como tú sabes, ya me urgía culearte me dolían los huevos de ganas de culearte mamita… ¡De quien es este culito!?

    – ¡Tuyo papacito!!!

    – ¡De quien son éstas nalguitas!

    – ¡Tuyas mi amor, son tuyas… Tú eres el dueño de mi culo!!! ¡Ay papi que rico me coges!!!

    – ¡Que ricas nalguitas mamita! ¡Tu eres mi puta! ¡Eres mía tu culo es mío!

    Mi cuerpo se cimbraba completamente bajo las poderosas embestidas de mi macho mi culo era un festival de sensaciones muy ricas, mi verga completamente parada chorreaba líquido seminal como un grifo… Estaba gozando como una auténtica puta la tremenda culeada, me gustaba mucho sentirme sometida por mí marido comenzó a besar mi espalda y mi cuello con verdadera pasión hasta que me dijo:

    – ¡Me vengo mamacita! !aprieta el culo mami… Ahí te van mis Mocos! ¡Ay Ceci que culito tan rico tienes! ¡me vengo toma mi leche! !putita linda que sabrosa estás!

    Comencé a masturbarme rápido y cuando sentí que me llenaba el culo de leche sobe más rápido mi verga y me vine muy rico mojando mi mano con mi semen, como de costumbre lamí mi mano tragándome mi leche… Cuando nos desenchufamos inmediatamente la leche de Daniel comenzó a salir de mi abierta cola, escurriendo por mis piernas me giré enfrentándolo y me lo comía a besos diciendo:

    – ¡Por dios mi amor que rico me cogiste!!!… Parecías un toro hace mucho tiempo que no me cogías tan rico. Me encanta que me culees así con fuerza, papito lindo me gusta mucho que me cojas como a una puta, siento muy rico cuando me abres el culo así.

    Nos fuimos a la recámara para dormir, me puse un Babydoll y me quite las zapatillas y los moños de las coletas y mientras me cepillaba en el espejo pude ver que Daniel tenía una sonrisa de satisfacción. Y entonces dijo:

    – No sabes cómo disfruté viendo a esos cabrones manoseándote y lanzándose como perros sobre ti, no creas que no me di cuenta de cómo te metían mano mientras bailabas con ellos… A ver si así dejan de molestarme.

    – por qué dices eso mi amor?… Pensé que te llevabas bien con ellos.

    – pues si nos llevamos bien pero… Desde que supieron que me vine a vivir contigo se la pasan cotorreándome y haciendo bromas a mis costillas, se la pasan llamándome «mayate»… Todo el día se la pasan chingando con que tú me mantienes, diciendo que te culeo y que tú eres mi puta… Que eres muy joto y que te encanta la verga… Y un chingo de mamadas.

    – A ver Daniel te enojas con ellos porque te dicen la verdad?… Mira: SI me metes la verga, SI soy tu puta, y ¡SI ME ENCANTA LA VERGA!… Entonces cual es el problema?… Son tus amigos y sólo están bromeando contigo… No te enojes.

    – Pues sí… Tienes razón pero no deja de darme gusto que se hayan excitado tanto cuando te vieron vestido de mujer… hijos de la chingada creo que si yo no hubiera estado presente se habrían lanzado como perros y te hubieran culeado entre todos, ahora me tienen envidia porque saben que te meto la verga y ya saben que te ves bien bueno vestido de nena, sobre todo el pinche Joel que siempre anda diciendo que él !jamás! se cogería a un joto… cuando bailabas con los otros dos me decía… En serio Dan el George se ve bien bueno vestido de vieja… Le has de dar unas culeadas de miedo… Pinche suertudo… Jajaja… Hubieras visto la cara que puso cuando me preguntó que si cogías rico y le contesté:

    -¡Huy guey ni te imaginas! CECILIA es una auténtica puta en la cama, coge bien sabroso y no te imaginas las verguizas que le pongo y siempre quiere más, en serio Joel mi vieja es bien putona.

    – ¡En serio le dijiste eso!?… No mames Daniel que van a pensar tus amigos de mí.

    – Qué piensen lo que quieran… Me vale madres… Lo importante es que ahora el pinche Joel me tiene envidia… Siempre anda presumiendo que se coge a las mejores viejas, pero ahora que te vio vestida de plano me dijo que si no fueras mi novia si se animaba a culearte. Yo sólo me reí y le dije:

    – no que no cabrón… no que nunca te cogerías a un puto?

    – Pues si güey… pero nunca me imaginé que Jorge… o Cecilia se viera tan bueno… O buena, ya no sé ni que pedo. Pero la verdad es que eres un pinche suertudo.

    – Bueno ya mi amor, después de todo la reunión estuvo muy divertida la verdad es que me lo he pasado muy bien bailando con ustedes y sobre todo que me hayan visto vestido de mujer. Ya vamos a dormir porque la verdad es que estoy muy cansada buenas noches mi amor.

    Daniel se durmió casi enseguida sin embargo a pesar de que yo estaba realmente cansada no podía apartar de mi mente la imagen de la tremenda vergotota de Joel, cierto que la vi en estado de reposo y se veía enorme… Yo alucinaba pensando en cómo se vería completamente dura, tiesa completamente parada. ¡Seguro parecería la verga de un burro!

    Me preguntaba si mi colita aguantaría una vergotota de ese calibre… Se me hacían agua las nalgas sólo de pensar en que Joel me pidiera el culo… Se lo negaría?… No, no creo me conozco perfectamente y reconozco que soy una auténtica puta

    Parecía increíble… Daniel me acababa de dar una de las mejores culeadas de mi vida y me había venido a chorros, sin embargo pensar en que el pinche Joel me destrozara el fundillo con semejante vergotota me estaba poniendo muy cachonda otra vez… Y Daniel ya estaba bien dormido y no se iba a despertar con lo borracho que estaba… para que se me bajara lo cachonda tuve que recurrir a un viejo amigo: mi consolador muy despacio y sin hacer ruido me levante de la cama y saqué el consolador del cajón del tocador sigilosamente me fui al baño… Afortunadamente una de las paredes del baño tenía instalado un espejo de cuerpo entero, saque la vaselina del botiquín y me unté la cola por dentro, aún tenía restos de la leche de Daniel, eso me puso aún más cachonda, puse el consolador en el piso frente al espejo y cuando estuvo bien fijo me puse en cuclillas sobre el dildo y abierta de patas me fui sentando lentamente hasta que mi culo rozo la punta del consolador… Sentí un delicioso escalofrío y poco a poco me fui empalando en la verga negra de látex.

    El consolador tenía como unos treinta centímetros de largo y yo los quería todos dentro de mi culo pero como estaba apoyado en el piso tuve que ponerme de rodillas para que mis nalgas llegaran hasta la base, mientras mi culo se tragaba cada uno de los treinta centímetros de látex fantaseaba con que la vergotota de Joel me estaba perforando el culo, mi imagen en el espejo era de lo más erótico, verme con mi lencería manchada con restos de la Leche de Daniel, abierta completamente de patas y dándome de sentones en un consolador negro hizo que mi verga se pusiera dura como piedra comencé a masturbarme al ritmo de mis sentones siempre imaginado que yo estaba sentada sobre Joel cabalgando su magnífica pinga hasta desfallecer de placer en sus brazos

    Cuando por fin me vine como loca, quedé un rato sentada sobre el consolador hasta que cesaron los espasmos de mi orgasmo y lentamente me puse de pie, lavé el consolador y con pasos vacilantes me fui a acostar… Está vez me dormí casi de inmediato.

  • Serie rosa (Relato 4)

    Serie rosa (Relato 4)

    La fiesta veraniega se organizaba a medianoche junto a una piscina de agua cristalina e iluminada interiormente por dos focos. Las chicas iban y venían en sugerentes bikinis. En una barbacoa se asaban pinchitos, chuletas, papada y cada una venía con su plato y se servía. En otra mesa un enorme bowl relleno de ponche con macedonia se ofrecía para quien quisiera beber. Unas corrían riendo, otras chapoteaban en el agua, y otras tantas retozaban en el césped de modo sensual y despreocupado.

    Todo eso se le vino a los ojos de la universitaria Aroa Martínez al ir entrando. Su toalla de arco iris y con las letras LGBTI atrajo la atención de dos chicas.

    -Oye, mola tu toalla –comentó una.

    -Gracias.

    -Yo soy Patri y ella Fina.

    -Yo me llamo Aroa.

    -¿Nos tumbamos juntas?

    -Genial.

    -Estamos allí, vente.

    Llena de júbilo, Aroa colocó su toalla en medio de las de ellas dos.

    -Toma, Aroa –le pasó Fina un plato repleto de alitas bien asadas.

    -Hey, gracias, Fina.

    Sentadas las tres en sus respectivas toallas se dedicaron a admirar el ambiente.

    -Madre mía cómo está Julia –la devoraba Patri con la mirada-. ¿Te gusta Julia, Aroa?

    -Me la follaría con bikini y todo.

    Las tres rieron.

    -A mi me encanta provocar y destacar. ¿Y a ti, Aroa? –la miró Patri.

    -Por supuesto.

    Y sin más, Patri se quitó el top del bikini quedándose con las tetas al aire.

    -Wowww… -se quedó embobada Aroa con cada pezón.

    Fina se atrevió a hacer lo mismo.

    Aroa fue la tercera en hacer top-less.

    -Ahora, chicas, a moverlas –rio Patri y ambas menearon las tetas con gracia.

    -¿Por qué hacemos esto? –se descojonada Aroa de la risa.

    -Es un cortejo.

    -¿Cómo que un cortejo?

    Enseguida una chica cogió de la mano a Fina y se la llevó al interior del adosado.

    -¿Lo ves? A eso me refería. Tú sigue agitándolas –insistía Patri.

    Una segunda chica alargó la mano, Patri la cogió y se fueron a los baños de la piscina.

    Aroa se quedó sola y confusa. Por unos momentos pensó en volver a ponerse el top y taparse, pero Tessa se aproximó ¡¡completamente desnuda!! Y con el dedo la indicó que la siguiera. Perpleja, Aroa fue detrás de su culo hasta el interior del adosado, donde ya había chicas entregadas a la pasión y algún que otro grito se dejaba escuchar.

    Chicas se cruzaban delante desnudas y Aroa no sabía dónde poner la mirada.

    Tessa subió unas escaleras hasta el segundo piso y de aquí a un pasillo largo donde se escuchaba sexo al otro lado de cuatro puertas cerradas. La excitación de Aroa dejaba un rastro de flujo por el suelo, donde se mezclaba con charcos de otras chicas.

    -Hola, Tessa –apareció una preciosa universitaria desnuda por el pasillo.

    -Hey, ¿cómo te va?

    -Me esperan en la habitación 2 y 4. Es lo que tiene estar tan buena. Hola, Aroa.

    -Ho… hola…

    -¿Me buscas y follamos luego?

    -Claro.

    -¡Arriba las lesbianas siempre! ¡Choca!

    -Yeahh –le chocó la mano Aroa y se despidieron-. ¿Martina me conoce?

    -Te conoce y desea follarte, pero antes voy yo –entró Tessa en su cuarto personal decorado con peluches, pompones, lazos y corazones rosas en las paredes.

    -¿Aquí duermes? ¡Como mola!

    -Espérame desnuda en la cama. Voy a echar un pipí.

    -Vale.

    Las sábanas eran suaves y el colchón muy confortable. Posó sexi la llegada de Tessa, que lo hizo enjutada en una lencería picarona.

    -Woww… -Aroa no supo qué más decir.

    -¿Te gusta? Me lo he comprado para ti.

    -¿Cómo que para mí? ¿Es que te gusto?

    -¿Ahora te enteras, joder? Mira, déjalo. Será mejor que te vayas.

    -Eso o esto –separó Aroa los muslos y en postura de parir.

    -Mmmmmmm, esto me gusta más.

    -Pues a cenar, Tessa.

    La boca de Tessa se colocó entre los muslos de Aroa y de ahí adentro con un grito de placer. Así durante cinco minutos hasta que Aroa se corrió de modo salvaje. Sin embargo, Tessa no sacó la lengua y siguió serpenteando dentro otros cinco minutos, provocando una segunda corrida, y así hasta cuatro veces durante 20 minutos. Aroa quedó extasiada de placer, gusto y amor. Tessa se reincorporó y sonrió al mirarla. Ya era suya. La había enamorado. Aroa solo tendría alma y cuerpo para ella, hasta sellar su amor en el matrimonio, años de felicidad, de hijos y de mucho cariño. Tessa se desnudó y se abrazó dulcemente a ella.

    A las tres de la madrugada, Aroa se despertó. Tessa la miraba fijamente y con una dulce sonrisa dibujada en su carita.

    -¿Qué miras?

    -Lo linda que eres.

    -No será para tanto.

    -¿Te lo demuestro?

    -Claro, pero ¿cómo vas…?

    A reglón seguido, Tessa la besó e hicieron el amor hasta cinco de la madrugada. Antes de despedirse, se juraron amor eterno y juntas para siempre. Y así sería.

  • Generación L (Capítulo 2)

    Generación L (Capítulo 2)

    Repeinado. Cejas marcadas. Flequillo a lo motero. Manos elegantes. Perilla de tres días. La verdad sea dicha es que Óscar Lozano era bastante guapo y sonreía demasiado. Carla puso sus alertas en funcionamiento. Y más al ver lo caballeroso que era. Dejó que eligiera mesa y la ayudó con la silla. Aquí algo no iba bien. No se comportaba para buscar sexo sino confianza. Y la confianza se gana, no se busca.

    -¿Tienes hambre? Pide lo que quieras –seguía Óscar con su sonrisita picarona.

    -Me comería una vaca con ubres y todo –garantizó Carla.

    -Yo me quedaría con tus ubres.

    -Ja, ja, ja –masculló Carla con poca gracia.

    -Perdona, pero tienes dos buenas razones para mirarte el escote.

    -Es un top. Hace calor. No voy provocando si es eso lo que te preocupa.

    -Eso no es lo que dicen en las redes sociales.

    -¿Es que me has investigado?

    -Quiero saber con quién me relaciono.

    -Pues ya sabes que te relacionas con dos buenas tetas.

    Óscar soltó una carcajada.

    -No quiero que te sientas incómoda conmigo. Simplemente me adapto a la persona que tengo delante.

    -¡Camarero! –alzó Carla el brazo y viéndose su axila bellamente depilada.

    -Si te soy sincero, impones más en persona.

    -Parece que me conoces, Óscar.

    -Claro. He visto tu perfil en una página de contactos buscando sexo lésbico. O tus ocho videos en otra de contenido sexual. El séptimo vídeo es mi favorito. A las dos de la madrugada, tú follando en una silla de mimbre en el balcón de un chalé. Bueno, miento. Tú y otras dos tías.

    -Vaya, vaya, vaya, ahora yo digo “mentira, yo soy decente”, y tú contestas “puta bollera”, y yo me levanto y me voy, pero primero comemos, ¿vale?

    Óscar volvió a reír.

    -Ahí viene el camarero –le vio llegar Carla-. Por favor, quiero una cerveza Heineken bien fría, un especial de la casa y un plato de patatas bravas con ketchup y alioli.

    -Perfecto. ¿Y usted?

    -Yo me conformo con otra cerveza pero que sea Cruzcampo.

    -Muy bien. –Y el camarero se alejó hacia la barra.

    -¿No vas a comer nada? –se sorprendió Carla.

    -Tengo otra clase de hambre.

    -¿Ah, sí? –posó Carla sexy-. ¿Y qué clase de hambre es esa?

    -Empieza por Car y acaba por la.

    -Ay, hombres, todos sois iguales. Soy lesbiana de pura cepa. No meto en mi cama nada que tenga testosterona.

    -Joder, las mejores siempre son lesbianas.

    -Estamos ya harta de vosotros, a ver si os enteráis. La lesbiana no nace ni se busca. Es una decisión. En menos de cien años dejará de existir la mujer hetero y ahí empezarán vuestros problemas –gesticuló Carla con la mano una masturbación.

    Óscar no pudo evitar la risa divertida:

    -¿Entonces no tengo ninguna posibilidad?

    -Ninguna. A no ser que te castres y te inyectes hormonas femeninas. Entonces lo pensaré –le guiñó Carla un ojo-. ¿Para esto me has hecho venir? ¿Para intentar follarme?

    -No, ya lo sabes. Me he enterado que consigues lo imposible y que haces de intermediaria para llevarte alguna comisión.

    -Sí, me busco la vida.

    -Te admiro. Sacas dinero de donde sea.

    -Aquí están las cervezas –cogió Carla la suya y le pegó un buen buche-. Mmmm, esto me da vida.

    -Quiero hacerte un encargo.

    -¿De qué tipo?

    -Échale un vistazo –le pasó Óscar una identificación plastificada.

    Carla silbó.

    -Wow, un pase VIP para el night club Homero.

    -¿Lo conoces?

    -Claro. Ahí se mezcla la crème de la crème social. Millonetis. Escorts. Empresarios. Solo para entrar cuesta un pastón.

    -Es un pase exclusivo para un colega mío. Ahí viene el nombre.

    -José Manuel Orzuelo –leyó.

    -Ese es. Te estará esperando en la puerta del club esta noche a las once. Anótalo.

    -Te estará esperando en la puerta del club esta noche a la las once. No hace falta anotarlo.

    -Vaya, pues muy bien. Le das el pase y él ciento veinte euros. Regalo de la casa.

    -¿Todo ese dinero por entregar este pase VIP?

    -¿A que es fácil?

    -¿Y no puedes llevárselo tú?

    -No, salgo de viaje dentro de tres horas y José Manuel necesita su pase hoy mismo. Ya sabes, en su gran noche y quiere triunfar. Y sin ese pase no puede acceder a los lounges privados del club. ¿Qué te parece?

    -Que ya tardan con la comida.

    -Necesito un sí o un no. Mi colega espera mi confirmación.

    -Que sí, pesado. Que se lo llevaré.

    -Lo sabía. Eres maravillosa.

    -Más divertida estaré cuando le hinque el diente al chuletón. ¿Puedo pedir otra cerveza?

    -Tú pide lo que quieras, Carla. Aquí mandas tú.

    -¡Camarero! –alzó Carla su Heineken vacía. El joven lo entendió al segundo-. No te preocupes. Se lo daré esta noche y todos a reír.

    -Eres increíble, Carla. Te lo juro.

    -¿Sabes una cosa?

    -¿El qué?

    -Lo sé –arrugó Carla la nariz graciosamente.

    Carla lo pensaba incluso deletreado. No-me-fi-o. Ese Óscar Lozano parecía más un buscabragas que otra cosa. Y el que busca meterla, miente más que habla.

    Por la tarde, Carla se encerró en su habitación y se conectó a su ordenador HP. Escaneó el pase VIP y lo cloneó informáticamente. Puso su nombre, su imagen, imprimió y en menos de diez minutos ya estaba acreditada para acceder a los mejores VIPs de alto standing. Siempre gustaba tener un plan B, por si acaso.

    -Ya soy VIP –reía ella.

  • Las hijas de Afrodita (Capítulo 1)

    Las hijas de Afrodita (Capítulo 1)

    -Hey, hey, hey, por fin llega la noche del sábado. Hoy puede ocurrir cualquier cosa, te lo asegura tu Mister Mix. No te quedes en casa. No te comas el coco. Elige tu ropa más chachi, sal ahí afuera y zámpate la ciudad. Únete a las aventuras de la ciudad…

    Frente al espejo de su tocador, Brenda Martínez de 18 años ultimaba sus últimos retoques de maquillaje. Braguitas Calvin Klein. Conjunto de Zara. Bolsito Loewe. Y su mejor perfume francés. Consultó su reloj Marea de 59 euros. Nueve y cuarto de la noche. ¡Mierda! Ya iba tarde. Sin despedirse del cabrón de su padre, Brenda se dirigió al garaje a por su Daewoo Matiz. Un minuto después cruzaba la autovía a cuarta marcha.

    En ese momento, sonó su móvil conectado al Bluetooth.

    Era su amiga Noa Salinas.

    -Dime, pesada.

    -¿Dónde coño estás?

    -Ya estoy llegando, tranqui.

    -Se me está helando el culo, así que date prisa.

    -Uy, qué pena. Con lo bonito que lo tienes.

    -Vete a la mierda –tuvo Noa que reírse.

    Brenda colgó y metió quinta.

    Toda una amalgama de luces de neón y flashes decoraban la entrada de la discoteca. Debía de verse desde varias calles más allá. La gente se agolpaba a las puertas, creando una muralla humana.

    Pendiente del reloj, Noa se impacientaba engalanada con su mejor vestuario.

    Por fin apareció Brenda, casi corriendo.

    -¿Qué pasa? ¿No te entraba el tampax? –la regañó Noa.

    -He pillado tráfico.

    -Pues venga, que tengo ganas de fiesta.

    -Uuuuh… -aulló Brenda con las consiguientes risas de Noa.

    Abriéndose paso entre empujones, Noa y Brenda alcanzaron la puerta principal. Un portero rapado y musculado, vigilaba serio.

    -Hola, buenas noches. Venimos a una fiesta privada –le habló Noa con su mejor sonrisa.

    -¿A qué nombre? –habló el portero con voz casi ronca.

    -Elsa Vaquero. Celebra su cumpleaños.

    El portero escudriñó la lista.

    Noa y Brenda se miraban emocionadas.

    -No, no veo a ninguna Elsa Vaquero –torció el portero sus facciones.

    -¿Cómo qué no? –Noa no daba crédito.

    -Busque bien. Estamos invitadas –insistió Brenda.

    El portero lo intentó otra vez, pero…

    -Pues no.

    -No puede ser. Debe de haber un error –se lamentó Noa.

    -En mi lista no hay ninguna fiesta a nombre de Elsa Vaquero.

    -Pruebe con nuestros nombres. Yo soy Brenda Martínez y ella es Noa Salinas.

    El portero resopló pero volvió a mirar el folio de su carpeta.

    -Tampoco.

    -¿Tampoco? –Brenda no se lo creía.

    -¡Joder! –El cabreo de Noa iba de menos a más-. ¿Podemos pasar? Elsa lo aclarará todo.

    -Lo siento, pero no podéis pasar si no estáis en esta hoja.

    -Brenda, ¿qué hacemos?

    -Oiga, tiene que haber una confusión. La fiesta de Elsa Vaquero era esta noche. Igual no ha mirado bien. Pruebe otra vez.

    La paciencia del portero se iba acabando, pero para sorpresa de las chicas volvió a estudiar la dichosa lista.

    -¡Oh! ¡Ya entiendo! Aquí está Elsa Vaquero, pero sale en la lista de mañana.

    -¿Cómo que mañana? ¿Eso qué significa? –La cara de Brenda era de recibir una bofetada en toda regla.

    -Que la fiesta es mañana noche, no hoy.

    -¿Qué? –Noa pensó que aquello era una cámara oculta o una broma.

    -Venid mañana y podréis pasar. Ahora despejad la entrada. Hay más gente que quiere entrar.

    Con desánimo, Noa y Brenda se alejaron de la zona, como zombies, sin saber a dónde ir.

    -Esto es una auténtica putada –Noa echaba chispas.

    -Joder, cómo no me di cuenta…

    -¿Qué gilipollas celebra un cumpleaños el domingo por la noche?

    -Son las cosas de Elsa.

    -Te juro que mañana le arranco el clítoris a mordiscos. ¿Y qué hacemos ahora? Tardé cuatro horas en arreglarme.

    -Busquemos otra fiesta.

    -¿Conoces alguna? Porque yo no.

    -Vamos, Noa, es sábado por la noche y habrá docenas de fiestas.

    -Bueno, pues busquemos un cartel luminoso que diga “fiesta aquí”. No te jode.

    -No sé tú, pero yo no pienso volver a casa.

    -Mierda, qué mala suerte…

    -Demos una vuelta a ver qué encontramos.

    -Da lo mismo, Bren. Esta noche pinta mal.

    De repente y como si fuese un buen presagio, apareció al fondo un grupo de chicas canturreando y formando lío. Tanto que la gente cercana se quedó mirando. Y Noa y Brenda no fueron menos.

    -¡¡Nos vamos de despedida de soltera!! ¡¡Eah… eah… eah…!!

    Noa y Brenda se miraron pensando lo mismo.

    -¿Nos metemos? –Se atrevió Brenda-. La mitad de ellas no se conocerán. Nadie se dará cuenta. Sígueme.

    Ambas se mezclaron en el conglomerado por detrás.

    ¡El plan funcionaba!

    Una jauría femenina jaleaba y aplaudía a los doce boys que se contoneaban en doce stages del club.

    El grupo de chicas entraron armando más follón que en la calle. Noa y Brenda seguían en su papel de fiesteras invitadas.

    -Brenda, te debo una –reía feliz Noa.

    En una sala privada, un musculoso boy regalaba un baile erótico a la novia de la despedida de soltera.

    Las demás aplaudían y vitoreaban alrededor, entre ellas Brenda y Noa.

    A los diez minutos, todas chillaron de alegría cuando aparecieron diez boys en tanga de hilo fino y pajarita al cuello. Servían copas de champán en bandejas.

    Brenda rebosaba tanta belleza desnuda que al cabo de cinco minutos, no más, dos boys se peleaban por follársela. Ella jugaba y elegía cantando.

    -Pito pito gorgorito… Me follaré… al más bonito… pito tú… pito tururú… Venga, habéis ganado los dos.

    La situación de Noa era más desmadrada si cabe. Se bebía su sexta copa de champán mientras se follaba al cuarto boy.

    Al rato, Brenda se pasó por los stages a ver la mercancía en movimiento. Los boys continuaban revolucionando al público femenino.

    Pero Brenda localizó a su amiga Tatiana Font, una gran amiga.

    -¡Tati! ¿Qué tal?

    -Brenda, ¿qué haces aquí?

    -Rezando el Rosario. Tú qué crees.

    Ambas rieron.

    -Te veo muy pensativa –se fijó Brenda desde el comienzo.

    -¿Ves a ése boy? Se llama Coco y es cubano.

    -Se te caen las babas y las bragas mirándole.

    -Y tanto. Es el boy más solicitado del local.

    -Pues llévatelo a los reservados y que te haga un lap-dance.

    -Ojala, pero no llevo suficiente dinero.

    Y Brenda se sacó su cartera forrada en piel.

    -¿Qué haces? –se extrañó Tatiana.

    -Toma, con esto te sobra. Si no te follas hoy a Coco no podré dormir tranquila.

    Tatiana tuvo que coger el dinero entre risas.

    -Gracias, zorra.

    -No hay de qué, guarra. A por él. Deja el listón femenino bien alto.

  • Madre, dos hijas: Los tres postres

    Madre, dos hijas: Los tres postres

    La había visto en algunas dos ocasiones cuando en circunstancias que mi hermana por compromisos de fuerza mayor, no podía asistir a esa reunión mensual de la cámara de comercio. Ese mismo día cruzamos algunas palabras y me sorprendí lo claro y directo que era la Sra. Ortiz, pues a pesar de mis experiencias con mujeres de todas las clases sociales y de diferentes edades, esta mujer de 46 años y quizá la única contemporánea con la que me he involucrado a esa edad de mis 45, llegó sin los protocolos del coqueteo y no anduvo por las ramas para dejar en claro el propósito de su sorpresiva aproximación.

    – Sr. Zena, sé que es un hombre de negocios y que siempre está muy ocupado. ¿Me permite un par de minutos?

    – Diga usted Sra. Ortiz. – le he contestado viendo una viñeta con su nombre.

    – ¿Tiene algo que hacer esta tarde? ¡Lo invito a cenar! – y se sonríe.

    – ¡Cenar! ¿Una cena de negocios o que celebramos? –le he respondido.

    – ¡No! Una cena para olvidarnos de los negocios… más bien, para relajarnos de los negocios. ¿A menos que se quiera saltar la cena y quiera ir directo a comerse el postre? – y vuelve a sonreír y esta vez coquetamente.

    – ¡Me encantan los postres!

    – En ese caso, le aseguro que le tendré los tres postres que imagino le encantan más. – y vuelve a sonreír.

    – ¿Segura que sabe de qué le hablo?

    – ¡Tenga el menor cuidado Sr. Zena! Se perfectamente de lo usted me habla.

    Me da su teléfono y un domicilio y quedamos en ir a probar ese postre a las 6 de la tarde de aquel día. Ella da la vuelta y me deja ese olor exquisito de su perfume y ya de espaldas veo esa marca de su bikini que deja ver sugestivamente a través de una tela delgada de su pantalón negro ejecutivo. Tiene rostro agradable y muy bien cuidado, pero lo que llama mucho la atención son sus dos melones que imagino son operados y que deben ser sostenidos con alguna copa de medida D. Realmente esta es tercera vez que la veo y segunda donde hemos hablado brevemente, pero en esa plática insinuadora y de doble sentido, me estaba invitando a su casa para que me la llegue a follar.

    Llegué a la hora especificada y Ana, pues así me pidió que le llamara, me esperaba con una blusa blanca donde realzaba sus dos preciosos melones y me permitía ver lo plano de su abdomen. Vestía un pantalón corto también blanco donde podía ver la señal de un bikini de color naranja y esta vez por primera vez puedo apreciar unas piernas sedosas y muy bien trabajadas. Podía constatar que tenía 46 años muy bien cuidados y ese día descubriría que tenía más de 3 años de divorciada, pero creo que la sorpresa más grande que me llevé, fue ver algunas de las fotos que colgaban en la sala.

    No quise que notara mi sorpresa, pues aquel día descubría que me había cogido a su hija un poco más de un año antes. La otra chica que parecía menor, también me parecía conocida, pero no tenía la certeza que fuera parte de mis momentos deliciosos e íntimos con una bella mujer. No quise darle mucha importancia y no quería que notara en mí la sorpresa y solo me limité a preguntarle si vendrían esa tarde o noche a casa.

    – Mi hija mayor cierra hoy el restaurante y la menor todavía sigue en la universidad y duerme en los dormitorios universitarios. Así que estamos solos toda la noche y si desea quedarse, le ofrezco la intimidad de mi dormitorio.

    – ¿Usted es siempre así de directa?

    – ¡Bueno! Si hay algo que deseo y quiero, soy así de directa. Antonio, ya no somos jovenzuelos, usted y yo sabemos lo que queremos y lo importante para usted y para mí, es que no hay ningún compromiso.

    Se acercó a mi mientras me decía aquello, me dio un beso en mis labios y me puso esos duros pechos contra el mío y sentí esos dos pezones erectos, como esperando a ser succionados, lamidos, acariciados. Yo le tomé con una mano su cintura y con la otra ese redondo y firme trasero. Ella me mira con esa mirada seductora y me pregunta al oído:

    – ¿Lo queres? ¿Te lo queres follar?

    – Sí, me lo quiero coger…

    – Te los voy a dar… te prometí los tres postres y te los voy a dar.

    Apenas tenemos 15 minutos de nuestro encuentro y la primera copa de vino no la hemos terminado y esta linda mujer de aproximadamente un metro y sesenta centímetros y con un peso de unas 135 libras, me lleva a su habitación y me hace entrar. Huelo el aroma de inciensos de canela y fragancias exóticas, miro algunas velas encendidas y nos sentamos frente a una pequeña cantina que tiene en su habitación la cual es bastante amplia. Esta vez me sirve un whisky a mi petición y ella toma lo mismo.

    Tomamos un sorbo y ella se reclina contra mis pectorales y me levanta mi camisa deportiva y comienza a besarme y mamarme las tetillas. Yo estoy sentado en este banco giratorio y Ana me da esa mirada como pidiendo permiso para bajarme el cierre de mi pantalón. Lo remueve todo pues dice que no quiere que se me aje y quedo cas desnudo, solo vistiendo mi calzoncillo estilo bikini y Ana me llena de cumplidos con asombro:

    – ¡Se mira potente y exquisito tu paquete! Creo que la que comenzara con el postre seré yo. –dijo.

    Se fue por encima de mi calzoncillo y comenzó a besarla por sobre la tela y mi verga vibraba por salir, pues esta mujer además de llenármela de besos, ya había sacado un testículo, el cual comenzó a chupar como si de un dulce se tratara. Me miraba con esa luz encantadora de sus ojos negros y finalmente liberó mi verga y sin esperar mucho comenzó con una rica mamada y me sorprendió que con un esfuerzo sobrehumano, casi desaparecía entre su boca. Hizo varios intentos y aunque parecía tortura, Ana intentaba introducirse lo más que pudiese adentro. Me la pajeaba entre sus manos, la escupía y volvía a introducirla y mi verga desaparecía entre esos labios rubís una y otra vez. A los minutos, finalmente me limpia con una toalla mis huevos y la zona de mi perineo, pues su saliva es abundante y ha llegado por doquier, que hasta el cuero del asiento esta empapado.

    Me pide que le asista con remover su blusa blanca y su pantalón corto, y queda solamente con su sostén negro que sostienen esas maravillosos tetas y su bikini naranja cuya humedad ya es evidente. Me pide que me ponga acostado de espaldas en su cama matrimonial y ella se viene sobre mí para montarme, y no se quita el bikini, solamente se lo hace a un lado y tomando mi erecta verga, se sienta por sobre de ella y cada centímetro de esta, desaparece en el orificio húmedo y caliente de esta mujer exquisita. Sigue con su sostén, pues con ese vaivén de sus caderas y en un movimiento bastante acelerado, aquella prenda le ayuda a mantener sus tetas sin que se golpeteen, mientras se lleva uno de sus dejos para masajear su clítoris. Ana, es salvaje con sus embestidas y su dedo sacude esa perla de su rica concha y se concentra a darme placer y sentir placer. Quizá habrá pasado unos diez o quince minutos así, y no me hace acabar, pues el whiskey en algo ha adormecido los sentidos.

    Hace una pausa y esta vez se para por sobre la cama y mirándome con esos ojos oscuros me sonríe; se remueve el bikini naranja y se sienta por sobre mí y me pide que le mame su dedo, el mismo que ha usado para masturbar su clítoris. Siento ese sabor exquisito, vivo su aroma, para luego usar esa saliva en sus dedos y lubricar su ano. Mi verga está bien lubricada y ella se la lleva haciendo círculos en su apretado esfínter. No recuerdo cuanto duró el proceso, pero eventualmente se ha metido la punta de mi verga y haciendo una pausa me dice:

    – ¿Qué le parece el tercer postre?

    – ¡Exquisito! – le he contestado.

    – ¿Es lo que usted esperaba?

    – ¡Ni más, ni menos! –le he dicho.

    Ana comienza con un vaivén y me muestra que a sus 46 años tiene todavía esos dotes atléticos. Eso de flexionar sus piernas en esa posición no es de cualquiera, ella se tomó el tiempo para cogerse mi verga y mientras tanto no dejaba de sacudirse el clítoris con alguno de sus dedos. Solo toma una pausa para ponerse a la inversa y ahora veo su espectacular culo, el cual, cualquier chica de 18 años pudiera envidiar. Cinco minutos después y viendo que brotan algunos hilos de sudor, ella me dice: Tony, me vengo, no pares, clávame tu verga con fuerza.

    Yo asisto y le taladro con ímpetu su rico culo y ella explota con un orgasmo que hace pierda la coordinación de sus músculos. Ella se pone a reír a los minutos y mi verga sigue clavada en su rico culo. Vuelve con su vaivén de caderas y esta vez ella ya relajada pues ha tenido monumental orgasmo, y en ese movimiento de su culo de arriba abajo, viendo como mi verga entra y sale de su rico culo me dice:

    – Tony, dale verga a mi culo, dame tu leche, quiero sentir que te vengas en mi ano, quiero sentir esa leche caliente salir de mis entrañas: Tony, dámelo, dámelo, rómpeme el culo mi amor.

    Aquello fue repetitivo y con esos mismos gemidos que escuché cuando se venía, con esos mismos hizo que tocara el paraíso y me vine en su rico culo. Me dio el placer de ver como su ano quedaba reventado y como poco a poco, mi esperma blancuzco salía de su rico e íntimo orificio. Solo recuerdo su frase sensual o sexual: Tony, que rico es sentir tu corrida en mi culo.

    Ana, como mujer de experiencia se tomó todo el tiempo, nos bañamos juntos, me aseó y limpió. En la tina me ha dado otra mamada y también descubrí lo de sus implantes. Tetas firmes de silicona, pero sensibles, pues disfrutaba cuando se las mamaba a placer. Ella debería haber estado tan sensible, que mientras nos caía agua caliente mi verga se hundía en su pequeña panocha y tuvo un orgasmo que solamente gimió sorpresivamente y grito: ¡Tony, que rico, que delicioso me has hecho acabar!

    Después de aquello, hicimos de todo y Ana me mostró sus juguetes sexuales, los cuales usamos en diferentes segmentos de nuestro encuentro. Hicimos doble penetración: ya sea ella con mi verga en su culo, mientras se masturbaba con un consolador, o el consolador en su culo, mientras le taladraba su concha. La verdad que le eché cuatro palos en seis horas y ella tuvo orgasmos múltiples que no creo que ella tenía una cuenta exacta. Fue una noche de placer que no supe cuando llegaron las horas de la madrugada y me he vestido y he salido con un beso de Ana en los labios. Ella me ha acompañado hasta la puerta y me he ido con esa sensación de una buena faena hasta que de repente suena mi celular. No sé de quién se trata, pero al otro lado se escucha una voz femenina diciendo:

    – ¡Tony, no lo puedo creer!

    – ¡Disculpe! ¿Con quién hablo?

    – Tony, soy Angie, la que te cogiste hace más de un año.

    – ¿Angie?

    – Sí, soy la hija de Ana, a quien te acabas de coger…

    – ¿Y por qué dices eso?

    – ¡Porque te he visto salir hace un minuto de mi casa!

    – ¡Lo siento Angie, yo no lo sabía!

    – ¿Cómo no te ibas a dar cuenta? ¡Mi foto está a la entrada de la sala!

    – ¡Lo siento! No supe cómo evitar a tu madre.

    – Era de solo decir: ¡Lo siento! y alejarte.

    – ¡No quise que tuviera sospechas!

    – ¿Qué importa ya? Te pido no pises ni la banqueta cerca de mi casa. Por favor, aléjate de mi madre.

    Realmente no quería causar ninguna ruptura entre madre e hija, nunca lo deseé, no era mi intención: ¿Cómo imaginarlo? El problema es que no todo termino ahí… Un día meses después, voy con mi hermana a un restaurante y las veo. Veo a Angie y a su madre Ana y porque me ven con otra mujer me da la confianza que me van a ignorar, pero resulta que la otra chica, la hermana de Angie e hija menor de Ana, me reconoce y llega a mi mesa a saludarme, como queriéndole dar celos a mi hermana, que para ella será otra de mis amantes. Mi hermana simplemente se ríe y le dice a Karla: “Si mi hermano tuvo una aventura amorosa contigo, es muy de él y yo no intervengo en la vida de mi hermano. No hagas esta escena, que eres una chica muy linda para hacer un ridículo”.

    Karla, a quien no reconocía por su cabello negro como el de su madre y hermana, pues yo la conocí con un tinte rubio, pensando que era una autentica rubia, pues su piel es más clara, por no decir blanca: hasta ese día supe que la otra chica de la foto en la sala de Ana, era Karla, de quien no recordaba su apellido, pues honestamente no los recuerdo. Comí en paz con mi hermana, pues minutos después ellas salieron por la puerta de aquel restaurante. Aquella noche tuve tres llamadas de Angie, Ana y Karla. La de Angie decía así:

    – ¡No lo creo! ¿Te cogiste a mi hermana menor también!

    – Angie, como lo podría yo saber… ¡No sabía que era tu hermana!

    – Sabes que Tony… ¡Vete al infierno!

    Minutos después, era Ana y con su voz sugestiva decía lo siguiente:

    – Tony, ¡me sorprendes! ¿De verdad te cogiste a mi hija menor?

    – ¡Lo siento Ana! Yo no lo sabía.

    – Sé que eres honesto y no intento culparte. Tampoco es mi intención reprocharte nada. Sabes, ¿quién no se quería follar a mi hija? Es una chica bella y muy sensual y solo espero que ella haya vivido y descubierto ese placer que yo he vivido contigo. Tony, no hay mala leche, yo entiendo: mala suerte que fue con mi hija.

    La llamada de Karla llegó casi al terminar del día y ella se disculpaba, como queriendo prolongar una relación que verdaderamente no existía. Ella dijo:

    – Tony, ¡perdón! Tony, tuve celos y pensé que esa mujer tenía que ver contigo.

    – Karla, no te preocupes… ¿yo pensé que tenías confianza en mí?

    – Tony, ¡perdón! Me precipité.

    – Está bien Karla, no te preocupes, demos todo por terminado.

    – Tony, solo te hablaba para ver si nos podíamos ver una vez más…

    Creo que Angie, sabe que me cogí a todas y creo que Ana piensa que solo me cogí a su hija menor. Karla, no tiene ni la menor idea de todo aquello: Su madre y hermana, al igual que a ella un día me las folle, sin pensar honestamente que eran familia.

    [email protected]

  • Vaivén

    Vaivén

    Está pasando.

    Estoy pasando un largo tiempo

    Dentro de ti.

    La estás usando  dentro de mi

    Y  sé que no te vas a detener si de repente sientes que intento expulsar lo que mi garganta siente.

    o si de pronto me aferro a tu cuerpo

    No. No vas a querer parar

    Porque ahora es tu turno

    No sientas misericordia por mi

    Amárrame por momentos indefinidos al placer de tu cuerpo dentro del mío

    Bailando, relantizaremos el paso de las respiraciones.

    Entre mis piernas la derretida lágrima del alma.

    Entonces … un beso mientras nos estamos fundiendo

    Siendo agua.

    Me apasiona que busques guarida

    En la cueva de mi boca

    Que saborés el placer

    Que pensarte me provoca.

    Y mi lengua se sorprende

    Por esa boca 

    Que se despierta viperina

    A dejarme sin vida.

    Y ahora

    En cascada por mis pezones

    Van veloces tus manos

    Al ecuador de mi cuerpo

    bajando hacia mi ombligo 

    LLeno de espasmos.

    Me apasiona

    Me apasiona estar debajo de ti.

    Que sientas como muevo mis caderas para ajustarme a ti.

    Que notes como  rozo mis pezones contra tu torso.

    Me apasiona aferrarme a tu cuerpo en cada una de tus embestidas.

    Me vuelve loco de amor la humedad que me produce tenerte dentro de mi.

    Me encanta sentir tu dureza… me excita ponerte más, y más duro.

    Me excita sentir tu respiración pegado a mi boca

    Oirte gemir gracias a mi cuerpo que  provoca que el mío convulsione.

    Me encanta que desees robarme hasta el último de mis suspiros

    Me encanta mojarme para ti

    Pero aún más que culminemos los dos a la vez 

    En ese orgasmo lleno de deseo.

     De sentimientos… de amor

     

  • Juana, la princesita de papá

    Juana, la princesita de papá

    Juana tenía 20 años, era delgadita, morena. Su cabello castaño le llegaba a la cintura. Tenía ojos negros, tetas pequeñas, y medía sobre un metro setenta.

    Siempre había tenido todo lo que quiso. Desde su casita de muñecas en una habitación de la mansión en que vivía, al GTA Spano que le pidiera a su padre al cumplir los veinte años. Era la princesita de papá, y lo era porque su madre los abandonara cuando era una niña y su padre se había volcado en ella.

    Si Juana era la princesita de papa, Rebeca, la abuela de Juana, era el dolor de cabeza de su hijo.

    Rebeca era una mujer de sesenta años, rubia teñida, que con el botox y la cirugía estética aparentaba treinta y pocos, era la clásica narcisista. Vestía provocativamente. Pasaba mucho tiempo delante del espejo. Se creía más guapa que cualquier otra mujer. Compraba ropas de marca. Le encantaba ser fotografiada y ser el centro de atención.

    12 de la noche de un día cualquiera.

    Juana, la princesita de papá, no podía dormir, a la mañana siguiente se iba un fin de semana a un parador con unas amigas y estaba nerviosa. En bata de casa fue a la cocina a echar un vaso de leche. Al pasar por delante de la puerta del despacho de su padre vio que la luz estaba encendida. Como la puerta estaba entornada, entró en la habitación. Ismael, un hombre de cuarenta años, alto, moreno y bien parecido, estaba frente al ordenador con los cascos puestos. Juana vio que estaba mirando como una jovencita morena se hacía una paja. Llegó en el momento en que la jovencita se corría y vio como de la verga de su padre comenzaba a salir leche mientras él gemía. Se dio la vuelta. Ya no fue a buscar el vaso de leche. Regresó a su habitación. Lo malo fue que si antes no podía dormir, ahora, menos. Dio vueltas y vueltas en la cama, hasta que una mano, sin querer, queriendo, se metió dentro de sus bragas, y después sí, después de correrse, se quedó dormida.

    8 de la mañana de un día cualquiera.

    Ismael, en batín, y Rebeca, en bata de casa, estaban desayunando en la cocina. Dijo ella:

    -Hoy hace dos meses y medio que me hice la reconstrucción vaginal, un mes que arreglé las tetas y un día que me blanqueé el ojete.

    -¡Mamá, que estoy comiendo!

    -¿Y de qué estoy hablando yo más que de cosas de comer?

    -De comer tus amigos, no yo.

    -No sé a quién darle el premio gordo.

    -¿Qué premio?

    -Mi chocho nuevo. Tengo un chocho estrechito, si a eso le añades unas tetas duras, un culo duro, un ojete blanquito y un vientre plano, te sale un bomboncito

    -¿Intentas seducirme, mamá?

    -No, pero me gustaría que me dieses tu opinión sobre mi cuerpo.

    -Se te ve bien.

    Rebeca se levantó, abrió la bata y le enseñó a su hijo su cuerpo, que tenía unas grandes y puntiagudas tetas con areolas negras y grandes pezones, un vientre plano y un coño totalmente depilado.

    -Toca mis tetas y dame tu opinión.

    -Tápate, mamá, anda, tápate.

    No hay peor cosa para una mujer narcisista que le desprecien algo de su cuerpo, y Ismael ya debía saberlo. Rebeca se acercó a él, le puso las tetas delante de la boca, y le dijo:

    -No te estoy diciendo que me las chupes, te estoy diciendo que me las toques y me des tu opinión.

    Ismael le echó las manos a las tetas. Se las palpó, y le dio cera para alegrarle la oreja.

    -Parecen las de una jovencita.

    Rebeca, sonrió, pero aún no se dio por satisfecha. Poniendo el cinto a la bata, le preguntó a Ismael.

    -¿Empalman al tocarlas?

    Ismael, empalmado, le respondió:

    -Sí, madre, sí, empalman.

    -Ya que la niña está con sus amigas. ¿Cenamos esta noche fuera? Hace años que no lo hacemos.

    -¿Haces tú la reserva, madre?

    -Hago.

    11 de la noche.

    Ismael volvió de la cena, mamado. Estaban en la sala sentados y le dijo Rebeca.

    -Parece mentira, pero era la más guapa y la que mejor tipo tenía de todas las mujeres del restaurante.

    -Los hombres no te quitaban los ojos de encima.

    -También lo notaste. Creo que te envidiaban.

    -Crees bien.

    -¿Miramos una película en mi habitación, Ismael?

    -¿Tienes alguna que sea buena?

    -Tengo.

    Cinco minutos más tarde…

    Ismael, con su batín dorado, entró en la habitación de Rebeca. Estaba echada en la cama vestida con una lencería fina de color blanco. Miraba en una gran tele de plasma que tenía en la habitación como un joven le comía el coño a una mujer madura. Al ver a Ismael, le dijo:

    -¿Te gusta esta película?

    -Me gustas más tú.

    Era lo que Rebeca estaba deseando oír.

    -Ven.

    Ismael se echó en la cama al lado de Rebeca. La mujer acarició su cara y lo besó en el cuello, después le metió la lengua en la boca. Ismael se la chupó. Se besaron largamente. Después, Rebeca, se quitó el sujetador y le dijo:

    -Cómeme las tetas.

    Ismael le agarró las tetas a su madre y se las apretó. Besó un pezón y después el otro. Le lamió y chupó las areolas y los pezones. Rebeca le cogió una mano y la metió dentro de sus bragas. Estaba empapada. El video que estuviera viendo surtiera su efecto. Le metió dos dedos en el coño y la masturbó. Besó su cuello. La comisura de sus labios… Rebeca buscaba su boca. Ismael no se la dio. Le mordió suavemente los lóbulos de las orejas. Los pezones. El cuello… Sus dedos acariciaban el punto G. Al rato sintió como una corriente de aguadilla nacía dentro del coño de Rebeca. La mujer echó la pelvis hacia arriba, su cabeza hacia atrás, y gimiendo, se corrió como una loca.

    Al acabar, Ismael, la besó en los labios.

    Aun respirando con dificultad, Rebeca, buscó la verga de Ismael. No le costó encontrarla, ya que no llevaba ropa interior. La cogió y la llevó a la boca, pasó su lengua repetidas veces sobre el glande, después cogiendo sus huevos con una mano y la verga con la otra, lamió desde los huevos hasta el frenillo. Volvió a lamer repetidas veces el glande. Se metió en la boca los 18 centímetros hasta tocar con sus labios los huevos. Chupó el glande unas veinte veces y la volvió a meter en la boca hasta que sus labios tocaron de nuevo los huevos. Volvió a lamer y lamer el glande, a chuparlo y a menear la verga, hasta que sintió que Ismael se iba a correr, en ese momento, Rebeca, se echó boca arriba sobre la cama, se quitó las bragas, y le dijo:

    -Cómeme el coño.

    Ismael, quitó el batín y se metió entre las piernas de Rebeca. Puso una mano en su vientre y le pasó la lengua por los labios, muy suavemente, después mojó el dedo pulgar con saliva y acarició el ojete blanqueado con él. Su lengua iba del periné al clítoris con toda la lentitud del mundo. En su dedo sentía como latía el agujero del culo cuando su lengua entraba en su vagina y cuando lamía su clítoris. A los diez o quince minutos, el agujero del culo empezó a latir más aprisa. Rebeca, se iba a correr otra vez. Ismael, mojó el dedo pulgar con flujo vaginal, se lo metió en el culo y lamió su clítoris con rapidez. Rebeca explotó. Tuvo un orgasmo bestial. Sus gemidos se oían fuera de la mansión, y también los oyó Juana, que acababa de llegar del parador. Juana, curiosa, se acercó a la habitación de su abuela, y oyó como decía:

    -Follas mejor que un gigoló, Ismael.

    -¿En qué parte de ti te gusta que se corran los hombres, Rebeca?

    -Fóllame las tetas y lo sabrás.

    Ismael subió encima de Rebeca y le metió la polla entre las tetas.

    Juana, sabía que su padre estaba de espaldas a la puerta, y tapaba a su abuela. Abrió un poquito la puerta y echó un vistazo. Vio a su padre, desnudo, encima de su abuela y le entró un ataque de celos. Se iba hacía la puerta para decir en alto que había llegado a casa y joderles la fiesta, pero oyó a su abuela decir:

    -Aquí, en la boca, es donde me gusta que se corran los machos.

    Juana se puso a pensar.

    -De las tetas, se la lleva a la boca, y se la chupa.

    Arrimó la espalda a la pared del pasillo, metió una mano dentro de las bragas, cerró los ojos, y comenzó a masturbarse.

    Poco después, decía Rebeca:

    -Estrena mi chocho nuevo.

    Juana volvió a mirar y vio a su padre arrodillado detrás de su abuela, que estaba a cuatro patas. Su padre tenía un culito que aún la excitó más de lo que estaba. Volvió a arrimar la espalda a la pared y se siguió masturbando.

    Pasado un tiempo, (en el que Juana oyó los gemidos de su abuela) Sintió como la mujer decía:

    -Me corro me corro me corro. ¡¡¡Me corro!!!

    Juana se frotó con celeridad el clítoris oyendo los gemidos de placer de su abuela, pero no se vino. Se dejó de tocar.

    Apenas dejara de gemir su abuela, dijo.

    -Ya sabes dónde me gusta que te corras. Mete la verga entre mis tetas.

    Al ratito, volvía a decir:

    -¡Qué rica! ¡¡Dame más leche, dame…!!

    Juana, con los ojos cerrados, vio la gran verga de su padre corriéndose en la boca de su abuela. Se tocó y empezó a correrse ella. Sus piernas comenzaron a temblar. Fue perdiendo fuerzas en las piernas y acabó de correrse sentada.

    Juana, al acabar de correrse, fue a la sala, cogió la pequeña maleta con sus cosas y se fue a un pub cercano.

    Volvió un par de horas más tarde. Ya estaban su padre y su abuela en sus respectivas camas y no la sintieron llegar.

    3 de la tarde de un día cualquiera.

    Rebeca, después de comer, en la sala, y mientras comía el servicio, le dijo a Juana:

    -Últimamente estás muy seria conmigo. ¿Qué te pasa?

    -Nada.

    -Algo es.

    -No es nada, abuela, no es nada.

    -En fin, serán imaginaciones mías. ¿Quieres ver la gargantilla, la pulsera y el anillo de diamantes que vas a heredar algún día, princesita?

    -¿Quitaste las joyas del banco?

    -Sí.

    -Papá dice que están asegurados en medio millón de euros. ¿No tienes miedo que entren en la mansión y te roben esas joyas?

    -No. Tú los has dicho. Están aseguradas. ¿Quieres verlas?

    -Me encantará ver esas maravillas.

    -Dame un par de minutos. Ven a mi habitación, y las verás.

    A los dos o tres minutos, Juana, llamó a la puerta de la habitación de su abuela, y preguntó:

    -¿Se puede?

    -Pasa, princesita.

    Juana entró a la habitación y vio a su abuela encima de la cama vestida sólo con la gargantilla, la pulsera y el anillo.

    -¡Oh, oh! No soy lesbiana, abuela.

    -Ni yo, pero de vez en cuando me gusta que me coma el coño una jovencita.

    -¡Eres una enferma! No te bastó con follarte a tu hijo que ahora te quieres follar a tu nieta.

    -Así que era eso. Ya sabía yo que nada no podía ser.

    -Sí, era eso.

    -¿Entonces no hay nada que hacer?

    -¿Te pensabas que me podías seducir con tu nuevo coño, tus nuevas tetas, y cubierta de joyas?

    -Joyas que hoy pueden ser tuyas.

    -¿Te crees que siempre te vas a salir con la tuya?

    Rebeca, que era perra vieja, notó cierta debilidad en las palabras de su nieta.

    -Cierra la puerta

    -No soy tan puta como tú, abuela

    -Toda mujer lleva una puta dentro.

    -Habla por ti.

    -Princesita, si no te gustase lo que estás viendo, ya te habrías ido. Por más que lo niegues llevas una putita dentro

    -Te crees muy lista.

    -Tonta no soy.

    Juana miró para su abuela. Tenía un cuerpo de infarto. Nunca comiera un coño, pero siempre le picara la curiosidad de cómo sería estar con otra mujer.

    -Si la cierro me comes el coño tú a mí. Yo no sabría comerte el coño. Nunca comí uno.

    -Desnúdate que te aprendo.

    Juana cerró la puerta con llave. Se desnudó y se echó al lado de su abuela, que la verdad sea dicha, tenía un polvazo tan bueno como el de la nieta.

    De lado, mirando a su nieta a los ojos, Rebeca, acarició su cabello y la besó sin lengua. Al tercer beso ya Juana metió su lengua en la boca de su abuela. Se comieron las bocas largo rato… Juana, le dijo a su abuela:

    -Es más excitante que besar a un hombre. Estoy muy mojada.

    -Hora de que me comas las tetas.

    -Nunca comí unas tetas.

    -Hazme lo que te gustaría que yo te hiciera a ti… Todo lo que me hagas te lo haré.

    Juana le cogió las tetas a su abuela, le lamió los pezones y se las chupó. Le metió dos dedos en el coño y la masturbó. A los pocos minutos, Rebeca, ya se iba a correr.

    -¡Para, para que desbordo!

    Juana paró, y Rebeca, tal y como le había dicho, le hizo a su nieta lo mimo que le hiciera a ella, pero la muy zorra no le sacó los dedos del coño cuando la nieta le dijo:

    -¡Si sigues me viene!

    -Córrete para mí, princesita.

    La siguió masturbando y Juana, entre sensuales gemidos, se derritió de gusto.

    Mientras Juana se recuperaba, Rebeca, volvió a besarla sin lengua y a acariciarle el cabello. Luego le puso el coño en la boca y le dijo

    -Echa la lengua.

    Juana sacó la lengua y Rebeca comenzó a follársela a golpe de pelvis mientras le acariciaba el clítoris.

    Cuando Rebeca ya estaba para correrse, apartó su coño de la boca de su nieta, y le dijo:

    -Incorpórate.

    Juana se sentó en la cama. Rebeca se quitó la gargantilla y se la puso en el cuello. Después hizo lo mismo con la pulsera y el anillo.

    -Vuélvete a echar, princesita.

    Juana se echó, Rebeca, haciendo un 69, le comió el coño a su nieta.

    Al rato, Rebeca, a punto de correrse, le preguntó a Juana.

    -¿Te falta mucho, princesita?

    La respuesta de la princesita fue soltar un chorro de jugo. Rebeca, apretó el, culo y frotando su coño con la lengua de su nieta, le puso la cara perdida con el jugo de su corrida.

    Cuando pararon de temblar, de sacudirse y de retorcerse de placer, Rebeca, se quitó de encima de su nieta, y boca arriba, le dijo:

    -Límpiate esa cara.

    -Límpiamela tú con la lengua.

    Rebeca limpió el jugo de su corrida con la lengua. Al acabar besó a su nieta, sin lengua, Juana le metió la lengua en la boca, y después, le preguntó:

    -¿Seguimos?

    -En otro momento. Cuando no esté el servicio en casa.

    12.30 de la noche de un día cualquiera.

    Juana, con la bata abierta, en camiseta, bragas y medias azules, que le llegaban por debajo de las rodillas, fue al despacho de su padre. Ismael estaba con la verga en la mano mirando el mismo video, o parecido. La jovencita era la misma. Cuando Ismael vio a su hija, se llevó un susto de muerte.

    -¡Juana!

    Juana, puso un dedo en los labios, y le dijo a su padre:

    -Chisssst

    Se quitó la bata. De un bolsillo de la bata quitó su Huawei P10 Plus y puso música de ambiente. (Rebeca no estaba en casa) Se sentó en un sofá a un metro de Ismael. Con pícara sonrisa, contoneándose, miró a su padre. Subió sus manos de las rodillas a la tetas. Se contoneó magreando las tetas y bailando sensualmente. Se puso de lado. Acarició una nalga y la pierna. Se levantó y jugó con su pelo con las dos manos detrás de la cabeza mientras movía la pelvis hacia delante y hacia atrás con movimientos bruscos, era como si estuviera follando. Luego metió la mano debajo de la camiseta y acarició la teta izquierda. Se dio la vuelta y movió su pequeño culo con sensualidad, Con las dos manos jugó con la goma de sus bragas. Siguió bailando y contoneándose sensualmente. Se volvió a dar la vuelta. Subió la camiseta y acarició sus pequeñas tetas, sin dejar de mirar a su padre. Lo provocaba con la mirada. Jugó con los pezones. Volvió a jugar con su cabello. Se quitó la camiseta y se la tiró a su padre, que vio sus redondas y pequeñas tetas de areolas rosadas y pequeños pezones. (Ismael estaba empalmado y movía muy lentamente la mano que cogía la verga) Juana se puso de lado y se dio un cachete en la nalga izquierda. Contoneándose al ritmo de la música, se volvió a acariciar las tetas. Se las magreó y después volvió a jugar con sus pezones. Se acarició el coño por encima de las bragas. Se levantó, siguió bailando y contoneándose. Metió una mano dentro de las bragas. Se dio la vuelta y moviendo el culo bajó un poco las bragas. Le dejó ver a su padre la raja del culo. Bajó más las bragas y se nalgueó con las dos manos varias veces. Se inclinó y le enseñó la raja de su pequeño coño. Lo acarició con una mano. Se dio la vuelta. Se sentó en el sofá. Levantó las piernas y le volvió a enseñar la raja. Se quitó las bragas. Se las tiró a su padre. Se rio. Después tapó la boca con una mano, como si tuviera vergüenza. Volvió a levantar las piernas, enseñando de nuevo el coño y su raja. Se quitó una media y se la lanzó a su padre, quitó la otra y se la volvió a lanzar. Le dio la risa de nuevo. De un bolsillo de la bata cogió un consolador. Lo metió en la boca. Cerró los ojos y lo chupó como si fuese una polla. Lo lamió de abajo arriba y después lo chupó. Lo metió todo en la boca. Acarició su coño con la mano izquierda. Mirando a su padre con cara de picarona, pasó el consolador por la raja y el clítoris. Empezó a frotarse los labios del coño con el consolador. Mojó dos dedos en la boca y luego acarició el clítoris con ellos. Volvió a cerrar los ojos y a chupar y lamer el consolador. Lo metió en el coño hasta el fondo… Lo metió y lo sacó cada vez con más rapidez y con más rapidez frotó su clítoris con los dedos. Comenzó a gemir. Sacó el consolador y le dio unos cachetitos a su coño. Lo volvió a meter. Acarició las tetas con la otra mano. Volvió a follar el coño y a acariciar el clítoris, más y más aprisa. Sus gemidos ya inundaban la habitación. Vio la verga de su padre echando leche como si fuera una fuente. Sacó el consolador de su coño y lo tiró al piso.

    Cuatro dedos de su mano derecha volaron sobre su clítoris. Su culo subió y bajó. Metió un dedo dentro del coño. Sus ojos miraron al techo de la habitación, luego se cerraron de golpe. Su cuerpo se sacudió y acabó gimiendo y sacudiéndose en posición fetal.

    Al terminar de correrse. Se volvió a sentar en el sofá. Abriendo las piernas y enseñándole a su padre el coño mojado, le dijo:

    -Cuando quieras ver a una jovencita masturbándose, me avisas, y cuando quieras follar a una mujer de verdad, o comer un coño fresco, sabes dónde estoy.

    Ismael, aún empalmado, le dijo:

    -Eres mi hija, Juana,

    -Y ella tu madre. Si hay infierno ya estás condenado.

    Juana recogió sus ropas y se fue a su habitación. Ismael, supo que lo había visto masturbándose y follando con Rebeca. Lo que no sabía es que también ellas dos se dieran placer.

    9 de la noche de un día cualquiera.

    Juana, con la puerta de su habitación abierta, estaba en su cama, desnuda, echada de lado y tocándose el coño. Miraba una revista con fotos de mujeres y hombres en pelotas. Follando. Mamando pollas. Comiendo coños. Con leche sobre las tetas, sobre la cara. Con mujeres con la polla dentro del culo, dentro del coño…

    Ismael le fue a preguntar a su hija si iba a salir y la vio desnuda y con una mano entre las piernas. Se dio la vuelta, pero Juana lo había visto.

    -¿Querías algo, papá?

    Ismael le contestó desde el pasillo.

    -Nada de importancia.

    -¿Me tienes miedo, papá?

    -Mucho, hija, mucho.

    -Prefieres pajearte con un video porno o follar con tu madre que hacerlo conmigo

    -Eres mi hija. Eres mi princesita.

    -O comes a la princesita o la princesita le dice a su abuela que su padre y ella se pajearon juntos.

    -¡No serás capaz a hacerme eso!

    -Puede que sí, puede que no.

    -¿Qué quieres que te coma?

    -Que te vea para decírtelo.

    Ismael fue a la puerta de la habitación. Juana, sentada, y con las piernas entrecruzadas, le dijo:

    -Esta. -se tocó los labios con un dedo- Estas, – cogió las tetas con las dos manos- y esta -puso una mano en el coño.

    Ismael entró en la habitación y se iba a meter con el batín en cama.

    -Desnúdate y échate boca arriba.

    -Dijiste…

    -Tranquilo que no te voy a follar.

    Ismael se desnudó y se echó boca arriba en la cama. Estaba empalmado. Juana se sentó sobre su pierna derecha. Después se estiro sobre él. Se besaron con lengua… Ismael sintió como el coño empapado de su hija comenzó a moverse sobre su pierna, más, más, más y más rápido… Unos minutos más tarde se derrumbaba sobre él, gimiendo y temblando. Ismael sintió como la corrida calentita de su hija le bajaba por ambos lados de la pierna.

    Al acabar, lo besó, tiernamente. Le dio las tetas a chupar y un poco más tarde, viendo el empalme que tenía, le preguntó:

    -¿Seguro que no quieres que te coja la verga y la meta en mi coño?

    -Seguro.

    -Lo tengo apretadito. ¿Seguro que no quieres cogerme?

    -Seguro.

    Juana, no se cansaba de insistir.

    -¿Seguro, seguro, seguro?

    -¿Te quieres correr otra vez o lo dejamos?

    -Me quiero correr otra vez.

    Juana le puso el coño en la boca a su padre. Ismael sacó la lengua y dejó que se la follara a su aire. Juana, enseguida se puso cachonda, y no dudó en ponerle el ojete a tiro, y preguntarle:

    -¿Te importaría comérmelo un poquito?

    Ismael le lamió y le folló el agujero del culo con la lengua. Cuando ya llegaba un ratito follándoselo, le dijo Juana a su padre:

    -¡Dios! Como me gustaría sentir tu polla dentro de mi culo. Sentir como entraba apretada… como iba haciendo sitio… sentir como entraba y salía… sentir como me lo llenabas de leche… tocarme y correrme… ¿La meto?

    Ismael, era padre, pero hasta un padre tiene sus límites, y le dijo;

    -Mete.

    Juana, metió, pero metió en el coño, y fue meter la verga cabezona y comenzar a correrse. ¡Quién se la quitaba viendo cómo se retorcía de placer!

    Al acabar de empaparle los huevos con una grandiosa corrida, Juana, quitó la verga del coño. La puso en la entrada del culo, y le dijo.

    -Dale y lléname.

    Ismael aún no le metiera toda la cabeza de la verga y ya se corrió. Estaba demasiado caliente.

    ¿Acabarían haciendo un trío? Yo lo sé, vosotras y vosotros podéis pensar lo que queráis.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • El chantaje II: Un paso a lo prohibido

    El chantaje II: Un paso a lo prohibido

    A pesar de que ese día no tendríamos clases la casa era un silencio pues cada quien se dirigió a su habitación. Lo comprometedor seria los siguientes días pues eso sería decisivo en el chantaje de mi hermano, todos regresaríamos a nuestras actividades normales, si bien mis padres trabajan fuera del estado y no regresaban hasta el fin de semana, mientras nosotros nos ocupábamos de nuestras escuelas y quehaceres de casa, el inconveniente era que Antonio y yo por lo general coincidíamos 3 días en entrar más tarde que mis otros dos hermanos y por las tardes Jesús era el que llegaba más tarde.

    Los primeros días pareciera que mi hermano se había olvidado de aquello, cada quien seguía con su vida como si nada hubiese pasado cosa que me alegraba mucho, pero solo fue un pasaje pues la realidad seria otra. Jueves por la mañana 7 a.m. Preparándome para irme a la universidad jeans azules sin bolsas, top negro, chaleco color blanco, zapatillas de aguja; si bien no soy muy alta las zapatillas hacían su trabajo, levantaban muy bien mis glúteos marcando y delineando el comienzo de mis nalgas y los jeans dejando apreciar lo bien formado de mi culo y con el chaleco ya ajustado pues aún más resaltaba mis nalgas.

    Justo cuando salía de mi cuarto, Antonio salía del suyo como arte de magia me alcanzo casi bajando las escaleras, y sin dudarlo me rodeo por la cintura restregándome su verga que ya estaba tan excitada, situación que no pude controlar, de inmediato su rica verga se afianzo de mi canalito sintiendo como se tallaba a mas no poder hasta llegar a la puerta sin antes soltarme y darme un apretón de aquellos. Por la calle pensé que estaría tranquila pues teníamos que caminar por lo menos 2 cuadras juntos y de ahí partiríamos a nuestras escuelas, mas sin embargo como en su mayoría eran locales y había carros estacionados, Toño de alguna manera hizo que me pasara a ese lado cosa que sin darme cuenta ya caminaba por ahí, mi hermano sin perder tiempo poso su mano izquierda en mis nalgas sobándomelas, pues bien como casi no había casas y los carros hacían como protección de lo que en ese momento el estaría haciendo. Su mano daba rienda suelta acariciando y deslizando su dedo medio por el canal de mis nalgas hasta llegar a la parte más baja y tocando mi panochita por fuera del jeans, sería como 40 o 50 metros. Hasta llegar donde había unas casas fue donde me soltó y cada uno se dirigió a sus respectivos destinos.

    De camino a la parada me sentía tan excitada y por si fuera foco unos individuos de aspecto un tanto o mejor dicho tipo indigente que desde lejos miraban lo que mi hermano me venía haciendo los muy malandros, sin miramientos comenzaron a decirme palabras obscenas, uno de ellos al verme comenzó a sobarse su pito, cosa que me sorprendió, pues casi llegaba donde el sitio era más concurrido, mas sin en cambio como faramalla del destino ni una persona más que yo se dirigía a la parada mientras los demás me decían muchas obscenidades como: “que culo zorrita”, “quiero meterte mi verga y hacerte gritar”, “mueve bien las nalgas”, “ofrece ese rico culo para darte mi lechita”, “estas mojada buscas que te metan mano”, no sé qué paso por mi mente que tuve que voltear a ellos y el que se estaba sobando su verga se había bajo el cierre de su pantalón y se la saco, uno de ellos solo atinó a decir: ay tanta carne que ese culo lo aguanta muy bien, no lo podía creer, estos imbéciles con esas palabras en vez de sentirme ofendida me excitaba de alguna manera.

    En la escuela y junto a unas amigas les platique lo sucedido, solo lo de los tipejos, por lo que ellas se quedaron sorprendidas, yo no sabía si sentirme frustrada o halagada, lo cierto y siendo sincera es que lo que me había hecho mi hermano en vía pública y lo que esos indigentes habían dicho y hecho pues me excitaba y me ponía cachonda. De regreso a casa solo pensaba que lo que había pasado en calle con mi hermano ya sería casi imparable pues de alguna manera había aceptado ese juego cosa que si no fuera por mis necesidades e independencia económica sería otra cosa. Al llegar a la parada buscaba a esos malvivientes pero ni sus luces no sé si quería volverlos a encontrar o tal vez eso me ponía alerta pues igual y tendrían pensamientos malos y porque no hasta poder saciar sus más bajos instintos.

    Aunque eso era lo de menos, lo que si era importante es que Antonio de seguro ya estaría en casa y pues posiblemente estaríamos de 2 a 3 horas cuando mucho solos, pero que haríamos en ese momento, por mi mente circulaban miles de idea, pero solo dos eran las más posibles, que Toño tuviera mucha tarea y pudiéramos estar tranquilamente en casa o en su defecto estaría bajo la disposición de él, la verdad es que estaba a su merced y estando solos pues todo era probable. Llegando a casa noto que las ventanas de la habitación de Antonio se encontraban abiertas, en ese momento solo pensé que se encontraba en casa y que tal vez hasta me estaba grabando, pero lo sorprendente fue cuando entre a casa ; Toño ya me espera sentado en la escalera con cámara en mano y su verga ya totalmente parada, cuando lo vi me sorprendió tanto que la puerta se cerró por si sola haciendo un estruendo por mi descuido, estaba tan perpleja que el solo me dijo deja las cosas en el sofá y ponte de espaldas a mí. En ese momento supe que se estaría masturbando contemplando mis nalgas, no sin antes decir: ahora grabare una evidencia más, escuchando el clic de la cámara como señal de que aquel acto se estaba consumando. Enseguida escuche un escupitajo que de seguro era para que se lubricara un poco y comenzó a decirme que empezara a tocarme las nalgas lentamente con la mano derecha, acto seguido del cual mi propia mano obedecía órdenes de un cerebro ajeno, el caso es que ya podía sentir como el hotpants comenzaba a humedecerse después me hizo ponerme de perfil y pues ahí pude ver de reojo como se masturbaba y la cámara enfocaba todo mi cuerpo.

    Fueron varias la pose en el mismo lugar cuando empiezo escuchar algunas palabras guarras, que empezaban a mojarme. Recuerdo que la primera frase que me dijo fue “que buena estas Valery” mientras su mano acariciaba detenidamente su verga que ya podía notar como por el líquido pre seminal y su saliva le daba un brillo rojizo a su cabeza. Cosa que no me desagrado pues si bien el tamaño de su pito era bueno o más bien estaba en el estándar y mis ojos solo me hacían recordar lo que mi mano aquel domingo había hecho y en ese instante palpaban como se satisfacía mi hermano pero ahora viéndome. Fue así como sus palabras lograron sacarme de ese trance pues mis oídos comenzaron a dar crédito a sus frases “hermanita con esas nalgas dejarías satisfechos a muchos” “que tremendo culo se te nota con ese pantalón” ”las zapatillas realzan bien ese culito que gozará otro cabron”. Pero que ahora y por un buen tiempo serán las que me inspiraran en muchos actos.

    Yo ya tenía la necesidad de meterme mano y dar rienda suelta a satisfacerme, ya podía sentir aquella mucosidad que salía de mi panochita, haciendo que el hotpants comenzara a humedecer. Se notaba tan excitado que su masturbación era ya intensa y solo advirtió a decir voltéate y con tus dos manos abre tus nalgas, puse mis manos donde comienza mis muslos, mis manos recorrían cada centímetro de mis glúteos , cuando empezaba a llegar a mis nalgas mis manos se detuvieron por un instante y apretando mis dedos con mi carne trataba de separar un poco mis nalgas, mientras Toño si darme cuenta de lo que hacía se dirigió hacia mí, ordenando me que pusiera mis manos en lo más alto de la puerta y me inclinara de forma que mi culito quedara completamente expuesto. Podía percibir como sus pisadas se acercaban pero jamás imaginaba para que y los segundos comenzaban a transcurrir cada momento la adrenalina era ya intensa pues el cualquier instante podríamos ser descubiertos, cosa que me ponía súper cachonda pero a la vez me asustaba pues no sabía lo que podía pasar. Cuando de repente ciento como un impacto llega con demasiada fuerza a incrustase a la altura de mi cadera y otros cuantos en mis nalgas y solo un ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh que en su momento invadía la casa era señal de que mi hermano me había bañado de semen cuando vuelvo la vista y veo como con cara de satisfacción solo gemía y algunas gotas que comenzaban a salir de su miembro, con su mano derecha la pone en mi espalda y con la otra se toma su pene y lo dirige a mi culito restregándolo a manera de que limpiara la última gota de su ya espesa leche asiendo que con su verga la tallara por el canalito de mis nalgas secando hasta la última gota.

    Cuando el sonar de la chapa del sahuan se escucha abrir, Toño esconde rápido su miembro bajo el short que traía puesto, tomando la cámara y de manera sigilosa se dirige a su habitación, mientras que yo sin alternativa solo camino hacia la sala al encuentro con mi otro hermano pues el semen de mi hermano estaba en mi cuerpo, podía sentir en que parte del cuerpo estaba y una gran mancha estaba en la playera negra que haría notorio aquel liquido por lo que cuando entro mi hermano me lleve las manos a la cintura y el diciendo que hacía, por lo que le conteste que me dirigía a mi habitación. Por unos segundos se quedó parado por lo que de manera rápida mis manos como pudieron trataron de alcanzar aquellas manchas buscando disipar todo vestigio que Toño había derramado en mi cola y como era mi costumbre me subí el jeans y con mis manos acaricie mis nalga a manera de desarrugar el pantalón que más bien buscaba secar aquella leche que ya estaba impregnada en mi cuerpo , pero lo que más me preocupaba era que no me podía alcanzar el chorro que había caído a la mitad de mi playera esa era mi mayor preocupación por lo que Jesús camino hacia la sala cosa que no me agrado pues quedaría a su espalda y vería esa mancha, cuando Antonio desde la escalera le habla a Chuy, este gira buscando a mi hermano, momento que aproveche para que nuevamente girara y quedara de frente a él. Mi hermano Jesús solo dijo como estas carnal y se sentó por lo que en ese momento me fui de manera rápida a mi habitación no sin antes de llegar a ella Antonio nuevamente me dice otra vez que te salvo jajajajajajajajajajaja ya burlonamente sabía que eso no sería gratis para mi mala fortuna.

    Al llegar a mi cuarto y quitarme la playera veo que su semen aún se encontraba ahí y mis manos se sentían pegajosas no sé qué me paso que sentí curiosidad por oler esa cosa y al hacerlo ese olor como a engrudo me pareció. Cuando me quitaba el jeans y veía que ya estaba mojadisimo pues no era para menos desde la mañana hasta la tarde me había excitado con tanta situación morbosa que jamás pensé que pasaría. En mi cuarto me senté en la cama, mi mente solo dictaba que debía tener autoplacer, rápidamente me desprendí del brassier e inicie a tocarme la teta izquierda, luego la derecha, primero lentamente después lo fui haciendo más rápido, cerré los ojos, me acariciaba los pezones, los pellizcaba y los apretaba entre mis dedos, me ensalive los dedos y con ellos comencé a acariciar nuevamente mis pezones que por cierto ya estaban bien paraditos y más grandes de lo normal.

    Baje mi manos, comencé a tocarme las piernas subiendo lentamente las manos hasta llegar a esa parte que se imaginan, por encima del hotpants comencé acariciar mi vagina, no tarde en comenzar a retorcerme de placer, cada rose que le daba a mi clítoris era un momento de gozo además mis labios vaginales estaban completamente húmedos, con una mano me acariciaba los pechos y con la otra me bajaba el hotpants para comenzar a dedearme. Inmediatamente los dedos que tenía incrustados en la vagina me los lleve a la boca los chupaba como si fuera un paleta, los ensalivaba bien y de nuevo los metía, esta vez con más rapidez, ya empezaba a dar mis primeros gemidos y se aceleraba mi respiración, me recosté en la cama y me metía dos dedos a la vez, me daba suaves golpecitos en los labios y en el clítoris que me hacía retorcer de placer el cual me llevo a un orgasmo que grite de placer, fue un Haaaaaa haaa, haa, que tardo como diez segundos no sé si me escucharon pero si así fue, se darían cuenta que me estaba masturbando, me quede recostada por un rato, haciendo movimiento sensuales por el efecto que me había dejado el orgasmo. Cuando por fin descanse lo suficiente, me vestí y salí a realizar algunas cosas. Ya un poco más relajada me disponía a poner la mesa pues era hora de cenar. Ya en la mesa charlábamos, cuando vemos ingresar a Juan Carlos que fijo la mirada al suelo un poco extrañado diciendo que tiraron que está manchado el piso, rápidamente evocaron aquellas imágenes donde Toño había eyaculado y que aquella mancha era gotas de semen que habían caído al ser expulsado sin control alguno, por lo que Antonio solo manifestó: Valery traía una paleta de seguro al cerrar la puerta esta goteo, mientras que yo en mi pensamiento murmuraba si supieran que esa mancha no es simple agua sino que es el producto de la excitación de su hermano, del cual yo era objeto para llegar a su satisfacción. Por la noche en la habitación solo pensaba que ya era presa de mi hermano y que nada ni nadie detendría las atrocidades de las cuales era participe, lo cierto era que ya era fin de semana y existía muchas probabilidades de que pusiera como escusa el acompañarme al trabajo.

    Viernes por la tarde suena el teléfono, Jesús levanta la bocina y toma la llamada, enseguida se dirige a mi habitación diciendo Valery tienes una llamada te busca Beatriz, de inmediato me dirigí a la sala y tome la llamada por un par de minutos estuve platicando, lo cierto es que como Beatriz era la encargada de la agencia, tenía cierta preferencia y condescendencia para ver cuál era el evento más cercano y de que se trataba, cosa que no me agrado, ya que tenía dos opciones ir a una inauguración de una tienda expréss o en su defecto ir a un evento político como animadora, lo cierto es que el segundo no me gustaba a parte pues estaba muy retirado y era ya un tanto de noche, por lo que preferí optar por la primera propuesta. Ese día me fui algo pronto pues teníamos que ponernos de acuerdo con el dueño, si íbamos a promocionar una mercancía o solo quería espectáculo de atracción por lo que tenderíamos que ver quiénes eran mis compañeras y que ropa usaríamos, lo cierto es que el lugar no estaba muy retirado por lo que le acceso a él lo haría caminado.

    Espere a que mis padres llegaran y me fui al trabajo, rumbo a la parada a lo lejos volvía a ver aquellos indigentes, admito que me causo un poco de miedo pues como es una calle donde no hay muchos transeúntes eso ocasionaba cierto temor pero pues ya con eso tenía que dirigirme al trabajo, acercándome donde se encontraban note que no eran los de aquel día, más bien parecían un poco ebrios o mejor dicho teporochos pues su aspecto dejaba mucho que desear solo me observaron y enseguida comenzaron a decir puras majaderías, “que putita tan mas buena” “zorra ya te vas al trabajo” “ de a como” cosa que me desagrado mucho, uno de ellos comenzó a seguirme, me asusté mucho que comencé a caminar más rápido pues por mi mente pasaron algunas cosas no muy gratas una o dos cuadras la muchedumbre comenzó hacerse presente por lo que este individuo dejo de seguirme.

    En el lugar donde estaría trabajando estaba ya a la vuelta, por lo que al llegar me encuentro con Adriana y Raquel las dos chicas que estarían conmigo, nos dirigimos al accesorio y preguntamos por el dueño, por lo que de inmediato se acercó una señora de unos 40 años rubia, alta y de buen cuerpo diciendo pues a aquí me tienen en que puedo ayudarles, pues somos las chicas que envía la agencia. Ok. Pasen por este lado para que les diga que es lo que quiero, ya en su cubículo comento que quería en realidad una atracción y promoción por lo que nos enseñó los atuendos, entre los que utilizaríamos están unos shorts blancos, y un top negro con vivos blancos del local, así como minis tableadas color azul y playera de tirantes blanca, pues esas serían los cambios de vestuario para la promoción, así que nos dirigimos al tocador para realizar los cambios de vestuarios para cada una.

    Eran alrededor de las 5 de la tarde aún faltaba una hora para comenzar con aquel espectáculo mientras tanto veíamos que productos serían los que se ofertarían, mientras los empleados colocaban el equipo de audio y pues repasábamos algunas coreografías para el evento. Eran las 6:00 p.m. cuando nos dirigimos con el primer atuendo si bien era una tarde calurosa el viento comenzaba a ser más friolento, las nubes comenzaban a formase como anunciando una lluvia inesperada, cuando el sonar de la música y las primeras frases de invitación al expendio comenzaban a sonar, ese estruendo comenzó a dar de que hablar no habrá sido ni media hora cuando comienzan acercarse al lugar, así como los que iban de paso, pues de alguna forma comenzaríamos con los premios y cosas por el estilo, cosa que nos fue fácil pues el reto era que si podían bailar principalmente los hombres al ritmo de cada una de nosotras les obsequiaríamos un regalo.

    Pues sin lugar a dudas aquellas minis y el ritmo de la música lograban atraer la afluencia de la muchedumbre, cuando nos tocaba hacer unos paso donde teníamos que hacer un trenecito, donde ellos no perdían la oportunidad de tomarnos de la cintura y uno que otro de arrimar su verga cosa que de alguna manera pues estábamos ya acostumbradas, cuando salíamos al segundo numero con el short, veo en entre la gente la cara de Antonio de seguro había venido a ver el espectáculo pero después concluir que no había venido solo a eso sino a grabarme, algunas gotas comenzaron a caer, cosa que no nos importó pues como solo era eso gotas pues comenzamos nuevamente con la promoción, por lo que ya había un buen de público con esas gotas que comenzaban a mojar el top y con ello adherirse a nuestro cuerpo dejando marcar las tetas, los pezones por lo que al escuchar un relámpago aquellas gotas dejan de caer transformándose en un aguacero que ya interrumpía nuestro trabajo, los espectadores comenzaron a escabullirse por lo que paro el evento mientras nos refugiábamos en el expendio, mi hermano no sé dónde se había metido, pero aquella agua no cesaba y cada vez era más fuerte, sin embargo aún faltaba tiempo para terminar por lo que no podíamos irnos aunándole a esto la ya intensa agua que corría por las calles.

    A lo lejos veía un grupito de jóvenes o por lo menos eso parecía ver, pues la oscuridad y la lluvia no dejaba percibir aquellas personas, ya eran cerca de las 9:00 p.m. Hora en la que nos retiraríamos, las calles se notaban silenciosas, oscuras y desoladas, cosa que me asustaba pues no quería volver a pasar por aquella calle, mas no tenía alternativa pues era el único acceso a mi hogar por lo que decidí llamar a mi papa por que la lluvia aun no paraba y mis compañeras sus novios las recogerían. Cuando marcaba Antonio entra al accesorio y lo veo diciéndole pensé que te habías ido, no pues la lluvia no me dejo, cada vez arreciaba y solo éramos mi hermano, la dueña, sus trabajadores y yo, intentábamos marcar pero la llamada no entraba por lo que esperamos un poco a que calmara la lluvia cuando nos dimos cuenta que ya eran cerca de la 11:00 p.m. decidimos marcharnos con una llovizna en el camino Toño no dudo en comenzar acariciarme me tomo de la cintura y se colocó atrás de mí, pues de inmediato sus manos se apoderaron de mis pechos, por debajo de la sudadera deslizo sus manos empezó apretar mis pezones, con el frio pues estaban ya duritos, lo cierto es que mi cola ya sentía como su verga comenzaba a dar señales de vida, nuestro pasos eran lentos, cortos pues las calles ya sin señales de vida daban como resultado el acaparamiento de mi cuerpo.

    Notaba a mi hermano ya decidido, su manosea era evidente, si nos hubieran visto la gente de seguro se hubieran dado cuenta, sus manos parecían como un pulpo se apoderaban de mis nalgas de mis senos y de mi panocha, mientras podía sentir su verga cada vez crecer pues la calentura ya era demasiado. No fue hasta llegar a nuestra calle donde me detuve pues a lo lejos veía unas personas no se distinguía que decían lo cierto es que tal vez eran unos borrachos, para lo que Antonio me tomo de la cintura y me arrimo a un carro donde había una marquesina que nos pudiera cubrir de la lluvia, no sabía que hacer pues en un momento me dio temor de que fueran aquellos teporochos y esta vez intentaran algo más que seguirnos, cuando veo bajarse la bragueta del pantalón y saca su miembro erecto, toma mi mano llevándola a su ya caliente verga, me quede atónita pues no sabía qué hacer, mi hermano comenzó a empujar dando señal de lo que quería que hiciera mis manos sin negarle aquella acción, comenzaron a moverse sabiendo que hacer, notaba como el cerraba los ojos y jadeaba pues el sentir mis manos en su pito le daba un placer incontrolable, la lluvia volvía a caer con más intensidad y Toño comenzaba a decir vamos Valery jálamela, jálamela, escúpela ándale, el movimiento de mi mano se hacía fuerte, veloz pues quería terminar rápido, sin en cambio me tomo la mano deteniendo aquel vaivén me agarro de la cintura y me jalo hacía el quedando su verga aplastada por mi cola metió su mano en medio de mis piernas y deslizando su pene por mi cola llevándola a meterla en medio de mis piernas, así el volvió a tomar un ritmo distinto mis piernas y mi coñito masajeaban su pene, mi cintura era el apoyo a sus manos para manejarme a su antojo, notaba como la lubricación de mis escupitajos comenzaban a secarse en mi pantalón logrando humedecerlo, era mucho la excitación que ya no podía controlarme su mano izquierda lentamente baja el cierre de la sudadera, y metiendo su mano por debajo de la playera logrando descubrir mis tetas, sus dedos aprisionaban mis pezones, también los jalaba y con eso salían ya mis gemidos de placer.

    Cuando escuchamos unos pasos a lo que mi hermano me sujeto diciéndome espera están lejos, eso me puso alerta y busque eran tres tipos que se acercaban tambaleándose por la calle mi hermano seguía en su calentura majeándome hasta mas no poder, comenzaba a sentir como mis líquidos ya se hacían presente, no sé cuántos metros faltaban mientras el permanecía aferrado, solo le decía para nos verán, faltarían unos 5 metros cuando se detuvo y rápidamente me tape comenzamos a caminar, no sé qué tanto pudieron ver, lo único que sé, es que venían tan ebrios que uno de ellos resbalo haciendo que los otros lo levantaran sin darse cuenta de que pasábamos, Toño tan solo me fue manoseando mis nalgas apretándolas y deslizando su dedo en medio de mis nalgas y diciendo tan pronto se duerman terminaras tu trabajo.

    Al entrar a la casa la luz de la tv. iluminaban nuestros rostros mi padre un poco dormitado se da cuenta que llegamos diciendo son ustedes, si papa, ok vayamos a dormir cada uno se dirigió a sus habitaciones serian como la media noche, la lluvia nuevamente se soltaba con mucho ímpetu pasaron varios minutos cuando Antonio toca la ventana de mi cuarto, recorro la cortina viendo que él era, haciéndome señas de que le abriera de inmediato entro y se dirigió a la puerta a ponerle seguro, sabía que esta noche ya pasaría de un simple manoseo o una grabación, él se dirigió a la orilla de la cama pidiéndome me metiera en medio de sus piernas, me hinque y cuando ya estaba en medio de ellas, le estruje su verga; inmediatamente pude notar que ya tenía una muy buena erección, al parecer estaba tan excitado, le di un pequeño mordisco y un beso cariñoso sin sacar su verga. Deshice el nudo del short, metí mi mano y sentí muy caliente su verga, dura, lo masturbe un par de veces, sin dejar de mirarlo le di un pequeño besito de piquito a la punta de su verga, después de eso le di un lametón a su punta, como si fuera el más delicioso helado. No deje de pajearlo mientras hacía todo esto, tome su verga con las dos manos, abrí la boca lo más grande que pude y la fui acercando a su verga, me metí solo la punta, mi hermano suspiro al sentir la calidez de mi boca, cerró los ojos y se recostó en la cama, me tomo de la cabeza empezando a jalar de mí para que entrara más su rabo, yo lo deje que hiciera lo que quería, su verga empezó a entrar más y más, hasta que sentí unas arcadas porque ya la tenía en la garganta, el después jalo mi cabeza hacia fuera, después hacia dentro y viceversa todo el tiempo. Sentía como la cabeza de su verga chocaba contra mi garganta, su calidez, su fuerza, su dureza. Mi hermano ya entonaba sus alaridos de placer Así, Valery, así, que rico lo mamas, que rico. Sigue hermanita trágatela toda. No pares. Sigue así, sigueeeeeee.

    Yo no le contestaba porque todo el tiempo tuve la boca llena de su verga; sus movimientos cada vez eran más fuertes y rápidos mi boca se acostumbraba cada vez a ese pedazo de carne y entraba cada vez más y más, hasta el punto de que toda la verga la tenía dentro y mi barbilla chocaba contra sus bolas, yo para eso ya tenía las manos en las rodillas para apoyarme y que el hiciera todo lo que le pareciera bien. Algunos líquidos pre seminales ya escurrían por mi barbilla, y otros me los tragaba cada vez que podía, después de un buen rato de estarme cogiéndome la boca, comenzó a echar todo su semen dentro de mi boca obligándome a tragarme parte de su leche ya que antes de que terminara me la saco y derramo un poco de semen en mi cara, un chorro me callo desde la boca hasta la frente, otro me tapo uno ojo y otro más en la barbilla. Su último esfuerzo hizo un hilo de semen desde mis labios hasta la punta de su verga, lo cual yo jale con mi lengua y me lo trague; Antonio con su dedo recoge toda la leche que quedo esparcida por mi cara y me la lleva a la boca, el seguía jadeando. Después con mi lengua comienzo a limpiarle la verga con lametones y chupadas, ya comenzaba a tener cierta flacidez por lo cual se la guarde en el short. Se puso de pie tomándome de la cintura me aprisiono a él y comenzó a besarme, en cada beso podía sentir la lujuria de mi hermano, mordía mis labios, recorría beso a beso mi cuello y yo tan solo dejaba sentir aquel placer que ya invadía mi privacidad. Solo me miro y con un último beso me dejaba para irse a su habitación, me recosté y solo pensaba en aquel momento en el que accedí a seguir con esta situación, no sabía cuál sería mi destino, mas sin embargo la excitación, la morbosidad, la lujuria invadían mi cuerpo dejándome a plena disposición a las aberraciones de mi hermano, no sé qué hora era, lo único que recuerdo es que mis ojos comenzaron a cerrarse y la lluvia aún continuaba sin cesar.

    Poca luz atravesaba las cortinas de mi habitación si bien ya era de día pareciera estar nublado, un tanto adormitada me dirigí a mi ventana recorrí un poco la cortina observando como aquella lluvia permanecía, sentí un poco de frio, fui al armario y saque un conjunto de pants rosa, me apure arreglar la habitación, me dirigí a la cocina para prepararme un poco de café, encontrándome una nota que decía “desayunen regresamos después de las 2:00 p.m.” busque el reloj eran las 10:00 a.m. Jesús se enderezaba del sofá diciendo dormilona hasta que te levantaste, es que hace mucho frio, si así es, pero mira ya prepare unos sándwich jejejeje ya tenía hambre está bien eso está perfecto jajajaja no quería preparar nada, pero Toño donde está, salió hace un rato no se a donde fue pero dijo que no tardaba, mientras veíamos la tv. Desayunábamos y hablábamos de ciertas trivialidades.

    Jesús se puso de pie dirigiéndose a su habitación no tardo cuando escucho sus pasos y el sonar de sus llaves diciendo al rato nos vemos voy con los amigos ok. Está bien solo cúbrete que esta feo el día. Sin nada que hacer me fui a mi habitación y me recosté quería descansar pues el día estaba muy feo y al rato tendría que trabajar. El sonar de un carro me despertó razón por la que baje a la sala a ver si eran mis padres y así fue, la lluvia paro un rato por lo que pensé que se compondría la tarde por lo que me fui a bañar pues ya casi era hora de irme al trabajo, pasaría alrededor de una hora cuando el teléfono suena mi padre con un silbido me avisa que tenía llamada, rápidamente baje a la sala a contestar la llamada: bueno ¿quién habla? Soy Beatriz. Solo te marcaba para decirte que el evento de hoy se canceló pero mañana a las 8 hay que estar en la agencia para ir a la promoción ok. Está bien bety así quedamos cuídate adiós. Hija ya está la comida por si deseas antes de irte dejar comido, no mami no iré se canceló, está bien Valery, por cierto tus hermanos donde están Jesús salió que iba con sus amigos y Toño y Juan Carlos no sé, salieron temprano y no ha regresado, está bien comamos te parece, si, avísale a tu papá sí.

    En la mesa disgustando nuestros apetecibles alimento vemos abrir la puerta de la sala Toño llegaba e inmediatamente se unía a la mesa al terminar juntos nos pusimos a ver una películas en la sala y nuevamente la brisa comenzaba a apoderarse del atardecer, poco a poco comenzaba hacerse más intensa la lluvia y con ello el frio se apoderaba de nosotros serían como las 9:00 p.m. cuando el sonar del interfono anuncia la presencia de alguien, contesta mi padre y escucha la voz de mis otros hermanos diciendo que le abriéramos que no podía abrir el zaguán, mi padre sale pero a su regreso vemos que vienen apoyándose de mi padre y no era para menos traía una briaga de aquellas, mi padre llama a Toño para pedirle que lo ayude a llevarlos a su recamara, un ventisco azoto la puerta anunciando una tormenta que duraría si bien un buen rato o tal vez toda la noche, mi papá se veía molesto por lo que decidió tomarse unos tranquilizantes, mi madre por el contrario yacía cansada, que sus ojos ya comenzaba a cerrarse un rayo hacia que la luz se fuera tardamos poco más de 15 minutos esperando a que pudiera regresar, pero eso no ocurrió por lo que mi padre tomo en brazos a mamá y se fueron a su habitación, enseguida hacíamos lo mismo solo que Toño aprovechaba la oscuridad para poder meterme mano y yo sin poder detenerlo pues una insolencia mía podría armar un escándalo, al llegar a nuestras habitaciones cada uno se introdujo a ellas respectivamente.

    Si bien la lluvia era intensa y el frio hacia que me metiera a mi cama, no recuerdo cuanto dure despierta, ni mucho menos cuanto tiempo transcurrió, solo que un ligero movimiento me despertó, que casi grito pero hábilmente mi hermano me tapa la boca y poco a poco comienza a quitar su mano, diciendo he venido para que me la chupes hermanita, lo mire y pareciera que aquello ya no era un deber sino todo lo contrario por mi cabeza solo pasaba volver a intentarlo, el sabor, la excitación que me producía la escena me hacía vulnerable a los deseos carnales. Antonio se recostó en la cama bajándose el short y el bóxer, mientras que yo me arrodilló en medio de sus piernas para que enseguida comenzara a mamársela. ¿Te gusta? le pregunte separando mis labios de su pene. ¿Quieres más? ¡Si Valery por favor! HMMMMM, mi lengua comenzó a deslizarse por todo su tronco, logrando incrementar su erección, un besito en su cabeza hacia que se estremeciera, lentamente abría mi boca para comenzar a introducir su pito en mi boca, pausadamente su verga se perdía en lo profundo de mi garganta, logrando que empezará ese gemido de placer ahhhhhhhh, podía sentir como me llegaba a la campanilla de la garganta, al sacarla toda la saliva queda en un hilo de la punta de su verga a la unión de mis labios, cada felación era más profunda, espaciada logrando una mayor excitación, se la mame hasta que sentí que explotaba. Me detenía pues no quería que se viniera tan rápido con mi mano izquierda apretaba la base del pene reteniendo la expulsión de aquella leche, mientras que mi otra mano le sobaba las bolas. Nuevamente volvía a la felación había conseguido agarrar ritmo mamándole la verga deliciosamente. Estaba a punto de soltar la leche cuando me separó de su pito. Antonio preguntaba ¿Porque lo hiciste? Estaba a punto de venirme, lo mire con sensualidad y le dije: entre más retenga tu semen más placentero será cuando estalles, me agache mamando con delicadeza y lentitud la punta de su pito. HHHMMMM AAAHHH eres maravillosa. Nuevamente estaba a punto de estallar cuando volví a parar repentinamente, no es gracioso Valery estaba a punto de venirme de nuevo, ya lo sé, además, me gusta mucho chuparlo, no quiero que termine tan pronto. Volví a la carga mamándosela hasta sacarlo de control. Sus alaridos ya eran más frecuentes OOHHHH Por favor no pares Valery. No pares, AAAHHHHHHHHH comenzó a venirse, sentí que jamás pararía, sentí como llenaba mi garganta sabía que había logrado una excelente excitación y un buen trabajo. Cuando termine de mamarle hasta la última gota saque su verga ruidosamente de mi boca. PLOPPPPPPPP. Si bien era la segunda vez que se la mamaba para una inexperta sabía que era una mamada de 10.

    Por instinto le dije tócame Toño estoy muy excitada, en ese momento se me lanzo me tumbo boca arriba en la cama me bajo el shorcito e hizo a un lado mi tanga me abrió bien las piernas, hundió su cara en medio de ellas y sin previo aviso comenzó a mamarme la concha HMMMMMMMMM, gemí con fuerza moviendo mis caderas. Me lamió mi clítoris hasta más no poder. Chupo todos mis jugos, prácticamente devoro mi conchita virgen hasta hacerme revolcar en la cama y venirme en un tremendo orgasmo. OHHHHHHHHHHHH HMMMMMMMMMMMMMMMMMMM, mis piernas ya relajadas se cerraron y mi hermano se sentó en la cama. Enseguida me acerque a sus labios besándole en la boca, diciéndole era justo lo que necesitaba. Cuando unas voces a lo lejos se podían escuchar, guardamos silencio pues la intensa lluvia no dejaba escuchar claramente, Antonio se vistió y salió por la ventana para no ser visto. Mientras me ajustaba la tanga y el shorcito poniéndome una bata y dirigiéndome al pasillo para ver de donde provenían las voces, cosa que me llevo a la sala pues de ahí salían las voces, al bajar las escaleras vi que era la televisión que se había quedado prendida con el apagón, cuando la voz de mi padre me dice que haces, es que escuche voces y baje a ver de qué se trataba, ok acuéstate que ya es tarde, me dirigí a la habitación a descansar de aquella jornada que había tenido con mi hermano mayor.

    Muy temprano me preparaba para irme a trabajar lo cierto es que aquella lluvia intensa pasaba hacer una brisa, mas sin embargo no descartaba como estaría el día pues nos tocaba promocionar a una tienda departamental. Dieron las 7:00 a.m. cuando partía al trabajo del cual no me fue muy bien pues la poca afluencia de público hizo que pronto termináramos pues la baja temperatura y la lluvia que por ratos tomaba cierta intensidad hacia que todo fuera breve, pues el frio hacia que la piel se nos pusiera chinita pues solo teníamos un vestido tipo spandex que si bien dejaba marcar nuestros encantos no era suficiente para cubrirnos de aquel intenso frio que se hacía sentir. Ese día regrese a casa muy temprano creo eran alrededor o cerca de las 2:00 p.m., en la sala solo estaba Toño y me pareció extraño pues no sabía a donde estaban mis padres así que la pregunta obligada ¿dónde están los demás? Salieron fueron con los tíos, pero Valery que te parece si salimos un rato a comer, me quede pensando por un momento dudaba pero lo cierto es que era domingo y pues se tornaba un tanto aburrido por el clima, así que acepte.

    Está bien deja me cambio, me puse un conjunto de pants azul cielo que si bien marcaba muy bien mi cola era de lycra muy delgada tipo ciclista, con una tanga muy pequeña que alcanza a notarse a través de mi pantalón, también llevaba un top sin sujetador, aunque tengo grande el busto no me importa no llevar el sujetador ya que son muy firmes además con la sudadera no se notaban mis pezones, al salir de la casa corrimos hasta la parada pues aunque la lluvia era ligera no queríamos empaparnos por lo que nos cubríamos con las marquesinas de los locales, si bien era domingo y la inclemencia del tiempo no dejaba hacer algo bueno pensé que sería mejor tomar el metro para ir al centro, al tomar el micro que nos dejaría cerca del metro, sentí como un señor, más bien viejito de unos 60 años se me quedo mirando fijamente la entrepierna me imagine que la ropa fue la que calentó al viejito, jamás quito su mirada de mi entrepierna así que eso hizo que mi hermano lo observara, por mi parte no sabía si sentirme halagada o enojada lo cierto es que eso me excito muchísimo, al llegar a nuestro destino, solo note como se acomodaba su miembro, caminamos a la estación para abordar el metro, conforme avanzábamos los vagones comenzaban a llenarse si bien ya no había asientos mi hermano y yo cedimos el lugar a dos ancianitas por lo que nos tuvimos que ir hasta el fondo del vagón para no ir agarrados de los tubos no tardó mucho en llenarse por lo que ya apretujados en el metro tuve que colocarme de forma involuntaria al frente de Toño, inmediatamente comencé a sentir que se frotaba con insistencia en mi trasero, a lo que yo ya comenzaba a excitarme dejando a su disposición mis nalgas, mientras que el seguía con lo suyo, pareciera que ya era adicta a su verga como que ya me empezaba a gustar sentir su verga ya erecta que se frotaba entre mis dos nalgas, la sentía perfectamente dado que mi hermano sólo llevaba su pants gris que por cierto no es muy grueso. Al ver que no opuse resistencia, se presionaba cada vez más contra mis nalgas sentía su virilidad a su máxima expresión, lo cierto o no sé si fue suerte pero pareciera que los demás entendían o era cosa del destino que quedamos a espaldas de ellos logrando que no se percataran del acontecimiento por lo que en dado momento su mano derecha tocaba mis nalgas pero no para acariciarlas sino para llevársela a su pito en ese momento pensé e imagine muchas cosas, mas sin embargo podía sentir como maniobraba para aflojar un poco la cinta de su pants sacando su duro y venoso miembro ya goteante de líquido seminal, y lo posó entre mis dos nalgas, notaba perfectamente el calor del pene de mi hermano, ya excitada, pose mis manos en ambas nalgas a manera de abrirlas y el pudiera meter su pito en mi canalito, mi hermano al ver esto, se aferró a mi cintura y con movimientos sutiles comenzaba hacer movimientos de penetración ya estaba excitadísima de la situación la adrenalina corría a mil por hora yo para ese momento me encontraba cachonda por el momento, sus manos comenzaban a deslizarse por mis piernas lentamente dirigiéndose a mi vagina que de seguro la tocaba y fácilmente saldrían mis gemidos, estaba tan lujuriosa porque estaba siendo manoseada en un transporte público por mi propio hermano, llegando a sentir cómo se humedecía mi sexo, mi hermano comenzó a frotar su pene entre la ranura de mis nalgas a lo que yo, lo apretaba entre los dos cachetes de mi culo, para propiciarle placer a su miembro cada vez más caliente. Toño de tan caliente que estaba metió su mano bajo de mi pantalón y me comenzó a frotar deliciosamente mi tesorito. Yo volteaba a los lados a ver si nadie nos observaba, una vez que confirmé que nadie nos veía decidí echar a tras mi mano derecha tomando su pitote y metiéndola en medio de mis piernas. A lo que el rápidamente entendió mi mensaje, comenzando el vaivén de su pene entre mis dos muslos y mi panochita, yo los cerré con fuerza, para hacerle con ellos una rica paja, Antonio comenzó un rítmico movimiento de adelante hacia atrás por lo que no tardó en correrse entre mis piernas, fue delicioso sentir cómo se deslizaba ese líquido tan caliente y viscoso por entre mis dos piernas. Yo creí que allí acababa la cosa pero de repente llegando al túnel se va la luz dando con ello un enfreno tremendo por lo que casi nos caemos, pero el movimiento hiso que avanzara unos pasos y como todo estaba tan oscuro y pensando que mi hermano seguía de tras de mi deje que su mano se adueñara de mis tetas, deje que me magreara a su antojo cosa que me cayó de extraño porque lo hacía con mucha desesperación aprisionando mis tetas al grado de hacerme sentir dolor por lo que tome su mano sintiendo que tenía anillos en ese instante trate de buscarle la cara, pero me aprisiono de mi cintura, percatándome que era un desconocido, que de seguro se había dado cuenta de nuestro magreo, por lo que pensó que el apagón y ese enfreno le daría la libertad de hacerme lo mismo o que tal vez pensaba que yo era una muchacha fácil, como yo todavía me encontraba caliente esto no hizo más que aumentar mi morbo ante esta situación, él al notar que no decía nada metió su mano debajo de la sudadera y el top logrando sujetarme los pezones, logrando ponerlos como dos cerezas duras de la excitación, por lo que el muy maldito aprovechando que llevaba la sudadera que tapaba la acción en mis pechos liberó una teta del top para acariciarla más fácilmente, mi excitación ya era descomunal al grado de que bajé mi mano y le sobé su pija al tipo este, la cual ya se le había parado por la excitación que le ocasionaba esa circunstancia, el tipo aquel comenzaba a deslizar su mano por debajo de mi pants hasta llegar a mi puchita haciendo a un lado mi tanga tratando de meter su dedo cosa que me alarmo muchísimo, pues si accedía sabría que este tipo no solo quería meterme sus dedos sino intentar meterme su verga, por lo que siendo sincera solo un milagro podría salvarme, cuando de repente vuelve la energía y con ello la marcha comienza, inmediatamente busque a mi hermano, pero como estábamos cerca de la siguiente estación varios comenzaron a empujar a manera de llegar a la puerta pero no solo buscaban llegar a la misma en el transcurso pude sentir más de 5 diferentes manos posándose en mis nalgas, piernas, tetas, y una más atrevida buscando tocar mi sexo.

    Mas sin embargo mi hermano me tomaba de la mano y parándonos cerca de la puerta, pues nuestra estación esta ya cerca salimos apresuradamente del vagón, una vez fuera solo nuestras miradas hablaban de lo que había pasado al tiempo de que nos reíamos de lo que acababa de suceder, cuando una señora se acercó a mí y me mencionó que traía algo en mi pantaloncito, al ver lo que era, nos percatamos que se encontraba lleno de semen, por lo que la señora refunfuño que algún patán se habría masturbado en él y yo no me había percatado, mi hermano y yo nos miramos con complicidad y le agradecimos a la señora por avisarme de los mocos en mi lycra , nos retiramos de allí a toda prisa, nos dirigimos al sitio de taxis y partimos de vuelta a casa, durante el viaje solo reíamos y cuchicheábamos sabiendo que era nuestras confidencias, al llegar la lluvia había terminado, por las calles el agua arrastraba la basura que en ellas estaba.

    Sin decir más me dirigí a mi cuarto y antes de que me cambiara, Toño entro diciendo no hay nadie me tomo de la mano dirigiéndonos a la sala ahí él se sentó en el sofá sentándome en sus piernas, acariciando mis piernas subiendo hasta mis tetas por debajo de la sudadera logrando darse cuenta que mi teta está afuera, por lo que bajo el cierre de la sudadera viendo como mi seno estaba al descubierto y mirándome dedujo que alguien más me había metido mano, cuando la cochera hace ruido, sabíamos que ya estaban mis padres en casa por lo que Antonio solo dijo esto se pondrá mejor hermanita, sin decir más subí a mi habitación a cambiarme el pants por un jeans e inmediatamente regrese a la sala donde ya se encontraban charlando y mis padres sorprendidos me preguntan pensamos que estarías trabajando si así es pero solo que terminamos más pronto de lo que esperábamos, mientras que nuestras miradas y nuestros pensamientos sabían que no era así y que había sucedido algo muy placentero para nosotros solo que había una advertencia por parte de mi hermano “ese se pondrá mejor” sabía que ya no se conformaría con que se la chupara, me metiera mano sino lo que me esperaba será algo mejor, excitante, lujurioso y morboso.