Autor: admin

  • Marielena y Doña Elvira

    Marielena y Doña Elvira

    Marialena se encuentra de vacaciones en lo de su tía y le encanta tomar sol en el jardín, donde se siente a salvo de miradas indiscretas. No sabe que su vecina Doña Elvira la observa con ojos lujuriosos. Desde la llegada de su vecinita, Doña Elvira se dio cuenta que la nena es un bombón, que tiene un físico esbelto. Pelo largo castaño y unas piernas y una cola de ensueño. Esa tarde mientras la miraba desde un lugar que Mariaelena no la podía ver casi se desmaya cuando vio que la chica se desprendió la parte superior del bikini y dejo en libertad sus pechos. A doña Elvira se le lleno la boca de saliva mientras veía esas dos preciosas montañitas de carne blanca con pequeños pezones y su mente calenturienta solo pensaba en mamárselos.

    A doña Elvira siempre le habían gustado las chicas, pero a sus 65 años no tenía muchas ocasiones de tener sexo con alguna de esas preciosuras que pasaban rumbo a la playa y solo podía mirarlas con deseo. Esa tarde excitada por la vista de esa preciosura no se pudo contener y salió al jardín contiguo donde se acercó al muro y dijo «Hola, hola soy tu vecina». Marialena sorprendida se asustó y al sentir la voz de esa desconocida solo atino a cubrirse sus pechos con la remerita que tenía a su lado. Se levantó y se quedó mirando a esa extraña que decía que era su vecina.

    Doña Elvira le dijo «No quise asustarte, me llamo Doña Elvira y vivo aquí al lado». La chica, un poco más tranquila le dijo «Yo soy la sobrina de doña Sofía» y se acercó hasta el murito para saludar a su vecina. La vieja no podía creer tener a esa preciosura adelante de ella tapándose los senos con su remerita y le pregunto «Como te llamas preciosa» «Marialena, y estoy unos días por las vacaciones”. «Mira, justo estaba por tomar algo fresco, porque no venís y charlamos en casa” le dijo la vieja tratando de ocultar su excitación. Marialena le contesto “Bueno, mi tía no llega hasta la noche así que me voy a poner algo de ropa y voy a su casa». A esta altura, la chica se dio cuenta como la miraba la vieja, sobre todo las piernas y trataba de verle los pechos que apenas podía tapar y sintió algo raro. Que un chico o un viejo la miraran así no le extrañaba pero que una mujer mayor como esa la mirara con ganas de comérsela le extrañaba y a la vez la intrigaba. “No te cambies, si así estas cómoda, solo vamos a charlar un rato» le dijo la caliente vieja que ya estaba impaciente por llevarse ese bombón a su casa.

    Marialena acepto y se puso la remerita lo que permitió a la vieja ver sus pechos por un instante lo que la enloqueció y pensaba que una vez que la tuviera en la casa le iba a hacer de todo. “Pasa por acá que hay lugar» le indico la vieja y la chica paso por un costado del murito lo que le permitió a la vieja apreciar los muslos y nalgas de la chica que usaba una tanguita minúscula. «Vení, linda» y la agarro de un abrazo guiándola a la casa. Una vez adentro, doña Elvira la invito a sentarse en el living mientras le preguntaba «que querés tomar, tengo una cervecita bien helada pero no sé si ya sos mayor para tomar alcohol» a lo que la chica contesto «Si ya tengo 19, puedo tomar cerveza, además me gusta» con una sonrisita picara y la vieja estuvo a punto de tirársele encima y comerle la boca a lengüetazos, se contuvo y fue a la cocina donde sirvió 2 vasos grandes de cerveza helada y al volver al living se extasió viendo a la chica sentada casi desnudita solo con una remerita.

    Le dio un vaso y tomaron un largo sorbo, después la vieja, que ya no se aguantaba le dijo «Que linda que sos, debes tener muchos pretendientes» y le puso una mano en un muslo. «No por ahora porque me paso estudiando y además los chicos no me atraen mucho». Marialena de a poco sentía un extraño calorcito entre sus piernas y la mano de la vieja acariciándole el muslo le gusto, no dijo nada y se terminó la cerveza. La vieja al ver que la chica no se resistía empezó a dar rienda suelta a su lujuria y ahora acariciaba con las dos manos las piernas de la chica y le dijo «que lindas piernas tenés nena, estas muy buena» con voz ronca. Al ver que esta preciosura se le entregaba dio rienda suelta a su lujuria y se le tiro encima besándola en el cuello enloquecidamente. Marialena sentía sensaciones nuevas, por un lado le parecía mentira que estaba siendo manoseada y besada por una vieja desconocida y por otro lado sentía que le gustaba y por eso no reaccionaba.

    Doña Elvira había conseguido llegar a la boca de la chica y la chuponeaba en forma salvaje mientras le metía las manos por debajo de la remerita y le estrujaba los duros senos lo que termino de excitar a Marialena y sintió que se mojaba entre las piernas. La vieja estuvo largo rato chuponeándola y tocándole las tetas y sobándole los pezones hasta que sin poder contenerse bajo su cara y se apropió de los senos de la chica comiéndolos a lengüetazos. Marialena gemía de placer, ya sin control y la enloquecida vieja la tomo de un brazo y le dijo «vení nena que te voy a chupar toda» y la llevo al dormitorio donde le saco la remera y la puso en la cama boca arriba. Doña Elvira no daba crédito a lo que se iba a comer, una delicia como esa no la tenía todos los días, le saco la tanguita, la abrió de piernas sin que Marialena se resistiera y comenzó a comerle la concha con unas ganas que hicieron gritar a la chica. Le pasó la lengua por los labios vaginales, se los abrió con los dedos mientras la seguía chupando y por fin empezó a regodearse lamiendo sin cesar el clítoris de la chica…

    Marialena gemía sin parar mientras sentía lo que nunca había sentido antes y de repente tuvo un increíble orgasmo. La vieja siguió chupándola y metiéndole el dedo en la concha y en el culo mientras se frotaba contra las piernas de la chica y también experimento un brutal orgasmo. Al cabo de un rato, la primera en incorporarse fue Marialena, que junto su ropa y se fue a su casa sin decir nada… Esa noche, mientras veía la tele en lo de su tía pensaba «esto paso en serio o me lo imagine?»

  • Vacaciones de verano con mi tía (II)

    Vacaciones de verano con mi tía (II)

    A la mañana siguiente me desperté muy temprano y mi tía ya no estaba en la cama, me levante a buscarla y no la encontré en ningún rincón de la casa, el auto no estaba así que la llame a su celular pero no respondía. Estuvo toda el día ausente y regreso hasta ya entrada la noche, me dirijo a la puerta a recibirla y con un tono muy serio me dijo que teníamos que hablar.

    Nos sentamos en el sofá y mi tía tenía una expresión seria y de remordimiento, lo primero que hizo fue disculparse por lo que paso anoche, me comento que últimamente se había sentido muy olvidada por mi tío y que por eso reacciono a si esa noche.

    –Toño quiero pedirte una disculpa por mi comportamiento de la otra noche –dijo viéndome a los ojos apenada –mi conducta no fue apropiada, pero he estado muy sola por los viajes de tu tío.

    –No tiene por qué disculparse –respondí tomándola de las manos –yo siempre he querido hacer esto con usted tía.

    En ese momento le confesé todos mis sentimientos a mi tía Claudia, le dije que desde que era niño la deseaba, le conté de todas la veces que me masturbe pensando en ella y de que su enorme culazo me tenía loco, mi tía Claudia se quedó atónita ante mi confesión y armándome de valor nuevamente le di un beso.

    –Espera Antonio –dijo separándose de mi unos centímetros –no puedo hacerle esto a tu tío, no puedo engañarlo.

    –Nunca se va a enterar tía –dije besándola nuevamente –yo nunca le contare a nadie tía, será un secreto.

    Continúe besándola repetidamente y aun que había momentos en que mi tía dudaba ella no dejaba de corresponder mis besos, mi verga comenzó a ponerse dura, sin perder tiempo puse mis manos en su blusa quitándosela sin problemas y desliese mis manos a su cadera donde quite el cierre bajando su falda.

    La deje solo con sus bragas y brasier rosa, seguí besándola por su cuello y masajeando sus tetas, mi verga me apretaba por lo que me levante y saque mi verga de mi pantalón, me tía se quedó mirando fijamente mi verga y para que se animara tome su mano y la coloque sobre mi verga dura.

    –No demos hacer esto Toño.

    Mi tía aún seguía algo cohibida y parecía que no estaba muy segura, intentando estimularla más la levante del sofá junto a mí y mientras la besa frotaba su coño y su culazo, al poco tiempo se fue relajando y pude sentir que su concha se iba mojando.

    La termine desnudando por completo y nos fuimos a su recamara, ya no aguantaba más y en todo el trayecto no dejaba de manosear y rosar con mi verga su gran culazo, llegamos a su recamara y lo primero que hice fue pedirle que se pusiera en cuatro sobre la cama, mi tía estaba tan rendida a mis besos que sin objetar se acomodó en la cama y dejo su magnífico culazo en pompa hacia mi dirección.

    La visión era majestuosa el culazo que tanto deseaba estaba enfrente a mí entera disposición, como muchas veces fantasee, sin más demora coloque mi verga en la entrada de su vagina, sentí que mi tía se estremeció al primer contacto y apoyándome en su culazo se la metí toda de una sola embestida.

    Mi tía soltó un fuerte grito mientras temblaba, había soñado tantas veces con su culazo que la tome con fuerza de las caderas y comencé a arremeter con vigor su culazo, los gemidos de mi tía fueron aumentando.

    El sonido del chocar de mi pelvis con sus nalgas se escuchaba en toda la habitación, estaba como loco embistiendo con todas mis fuerzas y los gemidos de mi tía solo me motivaban a darle más duro, sus tetas rebotaban bruscamente me acosté sobre su espalda sin dejar de atacar su culazo y apoye mis manos sus tetas estrujándolas con fuerza.

    Sentí como el coño de mi comenzó a dar sepamos sobre mi verga y dando un gran gemido termino corriéndose mojando las sabanas, yo estaba a punto de correrme también pero de nuevo me pidió que no me corriera adentro, apenas pude sacarla a tiempo y termine eyaculando sobre su culazo y espalda.

    –Estuvo muy cerca –dijo mi tía con tono preocupado y agitado –no debes correrte adentro, es peligroso.

    –Lo se tía –conteste acostándome a su lado –voy a tener más cuidado.

    Me quede acostado a su lado y mi tía me dio un beso dijo que ira a darse un baño, yo aún seguía con la verga dura y listo para un segundo round, me dirijo al baño y mi tía estaba bajo la regadera lavándose, otra vez la sorprendí desde atrás apretando sus tetas, dándole besos en su nuca y restregando mi verga en su culazo.

    –Cuanta energía tienes Toño –dijo mirando mi verga erecta.

    –Es por ti tía –respondí.

    Comencé a jugar con sus tetas mientras mi tía enjabonaba su cabello, las estrujaba de un lado para otro, sus pezones seguían duros y los empecé a frotar con mis dedos, pasaba la yema de mis dedos por la punta de sus pezones y eso la hacía temblar, me di cuenta que mi tía Claudia era muy sensible en los pezones.

    –Ahora te toca a ti templar.

    Se dio la vuelta dándome un beso y se colocó en sus rodillas, junto sus tetas acomodando mi verga en ellas y comenzó a subir y bajar por toda mi verga a un ritmo pausado, recorría toda mi verga con sus suaves tetas, hasta eso momento no sabía lo fiera que era mi tía Claudia en la cama y aún faltaba lo mejor.

    Me miró fijamente a los ojos y con unas sonrisa se metió toda mi verga en su boca, la sensación era increíble era la primera vez que alguien me la mamaba, por un momento las rodillas me temblaron.

    Chupaba con fuerza mi verga dando círculos con su lengua y masajeando levemente mis testículos con sus manos, no pude resistir por mucho tiempo el meneo de su lengua en mi verga y termine corriéndome dentro de su boca. Mi tía no dejo de chupar hasta que termine de eyacular en su boca, mi corrida fue abundante algunas gotas cayeron en sus tetas pensé que la escupiría pero hizo lo contrario se la trago toda delante de mi.

    Nos salimos del baño y nuevamente nos fuimos a su recamara donde continuamos cogiendo toda la noche.

  • El chantaje (III): Un paso a lo prohibido

    El chantaje (III): Un paso a lo prohibido

    Los días pasaban agudizándose aún más nuestra situación, se había tornado candente el ambiente, es más, ni recuerdo las veces que en la semana mi hermano me había metido mano, me tocaba ya sin importarle la presencia de nuestros padres, ni mucho menos la de los espectadores en mi trabajo, en más de una ocasión tuve que chupársela estando trabajando, no sé por qué permitía esa atrocidad, lo cierto es que ese juego se había vuelto muy excitante, que en lo particular mi libido aumentaba, el deseo desenfrenado de ser tocada por mi hermano provocaba una adrenalina inexplicable, creo que el haber probado me había vuelto adicta, la cuestión era saber ¿cuándo daría el próximo paso? y ¿cuál sería?

    Era finales de noviembre, una carta dirigida a mis padres anunciaba la presencia a una boda familiar se casaba nuestro primo Gustavo sobrino de mi madre, la fecha estaba ya pactada 23 de diciembre, entre platica y platica, sabía que no asistiría a la boda de mi primo, mis padres gustosos ya que ellos eran padrinos, por mi parte en esa época era cuando más trabajo había por lo tanto ni siquiera pensaba asistir, pues ya había planeado mis actividades, jejeje, pero igual y no había nada concreto, pasaron los días, el tema del momento era ver cuando partirían, los trajes que usarían, en esos días todo parecía normal en casa, excepto la metidas constantes de mano de Antonio.

    Por su parte Juan Carlos mi hermano menor confirmaba su asistencia a la boda, mientras que yo, reafirmaba mi ausencia, por otro lado Toño mantenía una expectativa, no fue hasta faltando una semana cuando les anuncia a mis padres que no asistiría, cosa que los puso de malas, pues no era posible que no los acompañáramos, cosa que me excuse con el trabajo, mientras que Antonio poniendo cara de niño bueno decía, que aunque eran vacaciones, él tendría que prestar su servicio escolar y ni modo mis padres de mala gana tuvieron que aceptar esa triste realidad, cosa que yo no le creía nada, en ese instante paso por mi cabeza miles de ideas, no lo niego eso me calentó hasta mas no poder, unos días antes de que se fueran a la boda, mi madre nos pido que la acompañáramos de compras.

    Ese día nos apuramos en todos los quehaceres, como íbamos al centro comercial a escoger la ropa que utilizarían en la boda, en el centro comercial recibí una llamada, si bien el numero era desconocido, dudaba en contestar pero la curiosidad prevaleció haciendo que tomara dicha llamada, al escuchar la voz no lo podía creer era mi hermano Toño que me pidió que no mencionara su nombre, pues no quería que nuestra madre se enterara de que el me llamaba, por un momento dude pero él me comentaba que se encontraba en el centro comercial para grabarme y si podía para meterme mano, en ese momento volteé, buscaba ansiosamente en la inmensidad de la plaza mientras el describía cada contorneo que hacía y a donde nos dirigíamos, mi mirada buscaba, se perdía en cada accesoria, sus palabras, sus picardías me hacían estremecer, sabia como entrar en ese juego, me acaloraba a cada explicación que mencionaba, mas sin embargo no lo lograba hallar, por más que busque no lo pude encontrar.

    Mientras tanto mi madre recorría cada aparador buscando el traje de mi padre y el de ella, las obscenidades de mi hermano hacían que mi cuerpo entrara en calor, sentía esa necesidad de ser tocada o porque no de tocarme, lo cierto era que me detenía mi moral y la presencia de la gente. Todo siguió así hasta que salimos de aquella plaza, minutos después en el autobús volví a recibir nuevamente una llamada, ahora describía la posición de mis piernas y lo lindas que se veían, no podía creerlo, sin más, sabía que alguien era el cómplice, pero quien a nadie de los que iban en el micro conocía o por lo menos eran conocidos, podía sentir como mis flujos tomaban cause en mis piernitas, cuadras antes de llegar a la casa, la llamada terminaba dejándome completamente alterada de calor eso si sobrepasaba mi calentura.

    Caminando nuevamente aquel grupo de teporochos a lo lejos veía discutir algunos de ellos se dispersaban entre las calles laterales lo cierto es que solo de ese grupo quedaba un hombre alto apiñonado con un aspecto de malviviente claro siendo un adicto al alcohol dejaba que desear, casi llegando donde él se encontraba fijo su mirada en nosotras y sin ningún tapujo comenzó a sobarse la verga por encima del pantalón, mi madre al verlo se quedó impactada, tal vez por la reacción de aquel tipejo cosa que pues a mí ni siquiera me preocupaba, pero cuando justo pasábamos enfrente a él, comenzó con un sermón de obscenidades, “ohh que lindas perritas en celo, que ricos culitos que albergarían a las vergas de mis amigos”, mi madre se apresuraba a caminar, por mi parte voltee a observar aquel hombre y vaya sorpresa el muy cretino ya tenía su verga al aire libre sobándosela a su antojo, no sé si me disgustaba o aún mejor sabía que hasta a los hombres más aberrantes, viciosos, deplorables también sucumbían ante nuestros encantos. Lo cierto es que mi madre se sonrojaba, podía notar que aquellas palabras la excitaban, la mojaban delatando que su cuerpo también requería de ser atendido.

    Por la tarde solo esperábamos la llegada de mi padre el equipaje estaba ya listo, los minutos transcurrían, la tarde caía y la incertidumbre entre lo que sucedería entre mi hermano y yo acrecentaba la expectativa del juego que sería sometida o por qué no de tal vez dar un paso más a ese deseo carnal del cual ya éramos cautivos, la noche nos alcanzó, la llegada de papa se hizo más agotadora, cuando el timbre del portón anunciaba la llega de él, por lo que inmediatamente salí a su encuentro pero al abrir la puerta era Antonio quien se le habían olvidado la llaves, al verlo solo atine a decirle “ah eres tú”, el sorprendido pregunto “¿esperabas a alguien?”, “Pues no, solo que estamos esperando a papá”. Me alcanzo y posando su mano derecha en mis nalgas comenzó a sobarme, me asuste pues estaba mama y Juan Carlos podrían mirarnos, trate de retírale la mano pero el persistió, diciéndome en voz baja “no te preocupes Valery nadie puede ver como palpo este culito que tienes hermanita”. Su mano acariciaba mis nalgas su dedo medio recorría mi canalito pero el jeans no dejaba que este pudiera separar mis nalgas. Al entrar a la casa mama pensando que era mi padre comenzó a reclamar lo cierto es que cuando nos vio su cara manifestó desilusión.

    Después de unas horas sonó el teléfono, en esta ocasión era mi padre que buscaba a mi madre, por lo que un grito anunciaba a mi mamá que era papá, tomo la llamada, no sé qué tanto habrían dicho lo cierto es que mi madre se notaba molesta, enseguida llamo a Juan Carlos para que revisara el carro, me acerque a ella y le pregunte que pasaba “nada hija solo que saldremos de madrugada, tu padre está con tus tíos y ya viene en camino pero preferí que descansará un poco”. A los 20 minutos llego papá cenamos y nos dispusimos a ver un rato la tele no sé cuánto había pasado pero poco a poco se fueron a sus habitaciones prime mis padres que entre besos y apapachos se alejaban abrazados a su dormitorio como unos enamorados, cosa que no me extraño se quieren demasiado, sin embargo mis dos hermano y yo permanecíamos viendo la tv. Si bien ya todos estábamos en pijama vi que Antonio se dirigió al segundo piso de la casa no sé pero tardo un poco, enseguida bajo para sentarse junto a mí, los minutos pasaban y con ello Juan Carlos comenzaba a dormitar cosa que no me agradaba pues Toño se había percatado y con ello el manoseo comenzaba, no me disgustaba pero si me ponía nerviosa pues en cualquier momento podíamos ser descubiertos, mi hermano paso su mano por atrás de mi cabeza haciendo que con su ante brazo despegara mi espalda del respaldo del sofá para que pudiera llegar a mi cadera, volteo como diciendo con la mirada que no era momento para eso, pero creo que eso aumentaba su libido, comenzó agarrarme la nalga, la estrujaba a su placer, mientras que con la otra mano la posaba en mi teta izquierda amasándola a su puritito antojo, mi vagina comenzaba a mojarse ni siquiera lo niego la situación me ponía cachonda, la excitación estaba a flor de piel, mientras tanto Juan Carlos roncaba anunciando su profundo sueño y cansancio cosa que aprovecho mi hermano para dejar de tocar mi seno y sin preámbulo metió su mano en mi pantaloncito y por encima de mi tanga comenzaba a recorrer mi palomita, que ya despedía mis jugos.

    Así empezó a juguetear con un dedo en la entrada de mi coño, jadeaba y empezaba a gemir cada vez más fuerte, se me había olvidado la presencia de mi otro hermano. Poco a poco fue jugueteando con un segundo dedo esta vez alrededor de mi clítoris, mientras que yo cada vez gritaba más, por lo que empecé a preocuparme por mi hermano, que se encontraba a escasos metros de nosotros. Cuando por fin consiguió introducirme con mucho cuidado la falange, me puse como loca, pero entre mi calentura lograba controlar mi expresividad, pues un gemido más alto podría despertar a mi hermano aaaaah uuummm.

    Creo que si nadie hubiese estado en esos instantes no sé qué hubiera pasado, la cosa se ponía demasiado caliente, tal vez mi miedo hizo que me detuviera sacando su mano de mi entrepierna, me levante y desperté a Juan, Toño quedo paralizado ante la situación creo que no esperaba mi reacción, mas sin embargo mi calentura hizo que regresara junto a él, mi otro hermano entre sueño ni siquiera chisto nada se dirigió a las escaleras dirigiéndose a su habitación, un ruido de la chapa de la puerta indicaba que estábamos completamente solos, cosa que ni yo sabía por qué estaba junto a Toño, lo único que sentía era esa extraña sensación de deseo, algo que se apoderaba de mi pensamiento y aun mas de mi actitud, pues comenzaba a tomar en cuenta que me estaba transformando en una putita en celo, mi mano tomo la verga de mi hermano por encima de la pijama, la sobaba de arriba hacia abajo, el por su parte se acercó a un más para besarme con frenesí, su lengua hurgaba mi cavidad bucal, sus dientes lograban aprisionar mis labios sin llegar hacerles daño.

    Solté la cuenda se la pijama para poder disgustar y maniobrar a mi antojo su miembro viril que yacía como un verdadero roble, aquella carne caliente e inflamada por la excitación invitaba a ser cogida, probada por algo húmedo que pudiera derrochar su temperatura, me incline hacia su verga, mirando fijamente a los ojos a mi hermanito y con la punta de la lengua tocaba la cabeza de su glande recorría milímetro a milímetro atreves de movimientos circulatorios lentos, unos pequeños gemidos, lograban escapar del interior de mi hermano, al parecer el gozó que recibía era muy placentero, sin más comencé a lamber su pito de abajo hacia arriba, chupe solamente su cabecita una y otra vez, dándole algunos mordiscos que lo hacían estremecer por esa sensación, de pronto tomo mi cabeza y de un solo tirón empujo haciendo me que me la tragara toda, su verga se perdía en mi boca, golpeaba con mi garganta, pero lo cierto es que eso provocaba en mí una calentura, pero al mismo tiempo sentía una obstrucción que me hacía arquearme y querer vomitar, no sé cuantos segundos me tubo así, porque a mí se me hicieron eternos.

    Al sacarme su pito toda la saliva quedaba unida por un hilo que estrechaba el momento, algunas lágrimas recorrían mis mejillas, lo más sorprendente es que me beso tragando su propio néctar, eso me ponía cachondísima, se acercó a mi oído diciéndome vamos hermanita sigue tu trabajito que quiero darte tu lechita, nuevamente me engullí su verga pero ahora tomaba el control mis mamadas eran pausadas y profundas ocasionando un cordial gozo a mi hermano que solo decía, “que rica boquita tienes Valery ohhh, mamita, que bien la chupas, te encanta mi verga hermanita, sigueee, putita, sigueee, trata bien a tu hermanito que te calienta de lo más rico”, cuando un tirón de mi cabeza, hizo que toda su verga entrara en lo más profunda de mi boca, los chisguetes de semen caliente topaban con mi garganta, sentía como se llenaba aquel hueco, que me ocasionaba la falta de respiración era algo que me ponía mal, sentía que me ahogaba y con ello la desesperación por sacarme esa verga a como diera lugar.

    Al sacarme su verga casi me atraganto pero esa sensación de querer devolver hizo que el semen no se deslizara por mi esófago, reteniéndolo en mi boca, por lo que me acerque a él y sin más lo bese pasándole un poco de semen quería resistirse pero fui tan hábil que casi le regrese más de la venida que me había depositado, creo que sentía asco o no sé, pero rápido cerré su boca obligándolo a que se lo tragara, mientras ante su mirada hacia gárgaras de semen cosa que tal vez lo alentó a seguirme con el juego, ambos tragamos esperma, nos besamos, el momento de nuestro cachondeo estaba en la cúspide, nuestro momento era paralizado al escuchar abrir el zaguán, en ese instante supimos que Jesús no estaba, rápidamente corrimos a nuestras habitaciones.

    Al pasar por la recámara de mis padres escuchaba algunos ruidos, inmediatamente pensé que estaban en el acto sexual, por lo que no le di importancia, en mi recamara recordaba aquella imagen de aquel hombre jalándosela a plena luz del día, por una parte su rostro se me hacía parecido, solo que no podía recordar donde o en qué lugar lo había visto, por ende evoque aquéllas palabras que este individuo nos había dicho, cosa que me ponía caliente, pero no solo a mi sino también lo que había causado a mi madre pues hacía tiempo que no escuchaba el rechinar de su cama o tal vez no había puesto tanta atención o quizás había encendido la llama de la pasión, lo cierto es que la morbosidad de aquel hombre había causado lujuria en ambas.

    Sin saber en qué momento mis ojos cayeron rendidos por el cansancio, el tiempo transcurría, la penumbra acogía las habitaciones, un silencio invadía cada una de las habitaciones, entre sueños oía el toquido en la ventana una y otra vez, parecía que mi sueño de letargo no se incomodaba por aquel sonido, los minutos pasaban y aquel toquido cesaba, el sonido del cerrojo anunciaba la llegada de alguien, pero mi sueño podía más que un simple ruido que ni siquiera alteraba la pesadez de mi sueño o tal vez estaba rendida por aquel acontecimiento que me llenaba de lujuria, pasión, deseo, excitación, unos pasos lentos y espaciados rondaban mi habitación como que buscando o indagando las posibles entradas a la misma el tiempo parecía detenerse, podía sentir la presencia de alguien en mi cuarto, pero aquel sueño que me vencía que no dejaba abrir mis ojos, ayudaba a la estancia de aquel o aquella presencia desconocida, poco a poco los pasos se acercaban a mi cama, sentía una mirada penetrante que recorría toda mi anatomía, una morbosidad que superaba barreras, me sentía deseada pero a la vez intimidada, a lo lejos de mi pensamiento quería volver en sí, pero no sé qué no permitía mi regreso a la realidad o más bien por qué no podía regresar.

    Una sensación se adueñaba de mi cuerpo logrando ponerme la piel de gallina, el posar de esa energía en mi cama denotaba su cercanía, no podía sentir miedo o por lo menos no lo reflejaba, sentía su respiración un tanto agitada, el resoplar de sus exhalaciones podían sentirse en mi rostro, mi corazón se aceleraba sus palpitaciones, una inseguridad se volcaba ante mi haciendo que mi corazón latiera a mas revoluciones, mi respiración se agitaba y mis deseos por querer abandonar aquel sueño cada vez eran más nulos, el contacto con aquella presencia se anuncia con la respiración y cercanía de su cuerpo, todo era tan pero tan diferente que en mi regresaba una calma tal vez la sugestión hacia que me llevara a esos extremos.

    Entre sueño escuchaba un murmullo no tenía bien claro que me decía, agudizaba mi oído pero no me permitía descifrar sus palabras, la voz me sonaba pero no podía determinar quién era, el calor de una mano se postro en mi pierna, en mi sueño brinque pero ni eso logro despertarme, se me hacia una eternidad y mi pensamiento daba rienda suelta a todas las infames atrocidades que mi mente podía recordar, miles de imágenes se apoderaban de mi sueño causando una agonía en mi ser, mis nervios se alteraban quería gritar o sentía que gritaba pidiendo auxiliooo, ayundenmeee por favorrrr, auxiliooo, socorrooo, esas eran la frases que sentía decir, al momento en que aquella mano recorría lentamente mis piernas, sentía deslizarse rumbo a mi entrepierna eso me asustaba tanto lo sentía tan real, tanto que mi excitación ya comenzaba a dejar notarse, mi puchita ya comenzaba a dar sus primeros jugos.

    Al momento se detuvo en mi pelvis ahí acariciaba pero no buscaba entrar eso por una parte me daba alivio pero por otra me ponía tan candente que ya no sabía si esa desconocida presencia me era más bien conocida, lo cierto es que mi sueño mostraba otra cosa, segundos después su mano se dirigía hacia mi abdomen, ahí se detuvo recorriendo cada milímetro de piel, se acercó tocando con sus humedecidos labios, un breve gemido solía escárpeseme, ummmm, reflejaba aquella excitación, beso tras beso se apoderaba de mi pancita, se centró en mi ombligo y metiendo su lengua ultrajaba aquella cavidad los movimientos de su lengua eran circulatorios, pausados, cada vez sentía la lengua querer penetrar más de lo que podía, un ahhh, demostraba mi calentura que ya me poseía sin saber quién era el que me provocaba esos gemidos, ni mucho menos el que lograba arrancar esos gemidos.

    Lengüeteada tras lengüeteada avanzaba cautelosamente hacia mis cúspides que creo que eran la finalidad de ese recorrido, al ser detenido por aquel top dejo unos instantes de utilizar su lengüita, unos dedos en ambos costados lograron apoderarse de la tela, sutilmente liberaban mis senos, el top era enrollado para poder mano brear mis dulces, paraditas y atractivas montañas, que invitaban a ser exploradas, sus manos se plasmaron a las laterales de mis tetas, suavemente aprisionaban haciéndolas que se tornaran en las palmas de sus manos, sus dedo comenzaban a juguetear con mis pezones, que ya se encontraban totalmente duritos, con sus dedos índice y pulgar de cada mano masajeaban mis pezones cada masajeo apretaban más y más, arrancando quejidos de placer aahh, ahhhh, ya la lujuria se había apoderado de mí, el factor excitación presenciaba aquel ultraje de mi ser, el placer estremecía mi cuerpo, regocijado por la calentura que ya era evidente y que prevalecía gracias aquella presencia.

    Nuevamente sus labio comenzaron a succionar mis pechos, su lengua recorría cada pezón, se intercambia dándome unas tremendas chupadas, pareciera que era un bebe en plena lactancia se apoderaba de una teta como un nene que no dejaba escapar esas montañitas. Ahhhh era algo rotundamente extraño una sensación que podría asegurar que era algo tan, pero tan real que si no fuera por mí sueño sabría que esa excitación un solo hombre me la podría dar. Sus manos comenzaban a recorrer mi cuerpo poco a poco se iba dirigiendo a mi vientre podía sentir esa piel un tanto áspera me imagino que por el arduo trabajo, buscaba introducirse por debajo del pantalón de la pijama pero su cordón le imposibilitaba el acceso a dicho tesoro, su boca no paraba de succionar cada pecho como si buscara ordeñarme lo cierto es que mis mamas no tenía aun ese líquido blanco, que podría saciar su sed.

    Las manos buscaban deshacer aquel nudo que hasta esos instantes no le permitía entrar, su mano cruzo aquel imperio del cual era asediado, por encima de la tanga comenzaba a manosear aquella intimidad, lo que encontró no lo esperaba, tenía mi conejo completamente depilado, solo un pequeño mechón por encima de mi linda y apetitosa cuevita. Comenzó abajarme el pantalón muy sutilmente en esos instantes yo, ya estaba en una temperatura que no me importaba más que seguir con aquel acontecimiento irresistible: separo mis piernas, hundió su lengua en mi coñito, tan atractivo, impetuoso, imponente aunándole aquel fabuloso aroma a juventud, lo lamia desesperado, lamia mi clítoris, chupaba todo lo que había en su camino. De a ratos alternaba con mis pechos y luego volvía a lamerle el coño, no podía dejar de tocarme, manosearme, hurgarme.

    Sin más preámbulo podía sentir como lentamente me volteaba dejándome boca abajo, sus manos nuevamente eran quien me poseían a su completo antojó apretando aquellos cachetes de carne que estaban expuestos a su caprichos, con su dedo lo metía entre la tanga a manera de lograr sacarlo de aquel canal y haciéndolo a un lado separando mis nalgas, un gran espectáculo dejaba ver mi exquisito culo que le estaba brindado, enseguida algo húmedo comenzaba a recorrer las paredes de mis nalgas, apoyo su lengua sobre mi pequeña cavidad anal el placer era indescriptible ummmm, esos gemidos ya no eran de una presencia desconocida en mi sueño, ahhhhh sabía que algo más que un simple sensación me acompañaba y lo peor es que me daba placer.

    Un toquido a mi puerta a lo lejano se escuchaba, aquella presencia hábilmente se deslizaba de mi cama podía sentir los movimientos que este hacía, mas sin embargo no podía regresar de mi sueño o más bien era tan profundo, un segundo toquido alertaba la búsqueda de alguien a mi habitación pero no fue hasta el tercero que me logro despertar y vaya sorpresa al incorporarme de la cama casi me caigo no lo podía creer mi pantalón casi a media pierna y el top por encima de mis tetas, como pude los subí y rápidamente me coloque la bata, abrí la puerta, mama me decía te estoy tocando y tu ni te das cuenta mi dormilona, lo siento mami es que me quede profundamente dormida, si hijita me di cuenta, en el pasillo veía a Juan y Jesús sacar el equipaje y dirigirse a la cochera, mi padre se acercaba a despedirse y a darme un poco de dinero para lo que se ofreciera. Los acompañe hasta la cochera y los observe hasta que desaparecieron, al volver a la habitación note que la ventana que da al jardín estaba abierta, una breve sonrisa afloro mi rostro pues me daba cuenta que todo el tiempo quien me daba placer había sido Antonio, pero la pregunta era hasta donde había sido capaz de llegar, sería posible que si no hubiera tocado mi madre me hubiese penetrado o solo le gustaba ponerse cachondo, era una incógnita que tal vez no sabría y las posibilidades pues eran infinitas, lo cierto es que esa madrugada pude dormir como nunca y lo mejor fue que pues mi hermano se encargó del desayuno y arreglar la casa pero obvio no era porque fuera tan condescendiente conmigo, algo tramaba y tan solo unas horas habían transcurrido si bien eran más días lo que faltaban por estar solos.

  • La tentación de mi hermano

    La tentación de mi hermano

    -¡¿Cuántas veces te he dicho que toques antes de entrar, Samantha?!- Reclamó mi hermano, cerrando a toda velocidad el navegador de internet en la computadora.

    -¿Y cuántas te he dicho que pongas el seguro da la puerta?- La casa donde vivíamos mi hermano, mi madre y yo, solo tenía dos recámaras y aunque hacía rato que me había mudado a la habitación de mamá, toda mi ropa seguía estando en el clóset del otro cuarto. Era una lata, pero ¿Alguna vez has visto la cantidad de ropa que tenemos las chicas? Era casi imposible que mi madre y yo compartiéramos el mismo mueble para guardar las prendas de ambas –Ya. No te enojes, solo vine por mi toalla. Estaré lista en media hora, así que tendrás tiempo de acabar con lo que estabas- Le dije a mi hermano, para molestarlo y fingiendo no haber notado su erección y que tenía el pantalón desabrochado.

    -Más te vale que estés en media hora o me iré sin ti- Teníamos boletos para el “Vive latino” de aquél año. Habíamos estado ahorrando durante meses y habíamos conseguido comprar los boletos antes de que se agotaran.

    Y no es que los boletos fueran caros, lo que pasa es que el trabajo de mi mamá era nuestra única fuente de ingresos constante y tanto mi hermano Cristian, como yo, habíamos tenido que conseguir uno de esos horribles empleos de repartir folletos del supermercado y así obtener algo de plata.

    Esa misma semana había sido mi cumpleaños 21 y el 18 de Cristian, así que mi hermano y yo nos habíamos auto-regalado los mentados boletos y además, el cursi de Cristian me había obsequiado un par de aretes de fantasía y una gargantilla que no era más que un listón negro con y un dije de plata con forma de estrella. –“Ay, Cris. Qué bonito ¿cuánto te habrá costado?”- Pensé, enternecida por el detalle de mi hermano y fui a buscarlo para agradecerle.

    Cristian y yo, como buenos hermanos, nos demostramos lo mucho que nos queremos a base de golpes y de cariñosos insultos, así que cuando entré de nuevo a su cuarto y lo abracé, mi inesperada muestra de afecto lo dejó todo pazguato, al pobre.

    Nos fuimos en el metro al poco rato. Habíamos salido juntos varias veces antes, pero era la primera salida en que Cristian podía tomar cerveza de manera legal y lo celebramos comprándonos una de esas “micheladas” gigantes de la que nos íbamos turnando para beber.

    -Se te van a salir los ojos, idiota- Le dije a Cristian, que estaba babeando por un trío de chicas que esperaban por cerveza, muy empinaditas en la barra del local, con sus culitos tan alzados, que casi se les asomaban las bragas por sus minifaldas.

    -Déjame en paz. Mejor ponte en frente de mí, así puedo fisgonear a gusto- Me dijo Cristian y me reí por su inocente atrevimiento, pero le ayudé como me pedía.

    -Deberías conseguirte una novia, para que dejes la chaqueta mental- Le dije, sonriéndole por encima del enorme vaso de cartón del que tomé un trago.

    -Pues hazme el paro con tu amiga Claudia.

    -¿Claudia? No mames, Cristian. Esa vieja es un condón usado- Claudia había sido mi mejor amiga hasta que se acostó con un tipo que me encantaba, mi vecino, al que tanto me había alegrado conquistar. Desde entonces la odiaba y más cuando me enteré que mi ex novio también se la había tirado mientras andaba conmigo.

    -Jeje. Condón usado- rio Cristian, sin perder detalle de las chicas, que ahora se acercaban a nosotros y noté que una de ellas, la más alta y guapa, le sonrió coquetamente a mi hermano, así que me burlé un poco de él y de su sonrisa de tonto.

    Inesperadamente, mi mandíbula acompañó a la de mi hermano en el piso, cuando al grupito de chavas se agregaron dos tipos, uno, más o menos guapo y el otro, el culpable de que me diera un micro infarto, parecía recién salido de un comercial de Calvin Klain.

    -¿Quién se hace la chaqueta mental ahora, Sami?- Cristian se burló de mí y recibió su correspondiente puñetazo en el hombro.

    Pasamos un buen rato escuchando a un par de bandas que se presentaron en el escenario principal. Salí con los pies molidos de tanto saltar y que le saltaran encima a mis deditos, pero feliz y deseando escuchar a los demás grupos que habría ese día.

    Cuando nos movíamos a otro escenario, nos topamos de frente con el mismo grupito de chicas en mini y los dos guapetones de hacía un rato. Los hombres y dos de las chicas iban muy abrazados y yo me morí de celos cuando vi que una de ellas besaba muy rico al tipo que me había gustado. La muy perra hasta me barrió cuando pasaron junto a mí y cuando iba a decirle a Cristian de la grosería de esa vieja, noté que mi hermano se volvía a lanzar sonrisitas con la chica alta, la única del quinteto que iba solita.

    -Deberías ir a hablarle, tonto- Le dije a Cris, sabiendo de su timidez con las mujeres.

    -¿Y qué le voy a decir, Samantha? Además no creo que me haga caso ¿Ya viste lo buena que está?

    -Anda a hablarle y dile que te lo mame. Con suerte y lo hace- Le dije bromeando y como lo vi ponerse rojo, sentí feo por haberle hablado de esa forma -Ay, mi hermanito. Voy a tener que ayudarte. Ven acá- Lo tomé de la mano y lo hice andar apuradamente hasta alcanzar a las zorritas esas.

    -Amiga, disculpa… Amiga- Llamé hasta que volteó la chava que le interesaba a mi hermano. –Cristian quiere invitarte una cerveza, pero como dice que eres muy bonita, no se la vas a aceptar. Yo digo que sí vas a querer ¿Quién crees que se equivoca?

    -Pues él se equivoca, porque sí quiero- respondió la chica de inmediato.

    Contenta de haberle conseguido ligue a mi hermano, lo dejé platicando (esperando que no se meara en el pantalón) con esa chica, que a decir verdad, era bastante bonita y tenía muy buen culo. Me fui a comprar otra cerveza y cuando volví, no encontré ni a mi hermano ni a nadie del otro grupo de amigos.

    Anduve un rato y por suerte alcancé a ver a Cristian, que ya andaba de la mano con su chamaca y como ninguno de los dos volteó a verme cuando empecé a gritarles, tuve que correr, cerveza en mano, detrás de ellos.

    Cuando pensé que lograba alcanzarlos, los perdí de vista, pero en cambio me encontré a Calvin Nunca-supe-su-nombre Klain y la que supuse era su novia. Se besaban y medio querían fajar, parados muy cerca de la parte posterior de unas gradas. Fingí toser para que pararan un poco su acción y poder preguntarles por mi hermano.

    -No debe tardar- Me respondió totalmente mamona, la novia de Calvin-papacito Klain.

    -O tal vez sí. Todo depende de mi hermana- Agregó el guapo, guiñándome un ojo de forma juguetona y luego señaló con la cara hacia un resquicio entre las gradas y un carrito de hot-dogs.

    Me acerqué a ver. Estaba medio oscuro y tuve que dar un paso para meterme debajo de las gradas, en donde encontré a Cristian, que me daba la espalda y cuando le iba a preguntar qué diablos hacía, las manos de la chica, acuclillada frente a él, se sujetaron del trasero de mi hermano al tiempo que se dejó escuchar el peculiar sonido de una buena mamada, con bastante saliva.

    Di un paso atrás para salir de ahí. Una vez en el exterior y para mi sorpresa, noté que la novia de Calvin había desaparecido.

    -¿A dónde fue tu chica?- Le pregunté por hacer plática en lo que Cris acababa su sesión de sexo oral.

    -Al baño- Me respondió casi sin mirarme y moviendo las manos de forma singular. Estaba forjando un churro. Mismo que me ofreció en cuanto hubo fumado él primero.

    “-Bueno, solo un toque-“ me dije y le di una buena calada al porro.

    El ruido que la chica hacía al mamar la verga de mi hermano se escuchaba claramente en donde Calvin y yo estábamos fumando y ambos nos sonreímos. “-Qué ganas de hacerle lo mismo a este cabrón-“ me dije, desviando la mirada al paquete (paquetote) de Calvin y sintiéndome deliciosamente húmeda de solo pensar en tenerlo en la boca “-O cogiéndome bien duro de perrito-“ escuché a mi pensamiento, enriqueciendo la escena.

    -Bueno, voy a dar una vuelta en lo que nuestros hermanos se desocupan- Le dije a Calvin, para no seguir sintiendo las ganas que tenía de lanzarme sobre él, porque de escuchar a esa chica ahogándose por momentos con el miembro de mi hermano me puse increíblemente excitada. –Bueno, me voy. No te vaya a regañar tu novia si te ve hablando conmigo.

    -Si me regaña que sea con provecho ¿o no?- Al instante siguiente, Calvin me tomó por la cintura y me plantó un beso tan rico y tan profundo, que lo menos que pude hacer fue abrir la boca para que su lengua jugara con la mía.

    Estaba pensando en la forma de llevarme a lo oscurito a semejante ejemplar, cuando Cristian y su amiguita salieron de su escondite. Mi hermano con cara de culpa y la chica con gesto de molestia. Después sabría por qué no salieron los dos felices, pero entonces, tuve que separarme de Calvin “-bueno, al menos lo besé-“ me dije mientras me despedía de él y de su hermana.

    Cristian no quiso decirme nada de su experiencia con una desconocida. Supuse que algo no había ido del todo bien y preferí dejarlo en paz, al menos por ahora.

    En la última parte dela noche, nos juntamos con unos tipos antillanos, ataviados al estilo “rastafari” con los que Cristian y yo pasamos un buen rato, yo bailando al ritmo del reggae, bien pegada a los torneados cuerpos de mis amigos negritos y dejándolos acariciarme un poco sobre la ropa. Mientras Cris hablaba sin parar con dos chicos más, acerca de la reencarnación y cosas así, bastante inspirados por el efecto del “ganja”.

    En un momento, el ritmo de la música y las caricias que mis senos recibían por parte de las grandes manos del negro que se colaron bajo mi blusa, al mismo tiempo que mi otro acompañante me besaba en la boca, me habían puesto a volar. Estaba tan cachonda, que me puse a sobarles el miembro sobre el pantalón, sin importar que estuviéramos en un lugar algo visible para los asistentes al festival. Sin la intervención de mi hermano en el momento en que uno de mis compañeros de baile se decidió a sacar su enorme cosa de negro, seguramente yo habría acabado de rodillas chupando aquella oscura carne que tanto se me había antojado.

    Por mucho que le insistí a mi hermano para que me dejara seguir “bailando”, él terminó prácticamente arrastrándome para volver a casa.

    Entre risas y el andar de nuestros pies borrachos, Cristian y yo entramos al pequeño departamento al que llamábamos hogar. Las luces apagadas y el sonido pesado de la respiración de mi mamá indicaban que estaba profundamente dormida desde hacía buen rato. Yo todavía sentía el efecto relajante de los churros que mis amigos antillanos me habían compartido y casi todo me provocaba risa, lo mismo que a Cristian, que tras quitarse los zapatos y el pantalón, se tiró en su cama, a donde segundos más tarde le hice compañía, recostando mi cabeza sobre el brazo de mi hermano, de modo que quedamos medio abrazados.

    -¿Ya me vas a contar cómo estuvo tu encuentro?- Le pregunté riendo y haciendo la mímica de hacer una mamada, al llevarme la mano cerca de la boca como si sostuviera una verga.

    -Fue de lo más extraño- Me respondió Cristian, casi sin poder contener la risa. -¿Te acuerdas que me dijiste que le pidiera que me hiciera una mamada?- yo asentí, llena de curiosidad. –Pues no hizo falta, porque fue lo primero que ella propuso.

    -¡¿En serio?!- No podía creer la buena suerte de mi hermano. Claro, como para mí era un bicho asexuado que formaba parte de mi familia, no había notado que al parecer se había vuelto algo atractivo para las chicas.

    -En serio. Así que me llevó a donde te estuviste besuqueando con su hermano. Nos metimos debajo de las gradas y así, sin un besito ni nada, me saca la verga y se agacha para metérsela en la boca.

    -¡Cristian! Eres un puerco. No quiero detalles- Le reclamé, aunque claro que me moría por saber qué había salido mal si todo pintaba para ser un momento épico en la vida de mi hermano.

    -Déjame contarte, que aquí viene la parte importante- Siguió mi hermano y yo le eché mi pierna izquierda encima de su abdomen para estar más cerca de él y escucharlo mejor. –Bueno, pues a la segunda o tercera chupada, yo ya tenía una erección brutal y la chica se hincó, me agarró de las caderas y empezó a mamar como loca.

    -Sí, pude oír su boca haciéndote sus cochinadas.

    -¿Alguna vez has hecho una garganta profunda?- Yo asentí, algo ruborizada por confesarle eso a mi hermano. –Bueno, pues eso fue lo que hizo ella. Pensé que se iba a ahogar cuando me vine.

    -Acabaste en su boca- Le dije, abriendo los ojos con mucha sorpresa -¿Y se lo tragó?

    -Se lo tragó todo. Luego me dijo que era mi turno, así que se puso de pie y cuando empecé a meterle mano…- Mi hermano hizo una pausa y volteó la cara hacia la pared, muerto de pena.

    -¡¿Qué?! ¿Nunca habías mamado un coñito?

    -No es eso… Es que resultó que ella no era ella… Si no él.

    Me tapé la boca para ahogar el grito de sorpresa que me salió súbitamente y que despertó a mi mamá, quien desde su cuarto nos preguntó si estaba todo bien.

    -¡No chingues, Cris!- Le dije, bajando la voz para no despertar de nuevo a mamá.

    -Sí, Sami. Y pues obvio que le dije que a mí no me gustaba eso. “Neta, perdón. Pero debiste decirme antes ¿No crees?” Fue lo que le dije y se puso como si estuviera triste.

    -Eres un ojete. Le hubieras devuelto el favor- Estaba muriéndome de risa al pensar que Cris se había llevado tamaña decepción –Ya decía yo que esa chava tenía las manos muy grandotas- Le seguí diciendo, carcajeándome –No podías tener tanta suerte, Cris- Mi hermano me golpeó la frente con la palma de la mano, como hacía siempre que se hartaba de mis burlas. –Con razón, se me hizo raro que salieran muy encabronados en vez de salir contentos… ¿Pero sabes qué me areció lo más raro? Que el güey de su hermano estuviera como sin nada sabiendo lo que su hermanita hacía contigo.

    -¿Eso qué tiene de raro? Pues cada quién sus asuntos ¿No?

    -Ay, Cris. Claro que es raro ¿Tú qué sentiste cuando me viste fajando con los dos chavos negros?

    -Pues no sé… Algo como celos y pues no quería que te hicieran nada feo.

    -¿Ya ves? Es lo que sentiría cualquier hermano por su hermana. Pero… ¿Qué hubieras pensado si yo fuera el hombre y estuviera agasajándome a dos negritas?

    -Pues que eres un ojete por no compartir- Me respondió riendo.

    -Por eso digo que se me hizo raro que el hermano no cuidara a la hermana.

    -Es que también, tú te pasas, Samantha. ¿Cómo se te ocurre sacarle la verga al negro ese ahí delante de todos?

    -¡Yo no se la saqué! Fue él mismo.

    -Pues como sea. Te pones muy zorra cuando tomas.

    -Ay, mi hermanito el macho. Te cuesta trabajo aceptar que tengo más “pegue” que tú.

    -Bailando así de sexy como bailas no es raro que prendas a todos.

    -¿Te pones celoso?

    -Algo. Todos me preguntaban si eras mi novia.

    -¿Y qué les dijiste?

    -Que eras mi hermana.

    -¿Y qué hubieras hecho si fuera tu novia y me vieras bailando así de cachonda con los negros?- Quise saber. Y con malicia, moví la cadera en círculos, tal como lo había hecho delante de mi amigo antillano.

    -Pues no sé… Creo que te cortaría.

    -¡¿Por qué?! Solo es un “fajesito” sin importancia. Además no siempre te encuentras a dos muchachones así de buenos.

    -De todas formas, te cortaría. Me darían muchos celos de verte así con otros.

    -¿Así cómo?- Le pregunté para molestarlo más y sin parar de mover el culo.

    -Pues acariciándolos y dejándote meter mano. Haciendo que se les antoje tu cuerpo.

    -Pues si estoy buena ¿Qué tiene de malo que se les antoje? Si no fuera tu hermana ¿A poco no se te antojaría?

    -¡No inventes, Samantha!- Me regañó y para seguir dándole lata, me empecé a restregar en él, despacio, como una gatita.

    -¿A poco no se te antojaría todo esto?- Le pegaba mis tetas en su costado. Estaba divertidísima haciéndolo sufrir, hasta que bajé la vista y noté que tenía el pene bien parado, alzándole el bóxer como casa de campaña.

    -Ya, Samantha- Me rogó, pero al mismo tiempo no pudo contra el impulso de ponerme la mano en el muslo con el que lo estaba rodeando.

    -¿Se te antoja?- Le pregunté, todavía sin maldad, lo juro. Era solo que verlo así por mi culpa me parecía lo más tierno y graciosos del mundo.

    -¿Qué quieres que te diga? Eres mi hermana, claro que no se me antoja.

    -Eres un mentiroso- Le dije, con triunfalismo –Mira cómo lo tienes de parado. Eres un cochino. Te excitaste con tu hermana- me reí, pero tal vez eso lo ofendió y lo calentó, porque entonces, se dio media vuelta hasta quedar encima de mí.

    -¿A ti no se te antoja?

    -No mucho. La verdad- Le dije, soltando una carcajada.

    -Es por que no has sentido lo duro que lo tengo. Si lo agarraras, seguro que ibas a quererlo todo.

    Tomé aquello como un reto y le puse la mano en su excitado falo, que mi hermano hizo ensanchar al tensar sus músculos cuando lo rodeé con mis dedos.

    -¿Cómo haces eso?- Le pregunté intrigada y como respuesta él volvió a rigidizar su instrumento un par de veces más.

    -¿Verdad que sí se te antoja?- Me preguntó con el mismo tono de victoria con el que yo le había hablado hacía unos momentos.

    No quise responderle porque me sentía sucia al estar tocando la verga parada de mi hermano, endureciéndose a su voluntad en mi mano.

    -¿Lo quieres ver?- Me preguntó, sonriendo, con su cara muy cerca de la mía y otra vez, sin querer delatarme, no respondí y dejé que Cristian se bajara el bóxer, haciéndome tocar la suave y venosa piel de su verga. Entonces, además de sucia, me sentí confundida. Sentí el impulso de investigar cómo era precisamente la apariencia de la robusta cosa que tenía en mis manos y miré hacia allá, al tiempo que Cristian repetía su acto de crecimiento espontáneo. -¿Está grandote?- me preguntó mi hermano.

    -La verdad, sí.

    -¿Más grande que el de tu ex?

    -La verdad, sí- Repetí mecánicamente –Pero ya quítate de encima, que me pesas- Lo cierto era que me había puesto muy caliente y tuve miedo de no poder controlarme y acabar haciendo una estupidez con mi hermano.

    Cristian repitió eso que hacía que se le pusiera más grandote y más grueso cuando se hubo acostado boca arriba, a mi lado, y debo aceptar que para ese momento yo libraba una lucha interior contra las normas básicas de la moral. Batalla que acabé perdiendo cuando mi hermano me hizo tocar su miembro de nuevo.

    -Con confianza, Samantha- Me dijo, haciéndome sentir que se habían intercambiado completamente los papeles y ahora era él quien jugaba conmigo, con mi excitación.

    No dijimos nada por un rato y llevada por la necesidad que me dictaba el deseo, comencé a mover la mano con la que sujetaba la carne de mi hermano, acariciándolo primero todo hacia abajo, haciendo que su glande apareciera sin su capucha, brillante a la luz de la lámpara de mesa que teníamos cerca de la cama. En seguida, acaricié la punta que se me ofrecía, húmeda por las viscosas gotas transparentes que comenzaron a brotar muy despacio a cada apretón que yo le daba.

    Cristian me acarició el cabello, acomodando detrás de mi oreja los mechones que tenía en la cara. Claro que yo sabía lo que aquello quería decir y volteé a ver a mi hermano, que sonreía satisfecho de verme caer en la tentación de nuestro incesto.

    -Dame un besito aunque sea ¿No?- Me pidió Cristian y yo, caliente como estaba, pensé que quería que le besara la verga, así que eso hice.

    Luego de un par de breves besitos para probar, envolví la verga de mi hermano con mis labios, dejándola entrar un poco más allá de la mitad. Cris está bastante bien equipado, nunca me lo hubiera imaginado, siendo siempre tan tímido y también poco atractivo para mí, como debe ser el hermano de una. Pero ahí estaba yo, agazapada en su cama, con medio cipote metido en la boca, pasándole la lengua en la punta como bien sabía que le gustaba a los hombres con los que había estado antes.

    -Yo me refería a un beso en la boca, Samantha, golosa- Me dijo, Cristian, riéndose de mi cachondez y sin sacarme su miembro de la boca, le hice una seña mostrándole mi dedo medio mientras pensaba “-Vete a la mierda-”

    Pero si Cristian pensaba que solo él iba a sufrir por transgredir a las normas, estaba muy equivocado.

    -Tú ganaste, tonto. Ya viste que sí se me antojó- Le dije, liberando a mi presa, para despojarme de la blusa y gatear hasta ponerme encima de mi hermano, con las tetas en su cara. –Ahora dime la verdad ¿Se te antojan?

    Cristian no pudo responder y quité sus manos de mi cintura cuando quiso sujetarme de ahí.

    -¿Te gustan las tetas de tu hermana?- Me despojé en ese momento del sostén y entre risas por su cara de sufrimiento, le ofrecí mis pechos… Grave error. Cristian no dudó un segundo en succionar primero mi pezón izquierdo y luego en morder el otro, obligándome a gemir. –Eso es trampa, Cristian. Antes de probar tienes que admitir que se te antojan- Mi voz me sonó provocativa y en mi interior, la parte sobria que quedaba, me regañó, pero no quise escucharla.

    -Si digo que sí te me antojas ¿me dejas tocar?

    -No, Cristian. Estás loco- Le respondí, pero los dos sabíamos que tenía ganas de que me siguiera tocando.

    Así que cuando aceptó que mi cuerpo se le antojaba, lo premié dejando tocarme las tetas. Yo estaba desnuda de la cintura para arriba, estaba abierta de piernas sobre mi hermano y cuando volvió a atacar mis pezones con su boca, no pude más y comencé a frotar mi vulva en su pene desnudo.

    No hizo falta mucho para que yo misma me desabrochara el pantalón y llevara la mano de Cristian a mi entrepierna. Me abracé a su cabeza cuando sentí sus dedos entrándome y al poco rato sus dos manos estaban entre mis bragas y mi piel, acariciándome toda, poniéndome tan mal, que me senté en la orilla de la cama y sin pensar más en lo indebido que era estar haciendo esas cosas con mi hermano, me quité el pantalón y mi pantaleta.

    Cristian se puso de pie frente a mí. Me ofreció su carne rígida y sujetándola frente a mí con una mano, usó la otra para llevarme hasta que su pene entró de nuevo en mi boca.

    Tuve que cerrar los ojos para acallar las voces de mi conciencia que me exigían detenerme. Cristian me empujaba de la nuca, casi con ternura y yo apretaba mi boca alrededor de su erección. –Vas a tragarte mi verga- Me dijo y más que ofenderme, sentí que debía hacerlo, que necesitaba hacerlo. Así que lo dejé entrar hasta el tope. Una y otra vez sus testículos chocaban con mi labio inferior. Procuraba no hacer ruido, pero Cristian estaba vuelto loco haciendo que su miembro me llegara hasta la garganta. Me sujetó fuerte en una de esas veces. Sentí sus dedos crisparse en mi cabello y pensé que eyacularía. Pero en lugar de eso, me habló: -Déjame cogerte, Samantha.

    -Ni loca. Acaba de una vez antes que despierte mamá- Le dije y me puse a mamar de nuevo, esperando que así se le fuera de la cabeza la idea de que tuviéramos algo más que sexo oral.

    -Si no querías coger ¿Para qué te quitaste la ropa?

    -Pues ya lo pensé mejor y esto es lo único que pienso darte- Mi lengua acarició la longitud de su verga, desde la punta hasta sus huevos, en donde me entretuve, lamiendo.

    -Anda, vamos a coger.

    -Que no, Cristian. Ya bastante malo es que te lo esté chupando. Mejor apúrate, que tengo que lavarme antes de irme a dormir al cuarto de mamá.

    -Bueno. Está bien. Pero vamos a acostarnos, que estoy mareado.

    Como Cristian quería que la mamada que le hacía su hermana fuera profunda, me recostó en la cama, me puso dos almohadas bajo la cabeza y luego de ponerse sobre mí, profanó mis labios con brutalidad y sin detenerse a pesar de mis quejas. La violencia con que su glande chocaba en mi garganta me provocó muchas ganas de vomitar.

    Con gran esfuerzo, me quité de encima a Cristian y salí corriendo al baño. Pero no llegué ni a la puerta de su cuarto cuando volví el estómago. Empinada como estaba, tratando de reponerme, sentí que Cristian se paró detrás de mí y en un rápido movimiento, sujetó una de mis nalgas, separándola de la otra, para que su verga pudiera acceder a mi vulva.

    Tuve que taparme la boca para no gritar cuando Cristian me penetró, irrumpiendo dolorosamente en mi vagina con su verga, que de no haber ido humedecida por mi saliva, seguramente me habría lastimado.

    Agarrada del borde de un mueble, recibí los profundos embistes de mi hermano. -¿Te gusta?- Me preguntó, amasándome las nalgas sin parar de cogerme durísimo. Me mordí el antebrazo y asentí con la cabeza –“Me encanta así, cabrón”- pensé, pero tenía tanto miedo de hacer ruido y despertar a mamá, que solo seguí asintiendo y mirando con lujuria cómo me estaba cogiendo mi hermano.

    Cuando Cristian me sujetó los brazos hacia atrás, obligando a que mi espalda se arqueara, su verga golpeaba la parte más sensible de mi vagina y a las pocas metidas, me hizo acabar. –Muévete como te movías con los negros. Muévete, hermanita- Me pidió entonces Cristian, provocándome una sonrisa que no duró nada, pues Cris empezó a darme durísimo, haciéndome cambiar mi gesto divertido por la expresión de mi boca abierta, jadeando, mientras obedecía el deseo de mi hermano y me movía justo como él quería y sentí sus manos en mi cintura, disfrutándome.

    -¡No!- susurré desesperada cuando sentí que Cristian me metía un dedo en el ano.

    -Síguete moviendo- Me ordenó y yo lo miraba sobre mi hombro, temblando de placer, hasta que me llevó a la cama, en donde me hinqué en el borde y después de recostar mi cara en el colchón, quedé con las nalgas al aire, sintiendo el dedo de mi hermano, escarbando como si hubiera perdido algo en mi recto y su verga entrando y saliendo de mi vagina con mucha fuerza.

    Tuve varios orgasmos seguidos a causa de la deliciosa sensación de sentir mis dos huequitos invadidos y tuve un orgasmo más, cuando Cristian me hizo recostar boca abajo y con sus brazos extendidos quedó con el tórax suspendido sobre mí. Mi hermano se volvió loco cuando acomodé las almohadas bajo mi pelvis, quedando mi culo bien levantado y cerré mis piernas para que él abriera las suyas y continuara corrompiendo el cuerpo que le estaba prohibido.

    Cristian arrojó un abundante chorro de semen en mi ano, mis glúteos y en el exterior de mi vulva. Lo hizo cuando yo estaba muy cerca de venirme por enésima vez y para no perder mi último orgasmo, usé su semen para lubricar los dos dedos que me metí por atrás, para regocijo mío y de mi hermano, que presenciaba mi clímax mientras sacudía su verga golpeando mis nalgas.

    Esa noche no dormí en el cuarto de mamá y al amanecer, mi hermano y yo tuvimos que inventarnos una historia creíble para explicarle a mamá por qué habíamos dormido con la puerta cerrada y el pasador puesto. Sentí algo de culpa cuando mi mamá se creyó nuestra mentira y castigó a Cristian con pasar el fin de semana sin videojuegos –Y tú, jovencita, te quedarás en casa sin salir para asegurarte que tu hermano cumpla el castigo- Dijo mi madre, muy molesta con nosotros y Cristian y yo, solo nos sonreímos.

    Han pasado unos años desde entonces y salvo algunos detalles que cambié a mi relato para poder publicarlo, me apegué a los eventos tal y como los recuerdo. Lo he escrito en una sola tarde y conforme iba avanzando, me preguntaba qué diría Cristian si supiera que publicaría algo acerca de lo que pasó entre nosotros, así que lo llamé para saber (hace poco que ya no vivo con él en casa de mi mamá). A él le gustó la idea y hasta aportó algunos detalles que escapaban a mi memoria, como la sencilla gargantilla que me obsequió, de la que por cierto, alguna vez escribiré un par de aventuras que pasé con ella y que Cristian tuvo la bondad de recordarme.

    Te dejo un par de besos.

  • Mi primo Dominico, el cubano

    Mi primo Dominico, el cubano

    Mi primo Dominico de parte de la familia de mi papa se había venido a estudiar a México. Mi padre se ofreció para recibir en nuestra casa porque él podía ayudarlo a entrar a alguna buena prepa. Tenía dieciocho años pero no había tenido la oportunidad de estudiar la prepa allá en cuba porque sus padres no tenían dinero, pero él era un chavo muy listo y con algunos trámites pudo conseguir que le dieran una beca en una prepa cerca de donde nosotros vivíamos. Esa fue la razón por la que mi padre se ofreció en alojarlo y vino a vivir con nosotros. Nuestra casa era lo suficientemente grande porque mi hermana había dejado solo su cuarto por lo que teníamos espacio suficiente. Yo ya había acabado la prepa, razón perfecta para ayudarlo a ponerse al día y a realizar cualquier trabajo o tarea que se le complicara. Me ofrecí también para ayudarlo con lo que necesitara y el acepto muy agradecido. Mi primo era un chico muy alto, moreno y llevaba la cabeza afeitada. Si le crecía el cabello pero se sentía mucho más cómodo así. El argumentaba que el cabello le producía mucho más calor. Y como venía de un país (Cuba) donde el calor es tremendo era algo entendible.

    En nuestros ratos libres solíamos charlar mucho. Ni siquiera con mi hermano me llevaba también. Él me contaba de como era su vida en Cuba, las escuelas eran muy diferentes y me decía que en ocasiones sus papas se las veían difíciles para conseguir dinero para comer. La situación siempre era complicada en ese país, pero con esfuerzo y mucho trabajo ellos lograban salir adelante. El me conto que después de la escuela trabajaba como cargador en una pequeña fábrica para ayudar a sus papas. Me imagine que hacía algo así porque tenía unos brazos muy grandes y estaba algo fornido. El solía andar por la casa con una camisa de tirantes y eso me hacía mirarlo de una manera que no era la indicada para la familia. Cabe destacar que donde vivíamos no era muy frio que digamos. Podría decirse que el calor que hacía en mi ciudad en verano era bastante parecido al de cuba en la mayoría del tiempo. Para él era como sentirse en su hogar. A veces lo veía muy triste porque no tenía como comunicarse con sus padres y eso lo tenía muchas veces un poco preocupado y algo deprimido. La primera vez que lo vi así trate de animarlo platicando un poco con él.

    – ¿Cómo estas Dominico, te sientes triste, extrañas a tus papás?

    –Sí, los extraño bastante.

    –No te preocupes, cuando termines el semestre mi papá te va a pagar el viaje y vas a poder ir a visitarlos todas las vacaciones.

    –Si lo se negrita, pero aun así los extraño mucho.

    –Si te entiendo, yo no puedo decir que se cómo te sientes porque nunca he estado lejos de mis papis por tanto tiempo, pero trato de comprenderlo y ponerme en tus zapatos y me imagino que debe de ser muy difícil.

    –Si la verdad la estoy pasando un poco mal negrita. (“negrita” el apodo que me había dado de cariño)

    –No te preocupes vas a ver que pronto se te va a pasar lo triste.

    Puse su cabeza en mi pecho y el comenzó a llorar sobre él. No podía creer que fuera tan sensible. Acaricie su cabeza mientras él se desahogaba. Tristemente pedía por sus padres y yo no sabía cómo consolarlo más que sujetarlo fuerte contra mi pecho y decirle –desahógate Dominico–. Estuvo llorando por más de quince minutos y luego cuando se sintió más relajado se incorporó y dejo de llorar. Muchas gracias por escucharme, sé que no es normal que un hombre llore por sus padres pero es que los extraño demasiado, gracias por no reírte de mí primita bella –dijo secándose las lágrimas–. No te preocupes por eso Dominico, yo estoy aquí para ayudarte en todo lo que tu necesites, si necesitas que alguien te escuche, si necesitas decirle a alguien como te sientes o si quieres que alguien te sostenga la cabeza mientras lloras puedes venir conmigo con confianza –dije mientras le ayudaba a secar sus lágrimas dándole una dulce caricia con mi mano. El tomo mi mano mirándome con unos ojos llenos de un profundo agradecimiento y después de tanto pude vislumbrar una sonrisa en su rostro. Después de lavar su pena en lágrimas había podido sonreír y eso extrañamente me hacía muy feliz. Le sonreí de vuelta y el inesperadamente me abrazo muy fuerte. Muchas gracias –dijo mientras me aproximaba a su pecho–. Yo respondí a su abrazo y nos quedamos así por unos segundos. Bueno basta ya de tanta tristeza, vamos para que mi mami te prepare algo de cenar, yo también estoy hambrienta, me podría comer una vaca ahora mismo –dije mientras reía de mi propio chiste–. Él se rio también y bajamos a la cocina para comer algo. Mi madre nos preparó unas ricas quesadillas y las disfrutamos mucho. Mientras comíamos mi primo me comentó que estaba teniendo problemas con algunas tareas de matemáticas. ¿Crees que podrías ayudarme a estudiar estos problemas, negrita? –Pregunto tímidamente–. Claro, ya te dije que puedes contar conmigo para lo que sea Dominico, matemáticas no es mi fuerte pero yo te ayudo, si quieres voy a tu cuarto después de bañarme –respondí–. Muchas gracias negrita, no sabes cuándo me ayudarías con eso –dijo–. Mis padres se fueron a acostar muy temprano por que se levantarían muy temprano y mi hermano había salido a beber con algunos amigos. MI primo y yo estábamos solos en la planta de arriba de la casa. Me duché y fui a cambiarme a mi cuarto. Me sequé por completo el cabello y me puse la blusa y los shorts pequeños que usaba para dormir. Me alisté poniéndome una liga en el cabello para recogerlo y fui a la habitación de mi primo Dominico. La puerta estaba cerrada, pero no tenía seguro. La abrí repentinamente y vi algo que me dejó completamente impactada. Mi primo estaba recostado en su cama solo cubierto de las piernas con la sabana y todo su torso y su entrepierna sudados. Hacía mucho calor esa noche, estaba completamente desnudo y su cuerpo brillaba con la luz del foco y su provocativo sudor. Estaba tan inmerso en su momento a solas que no se dio cuenta que abrí la puerta porque lo hice muy despacio. Tenía los ojos cerrados y aquel gran miembro entre sus manos. Masturbaba su grueso y largo miembro intensamente con ambas manos y aun le sobrara un buen pedazo de glande. No podía cerrar por completo sus manos por el grosor y mordía sus labios mientras lo hacía. Después de un par de segundos lo noto y se tapó con la cobija. Perdóname, no sabía que habías entrado, estoy muy apenado, que vergüenza –dijo sin mirarme a los ojos, agachando con vergüenza la mirada–. No te preocupes, tu eres hombre y tienes tus necesidades, además yo tuve la culpa por no tocar, fue mi culpa no te avergüences por favor –dije, tratando de no guardar en mi memoria la imagen de su gran miembro masculino. Déjame me visto y ahorita voy yo a tu cuarto por favor –dijo aun sin mirarme a los ojos–. Yo salí de su habitación y me fui a mi cuarto donde lo esperé. No dejaba de pensar en esa imagen que ahora estaba tan impregnada en mi subconsciente.

    Unos minutos después, mi primo toco a la puerta. Pásale –dije mientras me sentaba en la cama–. Todavía estoy muy apenado por lo que paso negrita, no debí de haber hecho eso –dijo lleno de pena–. No te preocupes primo, yo cuando estoy sola también lo hago, así que no es nada del otro mundo –dije mientras me reía–. ¿En serio? –Preguntó con curiosidad–. Claro tontito, todos lo hacen, no hay por qué sorprenderse –respondí–. ¿Pero es que tú no tienes novio prima? –preguntó–. No, ahorita estoy bien solita, por eso también me doy placer así como tu hace rato –dije–. Pues que mal, deben de estar ciegos todos, yo daría todo por tener una noviecita tan guapa como tu primita –dijo sonrojado–. ¿En serio crees que soy guapa? –pregunté–. Pues claro, lo note desde que te vi por primera vez, tú eres muy linda –respondió–. Muchas gracias –dije mientras me apoyaba en su pierna para darle un beso en la mejilla–. Cuando me apoye en su pierna lo hice muy arriba y sin darme cuenta pose mi mano sobre su miembro que sobresalía por sus shorts. ¿Qué es esto Dominico, que llevas guardado aquí? –Pregunté realmente sin saber–. Él se sonrojó aún más y entonces supe que era. Es que aún no se me baja desde que me viste prima, perdóname –dijo–. Yo comencé a excitarme y le hice una pregunta atrevida provocada por aquella excitación. ¿En quién pesabas, cuando te tocabas? –Pregunté con curiosidad–. No puedo decirte por que te molestarías mucho conmigo prima –dijo–. Te prometo que si me dices, no me enojo –dije–. No puedo, de verdad –dijo–. Mira, si no me dices entonces si me voy a molesta eh –dije–. ¡Pensaba en ti! –Dijo en voz alta–. Al escuchar su respuesta mi vagina empezó a lubricarse y a desear ser penetrada. ¿De verdad pensabas en mí? –pregunté–. El solo asintió sin mirarme. Sabes, yo no me puedo sacar la imagen de mi cabeza –dije–. ¿Cuál imagen? –preguntó–. La de tu polla tan grande Dominico –respondí–. ¿En serio piensas en mi pene? –pregunto–. Sí, no puedo dejar de imaginar cómo sería su sabor. –contesté–. El no dijo nada, solo me miró fijamente y yo hice lo propio. La tensión sexual que se había creado entre nosotros hubiera podido cortarse con un cuchillo. Sin decir nada posé de nuevo mi mano sobre su pierna donde sobresalía su grueso miembro. El tomo mi brazo con su mano y dijo –no podemos July–. No hables, no digas nada, cállate –dije con voz baja y sensual. Froté con mi mano de arriba abajo su miembro sobre su ropa y podía ver la reacción de satisfacción de su rostro sin soltar mi brazo. Esta vez no me detenía solo me marcaba el ritmo que él deseaba. Ninguno mencionaba palabra alguna, dejábamos que nuestra pasión hablará por nosotros. Pude sentir como acrecentaba su respiración y el tamaño de su miembro a la par. No soltaba mi brazo y yo aumentaba el ritmo cada vez más. Este grandote ya no cabe aquí, hay que sacarlo para que pueda respirar porque parece que se sofoca ahí adentro –dije–. El solo me miró y yo metí mi mano en sus shorts y saqué su gran miembro. La pre eyaculación estaba por toda la punta por la masturbación tan frenética que le estaba dando y su prepucio estaba cubriendo su glande aún. Lo tome con mis pequeñas manos y lucia aún más gigantesco. Lo tome firmemente y baje su prepucio. Perdón es que no me limpie bien cuando me bañe –dijo–. SU pene tenía un poco de esmegma acumulado. Yo le dije –no te preocupes, yo ahorita lo limpio–. Eso está muy sucio July, no lo toques por favor –dijo–. Yo no le hice caso y lo lamí con mi lengua limpiando al mismo tiempo su pre eyaculación y su esmegma combinando sus sabores en mi boca. Aquel mixto sabor me estaba llevando a un frenesí de sensaciones eróticas. Metí despacio mi mano en mis shorts y comencé a frotar mi clítoris mientras probaba el delicioso sabor de cada rincón de la verga de mi primo. El parecía estar en el paraíso. Solo me tomaba de la cabeza y sus dudas se habían desvanecido. Mi vagina estaba tan húmeda que ya había mojado todos mis shorts. El queso de mi primo se adhería a mis dientes y su pre eyaculación a mi lengua. Mi cuerpo pedía a gritos un hombre y mi primo era el candidato perfecto. Yo comencé a meter su pene más profundamente en mi garganta y descuidadamente lo hacía soltar cada vez más de su pre eyaculación. Mi saliva de desbordaba de mi boca mientras su polla entraba y salía de mi garganta tomándola y haciéndola suya. Su pene estaba empapado de saliva restos de esmegma y pre eyaculación que lo hacían ver aún más provocativo. Para mí era la delicia más grande que podía degustar en ese momento. Estuve regalándole mi garganta sin restricciones hasta que no pudo más con mis embates profundos. Me tomo del cabello y gimió fuerte – ¡madre mía! –. Yo recibí aquel enorme rio de semen en mi vagina que pronto se desbordo cayendo sobre su pene y su vientre bañándolo por completo con él. Yo bebí la gran parte de su semen mientras el recuperaba la respiración. Me miro con ojos llorosos y rojos a causa de aquel placer y respiraba agitado. Yo limpie mis labios con mi labio y recogí el semen que aún quedaba en ellos. Lo lleve a mi boca y lo chupe sensualmente. Él se quedó impactado ante tal imagen. Cuando me preparaba para quitarme la blusa y acostarme con el alguien toco a la puerta. ¿Hija estas ahí con tu primo? –Preguntó mi padre. SI papi, estamos estudiando, mi primo tiene un examen importante y lo estoy ayudando, nos vamos a quedar estudiando toda la noche –dije–. Está bien, tu mamá quiere saber dónde dejaste las llaves del patio, está lloviendo y quiere recoger la ropa –dijo–. Yo Salí limpiándome lo mejor que pude y le di tiempo a mi primo que se subiera su shorts. Abrí la puerta y mi padre ya estaba bajando las escaleras. A qué bueno que ya vienes hija, ayúdale a tu mamá con eso –dijo–. Yo fui y le di a mi mamá y le ayudé a meter la ropa. Cuando terminé regresé a la habitación de mi primo. Me quite la blusa y los shorts quedando con ropa interior en frente de su mirada atónita. Esta vez ya nadie nos iba a interrumpir. Continuara…

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  • El Padre Ángel y yo

    El Padre Ángel y yo

    Tengo una linda cara, ojos grandes y oscuros, el pelo castaño y enrulado, nariz pequeña y respingona y boca redonda, de labios carnosos… Tengo un cuerpo delgado y esbelto con ciertos detalles casi… bueno, casi femeninos… Cintura alta y fina que da relieve a la curva leve y armoniosa de las caderas; piernas largas de muslos llenos y bien torneados, sin músculos a la vista…

    El otro día, cuando volvía del colegio donde curso el último año de la preparatoria, un tipo se me echó encima y con voz ronca me dijo: -Linda boca para chupar una buena pija…

    Me excita provocar deseos morbosos en esa clase de hombres: maduros y vejetes y por eso ando siempre con ropa ajustada: remera y jeans… Aunque a la vez me da miedo sentir esas cosas…

    Hace unos días pasé frente a la iglesia donde tomé la primera comunión y me dieron ganas de recordar…

    Estaba sentado en el primer banco, ante el altar, cuando apareció el párroco y se acercó a mí:

    -Hola, querido, ¿necesitás algo?…

    -No, padre, gracias… Quise recordar cuando tomé acá mi primera comunión…

    Se sentó a mi lado y dijo: -¡Ah, qué bien!… ¿Cómo te llamás?…

    -Jorge, padre…

    -Soy el padre Ángel… ¿Y qué edad tenías cuando tu primera comunión?

    -Doce años…

    -¿Y ahora qué edad tenés, Jorge?… ¿dieciséis, diecisiete?…

    -No, padre, la semana pasada cumplí los dieciocho…

    -¡Caramba! No los representás…

    -Sí, todo el mundo me dice lo mismo…

    -Será por tu cara aniñada… Y muy linda, por cierto, jejeje… Además, no te he visto de pie pero me parece que tenés un cuerpo delgado…

    A esa altura empecé a poner nervioso y… ¡y excitado!… -A ver, Jorge, parate…

    -Sí, padre… -y obedecí dándome cuenta de que me gusta y excita que me den órdenes…

    Me paré ante el cura con las manos atrás y la cabeza gacha mientras él permanecía en silencio hasta que por fin me dijo:

    -Lindo cuerpo tenés… Torso chico, buenas caderas, lindas piernas… Ahora date vuelta…

    -Sí, Padre Ángel… -murmuré mientras mi ser giraba en un vértigo embriagador e incontrolable…

    -Acompañame, Jorge, quiero que conozcas la sacristía…

    El Padre Ángel es de esos hombres que me calientan, debe tener unos sesenta años, es calvo, alto, flaco y camina algo encorvado…

    Lo seguí y entramos a la sacristía… Entonces se dio vuelta y me miró con una sonrisa que se me antojó lasciva…

    -Ay, Jorge… ¡Ay, Jorge!…

    -¿Qué… qué pasa, Padre?…

    -¡Es que sos tan lindo!..

    -Ay, Padre, me hace poner colorado, me da vergüenza… -murmuré cada vez más caliente y seguro de que ese viejo sátiro con sotana me iba a quitar la virginidad…

    Me mostró la primera habitación y me dijo que era su oficina, un escritorio, dos sillas y en las paredes varios cuadros con imágenes religiosas…

    Al lado había otro cuarto…

    -Mi dormitorio… -indicó y noté que su voz sonó algo ronca…

    Después me tomó de un brazo y dijo: -Entremos, Jorge…

    -¿Para qué, Padre?… –y me di cuenta de que había cierta pícara sugerencia oculta en mi pregunta…

    -Entremos… -insistió y una vez adentro me dijo:

    -Oíme, Jorge… Tengo… tengo muchas ganas de… de verte todo…

    -No entiendo, Padre… -mentí…

    -Creo que entendés… Pero igual te lo aclaro… Tengo muchas ganas de… de verte desnudo…

    -¡Ay, Padre Ángel!…

    -Vamos, Jorge… sacate la ropa…

    (continuará)

  • Abi y su familia

    Abi y su familia

    Agosto de 1979. En una aldea de Galicia…

    Abi, una morenita de 19 años, de pequeñas tetas, delgadita, de 1.56 de estatura, pecosa, de ojos negros, cabello castaño y largo y guapita, estaba tomando la siesta en su habitación, desnuda, boca abajo sobre la cama con su culito respingón en pompa. Su hermano Antolín, un año menor, delgado, moreno, y feote, en la puerta de la habitación, que estaba abierta, se meneaba su larga y gorda verga mirándole para aquel precioso culo. Abí, con la cabeza de lado y los ojos entornados, veía como su hermano se la machacaba. Su coño, mojado, le estaba latiendo. Se dio la vuelta, abrió las piernas, encogió las rodillas, puso una mano en la nuca, metió el dedo pulgar de la otra mano en la boca y con la cabeza ladeada a la izquierda, lo chupó. Quería provocar a su hermano para que se metiese en la cama con ella. Antolín vio aquel coño rodeado de una pequeña mata de pelo castaño, aquellas tetitas puntiagudas, con sus grandes areolas negras, sus pezones de punta y el pelo de sus sobacos y un chorro de leche salió disparado de su polla. Antolín, con la excitación no había oído llegar del río a su madre. Cuando la vio ya estaba a su lado mirando como la leche le salía de su gran verga. Serafina, una mujer de la altura de su hija, delgada, de grandes ojos negros, morena, de treinta y nueve años, guapa, de pelo negro, con grandes caderas y con tremendos melones, al ver lo que estaba mirando su hijo, sin decir palabra, levantó una mano y hizo amago de darle. Antolín, guardando la verga, puso pies en polvorosa.

    Serafina se quedó mirando a su hija. Abi vio como la lengua de su madre humedecía los labios, como los mordía mirando para ella y como su mano derecha tocaba el coño por encima del vestido. Abi, deseó que aquella lengua le lamiese su coño empapado. Tan pronto como se fuese su madre iba a hacer una paja tan inmensa que iba a pintar alguna de las paredes con los chorros de su corrida. El coño se le empezó a abrir y cerrar al ver a su madre acercarse a la cama. Le dejó de latir cuando le tocó en un hombro y le dijo:

    -Arriba que hay que ir a buscar un carro de hierba.

    Por la noche, Serafina (leyendo una carta), su hija y su hijo, estaban sentados a la mesa de la cocina. Le preguntó Antolín a su madre:

    -¿Qué dice papá?

    Serafina no estaba para preguntas.

    -¡Que no se espía a la gente!

    Antolin, bajó la cabeza.

    Abi, haciéndose la tonta, le preguntó a su madre:

    -¿Te estuvo espiando?

    -Olvídalo. Es algo que no va contigo.

    Abi, sabía que iba con ella, pero le preguntó lo mismo que le había preguntado su hermano:

    -¿Qué dice papá?

    -Que este año tampoco viene de vacaciones. Debe estar bien en Alemania con su querida.

    -A lo mejor no es cierto que se echó una querida.

    -¿Por qué iba a mentir Agustín?

    -Para follarte. Estás muy buena. Sabe que llevas más de un año sin follar y podría querer aprovecharse.

    Serafina, que se pusiera de muy mala leche al leer la carta, le dijo a su hija:

    -¡Me sobra un dedo para desahogarme!

    -Ya, pero él no lo sabe. Aunque, la verdad, no creo que ese enano se arriesgase a llevar una paliza de papá si fuese mentira.

    A Antolín se le quedara cara de tonto.

    -¡¿Te haces pajas, mamá?!

    -¿Pensabas que eras tú solo el que las hacía, mirón?

    Abi, al ataque

    -¡¿Lo pillaste pajeándose mientras te pajeabas?!

    -¡A ver si te callas de una puta vez!

    Antolín cogió un empalme del 20

    Abi, sonrió, y dijo:

    -Mira que empalme tiene Tolín, mamá.

    Serafina le miró para la entrepierna a su hijo y vio que la verga pugnaba por salir de su cárcel.

    -¡Qué te calles, coño!

    Abi quería guerra y ya estaba lanzada.

    -Esta noche va a caer una paja como un mundo. Le vas llenar a mamá el coño de leche. ¿A qué sí, Tolín?

    A Serafina se le acabó la paciencia… Apartó la silla de la mesa, y le dijo a Abi:

    -¡Te vas a cagar! ¡¡Ven aquí, fideo!

    Abi fue junto a su madre. Serafina la cogió por la pechera, la puso sobre sus rodillas y le dijo a su hijo:

    -¡Vete a mirar si nacieron las patatas!

    Antolín, se fue, pero se quedó escuchando detrás de la puerta.

    Serafina sacó una zapatilla, le levantó la falda a su hija, le bajó las bragas y le dio con la zapatilla seis veces en cada cacha.

    -¡Zaaaaaas!

    Después le dijo:

    -¡Así vas a tener un respeto con tu madre!

    Abí, le contestó:

    -¿Con mi madre o con la pajillera?

    Serafina levantó la mano con aquella zapatilla negra de pelo negro y de piso de goma amarillo y le puso las cachas como un tomate maduro.

    -¡Zaaaas!

    Al acabar de zurrarle, la cara de Serafina estaba tan colorada como las nalgas de su hija. Vio que del coño de Abi caían unas gotas de jugo, le pasó un dedo por los labios y al dedo salió pegado un hilo de flujo que se hacía más largo a medida que alejaba en dedo del coño, se preguntó:

    -¿Qué es esto?

    Volvió a pasar el dedo por los labios y el hilo de flujo que salió pegado al dedo aún era más grueso.

    -¡¿Te calienta que te caliente el culo?!

    -¡Me encanta! Unos zapatillazos más, me toco y me corro. Sigue por favor.

    Salió Antolín de detrás de la puerta con un bulto inmenso en el pantalón, y le preguntó a su madre:

    -¡¿Puedo darle yo, mamá, puedo darle yo?!

    Serafina le subió las bragas y la falda a su hija. Abi se levantó de las rodillas de su madre. Serafina le dijo a su hijo:

    -¡La madre que te parió! ¡¡Lo tuyo es espiar a la gente!!

    A Antolín no le cuadraba algo.

    -¿Por qué estás tan colorada, mamá?

    Le respondió Abi.

    -Porque está cachonda, Tolín. No vas a ser tu sólo el que se pajeé pensando en ella. Esta noche, en mis pensamientos, me va a comer el coño y yo se lo voy a comer a ella. Me voy a correr como una perra.

    A Serafina la pillaran descolocada y caliente de más. Dijo:

    -Esto se me está yendo de las manos.

    Antolín no salía de su asombro.

    -¡¿Tú también haces pajas, Abi?!

    -¿Llueve en invierno, Tolín?

    -¡Jooooder!

    -¿A cuál de las dos le vas a llenar el coño de leche ahora?

    Le respondió Serafina.

    -Deja ya de calentar a tu hermano.

    Abi ya estaba desatada.

    -¿Por qué te caliento también a ti?

    -Saliste bien puta, hija.

    Abi, se puso detrás de la silla en la que estaba sentada su madre, la besó en el cuello, y le susurró al oído:

    -¿Estás mojada, mamá?

    Serafina, mintió.

    -No.

    -Yo creo que sí. ¿Me enseñas a chupar una polla?

    -No digas tonterías.

    Antolín ya tenía un lamparón en el pantalón que le hiciera la aguadilla que salía de su verga.

    -Yo tengo una buena polla.

    Abí, besó a su madre en la comisura de los labios, le lamió la oreja, y le volvió a susurrar al oído.

    -Mira como está Tolín. Echa por fuera. Está deseando meter su polla en tu coño.

    -¿Es que no tienes vergüenza?

    Abí quería llegar hasta el final.

    -Enséñame a chupar la verga de Tolin.

    Serafina se puso sarcástica.

    -¿Y no quieres que te enseñe también a comer un coño?

    -¿Ya comiste alguno?

    -¡No!

    Abi volvió a besar a su madre en el cuello, le mordisqueó el lóbulo de una oreja, y le dijo:

    -A mi me lo comió Angelina y me corrí como una cerda. ¿Quiere que te enseñe a comerlo?

    -A ti lo de puta te queda corto, hija.

    -No me contestaste.

    Serafina se puso seria.

    -¿Sabes cómo le llaman a eso, Abi?

    -Jugar

    -No, incesto. Si se enterasen en la aldea de que tu hermano te comió el coño, o que nos lo comimos, nos quemarían en una hoguera.

    Abí, sabía que ya había seducido a su madre. Le magreó las tetas, la besó otra vez en el cuello, y le dijo:

    -Y a Tolín lo caparían. Por cuenta que nos tiene, seremos como tumbas.

    Serafina, caliente como una perra, le preguntó a su hijo:

    -¿Quieres que le aprenda a tu hermana a chupar tu polla Antolín?

    Antolín, con una sonrisa de oreja a oreja, le respondió:

    -¡¿Vuelan los pájaros?!

    Antolín, se levantó. Abrió la bragueta y saco sus 20 centímetros empalmados. Serafina, sintió como el ojo del culo le andaba para dentro y para fuera. Llevaba demasiado tiempo sin follar. Levantándose de la silla, le dijo a su hija;

    -Te saliste con la tuya, fideo. Vamos para mi habitación.

    En la habitación, Antólín se echó boca arriba en la cama. Serafina le quito las sandalias, los pantalones, los calzoncillos y los calcetines, Abi, le quitó la camisa. Abi estaba al lado izquierdo de su hermano. Serafina, a la derecha. Le cogió la polla y le dijo a su hija:

    -Cógela como la cojo yo.

    Abi cogió la verga de su hermano, poniendo la mano debajo de la de su madre. Se besaron con lengua madre e hija durante un par de minutos y en ese tiempo pajearon a Antolín. Luego, le dijo Serafina a su hija:

    -Pasa la lengua por el agujero de la punta como se la pase yo.

    Serafina le pasó la puntita de la lengua por el meato. Cuando se la pasó Abi, Antolín, ya se corrió. Abi apartó la boca al ver salir la leche. Serafina metió la polla en la boca y la tragó. Al acabar, le preguntó Abi:

    -¿Te gusta la leche de los hombres?

    -¡Me encanta! Calentita, espesita…

    Abi aún tenía otra pregunta.

    -¡¿Se corren así de fácil?!

    -¡Qué va! Tu hermano ya estaba a punto hace media hora.

    -¿Y ahora qué? Yo quiero correrme.

    -Desnuda a tu hermana, Antolín.

    En nada, Abi estaba en cueros, y Antolín con la polla dura de nuevo.

    -¿Quieres que te folle Antolín, Abi?

    -Quiero que me la comas tú y que te folle a ti.

    -Yo no sé comer un coño, hija.

    -Yo te indico. Antolín que te folle.

    -Este se corre dentro de mí y la armamos.

    -Que te la meta en el culo. Desnuda a mamá, Tolín.

    Antolín le quito la blusa a su madre y al ver las tremendas tetas, con sus enormes areolas oscuras y sus bestiales pezones, se las cogió y se las comió como si fuesen deliciosos pasteles. Serafina se echó boca arriba. Abí le quitó la falda, las zapatillas y las bragas. Al ver aquel coño, rodeado de un poblado bosque negro y empapado de jugo, se fue a por él. Se lo comió como si ya hubiera comido mil coños. Sabia donde lamer y como comer. Quien mamaba por primera vez era Antolín. Lamió y chupó, y a su madre le encantó, ya que Antolín estaba empeñado en sacar leche de aquellas enormes tetas, y casi la saca del coño. Serafina, a punto de correrse, le dijo a su hijo:

    -Méteme la polla en la boca, Antolín.

    Antolín le metió la verga en la boca. Serafina se la chupó. Al ratito, dijo:

    -¡Me corro!

    Al decir que se corría abrió la boca y Antolín comenzó a correrse dentro de ella, Serafina, tragando, soltó un chorro de jugo, y luego otro y otro, y otro, que bañaron la cara de su hija.

    Al acabar de retorcerse Serafina, le dijo Abí:

    -¡O me corro o exploto cómo un globo!

    Abi se limpió la cara con la sábana. Serafina se puso a cuatro patas. Metió la cabeza entre las piernas de su hija, le cogió las tetas, y le pasó la lengua por el coño. Abí, exclamó

    -¡Oooooh, qué maravilla!

    Antolín, que se corría, se le ponía blanda y al ratito se la ponía dura, le puso la cabeza de la verga en el culo a su madre. Serafina fue empujando al tiempo que le comía el coño a su hija. Ya Antolín le daba caña a su madre en el culo, cuando le dijo Abi:

    -¡Ay mamá que me corro! ¡¡Ay mamá que me corro!! ¡¡¡Ay mamá que me corro!!!

    Abi, se corrió como su madre, soltando chorros de jugo, pero a su madre le mojó la cara con el primero, los otros se los fue tragando. Antolin, viendo la cara de placer de su hermana, le llenó el culo de leche a su madre, que al sentirla calentita, metió dos dedos dentro de su coño, y frotando clítoris y vagina se volvió a correr. Por su mano bajó el jugo viscoso de su corrida, que poco a poco, fue poniendo perdida la cama.

    Al acabar de correrse, se pusieron los tres boca arriba. Mirando al techo, dijo Serafina.

    -Yo aún necesito una polla dentro de mi coño. Mi coño necesita apretarla cuando se corra y empaparla de jugo.

    Abí, que nunca había tenido una polla dentro de ella, le preguntó a su hermano:

    -¿Podrás con las dos, Tolín?

    -¿Sale el sol en verano?

    Serafina, le preguntó a su hijo:

    -¿Y sabrás dar marcha atrás si te viene?

    Antolín, el feo, se hizo el macho.

    -Tranquilas. ¿Quién sube primero?

    -Tu hermana que la tiene más cerrada. A mi me la vas a comer hasta que esté a punto.

    Abi, no estaba conforme.

    -¡Mira la aprovechada! Te quedó la boca dulce.

    -Vale, me folla a mí primero.

    Antolín no folló a nadie. La madre lo folló a él con su coño, que hacía maravillas con la polla, y la hermana lo folló frotando su coño contra su lengua, su boca y su nariz. Pasado un tiempo, preguntó Abi:

    -¿Te falta mucho, mamá? Yo si me nuevo un poco más ahogo a Tolin con la tremenda corrida que voy a echar,

    -Ya casi estoy, hija.

    Sólo a Tolín se le podía ocurrir meterle a su hermana la punta de la lengua en el ojete después de lo que había dicho.

    -¡¡¡Hijo puuuuuta!!!

    Abi, agarrada a la cabecera de la cama, comenzó a correrse torrencialmente. Sólo cayó jugo una vez, pero fue en forma de cascada, una cascada de jugo que llenó la boca de Antolín.

    Serafina, folló a lo bestia a Antolín hasta que se corrió como quería…. Su coño, corriéndose, apretó la verga de su hijo. La mujer, retorciéndose de gusto, exclamó:

    -¡¡Dios, cómo lo echaba de menos!!

    Después, el coño se abrió y descargó su jugo sobre la verga, y así diez o doce veces… Aprieta, se abre y suelta jugo, aprieta, se abre y suelta jugo… Cuando se acabó de correr, la sábana quedo para tirar.

    Abí, no estaba tranquila. Tan pronto como se bajó su madre, subió ella. Serafina cogió la verga de su hijo y la llevó al coño de su hija. Antolín empujó. Le entró apretada, pero los pepinos ya habían hecho sitio. Serafina nalgueaba a Abi, Al ratito, Antolín, sacó la verga, Serafina la metió en la boca y se tragó la leche de la corrida de su hijo, luego volvió a llevar la verga, algo blanda, a la entrada del coño de su hija. Ahora fue Abi la que metió la verga a golpes de culo mientras Serafina la sujetaba con la mano. La verga enseguida se volvió a poner dura, y poco más tarde, Abi, supo lo que se sentía cuando un coño al correrse aprieta una verga, se abre, suelta jugo y la baña. Fue la mejor corrida de su vida. Ni punto de comparación con las corridas de las pajas que se hacía.

    Al acabar de correrse, lo dejaron por ese día, y es que si siguen matan a polvos al pobre Antolin.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Juega conmigo

    Juega conmigo

    -Dai, querido -. Dice Takeru de improvisto

    Daisuke suspira. Está lloviendo y Takeru está aburrido. Un Takeru aburrido es un Takeru irritable, uno que interrumpe cada tres minutos cuando Daisuke intenta ignorar las normas y/o órdenes de su amante/novio. Levanta la mirada, las palabras impacientes se amontonan en sus labios. Luego observa bien lo que hace Takeru y se inmoviliza, con una mano sobre el teclado de la computadora portátil en la que está poniendo toda su atención

    En un rincón de la habitación, en penunbra y de forma espontánea, Takeru desliza su mano lenta y deliberadamente sobre su polla endurecida, con el pulgar rodeando la suave y húmeda cabeza. Sus ojos son oscuros, intencionados, enfocados completamente en Daisuke, él se lame los labios, dejando su boca brillante y rosada.

    Daisuke traga. Su garganta está repentinamente seca, Es injusto que Takeru pueda hacerle esto, llevarlo de amable con él a follable en un abrir y cerrar de ojos, con la polla dura detrás de sus pantalones.

    – Bueno, ¿por qué no lo dijiste?-. Contesta Daisuke adivinando lo que quería hacer Takeru, su voz sale profunda y medio estrangulada. Empuja la silla hacia atrás y se dirige hacia él

    -No, no te levantes, quédate allí -. Dice Takeru justo antes de que Daisuke levante su trasero de la silla, su cabeza se inclina un poco hacia atrás mientras su mano hace otro deslizamiento lento deslizándose arriba y abajo de la línea suave de su eje. Sus ojos no son más que medialunas brillantes bajo largas pestañas de arena.

    -Mira, solo quiero eso, que me mires-. Vuelve a mojarse los labios y Daisuke gime suavemente

    -Takeru… -. Su nombre raspa en la garganta de este último

    -Pon tus ojos en mi, solamente, ha pasado mucho tiempo y extrañaba muchisimo tu presencia, no me puedes tener tan desatendido

    -Mi novio me reclama

    -Chss… Él no existe, si quiero que hoy estes aquí conmigo es para olvidar todo lo que hiciste anteriormente

    -No puedo olvidar cada momento que paso con él, han sido unos dias-. Takeru le corta bruscamente

    -No-. Dice, jadeando, tiene los ojos tan calientes que Daisuke piensa que podría prender fuego.

    – Abre tus pantalones. Úsala. Vamos, juega conmigo

    – Oh, mierda… Takeru-. El aliento de Daisuke sisea

    – No tenemos nada que hacer hasta esta noche -. Takeru extiende sus piernas más, moviendo una sobre el brazo de la silla mientras sus dedos nunca dejan de moverse. La punta de su pene se ha hinchado justo en el momento en que Daisuke ha estado observando, oscureciéndose y brillando con pre-semen. Daisuke puede escuchar el sonido resbaladizo de la fricción, húmedo y sedoso.

    – Todavía hay horas por delante. Mira lo que me estás haciendo. Qué duro estoy. Es tu culpa. Vamos, Dai…-. Takeru rueda sus caderas, mordiéndose el labio.

    – Solo déjame vertela. Solo sácala.

    Daisuke ni siquiera puede pronunciar las palabras. Le encanta ver a Takeru de esa manera, la expresión de Takeru masturbandose es demasiado sexy,incluso él mismo lo sabe, cuando se ve así de necesitado, hambriento, salvaje, y Daisuke sabe que él es el único que lo ve. Porque él es el único que puede ponerlo allí. Peleando.

    Daisuke aparta el botón del pantalon, se desabrocha los vaqueros, empujándolos hacia afuera y hacia abajo.

    – Sí, sí, vamos, estás duro Dai? Mi Dai? -. Contesta Takeru con con voz ronca, mirandole a los ojos.

    -Estoy llegando… Daisuke no puede decidir entre mirar los impotentes saltos a borbotones de la polla de Takeru o los dientes de este último preocupados por la línea suave y llena de su labio. Cualquiera de los dos es suficiente para levantar su polla del nido de su vello púbico, arqueándose para encontrar su mano.

    – ¿Ya estás duro? ¿Por mí? Ah… Ahh por mi culpa? Querido? -. Sus caderas tiemblan

    Daisuke traga de nuevo. A una parte de él le gustaría simplemente… Cerrar los ojos y dejar que la voz de Takeru; herrumbrada, raspada y, sin embargo, algo aterciopelada; lo cubra mientras se acaricia, metiéndose los dedos callosos. El resto de él apoyaría sus párpados con palillos para mirar esto; Ver el rostro de Takeru derretirse y suavizarse incluso cuando el resto de su cuerpo se pone rígido y se pone rígido por la tensión.

    -Sabes quién soy?. -.El pulgar de Daisuke se desliza alrededor de la cabeza, una deliciosa combinación de suave y áspera mientras oye la voz de su contrincante

    – Dime.

    Pero Takeru se mantiene en silencio, disfrutando, se siente como si no hubiera suficiente aire en la habitación, como qué hay aire grueso y sobrecalentado, inadecuado para respirar.

    – Joder, Takeru…

    – Te ves tan malditamente bonito, te echaba de menos -. Takeru toma un respiro que suena como un rasgado de papel.

    -Eres adorable, pero cuando eres así, con la polla dura y curvada hacia tu vientre… -. Vuelve a decir ansioso

    -Cuando estás todo mojado y resbaladizo y haces ese ruido…-. Daisuke dice en voz baja

    – Sí, eso, o como cuando haces ese ruido en la parte de atrás de tu garganta y te estás tocando así, eso es todo lo que puedo hacer para no volver a mí, porque todo lo que puedo pensar es lo guapo que eres.

    -Takeru -. La voz de Daisuke es débil. Su polla duele, es tan duro y se retuerce en la carrera ascendente, la combinación de placer / dolor como la danza burlona del soliloquio jodido de Takeru sobre sus terminaciones nerviosas.

    -Mas duro -. Susurra Takeru. Hay sangre en el labio, carmesí, contra el algodón de azúcar y sus muslos tiemblan un poco al extender más las piernas. Daisuke lo obliga, cerrando los dedos con más fuerza, alargando el golpe.

    Se da cuenta de que él y Daisuke han caído en el mismo patrón, sincrónicos, solo que el giro al final es un poco diferente. A Takeru le gusta jugar con la cabeza, con la raja acariciada, o mejor, con la lengua, mientras a Daisuke le gusta el pulgar o la lengua, impulsada contra el paquete de nervios en la parte inferior… Mierda. Mierda. Él tiene que correrse. Él tiene que correrse ahora mismo.

    – Más rápido -. Jadea Takeru a cambio. Puede sentir el sudor deslizándose por los costados de su rostro, la parte posterior de su cuello, uniéndose a su espina dorsal.

    – Háblame, dime… Mierda, dime lo que quieres -. Responde de nuevo.

    El calor aumenta en la garganta de Daisuke, su rostro, su vientre inferior. Takeru es mucho mejor en esto que él.

    Este gime y el sonido… Ese puto sonido. Ese sonido…

    -Vamos Dai, Llévame allí. Por favor, solo háblame. Déjame oírte. Déjame escuchar cómo te rompes.

    Oh diablos. Las caderas de Daisuke tiemblan, se mueven hacia arriba y dentro de su puño.

    -Estás loco, ¿lo sabías?-. Dice croando más allá del desierto de su boca.

    – Me vuelves loco-. Contesta Takeru, hace un ruido en algún lugar entre gemidos y jadeos y su mano se mueve más rápido.

    Su polla se ve enojada, roja como la sangre y gotea antes de venire en un flujo casi constante. El sonido de su mano contra la piel cálida y firme es húmedo y toda la habitación huele a sexo.

    – Estoy tratando de trabajar y quién mierda puede trabajar contigo jugando con tu pluma todo el tiempo, lamiendo la punta como si fuera mi polla o sonriendo esa estúpida sonrisa y todo lo que puedo pensar es estar en tu garganta, te odio, maricón te odio por hacerme esto, por convertir mi cerebro en papilla y por hacerme tan jodidamente duro que no puedo respirar y me galopas desde el otro lado de la habitación, bastardo, cuando prefiero tu mano sobre mí…

    Todo el cuerpo de Takeru se arquea hacia arriba y hacia atrás mientras grita, echando salpicaduras lechosas y sucias sobre él mismo: pecho, vientre, manos, piernas, su ropa, la silla, incluso la alfombra. Daisuke está tan ocupado mirando a Takeru, que no lo espera cuando su propio orgasmo golpea desde la parte inferior de sus dedos, hacia abajo y por todo su cuerpo hasta que queda ciego, sordo y estúpido, su mano libre en el borde de la mesa en un apretón de muerte. Se siente como si continuara para siempre y Takeru desea que nunca se detenga, justo contra la línea entre el placer y el dolor a medida que alcanza su punto máximo.

    Está bajando la erección de Daisuke volviendo a sí mismo cuando siente que el peso de Takeru se asienta sobre sus muslos. Daisuke abre los ojos justo cuando Takeru lo besa, una mano agarrando su hombro y el otro bajando al pecho y la entrepierna de Daisuke, manchando todo su ropa y su piel. Takeru empuja sus dedos en el beso, hasta que comparten el sabor entre ellos. Daisuke gime, agarrando el culo de Takeru y arrastrándolo más cerca.

    -Vas a ser mi muerte, quiero matarte, follarte o que me folles…en un minuto, cuando pueda moverme otra vez-. Daisuke jadea finalmente hablando en su tono altivo, el que siempre usa con él, como siempre

    La sonrisa de Takeru es arrogante, rayando en exasperante mientras le dice

    – Sí, pero de cualquier forma, incluso tienes que admitir que es un gran camino por recorrer, no es facil follarme, así que… Intentalo

    -¿Es un desafío?

    -Exacto

    -Solo dame minutos

    Y tras esos minutos… Daisuke perdió, como siempre en estos casos, dejandose amar.

  • Limpiando la casa

    Limpiando la casa

    «¡OH Joel!, Si así cojéeme!» Gemí y me moví de mi cama con los gemidos que venían de la habitación contigua y que resonaban en mis oídos. El sonido de la cama chocando contra la pared acentuó los gritos de placer. Escuche a mi marido Gerardo también moverse levemente en la cama y me pregunté si se encontraría también despierto. Mientras tanto mi hija y mi yerno continuaban con sus ruidosas relaciones sexuales.

    «¡OH si me estas cogiendo tan bien, OH si así!»

    Siempre había sido bastante reservada en la cama, no podía creer las palabras que salían de la boca de mi hija, por supuesto mi hija había cambiado mucho desde que se había casado hacia siete meses, parecía que disfrutaba mucho su papel de ama de casa, teniendo que dejar su trabajo para dedicarse a atender a su marido Joel, capataz de una construcción que acababa de empezar a invertir en el pueblo.

    Yo y mi marido le habíamos ofrecido a nuestra hija y su marido compartir la casa con ellos, mientras la que ellos habían comprado estaba lista para instalarse. En las primeras horas de llegada mi hija me había confesado que estaba embarazada, por lo que yo sabía, mi hija nunca había estado interesada en los niños, pero ahora ella brillaba de alegría al saber que sería madre, esto me convertiría en abuela a la edad de 44 años.

    Joel mi yerno es un hombre alto y corpulento de 27 años, con fuertes brazos y piernas, quien se encontraba también muy feliz de ser padre. Se jactaba de esto constantemente en la casa de cómo había persuadido a mi hija para que aceptara ser madre.

    «Ella quiere sexo, pues le dije que si lo íbamos a hacer no usaría condón» Rio Joel mientras nos contaba.

    «¡Joel por favor!» interrumpió Karina

    «¿Qué?,» Respondió Joel parando la protesta de mi hija, «Ve y tráeme una cerveza» De nuevo él se rio mientras le daba una pequeña nalgada a mi hija que caminaba hacia la cocina para traerle otra cerveza.

    No sabía con qué estar más enojada si con la vulgar conducta de mi yerno o con la actitud servil de mi hija, aun con toda la antipatía que sentía por mi yerno, mi hija parecía feliz.

    «¡Ahhhh! Joel, sigue así eres fantástico, cojéeme así fuerte, así yo te adoro ahhh!» Gemía Karina.

    Traté de cerrar los ojos y dormir pero los sonidos llegaban fuertes hasta mis oídos. No sabía que me pasaba pero podía sentir como mi maduro cuerpo respondía ante las morbosas palabras que gemía mi hija.

    Lentamente deslicé mi mano hasta la parte baja de mi camisón y levante el dobladillo, deslizando mi mano hasta mis muslos, mi tanga estaba mojada y cuando acaricie con mis dedos a través del delgado material sobre mi vagina, sentí una corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo.

    Repentinamente mi marido se movió, poniendo una mano sobre mi muslo superior acariciando mi vagina, gemí girando hacia mi marido, extendí mi mano hasta tocar su pene ya erecto dentro de su calzoncillo.

    Parecía que el sonido de las relaciones sexuales de mi hija también había excitado a Gerardo, con ansias acaricie las 6 pulgadas de longitud del pene de mi marido, escuchando como este gemía ante mis caricias. Cesé de acariciarlo y me gire boca arriba, levantando mi camisón hasta la cintura, bajó completamente mi tanga hasta los pies. Mi marido extendió su mano buscando apresuradamente en la gaveta de la mesa de noche un condón, Gerardo era muy conservador en cuanto a esto y siempre prefería protegerse aunque yo fuese madura había escuchado muchas historias de mujeres que aun a mi edad recibían noticias inesperadas sobre embarazos. Así que aun cuando se encontraba más excitado siempre usaría condón.

    Tomé el paquete y lo rompí rápidamente con los dientes mientras mi marido se quitaba el calzoncillo, lentamente estire la membrana plástica sobre el pene de mi marido hasta asegurarlo apretadamente alrededor de la base, yo quería que me culeara lo más rápido posible.

    «¡OH si sigue fuerte ahhh ahhh!» Mi hija gimió en el otro cuarto y como si fuera mi voz Gerardo empujo su pene fuertemente en mi vagina, estaba mojada y su pene se deslizó fácilmente en el interior de esta, Gerardo no podía contener su entusiasmo e inmediatamente empezó a penetrarme con fuerza, a pesar de los gemidos que escuchaba por parte de mi hija, yo no experimentaba las sensaciones que señalaban un orgasmo, me tomaba generalmente mucho tiempo y caricias para alcanzar mi punto culminante e incluso pocas veces llegaba completamente al orgasmo, mi marido sin embargo se notaba que estaba completamente excitado con los acontecimientos y bombeaba rápida y fuertemente en mi vagina. Al ritmo que lo hacía, pensé que mi marido no podría resistir mucho tiempo más.

    Trate de tranquilizarlo un poco haciendo más lento mi ritmo, pero mi marido estaba demasiado excitado para seguirme, lo sentía tenso y sabía que él estaba próximo a terminar.

    «Por favor Gerardo, no acabes todavía!» suplique suavemente en el oído de mi esposo mi suplica fue ahogada por el fuerte gemido de mi hija en la habitación próxima.

    «Ohhhh siiiiiii! Lléname con tu semen, lléname amor, acaba dentro de mí ahhhh!»

    Una vez más, como si mi hija se lo pidiera a Él, Gerardo alcanzo su orgasmo gimiendo, aunque yo no podía sentir el esperma de mi marido disparando dentro de mi vagina, sentí como el pene de este bombeaba desenfrenadamente su semen dentro del depósito en la punta del condón. Ahora mi hija ya se había casado y culeaba tranquilamente en la casa sin que yo la interrumpiera, como cuando la encontré con otro novio que tuvo y no los dejé terminar de culear en la sala de la casa, recuerdan ese relato, el yerno que cité en mi casa para revisarle la verga para ver si no le había hecho daño a Karina y yo la probé en mi vagina y me gustó mucho, y el relato del otro yerno que me culeaba y esperó que Karina cumpliera los 18 años para cogérsela él.

    Agotado Gerardo se separó de mí, desplomándose sobre la cama.

    «Perdón amor» jadea «pero no lo podía aguantar más» suspire, sintiéndome frustrada porque mi marido no había podido satisfacerme, como pasaba desde hacía muchos años, pero ocultándolo sabiendo que si decía algo haría sentir mal a mi marido, le hable

    «Estuvo bien amor, fue bueno de todos modos»

    Gerardo se inclinó y me dio un beso en la mejilla.

    «Te amo»

    «Te amo también»

    El día siguiente era sábado, por la mañana me puse a acariciarle el pene a Gerardo logrando que se le pusiera erecto.

    ¨Quiero que me vuelvas culear¨

    Me desnudo completamente, Gerardo nuevamente busca un condón y yo se lo coloco en su pene, me acuesto boca arriba y él me penetra, comienzo a gemir de las embestidas que le da a mi vagina, nos cambiamos de posición y yo me coloco encima de él quedando mi culo hacia la puerta de nuestra habitación, estoy cabalgando sobre el pene cuando escucho un chasquido en la puerta, estoy cabalgando rápidamente porque ya casi me llega el orgasmo y observo que se abre un poco la puerta y es mi yerno que me está observando culear con mi marido, por la posición el observa donde devoro todo el pene, donde mi vagina se lo traga todo, grito, suspiro y Gerardo me da su leche dentro del condón después de cinco minutos de cabalgar sobre su pene, antes de bajarme lanzo la mirada hacia la puerta y mi yerno tiene su pene bien erecto de observarnos culear, él cierra la puerta y yo desocupo mi vagina para que mi marido no se dé cuenta que nos observaron, pero Gerardo aún tenía que terminar algunos asuntos en la oficina y se marcha, Karina también había salido temprano diciéndome que una amiga le ayudaría con unas compras que necesitaba para la casa.

    «¡Mas cervezas, me imagino!» Pensé estaba un poco nerviosa sabiendo que estaba sola en casa con mi yerno, pero cuando me preparé para hacer los quehaceres, no lo veía por ningún lugar, me imagine que estaba todavía en la cama, reponiéndose del efecto de las cervezas que se había tomado la noche anterior. Así que me dispuse a limpiar la casa, limpie desde la cocina hasta el baño, cuando pase frente al cuarto de mi hija lo miré abierto, cuidadosamente me cerciore de que mi yerno no estuviera dentro. La habitación estaba vacía y entre para quitar el polvo tratando de mantener mis ojos lejos de la cama donde sabía que mi hija y mi yerno habían tenido una noche de lujuria el día anterior. La cama estaba completamente deshecha y las sabanas arrugadas.

    Decidí acomodar la cama, retiré la primera sabana cuando escuché un ruido detrás de mí.

    Asustada, me gire para encontrar a mi yerno Joel allí, vestido únicamente con un pequeño calzoncillo blanco de algodón.

    «¡Buenos Días suegra!» Joel se mofó mirando de arriba abajo mi maduro cuerpo llevaba una falda larga y una holgada blusa blanca de botones, como estaba en la casa, no me había molestado por ponerme sostén ni tanga, pero de pronto sentía la mirada fija de mi yerno sobre mí.

    «¡OH Joel, no sabía que usted estaba aquí!» le dije

    «Estaba tomando una ducha» Respondió Joel señalando con su pulgar la puerta ahora abierta del baño de la habitación.

    «Ah» era todo lo que podía pensar y decir al mirar a mi yerno casi desnudo, mientras empecé a caminar hacia la puerta para salir de la habitación.

    Joel daba un paso delante de mí.

    «Espero que su hija y yo no los despertáramos anoche, pero por lo que vi esta mañana Ud. estaba con ganas de culear, que rica se veía su vagina devorando la verga de su marido»

    Aturdida deje caer el plumero, mientras las fuertes manos de mi yerno me sujetaban por la cintura.

    «¡Joel, deténgase! ¿Qué está haciendo?» grite empujando con mis manos su pecho. Pero era como golpear un pedazo de granito, por la dureza de sus músculos, luchar contra mi yerno era inútil.

    «¿Qué?» gruño Joel, jalándome más cerca de él «¿No puede un hombre obtener un abrazo de su suegra?, Recuerde somos familia»

    Joel acercó su cara y empezó a besar mi cuello, mientras movía sus manos hacia mis nalgas, lentamente el empujo su abdomen adelante presionando su calzoncillo contra mi vientre. Mis ojos se ensancharon al sentir algo inmenso punzando contra mi vientre. Joel se echó para atrás, sonriendo bajó con su mano el calzoncillo.

    Jadee al ver el inmenso pitón que apuntaba fijamente hacia arriba en la mano de mi yerno, debía medir por lo menos 10 pulgadas de largo y era tan grueso como mi muñeca, parecía hacerse más grande mientras Joel lo acariciaba con su gruesa y fuerte mano.

    «¿Le gusta señora?, esto es lo que hizo que su tierna y dulce hija se transformara en una mujerzuela anhelando verga, apuesto a que podría hacer lo mismo con usted»

    Sacudí mi cabeza como si estuviera en trance, incapaz de apartar la mirada de la gigantesca virilidad de mi yerno.

    «Por favor Joel, deténgase, yo nunca traicionaría a mi marido, mucho menos con usted» le dije.

    «Sé que piensa que usted es mejor que yo suegra, sé que se cree muy por encima de mí, pero una vez que usted tenga mi verga dentro de su raja, veremos cuan digna y superior es usted en realidad».

    Joel movió sus manos rápidamente, tomando mi blusa la rasgo fuertemente, grite al ver como los botones volaron por el cuarto, Joel gruño y empujando su cabeza adelante, se metió mis enormes senos en la boca.

    «¡OH NO, Joel, deténgase..:!» suplicaba, sintiendo como mi cuerpo empezaba a responder involuntariamente ante las salvajes caricias de mi yerno. Trate de empujar su cabeza lejos, pero Joel sujetando fuertemente una de mis manos, la forzó hacia abajo sobre su verga, haciendo que sujetara su dura verga, indicándome que la moviera arriba y abajo sobre su inmenso miembro.

    Hace mucho tiempo que no había sentido un pené tan grande, ardiendo bajo mi diminuta mano, inconsciente empecé a acariciarlo lentamente mientras mi yerno continuaba mamando mis senos.

    «¿Verdad que le gusta suegra, le gusta sentir mi enorme verga verdad?»

    Me negué a contestar, pero no soltaba el hinchado miembro de mi yerno. Joel se rio y mi cara se tornó roja de vergüenza.

    «Bien doña Haydee, si usted no quiere hablar, yo puedo encontrar algo más que hacer con su boca»

    Joel me empujo fuertemente de rodillas, sabiendo que quedaría en frente de su inmensa verga, nunca había chupado un pené, pero cuando mire el masivo instrumento de mi yerno, sentí mi boca hacerse agua. Me di cuenta repentinamente de que quería chupar ese pené. El pené de mi yerno.

    Instintivamente abrí la boca, virgen hasta ese momento, y empuje la gruesa cabeza púrpura de mi yerno entre mis labios, mi hambrienta boca era llenada con la abundancia de carne de la verga de Joel, lentamente metí pulgada a pulgada en mi boca hasta sentirla tocar mi garganta, abrí los ojos, sorprendida al darme cuenta de que solamente tenía la mitad del miembro de mi yerno en la boca.

    «Creo que es más de lo que puede tragar suegrita»

    Rio Joel, sujetándome de la cabeza con sus manos y comenzando a bombear cruelmente en mi boca, cogiéndome la boca como si fuese una segunda vagina. Mi boca estaba completamente llena con el grosor y longitud del enorme miembro de este empujando dentro.

    Advertí que mi vagina se mojaba también, mi cuerpo había despertado ante las agresivas acciones de mi yerno. Nunca me había sentido tan avergonzada, me encontraba dominada por otro hombre y lo que más me apenaba era que yo anhelaba esa sensación.

    Gemí lastimosamente cuando Joel retiro su verga de mi boca, acercando mi cara traté de meterlo de nuevo en mi boca, no queriendo renunciar a este. Joel me miró de reojo como inclinada abofeteaba su mojada verga contra mi cara.

    «Se da cuenta suegra, usted es como cualquier otra mujerzuela, ven una verdadera verga y no se pueden mantener lejos de ella, pues bien suegrita hay más para usted de donde esto vino»

    Joel me tomo en sus manos y me levantó, tirándome sobre la cama donde él y mi hija habían cogido la noche anterior, yo ya resignándome a mi destino y anhelando más, mire silenciosa y sumisamente como mi yerno se quitaba completamente el calzoncillo y lo tiraba sobre mí.

    Permanecí allí, impotente mientras mi yerno se colocó entre mis piernas, me arrolló la falda hasta la cintura dejando al descubierto toda mi mata de pelos que cubría la entrada de mi hermosa vagina. Fue en ese momento que me di cuenta que él estaba a punto de poseerme sin protegerse.

    «Joel… por favor… no sin condón»

    Joel froto la gorda cabeza de su verga contra la entrada de mi empapada raja haciéndome gemir al sentirlo rozar mi hinchado clítoris.

    «¿Desea sentir mi verga, suegra o no?»

    «OH si Joel, lo deseo» suplique, odiándome por dejarme llevar por mi cuerpo.

    «Entonces usted recibirá mi verga de la manera que se la ofrezco o de otro modo todo se detendrá en este momento».

    No lo podía creer, esta era mi oportunidad de detener a mi yerno, pero yo sabía que quería su verga dentro de mi vagina, quería que el empujara su pené, profundo dentro de mí.

    Colocada sobre la cama, lo sentí retroceder.

    «¡Joel no se vaya, cójame, por favor cójame de la manera que usted quiera!»

    «¿Y su marido suegra?»

    Lágrimas de vergüenza llenaron completamente mis ojos cuando pensé en lo que le hacía a mi marido, pero en ese momento no podía detenerme, sabía que solo mi yerno podría satisfacer la ardiente lujuria que sentía.

    «¡No lo deseo a él, es su enorme pene de usted el que deseo, métamelo sin condón, lo quiero al natural y sentir su leche recorriendo mis entrañas como hace años no lo siento, por favor, y no se preocupe, ya no puedo quedar embarazada!»

    Joel sonrió con su triunfo, empujó mis piernas hacia arriba, levantándolas hacia su pecho, mi impotente raja quedó expuesta completamente, Joel la azotó con su inmenso miembro. Mi raja estaba tan mojada que su verga se deslizó completamente en el primer empuje, estirando las carnosas paredes de mi vagina, hasta que sentí como sus gordas pelotas chocaban fuertemente contra la entrada de mi raja.

    Empujando su verga fuertemente en las profundidades de mi raja, yo sentía como el enorme miembro de mi yerno llegaba hasta lugares que nunca habían sido tocados, sentía como separaba completamente mis labios vaginales, solo había tenido sexo con mi marido en el último año, no había vuelto a ser sido cogida por otro hombre en este tiempo, no había vuelto a asistir a reuniones de la escuela y que me culeara mi vecino del pueblo, estábamos esperando formar un comité nuevo y reunirnos, nunca hubiera imaginado que un pene tan grande pudiera hacerme sentir sensaciones tan maravillosas.

    Joel empezó a bombear dentro de mí, sus pelotas chocaban rítmicamente contra la entrada de mi raja, su verga traspasaba completamente la entrada de mi indefensa matriz. Había dejado de ser de nuevo la esposa fiel y recatada y en su lugar había sido transformada en una ardiente mujerzuela disfrutando de la enorme verga de mi yerno.

    «¡OH Joel esto es maravilloso, nunca he sentido tanto placer, OH! Decía entre gemidos apagados Joel me penetraba más duro, con una fuerza y velocidad tremendas, me estaba cogiendo como a una común puta.

    «¿Mejor que la débil verga de su marido, suegra, la que vi que se metía en la mañana?»

    «¡OOOH si, si mucho mejor ohhh!» mi traición ahora estaba completa, mi maduro cuerpo se convulsionó fuertemente, un intenso y masivo orgasmo embargó mi cuerpo completamente, nunca había sentido tanto placer, gemía y jadeaba como una puta completamente extasiada.

    Joel gozo al mirarme totalmente derrotada y entregada a su verga, su turno de acabar se acercaba después de bombearme intensamente por más de quince minutos.

    «OH si suegrita, ahora me toca a mí, voy a llenar su raja con mi abundante y espesa leche»

    Mire lujuriosamente a mi yerno, en el momento en que este se disponía a disparar toda su esperma dentro de mi raja, dándole a este la oportunidad de realizar lo que mi marido hacia mucho no había hecho. No había marcha atrás, solo me quedaba una cosa.

    «¡OOOOH si, si, hágalo Joel, lléneme con su esperma, deme todo su semen, acabe dentro de mi aaahhh!»

    Joel no pudo aguantarse más, enterró su verga profundamente dentro de mi raja sentía como calientes y potentes chorros salían disparados de la verga de mi yerno e iban a estrellarse en lo más profundo de mi vientre, sintiendo la ardiente semilla de mi yerno llenando mis entrañas, fue como un detonante volví a convulsionarme en otro orgasmo.

    Joel finalmente terminó de darme toda su leche, me siguió bombeando la vagina haciéndome quedar rendida completamente ante su hermosa y gran verga, apartándose se levantó de la cama y tomando su calzoncillo en la mano, giro y me miro sobre la cama, donde me encontraba completamente satisfecha con jugos y esperma chorreando fuera de mi raja.

    «¡Levántese mujerzuela y limpie todo esto antes de que su hija vuelva!»

    Joel dejo el cuarto, permanecí un momento más en la cama con lágrimas en los ojos, acababa de disfrutar con mi yerno como no lo había hecho nunca antes y aun con toda la culpabilidad que sentía, envidiaba a mi hija por tener siempre a su disposición esa verga, mi vagina aun latía como jamás lo había experimentado luego me vestí y empecé a limpiar. Estaba en cuatro patas acomodando la cama cuando siento que me toman de la cintura y me arrollan el vestido dejando mi culo al aire y me comienzan a mamar el clítoris y dármele pequeños mordiscos haciendo gemir y suspirar, me meten la lengua en mi vagina como si me estuvieran culeando, es Joel nuevamente. Me deja de mamar y siento donde se incorpora y me comienza a rozar de arriba abajo mi vagina.

    ¨Suegrita, la pura verdad es que tenemos que aprovechar ahora que estamos solos y seguir culeando, esta oportunidad no la voy a dejar pasar. Ud. siempre está ocupada o mi suegro está en la casa, yo siempre había querido culear con Ud.¨

    ¨Está bien, sígame culeando, no puedo dejar de desaprovechar esta oportunidad para culear con una verga bien hermosa y rica¨

    Me jala de la cadera y poco a poco me introduce toda su verga, en esta posición no queda nada afuera y comienza el mete saca, tengo la vagina bien lubricada por la cogida anterior, me acaricia las tetas y me hace llegar nuevamente a un orgasmo. El apura el paso, las embestidas a mi vagina son más rápidas e intensas, lo siento gemir y contraérsele el cuerpo, se está alistando para disparar su semen dentro de mi vagina, el cual siento que me recorre todas mis entrañas, nuevamente siento esa leche que hace muchos años mi marido no me da dentro por temor a que quede embarazada, en esta mañana ya dos veces he vuelto a sentir eso que tanto deseaba dentro de mi. Me saca la verga y yo quedo rendida en la cama.

    “Ahora si suegrita, puede darse por satisfecha de ser complacida por una gran verga, espero que esto se vuelva a repetir”.

    Le propondría a mi yerno seguir culeando durante el embarazo de mi hija para que no buscara otra mujer y tenerlo siempre al lado de mi hija. Se iban a mudar de casa, pero yo los iría a visitar para que me cogiera y se satisficiera él y yo también ya que me hacía falta darme unas buenas culeadas.

    Haydeé

  • Victoria, mi jefa

    Victoria, mi jefa

    Me llamo Claudio, soy de Argentina y quisiera contar como se volvieron las mujeres maduras mi más grande fetiche sexual.

    Hace un tiempo, yo me estaba mudando a la capital, vengo de una ciudad costera y quería empezar la facultad aquí por el tema de las oportunidades y demás, así que con la venia de mis padres, y un poco de ayuda económica de mis abuelos conseguí instalarme en un departamento de dos ambientes en el centro, pero como no me gusta ser un mantenido, y bastante habían hecho por mi decidí buscar un trabajo acorde a mi vocación, que es el derecho, así que siguiendo como sabueso a un primo de mi madre logre contactarme con él y en parte por cariño, la ayuda que le había dado mi abuelo y la casualidad, logre entrar de cadete en una oficina de abogados, uno era Javier, y la otra era Victoria. Una mujer seria formal, parecía casi fría y distante al principio, alta, rubia de ojos claros, en sus treinta y tantos años, siempre de una elegancia impecable, con trajes que resaltan cada una de sus curvas que se adivinan bajo su ropa. Había conocido a Javier a los 22, mientras estudiaba en la facultad, y se habían casado, el tema es que él es mucho mayor así que si ella ahora debe contar con 38, él debe tener 55 o 56, así que la pareja trabajaban juntos desde hace mucho tiempo, tenían un hijo de más o menos mi edad y parecían felices.

    Cuando estallo el tema del corralito, la presentación de amparos judiciales se volvió enorme, todos los ahorros retenidos de la gente y los reclamos hacían que hacer trámites judiciales se volviera una tortura, yo que en ese momento estaba de cadete “sirve café –corre, ve y dile” no daba a basto para atender todos los tramites que debía realizar así que empecé a pasar más tiempo con Victoria ya que esta me pasaba a buscar temprano por mi casa para dejarme en las oficinas en las que debía realizar los trámites, y me pasaba a buscar a la hora del almuerzo, si los había finalizado me alcanzaba hasta mi casa y si no se entretenía conmigo para hacerme más leve el tormento.

    Así que teníamos una relación bastante buena y a partir de ese tiempo compartido se afianzo, y nos volvimos más apegados, yo en ese ínterin la miraba como la esposa de mi jefe una bonita mujer pero nada más. Hasta que un día me paso a buscar temprano a la mañana para la misma rutina de los últimos días, pero cuando subo al auto noto que ella había estado llorando. Era una imagen desconsoladora, ella que siempre iba con la cabeza en alto, muy segura, verla así con los ojos rojos, aferrada al volante, y con continuos sollozos entrecortados saliendo de esos labios rojos de tanto mordérselos, me dejo destruido. Le ofrecí que manejaría en lugar de ella, y acepto así que me puse al volante y de camino me detuve en un café, me miro y me dijo:

    – que haces mira que vamos a llegar tarde!

    – no me importa perder una horas más pero vos me vas a decir que te pasa o como mínimo te tomas un café y te despejas. -le dije.

    –pero no…

    – nada -le conteste- vos no estás bien y no vas quedarte así todo el día, así que bajas conmigo a tomar algo o te lo voy a tener que sacar a la fuerza si? Le dije con mi mejor sonrisa.

    – gracias por tratar de ayudarme pero no podes… son problemas con mi marido…

    -lo conozco bastante a Javi como para pensar que te haya hecho algo que no se pueda solucionar o que te ponga así? Así que dale contame si?

    Entonces sin que me diera tiempo a reaccionar se arrojó sobre mi llorando como una descosida gemía y no articulaba palabras solo gorgoteos que hacían pensar en un animal herido. Cuando logre que se calmara me dijo que la vida con su marido se había vuelto insoportable desde hace unos años que estaba más irascible, y que ella no lo soportaba, estaba celoso todo el tiempo y por más que ella se esforzara en demostrarle amor el solo se ponía peor día a día, cuando le pregunte por qué ella dijo:

    – es impotente, desde que se quedó impotente que empezó a tratarme mal, cree que en cualquier momento me voy a ir con otro, o que si me retraso es porque estoy garchando (esta fue la primera grosería que le escuche en años) por ahí, es un idiota… me compro lencería que me gusta y me hace escándalos inauditos, porque dice que son para mis amantes, si el único que la ve es el… y encima por mas provocativa, que me ponga, como no se le para, se enoja más… lo odio…

    – pero no hay tratamientos para eso, no fue a un médico?

    -Noooo nada de eso -dijo poniendo una voz burlona- él es muy macho como para eso.

    – pero vos lo engañas? –Dije.

    – Menos!!! Nunca… yo no hago esas cosas… por más que me muera de ganas de que me cojan bien cogida yo no lo haría… esta mi hijo…

    Y mientras seguía hablando yo pensaba para mis adentros como sería tenerla para mí, una mujer con todas las letras, tratando de seducirme… qué lindo seria que ella tratara de seducirme a mí como a su esposo impotente… seguro debía portarse como una perra para que se le pare pero él ni bola, si fuera yo en cambio le pegaría el polvo de su vida… hacia bastante que no tenía novia y las duchas frías últimamente se hacían más seguido, pero trate de sacarme la imagen de la cabeza de ella seduciéndome, y seguir con su problema, ella había terminado de hablar y estaba apoyada en mi hombro, entonces me di cuenta que su camisa estaba abierta como siempre pero por primera vez tenía una buena vista de sus pechos… cubiertos por un corpiño de encajes blanco como la nieve… mi pija se empezó a parar de pensar lo hermosos de apretar esas tetas y encontrarme con una mujer dispuesta y caliente, pero no podía ella estaba mal confiaba en mí, y no podía tratar de aprovecharme de la situación, así que disimulando mi incipiente erección, trate de correrla de mi lado mientras le daba una excusa, pero la mala suerte (ahora pienso que fue muy buena) quiso que ella no me escuchara así que cuando me moví ella no me presto atención y cayo, como reflejo apoyo su mano sobre lo que tenía más cerca y eso fue mi pija, yo no sabía cómo reaccionar me quede quieto una décima de segundo en la que ella advirtió mi estado y saco la mano rápidamente,

    -si… mejor vamos a la oficina, ya es tarde para ir a tribunales así que mejor venís, además no quiero quedarme sola con el…

    Así que arranque el auto lleno de vergüenza y fuimos a la oficina. Ese fue un día horrible cuando llegamos Javier ya había llegado, y por más que se ignoraron no tardaron más de una hora en volver a discutir, yo estaba en mi «oficina» (la cocina del departamento donde ellos tenían las oficinas) y no llegaba a escuchar lo que decían, pero la cosa no parecía arreglarse, a eso de las tres horas de discutir y mi segunda jarra de café, escucho un portazo y luego un silencio. Despacio me acerco a la oficina y la veo a ella con una cara mezcla de triunfo y dolor.

    – ya está -fue lo primero que le oí decir- se acabó, me divorcio -cuando reparó que yo estaba allí me dijo– disculpa por el día de mierda que pasaste -entonces me acerque más, la abrace y susurrándole le dije:

    – no tenés por que pedir perdón si? La que está mal sos vos… o estabas verdad?

    Se medio sonrió y dijo:

    – es verdad estaba, me saque este peso de encima -y me apretó fuerte en el abrazo…

    Yo no sé qué dijo después mientras sentía como esos pechos redondos y firmes se apretaban contra el mío, y su perfume se metía en mi nariz. Yo soy alto, 1.85, ella que no mide más de 1.7 me estaba exhalando su aliento en mi cuello… no podía mas, su pantalón de tiro bajo mostraba el inicio de una bombacha de encaje que hacia juego con el corpiño. en eso escucho su voz que dice…

    -y gracias por lo de esta mañana si? Siempre te lo voy a agradecer… -y me miro de una forma que hizo que mi corazón dejara de funcionar…- pero bueno basta de charla -dijo sonriendo mientras se separaba de mí con algo de resistencia de mi parte- terminamos lo de hoy y nos vamos a casa, ¿sí?

    – Está bien cuanto antes nos vayamos a descansar, mejor -así que seguimos un par de horas más.

    Cuando se hicieron las 18 terminamos y nos fuimos, ella se ofreció para alcanzarme en el auto, e íbamos charlando animadamente cuando me doy cuenta que en el apuro de salir no había ido al baño y las jarras de café estaban deseando salir, así que le pedí que parara en el bar más cercano, paramos en uno muy lindo en una avenida céntrica, entro con mucho apuro le pregunto al mozo donde estaba el baño, y me contesta

    – es solo para clientes.

    Entonces le pido una cerveza y que me indique el baño. Cuando terminé salgo y me encuentro con ella sentada en una mesa con mi cerveza. Me acerco y me dice

    – ya que la pediste vamos a tomarla.

    – bueno… –digo yo y me senté, entonces propuso un brindis, por el divorcio y festejamos mientras se reía

    – pero festejar con cerveza no tiene gracia, vamos con algo más fuerte -y se pidió un gin-tonic yo me pedí otra cerveza y empezamos a perder el tiempo a charlar de nuestros planes, que tenía pensado hacer cada uno, lo libre que se sentía esta tarde y seguimos bebiendo, hasta que anocheció.

    En eso se da cuenta de la hora y saca su celular para llamar a su casa, lo cual le devolvió un poco la amargura… “están todos bien?” –dijo- “entonces no te preocupes, come, tranquilizate y después vas para allá” “no quiero volver, aunque sea hoy, así que me buscare un hotel o algo” “voy a comer sola” me miro y me dijo -me acompañas a comer?

    Acepte con mucho gusto y trataba de pensar como invitarla a mi casa, pero no me atreví. Así que nos quedamos a comer allí unas tapas y seguimos bebiendo, así que la conversación como toda madre con un joven termino en el tema novias, así que le conté mis experiencias y ella se rio, cuando le pregunte por que, ella me dijo que odas mis novias eran unas frígidas (si ya estaba un poco ebria) y me susurro al oído.

    – ¿sabes cómo lo convencí a Javier, de ser mi novio? Él era ayudante en la facultad cuando yo estudiaba… le chupe la pija hasta que no pudo negarse a aprobarme la materia ni a nada más… y se rio mientras se llevaba la cerveza a los labios y hacia un pequeño gesto sensual al tomar del pico… paso sus labios por la punta y dejo asomarse la lengua… mi calentura empezó a crecer y me prometí que esta noche cogía con esa hembra… y siguió hablando de lo buena que era ella en la cama y como se iba a descontrolar ahora que era soltera y la lencería que se iba a comprar… allí la interrumpí y le dije

    -¿para que eso?, si así estas hermosa, la lencería no sirve para nada, las mujeres hermosas como vos siempre son lindas.

    -pero una mujer linda en lencería es mucho más sexy, más sugerente, además es lindo tener siempre puesto algo así es más suave, mas no sé… entonces le pregunte

    – que tenés algo así puesto ahora?

    – claro -aseguro– siempre me pongo lo mejor para mí.

    – eso debe ser mentira –le dije.

    -te lo juro –respondió.

    – A ver -dije poniendo mi mejor cara de pícaro, a lo que ella respondió poniendo los codos en la mesa lo que hizo que sus tetas subieran más y se apretaran una contra otra, y mientras decía

    –que calor tengo –con la cara de viciosa de película porno barata se abría un poco la camisa y me mostraba lo que yo ya conocía- touche -dijo mientras se acomodaba de vuelta y miraba mi cara de bobo con una sonrisa felina- sabes una cosa? hoy a la mañana cuando te dije gracias también te lo decía por lo del auto, cuando note que se te había parado me di cuenta que todavía soy una mujer deseable, y que no estoy atada a él, siempre fui una adicta al sexo pero desde que mi marido no me coge no garché mas, y lo estoy necesitando con urgencia, así que me llevas a un hotel así me llamo un taxi-boy… o me das una mano vos -mientras su pie descalzo jugaba con mi entrepierna.

    -vamos –le dije levantándome casi de golpe, agarre mi abrigo le deje la cuenta al mozo y mientras ella se reía por mi apuro, salimos a la calle, allí mientras trataba de abrir el auto me tomo del brazo y me dijo

    – con calma si? -Y poso sus labios sobre los míos, fue muy suave al principio y luego empezó a jugar con mi lengua, separándose de mi me dijo- besas bien -con una sonrisa– dale maneja vos.

    Subimos al auto y cuando arranque para mi casa ella empezó a acariciarme la pija por sobre el pantalón mientras me daba besos de lengua en la oreja y el cuello, yo manejaba como demente zigzagueando para todos lados.

    Estacionamos y bajamos apurados, en el ascensor que nos llevaba hasta mi piso me encontré con una vecina que me miro raro pero no dijo nada, ella aprovecho para jugar un poco más con mi pija mientras apoyaba su raja del culo contra mi pija, y hacia movimientos circulares con él, yo sudaba como testigo falso hasta que la vecina se bajó en su piso, apenas quedamos solos, la tome de la nuca y la atraje hacia mí para besarla, me metió la lengua hasta la garganta mientras un poco se colgaba de mí, la tome de la cola divina que tenía y la ayudé entonces quedo casi como si estuviéramos cogiendo de parados con ella colgada. En eso me susurra…

    -que pija amor… hace cuanto que no cojo… esta noche recupero el tiempo perdido… me vas a coger bien?

    Le respondí metiéndole mi mano en su pantalón y apretando su conchita contra mi pija, dio un gemidito de placer y llegamos a mi piso… abrí la puerta mientras ella desde atrás me acariciaba la pija y me apretaba el culo mientras decía

    – ya quisiera yo un culo así de duro y paradito -cuando entramos empezamos a desvestirnos con locura, besándonos el cuerpo sobre la ropa y cada centímetro de piel desnuda cuando quedamos en ropa interior ella se separó de mí y me dijo- mira, no te gusta mi lencería? -con cara de puchero.

    – Si –dije- me encanta -mientras trataba de ir hacia ella me empujo sobre el sillón de mi sala mientras decía

    – no seas impaciente -entonces empezó a bailar muy sensualmente cada vez acercándose más a donde estaba sentado, hasta quedar entre mis piernas y empezó a bajar hasta quedar casi arrodillada, tomo mi bóxer por el elástico y empezó a bajarlo, cuando tuve que levantar el culo para que saliera deliberadamente empuje mi miembro contra su cara, y ella no lo rechazo lo dejo apoyarse en su mejilla mientras terminaba de quitármelo, cuando quede desnudo ella lo agarro con una mano mientras lo llevaba a su boca y le dio un beso suave, como si besara a un sobrino en la cabeza, yo no podía mas mi erección era fatal, no tenía más sangre en el cuerpo para ponerla así de dura, entonces empezó a pajearme con un movimiento suave- te gustan mis tetas.

    – si… –susurre

    – entonces acarícialas.

    Empecé a acariciar sus pechos por sobre la tela de su sostén, eran hermosas, firmes debían ser un talle 90 o más, con los pezones duros, y grandes por la excitación, las apreté mientras su aliento bañaba mi pija y de golpe la libere de sus sostén diciéndole

    –Te compro otro después –rompí la hebilla de adelante y los pechos cayeron por su propio peso pero con firmeza, ella se rio y dijo

    – que macho… así me gusta sabes… –entonces empecé a apretar más duro mientras sus gemidos iban subiendo de volumen, la hice levantarse un poco más y le dije

    – haceme una paja con esas tetas hermosas.

    Ella se tomó los pechos y llevándolos hasta mi palo ardiente lo empezó a masajear con fuerza, se le empezaron a mojar las tetas con mis fluidos y cuando puse mis manos en su cabellera dorada ella me miro y me dijo

    – ahora vas a saber que tan buena soy chupando pijas -y me la empezó a mamar como una actriz porno mientras se la ponía entre las tetas, subía y bajaba y cuando mi cabeza asomaba entre esos globos la chupaba como una golosa, en eso le tomo las tetas yo, y mientras las apretaba le digo que se pajee, ella ni lenta ni perezosa llevo sus manos a su concha y empezó a masturbarse, cuando estaba a punto de acabar pare porque me daba cuenta de lo caliente que estaba ella y de que tenía que aprovechar la situación, así que la levante la di vuelta y la puse en cuatro patas en el sillón, ella gemía de gusto y con todo el movimiento para acomodarse nunca dejo de pajearse.

    Le baje la bombacha de un tirón y encontré sus suaves labios, estaba toda depilada con un cavado hermoso, así que empecé a comerle la concha con toda mi alma, a lo que ella respondió con alaridos de placer, mientras repetía “haceme acabar, que te cojo todo pendejo, vas a saber qué te pasa por calentarme, te voy a comer esa pija deliciosa”, lo que me ponía a full, en eso cuando me separo de ella para subirme encima ella se separa las nalgas y me dice

    – me das tu leche en la conchita? Porque yo me la quiero tomar, así que avísame si? Así te la chupo bien.

    Ver a mi jefa, una mujer madura, madre, en cuatro patas pidiéndome que le de la leche en la boca me volvió loco, le acerque la pija, se la pase por los labios para hacérsela desear mientras ella empujaba para atrás, de golpe se la pongo en la entrada y cuando ella se mueve para atrás buscándola, empuje para adelante con todas mis fuerzas.

    Ella dio un aullido hermoso de doloroso placer, y empezó a moverse como loca para atrás y adelante, nos movíamos sin ritmo como fonéticos a toda velocidad, así que me afiance sobre su espalda, y la tome de sus pechos mientras seguí moviéndome

    – apretarme pendejo, clávame más adentro!!! Ahhh siii aahhhh –gemía sin control- ahhhh siii mi amor!!! Mas, mas, mas, ahhhhh.

    Empezó a sudar y sentí como sus jugos se derramaban entre mis piernas, mis bolas hacían un hermoso ruido cuando chocaban contra su cola, y todo estaba transpirado y mojado, seguimos cogiendo en esa posición, hasta que me llevándola conmigo doy una vuelta completa dejándome a mi sentado y ella encima mío, se levantó y dándose vuelta se puso de frente a mí, de la calentura mi pija cuando la quiso volver a meterse se resbalo por su vientre hermoso, la tomo y dijo

    – que lindo es una pija dura -y apretándola fuerte la volvió a meter en su concha húmeda, mientras me cabalgaba nos besamos como locos, en la boca los pezones hasta que empezó a gemir con violencia, fuerte y a clavarme sus uñas en la espalda, cerró los ojos con fuerza y empezó un orgasmo delicioso, su concha daba espasmos apretando mi verga mientras con una mano le acariciaba la raya del culo, y la otra le apretaba su seno, entonces apretó los dientes mientras un sonoro gemido huía de su garganta, yo con mi verga todavía dura, seguí moviéndome para alcanzarla y mientras ella se relajaba caída sobre mí, con mi pija moviéndose dentro de ella me dijo al oído “en la boca, acaba en mi boca bebe”. Así que tomándola de las axilas la senté en el sillón, cuando saque mi verga de su concha se derramaron jugos de ella por todo el lugar, y parándome al costado del sillón tome su cabeza y la acerque a mi verga, ella comenzó a succionarme como una aspiradora mientras me acariciaba los testículos y cada tanto le daba una lamida que sentía como un hierro ardiente, se abrazó a mí y me tomo de las nalgas, mientras enredaba yo mis manos en su cabello, empecé a moverme como si cogiera su boca, cada vez más rápido, sentía como ella jugaba con su lengua en mi glande, el tronco, lo chupaba como una experta, y me corrí rugiendo como un león, me salto leche como para alimentar a una docena de gatas ninfómanas, y ella seguí lamiendo tratando de tragarla toda, mientras mi verga se relajaba la seguí chupando, y cuando la dejo bien limpia, tomo su sostén y limpiándose el semen que le había caído en el cuerpo dijo

    – lo voy a guardar así, sin lavarlo así me acuerdo de mi primer polvo de soltera.

    Ese fue el comienzo de la mejor noche de mi vida y de una amistad muy caliente.