Autor: admin

  • Luciana y los viejos

    Luciana y los viejos

    Desde que empezó a trabajar en el almacén de Don Berto, Luciana sentía la mirada perversa del viejo recorriendo su cuerpo así como del socio de Don Berto, otro viejo llamado Don Tito que la miraba también de una manera que inquietaba a la chica. Luciana tenía 19 años, era su primer trabajo para ayudar con los gastos de su casa y por no perder el trabajo soportaba las sucias miradas de los viejos. Sabía que por su manera de vestir, con sus shortcitos de jean y camisetas no hacía más que estimular a esos viejos babosos pero ella era una chica joven y le gustaba vestirse así. Esa tarde, cuando no había ningún cliente Luciana noto que los viejos intercambiaban extrañas miradas hasta que Don Tito fue hasta la puerta y puso el cartel de cerrado. Extrañada y un poco inquieta Luciana le pregunto a Don Berto «Por qué estamos cerrando Don Berto?» El viejo la miro con lujuria y le dijo «Porque tenemos que enseñarle a una nena como vos que no puede andar calentando a los machos así sin que la cojan».

    Antes que la chica pudiera decir algo el viejo la agarro de un brazo y con el otro le rodeo la cintura y empezó a sobarle las nalgas. Luciana se removió asqueada y mientras intentaba soltarse le dijo “Déjeme viejo degenerado» pero antes que pudiera soltarse el otro viejo vino por detrás y la aferro por los brazos inmovilizándola. Don Berto aprovecho que la chica no podía mover los brazos y metió sus manos por dentro de su blusa y se apodero de sus jugosos senos y se los estrujo con placer mientras la cara del viejo se transformaba en la de un sátiro dispuesto a todo. Luciana estaba tan sorprendida por el ataque de los viejos que no atino a nada, lo que aprovecho el viejo que la sujetaba por atrás para chuparle el cuello mientras le decía «que buena estas nenita te vamos a hacer de todo». Luciana no supo de donde saco fuerzas y grito «Déjenme, déjenme ir».

    Don Berto que se extasiaba tocándole las tetas le dijo «nadie te va a oír nenita, podes gritar lo que quieras pero te vamos a coger bien cogida». «Vamos a llevarla al cuarto» le dijo al otro viejo y la empujaron llevándola a la rastra hasta el dormitorio de Don Berto, luego cerraron la puerta y fue cuando Luciana se sintió perdida. El viejo que la sostenía por los brazos la llevo hasta el borde de la cama y se puso a frotar su duro miembro contra las nalgas de la chica. Don Berto se puso frente a ella y reinicio sus caricias en los senos, levantándole la blusa hasta los hombros, se pasó la lengua por los labios viendo esos monumentales pechos y enseguida se metió un pezón en la boca chupándole ruidosamente.

    Luciana se dio cuenta que iba a ser violada por esos degenerados viejos calientes, ya casi no ofrecía resistencia mientras un viejo la refregaba por detrás y el otro alternaba chupándole las tetas y manoseándole la que quedaba libre. Don Tito dijo con voz ronca «Yo también quiero chuparle las tetas» Don Beto contesto «Ya la vas a tener, quedamos que yo la cogía primero, después es tuya» y empezó a lamerla hasta abajo llegando al ombligo que chupo con fruición. Empezó a desabotonarle el short y Luciana quiso resistirse de nuevo pero Don Lito la volvió a apretar fuerte por los brazos diciéndole «Portate bien que vas a disfrutar nenita linda «, Don Berto la despojo del pantaloncito y empezó a sobar las magníficas piernas de la chica a la vez que vio la minúscula tanga blanca lo que lo enloqueció aún más. La sentó en la cama y mientras le acariciaba sin pausas los soberbios muslos quiso besarla en la boca, Luciana se quiso apartar pero el otro viejo la tenía sujeta muy fuerte y no pudo evitar que Don Berto le metiera la lengua en la boca y la chuponeara con pasión. El otro viejo ya no se aguantaba, viendo ese manjar semidesnudo, las piernas y la cola de la nena lo volvían loco y solo tenía que aguantar que la nena no se resistiera mientras el otro la disfrutaba.

    Don Berto ya estaba enloquecido por cogerse a la chica, le acariciaba las piernas, la volvió de costado hacia él y le empezó a sacar la tanga: Luciana grito «No, por favor, no me hagan nada». Don Berto le dijo al otro viejo «boca abajo que la quiero coger por el culo» y Don Tito la puso boca abajo llevándole los brazos hacia atrás, quedando sus nalgas expuestas Don Berto le puso la almohada bajo el vientre para que quedara levantado ese soberbio culo que de inmediato empezó a manosear mientras decía «Nena que cola tenés, te gusta ir calentando ahora vas a ver» y se puso a chuparle las nalgas como loco, ya no daba más de calentura, tenía la verga dura a mas no poder pero quería disfrutar de esa nena todo lo que pudiera. Comenzó a lamerle el culo y le metía la lengua como para penetrarlo. Luciana no esperaba un ataque tan salvaje y estaba resignada pero lo que le estaba haciendo ese viejo jamás lo hubiera esperado. De repente Don Berto le empezó a meter un dedo y Luciana grito, el viejo siguió y le metió otro dedo para dilatar ese agujerito que quería cogerse y movió los dedos hasta que le pareció que está bien dilatado. Volvió a chuparlo con ganas, metiendo la lengua todo lo que podía hasta que no pudo más y con una mano en su dura verga lo dirigió hacia el culo presionando hasta que parte de su verga se introdujo.

    Luciana jamás había sentido nada como eso, quería llorar y gritar pero nada salía de su garganta. El viejo verde empujo más introduciendo toda su pija en el culo de la muchacha, espero unos instantes y empezó a moverse de adelante hacia atrás sintiendo como ese apretado agujero atrapaba toda su verga proporcionándole un placer inmenso. Siguió cogiéndola un rato hasta que sintió que iba a eyacular y en una convulsión bestial le acabo dentro del culo a la chica .Se deslizo a un costado viendo que la chica ni se movía después del ataque brutal del viejo. Pero no terminaba para Luciana el sufrimiento, el otro viejo estaba desesperado por cogérsela, vio que ya la chica no se resistía, le soltó los brazos, la puso boca arriba y se lanzó como loco a chuparle la concha, que estaba mojada como si Luciana se hubiera excitado con la penetración anal de Don Berto. Don Tito no aguanto mucho y abriéndole las piernas le metió su duro pito en la concha a lo que Luciana solo gimió un poco, deseando que todo terminara de una vez. Lo que ocurrió pronto porque Don Lito eyaculo en un par de embestidas dado la excitación que tenía. Después de un rato Don Berto llevo a la chica al baño para que se lavara y vistiera y le dijeron que se fuera.

    Luciana se fue a su casa, dolorida y humillada, pero jamás conto lo que le hicieron esos viejos. Nunca más volvió a trabajar en ese almacén.

  • Paro nacional (III): Consumación final con el maduro

    Paro nacional (III): Consumación final con el maduro

    Anteriormente, fui a buscar el celular en la casa del maduro donde me lo había olvidado. Al retirarme comienzan a llegarme mensajes sugestivos, las fotos de mi culo desnudo que había tomado llenos de halagos.

    A solo unas cuadras de allí el maduro me seguía y me busca para que vuelva a su casa, con una invitación a una nueva sesión de fotos para su mente perversa.

    Allí él juega con mi cola todo lo que quiere, llega a meterle lengua durante decenas de minutos.

    Me doy vuelta apoyado en mis codos con mi cola hacia arriba tomo su miembro y lo miro a los ojos desde mi posición hacia arriba.

    Abro mi boca, estoy por probar por primera vez una pija, en este caso una madura, ancha, de un largo normal tal vez unos 18 centímetros, tiene pendejos colorados y algunos son canosos.

    Su glande sobresale, brilla por su liquido preseminal, la previa chupando mi culo lo excitó.

    Mis labios hacen contacto con su glande, mi lengua toca la punta, sigo deslizándome hacia abajo, siento el sabor salado de su transparente líquido preseminal.

    Un olor profundo de sus genitales me embriaga, es fuerte, pero quiero seguir allí. Mi lengua serpentea por el tronco maduro y viril que tengo en mi boca.

    Cierro mis ojos y trato de no pensar que estoy haciendo, escucho gemidos del maduro, eso me calienta más, y quiero seguir buscando la manera de que disfrute.

    Llego hasta el límite de mi garganta, el roce del glande con mi campanilla me hace dar arcadas, tomo aire y sigo chupando. Me deslizo por el tronco, ahora de costado. Mi lengua va de arriba hacia abajo. No quiero dejar ninguna parte sin probar, sin que tenga mi saliva.

    Huelo sus huevos, mi boca los prueba, son grandes, tienen pendejos, los puedo sentir en mi lengua, no me importa. Los humedezco bien.

    Comienzo a besar su abdomen también con vello, mi boca succiona como queriendo dejarle marcas. Subo hasta sus pectorales ya con caída. No me detengo, sigo hasta su cuello y hago que se le erice la piel con mi lengua.

    Sus manos se ubican en mi cintura y mientras sigo en su cuello las desliza hasta mi cola. Sus manos cubren mis nalgas, sus dedos hacen presión.

    Llego hasta su boca, y lo beso, apasionadamente, mi lengua se confunde con su caliente y experimentada lengua. Mis manos se apoyan en su pecho, las de él están en mi cola, un dedo comienza a juguetear en la entrada de mi ano.

    Sigo besándolo, y su dedo mayor ya pudo ingresar sin problemas a mi agujero. Lo mete y lo saca con delicadeza y dedicación. Mi lengua sigue perdida jugando con la lengua de él.

    Casi coordinadamente decido darme vuelta y el me acompaña dejando libre el agujero donde estuvo jugando.

    En ese erótico giro mi cadera tiene contacte con su pija, que lentamente va pincelando con su liquido mi nalga hasta llegar a destino, la raya de mi culo.

    Todo su pene se asienta en esa línea que pareciera ser creada para que descanse.

    Su gran mano comienza a subir por mi pecho hasta mi cuello y luego a mi cara, y ese dedo que estuvo en mi culo toca mis labios.

    Desde atrás miro sus ojos, sin decir nada era obvio el pedido. Su dedo recorre mis labios, se mete hasta tocar mis dientes,

    Mirándolo ardiente abro mi boca como si no quisiera hacerlo, jugando inocentemente mis dientes permiten pasar rozando su dedo a mi boca.

    Mi lengua le da la bienvenida al gran dedo maduro, siento ese gusto agridulce característico del culo, chupo ese dedo y eso enciende más al maduro que me mira con lujuria.

    Siento que se acomoda desde atrás, su pija deja ese lugar privilegiado entre mis nalgas para ubicarse en forma perpendicular, se lo que viene.

    Había mucha humedad en mi cola, su pija ya tenía el lubricante de mi salía y el de sus líquidos. Mi agujero ya estaba dilatado con maestría de quien sabe hacer las cosas.

    Siento la presión de su glande en mi agujerito, intento ayudar abriéndome las nalgas con mis manos sin soltar su dedo de mi boca.

    Segundos después siento como entra la cabeza, el dolor es terrible, me arde, pero no quiero decepcionarlo. Mi boca aprieta su dedo, mis ojos se cierran mi respiración se hace fuerte.

    Él sigue empujando muy suavemente, casi no me doy cuenta que está entrando cada vez más.

    Por primera vez estoy siendo cogido y me gusta. Su mano libre me abraza por el abdomen se ayuda para meterla más al fondo. Siento que estoy lleno de carne.

    El sigue bombeando y lo hace de una manera agradable, ya el ardor que siento no me molesta, disfruto más del placer del momento.

    Por el movimiento nos dejamos caer en la cama, yo boca abajo y él arriba mío con su pija incrustada en mi culo.

    Su peso me tiene preso,

    Sus manos toman mis muñecas y me deja inmóvil, su boca me muerde el cuello. Y comienza a bombear más fuerte. Esta fuera de sí.

    Siento el cacheteo de su panza con mi cola, el rozar de sus vellos con mi piel me gusta.

    Se escucha el ruido liquido de la fricción entrando y saliendo, mi jadeo de puta y el bufar del maduro.

    Minutos más tarde siento la explosión de leche en mis entrañas. Siento como esa herramienta va perdiendo su vigor dentro de mí. Como mi esfínter va ganándole en fuerza a lo que entro con prepotencia abriéndose espacio.

    Sale delicadamente de mí, toma el celular y mientras siento que va cayendo la leche por mi dilatado ano se escuchan los flashes. El maduro estaba tomando fotos de lo que consiguió. Una colita pequeña virgen que ahora estaba goteando su leche.

    Me quede esa noche en su casa, y el mismo me llevo al trabajo al otro día.

    Al auto mío luego de arreglado lo vendí, ahora tengo quien me lleve a casa o me encuentre cuando voy caminando por los bosques de Palermo.

  • El padre Ángel y yo (final)

    El padre Ángel y yo (final)

    Bueno, al final ganaron mi calentura y mis ganas y me desvestí mirando al piso…

    -Vamos, Jorge… ¡Vamos!… –me apuraba el cura y yo temblaba todo mientras me iba sacando la ropa…

    Por fin estuve sin nada, con el padre Ángel ahí, mirándome en silencio hasta que dijo:

    -Qué cuerpo… ¡Qué cuerpo increíble tenés, Jorge… Sos casi Jorgelina de tan lindo… Esa cintura, esas caderas, esas piernas… y sin pelos…

    -Ay, padre… -murmuré sintiéndome arder entero…

    -Date vuelta, me falta ver la frutilla del postre…

    Obedecí y enseguida lo escuché exclamar:

    -¡Qué culo! ¡Qué culo increíble tenés, Jorge!…

    -Gra… Gracias, padre…

    Entonces giré y vi que se estaba sacando la sotana y después todo el resto de su vestimenta…

    Su pito estaba muerto todavía, pero yo me tenía confianza en que podría ponérselo bien duro y parado… Seguí un impulso y me arrodillé, para después ir acercándome a él en cuatro patas…

    -Sí, Jorge, sí… vení… vení… -me alentaba el muy pervertido comechicos… Y yo sentía cada vez más ganas de que me comiera… Miedo también, claro, iba a ser mi primera vez…

    Cuando estuve ante él fingí inocencia y le pregunté: -Padre, ¿qué quiere de mí?

    -Te quiero a vos, Jorge…

    -Sí, padre, pero… ¿pero para qué?…

    -Para gozarte…

    -Ay, padre, bueno, explíqueme…

    -Arrodillate y abrí la boca…

    -Sí, padre Ángel… -y cuando la abrí él me metió ahí su pito, que empezaba a crecer…

    -Chupalo, Jorge, chúpalo… -y me puse a chuparlo… -¡Mmmhhhh!… ¡tiene buen sabor esa cosa rica…

    Casi enseguida se puso bien dura y larga… Sentí que me llenaba toda la boca y eso me encantó…

    Él cura gemía y jadeaba mientras me tenía agarrado del pelo…

    -Sos… aahhhh… sos muy putito, nene… ¡Muy putito!… y… ahhh… y vas a ser mi… aaahhhh… mi putito…

    Yo chupaba y chupaba hasta que él lanzó un grito me llenó la boca leche…

    -¡Tragá, Jorge!… ¡Tragá todo!… –y siguió jadeando mientras yo tragaba su lechita… ¡Qué rica es!…

    Pero la cosa siguió… Él se tendió de espaldas en la cama, conmigo a su lado, y me dijo:

    -Descanso un rato y después me vas a dar ese lindo culo de nena que tenés… ¿Sabés, Jorge?…

    -Lo que usted diga, padre Ángel… Aunque eso me da un poco de miedo… ¿Me va a doler?…

    -Vas a disfrutar…

    -Ay, ojalá, padre… -y tenía razón…

    Cuando recuperó fuerzas me hizo poner en cuatro patas, se untó el pito con la crema de un pote que sacó del cajón de la mesita de noche y me culeó…

    ¡Ay, me dolió mucho cuando empezó a metérmela!… Tanto que grité, pero para mi sorpresa y alegría el dolor cesó cuando el pito estuvo todo adentro de mi culo y empecé a gozar… ¡a gozar mucho!…

    Y fue hermoso sentir, después de un rato, esos chorros de leche caliente que inundaron mi culo de putito…

    -¡Soy suyo, padre! ¡todo suyo!… –grité en medio del éxtasis en que me había sumido ese pito adorable…

    Más tarde, cuando nos despedíamos en la puerta de la iglesia, me dijo:

    -Volvé, Jorge, volvé mañana que te sigo dando…

    -Ay, sí, Padre Ángel… Eso quiero…

    -Claro que sí, porque sos un putito…

    -S… sí, padre… -admití bajando la cabeza…

    -Decilo…

    -Soy… soy un… un putito…

    -¿Y de quién sos, Jorge?…

    -De usted, padre Ángel…

    -¿Sos un putito de mi propiedad?…

    -S… sí, padre…

    -Muy bien, a partir de ahora te venís todas las tardes, ¿oíste?…

    -Sí, padre, lo que usted diga…

    -Mmmhhhh, veo que sos un chico obediente y eso me gusta…

    -Sí, padre… usted manda…

    -Y vos obedecés, ¿cierto?…

    -Sí, padre Ángel…

    Y así están las cosas… Voy todas las tardes a la iglesia para entregarme entero al padre Ángel, a su autoridad, a su pito…

    Fin

  • Cunnilingus a Melina, la pendeja

    Cunnilingus a Melina, la pendeja

    – ¿Es cierto lo que me contaron de tus habilidades y dotes? –me preguntó, pícaramente, Melina.

    – No sé qué te contaron… -respondí con la mejor cara de boludo que pude. Sabía a qué se refería.

    – Que la tenés grande… y que sabés como hacer explotar a una chica…

    Una hora antes de este diálogo, había recibido la llamada telefónica de mi amigo Carlos:

    – Beto, tenés que hacerme un favorcito… ¿Qué estás haciendo ahora?

    – A punto de acostarme, estaba tonteando, mirando porno de pendejas. ¿Por qué? –respondí. Percibí su voz pastosa. Debía estar borracho.

    – Pasa que me levanté a Melina; sabés de quien te hablo, la trolita hermosa, amiga de Sonia, tu ex.

    – Bueno, felicitaciones; ¿pero qué necesitás?

    – Es que ella está punto caramelo, pero no tengo plata para ir al telo… ¿Me prestás el dormitorio vacío? –lanzó Carlos.

    – ¡Ah..!, ¡querés culear en mi casa mientras yo aplaudo! ¡Al menos trae una amiguita de ella! –sostuve.

    – Es que las amigas la dejaron sola, no puede volver a su casa, y quiere coger… Pero es tan puta que tal vez se prende en un trío…

    – ¡Ja ja ja! ¡Primera vez que sale con vos y se va a prender en orgia! ¡Dejá de fantasear! Está bien, venite, pero quedás en deuda…

    Pendeja preciosa

    Al rato escuché el auto de Carlos y luego el timbre. El apenas se sostenía en pie.

    – Beto, ustedes ya se conocen, así que no necesito presentarte a Melina –balbuceó.

    Ella me besó en la mejilla izquierda. Al sentir su tibio aliento, el contacto de sus labios, el dulce aroma de su piel, me excitó.

    Melina tiene 23 años, pero parece de dieciocho. Contribuye a esto su bonito rostro aniñado y la expresión cándida. Luego, con un metro sesenta y cinco de altura, la esbeltez y sensualidad de su cuerpo despierta la lujuria. Proporcionadamente delgada, sus pechos medianos y firmes, los cuales nunca cubre con corpiños, parecen más grandes debido a la fina cintura, la cual continúa en armoniosa cadera y una colita dura y redondita. Sus piernas largas completan una figura excitante.

    Todo esto se advertía debido al provocativo modo en que llegó vestida: calzada en sandalias de más de cinco centímetros, sólo tenía puesto un pantaloncito cortísimo, el cual mostraba buena parte de sus nalgas, y una ajustada blusa semitransparente.

    – Amigo, vos no te preocupés por nosotros; andá a dormir tranquilo. –dijo Carlos, evidentemente apurado por disfrutar con tremendo bomboncito.

    – Sí, claro, es lo que iba a hacer. Nos vemos Melina. –sostuve.

    Amigo dormido

    Al entrar a mi dormitorio, con la verga erecta, pensé en masturbarme en honor de Melina. Pero me sentí ridículo si disfrutaba a solas mientras al lado, pared de por medio, culeaban un amigo y una pendeja hermosa. Apagué la luz y me acosté.

    El sueño me iba ganando cuando sentí que alguien entraba al baño. “Seguro que es Melina, lavándose la conchita… ¡Yo se la lavaría con mi lengua!”, pensé. La imagen volvió a calentarme, me toqué la poronga y regresaron las ganas de pajearme. Iba a comenzar a movérmela cuando escuché abrirse sigilosamente la puerta de cuarto.

    Pese a la oscuridad, advertí la silueta de Melina. Y a continuación, su voz.

    – Beto, ¿estás durmiendo?

    Dudé si responderle o hacerme el dormido. Afortunadamente, triunfó la curiosidad de saber que quería.

    – Casi… pero pasá Melina, prendé la luz, la llave está al lado; ¿Qué necesitás? –contesté, mientras me senté en la cama.

    – No, nada… Disculpame, pasa que Carlos se tiró en la cama y quedó dormido al toque… ¿Puedo charlar con vos hasta que me de sueño?

    Ella, descalza, tenía encima una remera y un pantalón de gimnasia.

    – ¡Ja ja ja! ¿Se durmió? ¡Qué tarado! ¡Eso no se le hace a una mujer! Pero también, ¡con el pedo que tenía! Dale, no hay drama, charlemos. Pero pará, voy a buscar algo para tomar. Vos sentate en la cama, yo me traigo una silla. –propuse.

    – ¿Qué tenés para tomar?

    – Agua, gaseosa, cerveza, vino tinto, tequila… ¿Qué preferís?

    – Y, si me acompañas, tomemos un poco de tequila, con hielo…

    En la cocina, mientras ponía en una bandeja dos vasos, la botella, hielo y papas fritas, intenté adivinar las intenciones de Melina. “Si Carlos se durmió, tal vez ella se quedó con las ganas de coger, y se las quiere quitar conmigo…Pero no, soy un fantasioso; más de quince años le llevo de diferencia… Sólo quiere matar el tiempo”.

    Al regresar al dormitorio, la pendeja esta sobre la cama, de rodillas.

    Charla caliente

    Perdí la noción del tiempo, sólo sé que ambos tomamos tres vasos de tequila. La charla fue animada, hasta que Melina me preguntó:

    – ¿La extrañás a Sonia? Es una lástima que hayan cortado.

    – La verdad, la recuerdo bien, pero no la extraño.

    – De lo que si estoy seguro, es que no se separaron por el sexo. Entre mujeres nos damos cuenta, y a mi amiga se la veía que en eso estaba feliz…

    – Si, acertaste, en eso andábamos muuuy bien… -aseguré, mientras llené nuestros vasos.

    – ¿Es cierto lo que me contaron de tus habilidades y dotes? –me preguntó, pícaramente, Melina.

    – No sé qué te contaron… -respondí con la mejor cara de boludo que pude. Sabía a qué se refería.

    – Que la tenés grande… y que sabés como hacer explotar a una chica…

    – ¡Bueno!, ¡no es de hombre andar contando lo que uno hace en la cama!

    – Entonces, sos el primer hombre que no lo hace. ¡Todos los que estuvieron conmigo, y los que no, contaron lo que hice y lo que no, también!

    Bajé la mirada. La charla se deslizaba a zonas calientes y estaba confundido. Sabía que Melina era trola, pero también calientapija. “Se divierte haciendo que los tipos se pajeen por ella”, me contó Sonia. Y no quería que mostrarme como pajero.

    Para romper el clima, dije:

    – Voy a buscar hielo, ya vuelvo.

    – No demorés…

    Caminando hacia el dormitorio, antes de entrar, propuse:

    – Melina, ponete cómoda, acostate, dormí en mi cama; yo voy a dormir al sillón…

    Lo que vi me dejó con la boca abierta: la pendeja continuaba arrodillada sobre la cama, pero se había quitado el pantaloncito. ¡Y estaba mostrando su preciosa conchita!

    “¿Vos sos tonto?”

    Sin pronunciar palabra, la miré de arriba abajo, puse tres cubos de hielo en su vaso y lo llené de tequila.

    – Ya me puse cómoda, pero no para dormir… – expresó Melina con voz seductora.

    Tomó el vaso y bebió un buen trago. Mordiéndose los labios me clavó su mirada sexy.

    – ¿Qué pasa? ¿Qué pensás? ¿No te gusta lo que ves, no te gusto? –preguntó.

    Sonreí. Apuré la mitad de mi vaso, me arrodillé al borde la cama, a centímetros de su entrepierna. Y dije:

    – Melina, ¡sos hermosa! Claro que me gustás…; pero llegaste con mi amigo, y me parece mal…

    – ¡Sos un caballero!, ¡redulce! ¡Hay pocos hombres como vos! Aunque tengo que aclarar varios puntos. Primero, fue Carlos el que se durmió borracho, dejándome sola; segundo, yo no soy su novia, no hay nada entre nosotros, ni tampoco habrá, y eso se lo aclaré desde el primer momento que acepté un trago y salimos a bailar…

    – ¡Esperá, pará ahí! Decís que no hay nada entre ustedes pero llegás con él a mi casa y te metés en la pieza… Si entras a un dormitorio con un tipo no es para discutir filosofía…

    Melina se rio, encantadoramente, bebió de su vaso, y sostuvo:

    – Si, pero que coja con algún hombre no significa que tenga algún compromiso. Sólo es sexo… Hace tiempo que Carlos me quiere coger, y hoy, cuando lo vi borrachito, le di calce porque tenía otra idea en la cabeza…

    – ¿Entonces ya habías calculado que él no iba a hacer nada? ¿Cuál era tu idea?

    – Decime, ¿por qué llegamos a tu casa?

    – Carlos me habló por teléfono, dijo que no tenía plata para ir a un telo, y me pidió un dormitorio para estar con vos…

    – ¡Jajaja…! ¡Yo le dije que te diga eso! Le expliqué que no quería ir a un telo, y le propuse que te pida a vos un lugar en tu casa…

    – No entiendo, ¿por qué en mi casa?

    – Beto, ¿sos tonto? ¡Para estar con vos! –exclamó tras lo cual se inclinó y me besó en la boca.

    Lengua y dedos

    ¡Fue un beso espectacular! Sus delgados labios, húmedos y calientes, apretaron los míos, e inmediatamente su lengua carnosa rodeó la mía, recorrió todo el interior, succionó y envió aliento y saliva. Al mismo tiempo, sus suaves manos apretaron las sienes, tras lo cual su lengua dejó mi boca y jugó en el interior de mis orejas.

    – Entonces, ¿querés conocer como hago acabar a las chicas? –le pregunté entre gemidos.

    – ¡Para eso estoy acá! Tomá, comela… -sostuvo, mientras se estiró en la cama mostrándome su cuerpo espectacular y la plenitud de la vulva.

    Me encantan las conchas, labios vaginales, clítoris. Desde adolescente aprendí a lamerlas, besarlas, chuparlas, dedearlas, comerlas. Tragar los jugos. Las disfruto y logro que las mujeres disfruten. Como mucho, en quince minutos las hago tener orgasmos.

    Me esmeraría con Melina.

    Descendí con mi boca hasta los dedos sus pies y los lamí. Empezó a gemir. Subí lentamente por sus piernas, me detuve en los exquisitos muslos, y de allí salté hacia el ombligo, mientras mis manos se apoderaron de las tetas.

    Al notar que los pezones estaban como piedras, ascendí y alternativamente los comí y chupé.

    – ¡Hijo de puta!, ¡sos un genio!, ya me hiciste mojar! –exclamó.

    Mi mano izquierda bajó hasta la vagina, encontrándola enchastrada y caliente. Es lo que esperaba. Fui allí, lamiendo los sabrosos labios vaginales, metiéndomelos dentro de mi boca, metiendo y sacando mi lengua, degustando los abundantes juguitos. La pendeja se retorció, chilló, puteó.

    Al rozar su clítoris, duro, palpitante, Melina lanzó un grito agudo. Me separé un momento y dije:

    – ¿Querés que siga?

    – ¡Si!, ¡es hermoso lo que me hacés!

    – Entonces, decime que sos mi putita, mi perrita, que soy el dueño de tu papo… -reclamé.

    – ¡Seguí macho mío!; soy tu perra, puta, esta concha de trola es tuya!

    Regresé a su botón, hundo mi cara, lamo en todas direcciones, mientras levanto su cadera y meto dos dedos en el culito, también mojado. Ella gritó retorciéndose de placer.

    Mi boca se abrió, abarcando toda su vulva, y mi lengua jugó en círculos en los ardientes labios vaginales, hasta que la metí dentro del agujero. Y explotó.

    Agitada, desbocada, Melina comenzó a gozar sucesivos orgasmos. Alcancé a contarle seis, pues la profusión de sus jugos de hembrita empezaron a atragantarme.

    Me aparté un momento. Las pausas son necesarias. Agitada, bajaste tus dedos a la concha. Entonces regresé. Mi cara, lengua, dedos acariciaron en círculos su vagina y clítoris. Apretó mi cabeza con sus sabrosas piernas y nuevamente quedé inundado con sus acabadas.

    Su cara de placer era un poema.

    Quiere más

    Minutos después, me levanté, dándole la espalda a Melina, y bebí el tequila aguado.

    – A ver, date vuelta; quiero mirarte… -pidió la pendeja.

    Acaté su pedido, y le pregunté:

    – ¿Te sacaste las dudas que tenías?

    – ¡Del mejor modo!; pero vos no acabaste…

    – Acabo cuando yo decido…

    – ¿Querés que te la coma y acabar en mi boca?

    – Enseguida, ahora no… Lo que quiero es mirarte desnuda, moviéndote delante de mí…

    – Es lo menos que puedo hacer por vos…

    Poco después, Melina expresó:

    – Sonia me contó que cuando la hacías acabar comiéndole su concha, te pedía que le clavés la pija en el culo. Y que seguía acabando…

    – ¿También querés por atrás?

    – ¡Deseo ese pedazote en mi orto! Pero llename de leche…

    CONTINÚA…

  • La tía Albina

    La tía Albina

    Albina era una mujer de 38 años, morena, muy guapa. Medía sobre un metro setenta y andaría en los ochenta kilos. Tenía unas tetas fenomenales y un enorme trasero. Era una mujerona, una jamona… un polvazo con preciosas patas.

    Paso a contar en primera persona la historia que me contó mi amigo Javier, que era moreno, guapote. Medía metro sesenta y pesaba cincuenta kilos, pero eso sí, tenía un cipote gordo y de algo más de veinte centímetros de largo.

    Era miércoles de ceniza, Albina estaba haciendo calceta en un banco de piedra que había delante de su casa, mi abuelo y yo limpiábamos unas mimbres para atar los brazos de las cepas.

    Albina era una de las pocas mujeres de la aldea que llevaba la falda por encima de las rodillas. Yo le miraba para las piernas, y ella, con la cabeza baja, lo sabía. Cada vez que mi abuelo se ponía de lado, abría las piernas y me dejaba ver sus bragas blancas. Mi polla, que nunca había entrado en un coño estaba dura como una piedra.

    Cuando Albina entró en casa, mi abuelo, que tenía 70 años, pero que se conservaba bien, me dijo:

    -Tienes que echarle un polvo a Albina. Te tira los tejos.

    -¿Tú crees?

    -Si te abría las piernas era por algo.

    Se ve que mi abuelo estuviera al loro.

    -Visto así…

    -¿Ya te estrenaste?

    -No.

    -Pues no hay mejor manera. Te va a enseñar lo que no está en los escritos.

    -No sabía que fueras tan libertino, abuelo.

    -¡Y una mierda! Yo llevo más años sin joder que ella.

    -¿Y?

    -Y si la jodes tú, después la jodo yo.

    -¿Vas a chantajear a tu nuera?

    -No, la voy a joder. Ella lo necesita y yo también. Así que mejor tú y yo que alguien de fuera.

    -¿Si me deja le vas a decir que si no te deja a ti cuentas por ahí que folló conmigo?

    -No, sólo le diría que sé que folló contigo, el resto ya lo sabe ella.

    -Chantaje.

    -¿Vas a joderla o no?

    -Hombre, si me deja, la follo hasta dejarla espatarrada.

    La voz de mi abuelo tenía un tono sarcástico, cuando me dijo:

    -¡Vas a dejar, vas!

    A las diez de la noche, mis padres y mis abuelos se fueron al cine, de diez a doce. Yo fui a la casa de mi tía a pedirle azúcar para echarle a las filloas, ya que así me dijo mi abuelo que le dijera. Albina abrió la puerta y cuando me vio con el pocillo en la mano, miró para los lados, y al ver que no venía nadie, me dijo:

    -Pasa.

    Cerró la puerta detrás de ella, y me preguntó:

    -¿Qué quieres, sal o azúcar?

    -Azúcar para las filloas que hizo mi madre.

    Estábamos en la cocina. Albina me echó mano a la polla por encima del pantalón. Mi polla, al sentir su mano sobre ella, se puso tiesa. Albina, me preguntó lo que yo creo ya sabía:

    -¿Tu padre, tu madre y tus abuelos se fueron al cine?

    -Sí.

    Fue al grano, y con toda naturalidad, como si se tratase de echar una partida a las cartas, me preguntó:

    -¿Echamos un polvo?

    Le respondí:

    -Echamos los que quieras.

    Me sacó la polla empalmada, y al verla, larga y gorda, exclamó:

    -¡Qué delicia!

    Se agachó. Metió la polla en la boca. Su lengua lamió el capullo, y mirándome, preguntó:

    -¿Te gusta así?

    -Si.

    Me la meneó.

    ¿Y así?

    -Si.

    Me chupó el glande.

    -¿Y así?

    -Uuuuuf.

    Me chupó el glande masturbándome muy lentamente.

    -¿Y así qué tal?

    -Así me voy a correr.

    Lamió el glande, meneó la polla con rapidez, chupó y me corrí. Un chorro de leche fue a parar a su boca. Con la lengua al lado de mi meato fue recogiendo la leche y se la tragó.

    Al acabar de correrme, cogió un plátano en un frutero, una tarrina de nocilla y otra de margarina en la alacena, y me dijo:

    -Ven conmigo.

    La seguí a su habitación, meneando la polla, flácida, mientras miraba para su tremendo trasero. ¿Qué querría hacer con el plátano, la nocilla y la margarina? De momento no lo iba a saber. Puso todo encima de la mesita de noche.

    Al lado de la cama, se quitó el vestido, las medias, el sujetador y las bragas. Yo me desnudé en un plis plas.

    Aquella mujer era un bicharraco, un toro de Mihura en mujer. No tenía michelines. Era pura fibra. Sus tetazas tenían unas areolas marrones inmensas y unos pezones que parecían pequeños cuernos. Ei coño tenía una espesa mata de pelo negro, también tenía pelo en los sobacos y en las piernas, aunque los de las piernas eran muy finos. Mi gaita se hinchó. Quería tocar diana. Albina se echó en la cama boca arriba, y me dijo:

    -Coge la margarina y úntame las tetas.

    Abrí la caja. Con tres dedos quité margarina. Volví a poner la caja donde estaba. Extendí la margarina por las tetas y se las magreé. El tacto de mis manos con sus tetas, hacía que mi polla latiese y echase aguadilla. Minutos más tarde, cuando ya Albina empezaba a gemir, me dijo:

    -Fóllame el culo con un dedo.

    Mi dedo medio entró en el ojo de su culo como un tiro. Vi como su vagina se abría y se cerraba y cada vez que lo hacía su ojete apretaba mi dedo. Albina tenía el coño empapado de jugo. Con la voz entrecortada, me dijo:

    -Dame la nocilla.

    Se la di sin dejar de follarle el culo con el dedo. Albina abrió el tarro. Cogió una poca con el dedo. Untó los pezones y las areolas de las tetas, y me dijo:

    -Lame y chupa.

    Lamí y chupé hasta que se hartó de untar pezones y areolas con nocilla. Luego hizo una línea con la nocilla desde el medio de sus tetas hasta su ombligo. Lamí su vientre y su ombligo… Después echó nocilla en su clítoris, y me dijo:

    -Lame de abajo arriba.

    No era tonta, sabía que yo no tenía puñetera idea de cómo atacar un coño y me iba a enseñar.

    Con mi dedo follando su culo, lamí la nocilla… Echó más, y más y más. Sus gemidos eran dulces, sensuales. Paró de gemir, y me dijo:

    -Bebe mi jugo para acompañar la nocilla.

    Sólo había un sitio donde beber. En su coño abierto. Lamí y bebí el jugo. Albina, era una viciosa de cojones.

    -Mete la lengua dentro para aprovechar.

    Le metí y saqué la lengua en el agujero de su coño. Albina movía la pelvis de abajo arriba y de arriba abajo.

    Al ratito quitó con su mano mi dedo del ojo del culo y metió un de los suyos untado en nocilla. La verdad es que parecía que se había cagado, pero yo le limpié el culo con mi lengua. No era lo que Albina quería, y me dijo:

    -Mete la punta de la lengua en el agujero para limpiar la de dentro. Hazlo como me lo hiciste en el coño.

    La muy… viuda, metió el dedo untado de nocilla media docena de veces más y mi lengua acabó follando su ojete bien follado. A Albina le encantaba, ya que sus gemidos subían de tono. Al final untó de nuevo el clítoris de nocilla, y al comenzar a lamérselo me dijo:

    -¡Lame más aprisa… más aprisa… ¡¡¡Me corro, Javi, me corro!!!

    Albina se corrió, retorciéndose y temblando. De su coño salió abundante jugo. Se lo lamí y un gemido desgarrador salió de su garganta.

    Me eché a su lado, empalmado como un burro. Me besó por vez primera. Al sentir su lengua en mi boca, mi polla quería explotar. Me chupaba la lengua como si fuese un delicioso manjar y me metía la suya hasta la garganta. Me estaba comiendo vivo. Cuando se hartó de picotear mi pico de gorrión con su pico de águila me dijo:

    -Dame la margarina.

    Se la di. Masajeó tetas y pezones con ella, y después me dijo:

    -Fóllame las tetas.

    Poco se las pude follar. Mi polla, entre las tetas, no aguantó ni una docena de resbalones. Me corrí. Los chorros de leche fueron a parar a su boca y a su cuello.

    Se limpió con el sujetador. Me dejó descansar. De lado, mirándome, me dijo:

    -Buena la idea de venir a pedirme azúcar para las filloas.

    -¿Cómo te diste cuenta que lo que venía era a follar contigo?

    -Porque las filloas ya llevan azúcar. ¿No te daría la idea tu abuelo?

    -Él no sabe nada.

    -Mientes muy mal. Sé que ese viejo verde me tiene el ojo echado

    -¿Y si lo sabías por qué follaste conmigo sabiendo que te podría chantajear?

    -Porque yo también le tengo el ojo echado él. Tu abuela presume mucho de haberle quitado la cama hace ocho años.

    -A ver si les vas a joder el matrimonio.

    -No te preocupes por eso, una cosa es follar y otra querer a alguien. Además, ya lo jodieron hace años. Ahora sólo se aguantan.

    Me volvió a besar, largamente, después me dijo:

    -Ponte a cuatro patas que te voy a ordeñar.

    Quise hacerme el machito.

    -Los toros no se ordeñan, tía.

    -Ordeñan, ordeñan.

    Me puse a cuatro patas y sentí su lengua lamer mi ojete. Su lengua hizo círculos en él y después metió y sacó la punta. Me vino a la cabeza el plátano. ¿Me iría a follar el culo con él? Al dejar de follarme el culo con la lengua me lo untó con margarina. Luego me agarró la polla con la mano y me masturbó como si estuviera ordeñando una vaca. Su lengua lamía mi espalda. Como quien no quiere la cosa, me metió el dedo gordo en el culo y me lo folló con él. Para que mentir. ¡Me encantó que me diera por culo con aquel dedo pringado de margarina! Tanto me encantó que en poco tiempo eché un pedazo de corrida como nunca había echado. Si sería grande que cuando Albina la iba a limpiar con sus bragas y la vi me parecía imposible que fuera mía.

    Al acabar, se echó boca abajó en la cama, y me dijo:

    -Te toca. Úntame las cachas con margarina.

    Le masajeé las nalgas con las manos llenas de margarina, mejor dicho, le masajeé aquel tremendo culo, un culo duro, de trabajar en las huertas. No tardó en decirme que le volviera a follar el culo con mi dedo, pero esta vez, al rato, me dijo que se lo follara con dos, y al final con tres.

    Albina estaba disfrutando como una loba. Sus gemidos así se lo decían a mi polla que ya volvía a estar dura. Le pregunté:

    -¿Te vas a correr así?

    -Podría, pero no quiero. Coge un condón en la caja que hay en el cajón de la mesita de noche.

    Pensé que le iba a follar aquel coño empapado, pero Albina tenía otros planes. Después de coger el condón, se dio la vuelta, y me dijo:

    -Dame el codón y el plátano.

    Me empezó a temblar el culo. Albina me lo iba a follar con el plátano tan pronto como se la metiera… Otra vez estaba equivocado. Albina le puso el condón al plátano, y me dijo:

    -Esta vez quiero que me des duro.

    Se puso a cuatro patas, y casi ordenó:

    -Dame por el culo.

    No me lo tuvo que decir dos veces. La agarré por las tetas y se la fui clavando en el culo. A tenerla toda dentro del culo, la follé como me pidiera, con fuertes arreones. Albina, metió el plátano en el coño y dijo:

    -¡Cuántas pajas cayeron imaginando este momento! ¡¡Dame caña, campeón!

    Albina se metía el plátano en el coño y se lo follaba cuando yo la sacaba. La cosa iba así: Yo le arreaba duro diez o doce veces, y al parar, dejaba sitio para que ella se follara el coño con el plátano… Pasado un tiempo, dijo:

    -¡Al cielo, voy a llegar volando al cielo!

    Se corrió. Tembló y se sacudió como si tuviese un ataque epiléptico. ¡Pedazo de orgasmo tuvo mi tía la viuda!

    Aquella mujer era insaciable. Al acabar de correrse se quitó el plátano del coño. Yo le quité la polla del culo. Se dio la vuelta. Me tumbó sobre la cama. Me montó. Metió mi gran cipote en su coño y me folló a su aire. Al rato, me iba a correr dentro de ella, y se lo dije:

    -¡Qué la voy a dejar preñada, tía!

    -Más quisiera yo, aunque me tuviera que ir bien lejos, pero no puedo tener hijos.

    Me corrí dentro de ella mientras me besaba. Al correrme, mi polla se bajó. La quitó, me la chupó, y cuando estaba morcillona, como era gorda y larga, la metió en el coño. Me folló lentamente. Mi polla se volvió a poner dura. Poco a poco fue aumentando el ritmo de su cabalgada, al final, casi voló encima de mí. Sentí como su respiración y sus gemidos anunciaban que se iba a correr otra vez. Me cogió como si fuese un pelele y me puso encima de ella. Agarró mi culo con las dos manos, y apretando su pelvis contra la mía, la movió de arriba abajo, de abajo arriba y alrededor… Sentí como mi polla chapoteaba en su jugo. Mi tía cerró los ojos, buscó mi boca y chupó mi lengua mientras tenía un orgasmo largo, muy largo y muy intenso. Sin descansar, me volvió a dar la vuelta, como se le da a una pluma, y me dijo:

    -Quiero que me la llenes de leche otra vez.

    La follé durante unos cinco minutos, pero no de cualquier manera, a toda hostia y hasta el fondo. Al final sentí de nuevo el chapoteo de mi polla dentro de su coño. Mi tía Albina no pudo evitar volverse a correr. Al hacerlo hizo un puente con su cuerpo y me subió en el mientras temblaba de gusto. Me sentí importante, al notar como su coño apretaba mi polla, y le dije:

    -Mira cómo se corre un macho, tía.

    Albina abrió los ojos para mirarme pero no me vio, tenía los ojos en blanco. No sé cómo me quedarían los míos, pero la corrida que solté le llenó el coño hasta echar por fuera.

    Con unas y con otras, ya pasaba de las doce. Volví a mi casa. Al rato llegaron del cine mis padres y mis abuelos. Mi abuelo me miró. Le guiñé un ojo. Sonrió y se frotó las manos. Mi abuela lo vio, y le preguntó:

    -¿Tienes frío, calvito?

    -¿Frío? ¡Nunca máis, Ramona, nunca máis!

    Albina se fue de la aldea tres meses más tarde, antes de que se le notase la barriga. Si le tocase la lotería no se iría más contenta. ¿Quién sería el padre de la criatura que llevaba dentro?

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • ¡Que gusto me da mamá!

    ¡Que gusto me da mamá!

    El médico me había recetado una tanda de inyecciones para los nervios, ya que me estaban destrozando a mis 40 años, de los cuales llevaba 18 casada. Como mi hijo Rosendo se cuidaba del botiquín de su club, donde ponía inyecciones a sus compañeros, pensé en aprovechar esta habilidad suya. Era un chico muy responsable y sensato, a pesar de que sólo contaba 18 años.

    Recuerdo que la primera me la puso estando yo de pie. Me arremangué la falda y le mostré mi nalga derecha. Rosendo se agachó, y me corrió la pernera de las bragas hacia el centro del trasero… Sentí un escalofrío bajo los efectos de este roce, que se renovó al desinfectarme con alcohol la zona donde iba a pinchar.

    Cuando esperaba sentir la incisión, advertí la frotación del algodón y el frío del alcohol. Mi hijo me dio una palmada y añadió:

    -Lista.

    No pude por menos que comentar la habilidad de Rosendo cuando vi a mi marido por la noche. Por cierto, alternaba cada día el lugar del pinchazo, saltando de una nalga a otra. Siempre desplazando la pernera de turno. Sin sabérmelo explicar, como una especie de morbosidad, algo me corría por encima de la piel.

    Un día, sabiendo que iba a estar todo el día fuera de casa, le pedí que me pusiera la inyección antes de irse. Mi marido estaba en el trabajo. Preparó todo, yo retiré las sábanas y me quedé boca abajo. Pronto noté que él subía mi camisón para descubrir mi trasero. Pero, debido que al aplicarme el algodón, se escurrió algo de líquido sobre una de mis cachas, lo secó con unas de sus manos.

    -Perdóname por esta torpeza – se disculpó -. Temí que pudiera caerte en una zona del cuerpo donde escuece mucho.

    A la mañana siguiente también me pinchó en la cama. Antes le di unos de mis paños para que secara el líquido que se pudiera espaciar. Se ve que lo enrolló y me la puso justo en la raya que separa las nalgas. Sin embargo, la mayor parte la colocó hacia dentro, con lo que tocó la parte inferior de mis grandes labios.

    Esto me obligó a sentir algo más que el cotidiano escalofrío. Mientras desinfectaba el lugar y todo lo demás, la tela se me clavaba de tal manera que me produjo un orgasmo. Este era placer del que me había olvidado debido a la impotencia de mi marido.

    En la siguiente sesión, el paño me causó un mayor efecto. Creo que lo había doblado con más fuerza. Llegó a parecerme que él me acariciaba una de las nalgas con su mano derecha. El asunto fue que obtuve dos orgasmos impresionantes. Se me escaparon unos gemidos de la boca.

    -¿Te he hecho daño, mamá? – me preguntó mi hijo, alarmado.

    -No. Es que me siento algo incómoda en esta postura – le mentí.

    Los orgasmos se acabaron al finalizar la tanda de inyecciones. Luego, pasé una temporada muy nerviosa, por culpa a que me había acostumbrado a ese placer que sentía al lado de mi hijo. Quizá fuesen unas caricias ingenuas, pero yo las necesitaba.

    Entonces se me ocurrió algo nuevo. Le dije que si me podía mirar el ano, pues creía que me habían salido hemorroides que su padre no sabía localizar.

    Entramos en el dormitorio, me desnudé y sólo me dejé una cortita combinación. Luego, me despoje de las bragas. Me coloqué de rodillas en la cama, en el mismo borde, y le mostré todo el pompis. Le vi marcharse un momento, al parecer con la intención de lavarse las manos. Regresó muy pronto.

    Mientras me inspeccionaba el trasero, sentí que sus dedos me separaban un poco las nalgas. Para facilitarle la visión de la zona, agaché la cabeza sobre la colcha y elevé las cachas. Repentinamente, advertí que uno de los dedos había llegado hasta la entrada de mi recto.

    -Ahí es donde me duele un poco – dije, fingiendo las naturales molestias.

    -Lo malo es si te escarbo un poco, quizá se te infeste.

    Se marchó a la cocina en busca de unos guantes de goma. Desinfectó uno de ellos con alcohol y, luego, lo secó muy bien para que no me escociera. Se cubrió la mano derecha y volvió a hurgarme el ano. Con el dedo medio masajeó la entrada del recto; mientras, me preguntaba:

    -¿Te hago daño?

    -No

    Al escuchar mi negativa, inició un movimiento de rotación, iba penetrando lentamente. Produciéndome un placer jamás conocido. Debido a que volvió a escucharme gemir, me preguntó:

    -¿Te está doliendo?

    -No… ¡Pero, sigue, sigue… Si supieras el alivio que me estás proporcionando!

    En el momento que me di cuenta de su dedo había entrado por completo, le supliqué:

    -¡Muévelo de afuera hacia dentro! ¡Ese masaje me va perfectamente!

    De esta manera me estuvo ayudando; al mismo tiempo, con mi mano derecha, sin que se diera cuenta, me iba masajeando los labios del sexo y el clítoris. No me detuve hasta que obtuve varios orgasmos.

    -Ya está bien por hoy, Rosendo.

    Días más tarde, aprovechando que volvíamos a encontrarnos solos, le dije con un tono algo dolorido:

    -Hijo, me está doliendo en el mismo sitio.

    -Creo que debes ir a un médico, mamá.

    -Si se me pasa en seguida con un masaje en el recto. ¿No recuerdas lo bien me fue la otra vez?

    Sin quererme contrariar, aunque repitió lo del médico, se puso el guante de goma, después de desinfectarlo. Luego, yo me apliqué un poco de pomada lubricante. Mi hijo tuvo que apuntar, para que ya le entrase hasta el fondo.

    Aquellos masajes, unido a las caricias que yo misma me estaba aplicando, me proporcionaron tales orgasmos, que terminaron por despertar en mí un desaforado apetito sexual. Y con mi marido no podía pensar en conseguir satisfacerme.

    Una tarde veraniega, antes de irme a dormir la siesta, le pedí a Rosendo que me dedicara una de sus fricciones, ya que me dolía mucho. Mi habitación se encontraba con las ventanas echadas, para impedir el castigo de los rayos del sol.

    Y en medio de aquella semioscuridad, le dije que comenzara a masajearme. En seguida empecé a sentir cómo su dedo hurgaba en la entrada de mi ano. Pero, me pareció que se entretenía demasiado en acariciarme. Esto aumentó mi placer.

    Estaba notando que su mano izquierda, sin dejar de jugar en la entrada del culo en la otra. De pronto, advertí que no entraba con tanta facilidad, a pesar de mantenerlo en la misma puerta. Le costaba bastantes esfuerzos. Volví a gemir de placer, y él repitió su consabida pregunta:

    -¿Te hago daño, mamá?

    -No… Métemelo hasta el fondo, por favor…

    Poco a poco fui advirtiendo que aquel dedo tenía una longitud casi tres veces mayor que lo que yo atribuía a uno normal. Claro que no dejaba de desencadenarme una sucesión de orgasmos… Cuando entró en su totalidad, hasta el tope, creí que me ahogaba. Pero todavía me quedaron fuerzas para recomendarle:

    -Haz el masaje de dentro hacia fuera…

    Nunca imaginé que el «pajarito», como yo llamaba a su pene cuando era niño, hubiese aumentado de tal manera, hasta el punto de brindarme un mayor placer que todo el conseguido en mis 18 años de matrimonio. Fue tal la cantidad de orgasmos que me llegaron por medio de aquello que no era un dedo, que conté hasta cuatro antes de que él se decidiera a sacarlo de la «jaula».

    Finalmente, Rosendo rego hasta el fondo de mi recto, Y tras sacarlo, se quedó dormido en mi cama, pegado a mi cuerpo. Aquellos masajes picoteando en mi culo con su «pajarito», que en pleno alcanzaba los veinte centímetros de longitud, duraron hasta que una tarde nos sorprendió mi marido, precisamente el momento que mi hijo me depositaba su leche en mis entrañas.

    Cuando pensábamos que se iba a originar un gran escándalo, todo acabó con una permuta de camas; mi marido se pasó al dormitorio de Rosendo, y esté se trasladó al mío.

    El milagroso dedo o «pajarito» de gran tamaño, ya me ha masajeado por todo el cuerpo y ha visitado la totalidad de mis orificios. Dándonos un placer mutuo desde hace diez años. Seguro que continuaremos durante muchos más.

  • El coño pelirrojo

    El coño pelirrojo

    Quise levantarme de la cama después de toda aquella noche entre las sabanas de aquella joven pelirroja de ojos claros que me hipnotizó la noche anterior, aquella sonrisa y la suave voz que salía de algún profundo rincón de su alma me cautivó.

    La conocí entre copas, risas y achuchones junto a la barra de aquel antro apestado de gente en el que furtivamente se rozaban, se tocaban disimuladamente unos a otros, todos ellos embriagados por aquel ambiente mágico, de ensoñación, salido de un sueño perpetuo de inhibición sexual.

    Sus tirabuzones rojizos caían sobre sus hombros desnudos, deje que un leve empujón se convirtiera en la excusa perfecta para arremeter contra ella, agarrando sus caderas para no perder el equilibrio, ella miro para atrás y sus labios dibujaron una sonrisa, lo siento dije, sabiendo yo que aquello era mentira, lo deseaba ferviente mente, deseaba agarra sus nalgas y apretarla contra mí, pero gracias a Dios se impuso la cordura… y quise ser sincero y le conté la verdad, no fue el empujón lo que me arrastró hacia ti, fue la locura la que me obligó, la que me arrastró hacia el calor y la luz que emana de tu cuerpo. Ella rio, yo me animé y seguí hablando hasta que solo quedamos ella y yo entre los cuerpos inertes y los murmullos de gente que se desvanecían, cada vez más lejanos y ausentes.

    Llego la hora de la verdad, decir adiós y hasta nunca, o dejarnos arrastrar aún más lejos, a los confines del fluido y tranquilo deseo erótico-sexual, me invito a una última copa en su casas, las puertas estaban abiertas, el cielo casi en nuestras manos, nos dimos al juego del amor, el placer en mi boca, en la suya y en nuestras manos, sus fluidos resbalando entre mis manos y el fuego de su melena embriagándome el alma. Las horas de rozar el cielo se fueron apagando hasta acabar rendidos y así horas después me levantaba de su cama con la idea de marchar y desaparecer como en un sueño, era un buen final para aquella aventura, pero al echar la vista atrás y ver su cuerpo desnudo frente a mí, me quedé con la duda de si no sería mejor despedirme penetrando aquella vagina que asomaba entre sus nalgas, la idea me tentó y dura se puso la polla que colgaba entre las piernas, así que quise rozar el cielo una última vez empotrar mi polla hasta lo más hondo de su coño pelirrojo.

  • Chantaje (IV): Un paso a lo prohibido

    Chantaje (IV): Un paso a lo prohibido

    Ese día me disponía a continuar con aquella rutina, eran como eso de las 10 de la mañana cuando decidí levantarme, la casa era un total silencio era viernes y para que la casa estuviera así era un milagro. Le grite a mi hermano pero nadie respondió, me asome por la ventana de la cocina para ver si estaba en el jardín pero ni una alma se aparecía, me dirigí a la sala, tome el control y cuando me disponía encender el televisor un papel estaba pegado, me levante del sofá y tome aquella nota, era de mi hermano Antonio avisándome que había salido y que en un rato más llegaría a casa. Pasaban los minutos cuando una llamada interrumpía mis deliciosos y sagrados alimento, al mirar la pantalla no reconocía el número, así que al levantar la bocina, escuche una voz un tanto ronca que se me hacía conocida pero por arte de magia se cortó la llamada, así que decidí terminar mi desayuno y apurarme para dirigirme al trabajo.

    Horas más tardes escuchaba como se abría el cerrojo de la puerta de la casa, anunciando la llegada de mi hermano, no le tome importancia y seguí con lo mío, un ring atrajo nuevamente mi atención, el sonido de mi celular hacia que dejara todo y sin más tomaba la llamada; Valery bueno hablo de la agencia para comunicarte que tienes que presentarte en una tienda de auto servicio, al escuchar esto me puso mal, pues el lugar estaba muy retirado, y ni siquiera sabía a donde estaba ubicado, sin más respondí que ahí estaría y colgué haciendo muchos corajes por este cambio. Sin más decidí preguntarle a Toño si conocía aquella colonia por lo que salí de mi habitación y le grite “¡Antonio! Donde estas” y sin respuesta a mi llamado me dirigí a la sala para saber si se encontraba ahí, escuche un ruido en el jardín y me dirigí a ver si ahí se encontraba y estaba con nuestra mascota dándole de comer.

    —¡Toño! Porque no me haces caso llevo gritándote y ni siquiera eres para contestarme.

    —que pasa hermanita en que puedo ayudarte.

    —es que tengo que ir al trabajo pero no conozco esta colonia.

    —cual hermanita.

    —los rosales, sabes donde esta esa colonia.

    —Claro que sí pero a qué lugar vas eeeh.

    —pues a una tienda departamental, pues mira es una colonia algo peligrosa debes tener cuidado ok Valery.

    —pero necesito que me acompañes es que no sé dónde está ni cómo llegar, que dices hermanito.

    —Está bien te acompañare.

    Por un instante no sabía, si había hecho bien el haberle dicho, pero ni yo conocía esa colonia, además ya faltaba poco para el evento, como pude me subí arreglar, vestía un pantalón corto de lycra muy delgada tipo ciclista, con una tanga muy pequeña que alcanza a notarse por a través de mi pantalón de lycra, también llevaba un top sin sujetador, aunque tengo grande el busto no me importa no llevar el sujetador ya que son muy firmes además que me pongo otra camisa arriba para que no se noten mucho mis pezones, bueno además era la que usaría para mi trabajo además no quería llevar otro vestuario, sin más le grite a mi hermano para que se apurara, me respondió que ya estaba listo, agarre mi bolso y un abrigo para la noche, salimos apresuradamente, al salir de la casa vi aquellos hombres nuevamente estaban ahí, no me sorprendió pues al parecer uno de ellos habitaba en esa casa que parecía abandonada, no le tome importancia pues ya se hacía tarde, me apresuraba a caminar, por su parte mi hermano cerraba la puerta de la casa, cuanto más me acercaba y el sonido de mis zapatillas llamaban más la atención de aquellos sujetos, aquel tipo que el otro día nos había dicho de cosas al verme sin pudor alguno se sacó su verga y se la jalaba con tanta vehemencia, mientras sus amigos solo me miraban de pies a cabeza en su mayoría podía sentir esa mirada lasciva llena de lujuria, de acecho, y no era para menos pues mi forma de vestir y mis atributos quedaban expuestos a eso, sin importancia por lo que decidí seguir pues el tiempo apremiaba al pasar cerca de ellos empezaron con sus vulgaridades, que sinceramente creo me estaba acostumbrando, no sé si esas palabras me ponían cachonda y me calentaban pero el oírles decir eso era un aliciente para mi libido, las expresiones no se hicieron esperar “que bonito culo tienes”, “estas buena para darte un cogidota”, “cuantos no querrán montarte”, “ofrécelas putita”, eso sí era sorprendente ya me habían etiquetado de puta, seguí mi paso y de reojo volteo para ver a mi hermano, no alcance a escuchar bien pero sé que algo le dijeron esos tipos, segundos más tarde me alcanzo en la parada, nos dirigimos a la estación del metro para llegar a nuestro destino, al entrar al metro venia hasta reventar salían 10 y entraban 20 sí que era tedioso ese transporte estábamos apretujados en el metro, conforme avanzaba el tiempo eso se volvía más angustioso podía sentir como las manos de algunos desconocidos se apresuraban a tocar mis encantos, era algo morboso, excitante, me calentaba el hecho de sentirme manoseada por extraños en presencia de mi hermano, a pesar de que no era la primera vez que me ocurría, esta sensación era muy placentera, el simple hecho de ser tocada, sin poder hacer nada por tratar de impedirlo pareciera que era parte de esa sensación.

    Comencé a sentir que se frotaba con insistencia en mi trasero, ummmm era algo muy espectacular pero mi morbosidad hizo que volteara para percibir quien aprovechaba mi culito para beneplácito de su verga, cuando vi de quien se trataba no sabía cómo reaccionar, por lo que opté por dejarlo seguir con lo suyo, de paso es que a mí me empezaba a gustar sentir su verga ya erecta que se frotaba entre mis dos nalgas, la sentía perfectamente dado que mi hermano sólo llevaba un delgado chándal. Antonio al ver que no opuse resistencia, se presionaba cada vez más contra mis nalgas, era rico sentir aquel pito despertar con cada tallón que me proporcionaba, sus manos dejaron el pasamano para situarse en mi cintura logrando replegarse aún más, era increíble esa sensación mi propio hermano arrimándome la verga, si los pasajeros supieran de ese laso familiar eso los pondría con una calentura que ni siquiera podrían disipar en un buen rato, más bien la que ardía en calentura era yo, me ponía como una perra en celo gustosa de sentir una verga y más si era la de mi hermano.

    Mientras pasaban las estaciones ya el manosea era intenso ya sobaba mis pechos, mis nalgas, mi chiquito y en dado momento sacó de su pantalón su duro y venoso miembro ya goteante de líquido seminal, y lo posó entre mis dos nalgas, yo dado la textura de la tela de mis pantaloncillos, notaba perfectamente el calor del pene de mi hermano, yo ya excitada, jalé por la parte de atrás mi pantaloncito de lycra para que se metiera entre mis dos nalgas, casi como una tanga, ante esto una generosa porción de mis nalgas quedaron fuera de la protección de mi short, notándose perfectamente el sitio donde termina la cola y comienzan mis piernas, mi hermano al ver esto, ya no dudó en deslizar su mano por mi cuerpo candente, al principio paseó sus manos por un costado de mis piernas, acariciándolas realizando unos pequeños círculos y dando delicados apretones a mi piel, pasando por mis caderas, para finalmente posarse en mi vagina por encima del pantalón corto.

    Yo para ese momento me encontraba excitada por lo cachondo de la situación, ya que estaba siendo manoseada en un transporte público por mi propio hermano, llegando a sentir cómo se humedecía mi sexo, por lo que con un disimulado movimiento metí mi mano a mi pantaloncito para romper mi tanguita por los costados que son muy delgados ya que sólo son de resorte, para sacarlas y así quedarme sin nada de ropa interior, mi hermano comenzó a frotar su pene entre la ranura de mis nalgas a lo que yo, las apretaba entre los dos cachetes de mi culo, para propiciarle placer a su miembro cada vez más caliente. Roberto de tan caliente que estaba metió su mano bajo de mi pantalón y me comenzó a frotar deliciosamente mi cuquita. Yo volteaba a los lados a ver si nadie nos observaba, una vez que confirmé que nadie nos veía bajé mi short para que mi hermano me frotara su miembro en las nalgas desnudas, no saben el morbo que me causó estar desnuda de la cintura para abajo en un lugar tan abarrotado de gente. A lo que Toño rápidamente entendió mi mensaje, por lo que puso su pene entre mis dos muslos y mi panochita, yo los cerré con fuerza, para hacerle con ellos una rica paja, mi hermano comenzó un rítmico movimiento de adelante hacia atrás por lo que no tardó en correrse entre mis piernas, fue delicioso sentir cómo se deslizaba ese líquido tan caliente y viscoso por entre mis dos piernas, y como mis líquidos llegaban a mezclarse con los de mi hermano.

    Yo creí que allí acababa la cosa pero de repente sentí una mano en mis tetas, por lo que busqué de quién era esa mano, ya que mi hermano las tenía en mi cintura y me percaté que era de un tipo, que de seguro se había dado cuenta de nuestro magreo, por lo que pensó que yo era una muchacha fácil, como yo todavía me encontraba caliente esto no hizo más que aumentar mi morbo ante esta situación, él al notar que no decía nada metió su mano bajo del top logrando sujetarme los pezones, logrando ponerlos como dos cerezas duras de la excitación, aprovechando que llevaba la otra camisa que tapaba la acción en mis pechos liberó una teta del top para acariciarla más fácilmente, por lo que bajé mi mano y le sobé su pija al tipo este, la cual de inmediato se le paró y se puso como roca de la excitación, por lo que me paré levemente de puntas, frotando en un principio la punta de su pene con mis calientes y húmedos labios vaginales, los cuales no presentarían ninguna dificultad para ser penetrada, el tipejo aquel quería introducir su aparato en mi vagina, mi hermano se dio cuenta de esta acción y pensé que se iba a armar la bronca, pero nuevamente me equivoque, mi hermano quién ya se encontraba nuevamente empalmado, comenzó a juguetear con uno de sus dedos dentro de mi ano y justo cuando pretendía mi hermano ensartarme por primera vez su verga en mi anito como arte de magia llegábamos a mi destino como pudimos ambos nos subimos nuestras prendas y camínanos hacia la estación, el otro tipo aquel desconocido no supe me imagino que seguía su camino o tal vez en su memoria llegaba aquella imagen de la cual solo en eso quedo, por mi parte no sé hasta dónde hubiera podido permitir esa situación ¿sería capaz de haberles permitido que me cogieran? Era una expresión de felicidad, excitación, lujuria y de irresponsabilidad por dejarme llevar por tan calientes acontecimientos.

    Caminado en dirección al centro comercial vi como las personas se fijaban en mis piernas, claro soy poseedora de una linduras de piernas, cosa que no me sorprendía pues a donde quiera que iba solía ser el centro de atención en su mayoría de los hombres sin clasificación alguna pues desde niños hasta ancianos eran atraídos por mis atributos, pero algo me llamo la atención o más bien me hizo dudar de la manera en que era vista por las mujeres, para mí era algo sorprendente que fuera observada por mi género, mas sin embargo me era imposible creer esa admiración así que esa inquietud hizo que me fijara en mis piernas al agachar la mirada vi que un líquido blanco, y viscoso resbalaba por mis piernas de inmediato le dije a Toño que me pasara un clínex y como pude me limpie no podía creerlo, pensé que la corrida de mi hermano había quedado en mi entrepierna y que era obvio que quedaran los rezagos en esa parte, pero posiblemente unas gotas habían salpicado en mis piernas sin darme cuenta, cuando mi hermano vio dicha situación no sé qué pensó pero inmediatamente comenzó a sobarse su pito, el cual no puso pretextos para ponerse imponente.

    Al llegar al centro comercial directamente fui al tocador, ahí me baje el short y comencé a limpiarme cuando una empleada de dicha tienda pregunto que si era la edecán y le respondí de forma positiva que siii, en un porta trajes de funda negra que llevaba me lo entregaba pues como era una inauguración querían que representara dicha marca, cuando lo vi y comencé a sacar los accesorios me di cuenta de que era un vestido de color azul tipo estrech, unas sandalias que hacían juego con el vestido, uffff, murmure cuando me vea mi hermano con este atuendo se calentara a mas no poder, sin más salí del tocador, pues mi tanga estaba desecha así que fui en busca del departamento de ropa interior, si bien había muchas prendas muy lindas en ese momento pensaba que se me vería más lindo si un hilo dental, la tanga o de plano un hotpans, lo cierto es que seguía muy caliente y con estas prendas mucho más aumentaba mi libido, así que decidí llevarme el hotpants que bien solo lo tome y me fui a vestidores, minutos más tarde salí hacer mi promoción a lo lejos podía ver la afluencia cuando empezó el sonido de la música y claro el locutor que hacia la promoción resulto especular ya que enseguida la gente comenzó a juntarse claro en su mayoría hombres jejejeje y lo mejor estaba por comenzar cuando ya con todo eso comencé a bailar deleitando a chicos y grandes si bien aquel vestido era mega ajustadísimo y mis contorneos dejaban ver mi anatomía a mas no poder y sin decir que cuando daba vuelta se podía notar como se marcaba mi hotpants los espectadores encantados con aquel espectaculote que les brindaba.

    Sin darme cuenta, el tiempo transcurría mis bailes sensuales, la admiración de los espectadores, los aplausos hacían de mí una bailarina muy atrevida, cosa que no me impedía la manera de ser tan erótica, tal vez eso desencadeno los deseos más íntimos de los hombres, tanto así que algunos esperaron el tiempo necesario para que pudieran tomarse las fotos, en ese instante algunos un tanto caballerosos otros no tanto, algunos ya con esa intención de poderme meter mano. Eso me calentaba mucho y no era para menos en pleno trabajo ya el que me agarraran la nalga me excitaba a mas no poder, ese cachondeo ya de plano era incontrolable, serian eso de las 7:00 pm cuando una llamada a mi celular entraba nuevamente ese número que ni siquiera conocía, decidí tomarla y vaya sorpresa era mi tío , me saludo con tanta alegría que ese gusto me cautivo, si más me paso a mi madre a lo lejos se podía escuchar el ruido del casamiento, al parecer se la estaban pasando de pelos cuando mama hablo diciéndome que por que no los alcanzábamos, que solo estaríamos el fin de semana, no sabía que decir porque en realidad no sabía si quería ir, tarde en darle una respuesta pero al final decidí que me llamara en media hora en lo que terminaba de trabajar y le comunicaba a Toño.

    Regrese a la escena solo para entregar promociones y una que otra foto jejejeje lo cierto es que me seguían manoseando, ya al final de la promoción me encontré a mi hermano husmeando, sin miramientos, me acerque y le dije lo que me había dicho mi madre no sabía si en realidad le gustaría la idea, así que sin decirme más, dijo que si aunque yo le comentaba que no era mi intención ir, además de que en esos días ganaría bien, sin pensarlo Toño me dijo que me pagaría esos días con sus ahorros pero que fuera con él, eso no me desagrado pero tenía un compromiso, así que decidí hablarle a la coordinadora, por suerte me tomo la llamada y pues ella también me decía que no teníamos fechas para trabajar, así que por mi cabecita atravesó que si no había trabajo esos dos días y si mi hermanito estaba dispuesto a pagármelos porque no aceptar, en seguida devolví la llamada a mi tío el cual inmediatamente le paso el celular a mi madre, mama sorprendida por la llamada me dijo que ocurría, yo solamente le dije que estaba bien que iríamos a pasar la navidad en familia así que mi madre me pidió que fuéramos a la estación de autobuses y tomáramos el primero a la casa de mi tío.

    De regreso fuimos directamente a la central de autobuses y el autobús que salía a la tierra de mi tío salía a las 2 am tiempo necesario para preparar el equipaje bueno solo unas mudas, decidimos tomar un taxi para llegar más rápido, aunque el simple hecho de recordar lo sucedido por la tarde me llenaba de placer el volver a recordarlo, al llegar inmediatamente nos fuimos nuestras respectivas habitaciones a preparar nuestras mudas, más tarde llame a un sitio de taxis serian a eso de la 1 am cuando llego y nos dirigimos a la estación, ahí esperamos un rato hasta el anuncio de nuestro viaje, mi hermano por su parte lo notaba muy fuera de si no sé qué le sucedía ni mucho menos en que tenía puesto la mente, cuando la encargada anunciaba el destino del viaje nos trasladamos a la recepción para poder abordarlas, lo cierto que el cansancio de ese día me agotaba decidimos sentarnos en la parte trasera del autobús para no ser molestados, además pues era lo mejor pues teníamos que llegar hasta la central de ese estado.

    Íbamos Toño y yo en el autobús, platicando, a decir verdadera algo poco habitual pues en estos últimos meses habíamos dejado esas pláticas para darle rienda suelta a nuestros placeres. Habíamos recorrido un par de horas en el autobús mi hermano y yo, el cansancio y el calor empezó a hacer estragos y a mí me dio sueño, me recosté en el hombro de mi hermano mientras él me abrazaba. Cuando desperté estábamos llegando a una pueblo pequeño, aun no amanecía, me despabilé, bostecé y le pregunté a mi hermano cuanto había dormido y él me contestó que no sabía porque él también se había dormido; pero que no debió ser mucho a lo sumo una hora. El autobús ya estaba casi vació, la mayoría de las personas iban a pueblos cercanos así que haríamos lo que restaba del viaje acompañados solamente del chofer y de un par de ancianas que iban sentadas en los asientos delanteros.

    El conductor del autobús puso música suave en el estéreo del camión, nos preguntó si nos molestaba a lo que contestamos que no, y como las ancianitas iban dormidas no protestaron. La música empezó muy suavemente, yo volví a recargarme en el hombro de mi hermano, cerré los ojos y empecé a tararear las canciones, mi hermano me abrazaba y él también cantaba. Como quería estar más cómoda, y el autobús en penumbras, decidí ocupar los dos asientos de enseguida, me acosté y puse mi cabeza en las piernas de mi hermano, mientras él me acariciaba el cabello. Así pasaron unos cuantos minutos, Toño que me acariciaba el cabello y a mí que me recorría algo desde la cabeza a los pies, no sabía que era. Supongo que cuando se cansó de jugar con mi cabello, puso su mano izquierda en mi cadera, me pareció una sensación diferente a pesar de que cientos de veces nos habíamos abrazado y me había tomado de las caderas, era algo diferente, sentía su mano tibia y cada vez que el autobús tomaba una curva su mano se movía discretamente por mi cadera, eso era algo extraño pues teniendo todo a su más íntima disponibilidad no podía o tal vez le faltaba ese toque para que estallara como en la tarde.

    Esa sensación me gustó, así que seguí tarareado la canción y me giré hasta ponerme boca abajo, pero su mano quedó justo en mi culo, su mano tibia seguía recorriendo discretamente de la nalga izquierda a la derecha, a mí me gustaba eso, tanto que no dije nada, fingí que no me daba cuenta, que no sentía nada. Creí que me estaba portando como una cualquiera, al estar mojada con las caricias de mi hermano. Pero mi incertidumbre se terminó cuando sentí la enorme polla de mi hermano crecer sobre mi mejilla, un bulto enorme que amenazaba con romper el pantalón. De reojo pude ver como mi hermano tenía la mirada puesta en la ventanilla del camión, pero seguía magreandome y su polla seguía creciendo más y más.

    Ahí hasta atrás del autobús en penumbras, no me importaba que Antonio fuera mi hermano y que me estuviera tocando, estaba muy húmeda y quería más, vi a mi hermano, nuestros ojos se encontraron y no hizo falta más, por medio de los ojos le dije que me gustaba lo que me estaba haciendo y que quería más, y yo pude ver en sus ojos una clara señal de aceptación, no hubo necesidad de palabras, él se inclinó, apartó el cabello de mi cara y me beso muy tiernamente en los labios, muy despacio, mientras me acariciaba el rostro; de esos besos que te hacen sentir como si fueras la más hermosa de las mujeres. Al principio me sorprendió que me besara, pero no me importó que fuera mi hermano y que teníamos que respetar las leyes de la moral, la religión, no me importó nada. Me levanté del asiento, le pasé mis piernas por la espalda hasta que quedé sentada frente a él, como si mi hermano fuera una silla y yo me sentara de frente al respaldo.

    Ahora lo besé yo, un beso largo muy tierno, como si fuéramos novios desde hace mucho tiempo, pero después Toño empezó a meter su lengua en mi boca, a juguetear, a mordisquearme los labios suavemente, eso era la gloria nunca nadie me había besado así, mi hermano era un hombre que me tenía mojada a punto de correrme y claro que ya tenía su enorme verga tiesa y más que tenía contacto con mi concha porque traía una faldita muy corta y una tanga diminuta que estaba perdida entre mis jugos. Mientras nos besábamos mis manos bajaron hasta el cierre de su pantalón y le saqué su verga y me quité mi diminuta tanga, así su verga empezó a tener contacto con mi concha inundada, la sensación era mejor que la gloria, que me importaba ir al infierno por eso, si ya tenía algo mejor, estaba dispuesta a pasar la eternidad en el infierno a cambio de sentir toda la verga de mi hermano hasta el fondo de mí.

    Mi hermano me seguía besando apasionadamente, me llenaba de su baba por toda la cara, empezó a desbrochar mi camisa con gran habilidad, hasta que me dejó únicamente en mi sostén negro de encaje, metió sus manos en mis enormes pechos, subió el sostén hasta mi cuello y ahí tenía a mi hermano prendido de mis pechos, era una sensación suprema, sentir como su lengua recorría mis pezones y me daba unos ligeros mordisqueos, con una mano recorría mis pechos y con la otra me hacía círculos en el clítoris con gran maestría, mis gemidos pasaron de ser callados, hasta casi convertirse en gritos de placer desbordados, afortunadamente la música estaba bastante fuerte y el chofer creía que estaba cantando.

    Creo que la calentura se posesiono de mi al grado de decirle a Toño:

    —métemela ya, quiero sentirte dentro.

    —Pero Valery, ¿estás segura bebe?, yo pensé que solo querías esto…

    —NO, por favor, quiero ser tuya, quiero ser la mujer de mi hermano. ¡Te amo!

    Sí que estaba loca, ni sabía lo que decía, más bien mi excitación me hacía decir puras incoherencias. Y antes de que él dijera nada, tomé su enorme polla húmeda con mis jugos y con su leche y la coloque en la entrada de la vagina y justo cuando me iba a dar el sentón el chofer freno de golpe, saliendo volada pegándome contra el respaldo del asiento de enfrente. Prendió las luces para ver que no estuviéramos lastimados, como pude me incorpore y desde el asiento le dijimos que estábamos bien, después de unos segundos nos acomodamos la ropa y me volví a sentar a su lado para continuar el viaje.

    Cuando llegamos a la ciudad bajamos del autobús siendo amantes, besándonos, hasta el taxista que nos llevó a casa creyó que estábamos recién casados, pero no lo que ansiábamos era llegar a casa para disfrutar del placer carnal prohibido aunque era un decir pues en realidad éramos invitados y había testigos, cuando toque el interfono una voz desconocida me atendió en seguida pregunte por mi tío y sin esperar más abrieron la puerta vaya sorpresa solo unos familiares, mis tíos, mis padres, mis hermanos Juan Carlos y Jesús y unos que otras personas que a decir no sabía que parentesco tenían, lo cierto es que cuando mi primo recién casado me vio entrar le impacto tanto mi belleza que desde que llegamos no quitaba la mirada de mis piernas y mi culito, cosa que empezó a incomodarme, las miradas no se hicieron esperar por los invitados que aún se encontraban, enseguida mi tío nos llevó a nuestra habitación, aunque nuestro equipaje lo dejamos abajo, así que como ellos aun atendían a sus invitados, por lo que volvimos a bajar por nuestras maletas en si nuestras habitaciones eran las ultimas y pues cuando entramos ambos aventamos nuestras maletas Toño en seguida regreso a mi habitación me tomó entre sus brazos me subió mi falda azul mientras con una mano me acariciaba mi rajita que ya estaba muy mojada desde que veníamos en el taxi, con la otra me acariciaba los pechos mientras nos besábamos apasionadamente.

  • Silvina y el portero

    Silvina y el portero

    Silvina es una chica muy bonita y a sus 18 años tiene un físico que despierta miradas tanto de hombres como de mujeres, sobre todo por su manera sexy de vestir con remeritas y shorcitos o faldas cortitas que dejan ver sus lindas piernas. Vive con su madrastra y para ayudar con los gastos Silvina hace trabajos sencillos como entregar volantes en las puertas de las casas de su vecindario. Esa tarde estaba terminando con su tarea en un edificio del barrio y al salir se encontró con el portero del mismo que le cerró el paso. A Silvina no le caía muy bien el viejo portero porque ya más de una vez lo había descubierto mirándola con lujuria y una vez cuando pasaba por la vereda le había dicho «que buena que estas nena» con voz ronca.

    «De donde venís nena» le pregunto el portero a lo que Silvina le dijo «De dejar volantes en los apartamentos, ya me iba». «Mira, acaban de denunciar un robo en un apartamento así que tengo que revisarte antes que te vayas». Silvina se quedó helada y le dijo «Yo no robe nada y no quiero que me revise» a lo que el portero le dijo «Bueno, si no querés que te revise llamo a la policía y ellos te van a revisar igual, si no te llevaste nada no tenés porque preocuparte» le dijo mientras le miraba sin disimulo las piernas y los pechos. Silvina no podía creer lo que escuchaba pero pensó que era más fácil dejar que el viejo la revisara a tener que pasar por una requisa policial. Le dijo «Bueno, reviseme» y empezó a darse vuelta los bolsillos del short de jean para que viera que no tenía nada…

    El portero le dijo «No es tan fácil, vamos a mi apartamento y te reviso bien» Silvina abrió los ojos desmesuradamente y le dijo «porque tengo que ir a su apartamento?» «Porque así es más discreto y fácil para vos, que no vean que te revisan por si te robaste algo». Silvina pensó si no sería una treta del viejo para abusar de ella pero no tuvo elección y le dijo «Bueno, pero yo no robe nada». «Ya veremos» dijo el viejo y el agarro de un brazo dirigiéndose hacia el ascensor. Bajaron hasta el subsuelo, donde tenía la vivienda el portero y Silvina vio como todo el tiempo el viejo verde le miraba las piernas que su shorcito apenas tapaba.

    Una vez dentro del apartamento, el portero cerró la puerta con cerrojo y le dijo «A ver, ponete contra la pared». Silvina obedeció pero ya empezaba a darse cuenta de las intenciones del viejo. El portero se puso frente a ella y le dijo «Te voy a revisar así que quedate quieta». Le puso las dos manos en la cintura y empezó a subirlas por encima de la remerita de la chica hasta que llego a los pechos, Silvina hizo una mueca de rechazo pero el viejo le dijo «Portate bien, te tengo que revisar, los ladrones guardan cosas en cualquier lado» y le presiono los melones que Silvina usaba sin sujetador. Se tomó su tiempo para apretarle los senos y acariciarla hasta que le empezó a quitar la remerita. Silvina se removió inquieta pero el viejo fue muy rápido y la dejo sin su blusa y solo vestida con un mini short de jean. El viejo ya babeaba por la vista de ese ejemplar femenino que tenía a su disposición. Se inclinó sobre los pechos de la chica y empezó a chuparle los pezones en forma alternada. Silvina estaba asustada y a la vez empezaba a sentir que se mojaba ante el arrebato de ese viejo. Sabía que era deseada por los hombres pero hasta ese momento no la habían tocado y lamido de esa manera. El viejo estaba encantado viendo que esa chiquilla no se le resistía mientras se hacía un festín con esas tetas y su verga ya estaba dura como una piedra. Siguió lamiéndole las tetas y los pezones, que se pusieron duros y siguió con sus lambetazos por el torso de la chica, lamio con fruición su ombligo mientras le acariciaba los muslos hasta que no pudo más y agarrándola de un brazo le dijo «Vení mamita, te voy a coger» y la guio al dormitorio.

    Silvina se dejaba llevar, como en una nube mezcla de excitación y miedo en el que podía más la calentura que le trasmitía ese viejo verde. El viejo la puso al borde de su cama y se puso a disfrutar de ese bombón quitándole el shorcito. Ver la tanguita minúscula de la chica lo enloqueció aún más, la hizo sentar en la cama y empezó a besarla en la boca, Silvina quiso resistirse a ese asqueroso contacto pero los manoseos en sus tetas y piernas eran incesantes y la calentura pudo más y empezó a devolverle al viejo los lengüetazos que le daba con locura… La tomo de la cintura y la acostó frente a el para seguir lamiéndola por el cuello, los hombros y volver a gozar de esos melones mientras la acariciaba sin cesar los muslos, la cadera y las nalgas.

    Ya no podía contenerse el viejo abusador, puso a la chica boca abajo en la cama y bajo su vientre coloco una almohada de manera que quedaba el impresionante culo de la muchacha a su disposición. Le quito con mucha lentitud la encharcada tanguita mientras Silvina se entregaba al placer que le daba ese caliente viejo. El portero se dedicó con fruición a tocarle las nalgas y apretárselas, abrírselas y meterle la lengua hasta lo más profundo de su culito. Continuaba sus lamidas hasta la mojada conchita de Silvina que gemía y suspiraba de placer. Empezó a meter un dedo en el cerrado orificio anal de la chica mientras seguía chupándolo sin cesar hasta que pudo meter dos dedos y su lengua profundamente mojaba ese precioso culito. El viejo vio que no podría aguantarse mucho más, se irguió sobre el cuerpo de la chica y mientras con una mano guiaba su duro pito contra el culo de su víctima con la otra mano abría sus nalgas. Coloco la punta de su verga y empujo hasta que parte se introdujo en el apretado hoyito, empujo más y su verga entro toda mientras la chica, ahora sí, se removió gritando de dolor.

    El viejo empezó a moverse culeándose a esa preciosura mientras la chica gemía sin parar, sus embestidas eran bestiales y continuo cogiéndola hasta que no pudo más y acabo brutalmente en el culo de la chica.. Al cabo de unos minutos se separó de las piernas de la chica, que seguía gimiendo y se puso a chuparle la concha con locura, buscándole el clítoris y lamiéndolo con fruición hasta que la chica emitió un gemido impresionante en medio de un orgasmo como nunca había tenido, a pesar del dolor de la salvaje penetración anal que había sufrido.

    Unos minutos después, el portero le dijo a la chica que se vistiera, que había confirmado que no se robó nada, pero que anduviera con cuidado porque la iba a estar vigilando y en cualquier momento la iba a revisar de nuevo.

  • Esperanza y Caridad

    Esperanza y Caridad

    Esperanza y Caridad, dos bellezas rurales, cursaban último año de recogida de guisantes. Pensaban dejar la aldea para ir a servir a la ciudad. Aquel lugar para ellas era como una cárcel en la que cumplían una condena con trabajos forzados los siete días de la semana,

    Esperanza era morena, delgadita, medía sobre un metro cincuenta, tenía el cabello castaño recogido en dos trenzas, sus ojos eran achinados y de color avellana, tenía tetas pequeñas, su culo era pequeño y redondo.

    Caridad también era morena y delgadita, tenía la altura de su amiga, el cabello negro recogido en dos coletas, sus ojos eran negros y muy grandes, tenía tetas pequeñas y su culo era muy parcecido al de Esperanza.

    Esperanza y Caridad parecían dos dulces muñequitas.

    Aquella noche, el padre y la madre de Caridad estaban en el hospital con su abuela que había cogido una pulmonía, y como Caridad tenía miedo a dormir sola en su casa fue a dormir a la casa de su amiga. La casa tenía dos habitaciones y tuvo que dormir con Caridad.

    Estaban las dos tapadas en la cama, en camisón.

    Esperanza.-¿Te haces pajas, Cari? -preguntó, sonriendo, y mirando a los ojos a Caridad.

    Caridad.-A veces -respondió con una media sonrisa en los labios.

    Esperanza.-Yo también. Ya me tiré al hijo de la Paca unas cincuenta veces. ¿Tú en quién piensas?

    Caridad.-Depende del día… Lo mismo me follo a un casado que a un soltero.

    Esperanza.-Con el pensamiento no se le mete los cuernos a nadie.

    Caridad,-¿Tú cómo la haces? -preguntó mientras le acariciaba el cabello con dos dedos

    Esperanza.-Froto la pepitilla con los dedos.

    Caridad.-¿No te metes los dedos en el coño?

    La conversación se las traía.

    Esperanza.-Sí, pero para correrme tengo que frotar la pepitilla. ¿Y tú?

    Caridad se echó boca arriba.

    Caridad.-Yo me corro de las dos maneras, y a veces, cuando tengo muchas ganas, meto dos dedos y froto la pepitilla al mismo tiempo hasta que me corro dos veces.

    Esperanza.-¿Y eso cómo se hace?

    Caridad se volvió a poner de lado. Parecía nerviosa.

    Caridad.-Esperando. Al ver que me viene frotando la pepitilla, dejo de frotar y me follo el coño con los dedos, y cuando siento que me va a venir de las dos maneras, froto la pepitilla y follo el coño con rapidez y el gusto es doble.

    Esperanza.-¡Qué suerte tienes! ¿Mientras tiras la paja te dan ganas de chuparte las tetas?

    Caridad.-Siempre, pero como las tengo pequeñas y no le llego con la boca las magreo.

    Esperanza.-Como yo. A veces, si llegara, también me lamería la pepitilla.

    Caridad-Yo me lamería todo el coño hasta correrme en mi boca. ¿Tienes muy grande la pepitilla?

    Esperanza.-Cuando estoy excitada, sí. Me sale para fuera una bolita. ¿Y tú?

    Caridad.-La mía es grande sin estar excitada.

    Esperanza.-¿Me la enseñas? -preguntó con una sonrisa picarona en los labios.

    Caridad.-Me da vergüenza.

    Esperanza.-¿Por qué?

    Caridad, se sonrojó.

    Caridad.-Porque estoy mojada.

    Esperanza-Eso es normal, yo también estoy mojada.

    Se destaparon. Se quitaron el camisón y se vieron sus pequeñas tetas, con sus pequeñas areolas y sus pezones erectos. Se quitaron las bragas.

    Esperanza.-Mira que mancha de humedad -le dijo a Caridad con las bragas en la mano.

    Caridad.-Eso no es nada, mira tú mis bragas.

    Las bragas de Caridad estaban empapadas.

    Esperanza.-Hablar de pajas nos pone cachondas.

    Tiraron las bragas al piso de la habitación y miraron para sus coños con matitas de pelo. Esperanza la tenía de color castaño, y Caridad, negro.

    Esperanza.-¡Qué grande es tu pepitilla! Se podría chupar.

    Caridad abrió su coño con dos dedos, le pasó un dedo y se lo chupó.

    Caridad.-Me encanta saborear el flujo de mi coño.

    Esperanza metió dos dedos en el coño, y se los lamió.

    Esperanza.-Y a mí.

    Caridad.-¿Hacemos una paja, Espe?

    Esperanza.-Hacemos.

    Boca arriba, comenzaron a acariciar sus clítoris. Tenían las cabezas de lado y se miraban a los ojos y a las manos que jugaban en sus coños. Sus bocas se fueron acercando hasta que sus ojos se cerraron. Sus labios se juntaron. Al entrar en contacto las lenguas, Caridad, metió dos dedos dentro del coño. Esperanza seguía frotando el clítoris. Esperanza besó a Caridad en el cuello y después le lamió y chupó tetas, areolas y pezones. Al volver a besar en la boca a Caridad, la muchacha, le devolvió el beso y acto seguido le devoró las pequeñas tetas… Se siguieron besando y magreando las tetas…

    A punto de correrse, le dijo Caridad a Esperanza.

    -¿Me lames el coño? Si me lo lames me corro.

    Esperanza bajo al pilón. Lamió el coño empapado de Caridad y después le hizo lo que le gustaría que le hiciera a ella, lamerle el clítoris. Caridad, agarró la almohada y hundió su cabeza en ella para que el padre y la madre de Esperanza no oyesen sus gemidos de placer. Se corrió cogiendo la cabeza de Esperanza con la otra mano y moviendo su pelvis de abajo arriba y de arriba abajo. ¡Qué pedazo de corrida echó!

    A Esperanza, el culo y el coño le latían como si fueran relojes, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac… Caridad la besó en la boca para saborear su corrida, luego se metió entre sus piernas. Vio el clítoris de Esperanza fuera del capuchón, lo lamió varias veces, lo succionó y Esperanza se corrió como una bendita, retorciéndose de gusto y mordiendo una mano para ahogar sus gemidos.

    Al acabar de correrse Esperanza, se taparon con una sábana. De lado, se reían mirando la una para la otra.

    Caridad-Si te digo una cosa muy íntima no te enfadas.

    Esperanza.-¿Te pajeaste pensando en mi padre?

    Caridad.-No, me pajeé cantidad de veces pensando en ti. Es que eres tan guapa…

    Esperanza-Pues me quitas un peso de encima

    Caridad.-¿Por qué lo dices?

    Esperanza.-Porque yo también me pajeé infinidad de veces pensando en ti.

    Caridad besó a Esperanza.

    Caridad.-¿Qué me hacías en tu pensamiento?

    Esperanza.-Me hacías tú a mí.

    Caridad.-¿Qué te hacía?

    Esperanza.- Me azotabas el culo y me lamías el ojete con tu lengua…

    Caridad quitó la sábana que las tapaba. Como no podía azotarle el culo sin que lo oyeran el padre y la madre de Esperanza, hizo que se diera la vuelta su amiga y se lo pellizcó. Después abrió las nalgas de su pequeño y redondo culo y se lo lamió y se lo folló con su lengua un rato largo.

    Caridad.-¿Qué más te hacía, cariño? -le preguntó con voz melosa.

    Esperanza.-Me pellizcabas los pezones y me chupabas las tetas…

    Le volvió a dar la vuelta, y le pellizcó los pequeños pezones, hasta que sintió un: «Ay». Le lamió y chupó las tetas largo rato. Acabó mordiéndole los pezones, hasta que soltó otro: «Ay».

    Caridad.-¿Qué más te hacía, cielo?

    Esperanza.- Me chupabas el dedo gordo de los pies.

    Caridad no le chupó los dedos gordos, le chupó los diez dedos, y le lamió las plantas de los pies.

    Caridad.-¿Qué más te hacía, corazón? -le volvió a preguntar con voz azucarada,

    Esperanza.-Me ponías la almeja en la boca y me obligabas a comértela.

    Caridad, dándole la espalda a Esperanza, le puso su coño encharcado en la boca. Esperanza, cogiéndola de las tetas le comió el culo y el coño más de diez minutos, en los que Caridad no paró de mover el culo buscando la lengua de Esperanza.

    Caridad.-¿Qué más te hacía, vida, que si sigo me corro?

    Esperanza.-Hacíamos un 69 y nos corríamos una en la boca de la otra.

    Caridad sólo tuvo que estirarse. Metió dos dedos dentro del coño de Esperanza y la masturbó mientras le lamía el clítoris. Al rato, sintió como el coño de Esperanza apretaba sus dedos, al tiempo que el suyo se abría y se cerraba. Se vinieron al mismo tiempo. Ambas se corrieron soltando chorros de flujo como cuando vuelve el agua después de haberla cortado, a presión. Esperanza tembló de gusto, a Caridad, el gusto hizo que su cuerpo se sacudiera.

    Al acabar de correrse se volvieron a echar boca arriba. Le preguntó Esperanza a Caridad:

    Esperanza.-¿Y tú que me hacías a mí, Espe?

    Caridad.-Soy muy fantasiosa.

    Esperanza.-¿Tríos?

    Caridad.-Tríos con una chica y contigo, con dos chicas y contigo, con tres chicas y contigo…

    Esperanza.-¿Eres lesbiana, Cari?

    Caridad.-Supongo. Estoy loca por ti.

    Esperanza.-¿Y las pajas pensando en casados y solteros?

    Caridad.-Una mentirijilla.

    Se volvieron a besar. La mano de Esperanza fue hasta el coño chorreando de Caridad y le metió dos dedos. Caridad metió otros dos dedos dentro del coño de Esperanza. Se masturbaron besándose, magreándose y chupándose las pequeñas tetas una a la otra.

    Un cuarto de hora después, más o menos, los gemidos se ahogaban en sus bocas.

    Caridad.-Yo ya me voy a correr, Espe.

    Esperanza.-Yo también, Cari.

    Poco después, al correrse, sus cabezas se echaron hacia atrás y sus cuerpos hacia delante. Fue tanto el placer que sintieron que se olvidaron de que no estaban solas en casa. Sus gemidos se oyeron en toda su intensidad. Rosa, la madre de Esperanza, una cuarentona, oyó los gemidos de placer de su hija y de Caridad. Jacinto, el padre, dormía. Rosa, al acabar los gemidos, despertó a Jacinto con un empujón.

    Jacinto.-¡¿Que, qué, qué pasa? -preguntó, sobresaltado.

    Rosa.-¿Echamos un polvo, Jacinto?

    Jacinto-¿Y eso?

    Rosa.-¿Echamos un polvo o no?

    Jacinto.-Echamos, echamos.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.