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  • Yago (V): Los criados del Duque

    Yago (V): Los criados del Duque

    Completamente abandonado al placer que le proporcionan ambos con sus caricias, el coronel se siente cada vez mas excitado; y su deseo de ser penetrado es ya algo imperativo.

    – ¡Ah!, Sr. Duque…

    …¡folladme de una vez!, os lo suplico.

    Etienne, esta encantado saboreando las mieles de su boca y disfrutando de la calidez de su cuerpo; acariciándole el pecho y jugando con sus dedos alrededor del ombligo.

    Pero, el Duque, enérgico y no demasiado romántico, en cuanto le oye, deja de comerle la polla, levanta sus piernas para cargarlas sobre sus hombros y se la enchufa hasta el fondo, sin contemplaciones…

    – ¡Ah!, cabrón… si, ¡así!…¡así!… ¡dale fuerte!

    El coronel empieza a sentirse en la gloria; ultrajado y utilizado por esos dos viciosos…

    Por el contrario, en el cuarto del cabo, todo esta tranquilo; aunque, Yago, con el cuerpo dolorido, no ve el momento de salir de su escondite.

    Gabriel está lavando su cuerpo con mucho esmero, y procura exhibirse ante él; que lo mira con curiosidad desde su sitio, levantando los faldones, de vez en cuando, con una u otra excusa.

    Naturalmente, el cabo (que se las sabe todas), se siente halagado; y cuando sale del agua, lo hace perezosamente…

    Se seca minuciosamente, y deja que Yago le mire…

    Pero, unos golpes en la puerta le obligan a mirarle a los ojos e indicarle, con un gesto, que baje los faldones de la cama y no haga el mas mínimo ruido.

    – ¡Esta abierta!…

    … ¡pasad!, ¡pasad!, capitán…

    Salazar, que terminaba el registro en ese pasillo, había colocado un par de soldados a ambos lados de la puerta.

    Pasó, mirándolo todo… Y luego, se dirigió a Gabriel…

    – Me ha dicho el Marqués, que ayer estuvisteis en su habitación. ¿No visteis nada que os llamara la atención?… ¿algún ruido, extraño?…

    – ¡La cama!, mi capitán. Me pareció demasiado desecha.

    El capitán le miró muy serio, y con cara de pocos amigos.

    Y decidió explicarse mejor.

    – Estaba muy cansado, capitán. Me caía de sueño.

    Entonces, se dio la vuelta (con toda la intención) y simuló ir a dejar el lino, con el que se estaba secando, en una pequeña percha que había junto a un par de sables que colgaban de la pared a ambos lados de un escudo.

    El capitán, se dirigió a los solados, les ordenó continuar con el registro y cerró la puerta.

    – ¡Que buen culo tenéis, cabo!, le dijo, cogiéndole por los hombros y dándole la vuelta, para empujarle sobre la cama.

    – ¡Levantad esas piernas!, que quiero veros el ojete…

    … Y le cogió las piernas, para levantárselas.

    Gabriel se revolvió…

    – ¡Dejadme!, capitán. El Duque está al llegar.

    – ¡Ah! ¿si?.

    Volvió a cogerle por los hombros; y obligándole a apoyarse sobre la mesa, se lo apalancó a la cintura y se la colocó entre las nalgas.

    – ¡Decidme!. ¿Acaso nos os gusto?

    – ¡No es, eso!, capitán. ¡Vos sabéis, que si!… pero, como os he dicho, estoy esperando al Duque.

    El capitán, desoyendo las palabras del cabo, se bajó el calzón y sacándosela, la colocó adecuadamente…

    – ¡Aquí la tenéis!, cabo. Si la queréis, este es el momento. No volveré a ofrecérosla

    Y se la enchufó hasta el fondo…

    El cabo, al sentirla en su interior sintió un gran placer; y no pudo decir que no…

    … así que, se dejó hacer…

    … hasta que oyó un fuerte golpe, detrás de él; y vio al capitán en el suelo…

    Yago, todavía desnudo, completamente rígido y con el escudo en las manos, miraba al capitán que yacía tendido en el suelo…

    – ¿Que has hecho?, le dijo el cabo

    – ¡Estaba violándote!

    – ¡Si!. Pero…

    … ¿y, ahora?… ¿que hacemos?

    El cabo se puso muy nervioso; pero, no por eso, dejó de cavilar, mientras se metía el calzón.

    – Ponte ese uniforme; dijo, señalando la silla del rincón. Creo que te quedará bien. Yo voy a por ayuda ¿vale?…

    … métele algo en la boca y átalo a la pata de la cama; y también, véndale los ojos.

    Luego, salió del cuarto, remetiéndose la camisa; y sin dejar de mirar, a un lado y a otro… Hasta que vio que podía llegar a la puerta del cuarto en el que se alojaban los criados del Duque, sin llamar a atención.

    Llamó a la puerta, y…

    – ¡Holáaa!…

    Era, Benoît, que salía, en ese momento, con bastante prisa, hacia las caballerizas.

    – ¡Ahoga no puedo atendegos!… Pego, ¡pasad!… Alfonse está ultimando los pgepagativos.

    – ¿Preparativos?

    Efectivamente, al entrar se encontró con Alfonse, ordenando las mudas del Duque y metiéndolas en un arcón, no demasiado grande.

    Pero, el criado del Duque, al ver al cabo tan arrebatado…

    – ¿Ocugge algo, mon ami?

    – ¡Alfonse!, si’l vous plaît. Solo vos podéis ayudarme… ¡venid conmigo!, rápido. Hoy, necesito vuestra ayuda más que nunca.

    Y Alfonse, que se había encariñado del cabo, en las últimas semanas, dejó lo que estaba haciendo; y le acompañó…

    Cuando entraron en el cuarto del cabo, Yago se había convertido en un apuesto oficial, pero sin galones, y con el bicornio de soldado.

    – ¿Quien es?, le preguntó Alfonse.

    – ¡Un amigo!. ¡Luego os contará él!…

    …pero, ahora tenéis que sacarlo de aquí, lo antes posible.

    Y ¡lo más importante!…

    … tenéis que esconderlo muy bien. Lo están buscando; y no deben encontrarlo… ¡por favor!, Alfonse.

    Alfonse, le miró; y no daba crédito…

    – ¡Que guapo es!, se dijo a si mismo.

    Estaba encantado de llevárselo. Le parecía un verdadero un bombón.

    – ¡Esperad!, dijo Gabriel… Necesito que me ayudéis.

    Tiene que parecer, que hemos sido atacados, mientras el capitán revisaba el cuarto.

    – Golpeadme con la empuñadura de uno de esos sables, le dijo a Yago

    – Necesito que cuando despierte (y señaló al capitán), crea que nos han atacado a los dos.

    Y se desnudó…

    Miró a Yago; que había cogido uno de los sables que había junto al escudo.

    Y se tumbó junto al capitán. Le sacó el pañuelo de la boca, le quitó el que le tapaba los ojos… Y le también lo desató; y esperó a que Yago le golpeara, con la empuñadura.

    Yago, no vaciló…

    Y Gabriel empezó a sangrar…

    Luego, Yago volvió a colocar el sable en su sitio; mientras, Alfonse, con la puerta entreabierta vigilaba el pasillo.

    – ¡Ahoga!, ¡vámonos!.

    Ese era el momento para sacarlo del cuarto de Gabriel.

    Corrieron un poco, y entraron en el cuarto de Alfonse…

    – ¡Desnudaos!…

    Alfonse, abrió su pequeño arcón, en el que guardaba su ropa, le dio uno de sus uniformes y se colocó a su lado…

    – ¡Póntelo!… ¡cgeo que te quedagá bien!…

    Yago, se puso un calzón negro, una camisa muy desgastada, blanca amarillenta y una casaca negra, muy bonita. Luego, se colocó un pañuelo, liado a la cabeza, como si le doliera una muela y se puso el sombrero negro que le había dado Alfonse.

    – ¡Parfait!…

    Terminó de ponerse los zapatos; y volvió a posar erguido, para que Alfonse diera su opinión…

    – Ahoga, no puedes hablag, ¡eh!… ¡nada de nada!… ¿vale?. ¡Ya sabes!… te duele mucho la muela.

    Y en ese momento entró Benoît, que estaba coordinando el trabajo de los mozos de cuadra y los criados que se encargaban del carruaje del Duque.

    Se dirigió a Alfonse; y empezó a hablar muy excitado… Pero Yago no pudo entender nada.

    Alfonse, le presentó como un criado cedido por el Marqués, para revisar al trabajo de Pierre, en las caballerizas.

    Se extraño un poco de ciertos comentarios; pero, sabía muy bien, que Alfonse nunca hablaba en balde.

    Se lo llevó con él a las caballerizas, procurando no llamar la atención, como Alfonse le había indicado; y no pasaron frente a la puerta del cuerpo de guardia. No era necesario.

    Cuando Pierre lo vio llegar con Benoît, abrió los ojos y llenó los pulmones de aire; y luego soltó un gran suspiro.

    – ¡Ah!, si fuega más joven; y se quedó mirándolos.

    Benoît, lo llevó para que viera el trabajo hecho por Pierre (el mozo de cuadra) y Yago simuló mirar atentamente esos cuatro caballos, preparados para el carruaje del Duque.

    Hizo un movimiento de cabeza, para que Benoît supiera que todo estaba en orden y luego, haciéndose entender con gestos, le dijo que podía regresar para seguir con los preparativos del viaje. Le agradeció, y se despidió de él.

    – ¡Se quedagá a pasag la noche, contigo!, le dijo a Pierre…

    … así que, buscale un lugag para dogmig en el que no pase fgio; ahoga os tgaigo unas mantas…

    Se acercó al puesto de guardia; y hablando con los soldados, espero a que hubiera una oportunidad para coger un par de mantas; y llevárselas sin que se dieran cuenta…

    Luego, volvió a las caballerizas; y se las entregó a Nandillo, que apareció en ese momento con una sonrisa de oreja a oreja. Y, después de echar un último vistazo, y comprobar que podía regresar tranquilamente a su cuarto, se despidió de ellos.

    Nandillo, era un muchacho de apariencia aniñada, del que nadie sabía la edad, por haber quedado huérfano muy pequeño. Ni él mismo, sabía cuantos años tenía. Pero aparentaba alrededor de los veinte. Y miraba a Yago con suma admiración y curiosidad. Era mas bien bajito, de pelo oscuro y tez parda. Y según Pierre, que se encargaba de él, “très beau” (muy guapo).

    – ¿Quien es?, le preguntó a Pierre…

    – Un cgiado de Monsieur le Marquis, que se queda con nosotgos esta noche.

    Nandillo, volvió a mirar a Yago y sonriendo…

    – ¡Venid conmigo!, que os voy a preparar un sitio para que durmáis esta noche; estareis muy cómodo.

    Subieron los peldaños de una escalera de madera, que subía a un falso primer piso; y Yago pudo ver varios fardos de alfalfa, muy bien colocados en un rincón.

    Se tumbó sobre uno de ellos; y no tardó mucho en quedarse dormido.

    Pero, Pierre y Nandillo vigilaban para que nadie entrara en las caballerizas…

    Y así, fue pasando la tarde…

    En la habitación del Duque, seguían a lo suyo…

    Sarasola y Etienne le daban su merecido a Choisely…

    … Pegándole grandes zambombazos y comiéndole la polla, a un Duque, entregado al placer que le proporcionaban, brutalmente, ellos dos.

    Pero, como el coronel necesitaba un buen rabo en el culo, con mucha frecuencia. Volvió a sentir ese vacío que le producía tanto desasosiego; y reclamó para sí, el rabo del secretario.

    – ¡Con mucho gusto!, monsieur…

    Le pidió que bajara de la cama; y cogiéndole de las caderas se la colocó… Y se la enchufó, poco a poco… Hasta que la tuvo en el fondo; entonces, le pegó un buen empujón.

    – ¡Ah!, ¡monsieur!… ¡que placer!. Seguid ¡por favor!… si, ¡asi!, ¡así!…

    El Duque, se reincorporó; y también bajó de la cama. Se acercó a Sarasola; y empinándose le metió la lengua en la boca, mientras le manoseaba con ansia.

    Lo del Duque no eran besos, era extrema lujuria…

    Luego, se colocó detrás de Etienne, y le obligó a parar los brutales zambombazos, que le pegaba al coronel; para poder enchufársela… Y cuando ya la tenía dentro, empujó; y se la coló hasta el fondo. Para follárselo con verdadera furia…

    Mientras tanto, Gabriel se había quedado dormido junto al capitán, que todavía no había recobrado el conocimiento.

    Los solados del capitán ya habían terminado el registro de ese piso y no sabían si bajar abajo o registrar el piso superior; los aposentos de la damas.

    – ¡Arriba, no podemos seguir, sin el capitán!, dijo un sargento, recién llegado.

    – ¡Lo dejó, bien claro!, mi sargento…

    – ¡Voy a ver que pasa, en el cuarto del cabo!… ¡tarda demasiado!.

    El sargento, llamó varias veces a la puerta del cuarto de Gabriel, pero no obtenía respuesta, ni escuchaba nada. Así que, se atrevió a empujar; y al entrar…

  • Mi hijo me baja el calor

    Mi hijo me baja el calor

    Hacía un calor de los mil diablos ese día. A pesar de que ya se había metido el sol el calor aún reverberaba en el ambiente. Yo sudaba hasta por lugares por los que jamás había sudado antes y la banqueta estaba caliente como sartén. Caminar en tacones en ese clima era una verdadera tortura y solo pensaba en llegar a casa, darme una ducha bien fría y recostarme en mi cama. Tal vez para no levantarme hasta el día siguiente. Gracias a Dios ya era viernes, y solo esperaba que el sábado el calor no fuera tan inclemente.

    Subí las escaleras del edificio hasta mi departamento en el segundo piso. El aire en el cubo de las escaleras estaba tan caliente como sauna y yo solo esperaba que a mi hijo Manuel se le hubiera ocurrido abrir todas las ventanas del departamento para dejar salir este calor infernal.

    No solo abrió las ventanas, también prendió los tres ventiladores de la casa y los puso en la sala para refrescarse mientras hacía los deberes de la casa, lo que no me esperaba era encontrarlo casi desnudo, solo con su bóxer y calcetines mientras barría la casa con la música a todo volumen. Ni siquiera escuchó cuando abrí la puerta así que tuve tiempo para ver el espectáculo tan insólito que se me ofrecía al entrar a casa.

    Estaba incrédula al pensar que mi hijo ya era todo un hombre. Pero al verlo en ese momento me di cuenta de que esos veinticinco años no habían pasado en vano. Mi hijo es un hombre guapísimo, varonil y musculoso. ¿Y cómo no? si es idéntico a su padre, y además juega futbol americano lo cual le ayuda a tener ese cuerpo de adonis. Cuando entré lo primero que vi fue su espalda musculosa y sus brazos anchos y fuertes. Al darse la vuelta pude ver su pecho velludo, su abdomen marcado y el sudor corriéndole desde la frente hasta la cintura. Lo primero que sentí fueron unos celos enormes, me imaginaba lo orgullosa que debía de estar su novia al tener a un hombre como mi hijo y me daba algo de rabia, pero supongo que eso es normal en una madre que como yo, lleva casi 15 años viviendo sola con su único hijo.

    Después de saludar a mi apuesto hijo con un tierno beso en su mejilla me dispuse a tomar esa ducha fría que tanto ansiaba desde que había salido de la oficina. Me metí a mi recamara y comencé a desvestirme, las zapatillas salieron volando con dos ágiles movimientos de mis pies, me quité la blusa y la falda en cuestión de segundos y me senté en la cama dispuesta a quitarme las medias y la ropa interior. Mis pantaletas estaban húmedas de tanto sudar y caminar el día entero por la oficina. Ser secretaría ejecutiva es un trabajo arduo para una mujer de 45 años.

    Me envolví en una toalla y salí directo al baño con la misión de abrir la regadera y olvidarme del calor. Sin embargo no contaba con mi hijo dejaría el recogedor a medio camino y me tropezaría con él. Caí de rodillas y solté un grito tan fuerte que se oyó incluso con la música a todo volumen. Manuel corrió de inmediato a auxiliarme y yo en mi dolor no me había dado cuenta que estaba en cuatro patas y con la toalla totalmente suelta. Mi hijo debió de llevarse la impresión de su vida al ver a su madre en esa posición, pero pudo más la urgencia de verme necesitada y me ayudó a incorporarme sin hacer ningún comentario. Fue cuando me puse en pie que caí en la cuenta de mi situación. Recogí la toalla del piso y me tapé torpemente mientras cojeaba. Manuel me llevó al sillón y me ayudo a sentarme en él. Una vez pasada la primera impresión me di cuenta que mi rodilla me dolía, cuando le dije a mi hijo él comenzó a sobarme un poco con la esperanza de aliviar el dolor. Yo no podía pensar, tenía nublada la mente en parte por el dolor, pero más por la vergüenza de haber dejado que mi hijo me viera de esa forma, pero a él no parecía importarle pues solo se preocupaba por mi bienestar, o al menos eso creía yo.

    Una vez pasado el dolor Manuel me dijo que me bañara y que él buscaría la crema de árnica para sobarme mejor después haber tomado un baño. Estuve de acuerdo y al fin me metí al baño. Colgué la toalla y me metí bajo la regadera, cuando el agua helada toco mi piel no solo el calor del clima se fue alejando sino también el calor en mi mente, pero había algo que me atormentaba, y no era el dolor de mi rodilla, que de hecho no era gran cosa, sino que estaba segura de haber alcanzado a ver un bulto enorme bajo el bóxer de mi hijo mientras me sobaba la rodilla y me tenía así, vulnerable y prácticamente desnuda frente a él.

    ¿De verdad mi propio hijo se había excitado al verme desnuda? De seguro había sido mi imaginación, tal vez los celos que sentí al verlo yo a él semidesnudo me hicieron sugestionarme e imaginar sandeces ¿o eran mis propios deseos impuros los que me hacían pensar esas cosas?

    El agua fría no me ayudaba en nada a aclarar mi mente, estaba temblando y dudo mucho que haya sido la temperatura del agua la que me tenía así. Pero tras unos minutos de darle vueltas a ese pensamiento en mi cabeza decidí olvidarlo todo y dejarme de locuras. Sería una insensata si creyera por un segundo que mi amado Manuel podría siquiera desearme a mi sexualmente y yo estaba totalmente enferma de mi cabeza al ponerme a pensar en los celos que me daba imaginar a mi hijo con otra mujer, o imaginarme a mí misma siendo su pareja de mi hijo. Los años de abstinencia me estaban empezando a pesar.

    Y es que en los 15 años que llevaba de viuda nunca pude establecer una relación seria con otro hombre, los primeros años me la pasé de luto y cuando por fin me animé a salir con otros hombres fui coleccionando fracaso tras fracaso. Cada hombre que me encontraba me dejaba un mal sabor de boca, ninguno le llegaba a los talones a mi marido, ni en personalidad, ni en inteligencia, ni en guapura, pero sobre todo en la cama, nadie me hacía el sexo como él. Al final decidí dejar de intentarlo y llevaba ya casi 7 años sin siquiera acercarme a un hombre, para mí la vida sexual había terminado ya. Pero mi subconsciente me traicionaba de vez en cuando.

    Salí de la regadera y me fui directo a mi recamara sin mirar atrás, con la esperanza de que a mi hijo se le hubiera olvidado sobarme la rodilla. Me puse mi babydoll y mi bata para dormir y decidí no salir siquiera a cenar si podía evitarlo.

    Pero me equivocaba, Manuel tocó a mi puerta a los pocos minutos de que me había terminado de vestir. Lo dejé entrar algo nerviosa y pude ver que se había puesto una bermuda y una camiseta. Tenía la crema de árnica en la mano y me pidió que lo dejara sobarme mi rodilla para evitar que se inflamara. Yo accedí por supuesto, no podía dejar que mis ideas perversas alejaran de mi lado al único ser querido que me quedaba en el mundo. Mi hijo es un sol, un ángel; siempre fue buen estudiante, ahora está comenzando su maestría, además de que es hacendoso y responsable en la casa. Mientras sobaba mi rodilla lastimada me ponía a pensar si es que Manuel tenía algún defecto, algo que arruinara esa imagen idealizada que tenía de él. Pero nada me venía a la mente. Si tan solo hubiera encontrado un hombre como él en mi vida, no estaría sola como lo estoy ahora.

    Mi mente viajaba a años luz de distancia, el olor del árnica me ayudaba a relajarme y dejarme llevar por ese hilo de pensamiento, mi hijo era idéntico a su padre en todo sentido, era perfecto y en mi nacía un deseo impuro de tenerlo dentro de mí, de entregarme a él, de fornicarlo, de ser suya. Definitivamente estaba enloqueciendo.

    Pero de pronto volví al mundo real, como de rayo me di cuenta que mi hijo ya no me sobaba la rodilla sino el muslo. Yo tenía las piernas abiertas de par en par ¡y me había olvidado de ponerme pantaletas! Ante ese espectáculo mi hijo no apartaba la vista de mi coño húmedo, su mano se acercaba a mi entrepierna lentamente y yo no podía moverme, estaba como hipnotizada y Manuel también, no hacía falta hablar, ahora me daba cuenta de que no había imaginado esa erección de mi hijo, él me deseaba a mi tanto como yo a él.

    Lo primero que pensé hacer fue alejarlo de mí, cerrar las piernas, darle una bofetada, empujarlo lejos, decirle que estaba loco, que yo era su madre y me tenía que respetar. Pero eso hubiera sido lo más hipócrita del mundo, yo me sentía halagada y excitada de provocar en un hombre como Manuel algo semejante y la idea de entregármele a mi hijo me ponía muy cachonda, no podía negarlo. Tienen que ponerse en mi lugar y pensar si serían capaces de resistir esa tentación.

    No hice nada de eso que debía de haber hecho una madre decente y recatada; no cerré las piernas, las abrí aún más; no le di una bofetada a mi hijo sino que le acaricié el cabello mientras su mano comenzaba a acariciar mi coño empapado; no lo empujé lejos, lo dejé que se acercara a mí lentamente; no le dije que estaba loco ni nada por el estilo, me quedé callada y ni una sola palabra salió de mi boca, solo suspiros al sentir sus dedos acariciándome los labios vaginales. Lo que hice fue poner los ojos en blanco cuando sus dedos comenzaron a penetrarme; lo que hice fue buscar sus labios cuando los suyos comenzaron a besarme el cuello, para darle a mi hijo un beso tan magnífico que sentí que me robaría el alma; lo que hice fue jalar a mi hijo sobre la cama y abrazarlo con todas mis fuerzas mientras seguía besándolo con loca pasión, mientras nuestras lenguas se confundían en una sola y nos entregábamos sin pensar en otra cosa; lo que hice fue quitarle la camiseta y desabrocharle el pantalón, sacar su verga y acariciarla con ternura.

    Mi hijo comenzó a alejar sus labios de los míos, sus manos estrujaban mis tetas que se habían salido del babydoll y sus labios fueron acercándose poco a poco a mis pezones que estaban duros como dos perlas para que el pudiera mordisquear. La forma como él mamaba de mis tetas, lo cálido de su saliva escurriéndome a chorros, lo suave de sus manos, todo me hacía sentir como si una corriente eléctrica corriera por mi cuerpo, me sentía hecha de energía pura mientras los labios y las manos de mi hijo me proporcionaban ese placer monumental.

    Pero él apenas comenzaba, sus labios se alejaron de mis tetas y comenzaron a deslizarse sobre mi vientre. Levantó mi babydoll y su lengua jugueteó unos segundos con mi ombligo, pero se notaba que estaba bastante impaciente por alcanzar mi templo de amor.

    Primero llenó de besos mis bellos púbicos y luego la punta de su lengua me recorría los labios vaginales, yo me retorcía sobre la cama delirando de placer, entonces su lengua y sus dedos comenzaron a penetrarme, el silencio se rompía con mis gemidos ahogados de placer, poco a poco la intensidad de ese cunnilingus iba alcanzando el clímax hasta que por fin me vine en la cara de mi propio hijo. No lo podía creer, no había tenido un orgasmo así en años, no recordaba la última vez que había estado tan alterada.

    Tenía que devolverle el favor a mi hijo amado, de inmediato lo hice que se pusiera de pie, le terminé de quitar los pantalones con todo y bóxer y me arrodillé frente a su enorme verga. Aunque ya la había sentido en mis manos no fue hasta ese momento que me di cuenta por completo de lo bien dotado que estaba mi hijo. Era muy superior a su propio padre y a cualquier otro hombre que hubiera tenido en mi cama nunca. Tomé esa enorme verga de mi hijo con ambas manos y aun así parte de su cabeza quedaba fuera de mi alcancé. La empecé a besar tiernamente, primero la punta una y otra vez, podía sentir como palpitaba entre mis manos y más cuando sentía mis labios posándose sobre ella, fui bajando poco a poco, besando cada centímetro de esa enorme verga hasta alcanzar sus huevos. Comencé a chuparle sus pelotas, succionándolas tan fuerte como podía, hasta que ya no pude resistir las ganas de tragarme entera su verga, puse mi cara frente a la punta de su miembro y abrí mi boca tan grande como pude, fui metiendo su falo lentamente dentro de mi boca, pero me era imposible metérmela completa, tras media docena de intentos sentí las manos de mi hijo sobre mi cabeza pues él al ver mi ineptitud para mamársela había decidido tomar el asunto entre sus manos, literalmente.

    Sentí como el garrote de mi hijo me entraba hasta la garganta, mi hijo estaba cogiendo mi boca de una forma casi salvaje, yo me sentía asfixiar por tremendo trozo de carne que me obstruía el paso del aire, pude sentir como mis ojos se ponían en blanco y estaba a punto de desmayarme, al ver eso mi hijo sacó su verga seguida de un tremendo chorro de saliva acumulada detrás de ella. Pero él aún no terminaba de usar mi boca, tan pronto como vio que tomaba suficiente aire volvió a clavarme su miembro dentro de mi boca para repetir la misma operación.

    Cuatro veces hizo lo mismo con mi cabeza, entonces mi hijo rompió el silencio que había reinado hasta ese momento.

    — Quiero cogerte madre. — Fue lo único que dijo, tan tranquilamente como si me pidiera la hora.

    De rodillas frente a él, con mi saliva escurriendo por las comisuras de mis labios, así como estaba lo miré fijamente a los ojos, sabía que no podía negármele después de lo que habíamos hecho, pero a la vez sentía que no era lo mismo un faje, masturbarnos o hacernos el sexo oral comparado con una penetración. Titubeé un poco antes de contestarle.

    — ¿Estás seguro hijito? Recuerda que soy tu madre. Podríamos arrepentirnos.

    — Estoy totalmente seguro mamita, te deseo como no te imaginas.

    Mientras me ponía de pie acerque mis labios a los suyos, lo besé con ternura y pasión, no como una madre besa a su hijo, sino como una hembra besa a su macho. Me despojé de mi ropa y le susurré al oído — Si en verdad me deseas, no lo dudes, hazme tuya hijo mío, folla a tu madre, ¡cógeme!

    Manuel me empujó suavemente sobre la cama y yo lo jalé a él hacía mí, su cuerpo se posó sobre el mío que lo esperaba con las piernas abiertas, entonces en un segundo nuestra locura quedó consumada, él me penetró al instante, de lo empapada que estaba su enorme verga resbaló sin ningún esfuerzo dentro de mí, mi hijo me había hecho totalmente suya y yo estaba que no cabía de felicidad.

    — Te amo mamita. — Me decía mi hijo mientras su verga se deslizaba por completo dentro de mi tan larga y gruesa como era.

    — Te amo hijo. — Le contesté una vez que estuvo completamente dentro de mí. Nunca en mi vida una verga tan grande me había penetrado.

    Entonces empezó a cogerme con ternura, lentamente pero con mucha pasión, cada estocada que me daba me arrancaba un suspiro, cada que sentía como tocaba fondo una corriente eléctrica me recorría la espina dorsal.

    — ¿Se siente bien cariño? Dile a tu madre cuanto te gusta cogértela — Le dije de repente.

    — Me encanta madre, me encanta cogerte. — me respondió al mismo tiempo que me daba una estocada más.

    La intensidad iba en aumento, cada vez lo hacía más rápido y más bruscamente, era como si poco a poco se fuera transformando en una bestia salvaje, como si se fuera olvidando que era su madre a la que estaba fornicando y en su lugar fuera yo una puta cualquiera a la que podía usar y abusar a placer, pero yo no me quejaba, al contrario lo disfrutaba cada vez más. Nunca desde que había enviudado, un hombre me había hecho sentir así, como una verdadera puta en la cama, y mi hijo lo estaba logrando, me estaba convirtiendo en su puta particular.

    Tras un rato cambiamos de posición, ahora me cogía de a perrito y sentía como me penetraba más profundamente que antes, lugares en mis entrañas que jamás habían sentido un hombre lo estaban sintiendo ahora y yo me venía una y otra vez sin control.

    — ¿Te gusta así de profundo madre? ¿Te gusta que te coja tu hijo? — Me decía mientras me penetraba.

    — Sí hijo, métemela bien profundo, métela en el coño de tu madre, cógeme, hazme venir otra vez, hazme tu puta. — Le dije dejando atrás todo pudor y toda sobra de recato y decencia. Solo quería sentir placer, venirme una y otra vez con mi hijo adentro de mí.

    — ¿Eres mi puta? Dímelo que eres mi puta. — me gritó mientras comenzaba a nalguearme al mismo tiempo que me penetraba con más fuerza.

    — ¡Sí hijo, sí, soy tuya, soy tu puta! — Le contesté entre gemidos de dolor y placer.

    Volvimos a cambiar de posición, esta vez me tocó a mí montar a mi hijo. Estábamos frente a frente y comencé a brincar sobre su verga con un frenesí insaciable.

    — No puedo creer que mi hijo me esté cogiendo. — Le dije mientras lo cabalgaba. — ¡Y me encanta! Tu verga se siente deliciosa hijo.

    — Sí madre, podría cogerte todo el día y toda la noche. — Me contestó mi hijo mientras me apretaba las tetas con fuerza.

    Mientras decíamos esas cosas y muchas más, mientras gemía, aullaba y suspiraba de placer mi hijo me hizo venir media docena de veces. Él era todo un semental, justo lo que había necesitado estos años y pensar que estaba bajo mi propio techo, no podía creer lo mucho que había desperdiciado a este hombre.

    Mi hijo me hizo girar y darle la espalda, quería que lo cabalgara así para aumentar la intensidad, su verga palpitaba dentro de mí con cada uno de sus sablazos. Sentía como si un hierro candente me penetrara, el calor de verano había quedado atrás, mi hijo era un volcán que ardía de pasión y lujuria por su madre, ya no era el verano el que me hacía arder, era mi macho que ahora me hacía suya y me quemaba por dentro.

    — Coges mejor que tu padre, — Le dije ya entregada por completo a mi locura — Eres más hombre que tu padre hijo.

    De repente, tras decir eso, mi hijo me tomó de la cintura y con todas sus fuerzas me levantó en vilo sin siquiera sacarme la verga de mi coño, me levantó de la cama y me hizo inclinarme sobre el buró, así inclinada siguió cogiéndome, yo sentía mis piernas como se debilitaban, como se iban haciendo como de gelatina. No podía siquiera soportar mi propio peso y con cada puñalada de la verga de mi hijo mis fuerzas se iban acabando.

    — Eres mi amante madre, de ahora en adelante eres mía ¿Entendiste? — Me dijo mi hijo con autoridad, a lo que yo le contesté

    — Sí mi amor, mi bebé, hijo mío, yo soy tuya.

    Tan solo hablar me costaba trabajo, sentía como si me fuera a desmayar, pero mi hijo me sostenía con todas sus fuerzas y me mantenía de pie mientras recibía su verga dentro de mí.

    — ¡Hazme venir mamita, hazme venir! — Me grito mientras me penetraba más fuerte que nunca

    — Sí bebé, lléname, lléname toda. — Fue lo poco que alcancé a decir antes de sentir una explosión de líquido espeso y tibio dentro de mí.

    Manuel dejó su verga adentro de mí unos segundos mientras le seguían saliendo chorros de leche tibia, era una eyaculación tremenda y podía sentir los espasmos de su miembro mientras se desahogaba en mí. Al final sacó su verga y detrás de ella un enorme chorro de leche y de mis jugos vaginales me escurrieron casi hasta las rodillas, con lo que le quedaban de fuerzas mi hijo volvió a penetrarme unas pocas veces antes de soltarme por fin suavemente sobre mi cama.

    Estaba empapada de nuestros jugos amorosos, mi Manuel estaba igualmente empapado de todo tipo de fluidos. Yo me recosté boca arriba con las piernas aún abiertas de par en par. Mi hijo lo tomó como una invitación y de inmediato metió su cara entre mis piernas y me comenzó a lamer desde las rodillas hasta mi entrepierna que escurría aún la leche que él mismo había vaciado a litros dentro de mí. Yo ya no podía ni pensar, me disponía a desmayarme cuando mi hijo se incorporó sobre mi cuerpo y me dio un último beso apasionado. Nuestra saliva se confundió son el semen de mi hijo y nuestro sudor, si no hubiera estado tan cansada en ese mismo momento le hubiera pedido a mi hijo que me hiciera suya nuevamente, pero en lugar de eso cerré los ojos y me quede dormida como un bebé, lo último que recuerdo de esa noche fue la voz de mi hijo diciéndome. — Te amo madre.

    Desperté el sábado casi a medio día, lo primero que pasó fue que una punzada me hizo recordar que tenía la rodilla ligeramente lastimada. Pero lo segundo que pasó fue que recordé las cosas que habían pasado anoche. Tragué saliva y me dispuse a levantarme para hablar con Manuel. Al salir a la estancia vi que el desayuno estaba servido. Mi hijo justo estaba terminando de poner la mesa cuando me miró sonriente. Me preguntó si me sentía mejor de mi rodilla y me tomó de la mano, me acercó al comedor, jaló la silla y me invitó a sentarme. Todo estaba perfecto y él actuaba como si nada hubiera pasado. Por un momento pensé que todo había sido un sueño, pero sabía que no era así, ningún sueño se podía comparar con las cosas que pasaron la noche anterior. Desayunamos juntos y al terminar él se levantó y recogió la mesa, cuando me disponía a levantarme él me tomó del brazo y me ayudó a incorporarme. Sus manos me hacían que la piel se me enchinara, sentirlo me hacía recordar todo lo que me había hecho y dicho la noche anterior. Una vez de pie me abrazó por la espalda y me susurro al oído: — Si te duele la rodilla te puedo dar un masaje como el de anoche mamita, con todo y final feliz.

    Pude sentir su verga como rozaba mis nalgas al abrazarme de esa forma, yo de inmediato respondí: — Claro que sí hijo, creo que ahorita me está doliendo un poco. ¿Sería mucha molestia que me sobes en este momento?

    Ese fue el comienzo del fin de semana más caluroso del año, en el noticiero dijeron que habíamos alcanzado los 35 grados centígrados a la sombra. Algunos culpaban al calentamiento global, otros decían que se acercaba el fin del mundo, pero para mí el calor tan intenso era culpa de la pasión y la lujuria incestuosa de una madre y su hijo que se entregaban a sus más bajos deseos sin importarle los tabús.

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  • Mi madrastra Viviana

    Mi madrastra Viviana

    Hola me llamo Jhon, actualmente tengo 22 años, vivo solo en una de las ciudades más grandes de Colombia, mis padres son separados hace muchísimos años, yo vivía con mi papa en un pueblo y el hace 6 años empezó una relación con una joven llamada Viviana, ella tenía más o menos la mitad de la edad de mi papa, cerca de unos 28 años en ese entonces. La historia que contare sucedió hace 5 años y medio cuando ella se mudó a vivir con nosotros yo tenía 18 años.

    Viviana desde que la conocí me pareció una mujer hermosa, con sus tetas 34D bien paraditas y su culo no muy grande pero perfectamente moldeado, su estatura de 1,60 m y una cara angelical. Inicialmente era muy distante conmigo pero con el tiempo y luego de convivir cerca de 2 meses espeso a ser más confiada, salía por la casa en toalla o pantalonetas cortas con camisita de tiras sin brasier, yo no podía evitar mirarla todo el tiempo y pegarme muchos pajazos con la ropa interior de ella, además de espiarla en el baño, ya que existía una pequeña abertura que quedaba al cerrar la puerta del baño, que permitía observar claramente.

    Una tarde mientras ella se bañaba me acomode para espiarla, pero ella se quedó observando hacia donde yo estaba como si se hubiera dado cuenta que la estaba espiando, yo inmediatamente me quite. Poco después yo me entre a bañar y note que ella se había puesto en mi posición donde uno espía, así que tome una de sus tangas de la ropa sucia y me comencé a masturbar, repitiendo en voz baja «Vivi… si Vivi… Que rica estas… ummm», curioso por su reacción note que ella seguía ahí observando, así que no me detuve hasta venirme encima de sus tangas, luego de esos varias veces note que ella me espiaba y que se daba cuenta que yo la espiaba.

    Una mañana, decidido a hacer algo más, mientras me bañaba y ella me espiaba me quede viendo fijamente hacia donde ella estaba, hasta que ella sintió que la descubrí y se metió al cuarto.

    Yo salí solo con la toalla puesta y la vi en el cuarto de espaldas, simulando que barría, sin decir nada, me acerque desde atrás y le empecé a coger con una mano las tetas suavemente, mientras que mi otra mano empezaba a bajar por su abdomen, me quede sorprendido al ver que ella no reaccionaba simplemente se quedó quieta mientras mi mano seguía bajando hasta meterse dentro de su pantaloneta y su tanga, mientras mi otra mano se metía dentro de su camiseta para tocarle directamente esas hermosas tetas, ella no decía ni una palabra, únicamente se movió para estremecerse en el momento en que introduje dos de mis dedos en su muy mojada chochita, mientras que por detrás mi miembro totalmente duro se lo restregaba en el culo lentamente mientras le besaba el cuello y movía sus tetas, luego de un momento ella se dio la vuelta y sorpresivamente se arrodillo, me quito la toalla aun sin decir ni una palabra, tomo mi miembro y se lo introdujo todo en la boca y comenzó a hacerme la mejor mamada de la vida, yo no sabía que hacer sintiendo tanto placer, la tome de la cabeza y empecé a empujar mi miembro más y más para que se lo tragara todo, luego la puse de pie, le quite la camiseta y la empuje contra la cama, le quite la pantaloneta con todo y tanga, para comenzar a comerme ese delicioso chochito de mi madrastra y empecé a escuchar las primeras palabras de su boca: «siiii… ummmm… que rico…!!» mientras me cogía la cabeza para apretarme más contra su chochito. Yo no podía aguantar más tenía que hacerla mía en ese mismo instante, así que tome mi miembro y empecé a restregárselo en su chochita y le pregunte: «¿Vivi quieres que te la meta?», ella me tomo de los brazos, me acerco a ella y con una voz muy sensual me dijo: «aprovecha y has lo que quieras, porque esta será la primera y última vez que esto suceda», después de eso creo que jamás había estado tan excitado en mi vida, la cogí, la abrí de piernas de un solo golpe se la metía toda, ella reacciono con un fuerte grito: «¡¡¡ahhhh!!!» y comencé a descargar todo mi deseo y toda mi energía en cada una de las embestidas de mi miembro que cada vez estaba más dentro de mi madrastras, sin dejar de chuparle esas tetas y cogerle ese culo. Yo le hablaba sucio para excitarla más y poderla desinhibir:

    J: ¿Vivi te gusta cómo te la meto?

    V: si hijo dame más más duro!

    J: eres una puta Viviana, ¿te gusta que tu hijo te haga gemir cierto?

    V: si hijo me gusta tu verga… Ummm!!!… La siento toda dentro… ahaaa!… Dame mas!!!

    J: te excita que te diga mama mi Vivi?

    V: si… sisi… Me pone… Ummm… muy caliente

    Nunca imagine que mi madrastra con esa cara angelical fuera tan caliente. Luego la tome de la cintura y le di la vuelta para ponerla en cuatro, le di un par de nalgadas y me recosté sobre ella para poder masajearle las tetas:

    J: Vivi me encanta cogerte las tetas y metértelo así en cuatro como una perra (nalgada)

    V: si… Nalguéame… Cógeme las tetas… soy tu mami… dame… duro!!!

    J: que rico que… seas una perra… Tan caliente

    V: me gusta ser tu perra… dame duro… asiiii!!

    J: Vivi siempre he soñado con que cabalgues mi verga

    V: acomódate para cumplirlo

    Me recosté boca arriba y ella se subió encima, sólita cogió mi miembro y se lo metió mientras subía y bajaba suavemente, luego paraba y empezaba a moverse en círculos y hacia adelante y atrás pegaba pequeños gemidos «ummmm!!!», yo ya estaba a punto de venirme, así que la agarre fuerte y empecé a metérselo a toda velocidad y con todas mis fuerzas:

    J: madre… me… me… ven…go

    V: hijo… no… se te… ocurra sacarlo… sii… quieres… que… yo… también… termine

    J: siii!!! Me estoy viniendo dentro de mi ma… ma… ma… drastra

    V: ohhhh!!! Siiii!!!… hijooo!!!

    Luego de ese orgasmo cósmico, nos quedamos unos minutos así, ella encima mío con mi miembro dentro de ella chorreando semen, hasta que su teléfono sonó, era mi papa que ya iba camino a la casa. Así que sin decir palabras nos vestimos y me fui para mi cuarto, cuando llego mi papa yo ya estaba saliendo a mi entrenamiento de básquet.

  • Marielena, Doña Elvira y alguien más (Parte 3)

    Marielena, Doña Elvira y alguien más (Parte 3)

    Doña Elvira no podía dejar de pensar en su vecinita y los largos momentos que pasaba sin verla la deprimían.

    Una tarde estaba hablando en el frente de su casa con un vecino, Don Alberto, un señor como de 70 años que tenía fama de viejo verde y en eso la chica que desvelaba a Doña Elvira salió de su casa vestida como para ir a la playa y al pasar por lo de su vecina le dice:

    —Hola Doña Elvira.

    La calenturienta vieja, excitada solo de ver esa belleza le dijo:

    —Hola nena, ya veo que te vas a la playa, si querés cuando vuelvas te invito a tomar una cerveza.

    —Bueno, me voy a pegar un chapuzón y vengo, sus cervezas son muy ricas —dijo la nena con picardía.

    A doña Elvira casi le da un infarto pero se recompuso y le dijo:

    —Mira este señor es Don Alberto, un vecino, vino a charlar un rato.

    —Mucho gusto señor —dijo la educada muchacha y se inclinó para darle un beso que el viejo correspondió sin decir nada de impactado que estaba ante esa belleza escultural. Marielena solo tenía puesta una remera playera sin mangas que realzaban sus impresionantes pechos y su malla de playa por lo que sus piernas estaban desnudas y calzaba unas sandalias. Se despidió y dejo a los dos viejos viéndola marchar.

    —que vecinita que tenés, esta divina esa pendeja —dijo Don Alberto.

    Doña Elvira le dijo, en tono conspirativo.

    —Vení entra que te voy a contar algo.

    Después que la mujer le contara con detalles como se había acostado con esa belleza y no una, sino dos veces, Don Alberto incrédulo dijo:

    —Y le chupaste la concha a esa nena, como hiciste?

    —Bueno, la segunda vez estaba media mamadita y me aproveche, pero estoy segura que le gusta todo, a vos te gustaría cogértela?

    —Que si me gustaría cogérmela? igual pagaría lo que no tengo pero no creo que ella quiera, capaz que le gustan solo las mujeres.

    —Vos déjame a mí, si la nena viene yo la preparo y vos la coges, eso sí, le gusta sobre todo que le chupen y toquen mucho las piernas, le encanta —dijo Doña Elvira.

    —Mira, no me tenés que decir eso, si la llego a poder coger la voy a chupar 3 horas seguidas por todo el cuerpo.

    Al cabo de una hora, cuando los dos calientes viejos estaban empezando a creer que la chica no vendría, se sintieron golpes en la puerta y la vocecita celestial de Marielena diciendo «Doña Elvira soy yo». La vieja abrió la puerta y dejo pasar a la muchacha. Marielena se sorprendió de ver a Don Alberto y dijo:

    —Si quiere vengo en otro momento.

    Pero Doña Elvira la tranquilizo:

    —Don Alberto es como de la familia, no te preocupes, sentate —y le indico el sillón mientras iba a la cocina y traía cerveza para los tres.

    Mientras tomaba un sorbo Marielena noto como la miraban los dos viejos, sobre todo Don Alberto y tuvo una sensación morbosa que le gusto, el viejo ese se la comía con la mirada. La vieja se sentó al lado de ella mientras el viejo estaba sentado enfrente de las dos. La vieja le dijo a la chica:

    —Ay Marielena cuando salís así a la calle, medio desnudita, me preocupo porque te puede agarrar algún degenerado, mira lo linda que estas —y sin más preámbulo empezó a acariciarle un muslo.

    Marielena, un tanto sorprendida, le detuvo la mano diciendo:

    —Doña Elvira que va a pensar Don Alberto.

    —Va a pensar que estas tan buena que enloqueces a hombres y mujeres —dijo la excitada vieja reanudando sus caricias en el muslo de la chica a la vez que la tomaba por la cintura con otro brazo para estar pegada a ella.

    De inmediato se puso a lamerle el cuello con pasión. Marielena vio que el viejo se lamia los labios mientras la miraba con lujuria y empezó a responder a los besos de Doña Elvira para calentarlo más, ya imaginaba que ese viejo se la iba a coger. La vieja enloquecida por los besos de la chica dirigió sus dos manos a los senos de Marielena y los aprisiono y manoseo mientras le metía la lengua en el lóbulo de la oreja y la muchacha respondía suspirando de placer. Don Alberto ya tenía una erección monumental, que aumento cuando vio a Doña Elvira chupando como loca las tetas de esa nena infernal, mojando esos pezones que se endurecían a medida que los dedos de la vieja los estimulaban.

    La erección ya le dolía, se levantó y fue hacia donde estaba la chica que era objeto de manoseo y chupeteo por todos lados y la tomo de un brazo separándola de la vieja tortillera. Doña Elvira al principio se sorprendió pero cuando vio la monumental erección del viejo dejo que el vejete tomara la chica de un brazo diciéndole «vení» y llevándola al dormitorio. Marielena lo siguió dócilmente, entraron al cuarto, Don Alberto le dijo «no aguanto más pendeja me volvas loco» y le quito la remera dejándola solo con su tanga negra. Al viejo le chorreaba saliva por la excitación y empezó a comerle las tetas con lengüetazos mientras la aferraba por la espalda y bajaba sus manos hasta agarrar las nalgas duras de la muchacha. Marielena sentía contra sus piernas el imponente bulto del viejo y sintió que se mojaba como nunca.

    El viejo se puso detrás y empezó a tocarle los muslos mientras le decía «Me encanta tocarte y chuparte las piernas pendeja divina» y se inclinó para chuparle los suaves muslos mientras se los acariciaba. Marialena se sentía en la gloria, su conchita estaba empapada. Y ya deseaba que el viejo la cogiera. El viejo trataba de controlar su ansiedad por cogerse esa diosa, la hizo sentar en la cama y siguió acariciándole los muslos mientras le chupaba los pezones, quería llevar al límite a esa nena, excitarla al máximo. Los gemidos y suspiros de la chica le hicieron entender que estaba próximo el momento de cogerla y la acostó con suavidad boca arriba.

    Marielena se dejaba hacer, estaba en el limbo del placer. Don Alberto empezó a chuparle la concha con suavidad, pasando la lengua por los labios vaginales al principio con gran delicadeza, excitando el clítoris con suavidad y comenzó a aumentar los chuponeos a medida que la chica suspiraba y gemía cada vez con más intensidad. El pene ya le molestaba de lo duro que estaba, decidió que era el momento, con una mano tomo su verga y la enfilo en la mojada concha, empujo un poco y entro con facilidad por la lubricación que tenía. Marielena soltó un gemido de placer y el viejo empezó a embestirla al principio despacio y luego más fuerte hasta que en una de las embestidas no pudo evitar eyacular y le lleno la concha de semen. Se separó de la chica, que seguía presa de la excitación y se puso a chuparle nuevamente la concha introduciéndole un l dedo a lo que la muchacha respondió con gemidos que aumentaron de intensidad hasta que finalmente tuvo un fenomenal orgasmo. Don Alberto se derrumbó de lado por el esfuerzo realizado y se quedó dormido. Marielena se levantó, tomo sus ropas y salió de la pieza. Antes de irse se despidió de Doña Elvira diciéndole «Me tengo que ir, hasta mañana Doña Elvira» y Doña Elvira que guardaba ilusiones de seguir disfrutando de esa preciosura tuvo que aguantarse pensando «Otra vez será».

  • Mis compañeros me convirtieron en Camila (II)

    Mis compañeros me convirtieron en Camila (II)

    Después del viaje mi vida cambio poco, y solo aumento mi inseguridad y mi aislamiento. Pensé que al día siguiente al llegar a clases seria presa de las burlas de todos, pero no fue así. Todo volvía a la normalidad y me ignoraban como siempre. Al llegar a mi asiento suspire y todos los miedos se disiparon. El viaje escolar y lo que me había pasado quedaría guardado y olvidado para siempre. Ya más aliviado, me dedique al estudio, ese día paso rápido y al volver a casa, como siempre, me encontré a solas. Mas dueño de mí y sin prisas me metí a mi cuarto y caí rendido, la tensión de la noche anterior no me había dejado dormir pensando en todo lo que pasaría. Me despertó el teléfono, era mi madre preguntando por mi llegada y si había comido, conteste con monosílabos y tras colgar volví a lo mío. Me puse a resolver la tarea y luego vi un poco de televisión. Cene algo ligero antes de irme a mi cuarto ya con la seguridad de que si yo no mencionaba nada, nadie lo mencionaría.

    Paso una semana sin complicaciones. Ese viernes al final del día nuestro coordinador de grupo nos dio las guías de estudio para los próximos exámenes, al ojearlas me di cuenta que los próximos 15 días serian bastante pesados y que los exámenes serian un infierno para la mayoría de mis compañeros. Suspire metí todo a mi mochila y estaba saliendo del colegio cuando una llamada al celular me detuvo.

    —hola nena.

    Al escuchar la voz me llene de terror, era Ricardo, había esperado una semana para molestarme, para que volviera a tener seguridad.

    —tienes 5 minutos para venir al baño del tercer piso del edificio c, si no lo haces tendrás un severo problema.

    Colgué y tras dar media vuelta tome todo mi valor… ya estaba en lugar seguro y enfrentaría el problema directamente. Subí al tercer piso Ricardo y Manuel repartían las ganancias del día. Al verme entrar Ricardo saco un cigarro y lo prendió.

    —eres puntual nena. Eso nos agrada

    —basta de burlas, no vine por ustedes, si no ha decirles que paren o se atengan a las consecuencias

    —mira la nena salió con carácter.

    A Manuel se le escapo una carcajada y por un instante temí por mi integridad física, pero está allí para terminar con todo y lo haría.

    —no sé si todavía no lo comprendes, estas en nuestras manos y harás lo que te digamos quieras o no.

    Me vi media vuelta y me dispuse a salir de allí

    —se los digo por última vez o terminan con esto o aténganse a las consecuencias

    Se hizo el silencio, al parecer no querían más problemas de los que tenían, iba a dar el primer paso para salir cuando Ricardo hablo.

    —si te atreves a salir y contar esto, toda la escuela se enterara de lo putita que eres

    Gire la cabeza con odio y lo vi directo a los ojos

    —no bromeo nena, míralo tu misma

    Manuel me paso un celular donde corría un video… era yo, yo y Manuel la última noche, las piernas me temblaron iba a caer al suelo pero Manuel evito que lo hiciera al sujetarme.

    —te grabamos… esa noche había 7 cámaras en tu habitación grabando todo, y como puedes ver solo eres reconocible tu. Así que si no quieres que tu familia y toda la escuela se enteren de lo putita que eres obedecerás ¿entendido?

    Asentí, la vergüenza de que todos conocieran lo que había hecho durante 15 días me lleno de terror, pero no fue tan grande como el saber que mis padres podrían enterarse, mi padre era un homofóbico de hueso colorado y de enterarse de esa grabación no sé qué me haría. Asentí sin decir nada, tenía que volver a doblar las manos.

    —¿tienes todavía la ropita que te dimos o te deshiciste de ella?

    —todavía la tengo toda

    —perfecto, de ahora en adelante usaras bajo el uniforme solo ropa interior femenina y créeme Manuel lo estará checando

    —de acuerdo

    Manuel me vio y sonrió luego, extraño en él, hablo

    —sé que es poca así que el domingo iremos de compras para que tu escojas la que más te guste y espero verte bien arregladita, ese día terminaremos de ponerte las condiciones.

    Ricardo se terminó el cigarro y los dos salieron de allí dejándome más impotente que nunca.

    Al dejarme en soledad salí corriendo directo a casa, tome un taxi y al llegar a la seguridad de mi habitación comencé a llorar. Recordé el video y mi enojo aumento, como había confiado tanto en que nunca me grabaran o me tomaran fotos. Era una tontería que no fuera así… estaba más que… no, no sabía que sentía, si, era enojo, molestia o decepción, eso y mucha rabia, pero no con ellos, si no conmigo. Me hice bola en la cama. No sabía qué hacer, estaba entre la espada y la pared. Me levante y subí al desván. Una a una lleve a mi habitación las maletas, al terminar cerré con llave para evitar cualquier interrupción o sorpresa desagradable por parte de mis padres, oculte lo que me pondría el domingo y volvía subir todo salvo la maleta con lencería. Estaba terminando de acomodar todo cuando escuche a mis padres llegar. El resto del día transcurrió con normalidad, un rato después el teléfono sonó, momentos después mi madre tocaba mi puerta para que contestara.

    —hola princesa ¿Cómo estás?

    Al escuchar a Manuel, temblé un poco, el miedo a que no respetaran el trato y se lo contaran todo a mis padres me invadió

    —no te preocupes, no hablo para contar todo, te marque para ponernos de acuerdo con lo del domingo. Sabes, en un rato salgo de viaje acompañando a mi viejo y no estaré mañana para hablar contigo princesa. Pero no te preocupes, estaré puntual para nuestra cita del domingo. Estaba pensando en llevarte a desayunar con calma y luego ir de compras y por la tarde al cine ¿está bien que pase por ti a las 9 o prefieres que nos veamos más tarde?

    —no, está bien a esa hora

    —perfecto princesa entonces así quedamos paso a recogerte a las 9 a tu casa. Besos, cuídate.

    Manuel colgó el teléfono y yo hice lo mismo, por lo menos saldría antes de que mis padres se despertaran y solo tendría que preocuparme por el regreso. Baje y deje el teléfono. A la hora de la cena mis padres se la pasaron interrogándome y comentándome sobre mis nuevos amigos. Mi padre se alegraba de que saliera de mi encierro y mi madre decía que ya era hora de que pensara como alguien normal. En la cena también me entere que mis padres saldrían a una cena, por lo que si llegaba después de las 8 y antes de las 12 no se enterarían de nada.

    Tras una noche incomoda de viernes y un sábado de incertidumbre sin recibir llamadas o ser molestado llego el domingo.

    El despertador marcaba las 7 y media cuando sonó, me levante y estire un poco, tome mi toalla y me metí al baño, el agua me termino de despertar y exactamente al 5 para las 8 Salí del baño, me seque y me tumbe en la cama, estuve un rato así, pensando en todo lo que pasaría ese día. Tenía que encontrar una manera de que el abuso y la humillación terminaran, pero había demasiado que perder. Tome el bote de crema y me embadurne todo el cuerpo, era el mismo olor a duraznos que había tenido durante el viaje, me puse las bragas y tome mi celular, tenía poco menos de 20 minutos para terminar de arreglarme. Me termine de vestir y empecé a maquillarme, solo un poco de sombra en los ojos y un labial muy clarito para resaltar un poco mis labios, al ver aceptable el resultado, me vi con un poco más de seguridad, me coloque un par de aretes pequeñitos con forma de alitas y coloque mi dinero el celular y el resto de las cosas que llevaría en un pequeño bolso que había tomado de ropero de mi madre. Suspire y me vi por completo en el espejo, seguía siendo un niño pero el reflejo ante mi decía lo contrario. El sonido del timbre me saco de mis divagaciones. Tome el bolso y salí, me asome al cuarto de mis padres que dormían aun. Cerré con cuidado y baje. Allí en la puerta me esperaba Manuel. Me saludo con un ligero beso en los labios y me indico que lo siguiera, un auto nos esperaba. Abordamos y tras que Manuel indico el destino al chofer arrancamos. Manuel me empezó a contar que no le agradaba mucho eso del chofer, pero que su padre no le daría un auto hasta que terminara el año escolar, cosa que le molestaba un poco, mientras platicaba coloco su mano sobre mi pierna y no la movió de allí. 20 minutos más tarde llegamos a un restaurante, al bajar me tomo del talle y me pego a él para darme un beso. Al entrar pidió una mesa lo más retirada posible, sentí como las miradas se posaban en mí y me llene de miedo, una cosa eran mis compañeros de clase en un lugar aislado, pero eso… todo mundo podía verme y quizás alguien me reconocería y acabaría todo. Manuel me susurro que no me preocupara, que en realidad todo mundo veía mis pompas paraditas y no a mí, eso no me tranquilizo para nada. Al llegar el mesero ya me moría de la vergüenza; tomo la orden de Manuel y tras dirigirme un «señorita ¿qué va a ordenar?» Me vio directo a la cara, balbucee alguna cosa y tras tomar las cartas se retiro

    —¿lo ves? No tienes de que preocuparte princesa, te vez muy guapa

    Eso me apeno más y baje la cara para que no notara lo sonrojada que estaba. El desayuno fue rápido. Entre pláticas Manuel me comento que no dejaba de ver el video donde estábamos los dos. Al salir hicimos una escala más antes de ir al centro comercial en una estética. Nada más entrar todo mundo saludo a Manuel y la chica que parecía dirigir todo le pregunto que se le ofrecía, me vio directo a mí y pregunto si podrían hacer algo por mi cabello eso sí, dejándolo bastante largo. La chica tomo mi cabello y tras darle una rápida ojeada dijo que un pequeño tratamiento y un ligero corte para darle forma seria suficiente, antes de poder decir algo me encontraba recibiendo el tratamiento y el shampoo, la chica no dejaba de hablar de todo lo que se le ocurría, llego un momento en que me aturdió y ya no pude seguir la charla. Manuel solo observaba mientras platicaba con otras personas. Yo solo pensaba que al terminar y salir de allí, tendría que traer todo el tiempo el cabello amarrado para que no se notara que me había hecho un corte completamente femenino. 30 minutos después pude ver el resultado, el corte me suavizaba a un más los rasgos, haciéndome ver más femenina. Manuel me vio con esa mirada llena de deseo que yo conocía perfectamente. Pago y tras comprarme todo lo que le dijeron para que no se me maltratara el cabello nos fuimos de allí en dirección a nuestro destino original.

    Al llegar al centro comercial ya se veía muchísimo movimiento, pese que tenía poco más de media hora de abrir. Nuestra primer escala fue el departamento de juniors de una tienda departamental, en ella Manuel tomo bastante ropa para que me la probara, una de las chicas de la tienda se acercó a nosotros, me dedico una sonrisa y nos llevó a los probadores. Manuel traía ropa como para dos chicas, me dieron un probador y en el instante que iba a preguntar algo, otro cliente la llamo. Manuel aprovecho el momento me empujo y cerro tras de sí la puerta del probador. Me coloco frente al espejo y sin ningún preámbulo empezó a besuquearme y meterme mano a su completo antojo; sentí sus labios recorriendo despacio mi cuello y su mano deslizándose en mis nalgas sobre mis bragas. Estaba aterrorizada, pero sabía que si gritaba o hacia algún movimiento muy brusco nos descubrirían y allí acabaría todo, a fin de cuentas éramos un par de menores de edad y para salir de cualquier problema llamarían a nuestros padres. Sentí al erección de Manuel sobre mi vientre a la altura del ombligo, ya estaba excitado y mucho, me giro y termine espaldas a él, me subió el vestido, mientras me metía mano y recorría con su lengua mi cuello y parte de mis hombros comenzó a meter mano bajo las bragas, sentí como su pantalones cayeron rozándome las piernas y sentí de inmediato su palpitante verga sobre mis nalgas, sentí como la movía y como me rozaba las nalgas, se estaba preparando para penetrarme sin contemplaciones. Trate de resistirme, estaba llena de miedo, con brutalidad Manuel me empujo sobre el espejo y me doblo el brazo tras la espalda, un gemido se me escapo, pero fue ahogado cuando me coloco la mano sobre la boca. Una lágrima corrió por mi mejilla. Sentí su boca acercándose a mi oído y cuando pensé que me lamería el lóbulo me susurro muy despacio y de manera apenas audible

    —¡ahora te quedaras calladita o te rompo el brazo! ¿Entendiste?

    Asentí con la cabeza, despacio Manuel separo su mano sin dejar de torcerme el brazo, lo sentí doblarse y antes de darme cuenta me estaba quitando las bragas. Al levantarse volví a sentir una punzada de dolor pues me levanto un poco más el brazo, me empujo un poco más contra el espejo y en el instante que abrí la boca me metió mis bragas en ella. Manuel aflojo un poco más su presa, me abrió las piernas y con la mano que le quedaba libre guio su excitada verga a mi entrada, sentí la punta y comencé a temblar ¡Manuel iba violarme rodeados de toda esa gente! Lo empujo, la punta entro. La tela de la braga y el hecho de que estaba con la cara contra la pared evito que el grito se escuchara, y termino solo siendo un pequeño gemido; lo empujo un poco, sentía como poco a poco ese enorme pedazo de carne iba entrando en mi poco a poco pero con fuerza, Manuel me soltó el brazo que por la posición me hormigueaba. Me coloco las manos en la cadera y tras arrancarme el vestido me metió su verga por completo y sin contemplación alguna, levante mis manos y me sostuve de la pared para no caer. Manuel comenzó el consabido mete saca y a cada embate me penetraba con más fuerza. Una vez dentro de mí él se detenía, lo sacaba muy despacio para luego penetrarme hasta el fondo de golpe. Sentí como mi corazón palpitaba rápidamente, las piernas me temblaban por el miedo, la vergüenza y el dolor. Mi cabeza daba vueltas. Temía que nos descubrieran, en lo que pasaría… Manuel detuvo mis divagaciones al penetrarme con más brutalidad. Cerré los ojos aguantando las ganas de llorar por la impotencia, como siempre era solo una muñeca en manos de Manuel quien me usaba a su antojo. Se paró y al soltarme caí al suelo, pensé que era el fin, que había reconsiderado lo peligroso de la situación, no fue así; me tomo de los brazos, me giro y, Me sujeto con fuerza de las nalgas para comenzar a besarme; me levantando en vilo y coloco mi culo sobre su verga, antes de que pudiera decir o hacer algo, me clavo sobre su verga de golpe. Mi cuerpo se abrió en su totalidad al ser ensartada de esa manera, para evitar lastimarme rodee el cuerpo de Manuel con mis piernas y su cuello con mis brazos. En esa posición podía sentir en su totalidad el grosor y tamaño del miembro de Manuel, aumento mi dolor y mi miedo, no gritaba en parte porque el pedazo de tela en mi boca me lo impedía y me ahogaba y en parte porque no quería ser descubierta en esa situación. Manuel volvió a bajarme y separarse de mí, yo jadeaba y respiraba agitadamente. Volvió a colocarme contra la pared y esta vez me penetro más despacio, me tomo por la cintura apretándome un poco y empezó el bombeo final, con más fuerza e ímpetu, en cada embestida me apretaba más y más.

    Unos golpes en la puerta hicieron que mi corazón casi se parara del susto

    —¿necesita algo más señorita?

    La dependienta venía a ver qué pasaba. Como siempre Manuel conservo la sangre fría y sin dejar de penetrarme me susurro al oído.

    —dile que no pasa nada que ya vas a salir que la ves en la caja

    Obedecí y tras tragar saliva y tratar de calmarme lo más posible respondí con voz entrecortada y semi jadeante lo que Manuel quería, Manuel para hacer más cruel mi tortura me embistió con más brutalidad mientras le contestaba a la dependienta. La otra chica contesto afablemente y escuchamos como se retiraba. Esa situación excito sobremanera a Manuel quien unos segundos después y tras penetrarme con fuerza se descargó en mi de manera violenta y abundante.

    —fue delicioso princesa estar a punto de que nos atraparan me excito muchísimo deberíamos repetirlo otro día. Ahora, en cuanto te la saque, apúrate y ponte rápido las bragas, no queremos que cuando escurras mi leche ensucies todo.

    Obedecí pero aun así por lo abundante de su leche algunos grumitos cayeron a la alfombra, aunque la mayoría resbalo por mis muslos, iba a limpiarlos cuando Manuel evito que lo hiciera

    —déjalo así princesa

    —pero…

    Manuel pareció reconsiderarlo y me dejo seguir aun así una sonrisa se dibujó en su rostro. Manuel abrió la puerta y me ayudo a cargar todo, en la caja la dependienta me vio de manera recriminatoria, ella sabía muy bien lo que estábamos haciendo en el probador y porque había tardado tanto, a mí se me caí la cara de vergüenza y supongo que lo único que evito que nos delatara fue la compra que hicimos.

    Salimos de allí rápidamente, estaba totalmente sonrojada y no sabía ni dónde meterme. Subimos al segundo piso y tras que Manuel se compró un par de camisas terminamos en lencería, no tardamos mucho allí y la señorita que me ayudo creo que convenció a Manuel de que comprara demás. En zapatería fue más rápida la visita y termine con un par de bolsas más

    Salimos de la tienda y vagamos un rato por el centro comercial, visitamos tres o cuatro tiendas mas de las cuales salí con mas bolsas por lo que Manuel decidió regresar al auto para dejar todo eso y poder seguir comprando sin problemas. Tras esa pequeña pausa volvimos de compras, anduvimos de tienda en tienda, comprando aquí y allá, regresamos un par de veces más al auto y tras acomodar todo nos dirigimos a buscar lo único que faltaba, la lencería, había 5 tiendas exclusivas de lencería en el lugar y las visitamos una por una, en la última que era la más exclusiva, Manuel se detuvo en la puerta.

    —toma, esta tarjeta es solo para que te gastes todo el crédito aquí, así que compra todo lo que quieras no debe de quedar nada en ella, este es el número de cliente para que te facturen todo. Voy por algo de beber, no creo tardar así que tomate tú tiempo.

    Manuel tomo todas las bolsas que portaba, me dio una nalgadita al entrar y lo vi irse. Al fijarme en el lugar era enorme, las tiendas anteriores eran pequeñas y sin variedad ante lo que veía. De inmediato una señora se acercó a mí para preguntarme que deseaba. Invente la historia de un cambio total de guardarropa y que me mi papa me dio la tarjeta del lugar y el número de cliente, y se las tendí a la dependienta, al revisarla me menciono que la cuenta expiraba ese día y que tenía que consumir todo el dinero en ese momento. Asentí y ella me vio maternalmente, me acompaño a checar de cuanto disponíamos y al ver la cantidad casi me da un desmayo. 45 minutos después salía con una cantidad enorme de bolsas, al verme salir Manuel se apresuró y me ayudo a llevar todo al auto.

    —es hora de ir a comer, vamos

    Seguí como borreguito a Manuel hasta el sitio donde comeríamos, antes de entrar vi a Ricardo acercarse, la mala suerte aumentaba. Nos dieron mesa y en lo que nos traían lo que habíamos ordenado empezaron con sus condiciones.

    —no puedo creer que Manuel tenía razón, cada día te vez más guapa. Pero dejemos esto vamos a los negocios. En primer lugar eres nuestra de aquí a que acabe el año escolar. Una vez que termine, la grabación será tuya; para ganártela seguirás las reglas, si las rompes se acaba el trato y todo mundo tendrá una copia incluidos tus papas. Las cosas son muy sencillas; en primer lugar siempre llevaras ropa interior de mujer; en segundo lugar, cuando salgas con nosotros siempre será de niña; la tercer condición es que te venderemos en el colegio, no pongas esa cara, como siempre el único que puede darte hasta cansarse es Manuel, para el resto solo serán desfogues orales, y para ello te tenemos ya listo tu uniforme de chica.

    —además es mejor que lo vistas cuando se nos ocurra salir después de clases

    —eso es cierto, no queremos que nadie se entere de quien eres, acuérdate de ser sumisa y dócil nena y no tendrás problemas

    —¿eso es todo?

    —si, por el momento, espero que hayas entendido todo no es difícil de seguir, mientras te acostumbras Manuel ira por ti y te regresara a tu casa ¿de acuerdo nena?

    Tragándome mi orgullo y mi dignidad conteste que sí.

    La comida fue tranquila y cada quien estaba en sus asuntos platicando de tontería y media, yo seguía toda apesadumbrada, no sabía aun en lo que me había metido, mi cabeza daba vueltas tratando de buscar una solución a mi problema. Al terminar la comida Ricardo nos dejó en a la entrada del cine y se dirigió a casa de su novia. Manuel compro boletos para una película, una comedia romántica insulsa que estaba de moda en ese momento, me dejo viendo carteles mientras iba al baño. Estaba divagando frente a uno cuando me vi rodeada por un grupito de chicos

    —¿que haces solita linda?

    —¿te dejaron plantada o tus amigas andan dando vueltas con sus novios?

    —¿Qué te parece si nos acompañas a dar una vuelta para des aburrirte?

    Intente girarme hacia un lado pero uno de ellos me corto el paso, estaba totalmente rodeada y a su merced, sin quererlo me vi nuevamente en una situación complicada y al parecer no me dejarían ir indemne. Uno de ellos me tomo suavemente por el brazo para jalarme y llevarme con ellos cuando apareció Manuel

    —¿algún problema princesa?

    Inmediatamente me pegue a él y me abrazo, los otros chicos mencionaron que no pasaba nada y haciendo aspavientos se alejaron, comencé a respirar con más calma al verlos irse acababan de darme un tremendo susto, y allí estaba yo de nuevo, pese al asco, lo incomodo, lo molesto y lo humillante de la situación, comportándome nuevamente como una chica mas. Manuel no dejo de ver la grupito hasta que desaparecieron de nuestra vista

    —vamos princesa por algo de tomar para que se te pase el susto

    Me deje llevar como corderito hasta la dulcería donde me compro una soda de limón y chocolates, no me separe de Manuel, sentía un poco mas de seguridad, y es que pese a su edad, su porte y estatura lo hacían ver mayor. 15 minutos después estábamos entrando a la sala para aburrirnos mortalmente con la película. Estábamos casi a la mitad de ella cuando Manuel empezó a utilizar mi mano para masturbarse, lo vi a los ojos y sonrió continuo un momento apretando mi mano y cuando vio que no me resistiría y lo haría sola me soltó, Manuel se estiro un poco para disfrutar las caricias, yo volteaba a todos lados presa del miedo de que nos atraparan, sentí el grosor de su carne crecer entre mis dedos, las palpitaciones de sus venas… Manuel cerro los ojos, el sin duda estaba disfrutándolo; un rato después Manuel se acercó a mí y me susurro al oído

    —anda princesa mámamelo solo como tú sabes, anda que me falta poco para llegar. Además me lo merezco después de rescatarte de esa banda de idiotas

    Me empujo suavemente y me vi con la cara frente a su miembro, sabía que no tenía opción, así que empecé a lamerlo como gatita, de la base a la cabeza, despacio y muy lentamente, luego lo metí con cuidado a mi boca tratando de tragar lo más posible chupeteaba y besuqueaba la cabeza mientras lo lamia, era mejor que meterlo todo en mi boca, Manuel me sujeto de la cabeza y no me dejo separarme más, estaba a punto de llegar, se contuvo para no gritar y me regalo una tremenda venida que casi me ahoga, chorro tras chorro los trague en su totalidad, me incorpore y con una servilleta limpie el semen que se me escapo por las comisuras de los labios, Manuel me dio un beso en la frente y vimos el final de la película.

    Salimos a las 7 y cuarto del cine por lo que iba en tiempo perfecto para llegar a casa, le dije a Manuel que tenía que volver ya y de inmediato me llevo al auto, allí entre las bolsas y demás nos acomodamos y nos dirigimos a mi casa

    30 minutos duro el viaje, al llegar Manuel se ofreció ayudarme y así de manera más rápida metimos todas las cosas a mi cuarto.

    —¿así que aquí es donde pasa la mayor parte del tiempo mi princesa? No es muy femenino que digamos pero es acogedor y tranquilo, y creo que tendremos que comprarte un closet mucho más grande, toda esa ropa, no entrara aquí

    Manuel revisaba atentamente todo y veía con detenimiento las cosas que más le llamaban la atención

    —¿y tus padres princesa?

    —en una reunión regresaran entre las doce y las doce y media

    —perfecto

    Puse mi cara de sorpresa y antes de poder hacer algo Manuel me tenía ya sobre la cama besándome el cuello, sentí como sus manos me recorrían por arriba y por debajo de la ropa

    —ya extrañaba esto princesa, lo del vestidor estuvo bien… pero la verdad necesitamos espacio para jugar como nos gusta, necesito oír tus gemidos y decirme lo putita que eres.

    Manuel volvió a callar y a besarme todo el cuerpo mientras me quitaba el vestido.

    —Manuel detente mis padres pueden encontrarnos y…

    —son las ocho y cuarto y si como dices regresaran cerca de las doce, tenemos alrededor de tres horas para hacerte mía sin problemas.

    Se separó de mí y se levantó quedando parado al pie de la cama. Me vio. Allí estaba yo, tendida boca arriba solo vistiendo el sujetador y las bragas. Lo vi directo a los ojos, Manuel sonrió y me guiño el ojo, comencé a temblar un poco, tenía mucho miedo, ya todo estaba totalmente fuera de control y no podía detenerlo

    —tranquila princesa, note pasara nada, no mientras yo esté aquí para cuidarte, tengo todo controlado así que no tengas miedo.

    Su seguridad me tranquilizo un poco, aun así las sirenitas de alerta y peligro resonaban en mi cabeza. Lo vi me dirigió una sonrisa que le conteste tímidamente.

    —así me gusta princesa

    Manuel se despojó de su camisa y del resto de su ropa, inmediatamente después subió a la cama conmigo, cerré los ojos mientras llevaba mis brazos por sobre mi cabeza y me acariciaba todo el cuerpo, sentí sus dientes mordisqueándome el cuello y respingue, me sujeto por el vientre para detenerme y bajo a mi pecho; Manuel se colocó sobre mí me abrió las piernas lentamente, se medio incorporo y colocando sus manos a cada lado de mi cuerpo, comenzó a quitarme las bragas, mientras lo hacía me lamia las piernas y me besuqueaba los pies, al terminar las lanzo a una esquina del cuarto, lo mismo hizo con mi sujetador. Suavemente coloco mis piernas sobre sus hombros y sentí como su erecta verga buscaba entrar en mi, se acomodó un poco y con su mano guio la cabeza de su verga a mi entrada.

    —ahora no necesitas contenerte princesa

    De un empujón me enterró la mitad de su falo. Grite, eso enardeció mas a Manuel que tras sacarlo un poco me la enterró de lleno de un solo golpe. Me tomo de las muñecas y me apretó un poco, fue cuando empezó el mete saca, primero muy despacio, pero a medida que avanzaba lo empezó a hacer más fuerte, un par de gotas de sudor corrieron por la frente de Manuel. El jadeo, y de la embestida grite, se detuvo un instante, separándose lentamente, quería retrasar lo más posible el llegar, se colocó a un lado de cama y me jalo con él, me paro sobre la cama y comenzó nuevamente a besarme el cuerpo, coloco su manos en mis nalgas y t ras jalarme volvió a penetrarme, esta vez de pie, me pegue a su cuerpo mientras con sus manos llevaba el ritmo de sube y baja, a cada embestida yo gemía, mi cabello ondulaba por el movimiento, eche la cabeza hacia atrás y arquee el cuerpo, Manuel interpreto eso como aceptación y aumento la velocidad y fuerza. Pocos minutos después volvió a detenerse, se separó rápidamente y me dejo caer en la cama. Respiraba agitado cuando se colocó a un lado de mí.

    —ahora muñeca hazme llegar ponte ese vestidito tuyo y ven sobre mí, sabes cuánto me gusta así

    Obedecí, tome el vestido que había usado ese día y me vestí solo con él, subí a la cama y me coloque a horcajadas sobre Manuel, tome un poco de iniciativa y con mi mano guie el grueso miembro a mi culito, al sentir la cabeza en mi ojete, de un sentón me ensarte yo sola, gemí y Manuel también, comencé a moverme despacio, de inmediato Manuel coloco sus manos en mi cintura y me vio, moví mis caderas de atrás a adelante y de arriba abajo, para darle el placer que necesitaba y terminara rápido. Manuel comenzó a perderse y si seguía así llegaría pronto.

    —¡vamos puta! ¡Así! ¡Así muévete! ¡No te detengas puta! ¡No te detengas!

    Manuel como siempre comenzó a llenarme de improperios y a decirme lo puta que era, le encantaba decirme puta barata, aumente un poco la velocidad de mis movimientos y gimió de placer, Manuel cerro los ojos y se dejó llevar por completo

    —¡dime lo puta que eres! ¡Quiero escucharlo mientras llego! ¡Vamos puta! ¡Dilo! ¡Dime que eres una puta!

    Manuel estaba excitadísimo ya faltaba muy poco para que llegara, me tomo más fuerte de la cintura y empujo a un más su miembro dentro de mí.

    —¡dilo puta! ¡Dime que eres una puta!

    —¡soy una puta!

    —¡otra vez puta! ¡No dejes de decirlo hasta que llegue!

    —¡soy una puta! ¡Soy una puta! ¡Soy una puta! ¡Soy una puta!

    —¡mas! ¡Mas! ¡No te detengas!

    —¡soy una puta! ¡Soy una puta! ¡Soyunaputasoyunaputasoyunaputa!

    Manuel no pudo aguantar más y me lleno de leche, uno, dos, tres chorros de leche se dispararon dentro de mí. Caí sobre el pecho de Manuel mientras el continuaba llegando. Al terminar y relajarse se separó de mi. Me sonrió y me indico que era hora de separarnos. Se vistió mientras yo me recuperaba un poco tendida en la cama, luego lo acompañe hasta la puerta de la casa él se despidió de mi dándome un beso en los labios. Cerré con llave la puerta y volví a mi cuarto. Me tumbe rendida en la cama. Estaba exhausta, mire a mi alrededor ¿dónde metería todo eso? Ya tenía problemas escondiendo las cosas del viaje y ahora Manuel acababa de regalarme un guardarropa completo, por lo pronto lo dejaría como estaba, si cerraba mi cuarto con llave nadie entraría y por lo menos mis padres no encontrarían toda la ropa, me metí en la cama y cerré los ojos, era mejor dormir, tenía que descansar las nuevas humillaciones comenzarían al despertar.

    Continuará.

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  • Un trío en congreso laboral (Parte I)

    Un trío en congreso laboral (Parte I)

    Tengo seis meses trabajando en una empresa como gerente de departamento. Uno de sus puntos fuertes de este trabajo es la recepcionista Martha. Una mujer de 31 años de edad, rubia de pelo corto, tez blanca, no muy voluptuosa pero siempre viste muy sexy. Sus escotes siempre te dan la bienvenida acompañado de una sonrisa en su cara. Sus delgadas y suaves piernas atrapan todas las miradas a la hora del almuerzo. Su trasero es grande para su cuerpo. Según me dicen casi todos los hombres han intentado «algo» con Martha, a veces les acepta la invitación pero de eso ninguno ha logrado más. Yo nunca lo he intentado a pesar de un aparente coqueteo: «Hola guapo» me dice todas las mañanas.

    Otro plus interesante es Susy, una niña de 23 años de edad, recién graduada de la universidad. De ascendencia asiática con mezcla caribeña. Una chica preciosa, sus achinados ojos color miel y una boquita carnosa y chiquita la hacían parecer una muñequita de colección. Delgada, con un color de piel canela, piernas largas y un busto grande y alegre. Ella es muy recatada, viste de manera muy profesional y siempre mantenía una actitud seria en la oficina. Su puesto es de asistente en otro departamento así que no tenemos una relación laboral pero de vez en cuando compartimos en el almuerzo. Martha y Susy se hicieron amigas, eran de las pocas chicas jóvenes así que no era sorpresa verlas juntas caminar por los pasillos. Vaya disparidad. El culo de Martha, siempre enmarcado en unos pantalones ajustados o una minifalda siempre era el punto de atención pero a mí me gustaba Susy. Tenía ganas probar su sexo, de chupar sus grandes senos y ver esa carita mientras me la follaba. Muchas veces tuve que disimular mi erección mientras almorzaba con ella.

    Un día mi jefe me dice que estoy invitado a una convención con clientes e inversionistas, la cual se llevaría a cabo en un hotel de playa de mi país. Dos noches para «crear y fomentar relaciones de confianza». No era algo que me entusiasmara. Me emocionó cuando vi un par de nombres den la lista de «invitados». Susy por ser asistente del departamento contable y Martha, para encargarse de la logística.

    El primer día fue peor de lo que imaginaba. Reuniones, discursos y risas falsas por doquier. Era temporada baja así que el hotel estaba casi vacío. Martha estuvo tan ocupada que casi ni pude verla y Susy solo la vi cargando papeles y folios en un vestido largo sin mayor gracia. En la noche no hubo mayor diferencia. Nada de Martha ni de Susy. El segundo día fue más de lo mismo. Al final de la convención, el bus contratado por la empresa salía las 4 pm hacia la ciudad pero yo había llevado mi propio vehículo ya que las habitaciones estaban pagadas hasta el mediodía del siguiente día y aproveché para relajarme un poco. Mientras estaba en el protocolo de despedida con clientes y accionistas, vi a Martha quien me sonrío y me preguntó por mi maleta. Le dije que me quedaba la noche ya que todas las habitaciones estaban pagas. «Deberías quedarte también» le dije seguido de un guiño. Me miró, sonrió, me dio un rico beso en la mejilla y siguió con sus tareas.

    Eran las 9 de la noche cuando recibí un mensaje de texto de Martha: «Hola guapo! Ya cenaste? Pasa por nosotras». Lo tuve que leer un par de veces. No sabía con certeza que Martha había seguido mi consejo, pero me alegró que lo hiciera. Sabía que Martha y Susy compartían habitación, no sabía que ambas se habían quedado. Rápidamente me vestí y busqué su habitación. Toque la puerta y Martha abrió, con un vestido color celeste agua, súper corto no llegaba ni a medio muslo. Al costado lo recorría un encaje que dejaba ver gran parte de su cuerpo. Sus pezones ya habían delatado que no llevaba brassiere y el encaje delató que tampoco llevaba tanga. Su cuerpo era espectacular y ella lo sabía. “Hola, pasa adelante. Ya casi estamos listas» me dijo. Del baño salía Susy vistiendo un shortcito amarillo que apenas cubría su culito, su cintura expuesta y un top con un patrón frutal cubría sus senos. Era la primera vez que la miraba con un escote. Su cabello largo lo tenía acomodado con una cola justo en el tope de su cabeza. Mil ideas pasaron por mi cabeza.

    «Vaya chicas! Se ven hermosas» dije tratando de parecer encantador

    «Gracias» dijeron ambas

    Salimos a cenar escoltado por ambas chicas. Comimos, reímos y tomamos. Martha se sentó a la par mía. Susy al frente. Mi mano estuvo acariciando las piernas de Martha casi toda la velada, subía lo más que su vestido me permitía lo cual era bastante cerca de lo interesante. Martha nunca se incomodó. Pero a pesar de eso el escote de Susy era lo que me tenía excitado. Sus senos eran más grandes de lo que los atuendos de oficina dejaban notar. Luego del último shot de tequila Susy se disculpó y fue al baño. Martha tomó mi mano posada en su muslo y la llevó a su entrepierna mientras su otra mano se posó sobre mi pene semi erecto y me dijo «si, tiene senos grandes la Susy! Y los esconde!» Le iba a besar el cuello pero me detuvo «aún no bebe» mientras me frotaba mi verga sobre el pantalón. Cuando Susy volvió a la mesa Martha se levantó para ir al baño y le dijo a Susy:» Siéntate acá, te va a gustar» En cuanto Susy vio la tienda de acampar que tenía en mis pantalones miró con sospecha a Martha y se sentó a mi lado. Puse mi mano sobre su pierna y avancé hasta su entrepierna. Susy estaba de piernas cruzadas pero las abrió para darme espacio. En cuanto traté de meter mano bajo su short me detuvo y me dijo «espera». Martha volvió con una sonrisa y preguntó «Listos los tres para irnos?… bueno, los 4?» corrigió al ver mi erección aun presente.

    Logramos llegar a la habitación guiados por Martha, apenas entramos a la habitación ella me empujó contra la pared y empezó a besarme. Acariciando su cuerpo llegué a hasta el fin del vestido y lo subí descubriendo sus ricas pompas, su bello abdomen y finalmente sus deliciosos senos. Martha estiro sus brazos para permitir que el vestido de terminar de deslizar de su cuerpo. La tomé del trasero, la empujé hacia mí y empecé a lamer sus senos mientras ella me soltaba la cremallera y me bajaba el pantalón hasta que mi pene saltó como un resorte. Lo tomó con sus pequeñas manos, dio tres pasos para atrás, se sentó en la cama y comenzó a chupármela. Su lengua recorría mis bolas hasta la punta de mi pene y se devolvía de la misma manera. Susy estaba sentada en la orilla de la cama viendo a su amiga devorar mi polla dura. Empecé a empujarle mi miembro en la boca de Martha sin quitarla la mirada a Susy. Martha lo recibía gustosa y continuaba frotando la parte de mi tronco que no le entraba en su boca. Luego de atragantarse un par de veces paró y excitada dijo «siéntate, necesito que me cojas ya!» Fui obediente y esta sexy mujer se posó sobre mí, tomó mi pene erecto y lo guío dentro de su vagina, en el instante que la cabeza de mi pene entró en contacto con sus labios se deslizó suavemente hasta que el mismo peso de Martha llevó toda la envergadura de mi polla dentro de ella. «ohhh que delicia guapo! Dios!» gemía mientras movía sus caderas hacia atrás y hacia adelante. Yo jugaba con sus senos y la nalgueaba lo que le excitaba aún más. Volví mi atención a Susy mientras Martha me montaba. Ella seguí de testigo, sentada en la misma esquina de la cama. Le hice señas para que se acercara, lo hizo tímidamente. Empecé a besarla. Esos labios carnositos se sentían de maravilla. Una de mis manos rodeaba la cara de Martha y ella me chupaba el pulgar, la otra mano jugaba con los grandes senos de Susy sobre su top. Martha se inclinó hacia Susy y empezó a besarla. «Esta rica su pollaaa» le afirmó a Susy antes de empezar a besarla. Martha se bajó de mi pene, se dio vuelta y volvió a sentarse sobre él esta vez dándome la espalda. Tomó a Susy de la mano y la colocó al frente de ella. Le subió el top con cariño para besarle los senos. Esos grandes y gloriosos senos. Sus aureolas eran pequeñas y sus pezones grandes y saltones. Martha los lamía con suavidad mientras yo le tomaba del culo para subirla y bajarla sobre mi polla. A punto de botar mi leche trate de sacar mi polla pero ella me ordenó » échala adentro guapo!» no tuve tiempo para debatir y sentí tan rico regarme dentro de Martha mientras ella presionaba sus nalgas contra mí.

    Continuará…

  • Un trío en congreso laboral (Parte II)

    Un trío en congreso laboral (Parte II)

    Martha se tiró sobre la cama, satisfecha y con su vagina goteando mi leche. Yo, bastante agitado, pude ver a Susy semidesnuda frente a mí. Me arrodillé frente a ella, le quité su short y su tanguita para llamarle su vagina. Apenas mi lengua hizo contacto con sus labios la sentí estremecerse. Susy puso una pierna sobre mi hombro para darme un mejor Angulo para comérmela. Su cosita ya estaba húmeda. Estrujé sus nalgas, sus caderas se movían hacia mí, deseosas del contacto con mi lengua y mi boca. Vi a Martha pararse detrás de Susy y besarle en el cuello. Las manos de Martha recorrían el cuerpo delgado de Susy, su abdomen, sus senos, sus brazos. La sentí acariciar mi caballera mientras yo comiendo el rico coñito de la tierna Susy.

    «Ya no aguanta más, cógetela guapo» indicó Martha. Susy se acostó sobre su espalda, me abrió las piernas y me dijo con una voz suave y necesitada «Dámelo». Me puse sobre ella, me acomodé entre sus piernas, sus rodillas quedaron sobre mis hombros y guie mi verga erecta dentro de ella. Un suave gemido seguido de una maravillosa expresión de dolor y placer dio inicio a nuestra follada. Todo este tiempo la había deseado tanto y finalmente me le estaba cogiendo. Besándola, acariciando su cara, manoseando sus senos. Le estaba dando duro, Susy abría su boca sin saber cómo gemir pero sus ojos lo decían todo. Sentí a Martha atrás de nosotros. Acariciando nuestros cuerpos. Sentí sus lengua sobre mis bolas, la muy perra recorría la parte baja de la vagina de Susy y mis bolas cuando azotaban los labios de Susy. Bajé el ritmo para darle oportunidad a Martha de lamer nuestros sexos. Enterraba lentamente mi verga en Susy y sentía la lengua de Martha recorrer mi tronco a cómo iba enterrándose en Susy, sus gemidos eran indescriptibles. Parecía no querer ser escuchada como para no detener lo que estaba pesando pero el «uyyyyy» y «ayyyy» entre suspiros eran cada vez más constantes hasta que llegó al orgasmo. Me enterró las uñas en los brazos y sus piernas me presionaron como si fuera una llave de lucha y soltó un grito de placer «ayyyyyy» mientras se estremecía y mordía sus labios. Pero yo no había terminado. Saque mi polla de Susy, sabía q Martha la iba a mamar. Sentí su boca recibirme, sentí su lengua jugar con mi verga llena de jugos de Susy. La escuché atragantarse. Me acomodé para penetrar a Susy de nuevo. Sin piedad, puse todo mi peso sobre ella y mi verga parecía tocar fondo. Susy no emitía sonido. Su boca abierta, su ojos fijos en mí, sus uñas rasgando mi piel. Sentí mis bolas vaciarse en Susy.

    Me levanté para ir a limpiarme. Mirándome al espejo aún no creía lo que estaba sucediendo. Me acaba de follar a las dos chicas más calientes de la oficina! Cuando salí ambas estaban acostadas en la cama, Martha viendo su celular. Susy exhausta, a punto de caer dormida. Martha me vio, «sabes guapo, a mí no me has comido». Se puso en posición de cuatro apoyando su cabeza en la almohada y su increíble culito levantado para mi deleite. Me tomé todo el tiempo del mundo, ya que necesita recargar baterías. Inicié lamiendo bien suavecito y apenas rozándole sus labios vaginales. Los separaba con mi lengua sin profundizar. El culito de Martha se agitaba, sentí su vagina caliente y oía sus gemidos pidiendo más. Cada lamida iba más profunda, me aseguraba que sintiera mi barba contra su vagina. Fui metiendo un dedo, luego otro, sintiendo su humedad y mi saliva mezclándose en su cosita. Pronto tenía mi cara entre sus nalgas, mi lengua jugueteando con su clítoris y tres dedos masturbándole. Me puse en posición para penetrarla. En ese momento vi a Susy masturbándose acostada junto a ella. Sus largas piernas tan abiertas como podían estar y un par de dedos estimulando su clítoris. Sus senos perfectos se agitaban al ritmo de su masturbación. Me miraba con la misma pasión que cuando la estaba penetrando. Le dije que se pusiera en la misma posición que Martha, quería tener el par de culos listo para ser penetrados de nuevo por mi polla.

    Lamí la cosita de Susy. Estaba totalmente mojada, sus jugos cubrieron mi lengua. Era delicioso. Tome mi verga, se le empujé suavemente a Martha mientras con un par de dedos masturbaba a Susy. Martha, al sentir mi polla dentro de ella, empezó a batir sus caderas y su culo de manera impresionante. Sentía esos movimientos en mi polla como si estuviese en un remolino. Ella era total dueña de mi miembro. En un momento, dejé de masturbar a Susy para tomar a Martha de la cadera, nalguearla como a ella le gusta y martillarla con mi verga. Sus gemidos eran escandalosos y faltos de aliento. Me detuve abruptamente, se la saqué, di un paso a la izquierda y penetré a Susy. Su vagina me recibió bien caliente y húmeda. Susy no tenía los movimientos de Martha, así que le enterré la verga una y otra vez. Vi a Susy sujetándose de la cubierta de la cama y mirando a Martha, «Sii… es una vergota!» le confirmó Martha. «Guapo, ya cambia! Métamela a mí!» me suplicó Martha. Alterné penetrar ese par de culitos hasta que no pude más. Mientras estaba dentro de Susy exclamé «voy a terminar en sus caras!». Martha reaccionó como una profesional. Se puso de rodillas acariciando sus erectos pezones. En cuanto se la saqué a Susy ella se acomodó junto a Martha. Me masturbé hasta sentir mi semen salir expulsado sobre la cara de Martha y Susy. Martha tomó mi polla y la chupó para limpiarla, luego la puso en la boca a Susy quien hizo lo mismo. Susy succionaba mi polla y Martha me lamía mis bolas. Fue el broche de oro perfecto.

    Eran las 6 de la mañana, llevábamos más de 5 horas «jugando». Susy y Martha se marcharon a su habitación. Desperté a las 11 am con un mensaje de texto de Martha «Hola guapo! Ya almorzaste? Pasa por nosotras».

  • Me indujeron a ser esclava sexual (I)

    Me indujeron a ser esclava sexual (I)

    Era una mañana nublada de un día viernes en Caracas, me encontraba de camino a la universidad. Estudio contabilidad en la UCV, voy por el segundo semestre. No solo era una mañana nublada, también era una mañana fría, y bueno, con algo de llovizna. El clima ideal para estar en la cama arropada viendo una película y tomando una taza de chocolate caliente. O bien, teniendo sexo. A juzgar por la humedad de mi entrepierna, y de otras sensaciones de mi cuerpo, esto último era lo que deseaba estar haciendo. Pero no, como ya dije, me encontraba camino a la universidad. Había poca gente en la calle. Apuesto a que más de uno estaba en ese momento en alguna de las tareas anteriormente mencionadas. Las pocas personas que había recorriendo las calles volteaban a verme incrédulas de mi manera de vestir para un clima así. La verdad cuando salí de casa parecía que iba a ser un día soleado, por lo que elegí mi vestimenta acorde.

    Iba con falda negra, bastante ajustada a mi cuerpo, en especial a mi cola redonda y firme. Dicha falda tapaba un poco más abajo de la mitad de mis muslos, dejando ver bastante de mis largas y blancas piernas, consideradas hermosas por muchos. Al final de estas llevaba un par de sandalias de tacón alto, negras, que dejaban ver bastante de mis pies cuyas uñas las llevaba pintadas de color negro. Llevaba una blusa gris de manga corta, con un escote si bien no muy escandaloso, era lo suficientemente sensual y provocativo para atraer miradas tanto de hombres como de algunas mujeres directamente a lo que se dejaba asomar de mis senos. Encima de la blusa llevaba una chaquetita negra abierta. De maquillaje iba regular, bastante sensual, pero sin llegar a lo vulgar o lo soez. Iba con mi cabello negro y liso humedecido por la llovizna, a pesar de llevar paraguas, no lo estaba usando. Me encanta el clima así, y me calienta muchísimo. Pero bueno, ya estoy dando muchos rodeos…

    Llegue tarde a la clase. Seré sincera: no deseaba ir… quería de verdad estar en mi habitación ya sea follando con algún macho, o dándome dedo en la soledad de mi cama. Mis resortes de sumisa fetichista estaban disparados por lo que me imaginaba situaciones de lo más variopintas, con el macho me imaginaba estar en cuatro, con el empalándome por el culo sosteniendo una cadena abrochada a un collar de perra ajustado a mi cuello. Mmmm mi entrepierna estaba mojándose cada vez más… mientras mis ojos estaba clavados fijos en la pizarra en la cual mi profesora de contabilidad II escribía una variedad de ejercicios. Pero mi mente estaba en otro lugar, específicamente en mi habitación, viéndome vestida solo con un buen par de sandalias de plataforma, similar a la que usan la mayoría de actrices porno en la mayoría de las películas de ese tipo, y con el resto de mi cuerpo metido en un traje de malla negro, cubriendo todo el cuerpo a excepción de mis brazos y mi cabeza. Sentada en la orilla de mi cama, de frente a mi televisor, con las piernas abiertas, una pinza en mi clítoris, otras cuatro en mis labios vaginales (dos en cada uno) y una en cada pezón. En mi frente, la palabra «CERDA» escrita así, en letras grandes mayúsculas. En mis muñecas, un par de pulseras gruesas de acero, las cuales se comunicaba cada una con una cadena a un collar abrochado a mi cuello, fabricado con el mismo material, y en el que se podía leer claramente la frase «ESCLAVA A SER USADA SEGÚN LOS DESEOS DE SU AMO». Debo decir que la pinza de mi clítoris la imaginaba como una pinza vibradora, cuyo control remoto yo sostenía en mi mano derecha, y lo accionaba según mi antojo, deseando estar a los pies de alguien, mientras veía una película de sadomasoquismo a todo volumen. Cabe aclarar que vestirme sexy, como puta, o de manera un tanto fetichista, en la soledad de mi habitación para masturbarme viendo porno es algo que hago seguido, en cierta forma me siento una guarra pervertida haciéndolo, y eso me calienta sobremanera. Algo que al parecer le hace falta a mi profesora, la cual siempre esta amargada. Le hará falta un buen macho que se la coja, la dome y le enseñarle los placeres de la vida. Aún seguía dando la clase, a la cual le perdí el hilo hace ya un buen rato ese día, pensando todo tipo de depravaciones sexuales. Ese día sin duda andaba un poco «ruda» en cuanto a sexo se refiere.

    Mientras dicha profesora continuaba explicando los ejercicios de la página… no me acuerdo cual, yo continuaba imaginando nuevas escenas donde yo era la protagonista. Esta vez me veía acostada en el piso, boca abajo, con mi cuerpo sujetado en varios puntos a una estructura tubular, con las piernas y las caderas elevadas en el aire gracias a la flexión a la que estaba sometido mi cuerpo, esto es, doblado hacia atrás, de las caderas hasta los pies, retorcido por los tubos que me sujetaban. No del todo partida, no soy contorsionista, pero si en una posición bastante incómoda. Mis pies llegaban más o menos a estar sobre mi cabeza, en el aire, por la flexión de mis piernas. Mis tetas, mis brazos y mi cabeza estaban pegadas al piso. Mis piernas estaban abiertas, dejando mi rajita vaginal a merced de la persona que me tenía en esa posición, nada más y nada menos que mi vecina de la casa de enfrente, llamada Sara, con quien fantaseo muy seguido. En esta imagen ella aprovechaba esa posición para atar mi cabello al extremo de una trenza, y el otro extremo era atado a un garfio, el cual, tras estirar bien la trenza jalando mi cabello hacia atrás, era metido en mi culo, provocando que mi cabeza quedara elevada, aumentado la incomodidad. Luego de esto, ella tomaba un consolador, y lo introducía en mi coño primero despacio, luego más y más rápido, hasta provocar que me corriera, para luego soltar mi cabeza y hacerme besar sus pies.

    Quiero dejar bien claro para todos ustedes, amigos lectores, que yo soy una mujer normal. Como ya dije, todo esto que me imaginaba no eran más que fantasías, no me veo en ningún momento realizándolo en la vida real. Sí, tengo cierto morbo con las mujeres, pero jamás lo he hecho con una, aunque sí que he fantaseado con muchísimas, y de qué manera. Pero repito, no lo he hecho con una, y no me veía en estos momentos haciéndolo en un futuro con alguna. Pero la vida da vueltas…muchas vueltas…otra cosa que hay que aclarar también es que soy virgen de mi orificio anal. Siempre he fantaseado con que me metan la verga por ese agujero, pero jamás he permitido que me lo hicieran. En cierto modo, por guardar apariencias, solo las putas lo hacen por ahí. Yo, a pesar de fantasear con ser una, no lo soy en la realidad.

    -Bien, esto ha sido todo por hoy, pueden retirarse. –dijo mi profesora, sacándome del estado de trance en el que me encontraba imaginándome el tipo de situaciones anteriormente contadas. Menos mal salí rápido de esos pensamientos, puesto que note que mi mano izquierda estaba masajeando mis muslos, y ya tenía el borde inferior de la falda bastante subido por encima de la mitad de mis muslos. Eso, sumado a que con mi mano derecha sujetaba el bolígrafo con el que estaba «escribiendo los apuntes», de manera juguetona en mi boca, con la cual chupaba y lamia la punta. Un poco más y casi me desnudo inconscientemente en el salón, y la cosa se hubiera puesto difícil. Como bien dije, suelo fantasear con cosas bastante duras, pero en la intimidad muchas de esas cosas no las he realizado, he sabido guardar perfectamente las apariencias de señorita decente ante todo el mundo, incluyendo a mis parejas, y obviamente, a mi familia. Ok, siempre me ha gustado vestir bastante sexy, y el sexo, pero jamás he realizado ninguna de las cosas que me pasaban por la mente, como el sexo anal, o ser una esclava humillada. Vestirme como puta, eso lo hago más que todo para mí, para masturbarme, y vestirme bastante provocativa, que no es lo mismo que vestir de puta, lo hacía solo cuando estaba con ganas de un buen y rico acoston.

    Me fui a la cafetería a intentar calmar la calentura tomando algo frio. Si, a pesar de que hacia bastante frio ese día, cargaba una tremenda calentura que ya a estas alturas me tenía con el rostro enrojecido, además de mí pecho, el cual se torna de ese color cuando ando buscando guerra. Llegue y allí estaba Miguel, el «tonto» de la clase. No me gusta ponerles calificativos a las personas, pero hay muchas que de verdad se lo merecen. Miguel es uno. Si con tonto piensan que me refiero al típico chico con granos en la cara que tartamudea cuando una chica linda les habla y sirve como objeto de burla de todos los demás estudiantes están equivocados. A esos chicos así los encuentro algo tiernos. Miguel era un tipo de 26 años, con un cuerpo bastante cuidado, y bastante agraciado de rostro. Pero su forma de ser era insoportable. Bastante fanfarrón, el típico imbécil que cree estar en la cima del mundo, que se levanta a todas porque es el más «papi». El típico hombre que cree que solo por tener el cuerpo que tiene ya se ganó el derecho a estar con todas las que le da la gana en la cama. No les diré que no me provoca tirármelo, pero su actitud es bastante estúpida. Se acercó a mí y abrazándome desde atrás, colocando su barbilla sobre mi hombro izquierdo y me dijo:

    -Hola mamita, veo que andas buscando con quien matar las ganas, para andar vestida de esa manera en un día así…

    -Cuidado con lo dices miguel, hoy no estoy humor.

    -Pero mi cielo, nada más mírate en un espejo, a todos nos pones con muchas ganas de tu cuerpo –En este punto me comenzó a recostar su paquete, el cual a través de la tela se notaba erecto –nada más siente como me tienes, vámonos a un matadero, aprovechando lo cerquita que esta la calle de los hoteles.

    -Esta es la segunda advertencia miguel, ten mucho cuidado con tus palabras, estás jugando con fuego, y te aseguro que te vas a quemar si continuas con la estupidez…

    -Deja de hacerte la difícil mi reina, que sé que tienes ganas de probar de mi chocolate –fue aquí cuando cayó la gota que rebaso el vaso. Diciendo esto me toco ambas tetas, ahí, delante de todo el mundo. Y ahí, delante de todo el mundo, me zafe de su abrazo, me voltee rápidamente y le pegue una tremenda cachetada.

    -¡¡¡Quien te crees que eres grandísimo estúpido, abusador!!! ¡¡¡El acostarte conmigo no ocurrirá ni en un millón de años, ni porque fueras el último hombre de este universo!!! ¡¡¡Aprende a tratar a una dama, púdrete!!! –le grite, todo el mundo se nos quedó viendo. No soy de las que les gusta armar escándalos, pero el estar frustrada por tener unas fuertes ganas de sexo y no poderme saciar, aunado a la gran estupidez mental de Miguel, provocaron que reaccionara así. Me di media vuelta, y me largue del sitio, y mientras caminaba, le oí decirme «Puta» a lo que yo le conteste «yo si soy, y estoy orgullosa de serlo», respuesta que provoco que muchos de los presentes se rieran de Miguel, quien quedo «jodido».

    Debo admitir que el magreo de mis tetas aumento mi excitación. Sentía como mis piernas temblaban un poco a cada paso que daba, producto del cosquilleo que sentía en mi entrepierna. Estaba molesta por lo sucedido, pero mi cuquita y mis pezones daban señales de todo lo contrario. Supongo que además del manoseo al que fui sometida, lo humillante de la situación al haberlo sido en público, también fue un buen catalizador para que mi libido se disparase a niveles sorprendentes.

    Apresure el paso para salir de la universidad. Continúe caminando hacia Plaza Venezuela, para luego dirigirme al boulevard de Sabana Grande. Extrañamente había poca gente, aunque la verdad era comprensible dado el mal clima reinante en ese día. Y hablando del mal clima, comenzó a lloviznar en ese momento. Aun así, no me detuve y continúe mi camino. Por mi mente pasaban varios pensamientos, muchos de ellos sexuales, y muchos otros intentando distraerme para calmar mis ganas de sexo. Tan concentrada en mis pensamientos estaba que no me di cuenta que era perseguida por un hombre. De esto me percate como a los 10 minutos, cuando la llovizna aumento su intensidad, cayendo ahora una lluvia no muy fuerte, pero que había provocado que los pocos transeúntes que estaban en ese momento por el Boulevard, se apresuraran a buscar abrigo en alguna de las tiendas. Todos a excepción de mí, que, aprovechaba la fuerte lluvia para ver si la calentura se me bajaba, consiguiendo el efecto contrario. Además de hacerlo por eso, lo hice para ver si de verdad el hombre que mencione, me seguía o solo eran ideas mías. Pero no fue así. El hombre continuaba detrás de mí. Yo al percatarme de esto, decidí aprovechar que ya la lluvia se convertía en un potente torrencial, que dificultaba un poco la visión, para correr, doblando en una de las tanta esquinas del boulevard. Con esa lluvia, y mis sandalias de taco alto, era muy difícil correr, por lo que a mitad de esa calle, fui alcanzada. La calle estaba totalmente sola. No me dio tiempo de gritar, el hombre me abrazo más o menos de la forma que Miguel hizo en la universidad, me tapo la boca con una de sus manos. Intente morderlo, pero él fue más rápido que yo y con su otra mano, tomo una de mis tetas por encima de la blusa, pellizcándola fuertemente antes de que lo mordiera, paralizándome del dolor. Así, me llevo hasta una puerta de un viejo edificio. No más entrar, habían unas escaleras, en las cuales fui arrojada, momento en el cual, aprovechándose de mi posición indefensa y atontada, me abofeteo fuertemente la cara.

    Aprovecho ese momento en que yo me sobaba el rostro, para pasar las manos en mi pecho, aunque no agarrándome las tetas, sino más bien tomando la blusa, para de un tirón abrirla reventando todos los botones. Me quito la chaquetita y la blusa, y con esta última, me amordazo. Pico las mangas largas de la chaqueta y ato mis manos con una de ellas, mientras que la otra la metió en su bolsillo. Me tomo del pelo y a la fuerza me hizo subir las escaleras. No paraba de preguntarme en mi cabeza qué pasaba, que me haría. Subimos unos dos pisos, note que el edificio estaba abandonado. Las puertas estaban rotas, había mucho polvo en el lugar. Estaba totalmente solo. Lo único que se mantenía en buen estado era la puerta principal del edificio, al parecer. En el segundo él me dirigió hacia uno de los apartamentos. La pintura estaba desgastada, el techo del lugar se caía a pedazos. Me arrojo en un colchón viejo, roto, del cual salió una nube densa de polvo al yo caer sobre él. El lugar olía horrible, una mezcla de orina, cigarros, mierda y alcohol.

    Me quito el sostén, dejando mis dos chiches al aire libre. Las amaso por un instante, para luego tomar mi rostro con ambas manos y acercar el suyo. Él iba vestido con un suéter con capucha. Al acercar su cara vi bien que llevaba un pasamontañas que cubría su rostro, su cabeza estaba escondida en la capucha de su chaqueta. Solo había agujeros para sus ojos y su boca, en la cual se dibujaba una sonrisa bastante sádica. Me escupió la cara.

    -Muy bien cerda, presta atención. La situación actual es la siguiente, te vi por Plaza Venezuela y me gustaste mucho. Estas rebuena. Se me paro la verga no más verte. –En ese momento, comenzó a meter mano bajo la falda, y apartando un poco el hilo que iba debajo de ella, toco mi cuquita, la cual, estaba bastante mojada. –Y bueno, -continuo diciéndome –según parece, tú también andas caliente, con ganas de llevar verga. Vamos a pasar un rico rato los dos juntos…

    Me asuste bastante al oír esto. Me quito la falda, y las sandalias. De un tirón, reventó el hilo que yo vestía. Poso una de sus manos en mi coñito, y metió dos dedos por esa abertura. Comenzó siendo un masaje suave, pero al pasar los segundos lo hacía cada vez más fuerte y brusco. Para mi sorpresa, esto me excito sobremanera, tanto que al poco tiempo, llegue al orgasmo, entre temblores corporales y múltiples convulsiones…uno de los orgasmos más fuertes que he tenido en mi vida, sin duda alguna. Seguidamente vino la sorpresa de que la situación, me estaba calentando mucho más.

    Me reproche mucho esto. Ok, he fantaseado mucha veces con ser violada, pero nunca me imaginé vivirlo en realidad, y mucho menos me imagine que me excitaría el estar en esa situación en la realidad, la cual solo deseaba que terminara en ese momento.

    -Te quitare la mordaza, no quiero que grites, ni nada, ¿entendido basura? –¡PAF! Me da una tremenda cachetada, como adelanto a lo que me ocurriría si no hacia lo que ordenaba -… veras como tú y yo gozamos de lo más rico si te comportas bien… sobre todo yo jejejeje –me dijo, quitándome la mordaza. Tenía miedo por sus palabras, por lo que me resigne a no decir nada. Se puso de pie, y se me quedo viendo fijamente un buen rato, tiempo en el cual no podía dirigirle la mirada, ni pensar en nada. El único sonido que retumbaba en el sitio era el de la fuerte lluvia que caía, junto con el sonido de la fuerte brisa que la acompañaba, y los truenos.

    Luego de este momento de relativa tranquilidad, el me tomo de nuevo por el pelo, y casi arrastrándome, me llevo dos pisos más arriba. El lugar pocos cambios presentaba, seguía con el mismo hedor, la misma destrucción, etc. Mi cuerpo estaba un poco empantanado, dado que estaba mojado y al estar en un sitio donde el polvo y la tierra eran más abundantes que cualquier cosa, pues, hacían que mi aspecto fuera bastante mugroso. Una vez llegamos a un nuevo apartamento en el cuarto piso, me puso de rodillas, y me obligo limpiar, precisamente, el pantano de sus zapatos con mi lengua. Obedecí la orden, temerosa de que podría ocurrir si no lo hacía. Comencé a lamer primero la punta, luego fui pasando por el empeine, los bordes, etc. Mientras lo hacía, a mi mente se me venían imágenes de películas porno, y de fantasías mías, en las cuales me veía haciendo algo igual, sometida por un hombre, totalmente indefensa, humillada. Esto provoco que mi cuquita comenzara a lubricar, y a sentirme más y más excitada. No podía creer que en esta situación, estuviera deseando en el fondo ser violada por este hombre.

    Con un movimiento del pie que yo estaba lamiendo, empujo mi cabeza, apartándome a un lado, Quedando yo de rodillas, con mi culo en pompa, y la cabeza pegada al piso. Se colocó detrás de mí, agachado, y tomo mis nalgas con sus manos. Las masajeo un poco, para luego meter tres dedos en mi cuca. Comenzó a dedear, esta vez siempre de manera lenta y suave, mientras que con el pulgar me acariciaba el clítoris, lo que me hacia gemir… poco a poco me estaba abandonando a la excitación, a vivir el momento, a gozarlo. Fue cuando comencé a sentir en mi agujero anal, las caricias de los dedos de su otra mano. Esto me hizo dar un respingo, mi culo jamás había sido penetrado, salvo en las fantasías más duras que he tenido. Pero eran solo eso, fantasías…

    -Uy, al parecer nadie ha explorado esta cueva jamás… -mi reacción me delato. Poco a poco, comenzó a hacer presión con su dedo en mi ano. Yo lo apretaba lo más que podía. Pero el insistía aumentando poco a poco la presión. La humedad vaginal comenzó a aumentar junto con la presión de su dedo, lo que indicaba que en el fondo, deseaba que lo metiera, y no solo ese, sino todos los que el deseara. La puta que hay en mí, quería salir. Yo no lo permitía, pensando en las posibles consecuencias. De repente, comencé a sentir un dolor en mi agujerito anal y termino recorriendo toda mi espalda, como un corrientazo. Su dedo logro romper la resistencia de mi culo, el cual ahora estaba mordiendo su dedo, de una manera que podría describir como, hambrienta. Poco a poco comenzó a sacar su dedo, pero no lo hizo completo, sino hasta cierto punto, para luego poco a poco volverlo a hundir hasta el nudillo. Sentí bastante dolor, pero a la vez, era algo bastante placentero. Poco a poco fue aumentando el mete y saca, y poco a poco el dolor iba disminuyendo, mi culo se estaba acostumbrando a su divino invasor. También poco a poco la puta que había dentro de mi estaba ganando terreno, y mi mente racional poco a poco era apagada. Cada vez más deseaba la violación, hasta el punto en que de mi boca salieron las palabras:

    -¡¡¡Así, así, deme duro, deme rico, deme como quiera, pero deme por el culo!!!

    -¡Caramba! Me gane la lotería –dijo mi captor. –¡Una puta en toda su esplendor!, me encanta que seas así furcia, y tranquila, te lo daré como yo quiero, pero primero deberás hacer algunas cositas para mí.

    -¡Lo que sea, lo que sea, cójame, góceme, apodérese de mis agujeros, cójame duro y sin piedad!

    -Dime cerda, ¿por qué debería yo cogerte?

    -¡¡Porque me tiene sometida, me tiene donde quiere, como quiere, por favor, de una buena vez, folleme!!

    -Jajaja así de caliente estarás que lo pides por favor… que guarra eres…

    -Siii siiii, soy una guarra una golfa, siempre soñé con ser bien domada en el acto sexual, siempre fantaseo con cosas fuertes, incluso con ser violada, por favor, cójame, llene mis agujeros con su carne.

    -Eso seguro que ocurrirá perra, eso seguro… Dime, ¿te gusta que te traten así, que te hablen sucio?, ¿eso te excita verdad?

    -Uuuufff y cuanto, me fascina

    -Y dime puta, ¿eso por qué?

    -Porque soy una puta perra…

    -Grítalo cerda, grita que eres…

    -¡¡¡SOY UNA PUTA PERRA, UNA CERDA SIN ESCRÚPULOS, EXISTO PARA SATISFACER LOS MAS BAJOS INSTINTOS DE LAS PERSONAS, PARA SER FOLLADA, HUMILLADA, TORTURADA!!! ¡¡¡NO VALGO MAS QUE UN PERRO, SOY UNA FURCIA GUSANA, MEREZCO SER PISOTEADA!!!

    -¡Wow! me has dejado impresionado puta… bueno, si así te gusta, pues…

    Dicho esto, oí la bragueta de su pantalón bajarse, y, caminando de rodillas, se dirigió hasta donde yo tenía mi rostro pegado al piso, tomo mi cabello, con fuerza, llevo mi rostro a su verga, para restregármelo en la cara un buen rato. No paraba de aspirar el olor a sudor y orina de su polla, que para este punto, en donde mi puta interior tenia control de mi cuerpo, se me hacía tremendamente exquisito. Mi rostro estaba lleno de pantano, por lo que su verga quedo algo empantanado también, luego de un rato de restregármelo en la cara. Me soltó el cabello, y me ordeno limpiarlo, cosa que hice llevando mi boca a su verga, ya dura.

    Comencé la mamada, primero metiendo la cabecita de su verga en mi boca, con muchísimo cuidado de que mis dientes no fueran a maltratarlo. Poco a poco lo fui engullendo más y más… era bastante larga, de unos 19 cm. Fue bastante rico sentir como poco a poco su inmensa herramienta sexual se introducía en mi boca, rozando mi lengua, la cual yo movía ávida de darle placer a mi macho, así hasta que mi nariz se hundió en la mata de pelo que rodeaba su verga, y toco su pubis. En este punto me tomo del pelo con ambas manos, y no me permitió retroceder, a lo que yo respondí succionando con bastante fuerza. En esa posición quedamos durante un par de minutos más o menos. La punta de su verga llegaba hasta las amígdalas, yo creo que más atrás aun…

    Comenzaron a darme arcadas. Al principio logre soportarlas, pero al ratito comenzaron a ser más fuertes. Me dio miedo el vomitar sobre su verga, no sabía la manera en que reaccionaria a algo tan asqueroso como eso. Por lo que intente retroceder. Pero el, carcajeando, me contuvo, y se esmeró en hacer bastante presión en mi cabeza para que mi rostro se pegara por completo de su pubis, hasta el punto en que comenzaron a salir lágrimas de mis ojos. Abrí mi boca para respirar, ya que mi nariz de verdad había quedado bastante tapada, aun así, pensé en darle placer, por lo que saque la lengua para lamerle las bolas, y mientras lo hacía, notaba como mi boca babeaba en gran cantidad, y sentía como escurría un rio de saliva por mi lengua. Las arcadas aún continuaban, pero para mi sorpresa, ya no eran tan fuertes como las primeras, pensé que tal vez ya me estaba acostumbrando.

    Al ratito me separo. Mis ojos estaban aguados. Mi captor tomo un marcador, y me escribió algo en la frente, luego tomo un trozo de espejo que había en una silla (o lo que quedaba de ella) y me hizo verme reflejada en él. El aspecto de mi rostro era bastante deplorable, en mi frente, la palabra que me escribió fue «puta». Mi maquillaje, estaba bastante corrido por mi rostro, por culpa de las lágrimas y de la restregada de polla en mi rostro. Por mi barbilla se veía perfectamente bajar un mar de babas.

    En ese momento, me sentía como la más cerda de las cerdas asquerosas de este mundo. Eso me excitaba. Y ya en este punto, en mi mente solo existía una sola meta: darle placer a mi captor. La puta sumisa que había en mí, que tanto tiempo mantuve reprimida, ya se había adueñado totalmente de mi cuerpo. Todo lo que deseaba era gozar. Atrás quedaron los pensamientos acerca de los posibles peligros que conlleva el ser violada. Difícil de creer, pero así era como me sentía, eso era lo que deseaba.

    Arrojo el espejo a un lado, cayendo este al piso, haciéndose trizas. Tomo mi pelo formando dos colas con sus manos, con bastante brusquedad, no pude evitar gritar del susto, dado que los movimientos fueron sorprendentemente rápidos y me tomo por sorpresa. El aprovecho mi boca abierta por el grito, para clavar su polla nuevamente hasta mi garganta, de un solo golpe, tumbándome en el piso cayéndome prácticamente encima con su cuerpo, aplastándome contra el piso. Caí acostándome boca arriba y tragando su verga y su vello púbico. Me golpee fuertemente la cabeza, pero eso poco me importo, mi deber era darle placer, y eso era lo que el conseguiría. Mis piernas quedaron estiradas y abiertas, sentía como la brisa de la estrepitosa tormenta acariciaba mi húmedo y sucio cuerpo, pasando por las zonas más recónditas de mis genitales. Una vez el acostado empalándome la boca con su verga, comenzó un frenético mete y saca, como si estuviera cogiéndose el coño de una puta baratona de esquina. Fue bastante violento, en ocasiones, mi cabeza se levantaba unos escasos centímetros del piso, solo para volver a ser golpeada contra este, en cada embestida.

    -Mmmmggffddssiii –era lo que lograba decir, intentando expresar «así, dame así». Su verga me ahogaba las palabras. Se levantó, colocándose de rodillas, con las piernas abiertas alrededor de mi cuello. Yo lo veía con ojos lujuriosos, mi boca aún estaba abierta. Sentía mi corazón latir fuertemente, y sentía como por mi cara corrían mis lágrimas, y la saliva producto de tan salvaje follada de boca que me acababan de hacer. Me miro con sonrisa bastante sádica, exclamando –Jajaja si… eres perfecta…- ¡PAF! Me dio otra sonora cachetada, tomo con una mano mi cabeza, y me hizo levantarla hasta meter la mitad de su verga en mi boca de nuevo. Yo nada podía hacer, tenía mis brazos atados en la espalda. Y aunque los tuviera desatados, no me hubiera defendido, hubiera usado mis manos para proporcionarle placer. Era su puta, su juguete, le pertenencia en ese momento, y eso me excitaba.

    Mientras le chupaba la mitad de la verga con mi cabeza sostenida por una de sus manos, con la otra me comenzó a pellizcar las tetas. Al parecer, sabía que ya me tenía a sus pies, entregada, y sabía que nada haría que a él le perjudicara, algo como por ejemplo, morderle la polla. Yo aguantaba el dolor para no hacerlo. No porque pudiera matarme si se la mordía o algo así, sino porque de verdad no deseaba hacerle daño a esa maravillosa verga que ahora adoraba y deseaba con mi vida. Me las pellizco bastantes veces, yo poco podía gritar, con su verga aun en plan de mordaza en mi boca. Comenzó a alternar pellizcos fuertes con bofetadas en mis tetas. De mis ojos aun salían lágrimas, producidas por el dolor, pero estaba lejos del llanto, más bien, lo disfrutaba sobremanera, y si no, pregúntenle a mi cuquita, que estaba totalmente derretida por el trato al que yo estaba siendo sometida. Y hablando de mi cuquita, al rato de castigar mis tetas, esa zona fue la siguiente. El comenzaba a pellizcar mi depilado pubis, los labios vaginales los estiraba, pero fuertemente, produciéndome bastante dolor, y muchísima excitación. También recibí sonoras palmadas en esa zona, durante un buen rato, hasta el punto en que solo sentía un fuerte ardor en mis carnes vaginales.

    Una vez se hartó de esa posición, se levantó, me escupió en la cara, y me ordeno ponerme de pie. Yo obedecí su orden, aunque a duras penas, al tener los brazos atados. Pero lo logre. Me tomo, y me inclino sobre una mesa en mal estado que había en el lugar, y ya con mi culo bien ofrecido, me metió su enorme polla de golpe, hasta el fondo. Intente gritar, pero el dolor que había sentido era tan fuerte, que solo lograba mantener mi boca abierta, privada del dolor. A él si le escuche gritar, aunque no fuertemente. Mi agujero anal, estaba bastante cerrado, y al meter su largo verga en él, sin ningún tipo de lubricación, de seguro que fue bastante doloroso, para ambos, aunque más para mí que para él. Estuvimos unos minutos así, yo privada y congelada por el dolor, el con su verga inmensa toda dentro de mí, inmóvil, pero no por mucho, ya que tomo mis caderas y comenzó a sacar su enorme verga, poco a poco, para luego meterla de nuevo, poco a poco también. Fue aumentado el ritmo, hasta que al rato, él ya me estaba dando como cuando me follo la boca en el piso. Yo poco a poco me fui recuperando del dolor, aún era bastante fuerte, pero la excitación venida después, fue indescriptible. –así, así, métemelo todo, cógeme el culo, soy tuya, te pertenezco –era lo que decía, con una voz bastante chillona, mientras él me decía –ahhh furcia, eres una puta deliciosa, no me equivoque contigo, eres una auténtica delicia para los que nos gustan los pasajes estrechos…

    Luego de un rato siendo desvirgada por el culo, me coloco de rodillas, nuevamente, recostando mi cabeza del piso. Me la clavo en mi cuca encharcada. Ahí si no sentí dolor, sino un gran y delicioso placer. Comenzó el delicioso vaivén mientras yo le gritaba que me diera más fuerte, más duro, le gritaba que era una puta, una perra en celo, que solo servía para eso, que me gustaba todo lo que me estaba haciendo, y que no se detuviera. Le decía que estaba muy agradecida por lo que me estaba haciendo. Lo más sorprendente, al menos para mí, era que todo lo que le decía, lo decía en serio, desde lo más profundo de mi alma, de mi corazón y de mis instintos.

    Sus embestidas eran deliciosas, algo bruscas, pero deliciosas. En mi vida probé el sexo así. Me di cuenta de todo lo que me perdía al reprimirme. Todo el goce que me prohibí, por guardar apariencias absurdas. De verdad que fui una tonta, pero ya eso iba a cambiar. Si salía viva de todo esto, claro está. Pero ahorita esa era la menor de mis preocupaciones. Solo quería gozar, y ser gozada, obedecer.

    Mientras me hacia el rítmico mete y saca de mi coñito, aprovechaba para darme nalgadas, fuertes, sonoras, lo que me hacía desear más, y más. Y lo pedía con mi boca. Lo suplicaba. En un momento dado comenzó a jugar con mi agujerito anal. La posición en la que me encontraba le facilitaba el acceso a ese orificio, mientras me metía su verga en mi cuca. Metía no uno, sino dos dedos en mi culo, abriendo un poco el orificio, recorría el borde de mi agujero semiabierto con la punta de sus dedos, escupía en él, me metía de nuevo los dedos, los sacaba, y me los llevaba a mi boca jadeante, casi pegada al piso. Una verdadera maravilla de sensaciones.

    Él se puso de pie, dejando de penetrarme, pajeandose fuertemente su verga con su mano derecha, mientras que con la izquierda me tomo del pelo, alzándome un poco, y me hizo quedar de rodillas. Puso se verga frente a mi rostro, y tras lanzar un fuerte gemido entre sus jadeos, disparo una gran cantidad de leche en mi cara, la cual fue a parar por todo mi cabello, mi rostro y una pequeña parte en mi boca, la cual abrió después de los dos primeros chorros. Luego me tomo por el pelo, y me llevo de rodillas hasta una habitación contigua a la que estábamos, en la cual me dio otra cachetada, me escupió la cara y me orino de los pechos para abajo. Mas humillada y asquerosa no me podía sentir. Además de excitada.

    Luego tomo de una bolsa que había en esa habitación, una ropa, y la tiro en el piso, específicamente en el charco de orina que se formó a mi alrededor. –He tenido mejores polvos con golfas más baratas que tú, cerda, pero algo si te puedo asegurar: nos veremos pronto –me dijo, y se retiró del lugar, dejándome desnuda, sucia, asquerosa, llena de leche, saliva y orina, de rodillas y con mis brazos atados en mi espalda.

    Me quede un poco desubicada, analizando la situación. Fui violada, me gusto, me fascino. Pero ahora estaba en ese sitio, sola, y atada., por lo que comencé a forcejear un poco con la manga que me tenía los brazos aprisionados. No podía soltarme, el tipo este me ato muy fuerte, comencé a ponerme muy nerviosa por la situación, y más aún cuando escuche unos pasos. Por la puerta al pasillo, se asomó un hombre, con pinta de mendigo. Estaba todo sucio y asqueroso. Se me quedo viendo, en la puerta. Me aterrorice al verlo, pero a la vez me dio cierta alegría, porque existía la posibilidad de que me desataría, cosa que le pedí inmediatamente. Como respuesta recibí su acercamiento a mí. Saco su verga, y comenzó a hacerse la paja. A los pocos minutos, se corrió en mis tetas y saco un pañuelo de los bolsillos traseros de sus pantalones, y me lo coloco en la nariz y la boca, haciendo presión. Yo me intente resistir, pero lo hice en vano. A los pocos minutos, el olor asqueroso que desprendía el pañuelo, me hizo quedar medio inconsciente, abobada, tirada en el piso. Durante este periodo de semidesmayo, sentía que movían mi cuerpo, no entendía nada de lo que ocurría.

    Desperté en la misma habitación. Ya con mis manos libres, y vestida con la ropa que el violador había dejado caer en el charco de orina, y cuya tela absorbió un poco de dicho líquido. Era un top blanco, o bueno, casi blanco, ahora era bastante amarillento, y transparentaban un poco mis tetas por la humedad de la abundante corrida del mendigo misterioso. Dicho top dejaba mi abdomen totalmente al descubierto, poco más y cabria en la categoría de sostén. Debajo, una cortita falda tipo «pollerita» de esas que tienen vuelo, de color morado, bastante corta. No llevaba ropa interior. Tenía mis sandalias puestas. Me levante atontada, quien sabe qué clase de droga me hará hecho oler el mendigo este. Supongo que lo hizo para soltarme y que yo no le hiciera anda. Bueno, en algo debía agradecerle. Baje las escaleras, hasta el piso de abajo, donde tome mi cartera, en la que había restos de semen. Busque a ver que se habían llevado, y para mi sorpresa, todo estaba igual, salvo la leche que había embarrada en su interior.

    Antes de salir del edificio, busque por todos lados mi falda, la que llevaba era muy corta, y me hacía ver realmente como una callejera cualquiera. No conseguí mi ropa por ningún lado. No me quedo más remedio que salir a la calle así vestida. Aun llovía fuertemente, lo que me hizo mojarme por completo de nuevo, y provoco que el top transparentara mis tetas, dejando distinguir claramente mis pezones. Más puta no me podía ver. Al menos los malos olores de mi cuerpo desaparecerían, fue lo que pensé.

    Totalmente atontada, tome un taxi a mi casa. El chofer me vio el estado deplorable en el que estaba, y me dijo

    -Señorita, ¿no le da pena que la vean así por la calle? ¿Que la llamen así?

    -¿Así como? –conteste

    -Así, como lleva escrito en la frente

    Había olvidado por completo la palabra «puta» erita en mi frente. Ahora un poco borrosa, pero claramente distinguible, no dije nada, solo me dispuse a borrar el letrero con mi mano, cosa que no fue muy difícil.

    Llegue a mi casa. No había más nadie de mi familia, la casa estaba sola. Subí a mi habitación, entre a mi baño, y abrí la regadera. Me puse debajo de ella, así vestida como estaba, y me senté en el piso de la ducha. Comencé a pensar en todo lo que había sentido, en la manera en que fui vejada. No pude evitar sentir excitación de nuevo. Ese había sido el mejor polvo de mi vida. Abrí mis piernas y comencé a masturbarme frenéticamente bajo la regadera, recordando todo lo acontecido, pensando que ahí había terminado todo. Pero estaba equivocada…

    Paso una semana desde ese día, en la cual decidí no denunciar al violador en la policía, me sentía confundida. Una parte de mi deseaba denunciarlo, y otra parte de mi me decía que no, que más bien le debía un favor, al haberme hecho ver lo que realmente me gustaba, que era ser dominada. Fui el viernes siguiente a la universidad. Era un bello día soleado. Solo pensaba en continuar con mi vida. Al salir de la segunda clase, fui a la cafetería. Deje mi bolso en una silla, y fui a pedir un café. No tarde en volver, cuando sobresaliendo de mi bolso, veo un sobre grande amarillo, con mi nombre escrito en el. Lo saque y lo abrí. El estómago me dio un vuelco cuando veo fotos de mi hermana menor, Sara, y de mi hermana mayor, Silvia, en sitios que frecuentan, incluso, entrando y saliendo de nuestra casa. Además de esas fotos de mis hermanas, habían fotos mías siendo violada en el edificio. Junto con las fotos había un DVD, sin ningún tipo de identificación, y una nota.

    «Hola imbécil, ¿Cómo estás? Me imagino que un poco asustada, al ver las fotos. Shhhhh niña, relájate. Te diré una cosa, el polvo que echamos, a pesar de que he tenido mejores, como ya te dije, me gustó mucho. Lo cierto es que me interesa bastante tenerte en mis manos, o mejor, tenerte a mis pies. Eres una guarra en potencia, una puta que solo sabe recibir órdenes, y ejecutarlas, lo sé perfectamente, por la manera en que te comportaste el viernes pasado. Pues bien perra, te diré que ahora deberás tomar una decisión muy importante, ya habrás notado que he seguido a tus hermanas, se donde trabajan, se donde suelen pasar sus ratos libres, y lo mejor: SE DONDE VIVEN. En el DVD hay una copia del video del polvazo, donde se te ve muy animada mientras te follo a mi antojo, y encima pides más, y más… cerda, quiero que seas mi perra, mi puta. Toca adiestrarte un poco, pero no será problema viendo la guarra sin escrúpulos que en realidad eres. Si vas a la policía, o si te niegas a ser lo que te ordeno, todos verán el video, y las fotos porno tuyas, además de que tus lindas hermanas pagaran seriamente las consecuencias. Estoy bastante cerca de ti ahorita. Si aceptas, quiero que te pongas de pie, te desabroches tres botones de la blusa, dejando que se vea el canalito de tus hermosas tetas y des una vuelta. Si no aceptas, sencillamente bota esta carta en la papelera que hay debajo de la mesa. Recuerda que en caso de aceptar, habrás salvado a tus hermanas, y seguirás siendo una chica normal a los ojos de todos… de lo contrario…

    ATTE. El Amo»

    Ahí terminaba la carta. Me puse bastante nerviosa. Y para mi sorpresa, bastante excitada. Imaginarme a los pies de «El Amo» era bastante rico, me hacía mojarme fácilmente. Por otro lado pensaba de nuevo en todas las consecuencias, algunas entre las cuales, seria ver muchas de mis fantasías hechas realidad. Además de que no podía permitir que a mis hermanas les pasara esto. No deseaba arruinarles la vida así, quien sabe que le haría este hombre a ellas. Después de tanto meditarlo, y ver hacia todos lados como buscando a ver si lograba verlo, tome la decisión. Me puse de pie, me desabroche 3 botones de la blusa que llevaba puesta ese día, dejando ver el canal de mis senos, y sus caras internas, y di una vuelta completa. Más de uno se me quedo viendo con ganas de brincarme encima. Esperaba que «El Amo» haya visto mi respuesta. Al poco rato, a mi celular me llega un SMS de un número desconocido que rezaba «Eres mi mascota de ahora en adelante, pobre de ti si desobedeces cerda.»

    Debo admitir que el mensaje me puso cachonda. Mi cuquita volvía a botar bastante juguito, y cada vez más aumentaba mi excitación imaginándome las cosas que me ordenaría hacer mi nuevo Amo. No solo lo hice por el bienestar de mis hermanas, sino también, por mi bienestar sexual. No pude evitar sonreír, meditando acerca del rollo en el que me había metido ahora…

    Algún comentario a [email protected].

  • Cómo perdí la virginidad

    Cómo perdí la virginidad

    ¿Qué ganaría con negarlo o resistirme?…

    Al principio no me animaba con señores, así que compré un vibrador en un sex shop y empecé a alimentar con ese chiche a mi culo hambriento… Por momentos me lo llevaba a la boca y me imaginaba estar chupando una linda pija…

    Mis padres trabajan, así que tengo varias horas para jugar tranquilo cuando al mediodía vuelvo del colegio en el que estoy cursando el último año de la secundaria…

    Lo primero que hago es desnudarme y tocarme… Me toco apasionadamente el pecho, juego con mis pezones, los estiro y retuerzo hasta sentir un voluptuoso dolor… Rodeo mis caderas, bajo por mis muslos llenos y torneados, sin músculos a la vista y cubiertos por una suavísima pelusita que apenas se percibe sobre la piel clara y tersa… Aprisiono mis nalgas empinadas, redondas y carnosas… Ay, qué nalgas tan lindas… Estoy seguro de que más de un señor se volvería loco con ellas… Hablo de señores porque sólo me excitan los hombres mayores y hasta viejos… En el colegio hay compañeros que me hostigan, pero yo los rechazo y los amenazo con denunciarlos al Director, porque los chicos de mi edad no me interesan…

    Mi mente arde en fantasías con madurones y hasta con viejos a los cuales entregarme… ¡Si pudiera vencer mis miedos y darles mi culo hambriento, mi boca sedienta!…

    …………..

    ¡Ay, por fin pasó!… Y fue nada menos que con el señor Romero, el director del colegio…

    Nunca había sospechado yo que pudiera haber despertado su interés, pero un día, en pleno recreo largo me convocó a su despacho por intermedio del celador…

    -Hola, Aguirre, ¿cómo estás?…

    -Bien, señor Romero…

    -Te preguntarás por qué te llamé…

    -S… sí, señor Romero, la verdad que sí…

    -Bueno, te cuento, es que siempre me llamaste la atención…

    -Ay, señor, ¿por qué? ¿Soy mal alumno?…

    -¡No!, ¡jajajajaja!…. Es porque sos un chico muy lindo…

    -¡Ay, señor!… ¿Qué quiere decir?…

    -Lo que dije…

    -Pero es que… no entiendo, señor…

    -Te voy a ser claro, Jorge… A mí me gustan los chicos lindos y vos sos el chico más lindo que he visto en mi vida…

    -Ay, señor Romero, me asusta… -fingí…

    -No, precioso, no tenés por qué asustarte… En realidad nos tenés muy calientes a mí y al señor Abaroa…

    -¡¿El profesor de Geografía?!…

    -Exactamente, Jorge…

    -Ay, señor, pero… ¡No entiendo!

    -Te lo explico claramente… O te entregás a nosotros o te aplazamos y no egresás…

    -¡Ay, no, señor Romero! ¡Eso no!… Pero, ¿qué… qué sería entregarme?…

    -Entregarnos tu cuerpo… Tu cola, tu boquita…

    -Ay, señor, ¡no sé!… –y por dentro sentí que el fuego de la calentura me abrasaba…

    -Tenés hasta mañana para contestarme, Aguirre…

    -S… sí, está bien, señor…

    La charla con el director me había dejado tan caliente que cuando llegué a casa tuve que masturbarme y al día siguiente le pedí al celador una entrevista con el señor Romero…

    -¿Y, Aguirre? ¿Qué decidiste?…

    -Me… me voy a… a entregar, señor Romero…

    -¡Muy bien, Jorge!… Veo que además de muy lindo sos inteligente y sabés lo que te conviene… Hoy a las siete de la tarde te esperamos en mi casa… Ésta es la dirección… -y me dio un papel que tomé con mano temblorosa…

    Llegué un poco antes de la hora ordenada, así que tuve que esperar un rato en la esquina, consumido de ansiedad…

    A las siete en punto llamé por el portero eléctrico y el señor Romero me franqueó la entrada…

    Me había vestido con ropa sexy, un shorcito de jean celeste, remera blanca ajustada y zapatillas sin medias…

    Cuando salí del ascensor en el sexto piso vi que el director estaba esperándome en la puerta de su departamento…

    Me estremecí sintiendo que por fin iba a perder la virginidad… ¡Y nada menos que en manos de dos hombres!…

    (Continuará)

  • Fui infiel en vacaciones en Santa Clara

    Fui infiel en vacaciones en Santa Clara

    Hola, luego de 10 meses vuelvo a escribir sobre mis deslices carnales. Muchas veces he tratado de hacerlo pero por distintas razones no he podido hasta ahora.

    Me identifico como “Laura”, probablemente hayan leído alguno de mis relatos anteriores de infidelidad. Les recuerdo que soy mendocina, ahora tengo 53 años. Me vuelvo a describir: 1,53 m, cuerpo bien conservado 86-63-95, piel trigueña, mis senos son medianos pero bastante firmes, no tengo rollos ni gorduras y mi cola, piernas y caderas suelen volver loquito a más de uno. Mi esposo de 1,70 m con algo de barriga, es muy bueno conmigo. En la cama no tengo frenos ya que soy multiorgásmica y muyyyy gritona, podría decirse que soy ninfómana. Me excito fácilmente con solo pensar en el sexo y ni que hablar si tomo algo de alcohol, a los minutos pierdo los estribos. Cuando hago el amor no puedo parar porque siento como una fiebre y una cosquilla que me invade el cuerpo entero haciendo que descargue mis orgasmos uno tras otro. Mi esposo es una bellísima persona y por supuesto soy su gran atracción sexual. Las locuras que hacemos son iniciativa mía, él me sigue. No es hombre de ver páginas de sexo como estas, cosa que a mí por el contrario me encanta ver videos porno y leer relatos y distintas vivencias que han tenido otras personas. Me siento totalmente confiada y sin ataduras para escribir mis relatos porque estoy segura que nunca él los verá. Creo que tiene los atributos de un perfecto cornudo y yo no puedo dejar de colaborar para que siga siéndolo. Tengo una adicción a la infidelidad y es algo que no puedo evitar, imagino que es como las drogas para el adicto.

    Esta vez les quiero contar lo que viví hace unos años cuando fuimos a veranear a Santa Clara del Mar, doce días, yo tenía cuarenta y algo. Habíamos planeado disfrutar nuestra segunda Luna de Miel a todo vapor.

    Mi esposo tiene piel blanca y es muy propenso a quemarse con el sol, con facilidad suele ampollarse. Durante varios años se viene cuidando. Sin embargo en nuestro primer día de playa, con un sol infernal, le volvió a pasar. Se quedó dormido bajo la sombrilla y cuando se corrió la sombra sus piernas quedaron expuestas al sol. Yo no sufro ese problema por lo que tomaba sol sin percatarme del suceso. Cuando llegamos al departamento que alquilamos tenía las piernas totalmente rojas y ampolladas, me dio mucha pena verlo así, sufriendo mucho. Teníamos planeado ir esa noche a un boliche de Mar del Plata pero mi pobre maridito no podía ni moverse. Fui a una farmacia a comprar una pomada. En la farmacia me encontré con un señor de unos cincuenta y tantos, muy apuesto y simpático. Me comentó que era viudo y vivía solo en Santa Clara. Tenía de visita a un hijo suyo de 35 años con su familia y solían ir a pescar a la playa en cuatriciclos. Yo le conté lo de mi esposo y con mirada picaresca me dijo que eso no era grave y que si me aburría lo podía encontrar en la playa para pasear en cuatri. Cuando se retiró después de saludarme lo vi caminar de atrás, tan varonil y apuesto que pensé que esta vez mi mente había estado más lenta que lo habitual.

    Al día siguiente asistí a mi esposo en lo que pude. Ni intentó levantarse, toda la mañana acostado de espalda con las piernas en alto. Compré algo de comida preparada para el almuerzo y me dijo que no me preocupara, que me fuera a la playa, que él ya se iba a curar pronto. Otras veces ha demorado 2 o 3 días en mejorar y esta vez las quemaduras eran importantes.

    Dormí un rato pero ante la insistencia de mi esposo que no perdiera el día tan hermoso, como a las 5 de la tarde tomé mi bolso y me fui a la playa.

    Estábamos en una cabaña en donde comienza la zona de los acantilados, donde se baja por unas escaleras hechas con madera y tierra hasta la arena. Allí el mar no tiene gran profundidad, la playa tiene varios kilómetros de longitud hacia el norte y está bordeada en toda su extensión por una especie de barranco de unos 5 o más metros de alto de tierra muy dura tipo tosca, que el mar y el viento se han encargado de horadar formando especie de cavernas, cortes irregulares y en algunos lugares hay como grandes peñascos que se han desprendido de la barranca.

    El agua estaba maravillosa y luego de un buen chapuzón me puse a tomar sol. Como a las 7 de la tarde para matar el aburrimiento me dispuse a caminar por la playa, alejándome del sector donde está la muchedumbre. Dejé mi bolso encargado a una familia, comencé a andar por la arena húmeda descalza y con solo mi bikini. El agua apenas lamía la playa y refrescaba mis pies al caminar. La gente a esa hora ya se estaba retirando y solo algunos pocos caminantes recorrían la playa, la mayoría regresando del lugar hacia el cual yo iba. Entretenida juntando algunas conchas y caracolitos no me di cuenta que había caminado como 3 km, me crucé con una pareja de jóvenes solitarios como yo. El sol me había entibiado la piel y me dieron ganas de darme un chapuzón. En esa zona la playa se extiende bajo el mar con poca profundidad y el agua con olas muy suaves apenas cubría mi cola. En un momento pensé en mi irresponsabilidad de estar en ese lugar tan solitario bañándome sola, pero lo disfrutaba con gran placer.

    De pronto escuché unos ruidos lejanos de motores y a los pocos minutos vi que se aproximaban 3 cuatriciclos, que en unos minutos más ya estaban frente a mí.

    Eran 3 hombres en esas motos. Uno de ellos se detuvo y me gritó desde la arena si estaba bien o necesitaba algo. Yo le contesté que estaba todo bien y él volvió a gritar algo pero el ruido de las olas no me dejaban entender lo que me decía. Entonces comencé a caminar hacia el cuatri y cuando me acerco veo que oh! casualidad, era nada menos que el cincuentón que había conocido en la farmacia. Él tardó unos segundos en reconocerme, luego, con una sonrisa espléndida me saludó diciéndome que se alegraba de verme y preguntándome de nuevo si estaba todo bien y por mi esposo. Le conté que seguía postrado y de inmediato nos pusimos a charlar alegremente. Me dijo que se llamaba Juan y me invitó a que lo acompañara 1 km más al norte donde estaban su hijo y un amigo para disponerse a pescar.

    No vi motivos para no aceptar, serían las 7 y media de la tarde, no tenía reloj ni celular y me valía de la posición del sol que estaba bastante bajo. El mar plateado y el cielo rojizo daban un marco espectacular al entorno. Sin más, monté el cuatri tomándome de su cintura y él arrancó velozmente.

    Juan me presentó a su hijo y al otro tipo que tendría como cuarenta y algo, diciéndoles que éramos amigos de mucho tiempo. Esto me agradó porque me dio confianza. Los compañeros de Juan ya habían preparado sus cañas para pescar y de inmediato comenzaron su tarea. Juan me preguntó si quería bañarme, el agua estaba muy apetecible y él me dijo que no tenía muchas ganas de pescar.

    Lo notaba algo picarón y su mirada reflejaba cierto aire de atrevido, lo cual me gustaba porque lo hacía más atractivo, acepté con gusto la idea. Me tomó de la mano y comenzó a correr en diagonal, alejándonos un poco del sector donde pescaban sus compañeros e internándonos en el agua, riendo como niños hasta zambullirnos. Yo intentando sacarme los cabellos de la cara para abrir los ojos no me había percatado que el sostén de mi bikini estaba en mi cuello. Cuando me di cuenta de inmediato intenté colocármelo, pero Juan con gran naturalidad me dijo que lo dejara que así me veía muy bien, además en ese lugar estaba bueno que una dama hiciera topless, dijo. Yo no sé porque acepté su idea, pero sentí como si hicieran años que nos conociéramos. Me sentía muy atraída por este atractivo señor y sin más lo dejé que me terminara de sacar el sostén que guardó en el bolsillo de su malla. Me sentía totalmente liberada y con enormes ganas de jugar en el agua con este experto engatusador que lo facilitaba todo. Nos salpicábamos, nos zambullíamos, dando giros entrelazados.

    No sé si el hijo de Juan y su amigo se habían dado cuenta que yo estaba con las lolas al aire pero ellos continuaban con sus cañas de pescar y yo sin la menor intención de ocultarme, al contrario sentía una especie de morbo al verlos allí cerca nuestro. Todo era naturalmente agradable, más aun sabiendo que ellos nos creían amigos de mucho tiempo, aunque era la primera vez que yo estaba con Juan.

    De pronto en un intento de alejarme de él nadando para que me atrapara, él rápidamente me alcanzó y con gran habilidad me tomó la bikini, deslizándola hasta mis tobillos. Yo intenté detenerlo pero las olas y la bikini enredándome los pies no me permitieron defenderme, solo atiné a soltar una carcajada de risa. Cuando me paré con el agua a la altura de mi ombligo, vi que mi bombachita estaba en la mano de Juan que me la mostraba como su trofeo, para luego meterla en la parte delantera de su malla. Yo, bastante agitada por el juego y sin dejar de reírme de lo gracioso de su destreza, le pedí que me devolviera mi traje de baño, diciéndole que su hijo y el amigo podían darse cuenta que estaba desnuda. Él me dijo que lo buscara yo misma y se puso frente a mí con los brazos alzados. Le dije que era un atrevido sinvergüenza y que no pensara que yo tenía miedo de rescatar mi bombacha. Me acerqué, le di un pellizco en el vientre y deslicé mi mano por dentro de su malla. Verdaderamente en ese momento lo que menos quería era encontrar mi bombacha. De inmediato alcancé su órgano que noté semierecto y se lo apreté diciéndole que si no me devolvía mi ropita perdería su miembro viril. Él me dijo que si tenía ganas, se lo podía sacar de la malla. Actué sin titubeos porque realmente tenía muuuchas ganas de vérselo. Al hacerlo pude observar un grueso y enorme pene de unos 20 cm de largo, ya totalmente rígido. Uauu, el señor carga un magnun, le dije y él me respondió que estaba cargado por si quería jugar a la guerra. A esta altura de los acontecimientos yo ya estaba entregada y no me preocupaba que alguien nos viera, ni siquiera los compañeros de Juan que de vez en cuando miraban hacia donde estábamos. Le pedí que se arrodillara y me monté sobre su pelvis, sosteniéndome de su cuello con mis brazos. El maravilloso botón quedó rozando los labios de mi vagina empapada en flujo y agua salada. Con una de mis manos sostuve ese maravilloso tronco y un fuerte gemido escapó de mi garganta al sentir la hermosa penetración. No sé si el agua de mar había rigidizado mi vagina, pero sentí como ese maravilloso miembro se deslizaba hacia el fondo apretado y con algo de dificultad. Que bello fue este momento que duró no más de dos minutos con mi cuerpo cabalgando desenfrenado tragándose esa majestuosa pija que entraba y salía ajustadamente, hasta ahogarse en el flujo de mi clímax.

    Me quedé unos segundos sintiendo la dureza de ese enorme pene erecto que no había eyaculado y luego me salí, para ponerme la bikini como pude. Salimos del agua para tirarnos junto a los cuatriciclos en una lona que Juan extendió en la arena. Allí sacó un par de cervezas frescas de una heladera portátil, que descargamos sedientos en segundos. Recuerdo que le dije a Juan que no lo creía tan atrevido, que su imagen mostraba un hombre serio y respetable. Él riendo me respondió que era bastante serio en comparación con sus otros dos compañeros de pesca, que eran mucho más atrevidos aún que él.

    No me digas, son también violadores como vos, le dije riendo, a lo que me respondió que eran mucho más peligrosos, diciéndome que si estaba dispuesta podía llamarlos para que yo lo comprobara en persona. No gracias, le dije. Ya eran como las ocho y media de la tarde y mi esposo se iba a empezar a preocupar.

    En eso mientras charlábamos de temas eróticos y bebíamos otra cerveza, levanto la vista y veo que están a nuestro lado el hijo y el amigo. Diciendo que no había pique y que estaban sedientos, se sentaron a beber cerveza también ellos, formando un triángulo con Juan y yo en el medio. Una hermosa luna enorme se recortaba en el cielo gris rojizo y en el reflejo del mar se recortaban otras 3 figuras negras de pescadores que tiraban sus líneas cerca de allí.

    La primera cerveza ya me había comenzado a hacer efecto, dejando escapar mis risitas en respuesta a cada insinuación que me hacían los tres para que practicáramos sexo grupal.

    Yo sonriendo les decía que era una mujer casada y seria, aunque Juan había probado mi debilidad por la carne. Yo pensaba en la hora y la tardanza de mi regreso pero como siempre, mi piel ardiente indujo mis acciones y el alcohol nubló mis pensamientos. Juan tomó la iniciativa, comenzando a besarme el cuello me sacó el sostén y continúo con mis senos. Yo me derretía, con el efecto del alcohol y el morbo de estar siendo acosada por esos tres hermosos machos. El amigo tironeó mi bombachita para sacármela, yo levanté la cola para facilitarle la tarea. Recostada en la lona con unos buzos de almohada, comencé a chuparle el pene con gran devoción a Juan, que me lo entregó arrodillándose junto a mi cabeza. En ese momento sentí que el amigo me hacía una increíble felatio en la vulva y el ano. Ya no pude contenerme y un feroz orgasmo se liberó desde mis entrañas, coronado con ahogados gritos de placer, sintiendo como la lengua del tipo chapoteaba en mi flujo. Le pedí que por favor no demorara, que me la diera ya y él comenzó a rozar con el botón la puerta de mi vagina hasta que en un suave movimiento me la mandó a guardar. La sentí tan hermosa y grande como la de Juan a quien se la seguía chupando junto a su hijo que me la acercaba por el otro lado de mi rostro. La del hijo era algo más grande aún que la del padre y bastante más dura, parecía un palo.

    Los movimientos de mi pelvis se hicieron cada vez más bruscos liberando un nuevo orgasmo con la hermosa poronga que llenaba mi vagina.

    El hijo de Juan dijo, ahora me toca a mis señores, se acostó boca arriba en la lona y me hizo montar sobre su formidable aparato. Ah, que penetración fantástica, todavía me excito al recordar lo que sentí bajando por ese garrote que se introdujo casi todo en mi conchita, haciendo tope con su botón en el fondo. Juan le cedió su lugar al amigo que me dio su pene en la boca, duro como piedra a punto de romperse. Juan se puso detrás de mí y con sus manos me soliviaba el cuerpo levantando mi cola que se movía al ritmo del bombeo de su hijo. Introdujo un dedo en mi ano y viendo que entraba con facilidad metió otro, comenzando a masajearme. Esperé deseosa lo que Juan planeaba hasta que sentí su botón apoyado en mi esfínter, algo dilatado por los masajes previos. Lo sentí entrar como una ciruela y a continuación el resto del tronco se fue deslizando en suaves y cortos enviones hasta perderse completamente en mi recto. Mientras esto ocurría un nuevo orgasmo se liberaba desde mi interior haciéndome gritar el goce y el deseo que me dieran más y más.

    Las poses fueron variando, me ponían boca abajo luego boca arriba, de costado, en distintas posiciones y las penetraciones se fueron intercambiando en mis dos agujeros y boca provocándome un infernal estado orgásmico continuo. El hijo de Juan fue quien acabó primero llenándome el ano de semen. Juan le siguió con una hermosa masturbación que le prodigué para hacerlo eyacular en mi boca y luego lo hizo el amigo, casi me ahogan en leche.

    Pregunté la hora y alguien me respondió, las nueve y media. Di un salto de un brinco recordando que mi esposo debía estar preocupado pensando que me había pasado algo.

    A pesar de eso, la calentura no se me había pasado pero le pedí a Juan que nos fuéramos de ese lugar. El regreso por la playa fue muy loco montada en el cuatri, tomada del pene de Juan.

    Cuando llegamos, Juan se detuvo algo alejado y me bajé con solo mi bikini y el cuerpo lleno de arena y semen. En ese momento recordé que había dejado el bolso encargado a esa familia en la playa pero ya no podía pensar en eso.

    Al entrar me limpié un poco el cuerpo y pasé al dormitorio a ver a mi esposo. Nena, al fin, me dijo. Le conté que me había encontrado con unas amigas y que nos habíamos puesto a jugar al vóley en la playa, por eso estaba llena de arena, sin darnos cuenta se nos hizo la noche. Él me dijo que me había llamado alguien desde mi celular diciéndole que lo tenía y que mañana estaría en la playa en el mismo lugar. Yo le dije que era una suerte que alguien lo había encontrado, porque se me había perdido en la playa. Mañana lo iré a buscar le dije. Mi esposo me contó que había visto hermosos partidos de tenis en la tele y había cenado frutas. Entonces me metí al baño a ducharme y después me acosté quedándome dormida de inmediato. El cansancio de mi cuerpo era brutal y mis agujeros estaban algo ardidos de tanto sexo en la arena.

    Bueno, podrán imaginar cómo siguieron mis días en Santa Clara, fue inolvidable. El día siguiente comenzó tarde, casi al mediodía. De nuevo compré comida preparada y luego de almorzar con mi esposo en el dormitorio, él me dijo que me fuera a la playa que él se iba a entretener viendo el torneo de tenis en la tele, o leyendo. Le dije que no se preocupara si volvía tarde y que posiblemente en la playa no tendría buena señal con mi celular.

    Partí como a las tres de la tarde para aprovechar a pleno la tarde en la playa. Como tengo piel resistente, con facilidad adquiere un dorado intenso, aunque trato de no tomar sol al mediodía.

    En la playa me encontré a la familia a quien le había dejado en custodia el bolso el día anterior, y me lo entregaron con todas mis cosas. Yo muy agradecida.

    Un par de chapuzones en el mar se intercalaron con mis horas de sol, escuchando música. Ya casi a las siete de la tarde guardé las cosas en el bolso pero esta vez se lo dejé en guarda a unos jóvenes que vendían artesanías en una especie de tienda de lona, donde se quedaban hasta tarde.

    No habré caminado ni diez minutos cuando sentí el motor de los cuatri. Me volteé y vi que eran dos tipos con cañas de pescar que se fueron perdiendo con sus vehículos yendo hacia el norte.

    Unos cinco minutos después aparecieron mis tres amigos. Monté el cuatri de Juan y salimos rápidamente hacia el fondo, donde la gente no llegaba caminando.

    Cuando llegamos al lugar, el hijo de Juan me dijo que yo era una privilegiada ya que habían decidido esa tarde cambiarme por la pesca, cosa que nuestras mujeres jamás lo han logrado. Esto sonó muy cómico y me largue a reír. De inmediato se bajaron de sus cuatri diciéndome que en ese momento se inauguraba la playa nudista en Santa Clara. Yo no estaba tan motivada pero ante los hechos no me resistí mucho a sacarme la bikini, viendo que no había gente cerca. Ellos hicieron lo propio y los cuatro desnudos, salimos corriendo como locos hacia el agua hasta que nos zambullimos en un torbellino humano. Es de imaginar que podría hacer una mujer totalmente despojada de su ropa en ese lugar solitario, con tres hombres también en cuero. La sal del agua no era impedimento para que yo les chupara las vergas uno a uno de mis hombres que habían formado una ronda a mi alrededor. En uno o dos minutos sus maravillosos penes ya estaban totalmente firmes, dispuestos para la batalla. El hijo de Juan me alzó yo lo le aprisioné sus caderas con mis piernas, produciéndose la fantástica penetración de su robusto miembro en mi vagina. El amigo me tomó por atrás los glúteos y salivando su botón me lo introdujo en el ano. Un poco de dolor no fue motivo para abandonar el trance y poco a poco la dilatación permitió que el majestuoso pene se perdiera en mi recto. Yo comencé a mover mis caderas y pelvis cada vez con más intensidad hasta que alcancé el momento sublime de mi primer clímax. Juan me acariciaba los pechos y me besaba en la boca lo que me causaba un desesperante deseo de poseerlo también a él. Dos parejas en cuatriciclos, regresando se detuvieron a ver si necesitábamos algo. Juan les gritó que estaba todo bien. Seguramente ellos notaron que estábamos transando y continuaron su camino.

    La interrupción nos hizo desprender y comenzamos a jugar en el agua con mucho erotismo. Las seis manos acariciaban y toqueteaban todos los rincones de mi cuerpo, lo cual me excitaba de sobremanera. El amigo de Juan de buen porte y musculatura me levantaba parándome en sus hombros y luego me arrojaba al agua, los otros dos se me tiraban encima haciéndome sentir la penetración de sus penes en mi vagina y ano.

    En un momento comencé a correr hacia la arena y ellos me dieron tiempo de llegar a los cuatri. Tomé una botella de cerveza muy fría y comencé a beber esperándolos. No tardaron más de un minuto en salir, sus miembros estaban demasiado firmes como para quedarse en el agua. Tenían urgencia de introducirlos en mi cuerpo para descargar su contenido y yo estaba deseosa esperándolos con mi vagina húmeda pero ahora por el flujo que producía. No me dieron tiempo a tender la lona sobre la arena. Primero me cogieron parados, manteniéndome suspendida en dos penes penetrándome por delante y por atrás, luego continuamos en el suelo. La arena que se removía entre mis piernas salpicaba nuestras partes sexuales pero eso no impedía las maravillosas penetraciones y mis continuos orgasmos. En un momento mis hombres se acomodaron de tal manera que tuve una triple penetración, dos en la vagina y una en el ano, fue algo que me enloqueció, algo desesperante que me mantenía en un éxtasis sublime haciéndome acabar como una fiera. Luego intentaron invertir los roles, con doble anal y una vaginal pero los dolores en mi colita fueron demasiado intensos y no pudimos lograrlo.

    Una vez, recibí los espermas de los tres en mi boca, lo cual me produjo un placer inmenso al mostrarles el semen colmando mi cavidad bucal antes de tragármelo, algo verdaderamente delicioso. Luego los dos más jóvenes volvieron a descargar su esperma en mi culito, uno luego del otro, mientras yo se la chupaba a Juan sin lograr hacerlo acabar nuevamente.

    Al regresar le pedí a Juan que me dejaran en la tiendita de los artesanos y luego de recoger mi bolso me fui caminando a la cabaña, eran como las nueve de la noche. Mi esposo algo molesto me dijo que le hubiera gustado cenar algo, le ofrecí comida que había quedado en la heladera y luego me metí a la ducha porque el olor a semen que despedía mi cuerpo podría ser detectado por mi querido. Mi conchita y mi ano estaban llenos de esperma y arena por lo que me tardé más de lo habitual en dejarlos bien limpios.

    Al acostarme junto a mi esposo, él me dijo que le dolían mucho las piernas. Entonces comencé a acariciarle el pene a pesar de sus quejidos, logrando ponerlo en erección. Más de media hora necesité para lograr su eyaculación en mi boca, mientras me masajeaba la vulva con un juguetito eléctrico con el que pude tener dos orgasmos. Ya era demasiado para un día tan intenso y me quedé profundamente dormida hasta las once del día siguiente.

    Los días que siguieron fueron muy agitados con Juan y el amigo. Su hijo se fue al tercer día con su familia. A veces nos íbamos los tres a la playa y otras veces a la casa de Juan.

    Cuando mi esposo se mejoró de sus piernas como al quinto día, comenzó a ir a la playa pero sin quitarse un pantalón muy liviano que lo protegía del sol.

    Para poder estar con mis amigos le decía que me iba a caminar y él se quedaba leyendo un libro bajo la sombrilla, cosa que le encanta hacer, cuidando las cosas y esperando a que volviera. Yo regresaba luego de un par de horas o más, de la zona de pesca o de la casa de Juan y recogíamos las cosas para irnos a la cabaña.

    Juan tenía muchos amigos, algunos casados y otros separados. Me invitó un par de veces a comer pizas con ellos, pero yo no acepté porque le conocía las intenciones. Seguramente me iba a querer hacer participar de un gangbang con todos sus amigos, pero yo no estaba convencida para hacer eso, al menos gratis.

    Solamente acepté quedarme una tarde que fui a su casa, él estaba con nuestro amigo y otros dos más. Yo sola contra cuatro fue un desafío temerario que me motivó fuertemente. Qué manera de coger ese día. En el cómodo sofá de la casa todo era mucho más placentero y por lo tanto mi goce fue inolvidable. Que maravilloso día, todavía recuerdo con detalles las magníficas penetraciones, corridas de ellos y mis cuantiosos orgasmos, hasta el agotamiento total. Después vino la placidez y el sosiego que se siente cuando una ha calmado el apetito sexual. Cervezas de por medio, conversaciones, anécdotas y revelaciones a veces insospechadas. Como por ejemplo la de uno de los nuevos, al que Juan le pidió que contara sobre su actividad empresarial. Este tipo llamado Guillermo, de unos cuarenta y ocho años, dijo que era productor de películas porno en rosario. Contó algo de su actividad, lo que me mantuvo muy atenta, despertando mi curiosidad de saber sobre el asunto. Tal fue mi aparente interés que Guillermo me invitó a que lo visitara cuando quisiera en Rosario donde tenía su estudio de filmación y fotografía. Nos intercambiamos los números de teléfono y me pidió que le llamara pronto para acordar una visita a Rosario para conocer su estudio.

    Siempre me ha intrigado saber sobre la filmación de videos porno, por lo que le dije que seguramente pronto le llamaría. Esto sucedió realmente, fue otra experiencia inolvidable que viví hace muy poco y es uno de los relatos que intentaré escribir y publicar próximamente.

    No quisiera que piensen mal de mí, no soy una prostituta aunque no quiero desmerecer esa profesión. Solo soy una dama casada con un voraz apetito sexual, que se da sus gustos a escondidas, sin que ello signifique faltar al honor de mi querido marido a quien le debo todo lo que soy y lo que tengo. Con él disfruto de una buena posición económica y social y soy muy bien querida y respetada entre nuestros familiares y amigos.

    Espero que les hayan gustado mis vivencias en Santa Clara del Mar. Si hay alguna lectora femenina, supongo que se sentirá atraída a imitar mis aventuras y si los lectores son hombres, les digo que los amo. Todo hombre es apetecible para mí y no tengo frenos para tener múltiples orgasmos con cualquiera, independientemente de su potencia sexual, a falta de erección, el sexo oral me enloquece también.

    Espero que si alguien lee este relato me deje alguna opinión o comentario, le responderé con gusto, ya sea hombre o mujer.

    Hasta la próxima.