Autor: admin

  • Transporte privado

    Transporte privado

    Hola amigos, hace más de un año que no escribo permítame contarle otra de mis experiencia en el mundo erótico.

    Pasa que un día de regreso a mi ciudad con una amiga (vacile del momento) de trabajo, decidimos viajar en trasporte privado donde sabíamos que no iba mucha gente, cerca de unos 10 personas para ser exacto, compramos los pasajes y nos embarcamos en el bus, ya dentro decidimos ir en la parte de atrás para disfrutar del viaje haciendo cositas.

    Ya en marcha el bus, empezamos a besarnos, comienzo a meterle las manos por las tetas (tremendas tetas por cierto) se las comienzo a mamar estirar para que comience hacer pequeños gemidos de placer nadie nos escuchó y estuve un buen rato hay mamándolas.

    Hasta que me dice “bájate los pantalones”, me saque el pene ya a mil y me empieza a pajear con la mano, le daba duro y duro para darme placer en lo que le digo con la boca, se agacho y comienza a mamar hasta el fondo se lo metía y sacaba sus salivas fueron inundando mi pene de placer que rico se sentía y más rico con el riesgo de que alguien nos podía ver, mientras yo jugaba ya con su clítoris, que delicia, se sentía muy mojada. Ella me decía “no pares no pares dale” ya me dejo de mamar pero me pajeaba con la mano hasta que la hice acabar a ella en un rico orgasmo callado.

    Luego agarro mi pene y se lo metió de nuevo en la boca hasta que me hizo acabar y como no había donde botar la leche tuvo que tragarla toda hasta el fondo, me limpio lamiendo todo mi pene y de ahí me lo guarde llegamos y por suerte nadie nos miró mal ni nada.

    Escríbanme, dígame si les gusto, aquí mi correo: [email protected].

  • Relatos eróticos: No tengo remedio

    Relatos eróticos: No tengo remedio

    Estaba de visita en un pueblo y hoy pase a visitar a una familia a la que tengo muchos años conociendo, cuando llegué como no había avisado resulto que iban de salida, casi me voy de espaldas pues como es un pueblo no hay camiones y había caminado casi cuatro kilómetros para llegar justo a medio día, pero de pronto vi mi salvación, el nieto y el abuelo se quedarían, todos los demás se irían y a mí el que me importaba saludar era el nieto pues es como un sobrino para mí, así que ya no me preocupé, todos se fueron y yo me quedé esperando a que llegaran, cuando lo hicieron tenían hambre y como conozco bien la casa me levanté y les prepare de comer, comimos tranquilos viendo un documental en la tv, cuando terminamos, mi sobrino y yo nos fuimos a la sala y el abuelo se quedó en el comedor pero es todo en el mismo piso y sin paredes de división así que nos podía ver perfectamente, de pronto sentí ese cosquilleo dentro de mí, esas ganas de coger, necesitaba sexo y sabía que no tenía con quien pero decidí jugar un juego peligroso por un ratito.

    El señor tuvo una lesión hace poco en sus rodillas por un accidente con uno de los caballos así que camina lentamente y con ayuda de un bastón, salió al corral como lo hace todas las tardes.

    Yo llevo puesta una blusa blanca ligera y justo al centro de cada seno lleva una franja de unos 5 centímetros de ancho de hilos blancos con un poco de bordado pero que se transparenta la ropa interior y la piel, como me sentía muy excitada decidí mostrarle un poco más al abuelo, en lo que estaba ausente busqué la manera en que un movimiento sacaría mis pezones del brassiere y así quedaría a la vista de este hombre de unos 60 años, siendo mis senos talla 36 copa D no fue difícil. Mi sobrino fue al corral a darle de comer a las vacas, y ya es todo un joven, solo que yo me aferro a verlo chiquito junto con su abuelo y atrás de la casa tienen una terraza y de ahí se ve muy bien donde estaban mi sobrino y su abuelo y puse en marcha mi plan, saque mi pezón y se veía claramente a través de mi blusa y de la línea transparente que esta tenia, tomé una silla y me coloqué justo donde el señor podía verme y tenía un libro, si mi sobrino se acercaba me cubriría con el libro, si se acercaba el abuelo bajaría el libro y le haría conversación.

    Regresó primero mi sobrino y me anunció que se daría un baño pues iría a hacerse un corte de cabello, me pareció fantástico pues eso me dejaba solo con el señor un rato, minutos después apareció este hombre y lo detuve con toda la intención de que pudiera ver mis senos y por supuesto que lo notó, le pregunté si era difícil montar y ahí comenzó la plática, y para dejarlo ver bien al hablarle sobre sus caballos y vacas me ponía frente a él y yo volteando a ver los animales y lo veía de reojo como estaba perdido en mi blusa y se sentaba de un lado y se sentaba del otro acomodándose su paquete, eso me excitó aún más y me aseguraba que la blusa siempre dejara ver bien mi pezón.

    Después de una de platica de una hora el señor preguntó si había escuchado a mi sobrino salir para ir al corte de cabello pues yo estaba más cercana al pasillo y le dije que sí, que tenía unos 5 minutos de haber salido, le pregunté si necesitaba algo yo se lo podía traer para que él no esforzara sus rodillas y me dijo que necesitaba sus medicinas para sus rodillas y se las traje junto con una jarra de agua, puse una mesita para poner sus medicinas y la jarra de agua, claro esto lo hice inclinándome para dejarlo ver bien por dentro de mi blusa. El estiró su mano para tomar uno de los frasco y claro accidentalmente rozó mi seno, uy que rico sentí, un momento después tomó sus medicinas y yo quería restregar mis senos en su cuerpo al menos una vez más y con el pretexto de mostrarle unas fotos que había encontrado de mi sobrino de años atrás le di mi celular y me coloqué detrás de él y al estirarme para pasar de foto le restregaba mis senos en su hombro, que rico sentía, esa sensación de lo prohibido me tenía al mil, gocé un ratito y volví a mi lugar. Por ser la primera vez que tenía un acercamiento así con el señor no me quise aventurar más, disfrute un rato y creo que el también, me fui más caliente de lo que estaba y tuve que llegar a masturbarme en mi cama recordando la mirada de ese hombre hacia mis senos, ahora tendré que buscar con quien quitarme estas ganas.

    Gracias por leerme necesitaba contárselo a alguien, ya les seguiré contando mis aventuras, besos.

  • Relato erótico de maduras: Mi joven vecino me folla

    Relato erótico de maduras: Mi joven vecino me folla

    Mi nombre es Micaela y desde muchos años trabajo junto con mi esposo en una agencia inmobiliaria que el ya poseía cuando nos conocimos y gracias a la cual siempre nos ha ido bastante bien económicamente hablando, soy rubia, de estatura media y aunque los años pasan factura puedo decir que aun mantengo unos pechos más o menos firmes y un culo bonito, nunca he tenido que pasar por el quirófano pero mi trabajo me ha costado mantener una figura atractiva a mi edad y sobre todo bastantes horas de gimnasio.

    Aunque yo siempre he sido una mujer muy activa sexualmente hablando mi marido no se parece en nada a mí en ese aspecto, cuando nos casamos el solo había tenido otra pareja mientras que yo había tenido algunas más, nunca fue un hombre muy pasional pero se desenvolvía con soltura en la cama y eso me bastaba, pero desde hace unos 5 años su físico ha experimentado un fuerte bajón, mi esposo tiene 8 años más que yo y desde hace ya bastante tiempo prácticamente no se cuida, eso y su ya de por sí falta de ímpetu sexual a echo que en los últimos años mi vida sexual haya estado más bien apagadilla.

    Lo que les voy a contar ocurrió hace tan solo una semana y jamás pensé que algo así podría llegar a ocurrirme y mucho menos que yo fuera capaz de actuar como lo hice, desde que nos casamos vivimos en la misma casa, un chalet a las afueras de la ciudad en una pequeña urbanización clase media- alta donde todos los vecinos nos conocemos desde siempre, mis vecinos han visto crecer a mis hijos y yo he visto crecer a los suyos, sobre todo a Carlos, un jovencito de 18 años que tan solo contaba con 3 años cuando él y sus padres llegaron como nuestros vecinos de enfrente.

    Aunque yo siempre me había llevado muy bien con Carlos y sus padres, al igual que mi esposo y mi hijo pequeño, mi hijo Eduardo a pesar de contar con una edad casi idéntica a la del vecino nunca se había llevado muy bien con él, mi hijo Eduardo es más bien solitario y tiene una vida social más bien escasa, todo lo contrario que Carlos, un joven con una estética de esas que llaman bakalas y que no paraba en casa quieto, su madre siempre me contaba que estaba bastante preocupada por las altas horas a las que volvía de noche y por las compañías que frecuentaba, problemas que yo no tenía con mi hijo Edu que rara vez salía de casa por la noche.

    Pero bueno, vamos a ir al grano, hace una semana mi esposo decidió llevar a mis 2 hijos de viaje aquel fin de semana iba a estar sola en casa, era la noche del viernes a eso de la 1 de la madrugada cuando me iba a dormir cuando escuche el timbre de la puerta, pensé en no abrir la puerta ya que no esperaba a nadie y mucho menos a aquellas horas pero volvieron a llamar insistentemente así que me puse la bata y baje a abrir la puerta.

    Era mi vecina con su hijo Carlos y su esposo estaba en la acera de enfrente dentro del coche.

    «Perdona que te moleste a estas horas Micaela, mi hermano ha tenido un accidente de tráfico y nos han llamado porque está ingresado en el hospital, no parece muy grave pero no voy a quedarme tranquila hasta que vaya a verlo con mis propios ojos, ya sabes que mi hermano es de Asturias y tenemos que irnos ya si queremos estar allí para mañana por la mañana, quería pedirte si podías quedarte este fin de semana con Carlos, sé que es un favor muy grande pero a pesar de los años que tiene no me fio un pelo de él y no quiero dejarle solo en casa no vaya a liar alguna».

    Todo aquello me pillo de sopetón pero conocía a mis vecinos desde hacía muchos años y en alguna ocasión nos habían hecho favores como aquel así que no pude negarme.

    «Tonterías, no te preocupes, Carlos puede quedarse aquí el tiempo que haga falta, ahora lo importante es que tu hermano este bien».

    «Muchas gracias Micaela, te lo agradezco».

    «Nada, nada, no pasa nada, venga Carlos pasa que te preparare la habitación de invitados».

    Prepare para Carlos la habitación de invitados y le deje que se fuera a dar un baño mientras yo ya me preparaba para esta vez sí, irme a la cama pero antes de llegar a mi habitación escuche a Carlos gritar.

    «MICAELA, no encuentro las toallas»

    Recordé que en el baño de la habitación de invitados nunca había toallas porque era un baño que rara vez se utilizaba dado que no solíamos tener nunca esa habitación ocupada más que alguna vez que vienen familiares en la navidad, fui a mi baño y cogí una toalla, se la lleve a Carlos y entre en el baño para dársela cuando lo que vi me dejo pasmada.

    Nada más entrar y al escuchar la puerta, Carlos se dio la vuelta completamente desnudo como estaba, quedando ante mí la polla más enorme que jamás hubiera visto en mis 38 años de vida, me quede helada sin decir nada.

    «Muchas gracias Micaela, muy amable»

    Se acercó a mí y cogió la toalla de mi mano mientras yo seguía clavada en el sitio sin poder dejar de mirar aquella enorme herramienta.

    «Micaela, estas bien»

    En aquel momento caí en la cuenta de lo que estaba pasando, vi en el espejo como mi cara adquiría un color rojo y mirando al suelo dije:

    «Lo siento mucho Carlos, no pensaba que estarías desnudo, pensé que aún no te habrías quitado la ropa».

    «No pasa nada hombre, hay confianza, además no es la primera vez que me ves desnudo mujer».

    Me alegre de que la tensión de aquel momento hubiera desaparecido gracias a las palabras de Carlos y deseándole buenas noches salí del baño y me fui a mi habitación.

    En efecto no era la primera vez que veía a Carlos desnudo pero la última vez que le había visto como dios le trajo al mundo fue hacia 10 años en uno de los veranos que pasamos juntos con sus padres en el apartamento que ellos tenían en la playa y desde luego por lo que había visto entre las piernas de aquel muchacho, había cambiado mucho desde la última vez.

    Ya en mi habitación me asegure de cerrar con el cerrojo la puerta de mi dormitorio para hacer lo que siempre hacia las noches que pasaba sola en casa, busque en el cajón inferior de mi mesita y saque un consolador que se asemejaba a la polla de un hombre negro, como ya dije al comenzar mi relato, mi vida sexual era desde hacía años muy limitada y yo había descubierto en mi amigo de plástico una forma de desfogarme cuando mi esposo no estaba en casa, pero aquella noche fue diferente, nada más sacar el consolador de la mesita me vino a la cabeza la imagen de la polla de Carlos, debía tener un grosor como mi muñeca y una longitud de unos 20 centímetros, por lo que había visto era mayor que el juguete de plástico que yo tenía entre mis manos y cuando me desnude y comencé a masturbarme no pude por más que lo intente apartar de mi cabeza la imagen de aquella joven polla y muy a mi pesar me abandone a la imaginación y diciéndome a mí misma que no había nada de malo en aquellas simples «fantasías» acabe masturbándome con pasión pensando en que la polla de aquel jovencito me penetraba por todos mis orificios.

    A la mañana siguiente me levante temprano, había conseguido volver a pensar en mi vecino como en aquel niño que había visto crecer y no como en una polla andante, me puse cómoda y baje a preparar el desayuno, Carlos no tardo en levantarse y bajo a la cocina en calzoncillos, al verle me quede un poco parada pero pensé que visto lo visto teníamos la suficiente confianza como para verle en calzoncillos, además él era solo un crio y yo una mujer casada y con un hijo de su edad, así que seguramente Carlos me vería como a su propia madre.

    Cuando le acerque el café para el desayuno no pude evitar echar una rápida ojeada a su paquete y para mi sorpresa pude ver como estaba algo empalmado, en aquel instante caí en la cuenta de que la ropa que me había puesta no era del todo adecuada para cuando había invitados en casa, era una camiseta que tenía hacia años y que actualmente me quedaba muy ceñida así como unos pequeños pantalones de sport que anteriormente habían pertenecido a mi hijo.

    «Oye Micaela, podrías decirme que te parece mi polla».

    Aquella pregunta me sorprendió tanto que se me cayó la cafetera al suelo partiéndose en mil pedazos.

    «Co… como has dicho?».

    «Si hombre, las tías que me follado dicen que es enorme pero son unas niñatas, yo quiero saber que piensa una mujer de verdad, una que tenga edad para haber visto unas cuantas».

    «Esa pregunta esta fuera de lugar, no seas grosero y comete el desayuno niño».

    Trate de salir de aquella situación como buenamente pude pero aquel muchacho se estaba revelando como el macarra que los vecinos y que su propia madre pensaban que era.

    «Joder, no me seas remilgada, tenemos confianza coño, además ayer vi como al entrar al baño te quedabas alucinada con la vista clavada en mi polla así que supongo que debió sorprenderte un poco».

    «Mejora tus palabras mocoso o tendré que lavarte la boca con jabón, lo de ayer fue sin querer, yo pensaba que estabas vestido, no te creas que quería verle la colita a un niño como tú, yo no soy ninguna de esas niñatas con las que sales y presumes así que menos bravuconadas y comete el desayuno».

    Carlos no supo que responder y yo había salido del paso lo mejor que había podido, no me había acobardado y había utilizado las mismas armas que el para responderle, la chulería y la prepotencia y además había aprovechado para ridiculizarle dejándole claro quién era allí el adulto y quien mandaba, no podía permitir que aquel chaval se creyera que podía hablarme como a uno de sus colegas o de sus chicas.

    «Si te crees que con esas payasadas me vas a comer lo llevas claro, yo desayuno a diario chulitos como tú, ahora desayuna mientras limpio este estropicio».

    Dicho esto me di la vuelta y me arrodille para limpiar el café y los trozos de cristal del suelo de la cocina, estaba en ello cuando vi que Carlos se había levantado y acercado a mí, me quedé parada y sin saber exactamente por qué fija mirando al frente justo a su paquete que me quedaba a la altura de la cara. Pasaron unos segundos de indecisión y en ese momento él se aproximó más hacia mí y puso su paquete exactamente delante de mi cara. Yo miré hacia arriba, y fue entonces cuando él terminando de aproximarse completamente me cogió decidido por la parte de atrás de la nuca y empezó a rozarme su paquete contra la cara. Yo, al principio mi reacción instintiva fue echarme hacia atrás, pero sin saber por qué, no lo hice. Su presión en mi nuca se hizo más fuerte haciéndome algo de daño al tiempo que el roce y el sobe de su ya paquetorro contra mi cara se hizo más violento.

    Yo notaba por momentos como la polla se le iba haciendo cada vez más enorme, en ese momento no sé qué ocurrió, debí zafarme y levantarme, darle una bofetada y ponerle la cara del revés, llamar a sus padres y decirles el sinvergüenza que tenían por hijo pero no lo hice, me invadió una sensación indescriptible de deseo que me hizo restregarme a mí contra su paquete por propia iniciativa. Fue entonces cuando él advirtiendo mi participación, comenzó a bajarse los calzoncillos, al poco apareció la polla de la noche anterior, la polla más gorda, dura y bonita que jamás hayan contemplado mis ojos, el doble que la de mi hijo mayor y unos 5 cm más que la de mi esposo, así como mucho más gorda.

    «Susanita, no te voy a comer con ninguna payasada, más bien eres tú la que me la va a comer ahora mismo, así que abre la boca que yo ya me he tomado mi desayuno y ahora eres tú la que va a desayunar carne en barra».

    Aquellas groserías en vez de molestarme como hubiera sido lógico no hicieron más que calentarme aún más, mi cabeza trataba de reprimirse, de salir de aquella situación pero mi cuerpo se estaba entregando sin dudarlo al deseo que aquella polla ejercía en mí.

    Como es fácil imaginar la boca se me hizo agua en ese mismo instante, y yo creo que se me abrió no sé si de la sorpresa o de las ganas que tenía de comerme y saborear aquél pedazo de carne absolutamente enorme, en un santiamén la tenía bien metida y empecé a chuparla como si me fuera la vida en ello, era increíblemente dura y suave al mismo tiempo y además, tenía un sabor espléndido. Puedo asegurar que era la polla más sabrosa que jamás me hubiera comido, a esas alturas mi chochito estaba ya completamente mojado y palpitaba de ganas, pasaron apenas un par de minutos de mamada y mi vecinito empezaba a ponerse más excitado todavía a juzgar por sus movimientos de cadera y por lo durísimo de su rabo.

    En ese estado me la sacó de golpe y me cogió de la barbilla interrumpiendo la mamada, me cogió por los brazos e hizo que me levantara, me arranco de un tirón la vieja camiseta dejando mis enromes tetas libres ante él, me las agarro con fuerza y empezó a apretujarlas, luego, dándome la vuelta hizo que me tumbara y apoyara mi pecho y mis brazos sobre la mesa de la cocina.

    Me abrió de piernas y situado en cuclillas empezó a recorrer suave mi culo con su cara y sus manos, la situación me tenía muy cachonda, mis tetorras estaban aplastadas contra la mesa, el corazón me latía fuerte y deseaba que lo inevitable llegara por fin, en esto que mi vecino se incorporó y tiró con fuerza de mis pequeños pantalones hacía abajo y en el tirón se llevó con ellos las bragas. Allí estaba yo, con todo mi culazo en pompa a merced de vecino que ya se afanaba en explorármelo.

    «No has sido muy buena anfitriona Susanita y por eso voy a castigarte, te voy a encular hasta que me pidas más y más, te voy a romper el culo por zorra».

    Dicho esto comenzó a golpearme con fuerza mi trasero, me lo palmeaba con saña y violencia y tras mis primeras quejas y pinchazos de dolor he de reconocer que me estaba calentando y excitando cada vez más.

    Al mismo tiempo, él, advirtiendo mis quejidos mezcla entre la excitación y el dolor de los golpes, más se animaba a machacarme con sus azotes, mientras no dejaba de meterme un dedo en el ano y otro en mi chochito totalmente encharcado desde hacía un montón de rato, de repente mi vecino se incorporó y en una actitud violenta se apoyó contra mí, y en ese instante percibí el calor de su polla gorda y suave apoyada contra la carne de mi culo, en eso que cogiéndose la polla me la situó justo en el agujerito de entrada de mi culito y empezó a empujar.

    Yo empecé a gritar ante lo que se avecinaba.

    «Déjame hijo de perra, te voy a matar, vas a ir a la cárcel desgraciado, mi esposo y mi hijo te mataran».

    «Jajaja, cállate estúpida, tu esposo y tu hijo son unos mamones, me gustaría que el gilipollas de tu hijito estuviera aquí para ver cómo le rompo el culo a su mama».

    Mi vecino hizo aún más presión como animado por quejas y empujando con una fuerza casi violenta me metió por el ano toda el pedazo de cabeza rosada y enorme de su polla, mi reacción de dolor no se hizo esperar, sentí como si me rajaran el culo de abajo arriba en aquél preciso instante, el dolor fue insoportable y empecé a gritar para que se apartara pero el lejos de apartarse continuó empujando, y al final sentí como todo aquél pedazo de carne se terminó de abrir camino y quedó completamente empotrada e instalada en mis intestinos.

    El dolor seguía y mi excitación se paralizó por momentos. Sin embargo, a los pocos segundos y a medida que él empezó a moverse de atrás a adelante, sentí un calor, una quemazón enorme en mi ano al tiempo que una sensación de cosquilleo como nunca antes había sentido, Carlos empezó a bombearme el culo, y como si algo extraño hubiera de repente explotado dentro de mí, empecé a sentir mucho gusto, y sobre todo, ganas de que siguiera y lo hiciera más y más rápido, pues a medida en que me follaba, aquella sensación nueva para mí iba en aumento, mi vecino se estaba prácticamente volviendo loco, me follaba y me follaba el culo sin compasión, importándole una puta mierda lo que yo pudiera estar sintiendo, el sólo parecía interesado en horadarme, en taladrarme el culo con su enorme nabo, al tiempo que me cogía las tetas.

    Cuando él percibió que a mí la maniobra empezaba a hacerme efecto, imprimió todavía mayor aceleración a sus vaivenes y en ese estado, pasados apenas dos minutos noté el orgasmo, el orgasmo más intenso que jamás había sentido.

    Lo que yo sentí ese día con la polla de mi vecino empalada en mi culo no lo había sentido nunca antes en toda mi vida, el percatándose de mi situación, terminó de imprimir más fuerza a sus embestidas y al final nos corrimos los dos juntos a gritos y como locos, os juro que jamás en mi vida había sentido nada igual, el culo me ardía de calor y de dolor, pero el placer había sido inmenso.

    Carlos me sacó la polla y la tenía algo manchada de sangre, sin duda su follada había sido en extremo salvaje y mi culo virgen y estrecho no estaba preparado para recibir semejante pedazo de rabo y con unas embestidas como las que aquel cerdo me metió. Yo me di la vuelta y me subí las bragas como pude absolutamente zombi, estaba mareada e ida con una sensación de cansancio total. El culo me dolía horrores, me senté en la silla como pude y mi vecino empapado en sudor se sentó a mi lado.

    «Ha estado bien verdad que si Susanita, mis padres no vienen hasta mañana por la noche y tu esposo y tu hijo tampoco así que aun te quedan algunas folladas que soportar jodida putilla».

    No le dije nada, solo podía mirarle, era un cerdo, un hijo de puta, pero aquel cabrón me había follado como nunca antes lo había hecho nadie, me había hecho sentir tanto placer como nadie me había hecho sentir jamás.

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  • Una tarde contigo

    Una tarde contigo

    Hemos quedado donde siempre, en la cafetería que hay cercana a tu casa, tú me estás esperando en la puerta, cuando me ves pones esa media sonrisa que me gusta tanto, te has fijado en cómo voy vestida, llevo un peto vaquero un demasiado ajustado, me dedicas una mirada de esas que me encienden, me das dos besos y me preguntas con un susurro si llevo ropa interior, tu respiración cerca de mi cuello me vuelve loca, te respondo que tal vez lo averigües más tarde.

    Entramos en la cafetería, me preguntas que quiero tomar, te respondo que nada, que con lo que llevo puesto, no puedo beber, ya que si tengo que ir al baño es un poco complicado, ya que me tendría que desnudar casi completamente y no me apetece hacerlo en el baño de una cafetería, tú me miras pícaramente, llamas al camarero, pides una cerveza y una coca-cola, te miro sorprendida, cuando se marcha el camarero me dices que no me preocupe, que como vives cerca, si lo necesito vamos a tu casa.

    Llevamos un rato charlando, la verdad es que es divertido tener confidencias contigo, no creas que no me he dado cuenta de que llevo más de 3 Coca-colas, empiezo a sentir los efectos, tú te ríes y yo te pregunto porque?, te acercas y me dices que se acerca el momento de obtener tu respuesta, le pides al camarero la cuenta, vamos caminando hasta tu casa, seguimos con las confidencias, llegamos al ascensor, en cuanto se cierran las puerta te acercas a mí, me susurras «ya falta poco» tu aliento en mi cuello hace que la piel se me erice, tú lo notas, me aprisionas contra la pared del ascensor y me besas largo y profundamente, las puertas del ascensor se abren, nos reímos, buscas las llaves de tu piso y entramos.

    Te pregunto por el baño, me conduces a tu habitación, me señalas el cuarto de baño, cuando voy a entrar, tú me dices aún no, me pones cara a la pared y me dices que antes necesitas la respuesta, que te ha estado volviendo loco toda la tarde, me subes los brazos, con las manos apoyadas en la pared, me separas las piernas y me dices que me vas a cachear. Te pregunto porque? y me dices que soy sospechosa de secuestro, te ríes, yo te pregunto, ¿Secuestro? y tú me contestas que ahora me vas mostrar las pruebas, me vas cacheando comienzas por los brazos, cas bajando despacio por los costados, continuas bajando por las piernas y cuando llegas al final, vuelves a subir pero por la cara interior de los muslos, llegas a mi coño, sonríes y me dices «ya tengo mi respuesta» está todo empapado.

    «Hora de mostrar las pruebas», subes hasta el escote y empieza a desabrochar los botones, el peto empieza abrirse «estas acusada de secuestro y de haber mantenido prisioneras a estas dos», sacas mis pechos de su prisión dándoles un masaje, se ponen duros, te agradecen su liberación, las dejas un momento, sigues desabrochando los botones y me bajas la parte de arriba, ahora estoy desnuda de cintura para arriba, me masajeas los hombro y recorres con besos mi columna vertebral, me estremezco, estoy muy caliente y loca de pasión, quitas el último botón, aún queda la cremallera, metes tu mano, la llevas a mi coño, compruebas que está choreando.

    Bajo las manos, las llevo atrás, te agarro del culo y te acerco a mí, te comento que yo debería acusarte de lo mismo, que tú también tienes un prisionero que está deseando salir de su encierro, reímos, terminas de bajar la cremallera, el peto está en mis pies sujeto por las botas. Te agachas y me quitas las botas, a continuación el peto. Me comentas que llevas toda la tarde deseando hacerlo, me doy la vuelta y te digo que ahora te toca a ti.

    Te pongo en la misma posición que tú me habías puesto antes, comienzo con el cacheo, primero tus brazos, tu costado, tus piernas por el exterior y comienzo por el interior, me dices que por favor acelere, que te está doliendo, que necesitas que lo libere ya, te digo que aguantes que falta poco, te quito la camiseta, desabrocho el cinturón y el botón del pantalón, bajo te quito los zapatos, bajo la cremallera, tu pantalón cede, quedan tus bóxer. Te doy la vuelta, quiero ver la liberación con mis propios ojos y recibirla con la alegría que se merece. Te bajo los bóxer, tu polla salta como un resorte, comienzo a besarla, primero la punta, luego el tronco, luego tus testículos, me los meto en la boca y jugueteo con mi lengua, gimes de placer, coy lamiendo el tronco de tu polla, llego a la punta y comienzo a succionar, salen unas gotas de líquido preseminal, avanzo un poco y me la meto completamente, me llega muy hondo, toca mis cuerdas vocales y la campanilla, te estremeces, me la saco y llevo mi mano al tronco y comienzo a moverla de arriba a acompasándola con mi boca, estás gimiendo de placer, me excita, sigo un poquito más, me detienes, me levanto y te beso, nos abrazamos, me encanta besarte y sentir tu erección pegada a mí, me das la vuelta y me abrazas, te siento en mi culo, estoy muy cachonda, me llevas a la cama, me tumbo boca abajo, con un dedo trazas mi columna vertebral, luego la sigue con besos, cuando llegas al comienzo de mi culo, me abres las piernas y empiezas a lamer mi coño, jadeo, noto como tu lengua penetra en mi vagina y como la sacas recorriendo mis labios, el placer es indescriptible, succionas mi clítoris, mis jadeos son fuertes y sonoros.

    Te pones encima de mi desde atrás me penetras, comienzas a moverte a la vez que tu mano esta en mi clítoris, te siento fuerte, muy fuerte, se oyen nuestros jadeos, te incorporas un poco y me penetra más fuerte y rápido, la cama se mueve al compás, me incorporo un poco, me pongo a cuatro patas, el ritmo es más intenso, me das un cachete en las nalgas, me agarras mis pechos y notas como mis pezones rosados están duros como si fueran pequeños botoncitos, vuelves a mis caderas, bajas la intensidad, no queremos que acabe aún, te sales de mí, te extraño, te tumbas boca arriba y me dices que ahora me toca cabalgar a mí, me pongo encima, tu polla esta en mi entrada, bajo lentamente, recreándome, voy subiendo y bajando a un ritmo lento, nuestras manos se entrelazan incremento un poco el ritmo, vuelves a mis pechos acariciándolos en círculos, me pides que vaya un poco más rápido, entre nuestros jadeos se escucha el sonido del cabecero de la cama golpeando contra la pared, pienso en los vecinos, me da morbo pensar que están al otro lado de la pared escuchándonos, mi ritmo es más rápido y más fuerte, cada vez más, más intenso, me estoy corriendo… me apoyo plenamente en ti, nos damos la vuelta, ahora soy yo la que esta tumbada boca arriba y tu encima, elevas mis piernas situándolas encima de tus hombros, la penetración es más dura en intensa, tus embestidas son fuertes, estas muy desenfrenado, lo veo en tus ojos llenos de placer, el cabecero se escucha más fuerte contra la pared, bajo mis piernas, te tumbas encima mía y me dices que te vas a correr, te dijo que adelante, nos besamos y comienzo a sentir todo tu esencia dentro de mí, nos abrazamos, continuamos un rato abrazados, aún sigues dentro de mí, te susurro en el oído que tengo que ir al baño ya, que no aguanto más…

  • En el gimnasio de la Universidad

    En el gimnasio de la Universidad

    Esta fue una de tantas fantasías que he realizado con mi «amiga» que aunque tiene novio nunca lo ha hecho con él y sin embargo conmigo cumple todos sus sueños.

    Una noche mandándonos sms subidos de tono me comentó que le gustaría hacerlo en un sitio distinto, que había soñado en la universidad en la misma aula donde yo voy, (ella no estudia) le dije que precisamente en el aula era muy difícil pero que ya tenía pensado un sitio discreto. Por fin quedamos un día para llevar a cabo una aventura, ella quería pero temía que alguna amiga suya o de su novio la viera por el campus, a final se atrevió y fue. (Todo esto aún sin saber el sitio que yo había escogido).

    Yo tengo las clases por la mañana pero algunos días me quedo por la tarde para ir al gimnasio de la universidad. Solo le dije que llevará un chándal.

    La espere a la entrada del gimnasio y entró conmigo como si fuésemos a natación (el segurata se lo mamo, que tonto) fuimos directos a los vestuarios y allí comenzó todo…

    A lo primero estaba nerviosa por si nos cogían pero poco a poco con las caricias y los besos nos fuimos dejando llevar los dos hasta que nuestros labios nos sabían a poco y las ropas empezaban a estorbar, me desnudo como una loca y me dijo: «desnúdame poco a poco y ya verás…» pues bien fui bajando la cremallera de su chándal, dejaba ver una camiseta blanca ceñida y que dejaba entre ver algo rojo por dentro, después le quité el pantalón mientras acariciaba con mis manos sus suaves y contorneados muslos deseosos de mis caricias, por ultimo le quite la camiseta y pude ver una especie de corpiño rojo que por si no fuesen ya sublimes sus pechos los realzaba mucho más, yo me quedé perplejo mirando ese cuerpazo que estaba a mi entera disposición, ella lo notó y me dijo que era una sorpresa que me quería dar y que si le gustaba, y les respondí que me encantaba y me acerque a ella para besarla y enredarme con su lengua, mientras, no paraba de cogerle ese culo respingo con mis manos ella me fue acariciando mis testículos y fue haciendo que me fuera empalmando con solo rozar sus dedos por mi capullo, otra vez presa los dos de la lujuria se quitó el corpiño y empecé a besarle todo su cuerpo de arriba abajo haciendo hincapié en esos pechos redondos y firmes que poco a poco se pusieron más y más tiesecitos…

    Seguía bajando mi lengua hasta que llegue a su conejo (la verdad es que algo espesito, me prometió que la próxima estaría rasurado para facilitarme las cosas) empecé a acariciárselo, separando y juntando esos labios tan rosados y calientes, le daba pequeños lametones que le hacían cerrar los ojos y dar un pequeño gemido, casi un suspiro, estuve algún tiempo con mi cabeza entre aquellos poderosos muslos que me tenían atrapado y cada vez que daba un lametón se cerraban de gusto, por fin empezó a segregar sus jugos y estar como poseída y se derrumbó al suelo haciéndome ponerme en posición para practicar un 69, ella estaba loca y empezó a chuparla con unas ganas que me hacían casi perder la respiración y no me dejaban que yo pudiera seguir con su clítoris el cual lo cogía con mis labios hasta que lo puse bien durito y grandote, sin darme cuenta me corrí en su boca después nos dimos la vuelta, nos levantamos del suelo, le besaba el cuello, le mordisqueaba las orejas mientras estábamos abrazados cogió mi rabo lo acarició con sus dedos mágicos hasta que consiguió ponerlo otra vez duro (cosa que le costó pocos segundos) se lo puso en la puerta de su conejo y movió su cintura para que yo notara que sus labios me estaban esperando, me miró y sin decirme nada me agarró por detrás y me unió a ella…

    Cuando sitió como se llenaba toda su vagina pude ver como echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se cerraron y se le escapó un gemido mayor, entonces la agarré del culo y la subí encima de mí se agarró a mi cuello y la empecé a mover de arriba abajo, yo sentía un placer indescriptible a veces se me doblaban las rodillas del goce tan aterrador… con mis manos sujetándola por el culo sentí como lo tenía de calentito y casi sin darme cuenta uno de mis dedos empezó a meterse por su agujerito sin que ella se opusiera, presos de la lujuria y el desenfreno ella se bajó de encima de mí la puse a cuatro patas y con sumo cuidado empecé a encularla cosas que poco a poco empezó a gustarle y cada vez los movimientos eran cada vez de mayor intensidad mis manos la agarraban por la cintura, frotaban su espalda y hasta le agarraban sus voluminosos pechos. Así llegamos al final de nuestra aventura cada uno nos duchamos en nuestras duchas correspondientes y salimos a la par que el grupo de natación los cuales se quedaban extrañados por no habernos visto en la piscina.

  • Una mujer enfurecida

    Una mujer enfurecida

    Sonia estaba rabiosa, y eso era algo que estaba muy claro para su compañera de apartamento, que muy juiciosamente había decidido irse al cine esa tarde, aunque no supiese ni lo que proyectaban… Nuestra protagonista lanzaba improperios en un tono tal que podrían ofender a un sargento chusquero, mientras rompía con saña fotografías en pedazos tan diminutos que podrían pasar por confeti. Obviamente, en esas fotografías aparecía el retrato de un hombre. El que hasta hacía un par de horas había ocupado su corazón. Sonia podía dar el tipo de una muchacha dulce y alegre incapaz de matar una mosca, pero tenía un genio que, en las pocas ocasiones en que asomaba, era como un tsunami arrollador e incontenible.

    ¿Cómo es Sonia?, se preguntarán. Pues una joven de 24 años, pelirroja natural y lo que podríamos llamar una belleza atemporal. De larga y rizada cabellera con los colores del otoño y de una puesta de sol, los rasgos suaves en los que conservaba parte de su candor infantil, matizados por las alteraciones o sea de una mujer adulta en su plenitud vital. No era muy alta, cosa de 1.60, y era tal vez un poco demasiado delgada. Sin embargo su cuerpo era del tipo que volvía locos a aquellos obsesos por el actual patrón de belleza de Hollywood, de mujeres demasiado delgadas pero dotadas de unas curvas superiores a lo que su peso parece demandar. Solo que en el caso de Sonia no se trataba de una serie de pasos por el quirófano, sino a la madre naturaleza. Su vientre plano y trasero firme, gracias al aerobic y los ejercicios gimnásticos. La piel suave y clara, que no había conocido más que una vida de comodidades y dulzura.

    Pero en el momento que nos ocupa, sus ojos verdes no prometían una serie de dulces placeres a quien compartiese el espacio con ella, ni sus bien torneados muslos incitaban a acariciarla con tierna pasión. Estaba iracunda, furibunda, y de vez en cuando chillaba como una posesa. Porque han de saber una cosa de Sonia. Bellísima e hipermimada toda su vida, había tenido todos los hombres en los que su capricho que había fijado solo con una mirada o un gesto. Por aquel entonces Sonia no conocía el amor más que por el cine o relatos de terceras personas. Nunca lo había sentido, solo disfrutaba de las atenciones de su pareja de turno, sobre el que más sentía un sentimiento de propiedad que de afecto. Y ahora, le habían robado su propiedad. Y no podía entenderlo… ella era divina, delgada, pluscuamperfecta, y el que desde hacía cuatro meses era su novio, un joven abogado con el cuerpo de un Adonis, le había dejado por una, por una… GORDA. Por una mujer diez años mayor que ella, con gafas, sobrepeso, y de una vulgaridad ramplona. El amor era ciego, decían. Y cuando Sonia estaba notando subir su ira, tras preguntar el por qué… el que había sido su amante le había dado lo que no deseaba, una respuesta sincera

    Le había confesado que a nivel físico era divina, pero que se había dado cuenta que había mucho más que eso en una relación duradera. Que era tan caprichosa como bella, tan voluble como fascinante, tan egoísta como aterciopelada. En definitiva, que su interior no estaba a la altura del envoltorio que lo rodeaba. Y eso la había puesto muy furiosa, más de lo que podía describirse con palabras. Su rabieta duraba largo rato, y comenzaba a estar exhausta. Se encontraba semidesnuda, cubierta solo por un par de diminutas braguitas de algodón blanco, con una camiseta rosa que dejaba su divino abdomen al aire. Había desgarrado prendas que él le había regalado, roto regalos, destripado almohadones, y ahora estaba de rodillas en medio del estropicio, jadeando, buscando un medio de disipar esa ira que amenazaba con hacerla reventar como una olla a presión.

    Y de repente se dio cuenta de cómo lo haría. Quería sentirse no solo deseada y deseable, sino la Reina. Entrar en un local de moda y hacer que todos los hombres la deseasen. Que la mitad de las mujeres se convirtiesen en lesbianas por una noche. Que el resto de las mujeres la envidiasen a rabiar, que sintiesen la misma ira que ella sentía en ese momento. Sí, iba a demostrarse a sí misma que su ex había perdido la oportunidad de su vida, que se acurrucase contra la señorita culo gordo mientras ella se exhibía como lo que era… una mujer perfecta. Así que, ignorando el estropicio montado, se lanzó hacia sus armarios en busca del «equipo de combate» más devastador que su ciudad hubiese conocido. Rebuscó entre esas ropas que, bien había comprado por aburrimiento, o alguno de sus novios le había regalado. Prendas que no se había puesto nunca en un lugar público, solo en medio de jueguecitos sexuales. Tardó un buen rato en decidirse, su guardarropa era amplio. Le sirvió para soltar algo de presión y centrarse un poco.

    Optó por una minifalda de tela metalizada, que más podía considerarse un cinturón ancho. Dotada de cremalleras laterales, podía dejar absolutamente toda la piel de sus muslos al descubierto. Una camiseta de tiras, que apenas cubría sus senos, y además dotada de tres «rotos» estratégicos. Y la pensaba llevar sin sujetador. Un tanga de color eléctrico debajo de la falda… Medias… no. Y unas sandalias blancas de tacón de aguja, con unas cintas que se anudaban alrededor de la pierna hasta casi las rodillas. Un maquillaje exagerado, con una fuerte sombra de ojos y el producto más eficiente del mercado para alargar y destacar sus pestañas. Lápiz labial rosa, con destellos. Algo de colorete. Se miró en el espejo… Nunca en la vida se le había ocurrido salir así a la calle. Esa noche iba a cruzar una línea. Y pobre del que se cruzase en su camino.

    Tomó un bolsito en el que apenas entraban sus llaves, y salió al pasillo. Mientras esperaba al ascensor, la vecina cotilla de turno apareció, con la excusa de siempre de pasear a su perrillo, del que Sonia sospechaba tenía sarna o algo peor. La Señora Matilde fingía ser más cegata y sorda de lo que ya era de por sí, mientras se dedicaba a su afición número uno. Fisgar en las vidas de los demás. Habría oído sin duda los ruidos provenientes de su apartamento, y ahora salía a ver si se enteraba de algo del motivo de su aflicción. La anciana procuró disimular su sorpresa ante el atuendo y la actitud de su vecina, acercándose a ella para tomar juntas el ascensor. El perro, con mejor juicio que su ama, se apartó de Sonia todo lo que le permitía la correa. «Vaya, Sonia, que arreglada estás. ¿Vas a salir con alguien esta noche?». La respuesta desabrida y cortante de la joven la pilló desprevenida por completo. «Pues sí, querida vecina. Lo que aún no he decidido es quien será y si será uno o un grupo. Lo que puedo garantizarle es que para cuando amanezca un nuevo día, habré follado más que usted en toda su triste vida». La anciana señora Matilde, viuda de un fogonero de la RENFE, no daba crédito a sus oídos, la boca abierta en una grotesca mueca. El ascensor llegó a su planta, anunciándose con un «Ding!!». «Y será mejor que espere aquí con el chucho a que baje primero, porque como entre conmigo en el ascensor con esa cosa y me roce un milímetro de la pierna, lo ensarto con mis tacones. Como que no hay Dios». Así Sonia inició lo que iba a ser la más loca noche que había vivido hasta el momento. Lo sabía, y lo deseaba. El perro gimió mientras la puerta del ascensor era cerrada con un sonoro portazo, y la señora Matilde vio confirmada su impresión de que la juventud estaba endemoniada.

    Sonia poseía un Porche descapotable, regalo de su padre cuando se graduó en la Universidad. No era uno de los modelos de gama alta… pero seguía siendo un deportivo descapotable de marca. Arrancó quemando llantas, y enfiló la ruta hacia una de las discos de moda de las afueras. En cierta manera la señora Matilda estaba en lo cierto, se encontraba posesa. De furia, de orgullo herido, de ganas de demostrar a la noche y a ella misma quien era la mejor, las más guapa, la más deseable. Apretó la palanca de cambio deseando que fuese el glande de su ex, para poder arrancárselo y dárselo de comer a las ratas. Tal era su ira, que no reparó en semáforos ni señales de tráfico. Tras saltarse un peligroso stop, ya en las afueras de la ciudad, Sonia reparó en las luces de un coche de la Guardia Civil de Tráfico que le indicaba el arcén. Al principio Sonia se enfadó más, pero la situación parecía sacada de un relato erótico, y su faceta de «femme fatale» disfrutaba de las posibilidades que ello le ofrecía. Así, detuvo su vehículo en el arcén, y se reclinó en el cómodo asiento de cuero, pasando un brazo por el reposacabezas del asiento del acompañante.

    Era una de las nuevas patrullas unipersonales, y un agente de unos 30 años se acercó con cautela a su lado. Obviamente le costaba creerse lo que veía, pensando que debía ser una broma de sus compañeros, o tal vez un programa de cámara oculta. «Buenas noches, señorita». Tragó saliva con dificultad, mientras su mirada recorría el cuerpo que se ofrecía ante él. Debía ser una trampa de alguna clase… que piernas… no parecía llevar bragas, debían ser diminutas en todo caso. Que rostro, que melena… Reclinada, parecía una imagen de poster central de playboy. Sintió como las palabras se le atascaban en la garganta. Sonia disfrutó con el efecto que su imagen tenía en aquel policía. La carretera solitaria en la noche, la luna en lo alto del cielo.

    «¿He hecho algo malo, señor agente?». Una mirada cómplice de Sonia, recorriendo el cuerpo del policía de arriba a abajo, deteniéndose en la ingle. «¿Acaso va usted a detenerme?». El pobre hombre no se lo podía creer, debía ser algo de la tele o así, pero no podía haber ningún equipo de apoyo cerca. De todos modos no pensaba coherentemente. Era un hombre en la flor de la vida, soltero y necesitado de compañía femenina. «Este pedazo de zorra no lleva sujetador, Dios mío». Sonia asomó brevemente la puntita de su lengua por entre sus pintados labios. El policía estaba al borde de la apoplejía, y no se sabrá nunca lo que podría haber pasado, ya que una llamada de radio requirió la presencia del agente en un accidente en el centro urbano, donde un coche había quedado cruzado en la calzada, creando un caos de tráfico. «Dis…disculpe señorita. Tenga m, más cuidado la próxima vez… se lo ruego».

    Sonia se sentía algo defraudada, aunque las oportunidades no iban a faltarle y lo sabía. «Agente, ¿acaso no va a esposarme?». El hombre estuvo tentado de mandarlo todo al garete y perderse con ese bombón salido del infierno, pero su profesionalismo se lo impidió. Eso a Sonia no le causó sensación de fracaso, apreciaba los esfuerzos que su víctima estaba haciendo para sobreponerse. Pero ni un Santo podía con Sonia desatada. «Señorita, el deber me llama, pero si quiere esperar, o podemos quedar en otro sitio…estaré más que encantado de ponerme a su servicio». Sonia maulló complacida. «No va a poder ser cariño, el cuerpo me pide marcha AHORA».

    El agente comenzó a sentirse fuera de sí, perdía su oportunidad. «Escucha, ahora se debe estar montando un atasco de puta madre, debo irme… pero si me esperas te haré de todo, nena, déjame ser tu esclavo, o lo que sea que busques… porque así vestida y en ese plan te vas a meter en un buen lio. Yo puedo darte lo que buscas…». La emisora repitió su ruego de auxilio.

    «Lo que ocurre, cariño, es que como bien has dicho, busco meterme algo en el cuerpo. Ve, te esperan. Pero como has sido tan amable, te daré algo para que me recuerdes…». Y diciendo esto, se alzó la camiseta, de modo que su busto quedó al aire, ante la atónita mirada del hombre. Un pecho terso y firme, de suave piel blanca y aureolas sonrosadas. Sonia echó hacia atrás la cabeza, mientras la tela del pantalón del sufrido agente se estiraba ante las necesidades de espacio de su pene. Las manos de Sonia tomaron sus pechos por la base, alzándolos para deleite del policía. O para su tortura, ya que la radio, enfurecido el tono, requería el recibido del número de la Guardia Civil. Sonia se despidió de él con un beso, y retomó su marcha.

    El garito que nuestra heroina había escogido para su noche más salvaje era una macrodisco de moda, con cola para entrar en un viernes por la noche. El garaje estaba atestado, pero sin vacilar Sonia aparcó su vehículo en una plaza reservada al personal laboral. Bajó de su auto mientras un gorila se acercaba a ella. Un mulato con aspecto de defensa de futbol americano, creía estar ante otro bombón con derecho a todo… aunque vaya chochito. Un hueso duro de roer para Sonia, uno de esos tipos estaba ya pasado de ver tias buenas vestidas como zorras y comportandose como zánganas. Cuando el portero estiró la mano para señalar la señal de reservado y pedirle que se largara, con la mayor autoconfianza Sonia depositó sus llaves en la mano del gigantón. Este se quedó cortado y sorprendido. «Gracias por ofrecerte a aparcarmelo bien, creo que he pisado algo la raya. Dejalas bajo la visera cuando termines». Y enfiló la puerta de la disco, dejando al no muy brillante hombretón digiriendo lo que había ocurrido. Una buena cantidad de persona esperaban en una nerviosa cola ante la puerta. Gentes bien vestidas y adineradas, profesionales jóvenes que deseaban impresionar a sus ligues pero que aun así debían esperar. Bellezas y bellezones, enfundadas en cantidades variables de cuero, licra y latex. Belleza natural, cuerpos de gimnasio, mejoras de quirófano… allí se juntaba todo eso, y mucho más.

    Sonia, simplemente, caminó en linea recta hacia la puerta. Hacia el cordón rojo. Cuatro individuos ordenaban el asunto de la entrada, aunque uno se encontraba ocupado, apartando de la cola a un cocainomano demasiado impaciente que se había quejado en voz alta, diciendo que era hijo de un concejal. Poca cosa en ese antro. Sonia caminó contoneando las caderas, sin mirar a su alrededor, la vista fija en el que obviamente era el jefe de los porteros. Su mirada no se apartó de él ni por un instante, ni siquiera ante los comentarios de » ¿a donde se cree que va esa tia ? proferidos por algunas féminas verdes de envidia. «¿ A donde te crees que vas ?», preguntó el hombre. «Adentro», fue la sencilla y veraz respuesta de nuestra chica. «El mundo no esta preparado para tí esta noche, pero adelante, guapa…». El portero jefe era un hombre de mundo. ya tenía un buen curriculum en ese puesto. Sonrió a nuestra decidia protagonista, y separó personalmente el cordón que separaba el ambiente del interior de la aburrida cola. Se escuchó un susurro airado de mujer. «Haz algo, se esta colando por la cara». Su acompañante intentó protestar… pero Sonia giró la cabeza y le miró, sin dejar de caminar. No hubo réplica. Solo temblores involuntarios en aquel pelele, mientras la asiática enfundada en un traje de Chanel que le acompañaba fulminaba con la mirada a Sonia. Esta simplemente la ignoró.

    A continuación entró en la Discoteca…

  • Tensión sexual en la oficina

    Tensión sexual en la oficina

    Cuando me presentaron a la que debía ser mi nueva compañera de trabajo no estaba del mejor de los humores posibles. Había compartido el día a día con un buen amigo, llevando a cabo tareas legales para una empresa del textil catalán. Habíamos trabajado juntos casi diez años, y nuestra eficacia como equipo de trabajo era bien conocida por todos. Yo me encargaba de buscarle las vueltas al sistema legal, mientras mi compi se encargaba de la jurisprudencia y tenerlo todo ordenadito. Pero el enchufismo es una práctica sagrada en nuestro país, así que cuando la sobrina de uno de los dueños terminó su carrera de Derecho, la colocaron en mi departamento. Claro que no estaban dispuestos a pagar un sueldo más, así que fue mi compañero el que se fue a la calle. Por un lado era mi amigo, y por otro trabajar con él me era muy cómodo. Ahora a hacer de niñera de una niña pija, que seguro que no tenía ni idea de lo que se traía entre manos. Supongo que la culpa de nuestras malas relaciones ha sido, principalmente, mía.

    Cuando Sarah se incorporó a su puesto yo estaba dispuesto a que durase dos telediarios. Ya me habían dicho que era guapilla, pero no estaba preparado para compartir el reducido espacio de trabajo con una mujer como ella. De 25 años, era una de esas pelirrojas algo regordetas pero en absoluto obesas, que gastaba unas curvas de infarto. Lo que se dice una mujer de bandera, de piel clara y ligeramente pecosa, con una melena rizada y natural. De rostro ancho y sonrisa amplia, esa actitud duró bien poco. Mientras nos presentaban notaba como se me ponía dura la polla, pero el cabreo por lo que le habían hecho a mi amigo era más fuerte que mi lujuria. Se iba a enterar la cría esa.

    Yo quería dejarla en evidencia. No la ayudaba apenas en su trabajo, en el que como es natural se encontraba desorientada al principio. Tuvo que aguantar más de una bronca mía, y trabajar sábados e incluso algún domingo para mantener el ritmo que le marcaba. Si podía encargarle buscar una docena de referencias, lo hacía aunque diez me bastasen. Todo era para ayer… esas cosas. En la hora del café me hacían bromas de lo buena que estaba mi compi, y que no debía echar en falta a Juanjo, mi anterior compañero. Eso me calentaba más. Sabía que estaba teniendo problemas en casa, ya que su esposa no entendía que le hubiesen echado. Y sí, yo miraba como se estiraba la tela de su falda ciñéndole el trasero cuando se estiraba en busca de un pesado tomo de leyes de las estanterías superiores, apreciaba lo que enseñaba de piernas y no podía por menos que pensar en sus poderosos melones mientras me lavaba mis partes en la ducha. No me importa confesar que, pese a ser un hombre casado, me hice más de una paja pensando en ella. Pero lo que le habían hecho a Juanjo no tenían nombre.

    Dos cosas he de decir a favor de Sarah. No era tonta, y nunca le fue con el cuento a su tío para que la apretara menos. Aunque estábamos siempre como el perro y el gato (nos llamaban Tom y Jerry en la oficina), no tardamos demasiado en recuperar el antiguo ritmo de trabajo. Solo que en lugar de soltar comentarios de futbol, toros y demás prodigios intelectuales mientras cargaba la impresora o revisaba por encima un documento, me peleaba de continuo por detalles con Sarah. Que si el punto siete está mal redactado, que si has de pasar a máquina todas tus notas porque tu letra es muy mala… esas mezquindades. Pero bueno, el tiempo es el tiempo. Comenzamos a trabajar mejor, como ya he dicho, y el nivel de las discusiones se redujo. Nunca hubo armonía pero se bajó el tono. Porque la chica sabía contestar, y cuando tenía razón no se callaba. Cada uno dimos más de un puñetazo a la mesa. Yo comencé a apreciar su manera de adaptarse, y ella valoraba mi experiencia. No nos lo habríamos confesado ni en un potro de tortura, claro está. Y cada vez comencé a pensar más tiempo en lo buena que estaba, mientras hacía girar mi alianza.

    Una tarde, cuando nos reincorporamos al trabajo después de comer, la tensión sexual entre los dos subió de tono, y volvió la mala leche. Una de esas mañanas radiantes de primavera, pero que sin previo aviso desembocan en un chubasco repentino. Sarah había aprovechado la hora de la comida para ir a hacer no sé qué recado, y cuando volvió estaba empapada. Vestía una blusa blanca muy formal, nunca vestía de un modo provocativo. Pero cuando alguien con un busto como el suyo viste una blusa mojada… Además ese día llevaba un sujetador negro, y como marcaba. Con las prisas, no se dio cuenta de lo que ocurría en su pechera. Se sentó a terminar un documento para el que le quedaban menos de un par de horas, y yo no pude hacer otra cosa más que quedarme prendado de su tetamen, fingiendo trabajar. Tras unos minutos Sarah se dio cuenta de lo que ocurría, y no le hizo mucha gracia que digamos. Me llamó la atención bruscamente, y yo le chillé que estaba loca, y que volviese al trabajo. Hubo unos cuantos gritos, y la cosa quedó en que ella bajó a comprar una blusa a una tienda cercana, tiempo que le hice recuperar a la salida, pese a que había quedado y lo sabía. Me sentía algo avergonzado pero… uno es humano. Y así la cosa empeoró, hasta límites insospechados. Andábamos a la gresca, pero nuestro trabajo no empeoraba ya que no dábamos la más mínima oportunidad para que nos recriminasen. Ya era una relación entre iguales, no de veterano y novata. Nos tanteábamos y fintábamos, como en un combate de esgrima. De hecho tan perfecto se hizo nuestra tarea que nos felicitaron por ello, nada se entregaba tarde, sin quejas… Pero el día a día era infernal. Cada día ese demonio pelirrojo me excitaba más, y ella lo sabía.

    Comencé a hacer deporte para quemar la mala leche. Algo resolvió, pero no demasiado. Carrera y boxeo. Como un efecto secundario me libré de algunos kilitos de más, que a los 41 casi todos tenemos. Poco a poco fui notando algo en Sarah… no sentiría la pasión que sus curvas inspiraban en mí, pero yo no le resultaba carente de atractivos. Eso solo empeoró las cosas. El clima bélico llegó a su máximo cuando se presentaba el periodo de presentación del IRPF, y la cosa se desbocó. Llevábamos diez días metiendo 12 horas al día, y yo estaba buscando en la última actualización del Código de Comercio cuando la oí gritar en la sala vecina, donde se acumulaban los volúmenes de leyes en altas estanterías. Acudí veloz, y la encontré perdiendo el equilibrio subida a una silla de oficina con ruedas. Imagínense a una pelirroja rellenita de más de 1.70, a punto de caer duramente. La tomé como pude mientras descendía, pero lo único que conseguí fue caer bajo ella, y llevarme un topetazo tremendo. No sé qué fue peor si el golpe contra el suelo… o sentir ese tetamen contra mi pecho. Mientras intentábamos separarnos, una de mis manos se apretó contra su pecho de modo inadvertido, lo que provocó en mí una reacción eléctrica. Mi pene se hinchó al momento, apretando contra su muslo. Estábamos levantándonos cuando mi cuerpo, sin que la mente consciente interviniese en ello, se abalanzó sobre ella. Mi boca buscó su cuello, y la estreché entre mis brazos. La sorpresa fue la primera reacción de Sarah, pero supongo que la tensión de tanto trabajo tenía que salir de algún modo. Pronto estábamos revolcándonos por el suelo, mientras nos besábamos y nos metíamos mano salvajemente. Mi prioridad era soltarle el sujetador, que se resistía condenadamente. Sarah parecía obsesionada con mis hombros y brazos, desarrollados por golpear el saco de arena con saña.

    En ese momento, tal y como nos confesamos más tarde, los dos nos dimos cuenta que solo habíamos retrasado lo inevitable, desde ese día en que la lluvia de primavera mojó la blusa de Sarah. Y nos habíamos amargado lo nuestro. Toda esa energía negativa debía enfocarse, como así fue. Yo jadeaba y Sarah gemía, mientras le sobaba el pecho con desespero. Nuestras bocas se juntaron mientras yacíamos sobre la moqueta, y al menos yo no podía pensar en nada, ni preliminares, ni juegos eróticos, nada. Solo sentía que debía penetrarla como un animal, si no quería que el calor que sentía me abrasase por dentro. Así que le puse una mano en la boca y con la otra le arranqué las bragas. No estoy hablando metafóricamente, literalmente se las arranqué, dejándole una marca que permaneció varios días. Le subí la falda, mientras Sarah acomodaba las piernas para favorecer la penetración. Sabía pese a todo que era demasiado pronto… retiré la mano de su boca, y volví a besarla, mordiéndole los labios y sobando de nuevo su pecho. Cada una de sus tetas era enorme, no tenía mano para abarcarla entera. Con la otra acariciaba con energía el interior de sus muslos y sus labios vaginales exteriores. Sarah hundía sus uñas en mi espalda, y a mí no me importaban las marcas que pudiese dejar. Sabía a fresas, y daba gloria tenerla debajo de mí, oliendo su champú, notando su calor. No tardé demasiado en percibir humedad entre mis dedos, señal de que estaba dispuesta para mí. Sarah pedía más besos y caricias, decía que aún no… pero yo no podía. Solo dije un «luego habrá más», mientras mi mano le separaba el sexo para permitirme acceder a la gruta de su tesoro. Notaba pelo pero no demasiado, sin lugar a dudas se lo recortaba. Deseaba examinar ese vello sin lugar a dudas del color del fuego, pero no podía, no podía… No podría haberme detenido ni aunque el consejo de administración en pleno hubiese aparecido por esa puerta, con su tío en cabeza.

    Sé que lo hice con demasiada violencia, pero los dos queríamos o necesitábamos algo así. A veces lo que crees querer es distinto de lo que de verdad necesitas. Se la clavé en dos golpes de cadera, mientras sus piernas se enroscaban alrededor de mis caderas. Como ya he dicho era alta, nuestras caras quedaban a la misma altura mientras la follaba. Porque lo que hacíamos era follar. No hacer el amor, practicar el sexo o alguna expresión así. No. Follar como dos animales, el macho solo interesado en correrse lo más hondamente posible, y la hembra en obtener el mayor placer posible de ello. La única diferencia con dos bichos del zoo era que mientras nos dábamos besos. Alguna vez leí que algunos animales también se besas, así que… No había habido demasiado tiempo para que sus paredes vaginales se preparasen, así que iba estrechita y un poco rasposa al principio. Pero pronto comenzó a segregar como una loca, mientras notaba como se iba distendiendo ante mis embestidas. Yo culeaba y la montaba con toda el ansia que alguna vez había sentido. No recuerdo que nos dijimos, solo sé que en un momento dado Sarah gruñó un «tengo condones en el bolso», y que mi respuesta fue un «quiero preñarte aquí y ahora, zorra». Esas palabras nos excitaron aún más a los dos. Sin delicadeza, ni sutileza, ni hipocresías… solo lo que necesitábamos. Cuando iba a correrme me sujeté a sus tetas con las dos manos, apretándolas y estrujándolas mientras descarga tras descarga iba soltando mi esperma en lo más profundo de su vagina. Quedé unos segundos inmóvil, y percibí que ella aún no se había corrido.

    Suelo ser muy escrupuloso en cuestiones de higiene a la hora de practicar el sexo… pero en ese momento se trataba solo de follar. Yo quería oírla gemir de placer. Y luego quería más, quería hacer realidad ese sueño que había tenido mientras me la machacaba en la ducha bajo el agua caliente. Salí despacio de su interior, para arrodillarme entre sus piernas sin dilación. «Estoy sucia», dijo Sarah. Nada respondí yo. Solo acomodé mi boca a la entrada de su sexo húmedo, para pegarme a él. Comí, lamí, devoré. Por primera vez en mi vida noté en mi boca el sabor del semen. Estuve a punto de asfixiarme, pero no puedo imaginar muerte más dulce que aquella. Le acariciaba las nalgas, el interior de los muslos… Percibí que ella se estimulaba los pezones con ansia mientas la devoraba, presionaba mi cabeza contra su sexo, como si yo fuese a separarme voluntariamente de su fuente. Clavé mis dedos en sus nalgas mientras se corría para mí, y yo captaba todos sus sabores y sus olores. El fino vello haciéndome cosquillas en la nariz. Se mordió una de las manos para no aullar como una loba. Yo tomé aire en profundas bocanadas, mientras ella se estremecía largamente.

    «Más», dije yo poniéndola de rodillas. Me coloqué en pie frente a ella, quitándome los pantalones que tenía por los tobillos. Sarah quiso quitarse la blusa pero la detuve… sin sujetador y con la blusa puesta, abierta, estaba de lo más sugerente. No hicieron falta más palabras. Mi pene estaba en descanso, con restos de fluidos aun en él. No les hizo asquitos, como no los había hecho yo. Lamió mis huevos como una gata lame a sus cachorrillos, antes de dedicarse a mi aparato. Para entonces estaba ya morcillón. Jugó a echarle el aliento, a besarle la puntita, a tirar de mis pelillos. A veces dolía un poco, pero un dolorcillo realmente placentero. Pronto engulló mi polla, masajeándola suavemente. Se ayudaba para estimularme con una mano, mientras con la otra se acariciaba sus partes íntimas. No tardé demasiado en alcanzar de nuevo un estado de plena excitación, pero esta vez se trataba de mi fantasía, no de un puro instinto animal.

    La tendí nuevamente en el suelo, mientras ponía una de sus manos en su pecho derecho. Dejé su otra mano libre para que continuase estimulándose. Una de mis manos se posó en el pecho que quedaba libre. Entendió, una mujer de sus curvas habría sido requerida para ese servicio no pocas veces en su vida… Me acomodé sobre ella, son el pene en la entrada del canalillo inferior de sus pechos. Yo le movía uno, ella el otro. Apretándolos y amasándolos el uno contra el otro, como un canal en el que la fuera de la marea y de las corrientes de un río luchan entre sí. Allí introduje mi virilidad, sintiéndome en la gloria.

    Que calorcillo más agradable, el tejido blando de su pecho mastodóntico envolviéndome. Mi mano libre la acerqué a su boca. Una boca que lamía y chupaba mis deditos como si le fuese la vida en ello. Y en ese momento le iba. Fue mucho más lento y largo que la primera penetración, motivo por el que fue mucho más satisfactorio. Esa cubana tan largamente deseada, ahora era real…A veces me movía, a veces me quedaba inmóvil mientras el masaje hacía su efecto en mí. En un momento dado, estirando las manos hacia atrás y arqueándome un poco, pude alcanzar su sexo sin verlo, y acariciarla, masturbarla… Mientras Sarah apretaba sus pechos entre sí, a veces me acariciaba la punta del miembro cuando asomaba por la parte superior, cerca de su boca. Se escupía entre los senos para que mi polla pudiese deslizarse mejor. Ese detalle no estaba en mis fantasías onanistas bajo la ducha… Mientras ella se dedicaba a la región clitoriana, yo le introducía en el sexo dos de esos dedos que aún estaban húmedos por su saliva. Alguien dijo una vez que el sexo, para ser bueno, ha de ser un asunto sucio, húmedo y pegajoso. Estoy de acuerdo al cien por cien con él. No nos corrimos a la vez… pero por mi vida que no quien acabó el último. Solo sé que mi descarga no había sido tan copiosa una segunda vez en años, y que Sarah terminó con la cara llena de mi pegajoso fluido. Y que cuando ella alcanzó la cumbre por segunda vez, se arqueó tanto que casi me tira al suelo.

    Caí a su lado y después de unos minutos conseguí recuperarme lo bastante como para estirar mi mano y acariciar su rostro y cabello. Su mano acarició la mía a su vez… deteniéndose a jugar con mi alianza. No hablamos sobre ese detalle ese día. En realidad no importaba ese día. Importó más tarde, por supuesto, y fue el motivo de no pocos dolores de cabeza, pero tumbados en uno al lado del otro en ese despacho, sobre la moqueta, no importaba nada más que la satisfacción alcanzada.

    Por supuesto, la eficacia de nuestro trabajo decayó notablemente, y nunca volvimos a la anterior cota de satisfacción de nuestros superiores.

  • Mi maravillosa ex-suegra

    Mi maravillosa ex-suegra

    Andrea fue sin dudas mi primera novia seria.

    Una belleza de adolescente. Refinada, esbelta, compañera y con un cuerpo de infarto que aún hoy conserva a pesar de sus maternidades.

    Teníamos 18 años cuando comenzamos nuestro noviazgo y con ella conocí por primera vez el sexo en forma periódica y con pasión.

    Como suele suceder con las primeras novias, aún hoy, a casi 20 años de haber terminado con ella, guardo de ella muy buenos recuerdos y la recibiría nuevamente junto a mí si ella lo quisiera.

    Pero, esta historia no trata de Andrea sino de Silvina, su madre.

    Silvina tenía 38 años contra mis 18. Estaba separada desde hacía casi una década cuando la conocí.

    Desde su divorcio había hecho un gran esfuerzo para mantener a sus tres hijos y podría decir que su vida era bastante sufrida.

    Pero eso no le había hecho mella a su cuerpo. Esbelta y alta, con piernas excepcionalmente torneadas. Pelo rubio y lacio cortado hasta los hombros, facciones de niña, senos apreciables y un culo que de solo verlo me mareaba de deseo.

    Era muy elegante. Sabía resaltar su belleza con cortas faldas, chombas ajustadas y finas sandalias de aguja.

    Muchísimas veces me masturbé en su honor y casi todos los polvos que su hija Andrea recibía de mi parte lo hacía en representación de su madre.

    Durante los 2 años que duró mi noviazgo con Andrea, mi enamoramiento con su madre llegó a ser una pasión enfermiza.

    Pero lo mejor de todo es que tenía la impresión de que yo no le era totalmente indiferente.

    De muchas formas, ella era más amiga mía que su propia hija. Siempre guardando las distancias de la edad, ella me demostraba cariño en forma un tanto más calurosa de lo que a mí me parecía debía ser.

    En ocasiones, yo llegaba a casa de Andrea antes de que ella regresara de la facultad y permanecía esperándola como un miembro más de la familia.

    Yo adoraba esos momentos porque me permitían disfrutar con libertad el placer de observar sus piernas sin temer que las miradas de mi novia pudiesen descubrirme.

    En una ocasión, ella me recibió muy ligera de ropas y no dejó de pasearse frente a mí, provocativamente enfundada en un baby doll semitransparente y calzada con sandalias de tacón.

    Tuve que morderme y solo pude desahogarme horas más tarde, en la soledad de mi cuarto cuando masajeándome la pija imaginaba que vencía mis escrúpulos y la tomaba por sorpresa a sus espaldas, acariciándole los senos y besando su cuello sin que ella opusiera resistencia hasta conseguir follármela salvajemente en su propia cama.

    Esa visión me persiguió muchísimo tiempo.

    Pero a los 20 años mi noviazgo se acabó. Andrea decidió dejarme por otro y durante todo el proceso de separación Silvina fue mi apoyo permanente y me consoló y aguantó hasta donde deber filial se lo permitió.

    Yo hice entonces un paso al costado y dejé de verlas a ambas. Silvina me había ayudado a superar mi duelo y le estaba agradecido.

    Pasó el tiempo. Yo me recibí y mi empleo en el cuerpo diplomático me hizo viajar por todo el mundo.

    Eventualmente y sin buscarlo, me llegaban noticias de Andrea, pero también de Silvina que, sinceramente, me interesaba más. Tenía la sensación de haber dejado con ella algo inconcluso. Y también tenía la seguridad de que ese tema concluiría algún día.

    Sucedió que 8 años después de mi ruptura con Andrea, concurrí a un coktail en la Embajada de los EEUU en Bs As. Las recepciones oficiales ya me tenían medio podrido. Charla inútil, mucho trago, mujeres voluptuosas pero de sexo con olor a crisis internacional.

    Ese día estaba particularmente de mal humor cuando me retiré del lugar. Me sentía solo y sin sueño. Necesitaba distracción y por esa causa manejé mi BMW a una discoteca de moda con la esperanza de cachondear un poco.

    Para aumentar mi disgusto «Sounder» había cambiado desde mi última visita.

    El lugar estaba lleno de parejas de mediana edad y algunos grupos de mujeres maduras festejando vaya a saber qué cosas.

    Sin ganas de buscar en otro sitio, me acomodé junto a la barra al menos para saborear un whisky y escuchar algo de música.

    Y entonces la vi.

    Los años no parecían haber pasado para ella. Su rostro era el de una bella modelo madura. Vestía un ajustado vestido lo suficientemente corto como para mostrar la belleza de sus piernas, y especialmente escotado para apreciar su sugestivo canalillo. Remataba sus pies con unas sandalias doradas de tira fina y sus pies se me hicieron inmediatamente agua a la boca

    Rodeada de algunas amigas, con las que parecía compartir una despedida típica de fin de año o tal vez fuera una reunión de ex compañeras de escuela, no había apreciado aún mi presencia

    Tuve que refrenar mi intención de acercarme. Era mejor esperar que ella me descubriera para poder cuantificar mejor su predisposición hacia mí que quizás los años hubiesen modificado.

    Así que sin que se me moviera un solo músculo seguí saboreando mi whisky con la paciencia de un monje tibetano a la espera de que Silvina percibiera mi presencia.

    Quince minutos después sus ojos se clavaron en los míos y su cara se frunció adoptando esa típica expresión mezcla de sorpresa y de duda tan característica de las personas que no pueden dar crédito a la realidad que perciben.

    Al fin, ya convencida, esbozó una profunda sonrisa, que yo devolví, y levantándose de su sitio se acercó decididamente.

    Solo observar como avanzaba hacia mi posición hizo que mi polla reaccionara como sacudida por una descarga eléctrica: Deseaba cogérmela.

    Su sonrisa se agigantó al tenerme frente a frente y cuando me saludó con dos besos en las mejillas yo aproveché para tomarla de la cintura con ambas manos y percibir como la vibración de su cuerpo empezaba a desquiciarme.

    Ordené champagne al Barman y mientras la bebíamos conversamos de muchos temas.

    Primero me hizo contar la historia de mi vida, cosa que hice con un tremendo esfuerzo por no mirar sus piernas o acariciarlas.

    Luego me contó que había vuelto a casarse, pero no la noté muy contenta con el asunto. Cuando quise interrogarla más sobre el tema, lo eludió con una mueca de disgusto, pero copa a copa me fue contando que su nuevo esposo era un hombre diez años mayor que ella y que no compartían mucho los gustos.

    También supe que Andrea tenía ya 3 hijos, y que era una suerte haberme encontrado porque estaba en una reunión de amigas que no le importaba demasiado y empezaba a aburrirse.

    La botella terminó y el alcohol empezaba a hacer su efecto. La música invitaba a bailar y ella no se negó a hacerlo conmigo.

    No quiero dejar de contarles lo bella que me parecía. Y no solo a mí. Noté que las miradas de los hombres la seguían y que me observaban con cierta envidia.

    Silvina era muy sensual bailando. Su cuerpo parecía contornearse con una habilidad que jamás le hubiera atribuido. Al verla yo imaginaba que me cabalgaba, desnuda, con sus senos entre mis manos y mi polla bien metida dentro de su raja.

    Ver moverse a esa tremenda mujer, que se contorneaba frente a mí olvidándose que era casada y que podría haber sido mi suegra, tenía un morbo que ya me era una carga muy difícil de llevar sobre los hombros.

    A eso de las 2 de la mañana, una de sus amigas se acercó a despedirse dado que se iban del lugar. Las vi charlar unos segundos hasta que Silvina le dijo que no se preocupara por ella, que yo podría acercarla más tarde a su casa.

    La amiga de Silvina me dedicó una inexpresiva mirada y asintió antes de despedirse y dejar a Silvina bajo mi protección.

    La noche siguió un rato más durante el cual acabamos otra botella y seguimos bailando sin más que algún que otro roce. Ella no parecía percatarse de que yo le apoyaba mi paquete en su culito cada vez que tenía oportunidad, o que trataba de hacer pasar inadvertidamente mis manos acariciando su cintura o su espalda.

    Pero lo cierto es que yo no me animaba a mucho más. Y ella no parecía reaccionar a mis veladas sugerencias.

    Hasta que a las 4 llegó el momento más temido. Ella miró su reloj y me dijo que era hora de marcharse.

    Yo no me resistí. Pero antes de retirarnos compré otra botella de champagne y convencí al barman de que me dejara llevar un par de copas como «souvenir».

    Cuando salimos del lugar no pude resistir tomarla de la cintura y caminar con ella hacia mi auto.

    Fueron solo unos pasos lo que hicimos de esa forma, pero algo dentro de mí supo cómo terminaría la historia. Estaba entregada.

    Ella se impresionó al ver mi BM.

    «Parece que te ha ido bien», me dijo cuándo le abría la puerta invitándola a entrar.

    Una vez dentro, descorché la botella y le dije «Una última copa». Ella me miró con una sonrisa y quitándome la botella de las manos tomó un largo trago desde el pico. Eso me puso a mil.

    Ella bajó la botella, la apoyó en el piso y tomando mi paquete con sus manos procedió a bajar mi cremallera para liberar mi polla dura como una estaca y empezar a mamarla abiertamente.

    Yo arranqué el auto y sin que ella dejara de lamer mi pija, conduje suavemente hacia un motel cercano.

    En el hotel las inhibiciones desaparecieron.

    Tal solo al cerrar la puerta de la habitación levanté su vestido, aparté el hilo dental que cubría su chorreante rajita y le calcé mi pija con fuerza levantándola del piso y sosteniéndola con mis manos en sus muslos.

    La embestía duramente contra la pared y sus gritos de placer renovaban mis fuerzas.

    «Hace tanto que deseaba esta pija», me decía. «Te la mamaré hasta el hartazgo».

    «Dime que deseas a tu suegrita»

    «Decime que siempre quisiste cogerme guachito».

    Y yo le contestaba:

    «Vamos a hacer cornudito al cabrón de tu marido».

    «Siempre supe que eras una putita caliente».

    «Vas a mentir para verme porque te haré adicta a mi leche».

    La acabé en la boca, la acabé en su culo y cuando al fin la acabé en su raja ella me gritó en el oído, con fingido enojo, «Eres un cabrón. Me dejarás embarazadita y tendré que mentir a mi marido».

    «Odio a tu marido porque te encontrará al amanecer en tu cama, bien folladita y mojada con mi leche y te hará gozar otra vez.»

    «Si papito, lo hará y yo pensaré en vos como lo he hecho todos estos años en que me ignoraste».

    A las 630, aún de noche, la dejé en la puerta de su casa. Ella no paró de mamármela durante todo el trayecto.

    Esa fue mi noche desquite. A partir de ese momento pasé a follarmela con regularidad.

    El morbo de Silvina llegaba a tanto, que, tiempo después, me presentó a su marido como el novio de una amiga que se prestó al juego y con esa excusa empecé a frecuentar su casa y a follármela por todos los rincones y en las circunstancias más insólitas.

    También la disfrutaba en mi departamento, donde ella solo vestía una minúscula tanga y altos zapatos de tacón para que yo me la follara con una asiduidad que desafiaba mi fortaleza.

    Otras veces, ella y su amiga también casada, montaban para mí unas noches de sexo desenfrenado donde luego de follar a una debía follar a la otra y más tarde a ambas simultáneamente.

    Yo me sorprendía de su capacidad actoral cuando muchas veces llamaba a su esposo desde mi departamento mientras tenía mi polla profundamente ensartada en su culo y con tono dulzón le decía cosas como:

    «Si mi amor, tal vez llegue más tarde porque me he demorado en la exposición»

    Silvina fue mi puta durante mucho tiempo más, hasta llegamos a convivir abiertamente cuando enviudó y solo me dejó, muy a mi pesar, cuando la diferencia de edades ya fue insostenible.

    Ha sido lejos la mujer que mejor me ha follado.

  • Relatos eróticos: Reunión de familia e invitados (Final)

    Relatos eróticos: Reunión de familia e invitados (Final)

    … Sentí la verga empezar a entrar en mi ano despacio, ella olía delicioso!, tenía un perfume sensualísimo y el sentirla encima mío con ese aroma de mujer bonita y esa carita preciosa diciéndome obscenidades al oído mientras me penetraba era intoxicante!; siguió penetrándome lentamente mientras yo le movía las caderas hacia ella aproximando mi ano aún más para sentirla por completo llenarme mientras me tomaba de las muñecas y me ponía los brazos arriba de mi cabeza contra la cama, estaba completamente sumisa a su persona.

    Empezó a bombearme más rápido mientras nos besábamos, Tony se acercó a nosotras y le dijo a ella: dale muy duro! Mientras me tomaba de los pezones y los apretaba como alguna vez lo hizo mi amante Israel, ella empezó a embestirme durísimo… me metía todo su pene en el ano una y otra vez de manera rítmica, muy rápido y muy duro, mis pezones estaban muy erectos por el pellizco que estaban recibiendo de Tony y empecé a calentarme más!

    Movía las caderas de manera furiosa contra esa verga que me estaba llenando el ano mientras gemía de dolor y placer al sentir mis pezones ser apretados de manera extrema por él…

    -Te ha visto alguien de tu familia aparte de tu prima coger Mariela? -me pregunto Tony mientras se acomodaba cerca de mi cara con su pene negro descomunal a centímetros de mis labios…

    -Nnooo… -contesté entre intrigada y caliente recibiendo su vergota de nuevo en mis labios, empezó a dármela en mi boca de nuevo mientras decía: -tu familia debería saber la clase de mujer que eres!

    Sabia como excitarme más!, empecé a fantasear con esa idea mientras ellos continuaban cogiéndome como poseídos al ritmo de mis gemidos que escapaban de entre mis labios al sentir a Tony prepararse para venirse en mi boca, -puedes arreglarlo?, le preguntó Tony a su pareja mientras empezaba a venirse en mi boca gimiendo y derramándose de manera brutal entre mis labios, -Sí -dijo ella- hare que alguien de su familia cercana nos vea coger, voy a mostrarles lo putita que es su pariente…Tony empezó a venirse al escuchar eso, yo trate como pude de tomarme todo su semen y seguí ofreciéndole mi ano a su pareja que empezó a gemir también soltándome las muñecas para apoyarse mejor y me sorprendí al darme cuenta que mis manos buscaban las manos de Tony para que siguiera pellizcándome los pezones de manera brutal y dolorosa…

    Nos venimos delicioso los tres!, ella siguió penetrándome un poco más y lentamente se salió de mi ano mientras le decía a su pareja al tiempo que acariciaba mi cara con su delicada mano: -quieres estar presente cuando me la coja enfrente de su familia?

    …algo dentro de mi sonó una alarma; caliente soy y mucho, pero mi familia hasta este momento piensa que soy una hija tranquila y esposa ideal, salvo quienes me vieron en la casa de Cuernavaca prácticamente desnuda con ese bikini mojado que no dejo nada a la imaginación, los demás piensan que soy casi una santa…

    -Qu–que tienen en mente? -les pregunté enderezándome un poco en la cama para poder verlos mejor…

    Ellos sonriendo en complicidad me guiñaron un ojo y ella dijo: -creo que es tiempo de que tu familia cercana sepa lo caliente que eres!

    Recordé de manera abrupta como un día al estar a punto de salir a una fiesta de la universidad hacía varios años ya, una prima me pregunto si así me iba a ir al checar el atuendo que traía puesto ese día, y mis padres volearon a verme en franca sorpresa al darse cuenta de la minifalda que llevaba puesta ese día, solo recuerdo a ambos diciéndome que esa no era manera de salir en público con amigos…

    Pero nunca había pasado por mi mente el que dejara que me vieran tener relaciones!, ya no digamos con mi esposo, con otra persona…!, debo estar loca!, la idea me calentó de nuevo y diciéndoles a ambos mientras me ponía de perrito: -si quieren exhibirme cogiendo con Uds. está bien, solo asegúrense de que sea una cogida como la de esta noche!

    Sonriéndonos entre los tres, me di cuenta de que por primera vez, mi marido no estaba siendo incluido en esta nueva fantasía propia, me acomodé y deje que Tony me penetrara de nuevo con su inmensa verga mientras mi mente cabalgaba a mil al imaginar la infinidad de posibilidades para ser sorprendida cogiendo con ella por alguien de mi familia…

    Tony empezó a penetrarme de manera ruda mientras su pareja se acomodaba enfrente de mi rostro poniendo su verga a mi disposición para que la mamara mientras Tony me daba nalgadas que dejaban mi trasero enrojecido por los impactos, empezaba a mamar la verga de ella cuando sentí un tremendo bofetón en pleno rostro propinado por ella al tiempo que me decía: -quieres que te vean coger con nosotros? Lo deseas? Dándome otra cachetada que retumbo en toda la habitación…

    Mi mente seguramente no estaba pensando claro cuando les respondí:

    -sí, sí quiero, quiero que me vean coger con Uds.!

    Mi voluntad cedía ante las cachetadas y la sensación de ser penetrada mientras mamaba esa verga preciosa, no podía negarles nada a esa pareja que me tenía a su merced, era su juguete sexual y lo disfrutaba mucho, como nunca pensé llegar a ser sometida les dije:

    -Quiero que me cojan en casa de mis padres cuando haya una reunión familiar!

    -segura? -preguntó ella, mira que después todos te verán de otra manera…

    -Lo sé -dije sopesando las cosas- pero si eso hace que me sigan cogiendo de manera regular Uds. dos, lo haré!

    -Llévala a comprar un atuendo que no deje lugar a dudas de que es una puta -le dijo Tony a su pareja- quiero que desde que llegue a su casa todos se den cuenta de la clase de mujer caliente que es ella -diciendo esto me embistió de manera intensa y se vino de nuevo dentro de mi raja velluda que a estas alturas estaba ya acostumbrada al tamaño de tan tremendo tolete…

    Terminamos la noche y salimos al recibidor donde los demás ya nos esperaban y al despedirnos ellos me dijeron también para que todos oyeran:

    -tenemos eso pendiente Mariela, y lo vamos a cumplir!

    -Sí, lo haremos! -les contesté despidiéndome y al estar en el coche de regreso a casa mi marido me preguntó:

    -Que quisieron decir ellos con eso de tener algo pendiente?

    -ah!, dije con tono de niña inocente… pues me quieren coger enfrente de mi familia… y yo estoy de acuerdo.

    -pero Mariela! es una locura! -dijo mi marido mientras me veía las piernas y me admiraba como siempre lo hace cuando se empieza a calentar…

    -lo sé, es algo que no había considerado nunca, pero no pude negarme a ellos, ya veré como me las ingenio en esta locura… (Imaginándome desnuda de nuevo con ellos en casa de mis padres).

    Ya habría tiempo para pensar como llevar a cabo esa locura.

  • Relatos porno: El amigo de mi hijo me hizo su mujer (IV)

    Relatos porno: El amigo de mi hijo me hizo su mujer (IV)

    Después de que terminara teniendo sexo con Adrián el comenzó a visitar mi casa hasta 4 veces por semana y cada vez acabábamos teniendo sexo en la cocina a escondidas de mi hijo. Poco a poco el sentimiento de culpa y arrepentimiento fue desapareciendo y el sentimiento de placer se fue abriendo paso.

    Ahora estoy totalmente entregada a Adrián, tanto que todo en mi vida ha cambiado y las demás personas se han dado cuenta, mis amigas como mi propio esposo e hijo me dicen que me veo más alegre, con más energía y por supuesto que Adrián es el motivo de eso.

    Últimamente Adrián parece haber tomado un gusto por la fantasía de que mi hijo nos encuentre teniendo sexo, siempre que tenemos nuestros encuentros trato de llevarlo al baño para tener más privacidad pero solo quiere hacerlo sobre la mesa en la cocina donde mi hijo nos pueda ver y como una adolescente enamorada no puedo negarle nada.

    Un jueves en la tarde mientras preparaba la comida mi hijo y Adrián llegan de la escuela, rápidamente salí a su encentro y a darles la bienvenida, con solo estar cerca de Adrián de mi hacia recorrer un hormigueo por todo mi cuerpo. Nos sentamos a comer y ambos me comentaron que tenían mucha tarea y trabajos de la escuela, tanto así que esta vez al terminar de comer se pusieron a trabajar en la mesa.

    Con Adrián ocupado y con mi hijo en medio no íbamos a tener tiempo para nosotros, para no pensar en ello me dedique a terminar mis quehaceres. Pasaron las horas hasta que cayó la noche y llego mi marido de trabajar, mi hijo y Adrián seguían haciendo tarea por lo que les dije que tomaran un descanso.

    Siendo ya algo tarde mi hijo nos preguntó si Adrián podría quedarse a dormir esa noche, cuando escuche eso mi cara se ilumino estaba encantada con la idea, mi marido dijo que no habría problema con que se quedara. La cena fue bastante tranquila y al acabar mi marido y mi hijo se fueron a ver la televisión.

    Adrián amablemente se ofreció ayudarme con los platos sucios, con mi marido y mi hijo en la sala, Adrián aprovecho que nadie nos veía en la cocina para restregarme su miembro en mis nalgas, ”llevaba todo el día esperando esto señora Isabel“ dijo besándome desde atrás.

    Nos comenzamos a besar mientras frotaba mis pechos con sus manos, con solo besarme lograba encenderme, seguimos besándonos hasta que escuchamos que mi hijo venia en dirección en la cocina para invitar a Adrián a jugar video juegos, antes de que se fuera con mi hijo me susurro que me estaría esperando a las 2 de la madrugada en el baño.

    Al oír eso mi corazón se aceleró. Esa noche para no levantar sospechas a mi marido me vestí con el camisón de tirantes con el que acostumbro a dormir, al estar acostada junto a mi marido no dejaba de ver el reloj esperando que se diera la hora, estaba ansiosa por nuestro encuentro parecía una jovencita en su primera cita sin saber que tenía preparado.

    Al fin se dio la hora y asegurándome que mi marido estuviera profundamente dormido me levanto de la cama en busca de Adrián, salgo de mi habitación y en la oscuridad del pasillo aparece la silueta de Adrián haciendo señas de que guarde silencio y que me acerque a él.

    Nos dimos un largo beso sujetándome de mi cintura, me dijo que me veía hermosa y comenzó a besarme el cuello, sus besos me provocaron y le dije que fuéramos al baño pero Adrián se negó, me dijo que lo quería hacer justo en el pasillo le respondí que estaba loco y que mi marido o mi hijo nos iban a escuchar.

    Adrián insistió y sabiendo que mi punto débil es mí cuello siguió besándolo diciéndome que si guardábamos silencio nadie nos descubriría. Baja los tirantes de mi camisón dejo libres mis pechos y comenzó a chuparlos, su miembro ya estaba muy duro por lo sin darme cuenta Adrián me inclino hacia la pared y me dijo que me apoyara con mis manos en ella.

    Subió mi camisón hasta mi cintura, me abrió las piernas y quitando mis bragas y sujetándome con fuerza mi cintura me introdujo todo su pene a mi vagina que ya estaba ansiosa por volverlo a tener nuevamente dentro de ella “siempre quise darle de perrito señora Isabel” rápidamente le dije que no hiciera ruido.

    Comenzó a penetrarme lentamente, mi vagina estaba tan mojada que en el silencio de la noche emitía unos pequeños sonidos de chapoteo al vaivén de las embestidas de Adrián, aunque ya había hecho esta posición con mi marido, hacerla de pie en el pasillo de mi casa me parecía tan vulgar y muy excitante.

    Estando en esa posición sentía como su miembro golpeaba profundamente mi vagina, a cada una de sus embestidas mi vagina se contraía, se sentía tan rico que mis rodillas empezaron a perder fuerza. Adrián comenzó a aumentar el ritmo de sus acometidas que el ruido de su cadera chocando con mis nalgas se comenzó a oír.

    Le dije que no lo hiciera tan fuerte pero solo me respondió que me relajara que nadie nos iba a escuchar, continúo golpeando con fuerza mis nalgas con su cadera empujando en lo más profundo de mi interior, se sentía tan delicioso que me costaba callar mis gemidos.

    Sabía que si se me llegara a escapar solo uno de mis gemidos seria en final de mi familia pero el pene de Adrián seguía en mi interior empujando fuerte pero suave golpeado mis puntos más sensibles. Me encontraba totalmente absorbida por las intensas embestidas de Adrián, con temor de que mi hijo o esposo escucharan algo me tape la boca con todas mis fuerzas ahogando hasta el más mínimo gemido.

    El peligro de que nos pudieran descubrir había excitado de sobre manera a Adrián, mire hacia atrás para verlo a los ojos y sentí una mirada perversa y lasciva. La situación me asustaba pero también me excitaba.

    Yo no aguante más y dando un último suspiro un fuerte orgasmo invadió todo mi cuerpo sacudiéndome por completo al momento que sentí como el pene de Adrián se retorcía inundando todo mi útero con su semen. Había sido fantástico sentir como se corría dentro de mí.

    Adrián no se despegó de mí hasta que dejo de eyacular, se quedó quieto con su pene dentro de mí, la cantidad de semen que dejo en mi vagina era asombrosa, era tanta que hasta salía de mi vagina resbalándose por mis muslos. Su joven semen caliente saliendo de lo más profundo de mi vagina hacia que me sintiera tan excitada que mi vagina no dejaba de vibrar de placer, la última vez que mi marido se corrió tanto como Adrián fue en nuestra noche de bodas cuando me case.

    Aun sin recuperarnos el ruido de la puerta de mi hijo nos interrumpió, estando los 2 todavía en el pasillo semidesnudos nos vestimos a toda prisa, Adrián se volvió a subir su pijama y yo de inmediato me acomode los tirantes y baje mi comisión, sin darme tiempo a ponerme mis bragas las patee hacia un lado esperando que mi hijo no las viera.

    Mi hijo nos vio y nos preguntó ¿Qué hacíamos ahí? Sin saber que responderle solo se me ocurrió decirle aun con voz agitada que había ido al baño y que me tope Adrián mientras él iba por un vaso de agua.

    Durante el breve interrogatorio de mi hijo el semen de Adrián no dejaba de emanar de mi interior, intente irme lo más pronto posible a mi recamara para que no lo notara, a cada paso que daba su semen seguía recorriendo mis muslos hasta casi llegar a mis rodillas pero gracias a la oscuridad del pasillo no lo noto.

    Al llegar a mi recamara mi marido continuaba dormido, sin hacer mucho ruido tome unos pañuelos desechables de mi ropero para limpiarme, me volví a acostar al lado de mi marido y con la noche como cómplice me quede dormida muy satisfecha.