Autor: admin

  • ¡Una buena cogida!

    ¡Una buena cogida!

    Nos conocimos en la universidad, muchas veces lo sorprendí mirándome cuando pensaba que yo no lo veía, pero siempre evitábamos hablarnos. Al paso del tiempo tuvimos una conversación y descubrimos que nos llevábamos muy bien, pero, aunque me gustaba yo no profundizaba en la relación por miedos e inseguridades. Había varios motivos, pero el principal era que me intimidaba su fuerte personalidad y yo prefería pasar desaparecida… poco a poco fuimos perdiendo el interés por el otro y dejamos de hablarnos.

    El abandonó la carrera a la mitad, se dedicó plenamente a la otra que cursaba de manera simultánea. En el transcurso se puso de novio con una compañera y las cosas se pusieron serias entre ellos. Estuvimos casi dos años sin vernos. En ese tiempo yo me dediqué a salir y a estar de novia, pero nada serio… Soy muy sexual, y la verdad no me da vergüenza admitirlo.

    Hace una semana que me lo encontré en el centro de la ciudad, yo había ido a un negocio y lo vi venir. Él me vio y nos saludamos con mucho entusiasmo, nos quedamos hablando un rato, le pregunté por su novia, y me dijo muy serio que su relación estaba en una especie de bache. Se habían peleado y se dejaron de ver un tiempo, y ahora él iba a verla, pero sin saber muy bien lo que iba a ocurrir. El ya no vivía en la ciudad y había viajado solamente para verla, aunque había adelantado su viaje dos días antes del día en que habían acordado verse. Quería pensar bien las cosas.

    Le pregunté si no tenía prisa, lo invitaba a cenar. El aceptó y nos dirigimos a un restaurante cercano.

    Para no prolongar demasiado los preliminares, diré que estuvimos en el restaurante un buen rato. Yo le pregunté cómo había sido su noviazgo y me contestó sin reservas ni dramas. Seguía siendo tan sincero como siempre.

    Mientras cenábamos yo me le acercaba y lo tocaba muy sutilmente. Después nos fuimos a un parque cercano y estuvimos en las bancas conversando. Me senté muy cerca y lo estuve provocando sutilmente. Yo me daba cuenta de que eso lo ponía un poco nervioso, hasta que finalmente me dijo:

    – Quería decirte que cuando estábamos en la universidad me gustabas mucho. Incluso pensé varias veces en pedirte que saliéramos juntos.

    Le pregunté por qué no se había animado y me dijo que siempre me sentía evasiva, y entonces yo le confesé mis motivos, agregué que siempre me gustó. Él se apenó y ahí sentí que era el momento de tocarlo y acercarme. Le acaricié las mejillas y los labios y le dije que ahora lo veía sentía las mismas ganas de antes. Se acercó y me beso fue un beso suave, delicado y delicioso que se hizo progresivamente más apasionado. Nos abrazamos y estuvimos besándonos un rato, sin hablar.

    Un rato después, me dijo que debía ir a registrarse a su hotel, o si no perdería la reservación que había hecho para esos días. Me pidió que lo acompañará y subí con él hasta su habitación. En cuanto se fue el botones, volví a acercarme a él y a besarlo. En un momento entre los besos, él me preguntó si tenía novio. Yo le sonreí y le aseguré que por el momento no tenía, comencé a desabotonar mi blusa para que pudiera bajar cada vez más. Comenzó a besar mi cuello y levantó su cabeza para decirme:

    – Si querés que me detenga, decímelo ahora.

    Yo no le contesté, sino que sólo sonreí y comencé a quitarle su campera y luego su remera y le hice en el cuello lo mismo que él me había hecho a mí.

    En esos momentos sentía ya la dureza de su pene en mi vagina y me frotaba contra él. Termino de desvestirse me besó las tetas primero sobre el corpiño, y con un movimiento maestro de su mano lo desabrocho y quitó y tomó mis tetas entre sus manos con firmeza y delicadeza a la vez. Comenzó a besar y después a lamer mis pezones muy lentamente. Mis pezones se pusieron tan duros, se metió parte de mi teta a la boca para mamarla por completo. Enseguida sentí que mis flujos comenzaban a humedecer mi culotte y no pude contener un gemido de placer. Era demasiado, nadie me había excitado tanto en tan poco tiempo. ¡Quería que me cogiera en ese mismo instante! me aparté un poco y me incliné para bajarle sus pantalones y bóxer de un solo golpe. Al instante asomó su verga gruesa y bien parada. Tensa. La agarré con mi mano y le di un besito, aspirando por un instante su intenso olor a macho y me tiré en la cama quitándome mi pantalón y culotte rápidamente.

    Sonriendo, se acomodó encima de mí. Me tomó de los tobillos recogiendo mis piernas en sus hombros para penetrarme poco a poco, firme y deliciosamente. Cuando entro por completo, se tendió sobre mí apoyándose en sus codos y rodillas y empezó a moverse, mamando mis tetas a cada embestida y haciéndome ver estrellitas de placer. Era tan delicioso… aflojó su ritmo sólo un momento para decirme que cerrara las piernas por dentro de las suyas. Un poco sorprendida, lo hice, y entonces empezó a embestirme de manera dura y poderosa. ¡Ay, pensé que estaba en el paraíso! Nunca había sentido esa sensación. Lo abracé y lo apreté contra mí con todas mis fuerzas y él se lanzó con más fuerza aún. No pude más, me abandoné al orgasmo más intenso que había tenido en mi vida.

    Por un momento verdaderamente no supe nada de mí. No sentía, estaba completamente ausente, como borracha de placer. Tuvieron que pasar unos segundos para que me recuperara, él se sostenía casi completamente en sus brazos para dejarme respirar. Me miraba sonriente, sabía cuánto había disfrutado, y empezó a moverse de nuevo, a penetrarme con profundas embestidas mientras mi cuerpo reaccionaba nuevamente para atraerlo. No dejaba de mamar mis tetas mientras me cogía. El segundo orgasmo fue todavía más intenso que el anterior y esta vez quedé tan desconectada que me tomó un par de minutos recuperarme. Pero él no había perdido todavía su fantástica erección y volvió a meterme la verga lenta y profundamente. Esta vez me costó más tener un orgasmo por lo cansada que estaba.

    Estaba completamente dominada, cansada, herida de placer. Simplemente ya no podía, así que le tuve que pedir que ya se viniera. Me preguntó con una sonrisa si ya no podía, y tuve que reconocer que no. Me pidió que abriera las piernas y así pude resistir sus embestidas hasta que se vino llenando de leche caliente mi vagina. Cuando terminó y se salió de mí, inmediatamente cerré los ojos y por primera vez en mi vida, me dormí de inmediato, sin saber nada más.

    Cuando desperté, me sentía bien y relativamente descansada. Él estaba mirándome, reclinado sobre un costado. Me sonrió y me dio un beso en la boca, y yo le pregunté cuánto había dormido. Habían sido cerca de dos horas. Sentí ganas de bañarme. Se lo dije y me propuso que nos bañáramos juntos, y por supuesto yo acepté.

    Ya dentro del baño, por supuesto, comenzamos a jugar nos enjabonábamos y muy pronto nos pusimos cachondos. Su verga estaba de nuevo bien dura. La tomé entre mis manos para enjabonarla y me agaché según yo, para hacerlo con más cuidado. Me encanto su dureza, su grosor, y me dieron ganas de meterla en mi boca. Comencé besándola muy lentamente, disfrutándola, y empecé a lengüetearla de arriba abajo. Así estuve un par de minutos mientras me tomaba la cabeza suavemente. Luego me la metí por fin a la boca y la succioné primero lentamente, incrementando poco a poco el ritmo mientras me acariciaba y me decía lo bien que lo hacía. No pasó mucho tiempo antes de que me dijera que si seguía se iba a venir en mi boca.

    – Sí, dame toda tu leche.

    Eso lo excitó tanto que casi en el momento en que metí de nuevo su verga en mi boca empezó a eyacular entre gemidos de placer.

    Me dio un buen masaje con jabón en mi espalda y mi culito. Ahora fue su turno de agacharse para, según él, lavarme bien la colita. Separó mis nalgas, mientras yo me apoyaba en la pared del baño para sacarlo muy bien y mostrárselo en todo su esplendor, me apretaba las nalgas con sus manotas y comenzó a besarlas y morderlas con pasión.

    Le pregunté si tenía ganas de metérmela por ahí.

    – ¡Como no, sería un placer, preciosa!

    Y casi sin secarnos, nos fuimos de nuevo para la cama, me puse en cuatro, descansando mi cabeza en las almohadas de manera que mi colita resaltara más, sabía que eso lo enloquecería de deseo. No se apresuró, sino que empezó a besarme y morderme primero las nalgas, bajando a mi vagina para morderla muy suavemente y jugar con su lengua un rato, lo que me hizo gritar de placer. Él ya había recuperado su erección y la empezó a pasear por mi trasero, presionando y bajando hasta que lo situó en la entrada. A cada roce de esa verga yo saltaba de placer. Entonces, sin avisar, me la metió completa en mi vagina, embistiéndome rápidamente, para luego pasar a un ritmo más profundo y pausado.

    Sentí una humedad sobre el agujerito de mi trasero, y me di cuenta de que estaba empezando a lubricarme. Muy pronto uno de sus dedos empezó a tomar camino abriéndome. Ese doble placer me tenía en las nubes. Cuando él se dio cuenta, me sacó la verga y me avisó que iba a empezar a encularme, así que puse todo muy flojito y sentí cómo me lo iba metiendo lentamente, con mucho cuidado. Comenzó a moverse con mucho cuidado. Al principio dolió un poquito y muy pronto el dolor se convirtió en placer. Me agarraba las tetas y me mordía la espalda mientras me cogía cada vez con más fuerza. Me sentía loca, y la locura vino cuando comenzó a sacar su verga completamente y a meterla también completa varias veces. Sentía claramente como se abría mi culito a cada movimiento. ¡Era delicioso sentí que me venía! empezó con más fuerza hasta que comenzó a venirse, apretando mis tetas con fuerza y dejando lleno de su leche.

    Nos dimos un baño y fuimos a comer. Me sentía satisfecha y también bastante cansada. El sexo y la comida habían hecho su efecto y me había dado mucho sueño. Le dije que tenía ganas de dormir y él estuvo de acuerdo, aunque con una sonrisa picarona me dijo que no me sorprendiera si me despertaba a la mitad de la noche. La verdad es que no se veía cansado, y cuando me desvestía para dormirme, me vio con mi tanguita de hilo dental y me abrazó por atrás mientras me decía que él se sentía capaz de coger de nuevo, y la verdad es que sí sentí cómo se ponía su verga dura contra mi culito pero el cansancio me ganó y me dormí.

    No supe cuanto tiempo paso y me despertó la sensación de algo duro que presionaba contra mis nalgas. Al principio pensé que era parte de un sueño, pero era tanta la insistencia y tan rico el contacto que empecé a calentarme y me di cuenta de que no estaba soñando. Unas manos fuertes y muy hábiles acariciaban todo mi cuerpo, dándome sensaciones deliciosas. Mis pezones se pusieron duros y sus dedos comenzaron a masajearlos y pellizcarlos delicadamente. Me puse tan caliente que comencé a frotar mi culito contra su verga, le dije que quería cabalgarlo, se saco su ropa y yo la tanguita. Me subí encima de él, y como ya estaba bien mojada, su verga se deslizo fácilmente dentro de mí. Me quité el corpiño mientras lo cabalgaba, y él comenzó a acariciarme las tetas, las caderas, la cintura, las nalgas, todos los lugares donde alcanzaran sus manos. Yo estaba en el delirio, sintiendo que su verga. El me llevaba hacia adelante para besarme las tetas, el cuello, la boca… Lo cabalgué con furia mientras ambos gemíamos. Primero me vine yo, sintiendo que el placer me hacía perder la noción de la realidad. Unos instantes después sentí la calidez de su leche y me acosté sobre él. Esta vez ni siquiera nos vestimos. Solamente me abrazó por detrás y me dormí casi de inmediato.

    Cuando despertamos ya era de día. Otra vez se despertó primero, y en cuanto vio que abrí los ojos me sonrió. Yo le sonreí también. Desayunamos juntos y platicamos un poco más de nuestras vidas y planes. Saco el tema de qué pasaría entre nosotros, los dos nos dimos cuenta de que nos entendíamos muy bien la cama, y que quería seguir viéndome… Le respondí que arreglara primero sus cosas. Él me sonrió y me dijo que esto no quedaría así…

    Me levanté comencé a cambiarme y me despedí, intercambiamos números de teléfonos para seguir en contacto, paso un tiempo, nos escribimos diariamente para saber como estamos, este fin de semana vuelve a la ciudad quedamos en volvernos a ver…

  • Esposa prepago: último cliente

    Esposa prepago: último cliente

    Ya habían pasado dos semanas más o menos de la salida a la fiesta con mi esposa, somos muy activos sexualmente, a pesar de que nuestros trabajos son bastante agobiantes, no dejamos pasar oportunidad para hacer el amor casi a diario.

    Mi esposa trabaja los jueves de 8 am a 10 pm, por lo que debo ir a recogerla cuando sale, esa noche mi suegra se iba a quedar en nuestra casa porque debía madrugar al día siguiente a unos exámenes médicos de control y como vive en una parcela le es difícil salir de allá, mi esposa salió de su trabajo y le conté que su mamá estaba en casa con los niños, puso cara de pícara y me dijo: podemos volarnos unas 2 horas, le escribió a su mamá diciéndole que yo debía recoger algunas cosas, que nos ayudara acostando los niños.

    A donde vamos le pregunte, quiero un vino me dijo, así que fuimos a un bar cerca de su trabajo, ella tomo varias copas de vino y yo cerveza, empezó a tocar mi entrepierna bajo la mesa, eso es signo de que ya estaba haciendo efecto el licor, yo fui más atrevido y le toque las tetas, el bar estaba medio lleno, mi esposa estaba de espaldas a las demás personas, miro a todos lados, zafó dos botones más de su camisa y saco sus tetas del brasier, te gustan me dijo, yo mire que nadie estuviera observándonos, hermosas mi vida, ella empezó a tocar sus pezones con la yema de sus dedos, estos se le fueron poniendo duros y ella se los apretaba cada vez más, ella me dijo vamos a una residencia amor, cambiemos hoy el jacuzzi, pague y salimos, esta vez no podía desnudarse en el carro como de costumbre, pero me dejo darle dedo y tocar sus tetas todo el camino, fuimos a un hotel que alquila habitaciones por horas muy reconocido en la ciudad, juntos no habíamos ido, pero si sabía que ella había ido con dos amantes que había tenido antes de mí, entramos a la habitación, nos besamos y le propuse hacer un 69, así la tuve hasta que ella se vino y la hice sentar en mi verga de espaldas a mí, en esa pose me queda muy fácil apretar sus tetas y jugar con su clítoris, de nuevo se vino y le pedí un misionero para venirme yo, ella se acostó y abrió sus piernotas, tenía cara de ebria no la había notado por lo tenue de la luz, le empecé a preguntar:

    Yo: cuantos les mostraste las tetas en lugares públicos mi vida

    Esposa: como a 4 o 5 amor

    Yo: que más te has dejado hacer en un sitio públicos

    Esposa: pues que me hagan a mi todo el manoseo posible, me deje tocar las tetas, las nalgas, que me chuparan las tetas, que me dieran dedo.

    Yo: ¿y tú que les hiciste?

    Esposa: tocarles la verga y el rector del colegio nocturno donde trabajé, me puso a mamar en una discoteca, estaba lleno el lugar, pero era bastante oscuro y no le vi problema.

    Yo: ¿y no hiciste el amor?

    Esposa: pero en los baños, una vez con el costeño en un parque lo hicimos, pero también estaba bien oscuro, en los baños de la universidad y en los del instituto.

    Yo: amor no me acabaste de contar tu etapa de prepago

    Esposa: etapa de puta, dirás amor

    Yo: cuéntame tu último cliente

    Esposa: la última salida que tuve fue a atender a un cliente a una finca al norte del departamento, Viviana quien fue la que me ayudo a entrar a la página, me contacto para proponerme ese cliente porque a ella le había llegado el periodo y no podía, eran 2 días y el pago era muy alto, acepte de inmediato al escuchar la paga, con ese dinero me alcanzaba para pagar la deuda más grande y me sobraba un poco para mí, me recogieron el viernes 8 am, mi sorpresa fue que, además de mi iría otra chica, era tú amiga Diana, pero se hacía llamar cristal, con ella hablamos en el camino, ya llevaba más de 8 meses en la página, lo hacía por gusto, la verdad me pareció muy loca, muy abierta, me contó que había hecho de todo, quede muy sorprendida al escucharla hablar sin ningún tipo de inhibición.

    Yo: ella pues, siempre ha sido así.

    Esposa: nos recibió en la finca otra chica llamada Valentina, un poco más madura que nosotras, era muy bonita, tenía varias cirugías estéticas, pero le habían quedado muy bien, estaba vestida con sandalias de plataforma, un short de jean y un top, se veía muy sexy, nos dio la bienvenida y nos mostró los cuartos donde nos quedaríamos con los clientes, dejamos nuestras cosas y pasamos a almorzar, durante el almuerzo ella nos explicó lo que teníamos que hacer, la idea era atender a dos socios del dueño de la finca, que llegarían a cerrar unos negocios, a Diana le toco un cliente joven y a mí me tocó un cliente mayor, el plan el primer día era apenas ellos llegaran estar con ellos a todo momento, atenderlos en todo, sobre todo en lo sexual, en la noche habría una reunión con otros socios y al otro día estaríamos en la piscina, nuestros clientes llegarían pasadas las 3pm, así que subimos a cambiarnos, yo me duche y me coloque un short de tela blanco corto y ajustado, con un hilo dental negro, una blusa licrada negra pegada al cuerpo con un escote que llegaba a mí ombligo, sin brasier y unas sandalias bajitas de dedito, baje a esperar a mi cliente y me encontré diana y valentina, ultimamos detalles y de pronto sonó llegar un carro, era el cliente de diana, joven y muy bien parecido, Valentina le presento a Diana al señor, él la saludo de beso en la mejilla y juntos se fueron a la habitación, pasaron unos 10 minutos y llego mi cliente, un señor de unos 60 años, de cabello y bigote blanco, ojos azules, de 1,75m, vestido de blanco muy elegante, con asentó paisa, Valentina me presento, él me saludo de mano, pero con la mirada me desvistió, ella nos llevó a la habitación y nos dejó solos, el cliente se llamaba Miguel, él acomodo sus maletas, me miro de arriba abajo, le pregunte en que le podía colaborar, me quiero duchar hermosa, no sé si tú me puedes ayudar con eso, por supuesto Don Miguel, y me desnude muy despacio y me acerque a él, lo tome de la mano y lo lleve al baño, lo desnude y entre a la ducha con él, estábamos en tierra caliente por lo que el agua no necesitaba calefacción, abrí la regadera y empezamos a besarnos, el me manoseo toda y yo le respondí igual tocando su verga, el me besaba los senos muy fuerte y me metía sus dedos en la vagina y por su altura me levantaba, el apago la regadera y me hizo arrodillar, obvio sabía que se la tenía que mamar, su verga era de tamaño normal, se la tuve que mamar un largo rato para que se pusiera dura, me la tragaba toda sin problema y él me empujaba duro la cabeza, apenas se le paro bien le puse un condón y yo misma me la metí, el me la metía duro, me levanto una pierna y me puso de lado para penetrarme, yo gemía duro y veía que eso lo excitaba, así estuvimos un rato, después él me hizo voltear contra la pared, me abrió las piernas y me dio muy duro, como era más alto me tocaba empinarme mucho, me hacía sonar las nalgas con sus embestidas, para ser tan mayor me dio muy rico, así estuvimos hasta que nos vinimos juntos, me beso muy dulcemente pero con lengua y me pidió que lo esperara en la cama, antes de salir del baño lo mire más detenidamente y vi que era muy blanca su piel, tuvo que ser un hombre muy bello, su cuerpo para su edad no estaba mal, se notaba que había hecho ejercicio, tenía una buena cola y una espalda ancha, le verdad me gusto el señor, me seque y lo espere desnuda en la habitación, el salió en bata y me miro detenidamente, niña eres muy hermosa, ven quiero recostarme un rato, estoy muy cansado por el viaje, me acerque a él y nos besamos, yo lo lleve a la cama de mano le quite la bata y nos acostamos, yo me acosté encima de él y le puse mis tetas en su boca, él las besaba y lamia como loco, no te voy a dejar dormir le dije, baje besándolo hasta su pene y le di una gran mamada, hice poner su verga dura, le puse un condón y lo cabalgue en cuclillas un buen rato, el no soltaba mis tetas y yo gemía como loca, la verdad me gustaba mucha como me estaba cogiendo, me hizo bajar y puso mis piernas en sus hombros en esa pose sentía su verga llegar a mi ombligo, me dio muy duro y me hizo venir, sentí que él ya se iba a venir y le pedí que me lo echara en la boca, le quite el condón y los masturbe hasta que se vino, me trague todo su semen y le deje la verga bien limpia, necesito descansar Nena, me dijo, y se tumbó en la cama, yo me acosté a su lado y dormimos abrazados por 1 hora creo, tocaron la puerta, abrí y era Valentina para decirnos que ya había llegado el dueño de la finca y necesitaba a Don Miguel en el comedor, lo desperté y el bajo, Valentina nos había pedido que en la noche debíamos bajar con vestido corto y muy sexy, yo lleve un vestido negro ceñido al cuerpo que en la parte superior solo me tapaba las tetas con dos tiras que se entrecruzaban al frente dejando mi espalda descubierta y en la parte de abajo me llegaba muy arriba de los muslos y unas sandalias de plataforma negras, bajamos con diana para reunirnos con Valentina ella nos explicó que teníamos que estar siempre junto a nuestros clientes, seriamos como sus novias, ellos beberían y teníamos que estar pendientes de lo que ellos quisieran, salieron de la reunión y vi que eran como 7 hombres, salimos a un salón y allí estaban sus acompañantes, Valentina se acercó a su jefe y lo beso con mucha pasión, Diana también se acercó a cliente y este la beso y la acaricio como si la conociera de siempre, espere a que Don Miguel se desocupara e hice lo mismo que ellas, lo bese muy apasionadamente y él me respondió abrazándome fuertemente y acariciando mi espalda desnuda, nos sentamos todos en un círculo, había hombres que tenían a su lado dos y tres mujeres, habían unos de verdad muy feos y gordos, algunas de las chicas eran muy jóvenes, Don Miguel me abrazo y me dio varios besos, él estaba tomando whisky y yo como siempre vino, empezó a sonar la música y baile con él dos o tres piezas, donde él siempre aprovechaba para besarme y acariciar mi espalda, ellos hablaban de anécdotas y viajes y note que mi cliente era muy importante, todos le hablaban con mucho respeto, sirvieron la cena y pasamos al comedor, apenas nos sentamos Don Miguel metió sus manos bajo mi vestido buscando mi panocha, yo me acomode y le abrí mis piernas para que la tocara mejor, me dio dedo unos 10 minutos, yo le tome la mano y le hacía presión para que me acariciara más rápido y fuerte, él entendió y tuve un orgasmo, disimule mucho yo apretaba su verga haciéndole saber que me había venido, saco su mano de mi vagina y yo seguí acariciando su verga, se le ponía cada vez más dura, me dijo al oído que yo se la hacía poner dura como pocas, y me dio un beso, la noche paso entre música y trago y él aprovechaba para acariciar mis tetas y mis nalgas, yo le sobaba su verga y de vez en cuando hacía que pusiera su mano en mi vagina, cerca de las 3 am me dijo que nos fuéramos a la habitación, él se despidió de los invitados y subimos, en el camino nos comimos a besos, él saco mis tetas del vestido y se las comió prácticamente, entramos al cuarto y me dijo, motíveme mi amor, póngamela dura como usted sabe, yo me desnude, me subí a la cama y empecé a tocarme para él, me apretaba las tetas y me metía dedos en mi vagina, él saco su pene y se empezó a masturbar, se acercó a mí y me la puso en la boca, yo se la mame tragándomela toda, él me decía que era la mejor para mamar, ¿te gusta papi?, ¿te gusta cómo me trago tu verga? Le pregunté, si Nena me decía, métemela le dije, quiero que me la metas toda, y me puse en cuatro al borde de la cama, él se puso el preservativo y me penetro duro y profundo, haciendo que yo empezara a gemir, nunca imagine que un señor de esa edad me pudiera hacer disfrutar tanto, su verga me llegaba preciso a mi punto G, yo acariciaba mi clítoris y volteaba a ver la cara de mi amante, le dije que me gustaba como me pichaba y él me respondió: eres muy puta para ser tan joven, eres de las mujeres más ardientes que he conocido y he tenido en mis manos, me voltee y lo bese muy apasionadamente, me acomode en posición de misionero y lo invite a que me penetrara abriendo al máximo mis piernas, él me lo metió de un solo golpe, siguió metiéndola así un largo rato diciéndome: puta, perra, ramera, yo solo gemía y le mostraba como gozaba porque él me tenía así, bésate las tetas me ordeno: yo mordía mis pezones y apretaba mis tetas muy fuerte, y se las ofrecía para que las chupara el también, sus metidas eran cada vez más fuertes y rápidas, eso me hizo excitar tanto que tuve un orgasmo delicioso, acompañado de unos gritos muy sonoros, él me pidió mi culo y yo le pregunte que como quería que me pusiera, que era suya y haría lo que él me pidiera, me dijo que lo montara, él se sentó y yo muy obediente acomode su verga y poco a poco sin dejar de mirarlo a los ojos me la fui clavando en mi ano, él disfrutaba mi cara de dolor cuando dé a pocos entraba su verga en mi esfínter, me la enterré toda y poco a poco empecé a subir y bajar, me puse de cuclillas y así me las metía más adentro, nos tomamos de las manos entrelazando los dedos, así yo tenía más estabilidad para meterme su verga completa, a los pocos minutos ya su verga entraba y salía sin ninguna dificultad, él lo noto y me dijo: como serás de puta que tienes ese roto, mira cómo te tragas mi verga sin ningún problema, yo solo le sonreí y empecé a sentarme más rápido y ha gemir, soy tu puta le dije, y le empecé a chupar los dedos, el empezó a jugar con mi clítoris he hizo que empezara a gemir como loca, sentí que su dedo pulgar buscaba entrar en mi vagina y me acomode para que entrara, eso me excito aún más y me eche hacia atrás para disfrutar el momento, no sé cuánto dure así, pero si recuerdo que tuve otro orgasmo genial, quiero venirme en tu culo sin condón me dijo, nooo le respondí, todo debe ser con preservativo, te doy una buena bonificación si me dejas hacerlo, me dijo el precio y no pude rechazar la oferta, me acomode boca abajo y el procedió a cumplir su deseo, yo le ayude a que entrara su verga y él muy feliz me lo metía y sacaba todo, creo yo que me tuvo así unos 10 minutos y me lleno de semen mi ano, descanse un poco y pase al baño a asearme, me recosté a su lado y nos dormimos, no sé qué tanto tiempo paso, pero me desperté por ruidos en la planta baja, Don Miguel me tenía abrazada, no quise despertarlo así que me quede quieta buscando dormir de nuevo, pero sentí que él me apretó más fuerte y me dio un beso en la mejilla, me voltee y nos besamos, me pregunto si había dormido bien y le dije que delicioso, seguimos besándonos, y tú como amaneciste, le pregunte, tengo resaca, me dijo, fueron muchos tragos los de anoche, te voy a traer algo para que estés mejor le dije, y me levante, estas muy hermosa, me fascina tu cuerpo, me dijo, me di vuelta para que me viera, le sonreí, y le dije que era suyo hasta las 4 pm, el también sonrió, me puse una bata y baje a la cocina en busca de una pastilla o algo para mi amante, encontré a una de las empleadas y me colaboro muy amable, me dijo también que en unos 20 minutos estaría listo el desayuno, ya eran cerca de las 9 am, subí al cuarto y le entregue el medicamento a mi cliente, él se lo tomo y yo me metí a la cama de nuevo, amor no sé qué me paso con el señor, pero me gustó mucho como me trato, como me beso, como me hizo el amor, estaba muy motivada en darle placer, lo abrace y lo bese, el me correspondió, y continuo alabándome, eso me motivo aún más y le pedí que se subiera en mí y me hiciera suya, él se subió en mi pero me puso la verga en la boca, su verga tenía un poco de erección y se la chupe con un gusto tremendo hasta que estuvo dura, él se acomodó para penetrarme, yo estaba muy poco lubricada y me dolió cuando él me la quiso meter de un solo golpe, que rico me dijo, me gusta que la sientas, estoy encantada contigo le dije, quiero que disfrutes de mí, que me hagas lo que quieras, y el siguió metiéndolo, me lubrique rápido por lo excitada que me tenía, lo abrazaba y besaba, le ponía mis tetas en la boca, quería que él viera que gustaba mucho estar en sus brazos, le preguntaba si le gustaba como me le movía, que si quería hacerme otra cosa, que si quería otra pose, de la excitación no había caído en cuenta que no estábamos usando protección, él me puso de lado y así podíamos besarnos y el tocar mis tetas y acariciar mi clítoris, levanto mi pierna y así su verga entraba muchísimo más fácil, estas muy abierta, mi verga baila en tu panocha, me dijo y metió dos dedos en mi vagina junto con su verga, eso me gusto y empecé a gemir más fuerte, su verga y sus dedos entraban juntos, y me tenían en un gran éxtasis, me saco su verga y me metía sus dedos solamente, poco a poco sentí como metía más dedos, sin darme cuenta estaba yo misma sosteniendo mi pierna para que él metiera su mano completa en mi vagina, que rica puta eres, me decía y me chupaba las tetas y mordía mis pezones, volvió a meter su verga esta vez con 3 dedos, al minuto me vine, me hizo acomodar en posición de misionero, pero con las piernas cerradas, así me dio verga con toda sus fuerzas hasta que acabo lo más dentro de mí que pudo, estábamos besándonos tiernamente y tocaron la puerta, no abrimos solo preguntamos quien era y nos dijeron que podíamos bajar a desayunar a la zona de la piscina, yo había llevado un traje de baño negro con escote, abierto a los lados de hilo dental, hacía mucho juego con mi piel blanca, Don Miguel apenas me vio me dijo: hermosa mamacita, te ves divina, le di un gran beso y bajamos juntos, desayunamos cerca a la piscina junto a varios invitados más, ya eran casi las 11 am, Don Miguel me invito a la piscina y dentro de ella me manoseo cuanto pudo, jugamos con algunas de las personas con un balón y cerca de la 1 pm Don Miguel me dijo al oído que me quería comer, salimos juntos y me llevo a uno de los baños, para mi sorpresa había una tina, él cerro con llave y se desnudó, se acercó y me beso, me pidió que le hiciera una rusa, me desnude y él se sentó en el borde de la tina, me coloque de rodillas y empecé a chupar su pene, se le fue poniendo duro y me lo puse en medio de las tetas para empezar a masturbarlo con ellas, pasaba mi lengua por su glande para estimularlo más, lo masturbe con mis tetas creo yo unos 10 minutos, él me detuvo, me paro y me pego de espaldas contra una de las paredes y se arrodillo para hacerme un oral, nunca me había hecho un oral un hombre con bigote, sentir su bigote pasar por mi clítoris fue una sensación nueva pero deliciosa, pasaba su lengua por mis labios menores y mayores, jugaba con sus dedos en mi clítoris y los metía y sacaba de mi vagina, me hizo venir mucho, pero no dejaba de chupar mi clítoris, le pedí que parara que me iba a orinar, pero él no dejaba de pasar su lengua por mi vagina, relájate dijo, pero fue imposible y salí corriendo al sanitario, él me siguió y me metió su pene a la boca de forma muy brusca, yo solo movía mi cabeza siguiendo sus movimientos, me dijo: Nena eres la mejor mamando, yo me tragaba su verga completa, y no dejaba de mirarlo, quiero tu culo de nuevo sin condón perra mía, me saque el pene de la boca y le dije que como quería que me pusiera, me tomo fuerte del cabello y besándome me llevo contra la pared, me volteo y me hizo inclinar frente a la pared, abrió mis nalgas escupió mi ano y empezó a meter muy brusco su pene, me lastimas le dije, eso quiero puta, quiero que te duela, ¿porque eres puta cierto? Me pregunto, si papi, soy tu puta, pero no me lastimes, no puta, a ti hoy te quiero hacer sentir dolor, me respondió, empujaba su verga sobre mi ano y sentía mucho ardor, estaba muy seco, empecé a gemir pujar por el dolor y él se veía feliz, me pego una cachetada, pero suave y me dijo perra, te gusta no, te gusta que te den por el culo, ramera, tan joven y tan puta, yo solo lo mire con cara de dolor, ya el dolor fue cesando y el metía y sacaba su verga sin ningún problema, cada vez que yo gemía el me pegaba en la boca y me decía que hiciera silencio, me hizo colocar derecha contra la pared y como era más alto me lo metía muy duro, como con rabia, me estaba asustando, Nena estas muy rica, me dijo, y siguió dándome duro, me volteo la cara y empezó a besarme con tiernos picos, ¿te gusta mami? Me pregunto, si papi, le dije, ¿me dejas metértela más duro? Me pregunto de nuevo, métemela como tú quieras papi, soy tuya, le dije y lo tome por la cola y lo apreté para que me lo metiera, que rica puta eres, gime mi amor, quiero escuchar como gimes cuando recibes mi verga, y me lo empezó a meter muy duro, me hacía poner en punta de pies, yo estaba encantada de sentir su verga y mis gemidos eran muy fuertes, afortunadamente afuera había música, me voy a venir Nena, me voy a venir me dijo, tómatelo por favor, me lo saco y me arrodille y literal, me baño con su semen, me cayó en todas partes, él se aseo, me dijo que me esperaba en el cuarto y se salió, yo me duche, me coloque el traje de baño y salí, me encontré con Diana y me dijo que ya iba a hacer maleta, entramos juntas a la casa y quedamos de vernos en 30 minutos en la entrada, en el cuarto estaba Don miguel ya cambiado, me abrió sus brazos y yo me acerque a él para abrazarnos y besarnos, gracias Nena por tanto placer, te ganaste muy bien este dinero y me mostro un fajo grande de billetes, me sentí como una verdadera puta, me entrego el dinero y me beso de nuevo, saco sus maletas y se despidió, yo me quede sentada un rato, de verdad me sentí muy mal, acomode mi maleta y baje para esperar a Diana, llego nuestro transporte y retornamos a la ciudad, hablamos muy poco con Diana, al llegar nos despedimos lo más de normal, al día siguiente hice el pago de la deuda que me faltaba y llame a Viviana para preguntar como hacía para retirarme de la página, me indico que tenía que rechazar 3 clientes seguidos y así me desactivarían, en las tres siguientes semanas así lo hice y que de por fuera, Así termino esa etapa en mi vida amor, te repito que lo hice por pura necesidad, no pensé que tener que contarte algo así, pero era mejor que lo supieras de mi parte.

    Yo: te amo mi vida, te amo desde que yo te conocí, tu pasado es tuyo y yo lo respeto, puedes estar tranquila, de verdad goce mucho con tu historia, me da mucho morbo imaginar como otros te hacen gozar.

    Esposa: ay amor, me encanta contarte todo.

  • Recuerdos de hermanos (II)

    Recuerdos de hermanos (II)

    En la casa paterna.

    Continuando con la historia de mí hermano Francisco y la mía. He de contarles lo que sucedió después de que nos hiciéramos novios y amantes de tiempo completo, pues ya nos dábamos el lujo de no tener tiempo para hacernos de otros novios o parejas consideradas “normales” a no ser que compartieran nuestros propios gustos por aquello que se define muy bien con la palabra “incesto”

    Por aquel entonces ya nuestra madre nos había logrado sorprender en algunas ocasiones de nuestras acostumbradas prácticas sexuales, cuando mi hermano se pasaba a mi cama estando desnudos ambos. La primera vez nos preocupamos mucho de que nos hubiera cachado cogiendo, pues fue precisamente en el momento en que ambos estábamos llegando al clímax, mi hermano se estaba viniendo de lo más rico dentro de mí y yo le estaba respondiendo mojando su pene con lo mío, estábamos sudando mucho y con lo entrados que estábamos ni nos habíamos preocupado en apagar la lámpara del buró, que aunque no alumbra mucho, sí lo suficiente para poder ver lo que sucedía en nuestro entorno.

    Ella, había entrado en nuestra recámara sin tocar siquiera, creyendo que se nos había olvidado apagar la luz y que nos habíamos quedado dormidos. ¡Vaya menudo susto el nuestro! No pudimos articular palabra alguna, yo montada sobre mi hermano, ambos totalmente desnudos, yo con mis pechos sobre el suyo, ambos dando nuestros últimos gemidos que ya no supimos si fueron de placer o de terror al sentirnos descubiertos por nuestra propia madre que se quedó viéndonos todos sudados y con nuestras caras desencajadas. Los tres nos quedamos estáticos y nuestra madre jaló las sábanas para comprobar lo más obvio de la situación. Francisco se paró con su pene semi erecto, más bien por el susto, porque de otro modo, hubiéramos continuado con lo nuestro.

    – Francisco, Ana Luisa, ¿Qué están haciendo?

    Pensé para mis adentros aunque muy espantada en ese momento, ¿no es obvio, lo que estamos haciendo madre?

    – Vístanse, miren nada más cómo están haciendo sus cochinadas, se parecen a mis her… pero ahorita se lo voy a decir a su padre.

    – Madre, no estábamos realmente haciendo nada malo –se me ocurrió decir en ese momento- es que teníamos frío y por eso nos encontraste así.

    – ¿Así?, encuerados los dos y con tu hermano mostrándose así de impúdico.

    – Mamá…. –sólo atino a balbucir Francisco- mientras por otro lado se le escurría una baba larga de semen de la cabeza de su pene que caía en ese momento al suelo, ya que aún no había tenido el tiempo suficiente para que hubiera podido albergar todo su esperma dentro de mí…

    – ¡Están mal! Eso no se hace entre hermanos, no es la educación que les enseñamos –dijo nuestra madre al percatarse de ver eso… ¡qué vergüenza! –bueno, eso estaba por verse más adelante según nos enteramos tiempo después.

    Nuestra madre se retiró y alcanzamos a escuchar que algo se decían entre nuestro padre y ella, nos pareció haber escuchado que papá solo le contestaba que solo se estaba imaginando las cosas y algo que no alcanzamos a escuchar, nos quedamos extrañados con lo que habría querido decir con eso de que nos parecíamos a no sabíamos a qué o a quienes, pero que se refería a algo que había sucedido. Luego hubo un largo silencio en la casa y entre nosotros, que nos apresuramos a ponernos algo para cubrir nuestra desnudez en medio del miedo de que viniera nuestro padre a vernos y probablemente a pegarnos o a castigarnos fuertemente, tal como habíamos visto en la película “El Castillo de la Pureza” donde Claudio Brook le pegaba a su hijo, luego de haberlos descubierto a él y a su hermana acariciándose dentro de un carro viejo en el interior del patio de su casa. Nos imaginamos muchas cosas, pero afortunadamente no sucedió nada de eso, aunque ni mi hermano ni yo, pudimos ya dormir hasta más entrada la noche.

    A la mañana siguiente nuestra madre nos sirvió el desayuno cómo si nada hubiera sucedido, no hubo palabras entre ninguno de nosotros. Solo su mirada que aparentemente desaprobaba lo que había presenciado, sacudiendo su cabeza. Nuestro padre había ya salido a su trabajo, como todos los días a la compañía en la cual laboraba. Luego nos apuramos para salir yo a dar mis clases como maestra y Francisco a su trabajo, aunque sí algo desvelados, con ojeras y con sueño.

    – Gracias, mamá –le dije yo…

    – De nada hija, sólo cuídense mucho… los dos… –dijo algo entristecida

    – Sí mamá no te preocupes –pensé en lo que habría querido decirnos… realmente me sentía muy ciscada al igual que mi hermano Francisco.

    Por si fuera algo por demás raro, me acerqué para darle su beso en la mejilla como siempre lo hacíamos mi hermano y yo antes de salir y no me rechazó ni pasó nada desafortunado… a excepción de un ligero movimiento de su cara cómo signo de una nueva desaprobación a lo que había presenciado. Mi hermano también se acercó con cautela y le dio su beso, a él tampoco lo rechazó. Al salir de la casa y tomar cada quien nuestros carros, Francisco me nalgueó como acostumbraba hacerme sin que mamá se diera cuenta y yo simplemente le sonreí diciéndole que luego platicaríamos sobre lo sucedido.

    Lo más curioso pasó luego, cada quien por la tarde noche tomamos por separado nuestro acostumbrado baño en la regadera del cuarto trasero de la casa, el cual utilizaba paquetes de aserrín para calentar el agua, pues aún o teníamos un boiler de gas, mientras nuestra madre cocinaba la cena, más tarde nuestro padre regresó a casa como siempre y sin que hubiera ningún tipo de reclamo por parte de ambos nos sentamos a la mesa para saborear las ricas dobladas de frijol que había preparado mamá acompañadas con café de la olla y pan dulce. Mi hermano y yo nos retiramos a nuestra recámara como de costumbre, aparentemente nada había cambiado, todo continuaba igual. El ropero rosa con sus dos puertas con espejos donde tantas ocasiones vimos nuestros reflejos abrazados, apuntando hacía mi cama, el buró con su lámpara para alumbrar antes de acostarnos y las luces de las lámparas de tres platos colgando del techo que iluminaban nuestra habitación.

    Comenzamos a desvestirnos como siempre cuando escuchamos que mamá tocaba a la puerta.

    – Dejé sus pijamas debajo de sus almohadas para que no pasen frío, así que pónganselas. –dijo con voz serena.

    – ¡Sí mamá!, gracias por eso –le contesté,

    Volteé mi mirada al ver que el cajón del buro se encontraba medio abierto, por lo que quise cerrarlo, pero grande fue nuestra sorpresa al encontrar varias envolturas redondas como los sellos de las botellas de leche de sello rojo o amarillo que se expendían antes y que eran de vidrio. Pero estos sellos eran dobles y al abrirse… había condones… dentro.

    Nos quedamos viendo asombrados mi hermano y yo.

    – ¿Será posible? –atiné a balbucear

    – Ahora que lo veo, no lo creo, pero al parecer por lo visto no han desaprobado lo que hemos hecho… ¿O tú qué piensas?

    – ¡Me parece increíble!, pero no quiero que hagamos nada, todavía por favor, hermano.

    – No te preocupes, pero me he quedado de una pieza, hermana

    – Yo también estoy sorprendida.

    Nuestro padre varias veces había discutido con nuestra madre de ciertas cosas que a nosotros nos parecían sin sentido y que no entendíamos, algo que al parecer tenía que ver con los hermanos de ella. El hecho parecía girar sobre el por qué la tía Luz y el tío Carlos que eran hermanos de nuestra madre, nunca se casaron y continuaban siendo solteros, y es que los dos eran de muy buen ver, la tía Luz Marina parecía estrella de cine al igual que el tío Carlos, y no es por menospreciar a nuestra madre que también era muy guapa. Sucede que al morir el abuelo, dejó una gran herencia con la cual compraron una casa grande en la Colonia Nueva Santa María y todavía les sobró buen dinero, algo también les tocó a nuestra madre de esa herencia con lo que pudo comprarnos unos buenos carros tanto a mi hermano cómo a mí, un terreno y algunas cosas más.

    Nuestras vacaciones en Acapulco.

    La aventura que vivimos con Luis y Carmen, no fue en verdad del todo agradable. Cuando nos invitaron a su casa resulta que nos recibieron los hermanos de su mamá los cuales eran dos trasvesti muy hermosas, dos hombres con cuerpos de mujer, aunque realmente muy agradables y simpáticas, ellas sabían lo que sus dos sobrinos hacían a espaldas de su madre que recién había enviudado. Luis y Carmen continuamente acostumbraban salir de vacaciones a Acapulco o a cualquier otro lugar como si fueran pareja, donde se hospedaban ya fuera en una casa de huéspedes o en un hotel. Cuando salimos a Acapulco junto con ellos, resulta que llegamos a un lugar muy agradable, no de muchas estrellas, pero sí con comidas incluidas.

    A nuestra madre le agradó saber que yo era la “novia” de Luis y que Francisco era el “novio” de Carmen, sin embargo, por el hecho de que nosotros tuviéramos una relación con ellos, hacía que las cosas fueran distintas entre nosotros dos como sus hijos, pues les hacía pensar a nuestros padres que tal vez la relación entre nosotros dos había sido producto de algo ocasional, o tal vez de una curiosidad propia entre hermanos que estaban despertando a la promesa de una vida sexual más plena, aunque no necesariamente entre ellos dos sino como preámbulo preparatorio para otras parejas que pudieran tener, lo cual no significaba que el incesto se tratara de algo malo, sino tal vez de algo pasajero que ocurriría en el interior de otras familias. Pero entre Francisco y yo no se trataba de algo solamente sexual y romántico, combinado con su pizca de morbo y promiscuidad.

    Lo que sentíamos el uno por el otro, era amor puro, en nuestros corazones ya estaba interviniendo muy fuertemente el enamoramiento, independientemente de nuestras prácticas sexuales aún con otras personas, lo cual le daba un toque más de sazón a nuestras vidas.

    Y digo novia yo de Luis y novio mi hermano de Carmen entre comillas, porque ese fue el acuerdo entre nosotros, pues con el tiempo que llevábamos de tratarnos, nos atrevimos a develar el pacto secreto que nos unía a ambas parejas. Por tal motivo fue que consideramos que sí nos presentábamos como novios, yo de Luis y Francisco de Carmen, eso haría que nuestros padres, en este caso la madre de ellos, vieran con buenos ojos nuestra unión. Pero había un detalle que hacía que nuestra relación no fuera más allá de lo que pudo haber sido un intercambio de parejas, yo acostarme con Luis y mi hermano con Carmen. Resulta que Carmen además de posesiva era muy celosa con su hermano y lo tenía muy dominado, de tal forma que pensar en algo cómo eso, se hacía prácticamente imposible.

    Cuando llegamos al hotel “X” en este caso, un lugar hermoso, este no contaba con playa cercana, aunque sí con alberca, al llegar nos registramos mi hermano y yo como esposos y Carmen y Luis otro tanto. Yo siempre he sido come años, así que todas las personas me veían como una chica cuando mucho de 20 años.

    Así de tal forma que no nos quedaron ganas de estrechar más nuestra amistad con ellos, aun cuando compartíamos los mismos placeres asociados con el incesto. De cualquier manera mi hermano y yo nos la pasábamos encerrados cogiendo a más no poder y de todas las formas posibles, aunque nada digno en realidad que contar, más sí acaso pensábamos que aquellas hermosas damas, que en realidad eran más como hermanas de la madre de Luis y Carmen, parecía que entre ellas había un entendimiento que iba más allá de una relación en la que el sexo estuviera separado de los sentimientos de aquellas mujeres, considerando que la madre de ellos también era de muy buen ver a sus 45 años de edad al lado de sus dos hermanas algo más jóvenes que la recién viuda.

    Nuestros tíos

    Eso nos hacía recordar durante nuestras pláticas, que los hermanos de nuestra madre, siendo aún de buena edad, como lo eran, nos cuestionábamos del porque no se habían casado y que preferían seguir siendo solteros. Las personas que los conocían, vecinos del lugar, pensaban que se trataba en realidad de un matrimonio callado y que no externaba y se mantenía separado del resto de las personas de su calle, aunque las amistades de ambos fluían por todas partes.

    Fue precisamente cuando Francisco habló con papá sobre la posibilidad de irnos a pasar una temporada con nuestros tíos Luz Marina y Carlos que nos habían ofrecido un cuarto que habían construido en el terreno donde estaba fincada su casa. El pretexto era poder tener un poco más de independencia entre nosotros y de convivir un poco más con la familia. En el terreno había un jardín lleno de flores que la tía junto con el tío, habían cultivado y a un lado estaba dicha construcción con una pequeña alberca. Para nuestro beneplácito papá aceptó la propuesta de Francisco con la condición de que siempre nos mantuviéramos en contacto con ellos, así también nuestra madre solo nos sugirió que nos comportáramos siempre como buenos hermanos y que no hiciéramos cosas buenas que parecieran malas.

    Luz Marina era la hermana más chica de mamá con 38 años de edad, una mujer muy guapa, delgada y bastante parecida a Stella Stevens una de las artistas que salían en la serie de Flamingo Road, junto a Morgan Fairchild. La tía Luzma como le decíamos de cariño también se dedicaba al arte de la pintura y la fotografía al igual que su hermano, nuestro tío Carlos, muy buen tipo de 42 años, el hermano de en medio de nuestra madre y de la tía Luz Marina, he de confesar que a veces llegué a fantasear con él, luego de que en una ocasión me tomara desprevenida y me diera un beso en la boca, él cual me gusto tanto por su atrevimiento como por lo morboso de la situación, pues a unos pasos estaba la tía Luzma que pareció darse cuenta del hecho, eso se lo conté a mi hermano.

    Su casa estaba adornada con cuadros muy interesantes tanto de paisajes como de desnudos muy bien logrados. Había dentro de su casa dos habitaciones que rentaban a dos mujeres jóvenes que también estudiaban arte en la Academia de San Carlos. Siendo el tío Carlos un sujeto simpático y coqueto además de astuto, comprendíamos el por qué no se hubiera casado, no así pensábamos igual con la tía Luz Marina que decía que ella vivía para el arte y vaya que lo hacían bien ya que ambos eran muy bohemios. También la casa era asistida por dos sirvientas jóvenes y muy guapas que venían de un típico pueblito de Puebla, ambas también eran gemelas de unos 20 años de edad cuando mucho, aunque para distinguirlas una tenía el cabello recortado y otra lo llevaba largo.

    – También toma en cuenta que tu hermano es hombre y cómo tal se comporta. –vaya sugerencia de nuestra madre, ¿entonces para qué eso de poner condones en el buró?

    – ¿De dónde piensas eso madre?

    – Porque los vi y no me pueden negar lo que estaban haciendo, además me encontré unos papelitos debajo de tu almohada donde te hace otro tipo de propuestas tu hermano. No quiero que los dos vayan a salir con su domingo 7 y que vayas a embarazarte de él ¡Imagina lo que pensaría la gente!, por eso es que les puse condones, para que tengan cuidado. -¡Vaya con nuestra madre! Pensaba en todo.

    – Además me siento más tranquila de que lo hagan entre ustedes para que no vayan a contagiarse de tantas enfermedades feas estando con otras personas que son muy promiscuas, sé que ustedes son muy limpios y eso me tranquiliza.

    Vaya forma de nuestra madre de contar con su autorización para poder coger con mi hermano. También eso me dio mucho gusto y selo hice saber abrazándola y besando su mejilla.

    Continuara…

  • El jefe de su marido (segundo capítulo)

    El jefe de su marido (segundo capítulo)

    Después de un rato en el que solo deseaba estar con su hija abrazada la volvió a tumbar en la cuna.  Se dio cuenta de la humedad de sus bragas y se sintió sucia por lo que había ocurrido. Se fue al baño y se desnudó y echó su ropa interior a lavar. Estuvo un buen rato bajo el agua enjabonando su cuerpo, puso especial énfasis en frotar su sexo y sus piernas como intentando borrar cualquier huella donde ese señor había puesto su intrusa mano.

    Recordó el orgasmo que aquel viejo le había provocado y se sintió avergonzada y culpable. Pensó en Mateo su marido y el tiempo que hacía que no la tocaba. Estaba segura que si su esposo le diera el sexo que tanto necesitaba a diario, ese viejo no la hubiera echo excitar con su caricia. No pudo evitar comparar las caricias de su marido con las del señor Gómez. Las de su marido eran tiernas, delicadas y en cambio las caricias de ese señor habían sido sucias, sin ninguna delicadeza, y sorprendida recordó que al contrario que con su marido, ese viejo prepotente la había hecho alcanzar el orgasmo en apenas unos breves minutos.

    Se vistió y comprobó que en el salón no quedara ningún rastro de la visita del jefe de su marido. Encima de la mesa vio la tarjeta que ese hombre le había dejado y la escondió entre sus tarjetas de la cartera como quien guarda la prueba de un grave delito.

    Bajó con su pequeña al parque y estuvo toda la tarde con esa sensación de culpabilidad. Intentaba consolarse pensando que todo lo que había sucedido lo había hecho por su hija y por su familia. Por la noche cuando Mateo regresó de trabajar lo sintió especialmente animado.

    -Que tal ha ido el día cariño?

    -Bien, estoy contento – su marido la abrazó mientras le hablaba – Hoy mi jefe me ha dicho que no era seguro pero que había muchas posibilidades de que me renovara el contrato.

    -Te ha dicho eso? – las palabras de su marido la avergonzaron y pusieron contenta por igual.

    -Si. A media tarde me llamó a la oficina para decírmelo.

    Esa noche fue la primera vez que vio a su marido contento después de mucho tiempo. Mateo esa noche quiso hacer el amor pues estaba feliz y Silvia también deseaba hacer el amor con su marido pero para intentar olvidar lo sucedido con el señor Gómez. El intento de olvidarlo fue fallido porque cuando su marido le acarició el sexo no pudo evitar recordar la mano de ese viejo y volver a comparar las sensaciones.

    De madrugada se despertó agitada, sudorosa.

    Había tenido una pesadilla en la que se veía siendo desahuciada de su piso. Mateo salía de casa con unas maletas y ella con la niña, en el portal se encontraban con el jefe de su marido y este sonreía diciéndoles que él había podido solucionar su problema pero que ella no había querido.

    Se levantó y fue hasta la cocina a beber un vaso de agua. Al regresar a su habitación pasó por el cuarto de su hija y vio que dormía plácidamente. Una vez de vuelta a la cama abrazó a su marido que dormía tranquilo ajeno a todo lo que le estaba pasando a su mujer.

    Los llantos de su hija le despertaron y vio el reloj. Su marido ya había marchado a trabajar, le dio el biberón y enseguida se durmió de nuevo. Recordando la pesadilla se sintió intranquila. Sabía que la solución de sus problemas estaba en sus manos. Sus manos que temblaban cuando cogió la cartera y buscó la tarjeta de ese señor y cuyos dedos apenas acertaban al marcar su número de teléfono. Estaba a punto de cortar la llamada cuando la voz del jefe de su marido sonó intimidante al otro lado.

    -Diga?

    -S… Soy Silvia… – apenas podía dominar su voz por los nervios. – Ya lo he pensado.

    -Y?

    -Si renueva a mi marido el contrato… acepto.

    -Ya te dije que eso depende de ti. Precisamente esta tu marido aquí al lado. Tranquila que no me escucha.

    -Que no sepa nada de esto – Saber que su marido estaba allí al lado de su jefe mientras ella hablaba con él le hizo sentirse avergonzada.

    -Tranquila, no sabrá nada. Mira te mando mi dirección, te espero allí en dos horas.

    -Vale.

    Aquellas dos horas se hicieron eternas. Deseaba que llegara ese momento y terminar todo cuanto antes. Se puso una falda discreta hasta las rodillas y un jersey sin escote. Antes de ir a aquella fatídica dirección pasó por casa de su cuñada para dejarle a la niña con el pretexto de tener que ir a hacer unos recados y así sería más rápida en terminarlos.

    El jefe se su marido vivía en un lujoso edificio del centro de la ciudad y cuando aparcó sintió que estaba temblando. Enseguida le abrió el portal cuando llamó a su piso y subió como el condenado a muerte que se dirige al patíbulo de ejecución. Al llegar al piso vio que era sólo una vivienda por planta. Eso la tranquilizó ante la posibilidad de que alguien la pudiera ver entrar en aquella casa.

    La puerta estaba abierta y escuchó la voz de ese hombre diciéndole que pasara y que cerrara la puerta. Ella obedeció y caminó por un corto pasillo que la llevó a un salón enorme en donde estaba ese hombre esperándola sentado en un sofá.

    -Hola señor Gómez – Silvia no sabía ni que decir al verlo allí sentado. Estaba solo con una toalla enrollada en su cintura y tenía una copa de whisky o algo parecido en su mano.

    -Hola Silvia. Me alegra que hayas aceptado mi oferta – ese hombre la miraba de arriba a abajo como estudiando su cuerpo oculto por sus ropas tan discretas-Pasa, siéntete como en tu casa. Siéntate aquí.

    Ella se sentó donde él le indicó, que era a su lado y sintió como la mano de ese hombre se apoyaba sobre su rodilla.

    -Quiero que me digas una cosa y que seas sincera – la forma de hablar de aquel hombre la volvía a intimidar mucho – Ayer te gustó como te acaricié el coño?

    Ella recordó la mano de aquel hombre sobre su sexo y se avergonzó de pensar que realmente le había gustado pero no se atrevió a contestarle.

    -Si te gustó solo tienes que decírmelo y así lo haré de nuevo y si no te gustó pues lo haré diferente. – ese señor mientras hablaba le subió la falda y puso su mano sobre sus bragas – Dime te gustó?

    -Me da vergüenza señor Gómez – su voz se entrecortó cuando sintió que ese señor comenzó a mover su mano de la manera que la tarde anterior.

    -Tranquila Silvia, se que te gusta. Mira… – ese hombre le estaba mostrando sus dedos totalmente mojados por los flujos que habían traspasado la tela de sus bragas – Estas empapada.

    -No se que decir – Silvia solo pudo taparse la cara al ver los dedos de ese hombre mojados –

    -No digas nada Silvia – ese señor metió las manos por dentro de sus bragas entrando en contacto la mano con su coño – Tienes un coño muy suave y sensible.

    Le manoseó de nuevo el coño como nadie lo había hecho en su vida y ella solo podía gemir con la cara tapada. En menos de un minuto sintió como un orgasmo atravesaba su cuerpo dejándola temblorosa.

    -Ponte de pie y desnúdate

    Ella obedeciendo lo que ese hombre le decía se puso de pie y ruborizada se quitó el suéter y se bajó la falda.

    -Desnuda de todo

    -Pero… -Silvia intentó protestar ante aquella humillación.

    -Recuerda que está en tus manos si renuevo el contrato de tu marido – ese hombre era odioso y ella lo miró con rabia – Si quieres puedes vestirte y marcharte. Tu decides.

    Pensó en su hija y en su marido. Recordó la pesadilla que había tenido. Con lentitud llevó las manos al cierre del sujetador y se lo sacó y se bajó las bragas quedando desnuda delante de ese odioso hombre.

    -Eres realmente preciosa Silvia -diciendo esto se levantó del sofá y la abrazó. – Vamos a mi cuarto.

    Ella lo siguió en silencio y al llegar a la habitación la mandó tumbarse en la cama. Ella obedeció y se tumbó sin hacer ningún gesto de reproche. Cuando ese señor le pidió que abriera sus piernas ella lo hizo mirando al techo y dejando la mente en blanco.

    Sintió como ese señor se ponía entre sus piernas y apenas escuchó frases sueltas diciéndole que su coño era precioso, que tenía unas tetas deliciosas. La boca de ese hombre le besaba los muslos y con sus manos mantenía sus piernas bien abiertas a pesar de que ella intentaba por momentos cerrarlas. Era un ser repugnante que se estaba aprovechando de ella.

    La vergüenza que estaba sintiendo se multiplicó cuando sintió que ese señor le dio un beso en el coño y no pudo reprimir un pequeño gemido. Tuvo que taparse la boca cuando sintió que esa boca se apoderaba de su coño y comenzaba a hacerle una mamada como nunca le habían hecho. Aquella boca, aquella lengua, la barba que se restregaba por todos sus puntos más sensibles. Las manos de ese señor le acariciaban las tetas y sus pezones que estaban como piedras y se dio cuenta que era ella misma la que estaba manteniendo las piernas bien abiertas para que ese hombre le siguiera haciendo aquello que tanto placer inexplicable le estaba provocando. Un nuevo orgasmo atravesó su cuerpo como un relámpago que cae sobre un árbol y lo deja hecho pedazos. Ese señor separó la boca de su coño y tenía la barba mojada porque había eyaculado sobre su cara. Ella lo miró y se quedó sorprendida y sus mejillas se encendieron.

    -Lo siento. Yo… – no sabía ni que decir al ver lo que había pasado. Miró asombrada entre sus piernas y vio la colcha toda mojada. – tengo que irme. Lo siento…

    Se levantó asustada y se fue al salón. Se vistió deprisa y recogiendo sus cosas salió de esa casa.

  • Día 1 de humillación en el hotel

    Día 1 de humillación en el hotel

    Estaba trabajando cuando mi novia me llamó para contarme que se ganó un fin de semana en un hotel spa más un acompañante. Su empresa premió a su sucursal con boletos para todos. Me pidió que la acompañara, ya que creyó que sería una bonita experiencia para vivir en pareja. Aunque me interesó su propuesta, me llamó la atención debido a que el hotel era famoso y solo atendía mujeres. Ella me dijo que planeaban empezar a atender a hombres y mujeres. Además, ya había preguntado y le dijeron que no habría problemas, incluso le ofrecieron servicios especiales para hombres si ella lo deseaba para mi.

    Esto me sorprendió, pero decidí no ahondar mucho. Las paredes tenían oídos. Una vez colgué, mi jefa se acercó ¿Ya terminaste de hablar, pilincito? Preguntó. Ese era el humillante apodo que me había puesto mi novia. Mi jefa una vez escucho el apodo en una conversación que tuve con mi novia al tratar un tema igual de humillante y que también repetía constantemente para avergonzarme. Estábamos en una farmacia preguntando si el viagra tenía efectos secundarios y si podía ayudar también a la eyaculación precoz. No nos dimos cuenta que mi jefa estaba en la misma farmacia, y solo la notamos cuando nos respondió que podía causar dolores de cabeza y que no ayudaba a la eyaculación precoz. Ahora no perdía oportunidad para avergonzarme frente a mis compañeras de oficina. Jamás dijo nada de lo ocurrido, pero sus indirectas eran claras para mí. Esto fue hace una larga semana y me motivaba mucho a relajarme un fin de semana en el spa.

    Llegado el viernes, fuimos apenas salimos del trabajo. Ambos estábamos estresados y en lo personal, estaba feliz de no tener que ver a mi jefa en un largo tiempo. Con mi novia nos conocimos a los 19, ahora teníamos 25 y desde los 22 que no salíamos de la ciudad. Conducimos hasta el hotel que quedaba en las afueras de la ciudad, cerca del campo. cuando llegamos una jovencita me pidió las llaves de mi auto para estacionarlo y otra me ayudó con mis maletas. Llegamos al vestíbulo donde la recepcionista. Ella era una mujer de unos 35 años, cabello negro y largo, con unos lentes delgados y de contextura delgada. Pidió nuestros nombres y nos dio los detalles de nuestra estadía. Fue ahí donde me revelaron que no solo fue una atención por parte del hotel recibirme, sino que también sería una prueba. Estaban planeando ampliar su público a futuro y sería su conejillo de indias. Me dijeron que era el único hombre que se presentó y me di cuenta que no había ningún hombre a la vista en ningún lado. Dije que me sentía honrado. Podían contar conmigo en lo que necesitaran. La recepcionista sonrió y dijo que no habría problema si sabía comportarme.

    Nos explicó que el hotel tenía una política bastante libre respecto al uso de ropa. Se le avisó a la clientela que iban a traer hombres esta semana para hacer unas pruebas respecto al funcionamiento del local. Por lo que era posible que, si yo lo deseara, anduviera desnudo por donde quisiera una vez me registrara. Esta noticia me sorprendió y al mismo tiempo me confundió ¿Tenía permiso para caminar desnudo por todo el hotel?¿Incluso frente a las clientas? No alcancé a preguntar nada, gracias al buen sentido del humor de mi novia. Después de soltar una pequeña risita aseguró que probablemente no querría que me vieran desnudo y que si quisieran verme, tendrían que andar cargando una lupa con mega aumento o un microscopio. La recepcionista se sorprendió al oír esto, acto seguido rio un poco e intento mantener la compostura. Dijo que ahora entendía muchas cosas. Yo no entendí, pero no quise preguntar. Ya era lo suficientemente humillante que mi novia se riera de mi pene pequeño junto a una desconocida. Mi novia me amaba mucho y siempre era muy considerada conmigo. Siempre podía contar con ella, tal como ella conmigo. Desde que nos conocemos, no creo que nadie la conozca mejor que yo a ella, ni ella a mi.

    Pero desde el inicio de la relación me hizo saber que me amaba tal como era, incluyendo mi pequeñísimo pene. Nunca me lo recriminó, pero nunca perdió una oportunidad para avergonzarme con mi, como lo llama ella, “pilincito”. Una vez recuperó el aire la recepcionista, nos explicó que ambos teníamos esa opción si la deseábamos, pero que eso no implicaba que pudiéramos molestar a nadie. Contaban con reglas estrictas respecto a las insinuaciones sexuales en publico a las otras clientas del lugar. En caso de desobedecer estas reglas, el hotel contaba con todas las medidas legales y físicas para castigar severamente a las, y en este caso los, culpables. No tomó más que terminara de hablar la recepcionista para que mi novia volviera a tomar la palabra. Con un tono mesurado, pero firme, aseguró que no tenía de qué preocuparse por ella y especialmente podía confiar en que yo no me atrevería a hacer tal barbarie. Dicho esto, giró su cabeza y me dio una mirada peor que la de medusa para petrificar a la mas fiera de las bestias ¿Cierto? Pregunto con la misma voz y la misma mirada. No estoy seguro de sí tenía poderes psíquicos, pero sentí una mano invisible agarrarme firmemente ambos testículos y con misericordia no reventarlos… todavía. Cierto, respondí y sentí como volvía mi alma a mi cuerpo. El aura de mi novia era imponente. Tanto que creo que la misma recepcionista debió sentir una mano invisible liberarla y cederle el turno de hablar. Continuó con unas explicaciones más y finalmente nos pidió nuestros nombres para registrar nuestro ingreso. Después de esto, la recepcionista llamó a una guía para que nos mostrara el camino. La guía debía tener unos 28 años, su cabello era rubio y estaba tomado en una cola de caballo. Pese a usar el mismo uniforme, se veía más casual que la recepcionista, pese a que ambas eran amables.

    La guía nos pidió que la siguiéramos. A los lados del vestíbulo había distintos corredores. Nos llevó a uno que tenía dos cuartos separados. Nos explicaron que debíamos dejar nuestras ropas hasta terminar nuestra estancia y usar las que nos entregarían ellas. Al finalizar el día, o de ser necesario, podíamos dejar la actual en la ropa sucia y ellas nos entregarían más en nuestra habitación. La guía nos dijo que usáramos el cuarto del lado derecho para desnudarnos y que la ropa que nos correspondía ya estaba ahí. Acto seguido nos dejo solos. Mi novia no tardó en quitarse todo y quedar tan desnuda como cuando llegó al mundo. Su cuerpo me encantaba, pero su despreocupación al andar con su bello y paliducho culito al aire me causaba admiración. Sutilmente, esperó a que también desnudara antes de ponerse las ropas-una camisa, pantalón y boxers de tela holgados- que nos habían dejado. Siguiendo su ejemplo me quite todo rápidamente y camine un poco por el cuarto antes de vestirme.

    Sin embargo yo lo hice porque estaba nervioso por sí la guía volvía y me encontraba con mi pitulín al aire. Al comentárselo a mi novia ella se río. Se acerco sutil, pero no lentamente a mí y me agarró del pene con mucha ternura. De forma muy dulce me dijo las palabras más vergonzosas que pudo encontrar. Ni aunque tuviera vista de halcón podría ver esta pirulita de bebé que tienes entre las piernas. Me dio un beso y una nalgada y fue a vestirse finalmente. Con todo eso debo admitir que, pese a lo humillado y avergonzado que me sentía al escuchar eso estando desnudo, mi pene reacciono frente a todo lo ocurrido. Quisiera culpar al frío o a los nervios, pero la verdad mi pene seguía igual de pequeño, porque era pequeño pese a estar erecto. Una vez espabilé, fui a buscar mi ropa, pero me sorprendió ver que habían varios montones de ropa. Tomé el mío y le comenté mi duda a mi novia. Ella estaba diciendo que no entendía tampoco cuando se vio interrumpida por el grito agudo de una mujer. Nosotros estábamos dándole la espalda a la pared cuando ocurrió esto. Ambos nerviosos giramos hacia la entrada del cuarto cuando notamos a un grupo de 5 mujeres sorprendidas de ver a un hombre desnudo.

    Eran bastante jóvenes. La mas vieja debía tener unos 27 y la más joven unos 21. Ellas me estaban mirando el culo cuando giré y quedé viéndolas de frente. Yo y mi novia nos quedamos en shock, sin poder movernos. La mujer que gritó y sus amigas me miraron a la cara. Yo aún no terminaba de procesar que estaba desnudo frente a 5 desconocidas, pero ellas me ayudaron a entender la situación cuando bajaron sus miradas hasta mi entrepierna. Hubo un segundo de silencio que pareció durar una hora. Los ojos de las 5 mujeres primero se fijaron en su objetivo y rápidamente se abrieron junto a sus bocas y junto a sus cejas alzadas al unísono.

    El silencio y la tensión se vieron cortados por 5 gritos aún más agudos que el anterior, pero ligeramente más cortos. Después de la sorpresa vino la risa y las miradas cómplices entre ellas. Eran 5 chicas que reían a carcajadas después de ver mi ya pequeño pene, que poco a poco se encogía con cada carcajada y cada mirada que intercambiaban. Por si fuera poco, el alboroto atrajo a la guía y a una de las guardias. La guardia era bastante alta y fornida. Su piel era morena y su cabello negro tomado en unas trenzas. Debía tener unos 32 años. Cuando entraron a la habitación ya había podido cubrir mi encogido y avergonzado pene, pese a que esto no restaba lo vergonzoso y humillante de estar desnudo frente a todas estás mujeres. Sorprendidas, pero no tanto, ya que sabían que yo estaba aquí, preguntaron si todo estaba bien. Una de las chicas respondió que sí, que solo se pillaron con una pequeñita sorpresa. A lo que la guía respondió que estaba bien, pero que no era para tanto.

    Dicho eso sentí un familiar par de manos sujetarme de las muñecas y quitarlas hacia los lados. Una vez mi pene volvió a quedar expuesto frente a todas, mi novia pregunto si ella no hubiera reaccionado igual después de ver algo tan inusual. En menos de un segundo la guía y la guardia acercaron un poco su cara y entrecerraron los ojos para ver mejor. Al lograr divisar mejor mi minúsculo pene ambas pusieron una cara de gran sorpresa, seguida de unas carcajadas que estallaron al unísono junto a las 5 chicas que ahí estaban. Todas riendo y mirándose entre sí. Un par de ellas se susurraba algo al oído y estallaban nuevamente en carcajadas. Entre todo ese jolgorio mi novia me abraza por la espalda con un brazo y sujeta mi pene con el otro usando solo 2 dedos. Con una voz alegre, pero no jocosa ni burlesca dice alto- Y este pitulín es todo mio- pese a que su mensaje se perdió entre todas las risas y el ruido. Acto seguido me beso y me dio una ultima nalgada.

    El jolgorio se apago lentamente hasta convertirse en susurros bajos y pequeñas risitas. Yo ya me había vestido, mientras mi novia me consolaba. Yo estaba más tranquilo y la situación, aunque vergonzosa, había pasado a segundo plano después de lo ultimo que oí. “Y este pitulín es todo mio”. Estaba a punto de ir hasta nuestra habitación cuando noté que mi pantalón y mis boxers me quedaban enormes. Mi novia me dijo que fuera a la recepción a preguntar que había pasado y si me podían dar un par más ajustado. Cuando estaba cruzando el umbral mis pantalones casi se caen, pero alcancé a sujetarlos y solo se logró ver un poco de mi trasero. El grupo aún no se vestía. Estaban esperando a que me fuera seguramente, pero debían querer ver como me vestía. No te preocupes, ya todas te vimos, dijo una de ellas. Al fondo mi novia gritó. Se le caen los pantalones, porque no tiene con qué rellenarlos.

    No esperé y fui caminando rápidamente a la recepción. Al fondo se volvían a cuchar las risas y tenía claro que ninguna de las 6 se guardaría ninguna opinión. Una vez me encontré con la recepcionista le expliqué mi problema. Ella me aseguró que se debía a que no estaban muy seguras de mi talla al ser hombre y que al llegar a mi habitación encontraría un par más ajustado. En eso llegó la guía y cuando me vio, sonrió levemente. Cómo si quisiera reír, pero no quisiera avergonzarme. Preguntó si todo estaba bien y la recepcionista le explicó. La guía me vio y se disculpó por los inconvenientes. Yo le dije que no se preocupara. La recepcionista agradeció que mi actitud y aprovecho de entregarme una botella de champan y una caja de chocolates caros. Me dijo que era por el mal rato y que ojala el resto de nuestra estancia fuera más placentera. Yo creía que así iba a ser hasta que recibí el regalo con ambas manos. Como ya no me estaba sujetando mis pantalones y mis boxers cayeron al suelo. La guía ya me había visto e hizo lo que pudo para no mirar de nuevo y no reírse. Pero la recepcionista quedó impactada. Con la boca y los ojos abiertos, además de su mirada fijada, se quedó en silencio.

    Finalmente espabiló e intento contener su risa mientras no dejaba de verme. Al principio era mi entrepierna, pero después me vio a la cara e hizo un gesto involuntario de lastima. La guía ofreció subirme los pantalones, a lo que la recepcionista hizo un comentario. Yo era libre de andar con mis pantalones abajo e incluso de ir desnudo si así lo deseaba. La recepcionista tomó el vino y los chocolates y me dijo que los enviarían a mi habitación. Ambas se disculparon una ultima vez y yo volví donde mi mujer para irnos finalmente. Mientras caminaba escuche como la recepcionista hablaba con la guía. No exagerabas, parecía una tortuga bebe. Debe ponerse los condones con unas pinzas. Sus condones deben ser hechos por hormigas. Decían. Recogí a mi novia y noté que se estaba haciendo bastante amiga del grupo. Se escuchaba que conversaban y reían, me alegraba por ella. Pero cuando entré me sorprendí al ver que todas estaban desnudas. Mi novia se había quitado la ropa y el grupo aún no se vestía. Al llegar el más impactado fui yo. Ella me dijo que no era problema, al fin y al cabo era parte de lo permitido por las reglas del hotel. Yo asentí, pero la verdad estaba nervioso y veía como susurraban entre ellas y se reían mientras me veían. Finalmente mi novia se vistió y nos fuimos.

    Seguimos caminando por el corredor hasta llegar a un jardín enorme. Al fondo habían unos ascensores y por el resto del jardín se veían letreros que indicaban las distintas prestaciones del hotel. Finalmente nos podíamos relajar e ir a nuestra habitación. Íbamos rumbo a los ascensores cuando ella me detuvo. Le pregunté que pasaba a lo que ella solamente respondió quitándose todo salvo las pantuflas que la habían pasado. Yo me puse nervioso y le pregunte si estaba loca. Demos una vuelta por el jardín, dijo. Yo no la entendía, pero, claro, lo que hacía estaba dentro de las reglas. Me tomo de la mano y me llevó a caminar. Yo me reí y le pregunté sí se sentía libre. Ella me respondió que se sentía viva, pero que podría sentirse aún más viva. Dicho esto, me quitó la camisa rápidamente y al llegar a los pantalones la detuve. Me da mucha vergüenza, dije. Me miró con una sonrisa dulce y cálida. Si sacas tu tortuguita a tomar aire y la dejas expuesta, te daré un premio al llegar a la habitación. Dicho esto, me quito los pantalones y quede con mi pequeñísimo manicito al aire. Ella me vio y pese a ya haberme visto un millón de veces, se río un poco, me agarró del pene y me jaló hacia ella y me dio un beso. Siguió jalando hasta que flecté mis rodillas un poco y mi cara quedo a su altura. Se acerco a mi oído y susurro. “Vamos pilincito, demos una vuelta”.

    Durante la vuelta no faltaron las miradas, las risas, ni las bromas de mi novia. La humillación y la vergüenza, fue mucha. Sin embargo, el premio que me dio en la habitación compenso todo y puede que se viera potenciado por toda la vergüenza del día. Fue un inicio bastante acorde a lo que me esperaba para el resto del fin de semana en el hotel.

  • Confesiones de verdad o reto

    Confesiones de verdad o reto

    Esta historia ocurre un año después de haber regresado con David mi novio, por lo que él ya sabía que le fui infiel con Andrés razón por la que terminamos, sin embargo, nunca le di detalles, y aunque el me hizo algunas preguntas y yo le respondí con la verdad, sentí que él se quedó con muchas dudas.

    Era una tarde de viernes y David y yo queríamos tomar algo y pasar el rato jugando cartas o viendo alguna película, así que se nos ocurrió preparar cocteles, a David le encantaba preparar gin-tonic, así que preparó un par de vasos y así empezó la noche, nos descargamos un juego de celular de verdad o reto y comenzamos, el juego tenía niveles, desde las preguntas más fáciles y graciosas, hasta las más picantes y subidas de tono, empezamos con las más sencillas, las reglas que nos planteamos fueron por cada 2 verdades es obligatorio un reto, empezaron a salir preguntas como, ¿Qué harías si fueras invisible por un día?, ¿Cuál fue tu peor beso? O desafíos como Baila la macarena o Lee el último mensaje que has recibido, la verdad se estaba poniendo algo aburrido y ya nos habíamos terminado el coctel, David fue a preparar más y le dije que mejor cambiáramos el nivel a extremo para parejas, fue aquí donde las cosas empezaron a ponerse intensas.

    Era mi turno y me tocaba pregunta ¿Con cuánta gente de la universidad te has acostado?, me quedé en silenció, ya que supongo que mi novio esperaba que dijera 2, pero eso no era verdad, así que me quedé mirándolo a los ojos y le dije que no se enoje, el me miro con una mirada de confusión y molestia y me pidió que le dijera la verdad, me di cuenta de que ya había tomado casi 2 vasos de Gin-tonic, y me sentía algo acalorada, me acerqué a mi novio y tomé sus manos, y empecé a contarle. Empecé diciéndole que él fue mi primera vez, que luego pasó lo de Andrés, le confesé que luego de que terminamos mantuve relaciones constantes con Andrés por lo menos por 2 meses, pero eso terminó mal, entonces empecé una aventura breve con otro compañero de mi carrera llamado Edison, y que de igual manera tuvimos relaciones sexuales por al menos 1 semana, después de eso volví con él.

    David se puso algo molesto, pero le hice énfasis en que ya habíamos terminado mientras estas cosas pasaron, lo cual pareció calmarlo un poco, era su turno, y para mi mala suerte su pregunta fue muy fácil, ¿Cuál es tu posición sexual favorita y por qué?, cuya respuesta ya conocía, ya que le encanta que cabalgue de espaldas a él, volvía a ser mi turno, ¿Cuándo empezaste a masturbarte?, no había pensado en eso realmente, tuve que recordar bastante, todo empezó un día cuando me encontraba sola en casa, y empecé a navegar en internet, cuando al presionar una letra en el teclado apareció una búsqueda anterior era el nombre de una mujer, me llamó la atención e ingresé me encontré con la página de una actriz para adultos y con un video que llamó mucho mi atención, así que sin pensar mucho empecé a masturbarme, y bueno que más decir desde entonces se volvió algo muy frecuente.

    La siguiente pregunta para David fue, ¿Con quién te gustaría tener sexo?, yo decidí aumentarle algo a la pregunta ya que me parecía algo aburrida y le dije, ¿Con quién te gustaría tener sexo de la Universidad?, la verdad su respuesta me sorprendió un poco, dijo que con Lizeth, una chica con la que yo solía llevarme bien en los primeros semestres pero que después nos alejamos por que tuvimos discusiones por tareas y proyectos, es una chica no muy guapa pero tiene un cuerpo bastante sexy, por lo que era una buena elección a mi punto de vista, lo vi con unos ojos de enojo, pero solo buscaba molestarle.

    Ahora se venía un reto y tenía un poco de miedo, “Súbete a la mesa y haz striptease ”, David le añadió un quítate todo…, a estas alturas el alcohol ya había hecho su efecto así que no dude mucho, empecé a quitarme la ropa, mi novio puso la canción de Careless Whisper, lo que me pareció muy gracioso, continué hasta quedarme en ropa interior y le dije que ya, él tomó mi mano y me jaló hacía él, empezó a manosear mis nalgas y me besó, me volteó y con una nalgada me dijo termina tu reto, lo cual me prendió y al ritmo de la música quede completamente desnuda. Tomé una sábana y me senté junto a él para continuar con el juego, moría por ver que reto le tocaba a él.

    “Dale a otro jugador un masaje sexual”, yo grité, ¡Si!, por fin algo de fortuna, adoraba sus masajes y de paso aprovechábamos que ya estaba desnuda, tomó el aceite para masajes que tenía guardado y empezó, siempre me colocaba boca abajo y empezaba esparciendo el aceite por toda mi espalda, nalgas y piernas, luego poco a poco iba dando masajes y jugando con mi vagina, justo cuando empezó lo bueno se me ocurrió decirle que sigamos con las preguntas mientras hacia el masaje así que continuamos, me tocaba otra pregunta, ¿Cuál fue tu mejor experiencia sexual?, David le añadió, con Andrés, yo volteé a verlo asustada, y el justo tenía sus dedos dentro de mi así que la situación más incomoda no podía ser, me quedé por unos segundos en blanco sin saber que decir, David empezó a masturbarme con más intensidad, y acercándose a mi oído a decirme que no me preocupe que esas cosas ya pasaron, la verdad no sé qué intentaba, pero estaba empezando a gemir fuerte con lo que me hacía, de pronto se detuvo, y me dijo, ¿qué esperas?, sino continuas yo tampoco lo haré entonces, le confesé que la mejor experiencia sexual con Andrés fue una tarde que salimos de paseo en su vehículo hasta una laguna, el día estaba un poco triste, y no había nadie cerca, entonces empezamos a hacerlo en su carro, el hizo su asiento hacia atrás y yo me subí encima de él, al final terminó cogiéndome en cuatro en la parte de atrás del auto.

    David solo dijo, ok, y continúo masturbándome, le tocaba pregunta a él, ¿Cuál es tu fantasía sexual más extraña?, su respuesta fue, hacerlo en un taxi, me reí un poco y le dije que yo no lo haría, él me dijo que solo es una fantasía. Y de inmediato cambió a la siguiente pregunta, ¿Cuál ha sido el mayor número de parejas sexuales que has tenido a la vez?, en ese momento grité, ¡Mierda!, David paro de masturbarme y me dijo, -habla: le dije que mientras estaba saliendo con Andrés, también empecé a salir con Edison y que, si hubo sexo con Edison a la vez que, con Andrés, pero solo fueron un par de veces. David me miró fijamente y movió su cabeza con un gesto de desaprobación, sabía que no era una buena señal, así que decidí arreglar la situación, me levanté y empecé a besarlo muy pequeños besitos, diciéndole suavemente que sabía que esas cosas estaban mal, que estaba arrepentida y que no volvería a hacer algo así nunca más, salté sobre él y me agarré muy fuertemente y le dije al oído si no estaba excitado de tener a su novia desnuda apretándolo, el solo se hacia el molesto así que lo solté y empecé a desnudarlo también, una vez que bajé su pantalón lo empujé en la cama y empecé a hacerle una mamada, sabía que debía ser la mejor mamada posible para que se olvidara de la historia que acababa de escuchar, escuche como gemía entonces supe que era una buena señal para continuar, con mi mano libre tomé el teléfono y puse la siguiente pregunta, ¿De quién estas más celoso?, el grito de inmediato ¡De Andrés pues!, le dije ¿por qué?, me contestó, no es obvio, tuvo sexo contigo sabiendo que eras mi novia, además de todas las demás mujeres de la universidad con las que tuvo sexo, además te cogió en su auto, cosa que yo aún no he hecho, bueno y muchas cosas más pero ya no quiero hablar de ellas, yo solo guardé silencio y continué chupando su pene, él tomó el teléfono y puso el reto, “Ve a tu vecino y pídele una banana con voz sexy”, le dije que estaba desnuda, me contesto que vaya a la puerta del vecino, que cuente hasta 30 y que vuelva, y así lo hice, por suerte no había nadie en casa del vecino, y además todo estaba muy oscuro, así que tuve suerte.

    El siguiente reto fue “Baila la danza del vientre durante un minuto.”, David lo hizo muy muy mal y fue muy divertido. Se me ocurrió la idea de que dejáramos de usar el celular y que nosotros mismos planteáramos las siguientes dos preguntas y el ultimo reto. Era mi turno, la pregunta que David me hizo fue, ¿Cuántas personas te han visto desnuda en la Universidad?, esa pregunta me mató, aunque David fue mi primera vez, muchas personas habían llegado muy lejos, antes de ser novia de David, hubo muchos chicos con los que los besos se subían muchísimo de tono, y con los cuales terminaba sin nada de ropa, incluso muchos de ellos me metieron sus dedos y me hacían sexo oral, lo máximo que yo había hecho con ellos era masturbarlos, hubo una ocasión en la que jugando al strip póker quede desnuda frente a varios chicos, está claro que jamás le había contado estas cosas a mi novio, pero bueno en afán de ser honesta le di un número, 15, David se quedó loco, le comenté de la mayoría, y obviamente le dije que fueron antes de él.

    Para no perder el hilo del asunto, formulé mi pregunta, ¿Alguna vez has enviado mis videos sexuales a algún amigo?, su respuesta fue un rotundo no, me juró que esos videos están guardados con toda la seguridad y que sería incapaz de filtrarlo, eso me pareció lindo y le agradecí con un beso, le dije última pregunta, ¿Quién de los tres tiene el mejor pene y por qué?, se me escapó una sonrisa y le dije que él, por qué tiene el tamaño ideal, y que es el que mejor lo sabe usar, el me miraba con dudas, y le dije es enserio Andrés es bastante brusco y poco ágil, Edison solo sabía hacerlo en 2 o 3 posiciones, eso pareció calmarlo un poco. Lancé mi última pregunta, y para entenderla tienen que saber que un poco antes de terminar con David él empezó a llevarse mucho con una chica de un curso de inglés llamada Evelin, al final nunca supe que sucedió con ella, así que le pregunté ¿Alguna vez te enamoraste de Evelin y que pasó con ella?, tenía mucho miedo de su respuesta, me confesó que luego de terminar conmigo, fue con ella a un concierto de electrónica y que se besaron, estuvieron conversando por algunas semanas pero que nunca llego a ser nada más, luego de eso dejaron de salir y ahora ya no son nada. Ambos nos quedamos con una expresión de incomodidad, pero continuamos.

    “Sesión de fotos eróticas” este fue mi último reto, y David lo aprovechó al máximo, primero me hizo un par de fotos recostada en la cama, cubriendo mi pecho, luego me hizo ponerme de pie, me volteó y me hizo ponerme de puntitas, luego me hizo alzar los brazos y voltear a ver a la cámara, luego me coloco sobre la cama en cuatro y me tomo muchísimas fotos, me estaba poniendo muy muy caliente, así que lo detuve e hice que me hiciera sexo oral en esa posición, él es muy hábil con su lengua, me hacía gemir mucho. En medio de todo esto lancé mi último reto. “Finge que soy Lizeth y ten sexo como si estuvieras con ella”. Él se detuvo por un momento y fue a apagar la luz, y sin dudarlo mucho me empezó a penetrar por detrás mientras aún estaba en cuatro, me tomaba de la cintura y me jalaba y empujaba con una brutalidad que me hacía gritar como pocas veces, estuvo así por unos minutos, luego con la misma fuerza me volteó y me puso boca arriba y sin preguntar nada metió su verga en mi boca mientras con su mano empezó a penetrarme manteniendo la brutalidad, me dijo al oído, quiero tu culito, le dije que no, que nunca lo habíamos hecho, el solo me volteó y me volvió a meter la verga en la boca y con los dedos empezó a jugar en mi ano, me a poco quería meterme los dedos, la verdad fue muy doloroso, y al final solo pudo meter un poco mas de medio dedo y se detuvo, me levanto de la cama y se sentó en el filo de la misma, me hizo sentar sobre su verga y me dejo el resto de trabajo a mí, mientras el empezó a tocar mis senos y a besar mi espalda y cuello, me susurró al oído que se sentía muy excitado, de pensar en todos los hombres que habían visto mi cuerpo pero que no habían podido llegar a cogerme como él me estaba cogiendo en ese momento, eso me prendió muchísimo y empecé a moverme más rápido, él no se pudo controlar, me inclino un poco y me cogió de la cintura y me lo hizo en extremo rápido, haciéndome gritar mucho y a la vez terminar con un orgasmo que no puedo expresar en palabras.

    Así fue como termino una increíble noche de confesiones, que para ser honesta termino mucho de mejor de lo que se podía esperar. No sé si volver a jugarlo a este nivel, aún tengo algunos secretos que no estoy segura de que pueda contar alguna vez.

  • Un inocente juego

    Un inocente juego

    Entro. No hay demasiada gente. Normal, quién va a salir a las 16 h en pleno agosto con el calor que hace.

    Ahí estás… me digo a mí mismo. Camino hacia ella, para que pueda ver que llegué. Y nos miramos. Lo justo para que él no pueda darse cuenta. Yo paso de largo, y decido sentarme en la solitaria mesa de la esquina del café bar. Solo una mesa vacía se interpone entre la que está sentada junto con el pánfilo de su novio y la mía.

    ̶ Buenas tardes… ¿Qué le pongo?  ̶ pregunta el joven empleado, con su cara repleta de granos pajilleros.

    ̶ Ponme una ****  ̶ mejor no diré marcas. Pero sí, una de esas bebidas con sabor a Cola. La original.

    El chico vuelve caminando hacia la barra, cuando veo que ella se mueve en su silla. Oh… Cómo sabe que me encanta eso… Se baja unos pocos centímetros el tejano elástico y sube su tanga rojo para que pueda verlo a través del hueco entre su respaldo y asiento. Me provoca. Lo consigue.

    Lleva un top de color… blanco. Para una mujer debe ser blanco roto, color hueso, huevo, o cualquiera de los millones de tonos en blanco que existen. Para mí es blanco, y punto. Y deja desnuda toda su espalda. No es casualidad. Siempre me siento tras ella. La putada es que tengo que ver el careto de ese personaje. Si él supiese…

    Pero no, nunca hemos follado. Solo es un jueguecito inocente entre ella y yo. No pasamos a mayores. Ella está felizmente en pareja con su mono de feria, y yo… bueno… soy demasiado insoportable como para que alguien me aguante.

    Le escribo un mensaje. Enviar…

    ¡Clink! Suena su teléfono. Vaya… No lo ha puesto en silencio. Parece nueva en esto.

    ̶ Aquí tiene, señor…  ̶ dice el grano de pus andante, dejando mi bebida oscura y burbujeante sobre la mesa.

    Miro mi teléfono. Ha rechazado mi propuesta. Y sonrío al pensar la cara que hubiera puesto el cebollino de su pareja. Deseaba darle un beso en cualquier zona desnuda de su cuerpo. Pongamos… su cuello. Sí, me encantaría besar ese cuello tan joven y estrecho. Me hace la boca agua, y doy un sorbo a mi **** fresquita.

    Intento escuchar la conversación que tienen, pero entre la música del local y el ruido ambiente… imposible. Sí, soy algo maruja. Aunque solo intento pasar el tiempo mientras espero su…

    ¡Clink! Vaya. Yo tampoco lo puse en silencio. Puto novato. Me pide que le muestre una foto en ropa interior. Mientras busco en la galería de mi teléfono, que más de una debo tener, me llega otro mensaje de ella. Pero tiene que ser una foto recién sacada del horno… No vale una que ya tengas. Tiene que ser para mí en exclusiva.

    Vaya… Pues haremos una nueva.

    Entro en el servicio de caballeros. Porqué sí, soy un caballero. Y, menos mal, está impoluto. Solo me faltaba quitarme la ropa en este cubículo de apenas metro cuadrado con un suelo amarillento y encharcado.

    Ya verás… Después de colgar mi ropa en la percha tras la puerta y quedarme con solo mis calzoncillos tipo bóxer, de color azul cielo con dibujos de pajaritos, y mis zapatillas (paso de acabar con los pies amputados por pisar este suelo), comienzo a magrearme la polla para ponerla a tono hasta conseguir que alcance un buen tamaño, lo suficiente para dibujar su contorno a lo ancho del cielo azul. Es un pajarraco, rodeado de pajaritos.

    Foto. Enviar… Me vuelvo a vestir. Vuelvo a mi mesa. Traguito de **** fresquita.

    Sigue conversando con el lerdo humano, cuando levanta su teléfono a la altura de su cabeza con gran disimulo para que pueda ver lo que está mirando en este momento. Ha ampliado la zona de mis calzoncillos. Poco después me llega un mensaje. ¿Y eso? ¿Un pajarraco volando entre pajaritos?

    Me parto de risa. Pero enmudezco rápido al verme a mí mismo como un puto loco que ríe solo en un rincón.

    Y es que… tenemos el mismo sentido del humor.

    ¿Qué puedo pedirle yo? Todo lo que se me ocurre, no podemos hacerlo, o bien porque está con el mentecato ese, o porque jamás debemos rebasar los límites impuestos.

    Espera. ¿Y si…?

    Le escribo. Enviar…

    Ya no suena su teléfono. Chica lista. Y veo que mira su pantalla, pero tarda en contestar para evitar cualquier posible sospecha. Chica mala…

    Sabes que eso no puedo hacerlo… Es imposible  ̶ leo en su mensaje. E inmediatamente, contesto.

    No es imposible. Solo busca el momento… o me pondré muy triste.

    Segundos más tarde, recibo un emoticono con rostro travieso. Debe mostrarme lo que le he pedido. Pero pasan los segundos. Los minutos. Y mi **** ya no está fresquita, así que pido otra con mucho hielo al hombre forúnculo, el cuál asiente desde la barra.

    Se aproxima con mi refresco sobre una bandeja, junto con otras bebidas para distintos clientes, cuando se escucha berrear a un grupo de adolescentes en celo que andan liándola por la calle. Y en ese preciso instante, cuando el pazguato de su novio se da la vuelta, curioso, ella levanta unos centímetros el culo de su asiento, lo justo para poder bajar de forma veloz su pantalón y mostrarme, en un visto y no visto, su precioso y redondito culo, tan blanco como un copo de nieve. Las chicas ya saben de qué tono de blanco hablo…

    ̶ ¿Perdón?  ̶ pregunto, todavía recuperándome de tal impacto visual, al Señor de los Granos.

    ̶ ¿… me la llevo?  ̶ refiriéndose al vaso de caldo oscuro a temperatura ambiente.

    ̶ Sí, por favor…  ̶ o si lo prefieres, te lo meto por el culo a modo de lavativa. ¿Qué cojones voy a hacer con eso? Pienso para mí.

    Es la primera vez que lo veo en vivo. A pesar de haber sido un segundo, o quizá menos. Espectacular. Y la situación. El lugar. El contexto, en general. Todo ello lo hace más morboso.

    Me toca   ̶ leo en mi pantalla.

    No pasa demasiado tiempo cuando me llega su mensaje. Y al momento recibo otro.

    Vas a enseñarme la polla.

    Vale. De acuerdo. ¿Y cómo cojones se supone que voy a hacer eso? Sería divertido ponerme frente a ellos en su mesa, bajarme los pantalones y poner sobre esta mis huevos peludos y mi bonita polla, pero tampoco me apetece pasar la noche en un calabozo.

    Ve al servicio de hombres. Un par de minutos después iré yo. Abrirás la puerta y me enseñarás la polla  ̶ leo en un nuevo mensaje de mi juguetona amiga.

    Acepto su propuesta, y engullo unos tragos de mi refresco antes de contestar con otro mensaje.

    Aprovechando que irás al servicio…

    Enviar… Quiero su tanguita. Y recibo un emoticono de rostro travieso. Cómo me pone esta hembra.

    Me levanto para ir de nuevo al servicio.

    Entro. Dejo la puerta entornada. En el primer espacio hay un lavamanos con jabón y papel para secarse. Después, entro en el servicio de la derecha, el de señores con clase y buen rabo.

    Un par de minutos exactos, escucho la puerta de afuera, y alguien entra en el servicio de señoras cachondas a las que el coño palmea. Y otro par de minutos después, tocan a mi puerta. Tok, tok. Abro. La miro. Me mira a los ojos. Se muerde el labio. Baja la vista hacia mi polla. Observa. Observa. Sigue observando. Mis pantalones bajados a la altura de los muslos. Mi polla gorda y venosa, por el calentón que ella me provoca. Y suspira. Me lanza su tanga a la cara y cae, para quedar colgado en mi rabo tieso. Ríe. Reímos. Vuelvo a cerrar. A penas han sido unos segundos. Lo justo para cegarla con el resplandor de mi Sol, y yo sentir como mis testículos tienen un extra de carga lechera.

    Ya en mi mesa. Traguito de **** fresquita. Acerco la mano a mi rostro. Respiro profundamente. Huelo su aroma en el tanga rojo que ahora me pertenece. Y lo guardo en un bolsillo antes que alguien pueda pensar que soy un… Bueno, lo que soy.

    Suena su teléfono. ¿Y ese tono? Te arranco las braguitas, con los dientes te las saco. Mi lengua un torbellino, pasaremos un buen rato… ¡Vaya! Es una canción de Spintria. Me encanta… Y cuelga. Me deja con las ganas de seguir escuchando ese depravado tema. Pasamos unos minutos sin mover ficha. No queremos levantar sospechas. La pareja conversa. Ríe. Yo pienso. Llevamos tiempo con estos juegos. Lo cierto es que me pone muy perro este tipo de actos. Más incluso que el sexo en sí. Creo que si llegásemos a follar, esto se acabaría. Y no quiero eso. Ella tampoco. De todas formas, para follar tiene al chimpancé de su chico, y yo a mis amigas justicieras.

    Se ilumina mi pantalla. Acepto. Bebo hasta casi terminar mi bebida. Me levanto. Y de nuevo al servicio. Cualquiera que me vea, pensará que tengo un grave problema de vejiga. O peor…

    Coloco mi teléfono de manera estratégica sobre el WC. Mi cámara lista. Comienzo a grabar lo que ella me pide. Me saco la polla morcillona. Lento. Muy lento. La acaricio, desde mis testículos rebosantes hasta la punta. Arriba. Abajo. Hasta descubrir su capucha, quedando bien gorda de nuevo. Entonces, me alejo lo que puedo de la cámara para obtener un mejor plano y así mostrar cómo introduzco su tanga en mi boca, saboreando su néctar, sus flujos, su aroma. Y me pongo tan cachondo que no tardaré más de unos segundos en explotar. Pensar en ello, en que desea ver cómo me masturbo, para después guardar esas imágenes y tocarse el coño en sus momentos más solitarios… Cómo me excita. Y cuando estoy a punto de correrme, acelero el ritmo hasta casi destrozarme el rabo. Saco de mi boca su tanga, para soltar un descomunal chorro de leche sobre él, y dejarlo bien empapado, pensando ya en mi siguiente petición.

    Vuelvo a mi sitio. Estoy sudando. Joder, qué calor. Tragos de ****, ya no tan fresquita. Envío el video. Segundos más tarde, me llega un mensaje.

    Lo veré cuando esté solita. Quiero disfrutarlo.

    La imagino. Me la follaba ahora mismo sobre la mesa y ante la mirada atónita de su mascota.

    Pasan unos minutos hasta encontrar lo que buscaba en internet. La imagen de una mujer en ropa interior y en postura provocadora. Uno de sus pechos asoma de forma lasciva por encima del sujetador. Sus bragas, manchadas de algo espeso y blanquecino.

    Te hará falta… Por cierto, dejé tu tanguita escondido bajo el lavamanos, listo para que vuelvas a ponértelo  ̶ escribo, en conjunto con la foto de la mujer sedienta de penes. Enviar.

    ̶ ¿Otra vez?  ̶ escucho decir al besugo de su pareja cuando ella se levanta para ir de nuevo al servicio.

    Me mira a los ojos sonriendo cuando pasa por mi lado. Yo disimulo para no levantar sospechas, pero veo que él está entretenido observando su culo perfecto cuando se aleja.

    Entra en el servicio y pasan solo unos pocos segundos cuando…

    Joder, está empapado… mmmm…

    Que le guste me hace sentir de nuevo un leve cosquilleo en la polla. Lista para otra batalla.

    Y tarda. Tarda bastante… Sale del servicio. Lo vuelve a hacer. Con su pantalón unos centímetros por debajo de su pequeña cintura, mostrando los hilillos de ese tanga rojo completamente embadurnado por mi esencia. Me pone tanto…

    ̶ ¿Nos vamos?  ̶ le escucho decir a ella.

    ̶ Sí… claro…  ̶ contesta él, dubitativo.

    Vaya… Parece que el juego acabó. Se acercan a la barra. Paga él, por supuesto. Y se van hacia la puerta. Pero justo cuando salen por ella, aprovechando el despiste de ese pobre burro, gira su bello rostro para lanzar un guiño y mostrarme su pícara sonrisa.

    Mi pantalla está iluminada. Me llegaron algunos mensajes.

    Uff… me vuelvo para casa. Necesito que me follen.

    Joder. Yo hago el trabajo sucio y ahora él… se la folla.

    Y abro el siguiente mensaje. Es la imagen que debía enviarme. Una foto de ella, imitando a la mujer sedienta de penes que aparecía en la foto que yo le había enviado. Con su pecho derecho por encima del sujetador, mostrando su pezón rosado, y ese tanga rojo, completamente empapado, justo por la zona de tela que cubre y acaricia su jugoso coño.

    Jesús, María y José… me digo a mí mismo.

    Babeo mirando su foto, cuando entra un nuevo mensaje.

    …y esta, de regalo…

    Al momento, me llega una nueva imagen de ella.

    ̶ ¡Joder!  ̶ exclamo, y levanto la mano a modo de disculpas a las cabezas que se han girado.

    La imagen de ella es exactamente igual a la anterior. Su postura. Su pecho derecho. Su tanga empapado de mí… Pero esta vez, con la punta de sus dedos, lo aparta para mostrar su coño mojado y dilatado, haciéndome suspirar y dejándome caer con los ojos cerrados, quedando recostado en mi silla.

    Me levantaría, pero necesito un tiempo para recuperar el aliento y el tamaño a cacahuete de mi butifarra. Así que aprovecho. Agarro mi teléfono. Busco en la agenda. Llamo.

    ̶ ¿Hola? ¿Qué tal, preciosa?… Genial, sí… ¿Estás en casa entonces?… Ah… Por supuesto, si quieres me acerco… Ah… Interesante… Ummm… Pues… Prepárate, nena. Ahora mismo voy… Te vas a enterar.

  • Familia muy unida… demasiado (capítulo 3)

    Familia muy unida… demasiado (capítulo 3)

    Mamá rellenó las copas y brindamos por… nuestro amor. Me acababa de convertir, oficialmente, en el amante de mamá, de la hermosa Anaís.

    – Ahora, ya de acuerdo en esto de la decisión, te puedo decir sin temor que me vestí y arreglé para ti, quería ver si podía seducirte. En el restaurante me devorabas con la mirada, te perdías en mi escote y en mis ojos. Pero veo que eres un hombre de sólidos principios y valores, aquí, conversando con la seriedad del caso, en ningún momento me has visto el escote o las piernas, solo me has mirado a los ojos. Así escuchan y toman las decisiones importantes los hombres de verdad, sin desviarse por razones de lujuria. Pero ya tomada tu decisión y si estás plenamente seguro, ahora si voy a seducirte… jajaja…

    – Un momento, Anaís. Para mí será un honor y un placer poder servirte en lo que sea necesario, pero me resulta muy fuerte todo esto. Quiero tener mi conciencia tranquila. ¿Estás segura que es un hecho lo de la posibilidad de despelotarte si te falta sexo? Necesito saber…

    – Mi amor, tu padre y yo sabíamos que preguntarías eso, ya yo estaba preparada… me temo que tengo que… te voy a contar algo muy personal, es algo muy fuerte… es vergonzoso y terrible, pero tú debes saberlo: …cuando Soli entró al Kínder, al poco tiempo tu papá tuvo que viajar una semana a Miami por unos certificados. Estuvo fuera de casa 7 días y justo la madrugada del domingo, antes de salir para el aeropuerto, hicimos el amor. Fue un polvazo, de esos que dejan huella. El martes por la mañana ya se cumplían las 48 horas y empecé a sentirme excitada, sin tener motivos aparentes. El miércoles, luego de dejarlos a ustedes en el colegio, ya no me podía aguantar, tanto era que al llegar al edificio donde vivíamos me encontré con un vecino que era medio patán, desagradable, que siempre me miraba con deseo. No voy a darte ciertos detalles, pero me metí con él en su apartamento y me lo cogí dos veces esa mañana. Yo a él, no al revés. Me echó dos polvos bastante mediocres y yo acabé poca cantidad de veces, no recuerdo cuantas. El tipo era desagradable, pero tenía un pene más o menos bueno. Nunca me he podido explicar cómo me pude coger a ese hombre tan desagradable, que me dejó a medio camino. Al día siguiente, después de dejarlos en el colegio, me encontré con el papá de un compañerito tuyo, que del colegio iba para su trabajo. Me encontraba encendida, el patán del vecino, lejos de aplacarme la calentura, me dejó peor. Me le ofrecí descaradamente a éste señor, me lo enganché, me llevó a un hotel y me lo cogí dos veces, dado que no había quedado satisfecha con el vecino, pero el pobre hombre estaba asustado, preocupado por mi actitud. Creo que por eso no me dio la talla. El viernes, tal era mi insatisfacción que seguía encendida y necesitada, después del colegio me fui al consultorio de tu tío Javier, cerré la puerta y me lo cogí en la parte de atrás, donde tiene la camilla. Javier, conocedor de mi condición, se dio cuenta de mi situación y de inmediato me hospitalizó en la clínica, para mantenerme sedada. Cuando tu papá regresó el sábado se encontró con mi cuadro de desastre, conmigo hospitalizada y sedada, para evitar males mayores. Me dieron de alta y Pablo me llevó a casa y llegando nos encerramos hasta el domingo. Ya por la tarde, teníamos nuestros sexos escocidos de tanto hacer el amor. Y volví a la normalidad – mamá hizo un alto para coger ánimo y continuó:

    – Con respecto al vecino, pocos días después el tipo le dijo a tu papá, cínicamente, que su mujercita estaba muy buena y desesperada. Ya yo le había contado lo que había pasado y entonces tu papá le dio una pescozada que le fracturó la quijada. Luego, ya en el suelo, le dijo que a partir de ese momento, cada vez que lo viera o se lo encontrara, volvería a golpearle. El hombre no le creyó y cuatro días después, con su mandíbula ya alambrada y aun doliéndole, se tropezaron en la entrada del edificio y recibió otro coñazo, esta vez en la boca del estómago, que lo dejó sin aire, de rodillas en el piso. El asunto se repitió otras dos o tres veces. Al final, el tipo se mudó. Como puedes ver, ya lo hemos vivido. Del vecino nunca volvimos a saber, pero al padre de tu amiguito lo veía a diario en el colegio, con mucha vergüenza de mi parte. Él era un señor muy respetuoso, por lo que un día me armé de valor y le pedí que nos viéramos en una Fuente de Soda cercana al colegio, para explicarme con él. Él aceptó y le conté mi caso y le dije lo avergonzada que estaba por lo que había pasado. Que mi esposo estaba enterado de todo, porque no tenía secretos con él y que la vida debía continuar. Él, muy respetuoso, todo un caballero, aceptó mi explicación y mis disculpas y me dijo que no tenía nada de qué preocuparme. Con el tiempo, ese hombre conoció a mi esposo y hoy día son buenos amigos. Tanto que él y su esposa y papá y yo hemos tenido nuestros encuentros de intercambio de parejas con ellos – me explicó.

    – ¿Intercambios? No me imaginaba que ustedes… ¿Puedo saber quién es ese señor? – le pregunté.

    – Bueno… yo… este… no sé… si, está bien, mi amor, ese hombre es Raimundo, el padre de tu amigo Raymond.

    No salía de mi asombro. Mamá me estaba contando sus vergüenzas, a mí, a su hijo. La noté muy apenada, pero en definitiva ella buscaba que comprendiera lo cruda de la situación. Si no quería ver sufrir a mis padres, debía hacer mi mejor esfuerzo. Eso me llevaría a tener sexo con mi madre. Era algo fuerte, muy fuerte, pero yo la amaba con toda mi alma, así que esto sería para mí una oportunidad de servirles a ambos, especialmente a ella. Los convencionalismos sociales, a la mierda. Ya nada me importaba, solo ella. Mi familia era lo primero para mí. Una vez escuché una frase hecha, de esas que la gente repite: Dios, Patria y Hogar. Particularmente pienso que debería ser al revés, si tienes Hogar o Familia entonces buscarás tener lo siguiente, una Patria y si todo confluye, entonces te dará el tiempo para creer en un Dios. De menor a mayor. Mi familia, por tanto y en concordancia con mi forma de pensar, era lo primero. Mi padre, Pablo, era un buen hombre, buen padre y buen marido. Mi madre, Anaís, era la mujer más maravillosa de la tierra. Hermosa como ella sola, buena madre, buena esposa, buena persona. Mis hermanas, Bea y Soli, dos amores de seres humanos, cada una mejor que la otra. Y hermosas como nuestra madre. Juntos hacíamos una familia de marca mayor, porque en casa se respiraba amor, comprensión, empatía, éramos leales y francos. No teníamos secretos entre nosotros. Por todo eso, creí y concordé con mamá que mi papel en esta coyuntura familiar sería trascendental. Debía asumirlo como un reto mayor y llevarlo a feliz término.

    – Bueno, mamá, ya en este punto, luego de tu explicación tan clara y convincente, no me queda más que rendirme a tus pies. Puedes seducirme, como me dijiste hace un rato. Me harías muy feliz… jejeje.

    – De acuerdo, mi cielo, pero nada de mamá, ¿Heee? Anaís para ti en los momentos de intimidad. Ya sabes, para quitarle un poco de morbo a la cosa. Voy a seducirte… – me respondió ella indefectiblemente.

    – Pero si el morbo lo hace más interesante, imagínate, no me voy a acostar con cualquier mujer, sino con mi madre… ¿Cuántos mortales pueden decir que tienen una madre tan hermosa como la mía y que además se acuestan con ella?

    – Te sorprendería saber que hay muchas personas en esta situación, solo que no se atreven a declararlo. Y yo, por supuesto, tampoco. Jejeje.

    En ese momento tomé a Anaís de la cintura y la estreché contra mi cuerpo, para bailar de forma muy romántica una bella canción que comenzaba a sonar: Bárbara Streisand – Woman in love. Era un lujo sentir su adorable cuerpo compenetrado con el mío en un abrazo idílico, su aliento acariciar mi oreja, mis manos sobar su nuca y su cabello, su ingle fundidas con la propia en un placentero juego de amor, seducción y de erotismo, con una mujer de 40 años en la plenitud de su belleza. De 1.62 de estatura y 58 kg de peso, piel morena clara de sol de playa, unos preciosos ojos color miel que enamoraban, unos labios carnosos y sensuales, ni muy grandes ni muy chicos, un torso suave y perfecto, sus senos una locura, su cinturita un delirio y su magnífico trasero, de nalgas en forma de corazón invertido, que quitaban el aliento a cualquiera. Sus piernas torneadas y fuertes y sus pequeñas manos y pies de muñeca, esta mujer valía lo que pesaba en oro, o quizás en platino o en diamantes. Algunas veces le vi las tetas y poseía unas areolas grandes y rosadas, coronadas con tremendos pezones resultado de haber amamantado a sus tres hijos, entre ellos un bárbaro -yo- que se los rompió e hizo sangrar de lo duro que mamaba. Si, estaba enamorado de esa maravillosa mujer y de ahora en adelante sería mía. Al menos por un tiempo, 6 meses o quizás más. El tiempo lo diría… mi mejor fantasía hecha realidad.

    Después de bailar dos o tres canciones más, la miré a los ojos y de seguidas la besé en los labios, tiernamente al principio, sintiendo la calidez de sus labios, luego sentí sus labios entreabiertos e incursioné con mi lengua en la dulce boca de Anaís. Mis manos comenzaron a arrobar la espalda de ella, con pasión, con amor. Nuestras respiraciones ya lucían entrecortadas; por los besos y las caricias nuestras temperaturas corporales se dispararon a cotas impensables media hora antes y ambos sucumbimos a la entrega total. Le desabotoné el vestido en su totalidad, lenta pero inexorablemente, con una mezcla de respeto y de amor, tratando de descubrir las maravillas que éste encerraba, poco a poco. Lo dejé caer al suelo, mientras ella, a su vez, desabotonaba mi camisa y me mesaba los vellos pectorales, con cariño, ronroneando como una gatita, con una de sus manos, mientras la otra pretendía tapar de mi vista sus hermosas ubres. Me agaché y le besé el ombligo, redondo y tentador, algo que siempre había admirado de ese cuerpo de diosa que tenía frente a mí. Luego metí mis dedos por las tiras laterales de la tanguita que ella exhibía coqueta y la bajé despacio, mientras observaba el tesoro que destapaba. Era una vista sublime del sexo más hermoso que mis ojos hubieran visto nunca, la vulva de Anaís, de mi madre. El portal por donde vine al mundo.

    Ella levantó levemente un pie y luego otro, facilitando la labor de su ahora amante, para retirar totalmente la tanga. La llevé instintivamente a mi nariz y me emborraché del maravilloso aroma de mujer que desprendía la pieza de lencería y le dije que me la quedaría como trofeo. Ella rio y me dijo:

    – Lo sabía, sabía que te la quedarías, por eso me puse la mejor, la más bonita que tenía, pero no nueva, no. Usada, para que oliera a mí.

    – ¿Y eso? – le pregunté, un poco perdido…

    – Bueno, ya sabía, por ciertas personas, que acostumbras quedarte con las pantaletas de la primera vez, con cada una de tus… chicas… así que pensé que harías lo mismo conmigo… y la guardarías junto con las otras que tienes en la caja…

    – ¿Sabías lo de la caja? ¿Me espías? – le solté, asombrado, casi indignado.

    – Nunca la he abierto, por respeto a ti y a tu privacidad, pero me han hablado de ella. Y supongo que es una caja azul que está en tu closet, arriba.

    – Bueno, la caja existe, la has visto y si, contiene las pantaletas de la primera vez de cada chica con la que haya estado, pero la tuya no va a ir a parar a esa caja. No. Tendrá un estuche particular, único. No voy a mezclar mi mayor tesoro con otros inferiores, jejeje. Tal vez mi manía por quedarme con las pantaletas te parezca fetichismo, pero es algo que empecé como una broma y que me ha gustado seguir. Sin embargo, nunca las reviso ni las veo, ni siquiera sé cuántas tengo. Pero ésta, ah… ésta si la recordaré por siempre, su aroma, su textura…

    – Eres un amor, pero para recordar mi aroma no tendrás que buscar esa tanguita, siempre tendrás acceso directo al origen, sin restricciones – me dijo con cara de lujuria, de deseo, mientras con su otra mano tapaba su pubis.

    Esa noche Anaís y yo nos fundimos en un abrazo carnal, llenos de pasión, de deseo, de sexo, pero del bueno. Pasamos casi toda la noche uno en brazos del otro y viceversa, nos amamos con pasión, con entrega total. Una sesión interminable de caricias, desde su cuello hasta sus pies, pasando extensamente por sus adorables tetas, sus pezones. Luego me dediqué a comerme su vagina, con mucha maña, dedicación y pasión. Su clítoris crecía en mis labios, gracias al tratamiento que le di. Enseguida nos posicionamos, ella sobre mí, para un 69 de campeonato mundial, donde ella se dio toda su maña con mi pene, dándome una mamada de antología, mientras yo me comía, literalmente, su deliciosa vagina, labios mayores y menores y clítoris incluidos. Luego, desgraciadamente, el primer polvo fue un desastre, a este servidor se le fue el tiro rápidamente, por la emoción que conllevaba el momento; me avergoncé y pedí perdón, pero Anaís no le dio importancia y me permitió seguir adelante y demostrar mis buenos artes amatorios… y se convenció. Dos polvos más, cada uno superior al anterior en sensaciones tan increíbles que me dificultan su narración, nos hicieron subir al Olimpo. Al amanecer, ella aún dormida parcialmente sobre mi cuerpo, la habitación olía a sexo, a los fluidos de ella y al semen mío, pero la luz del sol que penetraba por las persianas nos anunciaba un nuevo día, trascendental para la existencia de ambos.

    Cuando nos miramos a la cara, ella parecía estar aún en otro estado, uno etéreo, mientras yo la observaba embobado, enamorado. Ambos habíamos quedado satisfechos de nuestras primeras experiencias como pareja, al punto que ni siquiera nos habíamos levantado de la cama para higienizarnos. Estábamos embriagados de amor, de sexo, de placer, de lujuria, de satisfacción plena.

    – Buenos días, mi amor ¿Cómo amaneces? – le pregunté a la hermosa mujer que yacía a mi lado, desnuda, con una pierna sobre la mía y la cabeza recostada sobre mi pecho.

    – Buenos días, mi cielo, mejor que nunca. Creo que anoche dormí con un príncipe que me dejó derrengada de tanto amor que me dio. Me parece que es incansable ese señor, si así va a llover de ahora en adelante, no quiero que escampe. Estaré disponible para él, siempre, con mucho amor… que gusto… que gustazo…

    – Gracias, mi bella dama, yo tampoco quiero que escampe. Anoche fue la mejor de mi vida, me has hecho muy feliz, escogiéndome como tu pareja. Hacer el amor contigo me llevó al cielo y aún no bajo. Quiero quedarme allá arriba, pero contigo.

    – Yo también subí al cielo y pensé en un momento dado, que me iba a quedar allá. ¿Sabes lo que es la “Petit Morte”? Anoche, cuando acabamos juntos la última vez, creí que moriría, casi me desmayé. Es algo que solo he sentido con Pablo, tu padre, con nadie más. Debe ser la especialidad familiar, digo yo…

    – Yo me asusté, pensé que te había bajado la tensión o algo así, casi te desmayaste. Gracias a Dios que al poco rato reaccionaste. Ya estaba pensando en sacarte para una Emergencia. ¿Qué es eso de la Petit qué… pequeña muerte? No lo había escuchado nunca… – le dije, intrigado.

    – La Petit Mort o pequeña muerte es un estado de seminconsciencia que se alcanza durante el orgasmo, un orgasmo de esos espectaculares… no cualquier orgasmo. Tiene que ser uno grandioso, arrollador, que te corte la respiración. En mi caso, solo con tu padre, que es un amante prodigioso, lo he logrado. Con nadie más, hasta anoche contigo. Es que eres tan bueno como tu padre o cuidado si mejor.

    – ¿Y tú has estado con otros varios hombres, antes? – le pregunté, inocentemente, desconcertado por su confesión.

    – Si, amor, si, con varios hombres. Ya anoche te expliqué que con el vecino, con Raimundo y con tu tío Javier. Pero ha habido otros varios más. Tu padre y yo hemos sido muy liberales siempre y nos permitimos nuestras aventuras, muy controladas por ambos, especialmente compartiendo parejas con amigos especiales, como por ejemplo Raimundo y Olga. A tu papá le encanta Olga y a mí él, así que desde aquella desventurada fecha y luego que Pablo lo conoció a él y ambos a Olga, hemos tenido unas cuantas sesiones juntos y no juntos. Hace unos tres meses, Raimundo y yo estuvimos juntos una noche, mientras Pablo estaba trabajando y Olga se encontraba de visita en casa de su mamá, con los muchachos. Pablo me dio permiso y listo. Con tu tío Javier y tu tía Milagros, es casi que una costumbre ya, al menos una vez al mes. Ha habido otros hombres, que tú no conoces, que me han gustado y provocado y tu padre me los ha permitido. Y él acostumbra aplacarle las calenturas a varias amigas mías, porque para varón, él. Todo con mi beneplácito, por supuesto. Entre Pablo y yo no hay traiciones ni secretos. Nuestro amor es infinito, da para mucho. Y ahora apareces tú en mi cama y espero que sea para bien de la familia y provecho para ti y para mí. Anoche me demostraste de qué estas hecho. Eres un digno hijo de tu padre. Él se va a encantar con “mi informe”, porque la verdad, está bastante preocupado por la situación. No le resultó fácil decidirse por la opción de su hijo, le parecía muy perverso. Pero aceptó intentarlo al darse cuenta que no teníamos otra salida y yo lo deseaba. Sí, mi amor, te deseaba desde hace unos años. Te veía crecer y convertirte en hombre, muy apuesto, alto, fuerte, atlético y con una herramienta poderosa. Eres mi hijo, pero también un hombre y yo tu madre, pero también una mujer y muy ardiente, por cierto, según dice tu padre. Y los convencionalismos sociales y religiosos siempre nos han tenido sin cuidado, pura hipocresía. Te deseaba tanto como tú a mí. Punto. Y aquí estamos. Voy al baño a asearme y luego… luego… ¿Me harías feliz, como anoche? Estoy muy caliente, la conversación me ha alebrestado un poco, necesito un bombero que me apague el fuego, pero ya nada de hacer el amor, ahora quiero follar, duro… – y se levantó de la cama y se fue al baño, moviendo coquetamente su hermoso trasero.

    Yo, por mi parte, me fui al otro baño a cepillarme y orinar, antes de entrar a su baño con ella, con la mejor de las intenciones de ducharnos juntos. Le di su tiempo para su intimidad y cuando escuché que abría la llave de la ducha, entré. La encontré desnuda, en su plenitud, arrebatadora. Una diosa del sexo, lista para que este simple mortal la enjabonara y la acariciara a placer. El de ambos, por supuesto.

    Nos duchamos juntos, ella me enjabonó primero y luego yo a ella. Nos dimos especial gusto en tratar las partes nobles, con esmero, con cariño, con lascivia. Ella acabó en mis manos, luego de enjabonarle su vagina con mucho arte. Su clítoris casi explota entre mis dedos. Me demostró ser una hembra ardiente de verdad. Luego su turno para darme placer, se arrodilló y empezó a masturbarme suavemente, aplicando gel de baño a mi pene, dulcemente, luego más rápido, hasta que decidió meterlo en su boca. Primero el glande, que ya estaba totalmente inflamado, rojo. Luego empezó a tragar carne, hasta tener las dos terceras partes de mi falo dentro de su hermosa boquita. No adivinaba cómo podía tragar tanto, hasta que tosió y se lo sacó. Ya lo había metido hasta más allá de su campanilla, toda una garganta profunda, pues. Así siguió, hasta que al rato, me hizo acabar. Se fajó con mi pene, para no perderse una sola gota de mi esperma. Me mostró su boca llena de mi semen y luego se lo tragó, con gusto y placer. Entonces me dio un beso en la boca, como para darme a saborear mi propia esencia.

    – Anoche me diste a probar mis flujos, luego de la comida de cuca que me diste. Ahora es tu turno de saborearte a ti mismo – me dijo con cara de niña mala.

    – La verdad, anoche probé por primera vez a que sabe mi madre y quedé enviciado. Nunca una mamada de cuca me había parecido tan especial. Te probé por allí por donde salí de ti, de tu cuerpo, hace veintidós años. Y eres realmente deliciosa. Algunas mujeres tienen un poder tan grande allí entre las piernas, que hacen que un hombre haga lo que ellas quieran. Con razón dice el dicho que “Mas jala un pelo de cuca que una yunta de bueyes”. Mami, por ti yo tumbaría un gobierno. Eres deliciosa.

    – Pues tú no te quedas atrás, mi amor, por ese pene tuyo yo mataría. Creo que es tan grande y grueso como el de tu padre, que ya es bastante decir. Si él me vuelve loca con su enorme pedazo de carne, no sé qué va a ser de mí con el tuyo. Solo te digo que lo vamos a pasar muy pero muy bien. Seré tu hembra desde ahora en adelante y no creas que esto se terminará cuando tu padre regrese de su obra. Tendrá que compartirme contigo. No habrá de otra.

    Salimos del baño para el cuarto y la tumbé sobre la cama, luego la hice ponerse en cuatro y la penetré profundamente por su maravillosa vagina. Ella gimió y hasta lanzó un gritico, porque no esperaba que lo hiciera tan rápidamente. Pero luego de la sorpresa inicial, comenzamos un bombeo frenético, lleno de pasión y deseo. Yo le daba duro, desde atrás, en presencia de ese trasero espectacular que asemejaba un corazón invertido. Ella aguantaba estoicamente mis embestidas, el choque de mi pubis contra sus magras nalgas, con cara de estarlo disfrutando. Gemía y jadeaba, se agarraba a las sábanas, como si ellas pudieran detener los bombazos que desde atrás le propinaba. Así estuvimos largo rato, fornicando como salvajes hasta que tuvo dos orgasmos seguidos, algo nuevo para mí, ya que nunca había sentido que una mujer acabara seguido. Hasta que, ya sudando copiosamente debido al esfuerzo, ambos acabamos casi que juntos. Ella primero, un orgasmo apoteósico y luego yo otra eyaculada de pronóstico. Cuando me desacoplé, de su vagina salía una mezcla de fluidos vaginales y semen que empapó rápidamente las sábanas. La muestra de la pasión desarrollada en ese campo de batalla sexual.

    Ese día follamos y fornicamos varias veces, en todas las posiciones imaginadas por nosotros. Al anochecer salimos a comer unas hamburguesas y regresamos pronto al apartamento, pero ya no podíamos continuar con nuestro desenfreno sexual, porque estábamos agotados, así que nos recostamos abrazados en uno de los sofás cama en la sala y nos quedamos dormidos. Allí amanecimos el domingo, derrotados, pero felices. Luego de desayunar, recogimos todo y nos fuimos de regreso a Caracas, a nuestra casa.

    Continuará…

  • El desvirgue de Emma

    El desvirgue de Emma

    Había llovido. Cuando el tío y yo salimos de la plaza en la que se encontraba el cine descubrimos que había caído un diluvio mientras mirábamos la película y que muchas calles se encontraban inundadas. Era de noche y el tránsito estaba congestionado. Decenas de luces rojas se encendían frente a nosotros cada 10 metros y el sonido del claxon de todos los autos podría volver loco hasta al hombre más paciente.

    – Carajo – le escuché decir al tío.

    A mí no me importaba el tránsito porque me encontraba sumido en mis propias cavilaciones. Al terminar la película había aprovechado el momento de privacidad que me daba haber entrado al baño para revisar mi teléfono. Julián me había escrito. En sus mensajes decía que no dejaba de pensar en mí y que no podía esperar para tener sexo conmigo. Después de comprobar que había puesto el seguro del cubículo, coloqué mi teléfono sobre el retrete, me bajé el pantalón y comencé a masturbarme mientras leía sus mensajes. En el tiempo record de cinco minutos había metido mis tres dedos por mi ano y masajeé mi pene hasta tener un glorioso orgasmo. Al terminar le escribí a mi futuro novio diciéndole que lo amaba y que yo también deseaba estar con él en la cama. No le dije que acababa de masturbarme en un baño público, pensé que eso podría contárselo después. Cuando salí de los baños mi tío me preguntó si me encontraba bien.

    – Estás muy rojo – me dijo.

    – Sí, todo está de maravilla – le respondí.

    Llegar al departamento del tío nos llevó el doble de tiempo que nos había tomado llegar al cine, pero ambos estábamos felices de haber librado aquel contratiempo. Al entrar mi tío fue directamente a la habitación en la que yo pasaría la noche y entonces hizo el descubrimiento. Cuando entré a la habitación él se encontraba a un lado de la cama.

    – Está empapada – me dijo.

    Cerró la ventana y comenzó a retirar las sábanas que cubrían el colchón. Después de una segunda inspección mi tío comprobó que el agua había mojado por completo la cama y que no era posible que yo durmiera ahí.

    – Lo siento mucho – me dijo – no pensé que podría pasar esto.

    Yo le dije que no tenía por qué preocuparse. Yo podía pasar la noche en el sillón y no tendría nada de que quejarme. Él me dijo que no podía permitir eso, iba a usar su cama y él dormiría en el sillón. La “sugerencia” tenía la pinta de una orden y no opuse mayor resistencia, yo iba a dormir en su cama.

    – ¿Pizza para cenar? – me preguntó y dio por zanjado el conflicto.

    Una hora después tocaron a la puerta y recibimos nuestra cena. La pizza estuvo acompañada con cervezas. Antes de ofrecerme la primera lata el tío me miró y caviló por unos momentos.

    – Ya eres mayor, ¿verdad? – me preguntó.

    Yo reí y le confirmé que ya era mayor de edad.

    – Bueno, pero no le vayas a decir a tus padres, ¿eh?

    – Lo prometo – le dije.

    Cenamos y miramos televisión mientras lo hacíamos. El tío tenía una docena de cervezas en la nevera y después de un par de horas habíamos terminado con todas ellas. Durante este tiempo él había aprovechado para contarme más sobre el director de la película que habíamos visto esa tarde y su entusiasmo había logrado mantener mi interés a pesar de que yo no dejaba de pensar en el coito de Emma y Dubois. Le prometí que intentaría mirar más filmes del director y tenía intención de cumplir mi promesa. A mí no me gustaba el cine del modo que a él le gustaba, pero no podía decir “no” a su petición. El tío Omar siempre había sido bueno conmigo y a mí siempre me había gustado estar con él, lo quería. Además, algo más había nacido en mí durante esa tarde.

    – ¿Le vas a decir a tus papás? – me preguntó al tiempo que me mostraba una botella que había traído de uno de sus escondites.

    – ¡No, señor! – respondí con alegría.

    Hasta ese día, mis experiencias con el alcohol no pasaban de haberme tomado algunas cervezas con mis amigos, pero esa noche me puse mi primera borrachera. La libertad que ofrecía la ebriedad era algo completamente nuevo y emocionante para mí. Estaba contento. Cuando la botella estaba a punto de terminarse mi tío dijo que era tiempo de que me fuera a la cama. Yo me sentía mareado y feliz, pero sobre todo, cachondo. Mi mente iba de un lado a otro, pensaba en Julián, en Dubois y en Emma, pero lo más extraño era cuando iba hacía mi tío. Por un momento lo imaginé besándome. Me sentía envuelto en sus brazos y sentí su calor, un calor protector y erótico. Luego caminé hacía la habitación y me acosté en la cama de mi tío. Le dije que era una cama grande y que pasaría frío esa noche. Él me dijo que estaría bien. Después vi a Dubois y a Emma copulando. El pene de Dubois entraba y salía del ano de Emma. ¡Lo sabía, el detective había sodomizado a su hembra! El tío y yo habíamos hablado sobre la escena, pero él solo me había hablado sobre las implicaciones cinematográficas. Yo quería decirle que ella solo estaba tomando su lugar en el mundo, ella tenía que ser penetrada como la hembra que era. ¿O se lo había dicho?

    Desperté unas horas después. La habitación estaba oscura y yo apenas alcanzaba a distinguir la pared que se encontraba frente a mí. El reloj al lado de la cama marcaba poco más de las tres de la mañana con números de luz roja. Tenía que orinar. Al levantarme descubrí que solo tenía puesta mi playera, mi pantalón y mi ropa interior no estaban. Pensé en encender la luz y buscar mi ropa, pero advertí que mi tío se encontraba al otro lado de la cama y no quería que me viera semidesnudo si la luz llegaba a despertarlo. ¿Estaría dormido? Me dirigí al baño y me dispuse a orinar. Mientras lo hacía intenté recordar lo que había sucedido, pero solo podía recordar pedazos inconexos. Sentí inquietud. ¿Le habría dicho algo indebido a mi tío?

    Al salir del baño me quedé inmóvil. Mi tío había encendido una pequeña lámpara que se encontraba al lado de la cama y su apariencia era la de un dios antiguo: estaba recostado, desnudo y solo su sexo se encontraba cubierto por su trusa. Tragué saliva. Mi playera alcanzaba a cubrir mi pene, pero dejaba a la vista mis muslos. Quise cubrirme las piernas porque sentía vergüenza de que el me mirara asi, pero no lo hice.

    – ¿Estás bien? – me preguntó.

    – Sí, solo tenía que orinar.

    Mi tío me miró por un momento y después apagó la luz nuevamente.

    – Acuéstate – me dijo desde la oscuridad.

    – Sí.

    Era una noche fría. Afuera llovía nuevamente. Al meterme entre las cobijas sentí el calor del cuerpo de mi tío e instintivamente me acerqué a él buscando su cobijo. Entonces lo sentimos. Mi tío extendió sus brazos y me acurruqué entre ellos. Nos deseábamos. Me abrazó y yo coloqué mis manos sobre su pecho. El pecho de mi tío era viril, fornido y con vello. Encontré sus pezones y coloqué mis dedos sobre ellos. Nuestras piernas se encontraron y las frotamos ligeramente. Nuestras respiraciones se agitaron. Podía sentir el aire caliente que mi tío exhalaba sobre mi rostro y supe que contenía sus gemidos. Nuestros rostros estaban muy cerca el uno del otro y quise unir mis labios a los suyos. Sentí que su pene se ponía duro bajo su trusa y quise liberarlo, quería dejar en libertad a esa magnífica serpiente negra que acechaba entre mis piernas. Yo temblaba de frío y de excitación, pero no podía detenerme. Llevé una de mis manos hacia su trusa y tiré de ella. Su pené salto como un resorte y se estrelló en mi vientre. Lancé un pequeño gemido y entonces nos besamos. El beso fue profundo y apasionado. Nos habíamos encontrado. No era la primera vez que yo me besaba con un hombre, pero nunca había imaginado que besar a mi tío iba a sentirse tan bien. Era nuestra primera expresión de amor y deseo sin reprimir y me entregué por completo. Tomé su pene con mi mano y comencé a tirar de la piel, en unos instantes sentí la viscosidad de sus fluidos y luego lo escuché gemir.

    – ¡Sí… no te detengas! – me dijo.

    Yo no pensaba detenerme, quería seguir adelante. Después de masturbarlo durante algunos minutos separé un poco mis piernas y coloqué su pene entre mis muslos. Mi tío no perdió un momento y comenzó a frotarse entre mis piernas. Lleve mis brazos alrededor de su cuello y nos besamos otra vez. Él comenzó a acariciarme. Comenzaba en mis piernas, seguía por mis nalgas y terminaba metiendo sus manos bajo mi playera para acariciar mi espalda. Lamía mi cuello y mis labios, y después me besaba otra vez.

    – Gírate… – me pidió después.

    Obedecí y me recosté sobre un costado dándole la espalda. Mi tío se puso detrás de mí y volvió a insertar su pene entre mis muslos. Esta vez, mientras se frotaba, comenzó a besar mi nuca y a acariciar mis pezones. Yo comencé a gemir, sus caricias se sentían bien. Él se frotaba muy arriba de mis piernas y en muy poco tiempo mi ano se encontró completamente mojado. Poco a poco, mi tío comenzó a acercar la punta de su pene a mi ano antes de entrar entre mis muslos y cada vez que lo hacía, presionaba sobre mi entrada. Yo sabía lo que intentaba, pero también entendí por qué no se atrevía a hacerlo. Hasta ahora, nuestro encuentro no había pasado de ser una experiencia homo erótica, algo que ambos podríamos fingir olvidar y de lo que podríamos guardar el secreto, pero si él entraba en mí, todo cambiaría. Por un momento pensé en las implicaciones de tener sexo con mi tío. Era algo que estaba mal, algo que nadie podría aceptar si llegaran a enterarse, pero también pensé que ninguno de ellos estaba ahí, ninguno de ellos podía entender lo que sentíamos, la belleza de aquel momento y, finalmente, ninguno de ellos tenía porque enterarse de nada. Mis nalgas lo deseaban, por toda la habitación se escuchaba el obsceno sonido que su pene hacía al frotarse en mi zona íntima. Flugs, flugs. Entendí que no tenía caso negarme y entonces di el paso que mi tío no podía dar.

    – Métemela – le dije en un susurro.

    Afuera seguía lloviendo, pero en nuestra habitación reinaba el calor y el deseo. Después de unos instantes mi tío se aseguró de que yo estuviera convencido.

    – ¿Estás seguro? – me dijo.

    – Sí.

    Mi tío me recostó boca abajo sobre la cama y luego se sentó sobre mis piernas. Colocó su pene en la entrada de mi ano y comenzó a empujar. La fuerza viril de mi tío Omar pronto se impuso ante la debilidad de mi entrada y de un momento a otro me convirtió en mujer. Su pene entró hasta el fondo de mi recto y yo ahogué un grito entre las almohadas.

    – ¡Omar!

    Omar gruño de placer y comenzó a hacerme el amor. Su pene era magnifico, estaba caliente, duro y entraba y salía de mi ano lentamente. Yo sentía dolor, pero la sensación de ser penetrado me hacía sentir que había logrado algo que debería haber logrado muchos años atrás y me sentía feliz. La habitación de Omar se había convertido en el nido de amor de una pareja y la cama era el altar en el que se veneraba el placer. Nuestros gemidos llenaron la estancia y nos entregamos el uno al otro. Yo gemía, el gruñía.

    – Voy a terminar… adentro – me anunció de pronto.

    – ¡Sí! – respondí entre gemidos de placer.

    Nos tomamos de las manos para llegar juntos al momento más importante de mi transformación: la primera vez que iba a ser preñado. Y entonces llenó mis entrañas con su semen. Yo hundí mi rostro entre las almohadas y grité de placer y emoción.

    Omar permaneció largo rato sobre mi después de terminar. Acariciaba mi cuerpo y besaba mi nuca, cuidaba a su hembra… o al menos eso pensé. Cuando se puso de pie yo me incorporé y su semen comenzó a manar de mi ano. Lleve una de mis manos a mis nalgas y tome un poco de su simiente para olfatearla. El olor de su semen era embriagante. Metí los dedos en mi boca y no los saqué hasta que limpié todos los espermas de mi tío.

    – ¿Qué acabamos de hacer? – me preguntó el muy tonto.

  • La camisa roja

    La camisa roja

    Estaba dormida cuando lo escuché ya vistiéndose para irse a trabajar. Y no me pude resistir a quedarme despierta mirándole… Ese hombre que a pesar de no tener el cuerpo que muchos llamarían perfecto, se me hace tan atractivo, sexy y demasiado delicioso como para no mirarlo, aunque no esté haciendo nada del otro mundo…

    El solo se estaba vistiendo, ajeno al hecho de que decidí quedarme despierta a mirarlo ponerse ropa de a poco, aunque en mi mente yo lo estaba desvistiendo otra vez…

    Se estaba poniendo el pantalón jean, la correa, de manera normal, sin ninguna acción diferente que solo vestirse, pero se me estaba haciendo agua la boca, y cuando agarro la camisa roja para ponérsela, solo sentí como mi cuerpo se estremeció todo.

    Realmente no sé qué tiene esa camisa, pero vérsela puesta significa prenderme de inmediato, más por la manera que la usa, un poco abierta en el pecho dejando ver el o los collares que tenga puesto que hace todo juego con su piel y con los otros accesorios que usa, simplemente me vuelve loca ver los collares en su pecho.

    Puede que solo estoy demasiado extasiada con su persona o el simple hecho de que ya no me puedo resistir a sus encantos, pero ahí estaba el poniéndose la camisa roja y ya mi mente se había ido volando.

    Se dio cuenta que lo miraba al momento que termino de vestirse y me dedico una sonrisa, yo le sonreí de vuelta y solo me miro y dijo:

    -Buenos días amor

    Yo solo lo mire, le dedique una amplia sonrisa con mi carita a medio despertar pero que ya le miraba con muchísimo deseo… Y al parecer él lo noto pues se me recostó al lado y me planto un beso en las mejillas, luego beso mis labios y yo aparte de corresponder su beso, mis manos se fueron sin pensar a recorrer su piel en modo de caricias… Se sentía como su piel estaba cálida bajo la tela de la camisa roja y no hice más que besarle lento mientras nos acariciábamos muy lento, pero demasiado rico para poderlo describir con simples palabras.

    Después de algunos besos y caricias, nos separamos por unos segundos a mirarnos recostados en la cama, abrazados muy pegados, pero el en ese momento, condeno su salida a trabajar…

    Mientras me miraba se quitó un botón de la camisa y dijo:

    -ups, se abrió

    Dejando ver su pecho aún más y yo ya no me pude resistir, acto seguido me quité las sábanas, me puse sobre él y comencé a besarlo con mucha pasión y lujuria, estaba toda caliente y provocada por el simple hecho de que él tenía puesta esa camisa roja abierta en su pecho dejando puerta a la imaginación de esta servidora que es una caliente…

    Lo estaba besando con demasiada locura y lo acariciaba con lentitud, aunque aprovechando para sentir cada pedacito de su cuerpo, su piel caliente… Estaba muy extasiada de solo besar sus labios y tocar su piel que ya no me importaba absolutamente nada, por mi mente solo pasaba subirme sobre él y besarlo como una loca.

    Me le bajé de encima por unos segundos y le fui quitando botón por botón de manera lenta y seductora mientras el me miraba con demasiada curiosidad y deseo. Al terminar con los botones bese su abdomen, cerca de su ombligo, subiendo hasta su pecho para plantar esos besos con pasión en su pecho desnudo para sentirle retorcerse debajo de mi al ritmo de los besos que le daba. Empecé luego a lamer su pecho, y dejar que mi lengua tomara recorrido hasta su cuello donde le di más besos, más lengua y baje nuevamente a besar su pecho desnudo y caliente.

    Moví la camisa para dejar ver todo su pecho, lamí suave su tetilla izquierda, luego la derecha, luego nuevamente la izquierda y mientras chupaba y mordisqueaba su tetilla izquierda, mis dedos acariciaban la derecha y luego cambiaba… Yo solo quería llenarlo de estímulos mientras lo miraba con hambre y deseo. Me detuve de besar su piel para besar su s labios que estaban ansiosos por los míos, mientas mi mano izquierda empezó a recorrer su cuerpo bajando a la erección que ya se dejaba notar después de los estímulos y besos deliciosos que estábamos compartiendo.

    Me senté en la cama a su lado, le abrí la correa, el botón, el zipper, y abrí su pantalón para ver su ropa interior. Acaricie su erección un poco por encima del bóxer mientras lo miraba a los ojos, y sin decir una sola palabra él estaba seguro que sería mío en ese instante.

    Saqué del bóxer su erección y se veía esa delicia de pene totalmente despierto y deseoso de mí, de mis labios tal vez, así que, sin pensarlo dos veces, puse su erección en mi boca y empecé a moverme lento para darle todo el placer que era rica erección se merecía.

    Estaba lamiendo con detenimiento, chupaba con lentitud, lo trataba de poner todo dentro de mi boca hasta que tocaba el fondo. Le estaba llenando de saliva sin querer de tanto movimiento de mi boca en su pene y se notaba que lo disfrutaba, el me acariciaba, me apretaba, se retorcía y gemía de a poquito.

    Estaba tan caliente todo eso que no podía parar de chuparle su pene, estaba delicioso incluso lamérselo mientras lo miraba a los ojos con esa mirada que solo el conoce, esa mirada de placer, lujuria y deseo que solamente él sabía distinguir. Esa mirada que le decía, que me había provocado con su camisa roja en esa mañana antes de irse a trabajar y que ahora el seria mi desayuno… Ya me lo había comido a besos y caricias, pero había algo más que yo estaba ansiando y él lo sabía perfectamente.

    Por mi mente paso subirme sobre él y dejar entrar esa erección en mí, tomando en cuenta el vestido de animal print que tenía yo puesto, sin ropa interior al parecer de manera conveniente. Pero antes de yo subir sobre el para hacer esto, me di cuenta que el deseaba tomar el control de la situación con sus propias manos y yo sabiendo esto solo lo miré y me dijo:

    -Acuéstate en la cama

    Yo, siendo su amada obediente, me recosté en la cama boca arriba de piernas abiertas, esperando por él y sus ganas de poseerme. Pensé que le vería peleando con su ropa para quitársela, pero para mi sorpresa no resistió las ganas de nada y así mismo con el pantalón a medio bajar, la camisa roja abierta, se puso entre mis piernas y a medio acomodar sentí como me tomo de las piernas abiertas, acomodo su erección en la entrada de mi vagina y me embistió con todo.

    Yo solo solté un gemido agudo al sentir su pene entrando en mí de golpe. Yo estaba muy excitada, caliente, húmeda, mirándolo como estaba ahí sobre mi embistiéndome con sus caderas, movimiento adentro afuera, mientras yo seguía gimiendo a ritmo de cada movimiento que el hacía. Estaba más que extasiada, esto era lo que yo deseaba, sentirle dentro de mí de esta manera, justo como lo deseaba.

    Siguió en ese ritmo que no era ni muy rápido ni muy lento, ni muy duro ni muy suave, era perfecto para hacerme gemir justo como el me quería escuchar. Y ahí estaba yo abierta de piernas, sintiendo su pene entrar y salir de mi con fuerza, verlo agarrado a mis piernas, mis muslos, acariciándome luego el resto de mi cuerpo, termino de sacar mis senos del vestido, los beso, chupo mis pezones, me beso los labios, y repitió todo lo anterior una y otra vez mientras me seguía penetrando con fuerza, dándome esas embestidas cual animal salvaje, mis gemidos iban a ritmo de todo lo que el hacia y cada momento me mojaba más.

    Estaba demasiado caliente y húmeda, si entiendo y viendo esa deliciosa escena, de el sobre mí, con la maldita camisa roja que en este momento no se si amarla u odiarla, como se veía abierta dejando ver su pecho y abdomen mientras me estaba penetrando con el pantalón y ropa interior a medio bajar, sin resistirnos ninguno de los dos por disfrutar ese momento que solo era de nosotros dos y que me atrevo a escribir en este momento pues lo delicioso se comparte y si me hubieran visto en ese momento, lo rico que se veía todo, lo rico que se sentía, era probable que se provocaran ustedes también.

    Se los juro que sentirlo a él adentro de mi penetrándome de esa manera es el manjar más delicioso que jamás probe en mi vida hasta que lo conocí a él. Esa conexión brutal que siento cuando estamos follando, haciendo el amor, es demasiado para poder expresarla con palabras realmente. Es ese punto donde no sabes si amarle u odiarle por lo rico que te hace sentir, al punto que la cama queda toda mojada de fluidos de toda clase…

    Luego de muchas embestidas, muchos gemidos y mucho placer, estábamos llegando al clímax, sentí que me apretó aún más y le subió un poco la velocidad al movimiento, las penetradas se sentían aun con más fuerza que el tocar de nuestra piel sonaba lo suficientemente duro como para que nos hubieran escuchado los vecinos. Me apretaba, me acariciaba como desesperado, y yo estaba igual o peor, toda excitada y caliente, ni siquiera estaba pensando, solo disfrutando de todo lo que estaba pasando y en un momento solo siento como algo caliente empezó a entrar en mí, lo mire excitado, apretándome de las piernas mientras estaba acabando dentro de mí, soltando todo eso espeso y cálido en mi adentro y al sentirle de esa manera no pude evitar acabar con él.

    Quedo tumbado sobre mí, mientras ambos respiramos muy agitados por el todo lo que justo había pasado… nos tomamos unos minutos para estar así abrazados hasta recordar que él tenía que irse a trabajar.

    Verlo vestirse, abrazarle y besarle al despedirme, fue un poco agridulce pues no queríamos separarnos y menos después de aquella pequeña revolcada que nos acabábamos de dar, pero quedamos pendiente a volvernos a tocar.

    -Suerte en el trabajo mi amor.

    Nos vemos en le próximo relato.