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  • Relatos eróticos: Alba

    Relatos eróticos: Alba

    Alba es una mujer audaz y decidida, osada e inteligente con una intuición especial para saber lo que esperan de ella. Cuando usaba esa intuición, era capaz de detectar los puntos flacos de los demás, lo que le permitía actuar con ventaja y robarle los pensamientos a cualquiera.

    Físicamente era una mujer bastante espectacular, con un atractivo lujuriosamente sensual que acentuaba su melena negro azabache. Poseía además una misteriosa y tentadora mirada que hacía casi imposible desviar tus ojos de ella cuando nuestras miradas se cruzaban. Ella era conocedora de su belleza y la explotaba de forma elegante, siempre con la ropa apropiada, siempre con el maquillaje justo sin estridencias pero arrebatadora.

    Siempre tuvo las ideas claras en cada etapa de su vida, lo que tocaba hacer en cada momento y lo hizo por decisión propia, se sentía feliz. Alba y Gustavo se conocieron en la adolescencia, donde compartieron pandilla de amigos de verano en un pueblo de la costa gallega. Eso fue a los 14 y a los 20 comenzaron a “salir” como novios, aunque tuvo un par de novietes anteriores, Gustavo fue su primer novio con algo más que derecho a roce. Se casaron con 24 años, dos años después ya tenían a sus dos hijos. Desde entonces todo fue según su hoja de ruta, Gustavo empezó a trabajar en la empresa familiar y Alba crio a los niños hasta la edad escolar, a la vez que empezaba en el turno de oficio además de algún caso particular que le surgía. Esa era la vida que había escogido y le gustaba. Su vida no fue aburrida ni es aburrida, con 45 años además del trabajo mantenían una buena vida social fiestas, cenas o viajes solos o con amigos nunca faltaban en su agenda. El sexo en con Gustavo era bueno y lo seguían practicando, les gustaba, pero sus energías siempre estuvieron centradas en otras cosas como la empresa y la familia. Dependiendo del día, hacían el amor o simplemente satisfacían al otro, cuando cuándo uno de los dos no le apetecía mucho. Podría decirse que la relación de Alba con el sexo, era o bien un acto de amor o una necesidad fisiológica.

    Nunca le fue infiel a Gustavo, no lo había necesitado, lo quería, y ambos tenían el sexo que deseaban. Pero aquella tarde en los grandes almacenes, un ingrediente nuevo apareció en su vida, el morbo. Nunca había sentido esos nervios, ese estado de agitación interna, esa sucesión de deseos prohibidos que te produce el morbo. Ese momento en que la excitación sube a medida que vas rompiendo barreras, que antes ni te habías planteado o no sabías que existían. Nunca había sentido nada de eso, el descubrirlo, el saber de su existencia y el sentirlo en su propia piel, fue lo que la llevo a esta aventura con Luis. No buscaba consuelo el de una mujer despechada en brazos de un amante, no buscaba el placer de una mujer desatendida, no buscaba venganza por una infidelidad, solo se encontró con algo que desconocía, y ese descubrimiento genero el ella un deseo que quería explorar.

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  • Relatos eróticos gay: Frustrados unidos

    Relatos eróticos gay: Frustrados unidos

    -Ah, mierda, eso no es justo, no puedes hacerme eso -. Gimió Daisuke mirando a Takeru

    -No te atrevas a quejarte, si no eres capaz de seguir una regla tan simple, no veo ninguna razón para escucharte.

    Daisuke no respondió. En vez de eso, miró hacia abajo la pequeña cabeza negra azabache que estaba cayendo sobre su dura polla.

    Los había sorprendido a ambos con sorpresa. Bueno, como siempre, Takeru logró una vez más poner sus manos en los artilugios de castidad, esta vez no sería para una persona solamente, serían para dos, y como siempre, también fue un juego fácil para él convencer a su hermoso sumiso de hacer algo diferente con Ken. Daisuke siempre haría caso a todo lo que Takeru dijera, como un cachorro en cualquier lugar y hace casi todo lo que Takeru hace. Y esta vez no iba a ser menos.

    La polla de Daisuke estaba enterrada en la garganta de Ken, obviamente este útimo disfrutó cada segundo de eso hasta en una pequeña parte, pero la imagen para Takeru era tan morbosa que los hizo continuar pero insertando un tapón vibrante dentro del culo dulce de Daisuke

    El pene de Ken estaba encerrado en su jaula de metal, sabiendo Takeru que estaba caliente y necesitado, sabía que sería un desafío para él retenerse. Al ordenarle Takeru que continuara chupando el pito de Daisuke SIN PODER TRAGAR EL RESULTADO, lo dejó tan frustrado como Daisuke, que NO TENIA DERECHO A CORRERSE por un tiempo muy largo.

    Ken a pesar de eso, desde su lugar tumbado en la cama miraba con resignación a Takeru, desafiandole de todas formas, este se levantó y fué hasta donde estaba Ken en la cama para decirle

    -No creas que no noto lo que estás intentando, dije que le chupes el pene, no que le lamas la punta -. Después Lentamente empujó su cabeza más profunda en la dura polla erecta haciendo que Ken y Daisuke gimieran en placer tortuoso. Después sonrió a Daisuke

    – Es lo que querias, no? Estar con tu chico porque no me aguantas, verdad? Aqui lo tienes,todo para ti, lo tienes muy cerca, le sientes, pero no le tienes, disfrutalo

    Daisuke gimió, deseoso de querer explotar pero no se le estaba permitido

    -Por favor -. Dijo desesperado, debajo de él… Ken lamía su polla con demasiada destreza, deseado de deslizarse mas hacia arriba, pero tampoco le estaba permitido hacerlo, chupaba en una profunda frustración, aunque en el fondo deseaba esto, estar junto a Daisuke, chupandole, lamerle la piel, estar cerca de él.

    Ambos gemían sin poder aliviarse, sobre todo Daisuke que estaba de rodillas en la cama con las manos libres, necesitaba aliviarse por algun lado, queria quitarse el tapón vibrante del culo pero Takeru adivinó sus pensamientos antes que nadie

    Tiró de su cabello haciéndole gritar y recuperar el aliento.

    -NUNCA-. Te quedarás asi un largo tiempo, no te gusta hacer cosas tu y Ken juntos? Hasta en las frustaciones vais a estar juntitos ¿no es divertido?

    -Sí-.-dijo con los dientes apretados-.

    -Yo… -. Llegó una voz tranquila debajo de la polla de Daisuke

    -QUIERO SILENCIO, Ambos os mereceis esto -. Contestó dirigiendole una mirada de perversión a Daisuke, la persona en quien siempre Takeru estaba interesado

    -Sí-. Respondió este obedientemente y entregó su polla a Ken ya que se la habia retirado para hablar

    -Si chupas con mas fuerza terminaremos inmediatamente de todo esto

    -Esto solo me hará sentir mas deseoso de tí y de tu cuerpo, Daisuke no te imaginas las ganas que tengo de hacerte mío ahora mismo… o de ser tuyo -. Contestó apunto de llorar

    -Tranquilo, Lo sé, pero hagamoslo juntos, suframos juntos en esto -. Contestó Daisuke acariciandole el rostro

    -NO OIGO QUE CHUPES KEN, CHUPA DE UNA PUTA VEZ -. Takeru perdió la paciencia y Ken haciendo caso a Daisuke chupó con mas entusiasmo que antes.

    Daisuke empezó a gemir de nuevo con absoluta frustración porque queria tocarse y no podia.

    Takeru volvió a su sillón y se sentó, encendió la televisión mientras oía las lamidas de Ken

    -No te detengas, y aviso que si uno de los dos folla sin permiso, pensaré en algo mas frustrante que os recordará seguir las reglas en algun otro futuro si decido repetir esta experiencia

    Las respuestas fueron frustradas y largos los gemidos.

  • Confesiones de unas compañeras de clases

    Confesiones de unas compañeras de clases

    Esto pasó cuando estaba cursando quinto semestre. En ese entonces la universidad nos daba la oportunidad de realizar algún intercambio de materias a otras universidades afiliadas a la suya y no quería dejar pasar esa oportunidad aunque la lista que nos dieron a nuestra carrera era muy limitado no me decepcione pues estaría bien conocer otro estado y otros tipos de compañeros. En la lista había varias universidades de renombres otras no tan conocidas pero opté por quedarme en un lugar que tuviera alguna playa para pasar mis fines de semanas ahí. Escogí el bello Puerto de Veracruz y aunque iba ir por primera vez tenía que dar una buena impresión así que envié mi reporte al trabajo para darme el “OK” y no dejar algún pendiente en la escuela.

    Todo iba marchando bien. Sin queja del trabajo, la escuela nos despidió no sin antes dejar la universidad en lo más alto y listo, partí a mi destino. Cabe mencionar que llegando a Veracruz una vez estando en el aeropuerto sentí el detestable calor a más no poder, recuerdo llegue un viernes por la tarde y ya me estaba arrepintiendo pero ya no podía hacer nada, tomé un taxi, le di la dirección del departamento que había pagado meses antes de renta y a instalarme. El lunes tenía que presentarme en la división así que un fin sólo estando fuera del estado no era tan agradable así que esos días me decidí perder el tiempo ya sea en dormir u otras cosas menos importantes. Llegando el inicio de semana tomé mi mochila y a dirigirme hacia la nueva aventura que me tocaba, me presentaron todos los profesores en los dos salones que iba a cursar, los compañeros me resultaron agradables y si vi algunas que daban de que desear. Los días pasaron y las salidas eran frecuentes con ellos (sin dejar mis estudios claro) poco a poco me fui ganando la confianza de ellos y de un selecto grupo que parecía ser los populares. Entre ellas estaba Gaby una morena muy bien de cuerpo, su inseparable amiga Lizbeth (que casi parecían hermanas) Cindy una de baja estatura pero igual y me la chingana y Karli (tenía novio pero se me hacía muy zorra). Entre tantas salidas sabía que yo me limitaba y no iba abusar de ellas, siempre terminaba cuidándolas o algo por el estilo, siempre me invitaban en sus planes y casi siempre les decía que si para no aburrirlas. En una ocasión un jueves de intenso calor decidí llevarlas a donde me quedaba (cerca de Boca del Río) y pasamos a comprar en un Oxxo para después meterlos al coche de Gaby y llegar a mi departamento. Entre nuestros juegos, risas y comedia sabía que tenía que sacarle algo a ellas y así empecé con Gaby:

    “Qué bonito coche tienes Gaby, el mío no está tan nuevo pero aún arranca” se lo dije en forma de burla y ella me contestó “Si, lo que deja bailar jajaja” esas risas me abría a seguir preguntando, pero Lizbeth se interpuso “jajaja ajá, bailar” Yo sabía que ellas dos eran edecanes, cuando el Tiburón (equipo de fútbol) jugaba ellas iban al estadio y me las topé de vista un par de veces vestidas así. Después le pregunté “En confianza, solo son edecanes supongo ganan bien o no lo sé…” Deje la respuesta en el aire y me comentaron lo siguiente:

    “Mira, si somos edecanes pero tanto Gaby y yo trabajamos en otras cosas, nos gusta el dinero y para despistar pues somos bailarías y aparte de eso somos prepago pero con gente TOP” Ya habían mordido el anzuelo y seguí con más, les dije que me contara alguna historia para asegurar si era cierto eso y ambas comenzaron a hablar: “De bailar ya tenemos unos 3 años, pero todo comenzó cuando nos contrataron para animar una fiesta en una casa de lujo, éramos 4 chicas y Lizbeth y yo solo íbamos a bailar así que en cuanto llegamos hicimos lo que teníamos permitido pero en cuanto el dueño de la casa nos preguntó si nos podíamos quitar la ropa le dijimos que no, no se enojó pero cambiamos de parecer cuando nos daban 5,000 pesos a cada una y solo así accedimos, recuerdo que esa vez me metí con dos tipos al mismo tiempo y Lizbeth lo hizo con el dueño de la casa ya que nosotras dos éramos la más guapillas ahí” Lizbeth comentó: “Ciertamente así fue, nos quitamos la poca ropa y al principio nos quedamos en tanga para que después ellos nos la quitaran, fue rico porque aparte de que disfruté me pagaron muy bien” Cindy y Karli solo rieron y yo también, ellas ya sabían que en la división eran unas fichitas y no les sorprendía para nada y les pregunté por las otras “¿Y tú Cindy, porque no eres edecán?” Me límite a reírme para romper el hielo, solo me contestó:

    “No me gusta ser exhibida aunque igual hice algo similar, recuerdo que en donde trabajo, en el despacho siempre los fines de semana procuro ir de lo más coqueta para calentar al contador, el lleva el registro de los sueldos y en una ocasión necesitaba algo excesivo de dinero así que esa mañana que íbamos a estar nosotros dos solos en el despacho lleve una pequeña falda primaveral y una tanga blanca para que no se notara, recuerdo que me agachaba para que el mínimo viera pero como es algo lento el pobre nunca se me insinuó hasta que ya era hora de salir, me dijo que lo acompañara a la parte de arriba por unos oficios de forma que fui primero para que viera mi pequeño trasero y se emocionara con la vista que le daba, estando arriba solo me dijo que me veía linda y que tenía ganas pero yo le conté mi problema y me dijo: “Esta bien pero haz que me venga” fue muy directo así que solo lo masturbe, cabe mencionar que sacó demasiado semen y todo manchó la pared, me dio la cantidad que necesitada y nunca más volví a hacer eso por respeto a mi trabajo.

    Le tocaba el turno a Karli y sabía que iba a salir de sucia barata y nos contó su historia: “En un taller que llevé, el profesor me pidió que me quedara más tiempo y yo accedí, recuerdo que con la falda de uniforme de la prepa me quedaba algo corto y el solo se acercó a mí y la alzó poniendo al descubierto mi pequeño calzón rosa y solo se lo había sacado para darme arrimones y solo le contestaba cosas como “que rico”; hasta que el muy tonto no cerró la puerta trasera y el conserje nos vio y yo apenada lo alejé y le dije que me iba, cuando estaba a punto de abrir la puerta el me pidió que regresara y para que no hubiera problema yo tenía que hacer gozar al conserje y bueno, por pendejo tuve que mamársela al conserje en vez al maestro que el solo vio como lo hacía y de castigo me tuve que tragar el néctar que me gusta, recuerdo que le dije que para él no había nada y salí de ahí enojada pero contesta jaja”

    Sé que el relato es corto pero en un rato subiré la pequeña aventura que tuve con dos ex compañeras ¡Un saludo!

  • Lágrimas (relato corto no consentido)

    Lágrimas (relato corto no consentido)

    Al policía Martínez lo llamaron por teléfono, cuando estaba saboreando un café en su pequeño despacho, para realizar una investigación preliminar sobre el caso de una muchacha, dependienta de una tienda de ropas de modas en un centro comercial, que se había precipitado desde el primer piso de dicho centro, causándole la muerte tal caída.

    Martínez cogió su tablet; realizó búsquedas por las redes sociales en busca de una descripción o unas fotos de la muchacha; la encontró: 21 años, pelo largo rubio y liso, seguramente tintado y planchado; en una foto de cuerpo entero vio que era obesa, pero no mórbida, lo que ahora estaba de moda llamar «una gordibuena», de anchas caderas y tetas abundantes y frondosas. «Un formidable hallazgo, como encontrar el elixir de la eterna juventud», pensó Martínez.

    Martínez hizo una sola llamada: «Hola, qué tal Andrés, cuanto tiempo sin saber de ti…, sí…, sí, pues… verás, te llamo porque»…; en un cuarto de hora tomó su coche particular, conectó una sirena que llevaba en la guantera por si las moscas y arribó al centro comercial.

    Saludó a sus compañeros policías uniformados, que custodiaban la puerta de la tienda; éstos le franquearon la entrada.

    Nada más entrar, sintió la tragedia. Las dos compañeras de la muchacha, compungidas, se abrazaban. «Buenos días», las saludó Martínez; «Oh, oh, buenos días, señor policía», respondieron ambas al unísono’: «Llámenme Martínez, a secas», aclaró Martínez.

    «¿Saben qué le pudo ocurrir a su compañera… ¿cómo se llama?»…; «La Jessi», dijo una; «Jessica», dijo la otra; «Eso, Jessica, ¿saben qué ocurrió?», terminó de preguntar Martínez.

    Ellas explicaron que a primera hora, nada más abrir, salió de la tienda, y el resto pues… «Ya», dijo Martínez.

    En esto se oyó un alboroto en el exterior. «Oigan, déjenme pasar, soy el dueño», se oyó en tono imperativo. «Dejen pasar, dejen»…, solicitó Martínez.

    «Me he enterado por las redes sociales, ¿qué le ha pasado?, ¿ha muerto?», preguntó el dueño; «Sí, lo siento», dijo Martínez; «Pobre Jessi», soltó el dueño; «¿Cuándo fue la última vez que la vio?», le preguntó Martínez; «No sé, déjeme pensar»…; «Ayer vino usted por la noche, Pepe», indicó una de las empleadas; «Cierto, sí, vine a cerrar caja, porque el encargado está de vacaciones y»…;» Y Jessica se quedó con usted», dijo la otra; «Sí, es verdad, le pedí que se quedara, pagándole por supuesto las horas extras»; «Ya», dijo Martínez.

    El dueño fue detenido por un delito de acoso laboral como causa de suicidio.

    «Jessi, por favor, quédate un poco más tiempo esta noche para ayudarme con el nuevo envío de prendas…, además, debo cerrar caja, preferiría hacerlo acompañado, ya sabes, para que se me haga más ameno»; «No sé si podré, Pepe»; «Por descontado, Jessi, que el tiempo que te quedes te lo incluiré en tu retribución semanal…, ¡por favor!; «Está bien, Pepe, me quedaré.»

    Al principio, sólo era cariñoso; luego se aproximó, a pocos centímetros de ella; posó la barbilla sobre su cuello, cerca de su oreja, para susurrarle obscenidades; y le palpó las tetas y el culo; después se tornó serio: la amenazó con despedirla si no era a su vez cariñosa con él; más tarde la sujetó por la cintura, por los hombros, y la fue inclinando hasta que quedó tumbada sobre el suelo enmoquetado; seguidamente le subió la tela de su falda hasta el ombligo, dejando desnudos sus tiernos y hermosos muslos carnosos, y le bajó las bragas; por último, montó sobre su estremecido cuerpo, se sacó el endurecido pene por la portañuela del pantalón, lo llevó empuñado hasta su vagina y, empujando, usándolo como si fuese un ardiente ariete que abrasa e hiere, la penetró. El de seguridad oyó sonidos; le pareció distinguir un ronco resuello seguido de hipidos lastimeros; se acercó, preguntó que qué pasaba puesto que las luces estaban apagadas y no podía ver con precisión. «¡Nada, Andrés, un trabajillo atrasado, ya me voy!».

    Casi era madrugada cuando Andrés, en uno de sus rutinarios paseos por el centro comercial, a media luz, vio salir de la tienda a dos personas; una era corpulenta, tenía una larga melena, vestía una ancha falda larga y calzaba zuecos; la otra era él.

    Martínez, poco después de mandar detener al dueño de la tienda, echó un vistazo a la taquilla de la muchacha. Sus objetos personales eran pocos: un móvil, unos pendientes, un llavero y un pañuelo bordado con rosas; éste estaba húmedo. Martínez se lo acercó a la cara: no, no era colonia, olía a otra cosa, su tacto era otro: estaba empapado en lágrimas.

  • Sexo en casa con mi vecina embarazada

    Sexo en casa con mi vecina embarazada

    Durante años le fui fiel a mi mujer. Nunca pensé que una de sus amigas se fijase en mí. No era casualidad que muchas mujeres me miraban por la calle o cuando trataba con alguna de mis clientas, más de una se ponía feliz al verme. Era un imán para las chicas.

    Un día tocó a la puerta una amiga de mi esposa, Carla, que también era nuestra vecina. Me preguntó si ella estaba en casa y le dije que se había ido a lo de su madre. Al parecer hubo algún mal entendido entre ellas con el horario, pero a ella se la veía muy preocupada y me decía que tenía algo muy importante que decirle. Estaba triste por los problemas con su marido.

    Verónica, mi mujer, me había hablado de su querida amiga Carla. Me contó que su querida amiga tenía muchos problemas personales con su pareja y que en el medio había una pequeña niña. De inmediato me compadecí de ella y le dije que entre a casa.

    Me sonrió y pasó directamente a la cocina. Fue allí que se quebró y ella repetía sin consuelo:

    – ¡No doy más! ¡No doy más! Mi marido tiene a otra y me trata muy mal. ¡Me golpea!

    Fue allí que lloró con fuerza y fue allí que toqué su mojada mejilla. Ella me miró con un mar de lágrimas en su atribulada alma. Se la veía desbastada, desconsolada y cansada por llevar un calvario con ese tipo. Mirándola bien supe que Carla estaba embarazada de su segundo hijo. La volví a mirar a los ojos, pero esta vez nos miramos más de cerca y pude ver la ternura del maravilloso momento por el que estaba pasando, su embarazo. Sentí compasión por su situación y ella sin dejar de sonreírme, buscó mi mano y la acarició hasta que se la llevó hasta su triste rostro caído. Me miró una vez más a los ojos y me dijo:

    – Gonzalo, como me gustan tus tiernos ojos. Vos estas bien con Vero y sé que hago mal en decirlo porque soy la mejor amiga de ella, pero…

    Allí la interrumpí y le dije:

    – Esta bien yo te entiendo. A pesar de lo que me decís, yo me fijé en vos varias veces. La verdad es que sos muy linda.

    Se sonrojo, sonrió y me preguntó gesticulando sus carnosos labios:

    – ¿Se enojará Vero si me presta su lindo marido un rato?

    Le contesté que tal vez sí, pero que no tenía porque saber nada de lo que quisiéramos hacer. Fue allí que ella acercó mi boca y la puso sobre mis labios secos. Me besó efusivamente y yo perdí mis estribos. Me fui directamente a su cuello. El rostro de Carla acompañaba mis intrépidos movimientos bucales. Mi lengua lamia su hermosa cara angelical, limpiando todas las lágrimas de la amiga de mi esposa, mientras miraba una foto suya y de mis hijos que colgaba de la pared.

    Ella me susurró al oído que me amaba, que desde que me conoció cuando estaba de novio con Verónica le gustaba. Debo confesar que a mí también me gustaba carlita. Quería disfrutar de todo su cuerpo, así estuviese embarazada, pero tampoco quería cometer una torpeza y se adelante el parto. Esa tarde quería beberla y que sea toda para mí.

    Saboreé lo pezones de sus esplendidos pechos mientras metía cada uno de sus pechos dentro de mi boca y sentía como la devoraba, como me comía esas ricas tetas. Salía leche a borbotones por ellos y yo la saboreaba. De repente la carita de Carla había cambiado por completo. Ella rebozaba de alegría porque por fin ella era atendida y tenía alguien que la consolara. Por dentro pensaba que idiota era su marido que dejaba pasar a esta hermosa hembra.

    Luego de chupar sus tetas, le saqué la tanga y chupe su delicioso clítoris. Ella jadeaba con mucho placer y mientras mi lengua jugaba con su vagina yo me pajeaba. Giré hacia su cola y chupe el ano de carlita. Así estuvimos: ella de espaldas y yo metiendo mi lengua por todas sus cavidades.

    De repente Carla me dice:

    – ¡Mmmmm… Cógeme por favor gonza!

    – Si preciosa, tu marido se merece estos cuernos.

    Allí se hecho a reír y dándose vuelta abrió sus piernas. Agarré mi pene y se lo introduje lentamente por su vagina mientras ella hacia el vaivén para adelante y para atrás. La carita de loca de Carla me lo decía todo, mientras tanto yo seguí embistiéndola de atrás por su concha, así estuvimos un buen rato.

    Mientras mi pija entraba y salía por su vagina, empecé a ver como salía mi semen por su agujero. Quise penetrarla por atrás y se negó, luego me dijo que la próxima vez me daría su culito. ¡Que zorra era la amiga de mi mujer!

    Finalmente me quedaba un poco de nafta en el tanque y le hice chupar la pija. Me tiró la goma como una verdadera puta y le eché toda la leche en su boca. Carlita se relamió y saboreó mi semen hasta tragarlo. Fue al baño y se limpió un poco la boca. Quedamos los dos exhaustos, mi señora estaba por llegar y despedí a carlita con un beso en sus sucios labios. Ella estaba muy contenta con su pancita en los 6 meses. Quedamos en vernos y volver a repetir lo nuestro, esta vez Carlita me daría su culo.

    FIN.

  • Una mañana en el salón de clases

    Una mañana en el salón de clases

    Siempre me ha gustado la adrenalina de estar a punto de ser descubierta y creo esa es la razón por la cual durante toda la preparatoria me gustaba jugar con los chicos en los salones. Todo comenzó con un chico llamado Leo, no es que fuera el más guapo pero yo sabía que tenía un buen pene.

    Era miércoles y me tocaba usar el uniforme normal, como siempre llegue más temprano que los directores y maestros pues faltaba como hora y media para que alguien de la sección de preparatoria llegara, ese día mi compañero Leo llegó temprano, no le tome mucha importancia pues todos sabían que me quedaba dormida durante el tiempo de espera.

    Pero comenzó a hacerme platica ya que se sentaba en el pupitre de al lado, hablamos de tonterías de la escuela por 10 minutos creo y entonces me preguntó si no quería hacer un juego de preguntas, a lo que yo respondí que sí, las primeras eran tontas pero después me pregunto.

    “Y dime ¿Te masturbas o eres como las demás chicas que piensan que es asqueroso?” “si, me gusta masturbarme, aunque me gusta más que alguien más me toque… pero dime ¿Qué tal eres con los dedos?” se sorprendió con mi pregunta pero no dudo en responder “¿Quieres averiguarlo? “ yo que de por si traía unas ganas de jugar le dije rápido “claro y si logras hacer que termine muy húmeda te dejare que me penetres” pude notar como su pene se puso duro con mis palabras y quería salir de sus pantalones “Vamos a los baños” “No, si quieres hacerlo será aquí” no se negó a hacerlo en el salón. Nos pusimos cerca de la ventana y la puerta por si alguien llegaba nos diéramos cuenta.

    Sentada sobre el comenzó a besarme el cuello y con una mano mis pechos debajo de la playera de la escuela, tengo que decir que tengo unos pechos medianos copa 36B por lo que tenía con que divertirse, mientras que con la otra bajo a mis muslos y lentamente fue subiendo hasta llegar a mis calzones, primero rozo despacio por encima de ellos por lo que comenzaba a sentirme excitada, me dejó de tocar y sacó su mano de mí falta para merla en mi boca “chupa bien perrita” mientras yo chupaba sus dedos el comenzó a morder un poco mi oreja y a decirme “te voy a poner tan caliente que te voy penetrar de una sola vez putita” ti me seguía calentando.

    Saco sus dedos de mi boca y regresaron a mí ropa interior, la cual fue arrancada por él y tirada al piso, comenzó a sobar entre mis labios vaginales hasta llegar a ese precioso punto que me hace vibrar y solté un gemido que él no dejo pasar y comenzó a mover más rápido sus dedos por esa zona, para luego introducir un dedo y comenzar mete y saca. En ese momento yo ya está mojada, me movía para hacer más profunda la entrada del dedo, acerqué mi mano a su bulto y comencé con un roce suave para después abrir sus pantalones y dejar salir a su pene

    Me baje de sus piernas para sentarme en el piso y comencé a masturbar su pene con una mano y con mi lengua darle unas pequeñas lamidas y hacer un movimiento circular en la cabeza del pene. Después de lo que creo fueron unos minutos me metí su pene y comencé chupar y succionar para que quedara bien lubricado el obviamente aprovecho para tomarme del pelo y hacer que me lo tragara hasta que tocara mi garganta. “Vamos perrita trágatelo todo” “dios tienes una boca muy rica sabes” eran alguna de las cosas que decía y hacia que más me excitara.

    Por fin deje su pene para evitar que se viniera en mi boca “sabes ganaste el placer de tener tu sabroso pene dentro de mi vagina” dije mientras me paraba y acomodaba para sentarme sobre el dando la espalda, me acomode su pene en la entrada de mi vagina, para comenzar a bajar lentamente, su pene era grueso de un tamaño mediano, así que mis paredes vaginales se tenían que abrir un poco, pero aun así se sentía excelente y estoy segura a él le encantaba el que estuviera estrecho porque soltaba comentarios como “ que vagina tan apretada tienes” “dios ya quiero cogerte bien duro” mientras me movía poco a poco el no dejaba de morder mi cuello y jugar con mis pechos y pezones “¿ te gusta cómo me muevo?” pregunté entre gemidos “dios me encanta pero es mi turno de darte como quiero” así me agacho para que mis manos tocaran el piso y se paró “ahora si te voy a hacer gemir y gritar como la perrita que eres” comenzó a penetrarme fuerte mientras yo tenía y gritaba “vamos dame más rápido, cógeme con ganas” el obediente se movía mar rápido y algunas veces entre palabrotas y comentarios sucios me daba una que otra nalgada, por un momento nos olvidamos del hecho de que estábamos en un salón y cuando mucho nos quedaban unos minutos para terminar.

    Estábamos a punto de llegar al orgasmo, por lo que comenzó a jugar con mi clítoris y a penetrar lo mas rápido que pudiera “vamos llega conmigo” yo solo podía decir si entre gemidos, dio sus últimas penetradas y mientras los dos dejamos salir un grito de satisfacción llegamos al tan esperado orgasmo.

    Mientras se acomodaba el pantalón yo me di cuenta de que estaban rotas mis bragas así que se las regalé para que se pajeara en la noche pensado en lo rico que me cogió en el salón de clases. Abrimos las ventanas para que se fuera un poco el olor a rico sexo y nos fuimos a refrescar y limpiar al baño.

    Entramos al salón con la promesa de que no sería la única y última vez que lo haríamos, por lo que ese día me la pasé sin bragas y pensando en cuando, en dónde y cómo sería nuestra siguiente vez.

  • Mi dulce maestra de artes (parte III)

    Mi dulce maestra de artes (parte III)

    Hola ya había narrado en las otras ediciones como conocí a Dulce y hasta donde ya habíamos llegado.

    Las cosos se pusieron más calientes, recuerdo que en un festival por la mañana, si no mal recuerdo de día de las madres, ella llevó un vestido rojo hasta las rodillas, como siempre durante ese ciclo escolar nos ponían juntos, yo para ayudarla con la edición de la música y checar el audio del festival y ella como organizaba todo pues estar atenta a los grupos que entran y salen.

    Ese día, estando en ese glorioso pasillo, entre las pausas y con eso que estábamos escondidos me pasaba de mano larga, acariciándole las nalgas, ella no decía nada solo sonreía, le pasaba mi dedo por su culito, sentía como le gustaba y me decía estate quieto nos van a ver, pero no me detuve, en una de esas, estando arrinconado en la pared, hizo lo mismo con la intensión que yo la garrara bien, eso hice, le agarre el culito, fuerte, con el más intenso morbo, pasando una y otra vez mi dedo entre sus nalgas.

    Se separó de la pared y siguió con su encomienda. Yo, entre que se ponía frente a mí y me miraba ponía de manera disimulada mi dedo en mi poca, saboreando el aroma y sabor de su hermoso y sabroso trasero, déjenme decirles que olía hermoso, usaba un perfume agradable que no sé porque hasta ahí se sentía ese aroma excitante. Creo aplicaba esa frase, en el cuello por si me besa, en los brazos y torso por si me abraza y en la panochita y culito por si se pasa, y déjeme comentarles que siempre me pasaba, pero a ella le gustaba, es más así como ella en la intimidad me llamaba perro, yo la podía llamar mi zorra y puta…

    Terminando el festival, nos dispusimos todos los compañeros a recoger todo, por lo que ella estaba llevando a la biblioteca algunos premios para las mamás, que habían quedado, como eran muchos la ayude a llevarlos. Cuando llegamos ahí, ella parada y con todos los objetos en sus manos me dijo- cielo me ayudas? yo le dije claro- intente agarrar lo que tenía en sus manos y me dijo, no seas tontito, hace rato que me estuviste excitando tanto amor, me estuviste manoseando, metiéndome el cachetero en toda mi rajita y mi trasero, así que te toca sacármelo, asentó lo que tenía en sus mano y se dispuso a disfrutar el momento.

    Le levante la falda que era corta, sencilla y holgadita, recorrí sus piernas con mis manos hasta llegar a sus nalgas, estaba realmente mojada, con el cachetero dentro su culo, bien metido y que decir de su conchita, aquella cuquita parecía que estaba amordazada con la parte frontal de la ropa interior; era de encaje, calado, de color rojo, me excitaba tanto, metí mis dedos entre esos labios carnosos y rosaditos, estaban tan mojado que resbalaban hasta dentro, la empecé a dedear, gemía en silencio, ahogando su alarido, separe la ropa de su piel por delante y atrás.

    Sin quitársela saque mi verga y la puse entre sus piernas, frotando mi pija entre sus panocha, ambos escurríamos de placer, la envestía fuerte pero sin penetrarla, entonces escuchamos voces, así que nos separamos, yo fui a ver qué pasaba, era en conserje que hablaba con otro compañero, le dije están cerca, así que me dijo, pues ni modo mi perro otro día terminamos, así que le acomode el cachetero la baje la falda, nos dimos un beso y salimos.

  • Despojando de su virginidad a Ámbar

    Despojando de su virginidad a Ámbar

    Regularmente recibo correos electrónicos a través de mi correo público cuando se trata de estas aventuras sexuales. Sorpresivamente recibí un correo en mi buzón privado que me dejó un tanto intrigado, pues ese correo muy limitadas personas lo tienen. Pensé que se trataba de uno de esos correos basura de publicidad de algún negocio de damas de compañía o de contenido sexual que de vez en cuando se filtran. Para mi sorpresa, aunque lo ignoré por algunas semanas, esta persona que decía llamarse Ámbar, siempre me siguió escribiendo correos muy sugestivos.

    Un día decidí responder y le dije que debía de haber algún error, que yo tenía 47 años, para que una chica de 18 quisiera involucrarse íntimamente con alguien de mi edad. Pensé que ya no escucharía nada de ella, pero el siguiente día estaba un nuevo correo de Ámbar. Para abreviar el relato, debo decir que estos correos se mantuvieron por unas 4 o 5 semanas y esta chica me comenzó a enviar fotografías y debo aclarar que aunque muchas de ellas sugestivas, ninguna que le pudiese comprometer a nada.

    Ámbar es una rubia de aproximadamente un metro y 70 centímetros, de cabello ondulado cayendo a su precioso trasero y tiene unos preciosos ojos azules. Ver a Ámbar en pantalones vaqueros es una delicia y verla en minifalda una enorme tentación. Según sus correos, me conoció cuando fui a su escuela a dar una charla motivacional y tomó mi tarjeta de presentación y posteriormente llegó a investigar mi correo privado. Por un momento creí que todo sería una comunicación sugestiva por medio de correos y que todo se quedaría en ese punto, pero la dinámica cambió desde que recibí el siguiente correo, el cual traduzco con lo mejor de mis habilidades:

    – “Sr. Zena, quizá usted no me tome en serio, pero créame que no me atraen los chicos de mi edad. Cuando lo vi en esa charla en nuestra escuela, algo me atrajo hacia usted y como puede darse cuenta, hice lo que tuve que hacer para llegar con usted. Usted me ha pedido una fotografía más sugestiva y que puede ser comprometedora y algo así, me disculpa pero me rehúso hacerla. En dos semanas me voy para la universidad y me gustaría antes de partir, tener la oportunidad de conocerle personalmente. No sé qué pueda pasar si tuviéramos un encuentro, pero de mi parte yo me conformo con un beso”.

    Aquel día la invite a cenar y quedamos en reunirnos el siguiente día. Recuerdo llegó 30 minutos tarde, pues me comunicaba que le habían atrasado en la estética donde le hacían el manicure y pedicuro. Valió la pena la espera, pues verla llegar con ese vestido color turquesa era una delicia y no solo a mí me hipnotizó, todos los caballeros en la área de la cantina se vieron obligados a no despegarle la vista: fue obvio aquello.

    Me sentí privilegiado al recibirla en mi mesa con un beso en los labios y me alivió un poco su forma de vestir, aquel atuendo le daban a Ámbar un aire de madurez y quizá en algo pasaba desapercibido su joven edad de solo 18 años. Realmente me incomoda estar con una chica de rostro infantil y aunque mucha gente me dice que también trago años, el cabello gris a los lados me delata en algo mi edad, pero con las mujeres que comparto más que una simple amistad, siempre me han dicho que les parezco más sensual y misterioso con mi cabello gris.

    La cena transcurrió de lo más normal y sentí que Ámbar intentó en lo que pudo estar cerca de mi tomándome de las manos. Intuía sus intenciones y creo que ella estaba claro con las mías, pero para no parecer ansioso o que me faltaba tacto le propuse ir al cine, a lo que ella respondió:

    – ¿De veras quieres ir al cine?

    – ¿Tienes otra propuesta?

    – Llévame donde tú quieras, lo que quiero es estar contigo.

    – ¿Te parece bien el “No-tell Motel”?

    – ¡Me parece bien! –dijo sonriendo.

    Aquella expresión local, es la insinuación de ir a follar a un motel, donde nadie al salir de ahí, hablará de lo que ahí ha sucedido. Ámbar es una con las pocas chicas con las que he usado un preservativo, pues ese día me hace saber que nunca ha estado activa sexualmente y en esa ocasión me dice que es virgen, que nunca ha tenido una relación sexual, lo cual yo actúo como si lo creyera, y me he ido a la farmacia a comprar un paquete de tres condones.

    Llegamos al motel, el cual es uno que luce muy decente en una zona de media clase alta. Puedo ver su nerviosismo y al tomar sus manos estas tiemblan y están frías. Sonríe con cierto nerviosismo y le pido que espere mientras voy a la recepción y pagar por un cuarto. Por suerte encuentro uno con yacusi y regreso por Ámbar al coche. Caminamos ahora hacia la habitación que por suerte está en el primer piso y entramos respirando algo de tensión.

    La tomo entre mis brazos y huelo el perfume de su cabello. Una de mis manos le toman uno de sus glúteos y me queda viendo sin decir nada y aprovecho para darle un beso en la boca y ahora siento su aliento, su respiración profusa y noto como su cuerpo tiembla. Beso su cuello y su piel se eriza y Ámbar se limita a tomarme de la espalda y solo siento sus uñas en una forma de masaje que llegan hasta mis hombros. En ese momento mientras nos besábamos y gemía cuando le besaba el cuello teníamos una breve plática:

    – ¡Me gustas! –le dije.

    – ¡Tú también! – contesto.

    – ¿Realmente quieres hacerlo?

    – ¡Estoy nerviosa, pero no tengo duda! ¡Quiero hacerlo con usted Tony!

    Con aquellos movimientos le despojé de su vestido color turquesa y queda ante mí con solo su sostén y una pequeña prenda íntima estilo bikini del mismo color turquesa, y que hace un bonito contraste con la piel clara de Ámbar. Le remuevo el sostén y quedan ante mí sus tetitas puntiagudas de una talla 34B y comienzo delicadamente a mamarlas y solo escucho el gemir pasional de Ámbar, el cual también me enciende tremendamente. Acomodo su ropa en un buró y me desvisto ante ella, quitándome la camisa deportiva que llevo, suelto mis zapatos y los remuevo, me despojo de mi pantalón de vestir y quedo con solo mis bóxers que no alcanzan a reprimir la potencia de mi erección que se hace evidente. Me remuevo lo bóxers y Ámbar solo se queda mirando mi pene y no sabe que decir o que hacer.

    La llevo a la cama no sin antes dejar los condones listos a un lado y me dedico a llenar de besos el cuerpo de esta bella chica de tan solo 18 años. Sé que por su edad puede ser explosiva, que por su inexperiencia pueda ser que este con mucha ansiedad, pero quiero llevarla al clima máximo de su calentura antes de penetrar esa conchita que aún me falta por descubrir. Mi lengua se desliza por esas dos lindas y pequeñas tetas, bajo a su abdomen, lengüeteo su ombligo y lamo su pubis amenazando llegar a su rajadura que todavía es cubierta en gran parte por su bikini.

    Su bikini está empapado de sus jugos vaginales y al removerlos un hilo de liga espesa se desprende y se alarga hasta romperse. Ámbar esta tan mojada, que noto esos jugos bajando a la zona del perineo y llegar a su ano, y es una delicia ver a una mujer en ese estado, con la calentura de la brama. Quizá para mi es lo más rico del sexo, ver a tu pareja con esa entrega, con esas ansias de coger y aquello lo transmite ese olor adictivo de sus secreciones, una especie de olor a cloro, pero que hipnotiza los sentidos. Me encanta oler su piel, el olor rico de su aliento, mezclado con el perfume que usa de un aroma dulce. Llego y saboreo su conchita la cual luce sin un vello y la cual brilla al pegar la luz de la habitación en sus fluidos. Ámbar solamente gime de placer.

    Como me acerco a su sexo y que deseo saborearlo, intuyo que si Ámbar me ha sido honesta y no tiene mucha experiencia sexual, al aplicarle sexo oral, ella puede llegar al orgasmo en cualquier momento. Frente a ella me he puesto el condón y quizá ella imagina que es el momento de penetrarla, pero me bajo y quizá le toma de sorpresa que busco besar su rica concha y ella solo dice:

    – ¡No Tony, así no!

    – Déjame intentarlo, se me antoja saborear tu deliciosa panochita.

    – Me da muchas cosquillas.

    – Inténtalo, trata de controlar las cosquillas, veras que te gustará.

    Respondió con pequeños saltos en los primeros intentos, pero luego se hundió en el placer del sexo oral. Lo hice con delicadeza, con pequeños y cortos masajes a su clítoris y de vez en cuando hundiendo y arrastrando mi lengua en su mojada rajadura. Que rico era escucharla jadear, ese respirar profuso me decía que estaba a punto de tocar el cielo y fue cuando le asomé la verga a la entrada mientras me dediqué a chupar los pezones un poco más brusco en el succionar. Ámbar dio un leve grito cuando el glande entró, pues no se la hundí toda de una sola vez. Sentí como temblaba su cuerpo pero no dejaba de gemir y hacer esas expresiones faciales de placer. Le hundí el resto de mi miembro y dio un quejido de dolor, que con los segundos se confundió con los quejidos de placer.

    Su pelvis comenzó con una danza coordinada a mis embestidas, y mientras nuestros sexos chocaban con pasión, yo chupaba sus dos ricas tetas. Llegó al paraíso diciendo tenuemente: ¡Tony, que rico, me vengo! – aquellas fueron sus palabras y yo taladré su conchita por un par de minutos más, pues sus expresiones al ella acabar me excitaron tanto que le dejé ir tremenda corrida sostenida por el condón. Saco el condón y veo sangre en él, y veo que la conchita de Ámbar tiene un hilo de sangre deslizándose y mezclándose entre sus jugos vaginales: En realidad no me mentía. –me dije, pues se me hacía difícil de creer que esta chica pudiese ser virgen.

    Me llegó la idea que estaba en sus últimos días o a principios de su menstruación y por eso el sangrado, pero eventualmente supe que eso no era el caso, pues posteriormente tuvimos varios encuentros y 8 días después se negó a tener sexo pues tenía su periodo. Por más increíble que me pareciera, Ámbar era virgen y me alegró haberla tratado como lo hice, le hice el sexo con esa connotación de quien le hace el amor a una chica de quien uno está enamorado.

    En esa primera vez, tuvimos sexo vaginal en tres ocasiones, pues solo teníamos tres condones. Ella por primera vez también, me admite que se lleva una verga a su boca y era evidente su falta de experiencia, pero aun así disfruté al ver a Ámbar querer introducirse lo que más pudo de mi verga. Me habló que le habían hablado sus amigas del sexo oral y anal, pero que al experimentarlo por primera vez, le dio mucha cosquilla al principio, pero que le llenaba de mucho placer después. Sexo anal no experimentamos esta primera vez, pero de tanto hablarle del tema, tres semanas después le desvirgué el culito a Ámbar y creo que quedó enculada de mí, pues ese día le he lamido el culo a esa mujer como no lo hice con nadie jamás.

    Tuvimos varios encuentros en ese año, pero terminó por el hecho que ella se mudó de ciudad. Hoy recuerdo este encuentro pues este día me volvió a escribir un correo electrónico donde me da a conocer que se gradúa para mayo y le gustaría volverme a ver. Su pedido es más que sugerente y quien se puede negar si una chica de ahora de 21 años te escribe lo siguiente:

    – “Tony, me gustaría volver a estar contigo en una cama del No-tell Motel. Eres un gran hombre y para mí el mejor. Me hiciste sentir en esos días la mujer más deseada y no me arrepiento el haber entregado mi virginidad a ti. Cuando te vi por primera vez en la escuela, yo tenía a mi primer novio y por esos días el me lo insinuaba, pero nunca quise ni permití que sucediera, pues todo mi ser se volcó sobre ti. Pensé que era un tanto imposible, pero que si lograba localizarte, quería que fueras mío y entregarme a ti. Contigo aprendí a hacer el amor y siempre me has llevado a tocar el cielo y quiero volver al paraíso contigo, pues estar en tus brazos, contigo en una cama, y ver tu lindo rostro y sentir como tus gotas de sudor caen en mi cuerpo cuando me haces tu mujer, es lo mismo que estar en el paraíso. Quiero sentir como me llenas de nuevo y de solo recordar y vivir esa memoria cuando ese hermoso pene se anclaba en mí, se me eriza la piel y se humedece mi sexo.

    Obviamente no dudé en contestar y decirle que yo también lo deseo, y no duden que como esa primera vez Ámbar se irá a su casa sin su calzón, así como lo hizo esa primera vez que un hombre le despojo de esa prenda cuando perdió su virginidad. En aquella primera vez que salíamos del hotel, Ámbar al despedirse con un beso en la boca me dijo lo siguiente:

    – ¡Me siento desnuda sin mi calzón! La próxima vez traeré un par más de reserva.

    [email protected]

  • Con el amigo de mi novio en la sala de cine

    Con el amigo de mi novio en la sala de cine

    Hola a todos, me llamo Aylin y tengo 21 años. Soy mexicana, piel morena, cabello negro largo lacio hasta media espalda, 98 de caderas, 66 de cintura, bra 36e. Trabajo en una cadena de cines, fue en mi trabajo que conocí a José Manuel, mi actual novio. Él es alto, blanco y delgado, es una gran persona y fue el segundo hombre con el que tuve sexo en mi vida. Nuestra relación va muy bien, nos queremos lo suficiente mutuamente, pero la verdad es que en el sexo no es la gran cosa. Su pene no llega a los 14 centímetros y, aunque me guste su cuerpo, no me llega a satisfacer.

    Desde la secundaria que comencé a tener fantasías un poco subidas de tono, pero ninguna como masturbarme en una sala de cine. Y entonces pasó, José Manuel y yo descansamos siempre el mismo día, su madre, su hermana, él y yo decidimos ir al cine a ver Pantera Negra. A media película las ganas me mataban, pero me contuve. Al final de la peli decidí que volvería en la noche sola. Trabajo ahí, nadie se extrañaría de verme, y como la última sala no se limpia decidí meterme a la función.

    1 de la mañana. Todos ya estaban fuera de la sala, fue martes así que apenas había gente en esa función. Salí al pasillo que está al salir de la sala, al pasillo de abajo y después bloqueé la puerta superior. Me desnudé, el guardia de seguridad nunca se quedaba la noche entera, esa vez no fue la excepción. Puse mi ropa en el barandal en caso de tener que huir rápidamente. Y comencé a hacerlo. Primero recorrí mis tetas, las acaricié con suavidad hasta que terminé pellizcando mis pezones, al principio me sentía insegura. Esperaba que alguien entrase y me sorprendiera, pasaron los minutos, no fue así. Bajé con mi mano derecha hasta mis labios vaginales, comencé a sentir la butaca húmeda, eran mis propios fluidos vaginales escurriendo desde mi interior, recorriendo mi culo que atrae tantas miradas lujuriosas de muchos hombres distintos. Me encanta mi físico, me encanta ser caderona y tetona, me encanta que mi trasero sea lo que todo hombre desearía que su mujer tuviera.

    Estuve cerca del orgasmo en varias ocasiones, juguetear con mis pechos y mi clítoris me llevó a punto, pero me detuve en cada ocasión. Ya había pasado una hora, dos de la mañana, era momento de detenerme, pero no sin antes bañar la sala con mi corrida. Cerré los ojos, dejé volar mi imaginación. Pensaba en José Manuel con un pene enorme en lugar de esa cosita que cuelga entre sus piernas.

    Esta última fue la mejor, la fuerza de mis dedos penetrando mi vagina, mis pechos rebotando con mis pezones tan duros como piedras, la piel china por los escalofríos que preceden al orgasmo.

    Y entonces, escuché. Alguien tocó la puerta más cercana a mi butaca.

    Caleb, uno de los mejores amigos de José Manuel, estaba parado ahí, observándome, desnudo y exponiendo con orgullo el enorme pedazo de carne que le colgaba entre las piernas con pelotas tan grandes como putas naranjas.

    Era un poco gordo, los cuadros se le marcaban un poco en el abdomen y sus piernas anchas y brazos musculosos eran de ese tono moreno tan parecido al mío, su cabello era negro también y, aunque nunca pensé que fuera guapo, me parecía atractivo ver su cuerpo con esa enorme verga semierecta palpitante. Aun así no pude evitar alarmarme, me levanté y corrí para vestirme. Mi ropa ya no estaba y no se veía ni rastro de la suya.

    — ¿Qué te parece? — Me preguntó mientras sostenía su pene con las dos manos y lo meneaba.

    — ¿Qué haces aquí, dónde dejaste mi ropa?

    Estaba enojada, pero no podía dejar de ver su pene.

    — Olvidé marcar la salida y me quedé a ver la peli, escuché tus gemidos cuando me iba y cuando te vi pensé en ayudarte como tu novio no puede hacerlo.

    Me quedé callada, él se acercó hasta mí y volteé la mirada cuando su pene estuvo a unos pocos centímetros de mi entrepierna.

    — Míralo, sé que te gustó, Aylin.

    No quería, no me gustaba la idea de ser infiel, pero me ganó el morbo, los dos de pie, uno junto al otro, ese pene tan grueso, largo y erótico a mi lado.

    Lo vi, el prepucio a medio camino de su pene, las venas marcadas, su glande hinchado, me encantaba, mi mano hizo un movimiento por si sola.

    Caleb la tomó y puso mi palma alrededor de su palo de carne. No podía tocar mis dedos, hice fuerza, vi como su rostro se fruncía mientras intentaba tocar mis dedos haciendo fuerza.

    — ¿Cuándo vas a poder hacer esto otra vez?

    — Tengo novio…

    Me estaba haciendo dudar, dije esto último mientras intentaba hundir un dedo en su uretra.

    — Y si te estabas masturbando en una sala es porque no te hace bien la chamba. Y no has dejado de verlo y tocarlo.

    No dije nada, mi silencio le dio la señal. Me tomó de la cadera, bajó hasta mis nalgas y me volteó a ver a los ojos.

    — Qué culazo tienes.

    Atrajo mi cuerpo con brusquedad y comenzó a besarme a la fuerza. Me resistí al principio, pero me dejé llevar. Sus manos en medio de mis nalgas, rozando mi ano y el espacio que había entre mi vagina, metí mi lengua en su boca y lo dejé hacer lo propio. Estuvimos así un momento, su pene estaba duro como roca, era muy varonil, muy obsceno a la vez que asqueroso y antojable. Él cortó nuestro beso y bajó hasta mi vagina, tomó mis nalgas y me obligó a sentarme en la butaca de esa fila. Abrí mis piernas y comenzó a besar mis labios vaginales, me veía fijamente mientras lo hacía, era muy sexy. Y entonces me hizo eyacular, metió su lengua a la vez que pellizcaba mi erecto clítoris que, por cierto, es bastante grande. Llené su cara de mi corrida, abrió la boca mientras chorros de mi mucosidad vaginal salían disparados hasta su lengua, se lo tragó y me volvió a besar mientras sus manos masajeaban mis pechos.

    Quitó los respaldos para brazos y puso una pierna en los dos asientos aledaños al mío, su pene estaba presionando con fuera mi mejilla y estaba claro lo que deseaba. Le agarré los testículos, eran pesados y apenas cabían en mi mano. Los acerqué a mi cara mientras retiraba el pene con la otra. Tenía un poco de pelo en ellos y su pubis. Al lamerlos noté sus dimensiones, eran enormes en comparación a los de José Manuel, las deje lubricadas con saliva y entonces subí a su duro tronco, me pareció una eternidad desde que mi lengua recorría la raíz hasta llegar a la cabeza de su pene. Era muy largo y lo metí en mi boca poco a poco, y él lo metió todo de golpe con una poderosa embestida. Sentí un agudo dolor en la garganta seguido de ganas de vomitar, en mi última arcada sacó su pene y me dejó agarrar aire.

    No había terminado de recuperarme cuando comenzó a masturbarse con sus dos manos, lo veía palpitar, estaba a punto de eyacular. Me abalancé sobre sus huevos, se los torcí y formé un anillo con mis dedos en la parte baja de su pene, detuve su eyaculación a tiempo, no quería que se acabara tan pronto.

    Caleb me besó una vez más, estaba muy excitada y solté lo primero que se me pasó por la cabeza.

    — ¿Te excita besarme después de lamer tu polla?

    Me abrió la boca a la fuerza y escupió dentro.

    — ¿Cuánto de eso te salió del hoyo?

    Me quedé callada, besando disfrutando del gran tamaño de sus hermosas nalgas peludas.

    Me cargó hasta la parte baja de la sala y me acostó con delicadeza en la alfombra de la sala.

    Puso su pene en la entrada a mi interior.

    — ¿Traes condones?

    No me respondió. Me dio un beso más y metió todo su pene con un fuerte y desconsiderado impulso. Era grandioso a la vez que doloroso.

    Grité con todas mis fuerzas. Me encantaba y me produjo un orgasmo casi al instante, no eyaculé pero sentí las ganas, lo contuve con todo mí ser. Me estaba volviendo loca, la respiración de costaba, su pene dentro de mí, sus dientes mordiendo mi pezón izquierdo mientras su mano estrujaba mis pechos con fuerza.

    — ¡Me voy a venir! — Me gritó.

    La cosa no iba bien, no pensé en nada al responderle.

    — Hazlo dentro.

    Lo rodeé con las piernas, un candado que lo obligaba a soltarlo dentro.

    Y así fue. Sentí su pene volverse loco en mi interior, gruesas cascadas de semen eran bombeadas en mi interior, los huevos se contrajeron entre sus piernas, mostrando mil y una arrugas. Sacó su pene al final, un hilo de semen y fluidos míos conectaban mi interior con rojo y hermoso glande. No me percaté de la cantidad de semen que había soltado hasta que empezó a salirse de mi vagina. Su pene seguía duro como una roca, aunque se movía espasmódicamente entre sus piernas.

    Me puse en cuatro para poder ver mejor el grueso hilo de semen que me salía. Entonces Caleb gateó hasta mi retaguardia y comenzó a meter su lengua en mi ano. Me daba pena, mi olor debía ser fuerte, desde la mañana no me había duchado y aun así lo dejé ser. Metió un dedo, después dos y el dolor era horrible, pero no tanto como cuando puso su glande en la puerta, lo presionó con fuerza y brusquedad.

    — ¡No, espérate, no seas pendejo!

    Me ignoró, lo comenzó a meter al ritmo que mi ano se lo permitía. Y fue una bestialidad, un trozo entraba y otro más que se detenía antes de dejar pasar más. Una vez estuvo casi completamente dentro, meneó sus caderas, adelante y atrás, adelante y atrás, su pene se hinchó en mi interior, comencé a soltar pedos vaginales que me hacían sentir incomoda. Y, finalmente eyaculó, dejó su semen dentro de mi ano.

    La peor parte fue cuando lo sacó. Mientras salía de mi ano sentí unas ganas horribles de cagar, estuve a punto de hacerlo pero alcancé a apretar a tiempo. Hubiera sido de lo más asqueroso.

    Caleb se recostó y apoyé mi cabeza en su pecho. Volteamos a vernos y nos besamos. Al final, decidí limpiarlo. Comencé a lamer su pene, ahora semi erecto nuevamente, dejando mi vagina y ano expuestos a su deliciosa lengua. Y estaba en lo correcto, el olor de su pene era fuerte, el olor de mi ano se había impregnado en él. No me importaba, estaba tan extasiada que nos limitamos a ignorar el olor, los sonidos de pedos que salían de mi ano y vagina.

    Al final, yacimos unos quince minutos, en silencio total, mi cabeza apoyada sobre él. Su mano acariciando mis caderas.

    Hasta que, aquellas puerta que había bloqueado comenzaron a mecerse violentamente. Alguien intentaba entrar. Nos pusimos de pie y Caleb me llevó a la fuerza a la parte trasera de la pantalla. Era un guardia del centro comercial, no del cine. Se asomó y, al no ver a nadie, volvió a salir. Y me percaté de que ahí estaban nuestras ropas. Nos vestimos y nos despedimos con un beso.

    — No le cuentes a José Manuel.

    — No le diré a nadie… pero hay que repetirlo.

    — Tengo casa sola el fin de

    — Te mando un mensaje, ¿ok?

    Y así fue como comenzamos a ser amantes hace nada.

  • Celia, la bruja

    Celia, la bruja

    Romualdo tenía 75 años. De día Llevaba siempre consigo sus dos mejores amigos, la boina negra en la cabeza y la colilla del cigarrillo sujeta por la comisura de sus labios. Su rostro moreno tenía las arrugas contadas. Era alto y delgado. Al llegar la primavera se sentaba en un banco de piedra que había al lado de la taberna, (la taberna tenía una parra alrededor) con su bastón en la mano. Era viudo y no le tenía que rendir cuentas a nadie.

    Con la primavera llegó Celia a la aldea. Celia era una joven preciosa, morena, con larga cabellera negra, de tetas medianas, delgada, con el culo respingón. Aparentaba unos 20 años. Llegó a la aldea sin maleta. Venía con lo puesto, y fue junto a Romualdo, que estaba sentado en el banco de piedra. Le preguntó:

    -¿Tío Romualdo?

    -¿Quién eres?

    -Tu sobrina nieta. La hija de tu hermana Facunda

    -¡¿Eres la nieta de la bruja?!

    Celia se sentó al lado de Romualdo.

    -Soy la nieta de tu hermana.

    -¿Y qué quieres?

    -No tengo a donde ir.

    -¿Dónde dejaste tus cosas?

    -En Inglaterra. Me querían quemar por bruja y tuve que salir huyendo.

    Romualdo, se alarmó.

    -¡¿Eres bruja cómo tu abuela?!

    -Ni la abuela ni mi madre eran brujas, ni yo soy bruja. Se querían quedar con lo que teníamos y se inventaron esa falsa acusación.

    -No le digas a nadie que eres la nieta de la bruja. ¿Qué es de tu abuela?

    -Me dijo mi madre que muriera. No la llegué a conocer.

    -Entonces… ¿A saber dónde andará?

    -¡¿Piensas de verdad que tu hermana era bruja?!

    -No lo pienso. Lo sé. Es una bruja.

    Poco más tarde, después de que Romualdo le enseñase la casa y la habitación donde iba a dormir, le dijo:

    -Vuelvo a la taberna. En la artesa tienes pan, y colgados, como puedes ver, están los chorizos y el jamón.

    Los chorizos estaban colgados en un cordel junto a la chimenea de la cocina de piedra, y el jamón en una viga que pasaba por encima de la artesa.

    Romualdo volvió a casa contento. Se sentó en una silla, de las dos que tenía la mesa de la cocina, y le dijo a Celia:

    -Parte un poco de pan. Pica un poco de jamón y echa un vaso de vino. ¿Merendaste?

    -No.

    -Pues parte para dos y echa de beber para dos.

    Celia hizo lo que le dijo Romualdo. Al rato, sentados a la mesa, frente a frente, dando cuenta del pan, del jamón y del vino, le dijo Romualdo:

    -En esta aldea casi todos los jóvenes se fueron a trabajar a la ciudad. Vas a tener problemas para encontrar novio.

    -¿No quedan jóvenes en la aldea?

    -Quedan dos. A uno le van las cabras, y el otro es primo tuyo, y le van los cabrones.

    -¿Es maricón?

    -Sí, a Venancio le gustan los culos.

    -Me es indiferente lo que le vaya a esos dos. No vine para encontrar novio. Cuando tenga ganas de joder pediré que me echen un polvo.

    -¿A quién se lo vas a pedir?

    -A ti.

    Romualdo estaba bebiendo del vaso de vino y, con la sorpresa, escupió por la boca el vino que no echó por la nariz.

    -Aquí a las mujeres como tú les llaman putas

    -Sigo el consejo que me dio mi madre.

    -¿Qué consejo es ese?

    -Patatas no da, trigo tampoco. Dios nos la dio. Nosotras la tenemos. ¿Si no es para joder, para que la queremos?

    -Eso se lo dijo tu abuela al cura y casi la excomulga.

    -Vamos al meollo de la cuestión. ¿Follarías conmigo o no?

    -¡No sabes lo que dices!

    -¿No se te levanta?

    -Hace cinco años que la tengo muerta.

    -Hay otras maneras. El mete saca no es tan necesario como parece.

    Romualdo ya estaba animado.

    -¿Quieres que te la coma esta noche?

    -No, no tengo ganas. Cuando las tenga ya te avisaré.

    Estaba hablando Celia, cuando entró Tina en la casa. Tina era la gata negra de Romualdo. Al ver a Celia, bufó, encorvó el lomo, y se le erizaron los pelos desde la cabeza a la punta del rabo.

    Romualdo le dijo a Celia:

    -No le gustas a Tina.

    -Los gatos negros son amigos de las brujas. Échala de casa.

    -Lleva años conmigo.

    -Es ella o yo. ¿Quieres que me vaya?

    Después de lo que le había dicho su sobrina nieta, no iba a ser la gata. Romualdo cogió el animal y lo zapateó fuera de casa.

    Pasaron los días. Celia conoció a su primo, a su tía y a su tío, que eran los más ricos de la aldea.

    La noche de San Juan, después de que se apagaran las hogueras, Romualdo dormía la borrachera. Se despertó con un coño peludo en la boca. Era el de Celia, que en pelota picada, frotaba su coño mojado contra su barbilla. Romualdo le echó las manos a las tetas. Celia se las dio a comer. Romualdo lamió chupó y magreó. Después sacó la lengua y dejo que Celia se moviese encima de él. La verga de Romualdo, que era como una morcilla, milagrosamente, resucitó. Celia lo cabalgó como si estuviera poseída por el diablo. Al sentir que iba a correrse, la quitó, Se la puso otra vez en la boca, y corriéndose, exclamó:

    -¡¡¡I curse you!!!

    Del coño de Celia comenzó a salir un jugo dulce y blanco como la leche. Romualdo se lo tragó.

    Romualdo se volvió a quedar dormido.

    Poco más tarde…

    Rebeca, la hija de Romualdo, madre de Venancio, y esposa de Camilo, estaba durmiendo al lado de su marido. Se despertó y vio a Celia arrimada a la pared haciéndose un dedo y mirando para ella. Miró a su marido, y como dormía, se destapó y se desnudó. Celia se metió en la cama. Lamió el coño de su tía. Se lo folló con la lengua. Sacó con dos dedos el clítoris del capuchón y se lo lamió, Cuando la tenía cerca del orgasmo, se dio la vuelta. Hizo un 69… Al rato se corría Rebeca. Celia se corrió con ella, y mientras la leche salía de su coño y llenaba la boca de Rebeca, volvió a exclamar:

    -¡¡¡I curse you!!!

    Rebeca, aún con leche en la boca, besó a Camilo, que se despertó. Miró a su esposa y comenzó a darle caña.

    Venancio despertó con el culo de Celia en su cara. Le folló el ojete con la lengua. Poco después, Celia, metía la polla de Venancio en su culo. El joven que estaba en una especie de trance, como su padre y su madre, la folló como si fuese una máquina. Poco después, cuando Celia sintió que se iba a correr, le puso el coño en la boca, un coño que no paraba de echar leche, y volvió a exclamar:

    -¡¡!I curse you!!!

    Celia llevó a Venancio a la habitación de sus progenitores. No tuvo que decirle nada. Venancio se metió en cama y se la clavó en el culo a su padre. Celia, se quedó mirando y haciendo un dedo.

    Celia vio como al correrse Rebeca, Camilo se corrió dentro de su coño, y como Venancio se corrió en el culo de su padre. Se metió en cama. Con las dos manos le levantó la cabeza a Camilo y frotando su coño contra su lengua, se corrió por cuarta vez, y por cuarta vez, y llenando la boca de Camilo de leche, exclamó:

    -¡!¡I curse you!!!

    Una semana más tarde, Venancio, su madre y su padre estaban agonizando. Ni médico ni curandero sabía que enfermedad tenían.

    Celia fue a darles una visita al hospital. Estaban los tres en la misma sala, y les dijo:

    -Pronto todo lo vuestro será mío.

    Los moribundos y la moribunda ni la oyeron.

    Volvió a casa de Romualdo, que no quisiera ir al hospital. Cogió un trozo de pan. Cortó un poco de jamón. Se sentó a su lado, y se transformó. Romualdo vio que Celia era su hermana Facunda.

    Facunda tenía diez años más que él y estaba media calva, fea y arrugada. Romualdo no pudo hacer nada más que temblar. Quien sí podía hacer algo era Tina, que había vuelto a casa. Se lanzó sobre la sombra de Facunda. A Facunda le empezaron a sangrar los ojos. La cara… Su ropa se desgarraba, y en los cortes salía sangre. Facunda, exclamó:

    -¡¡Retiro la maldición!!

    Tina dejó de arañar la sombra. Facunda se fue y nunca se supo de ella.

    Romualdo, Rebeca, Camilo y Venancio, sanaron. Pero hasta el fin de sus días se preguntaron:

    -¿Dónde andará Facunda?

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.