Autor: admin

  • Dos infieles

    Dos infieles

    Hace unos 2011 comencé una relación con mi ex pareja, ella tenía 31 años en ese momento yo 22, ella morena, enfermera, yo blanco, éramos una pareja muy caliente, follábamos todos los días.

    A los años e la relación conocí una mujer, María, mujer rubia y voluptuosa, la cual comencé a salir. Un día tomamos unas cervezas, ella me invitó a su casa, me sentía un poco mal por mi esposa pero al pasar de los minutos se me olvidó, entre en calor con María.

    María me comenta “voy al baño ya vengo me pondré cómoda”, yo le dije bien ve, al regresar levanto la cara y veo a María llegar, con una blusa blanca hasta su ombligo, unos hilos rosados y descalza con una cerveza en la mano, me dijo no te molesta, le respondí: no tranquila, dentro de mi no podía dejar de pensar en comerla, se veía muy bien, mientras en una de esas ella fue a la hielera a buscar unas cervezas, se agachó frente a mi en esas se le abren sus nalgas y pude ver si hoyito rosadito, me levanté y fui a agarrarle el culo, ella se volteó y dijo “bésame”.

    Nos besamos no podía olvidar eso que vi cuando se agachó así que la recosté en la cama le abrí sus nalgotas y fui directo con mi lengua a su hoyito rosadito y caliente, me dijo que nadie le había chupado el culito, yo me reí. Lo hicimos hasta amanecer, mi verga estaba hinchada, me dolía, aun así llegué a casa a las 9 am. Mi esposa acababa de llegar del trabajo estaba en hilos y sin sostén, yo sabía que quería sexo, pero ya no podía, y si no lo hacía se daría cuenta, le hice el amor pensando en María, quería verla, tocarla, olerla, sentirla, era una diosa.

    Seguí viéndome con María, después de un tiempo decidí terminar con ella, ya que mi esposa me había descubierto a través de mensajes en mi celular.

    Un día estaba mi esposa, su hermana y yo tomando unos tragos en casa, nos emborrachamos y decidimos ir a dormir, me levanté para ir a orinar normal, a eso entro al baño y está mi cuñada afuera fumando un cigarrillo, yo entro al baño y encendí un cigarrillo, al salir comienzo hablar con mi cuñada cosas de la familia, y en esas me dice te vas a costar tomemos un rato más, le dije no Maryori me espera además cuando un toma está muy caliente, y le dije me quedaría pero mi deber me llama, ella se ríe y me agarra la verga, sentí una cosquillas le dije: que haces sabes lo que haces, me dijo: anda sácatelo y comenzó a chupar en un pasillo de la casa, que estaba frente a la habitación donde ella se quedaría.

    Mi esposa sale y va al baño, mi cuñada estaba chupándola, y se mete a su habitación. Me acerqué a mi esposa y me dijo que haces, yo le dije fumando, me dijo vamos a la habitación, fuimos la puerta quedó abierta, y mi esposa se quedó dormida. En una de esas veo que alguien se para en la puerta toca a mi esposa y ella dormida no se despertó, era mi cuñada, venía desnuda. Se puso en cuatro en la orilla de la cama con las piernas en el suelo y me dijo mételo, yo se lo metí asustado, mi esposa estaba allí, era su hermana, le eyaculé y me acosté. Desde ese momento no pasó más y mi cuñada estaba como extraña siempre me sacaba el cuerpo me hablaba poco.

    Un día después de un año aproximadamente mi esposa llega de la calle yo la agarré y quería hacerle el amor, ella no quería hasta que accedió en ese momento le abro las piernas y su vagina estaba muy mojada un líquido fluía a través de ella hacia su ano. Cuando la penetre salió algo blanquito era semen, pero no quise decirle nada, al lado de nuestra casa teníamos una pieza desocupada daba con la calle.

    Un día ella dijo que saldría a trabajar y yo escuché bulla en esa pieza que daba con parte de la casa, y me dije no hay nadie allí porque hay ruido, agarre la llave salí y abrí, para mí sorpresa mi esposa estaba encima de una verga era ella y su amante haciéndolo. Yo no grite tampoco discutí le dije párate y ven a la casa, al tipo lo corrí.

    Entró, hablamos y nos separamos, pero dentro de casa cada uno por su lado, me excitaba cuando me acordaba que otro la ensartó, un día hablamos, cogimos rico y yo le propuse si ella quería follar con su amante me dijo que no que ya eso pasó que lo hizo así como lo hice con María, y le propuse quieres que tú amante se folle a María y los vemos follar, ella me dijo que si.

    Yo llamé a María le propuse que era una orgía y me dijo si me follas tu voy y lo hago con quién sea, nos fuimos a un hotel llegué yo y mi esposa asustados y con nervios, al rato llego María y luego Joan. Para romper el hielo yo comencé a besar a mi esposa y baje todo su cuerpo hasta comenzar hacerle un oral, le dije a Joan quieres y dijo si quiero deje que él se la chupara y le dije a María que le chupara la verga a él. Cuando de repente veo la verga de Joan una verga grande enorme, la mía mide 18 cm y gruesa la de él era como 24 cm y negra.

    De repente él le está metiendo la verga a mi esposa y yo a María, mi esposa me dice quiero que se follen los dos y me deje follar el derramo semen en mi culito yo lo folle a él mi esposa le lamió el culito a María se follaron ellas.

    Me hice amigo de Joan, a veces él iba y follábamos juntos a mi esposa, hasta el momento que a veces llegaba yo a la casa y estaba mi esposa desnuda en la cama con el ya habían follado.

    Hoy en día yo me separé de mi esposa vivo con otra persona, ella igual, a mi esposa nueva no le he engañado, solo vivo de los recuerdos de esos momentos que jamás olvidaré, quisiera encontrar a mi ex y follar sin parar, era muy putita igual que María.

  • Sexo con chica desconocida

    Sexo con chica desconocida

    Real confesión. Sexo con chica desconocida, besos, saliva, penetración anal y vaginal. Chica defecando.

    Nos conocimos en una App de citas, rápidamente congeniamos y nuestras charlas pronto se llenaron de morbo pero no creí que llegásemos a conocernos a pesar de que ya le había dado la dirección pero ella pronto me demostraría que estaba equivocado, llegando sin previo aviso un sábado por la tarde a mi casa. Se enunció y la hice seguir y salí a la puerta para poder verla caminando el tramo hasta mi casa: era una mujer muy atractiva de curvas pronunciadas, un culo unas tetas y una vulva hermosamente contorneadas y una amplia sonrisa de la que mas tarde obtendría mucho placer.

    Entramos a la sala de mi casa y nos sentamos en dos mecedoras frente a frente, insinuándonos mutuamente, ella comenzó a acariciarse las tetas y la vulva, yo no me resistí y me saqué la erección a lo que ella reacciono una expresión de asombro, alivio y morbo y comencé a pajearme mientras ella me mostraba sus tetas ricas, con pezones erectos y una aureola hermosa, su volumen era grande eran unas tetas muy hermosas. Me puse de pie para manosearlas y aproveche para ponerle el pene en la cara, a lo que ella obediente y ávidamente respondió metiéndose mi erección en su gran boca y con sus manos palpaba mi escroto buscando sentir mis pelotas.

    Gemía de placer y me miraba a los ojos, que rica perra, “Estaba desesperada pensé, que suerte” mientras la tomaba de la cabeza y le fijaba un ritmo para mamarlo y poder masturbarme un poco con su boca y ella sumisa se dejaba usar y se notaba que era lo que buscaba y eso me calentó mucho y mi erección crecía larga, gorda y dura dentro de su boca mientras le palpaba las tetas con mucho morbo, les sentía el peso y las palpaba haciéndolas brincar un poco, pellizcos considerados en los pezones me tenía la erección ensalivada, que rica mamada por parte de una buena hembra.

    No estábamos solos, ese día estaba la señora de la limpieza en mi casa, una señora de edad mas madura que nosotros pero conservaba aún sus tetas firmes y un culo tonificado. Cuando bajó las escaleras y nos vio sus miradas se cruzaron, la señora reaccionó con sorpresa y algo de vergüenza aunque nosotros habíamos interrumpido lo nuestro al escuchar que la señora se aproximaba, sin embargo la chica me demostró que poco le importaba con una sonrisa de complicidad sexual. Ante esto la tomé de la mano y la subí a una habitación.

    Cerré la puerta y los dos nos desnudamos desesperados por sentir nuestra desnudez, el roce de la piel, los besos, los genitales frotándose. Ella se tendió desnuda ofreciéndose, dispuesta, se quedó quieta, era hermosa, que cuerpo, que vulva y que vagina tan ricas… era delicada, de rica apariencia y estrecha, con un clítoris relativamente pequeño. Realmente me gustaba y me excitaba, así que quise sentirla primero y nos besamos, nos besamos mucho, muchísimo, nuestras bocas (ambas grandes, un par de bocones) encajaban a la perfección, dejábamos la boca abierta y nos morboseabamos con la lengua, nos buscábamos con la lengua, rico y en el proceso mucha de mi saliva caía en su boca y ella me la devolvía.

    Pasaríamos horas acompañando las actividades sexuales que estaban por suceder siempre con besos muy babosos, mucha lengua, nos penetrábamos nuestras gargantas con la lengua. Ella se acostaba en mis muslos y abría su jeta para que le escupiera y yo feliz la usaba. Mientras yacíamos y nos morboseabamos desnudos quise sentir su canal vaginal e introduje un dedo, solo que no estaba mirando y sus orificios eran tan estrechos que le metí el dedo en ano pensando que lo tenía en su vagina (mas tarde me daría cuenta que no era así y eso me excitó mucho) a lo que ella no se opuso en lo mas mínimo y reacción{o con gemidos de placer y abriéndome las piernas para que la sirviera, comencé a darle dedo en el canal vaginal mientras besaba su canal vaginal, introduciendo la lengua y haciéndole sexo oral como si estuviera besándola en la boca, esto parecía gustarle mucho ya que se aceleró al tiempo que soltó un sonoro gemido.

    Quise cogerla con los 2 dedos y allí me di cuenta que ya la tenia enculada así que metí otro dedo en su rajita y empecé  a masturbar sus orificios, ella me miraba con morbo, placer y satisfacción, estaba muy caliente la putita, que rico, caliente y dispuesta. Me dio una mirada de petición sumisa pero urgente al tiempo que dijo: “el clítoris” al tiempo que se abría aún mas de piernas en el aire y separaba su raja y retraía el capuchón de su clítoris, exponiendo su pequeño y delicado penecito femenino y lo lamí suavemente con mi lengua, sintiendo el sabor a lubricación femenina inundando mi boca y sintiendo la anatomía de su pequeño clítoris, lo lamía y lo chupé como si fuera un pene y ella fuera un hombre y yo su puta, este juego de rol nos calentó aún más.

    La tarde parecía extenderse pero nosotros aún seguíamos entregados a nuestra exploración mutua, al darme cuenta de su disposición, decidí aprovecharla obviamente. Así que le hablé de mi fetiche por los fluidos femeninos, especialmente la orina, el squirt y la saliva. Le pregunte si podía hacer squirt, a lo que ella respondió: “nunca me ha pasado. Le pregunté si cuanto estaba muy excitada sentía como que se iba a orinar y me dijo que si pero que nunca se había dejado ir. Yo le dije que quería intentarlo así que esa fue otra actividad constante, acordamos que ella debía recibir mucha estimulación y me la pasé dándole dedo todo el día, noche y madrugada.

    Concentrándome en morbosear la parte frontal de su canal vaginal por dentro para buscar su punto g y agarrarla del morro y moverla entera mientras la masturbaba. Ella encantada abría las piernas y se dejaba usar para satisfacer mi morbo, curiosidad y ansia en algunos aspectos parecía como una especie de consulta ginecológica, mientras le daba dedo iba sondeando sus sensaciones ya que le había dicho que me avisara cuando le dieran ganas de mear.

    A lo que ella asintió sumisa, juiciosa y ávida de placer y conocimiento de su cuerpo. Y esta sumisión me calentaba mucho. Por esto la penetré varias veces durante la primera parte del día pero no me quería derramar aún ya que no estaba seguro de si le volvería a ver, así que estaba decidido a aprovecharme sin consideraciones igual ella muy seguramente era mas cerda que yo como lo demostraría deliciosamente después.

    Después de expresarle que aún no quería eyacular para poder sentirla durante mas tiempo ella se mostró de acuerdo. Así que decidimos ir a dar una vuelta y hacer una pausa para tomar algo y después regresamos a mi condominio donde me la llevé para una banca que queda por la periferia y es un sitio relativamente privado excepto porque hay un puesto de guardia cerca, jajaja.

    En fin, yo me senté en la banca con una erección bárbara que se me notaba mucho y ella se recostó sobre mis muslos, me tomó de la muñeca de mi mano derecha y la condujo a su pubis mientras abría sus piernas y levantaba su falta, se corría los panties empapados y guiaba mi dedo medio hacia su canal vaginal nuevamente y me ordenó: mastúrbame. Yo comencé a estimular y manipular su canal vaginal, sus conducto urinario, su clítoris, sus labios mayores y menores, su vulva.

    Mientras esto sucedía nos besábamos profusa y apasionadamente con la misma dinámica descrita: jetas encajadas con encuentro de lenguas… de vez en cuando ella o yo nos deteníamos para introducir algo de saliva en nuestro beso único prolongado. ¡Qué placer! Que rica mujer que rica puta que rica perra, que rica exhibicionista, porque todo esto estaba sucediendo en un sitio donde cualquiera podía vernos perfectamente en esa situación de puro morbo animal mutuo entre una hembra y un macho y como tal lo disfrutábamos solamente esa tarde fue todo.

    Mientras nuestras lenguas se enredaban húmedamente y penetraban mutuamente nuestras gargantas causándonos alguna náusea ocasional que naturalmente terminaba añadiendo aún mas saliva y beso y mas anticipación a nuestra excitación mientras ella buscaba afanosamente mi vergota con sus manos y me corría el prepucio exponiendo mi glande en una masturbación curiosa, deliciosa, se notaba que nunca había visto un pene tan grande y es que me lo dijo abiertamente -como suele sucederme.

    Llevábamos horas así encajados en un beso continuo y un intercambio fluido de gargajos cuando de repente me dice: ya siento un poquito de ganas de orinar, lo cual me calentó mucho y eso hizo que paulatinamente la penetrase con hasta 5 dedos a lo que ella abría sus piernas complacida separando sus hermosos y firmes muslos mientras yo la cogía desde adentro de su hueso púbico mientras la estimulaba, sus ojos brillaban de placer.

    Y yo intensifiqué animado por los sonidos de su raja mojada, lubricada, babosa, rica que sonaba al compas que yo la masturbaba y la manipulaba, ansiando su orina, su squirt. Así estuvimos hasta que se comenzo a poner el sol: en un estado de excitación sostenida pero muy placentera basado más que nada en el sentido del tacto. Se me para solo de recordarlo, me masturbo frecuentemente por ella. Después de varias horas manipulando y estimulando su canal vaginal y su vulva y nuevamente me dijo “siento ganas de orinar, tengo muchas ganas pero unas ganas raras” así que le seguí masajeado la vagina internamente y después de un rato le dije “méate quiero que dejes salir lo que tengas”.

    Ella se sentó y puso cara de placer, cerro los ojos y empezó a mearse en pleno parque a través de la banca se veía caer al prado su chorro de orina, que caliente me puso eso, me la puso tiesa yo aproveche para recoger algo de su elixir dorado y tibio con la palma de mi mano mientras acariciaba su vulva esparciendo su orina por su piel y ocasionalmente insertando uno o varios dedos, masturbando suavemente su clítoris lubricado con su propia orina  y dándole a probar su propia orina, squirt y lubricación en mis dedos. 

    “Ya no me aguanto más!!, quiero que me lo metas!!”. Ella dijo “lástima que traje jean con falda podríamos coger aquí”. Ufff!!! Cómo me calentó eso. Así que guiados por nuestros instintos nos dirigimos de vuelta a mi casa, a mi cama. Motivados por el impulso de apareamiento, yo quería penetrarla, montarla, meterle la erección y sentirla con mi vergota desde adentro, manipularla con mi miembro de 25 cm (11 sin erección).

    Cuando volvimos, nos desnudamos de nuevo y la tiré a la cama y comencé a darle rico a penetrarle la vagina y el ano alternadamente, le encantaba y yo cambiaba de agujero a placer, le manoseaba sus tetas ricas, la besaba, la escupía, la ponía a mamar de nuevo. A esas alturas ya habrían pasado unas 5 o 6 horas morboseando nuestros cuerpos.

    Ella me dijo en algún momento “déjame arriba para venirme rico” y yo la deje que se me sentara en la erección y se masturbara conmigo, de vez en cuando se lo sacaba para metérselo en el ano por sentirle el culo apretado y después la dejaba que me siguiera montando rico. Me excitaba ver como tenía espasmos que reflejaban sus contracciones vaginales al tener varios orgasmos seguidos.

    En algún momento me dijo que por favor la dejara descansar, así que nos pusimos a conversar y a los pocos minutos se puso de pie llevándose la mano al abdomen y dijo “necesito ir al baño, acompáñame”, entonces entendí que necesitaba cagar y quería que yo estuviese presente y me encantó, otro atributo, además de exhibicionista, también coprofilica.

    Yo me excite mucho pues nunca había acompañado a una mujer cagando pero la conduje a un baño de una bodega en el piso bajo de mi casa, entramos y mientras cerraba la puerta le señale el sanitario y le dije hazlo aquí. Ella se sentó y eso le pronunciaba las caderas y el culazo y la tetas que tenía…ver como su rostro se tensaba con su cuerpo cuando pujaba para sacar su mierda femenina.

    Desde luego comenzó a gotear chorros de orina los cuales yo como el cerdo que soy, lamí, sorbí y bebí de sus meados mientras estaba sentada cagando y yo me masturbaba como un animal y el olor de su mierda inundaba el cuarto pero ella estaba segura de lo que estaba haciendo. Eso me te tenía muy caliente, acariciaba los contornos de su espalda mientras pujaba y cagaba, le agarraba las nalgas mientras la caca salia por su ano. Nauseabundo y placentero, que mujer, que puta hermosa, deliciosa.

    Una vez hubo terminado su defecación la puse sobre una plancha de cemento en la bodega y continue penetrando alternadamente su ano cagado y su vulva mientras la agarraba de las tetas y la sacudía para deslizarla en mi verga y ella apenas me decía “que vergota papi” mientras le partía ese culo limpiándole el ano defecado con mi verga enhiesta. Que rico es llenar uno.

  • Ceci, peteando con unos amigos (final)

    Ceci, peteando con unos amigos (final)

    A esas alturas de la noche el aspecto de Ceci, sentada en el centro del sofá, era digno de ver…  si bien estaba recuperándose de su borrachera y el efecto del MDMA empezaba a pasársele, impresionaba su imagen, digna de una película porno. Tras decirle Leandro que sólo acababan de empezar con ella estaba como absorta, permanecía quieta, callada, con los ojos clavados en el piso y tratando de recuperar la respiración.

    El olor de Ceci era fuerte, una mezcla de sudor (no solo de ella) y semen que la convertían en toda una perra en celo, y que mantenía nuestras vergas duras, listas para seguir trabajándole sus agujeros. Completamente despeinada, su melena, negra y planchada, caía sobre su pegajosa espalda, su pelo era grasiento, y decenas de grumos de leche blanca y brillante recordaban la reciente actividad de esta puta. En su rostro, unos ojos pequeños y algo caídos trataban de esconderse debajo de sus pobladas cejas, con una mirada medio asustada y medio excitada. Su boca, entreabierta mostraba surcos de semen a los lados que se extendían hasta la barbilla, desde donde aún goteaba el líquido que Mati le había regalado hacia sus muslos; y la carne alrededor de sus labios estaba roja de tanto mamar.

    Al ritmo de su respiración, sus pequeños y manoseados pechos, brillantes por la leche derramada, subían y bajaban… Sobre el cojín, sus piernas estaban entreabiertas, mostrando una concha roja, cogida y bien abierta, de la que salía un denso líquido que impregnaba la tela del sofá. Eran los instantes de descanso de esta joven madre treintañera usada, que sabedora de que se había convertido en nuestro juguete sexual, trataba de mentalizarse de lo que se le venía encima.

    Alex no se hizo esperar, yo estaba volviendo de la heladera con una birra fría cuando sonó el portero. Mati se ofreció a bajar, le lancé las llaves y en un par de minutos se presentó con semejante bestia. Alex es mecánico, y es sus ratos libres boxea, cuando éramos pibes casi todo el mundo del secundario le tenía miedo, pero si lo conocías no resultaba mal chabón. El tipo es muy alto, bastante más que Leandro, debe andar rozando el 1.95, y a diferencia de éste, todo lo que en Leandro es panza en Alex es puro músculo, acostumbrado además a maratonianas sesiones de gym después de pasarse el día desmontando motores. Lo más llamativo de Alex son sus brazos y sus manos, los bíceps son monstruosos y si no fuera por los tatoos que lo cubren – en realidad todo su cuerpo está cubierto de tatuajes – las gruesas venas que los cruzan le darían un aspecto casi repulsivo, por su parte las manos son robustas y planas, típicas manos que pueden aplastar lo que se ponga por delante. En cuanto a su rostro, su mirada es desconfiada, la cabeza rapada y en su mejilla derecha se extiende una cicatriz, recuerdo de cuando de pibe estuvo tonteando pasando droga – ya no lo hace –, cicatriz, que en parte cubre una poblada barba que le da cierto aspecto de cartonero. Cuando llegó, Ceci miró hacia él, e inmediatamente retiró la mirada clavándola en el piso. Alex también la vio, y su serio semblante se dibujó una media sonrisa.

    “Vaya sorpresa, mucho mejor que en las fotos… ¿De dónde habéis sacado esta puta Leandro? ¿Y cuanto hay que poner?”. – dijo Alex mientras se comía con los ojos a Ceci.

    “Esta no cobra, bro”. Respondió Leandro en tono seco.

    “¿En serio? ¿Y se dejó hacer todo eso gratis?”. La excitación de Alex se podía palpar. “Uf, estoy deseando de que empecemos con ella”.

    Leandro se acercó a Ceci, la agarró del pelo y la sacó del sofá. La calla de ella era de confusión y miedo, pero era incapaz de resistirse. Por su parte, Alex agarró la pesa de mi living, la alzó con facilidad y se la llevó a la cocina. “Perdón, luego te la dejo donde estaba, pero vamos a necesitar espacio”. Y Leandro empujó a Ceci hasta el hueco que había dejado la mesa, le pidió un cojín a Mati, éste se lo pasó, y le dijo Ceci en tono burlón: “hay que cuidar las rodillas putitas, vas a estar mucho tiempo así”. Ella asintió y embadurnada de fluidos corporales como estaba se quedó de rodillas en el centro sobre el cojín.

    “Poné música y agarrame una birra”, me dijo Alex en tono amable, el pibe empezaba a divertirse. Yo le obedecí, puse algo de reggaetón. Cuando volví a círculo que se estaba formando Mati ya se había bajado los pantalones de nuevo y Ceci se la estaba mamando a consciencia. “Qué buena puta es, ya verás como te va a gustar Alex”. Le dijo Leandro a su amigo al tiempo que ambos se sacaban los pantalones y dejaban sus pijas al aire. La de Alex me impresionó a mí tanto como a Cecilia, que al verla cerca de su cara detuvo la chupada a Mati y se quedó boquiabierta, no se sabría decir si por temor o por deseo… La pija era larga, pongamos de unos 20 cm, pero lo que llamaba la atención era su grosor, más del doble de una pija bien dotada estándar. Inconscientemente me pregunté si eso entraría en el culo de Ceci… no tardaría mucho en tener la respuesta.

    A estas alturas de la noche, nuestra putita era ya un juguete, y Leandro parecía su dueño y señor, dándole indicaciones todo el rato y poniéndola en las posiciones más cómodas para nuestro juego. Con las vergas todos ya fuera rodeamos a Ceci, a mí me tocó estar detrás de ella, por lo que podía contemplar la deliciosa escena de forma privilegiada: Alex aún no quería empezar el juego y se hacía pajear por la mano izquierda de Ceci, ofreciéndole una verga aún a mitad de su esplendor, con la mano derecha pajeaba a Leandro, quién también la agarraba de la cabeza y la empujaba sin ningún miramiento contra los huevos de Mati, la verga de Mati entraba y salía de la boca de Cecilia a gran velocidad, al tiempo que la mina hacía ruidos “glop” “glop” cada vez que la pija forzaba el vacío de su cavidad bucal.

    Antes de que Mati acabara, Leandro los separó y le dijo a éste que se corriera a un lado, intercambiándose los puestos. A Ceci parecía no importarle ya una verga u otra, cuando le sacaron la pija de Mati de la boca quedó quietita, esperando la siguiente que le iban a poner. Leandro, obvio, fue más allá que Mati, con ambas manos rodeó el cráneo de la mina que se hizo minúsculo y empezó a darle una cogida oral brutal, tan fuerte que a duras penas podía seguir ella masturbando a los otros dos. El ruido pasó entonces del “glop” anterior a una especie de arcadas, la verga de Leandro la estaba destrozando y la pobre a duras penas lograba respirar, la lágrimas saltaban de sus ojos y el rímel se le empezaba a correr por las mejillas mezclándose con los restos de semen que tenía allí. De la brutalidad de la embestida los pequeños ojos de Ceci se abrieron totalmente y se tornaron rojos, se veía que estaba tratando con todas sus fuerzas de no vomitar, pero Leandro jamás tuvo clemencia de ella y la forzó hasta que no pudo aguantar las arcadas y vomitó en el piso. Los pibes se rieron y yo fue a por un pañuelo. “Mira lo que hiciste perra”, le soltó Alex entre risas. “Bien, descansemos no más un rato mientras limpias este desastre”. La mina asintió, obediente y me preguntó con gestos donde estaban las cosas de la limpieza, yo le señalé el lugar e inmediatamente se puso a limpiar. Nosotros abrimos unas birras y nos fuimos al sofá. “Cuando termines con el piso lavate los dientes, te quiero con la boca limpita”, le dijo Leandro, “Limpiate sólo el vómito, ni se te ocurra quitarte la leche de encima”, añadió Alex. Y ella asintió.

    Cecí se retiró unos instantes y regresó al living, había chupado tanto que su mandíbula parecía temblar.

    “No te quedes acá de pie, ahora arrodillate, es mi turno”. Le espetó Alex clavándole los ojos con intensidad. Ella se arrodilló delante de él, y preguntó con voz temblorosa, “¿así?”.

    “Ya sabés que hacer, puta”, le dijo Alex acercándose más. Y ella comenzó a chupar es inmensa verga con algo de miedo.

    “Así no maldita perra… abrí bien la boca”, le gritó Alex dándole al mismo tiempo un golpe con la palma abierta en la mejilla izquierda. Ceci respondió al golpe con un quejido, las lágrimas aparecieron en sus ojos totalmente enrojecidos por el esfuerzo, y abrió la boca lo más que pudo; momento que Alex aprovechó para atraparla de la melena con su enorme mano y empujar con fuerza hacia él. Escuchamos un inmenso “glup” y al momento vivos a la mina completamente empalada, con sus pequeños ojitos caídos fuera de órbita y toda la verga dentro, frente a sus labios solo sobresalían dos enormes bolas peludas. “Así debes mamar, ¿entendés?”. Ceci, asintió como pudo y se preparó mentalmente para recibir la cogida de boca de su vida.

    “Leandro, agarra bien a esta puta por los pies, no quiero que pierda el equilibrio”, y Leadro con todo su peso se agachó y apretó con fuerza a Ceci con sus rodillas, y al mismo tiempo agarró los bracitos de la chica fijándolos a su espalda, la mina estaba completamente inmovilizada y preparada para ser usada a placer. Las cogidas de boca que le había regalado Leandro iban a ser una broma, pero por el momento Alex no se movía.

    “Escuchame bien”, le dijo con tono autoritario, “te la voy a clavar hasta la garganta, ok, y vas a estar así largo rato… no quiero sentir tus dientes en un solo momento, y sobre todo, cuando acabe, no quiero una sola gota de leche fuera de tu boca… Vas a tragártela todo y lo más importante, vas a limpiarme la pija al terminar, para cuando te la saque esté lo más prolija posibles, cada vez que hagas algo mal recibirás un golpe… ¿entendiste?”. Y la mina volvió a asentir como pudo. Era tremendamente excitante ver a esta mamá luchona y empoderada completamente sometida a la verga.

    Ceci empezó a chupar con ganas, esforzándose al máximo por hacerlo bien recorría todo el cuerpo de la verga con su esponjosa lengua cada vez que se la metían o sacaban y succionando como si todo su cuerpecito fuera una máquina diseñada para tal trabajo.

    Alex imponía un ritmo brutal con sus manos, y la cabecita de Ceci bajaba y subía a una velocidad de vértigo, en un momento dado, Alex empezó a sudar, entonces empujó con todas sus fuerzas a la mina contra él. “Ni una gota, ¿ok?”, y le acabó con un tremendo grito. Oímos los esfuerzos por succionar y tragar todo de Ceci, la mina tragó tanto y tenía tanta dificultad para respirar que algunas gotas de semen aparecieron por los orificios de su nariz. Por desgracia para ella la cantidad de leche vertida era demasiada y un pequeño hijo se deslizó desde la comisura de sus labios hacia la barbilla… “Maldita sea gritó Alex”, al tiempo que le daba una bofetada y le sacaba la verga, “esta perra no vale para nada, seguid ustedes, yo voy a descasar un rato”. Leandro la soltó y Ceci calló a un lado sobre le piso, escupiendo la leche que aún le quedaba y formando un pequeño charquito blanco debajo de su boca, respiraba con dificultad. Pero no estuvo mucho tiempo así, porque Mati la alzó y me hizo señas para que me acercara, era nuestro turno.

    Como un autómata Ceci volvió a colocarse de rodillas y nos entregó su boca, empezó a mamarnos a ambos al mismo tiempo, cambiando de verga a su antojo, parecía disfrutar. La verdad, después de la tremenda pija que le habían dado las nuestras debían resultarles fáciles chupar. “Ah, parece que le gusta, ¿lo ves?”, me dijo Mati. “Quieres nuestra leche”, ella nos miró fuera de sí, asintió y empezó a chupar con más ganas. La tuvimos mamando un buen rato. Ella se metía las vergas en libertad, o se las sacaba y comenzaba a lamernos los huevos por turno, para después volver a tragar pija al tiempo que nos miraba con ojos de deseo. En un momento dado le retiramos las pijas, y ella abrió la boca lo más que pudo sacando la lengua, ambos supimos que hacer, y acabamos al mismo tiempo sobre su cara, con inmensos chorros que le tiñeron de blanco todo el rostro.

    Casi no tuvimos tiempo para recrearnos, porque en estas regresó Alex, alzándola sobre sus hombres y llevándosela hacia la cocina, donde estaba la mesa del living. Sin mediar palabra la tumbó sobre el living e hizo gestos a Leandro. “Che, traeme los cinturones o algo para atarle los tobillos a las patas de la mesa”. Al oír esto, Ceci intentó resistirse, pero Alex hizo fuerza sobre su espalda abortando cualquier posibilidad de zafarse. Leandro regresó con un par de gomas que suelo tener para hacer ejercicio, y con gran habilidad ató a los tobillos de la mina a las patas de la mesa, luego le dio la última goma a Mati. “Ve debajo de la mesa y átale las manos”, y así hizo Mati, quedando Ceci completamente indefensa, con sus piernas muy abiertas, su cara cubierta de semen contra la tabla de la mesa y su cola parada frente a las dos bestias que iban a romperle el orto.

    “Ábremela y rellénamela de leche, Leandro”, dijo un Alex eufórico. Leandro se escupió en su verga, de nuevo parada, y embadurnó también de saliva la cola de Ceci. “Está bastante estrecha”, comentó. Entonces miré a Mati, que con su celular, desde una posición privilegiada se disponía a grabarlo todo.

    Leandro tomó su verga y comenzó a pasarla por el trasero de Ceci, ella gemía y temblaba, pero era consciente de que no tenía opción.

    “No la hagás esperar más”, ordenó Alex. Y Leandro se volcó sobre la mesa, colocando la punta de su verga contra el agujero de Ceci, ella comenzó a gritar como nunca antes, intensos gritos de dolor que sólo sirvieron para animar más a Leandro que empezó a bombearla con energía, hasta que tras un tremendo chillido de la mina, al que siguió un largo suspiro… “Está toda dentro, che”. Y entonces Leandro empezó a moverse a buen ritmo, regalando a la mina una intensa y profunda penetración. Poco a poco los gritos de dolor se fueron tornando más débiles, y a medida en que era embestida y su orto se dilataba comenzaron a aflorar grititos de placer. “La zorra no puede negar que disfruta”, dijo Mati acercándose con el celular hasta la cara de la mina, para grabar con nitidez su rostro.

    Durante largos minutos Leandro la bombeó, el resto estábamos en silencio, disfrutando de tan increíble escena. Al cabo de ese tiempo, se sacó la verga, volvió a escupirse y se la clavó de un solo empujón hasta el fondo. Ambos gritaron a la vez, y cuando la pija salió, nos ofreció la hermosa imagen de la cola de Ceci abierta completamente y escupiendo hacia fuera abundante semen, este resbalaba por las piernas de ella, y terminaba en el piso en un goteo incesante. Sin dejarla descansar, Alex ocupó el lugar de Leandro. “Ahora está como a mí me gusta, dijo”.

    Mati se acercó aún más, haciendo un primer plano de ella, al tiempo que le preguntaba, “Che, ¿Cómo te encontrás? “ah.. ah… ¿a ti que te parece?” respondió ella con tremenda dificultad. “No sé, decime.” Continuaba interrogando Mati. “Tengo el culo y la cara llenos de leche…” ¿Y te gusta?”. “Sí… sí, mierda sí”, dijo Ceci al tiempo que cerraba los ojos apartaba la cara.

    Alex se preparaba para penetrarla bien, con sus inmensas manos la agarró de los hombros, y bastante despacio fue haciéndole hueco a su verga en la ya abierta cola de la mina. La mina gemía entrecortadamente, parecía disfrutar. Poco después, cuando toda la pija estuvo dentro Alex cambió la posición de sus manos, colocándolas ahora sobre la cintura de Ceci. Se detuvo, hubo un tremendo silencio en la habitación… Alex cambió su semblante, una sonrisa bastante oscura se le dibujó en el rostro y entonces, dando un inmenso grito la embistió. El grito de Ceci fue brutal, debió escucharse en todo el vecindario. Alex la estaba culeando tan fuerte que la mesa – y era de madera maciza – empezó a moverse, rallando ligeramente el piso de la cocina.

    Ceci lloraba de dolor, la inmensa verga salía entera, dejando el círculo de su orto abierto y visibles las sonrojadas carnes interiores, para después, con enorme violencia volver a entrar. Fue tal la brutalidad que en un momento dado la mina terminó por desmallarse, lo cual excitó aún más a Alex, que duplicó la intensidad de sus embestidas. Jamás había visto a nadie cogerse un culo durante tanto tiempo… la tuvo de esa forma durante unos diez minutos completos, tiempo durante el cual Ceci solo daba pequeños quejidos, por un momento uno dudaba si realmente era una mujer o una muñeca inflable. Al cabo de un buen rato, Alex sacó su verga, empapada en una mezcla de semen y sangre y dio órdenes para desatarla.

    “De rodillas”, pero la mina era casi incapaz de moverse. Con ayuda de Leandro, mientras Mati se recreaba en la grabación, moví con cuidado a Ceci hasta ponerla delante de Alex. Ella abrió sus ojos y los volvió a cerrar. Ya no parecía muy consciente de lo que le rodeaba.

    Entonces Alex le recordó, “Sin escapar ni una gota, ¿recordás? Puta”. Ella dijo que sí con la cabeza y abrió la boca. Entonces Alex descargó todo lo que le quedaba en su garganta. Ahora sí Ceci logró aguantar todo, y nada se le escapó. “Limpiala”, y así hizo. Cuando terminó la verga de Alex estaba impoluta.

    Miré el reloj, era ya bastante tarde y pensé que ya habían terminado, así que me fue a dormir. Me levanté a medio día, y encontré a Ceci desnuda sobre el piso de la cocina, con su espalda regada de esperma.

    Sin duda, se la habían seguido cogiendo largo tiempo mientras yo dormía.

  • Diario de Eva (episodio II): Bajo la falda

    Diario de Eva (episodio II): Bajo la falda

    Casi un mes después de mi libidinosa experiencia con Antonio el conserje, me había tranquilizado bastante el hecho de que Martín no se hubiera enterado de nada. Pese a las miradas furtivas, pero también cómplices entre el empleado y yo, no hubo razones para sentir vergüenza por lo ocurrido aquella madrugada pretérita. Al fin y al cabo solo hice, y solo recibí aquello que me ha sido negado siempre dentro mi la relación.

    Al día siguiente iba a ser Nochevieja, pero Martín y yo cancelamos los planes de celebración con unos amigos, debido a que él se encontraba en nuestra habitación confinado por el COVID. Yo llevaba ya 2 días durmiendo en la habitación de invitados por prescripción médica. Martín me insistió varias veces en que yo no dejara de celebrar el fin de año, y que él estaría bien. Que no podía hacer nada más que traerle la comida. No le faltaba razón, pero se me hacía raro pasarla sin él.

    Como Antonio se había enterado de esta situación, y se ofreció para ayudar en lo que pudiera, aprovechó para invitarme a su casa, donde había preparado una pequeña fiesta con varios amigos y amigas. A Martín le pareció buena idea, pues no solo me permitía la oportunidad para celebrar las fechas, sino que lo haría cerca. En la planta baja, más concretamente.

    Las frases más largas que crucé con Antonio desde hacía 25 días se referían precisamente a eso.

    -Entonces Eva, ¿te esperamos esta noche?

    -Vale, gracias. Estaré un ratito.

    -No esperes gran cosa, es solo una excusa para vernos los colegas.

    -Me parece bien. Gracias de nuevo. Hasta la noche.

    Hasta hoy no conocía bien la vivienda de Antonio. Nunca había estado ahí, a excepción del día de autos, en el que no pasé del vestíbulo. Pero la vivienda era mucho más que esa gran sala diáfana donde había montado una pista de baile con un equipo de música. Al fondo se encontraban las distintas estancias y más allá una especie de patio interior con un cuartucho para herramientas y un lavabo de servicio.

    Estuvimos bailando y bebiendo en la sala hasta el momento de las uvas. El grupo de amistades de Antonio era bastante heterogéneo, muy divertido y con ganas de pasarlo bien: Por ejemplo, Camila regentaba una peluquería canina, y su aspecto debía parecerse bastante a alguno de sus clientes cuadrúpedos, con ese pelo rizado tan extravagante. Javier era un mecánico circunspecto, y un friki. Solo sabía hablar de Juego de Tronos. En cuanto a Viktor, era como el payaso del grupo, siempre haciendo bromas y repartiendo drogas por doquier. Fue precisamente él quien me invitó a probar una de esas pastillas amarillas que llevaba encima. La verdad es que tenía toda la pinta de ser un camello. No le pregunté qué me estaba dando, la acepté sin rechistar quizás por cortesía, por la necesidad de integrarme en el grupo. Pero él sí que me dijo algo: “Con buen éxtasis siempre lo pasas bien…”

    Aquella dosis de MDMA de Viktor me sentó muy bien para socializar con aquellos desconocidos. La sensación de euforia, de querer hacer cosas, de necesitar explotar de puro ardor, era increíble. No la había probado antes, pero sin duda me encontraba en las nubes y, cuando me separé un poco de la pista de baile, para respirar algo mejor y más fresco, allá en el patio interior trasero de la vivienda, Viktor había ido tras de mí, quizás para saber si me encontraba bien, o tal vez creyendo que podría conquistar mi corazón con sus caramelitos de colores.

    Me apoyé en uno de los tabiques que me permitían algo de intimidad, un punto ciego al resto de la sala, junto al cuarto de herramientas. Nunca me ha gustado que los demás sean testigos de mis melopeas. Pero Viktor estaba ahí. En efecto. Oí decir a alguien entre la concurrencia que su apodo era “El Rumano”, y vaya si se parecía a uno. Era un personaje esquivo, transmitía ese estilo cultural represivo y evasivo a la vez. Parecía estar siempre a la defensiva, y mostraba claramente un complejo de superioridad bastante insultante. Su aspecto era el de un hombre de unos 30 y pocos, piel clara, ojos negros y cabellos azabache. Era de esos que, recién afeitados, aún mostraban una enorme mancha negra por toda la cara, como si fuera tarea imposible eliminar tanta barba. Era un tío bien plantado, eso sí. Un atractivo animal que quizás soslayaría en la calle, pero que teniéndolo delante, bebida y drogada, podía despertar cierto arrebato.

    No dudó en acercarse a mí, situándose delante, poseyendo mi propio espacio físico al apoyar una de sus manos en la pared, por encima de mi hombro.

    -Eva, ¿verdad? Eres guapísima…

    -Gra… gracias pero tío, ¿podrías darme aire?

    -Claro, perdona. ¿Te encuentras bien?

    -Estoy algo colocada… esa pastilla tuya…

    -¿A que es una pasada?

    -Sí…

    De repente sentí cómo la mano de Viktor se deslizaba sutilmente sobre mi muslo por encima de la rodilla. El cabrón había metido la mano bajo mi falda creyendo que sería lo más inteligente. Pensé inmediatamente en abofetearle y empujarlo hacia atrás, pero gracias al puto éxtasis mi maldito nivel de excitación era demasiado alto para detenerlo. Me hice la sorprendida, y le transmití cierta incomodidad.

    -¿Qué estás haciendo?

    -Solo te acaricio… dime que lo deje.

    Ni de coña iba a decirle eso. En cambio, cerré los ojos un momento y confirmé que esa mano estaba ya acariciando la tela de mis bragas, básicamente en la zona de la ingle, y no parecía que hubiera intención de parar. Por supuesto, Viktor se regodeó como pudo.

    -Estás súper cachonda…

    Mientras él me susurraba con voz firme y talante infalible, yo solo podía responderle entre gemidos sordos y sollozos discretos. Sobre todo cuando abarcó con toda la mano la parte externa de las bragas que me cubrían el pubis. Comenzó a acariciar la tela con la presión suficiente para que mi clítoris notara enseguida la violencia de aquellos movimientos. Mi excitación iba en aumento, y la retórica de Viktor no ayudaba.

    -Apuesto a que debes estar empapada…

    Sin duda, la frase le sirvió de justificación para meterme la mano dentro de las bragas y comprobar lo que sospechaba.

    -Madre mía… ¿cómo puedes mojar así?

    Fue una frase que acompañaba el movimiento definitivo, un punto de no retorno para mí. Le rodeé el cuello con mi brazo para evitar caer al suelo mientras el tío solo tenía que aprovechar mi propia lujuria para introducirme en la vagina dos de sus dedos, y empezar a pajearme a toda velocidad. Levante inconscientemente una de mis piernas para ofrecer un acceso más liberador. Él supo gestionar muy bien sus movimientos, ejerciendo un gancho perfecto dentro de mí, que no solo me iba a llevar al paroxismo, sino que le iba a servir como punto de apoyo para calibrar la agitación que se venía.

    Afortunadamente, el lugar estratégico en la casa, pero también el ruido ambiente de los respetables, así como la música en la atmósfera, me permitieron el lujo de dejar escapar algún suspiro más alto que otro, mientras a Viktor solo le preocupaba mi frenesí, y el resultado final de éste.

    Fue bastante inesperado correrme de esa forma, sin poder guardar la más mínima compostura debido al eléctrico tembleque que se apoderó de mi cuerpo, justo antes de descargar sobre su mano todo aquello que él estaba esperando tan ansioso. Oí claramente el sonido del líquido salir a borbotones de mi cuerpo, y también escuché la forma en que empapé el suelo con él. No pude mantener la pierna levantada, y ahora agarré a Viktor por el cuello con las dos manos.

    Tras unos segundos, mi delirio se apaciguó y Viktor salió de mi interior mostrando cómo su mano goteaba generosamente contra el pavimento desgastado. No pude si no mostrar sorpresa y ofuscación.

    -¡Mierda! Me he chorreado en todas las bragas…

    -Dímelo a mí…

    El cerdo mostraba una cara de gilipollas satisfecho que hubiera pagado para arrebatársela de una hostia. Pero después le hubiera perdonado, porque se molestó en traerme una toalla del interior del lavabo de servicio para que pudiera secarme el chocho y las piernas que mostraban un goteo imparable.

    -Tengo que ir a cambiarme…

    -Déjalo. Ven conmigo. Salgamos de aquí… Te espero fuera.

    Viktor salió del piso sospechosamente escopeteado, mientras que yo me propuse acicalarme un poco para despedirme de la gente, especialmente de Antonio. Creo que llegó a ver u oír algo de lo que había pasado en su patio trasero.

    -No te vayas con Viktor. Es peligroso. No te conviene, en serio.

    Estaba avergonzada. Temí que Antonio hubiera sido testigo de toda mi lujuria, del resultado de ésta, y del papel protagonista de Viktor. Le respondí con un “vale, gracias por todo”, le di dos besos, y salí de su piso tras los pasos de “El Rumano”.

  • Otro encuentro con el taxista maduro

    Otro encuentro con el taxista maduro

    Un día viernes luego de salir del trabajo llamé a mi taxista preferido (El señor del anterior relato) Pedro, Me dijo que me llevaría con gusto, pero primero debía pasar a su casa a buscar unas cosas que se le habían quedado, yo le dije que estaba bien que pasáramos y luego me iba a dejar a mi casa, El taxista estuvo conduciendo por unos 10 minutos, nos alejamos un poco del pueblo pero no le tomé mucha importancia.

    Llegamos a su casa, era de dos pisos pero bastante normal, dijo que vivía solo desde hace un buen tiempo, me invitó a pasar y acepte gustosa, me condujo a la sala donde tomé asiento mientras él iba por sus cosas, se tardó un poco pero cuando volvió lo hizo con dos vasos de bebida me ofreció uno y lo bebí, el empezó a contarme que era divorciado hace ya unos 10 años, su ex señora lo había engañado, nunca tuvo hijos y tampoco tenía hermanos así que era un señor muy solitario, me dio algo de pena así que me acerque y lo abracé, me correspondió el abrazo pero luego bajó sus manos hasta mis nalgas y las acarició suavemente…

    Me puse un poco nerviosa pero no lo detuve al contrario lo empuje un poco para que se sentará en uno de los sillones para sentarme sobre sus piernas, el seguía acariciándome las nalgas diciéndome cosas sucias como: «que ricas nalgas tienes mijita» «me pones el pene duro», yo ya estaba con la carita roja y ya andaba muy cachonda, comencé a frotar mi vagina contra su pene mientras gemía suavemente, él me tomó de las caderas con algo de fuerza y me dijo: «uff mija ya andas bien caliente, vamos a mi cama mejor».

    Así fuimos a su habitación, tenía cama de dos plazas y todo muy ordenado, me empecé a quitar la ropa frente a él, me quite todo menos mi ropa interior (de color rosa) él me comía con la mirada, se sacó los zapatos y pantalones, me dijo: «ven mija chúpamela un poco para que se ponga bien dura», se quitó el bóxer y se sentó en la cama mientras yo me acercaban el admirando su pene paradito y grueso que ya sabía yo que era delicioso, me arrodille frente a él y me acomode entre sus piernas, le dije: «uuuy papi te la voy a mamar hasta que me des leche», metí su pene en mi boca (no cabía todo) mientras se lo mamaba le acariciaba los huevos, comencé a lamer la puntita de su pene y bajaba hasta sus huevos los cuales chupe mientras lo masturbaba algo rápido, el taxista gemía bien excitado y cachondo «mijaa me voy a correr en tu boca de putita» me tomo del pelo y metió su pene en mi boca hasta el fondo, me atragante un poco pero no me opuse, se movía rápido contra mi boca hasta que se corrió soltando su semen caliente el cual bebí muy gustosa.

    Me levante y me acosté boca arriba en la cama con las piernas abiertas: «Señor venga a romperme mi conchita por favor…» le dije con voz suave casi suplicando. Él se acercó inmediatamente me agarró de las caderas y se acomodó para meterme su pene, lo frotaba contra mi agujero y ¡zaz! Lo metió de golpe… solté un gemido de dolor y placer, si bien no era virgen hace ya tiempo no me cogían y menos alguien con un pene tan gordito y grande: «mmmm papi rómpeme» mis palabras lo prendían aún más así que empezó a moverse frenéticamente sentía como su pene me abría cada vez más, sus penetraciones eran duras y profundas, se inclinó para acercarse a mis pechos… los lamia y mordía con un poco de rudeza mientras yo solo gemía y gritaba de placer…

    Después de unos 20 minutos de cogerme él dijo que ya se correría que no aguantaba más, empezó a hacer más profundas sus penetraciones sentía que me golpeaba el útero… nunca pensé que un señor de 50 me diera tan fuerte y llegara hasta ahí, me decía: «uuu putita me correré en tu conchita» y así lo hizo. Se vino dentro de mí a chorros y se acostó sobre mi sin recargar todo su peso: «mmmm papi me llenaste de leche…». Se tumbó a mi lado en la cama y me abrazó: «en un rato te voy a dejar a tu casa, descansa perrita».

    Ya andaba cansada así que me dormí como 2 horas abrazada a él. Luego me vestí y me llevó a casa diciéndome que ojalá se repitan luego estos encuentros y que a la próxima me reventaría el culo.

  • Mi sobrino Sergio viene a mi casa

    Mi sobrino Sergio viene a mi casa

    ¡Hola a todos! Primero quería agradecer la gran acogida que tuvo mi primer relato. Estaba un poco nerviosa, ya que era la primera vez que publicaba y no sabía si lo iba a hacer bien o si gustaría. Y he de decir que he recibido una gran cantidad de feedback positivo, cosa que me anima muchísimo a seguir explicando mi despertar sexual.

    Para los que me leéis por primera vez voy a hacer un poco de descripción mía. Mi nombre es Mercedes y soy una mujer madurita, de 45 años y por lo que me dicen bastante atractiva, aunque no llamo mucho la atención a simple vista, ya que siempre visto ropa bastante discreta (algunos pueden pensar qué recatada) y soy bastante modosita. Mido 1,65 y peso 55 kg. Tengo pelo negro, con media melena y siempre uso perlitas como pendientes, cosa que le da un toque clásico que me encanta y que he descubierto con el tiempo que a muchos hombres les pone. Al vestir siempre modosita y recatada no destaco mucho, pero sí que puedo decir que soy algo ancha de caderas y bastante piernuda y un poco culona. Me gusta ponerme pantaloncitos tipo tejanos algo ajustaditos, pero siempre de colores rositas o blancos o pastel para no llamar la atención. También puedo usar faldita o vestidito largo. Normalmente, uso blusas sin demasiado escote, pero sí que el otro día llevaba un top que dejaba marcados mis sujetadores. Mis pechos no son enormes, pero tienen un buen tamaño para poder jugar con ellos. Y mis pezoncitos ya se ponen tiesos a lo más mínimo.

    Al ser una mujer de corte tradicional, todo el tema del sexo me quedaba un poco lejos, hasta que tuve mi primera experiencia de verdad con mi sobrino Sergio y mi compañera de trabajo, la Dra. María. Todo ello está relatado en mi primer relato titulado “En la consulta con mi sobrino”.

    He de decir que fue una experiencia chocante, pero muy gratificante. Me quedé un poco aturdida con lo que había pasado. Todo era muy nuevo para mí y a ratos tenía la sensación que todo había sido un sueño y que no había pasado de verdad. Pero sí que había pasado, ¡ya lo creo! Y en el fondo, a pesar de mis inseguridades y contradicciones, estaba encantada de que así hubiera sido. ¿Estaba cambiando mi manera de entender las relaciones y la vida? ¿Me estaba liberando sexualmente? ¿Podía algo que siempre me habían dicho que estaba mal y que no debía hacerse, hacerme disfrutar como nunca nada lo había hecho? ¡Parece que sí! Y todo eso se lo debía agradecer a María y a Sergio.

    Al día siguiente de lo sucedido, coincidí con María en la cafetería del hospital. Debéis imaginaros un lugar siempre repleto de gente, donde la intimidad para abordar una conversación como la que me venía encima era prácticamente inexistente. Por suerte, era una hora poco habitual para el desayuno de los médicos e enfermeras, por lo que me encontraba con un montón de gente alrededor, pero con suficiente espacio como para que al hablar flojito, nadie se diera cuenta del contenido de la conversación. Vi a María venir de lejos, con un vestido precioso de color azul, bastante corto, unos zapatos negros monísimos y su melena rubia suelta. Estaba exultante. Si le hubiera puesto música hubiera parecido un anuncio. Yo estaba nerviosísima por encarar esa conversación. ¿Que debía pensar de mí? Estaba muerta de vergüenza. Al llegar a mi sitio, se sentó a mi lado.

    – Buenos días, tía Mercedes -dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    – Hola -dije sin levantar los ojos del café con leche de avena y casi sin que se pudiera oír.

    – ¡Alegra esa cara, mujer! Ayer fue uno de mis mejores polvos! Menudo sobrino tienes! No sabes cuanto me alegro de que me llamaras para que te ayudara.

    – Ya… -yo estaba que me no sabía qué decir. Mi sobrino había venido a mi consulta, se había follado a María y se había corrido en mi cara y en mi boca. Y por si eso no hubiera sido suficiente, María y yo nos besamos compartiendo todo el esperma de Sergio hasta tragarlo todo. Me moría de vergüenza.

    – En serio. Me lo pasé increíble. ¿Y sabes lo que más me gustó? Que fue tu despertar sexual: la primera vez que tenías sexo de verdad. ¡Y eso es increíble, tienes que aprovecharlo! Tienes un sobrino guapísimo y fuerte que tiene una de las mejores pollas que he visto y que puede hacerte sentir como nunca.

    Levanté la mirada y la miré a los ojos. Yo estaba totalmente desubicada y perdida, pero a María le brillaban los ojos de emoción. Era todo seguridad.

    – ¿Tú crees? – dije

    – ¡Claro! No puedes desaprovechar esta oportunidad que te ha dado la vida! ¡Se te ha abierto un mundo nuevo y debes aprovecharlo! Llama un día de estos a tu sobrino, y con cualquier excusa lo haces ir a tu piso. Habláis de lo sucedido y aprovecha para hacer lo que no pudiste hacer ayer.

    El día anterior, al cual se refiere María, había sido todo tan rápido que solo me quedé mirando como Sergio y María mantenían relaciones sexuales (a veces no me sale hablar de otra manera), pero no me había atrevido a ir más allá.

    – No sé… bueno, la verdad es que mi marido está unos días fuera, de congreso.

    – ¡¿Como?! -María soltó un grito que se pudo escuchar desde la otra punta de la cafetería. ¡Me cogió el teléfono de encima de la mesa y me lo puso en la mano- ¡¡llámalo ahora mismo!!

    Cogí el teléfono que me había puesto María en la mano. Estaba temblando. Me quedé mirando la pantalla.

    – ¿Ahora? -estaba temblando literalmente.

    – ¡¡Que lo llames!! -en mi vida he conocido a nadie tan decidida como María.

    Desbloqueé el teléfono, no sin equivocarme dos veces en el patrón. Busqué el número de Sergio en los contactos y le di a llamar… yo en ese momento estaba con tanto miedo y temor de encarar la situación, que solo pensaba: «que no conteste… que no conteste».

    – Hola, tía Mercedes -contestó mi sobrino al otro lado del teléfono, con un tono de lo más contento.

    Mierda, pensé… ¿y ahora qué? Sería capaz de manejar la situación?

    – Hola, Sergio. ¿Qué tal? -me salió el tópico más tópico del mundo

    – Pues en una nube desde ayer. Lo pasé genial. Y tú, ¿qué tal está mi tía favorita?

    Wow. Parece que mi sobrino sí que estaba dispuesto a hablar del tema. Se le veía que tenía ganas. En parte me llamó la atención que fuera tan decidido, pero en el fondo me alegré porque pensé que esto me haría las cosas más fáciles.

    – Bien… bien… -contesté

    María seguía a mi lado mientras hablaba con mi sobrino… me puso su mano en el muslo, justo rozando mi zona de la vulva… me acariciaba la pierna, pero con intención de crear roce en mi vagina… eso no hizo que ponerme más nerviosa, pero en el fondo me estaba calentando. María tiene muchas tablas.

    – No te noto muy convencida… seguro que estás bien? ¿No te gustó lo de ayer?

    – Sí, lo que pasa es que estoy en la cafetería del trabajo, y no quiero hablar de eso ahora.

    – Claro, lo entiendo perfectamente. Pero solo quería aclarar que fue uno de los mejores días de mi vida.

    Yo me puse colorada. María seguía con su mano en mi muslo y me animaba con gestos a que le propusiera venir a mi casa.

    – Mira, Sergio. Por qué no vienes esta tarde a mi casa. Termino a las 5. Podemos quedar ahí, no sé… ¿A las 7? Y así hablamos con más tranquilidad.

    – Yo encantado. A las siete ahí, tía.

    – Vale, pues nos vemos luego. Adiós Sergio -y colgué. Me despedí de manera brusca, pero es que me estaba matando la vergüenza.

    María se me quedó unos segundos mirando como si hubiera ganado un premio o algo por el estilo.

    – Joder, Mercedes!!! Que morbazo y qué suerte tener un sobrino así!!!

    – Ya, no sé…

    – Que no sabes? ¿Puedo ir yo también?

    Me la quedé mirando con incredulidad.

    – Es broma! Pero mañana quiero que me cuentes todos los detalles!!!

    Me pasé el resto de la jornada laboral pensando en mi sobrino y en qué le diría cuando llegara a mi casa. Por una parte, tenía ganas y cuando pensaba en lo que podía llegar a pasar me animaba mucho, pero, por otra parte, se me generaban un montón de dudas e inseguridades… estaba hecha un flan.

    Eran casi las 5, y ya estaba acabando de redactar los últimos informes para poderme ir a la hora, cuando recibí un mensaje. Era de mi sobrino:

    No olvides coger tu bata de doctora.

    Me quedé extrañada. ¿Mi bata de doctora? ¿Por qué quería Sergio que me llevara mi bata a casa? No le encontré explicación y simplemente la puse en mi bolsa.

    Cuando salí del hospital me crucé con María, que iba con mi jefe del servicio. Es un hombre muy simpático y apuesto. Y muy guapo. Debe tener unos 55 años, más o menos. María se paró enfrente mío y cogiéndome de las manos me dijo:

    – Ánimo, Mercedes. Seguro que va todo estupendamente. Y soltó una sonrisa de lo más pícara a la vez que me guiñaba el ojo.

    Yo me quedé muy cortada. Mi jefe se nos quedó mirando y dijo:

    – ¿Se puede saber de qué habláis? – se le notaba que tenía mucha curiosidad.

    – Nada, cosas nuestras – respondió María. Y se alejaron.

    Yo por mi parte salí del hospital dirección a mi parada de bus. Mi casa queda relativamente cerca, pero no lo suficiente como para ir andando. De camino a casa, ya sentada en el bus, iba pensando qué le diría a mi sobrino… estaba muy nerviosa. Repasé mentalmente el día anterior y como más lo pensaba más me gustaba. Y por lo poco que había hablado con Sergio, a él también. Quizá era todo más sencillo. Quizá solo debía dejarme ir…

    Cuando llegué a mi casa estaba muy nerviosa, pero todavía faltaba mucho para las 7, así que cuando entré ordené la bolsa del hospital, dejé la bata en una silla del comedor para que no se arrugara si la dejaba dentro de la bolsa y me fui a la habitación a cambiar. No me gusta andar por casa con la ropa del hospital, y menos en estos tiempos. Me lo saqué todo y lo dejé en el cubo de lavar que tenemos en el baño. Noté que mis braguitas estaban un poco mojadas. Eso era normal? Yo ya… me las cambié también, claro. Me vestí con algo sencillo y cómodo: pantaloncitos cortos tipo chándal y un top.

    Me fui a la cocina y me preparé un poleo menta. Me ayuda a relajarme. Estuve mirando la tele, por hacer tiempo y al cabo de un rato sonó el timbre. El corazón me dio un vuelco que casi me caigo de la silla. Guardé la taza del poleo menta en el lavavajillas y me acerqué a la puerta. Cuando abrí vi allí a mi sobrino Sergio: alto, de unos 190 cm más o menos y bastante fuerte, ya que últimamente está practicando mucho deporte. Con el pelo cortado a la moda (que no consigo entender) y bien afeitadlo. Iba vestido muy ligero: camiseta y una especie de pantalones de deporte o bañador, no sabría decir, y chanclas.

    – Hola tía Mercedes – saludó Sergio y se acercó para darme dos besos mientras me cogía por la cintura con actitud firme.

    – Hola, Sergio – dije como pude mientras notaba como se me enrojecía el rostro – pasa pasa.

    – ¿No está el tío? – preguntó mirando por la casa.

    – No, está de en un congreso. Así que tranquilo, que podemos hablar sin miedo.

    Entramos en el salón y le invité a sentarse en el sofá. Le pregunté si quería beber algo y preguntó si tenía una cerveza, que con ese calor le apetecía mucho. Fui a la cocina, abrí la nevera y estuve delante del refrigerador abierto unos segundos. Cogí la cerveza, un abridor y un vaso y volví al comedor.

    – Muchas gracias – dijo Sergio muy educado.

    Me senté a su lado. Estaba tan nerviosa que no sabía ni por donde empezar.

    – Mira, Sergio… lo de ayer… no sé como decirte… yo no soy así, ¿sabes?

    Me miró a los ojos y con gran tranquilidad, me cogió de las manos. Supongo que me vio superada y quería transmitirme algo de su confianza. Su contacto me sobrepasó.

    – Tranquila, Mercedes. No pasa nada. Yo entiendo que estés algo confundida, pero lo de ayer fue increíble. Llevaba mucho tiempo queriendo estar contigo y en cuanto vi la oportunidad no pude aguantarme. Lo siento si fui demasiado directo, pero ya son muchos años con esto dentro y tenía que sacarlo.

    Yo estaba un poco confundida… Muchos años… Estar contigo…

    – No te entiendo. ¿A qué te refieres?

    – Pues que hace muchos años que siento un gran deseo sexual por ti. Siempre que te veo, con esa actitud de no haber roto nunca un plato, con tus pantaloncitos rositas y tus perlitas… si supieras la cantidad de pajas que me he hecho pensando en ti… hasta me he corrido en tus bragas alguna vez que había venido a esta casa. Menudo morbo lo de tus bragas…

    Yo estaba que no me lo creía. Así no había sido solo el calentón de ayer. Resulta que mi sobrinito estaba loco por mi. ¿Como podía ser eso posible?

    – Ay, no me digas eso, Sergio…

    – Pero si es la verdad! Me he imaginado cantidad de veces como sería meterle mano a ese culito que tienes. O poder ver esas tetas que seguro que deben ser preciosas y que escondes bajo esas blusas.

    – De verdad piensas todas esas cosas, Sergio? Pero soy tu tía. Además soy como 20 años mayor que tú!

    – Pues eso no hace que excitarme todavía más. Mira, lo de ayer estuvo bien. Muy bien, pero lo que realmente me gustaría es verte de verdad, y que pudiéramos hacer todo lo que viste que hicimos con María.

    – No lo dirás en serio!! – dije haciéndole creer que estaba indignada.

    Me costaba de creer, pero en el fondo lo deseaba con todas mis fuerzas. Con tan solo esas palabras hizo que se me volvieran a mojar las braguitas.

    – Mira, vamos a hacer algo. Yo tengo que ir al baño. Por qué no te sirves algo y luego continuamos hablando?

    Sergio se levantó y se encerró en el baño. Yo me quedé aturdida: por una parte, estaba dudando mucho: ¿Quería hacer eso? ¿Quería estar con otro hombre por el mero hecho de tener sexo con él? Además, ¿estaría preparada para ello? El poco sexo que había tenido había sido con mi marido, y no era precisamente algo como para presumir mucho. Tampoco nunca lo había echado de menos. Mi educación y mi vida habían sido muy tradicionales. Por otra parte, lo que había visto ayer con mi sobrino y María me había gustado. Y mucho. Un poco sí que me había quedado con las ganas de participar y que mi sobrino me hiciera cosas… nos sé… estaba hecha un lío cuando mi sobrino volvió del baño. Mis dudas desaparecieron de golpe.

    – Pero bueno, Merceditas – dijo con una sonrisa burlesca – y estooo???

    Sergio apareció con unas bragas en su mano. Las sujetaba en alto, solo con el dedo índice. Pero no eran unas bragas, eran MIS bragas que había dejado en el cesto justo con la ropa sucia que me había quitado al llegar del hospital.

    – Como te atreves a coger eso! – dije enfadada. Sentía que había profanado mi intimidad.

    – Lo siento, no te enfades. He ido a mear y no he podido evitar mirar dentro del cesto… – se llevó mis braguitas a la cara – mmm… están mojadas. ¿Has sido mala, Merceditas?

    Yo no me lo podía creer… estaba haciendo eso con mis bragas… pero me gustaba.

    – Bueno, es que en el hospital, recordando lo de ayer y pensando en esta tarde…

    – No hace falta que te disculpes. A mí me encana, mira – dijo mi sobrino. Y se bajó el pantalón. Salió disparado su enorme pene, dibujando una sutil curva. Era grande y grueso, pero lo que me llamó más la atención es que su punta brillaba y que estaba muy duro.

    – Uau!! – me salió decir. Fue un acto reflejo, sin pensar.

    – Ven aquí, anda. No muerde. Por qué no la tocas un poco.

    Me acerqué. Tenía miedo, pero me pudo la curiosidad. Cuando estaba casi a tocar, mi sobrino me cogió mi mano derecha.

    – Eso es, mira. Tócala. Toca mi polla.

    Me puso mi mano sobre su enorme aparato y me la soltó. Fue como si fuese un imán. Mi mano se quedó pegada a su polla. Estaba increíblemente dura y muy caliente. Incluso pude notar como palpitaba.

    – Eso es. Mira como la tengo. Has visto, está así por ti. Porque me excitas mucho.

    – Ay, no me digas eso – yo me estaba derritiendo.

    – Sí, ya lo creo. Está dura por ti. ¿Por qué no me la meneas? – volvió a coger mi mano y empezó a subirla y a bajarla suavemente.

    – ¿Así? Lo hago bien?

    – Síii… mmmm… lo haces muy bien, eso es… que gusto… mmmm… ahha

    Pude notar como con apenas tocársela, mi sobrino se puso a mil. Creo que es la primera vez que fui consciente del poder que podía llegar a tener sobre un hombre. Y me animé a continuar.

    – ¿Te gusta que te la menee? ¿Te pone que tu tía Mercedes te esté haciendo una paja? ¿Eh? ¿Te gusta?

    No sé qué me pasó, pero me excité de sobremanera y me transformé.

    – Ohhh sí, joder! Me encanta… que gusto… y que bien me lo haces… mmmm… así, muévela con suavidad pero sin parar.

    Yo estaba delante de él, pero al ser más bajita quedaba a la altura de su pecho. Le estaba cogiendo la polla con una mano y con la otra lo abracé por la espalda. Me estaba gustando hacerle eso, porque podía sentir como su respiración se agitaba y como se iba excitando todavía más.

    – Te quiero pedir una cosa, Mercedes. ¿Has traído tu bata del hospital?

    Yo me separé un poco para mirarlo.

    – Sí, mira, la he dejado ahí para que no se arrugue.

    – Pues me haría muy feliz que te la pusieras.

    – ¿Ahora? – yo me quedé parada… ahora que me ya me había animado…

    – Sí, pero sin nada más debajo. Me da mucho morbo verte vestida con tu batita y me he imaginado cantidad de veces que debajo no llevabas nada. ¿Harías esto por mí?

    Yo no sabía qué hacer, pero tocarle la polla, la verdad, es que me puso bastante a tono. Y si eso le excitaba, al final me iba a beneficiar.

    – Vale, si es una fantasía que tienes…

    – Joder, gracias Mercedes. Mira, me voy a dar la vuelta, así la situación tendrá más morbo.

    Mi sobrino se dio la vuelta. Me quité la camiseta y los sujetadores y me puse la bata. Cuando la tenía a medio abrochar, me quité los pantalones, pero no las braguitas y terminé de abrocharla.

    – Vale, ya estoy.

    Mi sobrino se giró. Se le había bajado levemente la erección, pero al mirarme se le volvió a levantar incluso más que antes.

    – Joder, Merceditas… me encanta.

    -¿Sí? ¿Te gusta? – dije yo con tono provocativo – ¿y esto?

    Me bajé las bragas, pero sin subirme la bata, ni abrirla, solamente pasé mis manos por dentro y las bajé, sin dejar ver nada. Y las tiré al suelo, a mi lado.

    Mi sobrino puso los ojos como platos y plasmó en su cara una sonrisa de campeonato. Pude ver como se estaba cumpliendo su fantasía. Y a mí me estaba encantando descubrir esta faceta mía.

    – Esto todavía me gusta más!!

    – Ah, sí? – dije yo – te gusta que la Dra. Merceditas esté aquí contigo.

    – Me estoy poniendo malo!! Ven… acércate Mercedes. ¿Por qué no le das un besito? -dijo Sergio cogiéndose con una mano su polla y zarandeándola con fuerza.

    Me puse delante de él, me arrodillé y besé suavemente su glande.

    – ¿Así? Está mojado – me sorprendí.

    – Sí… ahmmm… Me sale un poco de líquido preseminal. Es normal, con todo lo que he visto.

    – Vale. ¿Que tengo que hacer ahora? – dije con mi voz más inocente que tengo.

    – Ahora debes besarla. Como si fuera un caramelo.

    – Vale.

    La cogí con una mano y la acerqué a mi boca. Saqué la lengua y empecé a lamerla como si fuera un polo.

    – Ohhh… joder sí… que bien… que bien lo haces Mercedes… mmmm…

    – ¿Si? – decía yo como podía – ¿te gusta? ¿Lo estoy haciendo como toca?

    – Lo estás haciendo perfecto… mmmm… menuda mamada… me está dando mucho morbo que seas mi tía y me estés comiendo la polla… joder… la de veces que me he imaginado esto.

    – Aghmm… mmmm… sí… ¿te has imaginado que te chupaba la polla?

    – Ohhh… sí… muchas veces, y que te sobaba las tetas mientras me lo hacías… mmmm… así… mmmm.

    Mi sobrino abrió un par de los botones de mi bata y asomaron mis tetas maduras. No son lecheras, pero tienen un buen tamaño. Siempre estaban ocultas bajo capas de ropa, pero esta vez estaban a la disposición de mi sobrino y no parecía que fuera a desaprovecharlo. Metió una mano, justo para coger mi teta izquierda. La cogió suavemente por debajo.

    – Oh, joder que bien poder tocarte las tetas, mmmm… me voy a derretir… ahhhh.

    Yo continuaba tragando, pero noté que se me habían puesto los pezones duros. Le puse las manos en sus musculosos muslos y quedaba solo con su polla en mi boca como punto de apoyo. Ahora podría hacer conmigo lo que quisiera.

    – Así… asíii sin manos… que gusto… ¡te voy a follar la boca! Ahora verás! Abre todo lo que puedas la boca.

    – ¿Así? -dije yo.

    – Síii así!! Y ahora saca la lengua.

    Mi sobrino me cogió mi carita con las dos manos y empezó a meter y a sacar su pollón en mi boca. Era realmente como si me follara, pero por la boca. A mí me daban arcadas y me empezaron a llorar los ojos, pero me estaba gustando mucho.

    – ahgghhghh

    – Eso es, eso es, Mercedes. Trágate mi polla!! Quiero que te la comas toda!!! Joder que gusto me estás dando, Merceditas!!! ahhahh

    Estuvo un buen rato haciendo esto. Yo me iba quitando para coger aire y él aprovechaba que me sacaba su polla para darme golpes con ella en la cara y pasarla por mis labios.

    – Que bien lo haces, Mercedes. Con lo recatadita que pareces y eres toda una tragona.

    – Tú haces que sea así… y me está gustando mucho.

    – Y más que te va a gustar. Ahora te voy a meter esta polla por ese coñito tan bonito que tienes, ¿vale?

    – Claro… ¡lo estoy deseando! ¿Qué quieres que haga?

    Me levantó del suelo y me besó en la boca, sacando la lengua y limpiando los restos de baba que me habían quedado. Me cogió por los hombros.

    – Date la vuelta. Así. Te la voy a meter como si fueses una perrita. Ya verás que bien lo vamos a pasar.

    Yo no entendía mucho. Todo lo que había hecho con mi marido era en la cama y en posición de misionero. Ahora estaba en medio del comedor, a cuatro patas y con mi sobrino detrás!

    – Así… Así, Mercedes. Mira, ahora voy a empezar a poco a poco para que te vayas acostumbrando, ¿vale?

    – De acuerdo -dije yo sin saber muy bien qué hacer.

    Mi sobrino me cogió los dos cachetes, los separó levemente y empezó a introducir ese trozo de carne que lleva entre las piernas. Lo hacía de manera suave y delicada. Me estaba encantando.

    – Joder, Mercedes… qué culo tan precioso que tienes.

    – Calla, bobo -dije – eso lo dices por decir – se me ve demasiado grande.

    – Que no, que no, que me encanta… es bastante grande, sí. Pero es como deben ser. Y a mí me gusta. Me gusta mucho… con la de pajas que me he hecho pensando en esto…

    – Ah… ahhh… joder, ¿que me estás haciendooo?… ahhhm… -no podía parar de gemir. Yo no quería, pero era superior a mí… me estaba dando mucho gusto.

    Aumentó el ritmo… me había metido todo hasta el fondo y notaba su pelvis en mi trasero… me cogió una teta con una mano y con la otra me hizo girar la cara hacia él. Menudo artista, me lo estaba haciendo todo a la vez: me estaba follando como a una perra, me estaba estimulando los pezones y sobándome las tetas y me estaba besando guarramente… y yo me estaba derritiendo literalmente.

    – Joder, Merceditas… que coñito más apretadito y suave tienes… me encanta… me estás dando un gusto increíble. Menudo morbazo poderme follar a mi tía por detrás.

    – Ahhh… a mí también me está gustando mucho… me estás matando… ahhhh.

    Al cabo de un rato, que no sabría decir cuanto porque perdí la noción del tiempo pasó algo. Mi sobrino se quedó completamente quieto, pegado a mí, fueron solo unos segundos para acto seguido empezar a cabalgarme como si fuera una yegua desbocada… el ritmo era frenético.

    – Ahhhh… te lo voy a dar todo… me voy a correr en tu cara…

    Se separó de mí y me dio la vuelta. Casi sin tiempo para girarme, vi que mi sobrino tenía la mano en su polla: estaba enorme y brillante… iba a explotar ya y yo estaba deseosa!!

    – ¿Quieres mi leche? ¿eh? Quieres mi leche en tu cara? Dímelo!

    – Sí, quiero que te corras!! Quiero que me eches todo tu semen en mi cara. Vamos, córrete!

    – Me corro!!! Me corro en tu cara!! Ahhhh.

    Y empezó a sacar leche que parecía que no iba a terminar nunca. Fueron por lo menos 10 chorros de esperma blanco y viscoso que me llenaron la cara y la boca de rica lechita.

    – Oh… ahhhh joder Mercedes qué corrida!!! Mira como te has quedado… mmmm… qué guapa estás llena de esperma… joder estás guapísima!!! Me encantas!!

    Yo no podía casi ni abrir los ojos. Como pude me los limpié. Me ardía la cara. Era tal cantidad, que de mi cara bajaba toda por mi cuello hasta llegar a mis tetas. Era realmente excitante.

    – Espera, que lo vamos a limpiar bien – dije yo – y me volví a meter su polla en mi boca, relamiéndolo todo y dejándole la polla limpia y reluciente.

    Mi sobrino me levantó y me dio un beso en la boca. Después empezó a lamerme la cara, tragándose su propia corrida y compartiéndola conmigo.

    – Así, bien limpita tu también… mmmm… me encantas.

    Nos tiramos los dos en el sofá. Estábamos exhaustos.

    – Gracias, tía, por dejarme cumplir mi sueño. Ha sido magnífico.

    – No, Sergio. Gracias a ti. Me has descubierto quien soy realmente. Me has abierto un mundo nuevo que no tenía ni idea ni de que existía y me has hecho ver que el sexo es una cosa maravillosa de la que se puede disfrutar sin complejos. Y me has llenado de leche!!!

    – Jajaja, me encanta correrme en tu cara… estás preciosa.

    Nos dimos un último beso y me fui a la ducha. Había sido mi primera vez fuera del matrimonio. Mi primera vez de verdad. Y no iba a ser la última.

    Espero que hayáis disfrutado mucho con mi segundo relato. A mí me encana contarlo, porque me hace sentir como si volviera a vivirlo.

    Espero ansiosa, y ahora misma bastante mojada, vuestro feedback y comentarios a mi correo [email protected].

    Un beso enorme.

  • Adrián se cogió a mi novia, yo me cogí a su hermana

    Adrián se cogió a mi novia, yo me cogí a su hermana

    Ver a mi novia salir de un motel con otro hombre me excitó al principio y casi al instante sentí miedo de perderla porque se pudiera enamorar de alguien más. Tuve una mezcla de sentimientos, celos, coraje, nervios, dudas, pero sobre todo mucha excitación, estaba triste pero con la verga parada. No me hubiera gustado que se enamorara de alguien más.

    Luego de la plática que tuvimos y la maravillosa noche de sexo que pasamos, dentro de todo lo que nos dijimos, acordamos también que si en algún momento algún otro hombre le propusiera acostarse con él, ella le propondría dejar que la novia o esposa de ese hombre se acostara conmigo, como un intercambio, así sería algo parejo para todos y sólo así ella podía aceptar. Claro que la mayoría de los hombres se negaba en aquellos años, querían que mi novia cogiera con ellos, pero a sus mujeres que nadie las tocara. Durante mucho tiempo así hicimos y sí hubo dos parejas que aceptaron, contaremos de ellos más adelante.

    Con esto que escribo, quedé con Yesica que así como su jefe Adrian se la había cogido a ella, yo buscaría el modo de cogerme a su esposa. Aunque intenté varias veces acercarme a su esposa, ella nunca me dio oportunidad, así que no le insistí, pues a la fuerza con una mujer, nada. En ese intento por tener algo con la esposa, conocí a la hermana de Adrian. Una chica que tenía más o menos mi edad 22 o 23 años en aquellos tiempos. Delgada y alta, sin mucho pecho y poca nalga. Eso sí de cintura muy pronunciada. De cara bonita, muy amable y risueña. Como en muchas de nuestras vivencias no recuerdo su nombre, pero sí lo que hicimos. Después de 2 o 3 salidas a tomar algo, me la llevé al motel. Yesica de todo estuvo enterada y de acuerdo.

    Fue la calentura de ambos la que nos llevó a coger. Sólo serían una o dos ocasiones, ella tenía novio y por eso nos escondíamos. Este caso no entraba en el acuerdo con mi novia de compartir parejas, pues Yesica ya había cogido con Adrian. Así que me tocaba estar nada más ella y yo.

    Ya había tenido experiencia con nuestra amiga Maribel en coger con chicas delgaditas. Así que entre besos y caricias nos pusimos muy calientes. Yo succionaba con fuerza sus pequeñas tetas y le hacía chupetones mientras apretujaba sus nalgas con mis manos. Ella trataba de montarse en mi verga y con su mano me masturbaba. Parecía un poco inexperta, pero muy caliente. Mencioné lo de las flaquitas como Maribel porque con esta chica por su complexión también la pude poner en un rico 69 estando yo de pie, mis manos abrazando su cintura y ella chupando mi verga con fuerza en un movimiento de su cabeza adentro y afuera. Así como a mi novia Yesica le ha encantado desde siempre el sabor del semen, yo disfruto mucho el sabor de las vaginas y esa ocasión así lo hice. Metí mi lengua lo más profundo que podía, estimulaba su clítoris y mordía sus labios vaginales, mientras ella se movía apoyando sus piernas en mis hombros, buscando el punto en donde alcanzó un delicioso orgasmo en mi boca. Sobra decir que lamí y succioné toda su humedad mientras ella se quedaba quieta, quizá mareada por estar de cabeza y luego de un rico orgasmo.

    Las mamadas que me estuvo dando esta chica me pusieron más dura la verga, la recosté en la cama y en lo que ella se recuperaba yo me puse un condón, abrí sus piernas y presionando de a poco fuí entrando en su panocha apretada y muy caliente, cubierta con una capa de bello muy bien recortado, ella gemía con un poco de dolor, si bien no era virgen, pero no había sentido una verga de 19 centímetros y gruesa como la mía. Parecía incómoda, pero no dejaba de atraerme hacia ella y abrir más sus piernas, yo me dediqué a penetrarla. La tuve en posición de misionero un buen rato al tiempo que nos besábamos. Aun así no podía hacerme venir, me puse en posición de lagartija y la embestí con más fuerza pero nada que me venía. Sentía muy apretada mi verga, quizá esa era la razón por la que tenía poca sensibilidad. Mientras ella se volvió a venir, pues sentí como contraía su vagina, levantaba sus piernas buscando cómo disfrutar más de su orgasmo y ponía sus ojos en blanco, de su garganta salían gemidos de satisfacción.

    Luego de su orgasmo seguí penetrándola igual pero nada que me venía, ella sólo se dejaba hacer, pues ya se notaba un poco cansada. Saqué mi verga y la quise acomodar de a perrita, ahí me detuvo, pues me dijo que así no le gustaba. Más bien, en esa posición sentía que se hacía pipí y le daba pena que le fuera a ganar. Yo ya había estado con mi novia en situaciones así, en las que ella se orinaba sobre mí, así que sin contarle esto, le dije que yo no tendría ningún problema si le ganaban las ganas y la convencí de ponerse en cuatro.

    Entrar en esa panocha apretadita fue muy rico, sentí que apretaba más mi verga y las metidas que le daba las disfruté mucho. Tomándola de sus caderas aceleré mis metidas y me puse más intenso con el sonido de nuestros cuerpos chocando, estaba disfrutando mientras ella me decía que «ya casi», no entendí si se refería a que iba a tener un orgasmo o se iba a orinar, yo seguí penetrándola. Cuando sentí mi orgasmo cerca, ella pedía que me detuviera en forma de súplica, seguí bombeándola. Ella trató por unos instantes de zafarse de mi verga, pero la tenía yo tan bien agarrada de sus caderas que prácticamente explotó y su orina escurrió por mis huevos y piernas, dejando muy mojada la cama. Yo con ese calor escurriendo por mis piernas me vacié dentro de ella, pues en ningún momento dejé de penetrarla. Sus piernas temblaban, pues con su orina también se vino un orgasmo intenso, se quedó así empinada, mientras su cuerpo se recuperaba en medio de temblores que me contagiaba. Mi verga seguía dura y adolorida por lo apretada que estaba esta chica.

    Nos pusimos de pie como pudimos, pues bajo nosotros estaba empapado el colchón. Nos metimos a bañar después de ese rico sexo y con las toallas que nos secamos, tratamos de limpiar el colchón, algo que fue imposible.

    Salimos del motel esperando que no se dieran cuenta del desastre que hicimos. Todo salió bien. Nos volvimos a ver una o dos veces más, repetimos casi la misma sesión sexual, sólo que las orinadas fueron en el baño, pues ahí se pudo orinar a sus anchas mientras la tenía de a perrita o en cuatro patas recargada sobre el escusado o el lavamanos, sin duda que disfrutábamos esos orgasmos con orinada incluida.

    Nos dejamos de buscar al poco tiempo, ya estaba a mano con Adrian. Sólo me faltó desquitarme de su amigo Jorge, pero ya no lo volvimos a ver.

    De la noche que no pasé con Yesica en la casa ni en la de mis abuelos fue porque me quedé estacionado en una gasolinería donde iba a llenar el tanque de la combi de servicio público en la que trabajaba. Ahí despachaba una señora de unos 35 años, muy amable y que a todos los choferes nos hablaba bien. Lo que recuerdo de ella es que bajo el traje que usan los despachadores, a ella se le marcaban unas nalgotas muy antojables. Ella no era muy delgada, siempre traía una trenza y ya a varios de los compañeros se los había cogido, la mayoría decían que la señora era muy caliente. Era morenita, de labios pequeños y ojos grandes, de nariz aguileña y con una voz muy amigable. Bonita la señora, aunque me es imposible recordar su nombre.

    Esa noche yo andaba sacado de onda por lo que había pasado con Yesica, así que cuando pasé a cargar gasolina, entre pláticas con esta señora nos contamos nuestras penas, yo llevaba unas cervezas y compartí con ella algunas. Ya era de madrugada, había poco tráfico y nada de clientes. Ella me propuso desquitarme de mi novia de la misma forma y se ofreció a ser ella la persona del desquite. No lo pensé dos veces, estaba muy caliente y ansioso por saber los detalles de la infidelidad de mi novia, así que en ese rato fui a comprar condones y dentro de la combi que manejaba nos medio quitamos la ropa, se montó en mi verga y se daba unos sentones muy ricos que hasta la combi se movía. No pude evitar que con tremendos sentones me hizo venir al poco rato. En cuanto me recuperé, me puse otro condón y de espaldas a mí, recargada sobre los asientos de la combi, me la cogí mientras la nalgueaba muy fuerte. Tanto que hasta una de sus compañeras se fue a asomar para ver que estuviera bien, y se quedó un rato viendo cómo la tenía ensartada mientras ella gemía fuerte. Aunque sentí cómo se vino, yo no dejé de meterle la verga, tenía que venirme de nuevo. Así que seguí dándole verga mientras me deleitaba con esas nalgotas, las acariciaba o les daba palmadas fuertes, mientras ella se dejaba coger. Nos pasamos al asiento de adelante y como pude me recosté boca arriba y ella se montó en mí, me cabalgó por un rato, se apoyaba en el volante y la palanca de velocidades. Ella se vino primero y mientras se recuperaba, siguió moviendo su cadera sobre mí, yo me abracé a su cuerpo y me moví tratando de meterle más la verga, mientras sentía en mis huevos cómo escurría la humedad de su orgasmo. Levanté mi pelvis mientras me vaciaba dentro de su panocha y ella se refería a mí como «su niño». Pues sí era evidente la diferencia de edades.

    Me dejó seco y satisfecho. Quiero pensar que a ella también le gustó. Cuando nos vestíamos pude ver sus pequeñas tetas, con pezones oscuros y algo caídas quizá por amamantar a varios hombres con lo que había cogido. Yo ya me contaba entre uno de ellos.

    Me dormí algunos minutos pues como a las 6 de la mañana empezaba mi turno. Después de esa ocasión no se volvió a repetir el rico sexo que tuvimos, sí seguí viendo a la señora en la gasolinería, siempre tan amable y sonriente.

    Yesica aunque sea de vista conoció a esta señora y me dio la razón en que tenía muy buenas nalgas y como dije, muy antojables.

    Éramos y somos muy felices. Juntos podíamos hacer lo que nos propusiéramos. Juntos y enamorados.

    Quien quiera le puede comentar a mi esposa lo que gusten, quizá ella no sabe cómo dar a entender que le gustan los comentarios calientes. Yo no tengo problema en lo que le escriban, juntos disfrutamos de todos estos ricos recuentos que estamos haciendo de nuestras vidas y experiencias. Esperamos que nos sigan leyendo.

  • Mi nueva jefa es un poco guarrilla

    Mi nueva jefa es un poco guarrilla

    Mi nueva jefa ronda los cuarenta y es aficionada al deporte. Dos días en semana se pone unas mallas negras ajustadas, una camiseta de manga corta y unas zapatillas blancas y sale a correr y sudar por el parque. No se puede decir que sea la mujer más guapa que he conocido, ni siquiera la más simpática. Su forma de vestir, a base de prendas arrugadas y de discutible gusto; la ausencia de maquillaje y la falta de modales no contribuyen a realzar su atractivo. Y sin embargo, quizás su voz ronca ó su mirada directa e inteligente o ese gamberrismo implícito en los que mastican chicle, o quizás todo junto, transmiten cierta atracción.

    Una tarde, serían las tres o así, me llamó a su despacho. Cuando entré, Paula estaba bebiendo cocacola y sobre la mesa tenía un trozo de pizza. Tenía el cabello recogido en una coleta, vestía unos pantalones de tela ceñidos color rosa y una camiseta con escote en pico que le quedaba grande.

    -Me llamabas.

    La mujer dejó el vaso de plástico en la mesa, eruptó y tomó la palabra.

    -Perdón por el erupto. Las burbujas y la pizza tienen un peligro. A veces me tiro pedos y todo. -Comentó como quien no quiere la cosa mientras se levantaba.

    Luego me miró y soltó una carcajada.

    -Piensas que tu jefa es una guarra sin modales y se merece unos buenos azotes ¡eh! Contesta

    No respondí.

    -Quién calla otorga. Por cierto, has visto este informe -dijo mostrándome el portátil.

    Me incliné sobre la mesa para mirarlo más de cerca y ella aprovechó para pellizcarme el culo.

    Me reincorporé y la miré confundido.

    Ella habló de nuevo.

    -Ya tío, es que tengo la manía de pellizcar las nalgas de la gente. Sonia, la secretaria, debe odiarme por ello. Cualquier día me denuncia con tanto toqueteo. Pero dejemos a Sonia en paz. Tú, que tienes en mente. Te gustaría tocarme algo… quizás las tetas que no paras de mirarme.

    -Yo no te miro las tetas. -repliqué.

    -Ja, eso no te lo crees ni tú. 

    -Bueno, sí, los ojos están para mirar no, ¿qué tiene de malo mirarle los pechos y el trasero a tu jefa? ¿Qué culpa tengo yo de encontrar a mi jefa atractiva?

    Paula se acercó a mí y me plantó un beso en la boca. 

    Yo respondí agarrando su teta derecha.

    -Vamos a hacerlo, bájate los pantalones. -me susurró al oído.

    Obedecí quedándome en calzoncillos. Mi pene crecido se marcaba sin disimulo.

    -Ahora nos ocuparemos de tu miembro, pero antes quiero que me chupes el agujero del culo. -añadió dándose la vuelta y bajándose pantalones y bragas.

    -Venga, trae para aquí esa lengua y lámeme.

    El trasero era firme y la raja, generosa, invitaba a ser explorada. Me puse de cuclillas y metí la cara. Luego, tras separar las nalgas con las manos, saqué la lengua y comencé a lamerle el ano.

    Mi jefa gimió, cambió la pierna de apoyo y quién sabe si por accidente o a propósito, se tiró un pedo en mi cara.

    Reaccioné mal, enfadado por la humillación.

    -¡Eres una cochina! -grité al tiempo que azotaba con la mano su nalga.

    Ella se volvió, murmuró unas palabras de disculpa y seguidamente se río en mi cara.

    Encendido por la burla, la cogí las manos, me senté en el sillón y tirando de ella la tumbé sobre mis rodillas y comencé a darle nalgadas. El trasero se iba poniendo rojo con cada azote y mientras mi pene crecía y palpitaba presa de una excitación desconocida.

    La sesión de nalgadas duró un par de minutos eternos. 

    Cuando la solté, se reincorporó y me miró con rostro enojado e inundado de rubor. La atraje hacia mí y la besé metiendo la lengua mientras manoseaba sus glúteos.

    Lo siguiente que ocurrió fue que ella me bajó los calzoncillos y comenzó a chupármela. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras contraía mis propias nalgas. El instrumento estaba más que afinado cuando mi jefa se puso de pie. La besé en el cuello, chupé sus pezones y le metí el dedo en la vagina que por entonces estaba empapada.

    -Fóllame, métela hasta el fondo. Te quiero dentro ahora. -dijo mientras sacaba del cajón un preservativo.

    Me puse la goma con habilidad, la senté en la mesa, separé sus piernas y le metí el pene con suavidad, disfrutando del momento. 

    -Soy una guarra, dime que soy una guarra. -suplicó entre gemidos.

    La llamé de todo, me llené de locura.

    -Date la vuelta para que pueda penetrarte por detrás. 

    La mujer me dio la espalda inclinándose sobre la mesa. Se la metí y empujé una y otra vez.

    -Sois una cochina llena de gases. Pero yo voy a hacer que no se escape ninguno. Voy a tapar ese tubo de escape. -dije metiéndole el dedo en el ano mientras aumentaba el ritmo de las embestidas.

    Paula arqueó la espalda mientras sus piernas temblaban como preámbulo del orgasmo. Al notarlo, saqué la verga, me quité el condón y eyaculé sobre las nalgas de la mujer. Luego pegué mi cuerpo al suyo y la comí el cuello a besos, durante un momento noté como ella perdía el control y se corría sujetándose gracias a mi abrazo. La besé de nuevo queriendo hacer mío su intenso placer.

    Poco a poco, su cuerpo fue tranquilizándose. 

    La acaricié la espalda y las tetas con ternura. La besé en las mejillas y finalmente me separé.

    -¿Te limpio? -pregunté

    Ella asintió.

    Cogí clínex y limpié con esmero sus nalgas pringadas de semen y sus partes íntimas. Luego, mientras observaba como se ponía las bragas y el sujetador, sequé mi miembro y me puse los calzoncillos y los pantalones.

    -Esto está casi mejor que lo de correr. -me confesó.

    -Sí, se queman calorías. -añadí.

    -Pasado mañana tenemos que revisar unos informes. Te espero en la oficina.

    -Vale. -respondí.

    Aquello prometía.

  • Mi suegro me seduce

    Mi suegro me seduce

    Me llamo Lizz, soy de Puebla, tengo 22 años. Estudio Psicología y me encanta el sexo. Eso lo platico en otras publicaciones.

    Resulta que, de un tiempo para acá, mi suegro empezó a rondar por la Uni y casualmente me encontraba a la salida y amablemente se ofrecía a llevarme a mi casa.

    Por supuesto que yo aceptaba de muy buena gana, aparte que me ahorraba lo del pasaje, con el hacia 20 minutos a mi casa y no las dos horas en el autobús. Aunque también ahí tengo mis historias. Eso lo cuento en otras publicaciones.

    Además, el señor me caía muy bien, era muy amable y muy atento conmigo. Le tenía un gran aprecio.

    Siempre que me dejaba en mi casa, se acercaba a besarme la mejilla a modo de despedida. Eso era muy normal. Hasta que el empezó a ponerme la mano en la pierna cada que se despedía. Al principio no le di importancia, ya que es un poco incomodo acercarse a besarte la mejilla sin tener donde recargarte, así que empezó a recargarse en mis muslos.

    Nunca lo tome a mal, es más, ni siquiera le daba importancia, hasta ese día.

    Llegamos a mi casa, se acercó a mi para despedirse, me beso en la mejilla, puso una mano sobre mi pierna, yo llevaba la falda un poco subida, así que su mano toco por completo mi muslo desnudo y fue que por primera vez me dio un pequeño apretón. Eso si se me hizo raro, pero igual no le di importancia.

    Paso el tiempo, un día me llevaba a mi casa y yo ya me estaba haciendo fantasías, así que me empecé a poner un poco cachonda y hasta me mojé un poco.

    Cuando él se acerca a mi para besarme la mejilla y despedirse, al poner la mano sobre mis muslos, yo ya me había subido un poco la falda, así que puso la mano sobre pi pierna desnuda. En ese momento, casi sin pensarlo, me abrí de piernas y me recosté un poco hacia adelante. El sorprendido, no supo que hacer, así que le ayude a pensar poniendo una mano sobre su parte. enseguida note como le crecía el bulto, señal inequívoca de que un hombre se calienta.

    El me metió mano entre las piernas y se dio perfecta cuenta de lo mojada que ya estaba yo, así que procedió a darse gusto a sus anchas, en lo que yo le acariciaba la verga, que para ese entonces ya estaba muy dura y bien parada.

    En ese momento, si decir palabra, me bajé del coche y me metí a mi casa, dejándolo con unas ganas tremendas.

    Así paso el tiempo, Las caricias de mi suegro eran cada vez más atrevidas y yo me dejaba que me hiciera cada vez. mas.

    Llego el momento en que de verdad me había puesto bien cachonda, el me metía los dedos en el sexo jugando con mi clítoris, yo estaba super mojada y super excitada, así que, sin pensarlo, me abalancé sobre su pene y le di una super mamada hasta que se vino en mi boca. Yo de loca, me trague todo su semen hirviendo y me gusto, me gustó mucho.

    Con el tiempo, el, ya no se conformaba con la rica mamada que le daba a modo de despedida… Él quería llegar más allá y yo se lo permití.

    Un buen día me baje las pantaletas y le permití que me metiera la verga. Me dio una cogida tremenda, y tremenda fue la venida que nos dimos los dos, esa primera vez fue maravilloso, me hizo explotar como no hubiera imaginado, a él le paso lo mismo.

    El asunto fue que estábamos frente a mi casa y tanto mi papa como el vecino vieron todo el espectáculo. Eso motivo otras aventuras con mi papa y con el vecino. Pero eso lo cuento en otras publicaciones.

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  • Sin querer puse a mi madre con mi amigo

    Sin querer puse a mi madre con mi amigo

    Me llamo Eduardo, tengo 35 años y la protagonista de esta historia es mi madre Laura, madura divorciada de 55 años, todo comenzó cuando un amigo nos invitó a su boda, la boda sería en un salón de la colonia, por lo cual no vi mal invitar a mi madre, ya que ella casi no sale y le gusta mucho bailar, yo iría acompañado de mi novia Liz.

    Llegando a la fiesta nos recibieron muy bien, comida, cervezas, tequila, un mariachi para amenizar la comida, todo marchaba dentro de lo normal mi madre que como ya lo mencione es divorciada, aún conserva buena figura a pesar de su edad, es chaparrita, morena y con tetas grandes, y aunque varios la pretenden, no le he conocido parejas, todo fluía bien durante la fiesta, aunque me percate que algunos de mis amigos se comían con la mirada a mi madre, la cual llevaba un pantalón negro de piel ajustado, una blusa negra con un escotazo, el cual le hacía lucir unas tetazas, me incomodaba un poco pero al final es algo normal, alguno de ellos la sacaban a bailar y se veía que la querían ligar, pero mi madre es muy cerrada por lo cual no me inquiete, por otro lado yo me la estaba pasando de lujo con mi chava, después de un rato comencé a notar que mi madre ya estaba entonada, ella nunca bebe, pero se la estaba pasando tan bien que ese día si lo hizo, por lo cual se le empezó a subir muy rápido, no lo vi mal pero jamás me imagine lo que el alcohol provocaría en ella.

    Alrededor de las 11 de la noche mi madre me dijo que ya se quería ir, la vi muy ebria, uno de mis amigos que traía coche se ofreció a llevarla y de paso nos invitó a su casa a seguir el after junto con otros 3 amigos y 2 amigas, mientras tanto mi novia, y otra pareja de amigos iríamos a comprar más alcohol para seguir la fiesta, y los alcanzaríamos en la casa de mi amigo, así que acepté que de paso ellos dejaran a mi madre.

    Al llegar a la casa de mi amigo, resulta que mi madre seguía con ellos, la noté más ebria pero contenta, ya más desinhibida, mi amigo me dijo que mi madre había aceptado quedarse otro rato y seguir la fiesta, al final pensé que después nos iríamos juntos así me pareció bien.

    Mi novia y yo andábamos ya pedos y cachondos, así que por ratos perdía de vista a mi madre, llegó un momento en que mi madre ya estaba muy peda, mi chava y yo nos la estábamos pasando muy bien y no era tarde aún, así que mi amigo propuso que se fuera a dormir un rato a una de las recamaras de la casa mientras nos íbamos.

    Tambaleándose mi novia y yo llevamos a mi madre hasta la recamara, la acostamos y la cubrimos con una cobija y nos regresamos a la sala donde la fiesta seguía, más tarde ya todos más ebrios, le dije a mi cuate si me prestaba otra de sus recamaras para comerme a mi morra y me dijo que sin broncas, en corto me fui con mi chava a la recamara de al lado de donde estaba durmiendo mi madre, ya pedos y cachondos nos dimos una revolcada de lujo, después del palo mi chava se quedó jetona, yo también me estaba quedando medio dormido escuché unos ruidos raros sobre el pasillo y el cuarto donde estaba mi madre, creí que ya se había despertado así que salí a revisar.

    Vi que la puerta estaba emparejada así que abrí con cuidado y lo que vi me dejó asombrado, mi mamá estaba dándole una mamada a ni cuate, en el momento no supe que hacer solo me quedé observando, mi amigo estaba tendido con los pantalones abajo y veía como mi madre le chipaba los huevos y luego se metía toda la verga de mi amigo, era un pito regular pero gordo y peludo, mi cuate igual es gordo, tatuado y peludo, estuve mirando como 5 minutos tremenda mamada.

    De pronto mi madre peda todavía se levantó y se empezó a desnudar poco a poco, no podía creer lo que veía, jamás imagine ver así a mi madre, y menos a su edad, vi que se quitó la blusa y el brasiere dejando saltar unas tetas morenas enormes con unos pelones negros, después se bajó el pantalón negro ajustado que traía poco a poco vi como se quedaba solo con unas bragas negras chiquitas ante un culote moreno, durito para su edad, escondía unas caderas y unas nalgotas que en corto se me paro la verga.

    Después se fue bajando las braguitas dejando al descubierto un chochote negro y peludo, escuché que mi madre le decía a mi cuate, ahora si vas a saber lo que es una verdadera mujer, apenas y se le entendía de lo peda que andaba, se montó en mi amigo y poco a poco fue sumergiendo ese pito gordo en su chochote y empezó a cabalgar lento mientras mi amigo se estaba dando un atascon con sus chichotas, poco a poco fue aumentando el ritmo de una formas que profesional, hacía unos movimientos espectaculares, subía, bajaba, rascaba su chochote, se movía como una batidora, los gemidos de ambos eran como de dos animales salvajes.

    Realmente mi mamá le estaba dando un cogidon a mi cuate, estuvo así, en eso escuche pasos y me tuve que regresar al cuarto donde estaba mi chava, vi que era otro de mis amigos, Carlos, un güey alto y flaco, yo creo que andaba buscando el baño pero al escuchar los gemidos se quedó ahí parado viendo tremenda parchada, justo donde yo estaba instantes antes, de repente vi que se metió a la recámara y me volví a asomar el cabrón ya se había bajado los pantalones y calzones, quedando con el pito den fuera.

    Este cabrón si se cargaba un animalón, sin duda estaba por presenciar como hacían un trio con mi madre, más tarde en desnudarse cuando se posicionó detrás de mi madre y le fue metiendo tremendo animalon, se veía que no era la primera vez que se la metían por el ano a mi madre ya que no hizo tanto gesto. Fue una escena impresionante, mi madre se comenzó a mover y a gemir como si estuviera poseída, llegando al orgasmo los 3, desmontaron a mi madre, quedando los 3 ahí llenos de sudor y fatigados, ambos güeyes se levantaron y se cambiaron.

    Yo regresé al cuarto pero espiaba desde la puerta, salieron del cuarto cagándose de la risa, yo estaba excitado y a la vez sorprendido, no podía digerir lo que visto, estaba muy excitado y todavía pedo al grado de que me ganó la lujuria y me fui de nuevo al cuarto donde estaba mi madre, ahí estaba ella boca abajo, desnuda y dormida, había quedado exhausta de tremenda cogida-

    Cerré con el pasador y en mi lujuria pensé que ese culo debía ser mío también, estaba nublado por el deseo, como el cuarto estaba oscuro y no entraba luz, me desnude y me abalancé sobre mi madre, apenas y respondía de lo peda y lo cansada que estaba, le empecé a sobar la panocha y empezó a mojarse de nuevo y a gemir, la jale a la orilla de la cama y la empine, ella se dejaba hacer todo, pensaría que era uno de mis amigos.

    Medio despertó y colaboro poniéndose una almohada bajo el estómago, empecé a penetrarla como si nunca hubiera cogido, antes de terminar alcance a escuchar que me dijo: «yo arriba, ahora yo arriba papi» se la saque y me recosté, rápidamente ella se montó y poco a poco se fue clavando en mi verga, tenía los ojos cerrados, ebria, cachonda y con energía aún, me empezó a montar con un ritmo de una experta, me atascaba con sus tetas, no lo podía creer me estaba fallando a mi madre y ella ni sabía que era yo, llegamos al orgasmo y se quedó recostada en mi, estaba totalmente cansada, y comenzó a roncar.

    Aproveché para vestirla con la finalidad de que cuando despertara todo fuera más fácil para todos, después me metí a mirar al baño y fue en eso cuando escuché las voces de esos cabrones en el pasillo, iban a buscarme, tocaron en el cuarto y escuche que abrieron la puerta, fue cuando recordé como se había quedado mi novia, toda abierta de patas y peda, después tocaron en el baño y no sé por qué inconsciente hice ruidos como si estuviera roncando, estaba poniéndoles en bandeja de plata también a mi chava.

    Escuché que se metieron al cuarto, espere unos minutos y sin hacer ruido salí y abrí un poco la puerta, mi novia estaba extremadamente peda y dormida, pero eso no impidió de que se la cogieran, como si fuera un modus operandi repitieron la misma acción solo que esta vez el flaco se tumbó y poco a poco montó a mi novia que parecía más un muñeco de trapo, sin embargo conforme le fue entrando la verga reaccionó sin darse cuenta de lo que pasaba, empezó a moverse como puta, al estar flaquita le imprimía más velocidad en eso el gordo con su pito gordo intento penetrar el ano de mi novia, le batalló como era un culito muy pequeño para tremendo pito, pero conforme a los movimientos se la fue metiendo, mi no, gritaba de placer, de mi mamá creí que se comiera esas vergotas pero mi novia era muy flaquita.

    Sin embargo, les dio batalla y soportó ambas vergas, terminaron y me volví a meter al baño, escuche como salía esos güeyes y cerraron la puerta con cuidado, después me metí y vi a mi novia ahí toda cogida, me acosté a un lado de ella y me quedé dormido, ya casi amaneciendo se despertó mi novia sin entender mucho, se cambió y me dijo que ya nos fuéramos, pero la note bien, quizás solo sabía que se la cogieron pero no recordaba el como.

    Nos levantamos, arreglamos la cama y fuimos por mi mamá, la despertamos, mi novia se dio cuenta de que algo había pasado, porque el cuarto olía a pura verija, ya después yo le confesé que vi a mi madre besándose con mi amigo y que seguramente cogieron pero que no quise decirle nada por lo bochornoso del momento, mi madre si era consciente de que había cogido con mis amigos pero no que yo lo daba y menos que me la había cogido también.

    Salimos como eso de las 6 de la mañana, nos despedimos de mi amigo, el cual estaba durmiendo en la sala y el otro cuate ya se había ido, todo quedó en una borrachera casual, y no hubo más, posteriormente mi madre me ha dicho que a ver cuando la invito nuevamente a una fiesta con mis amigos, que le han caído muy bien.