Autor: admin

  • Fui infiel filmando videos porno (Capítulo 2)

    Fui infiel filmando videos porno (Capítulo 2)

    Durante el almuerzo le dije a Jenny que no estaba convencida, que no me gustaba la idea de salir mostrándome teniendo sexo en una página porno porque alguien podría reconocerme.

    Entonces ella me dijo que no me hiciera problema que ellos se encargarían de maquillarme para dejarme irreconocible.

    Después del almuerzo Jenny me dijo que fuera a descansar que como a las cuatro me esperaba en la sección de maquillaje. En la mesita de luz había dos sobrecitos. Abrí uno y tenía ese polvo blanco. Jenny me había dicho que encontraría un obsequio por si necesitaba liberar mis impulsos. Nunca me he drogado más de haber fumado algún porro sin continuidad. Un tequila me brindó la calma que necesitaba para descansar.

    Ya en sección maquillaje un joven gay y una señora mayor me colocaron una peluca rubia con rulitos, unos anteojos de marco dorado grueso. Me maquillaron algunos lunares que tengo, que desaparecieron por arte de magia, me dibujaron otro muy sensual cerca de la boca, me hicieron unos tatuajes provisorios que después me pude sacar sin dificultad y me depilaron dejándome solo una delgada línea vertical de bellos en el pubis.

    Como a las siete de la tarde estaba temblorosa de nervios, sentada en el centro de ese mullido sillón, en uno de los set de filmación.

    El corte de luz se había extendido por más de 20 minutos, tiempo que me resultó suficiente para decirle a Jenny que no estaba aún convencida. Cuando volvió la electricidad, se encendieron de nuevo los spot de iluminación, Roberto me dijo que estuviera tranquila que no iba a suceder más de lo que yo ya sabía hacer y me volvió a rellenar el vaso con vodka y naranja que me empiné a fondo blanco, para darme valor.

    Jenny se había sentado en un escritorio frente a mí, detrás de la línea de filmación.

    Me dijo que íbamos a producir un casting de prueba y si salía todo bien lo editarían.

    A continuación inició un diálogo conmigo, me pidió que me relajara y me preguntó si estaba bien a lo que le respondí con algún titubeo, afirmativamente.

    Luego me dijo que le gustaría que me pusiera en cuatro y les mostrara mi cola, porque se veía muy atractiva. Me di vuelta con algún titubeo, apoyando mis rodillas en el asiento y manos en el respaldar dando la espalda a las cámaras. Alguien desplazó mi faldita recogiéndola hasta mi cintura. Mostranos tu sexo, me dijo. Yo continuaba algo temblorosa, corrí mi tanga y dejé mis zonas íntimas al descubierto. Sentía que las cámaras de filmación estaban a 50 cm de mí cola.

    -Eres hermosa me dijo Jenny, te gusta el sexo?

    Ya de nuevo sentada en el sillón y con el calor en mi rostro que me producía el vodka, respondí tirándome a la pileta, como se dice.

    -No, no me gusta…me enloquece, ja ja ja.

    -Y que es lo que más te gusta, que te penetren por adelante, por atrás, por los dos al mismo tiempo, sexo oral, o qué?

    -Todo, la verdad me gusta todo, soy hiperexcitable y mis orgasmos son múltiples a la hora de tener sexo.

    -Qué interesante y decime, con cuántos hombres has estado en simultáneo.

    -Con dos, tres, una sola vez con cuatro, le dije pensando que Guillermo había sido uno de ellos.

    -Y que tal la pasaste, bien?

    -Es algo complicado pero me gustó, le respondí.

    -Y con mujeres has estado.

    -No, pero me gustaría probar algún día porque dicen que la mujer es más cariñosa con otra mujer, no tan brusca como un hombre, para hacer el amor.

    -Si vas a coger con un hombre, de qué tamaño te gusta que la tenga.

    -Bueno, no algo enooormeee porque no voy a saber dónde meterla pero sí, algo importante, no se…. mínimo 18 cm.

    -Bueno, eso no es poca cosa. Quiero decirte que tenemos un obsequio para vos.

    -Ah sí. Y de que se trata, se puede saber?

    -Es una sorpresa, solo te diremos que es un regalito de Brasil, querés recibirlo ahora?

    -Si, por supuesto, dicen que los regalos no se desprecian.

    Entró un joven delgado de piel trigueña y cabello motoso, completamente desnudo y se puso a mi lado, yo continuaba sentada tomando mi vodka y una hermosa verga quedó a la altura de mi rostro.

    -Que tal, te gusta?

    -Ay creo que sí, pero me parece que es algo grande, no sé si es un tamaño manejable, ja ja.

    -Si querés podés acariciarla y besarla, es toda para vos solita. Podrías hacer que se ponga bien dura. Te gustan los penes bien firmes?

    -Si claro, creo que a cualquier mujer le gusta eso, a mí me encanta sentirla bien dura, ja ja.

    Mientras se desarrollaba éste diálogo, yo casi por reflejo se la acariciaba y le chupaba el maravilloso botón. El alcohol me había desinhibido totalmente. La pija del muchacho había comenzado a rigidizarse de manera impresionante creciendo como de 22 cm. Mis dos manos no la podían cubrir en toda su extensión, además su grosor era mucho más que lo normal. Se la mamé casi con devoción y también los testículos, completamente depilados.

    Jenny continúo diciendo que tenían otro obsequio para mí, éste es dominicano y nos gustaría que lo conocieras. Aceptarías este regalo también?

    -Sí, supongo que si es tan bello como este brasilero, me gustaría conocerlo.

    Ingresó otro morochito, muy buen mozo, de piel más oscura con una verga tanto o más grande que la del brasilero.

    Podés chuparla también me dijo Jenny. Yo tomé las dos pijas, una en cada mano y comencé a masturbarlas con delicadeza y a engullirlas con gran placer. Ya tengo suficiente práctica para tragarme un miembro casi totalmente pero estas no me entraban completamente en la garganta, solo la mitad.

    Uno de los morochos se acostó en el sofá y me montó sobre su rostro comenzando a chuparme la vulva, mientras yo le continuaba chupando la pija al brasilero.

    Mi calentura ya a esta altura de los acontecimientos era insostenible, el alcohol había hecho su efecto y no me importaba el grupo de tipos que estaba alrededor mío filmando y fotografiando. Las luces candentes de los spot que no me permitían ver más atrás, donde todo era oscuro.

    Me puse en cuatro con el dominicano frente a mí dándome su verga en la boca y el brasilero tomándome la cintura me la mandó a guardar hasta el tope por la vagina.

    Un grito brotó espontáneo de mi pecho, en el momento sentí un cierto malestar al entrar ese enorme botón presionando el fondo de mi vagina, pero al minuto con los vaivenes que me hacía ese experto joven, comencé a liberar de inmediato mi primer orgasmo.

    Después me pusieron de espaldas y mientras el dominicano me cogía por la vagina, yo le chupaba la verga al brasilero. Tuve dos o tres orgasmos en ese trance y luego me hicieron venir de nuevo masturbándome uno y luego el otro, con los dedos.

    Después me montaron sobre el brasilero de espaldas a su rostro, primero me la metí en la vagina viniéndome enloquecidamente para luego salirme y volverme a sentar enterrándomela en el recto, hasta los testículos.

    El dominicano me sacó su verga de la boca y se colocó frente a mí para mandármela por la vagina. Comencé a cabalgar desesperadamente con esas dos enormes vergas entrando y saliendo de mi cuerpo, mientras mis orgasmos se sucedían sin interrupciones.

    El dominicano, luego de un buen rato me la sacó y me la puso en la boca para depositarme su delicioso semen en la garganta y luego hizo lo propio el brasilero.

    Me hubiese gustado continuar, pero la voz de Jenny interrumpió el momento preguntándome como la había pasado.

    Con la boca llena de semen, pude gesticular solo una palabra, “maravillosamente”. Luego de tragar el semen y tomar un trago de cerveza, le dije que hacía tiempo que no tenía sexo tan maravillosamente. En realidad no recordaba haber tenido sexo con dos profesionales tan dotados y estos morochitos me hicieron ver las estrellas.

    Esa noche dormimos de a ratos con Roberto, porque la sensación de cosquillas en toda mi piel perduraba. Yo me aproveché de su hermosa pija durante toda la noche, hasta dejarlo casi muerto, yo también quedé bastante agotada, con la vagina y el ano irritados.

    Al día siguiente durante el almuerzo Jenny me dijo que mi debut había sido totalmente satisfactorio, que había superado sus expectativas. Dijo que tenía el día libre por si quería ir de compras a la ciudad.

    Guillermo, al servirnos el postre me entregó un sobre, diciéndome que era un obsequio y que estaba muy complacido de tenerme en su casa. Cuando lo abrí me encontré con mil quinientos dólares. Le pregunté cual era el motivo de ese dinero. Guillermo me dijo que esto para ellos era un negocio y que yo también debía tomarlo así.

    Yo les dije que al contrario era yo quien debía pagarles en agradecimiento por todo lo bien que me estaban atendiendo.

    Sin dudas yo les había caído muy bien al grupo.

    Él me dijo, las chicas habitualmente por cada video que producimos, cobran entre mil y mil doscientos dólares y los varones quinientos a seiscientos. Sin embargo estamos escasos de mujeres mayores como vos y realmente has colmado todas nuestras expectativas. En Europa demandan videos con latinas porque son muy vistos en los países sajones. A nosotros, el casting que hiciste nos dejará una jugosa ganancia cuando lo editemos y coloquemos en Europa. Es por eso que queremos compensarte económicamente como nos exigiría cualquiera de las chicas.

    Yo agradecí el dinero diciendo que jamás me hubiera imaginado ganar plata con algo que encima me daba tanto placer hacerlo.

    Jenny me dijo que estaban contactando a varios actores para el próximo video, ya que estaban planificando filmar un gangbang con bukkake.

    -A ver chicos, explíquenme en castellano de que se trata, creo que gangbang es cuando una mujer tiene sexo con muchos hombres a la vez, pero lo otro?

    -Que los hombres se vengan en tu rostro y boca, me dijo Guillermo, vas a recibir tanto semen como jamás hayas tenido.

    -Ay que locos. No sé si me voy a animar, porque no debe ser fácil tragar el esperma de hombres desconocidos.

    -Jenny me dijo, te va a encantar, estoy segura que con tu temperamento lo vas a hacer muy bien.

    -Y se puede saber, cuántos caballeros servirán a esta dama.

    -Hemos citado a 18 e intentamos agregar 4 más.

    -Ah la la. Esta vez se las traen con todo. Y ustedes piensan que yo estaré en condiciones de hacer eso, no tengo la mínima experiencia de esas cosas. Lo más probable es vayan a pérdida, miren que puedo cohibirme y hacer fracasar el show, piénselo bien ja ja.

    Guillermo me dijo que no tenía dudas de mi, después de saber lo bien que me había comportado en el casting. Tu gangbang va a ser un éxito total y nosotros obtendremos un jugoso rédito de él.

    -Tu caché en este caso serán dos mil quinientos, que te parece?

    -No estoy segura de poder hacerlo, pero en caso que me decidiera, quisiera que esos tipos me traten bien porque los hombres cuando están en patota se ponen medios violentos y brutos.

    Jenny me dijo que no me hiciera problema que los habían seleccionado muy bien para no tener ese tipo de problemas y que yo la pasaría estupendo.

    Como a las ocho de las tarde, de regreso de hacer algunas compras me fui a mi habitación a ducharme, estaba algo cansada porque había caminado bastante.

    Jenny apareció con las cremas de masajes, diciéndome que Roberto estaba filmando y que si yo aceptaba, ella me los haría.

    Yo agradecí complacida porque estaba demasiado contracturada.

    Las friegas de Jenny en mis omóplatos y cintura eran fantásticamente gratificantes. Sus manos se deslizaban hasta mis glúteos y bajaban por mis piernas con maravillosa suavidad.

    Poco a poco fui sintiendo esa excitación creciente que producen las caricias en mi piel y estas manos tan delicadas habían comenzado a rozar mi ano y vagina.

    Jenny me dijo que me relajara, que ella sabía que me iba a gustar. Yo me entregué al deseo y cuando menos lo pensé estábamos besándonos con una pasión de adolescentes. Fue todo muy placentero, extremadamente placentero, pude comprobar que esta mujer tenía los atributos de una diva encantadora y su delicadeza hizo que entrara en estado de clímax de inmediato. Su boca recorría mi piel, mis pezones, mi vientre hasta alcanzar mi sexo y ano.

    Ay, que bella mujer, que fantástica su entrega, no sé cuántos orgasmos tuve pero fueron más de seis. Ella también se vino tres o cuatro veces agradeciéndome tanta entrega.

    (CONTINÚA EN CAPÍTULO 3)

  • Fui infiel filmando videos porno (Capítulo 3)

    Fui infiel filmando videos porno (Capítulo 3)

    Al día siguiente cuando desayunamos con Jenny, Guillermo y Roberto, ella me miraba con sus ojos pardos profundos, transmitiéndome el deseo de hacer el amor nuevamente conmigo.

    Lo hicimos tres veces más, en momentos libres de mis días de estadía en esa casa.

    Jenny me dijo ese día que era conveniente que no almorzara y solo bebiera algún yogur.

    En la siesta tuvimos nuevamente sexo y luego ella se encargó de asearme y de hacerme unas enemas para limpiar completamente mis intestinos, porque así debía estar preparada.

    Una intriga enorme se había apoderado de mí y un té de tilo calmó mis nervios en la espera de lo que vendría.

    A las siete de la tarde Jenny me acompañó al set de filmación.

    Todo estaba listo, los spot de iluminación, micrófonos, cámaras de video, habían más de siete personas en la sala.

    En el set solo había una banqueta tapizada en cuero rojo de no más de un metro de largo y medio de ancho, bastante altito, donde me hicieron sentar.

    Yo estaba con mi peluca rubia, maquillaje, un tatuaje provisorio en el cuello. Guillermo me permitió usar un pequeño antifaz rojo con piedritas brillantes, haciendo juego con una solera mini roja y sandalias del mismo color. En el enorme espejo lateral vi de nuevo esa mujer que no tenía nada que ver conmigo, solo que su cuerpo me era tan familiar como que era el mío propio.

    La filmación comenzó con el ingreso en fila de los más de veinte tipos al set, que me rodearon cerrando un círculo a mi alrededor. Algunos con el torso desnudo mostrando sus hermosos tatuajes y otros con musculosas o remeras.

    Primero se acercaron dos de ellos y se desprendieron el pantalón sacando a relucir dos hermosas vergas semidormidas, que me acercaron al rostro para que se las chupara. De inmediato comencé mi tarea acariciándolas y lamiéndolas viendo con satisfacción como aumentaban su tamaño.

    Múltiples manos comenzaron a introducirse bajo mi solera apretándome los senos casi con brusquedad y metiéndose bajo mi tanga para manosearme la vagina y el ano.

    Inmediatamente otras vergas comenzaron a ocupar el lugar de las dos primeras y yo las engullía hasta los testículos. Mi solera ya estaba hecha un rollito en mi cintura y mi tanga vaya a saber dónde. La primera embestida en mi vagina fue casi despiadada. La coroné con un suspiro que exhalé gozosamente desde el fondo de mi garganta.

    Ya no me molestaban las manos toqueteando mi cuerpo, yo continuaba masturbando casi con violencia cada pene que pasaba por mi boca. El primero de mis no recuerdo cuantos orgasmos, fue urgente, casi desesperante.

    Las pijas continuaban desfilando en mi boca y también se intercambiaban en mi vagina, manteniendo ese maravilloso cosquilleo en mi cuerpo.

    Luego un morocho me hizo poner de pie y se recostó en la banqueta haciendo que lo montara apoyando mis puntas de pie en el piso. Los bombeos de este negrito fueron feroces, mientras yo espetaba un nuevo orgasmo. El botón de otra pija comenzó a presionar mi orificio anal hasta que la sentí entrar. Ayyy, que placer, aún recuerdo esa rico doblete.

    No sé si 5 o 10 minutos estuvo bombeándome el morocho su enorme pene en el ano hasta que sentí la tibieza de su esperma que se derramaba llenándome el recto. Extrajo su pija embebida en esos jugos y me la acercó al rostro para que se la chupara. Lo hice con ferviente placer dejándosela completamente limpia, mientras otra maravillosa verga estaba ocupando mi agujerito trasero. Me la sacó del ano y comenzó a buscar con su punta un espacio en mi vagina, ocupada por la del negrito. No tardó mucho en lograrlo y yo saltaba como una perra con esas dos pijas descomunales deslizándose en mi conchita.

    Otro tipo se hizo un espacio y me la metió por el orto. Que triple goce, infernal. Mis orgasmos no cesaban y las pijas en mi boca se multiplicaban. Un par de nuevas descargas hubo en mi recto y luego la mamada de esas pijas que dejaba limpias con gustoso placer.

    Después me hicieron girar colocándome de espaldas sobre otro potente macho que luego de darme fuertes palmadas en los glúteos dejándomelos ardiendo, me la enterró en el recto hasta los testículos. Allí se acercó el negrito que había estado abajo mío y comenzó a buscar penetrar su botón también en mi ano. Traté de relajarme, los penes en mi rostro continuaban dándome el goce y excitación que necesitaba para afrontar esa embestida. Al entrar esa segunda pija en mi ano, un jadeo desde el fondo de mi garganta fue prueba de mi sacrificada entrega.

    Los tipos frente a mí me tomaban fuertemente de los cabellos, me golpeaban con sus duros miembros el rostro, haciendo que me las tragara una por una hasta la garganta.

    Las dos vergas se movían maravillosamente en mi recto y mis deseos crecían sin cesar. Llamé a otro joven para que se agregara y me la metiera por la vagina y volví a disfrutar de un vibrante triple.

    Lo que estaba viviendo con esos tipos, era fantástico, un placer descomunal.

    Como a la media hora de haber comenzado recibí en mi boca una tibia dosis de esperma, que saboreé como si fuera almíbar.

    Me levantaron, dos de pie me sostuvieron en el vacío con sus pijas metidas hasta el tope en mi cuerpito, yo solo agitaba mi cintura, chillando, gozando y acabando.

    Tenía el ano ardiente y ardido, pensé que era suficiente sacrificio de mis dos golosos agujeritos y recordé que Jenny me había pedido que recibiera la mayor cantidad posible del semen de los tipos en mi rostro. Pensé en esos videos donde la chica recibe todo el semen en su boca, sin escupirlo. Yo estaba tremendamente excitada como para no intentarlo.

    Me senté en la verga de un morocho que sentado en la banqueta me movía horadándome el ano y vi que se me acercaron tres tipos agitando violentamente sus magnas pijas con las manos.

    El primero la acercó a mi rostro y cuando vi que sus ojos se blanqueaban abrí la boca para recibir su semen en mi lengua. No lo tragué, dejé que se acercara el segundo y se la tomé para masturbarlo haciéndolo descargar también su esperma en mi boca. Igual con el tercero, que arrojaba sus chijetes con fuerza, impregnando mis mejillas, antifaz y boca.

    Luego se acercaron otros cuatro que fueron vaciando su néctar en mi boca, yo mantenía todo el contenido sin tragarlo. Varias gotas impactaban en mis mejillas, en el cabello, cada vez me sentía más mojada.

    No podía dejar de moverme con tanta calentura y esa pija moviéndose en la profundidad de mi ano, haciendo que por momentos aumentara mi desenfreno al alcanzar cada clímax.

    Durante media hora unos quince o más donantes fueron entregando sus abundantes dosis de semen que yo recibí gustosa en mi boca. La tenía casi llena, el líquido cuando movía la lengua se derramaba por las comisuras de mis labios y yo lo volvía a introducir con mis dedos.

    Hice suaves gárgaras que formaron unas burbujas increíbles. Me dolían los músculos de la cara. Finalmente el negrito que me tenía sentado encima de él terminó entregándome su contenido también en el recto que chapoteaba con el esperma que fluía y escurría por mis piernas.

    Fue el último aporte, jugué unos segundos con todo ese néctar en mi boca hasta que en un acto de destreza absoluta me lo tragué todo. Fue algo increíble, esa mezcla de esperma de todos esos varones, quizá con distinto sabor y viscosidad cada uno, fue a parar todo a mi estómago.

    Me hicieron varias tomas con cámaras de filmar y fotográficas con el semen en mi boca abierta y luego tragándolo.

    Una felicidad inmensa me invadía. Haber cumplido esta proeza era como haber traspasado la barrera del sonido, no sé cómo explicarlo pero fue algo que me llenó de satisfacción. Cuando terminó la filmación, Guillermo y Jenny comenzaron a aplaudir y luego se sumaron los demás.

    Yo estaba como si me hubieran nominado para el Oscar, como mejor actriz.

    Jenny se acercó, me besó en la boca y me felicitó diciéndome que había estado increíblemente desenvuelta y pasional. Mejor que las mejores actrices porno que habían desfilado por allí.

    Guillermo se veía muy feliz, también se acercó y me dijo que este video iba a colmar las páginas de gangbang, bukkake y orgasmos múltiples femeninos, será un éxito total.

    El viaje de regreso a Mendoza fue muy placentero, en avión no tardé ni una hora. Guillermo me obsequió el pasaje y me dijo que me esperaba pronto de regreso.

    Creo que nunca me animaré de nuevo a hacer esta locura, es algo demasiado riesgoso para mí.

    Guillermo me dijo que cuando se publiquen los dos videos me hará saber en qué página debo verlos y yo como no soy egoísta se lo comunicaré a mis seguidores en alguno de mis próximos relatos.

    Estoy planificando hacer un viaje al Caribe o un crucero con los dólares que me gané. Espero poder concretarlo pronto, seguramente ese sea mi próximo relato.

    Espero que hayan disfrutado esta vivencia. Me gustaría que me digan que opinan de mí, pero si el concepto o calificación es malo, quiero decirles que eso no cambiará mi personalidad ni temperamento, ja ja.

    Hasta pronto.

  • Una deliciosa despedida

    Una deliciosa despedida

    Hola soy Paulina, tengo 29 años y soy una mujer travesti a medio tiempo, esto quiere decir que si salgo a la calle vestida como mujer y realizó algunas actividades de esta forma, por ejemplo: atender mi negocio, acudir a algunas reuniones familiares o con amistades, realizar las compras o necesidades de mi hogar, pasear, o acudir a mis citas, pero también realizó algunas otras como hombre, como por ejemplo: realizar algunos trámites de mi negocio con mi nombre de niño, etc.

    Este es el relato de una muy triste etapa en mi vida, la cual no tiene mucho que sucedió. Hace un par de ayeres conocí en un trabajo que yo tuve a un hombre, un macho en toda la extensión de la palabra, su nombre es Fernando, él fue mi jefe en aquel trabajo y posteriormente mantuvimos una relación sentimental por debajo de su matrimonio, en pocas palabras yo era su amante, con el tiempo está posición de hombre casado que él tenía me provoco molestias pues no podía dedicarme el tiempo que yo pedía, sin embargo, después de el nadie pudo cubrir el vacío que dejó, (hablando de sentimentalismo y si también de centímetros de verga), pero el destino juega a su antojo y quiso que él y yo nos reencontráramos algunos años después, el ya casi separado de su esposa y yo en una relación que no dude en terminar para estar con él, ahora este relato cuenta como nuevamente y quizá está vez para siempre, cada uno toma su propio camino. Espero les guste. Les recuerdo que todos mis relatos son vivencias reales, trato de plasmarlos justo como mi cabeza recuerda los hechos, no le quito ni le agrego nada. El relato tiene lugar en la CDMX en el año 2017, y comienza así:

    Era una tarde lluviosa de Agosto en la colonia centro de mí hermosa Ciudad de México, yo me encontraba atendiendo mi negocio de ropa de dama en la casi desierta calle de Isabel la católica, digo casi desierta, pues debido a la lluvia el flujo de transeúntes al que está una acostumbrada es totalmente diferente, salvo algunos locales y algunas personas que previniendo el aguacero que se había anunciado incluso en las noticias, decidieron cargar sombrilla, entonces, el me llama por teléfono y me dice una de las peores noticias que me han dado desde que falleció mi abuela, y me dice:

    F- Hola mi amor, estás ocupada? Necesito hablar contigo sobre algo muy importante.

    P- Hola papi, sabes que para ti nunca estoy suficientemente ocupada, sucede algo? Me estás preocupando.

    F- Surgió una oferta laboral muy buena, como nunca más volverán a ofrecerme dada mi edad, todo está muy bueno, salvo que tendría que cambiar de residencia a Italia.

    P-… (permanecí en silencio, pues sentía que me robaban la vida)

    F- No dirás nada, bonita?

    P- No se que pretendes que te diga Fernando…

    F- Bueno, lo diré yo, quiero que vayas conmigo.

    P- Sabes que no puedo solo abandonar todo aquí, mi negocio, mi vida, MI FAMILIA!!! Eres muy injusto, se supone que pasaríamos juntos el resto de nuestras vidas.

    F- Oye, bonita… Por favor déjame hablarlo contigo de frente, puedo verte hoy? Paso por ti a tu negocio a la hora que cierras?

    P- Si te veo, pero no pases por mi, cerraré temprano y quiero ir sola, alcánzame más tarde en casa.

    F- Ok. A las 8?

    P- Si, como quieras.

    F- Quieres que…

    No le permití terminar lo último, me sentí muy mal y quería llorar, por lo que me metí al pequeño baño del local para que mis empleadas no me vieran devastada, supongo que el adivino lo que yo estaría haciendo, pues me envió una serie de WhatsApps, tantos que el sonido de mi celular llamo la atención de una de mis empleadas que me lo acerco al baño, momento que yo aproveche para decirles que recogieran todo, hoy nos íbamos temprano. No tardaron ni 15 minutos en meter los maniquíes de exhibición de la entrada, en cambiarse y arreglarse para salir y aventurarse al aún potente diluvio que aún se dejaba caer a eso de las 3:30 PM. En mi cabeza no dejaban de retumbar sus palabras contándome con emoción sobre su pronta ida a Italia, una oportunidad de trabajo formidable, para no desperdiciarla. Realmente me puso triste, no todos los días una se encuentra con machos así. Caminé cubriéndome con mi grande sombrilla por la calle de República del Salvador para poder tomar mi transporte que me lleva por una amplia avenida rumbo a mi departamento en la zona de Tlatelolco, durante todo el trayecto yo parecía que estaba como ida, en otro lugar, si no es porque el trolebús se dio un enfrenon una estación antes de donde yo me bajo, quizá me hubiera seguido hasta la central de autobuses del norte. Eran casi las 4:30 PM cuando llegue a mi departamento, lo primero que quería hacer era darme un largo baño caliente en mi tina, seguro eso me ayudará a pensar mejor las cosas.

    Durante mi estancia en la tina llegaron a mi cabeza todo tipo de sentimientos e ideas, razonamientos y pensamientos. Yo misma me decía:

    P- Que injusto y tonto es el… si planeaba irse nunca debió volver… nunca debió haberme dicho que me amaba, cuando amas a alguien no la ilusionas y luego te vas… Pero también debo ser honesta, a él le gusta mucho su trabajo y seguro esta es la oportunidad por la que tanto se esforzó… Bueno Paulina, el va a venir con todas sus intenciones y argumentos para llevarte con el… tu tienes que darle todos los motivos y argumentos para quedarse, vamos, lucha por el y no te quedes viendo como se va.

    Esta última conversación conmigo misma me ayudó mucho y me levanto el ánimo por completo, salí del baño con toda la intención de cautivar una vez más a este macho, sabía lo que le gustaba, había aprendido con el paso del tiempo a satisfacerlo como hembra, incluso había dejado por completo a su esposa para poder estar conmigo, claro que lucharía por el.

    Así que totalmente decidida a comportarme como la hembra puta y golosa que a él le gusta, me preparé realmente muy bien, Salí del baño y lo primero que hice fue untar por todo mi cuerpo cremas hidratantes y aromáticas, pues estas me ayudan a que mi piel se encuentre tersa y suave como la seda, además de regalarme un delicado y femenino olor a Frutas.

    Acto seguido, procedo a maquillarme, primero aplicó una suave pero bien distribuida capa de maquillaje liquido, color canela, no olvidó ningún rincón de mi rostro pues en verdad deseo estar perfecta para mi hombre, enseguida aplicó un poco de polvo traslúcido para sellar mis poros, en esta ocasión pondré especial énfasis en mis ojos, pues conozco a Fernando y sé que para el es sumamente erótico que lo mire a los ojos cuando me estoy comiendo su vergota, por lo que primero aplicó sombras en tonos obscuros en mis ojos, después delineó una línea sobre mis párpados, la cual me queda perfecta y me regala la ilusión de tener una mirada felina, termino el trabajo en mis ojos aplicando gruesas capas de rímel sobre mis pestañas, provocando que mis ojos luzcan cautivadores, para esta ocasión voy a escoger el lipstick color rojo pasión, pues la noche lluviosa invita a pecar en tal, y sobre el lipstick aplique una discreta capa de brillo Gloss, solo para resaltar mis apetecibles labios, con mi maquillaje listo procedo a seleccionar un peinado acordé a la ocasión. Gracias a que mi cabello es largo natural puedo jugar con el, así que sin pensarlo mucho y a sabiendas de la acción que estoy deseando tener más tarde, solo lo recogeré en un chongo muy básico, pues cuando se la este mamando a mi macho no me estorbara el cabello y cuando me tenga de perrito el podrá deshacerlo para jalarme del cabello y enseñarme que el es mi macho, (sé que le encanta hacerlo, no puede quejarse de que no pienso en el), con mi peinado listo procedo a la selección de mi ropa. A este punto tuve que detenerme un momento, y pensé para mí misma:

    P- Un vestido? Mini falda? Una pequeña blusita? Formal? Informal? Nooo, ya se! Será lencería, solo lencería! Total no planeo prolongar el momento para tener a Fernando en mi cama, así que con esta cuestión totalmente decidida, me dirigí a la parte favorita de mi clóset, y para esta ocasión saque de el mi mejor conjunto de lencería, el cual consistía en un pequeño Teddy totalmente de encaje, con muuuchas transparencias, de verdad no dejaba nada a la imaginación, lo que me gustaba de este Teddy era su práctico broche en la entrepierna, pues por ser una prenda ajustada de inicio ayudaba a mantener mi pequeña verguita bien escondida, (situacion que dejó de ser un inconveniente durante mi relación con Fernando, pues el al aceptar su bisexualidad llegó incluso a darme sexo oral), y en el momento en que fuera necesario podría desabrocharlo fácilmente y seguir con el momento erótico sin perder el tiempo, también me gustaba mucho este Teddy pues tenía broches a los costados, que hacian la función de un liguero, y de esta manera podía acompañar mi sexy prenda con un femenino par de medias al muslo, (prenda que se por demás le encanta a Fernando), así que sin dudarlo ni un momento seleccione unas con una linda tira de encaje que gracias a sus bandas de silicona se adherían muy bien a mis gordos y bien trabajados par de muslos, que hermosa sensación era poder mirar mi par de contorneadas piernas vestidas con medias cuando mi macho me ponía patitas al hombro, simplemente me encanta la visión, acompañe el conjunto con una diminuta bata de seda en color negro, con mangas largas, y al decir diminuta es porque en verdad era diminuta, pues apenas tapaba mi regordete y femenino par de nalgas, las cuales además se veían mucho más apetecibles gracias a la ayuda estética que proporcionan siempre un buen par de stilettos con tacón de aguja y pulsera al tobillo, claro en color negro, casi lista para esperar a Fernando me coloco un lindo collar de perlas blancas, un par de aretes también con perlas y algunos arillos en mis muñecas, un poco de perfume solo para acompañar el lindo olor de las cremas, está vez será 212 Sexy de Carolina Herrera. Estaba hermosa, si no lograba persuadir a Fernando a que no se fuera a Italia, al menos quería dejar en el un grato recuerdo de esta puta rendida a sus enormes dotes varoniles y yo misma quería aprovechar, tal vez la última sesión de sexo con este semental increíble.

    Me dirigí a la sala y apagué todas las luces, únicamente dejé encendidas dos pequeñas lámparas de mesa, una de la sala y otra en el pasillo que daba acceso a las recámaras y al baño, estaba escogiendo un poco de música para amenizar el ambiente, cuando el timbre me anunció su llegada. De forma seductora le invite a pasar y apenas cerré la puerta me aprisionó entre sus brazos. Sus manos recorrieron mi cuerpo regalándome mil caricias y tomándome de la cintura me apretó contra su cuerpo, besándome y haciéndome sentir chiquita envuelta en el. Casi de forma desesperada acariciaba mis regordetas nalgas por debajo de la pequeña bata y su bulto, se hacía notar de una forma deliciosa apretado contra mi vientre. Yo colgada de su cuello, fui levantada cargándome por mis muslos y me llevó de esta manera hasta mi habitación, donde automáticamente caímos en la cama, continuando ese festival de besos y caricias, mis manos que ansiosas y un tanto torpes debido al placer que me provocaba Fernando tan solo con besarme y tocarme, se encargaron de eliminar su ropa casi por completo de mi camino, cediendo ante mis caricias y dejando a Fernando únicamente en su ajustada prenda interior, mientras Fernando se había encargado literalmente de arrancarme mis diminutas y finas prendas, dejándome únicamente con las medias que me llegaban justamente hasta la mitad de mis gordos y femeninos muslos y los cuales, sabía yo que le encantaba acariciar a Fernando, de esta manera nuestros ya calientes cuerpos se encontraron desnudos el uno con el otro. Con el último de mis esfuerzos me desprendí desesperadamente de sus fuertes brazos y le arranque su ajustado boxer, permitiendo a mis lujuriosos ojos recrearse en su inmenso atributo masculino, el cual se erguía orgulloso ante mi, sabiéndose el dueño de todas mis fantasías sexuales, y regalandome una imagen casi de póster de su completa anatomía, simplemente era gigante, con una cabeza coronando en su punta casi del tamaño de mi puño, un cuerpo igual de gordo y largo y con una serie de venas marcadas por toda su extensión las cuales yo conocía todas de memoria, pues más de una vez pude recrearme dibujandolas mientras terminaba de mamarle su vergotota, en la base 2 huevotes le colgaban, guardianes de mi tan preciada crema de macho, premio que recibia con esmero al final de cada sesión con este macho semental.

    Su verga, enorme y dura era bien amasada por mis manos y no tardó en comenzar a recibir besos, lamidas en su inmenso glande. Nunca pude meterme en la boca más allá de la cabeza de esa gigantesca verga. Mis manos resbalaban por el contorno del cetro masculino de Fernando, ensalivandolo y sintiendo al tacto las venas hinchadas que se marcaban, haciendo de esa pija, la cosa más hermosa y deseada para mí en ese momento. Hábilmente me jalo y me giro sobre mi propio cuerpo con una fuerza que siempre demostró, a pesar de sus 52 años, quedando mis nalgotas apuntando hacia el, por lo que el no se mantuvo estático y comenzamos a realizar un delicioso 69, su lengua lamía de una manera maestra mi esfínter con la plena intención de dilatarlo y prepararlo para el, mi ansioso hoyito del placer se abría cada vez más, permitiendo entrar a su lengua o sus dedos alternativamente, yo seguía deleitándome mamando la monstruosa vergotota que el poseía y claro, que él sabía me tenia hipnotizada. Sin embargo, otro de mis orificios exigía también atención inmediata, por lo que de la manera más puta que pude me incorpore y quedando sentada sobre su rostro y con su lengua en lo más profundo de mi orificio anal, le pregunté:

    P- Oye papi, me tienes demasiado cachonda, me podrías coger ya?

    Por mayor respuesta recibí una sonora nalgada, señal inequívoca y universal que todas las putas entendemos y que significa “cambio de posición”, con un lenguaje casi perfecto solo de miradas entendí que quería que me montará sobre su inmensa vergotota, situación a la que obviamente yo no rezongaría, así que de forma sumisa y casi inmediata me acomode sobre el mirándolo de frente, su gigante verga apuntando al techo, quedó haciendo presión en la entrada de mi ya para ese momento lubricado ano, deseoso de intentar desaparecer la mayor cantidad posible de su deliciosa longitud varonil. Con mis manos abrí más mis nalgas y comencé a sentarme sobre su vergota, haciendo que su cabeza entrara en su totalidad, sus manos dejaron mis pechos y tomándome de la cintura, fue presionando mi cuerpo hacia abajo, provocándome un dolor ya conocido por la penetración de su gorda anaconda. Tal y como lo hice muchas otras veces ocupe darme un descanso, así que empalada como estaba me recosté un momento sobre su velludo pecho, momento que aproveche para lucir una de mis mejores habilidades y le propine un apasionado beso como si yo supiera que fuera el último, supongo que el pensó que lo había hecho repentinamente como por romanticismo, sin embargo lo que en verdad quería era descansar mi agujerito por el duro castigo inicial que representaba comerme esa gorda vergota, poco a poco mi culo se fue acostumbrando al enorme visitante, fue entonces que comencé a moverme despacio en redondo primero y luego de arriba hacia abajo, haciendo que su gordo mástil entrara y saliera hasta la mitad. Ya no sentía dolor, era un total placer indescriptible y mis sentidos eran en ese momento dominados por el placer de la cogida épica que estaba comenzando. Subía y bajaba por su resbaladizo tronco disfrutando con mi culo cada vez que este penetraba, sin embargo apenas tenía poco más de la mitad adentro de mi, cada tanto acariciaba sus hermosos y gigantes huevos. Sin cambiar mi posición, y haciendo muestra de su gran vitalidad y fuerza que tenía me tomó fuertemente por la cintura y levantó mi peso junto con el de él, quedando arrodillado sobre la cama con su vergotota metida dentro mío, que debido al movimiento que el realizó entró un tanto más. En ese momento tuve mi primer orgasmo de la noche, el mantenía mis muslos por encima de sus fuertes antebrazos, y lo que evitaba que me fuera de espalda era que estaba colgada de su cuello, sin embargo ni loca me soltaría en ese momento pues el placer que me obsequiaba está posición es en verdad indescriptible, yo no podía moverme, el ritmo de la penetración era propinado totalmente por este increíble macho semental que a sus 52 años me cogía mucho más rico que cualquier chavito de mi edad, en el momento en que él lo decidió, y aun sin sacarme su vergota me recostó sobre la cama boca arriba, con mis femeninas piernas aún enfundadas en mis medias logré envolver su cintura y obviamente su anaconda entro aún más en mí. Esta posición le permitió meter lo que faltaba de su virilidad en mi y ahora sí comenzó a bombearme a voluntad. Su vergotota entraba y salía de mi sin encontrar resistencia alguna, luego tomó mis pies, los beso por encima de mis medias y los coloco firmemente sobre sus fuertes hombros y retomo nuevamente la colosal cogida que estaba dándome, en esta nueva posición que vulgarmente conocemos como “patitas al hombro” podía sentir la inmensidad de su grandísima verga en lo más profundo de mi ser, sus penetraciones se hicieron mucho más profundas y rápidas, pues dada la posición en la que estábamos podía hacerme a su voluntad lo que quisiera, pues tenía sobre mi los casi 110 kilos de peso de Fernando además de su casi 1.95 de estatura y por si fuera poco sus fuertes y grandes manos aprisionaban mi cuello, así que yo en ese momento no era dueña de mi voluntad, solo podía gemir como la puta que a él le gustaba que fuera, y disfrutar de una rica mezcla de un poco de dolor y un placer infinito que se acentuaba con cada envestida de mi macho, además de gozar de esa vergotota entrando y saliendo en mi lubricado culo, sentir sus huevotes golpeando mis redondas y femeninas nalgas cada vez que me penetraba a fondo. No, no podía ni quería nada más que gritar del placer que me estaba dando Fernando. Fueron, no sé 5, 10, 15 minutos ½ hora de darme y darme verga, imposible medir el tiempo. Sus arremetidas eran cada vez más fuertes y entre mis gritos y gemidos y sus gruñidos bestiales fue llenándome los intestinos de leche de macho, sacó su vergotota palpitante de mi culo y disparó sus últimos pero aún abundantes chorros de semen en mi vientre, y terminó poniéndome su monstruosa verga en la boca, ordenándome sin palabras que se dejará limpia con mis labios, cosa que realice sin rezongar pues a mí me encanta más que nada el sabor tan delicioso del semen de mis amantes, desde chiquilla, recibir el semen de un hombre en mi golosa boquita es una visión sumamente erógena para ellos, pero es el mejor premio que puede recibir una puta como yo.

    Al finalizar mi tarea le pedí que se acostara conmigo en la cama, en definitiva merecíamos un descanso de ese primer round, y ambos sabíamos que no sería el único de la noche. Nos besamos mucho, nos brindamos caricias mutuas, nos mimábamos. Y entonces el rompió el silencio de la habitación al decir:

    F- Oye bonita, por favor ven conmigo. De verdad no deseo perder esta oportunidad de trabajo, ya no tengo las mismas oportunidades como cuando yo era más joven.

    P- Lo entiendo papi, pero tú al pedirme que vaya no piensas en mí, solo lo haces por ti, simplemente míralo así…. Tus papis ya fallecieron, en eso tú estás consiente, ya no tienes nada que perder, pues sabes que en este mundo terrenal no volverás a verlos, pero y yo? Mis papis aún están aquí, no te importa que yo no vuelva a verlos?

    F- En verdad, estoy enamorado de ti, te voy a extrañar.

    Me decía esto sin soltarme y nos besamos otra vez. Me puse de costado, dándole la espalda, me abrazó entre sus brazos y me dormí.

    Sus manos acariciando mis pezones y su grande y venosa vergota dura nuevamente entre mis piernas, me despertaron de un ligero sueño. El reloj de la mesita de luz, me indicaba que no había pasado ni media hora desde que había cerrado los ojos. Me tomó una pierna y la levantó mi culo, acostumbrado y dilatado aún por la gloriosa sesión anterior y aun con el semen que salía de él, quedó a su disposición, ya no me dolía cuando me la fue enterrando sin miramientos. Me la metió prácticamente de un solo intento, solo un gemido de placer por mi parte, le avisó que estaba de acuerdo en volver a recibirlo. Nuevamente el pistoneo de esa grande y monstruosa verga perforándome, enterrándose en mis entrañas, haciéndome olvidar del mundo por completo. En ese momento, solo era su hembra, y él un formidable macho, una máquina de placer, que por última vez seria mío. Estaba totalmente entregada a su voluntad, mientras su pija seguía entrando y saliendo de mi culo totalmente abierto, por sus embestidas y por el deseo. Después de un rato de cogerme en esa posición me dio vuelta y poniendo las almohadas debajo de mi vientre, de modo que mi bien atendido ano quedó apuntándole, su vergotota, pareció percatarse de la oportunidad de meterse allí, y lo hizo sin miramientos, sin resistencias, por respuesta solo escuchaba gemidos de hembra, así que sabiendo que estaba bien su actual tarea, no dejaba de cogerme en un mete y saca infernal. Este hombre parecía no tener llenadera, y aun tenía cuerda para mucho rato, y me lo demostró cambiando nuevamente de posición, se levantó de la cama, me puso boca arriba en el borde, me tomó de los pies y me levantó hasta que mi culo quedó a merced de la penetración nuevamente. Ya ensartada, tomándome de la cintura, me levanto de la cama y me aprisionó contra la pared, mis piernas envolviendo su cintura y él levantándome con sus fornidas manos sosteniéndome de mis grandes nalgotas, me movía como él quería de arriba hacia abajo, enterrándome su verga hasta el fondo. Mientras me cogía de esta bestial manera, no dejaba de besarme, tapando mis grititos mezclados con gemidos. Luego me bajó y me dio vuelta, me puso en posición de perrito y nuevamente me penetró de una manera deliciosa, mientras mis pequeñas bubis y en específico mis pezones eran pellizcados por sus varoniles manos, de mi pequeña verguita totalmente dura por el placer no dejaba de salir semen, pues para este momento los orgasmos que había obtenido gracias a la constante estimulación que Fernando me regalaba con su formidable herramienta a mi próstata, ambos estábamos totalmente calientes, yo gozaba con cada centímetro de carne masculina que entraba en mi ser, pedía más y más. Fernando, la sacó nuevamente y me hizo recostar nuevamente en el borde de la cama, solo con mis nalgotas apuntando hacia el, como si fuéramos a hacer la posición de”cucharita”, pero sólo yo estaba recostada, así con mi culo en pompa, él parado detrás de mí y mirándonos a los ojos, me penetró profundamente pero está vez de una forma muy lenta, pues quería ver la expresión en mi cara al hacerlo, pero al tener por completo sus 25 cm de carne de macho dentro de mi, el comenzó un mete y saca enloquecedor, con cada movimiento yo veía las estrellas. El ritmo infernal de sus embestidas no cesaba, yo nuevamente estaba terminando, solo las palmadas que recibia en mis nalgas me obligaban a seguir el ritmo cada vez más rápido, hasta que comencé a sentir nuevamente sus descargas, una espesa crema se fue depositando en mis entrañas, la sacaba por completo y apuntaba a mi hoyo abierto, llenándolo de leche, la metía nuevamente y pistoneaba un poco y la volvía a sacar, así hasta que esa inmensa vergotota perdió su dureza. Fernando cayó totalmente exhausto sobre la cama, yo como pude, toda temblorosa, fui hasta el baño, por mis piernas, corría la leche que brotaba de mi culito totalmente abierto e inundado.

    Me metí en la ducha y mientras me bañaba sentía las huellas de una de las mejores cogidas que había recibido en mi vida, mis dedos enjabonados, entraban en mi culo con una facilidad asombrosa. Fernando se metió en la ducha conmigo y concluimos juntos el baño.

    Ya en el dormitorio, era la hora el momento de las despedidas, los besos…no, no quería cosas tristes. Mientras lo besaba acaricié su vergota y poniéndola entre mis manos, comencé a masturbarlo, obviamente su monstruoso aparato masculino respondió, me agaché y le propine una mamada espectacular, mis manos recorrieron ese hermoso cetro de poder masculino por última vez, mi lengua recorría la verga formidable de Fernando reconociendo el relieve de sus venas como únicas, mis labios envolvieron su glande, así, con mis manos y mi boca durante varios minutos le regalé la que hasta hoy yo considero la mejor mamada que yo le he dado a un macho, hasta que Fernando termino en mi boca. Saboreé hasta la última gota. El sabor de su leche era algo que quería recordar por siempre.

    Supongo que el tampoco quería despedidas tristes, así que solo me ayudó a incorporarme, me dio un piquito en los labios, acarició mi rostro y me dijo:

    F- Siempre te amare bonita.

    Acto seguido se retiró. Y ahora sí, sola en mi habitación llore todo lo que tenía que llorarle… Pero la vida debe continuar.

    FIN

    Recuerden escribir sus comentarios a mi nuevo correo: [email protected].

    Besitos para todos.

  • Loba ardiente (Parte II)

    Loba ardiente (Parte II)

    Cuando mi hermana Berta vio a mi padre con la verga tiesa y a mí subiendo las bragas, abrió los ojos como platos, se tapó la boca con la mano, y después, exclamó:

    -¡Depravados!

    Se dio la vuelta y se fue corriendo para su habitación.

    Mi hermana Berta era dos años menor que yo. Ella tenía 19 años y yo 21, las dos éramos de estatura mediana, morenas, de ojos castaños, cabello largo, grandes tetas y según decían, muy guapas.

    Después de vestirme fui a la habitación de mi hermana. Debía convencerla para que no le dijese nada a mi madre, o se iba a armar una muy gorda.

    Mi hermana estaba sentada en el borde de la cama. Lloraba. Se había llevado una terrible desilusión. Yo había sido un ejemplo para ella. Había sido su heroína. El golpe debió ser brutal al ver que no era más que una perdida. Me senté a su lado, y le pregunté:

    -¿Se lo vas a decir a mamá?

    Levantó la cabeza. Me miró a los ojos. Nunca había visto tanta seriedad en un rostro como la que vi en el de mi hermana, cuando me dijo:

    -¡¿Eso es lo único que te preocupa?!

    Sentí como mi padre se iba de casa, y cerraba la puerta con llave.

    -Me preocupas más tú.

    Le acaricié el cabello.

    -¡No me toques, sucia!

    La besé en la mejilla. El sabor salado de sus lágrimas me excitó. Mi padre, con sus caricias, había despertado la loba que había en mí. Busqué los labios de mi hermana. Berta, al sentir el contacto de mis labios con los suyos me miró, extrañada. Después, me preguntó:

    -¿Qué te ha hecho ese monstruo?

    La volví a besar en los labios. Busqué su lengua con mi lengua. Me encontré con sus dientes. Berta, seguía a lo suyo.

    -¿Qué has hecho con mi hermana?

    Mis manos acariciaron sus tetas. Volví a buscar sus labios con los míos. Su boca se entreabrió un poquitín. La punta de mi lengua se rozó con la lengua de mi hermana. Le pregunté:

    -¿Quieres sentir un placer como nunca antes sentiste?

    -No.

    Empujé a mi hermana sobre la cama. Estaba colorada como una grana. Me quité el vestido y el sujetador. Cogí sus manos y las puse sobre mis tetas. Berta no colaboraba.

    Me preguntó:

    -¿Qué me estás haciendo?

    -El amor.

    Me eché a su lado. Cogí una teta y le puse un pezón entre los labios. No me lo chupó. Lo moví entre sus labios. Hice lo mismo con el otro pezón y siguió en sus trece.

    Se incorporó para salir pitando de la habitación. La cogí por la cintura. Le bajé la cremallera del vestido. Me dijo:

    -Déjame ir.

    No la dejé ir, más que nada porque no forcejeara conmigo en ningún momento.

    Le quité el sujetador y la eché otra vez hacia atrás.

    -No te resistas. Déjate ir.

    Mi fuerte no era comer tetas. Se las acaricié y se las mamé como queriendo sacar leche. Los pezones de las tetas de mi hermana se pusieron duros y erectos, como duros y erectos estaban los de mis tetas. Después de mamar sus tetas volví a buscar los labios de mi hermana. Seguía sin abrir la boca del todo. Me dijo:

    -Eres mala, muy mala.

    Mi mano bajó y acarició su chocho mojado, muy mojado, estaba más mojado que el mío. Al acariciar su clítoris, su boca se abrió y me metió la lengua dentro de mi boca. Se la chupé. Sus ojos estaban cerrados cuando sus brazos rodearon mi cuello. La besé largamente, mejor dicho, nos besamos largamente, ya que mi hermana me devolvía mis besos con otros besos apasionados. Su boca me supo a canela y me olió a hierbabuena.

    Le quité las bragas. Estaban para escurrir. Le hice con la lengua en el chocho lo mismo que me había hecho mi padre. Mi hermana, que era virgen como yo. Al rato, formaba un arco con su cuerpo, y me decía:

    -¡Te quiero, Clarita!

    Mi hermana sintió por primera vez el placer que se experimenta cuando una mujer tiene un orgasmo.

    Oí sus gemidos. Sentí sus temblores, sus sacudidas, y probé el néctar que traía su corrida. En ese momento me di cuenta que ya nunca sería la remilgada, la mea pilas, la cortadita de antes, en ese momento había nacido: Loba Ardiente.

    Al acabar, me dijo mi hermana:

    -Vamos ir al infierno.

    Le di un pico en los labios, y le respondí:

    -¿Por haber estado en el cielo nadie va al infierno, cariño?

    Nos acurrucamos una al lado de la otra, como dos palomitas, dos palomitas que aquel día empezaran a volar.

    Al día siguiente, domingo, Roberto y yo estábamos en el cine. Por primera vez acepté ir con él a la Fila de los Mancos, o sea, a la última fila. En el cine ponían: El último Cuplé.

    Tan pronto como se apagaron las luces, Roberto, que era un mocetón de 28 años, moreno y fuerte, empezó a tocarme las tetas. No lo reprendí, para eso fuera a esa fila. De las tetas metió una mano dentro de mis bragas y se encontró con mi coño mojado. No sabía cómo acariciarlo. Me metió un dedo dentro del coño. Sacó su polla. Me llevó una mano a ella y se la meneé. El acomodador, un cincuentón, estaba de pie, en el pasillo, a la altura de nuestra fila en la que éramos los únicos que se sentaban en aquella función de diez a doce. El acomodador era como los gatos, podía ver en la oscuridad. Estaba viendo lo que hacíamos. A mí me excitaba saber que me estaba viendo. Tanto me excitó que me puse de lado, bajé la cabeza y le chupé la polla a Roberto mirando para el acomodador. El hombre se arrimó a la pared, sacó la polla y mirándome se la meneó. Ya lo tenía donde quería. Saqué las bragas y me senté sobre la polla de mi novio, sin dejar de mirar al acomodador. Al entrar la cabeza de la polla en mi coño sentí como si me rompieran por dentro, pero llorosa y sin soltar un sólo quejido, la metí hasta el fondo. El acomodador se seguía pajeando. Roberto se corrió dentro de mí. Sin saberlo estábamos haciendo a nuestro Hijo Javier. La polla de Roberto se puso blanda, pero yo lo seguí follando hasta que se la puse dura de nuevo.

    Cantaba una canción Sara Montiel, una canción que no recuerdo ahora cual era. Miré parta la pantalla y la vista se me fue para sus grandes tetas. Imaginando que se las mamaba, me corrí. Solté un gemido de placer que oyeron todos y todas las que estaban en la sala. El acomodador, que se acababa de correr, enfocó con la linterna a quienes miraban para atrás. Siguieron mirando la película. Yo, besando a Roberto, le acabé de poner perdido el pantalón con el flujo de mi corrida.

    Continuará.

  • Confesión (no es ningún relato)

    Confesión (no es ningún relato)

    Diario de un virgen a los 19

    El promedio de inicio de vida sexual actualmente es de 14-16 años. El primer beso comúnmente se da a los 12 años.

    El primer faje a los 15 años.

    Mi primer beso fue a los 15 años con una chica que me llegaba a los hombros (no soy muy alto), le diremos Ki para no decir su nombre verdadero. Ki jamás quiso ser mi novia, por que prefirió a su novio en ese momento que año y medio después la correría de su casa con unos meses de embarazo.

    Mi principal error fue que maduré demasiado rápido en algunas cosas, me salté la adolescencia a los 12 años y me pasé a la amargura de un solterón.

    Alguna vez quizá tuve una depresión de ser solitario y aunque creo que la superé, me gustó ese papel, donde no dependía de nadie para sentirme abrazado, si no que yo mismo me proveía amor y compañía.

    Jamás he tenido novia; siempre que me ha gustado alguien, ella ha tenido novio y siempre he tenido miedo de cruzar esa línea, probablemente por cuestiones religiosas o morales, pero jamás la he cruzado. Que puto radar el mío para elegir puras mujeres con alguna relación, justo como pasó con Ki.

    Cuando escucho a mis amigos que cuentan su primera experiencia con una mujer a sus 17, 18 o incluso un primo que jura que lo hizo en secundaria descubro que el error no ha sido más que mío. Muchas veces quise dejar esta culpa a otras personas, pero la realidad es que yo soy el único culpable de lo que me pasa (no maduré correctamente hasta que descubrí esto).

    Lo peor es cuando siento la necesidad de besar a alguien y no tengo a nadie, 4 años y 2 meses aproximadamente (50 meses o 1500 días) que no he besado a una mujer. En parte ha sido el miedo de llegar a estar tan cerca de alguien así y que mi verdadera zona de seguridad es el estar solo y triste por no conseguir a nadie que en vez de dejarle en claro a alguien que es lo que siento por ella, prefiero callar y quejarme después por eso.

    Por obvias razones, jamás he tenido un faje, nadie me ha tocado el pene, no he tocado o visto un pecho ni una vagina, nunca he recibido sexo oral ni yo he dado eso. Todo por mi verdadera estupidez.

    Quizá (amo mucho esta palabra) yo solamente vaya a tener una sola novia en mi vida y después me case sin haber probado el amor de otra mujer.

    Quizá en unos meses sea un don Juan y conozca a varias mujeres.

    Quizá en unos meses o años y vuelva a leer esto, solamente me ría de lo inmaduro que fui.

    Quizá en unos meses o años y vuelva a leer esto, confirme mis sospechas que sentía.

    En unos meses cumplo 20 años y puede ser que tenga que esperar un tiempo más antes de conseguir un noviazgo.

    Quizá en 5 días encuentre a alguien, quizá en 2 meses, quizá en 6 meses, quizá en un año o en años, qué más da la vida poco a poco me va a enseñar cosas por las buenas, por las malas o por las peores.

    Cualquier comentario con un mensaje de ánimo es más que bienvenido.

  • Trío con mi mujer y su amiga (Segunda Parte)

    Trío con mi mujer y su amiga (Segunda Parte)

    Después de nuestro primer encuentro los tres seguíamos excitados, pero yo quería que esta excitación fuera mayor y alargar esta situación lo máximo posible.

    Los tres nos bañamos en la piscina desnudos como estábamos para refrescarnos, y les comente a las chicas porque ellas dos no se acercaban hasta el hotel de Marta y recogían sus pertenencias para que durante el resto de semana se instalara con nosotros en la casa, ambas aceptaron, pero Sara nos puso la condición de no forzar las situaciones y que dejáramos surgir las cosas.

    Ellas se marcharon minutos después, momento que aproveche para ir a comprar tanto comida, bebida, mientras que circulaba en el coche mi imaginación iba funcionando y aprovechando que tenía una hora aproximadamente hasta que mis diosas regresaran, fui a buscar un sex-shop para intentar realizar esas fantasías que a todo hombre se nos pasan por la cabeza. encontré un sex-shop cerca y compre un pene vibrador de unos 18cm con arnés, otro de doble cabeza y un par de balas vibradoras con mando a distancia, después compre en un supermercado comida y gran cantidad de alcohol y regrese al chalet.

    A los pocos minutos de llegar al chalet aparecieron ellas, estaban contentas y se les notaba bastante complicidad, les propuse arreglarnos para salir a cenar y tomar algo en algún local de moda y aceptaron. Yo estaba ya arreglado cuando ellas bajaron por las escaleras vestidas de forma explosiva, mi mujer con unos pantalones de cuero que le quedaban como una segunda piel y le resaltaba su precioso culo y una camisa de gasa negra transparente en la parte de arriba que dejaba ver un sujetador negro de encaje y Marta con una minifalda cortísima u un top ajustado y muy escotado que mostraba la gran parte de sus enormes pechos. Las piropee y ambas me lo agradecieron con un pico en mis labios.

    Cenamos en un pequeño restaurante en el paseo marítimo, siendo ellas el objeto de todas las miradas masculinas y yo la envidia de todos ellos, al acabar de cenar buscamos un local de moda, entramos en el mismo y nos acoplamos en una mesa en un rincón cerca de la zona de baile.

    Comenzamos a consumir la primera copa, cuando las chicas se levantan y me dicen que van al aseo, les digo que se esperen que tengo algo para ellas y de forma disimulada les pongo a cada una en sus manos las balas vibradoras que había comprado.

    Sara: que es esto?

    Yo: un juguete para subir la temperatura, vosotros decidir si las utilizáis o no.

    Marta: yo tengo una parecida, puede ser divertido, vamos al aseo Sara.

    Se marcharon y tardaron unos 5 minutos en regresar a la mesa, las dos venían acaloradas y con las mejillas coloradas, Marta se fue hacía la barra para pedir una nueva ronda de consumiciones y yo me quede hablando con mi mujer.

    Yo: que ha pasado en el aseo?, si quieres que esto funciono y disfrutemos todos no tenemos que tener secretos y debemos tener confianza.

    Sara: al llegar al aseo ha sido marta la que me ha introducido la bala en mi vagina después de haberme acariciado la misma durante unos segundos para humedecerla y que entrara mejor.

    Yo: y la de ella?

    Sara: no ha hecho falta ni tocarla estaba empapada y me he dado cuenta que no llevaba puesta ropa interior, le ha entrado fácilmente.

    Al regresar Marta se sentó a mi lado al lado contrario que el mi mujer, le dije que salieran a bailar y así lo hicieron. Bailaron de una forma sexy pero sin llamar mucho la atención, en ese momento le da al botón para activar ambos vibradores, en ese momento las dos me miraron con cara de sorpresa, lo deje sobre un minuto encendido y le subí en poco la velocidad para después apagarlo. Ellas dejaron de bailar y se volvieron a sentar.

    Marta: estas siendo malo, está muy rico pero me ha sabido a poco.

    Sara: me has puesto chorreando y ha calentado muchísimo.

    Yo: ya se nota que estáis calientes.

    Les dije esto dirigiendo mi mirada a los pechos de las dos, en ese momento ellas se dieron cuenta de cómo se marcaban sus pezones en la ropa, sobre todo los de Marta.

    La noche continuo en esa dinámica entre copas y de vez en cuando, en el momento que menos lo esperaban les encendía el vibrador, también por mi parte cuando estábamos sentados dirigía mis manos al cuerpo de mis acompañantes, a Sara por encima del pantalón y a marta metiendo la mano por debajo de la falda acariciándole los muslos y subiendo hasta su coño, estaba encharcado.

    Sobre las 4 de la mañana estamos los tres algo contentos por el alcohol, sin llegar a estar borrachos y muy calientes. Nos fuimos a la casa y nada más entras subimos corriendo al dormitorio, ellas nada más llegar se comenzaron a besar y entrelazar sus lenguas mientras yo me iba desnudando. Ellas se desnudaron mutuamente sin dejar de acariciarse. Al tumbarse en la cama una a cada lado mío, de forma suave tire de las cuerdecitas que asomaban de sus vaginas para sacarles del interior las balas, salieron las mismas acompañadas de gran cantidad de fluido.

    Mi mujer se bajó hacia mi pene y con su lengua lamio desde mis huevos subiendo por el tronco y deteniéndose en mi capullo, yo aprovechaba para amasar con una mano las tetas de Marta, comerle los pezones y con la otra mano castigar su clítoris.

    El olor a sexo aumentaba por momentos en la estancia, como también los jadeos, en ese instante se sube mi mujer en lo alto mía introduciéndose mmi polla en su coño cabalgándome y marta se sienta sobre mi boca restregándome so coño abierto y húmedo no dejándome casi respirar, mientras ambas se besaban, se comían las tetas y se acariciaban.

    La primera en tener un orgasmo fue Sara, quedándose tumbada boca arriba rendida, ahora era Marta casi al límite del orgasmo la que quería mi polla en su interior, la puso a cuatro con su cabeza metida entre las piernas de mi mujer y de forma brusca la penetre desde atrás comenzando un mete y saca brusco pero lento y aumentando la velocidad poco a poco lo mismo que ella aumentaba la velocidad de su lengua en el clítoris de mi mujer. Estaba a punto de llegar al orgasmo los tres aumente la velocidad y la fuerza de penetración más todavía y comencé con una mano a azotar el culo de marta y con los dedos de la otra mano untados en sus propios jugos a acariciarle la entrada de su ano, lo que le debió gustar porque se estremeció y segundos después se tensó y soltó unos fuertes gemidos anunciando que se había corrido, soltando gran cantidad de fluido, mi mujer gritaba anunciando también que le llegaba su segundo orgasmo y suplicando a su amiga que no parara, ante esto yo no podía retrasar ya mi propio placer y solté una gran cantidad de leche en el interior de marta, y desplomándome sobre su espalda agotado.

    Le pedí a nuestra amiga que limpiara mi pene con su lengua y a mi mujer que extrajera mi leche del interior del coño de su amiga, y así estábamos cuando Marta se volvió a correr gracias al trabajo de la lengua y boca de Sara, ya estaban empatadas a número de orgasmos, solo faltaba yo, pero Marta no tardo en conseguirlo con un gran trabajo con su boca, me corrí en su interior y no dejó escapar ni una sola gota. Los tres estábamos rendidos y en pocos minutos nos quedamos dormidos.

    Si les ha gustado escribiré la tercera y última parte donde entraran en juego el reto de juguetes que compré.

  • Trío con mi mujer y su amiga (III)

    Trío con mi mujer y su amiga (III)

    Nos quedamos dormidos los tres juntos y totalmente desnudos, al despertar eran ya cerca del mediodía, entre mi mujer prepararon la comida y después de comer dormimos la siesta en los sofás del salón durante un rato.

    Estuvimos todo el día desnudos en la casa sin la única connotación erótica que algún roce o caricia fugaz entre nosotros. Era media tarde cuando Marta nos comenta que ella tiene que ir a comprar varias cosas, quedándonos Sara y yo solos en la casa por un par de horas, aprovechando para comentar y hablar de lo ocurrido. Todo lo ocurrido me estaba gustando pero esto no quería que afectara a nuestra relación diaria, lo más importante era el amor que sentía por mi mujer.

    Yo: cariño estas disfrutando?

    Sara: SI, todo lo que hagamos juntos me gusta.

    Yo: tienes algún secreto más que contarme? Has tenido más relaciones lésbicas en tu juventud?

    Sara: No, la que escuchaste fue la primera y la última, aunque muchas veces he soñado con repetirlas.

    Yo: Y otro tipo de tríos?

    Sara: No, aunque una vez de joven, antes de conocerte estove apunto de realizar un trio con dos muchachos que conocí en la discoteca, pero a última hora me arrepentí.

    Yo: no te preocupes si sale todo bien y los tres estamos a gusto y de acuerdo, esta noche puedes llegar a sentir lo más parecido al estar con dos hombres.

    Sara: ufff, te temo.

    Marta llegó cerca de la horade cenar, cenamos y nos pusimos en la cama de matrimonio a ver una película porno, nos empecemos a calentar, mi polla estaba ya dura como una piedra, mi mujer tenía la mano entre sus piernas, separaba sus labios dejando ver su humedad y un clítoris bastante prominente, se acariciaba despacio y suavemente, marta a su vez con las yemas de sus dedos se acariciaba el contorno de sus pechos hasta llegar a sus pezones y apretarlos suavemente con sus dedos.

    La película continuaba y llegó a una escena en la que una mujer disfrutaba de una doble penetración, mientras la mujer cabalgaba a un negro que estaba boca arriba el otro le perforaba el culo.

    Esa escena nos puso a mil, ya que ese era mi sueño, perforar un culo, mi mujer siempre me había negado ese agujero, pero yo no dejaba de insistir que me lo entregara. Ahora podía intentarlo con nuestra amiga, comenzamos ya a acariciarnos y a jugar entre nosotros, los besos y lamidas eran ya incesantes, momento que aproveché para sacar los dos juguetes que compre en el sex-shop.

    Al verlo ellas comenzaron a reír y a decir que era un sádico salido. Cogí a mi mujer y tras colocarle el arnés con la polla de plástico la tumbe boca arriba, a marta le dije que se subiera en lo alto de Sara y se penetrara su coño con el pollon de goma, así lo hicieron, era morboso verlas a las dos follando, ahora tocaba la segunda parte, le puse mi polla cerca de las bocas de las dos y comenzaron a comérsela alternativamente y a lamerla, cuando ya la tenía choreando de saliva, me coloqué detrás de marta, la empuje para adelante para que besara a mi mujer, la cual estaba haciendo movimientos con su pelvis para penetrar lo más profundamente a Marta y le acariciaba sus tenas y de vez en cuando se las comía, yo acerque lentamente la cabeza de mi polla al ano de Marta, con el temor que no me dejara al igual que mi mujer, pero no fue así, al notar en contacto giró la cabeza y me miró con una picara sonrisa, eso era la aprobación que estaba esperando y suavemente pero constante le fui metiendo mi miembro en el interior de sus entrañas, se notaba que no era la primera vez que había sido ese agujero ocupado, pero de todas formas estaba disfrutando muchísimo, entre entera fácilmente, y comencé a acompasar mis acometidas con las de Sara. Marta estaba con la piel de gallina, el sudor le recorría la espalda y sus gemidos solo eran ahogados por la boca y lengua de su amiga. empecé a aumentar la velocidad y fuerza de perforación le azotaba el culo poniéndoselo colorado y dejándole las marcas de mis manos y, ella nos suplicaba con gritos que le rompiéramos tanto yo como Sara el coño y el culo, que le diéramos más fuerte que estaba a punto de reventar, y así fue se tensó y grito y jadeo como nunca había escuchado a ninguna mujer y posteriormente se desplomo en la cama rendida y jadeante, lo único que salía de su boca es que era el orgasmo más intenso y más largo que había sentido en su vida.

    La dejamos descansar y mi mujer y yo seguimos jugando, metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a besarle las ingles para poco a poco ir comiéndole sus labios mayores y luego ir metiendo mi lengua en su interior, pero mi mujer estaba ardiendo y ya no quería juegos preliminares, quería ser follada, cogí la polla de goma doble y tras dársela para que la chupara y humedeciera sus dos extremos le metí uno en su coño y llame a Marta para que sometiera el otro, una vez que estaban las dos follandose al unísono, las ayude a girarse quedándose Marta abajo y mi mujer arriba, después sin dejar de acariciarlas y tocar todo lo que podía, me acerque al oído de mi mujer y le susurré si se atrevía a sentir lo que minutos antes había sentido marta, solo asintió afirmativamente con la cabeza y me dijo que con cuidado.

    Me coloque detrás de Sara y tras abrirle las nalgas le puse un poco de aceite corporal en la entrada de su ano y luego unte mi miembro con el mimo producto, por fin iba a cumplir mi sueño de desvirgarle el culo, ellas seguían cabalgándose y estaban ya gozando como locas, en ese momento acerque mi polla a la entrada soñada o de forma decidida metí mi capullo, Sara se paró en seco y note como cogía grandes bocanadas de aire para poder relajarse y soportar el dolor, poco a poco le fui metiendo mi polla entera parando de vez en cuando para que ese orificio se fuera acostumbrando a la intrusión, hubo un momento en que mi mujer me dijo que se la sacara que aunque le gustaba también le estaba doliendo mucho, pare y le da tiempo a que su ano se dilatara un poco más y marta la beso tiernamente y aumento el vaivén de sus caderas para que así se olvidara de su culo, pareció funcionar y comencé yo también con un suave mete saca, a los dos minutos ya estaba todo mi rabo dentro y el ritmo era acompasado al de ellas, por fin ese año había sido mío y por ese motivo estaba a punto de vaciar mi leche en su interior, mi mujer comenzó a chillar y a insultarnos a los dos, le temblaba todo el cuerpo su brillaba en su piel, marta anunció que estaba llegando también y yo ya no aguante más y revente en su interior dejándole las entrañas llenas de leche, no me acuerdo de ninguna corrida en la que hubiera soltado tan cantidad de leche, seguí con varias penetraciones más hasta que mis dos acompañantes llegaron a la vez aun buen orgasmo para marta ya que era el segundo, y el orgasmo de su vida según ella para mi mujer la cual se quedó varios minutos transpuesta y con pequeños temblores, lo ojos llorosos y su entrepierna como si se hubiera orinado en lo alto.

    Por esa noche estaba ya bien, por mi parte no quería que el nivel de excitación bajara por el exceso de encuentros y por la monotonía, esa noche ya solo quedaba descansar y el día siguiente ya se vería como transcurría.

  • Chantaje (V): Un paso a lo prohibido

    Chantaje (V): Un paso a lo prohibido

    Ese día pareciera que la fiesta continuaría o por lo menos así lo pensé, por un instante me arrepentí de haber ido, pues al ver la situación, parecía que sería de lo más aburrido, todos demasiados crudos, con caras de desvelados, un gran arrepentimiento me invadía cuando la voz llamaba a mi hermano, quede ahí yacida con los ojos irritados por falta de descanso perdí la noción del tiempo.

    -Valery, ya te instalaste, porque hay que prepararnos para la noche buena.

    Entre mi cara de sorpresa y el optimismo de mi madre, sabía que esto estaría peor de lo que ya se encontraba. El día transcurrió como si nada, más bien pareciera que era un día cualquiera, ya por la tarde mi madre nos dice que nos alistemos para la cena, para mí era todo un fiasco, en ese momento pensé que estaría mejor en casa.

    Ya entrada la noche nos fuimos a casa de su otro hermano de mi madre del tío Javier, quien al escuchar el timbre de su hogar nos recibió, comenzó saludando a sus hermana y cuñado, así como a sus sobrinos, más cuando me vio sus ojos se le iluminaron de forma especial -que sorpresa Valery, tanto tiempo sin verte, pues cada día que pasa te pones más hermosa -tomándome de una mano para hacerme girar, como si estuvieran bailando, y así, mi tío admiró mi ondulado y tentador cuerpo. Esa noche llevaba un vestido negro, que dejaba mis hombros al descubierto y se adhería a mis curvas como una segunda piel, y mis altos tacones negros causaban que a cada paso, mis redondas caderas se balancearan de modo sugerente.

    Mi tío Javier era el más bajito de estatura de su familia, de barriga más prominente, proporcional a su cuerpo recio. No titubeó para posar su ancha y tibia mano en mi cintura, el calor de su mano, me transmitió otra clase de sensaciones, muy similares a las producidas por las manos de mi hermano cuando recorre mi cuerpo. Él aprovechó para acariciar mis brazos, cabello y espalda, caricias que no pasaron desapercibidas, ya que no tenía un pelo de inocencia. Y así como mi tío no retiró su mano izquierda de mi espalda, pose una de mis manos sobre su muslo derecho en un gesto de fingida ingenuidad.

    -Caray, Valery, eres tan hermosa que hasta me arrepiento de ser tu tío, pues de lo contrario, no dudaría en cortejarte -dijo él besándome una mano. Me ruborice genuinamente, y sonreí: -Qué exagerado eres, tío. Pero te agradezco el cumplido. Le di un beso en la mejilla -paso tío- le dije, y me asegure de contonear muy bien mi portentoso trasero para el placer visual del tío. Camine tras mi familia al parecer éramos los primeros, Antonio estaba en la ventana, camine hacia él, y en voz baja le dije: -el tío está más afectuoso conmigo, que de costumbre. Si de hecho hermanita vi cómo te devoraba con su mirada ese culote que se te ve.

    Minutos más tarde llegaron los demás familiares, su hogar cobijaba un fuego que proporcionaba una agradable y oportuna calidez. Los adornos navideños también estaban presentes. Pronto arrullamos al niño dios, entre risas, alegría y dicha por estar reunidos. La cena transcurría entre platica, añoranzas, ya pasada la media noche la mayoría de los familiares estaba entre sueño, ebrios, unos comenzando a retirarse lentamente. Cerca de las 3 de la mañana ya solo éramos mi tío Javier, mis tres hermanos y yo tomando y riendo, pasando un momento agradable, minutos después Chuy y Juan se sintieron mareados y le pidieron a mi tío que los dejara descansar, Toño los acompaño dejándonos solos a mi tío y yo.

    -Tío, antes me dijiste que por poco te arrepentías de ser mi tío pues, siéndolo, no puedes cortejarme -y mientras decía esto, se puso de pie, y sus manos se dirigieron hacia el lazo que ceñía su vestido por la cintura. Tras desatar el lazo, cayo la prenda alrededor de mis pies, para detenerme ante mi tío, solamente con mis tacones -déjame preguntarte, tío, ¿quién dice que por ser mi tío no puedas amarme?

    Me hinque como ramera en medio de sus piernas, sus ojos estaban muy abiertos.

    -¿estás seguro de esto? -tartamudeó él.

    -Es mi deseo que seas feliz, tío, además, sé que te mueres por poseerme, me encanta cómo me ves, ¿qué tiene de malo que desee cumplir tu fantasía? ¿Qué tiene de malo que nos amemos con intensidad? -Le dije, mientras escrutaba los pantalones de mi tío hasta hacer brotar su pene, oscuro y grueso, muy duro, con las venas muy marcadas. No era más largo que el de mi hermano.

    -No puedo creer que esto esté sucediendo, ¿tienes idea cuántas veces me la jale imaginando que estábamos cogiendo? -dijo mi tío.

    -y en esas fantasías tuyas, ¿qué cosas me hacías? ¿Cómo me portaba yo? Eras muy puta, y me la mamabas mucho, me cabalgabas, te la dejaba ir por el culo -en eso suspiró repentinamente, cuando su pene rechoncho desapareció en medio de la boca de su sobrina, se tensó mientras empezaba a mamársela lentamente. Minutos después se relajó, ya estaba disfrutando la comida de verga, “chúpame las bolas”, me pedía, y su excitación era incontenible al constatar que su escultural sobrina obedecía sin oponerse, sus ojos iluminados de lujuria, sus rasgos tenuemente orientales convertidos en una máscara de deseo, de putería.

    Mi tío me tomo de las manos, poniéndonos de pie. Volvimos a besarnos, cual pareja de amantes, recorrió a su antojo mi cuerpo, apretándome las nalgas y los pechos, arrancándome gemidos rebosantes de concupiscencia. Luego, me acomodó sobre el sillón, indicándome que dejara mis piernas colgando sobre los brazos del mueble. Mi tío se hincó y hundió su cara peluda en mi sexo. Me estremecí y temblé sin control, clavando mis uñas en el cabello de mi tío. -¡Ay, tío, qué rico me estás comiendo! llevándome unos dedos a mi boca, mi cara enrojecida y mis pechos hinchados, todo un espectáculo para Antonio que veía como su hermanita disfrutaba tanto como él pues en la penumbra, se masturbaba.

    Lamía mi rajita, usaba sus gruesos y cálidos dedos para estimularme, metiéndomelos en la vagina, en tanto prensaba entre sus labios mi clítoris, haciéndola aullar de prohibido placer. Mi tío se puso de pie, considerando que ya me encontraba en el punto justo para ser penetrada, y se desvistió ante su sobrina, sonreía y resoplaba, muy dispuesta a ser poseída por aquél hombre cincuentón, gordo y velludo, que era mi tío. Él me llevo hasta el sofá y se sentó, acomodándose de manera que su pene erecto fuera fácilmente montado. Se la volví a chupar frenéticamente, y cuando la sentí muy dura le recorrí con mi lengua el glande succionando y su alarido de mi tío anunciaba una explosión y comenzó a aventar candentes chorros de esperma. “¡Así es, trágate a tus primitos, zorra!”, en tanto bañaba de leche mi rostro y busto.

    Después, limpie con mi boca el pene de mi tío, resoplando ruidosamente, su lengua aviesa desplegada con inusual hambre. Mi hermano apareció entre la oscuridad con su miembro muy duro, totalmente desnudo, me tomo por las caderas, y me apoye de nuevo en los gruesos muslos de mi tío, cubiertos de abundante vello. “Eres mi gorila lindo”, le susurre a mi tío antes de volver a besarlo en la boca, mientras Antonio iba penetrándome. Mi tío Javier acariciaba mi hermosa cara y los pechos de su libidinosa sobrina, mientras su sobrino mayor se la cogía, gemía como una loca, muy necesitada de verga. Toño se aferraba de mis nalgas y bombeaba con mayor fuerza, hasta que ambos alcanzamos juntos el clímax, gritando como si fuéramos víctimas de torturas, mi hermano estalló adentro. Nos dejamos caer sobre el sofá, respirando con pesadez, a causa de la faena, bañados en sudor. Me puse de pie y tome el vestido que yacía sobre la alfombra. Me iré a dar una ducha, podemos festejar la navidad, les guiñe un ojo y me marche desnuda a bañarme.

    El abrir de aquella puerta hizo que abriera de mis ojos y al ver que se trataba de mi madre me quede pasmada, paralizada, mas ella me pregunto “¿Estas bien hija?”. Me llevo un instante responder “si, si mamá”, mire mi cuerpo y todo aquello había sido un simple sueño. “Hija Valery despierta dormilona hay que ir a comprar los obsequios, necesito que tú y Toño ya que tu padre y hermanos están descansando”. Para mi mala fortuna esa noticia simplemente no me agradaba, hubiera querido seguir en aquel sueño para disfrutar de mi perversa mente.

    Llegamos a una plaza comercial ahí mi hermano se sentó en una banca mientras mi madre y yo veíamos en las boutique, al mirar mi reflejo en el vidrio, observo que mi hermano me observaba muy detenidamente y no era para menos, pues mi suculento trasero apenas estaba cubierto por unas finas mallas negras ajustadas, señal de que se me miraba un impresionante culazo; gire mi cuerpo para quedar de perfil y ver por mis propio ojos y en verdad era un perfecto, redondo, macizo y levantado culazo. ¡Una delicia de culo! Diría yo, solo cubierto por la fina tela de las mallas, parecía que no llevaba nada debajo, que no llevaba bragas, pero si observaba bien se podía observar un fino y sucinto tanga que salía ligeramente por la parte superior de mis dos nalgas, perdiéndose lascivo entre ellas y uniéndose en la cintura.

    Seguimos buscando de aquellos regalos y en las siguientes tiendas mi hermano no dejo de mirarme el culo y las piernas, aunque más disimuladamente pues mi atuendo no pasaba desapercibido, pues llevaba un abrigo de piel que me llegaba hasta la cintura, unas mallas negras y unas botas altas con tacón, de forma que resaltaban además de mis hermosas y torneadas piernas, mi culo redondo, macizo y respingón. Lo cierto es que mi hermano no solo era el único macho que pareciera estar en celo, varios hombres de todas las edades me miraban lascivamente, sus miradas llenas de lujuria, miradas impúdicas que eran presas de mi belleza.

    Ambos cargábamos las compras, nos dirigimos al auto y nos dispusimos a regresar, durante el camino decidimos pasar al tianguis para comprar para la cena, a nuestro paso encontramos puestos de ropa, ahí me percate que un señor de más menos unos 50 años, disimuladamente también echaba un vistazo a las prendas y ocasionalmente restregaba la parte frontal de su pantalón y sus manos con mis nalgas. Voltee de reojo a ver a mi hermano que observaba desde la sombra de la lona aquella escena, me hice la desentendida, lo que provocaba en aquel maduro que estuviera cada vez más cachondo y actuara más osadamente, restregándose cada vez menos disimuladamente en mis ricas nalgas, fue tanto el restregó que de un momento a otro se detuvo, no sé si alcanzo a eyacular, lo cierto es que me dio una sobada a mis nalgas y este se alejó rápido del lugar. El haber permitido que un extraño me acariciara el culo y se frotara contra él, me había excitado, estaba cachonda. Busque con la mirada a mi hermano y al ver que este me sostenía la mirada rehuí a su mirada, intentaba ocultar la lujuria que sentía.

    Hicimos algunas compras y con esa complicidad regresamos a casa de mis tíos que a decir verdad todo era un eterno silencio. Mi tía, mi madre y yo nos apuramos a preparar para la cena de nochebuena y, aunque Toño me observaba con concupiscencia, deseo y lujuria no podía borrar aquella mirada de pasión y deseo de poseerme. El tiempo pasó entre plática, música a bajo volumen y los quehaceres.

    Horas más tarde la casa de los tíos comenzó a tener vida, las risas, la música el ir de un lugar a otro daba alegría pues era un momento de unión y felicidad; fui la última en bajar a la sala, para esa ocasión me había puesto un vestido blanco, y corto, muy corto de una tela liviana, por lo que al bajar una suave brisa que provenía de la ventana levanto el vestido dejando ver mis atributos a vista de los invitados pero seguí con lo que estaba haciendo como si nada hubiera pasado. La velada transcurrió tranquila, entre comida y mucho vino, cerveza y obviamente sidra. Sin duda la mayoría era el centro de atracción y vaya que sí; para colmo, la tela, aparte de liviana era muy traslucida, por lo que seguramente podían adivinar sin mucho esfuerzo lo que llevaba debajo, una diminuta tanga, metida en mi hermoso culito, que a varios sobrinos de mis tíos estaba volviendo locos.

    Llegó la hora de abrir los regalos, de brindar, de la pirotécnica, mientras los niños se entretenían viendo que les había tocado, los hombres seguían tomando, y las mujeres levantábamos la mesa y preparaban todo para después lavar y ordenar. Pensé que esa velada iría para largo pero poco a poco comenzaron a retirarse, mis padres y tíos fueron los primeros en irse a dormir. Ya pasada la medianoche, cerca de la una y media de la madrugada, mi hermano Jesús se retiró aduciendo mucho cansancio, mi hermano Juan Carlos y Toño seguían tomando, sentados mirando los últimos fuegos que atravesaban el oscuro cielo, entre platica veo que ambos se retiraban a la habitación.

    Al ver el trasterio decidí comenzar a lavarlos, pues sinceramente no tenía ganas de levantarme pronto ni mucho menos de hacer quehacer así que comencé a lavar la vajilla, tarareaba un tema, mientras movía mis caderas, de repente me tomaron por la cintura, acerco su cuerpo al mío hasta apoyar su verga en mis nalgas, me paralice por un instante y le preguntó que hacía, el no respondía, solo movía sus manos de arriba hacia abajo acariciando por sobre el vestido mi contorneado cuerpo, estaba dura como piedra, mi respiración lentamente se aceleraba, mi cuerpo se relajaba y cedía a sus caricias. Lentamente mis caderas empezaron a moverse circundando su verga, que para ese momento ya estaba parada y lista para la acción, sus manos bajaron hasta sentir mi piel, y al subir se metieron bajo el vestido hasta llegar a mi tanguita, una de sus manos se dirigió a mi conchita, sobándola sobre la tela, comprobando que ya estaba bastante mojadita; su otra mano tomó mis pechos, su boca besaba mi cuello mientras comenzaba a gemir cada vez más. Mi cuerpo estaba totalmente entregado a ser magreado, besado.

    Nuestras bocas se encontraron y en el mismo instante en que se fundían en un beso apasionado, sus dedos penetraban mi concha húmeda, un gemido de placer inundó la cocina, gemía y besaba con frenesí, enterrando cada vez más mi culo en su verga, que quería salir de su bragueta, pare por completo, le mire fijamente, y lentamente me agache hasta quedar a la altura de su bragueta, abrí el zíper y de un bocado me metí su erecta verga en la boca, mientras se la chupaba lo miraba con una mirada pícara, antes de que acabará, hizo que me levantara, caminamos hacia la mesa de la cocina, donde me recostó. Me beso mientras me quitaba la tanga y una vez que mi intimidad estaba al aire, hundió su cara para que su boca y lengua se deleitaran son mis jugos, aaaahhh, aaaahhhh jugaba con su lengua dentro de mi vulva, después me alzo para liberar mis pechos, su boca besaba mis pezones, volvimos a besarnos y me puso sobre la mesa, en ese instante sabía que se consumaría aquel calenturiento incesto, su verga estaba en la entrada de mi vagina y justo cuando comenzaba abrirse camino escuchamos unos pasos por la escalera. Como pudimos nos arreglamos pero la tanga estaba ahí tirada, la luz de la sala se había encendido, al ver la tanga en la mesa intente alcanzarla pero Toño la tomo y la dejo en la silla, su voz me saco del trance, “¿Qué hacen hijos? Deberían estar durmiendo”, a lo que respondí: “estábamos terminando de lavar la vajilla para que temprano no lo hagamos y descansemos un poco más”. “Ay hija ya descansen solo vine por un poco de agua para tu tío”, tomo un vaso y saco agua del refrigerador, Toño se levantó de la silla y se despidió, intercambiando sonrisas cómplices, mi tía y yo subimos juntos, pero a mitad del primer escalón, “ayyy deje el celular, ahorita te alcanzo”, regrese en busca de mi tanga, no quería comprometerme, esa madrugada en la que creí que sucedería algo más, simplemente no pudo ser.

  • Confesión (Segunda Parte)

    Confesión (Segunda Parte)

    Alguna vez leí que lo mejor que uno puede hacer para olvidar las cosas es el contarlas.

    Nací en el norte de México y ahí he vivido toda mi vida, diremos que mi nombre es Nimi; que es un anagrama de un apodo que tuve mucho tiempo(nada difícil de resolver).

    Hijo único de una enfermera jubilada y el tercero de un vendedor de refacciones automotrices.

    Viví solo con mi ellos dos, mis hermanos con su madre. Al ser el hijo único de mi madre, viví siempre demasiado sobreprotegido no podía salir con los otros niños a jugar a la calle porque mi madre tenía miedo. No pude entrar a un club de tiro deportivo cuando estaba en secundaria porque mi madre tenía miedo que el narco viniera por nosotros al saber tirar.

    No fui a mi viaje de secundaria porque mi madre tuvo miedo. No fui a mi viaje de preparatoria porque mi padre tuvo miedo.

    Muchas de las cosas que no he hecho han sido por miedo de ella.

    Toda mi vida escolar tuve buen promedio, siempre el mejor de mi clase; la primaria la terminé con 93, la secundaria con 95, la preparatoria con 97 y la universidad pues he bajado un poco.

    Recuerdo que mi madre me dijo aquella vez que quise entrar al club de tiro deportivo que lo único que podía hacer era estudiar y estar en la casa.

    Mi peor momento, creo que ha sido la secundaria, fue un tiempo donde era la peor versión de mí, introvertido, callado y tomando en cuenta que jamás he sido alto (1.59 aprox.) pues no era un muy buen partido en ese tiempo.

    Mi máximo sueño cuando estaba en la preparatoria era entrar a la UNAM, quería dejar mi estado, a mis amigos y a mi familia para entrar a la mejor universidad del país.

    Lo preparé bien, tenía más de un año pensando en eso (casi desde que entre a la preparatoria), pero cuando se lo dije, ella me dijo que no porque era demasiado peligroso ir a una ciudad tan grande y solo, mi padre se ofreció a irse conmigo, tenía la oportunidad de pedir un cambio en su trabajo e irse a vivir conmigo, pero ella no lo quiso, por lo que tuve que estudiar en la universidad de mi ciudad la misma carrera que quería en la UNAM, pero no sentía lo mismo y no sé si aún me siento de esa forma.

    La idea que tenía de entrar a una universidad, era el cambiar todo lo que he sido en mi vida, quería ir a algún lugar sin que nadie me conociera, quería saber que es el vivir solo, quizá eso me daría algo que necesitaba y que aún hoy en día no he llegado a descubrir.

    Pero no se pudo.

    Por lo que lloré unas noches en mi cuarto, como lo hice muchas veces en la secundaria cuando me sentía solo, que por desgracia era muy seguido.

    La última vez les dije sobre Ki, la conocí en primer semestre y sentí algo al instante en cuanto la vi y fue creciendo poco a poco conforme avanzaba el semestre y por fin al final del semestre me dice que también siente algo por mí, pero que no podía porque su novio Kevin la había amenazado con suicidarse si lo dejaba. Luego por miedo le pregunté si podía besarla (así es mi miedo) y no me respondió inmediatamente, pero a los minutos ella solo dijo «perdón por hacer esto», luego me beso. Que hermosa experiencia sentí al estar ahí, con mis manos en su cintura y sus manos en mi rostro, fueron los segundos más largos y hermosos que he sentido en mi vida. Luego cada uno tomó su camino. (Esto lo conté en un relato).

    Pero a los 6 meses una amiga y yo nos enteramos que ella podía estar embarazada, por lo que fuimos a visitarla y pues su novio con el que casi me peleo, pero no lo hice por respeto a ella. Y no, no estaba embarazada.

    Durante los 6 meses que ella estuvo lejos así, yo veía mi celular a cada hora esperando un mensaje suyo, que no llegaba.

    Hace un año quiso que volviéramos a hablar (el niño ya había nacido y se llama Dereck), pero después de unos días yo no pude seguir eso, por lo que le dije que no podíamos seguir hablando, la dejé ahí sintiéndome la peor mierda de persona.

    Unos meses después lo volvió a hacer y yo tuve que volver a hacerlo (aunque esa vez estaba un poco ebrio).

    Sé que quizá algunos estén aburridos por esta historia, pero necesitaba escribirla, tal vez algunas pocas personas se sientan identificados con esta historia.

    Gracias a todos

  • Mi adolescencia (Capítulo 48)

    Mi adolescencia (Capítulo 48)

    De repente Iñigo me llamó al móvil para decirme que ya iba camino de mi casa y que en unos 10 minutos estaría en mi portal. No me comentó por teléfono nada acerca de Pilar por lo que supuse que todo fue como la seda y pudo colocar de nuevo toda la ropa en el armario sin que ella se diese cuenta. Nada más verle en mi portal me animé a decirle lo que había estado pensando, es decir, no más fantasías eróticas ni morbosas con la ropa de mis amigas, pero antes de que me diese tiempo a decir eso Iñigo me soltó: “He estado pensando cuál quiero que sea nuestra próxima víctima: Laura”. Eso me desconcertó por completo. No me lo esperaba por nada del mundo y me chocaba muchísimo que Laura supusiese una chica que pudiese atraer a Iñigo ni en su forma de vestir ni en su forma de ser.

    De todas las chicas de la pandilla Laura era la más pequeña de todos nosotras, y era muy tímida, recatada, reprimida y jamás había tonteado con ningún chico. Cierto que era guapilla y algo pija pero rezumaba virginidad por todos los poros y era una chica tan discreta y mojigata que me chocaba que Iñigo tuviese algún interés por ella. Por lo que muy desconcertada le pregunté: “¿Laura? ¿En serio?”. Él me respondió afirmativamente con la cabeza, pero me matizó cómo quería que fuese la fantasía: “Sí, pero esta vez nada de camisas ni nada parecido, quiero que cojas de su armario unas simples braguitas, solo eso”. Eso me descolocó por completo, no hacía más que preguntarme a mi misma ¿qué morbo erótico puede tener Laura para un chico? No comprendía a Iñigo pero a él le veía tan ilusionado que no pude negarme a este encargo tan peculiar, por lo que por última vez accedí a jugar con la ropa de alguna de mis amigas. Eso sí, le dejé muy claro que esta sería la última vez, que se acababan ya para siempre estas fantasías fetichistas. Él accedió, parecía que con el tema de las braguitas de Laura ya había conseguido satisfacer del todo todas las perversiones morbosas fetichistas eróticas que tenía en mente relacionadas con la ropa de mis amigas.

    Por lo que una tarde, estando en casa de Laura, le robe discretamente unas sencillas braguitas blancas de uno de los cajones de su armario. No me gustaba mucho esta nueva fantasía pero puesto que iba a ser la última de todas las fantasías con el tema de mis amigas pues la llevaría a cambio sin rechistar. Por lo que le pregunté a Iñigo cómo quería que me vistiese aparte de con las braguitas y su respuesta me desconcertó mucho pues se limitó a encogerse de hombros y a decirme un simple: “me da igual”. Por lo que no me compliqué mucho y me puse una camiseta de rayas con una falda negra y debajo, claro está, las famosas braguitas de Laura que tanto ponían a Iñigo. Esa tarde quedamos en el chalet y con suma delicadeza y suavidad Iñigo me cogió de la mano y me llevó hacía la cama. Me dijo: “Túmbate, cierra los ojos y, sientas lo que sientas, no los abras. Solo déjate llevar”. Así lo hice. Lo cierto es que con Iñigo fui siempre muy sumisa, con ningún otro chico (ni antes ni después) fui así de sumisa y complaciente, pero no podía negar que él siempre fue especial para mí y que estaba muy enamorada o atontada en esa época por él. Además, a mí también el morbo de las fantasías me gustaba, aunque estas con la ropa de mis amigas no acabaron nunca de gustarme del todo.

    Por lo que me tumbé en la cama, cerré los ojos y me relajé, era en cierto modo como revivir de nuevo la famosa fantasía de hacerme la dormida, solo que para Iñigo tenía el aliciente adicional de llevar puestas unas braguitas de Laura. Con suavidad me levantó la falda y empezó lenta, pausada y hasta yo diría que tímidamente a acariciar mis muslos como si fuese la primera vez que lo hacía. Me trataba como con miedo, como si fuese nuestro primer contacto, como si al ponerme yo las braguitas de Laura fuese igual de virginal, mojigata y reprimida que ella. Y, lo curioso del caso, es que el hecho de que fuera tan despacio me entonó. Me gustó mucho. Pues desde hacía un tiempo mis relaciones sexuales con Iñigo eran ir directamente al grano y que, de repente, me tratara con esa fingida timidez virginal y me acariciase como si fuésemos unos adolescentes que nunca antes han tenido relaciones me motivó y excito de sobremanera. Por lo que sin darme cuenta cuando apenas me rozó por encima de las braguitas me sentí ya sumamente estimulada y excitada. Puede que a él le entonase el fetichismo de la ropa interior, pero a mí me entonó su comportamiento al tratarme y acariciarme así con tanta timidez y delicadeza.

    Iñigo siguió acariciándome las braguitas con esa ternura y timidez tan insólita en él. Caricias suaves, sentidas y muy lentas. Como si saborease el momento de estar acariciando unas braguitas que pertenecían a una chica a la que jamás le habían hecho eso. Cierto que era yo quien llevaba las braguitas de Laura pero, en cierta manera, era como si de un modo fetichista eso me convirtiese en tan virginal y apocada como ella. Lo que más me sorprendió de todo este proceso fue que, en un determinado momento, abrí los ojos e Iñigo no se estaba acariciando a sí mismo, es decir, no solo no se había bajado su pantalón sino que ni tan siquiera se estaba acariciando él por encima de la ropa. Era como si solo quisiera disfrutar y gozar acariciándome a mí. Como si su mayor placer proviniese de restregar esas braguitas blancas contra mi entrepierna. Y, curiosamente, esto me excitó más todavía y sin quererlo solté un pequeño suspiro que sonó a un leve gemido. En esos momentos sus caricias se intensificaron, aunque nunca me llegó a acariciar por dentro de las braguitas, nunca, era como si lo esquivara, como si solo le estuviese permitido por fuera. Lo cual al final me excitó más de lo que pensaba. Y, de repente, de forma totalmente inesperada (sobre todo teniendo en cuenta los pocos minutos que llevaba haciéndomelo) acabé teniendo un pequeño orgasmo y eyaculando en las braguitas.

    Yo fui la primera sorprendida de haber eyaculado así tan pronto. Iñigo también se quedó un poco flipado pero complacido mirándome con satisfacción, como orgulloso del trabajo bien realizado, pero yo, en cambio, me sentí muy avergonzada. Supongo que fue el cocktail de muchas cosas lo que aceleró todo el proceso y que acabase pasando a los pocos minutos. Solo sé que para mí fue una experiencia muy especial y para Iñigo también. Digamos que entre los dos habíamos desvirgado esas braguitas tan inocentes y virginales de Laura. De todos modos esa iba a ser la última vez que íbamos a jugar con la ropa de mis amigas y como broche de oro a estos juegos fantasiosos fetichistas no estuvo nada mal. En el futuro nos esperarían nuevas fantasías también bastante originales y placenteras, pero ya nada relacionadas con mis amigas. Y en parte lo agradecía, porque el fondo me ponía siempre un poco celosa que cierta ropa de mis amigas fuese lo que excitara a Iñigo.