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  • Marielena y Doña Elvira (Parte 6)

    Marielena y Doña Elvira (Parte 6)

    Doña Elvira se habia dado cuenta que su preciosa vecina la tiene completamente obsesionada. Despues de la ultima vez, que junto con el viejo verde de Don Alberto disfrutaron de los encantos de la joven llevandola a la cama y haciendole de todo, no podia dejar de pensar en esa belleza, que ademas tiene un morbo y sensualidad capaz de calentar a cualquiera, hombre o mujer.

    Recordaba con lujuria como Don Alberto penetraba por el culo a la nena mientras a su vez ella le estrujaba las tetas y veia en primera fila como la chica gemia, al principio de dolor y luego de placer mientras el viejo verde le taladraba el culo, ella misma habia tenido un orgasmo lamiendole la espalda a la chica escuchando sus dulces gemidos. Luego que Don Alberto acabara en el interior de la chica ella le habia vuelto a chupar la concha hasta que la muchacha estallo en un grito de placer. Estor recuerdos calentaban a Doña Elvira y se devanaba los sesos pensando en nuevas maneras de disfrutar de esa deseable joven…

    A dos cuadras de la casa de Elvira habia un antro nocturno, una especie de cabaret venido a menos, regenteado por una mujer, Doña Lita que ultimamente se habia quedado sin chicas para los clientes. Elvira penso con lujuria en llevar a su vecinita para ver que pasaba con la joven, imaginarla cogiendo con toda clase de personas, por lo general viejos verdes pero tambien habia mujeres buscando chicas jovenes, enloquecia la mente pervertida de la mujer, sabiendo del morbo y sensualidad de la chica, estaba casi segura que la chica accederia a ir a ese lugar.

    Esa tarde quiso la suerte que la chica reaparecio en su jardin, lindero al de Doña Elvira, tomando sol como siempre lo hacia con los pechos desnudos. Elvira la vio y fue a su encuentro. Le dijo «Como estas preciosa, no queres tomar algo?»

    La chica respondio, en voz baja y con picardia «Ay Doña Elvira, cada vez que me invita a tomar algo terminamos en su cama»

    Doña Elvira sintio ganas de abalanzarse sobre ese monumento y chuparle la concha ahi mismo, se contuvo y le dijo: «Esta vez te invito a tomar algo en un bolichito aca cerca, para hacer algo diferente, te gusta?»

    «Si, me encanta!» dijo entusiasmada ella,» voy adentro y me cambio»

    «Ponete ese lindo uniforme de colegio que tenes, vas a ver como todos te miran» dijo la calenturianta Elvira, que se relamia los labios pensando en lo deliciosa que era en uniforme colegial ese pedazo de mujer.

    «Ay Doña Elvira, pero me van a querer violar» dijo picaramente la chica

    «Si» penso Doña Elvira » Y yo quiero ver como te cogen» siguioi pensando la mujer, que se relamia los labios.

    Al rato reaparecio Marielena ataviada de colegiala y nuevamente Elvira tuvo que contenerse, tenia ganas de besarla en la boca y tocarle los pechos, pero nuevamente se contuvo y dijo «Vamos chiquita, estas preciosa»

    Al llegar al lugar, todavia era de dia y no habia casi gente, solo una mujer muy vieja, mas que doña Elvira, estaba tras un mostrador.

    Cuando llegaron, la vieja mujer no pudo apartar los ojos de la joven con uniforme colegial y se acerco diciendoles «»Aca no pueden entrar menores» dijo comiendose con la mirada las espectaculares piernas de Marielena.

    «La chica es mayor, y puede tomar alcohol, vamos a tomar dos cervezas»

    Mientras se iban a una mesa, Doña Lita, la propietaria no podia dejar de mirar el culo y las piernas de esa pendeja y pensaba que estaria haciendo esa hembra junto a una vieja como la que la acompañaba…

    Cuando Doña Lita les llevo las bebidas a la mesa, Doña Elvira dijo «Que poca gente, crei que iba a estar mas concurrido»

    Doña Lita dijo «Todavia es temprano, pero viene poca gente, nos quedamos sin chicas para entretenr clientes» lo dijo mirando fijamente a la muchacha ataviada en uniforme, bajo su blusa se le adivinaban los pechos y las piernas casi desnudas por lo corto de la pollera, eran infartantes.

    Doña Elvira dijo «no vienen chicas? justo yo le decia a mi sobrina si le gustaria trabajar en un lugar asi, ella esta buscando un trabajo»

    Doña Lita abrio la boca asombrada, con una preciosura como esa se iba a llenar de clientes, incluso mujeres vendrian al saber que una belleza como esa estaba disponible en su «cabaret».

    «Pero la chica quiere trabajar aca? este es un lugar especial, los clientes a veces quieren intimar con las chicas » dijo Doña Lita.

    «Si, me gustaria» dijo la chica mirando a la cara de Doña Lita. La cara de esta mujer era desagradable, surcada por arrugas y con una nariz desproporcionada mas bien parecia una bruja, pero sus ojitos brillaban al ver la delicia de nena que tenia al lado y que le estaba diciendo que queria trabajar alli.

    «»Bueno, pero tendria que verte… mas.de cerca» dijo la afiebrada vieja.

    «Como mas de cerca» dijo con picardia Marielena, que empezaba a darse cuenta de lo caliente que estaba esa vieja «Si estamos bien cerca» agrego risueña la chica.

    «Tengo que verte… desnuda, para ver si servis para esto» Y no pudo reprimir pasarse la lengua por los labios.

    «Bueno» dijo la chica. Marielena sabia lo que vendria, esa mujer no se iba a contentar con verla y se empezo a excitar, como siempre le ocurria cuando presentia una situacion caliente como esa.

    «Veni, vamos adentro asi te puedo ver bien» dijo Doña Lita tomando de un brazo a la muchacha. «Ya vengo, tia» dijo Marielena a Doña Elvira que se moria de ganas de ver como Doña Lita iba a gozar de su chica.

    Siempre llevando de un brazo a Marielena, la dueña del local le dijo a alguien tras el mostrador que se ocupara de atender que ella tenia que hacer «algo» en el fondo.

    Guio a Marielena por un pasillo y luego por un sector donde habia puertas que llevaban a habitaciones, la hizo entrar en una de estas habitaciones.

    Al entrar. Marielena se dio cuenta que esas habitaciones eran donde las «chicas» tenian relaciones con los clientes. Habia una cama como todo mobiliario y una puerta que comunicaba con un pequeño baño.

    Doña Lita, que casi no se podia contener, tomo de la cintura a Marielena y la acerco a la cama. Se puso frente a ella y le dijo:

    «Con ese uniforme de colegio enloqueces a cualquiera, nenita» su voz sonaba enronquecida, cargada de deseo.

    Marielena hizo amague de desabotonarse la blusa pero Doña LIta le dijo «No chiquita, yo quiero desnudarte» y le puso las dos manos sobre los pechos, por encima de la blusa y movio despacio sus dedos apreciando la consistencia de esos jovenes melones. Acerco su cara, y esto no le gusto mucho a Marielena pero lo acepto porque sabia que vendrian cosas mejores, y le busco la boca a la chica.

    Mientras le metia la lengua en la boca, las manos de la vieja empezaron a moverse inquietas por las tetas de Marielena, luego de chuponearla un buen rato desplazo la lengua hacia el cuello de la chica y la chica, como siempre pasaba, sintio gran placer y comenzo a suspirar. Doña Lita dijo: «Te gusta nenita? te voy a chupar por todos lados».

    Las manos de Doña Lita desataron la corbatita colegial de la chica y con lentitud la mujer empezo a desabotonar la blusa, haciendo pausas que enloquecian a Marielena y acariciaba las tetas por encima de la blusa estimulando con pellizcos los pezones de Mariuelena que ya se encontraban duros. Termino de sacarle la blusa y la caliente mujer se zambullo a chuparle las tetas mientras la rodeaba con sus manos la cintura y buscaba acaricierla las nalgas por encima de su corta pollera.

    Por un rato lo unico que se escuchaba eran los chupetones de Doña Lita y los suspiros de placer de Marielena. La chica hacia rato que sentia muy mojada su tanga y estaba deseando que esa mujer le chupara de una vez la concha.

    Por su parte, Doña Lita queria disfrutar lentamente de esa belleza que nunca habia tenido una igual, se fue situando por la espalda de la chica mientras le sobaba los senos sin pausas se frotaba contra las nalgas duras y redondas de Marielena. Se daba perfecta cuenta que la chica disfrutaba de los toqueteos y lamidas que le daba y queria demorarlas lo mas posible.

    Se puso frente a la chica y comenzo a sacarle la pollera, con deliberada lentitud hasta quitarsela del todo. Quedo parada frente a la chica admirando la perfeccion de sus piernas y la excitante tanguita blanca que tapaba su concha.

    Puso sus manos en los muslos de la chica y enmpezo a sobarselos sin pausas mientras le decia «Que piernas tenes pendeja, que buena que estas» Se inclino sobre la muchacha y le paso la lengua por los muslos lo que enloquecia a Marielena que empezo a gemir y decir «Por favor, por favor» lo que interpreto la caliente vieja como un pedido de que le chupara la concha sin mas demora.

    «Veni pendejita» dijo la vieja y la acosto en la cama boca arriba. Sin mas demora le abrio las piernas y probo con su lengua sobre la empapada tanga de Marielena. La chica se retorcia de placer, las manos de Doña Lita la liberaron de su prenda intima, se la saco a los tirones y volvio a sumergirse en la concha de Marielena. La chica sentia que ya se venia cuando las manos de la vieja la tomaron por la cintura y la obligaron a ponerse boca abajo. Esto sorprendio a la chica, pero vio pronto las intenciones de la afiebrada mujer, le puso una almohada bajo su vientre y sus nalgas quedaron bien expuestas. Doña Lita comenzo ahora a pasar la lengua por las nalgas de Marielena, entre las nalgas llegando a su culo y bajaba hacia la concha a fuerza de chupetones y volvia a subir metiendo la lengua profundamente en su hoyo, como si quisiera penetrarselo y nuevamente bajaba hacia la concha y buscaba con deseperacion el clitoris hinchado de Marielena. Varios minutos despues de este salvaje chupeteo, Marielena np pudo contenerse y emitiendo un grito de placer tuvo un orgasmo brutal, convulsionandose de placer… Doña Lita se empezo a frotar contra el culo y las piernas de la chica hasta que su calentura tambien exploto en un imponente orgasmo.

    Despues de unos momentos, Doña Lita le dijo a Marielena

    «Nena, si venis aca todos te van a querer coger, estas buenisima» y agrego «Yo tambien te voy a querer coger»

    «Si» dijo Marielena, «Ya lo se, entonces cuando empiezo?»

  • Con una escort familiar

    Con una escort familiar

    Hacerlo con una sexoservidora a quien ya conoces de “atrás tiempo” tiene sus ventajas.

    Ya te sabes sus pros y sus contras, sabes qué esperar y qué evitar. Además, si ella te tiene confianza, la relación puede ser más amena, pues mientras te la estás agasajando, o ya de plano la estás penetrando, puedes conversar con ella. Una plática así es de lo mejor, enriquece el sexo.

    Y por supuesto que a quien aquí llamaré Tamara vaya que desde hace tiempo la conozco.

    Aunque ya llevaba cuatro años que no la veía en estas condiciones. Y algo había cambiado, puedo señalar.

    Era notorio que su cuerpo se había seguido desarrollando desde la última vez que sexamos; claro, en ese tiempo ella sólo tenía 18, ahora ya estaba entrada en los veintes.

    Y no sé si fue por puro ejercicio, o si era cosa de alguna intervención artificial, pero lo cierto es que había embarnecido. En particular de la cintura para abajo. ¡Puta…!, lo que es del cabuz… ¡Carajo… ahora lo tenía pero si bien sabroso!!!

    (Díganme ustedes, si la vieran pasar, ¿a poco dejarían perder el momento de mirarle la cola?)

    Antes estaba bien, esa colita parada era ya todo un deleite de ver, pero ahora… ¡Uy… tremendo poto que se carga! Y es que es todo un “combo”. Unas nalgotas, unos muslos y unas caderas que… ¡pa’ su mecha! ¡Eso sí que es todo un pedorrón… rón, rón!!!

    No manches, la mera verdad cuando la volví a ver pensé: «Lo que es los pedos se le han de escuchar como sonoros cañonazos…» Digo, por semejante “caja de resonancia”. ¡Por tan tremendo culote que se carga!

    Si antes era ya un deleite de señorita, ahora esas nalgas y piernas le conferían el aire de toda una dama. Una que tenía ante mí (o, más específicamente, tenía las frondosas nalgas de toda una mujer en pleno delante de mi verga). Pese a la diferencia de talla, mi sexo reconoció su cola (incluso con la tela de su vestido y de mi ropa interior de por medio). Se fue poniendo firmes el muy cabrón. Ya quería ser desencapuchado, y yo no se lo iba a negar.

    Luego, a la indicación de: “Pues a darle”, por parte de ella, nuestro encuentro pasó inmediatamente a la cama. Esa actitud un tanto impositiva de parte de ella era nueva para mí. Yo deseaba seguir calentando frente al espejo un rato más, preguntándole sobre sus últimas aventuras, para ponerme al día a la vez que cachondo, sin embargo, lo dejé pasar. Pensé que, después de todo, Tamara ya no era la jovencita preparatoriana del pasado. Aquella con quien había cogido hace cuatro años:

    De hecho, esta vez, me sentí como estar con toda una edecán o modelo profesional. Tenía el físico, el porte, aunque también la actitud. Era evidente que todos estos años dedicados al oficio algo habían dejado en Tamara; de alguna forma le afectaron.

    Después de todo, “el oficio”, le había dado la posibilidad de salir al extranjero y, ahora que regresaba, supongo que venía un tanto enorgullecida. No se lo podía reprochar.

    Qué diferencia con la joven que vi al abrir la puerta aquella primera vez.

    ¿Quién era el más sorprendido de los dos? No lo sé. Afortunadamente supe sobrellevar el impacto de verla ahí parada, frente a mi habitación de hotel. En vez de asustarme y preguntarle algo como: “¡Y tú, ¿qué haces aquí?!” o cerrarle la puerta instintivamente, la invité a pasar.

    Lo menos que me esperaba aquel día era encontrarme con mi propia sobrina en ese hotel.

    Pese a lo extraño de la situación ella ingresó. Debo reconocer que siempre ha sido muy valiente y atrevida.

    Llevaba un vestido azul muy entallado a su fino cuerpo (el mismo de la imagen anterior). Y, dado su estatura y complexión, la hacía ver especialmente delgada y deseable. Tal prenda delineaba muy bien su escueta cintura, y sus pechos que, a pesar de no ser demasiado turgentes, se veían antojables. Además aquella prenda acentuaba sus bonitas nalgas de colegiala (de ese entonces). Su maquillaje la hacía ver un tanto mayor. No hacía mucho que había cumplido los dieciocho, como ya dije.

    Nos quedamos mirando fijamente el uno al otro por un momento que pareció más largo de lo que en realidad fue. Era evidente que con aquella expresión amenazante en su mirada me quería decir algo como: “Si les dices algo a mis papás, yo les cuento que fuiste tú quien me citó aquí”. Así que, sin reprocharle nada, y actuando como si de cualquier otra sexoservidora se tratara, procedí.

    —Tu regalo está sobre el tocador —le dije, señalándole los billetes bajo el cenicero.

    Ella dudó unos segundos, no sabiendo cómo responder, tal vez pensando que aquello podría ser una especie de prueba. Quizás creyó que sólo pretendía ver hasta donde sería capaz de llegar. Pero al final lo tomó.

    —Tres horas —enfaticé, en tono neutro.

    Se quedó un tanto pasmada, al ver que iba en serio. Asintió y comenzó a desnudarse, aunque con cierto nerviosismo. Noté, por medio del reflejo del espejo cercano, que su cara se veía desencajada.

    El marcado silencio se hizo aún más palpable mientras ambos nos quitábamos la ropa. Estábamos de espalda uno del otro, aunque sentados en la misma cama. En ese momento tomé consciencia de que por lo menos llevaría un año dedicándose a eso, pues desde ese tiempo la vi publicada en la página de escorts, de donde tomé sus datos.

    Desde que vi sus fotos me entraron ganas de contratarla, se veía bien jovencita, como a mí me gustan. Delgada y muy antojable.

    La verdad siempre me han gustado las chavitas, y más siendo delgadas (pues dan la sensación de que las puedes partir en dos). Desde hacía años que no me podía dar ese gusto. Hace tiempo te las podías encontrar casi en cualquier casa de citas, pero desde que prohibieron “antros” de esa índole, pues nada.

    En aquellos años de bonanza me pude coger a unas cuantas. La última, una chavita bien menudita aunque con unas tetas bien lindas y una piel muy tersa. Su cuerpo delicado no resistía por mucho tiempo las duras penetradas, y gritaba mucho, pero era perfecto para varias posiciones por su flexibilidad y tamaño. Cargarla no costaba nada, y soltaba unos gemidos que uy… te erizaban la piel.

    Lamentablemente aquella se me desapareció muy rápido. Supongo que algún güey la sacó de trabajar, jejejé. Sería lo más natural.

    Aunque la primera vez con mi sobrina no se compara, tomando en cuenta el morbo implícito. Mi propia sobrina era toda una escort y en tan sólo unos momentos me la almorzaría.

    La chica ya me había hecho agua la boca (por supuesto sin saber que era ella) desde que vi sus fotos en la página de escorts. Claro que no enseñaba su rostro, sólo su bien delineado cuerpo:

    Pero ya con eso se antojaba. Además, me dejé llevar por los buenos comentarios que muchos clientes dejaban allí, donde se anunciaba. La recomendaban mucho. Según sus palabras, la chica lo entregaba todo en la cama; parecía que, además de hacer esto por dinero, lo hacía también por el gusto de coger en sí. Se veía que le encantaba fornicar.

    Tardé en poder concretar la cita pues ella tenía un horario muy saturado, pero, cuando lo hice por fin, le pedí que me hiciera espacio en su apretada agenda (y, por supuesto, en la apretada vagina que, según contaban, ella tenía).

    Cuando terminé de quitarme mis calcetines, quedando sólo en calzón, me levanté de la cama para voltear y mirar a mi sobrina; quien ya sólo vestía brassier, pantaletas y medias. La hija de mi hermano, ahí estaba. Y el muy cabrón me debía unas cuantas. Cuando menos con ella me cobraría el resentimiento.

    La mirada de ella no perdió su actitud amenazante (pese a que ahora se encontraba casi totalmente desnuda) como esperando que al verla así yo me rindiera y le pidiera que parara. Yo, sin embargo, no dije nada y me quedé esperando a que cayera la última de sus prendas.

    Tamara se desabrochó el sostén y se deshizo de él, tras de lo cual también se quitó las pantaletas quedando totalmente desnuda para mí. Por primera vez vi a mi sobrinita ya crecidita en cueros; y estaba de “nomamesss…”

    Debo decir que lo que también me animó a seguir adelante (pese a las posibles consecuencias) fue que ya tenía cierto conocimiento de sus “andadas” desde hacía tiempo, pues su mamá me había confiado algo. No era raro, según ella, que se encontrara condones usados en la habitación de su adorable retoño; prácticamente desde su entrada a la adolescencia; por lo que evidentemente ya desde entonces bien que le ponía. Y su hermana menor iba por el mismo camino; no hacía mucho la había grabado yo mismo en plena acción con un güey que… bueno, eso lo dejo para otro relato.

    Lo que sí puedo añadir aquí, e incluso enfatizar, es que el encanto de estas niñas les viene de herencia. Y es que Leticia, su mamá, si bien no guarda la misma complexión de cuando la conocí allá en su juventud (es decir, ahora es más bien del tipo gordibuena); sí que es bien sexosa (no por nada mi hermano se la parchó dejándola preñada antes de terminar la prepa, jejereje).

    Días antes de encontrarme con mi sobrina yo ya estaba ansioso, pero no tenía lo suficiente para contratar las tres horas que ya me había decidido pactar con ella, así que decidí citarme y desahogarme con mi cuñadita (ex-cuñada en realidad, ya hace años que se separó de mi hermano, y la verdad qué bueno, el muy pendejo no la supo valorar).

    Pues bueno, le pedí que nos viéramos en el Vips habitual y confiaba en disfrutar de sus febriles carnes (que, a decir verdad, no sería la primera vez que me brindara). Durante el almuerzo se desahogó conmigo; contándome sus penas y aflicciones. Ya me había imaginado que tendría que servirle de paño de lágrimas. Y si bien yo quería que se desahogara, pero de otro modo (es decir, sexualmente, claro), tuve la atención de escucharla pues, dado la experiencia, ya sabía que eso me lo sabría bien recompensar en la cama.

    Me platicó de sus hijas que cada vez estaban más rebeldes. La menor no dejaba de faltar a la secundaria para irse a conciertos con su novio, y la mayor ya había abandonado de plano la idea de estudiar una licenciatura. Según su mamá, aquella creía que sólo por su belleza conseguiría el éxito en la vida.

    Para mí, el actuar de sus hijas era de lo más lógico, luego de haberlas dejado de chicas bajo la tutela de mi hermano, un total desobligado cuya calidad como padre dejaba mucho que desear. El muy pendejo, aún ahora, no deja de ser un niñote que se preocupa más por comprar juguetitos, disque de colección, en vez de ocuparse de sus hijas. Así que era lo más natural que salieran así. El muy hijo de nuestra madre, se la pasa todo el día tiradote viendo caricaturas, y eso que ya está cerca de los cuarenta. Pero, si mamá se lo consecuenta, allá ella. Hasta lo deja vivir en su casa, como cabro chico mantenido. Lo cierto es que el imbécil no ha sido más que perjuicio para sus hijas.

    Pero yo no podía decirle eso a Leticia. Echarle en cara que se embarazó de un completo pelmazo no le haría bien en nada. Tenía que darle ánimos y eso hice. Le dije que no se preocupara, que era cosa de la edad y que muy pronto sus hijas madurarían saliendo adelante.

    En fin, después del almuerzo, Lety y yo nos fuimos a coger. Fuimos a un hotel cercano (igualmente, era el habitual) y allí sí que desahogamos nuestros cuerpos. A ella, aunque se volvió a juntar con otro tipo, parece que no la satisfacen como deben y yo pues… bueno, ya tenía ganas de “culear” con mi ex-cuñadita.

    No bien entramos al cuarto, la agarré de sus rollizas nalgas a dos manos. Lety tiene uno de los mejores “atrapamocos” que he conocido.

    Aunque, hoy por hoy, el de su propia hija lo supera:

    (“Esas siéntalas aquí, mamacita” ¿a poco no dan ganas de pedirle eso?)

    De cualquier forma su mami, vistiendo su usual pants, me la sigue poniendo firmes de sólo verla. Masajearle y estrujarle esas carnes de mujer madura es un gran deleite. Se me desbordan de las palmas.

    Así, aún con la ropa puesta, nos besamos y acariciamos por largo rato en aquella habitación de hotel. Dado que ella es la jefa en su trabajo puede llegar a la hora que se le pegue la gana. Siempre tenemos tiempo de sobra.

    Poco después, Lety se dirigió a mi entrepierna y bajó el cierre de mi cremallera, hizo a un lado mi calzón y sacó mi tieso miembro para introducirlo en su cálida boca y darme una de sus expertas mamadas. Ella sí que sabe cómo hacerlo. No por nada digo que su hija le heredó en habilidad.

    Mamó y mamó; succionó cual becerro a vaca. A diferentes ritmos, me lamió desde los testículos hasta el glande dejándome bien bañado de su saliva. Volteé hacia el espejo y fue inevitable preguntarme (como en otras ocasiones): ¿por qué el pelmazo de mi hermano dejó ir a una mujer como esa? Se tenía que ser muy pero que muy pendejo para hacer cosa así. Y es que, después de unos años, quiso suplantarla con una señora sobrada en carnes y pasada en años, que pronto también lo dejó al darse cuenta de lo holgazán que era.

    Bien pues, días más tarde de aquel encuentro con Leticia, también miraba hacia un espejo. Pero esa vez el reflejo que me devolvía era el mío con una jovencita completamente desnuda sobre mí, y que, además, era la hija de Leticia («ufff… si lo supiera su madre»).

    No podía creerlo, en tan sólo unos instantes más le enterraría el mismo miembro que ha hecho gozar a su madre antes que a ella. Madre e hija ensartadas por el mismo miembro, aunque en distintas ocasiones. Esa perversión me excitaba mucho.

    Tamara se desenvolvía como si las facultades de mi ex cuñada le hubiesen sido heredadas. En ese momento la tuve sentada a horcajadas sobre una de mis piernas al mismo tiempo que me brindabaun habilidoso servicio oral.

    Sentirla totalmente desnuda sobre mí fue una sensación deliciosa, como nunca antes sentí. Pude percibir la frescura de sus labios vaginales encima de mi pierna, mientras que mi pene se bañaba dentro de su húmeda y cálida boquita.

    Siendo succionado por una boca más joven pero igual de habilidosa que la de su madre, supe que aquella pericia no sólo provenía de tal legado. Sus habilidades, notablemente desenvueltas, seguro que han sido pulidas por varias sesiones de sexo, pero no sólo con clientes, sino también con amigos y novios, según lo contado por su mamá.

    Bruñendo mi pene firme pero suavemente con una mano, no dejaba de mamar mientras que con la otra acariciaba mis testículos haciéndome leves cosquillas. Sus mejillas se hundían mientras sorbía y sorbía mis fluidos pre-seminales, luego daba lengüetazos que rozaban mi miembro justo en la punta. La chica parecía una excelente sexoservidora.

    Mientras me seguía dando aquel oral tan intenso pensé en su madre, a quien apenas unas semanas antes me había cogido en aquel otro cuarto de hotel, quizás más modesto, pero pagado con su propio dinero. Ella ya no es una chavita como cuando la conocí siendo novia de mi hermano, sin embargo, se sabe mover rico la condenada, y con mucha pasión y lujuria; además, a diferencia de una sexoservidora (como lo es su hija), con ella sí puedo venirme al natural; sin látex de por medio (pues ya hay confianza); cosa que hice esa última vez.

    Y es que tenerla en cuatro, con ese par de suculentas nalgas chocándose por sí mismas en el área púbica, no tiene precio, ni siquiera se comparaba con su retoño (a quien por cierto coloqué en la misma posición, para tener justamente un punto de comparación). La mamá las tiene más de señora, más frondosas, vamos, hay más carne de donde agarrar (bueno eso era en esos días, ahora su hija ya le gana). Tamara, en aquel tiempo, las tenía más macizas que su progenitora, pero no tan voluminosas. Eso sí, siempre han sido preciosas a la vista. Además la textura de su piel es muy suave al tacto. Y lo cierto es que la chiquilla; antes y ahora; aprieta pero si bien chingón.

    Mientras me miraba en el espejo tomaba plena consciencia de lo que estaba haciendo, me estaba chingando a la hija de mi hermano y me encantó.

    Aproveché la posición de perrito para darle unas buenas nalgadas a palma abierta, en honor a su madre. «Tome, por sacarle canas verdes», pensaba mientras se las daba con toda la fuerza que pude. Ella me miró con cierta expresión molesta, pero no se atrevió a decir nada.

    La sujeté tan firmemente como pude para que no se escapara ni de uno solo de mis duros empellones. Es justo decir que Tamara no rechazó mi trato. Supuse que para ese tiempo ya sabía que ganarse el dinero así también tiene su chiste y, pese a lo que la gente cree, no es nada fácil.

    Tras una media hora de mete y saque me la llevé hacia un espejo que daba de piso a techo. Allí ella misma se miraba cómo era penetrada por su tío, jijiji. Posteriormente, sin sacarse el miembro, ella se recargó sobre el espejo del que tomó apoyo para azotarse contra mí. Ahora era ella quien me cogía, al mismo tiempo que nos mirábamos en el reflejo delante de nosotros. La expresión de su rostro era de total lujuria. Tamara me veía como nunca antes lo había hecho.

    Es cierto lo que decían en aquella página de escorts donde se anunciaba, se veía que le encantaba el sexo. «Esto no lo hace sólo por dinero, esto es su genuina vocación», pensé.

    Me salí de ella sólo para darle la vuelta y subirle una pierna a todo lo que daba. Así comprobé su elasticidad, y pude penetrarla viéndola de frente, ya de paso. Ella se abrazó a mí. Parecía como si fuera la primera vez que la miraba. De verdad que era muy bella (doy gracias de que no tenga casi nada del papá pues, sino, imagínense, me hubiera sentido muy mal). La besé. Es deliciosa, de verdad lo único bueno que ha hecho mi hermano en toda su vida.

    Ella relamió sus labios como si disfrutara del sabor de nuestras salivas encontradas. No sé si fue puro “profesionalismo” de su oficio, o si en verdad lo estaba disfrutando, lo cierto es que me prendió verla así.

    De vuelta en la cama, ella me cabalgó mientras la tomaba de su cintura. Volví a ver hacia el espejo y no podía creerlo, me estaba cogiendo a una jovencita que, además, resultaba ser de la familia, jajaja. Nunca había soñado con tal perversión… bueno sí.

    El verla así, tan menuda, me daba ganas de descargar en ella mi furia y justo eso intenté. Tomándola de sus nalgas, mientras ella dejaba descansar su cuerpo sobre el mío, intensifiqué mi bombeo a más no poder.

    Le di unos duros embistes dejándosela ir hasta el profundo fondo de su sexo que, por cierto, estaba bien apretadito… hummm…

    Cuando la miré a la cara me di cuenta de que lo estaba disfrutando. Tal parecía que nació para eso. Es todo un prodigio sexual.

    Tomándola de patas al hombro me la seguí cogiendo. «Felicidades, has hecho una mujer fabulosa en la cama y disfrutable en el sexo, igual a ti», pensé para mis adentros, totalmente agradecido con mi cuñadita.

    Revolcándonos en esa king size, mi sobrina me dio una de las mejores cogidas que me han dado… ufff fue hermoso, y pude guardar recuerdo de ello ya que, gracias a que el espejo estaba delante, sólo bastó incorporarme y tomar mi celular de la mesita cercana para fotografiar esas preciosas nalgas suyas entre las que resbalaba mi pene por en medio.

    Al contemplarla de tal forma no pude más y en unos minutos reventé; deliciosamente por cierto.

    Tras un breve descanso, nos bañamos para reposar un rato. En ese momento ya sentimos confianza entre nosotros y conversamos honestamente.

    Me contó sobre su experiencia como escort y sus planes a futuro. Yo la oí tratando de no juzgarla, después de todo me había brindado uno de los mejores y más dedicados servicios que he disfrutado. Me dio gusto por ella (y por mí… jijiji). Estaba ya muy lejos de la inmadurez de su padre. A sus 18 era más autosuficiente que aquél, gracias a la actividad productiva que realizaba.

    Posteriormente a la plática, por medio de diversas posturas, ella me siguió demostrando su profesionalismo. Lo que, sumado a un hermoso cuerpo, hoy por hoy le asegura una amplia cartera de clientes.

    Gracias por darle la crianza que la encauzó a ser el placer de muchos hombres dichosos.

    FIN

  • Trío con mi mujer y su amiga (VI)

    Trío con mi mujer y su amiga (VI)

    La semana siguiente volvimos a la rutina, trabajo, casa, familia, así día tras día. Llegó el viernes u una hora antes de finalizar mi jornada laboral recibí la llamada de mi mujer, en la que me pedía que no me entretuviera al salir del trabajo y que volviera pronto a casa.

    Normalmente los viernes después de trabajar me paraba a tomar algo con los compañeros, pero ese día estaba intrigado con la llamada de Sara y regresé enseguida. Nada más entrar en la casa mi mujer me recibió con un beso apasionado y húmedo, y me pidió que me fuera a duchar mientras ella preparaba la cena. Entre en la ducha y me relaje bajo el agua mientras pensaba que estaría tramando mi pareja, a los 15 minutos salí del baño y me dirigí al salón, allí no estaba ella, fui a la cocina y tampoco, estaba buscándola cuando oigo que me llama desde el dormitorio, al entrar me quede de piedra, en lo alto de la cama se encontraba Marta con las manos y los pies atados en cruz a la cama y totalmente desnuda, sus ojos vendados, con sus enormes tetas desafiantes y los pezones empitonados y algo colorados, se notaba que habían sido castigados, al tener las piernas abiertas se le veía su coño abierto, rosado jugoso y chorreando, tanto que varias gotas que emanaban del interior de su vagina se deslizaban hasta el agujero de su culo, dejándolo también brillante. Mi mujer a su lado desnuda integral, castigaba a su amiga con un pequeño látigo de tiras, y a su vez le acariciaba con un plumero que tenía en la otra mano.

    Con esa visión mi empalme creció a la misma velocidad que mi excitación, Sara me dijo que me acercara y me entregó el látigo, mientras ella le pasaba el plumero por el interior de sus piernas hasta llegar a sus labios vaginales, no desaproveché la ocasión y tras besar a Sara y de pues a marta, empecé a acariciar a nuestra amiga y ahora esclava con el látigo, y cuando menos lo esperaba le soltaba un golpe con el mismo, de forma suave sin llegar a producirle dolor ni marcas. Sara soltó el plumero y colocándose a mi espalda me empezó a besar el cuello y las orejas, a la vez que sus pezones se clavaban en mi espalda.

    Me incliné hacia delante y pase mi lengua por los pechos de nuestra esclava dejándolos ensalivados, sobre todo su canalillo, quería meter mi polla entre ellos y hacer una cubana, me coloque de rodillas encima de ella y metí mi miembro entre sus tetas, mientras que con las manos las apretaba, mi mujer entre tanto masajeaba el clítoris de su amiga con una mano y en la otra tenía un gran consolador que poco a poco fue introduciéndoselo, Marta al sentirlo abrió la boca para soltar un fuerte gemido, al rato Sara cambio su mano por su lengua, por lo que esos gemidos aumentaron más todavía, yo seguía con mi polla entre sus tetas y ella intentaba chuparla cuando mi capullo asomaba por la parte superior, como estaba a punto de correrme y mi intención era alargar esa sesión de sexo lo máximo posible, me baje de lo alto no si ante ayudar a Marta elevando sus tetas a que ella se comiera sus propios pezones.

    Mi mujer se quitó de su posición, me beso al pasar a mi lado dejándome el sabor de Marta en la boca y siguió su camino hasta entrarse en la boca de su amiga quedando mirando hacia mí. Yo me coloque entre la piernas de Marta la cual tenía en su interior en consolador goma vibrando a máxima potencia, le coloque un gran almohadón debajo de su culo para elevarlo lo más posible, metí mi cabeza entre sus piernas y con mi lengua se la comencé a pasar por su ano, aunque ya estaba húmedo por los jugos que chorreaban de su vagina me quería asegurar. Luego coloque mi polla en su ano y de un solo golpe se la metí hasta el fondo, era una sensación fantástica el sentir la vibraciones del consolador en mi polla, empecé a sacarla casi entera para volver a penetrarla de un golpe seco, de vez en cuando la sacaba del todo para poder observar como su ano se quedaba abierto, dilatado y palpitando. Marta le comía mientras el coño a Sara y esta mientras gemía masajeaba las tetas a la esclava y me besaba a mí. Marta intentaba soltarse de sus ataduras, estaba desesperada por utilizar sus manos, su orgasmo estaba llegando, se tensó, arqueo y chilló, de su coño salió un chorro que parecía más que se estaba orinando que otra cosa, empapando la cama y a mí, pero tanto a mi mujer como a mí nos importó poco que se corriera seguimos castigándola, ella suplicaba que la dejásemos descansar, pero nosotros al contrario aumentamos el ritmo, mi mujer con en consolador en la mano se lo metía y sacaba a marta a un ritmo impresionante y yo intentaba seguirlo con mi polla en su culo, a los pocos segundos Marta volvió a chillar y gemir otro dos orgasmos seguidos le recorrieron su cuerpo, lo habíamos conseguido, habíamos logrado que tuviera un multiorgasmo, marta se quedó rendida, como si estuviera dormida, jadeante y con la cara colorada como un tomate.

    Soltamos a nuestra esclava, lo primero que hizo al ser liberada fue besarme a mí, y darle un azote a mi mujer en su culo que resonó en toda la habitación y le dejo marcada la nalga. Luego nos agradeció el placer que le habíamos dado, ella pensaba que no se podía superar los orgasmos que le habíamos dado la semana pasada, pero según ella lo habíamos conseguido y con creces. Ahora era el turno para mi mujer, y por lo que parecía era Marta la que quería llevar la voz cantante, me obligó a tumbarme boca arriba y a Sara a que me montara con mi polla llenándole la vagina, estaba chorreando, marta se colocó detrás de su culo, lo que mi mujer no sabía y yo si estaba viendo es que esta ya se había colocado el arnés con la polla de goma, me estaba cabalgando cuando al hacerme marta una señas agarre mi mujer la espalda para parar sus botes e inclinarla hacía mí, en esa posición su amiga lo primero que hizo fue lamer la entrada de su culo, Sara gemía se mordía el labio inferior y suplicaba que siguiéramos, de golpe Marta de forma brusca le metió en el culo la polla del arnés, yo note el roce en el interior de la vagina, mi mujer soltó un grito de dolor y sorpresa. Marta y yo comenzamos con el mete saca acompasándonos, a su vez esta acariciaba su espalda para relajarla y cuando menos se lo esperaba le baba un latigazo en sus nalgas, Sara empezó a soltar por su boca insultos y groserías, nos suplicaba que siguiéramos más fuerte, hasta que su orgasmo llegó, fue largo e intenso, pero al igual que antes nosotros lo ignoramos y seguimos con el mismo ritmo, ella suplicaba en un principio que parráramos, pero de forma imprevista y explosiva le llegó otro orgasmo, que la dejo como si se hubiera quedado mareada, teniendo espasmos durante casi un minuto. Yo justo al terminar ella me había corrido en su interior, no lo había disfrutado mucho al estar más atento en conseguir su segundo orgasmo que en el mío, pero la noche no había terminado, al sacarla del interior de la vagina su amiga me la limpio con la lengua. también se puso a limpiarla que se me puso dura de nuevo, se levantó y susurrándome al oído, me dijo que su coño estaba deseando sentir mi leche dentro, la tumbe boca arriba y subiendo sus piernas a mi hombro se la metí hasta los huevos, mi mujer que se estaba recuperando e volvió a sentar en su boca (se estaba volviendo adicta a que se lo comiera su amiga), y a la vez que tenía yo la polla en su interior ella le metió también dos dedos en su vagina, yo no creía que el coño de marta pudiera dilatar tanto, esta gemía y lloraba a la vez, en esta estábamos cuando Sara con los dedos de su mano libre cogió prisionero el clítoris hinchado de marta lo que provoco que esta volviera a estallar y yo le soltara mi leche en el interior, mi orgasmo ahora sí fue descomunal, sintiendo una corriente eléctrica que me recorrió la columna, al salir de su interior mi mujer se comió los restos que quedaban en mi punta mezclados con los de Marta y luego se los intercambiaron con un beso más tierno que apasionado.

    Al rato de estar relajándonos Sara se levantó y la vi coger una cámara de video que tenía puesta grabando durante todo el encuentro y que yo no me había dado cuenta que estaba junto a la tv, la conecto a esta y nos preguntó si queríamos ver la grabación, por supuesto que ambos dijimos que Si, y me rio yo con las películas porno, lo que sucedió a continuación para el próximo relato.

  • Mi viaje a Andahuaylas (Parte 5)

    Mi viaje a Andahuaylas (Parte 5)

    El señor del hospedaje regresó a la recepción luego de lo que le dije «mi tía se está bañando» note en su mirada algo de desconfianza, cerré la puerta de la habitación y estaba en un dilema si decirle que mi tío había llamado o no porque eso significaba se acabará lo que ella estaba por iniciar darme una buena mamada de verga.

    Cuando ella salió del baño preguntó quién había tocado le dije que era el señor de la recepción que preguntó por ella y como le dije que estaba ocupada volvería luego, como sabía que tenía sólo una hora tenía que apurar la situación para volver a cogerla y me abalancé sobre ella quitándole la bata de baño que se había puesto.

    – Ay Manuelito detente vamos cálmate no seas brusco…

    La lleve a la cama más cercana y rápidamente me quité toda la ropa ahora si estábamos los dos desnudos ella me dijo que porque el apuro si podíamos hacerlo más despacio ya que no tenía experiencia a las mujeres demoraban más en calentarse pero como lo había hecho desde que empecé con ella no hice caso y la echo sobre el borde de la cama boca abajo…

    Estaban a mi disposición esas dos nalgotas de mi tía que eran el deseo de varios de los hombres en la familia cuando se hacían las fiestas incluyendo a mi papá por las miradas que le daban y yo era el único afortunado que los disfrutaría así que metí en medio mi verga totalmente erecta buscando su caliente chucha.

    – Ayy… despacito no seas bruto papito. Así que rico se siente entrar todito Ahh… ahhh

    Ella estaba bien lubricada y caliente y mis manos se posaron en su cintura y comenzó el mete y saca sus nalgotas saltaban a cada embestida que le daba ella volteaba la cara para verme como me la estaba cachando y su boca soltaba leves gemidos.

    -, Así así así que rápido aprendes mi hombre. ahhh ahhh cáchame así bien ricoooo ahh

    Ahora no estaba borracha mi tía sino bien arrecha y sus palabras me motivaba a darle más fuerte las embestidas le di algunas nalgadas que la hicieron saltar poniéndose rojas rápidamente sus enormes cachetes mientras seguía penetrando esa caliente y mojada vagina.

    Con la luz del día que entraba a la habitación por la ventana era mucho mejor la imagen de mi tía siendo cogida y ahora tenía en mi cabeza la idea de disfrutar de su culo y sabiendo que no dispongo de mucho tiempo metí mis dedos a su deliciosa vagina que estaba mojada y esa lubricación la usó en su ano cuando metí un dedo y luego dos varias veces hasta que supuse qué estaba listo para recibir mi verga.

    Fui metiendo primero el glande y poco a poco entrando hasta qué tenía toda la cabeza adentro qué rico se sentía bien apretado y de ahí para adelante lo metí de un sólo empujón ella mordió una almohada para no gritar y ser escuchados, no era su primera vez ya se la habían cachado por el culo de seguro otro que no era mi tío y eso me quitaba en algo el sentimiento de culpa hacia él.

    – Qué rico culo tienes tía bien apretadito ahora si estoy gozando por completo de tu cuerpo… Te gusta así como lo tienes todo adentro?

    -Siii papito me gusta que me cachen así… no me digas tía ahora soy tu mujer y tú mi cachero uff uffff

    Bien sujeta de las anchas caderas de mi tía empiezo a cabalgar sobre ella entierra la cabeza en la cama y levanta más el culo su esfínter ya había cedido al diámetro y tamaño del pedazo de carne que invadía sus entrañas.

    – Aggg aggg así no te detengas papito Qué ricoo. Ya eres todo un hombre

    -Siii Roxana gracias Ahh nunca voy a olvidar este día.

    Siento que mis músculos se contraen en todo mi cuerpo antes de llegar a experimentar un placer especial de coger por primera vez un culo de una mujer y más siendo mi tía y llegó al clímax y mojó todo su cavidad anal de semen y ella también contrajo más las paredes de su esfínter y llegó a soltar un grito que lo apagó cubriendo su boca con la almohada

    – Ayy Papitooo Aggg

    Caí agitado y sudoroso al lado de ella en la cama y la abracé su respiración estaba acelerada luego de unos cinco minutos ahí le digo que mi tío había llamado se levantó al instante y fue a ver su celular y con todo lo sucedido durante el día no se había dado cuenta que estaba apagado por falta de batería.

    Se vistió rápidamente y fue a recepción luego de un rato regreso, cuando le pregunté qué había pasado me llamo la atención porque no le había dicho antes de la llamada le dije que no quería malograr ese momento especial junto a ella…

    – Pero tenemos que tener cuidado recuerda que en este hospedaje lo conocen a tu tío entiendes?

    Pedí disculpas y la abracé fuerte por detrás diciendo que tenía razón fui un estúpido y me dejé llevar por el momento, ya calmada me dijo que el señor Miguel así se llamaba el dueño del hospedaje lo había llamado cuando se enteró del problema con los borrachos y luego cuando mi tío la llamó a su celular estaba apagado…

    Como mi tío le creía todo lo que ella le decía ahora la iba conociendo mejor era toda una puta cuantas veces lo habría hecho cachudo, bueno volviendo a la narración le dijo que con todo el problema su celular se había perdido pero que no se preocupen en Lima porque los dos estábamos bien y yo me había comportado como todo un hombre junto a ella y había sido su héroe y que debía llamarlo busqué mi celular y hablé con él.

    Luego de narrar la misma historia me dijo que él estaba muy agradecido conmigo y cuando volviera me daría las gracias personalmente.

    -Tío no se preocupe era mi deber como hombre Ud. me dijo que cuide de ella hice eso y lo volveré hacer las veces que sea necesario

    -Gracias Manuel ya no te diré más Manuelito porque tu tía me ha dicho que te comportaste como todo un hombre. Ah tu mamá me dijo que la llamarás para saber que estabas bien.

    Luego llame a mi mamá me hizo varias preguntas y si mi tía tenía algo de culpa dije que no me dio su bendición y corte la llamada, ya en la tarde alistamos nuestro equipaje y nos despedimos de don Miguel aunque note en su mirada algo raro cuando nos veía.

    Ya en el bus de regresó le cuento de la forma en que nos miraba don Miguel me dijo que no había de que preocuparse ella lo solucionaba, eso me hizo pensar que quizás también tuvo que ver algo con él cada vez me daba cuenta de lo que hacía era toda una puta caliente.

    Cuando eran las dos de la mañana y todos los demás pasajeros dormían me bajé el cierre del pantalón y saqué mi verga bien dura y desperté a mi tía Roxana y le dije que terminé lo que don Miguel había interrumpido cuando tocó la puerta.

    -Estás loco Manuel acá no alguien se puede dar cuenta. Noo

    Pero yo sabía que cuando decía no en el fondo también lo quería, además ya no tenía ningún respeto hacia ella éramos otros los que regresaban a Lima la cogí de la cabeza y se la bajé hacia mi verga al comienzo hizo algo de resistencia pero cuando su nariz tocó el glande rojo e hinchado abrió la boca y empezó a darle de lenguazos como lo perra que era y se lo fue tragando de a poco hasta que llegó hasta la base del pene.

    Subía y bajaba esa boca golosa hasta tener algunas arcadas pero eso no la detenía en seguir chupando su pinga como le encantaba sentirlo dentro hasta llegar a tragarlo todo cuando sentí que llegaba al clímax sujete su cabeza fuerte y eyacule todo mi leche caliente en su boca que trago por completo.

    Luego se limpió con unas toallas húmedas que sacó de su cartera y volvió a dormir yo también hice lo mismo y ahora pensaba que esto recién empezaba con mi tía Roxana.

  • Iniciando al hijo de mi amiga (Parte 1)

    Iniciando al hijo de mi amiga (Parte 1)

    Mi vida cambió mucho cuando me separé, no solo sexualmente sino laboralmente ya que había vuelto a la docencia, había conseguido trabajo en dos escuelas dando clases de Literatura. Para fines de diciembre nos fuimos con mi hijo y mis padres a pasar las fiestas de Navidad y Año Nuevo con ellos y luego el 10 de enero yo viajaría a Mendoza donde vivía una amiga mía a quien no veía desde hacía 5 años, pensé que mi hijo me acompañaría pero prefirió quedarse con sus abuelos y primos. Así que ese día viajé hacia Mendoza. Sabrina mi amiga, se fue a vivir allá por prescripción médica.

    En el aeropuerto me estaba esperando Sabrina, al vernos nos fundimos en un abrazo, como si nadie estuviese a nuestro alrededor, luego de algunos minutos, ella dijo:

    S- Te acordás de Leonardo?

    C- Por supuesto que me acuerdo, pero en estos 5 años cambió muchísimo si me lo cruzaba no lo hubiese reconocido.

    Lo abrase y lo besé, fuimos hacia el estacionamiento, Leo gentilmente llevaba mi valija. Ellos Vivian en General San Martín a unos 40 km de la ciudad de Mendoza, un lugar muy tranquilo. Llegamos a la casa, Sabrina había enviudado hacia 7 años y no volvió a formar pareja, tenía un negocio de venta de artesanía en la ciudad de Mendoza. La casa era muy bonita con varias habitaciones, las que estaban en la planta alta, yo me instale en una de ellas, luego de acomodar mis cosas bajé.

    Hablamos un rato nos contamos nuestras cosas, y ella lamento que hubiese venido sola, ya que le hubiese gustado ver a Juan Pablo. Como buena charla entre amigas que hace tiempo no se ven charlamos varias horas, nos contamos todo. Tanto Sabrina como yo estábamos felices por vernos, después de tantos años. Ya había oscurecido cuando llegó Leo que había ido a atender el negocio.

    Leonardo había cambiado mucho, era un verdadero bomboncito 1,82 m., 18 añitos, cabello suelto larguito de color castaño, ojos marrones, bonito de cara, cuerpo trabajado en el gimnasio, apetecible como hombre, y bastante tímido, se sonrojaba por todo, y muy reservado, había que sacarle las cosas con tirabuzón.

    Sabrina se había ido a duchar porque íbamos a cenar a un restaurante. Yo estaba sentada en un sillón con una pollerita corta ajustadita de color amarillo y una remera escotada de color negro por el que asomaban las nacientes de mis senos de finos breteles, y en un momento sentí como que Leo me observaba, tomé una revista me puse a leerla, y me cruce de piernas, mi pollera apenas podía tapar mis piernas y disimuladamente observé a Leo y noté como sus dulces ojitos me contemplaban.

    Luego fuimos a cenar y volvimos tarde. Al otro día nos fuimos en auto los 3 al negocio, luego de una hora allí, Sabrina le dijo a Leo que tomase el auto y que me hiciese conocer la ciudad, yo llevaba esa mañana mi cabello recogido, una blusa verde agua suelta, pero ajustada, brazos descubiertos, sin breteles y sin hombros, que resaltaban la redondez de mis senos, y un jean en celeste prelavado muy ajustado, en cola y piernas y sin bolsillos, unos zapatos abiertos de taco muy alto en celeste y rosa, con plataforma de corcho. A fuerza de ser sincera, ese jean resaltaba mi cola en forma espectacular. Fuimos en auto a varios lugares, caminamos la ciudad tomada del brazo de Leo, y cuanto más estaba con él más me gustaba, me atraía su timidez, pero de a poquito empezaba a acostumbrase a mi alocada manera de ser. Al mediodía volvimos al negocio de Sabrina para almorzar todos juntos, luego por la tarde me quede ayudando en el negocio, notando varias veces los ojitos de Leo mirándome especialmente mi cola y se notaba cierta turbación cuando estaba cerca mío, no reíamos los 3, yo tome su brazo y bese su mejilla muy cerca de la comisura de sus labios, él se sonrojó y yo le guiñe un ojo.

    Al día siguiente Leo fue solo a atender el negocio, nosotras nos quedamos hablando, la notaba a Sabrina muy nerviosa, como buscando el momento para decirme algo y sucedió.

    Sabrina estaba preocupado por Leo, dio vueltas hasta que dijo que pensaba que era gay… porque había una chica Leticia, a quien Leo me había presentado, que andaba detrás de él, pero él ni bolilla, tiene amigos pero jamás supe de ninguna novia etc. etc.

    Yo intente tranquilizarla diciéndole que nunca me dio pie a creer eso que para mí era muy tímido y que esa timidez desparecía cuando entraba en confianza y que además era muy reservado, y que debía ser esa la razón por la cual nunca le contaba nada, pero que me diese un tiempo…algunos días para poder charlar, meterme en sus pensamientos ver lo que pensaba…y le dije “pero estoy convencida que le gustan las mujeres”

    Por la noche dije sin ninguna intención a Leo que antes de irme debía cumplir con su promesa de hacerme conocer el Lago Carrizal y quedamos que iríamos al otro día, y me preparé para esa circunstancia Un vestidito blanco de crochet, mangas ¾, levemente ajustado corto a mitad de mi pierna y debajo una bikini color rosa, y si bien ocultaba algo se notaba en parte mi bikini.

    Llegamos al lago, el lugar era hermoso, el agua era fría, caminamos por la costa, y yo lo tomé de la mano, sus mejillas enrojecieron un tanto, desayunamos y nos acostamos en la arena, al rato dije:

    C- Me voy a sacar el vestido porque si no voy a tostarme donde el vestido quiera

    Me lo quité, sacudí mis cabellos y como quien no quiere la cosa miré a Leo sus ojos estaban por salirse de sus orbitas, mi bikini en la parte superior ocultaba algo de mis senos, las tazas los cubrían en 2/3, solo una cinta los unía, la parte inferior ocultaba una buena parte pero dejaba algo visible mi cola, yo aproveche el día para charlar con él pero eso paso en el viaje de regreso.

    Leo me confesó que estaba muy enamorado de Leticia, pero que no se animaba a decírselo, porque otras novias que tuvo no le duraron mucho, y no quería que lo mismo le pasase con ella…

    La conversación no continuó pero había avanzado bastante, llegamos al negocio a buscar a Sabrina, pero cuando Leo se fue a dormir le conté de mis avances a mi amiga, diciéndole que mañana esperaba avanzar más, también me enteré que Leticia se iría con los padres al otro día a Córdoba.

    Por la mañana Leo fue a ver a Leticia para despedirse y yo me quedé sola. Leo volvió cerca de las 10 de la mañana, me quede pensando en la conversación con él y no me cerraba que lo de él fuese solo timidez… me cerraba más la idea de la falta de experiencia con chicas…

    Cuando él llegó se encontró con alguien muy sexy… llevaba mi cabello suelto, ojos maquillados, mi boca con un rouge rosa un pequeño top algo suelto con un estampado en flores multicolores que dejaba mi tórax y mi espalda al descubierto, desde unos 5 cm más debajo de mis senos, que marcaba mucho la redondez y la firmeza de ellos pero que visiblemente no los mostraba mucho, y un shorcito de jean blanco, muy corto que al caminar dejaba ver un poco de mis nalgas y llevaba un zapatos abiertos de plataforma alta para compensar la diferencia de altura

    Lo saludé con un beso y dije:

    C- Te extrañe… ¿cuánto tiempo se va?

    L- Vuelve el 30

    C- Bueno ella viene y yo me voy ¿Le dijiste algo?

    L- Si le dije que quería que fuese mi novia

    C- Que te dijo?

    L- Que si…

    C- Bueno… me siento feliz por vos y por tu mami… ella adora a Leticia. Pero a vos no se te nota tan feliz y si lo estas decírselo a tu cara. Mira cuando eras chico, me llamabas tía y me contabas muchas cosas, así que si querés puedo ser tu confidente…

    L- No creo que en esto me puedas ayudar

    C- Estas seguro… creo saber cuál es tu problema… todas y todos pasamos por la misma situación…

    L- No creo

    C- Voy a ser directa con vos para que veas que se cuál es tu problema… vos no debutaste y tenés miedo de lo que pueda pasar entre ustedes en la cama

    Él se quedó entre sorprendido e impávido y tímidamente dijo

    L- si… esta noche tengo que ver a una chica

    C- Te cobra?

    L- Si

    C- Y vos crees que ella te va a enseñar algo? Ella se va a acostar, se va a abrir de piernas y nada más… solo vas a tener sexo… no te va a enseñar nada. Tenés que hacerlo con alguien que te quiera, que le gustes, que te desee, que tenga experiencia, que se vuelva loca por vos…

    L- Donde la voy a encontrar?

    C- La que reúne esas condiciones está sentada a tu lado, muero por estar en la cama con vos, quiero ser tu profesora, te deseo, te amo, muero por vos, acostarme con vos es lo que más deseo en el mundo… salvo que yo no te guste o que sea muy vieja… Quiero que debutes conmigo

    Esa confesión lo dejó impávido, yo lo miraba a los ojos y jugueteaba con mi dedo en su brazo dándole cosquillas y dijo con voz tímida

    L- Que vas a hacer?

    Me acerqué me puse en puntas de pie, le di un pequeño beso en los labios y dije:

    C- Vamos a hacer el amor, te voy a enseñar todo lo que pueda para que hagas feliz a Leticia y para que nunca te olvides de mí

    Me levanté lo tomé de la mano y fuimos a mi habitación, yo estaba muy excitada hacer debutar a Leo hacia vibrar mis fibras más íntimas.

    Llegamos a la habitación, le dije que se acostara y que me dejara hacer las cosas, yo fui al baño, me arregle un poco pinte mis labios y me perfumé

    Me miró y dije girando sobre mi misma:

    C- ¿Te gusto?

    L- Sos hermosa… muy hermosa

    Moviéndome como una gata en celo, fui a su lado, besé su boca y dije:

    C- Te voy a enseñar todo, aprende, relájate y goza

    Abrí mis piernas colocando su cuerpo entre ellas fui en busca de su boca mientras desabrochaba su camisa, mis labios húmedos y suaves besaban los suyos, y mi lengua abrió su boca acariciarlos, abrir su boca para darnos nuestro primer beso de lengua, sus manos tímidamente tomaron mi cintura y nos besamos dulcemente mientras sus manos suavemente recorrían mi cintura, luego mi boca recorrió todo su tórax con besos y chupones, él gimió y yo dije:

    C- Así mi amor haceme sentir tu gozo quiere que disfrutes este momento

    Me senté sobre su vientre y note en mi cola el bulto de su pene erguido, me incorpore y quite sus pantalones dejándolo en un slip celeste, antes de volver sobre él, acaricie con mi dedo su bulto firme y por lo que se podía intuir de buenas dimensiones. Leo todavía no se soltaba, a pesar de lo que estaba pasando su timidez y su nerviosismo seguían presente.

    Volví a sentarme sobre él, volví a besar sus labios y dije:

    C- Te amo… te deseo… sos hermoso

    Me incorporé, tomé mi top y lo retiré de mi cuerpo dejando mis senos al descubierto, tome sus manos y los llevé a mis pechos, sentir sus manos suaves en ellos me hizo estremecer y entonces dijo:

    L- Puedo besarlos?

    C- Podes hacer lo que quieras con ellos, ahora son tuyos, te pertenecen, a partir de ahora sos el dueño de todo mi cuerpo…

    Me acosté en la cama, los avarició, los lamió y los besó, su lengua lamia mis pezones haciendo círculos en mis senos, mis pezones estaban erectos y dolían, mi mano incursionó bajo su slip y acaricio su pene hinchado y húmedo, sentí que la hora de que su pene sintiese los mimos de mi boca había llegado, no quería que su semen se desperdiciase.

    Bajé por su tórax, besando y lamiendo su pecho y al llegar a su cintura baje su slip que él terminó de retirar, su pene virgen era de excelentes dimensiones, deslice mi lengua por él , bese su glande rojo y lo introduje en mi boca un profundo gemido inundó la habitación, mi boca comenzó a succionarlo, Leo gemía constantemente indudablemente pronto acabaría la sesión fue excitante, era demasiado aguante para un debutante y entre gritos de placer me hizo conocer el final y una infernal descarga de semen inundó mi boca y saboree cada gota de ese cálido semen teniéndolo en mi boca hasta que su pene se calmó y se contrajo.

    Me incorporé y fui al baño a enjuagarme la boca, volví, me quité el short, mi tanguita blanca, me acosté a su lado, me envolvió en sus brazos y nos besamos largos minutos yo estaba extasiada por su dulzura me sentía feliz en sus brazos, pero deseaba más eso era solo el comienzo y ese tierno bebé podía darme mucho.

    Y comencé a excitarlo, con besos, con caricias, con mimos pero enseguida su pene volvió a erguirse y dijo:

    L- En videos vi que a las mujeres le besan y le chupan la concha… puedo

    C- Muero porque lo hagas… no me animé a pedírtelo.

    Se colocó entre mis piernas y acarició mi concha depilada y húmeda y dije:

    C- Esta mojadita por vos porque te desea y porque sabe que pronto va a ser tuya y mía va ser tu virginidad

    Cuando sus manos acariciaron mi concha un profundo gemido nació de mis entrañas, su suavidad me enloqueció, mis piernas temblaban y me sentí transportar a otros mundos cuando su boca besó mi concha, entonces mis dedos la abrieron para que sus besos y su lengüita incursionasen en ella, yo no para de gemir y de gritar y en ese momento sentí mi vagina contraerse en miles de convulsiones, lo traje hacia mí y nos besamos apasionadamente en la boca mientras mi cuerpo seguía convulsionando.

    Su pene estaba erguido totalmente como deseando perder su virginidad y yo estaba excitada como pocas veces, estaba húmeda, deseosa, excitada por tener adentro mío ese bebé y dije:

    C- quiero que me cojas… no aguanto más… te deseo tanto mi amor

    Me acomodé en la cama, abrí mis piernas, tomé su pene suavemente, lo acerqué a mi vagina y dije:

    C- Penétrame despacito, me gusta así deseo tanto sentirte dentro mío, ser la primer mujer en tu vida es lo mejor que me puede pasar, tu virginidad va a ser algo inolvidable en nuestras vidas

    Y empezó a introducir su pene muy despacio y dije jadeando

    C- Así mi amor… dámelo todo… amo este momento

    El gemía y yo empecé a recibir ese pene virgen dentro mío, segundos después lo tenía todo dentro mío, nuestros vientres unidos. Sin sacar su pene de mi vagina cambiamos de posición, tomé el control de la situación y comencé a cabalgar sobre él, sabía que ese momento no podía durar mucho tiempo, era muy joven y primerizo, pronto acabaría, y ese momento llegó, Leo no soportó más, un gemido inundó la habitación y mi vagina fue invadida por un interminable torrente de cálido semen, mientras él no paraba de convulsionarse.

    Me arrojé sobre él y nos dimos un profundo e interminable beso de lengua, yo seguí cabalgando sobre él hasta que mi cuerpo exploto en un interminable orgasmo, y mi vagina no paraba de contraerse.

    Cuando nuestros cuerpos se aquietaron fuimos a ducharnos juntos, aunque eran las 14 hs fuimos a comprar algo para almorzar, unidos, abrazados y besándonos esto era el comienzo de algo hermoso. Yo llevaba, el mismo pequeño y ajustado short pero lleva una camisa blanca con pequeñas rayas en azul sin corpiño, si bien mi camisa era algo holgada se marcaban debajo mis senos.

    Yo estaba sumamente excitada Leo me tomaba de la cintura y sentía que cada segundo que pasaba más lo deseaba quería que volviese a adueñase de mi cuerpo a como dé lugar.

    Almorzamos unos sándwiches y yo comencé a coquetearlo, provocarlo excitarlo y a juguetear, con él para luego salir corriendo, cuando me alcanzó caímos en el jardín, él sobre mi queriendo besarme y yo tratando de impedírselo… yo me revolcaba en el piso intentando salir de esa situación, y aumentando en él sus deseos por mí, pero hubo un momento en el cual una de mis piernas quedo ubicada entre las suyas, en ese momento noté una leve erección en su pene eso me enloqueció y excitó aún más; me seguí revolcado en el piso pero movía mi pierna de manera de obtener una mayor erección de su pene, poco a poco noté como mi objetivo se iba cumpliendo hasta notar una erección infernal lo cual hizo aumentar sobre manera mi deseo.

    No sé de donde saque fuerzas pero en ese movimiento continuo que tenían nuestros cuerpos en el forcejeo pasé yo a quedar sobre él, en ese momento noté que estaba desprendido uno de los botones de mi camisa y como no llevaba corpiño mis senos quedaron visibles, yo estaba completamente agitada y excitada podía desde mi posición ver bajo su pantalón el inconmensurable tamaño de su pene, extendí los brazos de Leo tomándolos de las muñecas acerqué mi cara a la suya y dije con voz agitada y entrecortada algo como:

    C- Estoy caliente, quiero que este dentro mío otra vez

    L- yo también lo deseo

    Deje de presionar sus muñecas, me acosté sobre su cuerpo y le di dos o tres pequeños picos sobre su boca, sus manos se depositaron a la altura de mi cola y nuestros labios se unieron en un prolongado beso de lengua que duro varios minutos.

    Luego nuestras bocas se separaron, y quité mi camisa él llevo sus manos a mis senos acariciándolos y el placer se apodero de mí.

    C- Sentí mis pechos hinchados, te deseo quiero hacer el amor con vos otra vez

    Era un alumno aplicado mi cuerpo vibraba con sus caricias y sus besos hasta arrancar un profundo gemido a mi boca, para luego decir:

    C- Vayamos a la cama quiero ser tuya de nuevo

    Desnudos en la cama, nos besamos apasionadamente, me gustaba estar con Leo, era ardiente pero suave, besé su cuello su tórax mientras acariciaba su pene, luego lo bese y lo lamí y me detuve porque quise que todo su semen estuviese en mi vagina, pero como buena maestra quise enseñarle otras posiciones…

    Me puse en cuatro encima de su cama, él se ubicó detrás mío, a pedido mío me tomó por las caderas y volvió a ensartarme, despacito… suavemente… así como a mí me gusta y empezó con el bombeo dentro de mi conchita que recibía gustosa su viril miembro, hasta entregármelo todo y comenzó a recorrer mi vagina a un ritmo frenético mientras mi boca no para de gemir y entre gemidos decía:

    C- Si así te amo… sos increíble… me volvés loca

    Me sentía en otro mundo, estaba gozando, me sentía pletórica, era hermoso ser la mujer y la maestra de Leo estaba siendo poseída por completo por ese hombre, me hacía sentir tanto placer.

    El vaivén dentro de mi concha era de otro planeta y mis jugos vaginales lubricaban ese momento extremo y decía:

    C-Siiiii… así mi amor… seguí cogiéndome… esto es hermoso… así haceme tu mujer… muero por vos bebé sos increíble

    Detuvo unos instantes sus movimientos, se reclinó sobre mí, beso mi cuello, luego mi boca y dijo:

    L- Te amo Claudia sos hermosa y tierna

    Yo llevé mi cola hacia atrás para sentirla toda dentro de mi vagina. Volvió a tomarme de la cadera y aceleró sus movimientos dentro de mí.

    Luego le dije que quería cambiar de posición que quería volver a montarlo porque quería sentir todo su pene dentro mío, quedé de frente a él, lo bese en los labios y o recosté en la cama y me puse encima de él, pase mi dedo índice por sus labios y dije

    C -Ahora vas a enloquecer de placer

    Acerque su pene a las puertas de mi concha y lo metí muy despacio en mi conchita, sentía como mi vagina se llenaba de su pene y una vez dentro empecé a cabalgarlo.

    L- Seguí así Claudia, muero por vos

    Ver su cara de gozo me hizo calentar más aun aumente el ritmo de penetración, me movía en círculos, hacia adelante y hacia atrás hasta que dijo:

    L- No puedo más Claudia, voy a acabar en cualquier momento

    C- Si acabame… dame toda tu lechita… yo tampoco aguanto más

    Segundos después y casi juntos nuestros cuerpos convulsionaron yo con un interminable orgasmo y él inundando mi vagina de cálido semen, me acosté sobre él y nos besamos ardientemente y nos quedamos acostados besándonos acariciándonos hasta la hora que llegaba su madre.

    A partir de ahí hicimos el amor varias veces todos los días hasta que llegamos al día de la despedida y entonces le entregué algo más de mi cuerpo pero que merece otro capitulo

  • Iniciando al hijo de mi amiga (Parte 2)

    Iniciando al hijo de mi amiga (Parte 2)

    Era mi última noche en Mendoza y a la mañana como Sabrina se quedaría en casa no tendría mi último día de sexo con Leonardo, por la tarde yo volvería a Bs As y el iría a refugiarse en los brazos de Leticia, para mi quedaba el placer que me dio en estos días y esa adorable sensación de ser la primer mujer en su vida.

    Estaba en la cama, pero no me podía dormir, algo en mi había cambiado, me había enamorado de Leo, recordé los días vividos a pleno sexo, el primer beso, su cara cuando me vio desnuda por primera vez, no me podía dormir, me destrozaba no tener una despedida con Leo; al rato golpearon mi puerta era Sabrina, me sorprendió verla, ella ya sabía que su hijo estaba de novio con Leticia y que por supuesto no era gay, entonces Sabrina dijo:

    S- Me voy a la clínica internaron a mi madre y voy a reemplazar a su hermana, pero que ella volvería a media mañana.

    Ella se fue, yo me acurruqué en la cama cuando de pronto aclaré mis ideas, en la otra habitación esta Leo y Sabrina sin saberlo nos estaba regalando nuestra noche de despedida, me levante y me vestí para la ocasión, cabello vaporoso y suelto, un diminuto y transparente babydoll bordó de encaje, abierto en su frente, se veían claramente mis senos una bombacha pequeña del mismo color. Estaba a punto de salir hacia la habitación de Leo, estaba muy excitada, mientras me cambiaba mis pensamientos habían estado a full imaginando una noche de lujuria, placer y sexo en manos en los brazos de Leo y cuando estuve lista fui a su dormitorio.

    Leo dormía plácidamente así que me acerqué a su cama para no hacer ruido. Se encontraba, tan solo cubierto por un bóxer blanco. Debajo de él se pene estaba semi erguido, estaba deseosa de tenerlo en mis labios de saborearlo con mi legua y disfrutarlo dentro de mi boca, deseaba sentir sus manos en mi cuerpo y su pene en mis entrañas.

    Me senté en la cama sin hacer ruido y con mi dedo índice, jugué suavemente con su pene por sobre el bóxer y vi como su pene aumento de tamaño, ahí Leo se despertó sobresaltado, la luz del pasillo iluminaba la habitación y dijo

    L- ¿Qué estás haciendo? Nos pueden ver

    C- Vengo a pasar la noche con vos… tu mamá se fue a cuidar a tu abuela y viene a la mañana, así que nosotros estamos solos…

    L- Estas hermosa con ese babydoll.

    C- Demostrámelo porque te voy a coger toda la noche… pero primero te voy a mamar esa hermosa pija.

    Bajé su bóxer lentamente hasta que su pene asomo victorioso. Humedecí mis labios, ardía de deseos por tenerlo dentro de mi boca y dije:

    C- Soy tu gatita que muere de deseos por saborear tu lechita

    L- Voy a cumplir tus deseos

    Bajé su bóxer empecé a jugar con su pene lamiendo lentamente toda su longitud me apoderé de él desde la base hasta llegar a su glande, bajé por él hasta apoderarme de sus testículos por unos breves segundos. Leo gemía de placer y volví a subir lentamente hacia su glande que esperaba con deseo que mi boca se apoderase de él, esa situación era hermosa me estaba despidiendo de él de manera inolvidable viviendo nuestro último día juntos.

    Mi boca deseosa se apoderó de su pene, sus gemidos eran constantes y su mano se hundía en mis cabellos. Se la chupé con gran deseo, saboreando ese pene virgen hasta hacia una semana, mi boca y mi cuerpo gozaban de su erecto pene, desde mi posición podía ver la carita de gozo de Leo y mirándolo a los ojos dije:

    C- Quiero que esta noche sea inolvidable para ambos y que siempre esté en nuestras mentes como lo más hermoso de nuestras vidas

    L- Nunca te voy a olvidar… es imposible olvidarte…

    Volví a poseer su pene y a lamerlo con deseos inconmensurables, estaba desesperada, quería saborear su semen por completo. Él no paraba de gemir su cuerpo daba señales inequívocas de que el final de ese hermoso acto estaba llegando… y en escasos segundo mi boca se llenó de semen y mi boca absorbió todo sin derramar nada.

    Nos besábamos, nos acariciábamos nos decíamos palabras de amor, en estos días, al menos conmigo Leo había perdido su timidez, y eso me hacía sentir orgullo… y entonces dijo;

    L- Ahora me toca a mí… quiero saborear tu hermosa vagina

    C- Sos el dueño de ella, es toda tuya…

    Leo se colocó entre mis piernas, besó mi concha un par de veces, mi boca emitió pequeños gritos de placer, con sus deditos separó mis labios vaginales y su lengua se apoderó por completo de mi vagina, mi cuerpo se contorsionaba, mi boca gemía y dije:

    C- Siii, ay chiquito me volvés loca… adoro tu lengua, dame más y haceme acabar como nunca…

    Segundos después mi cuerpo convulsionó, interminables contracciones me invadieron y mi vagina se inundó de jugos vaginales y él no abandonó mi vagina hasta ver mi cuerpo aplacado.

    Nos levantamos y fuimos a ducharnos, fue corto, breve ese momento pero lleno de pasión nos besábamos con furia, nos acariciamos manteniendo esa pasión como si aún no hubiésemos empezando, volvimos a la habitación yo subida en él con mis piernas cruzadas en su cintura.

    En la cama los besos las caricias aumentaban constantemente y yo acostada sobre él podía notar como su pene se endurecía, luego lamí y besé su tórax, descendiendo por él hasta que mi boca se apoderó nuevamente de su pene, luego me acomodé en la cama y Leo se apodero con besos, caricias y lamidas de todo mi cuerpo, Leo era un alumno excelente, haría muy feliz a cualquier mujer…

    El momento de penetrarme había llegado, él se puso en posición, su pene jugueteó unos segundos a la puerta de mi vagina, y segundos después estaba dentro mío, una profunda mezcla de alarido y gemido, se apoderó de mi cuando su pene se apoderó de mi vagina entraba y salía de ella con facilidad, luego de unos minutos cambiamos de posición ahora era yo la que lo montaba y lo cabalgaba sintiendo su erguido pene en el fondo de mi vagina, sus manos me tomaban de las caderas acompañando los movimientos, estaba loca tenia deseos de acabar, hacia muchos esfuerzos para contenerme y entonces su boca entre gemidos de placer dijo:

    L- No puedo más pero quiero que acabemos juntos

    C- Si también quiero eso… decime cuando

    Pasaron escasos segundos, su boca con desesperación dijo:

    L- Ahora

    En ese momento nuestros cuerpos estallaron en miles de convulsiones, nuestras bocas se unieron en un profundo beso de lengua y podía sentir su cuerpo sacudiéndose bajo el mío mientras torrentes de cálido y espeso semen se adueñaban de mi vagina, estuvimos así durante largo tiempo, con besos y caricias y con sus manos acariciando y aferrando los cachetes de mi cola y cuando ya nos habíamos aquietado sonó el celular de Leo, su mensaje decía:

    “Todo bien con la abuela vuelvo a eso de las 8 de la mañana”

    C- Que hermoso tenemos aún 4 horas, y sabes que… a modo de despedida y por unos días hermosos e inolvidables en tus brazos quiero darte la última lección… trae aceite, vamos a tener sexo anal mi vida…

    Lo bese, él salió de su habitación en busca de lo pedido, volvió con un pequeña tacita…

    Me acosté en la cama boca abajo y dije, lámeme, bésame, acaríciame mi vagina mi ano, los cachetes de mi cola con todos tus deseos y haceme vibrar hasta que pierda el control de mi cuerpo

    Mi pedido fue cumplido con creces, con besos lengua y caricias se apodero de cada milímetro de mi cuerpo en la zona anal y vaginal, mi cuerpo estaba en otro mundo, Leonardo había llegado a superar con creces mis expectativas, de virgen se había convertido en un espectacular amante…

    Luego acostada sobre el colchón levante mi cola y dije:

    C- Aceita mi año y pone aceite en mi conducto anal… si no te animas, pásame el aceite que lo hago yo

    Primero fue su lengua en mi ano lo que introdujo y dije:

    C- Eso no es aceite…

    L- Dejame saborear esta hermosura un poco más…

    Luego de unos minutos, lubricó mi ano por completo, luego me coloque en cuatro, a pedido mío lo lubricó un poco más. Luego, se colocó detrás de mí me sujeto con ambas manos por las caderas, apoyó su pene en las puertas de mi ano y dije:

    C- Penétrame despacio, como a mí me gusta pero eso hacelo siempre… sino duele…

    Entre los dos colocamos su pene en posición, sabía que me iba a doler un poco porque su pene era de buenas dimensiones y empezó a penetrarme en forma lenta y suave, me dolía un poco pero el placer que sentía era hermoso. Poco a poco, su pene invadía mi conducto anal, así hasta entregármelo todo. Ay por dios era hermoso tenerlo todo dentro de mí.

    A pedido mío y mientras dejaba quieto su pene dentro de mí, sus manos acariciaron y jugaron un poco con mi húmeda vagina, luego de unos instantes volvió a sujetarme por las caderas y empezó a recorrer y taladrar mi ano

    L- Es hermoso tenerte así, es hermoso ser el dueño de una cola muy deseada por todos mis amigos

    C- Que se queden con las ganas, mi cola solo es tuya…

    Su penetración me estaba llevando al mayor de los goces, podía sentir su pene invadiendo todo mi conducto, haciéndome sentir plena, sus recorridas se hicieron cada vez más aceleradas, el gemía sus manos aferraban más fuertes mis caderas y entonces dijo:

    L- No puedo más te voy a acabar

    C- Hacelo quiero sentir tu semen recorriendo, e invadiendo mi cuerpo

    Eso fue como una orden al mismo tiempo nuestros cuerpo estallaron y su cálido semen comenzó a recorrer mi conducto anal.

    Era hermoso Leo se convirtió en un amante perfecto, cada día lo deseaba más, pero ese iba a ser nuestro último día y ya comenzaba a amanecer, pero quedaba un par de horas, lo suficiente para tener otro encuentre vaginal y otra entrega bucal de su semen en mi boca

    Luego cuando llegó Sabrina charlé con ella por supuesto no le dije de lo nuestro, pero si le dije que Leo no era gay y que antes de irse le pidió a Leticia que fuesen novios, así que podía empezar a pensar en ella como nuera porque se amaban mucho.

    Al llegar al aeropuerto aproveche a tener unos minutos a solas con Leo para despedirnos como lo que éramos, amantes deseosos y con promesas de que nunca nos olvidaríamos de esos días de intenso placer

  • Mis últimas experiencias con desconocidos

    Mis últimas experiencias con desconocidos

    Desde hace un par de semanas que tengo el auto en el taller, y me veo obligada a desplazarme en taxis, o en transporte público. En este poco tiempo me sucedieron unas cuantas cosas que me gustaría compartir.

    Ya en mi relato anterior, el cual publiqué hace bastante tiempo (perdón por la demora a quienes prometí seguir compartiendo mis anécdotas), había explicado lo mucho que me atrae el riesgo y las situaciones límites. Esta actitud mía, de coquetear con el peligro, provocaron, hace varios años, que el portero del edificio donde vivía me viole.

    Esa era una de las fantasías más oscuras que tenía. Que alguien me tomé por la fuerza, y aquella vez logré concretarla. Luego, al pasar el tiempo, repetí varias veces esa perversa situación, volviendo locos a los hombres con mis idas y vueltas, hasta que se decidían a poseerme contra mi voluntad. Pero esta vez me voy a referir a lo que sucedió desde principio del mes pasado, hasta el día en que escribo estas líneas.

    Trasladarme hasta el centro para llegar al estudio jurídico donde trabajo siempre fue un caos. Y si cuando lo hago a bordo de la comodidad de mi vehículo con aire acondicionado, ya de por sí es tedioso, ni les cuento ahora que tengo que tomarme el bondi y el subte para ir de acá para allá. Para colmo, ahora que la feria judicial terminó, hay mucho trabajo, y como el cadete no da abasto, muchas de las diligencias debo hacerlas yo, ya que, a pesar de ser la secretaria del estudio, hace pocos meses que empecé, y parece que todavía no terminé de pagar el derecho de piso.

    El lunes de la semana pasada debí quedarme hasta tarde, haciendo llamadas y dando turno a los clientes. Ya eran las siete de la tarde cuando quedé libre. Estaba sola en la oficina, así que decidí asearme en el baño, tomándome mi tiempo. Me gusta salir bonita a donde quiera que voy, así que me maquillé, y me peiné prolijamente.

    Llevaba una pollera negra, elegante, no muy corta, pero sí bastante ceñida a mi cuerpo. Marcaba mi cola como a mí me gusta, y dejaba a la vista mis piernas, las cuales con los tacos altos parecían kilométricas. Decidí quitarme las medias, ya que hacía mucho calor.

    Una vez lista, salí a la calle en dirección a la parada de colectivos.

    A pesar de que la mayoría de las personas andan muy ajetreadas a esas horas, varios hombres se daban vuelta a mirarme, a medida que yo avanzaba por la vereda atestada de personas, y más de un conductor me tocó bocina, y me gritó cosas a las que no les di importancia.

    El colectivo que me llevaba hasta la estación de trenes iba bastante cargado. Hace rato que no viajaba en uno, y me incomodó un poco sentir los olores a perfume, traspiración y gracitud, condensados en un espacio tan pequeño.

    Un caballero me cedió el asiento, lo cual me alagó. Era un hombre que no pasaría de los treinta, con una frondosa barba negra, pelo largo, prolijamente despeinado, y tatuajes en los brazos. Parecía un rock star. Estaba buenísimo. Cuando se dio cuenta que lo miraba me sonrío.

    — Qué calor. — dijo. No fue muy original para comenzar una conversación, pero aun así le seguí la corriente.

    — Sí, está terrible. — comenté. — ¿sos músico? — le pregunté.

    — Sí ¿se nota mucho? — preguntó riendo. —¿Vos venís de laburar?

    — Sí, me gustaría ser una bohemia como vos, pero soy una esclava del capitalismo.

    El tipo rio, mostrando una perfecta dentadura blanca, que resaltaba con hermosura en medio de la oscura barba.

    — No te creas. — Dijo. — de la música no se vive. También tengo que trabajar. Soy barman.

    Ya me estaba haciendo una idea de la personalidad del tipo. Era fachero, y en su trabajo de barman y de músico conseguiría minitas a dos manos, por eso se había animado a hablarme con tanta naturalidad, cosa que la mayoría de los hombres no hacen porque les resulto intimidante. Pero la seguridad a veces va acompañada de una personalidad arrogante, y desdeñosa. Seguramente ese era el caso del rockerito que tenía frente a mí. Pero igual me gustaba, era simpático y estaba muy fuerte.

    — El viernes tocamos en un bar de Palermo. ¿Por qué no vas? Va a estar bueno, van a tocar varias bandas.

    — Creo que voy a estar ocupada… —dije.

    — Te dejo mi número, y si te arrepentís, me llamás.

    — Bueno, dale, decímelo.

    El tipo me dictó su número.

    — Javier. — agregó, para que lo agende.

    — Ana. — me presenté.

    — Ojalá que puedas ir. — me dijo, con una mirada que no reflejaba su interés porque conozca su música, sino que develaba sus verdaderas intenciones.

    De repente me di cuanta de que ya tenía que bajar del colectivo. Me puse de pie, lo saludé y bajé por la puerta trasera, sintiendo cómo me clavaba la mirada.

    No tenía pensado ir a ese bar a escucharlo tocar, pero no estaba de más tener el número de un bomboncito, para cuando lo necesite.

    Fui hasta la estación de trenes. No había hecho ni la mitad del recorrido diario, pero ya estaba agotada. Y pensar que luego debería tomarme otro colectivo más porque mi casa está a quince cuadras de la estación.

    Me subí a un furgón repleto de gente. Se sentía un leve olor a porro, que se alzaba y se mezclaba con los olores a desodorante barato, a cebolla, y a humanidad.

    En la siguiente estación subió más gente y quedé arrinconada entre varios cuerpos, sintiendo un roce constante en todo mi cuerpo.

    No veía la hora de que arreglen mi auto. A bordo de él solo tenía que tolerar el caos del tránsito.

    El contacto de mis caderas y mis nalgas con las de otras personas me parecía de lo más normal. Pero de repente creí sentir que una mano se posaba delicadamente sobre mi nalga.

    Supuse era una persona que, estando en una posición extremadamente incomoda no tenía más remedio que tocarme. Seguramente ni siquiera podría sacar su mano de ahí con libertad. Así que no le di importancia.

    Pero aquella mano que estaba en contacto con mi cola comenzó a moverse sobre mi pollera, dibujando la curva de mi trasero. Me acariciaba suavemente, con la yema de los dedos, recorriendo una pequeña parte de mi glúteo, probablemente creyendo que yo aún ignoraba lo que estaba haciendo.

    No me molestó del todo. De hecho, había quedado calentita con el músico que acababa de conocer, y fantaseaba con que era él el que me manoseaba en medio de una multitud de desconocidos.

    La persona que estaba a mi espalda se sintió con mayor libertad al ver que yo no reaccionaba a sus manoseos, y comenzó a tantearme con menos disimulo. Cuando la puerta del tren se abrió al llegar a la siguiente estación, bajaron dos o tres personas, cosa que hizo que el furgón se descomprimiera levemente. Yo aproveché el pequeño espacio que ahora sobraba para pararme más cómodamente. Me apoyé del pasamanos, y flexioné una pierna, para descansarla, logrando en el acto que mi culo sobresalga.

    Esto fue tomado como una invitación por aquél tipo desubicado, y acto seguido, me pellizcó el culo con fruición, dejando de lado cualquier tipo de disimulo.

    Aun así, todavía estábamos todos apretujados y el resto de la gente no parecía notar lo que me estaba haciendo el sujeto.

    Me contraje, y me moví a la derecha, encontrándome atrapada, sin poder desplazarme más que unos centímetros. Pero en realidad no quería escapar, sólo quería que el tipo crea que no tenía mi consentimiento. Me intrigaba saber hasta dónde llegaba su descaro.

    Por suerte no se amedrentó. Se arrimó más, y apoyó su sexo sobre mí, haciéndome sentir la terrible erección que tenía. Parecía que adentro del pantalón tenía un fierro caliente.

    Continuó con sus caricias impetuosas, mientras me hacía sentir su falo duro. A esas alturas yo misma estaba ya mojada. Me daban ganas de agarrarle la pija para sentirla entre mis manos. Pero no quería arruinar la fantasía. Ni siquiera me di vuelta a mirarle la cara, porque temía decepcionarme. Prefería seguir imaginando que se trataba de Javier, el rockerito que me había invitado al bar. La mano se deslizaba ya con descaro, y sentí el aliento a tabaco del tipo que jadeaba en mi nuca. En un momento levantó unos centímetros mi pollera, y sentí la mano sudada meterse por debajo y acariciar la piel desnuda de mis muslos. Y luego sentí otra cosa que me sorprendió: Mientras una mano me pellizcaba las nalgas y la otra se deslizaba por debajo de mi pollera, una tercera vino a la zaga y también intentaba meterse por debajo.

    Estaba calentita, pero la situación se estaba desbordando. Me removí en mi reducido espacio y me acomodé la pollera, deshaciéndome de las manos intrusas con energía.

    Por fin llegué a mi estación. Me fui hasta la puerta, no sin antes sentir otra vez, cómo varias manos me sobaban el culo, esta vez con mayor desesperación.

    Me mezclé con una marea humana, y a lo lejos escuché que alguien me gritaba.

    — ¡Eh rubia! ¿Cómo te llamás? — lo repitió varias veces. Yo fingí no escuchar. — Estás re buena rubia. — me gritó otra vos. Nunca supe quiénes eran.

    Había quedado más que excitada con los hechos que me habían ocurrido, y me dieron muchas ganas de tener sexo. Normalmente tengo cuidado, y cuando tengo relaciones con desconocidos trato de que sean personas que no me vuelvo a cruzar porque en esta sociedad de mierda, las mujeres que amamos el sexo somos consideradas putas. Pero cuando me pongo tan alzada soy incontrolable. Esa noche necesitaba una pija sí o sí.

    Pensé en llamar a Javier, o algún otro de los tantos tipos que tengo agendado, y que sé que me tienen ganas. En lugar de tomarme otro colectivo fui a la agencia de remis y pedí uno hasta mi casa. Quería llegar lo antes posible. Me masturbaría, y si todavía estaba calentita llamaría a uno de mis chongos. Por suerte había un auto disponible en ese mismo momento.

    — El Ford negro que está ahí afuera. — me indicó la recepcionista, y yo me dirigí a él.

    — Hola. — lo saludé al remisero.

    — Hola. — saludó él. Parecía haber quedado desconcertado por un momento. Seguramente le gustaba mucho lo que veía. — ¿querés sentarte adelante? — Me propuso.

    Se trataba de un cuarentón con algunas canas que le quedaban bastante bien. Los pequeños ojos eran verdes, y parecían sonreír. De físico era bastante imponente: una mole cuadrada que emanaba rudeza.

    En el trayecto no paraba de mirarme las piernas, y las tetas. Me sacó conversación, y yo le contestaba con cortesía. El hombre no tenía ni idea, pero si no decía alguna estupidez enorme, sería su noche de suerte.

    — Está insoportable hoy el día. — dijo.

    Le perdoné su falta de originalidad, porque casi todos eran iguales al principio de una conversación.

    — Sí. — le dije. — debe ser difícil para vos trabajar todo el día en la calle.

    — Uno se acostumbra. Tiene su lado bueno. ¿Venís de trabajar?

    — Sí, se me rompió el auto, tengo que tomarme como tres transportes diferentes para llegar. No doy más.

    — ¿Y para cuándo tenés con el auto?

    —Mínimo una semana me dijo el mecánico. — contesté.

    — Pobrecita. — dijo. — ahora te voy a dar mi número para que me llames directamente a mi cuando necesites un auto.

    Qué rápido entregan sus números telefónicos los hombres, pensé yo.

    — ¿Me vas a hacer descuento? — dije, riendo. Descrucé mis piernas y el perdió su mirada en ellas, hasta que las volví a cruzar.

    — Puede ser. Si me llamás todos los días quizá te haga una promoción.

    — ¿y esa promoción se la hacés a todos tus clientes o sólo a las que les mirás las piernas?

    — Se las hago a las de lindas piernas, y bellas sonrisas, como vos. — dijo el remisero galantemente.

    — Entonces yo quiero doble descuento. Por mis piernas y mi sonrisa. — dije riendo.

    — Si fuese por mí, a una diosa como vos la llevaría a todos lados gratis. Pero tengo que darle un porcentaje a la agencia viste.

    — y además me imagino que le tenés que llevar la plata a tu señora esposa. — dije, señalado con la mirada a su anillo matrimonial, con cierta malicia.

    Él se puso levemente colorado.

    — Que esté casado no quiere decir que me haya convertido en cura.

    Estábamos llegando a mi casa. Me preguntaba si se iba a animar a hacerme algo. Si lo hacía, no me iba a quedar otra que cogérmelo. Estaba ardiendo.

    — Bueno. Esa es mi casa. — dije.

    — Mañana me aseguro de quedar libre a la misma hora para traerte.

    — Mañana no creo que salga a la misma hora. Además, ¿qué te pensás, que me vas a levantar en un par de viajes?

    — La esperanza es lo último que se pierde. — dijo. — Tomá mi número.

    — Creo que mañana voy a viajar en bondi. Hoy tomé remis porque estoy muerta de cansancio nomás.

    — Qué lástima. ¿No te voy a ver más entonces?

    — No creo, además, hoy pedí remis en tu agencia de pura casualidad. Siempre uso otra.

    — ¿Cuál usás? Así voy a pedir trabajo ahí.

    — Bueno, me tengo que ir. — dije, ignorando su último comentario, esperando que me abra la puerta.

    — ¿Te puedo saludar con un beso?

    Me pareció una pregunta tonta. No contesté ni que no ni que sí. Él acercó sus labios, y yo puse la mejilla. Pero me agarró la cara con sus dedos fuertes como tenaza y me hizo girar. Entonces besó mis labios y me dio un chupón. Su lengua se frotó con insistencia en mis labios, hasta que cedí y abrí levemente la boca. Entonces metió la lengua y comenzó a masajear la mía, al mismo tiempo que sus dedos se perdían por debajo de mi pollera.

    — No. Pará. Si ni te conozco. — dije yo, cuando logré apartarme, con dificultad.

    — Ahora no me dejes con la calentura mamita. — dijo. Ya no insistió con besarme, pero su mano avanzaba por mi pierna hasta llegar a mi sexo. — estás toda mojada, chanchita. — dijo, cuando notó mi ropa interior empapada.

    — No, no quiero. — le dije, mirando la desolada calle. En mi cuadra no solía haber mucho movimiento después de las nueve, por suerte.

    — Ah no. A mí las calienta braguetas no me gustan. — me apretó el rostro con los dedos, causándome dolor en las encías y los dientes.

    — Soltame. — dije, como pude. — soltame, no quiero. — repetí, mientras él hacía a un lado mi bombacha e intentaba meter el dedo. Pero yo en el fondo no quería que por nada del mundo me suelte. Las situaciones violentas me ponen como gata en celo. Él pareció darse cuenta.

    — Por algo me estuviste provocando, putita. — dijo, apretándome más fuerte. — esto querías ¿no? — dijo, apoyando su mano en mi nuca, para hacer presión hacia abajo. — esto querías ¿no? — repitió, mientras se bajaba el cierre del pantalón al tiempo que yo me inclinaba a causa de la fuerza que ejercía sobre mi nuca. — Acá tenés lo que querías. — sacó su falo semi flácido, viscoso, y grueso.

    Me encontré con su miembro cara a cara. Despedía un olor fuerte que hizo que mi boca se hiciera agua. Estaba un poco torcido a la izquierda, y yo vi cómo crecía en cámara lenta. Lo agarré, envolviéndolo con mi mano, percibiendo cómo se endurecía. El remisero empujó más hacía abajo, y entonces me comí la verga.

    Rogaba que ningún vecino notara lo que estaba pasando, aunque era improbable. De todas formas, ya era tarde. Yo estaba engolosinada con la pija del remisero. El sabor a verga me puede. Se la chupé, devorándole el glande, y lamiendo el tronco de punta a punta, a través de su piel gruesa, sintiendo cómo me acariciaba el culo y la cabeza mientras lo hacía. Acaricié sus bolas peludas y olorosas, y también le di unos besitos con lengua, sintiendo su textura con mi lengua.

    — Que bien la chupás mi amor. — susurró, y me dio una nalgada.

    Me tragué de nuevo su pija. Me la metí hasta que el glande rozó mi garganta, y de repente sentí un chorro a presión golpear contra mi garganta. Era la eyaculación del remisero. Me hizo atragantar. Me liberé de la pija y comencé a toser y a escupir semen y saliva sobre el piso del auto.

    — Que cerdita linda sos. — dijo el tipo, riendo a carcajadas.

    — No me digas cerda. — le dije, una vez que me recompuse. — decime puta si querés, pero cerda no me gusta.

    Él explotó en otra carcajada y acarició mi cabeza como quien acaricia un cachorro.

    — Que divina que sos. — Dijo. — tomá. — agregó, entregándome un pañuelo descartable. — límpiate la boca que te quedó un poco de leche. — parecía encontrar el hecho jocoso. Luego agarró una pequeña agenda, escribió algo en ella y arrancó la hoja. — Tomá mi número. Me encantó estar con vos. Veámonos otro día.

    — ¿Qué, ya te vas? — le dije. Era un imbécil, pensaba dejarme caliente después de que yo se la chupé hasta hacerlo acabar.

    — Tengo que volver a la agencia.

    — Bueno, andá. Volvé. Pero ni sueñes que te voy a llamar.

    — Estás media loca vos ¿no? — me dijo. Esta vez hablando seriamente.

    — ¡loca tu hermana! — le grité. — Además vos me obligaste ¡hijo de puta! Sos un abusador.

    El remisero, desconcertado, no pudo controlar otra carcajada. De repente me agarró de la cintura y me atrajo hacia él.

    — ¿Qué querés de mi, loca de mierda? — me preguntó con rabia.

    — Que me cojas. — le dije sin vueltas. — ¿Qué te pensás, que las mujeres no necesitamos acabar?

    Se quedó con la boca abierta. Miró la hora en su celular, y pareció sopesar la situación. Agarró el nextel y mandó un aviso.

    — Sí, Mario. — contestó una voz distorsionada del otro lado.

    — Tengo que llevar a la clienta que traje recién a otra parte.

    — Okey. — dijo la voz.

    — Vamos putita. — dijo. Salió del auto. Me abrió la puerta, y me agarró de la muñeca con violencia. — Vamos putita. — repitió. Me llevó casi a rastras hasta la puerta de mi casa. Pude ver algunas miradas curiosas observándonos. No me importaba mucho, y menos en ese momento de euforia, pero esperaba que ninguno de los que nos miraban conozca a la esposa del remisero.

    Entramos a casa. Mario me agarró de la cintura y me levantó como si yo no fuera más que una muñeca. Envolví su cuerpo con mis piernas, e hice movimientos pélvicos frotándome con él.

    — Pará que prendo las luces. — dije, y acto seguido oprimí las llaves y la casa se iluminó. — llévame a la mesa del comedor. Cogeme ahí. — le pedí.

    Mario me llevó cargando hasta el comedor. Yo lo abracé y le di besos en el cuello, y un chupón en la oreja.

    — Que caliente estás mi amor. — dijo. Me puso sobre la mesa. Mis nalgas quedaron apoyadas en la orilla. Mi torso recostado sobre la madera dura. Me quitó la bombacha, y la frotó sobre su mejilla, para luego olerla.

    — Que rico olor a concha. — dijo, y luego tiró la bombacha a un costado.

    Flexioné mis piernas y puse mis rodillas pegadas a mi pecho. Mi sexo era un volcán a punto de estallar. Había largado mucho flujo vaginal y estaba hinchado.

    Mario me miró con deseo. Se desabrochó el cinturón sin apartar la mirada de mí, y me mostró su verga, que ya estaba erecta de nuevo. Apuntó su lanza a mi cueva húmeda.

    — Ponete un forro. — le dije. — yo tengo en mi cartera.

    Él hizo caso omiso a mis palabras, y me ensartó la verga desnuda. Me agarró del pelo, estirándomelo, causándome dolor y miedo.

    — Despacio. — le pedí, pero a él no le importó.

    Me cogió encima de la mesa con violencia. Como yo ya estaba caliente desde hace rato, no tardé en alcanzar mi primer orgasmo en unos minutos. Pero él seguía duro y no dejaba de penetrarme.

    — No acabes adentro, por favor. — le pedí, y como respuesta me arrancó los pelos con más violencia.

    — Te estoy dando lo que querías, puta. — dijo, jadeando, mientras con movimientos pélvicos me introducía su sexo una y otra vez. Luego me agarró de las tetas y las estrujó con fuerza, mientras me embestía.

    Tenía una linda pija: gruesa y resistente. Me hizo acabar de nuevo antes de que él mismo eyaculara encima de mi pollera.

    Me dejó tirada sobre la mesa, exhausta, con mi respiración entre cortada, y se fue en su auto a seguir trabajando.

    Los días siguientes fueron igual de tediosos, aunque menos interesantes. No volví a cruzarme con Javier, el músico, y en el viaje en tren nadie se animó a meterme mano. Mi auto ya estaba listo, pero el mecánico pretendía cobrarme mucho más de lo que imaginé, por lo que tuve que esperar unos días a ver de dónde sacaba plata para pagarle.

    No volví a tomar el remis en donde trabajaba Mario, pero siempre, cuando me dirigía a la parada de colectivos para ir hasta mi casa, pasaba por la agencia, y en varias ocasiones lo vi, sentado en un banco de madera en la vereda del local. Me veía con ansia, y parecía querer seguirme, pero sin animarse a hacerlo. Estaba con varios compañeros, que me miraban embobados, pero por su actitud supuse que Mario se había guardado el secreto de lo que sucedió esa noche, ya que, de habérselos dicho, los tipos seguramente actuarían con cierto desdén, y más descaradamente, ya que me considerarían una chica fácil.

    Cuando llegó el fin de semana me encontré sin ningún plan. Y como la cogida que me pegó Mario ya había pasado hace varios días, andaba necesitada.

    Busqué en el celular a Javier, ese músico barbudo que tanto me había gustado. Lo salude, aclarándole que era la chica que había conocido en el bondi.

    “no viniste ayer” me escribió. “no pude (carita triste)” le puse. “qué lástima. Pero el viernes que viene tocamos en Almagro (carita sonriente) acercate y después del show tomamos algo” ni loca esperaría una semana para verlo. “¿Por qué no te venís a mi casa y me haces un show privado?” Le puse. No me contestó por varios segundos que parecieron eternos. La pantalla del celular mostraba que estaba escribiendo, pero luego no indicaba nada. Así, una y otra vez, hasta que apareció el mensaje. “A la noche no puedo, pero si querés paso en un par de horas” mejor, pensé, mientras antes mejor. Necesitaba desahogarme, el estrés de la semana laboral me tenía de mal humor, y nada mejor que un buen polvo para remediarlo.

    Me puse un corpiño y una diminuta tanga blanca. Y encima un vestido suelto de color azul. Simple pero elegante, y me calcé unas cómodas sandalias. Me miré al espejo. Mi rostro se veía bien. Mi pelo estaba recogido, pero decidí soltarlo.

    El par de horas se convirtieron en tres horas, y no aparecía. Me saca de las casillas la gente impuntual. Pensé en cancelar la cita, y llamar a otro. Quizá a Mario. Pero justo sonó el timbre. Salí a abrirle, y me encontré con que no había venido solo. Junto a él estaba un chico delgado y alto, con el pelo rubio largo, suelto.

    — Hola. — los saludé. Abrí el portón y les di un beso en la mejilla a cada uno.

    — Él es Rama. — Me dijo Javier.

    — Un gusto. — dije yo.

    Ambos traían estuches con guitarras. Me preguntaba si Javier había comprendido que, si lo llamé, en realidad no fue para oírlo tocar. Más bien era yo la que le quería tocar la flauta (jeje).

    Los invité a pasar y tomamos Fernet con coca.

    — ¿De dónde son? — les pregunté.

    — De Villa Devoto. — dijo el rubio, mirándome con hambre.

    — ¿Tocan en la misma banda?

    — Sí, pero también nos conocemos desde hace años, del barrio.

    Continuamos con una charla amena, hasta que comenzaron a tocar y cantar. Javier se veía muy sexy, tocando su guitarra, y su rostro era muy expresivo cuando cantaba. Rama no estaba nada mal tampoco. La canción que cantaban era de su propia creación y no estaba muy buena que digamos, pero tenían lindas voces, y al fin de cuentas, estaban haciendo un pequeño show privado para mí, lo que hacía crecer mi ego.

    — ¿Te gustó? — preguntó Javier cuando terminaron.

    — Si, mucho. — les contesté.

    — Tocamos otra. — dijo rama, tocando los primeros acordes de una canción.

    — ¿No quieren hacer otra cosa mejor? — Les sugerí.

    — Lo que quieras. — Dijo Javier.

    — Primero te hago una pregunta Javier.

    —Decime. —dijo, sonriendo. Se lo veía ansioso.

    — ¿Por qué trajiste a tu amigo? —Dije, mirando a Rama. — ¿Pensaste que soy tan fácil que me voy a acostar con los dos?

    Ellos se miraron desconcertados.

    — Quedate tranquila. Sabemos cómo tratar a una mujer. — Dijo Javier.

    Me gustó que no se anduviera con vueltas.

    — ¿Y ya pensaron en cómo me iban a coger?

    — No lo hablamos en detalle. Preferimos que sea más espontáneo. — Dijo Rama.

    — Bueno, vengan a cogerme espontáneamente. — dije, poniéndome de pie.

    Se acercaron los dos. Javier se puso detrás de mí y apoyó sus manos en mis caderas. Rama me abrazó y me dio un beso muy tierno en los labios. Me di vuelta y busqué los labios de Javier, sintiendo la textura áspera de su barba en mi rostro. Mientras Rama comenzaba a chuparme el cuello. Me da un poco de cosquillas cuando me besan ahí, pero me gusta mucho. Javier me acariciaba las caderas con las yemas de los dedos, y mientras lo hacía, levantaba de a poco el vestido. Una mano sudada se metió por debajo y acarició mi muslo. Era Rama, quien mientras lo hacía, iba dando besos cada vez más abajo, dejando una huella de humedad sobre mi piel. Javier levantó mi vestido hasta dejar a la vista la tanga, y me lo quitó. Se agachó y me dio un mordisco en el culo, para luego sacarme la tanga con los dientes.

    Rama me quitó el corpiño en un movimiento rápido e imperceptible. Me había quedado en tetas sin que me diera cuenta, y él ya estaba presionando el pezón con sus labios, cosa que me causó un placer delicioso.

    Escuché algo liviano caer en el piso. Era la remera de Javier, quien se la había sacado. Giré para mirarlo mientras el otro me seguía saboreando. A pesar de que no era muy corpulento, Javier tenía un lindo físico de músculos marcados. Rama lo imitó y dejó ver su torso desnudo. No tenía pelos en el pecho, y era bastante delgado, casi frágil. Sin embargo, el calor del momento no me permitió decepcionarme. Mientras volvía a comerme las tetas, yo lo ayudé a desabrocharse el cinturón, y le desabotoné el pantalón, y bajé el cierre. Mientras escuchaba cómo Javier se deshacía de sus prendas en un movimiento brusco. Le bajé los calzoncillos a Rama, y apareció la verga delgada y pálida hinchada, pero no del todo erecta. Giré y vi Javier desnudo. De una maraña de abundante vello púbico sobresalía la verga imponente. Era gruesa y de venas marcadas, y la cabeza estaba colorada.

    Agarré ambas pijas con delicadeza y comencé a masajearlas. La de Javier parecía una roca, y la de Rama ya comenzaba a endurecerse más y más.

    Ambos se acercaron y me rodearon con sus cuerpos mientras yo seguía pajeándolos. Sus manos iban de un lado a otro, recorriéndome con deleite. Sentí una lengua experta besando mi cuello, como vampiro sediento de sangre, mientras una mano se internaba en mi sexo y acariciaba mi clítoris al mismo tiempo que masajeaban mis nalgas con ternura. No sabía quién hacía qué, los tres estábamos enredados en una sucesión de besos y caricias, y nuestros cuerpos se confundían uno con otro.

    Embargada por el éxtasis, no tenía noción exacta de dónde estaba, pero de alguna manera, nuestros cuerpos se acomodaron de una forma conveniente sobre el sofá de la sala de estar. Javier había quedado abajo. Me encontré dándole besos a su tórax, chupé su pezón y se lo mordí, a lo que él respondió mordiéndose los labios para no gritar, aunque igual le gustó, porque me pidió que le repita. Mientras recorría su cuerpo con mi lengua, él apuntó su verga y la enterró en mi sexo despacio. Entonces apoyé mis manos en su pecho e hice movimientos pélvicos en perfecta sintonía con los que hacía él mientras me la metía y sacaba.

    Mientras tanto Rama me chupaba la espalda, mientras enterraba un dedo empapado con su propia saliva en mi culo. Ya me imaginaba lo que vendría: una vez que mi ano estuviese lo suficientemente dilatado, me enterraría su verga delgada. Mientras rama jugueteaba pacientemente con mi trasero, yo seguía disfrutando de la verga de Javier, quien se mojaba los labios con su lengua mientras me estrujaba las tetas y daba cortas embestidas contra mi sexo. Le di un beso apasionado y me abracé a él, tenía un rico olor a perfume y transpiración. Olor a macho. Luego me erguí, y me puse en una posición tal que la pija entera se introdujo en mí. Fue en ese momento cuando comencé a sentir al falo de Rama hacerse lugar en mi culo. Me puse en una pose más conveniente para que pudiese meter un pedazo de pija más grande. Lo metió milímetro a milímetro con paciencia y pericia. El sexo anal no es lo que más me gusta, pero aun así lo disfruté.

    Nos quedamos un buen rato uno encima del otro. Los dos adentro mío. La sala de estar se llenó de olor a transpiración y sexo. Acabé con ambos falos adentro de mí, y luego de eso, ellos siguieron erectos un buen rato, metiendo y sacando sus pijas insaciables, hasta que acabaron, ensuciándome la cara y las nalgas con semen.

    Nos quedamos un rato más jugando con nuestros cuerpos, hasta que tuvieron que irse a tocar a ese bar del que me habían hablado. Me insistieron para que vaya, pero no había manera de que me convenzan, ya me habían dado lo que quería, y prefería terminar el día viendo alguna película en soledad.

  • Desde ese día

    Desde ese día

    Durante la clase de Química de primer semestre de preparatoria, eran las 9 am y yo decidí ir al baño pues tenía ganas de ir y pedí permiso. Antes de eso, cuando no llegaba la maestra, yo estaba sentado haciéndome el distraído mientras miraba a mi compañero Jorge, cuerpo grande y bulto grande, eso le miraba, su bulto, en una de esas miradas él se lo agarra y se me queda viendo, yo pensando que me insinuaba algo. Cuando la maestra llego todos se sentaron y antes de que Jorge se sentara paso por mi lugar y paso su mano por mi hombro, fue como una sobada suave, muy cálida y muy excitante.

    Volviendo al principio, fui al baño y después de cerrar la puerta escuche como Jorge pedía permiso para ir al baño y la maestra lo dejo. En el baño yo entre y estaba solo, en eso Jorge entra y se me queda viendo, yo nervioso le quite la mirada de encima, pero él me seguía viendo y me agarro y me metió a un baño, al último y puso mi mano en su miembro, me dijo bájame el pantalón y yo lo hice, quedo en bóxer y yo estaba encantando viéndolo en bóxer. En eso me dijo «Tócame y hazlo rico» y yo lo hice y sentía como su pene se hacía más grande y duro. El toco el mío y yo ya estaba duro. Todo fue muy excitante y rico. No podía con tanto y creo que él tampoco pues sentí que su pene estaba mojado. En eso me besa y se sube su pantalón y me dice «Entra a clases después de mí» y me guiño el ojo. Quedé sorprendido y con los pensamientos en los cielos. Entre a clases y todo normal. Desde ese día me mira más y me pregunta como estoy.

    Al final de clases se fue conmigo y me dijo que un día debería de ir a dormir a su casa.

  • Mis cuernos consensuados (Parte 6)

    Mis cuernos consensuados (Parte 6)

    Mi nombre es Martin, tengo 45 años. Y como ya les conté, estoy casado con Ivana. Ella tiene 40 años, de 1,65cm aprox. y de muy buen físico para su edad, parece de 30… Tiene el cabello largo color castaño oscuro, lindas tetas y una cola tremenda, que pone loco a más de uno.

    Después de lo ocurrido el fin de semana, pasaron unos días y el miércoles Ivi llegó del trabajo y se notaba que estaba encendida. Ni bien me saludó pasó a la habitación y unos minutos después me llamó para que fuese al cuarto. Ni bien entré vi a mi esposa tendida en la cama solo con un portaligas y unas medias tipo red, todo en color blanco…

    Tenía la carita de morbo que ya era habitual en estas ocasiones… se estaba tocando su conchita, que para mi sorpresa, estaba toda depilada… Si bien ella era de arreglarse y mantener sus genitales con poco vello, ahora estaba completamente depilada. Y mientras se tocaba se podía ver claramente el brillo que emanaban sus flujos… De solo verla así, una ola de calor recorrió mi cuerpo y mi miembro empezó a palpitar… Con una voz muy sensual, Ivana me pidió que me acerque:

    —Vení papi!!! Acercate!! Te gusta cómo estoy??

    —Si amor!! Cuando te depilaste así??

    —Hoy!! No había mucho para hacer en la oficina, así que pedí salir antes y me fui a lo de Valeria (era una ex compañera del cole de Ivana, que tiene un centro de belleza y se dedica a estas cosas), te acordás que una vez lo comentó y me dijo que fuese?

    —Si! Pero a vos mucho no te cuadraba la idea… Que te hizo cambiar de parecer?

    Ivi me miró con ojitos pícaros, y mientras me iba desabrochando mi pantalón, me decía:

    —Te cuento! Viste que yo ayer vine un poco más tarde?

    —Si! Estuviste con Mariano?

    —No papi! A Mariano lo mandaron de viaje y vuelve el finde… Pasó que con todo esto, yo también empecé a mirar videítos en mis ratos libres… y hablando con la Vale, me contó los beneficios de la depilación a la hora de tener sexo. Y además me contó que ella también se dedica a vender juguetitos…

    —Naaa!! En serio?

    —Si, papi!! Y no me pude aguantar y compré algo…

    —jajaja! Que compraste? —pregunté.

    Ivana con cara de inocente, giró y sacó de una bolsa que tenía al costado de la cama, un enorme pene rosa, que además de ser tremendamente real, también era vibrador, y era de un tamaño similar al de la pija de Mariano…

    Yo lancé una carcajada y dije:

    —jajajaja! Como estas Ivi!!!

    Ella se lo llevó a la boca y puso una tremenda cara de puta y lamia su nuevo juguete… Yo me saqué toda la ropa y me acosté a su lado y comencé a masajear su clítoris…

    —mmmm! Estas toda mojadita amor…

    —Siii… Te gusta lo que compré? Es para jugar… querés jugar, papi??

    —Si amor!!

    Ivana acomodó su cuerpo y metió mi miembro en su boca… y con su juguete nuevo empezó a acariciar su concha… Era increíble cómo había cambiado su forma de manejar mi pija… en unos minutos me hizo acabar de una forma increíble!!!

    Ella estaba excitadísima y me miraba como pidiendo ayuda. Y yo captando el mensaje, automáticamente le pedí que se recostara y agarrando el juguetito nuevo de mi mujer, comencé a masajear su vagina, logrando que Ivi empiece a gemir como loca…

    —Aaaahh!!! Asiiii papiii!!!

    Cuando introduje un poco ese pene, mi mujer se sacó y empezó con sus juegos…

    —Que ricooo!!! Metela más papiii!!! Parece la de Mariano… Viste papiiii???

    —Si!!! y me parece que te compraste esto para no extrañarla… No??

    —Si papi… métemelo todooo!!!

    Y después de un par de minutos de meter y sacar ese tremendo vibrador, mi esposa tuvo un maravilloso orgasmo…

    Tras unos minutos de descanso, mi esposa comenzó nuevamente con sus caricias, sus besos y sus comentarios morbosos en mi oído…

    —Te gusta el chiche que compré papi???

    —Si… realmente parece una pija de verdad…

    Ivana masajeaba mi miembro, que aún continuaba un poco blando por la reciente acabada en la boca de mi esposa… Ivi seguía con sus juegos y deliberadamente, sus masajes se extendían desde mis genitales a mi ano… No sé de dónde sacó un gel que puso en su dedo y lo frotaba en mi ano, haciendo que mi culo se ponga caliente y se vaya dilatando… Yo estaba mudo y me sentía avergonzado al ver como de a poco se me iba poniendo dura la pija… Ivi, ya manejaba toda la situación, y jugando con su dedo hasta introducirlo, me iba diciendo:

    —mmmm!!! Parece que esto te gusta… mirá como se te puso la pija papi???

    Yo solo atiné a lanzar un gemido… —Aaaaahh!!

    Ivana sonrió y se pegó a mi oído para seguir con su morboso juego…

    —A mi no me engañas cornudito… Yo vi cómo le mirabas la pija a Mariano… Y se notaba que te gusta… mmmm!!! Cierto papi.?? Cierto que te gusta la verga de Mariano???

    Y tras meter y sacar uno, y a veces dos dedos de mi culo, no pude contenerme y exclamé:

    —Aaaahhh!!! Siiii… me gustó ver esa pijaaa… aaaahhh!!!

    Ivi agarró el vibrador con una mano y sin dejar sus masajes con la otra, llevó el consolador a mi boca…

    —Dale papi!! Chupá esto!! Hacé de cuenta que es la pija de Mariano… mmmm!!! Asiiii…!!! —y yo comencé a chupar ese objeto como si fuese una verdadera pija…

    Al cabo de unos minutos de hacer esto y tras escuchar las cosas que decía mi mujer, mi pija no pudo evitar lanzar varios chorros de semen… Ivi sonrió feliz y sacándome el consolador de la boca, se lo fue introduciendo en la concha lanzando gemidos de placer y acelerando el ritmo tras cada estocada llegó nuevamente al orgasmo…

    Luego, sin decirnos nada, nos besamos y nos levantamos a cenar.

    A la mañana siguiente, Ivana me contó que Mariano le había mandado un msj durante la noche, diciendo que la empresa le propuso quedarse un mes en Rosario con un importante sobresueldo, y dadas sus necesidades de dinero, había decidido aceptar la oferta. Yo solo la escuché y no dije nada… Ivi me miró como con tristeza, se puso ropa tranqui y se fue a su trabajo…

    Durante esa mañana, mi esposa me llamó un par de veces. Como no tenía mucho para hacer, me dijo que no paraba de pensar en todo lo vivido este último tiempo. Me dijo que me amaba y que esta situación serviría para charlar del tema, ya que como Raúl no la acosaba y como Mariano no vendría por un tiempo, ella iba a estar más tranquila y podríamos dedicarnos a nuestra pareja. Y si bien yo me puse contento por sus dichos, ni bien corté con Ivi, me dirigí al dormitorio y me hice una tremenda paja pensando en lo vivido la noche anterior.

    Pasaron varios días y durante una cesión de sexo, en medio de toqueteos y masajes de parte de ambos, surgieron nuevamente las charlas morbosas. Ivi me confesó que, más allá de disfrutar de la sensaciones de probar pijas más grandes, lo que más le excitaba eran los juegos morbosos de sentirse adultera, le gustaba sentirse putita y que yo sea su cornudito, le gustaba seducir a un hombre y que este se sienta el más guacho por la mina que se levantó. Yo le dije que a mí también eso era lo que más disfrutaba y le conté que los tipos disfrutan más pensando que se cogen a una putita que cornea a su marido. Y después de estas charlas, yo empecé a preguntarle a Ivi si alguna vez, durante nuestro matrimonio, había tenido alguna aventura. Me dijo que no. Pero más de una vez se había calentado con alguien en especial. Yo intenté varias veces que Ivi me diga quién era, pero ella evitaba responder.

    Después de mucho insistir, ella me explicó que le daba mucha vergüenza contarme, ya que la persona en cuestión era un conocido. Ella me dijo que solo me lo diría si yo prometía no enojarme. Y obviamente yo contesté que no lo haría. Entonces Ivana me confesó que ella se calentaba mucho con Javier!!

    Javier era mi mejor amigo. Es de mi edad y somos amigos de chicos. Javier es morocho aunque ahora está muy canoso, pero se ve que eso atrae mucho a las mujeres. Alto de buen lomo (1,90 aprox.), ojos verde, siempre fue fachero, está divorciado hace años, y aun hoy, de grande, tiene muchísimo levante. Pero además Javier siempre fue tremendamente mujeriego y casi no le quedan amigos porque el muy guacho tuvo historias con casi todas las esposas de sus conocidos. Pero como la relación conmigo es tan cercana y mi esposa siempre fue una mina tranqui, con ella nunca se desubicó. Al menos eso creía yo. Más de una vez, Javier me ha contado que, lo que más disfruta es sacar la puta que todas las minas llevan dentro y hacer que le metan los cuernos a sus maridos. Según mi esposa, hace muchos años, durante un festejo de mi cumpleaños, yo me fui a acostar por efecto del alcohol. Todos habíamos bebido en exceso. Javier y mi esposa se quedaron acomodando luego de que todos se habían ido. Aquella noche Ivana se veía muy sexy ya que tenía puesta una mini muy corta y un top que se usaba en esa época y no era común ver a mi mujer así vestida. Ellos habían estado bailando bastante ya que yo no soy de bailar mucho. cuando quedaron solos Javier medio entonado intentó algo. Yo le pedí a Ivi que me cuente. Y ella con un poco de vergüenza en su voz, comenzó con su relato: —Me da cosa Tincho… pero te voy a contar…

    —Durante la fiesta yo noté que Javi no me sacaba los ojos de encima… Cuando fui al baño escuché a Mariela comentarle a Carla (dos amigas de Ivi) que se había acostado con Javier y que era un demonio en la cama (poco tiempo después Mariela se separó de su esposo y recuerdo que hubo problemas con Javier). Al escuchar esto, no sé porque me puse caliente… y al volver a bailar con Javi, haciéndome la sonsa, varias veces refregué mi cuerpo con el suyo y noté varias veces la dureza de su pija en mi cola… Esto quedó ahí momentáneamente… pero al quedarnos solos, Javier haciéndose el borrachín, me tomó por detrás en la cocina y besándome el cuello y la oreja, me dijo que nunca me había visto tan sexy y atrevida como hoy… Recuerdo que yo solté un leve suspiro y paré la cola para sentir mejor la pija de Javier que estaba durísima… Pero inmediatamente giré y aparté a Javi y le dije que se estaba desubicando… Él me pidió disculpas y me dijo que moría de ganas de hacerme el amor ahí mismo, pero también entendía que eso era una locura y me rogó que no te diga nada…

    Con el relato de Ivi, yo me había puesto como loco… y mi esposa lo sabía y masajeaba mi pene que estaba duro como una roca… y le pregunté:

    —y vos que le dijiste después?? —Me dio ternura lo que me dijo y me acerqué a darle un beso en la mejilla y producto de la calentura que tenía no pude evitar dárselo en la boca. Javier no hizo nada, y yo le dije que esto quedaba acá y nadie se iba a enterar… él sí, me dio un beso en la mejilla y se fue…

    —Y nunca más pasó nada?

    —No amor! Nunca más hasta el año pasado que fuimos a su casa de campo, te acordás?

    —Si!! Que pasó ahí??

    —Durante la tarde mientras vos dormías las siesta, entre birra y birra, le pedí que me ponga bronceador y él con ese pretexto se excedió un poco en la forma de ponerlo y deliberadamente acarició mi cola durante un ratito…

    —Y vos no dijiste nada?

    —No papi… yo cerré los ojos y lo dejé hacer…

    —Y qué pasó?

    —Nada! Él se levantó con un enorme bulto y se tiró a la pileta… y yo me quedé re caliente… Yo no dije nada, él tampoco, y nunca hablamos del tema…

    Ivana se incorporó, se sentó encima de mí y se introdujo mi pene totalmente erecto y me decía:

    —mmmm papiiii!! Estas a mil!!! Aaaaahh!!! No te jode que me caliente Javi?

    —No… Te lo cogerías???

    —Si no fuese tu amigo, si!!! aaahhh!! Me re excita que sea tan hijo de putaaa… aaaaahh!!! —Ivana ya tenia su primer orgasmo y yo volaba de la calentura y decidí seguir con el juego…

    —Si me prometes que nadie se va a enterar de esto, me gustaría que te lo cojas…

    —En serio papi?? Me vas a dejar?? Aaaahh!! Siii… aaaaahh!!

    —Siiiii… aaaahhh!!! Quiero que te lo cojaaaas!! Aaaahhh!!!

    —Siiii!!! Mi cornuditooo me lo voy a coger… aaaaahhh!!! —y explotamos los dos en un orgasmo tremendo…

    Luego de esto, varias veces hicimos el amor con Ivi, imaginando como seria la historia con Javier… Eran tan espectaculares los orgasmos que teníamos, que decidimos poner en marcha algún plan para hacer realidad nuestra fantasía…

    (Continuará)

  • Familia incestuosa (05): Visitando a los abuelos

    Familia incestuosa (05): Visitando a los abuelos

    Como recordaran en relatos anteriores, les platique como comenzó todo este lio incestuoso, primero siendo el amante de mi madre, para después dejar que los instintos carnales me llevaran a un cuarto de hotel con mi hermana Brenda.

    Bueno, pues ahí no para la cosa, días después mientras hablaba con mama después de cenar, me comento que se sentía muy cansada, por lo que quería salir de vacaciones con toda la familia. El destino, la casa de los abuelos, la cual se ubica en el estado de Morelos. La idea de mama nos pareció excelente acordando en ir a visitar a los abuelos y pasar por lo menos unos días con ellos, ya que las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina.

    Hasta ese momento mi madre no sabía nada de lo que había sucedió con mi hermana, más creo que ya lo sospechaba, ya saben instinto de madre. La rutina familiar seguía siendo la misma, solo que ahora no solo tenía las nalgas de mi madre, sino también las de Brenda.

    En mi mente se comenzaba a formar la idea de tener a todas las mujeres de casa con mi verga ensartada. Y para eso, solo faltaba que mi hermana menor Tania tomara su turno. Algo que veía lejano, ya que Tania es algo rara. O al menos eso era lo que yo creía.

    Dos o tres días antes de partir a nuestras vacaciones familiares, mientras manejaba hacia el negocio comencé a preguntarme hasta donde sería capaz de llegar con todo esto. Es decir, que me faltaba por hacer, o que estarían dispuestas a hacer ella en todo esto. Les gustarían cosas como el sexo anal, bueno sabía que a mama sí, pero Brenda, aun no lo sabía, me dejarían venirme en su boca, o en su cara, serían capaces de hacer cosas más sucias… habría que averiguarlo.

    El día de partir hacia la casa de los abuelos llego al fin, después de unas horas de viaje llegamos hasta aquel enorme portón de madera, el cual me hacía recordar mi infancia. Después de saludar a mis abuelos e instalarnos en nuestras habitaciones, todos nos reunimos en la cocina, para comer algo. Fue en ese momento que algo cambio dentro de mí, una transformación ocurrió en el momento de mirar a las tres mujeres que vivían todos los días a mi lado, sus cuerpos cubiertos por pantaloncillos muy cortos, camisetas de tirantes, las cuales mostraban a la perfección sus tetas, siendo las de mama las que destacaban por su gran tamaño. Supe entonces que podría hacer lo que quisiera, creí que ninguna de las dos que hasta ahora habían estado conmigo, serían capaces de negarme algo.

    Mientras me imaginaba haciendo cualquier clase de cosas sucias con los orificios de aquellas mujeres, la voz de mi abuelo me regreso de golpe a la realidad.

    —¿Y cómo está el hombre de la casa? ¿Cómo es vivir con estas mujeres todos los días? – exclamo.

    La respuesta era sencilla… delicioso… mas no podía decirle al abuelo lo que ocurría dentro de casa, así que solo respondí.

    —¡Una locura… abue!!! ¡Una locura! – dije riendo morboso.

    Mi madre y Brenda sonrieron nerviosas, mirándome a destiempo. Mientras que Tania solo sonrió exclamando.

    —¡Deberías de decir que tienes el placer de vivir con nosotras, burro! – dijo mi hermana.

    Tenía razón, era todo un placer vivir en nuestra casa. Después de terminar con los alimentos y charlar un poco, salimos a caminar por la casa, misma que cuenta con un terreno grande, el cual incluye una huerta de árboles frutales, un granero, alberca y por supuesto la enorme casa de mis abuelos. Mientras todos caminaban, yo me retrase un poco fingiendo que un cordón de mis tenis se había desamarrado, mas solo era para poder ver los culos de mis mujeres. Mama llevaba puesto un short blanco el cual, hacia resaltar su lindo culito, Brenda usaba un short de mezclilla muy ajustado el cual dejaba ver un poco de sus nalgas, mientras que Tania usaba una bermuda algo floja, pero aun así lograba llenarla con ese enrome culo que tiene. Fue mama quien se dio cuenta de mis intenciones, mirándome por encima del hombro.

    —¡Apresúrate amor! ¡Ven, abraza a tu madre! –exclamo tierna.

    Dándome prisa llegue hasta donde estaba ella y la abrace por la cintura, después de unos pasos más y escuchando alguna historia de nuestra niñez de boca de mis abuelos, Brenda se unió al abrazo, aquello me excitaba al máximo, mi mente solo recordaba lo hecho con cada una. Tania por su parte se adelantó un poco con mis abuelos, momento en el cual comencé algo riesgoso pero excitante. Comencé a bajar mi mano izquierda por la cadera de mama, llegando hasta una de sus nalgas, ella se tensó por un momento al sentir mi mano, mas no dijo nada, unos segundos después hice lo mismo con mi hermana Brenda, misma que apretó las nalgas al sentir mi mano sobre sus cachetitos, pero tampoco hizo el intento por decir algo, o seguí caminando con las manos sobre las nalgas de ambas.

    Mis manos se retiraron de aquellos cachetes, hasta que mis abuelos se detuvieron y giraron para vernos. Más la cosa no paro allí, más tarde ya estando dentro de la casa, comencé a flirtear con ambas, claro por separado. Primero con mama, mientras estaba en la cocina, lavando algunos platos. Momento que aproveche para acercarme a ella y restregarle un poco la pija en las nalgas, mientras que la apretaba contra mi cuerpo.

    —Víctor! ¡Para! ¿Qué haces? – susurro entre un gemido.

    —¿No es obvio? – respondí de la misma manera.

    —¡No! ¡Detente… aquí no! Tus abuelos… —dijo comenzando a mover el culo encima de mi verga ya dura –

    Era tiempo de dejarla con algo de ganas, por lo que me aparte de golpe, saliendo de la cocina sin decir nada, la mirada de mi madre fue como un rayo fulminante hacia mi persona. Mas no dije nada.

    Fue entonces que busque a Brenda, quien estaba en una de las habitaciones acomodando su ropa. Eche un ojo a los alrededores para cerciorarme que nadie me viera entrar, después de eso ingrese en silencio acercándome por su retaguardia, llegando de golpe hasta sus tetas, las cuales aferre entre mis manos.

    —¡Pendejo! ¡Me asustaste! Uhh! – gimió mi hermana.

    —¡Perdón por eso! – dije mientras le pegaba tremendo arrimón de verga.

    —Vic! ¡Alguien nos puede ver! Ahhh! – dijo mi hermana tratando de escapar de mi.

    —¡Quiero metértela Bren! ¡Quiero estar dentro de ti! – dije a su oído.

    —Uhh! ¿Si? Ahhh! ¡Pero mama… los abuelos… Ahhh! ¡No podemos! – respondió susurrando.

    Creo que todos nos preocupábamos por el abuelo, ya que es un tipo de sabueso tan sigiloso que asusta. Tal vez ambas tenían razón, debía ser más precavido.

    Deje a mi hermana en su habitación, yendo hasta la sala de estar, para encender el televisor; creo que trataba de que mi mente se despejara de aquellos pensamientos morbosos y sucios que en ese momento la acosaban. Habrían pasado unos minutos, después de que intente algo con mi madre y hermana, cuando la figura voluptuosa de mama apareció en el umbral de la sala.

    —¿Qué haces? – pregunto.

    —¡Viendo tele! ¿Tu? ¿Acabaste? – pregunte.

    —¡Aja! ¿Que ves? ¿Puedo sentarme contigo? – pregunto de manera tímida y sumisa.

    —¡Claro! ¡Ven! – respondí palmeando el asiento a un lado de mi.

    Minutos después de que mama se acurruco a mi lado dijo.

    —Vic! ¿De verdad quieres hacerlo aquí?

    La mire sonriendo, por unos segundos. Por supuesto que quería metérsela en donde fuera, así que la respuesta era sencilla.

    —Claro! Tu no? Seria excitante, ¿no? – dije.

    Mama guardo silencio por unos segundos, para después responder con tono nervioso.

    —¡Si! ¡Lo seria! ¿Dónde están tus hermanas? ¿Viste a tus abuelos? – respondió.

    —Brenda está arriba acomodando sus cosas, Tania no sé y los abuelos creo que salieron… o al menos no los he visto en un rato! – respondí alentándola.

    —¡Ok! ¡Ven vamos a caminar! – dijo mama después de un segundo.

    Ambos salimos de la casa, después de unos pasos y lejos de las miradas de alguno de los integrantes de la familia, mama me abrazo y beso suavemente en los labios. Era el momento de ir más lejos.

    —¿Mama, que estarías dispuesta a hacer? ¿Qué te gustaría hacer conmigo? – pregunte aun con sus labios muy cerca de los míos.

    Mama, lo medito por unos segundos, para después susurrar con suavidad.

    —¡Lo que tú quieras, que haga… no te miento… quiero que hagas conmigo lo que quieras… Vic, ni a tu padre lo deje hacerme cosas que tú me has hecho… no me preguntes eso… solo hazlo! – dijo mama.

    No había más que decir, solo hacerlo. Tome a mama de la mano, llevándola hasta el pequeño granero de la propiedad. Después de que la puerta se cerrara detrás de nosotros y estando seguros de que no había alguien merodeando por allí, ataque. Tomando a mama por sorpresa, la llevé hasta unas pacas de paja que había en el lugar, como mi madre es más bajita que yo, no opuso mucha resistencia, colocándola de espalda a mí, comencé a frotarle las tetas con fuerza, mientras que mi fierro se restregaba en su espalda. Mama comenzaba a pujar y gemir, mientras que su mano me sujetaba por la nuca, al tiempo en que de su boca salían palabras calientes.

    —¿Dios, Víctor… porque me siento tan bien, haciendo algo que esta tan mal…? Ahhh! ¡Solo sé que me encantas bebe… cógeme! ¡Quiero tenerte bien adentro de mí! – dijo mama en ese momento.

    Siguiendo sus deseos, mis manos levantaron su camiseta de tirantes, hasta su cuello, descubriendo sus tetas, mismas que eran soportadas por un top deportivo de algodón color blanco, el cual sin mucho esfuerzo logre quitar, para al fin tener esos melones entre mis manos, dedo decirles que me encantan las tetas gordas de mi madre, aunque las de mi hermana no están nada mal. Después de haber conquistado aquellas montañas, mis manos fueron directo al botón de los shorts de mama, abriéndolos sin gran problema, tomándolos por las orillas, los baje de un jalón hasta la mitad de sus muslos, su ropa interior se hizo un pequeño rollo debido a la fuerza con que ale de sus pantaloncillos.

    —Vic! ¡Hoy estas muy rudo papi! Ahhh! ¡Eso me gusta! – dijo mama entre gemidos.

    Mientras una de mis manos frotaba una de sus tetas, la otra hacia lo mismo con su monte venus, las manos de mama, se habían deslizado hasta mi paquete, el cual se mostraba ansioso por salir de su escondite. Nuestras respiraciones iban en aumento, en tanto que nuestras manos aumentaban la fuerza y velocidad de los toques. Fue en ese momento que mi madre pidió que la penetrara de inmediato. Con algo de trabajo logro bajar mi bermuda jalándola por la parte superior del elástico, sacando de su escondite a mi amigo, quien estaba en extremo tieso y babeante.

    —¡Pónmela dentro! ¡Anda! ¡Métesela a mami! – susurro mama mientras sus labios se posaban en los míos.

    Tomando mi verga con la mano derecha la guie hasta su destino, mama se inclinó un poco al frente levantando la cola, haciendo más fácil la introducción de mi miembro en su húmeda y caliente colita.

    —Ahhh! Vic! ¡Si! ¡Sigue despacio! Ahhh! ¡Déjame disfrutar de tu macana papi! – Exclamo mama al sentir como mi verga se deslizaba dentro de ella.

    —Ma! ¡Estás bien rica! Ahhh! ¡Cómo me gusta tu pucha! – dije haciendo del momento algo más sucio.

    —¡Y a mí tu verga nene! ¡Métemela toda! Hmmm! – decía mama.

    Una vez que mi verga entro toda en su almeja empapada, mi madre tomo mis nalgas empujando mi cadera hacia adelante, consiguiendo que la penetración fuera aún más profunda. Por unos segundos nos mantuvimos en aquella pose inmóvil, pero muy placentera. Después de los mismos, comencé a moverme lento haciendo que mi pene saliera casi por completo de la húmeda vagina de mama, para después volver a insertarlo despacio, mirando en todo momento como la almeja de mama devoraba mi miembro. Las tetas gordas de mama, se movían como olas de mar, un suave vaivén las acompasaba.

    —¡Mami! Uuh! ¡Que rica estas! ¡Me encanta ver tus tetas moviéndose mientras te la meto! Uhh! – dije morboso.

    —¿Te gustan las tetas de mama? Hum? Ahhh! ¡Sigue! ¡No te detengas! ¡Dame ese garrote hermoso! Uhh! – gemía mama.

    —¡Me gustas toda, mami! Ahhh! ¡Mueve la colita! ¡Comete bien esta verga! Shhh! – exclamaba subiendo el tono del momento.

    Aquel lenguaje sucio y el momento tan intenso, parecían agradarle a mi madre, quien movía con suavidad las nalgas haciendo que mi garrote fuera brutalmente estrujado por sus paredes vaginales.

    Tomándola de la cadera, le propine tremenda estocada, misma que fue bien recibida con un placentero gemido, seguido de un gruñido y un pequeño salto de su cuerpo.

    —¡Así! ¡Así amor! ¡Me gusta fuerte! ¡Tú papa, nunca quiso cogerme así! Ahhh! ¡Dame fuerte Vic! ¡Cógeme bien rico! – decía mama, en ese momento entendí que en esos momentos dejaba de ser mi madre para ser mi zorra, mi puta…

    Mientras le daba su merecido con intensidad alta, mi dedo pulgar comenzó a acariciar su asterisco, pensé que haría algún gesto de desaprobación o al menos intentaría quitar mi mano de ese lugar. Más, sin embargo, dejaba que mi dedo jugara con su ano a placer. En un momento mi dedo puso más presión sobre el culito de mama, logrando introducirse en gran manera.

    —Ahhuu! ¡Despacito amor, hace años que no uso ese hoyito! Huum! – dijo mama al sentir aquel pulgar dentro de su esfínter.

    —Lo tienes muy apretado mama! ¡Es delicioso! – exclame.

    —Uhhh! Ya te dije… solo lo use una vez! Ahhuu! – dijo mama haciendo más caliente el momento.

    Motivado por aquellas palabras detuve las embestidas a la almeja de mama, saqué mi miembro perfectamente lubricado y brillante de aquella cueva húmeda y calurosa. Colocándolo encima de aquel pequeño asterisco fruncido que tiene por ano mi madre.

    —¿Quisieras volver a usarlo? – pregunte ansioso.

    Mama se quedó en silencio por varios segundos, creo que intentaba reunir el valor para tomar una decisión, cualquiera que esta fuera. Al terminar aquel momento de incertidumbre por fin llego la respuesta.

    —¡Solo prométeme que lo harás despacio… digo… no quiero que me lastimes! ¿Lo has hecho alguna vez por el ano? – pregunto mama.

    —No, nunca… serás la primera… —respondí.

    Mire un gesto de disgusto en la cara de mama, al mismo tiempo en que mi glande comenzaba a apretar un poco sobre el ano de mama.

    —¡Papi… despacito! Por favor… —exclamo preocupada.

    —¡Si! Lo prometo… —respondí nervioso.

    Poco a poco mi glande abrió el esfínter de mama, hasta quedar clavado en aquel hoyito apretado. Mismo que es aún más caliente que su vagina.

    —Aauuhh… aaauhhh… papi duele… ahhhu… —se quejaba mama.

    —No te muevas… no lo saques… solo déjalo allí… —suplico mama.

    Así que accedí a sus suplicas. Dejando mi pene inmóvil dentro de su culo, en ese tiempo corto decidí hablar de forma sucia con ella.

    —Mama, tienes un culito muy estrecho, carajo aprietas muy rico… quiero metértela toda… y llenarte ese hoyito de leche caliente… —susurre mientras sobaba sus nalgas.

    La cara de mi madre era de total extrañeza, mas lejos de disgustarle parecía agradarle. Prueba de ello fue que de inmediato exclamo.

    —Bien, si te gusta tanto ese agujerito… es tuyo, pero solo se gentil… duele al principio papi… —dijo mama dando luz verde a lo que venía.

    Muy despacio comencé a meter más y más mi verga dentro de ese agujero en extremo apretado. El placer que aquel pequeño hoyo me estaba dando en ese momento era lo más sensacional del mundo. Mis manos tomaron las tetas de mama, sosteniéndolas como dos pelotas gigantes anti stress. Mientras que mi verga seguía horadando aquel ano estrecho, cuando mi pubis toco las nalgas de mi madre, la sensación de calor humedad y el morbo del momento eran fuera de serie. Un gruñido salió de la garganta de mama, al tiempo en que su cabeza se lanzaba hacia atrás víctima del dolor y placer.

    —Aaarggg…. Dios… Duele… pero se siente muy rico… Ahhh… —exclamo mama.

    Mientras mis dedos se entretenían con los senos de mama, deje que su culito se amoldara a mi verga, digo no es un súper garrote, pero tampoco es un espagueti. Después de unos segundos de espera, comencé a sacar mi pene del culito de mama, para después meterlo suavemente. Para ese momento el gruñido que mama profirió hacia un momento, fue suplantado por un gemido placentero. Al notar que mama comenzaba a disfrutar del sexo anal, comencé a darle despacio por el culo.

    —Uh mami… Uhh… increíble… ohhh… si… —decía mientras metía y sacaba mi verga del culo de mama.

    —Ohh… Ohh… papi… si… dale verga a mami… eso es… no pares… Uhh… Uhh… ya comienzo a gozarlo… Ahhh! —Gemía diciendo mi madre.

    —¡Mami, háblame sucio… Ahhh! Ahhh… aprietas bien cabron… tu culo esta en llamas… Ahhh… quiero cogerte más por el culo! Ohh! Ohh! – decía mientras disfrutaba del ano de mi madre.

    —¡Si… aja… si te gusta mi culito… es tuyo papa… pero solo trátalo bien… Ahhh… cabron… me estás haciendo venirme… Ohh! ¡Voy a venirme… oh dios! ¡Que rico! ¡Dale verga a mami! ¡Oh! ¡Oh! ¡Sigue amor! Ahhh! ¡Méteme toda tu verga! ¡Quiero ese pito bien adentro de mi culo! Huum! Huum! – gemía mi madre.

    El calor y lo apretado del ano de mama, me estaban llevando muy rápido al éxtasis. No sabía si sería capaz de aguantar más tiempo con la verga dentro de aquel agujero estrecho y ardiente. Por un segundo me imagine que Brenda debería estar aún más estrecha de ese hoyito, mientras que el de Tania debería ser un manjar. Me comenzaba a hacer un adicto al sexo anal.

    Bastaron unos minutos más para que mi miembro comenzara a lanzar señales de lo inevitable. Por lo que decidí ir todavía más lejos en aquel momento lleno de morbo.

    —¡Mama, me voy a venir! ¡Quiero darte la leche en la boca! – exclame.

    Mi madre gimió de manera rara, algo pareció a un gato ronroneando entre las piernas de alguien, respondiendo.

    —Ahhh! ¿En serio? Uhh! ¡Pues dámela! ¡Dámela en donde tú quieras! ¿Cómo quieres que me ponga? – pregunto ansiosa.

    —Ponte debajo de mi verga… de rodillas y mírame, ¿mientras me la jalas… sí? – respondí.

    Con un movimiento de cadera y deslizando su cuerpo hacia adelante mi madre se sacó mi pene del ano, girando muy rápido, sus rodillas se flexionaron dejándola con la cara frente a mis huevos, sus ojos apuntando a los míos y la boca un poco abierta. Tomo mi pene con la mano derecha propinándome tremendos jalones de verga.

    —¡Eres todo un pervertido Vic! ¡Me gustas así! ¡Dame la leche papi! ¡Dale a mami su merienda! ¡Vamos! ¡Dámela! Ahhh! – decía mama mientras me masturbaba con fuerza.

    —¿Quieres tu leche? Hum? ¡Pues aquí la tienes mama! ¡Tómatela toda! Ahhhh!!! – exclame al sentir la descarga de semen llegar.

    Un gran chorro de semen salto de mi glande hasta la cara de mi madre, mismo que se depositó sobre su mejilla, ojo y frente. Muy a prisa mama coloco sus labios sobre mi glande para evitar que mi semilla se derramara por toda su cara. Fue la primera vez que deje mi semen en la boca de alguna de ellas. Y debo decir que fue una experiencia increíble y muy morbosa. Después de aquel gran chorro de semen, le siguieron varios chorritos más, mismos que mi madre trago sin problemas, hasta no dejar algo dentro de su boca.

    —Wow! ¡Sabe rico… jamás me lo había tragado! – dijo mama mientras despegaba sus labios de mi verga, al mismo tiempo en que usando uno de sus dedos recogía el semen de su cara y lo lamia de su dedo.

    —¡Eres la mejor mama! ¡Coges bien rico, la chupas bien chungón, tu culito es increíble y te tomas la leche… Uhh, no puedo pedirte nada más! – dije lleno de morbo y locura.

    —¡Y tú eres un loquillo! ¡Pervertido y sucio! ¡Me encanta que seas así! ¡Te amo nene! ¡Pero ahora debemos regresar a la casa, no quiero que nos descubran! – dijo mama en voz baja y con tono tierno, como acostumbra.

    Después de ayudarla a ponerse de pie, ambos comenzamos a vestirnos con toda calma, misma que fue acelerada por la voz de mi abuelo, fuera del granero, mama me cuestiono a cerca del semen en su cara, eche una mirada para cerciorarme que no hubiera quedado nada sobre su rostro, después de eso, ambos salimos del lugar tan tranquilos como siempre. Al vernos el abuelo cuestiono, el motivo por el cual estábamos dentro de aquel lugar, a lo que mama respondió con algo sorprendente.

    —Solo recordábamos cuando este jovencito, era solo un niño y se escondía allí por horas… ya sabes cosas del pasado… ¿todo bien? – dijo mama con un aplomo espeluznante.

    El abuelo no tuvo opción, solo movió la cabeza de forma positiva y sonrió. Después de eso los tres regresamos a la casa, mama de inmediato fue al baño, imagino que, a limpiarse y cambiarse de ropa interior, mientras que yo me quede con mis abuelos en la cocina. Imaginaran que las cosas, terminaron allí, pues déjenme decirles que no fue así.

    Cerca de las 20:00 horas, mis abuelos, mama y Brenda mi hermana acordaron salir a pasear por el pueblo, ya que en ese tiempo había una especie de feria de algo que no logro recordar, mientras que Tania mi hermana y yo no quisimos acompañarlos, yo me sentía cansado después de la descarga de semen y adrenalina de hacia unas horas y ella pues simplemente es así, un poco apática. El resto de la familia, se despido indicándonos que regresarían en un par de horas, así que se marcharon dejándome a cargo de mi hermana. Habrían pasado cerca de 15 minutos después de que todos se marcharon, cuando Tania apareció en la sala de la casa, yo miraba televisión con solo la ropa interior puesta, por lo que ella exclamo.

    —¡No mames Wey! ¡Ponte algo de ropa! – dijo Tania.

    —¿Que? ¿Me vas a decir que nunca habías visto a un hombre en calzones? – respondí sarcástico.

    —¡No, Wey… a un hombre, si! ¡Pero a un jotito, jamás! Haha! – exclamo mi hermana burlona.

    —¡Idiota! ¡Soy más hombre que muchos de tus amiguitos o novios! – sentencie.

    Las habladurías de una pelea entre hermanos siguieron unos minutos más, hasta que fue Tania quien se voló la barda con una pregunta.

    —Víctor! ¿Porque nunca me has propuesto nada? – exclamo mi hermana mientras se recostaba en el sofá.

    —¿Que? ¿A qué te refieres con eso? –pregunte enderezándome del sillón.

    —¡Hay por dios! ¡Sí que eres pendejo, o te haces! ¡Por dios, Brenda me dijo lo que ustedes hicieron y lo que haces con mama! ¿Y mi pregunta es, porque putas a mí no me has insinuado nada? – replico Tania enojada.

    —¿¿Que?? Brenda te conto!… – respondí indignado, y debido a lo mismo no escuché lo que mi hermana había dicho en realidad.

    —Wey! Somos hermanas… ¿Qué esperabas? Además, digo no te estoy crucificando o interrogando… ¿solo quiero saber porque no me lo has propuesto a mí? ¡Es todo! – dijo volviendo a prestar atención a lo que aparecía en la pantalla de la televisión.

    Las palabras que en ese momento habían salido de la boca de mi hermana menor, me resultaban tan extrañas, que no sabía que decir. Simplemente me quede mirándola por unos minutos sin decir palabra.

    —¡Uh! ¡Bueno… creo que no debí preguntar… lo lamento! ¡Olvídalo y no te preocupes no dire nada! – exclamo Tania al ver mi nula respuesta.

    Después de eso, se levantó del sofá, caminando hacia las escaleras. Justo antes de subir el primer escalón, logre hilar pensamiento con palabra.

    —¡Nunca te dije nada, porque eres rara! ¡Por eso! – exclame.

    Tania, giro un poco en el inicio de la escalera, mirándome con extrañeza. Se quedó allí por unos segundos y exclamo.

    —¿Rara? ¡No entiendo! ¡No soy rara, eres un idiota… ni siquiera me conoces… no te imaginas lo que soy en verdad! – respondió ofendida, al tiempo en que subía la escalera a toda prisa, típico en una mujer enfurecida.

    Levantándome de mi lugar, subí la escalera detrás de ella, dándole alcance justo antes de entrar al cuarto de baño del piso superior. Su rostro reflejaba molestia y un poco de ira.

    —¿A ver Tania, lo que dices es que tu… tú quieres entrarle a este lio? – dije nervioso y tartamudo.

    —¡No lo sé! ¡Es solo que me da curiosidad, sé que está mal… pero me da curiosidad, es todo! ¡No sé ni porque te dije! ¡Suéltame! – exclamo tratando de soltarse de mi mano.

    —¡Cálmate! ¡Carajo! ¡No hagas un pedo de esto! – dije molesto.

    —¿Un pedo? ¡No mames Víctor… no tienes idea de lo que dices! ¡Neta! ¡Estás bien pendejo! ¡Casi, casi te estoy pidiendo que me cojas y tú en la pendeja! ¡Eres un idiota realmente grande! – exclamo y entro al baño, cerrando la puerta en mi cara.

    Allí me quede sin saber que decir, en realidad la había cajeteado en gran manera. Y ahora no sabía cómo solucionarlo. Fue entonces que una gran verdad salió a la luz.

    —¿Tú crees que eres especial o único por coger con alguien de tu propia sangre? ¡Estás bien pendejo! ¡Ni te imaginas quien me quito la virginidad! ¡De verdad eres pendejo, pendejo! ¡Lárgate… déjame sola! – gritaba Tania detrás de la puerta.

    —Tania, cálmate… por favor! ¡No quise molestarte, solo no sé cómo manejar algunas cosas! – dije intentando disculparme.

    —¡No sé por qué voy a decirte esto, pero aun así lo diré para que veas que no eres único o especial, quien me des quinto hace algunos años fue… fue… papa! El me enseñó a ser mujer y no me arrepiento… —exclamo mi hermana.

    En ese momento entendí porque Tania adoraba a papa, a pesar de todo y todos. No había duda alguna, éramos una familia incestuosa.

    —¡Abre la puerta tenemos que hablar de esto! ¡Por favor! – dije suplicando y excitado por saber más.

    Después de unos minutos más, Tania decidió abrir la puerta de su prisión. Saliendo del cuarto de baño con los ojos llorosos y sin mirarme. Volvió a bajar las escaleras a toda prisa, seguida de mi por supuesto. Le di alcance justo al salir de la casa.

    —¡No quiero estar aquí! ¡Vamos a caminar por el huerto! ¿Si? – dijo Tania con voz quebrada.

    —¡Ok! ¡Ok! ¡Vamos! – respondí.

    Mientras avanzábamos ninguno decía algo para romper la tensión del momento, solo mirábamos de reojo tratando de que alguien se animara. Llegamos hasta el huerto, deteniéndonos en un árbol grande la noche era fresca por lo que comenzaba a sentir un poco de frio, más bien eran los nervios del momento. Fue allí que comencé a preguntar más cosas…

    —¡Bueno, ahora ya se tu secreto, y tú sabes el mío! ¡Así que no pasa nada! Si quieres hablar de eso, puedes hacerlo! ¿Quién sería yo para juzgarte? ¿No crees? – dije calmado y risueño.

    Tania me miro por un segundo, me abrazo con ternura, comenzando a hablar de las cosas…

    ¡Continuara!…