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  • La confesión

    La confesión

    La Iglesia era nueva. Sin ostentaciones. Tenía un modesto altar, detrás del altar, en la pared, colgaba un gran Cristo. Tenía las imágenes de san Roque, en un hueco de la pared, a la izquierda, así como se entraba, y a Santa Marta y a Santa Eulalia, la patrona del pueblo, en dos huecos a la derecha. Una alfombra roja cubría el pasillo hasta llegar a los tres escalones de mármol que llevaban al altar. Tenía dos docenas de bancos, el confesionario, a la derecha del altar, la sacristía, y poco más.

    El cura era un hombre de unos cuarenta años, alto, delgado, de pelo cano. Vestía una sotana que no estaba ya para muchos trotes. Iba dos veces por semana al pueblo en bicicleta. El domingo a decir misa y los miércoles a confesar.

    El cura le cayó bien a todas y a todos después de saberse lo de la bicicleta. Os cuento, ocurrió que el primer día que el cura fue a decir misa se quedó sin frenos en la bicicleta bajando la cuesta que llevaba al pueblo.

    El cura, al ver que se iba a dar un trompazo de campeonato, avisaba a la gente para que se apartase.

    -¡¡Voy sin frenos, voy sin frenos!!

    Una vieja, enlutada de los pies a la cabeza, que iba a misa, al ver que iba lanzado hacia la taberna, le dijo a otra vieja que vestía como ella y que la acompañaba:

    -¡Qué descaro! Va sin frenos para la taberna. ¡Qué cura nos mandaron!

    La otra vieja se persignó, y dijo:

    -A un borrachiño, Amalia, nos mandaron a un borrachiño.

    La rueda delantera de la bicicleta del cura chocó con el peldaño que había delante de la taberna del pueblo. El cura salió disparado. Era verano, no llevaba calzoncillos. Al dar una vuelta de campana en el aire se le vio la verga. Una verga larga, gorda y descapullada. Aterrizó con el culo.

    El cura, sentado en el suelo frente al mostrador de la taberna, y agarrando una cadera, exclamó:

    -¡¡Que ostia, Dios mío, que ostia!! ¡Para haberme matado!

    El tabernero, un sesentón, gordo, colorado de cara, bajito, con boina, y con un mandil blanco manchado de vino tinto, le preguntó:

    -¿Le pongo algo?

    -De pie, ponme de pie.

    Al día siguiente, por las viejas, ya toda la aldea sabía que el cura tenía una buena verga.

    La primera en confesarse fue Patricia, una joven de 20 años, bruta, muy bruta, que vivía en un monte, a unos dos kilómetros del pueblo. Patricia era morena, de cabello negro, largo, recogido en un moño, con unos ojazos azules. Un metro setenta de estatura, 90 kilos de peso. Sin un kilo de grasa. Con tremendas tetas y tremendo culo, muy guapa. Se confesaba en miércoles porque en domingo el cura tenía que decir misa en tres pueblos más.

    -… Cuéntame tus pecados, hija.

    -Mejor pregunte, jefe.

    -No debes tratarme de jefe. Trátame de padre. Soy el padre Esteban

    -No lo esperaba, pero ya que estamos de confesiones, le confesaré que yo no soy madre de milagro, con lo que llevo follado…

    -Yo no tengo relaciones carnales, hija, lo de padre es como me dice la gente.

    -Las malas lenguas.

    -No. Es una forma de guardarme respeto. Por cierto, con esa carita de ángel que tienes nadie diría que eres mala. Pareces recatada.

    -Y lo soy, padre, soy una mujer recatada, más que recatada, recatadísima, me cató hasta en Tiburcio y mire que es feo.

    El cura, viendo su ingenuidad, le preguntó:

    -¿Pero tú de dónde saliste, hija?

    -Por el mismo sitio que salió mi hermana.

    -¡Ala! Te salva que eres bonita.

    A Patricia le salió el lado coqueto.

    -¿Me ve bonita, curiña?

    -Curina, no, llámame señor cura.

    -¿Me ve bonita, señor cura?

    -Soy un hombre de Dios, veo a todos los seres bonitos.

    -Eso es porque no conoce a la Paca, es más fea que un culo con almorranas.

    -¡Qué mal hablada!

    -Eso también, peor no puede hablar. ¿Sabe…?

    -No quiero saber. No se debe criticar a nadie. Puede que por dentro sea más bella que tú.

    Patricia se hizo la interesante.

    -¡Ay, sí que sí! ¡Quién le diera! Yo, puede que tenga el coño como un bebedero de patos, pero ella lo tiene como un comedero de cerdos.

    -Vamos a dejar eso ahí. El cura no quiso entrar en profundidades.

    -A ver, hija, a ver. Comencemos la confesión. ¿Amas a Dios sobre todas las cosas?

    -No, donde se ponga una tableta de chocolate…

    -Bueno, bueno, bueno. ¿Tomas el nombre de Dios en vano?

    -¿Y eso qué es?

    -¿Juras?

    -¿Alguna vez se dio con un martillo en un dedo queriendo clavar una punta?

    -No.

    -Pues se baja a Dios y a todos los santos. Juro, padre, juro.

    -La cosa pinta mal, muy mal. ¿Santificas las fiestas?

    -Eso sí, padre. -a Patricia se le llenó la boca- ¡Unas borracheeeras! ¡¡Que borracheras pillo durante las fiestas!!

    -Ya, pero, santificar las fiestas es venir los domingos a misa y…

    -Si hay que venir, se viene.

    -¿Honras a tu padre y a tu madre?

    -Soy hija de soltera.

    -¿Y a tu madre?

    -No, de honrada no tengo nada, ni yo ni ella.

    -Te estoy preguntando si respetas a tu madre.

    -Una mandada, soy una mandada, hasta que me calienta y le arreo.

    -¡¿Le pegas a tu madre?!

    -Y ella a mí.

    El cura estaba asombrado y se le escapó un taco.

    -¡Joder!

    -Eso también.

    El cura, al hablarle de la madre y mezclarlo con la palabra joder le hizo ser precavido.

    -Ya no me atrevo a preguntar por lo de fornicar.

    Forno, es horno en gallego. Patricia, le dijo:

    -Al horno hago unos panes que da gloria verlos.

    -Fornicar es meter y sacar, hija.

    -Ya lo sé padre, se mete la masa y se saca el pan, ya le dije…

    -Es meter y sacar la polla

    -Cuando ya está asada. Una hora, más o menos. Si es gallina vieja…

    -Escucha hija, fornicar significa follar.

    -¿Pero usted sabe cómo es de grande la puerta del horno? Hombre, calentita la tendría, pero de eso a…

    -¡Que fornicar es… joder!

    -Ya, hombre ya, ya le he entendido… No se me sulfurique. Fornicar significa joder. Cada loco con su tema, a usted le gusta metérsela al horno… Tiene que haber de todo en este mundo.

    -Eres terca como una mula. Te encierras en algo y no sales de ahí. Lo cierto es… Yo… es igual… Pasemos página. ¿Has matado?

    -Una vez. Una vez maté a un viejo.

    -¿Estás vacilando?

    -No, yo no vacilo nunca. Digo las cosas sin vacilar.

    -¡¿Cómo lo mataste?!

    -A polvos, pero murió con una sonrisa de oreja a oreja.

    El cura se sorprendió.

    -¡Coooño!

    -Con ese mismo, señor cura, con ese mismo.

    -Por los actos impuros ya es excusado preguntar.

    -De esos pocos, pajas me hago pocas. Estoy muy solicitada, pero de cuando en vez cae una, o dos…

    -A ti no hay por dónde cogerte, hija.

    -¡¿Cómo qué no?! Por delante y por detrás.

    El cura siguió a lo suyo.

    -¿Has robado alguna vez?

    -Gallinas.

    -Por necesidad.

    -No, porque me salió del coño.

    El cura tenía una paciencia a prueba de bombas.

    -¿Has levantado falsos testimonios?

    -He levantado pichas, los falsos testimonios no sé qué son.

    -Es igual. ¿Has mentido?

    -¿Hay alguien que no mienta?

    -Lo tuyo es un caso para estudiar aparte. Volvamos atrás. ¿Te arrepientes después de hacerte una paja?

    -No, padre, o me hago otra paja o me quedo dormida.

    -¿Piensas en alguna relación que tuviste?

    -Sí, padre, pienso que me comen el coño…

    El cura se sorprendió.

    -¡¡¡Como!!!

    -¿Entro?

    -¿Dónde?

    -En el confesionario. ¿No me quiere comer el coño?

    -¡No! ¿Con quién has tenido relaciones carnales, hija?

    -¡Puf!

    -¿Qué quieres decir con eso?

    -Que menos con viejos muy viejos…

    -¿No tendrías relaciones con tus padres?

    -¡No!

    -Menos mal.

    -Ya le dije que soy hija de soltera. No tuve ningún padre a tiro. Tenía sólo a mi madre

    -¿Tu madre…?

    -Mansa.

    -¡¿Qué?!

    -Que es de las mansas. Le gusta que le calienten el culo con una zapatilla, que la azoten con la palma de la mano, y el día que está muy, muy cachonda, que le pongan el culo a arder con la fusta del caballo. Que le pongan pinzas de tender la ropa en los pezones…

    -Ya, ya, ya lo pille. Es masoca.

    -No pilló nada, es María y es una viciosa.

    -Incesto… Vaya, vaya.

    Patricia, cantó:

    -Aquí, no hay playa.

    -Tú no está bien de la cabeza, hija.

    -¿Por cantar? Pues si me ve bailar con la falda arremangada…

    -¡¿En la fiesta de la patrona?!

    -No, después de fumar la hierba que sale venturera en la huerta. Se deja secar y con papel de liar se hace el pitillo.

    -Ya se cómo se hace.

    -¿Nos fumamos uno? Si quiere voy a casa en un momento.

    -¿Fumaste hierba antes de venir a confesarte, hija?

    -Fumé.

    -Esta confesión va a ser de las que hagan historia. ¿Con quién tuviste tu primera relación sexual?

    -Con mi hermana Marta, a la que apodaban La Vaca.

    -¿Está entrada en carnes como tú?

    -No, salida, en todos los sentidos.

    -Cuéntame cómo empezó y como acabó ese…

    -Polvo.

    -Eso.

    -Empezó con un beso y acabó corriéndonos las dos.

    El cura se animó.

    -Detalles, cuénteme todos los detalles, hija.

    -Limpiábamos la cocina. Yo estaba barriendo a su espalda. Aparqué la escoba junto a la mesa y le cogí las tetas. Unas tetas grandes, como ella. Mi hermana Marta se giró. Me quiso decir algo. Le metí un beso a tornillo que hizo que le temblaran las piernas, las tetas, y el coño. El beso hizo que temblaran sus ciento veinte kilos de carne. Al acabar de meterle la lengua hasta la campanilla, me cogió como a una muñeca, me echó sobre la mesa. Hizo tiras de mi vestido. Me arrancó las bragas. Hizo saltar por los aires los botones de mi blusa con sus dos manoplas. Rompió la presilla de mi sujetador. Me dejó en pelotas y con su lengua de vaca me lamió las tetas, y después el coño hasta que me corrí en su boca. Luego se puso ella en pelotas. Se echó sobre la mesa, se abrió de piernas, y me dijo: «Come, puta». Aquel coño peludo era grande como un pozo de aros. Mi hermana debió follar lo que no está en los escritos. No sabía por dónde empezar. Era mucho bicho de Dios. Decidí magrearle y comerle las tetas. Al bajar al coño se lo follé con mi lengua. Entraba toda y más que hubiera. Después le metí cuatro dedos y entraban y salían como nada. No me quedó más remedio que meterle el puño. Entró el puño y medio brazo. La follé hasta que se corrió. ¡Y cómo se corrió! El río de la aldea, en verano, lleva menos agua de la que salió de su coño.

    -¡Qué exagerada!

    -Lo es. Se corre como una burra.

    El cura ya no le dio más vueltas a la cosa.

    -Hasta ahora has faltado a todos los mandamientos. Has pecado de lujuria…

    -Ahí se equivoca. Yo de lujos nada de nada

    -¿Eres golosa?

    -Mucho, veo una polla o un coño delante y se me hace la boca agua.

    -Eso es lujuria. ¿Comes y bebes de manera exagerada?

    -Comer como lo que me echen, y beber bebí vino por un zueco, por un orinal…

    -Ya, ya, ¿Tienes ataques de ira?

    -No, estoy sana.

    -¿Nunca te enfadas?

    -Cuando me tiran del genio.

    -¿Te has peleado con alguien?

    -Mejor pregunte con quien no peleé. Me apodan la Funeraria.

    -¿Por qué?

    -Porque ostia que meto familia de luto.

    -¿Eres perezosa?

    -Más que una burra tumbada a la sombra.

    -¿Eres envidiosa?

    -Me corroe por dentro ver que otros tienen lo que yo no tengo.

    -¿Eres avariciosa?

    -¡Aaaaansia viva es lo que tengo! ¡¡Todo para mí, todo para mí!!

    -¿Eres soberbia?

    -Me lo explique.

    -¿Te crees mejor que los demás?

    -No me creo, lo soy.

    El cura se persignó.

    -Has faltado a los diez mandamientos y has cometido los siete pecados capitales. ¿Te arrepientes?

    -No.

    -Tienes que arrepentirte o no te puedo perdonar tus pecados.

    -No me arrepiento porque me gustó hacer lo que hice y lo volvería a hacer si se presentase la ocasión

    -¿Incluso lo del viejo que mataste a polvos?

    -Si viera la carita de felicidad que tenía…

    -Pero estaba tieso.

    -Sí, tenía todo tieso, desde la picha hasta las cejas.

    El cura tenía un dilema.

    -Eres la primera del pueblo que se confiesa. ¿Qué hago contigo?

    -¿Me da la extremaunción?

    -La absolución, hija, la absolución.

    -Lo que sea. ¿Me la da?

    -Reza doce Padre Nuestros, doce Avemarías…

    -Eso no va a ser posible.

    -¡¿Como que no va a ser posible?! ¿Te niegas?

    -Es que no sé el Padre Nuestro ni el Avemaría.

    -¿Que sabes rezar?

    -Nada. ¿Si le hago una mamada me absuelve?

    -¡¿Estás loca?!

    -Vale, una mamada, un polvo y dejo que me encule.

    -¡Pecadora!

    -¿Me folla y me absuelve o me voy?

    El cura, era cura, pero también era hombre y sin estrenar. Empalmado, y mirándole las tetas a Patricia, le dijo:

    -Voy a arder en el infierno.

    Minutos más tarde estaban en la sacristía. El cura estaba sentado en una silla. Patricia, en cuclillas, le meneaba y le mamaba la polla:

    -¿A qué mamo bien?

    -Lo haces de maravilla.

    -¿Sabe comer un coño, señor cura?

    -Pues no.

    Patricia se levantó se quitó el vestido, el sujetador y las bragas. El cura, al ver aquellas grandes tetas con sus areolas marrones y sus pezones de punta, el vientre plano. El pelo negro de sus sobacos, el del coño y la raja, se puso como una moto. Comenzó a sudar. Tenía que meter o explotaba como un globo demasiado hinchado. Cogió a Patricia por la cintura, y le dijo:

    -Siéntate sobre mi polla.

    Patricia lo iba a sorprender. Cogió una vela de encima de un mueble, y amenazándolo con ella, le dijo:

    -¡Desnúdate, curiña!

    -¿Quieres jugar?

    Levantó la mano con la vela.

    -¡Qué te desnudes, coooño!

    El cura, desnudándose, le preguntó:

    -¿Que vas a hacer con esa vela?

    -¡Metértela en el culo si no haces lo que te digo, fray capullo!

    Al estar el cura desnudo, le ordenó:

    -¡De rodillas y después pasa tu lengua por mi coño!

    El cura lamía pero no entonaba. Patricia abrió más las piernas.

    -Fóllame el coño con tu lengua. Mete y saca, mete y saca.

    El cura iba aprendiendo. Al rato, Patricia, tocó el clítoris con un dedo, y le dijo:

    -Lame aquí, hacia arriba y hacia abajo.

    Esteban lamió un par de minutos.

    -Moja un dedo con saliva, métemelo en el culo y sigue lamiendo.

    Al cura le latía la polla una cosa mala y no le paraba de soltar aguadilla.

    Un rato más tarde, Patricia, puso la vela donde estaba, le cogió con las dos manos la cabeza al cura, la apretó contra su coño, y le dijo:

    -Lame más aprisa, más, más, más aprisa… ¡Dale que me voy a correr! ¡¡Ya, ya, ya!! ¡¡¡ Me cooorro!!!

    Patricia se corrió con una fuerza bestial. Esteban se hartó de tragar jugo, más que nada porque Patricia, moviendo su pelvis y apretando la cabeza del cura contra su coño no le dejaba ni respirar.

    Al acabar, le dijo Patricia al cura:

    -Busca un cordel, vicioso.

    El cura quitó de un cajón un cordón gris con borlones en los extremos.

    -Átame las manos a la espalda.

    El cura le ató las manos a la espalda.

    -Cómeme la boca y las tetas y méteme dos dedos en el coño.

    El cura, al tenerla atada, le comió la boca, le magreó las tetas, y después le dijo:

    -Ahora vas a hacer tú lo que yo te diga, putona. ¡De rodillas y chupando verga!

    -¡A que te meto un mordisco y te arranco la mitad de la picha!

    El cura, se acojonó. Su tono de voz cambió.

    -¿Me la chupas, cielito lindo?

    -Así, así se piden las cosas.

    Patricia, de rodillas, le volvió a mamar la polla. Al rato, el cura sintió que se iba a correr en su boca. Se dio un respiro. Le dijo:

    -Culo en pompa y cabeza en la alfombra, palomita.

    Al hacer lo que le había dicho, el cura vio las dos tentaciones de Patricia, el ojo del culo, que estaba latiendo, y el coño empapado.

    Como buen cura que era, no le cupo ninguna duda donde meterla. Acercó la punta de su polla al culo y se la clavó. Allí ya habían entrado más pollas, pues entró con suma facilidad. El cura, cogiendo a Patricia por la cintura, poco tardó en correrse y llenarle el culo de leche. La polla no se le puso flácida. La sacó, se la metió en el coño y le dio canela fina.

    Patricia recibía las embestidas y no paraba de gemir.

    -Cógeme las tetas, picha gorda.

    El cura le cogió las tetas y embistió el coño con su polla con más fuerza.

    -¡Vas a hacer que me corra, biiiicho!

    Esteban aceleró los fuertes chupinazos y Patricia, exclamó:

    -¡¡¡Ossstias!!!

    El cura sintió como el coño de Patricia apretaba su polla y como después lo bañaba en jugo. Quitó la polla y se corrió en su espalda.

    Al acabar de correrse ella y él, mientras la desataba, le dijo el cura a Patricia:

    -De esto ni una palabra a nadie.

    -Vale. ¿Me absuelves ahora?

    -¿Y si seguimos follando y te absuelvo mañana?

    -Como si no me absuelves. Saca el vino. Tengo sed.

    El cura quiso ser sarcástico.

    -¿Y no quieres unas ostias para acompañar?

    -Las ostias van a ser las que te meta si no sacas el vino.

    ¿Sacaría el cura el vino? ¿Se emborracharían? ¿Seguirían follando? ¿Qué creéis?

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Rosalba, un viaje de placer con mi primo (Segunda Parte)

    Rosalba, un viaje de placer con mi primo (Segunda Parte)

    Fue una noche maravillosa, llena de sexo y morbo, junto con nuestros vecinos de habitación, pasamos la noche escuchándonos mutuamente y cogiendo como locos. Había encontrado en mi primo Antonio, el amante perfecto y aunque el viaje, no lo habíamos planeado para eso, estaba cierta que lo más puta de mí, emergería en el mismo.

    Exactamente a mediodía, en medio de la oscuridad que nos proporcionaba la habitación y llena del semen de Antonio por todo el cuerpo, cara y cabello (pues por nada permití que se vaciara en mi interior) me despertó el teléfono del cuarto, era de la administración del hotel, para informarnos que teníamos un mensaje en la recepción y que podíamos pasar a recogerlo.

    Después de bañarnos y vestirnos, bajamos a ver si conseguíamos algo de comer y aprovechamos para recoger el mensaje, era un sobre del mismo hotel, la recepcionista, nos comentó que lo habían dejado más o menos a las 10 de la mañana y que habían pedido que se nos avisara hasta mediodía.

    Con curiosidad, Antonio y yo abrimos el sobre y leímos,

    “Hola, soy su vecino de habitación, para comentarles, que mi esposa y yo, pasamos una extraordinaria noche y por lo que oímos, ustedes también la pasaron muy bien. Somos una pareja que estamos cumpliendo 15 años de casados y nos gustaría tener el placer de conocerlos, por lo que esperamos acepten una invitación a comer. Atentamente, Mario Olguín.”

    Vaya sorpresa, una pareja desconocida, nos invitaba a comer. Y por lo que nos dijo la recepcionista, el restaurant era un buen lugar. Con el poco dinero que teníamos, no podíamos desaprovechar una oportunidad así, además, también teníamos curiosidad de conocer a la pareja que nos había excitado tanto la noche anterior. Así que después de callejonear un rato, nos dirigimos a nuestra cita.

    Llegamos puntuales al restaurant, y preguntamos por quien había firmado el mensaje, nos pasaron a una mesa donde ya había una pareja de alrededor de 40 años, bien vestidos y de buen ver. Para nosotros no fue sorpresa, encontrarnos a alguien de esa edad, lo habíamos supuesto por el mensaje, pero por su reacción, ellos no esperaban a dos jóvenes como nosotros.

    Aun así, la reunión fue muy amena, Mario y Lucy, su esposa, se la pasaron hablando y recordando sus primeros años de relación, las aventuras que habían corrido juntos y algunas anécdotas más recientes. Eran una pareja sencilla, a él lo imagine como más hombre de mundo y ella, la típica y tímida ama de casa, vivían en una ciudad mediana del norte del país. Y después de varios años, volvían a viajar los dos solos. Habían llegado el día anterior igual que nosotros y pensaban quedarse toda la semana.

    Nosotros solo les comentamos que éramos amigos, sin mencionar nuestro parentesco, y que estábamos ahí, para disfrutar del festival por solo 4 días, pues la escuela y el dinero, no nos daba para más. Realmente no había mucha historia para comentar de nuestra parte.

    Terminada la comida, mientras disfrutábamos un digestivo, salió a la plática, lo ocurrido la noche anterior, nos reímos al coincidir que ambas parejas habíamos tomado como reto, superar lo que pasaba en la habitación contigua, aunque al final, ellos aceptaron su derrota, pues se habían dormido, escuchando todavía nuestros gritos de placer. Era evidente, que la plática nos estaba excitando a los cuatro, se notaba la intención de Mario, de llevarla a donde ellos deseaban, además de darnos cuenta, que la pareja no nos quitaba la mirada. A una señal de su esposo, Lucy, tomo la palabra y nos preguntó con un cierto tono de pena y rubor en su cara, cuales eran nuestros planes para ese día, y de forma más titubeante, si nos gustaría pasar la noche con ellos y compartir su cama.

    Antonio y yo nos volteamos a ver sorprendidos, apenas la noche anterior, nos habíamos hecho amantes y ahora, de la nada, una pareja de adultos desconocidos, nos invitaban a compartir su cama. Les pedimos un momento para consultarlo, Antonio, entre risas, me dijo que por él no había inconveniente, que dependía más de mí, discretamente, voltee a ver a Carlos, no podía negar que me era atractivo y varias veces me había sonrojado al sentir su mirada oscultadora. Además, existía el morbo de cumplir, una fantasía que todos tenemos, así que, decididos, aceptamos la invitación.

    El resto del día, mi primo y yo, nos la pasamos en algunos eventos del festival, y por seguridad, cuando pasamos por una farmacia, compramos algunos preservativos. Todavía teníamos nuestras dudas al respecto de ir o no con nuestros vecinos de habitación, pero a ambos nos llenaba la curiosidad, además, siempre había la posibilidad de retirarnos e ir a nuestro cuarto a acabarnos los condones.

    En un evento de danza al aire libre, vimos a Mario y a Lucy, estaban de pie, frente a nosotros, por lo que podíamos verlos perfectamente. Mario, de pelo negro bien arreglado, con canas en las patillas, perfectamente rasurado, con ojos penetrantes, ligeramente gordito, sin llegar a tener barriga y por lo que se veía, de pelo en pecho. Por lo oído la noche anterior, lo imagine como un buen amante, pero por más que quería, no podía imaginarme teniendo sexo con él. Lucy, se veía un poco mayor que su esposo, por su ropa, era difícil sacar una conclusión exacta de su físico, pero su cara era atractiva, de pelo largo y lacio, ojos marrones grandes y seductores y por lo que me comento Antonio, una boquita como para comérsela a besos.

    Antes de llegar a nuestra cita, nos duchamos y arreglamos, tratábamos de oír al otro lado de la pared, para ver que hacían nuestros anfitriones, pero a diferencia de la noche anterior, solo escuchábamos que también se estaban bañando. Pensando en la posibilidad de cancelar, sonó el teléfono, era Mario, avisándonos que ya nos esperaban, por lo que tomamos los condones, un churro de hierba y fuimos a su encuentro.

    Al igual que nosotros, ellos estaban recién arreglados. Su cuarto se veía con más espacio, había una sola cama, tamaño king size, una mesa redonda en una esquina, junto al balcón, donde había una hielera con una botella de vino blanco y cuatro copas. Mario sirvió el vino, para hacer un primer brindis, luego de este, y a falta de platica, propuso que jugáramos con la botella, poniendo prenda de por medio, cuando nos tocara en suerte (o en mala suerte). Antonio aprovecho, para prender el pitillo de hierba y ofrecernos a todos, para relajar la tensión, aunque Mario y Lucy, al principio se negaron, fue ella quien primero se decidió a probarla, era la más tensa de los cuatro y no podía ocultar, lo incomoda que estaba con la situación.

    La primera botella y el pitillo, volaron aun antes de desprendernos siquiera de algo de nuestra ropa, entre música suave y más vino, el juego se tornó más candente, para ese momento, tanto Lucy como yo, estábamos totalmente desinhibidas y no tuvimos ningún reparo, cuando por suerte, nos tocó desprendernos de nuestra ropa exterior.

    Lucy quedo tan solo con su coquetísima ropa interior, de tanga y bra en encaje blanco, que dejaba a la vista un par de tetas de tamaño mediano, que al quedar desnudas, se mostraron ligeramente caídas y coronadas con unos pezones grandes y obscuros, un estomago con algunas llantitas, su vientre no tan liso, donde sobresalía una cicatriz, resultado de su maternidad, su tanga dejaba ver un chochito totalmente depilado, caderas y nalgas anchas, pero firmes y piernas bien torneadas. Mario, traía un bóxer de tela en cuadros, mostraba su cuerpo velludo desde el cuello hasta los pies, un abdomen redondito sin llegar a gordo y entre sus piernas, se empezaba a mostrar un bulto de buen tamaño.

    Antonio, se había puesto un bóxer negro tipo bike, su cuerpo totalmente lampiño, pero bastante bien trabajado físicamente y dentro de sus calzones, un pene, que me había vuelto loca apenas hace 24 horas.

    Y yo, por suerte, había llevado un sostén hecho con dos diminutos triangulitos de tela que no alcanzaban a tapar ni la mitad de mis bien dotados y firmes pechos, además de unas braguitas cacheteras transparentes que dejaban a la vista la mancha obscura de mis bellos púbicos bien arreglados en forma de diamante y mis nalguitas bien paradas.

    Cuando quedamos con tan solo nuestras bragas y al calor del vino y el buen toque que nos habíamos dado, Lucy y yo empezamos a bailar de manera sexi a las espaldas de nuestras parejas. Sobábamos sus pechos, mientras recargábamos impúdicamente nuestros senos en su espalda. Cuando lo hacia atrás de Mario, este se quitó sus calzoncillos, para mi sorpresa, de entre sus piernas emergió un grueso y obscuro tronco, con una curvatura hacia abajo y coronado con un enorme glande circuncidado, jamás había visto un pene de ese grosor, de inmediato me imagine montándolo de nalgas, para que ese enorme piñón rozara la zona más sensible de mi vagina.

    Lucy, noto que me estaba enfocando mayormente en su marido, por lo que, hincándose frente a él, empezó a darle una buena mamada. Mientras Antonio, se desnudaba y dejaba a la vista, su pija larga, con enormes venas que parecían reventarse y un glande rojo e inflamado que empezaba a emerger de su vaina protectora, yo me recosté en la orilla de la cama, ofreciéndole mi vagina que para ese momento ya estaba totalmente húmeda. Sin perder el tiempo, mi primo sumergió su cara entre mis piernas, elevando el nivel de humedad con su lengua y su saliva, mientras hacía esto, observe que, en la silla, Lucy se acomodaba sobre su marido y empezaba a clavarse aquel enorme tronco entre grititos y suspiros, hasta tenerlo totalmente dentro de ella. A pesar de que sabía que el pene de Antonio me llenaría de placer, no podía dejar de pensar en el tronco de Mario. Tan caliente estaba, que, colocándome en cuatro patas, le pedí a mi primo que me poseyera en ese mismo instante, sin dudarlo, Antonio me clavo su verga de forma salvaje, tal como había sido la noche anterior, ahora ambas mujeres gritábamos de placer y ambos hombres resoplaban de excitación.

    Después de un rato, Lucy, se pasó a la cama, acostándose boca abajo y ofreciéndole las nalgas a su marido mientras yo cambiaba de posición con Antonio, empezándolo a montar de frente. Esto me dio la oportunidad que buscaba, quede de frente a Mario, casi cara con cara, por lo que me acerque a él lo más que pude, y en forma de susurro le dije lo mucho que lo deseaba.

    Lucy y yo, llegamos a nuestro primer orgasmo casi de forma simultánea y cuando ella busco una nueva posición con su marido, este me tomo de la cara y me planto un sensual beso en la boca, dando la pauta para cambiar de pareja. Mientras Mario se acostaba boca arriba, dejando aquel enorme tronco listo para ser montado, note cierta molestia en Lucy, quien, por lo visto, no había considerado, observar como su marido se revolcaba con otra mujer frente a ella. Se paró de la cama y se retiró hasta la ventana del balcón, como observando la ciudad, afortunadamente Antonio, sacó a relucir su experiencia con otras mujeres, pues mientras yo me iba ensartando aquel pedazo de carne que había sacado lo más puta de mi ser, el abrazo a Lucy por la espalda, besándola en el cuello y sobando con su enorme polla, en medio de sus piernas, buscando un pequeño resquicio, para penetrar su lampiña vagina. Al principio con disgusto y tratando de evitar el contacto con mi primo, hasta que, entre ligeros gemidos de placer, poco a poco, Lucy fue abriendo sus piernas para dar acceso a ese intruso desconocido, como después supe, nuestra anfitriona, jamás había tenido relaciones con alguien diferente a su marido, por lo que esta nueva experiencia la perturbaba por completo. Entre más verga le daba Antonio, nuestra anfitriona fue disfrutando cada vez más la experiencia. Y vaya que lo disfruto, pues durante el resto de la noche y aun a solicitud de su marido, Lucy no accedió a cambiar a su nuevo amante, y en señal de venganza, demostraba a grito abierto, el placer enorme que le proporcionaba aquel largo punzón dentro de ella.

    Por lo cual, yo me pude dar el lujo de abrirme por completo al tronco de Carlos, que exigía de mí, la total apertura de mi vagina. Lo único malo, fue que la edad paso factura a mi amante, mientras mi primo seguía proporcionando placer a su nueva compañera, Carlos me pedía un poco de descanso para tomar aliento y seguir con nuestros juegos.

    Dejamos a Lucy y Antonio solos, en esa habitación y nosotros nos pasamos a la otra por el resto de la noche, mientras los escuchábamos a ellos continuar con sus actividades sexuales, nosotros empezamos a platicar de nuestras parejas y el gusto con el que se oía, seguían disfrutando del sexo. Cuando note que Carlos empezaba a deprimirse, oyendo, como su mujer gozaba cual piruja con su nuevo amante, me imagino que arrepintiéndose de haberle pedido a su casta esposita, acceder a esa fantasía, tome la iniciativa, para empezar a motivarlo de nuevo, le pregunte, sobre su experiencia en el sexo anal (que a mí me encantaba) y al contestarme que nunca lo había hecho, me ofrecí como su maestra, en esa nueva forma de tener sexo. Y vaya que resulto un buen alumno, pues mientras su pene recobraba su tamaño y grosor, aprovechamos para que con sus dedos, boca y lengua fuera estimulando mi esfínter anal, y llegado el momento poco a poco, su enorme polla fue abriéndose camino entre mis nalgas, al principio me recordó mi primera experiencia anal, su polla realmente me lastimaba mientras se iba encajando dentro de mi culito, pero cuando toda ella me penetro, el placer que me proporcionaba no igualaba a ninguno sentido anteriormente. Tuve dos gigantescos orgasmos antes de que él se vaciara dentro de mí. Ambos quedamos totalmente exhaustos después de esto y a el no le importo escuchar todavía a su mujer bramando de placer, mientras acurrucados en la cama, caer rendidos ante un sueño profundo.

    Entre sueños sentía que algo intentaba encajárseme, pensé que seguía soñando con la enorme verga de Carlos y el deseo que había despertado en mí, aquel instrumento de un hombre que me doblaba la edad. Me sentía húmeda y caliente de tan solo soñarlo, sin despertar totalmente, me acomode, deseando que mi sueño fuera real, cuando empecé a gemir de placer, comprendí que algo realmente estaba sucediendo, abrí los ojos y entre las penumbras me di cuenta, que alguien acostado a mi espalda, realmente me estaba dando una cogida de campeonato, así, de cucharita, mi incognito amante me tenía totalmente insertada. Ante la imposibilidad de voltearme para verlo, supe, por su voz y su olor que era Carlos quien me poseía como loco, tratando de compensar el tiempo perdido anteriormente, pero fue cuando sentí la tibieza de su semen, cuando realmente desperté del todo. El estúpido de mi vecino, me estaba llenando de su esperma, sin saber que yo no me cuidaba de ninguna otra forma, más que con el uso de condones o evitando que se corrieran dentro de mí. Por lo que de un salto me separe de él, reclamándole su estúpido proceder, mientras el tiernamente trataba de explicarme, que ya no había encontrado más preservativos en el cuarto, y que, al verme desnuda, no pudo contener el deseo de poseerme. Yo trataba de hacerle ver, el problema en el que me había puesto, mientras el me presumía su permanente erección, que aun después de haberse venido, continuaba cual jovenzuelo.

    A la verga con todo, ya habría forma de solucionar, las posibles consecuencias de aquel atrevido acto, ahora, aquel dulce se me ofrecía, y tal vez jamás volviera a verlo, a pesar de mi enojo y asumiendo mi total puteria, me senté sobre aquel falo, para cabalgarlo hasta vaciarlo por completo.

  • Experiencias sexuales con mi tía

    Experiencias sexuales con mi tía

    Desde que tengo memoria siempre me han atraído las mujeres maduras, sobre todo las que llamaríamos «milfs» y todo eso comenzó desde que me fije en una temprana edad en mi tía, la hermana mayor de mi madre (no por mucho), quien siempre me enloqueció con su escultural cuerpo maduro.

    Primero les describiré a mi tía a quien llamare Verónica, Es una mujer madura increíblemente voluptuosa que ahora cuenta con 42 años de edad, mide aprox. 1,62, de cabello largo y castaño, posee una mirada de milf caliente que te vuelve loco, unas tetas enormes, un par de tetones grandes pero firmes, de esas tetas que apenas te caben en la mano y no puedes parar de chupar, de pezones firmes que te apuntan cuando esta excitada, unas caderas bastante anchas para volverse loco de como las mueve, un culazo de infarto, grande y muy voluptuoso, de esos que parece que van a romper el pantalón y se mueven escandalosamente al caminar y finalmente posee unas piernas de grandes muslos firmes que terminan en un perfecto par de pies. Esta increíble figura la mantiene con gimnasio constante.

    Después de esa descripción pueden imaginarse porque a mí y a muchos hombres, pero especialmente a mí, me vuelve loco mi tía Verónica. Para mi fortuna mantenía una gran relación con mi tía, quien siempre me ha tratado con mucho cariño y en sus palabras me considera el hijo que no tuvo, siempre procuraba tratarme de la mejor manera posible y disfrutaba de pasar los veranos en su casa, que es donde comenzó todo.

    Mi tía era la diosa de mis pajas donde recordaba las veces que la espié en la ducha o con fantasías de al fin poder tener sexo con ella, incluso ya teniendo parejas sexuales mi obsesión con mi tía no desaparecía y al fin pudo culminar hace un año. Estando ya en mis 20 y mi tía en sus 40, me encontraba pasando por la universidad y debido a la lejanía de esta mi tía me ofreció quedarme en su casa, mi tía Verónica se había divorciado hace unos años atrás de mi tío y ahora tenía su propia casa por lo tanto mi mente exploto ante la idea de vivir junto a tremenda mujer, acepte de inmediato y desde el primer momento fui recompensado. Mi tía suele vestirse siempre con polera ajustadas y shorts muy pequeños y ajustados y se pasea por toda la casa así, sin mencionar que pasaba abrazándome lo que me mantenía en un estado de completa excitación. Un día viernes al volver de la universidad llegue a su casa y no podía encontrarla por ningún lado hasta que por la cocina llegue al patio y tuve una hermosa imagen, mi tía se encontraba tomando el sol en un bikini negro muy ajustado, la parte de arriba solo cubría el pezón dejando ver por el centro y los lados sus potentes tetas, la parte de abajo apenas se mantenía anudada a sus grandes caderas y solo cubría su vagina. Me disponía a irme a pajearme con esa imagen cuando me llamo para saludarme, se levantó a abrazarme y ver sus tetas botar y presionarse contra mi pecho casi me hizo acabar, se dio vuelta y pude ver su enorme culo apenas cubierto por la tanga, me senté a su lado y charlamos sobre el día con mi vista fija en sus tetas y de vez en cuando recorriendo su cuerpo completo hasta que para mi sorpresa me saco de mi trance preguntándome si nunca había visto un buen par de tetas, me quede helado sin responder, ella solo rio y me repitió la pregunta, solo atine a disculparme y decirle que me había sorprendido al verla así, sonrió y me dijo que no me preocupara para luego decir que al vecino también le gustaba mirarla, me dijo que era su tía así que debía comportarme.

    No podía dejar de ver su cuerpo hasta que me pidió que le diera un buen masaje de pies como los que le daba de niño, casi temblando me acerque y tome sus pies, comencé a masajearlos lentamente, la erección que tenía era muy notoria, mi tía hecho la cabeza hacia atrás levantó sus enormes tetas que subían y bajaban con su reparación, sus pezones parecían marcarse y mientras masajeaba sus bellos pies se abrió de piernas haciendo que la tela de su bikini se pagara totalmente a su cuerpo dando un vistazo a su vagina. En ese momento no pude más y me levante con la excusa de ir al baño, si seguía iba a acabar ahí mismo frente a ella así que apenas entre me saque el pene y acabe como nunca, ese instante aumento ya mi deseo por ella al punto de no pensar y solo quería tener sexo con ella, me pajeaba bastante seguido para aliviar las ganas de sexo que me causaba su cuerpo. Una tarde en particular llegue más tarde de la universidad y vi en la entrada cosas de jardinería botadas así sin más por el jardín delantero, obviamente estaba el jardinero quien no me agradaba, siempre que venía miraba con evidentes ganas de cogerse a mi tía, pese a que no podía culparlo despertaba en mi celos. Entre a la casa y el silencio se interrumpió por un largo gemido que venía de arriba y quede paralizado, sabia exactamente que estaba pasando pero no quería creerlo, celos y excitación despertaron en mí y subí sigilosamente hasta la pieza de mi tía, la puerta estaba entre abierta así que la empuje un poco y ahí estaban, el viejo asqueroso se encontraba sin pantalones sobre mi tía, quien estaba desnuda, en lo mejor del sexo. El viejo le besaba las grandes tetas a mi tía mientras seguían con el mete y saca, mi tía lo rodeo con sus piernas mientras gemía , se notaba que le viejo estaba por acabar y no aguantaría mucho estando con tal pedazo de mujer, en eso mi tía abre los ojos y me ve, su expresión de placer pasa asombro pero no se detienen ,ella me mira fijo asombrada pero el tipo comienza a acabar dentro de mi tía lo que lo que hace que deje de mirarme y le reprocha al viejo el haber acabado dentro de ella.

    Aproveche ese instante para arrancarme, me encerré en el baño, tenía miedo pero mi excitación era más grande y comencé una paja sublime recordando lo visto, estaba en lo mejor cuando mi tía abre de golpe la puerta muy molesta y me ve con el pene erecto, sus ojos enseguida se posaron en mi pene y cerró la puerta de golpe. Tras acabar salí y estaba muy enojada conmigo, jamás la había visto así, me dijo que respetara su privacidad que yo era un hombre y no un niño y que me iba tratar como tal si esto se repetía pero yo estaba muy atontado para escuchar y ya solo pensaba en follármela. Se fue a dormir enojada conmigo esa noche, en la mañana me levante más calmado y decidí disculparme y decirle las ganas que le tenía, entre a su pieza nervioso y apenas levanto la mirada la veo completamente desnuda ante mí, sus enormes tetas rebotaban mientras se movía. Sus caderas se balanceaban con movimientos circulares del caminar y pude tener un vistazo de su coño semi depilado con una atractiva línea de pelos. Nos quedamos mirando fijamente y yo ya no aguante, me lancé sobre ella y fui directo a sus tetones, los bese con ganas y agarre firmemente las carnes de su enorme culo, ella solo forcejeo conmigo intentado liberarse pero con insistencia succione sus tetas y presionaba mi erección contra sus caderas, en un principio el forcejeo fue bastante duro pero logre sacarle unos gemidos a costa de succionar sus tetas pero fue solo un instante y el forcejeo subió de intensidad haciéndonos caer a ambos sobre la cama, mi tía claramente estaba molesta pero torpemente inosita en besar sus tetas y estar encima de ella y en medio del forcejeo me llego un rodillazo en los testículos. En ese momento no supe si fue a propósito o un accidente, solo gemí de dolor y me agarre los huevos, me caí de la cama retorciéndome por el dolor sin poder hacer nada más que gemir, mi tía me observo un rato callada mientras estaba en el piso y luego se puso una bata y se agacho conmigo en el piso pidiéndome perdón. No solo me dolían muchos los huevos y en general toda la entrepierna, pero aparte humillado que tremendo mujeron y aparte que era mi tía desnuda me pateara las pelotas, me ayudo a llegar a la cama y en ese instante estaba demolido por el golpe, pero luego de unas horas el dolor ya había desaparecido y me encontraba bien. Hablamos de que paso y le pedí perdón sin parar, ella me dijo que lo sentía pero que me merecía el dolor de huevos por cómo me había comportado.

    Dicho todo se levantó la bata y me dejo ver su escultural cuerpo desnudo, me dijo que con esto esperaba que dejara mi obsesión, que solo podía masturbarme y no tocar. Obedecí y me masturbe como loco sus tetas balanceándose y su enorme culo pero eso no pararía mi obsesión solo me haría seguir mas.

  • Mi cuñada, mi difícil obsesión (I)

    Mi cuñada, mi difícil obsesión (I)

    Mi señora, tiene una hermana menor de 30 años, médica, soltera y de muy buena figura.

    Luego de nuestros primeros años de casados, le fuimos agregando algunos ingredientes a nuestra relación, en ese entonces su hermana menor tendría unos 18 años y había cambiado para bien su fisonomía.

    Uno de los primeros juegos, fue fantasear que le hacia el amor a su hermana, de nombre Cecilia.

    Esta es muy recatada, estudiosa y sin muchas relaciones aspecto que me calentaba sobremanera pensando todo lo que se perdía y los placeres que uno podría llegar a darle.

    Es así que convencí a mi señora para que cuando estuviésemos en la casa de mis suegros donde ella vivía, consiguiera una prenda íntima de mi cuñadita, pretextando que me iba a calentar mucho que ella hubiera corrido el riesgo de ser sorprendida por su hermana en esta acción.

    A los pocos días concurrimos a lo de mi suegros y luego de haber pasado un par de horas nos fuimos a hacer unas compras. En una de las paradas, mi señora me dijo, «a que no sabes que tengo acá», señalando uno de sus bolsillos, para mi sorpresa extrajo unas diminutas bragas de color blanco con encaje, de ahí fui aumentando de temperatura, imaginándome la fiestita que se me avecinaba a la noche con mi mujer vistiendo la bombachita de su hermana.

    Por la noche mi señora, se puso un camisón trasparente, sin corpiño y las braguitas de mi cuñadita, Alejandra es de conformación más robusta que su hermana, comencé a besarla, la bombachita era cavada, en Alejandra parecía más diminuta aún, me dio ganas de comerle el chochito por sobre la prenda íntima y me imaginaba, que en ese lugar había apoyado su conchita Cecilia, cuando la di vuelta el espectáculo fue fascinante, le corrí la misma y de una se la introduje en su mojada vagina, mi señora recibió un flor de polvo y quedó más que satisfecha.

    A partir de ese momento y pese a que mi señora se ponía un poco celosa empecé a preguntarle más cosas respecto de su hermana, ahí me dijo que tenía tetas chicas y que como las de ella, que son grandes, apuntaba un pezón para cada lado, me dijo que su conchita era muy peluda, cosa que me empezó a calentar ya que mi señora y las mujeres que he andado diría eran normales y que tenía una colita plana.

    Me enteré que había tenido un noviecito y que se le había entregado siendo virgen, pero que su experiencia no había sido muy buena y que este la trataba de puta o ligera, pese a lo recatada que en realidad era. Yo me la empecé a imaginar igual que a mi señora que son de esas personas que cuesta hacerles prender la mecha, pero que una vez que uno lo logra no sabe dónde estarán sus límites.

    Así siguió la historia, unas vacaciones nos fuimos a Mar del Plata y cuando salían todos de casa, yo iba a su pieza y me deleitaba observando su ropa interior e incluso alguna vez me hice alguna buena paja con ellas y se las dejaba llenas de leche donde ella apoyaba su sexo y luego me imaginaba que ella se había puesto esa bombachita llena de mi lechita, por supuesto que nunca participe a mi señora de esta novedad. Lo que sí un día le robé una pequeña bombachita rosa y blanca, justo el día que ella partía hacia la capital, esta fue el regalo sorpresa para mi señora en la noche y fue una alegría durante varios años por los polvazos que le echaba cada vez que se ponía esa prenda.

    Los años fueron pasando y empezó un período que no hablábamos en casa de mi cuñada ya que mi señora se chivaba, creo que yo demostraba demasiado mi calentura para convertir mi fantasía en realidad. Mi obsesión crecía y crecía, nos encontrábamos viviendo por razones de trabajo en el interior y me mandaron a la capital a hacer unos cursos, debía permanecer unos quince días, mi cuñada ya tenía unos 27 años en esa oportunidad y estaba muy buena, una de las particularidades que mantenía y más me calentaba era que tenía unas buenas piernas y usaba unas minifaldas increíbles y cada vez que se sentaba uno podía observar tranquilamente su bombacha de turno y el trapecio que formaban sus piernas con lo que yo imaginaba bien peluda conchita, obviamente este espectáculo eran tema de pensamiento en mis consabidas pajas.

    En esta oportunidad me comentó que se había ido a Estados Unidos para un Congreso Médico y que se había puesto de novia con un americano de mi edad, la diferencia con ella es de 16 años. Como ambos estábamos, ella con su novio en EEUU y yo con mi señora a varios kilómetros de la capital, la invité a ir al cine cosa que aceptó.

    El tenerla sentado junto a mí, sintiendo su rítmica respiración y viendo entre penumbras sus piernas, ella iba de minifalda, me hizo perder toda concentración y empecé a pensar de qué manera podía empezar a atacar a mi presa. Lo único que puede hacer fue tomarla de las manos y empezar a acariciar las mismas y luego a abrazarla tiernamente, pero ella no acusó recibo y me dejaba hacer tranquilamente, al término de la velada nos despedimos con un cálido beso en las mejillas y quedamos en juntarnos nuevamente.

    La experiencia se repitió días más tarde, con el mismo resultado, ese día me invitó a subir a la casa de mis suegros, ellos habían salido, y me invitó a ver TV en la cama de ellos, mi calentura iba en aumento, la veía junto a mí en esa cama matrimonial y por mi mente corrían mil fantasías, jugando en un momento dado nos fundimos en un abrazo y nos pegamos dos o tres revolcones, pero ella la cortó y se levantó presurosa de la cama y se dirigió a la cocina.

    Dos días más tarde me llamó a la casa de mis padres donde yo estaba parando y me invitó a salir, fuimos a un bar y luego nuevamente al cine, sentía junto a mi su respiración entrecortada y yo en vez de ver la película me la hacía, le puse una mamo en su muslo a la altura de sus rodillas y ella no dijo nada, lentamente comencé a subírselas, pero al llegar a la altura de sus muslos ella agarró mi mano y la retuvo, a la salida del cine la abracé y caminamos por la calle como si fuéramos un par de enamorados, al llegar a una esquina quedamos frente a frente a pocos centímetros de distancia y le di mi primer beso, ella se sintió turbada y me dijo que no se esperaba eso de mi y que creía que todas las caricias y afectos habían sido por lo cariñoso que yo era, por más que trate de hacerle el verso y declararle todo lo que me gustaba como si fuese un colegial la cosa no pasó a mayores y terminé dejándola en su casa.

    Cuando llegué al lugar donde estaba parando mi calentura era tal que no pude menos que hacerme una buena paja en honor a la calienta braguetas de mi cuñadita.

    El tiempo pasó y volvimos a la ciudad, en esa época, mi cuñadita quería independizarse y había comprado un departamento, pero no podía mudarse por falta de divisas para amueblarlo. Las relaciones hacia mí, se habían enfriado y no era tan comunicativa como en épocas anteriores, quizás porque era la primera vez que nos veíamos después de nuestro frustrado affaire y con la presencia de su querida hermana mayor. Lo cierto es que yo disponía de unos pesos y convencí a mi señora de prestárselos, en mi mente pasaba la imagen de mi cuñadita y «me la quería voltear a cualquier precio»; lo cierto es que luego de una reunión en la que nos encontrábamos los tres esta aceptó la ayuda.

    Luego de unos días nos comunicó que ese fin de semana iniciaba su mudanza, nosotros nos ofrecimos a ayudarla.

    El sábado llegó, lleve las herramientas, algo para paliar el hambre y la sed, tocamos el timbre en la nueva casa y ahí estaba mi cuñadita abriéndonos en la puerta con una camisa blanca transparenta y ajustada a su cuerpo que permitía ver sus senos pequeños envueltos en un corpiño de encaje blanco y una falda corta, no minifalda de color azul.

    Iniciamos nuestras tareas y yo me dedique a arreglarle unos estantes en su pieza, mientras realizaba esta tarea, en uno de los cajones se encontraba su ropa interior, así que pude observar unas tanguitas de color negras y otras de color roja y me empecé a dar manija con el recuerdo de épocas pasadas, tomé unas bragas bordó que estaban a pocos centímetros de mi mano y olí donde ella apoya su conchita esperando encontrar el más exquisito de los elixires, por otro lado estaba a mil no fuese cosa que me encontrase mi señora o mi cuñada que se encontraban a pocos metros de allí realizando otras tareas, me dieron ganas de echarle un buen polvo a esos calzones pero me contuve y seguí trabajando.

    Luego del mediodía mi señora, cosa que yo sabía me dijo que se tenía que ir a hacer una tarea a la casa de una de sus compañeras de trabajo, yo le dije si quería que la llevase, pero ella me dijo que me quedará y que la siguiese ayudando a Cecilia, como mi cuñada no puso reparos me quede a solas con ella, por poco más de una hora, el ambiente se cortaba con una gillette, cada uno realizaba una actividad y el diálogo se limitaba a unos pocos monosílabos. En un momento dado, me llamó al baño y me pidió ayuda para que le sostuviese la escalera, ya que quería ponerle un foco a la lámpara, yo me ofrecí a subirme, pero ella me dijo, que ella lo hacía.

    Cuando comenzó a subir pude apreciar sin ningún pudor sus piernas y luego una diminuta tanga blanca de encaje que se le metía entre sus dos cachetes, como era verano, no tenía medias así que podía observar el espectáculo en todo su esplendor. Mi verga, se puso al palo y me dolía, no sé si por desesperación, impulso o vaya saber porqué comencé a tocarle sus piernas por detrás ella continuo la tarea como si nada ocurriese, mi mano fue subiendo por detrás e llegué al borde de sus cachetes, como ella no decía nada y viendo que la escalera permanecía firme, puse un pie en la misma para aumentar el alcance y depositar mi mano derecha ya sin ningún descaro sobre su nalga derecha, ya que tenía incrustada la bombacha en su canal trasero.

    Comencé a masajearle las nalgas, ella seguía como si nada, ahora limpiando la lámpara, la situación me calentaba más, tenía a mi obsesión en el baño montada a una escalera y yo viendo y jugando con sus nalgas a todo placer, la situación cambio cuando le pude meter un dedo por debajo de la fina tela de su bombachita y el peludo coño me recibió en su interior muy lubricado y sin resistencia, ella largó todo lo que estaba haciendo y sentía sus muslos buscando abrirse cada vez más ahí le pude ensartar mi segundo dedo que se empapó de inmediato, mi cuñadita permanecía arriba con sus ojos cerrados y una cara de goce que me predecía todo lo que íbamos a disfrutar en los próximos minutos.

    Mi pene parecía estallar y querer romper la tela del pantalón y en eso pronunció sus primeras palabras que la deje bajar, pero que no le saque los deditos de su concha, su pieza y la cama, estaban a escasos metros, pero como su casa es alfombrada y no quería perder ni un segundo no fuese cosa que se arrepintiese, ni bien bajo de la escalera nos fundimos en un beso de lengua que le explore hasta los más profundo de su ser cumpliendo en todo momento su pedido, entonces le dije que se pusiese en cuatro sobre la alfombra, me baje el cierre del pantalón, yo me encontraba a mil, le subí la pollera para observar y tener en vivo el motivo de mis desvelos, corrí levemente su tanguita y sin contemplaciones, quizás por todas las pajas que me había hecho hacer se la mandé a guardar… ella no se quejó, quizás porque venía con una buena calentura ya que hacía rato no tenía un noviecito y yo me la galopé como a mi yegua… mientras le decía que se la iba a meter hasta los huevos. En un momento dado me dijo que no teníamos protección y que me le fuese afuera de su canal, yo le dije que no se haga problema, pero que afuera no me iba a ir ni loco, que ella iba a tener que cumplir alguno de mis sueños. Al rato le dije “preparate, que te voy a dar el biberón como a mi bebita”, ella tiene una boca más bien grande y sensual, cuando se la saque, le puse una mano en la nuca y le dije que se diera vuelta, hasta ese momento ella solo había sentido mi pene en su vagina, ya que no lo había visto ni tocado, solo llegó a decir que lindo y se lo puse en su boca, si bien no era una experta lo succionaba con cierto entusiasmo, en un momento dado me dijo que nunca le habían dado lechita. Yo le dije “mejor, así yo te hago debutar», minutos después empezó a saltar el semen en su boca, en un primer momento la quiso retirar pero yo le retuve la cabeza con mis dos manos y le dije que como una nena obediente iba a seguir mamando hasta dejarla bien chiquita, cosa que hizo.

    Las actividades ese día y otros posteriores siguieron, pero esas serán motivo de otra historia… hasta pronto.

  • Andrés y Carolina (3): Un nuevo inicio en Miami

    Andrés y Carolina (3): Un nuevo inicio en Miami

    Así pasaron algunos meses, faltaban 2 semanas para irse a Miami, pero su madre/esposa se sintió mal y se fue comprar una prueba de embarazo, en la noche se lo mostro a su hijo/esposo.

    Carolina: Mira mi amor.

    Andrés: acaso es…

    Carolina: si y salió positivo, serás padre.

    Andrés: oh mami.

    Así ambos se besaron.

    8 años después.

    Andrés: Mami, nuestro hijo está en la escuela, podemos hacer el amor.

    Carolina: si, pero recuerda que tienes que ir al trabajo en la noche.

    Andrés: lo sé.

    Ambos se metieron a su cuarto y se desnudaron…

    Andrés: madre chúpame el pene.

    Carolina: si mi amor.

    Se lo chupo por una hora…

    Andrés: me voy a correr madre

    Carolina no dejo de mamárselo y Andrés se corrió en su boca.

    Andrés: que rico

    Carolina: si amor, ven hazme gozar.

    Andrés: si madre -se lo mete- ooooh

    Carolina: Hijooo

    Andrés: -se empieza a mover- ooooh madre nunca te abandonare.

    Carolina: eso esperoooo

    Madre e Hijo hicieron el amor por 3 horas y terminaron cansados.

    Andrés: madre espero ser esposos por mucho tiempo.

    Carolina: opino lo mismo.

    Andrés: tengo hambre.

    Carolina: pues te prepare algo rico.

    Así pasaron algunos años, vivieron como una familia feliz, ¿o eso será posible?

    FIN

    ==== NOTA ====

    Lamento por terminar la serie hasta el episodio 3, pero solo es el final de la primera temporada, no sé cuando regrese esta serie, si en 3, 6 o 9 meses o en el 2019, pero pronto regresara con una segunda temporada, en donde va a ver sorpresas, pero déjenme decirles que va ver ovas en donde muestre como Carolina conoció al padre de Andrés y también publicare relatos tipo one shot con milfs, lesbicos, gays y hetero, bueno adiós y esperen mis próximos proyectos.

  • Me lo hice con la madre de la amiga de mi hijo

    Me lo hice con la madre de la amiga de mi hijo

    Soy un hombre de 35 años, padre separado, el cual cuida de su hijo de 10 años. Su madre y yo estuvimos cinco años casados, pero lo nuestro no llegó a buen término. Total, que hace 2 años nos separamos y ahora tengo yo la custodia compartida de nuestro hijo.

    La separación no ha sido tan traumática como al principio pensaba y todo se ha desarrollado más o menos bien. Mi hijo se ha adaptado a la situación y ahora como os dije, está viviendo conmigo.

    El curso ha vuelto a empezar de nuevo y toca madrugar para llevarle al colegio. Aunque yo trabajo por la tarde, no me ha costado mucho acostumbrarme a madrugar.

    Cogemos el autobús. El colegio está cerca, pero no hay mucho sitio para aparcar, por lo que he decidido ir en transporte público.

    Estamos de pie, con la mochila de José en el suelo, porque no hay sitio para sentarse. Le he cedido un sitio libre a una señora mayor. Total, en un par de paradas nos bajamos.

    Cuando bajamos, me he fijado que en la parte de delante iba una mujer de más o menos mi misma edad, con una niña de unos 9 o 10 años.

    -¡Luisa! le grita mi hijo.

    -Oye, no grites tanto, que la gente todavía va dormida. Le regaño.

    Resulta que la niña es compañera de clase de mi hijo. Se ponen a hablar mientras llegamos al colegio.

    -Hola, le digo a su madre. Me llamo Antonio.

    -Hola, soy Natalia, encantada, y me da la mano.

    -Parece que nuestros hijos van a la misma clase.

    -Pues sí. ¿Eres nuevo por el barrio? Nunca te había visto.

    -Mi mujer y yo nos separamos y ahora tengo la custodia compartida, por lo que es la primera vez que le llevo al colegio.

    -Pues lo siento.

    -No pasa nada.

    -Yo estoy felizmente casada, pero mi marido trabaja por la mañana y yo ahora estoy libre, por lo que la llevo yo al colegio.

    Tras despedirnos de nuestros hijos, nos despedimos Natalia y yo.

    -Hasta mañana entonces. Encantado de haberte conocido.

    -Igualmente. Chao.

    Cuando se gira para irse, me quedo mirándola. Lleva unos vaqueros ajustados y me fijo en que tiene un buen culo. Los tíos siempre pensamos en lo mismo, ¿eh?

    Llega el día siguiente y volvemos a encontrarnos en el autobús. Natalia me saluda muy simpática. Hoy lleva unos leggins ajustadísimos, bueno, como son los leggins, súper-ajustados. Se le marca todo, hasta diría que se le nota el chocho.

    Se inclina para coger la mochila de su hija y su culo en pompa se marca de manera escandalosa. La verdad, tiene un culo de impresión. Giro la cabeza para que no me pille mirándola.

    Llegamos al colegio y dejamos a nuestros hijos. Otra vez un apretón de mano y nos despedimos. Me paro en un banco, para hacer que me ato los zapatos y así poder mirarla el culo cuando se va.

    Llego a casa un poco azorado. Me mojo la cara con agua fría, pero estoy demasiado caliente. Me bajo el pantalón y el calzoncillo y me masturbo con fuerza. El culo de Natalia me ha puesto muy cachondo.

    En un par de minutos me corro. El semen salpica el espejo del lavabo. Cuando termino de convulsionarme, recupero la respiración y limpio el espejo de los goterones de semen. Me siento en la taza.

    -Buf, que buena esta mi nueva amiga, pienso.

    Ya olvidado de todo, me pongo a comer para luego irme a trabajar.

    En el trabajo me paso toda la tarde pensando en Natalia y en su maravilloso culo que tiene bajo sus leggins.

    Hace mucho que no hago el amor, desde que me separé de mi mujer y ahora solo me alivio con pajas, pero ya sabéis que no es lo mismo que el sexo.

    Antes de salir del trabajo me voy al lavabo y cae otra paja pensando en mi amiga. Creo que me he obsesionado. Pero está casada, así que tengo que andarme con cuidado.

    El despertador no ha sonado hoy y José me despierta.

    -Papá, despierta, que llegamos tarde.

    -Buf, no me había despertado. ¿Qué hora es? le pregunto.

    Me levanto rápido, me lavo la cara con agua fría y desayunamos corriendo.

    -¿Llevas todo?

    -Sí, papá. Vámonos.

    Salimos un poco más tarde y cogemos un autobús después. Temo no ver a Natalia hoy.

    No va en el bus y cuando llegamos al colegio está despidiendo a su hija.

    -Creí que no veníais hoy. Me dice Natalia.

    -Me dormí. No sonó el despertador y me ha llamado José.

    -Pues nada, ya estáis aquí, habéis llegado justo a tiempo.

    -Sí, eso sí. Por cierto ¿tienes tiempo para tomar un café?

    -Sí, claro. Ahora tengo unos días libres y no tengo prisa.

    Vamos a un café que hay a un par de calles del colegio de nuestros hijos y nos sentamos a una mesa. Pedimos dos cafés y yo un croissant.

    -¿No quieres nada con el café? Le pregunto a Natalia.

    -No, gracias. Nada de bollería. Intento cuidarme mucho.

    Con ese cuerpazo no me extraña que te cuides, pienso.

    Hoy lleva un escote bastante considerable y hago lo que puedo por no mirarle las tetas. Como me dijo que su marido trabaja por la mañana no podrá vernos y espero que nadie del colegio se fije en nosotros.

    Terminamos de desayunar y nos despedimos. Espero que no hay notado la tensión sexual entre nosotros. Bueno, entre mí solamente.

    -Hasta mañana entonces. Ah, espera te voy a dar mi número de móvil. Mañana no puedo llevar a Luisa al cole porque me hacen unos análisis temprano y he pensado si podías llevarla tú.

    -Pues claro. No me cuesta nada.

    -Te mando un whatsapp esta tarde con mi dirección y mañana la recoges. Ahora tengo un poco de prisa, se me ha hecho tarde, me dijo mirando el reloj. Lo siento.

    -Adiós.

    -¡Luego te escribo!

    A eso de las cinco me mandó un mensaje con su dirección. Quedábamos a las 8 para que recogiera a Luisa. Ella me la dejaba y se iba a los análisis.

    No pensé en nada raro hasta el día siguiente.

    Llegué a su casa a las 8 menos 5 y me abrió el portal. Cuando subí a su casa me la encuentro en la puerta con un camisón rosa y de la mano de Luisa.

    -Hola, ¿puedes llevarla entonces?

    -Sí, claro, no hay problema, le respondo.

    Cuando bajamos al portal, me suena el móvil. Pip, pip. Voy con los niños de la mano y no puedo mirar el teléfono, por lo que lo dejo para luego. Si es algo urgente, que me llamen, pienso.

    Dejo a los niños en el colegio y me siento en el banco del otro día para mirar el teléfono.

    Es un mensaje de Natalia. Me dice que a las nueve estará en casa. Uy que raro, pienso. Esta quiere algo.

    Decido no contestarla y presentarme en su casa.

    Voy al bar donde quedamos ese día y desayuno. Por un momento pienso en su marido, pero me dijo que estaba trabajando por la mañana. Pero luego pienso en su maravilloso culo y decido arriesgarme.

    Antes de las nueve estoy en el portal, de pie, esperando. Una señora sale y me sujeta la puerta, pero yo decido no entrar aun. La mujer me mira raro y supongo que pensará ¿qué hace este tío esperando en el portal a esta hora? La ignoro y veo como se marcha moviendo las caderas. La verdad tiene un buen culo para su edad. Me he levantado un poco salido hoy.

    A las nueve en punto tocó el portero y me abre. Subo corriendo y toco la puerta con el puño. Me abre, pero no está detrás de la puerta.

    -¿Se puede? Pero no oigo respuesta.

    Decido entrar y cerrar la puerta.

    Miro alrededor y no veo a nadie. Sigo andando y no sé qué hacer. No quiero entrar más dentro. No tengo confianza para eso.

    -Ven a la cocina, oigo que me dice a lo lejos.

    Sigo andando, no sé dónde puede estar la cocina.

    -Vamos, por aquí.

    Su casa no es tan grande pero no encontraba la cocina.

    Entro y allí esta ella con el camisón de antes. Lleva puesto un esparadrapo en el brazo con lo que confirmo que si se ha hecho los análisis.

    -¿Me deseas? me pregunta. ¿A que si?

    Me quedo mudo, no puedo hablar.

    -Te he mentido, en realidad mi marido y yo nos hemos dado un tiempo. Cuando te vi en el autobús me gustaste enseguida. Como estamos libres he pensado que podíamos…

    Antes de que termine la frase, me acerco a ella y le beso la boca. Nos besamos apasionadamente y dejo caer su camisón al suelo.

    Acaricio su culo a través de las bragas y me pongo muy cachondo. Una erección empieza a crecer. Ella lo adivina y desabrocha un poco mi pantalón y me masturba un poco. Le quito el sujetador y le como los pezones. Son preciosos.

    Ella sigue masturbándome. Decido bajar sus bragas y frotarme contra su coño con el pantalón aun puesto.

    Finalmente me lo baja y el calzoncillo también. Mi pene apunta alto hacía ella.

    -No tengo condones, me dice.

    -No importa, estoy sano. Me correré fuera.

    Es una locura, pero estoy tan caliente que no puedo perder tiempo en bajar a la farmacia a por condones y perder esta oportunidad.

    Se la meto a pulso apoyada contra el fregadero. Le subo un poco la pierna derecha para una mejor penetración y la bombeo a gusto.

    Seguimos un rato dándole y me pide que me la folle de espaldas. No pensaba pedírselo, pero así la visión de su culo hará el polvo más excitante.

    La giro y se lo hago así. Para entonces ya estoy a punto de correrme. Tengo que concentrarme y no correrme dentro, aunque me apetezca un montón.

    Sigo un poco más, un poco más y saco mi pene y me masturbo y eyaculo en su espalda. Después de correrme, limpio su espalda y mi polla. Nos sentamos en el suelo de la cocina.

    -Ha sido increíble. Follas muy bien, me dice.

    -No he perdido práctica.

    -Quedamos mañana si quieres.

    -Por supuesto. Mañana traeré condones.

    Me doy una ducha y nos despedimos hasta mañana. Veremos donde lo hacemos mañana.

  • Masquerade

    Masquerade

    El Carnaval, la fiesta de los pecados carnales, seguramente podemos encontrar un carnaval diferente en cada cultura, y si profundizamos un poco más, posiblemente descubriremos que son el reflejo de las fantasías eróticas de cada cultura, desde la lujuriosa pasión brasileña hasta el sofisticado erotismo veneciano. En otros en cambio, el erotismo brilla por su ausencia, en esta categoría estaría el carnaval de mi tierra, no digo que no tenga su encanto, pero es un carnaval que gira entorno a la burla del poder eclesiástico y político, está claro que entre quienes lo empezaron, follar no era uno de sus pecados favoritos.

    Aquel sábado de carnaval, no se diferenciaba mucho de cualquier sábado noche, salvo por una mayor densidad de público y algún que otro grupo de gente con disfraces comprados en el chino o en cualquier web cutre.

    Así que rodeados de caperucitas, toreros y vampiros varios intentando llamar la atención, comprendí que lo más cerca que estaríamos del carnaval brasileño esa noche, fue durante la cena en La Favela, un restaurante brasileño donde preparan una picanha exquisita.

    Nos encontrábamos en la planta superior del local, tan llena de clientela que podríamos llenar un estadio de fútbol, así que después de atravesar el local haciéndonos sitio entre una marea de gente, conseguimos acercarnos a la barra. Allí estuvimos esperando unos 10 minutos a que nos atendieran a una camarera con un disfraz de gatita mimosa con una diadema negra con orejas de gato y cola que salía de su cintura, aunque su cara se parecía más a la de una gata cansada y enfadada de aguantar a borrachos. Antonio pidió un ron con cola, Julián y yo dos gintonics.

    No está nada mal, y que bien le sienta esa colita, dijo Antonio, mientras la camarera se alejaba meneando las caderas y la cola del disfraz. Recordaba a aquella camarera de otros locales durante los últimos años, supuse que ya tendría unos treinta tantos años y seguía trabajando en la hostería nocturna, lo que me hizo sentirme un poco viejo y cierto sentimiento de culpa afloro en mi por haberme fijado en su trasero.

    – Si, no está nada mal.

    – Lo que me gusta de ella es que siempre se muestra atenta, a pesar del amplio número de tarugos que hay por metro cuadrado en la noche

    Antonio era así, lo mismo te estaba hablando de su culo como al momento alababa las cualidades profesionales de la hostelería nocturna.

    – Vamos, cómo tú

    – Que cabrón

    – No me gustan nada estos los carnavales, el año que viene nos vamos a algún lado.

    – ¿A Brasil?

    – No estaría mal, aunque prefiero los carnavales de Venecia

    – No sé, yo preferiría el calorcillo brasileño, ¿Tu que dices?, Julián. ¿Rio o Venecia?

    – El año que viene seguro que estaremos aquí como siempre. Mucho hablar del año que viene para volver a hacer lo mismo, nada.

    – Tienes razón, siempre decimos lo mismo y al final no nos movemos.

    – Oye, ¿No es aquel Gustavo? aquel que conocimos en el cumple de Juan. Creo recordar que tenía una mujer guapísima.

    – Si es el, disimula llevo unos meses trabajando para con él, ahora no tengo ganas de hablar entablar una conversación.

    – Demasiado tarde, colega. Nos ha visto y viene directo hacia nosotros.

    Ahí estaba Gustavo, uno de mis principales clientes, un poco pijo pero un buen tipo. Ya llevaba seis meses trabajando para el en el lanzamiento de un nuevo producto, casi el mismo tiempo que llevábamos follando como bestias su mujer y yo. En más de una ocasión, había conversado con él por teléfono, a la vez que los labios de Alba me llevaban al límite jugando con mi polla. No podía evitar recordar sus grandes ojos marrones con los que me mira siempre que me hace una mamada.

    – ¡Como está esto de gente!, ¿Qué tal hombre?

    – Aquí con unos amigos tomando unas copas, si un poco agobiante hoy con tanta gente en todos lados.

    – Demasiada, aunque es lo que esperaba siendo sábado de carnaval. Mucha gente que no suele salir, ya sabes, sale en días como hoy.

    – Si es cierto, estuve a punto de quedarme en casa, pero estos insistieron y decidí salir aunque no creo que aguante mucho.

    – Ves yo, hoy tengo ganas de fiesta. Alba tenía que ir a cenar con unas clientas de su despacho que venían de Madrid, y me dio carta blanca, así que tendré que aprovechar. Que suerte tenéis los solteros, que cantidad de mujeres hay en día por las noches.

    Asentí con la cabeza, con esa sonrisa corporativa que tenemos los hombres cuando hablamos de copas y mujeres. Siempre vinculamos noche y ligoteo, cuando no tiene por qué ser así, yo siempre he ligado más por el día que por la noche. Ligar por la noche es agotador, por un lado las amigas, una barrera a veces difícil de superar si tus amigos les aburren, y por otro lado, la lógica actitud defensiva de las mujeres de quien se ve objetivo de gran parte de los hombres que salen por la noches.

    Gustavo saludo a Antonio y Julián, a los que recordaba de la fiesta de cumpleaños del Juan del pasado verano, enseguida congeniaron, tanto, que poco después, nuestra camarera con su disfraz de gata estaba sirviendo una tercera ronda de copas.

    Mientras Gustavo y mis amigos hablaban de los tiempos de la adolescencia y sus locuras, yo no podía evitar recordar de alguno de los momentos más morbosos vividos con Alba. Ya había tenido alguna aventura con mujeres casadas pero en ninguna de ellas, el marido había jugado un papel fundamental en nuestros juegos morbosos. Creo que ambos habíamos decido dejarnos llevar, desde el primer momento, por nuestros deseos más perversos. Convirtiendo así nuestros encuentros, un cóctel lujurioso que desafiaba las normas sociales entre mujer, marido y amante.

    Debían ser las 2 de la mañana y seguía entrado gente, el espacio se había reducido todavía más. Los disfraces seguían brillando por su ausencia, salvo una pequeña parte la mayoría vestíamos como un fin de semana cualquiera.

    De pronto me fije que cerca nuestra había un grupo de 3 mujeres, vestidas de cortesanas venecianas que parecían salidas de la propia Venecia del siglo XVIII sus disfraces que destacaban sobre la mediocridad de los demás. Las tres vestían unos elegantes vestidos hechos a base de satén blanco y finas telas de seda de diferentes colores… azules, negros, rojos y dorados fieles al lujo de la época, con la única licencia histórica de que sus vestidos no llegan a sus rodillas, dándoles un toque muy provocador. El disfraz no acababa ahí, unas enormes pelucas blancas adornadas con perlas cubrían su cabello natural, y ocultando sus rostros, unas máscaras al más puro estilo veneciano, que solo dejaban ver sus ojos y sus labios.

    Las máscaras eran de lo que más espectacular, estaban hechas a base de pan de oro, craquelado y decorado con finos arabescos para acabar con tres preciosas plumas blancas coronando su frente. Dicen que las antiguas damas de la nobleza veneciana se disfrazaban con aquellas máscaras, ocultando su identidad con la finalidad de mezclarse con el pueblo llano, según las malas lenguas para poder gozar con los atributos y las formas poco refinadas de los hombres alejados de los palacios venecianos.

    Gustavo, Julián y Antonio seguían hablando animadamente, visto desde fuera era resultaba gracioso verlos gesticulando con hombros, brazos y cabeza, intentando que así se les entendiese mejor a pesar del volumen de la música. Mientras yo, disimuladamente, me fui acercando al grupo de las tres mujeres, hasta que quedamos prácticamente espalda con espalda.

    Las tres tenían buenos tipos, no debían tener de la misma edad, la que parecía mayor deberían rondar los cuarenta y pico y las otros dos los treinta y tantos, aunque sin verles la cara era imposible adivinar con certeza su edad.

    Mi mirada se cruzó con la que tenía más cerca, y bajo su máscara pude apreciar unos ojos grises con cierto toque irreal y unos labios rojos que me sonrieron. Ante su gesto, incline mi cabeza y me anime a acercarme para hablar con ella.

    – Vuestras máscaras son impresionantes. ¿Son auténticas?

    Me respondió afirmando con su cabeza

    – ¿Sois de aquí?

    – Yo sí, ellas no. Una es italiana y otra alemana

    -Tu voz me resulta familiar. ¿Nos conocemos?

    – Si te lo digo, rompería la magia de esta elaborada máscara. ¿No crees?

    Gustavo y los demás ya se habían percatado de mi nueva amiga, poco a poco y disimuladamente iban ganando terreno hasta acabar pegados al lado de las otras dos mujeres. Yo seguía conversando con ella, a la vez que intentaba descubrir algún rastro o gesto familiar que me diera alguna pista sobre aquella mujer. Pero no descubría quien podría ser, posiblemente no la conocía de nada, pero de eso se trataba aquel juego de máscaras.

    Mi misteriosa acompañante acerco la copa a su boca y de forma casi obscena aprisionó con sus labios una larga pajita fluorescente que flotaba en su gintonic, todo sin dejar de mirarme con aquellos ojos grises.

    – Parece que tus amigos y mis amigas han conectado bastante bien

    Desvié la mirada hacia ellos, allí estaban los tres, intentando entenderse con las amigas de mi misteriosa dama. Gustavo me hizo una mueca de aprobación, como indicándome que no me preocupase por ellos que siguiera a mí rollo, por lo que volví a dirigirme a mi acompañante.

    – ¿Hablan español?

    – Ni una palabra, ¿Tus amigos hablan inglés?

    – Dos de ellos ni palabra, el otro creo que si

    – Si Gustavo, habla inglés perfectamente

    – ¿Conoces a Gustavo? –dije sorprendido

    – Si claro, es mi marido.

    Me dijo de forma natural, mientras se reclinaba sobre mí rozando sus labios húmedos con los míos.

    – ¿Alba? – dije susurrando, para que Gustavo, que estaba a menos de un metro de nosotros, no me oyese-

    – Shhhhh, a ver si te va a oír

    Estas situaciones eran las que nos hacían perder la cabeza a Alba y a mí, no éramos de ese tipo de amantes de jueves en un motel de 8 a 10, jugábamos al límite, eso era lo que nos unía y nos ponía.

    – Mi tacto me dice que te gusta la situación – dijo, mientras sentía como su mano acariciaba mi entrepierna por encima de mis pantalones.

    – Tus amigas se van a dar cuenta.

    – No te preocupes por ellas. No saben que estoy casada y no volverán por aquí en la vida.

    – ¿Quiénes son?, son de un agencia de moda italiana. Una diseñadora viguesa abre en unos meses una tienda Venecia, y han venido a preparar la inauguración que será con motivos carnavalescos, de ahí estos disfraces.

    – Gustavo me dijo que tenías cena de trabajo, que por eso había salido.

    – Si, en principio era solo ir a cenar, pero se empeñaron en disfrazarse y tomar una copa. No me quedo otra que aceptar. De hecho te iba a llamar para vernos antes de volver a casa pero se fastidió el plan.

    Alba estaba apoyada con la espalda sobre la pared, de vez en cuando notaba su mano sobre mis pantalones, en este caso sí que agradecí que hubiese tanta cantidad de gente, ya que hacía casi imposible, que nadie se percatase de la mano de Alba recorriendo mi entrepierna.

    – El disfraz es impresionante, ¿y esos ojos grises?

    – Lentillas, traen de todo las tías.

    – Mira que si Gustavo se enrolla a alguna, la liamos

    – No tiene nada que hacer, ni él ni tus amigos, te lo aseguro

    – ¿No?, yo las veo mi animadas

    – Son lesbianas y sospecho que pareja. Sinceramente creo que insistieron tanto en disfrazarse para ver si les seguía el juego. Cuando me estaban ajustando el vestido, note como unos dedos rozaron levemente mi braguita mientras una de ella miraba sonriendo a la otra. Por un instante hasta me puse cachonda al ver el juego qu ese traían entre ellas.

    – Joder, esto mejora por momentos

    – ¿Quieres que me lo haga con ellas?, como sois los hombres, veis dos coños juntos y ya queréis que se froten para daros placer a vosotros.

    – Jajaja, no te lo voy a negar

    – Pues te vas a quedar con las ganas, amigo. No me van los coños, además prefiero esto que tienes aquí entre las piernas.

    Me quede mirándola, irreconocible con aquellos máscara y esos ojos grises, únicamente sus labios carnosos, ahora que ya sabía era ella, me daban certeza que era Alba, la esposa de mi cliente que estaba justo a un metro de mí.

    – ¿Te atreves? – le pregunte

    – Cuando llame a Gustavo, me dijo que estaba aquí contigo, y decidí venir. Desde entonces lo estoy deseando. ¿Dónde vamos?

    – ¿Has follado alguna vez en los baños de un pub?

    – No, hasta hace unos meses era una mujer decente

    – Yo tampoco, aunque nunca me consideré un hombre decente por eso.

    – Están en la planta de abajo, vamos

    – ¿Los dos a la vez?

    – Si, me da mucho más morbo que nos vean yendo juntos, seguramente bromearan con entre ellos, sin imaginarse ni de lejos, que me realmente me vas a comer el coño en el baño.

    Y así fue, por el reflejo de un espejo de la pared pude ver como Gustavo y mis amigos nos miraban entre comentarios y sonrisas mientras nos perdíamos entre la gente.

    A base de empujones conseguimos llegar a la planta inferior, donde se encontraban los cuartos de baño. El local disponía de 3 alturas, la principal de música de baile y con barra principal, una segunda con un ambiente más relajado y la tercera donde se encontraban los cuartos de baño

    Cuando llegamos la planta baja estaba prácticamente vacía, nos dirigimos hacia la puerta de los baños, la entreabrí para ver si había alguien, solo había dos tíos que estaban meando en los urinarios, pero no nos importó, entramos y nos metimos en uno de los privados haciendo caso omiso de sus bromas. Nunca llegamos a saber si nos oyeron, cuando entramos el reservado el mundo exterior dejo de existir.

    Una vez cerrada la puerta con el cerrojo, Alba se quitó la máscara y me beso con ansia, llevándome hacia la pared presionando mi cuerpo con el suyo y mientras mis manos subían hacía su culo por debajo de su vestido. Aparté hacia un lado su braga y uno de mis dedos se introdujo con facilidad en su coño ya lubricado.

    – Estás empapada, ¿es por mi o por la italiana?

    – El único coño que se va a comer hoy es este y serás tú quien lo coma.

    Dijo Alba mientras me presionaba la cabeza dejándola a la altura de su cintura, entendí lo que deseaba de mí. Me puse en cuclillas ante ella y levante la falda de su vestido, que resultó ser muy liviana pese a su apariencia, le baje las braga hasta las rodillas, contemple que su coño depilado ya estaba totalmente empapado, saque mi lengua y comencé a lamer el sexo de Alba.

    Al cabo de unos minutos, Alba puso una de sus piernas sobre la tapa del permitiéndome maniobrar con más facilidad, vi como aquellos labios se abrieron ligeramente, al momento mi lengua fue a por ellos para después penetrarla, me tome mi tiempo para lamer cada rincón y cada pliegue de su coño, ella no paraba de lubricar y su respiración se había convertido en leves gemidos. De su raja pase directamente a su clítoris, empezando con delicadeza, humedeciéndolo solo con la punta de mi lengua, hasta que mi lengua se adueñó de él de forma salvaje. Alba seguía gimiendo más y más fuerte, por un momento pensé que iba terminar, así que pare, y le pedí que se diese la vuelta. Alba comprendió en seguida mis intenciones, se puso mirando hacia la pared apoyando una rodilla encima del retrete y abriendo la otra todo lo permitía, el poco espacio que teníamos.

    Me baje los pantalones y calzoncillos, le subí el vestido, ella agarró mi polla con la mano y la dirigió hacia su entrada chorreante. De un solo empujón la penetre hasta que mis los huevos rebotaron en su culo, ahí comenzó un mete saca lento, que se fue acompasando con la vibración que producía la música de la planta superior en las paredes de aquel receptáculo. Alba se estremecía con cada centímetro de mi miembro que entraba y salía, hasta que no pudo más, y empezó a jadear con cada una de mis sacudidas, cada vez más fuerte hasta llegar a sentir uno de los orgasmos más intensos que le vi desde que estábamos juntos.

    Poco a poco fue recuperando la respiración y una posición más cómoda.

    – Casi me matas de gusto…, cabronazo… Nos tenemos que ir, siento dejarte así pero no tenemos tiempo. Prometo compensarte pronto.

    Dijo mientras me acariciaba la polla completamente empapada de sus fluidos.

    Cuando regresamos, Gustavo y mis amigos seguían conversando con las amigas cortesanas de Alba. Al pasar a su lado me pareció ver tras aquella máscara, un gesto de decepción en los ojos de una de ellas.

    – Sí que habéis tardado -me dijo Gustavo cuando me vio-

    – Me acaba de enviar un mensaje Alba, espera. Dice que aún tiene para rato, que no llegara hasta las 5, mírala no tenía ganas de ir, y ahora no quiere irse. ¿Qué te parece nos tomamos otra copa con nuestras nuevas amigas?, por lo que veo a ti no te está yendo mal. Así que… ¿Qué me dices?

    – ¿Por qué no?, quizás la noche aun de para cumplir alguna promesa

    – ¿Una promesa?, vamos de copas no de procesión, jajajaja

    – Cosas mías, no te preocupes Gustavo

    Mientras decía esto, vi como Alba guardaba su móvil en el bolso, y sus irreales ojos grises me penetraron con un brillo lujuriosamente letal.

     

    *********************

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    Gonzalo alterna sus estudios con la practica de deporte. Con algunos de sus compañeros se ha hecho socio de un club de remo que queda en la zona portuaria. Por lo general, el dia que mas le gusta ir al club son los sabados de mañana porque en general hay menos gente y Gonzalo tiene mas tiempo para hacer deporte.

    Por otra parte, Gonzalo tiene timidez y le cuesta mostrarse desnudo en el vestuario porque siente que a la edad de 18 años tiene un poco mas de «curvas» en su cuerpo que las que les gustaria tener, dandole un toque «femenino» a lo que no ayuda nada el carecer casi totalmente de vello, lo que le da ese aspecto que acompleja al chico, sobretodo cuando se compara con el aspecto mas «varonil» de sus compañeritos.

    No ha sido la unica vez que en las duchas el muchacho siente las miradas de otros hombres puestas en el, generalmente tipos mucho mayores que le miran sin disimulo la cola y las piernas y una vez un tipo pelado desagradable estuvo todo el tiempo mientras el se duchaba mirandolo de arriba abajo y pasandose la lengua por los labios.

    Por eso el chico prefiere concurrir al club cuando hay poca gente.

    Ese sabado, sin saber que iba a ser violado salvajemente, Gonzalo vio con satisfaccion que no habia nadie practicamente en el club, tampoco habia ido ninguno de sus compañeros con los que habitualmente salian en canoa por la bahia. Pidio en el vestuario una pelota y cruzo la calle hacia la cancha de Basket, que estaba frente a la sede del club, pegada a la de futbol. No habia nadie en ninguna de las dos canchas y el muchacho se puso a practicar tiros al tablero.

    Despues de un rato cuando Gonzalo se estaba aburriendo de estar solo, vio que dos hombres entraban a la cancha y se dirigian hacia el. No le extraño porque el chico no conocia a todos los socios pero si le llamo la atencion que los individuos no estaban con ropas deportivas sino vestidos de calle.

    El mayor de los dos, un tipo alto, flaco, de barba descuidada le dijo «Mira, queres que te enseñemos como hay que tirar al cesto? pasame un poco la pelota». El chico penso que quiza era un profe de educacion fisica o alguien que supiera de basket y le paso el balon. El sujeto se paro frente al chico y le dijo «Tenes que pararte asi» y se puso detras del chico, lo tomo por la cintura y le empezo a tocar las piernas diciendole «Ves, asi dobla un poco la rodilla» y mientras le acariciaba el muslo por detras. El otro tipo se mantenia expectante, sin decir nada y a Gonzalo le parecio que el barbudo se demorab a un poco en tocarle las piernas y en decirle como tenia que pararse, empezaba a extrañarse cuando subitamente el barbudo dejo de tocarlo y junto a su compinche se retiraron rapidamente de la cancha.

    Gonzalo vio que simultaneamente estaban entrando a la cancha dos personas, estos si vestidos de deportes y le dijeron para practicar a lo que Gonzalo dijo que si mientras veia como se alejaban los dos tipos, lo que le dejo una rara sensacion .Al rato se olvido y jugo un rato mas al basket con los que habian ingresado.

    Despues de una hora se fue a duchar, por suerte tampoco habia nadie en el vestuario y entonces no tuvo que soportar miradas «extrañas » de nadie, Se baño y se cambio, se puso otro short blanco de deportes que llevaba y una camiseta blanca y salio rumbo a la parada de colectivos.

    Al estar en la zona portuaria, Gonzalo tenia que caminar unas diez cuadras hasta la parada. Al llegar a la esquina vio con sorpresa a los dos tipos que habian entrado a la cancha, uno estaba recostado sobre el capot de un destartalado auto y el otro hablaba con el hasta que vieron al chico. Cuando el muchacho pasaba el barbudo le dijo «Ya te vas? a lo que contesto el joven «Si, voy a la parada para irme a casa» .

    El barbudo le dijo «Nosotros tambien vanmos para el centro, si queres te acercamos hasta la parada»

    Gonzalo dudo un instante, luego penso en las diez cuadras y finalmente dijo «Bueno, si les queda de camino gracias»

    El viejo alto y desgarbado, que parecia que era el que siempre hablaba le abrio la puerta trasera y le dijo «Si, nos queda de camino, te llevamos»

    El coche se puso en marcha y durante unas cuadras nadie dijo nada, despues el barbudo dijo «Tengo una idea, pasamos por casa que esta a dos cuadras, tomamos una cerveza y despues te llevamos a la parada, te parece asi te refrescas un poco». Gonzalo tuvo una punzada de preocupacion, le habian dicho mil veces sus padres que no hablara con extraños y ahora estaba en un coche con dos extraños que lo invitaban a tomar algo.

    Penso que esas preocupaciones eran algo de su niñez, no tenia porque desconfiar de lo que era una simple invitacion a tomar algo despues de hacer deporte y una cerveza le parecia algo apetecible con la sed que tenia.

    No sabia que lo que era realmente apetecible para los dos sujetos era tenerlo desnudo y disponible para ellos y sus malas intenciones, se aguantaban la calentura que les daba ese chico despues de verlo en la cancha, moviendo esas piernas y ese culo, todo vestidito de blanco parecia una pendeja de lo bueno que estaba.

    Gonzalo dijo «Bueno, pero solo una cerveza porque tengo que irme para casa»

    El barbudo, que viajaba en el asiento del acompañante se dio vuelta y dijo «Si solo una cervecita, vas a ver que bien te viene» y parecio hacer una mueca a su compinche pero Gonzalo confiado como estaba no se preocupo.

    Llegaron frente a lo que era un viejo edificio, el compinche silencioso del barbudo estaciono el coche y descendieron. Subieron por un ascensor al tercer piso, Gonzalo iba en el medio de los dos viejos, notaba que le miraban las piernas y deseo no tener puesto ese corto short pero penso que eran cosas suyas y no tenia nada que temer .

    Entraron en un apartamento y el barbudo le dijo a su compinche «trae la cerveza» y mirando al chico «pasa sentate» indicandole un sillon en el living.

    Gonzalo se sento y el barbudo se sento a su lado, le miraba ahora sin disimulo las piernas. El otro sujeto aparecio con tres vasos de cerveza y tomaron los tres en silencio, aunque el chico sentia ahora si no habia sido un error aceptar la invitacion. El barbudo le dijo «tenes lindo cuerpo, se ve que haces deporte seguido» a lo que el muchacho contesto » Voy tres veces por semana al club» pero empezo a sentirse molesto con la situacion, pregunto «Ustedes son socios?» y el barbudo, ahora mirandolo con lujuria le dijo «No, no somos socios, solo pasabamos por ahi y vimos una cosita rica como vos y lo unico que queremos es cogerte bien cogido» y puso su mano en el muslo del chico y empezo a acariciarlo.

    Gonzalo demoro en reaccionar, le dio terror lo que escucho y sentir la mano del viejo acariciandole la pierna, intento levantarse pero el otro viejo lo tomo por los brazos y se los llevo hacia atras, tenia una fuerza descomunal y el muchacho quedo aprisionado, lo levanto del sillon mientras el barbudo, sentado frente a el dijo «Te vas a ir de aca despues que te llenemos de leche2 y ahora con las dos manos le sobaba los dos muslos mientras el otro viejo, a su espalda lo mantenia apretado por los brazos y empezaba a frotarse contra la cola del chico. Sintio con horror un duro bulto contra su nalgas, se sintio perdido.

    El barbudo no dejaba de acariciarle las piernas mientras decia «mira que piernas tiene esta preciosura» sus manos subian y bajaban por los muslos del muchacho, que estaba en shock y no atinaba a nada, el viejo acerco su horrible cara a las piernas del chico y empezo a lamerle la suave piel raspondole con su barba y deslizaba sus labios y lengua sobre los muslos del aterrorizado muchacho. Mientras tanto, el que lo sujetaba con fiereza por los brazos empezo a lamerle el cuello y la cara lo que termino de asustar a Gonzalo, que se dio cuenta que esos dos degenerados lo iban a violar.

    El barbudo se levanto, siempre tocandole las piernas y subio por el cuerpo del muchacho metiendo sus toscas manos por debajo de la camiseta y llego hasta los pechos, tocandole los pezones y apretandoselos, al o que Gonzalo gimio. Le busco la boca y le empezo a chupar los labios hasta lograr que su lengua se metiera a la fuerza en la boca del chico. La repulsion y horror que expeimentaba el joven eran indescriptibles.

    «Vamos al cuarto» dijo el barbudo y ahora si, el chico se sintio desmayar, lo iban a violar dos viejos degenerados y el no podria hacer nada.

    A los empujones lo llevaron al dormitorio, lo tiraron en la cama y mientras el que lo sujetaba fuerte no lo dejaba mover, el barbudo dijo «yo me como primero a este pendejo, despues te lo dejo» refiriendose a su compinche. Gonzalo vio con horror como el viejo le sacaba a los tirones el short, lo ponia boca abajo en la cama y con brusquedad tambien le quitaron las zapatillas, ahora el otro viejo le llevo los brazos atras inmovilizandolo mientras se apoyaba sobre su espalda y le hundia la cara ante el colchon.

    El otro disfrutaba de las piernas y las nalgas del chico, chupaba los muslos afiebradamente y subia hasta las nalgas, se las abria y cerraba con lujuria y empezo a buscarle con locura el hoyito para chuparselo. Se levanto y le dijo a su compinche «tiene gusto a conchita el culo de este chico» y volvio a hundir su cara en el culo del chico. Chupo y chupo y luego metio un dedo, Gonzalo quiso gritar pero su cara hundida en la cama no se lo permitia. El violador metio dos dedos y los movio girando en ese apretado culo, siguio chupando y dilatando hasta que no pudo mas, su verga estaba para reventar, se irguio sobre el culo del chico, con una mano ab rio las nalgas y con la otra guio el duro miembro hasta la entrada del chico, empujo y le costo, empujo mas y parte de su verga se metio, empujo mas y siguio metiendose hasta que en un supremo esfuerzo entro del todo.

    Gonzalo quiso gritar con todas las fuerzas al sentir esa brasa ardiendo en su culo, esa penetracion salvaje que lo violaba, pero no podia al estar tan apretado, el violador espero unos segundos y empezo a cogerlo con salvajismo, sin compasion, durante unos minutos que parecian horas, hasta que el viejo violador en una embestida apoteosica termino acabando dentro del culo del muchacho.

    Luego de unos minutos se salio del culo del chico, que no ofrecia resistencia despues de la salveje agresion y le dio lugar al desaforado compinche que se ubico entre las piernas del chico y lo penetro sin contemplaciones.

    Despues de unos minutos, el otro abusador acabo dentro del sufrido chico, con un visible bufido de satisfaccion.

    Transcurridas unas horas, el chico fue obligado a lavarse, vestirse y lo dejaron en la parada del colectivo.

    Gonzalo no era consciente de todo esto y todo transcurria como en un sueño. Lo unico real era el terrible dolor que sentia en el culo.

  • Placer riesgoso

    Placer riesgoso

    Diego era hijo único, y todos los días se hacía una paja por lo menos. Su experiencia sexual era nula debía tener unos 22 años, el día que todo empezó llego de la universidad y grito llamando a su mama.

    D -¿Dónde estás, mamá?

    Pero nadie le contesto miro hacia la cocina y no vio a nadie y fue hasta la habitación de sus padres y tampoco encontró a nadie así que se dirigió a su cuarto y prendió su computadora para ver relatos.

    D – oh siii, nada como una buena chaqueta con estos relatos –con cual será este es bueno.

    Escogió uno de amor filial donde el hijo se cogía a su mama y empezó a imaginarse a su mama.

    D – oh sii con que mama me la chaquetearas como siempre. Ohoo siii.

    Pero cuando iba alcanzar el éxtasis no oyó llegar a su madre. Su madre se llama Dulce una típica mujer cuarentona con pechos grandes las típicas tetas que han dado de mamar. Cuando salía a la calle iba siempre bastante recatada con unas blusas y una falda o un vestido hasta las rodillas, y unas caderas anchas que hacían lucir de un culo majestuoso.

    Du- Diego baja a que ya preparo la comida.

    D – mierda -exclamo Diego si dejar de jalársela.

    Al ver que no le respondían decidió subir para ver que estaba haciendo su hijo.

    Du- Diego!!

    D – ya mero me vengo no puedo parar –pero se dio cuenta que tenía envuelta la verga con la tanga que le había robado a su madre. La tiro y para terminar lo hizo en un vaso de licuado que tenía desde la mañana.

    Du- que demonios haces te estoy llamando.

    D- lo siento mama estaba jugando en la computadora.

    Du –baja de inmediato y espérame para comer.

    D – ok mama allá voy.

    Du – mira este desastre de cuarto por estar jugando ni siquiera se termina el desayuno -tomo el vaso de licuado y lo bebió.

    Como ya quedaba poco lo tomo de un sorbo al tragarlo todo supo que lo que estaba ahí no era solo un licuado si no también los mecos de su hijo. Hecha una furia pego un grito.

    Du – ¡Diegooooo!!! ¡Ven aquí de inmediato!!!

    D – ahora que mama.

    ¡Slap! Nada más se escuchó eso un tremendo cachetadon.

    D – y ahora porque diablos fue eso.

    Du – que tenía esto.

    D – licuado.

    Du – seguro porque me lo he tomado.

    D – que no yo… no yo…no sabía que te lo ibas a tomar.

    Du – cuando llegue tu padre le voy a comentar sobre esto.

    D – vamos mama eso no es gusto.

    Du – será mejor que salgas de mi vista…

    Ya en su cuarto Diego se encontraba acostado y pensando en lo ocurrido y en que le haría su padre.

    D – demonios me atrapo, no puedo creer que se los tragara, ya que veremos qué pasa.

    Mientras tanto en el comedor Dulce pensaba en lo mismo.

    Du – como pude habérmelos tragado, ni siquiera me puedo concentrar solo de pensar en ello. Y yo le pegué por comportarse así… me trague sus mecos… no había hecho algo tan sucio desde la universidad… y el sabor era delicioso.

    Ya llegada la noche Dulce se fue a dormir pero tuvo un sueño bastante raro donde se veía ella en forma de vaso y era tomado por Diego que se estaba masturbando y arrojaba sus mecos en el vaso donde ella abría la boca y se los comía eso la despertó con un gran sobresalto vio la hora eran las dos de la mañana.

    Du – no puedo dormir… no me puedo sacar de la mente esa imagen.

    Se tentó en su entrepierna y sintió algo húmedo.

    Du- que… Estoy tan mojada solo de pensar en ello.

    Así que decidió ir hablar con él, se dirigió a la habitación de su hijo sin importarle estar en bragas y sujetador, con una bata transparente. Diego estaba tumbado en la cama, solo con su short y tapado con solo una sábana entró en su habitación lo despertó, al verla se sentó y pensó en lo buena que estaba así vestida, Dulce se sentó a su lado y le puso la mano en una pierna.

    Du – perdóname por haberte pegado. Mira, Diego, masturbarse es normal.

    Dulce se dio cuenta de cómo le miraba las tetas, y vio un bulto dentro del short de su hijo, se estaba excitando, le miró y le vio fijo en sus tetas.

    Du – ¿Se puede saber que miras?

    D – Nada, mamá.

    Du – ¡Nada! No haces nada más que mirarme las tetas.

    D – Perdona mamá, es que son muy bonitas.

    Du – ¿Pero me las has visto acaso?

    D – No, pero me las imagino.

    Du –piensas en mí al masturbarte.

    D – Perdona, mamá.

    Du – Lo que no está bien, continuó su madre, es que lo hagas pensando en mí, ¡Soy tu madre!

    Diego se avergonzó, ella después de esa platica se despidió de él y se regresó a su recamara Diego no pudo conciliar el sueño así que fue hasta el cuarto de su mama la vio acostada destapada y no pudo no fijarse en ese culo que se le ofrecía.

    D –mama estas despierta.

    Al ver que no respondía se acostó a su lado y…

    D- esto es demasiado para mí, tal vez si solo tal vez la rozara un poco, no creo que se enoje no se la estoy metiendo.

    Y empezó a bajarle la tanga y a rozarle ya con la verga fuera y no paró ahí le tomo las tetas ya fuera de sí, se las magreaba ella adormilada comenzó a sentir que le tocaban las tetas y le daban tallones en su culo.

    Du – pero que ese no es mi esposo él llega hasta el lunes, pero que…

    D – uufff

    Du – bastardo que estás haciendo -¡slap! Otro cachetadon.

    Diego chillando le dijo:

    D – no… ¡No pude evitarlo mama!

    Él había escuchado a su madre hablar por teléfono y gritándole a su papa porque no iba a llegar ese fin de semana y eso él lo iba aprovechar.

    Du – en serio.

    D – en serio, si mama.

    Du- no le diré a tu padre solo vete a tu cuarto.

    D – pero que voy hacer con esto –mostrándole una gran erección.

    Du – ehhh… te ayudare pero solo esta vez, pero me tienes que prometer que no le dirás a nadie de esto ¿de acuerdo?

    D – hecho.

    Du – pero solo… -ella se agacho a la altura y tomo la verga de su hijo y se le queda viendo.

    D – ¡oh si mama chúpamela!

    Du -¿qué? Solo te iba a decir como pued….

    Diego la tomo por la nuca de una se la metió en la boca.

    Du – aggghh.

    D – ah así mama.

    Du- déjame agagh.

    D – ya casiii mama, me voy a venir mamaa.

    Du – nofff… Sueltamm… agggh nmofff… –ella logro soltarse antes de que terminará– no seas tan rudo yo no quería hacer esto.

    D – pero que voy hacer no he terminado podría por lo menos usar tus tetas para terminar.

    Du – ok pero…

    Ella se bajó los tirantes de su bata de su camisón para dormir, pensó que solo las miraría para jalársela y terminar pero él se abalanzo sobre ella cayendo al suelo los dos y él puso su verga en medio de las tetas de su mama.

    D – gracias mama.

    Du – tranquilo solo…

    D –he soñado esto toda mi vida.

    Du – en serio eso está mal soy tu madre es malo que pienses en mi de esa manera.

    D – menea la tetas mama solo un poco que ya estoy por acabar, por favor mama.

    Du – pero… pero…

    D – apúrate mama ya no tardes.

    Du – recuerda… que solo por esta vez… bien.

    D – eres la mejor madre de todas sigue asii… sigue…

    Du – bien… disfrútalo mientras dure.

    D – siii.

    Du – dime cuando te…

    D – aha mamaa…

    Du – demonios no en la cara NO.

    Se corrió, el esperma se dirigió hacia la cara y sus tetas, en eso se escuchó un auto llegar y abrirse la cochera se sobresaltaron los dos.

    Du – sal de aquí es tu padre rápido, que estas esperando lárgate.

    D – no… quiero que me prometas que esto lo vamos hacer de nuevo o no me voy.

    Du – ahorita no es el momento de discutir esto.

    D – entonces no me voy.

    Du – está bien lo volveremos hacer ahora lárgate.

    Agarró su ropa y salió de la habitación entro a la suya se tumbó en la cama sonriendo, lo había conseguido. Dulce salió de la habitación y se fue al cuarto de baño, se miró en el espejo tenía las tetas llenas del semen de su hijo.

  • Mi primer trío en la universidad

    Mi primer trío en la universidad

    Hace ya unos ayeres que sucedió este relato. Fue a inicios de la Universidad.

    En esta ocasión que les relato, me dirigía a mi casa acompañada de mi novio y un amigo de ambos. Nosotros regresábamos de las prácticas de la Universidad. Ese día habíamos tenido práctica en un hotel de gran turismo, (estudiábamos hotelería y turismo) por lo que ellos habían tenido que ir muy guapos pues les toco en recepción y a mí me tocó de hostess en el restaurante. Traía puestas unas zapatillas rojas, pantimedias color natural, falda corta roja y ajustada, una pantaleta blanca de esas llamadas invisibles, blusa color hueso, sostén blanco que aumentaba el volumen de mis senos. Mi cabello recogido con un moño. En la mano mi blazer rojo y mi pequeña bolsa.

    Al llegar a casa los invite a pasar, mi madre nos recibió y les invitó a comer y descansar un poco. Poco después cuando comíamos mi madre recibió una llamada de la escuela de mi hermano y tuvo que salir.

    Seguimos platicando y se nos ocurrió hacer unas bebidas de las que aprendimos con los baristas. No sé cómo se fue dando, pero la situación subió de tono. Palabras en doble sentido, besos, caricias. Y en una de esas quedé besando a mi novio, abrazándolo por el cuello y él recorría con sus manos mi espalda y mis nalgas. Me estaba jugando mal el alcohol y el cansancio de ese día, mis neuronas por otro lado me jugarían una acción inesperada; ante esos deliciosos besos de mi novio bajé sus manos a mis nalgas y le empecé a morder el lóbulo de la oreja, sabiendo que lo prendía, empezó a subir mi ajustada falda y mostrar por tanto el interior a nuestro amigo, el cual interpretó que lo estábamos invitando a participar. Se acercó por detrás a mí y también empezó a besar mi cuello y recorrer mi cuerpo con sus manos mi novio desabrocho mi chaleco y blusa y empezó a chupar mis pechos por encima del sostén, mi amigo mientras me tocaba por encima de las pantys recorriendo de mi vulva a las nalgas.

    Me sentía toda una estrella porno, toda caliente deseando más que una manoseada. Así que tomé a mi novio por la corbata y lo bajé para que me chupara mis partes, él bajo mis pantimedias y calzón hasta los tobillos, y empezó a chupar mi clítoris y mis labios. Yo le empujaba entre mis piernas disfrutando cada embestida de su cálida lengua. Nuestro amigo ya había sacado su miembro durísimo por cierto y lo pasaba entre mis pompis. Me di la vuelta y me puse de a perrito en el piso y empecé a chupar su miembro. Mi novio no tardó en sacar el suyo y aprovechó para penetrarme en mi cálida y chorreante cuevita hasta hacerme tener un delicioso orgasmo. Mi amigo me levantó y ayudo a acostar en la mesa y subió mis piernas en sus hombros y así me penetró. Se movía delicioso, mientras mi novio me dio su miembro para chuparlo. Así estuvimos un tiempo hasta que llegó mi segundo orgasmo. Nuestro amigo me quitó la zapatilla derecha y sacó la media y el calzón, me volvió a poner la zapatilla, entre los dos me pusieron de pie y mi novio me cargó y bajó sobre su miembro hasta que nuevamente me penetró. Se recargó en la pared y nuestro amigo por detrás acomodó su miembro en mi vagina ya ocupada.

    Al principio debo decirles me dio miedo, pero sentir como palpitaba su cabeza me excitó muchísimo, ahora me imagino lo que sintieron los dos, porque mi novio detuvo sus embestidas y permitió que se acomodara el segundo pene en la entrada de mi vagina que palpitaba a más no poder, así su chorreante miembro se fue metiendo poco a poco, bese de una manera muy distinta a mi novio por tal sensación que experimentaba y ellos se empezaron a mover al unísono, que delicia sentir dos miembros en mi vagina, no tarde mucho en venirme así que ellos se salieron y nuevamente me acostaron en la mesa para empezar a venirse entre mi pancita, que delicia de semen calientito y oloroso en mi piel, me lo embadurne como crema en mi pancita, en mis piernas claro evitando mis partes y me vestí pero esta vez sin las pantimedias para que no se pegaran a mi piel.

    Se vistieron y despidieron, yo subí a mi habitación y cuando llegó mi madre aproveché para meterme a bañar para que no percibiera el olor a semen de mis dos machos que me habían hecho suya. Claro está, en la regadera me di una rica masturbadita recordando lo sucedido hace unas horas, y por la noche ya acostadita me di otro repasón imaginando esos deliciosos penes que me dieron bastante placer.