Autor: admin

  • Sobrecarga de amor

    Sobrecarga de amor

    – Oh, joder ¡oh, mierda mierda MIERDA! ¡Me estoy corriendo!

    Daisuke maldijo y balbuceó tonterías en el pecho de Ken cuando su orgasmo lo golpeó. Todo su cuerpo se sacudió mientras trataba de seguir cogiéndose a la polla de Takeru debajo de él, continuó presionándose dentro de él mientras la acción estaba arriba de la cara de Takeru

    Ken ronroneó en el oído de Daisuke, tanto en aprobación y como porque la lengua de Takeru estaba tan ocupada en sus testículos como el pene de este último en el ano de Daisuke. Takeru también dio a conocer su opinión mientras gemía ávidamente entre las piernas de Ken

    – Sabes que él va a correrse pronto. Tuviste que irte -. Los jadeos de Ken eran demasiado excitantes y mientras hablaba parecían excitarle a Daisuke aún más.

    – N-no adentro!! yo quiero esto adentro!!-. Los propios jadeos y lloriqueos de Daisuke se combinaron en el sonido más extraño y necesitado que alguna vez se había oído a si mismo. Y no podía creer lo que estaba pasando, pero se estaba corriéndo en la cara de Takeru y no quería que nada detuviera este momento y quiso llenarlo y llenarlo y llenarlo.

    Ken le levantó la cabeza y le miró a los ojos.

    – ¿Estás seguro?-. Preguntó acariciandole el cabello y compartiendo el mismo calor de excitación y sudor de esfuerzo

    Daisuke miró hacia atrás, habia una necesidad desesperada en su voz.

    – ¡Siiii!-. Su cuerpo todavía se mecía con cada contracción de su ano alrededor del miembro de Takeru

    Justo entonces, este ultimo gruñó ruidosamente en el ano de Ken y este abrió mucho los ojos.

    – Él está.

    No pudo terminar sus propias palabras. Takeru estaba haciendo algo muy especial con su lengua en ese momento porque Ken gritó en el orgasmo y derramó tambien en el rostro de Takeru y justo su polla salía fuerte dentro de Daisuke

    Este último gritó también, su clímax subiendo otras tres muescas mientras su cuerpo obtenía exactamente lo que estaba ansiando. Las manos de Takeru tirando de sus caderas hacia abajo le mantuvieron cerca de él mientras su semen le llenaba profundamente.

    Ya habría tiempo para las consecuencias según Daisuke, pero ahora, todo era perfecto, y mirando los ojos extasiados de Ken, parecía que nunca iba a terminar este ansiado momento de querer compartir este mómento ansioso con sus dos novios.

  • Mi cuñada, mi difícil obsesión (II)

    Mi cuñada, mi difícil obsesión (II)

    A partir de esa primera cogida, mi obsesión pasó a convertirla en una puta, eso sí, una puta de mi exclusividad.

    Ese día en su casa luego de lo relatado en “Mi cuñada, mi difícil obsesión (I)”, ella me dijo que había disfrutado mucho, pero que se encontraba muy confundida y turbada. Ante su duda mi respuesta fue dulce, pero cargada de seguridad y que no dude que me iba a pedir ser mi hembra y que no se tenía que enloquecer que su boquita era mía, ya que según ella se la había desvirgado con semen. Entre nosotros creo que alguna verga en su boca se había tragado, así que este era un jueguito de mujer recatada y de esas que no toman lechita, cosa que no demostró en la práctica je je!!!!. Lo que si aparentaba que su tiempo de abstinencia había concluido, ya que según ella hacia un año que no mantenía relaciones sexuales

    Pasaron varios días sin vernos hasta que mis suegros nos invitaron a cenar, en la casa se encontraba toda su familia, incluso su hermano, cuando ella llegó la miré embobado, se había ido con un vestidito amarillo sin mangas, cosa que dejaba ver o mejor dicho imaginar que no se había puesto corpiño, además que se observaban sus lolas muy libres.

    Me dio un efusivo beso en la mejilla, en realidad sentí que sus labios rozaban los míos.

    Durante la comida se sentó al lado mío y yo quede en el medio entre mi señora y mi cuñadita, esta me rozó como al pasar una de las piernas y la situación me puso al mango, podía observar las piernas bronceadas y me imaginaba esa peluda conchita empapando sus bombachas como en nuestro primer encuentro.

    En un momento dado, mi suegra requirió un voluntario para ir a la cocina a buscar la comida y mi cuñada, que era la más cerca de la puerta, se ofreció como voluntaria, yo haciéndome el distraído, me ofrecí a ayudarla, esto fue bastante natural, ya que normalmente lo hago, ni bien cruzó ella la puerta, mi vista venía clavada en su trasero, y la puerta se entorno le puso una mano en el medio de su culo, ella se dio vuelta y le di un beso bien caliente, mientras deslizaba mis manos por debajo del vestido y comprobaba que la muy turra estaba calentita, ya que tal me lo imaginaba, su bombacha estaba empapada de sus propios jugos, ella me dijo que la cortemos, que se iban a apiolar que algo pasaba, pero yo le dije que quería saborear mejor la comida así, que con un dedo le corrí las bragas y se lo introduje en la conchita hasta el fondo, luego se lo retire, me lo llevé a la nariz, lo olí y le dije que estaba muy sabroso.

    Mientras tomábamos las cosas en la cocina le pregunté qué color de bombachita tenía, me dijo que rosa, yo mentí y le dije que era mi color preferido y que se la tenía que sacar y dármela así podía oler todas las veces que quisiese ese olor a hembra, Ella me dijo que estaba loco!!, que no se iba a quedar, sin bombacha y que el vestido era demasiado corto y que se podían dar cuenta de que ella estaba en bolas, yo haciéndome el ofendido le dije «parece que no te importo ya que no querés correr ningún riesgo por mí y yo soy el que se está jugando todo por vos», agarré una bandeja y me fui.

    Deje la bandeja sobre la mesa y me senté. Al rato apareció ella, en verdad estaba radiante y para colmo me venía de la mano un vaho embriagador de sus flujos o hablando mal y pronto un fuerte olor a concha, tal es así que temí que mi mujer se diese cuenta. Ella dejó la bandeja y se excusó de la tardanza diciendo que el horno estaba un poco bajo así que había tenido que esperar un poco más.

    Habían pasado un par de minutos, cuando rozó mi brazo derecho e imperceptiblemente tiro mi mano en su dirección, me di cuenta que quería darme algo, y ante mi sorpresa puso un bollito en mi mano derecha, yo miré disimuladamente y vi que había una diminuta tela de color rosa entre mis manos, esto me puso al palo, tenía la bombacha de mi cuñadita en mi mano derecha y a mi mujer sentada a mi izquierda, lo más disimuladamente que pude deposité su ropa interior dentro del bolsillo de mi jean, mi instrumento estaba por explotar, imaginándome a mi cuñadita en bolas a pocos centímetros míos.

    Cuando mi señora fue a llevar los platos y a preparar el postre, deslice mi mano en forma accidental por el muslo de mi cuñada y le llegué a su peludita, me gustaba la situación, en la mesa delante de su familia y yo metiéndole y resolviéndole su coñito a gusto y mirando la cara de ella que sufría por no demostrar lo que estaba pasando y tratando de mantener una situación normal, cuando apareció mi señora fue su salvación pues ya tenía las piernas abiertas al mango y yo temía que en algún momento soltase algún gemido así que le afloje la presión, quedó con la cara roja, tal es así que mi suegra le preguntó si se sentía bien, yo me reía y disfrutaba por dentro, incluso pensando «si mi suegra supiese porqué está así la nena».

    Luego de los postres, mis suegros dijeron que se iban a ir a descansar un rato y se retiraron a su cuarto, el resto de la familia, excepto mi cuñada partió hacia la plaza y yo permanecí en el living pretextando que me quedaba leyendo el diario.

    Espere unos minutos, no sea que se le ocurriese venir a buscar algo y luego me dirigí al sofá, en donde se encontraba el objeto de mis deseos, mi cuñadita, le di un beso de lengua y le exploré hasta su gargantilla, enseguida encendió los motores, le puse una mano en su muslo y la subí rápidamente hacia su sexo, ella como un acto reflejo abrió sus piernas y me facilitó que le introduzca un dedo en su mojado sexo, al rato ya estaba empapada, baje lentamente y me arrodillé entre sus piernas a esa altura ya estaba despatarrada y con la pollera por su cintura, comencé a olerle su sexo, cosa que la excitó mucho, pues lanzó un agudo gemidito, entonces le dije «Tené cuidado que vas a despertar a tus viejos», era un placer tenerla en esa situación al mango de calentura y tenerse que controlar para que no nos sorprendan.

    Metí mi lengua en su clítoris y comencé a movérsela lentamente abrevando de ese néctar de abajo hacia arriba y en círculos, veía su cara de goce y calentura y más me excitaba…al rato le pregunté si estaba muy caliente y me dijo que sí, entonces le dije que ahora me iba a mostrar como se hacía una buena paja para mí, ella contestó que no sabía qué hacer y yo le dije no importa ya te vas a dar cuenta, busca tu placer, y ahí a pocos centímetros de mi vista tenía el chocho de mi cuñada y ella jugando con sus deditos primero tímidamente y luego casi desesperada… tal es así que ante sus gemidos y por miedo a ser descubiertos le tuve que estampar un fuerte beso de lengua para disimular los mismos y me perdí el momento de su acabada, eso sí cuando fui hasta su sexo, lo tenía empapado, entonces le dije que lo probara y se llevó un par de dedos en forma muy sensual hasta su boca y los saboreo, esto me puso el palo a mil, me incorporé y le ordené que me bajara el cierre del pantalón, el pene salió de la bragueta buscando liberarse y sin que tuviese tiempo a reaccionar la tome de la cabeza, ella comprendió el gesto y comenzó a mamármelo, pero esta vez con más destreza, yo la bombeba como si fuera en su sexo, le dije que quería que la hiciese desaparecer dentro de su boca y no sin dificultad se la mandó a guardar, realmente estaba para cualquier cosa, en ese momento me saltó la lechita en su boca, cuando sentimos un ruido en la puerta de entrada, ella salió corriendo hacia el baño con unas gotas de semen en la comisura de sus labios y toda desarreglada y yo me subí la bragueta y traté de arreglarme lo mejor posible… era mi señora que regresaba de la plaza, cuando la puerta se terminó de abrir yo ya estaba leyendo un diario, pero con un olor a sexo de su hermanita que mataba, afortunadamente ella no se dio cuenta de nada y nos cruzamos en el pasillo con Cecilia que volvía del baño.

    En el camino le metí una mano en sus nalgas y le dije «no tomes compromisos el próximo fin de semana que las vas a pasar conmigo, incluso cama adentro», pero esto es parte de otra historia.

  • Don Gerardo y la novia de su nieto

    Don Gerardo y la novia de su nieto

    Jimena tuvo un mal día en su trabajo y no se encontraba para nada de humor, para el colmo estaba en su periodo menstrual. Ni bien entró encaró al abuelo de su novio para decirle que ya no le diga obscenidades, aprovechándose que su nieto estaba en el trabajo y de que no tenían casa, pues la joven parejita no consigue otro lugar para mudarse y viven en lo del abuelo.

    Jimena agarró la cara de su suegro y le dijo:

    – ¡Viejo verde! ¡Dejá de mirarme el culo!

    Señalando la cara de piedra del viejo, Jimena dijo:

    – ¡Gerardo! ¡La próxima vez te rompo la cara y le digo a tu nieto que no solo me miraste la cola, sino que me manoseaste! ¿Entendiste viejo choto?

    El abuelo Gerardo:

    – ¡Para, para, para pendeja de mierda que yo no te toqué ni un pelo! Que te haya mirado ese precioso culo es otra cosa.

    Jimena se lo quedó mirándolo atónita por las guarangadas vertidas por el geronte, aunque a ella le gustaba que la provoquen y le pongan algo de atención. Sobre todo si eran hombres mayores que ella.

    Jimena: – ¡Viejo choto! ¿No te das cuenta de que soy la novia de tu nieto? ¡¿Ehh?!

    El abuelo Gerardo: – Si, pero me encantan las pendejas como vos. Si querés te puedo dar plata. ¡De paso te haces unos pesos!

    Jimena: – Mmmm… Ok! Quiero plata para comprarme ropa, el tacaño de su nieto no me da un mango partido por la mitad.

    Gerardo: – ¡Ah mira vos mi nieto!

    Jimena: – ¿De cuánto hablamos viejo?

    Gerardo: – ¿Te parece 100 € (euros)?

    Jimena: – ¡¿euros?! Por esa plata te doy todo lo que quieras viejito.

    Gerardo: – Como aflojaste pendeja.

    Jimena agarró la cara del abuelo de su novio y le dio un beso de lengua que parecía que hacían un coito con sus bocas.

    Jimena tomó aire y le dice al abuelo:

    – ¡Como me gustan los viejos verdes! ¡Mmmmm!

    ¡Mmmm! ¡Que rica que está! Lo siento por Emanuel pero…

    Gerardo: – ¡Aaahhhh! ¡Que putita que sos pibaa! Chupala así nena! Aaahhh!

    Jimena: – ¿Te gusta cómo te tiro la goma viejo?

    El abuelo Gerardo: – ¡Ahhh! Siiii!!

    Mientras Jimena chupaba como loca el pito del viejo Gerardo, este parecía que se le desorbitaban los ojos, para el colmo del viejo Jime le decía cosas para que el viejo se ponga más duro.

    Jimena: – ¡Mmmmm! ¡Mmmmm! La tenés más grande que mi novio.

    El abuelo Gerardo: – ¡Ahhh! ¡Seguí así! ¡Chupala putaa! ¡Aaahhh!

    Ni bien terminó de chuparle la pija al viejo, Jimena se sentó sobre la cara de Don Gerardo.

    Jimena: – Ahora viejo quiero que me chupes bien abajo.

    El abuelo Gerardo: – ¡Mmmm! ¡Que rica concha que tenés pendeja!

    Jimena: – Mmmm! Aaaahhh!! ¡Qué lindooo! Mmmm…ahhh!

    – ¡Seguí sobándome la concha viejo cochino!

    El abuelo Gerardo estaba como loco saboreando la vagina y metiendo su hábil lengua en los dos agujeritos.

    Gerardo: – Te explico pendeja, te estoy lubricando el ano con mi lengua.

    Jimena: – ¡Viejo asqueroso!

    Gerardo: – Bien que te gusta.

    Jimena: – ¡Mmmm! ¡Siiii! Ahora cogeme por atrás ¡Dame más viejito verde!

    El viejo sentó a la chica en su regazo y metiendo lentamente su glande por el ano, empezó a entrar y salir de su ano con un poco de lentitud al principio y luego con más rapidez hasta que agarró ritmo.

    Jimena: – ¡Aahhh! ¡Me encantó! Mmmm… Dame por el culo!

    El abuelo Gerardo: – ¡Tomaa putita!

    Jimena: – ¡Aaahhh! ¡Comooo meee gustaaaa! Mmmm!! Ahh!

    Gerardo: – ¿Y pendeja? ¿Te gusta? ¿Te cojo mejor que tu novio?

    Jimena: – Siii!! Me parece que vamos a hacerlo más seguido suegro.

    Después de que el viejo Gerardo terminó de cogerse a su joven nuera sacudió su verga contra las nalgas de la joven Jimena, encastrándola con su leche en sus suaves nalguitas. El viejo se sintió todo un semental mientras Jimena lo miraba de reojo haciéndole caritas de enojada por lo corto del polvo, aunque la chica le hizo saber también con otra carita de satisfecha de que la pija del viejo la había hecho parir de dolor por su estrecho ano.

    El viejo ya no podía durar tanto pero si podía taladrar cada tanto algún culito o vagina, a Gerardo le encantaba eso y que la cola sea suave, como trasero de bebé y sin celulitis.

    FIN

  • Las doctoras FemDom castigando al patán (1)

    Las doctoras FemDom castigando al patán (1)

    Eran las siete de la mañana y la doctora Cristina iba llegando a su clínica.  Su elegante porte y su vestimenta cara, llamaban la atención de todos los hombres. Y ella lo sabía y se contoneaba con cada paso que daba, recorre el pasillo y entra a su oficina y después de dejar sus cosas sobre su escritorio toma asiento. Y comienza a ordenar papeles y a los pocos minutos, entra una de sus asistentes.

    – doctora Cristina

    – dime Gisel,

    – la operación del paciente del 302, se recorrió hasta casi las siete

    – sí, es lo que estoy viendo, el paciente como se encuentra..?

    – es un muchacho de 22 años, operación de la rodilla, y que por cierto es un pesadito

    Cristina se le queda viendo a su asistente y le pregunta

    – por qué lo dices?

    – el muchacho engreído me toco una pierna cuando lo estaba revisando

    Cristina un tanto molesta le dice a su asistente:

    – me hubieras dicho y lo hubiéramos invitado a que cambiara de clínica.

    – no te preocupes Cristina, había pensado en darle un escarmiento estando anestesiado

    Cristina al escuchar a su asistente, sonríe maliciosamente y responde

    – es una buena opción, déjame pensar en algo especial… jajajaja.

    Ambas mujeres ríen y Gisel sale de la oficina de Cristina, el resto del día transcurre tranquilamente, hasta que dan las siete de la noche y Cristina le habla a Gisel por el magnavoz, Gisel rápidamente llega a la oficina de Cristina y ella le comienza a decir:

    -vayamos a ver al pesadito

    Ambas mujeres comienzan a caminar y llegan al cuarto de aquel muchacho. Y de inmediato Cristina comprueba lo que Gisel le dijo, el chico las saluda con un…

    – buenas noches doctoras guapas.

    Cristina solo toma la tablilla que está en la cama del paciente, y comienza a checarla mientras que aquel chico no deja de lanzarle piropos a Gisel, y claro, después comienza con Cristina.

    – vaya doctora guapa, usted me va a operar?

    – así es muchacho

    – qué suerte tienes hermosa, después dejaré que me invites a comer, te lo mereces.

    Cristina solo sonríe y sale del cuarto acompañada de Gisel y comienza a decirle.

    – en media hora entra a quirófano, háblale a Sandra, dile que hay diversión, vamos a darle un trato especial… jajaja

    – Claro que si Cristina, claro que si…

    Media hora después, las tres mujeres están en el quirófano, el muchacho está completamente anestesiado y boca abajo y Cristina está terminando de intervenir al chico.

    – bien doctoras, está listo, era algo sencillo en la pierna, ahora nos vamos a divertir un poco, el chico merece un escarmiento.

    Las tres chicas comienzan a reír y Gisel pregunta:

    – que tienes en mente Cristina?

    Cristina comienza a caminar alrededor de la mesa de operaciones, mientras se quita los guantes.

    – para comenzar, quítenle la bata.

    Gisel y Pamela jalan la pequeña batita, dejando al chico completamente desnudo. Cristina se acerca quedando justo a un lado del trasero del chico y comienza a acariciarlo.

    – mmhhh… se me antoja darle unas nalgadas para comenzar.

    Acaricia levemente el trasero del chico y después de unos segundos, levanta su mano y la deja caer fuertemente sobre su trasero.

    – tiene bien merecidas unas nalgadas

    Acto seguido comienza a darle pequeñas nalgadas, mientras le dice a Gisel y Pamela.

    – bien chicas cada una le va a dar cinco nalgadas, pero yo me reservo el uso de su glúteo derecho.

    Ambas mujeres ríen con las palabras de Cristina y la primera en pasar, es Pamela, quien se acerca lentamente al chico, pone su mano sobre su trasero y después de frotarlo un poco comienza a darle una buena tunda de nalgadas. Y Cristina claro, también hace lo suyo, cuando Pamela termina, rápidamente Gisel ocupa su lugar y al igual que Pamela, posa su mano en los glúteos del chico, lo acaricia un poco y comienza a darle de nalgadas, y Cristina claro, no deja de castigar las ya enrojecidas nalgas del anestesiado joven y después de varios minutos de estar castigando al chico, Cristina se detiene y les dice a sus colegas.

    – bien, ya estuvo bueno de nalgadas, que les parece si realizamos una revisión rectal.

    Las tres mujeres ríen, y Cristina posa sus manos en las nalgas del joven y comienza a separarlas, hasta dejar a la vista su orificio anal.

    – bien Gisel, a ti fue a la que te toco, te cedo el honor.

    – gracias Cristina, pero no usaremos algún lubricante.

    Cristina se queda pensativa unos instantes, sonríe y comienza a decirle a Gisel:

    – pero claro, puedes usar su propia saliva… jajajaja

    – vaya Cristina, eres tremenda… jajajaja

    – solo le doy su merecido.

    Gisel se acerca al rostro del anestesiado chico y le introduce el dedo en la boca un par de veces, hasta que este está completamente humedecido, después vuelve a su trasero.

    Se para a un lado de Cristina y comienza a meterle el dedo.

    – bien Gisel, hazlo lentamente.

    Gisel comienza a introducirle lentamente el dedo, el chico a pesar de que está dormido. Pega un pequeño brinco, pero eso no detiene a las tres mujeres, Gisel ha metido su dedo por completo y Cristina le dice.

    – muy bien Gisel, ahora muévelo un poco,

    Gisel le hace caso a Cristina y comienza a girar su dedo, el chico solo gime un par de veces, mientras que el dedo de Gisel entra y sale de la entrada anal de aquel joven.

    – bien Gisel, disfrútalo y cuando te canses, quiero oírlo gemir… jajajaja

    Gisel al igual que Cristina, disfruta tremendamente aquel castigo, su dedo no deja de entrar y salir, hasta que después de unos minutos se detiene, saca su dedo y de un golpe lo introduce, haciendo que el chico gima bastante.

    – muy bien Gisel, ahora es tu turno Pamela.

    Pamela se acerca al rostro del chico, y le mete su dedo en la boca, hasta que este se humedece un poco, después se acomoda a un lado de Cristina y comienza a introducirle el dedo, el chico vuelve a gemir, pero las tres mujeres no se inmutan, por el contrario, Pamela le pregunta a Cristina.

    – crees que le entren dos dedos?

    – jajajaja… golosa, porque no lo intentas.

    Pamela junta su dedo índice y medio y comienza a introducirlo en el ya dilatado recto del joven y este vuelve a gemir, pero una vez más, las tres mujeres ni se inmutan.

    – vaya, eres tremenda Pamela.

    – hay que probar formas nuevas… jajajaja

    La mano de Pamela no deja de moverse, y Cristina separa lo más que puede las nalgas del joven, tratando de que los dedos de Pamela entren lo más que se pueda y durante algunos minutos, Pamela juega con el dilatado ano del joven.

    – bien chicas, es mi turno, pamela sujétale las nalgas.

    Las dos mujeres intercambian lugares y Cristina se quita el guante y les dice a las otras dos mujeres:

    – prefiero metérselo así.

    Cristina comienza a introducirle el dedo, mientras le dice a sus colegas:

    – me gusta sentir como su recto se va calentando conforme vas metiendo su dedo.

    Las tres mujeres ríen y el dedo de Cristina va entrando lentamente y de pronto ella exclama:

    – mmhhhh… este chico lo tiene muy dilatado, podría jurar que ya ha sido penetrado.

    – tú crees Cristina?

    – sí, ya lo han usado y lo vamos a usar nosotras.

    Las tres ríen y Cristina no se detiene.

    – bien, ya está hasta el fondo, ahora vamos girarlo un poco.

    Cristina gira su mano hacia los lados, mientras le dice a Gisel y Pamela.

    – bien chicas, que piensan hacer el fin de semana…

    Las tres vuelven a reír y Cristina no deja de mover su dedo, los minutos pasan y ellas charlan de cualquier tontería, mientras que Cristina, disfruta castigando el dilatado ano del joven, hasta que después de varios minutos, parece aburrirse y al fin saca su dedo.

    – es una lástima que no podamos usarlo un poco mas.

    Gisel rápidamente le responde diciéndole.

    – son dos intervenciones Cristina

    Ella sonríe y exclama.

    – excelente… mmhhhh… mañana tendré algo especial para el… jajajaja

    Las tres mujeres ríen y acomodan al paciente y minutos después salen del quirófano

    Continuara…

  • Las doctoras FemDom castigando al patán (2)

    Las doctoras FemDom castigando al patán (2)

    Al día siguiente el chico despertó de la operación y después de que los familiares se fueron, entro Cristina a su cuarto y claro los piropos no se hicieron esperar.

    – doctora guapa… como esta

    Cristina con una seriedad tremenda, solo contesta, con los buenos días.

    – oiga doctora guapa, me duele un poco de la cintura para abajo.

    – la plancha de operaciones es muy fría y dura, después de la operación de hoy tal vez tengas algunas escoriaciones.

    Cristina checa los medicamentes del chico y este solo le dice:

    – me va a operar de nuevo usted doctora guapa.

    – claro que sí.

    Y sin decir más sale del cuarto. En punto de las ocho de la noche, los cuatro vuelven al quirófano, Cristina hace la intervención y después de terminarla, se quita los guantes, el tapabocas y les dice a Gisel y a Pamela,

    – bien chicas, estuve pensando y se me ocurrió darle a este muchachito una cuchara de su propio veneno.

    Gisel y Pamela sonríen y le preguntan a Cristina.

    – que tienes en mente Cristina?

    – ahora verán.

    Cristina saca un recipiente metálico debajo de la plancha y una jeringa gruesa de plástico.

    – bien chicas, vamos a masturbarlo.

    Las dos chicas parecen tener una idea de lo que Cristina desea hacer, así que Gisel, comienza a frotar el miembro del joven, hasta que logra ponerlo erecto y comienza a masturbarlo y después de unos minutos, logra hacerlo venir y echa el semen en el recipiente, acto seguido Pamela toma su lugar y comienza también a frotar el miembro del joven, hasta que logra hacerlo terminar de nuevo, Cristina toma su lugar y también comienza a frotar el miembro del joven, hasta que lo hace terminar, el recipiente ha quedado con una buena cantidad de semen.

    – bien chicas, ahora saben a qué me refiero.

    Las dos mujeres sonríen y le contestan que sí

    – bien chicas, pero no solo será de él.

    Y mientras dice eso, saca de igual de abajo la mesa un pequeño frasco, con una cantidad mucho más abundante de semen, Gisel y Pamela al ver ese frasco comienzan a reír y le preguntan al mismo tiempo.

    – de quien es tanto semen Cristina!

    – de quien o de quienes… jajajaja, anoche pase a visitar a algunos amigos y pues les pedí su colaboración, y creo que sería buena idea darle de beber un poco del semen de mis amantes y el de él, aplicárselo vía rectal, que les parece.

    Las dos mujeres comienzan a reír, mientras le dicen a Cristina.

    – eres tremenda Cristina, que buen castigo… jajajaja.

    -bueno chicas, manos a la obra.

    Cristina destapa el frasco que ella llevaba, toma la jeringa y la comienza a llenar, la mezcla se ve entre blanca con manchones amarillos y bastante espesa, una vez que lleno la jeringa le dice a Gisel y a Pamela.

    – bien chicas, déjenme ver ese culito.

    Las dos mujeres sujetan los glúteos del chico y los separan, dejando al descubierto su orificio anal, Cristina le introduce la jeringa y comienza a vaciar el semen lentamente, una buena parte entra, pero otra comienza a escurrir.

    – bien chicas dejemos que el semen entre por sí solo, ahora vayamos a su boca.

    Las tres mujeres ríen y se paran justo a la altura de su rostro, el chico esta tan anestesiado, que tiene la boca un poco entreabierta, así que Cristina, le acerca la jeringa hasta posarla en sus labios y lentamente comienza a vaciar el semen y este cae directo en la lengua del chico.

    – mmhhh… dejemos que el semen se impregne un poco en su lengua, Gisel, puedes repetir toda la operación, por favor.

    – claro Cristina.

    Gisel toma la jeringa y vuelve a rociar un poco entre sus nalgas, hasta que se hace un pequeño charco, justo en su ano y después, se va a su boca, y vacía otro poco entre sus labios, la siguiente es Pamela, quien repita la operación, un poco entre sus nalgas y otro poco en su lengua, las tres pasan una a una, hasta que se vacía la jeringa.

    – bien chicas, hemos terminado, este muchacho tuvo su castigo, mañana le damos un laxante, y listo.

    Las tres ríen, acomodan al chico y salen del quirófano. Al día siguiente Cristina visita al chico, y de nuevo los piropos comienzan.

    – buenos días como se siente.

    – hola doctora bonita, me siento ya bien, tengo un poco de diarrea y la boca me sabe algo agria, pero estoy bien.

    Cristina piensa para sus adentros, que el chico no sospecha nada, así que lo deja que continué con sus piropos y después le dice:

    . Sí, es por la anestesia y la diarrea también es por lo mismo, hoy en la noche se va.

    – gracias doctora, espero alguna día poder verla fuera del hospital.

    – si claro como no.

    Fin…

  • Mis mujeres II: Dora (2)

    Mis mujeres II: Dora (2)

    Dora se dio cuenta de mis intenciones

    – Vaya, vaya, otra vez en forma, menudo sinvergüenza eres.

    Me incorpore y la bese en los labios, mis manos alcanzaron sus pechos acariciándoselos quizás torpemente.

    – Te gustaría follarme… -dijo de pronto.

    Supongo que ante mi cara de sorpresa y por la emoción del momento no supe que decir.

    – Estate tranquilo tomo anticonceptivos, tengo pareja y de momento nada de niños.

    – Me gustaría seguir claro… si tú quieres… -era lo que más yo deseaba penetrarla por fin.

    Mis manos buscaron sus caderas y sus piernas volvieron a separarse dejando que mi pelvis se juntara a la suya haciendo que mi verga rozara su sexo que otra vez estaba todo empapado. Me miró.

    – Yo también te quiero sentir dentro, no perdamos el tiempo.

    De cuquillas sobre mí, mirándome al rostro acomodó la verga en la entrada de su vagina y fue dejando caer lentamente, suave, haciendo que la penetrara como tantas veces había soñado desde que la había vuelto a ver. Podía sentir el calor de su cuerpo alrededor de mi polla, la humedad de las paredes de su vagina aprisionando mi miembro, tragándoselo por entero, la misma humedad que escurría por sus dedos hasta mi pelvis y ella descendiendo todo lo largo de mi polla hasta quedar ensartada como una espada en la carne.

    Cuando toda estuvo adentro, saco su mano y se apoyó con las dos en mi pecho y empezó un movimiento de caderas en sube y baja, suave, lento, como tratando de lubricar al máximo mi polla y mientras se acompañaba de jadeos.

    Mis manos buscaron en forma automática esos pechos que ahora se balanceaban en círculos opuestos frente a mis ojos y empecé a amasarlos. Sus pezones reaccionaron de inmediato endureciéndose y por primera pude advertir como la aureola de los pezones se contraía en tamaño a medida que se le ponían duros como piedras entre mis dedos.

    El clima de la relación aumentaba, ella misma hacia sus movimientos cada vez más rápidos. A cada movimiento de sube, al final, ella se dejaba caer con más fuerza hasta chocar con mi pelvis y otra vez vuelta a subir para repetirlo. Busque con mi boca uno de sus pechos y lo mordí suavemente y entonces ella me pidió «muérdelo, muérdelo, clavá tus dientes que me gusta».

    No recuerdo el tiempo que estuvo montada sobre mi cuerpo y yo comiéndole esos pechos increíbles hasta que reclinando su cabeza en la almohada ahogó ahí un grito gutural y en ese instante exhalo, jadeo una o dos veces y pasados unos segundos volvió a erguirse para mirarme y decirme

    – Vamos, que estas esperando… -Mientras con la palma de su mano me soltaba un par de cachetes en la cara.

    Mis caderas empezaron a moverse haciendo que entrara y saliera mi verga en toda su extensión de su vagina, primero eran movimientos largos, pausados, bien lentos, notando como entraba y salía cada centímetro para luego ella empujar su culo para atrás a cada estocada acelerando los movimientos hasta ser completamente instintivos, como de animal. La situación era mejor de lo que la había imaginado en tantas pajas.

    – Dora cuantas veces me hice una paja soñando con esto.

    – Si, pues ahora quiero que te corras dentro de mí de una puta vez.

    Las manos mías aferraban sus nalgas, haciendo que cada penetración fuera más hondo a cada embestida y ella busco con sus manos mis caderas y comenzó a acompañar mi ritmo y tirando de mi para que entrara más en ella. Tan fuerte me agarraba de mis caderas que sus uñas empezaron a clavarse en mis carnes, la mezcla de dolor y placer que me causaba esa situación me embriagaba a punto tal de que ya me daba cuenta que no tardaría en eyacular de nuevo.

    Ambos nos movíamos de forma frenética, sus gemidos y sonidos se confundían con mis jadeos y la respiración se aceleraba a cada segundo y entonces le avise que estaba por terminar, me descargue. Ella al sentir como los chorros de semen le golpeaban en las paredes de su vagina, se dejó caer hacia delante apretando mi polla en el interior de su vagina y el cuerpo de ambos temblando de las convulsiones del orgasmo que juntos estábamos teniendo.

    Quedó echada sobre mí por varios minutos, sin decirnos palabra, yo besando su cuello, sus hombros, sus mejillas hasta que mi verga sola se escurrió de su vagina al perder su erección. Entonces la mire a su cara.

    – Espero que te haya gustado y que me encantaría poder repetirlo otra vez y estar contigo.

    – Por lo pronto, me ha gustado mucho lo que hemos hecho -dijo después de besarme en los labios.

    Se puso de pie recogiendo en su camisón los restos de semen que tenía por las piernas se puso la braga y dirigiéndose hacia la puerta.

    – Es ya tarde y no creo que tarden en volver esta gente.

    Volvió hacia mi otra vez mientras me daba un beso.

    – No irás a decir nada de esto ¿verdad? Es un secreto entre nosotros. Ni se te ocurra.

    Yo asentí con la cabeza. En lo único en que pensaba era en ir otra vez al cuarto de baño y seguir meneándomela.

    Me desperté por la mañana sin haberme enterado de la vuelta de mis padres, yo dormía en la misma habitación que ellos, aunque la casa era grande pero al ser tantos teníamos que repartirnos, en verano normalmente tenía yo una habitación para mí solo.

  • Mis mujeres (III): Dora (3)

    Mis mujeres (III): Dora (3)

    La comida de Navidad fue todo en amor y compañía, como se dice. Yo contemplaba a mi prima, pero ella parecía tan tranquila, como si nada hubiera ocurrido. Yo no podía mirar sin ver, pensar en todo, su cuerpo, sin percibir su olor, su humedad. Este día los mayores prácticamente no se levantan de la mesa, además visitas de familiares y amigos, charlas y comida con sus respectivas bebidas, canciones…

    Era el final de la tarde, estábamos en un salón aparte del comedor yo tumbado jugando en el suelo con alguna de mis primas más pequeñas. Solo los pequeños abandonan la mesa para ir a jugar, otros habían desaparecido, Dora sentada en un sillón leyendo un libro.

    De pronto, con una sonrisa turbadora, dijo:

    – Vamos a arreglar un poco mejor el Belén.

    Se levantó y se dirigió a la mesa donde estaban todas las figuritas. Cambió dos o tres de lugar, puso unas palmeras en otra parte.

    – Ayúdanos, venga, no seas vago… obligo a las pequeñas que cogiéndome de las manos, me levantaran llevándome junto al Belén.

    – Venga acerca los Reyes al Portal y ponlos en fila -dirigiéndose a mí.

    Empecé a hacer lo que me había dicho. En ese momento, la noté por detrás. Había pegado su cuerpo al mío, un brazo me rodeaba, como para mover una de las figuritas, su pelo sofocaba mi cara, notaba sus muslos contra mi culo, sus pechos duros contra mi espalda, su olor, ah… su olor, su aliento junto a mi boca. Ni que decir tiene que mi polla tardó medio segundo en activarse. Dora siguió apretándose contra mí, el roce empezó a ser frotamiento. Yo no sabía qué hacer, inmóvil sudaba internamente. Dije algo sobre el Belén:

    – Hacen falta más pastores.

    – Y unos pavos… algo así, soltó ella.

    A los apretujones de mi prima, se unió ahora un suavísimo besito de sus labios en mi oreja, ¡Dios mío, me empalmo aún sólo con recordarlo!

    – Qué tonto eres -susurró, gatuna- Pavos… Buen pavo estás tú hecho.

    No podía soportar más aquella sensación. Me volví, intentando huir de su abrazo, pero lo único que logré fue tirar cuatro o cinco corderos, un frotamiento más inolvidable aún de sus pechos, de sus muslos, su vientre, ahora peor todavía, pues estábamos cara a cara y ya no era mi culo lo que se fundía con ella, sino mi polla, que reventaba el pantalón.

    Sentí una vergüenza insoportable. ¿Qué hacer? Pero fue ella la que, como la cosa más natural del mundo, sonriéndome y clavando en los míos sus ojos, que parecían el amanecer del mundo, empezó a acariciarme el bulto de los pantalones.

    Se dirigió a las pequeñas y les dijo que ellas continuaran arreglando el Belén. Se oían las voces y las risas cada vez más fuertes que llegaban del comedor, es de suponer que las bebidas hacían su efecto.

    Me llevó hasta el sofá. Me sentó a su lado, cubrimos medio cuerpo con una manta, con una mano sostenía el libro haciendo ver que leíamos sin dejar de apretarme la polla y sin dejar de sonreír tomó mi mano y la pasó bajo la manta colocándola entre sus muslos, llevaba una falda ancha con calcetines hasta la rodilla.

    – ¿Sabes que eres un sinvergüenza? ¡Ah! qué primo tan sinvergüenza tengo… pero me encanta que lo seas.

    Note de nuevo la dureza y la frescura de sus carnes.

    – Sube la mano y tócame.

    Y lo hice. Mientras yo la acariciaba, ella abría cada vez más las piernas bajo la manta, superé los muslos y alcancé la tela de la braguita.

    – Sinvergüenza, eres un puto sinvergüenza, me repetía al oído.

    Quise levantarme, que me tragase la tierra. No pensaba sino en salir de aquella habitación, esconderme, huir.

    – ¿Qué… pero qué hacemos?, le dije casi balbuceando.

    Con una mano me acarició la cara con cariño. Creo que había ternura en sus ojos, cuando me dijo:

    – Ojalá pudieras metérmela aquí mismo. Dios mío, Virgen Santa, ojalá.

    Paseé los dedos por encima de la tela de la braga. A través de la tela húmeda podía notar los labios abiertos, hinchados su clítoris tenso, apetecible, lo atrape entre dos dedos pellizcando suavemente, aumentando la presión gradualmente a la vez que su espalda se arqueaba vibrando.

    – Por favor por dentro de la braga, tócame, por favor -dijo susurrando.

    Cada vez más abierta de piernas entré mis dedos por debajo de la tela.

    – Que tus dedos sean tu polla, sigue por favor, follame.

    – ¡Sí, así, sí, sigue! -me pedía cada vez más ansiosa. Cuando alcance de nuevo la pequeña protuberancia carnosa.

    – ¡Oh, Dios mío, sí, sí, sí…! ¡Oh, sigue, sigue, sigue…!

    De pronto aprisionó fuerte mi mano cerrando los muslos, sus piernas temblaron, le brillaban los ojos. Sacaba la lengua y lamia sus labios, respiraba ansiosa. Se había corrido, yo seguía con mis dedos dentro, cuando los saque los introduje en mi boca y los chupe.

    Entonces me di cuenta que nos habíamos quedado solos en la sala, en el comedor seguían los canticos y la risas, me levante y corrí al lavabo para hacerme una soberana masturbación, pase a mi habitación para meditar y repasar en mi cabeza todo lo que me había sucedido en menos de 24 horas, la noche anterior, lo ocurrido aquella tarde esperaba que nadie se hubiera dado cuenta. Tarde en volver y cuando lo hice, nervioso pues supuse que notarían mi ausencia, algunos de los familiares y amigos se habían marchado los que quedaban se preparaban para cenar algo.

    Allí estaba Dora, entonces la miré a los ojos. De repente me puse rojo como un tomate. ¡Ella no me miraba a los ojos! La picarona me estaba clavando la mirada en mi bulto delatador. La situación también hizo que ella se sonrojara por lo que me sentí algo aliviado al no ser el único que se sentía incómodo. Se limitó a sonreír.

  • Laura y el tanga

    Laura y el tanga

    Laura se quedó pensativa. Encontrarse el tanga debajo de la cama le hizo pensar. Eso significaba que Gustavo no había pasado la noche solo. Es más. Habría tenido una noche divertida. Seguro que excitante. Las manchas sobre las sabanas eran la prueba de ello. Su mente empezó a imaginar. Su subconsciente lujurioso le traicionaba. Y el haber visto a Gustavo con la ropa deportiva ajustada le vino a su memoria. Pensaba en cómo habría disfrutado su amante de ese cuerpo de Adonis. Los imagino sobre aquellas sabanas gozando. Noto como su coño se empezaba a humedecer solo de pensarlo.

    Se estaba excitando. Se sentó en la cama. Los imagino desnudos. Acariciándose. Besándose. Dándose placer. Se dejó caer de espaldas en la cama. Le llegaba el olor de Gustavo impregnado en las sabanas. Y notaba crecer su humedad. Su mano soltó los botones de su short. Empezó a acariciarse por encima de la fina tela de su tanga. Los veía ahí mismo gemir. Acoplados. Follando con intensidad. Aparto ahora su tanga y llegó a su vagina. Quería darse placer allí mismo. Pensando en que era a ella a la que montaba. A quien le metía aquel pene que imaginaba todo erecto. Rosado casi púrpura. Lo deseaba dentro de ella. Introdujo sus dedos. Los noto húmedos al momento. Estaba muy cachonda. Mucho. Ese olor a hombre. Quería tenerlo entre sus piernas. Pero ahora deseaba su lengua. Sus labios. Quería tener su lengua acariciando lo que ahora acariciaban sus dedos. Imaginaba que sus dedos eran su lengua.

    Ahora era ella la protagonista bajo la acción de Gustavo. Pensaba en él lamiéndole. Comiéndole ese coño que ahora estaba tan mojado. Notaba su lengua suave. La notaba dándole unas caricias tremendas en su clítoris. A la vez le iba metiendo los dedos en su vagina. La combinación le estaba matando de placer. Lo sentía. Lo disfrutaba. Era tan real en su mente. Estaba sintiéndolo. Sentía el roce de su barba en la piel de sus muslos. Era su zona más sensible. Su boca la estaba devorando. Lamia su coño con sabiduría. Con toda la lengua. De abajo a arriba. Con la punta de la lengua. De lado a lado. De arriba abajo. Deprisa. Rápido. Luego lento. Eso la mataba. La desesperaba. Sentía. Gozaba. Disfrutaba. Era intenso. Y veía como el alzaba la mirada y le guiñaba un ojo. Paro y le vio su sonrisa.

    Y de nuevo sintió su lengua. Sus dedos. Como sus brazos se aferraban a sus muslos. Como la inmovilizaba cuando se revolvía ante sus caricias. Era algo sensacional. Se estaba masturbando como nunca. Jadeaba. Gemía. Le puso su mano sobre su cabeza acariciando su cabello negro. Le apretaba contra su ingle para sentir más intensidad. Estaba al máximo de placer. Hoy estaba excitadísima. Sus manos no pararon de acariciar su propio cuerpo. Su coño. Sus pechos. Sus pezones. Tiro de ellos. Endureciéndolos más. Los pellizco. Estaban muy erectos. Y se acarició más y más. Sintió la lengua y los labios de Gustavo mil veces sobre su inflamado clítoris. Hasta que al fin grito. Estallo su orgasmo. Su explosión de placer fue casi infinita. Se tensó. Todo su cuerpo se puso rígido. Tembló. Disfrutó. Agarro las sabanas con una mano mientras la otra culminaba su última e intensa caricia sobre su empapado coñito. La corriente eléctrica que recorrió su cuerpo fue tremenda. La convulsiono. Se revolvió llena de gozo sobre aquellas sabanas que la habían transportado a vivir el mejor orgasmo de su vida.

  • El bosque (Final)

    El bosque (Final)

    -Está jadeando el chico, ¿te diste cuenta, Gervasio? –dijo el tal Rolando.

    -Sí, ¿estará caliente?

    -Con esa cara y ese cuerpo, para mí que es putito…

    -Contanos, rico, ¿sos putito?

    -S… sí, señor, soy… soy eso… -murmuré mirando al piso después de tragar saliva…

    Para mi humillación los dos estallaron en carcajadas y el tal Gervasio dijo:

    -¡Que descubrimiento, Rolando!…

    -¿Cómo te llamás? –quiso saber Rolando, el otro señor…

    -Jorge, señor, pero me dicen Yoyi…

    -¿Y cuántos años tenés, Yoyi?…

    -Dieciocho, señor…

    -Qué bien, podemos culearte tranquilos porque no sos menor de edad… Y vos querés eso, ¿eh, putito?, que te culiemos a fondo…

    -Ay, señor… -musité humillado y cada vez más caliente, porque ser humillado me excita…

    -Decilo… O no habrá vergas…

    Volví a tragar saliva y dije coloradísimo de vergüenza:

    -S… sí, señor, quiero… quiero eso… quiero que… que me culeen…

    -Y seguramente también querés chuparnos la pija…

    -Ay, señor… Por favor…

    Rieron y el señor Gervasio me preguntó si vivo con mis padres:

    -Sí… -contesté y para alentarlos dije:

    -Ellos trabajan y yo cuando vuelvo del colegio al mediodía estoy solo hasta las ocho de la noche, más o menos…

    -Pero ¿te das cuenta, Rolando?, nos ganamos la lotería con este chico…

    -Sí, oíme, a partir de ahora vas a venir todas las tarde… ¿entendido?…

    -Sí, señor Rolando, lo que ustedes quieran…

    -Bueno, y ahora vas a tragar verga… ¿Vos cómo querés empezar, Rolando?…

    -Que me la chupe…

    -Bueno, y mientras yo le doy por el culo…

    Y así fue… Me hicieron trepar a la cama y ponerme en cuatro patas, con el señor Rolando frente a mí y el señor Gervasio detrás, después de haberse puesto en la pija una crema deun pote que buscó en el cajón de la mesita de noche… Yo temblaba cada vez más, ante lo inminente de mi primera vez…

    -Abrí la boca, Yoyi… -y la abri…

    Entonces el señor Rolando me la enterró bien dura hasta el paladar, provocándome arcadas que le causaron una risita sádicamente burlona…

    Mientras tanto, sentí un dolor muy fuerte cuando empezó a entrarme en el culo la otra pija y hubiera gritado de no haber tenido la boca llena…

    El dolor desapareció cuando la pija del señor Gervasio empezó a ir y venir por dentro de mi culo y el placer que sentí es indescriptible…

    Esos dos faunos me llevaron al éxtasis y no puedo calcular el tiempo que pasó hasta que me llenaron de llenaron de sabrosa leche la boca y el culo mientras ellos jadeaban y rugían hasta que cayeron de espaldas en la cama y yo no daba más de las ganas de masturbarme…

    Dejé pasar un momento y les pregunté si me daban permiso…

    -Todavía no, perro, porque la fiesta sigue…

    Y siguió con ellos cambiando las posiciones… El señor Rolando me la dio por el culo mientras yo se la chupaba ansiosamente al señor Gervasio…

    Y otra terminé con el culo y el hocico inundados de ese elixir que es el semen humano…

    -Ahora sí, putito, andá a masturbarte si querés…

    -¡Ay, sí, gracias!… –y corrí al baño…

    Más tarde, cuando todo se hubo calmado y con ellos ya vestidos, me llevaron al comedor sin permitirme que me pusiera la ropa… Se sentaron a la mesa conmigo de pie y el señor Gervasio dijo: -Es increíble la figura que tenés… Te estaría dando pija todo el tiempo…

    -Ay, sí… Me… encantaría…

    -Pero vas a tener que ganártela…

    -¿De qué… de qué forma, señor?…

    -Estuvimos conversando con Rolando y decidimos que vas a ser nuestra mucama, nuestra sirvienta?…

    -¡¿Q… qué?!…

    -Lo que oíste, putito… Tenés toda la tarde libre, ¿cierto?…

    -Sí, señor Gervasio…

    -Bueno, todos los días vas a venir a eso de las tres de la tarde, vestido con esa ropa tan sexy, te ponés a hacer las cosas de la casa y cuando termines vas a tener tu premio, jejeje… Y mirá que buenos que somos, te damos tiempo para almorzar…

    -Está bien, señor… -acepté muy excitado al imaginarme como la mucama de esos dos faunos…

    Y eso soy hace ya una semana… Soy el putito y la mucama de ellos, que me pagan gerosamente con sus apetecibles pijas y su leche…

    Fin

  • Amor a tres

    Amor a tres

    «- Podía sentir su cuerpo lleno de furia desmedida en mi espalda, suavizado por la mancha de nuestro sudor. Estaba gimiendo a tiempo con sus movimientos rápidos, arruyandome en la cama, aplastandome sobre ella,sus gruñidos en mi oído me hacen quererlo más profundamente en mí, llenándome. Su gruesa polla estirada estirando mi agujero y entrando y saliendo golpeando mi postración con cada embestida profunda. Mis gemidos se estaban convirtiendo en necesidad de más y más. Sus gruñidos se estaban volviendo más animalistas por segundo. Él estaba cerca. La idea de que él me llenara me hizo gemir de desesperación. Mi polla estaba goteando líquido preseminal en todas partes mientras temblaba con sus embestidas. Puso su mano en mi cintura y me jaló hacia él, presionando su pene aún más dentro de mí. Sentí su pulso de polla, gritó en mi espalda, me apretó contra él, entró en mí. Sentí el chorro, sentí su pulso de polla y su semilla caliente disparar profundamente en mi culo. Él estaba colapsando en mi espalda, toda la energía la estaba usando en mi, adentro de mi, me presioné más fuerte cuando dejó de empujar. Extendí la mano y tiré de mi polla resbaladiza con líquido preseminal. Presioné otra vez cuando llegué con mi propio grito, alejándome de nosotros dos antes de cubrirme la mano. Exhalé y respiré apoyándome en él.

    Él se deslizó fuera de mí y volvió a la normalidad, me besó la espalda y únicamente se limitó a decir

    -Gracias, Daisuke- dijo, ronco por el esfuerzo y sin ningún atisbo de energía y emoción.

    – De nada, -. respondí, mientras me aferraba a él para dormir juntos lo que quedaba de siesta, ya que en cuestion de minutos, yo iba a ser rozado, usado, y penetrado por otro cuerpo y Ken solo quería dejar la marca en mi cuerpo, me encantan sus celos, me encanta como demuestra la furia que no demuestra día a día.

    -¿Estás bien? -. Pregunté acariciandole su bello cuerpo aún temblando por el esfuerzo

    -Sí, ahora debo irme -. Dijo alejandose de mi, poniendose sus pantalones y abandonando mi habitación pero no llegó a tiempo, Takeru llegó justo cuando se iban, se miraron pero no hubo reacción en Ken, tan solo hubo una pequeña mirada de tristeza en su rostro cuando vió a Takeru desnudarse completamente y meterse conmigo, en mi cama,

    -Te puedes ir, molestas ahí, ahora le llenaré yo

    -Apuesto que no le podrás llenar suficientemente el alma como yo lo hice -. Fué la respuesta de Ken antes de desaparecer y dejar ese pequeño momento de indecisión en mi que desapareció al entrar en contacto las manos de Takeru sobre mi

    Ahora tengo a mi segundo amor a mi lado, me siento bien a su lado, me acaricia y yo me siento demasiado excitado, excitado y emocionado, otra buena cogida está por llegar, no tardaré en llevarme su miembro viril a la boca y querer chupar cada centímetro de piel, necesito sentir su polla, la necesito, como a él, su mirada, su presencia.

    Esto es insano, el querer a dos personas, pero esto me encanta, es amor, amor o sexo, pero amor-«