Autor: admin

  • Acuérdate de Acapulco

    Acuérdate de Acapulco

    Acuérdate de Acapulco,

    Acuérdate de Acapulco

    De aquella noche

    María Bonita, María del alma

    Acuérdate que en la playa

    Con tus manitas las estrellitas

    Las enjuagabas

    Tu cuerpo, del mar juguete nave al garete

    Venían las olas lo columpiaban

    Y mientras yo te miraba

    Lo digo con sentimiento

    Mi pensamiento me traicionaba

    de Río o de todo el Caribe. De cualquier paraíso tropical donde poder ser libre y feliz por unos días.

    De un paraíso tropical. Las mujeres pasean en bikini todo el día y por la noche la gente se divierte, baila, hace el amor. Cuando se duermen lo hacen completamente desnudos y casi siempre acompañados.

    Claro que éste resort es un poco especial, con un ambiente liberal y swinger. Precisamente por eso lo había elegido para mis vacaciones.

    Mi escaso bikini, una braguita tanga atada con nudos a los lados de la cadera. El sujetador, dos minúsculos triángulos de tela sujetos con cordones casi invisibles. Diría que llamaba la atención, lo habría hecho en cualquier otra playa pero aquí no es así, docenas de chicas vestían o mejor dicho desnudaban sus cuerpos como yo.

    Desde luego que me miraban y luego pasaban sus ojos a la siguiente así que no me sentía tan desnuda como me sentiría en cualquier otro sitio llevando algo así. En realidad era yo quien más miraba los cuerpos a mi alrededor.

    Lo miraba todos los cuerpos masculinos y femeninos, las nalgas duras, los pubis depilados, las tetas cónicas y duras o grandes y cayendo un poco y los pezones marcados y me excitaba. Mojaba el tanga aún antes de meterme en el mar, para refrescar las ideas.

    Aquella pareja tumbada a un metro de mi no pegaba del todo, un poco mas de pancita, pero no mucho, que los chulos y putitas que nos rodeaban. El bañador de él aunque ajustado, era tipo bóxer y no un microscópico slip como los de la mayoría de los machitos. El bikini de ella tenía braga completa y el sujetador llevaba refuerzos y no era semi trasparente como el mío.

    Y unos pocos años más que el resto de los de alrededor. Pero con todo ello eran atractivos y sexys. Se les veía algo cohibidos entre tanta carne perfecta exhibida sobre la arena. Pero desde luego miraban, admiraban, el espectáculo.

    Con esa actitud no conseguirán ligar en lo que les quedaba de las vacaciones pagadas por alguna marca comercial. Estaba segura de eso. Lo que no sabía si era si pretendían estar con alguien más.

    Efectivamente cuando conseguí trabar conversación con ellos me confirmaron que el viaje les había tocado en una rifa. Fue fácil, un par contoneos y pedirles que guardaran mis cosas mientras iba a remojarme un poco en el mar. Al regresar a mi toalla los pezones erizados por el agua fría se notaban perfectamente a través de la tela de mi microbikini.

    – Somos Sara y Juan.

    – Yo Sonia, encantada.

    Acercar mi toalla a la suya parecía algo natural y sentir sus miradas en mis duros y pequeños pechos aún más. Sabía que los dos habían echado mas de un vistazo a mi depilada vulva que desde luego también se podía apreciar, aunque me hice la despistada. Y no di a entender que el paquete de él había cogido algo mas de tamaño y consistencia.

    Más cuando le pedí a ella que me pusiera crema por la espalda y sus suaves manos recorrieron mi piel.

    – ¿Me pones crema? En la espalda no me alcanzo.

    Las escena debía ser bastante lasciva. Sus pechos maternales caían por la fuerza de la gravedad al inclinase sobre mí y asomarían por las copas de su prenda. La espalda arqueada haría sobresalir su culo poderoso que aún tapado por su braga ofrecería un bonito espectá…culo, valga la redundancia.

    Sabía que esa noche en su habitación él le arrancaría las bragas y se la follaría pensando en mí, cachondos ambos por mi piel morena y mis húmedos genitales exhibidos adrede para ellos.

    No pretendía forzar la situación ni asustarlos, me conformé con seguir en contacto y quedar para el día siguiente. Y darles tiempo para ir de compras.

    Esa noche conseguí que un cachas me follara el culo. En un sofá, en un rincón discreto y muy oscuro de la discoteca del hotel. Lo cabalgué sin sacarme la minifalda ni quitarme el tanga, solo haciéndolo a un lado, no sin que antes me lo comiera sentada en su cara. La situación llegó a ser extrema pero como el resto de parejas hacían lo mismo no pasaba nada. Pero ni eso me quitó la calentura, el deseo que sentía por ellos.

    A la mañana siguiente pasé a buscarlos por su habitación para que no se me escaparan. Su bikini todavía no se parecía al mío pero los refuerzos habían desaparecido de los pechos generosos dejando marcar sus pezones y la bella forma y la braguita se había quedado en tanga. Aún bastante serio pero algo había mejorado.

    El bañador de él también se había reducido bastante y el speedo que lucía marcaba su paquete como si se lo hubieran pegado a la piel. Tipo slip y ajustado parecía que su polla que se notaba mucho más que en el bañador del día anterior era bonita y jugosa.

    – ¡Hola guapos!

    Al saludarlos aproveché para cogerles de la cintura y acercarme todo lo que pude. Darles dos besos muy cerca de la comisura de los labios. A ambos. Mis tetas se rozaron con las de ella y mi mano descansó un par de segundos sobre la nalga desnuda. Con él hice lo mismo hasta casi el punto de rozar con mi cadera el ya para entonces prominente pubis. Ninguno de los dos protestó por ese trato.

    Y yo solo me había pellizcado los pezones en el ascensor para tenerlos bien duros cuando ellos los vieran. Bueno, puede que también bajara un poco más la cinturilla del tanga casi hasta el clítoris. Ellos ya sabían que iba depilada del todo.

    A la mierda la playa, pensé, estaba cachonda y me apetecía follármelos ya mismo. Cerré la puerta a mis espaldas sin darles tiempo a decirme si estaban preparados.

    Pregunté por su terraza que tenía mejores vistas que la mía. Dejé mi bolsa sobre su enorme cama y me apoyé en la barandilla mirando hacia la playa. El pareo que cubría mi cadera resbaló hacia el suelo mostrándoles mi culo desnudo.

    -¿Por qué no cambiamos el plan? Podemos aprovechar esta terraza tan grande.

    Sé que cruzaron las miradas, algo desconcertados aún ante mi actitud tan desinhibida. Había traído refrescos, una botella de Ron de la zona y cualquier cosa que se me ocurrió para pasar el rato. Casi sin dejarles hablar les propuse pasar la mañana allí mismo conociéndonos mejor y tomando el sol en la amplia terraza.

    -Si, podemos quedarnos aquí.

    Contestó Sara sin dejarle hablar. En cuanto aceptaron me deshice del sujetador animándola a hacer top less como yo.

    – Por qué no te quitas eso. Aquí no nos ve nadie, más que nosotros.

    Allí no corríamos el riesgo de que algún baboso, ninguno más que el ya presente, se nos echara encima. Aún dudando un poco se liberó de la tela que cubría sus tetas bastante mas grandes, llenas y blancas que las mías.

    – Hoy te toca ponerme crema a mí, primero. No quiero que estas dos se me quemen.

    Me dijo Sara. Vaya, si que se estaba animando.

    Agarré el bronceador y le eché un buen chorro sobre ellas sin ni siquiera pedir permiso y me puse a extenderla sobando sus pechos sin vergüenza. Creo que ella pensaba que empezaría por su espalda y la sorprendí.

    Riéndome y diciéndole que no podían quemarse unos prechos tan bonitos. Le animé a que hiciera lo mismo echándome crema en las mías. Así nos manoseamos las tetas la una a la otra sin complejos y durante un buen rato.

    De reojo observé como la polla morcillona se ponía dura al completo asomando incluso el glande por la cinturilla de su pequeño bañador ante la pequeña escena lésbica que estaba contemplando.

    Seguí sobando todo lo que pude con la excusa del bronceador y dejando que ella me acariciara pues poco a poco se iba soltando y extendiendo mas crema por mi piel. La abracé para agradecerlo frotando mis tetas con las suyas de forma descarada y esta vez sí que le agarré el culo y le di un buen magreo aún con las manos pringosas de bronceador.

    -Este culo tan bonito también hay que protegerlo.

    Habiendo subido la temperatura como pretendía no iba a dejar que se enfriaran y llevé la conversación por cualquier tema escabroso que se me ocurría. Quería excitarlos más.

    Descubrí que efectivamente estaban casados y habían sido novios desde siempre. Nunca habían tenido otras parejas. No eran muy innovadores en cuestiones de sexo. Estaban habituados al misionero y al perrito sobre todo.

    Apenas estaban explorando las posibilidades del sexo oral. Ella incluso había sido alumna de colegio de monjas. Me hubiera gustado ver ese cuerpo voluptuoso en el uniforme con la faldita tableada, los calcetines largos y el polo blanco.

    – Nos estamos tomando estas vacaciones como algo liberador de la rutina.

    – Espero estar ayudando con eso.

    En nuestros tangas manchas de humedad delataban nuestra calentura y la polla del chico no había perdido dureza en ningún momento.

    Relajados en las tumbonas de la terraza les pregunté:

    – ¿Os depilais el pubis?

    Ella casi se atraganta con la bebida aunque en ese momento estaba mirando el mío suave y sin vello. Apenas cubierto por el mínimo triángulo del tanga. Pero él me contestó:

    – No, solo lo que podía asomar del bañador, por las ingles y en mi caso algo del vientre para no tener la barriga peluda y solo para este viaje.

    Con esa excusa me destapé el monte de Venus. Aunque casi se podía ver entero sin quitar nada de tela. Soltando uno de los lazos de la braguita aparté la lycra, mostrando el mío y sugiriendo:

    – Yo lo llevo así siempre, es mas bonito e higiénico así.

    – Más bonito si que es. Me dijo Sara.

    Estando ya casi desnuda solté el otro lazo y dejé caer la prenda y les pedí que hicieran lo mismo.

    – Por qué no aprovechamos que estamos solos para desnudarnos del todo.

    Mirándose entre ellos como pidiéndose permiso. Se quitaron sus bañadores y al fin pude verlos desnudos del todo. Yo se los hubiera quitado con los dientes a los dos, si me llegan a dejar.

    Le tendí el bronceador a ella para que le pusiera en su bonita polla y blancas nalgas y yo disfrutar de la visión de la media paja que le hizo para ello.

    Ella también necesitaba completar la crema en su cuerpo y se la puso él aprovechando para acariciar su vulva y puede que incluso el clítoris en algún descuido. Es verdad que no se habían depilado pero tenían los matojos bien recortados e incluso a Sara solo le quedaba un triángulo por encima del coño. Los labios bien suaves.

    Yo no podía aguantar mas mi calentura y como ellos estaban ocupados aproveché para deslizar dos dedos por los labios de mi coño tocándome con suavidad solo por fuera.

    Se me escapó un gemido que llamó su atención. Me miraron y me vieron masturbarme. Ya no se sorprendían de mi descaro y aprovecharon para pajearse el uno al otro ya sin disimulo.

    Los tres en la terraza desnudos y relajados mirándonos excitados. Una vez así de desinhibidos le pregunté a ella si alguna vez había estado con una chica.

    – Sara ¿Has probado con mujeres?

    Contestó que hoy iba a ser la primera vez. ¡Por fin se soltaba! Luego me confesaria que si se había dado algún morreo y sobado las tetas de alguna compañera de colegio.

    Seguíamos con el juego exhibicionista. Separó las piernas enseñándome los húmedos labios de su coñito pelados. Yo separé los míos mostrando sin pudor y al detalle mi vulva depilada.

    Él se arrodilló entre nosotras, sobre el cojín de su tumbona y comenzó a acariciarnos con una mano a cada una. Deslizando suave las manos por nuestras pieles, los muslos, los vientres esquivando todavía las zonas erogenas más evidentes. Pero dándonos gusto.

    Les costaba arrancar pero una vez en marcha no había quien los parase. Empezaba a pensar que yo había sido mucho más trasparente de lo que pretendía el día anterior y ellos ya tenían pensado lo que iban a hacer si la situación se daba así. Quizá ya lo habían hablado entre ellos.

    Rozó mis pezones muy dulce, bajó por mi vientre hacia el coñito. Me acariciaba el clítoris mirándola a ella a ver si le daba permiso. Bajé un pie al suelo para exponerme del todo. Ella se lo dio con una bella sonrisa y se inclinó entre mis piernas haciéndome notar por primera vez su lengua directamente en mi piel.

    Sara se había puesto de costado para ver lo que hacía su marido. Ya se había puesto entre mis muslos y besaba su cara interna. Subiendo despacio por mi cuerpo, al fin clavó la sin hueso en mi coño. Y al fin conseguí mi primer orgasmo del día.

    No se le daba mal del todo. Clavaba la lengua lo más que podía en mi interior o jugaba con el clítoris, hasta que yo misma gimiendo de placer empecé a levantar las piernas. Sujetando las corvas con las manos llegué a apoyar las rodillas en las tetas. Ofreciéndole también el culo para que me lo lamiera.

    – Vamos cielo, ¡coméselo! y hoy también podrás comerte el mío.

    Le dijo Sara. En cuanto clavó la lengua en el ano me corrí. Mis jugos resbalaron por el perineo hasta su lengua. Ella nos miraba excitada, viendo como su chico le daba placer a otra mujer. No tardó en levantarse y venir hacia mí para besarme.

    No se cortó, una vez decidida me metió la lengua hasta la garganta. Y desde luego colaboré jugando con la mía y dando saliva que se mezclaba con la suya.

    Eché las manos a sus voluminosas tetas y las amasé mientras seguía recibiendo placer de su marido. Noté en las mías sus manitas pellizcando con suavidad mis pezones, seguro que como le gustaba que se lo hicieran a ella.

    Dos de mis dedos se fueron solos a su vulva. Era la primera vez que la tocaba y estaba encharcada y muy caliente. La penetré con el índice y el medio y con el pulgar acariciaba su clítoris. Sus gemidos los acallaba con mi lengua.

    Seguíamos con los besos lascivos. Su lengua recorría mis labios y todo el interior de mi boca. La postura no era muy cómoda sobre todo para Sara aunque estuviera gozando.

    -¿por qué no vamos a la cama?

    Así que nos levantamos y nos fuimos a su cama, enorme por cierto. Juan se tumbó de espaldas y su mujercita me cedió el rabo.

    Busqué el lubricante en mi mochila, no voy a ninguna parte sin él. Lo extendí con generosidad por el pene y por mi ano y me lo fui clavando. Por la cara que ponía creí que sería el primer culo que follaba.

    -¿Nunca lo habéis hecho por aquí?

    – No, pero creo que tu nos vas a enseñar.

    -Y practicar también por supuesto.

    Según lo comentábamos yo seguía bajando por el duro tronco clavándomelo en mi interior. Sara se sentó sobre la cara de Juan y le puso el culo sobre la boca. Ella también quería su ración de lengua en el ano para dilatarse y excitarse. Preparándose para que se lo follara en un rato.

    Fue ella la que sin yo pedírselo echo la mano a mi coñito para acariciar el clítoris. Y yo la que me incliné a besarla de nuevo, tener su lengua juguetona hurgando en mi boca en busca de mi saliva. Mis manos en cambio fueron a por sus tetas, generosas, maternales, al menos más que las mías. Pellizqué sus pezones con suavidad.

    Estábamos bien acoplados pero aquello no podía durar siempre. Y me corrí, mis jugos resbalaron hacia su pubis y sus huevos, por los dedos de Sara. Mi grito lo calló ella con sus labios.

    No sabía lo bien que el se recuperaría después de correrse y tras tranquilizarme yo un poco no quise correr riesgos. Viendo que él aguantaba bien duro me levanté para cederle el turno a su mujercita.

    – Te toca. ¿Estás lista?

    – Si tu me ayudas por supuesto.

    – No lo dudes.

    Ella vino sobre la cadera de Juan. Sujeté su culo para que no tuviera prisa. Yo me quedé a su costado para echarle una mano, o mejor las dos. Me había preparado a conciencia, limpia por dentro y por fuera así que el recto falo lucía brillante solo por el lubricante.

    Aún así le puse un poco más en la polla y una generosa ración en el ano abriéndolo con dos de mis dedos para irla acostumbrando al grosor del nabo de su chico.

    Ella le daba la espalda mirando hacia sus pies. Por fin pude guiar la cadera para que bajara suavemente clavándose el rabo. El ano se iba abriendo despacio al paso del glande. Y yo de privilegiada espectadora, lo tenía en primer plano.

    Le hice separar un poco los muslos para inclinarme y chuparle los huevos mientras ella empezaba a moverse despacio para irse acostumbrando al grosor de la polla en sus entrañas.

    Aprendía rápido, pronto no hizo falta que sujetara la cintura mientras iba acelerando las subidas y bajadas ella sola. Los dos gemían y gritaban su amor en frases inconexas y su agradecimiento hacia mi por ayudarles a expandir sus horizontes.

    De los huevos de Juan pasé a besarlos. Primero a ella y luego los pezones del chico. Todo ello sin dejar de acariciar las suaves pieles de ambos.

    Continuaron hasta que Juan se corrió en el interior de su mujer. Ella ya se había corrido y creo que varias veces ayudada por mis dedos o los de él acariciando su coñito. Cuando se levantó fui yo la que hice con ese culo que me encantaba y se lo lamí con el semen rezumando de su interior.

    Ella se había girado e inclinado hacia adelante para besarlo así que la grupa levantada quedaba a mi perfecta disposición para mis caricias y lamidas.

    Nos derrumbamos mezclados sobre la cama, yo no sabía cual de los dos me acariciaba o besaba ni a quien de los dos tocaba yo. Juan nos dejó solas mientras iba al baño a mear y lavarse de lo que nuestros intestinos hubieran dejado en su instrumento. Mientras nosotras frente a frente nos cambiábamos saliva y caricias.

    – Muchas gracias por todo esto. Nos hacía falta un catalizador que ayudara a que nos desinhibieramos un poco. Para hacer esas cosas que no nos atrevíamos a hacer solos. Algunas de ellas ni a comentarlas.

    – Está siendo un auténtico placer. Creo que solo teníais que dejaros llevar por la imaginación. Lo hubierais hecho solos, al menos yo os veía con ganas.

    Juan nos contemplaba desde la puerta del baño, mientras nos dábamos cariño y caricias. Su polla aún no se había puesto dura, colgaba entre sus muslos, pero parecía que no tardaría en estar dispuesta a un nuevo asalto.

    – ¿Me la dejaras por el coño?

    – Pues claro, después de todo esto ¿crees que me pondría celosa por tan poco?

    – Seguro que podemos arreglarlo para seguir disfrutando los tres a la vez.

    Se tumbó detrás de su chica besando su nuca y cuello, poniendo la polla entre sus nalgas mientras se volvía a endurecer. Y acariciándonos a la dos. Yo también alcanzaba a tocar sus pieles mientras recibía las caricias de Sara.

    Cuando el rabo había adquirido dureza suficiente me puse encima de ella en un sesenta y nueve dejando mi grupa a la altura perfecta para que me penetrase. No sé hizo de rogar, a la vez que yo metía mi cabeza entre los muslos de su mujer.

    Mi lengua entre sus labios de la vulva notaba como en los míos se abría paso el pétreo glande. Sara tampoco permaneció pasiva, un segundo después noté en mi clítoris su lengua. Se dedicó a lamer los huevos de su marido y cualquier parte de mi pubis que alcanzase.

    Acallaba mis gemidos metiendo bien la lengua lo más profundo que alcanzaba de su coñito. Era ella quien lo animaba.

    -Más deprisa cariño, que se corra en mi lengua. Cielo.

    Yo había tenido dos orgasmos cuando llenó mi coñito de semen. Sara no le hizo ascos a seguir lamiendo mis jugos y la lefa que rezumaba desde mi vulva haciéndome correr otra vez.

    Descansamos un rato y nos duchamos renovando caricias bajo los chorros de la ducha.

    Nos vestimos lo suficiente como para bajar a comer, ambas con nuestros bikinis y pareos y Juan con unas bermudas. No desentonabamos del resto del personal. Sobre todo por que le había hecho a Sara ponerse el bikini más pequeño que se había comprado el día antes. Incluso atrajimos alguna mirada.

    Ya no pisé mi habitación mucho más esas vacaciones. Compartí su cama y salimos juntos a la playa y de copas el resto del tiempo que estuvimos juntos allí. Disfrutando juntos muchos orgasmos.

    No nos hemos vuelto a ver en persona. Somos de ciudades muy lejanas. Pero cuando hablamos por chat o teléfono me cuentan como siguen disfrutando del morbo que se despertó en esas vacaciones. Incluso han conocido un chico con el que Juan está explorando su lado bisexual. No sólo Sara disfruta ahora con personas de su mismo sexo.

  • Mudanza en el camión de papá

    Mudanza en el camión de papá

    Estaré enferma, o mi grado de perversión supero mis límites del prejuicio, un deseo irrefrenable de sentir dentro de mí la verga de mi padre, dicotomía que me asalta, ¿depravación o enfermedad?

    Lo cierto es que me encanta tener sexo, no como a todo el mundo, pero lo que es seguro, me gusta.

    Hoy estoy en una nueva versión de mí, queriendo explotar todo mi potencial sexual, quiero incursionar con alguien de mi familia y he elegido a mi padre, persona que amo más en el mundo. Siempre fueron fantasías normales, nunca pero nunca se me había ocurrido con mi padre, hasta hace aproximadamente tres o cuatro meses, cuando le estaba dedicando una paja al nuevo vecino que esta fuertísimo, su cara se me fue transformando hasta llegar a visualizar los rasgos de mi papucho, teniendo en ese momento un orgasmo como nunca lo había tenido, mis fluidos salieron a chorros de mi vagina.

    Pensando mucho, quería saber si el morbo que sentía por tener sexo con quien había inseminado a mi madre, era normal, sobre todo las cosas que había pensado que le haría. Al fin y al cabo no tiene nada de malo, si alguien de tu entorno te ama y desea.

    Prejuicios, solo prejuicios que fuimos incorporando con el correr de los años escuchando a nuestros mayores. Que eso no se hace que eso no se dice, que eso no se toca.

    La Biblia, el cielo, el infierno. Mi gran duda, si Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel, y dios dijo creced y multiplicaos, con quien tuvieron descendencia Caín y Abel. Caín mata a su hermano y se envía al este del Edén donde se casa con una mujer y la «Conoce» a ella. Debido a que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos (de la que todas las personas que vienen después), la esposa de Caín era su hermana.

    Abraham se casó con su media hermana Sara de Ur.

    Los eruditos religiosos dicen que Dios suspendió las leyes del incesto en los primeros días de la humanidad con el fin de garantizar que el hombre se extienda sobre la tierra.

    Entonces, ¿por qué no puedo amar sexualmente a mi padre?

    A poner en marcha mi plan de una vez.

    Soy una mujer de veintidós años, mi físico no es de una modelo, (no soy partidaria de los estereotipos) pero estoy apetecible, mi novio decía potencialmente cogible, con un metro setenta de altura, (Salí a mi madre) tetona y culona, no desproporcionada, los hombres habitualmente se giran para decirme cosas, debiendo reconocer que me molesta, pero me gusta.

    Mi papa, es un caballerazo de cincuenta años que se mantiene físicamente bien por su trabajo, (tiene una empresa de mudanzas) no necesita gimnasio, la naturaleza lo doto de un físico privilegiado, mide un metro ochenta y dos, y pesa ochenta kilos, no es Brad Pit pero zafa, en este punto no me interesa lo físico ni bello que pueda ser, lo importante es la delicadeza con que me trata y sobre todo el amor y ganas de comérmelo que tengo.

    Iniciando la fase uno:

    Muchos mimos, caricias, acercamientos y roces varios. Al no sentir incomodidad en él, puedo continuar.

    Iniciando fase dos:

    (Habiendo leído los apuntes de viajes, observe un viaje a la ciudad de Córdoba, distante dos mil cuatrocientos kilómetros de nuestra localidad. Tomando nota mental, un viaje de dos días de ida y dos de vuelta, con uno de estadía, la cuenta me da cinco días para concretar.

    Iniciando fase tres:

    – Papito, si algún día tenés algún viaje afuera y vas sin ayudantes quisiera ir, tengo ganas de viajar. (con carita tierna y ojos de borrego que va al matadero)

    – Si mija, con todo gusto, (revisa los papeles) mira, que coincidencia, se ve que tenés sentido de la oportunidad, anda preparando un bolso con ropa, dentro de unos días salgo para córdoba y el cliente pidió sin ayudantes porque son cuatro de familia. ¿Te interesa ese viaje?

    – Si papa, lo más interesante es compartir “todo” con vos.

    – Bueno señorita, prepare sus cosas con tiempo, salimos temprano.

    Fase tres, completada con éxito.

    Llegado el día, mi papa fue a cargar el camión, pasó a buscarme por casa y emprendimos el viaje, sin prisa pero sin pausa.

    Mi vestimenta para el acompañamiento no era la que había pensado para ir calentándolo en el recorrido, fui con unos jeans y remera, debajo de ella, como era habitual en mí, una tanga y corpiño haciendo juego. La artillería pesada la llevaba en la valija que había preparado, reservándola para su oportunidad de ser lucida.

    El camión es uno moderno sin ser cero kilómetro, al que mi papa lo cuida como si fuera de oro, tiene doble cabina con una cama cucheta bastante amplia, los asientos parecen sillones domiciliarios de lo cómodos, estéreo último modelo, hasta bluethoot tiene, luces interiores de colores, (infaltables en camiones para viajes largos).

    Durante el camino hablamos de bueyes perdidos, aunque tire algunas “notas picantes” le pregunte si había tenido aventuras con mujeres en la ruta a lo largo de su carrera como transportista, a lo que me retruco diciendo que estaríamos igualados con mis aventuras de la escuela secundaria.

    Habiendo pasado ya varias localidades, la noche avisaba que llegaba, mi corazón latía cada vez más fuerte a medida que la oscuridad abrazaba el cielo.

    Llegamos a un parador que solo los que andan en la ruta conocen.

    – Hija, paramos a cenar y luego continuamos hasta la próxima localidad y hacemos noche ahí.

    – Si papito, el que conoce sos vos, yo me entrego por entera.

    – Ha bueno, como estamos hoy. (riendo)

    – Sí señor, así somos los artistas.

    Ambos riendo nos encaminamos a cenar, pedimos una parrillada para uno, soy de poco comer y mi papa tiene que cenar para alimentarse nomas, porque, según me dijo, luego le da sueño tiene que seguir manejando.

    Llamo al muchacho que hacía de mozo y le dijo.

    – Para mi princesa por favor su postre preferido, flan con dulce de leche y crema y para mí un café.

    – Papi, te acordas aun el postre que me gusta.

    – Más vale preciosa, tu madre no me perdonaba un olvido y sos tan igual a ella, que me asuste, pensé que me ibas a regañar.

    – No señor, no lo voy a regañar como usted dice, al contrario lo voy a mimar mucho y llenarlo de besos.

    Me levante, fui hasta su silla y lo comencé a besar por toda su cara, aprovechándome de la comisura de sus labios, a la que le aplique un par de besos y logre tocar con la punta de mi lengua como al descuido. Había comenzado la fase cuatro.

    Luego de cenar continuamos el camino, fuimos hablando de muchas cosas, mientras yo me había acercado a su lado y le acariciaba la pierna derecha, no legando a tocar su verga pero si pasando cerca, lo que hizo incomodarlo, pero no dijo nada, incomodo, pero se notó, por su erección, que le gustaba mi juego.

    – Bueno cariño, ya hemos hecho casi la mitad del camino, te parece que en ese parador seguro hagamos noche o querés dormir en una cama.

    – No papi, vamos a dormir aquí, sin gastar es mucho mejor, por ahí podemos ahorrar ese dinero y dormir cómodos después de dejar la carga.

    – Me parce bien mi pequeña gran dama.

    Iniciando fase cinco:

    Nos acostamos en la cucheta del tráiler, si bien cómoda, es pequeña para dos (cosa que ya lo sabía) lo que nos “obligo” a dormir en cucharita, primero lo abrace yo a él, apoyando mis duritas tetas contra su espalda, cosa que no le molestó, al contrario, paso su mano por sobre su cadera y se agarró de la mía.

    Pensaba rápido, mi cabeza no tenía asimilado que ocurriría eso, pensé en ir más lento, pero bueno, que le vamos a hacer (reía en silencio).

    Iniciando fase seis:

    Lo llame por primera vez por su nombre, para marcar el territorio.

    – Jorge, por favor me permitís bajar a la cabina un segundo.

    – Si adelante.

    Pase sobre él y ya en la cabina me saque los pantalones, quedando solo en tanga.

    – Ahora sí, ya estoy más cómoda, estoy acostumbrada a dormir desnuda, hoy no lo voy a hacer, por eso me quedo en ropa interior, córrete para allá.

    Me miro perplejo pero no dijo nada, se corrió quedando donde estaba antes yo.

    Volvimos a hacer cucharita, pero esta vez me abrazaba él.

    Deje pasar un largo rato, y acerco más mis glúteos, por la dureza de su pija sabía que no estaba dormido, hago que su verga caliente se apoye más en mi culo de niña perversa, mala, suavemente hago movimientos ascendentes y descendentes como si el me estuviera cogiendo, en este punto ya sabía que iba a pasar, pero no ahora, tenía que preparar bien el asunto. Fase seis más que satisfactoria.

    Nos dormimos así, con ese juego depravado, que ya era parte de los dos.

    Al despertar no le quedó otra que llamarme para salir de la cucheta, bajo del camión y fue a higienizarse para continuar. Siento mi culo pegajoso, el ladino me lleno de semen y solo con mi juego, vamos bien me dije, ya lo tengo donde quería.

    Regreso con facturas y el termo con agua caliente para el mate.

    – Voy preparando el desayuno, anda al baño y cuando regresas partimos.

    – Buenísimo Jorge, espero hayas dormido bien.

    – Mejor de lo que te imaginas.

    – No me lo imagino, lo sé. (guiñándole un ojo)

    El resto del viaje transcurrió sin más, solo algunos comentarios picaros sobre películas eróticas que habíamos visto y alguna que otra rutera que cruzamos en el camino.

    A la llegada, el paisaje era imponente montañas por todos lados con sus colores variados, que llenaban mis ojos de imágenes bellas, taladrando mis pupilas.

    Papa reservo una cabaña en un parador bellísimo al lado de un lago inmenso, como era del sindicato de transportistas estaba a un precio accesible, me quede en ella a la espera que llegue de descargar la mudanza.

    Cosa rara en la cabaña, había solo una cama del tipo matrimonial, el resto, parecía una cabaña salida de un cuento para niños, me parece que en este punto, lo que venía ideando, quedo por tierra, porque mi papa ya tenía preparado su plan. Pensarlo solamente había hecho que moje mi tanga de una forma fantástica.

    Lo primero que hice fue ir al mercado a comprar algo para comer y esperarlo a papa con algo rico. De regreso entre a la ducha para darme un buen baño y depilarme para esta noche, nuestra noche.

    Me hice “la Reina” de las depilaciones, no yo si no el diseño, que diseño, no hay diseño, removí todo el vello alrededor del pubis vagina y ano, dejando todo totalmente calva la zona, ya que a mí me incrementa la sensibilidad y si hay sexo oral, se siente más rico.

    Pensando en lo que vendría y la experiencia de anoche en el camión, sumado a la depilación, no tarde mucho en mojarme nuevamente lo que dio paso a una buena paja al mejor estilo Elena (así me llamo pero todos me dicen ele) tocándome la entrada de la vagina en todo su contorno y presionando mi clítoris con movimientos circulares mi libido estaba por las nubes, no dude en introducir dos dedos en la cavidad pensando que era mi papa, lo que hizo venir un orgasmo impresionante, me reía sola pensando que fue la paja más corta de mi vida.

    Ya terminado mi proceso de aseo masturbatorio, comienzo con la cena, no podía preparar algo elaborado, por las comodidades de la cocina, tenía un anafe de dos hornallas, sin horno, así que decidí hacer unos bifes a la criolla con papas fritas. Escucho la puerta y veo entrar a mi padre.

    – Hola Jorge, pasa derecho al baño, ya está la ropa preparada y la cena casi lista.

    – Gracias mi amor, merecidas vacaciones cortas te voy a proporcionar, te lo mereces, pensé en quedarnos unos días más.

    – Gracias Jorge, te amo. Menos charla y más agua, a bañarse ya.

    – Si mama, ya voy

    Nos echamos a reír como dos adolescentes, cosa que me extraño es que se acercó y me dio un beso casi en la comisura de los labios, devolviendo mi beso del parador.

    Ya con una reparadora ducha, salió, se sentó en una silla frente a mi cenando con una, de dos botellas de vino que le regalo quien contrato la mudanza.

    Luego de la sobremesa con postre incluido, lavamos los pertrechos que utilizamos para cocinar y comer, menos los vasos, que los usamos para acabar el vino, que por cierto estaba muy rico.

    Calculo que fueron los efluvios del destilado de uva, que solo nos bastó en ese momento mirarnos a los ojos, tomarnos de la mano, levantarnos y fundir nuestras bocas en un intenso beso, en el cual nuestras lenguas danzaban al son de la música que sonaba de fondo, la que nos invitaba a sacarnos la ropa mutuamente, al llegar a sus calzoncillos y bajarlos, su cipote salió disparado de su encierro, palpitante, caliente y lleno de venas, el que no dude en llevarlo a la boca, por primer vez saboreaba el lugar por el que alguna vez salió el espermatozoide que fecundo el ovulo que me engendro.

    Si bien no era inmenso, me costaba succionarlo, yendo desde su punta hasta casi la pelvis, haciendo tope en mi garganta, hecho que en varias oportunidades me dio arcadas.

    No hizo falta mucho tiempo para que se descargara dentro de mi boca, creo que su excitación se elevó, pues, mientras chupaba y saboreaba su pija, no deje de mirarlo a los ojos con la mejor cara de perra que podía poner.

    Sabia rico su semen calentito, no desperdicie ni una sola gota, porque lo que se cayó entre mis tetas lo junte con mis dedos y lo introduje en mi cavidad bucal.

    Con sus fuertes manos me tomo de las axilas haciéndome parar, me beso sin importarle que aún quedaban restos de su semen, bajo sus manos a mi vagina, que se encontraba húmeda por demás, perdiéndose sus dedos dentro de ella, también mi orgasmo fue casi instantáneo, con unos grititos y gemidos le anuncie la llegada, su cara fue de sorpresa, (no sabe que aparte soy multiorgásmica) y felicidad.

    Me alzo en brazos llevándome a la cama, me deposito con dulzura en ella abriendo mis piernas, para perder su cabeza entre ellas, con su hábil lengua comenzó a recorrer todo el contorno de mi vagina, separando los labios con una habilidad que no tuvo ninguno con los que he estado, la suavidad y tersura me excitaba cada vez más, hasta que la puso dura para jugar con el clítoris, haciendo como si fueran ochos a su alrededor tuve otro orgasmo, fluidos que recibió al instante para beberlos con fruición.

    Puso su cuerpo sobre el mío, su verga ya recuperada hurgo entre mis pequeñas piernas encontrando lo que buscaba, la entrada de mi vagina, que vulnero sin mucho esfuerzo penetrando hasta su fondo, siempre con una dulzura y delicadeza que nunca había sentido, comenzó con su mete y saca, por momentos suaves y lentos, por momentos más duro y rápido, siguió con ese ritmo por un rato, paro en seco dándome vuelta y poniéndome en cuatro (perrito) hizo una estocada a fondo, me daba más duro que antes, otro orgasmo mío.

    Cuando me escucho gemir sentí algo tibio en el culo, el muy guacho me lo escupió para meterme un dedo, moviéndose más rápido, no tenía pensado bajo ningún concepto darle el chiquitito, nunca había entrado nada que se le parezca a una verga por ahí.

    De repente escucho algo que me encanto, el gemido y los gritos que tantas veces había escuchado a través de la pared cuando cogía con mi mama, mientras estaba descargando su líquido seminal dentro de mí tuve otro orgasmo, esta vez fue distinto, Sentí una sensación de liberación desde dentro hacia afuera. Mi corazón me latía muy rápido, al sentir esa sensación, apure el ritmo. Logre por primera vez un “squirting” un gran chorro de líquido trasparente e inodoro salió de mi concha palpitante, en realidad de mi uretra, una cascada de placer, además de fascinación.

    Caímos rendidos sobre la cama húmeda.

    – Ele, no sé si lo que hicimos está bien.

    – Tranquilo Jorge, si llegamos a este punto era porque ambos lo deseábamos, no sientas remordimiento.

    – Es que me parece.

    Lo calle con un beso en su boca, el que fue respondido amorosamente.

    – Papa disfrutemos el momento y los momentos que están por venir.

    – Si, la verdad tenés razón, a disfrutar lo más que podamos, al fin y al cabo la vida es una sola. Me di cuenta que estoy enamorado de vos, pues sos una persona única.

    Volvimos a hacer el amor, como así también los otros dos días que nos quedamos en la cabaña.

    Al regreso, no perdimos oportunidad de tener nuestras sesiones de sexo desenfrenado, sobre todo cuando tenía viajes largos, en los cuales fui su acompañante fiel.

    “El amor es escándalo, desorden, transgresión: el de dos astros que rompen la fatalidad de sus órbitas y se encuentran en la mitad del espacio”

    Octavio Paz.

  • Vacaciones con desconocido

    Vacaciones con desconocido

    Hola a todos soy Anna de 18 años tengo piel morena, cabello largo, tetas grandes, cintura ancha y por lo mismo caderas anchas y culo grande y suave.

    Ahora que fueron vacaciones fui a la playa con mi familia, pero la verdad suele ser molesto por diversos temas, así que un día de los que estábamos decidí salir temprano a la playa, ver el amanecer y tomar el sol.

    Hice todo eso y mientras estaba leyendo algo se me acercó un hombre de forma amigable, lo invite a sentarse y charlar un rato al parecer estaba solo igual que yo así que era agradable hacernos compañía, lo notaba algo preocupado hasta que le dije mi edad y se puso más tranquilo.

    Mientras más platicábamos notaba que me miraba de forma mas morbosa y en especial por el bikini que llevaba de hilos muy sexys hasta que me preguntó «te gustaría desayunar conmigo?» Y le dije que si y dónde, me dijo que en su hotel así podríamos estar más tranquilos sin tanta gente y acepte.

    Tome mi bolsa y nos fuimos a su hotel y subimos a su cuarto, apenas entramos me puso contra la pared y comenzó a besar mi boca y cuello, tomo los nudos de mi bikini y los estaba quitando cuando lo detuve, le dije que me esperara en la cama y entre al baño y con la regadera me quite la arena que tenía, me enrolle la toalla y al salir le arroje mi bikini a él que ya me esperaba en la cama desnudo.

    Se veía muy sexy y en especial su verga que estaba bastante dura, lo mire mordiendo mis labios y quite la toalla quedando igual desnuda frente a el, me senté a su lado y masturbe su verga mientras él tocaba mis tetas sonriendo, paso un dedo en mis labios y se puso de pie, lo mire de forma tierna mientras me ponía de rodillas a su verga.

    Tomo mi cabello e hizo una coleta mientras yo chupaba su verga con mi lengua a todo lo largo, me sentía muy pervertida se la estaba chupando a un hombre que acababa de conocer pocos minutos antes, aunque pensar eso me calentaba mas y daban ganas de tener sexo con el, seguí moviendo mi boca y el soltaba unos gemidos.

    Con una mano mantuvo la coleta y la otra sostuvo mi cabeza mientras el movía sus caderas follando mi garganta, mi saliva escurría de su verga y mi boca así que la saco y reposo en mi rostro viendo que era tan larga como el mismo, me ayudó a ponerme de pie y volvió a besar y me dijo «quiero más pero no tengo condones ahora y no creo que tú tengas», lo mire y dije «está bien, solo porque es un momento especial hay que hacerlo sin condón».

    Se que no sonaba muy responsable pero estaba caliente y al escuchar eso me llevo a la cama con besos y apretones, sus manos estaban en mi rostro y tetas mientras me acostaba boca arriba y yo abría las piernas, estábamos en medio de un beso apasionado cuando me interrumpió la sensación de su verga entrar en mi, lo mire y ya me estaba penetrando sin siquiera tocar su verga.

    Nos miramos fijo y él empujó hasta meterla toda, mis gemidos eran muy lindos con la inocencia de los 18 años, dejaba solo la punta dentro para después meterla toda de golpe lo cual me había abrir más los ojos y tener una sonrisa traviesa, él también se veía muy excitado pues ambos estábamos depilados y nuestra piel se frotaba sin parar.

    Dejo ese movimiento y volvió a la forma constante y rica que hacía rebotar mis tetas las cuales no se resistió y chupo con fuerza, cerré mis piernas con él en medio y empezó a sonar mi teléfono, tome la bolsa del suelo y lo logré sacar viendo que me llamaba mi hermana, le pedí que bajara un poco la velocidad pero me ignoro así que trate de actuar normal y conteste.

    Me preguntó dónde estaba y le dije que había ido a dar un paseo y regresaría más tarde me iba a hacer más preguntas pero colgué antes de que siguiera y volví a gemir, me miró con una sonrisa pervertida y yo me sonroje, saco su verga, lo libere y me acostó boca abajo, sin levantar mi culo, solo abrió mis nalgas y la metió toda.

    Levanto mi cabeza con una mano y siguió con las embestidas, esa pose me estaba excitando mucho pues me sentía muy sumisa sin poder moverme y con su verga usándome a su gusto, aparte de que cada que la metía sus bolas chocaban en mi clítoris, logre levantar un poco mi vientre y metí una almohada debajo para levantar un poco mi culo.

    Bajo su mano de mi barbilla a mi cuello y apretó de forma sexy con embestidas más salvajes, aún con eso seguía gimiendo en mi oído, sentía mis nalgas ponerse más sensibles en cada empujón y su otra mano colarse debajo y apretar mis tetas, todo su cuerpo maduro se frotaba en mi sin parar y solo sentí mis piernas temblando y la almohada mojarse en señal de que estaba teniendo otro orgasmo.

    Tuve espasmos durante mi orgasmo y el con su boca en mi oído dijo «me tienes al límite, dónde…» Sin que pudiera acabar le respondí «adentro! Todo adentro!» Sin condón ni nada más no me importo estaba tan excitada que solo quería tenerlo todo adentro, dio unos empujones más y se quedó presionando lo más fuerte que pudo como si fuéramos un matrimonio tratando de tener un bebé.

    Pude sentir que soltó bastante semen dentro de mi, nos quedamos quietos y jadeando hasta que la saco y se acostó a mi lado, le dije que me tenía que ir y me metí a darme un baño rápido, se metió conmigo y nos dimos unos besos tiernos, me ayudó a sacar parte del semen dentro de mi y dijo.

    El: por cierto como te llamas preciosa?

    Yo: jeje Anna y tú?

    El: jeje Anna 18 verdad? Yo Roberto de 30.

    Yo: Que bien me gustan mayores que yo.

    El: eso lo noté, me hiciste las vacaciones linda.

    Yo: tu también guapo.

    Salimos, me vestí, intercambiamos números y me fui, ya después me encontré con mi familia y disimule todo. Seguí hablando con el por teléfono y anhelo el día en que nos podamos ver de nuevo y volver a tener sexo.

    Y si tenían curiosidad estaba en mis días seguros así que no paso nada con el semen. Bueno esa es mi historia que paso hace muy poco pero quería contar aquí espero que les guste y excite, chao.

  • ¡Mi hermana me dio su virginidad! Mi sueño (parte 1)

    ¡Mi hermana me dio su virginidad! Mi sueño (parte 1)

    Esto comienza hace muchos años, mi hermana es 3 años menor que yo, y desde que recuerdo siempre fue mi fantasía, y yo pensaba y fantaseaba con mi hermana.

    Han pasado bastantes años y yo he estado con varias chicas, pero mi hermana siempre será mi más grande deseo, ella es algo baja de estatura, pero con un cuerpo que envidian muchas, pechos no tan grandes pero bien formados, un culo que te hace imaginar de todo! Y siempre fue así, la historia comienza en su cumpleaños 18, ella era virgen pues siempre tuvimos mucha confianza en esos temas y me contaba todo lo que sus novios querían hacer y nunca pudieron, al saber que aún era virgen a los 18 me prendía aún más, y cuando recién los cumplió fui el primero en ir a su habitación y felicitarla con un pequeño pastel.

    Al llegar a su cuarto, y felicitarla, pude notar que solo traía una camiseta blanca que se transparentaba y ho! No pude evitar mirar sus hermosas tetas, sus pezones marcados y delineados, sus tetas rosaditas, pequeñas y riquísimas, mi nepe se me puso súper durísimo y solo pude abrazarla y sentir sus tetas pegadas a mi, me excite tanto que le fui a dedicar una en ese mismo momento.

    Después de ese día solo podía pensar en sus ricas tetas, y fantaseaba con ellas, hasta que un día mientras se bañaba, me di el valor de espiarla por debajo de la puerta y vaya que fue la mejor elección que hice. El verla ahí bañándose, su conchita peluda, sus grandes nalgas, sus tetas cayéndole el agua, era como una diosa, y no pude evitar masturbarme mientras la veía bañándose, así pasaron los días y eso se me había hecho una rutina, incluso le tome algunas fotografías y videos que aún atesoro.

    Ahora sí, aquí comienza como sucedió aquella vez…

    Ella salió de la escuela y fui a recogerla, al llegar a casa, no había nadie, más que nosotros dos, y nos recostamos en la cama de nuestros padres, ella con su celular y la falda de la escuela y yo sobre sus piernas, estábamos viendo la tele mientras mi mente comenzó a imaginarme besando sus tetas, metiéndole los dedos, y en esa posición en la que estábamos era más que perfecto para hacerlo, tome valor y comencé acariciarle los pies y chamorros, con masajes de arriba hacia abajo, poco a poco fui subiendo más mis manos, mi respiración de aceleraba pues no sabía cómo iba a reaccionar ella, al llegar a su pierna me detuve un momento, pensé en ya no seguir pero fue más mi deseo y mi pene duro que me hizo volver a continuar.

    Subí un poco más la mano y la volvía a bajar siguiendo con los masajes, hasta que escuche un pequeño gemido, ahí me di cuenta que esto le estaba gustando, con la respiración y el corazón al mil subí mis dedos hasta que tocaron su calzón, y cuando eso sucedió solo esperaba el momento en que se alejara de mi, pero mi sorpresa fue que abrió más las piernas!

    Ahí comencé a bajar y volver a subir hasta que con mis dedos rose su conchita y un nuevo gemido se escuchó, seguí deslizando mis dedos sobre su jugosa vagina, y note que ya estaba húmeda, deslice su calzón hacía un lado y mis dedos por primera vez tocaron su manjar, sus pelitos estaban recortados, como si estuvieran listos para la acción, seguí jugando con su vagina, deslizando mis dedos, ella abrió aún más sus piernas y ahí, al dejar la falda al descubierto pude verla, pude apreciar eso que veía a escondidas ahora lo tenía a centímetros de mi, mi nepe ya no soportaba, y ahí fue cuando la voltee a ver, ella me miró y después subí hacia su cabeza y la bese…

    Ese beso fue la gota que derramó el vaso de la lujuria…. Mis manos, mis manos ya estaban en sus tetas…

  • Sin buscarlo con una trans

    Sin buscarlo con una trans

    Lo que relato a continuación, tiene muchos años que pasó.

    Era una noche fresca, me encontraba caminando en Ciudad de México, venia saliendo de la Alameda Central, sobre la avenida en dirección a metro Revolución, que es donde esa vez me estaba hospedando, venia pasando enfrente de unos locales que se encuentran por el metro Hidalgo, cuando escucho de pronto que alguien menciona mi nombre.

    Al voltear a buscar quien me hablo, veo a una chica trans, algo más alta que yo, no gorda, pero tampoco delgada, quien me hace señas para acercarme, pienso dentro de mí, que le conozco de algún lado, al acercarme a ella, nos saludamos y se presenta con su nombre que usa en el Face, y a lo que mi mente reacciona que si, efectivamente, le conocía de Face y que ya había platicado con ella por ese medio y también, recordé en ese momento a lo que se dedicaba.

    Me comento, que me vio desde que venía cruzando la calle, pero que no atinaba a saber quién era, por lo que rápidamente reviso su celular y encontró mi foto y fue que me dirigió la palabra, comentando esto y preguntando también, que andaba haciendo por ese lado a esas horas, a lo que le conteste que venía regresando del trabajo y me disponía a descansar (La verdad es que para ese entonces todavía no había tenido mucha experiencia), a lo que me dijo, porque no iba un rato con ella, que no me iba a arrepentir.

    Me quede pensando y le dije, si suena atractivo, me comento, que estaba esa noche ahí trabajando y pues no había tenido suerte, que, si me gustaba la idea, sería su primer cliente de la noche, insistiendo en que la pasaríamos muy bien y que realmente lo disfrutaría, así mismo, pidiendo mi número telefónico en ese momento, le di mi número y le comenté, déjame pensarlo, pero tengo que ir primero a un lugar, me despedí amablemente de ella y emprendiendo camino a donde tenía que llegar.

    Apenas había avanzado unos minutos y empezó a sonar mi celular al estar recibiendo mensajes, por lo que me detuve un momento a revisarlos, notando que me había mandado varios mensajes, mencionando nuevamente que no me arrepentiría, que de verdad lo iba a disfrutar, que me daría placer y yo quedaría más que satisfecho, quedándome pensativo un momento y recibiendo otros mensajes, reiterándome y también enviando una foto de su verga parada, escribiendo, de lo que te estas perdiendo, anímate.

    Me quede ahí viendo esa foto por un momento y me vuelve a enviar un mensaje, esta vez en tono amenazante, que, si no quería en ese momento, bloquearía mi número y que me olvidara de buscarla, esta situación me hizo reflexionar y entonces me dirigí de regreso a donde la vi, lo más rápido que pude, al verme ahí, me dijo, que pensó que realmente no me animaría, pero ya que estaba ahí, vamos a un Hotel aquí cerca, a lo que me llevo en dirección a un lugar que ella conoce.

    Entramos al Hotel, pido un cuarto, nos vamos a él, entramos los dos y apenas cierro la puerta, se acerca a mi y con su cuerpo, me pone con la cara pegada a la pared, pegándose a mi y agarrando con una de sus manos mis nalgas sobre el pantalón, diciendo al oído de que está ansiosa por probarme, después de dicho eso, me suelta y se empieza a quitar su pantalón y calzón, haciendo que yo me quite toda la ropa.

    Al quitarse la ropa deja ver una tremenda verga de unos 18 cm, algo gruesa, de color morena, tirándole casi a negra, Que ya empieza a tener liquido en su punta, la agarra con su mano, haciendo la acción de masturbarse y diciéndome, “Mira lo que te vas a comer papi”, acercándose a mí con una mano en su verga y con la otra haciendo que me hinque frente a ella, poniéndome su verga en mi cara, haciendo con su mano, que se restriegue su verga por mi cara, metiéndola en mi boca y haciendo que empiece a mamársela.

    Estoy mamándola, escuchando de ella como está gimiendo de gusto, diciendo que la mamo muy rico, que siga así, que rica boca tengo, en poco tiempo, hace que me detenga y me hace indica con su mano que me levanta, llevándome a la cama, donde me acomoda en posición de 4, haciendo que pegue mi pecho y mi cara a la cama, dejando mi culo alzado y ella suelta un escupitajo a mi culo y empieza a meter uno de sus dedos, metiendo y sacándolo, jugando de forma circular con mi culo, empezando a meter de pronto dos dedos, yo estoy sintiendo placer con esto, me está gustando esta sensación que está provocando.

    En un momento, saca sus dedos y siento que algo más grande empieza a querer abrirse paso en mi culo, su verga está queriendo entrar con dificultad, siento un poco de dolor, porque es bastante más gruesa de las que he sentido antes, la saca un momento, vuelve a escupir en mi culo y se vuelve a intentar meterla, esta vez logra entrar un poco más, la saca un poco y otra vez vuelve a ejercer presión y esta vez logra entrar por completo, dejándose ir hasta el fondo, sacando un pequeño grito de dolor de mi parte y ella un tremendo gemido de placer.

    Se quedo un momento así, sin moverme, acercando se cabeza a mi oído y diciéndome, “Que rico culo tienes”, “Me estas apretando bien rico”, “Estas bien apretadito”, empezando a sacarla, no por completo y volviendo a meterla por completo, deteniéndose otra vez un momento y diciendo de nuevo a mi oído, lo rico que le apretando su verga, poco voy sintiendo que el dolor se está quitándome, empezando a sentir placer de estar siendo ensartado por esa rica verga.

    Ella empezó a sacarla nuevamente, esta vez por completo, quitándose un momento y siento como con su manos, abre mis nalgas, dejando mi culo expuesto, en eso ella me dice, “Ahora está bastante abierto tu culito”, para volver a acomodarse y dejarme ir de lleno su verga hasta el fondo, en esta ocasión soltando un gemido de placer, sacándola solo a la mitad y metiéndola, empezando con ese vaivén, metiendo y sacando su verga de mi interior, de un momento se detiene y me dice que con mis manos me abra mis nalgas, a lo que hago lo que me dice, sacando su verga por completa y toma su celular y me toma una foto así, siento que vuelve a acomodar la punta de su verga en la entrada de mi culo y me la mete de un golpe, sacando un gemido fuerte de placer.

    Al entrar de golpe y soltar yo ese gemido, escucho también como gime de placer y dice “Ah que rico culo”, “Hacia tiempo que no cogía un culo así”. Volviendo a estar metiendo y sacando su verga, aumentando esta vez poco a poco su velocidad, cada vez que entra y sale, suelta sus gemidos y diciendo cosas de mi culo, en un momento, entre estar metiendo y sacando, me dice que ya está por terminar, que me lo va a dejar ir todo dentro, empezando a meter y a sacar de forma más rápida, también aumentando en volumen y cantidad sus gemidos y ya mas bien gritos de placer, de pronto me la deja caer de golpe hasta el fondo y empezando a sentir algo caliente que está inundando mi interior, mientras que ella entre gemidos y gritos de placer, dice: “A que delicia de culo, ahora si me vine mucho”, sacando su verga de mi interior, dejándome en esa posición, sin dejar que me levanta y nuevamente toma su celular, me dice que con mis manos abra mis nalgas y me toma algunas fotos así.

    Una vez que tomo las fotos, me deja levantarme, con su cuerpo, hace que me pegue a la pared, volviendo a pasar su verga por entre mis nalgas, diciéndome al oído que le gustó mucho y que espera que muy pronto podamos repetirlo, diciéndole yo que sí, tomando mi ropa, me empiezo a vestir, se acerca ella a mí y me da un beso y salgo de la habitación y del hotel, para irme a tomar a donde me estaba hospedando, mientras camino, me quedo pensando y ansiando el día en que pueda volver a verla.

    [email protected].

  • La asistente del jefe

    La asistente del jefe

    Desde hace más de 3 meses tenía con él miradas lascivas, comentarios repentinos de deseo, de hambre, de olernos y de sentir esa química en el aire cuando estábamos cerca, que un tercero fácilmente podía sentir, solo si este sabe sentir.

    Me cita a una reunión de trabajo en un departamento por meramente tener el “espacio y la privacidad para cerrar ciertos asuntos”. Sabíamos lo que podía pasar, pero después de tanto rechazar indirectas accedí.

    Él tenía esa mirada de lobo esperando un movimiento en falso de mi parte, que me mantuvo en estado alerta por más de 3 horas satisfactorias de trabajo. Pero llegó el momento y honestamente, yo necesitaba al fin relajarme y liberarme, lo deseaba, estaba preparada… Y aunque los nervios me estaban jugando una mala jugada. Decidí pararme de la mesa, quitarme las botas, llevarme mi notebook y sentarme en el sofá al lado de él, para «entender mejor lo que me decía» A lo que él en el acto entro en silencio por un momento, porque realmente siempre fue un caballero (demasiado) me observó y dijo por favor, vení y dame tus pies que te doy un masaje, lo dude, pero él los tomo sin perder más tiempo.

    Me quito las medias y deje de pensar, me observaba y realmente me estaba masajeando suave y pausadamente, como disfrutando al fin que me estaba tocando, todo en silencio, todo era tacto. Me fue tocando y apretando con sus manos fuertes, subiendo a la pantorrilla y las piernas, no dejaba de ver mis tatuajes y sentir mi piel, yo estaba con la respiración congelada, hasta q al fin me miro directamente a los ojos y sonrió, se dio cuenta que me tenía. Baje las piernas y me aleje como toda una niña avergonzada, a lo cual el respondió diciendo vení, ya está, me atrajo hacia él y me besó, tan lento y apasionadamente que en segundos saco la loba que tenía enjaulada desde hace mucho tiempo, le respondí con fuerza, con desdén… Yo tenía un vestido gris largo (estaba preparada, sabía que era el día) literalmente en 2 segundos estaba sentada encima de él, aplaudiendo dentro de mí el hecho de que el pana besara tan bien! Me apretaba las nalgas, me subía el vestido. Sabía que se pondría mejor… Y así fue…

    Una vez entramos en razón de los besos tan increíbles que nos estábamos dando, paramos por un momento y sonreímos, la cara de él era de que realmente había metido un golazo, después de más de 2 años lanzándome indirectas por las redes, después de haber logrado que estuviera mas cerca de él con escusas de trabajo.

    Yo sonreí y me quité el vestido, solo tenía una tanga negra. A lo cual el respondió observándome detenidamente, me recostó en el sofá y encima de mi empezó a besarme, justo el momento en que llego a mis senos se detuvo para darse cuenta del piercing que tenía en los pezones ya erectos esperando de sus labios. Sonrío y los tomo, yo cerré los ojos, era justo lo que necesitaba. Se levanto y de golpe me cargo en sus brazos y me llevo a la cama cargada como si mi peso fuese el de una pluma.

    Se quito todo y dijo – Mira lo que es esto…- Con cara de verdadera hambre, mientras sentía la humedad que estaba debajo de mi tanga, yo estaba realmente lista, quería ser penetrada de manera urgente. Y lo hizo, solo apartándola y entrando en mí.

    Después de un buen rato de placer, de un vaivén con un ritmo perfecto, se notaba no solo sus ganas, sino que realmente no quería llegar, no quería que se acabara aquello. Pero cuando lo monte y sentí su dedo adentro de mi culito, besándonos sin parar, pudimos casi llegar al mismo tiempo, ya los dos sudados y agotados, con sonrisas de oreja a oreja, nos dimos cuenta de que lo que sentíamos era mas real de lo que se pudo palpar en esa tarde de invierno. Justa y necesaria para 2 personas que rondaban relaciones que hacía rato no traían este tipo de placer al cuerpo y a la mente.

  • El gusto por el sexo con mi primo Nacho

    El gusto por el sexo con mi primo Nacho

    Julio de 2022.

    Cuando mi primo Nacho entró de nuevo en nuestras vidas hace una semana, fue todo un acontecimiento. Mi madre y la suya son hermanas, y llevan muchos años sin hablarse, pero Nacho opinaba que la relación como primos, por un lado, y sobrinos, por otro, no debía verse afectada. Mi madre entendió este razonamiento y ese día comió con nosotros en casa.

    La última vez que vi a mi primo, cuando vivían aquí, en Denia, una pequeña ciudad de la provincia de Alicante, yo tenía nueve años, seis menos que él. Por esto, después de doce años, me resultaba un perfecto desconocido, y quise saberlo todo con un completo interrogatorio. Así he descubierto que compró un barco velero hace tres años y piensa pasar el verano aquí. También que se hizo biólogo marino y practica el submarinismo.

    Lo más interesante, aunque en ese momento carecía de importancia, es que ha roto con su novia. Al parecer, ella propuso tomarse un tiempo muerto hasta que Nacho dejara de comportarse, según sus palabras, «como un crío pequeño sin objetivos ni compromiso». Yo no entendía cómo aquella petarda despreciaba una perita en dulce como mi primo.

    Después de comer, antes de marcharse, yo le mostré el amor de mi vida, mi coqueto Seat 600 rojo, regalo de mi abuelo cuando su artritis empeoró. Él lo había comprado en los años setenta, porque lo tenían muerto de risa en el concesionario, y nadie lo quería comprar con ese color. A mí me encanta que sea así, porque llamo la atención por la calle más que si caminara en pelotas, y todo el mundo dice al verme pasar, «por allí van Sandra y su reliquia».

    Aquel día, mi madre y yo fuimos a que nos enseñara su barco. Mi primo se mostraba presumido dando todo tipo de datos técnicos; pero yo solo me quedé con que tiene diez metros de eslora y tres y medio de manga, sorprendida de que Nacho pueda solo con algo tan grande y pesado. Por su parte, mi madre se quedó con que estaba sucio y desordenado. Entonces dejó caer que una mujer, ansiosa por ponerse al día con su primo, le daría un lavado de cara. La indirecta me llegó alto y claro, y acepté después de negociar con Nacho una única condición: que me llevase a navegar cada día que le ayudara.

    Las tareas de limpieza las hicimos en puerto, aprovechando la disponibilidad de agua dulce, que falta hacía. El tercer día, encerrada en la cabina el calor era insoportable, y me quité la ropa quedando en bikini. En un momento dado, mientras yo limpiaba el cristal de un armario bajo, a cuatro patas, vi a mi primo reflejado en él. Yo no sabía cuánto tiempo llevaba observándome desde la puerta de entrada, el caso es que algún cable se me cruzó en el cerebro, y continué como si nada, exagerando los movimientos, especialmente el contorneo del culo.

    Durante un rato, después de marcharse, permanecí sentada en el suelo, pensando en lo que había ocurrido. Lo primero que me vino a la cabeza es que le pareciera chistosa mi postura; sin embargo, también cabía la posibilidad de que me mirase el culo en plan salido. Quise averiguarlo cuando salimos a navegar y estuvimos lejos de miradas indiscretas.

    La vela estaba desplegada y Nacho manejaba el timón, sin nada que yo pudiera hacer por ayudar. Entonces fui a proa y me quité la parte superior del bikini con intención de tomar el sol en topless. Mi primo no dijo nada porque, verme, me vio, y observé su comportamiento con la cámara del teléfono en modo selfi, fingiendo que tecleaba enviando mensajes. Pasados unos minutos, vi cómo se acomodaba el paquete por fuera de la bermuda que vestía. Poco más tarde, me di la vuelta, y quedé con el culo mirando hacia él y las piernas semiabiertas, para añadir picante. Nacho no tardó en repetir el gesto introduciendo la mano.

    Esa noche recordé las escenas en la soledad de mi dormitorio. Por un momento, valoré que sería pecado tener pensamientos eróticos con mi primo; pero no soy creyente, y me masturbé viéndole solo como hombre.

    La tarde siguiente repetí en topless, y sus reacciones fueron parecidas; con una salvedad, se entretuvo más de lo normal cuando metió la mano dentro del pantalón. Este detalle avivó mi imaginación, y quise disipar mis dudas esa misma noche. Lo hice después de que me recogiera al salir del trabajo, mientras dábamos un paseo por la playa. La madrugada era agradable, pero fingí tener frío y me abracé a Nacho mientras caminábamos. Él hizo lo mismo pasando el brazo por mis hombros. En un momento dado, cuando propuso marcharnos, escapé de su abrazo y poniéndome de puntillas le besé los labios. Lejos de apartarme, como cabría esperar, admitió mi beso y este se convirtió en un morreo colgada de su cuello, al tiempo que me estrechaba entre sus brazos, sin que ninguno de los dos pronunciara palabra alguna, y terminamos comiéndonos la boca tumbados en la arena. Luego, simplemente nos fuimos sin mencionar el incidente.

    Ayer se precipitaron los acontecimientos.

    Después de levantarme a las dos de la tarde, porque daban las seis de la madrugada cuando llegué a casa, voy a la cocina y encuentro a Nacho charlando con mis padres. Comemos rápido para salir pronto con el barco y aprovechar la tarde. En el puerto le pido que me lleve a Ibiza, justificando que el mar está en relativa calma; pero Nacho entiende que es una broma, y recogemos velas a una buena distancia de la costa, donde no se divisan embarcaciones hasta el horizonte.

    Este es el lugar perfecto para forzar la situación y arriesgarlo todo.

    ―Me gusta practicar nudismo porque no soy tímida ―dejo caer―, pero, en las playas de la zona, no se permite, por esto lo hago siempre que se puede.

    ―Pienso lo mismo que tú, y resultan un fastidio tantas restricciones ―opina él.

    Sin saber si dice la verdad o solo me lleva la corriente, me desnudo con total naturalidad, camino exagerando el contorneo hacia la proa, ―igual que una modelo de pasarela―, y me tumbo estirada boca arriba.

    En esta postura, repito el truco de observar a mi primo con el teléfono. No tardo en ver cómo se desnuda, al tiempo que contempla mis senos sobresaliendo del pecho, igual que colinas con cimas puntiagudas. ―Resulta que al final me ha salido tímido―, digo para mis adentros.

    Media hora más tarde, me doy la vuelta como una tortilla en la sartén, flexiono las piernas alzando los pies hacia el cielo y termino abriendo un poco los muslos, para que el coño quede libre de obstáculos ante su vista. Como ahora no tiene paquete que colocarse, intuyo que se acaricia por el movimiento de su brazo, semi oculto tras la electrónica de navegación.

    Pasado otro rato, sin que se decida a tomar la iniciativa, entiendo que las cosas han cambiado para los hombres, si la mujer no admite de buen grado la más mínima insinuación. Como creo que resulta menos violento si lo hago yo, le grito que voy a darme un baño y me lanzo de cabeza. Sin valorar los posibles riesgos, paso nadando un ratito cerca del barco. Entonces grito pidiendo socorro, al tiempo que chapoteo en el agua con brazos y manos. Al verme en aparente peligro, corre por cubierta y se lanza de cabeza, ―como tarzán para salvar a Jane de las fauces de un terrible cocodrilo, en este caso, como mucho, un tiburón blanco de turismo por el Mediterráneo―. Apenas llega a mi posición, me pregunta si estoy bien, al tiempo que me ayuda a flotar.

    ―No sé qué ha pasado, pero me cuesta moverme ―respondo fingiendo un terrible dolor.

    Termino abrazándole con brazos y piernas, aplastando los pechos contra el suyo, y la entrepierna en su vientre. Viendo que nos hundimos, porque no puede con los dos, me lleva al velero en plan socorrista. Allí me ayuda a subir la escalerilla de popa, empujando la mía con sus grandes manos, abarcando las nalgas por completo. Una vez estoy sentada en cubierta, sigue preocupado por mí.

    ―Ha debido ser un calambre. ―Me quejo exagerando el dolor, al tiempo que aprieto el muslo derecho con las manos.

    Nacho retira las mías y empieza a masajearme con las suyas. Me gusta, no voy a negarlo, y aprovecho para enseñar algo abriendo un poco los muslos. Llega hasta rozarme la ingle, mira incrédulo lo que florece al lado y decido lanzarme a la piscina.

    ―Quiero que olvides por un momento que somos primos y me respondas como mujer, porque como tal quiero saber, ¿qué sientes por mí?

    Desconcertado, Nacho vacila un instante.

    ―Como prima te quiero, de otro modo… ―vuelve a vacilar―. De otro modo, creo que no está bien.

    Su respuesta no me satisface porque es ambigua. Puede que cauta, incluso cobarde. Tengo que asegurarme forzando una respuesta inequívoca.

    ―El otro día me miraste el culo mientras limpiaba. De madrugada nos comimos la boca en la playa. Y hoy has devorado mi cuerpo desnudo con los ojos. No sé qué significa esto para ti; pero yo te quiero como primo y te deseo como hombre.

    No espero una respuesta de palabra, porque sus ojos ya lo han hecho, y me lanzo a comerle la boca al tiempo que le obligo a tumbarse. Quedo encima de él, y noto cómo su verga crece empujando mi vientre.

    ―Ahora estoy segura de que quieres follarme porque se te ha puesto dura ―le susurro en la oreja y le mordisqueo el lóbulo―. Yo quiero que lo hagas porque soy una depravada.

    ―No eres una depravada, sino la mayor embustera entre las embusteras ―afirma cuando sus manos abarcan de nuevo mis nalgas y las estruja clavando las uñas, como si quisiera castigarme―. Jamás vuelvas a darme un susto como el de antes.

    Tiene razón, porque me he pasado bastante. Le compenso levantando el vientre para coger su polla con la mano derecha, y le dedico unas caricias al tiempo que le beso repetidamente el hombro y el cuello. Entonces trata de girarme para colocarse encima de mí, pero se lo impido porque entiendo que me quiere penetrar en la postura del misionero.

    ―Nunca me han gustado las posturas que impliquen abrir las piernas y levantarlas ―explico con un hilo de ternura en la voz―. Prefiero aquellas que permiten concentrarme en el placer, y no en el esfuerzo.

    Ya lanzada, pienso que un poco de morbo le motivará para follarme, en lugar de hacerme el amor. Lo hago levantándome como un resorte y me sitúo delante del timón. Este se levanta unos treinta centímetros del suelo, tiene como un metro de diámetro y cinco radios, todo en metal cromado.

    ―Tienes que enseñarme a manejarlo ―exijo en plan niña caprichosa, aferrándolo con las manos y los pies separados, fingiendo un gran esfuerzo.

    ―Antes tienes que pasar un examen ―responde Nacho, riendo por mi ocurrencia.

    Su respuesta no me gusta porque me suena a chufla, y pongo cara de patito enfadado. Entonces le remato tirando de inventiva.

    ―No es algo que vaya contando a todo el mundo, pero tú eres mi primo y confío en ti. ―Hago una pausa prolongando el misterio. Luego prosigo transformada en una golfa―. Hará cosa de un mes, me lo hice con dos amigos en plan trío, y me gustó que me jodieran atada. Ya ves: después de todo, se confirma que soy una depravada.

    Nacho se sitúa a mi espalda y se pega hasta que noto, erecta y dura, su verga entre las nalgas. Este hecho, irrelevante en otras circunstancias, me pone más cachonda que una convención de ninfómanas.

    ―Ya no puedo creerte, pero me gusta la forma en que mientes ―responde entre carcajadas. Luego desliza la mano derecha entre mis muslos desde atrás y me hurga en el clítoris con dos dedos.

    ―Haz lo que quieras, pero no puedo despegar las manos del timón ―aseguro entre gimoteos―, Es como si me hubieran atado a él. Me vuelve loca que me jodan atada, ya te lo he dicho, y creo que deberías aprovechar antes de que mis manos se suelten, porque creo que ya voy pudiendo.

    ―¿Estás segura que tan pronto quieres llegar tan lejos? ―pregunta Nacho en plan primo sensato―. Piensa que, si me lanzo, ya no paro.

    Me tiene como me tiene, y el muy cabrón sigue poniendo trabas. Esto me irrita y tiro de ironía.

    ―Si quieres, podemos esperar a que lo publiquen en el Boletín oficial del Estado.

    Vuelve a reír y me suelta un amenazador, ―tú lo has querido―, antes de desaparecer dentro de la cabina.

    Regresa unos segundos después con un rollo de cuerda de nailon. Yo no esperaba tanto, pero me ata con ella las muñecas a los extremos de dos radios opuestos. Hace lo mismo con las rodillas en los dos radios inferiores. De este modo, quedo dándole la espalda con los brazos y las piernas bien separados.

    ―Ya no puedes echarte atrás, pequeña morbosa ―anuncia al tiempo que tira de mis caderas para dejarme con el culo a placer―, porque voy a follarte sí o sí ―añade colocando el glande en la entrada vaginal.

    Comienza a penetrarme despacio y termina de un empujón llegando por la mitad.

    ―Ahora que caigo, no hemos hablado de condones ―suelta cuando, aferrado a mis caderas para embestir con mayor violencia, me pega una follada de campeonato.

    ―Si tuvieras algo raro, entiendo que me lo hubieras dicho. Serías un primo muy cabrón si lo ocultaras ―respondo entre gemidos y jadeos apresurados―. Por otro lado, no he dejado de tomar la píldora cuando terminé con mi novio hace medio año.

    Empieza a gustarme esto de hablar mientras me folla. Sin embargo, ahora mi cansancio supera con creces el placer.

    ―Deja que te la chupe un rato ―le propongo con intención de que me desate para poder descansar―. Me pone mucho chupar una polla después de pringarla con mis jugos.

    Lo hace, me toma de la mano y tira de mí en dirección a proa. Allí se sienta en el escalón formado por la cabina sobresaliendo por encima de la cubierta. Yo no contaba con tener que arrodillarme, pero lo hago sentada sobre los talones. Así, tomo la polla con la mano derecha, le miro a los ojos y lamo el calvo durante unos segundos. Luego bajo a los testículos, abarco uno con los labios, luego el otro, continúo lamiendo la cara inferior del miembro, y termino succionando el glande varias veces, antes de practicarle una buena mamada sin apartar mis ojos de los suyos. ―Así descubro lo que le gusta y lo que no a quien recibe la felación―.

    ―Me encanta el sabor salado de una polla ―aseguro en plan zorra, mientras le sujeto la polla con la mano izquierda, y describo círculos en la cabeza con el índice de la otra―. Mucho más si conserva el regusto de mis jugos. Nunca me he comido un coño, pero si sabe tan delicioso como el mío, no descarto hacerlo en cuanto se presente la ocasión.

    ―Yo he comido algunos y me encanta hacerlo ―afirma Nacho.

    Entiendo cuál es su deseo y le pido que se levante para intercambiar las posiciones. Recostada apoyándome con los antebrazos, tengo que abrir las piernas para que pueda meter la cabeza entre ellas, pero al menos puedo apoyar los pies y la posición no implica mayor esfuerzo. Primero, abre los labios vaginales con los dedos y arrastra la lengua varias veces por la raja. Finalmente se detiene en el clítoris y me deleita con vibraciones de la lengua, al tiempo que me folla el coño con tres dedos. Después de unos cinco minutos dale que te pego, levanto su cabeza, le pido que saque los dedos y agito frenética la mano en el garbanzo hasta que, gritando histérica, me corro expulsando cierta cantidad de líquido.

    ―Perdona si te desagrada lo que acabas de ver ―le digo con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos entornados―. Me ocurre con cierta frecuencia, y prefiero no manchar a nadie porque, aunque me gusta provocarlo cuando estoy a mil, lo considero un tanto asqueroso.

    ―Yo solo lo he visto en vídeos, pero no me importa mientras no me caiga encima.

    ―Tú de momento, no novia, ¿no hace esto?

    ―Esa es muy clásica ―responde Nacho entre carcajadas―. La suerte que tengo es que me basta con correrme.

    Entiendo que eso es lo que quiere, y le propongo algo que le motive con intención de obtener mi segundo orgasmo.

    ―Pues tengo una idea para que lo hagas. ―Nacho me mira expectante―. Los dos amigos con los que me lo hice, me mataron de gusto atada a una viga vertical. El mástil es lo único que veo parecido por aquí.

    Ilusionado con la idea, recoge la cuerda de donde la dejamos, y me lleva a empujones en el culo hasta el mástil. Allí levanto los brazos y me ata solo por las muñecas. Esto es mejor porque facilita mis movimientos. Así, apenas coloca el glande en el coño, yo misma reculo para empalarme, y comienza a follarme al tiempo que impulso el culo adelante y atrás para que sea más intenso el polvo. Pasados unos cinco minutos de intenso mete-saca, anuncia que se viene, y le suplico sollozando que se corra dentro y siga follando porque me falta poco para llegar el clímax. Después de todo, no es tan satisfactorio como el otro, pero suficiente para mantener la sonrisa de oreja a oreja un buen rato más.

    Después de liberar mis manos, nos besamos felices y limpiamos del suelo los restos de semen que habían escapado de la vagina. Yo terminé aseando la zona íntima en el cuarto de baño, y luego compartimos durante una hora las sensaciones vividas, antes de regresar con tiempo porque yo entraba a trabajar a las nueve.

    El día terminó sobre las seis de la madrugada. Cuando salí del trabajo a las cinco, mi primo me esperaba en la calle, Impaciente porque quería echar un polvo rápido en la playa. Consentí porque me hizo gracia tanta efusividad después de que fuese yo quien se lanzara.

  • Hipnotizada

    Hipnotizada

    Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos y hechos que aparecen en la misma son producto de la imaginación de la autora o bien se usan en el marco de la ficción. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia

    La estudiante de primer año de la universidad, Eleny Ramirez, esperó pacientemente afuera del laboratorio de investigación A51. Era una buena estudiante y siempre buscaba formas de obtener créditos adicionales, o algo para incluir en su currículum, por lo que se ofreció como voluntaria para el experimento de psicología cuando lo vio anunciado en el pasillo. Era un estudio sobre hipnosis, y le otorgaría casi tantos créditos como un módulo completo, ¡solo por unos minutos de trabajo! Dudaba mucho que algo tan tonto como la hipnosis funcionara en alguien tan inteligente, independiente y motivada como ella. Se había vestido cómodamente con su camiseta y pantalones. Eleny esperó hasta que la llamaron y luego entró en la habitación. Las paredes eran todas blancas, y el único mueble era una silla solitaria sentada frente a un espejo de dos caras.

    Voz: «Por favor, tome asiento, señorita Ramirez»,

    Se oyó una voz a través de los altavoces.

    Eleny siguió las instrucciones, juntando las manos sobre su regazo mientras se sentaba.

    Voz: «El procedimiento es bastante sencillo»

    continuó la voz

    Voz: «Vamos a tocar varias frecuencias y ver cómo reacciona tu mente».

    Eleny asintió obedientemente.

    Voz: «Ok, la frecuencia A se está reproduciendo ahora».

    Un zumbido agudo llenó el aire; Eleny se sentó y esperó a que sucediera algo, pero no pasó nada.

    Voz: «Frecuencia B…»

    La misma rutina continuó varias veces, cada una tocando durante unos 30 segundos antes de detenerse. Cada vez, no pasó nada. Hasta…

    Voz: «Ok, la frecuencia G se está reproduciendo ahora».

    Este era más bajo y parecía penetrar en la mente de Eleny de una forma en que los demás no lo habían hecho. Tuvo el tiempo justo para registrar la sensación de los sonidos profundos que lamían su cerebro como olas en una playa antes de que su mundo se volviera negro.

    Voz: «Ok, la frecuencia G se está reproduciendo ahora»,

    La voz era Andrés en el sistema de intercomunicación. Jorge y él, ambos estudiantes de maestría, habían estado trabajando durante meses, haciendo una extensa investigación sobre la hipnosis, diferentes frecuencias y tratando de poner en trance a las personas artificialmente. El par había pasado por 14 personas sin suerte. Estaban empezando a perder la esperanza cuando entró una de sus últimas voluntarias, Eleny Ramirez.

    Andrés: «Wow, tiene buenas tetas»

    Comentó cuando la vio por primera vez.

    Andrés: «Apuesto a que se verían con madre alrededor de mi verga «.

    Jorge: «Concéntrate», suspiró, «Terminemos con esto».

    Como a los otros individuos de estudio expusieron a Eleny a través de varias frecuencias hasta que llegaron a G. Observaron cuidadosamente cómo una expresión curiosa apareció en el rostro de Eleny antes de que se quedara totalmente en blanco. Era como si su mente se hubiera apagado. Cualquier apariencia de conciencia simplemente se borró, su mente cayó en una línea plana y sus ojos se apagaron. Su rostro era perfectamente neutral.

    Jorge: «Ya chingamos», sorprendido, «creo que funcionó».

    Andrés: «Señorita Ramirez, por favor, levante ambos brazos», por el intercomunicador.

    Eleny inmediatamente levantó ambos brazos en el aire.

    Jorge: «Se registra que el sujeto está cumpliendo con las órdenes»

    Dijo a la grabadora. Andrés miró con avidez a la nalguita indefensa y sensual en el centro de su sala de experimentación. Dudó por un momento antes de quitarle la grabadora a su compañero.

    Andrés: «Tssh, tch, tssssh»

    hizo ruidos replicando una falla de grabación antes de apagar la máquina.

    Jorge: «¡Bro, ¿qué chingados haces?!, Deja de jugar con el experimento».

    Andrés: «Olvídate del experimento, cabron, ¿Ves lo buenota que esta esa vieja? Y está totalmente bajo nuestro control, no desperdiciemos una oportunidad tan buena».

    Jorge: «¿De qué estás hablando Bro? ¿qué hay de los datos?»

    Andrés: «Obtendremos datos utilizables después… mira eso labios diseñados para chupar vergas».

    Jorge: «No lo sé Bro».

    Andrés: «Señorita Ramirez» habló por el intercomunicador, «por favor, exponga sus senos».

    Con la misma expresión en blanco, Eleny se levantó la blusa y bajo el sostén. El espejo reflejaba a una hermosa chica con un rostro sin emociones con sus tetas expuestas desnudas, al frio de aire acondicionado, sus pezones se endurecían como una simple reacción física al frío.

    Jorge: «Oraleee».

    Andrés: «Ya vez cabron» le dio un codazo, «Señorita Ramirez, quítese los pantalones y empiece a tocarse».

    Levantando suavemente sus caderas Eleny se quitó los pantalones y comenzó a frotar su clítoris a través de sus boxers de encaje.

    Jorge: «¿Deberíamos cortar las cámaras?».

    Andrés: «Noo, wey, Quiero esto para mi videoteca. Lo editaré más tarde».

    Presionando el intercomunicador.

    Andrés: «Eleny, a la cuenta de tres, quiero que te chorrees, pero haz una tu mejor cara de zorra cuando lo hagas. 3… 2… 1… chorreate».

    Eleny se cruzó sus ojos impulsando su mirada hacia su nuca y saco su lengua lo más que pudo. Ella gimió y tembló ligeramente mientras se frotaba.

    Andrés abrió la puerta que conectaba la sala de observación y se acercó a Eleny. Ella lo miró, su rostro inexpresivo se había convertido en uno de placer y excitación. Apretó sus suaves tetas un par de veces mientras ella se tocaba, con la lengua aun colgando de su boca.

    Andrés: «Ven cabron se siente bien macizas «

    Jorge vaciló por un momento antes de unirse, tocándole las tetas y pellizcarle sus duros pezones.

    Jorge «Se sienten muy bien» admitió.

    Andrés deslizó su mano debajo de la de Eleny, para ahuecar su húmedo panocha.

    Andrés: «Ella también tiene una buena panocha»

    Mientras ella gemía de nuevo, se desabrochó la hebilla del cinturón y sacó su verga.

    Andrés: “Chúpamelo”

    Ordenó a su sujeto sumiso, sin levantarse, Eleny se inclinó obedientemente hacia adelante y tomó toda la dura verga de Andrés en su boca. La envolvió con la lengua y chupó lo mejor que pudo, moviendo la cabeza hacia arriba y hacia abajo. Mientras lo hacía, Jorge agarró la mano que no estaba usando para frotar su clítoris y envolvió sus delicados dedos alrededor de su propia verga. Él agarró su muñeca y comenzó a masturbarse con su mano hasta que su cerebro robótico entendió la instrucción y continuó por su cuenta. Ambos chicos apretaron sus tetas y pellizcaron sus pezones mientras ella les daba placer a sus vergas.

    Andrés sacó su teléfono y la filmó. Concentrándose en sus tetas y su panocha antes de obtener un primer plano de su lengua lamiendo sus bolas. Sin embargo, no tenía mucha experiencia, y ciertamente no estaba acostumbrado a tener unos labios tan suaves y flexibles alrededor de su verga. Él gimió rápidamente y agarró su cabeza antes de llenarla con un chorro tras otro de semen. Eleny lo tomó todo sin hacer ruido, y todo mientras continuaba pajeando a Jorge.

    Andrés: «Abre la boca», instruyó a su puta privada.

    Eleny abrió obedientemente la boca, el semen goteó desde su paladar y se acumuló en su lengua.

    Andrés: «Tráguese el semen, señorita Ramirez».

    Eleny cerró la boca y tragó hasta que su boca estuvo vacía del esperma pegajoso.

    Jorge: «Bro, ¿dónde me corro?»

    Ver a Eleny tragarse todo el semen, lo había empujado cerca de su límite de excitación.

    Andrés: «No sé, wey, donde quieras».

    Jorge sabía que cualquier semen que quedara en cualquier parte podría meterlos a ambos en muchos problemas. Preso del pánico, se acomodó entre las piernas de Eleny y apartó a un lado la entrepierna de encaje de los boxers de Eleny y deslizo su verga en el húmedo panocha, justo en momento para estallar, llenándola con su semen.

    Andrés: «Date vuelta, veamos cómo anda el sinesquinas «.

    Sin embargo, antes de que tuvieran la oportunidad, el teléfono de Andrés sonó. Lo reviso y rápidamente reaccionó.

    Andrés: «En la madre, Jorge, el profesor viene para acá».

    Ambos guardaron sus vergas y corrieron hacia el interior de la cabina.

    Jorge: «Por favor, vístase señorita Ramirez», por el intercomunicador.

    Andrés: «Arréglate bien Zorra», añadió

    Eleny se acomodó el sostén y la camiseta. La instrucción anterior de Andrés debe haber estado todavía en su cabeza porque cuando vio que un poco de semen se escapaba de su panocha mientras se subía los pantalones, lo recogió con un dedo y lo lamió para limpiarlo. Se puso los pantalones y volvió a su posición original, con las manos entrelazadas en el regazo.

    Jorge: «No recordará nada de su tiempo bajo hipnosis, señorita Ramirez»

    Andrés cogió la grabadora y la puso en marcha de nuevo.

    Andrés: «El sujeto ha cumplido con todas las instrucciones básicas, cesando la frecuencia ahora».

    Presionaron un botón y la baja frecuencia que había estado sonando durante los últimos diez minutos cesó.

    La oscuridad solo duró unos momentos antes de que Eleny saliera de ella. Era como si se hubiera quedado dormida por un breve momento.

    Andrés: «¿Ha vuelto con nosotros, señorita Ramirez?»

    La voz emanaba de los altavoces.

    Eleny: «Wow», frotándose la cabeza, «¿Funcionó?»

    Andrés: «De hecho lo hizo, Estuviste en trance durante unos 10 minutos, solo te hicimos cosas simples, levantando brazos, contando hasta 5, etc.»

    Eleny: «Ah ok» sonrió y asintió.

    Andrés: «¿Algo que desee informarnos?»

    Eleny: «Tengo un sabor extraño en la boca», frunció el ceño confundida, «y me duelen un poco la mandíbula y la muñeca, pero aparte de eso, no».

    Andrés: «Todos los síntomas son comunes, no se preocupe demasiado», la tranquilizó, «Tenemos todo lo que necesitamos, así que se puede retirar cuando guste».

    Eleny se puso de pie y comenzó a dirigirse a la puerta.

    Jorge: «Gracias por todo»,

    Eleny escucho la segunda voz mientras abría la puerta.

    Eleny: «Por nada», con una sonrisa inocente.

    Qué amables chicos, pensó para sí misma mientras se alejaba, preguntándose por qué su ropa interior se sentía tan mojada.

    De vuelta en la cabina, Andrés le sonrió a Jorge.

    Andrés: «Reúne toda la información que tenemos en esa frecuencia, tengo grandes planes para eso», con una sonrisa torcida.

    ———-

    Pavel se sentó mirando su teléfono. Su próxima acción sería la culminación de horas de preparación y mucho dinero.

    Pavel se había enamorado de Eleny desde el momento en que la había visto. Sus ricas nalgas se veían tan bien en esos pantalones cortos que usaba a veces. Cada vez que ella usaba un vestido, él tenía que pasarse toda la clase tratando de ocultar su erección, tratando de evitar mirar sus tetas todo el tiempo. Había considerado invitarla a salir un par de veces, pero tenía miedo de que lo rechazaran y lo vieran como un bicho raro. Además, era bien sabido que Eleny era muy selectiva. Era una mujer muy inteligente y trabajadora, y probablemente no querría salir con alguien que faltaba a clase de forma rutinaria (a menos que Eleny estuviera en ella) y entregaba los ensayos tarde.

    Pavel acababa de renunciar a las curvas perfectas de Eleny cuando escuchó a un estudiante de maestría en la biblioteca alardeando sobre hipnotizar a una estudiante para que le chupara la verga. Escuchó atentamente por curiosidad, sus ojos se abrieron como platos cuando escuchó al tipo describir a Eleny. Pavel lo acorraló y le preguntó por la frecuencia de sonido que había usado. Se necesitó mucha negociación, pero finalmente Andrés se decidió por $10,000. Esa fue la parte uno de su plan, Pavel esperó un momento apropiado, un proyecto en equipo. Estaba destinado a ser aleatorio, pero otros 1,000 en manos del profesor Sánchez, significaron que Pavel y Eleny quedaron asignados «por casualidad». Mientras esperaba que comenzara el proyecto, Pavel investigó. Ignoró dos semanas de clases y se saltó algunos ensayos, pero al final, era un semi experto en el campo de la hipnosis. Había diseñado el primer video para que fuera sutil. Una idea simple, no demasiado confusa.

    Pavel arranco su plan enviándole mensaje de textos a Eleny.

    Pavel: “Oye, en lugar de trabajar en la biblioteca, ¿por qué no trabajamos en mi casa o en la tuya?”

    Eleny: “No lo sé Pavel, me sentiría más cómoda en la biblioteca”.

    Pavel: Solo pregunto porque encontré un video que muestra los beneficios de trabajar en un espacio privado.

    Eleny: Hmmm… A ver

    El video era bastante simple. Diseñado para engatusar a Eleny por la destreza educativa. Una ilusión óptica, una espiral que se reproducía de fondo mientras el texto daba instrucciones. En el fondo estaba, por supuesto, la frecuencia G. Eleny creía que estaba viendo un video educativo. También estaría de acuerdo de repente en que estar en un dormitorio sería mejor para ellos. Pavel no quería que Eleny quedara catatónica cuando se la cogiera, quería que ella lo deseara tanto como él. Pero si el video no funcionaba, Eleny se enfurecería y su vida se arruinaría. Pero, esas nalguitas valían la pena el riesgo. Pavel lo envió.

    Observó cómo la aplicación le notificaba que Eleny lo había «visto». Esperó ansiosamente.

    Eleny: …

    Eleny: …

    Eleny: …

    Eleny: “Ok entonces, ven a la mía a las 8”.

    Eleny: -Ubicación-

    Pavel dejó escapar un profundo suspiro de alivio antes de sonreír. Esto sería divertido.

    Pavel llegó a su alojamiento a las 8 pm en punto. Observó discretamente mientras le permitía pasar. Llevaba una camiseta y jeans. No era un vestido, pero al menos los jeans resaltaban sus redondas nalgas. Además, si todo iba según lo planeado, pronto eso sería el menor de sus placeres de esta noche. Hacía calor en la habitación, lo cual era perfecto.

    Pavel: «Encontré un gran video para ver sobre el tema del proyecto», con entusiasmo.

    Eleny: «¿Por qué no nos enfocamos en la lectura?, Es un poco infantil ver videos».

    Pavel: «Es un video rápido».

    Eleny: «Está bien, espero que no sea demasiado largo».

    Pavel reprodujo el video. Tenía la misma espiral y frecuencia. Este le dijo lo cómoda que se sentía a con Pavel a su lado. Era importante no sobrecargar su mente con ideas, o se daría cuenta de lo que le estaba pasando.

    Eleny: «Sí, mmm, eso fue… bastante bueno en realidad»,

    Antes de abrir su copia del libro y comenzar a leer.

    Pavel sacó su propio libro y observó de cerca cualquier cambio. Después de aproximadamente un minuto, comenzó a moverse incómodamente.

    Pavel: «¿Estás bien?».

    Eleny «Sí, hace tanto calor, no te importa si me pongo mas cómoda, ¿verdad?»

    Pavel: «Por supuesto que no.» sonrió internamente, este sería un buen comienzo.

    Eleny extendió los brazos y se quitó la blusa. Pavel se quedó boquiabierto, debajo de la blusa solo tenía un sostén blanco de encaje. Sus perfectas tetas, se apretaban contra la fina tela.

    Debe tener grandes areolas, pensó Pavel, ya que podía ver un indicio de ellas asomándose por la parte superior de su sostén. Pavel se movió, ahora tratando de suprimir una enorme erección.

    Eleny notó que él miraba.

    Eleny: «¿Sí?» confundida.

    Pavel: «Oh, Lo siento, me distraje por un minuto».

    Eleny: «Está bien», se rio.

    Pavel: «¿Estás más comoda ahora?»

    Eleny: «Sí, un poco más…».

    Pavel: «Puedes quitarte los jeans si quieres, por mí no hay problema «.

    Eleny: «¿Seguro?»

    Pavel asintió.

    Eleny: «Gracias», sonrió y se quitó los jeans.

    Pavel tenía una erección absolutamente frenética ahora. Las pantaletas blancas de encaje a juego le permitieron ver un poco la calva panocha de Eleny, aunque no logró ver completamente sus nalguitas, ya que ella se volvió a sentar inmediatamente después.

    Eleny siguió leyendo, pero Pavel se dio cuenta de que estaba aún algo incomoda. Pavel se había encontrado con esto en sus estudios. El hipnotismo a través de la frecuencia está diseñado para poner al sujeto en un estado inconsciente. Mantener a un paciente de hipnosis consciente pero aún influenciado era posible pero no sostenible. La capacidad de Eleny para concentrarse y razonar se deterioraría cada vez más con cada video, incluso si pudiera mantener un exterior apropiado.

    Pavel: «¿Podemos ver otro video?»

    Sugirió, después de mirar las tetas, la panocha y los muslos de Eleny durante diez minutos.

    Eleny: «Umm, está bien», cedió, claramente no quería hacerlo, pero estaba luchando con la lectura y quería un descanso.

    Pavel configuró el segundo video y comenzó a reproducirlo. Reforzó la idea de lo cómoda que estaba con él y también comenzó a sugerir que podría estar excitada.

    Eleny: «Eso estuvo interesante», sonrió, antes de tomar su libro e intentar leerlo.

    Pavel podía decir que ella estaba luchando.

    Pavel: «Hace calor aquí, ¿no?»

    Eleny asintió.

    Pavel se sacó la camiseta por la cabeza y luego se quitó los vaqueros. Finalmente, su verga pudo respirar. Lo ajustó para que apuntara hacia arriba. La punta de su verga sobresalía por la cintura de su ropa interior. Saber que su amor imposible estaba mirando su verga lo hizo aún más duro. Pavel se recostó, su pierna tocando la de ella, ella no reaccionó. Ella tampoco reaccionó cuando él «rascó» su verga agarrándola debajo de su ropa interior y tirando de él varias veces.

    Pavel: «Eleny».

    Eleny: «¿Mmm?»

    Levantando la vista de su libro. No había pasado una página en los últimos 5 minutos.

    Pavel: «¿Te gustaría ver otro video?»

    Eleny: «Claro, ¿por qué no?»

    Asintió. Parecía tranquila, pero Pavel podía decir que estaba agradecida.

    Pavel: «Ven»

    La atrajo hacia él ligeramente por la cintura.

    Pavel: «Este es largo», le advirtió, «Quizás te sientas más cómoda recostada».

    Eleny: «Sí, está bien».

    Se apoyó sobre su estómago, revelando finalmente su trasero de forma perfecta. Se movió ligeramente cuando se recostó en la cama. Pavel comenzó el video. Enfatizó aún más las ideas del video anterior. Estar bien con Pavel y estar excitada. También introdujo una nueva idea de estar bien con los apodos, incluso si parecían inapropiados. Mientras miraba, Pavel decidió que finalmente era hora de sentirla. Puso una mano en su pantorrilla y la acarició. Apretó sus gruesos muslos y finalmente apoyó la mano en su perfecta nalga. No podía creer que en realidad la estaba tocando. Eleny gimió levemente cuando Pavel le dio un ligero apretón. Sin embargo, no quería correr el riesgo de un rechazo, por lo tanto, no presiono mucho. Cerca del final del video, le implantaron algunas sugerencias en la mente, ansiosa, semen, puta. Cada vez era más fácil con cada vídeo. Antes de que terminara el video, Pavel deslizó su mano debajo de su ropa interior y le dio un rápido apretón a la carne Eleny, quien gimió de nuevo cuando el video llegó a su fin.

    Se sacudió el aturdimiento y se sentó de nuevo sobre sus rodillas. Pavel miró hacia arriba para ver que ahora sostenía el libro boca abajo. Claramente, intentar actuar con normalidad mientras estaba muy hipnotizado, la sugestión hipnótica de los videos estaba empezando a pasar factura a la pobre chica. Por mucho que fuera capaz de mantener un exterior de inteligencia, rápidamente estaba siendo reducida a una hembra babeante en celo.

    Pavel: «¿” Oyes puta?».

    Eleny: «¿Sí papi?»

    Ella respondió con una tonta voz de niña. Inmediatamente se tapó la boca con la mano después de darse cuenta de lo que había dicho.

    Eleny: «Dios mío, lo siento mucho, no quería decirte eso».

    Pavel sonrió.

    Pavel: «Está bien, no te preocupes, solo quería señalar que estás sosteniendo el libro al revés».

    Pavel se inclinó hacia adelante, agarrando el muslo de Eleny con una mano y girando el libro hacia arriba con la otra.

    El rostro de Eleny ardía de vergüenza. Su reputación era la de una chica inteligente y pragmática, y por alguna razón ni siquiera podía concentrarse. Tampoco entendía por qué estaba tan cachonda, pero sus pantaletas estaban empapadas. Solo esperaba que Pavel no se diera cuenta.

    Pavel: «Está bien», la tranquilizó

    Apretando la parte interna de su muslo, muy cerca de la panocha,

    Pavel: «Probablemente sea este calor. Vamos a sacarte este pinche sostén».

    Pavel desabrocho la parte de atrás del sostén y le quitó los tirantes.

    Miró con asombro sus pechos perfectos. Parecían tan suaves como almohadas de plumas de pato, con areolas grandes y pezones suaves. Ella sonrió mientras se quitaba el sostén.

    Eleny: «Mmm, eso se siente mucho mejor», gimió.

    Pavel: «Ahora putita, dejemos el libro y veamos un documental», instruyó

    Eleny: «Ok», aliviada.

    Se acomodó cuando Pavel comenzó a reproducir un documental que solo estaba vagamente relacionado con el tema. Hizo algunas ediciones, por supuesto, empalmando sugerencias, así como la frecuencia G que se ejecuta en todo el video. Eleny apretó las piernas y se balanceó hacia adelante y hacia atrás mientras miraba, claramente estaba muy cachonda. Pavel se quitó la ropa interior, ahora sentado completamente desnudo al lado de Eleny. Ella no reaccionó en absoluto cuando Pavel extendió la mano y les dio un apretón a sus tetas desnudas mientras acariciaba su verga. Eran tan perfectos como los había imaginado, una mezcla perfecta entre suave y firme.

    Llegó la primera edición del documental. La pantalla se llenó con una espiral giratoria y un texto. Leyó las instrucciones sin reaccionar mientras se reanudaba el documental. Después de un minuto más o menos, Pavel habló.

    Pavel: «Tengo mucha hambre, ¿Tienes algún refrigerio?»

    Eleny sacó un chocolate de un cajón y se lo dio.

    Pavel: «¿No quieres?» mientras le apretaba el culo.

    Eleny: «No, no estoy de humor para el chocolate».

    Pavel: «¿Para qué estás de humor?»

    Ella se movió incómoda.

    Eleny: «Es vergonzoso», haciendo un puchero.

    Pavel: «Puedes decírmelo», frotando su muslo cerca de su panocha.

    Eleny: «Tengo muchas ganas de verga en este momento», admitió.

    Pavel: «Está bien», la tranquilizó, apretando sus tetas, «Probablemente es por eso que tu cerebro está nublado, porque tienes muchas ganas de verga».

    Eleny: «Urgh, tienes razón, necesito verga».

    Pavel: «Puedes tener un poco de la mía si quieres»,

    Eleny: «¿Está seguro? ¿Harías eso por mí?».

    Pavel: «Claro, para eso están los amigos».

    Eleny: «Eres tan generoso», le agradeció, «¿Estás seguro de que no te importa que te la chupe y trague toda tu lechita?»

    Pavel: «Súrtete», le tendió la verga.

    Eleny prácticamente cayó de cara sobre él. Ella lo chupó vigorosamente, escupiendo en su verga para lubricarlo y luego masturbándolo mientras metía todo el trozo de carne en su garganta, parecía una profesional. Pavel se agarró a los lados de la cama mientras Eleny forzaba toda su verga por su garganta y chupaba como si estuviera tratando de drenarlo. Combinado con el hecho de que había estado duro durante unos 20 minutos, ahora no tardó mucho en correrse. Chorro tras chorro de semen disparado en la boca de su amor imposible, ella tomó cada uno con un gemido. Ella tragó y siguió chupando para sacar todo su semen. Se sacó de su boca y diligentemente lamió los últimos pedazos restantes de fluido seminal de la todavía dura verga de Tom.

    Eleny «Gracias», sonrió, “sabrosísimo».

    Pavel: «¿Oye, zorra?»

    Eleny: «¿Sí?»

    Pavel señaló sus bragas, que ahora estaban completamente empapadas. Ella jadeó y los cubrió con su mano.

    Eleny: «Ay perdón, esto es tan vergonzoso», parecía al borde de las lágrimas, «Juro que esto normalmente no sucede».

    Pavel: «Está bien, es normal», la tranquilizó.

    Eleny: «No sé por qué estoy tan empapada», todavía mortificada.

    Pavel: «No te preocupes, pero es posible que quieras quitártelos, están sucios».

    Eleny volvió a gemir de vergüenza, estaba humillada. Pero ella hizo lo que le dijeron y se quitó las pantaletas. Pavel los tomó y los puso en su bolso antes de admirar su panocha.

    Literalmente brillaba con la humedad alrededor de su pequeña y linda raja, y carente totalmente de bello, era muy claro su dilato clítoris y sus labios semi abiertos.

    Eleny podía verlo mirándola.

    Eleny: «¿Sí?».

    Pavel: «Solo estoy mirando tu panocha empapada».

    Eleny: «No, por favor, es tan vergonzoso», protestó.

    Pavel: «Está bien,»

    Eleny: «Por favor, solo mira esto en su lugar»,

    Rodó sobre sus manos y rodillas y abrió las nalgas hacia atrás, mostrando su ojete.

    Interesante, pensó Pavel para sí mismo, la parte de su cerebro que sabía que esto no era apropiado se había manifestado completamente porque Pavel no viera lo húmedo que estaba su panocha.

    Pavel corrió su verga por la grieta de su culo, empujando ligeramente en su apretado agujero. Ella gimió.

    Pavel: «Eleny, deberías concentrarte en el trabajo»,

    Le recordó mientras ella se balanceaba ligeramente hacia adelante y hacia atrás sobre su verga.

    Eleny: «Sí, papi»,

    Su cara se sonrojó mientras tomaba su libro. Pavel presionó su verga entre sus nalgas y observó cómo ella se empujaba dentro y fuera mientras fingía leer. Pavel ya estaba lo suficientemente duro.

    Le dijo a Eleny que siguiera leyendo y tiró de ella hasta el borde de la cama. Luego puso su gruesa verga en la apertura de su pequeño y lindo panocha. No se molestó con el lubricante, ella tenía sus fluidos goteando por sus muslos. Sin dudarlo, Eleny se empujó sobre su verga. A pesar de su corpulencia, Eleny estaba tan mojada que prácticamente no opuso resistencia. Ella gimió mientras se culeaba a sí misma en la verga de Pavel. Se quedó allí, apenas moviéndose, mientras Eleny se deslizaba arriba y abajo, gimiendo con frecuencia. Tan divertido como fue ver a Eleny hacer todo el trabajo desesperadamente, finalmente se cansó de sus intentos y la agarró bruscamente por las caderas antes de llenar su panocha. El movimiento fue demasiado para Eleny, que se convulsionó y se corrió con fuerza. Sin embargo, Pavel no dejó que eso lo detuviera y continuó penetrando rítmicamente la panocha de Eleny como si fuera un agujero en la pared.

    Pavel: «Sigue leyendo puta», ordenó.

    Eleny trató de decir algo como «Sí, papá», o «está bien Pavel», pero en su lugar solo gimió y babeó sobre su libro; el orgasmo finalmente había roto su mente.

    La mayor parte de la diversión ya había terminado, así que Pavel le culeo la panocha por un rato como la muñeca sexual que era ahora. Para el gran final, Pavel la volteó sobre su espalda y le metió las bragas en la boca. Sacó su verga reluciente de la panocha de la zorra y la colocó en su ano, ya que ella había estado tan ansiosa por mostrárselo, estaba seguro de que le encantaría si la llenaba de semen. Alzando sus piernas Pavel puso los tobillos de Eleny en su cuello, para deslizar su verga en su ano casi sin resistencia debido a lo húmedo que estaba con los fluidos que escapaban de la panocha y goteaba en línea recta dentro de su recto. Inmediatamente pudo sentir la diferencia en la estrechez, y solo tomó un par de bombas antes de agarrar una nalga en cada mano y empujar toda su longitud dentro de su lindo culito universitario. Los ojos de Eleny se cruzaron y su lengua se salió de su boca mientras medio litro de semen la llenaba.

    Él le dio unas palmaditas en el trasero y besó su frente mientras sacaba su brillante verga de su culo.

    Pavel: «Termina el proyecto cuando termine el trance, puta», le instruyó.

    Ella no dijo nada, pero sonrió. Pavel empacó las pantaletas y el sostén, luego se vistió y dejó a Eleny en su habitación con la mente nublada y un culo goteando semen.

  • Cogida con permiso

    Cogida con permiso

    Para esas fechas, habíamos hecho varios tríos, pero sólo uno con Alonso que igual nos cayó muy bien y a mí me encantó la cogida que me puso. Ya no habíamos coincidido, pero seguíamos conversando de vez en cuando los 3 en un chat de whatsapp. Era muy excitante escribirnos entre los tres pero ellos dos concentrados en decirme cosas sucias. Aquel día era jueves y Web tenía 24 horas de haber sido operado. Nada del otro mundo, pero igual le restaban al menos otros 5 días guardado en el hospital. Yo estaba en el trabajo cuando entró mensaje de Alonso al chat:

    – Hola amigos. ¿Ya tienen planes para el fin de semana? – Obviamente buscando vernos para tener sexo, lo cual me parecía una excelente idea pero no me parecía posible por la cirugía de Web. La expectativa cambió rápidamente porque casi de inmediato me marcó aparte del chat:

    – Quieres ver a Alonso amor?

    – No pues no se puede. Sí me gustaría, pero tú no puedes.

    – Yo no puedo, pero tú sí amor. Yo igual no puedo ni salir del hospital. Ni modo que no tengas ganas y a Alonso ya vimos que es de fiar.

    – No sé amor. Me sentiría mal de irme sola sin ti.

    – Para nada pienses en eso. El sexo que no tienes hoy jamás lo recuperarás. De hecho debo decirte que hasta me excita la idea.

    – Jajaja casi me convences. Lo platicamos y mientras lo pienso.

    Luego supe que Web habló con Alonso para facilitar las cosas y que no se desanimara. Aquello ayudó mucho y del jueves al sábado que quedamos de vernos las conversaciones del chat fueron subiendo de tono a modo que todas mis defensas estaban por los suelos mucho antes de verlo. El viernes por la noche me masturbé imaginando que le mamaba la verga a Web mientras Alonso me cogía en cuatro. El sábado por la tarde estaba con unas ganas tremendas de tantas cosas calientes que nos dijimos en el chat.

    Me puse un vestido negro sin mangas ni hombros muy ancho y que parece baby doll. Como esconde mi cintura, pero es corto, hace que mis piernas se vean muy destacadas y eso me hace sentir muy sexy.

    Por sugerencia de Web, muy bien recibida por cierto, sólo llevaba el vestido. No me puse ni pantaleta ni sostén. El atuendo lo completé con unos zapatos de tacón muy descubiertos para resaltar aún más mis piernas.

    Todo el arreglo me lo hice mientras platicaba por teléfono con Web y nos dedicábamos a bromear sobre lo que estaba a punto de pasar.

    – ¿ya te estás masturbando? – le pregunté.

    – No, pero me estoy imaginando.

    – ¿Qué imaginas sucio?

    – Puedo imaginar que te masturbas en el carro de camino al motel o que él te mete la mano para masturbarte mientras maneja.

    – Mmmmm suena rico, ¿qué más?

    – Te visualizo desnuda en la cama… boca arriba… piernas abiertas… jadeando… abriendo tus labios con tus dedos para provocarlo a penetrarte. Me encantaría escuchar tu gemido al momento que lo sientas entrar la primera vez.

    – Ya me tienes toda mojada con esta conversación.

    – Esa es la intención amor.

    Estaba terminando de arreglarme cuando agregamos a Alonso a la llamada. Después de saludarnos a ambos y saber el estado de Web, me preguntó:

    – ¿Qué onda con la salida Anita? ¿Vamos a cenar o por unas cervezas? – preguntó el muy… decente.

    – Ni cervezas ni cena ni nada Alonso. ¡Lo que quiero es coger!

    Alonso y Web soltaron la carcajada. Toda duda despejada.

    Quedamos en que yo pasaría por él porque su coche es del trabajo y tiene GPS. Obviamente no puede ir a un motel sin recibir una llamada de atención de sus jefes.

    Se llegaron las 7 pm justo cuando me detuve afuera del fraccionamiento donde vive Alonso.

    Cuando salió, se asomó por la ventanilla. Yo ya iba demasiado caliente, aunque lo disimulaba, realmente ya no podía concentrarme en manejar. Sólo pensaba en coger ya, así que le dije:

    – Quieres manejar?

    – Claro hermosa, sirve que te veo lo guapa que te arreglaste.

    – Cuando me bajé del coche pude sentir como me miraba de arriba abajo.

    – Date una vueltecita para mí – dijo al tiempo que me tomaba de la mano para ayudarme a girar en mis talones.

    Ya tenía rato muy mojada y sentir su mirada y sabiendo que en un ratito más me iba a poner una cogida me puso más caliente de lo que ya estaba.

    Nos subimos y empezó a manejar. El motel elegido nos quedaba bastante retirado, pero realmente valía la pena. En el camino Alonso, un poco nervioso, quiso hacer conversación y empezó a preguntarme si había dejado a Web en buenas manos.

    – Se quedó más preocupado por ponerme a mí en buenas manos para esta noche.

    Alonso esbozó una sonrisa, mezcla de orgullo y satisfacción. Eso pareció relajarlo porque en el primer semáforo en rojo puso su mano derecha en mi pierna, aunque todavía sobre la parte cubierta por el vestido. Yo recargué mi cabeza en el respaldo y moví ligeramente la pierna. Que le quedara claro que su mano era bien recibida. Yo estaba lista para que me penetrara, pero quería que esa sensación durara lo más posible. Quería abrir mis piernas y que me penetrara, pero no ahí. Si lo dejaba masturbarme me iba a venir seguramente y muy rápido. Estaba muy caliente y ya me sentía muy mojada, pero no era eso lo que quería. Quería venirme con su verga en mi vagina. Quería que se vaciara adentro y sentir sus chorros lubricándome. Cuando notó mi falta de resistencia, Alonso movió su mano para acariciar la parte desnuda de mi pierna.

    – Tienes durísimas las piernas. Web debe disfrutarlas mucho.

    – Disfruta todo lo que puede, tanto como debe estar disfrutando de imaginar qué podría estar pasando ahorita que estamos nosotros solos.

    – En verdad que me caen bien ambos y los admiro. Tener ese grado de complicidad. Se me hace hasta difícil de creer.

    – Pues debes creerlo. Hasta me ayudó a escoger el atuendo

    – ¿En serio? ¿Te dijo qué ponerte para venir ahorita?

    Y encontré el momento perfecto para seguirlo excitando y le respondí:

    – Web escogió lo que me puse y también lo que NO me puse.

    Alonso me miró de reojo sorprendido y rápidamente quiso comprobar con su mano. Sin brusquedad deslizó sus dedos sin dejar de tocar mi piel. Aquello casi me venció por lo caliente que estaba, pero yo mantuve las piernas cerradas aunque, obviamente alcanzó a confirmar que no traía panty.

    – Eres una cabrona – me dijo, a lo que respondí – No soy cabrona ¡soy obediente! a veces… aunque normalmente me guste controlar la situación. Aquello no lo detuvo y siguió tratando de tocarme entre las piernas. No dejaba de ser rico y excitante sentir sus dedos tratando de llegar más lejos.

    – Tranquilo – le dije – Todo a su tiempo. Tenemos la noche entera para hacer lo que queramos.

    Tomé su mano y la llevé a mi pecho para que sintiera que no traía sostén tampoco. Masajeó por un momento pero luego metió su mano por encima del escote hasta que alcanzó a juguetear con uno de mis pezones. Yo empecé a jadear pero en ese instante cambió la luz a verde y seguimos nuestro camino.

    Llegamos al motel y como siempre en sábado por la noche, había una fila de varios autos esperando a entrar. No sé a los demás, pero ese momento me parece muy excitante. Estar en el coche, con muchas ganas de coger, sabiendo que va a pasar en un rato más. Saber que los que están en los demás coches vienen a lo mismo o, que tal vez, ya están en lo mismo, como ha pasado en mi caso muchas veces. En esa reflexión estaba mientras Alonso, sin perder el tiempo, comenzó a fajarme ahí mismo. De tanto en tanto platicaba. Nunca hemos sido de besarnos mucho en la boca, pero sus manos fuertes se sienten rico cuando me manosea toda. Ya en ese punto, mi vestido estaba prácticamente todo enrollado en mi cintura mientras me acariciaba y seguía intentando meterme su mano entre las piernas, aunque yo seguía sin separarlas. Podía sentir su desesperación y eso me excitaba más. Lo dejé desde el principio ponerme la mano en cualquier otro lugar que quisiera y pues, yo aproveché para desabrochar su pantalón y liberar su inmenso falo. Es delicioso hacer eso en plena calle, y lo es más en un lugar donde sería ridículo que alguien reprochara lo que está pasando. Empecé a masturbarlo un poco. Me encanta ver el tamaño que logra en unos segundos. Me estaba excitando peor de estar ahí en el coche, todavía en la parte de afuera del motel, pensando que podían vernos y al mismo tiempo recordando todas las veces que estuve antes en el asiento trasero fajando o cogiendo bajo la mirada de Web al volante. Alonso apretó con su mano la mía con la que lo estaba masturbando para hacerme acelerar los movimientos. Estaba pensando en inclinarme porque sentía unas ganas enormes de poner su miembro en mi boca, pero en eso entró mensaje de Web preguntando si ya había recogido a Alonso. No resistí la tentación y le mandé una foto de la mano de Alonso tratando de meterse en mi entrepierna.

    – No seas malvada, deja que meta sus deditos – me escribió.

    Yo apenas consciente por la excitación le respondí: – ¡No quiero sus dedos! ¡quiero su verga! le pude medio escribir mientras Alonso seguía manoseando mis piernas.

    – Concéntrate pues corazón, disfruta. Escríbeme cuando quieras amor – me respondió. Aquella era una licencia para perderme en la calentura y dejarme coger.

    Seguimos en el faje un rato hasta que nos tocó poder entrar. Ese momento en que pagamos la habitación me encanta como si fuera la licencia final para ponerse a coger. Confieso que ya me ha pasado que ni cuenta me doy cuando Web ha pagado en otras ocasiones porque yo estoy en el asiento trasero totalmente perdida o penetrada. Nos estacionamos en la cochera y apenas apagó el motor, Alonso arreció su ataque casi como queriendo cogerme ahí en el carro. Mientras me besaba me estuvo manoseando toda al punto de que mi vestido ya estaba muy por encima de mi cintura y sin poder evitarlo mis piernas ya estaban abiertas mientras sus dedos jugaban con mis labios mojados. Yo dejé de besarlo para poder pujar de placer. Mi vagina me pedía ser llenada. Quería sentir que su verga se me resbalaba para adentro pero no era el lugar. No es que no me hubiera gustado la idea de que me penetrara ahí mismo, pero yo tenía otros planes. Como pude abrí la puerta y esa fue la señal para que él se bajara y activara la puerta de la cochera. Al entrar a la habitación me quité los zapatos. Sentirme descalza es mi primer pequeño placer de desnudez, pero estirando la liga al máximo, me puse de pie frente a la cama y le dije:

    – A ver, quiero ver que te quites todo frente a mí.

    Con cara de diversión Alonso se fue quitando la ropa hasta que se quedó en boxers y se me quedó mirando.

    – ¿Así nena? – Me dijo enderezando la espalda casi sonriendo por el reto que representaba que se hubiera dejado la última prenda. Yo sentía sudor frío de las ganas que tenía. Se notaba su tremenda erección y me pareció un poco cínico que se dejara el bóxer cuando ya íbamos a coger.

    – ¡Dije todo! – le ordené al mismo tiempo que me acercaba para hacerle bajar el calzoncillo yo misma batallando para pasar el elástico por delante de su verga. Tuve que tomarla con mi mano para sacarla del elástico. Le di un par de jalones sin dejar de mirarlo a los ojos, mientras con la otra mano terminaba de mandar el calzoncillo a donde debía estar: el suelo. Normalmente me lo hubiera fajado ahí de pie, aún vestidos. Le hubiera sacado la verga y tal vez me hubiera puesto a darle una mamada hasta casi hacerlo venirse para en ese momento detenerme y luego seguir en el faje, para desnudarnos poco a poco entre besos y manoseos. Pero hoy no era ese el plan. Aplicando algo de fuerza empujé para que se dejara caer boca arriba en la cama. Se quedó ahí, exhibiendo su cuerpo marcado por años de crossfit. Pude admirar su impresionante miembro, con tremenda erección que tenía ya dos días provocando con mis mensajes provocadores. Mirando su miembro y su cara de ansiedad de adolescente de 37 años, levanté mis brazos hacia atrás de mi cuello para soltar el broche del vestido. Al ser tan ancho el vestido y sin hombros, simplemente dejé caer la prenda directo hasta el suelo para que Alonso mirara mi cuerpo desnudo mientras yo mantenía mis brazos arriba para soltarme el broche del cabello. Disfruté mucho la cara de Alonso, admirarme desnuda de nuevo frente a él. No pudo evitar tocarse el miembro en actitud de masturbarse mientras me dijo:

    – ¡Cabrona estás buenísima!

    Yo no le hice el menor caso. La inminencia de tener una verga adentro me tenía desesperada. Me encaramé en la cama sin darle tiempo a nada. Estaba lista. Me senté sobre su pene y apenas hubo necesidad de acomodarlo antes de que empezara a sentir que ya me iba penetrando. Me dejé caer sobre su verga para profundizarla hasta el fondo. El dolor inicial dio paso al placer que me obligó a moverme. No perdí el tiempo. Dolía, pero dolía delicioso semejante obelisco. Casi de inmediato sentí venir el clímax. Aceleré mis movimientos. Pude escuchar mi propia respiración que rápidamente se convirtió en gemidos y de ahí a gritos de placer. Antes de lo que yo misma esperaba exploté en tremendo orgasmo como si hubiese tenido meses sin coger. Seguí moviéndome un poco hasta que el placer fue demasiado intenso y me quedé acostada encima de Alonso sin dejarlo sacar su verga de mi vagina. Cuando sentí que estaba más relajada me dejé caer a un lado de la cama, boca arriba para seguirme calmando. Alonso no había terminado y seguía con la lanza alzada.

    -No deja de sorprenderme cómo haces escándalo y disfrutas cuando te vienes.

    – Muchos dicen, hasta los que sólo han sido acostones, que por eso añoran volver a coger conmigo.

    Mientras decía eso Alonso comenzó a acariciarme, No sé si fue eso o verle la erección sostenida lo que me hizo sentir otra vez el deseo de que me penetrara. Me dejé llevar y lentamente me fui dando la vuelta para darle la espalda y empezar a levantar mi trasero. Él, ya más cercano y abrazándome y manoseándome desde atrás me ayudó a ponerme a cuatro. Me encanta esa posición. Adoro ese momento de expectativa, no estar bien segura del momento en que empezaré a sentir la presión de la punta de la verga en la entrada de mi vagina. Ese momento en que se hace inminente el sentir como el falo va separando mis partes escurriendo humedad. Aquello es más intenso con el enorme miembro de Alonso que esta vez me tomó de las caderas para anunciar la penetración. No hizo nada por separar mi trasero para facilitar la entrada. Cuando sentí su verga en la entrada hice por separar mis piernas para hacérselo más fácil a él y menos doloroso a mí. Deseaba ese dolor de cualquier modo. Creo que deliberadamente me la dejó ir muy muy lentamente. A momentos me acariciaba el trasero comenzando desde la espalda. Ya no sé si Alonso estaba disfrutando meterme la verga o mirarme lo enorme que se debe ver mi trasero en esa posición. La duda quedó despejada por él mismo:

    – Qué culo tan monumental tienes nena ¿qué se siente estar tan buena?

    Yo no respondí nada. Dejé de apoyarme sobre mis brazos para bajar mis hombros, empinar más mis caderas y dejar que su verga siguiera resbalando lo más adentro posible. Entonces Alonso empezó a moverse dando empujones cada vez más adentro. Yo ya no sentía nada más que su verga resbalando para adentro y para afuera. Desde las paredes de mi vagina el placer se iba multiplicando rico hacia mi espalda y de ahí me recorría todo el cuerpo. Sentí que me quedaba sin fuerzas. Sólo podía sentir su verga y escuchar sus gemidos sincronizados con los empujones constantes que me daba. Me enganchó las caderas para incrementar sus empujones jalándome hacia él. Me dejé usar como él quiso. Lo dejé que se quedara ahí enfundando su verga entre mis nalgas. No quería venirme tan pronto para no dejar de tener esa sensación de ser la razón de su erección. Fue inútil. Inevitablemente el clímax fue llegando cada vez más fuerte ayudado por las manos de Alonso que no dejaban de amasar mi trasero para darme jalones contra su verga. Alonso empezó a moverse con mucha fuerza, dejando escapar varios gritos. Empecé a desear sentir sus chorros de semen explotar en mi vagina y sólo imaginar eso me hizo venir otra vez en grandes ondas de placer. Alonso pareciendo darse cuenta de mi explosión, se movió frenéticamente contra mi trasero y gritó más fuerte mientras yo me venía. No sé cuánto duró mi orgasmo, pero Alonso seguía ensartándome cuando yo empecé a estar otra vez consciente de mi entorno. Le pedí dejar de moverse y terminamos los dos boca arriba respirando fuerte. Pasados unos segundos me di cuenta de que su erección persistía como si nada.

    – ¿No te viniste?

    – No nena, necesito otro ratito – me respondió.

    – Y… ¿Qué necesitas para venirte?

    – Cogerte más – me respondió

    Yo me sentía más recuperada y seguía deseando que se viniera adentro de mí así que le respondí:

    – Pues cógeme más por favor – le dije mientras separaba mis piernas y me tocaba los labios mojados.

    No le dije dos veces. En un segundo lo tenía reclinado sobre mí levantando mis piernas para ponerlas en sus hombros. Yo las separé y doblé mis rodillas para apoyar mis talones en sus hombros. Nuevamente tuvo la ocurrencia de penetrarme muy lentamente. Eso ayuda con el dolor de su enorme tamaño, pero también me daba una ansiedad terrible por sentir su verga lo más profundo posible. Empezó a moverse llevándome al placer rápidamente. La indefensión de esa posición agregado a poder verles la cara de placer a los hombres me excita muy especialmente y me hace venir muy rápido. Cuando comenzó el orgasmo no pude evitar que mis piernas cayeran a los lados de Alonso, pero él las sostuvo al tiempo que fue claro que comenzó a venirse. Mientras yo disfrutaba mi orgasmo el placer se incrementó cuando Alonso estalló y sentí la fuerza de sus chorros en mi vagina. El semen comenzó a desbordarse y se podía escuchar aún mejor como resbalaba su verga entrando y saliendo con esa nueva lubricación. Terminó moviéndose mientras abrazaba por las rodillas mis piernas levantadas. Apretándolas contra su pecho. Mi orgasmo seguía mientras yo sentía que su semen se me escurría de la vagina por la violencia de sus movimientos. El desgraciado comenzó a sacarme su pene y a volverlo a meter, aprovechando la lubricación adicional. Me volvió loca de placer sentir sus empujones para penetrarme una y otra vez. Al final quedamos los dos otra vez echados sobre la cama sin hablar. Sólo respirando fuerte. A Web le hubiese encantado ver esa escena. Así pasaron unos minutos de silencio entre jadeos.

    – ¿Cómo estás nena? ¿Bien? – preguntó Alonso con un tono amable de preocupación sincera. La primera vez que cogí con él en el trío que hemos contado antes, no mencionamos que una de las muchas veces que me cogió me hizo sangrar un poco y eso lo impresionó mucho por el miedo a lastimarme. Mi vagina es muy estrecha. Precisamente por haber roto varios condones aquella vez fue que no lo dejé usar condón esta vez.

    Yo me limité a tocarlo en el brazo con mi mano para hacerle saber que me seguía relajando. Él se levantó al baño y yo me quedé en la cama. En ese momento tuve una ocurrencia. Tomé mi teléfono y tomé una foto de mi cuerpo sin que saliese mi cara. Levanté mis piernas para abrirlas. Claramente se veía en la foto la entrada de mi vagina. Mis labios rosas contra mi piel morena que se oscurece un poco alrededor de mis labios mayores. Grandes cantidades de semen y moco cristalino resbalando entre mis labios hinchados de tanto roce con la vergota de Alonso. Abrí el WhatsApp y le envié la foto a Web seguida de un mensaje muy claro y explícito: “me puso muy buena cogida”. Web respondió rápidamente: ¡Qué rico amor! ¿Te gustó entonces? ¿Te fue muy bien? “muuuy bien” le respondí. Me escribió: ¿No podrías tomar una foto así pero mientras te penetra? No le respondí. No hacía falta. Estoy segura de que muy pocas mujeres pueden presumir de tener una pareja que se alegra por vivir al lado de una mujer que disfruta del sexo plenamente. En esos pensamientos estaba cuando salió Alonso del baño y se acostó a mi lado lo suficientemente cerca para acariciar mi cuerpo. Yo le di la espalda para extenderme sobre la cama. Él tomó una de mis nalgas para apretarla con sus dedos.

    – ¡De verdad no me canso de ver lo rica que estás!

    Yo sólo le acerqué un poco mi trasero en parte para corresponder y en parte por el placer que me produjo el comentario. Al hacerlo claramente sentí su verga dura otra vez pero me quedé esperando su siguiente movimiento. Alonso deslizó su mano entre mis nalgas hasta alcanzar entre mis piernas. Hizo un mmmmh de satisfacción y empezó a frotarse sus dedos aprovechando la humedad entre mis jugos y los restos de su semen escurriendo de mi vagina. Yo me fui poniendo boca abajo mientras separaba un poco mis piernas. Fue inevitable que empezara a mover rítmicamente mis caderas al sentir sus dedos frotándose cada vez más fuerte entre mis labios. Casi me hacía venir pero levanté más mis caderas y le dije: «cógeme otra vez».

    – vamos al Kama Sutra me respondió – y no me dijo dos veces.

    Caminamos hasta ahí mientras me iba manoseando el trasero. Al llegar al sillón le pregunté: – ¿cómo quieres? –

    Me ayudó llevándome al extremo más alto del sofá y me hizo inclinarme de modo que sentí que mi trasero quedó apuntando al cielo. Unos segundos después, Alonso de pie detrás de mí ya me estaba penetrando. Estaba muy lubricada. Estar ahí empinadita, sentir su enorme miembro resbalando hacia adentro. Hay placer en la penetración pero también en la situación misma. Sentí sus manos tomando mis caderas para cogerme mejor. Sin dejar de sentir su verga imaginé como si viera la escena como espectadora y fue aún mas excitante. Me arrimó apenas un par de empujones y yo ya no supe de mí. Me vine muy fuerte y muy largo pero él no dejó de moverse así que el orgasmo me duró mucho. Después de eso casi me cargó para montarnos los dos sobre el sofá, yo dándole la espalda acostada sobre el lado mas alto y ahí me siguió penetrando desde atrás mientras me jalaba de las caderas para reforzar nuestros movimientos. Me vine varias veces seguidas otra vez hasta que él volvió a vaciarse adentro ahí mismo.

    Al final nos quedamos un rato acostados. Yo me bañé concienzudamente porque necesitaba que Web me hiciera venir con un oral para redondear la noche.

  • Mi dentista, la doctora Zhang Li

    Mi dentista, la doctora Zhang Li

    Mi nombre es Luis y vivo en Santiago. Mi vida había sido bastante monótona últimamente, lleno de rutinas diarias y sin mucho que hacer fuera del trabajo. Un día, mientras llegaba a casa, me encontré con un anuncio en el que se ofrecía un servicio dental en el barrio. Decidí programar una cita, ya que hacía tiempo que no visitaba a un dentista.

    La mañana de mi cita llegó, llegué temprano al consultorio dental. Me recibió una mujer muy atractiva, de estatura baja, piel clara y ojos almendrados. Se presentó a sí misma como la Dra. Zhang Li, una dentista china que llevaba viviendo en nuestro país desde hace tiempo.

    Desde un principio me llamó la atención su forma de manejar el español con fluidez, como una chilena más, pero más me llamó la atención su cuerpo, lo ajustado que le quedaba el delantal a su cuerpo y como hacía notar sus atributos.

    Mientras me sentaba en la silla, la doctora Zhang comenzó a explicar el proceso que seguiríamos durante la sesión. Se notaba que llevaba años trabajando en esto y lo mucho que sabía sobre salud dental.

    La forma en que se acercó a mí mientras me atendía hacía que mi corazón latiera más rápido. Cada vez que me miraba directamente a los ojos, una sensación de calor recorría mi cuerpo.

    Mientras estaba en la silla dental, no pude evitar notar todos sus atributos: su piel suave, blanca, su cuerpo delgado y sus curvas delicadas. Sus pechos firmes y su culo que si bien no era tan grande, era perfectamente proporcional a su cuerpo, firme al igual que sus pechos.

    Sentí una tensión sexual creciente entre nosotros y aunque sabía que quizás era inapropiado sentirme atraído por mi dentista, no podía evitar fantasear con ella.

    Después de esta visita, no pude dejar de pensar en ella durante toda la tarde. Me sentía tan caliente que esa misma tarde me masturbé mientras me bañaba, pensando en ella y en lo que pudo haber pasado en esa primera sesión. En todo lo que me hubiese gustado haberle hecho ahí mismo en su clínica.

    A medida que pasaban las semanas y la visitaba más a menudo, comenzamos a conversar y conocer un poco más sobre nuestras vidas. Descubrí que Zhang había crecido en una pequeña ciudad en China y que había decidido mudarse a Chile hace quince años para empezar de cero.

    Durante las sesiones, siempre noté como su delantal se ajustaba a su figura, lo que la hacía lucir aún más atractiva y que me calentara más.

    A medida que pasaban los minutos, comencé a darme cuenta de que Zhang me estaba tratando de manera un poco diferente. A veces me hacía comentarios sobre mi apariencia, lo que me hacía sentir halagado. Mientras me atendía, sentí cómo comenzó a acercarse más a mí, lo que me hacía sentir un poco incómodo y emocionado al mismo tiempo. A medida que se acercaba, sentía su respiración cálida en mi cuello y su busto rozando mi cabeza. Me hacía sentir cosas que nunca antes había sentido estando en una consulta dental. En algunas ocasiones, me era difícil ocultar mi erección y no sabía si ella se había dado cuenta. Trataba de mantenerme calmado y controlado, aunque por dentro estaba ardiendo de deseo por ella. Con cada sesión, sentía que nuestra tensión sexual iba en aumento y era evidente que ambos sentíamos algo por el otro.

    Después de la última visita, me preguntó si conocía algún lugar interesante en Santiago para visitar. Yo le dije que había un lugar en las afueras de la ciudad donde se podía apreciar una hermosa vista panorámica, y que a menudo iba allí cuando necesitaba desconectarme. Zhang pareció interesada y me pidió que la llevara allí.

    Al otro día, la recogí en su consultorio y conduje hasta el lugar que le había mencionado. Ella vestía con una blusa delgada que hacía entrever su escote y su busto. A veces se daba cuenta que la miraba y se ponía muy nerviosa. Durante el trayecto, hablamos de nuestros lugares favoritos en la ciudad. También me contó sobre su infancia en China y cómo había terminado en Chile.

    Finalmente, llegamos al lugar y nos sentamos en un banco para admirar la vista y el atardecer. Zhang estaba fascinada por la belleza del lugar y tomaba fotos de todo. Pude ver la emoción en sus ojos mientras me contaba sobre su experiencia en Chile y lo mucho que extrañaba a su familia. Me di cuenta de que ella había pasado muchos años recorriendo el país porque sabía mucho de zonas y lugares que ni siquiera yo había visitado.

    Mientras admirábamos el atardecer, volví a notar la blusa que Zhang llevaba y cómo dejaba al descubierto su piel clara y suave. La tensión sexual entre nosotros era palpable, y yo sabía que tenía que hacer algo. Me acerqué a ella lentamente y la rodeé con mis brazos, sintiendo cómo su cuerpo temblaba ligeramente. Ella se mostró sorprendida, pero no se resistió y se dejó llevar.

    Después de recorrer con mis dedos la piel suave y tersa de Zhang, la noté cerrar los ojos y soltar un suspiro de placer. Con una sonrisa nerviosa, ella me dijo que no sabía que era tan atrevido, y yo le respondí que tampoco sabía que era tan tímida. La tensión sexual entre nosotros aumentaba cada vez más. Zhang comenzó a mover su cuerpo hacia mí, y la sostuve de la cintura. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado, mientras nos abrazábamos. «Hace tiempo que te quiero hacer esto», le dije entre besos. Desabroché lentamente los botones de su blusa, y mientras lo hacía, mi mano se deslizó hacia su espalda, sintiendo su piel suave. «Eres tan rica», le susurré en el oído, provocando que se estremeciera de placer. Fue entonces cuando ella confesó que llevaba muchas sesiones mirando lo duro que se ponía mi pene.

    Mis pensamientos estaban nublados por la pasión y la excitación. Sentía cómo Zhang después de besarnos, bajaba por mi cuerpo con suavidad, mientras mis manos recorrían su cabello. Ella desabrochó mi camisa y comenzó a bajar por mi pecho y luego por mi abdomen. Su boca finalmente llegó a mi pene. La sensación era indescriptible, como si estuviera flotando en una nube de éxtasis. «Te deseo tanto», dijo Zhang mientras me miraba intensamente. Sus palabras me hicieron estremecer aún más. Sentía cómo su lengua recorría cada centímetro de mi pene, haciendo que mi respiración se volviera más agitada. Cerré los ojos y me dejé llevar por lo que estaba pasando. «Me encanta hacerte esto», dijo Zhang con una sonrisa en su rostro. «Me gusta tanto lo dura que está». Sus palabras me excitaron aún más,

    Se notaba lo mucho que ella lo disfrutaba. Se tocaba los pechos con una mano, mientras con la otra seguía masturbándome. «Me encanta hacerte esto», dijo con una voz baja. «Me excita mucho verte así». Su lengua seguía recorriendo mi pene, haciendo que la excitación fuera en aumento. Mis piernas temblaban y mis manos se aferraban al capó del auto mientras ella continuaba con su trabajo.

    Finalmente, ella se levantó y se dio media vuelta, mostrándome su culo perfecto. Levanté su blusa y acaricié su piel suave y tersa mientras ella me pedía que la penetrara por el culo. No podía resistirme a esto, la apoyé en el auto y lentamente la penetré por detrás, sintiendo cómo mi pene entraba en su culo. Era una sensación intensa y tan excitante.

    Mis manos tomaban con fuerza la cintura de Zhang mientras la penetraba. Podía sentir su cuerpo temblando de placer, sus gemidos llenaban el aire y hacían que mi propia excitación aumentara todavía más. Ella se movía al ritmo de mi movimiento, pidiéndome que no parara. Tomé su cintura con más fuerza y tiré de su pelo al mismo tiempo, lo que la hizo gemir aún más. Podía ver su culo rico y redondo moviéndose al ritmo de nuestro sexo. Zhang estaba completamente entregada a mí, «Sigue así, no pares», me decía mientras seguía dándole duro y con fuerza. Pronto apoyó su cuerpo en el capó del auto para poder soportar la intensidad de la penetración que a cada segundo se hacía más fuerte. Podía sentir cómo su cuerpo se tensaba cada vez más.

    Sabía que estaba a punto de tener un orgasmo a pesar de estar siendo penetrada por el culo, yo también estaba a punto de irme. Sentí cómo su cuerpo temblaba y cómo su respiración se volvía más y más agitada. Antes de que yo pudiera irme, ella llegó a su orgasmo, gimiendo fuertemente mientras su cuerpo se estremecía de placer. Fue una de las cosas más excitantes que había experimentado. Escuchar sus gemidos, pidiéndome que no parara.

    No pude resistirme más y saqué mi pene de su culo. La levanté y la puse de rodillas frente a mí mientras seguía masturbándome, mirándola fijamente a los ojos. Ella abrió la boca en señal de que quería algo más que mi mirada, y en un instante eyaculé en su cara, en sus ojos y en su boca. La cantidad de semen que salió fue impresionante, ensuciándole también los pechos. Zhang se sorprendió por la cantidad y la fuerza del chorro, pero rápidamente comenzó a lamerse los labios y los dedos, saboreando mi semen. «Qué rico está», dijo Zhang con una sonrisa en su rostro y su boca toda sucia. «Nunca había experimentado algo así».

    Después de unos momentos de descanso, nos vestimos, nos limpiamos y subimos al auto. Zhang se apoyó en mí mientras llegábamos a su casa. «Esto fue increíble», dijo Zhang con una sonrisa en su rostro. «Sí, lo fue», respondí, sintiendo aún la emoción del momento. «Nunca había experimentado algo así antes.» «¿Podemos hacerlo de nuevo?» preguntó Zhang . «Obvio, siempre que aguantes todas las cosas que se me ocurran hacerte», respondí, riendo.

    Llegamos hasta su casa y nos despedimos. «Gracias por esto, nunca lo olvidaré», dijo Zhang Li antes de entrar.