Autor: admin

  • Compartiendo a Brenda, mi esposa

    Compartiendo a Brenda, mi esposa

    Cuando conocí a mi esposa, siempre supe que tendría que aguantar que le dijeran piropos por la calle. Brenda trabajaba como edecán y por obvias razones, tenía que usar ropa ajustada y a veces, faldas muy cortas. Y mis amigos no paraban de caerme saber lo buena que está. “Hey, vimos a Brenda y ese culo está para chuparse los dedos” siempre haciéndome ver que al primer descuido, saltarían sobre ella. Y aunque a mi me causaba risa y me alagaba que envidiaran mi suerte, a mi cuñado Pedro le molestaba todo eso.

    El hermano de Brenda estaba molesto, no solo con sus comentarios. También el que ella fuera mi novia lo ponía como loco. Cuando supo que nos casaríamos incluso lloro, y no de tristeza. El coraje era evidente. Yo bromeaba con Brenda “¿no será que tu hermano está enamorado de ti?”. Jamás lo acepto, pero seguro que muy en el fondo sabía que la actitud de su hermano no era normal. Por supuesto durante el primer año, tratábamos de tener hijos. Fue hasta el segundo año que decidimos hacernos estudios.

    Aunque Brenda se disculpaba de sobremanera, pensando que era ella la que no podía darme hijos, los estudios revelaron que mi esperma no fecundaba. Soy yo el que no sirve. Me sentía frustrado, tratamos mil maneras naturales de hacer que funcionara, incluso pensamos en la adopción. Pero a mi esposa solo le ilusionaba el tener en su vientre a su hijo. Cuando buscamos alternativas de inseminacion, aunque efectivas, el costo nos era imposible de pagar. Brenda ofreció volver a su empleo como edecán. Pero sabía que jamás aceptaría. Una cosa es que a mi novia le vean las nalgas, pero ahora es mi esposa y no podría soportarlo.

    Después de mucho platicarlo, Brenda me dijo que la mejor opción sería buscar a alguien que nos ayudara. Es decir… que tuviera sexo con ella y lograra embarazarla. Y aunque los nombres de amigos y conocidos rondaron por nuestra cabeza, la única opción discreta y confiable era Pedro, su hermano. Con los años,

    —Lo que te vamos a pedir es algo muy personal—se acomodó en la sala y nos miró con una gran sonrisa.

    —Bueno, me estás espantando Ramón. ¿A quien hay que matar?

    — es enserio Pedro—intervino Brenda y todo que do en silencio.

    —Ok hermanita, díganme—cambio su tono burlón por la cara seria que yo conocía.

    —Mira, tu hermana y yo llevamos tiempo intentando tener un hijo, pero yo no puedo. Es decir, mi esperma…

    —¡Ya se me hacía raro! Mírala, esta hermosa ¿como que no puedes?

    Brenda se sonrojó y trató de decir algo, pero la interrumpí.

    —Es complicado, mis espermas no sirven. Y queremos que tu…

    —Claro, díganme en donde hay que ir a donar y con gusto…

    —No Pedro, no nos alcanza para un tratamiento. Es muy costoso.

    —¿Entonces…? -a Pedro le cambió la expresión, ahora tragaba saliva y se frotaba las manos con nerviosismo.

    —Será de manera tradicional, por eso no se lo podemos pedir a nadie más, ¿entiendes?

    —Pero… creen que al primer intento pueda…

    —No cuñado. Sabemos que es poco probable, esperábamos que pasarás un fin de semana en casa. Y así tratar de agotar probabilidades.

    —Y necesitamos que seas discreto, mis papás no deben saber nada.

    —¿Me estas pidiendo que tenga sexo con mi hermana?

    —Eres nuestra última oportunidad de ser padres, pero si no quieres…

    —¡POR SUPUESTO!

    No podía ocultar que la propuesta le ponía contento. Y al mismo tiempo, Brenda estaba más nerviosa. Ahora yo tenía mis dudas. Pero no podía negar,e a mi esposa el deseo de convertirse en madre y no quería perderla. Así que quedamos de acuerdo y el fin de semana mi cuñado se instalaría en casa.

    —Bueno, pues ustedes me dicen como. ¿Va a dormir conmigo? ¿Vas a estar tu en casa?

    —No tengo planeado ir a ningún lado-le dije con un tono severo. Y Brenda suspiro un poco por envíos y por miedo a lo que pudiera resultar.

    —¿Les parece si cenamos y ya después vemos los detalles?

    Así que cebamos en silencio, pero a mi cuñado nada le borraba la sonrisa.

    —Bueno, me voy a dar una ducha. Y te espero en mi habitación hermanita.

    —Si, ella te alcanza-se fue y Brenda me abrazo.

    —Es por nosotros mi amor.

    —Claro, te amo hermosa.

    —Y yo a ti-luego fue a cambiarse y entro en la habitación de huéspedes a encontrarse con su hermano.

    —Pensé que te habías arrepentido. Mira lo que te traje.

    —Ese vestido es cuando tenia quince años.

    —Si y se te veía muy bien, ahora se te verá espectacular. Anda póntelo.

    —No, esto es una locura-con ese vestido había perdido mi virginidad y pensé que lo había perdido. Lo busque por todos lados. ¿Porque lo tiene mi hermano?

    —Anda, tenemos que hacer que esto sea divertido-mi hermano se acercó y me comenzó a desnudar. Luego de pasar sus manos por todo mi cuerpo. Me coloco el vestido, en efecto me quedaba muy pequeño. Mis tetas apenas y cabían y mis nalgas se asomaban casi por completo.

    —Bueno hermanita a divertirnos-durante años fantaseaba con cogerme a mi hermana, la vi crecer y desarrollarse. Esta hermosa, casi como las que ahora conducen programas deportivos en la televisión. Cuando salía con alguien me ponía furioso. Pero sabía que jamás la tendría para mi.

    —Solo hagámoslo y ya… -Me cerró la boca de un beso y me llevo hasta la pared ahí me dio vuelta y sujeto mis manos en mi espalda, me besaba el cuello y sus dedos hicieron de lado mi tanga para entrar en mi sexo.

    —Tranquila que de esto no se come a diario-antes de cogermela bien duro. Perdón, de embarazarla. Quería probarla por completo. Lamerle cada parte de su cuerpo. Sentir sus nalgas y tocar sus pechos hasta hartarme.

    Desde la sala, mientras en la tele pasaba una película, yo no podía con la rabia. Los gemidos de Brenda resonaban por toda la casa y apenas tenía cinco minutos con Pedro. ¡PUTA MADRE!

    —Abre bien esas piernas hermanita, quiero que entre todo lo que quiera por ahí -tenia tres dedos dentro de mi el dedo gordo luchaba por entrar en mi cola. Por absurdo que parezca, estaba gozando. Al principio sentí culpa. Pero hacía tiempo que no me sentía una puta. Me gustaba sentirme así cuando trabajaba y sentía las miradas de los pervertidos sobre mi. Nunca pensé que mi hermano… haaaaa que rico.

    —Así me gusta, que hagas ruido, que sepa que la estás pasando bien. Vamos a ver a qué sabe esto-se arrodillo y pude sentir su lengua en mi panochita, parecía que me quería devora y no tarde en tener un orgasmo. Luego se levantó y me beso.

    —Mira que sabes delicioso hermanita, ven y prueba a tu hermanito-la arrodille y me baje el pantalón, parecía espantada. Pero su boca no lo estaba. Comenzó a mamar y poco a poco sentía que me venia. Pero logré contenerme.

    —¡¿TODO ESTA BIEN AHÍ DENTRO?!

    No pude evitarlo y traté de frenar esa locura, ¿en que pensaba? Yo sabia que mi cuñado se moría por Brenda y yo, se la entregué en charola de plata.

    —¡Si cuñado, y disculpa que tu mujercita no responda. Es que tiene la boca ocupada!

    Me hervía la sangre, pensaba en tumbar la puerta y partirle la madre a ese imbecil. En lugar de eso salí y encendí un cigarro. Aunque no terminaba de entender lo que había echo.

    —¡Esggpegga! ¡Nogh caggbee todaaaggggh! -mi garganta me dolía, mi hermano empujaba su venga hasta el fondo y no me daba respiro. Nunca tuve una verga tan grande en mi boca. Y aunque escuchaba la voz de mi marido, no entendía lo que decía.

    —Ahora levanta la cara, quiero que me mires mientras me la chupas-seguramente mi cuñado me va a echar a patadas, así que voy a disfrutar hasta el último momento. Nunca pensé ver los ojos de mi hermana con lágrimas en los ojos, y que mi verga en su garganta fuera la causa me excitaba aún más.

    De pronto me vino la idea, si subía a la azotea, podría ver que mierda estaba pasando en esa habitación. Sin dudarlo solté la colilla del cigarro y salí corriendo. Al llegar, me tumbe y me acomode a ver por una rendija y aunque no se veía muy bien, pude ver como mi mujer se colocaba en cuatro sobre la cama. Traía puesto un vestido que no le conocía y que no le quedaba. Sus nalgas se asomaban y la tanga apenas y le cubría. Mi cuñado se agachó hasta tener su lengua en ella. Pensé en gritarle que parara, pero algo curioso pasó. Mi Brenda movió su tanga a un costado para que su hermano pudiera disfrutar por completo de su panochita. Brenda… lo estaba… disfrutando?

    —¿Te está gustando? ¿Que tal probar a tu hermano?-podía sentir por completo la cara de mi hermano entre mis nalgas, su aliento en Me provocaba espasmos y su legua me tenía loca de placer.

    —Por favor no pares… sigue así! Así! ASÍ!

    El hijo de puta solo tenía que poner su semen. Solo eso. Y ahora tenía su puta cabeza hundida en las nalgas de Brenda. Y creo que había olvidado lo buena que está, empinada y con las piernas abiertas se le ve un culo inmenso, redondo, delicioso. Se me está parando la verga.

    —Por favor… ya metemela! Ya no aguanto -Tenia años que no sentía un orgasmo, Ramón siempre estaba cansado y cuando teníamos sexo, solo se montaba en mi y terminaba de inmediato. Había olvidado que rico es que te traten como una puta.

    —Trae acá esas piernas hermanita. Hagamos un bebé.

    Volteo a Brenda y se montó las piernas en sus hombros, le escupió en la panocha y se dejó ir hasta el fondo, los quejidos de mi esposa eran algo que desconocía. Y ahora me culpaba, teniendo a mi lado a tremenda hembra, apenas y la toco. Hace un rato que tengo la verga en la mano. Me estoy masturbando mientras miro como se clavo cogen… mierda!

    Jamás me imaginé que tendría la oportunidad de sentir a mi hermana, es verdad que en algunas ocasiones mientras dormía yo entraba a su cuarto y la miraba desnuda, incluso algunas veces recargaba mi verga en su cuerpo o en su cara. Pero tenerla dentro de ella es diferente. Que suerte la de este hijo de perra que la tiene diario a su disposición.

    —Es mi sueño echo realidad, siempre quise cogerte. Hacerte mi puta-sentía como se le erizaba la piel con mis palabras y ataque. —Siempre me mataba a pensando en ti, y tomaba tu ropa para sentir tu olor.

    —¡¿EN SERIO?!

    —Me gustaba ir a verte trabajar y ver la cara de todos esos cabrones babear por el movimiento de tus nalgas. Que seguro tenían la verga tan dura como yo.

    —¡QUEEERICO!

    —Estoy seguro de que tú también lo disfrutabas-aunque ya no emitía más que gemidos, sabía que era una puta, que le gustaba exhibirse. Lo disfrutaba.

    —haaaa! HAAAA! HAAAAA! -sentir su verga entrando en mi me estaba provocando un nuevo orgasmo, y que me hablara como a una perra me encantaba. Cuando trabajaba de edecán, llegaba mojada a casa. El que se murmurarán cosas sobre mis nalgas o mis tetas me calentaba. Y al principio fue lo que me atrajo de Ramón. Siempre tenia una frase cachonda para mi. Creo que mi hermano ya se va a venir.

    Mi cuñado se tiro boca arriba y Brenda sin dudar un solo segundo se montó en su verga, cuando por fin llegó al tope comenzó a cabalgar sobre Pedro. Sus tetas aunque habían pasado unos años, seguían siendo hermosas. Podía escuchar el ruido que hacían cada que chocaban en su cuerpo. Aunque me era imposible escuchar, sabía que algo estaban diciéndose.

    —¿Así que siempre te guste hermanito?

    —Siempre, desde niña.

    —¿Y porque no me dijiste? Nos hubiésemos divertido mucho.

    —No pensé que…

    —Claro que no… haaaa! Eres mi hermano. Pero… huuuuy! Te hubiera ayudado con un par de chaquetas… ¡HAYQUERICO!

    —Jajaja yo no quería eso, para masturbarme, me masturbo solo.

    —…y acabar en mis nalgas o en mi boca… haaaaa!!!

    —¡¿EN SERIO ME ABRÍAS DEJADO…?!

    —Nunca me lo pediste, sabía que entrabas a mi habitación haaa haaaaa! Me maaasturbaba cuando salías, después de que ponías tu verga en mi mejillaaay! ¡Quericavergatienees!

    Ya no podía más, entre la excitación de estarme cogiendo a Brenda y el saber que pude disfrutar de esto desde hacía años, estaba por terminar. Pero quería ver ese par de nalgas bien levantadas. Así que la empine y me deje ir con todas mis fuerzas.

    —Ahora siiii haaaa! Le vamos a poner pedrito-Mi hermano me empinó al borde de la cama y desde que entro su verga, supe que estaba por venirse, mis nalgas recibían el impacto de su deseó. Y yo no paraba de gemir.

    —No te detengaaas! Sigue! Sigue haaaa! No pares!

    —Me vengo, me vengo, me vengo haaaa!

    Mi semen escurría por la pared, aunque un chorro fue a dar hasta el patio. Dios mío como disfrute y al mismo tiempo los odie con todo mi corazón. Estaba claro que mi cuñado había terminado, pero seguía entrando y saliendo de Brenda. ¿Y quien no? Yo hacía tiempo que ya no… ¡diablos!

    Cuando sentí el semen de mi hermano en mis entrañas tuve un nuevo orgasmo, me sentí mujer. Me gustaba sentirme una puta y aunque sentía que su verga dentro de mi poco a poco se ponía flácida, el seguía y yo estaba a tope. Podía estar ahí por horas. Pero… mi marido. ¿Nos escuchó? Ahora sentía vergüenza. Todo ese escándalo y Ramón a unos pasos, escuchándolo todo.

    —¿Te gusto?

    —No se trata de que me guste-Me levante y busque mi ropa. Todavía tenía puesto el vestido o bueno, seguía enrollado en mi cintura. Tenía que bañarme, el semen de mi hermano me escurría por las piernas y además tenía que ver a mi marido y hacerle entender que esto es para un bien común.

    Cuando salí de la ducha, los encontré frente al televisor. El fútbol está entretenido, pero se sentía la tensión en el aire. Ni siquiera se volteaban a ver. Me senté en las piernas de Ramón y le di un beso que despreció. Tenía razones para estar enojado. Mi hermano tenía esa risa burlona que lo caracteriza. Cenamos en silencio y cuando estuvimos a solas traté de explicarle que solo fue para que tengamos un hijo. Nada más.

    —¿Y para que tengamos un hijo le mamaste la verga y el te mamo la panocha como un animal?

    —¿Nos estabas espiando?-trate de defender lo indefendible, si nos vio, sabe que disfrute muchísimo. Pero debo ser la ofendida o esto se va a salir de control.

    —No… pero se escuchaba, seguro hasta los vecinos se dieron cuenta.

    —¿No estás celoso o si?

    —¿Celoso yo?¿De ese perdedor?

    —¡Oye!–sabía que el que se sentía perdedor era el, así que tenía que quitarle las telarañas de la cabeza. Me perdí entre las sábanas hasta toparme con su verga y comencé a mamar. Se resistió un poco, poco pero en cuanto se le puso dura, se dejo llevar. Pensé en montarlo como a mi hermano, pero se vino enseguida. ¡Mierda sigo caliente!

    Me mamo la verga de una manera maravillosa, tenía mucho que no se tragaba mi semen. Luego nos dormimos abrazados. A la mañana siguiente, cuando desperté, ella ya no estaba en la cama. Salí a la sala y escuché los mismos ruidos en la habitación de al lado. Yo tengo la culpa de lo que me está pasando.

    —Solo será esta vez y ya, no quiero echar a perder mi matrimonio por uña estupideces -Muy temprano me llegó un mensaje de mi hermano “ven rápido” salí aún en bata y cuando entre, tenía en la mano un “bodie” que usaba para una compañía de cerveza y me quedaba muy ajustado.

    —Claro, solo que este siempre fue mi favorito.

    —No creo que me siga quedando… espera-ya sin el menor respeto me quito la bata e hizo que metiera mis pies, la Licea se estiraba por mis piernas, mi culo se fue ajustando y la cintura no fue problema. Metí mis brazos y se dispuso a subir el cierre por la espalda. Aunque le costó trabajo, por fin subió, me llevo frente al espejo y pude ver mi figura. Es cierto que ya no soy la misma chiquilla, pero sigo estando en forma y también era mi atuendo favorito. Mi hermano me manoseaba, aunque trate de separarme, sus besos en mi cuello me derritieron. Por instinto lleve mi mano a su verga, que ya estaba como una roca.

    —Sigues estando igual de buena hermanita-Parecía que el traje reventaría en cualquier momento, pero que deliciosa se ve mi hermana, ya quería tener mi verga dentro de ella. Recorría su cuerpo, como siempre quise hacerlo. Tocar sus nalgas, apretar sus chichotas y sentir esa panochita que se marcaba con ese atuendo. La acomode en el borde de la cama y en cuanto me baje el pantalón su boca busco mi verga. Su culo levantado era el más hermoso espectáculo que podía tener, incluso se tomaba el cabello, para que pudiera ver como se metía toda verga en la boca.

    —Así me gustas más hermanita, esa es la puta que quiero-mi hermano me miraba fijamente, y yo le correspondía chupando desde la punta de la verga y hasta lamiéndole las pelotas. Sentía sus dedos frotándome la vagina.

    En cuanto sentí la saliva de mi hermana en mi verga, volví a sentirme en el cielo. No soporte que un pedazo de tela elástica me impidiera tocar su panochita, que ya estaba húmeda. Así que de un jalón rompí un poco para poder sentir su piel y hundir un par de dedos en ella. Sentía como su respiración se agitaba mientras metía con más fuerza mis dedos, su boca se aferraba a mi miembro con más pasión.

    —¿Brenda?-pronuncie su nombre mientras corroboraba que estuviera en el baño, aunque ese vacío que sentía en mi interior sabía muy bien que los gemidos al otro lado del pasillo eran de ellos. Ni siquiera tenía ánimo de verlos desde la azotea. Ahora quería llorar.

    —¡Siéntate sobre mi, quiero ver tus nalgas rebotando en mi verga!

    Me senté sobre su verga dándole la espalda, seguía con el conjunto de libra puesto. Solo un agujero permitía que su verga me penetrara. Esta manera de hacerme sentir tan sucia, tan puta, tan… me encanta.

    —Ayúdame Haaaaa! con tu panochaa!-Le puse su mano sobre su sexo y sin dudar comenzó a estimularse y a balancear sus caderas con más ritmo. Podía sentir como su orgasmo se acercaba. El ruido que liberaba su boca seguro ya despertó a Ramón. Me prende saber que ese hijo de puta me escuche darle verga a su mujer, a mi hermana. ¡QUE PINCHE CULOTE TAN RICO!

    —Me voy a venir!

    —Las veces que quieras hermanita -mis nalgas chocaban contra sus guevos y hacían un ruido estrepitoso, me daba miedo que Ramón despertara. Pero al mismo tiempo me excitaba el saber que estaba haciendo algo prohibido.

    —Haaaay! Haaaaa! Siiii si siii!

    Sentí sus fluidos sobre mis piernas y como se deshacía sobre mi, la empiné para ver ese mates tu oso majestuoso culo… la tela ajustada le macaba las curvas a la perfección. Aunque solo podía ver su panocha al aire, recordaba que cuando usaba ese atuendo yo me masticaba imaginándola así, como la tengo en este momento. Con la cabeza hundida en el colchón y su culo arriba, bien lavantadito. En cuanto sintió que mi verga entraba, comenzó a gemir como una puta de esas que salen en las películas porno. Solo faltaba que el pendejo de Ramón entrará y nos filmará. Estoy que me vengo… puta madre aguanta un poco más chinga.

    Mientras los alaridos de Brenda me dejaban en claro, que hacer un bebé era solo un pretexto, intente distraerme e la cocina. Me prepare un café y un sándwich que no probé. Nunca en mi vida me había sentido tan miserable. No tenía ni las agallas para entrar y echar a patadas a ese hijo de la chingada. Solo podía estar ahí en silencio escuchando los gemidos de mi esposa y el golpeteo en cada metida de verga que le da su puto hermano.

    —¡Ya casi acabó, hay cabrona que rica estás chingada madre!

    —Sigueee por favor no pares no te detengaaas.

    Sus manos fueron rompiendo poco a poco la tela y ahora sentía mi espalda descubierta, el traje me colgaba y por fin mis chichis tenían algo de movimiento. Mi hermano aceleraba cada vez más sus embestidas a mis caderas. Estaba por llenar de leche mi vagina. Aunque a estas alturas ya no si me importa queda4 embarazada. Me siento una mujer plena.

    —haaaa! Queee riiicooo haaaa!

    —Siiisiiisiiii siii así así… así… asi…!

    Fuimos bajando la velocidad al mismo tiempo que terminábamos, aún empinada giré mi cabeza para verlo y esa gran sonrisa me indicaba la gran felicidad que sentía. Aunque ahora, me tocaba salir y ver mi marido a la cara, y se que será algo distinto.

    Mi mujer salió con la cabeza abajo y se fue directo al baño, mientras mi cuñado salió así, con la Vega al aire y se paseo frente a mi. Mordió mi sándwich y dio media vuelta hasta desaparecer en la habitación. En cuanto salió, ya bañado y perfumado. Le dije que se fuera.

    —¡Pero estamos haciendo un bebé! ¡Brenda! ¡Ven y dile que solo es para que la familia sea feliz y crezca!

    —¡LÁRGATE!

    Salió con una sonrisa enorme, jamás voy a borrar de mi mente su cara de felicidad.

    —Me avisan si hace falta otro poco, no llamen a nadie más por favor.

    Cuando escuche que la puerta se cerraba de golpe, me dio miedo quedarme a solas con mi marido. ¿Que le diría? ¿Que me va a decir el? Para mi sorpresa o mi pesar, no pronunció ni una palabra ese día. Dormimos abrazados pero nunca hubo un reclamo. Tal vez quería que gritara, que me dijera que soy una hija de la chingada. Pero nada de eso paso. Con el transcurso de los días todo volvió a la normalidad. El al trabajo, sexo una vez a la semana. Hasta que llegó un mensaje de texto a mi teléfono.

    «Ya vi salir a Ramón, ábreme. Vamos a coger»

    Se me erizo la piel y me quede inmóvil mientras los nudillos de mi hermano chocaban contra la puerta y el timbre no paraba de sonar.

    @MmamaceandoO

  • La barbería de Julia (Primer cliente)

    La barbería de Julia (Primer cliente)

    Julia, una mujer de 53 años, con un rostro amable y dulce sonrisa, baja estatura, cabello castaño que llega a sus hombros, ojos negros y un poco rellenita decide cambiar su vida.

    Desde que terminase su divorcio Julia había pasado por muchas cosas para obtener lo que le correspondía en la corte, estaban 2 casas y 3 autos de por medio, y al menos la mitad de todo eso le correspondía a ella, pues si bien nunca había trabajado, en el hogar todo estaba en perfecto estado, sus hijos habían sido criados de la mejor manera, y ya a estas alturas todos se habían graduado de la universidad, la mayor Alejandra era arquitecta, Héctor el del medio era abogado y el menor, Fabián, recién había conseguido su título de ingeniero industrial.

    Aún así Javier se negaba a darle mérito a su ex esposa Julia, aunque muy en el fondo sabía que tenía razón.

    Finalmente la corte decidió y Julia recibió uno de los autos y una de las propiedades, en específico una casita que estaba al centro de la ciudad, un poco descuidada pero bastante bien ubicada.

    Sus hijos la estaban ayudando en todo lo que podían, y aunque no le hacía falta nada, la señora se pasaba el día muy aburrida y sin nada que hacer.

    Julia decidió entonces hacer algo que nunca se le había ocurrido; trabajar.

    Su madre era barbera y por ende ella entendía y sabía cómo hacer todo ese proceso.

    Al principio se rió de su tonta idea pero más tarde ese día, viéndose al espejo y reflexionando aceptó su propia idea y continuó con ella.

    Todo el papeleo era agotador había que preparar muchas cosas a pesar de que sólo era para abrir un pequeño salón en la sala de su casa, más sin embargo Julia estaba determinada a llegar hasta el final.

    Dos meses más tarde todo estaba listo y sus hijos fueron a celebrar la innaguracion del pequeño recinto.

    Alejandra: Que bien mamá, lo has hecho – dijo abrazándola-.

    Héctor: Espero que todo te salga de maravilla.

    Alejandra: Cuando te hagas famosa habrá que remodelar el lugar, de seguro este lugar se pondrá a reventar.

    Fabián: Eso dalo por hecho.

    Julia: Gracias chicos, pero no creo que eso pase, incluso puede que todo esto sólo haya sido una pérdida de tiempo.

    Héctor: No digas eso mamá, ya verás como te va de maravilla.

    Julia: Gracias a todos.

    Al principio la sala se encontraba vacía, demasiado vacía, en especial para un recinto que tenía un aviso y se encontraba en medio de la ciudad.

    Aproximadamente pasaron 2 meses antes de que algo sucediera.

    Esa tarde Julia se resignó una vez más y saliendo del pequeño salón, se fue a su habitación.

    Julia: Supongo que nada pasará, de nuevo. Que hombre va a querer venir a casa de esta vieja.

    Julia se miró al espejo mientras se desvestia y se ponía ropa cómoda para estar en casa y notó de inmediato todo lo que despreciaba de si misma: su altura, sus rollitos en el abdomen, sus tetas enormes y su abultado trasero, era «asqueroso» según ella, evitando seguir viéndose a si misma, se colocó rápido una bata que la cubría hasta las rodillas y se dispuso a ver televisión en silencio nuevamente.

    Pasando entre los canales encontró una película pornográfica, la cual la sorprendió terriblemente, sobre todo por la hora pues no eran más de las 3pm, llegando entonces a la conclusión de que era un canal específicamente para adultos.

    En la escena un hombre de unos 25 años lamia y chupaba ávidamente el coño de una muchacha más o menos de la misma edad.

    Esa imagen la excitó bastante y al poco tiempo estaba acariciando su coño por encima de sus panties, le era emocionante ver esta escena pero triste también recordar que hace tiempo ya nadie la tocaba.

    Con el pasar de los minutos la masturbacion se volvió más fuerte al punto de que julia estaba lamiendo sus labios suavemente y gimiendo y fue entonces que se oyó desde el frente de su casa:

    – Señora, ¿Hay alguien ahí?, Me han dicho que aquí hay una barbería. Señora.

    Poco después el visitante notó el timbre de la casa y lo hizo sonar.

    Julia que fue despertada de su sueño erótico salió corriendo al baño para arreglarse rápidamente y recibir a su primer cliente.

    – Espere un segundo por favor – gritaba desde adentro-.

    A pesar de que la emocionaba saber, que al fin alguien venía a ser atendido en su salón, estaba levemente molesta porque su sesión de masturbacion había sido interrumpida, pues era la primera que ocurría desde hace varios años.

    Finalmente Julia salió a recibir al cliente sin siquiera tomar en cuenta que aún llevaba sólo una bata como prenda.

    – Buenas tardes señora – dijo el muchacho-.

    – Buenas tardes joven, disculpe la tardanza y pase adelante.

    Julia observó de arriba a abajo al chico que parecía tener unos 30 años de edad, alto, atlético, tez morena, tenía pelo corto pero una barba muy larga y descuidada, la cual lo hacía lucir como un hippie a su parecer.

    Sin embargo, sus ojos verdes y su amable rostro lo hacian verse atractivo.

    – Perdone la molestia, señora. Mi nombre es Andrés y vengo con mucha urgencia.

    – Oh no no para nada, disculpe usted, estaba un poco distraída. Mucho gusto Andrés, soy Julia.

    – Verá, hoy en la noche tengo una cita, y pues había decidido que mi barba estaba perfecta y que me haría lucir interesante, pero estoy dudando…

    – Pues si ya está decidido, puedo ayudarle y quitarle esa horrible montaña de pelo que lleva usted.

    – Que honesta – rió- bueno me pongo en sus manos.

    Julia condujo al caballero a su salón y lo sentó en una silla frente a un espejo.

    La sala estaba solo ocupada por la silla, un espejo frente a esta y 3 sillas más alrededor.

    – Vaya este lugar parece un poco vacío- comentó Andrés-.

    – Si, sucede que sólo hasta hace dos meses establecí este recinto, la verdad es que eres mi primer cliente – respondió Julia, que se encontraba ya justo detrás del chico y dispuesta a comenzar la labor-.

    – Pues entonces que espera, señora Julia, mi barba es toda suya-.

    – Pensé que saldrías corriendo – rió Julia-.

    – Para nada, algo me dice en su rostro que es usted muy buena en esto.

    Julia comenzó su labor sin decir nada más y con mucho cuidado y cariño se encargaba de hacer que la barba de este joven quedara perfecta.

    Mientras iba avanzando notó que el joven era en serio muy guapo y más de una vez se lo quedó mirando.

    – ¿Como estoy quedando?

    – Pues déjame decirte que de seguro enamoras a la chica que se te atraviese.

    Julia continuó el trabajo y fue cuando unas tijeras cayeron justo frente al asiento y se dobló a recogerla que notó que Andrés estaba más que satisfecho.

    En el pantalón del chico se marcaba claramente un instrumento muy potente el cual al ser observado por Julia esta no pudo más que suspirar.

    – ¿Ocurre algo?

    – Oh no no no Andrés – dijo sin levantarse, aún mirando aquella pieza-.

    – ¿Que mira señora Julia?

    – Yo, Yo, perdone perdone, es que…- dijo levantándose-.

    – Oh. Ya ya me queda claro, disculpeme usted, yo no pensé que lo notaría.

    – Es difícil no verlo

    – Si…Yo… eh

    – Ya ya, tranquilo joven, seguro que la cita lo tiene más emocionado de lo normal.

    – Pues ni tanto

    – ¿Como que no? -dijo riendo- ¿acaso no se da cuenta?

    – Si lo noté, es que no es la cita la que me ha puesto así.

    – ¿Entonces jovencito? Que le sucede.

    – Pues me sucede usted.

    Julia se quedó atónita, su boca se quedó cerrada, su mirada no parecía expresar nada, y simplemente se dedicó a seguir su trabajo de la forma más mecánica posible.

    A los 15 minutos, ya Andrés estaba listo para la cita, y junto al pagar le ofreció disculpas a Julia.

    – Discúlpeme señora Julia, no debí decir nada, perdone fue una falta de respeto.

    – No no, no me ofende joven, es que ya esas cosas así quedaron en el pasado para mi, ¿entiende? He quedado impactada cuando dijo que semejante problema se debía a mi.

    – Pues pero, ¿por qué?

    – Es que no sé ya ni como solucionar esos problemas, soy una vieja divorciada, mi tiempo pasó.

    – Señora no diga eso, usted está de maravilla, es muy activa, conversadora y atenta.

    – Gracias joven, lo abrazaría pero me da miedo causarle de nuevo el mismo problema.

    – Jeje no se preocupe que no ha desaparecido.

    Julia miró hacia abajo instintivamente y se quedó sorprendida.

    – Que aguante muchacho, la juventud es algo espléndido.

    Pero en serio, ¿como te pones asi por una vieja tonta?

    – Doña Julia no diga eso, ni me pregunte eso, sólo se que pasó esto. – dijo acariciando su entrepierna- es que con esas fechas se le hizo hasta más sencillo-.

    Fue entonces que Julia notó que sólo traía su bata de hace un rato, sus pezones se veían claramente a través de la tela, sus piernas resaltaban y una vez se doblaba todo quedaba al aire.

    – Dios mío, estoy loca, no lo noté.

    – No se preocupe jeje.

    – Ay deja de ser tan pícaro eh, esto no debió pasar.

    – No ha pasado nada aún doña.

    – Si, si pasó, me tienes mirándote la entrepierna, como hipnotizad estoy.

    – No se apene, venga y vea mejor.

    – Que no!! Ay joven, por favor- dijo con miedo-.

    – Julia es usted maravillosa, por favor venga acá.

    Entonces poco a poco se acercaron sus cuerpos, Julia se dejó llevar en los ojos de Andrés y pronto estaban de nuevo en la silla de peluquería, cada quien en sus posiciones correspondientes, el sentado, y ella arrodillada frente a él.

    Andrés no sé contuvo y abrió la cremallera dejando libre su verga de 18cm bien tiesa, ante la cual Julia no pudo hacer más que suspirar.

    Viendo semejante manjar a escasos centímetros suyos, Julia no paraba de relamer sus labios y Andrés que no perdía tiempo comenzó a pajearse para provocar a su víctima

    Cubriendo con su mano toda la verga inició una jalada muy lenta que lo hacía también suspirar y gemir, al pasar unos dos minutos, Julia comenzó a sobar sus tetas y a pellizcar sus pezones mientras observaba el espectáculo.

    Andrés la llamó para que se levantara y una vez la tuvo cerca se decidió a tomar sus tetas y chuparselas.

    – Oh, que rico, Mmm ha pasado mucho desde la última vez – dijo Julia-.

    Andrés continuó su labor y concentrándose bien en ese par de tetas comenzó a darles mordisquitos que enviaban una corriente de placer por todo el cuerpo de esa madurita.

    – Oh oh ooooh coño, siiiii.

    Poco después intercambiaron lugares y mientras se sentaba Andrés le quitó la bata y se fue directo al coño de Julia.

    Un coño bastante peludo, con sabor y olor, embriagador y bien gordito, esto último le hacía mucha gracia, y a la vez lo excitaba pss se veía muy tragón.

    Pronto se encontraba Andrés chupando y metiendo dedo a ese coño y Julia no soportó más.

    – Me vengo me vengo. Me vengo coño.

    Luego de lamer los líquidos de Julia, Andrés espero a que esta recuperará el aliento antes de seguir.

    – Julia quiero cogerte- dijo de un momento a otro-.

    – Hazlo Andrés, lo deseo.

    Andrés tomó nuevamente el asiento, y seguidamente Julia se posicionó encima de él, ensartandose a poco la verga de este, que parecía estar incluso más larga que antes.

    – Poco a poco, por favor, Ay Ay que delicia, eres enorme. Ufffff.

    – Ve a tu ritmo

    Julia comenzó a realizar movimientos leves hacia arriba y hacia abajo, por su parte Andrés chupaba y mordía las tetas de su madura amante, acariciaba su cabello.

    De repente Julia se ensarto de golpe y calló el gemido de placer lo más que pudo.

    – Oooh si, que rico coño tienes.

    Andrés sintió tocar el cielo con esa embestida de Julia y le siguió el ritmo aumentado incluso la intensidad.

    – Ay. Ay Andrés, Ay Ay así, uuf si si si, dame duro aaaah si, si.

    Julia estaba maravillada y seguía aumentando los saltos encima de la verga de Andrés.

    – Asi cariño, uff que rico y calentito está tu coño, Ay ay ay me voy a venir, Ay sii, si si.

    – Si, lléname de leche si si, dale uff dale.

    Andrés explotó dentro de Julia, dejando su coño lleno de leche y haciendo que este goteara.

    – Wuao – dijo él-.

    – Uuuf eso fue… -comenzó ella-.

    – Genial – terminó él-.

    – Quiero más…

    Espero les guste esta primera entrega, gracias por leer.

  • Conociendo a mis compañeros de trabajo

    Conociendo a mis compañeros de trabajo

    Él es un hombre alto, delgado, piel blanca, un cuerpo perfectamente marcado, sin caer en lo exagerado gracias a las horas que pasa en el gimnasio, una voz muy varonil, de esas que hacen que una mujer volteé, catorce años más grande que yo pero muy bien conservado y es muy atractivo.

    Por mi parte mido 1.63, tengo un trasero bastante apetecible, unos senos 36D, cintura ligeramente marcada, unas piernas que me han ganado bastantes piropos ya que están muy bien formadas, soy castaña y me encanta llevar mi cabello suelto y largo.

    El me parecía un hombre un tanto misterioso, de esos con lo que se debe ir con cuidado, pero yo no estaba buscando una relación formal en realidad yo solo quería llevármelo a la cama, ese era mi objetivo y puse manos a la obra de inmediato.

    Éramos unas 230 personas en el área que estábamos nosotros, mi primer paso fue ubicar con que compañeros se llevaba mejor y cuál era el lugar donde él prefería sentarse y una vez que supe esto entable fácilmente amistad con varios de ellos, un día entre la plática salió a la conversación el tipo de música que nos gustaba escuchar y yo mencione que el tipo de música que a mí me gusta no es popular aquí en mi país pero como varios de ellos habían vivido en Estados Unidos supieron a qué tipo de música me refería y aunque no compartían mi gusto musical sabían de que hablaba pero la mejor parte fue que resulto que este hombre compartía mi gusto musical y eso entablo la conexión entre nosotros, nuestras platicas fueron avanzando y yo notaba como su mirada se desviaba continuamente hacia mi escote y mis piernas, cosa que yo aprovechaba pues cuando sabía que tendríamos turno juntos llevaba ropita más sexy y parecía gustarle.

    Después de cosa de uno o dos meses salimos a la misma hora de trabajar y me invito a comer a un centro comercial que queda cerca de donde trabajábamos, me pareció muy bien pues para ser la primer cita sería en un lugar público y así yo no me arriesgaría tanto mientras lo iba conociendo, al final de la centro comercial hay un cine y decidimos entrar a ver una película que recién se había estrenado y que comentaban que era muy recomendable.

    Escogimos unos asientos al centro y un poco arriba aprovechando que era temprano y entre semana a esa hora está muy vacío, la película fue muy bien pero teniéndolo ahí, solos yo no iba a desperdiciar el tiempo verdad?

    Me senté de manera muy sugestiva, cuidando de que el escote de mi blusa le diera muy buena vista de lo que había dentro y por supuesto logré mi objetivo su mirada ya no estaba en la pantalla sino en mí, lo miré con una sonrisa traviesa y estoy segura que mis ojos delataban mi deseo porque él me besó, no fue un beso tierno, fue un beso cargado de pasión de deseo, sin andarse por las ramas sentí sus dedos rozar mi escote y eso me prendió aún más de lo que ya estaba y le di mi aprobación con un suspiro que el comprendió perfectamente e introdujo su mano completamente debajo de mi blusa y mi brassiere, me manoseaba de una manera deliciosa y me sacó un seno y se inclinó para poder llevárselo a la boca, su lengua rozó mi aureola de tono cafecito y yo me estremecí y comenzó a succionar como un bebe hambriento me daba unos ligeros mordiscos que me costaba trabajo no gemir en voz alta pero no debía olvidar donde estábamos y de haber volteado cualquiera de los que estaban varias filas abajo hubieran visto perfectamente lo que sucedía, su mano bajo a mi entre pierna y comenzó a acariciar mi vagina por encima del pantalón mientras me besaba de nuevo, pronto la película llegaría a su fin y tuvimos que acomodarnos la ropa y seguir normal, me pedía que no lo dejará así que tenía una erección muy grande pero no obtendría más de mi esa tarde, quería que me deseará que fuera el, el que buscara el cómo llevarme a la cama, a final de cuentas yo lo deseaba desde un principio pero no se lo haría saber tan pronto.

    Todos los días me enviaba mensajes y me llamaba diciéndome cuanto me deseaba y pronto me invito a pasar una tarde juntos, cerca de nuestro trabajo había varios moteles y solo fue asunto de escoger en donde, escogimos el más alejado para evitar que alguien nos fuera a ver pues era claro para los dos que esto era solo sexo y ya.

    Era una habitación un tanto pequeña pero muy cómoda y bonita, nos tomamos unos minutos para estar cómodos, él puso de la música que nos gusta y yo comencé a bailar sensualmente con una canción que se llama burning it dowm, él estaba parado y mientras me acercaba a él me iba desabrochando la blusa que llevaba botones por la parte de atrás, cuando estuve frente a él me tomó y me pegó a su cuerpo como ya tenía la espalda al descubierto me quito la blusa y me dejó el brassiere, desabrocho mi pantalón y sin soltarme ni dejar de besarme lo bajamos como pudimos, sus manos iban y venían por mi cuerpo, estábamos llenos de pasión no teníamos ni buscábamos romanticismo en ese momento, solo queríamos coger, ya estaba yo solo en ropa interior, un conjunto beige en encaje con un poco de rosa suave mate donde apenas caben mis senos y un cachetero parte del conjunto que combinan perfectamente con mi piel blanca bronceada, el llevo sus manos a la parte baja de mis nalgas e inclinándose un poco colocó sus manos en la parte interior de mis muslos y de un solo movimiento me levantó abriendo mis piernas con las cuales de inmediato puse a los lados de sus caderas y así se dirigió a la cama y me recostó, el, se quedó de pie y mientras me miraba con unos ojos que destilaban deseo, se quitó su playera tipo polo y fue desabrochándose su pantalón no bien había terminado cuando me puse a gatas y me dirigí directo a su verga, la saco viendo mi intención y quedé sorprendida, una verga larga, blanca muy gruesa y la Lamí, él me tomó del cabello y me hizo tragármela toda de un esosteníame la metía y me la sacaba, la tenía muy rica, me encantan las vergas que tienen venitas bien marcadas y el así las tenía, se detuvo y me dejó chupársela a mi gusto, le pase la lengua por todo ese delicioso pedazote de carne, me lo comía cual niña con paleta, la saboreaba, me saco la verga de mi boca y me daba golpecitos con ella en los labios y las mejillas, acuéstate me dijo y con su voz que me encantaba así lo hice, me tomo de las piernas y me acerco a su verga, me vio la vagina y me dijo, ya estas lista para mi chiquilla y me la clavó de un empujón, me tenía las caderas al aire sostenida por sus manos así que así de pie como estaba el controlaba el ritmo de cada metida, mis senos rebotaban con cada estocada, yo gemía y pedía más, sentía con esa verga tan larga me daba bien adentro y rozaba las paredes de mi vagina en esa posición con bastante presión y eso me tenía chorreando de placer, con un movimiento de sus manos ya me tenía boca abajo, me encanta cuando ellos toman en control, quede de rodillas y me la clavó, me dio una nalgada y gemí, me tomo con su mano izquierda del cabello y con la derecha me tomaba de la cadera y me daba de nalgadas así de mojada como estaba me soltó el cabello y me saco su verga me sujetó de la cadera y sin avisar me puso la verga en la entrada de mi culito, llevaba la verga tan empapada de mis jugos que entró sin dificultad pero no quiere decir que no me dolió, yo me intentaba sacar para mitigar el dolor pero él no me lo permitió, seguía metiendo y sacando tan rápido que pronto mis gemidos de dolor se convirtieron en gemidos de placer, si papacito cógeme, métela toda que rico me la das papi y él me decía: si chiquita háblame sucio, Pídeme que te coja, y comenzó a estremecerse y se corrió dentro de mi colita, lo sentía palpitar dentro de mi ano y mi culito también palpitaba, se quedó un rato dentro de mí y arañaba suavemente mi espalda yo estaba agitada, me la sacó y nos fuimos a dar una ducha.

    Dentro de la ducha me enjabono todo el cuerpo y me introdujo sus dedos en la vagina lo hacía de manera rápida y fuerte, me hizo llegar a un riquísimo orgasmo mientras me sostenía por detrás, terminamos de bañarnos y nos vestimos, habíamos gozado y por fin obtuve lo que había deseado, aún me faltaban compañeros por conocer pero eso no significo que no fuera a gozar un poco más de este hombre que me cogió bastante rico, no había razones para limitarme yo lo que quiero es coger y gozar

    Más adelante les contaré más de como conocí a más de mis compañeros porque me tengo que arreglar para ver a uno de ellos en un par de horas

  • Estefanía pervierte a su tía

    Estefanía pervierte a su tía

    Estefanía estaba en pijama en la sala de su casa sentada al lado de su tío, con la cabeza apoyada en su hombro. Serafín, dormía. Fue cambiando de canal y en uno se encontró con una película de Emmanuel, era Emmanuel 2. La Antivirgen. Ya estaba terminando. Vio como una jovencita besaba al marido de Emmanuel y después la besaba a ella… Metió una mano debajo del pijama y dentro de las bragas. Comenzó a masturbarse viendo aquella escena erótica… La película acabó. No le dio tiempo a correrse. Tenía los pezones duros como piedras y el coño mojado le latía. A su lado tenía al tío, sobando. Le abrió la cremallera y le sacó la verga, flácida. La cogió y la metió en la boca. Poco a poco la verga fue cogiendo cuerpo. Al rato estaba tiesa como un palo. Se iba a sentar sobre la verga de su tío y llegó a la sala su tía Matilda. Vestía un picardías blanco de seda, que transparentaba sus grandes tetas y la gran mata de pelo negro que rodeaba su coño. No llevaba bragas ni sujetador. Le puso el coño en la boca, al pasarle la legua sintió que estaba empapado. Le preguntó:

    -¿Que has estado haciendo, tía?

    -Pensado en ti. Quiero volver a correrme en tu boca.

    La bocina de un auto despertó a Estefanía, que estaba echando la siesta. Se tocó el coño. Lo tenía empapado. Se metió dos dedos, y acariciándose las tetas, comenzó a masturbarse pensando en su tío y en su tía… Se sentaba sobre la verga de su tío. La verga entraba hasta el fondo de su coño. Su tía, de rodillas delante de ella lamía su clítoris. Su jugo iba bajando por la verga de su tío hasta empapar sus cojones. Su ojete se abría y se cerraba… La bocina del auto volvió a sonar y la descentró. Estefanía sabía que era su amiga Rita, pero tenía que correrse o estaría todo la tarde y toda la noche del sábado picándole el coño. Oyó la voz de su tía al otro lado de la puerta de su habitación.

    -Levántate, perezosa.

    -Dile a Rita que entre en casa y me espere.

    -¿Qué estás haciendo?

    -Una paja.

    -¿Te ayudo?

    -Ya estoy acabando.

    Matilda entró en la habitación.

    -¿Quieres correrte en mi boca?

    -¿Te gustó mi jugo?

    -Me encantó.

    -Ven.

    Estefanía se destapó, Matilda se metió entre sus piernas. Le quitó las bragas. Pasó la lengua por su coño empapado, y le dijo:

    -Dámela.

    Estefanía frotó el clítoris con cuatro dedos. Matilda metió su lengua en la almeja, y al ratito, sintió como el coño de su sobrina apretaba su lengua y le iba llenando la boca de jugo mientras gemía y temblaba de placer.

    Al acabar se besaron. Estefanía saboreó en la boca de su tía los restos del jugo de su corrida. Después, le dijo:

    -El tío no vuelve de Bruselas hasta el lunes. ¿Quieres hacer un trío esta noche?

    Matilda, ya sentada en el borde de la cama le respondió:

    -No, una cosa son las fantasías y otra la realidad.

    Estefanía acaricio el cabello de su tía.

    -Te lo ibas a pasar muy bien.

    -¿Contigo y con una amiga tuya?

    -Sí, y con dos amigos míos.

    -¡Ni harta de vino!

    -Pues te ibas a correr como nunca te corriste en tu vida.

    -Ya no será la cosa para tanto.

    -No es para tanto, no, es para más. Anímate, mujer.

    Matilda comenzó a ceder.

    -Me da un no sé qué, que se yo.

    -Cuando tengas las dos vergas dentro de ti ya no te lo dará.

    -¿Tienen las pollas grandes?

    -Grandes y gordas.

    -¿Quién sería la otra chica?

    -Rita.

    -¿Es de confianza?

    -Es como una tumba.

    -¿Y ellos?

    -Dos tumbas más.

    -Nunca engañé a tu tío, bueno, contigo, pero eso ya lo sabe.

    Volvió a sonar la bocina del auto de Rita.

    -¿Pasamos una noche loca o no?

    -Pasamos.

    Quince minutos más tarde, iba Rita conduciendo su Fiat 500 Barbie, y le dijo a Estefanía:

    -Estás muy guapa, con esa minifalda roja y esa camiseta blanca, pero cada día tardas más en arreglarte, chica.

    -Me vestí y maquillé en diez minutos.

    -¿Y cómo tardaste tanto?

    -Me pillaste haciendo una paja. Vino mi tía…

    -¡¿Te pilló tu tía masturbándote?!

    -Sí, y me ayudó a correrme.

    -¡¿Cómo?!

    -Cómo va a ser, como me haces tú, comiéndomela.

    -Tú y tú tía. ¡Qué fuerte! ¿Está buena?

    -Buenísima. Sólo la polla de mi tío entró en su coño.

    -¡Quién la pillara!

    -La pillarás está noche.

    -Me acabas de poner cachonda, pero cachonda cachonda. Hazme una paja,

    -La última vez casi nos matamos.

    Rita puso voz de niña mimada.

    -Anda, házmela, cuando me vaya a correr paro en un lado de la carretera.

    Estefanía le levantó la blusa blanca y le comió sus pequeñas tetas. Rita abrió las piernas. Su minifalda verde ya la tenía subida. Le metió la mano dentro de las bragas y comenzó a masturbarla con dos dedos. Rita, le dijo:

    -Bésame.

    Estefanía besó a Rita en el cuello y en los labios. Los coches que venían de frente y las veían besarse flipaban en colores.

    Un cuarto de hora más tarde. Rita ya no podía más. Paró el auto en el arcén, y le dijo:

    -Acaba.

    Estefanía, morreando a Rita, movió los dedos dentro de su coño y en un par de minutos hizo que se corriera como si fuese un río.

    Estaban besándose cuando un guardia civil de tráfico acompañado de una agente les tocó en la ventanilla. Después de que Rita les abriera la ventanilla, las saludó y les dijo:

    -Este no es sitio para besarse, señoritas, pueden causar un accidente.

    Estefanía, mostrándoles el jugo de la corrida de Rita que tenía en la palma de su mano, le respondió.

    -Ya acabó, señor agente.

    El guardia civil y la pareja, una joven morena, de veinte y pocos años, vieron como Estefanía lamía la palma de su mano y la multitud de hilillos de flujo que iban de dedo a dedo hasta dejarla limpia. Le preguntó ella:

    -¿Eso es lo que me imagino?

    -Es mujer, sabe que sí. ¿Hemos cometido alguna infracción?

    La agente, colorada, le respondió:

    -Nada que se pueda demostrar, circulen.

    A las doce y cuarto de la noche…

    Rita, que era morenita, alta, delgadita, de pequeñas tetas, largas piernas y muy hermosa, estaba en la cama besándose con Estefanía. Las dos estaban desnudas.

    Los amigos de Estefanía, Blas y Braulio, que también estaban en pelotas, eran como dos armarios empotrados. Con más músculos que el mismísimo Hércules. Llenos de tatuajes. De un metro ochenta y algo de estatura. Unos treinta años de edad. Tenían la cabeza rapada. Estaban de pie al lado de la cama, Blas detrás de Matilda, agachado pasándole la lengua por el periné y el ano, Braulio, comiéndole las tetas y metiéndole dos dedos en el coño. Al rato, Braulio, le metió la verga en la boca. Matilda, en cuclillas, chupó con ganas. Blas le metió dos dedos en el coño, le buscó el punto G, y metiendo y sacando los dedos a toda hostia hizo que se corriera. El jugo de la corrida le empapó la mano y dejó un pequeño charco en la alfombra… Después, Matilda, chupó las dos vergas. Masturbó una y chupó la otra… Más tarde se inclinó y mientras chupaba la verga de Blas, Blaulio, le folló el coño.

    Al rato, Blas, echó a Matilda boca arriba en la cama. Estefanía y Rita la besaron en la boca con lengua, ahora juntas, ahora por separado…

    Blas le mamó y magreó una teta y la masturbó, Braulio jugó con la otra teta. Luego, Estefanía la siguió besando. Rita, se metió entre sus piernas, y le comió el coño, muy suavemente. Su lengua rozó los labios, el periné, chupó y lamió el clítoris… Poco después, Matilda, entre gemidos, dijo:

    -Me corro, me corro, me corro. ¡¡¡Me cooorro!!!

    Al acabar de correrse Matilda y de apartarse Rita, Blas se la clavó en el coño empapado por la inmensa corrida. Con los besos de Estefanía, el magreo y las mamadas en sus tetas de Braulio y Rita y los chupinazos de la tremenda verga de Blas en su coño, Matilda, al ratito, se volvió a correr, diciendo:

    -¡¡¡Me voy al paraíso!!!

    Cuando Matilda acabó de sacudirse con el placer. Quedó media muerta. Los dos bichos se fueron a por Estefanía y Rita. Las besaron en la boca. Bajaron a las tetas y se las comieron bien comidas. Luego les comieron el coño. Tenían unas lenguas el doble de grandes que sus coños. Cada lametada cubría el culo y el coño. Al rato, Braulio, hizo que Estefanía se pusiese mirando a los pies de la cama, luego se echó boca arriba y la invitó a que subiese, Blas hizo lo mismo con Rita. Las jóvenes comenzaron a meter aquellas vergas. Les entraron apretadísimas. Al rato, Rita miraba como la verga de Braulio entraba y salía mojada del coño de Estefanía y Estefanía miraba como la verga de Blas entraba y salía mojada del coño de Rita. Ver el mete y saca de la otra las excitó aún más. Se volvieron amazonas cabalgando al trote, movieron cada vez más y más rápido sus culos hasta que, Estefanía, desplomándose sobre Braulio, exclamó:

    -¡¡¡Diooos!!

    A la corrida de Estefanía le siguió la de Rita.

    -¡¡¡Me voooy!!

    Matilda, que se estuviera tocando viendo como follaban, ya estaba otra vez caliente como una perra. Cuando Estefanía descabalgó a Braulio y vio salir de su coño el jugo de la corrida, ya no aguantó más, subió ella encima de Braulio y lo cabalgó a lo bestia, buscando su orgasmo. Sintió una mano que la empujaba hacia delante, era la de Blas, lo siguiente que sintió fue una lengua lamiendo su culo, y después entrando y saliendo de él. No tardó la cabeza de la verga de Blas en acariciar el ojete del culo de Matilda. Hizo círculos sobre él. El ojete comenzó a abrirse y cerrarse pidiendo verga, Blas se la dio. Se la dio muy despacito. Estefanía, por un lado, y Rita por el otro, le magreaban las tetas, Blas le lamía la espalda mientras se la metía. A Matilda, que no paraba de gemir, le encantaba.

    -¡Es una sensación maravillosa!

    Estefanía, le dijo:

    -Lo sé, y ya verás cuando te corras.

    Un rato más tarde, dijo Matilda:

    -¡Ay qué me muero, ay que me muero! ¡¡Ay qué me muero!!

    El culo y el coño de Matilda, al correrse, apretaron las vergas de Blas y de Braulio. Era como si les estuvieran pidiendo leche, y le dieron lo que pedían. Matilda, con el coño y el culo lleno de leche, sintió tanto placer que se babeaba. Acabó de correrse y le dio al culo a toda mecha para volverse a correr, en pocos segundos se corrió. Siguió y se volvió a correr, y no siguió porque en su sexto orgasmo de la noche sintió tanto gusto que se quedó sin fuerzas ni para mover el culo.

    Era hora de tomarse un descanso. En la cubitera les esperaban dos botellas de Dom Pérignon del 2016, y en la nevera 250 gramos de caviar.

    Gracias por los comentarios que me habéis mandado en la primera parte, aquí, y en mi correo electrónico.

  • Mi mujer, un travesti y yo (II)

    Mi mujer, un travesti y yo (II)

    Mi mujer ya se encontraba muy excitada, se masturbaba, cuando se acerca a la ventanilla de nuestra camioneta, una travesti de color, con unas tetas inmensas, y debajo de su tapado corto, dejaba ver una tanga que le marcaba un paquete infernal, se acerca a mi mujer y le dice:

    -Parece que esta putita está buscando una buena verga, toca este paquete putita, vas a quererlo toda la noche.

    Mi mujer, me mira, extiende su mano y empieza a sobarle la verga, mientras seguía masturbándose, no podía creer la pija que tenía el travesti, y me dice…

    -papi, llevémoslo, que suba, quiero su pija, quiero que veas como le chupo la pija quiero que veas como me mee semejante vergota en mi culito…

    Sin más, subimos al travesti, que se llama Maira, se acomoda en el asiento junto a mi mujer y me dice:

    -Vas a ver cómo me cojo a la puta de tu mujer, le voy a dar verga por todos lados.

    – mientras coges a mi mujer, yo te voy a dar la mía, te voy a llenar ese culo hermoso de leche!!!

    Mientras íbamos en el auto al hotel, Maira empezó a pajear a mi mujer, mientras le chupaba las tetas, mi mujer empezó a gemir como una verdadera puta, le metió un dedo y luego otro hasta que le metió tres y empezó un mete saca que la hizo venir como un río, largando todos sus jugos, y que Maira se llevó sus dedos a su boca para chuparlos y decir… “que rica conchita tenés, mujer, te voy a hacer acabar como nunca en tu vida…”.

    Llegamos a la habitación, yo tenía la pija dura de ver tan caliente y cachonda a mi mujer, Maira se puso detrás de ella, le apoyo toda su pija, y empezó a pajearla frente a mí, y comenzó a decir…

    – quiero que veas como me voy a coger a tu mujer…  quiero que veas como me chupa tu mujer… le voy a meter toda mi pija por todos lados…

    Mi mujer empezó a jadear con semejante paja, se refregó su culo en la pija de Maira, y le pedía que se lo metiera… “cogeme!! Cogeme!!”.

    La dio vuelta, la arrodillo, saco su inmensa pija de la tanga y se la dio a mamar a mi mujer, que comenzó a chuparla como una loca, nunca me la había chupado a mi así… trataba de tragarse toda esa verga, que media unos 25 centímetros, se ahogaba… pero decía mi mujer…

    – que pija papi, que verga estoy comiendo, te gusta papi verme comer una verga así, te calienta, me encanta esta verga ahh! aahhh!!! La quiero toda, ahhh! ah!!!…

    Continuará.

  • Mi padrastro me hizo su puta

    Mi padrastro me hizo su puta

    Hola, mi nombre es Mónica, bueno ese es mi nombre actual, ahora tengo 25 años, y soy travesti de full, mido 1,74, sin zapatillas; piernas largas frondosas y muy bien torneadas, de busto mido unos 96 cm, de cintura 64, y de culo casi 99; me decidí a salir del closet hace ya casi 4 años, después de muchos conflictos internos decidí mostrarme al mundo tal cual soy y comencé un programa completísimo de tratamiento con hormonas femeninas en inyecciones y fui con un doctor, que me asesoro en que tratamiento de hormonas utilizar, las hormonas terminaron por transformarme en una linda jovencita, muchos amigos íntimos, me ayudaron económicamente con mi transformación, para convertirme en la hermosa mujer que ahora soy; les confieso que aunque ya tomaba hormonas femeninas en pastillas y eso me redujo en mucho mi bello corporal y mi piel se hizo más tierna, y mi psiquis se fue transformando en la de una mujer, me volví mucho más sensible, y mis comportamientos se hicieron más femeninos, sin querer comencé a verles a los hombres el paquete en los pantalones, con total discreción, e incluso empecé a sentir amor por ellos y más deseo sexual pensando en estar en la cama con un hombre de Verdad; después me decidí por hacer cambios más drásticos en mi personalidad, en mi forma de vestir, de caminar y de actuar, decidí depilarme con láser por completo todo mi cuerpo y ahora uso cremas hidratantes todos los días, tengo la piel de una linda beba, , y me siento divina; pero todo eso no lo hice sola, sino que varios hombres preciosos me ayudaron.

    Sin embargo a los 18 años era yo una chica travesti de closet, y aunque me hacia la loca, se me notaba claramente que era yo una chica; pues mis movimientos al caminar eran los de una nenita, con las manitas alzadas, y movimientos delicados; me depilaba casi a diario, y me dejaba el cabello largo y me lo alaciaba con plancha, también me lo pintaba de güera, y me ponía rayitos, y así asistía a la escuela, a veces para fingir un poco me lo recogía, y me hacia una colita de caballo, mis movimientos eran bastante afeminados, y aunque era mi autentica personalidad y trataba con amor a todos en el cole, los hombres de mi escuela constantemente me hacían burla de mi personalidad, pero había otros más que no, incluso parecía gustarles el asunto, y hasta me lanzaban piropos, algunos de ellos muy subidos de tono, que hacían que me ruborizara delante de ellos; y me pusiera nerviosa y excitada, casi inconscientemente, y aun un poco insegura, casi por instinto paraba aún más mis nalgas y caminaba contoneándome insinuantemente, mostrándoles mi cola; ya que mi cuerpo siempre ha sido por naturaleza muy femenino.

    Yo estoy bastante piernuda y nalgona de nacimiento; incluso algunos se atrevían a darme de nalgadas por sorpresa durante el receso, a lo cual no les reclamaba y solo me les quedaba viendo coquetamente, o no faltaba uno que otro más atrevido, que me arrinconaba contra alguna pared, me ponía de espaldas y me restregaba su miembro erguido sobre mis nalgotas, cubiertas apenas por una delgada tela de lino suavecito; sobre todo cuando era educación física y tenía yo que llevar un shortito muy pequeño, y la tela del short era muy delgada, tanto que se me metía entre las nalgas, y por lo cortito, alcanzaba a asomar mis pompis güeras a la vista de todos y de todas, incluyendo a mi maestro de educación física que le gustaba tomarme por la cintura y enseñarme algunos ejercicios de forma individual; creo que yo le gustaba como mujercita por sus miradas libidinosas, incluso varias veces me exentaba de hacer algunos ejercicios por considerarlos demasiado varoniles para mí; en general me trataba como una chica más, lo cual me encantaba, yo me formaba en la fila de las nenas y hacia otro tipo de ejercicios más femeninos, para las piernas y la cola, ya que todas mis amigas eran mujeres.

    El shortito, unos calentadores, tenis, y una camiseta chiquitita; completaban el conjunto, en colores blanco y rosa, el short que yo usaba era como el de las nenas color rosa, los hombres lo llevaban azul marino; el colegio era particular y muy exclusivo, por eso me dejaban andar así; además el director siempre me lanzaba unas miradas muy lujuriosas cada vez que pasaba cerca de él; en lo que respecta a mis calificaciones eran excelentes y siempre fui la nena más aplicada de mi salón, era la que siempre sacaba diez.

    Yo vivía con mi mami que se llama Valeria y mi padrastro Rodrigo, un hombre de unos 48 años que acababa de casarse con mi mami, que tenía cerca de 34 años, nuestras recamaras estaban muy juntitas unas de la otra, y como nuestra casita era muy humilde no había pared entre una y otra, así que durante la noche solo nos separaba una pequeña cortinita que mi mami corría, sin embargo no alcanzaba a cubrir ni por los lados ni por debajo y si yo quería, podía ver con total claridad hacia adentro.

    Mi mami y yo siempre hemos sido muy unidas y eso no era problema, casi todas las noches podía yo escuchar como mi padrastro comenzaba a seducirla, las cosas que le decía doblegándola cual toda una mujer, y como mi mami con mucho amor hacia él; no oponía resistencia alguna y se dejaba ir sometiendo a su voluntad de hombre enérgico, mi mami era sumisa, y yo herede su carácter ya que también soy sumisa, me gustan los hombres dominantes y que me ordenen lo que tengo que hacer en la cama; podía yo ver desde mi cama como Rodrigo con mucho amor y atrevimiento; comenzaba a irle quitando poco a poco la ropa hasta dejarla desnuda a mi vista sin que ellos se dieran cuenta, mi mami es muy blanquita igual que yo y se depila toda menos el pubis el cual lo tiene lleno de pelos chinos y negros; de tal forma que irremediablemente, terminaba yo casi siempre extasiada contemplando como la iba besando y acariciando toda su anatomía, y como la iba masajeando y apelmazando entre sus manotas toscas y varoniles sus rosadas nalgas; palmoteándolas a voluntad de vez en cuando como reclamándolas de su propiedad, le besaba con mucho amor su cuello, con ternura, y lamia sus pezones uno a uno con calma y a veces hasta se los mordisqueaba haciendo que se retorciera del placer lanzando grititos, gemidos y lloriqueos de hembra que me ponían muy excitada y hacían que me identificara con ella; y la envidiaba, fantaseando con que era a mí a la que estaban acariciando con tanto amor, y a la que con mucha dulzura mi hombre estaba a punto de someterme, y ser cogida y protegida por algún hombre tan fuerte como mi padrastro.

    La escena por lo general terminaba con mi mami Valeria en cuatro patas aullando de placer como una loba, con sus rosadas carnes siendo atesoradas por Rodrigo sobre la cama; con su cara sumida entre las cobijas y lloriqueando como toda una hembra cautiva bien sujetada por las caderas por las manos firmes de mi padrastro, y las manitas de mi mami jalando la sabanas desesperada ante las estocadas de su criminal sexual de rutina, con la cara contorsionándose de tanto placer; con el culo en pompa y mi padrastro por atrás bombeándola sin parar y sin respeto alguno profanando su vagina húmeda una y otra vez, haciéndola venir de forma escandalosa en varias ocasiones, y propinándole nalgadas sonoras a diestra y siniestra; alternando su verga entre su vagina y su ano sin pedirle permiso; mientras mi mami le rogaba que se lo hiciera despacito, pero él no le hacía caso , al contrario, parecía calentarle eso aún más; y arreciaba sus embestidas, haciéndola gemir aún más duro; inmediatamente me daba cuenta cuando la penetraba por el ano, por los chillidos que pegaba mi mami Vale, ya que eran mucho más sonoros, lastimeros y quejumbrosos; por ocasiones le sacaba la polla de su ano, y yo podía ver a través del espejo de su tocador como el ano de mi progenitora quedaba completamente abierto por un momento y mi padrastro podía ver hacia adentro de ella sus intestinos hermosamente limpios, su ano se quedaba abierto por varios segundos producto de la dilatación y de la penetración a la que había sido subordinado y luego se cerraba y se abría, femeninamente, y solo para volver a recibir irremediablemente, la estocada de su vigoroso macho cabruno, y de su boca amorosamente femenina, volvían a salir gemidos lastimeros de placer.

    Yo en mi recamara trataba de igualar las posiciones en las que la ponía y rápidamente me desnudaba e iba a ponerme algún baby doll que tuviera en mi cómoda, de preferencia en colores pastel, blanco o rosita; que previamente había tomado del cajón de mi mami Vale, una tanga de hilo dental minúscula, alguna peluca, de larga cabellera también de mi progenitora, pues era muy glamurosa, y comenzaba a masturbarme femeninamente mi minúsculo cli, viéndola como se la cogían, y la nalgueaban con fuerza, ordenándole que se moviera sola hacia la tranca que le perforaba el culo; mientras mi padrastro la llamaba golfa, puta, zorra y otras linduras; sus nalgas estaban marcadas con las manotas toscas de mi padrastro y se veían algo rojas; y mi padrastro iba aumentando el ritmo de las embestidas disfrutando sus gemidos cada vez más fuertes y sonoros; y tal parecía que entre más gemía mi mami, más duro la cogía mi padrastro; mientras, yo extasiada y con mucho candor en mis movimientos me tocaba imaginándome que yo era ella, a la que mi padrastro se estaba cogiendo, generalmente la cogía los días Viernes durante toda la noche, hasta la madrugada, y yo podía escuchar claramente cuantas veces se veía mi mami, durante la noche, pero mi padrastro solamente se venía una o dos veces a lo máximo, mi mami se venía aproximadamente unas seis o siete veces durante una misma noche.

    Cuando comenzaba a gemir, aunque no la estuviera viendo directamente me gustaba imitarla, en la soledad de mi habitación, y note pronto que mis gemidos eran naturalmente iguales a los de ella, lo cual termino por ir reforzando mi conducta y mi verdadera personalidad todas las noches en mi mente y a varios momentos del día muy lentamente en mi imaginación seguía en mi la idea constante de que yo era una nena, y la efigie de que yo realmente había nacido para ser mujer.

    Poco a poco mi psiquis se fue transformando y me fui haciendo una mujer muy romántica en mis gustos, coleccionaba calcomanías de florecitas, de rosas, y de puras cosas femeninas, incluso de vez en cuando compraba revistas de mujeres desnudas, pero solo para identificarme con ellas y copiarme algún look de peinado o maquillaje; a veces imitaba las poses en las que ellas aparecían completamente desnudas y me sacaba fotos en lencería y se las mandaba a mis amigos que tenía por internet; las colocaba en mi ropero, o en mi computadora, y las veía todo el tiempo.

    En mis cajones de ropa, poco a poco fui acumulando más ropita de mujer, alguna de mi mami, y otra más que ya me atrevía yo a ir a comprar sola a algún tianguis de vestidos en la calle o a algún mercado; me gustaba mucho comprar calzones muy femeninos de tipo francés, con tiritas muy altas a los lados que me llegaban por encima de mis caderas y hacían que me viera muy femenina y de distinguido gusto como toda una dama, o de esos llamados culottes tipo francés, a veces me gustaba asistir donde hubiera algún hombre maduro atendiendo, ya que mis comportamientos femeninos, provocaban en los hombres, que me lanzaran unas miradas que me hacían estremecer de excitación, pues me sentía expuesta y descubierta, con mi verdadero rol sexual.

    Finalmente resolví comprarme un kit básico de maquillaje y observando a mi mami como lo hacía comencé a maquillarme por cuenta propia mientras estaba sola en casa.

    Sin embargo la primera vez que me convirtieron en mujer no fue como yo hubiera querido, ya que no hubo romanticismo y amor como yo hubiera deseado, si no que fue muy diferente.

    Como les dije mi mami dormía junto a mí con mi padrastro Rodrigo, el cual era mucho más grande que yo, pues tenía cerca de 48 años, y yo tenía poco tiempo de haber cumplido los 18, el día de mi cumpleaños precisamente poco después de las 12 de la noche, el muy cabrón se emborracho y se fue a meter a mi cama que con el pretexto de darme una felicitación especial; yo intente gritar, pero el muy cabrón de mi padrastro me ordeno que no gritara; mi mami ya estaba dormida en la habitación de junto, y el muy cabrón se metió vestido a mi camita conmigo y con aliento alcohólico, me quito de un jalón mis delgaditas sabanas, y me dejo desnuda y descubierta ante su mirada lasciva; pudiendo contemplarme prácticamente desnuda.

    Se dio cuenta como dormía yo, prácticamente desnuda, solamente con brasiere y tanguita, completamente depilada y con las uñas de los pies bien pintaditas de forma muy femenina; encima llevaba yo apenas una tanguita de mujer de hilo dental con encajes, y arriba un top tipo brasiere, todo en color negro, lo cual hacia un contraste muy glamuroso con mi piel tan blanquita; al sentir su mano pasarse por mis piernas, suavemente, irremediablemente empecé a ronronear como gatita en celo, de puro placer; como intuyendo lo que se venía a continuación,

    -Tu madre ya está dormida putita, así que dime cuál es tu nombre de mujer.

    -Me llamo Mónica, papi, le dije amorosamente a mi padrastro, y haciendo mi voz lo más femeninamente posible.

    ¿Crees que no me he dado cuenta como me espías cuando me baño y cuando me estoy cogiendo a tu madre?; tu naciste para ser mujer y ahora mismo te lo voy a demostrar,

    Al tiempo que su boca áspera y su barba se restregaba por mi boquita carnosa y femenina y podía sentir su calor en mi piel tersa y liviana de mi rostro; como queriéndome lamer mis labios, y poco a poco se fue abriendo camino en mi boquita, introduciendo su lengua con aliento alcohólico.

    Mientras con sus manos me tomaba de la cabellera y tiernamente me obligaba a obedecerlo; mi lengüita no pudo resistirse a tal tentación y comenzó a aceptarle lentamente dentro de mi boca lamiéndola como una gatita aceptando a su señor feudal que lograba conquistarla; pude sentir al mismo tiempo como su mano hacia a un lado mi tanga, y su dedo medio se abría paso entre mis nalgas rosaditas y comenzaba a profanar mi culo lentamente, abriéndose paso con mucha delicadeza, muy suavemente pero sin detenerse, y con mucha decisión, cada vez llegando más profundo, haciéndome emitir suspiros como cualquier fémina; y su otra mano comenzaba a masajear unos de mis pezones, haciendo que estos se empitonaran, tal cual y como se le hace a toda mujer; mi espalda se arqueo y comencé a contorsionarme comenzando a gemir quedito, cual hembra en celo imitando a mi madre; podía sentir hervir mi piel augurando que al parecer mi macho estaba decidido a desvirgarme allí mismo; mi boca termino por fundirse en un beso profundo con mi nuevo amante, y comencé a corresponder a sus caricias como toda mujer llena de amor y pasión, al sentirme invadida por mi maduro guerrero, el cual ya descaradamente manoseaba mis nalgas a diestra y siniestra haciéndome sentir suya.

    Así me fui entregando y me deje que comenzara a despojarme de la poca ropita que llevaba encima; hasta quedar en sus brazos completamente desnuda; saboreando sus labios y sus caricias, como una mujer con su macho, juntos en la cama.

    Mi padrastro Rodrigo avanzaba atiborrándome de caricias encima de mi piel; de forma exasperante comenzando a producir en mí, mis inaugurales gemidos de mujer; descarados como toda una mujer en brama, complaciendo a su hombre en la intimidad de sus habitaciones, mis posaderas albas eran masajeadas con total furor por mi amante y por un momento parecía que ambicionaba besar románticamente toda mi piel.

    Finalmente comenzó a portarse como todo un hombre vigoroso y con decisión me ordeno, ponerme en cuatro patas sobre mi cama individual; al tiempo que inevitablemente hacia que viera mi brasiere y mi calzón tirados en el suelo, recordándome que estaba ya completamente desnuda y descubierta en mi verdadero rol sexual frente a un hombre de Verdad; mientras mis posaderas asumían su posición con el culo en pompa, listas para ser usadas a placer, mi cabello ya algo largo y pintado con mechas güeras, reposaban sobre mi cama; y mi cintura se arqueaba al máximo hacia arriba; dejando mis rosadas nalgas al aire, como esperando ser inauguradas como mujer para servir a su hombre en turno.

    -Para bien las nalgas preciosa, me dijo mientras su enarbolado garrote alcanzaba dimensiones primorosas, cerca de los 25 cm. de largo, y rozaba con su cabezota y su liquido preseminal mis nalgas, listas.

    Trate de voltear la mirada para verlo a la cara, pero con una nalgada en mi nalga izquierda, me respondió con voz firme, como la de un general.

    -Mira hacia el frente puta y para más las nalgas, te voy a hacer mujer de una vez por todas, para que te acuerdes bien de que fue tu propio padrastro quien te estreno como mujer.

    El muy cabrón me hizo parar las nalgas lo más que pude, quedando mi ano rosado y virgen completamente expuesto a su mirada lujuriosa, mientras por un espejo miraba su cara que ya reflejaba una mirada vidriosa, mirándome las nalgas, y mi rosado ano, a su disposición.

    Hábilmente me tomo con su manota tosca y firme mi nalga izquierda y la abrió, para ver mejor mi rosado ano completamente limpiecito y depilado.

    -Estas tan buena y nalgona puta que tengo que abrir tus nalgas para poder verte el culo, ¡pinche puta! preciosa.

    -Se ve que esta aun virgen, y te lo voy a dejar tan abierto, que te vas acordar quien fue tu primer hombre en tu vida mi amor, no te vas a poder sentar en una semana.

    -Mira nomas, te pareces a tu madre, mi preciosa Mónica, pareces toda una cerdita así en cuatro patas y con las nalgas al aire.

    -Voy a ser tu maestro de ceremonias en la cama mija. Dijo al tiempo que me propino otra tremenda nalgada en mi nalga izquierda, logrando que vibrarán las carnes de mi nalgatorio, haciéndome levantar por instinto aún más mi trasero y aullar con un gritito muy femenino y natural.

    -De ahora en adelante quiero que andes en la casa vestida de minifalda y una blusa, y que te maquilles todos los días como toda una mujer, también quiero que le pidas a tu mama, te enseñe a maquillarte perfectamente pero en tonos muy cargados como la prostituta que eres, de ahora en adelante te cogeré cuando se me venga en gana putita.

    -¿Y mi mami que dirá papi?

    -Me vale madres lo que opine a estas nalgas y a las de ella Yo las mantengo, así que las uso cuando me venga en gana putita, serás mi esclava sexual, ¿querías ser mujer, no? ¡Pues eso serás!, dijo al tiempo que me jalaba de mi larga cabellera hacia atrás como queriendo montar a una potranca salvaje; y mi espalda se arqueo al máximo dejando mi cabeza hacia atrás, y mis nalgas levantadas, mientras exhalaba un suspiro muy femenino; y mi cabeza tirada hacia atrás me hacía entender quien mandaba; estaba siendo dominada por mi fuerte mayoral, mis nalgas paradas al máximo, formando una imagen epicúrea de voluptuosidad femenina, al tiempo que me musitaba en la orejita toda clase de obscenidades, y lamia el interior de mis oídos, dejando su saliva en ellos, haciéndome excitarme aún más.

    Inmediatamente sentí como su pene abrió mi ano, con cierta ternura pero con firmeza y decisión, al tiempo que comenzaba con cierto romanticismo, a acariciar mi espalda con sus manos y lamia mi nuca despacito con su lengua, de forma muy romántica, yo me dejaba hacer sintiendo como su pene iba abriendo mis entrañas de forma deliciosa, hasta sentir sus bolas pegadas en mis nalgas, y un aullido lastimero salió de mi boca en una mezcla entre sufrimiento y placer al sentir su verga profanando mi culito, que ya había perdido su virginidad.

    -Gózala putita, esta será tu verga de planta de ahora en adelante, mientras vivas en esta casa.

    Y así comenzó a bombearme lentamente mi indefenso ano, sin parar ; cada vez aumentando la velocidad y haciendo gemir de placer igual que a mi mami, por momentos lo hacía despacito y por momentos con mucha rudeza y fuerte, haciéndome sentir mujer de una vez por todas, y haciéndome perder la poca hombría que aun podía quedarme, ese trato me hacía volverme loca y cada vez me hacía sentir más mujer y más contenta, me estuvo profanando mi culito; durante cerca de media hora, a la vez que gozaba propinándome muchas nalgadas en mi adolorido trasero, e insultándome tal y como lo hacía con mi madre, diciéndome, golfa, puta, zorra, pendeja nenaza, y por momentos me decía al oído que quería hacerme su mujer desde hace mucho tiempo y mezclaba su varonil presencia con un amor genuino dándome besos en la boca sin sacarme su vergota de mi ano, lo que termino por feminizarme aún más y caer rendida a sus pies psíquicamente como una mujer con su marido; y decidí entregarme a él creyéndole todas las cosas que como su hembra me decía.

    Sus insultos no hacían más que excitarme más y hacer que gimiera yo con más devoción hacia mi hombre hermoso; mis gemidos debieron haberlos oído todos mis vecinos, y termine por venirme en más de cuatro veces seguidas unas tras otras; con mis nalgas alzadas y solamente soportadas por la verga de mi padrastro, el cual de ahora en adelante se volvería mi amante.

    Finalmente mi ano acepto la horma de su miembro erguido dentro de mis intestinos con total entrega, y comencé a aullar escandalosamente sin parar, pataleando de placer y arañando las sabanas de mi camita, continuamente y de forma muy femenina; dándole una serenata de gemidos a mi nuevo progenitor.

    De un momento a otro me saco su vergota de mi ano provocando que mi ano se quedara abierto unos segundos, producto de la dilatación a la que fue sometido y sin dudar decidió escupirlo, yéndose su saliva hacia adentro de mis intestinos; y después de observarlo unos segundos, me ordeno arrodillarme en el suelo con mi boca abierta, para recibir su precioso néctar.

    Termino por masturbarse en mi cara rápidamente y término viniéndose en un delicioso orgasmo, bañándome de leche mi maquillada cara, y al final se despidió de mí; dándome una cachetada, sonora, a lo cual lloriquee quedito.

    Riéndose masculinamente termino por escupir también mi cara al tiempo que me decía.

    -Serás mi esclava sexual golfita, y yo seré tu Amo.

    Sola en el piso sudorosa y aun excitada solamente alcance a decirle

    -si precioso.

    Y mi padrastro se marchó a las regaderas de su habitación, sin voltear atrás.

    Dejen sus comentarios a [email protected], espero les haya gustado besos.

  • Juegos de hermanos

    Juegos de hermanos

    Takeru se sentó, dejando que sus piernas se abrieran y tomó un sorbo de su cerveza. No tenía que mirar para saber que los ojos de su venerado hermano estaban puestos en él. Podía sentir el calor de su mirada mientras acariciaba cada centímetro de él. Él gimió bajo la intensidad, queriendo que esas manos persiguieran el calor.

    Deslizó sus dedos debajo del cuello de su camisa, y dejó que sus dedos sintieran el cuero, calentado por el calor de su piel, a pesar de tener una vida sexual muy activa y tener otras cosas, una obsesión y tremenda atención sobre Daisuke, Él era de Yamato, su querido hermano desde que nació, el amor fraterno hacia el, la necesidad de sentir el aire de su hermano mayor en la misma habitación, era lo que queria, quería contacto, piel con piel, y por supuesto, era recíproco.

    Una sonrisa se extendió por sus labios. Él no lo quería de otra manera. Comenzó, sintiendo su teléfono vibrar tan cerca de su dolorida polla. Metió la mano en su bolsillo y lo sacó rápidamente.

    -¡Hola!

    -Sé que sabes que te estoy mirando-. La voz de Yamato envió oleada tras oleada de calor a través de Takeru

    – ¿Qué estás pensando?-. Yamato volvió a decir sonrió con tanta fuerza, Estaba agradecido de que Takeru mirara hacia abajo.

    – En ti, hermanito, tengo muy presente la noche en que jugamos, cuando me cogiste el collar, y me hiciste tuyo

    Yamato gruñó en el oído del telefono de Takeru, este cerró los ojos dejando que ese amor que se estaba creando los consumiera, todo se realizaba con ellos un enfrente del otro y a través de un sensual juego telefónico

    -Dime más-. Yamato exigió, suavemente y Takeru suspiró. Pasó la lengua por sus labios lentamente, dejando que su hermano escuchara la siguiente petición

    -Estoy recordando cuando estaba de rodillas, chupándote en la habitación de ese motel para que nadie nos viera. ¡Dios! Me encanta chuparte, hermanito. Te sientes tan duro y pesado en mi boca. ¡Sabes tan malditamente bien!-. Takeru gimió, queriendo sentir eso ahora. Yamato devolvió su gemido.

    – Te amo yo tambien, pero me siento celoso porque ahora tienes a dos personas mas que te pueden hacer lo que yo no te hago -. Yamato susurró al oído de Takeru otra vez, este podía escuchar el amor, la lujuria y el deseo que contenían esas palabras, y quería llorar. Sabía que era la verdad divina, y lo hacía sentir más poderoso que Dios, simplemente porque era su hermano.

    -Sabes que sigo queriendote mas a tí, ¡Te amo! -. Dijo lujuriosamente, su voz quebrándose. Él apretó sus ojos contra su emoción. Este fue un juego. Estaban jugando. Ahora no era el momento para que cayera a los pies de su hermano mayor despues de tanto tiempo cuando los dos jugaron de forma especial a como lo hacían los demás hermanos, en esa ocasión, Takeru no perdió su virginidad, lo hizo junto a Daisuke pero fué cuando descubrió un tipo de amor nuevo con su hermano del alma, ahora mismo no necesitaba nada ni nada, ahora mismo necesitaba mantenerlo unido y jugar.

    -Sigue adelante-. Yamato animó. Takeru lo oyó tomar su oportunidad. Se movió en el asiento, luchando contra su necesidad de levantar la cabeza, y mirar a Yamato.

    – Recuerdo que bebí mi recompensa, y pensé que era el hombre más afortunado vivo para tenerte-. Sabía que su voz era profunda y grave, exponiendo su lujuria no disimulada por su hermano. Yamato lo hacía débil. Ambos lo sabían; negarlo o tratar de ocultarlo sería una pérdida de tiempo. Así es como era.

    – Recuerdo que me dejaste allí de rodillas en el suelo y alejándote de mí. Te observé mientras hurgabas en tu bolsa, sin saber lo que estabas haciendo. Recuerdo que no podía mirar nada más que ese collar. En tu mano cuando volviste hacia mí -. Los dedos de Takeru regresaron al suave cuero forrado de piel que rodeaba su cuello.

    – Recuerdo que me dijiste cuánto me amas, cuánto me has amado siempre desde que vine a este mundo, y quieres que sea tuyo. Recuerdo cuando dijiste que nunca más quisiste que fuera tocado por nadie más. Querías ser mi único amante por el resto de mi vida-. Takeru se mordió el labio, luchando contra una fuerte ola de emoción.

    -Sentía cada palabra, no olvides que aunque tenga a mi novio tu siempre serás mi hermano del alma, alguien por el que siento algo mas que una relación de hermanos-. Yamato susurró y Takeru podía escuchar la cruda emoción en la voz de su hermano y le dolió mirarlo.

    – Lo sé, recuerdo cuando me pediste que fuera tuyo por el resto de mi vida, y pensé que iba a morir allí mismo. Mi corazón estaba tan lleno, tan completo para ti, todo en mí se rindió ante ti en ese momento. Realmente me convertíste en tu propiedad cuando me rodeaste el cuello con ese collar, mi collar, nuestro collar, nuestro juego secreto

    – Sabes que no fue un trato de ida, ¿verdad? Me convertí en tu mente, alma y cuerpo esa noche también-. La voz de Yamato se rompió, a pesar del hecho de que la mantenía apenas por encima de un susurro. Takeru gimió, dolorido por abrazarlo.

    -Ven -. Yamato le ofreció una mano haciendo que ambos terminaran la conversación especial teléfonica y de la mano salieron a la calle rumbo al automovil

    Al llegar, Yamato se inclinó hacia él mientras abría la puerta, y la abrió para él.

    -Entra

    Takeru subió. Yamato cerró la puerta y caminó alrededor del automóvil. Takeru contuvo la respiración cuando su hermano se metió en el coche junto a él. Tan cerca de él, podía simplemente extender la mano y tocarlo si quisiera.

    – Mira mi mano, me la pusiste tan dura esa noche, siempre serás la primera persona en provocarme una puta erección, desde que naciste, desde la cuna, joder -. Yamato instruyó suavemente. Los ojos de Takeru se fijaron en la mano de su hermano mientras se agarraba los vaqueros.

    – Esa fue la mejor noche de mi vida -. Takeru tragó saliva. Fue la mejor noche de su vida también. Todas las noches desde entonces han sido el cielo recordando el momento.

    Yamato a continuación se desabrochó los pantalones.

    – Necesito que me quites la ganas de sexo que guardo contigo, quiero llevarte de vuelta al motel, y mostrarte cuánto te amo hasta que salga el sol, pero a hora mismo, quiero ir -. Sacó su llorosa polla y Takeru gimió. Su cuerpo inconscientemente se balanceó hacia su hermano mayor

    – Haz que me venga, hazme venir.

    Se inclinó y tomó a Yamato en su boca. La mano de este encontró que estaba en el cabello rubio de Takeru quien estaba ya perdido. Él chupó a Yamato, siguiendo cada instrucción tácita que él dio. Ya se trate de chupetones, y golpes en el pelo o pequeños movimientos con su propio cuerpo, entendía todos y cada uno. Su recompensa era beber el jugo de su hermano.

    -Te quiero mucho-. Dijo Yamato suavemente. Takeru se apartó de él, y acarició su entrepierna, inhalando profundamente su aroma. Yamato acarició su rubio cabello, con adoración y Takeru podía sentir su amor en cada golpe, y eso lo hacía sentir cálido.

    – Te amo, hermanito -. Susurró y Yamato condujo de regreso al motel con Takeru en su regazo. Se detuvo en el estacionamiento y apagó el motor.

    -Estamos aquí-. Yamato anunció. Y Takeru gimió, lamiendo las pequeñas gotas de sudor de la cara de su hermano.

    -Te quiero para mi esta noche detrás de esa puerta cerrada -. Dijo Yamato de nuevo y Takeru lo miró a los ojos. Vio todo lo que le iba a hacer esta noche, allí mismo, mirándolo. Él gimió, a regañadientes, sentándose. Su polla estaba dando a conocer sus necesidades, empujando con fuerza contra sus confines, pero para Takeru solo hacía su tortura aún más dulce.

    Apenas entraron en la habitación cuando Yamato lo empujó contra la pared.Takeru tuvo el tiempo justo para mirarlo a los ojos, antes de que su hermano pateara sus piernas debajo de él con un duro empujón en la parte posterior de sus tobillos, cayó de rodillas y Yamato agarró un puñado de su cabello, sosteniéndolo con fuerza.

    – Quítate toda la ropa y gatea hacia la cama-. Dijo con fuerza, Takeru no se estremeció, le gustó, Yamato se había puesto en modo dominante completo, y maldición si eso no hacía llorar su polla, Yamato era naturalmente dominante, pero cuando tomó el control total de Takeru, era jodidamente brillante y a este no le importaba ser el sumiso de turno, el amaba a su hermano mayor por encima de todas las cosas.

    Obedeció, quitándose todo, incluido su reloj. Lo único que le quedaba era su collar desde que el juego secreto empezó, no es que pudiera quitárselo. Estaba bloqueado, y la llave estaba en una cadena alrededor del cuello de Yamato. Se puso de rodillas y se arrastró hasta la cama.

    – ¿Me quieres en mi estómago o en mi espalda? -. Preguntó, en voz baja. El suelo tembló ligeramente debajo de las rodillas de Takeru cuando Yamato se acercó a él.

    -Espalda

    Obedeció y se subió a la cama boca arriba. Sus ojos vieron las restricciones de cuero que colgaban de la mano de su hermano. Se encontró con sus ojos y puso sus brazos sobre su cabeza. Yamato se quitó los zapatos y se subió a la cima, a horcajadas sobre él.

    – Eres hermoso, mi querido hermano -. Yamato ronroneó. Se inclinó sobre Takeru, asegurando sus muñecas al marco de la cama. Takeru agarró la muñeca de su hermano cuando estaba atandolo, y lo miró inquisitivamente. Yamato le sonrió tristemente.

    – Me sigo preguntando qué he hecho para merecer tu amor-. Admitió, suavemente. El agarre de Takeru en su muñeca se tensó.

    – Lo que hiciste fue amarme, darme el amor que madre y padre jamas me dieron debido al divorcio, yo necesitaba amor y ahí estabas tú-. Dijo, con fuerza. Yamato lo miró profundamente a los ojos.

    -Me diste todo lo que eres bueno, malo, bello y feo. Te amo, Yamato No lo dudes -. El dueño sostuvo sus ojos por unos momentos, y luego asintió.

    – Lo sé, pero a veces pienso que quizás eres demasiado bueno para mí, eso es todo -. Dijo con expresión seria -. Takeru luchó contra sus restricciones, necesitando envolver a su hermano mayor en sus brazos.

    – No soy demasiado bueno para ti, soy perfecto para ti. Somos hermanos compartimos la misma sangre. Eres la otra mitad de mí en todos los sentidos. Dime que lo sabes -. Takeru se puso sus restricciones nuevamente, aunque sabía que era inútil. No iría a ningún lado hasta que Yamato lo dejara ir.

    – Sé que eres mi corazón y mi alma, todo lo que es bueno en mí viene de los lugares dentro de mí donde resides-. Apoyó su cabeza sobre el corazón de Takeru y él sintió como si su pecho acabara encerrado en un agarre vicioso.

    – No me hagas esto, Yamato. No podemos tener una conversación emocional cuando no puedo tocarte. No es justo -. Takeru sintió a Yamato sonreír contra su piel, y comenzó a preguntarse si esto no era parte del plan de su hermano para esta noche. Yamato volvió la cabeza, lamiendo el pezón de Takeru y el gimió de placer y comodidad empujando su cabeza hacia su almohada.

    Quería pedirle a su hermano que liberara sus manos para dejar que lo tocara, pero sabía que no serviría de nada. Yamato tenía otros planes para esta noche, y como siempre, Takeru era incapaz de negarle nada. Tragó saliva, amando la restricción en su garganta causada por el collar. Yamato estaba torturando sus pezones sin piedad, lamiendo, pellizcando y succionando con dulzura.

    – Sé que pretendes hacerme el amor durante horas. Eso no es lo que quiero en este momento -. Yamato levantó su cabeza para mirarlo y Takeru se encontró con su mirada

    – Quiero sentir que estás tan enterrado dentro de mí que olvide en dónde termino y donde empiezas-. Observó los ojos de Yamato oscurecerse de lujuria.

    – Yo también quiero eso -.Yamato susurró y Takeru asintió.

    – Entonces tómalo. Tómame, soy tuyo, hermano, toma lo que quieras de mí, por favor -. Él abrió sus piernas debajo de Yamato y este gimió, escalando en él. Extendió la mano y soltó sus manos

    -Date la vuelta.

    Takeru besó las yemas de sus dedos, y tocó los labios de Yamato depositando su beso allí y luego Yamato besó sus dedos a cambio, y seguidamente Takeru se dio vuelta de costado, de espaldas a Yamato y este cerró la distancia entre ellos rápidamente, acurrucándose en la espalda de Takeru

    -Eres mi hermano pequeño -. Susurró al oído de Takeru y este gimió de placer moviendo la cabeza para permitir que Yamato se ajustara más fuerte contra su cuello.

    – Te tengo completamente, y nunca te dejaré ir-. Volvió a decir, una oleada de calor corrió a través de Takeru cuando escuchó a su hermano desabrocharse el cinturón. Él empujó su culo hacia atrás en una invitación silenciosa.

    -Sentí eso. No puedes esperar para sentirme dentro de ti, ¿verdad? -. Takeru escuchando atentamente los sonidos de su hermano desabrochandsela y sacandosela

    -Quiero dormir en tu interior

    -No creo que deba abrirte -. Dijo retrasando el deseo, y Takeru gimió, empujando su trasero hacia atrás otra vez.

    Sintió la mano de Yamato moviéndose contra él mientras deslizaba su pene. Se movió, empujando y Takeru estaba instantáneamente lleno. Él jadeó ante la repentina intrusión. El brazo de Yamato serpenteó a su alrededor, tirando de él imposiblemente cerca de él. Takeru fue flexible en sus brazos. Yamato podía hacer lo que quisiera con él, no estaba dispuesto a rechazarlo.

    Los dientes de Yamato se hundieron profundamente en el costado de su cuello, rompiendo la piel. Fue un error de Yamato tomar pequeñas cantidades de la sangre de Takeru durante el sexo porque eran hermanos, pero ambos lo sabian y lo disfrutaban, La mano de Yamato sostuvo la cadera de Takeru firme mientras comenzaba a empujarlo lentamente.

    Takeru quería abrirse de par en par a su hermano y hacer que se arrastrara dentro de él. Parecía que no importaba cuán fuerte fuera su vínculo, cuánta sangre y semen pasaron entre ellos; nunca fue suficiente para Takeru. Él siempre anhelaba más. Su vida sexual ya estaba loca. Yamato necesitaba estar dentro de su hermano pequeño, en promedio, cuatro veces al día. Se chuparon el uno al otro cada vez que uno de ellos se ponía duro y Yamato durmió toda la noche en lo más profundo de Takeru, como en los viejos tiempo.

    Takeru estaba totalmente consumido por su hermano.

    Yamato chupó, y lamió la sangre de Takeru y a su vez, se mantuvo quieto por él, dejándolo que se saliera con la suya. La lenta y tortuosa embestida de Yamato hizo que la polla de Takeru llorara constantemente. Yamato gimió, acariciando su cuello, su nariz chocando contra su cuello.

    – Eres mío, te amo. -. Murmuró, manteniendo sus constantes embestidas -. Takeru se empujó contra él, y se movió para estar un poco más debajo

    – Quédate quieto y déjame disfrutarte-. Dijo de nuevo y en voz baja, Takeru gimió, renunciando a lo último de su resistencia.

    -Eso es, déjame tenerte -. Dijo de nuevo lamiendo las diminutas gotitas de sangre.

    El corazón de Takeru sintió que estallaría con todo el amor que sentía. Se mantuvo quieto cuando Yamato tomó todo lo que necesitaba de él, y le devolvió diez veces más con cada toque y suave beso. Los brazos de Yamato a su alrededor se tensaron, dejando que Takeru supiera que se estaba perdiendo en lo que estaba sintiendo, envolvió sus brazos alrededor de los desu hermano, y lo abrazó con fuerza.

    – Muérdeme -. Susurró, Yamato gimió tan cerca de su oreja que envió un escalofrío a Takeru .

    – Quiero que tomes mi sangre otra vez -. El cuerpo de Takeru se sacudió involuntariamente cuando los dientes de su hermano le atravesaron la piel gimió ante la quemadura, antes de relajarse.

    Yamato lamió firmemente la sangre que subía a la superficie de la herida y Takeru apretó su cuello, haciendo que sangrara más. Los empujes de Yamato comenzaron a vacilar, Takeru se empujó con fuerza contra él, y ronroneó cuando sintió la calidez de su hermano fluir hacia él. Yamato lo agarró con fuerza, y le acarició el cuello con la nariz mientras pulsaba su liberación hacia Takeru y este vivió el momento tomando todo lo que tenía que darle.

    Yamato volvió a lamerle el cuello. Takeru gimió, ansiando su propia liberación. Yamat lamió un camino de sangre, hasta el caparazón de la oreja de su hermano

    – Te contuviste, ¿por qué? Porqué no te viniste conmigo? -. Preguntó mordisqueando el lóbulo de la oreja.

    – Porque quiero unirme en tus labios-. Admitió suavemente. ¿Harías eso por mí? -. Los brazos de Yamato aflojaron su agarre, Takeru sintió instantáneamente su pérdida.

    -¿Quieres follarme la boca?

    Sí, quería follar a la boca de su hermano. Sin embargo, la única respuesta que pasó por los labios de Takeru fue un suave gemido. Yamato besó un lado de su rostro, y lentamente se retiró.Takeru se sentía vacío cada maldita vez que hacía eso. El hecho de que él sabía que dentro de una hora Yamato estaría de vuelta dentro de él por la noche ni siquiera ayudó.

    Cuando se dio la vuelta, Yamato estaba de espaldas y Takeru no perdió tiempo trepando por el cuerpo de su hermano descansando en su pecho. Yamat se rió suavemente ante su ansiedad. Takeru levantó su culo y se alineó con la boca de su hermano

    – Te amo -.Susurró. -. Yamato le dio una sonrisa malvada, y en un movimiento practicado, abrió su boca y tiró de la polla de Takeru, este jadeó, sintiendo el calor ardiente de la boca de su hermano, y su lengua se movió por toda la cabeza. Yamato guiñó un ojo, relajándose contra la almohada.

    Takeru consiguió el permiso silencioso de que podía follarlo ahora. Sus caderas se movieron hacia adelante y comenzaron a empujar. Duró menos de una docena de golpes antes de bombear fuertemente por la garganta de Yamato . Las manos de este se agarraron a sus caderas mientras lo bebía todo. Takeru se apartó, deslizándose de entre los labios de su hermano. Le observó a Yamato lamer sus labios, capturando lo última gota.

    -Creo que el pequeño juego de esta noche se fue al diablo -. Dijo sonriendo. Takeru le devolvió la sonrisa.

    -Fue todo por tu culpa-. Volvió a decir y lo miró de forma acusadora. Takeru le dio su mejor mirada inocente y él arqueó una ceja.

    -Sí, tú. Todo lo que hablé de cuando te puse el collar, me sacó el corazón-. Golpeó el culo de Takeru juguetonamente.

    -Sabía que estaba sintiendo todo este amor por ti.

    -¿Estás bajo la creencia de que hay un solo minuto de un día determinado cuando no me siento consumido por mi amor por ti-. Volvió a decir y Takeru inclinó la cabeza hacia un lado, luciendo como disculpándose.

    -No, sé que es lo mismo para ti. Es a veces que consume por completo y me apodera. Te conviertes en mi mundo entero-. Respondió él y Yamato entrecerró sus ojos hacia él.

    -Eso es lo que es eso para mí todo el tiempo -. Su mano se extendió, acariciando la mejilla de su hermano

    -Tú eres mi todo recuerda -. Yamato susurró. Y Takeru suspiró, saliendo de su hermano para estirarse a su lado.

    -Para mí también es así. A veces no puedo controlarlo tan bien como la mayoría de las veces -. Admitió, mirando profundamente a su hermano. Se inclinó y besó a Yamato suavemente, acariciando su boca con su lengua. Yamato gimió debajo de él, enviando olas de calor hacia Takeru Se retiró lentamente, y apoyó su frente contra la de Yamato

    – Dime que siempre seremos esto a espaldas de todos, prometeme por favor que lo que tenemos nunca cambiará -. Dijo Takeru en voz baja, Yamato enredó sus dedos en el cabello de su hermano y lo abrazó con fuerza.

    -No puedo hacer eso, Por supuesto, esto va a cambiar a medida que envejecemos, pero solo cambiará para mejor. Tal vez llegue a amarte más a lo largo de los años, pero nunca podría amarte menos que a ti. Lo hago en este momento, prometo que nunca podríamos ser menos que esto, pero es posible que algún día podamos ser más.

    Takeru cayó contra Yamato, ahogándose en su calor. Su corazón se sentía como si fuera a explotar; su cuerpo simplemente no se sentía lo suficientemente grande como para contener el amor que fluía a través de él. Yamato atizó su cabello, suavizadamente, calmando el fuego que corría por su sangre.

    -Te quiero. No quiero saber ni un minuto de una vida sin ti -. Yamato lo abrazó mientras cedía a sus emociones y miedos. ¡Dios! Yamato lo hizo enloquecer.

    Se acurrucó contra su hermano, descansando su cabeza sobre su corazón, y escuchó los latidos de su corazón mientras lo arrullaba hacia el sueño. Apenas se despertó cuando sintió que Yamato lo ponía de lado y se deslizaba dentro de él.

    – Esta es la única forma en que quiero dormir por el resto de mi vida, tan lejos dentro de ti como físicamente pueda -. Yamato colocó un grupo de besos sobre su cuello, oreja y un lado de su rostro, antes de acomodarse en él, ajustados para la noche. Takeru suspiró. Se sentía completamente poseído. Aquí con su querido hermanito dentro de él abrazándolo fuerte, estaba en casa.

  • Me indujeron a ser esclava (II)

    Me indujeron a ser esclava (II)

    -¡¡¡aaaahhh siiiii!!! ¡¡¡Cógeme duro!!! ¡¡¡que ricooo!!! –dije casi sin respiración.

    -¿Te gusta furcia? ¡¡Vamos, muévete!! No pague 10 Bs.F para yo hacer todo el trabajo, mueve ese culo –PAF!! Una tremenda nalgada me hizo dar un respingo, recordándome que yo solo existía para satisfacer los deseos sexuales de mis folladores. Puse en marcha un frenético movimiento de caderas, aprovechando la posición sexual, en la cual, yo estaba sentada sobre mi macho de turno, o mejor dicho, sobre mi cliente de turno, con mis tetas viendo a su rostro, bamboleándose ambas por los movimientos de mi cuerpo, tanto al ser embestida con total rabia, como por los míos propios, los cuales empezaban en ese instante.

    -Aaahhh siii, este tipo tenía razón, sin duda eres una autentica puta verbenera, te mueves delicioso…

    -Ah, Ah, ah, afff, Mmgghh –era mi respuesta. Su güebo estaba ensartado en mi culo, y yo lo movía lo mejor que podía. Era una puta, si, ya estaba convencida de eso. Y además, lo estaba disfrutando.

    -¡¡aaahhh putaaa me corrooo!! –grito salvajemente, tomando ambas tetas con sus manos, apretándolas muy fuertemente, haciéndome algo de daño, pero que mi instinto masoca se encargaba de convertir en placer. Sentí deliciosamente en mis entrañas el preciado líquido sami espeso, blanquecino y caliente, descargado por el güebo de mi cliente. Una divina sensación me recorrió el cuerpo al sentir su esperma en mi interior.

    Luego de su descarga, me empujo a un lado, quedando el acostado en el viejo colchón que era el único objeto que estaba en esa pequeña habitación de paredes deterioradas, con la pintura desconchada y varias grietas además de filtraciones. El olor a sexo en el lugar era penetrante. Además el colchón, viejo, polvoriento, con algunas roturas, el otro objeto en la habitación era yo.

    Tomo mi cabeza por los pelos, y la dirigió hacia su verga, la cual aún estaba un poco erecta, y bastante húmeda. Se veían goterones de semen mezclado con jugos recorriéndola hasta sus bolas.

    -Dale imbécil, límpialo –me ordeno. Yo obedecí, engullendo ese trozo de deliciosa carne en mi boca, saboreando los restos de jugos mezclados en su superficie. Mi lengua no paro de masajearla en ningún momento, ya sea que estuviera dentro, o fuera de mi boca. Terminado esto, tomo un collar de perra rojo brillante, con una cadena abrochada a él, algo larga. Lo coloco en mi cuello, dejándolo bastante ajustado, tomo la cadena, y me llevo a cuatro patas a una esquina de la habitación, lejos del colchón. En dicha esquina había un aro pegado al piso, por el cual paso la cadena varias veces, acortando la distancia entre mi cuello y el piso, dejándome casi pegada a este. Se colocó de rodillas, y con mi cabello, limpio su güebo de mis babas mezcladas con otros fluidos.

    -Que tengas dulces pesadillas cerda. –me dijo, dándome una fuerte cachetada y una sonora y fuerte palmada en mis nalgas. Se puso de pie, me escupió en la cara, tomo su ropa y se fue de la habitación, dejando la puerta abierta. Dejando ver en sus afueras la fría noche arropando un terreno de matorrales.

    Pero veamos como llegue a este punto.

    (Un mes antes)

    Luego de obedecer lo que vendría siendo la primera «orden oficial» enviada por mí nuevo amo a mi celular, la cual fue desabrocharme los botones de mi blusa para buena parte de mi pecho quedara expuesto, tuve otra clase más, a la cual asistí así, sin abrocharme de nuevo la blusa. Tal parecía ser que él me estaba espiando, y hasta se sabe mi número telefónico, por lo que decidí hacer lo que pensé que él deseaba. Me picaba la curiosidad, ¿cómo pudo saber tanto de mí en una semana? ¿Me siguió hasta mi casa y me espió en todo ese momento hasta que aparecieron mis hermanas? Mis padres no estaban en la ciudad, habían salido de viajes de negocios, menos mal. Aunque lo malo es que ese viaje estaba por terminar, y llegarían muy pronto. Temí por la vida de ellos también, ya que así como pudo espiar a mis hermanas, podría espiarlos a ellos.

    No sabía en qué pensar. Si bien es cierto que me preocupaba mucho por toda la situación, no podía evitar sentir como la lujuria recorría mi cuerpo. El imaginarme las cosas que él me ordenaría hacer, sabiendo que no me podre negar, hizo que mi vagina no tardara en encharcarse. Me reprochaba a mi misma por sentirme así. Disfrute la violación anterior, y ahora al parecer estaba disfrutando de esta nueva situación. No me entendía en ese momento, sabiendo que esas consecuencias de las que «el amo» hablaba en su carta podían ser inmensamente nefastas, y más aún si mis padres se ven implicados. ¿Cómo podía sentirme excitada en un momento tan crítico? Me imagine que jamás lo entendería.

    Termino la clase y fui a mi casa. En una semana no recibí ningún tipo de mensaje de texto, ni nada por el estilo, por parte de «el amo»… o mi amo, como me debía acostumbrar a llamarle. La cosa me extraño bastante. Incluso hasta imagine que solo se trataría de una broma pesada, pero al volver a ver las fotos y el DVD que envió, donde de verdad se veía toda la escena de violación, y más aún, se notaba claramente como yo pedía y pedía más, me apagaba los pensamientos. Una cosa bastante curiosa, es que durante la violación, no divise ninguna cámara en el sitio. Y según se ve, las cámaras estaban dispuestas en varios puntos de todas las habitaciones en las que estuve con él. No se movían, aunque si hacían enfoques y acercamientos, pero jamás se movieron de los ángulos en los que estaban, como si fueran cámaras de seguridad. O por el miedo (y después excitación) no me di cuenta de las cámaras, o estas eran diminutas no las divise. Otra cosa que me pareció evidente es que el violador no actuó solo. Alguien debía estar operando las cámaras. ¿Sería el mendigo? Definitivamente no sabía que pensar.

    Luego de esa semana sin noticias suyas, un día lunes, me llego un SMS, mientras iba en el bus camino a la universidad. «Te quiero en la plaza O’Leary del Silencio, entre las dos fuentes, a las 8 de la mañana». Decidí contestarle «pero tengo una importante evaluación en la universidad, no puedo perderla» cosa que por cierto, era muy cierta. «problema tuyo animal» recibí. «en serio, necesito presentarme a esa evaluación es demasiado importante para mi carrera» le conteste. «perderás más que una evaluación si sigues ladillando. Además, Vi el reloj y eran las 7:28 am. Me baje del bus en la estación del metro de La Yaguara, y tome un tren hasta la estación El Silencio, para luego caminar a la plaza.

    Llegue temprano, la plaza estaba desierta, solo había gente (y poca) en las aceras de las calles que la bordeaban. Esta plaza es la intersección entre tres de las avenidas principales de la ciudad, es pequeña, con dos fuentes. Espere en el medio de esas dos. Mi teléfono en ese momento timbro de nuevo, dando la señal de un nuevo SMS que rezaba «una van negra se estacionara en frente de la plaza. Súbete por las puertas traseras, y ciérralas sin intentar ningún truco». Estuve pendiente y efectivamente a los pocos minutos una van color negro brillante, con vidrios polarizados, se estaciono justo en frente de mi. Me dirigí a la parte de atrás como se me ordeno, abrí las puertas y vi que el interior de la camioneta estaba vacío, sin asientos siquiera. Las puertas traseras no tenían vidrios. Y la cabina del conductor estaba sellada por un panel metálico. Sin muchos preámbulos subí en ella y cerré las puertas, siendo los seguros bajados automáticamente. El interior estaba totalmente oscuro, decidí alumbrar con la luz de la pantalla de mi celular. Estaba bastante asustada. De repente por una pequeña corneta ubicada en el panel de la cabina, sonó la voz de mi amo, el violador.

    -Desnúdate completamente cerda. (mmmm –Se oía una voz alejada, se oía como si estuvieran degustando algo. Era como si una mujer estuviera mamando güebo, me atrevería a decir) No quiero que tengas absolutamente nada puesto, ni siquiera tus joyas. (mmmm) En la parte baja del panel de la cabina veras una gaveta introduce todo allí. Aaahhhh que rico lo mama esta cerda. –sin duda, se lo estaban mamando a mi amo. Obedecí la orden, me quite todo, absolutamente todo lo que llevaba encima., metiéndolo en la gaveta, la cual estaba iluminada por un pequeño bombillo. La cerré y al ratito volvió a abrirse, mostrando un collar de perra con una cadena abrochada. –(mmmm) aahhh así cerda así… ponte el collar puta. –escuche por la corneta. Obedecí, me coloque el collar. La gaveta se cerró, dejándome a oscuras totalmente de nuevo, sin remedio alguno.

    Sentía como la camioneta tomaba curvas fuertes, aceleraba, frenaba, volvía a acelerar, cuando caía en los huecos (si, las vías de aquí parecen la superficie de la luna por la gran cantidad de huecos). Luego de un largo rato, nos detuvimos. De verdad no sé cuánto tiempo estuvimos rodando, había perdido la noción del tiempo. Sentí como se bajaron de la cabina, al oír las puertas abrir y cerrar. Luego de un ratito de calma, de sorpresa comenzaron a sonar fuertes golpes a los lados de la camioneta, la estaban golpeando con algo, no sé con qué, pero lo cierto es que si su objetivo era ponerme nerviosa, más de lo que ya estaba, lo lograron.

    Se abrieron las puertas. Había tres hombres, los tres totalmente encapuchados. Uno de ellos entro, tomo la cadena, y la jalo fuertemente, obligándome a salir. Vi a mi alrededor, estábamos en un galpón, no muy grande. Uno de ellos, si no me equivoco «el amo», le hizo una seña al hombre que tenía la cadena de mi collar en su mano. Caminaron los tres hacia el frente de la camioneta, llevándome casi a rastras tras ellos. Dos de ellos se metieron en la cabina y cerraron las puertas, mientras el que me llevaba mi tirando de la cadena continuo su paso hacia una camilla, parecida a la de las ambulancias, la cual tenía una mesa a un lado con un cajón metálico sobre ella. Me obligo a subir a la camilla, saco su polla del pantalón, y tomándome del cabello dirigió mi rostro hacia ella, a lo que respondí abriendo la boca, y engulléndola. Comenzó a magrear mis tetas, de una manera no muy brusca, pero tampoco suave. Luego de un ratito en esas, me dio dos buenas palmadas en cada pezón, saco su güebo de mi boca y tomándolo con una de sus manos me golpeteo varias veces con ella en la cara, llenándome de mi propia saliva. Me vendo los ojos, tomo mis manos, y las ato a la parte superior de la camilla, por encima de mi cabeza, quedando mis brazos bastante tensados, tanto que no me daba oportunidad ni del más mínimo movimiento. Debo admitir que estaba asustada, muy asustada, pero al igual que cuando fui violada, poco a poco la humedad comenzó a aflorar en mi entrepierna, producto de una excitación que iba en crescendo. A pesar de que esta sensación en esta situación ya no me sorprendía, lo cierto es que me la reprochaba, como cuando fui violada, y como lo he hecho repetidas veces durante todos estos días desde aquella vez. Después de atar mis manos ato mis pies, tensándolos igual que los brazos, dejando mis piernas un poco separadas. No podía hacer el más mínimo movimiento con mis extremidades, y luego de sentir unas correas ajustando mi pecho por encima de mis tetas, y mi vientre, tampoco podía mover el cuerpo.

    Luego de esto sentí que ese hombre masajeo poco a poco todo mi cuerpo, prestando bastante atención a mis zonas erógenas, lo que hizo que la creciente excitación se disparara con increíble rapidez. A los pocos minutos yo ya gemía de placer. Sentí como con dos dedos tomo mi pezón derecho, pellizcándolo suavemente, haciendo que una cálida sensación recorriera mi cuerpo, la cual fue sustituida por un increíble dolor repentino, producto de un fuerte pinchazo en dicho pezón. Pegue un fuerte grito, y sentí que las lágrimas se me salieron. Intente moverme, me preguntaba que pasaba, pero lo único que recibía por respuesta era la sensación de mi pezón siendo atravesado por algo frio. A pesar de mis intentos, no podía moverme para nada, estaba aprisionada. Mi pezón fue atravesado por ese objeto. Me dejo tranquila por unos minutos, hasta que me calme. Luego sentí que en el pezón atravesado aplicaban algo helado, supuse que era una bolsa con hielo. Luego, de sorpresa, el pezón izquierdo paso por el mismo destino que su gemelo derecho, siendo repetida la operación exactamente.

    Ya después de unos minutos de gritos, de dolor y con una bolsa de hielo descansando cada teta, sentí como se colocaban encima de mí. Tocaban mi cuquita, jugaban con ella. Estiraban los labios, los soltaban, masajeaban con mucho cuidado la vulva, lo que causo que mi pequeño botoncito del placer, comúnmente conocido como clítoris, saliera de su pequeño escondite, lo que fue aprovechado por mi verdugo para masajearlo delicadamente, haciéndome gemir cada vez más. Pesar de todo el dolor sentido en mis tetas, de todos los gritos y de la desesperación, la excitación no había bajado, más bien continuaba en aumento, y eso se hizo notar al llegar yo a un brutal orgasmo, producto del delicioso toqueteo al que era sometido mi clítoris. Me corrí entre deliciosos gemidos intercalados con gritos de puro placer. Sentí que un pene, o lo que parecía ser un objeto fálico, al menos, invadió mi cuquita, empezando un relajado mete y saca. Mi clítoris aún era toqueteado, lo que hizo que no tardara en llegar a un segundo orgasmo, más fuerte, más rico que el anterior. Después de semejante orgasmo, el pene o lo que sea que me estuvieran metiendo, estuvo su movimiento, quedando ensartado en mis entrañas, pero el masajeo del clítoris no se detenía. Ya estando a punto de alcanzar el tercer orgasmo, sentí una tremendamente fuerte punzada en mi clítoris. Me quede congelada, privada. No podía respirar, mi boca quedo abierta por unos minutos, mientras sentía como mi clítoris, al igual que mis pezones, era lentamente atravesado por un objeto delgado y frio. El tener mi boca abierta fue aprovechado por mi verdugo, para escupirme directamente en ella. A diferencia de mis pezones, el objeto fue dejado en mi clítoris durante un rato, en el cual el bombeo de lo que sea que tuviera en mi agujero vaginal se reanudara, de manera más frenética.

    Me quitaron las bolsas de hielo de mis tetas, siendo sustituidas por unas fuertes manos que las amasaban a placer. Y no solo las amasaban sino que también las palmeaban de manera fuerte y brusca. Esto hizo que saliera de mi estado de «privación» y comenzara a gemir. Sentía mi clítoris muy extraño, al estar atravesado por dicho objeto, que ya sin duda alguna debía ser una aguja. Y así como sin duda esa era una aguja, también sin duda lo que tenía dentro de mi cuca era una buena verga deleitándose de la suavidad de mis paredes vaginales. Luego de un rato así, sacaron la aguja de mi clítoris, al igual que el pene de mi follador, y colocaron una bolsa de hielo en toda la zona vaginal. Sentí que se pararon junto a mi cabeza. Sin duda ya todo el suplicio había terminado y vendría el momento de la corrida, al menos eso pensé, pero estaba más equivocada que si dijera que 2+2 eran 23445. Tomaron mi cabeza con una mano, me abofetearon en la cara, y atravesaron mi nariz. Ahí sí que sentí como los ojos se me saldrían a pesar de estar aprisionados con la venda. Al igual que mis pezones y mi clítoris, mi nariz fue atravesada por un objeto que se sentía delgado y frio. Aquí si fue un poco más rápido y me colocaron una bolsa de hielo, o al menos era lo que yo suponía que me colocaban. Por último me abrieron la boca con un instrumento metálico (lo supe por su sabor) y sentí como con una pinza atrapaban mi lengua, sacándola y por medio de otro aparato fue aprisionada afuera de mis labios, siéndome imposible meterla nuevamente. Sentí tres pinchazos cerca de la punta, de nuevo con un objeto parecido a los anteriores. Oí un fuerte gemido, y sentí que un liquido caliente caía en mis tetas. Me imagine que mi verdugo se había corrido. Entre lágrimas pensé que ya había sido, pero de nuevo, me equivoque. En la parte superior del ombligo fui nuevamente atravesada.

    Recibí 2 cachetadas más, y luego sentí que en cada agujero recién hecho, colocaban unos piercings, incluyendo en mi lengua. Después de unos minutos, lentamente fui liberada. Al quitarme la venda de mis ojos, me reflejaron en un espejo, donde veía que en mi clítoris y mis pezones tenia ahora unos lindos anillos plateados, al igual que en mi nariz, «a lo toro». En mi ombligo pendía un lindo piercing de cadenita cortita, que sostenía una plaquita diminuta, que rezaba la palabra «PUTA» así, en mayúsculas. Saque mi lengua y tenía tres extraños piercings en la punta, quedando como un triángulo. El que estaba más hacia la punta era un pequeño arito plateado también, y los otros dos, que estaban más adentro y hacia los lados del de la punta eran como unas pepitas plateadas, pequeñas.

    -Seguro que ahora esa lengüita dará más placer que antes jejeje –dijo uno de mis captores, específicamente el que se quedó conmigo en la camilla. No sabía cómo reaccionar ante semejante acto llevado a cabo por estos tipos. Además de los piercings que adornaban mi cuerpo, surcando mis tetas se veía una mancha de líquido blanquecino y espeso, escurriéndose por mis senos gracias a la gravedad. Sin duda alguna, era semen.

    -Muy bien perra, te explicare la temática del juego. –dijo uno de ellos, «el amo» o debería irme acostumbrando llamarlo «mi amo». –Esos aros y piercings, los llevaras puestos en todo momento…

    -Espere amo –le interrumpí– ¿Que pensara mi familia y que pensaran mis amigos de todo esto? Luzco como una cualquiera, no quiero llevar esto piercings, al menos no cuando no esté en su poder.

    -Dudo mucho que estés en posición de exigir condiciones puta imbécil. Puedo arruinar tu vida, y no solo eso, la de tus hermanas también. –En eso saco de sus bolsillos un par de fotos de mi hermana mayor, Silvia, para mi sorpresa, dándose una ducha en el baño de su habitación, en nuestras casa. –Ya me veo gozando del delicioso par de tetas recién operadas de esta cerdita… ¿sabías que se masturba 2 veces en una ducha? Apuesto a que le debe gustar ser violada como tu…

    -No las toques por favor –dije, ya en tono de preocupación y suplica –Hare lo que me ordenes, no diré que no a nada de lo que desees.

    -Por supuesto que no lo harás arrabalera. Pero sabes, sé que no es solo porque quieres a tus hermanas. Sé que no es solo por tu reputación de «señorita decente», que por cierto, de eso tienes muuuy poco. Sé que jamás me dirás que no, más que todo porque en el fondo, lo gozas, lo deseas. Te gusta ser sometida. Te gusta que te den duro. Te gusta que te traten como la ramera gratuita que eres. Y sabes muy bien que llevaras esos piercings orgullosa, porque te excita verte así, te excita saberte puta, sentirte puta, ser una puta. No hace falta ser adivino para saberlo, tu actitud, tus reacciones lo indican. ¿Y si no, explícame porque demonios tienes jugos de tu coño escurriendo por tus entrepiernas?

    Tenía razón. Vi hacia abajo, y estaba mojada. Ok, podía suponerse que era por el terrible orgasmo que me hizo tener su amigo, su secuaz, o lo que sea el tipo que me anillo. Pero yo sabía que esa humedad se debía porque todo esto, en el fondo me gustaba. Y no era necesario ver mi cuca empapada, solo con el sentirme excitada bastaba para saber que él tenía razón. Al parecer el tipo era jodidamente bueno en estos temas de mujeres. Baje la mirada, avergonzada por sentirme descubierta.

    -Jajaja eres fácil de leer putita. –Continuo mi amo -Te avergüenza que te veamos así, te humilla, pero en el fondo esa humillación te gusta. No me engañas cerda, putas como tu he tenido por montones, y se cómo reaccionan, se sus comportamientos. Sé que te gusta ser una puta. Y como te gusta ser una puta, pues, en mis manos, una puta serás. Estos dos amigos míos son tus primeros clientes. Asegúrate de dejarlos muy satisfechos, ya sabes lo que dicen, que si la mercancía es buena, el cliente volverá por mas. Pobre de ti y de tus hermanas si no convences.

    Dicho esto se dirigió a la camioneta, entrando en el lado del conductor. No se podía ver hacia adentro, debido a que los vidrios estaban bastante oscuros. Los otros dos hombres, también encapuchados, se ubicaron a cada lado de mí, y comenzaron a magrearme. Yo con todo lo que estaba ocurriendo, ya iba bastante caliente. Las palabras de mi amo eran ciertas, me fascina ser humillada, y de seguro el llevar estos aretes en mi cuerpo, delante de todos, iba a ser algo que me mantendría con una excitación leve, al menos en un tiempo.

    El que estaba a mi derecha, a quien llamare «verdugo» porque fue quien me abrió todos los agujeros y me cogió al mismo tiempo, comenzó a explorar mi culo, mientras el otro, el que estaba a la izquierda de mí, se entretenía con mi vulva y el anillo de mi clítoris. –Límpiate mi leche de tus tetas escoria –me ordeno el verdugo, orden que acate de inmediato, tomando ambas tetas con mis manos y llevándolas a la boca, para lamerlas lo más que pude, y jugar con mis nuevos adornitos.

    La situación me fue calentando cada vez más y más. El jugueteo al que el hombre que estaba a mi izquierda, el cual pasare a llamar sencillamente como «desconocido», mantenía sometido mi clítoris era divino. Debo admitir que dicho jugueteo ya lo había sentido en varias ocasiones con mis anteriores parejas, pero este se hizo especial por el anillo que adornaba esa zona. Era una experiencia increíblemente deliciosa.

    El verdugo se separó de mí, y se dirigió hacia la mesa con el cajón metálico, del cual saco un pequeño cono anal transparente, mientras yo seguía embebida lamiendo el semen de mis tetas, ahora pasando los dedos por los restos del líquido que quedaban en ellas, y llevándolos a mi boca para degustar tan exquisito manjar. «será mejor que me acostumbre a su sabor, pero no será ningún problema, sabe rico» pensé. Mi verdugo me hizo inclinar mi cuerpo hacia delante, sin flexionar las piernas, las cuales las mantenía ligeramente abiertas. El desconocido saco su verga del pantalón, y aprovechando que estaba un poco inclinada, termino de llevar mi boca para que le practicara una mamada, la cual comencé de manera lenta al principio, dando ligeros y delicados sorbitos en su cabeza, para luego ir aumentando poco a poco la intensidad, y la cantidad de güebo que entraba en mi boca. Mientras le hacia la felación, el verdugo me ordenaba separar mis nalgas con mis manos, cosa que hice sin reparos, ya totalmente dominada por mi puta interior. Me propuse a mi misma darles a estos hombres la mejor ración de sexo de sus vidas.

    Ya con mis nalgas separadas, el verdugo coloco un dedo en mi ano, y poco a poco lo fue introduciendo. Sentía como entraba en mí, y una vez estuvo todo adentro, comenzó a moverlo a los lados, y a girarlo. Esa sensación me hizo estremecer de placer, a pesar de que era un poco doloroso. Mientras esto ocurría, mi nariz estaba pegada a la mata de pelos que cubría el pubis del desconocido, mientras su herramienta estaba en mi boca recibiendo el placer más divino que dicho agujero era capaz de darle, con mi lengua recorriendo su extensión, masajeándolo, e intentando envolverlo. En ese momento, sentí como el verdugo colocaba el cono anal en mi culo, sacando su dedo, momento en el cual abrí más mis nalgas, más aún, si cabe. Solo lo coloco en la entradita, haciendo presión, sin meterlo, y recorriendo con el juguete toda la raja de mi culo. Estuvo un tiempo en esto hasta que comenzó a introducirlo, ni muy lento ni muy rápido. Sentía como mi hoyo anal se iba estirando poco apoco, con los bordes de mi piel pegados al plástico, como intentando impedir la entrada de ese cada vez más grueso invasor, pero sin éxito. No sabría decir cuánto media en su parte más ancha, pero de seguro era más de lo que mi agujerito anal había recibido la vez que fui violada por el amo. Sentí que cada vez más el verdugo ejercía presión, y la cosa empezaba a dolerme, pero dicho dolor me excitaba, me hacía sentir como un simple objeto el cual podrán usar a su antojo. Además de ser humillante sentir que te penetran el culo, al menos para mí. Fue tal la presión que mi agujero término cediendo y tragando todo. Se cerró al instante, para acomodarse al cuello de la base.

    Yo a todas estas, para concentrarme en el trato al que era sometido mi culo, deje de mamar el güebo del desconocido, pero aún estaba todo su miembro dentro de mi boca, la cual mantenía abierta. El desconocido me dio una fuerte cachetada –Sigue la felación, mamagüebo, quiero placer. –me dijo. Accedí a su orden, y me puse manos a la obra, succionando con bastante fuerza ese rico trozo de carne. –Aaaahhhh wow, esta perra tiene un don natural para mamar güebos, aaahhh así puta, chúpalo duro, me gusta, aaaahhhh así cerda, así…dios, se me meterá el pantalón por el culo de lo duro que me lo chupa la puta esta jajajajaja –dijo entre gemidos y carcajadas. Yo continuaba la succión, estaba entregada a su placer. En eso sentí como el verdugo metía su güebo en mi cuca de golpe, sentí que en mis nalgas se estrelló su vientre, para luego separarse y volver a repetir el estrellón, y así sucesivamente, sonando el típico «plap, plap, plap» en cada embestida.

    En ese momento el desconocido tomo mi cabello, formando dos coletas a los lados de mi cabeza, y al igual que hacia el verdugo con mi concha, el comenzó un mete y saca frenético en mi boca, haciendo que mi rostro se estrellara contra su vientre. Se acompasaron el uno con el otro, para hacer el famoso «serrucho» conmigo. Yo estaba súper excitada, me gustaba esto, me fascinaba este trato, este polvazo que estaba recibiendo en ese momento.

    El desconocido cada vez jalaba más duro de mis cabellos, lo que junto con la frenética penetración vaginal, y bucal, hizo que se me saltaran algunas lágrimas. Luego de un rato en esa posición, el verdugo me dejo de penetrar, y el desconocido soltó mis cabellos diciéndome –Puta, sígueme, no te conviene que mi verga salga de tu boca. –orden la cual obedecí, siguiéndolo inclinada hacia delante, con su trozo de carne en mi boca. Me esforcé para que no saliera de mi boca, y afortunadamente no salió. Me hizo agacharme, cerca de una de las paredes del galpón, y con una fuerte embestida de su pelvis, estrello mi cabeza fuertemente contra dicha pared, y con sus manos me la sostuvo allí. Saco su miembro y de nuevo volvió a empalar mi boca fuertemente. En eso llego el verdugo, colocándose a su lado, y metió su verga en mi boca también.

    Allí estaba yo, medio atontada por el golpe, con la calentura a millón por todo lo que me estaban haciendo, y haciendo una doble mamada simultánea. Metieron sus vergas lo más que pudieron en mi boca, hasta casi ahogarme, aunque yo hacía lo más posible por mover mi lengua para darles placer. Justo en ese momento, sentí como ambos al mismo tiempo y para mi sorpresa, comenzaron a soltar un líquido casi en mi garganta, provocando que me ahogara. Al saborearlo bien, era orina, ambos me estaban orinando en la garganta. Poco a poco fueron sacando sus vergas mientras me orinaban, y una vez estuvieron afuera del todo, procedí a toser fuertemente, de verdad que me hicieron tragar una buena cantidad, y casi me ahogan. Ahí me asuste muchísimo. Ellos en tanto, mientras yo tosía, me continuaron bañando en orina durante unos momentos más, para luego dejarme tranquila tirada en el piso cogiendo aire y esperando a que se me pasara un poco la tos.

    Quede en el suelo a cuatro patas. Perdí todo sentido del tiempo y de la dirección. Estaba mi cuerpo entero empapado en orina, totalmente oloroso a ese líquido. Respiraba de manera agitada, nerviosa. Solo oía y a lo lejos, las carcajadas de mis dos folladores, así de ida estaba. La vista la tenía un poco nublada, pero no me impidió ver como uno de ellos, no distinguí bien cual, se colocó en frente de mí, y presionando mis mejillas con una mano, haciendo que mi boca quedara circularmente abierta, metió su verga nuevamente. Oía que me decía algo pero por los nervios y la laguna mental que me provoco el ahogarme, no sabía que era. Poco a poco lo que me decía se empezaba a oír cada vez más claro. Hasta que entendí perfectamente lo que me decía –Límpiamelo cerda asquerosa. –me ordenaba el verdugo. Comencé lentamente la felación, para luego paulatinamente ir de nuevo aumentando los ánimos en la mamada. Luego sentí como el desconocido se ubicaba detrás de mi, tomando la base del cono anal, y, de un solo tirón, lo saco de golpe. No puede evitar pegar un tremendo grito de dolor, medio ahogado por la verga del verdugo.

    El agujero anal me quedo ardiendo fuertemente. –Mierda loco, ya le rompiste el culo… -le dijo el verdugo al desconocido, y prosiguió –Bueno, eso se le curara en poco tiempo. Terminemos acá, que nos debemos ir.

    -Si… terminemos. –le contesto el desconocido.

    Fui empalada nuevamente por el culo. La sensación fue de dolor y de incomodidad. El desconocido me dio una fuerte nalgada, ordenándome que me moviera, lo cual hice poco a poco. El me espoleaba cada vez más con una serie de fuertes nalgadas, y lograba su objetivo, hasta el punto en el que ya me movía deliciosamente para él y su amigo, el verdugo, quien aún seguía disfrutando de mi boca.

    Estuvimos así un tiempo, en el cual por la fuerte humillación y el constante dolor de mi culo, tuve una serie de orgasmos deliciosos. Ahí ya había comprendido que yo era una masoquista nata, y que el dolor y sufrimiento de ciertas partes de mi cuerpo, me provocaba un inmenso placer. Luego de esto, me sacaron sus vergas de los orificios y me llevaron tomada por los pelos hacia la mesa con el cajón, el cual fue retirado y colocado encima de la camilla. La superficie de la mesa, tenía un agujero en el centro que el cajón metálico ocultaba. Dicha superficie fue divida en dos mitades retirando una de las piezas, con el hueco dividido también por la mitad. Me colocaron agachada sobre la punta de mis pies, en el centro de la mesa, con el cuello apoyado en la media luna que quedaba en la mitad, y colocaron la otra mitad retirada en su posición original, quedando mi cabeza sobresaliendo por el hueco central. La mesa en realidad era una variación de un cepo.

    Dada la altura al que estaba mi cabeza, mi posición era bastante incómoda, agachada, en punta de pies, con mi cuerpo bastante erguido. El hueco era del ancho de mi cuello, un poco mayor, pero no me permitía sacar la cabeza. En ese momento, el amo se baja de la camioneta, con una mujer desnuda, bastante bien formadita, de tetas inmensas, visiblemente operadas. La chica tenía el rostro cubierto totalmente por una máscara de látex. Los únicos agujeros que tenía la máscara eran para su nariz, y por arriba, un no muy delgado tubo que parecía ser del mismo material, no muy largo, que terminaba en otro agujero, por el cual salía su cabello, el cual quedaba como una especia de cola de caballo, peinado hacia atrás. Es su cuello, llevaba un collar de perra, con una cadena abrochada, con la cual mi amo la dirigía. Ella quedo a su lado a cuatro patas. El amo paso de su lado, a su trasero, sacando su inmensa verga y metiéndola en el culo de la chica. Después de unas cuatro embestidas, se corrió en ese agujero. Luego fue el verdugo, quien, luego de otras cuatro embestidas, también se corrió, y por último, el desconocido repitió la operación.

    Mi amo luego tomo la cadena, y la dirigió hacia la mesa. Allí la subió encima de la superficie y la hizo sentarse de lleno en mi cara. Me restregó su culo y su coño un buen ratito, y sentí como su culo llenaba mi rostro con la esperma de los tres machos. Por último, se me ordeno chuparle bien el culo a la chica, cosa que hice sin vacilar, excitada por todo esto. Succione lo más fuerte que pude, quería que no quedara la más mínima gota de leche de los machos en su culo. Al ratito ella se levantó un poco, y mi amo me ordeno mostrarle la leche en mi boca, cosa que hice con el placer dibujado en mi rostro. Me ordeno tragarlo y así lo hice.

    -¿Te gusto el manjar perra? –me pregunto mi amo

    -Si amo, gracias por este delicioso aperitivo, me gustó muchísimo –le conteste, totalmente emputecida por mi calentura, y entregada, convencida de que esto me había gustado mucho.

    -Bien puta, termina de lamerle el culo a la guarra esta –me ordeno mientras hacía que la chica se agachara de nuevo sobre mi cara. Obedecí su orden, lamí cada rastro de fluidos del culo de la chica. Una vez terminado el trabajo, mi amo la bajo de la mesa, y la llevo de nuevo a la camioneta.

    Acto seguido, de una de las paredes del galpón, tomo una manguera que estaba allí enrollada, y abrió el grifo. La manguera tenía una pistola de agua con un sistema de riego en la punta, con la cual mi amo me disparo el agua a la más fuerte presión. Sentía como si en mi cuerpo se estrellaran diminutas puyitas, y tuve un delicioso orgasmo cuando el chorro fue dirigido a mi cuquita. Dio una vuelta alrededor de mi, limpiando todo mi cuerpo de la orina de los otros dos machos. Acerco varias veces la pistola de agua con el sistema a mis genitales, haciéndome sentir una deliciosa pero a la vez torturante sensación de placer, en especial en mi culo, lacerado por semejante maltrato que había recibido hacia unos minutos.

    -Listo. –Dijo mi amo, cerrando el chorro –Ya terminamos de limpiarte. Me gusta que mis putas sean bien aseadas al momento de atender clientes importantes, así que procura aplicarte enemas periódicamente. ¿Entendido?

    -Si amo. –respondí, sumisamente.

    Los tres hombres se introdujeron en la camioneta. Mi amo saco por la ventana de su lado toda mi ropa y mis joyas, arrojándolas al piso. –Pronto recibirás nuevas órdenes, las cuales deberás cumplirlas con la mayor de las diligencias y con el mejor de tus esfuerzos ¿entendiste bastarda? –me dijo.

    -Si amo, todo será como ordene –respondí de manera sumisa. Ya estaba convencida de que no tenía escapatoria, que entre mi estúpido comportamiento de guarra y la destreza del amo, no podría salir de esto. Lo mejor sería obedecer. Encendieron la camioneta, el desconocido era el que la conducía. Me asuste, pensé que me dejarían allí en esa posición. Cuando mi amo me dijo antes de arrancar:

    -¿Ves porque digo que eres una autentica puta sumisa nacida para ser una esclava sexual? El cepo al que estás sostenida no tiene ningún tipo de seguro, puedes salir de ahí cuando quieras. Suerte al volver a tu casa –al decir esto último, la camioneta se había comenzado a poner en marcha, pisando parte de mi ropa y de mis joyas tiradas en el piso. Me quede sorprendida, y lo cierto es que el tenía razón, yo en ningún momento vi que hayan asegurado el cepo de alguna manera, hubiera podido ponerme de pie y largarme, o al menos dar pelea, o siquiera algún signo de resistencia, pero no lo hice. Que imbécil me sentí en ese momento. Aparte la plancha delantera del cepo y me puse de pie. Me dirigí hacia donde está mi ropa tirada, y toda sucia además. Note que algunas piezas estaban húmedas, al olerlas, era jugo vaginal. Sin duda eran jugos de la pobre chica que ellos tenían.

    Me vestí como pude. Mi aspecto era auténticamente deplorable. Revise en mi bolso, y el interior estaba todo escupido y lleno de semen. En el celular vi que tenía un SMS de mi amo. «puta, mañana a las 3 de la tarde te quiero en el Hotel Vegas ubicado en la av. Baralt. No llegues tarde, o…» ahí terminaba.

    Me fui a mi casa, nuevamente agarre un taxi. Aunque esta vez el conductor no dijo nada sobre mi pobre aspecto. Llegue a mi hogar, mi hermana menor, Sara, estaba en la casa, como siempre, metida en su habitación, en su computadora, chateando. Subí a la mía y me metí a bañar al instante. En la ducha fui recapitulando todo lo ocurrido en el día, y termine haciéndome un dedo delicioso, terminándolo con un brutal orgasmo. El resto del día transcurrió casi normal, si no fuera porque me costaba un poco sentarme, dado que mi culo seguía sentido por la extracción tan brusca del cono anal.

    Al día siguiente fui al hotel Vega, u hotel de mala muerte, como para echar un «rapidin». Entre y por orden de mi amo vía SMS dije en la recepción que yo era esperada en la habitación número 14. Me condujeron al sitio, y para mi sorpresa estaba un chico de unos 18 años. –Eres Noelia? –me pregunto, a lo que asentí.

    -Bien… ven aquí putita, me dijeron que eras una maravilla en la cama, aunque a juzgar por el precio pues no me parece mucho…aunque bueno, tu chulo me ha dado unas putas muy buenas por el mismo precio, a ver qué ofreces…

    No lo podía creer, cuando el amo había dicho que haría de mí una puta, lo decía literalmente. Me había alquilado a un chico. Y no sería el único, de eso estaba segura. Ahí, a pesar de sentirme totalmente ultrajada por la situación, la excitación comenzó a subir poco a poco de nuevo, lo que en cierta manera me llevo a comenzar a quitarme la ropa de manera sensual para él, mi cliente…

    Así fue pasando el tiempo. Todos los días tenía un cliente nuevo. Cada día que pasaba, me iba acostumbrando a mi condición de puta, y todos los días iba en cierta manera excitándome con más facilidad ante aquellos clientes desconocidos, y accedía sin muchos regañadientes a sus deseos… como dijo mi amo, si la mercancía es buena, el cliente volverá a por mas…y tenía razón, varios repitieron…

    (Un mes después)

    -¡¡¡aaaahhh siiiii!!! ¡¡¡Cógeme duro!!! ¡¡¡qué ricooo!!! –dije casi sin respiración.

    -¿Te gusta furcia? ¡¡Vamos, muévete!! No pague 10 Bs.F para yo hacer todo el trabajo, mueve ese culo –PAF!! Una tremenda nalgada me hizo dar un respingo, recordándome que yo solo existía para satisfacer los deseos sexuales de mis folladores. Puse en marcha un frenético movimiento de caderas, aprovechando la posición sexual, en la cual, yo estaba sentada sobre mi macho de turno, o mejor dicho, sobre mi cliente de turno, con mis tetas viendo a su rostro, bamboleándose ambas por los movimientos de mi cuerpo, tanto al ser embestida con total rabia, como por los míos propios, los cuales empezaban en ese instante.

    -Aaahhh siiii, este tipo tenía razón, sin duda eres una autentica puta verbenera, te mueves delicioso…

    -Ah, Ah, ah, afff, MmGGhh –era mi respuesta. Su güebo estaba ensartado en mi culo, y yo lo movía lo mejor que podía. Era una puta, si, ya estaba convencida de eso. Y además, lo estaba disfrutando.

    -¡¡aaaahhh putaaaaa me corrooo!! –grito salvajemente, tomando ambas tetas con sus manos, apretándolas muy fuertemente, haciéndome algo de daño, pero que mi instinto masoca se encargaba de convertir en placer. Sentí deliciosamente en mis entrañas el preciado líquido sami espeso, blanquecino y caliente, descargado por el güebo de mi cliente. Una divina sensación me recorrió el cuerpo al sentir su esperma en mi interior.

    Luego de su descarga, me empujo a un lado, quedando el acostado en el viejo colchón que era el único objeto que estaba en esa pequeña habitación de paredes deterioradas, con la pintura desconchada y varias grietas además de filtraciones. El olor a sexo en el lugar era penetrante. Además el colchón, viejo, polvoriento, con algunas roturas, el otro objeto en la habitación era yo.

    Tomo mi cabeza por los pelos, y la dirigió hacia su verga, la cual aun estaba un poco erecta, y bastante húmeda. Se veían goterones de semen mezclado con jugos recorriéndola hasta sus bolas.

    -Dale imbécil, límpialo –me ordeno. Yo obedecí, engullendo ese trozo de deliciosa carne en mi boca, saboreando los restos de jugos mezclados en su superficie. Mi lengua no paro de masajearla en ningún momento, ya sea que estuviera dentro, o fuera de mi boca. Terminado esto, tomo un collar de perra rojo brillante, con una cadena abrochada a él, algo larga. Lo coloco en mi cuello, dejándolo bastante ajustado, tomo la cadena, y me llevo a cuatro patas a una esquina de la habitación, lejos del colchón. En dicha esquina había un aro pegado al piso, por el cual paso la cadena varias veces, acortando la distancia entre mi cuello y el piso, dejándome casi pegada a este. Se colocó de rodillas, y con mi cabello, limpio su güebo de mis babas mezcladas con otros fluidos.

    -Que tengas dulces pesadillas cerda. –me dijo, dándome una fuerte cachetada y una sonora y fuerte palmada en mis nalgas. Se puso de pie, me escupió en la cara, tomo su ropa y se fue de la habitación, dejando la puerta abierta. Dejando ver en sus afueras la fría noche arropando un terreno de matorrales. Estaba en un pequeño ranchito, en medio de la nada, antes de llegar a la Colonia Tovar, un pueblo que queda un poco más allá de mi casa, en la misma vía hacia esta.

    En ese momento, por la puerta entro otro hombre. Mi siguiente cliente. Cerro tras de sí la puerta, y me apunto con una manguera que traía en su mano y la cual venía desde afuera, pasando por debajo de la puerta, por una ranura entre el piso y esta… Acciono la pistola de presión del agua, y me limpio. Se dirigió hacia mí, y me soltó la cadena.

    -Ya era hora, esperaba con ansias mi turno, la próxima vez vendré más temprano perra, para cogerte de primero, y no de decimo como hoy. Así tendrás tus agujeros más cerraditos para mí.

    -Eso no importa guapo, soy estrecha, ven papito, a esta putita no le gusta mucho hablar, sino hacer gozar…-le dije, en tono meloso, y totalmente excitada por la situación. Me acostumbre a ser una puta barata, aunque así era como los clientes me veían, porque en realidad yo era gratuita, mi amo era el que se llevaba todas las ganancias. Me puse manos a la obra con mi nuevo cliente.

    Así pasaron unos dos meses… yo siendo prostituida por mi amo, un límite que me hizo quebrar, ya que de pasar a reprocharme el que me gustara, ahora hasta lo deseaba… aun así, durante todo ese tiempo, mi amo nunca me paro de mostrarme videos míos en mis momentos de excitación plena, sometida y humillada, y deseando más, además de nuevas fotos de mis hermanas, y recordándome que si rompía sus deseos sagrados, ellas verían las consecuencias, al igual que mi reputación de señorita decente, aunque esta ya daba paso a una más grande y fuerte: la de una de las mejores putas del país, además de una de las más baratonas… ¿que seguiría ahora?

  • La violación de Agustina y Ezequiel (Parte 1)

    La violación de Agustina y Ezequiel (Parte 1)

    Habia sido una gran idea que sus padres alquilaran esa casa en el balneario, pensaba Agustina, que disfrutaba sus vacaciones yendo a la playa donde se bañaba y jugaba con sus amigas al volley y luego descansaba en la comodidad de esa casa, un poco retirada del centro comercial, en un barrio bastante solitario.La casa estaba rodeada de pinos que proporcionaban buena sombra y Agustina gozaba de pasar las tardes en el jardin, leyendo o escuchando musica.

    Su hermano Ezequiel, dos años menor que Agustina, que tenia veinte, tambien se alegraba de pasar sus vacaciones lejos de la ciudad en ese lindo balneario y aunque era mas retraido que su hermana, le encantaba bañarse temprano por la mañana en la playa y pasar el resto del dia en el jardin. Despues de un año intenso con los estudios, unas vacaciones en la playa eran muy bienvenidas.

    Los dos hermanos tenian fisicos atractivos, ambos eran rubios, mas notable en el caso de Agustina que se dejaba largo el cabello lo que le daba un aire de adolescente que sus curvas desmentian, sus piernas estan bien formadas por el ejercicio y su juventud. Su hermano tambien tiene un cuerpo armonico aunque no es tan proclive a hacer ejercicio igual se mantiene en forma y se alimenta, como su hermana, de manera muy sana.

    Esa tarde casi noche nefasta para los dos hermanitos, que iban a ser violados salvajemente, sus padres concurren a un asado en casa de amigos en un lugar alejado por lo que antes de irse, su padre les dice «Vamos a llegar tarde, asi que ustedes no nos esperen despiertos acuestense temprano» a lo que Agustina contesta que no se preocupen, que disfruten su reunion que ellos van a estar bien.

    Al irse en su vehiculo los padres de los chicos, ellos no podian saber que estaban siendo acechados, desde una loma cercana por tres mal entrazados individuos. Dos eran morenos corpulentos, uno tenia una cicatriz en su cara que le daba un aspecto mas siniestro y el tercero era el mayor de los tres, un tipo grande, encorvado que parecia ser el jefe.

    Dijo el mas viejo «Bueno esperamos 10 minutos y les caemos a esos pendejos por sorpresa, buscamos todo lo que haya de valor y nos vamos»

    «Bueno pero esos dos pendejos estan muy buenos como para no culearlos, la pendejita me tiene caliente» dijo uno de los morenos y agrego el otro, el de la cicatriz «A mi dejame el pendejo, tiene un culo y unas piernas que me tienen loco»

    El viejo dijo «Bueno, el pendejo es para Rolo y la chica para nosotros» dijo mirando al otro moreno «Pero no podemos estar mucho tiempo, pueden volver los viejos» a lo que los otros asintieron y se pusieron a esperar.

    Transcurrido el tiempo los tres forajidos se desplazaron, al amparo que les proporcionaban la oscuridad de la noche y los arboles circundantes hacia el jardin de la casa, donde se dispusieron a forzar la puerta de entrada trasera para asi ingresar al interior.

    Mientras tanto, Agustina estaba sentada en el living, con los auriculares puestos escuchando musica. Tenia un corto short de jean que le tapaba muy poco y un top que le dejaba el ombligo al aire y estaba descalza, como le gustaba estar dentro de su casa.

    No sintio ningun ruido cuando la puerta que comunicaba con el jardin se abrio dando paso a los delincuentes. A todo esto, en su cuarto Ezequiel tambien tenia sus auriculares puestos y estaba concentrado en su celular. Solo tenia puesto un corto boxer y, como su hermana, le gustaba estar descalzo.

    Los tres malvivientes se asomaron al living viendo lo concentrada que estaba la chica y a la seña del mas viejo irrumpieron y en pocos segundos cayeron sobre Agustina, que no tuvo ni tiempo de aterrorizarse cuando se sintio agarrada por unos fuertes y morenos brazos mientras una mano le tapaba la boca…

    El mas viejo, el que le tapaba la boca, hizo una seña al otro moreno señalando el pasillo y el negro se dirigio a buscar al muchacho.

    En la primera puerta el moreno vio sentado en la cama al muchacho y en dos segundos cayo sobre el, lo zamarreo de los brazos y tapandole la boca con una mano lo empujo hacia el living. Tampoco tuvo el chico ninguna oportunidad de defenderse por la sorpresa del ataque.

    Ahora estaban todos reunidos en el living los negros sujetando a los chicos y el viejo habia dejado de taparle la boca a la pendeja despues de decirle con voz ronca «ni se te ocurra gritar, ademas no te va a escuchar nadie».

    Agustina estaba aterrada y temblaba de miedo y sabia que era cierto: nadie la iba a escuchar.

    Los tres malvivientes se miraban y miraban sus presas con lujuria, a esa altura ya se habian olvidado que iban a robar. El negro Rolo se moria de ganas de cogerse ese rico culo del muchacho y se frotaba contra las nalgas de Ezequiel, que temblaba de miedo como su hermana.

    El viejo miraba con creciente lujuria como temblaban los pechos de la chica y no pudo evitar estirar sus manos tomando cada uno de los pechos por debajo del top de la chica. El contacto con esas suaves carnes enloquecio al viejo y se pego a la joven tratando de besarla en la boca. Agustina se defendio y trato de liberarse de esas inmundas manos que le frotaban los senos pero el negro a su espalda la sujeto tan fuerte que le dolieron los brazos. El viejo logro meterle la lengua en la boca y chupar los labios y lengua de la chica mientras no dejaba de acariciar las tetas de esa hembrita deliciosa.

    A todo esto Ezequiel miraba aterrado como abusaban de su hermana y a su vez sentia que el negro que lo sujetaba paso a apretarle las dos manos con una sola y con la mano libre le tocaba las piernas y las nalgas.

    Se dio claramente cuenta que esos degenerados los iban a violar.

    El viejo paso a lamer las apetecibles tetas de la chica y le arranco de un tiron el top dejando libres sus pechos. Metio un pezon en su boca y lo chupo y beso mientras la chica se debatia sin suerte, al reves los movimientos de esas tetas lo excitaban cada vez mas

    El negro que sujetaba a Ezequiel estaba cada vez mas caliente y le acariciaba entre las nalgas por encima del boxer y le pasaba un dedo tratando de penetrarlo y le lengueteaba el cuello, el chico sentia el horrible aliento del negro, mezcla de alcohol y descomposicion y sentia ganas de vomitar

    El viejo dijo «vamos al cuarto que no me aguanto» y empezaron a arrastrar a la chica pese a que se resistia hasta el primer dormitorio que encontraron. El negro Rolo los seguia mientras seguia sobando al chico y al entrar le dijo «ahora vas a ver como se cogen a tu hermana » y agrego «y como yo te voy a coger a vos».

    El viejo empezo a quitarle el short a Agustina, que se resistia pero sin suerte, el negro que la sostenia era fuertisimo y la levantaba del piso sin dificultad. El abusador viejo despojo a la chica de su prenda dejandola solo con una tanga blanca que enloquecio a todos los presentes, hasta el negro Rolo que estaba caliente con el chico al ver a la chica solo con esa prenda minima abrio los ojos con lujuria.

    Ya no habria compasion, penso Agustina, fue depositada con violencia en la cama y mientras el viejo caia sobre ella para seguir chupandole los pechos el negro se puso encima de ella inmovilzandola por las piernas, le quito de un tiron la tanga y empezo a chuparle la conchita abriendole desmesuradamente y brutalmente las piernas… La joven ya no se resistia, habia comprendido que era inutil, sentia los chupetones del viejo en sus pechos y la colosal chupada de concha que le hacia alla abajo el otro violador, pero no sentia nada.

    De repente, el negro la toma por los muslos levantandola de la cama y apunta su duro miembro hacia la conchita de la chica y de una sola embestida la penetra. Agustina sintio un dolor agudo y sintio que sin ninguna consideracion el violador la embestia con fuerza, mientras sus pechos eran chupados sin pausa por el viejo, que no cesaba de suspirar y gruñir en sus chupeteos.

    A todo esto, la excitacion del otro moreno era inaguantable, tomo con violencia al chico por los hombros y lo obligo a ponerse boca abajo, al lado de su sufrida hermana, Ezequiel veia como su hermana sufria las embestidas del otro negro mientras le chupaban las tetas. Al mismo tiempo sintio el manoseo en sus nalgas y piernas y no podia moverse porque el violador tenia su cuerpo sobre el, con una mano lo levanto y sintio como algo duro se queria meter en su culo. Quiso resistir pero fue inutil, era muy fuerte el negro y siguio embistiendo hasta que parte de su verga lo penetro, quiso gritar y al mismo tiempo el negro lo embistio con mas fuerza y lo penetro completamente. Empezo a cogerlo sin consideracion mientras al lado el otro negro violaba a su hermana y un viejo degenerado le chupaba las tetas.

    Ezequiel queria llorar, realmente le estaban rompiendo el culo y a su hermana la estaban taladrando sin misericordia.

    El negro que empalaba a su hermana, al cabo de una de sus embestidas rugio de placer y le eyaculo en su interior.

    En pocos minutos el negro que lo empalaba a el tambien rugio de placer y le lleno el culo de leche.

    Por unos minutos, solo se sentian los lenguetazos del viejo que seguia sin pausa acostado sobre los pechos de la chica, que ya no reaccionaba a ningun estimulo.

    Despues de un rato, los tres violadores se fueron, dejando a los dos hermanos tirados en la cama, violados y doloridos.

    Cuando sus padres llegaron y vieron lo que habia ocurrido, hicieron la denuncia pero nunca se supo nada de los tres violadores.

  • Tentación: Ama de casa infiel

    Tentación: Ama de casa infiel

    Hoy te vengo a confesar la primera vez que le fui infiel a mi marido.

    Soy Sole 38 años ojos claros, cabello rojo rizado, de tetas grandes y culo de buena proporción, la mayor parte del tiempo la pasó sola en casa ya que mi marido la pasa en otro estado trabajando.

    Caliente por naturaleza y sé que me encanta explorar mi cuerpo, recuerdo que la primera vez que descubrí la masturbación, lo hice mientras dormía soñaba que aquel maestro de física tocaba mis tetas en crecimiento sentía su aroma mi mano sin pensar se deslizó en mi conchita y fue entonces que le agarre el placer a la masturbación.

    Tengo un par de juguetes los cuales uso cuando estoy caliente y mi esposo no está en casa, ese día estaba en skype con mi esposo llevaba una pijama negra trasparente para provocarlo, me encanta ver su cara de lujuria cuando ve que tomo el dildo y lo empiezo a mamar suavecito.

    El no pierde detalle de mis movimientos… recuerdas cielo como sientes cuando tú polla está en mi boca… le digo mientras meto suavemente el dildo mirándolo en cam me encanta que su mano se desliza a su verga… te gusta cielo

    El no pierde detalle saco el dildo de mi boca y lo deslizó por mis tetas frotándolas haciendo que mis pezones claros se pongan muy duritos aprieto el dildo entre mis tetas… cielo eso te gusta cierto?

    Recuerdas lo que se siente le digo mientras muevo mis tetas apretando el dildo su cara de placer me indicaba que estaba por sacar su verga y masturbarse mientras me veía pero en breve me dice lo siento mi reina tengo que trabajar solo te hablaba para avisarte que irán los de inspección a revisar la casa así que vístete y jugamos por la noche.

    Madres eso me dejo calientísima así que seguí frotando el dildo por mi cuerpo lo pasaba por mis labios mojándolo para poder introducirlo en eso llaman a la puerta me pongo mi panty y mi pijama me dirijo a la puerta y era un chico de algunos 26 o 27 años.

    -Hola soy Jesse y vengo a realizar una Inspección tardaré alrededor de 45 minutos a una hora me dice mientras extiende su mano para saludarme le hago pasar mientras me hace preguntas como de cuantas recámaras es la casa, cuantos baños y cosas así.

    -Le gustaría que empiece por la recámara principal señora?

    -Sole, soy Sole -y le indico hacia donde queda entramos y rayos sobre la cama estaban la lap y los dildos.

    El finge no verlos y entra al baño saca de su caja de herramienta algunos aparatos y comienza su trabajo yo le miro unos segundos y salgo a recoger mis juguetes y cerrar la lap salgo de la recámara.

    Me dirijo a la cocina tomo la jarra para café y al abrir la llave esta avienta un chorro a presión tremendo grito que suelto Jess se acerca atento a ver qué pasaba yo parada frente a la llave muy mojada y con una toalla intentando para el agua.

    Él se acerca presuroso se tira bajo el lavabo y detiene la presión del agua asoma su cabeza y es inevitable que vea por debajo de mi pijama, eso me gusto el sentir como disfrutaba ver mi vagina desnuda cruzo mi pierna de modo de quedar piernas abiertas para él, me reíros un poco para inclinarme a él froto su pantalón preguntándole si está mojado el responde un poco pero no pone resistencia de ser tocado.

    Deslizó mi mano hasta su verga frotándola el sigue trabajando comienzo a desabrochar su jeans meto mi mano puedo sentir su verga la acaricio mientras mi otra mano acaricia mi vagina me deslizó y bajo su bóxer dejando salir su verga mi boca se desliza probándolo el solo gime “umm que rica boca”.

    Chupo despacio metiéndola poco a poco siento como crece mientras mi mano acaricia sus huevos mi boca saborea su verga.

    Comienzo a masturbarle poniéndolo cada vez más duro si verga crece en mi boca volteó a verlo y el disfruta observando como su verga se pierde en mi boca toma mi cabeza y empuja con fuerza haciendo que la trague de golpe estira y empuja.

    J-Quiero comerte Sole vamos a tu habitación.

    Nos ponemos de pie y mientras camino me toma de la espalda quitándome la pijama y besando mi cuello me volteo y nos estamos besando el sabor de sus labios es delicioso, su forma y textura, su tamaño su lengua paseándose sobre la mía sus manos acariciando mi espalda, su pecho que se aprieta contra el mío me estira rumbo a la recámara mientras nos besamos.

    Acaricia mis enormes tetas se prende a chuparlas y acariciar se desliza besando mi cuello se quita su camisa acarició su espalda y beso su cuello el sigue chupando mis tetas el placer que siento aumenta cuando sus dedos recorren mi estómago y mi abdomen para terminar en mi vagina.

    Acaricia mi clítoris suavemente deslizando sus dedos por mis labios, la entrada de mi vagina, yo me estoy volviendo loca cuando el empieza a meter más sus dedos me tumba sobre la cama y se pisa en mi vagina acariciando pasa su boca sutil mente besándola jugando su lengua entre mis labios desliza un dedo provocando que mis fluidos broten y siento la imperiosa necesidad de sentirlo dentro de mí, así que tomo el control de la situación.

    Me levanto me dirijo al baño tomo un condón y maquillo mis labios de un rojo intenso lo tumbo en la cama y me monto, mirándolo coquetamente le beso el cuello recorriendo su suave pecho marcando mis labios en su piel me encanta ver qué no pierde detalle de me movimientos mis manos acarician.

    Mientras le quito los pantalones y la ropa interior. Su pene aparece ante mi hinchado y delicioso me inclino para besar su abdomen y con mi mano acariciar su pene puedo sentir sus latidos y me provoca excitación el sentirlo muy duro dirijo mis labio y beso poco a poco hacia la puntita deslizó suavemente mi lengua disfrutando su sabor “umm estas rico” chupo sus testículos mientras el no pierde detalle de cada movimiento que da mi boca.

    Solo le escucho gemir eso me pone caliente y comienzo a chupar más profundo siento como su pene crece con cada mamada que doy el empuja haciéndome llegar a su garganta suelto unas lágrimas y el más gemidos me pide que pare que quiere sentir mi coñito que lo montara.

    Enseguida me deslizó pasando mis tetas por su pene rozándolas en él un momento para después poner mis enormes tetas en su cara mientras mi coñito entra despacio en su pene “ummm siii, se siente muy rica”, mis movimientos son suaves entrando lentamente “ooumm sii Jesse que rica verga tienes”.

    Mi cuerpo se contonea con más ritmo comienzo a sudar brinquitos en su pene gimiendo en cada embestida.

    Sus manos sobre mis tetas y pasándolas por mi culo “ummm que bien se siente o siii”.

    El esta excitadísimo muerde mis tetas golpea mi nalga con su mano sus labios disfrutan mis tetas siguió entrando u saliendo de su pene mi clítoris se contrae apretando su verga en ella, si siento como mi orgasmo moja su verga dura, él se limita a gemir y decir lo rico que se siente.

    Me pide que me levante él se para me toma de la espalda caminamos juntos y se para frente al espejo comienza a besar mi cuello deslizando sus manos por mis teta acariciándome delicadamente mientras sus labios me recorren.

    Sus manos llegan a mi vagina haciéndola palpitar de nuevo recargo mi cabeza en su hombro disfrutando de lo que Jesse hace umm siii se despega un poco y acerca una silla poniéndola frente a mi vuelve a mi espalda y suavemente lleva mi cuerpo hacia la silla el me pide vea al espejo siempre. Dejándome en una posición donde mi culo queda frente a su pene. Él se pone en cuclillas y comienza a pasar su mano en mi vagina.

    Sentirlo abrirse paso y acariciar mi interior es indescriptiblemente delicioso posa sus labios en mis nalgas la vista del espejo era perfecta ver cada movimiento cara gesto imagino que esa era su intención desliza sus labios por mis nalgas besándolas mordiendo las haciéndome gemir.

    Estimula mi ano despacio lo besa lo lubrica y mete despacio un dedo yo me contraigo el me pide que me relaje introduce despacio para después meter otro yo me quejo pero lo dejo continuar me gusta ver el reflejo en espejo de lo atento que está al masturbar mi culo poniéndome muy caliente mientras sus manos me masturban.

    Pronto comienzo a gemir y a mojar mi vagina siii ese hombre me ponía muy caliente y me gustaba lo que sentía Jesse se levanta y me empuja la cabeza a la silla me levanta tus nalgas “Sole ponte lista para recibirme”.

    Esas palabras me asustaban pero me gustaban separa un poco.

    Las piernas y mira al espejo ahora fueron sus palabras y yo como putita obediente lo hice.

    El desliza su pene por encima lo lubrica muy bien y despacio empieza meterlo a mi cubito yo grito que pare pero no lo hace entra un poco más “auuuhhmm aay umm sii” mis gemidos lo excitaron e imagino que ver mi cara aún más me da una nalgada fuerte y me ordena que me quede como me puso.

    Mete de golpe su verga haciéndome gritar pero poco a poco se sentía mucho mejor sentía como mi culito apretaba esa verga dura el verle al espejo el oírlo uff me hizo escurrir mis piernas mientras él me daba más y más.

    -No pare sigue así Jess cógeme más duro” sentir mi culo abriste fue de las experiencias que Jess dejo en mi siguió metiéndola más y más apretaba mis tetas y sentir como mis bolas rebotaban en mis nalgas “aaa… me corro Sole haa puedo dártelos dentro” pregunto y el escuchar de mi boca el sí hazlo fue lo que hizo que Jess derramara su leche en mi culito… el me ayuda a incorporarme me da un beso y se va al baño a limpiarse y seguir trabajando.

    Así fue la primera de varias veces que Jess pasa a casa a darme mantenimiento.