Autor: admin

  • Caí junto a mi amigo en una tonta trampa

    Caí junto a mi amigo en una tonta trampa

    Bueno una vez más aquí al tanto. Esta historia pasó hace unas semanas. En una de tantas fiestas de las que he asistido solo que está pasó la barrera de la diversión y locura. Días anteriores ya compartían por Instagram la dirección de lo que sería la gran fiesta de un compañero mío, era buena onda, siempre nos la pasábamos hablando de cosas sin sentido. Lo consideraría un gran amigo y compañero al igual que el a mí, siempre hablábamos de las compañeras más buenas que estaban en nuestro salón y en el campus. No había día que no viéramos mujeres porque la universidad era extensa y a pesar de mi trabajo, siempre había día que no saliéramos por unas cuantas cervezas. Los días se acercaban para la fiesta y el en el afán de invitar mucha gente comenzó a invitar gente de otros semestres anteriores, hasta que su sueño “casi” se iba a realizar. Invitar a una de nuevo ingreso a su fiesta privada con el fin de cogérsela, yo lo apoye pues la verdad era muy linda en todos los aspectos. Rubia, de piel clara, con buen cuerpo y lo mejor, con una carita angelical. Yo le di ánimos de invitarla y aun así, cada que trataba de invitarla él la desviaba por miedo.

    Yo le sugerí que si quería tener ese gran cuerpo en una cama el día de su cumple que se aplicará o si no tendría que conformarse con el de su novia pero sabiendo que ella no podría asistir por motivos familiares (según mi amigo) tendría que invitarla si o si así que dimos rienda en acercarnos a ella. A duras penas mi amigo se acercó y yo a un lado de él le hacía segunda, ella nos conoció porque siempre andábamos juntos así que no hubo tanto problema. Mi amigo comenzaba en decirle o insinuarle sobre su cumpleaños hasta que yo le insinué que sería buen detalle que asistiera pues sería en su casa y aparte de la alberca que tiene mi amigo le podría ofrecer que la llevara sana y salva a su casa. Ella en plan de buena onda dijo que le gustaría asistir pues no era de salir los fines de semana pues sus papás eran estrictos en ese sentido cada que salía sola. Yo le sugerí invitar a una amiga y ella acepto es más, nos “la” presento en ese momento, era un homosexual o bueno un “gay” al parecer su mejor amigo. Nos lo presento y nosotros con buena cara volvimos a reiterar la invitación, él dijo que no había problema y si él iba obviamente Ana (la amiga) igual iría. Así que afinamos detalles, le dimos la dirección y a esperar los dos días que quedaban para la fiesta.

    El fin de semana los papás de mi amigo no estarían por eso era el motivo de la fiesta más que su cumpleaños caería el sábado. Casi se arruina el plan porque sus papás habían declinado irse pero terminado yéndose temprano así que la fiesta se adelantó casi en la tarde. A las 2pm vimos cómo comenzaron a llegar las primeras personas, poco a poco el jardín de su casa era toda una euforia y así fueron llegando la típica gente colada. Hombre y mujeres entraban por la parte de su jardín hasta que llegaron compañeros y amigos. La verdad esa vez no tenía ganas de hacer nada más que disfrutar la tarde. Por ahí de las 7pm llego la que sería nuestra anfitriona, la conquista de mi amigo Miguel pero oh sorpresa llegaba con una amiga que todos nos quedamos boquiabiertos. Nos saludó a nosotros y nos pidió que entonáramos juntos los cuatro, yo y mi amigo no sabíamos quién era su amiga así que ahí nos vieran bebiendo muy por afuera de toda la fiesta hasta que Ana nos dijo “¿Si recuerdan a mi amigo de la uní verdad? Pues vino conmigo para tener un poco más de tiempo aquí” “Maldita sea” supongo paso por nuestras mentes. Como era posible que pudimos haber sido engañados por un homosexual aunque a decir verdad ni parecía. Era más mujer que hombre, su vestido ajustado y cabello (o peluca en ese estado) nos habían engañado así que solo lo saludamos y nos reímos de la situación.

    En un momento de saludos nos dispersamos y yo continué bebiendo hasta el punto de terminar algo ebrio. Yo solo me quede con un vaso en mano y le comenté a mi amigo que iría a dormir un rato para bajarme el pedo. Él dijo que sin problemas estaba su cuarto así que me dirigí hacia allá. Solo descanse un rato y cuando me levante me asome a la ventana y vi cómo quedaba un poco de gente a lo cual mi amigo les pedía de favor que se retiraran del jardín pues sus papás estaban a punto de llegar pero yo sabía que llegarían hasta el martes así que pensé “buena estrategia” pues solo quedaba Ana y su amigo o amiga, quién sabe qué era eso.

    Por la ventana veía cómo la tomaba de la mano a ella y su amigo solo estaba sentado hasta que apago la luz del jardín y se dirigió a su casa supongo a la sala. Solo me limite a bajar para ver qué sucedía. Una vez estando ahí vi como Ana estaba hasta el full. Literal, se caía de borracha y su amigo/amiga la trataba de ayudar en sentarla. Mi amigo estaba en las mismas y díganme quién no, después de ingerir tanta cantidad de alcohol. No me dieron ganas ni de acercarme así que solo me limite a observar. Vi como el amigo de Ana (vestido de mujer) pasaba su brazo por la espalda de mi amigo, el de lo ahogado que estaba solo se limitaba a regalarle otra lata de cerveza y este lo aceptaba. Ana entre su alcoholismo igual pedía alcohol y así estaban esos tres hasta que el ambiente comenzó a ponerse algo caliente, quién viera que el amigo que había llevado Ana se había alzado un poco el vestido para proseguir con un “Que calor hace aquí, no hay problema que me quite el vestido” a lo cual mi amigo dijo que no había problema incluso Ana casi casi entre gritos dijo que no había problema, que era buena idea que se lo quitara.

    Ahí vieran al amigo quitándose hacia arriba ese vestido dejando en descubierto su bra y la pequeña tanga blanca que cargaba, les mentiría si les dijera que no me excite a verlo de espaldas pero al pensar que era un hombre mi pene se ponía flácido. Mi amigo ni lo había visto, el con la plática con Ana que apenas y podía pronunciar algunas palabras, hasta que el amigo le dijo “Mira, voltéame a ver, ella ya está dormida” y lo vio y solo quedó pasmado, mencionando que si no fuera hombre si se lo cogería. Esto abrió los ojos de Ana al cien por ciento. Le dijo “Quiero ver si es verdad…” Mi amigo solo le dijo que era una sutil expresión pues sus intenciones eran con ella y no con él a lo cual Ana le dijo que quería ver las ganas que tenía en ese entonces. Solo dijo “Mira, demuéstrame que tantas ganas tienes y veremos qué pasa…” lo decía mientras se desabrochaba sus tacones y se quitaba su blusa para después quitarse todo y quedar igual que su amigo, en una hermosa tanga color rosa y bra color negro. Mi amigo al parecer ya excitado comenzó a quitarse la camisa y pantalón para quedar en bóxer y seguir con un “¿Y qué tengo que hacer…?” Ana solo decía “Excítame que tengo muchas ganas” Al momento de decir solo alzo sus piernas de manera que quedara una postura muy hábil para tocar su parte baja. Yo ya no podía así que decidí bajar y aguarle la pequeña fiesta que tenían. Solo Miguel (mi amigo) me dijo “Wey pensé que te habías ido” y yo le dije que no, solo descansaba un rato pero vi que aquí abajo estaban divertido así que baje” Ana solo sonrío y dijo “Todos quédense en bóxer pero ya” así que yo y Miguel obedecimos, ahí nos tenía con una pequeña erección que casi ni se notaba. Ana solo dijo “Quiero ver los paquetes que se cargan así que bájense el bóxer” obedecimos. Dejamos al aire nuestros miembros y ella al verlo se iluminó su rostro y comenzó a tocarnos con sus manos, yo no sabía ni qué onda y mi amigo tampoco así que solo seguimos en su juego. Ella parecía gustarle, con una mano tocaba el mío y con la otra el de mi amigo. La verdad tenía manos muy buenas. Le pedimos que se quitara algo y solo accedió a quitarse su bra para ver sus lindos pechos algo mediamos pero atractivos.

    Así nos tuvo ella un buen rato hasta que mi amigo se animó a tomarla por la cabeza muy sutilmente pero ella dijo: ¡NO! Que ella quería ver qué tan dispuestos estábamos en querer cogerla y quién no, verla así a como estaba cualquiera haría lo que fuera más por su piel toda blanca que la hacía más atractiva. Nos olvidamos de su amigo vestida de mujer y fue ella quien nos lo recordó diciendo “Ya vieron como tienen a mi amigo” y vimos cómo se había quitado la tanga y dejando al aire igual su miembro moreno al aire, nosotros solo sonreímos. El ambiente estaba todo caliente así que ella alejo sus manos de nosotros y le dijo a su amigo “Acércate, quiero ver qué hacen estos con tal de estar conmigo” se acercó y le metió un buen beso en la punta de su pene, nosotros solo estábamos observando boquiabierto. Ella solo le dio dos sorbos a su gran miembro y nos dijo “Si quieren estar conmigo, tienen que hacer lo mismo que yo hice” Nosotros nos quedamos viendo y al momento no sabíamos qué decir así que ella se acercó y nos besó en la punta del pene a cada uno y con un tono de voz dulce nos dijo “Háganlo, se ganaran algo delicioso” nosotros ya estábamos ardiendo así que solo nos agachamos y solo vimos a su amigo dirigir su miembro hacia nosotros. Quizá nuestro alcoholismo no nos enojó pues como sea tendríamos nuestra recompensa. Así que inicio mi amigo tocando todo ese miembro moreno de arriba hacia abajo, yo solo me limitaba en ver a Ana en cómo nos observaba mientras ella se tocaba así que aquí inicié yo, comencé a lamerle la puntita mientras pasaba mi lengua por todo el tronco, mi amigo continuó haciendo lo mismo, todo esto lo hacíamos mientras veíamos a Ana ver cómo se tocaba y veíamos en su pequeña tanga como poco a poco iba mojándose.

    Así estuvimos un rato hasta que escuchamos el primer orgasmo de Ana. “AHHHH…” nos detuvimos y queríamos ver qué proseguía. Ana nos dijo “Continúen, quiero seguir viendo…” Su amigo nos decía “Sigan en lo suyo si al caso quieren que Ana coja con ustedes…” Yo de chupar no soy así que solo ahí estuve jalándosela al tipo y mi amigo hacía lo mismo hasta que vimos cómo comenzó a salir líquido por la punta, ya sabíamos que estaba a punto de venirse así que nos apartamos pero Ana lo noto y dijo “Y así me quieren tener, hagan que al menos se los tire en el pecho de los dos…” No teníamos opción así que reanudamos nuestra posición hasta que al fin disparo su semen y nos tocó un poco de chorro a cada uno, más que enojarnos nos reímos pues ya habíamos terminado con él y ahora tocaba Ana. Ella ya sabía pero la muy inteligente nos dijo “Y así creen que van a cocer conmigo, si no hacen venir a mi amigo de nuevo olvídense de mí que yo ocupada estoy conmigo misma” Nos medio molesto pero teníamos que ser inteligentes así que ahí estuvimos con él, mientras mi amigo lo tocaba por la espalda yo ahí estaba tratando de tocársela poco a poco para generar una erección. Nos estábamos cansando hasta que Ana lo noto, dejo de hacer lo que estaba haciendo y juntó nuestros penes para tocarlos uno a uno. Volvía la delicia de ella pero no por mucho tiempo, solo aguanto hasta que la erección de su amigo estuviera a tope para luego volver a lo suyo. Nos dejó que con nuestros penes nos tocáramos a nosotros mismos, ella mismos nos acomodó de forma que mi amigo quedara detrás de él y yo delante, mi amigo solo lo restregaba entre sus nalgas y yo entre su mismo pene. Para ella era todo un espectáculo pues nos veía y mordía sus labios mientras ahora se masturbaba. Eso nos ponía demasiado caliente así que ahí seguíamos con su amigo, disfrutándolo a él y no a ella. Mi amigo en su calentura bajo a hacerle un oral y yo ocupé su lugar, solo lo tomaba de la cintura y pasaba todo mi pene pensando que era Ana en ese momento. Todo era una lujuria desenfrenada hasta que yo igual decidí agacharme y proseguir hacerle un oral junto a mi amigo. Ana lo había notado y ya súper húmeda bajo donde estábamos y nos acomodó para proseguir ella con nosotros, ahí estaba con mi amigo chupándosela mientras a mí me masturbaba con sus manos. Su amigo no se quedó atrás y se complementaba con nosotros. Así estuvimos unos veinte minutos hasta que mi amigo decidió pararse para vaciar su semen en el cuerpo de Ana a lo cual dijo “En la cara looser, tíralos en la cara” y así fue, la roció con ese líquido blanco por toda su cara hasta le dio tiempo de dejar limpio su pene para después su amigo limpiarla de semen con la lengua. Yo al ver esto no pude aguantar y terminé de igual manera rociándola de semen y bañando de por medio a su amigo. Ella solo sonrió y su amigo la limpiaba, hasta que nos dijo “Que rico chicos pero ya me voy” Puta madre pensamos, no que te íbamos a coger? Dijimos, ella solo mencionó que sería en otro momento pues ya era tarde. Solo nos dejó su tanga y su amigo se despidió no sin antes decir que todo esto quedaría entre los cuatro en forma de promesa.

    Yo y mi amigo no habíamos tenido este tipo de cosas pero después que se fueron captamos que todo era forma de un plan macabro elaborado de Ana de forma que ella disfrutara y nosotros igual pero a su manera. Maldita sea solo pensamos pues ya habíamos caído en sus redes. En fin, son cosas que pasan en días de fiestas y más teniendo a una mujer hermosa como Ana.

  • Por error terminé cogiendo con la señora Dora (3)

    Por error terminé cogiendo con la señora Dora (3)

    Ahora que tenía a la señora Dora a mi merced siendo penetrada por mi dura verga en la cama de su hija, quién tantas veces me discrimino por no ser de su misma situación económica, estaba bien arrecha pidiendo por favor más verga…

    – ¡Nooo pares… sigue por favor… ahhh…!

    Gozaba viéndola como una perra caliente suplicaba seguir siendo cogida por mí, había entendido que hacer un escándalo no le convenía para nada y sólo le quedó disfrutar el momento, bien sujeta por mis manos en sus anchas caderas recibía las fuertes embestidas en sus grandes nalgas que saltaban cuando salía y entraba de sus entrañas el pedazo de carne dura que la volvía loca.

    -¡Aggg… Ohhh… así así qué ricoo ahhh!

    – ¡Así doña Dora gocé de una verga dura es toditita para ti!

    Ya la llegada de mañana dejaba entrar los primeros rayos del sol por la ventana ahora la visión del cuerpo maduro de la mujer era mejor y ahí estaba ese culo tan apetitoso en medio de las nalgas que tenía que ser también mía

    A su hija le pedí varias peces el culo pero hasta ahora no quiso, así que su mamá tendría que complacer ahora y lo fui preparando pasando mis dedos por el, metiendo inicialmente uno y luego otro aprovechando su propia lubricación.

    – ¡Ahh con cuidadooo papitoo despaciooo… ayyyy!

    El glande fue ingresando muy lentamente a la entrada del culo que lo apretó cuando se sintió invadido, fui empujando hasta que entró toda la cabeza y se fue abriendo a cada centímetro dentro del conducto anal hasta tener la mitad de la verga.

    – Ufff… despacito papitoooo… Ufff… dueleee.

    Dora valientemente soplaba aguantando el dolor inicial de su esfínter mientras dure a que el culo se le vaya acostumbrando a la nueva presencia del invasor dentro de ella.

    – Siii… despacito va entrando marmita no te preocupes… Qué rico culo tienes mamacita bien apretadito y calientito…

    Entonces como el torero cuando tiene ya con la mitad de la espada incrustado en el lomo del toro di un último empujón. Zass hasta el final y soltó un leve grito que luego calló mordiendo la almohada.

    – ¡Ayyyy… Desgraciadooo Hum hum

    Le di un beso como señal de disculpa en la nuca y empezó el mete y saca, estaba bien ajustado el esfínter luego de unos segundos fue dilatando hasta ya no sentir dolor ella y dar los primeros gemidos de placer, esa hermosa mujer de 52 años de tetas enormes que saltaban a cada embestida y culazo grande bien formado y duro por sus varias horas en el gimnasio que los hombres se la comían con los ojos en la fiesta ahora era mía, atrás quedó la señora de la alta sociedad que trataba con desdén a las personas a su servicio estaba totalmente poseída por un muchacho de 25 años humilde pero con una buena verga.

    – ¡Aggg… por dios que ricooo … Papitoooo!

    Llegué a la fiesta y ella me abrió la puerta de su casa obligada para luego horas después terminar abriendo su culo feliz a esté humilde servidor, ironías de la vida que luego entendí porque Dora fue quien envió a Joanna prima de Liz a llevársela porque sospechaba de nuestros planes en su dormitorio y cuando ya no me vio en la fiesta creyó que me había ido entonces se fue a dormir borracha pero feliz al dormitorio de su hija por haberme malogrado la noche, y porque no fue a su dormitorio porque don Juan roncaba y ahora más que estaba borracho.

    Cuando todo eso lo vio Juana la empleada de la casa, ella me hizo creer que ya había regresado Liz y cuando me vio y dijo que subiera al dormitorio luego esperando que pudiera pasar entre un hombre joven y caliente y una mujer borracha y no atendida sexualmente bien por su esposo lo demás ya cayó por su propio peso ahora ella tenía como controlar su malos tratos hacia ella.

    No quería que termine este momento tan rico que me estaba cachando por el culo a la madre de mi enamorada pero como todo lo bueno tiene su final llegué al clímax del placer y llené con mi esperma sus entrañas llegando los dos a experimentar un orgasmo brutal.

    – ¡Aggg… Doraaa que ricooo!

    – ¡Ayyyy siii tiempo que no me sentía así… Delicioso… ayyyy!

    Luego que paso el momento ella me dijo que ya no me haría problemas por ser enamorado de su hija pero no diga jamás a nadie lo que pasó en ese cuarto y tampoco se volverá a repetir aceptó y recogió sus ropas y se fue a su dormitorio cuando asomé la cabeza para ver por última vez como se iba ese rico culo que me había comido vi escondida a Juana nuestras miradas se cruzaron y me guiño el ojo y se fue ya eran las 10.30 de la mañana.

    Ya era hora de irme me baño y cuando ya estaba listo bajé para retirarme y salió de nuevo Juana y me dijo que ya estaba listo en la cocina el desayuno, dije que no era necesario pero insistió.

    -Joven si es necesario no se puede ir así sin probar alimentos después de tanto esfuerzo físico…

    (Continuará…)

  • Buscando tazas de La Bella y la Bestia

    Buscando tazas de La Bella y la Bestia

    Marcos no sabía muy bien que comprarle a Marta por su cumpleaños. Siempre suponía un buen jaleo el comprar un regalo y, en esta ocasión, además no quería fallar. Era el primer cumpleaños de ella que celebrarían juntos y, obviamente, él no quería defraudarla con el regalo. Los regalos por el 23º cumpleaños de Marta debían gustarle.

    Había visitado varias tiendas y no había visto nada que le llamara la atención. Se había mareado por Internet… y nada. Y la fecha se acercaba.

    Al final, y sabiendo que Marta tenía un lado bastante friki, optó por comprarle un bolso basado en Harry Potter y una camiseta de Juego de Tronos. Además añadió al lote unos zapatos que sabía que Marta quería.

    Con eso triunfaría, pensaba. Lo envolvió todo y lo guardó de cara a la fiesta que le iban a preparar.

    Una semana antes de la fecha señalada, y mientras paseaba por una calle cercana al centro de Sevilla, vio en un escaparate una tacita simulando ser la de La Bella y la Bestia. Esa película le encantaba a Marta así que esa taza haría sus delicias. Entró en la tienda a preguntar el precio de la taza.

    Era una tienda de éstas que venden de todo lo que se puede pensar alrededor del mundo friki. Camisetas, tazas, sudaderas, los siempre presentes Funko Pop, juegos de mesa, cómics… Empezó a curiosear por las estanterías más cercanas. Cómics de superhéroes, manga japonés… Marcos cogió un ejemplar para echarle un vistazo. Vaya, había cogido uno de hentai, ese tipo de cómic japonés de tintes sexuales. Es más, la página que miraba ahora ilustraba a la típica chica de hentai, vestida de colegiala y con unos pechos enormes, practicando sexo con un grupo de chicos… Vaya pasada de tetas le han puesto al dibujo, pensaba Marcos con una sonrisa.

    -Hola, qué tal? Puedo ayudarte en algo

    Marcos se giró sorprendido y se encontró a una chica más baja que él. Era castaña y llevaba el pelo suelto, un pelo que le llegaba hasta el pecho. Ojos verdes, una sonrisa brillante. En una de las orejas tenía muchos pendientes y en la otra uno sólo. Vestía una camiseta con un mensaje en lo que Marcos supuso que era japonés y unos vaqueros caídos acompañados de las típicas Vans de colores llamativos. Era bastante delgada. Tendría 18 años.

    -Hola! -dijo Marcos – Sí gracias. Buscaba una taza que he visto en el escaparate, una de la película de La Bella y la Bestia.

    Marcos mientras hablaba vio que los ojos verdes de la chica se dirigían a su mano. Él miró también lo que miraba la chica. Todavía llevaba el hentai en la mano y al sujetarlo con una sola mano había quedado colgando por la página que había mirado. Allí estaba aquella colegiala japonesa siendo follada en grupo. Marcos balbuceó y cerró la revista rápidamente ante la sonrisa de la dependienta. Hasta se sonrojó.

    -Sí, sé cuál taza quieres. Me sigues y te la enseño?

    -Claro, claro. -contestó Marcos dejando el hentai donde estaba antes.

    Fueron hacia el escaparate y la chica le enseñó la taza.

    -Ésta verdad?

    -Sí, sí. Esa.

    -Es muy mona, la verdad. La hemos vendido mucho en estas semanas. Tiene un precio de 14 euros.

    – Vale -contestó un Marcos que sólo quería salir de allí ya que sólo hacía darle vueltas a lo que esa chica estaría pensando de él tras lo de la revista – Me la llevo.

    -Genial. Te doy una de esas que están en sus cajas sin abrir vale? Y te la envuelvo para regalo?

    – Si, por favor.

    Pagó y salió de la tienda. Tenía claro que la dependienta no era su tipo, y en cierta medida debería importarle un huevo lo que pensara de él. Pero seguía dándole vueltas a lo mismo: a que lo hubiera pillado con el cómic aquel en la mano.

    Llegó a casa al rato, ya que vivía en Carmona, una ciudad a unas decenas de kilómetros de la capital. Dejó el regalo sobre el escritorio de su habitación y se puso a ver la tele.

    A la mañana siguiente no encontraba unos apuntes de la facultad. Buscándolos en el escritorio pasó lo que marcaría la Ley de Murphy para casos así. Unos libros resbalaron y empujaron la taza que se fue al suelo. El ruido que hizo al golpearlo no dejó lugar a dudas: la taza había terminado allí su vida útil.

    Maldiciendo su suerte, y tras haber dado con los apuntes, Marcos salió hacia la Universidad.

    Cuando salió se pasó de nuevo por la tienda con la intención de comprar otra taza. Esperaba que hubiera otro dependiente o que si estaba la chica de los ojos verdes, por lo menos, no lo recordara.

    La chica estaba agachada colocando algo en la parte baja de una estantería. En esta ocasión vestía un holgado chándal de algodón y una camiseta azul. Al estar agachada mostraba parte de la espalda y el borde de unas braguitas azules.

    -Un momento por favor, ahora mismo estoy contigo. – dijo al oírlo.

    Cuando se giró. Sonrió.

    -Hola! Vaya, has venido al final por el cómic que estabas ojeando ayer?

    Marcos se vino abajo de forma instantánea. Esta vez noto a las claras que se había sonrojado.

    -No no. Que va. Es que… necesito otra taza. La que me llevé ayer… se me… ha resbalado. Quiero otra taza.

    Los ojos verdes de la chica lo miraban con picardía y si los ojos pudieran sonreír, sería aquella expresión la que mejor lo definiría.

    -Vale! Marchando otra taza!!

    Ya en casa Marcos se aseguró de que esta vez no se rompiera de nuevo.

    Llegó el fin de semana. La fiesta del cumpleaños era el sábado por la tarde. Marta le comentó a Marcos que el viernes noche saldría con sus amigas de fiesta para celebrarlo. Estarían tomando algo por Viapol, una zona de Sevilla.

    Por ello Marcos decidió salir con algunos de sus amigos por lo que es la Alameda de Hércules, una zona de bares donde se reúne bastante gente. Estuvieron tomando algunas cervezas, aunque Marcos se controlaba. Sus amigos tenían intención de pasar la noche allí cerca, en un piso de uno de ellos, pero él había llevado su coche porque se volvería para Carmona.

    A eso de las 11 llegaron a un local que se llama Café Central. Había mucha gente disfrazada de extraños personajes alrededor. Le pidieron algo de beber a la camarera que se acercó a la mesa y continuaron hablando y charlando y mirando los disfraces que pasaban. Marcos era el único del grupo que no había pedido nada de beber. Pero estando allí con los demás se sentía incómodo con ello. Así que decidió pedir algo, la última cerveza de la noche. Pero la camarera había desaparecido entre tanta gente.

    -Iré yo a pedir a la barra, anda. Ahora vengo.

    Marcos se abrió paso hasta una larga barra. Buscó un hueco y esperó a ver si le atendían. Miró a un lado mientras tanto y vio a una chica disfrazada de salvaje de Juego de Tronos que hablaba con otra chica disfrazada de lo que Marcos creía que era un personaje de un famoso videojuego: Resident Evil. En ese momento pasó por delante de ellas otra chica vestida de Bulma, una protagonista de Dragon Ball, una serie japonesa mítica. Marcos se la quedó mirando. La chica llevaba el pelo azulado como el personaje. Llevaba una pajarita roja al cuello. Y luego lo único que llevaba era un escotado bañador negro y en las piernas unos pantis azules. La verdad es que estaba tremenda.

    -Vaya vaya. Veo que no sólo te gusta el hentai, sino que también te gusta Bulma eh?

    Marcos se giró hacia el otro lado, de dónde provenía la voz.

    Lo que vio fue una chica con el pelo rojizo sujeto en una cola. Una camiseta amarilla, bastante corta que dejaba al aire toda su delgada barriga. Unos vaqueros cortos de los que colgaban los bolsillos. Y sujetando el minivaquero unos tirantes rojos muy llamativos. No llevaba nada más, sólo unas zapatillas azules.

    Marcos se quedó mirando sin saber quién era.

    -Veo que como Pokemon no tiene tanta carne como el hentai no lo sigues mucho eh? Te gusta mi disfraz de Misty o no?

    – Misty? – preguntó sorprendido Marcos

    – Si Misty. Es un personaje de Pokemon.

    Marcos sólo hacía mirar la cara de la chica. Pero no conseguía ubicarla por más que lo intentaba.

    -Y tú eres?

    -Jajaja, no me reconoces eh? Creo que eso debe halagarme porque me he teñido y todo para hacer el cosplay jaja. Soy la chica que en esta semana te ha vendido dos tazas iguales y la chica que te pilló ensimismado mirándole las tetas a un dibujo. -dijo riéndose y poniendo una cara de burla que incluyó sacar la lengua.

    Marcos titubeó.

    -Ah! No te había reconocido…

    – Eso es bueno! Jaja mi disfraz engaña eh? Estoy aquí en una fiesta-encuentro que ha habido de cosplay. Y ahora a tomar algo, que aunque no he ganado ningún premio, me he ganado un par de copas – dijo guiñándole un ojo y marchándose hacia dentro del local.

    Marcos pidió luego la cerveza que quería y se marchó con sus amigos.

    Una hora y algo después, Marcos dijo que había llegado la hora de irse. Se despidió de sus amigos y se fue hacia donde tenía el coche.

    Iba caminando por las tranquilas calles cruzándose sólo de vez en cuando con algún grupo, sobre todo turistas. Tenía el coche aparcado en una avenida junto al río. No quedaba lejos.

    Cruzó al lado que quedaba más cerca del río, una avenida arbolada y siguió caminando. Había pequeños grupos en aquella zona, bebiendo en la calle. Se ve que aquella prohibición de beber en la calle no había llegado allí o que, como no molestaban a nadie, la policía hacía la vista gorda. Algunos de estos grupos estaban llenos también de gente disfrazada, portando espadas de plástico, grandes pistolas o capas de colores.

    Se detuvo frente a uno de estos grupos, justo debajo de una farola, para ver un mensaje que le había llegado al móvil Nada importante al final. Siguió su camino, pero entonces una chica se le acercó. Iba vestida de una especie de robot plateado que Marcos no reconoció.

    -Hola, guapo! -dijo guiñándole un ojo de forma descarada. Era una rubia bastante grande, de curvas contundentes que marcaba bien de aquella forma vestida. El escote era descomunal- Quería preguntarte una cosa. Mira, es que tengo una taza de la Bella y la Bestia y la vendo… Tú no querrías una no? -y tras decir esto rompió en risas.

    Apareció, dándole un empujón a la rubia, la dependienta disfrazada de Misty.

    -Anda que se puede gastar una broma contigo! No has aguantado ni tres frases antes de mearte de risa! -le empezó a reñir de forma cómica, colocando los brazos en jarras y poniendo una cara de enfado que se veía a leguas que era toda de cachondeo. – Anda vuélvete para allá que ahora voy yo!

    La rubia se fui riéndose hacia el grupo.

    -Te tenía que haber grabado para que hubieras visto tu cara! Jaja –dijo mirando a Marcos sin perder la cara de cachondeo.

    Marcos no sabía ni que decir.

    -Creo que no me he presentado antes no? Qué no te he dicho mi nombre no?

    – No no –dijo Marcos– No lo has hecho.

    -Ya decía yo. Pues encantada. Soy Misty –y rompió a reír– Jajaja. En serio, soy Verónica.

    -yo soy Marcos encantado.

    Verónica le guiñó un ojo de forma cómica.

    -Y qué? Te vas ya a casa o qué? No quieres tomar una copa aquí con nosotros?

    -Qué va! Te lo agradezco mucho. Pero no vivo aquí, soy de Carmona. Y debo conducir hasta allí ahora y no quiero arriesgarme con más bebida.

    -Eres de Carmona??? Yo soy de Mairena del Alcor!

    -Vaya, cerquita no?

    -Espera… y te vas ahora para allá en coche??

    -Pues sí, por qué??

    -Sé que casi no me conoces y tal… y que he podido ser un poco pesada contigo -dijo de forma teatral– pero podrías acercarnos a una amiga y a mi hasta Mairena?? Es que la gente con la que nos hemos venido se fue ya y me temo que tendremos que esperar hasta el autobús de la mañana…

    -Bueno… voy sólo. Así que vale. Si queréis os acerco. Pero espero que así dejes de darme tanta caña!

    -Bien! Te prometo que nada de caña! Seré buena! Palabra de Misty –dijo muy seria y levantó una mano como prometiendo mientras que la otra simulaba estar sobre una Biblia o una Constitución, como se hace formalmente en ciertos actos. – Con un guiño y una sonrisa. -Voy a buscar a mi amiga y nos vamos vale?

    -Vale vale.

    La forma de buscar a la amiga fue girarse y dar un grito.

    -Blanca!!! Blanca!!!

    Una chica vestida simulando ser Mario Bros se acercó.

    -Dime loca!

    -Oye, este es Marcos. Va para Mairena y podemos irnos con él, tía. Así no tendremos que esperar hasta mañana.

    -Pufff no tía, yo estoy ahora tela de bien aquí. No voy a irme ahora.

    -En serio?? Pero si hace media hora me has dicho que te querías ir!!!

    -Pues ahora no. Quiero quedarme y beber algo más! -y diciendo esto se marchó de nuevo al grupo.

    Verónica miró a Marcos y dijo “vaya mierda”. Marcos puso cara de circunstancias y dijo:

    -Bueno, pues nada. Yo si me voy que hasta Carmona, quieras o no, me queda un ratito.

    -Vale. Me tendré que quedar aquí también. Gracias en todo caso, Marcos. – y le dio un beso en las mejillas poniéndose de puntillas.

    -Adiós.

    Marcos siguió su camino. Ya podía ver el coche.

    Cuando estaba abriendo la puerta vio a Verónica llegar corriendo. Llegó y se dobló de forma teatral como cogiendo aire.

    -Al final, si no te importa yo si me voy contigo vale? Que se quede Blanca aquí.

    -Si? Vale vale. Como quieras. Pues sube.

    El coche de Marcos era un pequeño Opel Corsa. Verónica dejó una mochila que llevaba en la parte trasera y se sentó delante. Arrancó el coche y empezó la marcha en busca de una rotonda donde girar, ya que el camino que debían seguir era el contrario.

    El camino fue bien. Charlando, y escuchando algo de música. Hasta tuvieron un episodio que podrían contar al otro día, ya que al salir de la S30, una carretera que le da la vuelta a Sevilla, en busca de la autovía del aeropuerto se tuvieron que detener en un control de alcoholemia de la Guardia Civil. Marcos dio por debajo del límite, así que no tuvieron problemas, pero lo gracioso fue la mirada que los agentes le echaron a Verónica, que seguía con su disfraz de Misty. A la mirada contestó Verónica con una de sus caras que hizo que Marcos se sonriera al mismo tiempo que temió una mala reacción de los agentes. Pero no pasó nada. Y pudieron seguir el camino.

    Pasaron el aeropuerto, y unos kilómetros más adelante, cuando llegaron a la salida hacia Mairena del Alcor se desviaron. En esa salida hay un polígono industrial al que se accede por una rotonda. Tiene algunas naves grandes de empresas aeronáuticas y un almacén de DHL. Fue antes de llegar a ella cuando Verónica habló.

    -Oye Marcos… sé que me vas a matar pero… te importaría detenerte para que pudiera mear? Llevo aguantando un rato y… temo mancharte el coche!! -dijo poniendo una de sus caras.

    -Mancharme el coche no eh? Entro en el polígono vale?

    -Perfecto!!

    Entraron por la rotonda y se desviaron a una calle del mismo donde lo que había eran naves en obras y poco más. Quedaba apartada de la carretera por la que iban, pero estaba bien iluminada. Marcos iba ya lento para detenerse, pero vio un coche a un lado y prefirió pasar de largo ya que no le gustó verlo a aquellas horas allí detenido. Pero cuando pasaron al lado pudo ver por lo que estaba allí detenido. Por la ventanilla bajada del coche aparcado vio a una tía botando, moviendo unas impresionantes tetas.

    Miró a Verónica sin saber que decir.

    -Esa se ve que lo está pasando bien – y volvió a poner una de sus caras de cachondeo.

    Esta tía es la ostia, pensó Marcos. Se detuvieron un poco más adelante. Era una zona intermedia, ni muy iluminada ni muy oscura.

    -Vale aquí?

    -Estupendo. Tienes por casualidad pañuelos de papel?

    -Creo que en la guantera debe haber.

    Verónica cogió un paquete de pañuelos de la guantera y salió. Antes de irse se volvió y dijo con una de sus muecas: -Ni se te ocurra irte y dejarme aquí, y no me vayas a espiar como ocurre en tus mangas de hentai!!! -y riendo se alejó un poco del coche.

    Estaba claro que Marcos no iba a dejarla allí, pero no pudo aguantar la tentación de desviar la mirada hacia el retrovisor por si veía algo. Y lo vio todo de lleno.

    Verónica eligió un sitio que le dio que pensar a Marcos. Era un sitio oculto para otro coche que pasara por allí, pero era un sitio iluminado y que era obvio que se vería sin problemas desde el retrovisor del coche. Marcos empezó a sentir que su polla se hinchaba…

    Verónica se soltó los tirantes rojos. Se desabrochó el pequeño vaquero y se lo bajó lentamente hasta las rodillas, arrastrando con él también la ropa interior que llevara. Marcos pudo ver sin problemas un pequeño y prieto culo, que en aquella noche parecía estar brillando, cautivando la mirada de Marcos. Verónica, tal como estaba, de espaldas a Marcos y al coche, se agachó. Marcos no vio nada de la meada, pero se lo imaginaba todo y su pene empujaba el pantalón totalmente erecto. Empezó a ponerse nervioso y un sudor frio le recorrió la espalda.

    Vio como Verónica se limpiaba y se volvía a poner de pie. La vio colocarse unas pequeñas braguitas blancas, que tapaban poco aquel culito. Los vaqueros volvieron a su sitio y los tirantes lo mismo.

    Marcos dejó de mirar por el retrovisor. Un par de segundos después se abría la puerta y Verónica entraba con un suspiro.

    -Muchas gracias. No sabes cómo lo necesitaba. Ya nos podemos ir!!

    Marcos la miró y le sonrió.

    -Perfecto, pues vamos allá.

    -Vale! Pero… te dije que no miraras y…

    -No he mirado! -Se volvió hacia ella. Ella le puso una mueca y con un movimiento de cejas señaló la entrepierna de Marcos, sonriendo…

    -Y eso es porque…

    Marcos bajó la mirada temiendo lo que iba a ver. Su pantalón no ocultaba la erección que tenía lugar abajo. La tela del pantalón estaba totalmente tirante ante el empuje de su polla por salir.

    Marcos no sabía que decir. Notó que la sangre también se iba a la cara y se sonrojaba. Titubeó y balbuceó pero no dijo nada. Se quedó mirándose la erección bajo el pantalón, sin atreverse a subir la mirada.

    -Eso te pasa por leer hentai!! jajaja. Esas historias están muy bien! Pero esas colegialas de tetas gordas y maduros de pollas interminables que se las follan pervierten mucho!! jaja. Hacen que la líbido…

    Marcos seguía sin saber qué hacer.

    -Oye Marcos, mírame. Mírame – Marcos levantó la mirada hacia los ojos de Verónica. -No pasa nada. En serio. No voy a pensar nada malo de ti por esto. Y que me hayas mirado el culo… bueno. Me halaga jeje. Pero, y créeme vale? no me importa que se te haya puesto dura. Es sólo una reacción fisiológica. Nada más. Es como… no sé… un estornudo.

    Marcos miró aquellos ojos verdes y sin saber muy bien porqué contestó:

    -Gracias. Y gracias por comparar mi polla con un estornudo eh?

    Verónica sacó la lengua y rio.

    -Oye!! Uno echa mocos y la otra algo parecido no??? -dijo entre risas

    Marcos notó un escalofrío.

    -Jajajaja. Y de nada eh? Y por cierto no he comparado tu polla con nada. Sólo tu erección!! -y le guiñó un ojo. – Tu polla no la he visto para poder hacer comparaciones!!!

    Marcos fue a hablar. Pero no supo de nuevo que decir ante aquellas palabras de Verónica. Y fue ella la que habló de nuevo, girándose un poco y poniendo la espalda apoyada, la mitad, en la puerta del Corsa.

    Sonreía con los labios y con la mirada mientras lo decía.

    -Sácatela.

    Marcos se perdía en esos ojos verdes que brillaban con la luz del techo del coche.

    -Quiero verla. – dijo muy seria ahora. Pero la seriedad duró poco – Así la comparo con esas pollas del hentai jajaja y podré hablar con propiedad de ella.

    Marcos la miraba. Pero sus manos, como si tuvieran vida propia, se dirigían hacia la cremallera del pantalón. Se la bajó y aparecieron unos boxer grises. Ahora la erección solo estaba oculta por esa prenda. Una prenda que además mostraba una mancha en toda la cúspide de la erección.

    Marcos notaba su corazón acelerado. Su respiración acelerada. Estaba a punto de enseñarle la polla a una tía que apenas conocía. Los ojos de él fueron de la mancha a los ojos de ella de nuevo, y de los ojos a la boca. Y de allí a los ojos de nuevo.

    Metió una mano bajo el bóxer y se agarró su propia polla. Con la otra mano deslizó algo el bóxer hasta sacarla.

    Verónica sonreía ante aquello. Marcos tenía una polla normalita, con un glande amplio y sonrosado y un tronco bastante venoso. En la punta brillaba un hilillo de líquido preseminal.

    – No está mal tu polla, la verdad.

    Marcos vio que Verónica se inclinaba y sus bocas se encontraron. El contacto de los labios le soltó una descarga de adrenalina o algo así a Marcos. Dios. Aquellos labios eran maravillosos. Los labios de ella eran suaves y muy húmedos. Marcos sentía el roce de esa boca en la suya y parecía que su corazón se paraba. Hasta el roce de la nariz de ella en la suya le gustaba. Esa tía tenía algo increíble.

    Además su aroma… Era un olor afrutado que ya había notado antes, pero que ahora inundaba sus fosas nasales. Y le gustaba muchísimo…

    Verónica detuvo el beso y apoyó su frente en la de Marcos. Éste pudo ver como sonreía durante unos segundos. Luego volvieron a besarse. Ella le daba pequeños mordiscos en el labio a él, introducía su pequeña lengua en la boca de él y jugaba a tocar y escapar de su propia lengua. Lo estaba volviendo loco.

    Y entonces ocurrió que Verónica dio un paso más en aquella noche. Agarró con fuerza la polla de Marcos. Paró el beso para mirarlo a los ojos. Se volvió a lanzar en busca de la boca, pero en esta ocasión lo acompañó de movimientos de su mano sobre el miembro erecto de él.

    Marcos la abrazó y apretó contra él. Sentía como la mano le aprisionaba la polla, moviéndose por ella, recorriéndola. Tras algunos movimientos notó como la apretaba los huevos unos segundos haciendo que Marcos gimiera, pero luego volvió de nuevo a subir la mano para seguir la paja. Notaba el pulgar de ella en su glande, acariciando el orificio por el que no paraba de salir hilillos de líquido preseminal.

    -Te vas a poner perdido. Espera – dijo Verónica, apartándose del beso y bajando la cabeza hasta la polla de Marcos. Desde allí, miró de nuevo a Marcos que estaba loco por sentir su boca allí. Sonrió. Y metió el glande en su boca. Se aferró con los dientes a la zona donde el glande se une al tronco de la polla y fue pasando la puntita de la lengua recogiendo todo el líquido que salía de Marcos.

    Se incorporó. Se relamió y sin perder la sonrisa le dijo que se bajara los pantalones del todo.

    Marcos obedeció instantáneamente. No pensaba en nada más que en seguir disfrutando de aquella noche. Los pantalones y el bóxer terminaron en sus tobillos. Y Verónica volvió a meterse la polla en la boca. Esta vez no era suave. Los movimientos eran contundentes. La mano se aferraba a la polla que golpeaba el interior de su boca y la lengua se movía rápidamente por todo el miembro.

    Marcos estaba con el corazón a mil. Su novia, Marta, se la comía mucho pero no mostraba aquel ímpetu que estaba demostrando aquella pequeña chica. Marcos era un cúmulo de sensaciones, y a cada segundo que pasaba Verónica le hacía más cosas que lo ponían peor. Notaba la lengua jugar con su glande, notaba luego un pequeño mordisco en los huevos, luego la lengua lamía la zona entre los huevos y el ano de él, y luego volvía a notarla en el orificio de la polla recogiendo lo que salía por él. Y luego en otro sitio. Dios, se seguía así aquella tía lo iba a exprimir pronto.

    Marcos alargó la mano y la metió por debajo del top de la chica. Sintió un sujetador y metió la mano por abajo también. Notó un pequeño pecho con los pezones muy erectos. Lo pellizcó. Eso le sirvió para ganarse otro mordisquito en los huevos. Jugaba con el pezón entre los dedos, se lo pasaba por la palma de la mano, apretaba el pecho…

    Las frentes volvieron a encontrarse. Veía los ojos de Verónica dilatados de deseo. Sentía su aliento. Y veía su boca mojada. Verónica lo besó llevando dentro de la boca de Marcos algunos restos de su propio líquido preseminal.

    -Coge un condón y fóllame, Marcos – le dijo sin quitar la mirada de sus ojos.

    Marcos titubeo

    -No tengo aquí un puto condón Vero. No tienes tú?

    Verónica puso su enésima mueca.

    -Sales de fiesta sin condones?

    -Tengo novia, no sé, No pensaba terminar esta noche así…

    -Jajaja espero que, por lo menos, te esté gustando…

    -Tú que crees???

    -Pues sabes?? Aunque no tengas condones aquí no pienso dejarte ir sin que me folles.

    Levantó la cabeza y miró hacia el lado.

    -Ahora vengo – le besó en la boca, en la polla y le guiñó un ojo. Abrió la puerta del coche y salió.

    Marcos miraba por el retrovisor. ¿Dónde va está loca? Tras unos segundos supo lo que iba a hacer. Y unos segundos más tarde pudo confirmarlo.

    Verónica se había dirigido al coche que estaba más adelante en esa misma calle, donde había visto a la tetona botar. Vio cómo se agachaba hablando por la ventanilla. Y unos segundos después volvía con una sonrisa en la cara a paso rápido.

    La puerta del corsa se volvió a abrir. Ella entró y le lanzó un par de condones.

    -Te lo he dicho. Esta noche me vas a follar. – y por enésima vez en la noche… el guiño del ojo.

    -Estás como una cabra. – le dijo Marcos, aunque en el fondo no sabía cómo dar las gracias por tener allí los condones. Cogió los condones y empezó a abrir uno. Pero Verónica se los quitó.

    -Oye!!! Qué crees? Qué me la vas a meter tan fácil???

    Marcos no sabía que decir y por un momento temía que todo hubiera sido otra broma de aquella chica.

    -Antes vas a tener que esmerarte en comérmelo… también yo quiero sentir tu boca y tu lengua.

    Marcos bajó la mirada hacia el vaquerito que llevaba Verónica, quien había empezado a desabrocharlo.

    Marcos apenas le practicaba sexo oral a Marta. Era una cosa no usual en sus relaciones. Normalmente en ellas ella se la comía un poco y luego venía la penetración.

    Pero pensar lo que iba a hacer con Verónica le excitaba. Y muchísimo.

    Se meneó la polla mientras Verónica deslizaba el vaquero hasta los pies, consiguiendo sacarlo sin quitarse las zapatillas. Pasó ella luego dos dedos por la parte delantera de la braguita, lentamente. Marcándose los labios del coño a su paso y dejando detrás un rastro húmedo. Sonrió y con un rápido movimiento las braguitas dejaron de estar en su cuerpo para terminar en el suelo del coche con el vaquero.

    Marcos la agarró por las caderas y la hizo resbalar en el sillón. El espacio era muy justo y estaba incómodo. Pero no podía esperar más. Hundió la cara en el coño de ella, sintiendo además como ella se estremecía y sintiendo también como ella le agarraba fuerte del pelo.

    Un leve aroma a pis, junto con el olor dulzón que desprendía ese cuerpo, se abrió camino en la nariz de Marcos. En otro momento podría haberle hecho sentir mal aquel toque a pis… pero ahora mismo lo estaba poniendo como una moto. En el coñito no había ningún rastro de pelo, estaba totalmente depilado.

    Con Marta no practicaba esto cierto. Pero se moría de ganas de hacerlo con Verónica.

    Pasó la lengua por todos los rincones de aquellos labios. Con la punta de la lengua rodeó el clítoris. Una vez. Y otra… y otra… Luego volvía a recorrer los labios… Se boca se iba llenando del sabor de Verónica. Sus pupilas gustativas iban detectando ese sabor que no podría describir pero que estaba haciendo que su deseo, si eso era posible, aumentara. Notaba como con la mano que tenía agarrándole el pelo Verónica presionaba su cabeza contra su sexo. Se pasó la lengua por la boca, saboreando ese sabor tan bueno, humedeciendo sus propios labios y hundió aún más la cara en lo que tanto deseaba comerse.

    Verónica no aguantó un fuerte gemido.

    -Qué bien lo haces tío, eres increíble.

    Marcos se afanaba en lo que hacía. La lengua ya no recorría los labios, sino que entraba y salía de Verónica. Los besos iban y venían a cada recoveco, a cada hueco de aquel coñito. Las manos de Marcos se aferraban a las caderas de ella. Había perdido la noción del tiempo. Sólo quería sorber y lamer, e introducir dentro de su cuerpo cada molécula de ese sabor.

    Verónica tiró del pelo de él hacia atrás, haciendo que se alejara de su coñito.

    Tenía la cara sudada y un mechón del pelo teñido le caía sobre la cara.

    -Me estoy clavando toda la puerta en la espalda jejeje -suspiró – vamos a la parte de atrás

    Marcos no se hizo de rogar. Abrió su puerta y subiendo algo los pantalones que todavía tenía en los tobillos se metió por la puerta trasera. Verónica hizo lo mismo y con otro suspiro empezó a colocarse. Marcos aprovechó para quitarse las zapatillas y la ropa de los tobillos.

    Y luego se lanzó por su presa de nuevo. Volvió a hundirse aquel coñito en la boca. Se lo comía con ansiedad, con enorme energía… como debe beber una persona perdida en el desierto su primer trago de agua.

    Los gemidos de Verónica iban a más y más. La mano que aferraba el pelo de Marcos apretaba y apretaba.

    -No pares, por favor. No pares…

    Marcos notó un fuerte estremecimiento en el cuerpo de ella. Un gran gemido y luego un par de suspiros. Le pareció que detectó incluso en el sabor que llegaba a su boca algunos matices diferentes. Fue a separarse de su comida, pero la mano que lo sujetaba no se lo permitió.

    -Los tíos puede que con una vez que os corráis os sintáis satisfechos – dijo ella con voz entrecortada – pero las tías podemos corrernos varias veces y esta noche pienso aprovechar eso.

    Tras esas palabras volvió a empujar la cara de Marcos hacia su sexo. Marcos no se enfadó por esto, más bien al contrario. Aquella situación le estaba encantando.

    Estaba allí, en la parte trasera de su coche, sintiendo como su polla erecta rozaba el sillón del coche, con el sabor de un coño en la boca, disfrutando y disfrutando. Y sabía que además luego iba a poder penetrarla. Uffff

    Volvió a afanarse comiendo. Quería hacerlo mejor que antes. Quería que Verónica se volviera a correr ante el empuje de su lengua.

    Volvió a perderse en su olor, en su sabor, en cada uno de sus poros y pliegues, deleitándose con los gemidos de ella.

    Aunque se habían cambiado para estar más cómodos lo que ésta, la comodidad, había aumentado no era mucho. Marcos giró algo la cabeza para seguir comiéndoselo a Verónica. Se concentró en la parte más baja de su vulva. Besaba la cara interior de los muslos y volvía a la vulva. Notó como cuando lamía la parte de piel que rodeaba la parte inferior de la vulva, la parte más cercana al ano de ella, los gemidos aumentaban. Así que se dirigió a aquella zona e intensificó allí sus movimientos de lengua.

    Cuando lo hacía notó que por la posición en la que estaba su nariz estaba precisamente sobre el ano de ella. Eso en otra situación le hubiera dado un asco enorme pero ahora mismo no sintió ningún reparo.

    La otra mano de Verónica agarró con fuerza uno de los brazos de Marcos y la segunda corrida de ella llegó. Todo su cuerpo se estremeció acompañando a los gemidos.

    Estaban empapados en sudor. Marcos se separó y se sentó, mirando a los ojos a una exhausta Verónica.

    -Esta posición me está matando jajaja -dijo él – necesito un coche más grande.

    -Me has dejado destrozada -dijo ella entre suspiros – Pero todavía nos queda que jugar.

    Y diciendo esto se reclinó en el sillón abriendo las piernas. Marcos cogió uno de los condones, lo abrió y se lo colocó. Se puso entre las piernas de ella. Ella no tuvo más remedio que colocar uno de los pies sobre la banqueta trasera e incrustar otro en el espacio entre los dos sillones delantero.

    -Puto espacio -dijo Marcos.

    Noto las manos de ella en sus hombros impidiendo que siguiera su aproximación a penetrarla.

    La miró a los ojos.

    -Follame fuera.

    -Qué?

    -Mañana quiero que me duela todo el cuerpo, pero de follar contigo no de las posturas que tenemos que coger aquí. Follame fuera. Vamos!

    Y diciendo esto se escurrió de debajo de Marcos, empujándolo y saliendo fuera. Marcos la siguió.

    Ella llevaba todavía las zapatillas pero Marcos iba descalzo y lo notó cuando algunas piedras se le clavaron en los pies.

    Pero no sintió dolor. Solo sentía deseo ante aquel menudo cuerpo que lo esperaba con la espalda apoyada en la puerta delantera.

    Marcos ya no era él. Parecía poseído por el deseo. Llego a la altura de Verónica que lo esperaba con su eterna sonrisa en los labios. La besó bestialmente, poniendo sus manos en su culo y apretándola contra él. Las lenguas volvieron a su danza…

    Sentía ganas de aplastar aquel cuerpecillo contra el suyo y el sentir esos pezoncillos contra su cuerpo, el sentir su polla contra aquella piel… Joder.

    Quería meterle la polla. Quería metérsela una y otra vez.

    Sin embargo, sin saber muy bien la razón. Se agachó. La propia Verónica le preguntó que qué hacía.

    Aunque la pregunta no necesitó la respuesta de Marcos. No le respondió con palabras, sino plantándole de nuevo la boca sobre el coño tras obligarla a separar las piernas y a levantar un poco la derecha.

    -Joder, lo tengo ya al rojo vivo. No hagas eso, por favor.

    Aunque dijo eso, Verónica no hizo mucho por evitarlo. Y allí, tras unos minutos de lamidas y lengüetazos se corrió por tercera vez. Esta vez el gemido fue cambiado casi por un grito. Marcos notaba el sudor en todo su cuerpo, un sudor de él pero también mezclado con el de ella.

    Se levantó y la volvió a besar. Ella estaba con la cara completamente colorada, sonrojada, sudada. Ya no era uno el mechón de pelo suelo, sino varios. Y sus ojos verdes brillaban de forma especial. Marcos nunca había visto nada igual. Y nunca había deseado tanto follarse tanto a una chica. Todo su mundo se encerraba ahora mismo en una sola cosa: iba a meterla la polla a Verónica.

    Estaba supererecta y él temía que con un par de empujones se corriera. Pero ese temor no tapaba lo que era su único objetivo en la vida en aquel momento: verla entrar y salir de aquel cuerpo.

    Notó como la mirada de ella se desviaba a un lado. Él no se había dado cuenta pero el coche que había estado allí desde el principio se había aproximado. Pudo ver como la rubia y su chico estaban mirándolos. Y en la posición en la que estaban seguro que lo estaban viendo todo.

    La mirada de Marcos se concentró en la de Verónica.

    -Y me importa una puta mierda que nos miren.

    Ella esbozó una sonrisa y lo besó. Él se agarró la polla y doblando algo las rodillas se llevó el glande hasta que quedó sobre el coño de ella. Lo movió arriba y abajo notando como ella se estremecía. El glande parecía resbalarse, parecía que pensara sólo y que quería entrar sí o sí solito en aquella raja. Pero no entró sólo, fue Marcos quien lo dirigió. Entró deslizándose, muy fácilmente. Allí con ella con sus brazos alrededor de su cuello, sus bocas unidas en un beso, empezó a mover las caderas para follarla. Lentamente, porque cada vez tenía más claro que le faltaba poquísimo para correrse.

    Notaba el tremendo calor que emanaba del interior de ella, notaba un cúmulo enorme de cosas, desde las piedras en los pies, hasta el olor a ella, las gotas de sudor que recorrían su cuerpo, las gotas de sudor que recorrían el cuerpo de ella… pero sobre todo estaba el deseo de follarla.

    -Creo que no puedo. Voy a irme.

    Ante eso, ella lo besó más intensamente. Pero antes de correrse él quería penetrarla en otra postura. La mordió en el labio inferior y levemente hizo, apretando sus caderas, que se girara hasta quedar de espaldas. Ella no opuso ninguna resistencia. Él dio un par de pasos atrás, colocó una mano en la espalda de ella haciendo que se colocara en posición.

    Colocó el pene, enfundado en aquel condón ya todo chorreante de fluidos, entre los dos cachetes del culo. Lo apretó con un par de dedos contra la piel de ella. Dio otra vez un paso adelante para que el pene subiera, rozando la piel de ella hacia la espalda. Sus huevos estaban en contacto directo con la vulva de ella. Lo podía sentir perfectamente. Lo volvió a repetir. Le gustaba aquello. Aunque no podría hacerlo mucho porque notaba que se iba a correr de un momento a otro. Con los dedos presionando la polla y volviendo a dar un pequeño paso atrás la hizo descender entre los cachetes de aquel trasero. Llego al ano de ella. Hizo que el glande dibujara un círculo alrededor de él y lo presionó levemente. El ano cedió un poco. Verónica se estremeció, pero no protestó. Marcos siguió con los dos dedos empujando su polla. Y la colocó sobre la vulva. Miró hacia el coche que los observaba. Vio que no perdían ojo de lo que pasaba. El tío los miraba absortos y la rubia, diría Marcos, andaba entretenida mirando y masturbándose.

    Penetró de nuevo a Verónica. Los labios de su coño cedieron sin esfuerzo. La mano de él que estaba agarrándola notó como la piel de ella se movía ante las sacudidas que le provocaba aquella postura. La polla se movía dentro de ella. Marcos se mordía el labio para no correrse. La embistió una, dos, tres, cuatro veces de forma contundente. Y volvió a decirle que iba a correr. Quería e iba a correrse dentro de ella.

    Sin embargo eso no ocurrió. Ella se giró rápidamente, terminando con la penetración y se agachó quitándole el condón.

    -Quiero que te corras en mi boca.

    Marcos no protestó. Ella se introdujo una vez el glande, le ensalivó, se lo sacó y empezó a masturbarlo. Dejó la boca frente a la polla y la meneaba de forma violenta. Marcos la miraba, Joder. Como la deseaba.

    -Avísame cuando te vayas a correrte.

    Marcos no le contestó.

    Ni la avisó.

    Entre otras cosas porque no pudo. Un chorreón de espeso semen salió disparado de la polla hasta la cara de Verónica, ella entonces reaccionó y aplicó los labios al agujero del glande sorbiendo lo que éste expulsaba. Marcos notaba el bombeo de semen notaba como salía de él para terminar en la boca de ella. Gemía y temblaba. El corridón tuvo que ser de campeonato porque notó el bombeo más veces de lo normal. Pero al final terminó.

    Verónica se incorporó. Tenía los labios cerrados a cal y canto, aunque un hilo de semen se le resbalaba por ellos. Además el primer chorreón de semen le manchaba parte de los mechones del pelo, la zona alrededor de un ojo y un poco la mejilla. A Marcos le pareció preciosa en ese momento. Ella sonrío y Marcos sonrío. Ella tenía las manos en las caderas de él. Y sin soltarlo, con una leve inclinación, dejó caer al suelo la corrida que guardaba en la boca. Cuando se incorporó volvió a mirar esos ojos verdes. Vaya noche.

    El coche de los voyeurs arrancó y se fue. Al pasar junto a ellos, Verónica tuvo la desfachatez de levantar la mano y saludarlos. Esta tía es incorregible, pensó con una sonrisa él.

    Luego pasaron unos minutos entre risas limpiándose con los pañuelos de papel. Se ayudaba uno al otro como si fueran una pareja de mucho tiempo. Marcos le quitó el resto de semen de la cara con uno de ellos, y la besó de forma tierna. Ella se lo agradeció con una mirada y una sonrisa.

    Se vistieron y se marcharon. A los pocos minutos, cuando llegaron en Mairena del Alcor a la casa de ella, se despidieron con un inocente beso en la mejilla. Por última vez en aquella noche Verónica le dedicó a Marcos una de sus muecas.

    Cuando entró en su casa, Marcos puso el intermitente y siguió su camino. Hasta Carmona le quedaban algunos minutos.

  • El bosque continuación (2)

    El bosque continuación (2)

    Y me llevaron a través del bosque a una casa con paredes de ladrillos a la vista, donde vivía el tal Cristino, un setentón con cara de perverso que nos recibió entusiasmado.

    -Así que éste es el chico… ¡Un manjar!… Es más lindo de lo que imaginé… Casi una chica de tan lindo… Pero habría que hacerle un par de retoques…

    Los tres estaban sentados a la mesa del living, conmigo de pie a unos pasos, para que me apreciaran bien.

    -Explicate… pidió el señor Gervasio…

    -Acentuar un poco eso de femenino que tiene… No digo hacerlo un travesti, eso no me interesa, pero por ejemplo, delinearle las cejas, depilárselas y hacer que el pelo le crezca hasta los hombros…

    -¡Gran idea, Cristino!… ¿Oíste? Ya no más a la peluquería…

    -Está bien, señor Rolando… -acepté mientras sentía cada vez más claramente cuánto me excita ser dominado y obedecer…

    -Y eso de las cejas… -intervino el señor Gervasio. -¿Vos podrías hacerlo?

    -No, lo haría una amiga que tiene un salón de belleza…

    -Che, ¿y es de confianza? No vaya a ser que se escandalice…

    -Para nada, es una vieja guarra, jejeje…

    -Ah, bueno… -se tranquilizó el señor Gervasio…

    -¿Y cuándo podemos llevarle al chico?

    -La llamo ahora por teléfono y arreglo…

    -¡Perfecto!

    Y arreglaron llevarme inmediatamente al salón de belleza…

    Cuando entramos, yo vestido de mucama salió a recibirnos la dueña, una cincuentona con el pelo teñido de rubio que me envolvió enseguida en una mirada caliente mientras nos observaban las varias clientas que había en el salón…

    -Mmmmhhh, hermosa la mucamita… -dijo y nos guió hacia uno de los gabinetes…

    -¿Cómo se llama? –peguntó…

    -Le decimos Yoyi… -contestó el señor Rolando…

    En el gabinete debí sentarme en un sillón, con un gran espejo al frente…

    La señora tomó una pequeña pinza depilatoria y dijo:

    -Bueno, ¿le delineamos un poco las cejas entonces?

    -Tal cual… -confirmó el señor Gervasio… ¿Será rápida la cosa, Carmen? Porque el chico vive con sus padres y ellos vuelven a eso de las ocho…

    -¡Ay, Gervaso!… me llevará unos minutos…

    La señora se puso a hacer la tarea y al terminar me encantaron mis nuevas cejas…

    -Ahora le hemos dicho que no vaya más la peluquería hasta que el pelo le llegue a los hombros… -comentó el señor Rolando…

    -¡Sí!… le va a quedar hermoso… -dijo la señora… -Y me encantaría ocuparme de ese cabello, mantenerlo, recortarle las puntas…

    -Delo por hecho, señora, él será su cliente…

    -¡Ay, cosita hermosa!… –dijo la señora y me pellizcó una mejilla…

    Yo realmente estaba encantado con mis nuevas cejas… Me veía todavía más lindo y que ese detalle acentuaba lo delicadamente femenino de mi cara…

    El señor Rolando pidió un radiotaxi y llegó en cinco minutos conducido por un vejete que, como el taxista anterior, no dejó de mirarme por el espejo, pero éste fue más lejos:

    -¿Qué es, un chico o una chica? –preguntó a poco de andar…

    -Adivine, amigo… -le propuso el señor Gervasio…

    -Mmmmhhh, creo que es chico, pero no estoy seguro…

    -Acertó, amigo… -intervino el señor Rolando… -pero es tan lindo que parece una chica, ¿cierto?…

    -Así es… -coincidió el taxista… -y ya no hablaron más, aunque siguió mirándome durante todo el viaje y a mí sus miradas me excitaron como me excita todo viejo que se fija en mí…

    (continuará)

  • Relatos Eróticos: A Julia le gustaban los domingos

    Relatos Eróticos: A Julia le gustaban los domingos

    A Julia le gustaban los domingos especialmente sus mañanas, algo poco frecuente entre las chicas de su edad, más dadas a dormir después salir toda la noche. No es que no le gustase salir, al fin y al cabo tenía 27 años, pero también le gustaba la sensación de levantarse, y contemplar el mar desde la ventana de su apartamento, con una taza de café caliente en las manos.

    Julia sabía que era una privilegiada con respecto a muchos jóvenes de su edad, había recibido una buena educación primero en los mejores colegíos de su ciudad y después en una buena universidad de la capital. La genética también había sido benevolente con ella, no es que fuese una belleza escultural, pero sus ojos marrón verdoso y su media melena color azabache, ya habían roto algún corazón, entre ellos el del hijo de Susana, una antigua compañera de clase de su madre. Quién le iba a decir a ella, que sería precisamente Susana, quien le presentaría a Luis. Susana ya no era santo de devoción de su madre, si se enteraba de aquello la odiaría de por vida.

    Mientras sorbía el café y su vista se perdía en el mar, pensaba en todo aquello, sus padres la tenían por una chica revolucionaria y rebelde. Ella sabía que no era así, ni pretendía ni quería revolucionar nada, solo quería escoger en cada momento la opciones que la vida le iba ofreciendo. A su edad su madre ya se había casado con su padre, los dos recién licenciados en derecho de echo se habían conocido en la facultad, pero ella nunca había ejercido. Su madre se llamaba Julia, como ella, a sus 51 años era una mujer feliz era la matriarca de la familia y un referente del círculo social en que se movía. Su padre un abogado de éxito, preocupado por los negocios y en mantener el alto ritmo de vida de la familia.

    Julia era consciente que ciertos lujos se los podía permitir gracias, a algún ingreso extra de su padre y a que no pagaba un duro por aquel pequeño apartamento, por eso nunca se quejaba, ni cuando las cosas no salían como ella quería, tenía muchas amigas que no podían ni platearse salir de casa de sus padres con lo que ganaban, y aun así no llegaban a final de mes. A pesar de ello, no quería ser como su madre, ya había tenido algún novio que hubiese encajado perfectamente en aquel universo pequeño burgués de provincias. Como Rafa un recién licenciado en ADE de buena familia, con el que había durado poco menos de un año, en ese periodo de tiempo, Julia ya se percatado de que el objetivo en la vida de Rafa era la posición social, hasta cuando follaban tenían que hacerlo según el protocolo. Solo follaban en días señalados como sábados y vísperas de festivos, eso sí, siempre después de una cena romántica en la que Rafa no paraba usar palabras como viabilidad, emprendimiento o valor añadido, justo esas palabras que una chica necesita oír para mojar sus bragas. Después acaba en un hotel abierta de piernas con el encima bombeándola como si estuviese hinchando un balón. Un día Julia le insinuó que le comiera el coño, aquella insinuación tuvo dos consecuencias, una buena y otra mala, la mala es que la lengua de Rafa le dejo insensible el clítoris toda la noche, y la buena es que a los pocos días Rafa la dejo. Con el tiempo, supo que aquella petición no fue del agrado de su ex novio, la futura madre de sus hijos no debería tener unos deseos tan lujuriosos como aquellos. Por supuesto no todas sus parejas habían sido iguales, aun así por las prisas propias de su juventud y la de sus amantes, no le habían permitido disfrutar plenamente del sexo.

    Con Luis todo era distinto, sabía que aquella relación era imposible que se mantuviese en el tiempo, ambos lo sabían aunque nunca se lo habían confesado, pero cuando follaban sabían que aquella podía ser la última. Sus sesiones de sexo no tenían hoja de ruta, no seguían el ceremonial de cortejo, calentamiento, clímax. La primera vez que follaron casi se corrieron con los abrigos puestos, y tras una breve cita en un bar en el que no estuvieron más 15 minutos, se fueron a su apartamento.

    A Julia le gustaba llevarlo al límite y parar de repente solo para oírle decir “eres una hija de puta, siempre me haces lo mismo”, después se sentaba encima clavándose la polla, pegándose todo lo que podía para sentirlo dentro, mientras su lengua se perdía en la boca de aquel hombre de 50 años, que había sido compañero de colegio de su madre.

    Por supuesto nunca tuvo que insinuarle nada, desde el primer día, Luis parecía que sabía lo que ella deseaba que le hiciese en cada momento. Un breve cruce de miradas, y poco después, la lengua de Luis recorría su pubis inventando todas las diabluras posibles en su sexo, aquello era el preludio de un brutal orgasmo y el inicio de una sesión de sexo donde ambos se entregaban al placer durante horas.

    Julia observo su reflejo en la ventana vestida con su vieja camiseta de los Guns N’ Roses y unas braguitas blancas, tras ella Luis observándola desnudo sobre la cama. Se dio la vuelta y sentó en borde de la cama, con su dedo índice recorrió el pubis depilado de Luis, ella misma se lo había depilado la noche anterior, el tacto era suave, y su dedo se deslizo con facilidad desde el abdomen hasta el inicio de su polla, siguió subiendo por el tronco de su miembro, dibujando aquellas gruesas sus venas con la yema de su dedo hasta llegar al inicio del capullo, sobre esa delicada piel paso el borde de su uña bajo la atenta mirada del compañero de clase de su madre.

    Las campanas de la Iglesia de la Colegiata repicaban llamando a los feligreses a acudir a misa de 12, las voces de los primeros clientes de los bares del casco viejo empezaban a oírse mientras Julia acariciaba la polla de un hombre que casi la doblaba en edad, tenían todo el domingo para ellos y aquel iba a ser el primer polvo de la mañana.

  • Al día siguiente de tener sexo con mi madre

    Al día siguiente de tener sexo con mi madre

    Al día siguiente de tener sexo con mi madre, la sensación de vacío en el estómago era de lo más extraña, no quería bajar a tomar el desayuno, pero un grito de ella, fue como balde de agua helada, rápidamente me vestí y acudí al fuerte llamado, cuando la mire, el sentimiento de vergüenza y miedo me invadió con más ímpetu, pero una sonrisa de ella, me animó y observando mi estado de ánimo, me tomo de la mano, me dio un beso cariñoso en la mejilla y me invito a tomar asiento.

    Tome los alimentos en silencio sin mirarla a los ojos, ella tampoco dijo nada y solamente se limitaba a acercarme la comida. Salí a la calle y en el bus recordé los momentos memorables que había tenido con ella la noche anterior, como se metió a la ducha conmigo, mi verga tiesa tocando sus nalgas tersas y duras, su cuerpo desnudo, mojado y cerca de mí, pero sobre todo la forma en que mi pene se le fue al fondo de su vagina, la forma como disfruto la cogida que tuvimos y mi primera eyaculación dentro del cuerpo que me dio vida, era algo difícil de explicar, ahora veintitantos años después lo sigo recordando con esa fuerza y me excita.

    La jornada en la Universidad pasó sin sentirla, no presté atención a los profesores, ni me di cuenta que era la hora de salida hasta que empezaron a salir mi compañeros, me pasé la mañana oliendo mis manos que rezumaban el suave aroma del sexo de mi madre.

    En casa, con temor vi el reloj que marcaba la hora en que ella llegaría, que iba a pasar, otra vez como la veo a la cara, quiero volverla a penetrar pero no sé cómo decirle vamos.

    Entro radiante y hermosa, con el pelo suelto, un vestido entallado pero no justo, sin medias y con unas sandalias, pregunta si estoy en casa, al saber que si pregunta si comí algo, lo intente pero mi estómago está lleno de mariposas y no pude tragar nada más que agua gasificada, atisbo a la cocina y miro su trasero, esta de espaldas a mi temblando me acerco sigilosamente y la tomo del talle, no voltea pero se acerca a mí, ya tengo la erección lista, se la repego a las nalgas y ella se mueve dándome un placer rico, voluptuosa en sus movimiento, me ofrece la nuca, que yo le beso apartando su pelo, paso mis manos de los hombros a los senos y la tela me deja sentir sus pezones duros y grandes, no trae brassiere, le desabotono el vestido por el frente y la acaricio, siento su piel tersa y nuevamente su aroma, que me acompañó durante horas, da vuelta y nos besamos con fuerza, pero después me empieza a guiar, me dice “más suave”, toma mi labio superior con los tuyos y pasa la punta de la lengua apenas rozando, me jala la cabeza a su cuello y sus quejidos me van dando el ritmo a seguir, se nos olvida la comida, y besándonos y tocándonos vamos a mi cama, le quito el vestido, contemplo sus pechos que me amamantaron cuando niño y que ahora me dan placer de adulto, prohibido placer en el que nos sumergimos, se quita las bragas y las arroja lejos me mira a los ojos profundamente y me atrae, pretendo metérsela de un movimiento, mi ansiedad es evidente, lo toma y lo acomoda donde debe ser, esta tan mojada que entra solo sin esfuerzo, otra vez estoy dentro de ella y ella me tiene aprisionado con brazos piernas y vagina, me susurra al oído «no termines, espera un poco», puja, gime, respira agitadamente, «está cerca, ya casi» «ooooh, así, así, ahí, eso es» me aprieta más fuerte y me muerde suavemente la lengua, creo que para no gritar, siento su cuerpo sudoroso y cálido, una contracción me indica, que no puedo esperar, se lo digo y solo dice «venga», las contracciones se suceden una a una, mi semen se deposita dentro de ella, que se arquea y retuerce, seguimos así hasta que quedo flácido y sin fuerzas, ella también esta flácida, los dos felices.

    Guardo silencio, ella lo rompe, «esto no debe pasar, somos madre e hijo», pero nos gusta a los dos exclamo, «si pero debe ser con otra mujer, no conmigo, además es pecado», «y si alguien se entera…?», prometo no contarle a nadie, ella se queda pensativa, yo al lado suyo, empiezo a tener otra erección, «¿todavía quieres más?», la abrazo y no me rechaza la beso como a ella le gusta y entramos en calor nuevamente, esta vez, sus manos me llevan a la entrada de su gruta de placer, húmeda, tibia y olorosa, hago como si besara su boca, gime, «así es, así es» dice, le introduzco la lengua y me entero del sabor del sexo, agridulce con un aroma único, me jala la cabeza, casi me ahoga, pero aguanto, grita, es un grito fuerte hacia adentro, un ahhhhh, profundo, se repite tres veces, no más de cinco veces, toco sus brazos duros, sus piernas haciendo fuerza hacia adentro, me duele el cuello cuando me suelta, «y te toca a ti», me acuesta sobre la espalda y se sube a horcajadas, lentamente se introduce mi miembro y llena se mueve hacia adelanta y hacia atrás, suavemente al principio, con furia después, toma mis manos y las lleva hacia sus pechos, los agarro con fuerza, otro grito igual de profundo y ronco, siento que algo me moja, será mi semen, no es su jugo, y termino dentro de mi madre, nos damos placer sin condiciones.

    Se baja se acuesta junto a mí y acordamos un pacto de silencio, si alguien se entera, tendremos una problema. En esa época de inicio incestuoso, el sexo era frecuente todos los días de la semana y en ocasiones hasta dos veces al día, aprovechábamos todo tiempo y lugar en que estábamos solos, o provocábamos estarlo.

  • Sexo con mi suegra, delicioso e inolvidable

    Sexo con mi suegra, delicioso e inolvidable

    El día empezó temprano, pues mis cuñados y esposa se irían de paseo a la isla de Ixtapa, volverían casi con la puesta del sol, nos quedaríamos mi suegra y yo, mis planes eran de pasar el día en una tumbona, bebiendo lo que los meseros me ofrecieran y comer del bufet del hotel.

    Mi suegra es una señora de porte elegante, descendiente de los franceses que fueron a trabajar a las minas del estado de Hidalgo, de cuerpo delgado, estatura de 1.70, ojos claros y facciones finas, a pesar de sus sesenta y tantos años, conservaba un porte distinguido y no ha perdido sus formas femeninas.

    Decido entrar a la alberca y subo a la habitación, paso por la de mi suegra y alcanzo a verla de espaldas a la puerta, con su traje de baño puesto y agachada sacando algo bajo la cama, espero unos segundos para mirarla y reconocer que está en buenas condiciones, al estarme cambiando medito que nunca la había visto en esa forma, quizás por la comida del mar, esté mas lujurioso que lo normal.

    Ella estaba dentro del agua, llego primero que yo y me aparto una tumbona con su poncho, platicamos de cosas cotidianas, que si no fue al paseo por temor al mar, que si porque se marea, o ganas de estar sola.

    Me invita a entrar al agua y yo acepto, sin darme cuenta miro su escote, los senos de piel blanca con algunas pecas, aunque con ligeras arrugas, se sostienen firmes y se mueven con ella, pasan una chicas con bañador y no evito mirarlas, «ustedes los hombres no cambian», sonrió y le pregunto si no le agradaba que la miraran, responde que si todo el tiempo le decían piropos por su cuerpo, incluso ahora, no pierdo tiempo y le digo que sigue siendo una dama guapa y elegante, me pareció que se sonrojaba y desvió la mirada.

    Pido al mesero unas cervezas y ella dice “no mejor algo más fuerte, pide tequila” y al segundo el hielo se ha roto, me invita al mar, le recuerdo de su temor y dice que si yo entro junto a ella se sentirá segura.

    Las olas nos empujan y luchamos contra ellas, el contacto es inevitable, se coge de mí para no ser arrastrada y aprovecho para meter mano aquí y allá parece que no se da cuenta.

    Salimos y vamos a quitarnos la arena a los cuartos, llegamos a su puerta y con un nudo en la garganta y pájaros en el estómago, le digo «quiere que le ayude», me mira a los ojos y mirándome de lado con una sonrisa, «como se le ocurre, alguien nos puede ver», alguien camina por el pasillo, ella duda y yo no, entramos a su habitación y concede «si pero sin quitarnos los trajes», nos metemos a la ducha ella me da la espalda y abro las llaves del agua, la arena se va pero mi excitación no, tengo sus nalgas unos dos centímetros de mi verga parada, paso las manos por los hombros y en un solo movimiento le repego el miembro a las nalgas y le acaricio los senos, son firmes pero con la piel reseca, el tiempo no perdona, trata de soltarse «no» dice con firmeza, pero le bajo un tirante y mis dedos acarician el pezón, que se pone duro como cereza, afloja la resistencia y termino de bajarle el traje de baño, la tengo en canicas, rápido bajo mi bañador y lo dejo en el piso, el agua sigue corriendo y entra en acción el jabón, no dice nada, se deja enjabonar hasta el último rincón, exploro todo el cuerpo y le digo que estoy muy excitado que no sea mala que me deje penetrarla y acariciarla, sus labios vaginales son flácidos y sin vello, salimos y la seco con un poncho, la llevo a la cama pero se resiste con todas sus fuerzas «ya fue mucho, ya llegamos lejos», «váyase alguien nos va a mirar».

    Esa oposición me enardece más y los cuerpos desnudos luchan en la cama, la acuesto bocarriba y le levanto las piernas, pongo mi pene en su sexo y empujo, esta reseca, no entra fácil, siento el roce en el glande, ella se queda quieta, y mira al techo, dice «apuresé antes de que alguien venga», empujo otra vez y entra una parte pequeña, respira hondo y cierra los ojos, me pongo en un posición más cómoda y empujo otra vez, suspira, cuando entra más de la mitad, empiezo a mover la cadera de forma circular y percibo el olor a sexo femenino, siento lo tibio de su sexo y lo suave de su interior, está lubricando, le está gustando, le beso los pechos, el cuello, levanto sus piernas y meto la lengua entre los dedos de sus pies, sus ojos se cierran con fuerza y una arrugas en su cara delatan que está gozando, se mete todo y dice «eso hasta ahí, haaaa, siiiii», la sesión continua, casi termino y al sentir mis contracciones me agarra de las nalgas y aprieta con fuerza, muestra sus dientes al apretarlos unos con otros, «ajjjhhh» es el grito ahogado que sale de su garganta, contrae los músculos de la cara, y su respiración se agita, siento un ligero apretón, no aguanto más, arrojo un chorro de caliente esperma en su interior, mueve su cadera, «termine, termine» es lo que dice, la suelto hasta que la flacidez, pone al pene fuera de ella, beso su boca y corresponde con su lengua dentro de la mía, no decimos nada, en silencio vamos a la regadera, nos aseamos y salgo a disfrutar de la tarde.

    En la noche al estar cenando en un momento que quedamos solos, me pide que no le cuente a nadie y que no se volverá a repetir lo esa tarde, pues fue algo muy malo e indebido, le pregunto y disfruto y solamente sonríe y me mira a los ojos, al despedirnos, me da un ligero beso en la boca cerca de los labios y me dice «me terminó muy adentro de mí, todavía se me siguen saliendo».

    Después fue de visita a casa por unos meses y no pudimos evitar otra tarde de sexo.

    Esto sucedió en realidad, solamente le di algo de literatura para que no fuera una vulgar sesión de sexo, pienso que hacer el amor con una mujer mayor es tan sabroso como con una mujer joven, quizás mi gusto sea así por la experiencia con mi madre.

  • Mi mujer, un travesti y yo (III)

    Mi mujer, un travesti y yo (III)

    Yo me encontraba sentado en un sillón, mientras mi mujer, súper caliente, seguía mamando esa verga impresionante, trataba de tragarla toda, y me miraba con lujuria. Luego Maira, la levanto y mientras le chupaba las tetas, la llevo a la cama, empezó a bajar por su cuerpo hasta llegar a su concha, y empezó a chuparla, y me terle la lengua, mientras le metía un dedo y luego dos en su culo, mi mujer le decía…

    -ahhh!!! sisisisi, chúpame toda… cógeme ya, no aguanto más, méteme toda esa verga!!!

    Maira se incorporó, puso las piernas de mi mujer sobre sus hombros y de un solo empujón le metió su verga negra, grande hasta el fondo, empezó un meta saque infernal, mi mujer gemía como una puta…

    -ahhh!! sii, dame más… rompeme toda… ahhh!! sisisisi!!! Me encanta tu verga -de repente salió, la puso en posición de perrito, le chupo el culo, y le apoyo la verga, mi mujer estaba caliente, muy caliente, le decía… -damela, damela… quiero esa verga en mi culo!!!

    Y Maira de un solo empujón se la metió hasta los huevos que revotaban contra sus cachetes… mi mujer gemía, gritaba, cada vez la cogía con más fuerza, yo mirando ese espectáculo, con mi pija dura, me levante del sillón y me puse delante de la boca de mi mujer, agarre su cabeza y le lleve la boca a mi pija, que empezó a chupar como una verdadera puta… Maira, mientras la cogía, me decía…

    -viste como la cojo a tu mujercita… que puta que resulto!!! Como le gusta la pija!!! Necesita mi verga la muy puta!!! Decile a tu maridito como te estoy cogiendo… decile que te gusta mi verga… -mi mujer empezó a decirme…

    -papi me encanta esta verga… te gusta ver como cogen a tu mujer… me está rompiendo el culo con esa verga… ahhh!!! uhhh!!! Quiero toda esa verga en mi culo… aaaahhh!!! sisisi!!!

    Maira le saco la verga del culo, se tiro boca arriba en la cama, y le dijo a mi mujer…

    -vení putita, clavate toda mi verga… quiero que te la metas toda en tu concha… Te la voy a reventar… -mi mujer se abalanzó sobre ella, y empezó a clavarse la verga de Maira, le fue entrando toda, mientras decía…

    -que verga papi… me la como toda… esto sí es una verga… ahh! sisisi, Ahhh!!!

    Yo me di vuelta, me puse detrás de mi mujer y empecé a enterrarle mi verga en su culo, que había quedado abierto como una flor, después de la cogida de Maira con semejante vergota, se la enterré y empecé un bombeo infernal, mi mujer estaba como loca, con dos pijas a la vez, Maira se la metía por la concha y yo por el culo, y empezó a gritar…

    -me encanta que me cojan así… que rico papi… dos pijas, ahh!!! Quiero que rompan toda, demen pija, ahhhh!!! Ayyyy!!! Voy a acabar, no aguanto más…

    Y empezó a sacudirse y tuvo dos orgasmos inagotables, la muy puta estaba gozando con las dos pijas adentro. Su acabada, adelanto la mía, y le llene todo el culo con dos chorros de leche, se soltó de Maira, se arrodillo, Maira se paró le puso su verga en la cara, empezó a chuparla a tragársela toda, hasta que se vino con un chorro de leche infernal, le lleno la cara de semen y parte se lo trago, luego nos tendimos los tres en la cama, había sido una cogida infernal…  

    Mi mujer nos dice que quiere que se repita, y yo quería volver a ver a Maira, quería meterle mi verga en ese culo… Pero esa será otra historia.

  • La fiesta del trabajo de mi mujer

    La fiesta del trabajo de mi mujer

    Llegamos a la fiesta de la compañía donde trabaja mi mujer, un salón hermoso, con muy buena música. Mi mujer, estaba muy sexy y sensual, con un vestido negro, ceñido al cuerpo, con su falda corta y un escote muy pronunciado que le permitían verse la mitad de sus tetas. Nos sentamos en una mesa que era para seis personas y enseguida comenzamos a relacionarnos, mi mujer estaba muy sociable, hasta que de pronto advertí que desde otra mesa contigua, un hombre ya maduro, no dejaba de mirarla, y cada vez que podía la miraba con lujuria, le sonreía, y mi esposa cristina le devolvía la sonrisa, eso me puso un poco celoso, pero a su vez me daba cierto morbo ese jueguito, y le digo al oído:

    -me parece que ese tipo quiere cogerte, mira cómo se soba la pija mientras te mira… -ella se sonríe y me dice…

    – te calienta Raúl, que quieran cogerse a tu mujer!!

    -querés coger!!! Te gustaría probar otra pija!!!

    -sólo en mis fantasías!!

    Luego de un rato me dice que va al baño, y observo que el tipo se levanta y se dirige al mismo lugar, pasan unos veinte minutos y mi mujer vuelve, y me dice:

    – vamos Raúl, quiero ir a casa a coger, quiero que me garches como nunca!!!

    Salimos de allí y nos fuimos a casa. Al llegar mi mujer, se desvistió, y sin darme tiempo a nada, me agarro la pija, la saco del pantalón y empezó a mamarla como nunca! nos tiramos en el sillón, y me decía:

    – estoy recaliente, quiero que me cojas ya!!! quiero esta pija, ahh!!!

    Nunca la había visto así, me monto y se clavó mi pija, gozaba como una puta, mientras me decía…

    – esta pija es mejor, me quede recaliente papi… con la cogida del baño no me alcanzó…

    Y ahí empezó a acabar como una yegua y yo me vine también, echándole toda la leche en su concha. Le pregunto qué pasó en el baño y me cuenta:

    -cuando fui al baño el tipo se metió detrás de mí, me empujo dentro del retrete contra la pared, me apoyo de atrás y me dijo “que lindo culo que tienes puta… te voy a meter toda mi verga… si tuviera una mujer como tú a mi lado, te daría verga todo el día”, empezó a pajearme… me dio vuelta hizo que me arrodillara, saco su verga dura y me la metió en la boca, y empezó a cogerla, mientras me decía “traga puta, chupame bien la pija, ponela bien dura putita… así te la meto por el culo…” me volvió a parar, me dio vuelta, corrió mi tanga y de un solo empujón me metió su verga en mi culo, que me hizo gritar… yo enloquecí papi… le decía “cogeme así, rompeme bien el culo papi…”. Me bombeo como loco, hasta que sentí que empezó a llenarme el culo de leche, la saco, me volvió a decir que rica puta que era y se fue. Por eso papi, quede caliente porque…

    Cuando mi mujer término de contarme su cogida, me había vuelto a calentar, tenía la pija dura como piedra, la puse en cuatro y se la mande a guardar por el culo, y ella gemía, me decía…

    -así papito… me encanta… te calienta que se cojan a tu mujer como a una puta… ahora voy a salir a coger con el primer macho que se me cruce… quiero chupar más vergas, volver a casa y que me cojas papi…

    Y termine llenándole el culo de leche, se la saque e hice que me la chupara hasta no dejar una gota. Esta experiencia fue el principio de una nueva relación sexual con mi mujer.

  • Carolina y Don Humberto

    Carolina y Don Humberto

    Hace ya un rato que Carolina se encuentra en la parada, simulando que espera un colectivo. Sabe que su apariencia, vestida de colegiala con su uniforme que ya lleva dos años sin usar, no pasa del todo desapercibida.

    Es una joven alta y esbelta y el uniforme ya le queda un poco chico, apretandole la blusa colegial los pechos y su pollera a cuadros tableada, que ya usaba corta en sus años colegiales, ahora le queda mas corta y muestra buena parte de los muslos. Completa su atuendo una corbatita a cuadros a tono con su pollera y unas sandalias bajas. Su largo pelo castaño y sus rasgos juveniles le dan ese aspecto de adolescente que tanto quiere mostrar, realmente hace poco que era una colegiala, ahora solo tiene 18 años.

    Hace dias que venia preparando este escenario, que le excitaba en grado sumo. Carolina se apasionaba por hombres mayores, incluso muy mayores, y sabia que una manera de llamarles la atencion era apelando a una de las fantasias mas recurrentes que tienen los hombres: las chicas en ropas de colegiales

    Por eso se decidio a vestirse con su viejo uniforme y esperar en la parada que algun señor mayor se interesara en ella, confiaba en que estaba muy sugerente y en el corto tiempo que llevaba alli, unos quince minutos, dos hombres la miraron con lujuria pero ella los ignoro, eran muy jovenes y no le interesaban. Incluso una mujer de aspecto adusto la miro un rato y en un momento se paso la lengua por los labios mirandola, a lo que Carolina no contesto, no era ese su interes, finalmente la mujer se subio a uno de los tantos buses que paraban alli, no sin antes mirarla de arriba abajo.

    Carolina veia pasar los coches por la calle, algun conductor la miraba pero ninguno se detenia.

    Finalmente un coche paso lentamente y la chica vio que un hombre la miraba intensamente y estacionaba unos cuantos metros pasando la parada. El coche quedo parado pero nadie descendio. Carolina no queria parecer una prostituta que saliera al encuentro del primer vehiculo que paraba y se quedo en la parada, pero sentia que se excitaba por la situacion. Pasaron unos minutos, ella no se movia y del vehiculo tampoco habia señales, hasta que de repente el coche arranco y se perdio en la noche.

    Carolina quedo un poco desencantada, ahora ya no habia nadie en la parada. La chica camino unos metros hacia la esquina y en eso sintio acercarse otro vehiculo por su espalda, que reducia la velocidad y se ponia a su altura. La ventanilla del acompañante se bajo y Carolina sintio una voz que decia «Te llevo a algun lado?» Vio que la voz respondia a una cara de un hombre mayor, con poco pelo y barba canosa.

    Carolina dijo «Si no es molestia, porque me perdi el colectivo» y sintio que estaba jugando con fuego, era muy arriesgado lo que hacia, respondiendo a extraños pero su deseo era inmensamente mayor y la desconfianza se disipo rapidamente. Ascendio al vehiculo que se puso en marcha.

    El conductor era, como le habia parecido a Carolina, un señor muy mayor, quizas unos setenta años. Su cara, en la parte no cubierta por barba, se veia surcada por arrugas y sus ojitos enseguida se fijaron en lo corto de la pollera y las piernas de la chica-

    «Voy por el centro, te dejo cerca de algun lado?» le dijo el hombre. «Vivo a unas diez cuadras de aqui, lo que pasa es que se hizo tarde y no queria caminar sola de noche» dijo la joven. «Me llamo Humberto, y que hacias solita, es muy tarde para una chica como vos?» Carolina notaba que mientras el viejo le hablaba le miraba sin cesar las piernas y empezo a excitarse, le contesto «Me llamo Carolina y se me hizo tarde en lo de una amiga»

    «Te digo porque hay muchos degenerados por ahi que si ven una chica tan linda como vos capaz que le quieren hacer algo» dijo el viejito y le puso una mano en el muslo a la chica, que no hizo nada para detenerlo. El viejo verde siguio acariciando la desnuda pierna de la chica y se dio cuenta que no habia impedimento, no podia creerlo y siguio ascendiendo por el muslo de Carolina. Finalmente la chica dijo en un susurro poco convincente «No, que me hace dejeme» pero el viejo siguio acariciandola y sintio una ereccion terrible.

    Dejo de manosearla y tomo la decision de llevarla a un hotel La chica ni preguntaba cuando el coche se desvio por una lateral y despues de una cuadras estaciono dentro de un hotel alojamiento para parejas. Cuando estaciono el hombre pregunto «Sos mayor de edad, nena?» «Si, tengo 20 años » mintio Carolina. El viejo se relamio los labios pensando en el manjar que se iba a coger. Descendieron y entraron. Cuando estuvieron solos en la pieza el viejo miro a su chica y era espectacular la vision: una preciosura vestida en uniforme escolar, sus pechos parecian reventar la blusa y su corta pollera dejaba ver unas piernas fantasticas, que ya habia acariado en el coche. Queria chupar por todos lados a esa pendeja. Carolina estaba tan excitada que apenas respondia y se dejaba llevar por la lujuria, su tanga esta toda mojada ya sabia que iba a cumplir su fantasia de coger con un señor mayor, en este caso, muy mayor.

    Don Humberto no perdio tiempo y le empezo a quitar la corbata con moviomientos lentos, pasandole las manos por encima de los pechos. Se dio cuenta que la joven no tenia sosten y su verga se endurecio aun mas. Empezo a desprenderle los botones de la blusa y su excitacion le hacia temblar el pulso mientras veia como aparecian frente a su vista las tetas de la chica. Le quito la blusa y tomo con cada mano los pechos carnosos de Carolina, quien empezo a suspirar mientras le sobaban los pechos y veia como la cara del viejo se transformaba por la lujuria. Siguio bajando las manos por la cintura de la chica y busco sacarle la pollera, bajo el cierre y de un par de tirones despojoa la joven de su pollera, dejandola solo con una tanga blanca minuscula. El viejo zafado le acaricia los muslos y le dice «Nena no sabes como me calentas», la hace apoyar contra la pared y empieza a chuparle las tetas, lo que lleva a Carolina al paraiso. Con voz cargada de deseo la chica dice «te gustan las chicas vestidas de colegialas, papi, te gusta coger las nenas verdad?» Don Humberto no puede contestar porque esta disfrutando chupando los pezones de la chica, sin poder creer como se dieron las cosas y como esa pendeja infernal aparecio de la nada y ahora se la iba a coger. Su verga estaba dura como hacia tiempo no se ponia.

    La llevo a la cama, le quito las sandalias, le chupo los pies y siguio chupando por las pantorrillas y los muslos, hasta que llego a la concha mojada, la despojo de la tanguita y comenzo una lamida por la jugosa raja de la chica, le aprisionaba los labios con sus labios y metia la lengua buscando el clitoris sin cesar.

    Hacia rato que Carolina estaba en un extasis de placer que le permitia solo emitir suspiros y gemir, al sentir como le chupaba la concha ese viejo que tanto deseaba. Experimento un orgasmo que no paso desapercibido por Don humberto que se irguio por sobre la chica y llevando con su mano su duro pito hacia la concha de la pendeja, la penetro mientras ella estaba en pleno goce del orgasmo que le habia dado su amante… Empezo a cogerla en forma lenta al principio pero con mucha fuerza y energia hasta que en el medio de una embestida, Don Humberto no se contuvo y eyaculo en el interior de la chica.

    Se desprendio de la chica al cabo de unos instantes y al verla todavia suspirando y gimiendo se lanzo de nuevo sobre su mojada concha y recomenzo a lamer con energia y envolver con su lengua el clitoris hasta que vio como la pendeja se convulsionaba y emitia un largo suspiro en medio de otro orgasmo.

    Despues de un rato, ambos se bañaronn y vistieron, y Don Humberto llevo a la chica a su casa. Se despidieron con un beso de lengua, Carolina satisfecha porque habia cumplido su sueño de acostarse con un hombre maduro y Don Humberto porque haberse cogido esa preciosura lo habia rejuvenecido por lo menos veinte años.