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  • Por error terminé cogiendo con la señora Dora (4): Juana

    Por error terminé cogiendo con la señora Dora (4): Juana

    Cuando fui detrás de Juana la vi mejor era una mujer de casi la misma edad que Liz unos 22 o 23 años de piel canela de 1.65 de estatura de cabello negro recogido en un moño, acepté su pedido de tomar desayuno para saber qué planes tiene con lo que sabía sobre Dora y yo porque también yo estaba en sus manos.

    Caminando detrás de ella rumbo a la cocina ahora ella era se sentía la dueña de la casa mientras sus patrones dormían producto del cansancio y el licor ingerido porque los demás empleados se habían retirado era domingo.

    – Adelante siéntese no demoró nada en prepararle y delicioso desayuno… ¿Desea leche o un jugo?

    Le agradecí por el ofrecimiento pero antes deseaba saber porque me dijo que Liz me estaba esperando en su dormitorio si sabía quién realmente era su mamá y me dijo que estaba segura que ella caería al sentirme a su lado porque cuando nadie lo notaba Dora me veía de otra manera al igual que yo también lo hacía el licor ayudaría mucho para que ambos nos dejáramos llevar a tener sexo.

    – Y como estas segura que tuvimos sexo? Si sólo dormimos juntos producto de la borrachera que teníamos los dos, pero cuando nos dimos cuenta ella volvió a su dormitorio.

    – Jajaja… quien crees que fue quien la llevó al dormitorio de la señorita Liz cuando no podía caminar de lo borracha que estaba y le quitó el vestido para que esté lista cuando tú llegues, yo todo lo vi desde que reías con la señorita hasta que la señora envió a su sobrina para que se la lleve de la casa y si estoy segura porque estaban tan concentrados los dos tirando que ni cuenta se dieron qué abrí la puerta un poco para verlos.

    Tenía razón casi nadie en la casa notaba su presencia sino no era para pedirle que haga algo entonces ella veía cosas que a cualquiera se le pasaba desapercibido, entonces le dije si Liz le caía bien había hecho que su enamorado termine cogiendo a su madre.

    -Bueno eso sí me hizo dudar un poco la quiero mucho porque ella me trata bien me regala algunas ropas suyas o cuando salimos juntas a comprar me compra algo también pero tenía que aprovechar las circunstancias que se habían presentado porque la señora Dora es muy abusiva conmigo pero ahora ya la tengo a mi merced.

    Mientras hablábamos veía su cuerpo delgado tenía puesto un vestido de tela delgada color rosado manga corta con botones adelante y dibujaba muy bien sus nalgas y eso me volvió a excitar y de a poco la verga recuperó vida… Si lo pensaba bien ella también me tenía a mí a sus manos había que hacer algo al respecto si esa noche me había cachado a la patrona de la casa en la mañana le tocaba a la empleada.

    – Así que nos vistes ?… Y te gusta mirar entonces? Cómo le metía la verga dura hasta el fondo de la chucha cómo se volvía loca y pedía más y más.

    Le dije aprovechando que estaba de espaldas sobre el lavadero haciendo no sé qué del desayuno y me acerqué y apoyo mi verga dura que la había sacado de su encierro entre sus nalgas Juana se sobresaltó cuando mi cuerpo estaba sobre ella.

    – Nooo joven. Qué hace? Déjeme a mí no me gusta… Nooo…

    -Vamos Juanita como no te va a gustar yo también veo cosas y vi cómo me ves cuando estoy con Liz. Yo sé que te gustó ahora que tienes oportunidad tampoco la desaproveches.

    Besaba su nuca y orejas mientras subí su vestido hasta su cintura tenía un calzón chiquito que mostraba todo su culo duro y bien puesto sobaba mi verga sobre sus nalgas abriéndolas y de un tirón le arranqué el calzón y me arrodille separé sus piernas y bajé en busca de su sexo.

    – Nooo por favor no sigaaa… ahhh… ahhh…

    Lo bueno era que Juana estaba inmóvil ahí parada no sé si de la impresión que se dejaba hacer sólo diciendo que no, pero su cuerpo ya estaba respondiendo a mis caricias la punta de la lengua subía y bajaba sobre sus labios su vagina estaba mojada yo era bueno chupando y lamiendo chuchas eso lo sabía Liz y su madre y ahora lo sabría también la empleada.

    – Ahhh… qué me haceee ?… Ahhhh… Joveeeen… ahhh…

    – Cosas ricas Juanita… Tú sólo disfruta qué rica chucha tienes tan jugosa y caliente… Glup. Glup.

    Seguía chupando su chucha desesperado y bien arrecho también ella se mordía los labios imaginó que no tenía mucha experiencia cachando porque según versión de Liz me dijo que sólo había tenido un enamorado nada más pero sólo fueron abrazos y besos así que habría que averiguar hasta donde había llegado.

    No me detuve de chupar y meter mi lengua en su clítoris logrando que su cuerpo se estremeciera por completo y mis dedos también colaboraban entraban a su sexo hasta que llegó al orgasmo dejando salir su primera eyaculación parecía como si se hubiera orinado por la cantidad que salía de su vagina.

    – ! Ayyyy qué ricooo me gustaaa… Ahhhh.

    Me levanté y la abracé fuerte por detrás y uno por uno fui abriendo los botones de su vestido aún estaba en shock por el orgasmo que había experimentado por primera vez, y le quité su vestido quedando sólo en brasiere que también se lo rompí estaba convertido en una fiera ni yo mismo me reconocía y besé sus pequeñas tetas sus pezones estaban erectas y duras Juana sólo gemía ya no había resistencia en ella.

    La lleve a la mesa de la cocina y la apoyé en ella boca abajo y abrí sus piernas y buscando su húmeda chucha metí la verga en medio de las nalgas hasta encontrar la entrada y muy despacio fui empujando al inicio se me hacía difícil pero fue ingresando de a pocos me ajustaba el glande, y empuje un poco más y entró sentí como algo dentro de ella se rompió.

    -¡¡Ayyyy ayyy… me duele me duele ayyy!!

    – Ya va a pasar la primera vez es así. Luego te va a gustar Juanita. Qué ricoo…

    Espere un poco y luego empiezo a cabalgar sobre ella su paredes vaginales apretaba bien rico a la pinga que la invadía por primera vez, sus nalguitas canelas saltaban a cada embestida que recibía.

    – Este es desayuno que me gusta Juanita una rica chucha caliente y apretadito. Gracias

    -¡Ayyyy Aaaayyy ayyyy…!

    Había puesto mi celular bien ubicado en un lugar de la cocina para grabar todo había que tener una as bajo la manga por si acaso y de paso de disfrutar de una riquísima chucha recién rota,,¡ ya su vagina se había acomodado a su invasor y empezó a soltar los primeros gemidos de placer.

    – Ahhhh… ahhhh ahhh

    -¿Te gusta Juanita? Ahora no lo estás viendo entrar en la chucha de la señora Dora sino mejor lo estas sintiendo dentro tuyo como entra y sale…

    – Siii que ricoooo ahhhh Uffff ahhh quiero más. Como decía ella ahhh más más…

    Había que complacerla porque gracias a ella ahora su mamá de Liz ya no me trataría mal y había conseguido lo que varias veces soñé tirármela y quería más pero eso lo vería más adelante ahora estaba gozando de una rica chucha apretadita.

    – Qué rico Juanita así así ves cómo te gusta tu pinga bien dura Ya sabes cuánto quieras acá estoy a tus órdenes.

    – Ahhh ahhh siii me gusta mucho. ahhh que me perdone la señorita Liz… qué ricoo se sienteee ahhh ahhh

    Ahora mis embestidas eran más fuertes la mesa se movía por la fuerza con que daba al delgado cuerpo de Juana hasta que esa chucha joven y apretada logró que llegara al clímax y sienta que ya iba eyacular me hubiera gustado mucho que sienta lo caliente de mi semen dentro de ella pero era peligroso así que rápidamente saqué la verga y me vacíe sobre sus nalguitas.

    – Ayyyy me vengooo Juanitaaa qué maravillaaa Ohhhh

    – Ayyyy… yo también Ahhh…

    La besé ella se me quedó mirando y entendió que ya era tarde y me dio una sonrisa ahora todos teníamos un secreto luego se fue a limpiar y regresó a terminar el desayuno qué ahora sí lo necesita para recuperar fuerzas.

    Cuando salí de la casa de don Juan jamás imaginaria que ahora ya me había cogido a todas las mujeres que vivían ahí primero a su hija Liz luego a su esposa Dora y luego a Juana fue una noche inolvidable.

    Cuando estaba por llegar a casa sonó mi celular era Liz pero no contesté estaba cansado ya luego hablaría con ella.

  • Atardecer sexual en la playa

    Atardecer sexual en la playa

    Después de un centenar de mensajes nos decidimos a vernos. No somos dos desconocidos. Físicamente sí, pero como personas nos conocemos a fondo. La complicidad durante estos meses ha sido total. Bendita internet. Así que quedamos en que me pasa a recoger con la moto para ir a pasar la tarde a la playa. Ya te estoy esperando en la esquina acordada. Se quita el casco y por fin nos conocemos. La satisfacción es mutua. Me pasa el otro casco y me subo detrás de él.

    Por la ciudad mis manos le cogen con timidez por la cintura. Pero una vez en la carretera pego mi cuerpo al suyo agarrándome con más fuerza. Siente mis manos sobre su camiseta en sus abdominales y mis pechos sobre su espalda. La sensación es placentera. Y en cada plegada de cada curva el contacto se hace más intenso. Al final llegamos a la cala que él conocía.

    Siendo verano vamos con ropas cortas, damos un paseo por la arena hasta unas rocas donde nos sentamos. Como hace calor, me quedé en bikini y me doy un baño en las frías aguas bajo el atardecer, le gusta mi idea y viene tras de mí al agua. Sigue mis pasos y se zambulle detrás de mí. Tiene que nadar unas brazadas hasta donde me encuentro. Donde estoy aún tocamos fondo.

    Nos salpicamos como dos críos y disfrutamos de la fría sensación del agua. Nos calma el calor del día caluroso. Me cuenta su agradable sensación que ha sentido al poder verme por fin. Mi respuesta es la misma. Nuestros ojos nos trasmiten la atracción que llevamos meses sintiendo y se hace realidad. Nos besamos, es un beso cauto al principio pero sensual, más sensual después. Intenso, delicioso diría yo. Se juntan nuestros cuerpos mientras nos acariciamos el uno al otro lentamente bajo el agua. Haciéndonos sentir una pequeña excitación que aumenta a medida que aumentan las caricias y la pasión de los besos. El contacto de mi cuerpo mientras nos besamos le excita. Le hace recordar todas las palabras apasionadas que nos hemos dicho en nuestros encuentros virtuales. El tacto de mi piel, el de mi melena y el de mis suaves labios hace que se despierte su lívido. Nota que a mí me pasa algo parecido.

    Tras un rato, salimos del agua y nos dejamos caer en la orilla fundiéndonos en un apasionado beso. Nos miramos bajo la noche y notamos que la llama que hay entre nosotros está ardiendo, así que sin pensarlo dos veces me abalanzo sobre él y empiezo a darle besos en el cuello bajando lentamente por su cuerpo hasta llegar a su bañador. Sin perder más tiempo, le quito el bañador y lentamente acaricio su polla con mis dedos mientras la recorro con mi lengua haciéndole sentir placer. Según sigo dándole caricias con la punta de mi lengua noto como todo su cuerpo se estremece. Veo que le causo placer. Sus suaves suspiros le delatan. Y sentir como su mano se enreda en mis cabellos me hace intensificar mis caricias. Oír sus gemidos hace que me humedezca. Mi cuerpo se va excitando según lamo su polla. Lo hago despacio, prolongando su excitación y jugando con él. Paso muy despacio mi lengua a lo largo de su tallo. Me recreo lamiendo su glande. Sin abarcarlo con mis labios. Solo nota la suave caricia de la punta de mi lengua. Él desea sentir la calidez de mi boca succionándolo. Pero todo llegará. Me gusta ver su mezcla de placer con la impaciencia de sentir toda mi boca. Sé que así luego su placer será más intenso. En cualquier momento le daré ese gusto.

    Cuando menos se lo espera me la meto en la boca de repente haciéndole que le recorra una inmensa ola de placer con un gemido. Durante un rato sigo jugando con su polla en mi boca viendo cómo se estremece su cuerpo al notar mis labios succionándolo. Está llegando un momento en el que no aguanta las ganas de perderse entre mis piernas y, sin esperármelo me hace caer sobre la arena abalanzándose sobre mí para recorrer cada centímetro de mi cuerpo terminando entre mis piernas. Empieza besándome el cuello, bajando por mis pechos juguetones y jugando con sus dedos entre mis piernas. Me hace sentir placer y empiezo a gemir. Baja sus labios hasta mi vagina, lamiendo con gusto mi clítoris mientras sus dedos juegan en mi vagina entrando y saliendo produciéndome sendos gemidos. El tacto de su lengua me enloquece. Lame mi clítoris con dulzura. Lo hace suave. Es una delicia sentirle. Sentir su humedad mezclándose con la mía. Siento como su barba me roza a la vez la parte interna de mis muslos. Ahora se agarra a ellos inmovilizándome y devorándome. Su lengua aumenta su presión. La mueve más deprisa y sus dedos no paran de jugar dentro de mí. Me está llevando al límite, haciendo que mi cuerpo se electrice. Ya no puedo más y estallo en un profundo orgasmo que dejo escapar en un excitante gemido.

    Ambos estamos ardiendo en deseos de dejarnos llevar y hacerlo en la playa a la luz de la luna. Vuelve a subir lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mis labios y, mientras nos fundimos en un beso, mete su polla en mi vagina haciendo que me estremezca. El notarla deslizarse dentro de mí me da un gusto tremendo. Noto como me llena y cada movimiento es una delicia. Nos vamos acoplando, sincronizamos los movimientos. Y entro en una cadencia que me enloquece. Mientras sus labios besan mi cuello, mis gemidos fluyen libremente. Voy notando como sus labios bajan por mi pecho hasta atrapar uno de mis pezones. Tira de él, lo lame, lo chupa mientras sigo sintiendo sus impetuosas embestidas a la vez que hace lo mismo con mi otro pecho. Está despertando todos mis lujuriosos instintos.

    Llegó la hora de que yo tome el control. Le dejo caer sobre la arena y lentamente me siento encima de él y meto su polla en mi vagina empezando a cabalgarle como la amazona que soy. Sus manos paseaban libremente por mi cuerpo pasando de mi culo a mis pechos y haciéndome caer sobre él besándole los labios entre gemidos. Disfrutaba teniéndome encima y así poder recorrer cada centímetro de mi cuerpo con sus manos y sus labios. Cuando me volví a enderezar sobre él aprovechó para auparse y me lamió de nuevo los pezones amasando a la vez mis pechos. Su lengua sabía darme gusto. Se veía que le gustaba conseguir que mis pezones se pusieran más duros y erectos. Luego se dejó caer sobre la arena. Y note como una de sus manos acariciaba mi clítoris mientras le montaba. Sentir como su miembro palpitaba dentro de mí a la vez que el placer que sentía al masturbar mi clítoris era tremendo. Me hacía gozar. Me daba muchísimo placer. Joder era sensacional. Las corrientes eléctricas que sentía recorrer mi cuerpo me estremecían. Yo iba orgasmo tras orgasmo, gemido tras gemido mientras lo montaba volviéndome loca.

    Hasta que al final veo como cierra sus ojos marrones. Se agarra a mi cintura y me da varios empujones fuertes con sus caderas clavándome su polla en lo más hondo de mi ser. Veo como se tensa su cuerpo. Como grita mi nombre. Y como estalla en un tremendo orgasmo. Noto en mi interior su semen caliente mientras clava sus dedos en piel. Fue una explosión de placer que nos recorría el cuerpo y nos hacía temblar. Nos quedamos abrazados yo sobre él notando como su polla va disminuyendo de tamaño dentro de mí. Para terminar de relajarnos, nos damos un refrescante baño, nos vestimos y nos volvemos a la ciudad en la moto abrazándome con fuerza a su cuerpo y pegando mis pechos a su espalda.

  • Soñando despierta

    Soñando despierta

    Hacía tiempo que hablábamos de hacer una salida de fin de semana toda la familia, coger una casa rural entre todos los hermanos y disfrutar juntos del tiempo sin hijos, sin horarios y a nuestra bola.

    El caso es que al final nos pusimos de acuerdo y cuadramos todo para poder dejar a los hijos y disfrutar todos los hermanos de ese fin de semana en parejas y familia.

    Llegamos a la casa rural un poco tarde, ya que era en una zona del Pirineo bastante apartada y con las nevadas que había habido durante todo el mes estaban muchas carreteras cortadas, es más tuvimos que dejar los coches en una explanada a las afueras del pueblo y caminar por la nieve montaña arriba durante un par de horas, pero valió la pena el paisaje era precioso.

    El caso es que como era tarde, nada más llegar preparamos la cena entre todos y encendimos la chimenea para entrar en calor y por supuesto que la casa también se calentara porque estaba helada.

    El caso es que después de la cena bebimos bastante, y a mí personalmente me sube muy rápido, aunque creo que íbamos todos bastante tocados, el caso es que yo después de tanta bebida me despedí y me fui a dormir, ya no aguantaba más alcohol.

    Al cabo de un rato de estar en la cama y medio adormecida me levanté a cerrar la puerta porque abajo no dejaban de reír, ahora tocaba reírse porque nos habíamos quedado sin luz… con la bebida ya se sabe las risas son por cualquier chorrada. Así que cerré la puerta y me metí de nuevo en la cama quedándome dormida al instante.

    Un sueño muy húmedo empezó a recorrer mi cuerpo, parecía todo tan real…

    Estaba extendida en la cama boca abajo, mientras una lengua recorría mi espalda desde el cuello hasta abajo y una mano jugaba con los labios mayores de mi vulva, lo hacía con total delicadeza, como siempre había soñado, una y otra vez muy suavemente. De pronto aquella lengua húmeda dejo de recorrer mi espalda y aquellas manos se dedicaron por completo a mis nalgas y a mi vulva… ummm, me sentía tan bien, tan húmeda. Mi clítoris había salido totalmente de mi vulva, estaba erecto como nunca, y el roce de las sabanas hacía que esa erección clitoriana no cesase y desease ser penetrada hasta el fondo.

    Aquellas manos jugaban con mi sexo como nunca, acariciaban los labios mayores de atrás hacia delante y viceversa, apenas rozando el clítoris, de pronto sentí que unos dedos se introducían en mi vagina mientras que otros rozaban la punta de mi clítoris con suavidad y ritmo haciendo que mi vagina se abriera de par en par pidiendo que entrara ya un pene hasta el fondo… pero no, no entraba, lo que noté fue otro dedo que acariciaba mi orificio anal, aquel orificio que siempre he prohibido que se tocase; nunca me ha gustado el sexo anal, siempre se lo he prohibido a mis parejas, y por supuesto también a mi marido. Soy virgen por ahí.

    Pero en aquel sueño era diferente sentía todo de una forma diferente, era como si tuviera el amante perfecto, y total era un sueño… me dejaba llevar por mi intenso deseo de sexo. Este sueño sexual estaba siendo una maravilla hasta estaba disfrutando de aquel dedo jugando con mi orificio anal. Mi vagina chorreaba ya sin parar y mi culito empezaba a dilatarse como pidiendo que entraran por él; no podía ser, ¿cómo podía estar deseando eso yo?

    El caso es que mientras aquella mano jugaba con mi vagina haciéndome estallar de placer sentí que algo se introducía en mi culito, se abría paso haciendo que se dilatase de tal manera que entró hasta el fondo, lo cual me hizo correr de placer y dar un salto en la cama pudiendo comprobar que no era un sueño que estaba ocurriendo realmente. Agarre aquel pene enorme y me lo lleve al interior de mi vagina para que acabara de darme todo, estaba extasiada, quería sentir aquel pene dentro de mí, se movía como nunca, agarre sus nalgas y lo atraje hacia mi interior. Sus embestidas eran rítmicas y suaves, pero muy profundas, no pude aguantarme más y me corrí a chorro. Fue el mejor polvo de toda mi vida.

    Tras coger aire unos minutos decidí encender la luz para ver la cara de mi marido cuando le dijera que me había echado el mejor polvo que jamás había tenido, pero la luz seguía sin ir así que decidí abrazarlo y decírselo al oído.

    Cual fue la sorpresa de ambos cuando al abrazarlo nos dimos cuenta de que ni él era mi marido, ni yo su mujer. Creo que se nos pasó la borrachera de golpe.

    Decidimos no contar nada para no crear malos rollos familiares, Pero tengo que decir que el mejor polvo de mi vida me lo ha echado mi cuñado. Jod… como folla, que suerte tiene mi cuñadita!!

  • Follando en una boda

    Follando en una boda

    Hay años que, para eso de las bodas, son terribles. Parece como si tus conocidos se pusieran de acuerdo para casarse y, de camino, para destrozar tus planes económicos de ahorro.

    Ese año estaba siendo apretado en ese sentido. Ésta era la quinta boda del año.

    Un buen amigo y una buena amiga desde tiempos que se perdían en la memoria.

    Y los cabrones no podrían casarse cerquita. No.

    Boda en Tarifa. Ahí es nada.

    Nos fuimos el día antes, ya que por Internet habíamos alquilado una serie de habitaciones varias parejas de amigos en un hotelito del centro, muy cerca de una playa conocida como “Playa chica”

    La boda sería la noche del sábado en un complejo de fiestas cercano. Así que como llegamos el viernes aprovechamos para tomar algo y pasear por las calles de la ciudad donde se unen Mediterráneo y Atlántico.

    Paseamos por sus cuestas, cruzamos por el pequeño “puente” que separa los mares y terminamos en una pequeña terraza tomando algo. Un buen día, sin lugar a dudas.

    Por la noche en la habitación del hotel seguí la fiesta con Gloria, mi novia. Tras las copas de la terraza los dos llegamos con las ideas claras al hotel. Fue despedirnos de los demás, cerrar la puerta de la habitación y ponernos a besarnos y desnudarnos mutuamente. Fue un polvo rápido, fuerte, sin concesiones. Luego nos quedamos desnudos en la cama, abrazados y gastando bromas sobre los gemidos y gritos que nos llegaban de la habitación de al lado, donde se supone que descansaba una pareja de nuestro grupo.

    Llegó el sábado, día de la boda.

    La fiesta empezó rápido aunque nos levantamos tarde. El desayuno se basó en cervezas y las primeras tapas, acompañadas de risas, historias y recuerdos. Mi novia se había ido a una peluquería donde había solicitado cita y llegó casi al final de la ronda número… ni idea de que ronda era. Venía preciosa, la verdad.

    Luego de nuevo al hotel a cambiarnos.

    Ducha y a vestirse.

    Yo había elegido unos zapatos marrones, un traje azul oscuro comprado específicamente para la ocasión, camisa blanca y… empezaron las dudas. Había llevado corbata y pajarita, sin saber que elegir. Y aún seguía sin hacerlo. Al final, sin saber qué hacer, decidí que eligiera el azar. Una moneda de 50 céntimos al aire. Ganó la pajarita, una pajarita azul oscuro con flores en diversos tonos de rojo. Así que… zapatos marrones, un traje azul oscuro comprado específicamente para la ocasión, camisa blanca y pajarita.

    Estaba poniéndome los gemelos y el reloj, cuando salió mi novia del baño. No os engaño si os digo que tuve una erección instantánea.

    Zapatos de tacón plateados., unas medias algo oscuras, aunque no negras, que le dejaban unas piernas espectaculares y un vestido morado de una pieza. Era un vestido entallado, que le llegaba hasta las rodillas. La espalda casi descubierta. Por delante, llegaba casi al cuello, solo dejaba ver los bordes de una gargantilla que se perdía dentro del vestido. Pero le realzaba de una manera el pecho que… ufff. Y luego el pelo con aquel efecto despeinado que no era más que un efecto. Tonos rosados en las mejillas y labios rojos.

    Mi novia me atraía siempre, pero en aquella ocasión…

    Me acerqué y la abracé por la cintura.

    -Estás increíble, cariño. La novia se va a cabrear al ver que le quitas el protagonismo.

    Ella sonreía poniéndose los pendientes frente al espejo.

    -Anda, anda jajaja. No digas eso. Y relájate que noto como estás -está claro que en el abrazo había notado mi pene erecto – que el bus llega ya mismo y como siempre seremos los últimos. Y yo tengo una lectura en la boda.

    Pues nada. Que la sangre volviera a circular por el cuerpo saliendo de mi polla.

    Salimos de la habitación. Y sí. Fuimos los últimos en llegar al bus alquilado. Eso sirvió para que algunas miradas repasaran bien a mi novia. Fijo que alguno de mis amigos alguna vez se había pajeado pensando en ella. Pero bueno… la imaginación es libre.

    Llegamos al sitio. Espectacular es una palabra que se le queda corta. La ceremonia en sí tendría lugar en una zona ajardinada, sobre un césped y con el mar de fondo. Sillas envueltas en telas rosas. Y recuerdo perfectamente la fragancia que existía en el lugar. Algo afrutado que me encantó.

    Llegó el novio, saludando de grupo en grupo. Habría unos 200 invitados calculo así que no estaría mal la boda.

    A los 25 minutos llegó la novia. Venía también espectacular. Traje blanco clásico de una pieza.

    La ceremonia la dirigía una concejala amiga de la familia e iban intercalándose lecturas. La lectura de mi novia fue un cúmulo de recuerdos y vivencias: nuestro primer camping juntos, los años de universidad, los noviazgos… Mientras leía la miraba, y miraba también las miradas de algunos sobre ella. Con una sonrisa pensé en el polvo que nos habíamos dado la noche anterior.

    La ceremonia siguió. Y terminó con el beso del novio a la novia. Del marido a la mujer, perdón.

    Una breve recepción y a cenar, pensé. Me gusta comer, la verdad. Y con las cervezas de aquel día tenía ya hambre. Además el catering elegido por mis amigos tenía fama así que…

    Pero la recepción no fue breve. Hubo de todo, y yo me afané en probarlo todo, para ir bajando el hambre. Cervezas y jamón, queso, gambas, canapés, mini chorizos al infierno, pan con caviar, más jamón, y ya se me va la memoria.

    Recuerdo que cuando llegó el momento de sentarse a la mesa ya iba medio lleno. Y medio lleno por el otro lado con el punto del alcohol.

    Vaya! Las mesas tenían nombres de ciudades que habían visitado juntos mis amigos. Nos tocó Roma. Bueno, no estaba mal la cosa.

    Eran mesas circulares de 8 comensales en otra zona ajardinada, adornada con enormes velas en candelabros y guirnaldas de luces.

    Nos sentamos a la mesa. Todos en la mesa éramos amigos del grupo. Y todos habíamos estado en la mañana juntos con las cervezas, así que las charlas fueron una continuación de la mañana.

    Se fueron encadenando los platos, con los paréntesis de sorbetes de llamativos colores. Y sabores. Cambié la cerveza por el blanco para el pescado y el tinto para la carne. Siempre digo que no hay que mezclar diferentes tipos de alcohol que luego… Pero siempre lo termino haciendo. Pero bueno, aquella ocasión lo merecía y además no conducía. El bus nos esperaría a la mañana siguiente.

    Como decía, me gusta comer bastante. Aunque no se me note físicamente (gracias papá y mamá por la genética). Pero debo admitir que con la carne no puede. Y eso que la miraba fascinado. Pero no podía más. Estaba para reventar.

    El postre cuando llegó me mató. Un postre mezclando fruta con chocolate. Soy adicto al chocolate. Lo probé aunque no lo terminé.

    Barra libre!!! Tras la comida empezó la música y la bebida de más alta graduación.

    Empecé pidiendo ginebra con tónica.

    En mi primera copa los novios bailaron al son de una canción de Aerosmith.

    Luego risas y más copas. No sé en que momento me pasé al ron con cola. No lo sé.

    Tras bailes y risas estábamos ko. Así que terminamos sentados en grupos en unos espacios preparados para ellos. Había algunas cachimbas para los que gustaban de fumar en ellas. Yo nunca he fumado, así que me concentraba en mis copas y en algunas golosinas que habían repartido.

    Mi novia, tras los bailes conmigo, se había ido de grupo en grupo saludando y tal. En esos momentos no la veía.

    Mierda. Necesitaba visitar el baño. No era la primera vez de la noche. Pero bueno… iba ya tocado pero llegaría.

    Me fui para allá. En la fila del baño de mujeres estaba mi novia, la besé entre sonrisas y bromas, poniéndole, sin importarme la gente, la mano en el culo. Ella iba menos bebida que yo, así que sonriendo y tras el pellizco que le había dado en el trasero me apartó con cuidado la mano y empezó a contarme cosas que ya ni me acuerdo. Al poco entró en el baño con una amiga y yo me quedé allí esperando en mi cola.

    Observé a Maite. Era una amiga de la novia que yo conocía poco. Era del norte y tenía un novio que parecía medio gilipollas. O entero, vamos. Me miraba y sonreía. Suponía que me había visto besando y cogiendo el culo. Le sonreí y viendo que había poca gente ya en las colas y que cada una estaba en lo suyo, le guiñé un ojo. Ella llevaba un vestido rojo y marcaba bien las formas. Estaba buena y no me hubiera importado en un futuro comprobar esas formas. Su sonrisa se amplió. Quizás esa posibilidad futura se hiciera realidad.

    Pero nunca pasó. Me tocó el turno en el baño y entré.

    Cuando salí del baño Maite no estaba. Estaría en el baño ahora. Así que me fui a mi silla, donde me esperaba mi copa de forma paciente.

    A momento de llegar allí llegó mi novia y me arrastró a la zona de baile. Ella tiraba por delante y la mesa me retenía por detrás. Pero ganó mi novia. Tras algunos pasos y bailes más dignos de un pingüino que de un ser humano terminamos abrazados y besándonos.

    -Oye, tenemos que hacernos unas fotos. Estos jardines son espectaculares y estamos los dos guapos así que Instagram nos espera. – me dijo.

    -Pues vamos ahora, porque ya mismo no me mantengo en pie jajaja

    Nos hicimos algunas fotos junto a unas palmeras, junto a unas fuentes, a zonas con flores… estaba todo genial, la verdad. Y hubo selfies muy buenos. Llegamos a un banco de piedra junto a macetas enormes, rebosantes de flores. Ella se sentó sobre mí y nos hicimos otro selfie. Mis manos sobre su cintura.

    -Mira que guapos hemos salido

    Dos amplias sonrisas en la foto. Si, cierto. Estábamos que ni parecíamos nosotros.

    Mis manos empezaron a recorrer sus muslos y la besé en el cuello.

    -Hoy estás más guapa, cariño. Estás deslumbrante.

    Ella se giró sonrió y me besó. Qué beso! Sus besos siempre han sido de esos de película. De película romántica, de esas con bandas sonoras lentas, de esas de color rosa. Estuvimos varios minutos besándonos. Y tras esos minutos el beso mutó a un beso más salvaje. De roces en los labios, pequeños mordiscos, y tal pasamos a mordernos los labios, a enredar las lenguas de forma bestial, a penetrar la boca del otro con la lengua sin compasión, a suspirar y gemir entre besos. La película romántica se había convertido en una de otro tipo.

    Aprovechando que estábamos en un rincón alejado del resto de gente metí la mano por debajo del vestido. Sus muslos eres sedosos y suaves, tibios al tacto. Pero notaba algo más de calor cuando iba subiendo. No llegué con la mano a la ropa interior de ella. Ella me lo impidió. Pero con una sonrisa dijo:

    -Aquí nos van a pillar, busquemos un sitio más íntimo.

    Me levanté con ganas de romper con piedras todos los focos que había cerca, pero no lo hice. Fuimos paseando cogidos de la mano. El sitio más oscuro que encontramos fui el sitio donde estaban estacionados los coches. No se veía nadie y había relativamente poca luz.

    Recuerdo perfectamente que fue entre un Focus Azul y un Passat negro donde encontramos un banco de piedra similar al que habíamos ocupado antes. Me volví a sentar con ella encima. Los besos continuaron y esta vez mi mano si pudo llegar a su objetivo. La mano de ella también empezó a recorrer mi cuerpo. Me quitó cinturón, el botón del pantalón y agarró mi pene bajo la ropa interior. Empezó a masturbarme. La erección fue completa en cuestión de segundos pese a la cantidad de alcohol que llevaba. La deseaba follar allí. Y ese deseo era inmenso.

    Notaba a través del vestido sus firmes pechos y sus pezones erectos. Le mordí el labio inferior y le dije susurrando al oído:

    -Cómemela…

    Con una sonrisa ella se levantó de mi dio un paso atrás y se agachó, indicándome con el dedo que me levantara yo.

    Así lo hice y ella empezó a comérsela allí. Notar sus labios en mi polla tras tanto deseo era maravilloso. Colocó una mano en mi culo y me empujaba para que la penetración oral fuera más profunda. Yo notaba su saliva en mi miembro, su calor, su deseo… Joder. Como la deseaba yo también. Con una sonrisa vi restos de pintalabios en mi pene. Y su lengua recorriéndolo… ufff.

    No podía seguir mucho tiempo así. Me apoyé en el Passat porque ella apretaba cada vez más y temía perder el equilibrio. Pero no quería correrme en la boca.

    -Para, para. No quiero correrme así. Vamos a follar aquí. – y cuando se incorporó, con una sonrisa le dije – O no quieres hacerlo aquí?

    -Tú que crees? Quiero sentir tu polla dentro. Y la quiero ya.

    La hice girar y que colocara sus manos en el Focus. Subí su vestido a la cintura (algo que me costó) por lo entallado que era y le baje las medias y la ropa interior a la mitad del muslo.

    Allí la penetré. Ella recibió la penetración con un leve gemido y moviendo el cuerpo hacia atrás para que esa penetración fuera también más profunda. Empecé a moverme y a hacer que mi polla entrara y saliera de ese cuerpo, de esa persona, que tanto deseaba. La excitación era máxima. Su cuerpo estaba caliente pero su culo frio. Me gustaba aquello. Aquel contraste. Mi otra mano entró por la amplia apertura posterior del vestido y apreté una de sus tetas. Uffff. Tenía una consistencia maravillosa, un tacto que, por sí solo, su recuerdo me había motivado más de una vez en la ducha a solas.

    Creía que iba a correr, pero ella se corrió antes que yo. Es raro, la verdad, en nuestra relación. Pero en aquella ocasión, fruto del deseo quizás o bien de los toques de antes, ella se fue antes. Eso me puso a mil. Y tras dos acometidas más me corrí dentro. Notaba el semen caliente salir de mi hacia su cuerpo, buscando su interior.

    Con un suspiro se la saqué al momento, con cuidado de no mancharla. Me quedé allí apoyado en el otro coche, con la polla al aire, goteando los últimos restos de semen, mientras ella se subía la ropa interior, las medias y bajaba el vestido. Se giró, me sonrió y me besó, abrió el bolso que había dejado sobre el banco y me pasó un pañuelo de papel. Me limpié y cerré de nuevo el pene bajo la ropa interior y el pantalón. Nos ayudamos a acomodar la ropa bien y buscamos un sitio en el propio parking con algo más de luz para que ella pudiera retocar los destrozos en el maquillaje.

    Mientras lo hacía mirándose en un retrovisor. Le agarré el culo de nuevo. Mi deseo por aquel cuerpo seguía intacto. Cuando volviéramos al hotel pensaba follarla de nuevo, disfrutar de nuestros cuerpos, de aquel momento.

    Ella terminó de pintarse y nos fuimos abrazados hacia la zona de baile.

    Al ir acercándonos no vi nada raro en las miradas. A saber cuántas parejas estaban haciendo lo mismo ahora mismo en rincones perdidos del lugar. Si noté las típicas miradas de deseo ante el cuerpo de mi novia. Eso me hizo volver a sonreír. Más de uno estaría pensando en el culo o incluso en el coñito de mi novia. Un coñito que iba ahora relleno de mi semen.

    Yo necesitaba una copa para bajar la temperatura.

    Ginebra o ron?

  • Alejandra, Andrea y yo

    Alejandra, Andrea y yo

    Mi señora tiene 38 años y yo 46. Nos casamos cuando ella tenía solo 19 años. Es una preciosa mujer de 1,70 m, pechos talla 95 y un trasero que me vuelve loco y al cual pude desvirgar luego de varios años de casado.

    De más está decir, que no había tenido muchas experiencias sexuales en su juventud y que las mismas se limitaban a franelas interminables con noviecitos de su edad.

    Al inicio nuestra relación fue más bien turbulenta en la cual me dedique a tratar de enseñarle los placeres de la vida, internándonos por días en secciones de buen sexo, luego ingresamos en un periodo de calma, pero lentamente empezaron a surgir ciertas fantasías.

    Una de ellas era compartir nuestra actividad sexual con un hombre u otra mujer, que por otro lado esto último eran mis deseos más ocultos. Así fue como en los días en que ella se sentía más cansada, normalmente los finalizábamos con ella haciéndome la paja (la había educado bien de como satisfacer a un hombre y una de sus especialidades es masajear los huevos y hacer subir el semen hasta vaciarte todo), a esta actividad le fuimos agregando algunos relatos eróticos en los que comenzó a jugar en mi mente mi cuñadita, que está muy buena, tiene 6 años menos que mi señora. Pese al disgusto de esta por ser su hermana de a poco se fue soltando, y la íbamos alternando con otros relatos de amigas de mi señora, la mayoría de ellas maestra que es su profesión. El tiempo paso y por viaje de negocios tuve que ausentarme de mi casa por un par de días, allí se me ocurrió la idea de regalarle un consolador. Para mi sorpresa el regalo resulto todo un éxito y ese precioso instrumento sirvió para recrear un sin número de fantasías, mi señora se fue poniendo más cachonda y más abierta a realizar ciertos jueguitos así fue que la obligue a «robarle» la ropa interior a mi cuñada una vez que fue a su casa. Al principio se hizo la indiferente, pero para mi sorpresa, a la noche lucía una diminuta tanguita de color blanca, perteneciente a Cecilia mi cuñadita.

    La diferencia de envergadura física entre ambas hermanas es significativa, estos hacia que le resaltara más el culo y prácticamente la parte posterior parecía un hilo dental, ante ese panorama la obligue a posar para mí y se hizo una paja fenomenal con el consolador mientras yo la observaba a pocos centímetros de tal espectáculo, del cual emanaba un intenso olor a hembra, esto me fue calentando y me puso la verga tiesa, le dije que se ponga en cuatro, en posición de perrito, lo cual accedió rápidamente, al tocar la bombacha esta estaba totalmente húmeda, le introduje un par de dedos dentro de su sexo y efectivamente este estaba empapado y ella sumamente excitada, estaba regalada, mi calentura fue en aumento y le corrí de una la tanga y le conduje mi sexo de una hasta el fondo… empecé a sentir como su flujo corría e iba a parar a mis huevos, lo que me calentó más e hizo que me mojase un dedo en el y le penetrase la cola, dio un brinco… intento quejarse, pero no la iba a dejar escapar tan fácilmente, con mi picha hasta el fondo de su vagina y un dedo juguetón en el interior de su recto.

    Con el tiempo, conocimos a Andrea una maestra, morocha, no muy linda pero atractiva, con esas caras de chupar pija hasta los huevos y cuatro años menor que mi señora, lo que más me atrajo de ella fue su cola, que estaba enfundada en un jean y marcaba perfectamente unas diminutas braguitas, mi pene se puso duro al instante… y para mí ese orto era una escultura a conquistar, comencé a pensar a diario en él y casi le exigí a mi señora que lo incluya en sus relatos fantásticos.

    Por razones laborales, iniciamos un pool, con ella en el mismo auto y para mi era un placer mirarle por el espejo sus piernas, ya que normalmente viste polleras. Demás está decir que empezó a ser el centro de mis fantasías, pese a que mi señora se resistía, me fui enterando que le gustaba usar bombachas diminutas y que el marido estaba ocupado laboralmente y que cumplía sus obligaciones maritales en forma esporádica, e incluso me confesó que de charla entre mujeres, esta había manifestado que este le exigía su cola, pero que solo una vez lo habían intentado sin éxito ya que le había dolido mucho el intento y su marido se había tenido que quedar con las ganas.

    Un día por razones laborales concurrió a casa, la casualidad quiso que en mi casa no hubiese nadie ya que mis hijos se habían ido a pasar el fin de semana a lo de mi suegra. Mi señora y Andrea se pusieron a trabajar en el living y yo me puse a ver TV, en la misma había una película medio subida de tono lo que provoco que me fuera calentando.

    En un momento ingreso a la pieza mi señora y yo estaba muy caliente, esta vestía una remera sin mangas y una pollera no muy corta, lo primero que hice fue abalanzarme sobre ella y empezar a sobarle las tetas, Alejandra me dijo que la cortara que estaba Andrea, yo entorne un poco la puerta… y al oído le dije «una metidita rápida»… cuando quiso acordar ya la había puesto contra una de las paredes y había introducido directamente mi mano derecha por abajo del vestido, sobrepase una diminuta tanga roja y le había introducido un dedo sobre su vagina, un beso de lengua apasionado la termino de desarmar. A los pocos minutos, la hice arrodillarse, me desabrocho el pantalón y la hice meterse el pene al mango y le dije que le iba a hacer una paja en su boquita… la calentura era tal que nos olvidamos de Andrea.

    Para nuestra sorpresa empezamos a sentir unos gemiditos, al principio imperceptibles y luego más audibles, al dirigir la vista hacia la puerta entreabierta, observamos a Andrea, próxima al marco de la misma, que tenía, su falda subida y sus dedos metidos por debajo de una tanga color negro masturbándose. Yo casi le estallo a mi esposa de felicidad en su boca ante aquel espectáculo impensado hasta unos minutos antes. Alejandra se incorporó y se dirigió hasta el marco de la puerta, la tomo de la mano y la introdujo dentro de la pieza, la sensación fue rara y excitante, tener a dos hermosas hembras para mí y mi deseo a punto de concretarse, quería que este momento mágico no se cortase.

    Ante mis ojos, Alejandra comenzó a desabrocharle los botones de una camisa negra y le dijo a Andrea, que se saque su pollera, ante mi quedo esta con un conjunto de encaje negro, las tetas me parecieron formidables y me dieron ganas de bajarle el corpiño, pero decidí esperar. Alejandra tomo la mano de Andrea e hizo que esta me agarrase el pene y le dijo «…calentame a mi machito que te voy a enseñar cómo se hace el culito» y acto seguido, empezó a quitarse la ropa excepto su ropa interior roja. Por fin tenía a dos hembras en sugestiva ropa interior. Alejandra que me conoce, le dijo «…ahora ayúdame a sacarla toda la ropita» y las dos se dedicaron a sacármela toda, cuando finalizaron la tarea le dijo «quiero que mi machito me haga muy feliz así te lo presto» y terminado esto le dijo a Andrea que se saque la bombachita negra y que me la ponga, que quería que mis huevitos sintieran los jugos de otra mujer, Andrea cumplió esto al pie de la letra y yo creí morir al observar esa concha peluda, de matas negras y su docilidad o calentura al cumplir todo lo que le indicaba mi señora.

    Luego Alejandra, se puso en cuatro y le dio a Andrea un pote de vaselina, le ordeno que me pusiese una suave capa en el pene, pero no mucha porque no quería que resbalase. Acto seguido me dijo que le dejase su consolador cerca de Andrea por si se calentaba más, esta le dijo que nunca había usado uno. Cuando la escena estuvo lista corrí la fina tela de la bombacha y no sin dificultad logre ubicar mi pene en el patio trasero de mi señora, esta mientras maullaba mezcla de dolor y placer, le dijo a Andrea si le gustaba y que tenía que tener su chochita preparada, acto seguido le pidió que comience a mamar el consolador, que quería ver como se mamaba una pija con esa carita de maleva que tenía… al rato le hizo una seña para que se tirase en la cama al lado de ella.

    El espectáculo era increíble yo dándole por el culo a mi señora, está en posición de perrito y Andrea al lado de esta boca arriba tratando de hacer sus primeras armas con un consolador sobre la vagina. Alejandra percibió que le estaba por echar todo el semen y me dijo que pare, que la lechita iba ir a parar a la boquita de Andrea en recompensa de lo bien que lo estaba haciendo con el chiche, en nuestras fantasías sabía que esto me erotizaba mucho y no sé por qué ya que esta usa aparatos. Así que me hizo ponerme boca arriba en la cama, mi pene estallaba y se salía por todos lados de la bombacha de Andrea que yo todavía tenía puesta e hizo que Andrea se pusiese delante de mí, no sin antes bajarle el corpiño y dejando esa par de pechos hermosos a la vista. Alejandra se puso detrás de esta como si fuese un verdadero macho y con su lengua comenzó a sobarle la roseta de la cola y con una malo le introducía el consolador en su sexo, Andrea ávidamente chupaba mi pija, y comenzó a acelerar el ritmo, se la notaba muy excitada, yo trataba de ver que le hacía Alejandra, pero poco era lo que podía observar, hasta que entrecortada escuche la voz de esta que le «decía por ahí no que soy virgen y me va a doler»… la muy turra de mi señora se la estaba ensartando por el culito, yo no di más y le llene de semen la boca, Andrea no dejo soltar ni una gotita y caímos los tres extenuados. Al rato se escuchó la voz de Alejandra que me decía «el culito de Andrea que te gusta tanto es mío, yo se lo hice y voy a hacer todo lo que quiera con el»… ante mi sorpresa, quizás con un dejo de revancha o picardía, Andrea se dio vuelta y le estampo un beso de lengua… mi pene comenzó a reaccionar, viendo que mi semen se confundía en la lengua de estas dos hembras.

    Luego de esto Andrea se tuvo que retirar de casa… por supuesto con la tarea inconclusa, pero satisfecha. Por mi parte si bien se había concretado parte de mi fantasía, hacer un trío con una flor de hembra, la colita de Andrea me seguía siendo inaccesible.

    Pasaron varios días sin hablar del tema, incluso la conversación a la salida del trabajo era muy superficial. Demás está decir que yo volaba, ya que solo había podido darle toda la lechita a Andrea en su boquita y mi deseo era ponerle mi verga en su colita, que le había visto en forma circunstancial en ese primer encuentro aumentaba día a día.

    Alejandra evitaba en casa cualquier comentario, pretextando que se encontraban nuestros hijos, e incluso evitaba incluir el nombre de Andrea en nuestros juegos eróticos.

    Así pasaron varias semanas hasta que un tarde que las pase a buscar, me dijeron que en vez de dirigirnos a la parada del colectivo donde siempre dejábamos a Andrea, nos fuéramos a casa, que debían realizar un trabajo «urgente» para la escuela. Mientras nos dirigíamos a la misma me lamente pensando que seguramente estarían mis hijos en casa.

    Al llegar a la misma mi sorpresa fue mayor, ya que no se encontraban en ella, Alejandra, mi señora, me dijo que era una pequeña sorpresita para mí ya que estos no regresarían hasta el otro día.

    Para romper el hielo, me propusieron jugar a un jueguito, que yo tenía que adivinar qué tipo de ropa interior tenía puesta cada una, si yo acertaba, imponía la prenda, si yo fallaba, era mi señora quien elegía la misma.

    La primer pregunta, fue que bombacha tenía puesta Alejandra, respuesta que fue fácil para mí pues la había visto a la mañana mientras se ponía una tanga leopardo, la cara de esta fue de sorpresa al yo adivinar, ella se levantó su falda verde, para que Andrea pudiese observar que efectivamente ella llevaba puesta esa prenda, yo ni lerdo ni perezoso le impuse como prenda que me desabroche el pantalón y que se pusiese a mamarme la verga, cosa que hizo en forma suave como si saborease el mejor chupetín, luego de un rato, el desafío fue adivinar que corpiño lucía Andrea, yo supuse que de color amarillo, ya que como es morocha luciría muy sexy en su piel y en ese hermoso par de tetas, Alejandra le dijo que se suba la blusa, y ante mi estaban esos hermosos pechos, pero ante mi sorpresa sin soutien, Alejandra me dijo: «perdiste» y ahora elijo yo, quizás como revancha hizo que me arrodillase, que le sacase su bombacha y que le empiece a lamer su vulva, mientras esta comenzó a masajearle las tetas a su amiga, cosa que me dio un poco de envidia.

    Un rato después me preguntaron que soutien tenía mi señora, respuesta que nuevamente fue fácil y respondí que del color de su bombacha, pero esta vez la prenda tuvo como destinataria a Andrea, a la que le hice sacarle el soutien a Alejandra y la puse a lamer por primera vez el par de tetas de una hembra, el cuarto y nosotros íbamos subiendo de temperatura.

    Luego de un rato, me preguntaron qué bombacha tenía Andrea, yo les dije nuevamente de color amarillo, Alejandra, la hizo sentar en una silla frente a mí y le fue diciendo que lentamente se fuese abriendo de piernas, frente a mí apareció el monte tan deseado tapado de una minúscula bombachita verde agua, mi decepción fue grande y mi calentura en aumento, mi pene estaba en su máxima expresión, la prenda fue terminar de desnudar a Andrea, pero sin poderle rozar siquiera alguna de sus mejores parte, así la tuve toda desnudita ante mí, Alejandra me dijo que le busque un paquetito que habían comprado con Andrea en su cartera, mientras le dijo a esta luego de un caliente beso de boca que la desnude. Entregué el paquete a mi señora y para mi sorpresa, era una bombacha consolador, Alejandra le dijo a Andrea que la ayudase a ponérselo, que la iba a ser suya por la chochita, yo tenía el pene a mil.

    Acto seguido le dijo que se ponga en cuatro sobre la cama y esta fue la vez que puede ver ese paisaje tan anhelado por mí en todo su esplendor, el culo de Andrea, con sus matas arregladas de su cachuchita, Alejandra, rápidamente se le montó por atrás y sin mucho preámbulo le introdujo el consolador en el fondo de la chocha, el espectáculo era increíble, mi señora con un falo, ensartándose a su amiga, y yo mientras la envidiaba, me hacia una paja en solitario, Andrea gemía y gemía, se veía que estaba disfrutando de la cogida y Alejandra embistiéndola como un toro bravío, al rato las dos cayeron sobre la cama rendidas, luego de un rato, ambas me observaron y yo seguía al pie de la cama, entonces Alejandra, que ya sabía mi respuesta, me preguntó qué era lo que más me gustaba de Andrea y yo sin dudarlo le dije que el culito.

    Entonces le dijo que si me quería complacer primero le tenía que comer el chochito, Andrea no dijo nada, le sacó lentamente su bombacha con el consolador y le metió su lengua mojada en el medio de la vulva… al escuchar imperceptibles gemidos de mi señora, esta estaba disfrutando de una buena lamida, entonces aprovechando en la posición que se encontraban mi señora boca arriba y Andrea en el medio de su chocha boca abajo y todo el objeto de mi deseo a la vista, le introduje dos dedos en su concha que estaba empapada y luego los dirigí a su roseta y empecé a pasárselos lentamente por el culo, le dije que llevase sus dos manos atrás y se abriese bien los cachetes, ahí estaba ese ojetito tan preciado, comencé a ensartarles los dedos lentamente, al rato le jugaba sin compasión con tres dedos bien ensartados en su humanidad, mientras esta lamía el clítoris de Alejandra y bufaba de placer y dolor, me puse entre sus piernas y dirigí mi pene al patio de atrás, Andrea me dijo «excepto Alejandra los otros días nadie me culeo, no me hagas doler», le metí la punta y luego ingresó la cabeza, esta trato de zafar, Alejandra le dijo «mi machito ya te ensartó, ya pasó lo peor, seguí mamando, relájate», yo me sentía como en el limbo, rompiéndole el culo a Andrea mientras esta le comía la conchita a mi mujer, cuando Alejandra dijo «estoy acabando, estoy acabando» esta pareció ser la señal para inundarle el canal trasero a Andrea.

    Luego de unos minutos y estando los tres en la cama, yo en el medio de las dos, Alejandra me dijo que tenían una sorpresita para mí y esta era que Andrea se iba a quedar toda la noche con nosotros, ya que su marido se había ausentado dos día por razones de trabajo. Esa noche las ensarté a ambas por todos lados.

  • Hermanas de leche

    Hermanas de leche

    Pontevedra. Galicia. España. 10.30 de la noche. Viernes 12 de agosto de 2017. Un calor de carallo…

    Rebeca, morena, 1,78 de estatura, de ojos azules, melena larga, con enormes tetas, tremendo culo y guapa a rabiar, apodada la Gorda, y Lidia, rubia, 1.75 de estatura, con media melena, de ojos negros, con tetas pequeñitas, culo redondito y duro, y aún más guapa que su hermana, apodada la Flaca, estaban en pijama de seda sentadas sobre la cama de la habitación de Lidia con las piernas cruzadas mirando una revista de moda.

    Rebeca, le dijo a Lidia.

    -Te voy a contar algo de Pili que te va a dejar de piedra.

    -¿Lili, la Come Chochos?

    -Sí, la Come Chochos.

    -¿Es un chisme de sexo?

    -Es.

    Lidia, se animó.

    -¡Cuenta, cuenta!

    -Me dio un beso en toda la boca que me dejó a temblar.

    -¿Dónde te besó?

    -En la boca, ya te lo dije.

    -¿En qué lugar?

    -En el lavabo de la biblioteca.

    -¿Le cruzaste la cara?

    -No, me cogió de buenas.

    Lidia, miró a su hermana, y le preguntó:

    -¡¿No te gustaría?!

    -La verdad es que sí, pero logré desprenderme de ella y vine pitando para casa.

    -¿Cómo es eso de que lograste desprenderte de ella?

    -Es que me arrimó a la pared y allí quería devorarme viva.

    -¿Sólo te besó?

    -Bueno, también me magreó las tetas, me metió la mano dentro de las bragas y me masturbó un poquito.

    -¿Cuánto tiempo te tuvo contra la pared?

    -No te podría decir… Hasta que entró otra chica en el lavabo.

    -¿Os vio?

    -Sí, llegó justo cuando Pili me había bajado las bragas y me iba a comer el coño.

    -Vaya, vaya. Así que la Come Coños, que es delgadita como yo, te arrinconó contra la pared, te bajó las bragas… ¿Tenía una pistola para que dejaras que te bajara las bragas?

    -Bueno, a lo mejor me dejé un poquito, pero ya te dije que no me fui con ella, me vine para casa.

    -A hacerte una paja.

    -¿Qué?

    -Que al llegar a casa te hiciste una paja pensando en ella.

    -Su recuerdo me perseguía. ¡¿Tú sabes la dulzura que hay en los dedos y en la lengua de otra chica?!

    -No, ni quiero saberlo. El caso es que te masturbaste pensando en ella.

    -Me masturbé después de recibir su Watts up.

    -¿Qué te puso?

    -Puso.: «Perdona, pero es que antes de ir a la biblioteca miré un video de jovencitas comiéndose el coño, y como eres tan guapa te besé y te metí mano. Sé que te va a molestar, pero mi idea era comerte el coño en el lavabo y sentir como es un orgasmo tuyo. De nuevo te pido perdón. No volverá a ocurrir, si tú no quieres».

    Lidia, le dijo a su hermana:

    -¡Qué putilla! No se arrepiente, ni te pide perdón. Te dice el video que miró para que lo mires tú por ver si tiene suerte, te calienta como la calentó a ella. La llamas, y después…

    Rebeca, la Gorda, le dio un empujón a su hermana.

    -¿Después, qué, guarrilla?

    -¡Acaba lo que empezó en el lavabo, Gordi!

    -¡Qué cochina! ¿Miramos el video?

    -¿Y si nos calentamos?

    -No eres mi tipo, Flaca.

    -Pili es flaca como yo.

    -Pero tú no sabes besar.

    -Eso habría que verlo.

    -Venga, bésame, a ver si sabes besar.

    -¡Qué asco!

    -Tú a mí no me das asco.

    -¿Te volviste tortillera con un par de besos?

    -No, pero, ¡cómo besa la condenada!

    -Yo beso mejor que ella.

    -Demuéstramelo.

    -Si fueras un hombre…

    -Cierra los ojos e imagina que soy un hombre.

    -Vale, va.

    Lidia le besó a su hermana los ojos, la nariz, la barbilla, le pasó la lengua entre los labios. Rebeca le metió la lengua en la boca. Lidia se la chupó, luego le dio la suya y se la chupó Rebeca. Se besaron acariciando las lenguas… Al final, Lidia, le volvió a besar la barbilla, la nariz, los ojos, le dio un pico en los labios, y le preguntó:

    -¿Quién besa mejor?

    Rebeca, abrió los ojos, y le respondió:

    -¡Jolines, vaya sofoco!

    -No me contestaste.

    -Besas mejor tú, pero ella tiene mejores tetas

    -¡Anda ya! Mis tetas son pequeñitas y duras como piedras. Las vuestras son grandes y fofas.

    -A ver, enséñame una teta. No creo que las tengas tan duras.

    -¡Más quisieras, aprendiz de tortillera!

    -Seguro que las tienes blanditas de magrearlas al masturbarte. ¿O no las magreas?

    -¡Las tengo duras!

    -Mentira podrida. No las enseñas porque las tienes blandas.

    -Vale, te enseño una, pero sin tocar.

    -¿Y cómo voy a saber si la tienes dura si no la toco?

    -Ok, pero palpar y dejar.

    Lidia desabrochó tres botones de la chaqueta del pijama. Le enseñó la teta derecha a su hermana. Era una teta como una manzana reineta con una pequeña areola rosada y un pezón como un grano de arroz. Rebeca, la palpó, y dijo:

    -Sí que está dura, sí.

    -Te lo dije.

    Le pasó un dedo por el pezón, y le preguntó:

    -¿La otra es igual?

    Le apretó un poquito el pezón. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Lidia.

    -Es un poquito más grande

    -¿Por qué tiemblas, Flaca?

    -Estoy nerviosa.

    -Enseña la otra a ver como es.

    Lidia guardó la teta izquierda y sacó la derecha. Rebeca se la volvió a palpar y le volvió a tocar el pezón.

    -Es un poco más grande, es. ¿Puedo chuparla un poquito?

    -¡No!

    Rebeca se puso mimosa.

    -Un poquito, por fa.

    -Vale, sólo un poquito.

    El padre de Lidia y padrastro de Rebeca, Leandro, un abogado cuarentón, alto y delgado, iba a darles las buenas noches. Abrió la puerta de la habitación y vio a su hija con los ojos cerrados y a su hijastra chupándole una teta. Cerró la puerta y se fue a su habitación silbando en bajito.

    Rebeca metió la teta entera en la boca y se la mamó. Al dejar de mamar, Lidia, sacó la otra teta y se la llevó a la boca a su hermana. Rebeca acabó mamando las dos tetas. Lidia, le dijo:

    -Estoy muy mojada, Gordi.

    -Y yo, Flaca. ¿Chupas mis tetas?

    -La vamos a liar parda si te las chupo. Ya estoy como una moto…

    -Lo que estás es como un tren, Flaca.

    -¡Bueeenooo! Saca la chaqueta del pijama.

    Rebeca se quitó la chaqueta del pijama. Lidia le magreó, lamió, chupó y mamó las tetas a su hermana. Unas tetas grandes con areolas rosadas y pezones como guisantes, Unos minutos más tarde, con las bragas ya empapadas, Rebeca, le preguntó a Lidia:

    -¿Vemos el video de las jovencitas, Flaca?

    -¿Para qué?

    -Seguro que nos da ideas.

    -Coge mi PC.

    Rebeca cogió el PC… tecleó: «Jovencitas comiéndose el coño» y después pinchó en «Bonitas adolescentes comiéndose el coño». Vieron a dos preciosidades, que de adolescentes no tenían nada, besándose… comiéndose las tetas… y cuando una le comió el coño a la otra, le dijo Lidia a su hermana.

    -Estoy mojando la cama, Gordi.

    -Y yo. Me voy a tocar. Falta poco para que se corra. Me voy a volver a correr con ella.

    Lidia pilló a su hermana en un renuncio.

    -¡Te pajeaste mirando este video!

    -La curiosidad era muy grande

    -¿Lo pusiste para calentarme a mí?

    -Sí, para hacer una paja juntas.

    Lidia, mirando el video, le dijo:

    -No seré yo quien te diga que fue una mala idea. ¡Joder que bien sabe comerla la chavala! Yo ya me hubiera corrido.

    Rebeca, le preguntó:

    -¿Quieres que te la coma yo, Flaca?

    -Quiero.

    Rebeca le quitó la parte de arriba del pijama. Las pequeñas y duras tetas de Lidia quedaron al aire. Rebeca, esta vez le lamió y chupó los pezones, y las areolas se las lamió, mamó y chupó. Acabó metiendo las tetas enteras en la boca, primero la izquierda y después la derecha. Se quitaron los pijamas. Lidia, le dijo a su hermana:

    -Te la voy a comer yo a ti, Gordi. Después me la comes tú a mí.

    Lidia le quitó las bragas a Rebeca. Estaban mojadas, como las suyas. Le comió las grandes tetas, como viera en el video. Lamió el coño pelo, desde el ojete al clítoris y después le trabajó el coño y el clítoris con la lengua tal y como le hiciera la chica del video a la otra chica. Lamiendo de abajo arriba y chupando… Quiso emular tanto a la joven del video que metió una mano dentro de las bragas y se perdió, pues fue tocar el coño empapado y sentir que se iba a correr. Rebeca también estaba a punto.

    -¡¡Me voy a correr, Flaca.

    -¡Córrete, Gordi, córrete!

    -¡¡¡Me corro, Flaca!!

    -¡¡¡Me corro, Gordi!!!

    Lidia, al correrse, chupó el clítoris de su hermana. ¡Tremendas corridas echaron! Del coño de Rebeca salió un pequeño torrente de jugo que bajó por el cuello de Lidia y descendió entre sus pequeñas tetas hasta caer en la cama. Lucia tenía la mano empapada de jugo. Las dos gemían, temblaban y se sacudían. Los gemidos de la Flaca se ahogaron entre las piernas de su hermana, los de la Gorda se oían fuera de la casa.

    En la habitación de al lado, Nieves, la madre de Rebeca y madrastra de Lidia, una mujer rubia, abogada como su marido, de treinta y muchos años, y muy follable, estaba sentada en la cama. Vestía una enagua roja. Leía el HOLA. Se quitó las gafas, y le dijo al marido, que estaba sentado a su lado leyendo el AS:

    -¡¿Has oído eso?!

    -Debió ser el viento sobre la copa de los árboles.

    -El viento no se corre, Leandro. Eran las voces de nuestras hijas.

    -Se habrán hecho una paja juntas. Están en la edad.

    -¡¿Qué?! ¿Ves bien que nuestras hijas hagan esas cosas?

    -¿Tú no las hacías? Es más. ¿No las sigues haciendo?

    – Vaya respuesta ¡Tienes unos cojones cuadrados!

    -Ovalados ¡Y un empalme de mucho carallo! ¿Follamos?

    -¿Quieres follar? Dale la vuelta y métela en el culo.

    Leandro se destapó, quitó la verga empalmada y mojada, y le preguntó:

    -¿Me la chupas?

    -¡Ni en tus sueños!

    -¿Nos hacemos una paja juntos?

    -No estoy tan salida como tú. ¿Qué viste cuando fuiste a darles las buenas noches?

    Leandro, como buen abogado que era, mintió para calentar a su mujer.

    -Cuando abrí la puerta de la habitación de Lidia vi que tu hija estaba sentada en la boca de mi hija con las manos agarrando la cabecera de la cama. Movía su culo hacia delante y hacia atrás y alrededor. Sentí el chapoteo de la lengua de mi hija en el coño de la tuya, que le dijo: «¡Me voy a correr, Flaca, me voy a correr, Flaca, ¡Me corro, Flaca!» Tu hija se corrió en la boca de mi hija, gimiendo en bajito, Yo cerré la puerta y volví aquí.

    -¿Por eso volviste silbando?

    -Por eso.

    Nieves hizo amago de levantarse de la cama.

    -Voy a llamarles la atención.

    -A ver si te agarran entre las dos y te violan.

    -Mi hija no me haría eso.

    -No sé, no sé, calientes como están. ¿Si tu hija te agarrase por las espalda y mi hija te comiese la boca, las tetas y después el coño, qué harías?

    -Eso no va a pasar.

    -¿Y si pasase? ¿Abrirías las piernas?

    -¿Estás intentando calentarne, Leandro?

    -No me contestaste. Al sentir la lengua de mi hija sobre tu clítoris, lamiendo suavecito, suavecito, suavecito… ¿Abrirías las piernas para que te limpiase con su lengua el jugo del coño?

    -¡Que hijo puta eres!

    Leandro le metió la mano dentro de las bragas y se encontró con el coño mojado de su mujer. Le lamió una oreja, y con dos dedos dentro de su coño, le volvió a preguntar:

    -¿Las abrirías?

    Nieves, cerró los ojos, besó a su marido, le cogió la verga y meneándola, le respondió:

    -En mis fantasías, sí.

    -¿Ya te corriste así?

    -Sí.

    -¿Te corriste en su boca?

    Nieves ya besaba a su marido y respondía susurrando.

    -En la suya, no.

    -¿En la de quién te corriste mientras te hacías una paja?

    -En la de Anastasia Steele, la de 50 sombras de Grey.

    -¿Quieres que te coma el coño?

    -Siiii.

    -¿Me meto entre tus piernas o subes y me lo das a comer.

    -Subo. Apaga la luz y no digas ni una palabra mientras me la comes.

    Leandro apagó la luz. Nieves se quitó la enagua y las bragas. Sus grandes tetas, con areolas marrones y grandes pezones quedaron al aire en la oscuridad. Leandro se las magreó con una mano y con la otra se masturbó. Nieves le puso el coño mojado en la boca y le folló la lengua… A veces le ponía las tetas en la boca para que se las mamase, después volvía a ponerle el coño en la boca… Llegó un momento en que no pudo más, y echándose hacia atrás, dijo:

    -¡¡Bebe, Flaca, bebe!!

    Leandro, al saber que se había corrido pensando en su hija, lejos de enfadarse, se corrió soltando un chorro de leche que fue a parar a la espalda de Nieves.

    Lidia, la Flaca, a la que le estaba comiendo el coño Rebeca, estuviera oyendo los gemidos de Nieves. Cuando sintió que decía su apodo al correrse, a su mente vino la cara de su madrastra, y exclamó:

    -¡¡Bebe tú, golfa!!

    Entre gemidos y temblores tan grandes que parecía que se iba a morir, Lidia se corrió y le llenó de jugo la boca a su hermana.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Continuación de El bosque (4)

    Continuación de El bosque (4)

    Era robusto y calvo, de unos sesenta años y en cuanto el señor Rolando se dio cuenta de que me miraba con insistencia me dijo: -Oíme, ahí tenemos a un candidato… Andá al baño, pasale por delante caminando despacio para que te vea bien, y respondele la mirada… Si te sigue al baño traelo acá…

    -Sí, señor, lo que usted diga…

    -Bueno, movete…

    Y pasó que el señor me siguió al baño y ahí quiso abrazarme, besuquearme, toquetearme pero yo no lo dejé y le dije que tenía que sentarse a nuestra mesa…

    -¿Quiénes son esos tres?…

    -Son mis… mis dueños… Yo no hago nada sin el permiso de ellos…

    -Mmmhhh, qué interesante, bueno, vamos a esa mesa…

    Una vez sentados a la mesa se presentó: -Es un gusto, me llamo Agustín, soy empresario textil y este chico me encanta…

    -Empresario textil, muy bien, podemos negociar que le prepare un buen vestuario al chico…

    -No habrá problemas…

    -Qué bien, mi amigo, véngase a casa con nosotros y lo charlamos…

    -Me gustaría ir pero no sólo a charlar, jejeje…

    El señor Rolando le devolvió la risita y dijo: -Tranquilo, amigo, habrá acción también…

    Y fuimos a casa del señor Rolando, yo erizado de pies a cabeza, con ganas de pija, como estoy siempre…

    El hombre tiene auto y nos llevó, conmigo a su lado y el señor Gervasio a mi derecha; Cristino y Rolando en el asiento trasero…

    Durante todo el viaje no paró de tocarme y de elogiar mis piernas… El hombre estaba súper caliente y eso me ponía súper caliente a mí…

    Por fin llegamos y mientras entrábamos a la casa el hombre me tocaba el culo…

    -Me tenés ardiendo… ¡Ardiendo!…

    -Cálmese, mi estimado, falta poco… -le dijo el señor Gervasio…

    Una vez adentro de la casa y sentados a la mesa del living el señor Rolando dijo: -Bueno, arreglemos lo de la ropa para él…

    -Sí, claro… -convino el señor Agustín… Lo que ustedes quieran…

    -¿Qué te gustaría, Yoyi?… –me preguntó el señor Rolando…

    Pensé un momento y dije: -Me gustaría una blusa blanca sin mangas, con cuello y que llegue apenas hasta debajo de los pezones…

    -Perfecto… En unos días la tendrás… -prometió el señor Agustín… -Y si se te ocurren otras cosas pedímelas…

    -Bueno, sí, me gustaría un bermudas celeste muy, muy ajustado…

    -Lo vas a tener junto con la blusa, calculo que en una semana…

    -Gracias, señor… -murmuré cada vez con más ganas de probar su pija… Y fue en ese momento que sonó el teléfono…

    -Hola, Carmen, qué sorpresa… -dijo el señor Rolando…

    …………

    Ah, te dejó calentita… pero a vos te gustan las chicas…

    …………

    Sí, es cierto, de tan lindo parece una chica… Te lo llevamos uno de estos días y si querés venite para acá y le damos entre todos…

    ………….

    -Mmmhhh, muero por verte usándole el culo con ese juguete….

    ………….

    Sí, decime… ¿Sombra de ojos? ¿qué es eso?

    ………….

    Ah, entiendo, va a quedar hermoso el muy puto… Bueno, ¿cuándo te venís?

    ………….

    -¿Mañana a las ocho de la noche?… Perfecto… Ah, qué bien si traés eso de la sombra de ojos…

    Cortaron la comunicación y el señor Rolando me dijo:

    -Oíme, Yoyi, mañana a la noche viene Carmen, la peluquera, así que decile a tus padres que te vas a cenar a casa de un compañero de escuela y te quedás acá…

    -Sí, señor Rolando, lo que usted diga…

    Y, ay, ¡lo que fue la noche siguiente!… Pero antes permítanme contarles cómo me usó el señor Agustín…

    Después que se hubo arreglado lo de mi ropa me entregué al empresario…

    -No sabe lo bien que Yoyi chupa la pija, mi estimado señor… -me promocionó el señor Gervasio…

    -Bueno, que me la chupe, entonces, y que después me dé el culo si quiere la ropa…

    -Yo hago lo que usted quiera, señor… -dije y me arrodillé ante él para hacerle una buena mamada…

    La pija se le puso bien dura en cuanto la tuve en mi boca y empecé a chupar… Ay, debe ser eyaculador precoz porque no tardo casi nada en echarme varios chorros de semen que tragué hasta la última gota…

    Descansó un rato echado en la cama y después me quiso en cuatro patas para dármela por el culo… El señor Rolando le dio el pote de vaselina y segundos después me estaba penetrando y me llenaba el culo de leche caliente…

    ………….

    Vino la señora Carmen y en cuanto estuve ante ella me llenó de elogios, me pellizó las mejillas, me acarició las nalgas y hasta me dio un beso en la boca…

    -¡Ay, que cosa más linda! –repetía y yo me calentaba cada vez más…

    Decidieron que yo sirviera la cena y los atendiera desnudo durante la comida…

    -Más vino, Yoyi…

    -El siguiente plato, puto…

    -Servime agua…

    Yo cumplía con todas las órdenes y estaba ardiendo de calentura… ¡Me excita mucho obedecer!… ¡Y que decirles cómo me puso lo que hablaron de mí!…

    -Carmen, a vos te gustan las mujeres y entonces, ¿cómo es que estás tan caliente con él?… –quiso saber el señor Rolando…

    -No veo por qué te asombrás, ¿no te das cuenta de que Yoyi es tan lindo como una chica?… Mirá el cuerpo que tiene, mirale la cara… Esas caderas, la cintura… ¡el culo!… ¡Es una belleza!…

    -Sí, tenés razón… -aceptó el señor Rolando y enseguida preguntó: -Bueno, ¿qué es eso de la sombra de ojos?

    -Lo vamos a maquillar un poquito… Le ponemos sombra en los párpados y con las cejas que le depilamos va a quedar hermoso… Y ni hablar cuando lo tengamos con el pelo hasta los hombros…

    -Es todo tuyo, Carmen… -dijo el señor Rolando y me sentí completamente en manos de la peluquera…

    (continuará)

  • Emanuel y los piratas

    Emanuel y los piratas

    Emanuel estaba contento de haber venido a la casita de playa de su familia. Se dispone a parar el fin de semana como a el le gusta, en soledad y disfrutando de la naturaleza. Sus padres declinaron de venir puesto que la temporada de playa ya casi finaliza y no esta caluroso como para ir a la playa que es cuando él mas disfruta. Poder dormir hasta cuando quiere, quedarse en el jardin escuchando musica y ver ponerse el sol entre los pinos que rodean la casa es lo que realmente quiere. Tambien el vecindarioi se ha quedado despoblado, casi todos vienen a pasar en verano y luego vuelven a la ciudad cuando el tiempo empieza a ser menos caluroso.

    Solo tiene dos vecinos, Don Beto y Don Lito que viven en la casa de al lado todo el año, ya que tienen un negocio de venta de leña y ademas es su vivienda de todo el año. Emanuel no tiene mucho trato con ellos mas alla de algun saludo porque los dos hombres son mucho mayores que el y no tienen nada en comun. En realidad Emanuel tiene pocas amistades y principalmente se interesa en su apariencia fisica. A sus 18 años le gusta ir al gimnasio 3 veces por semana, lo que acompaña con una dieta sana por lo que tiene un fisico armonico, lo que complace al joven. Ultimamente ademas concurre mensualmente a un centro cosmetico donde se depila todo el cuerpo porque odia la aparicion de vello en su cuerpo. Algunos compañeros de Emanuel se burlan de su cuerpo desprovisto de pelos y le dicen que eso de depilarse es de gays, burlas que no hacen mella en el chico, a el no le interesan los hombres y tampoco tiene interes en las chicas. Principalmente tiene un solo interes, que es su cuerpo y en lucir siempre esplendido, cuando se mira desnudo en el espejo siente gran satisfaccion por lo que ve. El cree que es un poco narcisista su comportamiento, pero no le parece mal.

    Aquella tarde de sabado estaba descansando en la reposera en el jardin cuando sintio que alguien lo llamaba, era su vecino Don Beto que lo saludaba y le decia si habia venido a pasar el fin de semana, a lo cual el chico respondio que asi era y que sus padres no habian querido venir. «Asi que estas solo» le dijo Don Beto mientras se aproximaba el otro hombre, Don Lito que tambien lo saludo con la mano. Los dos hombres eran sesentones, Don Beto mas bajo y rechoncho que Don Lito que era mas alto, de piel morena, tenian barba de dias y aspecto poco cuidado, se pasaban todo el tiempo cortando leña y apilandola en el fondo de su vivienda.

    Lo que no sabia es que los dos hombres lo miraban con interes, viendolo semidesnudo solo vestido con un corto short, su pecho y piernas desnudas, se veia tentador para estos dos viejos que de a poco se acercaron al jardin de su vecino y Don Beto dijo «Porque no te venis a tomar algo con nosotros, justo ibamos a descansar un poco de cortar leña».

    Emanuel no tenia idea de la maldad humana y ademas jamas iba a desconfiar de sus vecinos y para no ser descortes dijo «Bueno, ya voy Don Beto, dejeme que me ponga una remera y voy». Mientras el chico se levantaba y se vestia, ademas de calzarse sus sandalias los dos viejos quedaron cuchicheando en voz baja

    «Mira que bueno que esta, dan ganos de cogerlo» dijo Don Beto a lo que Don Lito dijo «Es una mantequita, que piernas tiene, para chuparlo todo»

    Los dos hombres ya habian estado bebiendo y estaban algo sacados, ahora al ver a su vecino, con poca ropa y ese cuerpo tan lindo se empezaron a excitar.

    El joven traspaso el jardin de su casa hacia el de sus vecinos y de alli lo invitaron a entrar en la casa. Lo primero que percibio Emanuel fue el olor a humedad y poca higiene de esa casa, propio de dos hombres que vivian solos penso. Don Beto le sirvio un vaso casi lleno de una bebida alcoholica muy fuerte que apenas pudo tragar sin toser, lo que provoco la risa de los viejos «Parece que no tenes costumbre de tomar cosas fuertes» dijo Don beto.

    Para desmentirlo, el chico tomo otro sorbo mas largo y lo trago como pudo, diciendo, «esta fuerte pero es rico» «Como vos» penso Don Beto que ya lo miraba sin disimular lo que le gustaba ese chico y lo que le gustaria hacerle. Lo invitaron a sentarse en el unico sillon que habia y los dos viejos se sentaron una a cada lado de Emanuel. Los tres brindaron y el muchacho sorbio otro trago, que parecia quemarle la garganta.

    «Parece mentira de la ultima vez que te vi como cambiaste, eras un nene y ahora sos un hombre» dijo Don Beto mirandole las piernas.

    El muchacho, complacido y sin advertir las malas intenciones, le dijo «Es que me cuido y voy al gimnasio, me gusta estar bien presentable»

    El otro viejo le lleno el vaso de nuevo, Emanuel tomo otro sorbo pero al no estar acostumbrado se empezo a sentir primero, mas liviano y bien pero luego se empezo a sentir mareado. «No, no me sirva mas que ya tome mucho» a lo que Don Beto dijo «Un poco mas, no te va a hacer nada» pero veia complacido que el chico a medida que tomaba le costaba hablar. Don Beto decidio arremeter y le puso una mano en el muslo mientras le decia «Mira que lindas piernas tenes, y que suaves las tenes».

    Emanuel, que cada vez le costaba mas mantenerse sobrio, dijo «Es que me depilo todo porque me gusta mas que tener pelos, es mas higienico». La mano que tenia en su pierna se empezo a mover por todo su muslo mientras el viejo decia con voz ronca «Y como haces para tener tan lindas piernas, parecen las de una mujer». «Hago muchos ejercicios para las piernas» dijo Emanuel que no supo si le gusto el comentario de que tenia piernas parecidas a una mujer.

    Don Lito que hasta el momento se habia limitado a servir alcohol al chico, dejo la botella y se puso a tocarle la otra pierna, ahora Emanuel sentia que sus dos piernas eran intensamente sobadas, pero no pensaba nada raro, eran simplemente dos personas que estaban admirandolo por tener ese cuidado con su cuerpo. a diferencia de ellos que se veia estaban bastante descuidados.

    El moreno que sobaba la pierna de arriba abajo, tocandole tambien la pantorrilla y volvia a subir dijo «Mira Beto que duras y suaves tiene las piernas» a lo que Don Beto dijo, sin dejar de tocar la otra pierna «Yo tambien la tengo bien dura»-

    Emanuel se dio cuenta que estaba empezando a perder la conciencia y todo giraba alrededor, se quiso levantar y no pudo, Don Beto le dijo «Mira, mejor que te tires un rato en la cama hasta que te repongas» pero el chico escuchaba como que venia de lejos, tenia una borrachera increible y se dejo llevar por los dos calientes viejos hasta la cama del dormitorio.

    Casi no sintio cuando lo desnudaron y lo acostaron boca abajo en la cama. Como lobos hambrientos los dos viejos se pusieron a acariciar el cuerpo del chico y cuatro manos lo recorrian sin pausas. Emanuel sintio, en ese estado vaporoso en que se encontraba, que estaba en medio de una pelicula de piratas que habia visto en su niñez. Se trataba de un barco mercante que era abordado por salvajes piratas, barbudos y brutales que se llevaban todo por delante ante indefensos marinos. En realidad lo que estaba siendo abordado en forma salvaje era el culo del chico, Don Beto apretaba y sobaba esas redondas carnes mientras el negro le acariciaba los muslos, los dos con una expresion de lujuria pintada en sus caras.

    Ya sin poderse contener, Don Beto hundio su barbuda cara entre las nalgas del chico pasando su rasposa lengua por toda la raja del culo y busco con desesperacion hundirse en el cerrado orificio del muchacho. Emanuel, en su ensoñacion de piratas sintio que mas piratas se sumaban al salvaje abordaje del sufrido mercante marino y sus tripulantes.

    Ahora eran dos dedos que se introducian en el culo de Emanuel, dilatandolo y preparandolo para la penetracion, Don Beto tenia una ereccion monumental y tomando al chico de la cintura lo despego del colchon, con una mano lo mantuvo y con la otra busco llevando su duro miembre hacia ese deseado hoyo. Lo encontro y empujo, la punta se intrujo, luego empujo mas y sintio como su verga era atrapada y apretada por ese culo, empujo mas y lo penetro completamente, quedandose un momento quieto para luego empezar un mete y saca violento, lo embestia con fuerza y soltaba bufidos de satisfaccion mientras se lo cogia, viendo como esas redondas nalgas temblaban ante cada embestida. Finalmente, la excitacion pudo mas y eyaculo largamente, quedandose unos instantes sobre él para luego salir y quedar de costado. Sin demoras, Don Lito que estaba esperando por su momento, apenas el culo del chico quedo libre se subio sobre el y le metio su dura verga, su penetracion fue mas facil al estar dilatado y mojado por la leche de su socio. Empezo a cogerse ese culo como loco, su calentura era brutal, despues de ver como Don Beto se lo habia cogido ahora era su turno y lo disfrutaba suspirando de placer hasta que acabo en medio de un bufido brutal.

    Despues de un rato los dos abusadores se retiraron del cuarto dejando dormir al chico que tanto placer les habia dado, mientras tanto Emanuel todavia soñaba con barcos piratas y abordajes, horribles caras barbudas y banderas con calaveras, mientras empezaba a sentir un ardor insoportable entre sus nalgas.

  • Yago (VIII): Final

    Entre sueños, Nandillo pudo escuchar a Benoît diciéndole a Pierre que ya podía enganchar los caballos en el carruaje del Duque; Alfonse le había explicado como esconder bien a Yago, y el equipaje ya estaba preparado.

    Pero, entonces abrió los ojos y fue a ver lo que pasaba; y se dio cuenta de que tenía que ayudar a su señor.

    – ¡Señor!, ¡mi señor!… ¡despertad!…

    Había cogido la cara de Yago con sus manos, y la movía de un lado a otro, intentando despertarlo.

    – ¡Despertad, mi señor!

    Esa noche, había sido muy especial para el Sr. Marqués. En su propio castillo había encontrado lo que siempre había buscado.

    Ese sargento, era la hostia; y estaba dispuesto a convertirlo en su secretario. Le asignaría una habitación junto a la suya; y así podría disponer de sus servicios en cualquier momento.

    Y con esos pensamientos se quedó dormido…

    Pero, Antonio, el ayuda de cámara, le despertó a las siete de la mañana para que despidiera al Duque.

    – ¡Lo siento, excelencia!, se os veía dormir tan plácidamente, que casi he dudado en despertaros.

    – ¡Está bien!, Antonio. ¡Enseguida estoy!.

    En la puerta del palacete, ya esperaba el carruaje del Duque tirado por cuatro percherones blancos, cuando Benoît y Alfonse se apresuraban a echar un último vistazo. Ambos, suponían que Yago sabría permanecer oculto a los ojos del Duque. Esas fundas con grandes flecos, le protegerían.

    Hervé de Clementsy y Didier Delors, el preferido del Duque, ya montaban sendos corceles; y se habían colocado a la cabeza de la comitiva.

    Cuando el Duque apareció, el Marqués, que lo estaba esperando, sacó su reloj de bolsillo y lo miró…

    – ¡Que puntualidad!, Sr. Duque.

    – Espego que pegdonéis este pequeño adelanto, Sire. Pego, me gustagía salig a las ocho…

    … ¡en punto!, si es posible.

    Le indicó, a Benoît, que abriera la portezuela del carruaje; y despidiéndose del Marqués con una ampulosa reverencia, dijo:

    – Ya sabéis que siempge lo paso muy bien con vos, ¡mon cher ami!. ¡Adogo vuestgo país!… pego, tengo que volveg a Versailles…

    y entró en el carruaje.

    – Au revoir!, monsieur le Marquis.

    – Au revoir!, Sr. Duque. ¡Bon voyage!

    Etienne subió tras el Duque; y se sentó frente a él.

    Y Benoît, que iba en la parte trasera del carruaje, de pie y a la izquierda, le indicó a Pierre, que llevaba las riendas, que iniciara la marcha.

    Sin embargo, el capitán Salazar, que también había salido a despedir al Duque y acompañaba al Marqués, no dejaba de pensar en Yago ni un solo momento; y como tuvo una fuerte corazonada, se atrevió a poner sobre aviso al cuerpo de guardia.

    Se dirigió a uno de los soldados de la puerta principal; y le ordenó que bajara a avisar…

    – ¡Rápido!, decidle al oficial de guardia, que pare el carruaje del Sr. Duque.

    – Pero, ¿que decís, capitán?, dijo el Marqués.

    – ¡Excelencia!, confiad en mí. Es posible que nos llevemos una sorpresa. Intuyo que el prisionero podría estar escondido en el carruaje del Sr. Duque.

    – ¿Os habéis vuelto loco?

    – ¡Es muy posible!, excelencia. Es muy posible

    En el cuerpo de guardia, la orden de detener el carruaje del Sr. Duque, llegó momentos antes de que lo hiciera la comitiva; con un soldado que corría delante de ella y que estuvo a punto de estrellarse contra el empedrado.

    – ¡PARAD EL CARRUAJE!

    Didier y el lugarteniente, tiraron de las riendas; y pararon bruscamente la marcha. Pero, Pierre tuvo que hacer gala de su buen hacer para conseguirlo.

    El Duque, se asomó por la ventanilla y gritó

    – ¿QUE OCUGGE, OFICIAL?.

    – ¡Lo siento, excelencia!. Creedme. ¡Lo siento mucho!. Pero, creemos que es posible que un prisionero aproveche la salida de vuestro carruaje para escapar escondido en el. Y tengo que asegurarme de que no sea así.

    – ¡Ah!, muy bien. Podéis pgocedeg…

    … pego, no tagdéis mucho, ¡s’il vous plaît!. Me gustagía almogzag en la fuente de la doncella.

    – ¡Gracias!, Sr. Duque.

    El capitán Salazar y el Marqués llegaban al puesto de guardia, en ese momento; y un tanto sofocados.

    – ¿Y?…

    – ¡Excelencia!, todo está en orden. No veo nada que pueda hacernos suponer que el prisionero se escapa oculto en el carruaje del Sr. Duque.

    Entonces, el Marqués, miró al capitán severamente; y asintiendo, autorizó la salida de la comitiva…

    … y volvió a despedir al Duque.

    – ¡BON VOYAGE, MON AMI!

    – ¡AU REVOIR!

    – ¡AU REVOIR!

    Y mandó abrir las puertas del castillo.

    Alfonse, y Benoît, no daban crédito…

    … y se preguntaban, que había sido de Yago.

    – ¡Con cuidado, señor!, debemos irnos ya.

    Yago no conseguía entender lo que decía Nandillo; le estaba costando despertarse.

    – ¡Vamos, señor!, no temáis. ¡Seguidme!

    Cuando, por fin, consiguió entender lo que le decía el muchacho, se dio cuenta de que debía seguirle; y con mucho cuidado, se incorporó.

    Juntos, se escabulleron hasta llegar al fondo de la cuadra, y bordearon el espacio reservado a los caballos de los oficiales. Luego, Nandillo tiró de una cuerda que abría una portezuela, a modo de trampilla, justo a la entrada de las letrinas para la tropa; y bajaron por la escalera que descendía hasta el fondo de la cloaca…

    … y después de aguantar un olor nauseabundo, durante un buen rato, el chico se hizo seguir, tirándole de la camisa.

    – ¡Por aquí!, mi señor…

    Avanzaron por una vereda construida con piedras de granito, hasta llegar a una plazoleta en la que confluían varias galerías que, probablemente, pertenecían a la red de galerías excavadas para la defensa del antiguo castro romano sobre el que estaba construido el castillo.

    El chico las conocía bien, sin duda; no en vano había jugado en ellas con el hijo del herrero cuando era un niño.

    – Algunas son muy largas, y no sé donde llevan, ¡señor!. Pero, aquella (y señaló la más ancha) atraviesa la montaña y llega hasta el Valle Grande, ¡señor!. Si queréis, antes de que termine el día, podemos estar allí.

    Yago le miró sorprendido.

    – Ese sería un buen lugar. ¡Si!…

    Y se mostró decidido a seguir caminando a través de ella.

    – Pues, entonces, ¡esperadme aquí!. No tardaré mucho.

    Nandillo volvió sobre sus pasos, con pies ligeros; y Yago se quedó esperándole, un tanto perplejo, en esa plazuela.

    En la cocina, Margarita se afanaba preparando infusiones para combatir la resaca de las damas, e Isidro daba instrucciones a los encargados de servir el desayuno de los señores, para que lo sirvieran en el gran salón. Y quizás por eso, no repararon en Nandillo, que había entrado en la cocina, y andaba de aquí para allá.

    Detrás de la puerta, colgado en una percha, vio un morral que le vino a pedir de boca; y en el, metió: medio queso, cuatro panecillos, unas morcillas, manzanas y un cuchillo. Y también una bota de vino tinto, que colgaba de ella.

    Salió de la cocina sin que nadie se percatara de su robo; y volvió con su señor.

    – ¿Donde has estado?.

    Nandillo, sonrió muy contento; y cautivo de él, le enseño el morral.

    – Ya podemos irnos, ¡mi señor!…

    y cogiéndole de la mano, tiró de él para entrar en la galería que llevaba hasta el Valle Grande

    – ¿Tenéis hambre?…

    Cuando ya habían recorrido más de la mitad del camino, y atravesado la montaña, el Sr. Duque miró a su secretario, preguntándole con la mirada, si era oportuno llamar a Didier.

    El secretario miró a su Señor, mostrándole su agrado por la ocurrencia…

    … y el Duque le mantuvo la mirada sonriendo con cierta malicia.

    Abrió levemente la portezuela del carruaje y golpeó con su bastón en el lateral. El criado, acostumbrado a oír sus golpecitos, entendió perfectamente su mensaje; y dio una voz a los jinetes que cabalgaban delante de ellos.

    El lugarteniente se detuvo en seco; y después acercarse al carruaje acompañado de Didier.

    – (En francés) ¡Bajad!, e id a ver que quiere su excelencia.

    El soldado, bajó del caballo; y se acercó al carruaje.

    El Duque, que miraba disimuladamente por la ventanilla, vio cuando Didier llegaba hasta la portezuela de la carroza.

    La abrió, y…

    – (En francés) ¡Ah!, Didier. Tengo que daros algunas instrucciones para cuando lleguemos a la fuente de la doncella, ¡subid!…

    El soldado entró en la carroza; y enseguida encontró su sitio. Etienne se había echado a un lado, dejándole espacio para sentarse. El Duque cerró la portezuela, y corrió la cortinilla.

    El lugarteniente, se dio media vuelta; y cogiendo las riendas de la cabalgadura del soldado, se adelantó; y avisó a Pierre para que continuara con la marcha.

    Sin duda, este Duque sabía escoger a su servidumbre.

    El carruaje continuó con la marcha; y el soldado se retrepó, abriendo las piernas con sutileza y ofreciendo sus encantos con elegancia.

    Enseguida sintió el peso de la mano del secretario; que acariciaba el bulto que iba creciendo entre sus piernas… y su aliento cerca del cuello.

    Pero, el Duque solo miraba…

    – (En francés) Cada día estáis mas deseable, gatito…

    … ¡quitadle el calzón!, Etienne.

    El soldado levantó el culo, para facilitarle la labor al secretario; que enseguida tiró del calzón hasta dejarlo en los tobillos. Y luego, se agachó para quitarle los zapatos; y así poder terminar de sacárselo.

    Ahora, si. Esa visión, enardecía el deseo del Duque; que separó las piernas de Didier, con los pies apoyados sobre el asiento sobre el que el se sentaba; y que colocados entre sus piernas, rozaban sus genitales.

    Alargó la mano; y mirándole con los ojos henchidos de deseo, empezó a acariciar esa preciosa y tibia hendidura.

    Mientras tanto, Etienne se había inclinado para comerse esa polla cómodamente.

    Empezaron a oírse, los tímidos gemidos del soldado, que era prácticamente violado por los dos hombres.

    Y, Pierre empezó a sonreír, cómplice de su señor, cada vez que el lugarteniente miraba hacia atrás.

    Mientras se aproximaban a la fuente, el Duque y el secretario se estaban beneficiando a ese soldado, sin contemplaciones de ningún tipo; a fondo. Follándoselo a saco, salvajemente.

    El rubito era un gatito muy caliente y complaciente, con un excelente diseño, y un poco macarra; al que le gustaba ser el juguete de estos dos viciosos.

    Y todavía no eran las once de la mañana, cuando la comitiva del Sr. Duque llegó a la fuente de la doncella; un lugar paradisíaco, plagado de vegetación, que ofrecía paz y tranquilidad a los viajeros que sabían de su existencia.

    El Duque, quedó impresionado con su belleza; y se sentó a mirar el vaivén del agua desde una roca cercana al carruaje. La cola de caballo, de agua cristalina, que caía desde quince metros de altura sobre esa pequeña laguna, mantenía un continuo oleaje, en el que se producían unos efectos de color, maravillosos; cuando le daba la luz del sol.

    Y se acordó del Marqués, que fue quien le habló de la fuente y aconsejó hacer una parada en ella, de regreso a Versalles.

    Y pronto, pudo ver a los cuatro soldados de la retaguardia, que se habían desnudado, para disfrutar de un buen baño en la pequeña laguna; ofreciendo su desnudez sin ningún pudor, mientras jugaban y nadaban en el agua.

    Pierre, no les quitaba el ojo de encima…

    Sin embargo, Benoît y Alfonse, preparaban el almuerzo del Sr. Duque…

    Etienne continuaba incansable, follándose a Didier, dentro del carruaje…

    Y el sol, empezaba a calentar…

    FIN

  • Deseos de una hija a su padre

    Deseos de una hija a su padre

    Después de arreglar su almuerzo, ella regresó a su habitación y se desnudó delante de su espejo de cuerpo entero. Consideró brevemente dejar la puerta de su dormitorio ligeramente entreabierta, con la esperanza de que su padre la viera de pie allí, pero decidió que sería demasiado obvio… o demasiado desesperado. Lo último que quería era asustarlo y así cortar cualquier esperanza… sí la esperanza… el deseo… incluso la necesidad… ella finalmente admitía a sí misma sin reservas… que su padre la follaría.

    Algunas ideas diferentes revoloteaban en su cabeza mientras evaluaba su cuerpo desnudo en el espejo, las pantaletas húmedas todavía envueltas alrededor de un tobillo. Cerró los ojos imaginando a su padre acercándose detrás de ella, sus manos ahuecando sus pechos con ambas manos, su lengua se precipitó en su oreja, su dura polla presionando en el crujido de su culo. Ella casi se cae cuando sus rodillas se doblaron cuando frotó otro orgasmo de su coño.

    Cuando recuperó la compostura, decidió tomar el sol en el patio trasero y pedirle a su padre que se frotara la loción bronceadora en la espalda. Sacó un bikini muy delgado de su cómoda, uno que no pensaría en usar en ningún otro lugar que no fuera su patio privado.

    Con una sonrisa maliciosa, encontró unas tijeras y recortó el forro de tela interior de los dos pequeños parches que apenas cubrían sus pezones y el pequeño fuelle que caía entre sus piernas. Mientras ajustaba el trasero, se aseguró de que unos pocos hilos de su cabello se asomaran por los bordes de la tela. Ella sonrió de nuevo cuando se volvió para ver que el aguijón en la espalda había desaparecido casi por completo entre sus nalgas.

    La sola idea de que su padre la viera de esa manera, y sus manos frotando la loción en su piel, hizo que sus pezones se pusieran rígidos y su coño se apretara. Pronto estaría tan cerca de estar completamente desnuda como lo había estado alguna vez en presencia de su padre desde que era muy pequeña. Se puso una bata de gasa que no ocultaba absolutamente nada y salió tranquilamente a la sala de estar.

    «Papá, voy a tomar el sol en el patio trasero. ¿Me pondrás un poco de loción en la espalda? «, Preguntó ella caminando suavemente detrás de su padre viendo la televisión.

    Cuando él se volvió al sonido de la voz de su hija, prácticamente se atragantó con el sorbo de cerveza. Al principio, pensó que estaba desnuda bajo la bata transparente. Tardó un momento en darse cuenta de que estaba usando un bikini, aunque no parecía haber suficiente tela para cubrir sus pezones o su coño.

    En ese mismo momento, su pene se tensó notablemente y, por la pícara sonrisa en el rostro de su hija y la forma en que lo miraba, se dio cuenta.

    «Tú… no puedes… salir… ¡como… ESO!» Tartamudeó con la mirada fija en la forma en que el trasero del bikini apenas cubría su montículo y se deslizaba entre los labios de su coño.

    «No seas tonto, papá, el patio es muy privado y tú eres el único que podría verme. Y necesito comenzar a broncearme antes de que haga demasiado calor».

    Con eso se dirigió a la puerta del patio, su culo se balanceaba provocativamente, ella… para todos los intentos y propósitos… culo desnudo. Para entonces, el pene de Eric era duro como una roca. Mientras se ponía de pie, metió la mano dentro de los pantalones cortos, ajustó la cabeza hacia arriba para que no sobresaliera tan obviamente mientras seguía a su hija al patio.

    Ella sonrió para sí misma mientras caminaba delante de su padre. Ella vio la forma en que su polla se puso rígida cuando la vio prácticamente desnuda. Ella no hizo ningún intento por ocultar que lo había visto.

    Él sabía que ella lo había visto. Ella sabía que él lo sabía. Él sabía que ella sabía que él lo sabía.

    Sin siquiera tocarse, ella sintió la humedad creciendo entre sus piernas. Cuando llegó a una de las tumbonas del patio, dejó que la bata se deslizara por sus hombros y luego se dobló por la cintura para recogerla. El bajo gemido de detrás de ella le dijo a ella que su padre vio la forma en que la cuerda suelta las nalgas y los labios de su coño. Sus pezones hormigueaban y se apretaban visiblemente contra el resto del material endeble de la parte superior.

    Cuando su hija se inclinó frente a él, pensó que la cabeza de su polla o algo de su jism saldría de la parte superior de sus pantalones cortos. La delgada cuerda que iba desde su cintura hacia abajo entre sus piernas ocultaba poco más que el capullo de rosa arrugado de su culo y el agujero de entrada en su vagina. Él soltó un gemido bajo, esperando por un lado que ella no lo oyera y el otro que ella lo hiciera.

    Se dio la vuelta y echó una generosa dosis de loción de bronceado en sus manos y se lo frotó sobre ambos brazos, luego se inclinó hacia delante para cubrir la parte delantera de sus piernas. Sus tetas colgaban y casi se caían de las pequeñas tazas, dándole a él otra fugaz visión de sus pezones bronceados. Él gimió de nuevo y ella levantó la vista y le sonrió.

    Con los ojos fijos en la entrepierna de su padre, ella lentamente, seductoramente extendió la loción resbaladiza sobre la parte delantera de su cuerpo, alrededor de su cuello y hombros, hacia abajo alrededor de sus tetas apenas ocultas y sobre su estómago al parche de tela que cubre su coño. A cuatro o cinco pies de distancia, él podía ver claramente algunos mechones de su coño que se deslizaban por debajo del borde.

    «Oh, esto se siente tan bien, papá», arrulló, «Voy a obtener un bronceado realmente bueno este año».

    Luego se sentó en el diván y se recostó, extendiendo sus muslos. El jadeó cuando la endeble tela succionó la humedad de la raja de su coño. Era todo lo que podía hacer para mantener sus manos fuera de sus tetas y coño mientras su polla palpitaba en sus pantalones cortos. Ella le sonrió de nuevo y rodó sobre su estómago.

    «Por favor, papá, frota un poco de la loción en mi espalda», murmuró en un ronco susurro.

    Mientras lanzaba la loción en sus manos, Rena se echó hacia atrás y soltó el lazo que le ataba la parte superior, dejando que las cuerdas cayeran a su lado. Ella giró su cabeza para mirarlo, levantando su cuerpo lo suficiente como para darle otra mirada de su pezón. Luego levantó sus manos y apoyó su cabeza sobre ellas, frente a él mientras él se sentaba a su lado y comenzaba a frotar la loción sobre sus hombros.

    «Mmm, sí papá, eso se siente tan bien… oh sí… sobre mí… en todas partes», gimió ella.

    «¡Me está torturando!», pensó él mientras sus manos trabajaban lentamente por la espalda de su hija. «No puedo creer que ella actúe de esta manera conmigo, como si supiera cómo me siento y quiere que la toque… ¡y más!»

    Él le cubrió la parte superior de la espalda y le pasó la mano por los costados. Ella se retorció un poco y rodó ligeramente hacia un lado, lo suficiente como para que las yemas de sus dedos rozaran el lado suave de una teta. Rápidamente retiró su mano incluso mientras ella gemía un poco más fuerte.

    «Mmm, se siente tan, muy bien, papá», susurró, «no pares ahora».

    Cuando él lentamente frotó sus manos por sus costados, ella gimió nuevamente y levantó sus caderas lo suficiente para que sus manos se deslizaran debajo de ella, sintiendo la parte inferior de sus dos tetas. En lugar de alejarse de él, ella se retorció un poco, empujando aún más de la parte inferior de esa suave carne contra sus dedos. Ella dejó escapar un gemido satisfecho y lo miró directamente con una amplia sonrisa.

    La polla de «El» latió. No le sorprendería encontrar una o dos gotas de líquido preseminal que manchen sus pantalones cortos. Devolvió sus manos a la mitad de su espalda y siguió frotando la loción mientras ella gemía y se retorcía hasta que sus dedos llegaron a la cuerda que rodeaba su cintura justo por encima de las suaves curvas de sus nalgas.

    Pensó que era un buen lugar para detenerse. Sintió que ya había ido demasiado lejos en la forma en que la había tocado. Rena lo miró mientras retiraba sus manos.

    «No te detengas ahora, papá», murmuró, estirando la espalda para tirar de los lazos que ataban el trasero a cada lado, luego pelando la cuerda entre sus mejillas hasta que la tela cayó plana entre sus muslos. «No quiero obtener ninguna línea de bronceado este año… en cualquier lugar».

    Él miró hacia abajo a su culo totalmente desnudo en estado de shock. Ella soltó una risita y se recostó sobre sus manos y extendió sus muslos lo suficiente para poder ver la forma en que los bordes irregulares de los labios de su coño se abrían. Justo la noche anterior, la polla de un hombre llenó ese coño con su semen y ahora su hija lo invitaba explícitamente a tocarla y posiblemente mucho más.

    El aroma de su sexo se mezcló con el aroma de la loción mientras solo miraba esa hendidura entre sus piernas. Su polla estaba lista para explotar. Ella se echó hacia atrás y tomó una de sus manos entre las suyas y la colocó firmemente en su culo.

    «Solo queda un poco más, papá, solo un poco más».

    La sensación cálida y tensa de sus nalgas lo congeló. Él quería sumergirse entre sus piernas y lamer y chupar hasta que gritara un orgasmo tras otro. Sin embargo, ella era su bebé y estaba muy equivocado haber ido tan lejos como él. Ella inclinó la balanza.

    «¡¡Por favor, papi!! Por favor… no te detengas ahora… quiero que… por favor… termíname… por favor».

    Él comenzó a frotar sus manos recubiertas de loción sobre su culo y hacia abajo sobre los lados de sus caderas. Ella gimió nuevamente y abrió sus piernas lo más que pudo. Él podía ver algo de su humedad que se filtraba por los labios de su coño. Pasó sus manos por el interior de sus muslos, deteniéndose cuando los bordes de sus pulgares rozaron el vello que rodeaba su hendidura.

    De repente, ella se levantó con las manos y rodó hacia un lado, apoyándose sobre un codo, sonriendo maliciosamente. Sus tetas eran hermosas, redondas y firmes, coronadas por pequeños y duros pezones bronceados. Entre sus piernas, su cabello era grueso y fibroso, y combinaba con el pelo negro como el carbón en su cabeza. Mientras miraba en estado de shock, deslizó una mano entre sus piernas, se quitó la capucha de su brillante clítoris rosa y comenzó a girar la yema del dedo sobre ella.

    «No puedo… esperar más… más tiempo… papi», jadeó, respirando roncamente mientras sus muslos comenzaban a temblar, «y la próxima vez… no lo desperdicies… cuando estoy jugando… con mi coño… y desperdicio… tu semen en… tus manos… cuando tengo… un… calor… mojado… mi pepa… que puedes… llenar en cualquier momento… y de todos modos… ¡tú… quieres!»

    El coño de su hija estalló, arrojando sus jugos sobre él antes de que pudiera obtener su propia polla de sus pantalones cortos. Le disparó algunas cuerdas de su jismo en los dedos y el coño mientras aullaba su clímax. Él la tomó en sus brazos y la llevó a su cama, su polla revitalizada por la sensación de sus tetas presionando contra su pecho y su lengua lanzándose en su oído.

    Él la bajó suavemente sobre la cama y abrió los muslos de par en par, sumergiéndose en la gloriosa vista de su rajada coño rosa chorreante. Su pene estaba duro otra vez y lentamente se deslizó dentro de su apretado coño caliente hasta que sus bolas golpearon contra su trasero.

    Ella le sonrió, envolvió sus piernas alrededor de la cintura de su padre para jalar su polla tan profundamente como pudo entrar en su espera, deseando coño por primera vez y jadeó.

    «No te preocupes, papá, siempre te cuidaré de verdad».