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  • Mi primera cita con Hernán, mi marido

    Mi primera cita con Hernán, mi marido

    Hernán es mi esposo. En aquel entonces era el papá de mi mejor amiga ambos empezamos una relación de amantes.

    Angélica mi mejor amiga trabajaba en la empresa donde trabajaba su padre, y yo pues no quise recibir ayuda en algún momento de él, pues era comprometerme a algo más serio con él, pero muy tarde me di cuenta que ya estaba comprometida.

    Una tarde Angélica y yo salimos a tomar un café, estuvimos platicando de su nuevo trabajo a lado de su padre que pues no se sentía muy a gusto trabajando en la misma empresa.

    Pidió a su papá la recomendará en otro lado, y así fue, ella al poco tiempo cambio de empresa, y yo, pues nada, pero Angélica y yo solíamos comer juntas. Y me dijo que hablaríamos con su papá para que tomará el puesto que ella tenía Yo le dije que no Y ella respondió que su papá ya iba a encontrarnos en el mismo lugar para platicar sobre el trabajo, yo recordé muchas cosas, y me puse nerviosa. De pronto él llegó. El siempre tan atractivo y elegante con su traje negro, se sentó con nosotras y me saludó mirándome fijamente que no pude sostenerle la mirada.

    Angélica se levantó y dijo que se iría para dejarnos platicar del trabajo, así que se retiró. El me preguntó cuánto tiempo llevaba buscando trabajo? Lo cual respondí con tartamudeo y le dije que varios meses, me dijo que no me preocupa que yo ya tenía trabajo. Desde ese momento, así que pago la cuenta y me dijo que tenía prisa de ir a una reunión, que me pusiera guapa porque en la noche tenía fiesta en la empresa, y al oído me dijo, ponte algo muy sexi como tú sabes. Yo no tuve opción sólo dije que si.

    Llegó la noche y al terminar de bañarme sólo me encontraba pensando que iba a pasar esa noche, que su voz me había encantado y que quería volver a coger con el y que ya no me importaba en ese momento cuál sería el trabajo.

    Estuve escogiendo durante varias horas el atuendo. Así que decidí no ponerme nada debajo y sólo llevar un abrigo, negro, corto, sin escote y con unas zapatillas negras algo coquetas.

    Dieron las 9pm, pasó por mí y al subir al auto nos miramos y me dijo que me veía muy bien. Que cualquiera levantaría suspiros por mí. Yo sólo sonreí, durante el camino platicábamos de Angélica, su novio y del nuevo trabajo de ella, lo cual respondió, que yo tendría tres trabajos si así lo quería. Lo cual respondí, porque tres trabajos?

    1- el que me conseguiría en la empresa

    2- ser su acompañante en esos eventos.

    3- ser su amante

    Me dijo que quería que fuera su puta. Que quería verme cuando él quisiera sin que yo pudiera decir no. Recordé muchas cosas de mi pasado, pero me encantaba que hicieran conmigo lo que quisieran.

    Respondí, que si pero que tenía vida social, le dije que sería su puta pero que tenía que respetar mis decisiones en algunos momentos.

    Al llegar a la fiesta, todos nos miraron, y murmuraron que como era posible que el viejo trajera semejante hembra. Lo cual yo respondía con besos apasionados y al sentarnos con mi mano en su entrepierna.

    Al terminar la fiesta, nos fuimos a una cabaña al sur de la ciudad, hacía frío, y yo sin nada debajo, al entrar a la cabaña, camine alejándome unos metros de él, di media vuelta y me despoje de mi abrigo, al verme sin nada sólo sonrío, y me dijo que puta eres. Me acerque a él diciéndole, aquí está tu perra, tu puta, tu golfa, que quieres que haga? Me tomó fuertemente del cabello y me dijo que grabaría cada momento que me cogiera yo le dije que sí. Así que de rodillas frente a él saqué su verga y comencé a mamar, el tomo su celular y me estaba tomando vídeo, mientras yo decía que rico, delicioso, jugoso y exquisito pene tienes mi amor.

    No paraba de hacerlo, me gustaba ser filmada, eso me emocionaba y me ponía más y más caliente, tanto de sentir mi vagina muy muy húmeda, de pronto no podía más, le dije que me la metiera, me levantó y me tiró en la cama Yo tenía las piernas bien abiertas y chorreando jugos al por mayor, el me cogía muy rico, mientras le decía que yo era su puta y que siempre cogería con él, a mí me gusta gritar muy fuerte para excitarlo más y que no pare de cogerme, de pronto sucedió algo extraño él quería terminar me arrodillé ante el para que viciara todo en mi cara y mi boca al sentir todos su semen y volverlo a meter el mi boca, tuve un gran orgasmo, lo cual me hizo verter más jugos, el sentir toda su leche en mi boca y limpiarle con mi lengua me éxito tanto que di un gran grito de placer lo cual hizo que lo tomará de sus nalgas y lo empujara hacía mi metiéndolo todo en mi boca.

    Fue nuestra segunda noche juntos. Pero ahora si con muchas cosas por hacer, eso lo repetimos dos veces más, fue tan excitante y fue algo que nunca me había sucedido. Sentir un orgasmo mientras me comía su semen.

    Esa fue nuestra primera cita, quieren saber cómo fue la segunda?

  • La inocente vecina

    La inocente vecina

    Tengo una vecina que es un manjar de mujer, tiene unas tetas enormes y un culo irresistible, además es alta y rubia, tiene unos 35 años y su nombre es Grecia.

    Pero todo empezó cuando me cambie de casa. Había terminado, era de noche y estaba muy cansado, cuando de repente alguien toca la puerta, abro la puerta y es mi vecina:

    -Hola, mi nombre es Grecia, bienvenido, no tengo mucho tiempo así que te traje este pastel que yo misma hornee.

    -Muchas gracias por el pastel Grecia.

    Desde el primer momento que vi a Grecia sabía que tenía que convertirla en mi perra.

    Al día siguiente salgo al jardín y Grecia está regando el suyo, de repente moja su playera por “accidente”, dejando ver sus atributos, durante los siguientes días Grecia continúo insinuándoseme, era obvio que Grecia necesitaba verga y la pedía a gritos, y yo estaba dispuesto a dársela.

    Un día decido invitar a Grecia a mi casa: (Toco la puerta de Grecia)

    -Buenas tardes Grecia, me preguntaba si te gustaría venir a mi casa esta noche.

    -Claro que si vecino, ahí estaré.

    Finalmente cae la noche y Grecia llega a mi casa:

    -Pasa Grecia, estás en tu casa.

    Grecia llevaba un gran escote y una mini falda que lo que me provocaba eran más ganas de cogérmela.

    Grecia y yo cenamos, bebimos un poco de vino y charlamos un rato.

    -Sabes Grecia, eres una hembra tremenda y me atraes mucho

    -Lo se vecino, usted también me atrae mucho

    Me pongo detrás de Grecia y comienzo a manosear y apretar sus enormes senos:

    -Esta noche te convertiré en mi perra.

    De repente Grecia quita mis manos de sus senos y sin decir nada baja mis pantalones, se pone de rodillas y comienza a mamar mi enorme verga totalmente erecta.

    -Eres una excelente perrita Grecia.

    Mi verga es totalmente húmeda y babeada luego de que Grecia la estuviera mamando unos 15 minutos, estoy a punto de venirme:

    – ¡Abre bien la boca Grecia!

    Descargo todo mi semen dentro de la boca de Grecia y lo traga sin rechistar.

    Luego de eso Grecia deja sus enormes tetas al descubierto y yo aprovecho para chupar ese par de delicias.

    -Vecino, usted es todo un animal.

    Termino de chupar sus senos:

    -Es hora de que te haga mi perra Grecia.

    Meto mi enorme verga dentro del coño de Grecia y la empiezo a coger tan fuerte que sus enormes tetas empiezan a rebotar.

    -Ahhhh vecinooo

    – ¿Qué te pasa Grecia, nunca te habían cogido así de fuerte?

    -Está destrozando mi coño

    -Descuida Grecia ya terminé, solo me falta preñarte.

    Finalmente descargo todo mi semen restante dentro del coño de Grecia y ella suspira con una sensación de alivio y placer.

    Grecia se viste y está a punto de irse:

    -Me encanto lo de esta noche vecino, ojalá podamos volver a repetirlo

    -Descuida Grecia aquí estaré siempre esperándote

  • Sueña conmigo, preciosa

    Sueña conmigo, preciosa

    Sueña conmigo. Perdido entre tus sábanas. En la inmensidad de tu cama. Acariciando tu piel. Besándola. Lamiéndola y quedándome con tu sabor. Aspirando tu aroma. Recorriendo todo tu cuerpo con mis labios. Cubriéndote con mi piel. Transmitiéndote todo el calor de mi ser.

    Siente el tacto de mis labios por cada rincón de tu suave piel. El de mi lengua recorrerte desde tu cuello pasando por tus pechos. Lamiendo tus pezones haciendo que se pongan duros. Muy duros. Reaccionando a mi saliva y mi lengua. Apuntándome. Poniéndose cada vez mas erectos. Notas el contacto de mi miembro rozándote cuando me muevo sobre ti. Deseas la dureza de mi polla. Tus manos van hacia ella. La acaricias. Oyes mis suspiros cuando noto tu mano sobre ella. Pero me voy separando de ese contacto según voy besando tu abdomen. Según mi lengua va bajando hacia el tesoro que hay entre tus piernas…

    Esta mañana vas a mojar tus sabanas con tus orgasmos. Yo seré el culpable. Mis caricias los provocarán. Mis dedos. Mi pene. Mi lengua… serán los protagonistas. Te daré gusto. Te daré gozo. Te daré placer preciosa. Y tu lo recibirás. Lo sentirás. Lo disfrutarás. Suspirando. Gimiendo. Jadeando. Chillando. Temblando. Porque no pararé de poseerte. De penetrarte una y otra vez. Me sentirás dentro de ti moverme con un compas que ira in crescendo. Al igual que crecerán tus gemidos. Acompasados tu y yo. Yo empujando mis caderas para clavarme bien profundo dentro de tu mojado coño. Tu recibiéndome siguiendo el vaivén que provoco con cada empujón de mi cuerpo. Fusionándonos en el contacto de nuestras ingles. Rozándolas. Apretándolas. Sintiendo nuestras respiraciones. Nuestros gemidos al unísono. Nuestros jadeos coincidentes.

    Siento como el calor de tu coño envuelve mi polla cada vez que me sumerjo en ti. Mientras tu también sientes como te recorre una corriente por todo tu cuerpo proveniente de tu mojado coño.

    Clavas tus uñas en mis nalgas. Me atraes hacia ti. Quieres mas contacto. ¡Más! Siiiiii. ¡Más! Mmm… ¡Sigue! Me atrapas entre tus piernas. Las cierras aprisionándolas sobre mi cintura. Tu pulso se acelera. Tu excitación crece. Aumenta con cada embestida. Con cada beso en tus pezones. Con cada pellizco que les doy. Cuando tiro de ellos con mis labios. Con mis dientes. Con cada lamida. Y empiezas a temblar. Esa electricidad interna de tu cuerpo te hace tensar. Entro. Salgo. Me sientes. Jadeamos. Me hundo en ti. Me clavo en ti. Disfrutamos. Te estremeces. Te beso. Chillas. Agarras las sabanas. Tiras de ellas. Te tensas. Veo las areolas de tus pezones contraerse. Se que estas cerca. Ya te viene. Elevas tu pelvis. Y chillas mi nombre. Alto. Claro. Mientras estrangulas mi polla con tu coño en la convulsión de tu fabuloso orgasmo. Derritiéndote bajo mis últimos empujones provocando que finalmente me derrame dentro de tu encharcado tesoro. Dándote todo mi caliente semen. Y notando como exploto dentro de tu cálida vagina. Con agudos gemidos en mis ultimas embestidas.

    Sueña conmigo preciosa…

  • Fundiéndonos en un sólo cuerpo

    Fundiéndonos en un sólo cuerpo

    Me meto en la ducha, cuando escucho la puerta del aseo abrirse pareciendo tu tras ella, mientras me encañonó observó cómo te vas desnudando, te metes conmigo bajo el agua caliente envueltos en vapor nuestros cuerpos, buscas mis caricias, pero rehúso a dárselas, en mi mente tengo otros propósitos.

    Me salgo de la ducha dejándote a ti dentro, protestas me miras con cara de enfado, mientras me dispongo a afeitarme a la vez que a través del espejo me recreó con la visión de tus manos enjabonando tu cuerpo, viendo como el agua escurre por tu piel arrastrando a su paso la espuma y resaltando su color canela y su brillo.

    Tras sacarte nos dirigimos a la cama, vuelves a buscarme, me besas como tú sólo sabes, estas a punto de doblegarme, pero rédito, te giró y con mis manos comienzo a entenderte aceite corporal, intentado acariciarte tan suavemente, que te dé la sensación de que lo hiciera con las más suaves de las plumas, no dejando ni un sólo rincón de tu cuerpo sin que sienta el roce de mis dedos, aumentando la presión de estos sobre tu piel poco a poco, besando húmedamente tus hombros y respirando el aroma propio de tu cuerpo.

    Te pido que te vuelvas, una vez boca arriba me vuelvo a quedar exhorto con la visión de tu cuerpo, nuestras miradas se cruzan, en ella se nota algo especial, mis mano se acercaban ru para continuar su trabajo, empezando por dibujar tu contorno, recreándome con tus senos. Acerco me cara a tu entrepierna, sin llegar a tocarla, aspiro como si llevará horas sin depurar, por mis fosas nasales entra el mejor de los perfumes, tu sexualidad tu excitación.

    Ya no me puedo contener te abrazo con tal intensidad que temo hacerte daño, mis labios se apodaran de los tuyos y recogen la saliva de tu boca, se dirigen a tu cuello y hombros. Al mismo tiempo mis manos se apoderan de tu culo atrayéndote hacia mí, con la intención de fundirnos en un sólo cuerpo, como si estuviera programado tu sexo y el mío se acoplan y comenzamos a bailar la canción de amor más turba del mundo finalizando los dos al unísono, un orgasmo que me parece interminable como demostración del amor que sentimos el uno por el otro, alargando ese momento ten especial con los besos de tus labios húmedos, mientras mis manos acarician tu cara de ángel.

  • Las capacidades de Luis (V)

    Las capacidades de Luis (V)

    Había pasado un día desde el maravilloso trío que tuvo Luis con sus dos preciosas novias y, de nuevo, volvió a tener otra excitante idea. Luis se dio cuenta de que Paula era aún más provocativa que su adorada Marta. Y él decidió llevar esta cualidad suya al extremo…

    Quería que Paula fuese más pervertida que la más pervertida de las actrices porno. Quería que esa diosa de tetas generosas se muriese por follar con él. En resumen: quería convertir a Paula en una máquina sexual insaciable. Y lo iba a conseguir.

    Manipuló mentalmente a Paula durante un buen rato para producir este efecto en ella. No hizo falta una gran manipulación, porque la chica ya estaba condicionada de antes. Luis pronto iba a descubrir (y a disfrutar) a la nueva Paula. Ni en sus mejores sueños podría imaginar lo pervertida que podría llegar a ser esa chica.

    Dos horas después de la manipulación, Marta le dijo a Luis que debía ir a casa de sus padres para ayudarles con un recado de mierda (esas fueron sus palabras exactas) y, por desgracia, ella estaría ocupada un mínimo de 3 horas. El la abrazó, la besó y le dijo que no se preocupara.

    – No quiero que estés aquí solito, puedes llamar a Paula y jugáis a algo divertido. – Marta sonreía mientras decía las palabras “jugáis a algo divertido”.

    – Sí, podemos jugar a las cartas o algo así. – Luis sonrió a Marta.

    – A papás y a mamás sería lo mejor. – Marta besó a Luis otra vez, salió de la casa de él y se fue a ayudar a sus padres.

    Luis telefoneó a Paula y esta se mostró muy contenta con la idea de estar a solas con su novio. Dijo que en unos 20 minutos iba a llegar.

    En aproximadamente 20 minutos, llamaron a la casa de Luis. Él abrió y, evidentemente, ahí estaba su Paula. La chica desprendía una felicidad que era fácilmente percibida por los demás. Luis la abrazó y la besó con pasión: sus lenguas estuvieron jugando un largo rato. Luis hizo pasar a Paula al comedor de su casa.

    Luis observó, sorprendido, que Paula llevaba una bolsa de supermercado en su mano derecha.

    – Cariño, qué es esto que llevas? – Preguntó, señalando la bolsa con el dedo índice.

    – Oh, nada importante, amor mío. Es para que podamos jugar tú y yo. – Paula sonreía de forma pícara. Luis sintió una mezcla de excitación y sorpresa por esta contestación.

    Paula se acercó a una mesa y vació el contenido de la bolsa en ella: un bote de nata fría.

    – Me pondré esta nata en las tetas y tú me las lamerás como un buen chico, verdad, cariño? – Paula miraba a Luis, sonriendo con lujuria.

    Luis tuvo una fuerte erección, no lo pudo evitar. La idea de Paula era tan excitante que apenas podía pensar con claridad. Instintivamente, se acercó a Paula y la empezó a desvestir mientras la iba besando.

    Paula también ayudó a su novio a quitarse toda la ropa. Luis se sorprendió al comprobar que Paula no llevaba bragas. Podía notar el aroma a mujer excitada que se desprendía de su sexo. Muy sorprendido, miró a la chica.

    Ella, sonriendo con malicia, le dijo:

    – Las chicas traviesas no usamos bragas.

    Al poco tiempo, los dos amantes se encontraban completamente desnudos, el uno frente al otro. A pesar de que Luis ya había visto a Paula desnuda anteriormente, se excitó muchísimo al verla sin ropa: Paula era realmente preciosa. El cúmulo de las partes de su cuerpo era una delicia para la vista: unos pechos grandes y turgentes, un tipo escultural, su vagina goteando de excitación y una cara preciosa con unos penetrantes ojos verdes que lo miraban con pasión.

    Había otro motivo para su excitación: esta sería la primera vez que ambos iban a copular estando solos. Marta no estaría aquí, solamente ellos dos. Ese momento de intimidad también añadía excitación al asunto.

    Paula, sonriendo, cogió el bote de nata, lo abrió y, usando el pulsador, se puso una gran cantidad de nata encima de sus hermosos pezones. Luego, con la mano, extendió la nata por toda la superficie de sus generosos pechos. Acto seguido, se lamió y chupó todos los dedos de su mano, uno por uno. Como era comprensible, Luis tenía su pene pidiendo guerra. Era lógico, ya que Paula le miraba provocativamente cuando iba chupando cada uno de sus dedos llenos de nata.

    – Venga, mi Luis, mis tetas son completamente tuyas. Juega con ellas todo lo que quieras. – Paula sonreía con picardía.

    Luis se acercó a su amada Paula y le empezó a lamer las tetas llenas de nata. Cada vez que Luis besaba o succionaba los pezones de Paula, ella gemía de placer. Luis estuvo jugando con las tetas de su Paula hasta que no quedó nada de nata en ellas.

    – Vaya vaya, eres todo un glotón, eh? No te preocupes, querido, te daré más dosis de tetas y nata para que puedas merendar bien. – Paula hablaba de una forma muy estimulante.

    Paula se puso nata en sus tetas otra vez, pero esta vez se puso mucha más cantidad. La nata le cubría las tetas completamente y le bajaba un poco, hacía la barriga. Ese río de nata iba bajando poco a poco hasta llegar a su coño húmedo.

    Después de esto, Paula llevó a Luis al sofá y le hizo sentarse en él. Luis tenía su pene completamente erecto. Sonriendo, Paula se sentó encima de Luis, introduciendo el pene de su amado en su hambrienta y mojada vagina.

    Luis y Paula empezaron a copular con gran pasión. Luis iba besando y lamiendo las tetas de Paula. Paula arqueaba la espalda de placer sexual cada vez que Luis le succionaba los pezones. A pesar de tener la cara llena de nata, Paula besaba a Luis con pasión. En su frenesí sexual, Paula y Luis iban compartiendo placer, besos, nata y sudor.

    Luis notaba un contraste peculiar en su pecho: podía notar la calidez de las tetas y pezones de Paula, así como el frío de la temperatura de la nata. Esa diferencia de temperatura le resultaba agradable.

    Cada vez las embestidas de Luis eran más salvajes. Paula también gemía cada vez más fuerte. Los dos querían llegar al orgasmo, querían alcanzar el clímax. Debido a las embestidas y al frote de los cuerpos, la nata que quedaba se iba distribuyendo por casi todo el cuerpo de los dos amantes.

    – Venga, Luis, córrete dentro de mí!!! Quiero que me llenes el coño con tu leche!!! – Paula estaba completamente poseída por el deseo y la lujuria.

    Luis no se hizo rogar mucho: tanto él como Paula se corrieron casi en el mismo momento. Grandes cantidades de semen llenaron el coño estimulado de Paula. Las contracciones vaginales que tenía Paula eran bestiales y el pene de Luis las podía notar muy bien. Debido al placer que sentía Paula con el orgasmo que su novio le había dado, ella le arañó la espalda. Tanto el pene de Luis como el coño de Paula acabaron empapados con una mezcla de semen, fluidos vaginales y nata.

    Los dos amantes, abrazados y sudados, se besaron. Ambos se miraron y sonrieron. Luis estaba muy contento con su pervertida Paula, el cambio que mostraba ella era justamente lo que él deseaba. Pronto nuestro protagonista descubriría que lo mejor aún no había llegado.

    – Me ha encantado, Luis. Sabes cómo ponerme cachonda y eso me gusta mucho. – Paula sonreía a Luis, enamorada.

    – Tú también, cariño. La idea de la nata ha sido genial.

    Paula tocó el rostro de Luis con dulzura, y acto seguido le dijo:

    – Mi amor, soy tuya, completamente tuya. Puedes tener y usar mi cuerpo siempre que lo necesites. Puedo sacar tu leche con mi coño, boca o tetas siempre que te apetezca. – Paula miraba a Luis con una pasión que derretiría el hielo.

    – Es una propuesta demasiado buena como para rechazarla. – Luis le sonrió.

    Entonces, coqueta, Paula empezó a besar a Luis por todo su rostro. Lo besaba con dulzura, como sólo una novia enamorada de verdad lo haría.

    – Soy tu gatita, Luis, tu putita. Cuando estemos solos tú y yo, quiero que me consideres de tu propiedad, quiero que me hables provocativamente. Te lo ruego, me harás ese favor? – Paula miraba a Luis, suplicando.

    Luis se quedó muy sorprendido por la petición de Paula: Paula, una chica realmente guapísima, le decía que podía tratarla como si fuese su esclava sexual porque a ella esto le gustaba. El sueño de todo hombre pervertido tenía un nombre: Paula. Luis no dudó en aceptar esa deliciosa oferta.

    – Como desees, mi putita. – Luis sonrió a Paula.

    Paula, sonriendo complacida, besó a Luis. Las dos lenguas, cálidas y con restos de nata, jugaban entre sí.

    – Ahora, con tu permiso, quiero jugar un poco yo sola. Y quiero que me mires. – Paula lamió la mejilla de Luis, provocativamente.

    Paula se puso de pie, se desplazó un poco y se sentó en el suelo, a aproximadamente un metro de dónde estaba sentado Luis. Estaba realmente radiante: se la veía sudada y tenía las tetas cubiertas de nata. Aún se observaba el río de nata que iba hasta su vagina, llena del semen de su novio.

    Paula empezó a masturbarse delante de Luis. Pero no era la típica masturbación que se haría una chica para sentir placer, no, quería provocar a Luis con sus obscenidades: Paula gemía de placer mientras se metía casi toda la mano dentro de su vagina. El coño de la chica hacía ruidos al ser invadido por su mano porque se encontraba lleno de semen, fluidos corporales y nata.

    Paula alcanzó el orgasmo, un gran orgasmo. Se puso a gritar como si estuviese poseída por el espíritu de la lujuria. Después del orgasmo, la chica cogió el semen y otros fluidos que había en el interior de su vagina y se los llevó a la boca. Los chupó y lamió con deleite, mirando provocativamente a Luis. A pesar de que el chico hacía poco que había eyaculado, su soldado estaba firme otra vez al ver semejante espectáculo.

    – Me encanta tu semen, mi amor. – Decía Paula, lamiéndose los restos que había en su mano y sonriendo provocativamente.

    – Será un placer para mí dártelo cada día, mi gatita. – Luis también miró a Paula con picardía.

    – Acepto el trato, Luis. Ahora vamos a ducharnos juntos, mi amor. Quiero que me enjabones bien las tetas con tus manos y que le des a mi coño otra ración de tu leche. – Paula era realmente insaciable.

    Paula se levantó, cogió a su novio de la mano y lo llevó al cuarto de baño para poder seguir con sus juegos sexuales.

    La nueva Paula era realmente maravillosa, pensó Luis con razón.

    CONTINUARÁ…

  • En el probador del Zara del Factory

    En el probador del Zara del Factory

    Yo creo que tengo alguna ropa que es eterna. Os lo digo en serio. En mi armario hay algún chándal o alguna sudadera que no sé ni cuando compré. Quizás en la facultad? Se me va la memoria, pero recuerdo que siempre que he abierto el armario han estado ahí.

    Sin embargo los y las que tenéis niños sabréis que eso, en sus casos, es más que un sueño. Tengo un niño sobre los tres años y es desesperante ver como la ropa se le queda pequeña en cuestión de meses. Yo diría de semanas en algunos casos. Que sí, que vale. Que es bueno que crezcan y tal… pero joder. Tengo ropa con las etiquetas puestas, ropa sin estrenar, que ya no le tapa ni el ombligo.

    Pues nada. En esa estamos y por esa razón mi mujer mi dijo que, de cara al calor de Sevilla, que estaba ya a la vuelta de la esquina, deberíamos comprar bastante ropa para el pequeño. No vamos a dejarlo desnudo… así que a comprar ropa se dijo. Visita a las típicas tiendas tipo Kiabi y ropa para el armario. Compramos alguna y dejamos otra para otras visitas a tiendas.

    Era una mañana de martes. Había dado la casualidad que ni ella ni yo trabajábamos ese día. Y me propuso ir a por ropa al Factory. El Factory es un espacio de tiendas que hay cerca del aeropuerto de Sevilla. Venden outlets, ropa de saldo y tal. Lo vi bien, ya que allí podíamos rellenar algo más el armario del niño y un martes por la mañana no estaría, como era costumbre en ese sitio, saturado de gente.

    Aparcamos cerca de la puerta. Todo un éxito conociendo el lugar.

    A la entrada hay una gran fuente y unos macetones enormes. Entramos y ante el primer escaparate ya mi mujer se paró. Debo admitiros que suelo ir a comprar con mi mujer. Pero me desespera su forma de comprar. Creo, o es leyenda urbana, que es habitual en la mujer eso de mirar y mirar antes de comprar algo. Mi mujer, por lo menos, lo certifica. Yo suelo ser mucho más directo al comprar. Es más, creo que si en el súper pusieran la zona de cervezas a la entrada del mismo ahorraría mucha suela de zapato. Pero bueno… sobrellevo la forma de comprar de mi mujer. Pero tras cuarenta minutos de entrar en tiendas y tal y llevar las manos vacías, mi cara debía ser un poema.

    Eran ya las 13 y poco, y nada de compra. Mi mujer, que no es tonta, debió darse cuenta y me dijo que porqué no la esperaba tomando una cerveza en el 100 Montaitos, un local de comida que hay allí. Y que si tardaba que nos veríamos en el Zara, sabréis lo que es, que ella quería mirar para ella unos pantalones.

    Vi el cielo abierto. Cambiar los paseos y paradas en los escaparates por una jarra de cerveza era lo mejor que me podía pasar en aquel momento.

    Me pedí la jarra y me senté en unas mesitas bajas que tienen allí de madera. Había pocas personas en esos momentos en el bar. Vamos, había poca gente en general en el propio Factory, pero esa una bendición. A pequeños sorbos me bebí la jarra de cerveza mirando alrededor y observando algunos maravillosos cuerpos que pasaban por allí. Uffff. La verdad es que las vistas allí no eran malas.

    Pero como todo lo bueno se acaba, la cerveza llegó a su fin. Se me pasó por la cabeza pedirme otra pero… sería pasarse. Nada

    Me levanté. No había pasado demasiado tiempo así que mi mujer estaría todavía a lo suyo. Caminé un poco hacia atrás y entré en la tienda Puma. Estuve viendo alguna ropa de deporte, algunas zapatillas, el culo de una dependienta, alguna sudadera… lo normal.

    Al rato me acerqué al Zara a ver si, por suerte, mi mujer andaba allí. No había mucha gente. Pero mi mujer tampoco. De todas formas me asomé a la parte de los probadores por si se daba la casualidad, improbable, de que andara por allí.

    No hubo tampoco suerte y decidí que, visto lo visto, al final si me pediría otra cerveza. Quizás no jarra, sino tamaño normal. Pero iría por ella.

    Cuando salía de la zona de los probadores escuché un siseo que me llamaba. Supuse que quizás sería mi mujer. Estaban todas las puertas blancas abiertas, menos la penúltima de la derecha, que estaba sólo levemente abierta. Me acerqué y unos ojos oscuros me esperaban allí. No eran los de mi mujer. Es más, eran unos ojos muy jóvenes. Quizás demasiado.

    -Disculpa, podría pedirte un favor? – me dijo con una voz que sonó aniñada.

    -Claro, dime -dije con voz titubeante

    -Entra mira.

    En ese momento tendría que haberme ido de allí. Tendría que haber caminado por ese pasillo y haberme ido en busca de la cerveza.

    Pero entré.

    Era un espacio muy reducido. Un gran espejo, típico en un probador, en uno de los laterales. Un pequeño banquito de madera en una esquina, cubierto de ropa. Y un perchero en la pared, con una bolsa y más ropa.

    -Es que no sé de verdad como me queda esto. Me lo veo bien pero… quería tener otra visión? Cómo me lo ves tú?

    Y se giró, subiéndose al mismo tiempo la camiseta que llevaba.

    Tengo en la mente grabado a fuego como iba vestida. Cada detalle de lo que vi allí. Iba descalza, ya que en una esquina del probador descansaban unas zapatillas de deporte y unos mini calcetines. Eso mostraba que era bajita Llevaba una camiseta de color rojo, entallada, que era la que se levantaba. Dejaba eso a la vista parte de su espalda. Y con eso, sin obstáculo, lo que quería enseñarme. Eran unos pantalones vaqueros entallados. El tejido se le apretaba a la piel y le marcaba un magnífico culo y unas piernas de ensueño. En el trozo de piel de la espalda que se quedaba sin tapar se le veía un tatuaje, un tribal, que se perdía dentro de los tejanos.

    Titubeando yo le dije que le quedaba genial. A través del espejo vi que sonreía.

    Sería difícil de decir su edad. Aunque espero que tuviera más de 18 años, claro. Por ahí andaría. Era morena, ojos oscuros. Cara pequeña. Nariz algo respingona y dentadura de cine. En las orejas, como pendientes, dos perlas. El pelo lo llevaba hacia atrás, recogido en una gran cola. Una piel tirando hacia el moreno. Y otra cosa que no puedo olvidar. Su olor. El pequeño espacio estaba lleno de su olor. Un olor fresco, a frutas… a vida. Yo estaba a pocos centímetros de ella y me llenaba ese olor.

    Sin borrarse la sonrisa de los labios se giró y me dijo que entonces estaba la elección hecha y que se llevaría esos. Me dio las gracias y si inclinó para mi para darme un beso en una mejilla.

    Yo me quedé helado. No, no soy un tío atractivo. Soy un tío del montón. Sabéis lo que es la campaña de Gauss? Pues yo estoy sentadito en toda su cúspide. En la más absoluta normalidad. No soy horrible, pero tampoco un chico de revista. Soy… no sé… normal. Y nunca me había pasado algo así. La situación me gustaba pero también me ponía muy nervioso. Pero bueno… Con un “de nada” me despedí y me dispuse a salir.

    -Esto… – escuché su voz – me sabe mal abusar de ti… pero podría pedirte otra cosa.

    -Di… dime.

    -Es que este pantalón tan apretado es jodido para quitar y además tengo un golpe aquí – se señaló la espalda – y me cuesta, la verdad. Te importaría ayudarme?

    Ayudarla a quitarse el pantalón? Yo no sé ni como reaccioné. No recuerdo que dije o cual fue mi reacción. Lo siguiente que tengo claro es que ella se agachaba, quitaba la ropa del banco, se desabrochaba el pantalón y se lo bajaba de espaldas a mi hasta las rodillas. Ante mi apareció un magnífico culito cubierto por unas braguitas verdes. Uno de los laterales de la braguita estaba recogido, plegado, dejando a la vista una porción de carne brillante, inmaculada, que cautivó cada uno de mis sentidos. La camiseta, ahora suelta tapaba el tatuaje, pero poco más.

    Ella se volvió a girar quedando frente a mi y se sentó en el banco.

    -Es que… estos pantalones hacen buena silueta pero no veas para sacarlos. Se quedan pillados en los tobillos y… -dijo levantando levemente hacia mi uno de los pies que sostenía el pantalón enredado.

    Me vi agachándome y agarrando el pantalón para sacárselo por el pie. Las uñas del pie iban pintadas de un celeste algo metalizado. Al otro lado del pantalón se vislumbraba un muslo que me pareció enorme, redondo, que gritaba “bésame, muérdeme”. Y entre los dos muslos un triángulo verde que se perdía entre ellos. Ese lado del pantalón salió tras algunos movimientos.

    Bajó ese pie y subió el contrario. Le agarré el pantalón y me dispuse a hacer los mismos movimientos para que saliera también. Pero ella se movió e hizo algo que no esperaba en aquella situación de excitación. Subió algo más el pie y lo llevó junto a mi boca. Con los dedos de ese pie recorrió mis labios. Yo la miraba a los ojos. Unos ojos oscuros que me miraban sonriendo. Pasó los dedos de derecha a izquierda por mi boca y luego al revés. Allí los detuvo. Un segundo después presionaba con el dedo gordo del pie y con el siguiente mis labios, como indicando que abriera la boca. Algo a lo que yo accedí. Sentí sus dedos haciendo ahora el mismo recorrido pero con mi boca abierta. Sentía su roce en mis labios, en mis dientes. De un lado a otro. Y vuelta atrás. Cuando paró ese movimiento hipnótico le besé suavemente el pie. Su sonrisa se acrecentó. Sentía el sabor de su pie en mi boca, su olor… era… dulzón? No lo puedo describir. Pero como su olor… era algo que recordaba a la propia vida.

    Tras eso bajó el pie de nuevo, acercándolo a la posición que tenía al principio. Ansiaba levantarla y ponerla contra el espejo y meterle la polla. Follarla contra el espejo. O bajarle las braguitas verdes y comerme aquel coño. O probar aquella boca. Apretar sus tetas. Morder su culo…

    Lo que hice fue ayudar a que el otro lado del pantalón saliera también. Lo más que obtuve fue algún roce con la piel de su pie o con su tobillo. Ya liberada del pantalón, se levantó con una sonrisa. Yo hice lo mismo, sin quitarle ojo de los muslos y de ese verde que tapaba su sexo.

    Se volvió a inclinar hacia mí, esta vez rozándome también con sus tetas bajo la camiseta, y me volvió a besar levemente en la mejilla.

    -Muchas gracias. Eres encantador.

    Y tras eso, alargó un brazo y abrió algo la puerta del probador, invitándome a salir. Yo no sabía qué hacer. Pero lo que hice fue sonreírle y… salir

    Crucé la tienda y salí.

    Afortunadamente mi polla estaba tan anonadada como yo por lo que habíamos vivido y no estaba erecta, lo que me evitó una situación embarazosa, desde luego.

    Pero no pude aguantarlo. Me dirigí al baño con una idea clara. Entré en el de hombres, me dirigí a uno de los cubículos, cerré la puerta, me dejé caer los pantalones a los tobillos y me empecé a masturbar. Soñaba con aquellos muslos que había visto hacía nada, con aquel culo, con bajar aquellas braguitas y hundir mi lengua en lo que quedara al descubierto, con seguir besando aquellos pies… Mi polla despertó enseguida. La erección fue rápida. Mis movimientos sobre la polla se aceleraron. Deseaba aquel cuerpo joven, aquel aroma, aquel sabor, aquel color… Apliqué saliva a la mano y empecé a sentir como mi leche llamaba a la puerta para salir. Quería correrme con aquella chica, ver sus ojos mientras lo hacía, escuchar sus gemidos… Apunté mi polla hasta el fondo del inodoro y me agaché un poco. El semen salió disparado y lo vi resbalar hacia el agua, luego le siguieron tres o cuatro expulsiones más de mi leche. Tuve que apoyarme con una mano en la pared del baño. Allí estaba yo, viendo mi leche caer por el inodoro abajo, con el corazón a mil, con un hilillo de semen colgando de la polla, con los pantalones en los tobillos… y soñando con aquel cuerpo.

    Me limpié, me vestí y salí.

    Sólo salir me encontré con mi mujer que venía cargada de bolsas.

    -Dónde estabas?

    -Tras la cerveza, di una vuelta y entré ahora al baño.

    -Te he estado buscando. Y te he mandado un par de mensaje al móvil y nada.

    -Lo siento. Lo tendré en silencio.

    -Anda vamos, que al final ya lo tengo todo y encima es tarde.

    Nos dirigimos a la salida charlando de temas tontos. En la salida junto a la fuente que vimos a la entrada, mirando hacia el escaparate de una tienda de deportes Mizuno, vi una cola de pelo que me resultó familiar. La chica estaba allí mirando ese escaparate y con una bolsa de Zara en la mano. Junto a ella, había una pareja de unos 50 años. Él, un tío canoso y alto, ella, algo más baja y delgada. Serían los padres de ella? Me sentí nervioso. Pasamos a sus espaldas, ellos ni se inmutaron, y seguimos adelante para llegar al parking y al coche. Tras haberlos sobrepasado no pude evitar el girar momentáneamente la mirada.

    Me encontré con la mirada oscura de la chica. Con aquellos ojos que también me miraban. Me encontré con sus dientes blancos. Con su sonrisa. Con sus perlas, Con su pelo recogido. Con su nariz. Con su color de piel. Me encontré con el deseo, con el anhelo, con las ganas, con el morbo. Me encontré con que, con picardía y sin perder la sonrisa, me guiñaba un ojo.

    Un poco más y me como el asfalto al tropezar al llegar al borde la acera sin haberme dado cuenta de ello.

  • Mi adolescencia (Capítulo 50)

    Mi adolescencia (Capítulo 50)

    Parecía como si Iñigo hubiese planificado todo con gran detalle, pues se aseguró en todo momento que no había nadie por los pasillos y que todo el mundo había entrado ya en las restantes aulas. Finalmente dio el paso y nos metimos en mi clase. Colocó un par de sillas en la puerta para que impidiesen, aunque solo fuese unos segundos, que nadie entrase. Yo estaba muerta de miedo, he de reconocerlos, todo esto me ponía muy nerviosa, pero por otra parte me daba mucho morbo estar con mi guapo novio en mi propia clase. Él me preguntó: “¿dónde te sueles sentar siempre?”. Yo se lo señalé y él me contestó en un tono jocoso y distendido: “Anda, en la primera fila, pero que empollona y lista es mi novia”. Ese comentario desenfadado hizo que me relajase un poco y que se mermaran un poco los nervios. Iñigo me dijo en tono amable pero que sonó a orden imperativa: “Siéntate en tu silla”. No tenía ni idea de qué tenía planificado hacer ni cuáles eran sus intenciones pero, fuese lo que fuese, la situación era morbosa y especial. En increíble como puede condicionar tanto el entorno y como, a pesar de haber estado antes cientos de veces sentada en esa silla, ahora notaba la silla más fría y extraña que nunca, como si no fuese la mía y como si nunca hubiese dado clase allí. Iñigo me dio una nueva orden: “Mira hacía la pizarra, como si estuvieras atendiendo a clase”. Yo, en plan novia sumisa y obediente, lo hice. Él siguió hablando: “Haga lo que haga no dejes de atender a la clase, como si yo no estuviese aquí, tú como si estuvieras concentrada en clase”.

    Yo me encontraba sentada posando fijamente mi mirada en la pizarra como si de verdad estuviese en clase cuando noté como Iñigo pasó sus manos por detrás hasta abrazarme los pechos por encima de la camiseta. No sé si eran los nervios o el entorno o qué, pero sentí un escalofrío y como si esas no fuesen sus manos. Iñigo me había tocado y acariciado miles de veces desde que éramos novios, pero en esos momentos sus manos parecían las de un extraño, y me hacía sentir un escalofrío tras otro. Además, como me dijo que no mirase para atrás y solo me centrase en la pizarra, entonces no podía mirarle a los ojos y eso aportaba mucho más misterio, excitación, intriga y morbo a sus caricias por detrás. Mi respiración se volvió más acelerada, no solo por la excitación sexual, que también, sino por el riesgo de que alguien pudiese entrar en ese momento y pillarnos haciendo esas cosas. En esos momentos sentí un subidón de adrenalina porque el cocktail de estar realizando todo eso en mi propia aula me excitó de tal manera que noté como mis pezones se pusieron duros. Iñigo debió notarlo también porque eso fue la excusa que necesitó para levantarme bruscamente la camiseta y tocarme los pechos primero por encima del sujetador, y luego por debajo de él, y yo todo el rato mirando ensimismada la pizarra como si de verdad estuvieran explicando algo allí.

    Sé que ese es el momento que debería haberle parado pues ya nos estábamos pasando mucho y el riesgo a que entrase alguien cada vez era mayor. Yo no hacía más que pensar que iba a estallar, de un momento a otro, el ruido de las sillas al abrirse la puerta de forma repentina, y lo peor de todo es que a mí no se me ocurriría ninguna excusa lógica ni razonable que dar a lo que estábamos haciendo allí los dos solos. Y menos excusa iba a tener cuando noté a Iñigo que me levantaba de la silla hasta ponerme de pie, para acto seguido empezar a jugar y a desabrocharme el cinturón con intenciones de bajarme el vaquero. Ahí sí quise reaccionar, eso sí que era el mayor de los riesgos habidos y por haber y traté de pararle, pero me desabrochó y bajó con gran habilidad el vaquero, y empezó a restregarse contra mis braguitas.

    Yo no hacía más que susurrar que parara, que nos estábamos pasando. No me hizo ni caso, porque cuando volvió a restregarse contra mí pude notar que no era su pantalón lo que ya restregaba sino directamente su pene y que se había bajado él también los pantalones y los calzoncillos. Solo de imaginar esta situación: ambos desnudos por completo de cintura para abajo me hizo excitarme y nubló mi mente por completo. Ya no pensé más en los riesgos. O mejor dicho ya no quise pensar más en ello. Solo quería disfrutar ese momento morboso fetichista cuanto antes y, sobre todo, que acabase lo más rápido posible porque me angustiaba la posibilidad de que nos pillaran. Iñigo debió pensar lo mismo porque de repente noté como me penetró por detrás de golpe y empezó a follar con gran velocidad y ansiedad. Era una locura. Una locura absoluta. Una demencia total. Además se aceleró tanto al hacerlo que al cabo de solo 2 minutos acabó eyaculando de forma bestial como si llevase horas conteniéndose en vez de solo 2 minutos. Eso me cabreó muchísimo porque eyaculó dentro de mí sin preservativo ni nada. Eso era una inconsciencia brutal y me enojó mucho. Trate de echarle la bronca pero solo pude ver en su rostro una cara totalmente sonrojada, extasiada y complacida y eso me aplacó un poco.

    De todos modos enseguida recobré la compostura y me vestí rápido al mismo tiempo que le decía: “Venga, vístete, rápido”. Él de forma algo atolondrada (¿Por qué los chicos siempre se quedan atolondrados después de eyacular?) se vistió torpemente al mismo tiempo que sonreía muy satisfecho. Al cabo de unos pocos minutos los dos salíamos del aula como si nada hubiese pasado. Ambos nos fuimos a los servicios a limpiarnos porque la eyaculación fue muy abundante y los dos quedamos bastante manchados. Tras salir del servicio le confesé a Iñigo que me había encantado y que había sido uno de los momentos más morbosos y excitantes de nuestra relación, pero que me preocupaba que se hubiera corrido dentro de mí y que sería aconsejable ir a un centro de salud a solicitar la píldora del día después. No puso ningún reparo, le pareció lo más razonable y me juró que iríamos y que, además, no se volvería a repetir ya que siempre lo haría con preservativo o directamente fuera de la vagina. Fue una experiencia brutal que nos hizo gozar y extasiarnos de sobremanera, aunque solo fuese por el morboso hecho de hacerlo en mi propia silla de clase.

    Tras esta excitante y morbosa fantasía en mi clase parecía como si el mundo de las fantasías entre Iñigo y yo no iba a tener nunca fin y que iban a ser todas igual de placenteras, gozosas, imaginativas y satisfactorias, pero en la siguiente que iba a plantearme iba a sufrir un gran revés sobre todo para él y una considerable frustración, pero lo contaré desde el principio. Tal y como comenté antes, cuando me estaba preparando para esta fantasía en la silla de mi clase le pregunté a Iñigo si quería que me vistiese de una forma especial y él me contestó que no, para luego recapacitar y matizar su respuesta con un “No. Nada. Eso mejor para otra fantasía. Ahora viste de forma normal, como quieras”. Eso de “otra fantasía” activó mi curiosidad y pregunté: “¿qué otra fantasía aparte de esta quieres hacer?” Por lo que ya era hora de preguntarle a qué otra fantasía se refería para así llevarla a cabo. Lo cierto es que él ardía en deseos de contármela tanto como yo de escucharla. Muy ilusionada y entusiasmadamente empezó a decir: “El plantear hacerlo en tu instituto me trajo a la memoria que cuando yo estaba en el instituto había una chica que me gustaba mucho y nunca tuve nada con ella. Me encantaba y sobre todo me gustaba mucho cuando iba vestida de determinada manera: chaleco negro, camisa blanca a rayas y falda larga negra. Por eso lo que quiero plantearte ahora es que hagamos lo mismo que hicimos ayer pero en mi instituto, en mi antigua clase de mi instituto, y tú vestida de esa manera”.

  • Tres para jugar: Mi amante, su esposa y yo

    Tres para jugar: Mi amante, su esposa y yo

    Hace ya algunos meses tengo un amante, un hombre de mi edad 34 años guapo alto moreno muy bien dotado y muy apasionado…

    Desde hace ya un tiempo fantaseamos con un trio, pero aun no concretábamos nada hasta el lunes ese día el me llama para verme le digo que sí y pasa por mí al trabajo tocamos una copa bailamos y fuimos a un hotel liego del sexo maravilloso sexo me dice que inventé algo ya que los dos somos casados para irnos un par de días a algún lado así lo hago. Quedamos en encontrarnos en su casa ya que su esposa no estaba cuando llegue me encuentro con que me abre la puerta entro y sentada en el sillón esta su esposa, su linda morena y fogosa esposa no sé qué decir ella se para me saluda y me tira a la cara “vos sos la amante de mi marido?”

    Me sorprende lo miro y el sonriendo se acerca y me besa no sé qué decir el me mira y me dice “bien llegó la hora es nuestro día de trio” apenas escucho eso me mojo mi tanga se empapa mis pezones se endurecen me excito tanto la miro a ella a quien llamare Socorro, me mira se acerca y me besa ella linda sensual con su vestido corto sus pechos enormes me besa le respondo y comienza la más rica y bella experiencia sexual de mi vida…

    El, ella y yo vamos tomados de la mano al cuarto la cama está en el piso las velas encendidas las luces tenues todo listo para el disfrute ella me dice hoy empieza toda una aventura así que disfrútala me empieza a besar los labios su mano bajo mi vestido él se sienta a observar ella me toca mi concha mojada empapada y mi gemido de placer escapa yo la abrazo fuerte le toco sus pechos ricos grandes dulces le saco un pecho y lo lamo lo sorbo tan rico tan caliente ella gime el mira, nos alejamos un poco la una de la otra y nos sacamos los vestidos quedando solo con lencería la mía negra la de ella blanca el observa ella me tira en la cama armada en el piso me besa me monta me refriega su concha contra la mía rica caliente él se acerca nos besa a ella y a mi saca su enorme pija dura grande rica caliente ambas nos ponemos a chupar su pija sus huevos que rico no paramos de tocarnos ella y yo estamos muy calientes “es el momento” dice él.

    Ella se acuesta sobre su espalda yo le saco su tanga le chupo esa concha rica caliente el me saca mi tanga me chupa mi culo lo lame mete su lengua su dedo y luego dos yo no dejo de lamer la concha de socorro está muy mojada como yo el me penetra por detrás su enorme pija entra primero la cabeza y luego de a poco el tronco entero grito de placer y ella me pide “lame más por favor” no me resisto y lo hago le chupo la concha mientras él me penetra más y más duro subo de a poco sin sacarme esa rica pija de mi culo y le chupo sus tetas refriego mi concha en la de ella siento como gime como una perra en celo caliente a mas no poder el sigue dándome yo pido “más mas pija papi más mas aaaaa” se acaba siento su leche en mi culo ella se levanta y me la chupa y yo se la chupo a el ella mientras lame mi culo saca la leche y yo desesperada por más le chupo la pija a el le pido de rodillas más ahora el acabó ella y yo no nos miramos y besamos nos chupamos y nos cabalgamos como dos putas ricas putas que cogen que disfrutan nos encanta que el mire ya se le paro de nuevo ella y yo nos acabamos todas toditas que rico… nos besamos y seguimos aún tenemos dos días para coger los tres…

  • El hijo del concejal: Introducción

    El hijo del concejal: Introducción

    Ya va para diez meses que me vine vivir a Madrid; y volví a encontrar trabajo, después de dar la lata todo lo que pude.

    Me contrataron de ayudante técnico sanitario (ATS) en el Hospital Universitario. Y tengo que reconocer que aquí se vive mucho mejor de lo que pensaba.

    David, mi compañero, es un cachondo mental, gracioso y muy marchoso; y ayer me crucé con él en uno de los pasillos de la segunda planta.

    Lo noté nervioso; así que me di la vuelta y lo llamé…

    ¡Oye, David!, ¡espera, que quiero hablar contigo!…

    – Tu dirás…

    Y entonces me di cuenta de que no era nerviosismo, sino excitación.

    – Y a ti ¿que te pasa?, ¿porqué estás estás tan excitado?…

    Me echó el brazo al hombro, y seguimos hacia adelante.

    – ¡Ven conmigo!, que voy a mear y te cuento…

    Entramos en el primer WC que encontramos; y nos pusimos a mear los dos, muy juntitos.

    – Tío, acabo de estar con un paciente, que entró ayer, con un golpe en la cabeza…

    Me encogí de hombros y le miré con cara de… ¿y?

    – Por lo visto, lo encontraron en el hall del hospital inconsciente. Y después de tenerlo en urgencias toda la noche, lo han llevado a la 712.

    – ¿Has tenido algún problema con él?

    – ¡Que va!… lo que he tenido ha sido una sesión de rabo, alucinante…

    – ¿Que me estás diciendo tío?…

    … cuenta con más detalle, que me estás dejando de piedra; y ya sabes, que estás cosas, a mi me trastornan.

    – El de medicina interna, me acaba de pedir que le ponga un enema, y le asee a fondo. Creo, que se lo han pedido los de Trauma, para hacerle unas pruebas…

    – ¿Y?…

    – ¿No te parece un poco raro?

    – Pues… ahora que lo pienso. ¡Si!, claro.

    – ¡Si quieres ayudarme!…

    Me lo dijo, como advirtiéndome de que estaba dispuesto a enterarse de lo pasaba. Si, o si.

    ¡Joder!… me puse como una moto.

    Salimos del WC, y continuamos por el pasillo, hasta llegar al fondo. Esperamos el ascensor; y nada mas salir, en la séptima planta, nos encontramos con uno de los celadores más populares del hospital, que salía de la habitación.

    – ¡Que pasa!, Epi… ¿que haces aquí?, dijo David…

    – ¡Ya, saben quién es el chaval que encontraron ayer!…

    – ¿Si?…

    – Es el hijo de un concejal del Ayuntamiento. Por lo visto, le ha salido rebelde.

    – Y ¿que le pasó?

    – ¡Eso, no lo saben! pero creen que se pasó un poco, con algo que tomó.

    – ¡Joder!, si es que últimamente la cosa está muy jodida…

    … ¡vale, tío!, y ¡gracias por la información!

    Entramos en la habitación y…

    – ¡Hola!…

    – ¡Hola!

    – Ya estoy aquí otra vez, dijo David. A propósito, ¿como te llamas?

    – ¡Tobías!, contestó (con cara de sueño)

    – Me parece a mi, que vamos a tener que despabilarte un poquito, Tobías….

    … ¡a ver!, te tienes que poner esto (y le enseño un pequeño recipiente de plástico, que contenía un enema), y después, ir al baño. Procura aguantar todo lo que puedas… ¿vale?

    – ¡Vale!; y miró a David sonriendo…

    … ¡lo que quieras!.

    Levantó la sabana que lo cubría y se dio la vuelta…

    – ¡Si no te importa!, dijo mirando a David, prefiero que lo hagas tú.

    – ¡Para nada!…

    … ¡sujétame, el parte!, Jose.

    El chico había quedado con el culo al descubierto; y David, antes de ponerle el enema, se lo sobo un poquito (más que nada, para que yo viera el género). Y luego, se lo enchufó tranquilamente.

    – Que culo tienes , ¡cabrón!…

    … y ¡que rico estás!. Cuando ya no puedas mas, vas al servicio; y te vacías ¿vale?

    – ¡Vale!

    Salimos de la habitación; y nos encontramos con Susana (una compañera).

    – ¿Has visto que cosa?, le dijo a David

    – ¿Te refieres a Tobías?

    – ¡Ah!, ¿se llama Tobías?

    – Eso me ha dicho…

    … ¿a ti también te gusta?

    – Creo que nunca había visto a un tío tan bueno…

    … ni un culo como el que tiene ese cabrón…

    Se recogió el pelo con una goma que llevaba en la mano y…

    – ¡Bueno!, os dejo, que tengo que limpiar culitos; y se fue, dando una sonora carcajada…

    – Es que, está soberbio, tío, dije yo…

    … y ¿se deja hacer?

    – ¡Bfffff!… ¿que si se deja hacer?. Ya te lo he dicho antes. Me da, que es un fiera ¡joder!

    Oímos como la puerta del cuarto de baño se cerraba de golpe; y entramos en la habitación inmediatamente.

    El chico estaba esperándonos, sentado en la cama…

    – ¡Ya estoy!, dijo

    – ¡No!, todavía no. Por lo menos, no lo suficiente, dijo David

    Le desnudamos, totalmente, y le metimos en la ducha…

    – No sé que tipo de prueba van a hacerte en trauma, pero me han dicho que te necesitan totalmente limpio.

    – ¡OK!, dijo Tobias

    Y se puso en nuestras manos…

    – Lo que queráis, chicos. Estoy a vuestra disposición…

    El cabrón, estaba empezando a empalmarse.

    – Te gusta que te toquen ¡eh!, cabrón…

    Y sonrió, mirándonos, como diciendo:

    ¡Venga troncos!, que esto no lo tenéis todos los días, ¡joder!

    Y no se equivocaba, en absoluto.

    ¡Que rico esta el nene!… pero, ¡que rico!

    David, ya había empezado a hacer sus cositas. Y le metía un par de dedos por el culo, para dilatarlo un poco; y así, poder introducirle el cabezal cilíndrico de la ducha, que acababa de cambiar.

    Yo solo le miraba, para disfrutar de esa imagen. El chico me gustaba mogollón.

    – ¡Tío!. ¿Te importa si te grabo con mi móvil?

    – ¡Que va, tío!… ¡graba lo que quieras!.

    ¡Guau!… me puse como loco. ¡Que subidón!.

    Mientras, David le lavaba el culo; con mucho esmero (todo hay que decirlo), y yo grababa un video con mi iPhone; que no quería que acabase nunca.

    Me iba a explotar el rabo.

    El cabrón de Tobías se movía maravillosamente; ofreciendo unas imágenes de su cuerpo, absolutamente rotundas.

    Me tenía loco.

    – ¿No quieres tocar?, me dijo, mirándome como si fuera una chocolatina.

    – Ya voy. Le contesté, dejando mi móvil, convenientemente colocado; y sin cortar la grabación.

    Me acerqué a él; y mientras David le enchufaba la manguera, es decir, le metía el cabezal de la ducha para que el agua entrara en su culo e inundara su intestino, dejándolo perfectamente limpio, y empecé a chuparle el rabo con muchas ganas.

    El se abrió de piernas; ofreciéndomelo con descaro. Y mientras, David; viendo que el agua salía superlimpia, se amorró a su agujerito y empezó a darle lengua como si le fuera la vida en ello. Tobías, empezó a moverse muy excitado, y adoptó algunas posturas que facilitaron nuestra labor singularmente…

    – ¡Bravo!, tiós… estoy en la gloria. ¡Seguid, así!…

    Me puse de pié y le miré a los ojos.

    – Te voy a comer, ¡cabrón!. ¡Me encantas!…

    Empecé a pasearle la lengua por la cara…

    … preciosa, por cierto; y a acariciar su cuerpo con mis manos.

    Esa pelusilla estaba perfectamente colocada sobre su pecho, y proporcionaba una suavidad al tacto, que se asemejaba a la del visón.

    – ¡Maravilloso!… ¡es, maravilloso!.

    No cabía otro termino en mi cabeza.

    Volví a cogerle el rabo con la mano; y cuando iba a empezar a meneársela, noté como ese liquido, viscoso y pegajoso, a la par que caliente, estaba empezando a cubrirme la palma de la mano.

    – ¡Aahh!… ¡aahh!…

    Tobías empezó a temblar; y David le abrazó, ayudándole a salir de la ducha.

    – ¡Aahh!, que rico. Lo he pasado muy bien, muchachos, dijo…

    – Nosotros también, dije; limpiándome la mano con una toalla, y cogiendo el móvil mientras miraba a David.

    – ¡Si!… muy bien, dijo David.

    Ahora, espera a que llegue Epi… ¿vale?

    Tobias nos miró con gesto interrogante…

    – El celador, dijo David…

    … ¡tiene que llevarte a Traumatología!.

    – ¡OK!

    – ¿Nos vemos?, pregunté.

    – ¡Claro!, ¡cuando queráis!, contestó Tobías.

  • Emilio (El tío Benito)

    Emilio (El tío Benito)

    Las mujeres se iban quedado rezagadas. Su continua charla y las dos pequeñas las tenían lo suficientemente entretenidas como para no poder avanzar mucho, pero eso a ellos no les importaba demasiado; porque, había ciertos detalles que hacían de esa pequeña marcha algo estimulante… como por ejemplo, el hecho de que Emilín, a una distancia de 1, o, 2mts, delante de ellos, no se hubiera puesto el pantalón después de salir del agua y dejara a la vista su imponente culo, tan solo cubierto con un pequeño speedo.

    Álvaro y Benito, subían encantados mirando ese par de glúteos. No podían quitarle ojo…

    Poco a poco, iban llegando a la casa de Mercedes, que llamó a Benito, para pedirle que se adelantara y pusiera a punto el agua de la piscina.

    – Voy a preparar la piscina, niño… ¿te vienes?, le preguntó a Álvaro

    – ¡No, deja!, que estoy que no puedo ni con mi alma.

    Entonces, Emilio se dio la vuelta; y se ofreció a acompañarle

    – ¡Espera!, que voy contigo.

    Ellas se habían parado y formado un corrillo en torno a la niña de Mari Angeles, que no dejaba de llorar; por lo que Álvaro se acercó hasta donde estaban.

    – ¿Que es lo que pasa, Rosa?

    – ¡Esta, loquita!. Que ya sa caío unas cuantas veces, y mira como tiene las roillas…

    Benito y Emilio ya había llegado a la casa; y se habían puesto manos a la obra…

    Pero escucharon el saludo de Pepe desde la verja.

    – ¡Buenas!… ¿que estáis haciendo ahí, los dos?

    – ¡Hola, Pepe!… pues, ¡ya lo ves!. Que hemos venío a poner a punto el agua de la piscina, ¿y tu?…

    Emilio, miró a Pepe, con una sonrisita en los labios; y no pudo evitar preguntarle.

    – ¿Que tal? ¿Cuando habéis terminado?

    – ¿La fiesta?…

    … yo me he venido temprano, pero allí todavía quedaba marcha de sobra. El niñato ese, Eugenio, ¡es una verdadera fiera!… insaciable, niño. ¿Pa que te vi a contar?.

    – ¡Bueno, anda!, ¡pasa!… y, dejaros de charla; que esta barbacoa, tiene que ser, la mejor barbacoa del año ¿vale?, dijo Benito

    – ¿Hasta cuando estás aquí?, niño… le preguntó a Emilio…

    – ¡Hasta mañana!. El sábado tengo partido.

    Se habían arrodillado en una esquina, en la que Benito tenía todos los artilugios para el control de la piscina metidos en un hueco hecho en el suelo; y Emilio intentaba ayudarle, manteniendo abierta la tapa del deposito del cloro, mientras lo recargaba.

    Pepe, que ya se había acercado a ellos, también se arrodilló; pero no precisamente a ayudarles.

    Como el que no quiere la cosa, dejó sus manos sueltas, y se le enredaron entre las piernas de Emilio…

    Y se le escapó…

    – ¡Ay!, como me pones, niño…

    Al oír esto, Benito, que estaba terminando de echar el cloro, giró la cabeza, y vio lo que vio; y le miró desafiante…

    – ¿A eso has venío?… ¿a tocarle el culo a mi sobrino?

    – ¡Tranquilo, tito!, que no pasa nada, dijo Emilio, poniéndole la mano en el hombro.

    – ¡Perdona, quillo!, que no he querío ofender, ¡eh!… se disculṕo Pepe.

    Entonces Benito miró a su sobrino, y luego a su reloj; y vio que ya eran las 14:35.

    – ¡Mira!, Emilín… Mercedes es muuu tranquila pa tó, ¡niño!… y como veo que tienes ganitas de jaleillo, podemos meternos en el taller, ¿te parece?.

    Pepe y Emilio soltaron una carcajada…

    … pero le siguieron hasta llegar a un lateral de la casa, en el que había una puerta metálica de color verde.

    – ¡Por aquí, por aquí!, dijo empujándola.

    – Aquí es donde mejor lo paso, ¿verdá, Pepe?… ¿te acuerdas de cuando te arreglé el motor de la “Paloma”? (la lancha de Pepe)

    – ¡Ya lo creo!. Si no es por tí….

    Entraron hasta el fondo y Emilio se puso a curiosear con verdadero interés…

    – ¡Que bien acondicionado tienes esto, tito!, dijo; y sintió las manos de su tío acariciándole el culo.

    – ¡Tu si que estás bien acondicionáo!, niño…

    Le rodeo con los brazos, pegándose a él y diciéndole al oído:

    – No podía imaginarme que te hubieras puesto tan rico, niño… ni que te gustara tanto un buen rabo.

    Pepe se percató, y enseguida se acercó a ellos, empinándose un poco para comerle la boca…

    Luego, bajó hasta el cuello y empezó a besarle pendiente de Benito, que le estaba quitando el speedo…

    Y, ahora, arrodillado, le comía la polla mientras Benito se embadurnaba el rabo con saliva y le escupía en el ojete…

    Luego, pegó un buen empujón y…

    – ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!, ¡que cabrón!… se quejó Emilín…

    – Pero, ¡que polvo tienes, niño!… ¡me vuelves loco!

    Y, poco a poco, inicio un mete saca que en minutos se convirtió en algo absolutamente febril.

    – ¡Que güeno, estás , niño!… ¡que güeno estás!

    Solo fueron cuatro, o cinco minutos… porque, enseguida escucharon a la Nuri alborotando y el ruido típico de una puerta metálica al abrirse.

    – Ya están ahí, dijo Pepe, subiéndose los pantalones.

    – Que mala suerte, ¡coño!… ¡con lo que tardan pa tó!…

    Salieron del taller, como si tal cosa… y se encontraron con Marcos, que estaba buscando una hamaca para tumbarse; y cuando vio una pegada a la pared, junto a la puerta del taller, la cogió y siguió hacia adelante.

    – ¿Donde vas por ahí Marcos?, dijo Pepe.

    – Al otro láo, que es donde da la sombra…

    – ¡Ah!… ¡vale!, ¡vale!… ¡venga!

    A pocos metros de la piscina, y junto a la pared, habían colocado una plancha y una parrilla, en la que iban a preparar la comida. Y la mesa grande ya estaba preparada con sus sillas y sillones alrededor de ella.

    Las dos niñas, chapoteaban en el agua de la piscina pequeña… y Mari Ángeles sentada en el bordillo, no les quitaba ojo.

    Emilio decidió darse un chapuzón; y entró en el agua como de costumbre, se aproximó al bordillo y saltó para hacer una carpa. Y Mari Ángeles, se arrancó a aplaudir.

    – ¡Que bien lo haces!, le dijo cuando salió del agua

    – ¿Te ha gustado?. Pues la que voy a hacer ahora, te la dedico…

    Y volvió a saltar…

    Pepe también aplaudió; no podía dejar de mirarle…

    Mercedes empezó a repartir chuletas de cordero y sardinillas…

    – Que no se os queden frías ¡eh!… que calentitas están mas ricas.

    Y Marcos, sentado en un taburete partía la morcilla y la longaniza.

    Empezaron a comer y…

    – ¡Vaya!, parece que hay hambre ¿eh?

    No faltaban las bromas, ni risas. La alegría flotaba en el ambiente; y cuando llegó la hora del café, Mercedes también le ofreció helado de turrón a las niñas y a Mari Angeles.

    Benito y Emilio empezaron a charlar; y sin darse cuenta, poco a poco, fueron separándose del grupo… hasta que terminaron dentro del Audi, recién comprado, que Benio, sin duda, quería enseñarle a su sobrino.

    – ¿Te gusta?

    – ¡Ya lo creo!… ¡menuda, joya!.

    – Pues, esta tarde quiero llevármelo al club.

    – ¿Que club?, tito…

    – El de jubiláos… ¿así que, si quieres venirte?, lo estrenas.

    – ¿Al club de jubilados?

    – Es un club privado, ¡eh!… no te vayas a pensar…

    – ¡Ah!, entiendo…

    … y, ¿quieres que vaya contigo?.

    – Pues si, me gustaría, ¡la verdá!. Y a ti, creo que también… ¡estoy seguro de que te lo pasarías mu bien!.

    – ¡Pues, ya está!. Me preparo y nos vamos después de dejar a los abuelos ¿vale?.

    – ¡Eso es!

    – ¡Ok!… y ¿como lo hacemos?

    – Pues, tu estate preparáo a las 19:30, y me paso a recogerte ¿vale?…

    Después…

    … a eso de las 18:30, Marcos todavía dormía en la hamaca, pegado a la pared de la casa… pero, Dolores le estaba diciendo a su hermana que ya tenían que irse. Y Álvaro, Rosa y Mari Ángeles, también estaban recogiendo ya sus cosas.

    Sin embargo, Pepe, aún de sobremesa, leía unos papeles que, aparentemente, le mantenían muy entretenido.

    – ¡Bueno!, ¿y que vas a hacer esta tarde?, le preguntó Benito.

    – ¡Pues!…

    … había pensáo en estar contigo y Emilin, a lo nuestro ¿no?… ¡tu ya me entiendes!

    – ¡Ah!, pos entonces mejor te vienes pa Almería.

    – ¡Ah! ¿Que te vas pa Almería esta tarde?

    – ¡Si!. Y me lo llevo al club conmigo…

    … quiero que los chicos le conozcan.

    – Pues, ¡claro!, eso está hecho. Esta tarde nos lo llevamos pa Almería.

    – Entre las 19:15 y las 19:30, me paso por tu casa ¿vale?.

    – ¡Mu bien!

    Y, a esa hora, escuchó el claxon del Audi de Benito, que aparcaba frente a la puerta de su casa…

    – Mejor que Emilín vaya de copiloto, ¿no?.

    – ¡Si, mejor!

    Y cuando llegaron a casa de Marcos y Dolores…

    – ¡Oju, niño!… se van a quedar flipáos cuando vean el regalito que llevamos.

    Después de que Emilio hiciera acto de presencia y se subiera en el coche, Benito arrancó y se enfiló hacia la carretera que los llevaba a la autopista; y enseguida las manos de Pepe empezaron a hacer se las suyas en el cuello de Emilín.

    – ¡Oye, Beni!, antes de salir a la autopista, para el coche en algún sitio; que me lo hago.

    – ¡Si, yo también quiero!, dijo Emilio.

    Y, un poco mas adelante, entre unos arbustos, pudieron desahogar sus vejigas…

    Pepe quería engatusar a Emilio, para sentarlo a su lado; pero, no quería que Benito se molestara y protestara.

    Y cuando terminaron de mear, lo había conseguido. Emilio se subió detrás, con él.

    – ¡Que!, ya vais a empezar la fiesta, ¿no?

    Pepe miró al espejo retrovisor, y le guiñó un ojo.

    – ¡Hay que calentar motores, niño!.

    Aparcaron muy cerca, del club; y nada mas entrar, unas cortinas de terciopelo rojo, situadas a la derecha, daban paso a una salita, a modo de recepción.

    Benjamín, apoyado sobre el mostrador del guarda ropa, leía una revista de investigación, por puro entretenimiento. Pero, en cuanto vio entrar a Benito, lo dejó y se dirigió a él.

    – ¡Buenas tardes! D. Benito…

    – ¡Hola!, ¡buenas tardes!… ¿que haces aquí?

    – Es que, D. Prudencio me ha pedido que vigile la entrá; hoy tenemos un invitáo especial… y no quiere sobresaltos.

    – ¡Ah!… ¡perfecto!. ¿Somos muchos?

    – De momento, solo seis…

    … y Vds, ¡claro!…

    – ¡Está bien!. Pero, nosotros queremos un reservado, ¿no?; y miró a Pepe.

    Pepe asintió con la cabeza…

    – Les parece bien el número 3.

    – ¡Perfecto!

    Entraron en el bar, y vieron a Cesar, el chico del chiringuito, en compañía de Prudencio y Antoñito, que en la barra; uno aun lado y otro al otro, se lo estaban trabajando mientras tomaban algo. Algunos curiosos, sentados en la mesa de al lado miraban atentamente sus maniobras.

    – ¡Coño!, mira quién está ahí, dijo Pepe…

    Emilio se alegró de ver a ese machote, de tan buen porte allí. Sabía que a pesar de ese semblante tan serio, era un tío completamente accesible; y además, guapísimo.

    – ¡Bffff!… ¡madre mía!… ¡que rico está el condenáo!. ¡Mira!, ¡mira!… como le tocan el culo

    Pruden y Antoñito se mantenían bien pegaditos a él; y lo manoseaban con absoluto descaro…

    – ¡Se están bebiendo los primeros cubatas!, dijo Benito… y se les ve a gusto, ¡eh!…

    El chico recibía las caricias sin inmutarse. Y Pruden, ya había empezado a tocarle el rabo. Antoñito, sin embargo se había movido un poco para colocarse detrás de él y acariciarle entre la piernas, jugando con la raja del culo, presionandola de arriba a abajo. Y cuando vio que Pruden le empezaba a besar en el cuello, le cogió de los huevos y metió la cara entre las nalgas.

    Simón, que estaba mirando el percal, en la mesa de al lado, levantó la mano para que Benito le viera.

    Y Benito se acercó a él.

    – ¡Ya veo que hoy traes muy buena compañía, eh!.

    – Es mi sobrino, que ha venido a pasar unos días con nosotros. Luego te lo presento.

    – ¿Y porque no ahora?

    – ¡Emilin!. Así le llamamos nosotros; y solo tienes que mirarlo para darte cuenta de que es un ejemplar poco corriente. ¿Verdá, Pepe?

    – ¡Encantáo!; y le echó mano al paquete…

    … yo soy Simón, cogiéndole la mano y llevándosela junto a la bragueta.

    Emilio, miró a su tío.

    – ¡Niño!, estás en confianza. Aquí venimos tos a lo mismo; y le cogió de los hombros para comerle los morros delante de todos.

    Y cuando Pepe vio esto, aprovechó para acercarse a los dos, y tirando de las caderas del chico, arrimarle la cebolleta entre las nalgas; y demostrarle a la mesa, que el chico era de ellos.