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  • La putona de mi futura mujer

    La putona de mi futura mujer

    Voy andando por la calle acompañado por mi novia, una guapísima morena de ojos azules, 1.75 m. de estatura, una tetonas gigantes y naturales de talla 140, cintura de avispa para enmarcar una trasero de grandes nalgas y anchas caderas, además de piernas larguísimas. Me ha costado encontrar una chica tan impresionante y encima, con el cuerpazo adecuado. Debo llevar unas treinta novias probadas para ser mi futura mujer, pero siempre acaban fallando en algo. Hoy va vestida de la manera habitual impuesta por mí: por supuesto zapatos de tacón de aguja, traje de ejecutivo lo más ajustado posible para que le entalle ese pedazo de culazo, camisa blanca que le resalte sus enormes tetas y si tiene que llevar la americana, la lleva de manera que sus tetorras le sobresalgan. En el día de hoy al hacer calor no la lleva, por lo que a todos los tíos que nos encontramos por la calle, se les salen los ojos de cara.

    Veréis, todas las mujeres en mi familia están al servicio de los hombres, y es difícil encontrar mujeres que no solo quieran actuar en esa dirección, sino que realmente disfruten haciéndolo. Además, los parámetros de admisión son súper estrictos en cuanto a las cualidades físicas, lo cual hacía aún más difícil encontrar a la candidata adecuada. Si a eso se le suma que debo ver que ella realmente estaba a gusto conmigo la misión era realmente difícil. Hoy por fin, después de verificar que ha asimilado las normas de mi familia y las del CLUB del que somos dueños, la voy a presentar a mis padres.

    -¿Estás nerviosa Norma? – le digo a mi futura esposa.

    -Un poco, no dejo de pensar en si seré capaz de tragarme toda la pollaza de tu padre y a la vez lamerle los huevos – me dice.

    -No te preocupes, que lo harás bien.

    Indefectiblemente, la putona de mi futura mujer saca la lengua cada vez que la insulto. Forma parte de las normas que ha interiorizado de forma automática. Esta vez se ve que estaba visualizando como se tragaba la polla de mi padre, porque además de sacar la lengua, la muy guarra encorvó su culo tensando al máximo la falda.

    -Vaya mira, se acerca la familia García. Acuérdate de comportarte Norma – le digo.

    -Clara amor.

    Los García son una de las muchas familias pertenecientes al club del que mi familia es fundadora y regidor. Tiene filiales en todo el mundo, con unas 250.000 familias censadas, así que como comprenderéis no las conozco a todas, sin embargo, los García viven en mi ciudad y por ende son conocidos. Como todos los miembros del club, son de posición desahogada.

    -Hola Emilio, como estás hombre – le digo al señor García, el cual va acompañado de su mujer y de su hija.

    -Hola Andrés…, joder que bien acompañado vas – me dice.

    -Si lo dices por esta belleza que me acompaña, te diré que es mi novia y hoy precisamente voy a presentarla a mis padres – le digo mientras mi novia saca la lengua, mirando directamente a los ojos al señor García.

    -Vaya…, veo que está bien enseñada – dice el señor García, al tiempo que agarra una de las tetazas de mi novia estrujándola sin piedad.

    En este momento ocurren varias cosas que son dignas de resaltar. En primer lugar mi novia saca aún más la lengua si cabe. Dado que en ningún momento la había guardado, le estaba cayendo saliva por la misma y tenía un hilillo que le llegaba hasta sus tetonas, empezando a mojar la camisa. La señora García y su hija, también tenían la lengua fuera.

    La señora García llevaba un vestido de verano vaporoso, el cual transparentaba unos tremendos tetones y una braguita minúscula de color blanco. Era rubia, pecosa, con unos labios muy gruesos de jodida chupapollas. Sus caderas no eran tan rotundas como las de mi novia, pero sus piernas eran larguísimas.

    La hija de los García vestía un pantalón de lycra ajustado, tacones de aguja y una camiseta que ajustaba unos tetones que no eran normales. Tenía el pelo de color castaño y había heredado lo labios de chupona de su madre.

    Unas de las normas del club, era que todas las mujeres tenían que ser unas tetonas, y solo eran admitidas cuando esa circunstancia se producía. Cuando en una familia del club una chica alcanzaba la mayoría de edad, sus padres procuraban dotarla de los atributos necesarios.

    -Hola asquerosa… – le dice a mi novia el señor García, para a continuación cogerle con la otra mano su enorme trasero y pegarle un morreo metiéndole la lengua hasta la campanilla.

    En ese momento la señora García y su hija sacan aún más la lengua, y veo como la saliva les gotea.

    -Me alegro de verla señora García – le digo al tiempo que le agarro una de sus enormes tetonas con una mano y a la vez, le meto la otra bruscamente y sin piedad en la boca todo lo que puedo.

    -Y ahora tú putilla, agárrame el paquete y con la otra mano estrújale la otra teta a tu madre –le digo a la chica, la cual tenía ya un río fluyendo de su lengua babeante.

    La hija de los García hace lo que le ordené, y me agarra la polla por encima del pantalón, al tiempo que coge el tetón de su madre por encima del vestido y mirándome a los ojos lo estruja estirando hacía fuera.

    Su madre con lágrimas en los ojos debido a que le he metido toda mi mano y parte del antebrazo en su boca, aprovecha que su hija está al lado, para coger una de las tetazas de esta y estrujarla sin piedad.

    Daros cuenta de que todo esto que estoy contando, ha sucedido en plena calle y a luz del día. Los peatones cercanos estaban alucinados y algunos se habían parado a mirar.

    El señor García separa su boca de los labios de mi novia, y esta inmediatamente vuelve a sacar la lengua sin importarle el chorretón de saliva que cae sobre sus tetonas.

    -Joder guarrona, creo que me estoy poniendo cachondo – dice el cabrón de García, mientras aprieta la tetonas de mi novia con toda la fuerza de la que es capaz.

    En el entrenamiento que ha recibido mi novia por mi parte, la muy putona ha aprendido a transformar el dolor de ciertas acciones en placer.

    Oye Emilio mira… hoy todavía no me he corrido y este par de putonas me están poniendo a mil. Me apetece mucho llenarle el ojo de leche a la putilla de tu hija, así que, vamos a entrar en este bar de aquí y me vació en su preciosa carita… ¿Qué dices? – le digo al señor García, mientras saco la mano de la boca de su mujer y me limpio la saliva utilizando su vestido.

    La pequeña zorrita que tiene como hija el señor García, me aprieta con más fuerza la polla al notar que esta se ha hinchado y le mete la mano bajo la falda a su madre, para cogerle una nalga.

    -Si papi por favor, hoy todavía no me han echado ningún cuajo en mi puta cara – dice la zorrita mientras le cojo una tetona por encima de la camiseta y tiro con fuerza hacia fuera, ante lo que ella vuelve a sacar la lengua.

    -Está bien cariño, ya sabes que me encanta ver tu preciosa carita manchada de lechadas

    – dice el señor García, mientras agarra a dos manos los tetones de mi novia.

    Hay que decir que unas de las reglas de nuestro club, es que los hombres se corren única y exclusivamente en las caras de las mujeres. Las mujeres luego no pueden limpiar ese semen, sólo, si hay otra mujer y ella quiere, esta puede lamerlo y tragándoselo limpiar a la otra. Ningún hombre puede limpiar a ninguna mujer de las corridas y si ninguna mujer quiere, debe ir exhibiendo la corrida.

    -Tranquila cariño, que luego te lamo toda la corrida de este cabrón y te dejo limpita – dice la señora García a la vez que estruja el culazo que tiene su hija.

    Entonces entramos en el susodicho bar, dejando el señor García y yo, que las mujeres entraran primero contoneando sus traseros. Hay que decir que los miembros del club se identifican de manera inmediata, a través de sendos anillos. Uno diseñado para los hombres y otro para las mujeres, de tal manera que estés en la parte del mundo que estés, sabrás si la persona que tienes delante es miembro del club o no.

    En el bar, me dirijo al camarero y le pregunto por los baños. El me mira, mira mi anillo, mira la increíble belleza de mi novia y me dice – Señor, le dejo mi almacén, si me facilita una invitación para la MANSIÓN.

    -No hay problema, pero sabes que solo podrás entrar, si vienes con alguien de tu propia familia – le digo.

    -Por supuesto señor.

    -Está bien – le digo y le doy una tarjeta.

    -Mil gracias señor, sírvanse pasar por aquella puerta – nos dice.

    -Norma, dale las gracias – le digo a mi novia.

    Ella inmediatamente saca su lengua todo lo que puede y a continuación le coge la mano al camarero, la introduce debajo de su falda, junta cuatro dedos y los introduce en su coño. Mira directamente a los ojos al camarero y mientras deja la mano metida en la enorme vagina, empieza a babear saliva. Cuando la saliva es abundante, saca la mano del camarero de su coño completamente viscosa de jugos vaginales. Sin dejar de mirar al camarero y con la lengua completamente fuera, se introduce la mano en la boca hasta engullirla completamente y empieza a succionarla haciendo ruidos de chapoteo. Mama García y Zorrita García, ante el espectáculo, sacan la lengua al unísono. Por fin, la puta de mi novia saca la mano del camarero de su boca y empieza a secarla sobre su camisa blanca, justo por encima de sus tetonas, hasta que la mano está seca.

    -Bien, andando – digo dando el asunto por zanjado y agarrando a mi futura esposa de manera violenta de una de sus tetorras, la arrastro hacia la habitación.

    -Emilio…, verás tenemos un poco de prisa, así que vacíate rápido, ¿vale? – le digo al señor García, mientras agarro del pelo a la asquerosa de mi novia y la arrastro hasta él.

    -De acuerdo – dice.

    El cabrón de García, coge la camisa de mi novia y sin más, le pega un tirón para dejar al descubierto las dos gigantescas tetonas. Por supuesto ella no lleva sujetador, así que empieza a estrujarlas sin piedad.

    -Sácame la polla asquerosa – dice, al tiempo que le sube la falda y mete de golpe la mano entera, en el coño empapadísimo de mi novia. Ella, con la mano del señor García dentro de su chochazo y siempre mirándolo a los ojos con la lengua fuera, le desabrocha la bragueta y saca su polla completamente empalmada. García saca la mano del coño de mi novia y agarrándola del pelo con la otra mano, la pone de rodillas.

    Traga putón – dice.

    Mi novia de rodillas, encorva la cintura resaltando el pedazo de culazo enorme que tiene y se traga la enorme polla del señor García hasta los huevos.

    -Olivia ven aquí – dice.

    -Si papi.

    El cabrón de García, extiende la mano que había estado metida en el chochazo de mi novia, la cual rezumaba jugos de coño, y la putilla empieza darle lametazos. A cada lametazo, enseña a su papa el jugo de coño rezumando en su boca, hasta que la tiene completamente llena. Mientras veía a la guarra de su hija hacer esta operación, le iba follando la boca a mi novia con total violencia, como si fuera un coño. Sacaba la polla casi completamente de su boca y la volvía a hundir hasta los huevos.

    -Muy bien putilla, ahora dáselo a tu madre y procura darle en los ojos – dice el muy cabrón.

    Mi novia, al escuchar esto se corre como una cerda y sale un chorro de su coño, como si se hubiera meado.

    -Mira, mira, a la muy cerda le ha gustado la orden. Joder como se corre – dice el señor

    García, gimiendo mi novia por la boca mientras se la reventaban a pollazos. Por el coño, no paraba de echar chorretones de corrida.

    En esto, la zorrita García se acerca a su mama, la cual había sacado sus tetones por encima de su vestido y los estaba estrujando con ambas manos, con lo cual parecían más gigantescos si cabe. La muy zorra de mama García con la lengua fuera, mira a los ojos de su hija, mientras esta acerca su cara a escasos centímetros. La niña se toma su tiempo. Yo, ya estoy con la polla fuera jalándomela, el señor García sigue dando pollazos a mi futura mujer y mama García, cada vez con la lengua más afuera.

    Lo cierto es, que la jodida es guarrísima. Junta sus manos debajo de su boca y deja caer en ellas lentamente los jugos vaginales. Cuando vacía su boca, se relame y a continuación vuelve a sorber un poquito de los jugos de mi novia. Acerca la boca al ojo izquierdo de su madre y lanza un violento escupitajo, que da de lleno en el ojo.

    -Jódete puta – dice jadeando de excitación.

    Su puta mama, sigue con la lengua fuera cayéndole ingentes cantidades de saliva, y con su ojo izquierdo completamente manchado de jugos vaginales. Por cierto, lo tiene abierto y en ningún momento lo cerró.

    Mi futura esposa, al ver el lapazo que la zorrita le había dado a su propia madre, volvió a correrse, gimiendo y babeando de saliva los huevos del señor García, mientras seguía recibiendo sus pollazos cada vez mas fuertes.

    En esto, yo estoy con la polla a tope, así que me acerco por detrás a mama García, le levanto la falda y ella al notarlo, levanta su culo sin dejar de mirar a su hija con la lengua fuera. Cojo su culazo con ambas manos y con toda la fuerza que puedo, le separo las nalgas abriendo su coñazo. Apoyo mi polla en la entrada y voy empujando lentamente, sin embargo, al ver que está completamente empapado, hundo mi polla sin piedad y empiezo a follarla con violencia.

    -Tiene un coño acogedor la muy putona, ¿verdad? – me dice la zorrita García relamiéndose.

    -Pues si, y después, me va jalar la polla encima de tu asquerosa cara hasta que me corra, procurando darte con mi corrida en tus bellos ojos – le digo.

    La puerca ante mis palabras, saca la lengua fuera y empieza a correrse, empapando el pantalón de lycra blanco que lleva con tanta fuerza, que la corrida empieza a salpicar.

    -Serás hijo de puta – dice.

    La mama al ver esto, también empieza a correrse pegando grandes gritos y gemidos. La hija entonces, vuelve a sorber mas corrida de coño y acercándose a su mama, le escupe en el ojo derecho.

    -Puta asquerosa – dice la mama con los dos ojos llenos de jugos vaginales, babeando por la boca y corriéndose como una cerda, mientras se la follan.

    -Bueno, creo que el resto de corrida es para tu permanente de 200 dólares mama – dice su hija acercándose y dejando caer lo que le quedaba en las manos, en el pelo de su lasciva madre.

    -¡arrrg! , que haces cacho de guarra – dice la mama, volviendo a correrse con grandes convulsiones y grandes dosis de saliva, en su ofrecida lengua.

    Mi queridísima novia, la cual tenía los ojos llenos de lagrimas, gracias a los pollazos que estaba recibiendo en la boca de manos de un desconocido, volvió a correrse como una cerda, soltando grandes chorros de corrida por su coño, al ver lo que la hijita del desconocido, le acababa de hacer a su madre.

    -Ven aquí asquerosa – le digo a zorrita García, mientras sigo follando a su mama.

    Se pone a mi lado con la lengua fuera mientras me mira a los ojos. Yo, agarro la camiseta que lleva y sin más, la desgarro dejando a la vista sus tetones. La muy puta ni se inmuta y sigue mirándome, mientras le cae la saliva de su lengua. Empiezo a estrujarle sus tetones, mientras sigo follándome a su mama, la cual, sigue con la lengua fuera, los ojos llenos de jugo de puta y su preciosa permanente, jodida por la guarra de su hija. Acto seguido, le desgarro el pantalón de lycra, dejando al descubierto su culazo.

    -¿Cuántos dedos? – le digo enseñándole mi mano.

    -¡Por favor!, la duda ofende. Soy la puerca hija de mi padre, méteme la puta mano entera joder – me dice, babeando saliva.

    La mama al oírlo, volvió a correrse de nuevo, y mi novia, al ver correrse a la mama ante la perspectiva de que iban a reventarle el coño a su hija, se corrió también, como la cerda que es. La hija se inclinó, poniendo su culo al alcance de mi mano y yo, le metí la mano entera en su coño de guarra. Joder, empezó a correrse inmediatamente.

    -¡arrrrg!, cabrón, puto cabrón ¡arrrrg! , me estás reventando sin piedad, como puedes ser tan cerdo – dijo babeando sin parar.

    Ante esto…, la mama se volvió a correr a lo bestia, mi novia como una putísima, y la bella hija sin parar. Fue demasiado para el señor García. Sacó el pollón de la boca de mi novia y empezó a correrse.

    -Hijas de putaaa… – grito, mientras soltaba unos grandes chorretones de corrida.

    El muy cabrón, estuvo corriéndose una eternidad. Le echo un chorro en la mitad del pelo, otro en el ojo derecho, el siguiente en la nariz taponándola de corrida, otro más en su lengua de putón, otro en la frente, otro en el ojo izquierdo. En fin, le dejo la cara y el pelo lleno de cuajarones.

    Por supuesto, su mujer y su hija a verlo, siguieron corriéndose como locas, y entre jadeos babeantes le animaban.

    -Así papi, así, empapa a esa puta. Que se joda y vaya todo el puto día con tu corrida en la cara – dijo la hijita, mientras su coño reventado por mi mano, no paraba de echar chorretones.

    -Serás cabrón Emilio, como has puesto a esa cerda – decía la mama, corriéndose sin parar con mi polla en su coño.

    -Aaaaah!, que bien me he quedado – dice el señor García, guardándose la polla en el pantalón y pasando olímpicamente ya de mi novia.

    Mi futura esposa, siguiendo el protocolo se pone de pie con la falda en la cintura y sus tetonas bamboleantes a la vista estando la camisa abierta. Se dirige a mi lado con su cara completamente llena de semen. Mientras me mira a los ojos teniendo los suyos llenos de corrida, se pone a cuatro patas con el culazo en pompa, a la espera de órdenes.

    -Vaya…, oye Andrés, ¿por qué hace eso tu futura esposa? – me pregunta el señor García.

    -Porque mientras tenga mi polla a la vista, hasta que sea requerida, debe ponerse así – le digo al cabrón, que se ha corrido en la cara de mi novia.

    -Joder…, tiene un culazo tremendo, la muy asquerosa – dice y sin mas, le hunde el puño en el coño y empieza a empujar.

    La muy cerda, con la cara perdida de semen, vuelve a sacar la lengua. El señor García, consigue hundir el puño en el chochazo de mi putona futura esposa casi hasta el codo, consiguiendo que ella saque más la lengua y se vuelva a correr como una fuente.

    -Si señor Andrés, te felicito. Esta chica realmente disfruta siendo usada y tiene un cuerpo perfecto. Nunca he visto un culazo tan tremendo – dice el cabrón, sacando el puño de golpe de su coño.

    A continuación, se acerca a su hija a la cual yo seguía follando con mi puño, y empieza a limpiarse el brazo que había metido en el coño de mi mujer, utilizando el pelo de su hija. A la vez se agacha y escupe a su hijita en la cara, con un lapo potente y viscoso.

    -Estúpida zorra – dice.

    – Que me haces papi, guarro viejo cabrón – dice, volviendo a correrse y babeando con la lengua fuera.

    -Bueno, es mi turno. Mami, ya sabes lo que tienes que hacer – digo, mientras miro a mi novia, la cual encorva aún más su enorme culo, ya que sabe, que me caliente mucho contemplar su gigantesco trasero.

    La guarra de la señora García, se mueve sacando mi polla de su coño y agarrando a su hija del pelo con violencia, la pone de rodillas enfrente de mi polla. Enseguida empieza a jalar mi polla con energía, al tiempo que acerca la cara de su hija a mi polla.

    -¿En que ojo de mi hija quieres correrte puto degenerado? – me dice, al tiempo que saca su lengua.

    -Elígelo tu puerca – le digo.

    La muy asquerosa, acerca la cara de su hija a mi polla y empieza a masturbarme con fuerza sobre el ojo derecho. La bellísima chica, con la lengua fuera me mira a los ojos. La mama, con la lengua fuera encorva su enorme trasero.

    Mi novia me mira a los ojos, corriéndose sin parar con su culazo empinado de manera imposible y el precioso rostro lleno de semen. Es más de lo que puedo soportar. Me corro de manera tremenda y la jodida mami, consigue que el primer chorretón dé de lleno en el ojo de su hija. La mama vuelve a correrse al verlo y sin embargo, consigue que el segundo chorretón vuelva a dar en el ojo de su bellísima hija. La chica también se corre y babea con la lengua fuera todo lo que puede. El tercer chorretón, el cuarto, el quinto, el sexto, el séptimo y por fin el octavo, todos dan en el ojo de la putilla.

    Tras correrme me guardo la polla. La mama empieza a limpiar el semen de la cara de su hija con la lengua. La hija limpia con la lengua la cara de su madre. Ambas meten el puño en el coño de la otra, mientras realizan la operación.

    Vístete cariño, hemos terminado – le digo a mi novia.

    Esta se pone de pie, se baja la falda y se abrocha la camisa, la cual es de corchetes. Sin embargo, tiene semen en los ojos, la boca, la nariz y el pelo.

    -¿Quieres que mis guarrillas limpien mi lechada de la cara de tu novia Andrés? – pregunta el señor García.

    -No gracias, en la mansión ya la adecentarán y hasta que lleguemos, que la gente vea lo guarra que es – le digo, y al oírlo mi novia vuelva a sacar la lengua.

    Me dirijo entonces hacia la calle acompañado de mi futura esposa, la cual tiene un cuerpazo increíble y una cara bellísima cubierta de semen.

    El señor García saca su teléfono móvil y llama a su mayordomo, para que traigan ropa para su mujer y su hija.

    -Adiós Emilio, ha sido un placer como siempre – le digo al señor García.

    -Hasta la próxima Andrés.

    Tras salir del almacén del bar, el camarero se queda embobado mirando a mi novia. Me vuelvo a mirarla y veo como tiene un espeso cuajarón de corrida colgando de su nariz.

    Al andar, el semen que le cuelga va bamboleándose, al ritmo del movimiento de su gigantesco trasero.

    -La leche, ¡que putona! – exclama el camarero.

    -Adiós y gracias – le digo al estupefacto.

    Por fin salimos a la calle y nos dirigimos al deportivo italiano que tenemos aparcado a unos metros. Cuando nos encontramos con los García, salíamos de una sesión de peluquería para mi novia. Quería que estuviera perfecta para la entrevista con mis padres. Vuelvo a mirarla y veo que la lechada que tiene en el pelo es mínima, por lo que no hay problema.

    Lo que son las casualidades, nada más pisar la calle nos encontramos de frente con doña

    Fátima, la cual es una de las socias más veteranas de nuestro club. Debe tener unos 70 años. Ella me mira, verifica mi anillo en mi mano y yo verifico que ella lleva el suyo.

    Veréis, como es natural las personas no siempre tenemos ganas de cachondeo (véase sexo). Las familias del club cuando no tienen ganas de acción, simplemente no llevan el anillo identificador. Aunque conozcas al socio/a si este no lleva el anillo, es una persona anónima y no debe ni saludarse.

    -Hola Fátima, vieja putona, hace algún tiempo ya desde la última vez que nos hemos saludado – le digo.

    -Bueno verás, los años no pasan en balde – me dice sacando la lengua.

    Como todas las socias, Fátima también utiliza todas las técnicas modernas y aún tiene un cuerpazo. Lleva el pelo sin teñir, completamente canoso, pero con un peinado precioso. Sigue siendo muy guapa, a pesar de las naturales arrugas y observo como empieza a babear saliva de su lengua colgante, hasta la fresca blusa que lleva. Sus gigantescos tetones se pueden observar en parte, ya que lleva la blusa algo desabotonada. Una falda de traje de ejecutivo y tacones, completan su vestimenta. Muchas socias eligen esa combinación, ya que resalta sus cuerpazos y es válida para casi cualquier situación social.

    -Mira vieja cerda, te presento a mi prometida. Se llama Norma – le digo a Fátima a la vez que agarro sus tetones por encima de la blusa.

    -Te felicito, es muy guapa. Aunque es difícil verlo a través de esos cuajarones de lechada que tiene en la cara – me dice mientras me acaricia el paquete.

    -No seas maleducada, saluda a la señora Norma – le digo a mi novia, mientras saco un gigantesco tetón de la blusa de la vieja putona y agarrándolo con fuerza, lo estiro hacia fuera.

    Siguiendo el protocolo al pie de la letra, mi queridísima novia se saca ambos tetones por el escote de su camisa, saca la lengua y acerca su cara a la cara de Fátima. Cuando empieza a babear saliva cierra la boca y de forma violenta, lanza un escupitajo directamente en la cara del viejo putón.

    -Encantada cariño – dice la vieja putona, escupiendo a continuación en la cara a mi novia.

    Mi polla vuelve a hincharse ante el espectáculo y el masaje que me está dando la bella madura. La vieja cerda, después del saludo de rigor entre socias, observa el cuajo de lechada bamboleante, que mi queridísima novia tiene colgando de la nariz.

    -Cariño, te importa que limpie la cara de tu putilla – me dice el viejo putón, al tiempo que estruja uno de los tetones de mi novia con la mano libre.

    -No me importa cerda, pero luego se lo escupes en la boca y que se lo trague – le respondo y al momento mi novia empieza correrse. Como cada vez que se corre, es como una fuente, aunque estamos en plena calle, se sube la falda para no mancharla de corrida y se corre con un fuerte chorro, que alcanza a una estúpida zorrita en plena cara, la cual, se había parado a ver la escena alucinada.

    La vieja cerda al ver a la adolescente con la cara empapada de corrida de mi novia, empieza a correrse también.

    -Joder, como se corre tu cerda Andrés, ha empapado la cara de esa chica – me dice, mientras babea saliva de su lengua y se convulsiona sin parar.

    Yo me giro y observo a una joven de unos 19 años, vestida con una ropa que parece un saco, un pelo bastante descuidado y unas gafas graduadas que no le favorecían nada. Sin embargo, no se había marchado, ni estaba dando gritos. Me sorprendió ver que estaba relamiéndose y recogiendo la corrida de mi novia de su cara con una mano, para luego lamerla.

    – Jovencita ven aquí, quieres – le digo mientras mi novia vuelve a colocarse la falda tras haberse corrido.

    La chica sale de su estupor y se acerca. Yo sigo estrujando los tetones de la vieja guarra, ella sigue magreándome la polla por encima del pantalón, y mi novia sigue con la lengua fuera esperando y mirando a la cara del putón de Fátima.

    -Mira bonita, este putón que está aquí, va a lamer los cuajos de lechada que tiene esta otra chica en la cara, y luego se los va escupir en la boca para que se los coma. ¿Te gustaría que te los escupa a ti en la boca, en vez de a esta chica? Si quieres que lo haga, simplemente abre la boca y saca la lengua – le digo a la estupefacta chica.

    La vieja cerda al oírlo, vuelve a correrse otra vez sacando de nuevo la lengua, mi novia vuelve a levantarse la falda y se corre con un chorro aun más largo que el anterior. La joven lentamente abre la boca y saca la lengua.

    -Muy bien, es lo que me parecía – le digo, mientras mi novia se vuelve a colocar la falda.

    La muy putona de la vieja, sorbe en primer lugar el cuajo bamboleante de la nariz de mi novia y tras saborearlo un momento, escupe con precisión en la boca de la niña.

    -Bien, y ahora trágalo cerdita – le digo, mientras sigo disfrutando de los tremendos melones de Fátima, estrujándolos a tope.

    La chica cierra la boca y tras unos segundos en que se ve claramente que está saboreando el cuajo, se lo traga de manera ostensible.

    -Bien putilla, ahora vuelve a sacar la lengua y vas a hacer la misma operación, hasta que la cara de esta guarra este limpia – le digo a la desconocida joven.

    A estas alturas, ya hay un corro de gente a nuestro alrededor completamente alucinada.

    La vieja guarrona, realiza la operación de limpieza, escupiendo cada vez en la boca de la zorrita y esta cada vez se lo traga. Mientras tanto, yo me divierto estrujando enormes tetones, los de la putona de mi novia y los de Fátima.

    -Gracias cariño. Mira, toma esta tarjeta y ve a la dirección que figura en ella. Relatas allí el servicio que me has prestado y tendrás un premio, ¿de acuerdo? – le digo a la joven, la cual se aleja relamiéndose.

    -Norma cariño, tenemos que irnos – le digo a mi novia, la cual se vuelve a colocar los tetones dentro de la camisa y se recompone.

    -Mira Fátima, tu compañía es muy grata, pero tenemos que irnos – le digo a la bella madura, a la vez que le doy un tremendo escupitajo en su cara, como despedida.

    -De acuerdo Andrés, espero que volvamos a vernos pronto – me responde, mientras guarda las enormes tetas y se relame el escupitajo.

    Por fin, consigo entrar con mi novia en nuestro deportivo y arranco a gran velocidad rumbo a la MANSIÓN. Detrás queda un alucinado grupo de gente cuchicheando y veo por el retrovisor como Fátima se aleja caminando, meneando su enorme culazo con indiferencia al gentío…

  • Historias de minimercado

    Historias de minimercado

    De aquella época sólo tengo recuerdos entrañables. Bien podría decir que mis mejores aventuras –las que merecen ser contadas– ocurrieron todas en aquel caluroso verano.

    Recién egresado del colegio secundario, había decidido tener mi primera experiencia laboral durante los meses previos a mi ingreso a la universidad. Entre los motivos que me llevaron a tomar tal decisión podría mencionar la necesidad de dar mis primeros pasos hacia la independencia económica, descansar un poco de los privilegios y de la comodidad a la cual estaba acostumbrado, saber qué se sentía ganarse la vida comenzando desde abajo… pero estaría mintiendo: lo único que buscaba era escaparle por primera vez a las tediosas vacaciones en familia.

    Conseguí empleo como reponedor en un minimercado en el norte de San Ignacio: la ciudad que me vio crecer. Omitiré el nombre del negocio porque es probable que aún esté funcionando y, quién sabe, quizá el Misil continúe trabajando allí. Este particular personaje era el cajero estrella y hombre de confianza de los propietarios.

    Nunca supe su verdadero nombre, o quizá lo olvidé. A sus cuarenta años, y a pesar de una vida cargada de reveses y excesos, conservaba una juvenil lozanía que, de acuerdo a sus versiones, le reportaba gran éxito con las mujeres. No había nada que le gustara más que hacer alarde de sus conquistas y de la fama de seductor que lo jerarquizaba como un verdadero macho alfa.

    Cuando la clientela flaqueaba me llamaba con un gesto; entonces yo sabía que debía acercarme a la caja y que allí escucharía la historia de alguna de sus gestas amorosas, la mayoría de las cuales tenían lugar, o habían surgido, en el propio establecimiento comercial.

    Quien lo escuchaba en sus pasionales exposiciones se hacía la idea de que si no se había cogido a todas las mujeres del barrio era por falta de tiempo libre; aunque el portador del virus del cinismo encontraría difícil creer tales hazañas, sobre todo si se tenía en cuenta su modesto estatus social, sus torpes modales y su denigrante consideración hacia el sexo opuesto; consideración que nunca se molestaba en disimular:

    –¡Son todas putas, nene! –Me repetía constantemente– ¡Les gusta la pija más que el dulce de leche!

    Cada vez que hacía esta misógina aseveración, yo trataba de disimular mi fastidio y le obsequiaba una aquiescente sonrisa, mientras me preparaba para oír el chiste de la pija embadurnada en dulce de leche, que siempre venía a continuación.

    El total desprecio que al principio me provocaba su persona y el resignado escepticismo con que escuchaba sus historias pronto se fueron transformando en algo que se podría confundir con el afecto, el cual fue aumentando a fuerza de compartir juntos momentos increíbles.

    A veces me pregunto en qué andará ese pintoresco personaje generador de un sinfín de anécdotas. Alguna vez he sentido ganas de volver al barrio y saber cómo le ha ido en todo este tiempo; pero sé que jamás lo haría; no podría hacerlo el eficiente profesional, con una vida ordenada y monótona, una esposa funcional y dos pequeños tesoros de incalculable valor. Sin embargo, a menudo encuentro un ominoso y secreto placer invocando en mi memoria los detalles de aquellos episodios que marcaron el final de mi adolescencia, y que relataré a continuación.

    La madre

    Aquella mañana estaba particularmente floja: casi no habían entrado clientes. En comparación con la vorágine que habíamos sufrido en días anteriores en virtud de las fiestas tradicionales, el minimercado parecía una taberna de pueblo fantasma. Es cierto que aún era temprano; pero en días normales, incluso a las 9 am, no hubiera reparado yo en el sonido de las heladeras ni en el del aire acondicionado, y en ese comienzo de jornada el leve zumbido de dichos artefactos me aturdía más de lo que lo podría hacer el silencio absoluto.

    Para matar el aburrimiento, o quizá para no tener que escuchar las fatuas historias del cajero, me dispuse a ordenar la góndola de productos de limpieza. Fue allí cuando los vi entrar: era una pareja con un bebé. Los flamantes padres estarían en sus treinta –quizá treinta y cinco– y tenían aspecto refinado.

    Me detuve a observar a la mujer: era hermosa. Llevaba puesto un ligero vestidito suelto, apenas por encima de las rodillas, del cual bajaban unas piernas exquisitamente formadas que terminaban en unos pies deliciosos, apenas cubiertos por unas frescas sandalias. Disimuladamente seguí con mi mirada su lento andar entre las góndolas empujando el cochecito. Su marido la acompañó durante apenas unos segundos manteniendo una agitada conversación por celular; luego se distanció de ella y le hizo una seña mientras se apartaba el teléfono del oído:

    –¡Te espero en el auto! –le gritó.

    Ella asintió con su cabeza y continuó recorriendo el local hasta llegar a la góndola de productos de farmacia. Poco después miré por la ventana y pude ver al hombre recostado sobre su auto, ensimismado en su charla telefónica. En ese momento se me ocurrió una idea para poner a prueba al presuntuoso cajero. Entonces me acerqué a su puesto de trabajo y, sin dejar de mirar a la mujer, le comenté a manera de reflexión:

    –A ésta jamás te la podrías coger…

    Él me miró de soslayo, entrecerrando sus ojos, como condenándome por mi osadía juvenil:

    –¿Me estás desafiando, nene? No hay ninguna que no me pueda coger. ¿Querés apostar a que me la garcho ahora mismo?

    –¿A una desconocida? ¿A una madre con un bebé y con su marido ahí afuera? ¿Y las 9 am? Pfff… Quinientas monedas a que no…

    –Hecho –me dijo mientras estrechaba mi mano para cerrar el trato.

    –Pero tiene que ser antes de que salga del local, ¡eh!

    –Tranquilo, nene, escondete por ahí y aprendé cómo se hace. Hoy vas a recibir una clase de cómo hay que hacer para cogerse a una putita fina, y sólo te va a costar quinientas monedas.

    Me escondí en el estrecho espacio que había entre dos góndolas que a mi criterio estaban ubicadas de manera inconveniente para el favor del cliente pero que me venían de maravillas para mis intenciones furtivas: desde allí podía observarlo todo sin ser visto. Me causaba mucha curiosidad cómo el presunto conquistador iba a intentar intimar con una mujer de porte tan formal. Su seguro fracaso, o su desistimiento, me darían pie para ponerle un manto de duda a todas las historias que me contaba habitualmente.

    Minutos después la mujer pasó por la caja y, con extrema seriedad, colocó los productos sobre la mesa. El Misil la recibió con una sonrisa; ella ni lo miró. El cajero comenzó con la facturación de los productos y, al encontrarse con un termómetro digital, comenzó con su artimaña:

    –A ver si estudiaste, madre, ¿cuál es la mejor forma de tomarle la temperatura al bebé? –le dijo con aire ganador y con pretensiones de empleado simpático.

    Ella frunció el ceño y le lanzó una mirada de desprecio. Luego de unos segundos le respondió con sequedad:

    –Vía rectal es la forma más conveniente para tomarle la temperatura a un bebé de seis meses.

    Al escuchar la austera solemnidad de la respuesta no pude más que sonreír e imaginar cómo iba a gastar esas quinientas monedas. No había forma de remarla, ni con una selección de Casanovas y Tenorios. En ese momento le hubiera apostado otras mil monedas a que ni siquiera le sacaba una sonrisa. Para colmo, el bebé se puso inquieto, y ella también. Miró hacia afuera dos veces: obviamente se quería marchar rápido. El Misil se mantuvo imperturbable y como si todo marchara de acuerdo con su plan, le dijo:

    –¡Muy bien, madre, muy bien! ¿Y a un adulto?

    Ella calmó a su bebé, miró por tercera vez hacia el exterior con gesto de hartazgo y luego le respondió con la misma parquedad de antes:

    –¿Ehh?… Ahh… Axila, supongo.

    La mujer mostró su impaciencia apurando la transacción. El Misil le entregó el ticket junto con el cambio e inmediatamente –para mi sorpresa y la de la mujer– llevó sus manos hacia la bragueta de su pantalón. Sin dudar un instante, sacó su pija y la exhibió en frente de la dama. ¡Era tremenda pija! Mediría unos veinte centímetros, quizá más; era gruesa y estaba erguida y dura como hierro. Tenía una cabezota gordota y brillante. La madre, al verla, abrió unos ojos gigantes. Él prosiguió como si nada:

    –Mirá este termómetro, madre. ¿Te lo meterías debajo del brazo para tomarte la temperatura?

    Cualquier otro hubiera recibido una bofetada por desubicado, y hasta una denuncia por acoso; y bien merecida que la hubiera tenido. Sin embargo, la madre, luego de observar la ostentosa pija del cajero durante unos segundos, y tras escudriñar en todas direcciones, se volvió de espaldas a la caja y se levantó el vestido hasta la cintura.

    –No… acá –le respondió.

    ¡Peló el orto ahí nomás la hija de puta! ¡Terrible orto! ¡Y entangado hasta la manija! ¡Tremendo colaless bien incrustado en el ojete tenía la muy perra! Sus agraciadas nalgas al aire hicieron que la enorme verga del Misil empezara a palpitar fuerte. El afortunado cajero se levantó rápidamente de su asiento y, con la pija al aire, convidó a la mujer a que lo siguiera hasta el depósito. Ella fue tras él. Cuando él la invitó a entrar, ella volvió su cabeza, miró el cochecito estacionado junto a la caja y vaciló. Él se apresuró a tranquilizarla:

    –No te preocupes, madre, no le va a pasar nada al niño. Vení putita, vení…

    Entonces la tomó del brazo y la introdujo en la sala del depósito. Era increíble cómo aquella circunspecta madre había dejado a su bebé abandonado por ir tras una pija; y parecía como si no le importara que su marido volviera al local y la descubriera.

    Cuando me asomé a la puerta del depósito, el Misil tenía a aquella madre totalmente sometida: inclinada hacia adelante, apoyada sobre una heladera horizontal, con el culo en pompa y la tanga a la altura de las rodillas. Le estaba dando por el orto sin piedad; la embestía con la violencia de una bestia salvaje mientras le metía los dedos en la boca; ella se los chupaba como desesperada.

    La banda sonora de la mañana ya no era dominada por el tedioso zumbido de las máquinas, sino el estrepitoso sonido producido por el choque del bajo vientre del Misil contra aquellos cachetotes redondos de pura carne: ¡pla pla pla pla! Ufff… ¡Qué serruchada de ojete, por Dios!

    Llevarían unos cinco minutos culeando cuando el bebé comenzó a llorar fuerte. Ellos ni se mosquearon: siguieron como si nada. La enculada madre mantuvo su carita de puta, mordiéndose el labio e impulsando su culo hacia atrás con vehemencia en busca del vergón del cajero; estaba gozando como perra en celo.

    Un minuto después empezó a gemir tan fuerte que sus gritos taparon el llanto de su pequeño hijo; su concha empezó a chorrearse como si fuera una canilla, y no cesó de hacerlo hasta que el Misil, a punto de acabar, la tomó fuerte del pelo y la indujo a arrodillarse de frente a él. Entonces ella abrió bien grande la boca y él le vació los huevos en ella: grandes chorros de semen fluyeron hacia la garganta de la perra. Ella no solamente se tragó toda la leche del cajero, sino que luego le limpió la verga con su boca. ¡Tremenda lustrada de sable post coito anal! Recuerdo que le apoyó la punta de su lengua sobre el orificio del glande y la hizo serpentear para recoger hasta la última gota de leche.

    Instantes más tarde, mientras la putita se subía la tanga y se acomodaba el vestido, aproveché para correr hasta mi escondite. Desde allí la vi salir y marcharse apurada intentando calmar a su bebé, que continuaba llorando. Luego apareció el Misil, venía abrochándose el pantalón. Con actitud soberbia y satisfecho semblante, me repitió por enésima vez:

    –Son todas putas, nene, ¡todas putas! Y estas chetas son las peores.

    Segundos después pude observar, a través de una de las ventanas del local, el tierno beso en la boca que la joven madre le obsequiaba a su marido –que seguía hablando por celular– antes de partir con sus compras.

    Ese día perdí quinientas monedas, pero gané argumento para pajearme casi hasta la deshidratación.

    La pendeja

    Ya la habíamos visto antes en el minimercado, siempre acompañada por su novio: un joven fortachón con una evidente sobredosis de gimnasio. Era una joven muy hermosa y las pequeñas minifaldas que vestía la hacían aún más llamativa. Sus piernas lucían perfectamente torneadas y su culito respingón sobresalía de manera singular; daban ganas de manotearlo a la pasada. Yo traté de contemplar su belleza en forma disimulada, pero el Misil –en honor a su apodo– no andaba con rodeos: a pesar de que la joven estaba acompañada, le clavó los ojos como para comérsela entera.

    –Qué pendeja más hermosa; cómo me la garcharía toda –me dijo en voz baja.

    –Tranquilo Misil, que el novio está grande –le advertí.

    Pero el Misil no conocía el miedo, y aprovechando que era última hora y quedaban pocos clientes, me hizo la siguiente proposición:

    –Distraémelo un ratito que me garcho a la pendeja acá nomás –se lo notaba muy excitado–; si me hacés este favor te devuelvo las quinientas monedas.

    –¡Ni por todo el oro del mundo! Vamos a terminar golpeados y encima presos.

    –Pero mirá que sos cagón, nene, jaja.

    Luego me ausenté unos minutos: primero visité el baño y más tarde estuve en el depósito. Regresé a tiempo para presenciarlo todo: mientras el fortachón inspeccionaba la góndola de los vinos, el Misil llamó a la pendeja con un gesto y ella caminó hasta la caja. Cuando llegó, el impetuoso cajero la estaba esperando con la verga al aire y dura como tronco de roble; esa tremenda verga que parecía ser su arma secreta.

    La pendeja la observó sorprendida. Inmediatamente, como poseída por ese majestuoso vergón, cruzó para el otro lado de la caja, se arrodilló y se lo empezó a chupar como si no hubiera nadie alrededor. Yo contuve mi respiración: había gente recorriendo el establecimiento y el fornido novio de la joven estaba ahí, a unos pocos metros de la felación. Le hice una seña al Misil para que recapacitara de su peligroso accionar; lo que conseguí fue que se llevara a la pendeja para el depósito. Allí pude soltar mi primera gran exhalación: al menos de esa manera no quedaba tan expuesto.

    Instantes después el grandote giró su cabeza en todas direcciones, seguramente buscando a su novia; fue allí cuando decidí abordarlo:

    –Hola, ¿te puedo ayudar? Los vinos con mi especialidad –no tenía siquiera conocimiento básico acerca de bebidas alcohólicas, sólo sabía que había un estrecho vínculo entre el vino y la uva.

    El joven me agradeció la ayuda y me comentó acerca de su indecisión; tenía una botella en cada mano:

    –No sé si el seco o el semiseco…

    Yo improvisé un discurso de sommelier desde la más pura ignorancia mientras me preguntaba qué carajos hacía un pendejo adicto a los esteroides analizando vinos. Me dieron ganas de decirle que se llevara un par de cervezas y se dejara de joder. Pero necesitaba ganar tiempo. Para colmo, los últimos clientes que quedaban comenzaron a amontonarse en la caja que el Misil había dejado desierta.

    –No te muevas de aquí –de dije al forzudo– creo que en el depósito está lo que vos estás buscando, ya vuelvo.

    En realidad, en el depósito estaba lo otro que él estaba buscando. Me dirigí raudo hacia allí y, al llegar, pude observar al Misil en plena acción con la pendeja; o quizá deba decir a la pendeja en plena acción con el Misil. Porque era ella la que se lo estaba garchando a él.

    De pie, con la pollerita subida hasta la cintura y la tanga corrida hacia un costado, con una pierna apoyada en el suelo y la otra levantada y con el pie apoyado sobre un cajón de cerveza, lo tenía arrinconado contra la heladera y parecía que lo estaba matando a conchazos. Le daba con un ritmo atroz y una energía inusitada. De vez en cuando se desenvainaba y se arrodillaba para devorarle la pija: le recorría la rosada cabezota con su lengua a gran velocidad y luego se la tragaba casi hasta el punto de la arcada. Luego se ensartaba de vuelta en aquel imponente falo y continuaba con su ritmo infernal. El Misil tenía los ojos en blanco. Estaba completamente entregado a la arrolladora fogosidad de la pendeja.

    Me calenté tanto que pelé la verga ahí nomás y me hice tremenda paja. Acabé en diez segundos; derramé unos buenos chorros de leche sobre unos packs de juguito que formaban una pequeña montaña en la entrada del depósito. Inmediatamente después volví al frente del local con una botella en la mano y se la entregué al grandote:

    –Tomá, comparalo con los otros, para mí éste es mucho mejor –le dije con autoridad.

    Luego volé hacia la caja, en donde los clientes se encontraban por demás impacientes. Les pedí disculpas y procedí a realizar la facturación de los productos. Por suerte, en un rato de ocio, el Misil me había explicado los detalles de su trabajo.

    Luego fue el fortachón el que se me apersonó en la caja. Me dijo que la botella que le había traído del depósito no era vino sino Fernet, pero que ya se había decidido por uno de los que me había mostrado antes. Mientras pagaba por su compra volvió a examinar los alrededores:

    –¿No has visto a mi novia? Es morocha y más o menos así de alta –me dijo mientras colocaba su mano extendida a un metro y medio del suelo.

    Apenas llegué a realizar un leve movimiento de negación con mi cabeza cuando un sonido proveniente del fondo lo alertó. El grandote, sin mediar palabra, se dirigió con decisión hacia el lugar y cuando iba a atravesar la puerta hacia el depósito, se encontró con su novia, que volvía al frente del local; estaba un poco desalineada.

    –¿Dónde estabas? –le preguntó el fortachón.

    –Atrás… tuve una urgencia –respondió la pendeja traviesa (no le mintió). En ese momento solté mi segunda gran exhalación de la noche.

    Ellos fueron los últimos clientes. Al mismo tiempo que los observaba marcharse abrazados, me dispuse a cerrar el negocio. Luego fui corriendo hasta el depósito. Allí estaba el Misil: tirado en el suelo boca arriba, todavía con los pantalones bajos y todo lecheado. Su cuerpo entero exhibía el húmedo brillo de una gran lluvia dorada.

    –¡Un fueeego la pendeja! ¡Me destrozó la pija! ¡Y me meo todo la hija de puta! jaja –me dijo extasiado. Sentí ganas de acogotarlo.

    Esa noche no solamente me pajeé hasta la saciedad, también recuperé mis quinientas monedas.

    La bomba

    En aquella histórica tarde, como era lógico, no había ningún cliente en el minimercado. Una pantalla de televisor, aunque fuera pequeña, hubiera valido para mí lo mismo que el oro; sin embargo, el albur me encontró intentando sintonizar –sin éxito– una vieja radio a pilas. Mientras tanto, el Misil calmaba su tedio observando las calles desiertas a través de la ventana.

    –Nene, ¿qué pasa que no hay nadie por ningún lado?

    –Parece que sos el único que no está enterado…

    –¿Enterado de qué, nene?

    –De la final, Misil, la final… El San Ignacio… Si ganamos subimos a primera por primera vez en nuestra historia –le respondí mientras un desesperante ruido blanco me iba resignando a no tener noticias del partido.

    La novedad no lo entusiasmó demasiado pero lo motivó para comenzar contar a viva voz una hazaña amorosa que había transcurrido bajo las gradas del modesto estadio del club: se había cogido a la novia del arquero mientras éste defendía nuestros sagrados colores. Por suerte el cimbrar del teléfono del local me salvó de continuar siendo espectador de tal herejía. En la soledad de la tarde alguien llamaba para realizar un pedido. Tomé nota con cuidado.

    –¿Quién era, nene? ¿Un pedido? Justo hoy que no vino el hijo de puta del delivery –el delivery era sobrino de uno de los dueños y aprovechaba ese privilegio para presentarse a trabajar cuando le venía en ganas. Seguramente en ese momento estaba en la cancha disfrutando de unas cervezas y vibrando con las emociones del juego… Sentí envidia.

    –Era la señora de Castro –respondí.

    –¡Uhh, la bomba! –exclamó el Misil con entusiasmo.

    –¿La llamo y le aviso que hoy no hacemos delivery?

    –No, esperá… ¿qué pidió?

    –Bananas, huevos, leche, polvo para hornear… y un salchichón.

    –Ahh, pero parece broma… ¿No te das cuenta, nene? Lo que está pidiendo es pija. Seguramente su marido está como tarado con el partido y no la atiende. No la llames: prepará el paquete y se lo llevamos nosotros personalmente; es acá cerca, a una cuadra. Me faltaba cogerme a esta putita…

    Cerramos el minimercado y nos dirigimos hacia la casa de Castro. Durante el corto trayecto el Misil me fue dando algunas referencias de la señora.

    –No sabés el lomazo que tiene la veterana, nene; está mejor ahora que cuando era joven; echó un orto increíble, y últimamente se le ha dado por mostrarlo, parece que le va a explotar, por eso le dicen la bomba; ella sabe que está buena y anda por ahí calentando pijas descaradamente; tiene una carita de puta traga leche…

    –Qué raro que todavía no te la cogiste –le dije de manera socarrona.

    –Es que el marido la marca de cerca; imaginate… –respondió mi compañero con algo de ingenuidad. Luego continuó– El hijo de puta del delivery conoce a los hijos. Dice que cuando Castro no está, la putona se les pasea por la casa medio en bolas; los tiene todo el día calientes como caldera de sordo. Fijate que los tipos andan por los treinta años y todavía viven con los padres… Y si… si mi madre tuviera ese culo yo tampoco me mudaría. Parece que ni siquiera trabajan los hijos de puta, se pasan todo el santo día mirándole el orto a su madre y matándose a paja. Pero no sé qué tanto se le puede creer al delivery: es medio mentiroso…

    Cuando la señora nos abrió la puerta de su casa pude comprobar que el Misil no había exagerado en lo más mínimo, y es muy probable que el delivery tampoco. Tendría unos cincuenta años muy bien llevados. Era rubia, muy coqueta y se cargaba un cuerpazo maduro de voluminosas tetas y tremendo ojete: una verdadera bomba. Vestía una musculosa y un pequeño shortcito que revelaba sus redondeados encantos con deliciosa indecencia.

    –Buenas tardes, pasen, pasen –nos dijo mientras nos invitaba a seguirla hasta la cocina.

    Caminamos detrás de ella e inmediatamente nuestros ojos se fijaron en esas increíbles nalgotas que el exiguo pantaloncito apenas podía contener: parte de los macizos cachetes se escapaban por debajo de la tela y el resto parecía que la iba a reventar durante el bamboleo que originaba sus pasos contoneados. Ella sabía muy bien que nuestras miradas estaban concentradas en su terrible ojete y lo movía de un lado a otro de manera más que elocuente. Una diminuta tanga bien metida en el orto se le divisaba tras la delgada tela del short.

    Terminamos la breve persecución con los ojos desorbitados, la lengua afuera y la verga como garrote, haciendo un enorme esfuerzo para disimular nuestra conmoción. Me puse en los zapatos de los pobres hijos: tener que ver eso todo el día, todos los días… ¡Qué tortura! ¡Deliciosa!

    De lado opuesto a la cocina estaba la bulliciosa sala; parecía que allí había unos cuantos disfrutando del partido.

    –¡Qué quilombo que tienen ahí! –exclamó el Misil volviendo su cabeza en dirección del bullicio.

    –¡Sí!… El famoso partido ese… –dijo la milf mientras revisaba el pedido– Me tiene harta. Mi marido y mis hijos se ponen como estúpidos; parece como si yo no existiera, ni me miran –el Misil me guiñó un ojo en señal de confirmación de su teoría– ¡falta el salchichón! –exclamó la fémina interrumpiéndose.

    –Estoy seguro de que lo agregué en el paquete –me apresuré a responder.

    En ese momento el Misil se me acercó y me dijo al oído:

    –Nene, quedate ahí afuera y vigilá. Si alguien viene para la cocina prendé una alarma.

    Allí comprendí que había sido el pícaro cajero quien había hecho desaparecer el embutido, y creí adivinar el motivo. La confirmación de que estaba yo en lo cierto llegó apenas unos instantes después, cuando el Misil se acercó a la señora, se desprendió el pantalón y sacó la pija a tomar aire:

    –Acá tenés el salchichón, putita. ¿Te gusta?

    La hermosa madura abrió unos ojos enormes y exclamó:

    –¡Qué pedazo de pija, hijo de puta! –luego giró su cabeza y me miró– avisá si viene alguien, mi amor– me dijo con dulzura antes de tirarse de cabeza y tragarse ese suculento pedazo de carne pulsante.

    El maldito lo estaba haciendo otra vez… Después de llenarle la boca, la recostó boca arriba sobre la mesa, desplazó hacia un costado todo obstáculo de tela y le rellenó la concha con el tremendo salchichón que la naturaleza le había colgado entre las piernas. Comenzó a serruchar a ritmo bestial; la milf emitía gemidos de intensidad y volumen creciente.

    Yo quedé varado en el ancho corredor a medio camino entre la cocina y la sala, testigo de cómo el pijudo cajero reventaba aquella ardiente concha madura de labios gruesos. De un lado, el ruidoso plaf plaf y el extasiado llanto de la bomba rubia; del otro, la estruendosa algarabía de los hinchas y el emocionante relato del tipo de la televisión que, afortunadamente para todos, no dejaban que la familia se enterara de lo que estaba ocurriendo a tan sólo unos metros con la putona esposa y madre.

    La suerte quiso que las principales emociones llegaran al mismo tiempo; de pronto, dos grandes estruendos resonaron en mi cabeza: de un lado, la explosión de la bomba; el imponente orgasmo de la rubia fue revelado por sus gritos desgarradores y una gigante convulsión en donde todo su cuerpo se estremeció de manera fulminante; del otro, el ensordecedor festejo del primer gol del San Ignacio.

    Pronto llegó el segundo gol, y el tercero. Si estaba sumamente excitado observando la cogida que el Misil le metía a la bomba, más lo estaba con la goleada que le permitía a nuestra amada institución alcanzar los cielos de la gloria. Así que lentamente me fui arrimando a la sala. Una vez allí, pude ver las espaldas de los hombres que saltaban del sofá ante cada peligrosa incursión de nuestros delanteros en el área rival y pude ver la gran pantalla en el fondo y en ella el cuarto gol de nuestro equipo. Salté al mismo tiempo que los demás. La euforia general y mi oportuna posición de retaguardia me hicieron invisible.

    El partido terminó. Los hombres en la sala se abrazaban. Emocionadas lágrimas recorrían sus rostros… y el mío. Me dieron ganas de fundirme en el abrazo con aquellos desconocidos, pero reaccioné a tiempo y volví raudo a la cocina a advertir a los cachondos amantes sobre el peligro que corrían.

    Allí la acción continuaba a ritmo infernal. La bomba estaba de rodillas sobre una silla, con los con los antebrazos apoyados sobre la mesada. Detrás de ella, el Misil le reventaba el orto a pijazos. El choque de humanidades ocurría de manera desesperada. Mientras la serruchaba, el cajero le palmeaba las nalgas, la sujetaba fuerte del pelo, se le prendía de las tetas con sus afiladas garras, le pasaba la lengua por la oreja. Recuerdo cuando ella giró su cabeza para acercar su rostro al de él y sus lenguas se fundieron de la forma más obscena que yo había visto.

    La bomba volvió a explotar y el estallido volvió a disimularse con los interminables festejos de la sala. El Misil dio aviso de leche inminente; ella, quizá para no dejar huellas de humedad que su familia pudiera descubrir, o quizá de puta golosa nomás, se agachó en frente a la pija del semental y se tragó completo el fabuloso caudal de blanco semen.

    Con un gesto les anoticié el fin del partido y ambos se vistieron rápidamente justo antes de que Castro se apareciera en la cocina con una sonrisa de oreja a oreja.

    –¡¡Estamos en primera!! –exclamó a los cuatro vientos.

    La señora conservó la compostura y, mientras se pasaba un dedo por la comisura de los labios para limpiarse los últimos restitos de leche, le dijo:

    –Qué bueno… Haceme un favor, querido: pagale a los chicos del delivery, ¿sí?

    Castro pagó con gusto, sin perder su pintada sonrisa, y hasta nos dio una buena propina.

    Nunca voy a olvidarme de ese día; cómo olvidar nuestro primer delivery de pija; cómo olvidar ese cuatro a cero que nos depositó en la división de privilegio.

  • El hijo de mi amiga Karen

    El hijo de mi amiga Karen

    Que tal me llamo Cecilia y soy una mujer separada, tengo 43 años y mis hijos bueno ya están grandes por lo que no viven conmigo. Como vivo de la pensión que me da mi ex marido pues me dedico a tomar algunos cursos de idiomas, baile, cosas por el estilo. En un curso de inglés conocí a Karen una buena amiga mía con la que empecé a salir mucho, nos contamos varias cosas sobre los hombres y a veces salimos a los bares solo a pasarla bien y ver que encontramos, nos gusta mirar a los hombres y nos decimos cosas de lo que creemos que son, fantasías en general. Ella tiene dos hijos, una hija de 27 y un hijo de 20, Carla y Marco, nunca los he conocido pero me ha contado de ellos.

    Alguna vez tocamos el tema de salir con alguien menor pues como hemos ido a los bares no falta los grupitos de chicos que nos miran o nos invitan a bailar o alguna copa pero no pasa de ahí, claro esto no impide que nosotras no hablemos de ellos o no nos dejemos manosear un poco o sentir sus miembros al bailar. Ella es morenita y guapa, un poco gordita, yo igual solo que soy más clara que ella, casi blanca, coqueta, con unos kilos de más, no soy muy tetona pero tengo buenas caderas y ella al contrario tiene unas tetas grandes y poca cadera pero estamos bien proporcionadas hasta eso. Por lo mismo nos hemos contado de nuestras aventuras y a ella le gusta hacer muchas rusas, dice que la pone muy caliente ver una buena polla en sus tetas, a medida que su esposo empezó a serle infiel ella igual y sin ningún problema, claro ambos hacen como que no saben, me dice que le gusta estar en 4 y enfrente de un espejo ver como sus tetas le aplauden, tengo que admitir que aunque sea mujer me excita la imagen. Claro todo esto paso mucho tiempo para que nos contáramos estas cosas.

    Bueno así es nuestra historia y la situación empezó cuando un día me llamo para pedirme un favor de si podía cuidar a su hijo, ella iba a salir con su familia pero su hijo tenía que presentar un examen y tenía que quedarse el fin de semana y no confiaba en el bribón, yo le dije que ya estaba en edad de quedarse solo y bueno esto no se lo dije pero yo ya tenía planes con unos amigos, como ella es mi mejor amiga accedí con la condición de que fuera él a mi casa, le pase mi dirección y todo quedo arreglado.

    Ese fin por la tarde llegaba Marco toco a mi puerta y era un chico bien parecido y en forma, como un joven normal pero con la peculiaridad de que es moreno, su padre es negro y Karen mi amiga igual. Nos saludamos con un abrazo y un beso, nada pretencioso todo muy tranquilo y él muy amigable. De inmediato me vino a la mente la conversación de estar con alguien más joven, pero se fue pronto esa idea. Le mostré a Marco donde se quedaría y donde se encontraba las habitaciones y todo. Me llamo la atención que tenía buenas piernas y buena nalga, di un vistazo a sus pantalones y se notaba un rico bulto que me echo la imaginación a volar pero no lo vi bien porque no quería parecer una lanzada. Ese día traía yo un unos jeans que marcaban mis caderas y una tanga que se podía ver un triangulito, eso lo note en la noche cuando me iba a cambiar. En el transcurso del día hablamos tranquilos, universidad, novia, familia, planes en fin de muchas cosas. Pero también no podía sacarme la idea de la cabeza de estar con ese joven, eran cosas pequeñas como verlo desnudo, tenerlo en mis brazos, besarlo y aunque no me sentía cachonda del todo si me intrigaba. Hasta la noche donde fuimos a dormir.

    Me quede pensando en ese muchacho que dormía en el otro cuarto y me empecé a tocar imaginando su polla negra, creciendo en sus pantalones, apretada, lista para estar liberada y que mi boca lo abrazara rico, sentir su caliente carne en mi lengua y que mi saliva la fuera recorriendo, apretar sus nalgas y que sus manos empujaran mi cabeza hacia esa polla. Estaba completamente mojada y mis pezones duros muy duros y en eso escuche su puerta abrirse y entrar al baño del pasillo, me levante y me pegue a la puerta, pude escuchar su chorro abundante y me imagine su manguera negra y su mano sosteniendo su polla, me puse muy caliente y con ganas de lanzarme al baño e hincarme para comerle la polla pero me detuve, no sé porque, paso un rato sin escuchar ningún ruido y me seguía tocando con esa imagen debieron pasar un par de minutos en los que me tocaba y mis piernas se doblaban de sentir mis dedos hundirse en mis labios, de frotar mi clítoris húmedo y lamer mis dedos de pronto escuche que salió del baño me arregle rápido la pijama y salí del cuarto como si fuera casual y lo primero que vi fue su bulto en los bóxer, dormía solo en bóxer! y pude ver su bulto moviéndose y cuando volteo fue como si su polla se moviera completa hacia a mí, sentí un calor recorrer mi cuerpo y de inmediato lo mire a los ojos, Que tal Marco, dije torpemente, él se apeno y me dijo que había ido al baño, me miro los senos y me di cuenta de que los tenia duros por lo exilada que estaba, él se metió a su cuarto y yo me fui al baño donde me senté en el wc y me empecé a tocar pensando en su polla, que deduje que estaba más grande de lo que había visto en la tarde y en ese momento vi el cesto de ropa sucia y mi mente se hecho a volar, me vino a la mente la idea de que se había ido a masturbar por eso su polla estaba más grande, además en la madrugada? bueno si había ido a mear pero…

    Bueno me levante y abrí el cesto y todo parecía en orden, pero mi morbo no me dejaba así que saque la ropa y encontré unas de mis bragas llenas de leche, que rico, me senté rápido en el suelo y me empecé a tocar me abrí de piernas y sentía mis muslos y con mi otra mano lleve mis bragas llenas de leche caliente a mi boca, empecé a lamerlas como si fuera su polla negra y me embarre la cara pero no me importo, seguía rápido rápido mis dedos entraban y salían hasta que me corrí, moje el piso y solté un gemido, no sé si se escuchó desde el cuarto de Marco pero no me importo, después me sentí apenada pero en ese momento no, termine de lamer las bragas, las guarde al fondo del cesto y me levante para lavarme, tenía la cara sucia, me veía como una zorra, una zorra por un joven. Me lave la cara y jale al baño solo para hacer ruido.

    Me fui a acostar con la imagen de esa polla moverse en ese bóxer y me excite más aún al pensar que en la mañana podría verlo así o ya de perdis con su pijama que igual se marcaría esa deliciosa polla.

  • Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo (II)

    Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo (II)

    Ya saben cómo me convertí en la esclava sexual de los compañeros de mi hijo, ahora sabrán como continua esta historia, el fin de semana pasado, la enfermedad del amigo de mi hijo, estropeo los planes que sus compañeros de trabajo habían trazado para follarme a su antojo, pero el nuevo fin de semana les deparaba una nueva oportunidad para tenerme a su entera disposición, mi esposo tenía un congreso y mi hijo haría ese viaje a la playa que no pudo hacer en la anterior ocasión.

    Cuando los 6 llegaron nuevamente a mi casa yo ya estaba desnuda, supuse que eso les agradaría y yo lo único que pretendía era que estuvieran contentos conmigo mientras buscaba la forma de salir de aquella situación.

    Nada más entrar:

    «Hombre, si nuestra putita ya está lista, parece que tiene hambre de polla esta mañana».

    En esta ocasión ya venían desayunados así que no querían perder el tiempo, me ordenaron que me pusiera a 4 patas sobre el sofá y uno de ellos empezó a follarme el coño en esa posición como si fuera una vulgar perra.

    «Sabes que esto es lo único para lo que vales guarra, para chupar pollas y follar, dilo guarra».

    -Si amo, solo valgo para chupar pollas y ser follada.

    La verdad es que ese chico follaba como un auténtico campeón, no me quedaba otro remedio así que intente agradarles lo más posible.

    -Follame por favor, te prometo que seré una buena esclava, follame.

    Las palabras que salían de mi boca le pusieron como una moto y se corrió dentro de mí, ya había dado por imposible el que se pusieran condón y nada les gustaba más que inundar mis entrañas con su leche así que hacía una semana que tomaba la píldora.

    «Vamos guarra, ahora chupa mi polla, déjala reluciente»

    Yo me aferre a aquel miembro y lo chupe lo mejor que supe.

    Ninguno se dio cuenta de que me había olvidado de cerrar todas las cortinas como la vez anterior para que nadie nos viera, así que el hijo de mis vecinos, un joven de unos 18 años que se llevaba bastante mal con mi hijo había estado observando todo desde la ventana.

    Sonó el timbre-. Ding dong

    Uno de los chicos abrió, pude oír como el vecino le decía al chico que había visto todo por la ventana, por las caras que pusieron todos supuse que pensaron igual que yo, que aquel joven se lo diría a mi marido, o a sus padres.

    Pero su idea era otra.

    «Yo también quiero que la madre de ese cabron sea mi zorra, que se joda, me quiero follar a su madre».

    El niñato se llevaba tan mal con mi hijo que había decidido ponerme a mí como objetivo de su venganza, no podía imaginar que había hecho yo para merecer eso, todo me salía mal.

    Cuando el vecino entro me dijo que estaba deseando rellenarme con su polla.

    «Bueno Karina, enséñale a tu nuevo amo lo que tienes para el»

    No tuve más remedio que mostrarme ante el como una autentica puta, si antes estaba metida en un lio, ahora era mucho mayor, el vecino también lo sabía.

    Dejaron que el nuevo fuera el primero en tenerme, el niñato me tiro al suelo y levanto mis piernas sobre sus hombros, comenzó a martillear mi coño con toda su fuerza.

    «Suplica que te haga correr mientras follo tu sucio coño»

    «Te gusta cómo te follo verdad zorrita, daría lo que fuera por ver la cara que pondría el capullo de tu hijo si entrara por esa puerta y viera como me follo a su mamita».

    -Follame, follame rápido cabron, me encanta, yo no podía dejar de gritar obscenidades, la verdad que ese joven follaba bien y mi coño lo notaba.

    Luego el vecino se situó debajo y me ordenara que me sentara sobre él.

    «Vamos todo para abajo, clávatela toda en ese rico chochete»

    Otro de los chicos aprovecho la posición para encularme

    Me convirtieron en un sándwich, en un juguete con dos pollas en su interior.

    Y la tarde continuo así, siendo follada por todos ellos, mi culo y mi coño albergaron sus pollas a lo largo de todo el día.

    Ahora no solo era la esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo, sino también del vecino que tan mal se llevaba con mi hijo.

    Cuando anocheció estaban rendidos así que me dejaron ir a dormir, la mañana del domingo paso rápido, se levantaron tarde pero a la hora de la comida les volvieron a entrar ganas de follarme.

    Estaban follandome nuevamente mis dos agujeros y tenía mi boca llena de polla cuando sonó el teléfono, era mi marido que decía que llegaría en unas horas.

    Me dijo que tenía muchas ganas de llegar a casa para hacerme el amor, el pobre no sabía que yo llevaba horas siendo follada, el cabron que me estaba sodomizando tuvo la brillante idea de que mientras me culeaba le dijera obscenidades pero que tenía que parecer que se lo decía a mi marido.

    -Ohhh, joder, dámela dura y grande, follame, métemela bien adentro.

    Mi pobre y cornudo marido me dijo que nunca me había visto tan fogosa, que estaba deseando llegar a casa para darme polla, claro, él no sabía que de polla ya andaba bien servida.

    Así termino un nuevo fin de semana como esclava sexual, durante el resto de la semana los días transcurrieron con normalidad, incluso llegue a pensar que se habían olvidado de mí, pero para mí desgracia nada más lejos de la realidad.

    Había perdido el control sobre mi propia vida, esperaba el fin de semana sabiendo que no podría evitar volver a realizar todo lo que aquellos chicos quisieran, esta ocasión fue distinta, mi marido y mi hijo estaban en casa por lo tanto ellos no podían venir a mi casa, así que se les ocurrió que ya que el fin de semana no podrían disfrutarme, lo harían el viernes, antes de terminar la jornada laboral, me hicieron ir a su trabajo y sin que mi hijo nos viera, fuimos los 7 a los vestuarios, mi hijo estaba ocupado y parecía que tardaría en terminar por lo tanto aquellos cerdos me tenían a su disposición aunque yo no podía dejar de pensar en lo humillante que seria que mi hijo entrara en los vestuarios y viera a sus compañeros culeando con su madre.

    Me desvistieron por completo y ellos se quitaron sus uniformes, apestaban a sudor después de la jornada de trabajo y me hicieron sentarme en los bancos del vestuario.

    «Abre bien las piernas zorra, estas siendo buena esclava así que te vamos a recompensar con una comidita de tu conejo»

    Se pusieron en fila y fueron hundiendo sus lenguas en mi coño que fue poco a poco humedeciéndose, esos jóvenes sabían como comerse un coño, desde luego no eran inexpertos.

    Que gusto, es brutal, no paréis, no paréis, cada día que pasaba yo me adaptaba mejor a mi papel de puta sumisa de aquellos muchachos.

    Venir y follarme, quiero sentiros dentro

    «Joder con la mami, cada día es más guarra, que diría tu maridito o tu hijo si te viera aquí empalada por nuestras pollas»

    -Solo me importa ser follada por ustedes amos, empiecen por mi coño, follenme ya, lo necesito.

    «Bueno Karina pues allá voy, pero tienes que prometer que seguirás siendo una buena puta»

    -Claro que sí, pueden follarme todo el tiempo siempre que quieran.

    Sentí como mi suave y estrecho coñito se iba abriendo como otras tantas veces ante las pollas de aquellos impetuosos jóvenes, que enterraban sus herramientas en mi interior con una energía propia de su edad.

    Podía sentir sus cojones rebotar contra mi coño cada vez que sus pollas se clavaban hasta el fondo en mí.

    Como tantas otras veces, ellos fueron corriéndose uno por uno en mi dilatado coño, hasta llegar a Raúl, el mayor de todos y que sin duda era el más depravado y el mas cabron conmigo, me volteo sobre el banco, sabía lo que estaba por venir, a Raúl le encantaba mi culo.

    Después de tantos días de folladas y enculadas, mi culo ya no ponía mucha resistencia a permitir el paso de la polla de Raúl, sin mucho esfuerzo consiguió metérmela hasta que sus cojones toparon contra mi vulva.

    Con su polla enterrada hasta el fondo en mi culo, el cerdo de Raúl sonreía y se impulsaba adentro y afuera, le encantaba oírme gemir y retorcerme con cada empellón que daba en mi culo.

    -Siiii, eres muy macho, follame, follame, enculame como nunca, más fuerte, más rápido, le encantaba que le pidiera caña, eso hacía que terminara antes y yo ya estaba deseosa de terminar cuanto antes no fuera a terminar mi hijo y nos descubriera.

    No tardo en correrse en mi culo.

    «Ahora ven a 4 patas perrita, quiero que me demuestres lo buena que eres chupando pollas, quiero que la dejes bien limpia»

    Me acerque a él y la engullí de un bocado, le encantaba que limpiara su polla de restos de semen.

    Cuando termine de limpiar la polla de Raúl me dejaron vestirme y largarme, ya me iba cuando mi hijo apareció por el pasillo.

    «¿Mama, que haces tú aquí?»

    Le explique que había ido a buscarle para llevarle a casa, conseguí salir del paso, espere a mi hijo mientras se cambiaba y salió de los vestuarios junto con sus compañeros, todos me saludaron y lanzaron una sonrisa, mi hijo no sospecho nada, por suerte para él, no sabía que esos 6 jóvenes me daban por el culo siempre que querían, aunque su suerte duro poco ya que no tardo en descubrir que sus compañeros y el vecino me usaban como su puta particular, aunque eso ya se los contare otro día.

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  • La seducción de mi adorable suegra

    La seducción de mi adorable suegra

    Para empezar quiero decirles que soy de México, he tenido una vida bastante afortunada en lo sexual siempre logre lo que quise con mis queridas compañeras, parece que fue ayer cuando en mis amores juveniles derrochaba energía y placer.

    Actualmente soy casado tengo 27 años y no me falta nada, sin embargo siendo honesto no puedo desprenderme de la mente la obsesión que representa volver a tener a mi suegra. Ella es delicada de piel blanca su nombre es «Susana» mide 1.72 m., con un trasero exquisito, el mejor que he visto en mi vida tiene 44 años y es una mujer súper cuidada donde vaya siempre llama la atención por su belleza y presencia.

    Todo comenzó hace ya 8 años cuando conocí a mi mujer desde ese momento nunca pude apartarme de la mente poseer a mi suegra, por supuesto que esta obsesión fue creciendo con los años, recuerdo que siempre busque su boca cuando por alguna razón me despedía y mi suegro no estaba presente, ella comenzó a evitarme y alejarse de mí, supongo que se dio cuenta de mis intenciones y de mis miradas apasionadas siempre en la total discreción. Sin embargo su alejamiento me incitó a pensar que entonces ella podría llegar a sentir algo por mí por lo que hace como dos años le contare lo que sucedió.

    Mi mujer tenía que viajar dos semanas porque visitaría a un hermano, así es que perturbado por mi deseo hacia Susana, decidí que me enfocaría y concentraría para aprovechar esta ausencia y de una vez por todas conocer lo que mi suegra sentía por mí. Les confieso que siempre tuve miedo de las consecuencias pero pudo más mi frustración de tanto años por poseer hasta el cansancio a la mujer que había en mis sueños dado tantos orgasmos y erecciones.

    El día martes que me encontré solo, decidí llamar por teléfono a su casa para preguntarle cómo estaba y con el pretexto de hablar con mi cuñado le hice la plática, al final le pregunte si el jueves me podría acompañar a tomar un café como a las 4 pm y me contesto que no podría porque ese día tenía reunión con sus amigas como cada semana (por supuesto que esto yo lo sabía), pero insistí que dado que el café sería de una hora a lo más, me hiciera el favor de acompañarme y que luego podría irse con sus amigas y llegar a tiempo.

    Finalmente dadas mis insistencias acepto sobre todo cuando le dije que si no ese día me tendría que ir con mis amigos y llegaría tarde a mi casa, todo porque ella no había aceptado un café y que mi día fuera un día más tranquilo.

    En fin el jueves me puse mi mejor traje y por la tarde a las 3:30 quedamos de vernos en la calle de reforma que es una de las principales aquí en México. Debo reconocer que se vio sorprendida cuando yo me presente a pie argumentando que había dejado mi carro en el estacionamiento para irnos en un solo carro, medio sacada de onda, me abrió la puerta de su auto y me senté cómodamente en el asiento del copiloto, mi suegra venia vestida con una blusa negra y un pantalón de mezclilla negro, pero muy bien maquillada y sin ninguna sospecha de lo que le esperaría esa tarde que hoy me calienta la sangre cada vez que pienso en ella.

    Con el pretexto de que yo no había comido le pregunte si tenía algún inconveniente en que nos tomáramos el café en un restaurant a lo que me dijo:

    -mientras nos tardemos una hora no tengo problema.

    -ok, suegrita -le dije- permítame manejar a mí para llegar más rápido al restaurant -hicimos el switch y maneje hasta una cantina que yo conocía y que sabía que para mis planes sería lo mejor.

    Al llegar me pedí un tequila y a ella le pedí un café con amaretto, al mismo tiempo me pare al baño y le dije al mesero que era una tía y que le pusiera el café bien cargado porque así era como le gustaba. Cuando regrese del baño nos pusimos a platicar de varias cosas que para no hacer más largo el relato obviaré, cuando se terminó el café me dijo que estaba muy cargado y que hasta calor le había dado entonces le dije que le quitaría el calor por lo que le pedí un jugo de uva con vodka y adivinan bien otra vez muy cargado.

    Note como a los cuarenta minutos que mi suegra se empezaba a marear tanto por el alcohol como por la plática que era aguda e incisiva acerca de cómo llevarse mejor en la pareja y que para esos tiempos ya entrabamos en la discusión de los temas relacionados con el sexo. Es así que mi suegra me comenzó a contar que ahora en los matrimonios todo era diferente que en sus tiempos la mujer debía dejarse llevar por las necesidades del marido y que debía ser sumisa y participar poco o nada a la hora de hacer el amor. A lo que le respondí que mala onda, que ahora los matrimonios jóvenes habíamos roto con toda clase de tabús y que yo en lo personal era un admirador del placer de la mujer y que me fascinaba hacerle el amor a las mujeres de una manera primero tierna y luego desenfrenada sin límites de ninguna índole.  Note como se ruborizó, acto seguido le pedí otros dos jugos de uva. Eran las cinco y mi suegra empezaba a sufrir los efectos del alcohol, por lo que le pedí que se tomara un hidalgo (trago de todo el vaso) de lo que le quedaba del jugo y que nos retiráramos del lugar, eso hicimos. A la hora del valet parking me tomo por el brazo y note visiblemente la baja de defensas en sus sentidos. Situación que yo esperaba, subimos al coche y le comente que llevaría los vidrios abiertos para que le entrara el aire para que se sintiera mejor.

    Le comente que adonde la llevaría a casa de quien de sus amigas a lo que me contesto que necesitaba un buen café “porque creo que estoy un poco mal”. Entonces le dije que no se preocupara me dirigí a un hotel donde siempre había hecho el amor con mi mujer; al llegar mi suegra protesto me dijo “que??” que estaba haciendo, le dije que en el restaurant del hotel nos harían el café y que eso sería todo, accedió a bajar del auto y por supuesto que tome una llave de un cuarto recuerdo el 811, esto cuando me pidió ir al tocador en el lobby, subimos por el elevador y al llegar a la puerta del cuarto me dijo que no entraría a lo que le respondí que era mejor que entrara para que se le pasara todo y que yo me quedaría afuera. Adivinaron, apenas entro en la habitación, me metí detrás de ella y la puse con la espalda en la pared y de frente mío.

    La besé… tiernamente

    -que estás haciendo que te pasa?

    -que estoy haciendo de que Susana –respondí.

    -me besaste que te pasa? –repitió.

    -Mira Susana tranquilízate necesitas un buen masaje…

    -estás loco que masaje ni que nada yo me voy.

    La tome por el brazo y la volví a besar, note por fin, como a los pocos segundos de tiempo abrió la boca, relajo sus brazos y nos dimos un beso apasionado pero muy tierno, me dijo:

    – eso será todo, me doy cuenta de que todo lo planeaste.

    -Susana siéntate (en la cama) estas equivocada yo no planee nada -mentí.

    La volví a besar y así algunas veces más hasta que en una vez mis manos se pusieron en sus senos y los empecé acariciar por fuera de su blusa, seguía protestando y yo la seguía besando yo creo que fueron como 11 minutos de besos, posteriormente levante su blusa quitando su brasiere y esta con delicadeza, comencé a mamarle los pezones eran, grandes como medias cerezas y por fin escuche al poco rato como empezó a gemir, trate de quitarle su pantalón ella se asió de el con ambas manos le comente:

    -deja que te de un beso en tu ombliguito y nos vamos te parece?

    -¡¡¡NO!!! Si me quito el pantalón vas a querer más que besarme.

    -por lo que quieras te juro que no -le baje el pantalón y como demonio me fui a su vagina, que estaba toda húmeda y esplendorosa, señores que delicia poder estar en el lugar deseado por tanto tiempo, me la comí primero suavemente y luego rítmicamente y luego con mi lengua en sus entrañas, mi suegra a esas alturas se ahogaba del placer que le provocaba con mis mamadas, al mismo tiempo estando yo sobre su bellísimo agujero vaginal dándole con todo mi feeling me comencé a quitar mi pantalón sin que se diera cuenta.

    Acto seguido empecé a subir por su estómago delicadamente hacia sus senos, luego a su cuello fue ahí cuando puse mi glande entre sus piernas, ella reaccionó saltando con todo su cuerpo pero ya era demasiado tarde, mi glande estaba en las puertas del paraíso con ambas piernas mías entre sus piernas, comencé a empujar y ella a gritar,

    -no por favor, no lo hagas por favor, te lo pido no…

    – tranquila amor relájate… te voy a llevar al cielo.

    -no lo hagas por favor no lo hagas, no no no.

    Cada vez que se movía rechazándome yo con mi fuerza le ponía un poco más de mi verga dentro de ella, que delicia, que maravilla, estaba realizando mi sueño, serían unos dos minutos lo que me tarde en llegar a tres cuartos de mi verga dentro de su exquisita flor, cuando sentí como sus piernas se ablandaron y pude empujar hasta el fondo, que placer tan grande tener a mi suegra mordiéndose los labios, luchando internamente, era el bien versus el mal frente a mi ojos, pude claramente ver la transformación de su cara de dulce, elegante y tierna a esa cara de puta apasionada, tan jadeante y con sus ojos cafés oscuros brillando como dos flashes de luz con esa mirada perdida que permite ver hasta el fondo del ser, es cuando pude sentir que a partir de ese momento sería toda mía hasta cansarme.

    Me salí de ella presintiendo que ella pronto tendría un orgasmo, ella me pidió…

    – por favor no te salgas ahora por favor… -pero me salí, solo para ponerle mi pene en su boca, no podía dejar de pensar en esa cara de la persona que había pasado por mi hace dos horas y media tan inocente y elegante ahora dándome una mamada marca puta, creo que me dieron la mejor mamada de mi vida, caray como se prendía de mi glande con sus labios succionando suavemente y luego comiéndose toda mi verga, me mataba de placer la muy puta. Así pasaron como cuatro minutos, me quite mi camisa y la tome del cabello para que me besara en el pecho y en la boca, seguramente hubiera terminado en su boca con un minuto más. Me quite los zapatos y quede completamente desnudo, la monte sobre mí y comencé a mover su cintura rítmicamente, ella se prendió de nuevo y comenzó a darme la cogida de mi vida y yo con todas mis fuerzas a controlar el no venirme, cuanto trabajo me costó pero por fin, ella llegó!!!… como una loca retorciéndose y rasguñando mi pecho con sus uñas, en ese momento yo comencé a bombear de abajo hacia arriba haciendo que llegará de nuevo casi inmediatamente….me levante y la puse en cuatro patas, empecé a cogérmela como loco llegando con un orgasmo cabronsisimo (fuerte) y muy pero muy delicioso.

    -Aaahhhh!!! Que rica estas amor, que culo tan lindo tienes -y acto seguido me la seguí bombeando esta vez más despacio y con más ritmo que fuerza, esto por la sensibilidad de mi pene por haber llegado y para no dejar que tomara flacidez, no tardó mucho, la escuche llegar “mmmm… aaarrrggg!!! Que delicioso coges… lindo!”. En ese momento intente meterle el dedo por el culo, pero no quiso… “heeeyyy!!!”. Comprendí que esa hembra era mía y sería cuestión de tiempo para hacerla mía por el ano.

    Nos quedamos aletargados, al poco rato comencé de nuevo a bombearle así estuve llegando dos veces más, serían como las nueve de la noche, hora en que le hablo a mi suegro por el celular para avisarle que pronto llegaría a casa nos dimos un baño y me dejo en el estacionamiento de mi coche. Nos dimos un beso y señores solo dos veces más hemos vuelto a hacer el amor.

  • Un amigo me entregó en bandeja a su esposa

    Un amigo me entregó en bandeja a su esposa

    Ausente del país por cuestiones políticas, dejé de tener contacto con mis amistades en la Argentina por un largo tiempo. Me establecí en Bogotá y solamente -primero carteándome y luego por email- me escribía con Mariano, uno de los pocos amigos que se la jugaron por mí cuando me las vi feas y tuve que exiliarme, con apenas 17 años. Ahora tengo 39 y vivo en Cartagena de Indias, pero hace tres recibí una invitación, con pasaje incluido para que fuera a su casamiento en Buenos Aires. Era Mariano. Lamentablemente tuve que negarme por trabajo, aunque mi terapeuta dice que lo hice para no enfrentarme con los fantasmas del pasado. Seguí carteándome ocasionalmente con él hasta que en noviembre del año pasado recibí una llamada que me dejó helado: «Macho, Lucía tiene que ir para allá por cuestiones de negocios. Es un tema muy importante y te pido por favor que vayas a buscarla al aeropuerto porque viaja con mucho dinero y no hay nadie en quién pueda confiar». Recordé nuestras épocas de resistencia y le pedí los datos sobre el vuelo. «Macho -repitió- te debo una». Y cortó.

    El avión llegó con retraso porque hubo una amenaza de bomba en el Dorado, y salió cuatro horas más tarde desde Bogotá. En Cartagena hacía un calor insoportable y no veía la hora de volver a mi casa, tomarme una cerveza y tirarme a dormir para estar con energías el fin de semana. Dicen que las ciudades nos gustan de acuerdo a lo que nos movilizan y lo que más me gustaba de Cartagena era que yo estaba solo después de muchos años, con ganas de diversión y en un buen momento profesional.

    Con muchas posibilidades para el futuro. Me había divorciado hacía cuatro meses y en ese lapso me dediqué a conocer bellezas del caribe, rubias, morenas, pelirrojas, extranjeras, amores de una noche, sexo ciento por ciento y nada más. A priori, y viendo las fotos de Mariano, no esperaba encontrarme con lo que me encontré: una morena de 1.75, delgada, pechos prominentes, curvas delicadas y una boca de labios generosos que me hicieron correr un escalofrío por todo mi cuerpo. Para que negarlo, me calentó desde el primer momento y logró provocar mi primera erección cuando me saludó: «si sabía que estabas tan bueno, no me ponía la ropa interior».

    Sonrío con picardía y me extendió su mano izquierda para que se la besara. En su mano derecha, llevaba un maletín negro, atado a su muñeca con una cadena oro, muy fina, pero de aspecto resistente. Pensé que esta mina era para quilombo y que no podía cagar al único que me dio una mano. Pero todos mis planteos se fueron al cuerno cuando me Lucía me apuró: «Mira Roberto sé que ustedes se conocen hace mucho, pero yo hace tres años que estoy casada y él todavía no me puso una mano encima.

    Ese amiguito tuyo es bueno para los negocios, pero en la cama es un desastre y no doy más. Mariano me dijo que te recordara que te debía un favor. Si me hacés pasar una semana agradable, juro que lo libero y le digo que no le debés nada». Subimos al auto y me pidió que la llevara a una dirección en el centro. «Ahora me tengo que ir, pásame a buscar a las 7 por el hotel. Habitación 215». Cuando se inclinó para saludarme, noté que no llevaba corpiño, tenía los pezones duros y bien marcados sobre una blusa casi transparente, de seda natural. «Sabía que eras guapo». Y estirando la mano en la que llevaba la cadena de oro, me sobó el miembro por arriba de mis pantalones. «Te espero». Recién cuando bajó del auto, pude apreciar el culo hermoso que tenía. Bien paradito y bien redondito y otro detalle. Se levantó un poco la parte trasera de la minifalda y me dejó ver su entrepierna. Como lo suponía, no llevaba nada. Me puso a mil, pero pensé que esta rayada era para quilombo.

    Me fui a mi casa algo confundido. Pero peor fue lo que vino. Cuando llegué a la puerta de casa, el teléfono estaba sonando, era Mariano. «Roberto, todo bien?». Sí, le expliqué lo del atraso en el vuelo y le conté que había dejado a Lucía en la puerta del banco. «Qué te pareció?», me preguntó. «Te felicito, me pareció una muy linda mujer».

    Se quedó en silencio, pero al rato me dijo con la voz entrecortada. «Macho, te tengo que decir la verdad, soy homosexual. Me casé por una cuestión de imagen. Y me parece que esta buena no? jeje». Por un lado me molestó su patética elección, pero por el otro sentí que tenía zona liberada para darle placer a esa zorra que lo único que estaba buscando es una buena verga para comerse.

    Efectivamente, eso fue lo que sucedió. Cuando me anuncié en el lobby del hotel, el conserje me avisó que la Señora me estaba esperando en su habitación. Y cuando le solté la propina, me dio una tarjeta para poder ingresar. «Pásela usted chevere, don Roberto», me dijo cómplice un muchacho muy amable que ya me había visto varias veces en situaciones similares. La vida de soltero es una de las siete maravillas de Cartagena de Indias.

    Abrí la puerta sin hacer ruido, la habitación estaban en penumbras y sólo se escuchaba el ruido de la ducha. Cuando me fui acerando a la puerta del baño, noté que Lucía estaba gimiendo. Suspirando como una hembra en celo. Yo no podía más. Me quité los zapatos y los pantalones y entré al baño en camisa y calzoncillos.

    El vapor sólo dibujaba una silueta perfecta del otro lado, levemente inclinada hacia uno de los bordes de la tina. Quería que notara mi presencia, pero temía asustarla. Comenzó a gritar: «Cómo me gusta que me cojan, ahhhhh ahhhh”. Pude ver su cara y me dio la sensación de que ella ya sabía que yo estaba allí. El muchacho de la puerta seguramente le había avisado. Y así era. «Cómo me gustaría que vos me cogieras Roberto, dale qué estás esperando». No pude más. Me abalancé sobre ella y comencé a sobarle los senos. Con mi lengua fui recorriendo todo su cuerpo.

    Desde sus orejas hasta su vientre. Jugué con mi lengua en su clítoris hasta que comenzó a temblar. Por primera vez me tomó de la cabeza y me hundió en su vagina. Estaba ardiendo y olía muy bien. Me esmeré en hacerle una buena sesión para luego poder manejar la situación. «Voy a acabar. Sabés cuánto hace que no tengo un buen orgasmo. Quiero que me muestres esa pija que tenés». Obedecí. Me despojé de la camisa y los calzoncillos y me paré al borde de la tina.

    Lucía comenzó a jugar con su lengua, primero lentamente y luego con leves movimientos circulares. Acto seguido se la tragó hasta el fondo y con sus manos empezó a jugar primero con mis huevos y luego con mi ano. Cuando sintió que me gustaba, se arrodilló detrás de mí y me dio una magistral demostración de besos negros. Le pedí que saliera de la bañera y ahí mismo en el piso del baño, la penetré de un solo movimiento. Tengo un buen tamaño, a tal punto que la embestida la estremeció. «Cógeme hijo de puta, haceme gozar como una yegua. Cógeme fuerte, dame toda tu leche». No pude más y para no cometer una locura hice todo lo posible para acabar afuera, pero ella me envolvió con sus piernas y no me permitió hacer ningún movimiento. «Si te vas, te mato, no ves que estoy acabando, ahhhhhh. Me encanta tu leche tibia». Confundido, saqué mi pene de todos modos.

    Ella se abalanzó sobre mi miembro y se tragó todo mi semen, que seguía saliendo con violencia. «Que rica es»: Y no paró hasta dejar mi pene completamente limpio. «Esto recién empieza cabrón» -me dijo mientras acariciaba mis testículos- Ahora quiero que me lleves a comer».

  • Un amigo me entregó en bandeja a su esposa (II)

    Un amigo me entregó en bandeja a su esposa (II)

    Lucía tenía una sonrisa contagiosa. Cuando soltaba una carcajada, se le formaba un hoyo en su pera y sus pómulos se pronunciaban rozagantes. Estaba contenta y eso me dio mucha confianza. Era la amante perfecta en la situación perfecta. No hizo falta mucho preámbulo porque ella de entrada me había tratado de cachondear. Y en la misma noche de su llegada me invitó a su suite y cogimos frenéticamente. Era viernes y la ciudad estaba bellísima, los calores de octubre obligaban a todas estas bellas del caribe llevar ropas livianas. Realmente disfrutaba viendo esos escotes que dejaban buen excelentes redondeces que realmente me ponían cachondo. También me volvían loco las minifaldas y Lucía decidió ponerse una esa noche, cuando salimos por la ciudad vieja a comer. Su aroma era cautivante, y se había pintado los ojos con delineador, lo que hacía que sus ojos verdes alumbraran todo su rostro. Fuimos a un restaurant francés. Ella pidió aguardiente y antes de que el mozo apoyara la bandeja, se la bebió de un trago. “Estoy ardiente”, me dijo.

    –¿Qué te gustaría?

    –Una fiesta. Me gustaría ser penetrada por dos o tres hombres a la vez.

    –Eso puedo arreglártelo.

    –No seas ingenuo. La única que puede arreglar eso, soy yo.

    Con sus pies comenzó a acariciarme en la entrepierna. Me pidió que me sacara los zapatos y cuando llegué a su entrepierna noté que hoy tampoco llevaba ropa interior. Estuvimos jugueteando un buen rato hasta que me dijo que nos fuéramos. Al llegar al hotel me tendió sobre la cama y empezó a chupármela como una experta. De pronto saco una cadena de su cartera, que tenía un precinto de seguridad y me ató a uno de los barrotes de la cama. “Ahora vas a ver lo que es diversión”.

    En ese mismo momento llamó al conserje para pedirle unos hielos y cuando el muchacho golpeó tímidamente la puerta, ello lo tomó de un brazo y sin dejarlo reaccionar, se puso en cuclillas, le bajó el cierre y se puso todo su pene en la boca. Yo estaba atado disfrutando del espectáculo que me brindaba lucía, ahora de pie, apretando sus caderas contra la polla del muchacho que ahora ya había reaccionado y se animó a tomar iniciativas. Con sus dos manos le sobaba los pechos y de un sólo movimiento con su pelvis, logró colocar la cabeza de su polla en la entrada de su cueva húmeda. Ella lo frenó, parecía que lo iba a dejar ahí, pero le dijo: “Cariño, quiero que me la des por el culo, que me rompas”. Dicho por una morena de ojos grises, 1.75 de estatura y un culo que era un poema.

    El muchacho se excito tanto con la idea que apenas apoyo la cabeza en la entrada de su agujerito, se corrió en las piernas de Lucía. “Qué pena, tú te lo pierdes”, le susurró al oído, le dio una propina y le abrió la puerta para que saliera.

    –A ver si tu puedes cumplir mi deseo—me advirtió mientas me liberaba de las ataduras y con la otra mano acariciaba mi pene.

    — No e gustó el espectáculo. Ahora vos vas a ser el protagonista.

    Me mamó la polla hasta ponerla durísima. Bien lubricada y luego separó sus piernas como dándome la espalda, parada en el borde de la cama.

    — Ahora quiero que me lo chupes, para que no me duela.

    Y con sus dos manos se abrió las nalgas para que yo pudiera ver su deseado tesoro. Eso me excitó mucho. Me esperé para que ella estuviera en clima, para que nada hiciera desistirla de su deseo de entregármelo: Afortunadamente tengo una polla bastante grande. Eso también tiene sus contras porque a veces, muchas sienten que van a sufrir y prefieren evitar el transe. Pero Lucía estaba muy caliente. Me empujó con sus manos hacia la cama y se paró con un pie al lado de cada una de mis piernas. Lentamente fue descendiendo. Mientras lo hacía, meneaba su cintura de un lado a otro con pequeños movimientos circulares, hasta que mi polla estuvo en la puerta de su ano.

    — Rompémelo, Roberto. Hazme ver las estrellas.

    Y toda la suavidad con la que había descendido se fue al diablo en el mismo instante en que mi polla y su ano entraron en contacto. Se dejó caer con peso muerto y como mi polla estaba totalmente tiesa, la penetración fue instantánea y sin resistencias.

    -No te muevas hasta que me relaje. Ahhhh. Que linda polla tienes. Ahora te voy a cabalgar. Vas a ver lo que es una putita como yo cuando está caliente. No voy a parar hasta que me la entierres hasta los huevos y me llenes las entrañas de leche.

    Lucía se movía como una endemoniada. Con sus dos manos se impulsaba apoyándolas en mis muslos. Y su hermoso culo subía y bajaba ante mis ojos y hacía aparecer y desaparecer mi polla. Yo con mis dos manos le abría los cachetes de su culito hermoso para ver mejor la penetración y de tanto en tanto, jugaba con mis dedos en su clítoris para mantenerla bien cachonda. Los dos nos corrimos al mismo tiempo. Sentía sus contracciones en mi polla y el calor de mi semen derramándose por mis testículos.

    Ella se levantó. Se puso en cuclillas nuevamente y como lo había hecho en la primera noche, limpió con su boca todos los restos de mi esperma caliente.

    -No te imaginás lo que me gusta coger con vos. Es una lástima que me tenga que ir otra vez a Buenos Aires, pero voy a volver, porque me has dejado más caliente de lo que he venido. Lo único que espero es que aceptes alguna invitación cuando lo hagamos.

    A la mañana siguiente pasé a buscarla por el hotel y la acompañé hasta el aeropuerto. Como sabía que a lo mejor había algo de acción, le pedí prestado el chofer a uno de los otros directores de la empresa. Yo siempre me he negado, pero esta vez me vino de perillas. Ella me hizo una excelente mamada desde el hotel hasta el aeropuerto y se masturbó hasta acabar. Era una zorra caliente, que espero poder volver a ver cuando regrese a Buenos Aires.

  • Observa y siente

    Observa y siente

    Es la primera vez que a Ken le pasa esto y seguramente no será la última

    Ambos están acostados en el colchón viendo una pelicula ante la insistencia de Ken, por supuesto, quien esta noche se encuentra un poco mas agitado que nunca en la cama, está esparcido sobre las sábanas mientras Daisuke está tumbado casi sobre él, juntos y apretujados.

    La película en realidad es bastante buena, pero Ken, a pesar de que fué quien dijo de ver una pelicula juntos, se encuentra absorto en la historia.

    Cuando los dos protagonistas comienzan a besarse, untándose pintura en las mejillas, los torsos y las piernas, Ken vuelve la cabeza hacia él con una sonrisa descarada, moviendo las cejas como un adolescente viendo una escena de sexo por primera vez. Daisuke solo lo mira, exasperado y cariñoso.

    – Querías ver esta película, así que mira la maldita película -. Dice ahora un poco molesto

    Es solo otra noche de viernes en el apartamento de este último, los dos descansando casualmente juntos en su cama doble hasta el momento en que indudablemente tendrán relaciones sexuales.

    Ken ya puede verlo, cómo Daisuke se sentirá más que un poco alterado al ver a dos chicos besandose de forma salvaje. La forma en que volverá sus ojos azules hacia él, el iris turbio de lujuria, y se arrastrará hacia Daisuke en un intento ridículo pero efectivo de parecer predatorio. Cómo Daisuke lo dejará, lo verá acercarse con una expresión aburrida bien practicada hasta que los labios de su novio estén en los suyos. Cómo dejará que Daisuke lo empuje hacia abajo, solo para darle la vuelta y, a su vez, presionarse sobre él, quien probablemente estará rígido y goteando en sus pantalones en este punto, cómo lamerá sus labios y…

    Y, de repente, Ken se da cuenta, su mirada rastrea los planos del cuerpo de su novio distraídamente, para él ya es dificil prestar atención a la pelicula cuando es consciente en todo momento es el que dijo de verla, ya no se puede, es Viernes noche y debe aprovechar estos momentos en los que el cuerpo pide hacer el amor

    Daisuke Está viendo la película atentamente, pero hay un bulto delator en su pantalón de chándal, la tela suelta no puede evitar que su erección se levante.

    Ken mira la película y se lame los labios con anticipación. Él quiere sexo, distraerá a Daisuke lo suficiente como para que no pueda concentrarse en lo que está sucediendo en la pantalla. Y tal vez incluso tratará de resistirlo un poco, pretender que no le afecta. Tal vez intente contener sus gemidos, Ken defintivamente piensa disfrutar el momento.

    Mira el contorno de la polla de su novio otra vez, una sonrisa de satisfacción lentamente está cruzando en su boca. Lentamente, haciendo su mejor esfuerzo para no alertar Incluso a sus movimientos, se inclina y extiende un brazo hacia Daisuke Su mano se asoma sobre el vientre plano y la forma de sus costillas extendidas debajo de su camisa antes de colocarla suavemente sobre el esternón de Daisuke. Incluso cambia un poco, sin mirarlo todavía, esto hace a Ken mas audaz

    Deja que sus dedos tracen la longitud de los abdominales de su novio con toques ligeros como plumas, recorriendo delicadamente la longitud de su torso. Incluso mueve su trasero para ponerse más cómodo, cada vez es más difícil no quitarle la ropa a su chico, no cuando él está sonriendo y lamiéndose los labios así, claramente no enfocado del todo en la película, está claro que empieza a enfocarse en lo que Ken está haciendo, pero de alguna manera, Ken logra contenerse y continúa acariciando ligeramente el pecho de Daisuke sobre su camisa, dejando que la almohadilla de sus dedos se arrastre más allá del borde y sobre la astilla de la piel expuesta. Es cálido y suave bajo la mano de Ken, con la piel de gallina levantándose y no puede resistirse a empujar un poco más, deslizando sus dedos sobre la tela y sobre la piel desnuda, bajando para rozar la cintura de los boxers de Daisuke.

    – ¿Qué estás haciendo, loquito?-. Incluso pregunta, con los ojos fijos en la pantalla, la voz baja y un poco peligrosa. Esa voz no deja de excitar a Ken cuando habla así, con tantas ganas de envolver las palabras, y la anticipación de las manos de Daisuke sobre él calienta todo su cuerpo.

    Ken no responde de inmediato, solo deja que su sonrisa se ensanche mientras sus dedos se deslizan sobre la banda de pantalones deportivos de Daisuke. Solo cuando este último gira su cabeza hacia él por completo, una mano se extiende hacia su muñeca, abre la boca.

    -No te muevas -. Busca el mismo tono que Daisuke, deja que la corriente subyacente de su voz tenga una promesa sutil.

    Daisuke Incluso le da una mirada larga antes de volver a la pantalla, un nuevo brillo ilumina sus ojos. Ken puede decir lo distraído que está; los músculos de sus brazos se contraen con poca frecuencia, y sus piernas están demasiado quietas para relajarse por completo.

    Espera hasta que esté absorto en la película otra vez antes de reanudar su exploración, dejando que la anticipación eleve los latidos de ambos. Cuando comienza a moverse de nuevo, su mano se hunde más abajo, más allá de la banda elástica del sueter de Daisuke, avanza lentamente hacia el bulto que se encuentra allí, y las caderas de Daisuke tartamudean contra su palma cuando trata de descansar sobre su pelvis.

    -Ken-. Suspira, con la mirada revoloteando para encontrarse con la de su novio, Ken siente como un trueno a través del miembro viril cuando ve el calor en los ojos de su novio

    Por un momento, considera poner fin a las burlas, pero es obvio que incluso disfruta tanto como él, y esto realmente le gusta; sabiendo que un solo toque de él puede convertir a Daisuke en un lío tembloroso, como la primera vez que puso sus manos sobre él. Hoy, él quiere verlo de nuevo, ver a su novio suplicar y retorcerse en la excitación.

    Cuando mueve su mano otra vez, está a un lado, evitando la polla de Daisuke por completo. Sus dedos acarician la entrepierna de la ingle, trazando lentamente la curva hacia adelante y hacia atrás y sintiendo los fuertes músculos bajo su mano tensarse mientras Daisuke mueve sus caderas hacia arriba otra vez.

    Él necesita el toque especial de Ken en su cuerpo, Es obvio por la forma en que está jadeando y extendiendo las piernas, y eso hace que Ken quiera dárselo. Sácarlo rápido y duro para compensar las burlas, bésarlo suciamente mientras trabaja su pene, hasta que Daisuke se quite su ropa interior como si fuera la primera paja que alguna vez recibió.

    Ken puede sentir su propio esfuerzo en contra de sus pantalones, solo una tenue conciencia en el fondo de su mente. La necesidad de burlarse Incluso fuera de su mente tiene prioridad, y evita la forma delineada del pene de Daisuke deliberadamente mientras lo rodea. Incluso abre la boca, un gruñido ronco que arranca de su garganta antes de comenzar a mendigar en serio:

    – Ken, por favor, solo tócame-. Dijo, jadeando. Ken puede escuchar la frustración en su voz, y eso lo estimula a entrar en acción.

    – Te tengo, amor -. Dice, moviéndose para que esté sentado entre las piernas dobladas de Daisuke, Incluso los extiende más para acomodarlo, y cuando sus miradas se vuelven a encontrar, Ken ve el intenso deseo en Daisuke, Es una nueva línea que están cruzando, pero se siente abrumadora de la mejor manera porque incluso confía en él, y confía en que lo haga bien.

    Sin romper el contacto visual, Ken arrastra una mano por la rodilla de Daisuke, dejando que sus dedos se enganchen en la tela de sus pantalones de chándal hasta que finalmente puede cerrarlos sobre el bulto que se filtra entre las piernas de su chico.

    Ante eso, Daisuke gime, largo y bajo, y arquea su espalda, sus manos agarrando la sábana debajo de él. Ken está hipnotizado por la manera en que los ojos de Daisuke se abren, las pestañas se ven azules a la luz de la pantalla del televisor.

    Todavía no mueve su mano, solo aprieta ligeramente sus dedos, pero es suficiente para arrancar otro gemido, sus caderas chocan contra la palma de Ken, esforzándose por la fricción, solo por un poco de presión, y Ken le da su sonrisa más perversa mientras su mano permanece completamente quieta.

    Está mirando fijamente a Daisuke, con los párpados caídos mientras se lame los labios, y su erección definitivamente se está dando a conocer ahora. Hay todo tipo de imágenes mentales flotando en su cabeza, pensamientos borrosos de cuán buena sería una mano enroscada alrededor de los dos, sintiéndolos así, con Daisuke tendido en la cama para él.

    Las caderas aún están erráticamente empujando hacia arriba, pero cuando él pasa una mano por su propio pecho, inclinado hacia su entrepierna, Ken lo aparta.

    – Sin tocar -. Mordiéndose el labio inferior. Cada vez es más difícil ocultar su alegría.

    Daisuke Incluso se enoja con él, se retuerce. Su voz suena tensa, las palabras salen a tientas, y Ken se maravilla de este nuevo lado de él que está viendo ahora.

    Incluso abre su boca otra vez, pero solo un fuerte gemido sale porque Ken elige ese momento exacto para finalmente comenzar a mover su mano, solo un ligero movimiento hacia adelante y hacia atrás contra su polla vestida.

    Rápidamente, encuentran un ritmo, Daisuke inclina su cadera para que los dedos de Ken lo recorran todo el cuerpo.

    El pecho está agitado y deja escapar un pequeño jadeo cada vez que los dedos de Ken rozan la punta de su pene. No es suficiente para sacarlo por lo general, pero en este momento su cuerpo entero tiembla como si estuviera llegando allí constantemente.

    La visión de Daisuke gimiendo a todos los golpes y tactos, es increíblemente excitante, es mucho lo que Ken puede sentir en todo su cuerpo, el calor se extiende en oleadas que lo dejan con ganas de más.

    – Me encantas, hoy solos tu y yo -. Dice, moviéndose sobre sus piernas dobladas. Su mano no deja de moverse, parece acercarse mucho mas al borde.

    -Ken estoy cerca -. Respira, moviendo las caderas con más fuerza y arqueándose fuera de la cama, y maldita sea si la polla de Ken no se hincha aún más ante la idea de no se corra con esto

    Y Ken no puede evitarlo; él cede.

    -Déjame, porfavor, y luego se inclina hacia adelante y agarra por completo la polla dura de Daisuke en su mano, y solo toma unos cuantos golpes antes de que su novio se corra allí mismo en sus pantalones, temblando y gimiendo a través de su orgasmo.

    Ken se desploma junto a él en la cama, ambos en silencio mientras tratan de recuperar el aliento. La polla de Ken todavía está incómodamente tratando de escabullirse de los vaqueros, y él presiona con la palma de la mano, gimiendo por la sensación.

    Incluso se vuelve hacia un lado para mirarlo, con los ojos encapuchados. Su lengua está perezosamente en la esquina de su boca.

    – Así que… Eso fue interesante

    Ken se dirige hacia él con la erección temporalmente olvidada.

    – Parecias estar disfrutando

    Daisuke Incluso sonríe, ni siquiera está avergonzado.

    – Sí, eso estuvo muy bien, por cierto, necesitas ayuda con eso-. Dice, asintiendo con la cabeza al contorno de la polla de Ken.

    Este solo se ríe, dejando que sus ojos se cierren cuando el rostro de Daisuke se cierra sobre el suyo.

    Esto es definitivamente algo que harán muy a menudo.

    La segunda vez que sucede, es principalmente por curiosidad y ganas de sentir a raudales

    Es una cálida tarde y Daisuke se sorprendió cuando Ken agarró su muñeca en el pasillo después de la tercera clase y anunció que se iban a a la calle por el resto del día. Algo nada que ver con Ken quien siempre ha sido un chico disciplinado en el tema de sus estudios.

    Cuando Daisuke le pide un beso, Ken, al ser mas alto de los dos se inclina y le da todo lo que tiene con movimientos lentos de sus labios contra el cuello de su chico, justo en la parte inferior de su mandíbula. Él puede escuchar el gemido Incluso se detiene en la forma en que su garganta se contrae, y sonríe contra la piel caliente de su novio cuando los dedos de Ken se contraen y agarran la tela de su camiseta negra un poco desesperadamente.

    Durante todo el viaje en tranvía de quince minutos. Están parados uno al lado del otro, lo suficientemente cerca para que sus caderas se cepillen, y podría ser inocente si no fuera por la tensión que zumba debajo de sus pieles, quemando cada vez que sus cuerpos entren en contacto.

    En un acuerdo tácito, se dirigen al parque vecino a tumbarse en la hierba en un lugar apartado, pasando horas y horas solos, abrazándose suavemente

    Esta vez, sin embargo, ninguno de los dos tiene la intención de descansar en el sol.

    Cuando Ken se sienta en la hierba, tira de la mano de Daisuke para tirar de él hacia abajo, e inmediatamente sus bocas se encuentran de nuevo,es intenso, como el ardor. Por un momento solo hay esto, los movimientos lentos de sus labios, que desmienten la urgencia que vibra en sus sangres. Daisuke empuja hacia adelante y Ken empuja hacia atrás, una sonrisa burlona se forma en sus labios cuando Daisuke planta ambas manos en el suelo por sus caderas y se inclina hacia él con decisión. Pronto, Ken está tendido en el suelo y la parte superior del cuerpo de Daisuke cubriendo la suya con una de sus piernas descuidadamente sobre la rodilla derecha de Ken. Sus bocas están ranuradas juntas sin problemas, la lengua de este ultimo se asoma por sus labios separados para lamer a Daisuke.

    El calor es intenso, aumentado diez veces por el sol del día y Ken siente que su estómago revolotea cuando Daisuke se apoya en sus manos, inmovilizándolo con el peso de su cuerpo y la mirada intensa en sus ojos. Lentamente, desliza su cuerpo sobre el de su chico hasta que puede apoyar su peso sobre sus brazos, con los codos doblados y enmarcando la cabeza de Ken

    De esta manera, Daisuke tiene dominio absoluto sobre sus labios y él lo sabe, desliza su lengua dentro de la boca de Ken para profundizar la caricia de una manera que hace que Ken suspire contra sus labios. Su lengua es insistente en el calor húmedo de la boca de su chico, lamiendo apasionadamente dentro.

    Las manos de Ken recorren su espalda cálida de verano, los dedos se enredan en la tela de su camisa cuando Daisuke enrolla algunos dedos en el cabello más suave sobre su sien. Incluso se ríe en su boca, entrelazando sus piernas mientras gira su cabeza con besos por la mandíbula de Ken y por su cuello.

    Hace calor, todo esta suficientemente caliente; lo suficiente como para hacer que Ken gima bajo y profundo, y estirar el cuello para que Daisuke pueda enterrar su cara contra su garganta. Pero también está el peso de la cadera de Daisuke presionando sobre la de él, apenas tocándose, pero lo suficiente como para hacer que Ken quiera probar algo.

    Él pone sus brazos alrededor del cuello de Daisuke, efectivamente tirando de sus pechos al mismo tiempo y luego lenta, tortuosamente, desliza la pierna que está debajo de Daisuke aún más adentro de la ingle.

    Ambos lo sienten, cuando la parte superior del muslo de Ken se acomoda en la vena de las caderas de Daisuke y roza su polla. Está duro como la roca, y gime en el hueco del cuello de Ken cuando este conduce su muslo directamente a su pene. Hace que todo el calor en el cuerpo de Ken se precipite hacia abajo, se junte entre sus piernas y haga que su propio pene se estreche en sus pantalones. Se pone duro tan rápido que apenas puede comprenderlo, la cabeza girando con cada gemido amortiguado. Buscan ambos la fricción.

    Por una vez, Ken está agradecido por los pantalones cortos que siempre usa su chico y su delgada tela, y la forma en que su polla es visible, O la forma en que puede casi sentir su calor a través de las capas, y el lugar donde Daisuke se está filtrando es constante.

    Ken lo deja pedalear contra su muslo, perdiéndose en el ritmo de las caderas de Daisuke, antes de quitar bruscamente su pierna cuando escucha que el aliento de Daisuke se engancha en un empuje particularmente duro.

    – Que mierda – ¡Ken!-. Daisuke se queja contra sus labios, con los ojos abiertos, y se mueve para alinear sus caderas con las de Ken, tratando de encontrar su muslo de nuevo.

    – No te muevas, amor -. Dice en una profunda voz gutural que apenas se reconoce a sí mismo mientras agarra las caderas de Daisuke, efectivamente evitando que se mueva en absoluto. Daisuke gime de frustración, incapaz o no dispuesto a luchar contra las sólidas garras de Ken, y sus labios vuelven a encontrar los de Ken en un beso abrasador que los distrae a ambos por un buen momento. Las manos de Ken están cerradas en el suave cabello de este últim y sigue y sigue y jadea en voz baja cada vez que tira de él.

    Cuando Daisuke prueba su agarre nuevamente, Ken lo deja, demasiado aturdido por el beso para recordar que se supone que debe resistirse. Sin embargo, tiene suficiente poder mental para mantener sus piernas juntas para que Daisuke no pueda encontrar un buen ángulo para frotar su pene.

    – Vamos -. Daisuke insiste, sin aliento contra su clavícula. Está lamiendo todo el cuello de la camiseta de Ken de una manera que hace que su cerebro se dispare en todas las direcciones, Ken está a punto de ceder.

    -Exigente -. Murmura, meciendo sus caderas en Daisuke y ninguno de ellos puede contener un gemido.

    – Estamos en un parque -. Daisuke dice de nuevo, gimiendo suavemente cuando los dientes de Ken le rozan un lado del cuello.

    -Amor, te gusta tanto como a mi -. Ken susurra contra su oreja, imitando su tono.

    Daisuke toma ventaja, se mueve sobre él y aprieta una rodilla entre sus muslos, susurrándole acaloradamente al oído todo el tiempo.

    -Tócame -. La voz de Ken es sensual y a la vez desafiante, feliz de estar tan apretado junto a el

    -Te deseo tanto -. Responde Daisuke admirando el rostro sudado de Ken

    -Quiero estas ganas de sexo contigo no se consuma nunca, Daisuke me vuelves loco

    -Eres super sexual joder-. Un beso de Daisuke le hace temblar el alma al completo

    Tratando de recuperarse un poco, deja que sus manos rocen la espalda de Daisuke y se posen sobre su trasero. Puede haber gente alrededor, y los dos son demasiado ruidosos para el público… Sea lo que sea, quiere sexo, él quiere follar con Daisuke y lo irritará lo suficiente como para que lo pierda nuevamente y se vuelva dócil sobre él.

    Él cambia su peso alrededor con una mano fuerte en las caderas de Daisuke, y este lo hace tan voluntariamente que hace que Ken se incline hacia él con lo mucho que eso lo excita.

    Por supuesto, Daisuke se da cuenta. Él abandona su cuello para echarle un buen vistazo a su cara, con lascivia.

    -¿Te excita esto? -. Y va directo a la polla de Ken.

    Pero Daisuke tiene sus propias debilidades y Ken tiene la intención de hacer un buen uso de este nuevo conocimiento, comenzando con un duro beso para borrar esa sonrisa petulante de su rostro.

    -Esto es lo que nos hace ser nosotros dos -. Responde mirándolo desde los ojos medio cerrados mientras desliza lentamente una pierna entre los muslos de Daisuke

    -¿No vas a hacer nada al respecto?-. Pregunta, tartamudeando cuando Ken empuja su muslo directamente contra su pene.

    Este le sonríe, moviendo las cejas.

    -No-. Ahora ha recuperado completamente el control.

    Incluso se ríe contra su cuello, corto y sin aliento; hace que el fino cabello en el cuello de Ken se eleve de la manera más deliciosa.

    – Mira si alguna vez te dejo poner tus manos sobre mí después de esto.

    – No tendrías cinco minutos sin manos -Su tono presumido hace que Daisuke se ría otra vez antes de besarlo, con toda la lengua y manos grandes extendidas sobre sus mejillas.

    -Cállate-. Dice cambiando así su polla que ahora está frotando contra el hueso de la cadera de Isak.

    – Oh joder, Ken… Dios…

    – Solo mírate -. Responde tratando de sonar sarcástico pero fallando miserablemente cuando una de las manos de Daisuke se desliza sobre el frente de sus pantalones. En lugar de eso, sale exhalado y Daisuke sonríe en el beso con esa actitud presuntuosa y satisfecha de sí mismo, pero Ken no puede preocuparse por nada.

    Dejando caer el acto por completo, agarra las nalgas de Daisuke firmemente y mueven sus cuerpos inferiores juntos lentamente, llevando las caderas de Daisuke hacia abajo en movimientos deliberados y lánguidos y inclinando su muslo para que el pene de Daisuke se frote contra él una y otra vez. Incluso se separa del beso para gemir ruidosamente contra su mejilla, dejando escapar una serie de pequeños gemidos guturales que hacen que Ken empuje sus propias caderas en la pierna. Incluso se deslizó entre las suyas.

    Daisuke está temblando contra él como si estuviera a punto de correrse, pero el orgasmo de Ken los golpea a los dos por sorpresa. Solo se han estado frotando entre sí durante lo que probablemente sean unos minutos cuando lo siente, saliendo en espiral de su vientre y corriendo por sus muslos, dejándolo jadeante y temblando.

    Por encima de él, Daisuke todavía está persiguiendo el suyo, todo su cuerpo se mueve contra Ken de forma errática y este solo puede esperar que nadie pase por su lugar porque es obvio lo que están haciendo.

    Cuando Daisuke finalmente llega, Ken lo acerca más para un abrazo, ambos cabalgando sobre las olas del resplandor crepuscular.

    Contra él, se siente incluso tenso de repente, y se encuentra con la mueca de Daisuke cuando se retira para mirarle la cara.

    – ¿Qué pasa?

    -Joder, mis pantalones cortos

    Daisuke se aleja de él, y de seguro hay una gran mancha húmeda en la parte delantera de sus pantalones cortos.

    Ken intenta mantener la risa, realmente lo hace. Pero al final no puede dejar de reír todo el camino a casa.

    La tercera vez que sucede es porque ambos han estado deseando más.

    Otro viernes cualquiera, Daisuke anuncia a Ken que ha convencido a sus padres para que le dejen las tareas de estar en casa mientras están fuera de una boda fuera de la ciudad, e inmediatamente le da ideas a Ken. Las ideas que podrían o no involucrar a los dos se extendieron por todo el sofá de cuero masivo en la sala de estar del apartamento de los padres de Daisuke.

    Ken tiene algunas cosas que definitivamente quiere probar, y que incluso definitivamente apreciará. El pensamiento permanece en su cabeza durante toda la semana.

    El viernes, ambos empacan una pequeña mochila para ir directamente a la casa de Daisuke y pasan una gran cantidad de tiempo revolcándose en la encimera de la cocina. Ken no puede evitarlo, hay algo sobre superficies grandes y planas que hace que él quiere comer un tipo de comida completamente diferente. Daisuke parece estar muy de acuerdo.

    Alrededor de una hora y algunas embotadas después, finalmente se sentaron en el sofá, sin aliento. Daisuke se está tomando todo el espacio, como de costumbre, con las piernas abiertas y dobladas en las rodillas, y sentado de modo que la parte superior de su cuerpo se vuelva hacia Ken

    Este último está más callado de lo normal, y Daisuke parece darse cuenta considerando las miradas laterales que le lanza, pero no le pregunta sobre eso. Lo cual es lo mejor, porque Ken se siente como un cable vivo en este momento, los nervios y la sangre retumban bajo su piel. Él ha estado esperando toda la semana para esto, para la configuración perfecta de lo que ha planeado, y el primer paso («los dos en el sofá principal») se ha logrado.

    Una vez más, espera hasta que Daisuke se distraiga por los canales que está cambiando antes de hacer su movimiento. Mueve su pierna y la deja descansar contra el muslo de su chico en lo que espera que parezca lo suficientemente inocuo.

    Daisuke lo mira, con los ojos más oscuros que de costumbre, y Ken levanta las cejas como una pregunta no formulada. No echa de menos la pequeña sacudida de la cabeza de Daisuke o la forma en que se recuesta contra los cojines, haciendo una demostración de sentirse cómodo en el sofá. Sin dejar de mirar a su novio, levanta ligeramente la pierna y dobla el tobillo hacia delante.

    Cuando finalmente arrastra su pie sobre la parte interna del muslo de Daisuke, este exhala ruidosamente y abre las piernas más, sin siquiera fingir que no sabe lo que está sucediendo. O que no lo quiere, piensa Ken con una sonrisa.

    – Cierra los ojos, amor -. Dice, toda la confianza suave y la autoridad malvada, Daisuke antes de obedecer esta nervioso y Ken puede sentirlo, y se hace la silenciosa promesa de hacerlo lo mejor posible.

    Tomándolo con calma, pone su pie en el regazo de Daisuke y lo deja descansar allí, levantando las cejas cuando siente un bulto duro debajo.

    – ¿Ya?-. Se burla, sonríe aún más y Daisuke se ríe con él.

    -Cállate -. Responde con una sonrisa propia. Sus ojos se cierran y por un momento no hay nada más que calor, deseo e impaciencia insoportable.

    Ken presiona levemente el talón de su pie y observa cómo los ojos de Daisuke se cierran rápidamente, sintiendo en respuesta un rubor acalorado que se extiende a través de su propio pecho. Todavía no se mueve, solo deja que se siente allí hasta que Daisuke comience a mover sus caderas en movimientos cortos, casi imperceptibles, hacia arriba.

    Ken aparta su pie, saboreando la escasa frustración de su chico.

    Él recorre con los ojos el cuerpo de su novio, una sonrisa maliciosa en sus labios.

    – Vamos, ¿no tuviste suficiente antes? -. Responde con una confianza absoluta ciega en esta relación de locura con él

    Daisuke lo fulmina con la mirada, pero Ken no espera una respuesta y mueve su pie hacia atrás sobre su polla otra vez, presionando un poco más fuerte esta vez. Daisuke responde bellamente al tacto, gimiendo bajo en su garganta e inclinando su cabeza hacia atrás. Con los ojos todavía cerrados, hace un movimiento abortado hacia su regazo antes de dejar que sus manos caigan de nuevo a su lado. Ken le sonríe maliciosamente, a pesar de que no puede verlo.

    – Así es, sin tocar, amor.

    Daisuke abre los ojos ante eso, con los párpados a media asta pero con los ojos ardiendo.

    – Mejor así, dulce amor -. Dice, bajo y sugerente, y está bien, es un juego interesante que están jugando aquí. Ken siente que su propia polla se hincha en sus pantalones ajustados.

    No es que importe en este momento, no cuando tiene a Daisuke. Todo extendido para él, empujando en el aire y gimiendo cada vez que Ken empuja su pie en su pene y lo aleja, sin dejar que lo persiga. Daisuke se está volviendo ruidoso, una señal segura de que se está poniendo nervioso, y Ken observa con ojos encapuchados que sus caderas ondulan bajo el pie colocado en su regazo.

    – ¿Crees que podrías venirte solo con esto? -. Pregunta con voz ronca. Él puede saber cuánto afecta su sonido, incluso por la rapidez con que sus manos vuelan hasta la cintura de los pantalones vaqueros de Daisuke que está con prisa por quitárselos, este está tan aturdido que le toma unos segundos reaccionar, deteniendo los movimientos de Ken con un leve empujón pero este ultimo le detiene

    – ¿Que?

    – Déjame-. Exige Ken, bajando el pie para intentar abrir el botón de los pantalones de Daisuke con los dedos de los pies antes de darse cuenta de que no podrá.

    Con mucho cuidado, se arrastra hacia abajo, inclinándose para poder arrastrar su boca contra el interior de los muslos de Daisuke, exhalando profundamente sobre la tela para que su cálido aliento pueda deslizarse dentro. Daisuke gime de nuevo, abriendo más las piernas, probablemente pensando que Ken lo va a golpear ahora, considerando la forma en que está empujando sus caderas en el aire, solo un poquito, pero Ken solo sigue mordisqueando sus muslos, lentamente avanzando hacia su ingle.

    La mano que no sostiene su cuerpo en posición vertical se arrastra por la otra pierna de Daisuke, pasando deliberadamente sobre el prominente bulto antes de que Ken pueda comenzar a trabajar en el botón que mantiene cerrados los pantalones de su novio. Él tira de él para abrirlo lentamente, y sus dedos se deslizan por toda la longitud de Daisuke mientras rastrea el frío metal de la cremallera.

    Estaba pensando en usar sus manos, pero de la manera en que su chico lo mira ahora, con el pecho agitado y la boca abierta… Sin previo aviso, se inclina hacia adelante, los labios aterrizan en la polla de Daisuke y este jadea ruidosamente, inclinando la cabeza hacia atrás con placer él cierra sus ojos. Ken mantiene sus ojos en él cuando comienza a mordisquear su pene, aspirando aire caliente en el material grueso debajo de su lengua y usando sus dientes para mordisquear ligeramente la erección de Daisuke

    Este lo mira con una mezcla de asombro y lujuria, y Ken se sorprende gimiendo en respuesta a la intensidad de la mirada de Daisuke. Sin embargo, antes de que Daisuke pueda pensar que tiene la sartén por el mango, Ken se endereza y se recuesta contra su lado del sofá otra vez, riéndose entre dientes ante la cara atónita de su novio.

    – Recuéstate -. Le ordena, y la forma en que Daisuke apenas duda antes de hacerlo lo hace acicalarse. Lo ve acomodarse contra los suaves cojines antes de abrir las piernas y cerrar los ojos nuevamente, esperando que Ken corte la tension que existe ahora en la habitación, pero nadie se mueve.

    – ¿Bien?

    – ¿Bien? -. Ken repite como un loro, conteniendo la risa. Sostiene la mirada de Daisuke desafiante mientras mueve su pie hacia su polla, y otra vez Daisuke gruñe suavemente. Está jadeando y sacudiendo sus caderas con fuerza creciente, pero el pie de Ken obviamente no está proporcionando suficiente fricción y otra vez Daisuke gime de nuevo, frustrado por el poco alivio que está recibiendo.

    Afortunadamente para él, Ken se siente generoso.

    – Quítatelos -. Murmura, y Daisuke ni siquiera piensa antes de pararse para quitarse los pantalones vaqueros. Tan pronto como se sienta de nuevo, Ken automáticamente mueve su pie hacia atrás para descansar contra el bulto en la ropa interior de Daisuke, lentamente arrastra los dedos de sus pies contra el y eso es todo. La forma en que Daisuke inclina sus caderas, siguiendo su toque, se siente incluso mejor que si Ken estuviera tocando su propia polla. La sola idea es suficiente para hacer que su polla salte.

    Deslizando una mano por su propio pecho, desaparece sin prisa su mano y se desliza en sus calzoncillos para palmearse a sí mismo, gimiendo en voz alta ante la sensación y haciendo que Daisuke levante la vista.

    – Oh, mierda… Ken eso esto es tan putamente sexual -. Gime, y solo el sonido de su voz es suficiente para hacer que Ken curve un puño alrededor de su pene y se ponga a follar. Se está forzando a sí mismo a ir despacio, queriendo mantener el control de la situación, e intenta controlar el movimiento de sus caderas con el movimiento de ida y vuelta de su pie sobre Daisuke

    Cuando él riza los dedos de los pies alrededor del eje, Daisuke cierra los ojos mientras persigue el toque, retorciéndose en su asiento y jadeando en el aire. Está descuidado como el infierno, y los pies definitivamente no están hechos para esto, pero Ken será condenado si no lo logra.

    Daisuke parece tener la misma idea, y gira su cuerpo hacia Ken, colocando una pierna sobre el respaldo y dejando que la otra se deslice por el sofá para que quede completamente expuesto a Ken. Es casi suficiente para hacer que este se venga justo ahí, cuando capta el contorno de la polla y las bolas de Daisuke justo debajo de la planta de su pie y la forma en que Daisuke se frota los pezones, jadeando entre gemidos mientras sus caderas continúan chocando con las de Ken. Pie. No podía apartar la mirada aunque lo intentara, y sus propias caderas se sacudieron automáticamente en su puño mientras gemía ruidosamente, sintiéndose cada vez más cerca.

    -Vida, Ken… Más por favor, necesito… -Daisuke está balbuceando, claramente abrumado, Y Ken no está seguro de lo que se supone que debe estar haciendo, no cuando tiene que apretar la base de su pene para que no se corra embarazosamente rápido.

    Tratando de responder a la mendicidad de Daisuke él guía su otro pie entre las piernas abiertas de su chico y lo coloca un poco más bajo para que pueda acariciar las bolas de Daisuke lo más delicadamente que pueda. Él puede sentirle sobresaltarse, pero su reacción es inmediata.

    – Oh – Oh – Joder, sí, así de simple -. Dijo, moviendo las caderas con más fuerza contra los pies de Ken y cambiando el ángulo de modo que los dedos de los pies de Ken ahora empujaban contra su perineo. Ken por su parte hace todo lo posible para cumplir con sus embestidas, dejando que Daisuke se mueva contra sus pies mientras continúa tirando de su pene, construyéndose a sí mismo en un ritmo.

    En una inspiración repentina, y como una distracción para contener su propio clímax, mueve su otro pie sobre la polla de Daisuke también para poder frotar más fuerte contra él. Daisuke casi se arquea desde el sofá, empujándolo dentro de él con tanta fuerza que Ken está casi perdiendo el control, pero no importa. No cuando Daisuke está haciendo todos estos ruidos y gimiendo tonterías en esa voz profunda, y Ken apenas se da cuenta de lo rápido que está acariciando su polla hasta que puede sentir sus muslos tensados y todo se derrama sobre su mano.

    Él gime a través de su orgasmo, la mano todavía se mueve sobre su erección, y él está demasiado envuelto en su propio placer para resistir cuando Daisuke agarra sus pies y los aprieta sobre su polla, follandolos hasta que él tambien se corre

    Hay silencio por un momento mientras recuperan el aliento. Ken mira a Daisuke, pero sus ojos todavía están cerrados, su pecho se agita como si acabara de correr una maratón.

    Ken necesita preguntar, sin embargo.

    – Daisuke… ¿Estás…? -. Pero Daisuke lo interrumpe con un jadeo super fuerte, como soltando todo el aire reprimido dentro

    – Maldita sea, joder eso fué tan…

    Sí, piensa Ken. Esta fue probablemente la mejor cosa que hayan hecho. Todavía.

    Empuja la pierna de Daisuke con el pie pero rápidamente se da cuenta de su error cuando este ultimo le sonríe.

    – ¿Ya?-. Pregunta burlonamente, y Ken le devuelve la sonrisa.

    – Todavía no, pero… ¿Qué tal una ducha primero?

    Daisuke no deja de sonreír mientras se sienta en el sofá, inclinándose sobre Ken para que pueda susurrarle al oído.

    – ¿Qué tal durante una ducha? -. Pregunta sugestivamente, y Ken lo tira hacia abajo en un beso.

    La ropa interior de ambos están condenadas en el siguiente asalto.

  • Mi hermano se come a mis amigas

    Mi hermano se come a mis amigas

    Hola de nuevo a todos

    En mi fiesta de cumpleaños mi novio me lanzo una fiesta sorpresa en casa de mi hermano mayor, Daniel.

    Su casa es de dos pisos, en la planta baja están la sala, comedor, cocina, un baño y un estudio. En la superior hay tres habitaciones, un baño y una sala de estar pequeña en el medio de las tres. Tiene un patio trasero con un barbecue y unas bancas. Es hermosa y bastante amplia.

    Hablemos un poco de mi hermano. En mis otros relatos lo he mencionado pero en resumen: es uno de esos tipos que disfrutan mucho el deporte y el gimnasio así que desde que tengo memoria ha tenido un muy buen cuerpo. De carácter, es el hermano menos sabio y más salvaje, para todo, el que siempre estaba en las fiestas aún en lunes. A pesar de todo es un hombre muy responsable y trabajador, y conmigo siempre ha sido muy cariñoso y protector.

    Sé que su vida sexual es una montaña rusa, aunque no hablamos mucho de eso. Él no está comprometido con nadie y sé que ha tirado con casi todas las tipas de su carrera. Pero no me imaginaba que tan grande era la lista de chicas hasta la noche de mi fiesta.

    Ese día en la tarde mi novio me invitó a beber vino en un restaurante italiano al que había querido ir por mucho tiempo. Cuando salimos de allí yo podía sentir mis mejillas calientes, el vino estaba surgiendo efecto. Mi mejor amiga me llamo.

    -Hola bebe, donde estás?

    -Saliendo del restaurante, nos vamos a ir a cambiar y vamos para allá.- le dije.

    -Vale, ojala te guste el regalo que David y yo te dejamos.- colgó.

    Mire a Juli.

    -Me han dejado un regalo en el apartamento.- dije emocionada. Ya quería verlo.

    -Un bono para una noche caliente en el cuarto de invitados?- dijo moviendo las cejas. Desde que le conté que había tirado con Mila no dejaba de hacer bromas al respecto.

    -Que gracioso. Ya quisieras recibir uno de esos para ti.- Levante una ceja y mire hacía la calle para llamar un taxi.

    -No, gracias.-me tomo de la mandíbula y me hizo mirarlo- No necesito bonos para tener lo que quiero.- sonrió antes de besarme. Sonreí.

    Cuando llegamos al apartamento busque de inmediato el regalo. Era un vestido. Hermoso en verdad. Satín rosa claro, con dos tiras para sostenerlo pero en el busto la tela cae libremente dejando ver el escote perfectamente porque lo que lo use sin sostén, no es extremadamente corto, cubría bien mi culo pero tenía aberturas a ambos lados habiéndolo aún más revelador. Tuve que usar una prenga de lencería que alcanzaba a cubrirse con el vestido y cubría mi vagina para no dejar todo a la vista. Me puse unos tacones y un collar y salí.

    Juli estaba sentado recostado en el mesón de la cocina viendo su teléfono. Levantó la mirada y su expresión cambio totalmente.

    -Algo me acaba de crecer, y no fue el conocimiento.-dijo y camino hacia mí. Di una vuelta para que me viera bien.

    -Gracias. Pero vamos que ya nos están esperando.

    La fiesta estaba increíble. Dos horas después de bailar con mis amigos y mi novio, había bebido bastante, y le había meneado el culo a casi todos los chicos de la fiesta. Estaba caliente, quería sexo.

    Tome a Juli de la mano y lo lleve arriba, la habitación junto a la de mi hermano estaba abierta. Entramos y cerré con seguro. Esa habitación tenía una ventana de techo al piso y ocupaba casi toda la pared, desde allí se veía todo el patio perfectamente.

    -Qué pasa?-me pregunto Juli.

    -Quiero tirar, Eso pasa.- sonrió. Me agarró de las nalgas y me alzó, ente de las piernas en su torso y empecé a soltarle a camisa. El me acariciaba el culo. Me dejó en la cama y se quitó el pantalón. Bajo los calzoncillos se le marcaba la verga dura, me arrodille en la cama y la libere, la tomé y empecé a comerla. Cuanto me encanta mamarle la verga a mi novio. Y a el le encanta follarme la boca, me cogió la cabeza con ambas manos y empezó a bombear, con cuidado pero con ganas. De vez en cuando la metía hasta el fondo y luego me dejaba respirar. Estábamos en eso cuando escuchamos unas risas y varias puertas. Lo ignoramos.

    A continuación Julián me hizo levantar y me quito el vestido, quedé en lencería y tacones con las tetas al aire. Me quito todo, estaba completamente desnuda. Me volvió a alzar pero esta vez con la otra mano tomo su verga y la acomodo para que entrara en mi muy mojada vagina. Se acomodó bajo el arco de la puerta para que yo me pudiera sostener de arriba y el de los lados en la pared. El placer era increíble. Su gruesa verga entraba y salía de mi suficiente rápido para que mis tetas saltaran, con una mano tomo una y me mordió el pezón, el ligero dolor acompañado por sus embestidas me hizo gemir muy fuerte, y me cubría la boca tratando de disimular mis sonidos.

    -No te límites.- dijo mirándome a los ojos y me quito la mano de la boca-ya todos saben lo zorra que eres.- me encanta cuando me llama nombres.

    Nos llevó a la cama y me dejó mirando por la ventana.

    -Apaga las luces.-le pedí agitada. Se enderezo y fue a apagar junto a la puerta. Entonces escuchamos que en la habitación conjunta una chica gemía. No sólo gemía, gritaba.

    -Jueputa, que rico!-la escuchamos. Juli me miro desde la puerta, estaba puro ya pero la luz que entraba por la ventana me dejaba verlo bien.

    -Cállate y abre las piernas.-dijo una voz conocida en la otra habitación.

    Entonces empezó a sonar madera, como si algo se chicas con la pared. Estaban tirando en la mesa del tv, yo conocía esa habitación, estaba justo junto y compartía el baño con la nuestra. Cada habitación tenía una puerta para entrar.

    Me levanté de la cama y le hice señas a Juli para que me acompañara. Abrí con cuidado nuestra puerta y pase por el frío piso del baño. Con aún más cuidado en silencio abrí la puerta de la otra habitación.

    Veía a mi hermano desnudo dándome la espalda, frente a él una de mis amigas con el torso apoyado en la mesa del tv gemía como loca, sólo alcanzaba a verla la mitad del culo y las manos sujetando con fuerza el borde de la mesa.

    Sara era una amiga de la Universidad, era baja pero tenía tetas grandes, culo no tanto pero sus tetas, eran hermosas.

    Juli bajo su mano por mi abdomen hasta llegar a mi vagina y empezó a mover los dedos en mi mientras que mi hermano le enterraba la verga a Sara. Me cubría la boca con la otra mano y yo no podía alejar la mirada. Juli me agarró la pierna y me hizo abrirla para que tuvieran acceso desde atrás. Dejó la puerta entreabierta y me llevo al inodoro, quedaba junto a la puerta, puse una rodilla encima y la otra estirada. Los gemidos de Sara no se habían detenido y mi hermano estaba empezando a quejarse del placer.

    Juli empezó a resbalar su verga encima de mi coño, como acariciándome con ella. Yo me agarré una teta, y me pellizcaba. Cuando empezó a penetrarme mi hermano hablo.

    -Quiero comerte- saco su verga de dentro de Sara y la levantó, la sentó en la misma mesa y abrió sus piernas, se agachó y empezó a comerse su coño. Ella lo tomo de la cabeza para que no se detuviera pero ella no dejaba de gemir, y me tenía a punto. Juli seguía con sus embestidas y aumento el ritmo. Él también estaba viendo todo eso, y con las tetas de Sara a la vista lo había puesto más.

    Yo no podía dejar de verle el rostro a ella, el placer que sentía ella y el que me producía. Y entonces ella abrió los ojos. Y nos vio. Ahogo un grito. Puse mi dedo en la boca para que no hiciera ruido asintió y levantó la cabeza de Dani.

    -Quiero que me la metas.- el son cuidado introdujo su verga en el coño depilado de Sara y al tiempo le acariciaba una teta.

    -Me voy a venir.- murmure. Me mordí un dedo tratando de ahogar mi propio placer. Juli aumento el ritmo, y casi coordinó con Daniel. Sara y yo nos mirábamos a los ojos y en segundos me vine con el pene de mi novio dentro. Tuve que gemir, y Dani lo escucho pero cuando iba a girar la cabeza para ver Sara lo tomo y empezó a besarlo. Con la mano nos hizo señas de que nos fuéramos.

    Después de eso volvimos al cuarto, nos arreglamos y salimos de nuevo.

    Volvimos a bailar y unas horas más tarde vi que mi hermano pasaba a la cocina con un trago en la mano. Lo seguí. Salió de la cocina hacía el patio y empezó conversación con unos de sus amigos, empezaron a reírse todos y el de su bolsillo saco una tanga. Le aplaudieron. Volvieron a hablar por minutos. Y entonces mi hermano volvió a la casa. Yo lo veía desde la esquina de la sala, parecía que escaneada el lugar. Camino hacia el sofá, se agachó y hablo al oído de otra de mis amigas, Lucía, una morena alta, no era muy voluminosa pero tenía un rostro hermoso. Hablaron un rato y luego él la llevo arriba. Espere un momento y luego subí. No los veía pero los escuchaba en la misma habitación.

    -Llevo tiempo observándote, Lu.-dijo.

    -No te creo, nos hemos visto muy pocas veces.

    -Ha sido suficiente.

    Escuchaba como se caían las prendas al piso, los tacones de Lucía dejaron de soñar, y el cinturón de Dani cayó.

    Volví a entrar por el baño y abrí un poco la puerta. Estaban acostados en la cama, Dani sobre Lucía, le subió la falda e introdujo su mano bajo sus bragas, empezó a acariciarla y ella gimió en respuesta.

    -Cógeme. -pidió ella.

    -Que? No te escucho.-arrogante, pensé. Baje mi mano a mi coño y empecé a masajear mi clítoris, ya estaba muy mojada. Abrí las piernas y seguí el ritmo de mi hermano.

    -Méteme tu verga en el coño.- exigió Lucía. Dani sonrió.

    -Con gusto.- se bajó el pantalón y su verga saltó erecta. De un golpe la metió. No era amor, era crudo, era fuerte. Como si ella fuera un objeto. Lucía gritaba de placer y mi mano estaba llena de fluidos. Metí dos dedos en mi. Aparte la tela de mis tetas y pellizque mis pezones.

    Dani puso una de las piernas de Lucía en su hombro y continuó embistiendo. Ella no dejaba de moverse en la cama. El parecía no cansarse, seguía con mucha fuerza hasta que la hizo cambiar de posición.

    -Te voy a romper el culo.

    La agarró y volteó en la cama, ella se arrodilló y levantó el culo, pego el pecho a la cama hasta que su espalda estaba asqueada. Dani se agachó y empezó a comerle el culo. Ella gritaba pidiéndole más.

    Yo mientras tanto necesitaba más. Mire a mi alrededor y vi un cepillo de cabello grueso, lo tomé por las verdad y empecé a masturbarme con él, con una pierna sobre el inodoro miraba por la ranura de la puerta.

    Finalmente después de lubricarla tomo su pene y empezó a introducirlo, gradualmente aumentaba el ritmo y yo lo seguía con el cepillo. Como si fuera el quien me penetraba. El morbo de la situación me tenía a mil. Lucía empezó a gemir de nuevo y mi hermano la siguió está vez. Escucharlo gemir me hizo aumentar el ritmo, con la otra mano me acariciaba el clítoris. Entonces el le dio una nalgada.

    -Sigue!-grito Lucía. Y el volvió a hacerlo. Eso parecía excitarla más. Y a mi también. Dani siguió dándole nalgadas.

    -me voy a venir.-dijo ella.

    -Yo también estoy a punto.- ella bajo la mano hasta su vientre y se masajeo el coño, volvió a gemir más fuerte. Y entonces Dani le saco la verga y con la mano se masturbo un poco y varios chorros de semen cayeron en las nalgas abiertas de Lucía mientras que ella seguía masturbándose. Entonces sentí las piernas temblar y me tape la boca con la mano, todo el placer que estaba viendo y sintiendo, llegue al clímax, me apoye en la pared y abrí las piernas y me vine escuchando a mi hermano.

    Después de eso me arregle de nuevo, y me lave el coño y las piernas, y volví a bajar.

    Me pueden escribir a mi correo [email protected]

    Los mejores orgasmos,

    Amelia.

  • Terminé cogiendo a la señora Dora y a su empleada Juana

    Terminé cogiendo a la señora Dora y a su empleada Juana

    Cuando atendí la llamada de Liz se disculpó me dijo que su prima Joanna y tía Elena y más familiares no le permitieron regresar porque ya era muy tarde y se quedó dormida, cuando llamó a mi celular y no contesté entonces lo hizo a su casa y Juana le dijo que luego de esperar buen tiempo me fui a las 5 de la mañana.

    – Perdóname amor, pobrecito te quedaste con las ganas y yo también ¿Cuándo nos vemos de nuevo? Te extraño quiero sentirte dentro de mi corazón.

    Tuve que mostrarme algo molesto al comienzo con ella para evitar cualquier sospecha y luego que varias veces me dijera que le perdone dije que estaba bien entendía, jamás sabría que a falta de su cuerpo para coger tendría esa noche a dos mujeres más su madre y empleada.

    Pasó una semana para volver a su casa nuevamente y el motivo fue porque su papá se iría de viaje por cuatro días al extranjero y Liz quería aprovechar eso para que yo conozca su dormitorio y le dijo a su mamá que iría llevando unas notas de la universidad, también me comentó que se extrañó con la facilidad que aceptó su mamá al contrario se mostró de acuerdo con mi presencia en su casa.

    En el bus sentado rumbo al encuentro de Liz, varias ideas se me ocurrían en la cabeza ahora era dueño de la situación ahí, la única que me hacía problemas Dora estaba a mi favor y los ojos de la casa Juanita también, hice una locura cuando llegó no lo hice por la puerta principal sino por la de servicio vi una ventana y entró sigilosamente y abracé por detrás a Juana.

    – ¡Ayy joven casi me mata del susto, suélteme por favor la señora y la señorita están acá.

    Le dije que no se preocupe que no me había visto nadie entrar mientras sobaba sus nalgas y besaba su cuello, ella volvió a caer en mis manos y su corazón latía a mil le dije que me gustaría que me hiciera un favor y preguntó entonces bajé el cierre del pantalón y saqué mi verga sus ojos se hicieron grandes de la impresión.

    – Dame una chupadita Juanita quiero sentir el calor de tu boquita.

    – Nooo… Está loco acaso quiere que me boten del trabajo. Alguien puede entrar. Además no sé cómo hacerlo jamás lo hecho. Noo…

    Entendí que tenía razón y la sujete de la mano y la llevé a su cuarto que estaba cerca de la cocina, ya dentro la hice que se arrodille delante mío y volví a sacar la verga ella voltea la cara a un costado evitando el contacto ahí tuve que poner un poco de presión y sujeto fuerte sus cabellos y hago que voltee la cara.

    – Vamos chúpalo como si fuera un chupete de tu sabor preferido… Primero con la lengua y después trágalo todo… Vamos apúrate que pueden notar tu ausencia…

    Juana sabía que no había marcha atrás y debía obedecer a su nuevo patrón, ella pasa la lengua por el glande tímidamente varias veces mis manos sujeta su cabeza firme mientras ella seguía lamiendo como una perrita temerosa y aprendiendo a conocer el sabor y tamaño de una pinga en su boca.

    De a poquito se lo fue tragando empezó a tener unas arcadas sus ojos se llenaron de lágrimas y levantó la mirada, le indique que continué y siguió hasta tenerlo todo dentro de su cavidad bucal, yo decía que hacer y Juana obedecía.

    Salía y entraba de su golosa boca ya había aprendido el ritmo de la mamada y de seguro sería toda una experta a futuro, su masaje bucal ya había logrado que tuviera una máxima erección fueron unos minutos que tuve que detener para evitar eyacular en su boca.

    Guarde la verga y subí el cierre del pantalón y salí rápido de su cuarto ahora que estaba bien caliente iba a ver a Liz, sólo quería llegar con el motor ya encendido y ya estaba por subir la escaleras y vi a Dora que iba entrar al despacho de don Juan me dirijo hacia ella y cuando estaba por cerrar la puerta entró.

    -¿Y tú de donde sales… qué no te vi llegar?

    No le di tiempo a decir más nada cierro la puerta con seguro y me abalanzó sobre ella buscando su cuello como si fuera un vampiro y la llevó a empujones sobre el escritorio, después de unos segundos de sorpresa por parte de ella se resiste tenía una blusa de seda blanca que prácticamente se la rompí dejando sus enormes senos que apenas eran sujetas por su brasier de encaje negro.

    – Nooo qué tienes te has vuelto loco. Déjame respétame carajo. Suéltame.

    Ya no había respeto por ella más después de que la había cachado bien por su jugosa chucha y su apretado culo ahora era mi puta y se lo iba hacer recordar, su 1.72 de estatura tuvo que ceder a mis 1.85 de altura y fuerza.

    – ¡Nooo… Luis déjame por favor arriba esta Liz y te está esperando. Nooo… Te dije que no sé volvería a repetir. Sueltameee!

    Ya le había subido la falda hasta sus anchas caderas y había logrado poner a un lado su calzón también de seda negra y meter mi verga dura ya por la mamada de Juana en el ingreso de su vagina y de un fuerte empujón lo metí todito hasta el fondo.

    – ¡Aggg Luis… Noooo. Aggg!

    Sus piernas se abrieron ante mi exigencia y pude penetrarla mejor y empiezo a meter y sacar mi pene con fuerza y rapidez, su cuerpo empieza a despertar ante las embestidas que recibe siento como su vagina empieza a lubricar, su brasier se la subí dejando libres sus tetazas los pezones estaban hinchados y duros que devoraba como un bebé.

    – ¡Ahhhh… Ahhhh. Nooo esto es una locuraaaa. Ahhhh!

    Inicialmente tenía pensado en que Juana me dé una buena mamada y que luego Liz me saqué toda la leche como ella lo deseaba hace días pero se me cruzó en el camino su madre y tenía que volver a tirármela antes que se enfríe las cosas con ella, y no podía dejarla a la mitad como lo había hecho con Juanita porque de seguro no me perdonaría así que continúe metiendo pinga.

    – Ves te gusta tu buena pinga Dorita. De ahora en adelante siempre estaré acá suegrita para complacerte…

    Ahora la tenía piernas al hombro viendo como sus labios vaginales se abrían y cerraban cuando la verga ingresa a su jugosa chucha ella se mordía los labios evitando así gritar y ser oída en la casa.

    – ¡Ayyyy. Luis me has hecho prisionera de ti… Ayyy. Qué ricoo… Así… Así. Dámelo todo…

    Ahora tocaba visitar su culo así que lo preparo mientras seguía cogiendo por la vagina y zass…Todito hasta el fondo metí la pinga me encanta dominar a está yegua por todos las humillaciones que sufrí por ella.

    -¡Aggg qué dolooor. Porque eres bruto. Aggg. Papito me haces dañooo. Ayyy!

    Su esfínter ahora ahorcaba mi pene que luchaba cada vez que entraba y salía de su intestino, no tardó mucho ya en acostumbrarse a ser penetrada analmente porque hace poco ya le había abierto el culo y ahora era un hueco negro e hice la pose del zapatero metiendo la verga intercaladamente a la chucha y ano.

    – ¡Ayyyy. Ayyyy. Papito. Qué ricoo…!

    Hasta que llegó al clímax y dejó abundante semen en el culo de la madre que iba a ser para su hija.

    – ¡Ahh Dora que ricooo!

    – ¡Ahhhh me dejaste muerta. Eres un salvaje cogiendo Ahhh pero que rico!

    Besé su boca nuestras lenguas se unieron y después esperamos un tiempo prudente y nos acomodamos las ropas, ella asomó la cabeza y cuando no vio peligro salí y esperé en la sala mientras ella se fue a su dormitorio imaginó a bañarse.

    Llamó del celular a Liz y digo que acabó de llegar me dijo que subiera a su dormitorio y así lo hice, estaba echada en su cama con un short de tela amarilla y un top negro cuando entró se abalanzó sobre mí y nos besamos tuve que decir que abajo encontré algo su mamá y me dijo que no haga que se arrepienta de abrirme las puertas de su casa.

    Y la invito a salir un rato al cine, había que dar descanso a la verga para que luego se ocupé de ella ahora eran tres mujeres que atender en esa casa.