Autor: admin

  • Imaginaciones eróticas

    Imaginaciones eróticas

    Ahí estaba yo, en las mesas que se encuentran en el patio de mi universidad, frente a mi estaba el chico que me gusta, conversando con sus amigos, haciendo bromas y riendo, divirtiéndose como siempre; mis amigas conversaban, pero yo no les hacía caso, mi total atención estaba hacia ese chico malditamente sexy de ojos verdes, tenía una mirada tan provocadora que volvía loca a todas las mujeres, incluyéndome.

    Casi estábamos cara a cara, obviamente él estaba concentrado en lo que sus amigos decían, yo simplemente lo admiraba, pero siempre con precaución y sin ninguna intención que no fuera el admirarlo.

    Al mirarlo tanto mi mente voló hacia una escena en particular, él y yo en una habitación, desnudos, besándonos mientras acariciábamos nuestros cuerpos, el bajando hacia mi cuello, mordiéndolo, mientras que sus grandes manos apretaban mi culo, su boca bajando hacia mis tetas, metiendo primero una a la boca, chupando y mordiendo mi pezón, pasando su lengua a esa zona sensible, conectando nuestras miradas llenas de lujuria, gimiendo tan alto porque su boca era malditamente deliciosa, sin duda estaba lo suficientemente mojada, él lo sabía ya que puso sus dedos en mi vagina y comenzó a acariciarla, empezó a jugar con mi otra teta mientras me torturaba con sus dedos.

    Yo gemía como una perra en celo, sus caricias eran algo inevitable, fue la mejor corrida que tuve, era un maestro con sus dedos y su boca sobre mí, pero ahí no termino la cosa, dirigió su boca a mi oído, me susurro lo buena que estaba y que no podía esperar más a que me cogiera tan duro, con esas sucias palabras me había excitado de nuevo.

    Ahora yo fui la que tomo en control, me puse sobre él, lo bese hasta el punto de morder su labio inferior con fuerza, baje mi boca a su cuello y comencé a chuparlo, morderlo y lamerlo, baje hacia su torso repitiendo cada paso hasta llegar a su verga, dura y lista para mí, dios era tan malditamente gorda y larga, mi boca es bastante pequeña y sabía que no iba a entrar toda, pero eso no importo, comencé a lamerla como si de un caramelo se tratase, jugaba como una niña pequeña con su juguete, metí un poco la punta y la succione, nuestras miradas se conectaron de nuevo y ahí fue la señal, comencé a meter toda su verga hasta donde llegara, la punta rosaba con mi garganta, sin embargo no lograba entrar toda, eso no me impidió seguir saboreándola, subía y bajaba mi cabeza, los gemidos de él eran tan excitantes, quería su leche corriendo por toda mi boca, quería que me llenara toda, mis movimientos fueron más rápidos, el comenzaba a sujetarme en mi cabeza, sus caderas se movían rápido, hasta que finalmente llego y toda mi boca pudo saborear su leche caliente.

    Me jalo del cabello haciendo que me levantara y me pusiera sobre de él, los dos nos miramos, era puro deseo el que se transmitía, comenzó a llevar su verga a la entrada de mi vagina, poco a poco entro, se sentía tan malditamente bien, me llenaba y eso era lo que me fascinaba, empezó a moverse lentamente, pasaba por sus manos en mi espalda mientras besaba mi hombro, de repente se volvió a acostar y dejo que yo lo montara, lo hacía tan rápido porque mi excitación aumentaba más, mis tetas rebotaban de un lado a otro, la cama rechinaba, después de unos cuentos movimientos el volvió a tener el control, se puso sobre mí, mis piernas estaban arriba de sus hombros, comenzó a penetrarme tan rápido y duro que yo gritaba, jalaba mi cabello tan fuerte mientras me decía lo mucho que le encantaba que gritara, que era solo su puta y de nadie más,

    Finalmente llego el esperado orgasmo, él se colapsó y yo trataba de respirar, sentir nuestros cuerpos sudorosos era lo mejor…

    Cuando regrese a mi realidad él seguía ahí, lo malo fue que ahora me devolvía la mirada, avergonzada me levante de mi lugar, lo último que les dije a mis amigas antes de correr era que iría al baño y no mentía, iría al baño para ver qué tan mojada estaba, sentía el rio en mis malditas bragas.

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    Hola.

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    Muchísimas gracias por leer, besos.

  • Mis mujeres: Dora y Laura

    Mis mujeres: Dora y Laura

    Dora ya me había puesto al corriente de quien era y de la situación de Laura, estaba separada y con un hijo. La primera impresión que tuve de ella me impacto, debería medir como 1.70 llevaba puesto zapatos de tacón y llegaba casi a mi altura, morena, pelo liso largo, guapa, con cara aniñada, lo cual daba bastante morbo, enfundada en un mini vestido de punto negro que al ceñirse remarcaba su cuerpo, un pecho no muy generoso, la curva de sus caderas que al girarse realzaba un culo redondo y respingón marcándose unas buenas nalgas con unas piernas largas enfundadas en medias negras.

    Primero nos soltó una pequeña pero picara reprimenda al aludir cierta tardanza pero la sorpresa salió a continuación, su hijo no estaba, se lo habían llevado los padres de ella por lo que no había que cangurar.

    – No hay ningún problema y lo más lógico es que te quedes aquí, puedes quedarte tranquilamente a esperarnos, tienes para cenar lo que prefieras la nevera a tu disposición, incluso puedes echarte a dormir si ves que llegamos tarde.

    Lo soltó de seguido y ante la firmeza de sus palabras no dio lugar a mostrar ningún reparo por parte de Dora y menos por la mía. Me enseño en un momento todo lo que tenía a mi disposición.

    Prestas para salir las observe por detrás en el pasillo antes de colocarse los abrigos, las dos llamaban la atención, Laura tenía un aire entre perverso y dominante, por su complexión atlética en cada movimiento los músculos de su cuerpo afloraban marcados en su vestido de punto. Por el contrario Dora se la veía mas frágil y sensual, con su blusa roja y la minifalda de piel negra aparecía seductora, mostrando sus piernas torneadas enfundadas también en medias negras y con zapato de tacón, al ser más baja tenía menos cuerpo que Laura, pero ambas producirían la admiración de cualquiera y formaban un cuadro de ensueño que encendieron mi turbación.

    Cuando salieron me puse a ver la tv, pasado cierto tiempo tome la decisión de inspeccionar el piso, todo él amplio, muebles rectos modernos combinando con alguno antiguo, sobrio, elegante y con gusto, se añadía el calor agradable y acogedor de la calefacción, mediante unos peldaños que daban la sensación de un semiduplex se accedía a un despacho, un aseo y una habitación por los detalles la de su hijo, después el dormitorio de ella, en una esquina una puerta daba paso a un aseo y baño incorporado y un cuarto anexo de vestidor, una verdadera suite. En una de las paredes un gran espejo, otra cubierta por la cortina era una cristalera, la cama estaba colocada sobre un futón de estilo japonés que apenas levantaba veinte centímetros del suelo, eso sí, medía por lo menos dos por dos y por último aunque no menos impactante, frente al pie de la cama un sillón diván en piel blanca sin respaldo y con grandes apoyabrazos. En todo el piso se notaba un gusto particular pero colocado con armonía.

    Me detuve en el vestidor, la ropa toda de mujer: abrigos, chaquetas, pantalones, faldas… mi tensión se aceleró al abrir cajones con su ropa interior: sujetadores, bragas y tangas de todos los modelos y colores, el tacto y el aroma de aquellas piezas alteraron mi cuerpo, pero decidí aparcar mis pensamientos, quizás todo lo acontecido aquellos días con Dora frenaron mis instintos. Decidí cenar algo, pase después al salón y me puse a ver la tv.

    Mi nombre resonó en mis oídos, me incorporé de golpe sobresaltado, me había quedado dormido en el sofá, no tenía ni idea de la hora y lógicamente no las oí entrar, me di cuenta rápidamente de la situación, Dora semi agachada delante mío sonriendo, Laura sentada en un sillón también con la sonrisa en los labios.

    – ¿Qué tal todo bien? -pregunto Dora.

    – Si si si, balbuceé.

    – Que pena haberle interrumpido a buen seguro estarías soñando, por la cara de satisfacción que tenías -dijo Laura.

    – Uff… me he quedado dormido.

    – Pues la peli de la tv no tiene desperdicio para quedarse dormido -de nuevo Laura con una sonrisa maliciosa.

    En la pantalla una película X, había puesto el canal y me quede dormido, no sabía el que decir rojo como un tomate, en la pantalla dos chicas se lo hacían en plan lésbico.

    Las observe de reojo, las dos calladas sonreían mientras observaban pantalla, Dora se había sentado en el brazo del sofá donde estaba Laura, recostada le pasaba el brazo por los hombros, seguían las escenas en la tv, Dora había descruzado las piernas, una mano de Laura se posó sobre ellas, entre la postura y la minifalda le resultaba fácil acariciarle los muslos. Las miraba de reojo, por un momento parecía que me habían olvidado, Dora amasaba con sus dedos la cabellera de Laura y las manos de esta subían por entre los muslos, Laura la atrajo hacia ella besándola suavemente en la mejilla, Dora sonrió mirándome.

    Las escenas del tv había cambiado, ahora eran dos mujeres que se lo hacían con un hombre.

    – Ya te gustaría ser protagonista de la película ¿eh? -habló de nuevo Laura.

    Ante la sorpresa de la pregunta solo supe encogerme de hombros y una sonrisa de compromiso.

    – Supongo que al natural será muy satisfactorio, ¿no te parece? -continuó.

    – Seguramente -dije con otra sonrisa.

    – Estoy segura que estando solo ya te estarías masturbando, con estas escenas.

    Me removí en el sillón, sus preguntas me estaban incomodando.

    – Bueno, supongo que te masturbas, ¿no? ¿Igual aun eres virgen?

    – Si, no, desde luego, algún revolcón que otro, bueno lo clásico -solté lo primero que atiné a decir.

    Dora cuchicheaba en la oreja de Laura, esta seguía las caricias en sus piernas.

    – Que quieres decir con lo clásico, follar con una mujer, supongo ¿o es que tienes otras preferencias?

    Lo dijo mientras se levantaba del sofá, noté su presencia a mis espaldas y más cuando se inclinó sobre mí para acariciándome los hombros.

    – ¿Te atreverías con dos…? como el de la película -susurrándome en el oído.

    – Con dos, ¿qué?

    – No lo subestimes, le creo capaz de todo -dijo Dora mientras se levantaba también.

    Yo seguía sentado, ahora las tenia de pie frente a mi mirándome fijamente, Laura abrazaba a Dora por la espalda apoyando la barbilla en sus hombros, cuando una de sus manos la posó sobre la falda y empezó acariciarle la zona baja del vientre con la otra hacía lo mismo tocándole los pechos sobre la blusa, después la subió a la cara y con los dedos le acarició los ojos, la nariz, introduciéndole el dedo corazón en su boca, Dora lo succionaba como si fuera un helado.

    Entre las escenas de la película, ellas dos y las preguntas de Laura yo intentaba mantenerme sereno pero mi corazón empezaba a latir a más de cien y algo empieza a moverse por mi cuerpo.

    – Levántate -dijo Laura dirigiéndose hacia mí con voz calmada pero con autoridad.

    Obedecí, sentí la liguera presión y una palmada en el trasero mientras me coloca al lado de mi prima, tomó mi barbilla entre sus dedos y me dio un ligero beso en los labios, hizo lo mismo con ella. Después sonrió colocándose en medio y cogiéndonos de la mano.

    – Seguidme -salimos de la sala y entramos en su dormitorio.

    -Vuelvo enseguida y a la vuelta os quiero encontrar a los dos completamente desnudos -La escuche incrédulo mientras miraba con asombro a mi prima.

    – He dicho completamente -con voz enérgica mientras salía de la habitación y desaparecía por la puerta que daba al baño y vestidor, Dora se giró hacia mí y con un dedo sobre sus labios me indicaba silencio.

    – Estamos en su casa y ella manda, debemos obedecer no te parece.

    Me dio un beso en los labios y empezó a desprenderse de su ropa, percibí que lo hacía con agrado, la seguí con la mirada y empecé a desnudarme. Pasaban los minutos los dos sentados sin hablar desnudos en el sillón diván, cuando apareció ella, el pelo recogido en un moño, un corsé de cuero ajustado que realzaba sus senos mostrando parte de ellos, sin bragas dejando a la vista bien definido el triángulo del pubis, con liguero y medias negras que ceñían unos torneados muslos y mostrando un culo blanco, cremoso. Se exhibía orgullosa sobre unos tacones de aguja, las manos enfundados en guantes negros que le llegaban hasta los codos, en una mano llevaba una bolsa negra que dejó sobre la cama y en la otra una delgada fusta de cuero parecida de las que se emplea para fustigar a los caballos.

    Encendió unas velas dispuestas a los extremos de la habitación, apagando el resto de luces. Se había transformado en la dominatrix que habitaba en alguna de mis fantasías, la sacerdotisa de un rito que mi prima y yo éramos los corderitos que sacrificaría en el altar de la lujuria. Estaba excitadísimo por lo que pudiera ocurrir a partir de aquel momento.

    – Las manos a la espalda tocándoos los codos y poneros delante del espejo -En el silencio su voz sonaba calmada, sin énfasis pero con autoridad.

    Esta postura obliga a enderezar la espalda, en el espejo se reflejaban los cuerpos desnudos, ella por detrás con la fusta recorrió primero la espalda de Dora, llegó a sus nalgas soltándole un liguero latigazo que le hizo dar un pequeño alarido, hizo lo mismo en mi espalda pasando la fusta entre mis nalgas para soltar también un latigazo. Seguidamente se colocó delante, de nuevo primero a Dora le puso la fusta bajo la barbilla alzándole la cara y con la palma de la mano le recorrió el cuello bajando a los pechos tocándoselos sutilmente, siguió por su vientre para llegar al pubis y entrar los dedos por entre las piernas.

    – Uhm… estas deliciosa como siempre, esta es mi Dora -murmuró.

    Aquí me di cuenta que ellas dos algo tenían en común y que yo iba ser utilizado para sus juegos.

    – ¡Esto te gustara a ti también estoy segura, eh! -exclamó. Tenía una mirada traviesa seguramente al saberse dominadora de la situación, lo cierto es que mi experiencia era bastante limitada y mi ego estaba perdido en el delirio de la situación.

    Delante de mí sigue el mismo ritual en las caricias, primero el cuello, la mano se movía alrededor de mis pezones sin un rumbo determinado, las caricias en el vello del torso. Una de sus uñas rasgó un pezón, repitiendo la caricia al otro, suspiré y arqueé ligueramente la espalda.

    – ¡Te gusta!

    Baje la vista, ella me miró muy atentamente y volvió pero apretando ahora entre los dedos pulgar e índice. Un nuevo suspiro…

    Mientras la fusta acariciaba mis pantorrillas subía por los muslos y daba ligueros golpes, se había separado de mi colocando la fusta sobre mi pene, cuya rigidez y por la excitación temía yo que no entrara en erupción, lo recorrió lentamente desde los testículos hasta donde despunta el glande, soltándole un azote con la punta de la fusta, la osadía de la maniobra me provocó un pinchazo en el bajo vientre y el instinto de taparme con las manos.

    – Tranquilo esto solo acaba de empezar -con voz autoritaria y con una mirada extática.

    – Las manos detrás -mientras me acariciaba mis genitales.

    – Si pero -dije encogiéndome de hombros y colocando de nuevo los brazos en la espalda.

    – La tienes generosa y grande, tengo que darle la razón a Dora -soltó sonriéndose.

    Ella siguió a mi lado desnuda, erguida y en silencio, con una sonrisa en los labios, las dos eran cómplices y me tenían a su merced.

    Perdí la noción del tiempo, no puse impedimento alguno cuando en sus juegos dieron rienda suelta a la imaginación, juegos que me llevaron a parajes de fantasías sexuales quizás soñados pero desconocidos por mí hasta entonces y con unos momentos de disfrute desenfrenado que me despertaron unos deseos inesperados. Creo que no hay recetas para explorar y disfrutar de tu sensualidad y de los límites del placer, pero la condición para descubrirlas es ponerlas en práctica y de verdad es que aquella noche alguna de las recetas las pusieron en práctica conmigo.

    CONTINUARÁ…

  • Una madurita se vuelve mi vecina y se entrega

    Una madurita se vuelve mi vecina y se entrega

    Al día siguiente de coger a mi vecina me levanté un poco más temprano para ir a trabajar, me despedí de mi esposa que normalmente despertaba más tarde y me dispuse a salir del conjunto de departamentos pero al llegar a la salida tome la llave que me habían dejado escondida mi vecina y entre a su casa. Estaba todo muy callado me dirigí hasta su habitación, allí estaba mi vecina dormida boca arriba sobre las sábanas con un camisón de seda, me subí a la cama lentamente y cuando estaba sobre ella se despertó poniendo una bella sonrisa cuando me vio, me abrazo y me dio un beso, nos quedamos un rato así hasta que me enderecé un poco para quitarle el camisón dejando su tetas a la vista las cuales tome en mis manos y mis labios, mordí sus pezones y seguí acariciando, la volví a recordar y jale su tanga para dejarla completamente desnuda su rajita me atraía como un imán, la había depilado como le ordene y metí mi cara entre sus piernas para probarla, bese y chupe sus labios, lamí y metí la lengua lo más al fondo que pude, saboreaba sus jugos que brotaban y dejaban mi cara mojada, baje un poco y con mi lengua acaricie su orificio anal provocando un suspiro a mi amante que me tomaba de la cabeza y me jalaba hacia ella, metí un dedo en su vagina mientras seguía saboreándola, luego lo saque y mojado con sus jugos lo metí lentamente en su culo, estaba muy apretado aún para mi dedo pero después de un rato se relajó y metí otro mientras seguía chupando y lamiendo su clítoris, después de unos minutos así me bella vecina tembló y grito disfrutando de un orgasmo provocado por mis dedos en su culo y mi lengua en su vagina.

    Me retire un poco de la cama desnudándome por completo, hice que ella girara y coloque su cabeza a la orilla de la cama boca arriba, acerqué mi verga y no hizo falta decirle nada para que abriera su boca y sentir su calor y humedad, en esa posición comencé a meter y sacar mi miembro de su garganta viendo como su cuello se expandía al meterlo todo, estaba cogiéndola por la boca y solo la sacaba para poner en su lugar mis huevos que recibían sus labios y lengua excitándome más todavía, después de unos minutos de esa follada de garganta y sobando sus tetas metí mi verga de un empujón hasta el fondo viendo mis huevos sobre su nariz y descargue mi leche en su garganta. Mi vecina se atragantó un poco pero no desperdicio nada y se lo trago.

    Mientras me vestía de nuevo le explique cómo sería nuestra relación, ella solo podría mandarme mensajes y en tono formal para no causarme problemas con mi esposa, pero cuando yo le hablara por cualquier medio ella tenía que contestar lo antes posible, haría todo lo que le dijera sin protestar y estaría disponible para mí cuando así lo quisiera. Termine de vestirme y le pregunte si había entendido, se acercó, me dio un beso y me dijo, que todo se hará de acuerdo a mis órdenes y mi gusto, que para eso estaba ella ahí y solo tenía que decirle mis deseos para ella cumplirlos. Cuando me iba a dar media vuelta me dijo que sería mejor lavar mi cara porque tenía el olor a sus jugos y podía darse cuenta alguien, me llevo al baño, me lavo la cara, me beso tiernamente diciendo que se me hacía tarde para trabajar.

    Su entrega y su bello cuerpo desnudo me estaban poniendo caliente otra vez, me despedí abrazándola y tomando una de sus nalgas con mi mano le dije que prepara ese culito porque lo iba a usar la próxima vez que nos viéramos, viéndome a los ojos me dijo que sería el primero en usarlo y que ella estaría preparada, aguantando las ganas de volver a meterme en su interior me retire.

  • Adriana, una mujer multiorgásmica (II parte)

    Adriana, una mujer multiorgásmica (II parte)

    Después de 26 años, por fin un hombre encontró en mí, a la mujer sexual. Buscó la oportunidad y el espacio para iniciarme sexualmente, consiguió con sus manos y su boca, llevarme al delirio de un fabuloso orgasmo, como nunca lo había tenido. Supo mantener la calma, al momento de verse atajado en su intento de poseerme, respetando mis temores y tabúes, con la promesa, de que habría otra oportunidad donde yo misma le pediría, tomar mi virginidad.

    Como les platique en mi anterior relato, soy una mujer bajita de estatura, sumamente delgada, pequeñas bubíes y muy plana de caderas y nalgas. Aun así, llena de deseos sexuales, “sufro” de una ultra sensibilidad en mis partes íntimas, que provocan que fácilmente logre llegar a uno o varios orgasmos, además estos tienden a ser largos e interminables. Aunque para muchas esto puede parecer la gloria, la verdad es que conlleva una serie de problemas, más de carácter emocional que físicos.

    Después de ese primer encuentro con un hombre, disfrutando en mi recamara de un merecido descanso después de tan extenuante experiencia, trataba de poner mis pensamientos en orden, deseaba vehementemente perder mi virginidad, pero jugaba en mi contra, la fuerte y cerrada educación a la que había sido sujeta. Temía que al dejarme llevar por el deseo más que por la cordura, terminara por causarme más daño que placer. Jamás había visto a un hombre desnudo, pero sabía, por lo que había leído, sus proporciones viriles. Es más, había visto y sentido, el pene oculto de Guillermo, y aunque me inquietaba el pensar en cómo sería esa primera intrusión, debo reconocer que la deseaba ávida y morbosamente.

    Después de algunos días, Guillermo me invito a ir un fin de semana a visitar a su hija, faltaba poco para un fin de semana largo y podríamos aprovechar para ir a verla y también para pasar una o dos noches para nosotros. Moría por aceptar, pero había que buscar la excusa perfecta, para salirme de mi casa y del control de mis padres por tres largos días.

    La solución, me la dio la misma empresa, al pedirme que fuera a visitar a nuestro mejor proveedor, en un viaje de dos días. Esto abrió la puerta, para que mis padres supieran, que, dentro de mis nuevas actividades, estaría visitar proveedores y que aprovecharía los viajes en los días cercanos a los fines de semana, para viajar y conocer nuevos lugares.

    Así que, llegada la fecha, con mi maleta lista para pasar cuatro días fuera de casa, con nueva ropa, especialmente comprada para la ocasión. Guillermo y yo, iniciamos el viaje, apenas saliendo de la oficina.

    Nos fuimos directo a casa de su madre y su hija, para llegar poco después de anochecer. La mama de Guillermo, una señora mayor de 60 años y su hija Jazmín, de unos 8 años, nos recibieron con gusto. A mí, me ofrecieron la recamara de la señora para dormir y ella se quedaría con su nieta, mientras Guillermo dormiría en la sala. Después de acomodarnos, pasamos a cenar y después a la sala a platicar, hasta que la niña se quedó dormida, por lo que la señora y la niña se fueron a su habitación. Yo espere a Guillermo, solo para despedirme, pero antes de esto, el aprovecho para agradecerme que lo acompañara, con un beso en la boca, y un abrazo ardiente, que provocaron inmediatamente a mi cuerpo, sin esperarlo siquiera, empecé a disfrutar de una humedad y un placer que provocaron algunos gemidos que enardecieron a mi pareja. Afortunadamente la ropa y la cercanía de su madre, evitaron que Guillermo deseara ir a más, soltándome para poder retirarme a mi cuarto.

    Mientras me desvestía, podía imaginarme aquella polla que se tallaba entre mis piernas y solo pensarlo humedecía todavía más, mí ya húmeda cuquita. No pude dormir, pensando y deseando que mi amante entrara en la noche, para culminar aquello que había empezado. Por lo que toda la noche la pase completamente húmeda.

    Al día siguiente en la mañana, al saludarlo no pude menos que comentarle, que lo había estado esperando toda la noche y que deseaba ardientemente su compañía. Durante el día, él se dedicó por completo a su hija, mientras su madre y yo platicamos sobre mi relación con su hijo y algo sobre la mamá de Jazmín. La señora solamente sonrió, cuando le explique que su hijo y yo solo éramos compañeros de trabajo, hasta llego a sugerirme, que, si así lo deseábamos, Guillermo y yo podíamos compartir la habitación, que por ella no había problema.

    Al llegar la noche, aproveche para tomar un baño y lavar las braguitas usadas, dejándolas tendidas dentro de la regadera. Por lo que me puse una pequeña y sexy tanguita y mi pijama de dormir. Lo que no contaba, es que Guillermo también entro a bañarse al término de la cena. Por lo que estaba segura, se daría cuenta, del tipo de ropa que traía.

    Al salir, vestido únicamente con un short y una playera, empezamos a jugar un juego de mesa entre los cuatro, mientras el juego avanzaba, con mucha cautela, Guillermo llevó una de sus manos a mi pierna, iniciando un rico masaje a lo largo de mi muslo, subiendo cada vez más, hasta que logro llegar al punto justo donde ambas piernas se juntan, provocando un pequeño saltito acompañado de un gritito de sorpresa de mi parte. El hecho no pasó desapercibido por su madre, quien en total complicidad con su hijo, le aviso a su nieta, que la hora de acostarse estaba llegando, y que solo habría, algunas jugadas más. Esto lo aprovecho Guillermo, para tomar mi mano y llevarla directamente a su falo, por encima de su ropa. Pero al meter la mano bajo su short, pude advertir, que no llevaba más prenda que el short. No podía dar crédito a lo que estaba pasando, frente a su madre e hija, estábamos tocándonos mutuamente, yo deseaba, que las otras mujeres se retiraran lo más rápido posible, no había miedo de mi parte, más bien había ansia de pasar al siguiente nivel.

    Por lo que cuando, su madre e hija, abandonaron la sala y se encerraron en la habitación de Jazmín, sin pensarlo dos veces, aumentamos la pasión de nuestro juego, ahora acompañado de besos y caricias más calientes. Yo ya estaba sumida en un primer orgasmo, por lo que en cuanto pude, le pedí nos encerráramos en el cuarto de su madre y me poseyera inmediatamente, pues no quería que sucediera lo ocurrido en nuestro primer encuentro.

    Mientras mi amante cerraba con llave la habitación, yo me desasía de mi ropa de dormir, en lo que Guillermo caminaba hacia la cama, se iba quitando toda su ropa, por lo que antes de acostarse, dejo a mi vista por primera vez, el cuerpo desnudo y la pija erecta de un hombre. Suevamente me recostó, aparto el pequeño pedazo de tela que se interponía entre mi vulva totalmente húmeda y su verga. Abrió mis piernas y coloco una almohada bajo mis nalgas, para de esa manera empezar a encajarme su erecto falo entre mis piernas, al tiempo que taladraba mi casta vagina, una confusión de placer y dolor me invadía, entre mi eterno orgasmo y las convulsiones que en mi cuerpo provocaba, el desfloramiento de mi himen, paso a segundo grado, yo solo deseaba que aquel intruso siguiera encajándose hasta el fondo de mi cuerpo, solo pedía con grititos contenidos que no parara en aquella misión en que se había involucrado. Mientras arreciaba sus movimientos de meter y sacar, yo estaba totalmente perdida en aquel agobiante clímax. Ni siquiera me entere, el momento que abandono mi coño, para vaciarse por completo en mi abdomen y vientre pues los últimos estertores de mi orgasmo, me tenían bloqueada.

    Cuando recupere la cordura, lo bese con frenesí, jamás había imaginado que el sexo sería tan exquisito. Pero todavía había más esa noche, me enseño el placer de dar un buen oral y recibirlo, además de tomarme nuevamente, para volverme a llevar al paraíso.

    Pero de eso, ya habrá tiempo de platicar.

  • Enfiestada con mi hijo

    Enfiestada con mi hijo

    Por fin llego el día, después de casi seis meses íbamos a salir de noche, yo y mi mejor amiga. Ella se llama Alejandra, yo Marcela, las dos tenemos 38 años y nos conocemos desde los 13. Éramos inseparables durante la escuela en la que cursamos juntas, pasábamos días sin dormir, de fiesta en fiesta, luego el tiempo y las circunstancias nos alejaron, no tanto, pero lo suficiente como para sentir que juntarnos era una necesidad.

    Alejandra se casó y tuvo dos hijos, sigue casada, yo en cambio me separé al poco tiempo de casarme, tengo un solo hijo Ignacio, es mi vida. Hablamos mucho por teléfono pero se nos complica salir a algún lado, su marido es muy pesado y no la deja, menos salir de noche como en otras épocas.

    Pero un día se alinearon los planetas, su marido por razones de trabajo iba a dejar el país por una semana y llevaría con él a sus hijos, para dejarlos con su suegra, con la que ella no se habla desde hace años. Que mejor circunstancia para juntarnos como hacíamos en nuestra adolescencia.

    Me llamó por teléfono y me comenta su suerte, también me propone que salgamos una noche, yo le digo que sí inmediatamente y que podíamos aprovechar una fiesta que organizaban después de una convención de relaciones diplomáticas organizada en la embajada en donde trabajo. Tuve suerte en lo laboral, trabajo desde hace años en una embajada como traductora, lo que me ayudo en lo económico y a no depender de mi ex marido.

    Ella aceptó con agrado mi propuesta, sólo teníamos que asistir a la convención vestidas formalmente y de ahí saldríamos a la fiesta que organizaban en un barco amarrado en la costa. Sabíamos que todo era gratis y que podríamos beber toda la noche sin que nadie nos controlara. Alejandra quedo en pasar a buscarme por casa, pero iríamos con mi auto, para ir juntas a la convención, teníamos que ir temprano a eso de las seis de la tarde, pero eso no nos molestaba.

    A las cinco y media golpea la puerta de casa, yo todavía no había terminado de cambiarme por lo que fue a recibirla a la puerta Ignacio.

    -Hola Ignacio, que grande estás, ¿Tu mamá?

    -Todavía no termino de cambiase, está en su habitación.

    Sube a mi habitación donde me estaba preparando. Abre la puerta sin golpear, yo estaba en ropa interior, una tanga de encaje blanco, haciendo juego con el corpiño del mismo color.

    -Hola Ale ¿Cómo estás?

    -Bien Marce (me da un beso en la mejilla, mientras me abraza fuerte)

    -Que linda estás (le digo mientras la recorro con la mirada)

    -Gracias, quiero infartar. Y vos, mira cómo estás (mientras me alaga me hace girar sobre un pie y me mira como si fuera a comprar un esclavo)

    Cuando estaba de espaldas, siento su mano entre mis nalgas, con un dedo buscando el agujero. Aprieto el culo y lo alejo de su mano.

    -jajaja ¿qué haces?

    -Dale, que te gusta, me acuerdo cuando éramos chicas como te ponías cuando te tocaba.

    -Shhhh, que puede escuchar Ignacio.

    Era verdad lo que decía, hasta el día en que quedé embarazada y me case casi a la fuerza, éramos muy unidas, como muchas amigas, pero pensábamos todo el día en sexo, cuando estábamos en mi casa o en la de ella, nos encerrábamos en la habitación con la excusa de estudiar y nos masturbábamos juntas pensando en hombres, pijas, porongas, vergas, cualquier cosa con forma de falo. La calentura nos llevaba a pajearnos mutuamente, a mí me enloquecían sus tetas, le chupaba los pezones y se los dejaba puntiagudos, sobresalían duros mientras le pasaba la lengua, hasta de tanto chupar muchas veces le sacaba leche. En cambio a ella le fascinaba mi culo, se podía pasar horas pasando su lengua por el esfínter, no me puedo olvidar como me corría, chorros fuertes que mojaban todo. Fuimos incontrolables, después la vida nos fue apagando, por lo menos eso pensaba.

    -Ignacio. Jajajaja, está para chuparle la pija.

    -¿Qué decís? Es mi hijo.

    -Vamos, Marce, me vas a decir que nunca se te paso por la cabeza en chuparle la pija, con ese cuerpo que tiene. Seguro la tiene larga como tu ex.

    -Estás loca.

    -Me acuerdo como se la chupabas a ese hijo de puta.

    -Estás muy caliente hoy

    Nuevamente no mentía, mi ex tiene una verga gigante y lo conocí gracias a ella. Alejandra me vio chuparle la pija y ella también se la chupo, en realidad tuvimos sexo los tres, eran tiempos descontrolados pero que llevaron a mi embarazo. Ella, aunque no lo crean, formo una familia muy normal, dos nenas y un padre ultra católico. Se llevan relativamente bien, por lo menos en lo económico le da una buena vida, en lo sexual no se puede decir lo mismo.

    -Sí, la verdad estoy muy caliente y hoy vamos a romper la noche. Vamos a conseguir dos negros y le vamos a sacar toda la leche.

    -Shhh, no hables tan fuerte. Vamos que se hace tarde. Ayúdame a vestir.

    Me visto formal, un trajecito gris claro, como una ejecutiva. Alejandra estaba un poco más atrevida con una pollera corta colorada y una camisa blanca, unos botones desprendidos dejaban asomar sus grandes y bronceadas tetas. Estábamos listas, bajamos las escaleras como modelos en la pasarela. Mi hijo estaba abajo y Alejandra lo sorprende al pedir su opinión.

    -¿Cómo estamos? ¿Lindas?

    -Si

    -¿Nada más?, no te gusta cómo le queda el traje a tu mamá, como le marca el culo o ¿no tiene lindo culo?

    -Sí, pero…

    -Déjalo tranquilo y vamos que se nos hace tarde.

    -jajajaja, bueno vamos

    Salimos hacia la convención como cuando éramos adolescentes e íbamos a alguna clase pesada de contabilidad, la idea no era escuchar sino estar juntas y reinos de los demás, mientras pasamos las horas hasta la fiesta en el barco.

    La convención fue aburrida como pensábamos, pero fue la oportunidad de Alejandra de ver a los hombres que irían a la fiesta, la mayoría conocidos míos, lamentablemente muchos casados y casi todos con sus mujeres. Después de la convención salimos hacia el barco donde se realizaba la fiesta. Llegamos esperando locura descontrolada, pero no fue así, música y baile sí, pero casi como en un tímido baile de egresados se formaron grupos de parejas que conversaban bajo el ruido de la música, golpeados por los haces de luz intermitentes que marcaban un ritmo inexistente. Alejandra bailaba sola, como poseída delante de mí, contorsionando su figura para atraer algún hombre. Después de una hora salimos a la cubierta del barco para tomar aire y alguna decisión para terminar la noche.

    Contemplábamos el mar con la música de fondo y unas copas en nuestras manos.

    -Ale, ya me quiero ir, estoy aburrida.

    -Yo también, no hay un solo hombre libre o son todos maricones. Te acuerdas como la pasábamos en los bailes de la escuela.

    -jajaja, sí me acuerdo, siempre terminábamos borrachas.

    -jajaja, sí y cuando te hiciste la borracha y nos acostamos con tu ex.

    -Por tu culpa, terminamos cogiendo con ese hijo de puta.

    -Sí, pero te gusto chupar esa poronga, puta.

    -jajajaja, ¿por qué a vos no?

    -Claro y lo repetiría. ¿Por qué no hacemos lo mismo?

    -¿Con quién?

    -Con cualquier pajero de la fiesta.

    -Ni loca, son todos compañeros de trabajo, casados o de novio, no quiero tener problemas, yo los tengo que ver en la semana.

    -Dale, estoy caliente, quiero una noche para mí, quiero coger con otro hombre, no aguanto al enfermo de mi marido, me trata como si fuera la Virgen María. Quiero divertirme. ¿Por qué no vamos a tu casa y excitamos a Ignacio?

    -¿Estás loca? Es mi hijo.

    -Dale, no le vamos a hacer nada, lo calentamos un poco como hacíamos con los chicos.

    -No, ni loca.

    -Pero vamos, es un juego, me quiero reír un poco, te haces la borracha y lo manoseamos un poco cuando nos ayuda, un juego inocente.

    -No, te conozco, cuando empiezas con algo no puedes parar.

    -Vamos, acá no pasa nada y no quiero perder toda la noche.

    -Bueno vamos, pero no quiero hacer de borracha.

    Bajamos del barco, caminamos por la costa mientras se desvanecía la música y nos acercábamos a mi automóvil. Quería manejar Alejandra, yo la deje, no me molestaba, al contrario había tomado algo de alcohol y era mejor si ella se sentía más lucida para conducir.

    Estábamos a una media hora de casa, yo estaba cansada y en el viaje entre en un profundo sueño, sólo me desperté cuando se detuvo el coche. Abro los ojos y no veo al volante a nadie, miro por la ventanilla y ahí estaba Alejandra, hablando en la puerta de mi casa con Ignacio. Gesticulaba con las manos como dando algún tipo de explicación, lo toma de un brazo y se acerca hablando en voz alta para que la escuche bien claro.

    -¡Mira como está! No se puede mover, tomo demasiado, pero así es tu mamá cuando empieza no puede parar.

    No podía creer que le estaba diciendo a mi hijo mientras me guiñaba un ojo. No sé porque razón le sigo la corriente, una decisión que tomé en breves segundos. Ya no podía tirarme atrás, sino le estaría mintiendo a mi hijo, no me podía mostrar recuperada por arte de magia de una tremenda borrachera. Cierro los ojos y me dejo llevar por la situación.

    -¡Vamos Ignacio! Ayúdame. Yo la agarro de los pies y vos de los hombros.

    Un poco exagerada mí amiga, pero así es ella, no me quedó otra que hacerme la muerta. Era muy tarde a la madrugada, sabía que no habría ningún vecino que pudiera ver mi estado, así que no sentía vergüenza de hacer el ridículo. Puedo sentir las manos de Alejandra cuando me toma de los pies y los saca afuera del auto, yo estaba sentada y me hace girar, por lógica no me quedo otra que acostarme sobre mi espalda simulando mi inconciencia. Ella mientras tira de mis piernas me deslizo hacia afuera del auto, antes de tener todo el cuerpo afuera las manos de Ignacio rodea mi espalda y me toman desde mis axilas.

    Por suerte no peso mucho, entran a mi casa y me tiran literalmente sobre un sofá del living, mientras Alejandra le empieza a dar instrucciones a Ignacio.

    -Dale Ignacio mientras voy arriba a preparar el baño, sácale el vestido y la blusa.

    Me quedo helada, no podía creer en que me había metido, no sabía cómo reaccionaría Ignacio, no dijo nada. Yo permanecía con los ojos cerrados simulando inconsciencia, tenía apoyada la cabeza sobre uno de los apoyabrazos, escucha los pasos de Alejandra subiendo las escaleras.

    De repente siento las manos de mi hijo empiezan a desabrochar mi camisa, sigo inmóvil, acomoda mi cuerpo y me la saca, luego baja el cierre del costado de mi polera y comienza a deslizarla sobre mis piernas, me deja en ropa interior. Mi ropa interior no dejaba mucho a la imaginación, era de encaje blanco muy pequeña y de lycra transparente, mi hijo en varias oportunidades me había visto en ropa interior, pero no como la que llevaba ese día, yo fui prepara para excitar a algún hombre, este resultó ser mi hijo.

    Nuevamente escucho los pasos en las escaleras, Alejandra se acerca a mi hijo y le dice.

    -la vamos a llevar arriba, ¿la puedes levantar o te ayudo?

    -yo, puedo solo

    -¿seguro?

    -Sí, puedo solo.

    Me alza en sus brazos como una novia recién casada. Me dirige por las escaleras al baño, que había preparado no sé para qué cosa Alejandra. Llegamos y me pone de pie a un costado de la bañera. Me toma de mis hombros para mantenerme de pie, yo simulaba estar borracha, abría los ojos a medias y veía a mi amiga con una sonrisa dibujada en su cara, mientras que mi hijo estaba rojo como un tomate.

    -Le voy a sacar la ropa y me ayudas a meterla en la bañera.

    Con toda naturalidad me deja completamente desnuda frente a mi hijo, luego me meten en la bañera, no podía creer lo que estaba pasando.

    -Bueno, Ignacio yo vuelvo enseguida. ¿La puedes enjabonar o te da vergüenza?

    -Sí, puedo

    -Veo que eres todo un hombre, no tengas miedo que no se da cuenta de nada. Mientras me voy a poner algo más cómodo, no me quiero mojar la ropa.

    Ella se fue, quede en manos de mi hijo. Me sostenía con una mano mientras con la otra abría la ducha hasta que el agua empezó a caer sobre mi cabeza, empecé a balbucear algo inentendible para demostrar mi borrachera, eso sirvió para que tomara coraje.

    Con torpeza me llenó la cabeza de jabón líquido que se empezó a escurrir por mi cara, luego con una esponja me empezó a enjabonar por la espalda, yo sacudía la cabeza para los costados, como si no pudiera mantener la cabeza erguida, luego soltó la esponja y continúo con las manos pero enseguida fue a mis tetas, las acariciaba mientras los pezones se ponían duros, parecía apurado, tal vez no quería que lo viera Alejandra cuando volviera. Pero ella tardaba en venir y él aprovechaba, yo seguía diciendo incoherencias en voz baja y él me contestaba en voz más baja, casi no lo podía escuchar, pero no podía creer como me trataba, tal vez por lo excitado que estaba.

    -vamos, puta, te gusta

    Apenas me dice esto, pone su mano derecha en mi entrepierna y mete sus dedos en mi vagina, yo no podía más de excitada y por lo que veía él también lo estaba, un bulto impresionante formaba una carpa en su pijama. Luego me hace girar con violencia y me mete la mano en el culo, con un dedo busca mi cerrado agujerito, el jabón facilitaba la tarea. En ese momento escucho la voz de Alejandra y se detiene de golpe.

    -¿te gusta? (le dice en voz baja)

    -Si

    -Mira cómo se te paró. ¿Te molesta que esté así? No encontré nada para ponerme.

    Estaba en tetas, esas hermosas tetas bamboleantes al aire y una pequeña tanga blanca.

    -¿te gusta el culo que tiene, es hermoso?

    -Si.

    -Mira como lo tiene.

    Me toma de un brazo y me lo apoya en la pared, luego el otro. Yo no podía ver nada, pero siento cuando Alejandra mete la cara en mi culo y me empieza a succionar el ano, luego se detiene.

    -Dame que te ayudo con eso (le dice a Ignacio)

    Yo estaba de espaldas pero escucho como le succionaba el pene, hacia un ruido escandaloso.

    -Vamos Ignacio llevémosla a su habitación y la vamos a probar los dos.

    Mi hijo me envuelve en una toalla y me toma con sus brazos, me lleva a mi habitación, él estaba completamente desnudo con el pene erecto y escandalosamente grande, como el de su padre. Yo estaba entregada, solo quería que hicieran lo que quisieran con mi cuerpo.

    Cuando llego a mi habitación me tira sobre la cama y me deja desnuda.

    -Ahí la tienes, es toda tuya. Hace lo que quieras.

    -Pero es mi mamá, no la quiero embarazar.

    -jajaja no seas tonto, para que tiene ese culo, dale vamos, ponla boca abajo.

    No tardó un segundo en hacerle caso, mientras ella se acostó a un costado sobre la cama para no perderse nada.

    Yo esperaba la embestida y eso fue, su pija entra en mi culo con fuerza, siento su calor entrando a mis entrañas, mientras ella escupía para lubricar la entrada. Empieza a moverse con fuerza, un mete y saca que me hacía pegar pequeños gritos.

    -Para, para (le da la orden y saca el largo pene, siento como que estoy cagando una anaconda)

    Después escucho como se lo chupa, hasta que le dice.

    -Ahora le toca a ella

    Entre los dos me ponen boca arriba con la cabeza colgando por un lado de la cama. Alejandra me tomaba de la cabeza mientras Ignacio empezaba a meter la poronga en mi boca.

    -Dale métela toda.

    Empieza a sacudir con fuerza su pija en mi boca, salía y entraba cada vez con más fuerza, ello lo alentaba.

    -¡Vamos! ¡Vamos! empuja que entra toda.

    Casi no podía respirar pero ellos seguían empujando, de pronto siento que llega a mi garganta y tengo arcadas, pero él parecía más empecinado en meterla hasta el fondo y empuja más, siento que me la estoy tragando y de repente sale un chorro de semen que inunda mi boca.

    La saca y se la mete Alejandra en boca, la chupa con fuerza y enseguida empiezan a coger a mi lado. Yo ya era un accesorio, estuvieron cogiendo como una hora en todas las posiciones posibles, yo me hice la dormida. Luego me dejaron y se fueron a la habitación de Ignacio.

    Quede sola, todavía me dolía el culo y la garganta, podía escuchar los gemidos de Alejandra, luego quedo dormida.

    Al otro día me levanto temprano para preparar el desayuno al media hora llega Ignacio.

    -Hola Ma ¿Cómo estás?

    -Bien, me duele la cabeza, pero bien.

    -Debe ser porque tomaste mucho anoche.

    -Sí, puede ser.

    No sé si sabía que yo no estaba borracha, pero se ve que los dos decidimos seguir el juego e hicimos como si todo hubiese sido un sueño.

    A la tarde me llama Alejandra y esa es otra historia.

  • Mi vecina hace cornudo al marido

    Mi vecina hace cornudo al marido

    En los últimos días han sido varios los relatos que he subido. La verdad es que la aceptación ha sido buena ya que varias personas me han escrito… y eso ayuda bastante a seguir escribiendo. Agradezco que invirtáis vuestros minutos en leer lo que escribo y que, encima, os guste.

    En esta ocasión antes del relato en sí debo contaros algo para que lo entendáis bien. Los relatos que he subido hasta ahora, aunque contienen detalles reales, son más fruto de mi imaginación. Sin embargo el que a continuación escribo es totalmente real. Todo lo que cuento ha sucedido en realidad. Puede parecer, seguro, menos “fuerte” que otros que he escrito antes, pero el hecho de que sea totalmente real y me ocurriera a mí me lo hace muy morboso. Espero que a vosotros y vosotras también, claro.

    Por ello, además, me tenéis que permitir que en unas líneas os cuente algunos detalles para que entendáis bien el relato.

    Vivo en una localidad de Sevilla. Concretamente dentro de esa localidad, en un barrio bastante nuevo. Con nuevo quiero decir que es de construcción reciente pero que además, en su mayoría, la gente que en él habitamos somos gente joven. Eso explica que entre semana sea difícil encontrar a gente en mi barrio. Y en el fin de semana ni os cuento.

    Entre semana la gente trabaja y las casas están cerradas a cal y canto la mayoría del tiempo. En el fin de semana la gente que no es de aquí se marcha a visitar a la familia, los que tienen un piso en la playa también se van… En los fines de semana mi barrio parece un barrio fantasma. Algo bueno, eso sí, para aparcar el coche.

    Pues precisamente era un viernes de hace unos meses cuando ocurrió todo. Yo había salido del curro el viernes al mediodía y me encaminaba desde Sevilla a mi casa en el coche. Sería un viernes tarde y noche tranquilo. Mi mujer trabaja en unos grandes almacenes. Estaba de inventario así que saldría antes y encima el sábado debía volver a primera hora. Así que se quedaba en la casa de sus padres, que vivían en la propia Sevilla. Era algo tonto desplazarse tanto para tan poco tiempo.

    Mis planes… ver la tele, beber cerveza y poco más.

    Además era un día de esos grises, con llovizna.

    Pues nada. De camino a casa parada en el Carrefour y cerveza al carro.

    Un cuarto de hora aparcaba en mi barrio y me iba a mi casa con la bolsa de la compra y las cosas del curro.

    Al pasar por la casa de mi vecino se abrió la puerta. Salió mi vecino cargando un par de maletas.

    – Qué? Una escapada? -le dije deteniéndome.

    -Eh? Hola! Una escapada?? Ojalá!! Trabajo, amigo, trabajo. Mi empresa será muy buena pero tiene las cosas de poner una reunión mañana sábado y encima en Bilbao. Imagínate.

    -Ostia, gran putada.

    -Pues ya ves, macho. Maleta y manta -dijo mientras metía las maletas en el coche.- Y me voy pitando que ya lo que me falta es perder el avión. Nos vemos la semana que viene.

    Y diciendo esto, dándome un toque en el hombro, se fue.

    Yo entré en casa, metí la cerveza al frío y empecé a perder el tiempo de la tarde.

    Aprovecharé un momento ahora para contaros algo sobre mis vecinos.

    Vivimos en una serie de casitas pareadas. Este vecino en concreto no llevaba mucho tiempo entonces viviendo allí. Unos tres meses creo recordar. Trabaja en una empresa bastante importante. Y yo le envidio por los coches que tiene… Su mujer no me da envidia pero sí bastante morbo. Ambos serán de mi edad. Unos 35 años y tienen un par de niñas. La mujer es lo que se dice por aquí una “jaquetona”. Es una mujer no gorda pero grande. Es alta y de formas contundentes. Morena, ojos oscuros, casi algo agitanada, podríamos decir. Dos tetas bien puestas, un culo respingón y una cara bonita. La verdad es que siempre me pregunto cómo ha tenido dos niñas y tener ese cuerpo. Va casi siempre, o yo la veo casi siempre, en ropa deportiva. Su ropa típica son las típicas mallas de deporte, zapatillas deportivas y tal. Algunas veces la he visto en vaqueros ceñidos, pero pocas.

    Y os contaré una cosa más. Al fin y al cabo puedo sincerarme por aquí. Hace algo de tiempo me di cuenta que tiende la ropa en un tendedero portátil en la terraza. Nuestras casas tienen unas pequeñas terrazas en la parte delantera y desde una se puede ver sin problemas la de los lados. Pues bien un día que salí para ver como de nublado andaba el día vi en ese tendedero colgada toda una colección de ropa interior que hizo que un poco más y una ambulancia tuviera que ir a por mí. Un par de tangas de hilo negros, unas braguitas naranjas brillantes, unas blancas y un par de ellas de encaje rojo. No os engañaré. Desde ese momento cada vez que la veo me pregunto qué cojones llevará debajo de las mallas. No sé si es bueno o malo reconocerlo, pero es verdad que cada vez que la veo me la como con las miradas. Habrá tías mejores. Pero para mí ésta es un ejemplo, si me lo permitís, de esas mujeres que se catalogan como Milf.

    En fin que me pierdo. Vuelvo a ese día. Mandé a la mierda la corbata y la camisa, me coloqué el pijama y me propuse echar una tarde sin muchos jaleos.

    Un par de horas después estaba hasta los cojones de la programación de la tele.

    Sobre las 20 me coloqué las zapatillas, algo de ropa de deporte y salí a correr un rato a la calle. La tarde se había llenado de niebla. Y la lluvia se había convertido en eso que se llama calabobos. Yo no soy un gran deportista así que con unos 20 minutos de carrera tuve más que suficiente. Un trozo de camino de vuelta a casa lo tuve que hacer caminando.

    Al llegar a una isleta de contenedores de basura donde echamos los vecinos la basura vi tirándola a mi vecina. La verdad es que yo creía que no estaría por allí después de que el marido se fuera, pero allí estaba. La salude y nos fuimos caminando juntos para la casa.

    Yo hablaba con ella y de camino le daba un repaso visual. Gracias a esa caminata con ella me enteré que las niñas estaban en Sevilla con los abuelos y que su marido ya iba en el avión. Llegamos a su puerta y mientras hablábamos de temas triviales yo me imaginaba haciéndole de todo, disfrutando de su cuerpazo. Pero vamos, al par de minutos se había ido ella a su casa y yo entraba en la mía.

    Me fui a la ducha y me coloqué de nuevo el pijama. Luego una cerveza y algo de tele. Hablar con mi mujer por teléfono. Otra cerveza, Iniciar una película. Y no terminarla. Iniciar otra. A eso de las 11 me vecina se puso a ducharse. Lo escuché perfectamente porque las casas donde vivimos son muy curiosas: las ventanas están tela de aisladas con el climalit. No entra ni frio ni calor ni nada de ruego. Pero las paredes… bueno no están muy aisladas por lo que se ve.

    Escucha por tanto el agua de la ducha correr. Y me imaginaba el agua deslizándose por su cuerpo… ufffff. Decidí ponerme a ver la tele.

    Unos minutos después escuché a mi vecina caminar en tacones, cerrar la puerta e irse.

    Iría a algún lugar. Yo en concreto donde fui un rato después fue a la cama. Me puse en ella a leer un rato y luego me quedé dormido, pensando que mi vecina estaría a pocos metros de mi sola también en la cama aquella noche. Su habitación está justo al otro lado de mi pared.

    Sería cerca de las dos cuando me desperté. Se había levantado mucho viento y se escuchaba un sonido metálico fuerte. Me levanté cagándome en todo para ir a la terraza. Sería cualquier cosa moviéndose por el viento. Pero nada de nada.

    Allí no había nada y no se escuchaba además.

    Volví al dormitorio. Ya no se escuchaba. Espera… si. Se escuchaba. Qué cojones era ese sonido metálico? De pronto se volvió más rítmico. Empecé a imaginar lo que podía ser con una mezcla entre sorpresa, deseo y morbo.

    Un leve gemido me dijo que estaba en lo cierto. Alguien se estaba tirando a mi vecina en su cama.

    Mi corazón se aceleró y mi polla, no os lo ocultaré, empezó a hincharse.

    Y no sé si fue porque al saber lo que era mi oído se hizo al sonido, si fue porque me acerqué más a la pared, o si ellos con la acción elevaron la voz. Pero empecé a escuchar trozo de frases que hicieron que mi deseo de cruzar la pared fuera descomunal. Literalmente, os pongo algunas de las cosas que escuché de la boca de mi vecina porque se me quedaron grabadas casi a fuego:

    “Si, si, así, así.”

    “Joder, que bueno eres”

    “cómetelo, cómetelo”

    “Ponte arriba tu ahora”

    Y escuche una voz de tío, que desde luego no era la de mi vecino, decir que:

    “Vaya culo tienes zorra”

    No pares de chupar”

    Yo la verdad es que me masturbaba escuchando eso, salpicado de gemidos. A continuación escuché retazos de una cosa que me puso más cachondo si eso era posible. Era mi vecina diciendo que

    “Por ahí no, por ahí no… vale, vale, pero despacito… yo te aviso… sigue, va bien… que rico, joder… dame fuerte, dame fuerte…”

    Y el sonido metálico del inicio se hizo más fuerte. Para terminar un gemido del tío y lo que yo diría que era una cachetada al culo. Luego el silencio.

    Fui al baño de mi casa y terminé de masturbarme pensando en mi vecina follando.

    Cuando volví a la cama seguía sin escucharse nada más, así que volví a acostarme. Al rato de estar allí escuché el grifo de mis vecinos del baño, y la ducha. Aguanté el sueño deseando que volvieran a follar de nuevo y escucharlo todo. Pero lo que se escuchó media hora después fue la puerta de mi vecina abrirse y cerrarse. Me quedé a la escucha pero nada de nada. Un poco después me quedé dormido.

    Desde ese día, cada vez que veo a mi vecina me la imagino como vosotros os podéis hacer una idea. Con esas tetas botando, con ese cuerpo moviéndose en la cama con otro… Le meto yo ficha alguna vez aunque por ahora con poco éxito, supongo que no soy su tipo o que eso de follarse al vecino… Pero cada vez que recuerdo aquella noche… uffff.

  • Comidas familiares

    Comidas familiares

    A todos les doy la bienvenida, así como espero que tengan la mejor, aquellos que leen este escrito con ese firme propósito.

    Es el primer relato que escribo, después de mucho leer en esta y otras páginas, los incontables relatos de ésta y otras variadas temáticas. Sinceramente, les deseo pasen un agradable rato con el que puedan disfrutar este efímero tiempo prestado que se llama vida.

    La historia es ficticia, aunque a muchos nos gustaría vivir una vida como la que a continuación relataré. Más allá de ser predominantemente de amor filial, abarca muchas más categorías, que cada quien elija la comida de su preferencia, pues si es de su agrado continuaré indefinidamente mientras exista un lector a quien agraden mis letras. Por el momento pienso escribir dos relatos en varias entregas, cada uno compilará algunas historias cortas sobre los mismos personajes y en diferentes tiempos.

    Tras la pequeña introducción:

    Prólogo.

    Me llamo Esteban, con 18 años cumplidos y proveedor económico de la casa. Vivo junto a mi Madre Remedios, una mujer de 35 años, ni gorda ni flaca, apenas con un pequeño abultamiento; unos enormes pechos con areolas rosadas, casi tirando a rojizas; unas nalgas firmes, pero suaves, inabarcables con las manos; su panocha es simplemente hermosa, sus abultados labios mayores dejan sobresalir uno elásticos y largos labios menores, sin embargo, casi no pueden verse si no se abre uno paso entre su selvática jungla de vello púbico, es una de mis partes preferidas de su cuerpo, no le dejo que se lo afeite, al igual que el vello de sus axilas. Sé que a muchos hombres y mujeres no les gusta una mujer de tal estética peluda, pero a mí y a las muchas otras personas que sí, mi mami es un bálsamo lujurioso en este desierto depilatorio, aunque para ser franco, no la dejo que se deje crecer el vello de las piernas, eso sí no.

    Por otra parte, también viven con nosotros mis hermanas mellizas, Sandra y Roxana, ellas son las mayores por un año, pero para ser fieles a la realidad, a ellas lo suyo es vivir de gratis, y no es que sean flojas, pero son muy caseras. Preguntarán la razón de ello. Aun cuando son muy hermosas, su autoestima se ve vulnerada en la vía pública, y es que cuando ellas nacieron, estaban pegadas por el tórax, cada una tiene sus órganos independientes de la otra, pero en el tiempo en que nacieron, mis padres no trabajaban de manera formal por lo que no podían acceder a la seguridad social y unos meses antes de nacer yo, mi padre sufrió un accidente de trabajo del que no pudo recuperarse. Ellas al igual que mi madre tienen atributos de escándalo y a pesar de su estado corporal, tienen unos pechos incluso más grandes que los de nuestra progenitora, sus aureolas son de un rosa muy intenso. Lo malo de ellas a mi juicio, es que a diferencia de mi mami, ellas detestan el más mínimo vello corporal. Algún día, espero hacerlas cambiar de parecer.

    Desayuno del mediodía.

    Hoy me levanto ya algo tarde, veo el reloj de la habitación y me doy cuenta de que es mediodía del sábado, la noche anterior fue muy álgida. Me dirijo al baño a orinar completamente desnudo. Tras darme una ducha rápida, bajo a la cocina y veo a mi familia reunida y sentada a la mesa.

    -¿cómo están mi hermosas mujeres?

    Las tres desnudas completamente y recién aseadas, sentadas a la mesa y con casi todo servido.

    -Hambrientas, te estábamos esperando.

    -Perdona mami, estaba tomando un baño. ¿Listas, de quien es el turno?

    -Pues de Roxy, como te la pasas toda la semana ocupado en la tienda, ni llevas la cuenta de los turnos. Mírala, pobrecita, la tienes olvidada desde hace cuatro días.

    -Más bien, dirás que son un par de aprovechadas, si ya saben, por qué no me dicen, como saben que no dice nada le quitan el turno.

    -Ya hijo, no nos regañes y atiéndela.

    Roxana asió mi pija y se la llevó a los labios, pasándolos por ellos como si de un lápiz labial se tratare, besó mi glande lentamente, viéndome a los ojos con los suyos vidriosos y mirada suplicante. Sacó la lengua apenas un poco para poder saborearme el meato con la punta de sus papilas, y extraer mi líquido preseminal llevárselo al interior de su gruta lingual apenas abierta. Esa técnica era increíble, sólo ella puede hacer ese tipo de cosas. Saboreó y volvió al ataque, con toda la extensión de su miembro bucal, lamió desde el frenillo hasta la base de mi pene y regresó pero no se detuvo hasta llegar a la base de mis bolas. Se relamió sus labios e intempestivamente se metió mis 17 cm en su boca, succionando como si fuera un popote (pajilla), al menos tardó unos cinco minutos en lo mismo, para después sacársela y lamerla en toda su extensión y caras de mi cipote, una vez saciada, inició un frenético mete y saca al principio y cambiando la velocidad, de rápido a despacio, a veces extremando las velocidades exageradamente.

    Ya estaba a punto de venirme, pero el placer era inmenso para poder hablar, me tensé y Roxy lo sintió, cogió el tupperware y me ordeñó manualmente en la mesa. Las mellizas se levantaron, las tetas enormes, pero firmes se bambolearon levemente y Rox sin soltarme de la polla me la acercó a su rajita babosita y caliente.

    -Creí que no terminarían nunca.

    -Calma mami, a mi hermanito se le tiene que tratar así para que entregue una carga abundante y fresca.

    -Tienes razón cariño, ahora lo necesitamos más que nunca. ¿Verdad Sandra?

    -Bueno, sólo ella se puede dar esos lujos, es la única que no carga nada.

    -Te equivocas hermana, desde hace un mes que estamos parejas, apenas me di cuenta.

    -¿Pero cómo?

    -Una mañana estabas semi dormida, casi te tuve que llevar cargando al baño, ibas con los ojos a medio abrir y por eso no te diste cuenta que agarré una de las pruebas de embarazo.

    -Felicidades mi niña hermosa.

    -Sí hermana, ya tenías que alcanzarnos.

    -Mamá se levantó y las abrazó.

    Se volvieron a sentar, menos mamá, quien me ayudó lingualmente con mi amigo y una vez repuesto se sentó sobre mí, alojando a mi tubo en su cueva maternal.

    Iniciamos el desayuno, el vientre de cinco meses de mamá ya empezaba a sentirse, pero estaba preciosa mientras untaba una parte de su concha (pan dulce mexicano) en el tupper con mi semen s modo de mermelada y luego lo remoja en el vaso de leche, para llevárselo a la boca y degustarlo. Mientras se deleitaba con su sabor, sus músculos vaginales parecían querer exprimir a mi miembro por lo mucho que su chocha se contraía.

    Siempre han sido así todas las comidas del día, a excepción de que sólo el fin de semana lo hacemos totalmente desnudos y le agrega lo especial a esos días, pero en general, sólo verlas comer es motivo de una acabada espontanea. Sandri y Roxy comen churros de azúcar untados en lefa filial, mientras que se desatoran el pan con leche fortificada con proteína espermática extraída días anteriores. Cada tanto Sandri aprovecha los juguitos de Roxyy con el mismo churro cubierto de lefa, cubriéndolo de saladitas babitas femeninas, lamiendo y chupando el pan antes de terminar de morderlo.

    Mami se termina su concha dulce e inicia con algo de granola y yoghurt con lactobacilos y espermas amorosos de su hijo, mastica y traga, mojando su garganta y más su concha llena de carne bañada en sus jugos maternos.

    En tanto que intento no venirme, mientras saboreo mi pastel de tres jugos filiales, envinado en rompope y los fluidos de mis hermanitas y mami (receta de familia). Su vagina caliente y resbalosa me envuelve, en tanto sus labios menores mojan mis testículos por lo largos que son.

    Termino mis huevos con tocino, en tanto que mi madre y hermanas finalizan de limpiar lingualmente los platos y utensilios de todo rastro espermático. Mamá se levanta con mi ayuda de su asiento especial, escurriendo un río de semillas de hijo. Lástima, la vacante ha sido tomada.

    Fue un desayuno tranquilo, los únicos que iniciaron el día trabajando, fueron los músculos vaginales de mami, pero están acostumbrados y lo mejor es que se les paga a manguerasos.

    Lavamos los platos y vamos a digerir a la sala, vemos la tv, mientras que mis panzonas Sandri y mami se recrean con las notas de los famosos, yo me ocupo de tomar mi bebida de la tarde, una cremita venida de las paredes vaginales de Roxy, casi parece semen, pero es puramente femenino, termino enjuagándome con un añejo y ambarino licor de vejiga.

    Esperen a ver que hay para comer, de seguro será una comida familiar muy entusiasta.

    Creo que no desarrollé bien la trama, pero lo publicaré esperando que amables lectores opinen como mejorarlo de acuerdo a sus gustos personales, pero respetando el curso de la historia. Posteriormente republicaré el relato mejorado. Por favor, si les gustó algo, valórenlo, gracias.

    Si alguna mujer gustó del relato o parte del relato, sobre todo si es madre y tiene incesto con su(s) hijo(s) o le gustaría tenerlo pero no se atreve, me gustaría saber si se atreverían a realizar algo de lo que relato o si lo han hecho, cómo fue, no importa si es breve.

  • Una madurita se vuelve mi vecina y me entrega algo mas

    Una madurita se vuelve mi vecina y me entrega algo mas

    Estuve cuatro días sin ver a Cintia, mi madura vecina, solo le mande mensajes para saber dónde estaba y que hacía, empezaba a conocerla mejor y a controlarla poco a poco, lo que ella misma facilitaba y hasta provocaba pidiéndome permiso para hacer sus cosas. El último día le ordene ir de compras para cambiar algo de su guardarropa por algo más sexy y sin negarse a nada me estuvo mandando fotos de todo lo que se probaba en el vestidor de una tienda, compro vestidos, faldas, blusas y tangas, me pidió permiso para comprar sostenes pero se lo negué diciendo que me gustaba que fuera sin el mostrando sus tetas y pezones parados.

    El viernes salía con mis compañeros de oficina y lo iba a usar como excusa para ver nuevamente a Cintia, le dije que se pusiera un vestido negro que iba bien pegado a su cuerpo, resaltaba su delgada cintura y sus curvas, llegaba bastante arriba de las rodillas y dejaba ver sus delgadas pero firmes piernas, usaría el cabello suelto y tacones de aguja para complementar. Fui con mis compañeros y me retire temprano con una excusa tonta para ir al bar donde vería a mi madura vecina, llegue unos minutos antes y le avise que la esperaba en la mesa del fondo, no necesito avisarme cuando llego porque causo revuelo al entrar con ese minivestido que resaltaba su belleza, se veía aún más sexy que en las fotos, su caminar sensual y su rostro completaban el cuadro de una auténtica milf que hacia voltear a todos los hombres en el lugar, incluso a algunas mujeres también.

    Cuando llego frente a mi me levante del sillón donde estaba para saludarla con beso de lengua y un repaso a sus nalgas, nos sentamos y estuvimos un buen rato bebiendo y platicando, nos cachondeábamos uno al otro con caricias y besos, parecíamos novios de secundaria, me pidió permiso de ir al sanitario y le dije que tendría que ir caminando de la forma más sensual que pudiera para dar el espectáculo que todos esperaban u que debía regresar con su tanga en la mano la que me entregaría. Dudo un momento pero se levantó y camino como se lo pedí, parecía que todo se hubiera paralizado mientras caminaba y dejaba a todos disfrutar de su sensualidad que yo hasta entonces también desconocía, al regreso venía aún más sensual y cuando llego conmigo me dio su tanga en la mano que sentí un poco húmeda, me beso y se sentó en mis piernas, continuamos los arrumacos y besos hasta que no aguante más la calentura y pedí la cuenta para irnos de ahí. Salimos abrazados y subimos a mi auto, ella había llegado en taxi dejando al chofer buen caliente con la visión de su escultural y delgada silueta, cuando íbamos en camino la tome de la cabeza y la baje para que me diera una mamada, sin decir nada entendió el mensaje, saco mi verga del pantalón y se la metió en la boca, íbamos llegando al edificio donde vivíamos pero había algunos vecinos entrando y para hacer tiempo pare en un parque a unas cuadras, Cintia seguía pegada a mi verga y cuando nos estuvimos moví mi asiento lo más atrás que pude para que se sentara sobre mi metiendo mi verga en su encharcada vagina aprovechando que no llevaba ropa interior, baje la parte superior del vestido dejando sus tetas libres para acariciarlas y succionarlas, ella se movía adelante y atrás con mi miembro hasta el fondo y se vino en un rico orgasmo, con sus convulsiones apretaba más su vagina y me exprimió toda la leche que tenía acumulada, descansando en la misma posición y con mi verga todavía en el fondo me dijo que la había puesto muy caliente cuando le había hecho enviarme fotos desde el vestidor y la forma en que calentó a todos en el bar.

    Volvimos al edificio y entramos sigilosamente a su departamento para no levantar sospechas, aún era temprano y había movimiento en las otras casas.

    En cuanto entramos a su casa se colgó a mi cuello y empezamos a basarnos y a quitarme la ropa, yo solo saque su vestido por la cabeza y quedo solo en los tacones de aguja, se veía espectacular esa milf caminando y dando vueltas en el salón para dejarme admirarla y de paso hacer que mi verga volviera a cobrar vida. Cuando no aguante más la calentura la cargue sobre mi hombro y la lleve así a su habitación, su 1.58 de estatura y su delgado pero sensual cuerpo facilitaba que la moviera a mi antojo con mis 1.85 y 90 kilos, la tire en la cama de espaldas le di la vuelta para que quedara boca abajo, la jale hacia mi tomándola de los pies y abriendo sus piernas metí mi cara entre sus nalgas para saborear su culo, ella se retorcía y gemía de placer con mis caricias, metí dos dedos en su vagina y luego uno de ellos en el culo, lo metía y sacaba un rato para volver a hacer lo mismo en su vagina y regresar, cuando creí que estaba un poco dilatado me levante y puse la punta de mi verga en la entrada de su culo, ella me dijo que esperara porque tenía algo para hacerlo mejor en su primera vez, tomo algo del cajón al lado de la cama y se giró quedando boca arriba, saco un tubo con lubricante y me pidió acercarme, estaba entre sus piernas besando sus labios mientras ella con una mano extendía el lubricante por mi verga y con la otra lubricaba su culo, me soltó y así en posición de misionero me dijo que hiciera con ella lo que quisiera pero que tuviera cuidado porque era su primera vez.

    Me acerque más a ella, puse mi verga en la entrada de su culo pero no atinaba, por la posición fue ella la que tomo el tronco y dejo la punta en su entrada trasera, fui empujando lentamente mientras nos veíamos a los ojos hasta que entro la cabeza, ella tenía cara de dolor pero aguantaba, seguí empujando y ella reprimía un grito de dolor, deje de moverme unos segundos, con una sonrisa y viendo a sus ojos metí de un jalón el resto de verga, ahora si dejo salir un grito y apretó sus manos que me tomaban de los brazos, un último empujón y sentí mis huevos chocar con sus nalgas, una lagrima salió de sus ojos pero con otra sonrisa me dio a entender que podía continuar. Comencé a moverme en su interior lentamente, sacaba un poco y volvía a meterlo, fui subiendo poco a poco la velocidad y profundidad de mis penetraciones y ella a su vez se retorcía de placer bajo mi cuerpo, en un momento comenzó a gritar, a rasguñarme con sus uñas y a temblar con un orgasmo más intenso de los que había experimentado antes, sus gritos bajaron de intensidad paro continuaron junto con contracciones en su recto que apretaba y jalaban hacia dentro mi verga, parecía tener un orgasmo continuo y cuando enredo sus piernas en mi cintura no me pude contener dejando ir mi orgasmo en su recién estrenado culo y gritando los dos dejamos de movernos acostados en la cama, con cuidado salí de ella y pude ver como escurrían jugos de su vagina hasta su ano mezclándose con parte de mi leche que salía de ahí.

    Me tire a su lado a descansar y ella se recortó sobre mí, me dio un beso en los labios y me dio las gracias, diciendo que nunca se imaginó tener un orgasmo de esa forma y menos que su primer anal fuera tan satisfactorio, cuando me pregunto si también lo había disfrutado sonó mi teléfono que estaba en el pantalón tirado en el piso, ella se levantó de un salto, quedo como congelada un momento y luego dio unos pasos lentos hasta coger mi teléfono y entregármelo.

    Era mi esposa quien llamaba y Cintia se dio cuenta, conteste la llamada y ella sin hacer ningún ruido se recostó en mi pecho, me besaba el cuello y fue bajando beso a beso hasta tener mi verga a su alcance y limpiarla con su boca mientras mi mujer me decía que se había asustado por unos gritos de la vecina pero que al parecer eran provocados por un amante.

    Me dijo que eso la había calentado y que me esperaba para que la hiciera gritar a ella como el desconocido amante a nuestra madura vecina. Termine la llamada y retire a Cintia de mi verga que había vuelto a poner dura con sus caricias bucales, me vestí y fui a mi casa a tratar de hacer mi mejor esfuerzo por complacer ahora a mi esposa.

  • Continuación de El bosque (6)

    Continuación de El bosque (6)

    Además, mis dueños me maquillan cada vez que voy a visitarlos y así, maquillado, me llevan a veces a pasear por la ciudad…

    Siempre vamos en taxi y siempre el chofer no deja de mirarme por el espejo retrovisor… Cuando es un madurón o un viejo fantaseo que me usa…

    ¡Ah! ¡Y una gran noticia!… Mis padres se fueron ayer de vacaciones por un mes… Yo quedé solo y libre a tiempo completo para mis dueños y para el señor Cristino… Cuando ayer se los dije festejaron con una gran culeada que incluyó, por supuesto, una fenomenal mamada a los tres… Me tiene loco la leche de hombre… ¡Es un licor exquisito!…

    -¡No me digas! ¡qué gran noticia!… –se entusiasmó el señor Rolando y aplaudieron también el señor Gervasio y el señor Cristino…

    -Te venís acá, entonces, al cuarto de huéspedes…

    -Ay, sí, señor Rolando, me encantaría…

    -Bueno, te quedás ya, ¿y sabés qué? No sólo vas a ser nuestro puto, vas a ser también nuestra sirvienta…

    -Sí, yo soy todo lo que ustedes quieran… -dije totalmente entregado y caliente…

    Ya me mudé a casa del señor Rolando y me ocupo de las tareas domésticas vistiendo el uniforme de mucama… ¿Y cuál es mi salario? ¡Esas pijas hermosas que me llenan de leche el culo y la boca!… Me cogen todos los días… ¡Qué maravilla!… Y varias veces a la semana se suma el señor Cristino… Ahí es cuando el culo me arde un poco al terminar, pero ¡qué me importa!… Soy cada vez más un feliz puto… ¡muy puto!…

    Me encanta mirarme al espejo vestido de mucama y qué decir cuando me llevan vestido así a la ciudad… En esos casos los hombres me miran mucho y eso me calienta…

    ¡Ay, que no se terminen nunca las vacaciones de papá y mamá!…

    Pero se terminaron, aunque eso no me impide ir todas las tardes a la cabaña del señor Rolando y ponerme a disposición de mis dueños…

    Varias veces a la semana se suma la señora Carmen, en su local, en la cabaña o en su casa, donde tenemos sesiones de sexo grupal…

    Mi pelo ha crecido bastante y eso le encanta a la señora Carmen y a mis dueños…

    -Está hermoso con ese pelo que ya le llega a los hombros, y con ese maquillaje parece más mujer que nunca… -opinó ayer la señora y mis dueños coincidieron…

    La señora se comodó en la cama, recostada contra la cabecera y me dijo: -Vení, bebé… Vení que mami te va a dar la teta…

    -¡Ay, sí, mami!… contesté entusiasmado y me recosté a su lado, pegado a ella mientras el señor Rolando y el señor Gervasio observaban junto a la cama…

    Me prendí al pezón duro y parado y empecé a chupar extasiado por este nuevo placer que he descubierto…

    Además, me encanta cómo me coge la señora Carmen… Se sienta en la cama con la espalda apoyada en la cabecera, armada con su cinturonga, y yo me siento de manera que el falo se clava en mi culo… Es tanto el placer que hasta disfruto de ese dolor inicial, un dolor voluptuoso… Cuando está todo adentro y el dolor ya ha desaparecido, la señora abre las piernas y mis dueños, uno después del otro, se paran ante mí para hacerme tomar el biberón… ¡Ay, es glorioso ser violado mientras se las chupo y me llenan la boca de semen que trago hasta la última gota!…

    En manos de estos perversos debo ser el puto más feliz del mundo…

    (continuará)

  • Mis mujeres: Dora y Laura (Parte 2)

    Mis mujeres: Dora y Laura (Parte 2)

    Me desperté solo y desnudo en la cama, repase lo sucedido horas antes, había asumido lo ocurrido como un aprendiz dispuesto a recibir lecciones, me llevaron a parajes no por ello desconocidos pero nunca practicados, aquella sensualidad, aquella exuberancia del goce y el placer sexual sólo se pueden descubrir con la puesta en práctica, por ello asumí aquella noche plenamente mi sumisión al aprendizaje.

    Antes de entrar en la cocina la observe desde la puerta, ahí estaba Laura de espaldas hablando por teléfono por la conversación deduje con su madre, descalza, vestida con una camiseta y unas mallas que vista por detrás le marcaba perfectamente las nalgas de su culito respingón, llevaba el pelo recogido en una cola. No se había percatado de mi presencia, pues se disponía a colocar tranquilamente cosas en el lavavajillas.

    – Buenos días -como llegando en aquel momento.

    – Buenos días -sobresaltándose pero sonriendo mientras se giraba.

    – ¿Has dormido bien? -pregunto con cierta malicia en su cara.

    – Más o menos… algo cansado pero satisfecho, por cierto no he encontrado mi ropa y para no salir desnudo me puse de la tuya que encontré en el vestidor.

    – No te queda mal -llevaba puesto una camiseta y un pantalón de chándal.

    Se me acerco por detrás y me acaricio el culo suavemente mientras tomándome por la cintura, acercándose a mi oído.

    – Antes de que se me olvide siento todo lo sucedido anoche, quizás nos pasamos.

    Baje la mirada y estremeciéndome suavemente – ah, sí… pues yo la verdad no lo siento.

    A cambio de mi entusiasmo descarado recibí una colleja.

    – Desde luego aprendes rápido.

    – Siempre es interesante aprender cosas nuevas y más con profesoras como vosotras.

    – Quieres almorzar, puedo preparar chocolate -apunto.

    – Me gusta el chocolate, ¿dónde está mi prima?

    – Ha salido de compras y peluquería, dijo que no la esperáramos y que nosotros a nuestro aire.

    – Interesante eso de “nuestro aire“, sois muy buenas amigas, ¿no?

    – Me considero bisexual, si quisiera no me importaría convivir con ella y tenerla de pareja, hace tiempo que se lo propuse estoy enamorada de ella.

    – Buena pareja, por descontado.

    – De verdad no te molesto lo de anoche…

    – No, en absoluto, las fantasías sexuales pueden despertar en uno mismo deseos y disfrutarlo sin prejuicios, lo pase bien aunque mejor vosotras, era yo un neófito en la materia.

    – Pero aprendes rápido, tu sumisión fue absoluta a nuestros caprichos -.

    – Y me gustó, ¿sabes? me gustó de verdad, aunque tú disfrutaste más llevando el mando.

    – Bueno ella también se lo pasó bien.

    – Creo que te gusta someter a la gente, tenerlas a tu antojo, anoche llevabas…

    – No te creas, sinceramente tengo que confesarte que prefiero en muchas ocasiones ser sumisa.

    Mientras preparaba el chocolate, de espaldas a mí seguía hablando de someter y ser sumisa, me estaba excitando, de pronto no pude contenerme más, la atrape por detrás rodeándole las caderas con un brazo y con la otra mano cogiéndole por el pelo.

    – Que haces imbécil, no le veo la puta gracia -dijo mientras trataba de zafarse.

    – Tranquila, vamos a comprobar lo sumisa y obediente que dices te gusta ser, anoche ordenabas tú, que te parece que ahora sea yo ¿de acuerdo?

    – Si… bueno tranquilo.

    – Si, ¿qué? ¿Que se dice cuando obedece?

    – Si, amo.

    – Así me gusta, ¿estás de acuerdo?

    – Si.

    – Si, ¿qué?

    – Si amo, seré obediente

    – Espero no tener que emplear la fuerza, no está en mi cabeza hacerlo, además de sumisa que más puedes ser.

    – Si amo , sere una perra obediente.

    -Sácate las mallas -sin soltarle yo del pelo, obedeció, llevaba unas braguitas blancas diminutas, le palpe los muslos por delante y el culo, pasé las manos bajo la camiseta no llevaba sujetador le acaricie los pechos y apreté los pezones entre los dedos pulgar e índice, aprecié como se le ponían duros, aumenté la presión y fue entonces cuando lanzó unos suspiros que pasaron a un gemido cuando la presión aumentó.

    – Perrita, tienes unas tetas preciosas, podría ahora morderte los pezones, pero quiero comprobar lo obediente que eres.

    – Ponte en cuclillas, apóyate con una mano en el suelo y con la otra quiero que te acaricies por encima de la braga.

    Como si le leyera la mente vi su vacilación, le respondí dándole una palmada en el culo.

    – En cuclillas -le ordené de nuevo, se volvió para mirarme.

    – Y ábrete bien de piernas -le dije mientras le daba otra palmada en el culo.

    Pasaron unos segundos sin ningún movimiento, pero al final obedeció.

    – Estate tranquila, vamos a disfrutar los dos, te lo aseguro.

    Empezó a desnudarme, ella me miraba alzando la vista mientras se acariciaba siguiendo mis órdenes, me saque lentamente el pantalón del chándal no llevaba nada debajo.

    -¡Dios! ¡Me pones tan caliente…! Mis dedos lo envolvieron, con el pulso acelerado el pene se me marcaba grande y duro lo acaricie perezosamente mirándola a los ojos en todo momento. El glande despuntaba en la abertura de la uretra, una tímida gota de esperma salía por la cabeza gruesa y encarnada de la polla, apreté exprimiéndola. Ella sonrió al ver mis maniobras y empezó a prodigarse con más intensidad las caricias siguiéndome con la mirada, el pene rígido, oscilando ante ella, me lo recorrí con una mano, arriba y abajo, parando en el capullo, frotando el frenillo, haciendo que el glande llorara gotas pre seminales que recogía tiernamente con el pulgar para luego extenderlas perezosamente por todo el tallo de la polla, la abarcaba entera con mis dedos, bajando y subiendo por ella.

    De pronto pare de masturbarme, no quería terminar de aquella manera, le hice sacar la lengua y que me limpiara el glande, lo lamió, después se la metí en la boca entre sus labios subía y bajaba, entrando y saliendo, se estaba poniendo cada vez más dura, hasta que paré.

    – Por ahora ya está bien de chupar… sígueme -con sumisión absoluta la acerque a la mesa de la cocina, le ordene subirse a ella y tumbarse boca arriba, con la cintura al borde de la mesa las nalgas y las piernas colgaban hacia el suelo, le subí la camiseta pasándola por detrás de la cabeza sin sacarle los brazos, de esta manera sin estar atada la tenía con los brazos inmovilizados.

    – Ahora no quiero que te caigas -con el papel film transparente y la envolví desde bajo los pechos al ombligo pasando por debajo de la mesa, le puse un par de sillas algo separadas para colocar los pies, levantar las piernas y de paso tener los muslos abiertos. Estaba su cuerpo tendido sobre la mesa, tan solo con las bragas puestas.

    – No vas hacerme daño

    – Relájate y tranquila ya te lo dije antes, no está en mi mente hacértelo, seguro que disfrutaras.

    – ¿Es imposible que de esta manera pueda disfrutar? -se quejó ella.

    – ¿Después de lo de anoche? seguro que aguantaras todo, procura no chillar no es mi intención taparte la boca.

    – Si amo, seré obediente.

    – Vamos a desayunar primero, tienes hambre.

    – Vale -asintiendo con la cabeza.

    – Tanto el sexo como la comida son placeres para obtener una satisfacción plena cuando los realizas y las dos pueden provocar placer. Vosotras tenéis la boca y la vagina que se parecen, las dos tienen labios y sirven para introducir cuerpos externos que son saboreados y comidos -Me miraba expectante los ojos abiertos como platos y a la vez creo que sorprendida por mis palabras.

    – Creo que te gusta mucho el chocolate -en mi inspección la noche anterior había visto cajas de bombones y chocolatinas.

    – Si, amo

    – Ves lamiéndolo y que no te caiga -le puse un bombón entre los labios sin introducírselo.

    Sin mediar ni una palabra más, baje la mano por dentro de la braga y entré un dedo en la vagina que se hundió por completo sin esfuerzo. Lo saque y entré dos, con ellos la folle un rato, se estaba humedeciendo y al empezaba a gemir, sospeche que podría correrse y saque los dedos.

    – Mi amo, con el gusto que me dabas, mmmm por favor…

    – No perrita, todavía no puedes, ahora vamos a dar de comer a tu otra boquita -cogí otro bombón separé la tela de la braga y se lo introduje.

    – Creo que aun cabe otro y procura que no salgan.

    Derrame a continuación chocolate del cazo aún caliente por sus pechos, con un dedo recorrí hasta un pezón lo pellizque y se puso duro, baje la cabeza y empezó a lamerlo para después mordisquearlo, pasé al otro y repetí la operación.

    – Tienes unas tetas preciosas, pero veo que está caliente como una perra en celo, derrotistas los bombones, ¿chorreas chocolate? -Había mojado las bragas y restos de chocolate sobresalían por entre la tela.

    – Si, mi amo.

    Saque unos bizcochos, uno se lo coloque por entre la braga y deje a que se empapase con la mezcla del chocolate y de sus jugos vaginales

    – Sé que te va gustar -se lo acerque a su boca, giró la cara apartándose de lo que le ofrecía.

    – Que delicada eres, no quieres comer, al fin y al cabo son sabores tuyos, tendré que castigarte.

    Fui al encuentro de la que ella había calificado la noche anterior “la bolsa del sexo“ donde guardaba una serie de objetos , por cierto alguno de ellos usados la noche anterior, la había visto en el baño.

    Saqué unas pinzas y le pinza los pezones, soltó un apagado “ayllu…”.

    – ¿Quieres comer ahora?

    – Si mi amo -obedeció, mientras empape otro bizcocho que comí yo, estaba delicioso.

    Repetí la operación, esta vez no puso reparos, con unas tijeras corté la braga por el medio de sus piernas, sus líquidos mezclados con el resto de chocolate salían por la vulva y se deslizaba entre el canal de las nalgas untando también la zona del ano.

    – Como veo que tienes el coñito caliente, es hora ya de calentar el otro agujero como se merece -unte los dedos con chocolate y empecé con uno, aunque presionaba las nalgas intentando ofrecer resistencia entró fácilmente y al poco probé con dos.

    – U que caliente está la perrita, acabamos de empezar y ya entran dos dedos… -gemía con cada embestida de mi mano.

    – Dime que estás pensando.

    – En correrme, mmmm por favor, haz que me corra amo.

    – No perrita, todavía no puedes, como lo hagas tendrás un nuevo castigo.

    En mis manos ahora un plugo anal, empiezo entrándole el extremo pequeño y redondeado, lentamente mientras se ensancha la inserción. Jadeaba, todo huele a chocolate. Agachado, chupo los gruesos labios menores en mi boca. Ahí los mantengo, imprimiéndoles un leve vaivén con mínimos movimientos de la mandíbula, hurgo con la punta de la lengua sin abandonar el vaivén. Le inserto del todo el plugo. Chilla, solloza. Emite unos berridos apenas humanos.

    – Ahhhh, dios! Para mi amo!!! Me corro, no poder evitarlo…

    Me aparto y contemplo el espectáculo. Una baba elástica de color amarronado resbala por entre las nalgas.

    – Con lo bien que lo estabas haciendo… Ahora te has ganado un castigo…

    – Si, mi amo, no pude aguantarme…

    Le coloco los pies en los respaldos y separo más las sillas de esta manera quedaban más levantadas las nalgas y abiertas las piernas, en mis manos sostengo la fusta.

    – Prepárate, porque has sido una zorra mala, con cada azote quiero que cuentes y me des las gracias.

    Y solté el primer azote, le da en las nalgas entre los muslos y el ano aun insertado. Uno… hasta diez.

    – Gracias amo.

    Obedeciendo a un impulso, le suelto los brazos. Contemplo sus maniobras, breves caricias tímidas al principio, pero pronto se embarca en una masturbación frenética. Le aparto las manos bruscamente y abro la vulva exponiendo el clítoris. Tiro de los labios en direcciones contrarias, con presión pareja y firme. El hueco pulsa, segrega, el clítoris hinchado es un tarro latiente y rojo. Se retuerce como si le aplicaran descargas eléctricas. Está a punto de volcar la mesa.

    – Oh, oh,… ahhhh -soltó

    – Follaje por favor, quiero sentirte dentro de mí.

    – ¿Sentir qué?

    – Tu… tu… polla, oh, por favor -gimió.

    – Te gusta así -murmuré, se retorció cuando le conduje el consolador anal más profundamente dentro.

    – Si, follaje por favor, quiero sentirte dentro de mí -grito después de un quejido, retorciéndose y meciendo sus caderas.

    Paré y la forcé elevándola y apoyando más su trasero desnudo sobre el borde de la mesa mientras zambullía mi polla en su hendidura.

    – Dios mío me matas ¡Oh, sí! ¡No pares! suplicaba mientras su cuerpo se llenaba de temblores y cerraba los ojos.

    – Así me gusta verte zorra, follada por todos tus agujero.

    – ¡Me matas! gritó lleno de ansiedad lujuriosa.

    – Córrete, ahora si te puedes correr como la perra que eres, con el culo y el coño lleno…

    – Tire de las pinzas de los pezones y corte el plástico que la envolvía, la incorporé sentándola sobre la mesa

    Se desploma exhausta, transportada y sin darle tiempo a recuperarse. Los brazos relajados con las manos sobre los muslos.

    Permanecí callado, sin dejar de mirarla, esperando a que ella respirase con más normalidad. Estaba claro que la cosa no iba a quedarse así.

    – ¿Perdón? Supongo que estarás molesta por lo que acaba de suceder.

    Suspiró – ¿por qué tengo que estarlo? aunque al principio tuve miedo de tus intenciones pero me ha gustado y he disfrutado. Y sin dejar de sonreír se inclinó hacia mí, manteniendo su expresión seductora, hasta rozar sus labios con los míos.

    – Has estado, sencillamente, esplendido -murmuró ella contra mi boca, mientras me acariciaba superficialmente entre las piernas, todavía cayeron unas gotas de semen de la polla flácida que recogió con el dedo y se echó a la boca.

    – ¿Quieres devolverme el favor? -inquirí junto a su oreja.

    – Vas por buen camino, aprendes muy rápido -no te lo niego.

    – He tenido una buena profesora que además es una perra bien guarra.

    Me aparté un poco para que ella pudiera tener mejor acceso al inicio de una nueva erección

    – Huma -se limitó a decir sin dejar de acarear.

    Hizo una mueca, apartó la mano -vamos a ducharnos…