Autor: admin

  • Iniciando en el sexo a su prima Luisiña

    Iniciando en el sexo a su prima Luisiña

    Hoy en día hay cosas que si una pareja hacen delante de una chica, la sorprendería, mas no le causaría asombro, pero en 1969, en una aldea gallega de menos de cincuenta habitantes, no es que causara asombro, es que casi le da un soponcio a Luisiña, una joven de 21 años, baja de estatura, morena, de cabello negro y largo, recogido en dos coletas, delgada, de tetas medianas, culo redondito y preciosa de cara.

    Los hechos ocurrieron así:

    La prima y el primo de Luisiña, Beatriz, de 19 años, una muchacha de larga melena pelirroja, alta, delgada, con buenas tetas y buen culo, y su hermano Esteban, un joven de 22 años, delgado, con melena rubia, alto y muy guapo, habían llegado de Inglaterra a la aldea con su madre para conocer a la familia materna.

    Un domingo, el padre de Luisiña la mandó al monte a apacentar las ovejas, las cabras y la burra. Su primo y su prima se anotaron a ir con ella. A la hora de comer, en el monte, sentadas las primas y el primo debajo de un pino manso, Luisiña sacó de la cesta el mantel, el pollo frito, el pan y el vino blanco, la gaseosa y dos vasos y se pusieron a comer… Estaban comiendo el pollo con las manos. Beatriz, viendo que Luisiña le iba a echar gaseosa al vino, le dijo:

    -¿Tan malo es el vino como para tener que echarle gaseosa?

    -Es vino blanco del país, no lo pude haber mejor, pero si lo bebes solo se te sube a la cabeza.

    Esteban le dijo a la prima:

    -Trae para acá la botella. Yo lo chupo sin bautizar.

    Luisiña le dio la botella y Esteban le echó un trago largo.

    -¡Sí, que sube, sí! ¡¡Me encanta!!

    Luisiña y Beatriz no quisieron ser menos que Esteban y también le echaron un buen trago.

    Luisiña, tenía curiosidad por saber cosas de Inglaterra y de los ingleses. Mientras comían, le preguntó a Beatriz:

    -¿En Londres visten todos tan floreados como vosotros?

    -Los hippies, sí, solemos vestir de la misma manera. Las chicas llevamos vestidos largos y floreados, calzamos sandalias, y en la cabeza llevamos una cinta y una flor. Los chicos una pañueleta en la cabeza, pantalones pintados…

    -¿Cómo te llaman entre los hippies, prima?

    -Biatris.

    -¿Y a ti, Esteban?

    -Stif.

    -¿Y a mí como me llamarían?

    -Carmina.

    -Lo dijiste como si tuvieras papas en la boca.

    -Es que lo pronuncian así.

    -¿Y qué coño sois los hippies?

    -Formamos un movimiento pacifista. Nuestro lema es: Haz el amor no la guerra. Practicamos el amor libre…

    -¿Qué es el amor libre?

    -Cada uno jode con quien le gusta, mujer con mujer, hombre con hombre, hombre con mujer…

    Esteban, le dijo:

    -Debías ver mundo, prima.

    -Para ver eso… ¿Es que no tiene nada más que ver Londres, prima?

    -Para los turistas. El Big Ben…

    -¿Eso qué es?

    -Un reloj muy antiguo.

    -¿De cuco?

    -¡Tú sí que eres cuca! Es un reloj… es un reloj muy grande que está en una torre.

    -¿Y qué más hay para ver?

    -El Puente de la Torre. Por debajo pasa el río Támesis

    -Aquí también tenemos un puente y por debajo pasa el río de Carmelita.

    -El Puente de la Torre es tan largo como tu aldea.

    -¡Si qué es largo, sí! ¿Y qué más hay para ver?

    -La Abadía de Westminster. El Palacio de Westminster, Hyde Park, la Catedral de san Pablo. Sait James Park. Los jardines de Kensigton. El zoo. Picadilly Circus con su fuente de Eros…

    -Aquí tenemos tres fuentes. Os ganamos.

    -¿Alguna tiene una estatua de Eros?

    -No, pero tienen agua fresquita, fresquita, fresquita.

    -Mejor lo dejamos. Si un día vas a Londres sabrás de lo que estoy hablando.

    Acabaron de comer. Estaban contentos los tres. Luisiña recogió y después le dijo a su prima y a su primo:

    -Voy a echar una siesta.

    Esteban tenía otros planes.

    -Yo voy a pasarlo bien. ¿Te animas, Bea?

    -Con un bomboncito al lado no tardaré en venirme.

    Luisiña no entendía nada.

    -No sé qué vais a hacer pero yo a lo mío.

    Luisiña se echó boca arriba en la hierba y cerró los ojos para dormir. Beatriz se echó al lado izquierdo de ella y Esteban al derecho. Cerraron los ojos, una se levantó el vestido y metió una mano dentro de las bragas y el otro sacó la polla. Se comenzaron a masturbar. Luisiña, que tenía el oído fino, sintió que su prima y su primo se estaban rascando, pero un minuto más tarde, como ya era mucho rascar, abrió los ojos y, asombrada, vio lo que estaba haciendo su prima.

    -¡¿Qué haces en el coño?!

    -Meto un dedo y pienso en ti. Soy algo lesbiana.

    -Lo que eres es una guarra. -miró para su primo. Se incorporó como si la empujara un muelle- ¡Hostias, pedazo de carallo!

    Esteban, sonrió. Le había gustado que le dijera que la tenía grande.

    -¿Te gusta?

    -¡Oh, oh!

    -¿Quieres tocarla?

    -¡No!

    Esteban le cogió una mano y se la llevó a la polla. Luisiña no había hecho fuerza para que no se la llevase. Beatriz se levantó. Se echó al lado de su hermano. Volvió a meter la mano dentro de las bragas y después metió la polla de Esteban en la boca y se la mamó. La boca de Beatriz llegaba hasta la mano de Luisiña. Luisiña se empezó a mojar.

    Al rato, Beatriz, dejó de mamar, y le preguntó a Luisiña:

    -¿Te hicieron alguna vez un cunnilingus?

    -¿Eso qué es?

    -Lo que le hizo el gato a Camiliña.

    -No.

    -Seguro que me lo dabas en un par de minutos.

    -¿Qué te daba?

    -El jugo de tu corrida, bonita.

    -Tú no sabes lo que dices.

    -Sé se, lo que no sabes tú es lo que te estás perdiendo.

    Luisiña sintió el ruido de un chapoteo, y le preguntó.

    – ¡¿Ese ruido lo hace tu coño?!

    -Lo hacen los dedos dentro de mi coño chapoteando en mi humedad.

    Beatriz quitó los dedos del coño. Lusiña vio que estaban mojados. Beatriz los llevó a la boca y los chupó. Bajó la cremallera del vestido… Luisiña vio sus grandes tetas con grandes pezones y enormes areolas negras y sintió como sus bragas se acababan de empapar. Beatriz se magreó las tetas, y le dijo a Luisiña:

    -¿Te gustan?

    -Yo también tengo dos.

    -¿Dejas que te las mamé?

    -A mí no me gustan las mujeres.

    Esteban le comió las tetas a su hermana. Beatriz le preguntó a Luisiña:

    -¿Besaste a alguna chica en la boca, Luisiña?

    -No.

    Beatriz acercó sus labios a los de Luisiña.

    -¡No lo intentes que me dejo!

    Beatriz le dio un pico. Luisiña no retiró los labios. La lengua de Beatriz recorrió sus labios y después entró en su boca. Acto seguido fue Esteban el que besó a su prima. El coño de Luisiña latía y no paraba de soltar jugo. Beatriz le llevó el pezón de la teta izquierda a la boca y Luisiña le chupó el pezón y la teta. Lusiña ya estaba desatada. Cogió la teta derecha de su prima y se la mamó. Esteban le agarró la cabeza a Luisiña y se la llevó a su polla. Se la chupó. Beatriz, ya estaba ardiendo. Le subió la camiseta a su prima.

    -Vamos a ver como son tus tetas, Luisiña.

    -Para, para que puede venir alguien.

    -Vigila, Esteban.

    Esteban, mientras vigilaba, le comió las tetas a su prima, unas tetas medianas, tirando a grandes, duras como piedras, con areolas rosadas y pezones grandes y erectos. Beatriz le quitó las bragas, que estaban chorreando. Metió la cabeza entre sus piernas.

    -¡Qué bien huele!! ¿Qué le echas, Luisiña?

    Le preguntó, y luego le lamió el coño.

    -¡Poooolvos de taaaalco!

    Beatriz, a pesar de su juventud, debió de comer coños por un tubo. Chupó, lamió y mamó, donde debía, como debía y en el momento en que debía, y tal y como había dicho, Luisiña, antes de dos minutos, dijo:

    -¡Estoy ardiendo! ¡¡Me voy a morir!! ¡¡¡Aaaaaa!!!

    Lusiña se corrió por vez primera. Beatriz bebió hasta la última gota de su jugo. Después, le besó los pezones de las tetas, la besó en la boca, y acto seguido, se quitó las bragas. Le puso en la boca aquel coño empapado de jugo, rodeado de vello pelirrojo, y le dijo:

    -Saca la lengua, prima.

    Luisiña sacó la lengua y Beatriz, magreándose las tetas. Se la folló hasta que, temblando, le dijo:

    -¡¡¡Aaaaacabo!!!

    Beatriz casi ahoga a su prima con la cascada de jugo que derramó en su boca. Fue una corrida inmensa.

    Al acabar de correrse su hermana, le dijo Esteban a Luisiña:

    -Ahora te voy a hacer correr yo con la polla, prima.

    -No, no que puedo quedar preñada. Además, la tienes muy grande. Nunca lo hice con un hombre y me reventarías.

    -Eso decía mi hermana y ahora más que tuviera.

    -¡¿Desvirgaste a tu hermana?!

    Le respondió Beatriz.

    -Y lo hizo tan bien que acabé corriéndome tres veces.

    -¡¿Tres?!

    Esteban no quería soltar la presa.

    -Sí, hice que se corriera tres veces. ¿Te masturbas, Luisiña?

    -¿Eso qué es?

    -Hacerse una paja. Aquí creo que le decís tirar una pera.

    -Nadie me enseñó a tirar una pera. Creía que sólo la hacían los hombres.

    -Si quieres te la tiro yo.

    Beatriz tenía otra opinión.

    -Mejor que se la haga ella, Esteban. Escucha, Lusiña, tienes que tocarte con los dedos mojados lo que tú llamas la pepitilla. Cerrar los ojos y pensar en alguien que te guste. Y después lo que tú quieras. Te jode, lo jodes, te come las tetas, te come el coño, te come el culo, le chupas la polla, lo comes a besos… Cuanto más cachonda te pongas más mojada vas a estar. Si quieres, puedes meter un dedo en el chocho. Al final, cuando sientas que te vas a correr, aceleras los movimientos de los dedos y te corres. ¿Entendiste?

    -Sí.

    -Échate boca arriba en la hierba y deja que veamos como lo haces.

    Luisiña se echó boca arriba sobre la hierba. Se levantó la falda. Mojó tres dedos en el coño y comenzó a acariciarlo. Beatriz le llevó los dedos de abajo arriba… hizo círculos sobre el clítoris… le llevó los dedos hacia los lados… Luego quitó su mano y Luisiña siguió sola.

    Beatriz y Esteban se masturbaron mirando para el coño peludo de Lusiña. Al rato, Beatriz, le preguntó:

    -¿Qué haces, o que te están haciendo, Luisiña?

    -Me estabais besando en la boca, tú y tu hermano.

    Beatriz y Esteban la besaron juntos y juntos le metieron las lenguas en la boca, lenguas que Lusiña chupó.

    Después siguieron masturbándose y mirando para su coño. Al rato, Beatriz, le metió el dedo medio en el culo. A Luisiña le gustó.

    -¡Qué gusto, prima! Chuparme las tetas.

    Beatriz le chupó la teta izquierda mientras le follaba el culo con el dedo y Esteban la derecha. Lusiña metió un dedo en el coño, y al ratito se estaba masturbando con dos dedos. Se había desvirgado sola.

    Beatriz, viendo a su prima follarse el coño con los dedos, le dijo a su hermano:

    -Métemela en el culo, Esteban.

    Luisiña, al oír a su prima, abrió los ojos. Beatriz tenía el culo cerca de su cara. Vio como le latía el ojete, y después como la polla de Esteban iba entrando en el culo de su prima. Al ratito, viendo entrar y salir la polla de su primo en el culo de su prima, a Luisiña le comenzó el hormigueo en los pies. Después se puso tensa, y exclamó:

    -¡Me viene el gusto otra vez!

    Beatriz, que se estaba masturbando con dos dedos dentro del coño, soltó un chorro de flujo que salió a presión.

    -¡Y a mí, prima, y ya mí!

    Esteban, se reservó. Quería follar a su prima.

    Al acabar de correrse las dos muchachas, le dijo a Luisiña:

    -¿Quieres correrte otra vez, prima?

    -Quiero.

    Esteban se echó boca arriba, y le dijo:

    -Sube.

    -¿Y si quedo preñada?

    -Tranquila, no me voy a correr dentro de tu coño

    Luisiña, subió encima de su primo. Beatriz le cogió la polla a su hermano y la frotó contra el coño empapado, después, hizo círculos con el glande en el ojete, que latía pidiendo guerra. Beatriz lo puso en la entrada, Luisiña echó el culo hacia atrás y metió la cabeza. Beatriz no dejó que la metiera más. Le quitó la polla del culo. Le volvió a frotar el coño con el glande, un coño que ya echaba por fuera. Lo puso en la entrada de la vagina. Lusiña, empujó y metió la cabeza. No le dolió, puede que fuese por la excitación. Beatriz quería jugar. Sacó la polla del coño de su prima y la volvió a poner en la entrada del ojete, esta vez, Luisiña, metió la polla con su culo hasta la mitad. Ya sus gemidos decían que se iba a correr. Beatriz la volvió a quitar y se la volvió a poner en la entrada de la vagina. Luisiña metió la polla hasta el fondo y folló a su primo hasta que sintió que le venía otra vez.

    -No me eches la leche dentro, primo, nooo ¡¡Oooooh!!

    Luisiña le apretó la polla con sus paredes vaginales, Esteban sintió los latidos de su miembro. Se corría sin remedio. Lo sacó. Beatriz vio salir el primer chorro de leche. Se la puso en la entrada del culo, y Luisiña, muriéndose de gusto, empujó con su culo hasta que se clavó la polla hasta el fondo.

    Después de recuperarse Luisiña, le dijo Beatriz:

    -¿Quieres aprender a mamar una polla, prima?

    -Sí, me gustaría saber a qué sabe la leche.

    Esteban tenía la polla baja. Luisiña cogió la gaseosa en la cesta. La abrió y la derramó por la polla de su primo. Las burbujas le hicieron cosquillas y la polla empezó a levantar la cabeza. Se la lavó bien lavada.

    Beatriz empezó con la lección.

    -Coge la polla y mueve tu mano de arriba abajo y de abajo arriba apretándola.

    Luisiña hizo lo que le dijo.

    -Mira como se hace.

    Beatriz le lamió y le chupó los cojones… lamió la polla desde los cojones al prepucio, le lamió la corona, le chupó el glande y después se la mamó varias veces metiéndola en la boca hasta la mitad.

    Luisiña, al acabar la lección, le dijo a su prima:

    -Es fácil.

    -Hazlo.

    Luisiña hizo todo como hiciera su prima, sólo que al mamarla la metió toda en la boca.

    Al acabar, le dijo Beatriz:

    -¡Joder, lo haces mejor que yo! De verte me empezó a picar el coño otra vez.

    -Luego me enseñas como comerlo.

    Luisiña y Beatriz se la mamaron a dúo. Hasta que Esteban no aguantó más, y le dijo a Lusiña:

    -¿No querías saber cómo sabe la leche de un hombre?

    -Sí, dámela.

    Luisiña metió la polla en la boca y al instante se le fue llenando de un líquido espeso y calentito. Lusiña se tragó hasta la última gota. Cuando Esteban acabó de correrse, le dijo Luisiña a Beatriz:

    -Sabe raro y huele raro, pero… ¡Que cachonda me puso!

    -¡Pues ala que a mí verte tragando la leche…! ¿Te aprendo ahora a comer el chocho?

    -Ya me tarda.

    Beatriz se puso a cuatro patas y se levantó el vestido. Luisiña se puso detrás de ella, también a cuatro patas, a ella el vestido se lo levantó Esteban, que le iba a hacer lo mismo que Beatriz le mandase hacer a ella.

    -Lame desde el coño al ojo del culo.

    -Estás empaaapaaada. ¡Qué gustito!

    -Fóllame el ojete con la lengua.

    Al rato…

    -¡Hostias que ya me va a venir el gusto!

    Las primas se deshacían en gemidos.

    -Fóllame el chocho con la lengua, Luisiña.

    Luisiña ya estaba caliente como una perra en celo.

    -¡Métemela, Esteban, métemela!

    -¿Dónde?

    -En el coño.

    Esteban se la clavó hasta el fondo, y exclamó:

    -¡Que apretadita entra!

    Beatriz ya veía cerca el orgasmo.

    -Lámeme la pepitilla, prima… de abajo arriba… Aprieta tu lengua contra ella y lame más rápido… más… más. ¡¡¡Beeebe!!!

    Beatriz soltó un chorro de flujo que dejó perdida la cara de Luisiña. Luisiña se comenzó a correr, esta vez ya no dijo que le venía el gusto, dijo:

    -¡¡¡Me coooorro!!!

    Esteban, oyendo los gemidos orgásmicos de su hermana y de Luisiña, tuvo que quitar la polla. Iba a correrse en la entrada del ojete de Luisiña, pero Luisiña volvió a atacar la polla con su culo y la volvió a meter hasta el fondo.

    Fueron tres corridas largas e intensas, muy, muy intensas.

    Al día siguiente, Beatriz, su madre y Esteban regresaron a Inglaterra. Luisiña quedó invitada a unas vacaciones en Londres.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Mi primera vez con mi tío

    Mi primera vez con mi tío

    Esta historia que les voy a contar sucedió cuando yo era un adolescente de 18 años, mi madre tenía una tienda de venta de prendas femeninas, vendía desde vestidos hasta lencería.

    Un día mi madre me encargó que ordenara todo el local mientras ella iba al banco a hacer unos trámites, yo comencé con mi tarea ya que me había quedado solo y como la persiana del negocio estaba baja estaba en una total intimidad.

    Primero comencé a ordenar los vestidos de salir, luego las polleras y así sucesivamente hasta que llegué a la ropa interior femenina, cuando comencé a tocar los corpiños se me erizó la piel, cuando quise acomodar las bombachas ya estaba totalmente excitado, entonces tomé la decisión que había estado esperando toda la vida, me quite mi ropa de varón y comencé a vestirme con las prendas femeninas que había en el local.

    Me puse un hermoso corpiño de aro con push que me marcaba bien los pechos, una tanga diminuta que se me perdió entre las nalgas, un corset bien ajustado que me marcaba mi cintura como si fuera la de una mujer con caderas, unas medias rojas de red con portaligas y unos tacos de punta aguja, encima de todo me puse un baby doll todo transparente y le saqué la peluca rubia al maniquí de la vidriera.

    Estaba hecha toda una reina, una actriz de película porno, me sentía tan mujer, tan femenina, que decidí maquillarme con las pinturas de mi madre y completar mi transformación, ya estaba, ahí frente al espejo del probador estaba Vanesa, toda una mujer, esa era yo totalmente travestida.

    Y estando totalmente entregada al gozo de verme toda mujer frente al espejo e imaginándome frente a mi hombre me entregué al placer de masturbarme imaginándome en los brazos de un novio.

    Estaba tan fuera del mundo que no me di cuenta que llegó mi tío que era el socio de mi madre y que entró por la puerta de atrás del local, yo no lo vi entrar ni lo escuché, pero él empezó a contemplarme y a masturbarse al verme pajear como hembra hasta que ya no pudo más y me tomó por detrás con sus brazos enormes y me envolvió en ellos y comenzó a besarme con toda su pasión, yo no podía soltarme de sus brazos y él me decía déjate coger porque si no se lo voy a decir a tu madre.

    Yo quise resistirme pero luego de unos minutos ya estaba entregada, una por miedo a ser descubierto y la otra porque sus labios me sedujeron y comencé a desearlo con todas mis ganas.

    Me besó en los labios con chupones de lengua que hizo que me mojara toda en mi bombacha, me tocó por todas partes, y finalmente me llevó a una trastienda que tiene el local y donde había una cama para el descanso de la media tarde y haciéndome sentar me dijo: desabróchame el pantalón y bájame el calzoncillo, después su enorme pene penetró mi boca pintada y sus manos tomaron mi cabeza y me la hizo chupar durante largos minutos, me decía chúpala puta, chúpala hasta el fondo que a vos te vuelve loca.

    Y era verdad, yo me desesperaba por esa pija, después de una buena mamada acabo todo en mi boca y no dejó que se escapara ni una sola gota de su leche, me la hizo tragar toda. Después me arrojó sobre la cama y se echó encima mío, me acariciaba el corpiño con una mano y con la otra me metía los dedos por debajo de mi tanguita, sacaba los dedos todos mojados de mis jugos y me los hacia chupar diciéndome: bebete tu propio néctar putita.

    Mordió mis pezones y me chupo la bombachita, me dio vuelta y me dilató la cola con su lengua, me mojó bien el centro de mi ano con su saliva y finalmente me penetró diciéndome que me estaba haciendo su mujer, primero me metió la cabeza y luego todo el tronco de esa enorme pija que tenía y cuando estuvo todo dentro mío comenzó a serrucharme con todas sus ganas y yo a gritar como una puta, pero me apretó la cabeza contra la almohada y ahogó mis gritos de placer y dolor, yo deliraba del gozo de estar siendo cogida y hecha mujer por semejante hombre, en un momento me hizo dar vuelta y abrir mis piernas, se las colocó sobre sus hombros y me dijo: ahora te voy a coger por la concha, te voy a llenar de leche y te voy a dejar embarazada, vas a ser mi mujer, quiero tener un hijo con vos, te voy a hacer un bebé.

    Yo le pedía que no me acabase adentro, pero él dijo: no me puse forro así que te voy a dejar toda la leche adentro de tu concha de puta, después de estar un rato dándome con todas sus ganas, eyaculó todo dentro mío y tal cual lo había a firmado me dejó llena de su leche.

    Después la sacó y me la volvió a meter en la boca y me la hizo limpiar hasta la última gotita de su leche, después se volvió a poner el calzoncillo y el pantalón mientras yo permanecía aún abierta de piernas tirada en la cama y se marchó diciéndome: ahora sos mi mujer, cuando yo quiera te voy a hacer vestir de puta y te voy a volver a coger todas las veces que quiera, aunque creo que no te vas a resistir, sos muy puta y ahora que probaste mi lechita vas a ser vos quien me pida que te coja.

    Él se fue y yo me quedé sin fuerza para levantarme, me temblaban las piernas y encima me sangraba la cola por la tremenda penetración de la que había sido objeto, con dificultad pude quitarme toda la ropa de mujer y volverla a colocar en sus respectivos lugares y a quitarme el maquillaje justo a tiempo antes que llegara mi madre, la cual al ver que había ordenado el local me felicitó y me dijo andá a llamar a tu tío para que te felicite por el trabajito que hiciste.

    Tuve que ir a la casa del fondo donde vivía mi tío para decirle que lo llamaba mi madre para que me felicite y él me agarró y me bajó los pantalones y me puso sobre la mesa del living y me la volvió a meter diciéndome: todavía me quedaba un poco de leche, tomá guárdatelo bien adentro y me volvió a dejar llena, volví con él al local y él me felicitó delante de mi madre, diciéndome que era un chico muy obediente, que tendría que haber sido mujer por como sabía ordenar la ropa femenina del local, yo me sentí muy orgullosa.

  • Mi madre y yo estamos locos

    Mi madre y yo estamos locos

    Estaba terminando de preparar el café de media mañana y esperaba con impaciencia que mamá regresara de las compras. En esto estaba, cuando la sentí llegar, me dirigí a la entrada y tras saludarla, la ayudé con las bolsas La expresión de mamá no me gusto, su rostro mostraba cansancio y desilusión. Esperé a que ella se acomodara en el sofá, le serví el café, me senté a su lado y me dispuse a escucharla…

    Durante unos instantes, mamá agitó la cucharilla en la taza, luego dio un pequeño sorbo y tras suspirar con tristeza, me comentó:

    —La experiencia de ayer fue un fracaso más. Tu padre me dijo, más o menos: ¿qué hacía yo, con esa ropa de fulana puesta? ¿Si es que no me daba cuenta de mi edad?

    Tras comentarme esto mamá quedó abatida, a punto de saltarles las lágrimas. Pasé el brazo izquierdo por sus hombros y la acaricié con dulzura. Ella, apoyó su rostro en mi pecho y comenzó a llorar en silencio. Pienso que para que no me percatará de sus lágrimas. No valoré, en aquel momento, la falta de sensibilidad de mi padre, sólo traté de contrarrestar el sufrimiento de mamá. Sin decir palabra, acaricié su cabello, y poco después comencé a besarla suavemente en la cabeza. Su reacción fue abrazarse a mí mientras se desahogaba. Poco después, levantó su rostro hacia mí, como para decirme algo. Entonces le susurré cariñosamente:

    —No digas nada, mamá, sólo siénteme y olvida lo sucedido… Ya hablaremos luego…

    Reaccionó, cerrando los ojos y dejándose llevar por el momento. Permaneció con su rostro levantando hacia mí, de forma que comencé a besarla en la frente, en sus ojos cerrados, sus pómulos, mejillas, hasta cubrir la totalidad de su rostro, mientras mis manos acariciaban suavemente su espalda. Al pasar sobre sus labios sentí cómo hacía su abrazo más intenso, no le di mayor importancia entonces, Pero al volver a pasar sobre su boca se repitió su reacción, esta vez con mayor intensidad. Ante esto, me centré en besar sus labios con toda la dulzura de que fui capaz. Cuando me percaté como mamá me ofrecía sus labios, me di cuenta del camino por el que podría deslizarse la situación. No me importó, pues, si esto sucedía, igual que me había ocurrido con alguna amiga, lo mismo haría con ella ya que es mi mejor amiga, a pesar de ser mi madre…

    Decidí actuar con prudencia, y sobre todo con todo mi cariño. Cubrí sus labios con los míos y aventuré mi lengua al encuentro con la suya, pronto esta acción se transformó en el beso más apasionado que me habían dado jamás… Sentí como me abrazaba con toda sus fuerzas, como sus pechos se apretaban contra el mío. Bajé mis manos a sus costados, me insinúe sobre sus pechos. Vi su reacción y sin más llevé mi mano derecha sobre su pecho izquierdo. Lo palpé con suavidad, sintiendo su tamaño y su textura, por encima de la camisa. Busqué su pezón, lo encontré tieso duro y procedí a titilárselo con las yemas de los dedos… Mamá gimió profundamente y volvió a buscar mi boca, comiéndomela apasionadamente. Desabotoné la parte superior de su camisa, la abrí, pude contemplar sus grandes senos contenidos en un sujetador blanco de encaje. Introduje mi mano en la copa y pude sacarle el izquierdo.

    Qué diferente y voluptuoso me pareció comparándolo con los de mis amigas. Se lo acaricié con la mano y pronto estuve besándoselo, para terminar mamando de su tieso pezón. Al sentir mis labios en su pecho gimió más intensamente, sin dejar de besarme por donde podía, su mano buscó mi verga, la encontró tiesa, por encima del pantalón me la apretó con fuerza al tiempo que se contraía y gemía con más profundidad. Puse mi mano en su pubis y apreté con fuerza su monte de Venus por encima de la falda. Tuvo un orgasmo largo e intenso con sus muslos apretados.

    No dejé de besarla ni acariciarla mientras se corría. Sólo cuando su tensión se relajó y ella apartó su mano de mi verga, decidí cambiar de postura. Me arrodillé frente a sus piernas. Mamá comprendió mi idea, se tendió más en el sofá y abrió sus muslos, lo pudo hacer con facilidad pues llevaba una falda plisada. Me coloqué entre sus muslos abiertos, diciéndole:

    —Mamá, te quiero y voy a darte todo lo que sea necesario para tu felicidad…

    Ella me respondió, tapándose púdicamente el pecho:

    —¡Estamos locos…! ¡Estamos locos…!

    La besé con dulzura, me correspondió y pronto afloró su pasión de nuevo. Volvimos a los muerdos apasionados. Le saqué los dos pechos del sujetador y mientras mamaba uno no dejaba de titilar el otro pezón con las yemas de mis dedos. Me sorprendió la rapidez con que se excitaba de nuevo. Levante sus muslos y pude apretar mi verga contra su vulva. Busqué sus labios, me aceptó casi con ferocidad, llevó mis manos a mis caderas y cerró sus piernas tras de ellas. De esta forma alcanzó su segundo orgasmo.

    Esperé a que se recuperará. Me erguí, sin separar nuestras ingles y me deleité contemplándola, a pesar de tener los ojos cerrados. Su rostro estaba totalmente relajado, sus mejillas sonrosadas y de sus labios había desaparecido la expresión negativa que mostraba al principio de la mañana. Se la veía feliz y satisfecha.

    Cuando abrió los ojos pude ver la expresión de felicidad en su rostro, se tapó los pechos con la blusa y riendo me dijo:

    —¡Dame un beso, cariño…!

    Se lo di y terminé diciéndole:

    —Haremos lo que tú quieras, cuando tú lo consideres paramos…

    —¡Esta bien! ¡Pero sigue besándome, mi vida…! -me respondió ella.

    —¿Puedo quitarte esto? Estarás más cómoda -le pregunté llevando mis manos a su cintura y cogiendo la faja por sus caderas.

    —Claro que puedes… -me respondió con timidez

    Se incorporó sobre sus piernas, levantando su grupa y pude quitarle la faja. Me sorprendió que, nada más salir la faja de su trasero, mamá se bajase la falda hasta medio muslo ocultando su entrepierna. Decidí jugármela, me quité los pantalones quedándome sólo con el slip, donde se marcaba totalmente mi erección.

    Entonces me dijo:

    —Quítate eso y ponte cómodo… – susurrando, pero sin dejar de mirarme el bulto.

    Me desprendí del slip, y mi verga totalmente tiesa quedó a su vista, apuntándole. Sin dejar de mirármela, comentó:

    —¡Qué bonita la tienes, mi niño! -con una expresión pícara en sus ojos.

    —¡Gracias! ¡Es toda para ti, mamá! -le respondí introduciendo mis manos por entre sus faldas hasta llegar al elástico de sus bragas y empezar a tirar de ellas para bajárselas. Nada más llegar al medio muslo, mamá volvió a echarse la falda hacia abajo, de forma que no se viera nada. Se percató de mi sorpresa y me dijo:

    —Así, no se me resfría el conejito -volvió a sorprenderme de nuevo.

    Tras dejar sus bragas húmedas en el sofá. Me situé de nuevo entre sus muslos. Mamá tendió sus brazos hacía mí, diciéndome:

    —Ahora vuélveme loca con tus besos…

    Volvimos a abrazarnos comenzando de nuevo, muy pronto pasamos de los besos tiernos a los apasionados, descubrí sus pechos por tercera vez. Se apasionó rápidamente de nuevo, pudiendo sentir cómo ahora, ella misma subía sus faldas, esperé un poco hasta notar cómo levantaba su pelvis buscando otro tipo de contacto. Me erguí, dejé al descubierto su vientre, pudiendo contemplar toda su intimidad. Ella mantenía sus ojos cerrados, mientras se mordía los labios, tensa, expectante. Acerqué mi verga a su vulva abierta e hinchada, deslicé mi capullo a todo lo largo de la raja, disfrutando de su calor y su humedad. Para a continuación cubrir el glande con el prepucio y empezar a masturbar su clítoris con el extremo de éste. El efecto fue detonante, casi instantáneamente alcanzó un orgasmo, que fue creciendo mientras mantuve esta acción, hasta que mamá bajó su mano derecha y con las yemas de sus dedos empujó mi verga suavemente hacía su vagina. No quería penetrarla aún, pero adelantó su pelvis y mi glande desapareció en su cálida cueva. Me atrajo hacía sí, con sus manos y mientras subía sus piernas, para cerrarlas en torno a mis caderas piernas, quedé atrapado en un delicioso cepo de amor, haciendo realidad lo que instantes antes le había dicho. Fue tal la sensación de penetrarla tan profundamente junto con sus contracciones vaginales al culminar otro orgasmo, que no pude dominarme y me corrí llenándole el interior de su vientre con mi leche.

    Ella coronó su corrida, diciendo:

    —¡Estamos locos! ¡Estamos locos! ¡Estamos totalmente locos!

    Mi orgasmo fue enorme, me corrí copiosamente. No tuve reparos en hacerlos pues ella tiene un DIU. Después de esto permanecí sobre ella sintiendo las deliciosas sensaciones de su cálida vagina sobre mi verga mientras ella terminaba el suyo, o la calidad humedad que notaba en mis huevos en contacto con su coño. Al fin mi verga flácida se salió de su coño y entonces me incorporé. Mamá me comento:

    —¡Por favor, sigue abrazándome…! -con algo de angustia en su voz.

    —Un momento… -le respondí mientras cogía de pantalón un pañuelo y desplegándolo se lo ponía en su vulva— Es para que no pongamos perdido el sofá…

    —¡Estás en todo! ¡Eres un sol…! -me contestó tendiéndome los brazos de nuevo.

    Me deje caer sobre ella de nuevo y nos besamos con dulzura. En un momento le dije:

    —Mamá tú sabes que he hecho el amor con otras mujeres. Me siento muy feliz de lo que ha sucedido entre nosotros, realmente feliz. Te digo, además, el hacerlo contigo ha sido una experiencia deliciosa que no puedo comparar con ninguna otra. ¡Te quiero, mamá!

    Ella me respondió:

    —Estoy sorprendida aún por lo que ha sucedido, pero si hago caso a cómo me siento, te diré que nunca me he sentido de esta forma. Soy plenamente feliz a pesar de saber lo que muchos pensarían si lo supieran. Pero no me arrepiento y estoy dispuesta a seguir haciéndolo contigo. ¡Te quiero mi vida!

    Aquella mañana no nos levantamos del sofá, sin hacerlo otra vez y a partir de ese momento las relaciones sexuales entre mi madre y yo fueron continuas. Ella en aquel momento contaba 45 años y yo 24. En la actualidad casi 20 años después, seguimos practicándolas. A pesar de haberme casado y ser padre de familia.

  • Mario y Bety, la visita de los suegros

    Mario y Bety, la visita de los suegros

    Cuando conocí a Bety, ambos rondábamos los 28 años, siempre me gusto su carácter, ella es una mujer súper alegre, fiestera, con todo mundo se lleva bien, es la típica jarocha (nativa del estado de Veracruz), pero, además, súper cariñosa, romántica, le encanta cocinar y muy unida a su familia.

    Físicamente, Bety también hace honor a las nativas del puerto, morena, de pelo largo y negro, ojazos grandes y que dicen mucho con la mirada, labios gruesos y carnosos, cuerpo voluptuoso, de senos generosos, caderas anchas y piernas gruesas y torneadas. Un coño de campeonato, tupido de vellos, recortados solo en las ingles y unas nalgas espectaculares. Y a la hora del sexo, mi pareja se convierte en una mujer poseída, le encanta gritar, gemir, arañar y mostrar abiertamente el placer que siente en ello.

    Nuestro noviazgo duro poco más de un año, cada uno de nosotros traía ya historia sobre la espalda, ambos éramos conscientes de eso, pero ya como matrimonio, mi mujer resulto una excelente ama de casa. Rentábamos una pequeña casita de dos niveles y dos recamaras en las afueras de la ciudad, no teníamos plan de ser padres todavía, por lo que mi señora, continuaba cuidándose con anticonceptivos orales, mismos que usaba desde hace más de 10 años.

    Cuando apenas cumplíamos seis meses de casados, y sin esperarlos, nos llegaron de visita sus padres, ellos ocuparon la habitación contigua a la nuestra. Pasaron tres o cuatro días acompañando a mi esposa, algunas veces salían a pasear, pero principalmente se quedaban en casa. Cuando yo llegaba por la tarde noche, salíamos a caminar o a cenar cerca de casa y así pasaban los días. Aquí debo mencionarles, que mis suegros deben tener una edad aproximada entre 60 él y 55 ella, mi suegro es de estatura media, delgado y de complexión fuerte, marinero de toda la vida. Mi suegra es una copia idéntica de Bety, pero con unos 25 o 27 años más. Y así como llegaron, sin avisar, una noche llegue a la casa y ya no estaban, la visita había terminado.

    Pasaron otros cinco o seis meses, para que se repitiera la visita, sin ningún aviso previo. Bety me hablo a la oficina, solo para avisarme que sus padres habían llegado por unos días. Igual que la vez anterior, a los tres o cuatro días, mis suegros se retiraban. Esa segunda vez, si me molesto la visita, mi esposa y yo, estábamos en una temporada de harta calentura, llevábamos más de una semana, cogiendo todos los días, solo era llegar a casa y mi esposita caliente, ya me esperaba con los brazos y piernas abiertas. Y de la noche a la mañana, se acabó el placer, al llegar a casa, solamente me esperaban Bety y sus papás, para cenar y platicar y al acostarnos, mi mujercita siempre usaba a sus padres como pretexto para no cumplirme en la cama.

    Yo le cuestionaba a Bety, el proceder de sus padres, y solo me contestaba, que era algo que hacían con ella y con sus otras dos hermanas, así sin avisar, solamente se presentaban en sus casas para pasar algunos días. Y sin darme oportunidad de mayor queja, ella recalco, que le encantaban las visitas de sus padres y que por ningún motivo haría algo para evitarlas.

    Y así llego la siguiente visita, poco antes del cumplir seis meses sin verlos, mis suegros estaban nuevamente en casa. Esta vez, lo tome con mayor calma, decidí pasarla bien durante su estancia, es más, aproveche las sobremesas, para observar a mi suegra y a mi señora y compararlas, no se podía percibir ninguna desigualdad, estaba seguro que solo viendo a ambas desnudas, se notarían las diferencias.

    Al segundo día, estando un poco aburrido en el trabajo, por la falta de quehacer, decidí regresarme a casa, tal vez, pudiera convencer a mis suegros de salir al centro. Pero nunca imagine lo que pasaría al llegar. Cuando entré a la casa, encontré a mi suegra, en la sala, recostada en el sillón, abierta de patas y con ambas manos en su panocha, dándose una gran sobada. Mientras en la parte superior, podía escuchar a mi señora, bramando de placer. Subí corriendo la escalera y al asomarme a nuestra habitación, pude ver a Bety, en cuatro patas, con el culo expuesto, recibiendo tremenda cogida de parte de su padre, no podía creer lo que veía, sin poder emitir sonido alguno por la impresión, observaba como mi suegro sacaba y volvía a hundir, su negra y tumefacta verga, dentro del cuerpo de su hija, mi esposa y ella con la mayor puteria del mundo, disfrutaba aquellas embestidas cual vil animal en celo.

    Después de unos minutos de observarlos, me di cuenta que en realidad estaba fascinado, me deleitaba ver a mi esposa insertada hasta los huevos por otro hombre, mi verga en ese momento, ya estaba totalmente llena de sangre, me dolía de tenerla dentro de mis ropas, no podía dejar de observar y al mismo tiempo deseaba unírmeles para poder descargar mi calentura. Necesitaba una hembra en celo y con asombro me di cuenta que un cuerpo desnudo me abrazaba, mi suegra empezaba a desnudarme con manos ávidas y deseosas, la tome entre mis brazos y la lleve hasta la recamara vacía, mientras me despojaba del resto de mi ropa, pude admirar aquel cuerpo maduro, con algunas lonjas de más, con las tetas de sus chichis, negras y bien paradas, pero viendo ligeramente hacia abajo y aquella pelambre entre sus piernas que me recordaba el de mi esposa, y al abrir sus piernas como invitándome a poseerla, pude ver aquellos labios gruesos y húmedos, en el margen de aquella obscura cueva que me estaba esperando con anhelo.

    Sin más, me acomode entre sus muslos y de un solo golpe, le encaje toda mi verga, hasta que mis huevos chocaron con su culo, provocando el ruido típico de dos cuerpos húmedos chocando entre sí, iniciando un concierto de golpes fuertes y profundos, el coño de la madre de mi esposa, estaba cada vez más inundado de los copiosos jugos que emanaban de él.

    Mi suegra al igual que su hija, gritaba a todo pulmón en cada una de mis arremetidas, pidiéndome que aumentara la potencia y profundidad de mis acometidas. Si Bety era una fiera en la cama, su madre era una bestia sexual. Mi excitación daba para mucho y la señora supo aprovecharla, se dejó coger a cuatro patas, me monto como diestra amazona, se habría de patas y recargándolas en mis hombros, suplicaba más dureza. No menos de tres orgasmos antecedieron a una gran venida de mi parte, llenándole toda su vagina de mis mocos, imploraba para que yo no me retirara, quería sentirme dentro, la mayor cantidad de tiempo y cuando por fin mi polla desgastada salió de su húmeda guarida, me hablo al oído para decirme “Ojala mi marido, tuviera una verga como la tuya”.

    Cuando abandone el cuarto de mis suegros, mi esposa me esperaba en nuestra cama, dispuesta a ofrecerme las explicaciones de lo sucedido. Me conto, que cuando su padre se enteró, de su actividad sexual, antes que golpearla o insultarla, la obligo a tener sexo con él y aunque al principio no le gusto, la experiencia y el buen falo que tenía su padre, terminaron por agradarle. Y lo mismo había pasado con cada una de sus hermanas. Las visitas que acostumbraban a hacer mis suegros, no eran otra cosa, que la forma de mantener a sus niñas, gozando de la verga de papi. Pero a diferencia de lo que pensaba yo, ocurría en casa de sus otras hijas, en mi casa, a partir de esa fecha, mi suegra seria gratamente a-cogida.

  • Sara y yo

    Sara y yo

    I
    Sara aflojó del sostén los tirantes
    Y me dio a besar sus pechos henchidos
    Sus dedos estirados, subyugantes 
    Ambicionaron mis hombros fornidos
    Sus ojos, radiantes y penetrantes
    Se hicieron dueños de los míos, zaheridos
    Dijo: «¡Amor, qué locura estar contigo!» 
    Después la follé hasta rebosar su higo
    II
    Despertó Sara, yo seguí acostado 
    De la ducha el sonido era una canción
    La promesa de un cuerpo perfumado
    Mis ganas de poseerla sin dilación
    Mi polla creció: estaba preparado
    Deseaba que me hiciera una felación
    Envuelta en una toalla, Sara salió
    Se acercó a la cama y creo que me midió
    III
    Veintiún centímetros míos en su boca
    Sobre mi pubis Sara cabeceando
    Una mano, aro en mi polla, coloca
    Para así ser más certera mamando
    Ella gemía cada vez más, «Ah, loca
    Lo sabes, oh, mucho me está gustando»
    Mi semen se derramó a borbotones
    Mientras Sara me lamía los cojones
    IV
    Ya sosegados, fuimos a trabajar
    De su casa salimos muy abrazados
    Sara y yo, yo y Sara, que más da, a la par
    En la oficina, ella atendía mandados
    Si soy su jefe aquí, nada que explicar
    Aunque mis deseos estaban marcados 
    Sara estaba pendiente a su ordenador
    Gafas puestas, vestido arrebatador 
    V
    Una idea se me vino a la cabeza
    ¡Me pareció tan genial mi arrebato!
    Llamarla al despacho con ligereza
    En hacerlo no esperé mucho rato
    Sara abrió la puerta, ¡vaya belleza!
    Le indiqué que me era preciso un dato
    «Desnuda, menos gafas y chapines 
    Te quiero ver»; intuyó ella mis fines
    VI
    Me miró sonriente, su vestido cayó
    Sus tetas enhiestas me señalaron 
    Sus tacones sonaron cuando avanzó
    Cercanas a mí, sus lentes brillaron
    En un escritorio sus manos apoyó
    Mostrando el culo que muchos desearon
    Mi polla saqué, fui en busca de Sara
    Ella quería que la sodomizara
    VII
    De gritos y espasmos fue la tormenta
    El oscuro pliegue mi polla acogía
    Escorzo de Sara, más me calienta
    Su carne palpitaba si yo embestía
    Sondeo su profundidad, y me alienta
    Mastil mío, aparecía y desaparecía
    ¡Qué agitado jadeo anunció su orgasmo!
    ¡Qué éxtasis me invadió antes del marasmo!
    VIII
    Si véis a Sara, sabedlo, está casada
    Una MILF ahora es, para lujuriosos
    Pero es mi esposa: ella está bien follada
    Gruesas sus tetas, pezones hermosos
    Caderas y nalgas anchas, gozada
    En el lecho nos unimos dichosos
    «Ay, mi amor, cómeme el chocho», pide ella 
    Lo pienso y me digo: «¿Hay tarea más bella?» 

     

  • Una noche con Karina, la ex de mi amigo

    Una noche con Karina, la ex de mi amigo

    Todo empezó en una salida con mis amigos, nos encontrábamos tomando en un Restaurant-Bar de mi ciudad. Me dicen Beto, tengo 25 años tengo una relación desde hace 4 años y soy abogado, vivo en un pequeño Estado en México. Mi complexión es delgada pero con poca panza por las cervezas.

    En fin, me encontraba en ese lugar tomando y comiendo con mis amigos, cuando uno de ellos nos comentó que llegarían dos amigas consultando si teníamos alguna objeción sin embargo nadie manifestó desacuerdo. Cuando llegaron sus amigas me encontré con la sorpresa que una de ellas era Karina, una vieja amiga de 22 años y cuerpo atractivo principalmente por sus grandes pechos que siempre me han encantado. Karina es la ex novia de Chris, un amigo con el que salía en la adolescencia y que hasta la fecha coincidimos en reuniones, apenas hace menos del mes que se separó de Karina y justo eso fue el inicio de la plática aquella noche entre Karina y yo. Se los juro que no tenía la intención de incitar que algo sucediera entre Karina y yo, pero al platicar con ella respecto a Chris, se fue generando una confianza en la plática siendo ella la que me sorprendió al preguntarme “¿los hijos para cuándo? Se ve que haz de tener bien atendida a tu novia”, la verdad en ese momento cualquier hombre entenderá que a veces el deseo sexual involuntariamente nos induce decir cosas, por lo que yo le dije que sí pero me quedaba energía para satisfacer a alguna chava que necesitara de mi ayuda.

    La cosa paro ahí, no tocamos más el tema sexual y llegó la hora de partir por lo que todos nos despedimos. Karina vive por el mismo rumbo de mi casa y como buen caballero me ofrecí a seguirla en mi carro con la excusa que ya era de noche ella había tomado por lo que sería peligroso que se fuera sola. Fue lo mejor que pude haber hecho.

    Al llegar a su casa, baje de mi auto para despedirme y entonces comenzamos nuevamente a platicar y en esa platica sin chiste de repente nos ganó el silencio, nos miramos y nos besamos correspondidamente. Ella vive solo con su hermana, por lo que no hubo problema al invitarme a entrar. En ese momento en verdad no sabía cómo es que había llegado hasta ahí, a final de cuentas sentía remordimiento por Chris, incluso más que por estar engañando a mi novia, Chris era mi amigo y mi cerebro me hacía entrar en un dilema con mi calentura, pero fue la calentura la que ganó cuando termine acostado en su cama besándola apasionadamente con mis dedos alojados en su vagina.

    De repente paramos, nos besamos y me pregunto qué porqué lo hacía, simplemente le respondí que no era momento de pensar eso y seguí besándola y continué con mi trabajo en su vagina con mis dedos. Pare y me desabroche el pantalón solo con la intención de que ella me correspondiera con su mano, pero al ver que me desabrochaba el pantalón ella hizo lo mismo y me dio la espalda, pegándose hacia mí y guio con su mano mí pené a la entrada de su vagina y paso lo esperado, la penetre. En verdad todo hasta ese momento se había dado muy rápido, no creí que tan rápido llegaría a la penetración aunque sabía que pasaría, pero la iniciativa de ella es lo que me tenía confundido, pero no era momento de remordimientos y seguí con mi tarea.

    La penetre suave y profundo, la besaba apasionadamente al grado que sentía como si fuéramos enamorados, como si nos entendiéramos. Definitivamente en el interior lo deseábamos y eso hacía que él ritmo aumentara gradualmente y ella pedía más. Hicimos dos o tres posiciones más hasta que termine dentro de ella viéndola fijamente a los ojos.

    Nos quedamos unos minutos abrazados en silencio total, anuncié que me marchaba y me vestí, ella me acompañó con el mismo silencio a la salida y me despidió con un tierno y rico beso, y me disponía a irme cuando me detuvo con su mano diciéndome “me gustó mucho, me gustas desde antes de andar con Chris pero nunca pensé que esto pasaría” No tuve más palabras que responder “tú también siempre me has gustado”, le di un beso más y partí.

    Seguía algo influenciado por el alcohol y quizá eso me ayudó a llegar a casa sin sugestionarme por lo que acababa de hacer con Karina, por lo que llegue directamente a dormir.

    Al día siguiente no era capaz de mandarle whatsapp a Karina, me daba pena, y fue ella a medio día que me mandó mensaje. Me pidió que no dijera ninguna palabra a nadie. Me dijo que en todo momento estuvo consciente de lo que hacía y no se arrepentía de nada. Se me fue la sangre a la cabeza cuando recordé que no usé condón y me vine en ella, se lo dije y me tranquilizo al decirle que tenía implante anticonceptivo.

    Me aseguro que habría otra ocasión, pero dejaré que las circunstancias se vuelvan a dar sola y mientras tanto solo queda recordar aquella maravillosa noche con Karina.

  • Acariciando las piernas y botas de mi prima desmayada (2)

    Acariciando las piernas y botas de mi prima desmayada (2)

    Luego de mucho tiempo sin visitar a mi prima, había llegado el momento. Una fiesta familiar iba a tener lugar y yo llegue rato antes que el resto a su casa. Sabía lo bien que lo iba a pasar.

    Y es que mi prima estaba sensual como siempre: una blusa negra, minifalda de mezclilla azul y unas botas negras que le llegaban abajo de la rodilla, justo como a mí me gusta. Durante la fiesta fue en todo momento el centro de atención.

    Sentada, se manoseaba ella misma sus rodillas y muslos con el mero afán de provocar. Sonreía a todo el que la miraba, especialmente a mí. Varios de mis primos hacían comentarios sobre lo buena que estaba. Como en cada fiesta, nos tomamos fotos, varios nos tomamos una con ella para contemplar sus piernitas eternamente. Me pasó su celular en cierto momento para que le tomase algunas; tenía intención de subirlas a sus redes sociales.

    Terminada la fiesta, nos sentamos en el sofá. Me había invitado a pasar la noche en la casa. Cada uno con celular en mano, revisaba su Facebook. Había subido varias de las fotos que le tomé. Cambió su foto de perfil por una donde estaba cruzada de piernas, con una mano sobre la rodilla y la otra tocándose las botas. Y claro, los comentarios no se hicieron esperar. Le escribieron cosas como «Valeria que piernuda que estás», «Muac mi amor», «Par qué tan mostrona y así». Y ella no dejaba comentario sin responder, a la mayoría le comentaba un «Gracias» o un «Jajajaja». Y yo le envíe un mensaje privado…

    – Qué sensual te ves en mini y botas Vale…

    Ella me sonrió y luego se puso a escribir:

    – Obvio primito, aprovecha de mirarme las piernas…

    – Ufff ya has leído los comentarios??

    – Claro jajaja… – se acomoda y con una mano sostiene su celular mientras con la otra se soba sus muslos.

    Provocadora como es, me decidí a dar el paso que tanto quería que yo diese. Le empecé a acariciar sus piernas y sus botas y ella en ningún momento dejó de sonreír y de seguir mis manos con la mirada. Su sonrisa era igual de sensual.

    – Ay primito… Tengo unas ganas terribles de desmayarme -me escribió por el chat…

    – ¿Segurita?

    – Claro… Ya me imagino desmayada en tus brazos… Haz que sea realidad -esto ya no lo escribió, sino que me lo dijo.

    No hizo falta el mínimo esfuerzo. Mientras hablábamos, una arañita subió escalando por las botas de Valeria y posándose en sus hermosas rodillas. Ella la miró y se quedó paralizada. Yo maté la araña y la tiré bien lejos. Volví al sofá. Pero ella seguía igual. Le di unas palmadas en sus muslos y nada. Como aprovechando que estaba así, me agaché y le di un beso en cada rodilla. Ella entonces cayó desmayada sobre la alfombra que estaba junto al sofá.

    Con mi celular le tomé una foto estando así. Estaba con una expresión seria. La cargué y la llevé a su habitación, la dejé sobre su cama. Estuve varios minutos acariciando sus suavecitas piernas y sensuales botas… Manoseando también su frente y su lindo cabello.

    Volví al sofá y me quede dormido allí.

    Como a eso de las nueve de la mañana fue que desperté. Me puse a ver Facebook en mi celular. Visité por supuesto, el perfil de ella. Muchos más comentarios había que anoche. Me dispuse a leerlos para entretenerme. «Valeria como tan piernuda?», «Pero mira esas rodillas uff…» «Vale éstas como para besarte por siempre», «Esa minifalda y esas botas… Dios mío…» y así. La muy seductora también subió un par de fotos a Instagram, quizás luego de haber despertado o en algún otro momento de la noche. Y claro, les puso en la descripción hashtags como «#miramelaspiernas», «#minifalda» o «#sexy». Había por lo menos 20 comentarios.

    Salió de su habitación con pijama y desayunamos juntos. Le enseñé las pocas fotos que le tomé estando inconsciente. Y soltó una risa.

    – Ay primito, ay que me veo sexy desmayada… Espérame un poquito…

    Entró a su habitación y casi 10 minutos después me llamó desde adentro. Estaba con una sensual blusa escotada de color rojo, una minifalda un poquito más corta que la de anoche y las mismas botas negras. Y ahora con una bonita diadema azul. Se sentó en la cama y yo a su lado.

    – Oye primito, -cruzándose de piernas y acariciándoselas ella misma- dime como me veo -me lanzó una mirada llena de seducción.

    – Uff -mirándola desde abajo hacia arriba- pues… Te ves tan sensual… Tus ojos, tu rostro… Tus sensuales piernotas…

    – Uff me encanta cuando me miran las piernas, – se mira los muslos y se los toca – y tú sabes que me encantan las botas… – se las aprieta con las manos – para mi cumpleaños podrías regalarme un par nuevo…

    – Claro pues, Valeria – ella se llama María pero la llamamos por su segundo nombre.

    – Ahora que estoy vestida supongo que te gustaría desmayarme… Jaja primito, por favor hazlo… Pero no quiero que sea una araña la que me desmaye, quiero que seas tú…

    – Pero… ¿Hay cloroformo?

    – No… Pero no importa. Golpéame… Dame un golpecito… No me pasará nada – me dijo sonriendo.

    – Con lo linda que eres no me atrevería a hacer eso…

    – O me das un golpe o no me visto más así… Qué malo que eres, yo me quiero desmayar y tú no me dejas hacerlo…

    Valeria tiene un muy alimentado fetiche de desmayos. Siempre se imagina inconsciente en los brazos de alguien. Me insistió tanto en que le pegara que no tuve más remedio. Le di un golpecito en el cuello. Me dedicó una sensual sonrisa y se desmayó con el rostro aún sonriente. Acaricié un buen rato sus piernitas y miraba perdido aquella sonrisa con la que Valeria dormía. Tardó casi 20 minutos en recobrar la conciencia. Al despertar me sonrió como la provocadora que es.

    Había revisado su Facebook mientras estaba desmayadita. Más comentarios aún, incluso de familiares. «Vale estás como para desmayarte con cloroformo» le escribió un primo y ella le había respondido que «Cuando quieras primito jaja» Pero claro, solo a mi me tiene reservado ese privilegio. «Oye Vale te ves hermosa pasándote las manos por las botas», le escribió otro. «Piernuda sensualona» y así varios más.

    Me iba a ir por la noche a casa. Pero estaba decidido a no irme sin disfrutar nuevamente de las piernas suaves, hermosas y dulces de Valeria. Ella sabía que así lo quería y se vistió de una sensual colegiala. Su uniforme aún le quedaba perfecto. Un jumper muy corto que resaltaba la belleza de sus muslos y medias negras que al igual que sus botas, se las puso hasta que le quedasen debajo de sus rodillitas. «Estoy lista para la clase» me dijo al oído.

    Pero así como estaba… No sé qué me impulsó a hacerlo. La agarré con fuerza por la cintura y le di un beso muy fuerte en su lindo rostro. Después de soltarla me quedó mirando con unos ojos sorprendidos. Entonces fue que la empujé y cayó sobre su cama y la agarré otra vez para que no escapara. Y la besé de nuevo.

    Ella entonces me sonrió de nuevo. Y entonces ella me agarró por el cuello y me besó en la mejilla. En esa posición le empecé a acariciar sus piernas y esas lindas medias de colegiala que tenía puestas. Y de repente, me decidí a besarla tan fuerte como pudiese. Pataleó para zafarse pero a los pocos segundos se detuvo. Se había desmayado. Ahora no con el rostro serio ni sonriente, sino lleno de serenidad. La recosté y luego de darle un beso en la frente, me fui a casa.

    Ya de noche, mirando en mi celular, noté que se había cambiado la foto de perfil. Aparecía con una pose seductora al igual que la foto anterior, pero ahora con el traje de colegiala. Los comentarios fueron bastantes.

    Me imaginaba a mis otras primas vistiendo como ella. A Dalia la he visto en minifalda y botas en varias ocasiones, pero usa botas por encima de la rodilla y así no me gusta mucho. A Bianca me la imagino desmayada en mis brazos, también la he visto vistiendo así y además en su época de colegiala siempre mostraba inocentemente sus dulces piernas. Ella no es seductora como Valeria, pero de todos modos, creo que debería visitarla…

  • Conociendo la familia de mi padre

    Conociendo la familia de mi padre

    Mi nombre es José y hoy les voy a contar como conocí a la familia de mi padre, primero les contare que no conocía nada de él, pues había abandonado a mi madre desde que yo tenía como 1 año de edad. Un día trabajando como guardavida en un hotel de mi ciudad, vi a un señor sentado cerca de la piscina a lo cual me le acerque para preguntarle algunas cosas sobre su estadía, el señor se me quedo mirando fijamente como si me conociera. Al cabo de un tiempo el me confeso quien era y que era de mí. Con el tiempo él me dice que quiere llevarme a vivir a los estados unidos, donde él está residiendo desde hace años. El caso fue que después de hablar bien quedamos en que solo estaría por un tiempo para luego comenzar clases en la universidad a lo cual acepto.

    Aquí empieza mi historia, al llegar a EEUU, específicamente Houston, donde reside. llegó me presenta a su familia, lo cual no hablaba ni una pizca de español, así que no entendía la mayor parte de nada, al presentarme su esposa me di cuenta que es una mujer muy hermosa, muy cuidada, con un trasero bien levantado y unas buenas par de tetas que estoy seguro que más de una envidiaría. Su hija por el contrario era una chica casi de mi edad, blanca, de pelo castaño, muy hermosa de buenas cinturitas marcadas, el tipo de chica que más de una vez con su sencillez te quita la mirada, aunque no era tan voluptuosa como su madre, pero más de uno le robaría la mirada… desde que llegue yo no dejaba de mirarla es que poseía una carita de ángel muy convincente… aunque no entendía nada de lo que me comentaba por que no hablo casi nada de inglés muy pocas palabras, en la cena fue algo tranquila… mi papa a todas esta resulto ser mi traductor en todo momento.. Ese día termino y pude descansar.

    A la siguiente mañana mi papa me reúne en su estudio, y llama a su hija Michelle. Y le dice algo en inglés, que luego me traduce a mí diciéndome que iba a pasar mucho tiempo con ella para que me enseñase el idioma y así me familiarice hasta que pueda hacer un curso.

    Así fue y pasaron semanas junto con clases para ir aprendiendo el idioma, lo cual iba progresando rápidamente…

    Al cabo de 3 meses en EE.UU., entres tramites y cuestiones, era muy amigo de Michelle… cada día me contaba muchas cosas sobre ella… una noche… estando en mi laptop, ella llego a mi habitación para confesarme un problema que tiene con su novio. El típico problema de todos los hombres de exigir la pruebita de amor…

    Al terminar de contarme todo, yo le dije que no se preocupara que eso es normal, y que en ella estaba si accedía o no, pero entre su inseguridad y eso ella se mantuvo allí…

    Una semana después de esa conversación, pasó algo que no podré olvidar y fue el comienzo de una lujuria que eriza la piel. Un día ella me invita a tomar sol en la piscina de la casa, y ella sale con un traje baño rojo tipo tanga, no dejo nada a la imaginación todo se veía… Diosss… sentí que moriría en el acto… entre conversaciones y roce dentro de la alberca, la verdad no podía tapar mi erección… en eso ella se percata y se pone tan roja que parecía un tomate pero tan tierna a la vez.

    Ese día después de la piscina la paja que me di no fue nada normal. Esa noche no lograba conciliar sueño, solo pensando en lo que había visto. Y como se veía… esa noche ella llego de nuevo y se acostó a mi lado y empezó a preguntarme cosas, yo en verdad estaba algo sorprendido que llegara de esa manera.

    Empezó a acariciarme el pecho y me pregunto si yo le gustaba, a lo que respondí afirmativamente, sin pensarlo la bese con un beso tierno, luego le pedí disculpas. Pero ella me agarre por mi cuello y se montó encima de mí y empezó a besarme con mucha pasión, entre beso y beso yo la acariciaba y le quite el camisón que traía. Me sorprendí mucho al verla sin nada solo el camisón. Con mis yemas de los dedos empecé a jugar con sus pezones que se estaban colocando muy duros, parecían dos piedras rosadita muy lindas. Las besabas las chupaba y las mordía con mis labios… ella solo gemía levemente… me seguía besando en mi boca y volvía a jugar con sus pezones.

    Así estuvimos por un rato, hasta que ella misma me quito el mono que cargaba y me agarro mi verga, empezó a masturbar tímidamente como si no supiera, luego fue aumentando… hasta que de pronto se detuvo y empezó a pasarle la lengua poco a poco, empezó a metérselo en la boca con delicadeza con una chupeta en sus manos, chupaba jugaba lo besaba y lo masturbaba. Pensé que me correría, pero ella se detuvo y me empezó a besar. Se quitó el mono que ella cargaba y su lencería un bikini blanco de hilo.

    Me dijo que yo sería la primera vez, yo estaba algo nervioso… pero entre beso y beso y excitación ella empezó a introducirlo, hasta que entro todo. Ella dio un pequeño grito ahogado por el rompimiento del gime… pero luego de unos segundos empezó el sube y baja yo la besaba por el cuello y sus pechos mientras mis manos estaban en sus nalgas, las apretaba con fuerza… mientras ella subía y bajaba cada vez más rápido… Y sentía que me apretaba que me embulla… estaba tan húmeda que no aguantaba más mi excitación…

    Ella siguió moviéndose más deprisa hasta que ella se vino fue tan abundante su flujo que me mojo todo, al ver esto de una me corrí dentro de ella… ella solo me miro toda exhausta y empezó a besarme…

    Luego empecé acariciarle la espalda y ella me dijo que esta sería la primera vez de muchas… continuara…

    P.S. este es mi primer relato para sugerencias y opiniones escríbeme al [email protected]

  • Consolé a mi madre después de una pelea

    Consolé a mi madre después de una pelea

    Mis padres siempre se peleaban, pero mi padre era machista, siempre tomaba y cuando mi madre no la obedecía le pegaba, era cuento de todos los días, yo por otra parte era muy estudioso, sacaba puros 10, era el presidente de la clase e iba al gimnasio, tengo 27 años y soy de CD. Juárez del estado de chihua y me llamo Alan.

    Mi padre era Sebastián, como dije, era un borracho y cada vez que le iba mal en el trabajo le pegaba a mi madre, él tenía unos 45 años.

    Mi madre era un ama de casa, era delgadita, con un buen trasero y unos pechos grandes, era hermosa, se llama Andrea y ella tenía unos 40 años.

    Mi madre me tuvo a los 20 años y mi padre tenía unos 25 años, mis padres se conocieron en un antro, pero cada vez la relación de mis padres empeoraba, cuando yo tenía 6 años, siempre vi que mi padre le pegaba a mi madre, así pasaron los años, cuando tenía 19 años, mi padre venia cada vez menos a la casa y al año, seguían discutiendo, hasta que una noche cuando vi a mi madre llegar con su bata para dormir a mi habitación llorando, la empecé a consolar.

    Alan: madre, no sé porque aun sigues con mi padre si siempre te lastima.

    Andrea: Porque lo amo y es la única persona que nos puede dar el dinero para la casa.

    Alan: Lo sé, pero aun estas joven, puedes conseguirte a alguien mejor.

    Andrea: ay hijo, no soy joven, ya soy vieja, quien quería a una vieja como yo.

    Alan: Pues mis amigos siempre me dicen que tengo una hermosa madre.

    Andrea: No lo sabía.

    Alan: yo te amo madre -la empecé a acariciar.

    Andrea: tú serias un buen novio hijo, siempre protegerías a tu mujer.

    Alan: Si, siempre te protegeré.

    En ese momento la bese de piquito, pero sentí algo eléctrico en mi cuerpo y la empecé a besar apasionadamente mientras la besaba, mi lengua jugaba con la suya, pero después de un rato mi madre me quita.

    Andrea: No hijo, esto está mal, soy tu madre y me tienes que respetar.

    Alan: pero si tú lo disfrutaste.

    Andrea: pero es incesto y podemos ir al infierno.

    Alan: pero necesitas aun verdadero hombre, que te proteja y te cuide.

    Andrea: oh mi vida.

    Dicho eso, ella fue ahora que tomo la iniciativa y me beso, jugábamos nuestras lenguas y acariciándonos, nos besamos por unos 5 minutos que parecían horas.

    Andrea: Quiero sentirme amada por un verdadero hombre.

    Alan: Yo te amare siempre madre.

    Cuando dije eso vi como mi madre se quitaba su bata y la pude ver con sus pantaletas y brasier, pero también se quitó sus pantaletas y brasier, por primera vez estaba viendo sus hermosos pechos y su vagina depilada, yo ya estaba excitado viéndola.

    Alan: ¿ves madre?, aun eres joven.

    Andrea: Ahora desnúdate mi amor.

    Eso hice, me desnude y me pene salto como un resorte, mi madre me lo agarro.

    Andrea: oh hijo hermosa verga tienes.

    Alan: es toda tuya, puedes hacerle lo que quieras.

    Dicho eso, me lo empezó a lamer y chupar, me lo mamaba como una diosa, yo me sentía en el cielo.

    Alan: aaah, madre que rico.

    Andrea: Que rico… pene tienes hijo…

    Me lo mamo por 10 minutos y ya no resistí.

    Alan: madre me correré.

    Mi madre me lo siguió mamando hasta que me corrí en su boca:

    Andrea: Que rica leche tienes hijo.

    Yo no aguante más y le chupaba un pezón a mi madre, mientras jugaba con el otro.

    Andrea: oooh siiii hijoooo, que rico chupas, volviste a ser bebé, vamos hijo ya no resisto más, regresa por donde saliste, métele tu verga a tu madre.

    Alan: ok mi madre, pero ponte de 4.

    Mi madre lo hizo y se lo metí por su vagina y me empecé a mover.

    Alan: aaaah madreee, que ricooo.

    Andrea: ooooh mi amor, sigueee.

    Alan: ahora soy tu hombre, tu esposo, tu todo y tú eres mi mujer, mi esposa y mi todo.

    Andrea: si hijoooo, tu eres mi hombre, mi esposo, mi todo y yo soy tu mujer, tu esposa tu todo.

    Así se lo hice por 10 minutos y ya no resistí.

    Alan: Madreee me vengooo.

    Andrea: dentrooo

    Me corrí dentro de ella, pero ahí no acabo, vi como mi madre acostó y me empezó a cabalgar, vi como saltaba y se movían sus pechos, yo le agarraba su cadera.

    Andrea: Estas haciendo un pecado, estamos haciendo incesto, pero me gusta y me vuelves loca hijoooo.

    Alan: Digo lo mismo madreee.

    Así duramos otros 10 minutos hasta que ya no volví resistir más.

    Alan: me correré otra veeez

    Andrea: hazlo dentrooo, quiero todaaa tu lecheee dentrooo de miiii.

    En esta ocasión los dos alcanzamos el orgasmo y nos corrimos mucho, después de esa sesión de sexo nos volvimos a besar como 2 amantes, después mi madre se acurruco conmigo.

    Alan: tienes que divorciarte, yo traeré lo necesario para la casa y seré el hombre de la casa, ya que encontré empleo y empezare la próxima semana.

    Andrea: que bueno hijo, está bien, pero déjame regresar a mi cuarto, no quiero que tu padre sospeche.

    Un mes después mi madre le pidió el divorcio, a los 3 meses ya se habían separado y mi padre se fue de la casa, al año ya me había vuelto el esposo mi madre, ayudándole con la casa con mi trabajo, todas las noches lo hacíamos, pero unos meses después mi madre se sintió mal, al final estaba embarazada de mí, después de esto pasaron 6 años, ya tengo una hija llamada Karime de 6 años, yo tengo 27 años y mi madre tiene actualmente 47 años y aún lo seguimos haciendo, en la calle salimos con nuestra hija y mi madre y yo tomados de la mano, nadie sabe que somos madre e hijo, pero en la noche lo hacemos muchas veces, soy un hombre feliz que está casado con su madre y a la vez tiene una familia.

  • Enredado

    Enredado

    Básicamente, a Ken le gusta ser eficiente. Cuando se trata de restricciones, él prefiere usar esposas; son fáciles de aplicar, rápidos de sujetar y soltar. Además, se ajustan a las muñecas de Daisuke con un sonido de clic tan agradable… Por supuesto, no le importa improvisar cuando las esposas no están cerca. Sí, siempre las vuelve a poner en el cajón superior de la mesita de noche después de haber follado con todo el amor del mundo a su chico, porque el dormitorio no es el único lugar para actividades sexuales. Entonces, si es necesario, Ken puede usar cualquier reemplazo que sea de fácil acceso: fajines de albornoz, cinturones, bufanda de Daisuke, lo que sea. Ken es bueno atando nudos seguros, y puede hacerlo bastante rápido mientras Daisuke se agita y se mueve debajo de él.

    Es lo que lo emociona, lo despierta: la fuerza áspera, la prisa, la lucha, los gemidos roncos y los enérgicos mandatos dados y obedecidos.

    Daisuke está parado frente a él, completamente desnudo, y descalzo sobre la alfombra, con la cabeza ligeramente inclinada, una sonrisa nerviosa bailando en las comisuras de sus labios. La sala de estar ha sufrido algunas modificaciones. Ken ha empujado los sillones fuera del camino, más cerca de las paredes, para hacer espacio adicional para el entretenimiento que están a punto de disfrutar, y Daisuke está en el centro de este.

    A diferencia de Daisuke, Ken está completamente vestido: pantalones negros, una camisa negra elegante. No es su color favorito en realidad pero es lo más cómodo, ahora sabe que los efectos visuales pueden aumentar la intensidad de una escena. Daisuke parece apreciarlo cuando Ken no solo actúa duro contra él sino que también se ve apropiadamente severo. Entonces, ¿por qué no malcriarlo un poco, solo por esta vez? Ken ha tomado tantas precauciones para hacer que todo sea ideal, que es un poco en comparación.

    Lo que está a punto de hacer requiere concentración y habilidad. Es similar a las artes marciales de alguna manera.

    – Levanta los brazos, al nivel de tus hombros-. Le ordena con voz suave

    Daisuke hace lo que le han dicho, y Ken lo mira con aprobación de pies a cabeza. Su mirada se detiene en la polla de su chico, que ya se está endureciendo y demandando atención inmediata, y no puede reprimir una sonrisa afectuosa. Ken puede parecer frío y distante, pero en estos momentos sus sentimientos son los mas salvajes posibles.

    Cada escalofrío, cada gemido y cada pensamiento obsceno reflejado en los ojos de Daisuke cuando pierde el control de sí mismo y cede ante él por completo, es sin suda lo mejor para él

    Rodea a Daisuke sin prisas, se detiene cerca de él, para que pueda sentir un cálido aliento cosquilleo en la nuca cuando le pregunta:

    – ¿Sabes lo que voy a hacerte?

    Daisuke hace un bufido, divertido.

    – Eso no es un secreto, teniendo en cuenta que hay dos rollos de cuerda en el escritorio frente a mí. Supongo que pronto estaré atado. ¿Realmente necesitas toda esta cuerda? Son 50 pies por lo menos…

    -No seas inteligente -. Le advierte, presionando más firmemente contra su espalda; la sensación de roce de la tela contra la piel desnuda hace que Daisuke se estremezca.

    – Sé exactamente qué cantidad de cuerda se requiere. Lo que voy a hacer, se llama «karada». Arnés del cuerpo -. Vuelve a decir, sus manos se deslizan por el abdomen apretado de Daisuke, un toque ligero como una pluma.

    – Entonces, no, no se trata de una conjetura equivocada. Cuando termine contigo, te verás como una criatura salvaje atrapada en una red, agradable y segura -. Ante estas palabras, agarra los pezones de Daisuke y los aprieta entre sus pulgares y los lados de sus dedos índices, no muy gentilmente

    Él lanza un grito de sorpresa y se estremece en los brazos de Ken y este lo abraza por detrás.

    – No, no, no, no bajes tus brazos todavía, me temo que estarás un poco aburrido manteniendo esta posición mientras trabajo, alguien tan impaciente como tú… Pero tengo una distracción bienvenida para ti.

    Él toma su bolsillo con su mano derecha, el otro todavía tuerce ligeramente el pezón de su novio, este se vuelve a tironear cuando se coloca una abrazadera detrás de su punta.

    -Vamos, sé que puedes manejar esto por mí, son ajustables. Si te aburre a pesar de esta sensación, solo dime, los apretaré.- le asegura Ken y saca otra abrazadera de su bolsillo.

    Daisuke solo gime en respuesta. La tortura del pezón siempre parece provocar reacciones mixtas de él, lo odia, pero su ingle tiene una opinión propia. Cuando Ken desliza su mano hacia abajo, su polla se mueve con entusiasmo. No aburrido, al menos por ahora.

    Ambos amaban esto, el arte del Shibari, y Ken, amante de la lectura, hizo su investigación, escrupulosamente como siempre, estudiando varias formas de atar a una persona en patrones intrincados, demasiado intrincados para su gusto. Bastante gracioso, algunos métodos de atadura de cuerda aparentemente se originaron de técnicas de restricción militar (quizás esa era la razón por la cual Daisuke pensó que todo esto tendría un cierto atractivo para él), pero ahora el Shibari, que literalmente significaba atar, es un enfoque más entretenido que práctico para retener a un cautivo.

    Así que… Entretenimiento será. Ken toma la primera bobina de cuerda de la mesa y la desata teatralmente con dos movimientos de chasquido. El parpadeo que ve en los ojos de Daisuke justifica la práctica de este simple truco durante días, nunca ha sido un presumido, pero con Daisuke él es tantas cosas que no es con los demás.

    Ha elegido una cuerda de yute de 6 mm. Las fibras naturales se unen fácilmente entre sí, la unión se mantendrá unida mediante nudos muy simples y la fricción de giros y vueltas. Además, a Ken no le gustan los materiales sintéticos, aunque son más baratos y fáciles de conseguir. Le encanta el olor a tierra del yute, y disfruta de la sensación de una cuerda áspera en sus manos.

    Ha tenido mucha práctica recientemente, abusando de un maniquí indefenso que Daisuke trajo a su casa por algunos propósitos siniestros. Al principio fue torpe, torpe de nudos, y no pudo evitar pensar que estaba contento de que Daisuke no lo viera así: poco elegante, ridículo. Con Daisuke, ahora él quería ser perfecto. Afortunadamente, aprendió rápidamente.

    Siempre ha sido bueno para hacer cosas con sus manos… Y deshacer a su chico con toques medidos, escenas de castigo meticulosamente planificadas y recompensas dudosas. Por ahora, Ken conoce a Daisuke tan bien que no hay necesidad de adivinar qué funcionará mejor para él. Este cuerpo es un territorio familiar, y Ken lo maneja con confidencialidad propia. Primero, aplicará el arnés básico alrededor del torso, el que se llama «karada». Para comenzar, encuentra los extremos de la cuerda, pasa las manos por ella hasta que localiza el centro y la coloca alrededor de la parte posterior del cuello de su chico. Un lazo suelto cae entre sus omóplatos, y ambos extremos de la cuerda van hacia la parte frontal de su cuerpo. Daisuke se estremece con los primeros pinceles de cuerda áspera contra su piel. Ken sabía que iba a amarlo.

    Ahora, el primer nudo volador – usando ambos extremos de la cuerda al mismo tiempo – justo debajo de las clavícula

    – Está bien, puedes cambiar de posición. Manten la cuerda en su lugar. Aquí, en tu miembro viril, bien

    El segundo nudo por encima de las costillas, el tercero en el ombligo y el cuarto en la parte inferior del vientre, de tres a cuatro pulgadas el uno del otro, perfecto, ahora tira de la cuerda con cautela y no se apresura, lo que hace suspirar a Daisuke. A veces es deliberadamente impaciente, provocando que Ken haga algo más interesante.

    – Ahora la parte divertida -. Le advierte.

    El siguiente nudo se colocará entre las piernas, pasa suavemente el pene de Daisuke por el aro y este jadea cuando Ken ajusta sus bolas y las sostiene por un momento en su mano como algo valioso que necesita pesar, y luego desliza la cuerda entre las piernas de Daisuke, separándolas ligeramente.

    – ¿No demasiado apretado?-. Pregunta de una manera profesional. Él comenzó a atar el arnés holgadamente, pero se deshinchará con el tiempo y rozará contra los genitales de Daisuke.

    Ken lleva los dos extremos de la cuerda entre las nalgas de Daisuke, no puede resistir la tentación de pasar los pulgares a lo largo del delicado pliegue, y luego sobre la espina dorsal y a través del nudo del cuello. Ahora divide las puntas y avanzan, un extremo a cada lado del cuerpo, debajo de la línea del frente, entre el primer y el segundo nudo por arriba, y viceversa, ata los extremos juntos, justo al lado de la columna vertebral, y repite este procedimiento una y otra vez, ceñido pero no demasiado apretado, solo para asegurarse de que haya suficiente tensión. Todo esto hace que el arnés vibre, haga cosquillas y provoque el cuerpo de Daisuke y este está inquieto bajo los toques de Ken y es tan deliciosamente sensual que él procede muy lentamente, a propósito, para apreciar cada momento de este juego.

    Es solo un juego previo, por supuesto, y debería haberlo considerado una pérdida de tiempo, pero extrañamente, no se siente así.

    Por fin, Ken bloquea el arnés en su lugar con un nudo cuadrado y se retira para considerar su trabajo. Perfecto. Simétrico. Una red elaborada estirada tensa sobre carne pálida. Él desliza un dedo debajo de uno de los hilos, probando su tensión, y asiente enérgicamente, bastante satisfecho.

    Los brazos de Daisuke serán atados a continuación. Normalmente, Ken los aseguraría para que cada muñeca se encuentre con el codo opuesto. Es fácil mantener esta posición durante mucho tiempo, lo que es bueno teniendo en cuenta que Ken siempre tiene muchas ideas en mente cuando Daisuke está indefenso y a su merced. Pero hoy está probando los límites.

    – Manos a la espalda -. Le ordena. Pone los codos de Daisuke muy juntos, estarán tan apretados que se tocarán. Es una posición extenuante, pero Daisuke es lo suficientemente flexible, lo manejará. Y puede confiar en que Ken hará todo de la manera correcta, será cauteloso con las articulaciones y no contraerá una arteria principal que pasa cerca de la piel justo arriba y debajo de los codos. Una cuerda que está mal colocada puede causar entumecimiento, o incluso daño de ligamentos y músculos… Un pensamiento desagradable. Es bueno que Ken esté tan bien en anatomía.

    Pero por si acaso se equivoca, tiene unas tijeras con puntas redondeadas para cortar la cuerda de una vez, sin causar daños, puede ser un hombre vanidoso, especialmente cuando se trata de la evaluación de sus habilidades por parte de Daisuke pero la seguridad es más importante que su orgullo.

    – Prueba los lazos -. Sugiere una vez que los brazos de Daisuke están asegurados con una cuerda. No es que Daisuke sepa que son ineludibles: ya sabe que está bien entregado y que no hay forma de que salga de la esclavitud hasta que Ken decida liberarlo. Pero cuando tira de las cuerdas, comienza a sentir la fricción del arnés contra todo su cuerpo con cada movimiento que hace, las fibras de yute frotándose contra su piel, una comezón medio agradable, medio irritante.

    Ken disfruta el show inmensamente. Los nudos y los bucles resaltan las líneas de los brazos y el torso tonificados de Daisuke y la esclavitud del codo hace que su pecho se destaque un poco, los pezones sujetos a la espera de una mayor manipulación. El atractivo visual de tener el cuerpo de Daisuke contorsionado por tal posición ciertamente está allí, pero sobre todo, a Ken le fascina la mirada en la cara de Daisuke, un poco perplejo, como si no pudiera decidir qué sentir.

    – Qué hermoso juguete eres -. Murmuró acercándose. Sus cuerpos no se tocan, pero Ken se da cuenta de que la respiración de Daisuke se acelera, sus labios ligeramente separados, su mirada cautelosa. Para compensar la diferencia de altura, Ken agarra un puñado de pelo suave y pelirrojo en la nuca de Daisuke y baja la cara para hablar directamente en su boca, en voz baja,

    – Es hora de quitar las pinzas, quédate quieto y sin ningún sonido. ¿Está claro?

    Una exhalación temblorosa, un asentimiento muy enérgico porque todavía está sosteniendo la nuca de Daisuke firme e inflexiblemente.

    – Bien-. Sus labios casi rozan contra los de Daisuke pero no del todo. La ventaja de altura de Ken no es una ventaja en absoluto cuando quiere acercarse más

    Lo suelta. Su brazo se desliza por el hombro de Daisuke, le hace cosquillas en el costado, se envuelve alrededor de su cintura, se desliza bajo la cuerda que corre a lo largo de la espina dorsal.

    – No puedes sostenerme con las manos atadas, pero yo te abrazaré, lo prometo -. Su otra mano se posó en la primera pinza del pezón. El dolor debería haber disminuido por ahora, y una vez que se ha entumecido, dejar las abrazaderas por más tiempo tendrá poco efecto.

    Las rodillas de Daisuke casi se doblan cuando Ken quita la abrazadera.

    – Constante, estable -. Ken murmura, su agarre en la parte inferior de la espalda de Daisuke se endurece.

    – Es solo que los receptores de tus nervios vuelven a despertar -. Tirando de la cuerda debe causar una sensación de hormigueo y de distracción, en algún lugar entre inquietante y erótico, mientras todo el arnés se clava en la piel de Daisuke. Para agregar una diversión más, se inclina para mordisquear y doblar un poco la protuberancia maltratada. Daisuke merece una pequeña recompensa por permanecer en silencio. La última vez que trataron de jugar con abrazaderas, él gritó mucho. Por otro lado, Ken no le había dicho que se callara en ese momento.

    Cuando Daisuke finalmente se relaja en los brazos de su chico, este alcanza la segunda abrazadera.

    Esta vez, Daisuke no tiene tanto éxito en mantener el ruido bajo. Tal vez porque Ken aprieta la abrazadera una vuelta completa antes de desenroscarla.

    Ahora solo hay gemidos y solo cuando Daisuke se tranquiliza, todavía débil y tembloroso, reprendió con arrepentimiento

    – Esperaba que hubieras aprendido a controlarte, pero no, te doy una orden simple: permanecer quieto y no hacer ningún sonido. ¿Y cómo se supone que debo reaccionar cuando lo ignoras?

    Daisuke aún no se ha recuperado del todo para hacer una cara apropiada. Es demasiado.

    – Pensé que tendríamos una agradable velada relajada juntos… -. Suspira tristemente -. Le coge a Daisuke la entrepierna y la aprieta, solo para que él sepa qué va a extrañar debido a su descarrío.

    – Pero sabes que no puedo dejar impune la desobediencia-. Pone ambas manos sobre los hombros de Daisuke y lo empuja ligeramente hacia abajo, lo que sugiere someterse en lugar de forzar la obediencia.

    -Arrodíllate.

    Incluso con las manos atadas a la espalda, Daisuke logra deslizarse de rodillas con elegancia, sin perder el equilibrio. Ahora se ve como un cautivo apropiado.

    Sobre la mesa, una fusta está esperando su turno, tiene un asa acanalada para un agarre más apretado, y una solapa de cuero doblada en el extremo llamativo, y su prueba ha sido muy satisfactoria hasta el momento.

    Ken lo había dejado sobre la mesa de antemano, justo al lado de los rollos de cuerda. En parte, para que Daisuke lo vea y anticipe qué va a pasar si se porta mal de una manera u otra, lo que generalmente hace. Pero sobre todo porque Ken no quiere dejarlo solo mientras está fuertemente atado, ni siquiera por unos minutos. Ken sabe que está siendo ridículamente precavido, pero es mejor de esta manera que tener remordimientos después. Por lo tanto, prefiere estar sobreequipado que carecer de cualquier cosa.

    – Supongo que te has dado cuenta de esto. En caso de que actúes mal, de hecho, no has estado en tu mejor comportamiento recientemente. Estoy sintiendo un patrón aquí. Tal vez he sido demasiado indulgente últimamente. Es hora de arreglarlo.

    Ken golpea la punta ancha y cuadrada en su palma unas cuantas veces. Daisuke lo está mirando desde debajo de las pestañas recatadas. No es la reacción que Ken espera de él, a continuación la fusta corta el aire con un sonido de zumbido, haciendo que Daisuke se encoja por un segundo. Oh sí, mucho mejor. Pero él tendrá que esperar un golpe real por bastante tiempo, hasta que esté bien conectado.

    Ken extiende la punta de la fusta y acaricia suavemente la cara de Daisuke con su superficie plana, la aplica contra su mejilla, la parte inferior de su mandíbula. Daisuke inclina su cabeza en el toque, suave e íntimo por el momento. Usando el eje de la cosecha, Ken acaricia el lado de su cuello; rastrea lentamente el final de la fusta por su garganta, pecho y vientre, siguiendo las líneas del arnés; acaricia los lados internos de sus muslos antes de volverse a sus genitales. La espectacular erección de Daisuke sin duda merece una atención especial.

    – ¿Te diviertes?-. Se burla de él. Desliza el látigo de un lado a otro sobre la polla, aplicando una presión constante. Pronto su punta brilla con el presemen y Ken la pasa por el pecho de Daisuke, frotando la solapa de cuero contra sus pezones, uno tras otro.

    – Qué indecente. Puedo elegir jugar contigo un poco antes del castigo real. Esto no significa que puedas disfrutarlo tan descaradamente.

    La punta del látigo cae en el pecho de Daisuke como una amenaza sobre el pezón izquierdo. Una exhalación temblorosa y un grito más audible cuando el siguiente golpe rápido contra el pezón derecho atrapa lo atrapa por sorpresa. Ken mueve la fusta sobre sus pezones sensibilizados una y otra vez, alternando entre los dos objetivos al azar.

    Finalmente, satisfecho con los resultados, que incluyen a Daisuke cerrando los ojos y estremeciéndose con cada chasquido de la punta del látigo, Ken se detiene, y cuando Daisuke lo mira, con una súplica muda, la punta de la fusta se desvía deliberadamente alrededor de cada enrojecimiento y cada pezón obscenamente excitado.

    – Podría continuar si quisiera, ya sabes. No me pararás, no cuando estás atado así. ¿Cómo se siente estar tan indefenso?

    Obviamente, se siente torturantemente emocionante. La polla de Daisuke todavía se tambalea hasta el vientre de la soga de la cuerda que le envuelve los genitales. Quizás la próxima vez sea mejor apretar este bucle un poco más, para que sea un recordatorio menos amable del humilde rol de sumiso. Las buenas ideas vienen con la experiencia.

    La erección de Ken se ha vuelto demasiado estrecha en sus pantalones. Con la fusta aún en su mano izquierda, abre con pulgar el botón de sus pantalones, se desabrocha torpemente, ansioso por finalmente soltarse, y casi con un suspiro de alivio, saca su polla de su ropa interior. Daisuke abre la boca con facilidad, pero Ken golpea la punta de la fusta contra el muslo de Daisuke

    -NO. Nadie se mueve hasta que lo diga. Y no lloriqueés -. Agrega con dureza cuando Daisuke deja escapar un» oh «decepcionado.

    Ken pone su polla lentamente a través de la mejilla

    – Codicioso, codicioso -. Le regaña pero con menos austeridad, su voz se volvió ronca: la dolorosa lucha de Daisuke por ser obediente casi lleva a Ken al límite. Él golpea ligeramente su polla dolorosamente dura a través de los labios divididos lascivamente de Daisuke

    – Tan desesperado por una polla. Pero es una recompensa, Daisuke, ¿y por qué te recompensaría? No hay razón en absoluto. Pero tú me ayudarás a bajarme -. Ken suelta su polla y presiona una palma contra la boca de Daisuke.

    – Lámelo. Hazlo mojado.

    Él hace su mejor esfuerzo, lamiendo la palma de la mano de Ken chupando suavemente sus dedos. Este último lo detiene cuando se pone demasiado entusiasta.

    – Suficiente. Ahora mira.

    Ken comienza a frotar su puño lentamente arriba y abajo de la longitud de su propio eje, sintiendo el deslizamiento de deslizamiento de la saliva, pronto se mezcla con el presemen mientras comienza a mover la cabeza también. Poco a poco, su ritmo se acelera, sus bolas a veces golpean la barbilla de Daisuke, o la punta de su polla contra la nariz.

    Cuando está insoportablemente cerca, él ordena con voz ronca:

    – Abre la boca -. Él se bombea brutalmente, apretándose más fuerte y ahogándose con un gemido mientras salpica su liberación en los labios y la lengua de Daisuke. Él no se detiene hasta que él fuerza hasta la última gota de su pene.

    – Ahora escúpeme -. Le ordena, y aunque su voz todavía es inestable, se las arregla para parecer más o menos autoritario.

    Ken siempre se siente saciado y confuso después del clímax, tal vez incluso extrañamente sentimental. Está contento de que Daisuke esté demasiado ocupado para mirar hacia arriba.

    Deja que Daisuke succione suavemente su pene que se suaviza mientras desliza los dedos entre los rizos oscuros.

    Algunos goteos escapados vienen lentamente por el puente de la nariz de Daisuke. Ken los desliza por las mejillas con un pulgar y entre los labios

    – Limpia también -. Y Daisuke agita ansiosamente la lengua alrededor de él.

    Finalmente, Ken mete su pene desinflado nuevamente dentro de sus pantalones y se levanta la cremallera de los pantalones. Después de volver a poner la fusta en el escritorio, estrictamente paralela a su borde y a la vista, rodea al cautivo y se desliza hacia la alfombra detrás de él, tal vez no con tanta gracia como este último, pero no hay nadie para verlo. Él jala a Daisuke más cerca, entre sus piernas abiertas, y aunque es casi imposible para Daisuke acomodarse cómodamente contra él, con sus brazos fuertemente atados, Ken se las arregla para mover el cuerpo flexible para que la cabeza de Daisuke se detenga en la curva de su hombro. Ken alcanza el pecho para jugar con los pezones doloridos de una manera perezosa y sin prisas mientras su otra palma se extiende sobre la garganta. Ligeramente presionando sobre él, Ken puede sentir un gemido silencioso burbujeando allí con cada exhalación, pero Daisuke estoicamente no lo suelta.

    – Mucho mejor -. Ken lanza una alabanza a los cabellos de Daisuke.

    -Puedes ser obediente si realmente lo intentas ¿Qué tal si te doy un regalo por eso?

    Daisuke no puede contener un jadeo cuando las puntas de los dedos de Ken rozan su polla.

    – Es una pena que no tengamos un espejo más grande aquí -. Le susurra Ken al oído mientras raspa levemente con sus uñas arriba y abajo del eje.

    – Tal vez deberíamos conseguir uno. Deberías verte a ti mismo cuando estás así, indefenso y débil por la necesidad. Te ves tan loco. Tan depravado…

    Se toma su tiempo jugando con la punta del pene de Daisuke hasta que este se retuerce incontrolablemente, su cabeza inclinada hacia atrás contra el hombro de Ken. Finalmente, este se apiada de él y comienza a acariciarlo en serio, y después de unos minutos de agonía, Daisuke se viene con un grito medio sofocado, chorros de semen cubriendo el puño de Ken y este lo detiene a través de las réplicas.

    Ambos se quedan quietos por un tiempo, el brazo de Ken rodea la cintura de Daisuke.

    Cuando Ken se levanta para tomar toallitas húmedas, Daisuke lo llama,

    – ¿Ken?-. Suena como una súplica, como que no te vayas. Las palabras que él probablemente nunca diría.

    -Estoy aquí, no a ninguna parte.

    Limpia la cara muy suavemente, y sus otras partes del cuerpo que necesitan un manejo aún más delicado. Después de deshacerse de las toallitas, él toma su lugar detrás de Daisuke de nuevo.

    – Voy a desatar tus codos. Pero el arnés se mantiene, se ve muy bien en ti. Lo llevarás puesto todo el día, y nada más.

    Daisuke murmura algo incoherente pero aparentemente aprobador.

    Ken intenta deshacer los vínculos con cuidado. Hay algunas marcas de compresión creadas por vueltas alrededor de la piel, pero se desvanecerán bastante rápido. No hay quemaduras por tirar de la cuerda demasiado rápido, sin hematomas de nudos mal colocados. Ken se felicita a sí mismo mentalmente. Tal vez la próxima vez irá más allá y atará las piernas de Daisuke a este arnés también, y podrían experimentar la esclavitud genital más a fondo.

    Más tarde, enrollará la cuerda con cuidado, y empujará los sillones a sus lugares como si nada hubiera pasado, pero ahora solo quiere sentarse en la alfombra con Daisuke acurrucado en sus brazos por unos minutos más.

    Acerca más a Daisuke, y este se sienta tan naturalmente contra su pecho. Mantendrá a Daisuke desnudo, salvo el arnés, durante todo el día, y mañana también pensará en algo interesante. Y se divertirán, hasta que alguno de los dos termine cansado el uno del otro.

    – Tal vez deberías hacerme usar un arnés debajo de mi ropa cuando salga -. Dijo Daisuke entre bromas

    Ken se ríe entre dientes, posa sus brazos alrededor de la cintura de Daisuke de forma protectora, posesiva. La idea es extremadamente atractiva pero no muy sabia.

    – Tus camisas son muy ajustadas. Este arnés sería visible. Todos te mirarían boquiabiertos, seria algo extraño

    – No me importa

    -Bueno, lo haré, o tal vez no

    – ¿Porque?

    – No quiero que él llame tu atención

    – Oh -. Respira Daisuke después de un momento de pausa, y se acurruca en el abrazo, no amplía su pensamiento porque sabe quien es esta persona

    Ken por su parte, solo quiere que Daisuke sepa que él es suyo, por supuesto que sí. Pero él trata de ser racional al respecto. Él es literalmente nadie, no tiene reputación de proteger, por lo que una revelación como esta no le hará ningún daño.

    Sus sentimientos estan muy turbios ahora mismo, quiere a Daisuke solo para él, mantendría a este hombre atado y amordazado en su casa por dias si pudiera; él lo marcaría, aún más, Haría lo que fuera necesario para que se olvidara de todo y de todos los demás … Hasta de Takeru.

    Pero tal vez no sea suficiente.

    Ken pasa sus dedos por el cabello de Daisuke sosteniéndolo con una extraña sensación de tristeza, como algo devastadoramente precioso, algo con lo que puede jugar durante un tiempo, pero que no podrá reprimirse por mucho tiempo.