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  • Mi madre me traía ganas y me sedujo

    Mi madre me traía ganas y me sedujo

    Yo soy Juan, estudiante de preparatoria y vivo en México distrito federal, desde pequeño me ha atraído el box, lo he practicado hasta durmiendo, pues como dice mi madre la mayoría de las noches ya dormido estoy lanzando golpes y haciendo fintas.

    A base de tanto ejercicio, tengo una figura bien formada según dicen agradable; mi familia se compone de mi madre, una señora a mi parecer guapa y de buenas dimensiones, mi hermano mayor Fidel, que ya vive por separado porque está casado, y en el hogar estamos mi madre, mi hermano Lucio, mi hermana Imelda, los dos estudiando la secundaria, y claro yo.

    Por las mañanas asisto a la prepa, por las tardes trabajo en una tienda de discos y saliendo de esta me voy directo al gimnasio a darle de golpes al costal, a la pera loca, a la pera fija, y por supuesto subo al ring a pulir la técnica, que es lo que más me gusta, y aunque cuando me toca la gobernadora es terminar como un santo cristo bañado en sudor, por ahora es mi alegría y diversión, mi madre pasa por mi como a eso de las nueve de la noche, la mayoría de las veces ella llega como a las 8 y media.

    Me dice que tengo finta de campeón, le encanta tomarme fotografías y video, sobre todo cuando estoy metido en el entrenamiento y no me doy cuenta, ella las guarda y cuando hay alguna reunión familiar o de sus amigas, casi siempre las muestra.

    Esta rutina ha sido así desde que inicie mi entrenamiento formal, ya tengo en mi registro 9 peleas ganadas, 8 por nocaut y una decisión.

    Hace un mes tuve la última pelea, estaba tan bien preparado o tal vez el que me pusieron al frente no iba en su punto, que no me duró más que un round y medio, cayó fulminado con una combinación que remate con un bolado a la quijada.

    Mi madre que siempre me acompaña a las peleas en la primera fila al lado de mi esquina estaba como loca dando de brincos, ella de cariño me dice «mi campeón», toma y toma fotos y más fotos.

    Terminó la función y como siempre nos regresamos a casa, ella muy emocionada no dejaba de alabarme, que si el gancho que le di al contrario, que si la combinación a la mandíbula, que si el castigo a los bajos, tanto habla y habla y ponía y quitaba su mano de mi pierna, luego la dejaba unos segundos, me apretaba, soltaba y luego otra vez, yo sintiéndome su héroe, también empecé a engancharme con su euforia y sin darme cuenta tocaba su muslo, ella en un alto se subió la falda de modo que lo dejó al descubierto me tomó la mano y la colocó cerca de su entrepierna, así la mantuvo hasta que se puso el siga, sentí como una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo, el cansancio se transformó en un impetuoso e intempestivo huracán.

    Volvió a tomar mi mano y la acercó más a su sexo, como un latigazo se estremeció mi cuerpo al sentir su pequeña pantaleta y lo abultado de sus vellos, a mis 19 años y en ese momento el miembro se puso más firmes que un soldado, y de una a otra sorpresa, mi madre colocó nuevamente su mano pero ahora ya sobre mi bulto y le dio un pequeño apretón, por poco y grito de la indescriptible sensación que sentí, ella soltó mi bulto y metió su mano en el pants hasta que aferró a mi sexo, de plano me quedé paralizado, no alcancé a hacer ningún movimiento, ella empezó a maniobrar muy suavemente sobre mi miembro sexual, que se puso a punto de explotar.

    Como ella tenía controlada la situación, sin dejar de hablar, nos fuimos acercando a la casa y me dijo: «mi campeón» esta noche te has ganado un premio muy especial y para empezar te vas a acostar conmigo, al cabo que tus hermanos ya están dormidos…

    Me quedé helado, paralizado, no pude articular palabra alguna, tal vez lo que menos esperaba era lo que mi madre había pronunciado… esta impresión tuvo la virtud de desinflar la gallarda figura de mi altivo tolete.

    Experiencia en el sexo como podrán comprender, no tengo ni siquiera la suficiente, pero con estas palabras el que sí entendió y entendió bien y demasiado rápido fue mi pene, que de la flacidez, en un santiamén, se endureció, más de lo que ya había estado.

    A pesar de que durante el camino prácticamente mi madre me vino cachondeando, digamos masturbando, no esperaba de esta manera convertirme en hombre y menos en la cama de mi madre y con mi madre.

    Continué por unos segundos más helado, paralizado, se me cortó la respiración, lo escuché y no lo creí, no esperaba así de pronto todo esto, sin comprenderlo, todo estaba claro, no se necesitaban más explicaciones, en mi mente rebotaban con una diáfana claridad las palabras de mi madre:..» te vas a acostar conmigo, al cabo que tus hermanos ya están dormidos»…

    Llegamos a la casa, y efectivamente mis hermanos ya estaban dormidos, la televisión encendida favorecía nuestro arribo, puesto que pasaría desapercibido; me fui directo a la regadera queriendo esfumarme por no saber qué hacer con las intenciones de mi madre, resultó contraproducente, pues mi madre apareció con su bata de baño, encima, completamente desnuda y sin más me dijo:

    como se lo merece mi gran campeón, su mami se encargará de bañarlo, diciendo y haciendo, arrojó su bata al piso y se metió conmigo a la regadera, un poste telefónico tiene más movimiento que mi cuerpo en ese instante, mis ojos se abrieron cien veces más potentes que el telescopio Huble, al ver desnuda de cuerpo entero a mi santa madre, a pesar de que a veces por descuido y otras furtivamente la había visto desnuda; está vez, su cercanía hacía para mí las veces de un baño sauna; como cordero al matadero abrí la regadera, el chorro de agua fría estremeció mi cuerpo, y en ese instante mi madre se apoderó de mí, me abrazó por detrás, me acarició con sus manos el pecho, con sus enormes senos me masajeó la espalda, haciendo vibrar mi cuerpo entero, su voz en un susurro me dijo: estás hecho todo un hombre, exactamente lo que esta noche necesito, será lo que sea, pero hoy haremos lo que desde hace meses he deseado…

    Tomó el jabón, y empezó a enjabonarme, inició por mi espalda, siguió por el cuello, mis posaderas; mis brazos y tórax curtidos por el ejercicio sentí que la excitaban a cada instante más y más, sentía como estaba disfrutando y la voluptuosidad de su cuerpo se amoldaba al mío, queriendo fundir su piel con la mía.

    Sus manos bajaron ya sin el jabón hasta mi entrepierna y yo sin control y sin noción de lo que estaba sucediendo, me dejé llevar por la lujuria que embrujaba nuestras cuerpos, ella tocó con sus manos mi sexo, lo recorrió tan hábil y con tanta suavidad, que prácticamente me obligó a separar las piernas y dejarle el campo libre para que mi endurecido sexo fuera tomado por ella y con movimientos lentos empezara a masturbarme, cerré los ojos y me hundí en la vorágine de la pasión, esa pasión obscura y seductora, que nubla los sentidos y convierte en ansiedad el más incontrolable de los instintos del hombre y la mujer… el deseo de la carne… el sexo animal y brutal.

    Siguió mi madre con mano diestra trastornando mis sentidos, hasta encontrarnos abrazados frente a frente, buscó mis labios y nos fundimos en un beso, un beso ardiente, demasiado caliente, lujurioso, tal vez por algún tiempo esperado, sus pezones erguidos y endurecidos por la pasión desenfrenada, sus senos pegados a mi pecho implorando caricias, sus brazos aferrados a mi cuerpo, no conocía lo ardiente y apasionada que era mi madre y mis brazos acariciando con lujurioso desenfreno sus caderas, sus nalgas de mujer prohibidas para mi, pero que la fuerza brutal del deseo incontrolable, hizo romper las en realidad inexistentes barreras de respeto.

    Con una voz enronquecida por la fiebre que en ese momento devoraba a mi madre me dice: ven bebé terminemos de bañarnos, y comencemos este camino que nadie ya puede detener… en respuesta, acaricie sus pechos, acaricie su sexo, muy discretamente depilado, porque si tiene su vellosidad fina y abundante, metí un dedo en sus labios vaginales, ella se estremeció de placer y se abandonó a mis caricias, terminamos la ducha, nos secamos mutuamente, la saqué cargándola en mis brazos, ella abrazada a mi cuello me besaba, la conduje a su recamara, la deposité con ternura en la cama, la dejé desnuda y me quedé contemplándola, realmente es hermosa mi adorada madre, sus piernas, su sexo, sus pechos, sus pezones, su boca sedienta de amor y de pasión.

    Ella se levanta y toma la cámara de video, la coloca sobre una mesa, orienta el lente hacia la cama, ajusta el lente y la pone a funcionar, se acomoda en la cama y me jala de un brazo, caigo encima de ella y nuestra bocas se funden, el mejor beso creo yo es el del incesto, besar a tu madre en la boca, estando desnudos y listos para el sexo, ahora sí que no tiene madre.

    Mi madre sabe hacer el sexo, yo tal vez no, pero el instinto me fue guiando, me encimé en su cuerpo, mi pene impaciente buscaba los labios vaginales de mi madre, pero ella me empujó hacia abajo por los hombros y sin saber mi boca se dirigió a su vagina, abrió sus piernas y frente a mis ojos, quedo la flor más hermosa de la creación, lo más hermoso de mi mamá inundó mis pulmones con ese aroma inconfundible del sexo femenino, el olor de su sexo me trastorno.

    Le di un beso, con mi lengua inicie una serie de movimientos de arriba hacia abajo, rozando su botoncito que se puso rígido, me fui más abajo y le introduje la lengua en su vagina, se la moví adentro en círculos y ella empezó a gemir y a soltar sus fluidos enervantes, sus líquidos sexuales que absorbí con calenturiento deleite, me sentía el amo de mi madre, me sentía su dueño, su hombre, su macho, mis manos acariciando sus senos, sus pezones se endurecían, sus piernas en mis hombros me aprisionaban y a cada arremetida de mi lengua, se arqueaba y suspiraba, gemía, con ganas de gritar de placer, contraía su vagina, y soltaba oleadas de líquidos sexuales, mi cara se empezó a empapar, mi pene a más no poder, duro, y palpitando dejando escapar también mis líquidos seminales, con mis labios aprisioné su clítoris y lo empecé a succionar, a cada succión que le daba mi madre gritaba, estiraba sus piernas y se estremecía incansable, gemía y gemía como desesperada, me empujo la cabeza contra su sexo y explotó en un ardiente orgasmo, me llenó la boca de líquidos, mi nariz quedó igual, mis mejillas llenas de ese sabor indescifrable que por primera vez yo tenía en mi boca.

    Me volví a encimar en ella y le empecé a mamar un seno, su pezón se endureció, se lo mamé como si fuera un bebé, me aferré a él y luego me cambié al otro, ya no resistía mi madre, estaba a punto nuevamente de incendiarse, calentísima me quería ahogar con sus pechos, se los mamaba y le mordisqueaba sus pezones, se los estiraba y más se enardecía, al borde del orgasmo me dijo:

    Bebé siéntate en la esquina de la cama, le obedecí y ella se sentó encima de mí dándome la cara, con sus piernas abiertas y abrazándome con ellas se fue introduciendo lentamente toda la extensión de mi verga, vi como mi pene se iba perdiendo en su vagina, sentí un calorcillo invadir mi cuerpo, tenía a mi madre ensartada en toda mi verga, se la acababa de meter a mi hermosa y sabrosa mamá, la tomé por sus nalgas, y la empecé a bombear lentamente, sus pechos se bamboleaban en mi cara, no me quedó más que atrapar uno con mi boca y empezar a mamárselo desenfrenadamente, se los mamé lujuriosamente, hasta que sentí que le brotaba lechita de ellos, ella con la cabeza hacia atrás estaba como loca enardecida, prácticamente se ensartaba en mi verga, mojada hasta escurrir por mis guevos sus líquidos, gemía como loca, me besó en la boca y nos enredamos buscando nuestras lenguas, fundidos por un fuego abrasador, que hizo sudar nuestros cuerpos y jadear de placer hasta el paroxismo.

    Ahora bebé déjame que yo me coloque al borde de la cama y como tal, se paró, mi sexo se quedó escurriendo y ella se acomodó acostada boca arriba, con las piernas abiertas, mostrándome su enorme y golosa vagina, mi madre estaba esplendorosa, mojadísima, sus labios vaginales inflamados y su flor enormemente crecida, jugosa, y excitante, caliente y cachonda como nunca me la imaginé.

    Me dijo penétrame bebé, méteme todo tu sexo, quiero sentirlo hasta mi garganta si es posible, quiero gozar este amor prohibido que desde hace tiempo me traía sonámbula, tenía ganas de cogerte bebé, tenía ansias desesperadas por tenerte en mis brazos y que me hicieras desfallecer como ahora me tienes, méteme tu verga papito, métemela toda y dále con fuerza para que sienta que me posees, que me haces tuya que me cojes y me disfrutas como yo a ti.

    Al oír decir esto a mi madre, mi pene se puso más rígido y grueso de lo que lo tenía, se la dejé ir de un solo empujón y hasta grito mi madre, se la clavé con ansias, con verdadera furia, se la saqué y se la volvía clavar, mi madre gemía, me arañaba la espalda, me mordía el pecho, me aprisionaba con sus piernas y más me desbordaba, se la estuve metiendo y sacando hasta que sentí completamente mojados mis guevos, y toda batida su vagina, exploto con un tremendo aggghhh!!! Papito me vengo mi amooor!!!… quedó por unos momentos, desfallecida y yo a punto también de venirme, a mi madre la tenía desmadejada, sin fuerzas y abierta de piernas dejándome extasiar con su hermosísima vagina inundada con líquidos orgásmicos.

    Le dije: mamá, ahora te la puedo meter agachadita?

    Ella me dice: papito lo que quieras mi rey, tu mamita está para obedecerte en lo que quieras mi amor, esta noche hazme todo lo que quieras que soy tuya para siempre mi amor.

    Se agacho poniéndome su enorme trasero enfrente, su vagina abultada por lo inflamada que estaba, se veía esplendorosa con sus vellos empapados lo que aceleró aún más mi calentura, la sujeté por sus nalgas y me arrodillé para lamerle su labios vaginales, me tomé todo lo que de ella fluía, le di pasaditas con mi lengua en su vulva, en su delicioso ano, que fruncía cada vez que mi lengua pasaba sobre de él, la volví a calentar y a ponerla ganosa, mi madre apretaba sus nalgas y me incitaba a penetrarla, subí mi pie izquierdo al borde de la cama y nuevamente, se la dejé ir toda, la tomé por sus caderas y empecé a bombearla, a bombearla hasta hacerla explotar, su enorme culo es maravilloso, su vagina en esa posición se tragó todo y volvió a chorrear a cántaros su orgasmo, ya no aguanté más y le grité a mi madre: mamaaa me vengo adentro de ti mamaaa!!! aggghhh!!!

    Me vine completamente en la vagina de mi madre, la llené de leche, la inundé de semen caliente y espeso, dejé que los estertores de mi cuerpo se fueran calmando y que mi respiración también se fuera acompasando, quedando arriba de mi madre, abrazado a ella y con mi sexo adentro, hasta que solito se fue saliendo… con la sabana le fui secando de todas sus partes que estaban mojadas, ella se dejó hacer y abrió más sus piernas tendida boca arriba, la vi hermosa, la vi sensual, la vi divina, era mi madre la que me había hecho hombre, era mi madre a la que me acaba de coger, le había metido todo mi sexo, la tenía en mis manos, la tenía para mí, era mía y nadie más se la podía coger, solo yo su hijo, su campeón como ella me dice… me jaló hacia su lado, me abrazó, me besó y yo metí mi pierna entre las suyas para sentir en mi piel su vagina desflorada de tanto bombearla con mi verga, así nos quedamos dormidos en su cama, así amanecimos llena de semen ella y yo lleno de sus efluvios vaginales que tanto me calentaron… despertó y me dio un beso en mi sexo, yo para corresponder me prendí de sus tetas y se las mamé un buen rato… mi madre ya me tiene a mí como su amante… y yo soy de ahora en adelante el amante de mi madre.

    Fin

  • El viejo y el taxiboy

    El viejo y el taxiboy

    El chico hacia rato que estaba en la parada, esperando algun posible cliente, vestido con un corto short de jean y una remera sin mangas y ojotas en sus pies, como si viniera de un gimnasio. Sabia que a muchos hombres le atraian chicos bien formados como el y les pagaban por coger con ellos, pero esa noche parecia no iba a ser muy rendidora. Algunos coches pasaban lentamente frente a el y veia caras que lo miraban con intensidad, pero ninguno se detenia.

    Ya estaba por darse por vencido y retirarse cuando se dio cuenta que atras de el un hombre viejo lo miraba fijamente y no le sacaba los ojos de sus piernas y cola, el chico se retiro discretamente hacia la esquina y a los pocos segundos el viejo tambien se le acerco.

    «Estas solo precioso» dijo el viejo, a lo que contesto el chico «Estoy trabajando»

    «Y cuanto cobras lindo», «500 pesos el oral y 1000 pesos completo, el hotel va por tu cuenta»

    «Vivo a media cuadra, asi que si queres vamos a mi casa» El chico dudo, pero tomando en cuenta lo magro que habia sido la noche le dijo «Bueno, vamos»

    Se internaron por una calle oscura rumbo al apartamento del viejo, el hombre paso una mano por la cintura del chico y la bajo tocandole las nalgas «Que bueno estas, que colita mas linda»

    Llegaron al edificio y subieron hasta el primer piso, el caliente viejo le apretaba sin cesar las nalgas y los muslos y le decia «que suaves tenes las piernas pareces una mujer».

    Entraron al apartamento del viejo, el chico exigio que primero le pagara, lo que el caliente viejo hizo y luego, sin demora lo llevo al dormitorio. Lo acerco hasta el borde de la cama y poniendose detras del chico le saco la remera y desde atras se puso a sobarle el suave pecho y tocatrle los pezones mientras se ponia a lambetear el cuello del chico mientras le decia «Que bueno que estas, te voy a llenar de leche»

    Subia y bajaba sus manos por la cintura del chico y las piernas, subiendolas de nuevo para acariciarle el pecho y los pezones mientras su duro miembro se frotaba contra las nalgas del joven.

    Se puso por delante y comenzo a sacarle el short, que hizo deslizar por las piernas del chico, solo una diminuta tanga negra tapaba el sexo del joven y el viejo le dijo «Te gusta calentar a los hombres mira que tanga tenes», se sento en la cama haciendo sentar a su lado al muchacho que veia la terrible ereccion del viejo. Lo tomo por la cintura con una mano mientras con la otra le sobaba los muslos y le besaba salvajemente en la boca. El chico respondia como podia a los embates furiosos del caliente viejo y sentia todo su cuerpo atacado por las rasposas manos del viejo que no paraban de sobarlo.

    El viejo se levanto de la cama, se saco el pantalon y calzoncillo y el chico vio la enorme ereccion del viejo que le acerco su verga a la cara y empezo a chuparsela mientras con sus manos tocaba los huevos del viejo que temblaba de placer.

    El viejo lo detuvo y le dijo «Acostate que te voy a coger» a lo que el chico obedecio poniendose boca abajo para sentir de inmediato las manos del viejo atrapandole las nalgas, apretandolas, sobandolas y abriendolas mientras decia «Pero que nalgas tenes pendejo estas divino» y hundio su cara entre los cachetes del chico buscando lamer la raja y el culo metiendole la lengua sin compasion. El chico pego un respingo ante el furioso ataque que parecia querer penetrarlo con su lengua. Siguio sintiendo esa caliente lengua paseandose por todas sus nalgas hasta que sintio que el viejo lo tomaba de la cintura apartandolo de la cama mientras decia «Ahora si» y le introducia la cabeza de la verga, hacia una pausa y embestia de nuevo hasta que el chico sintio que lo penetraba todo, era como sentir una brasa ardiente en el culo. El viejo empezo a moverse hacia atras y adelante cada vez con mas fuerza, sintiendo como su pito era atrapado por el apretado culo del muchacho, siguio cogiendolo un buen rato hasta que sintio la llegada del orgasmo y con un bufido gutural acabo dentro del chico.

    Todavia siguio embistiendo ese monumental culo hasta que su pene quedo flaccido y se desprendio del chico, cayendo de costado agotado por el esfuerzo.

    Despues de recuperarse, hizo que el chico se vistiera y acompañandolo a la puerta le dijo «Me gusto mucho, estas muy bueno, te voy a visitar seguido»

    Y dandole un beso de lengua lo despidio.

  • Cita a ciegas (Primera parte)

    Cita a ciegas (Primera parte)

    Desde hace varios años que visito sitios de internet relacionados con el sexo, para leer relatos o ver vídeos. En realidad, desde chica que mi curiosidad por el sexo era evidente si hasta me arrancaba a leer la revista «V.A.y.S» del diario la cuarta =P y fantasear.

    Un día, navegando por la red me topé con un sitio de contactos y citas y me creé un perfil. La verdad, lo hice sólo por curiosidad ya que no imaginaba que pudiera encontrarme algo muy interesante.

    No seré Miss Universo, pero qué manera de recibir mensajes… y de todo tipo. Unos bastante directos y al grano y otros tratando de ser más caballeros, pero, en el fondo, todos con la misma intención… contactarse conmigo para establecer «amistad» o algo más.

    Hubo varios hombres que llamaron mi atención, pero uno en particular… Andrés… Era alto y delgado, piel morena y pelo ondulado. Conversamos como dos semanas y sin cesar me invitaba a salir. Claro, era simpático y persistente, aunque para mí la «química» es fundamental. ¡Qué manera de enrollarme! ¿Y si yo no le gustaba?; ¿Y si a mí él no me gustaba?; ¿Y si era sicópata? Su forma de expresarse me dio más confianza hasta que accedí.

    Planifiqué todo… Si algo salía mal tomaría un taxi al departamento de una amiga, que vive en el centro. Un sábado en la noche quedamos de juntarnos en Plaza Italia. Me había puesto súper bonita, pero seguía con miedo. ¡Me dolía la guata de nervios!

    Al llegar, él estaba esperándome… Lo reconocí de lejos. Lo mejor fue que me atrajo más que en sus fotos. Me miró, se acercó y dijo:

    -¿¡Javi!? Mhhhh, eres más linda de lo que creí. Qué bueno que llegaste, pensé que me dejarías plantado. ¿Vamos a tomarnos algo?

    Y nos fuimos al «Patio Bellavista». El pub era muy bonito y había buen ambiente y buena música. Nos sentamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida. Como dije en mi relato anterior, yo no bebo alcohol, sólo porque no me gusta, así que cualquier acción que hiciera la haría completamente consciente.

    Fuimos entrando en confianza y se fue acercando más a mí. Me acariciaba el brazo y me tomaba las manos, nos mirábamos. Yo estaba muy nerviosa. Hasta que sin previo aviso me plantó un beso, uno de esos que te dejan sin aliento… Cualquiera que pasaba por allí diría que éramos pololos y ni sospecharían que era nuestra primera cita. Eso y toda la situación me excitaba mucho. Cuando paramos de besarnos me miró y me dijo:

    -¡Wow, qué beso! ¿Me dejarías despertar hoy con uno de ésos?

    Yo pensaba, ¿¡Queeeé?; ¿¡Me está pidiendo dormir juntos así a la primera!?; ¿¡Está loco!? Pero la idea me fascinaba. Jamás pensé que terminaría la noche en un motel. Al ver mi cara de espanto, Andrés dijo:

    – Javi, tranquila. Ya viste que no soy sicópata ni nada. Somos dos adultos, nos gustamos. Déjame todo a mí… ¿Vamos?

    – Pero si te acabo de conocer y yo nunca me he acostado con alguien en la primera cita. No quiero, Andrés. – Le argumenté.

    Se levantó y me plantó otro beso, ahora apretándome hacia él con fuerza. Mi cabeza decía que no, pero mi corazón acelerado y la humedad de mi vagina gritaban que sí… Pagó la cuenta y nos fuimos en su auto a un motel cercano. La señora del motel le dijo el precio por tres horas.

    -¡Necesito toda la noche!- Dijo.

    Y yo entre mí dije ¿Para qué tanto? Ji, ji, ji.

    Entramos a la habitación y de inmediato me acorraló contra la pared y comenzó a besarme y besarme, bajando por mi cuello, (mi punto débil, debo haber sido vampiro en otra vida) con su boca y su lengua mojadita. Me puso tan caliente, me apretaba contra la pared haciendo presión con su bulto del pantalón sobre mi pelvis y a tocarme los pechos sobre la ropa. Yo comencé a gemir despacito, ¡Aaayyyy qué rico era todo! Tan caliente me tenía que lo único que quería era tirarlo a la cama, pero fue él quien lo hizo. Me llevó a la cama y en seguida se arrojó sobre mí, besándome una y otra vez y tocándome, pero sin sacarme la ropa. Me daba pequeños mordiscos en todo el cuerpo y yo no entendía por qué no me sacaba la ropa de una vez. Quería que la hiciera tira… y a mí también… Por lo visto su objetivo era hacerme rogarle por lo que yo misma había dicho que no iba a hacer.

    – ¡Ay, Andrés, ya no doy más! Oooohhh, mhhhhhhh ¡Por favor!

    – Si lo sé, Javiera, pero aún no empezamos.

    Y acto seguido se sacó la ropa y lo vi completamente desnudo y aprecié su pene todo parado y duro, como me gustan, no era ni muy grueso ni muy largo, pero me tenía tan caliente que me daba lo mismo. Se acercó a mí y, lentamente, me desvistió. Quedó mirándome sólo con ropa interior. Yo llevaba un conjunto gris con encaje de color negro, muy lindo, pero creo que no le gustó mucho porque enseguida me lo quitó y dijo:

    – ¡Quiero chupar esas tetas enormes que tienes, preciosa!

    Y se lanzó como loco a mamar mis pechos con más pasión que un bebé hambriento. Mordía mis pezones cada vez con más fuerza mientras seguía restregándose sobre mí con su pene sobre mi monte de venus que estaba depilado por completo y yo arqueaba la espalda y levantaba las caderas para poder sentirlo pronto dentro mío mientras yo gemía y gemía. Mhhhhh, aaaaah, y pasaba mi lengua por mis labios relamiéndome de placer. En mi cabeza gritaba: ¡Métemelo, métemelo de una vez! Pero él seguía comiéndome las tetas y entonces sentí cómo una de sus manos comenzó a rozar mi vagina y, suavemente, estimulaba mi clítoris. Yo estaba tan mojada que mis jugos escurrían hasta mi culito, y luego introdujo un dedo en mi vagina y comenzó a meterlo y a sacarlo, suave primero y tomando más ritmo después.

    – ¡Ay, Andrés, me tienes loca, ya no aguanto más!

    – Espera, hermosa, que quiero que te corras como nunca antes lo has hecho.

    Y comenzó a bajar besando mi vientre y mis caderas, chupando cada pedacito de piel, dejándome llena de su saliva. Acercó su cara a mi vagina y empezó a chupar mis labios y mi clítoris, lo hacía con más voracidad que como lo hizo con mis pechos.

    – ¡Aaaahhhh, mmmm! ¡Andrés qué rico lo haces, por fa sigue!

    Y justo ahí metió su lengua lo más adentro que pudo y yo agarré su cabeza con suavidad hasta que sentí que me venía.

    – ¡No pares, no pares! – Le decía yo.

    Hice más presión en su cabeza y toda su cara estaba enterrada en mi vagina y él no paraba de comerme el clítoris y meter su lengua y sacar su lengua una y otra vez, haciéndome gritar de placer. ¡Aaaahhhh, siiii! De pronto exploté. Digo exploté porque en ese orgasmo delicioso salió tanto jugo de mi vagina que cuando el sacó su cara de entre mis piernas estaba llena de un líquido lechoso y blanquecino y hasta las sábanas se mojaron.

    – ¡Ooooohhh, qué exquisito! Te la comería la noche entera, ricura. ¡Cómo te corriste, Javi!

    Descansamos un rato porque yo no daba más, pero su pene seguía vivo…

    Espero que les guste el relato para así subir la segunda parte.

    Disculpen los errores de redacción y/o ortográficos.

    Les dejo mi correo si desean hacer alguna crítica.

    [email protected].

  • Continuación de El bosque (final)

    Continuación de El bosque (final)

    A mí me… me gusta ser varón, señor, pero… pero a la vez me excita que me confundan con una mujer…

    -¿Y te gusta estar vestido con ese uniforme de sirvienta? –me preguntó el señor Gervasio y asentí con la cabeza…

    -Contestá, puto… -me exigió…

    -S… sí, señor Gervasio, me… me gusta…

    -¿Y te gusta estar maquillado? –intervino el señor Rolando…

    -Sí, señor, me gusta…

    -¿Y qué me decís del pelo hasta los hombros?… –preguntó el señor Gervasio…

    -Me gusta, señor…

    -¿Te gusta mucho?…

    -S… sí, señor, me… me gusta mucho…

    A esa altura las mejillas me ardían y el humillante interrogatorio me tenía cada vez más excitado…

    Para colmo, el señor Gervasio metió una mano por debajo de la mesa y empezó a acariciarme los muslos…

    -Ahhhh… -gemí sin poder contenerme justo cuando el camarero llegaba con el pedido…

    -¿Le pasa algo?… –preguntó…

    El señor Gervasio rió y dijo: -No, mi amigo, está bien, no se preocupe…

    -Por curiosidad, ¿cuántos años tiene?…

    -Dieciocho recién cumplidos…

    -¡¿Cómo?! Yo le menos

    -Sí, nadie le da dieciocho…

    Gozaron y gocé de esa situación en la confitería y en cuanto llegamos de vuelta a la cabaña el señor Gervasio dijo mientras se sobaba la entrepierna:

    -Rolando, ando caliente… Tengo ganas de darle al chico…

    -Yo también… ¿Qué preferís para empezar? ¿la boca o el culo?…

    -Que me haga de arranque una buena mamada…

    -Ya oíste, Yoyi, arrodillate…

    .Sí, señor… -y me arrodillé ante el señor Gervasio, que se bajó los pantalón y el calzoncillo para exhibir ante mí su pija todavía muerta…

    -Abrí la boca y tragala, puto… -me ordenó y obedecí sin dudar… Me encanta ponerme en la boca una pija muerta y sentir cómo poco a poco se va agrandando y endureciendo gracias a mis artes bucales de puto…

    ¡La tiene grande el señor Gervasio!… Y a mí me fascina tragarla toda y que se me hunda en la garganta hasta provocarme algunas arcadas…

    Mientras yo mamaba esa pija el señor Rolando no estaba ocioso… Me sobaba las nalgas y alternaba entre caricias y pellizcos y yo feliz, porque me encanta que me toqueteen la cola…

    Yo sostenía en mi mano izquierda los huevos del señor Gervasio, ya muy hinchados, y su pija con dos dedos de la mano derecha…

    Quería que me llenara la boca de semen, pero a la vez que no se corriera enseguida, porque como buen nene puto que soy me encanta chupar una pija, que me cojan por la boca…

    Bueno, el señor Gervasio se corrió después de un rato y me deleitó tragar toda su leche caliente para después ser asaltado por el señor Rolando… Me la metió en la boca ya dura… Debe haberlo excitado mirar mi mamada al señor Gervasio… ¡Cuánta leche me hicieron tragar antes de darme pija por el culo!…

    El primero fue el señor Rolando, al que tuve que ponerle vaselina en esa hermosura de pija que tiene… Eso hizo que se le parara y que después de alguna presión me entrara en mi culo hasta los huevos… Y en cuanto el señor Rolando se corrió me asaltó el señor Gervasio sin darme respiro… ¡Me vuelven loco de placer estos sátiros!… A veces me toman con tal violencia que termino con el culo ardiendo, pero qué me importa…

    Ahora les cuento que volvieron a llevarme a casa de mami Carmen… Claro que me dio la teta y me violó con su juguete, pero ¿saben que hizo además?…

    Les cuento, cuando me tuvo en la cama, con mis dueños mirando la escena, me preguntó:

    -¿El chico quiere tomar la teta?…

    -Sí, mami, por favor…

    -Bueno, pero antes mami se va a divertir un poco… -dijo y sacó de abajo de la almohada dos broches de ésos de colgar la ropa…

    -El chico se va a quedar quieto…

    -S… sí, mami… -y me puso los broches en los pezones… -¡Ay, duelen!… –me quejé y ella me dijo:

    -Mami lo va a consolar dándole la teta…

    Y mientras yo estaba chupando sentí que el señor Rolando se ubicaba mis espaldas y algo me entraba en el culo… ¡Era su pija!… No puedo explicarles el tremendo goce que mami y ellos me dieron, porque después del señor Rolando me violó el señor Gervasio mientras yo seguía prendido al pezón de mi mami y empezaba a gustarme morbosamente ese dolor de los broches en los pezones…

    (continuará)

  • Una madurita se vuelve mi vecina y me entrega a alguien más

    Una madurita se vuelve mi vecina y me entrega a alguien más

    La relación con Cintia mi madura vecina y amante era cada vez mejor, cogíamos de 3 a 5 veces a la semana, a veces cogía más con ella que con mi esposa, se había entregado a mí en todo sentido, yo sabía en todo momento donde y con quien estaba, me pedía permiso para salir a hacer cualquier cosa incluyendo reuniones con sus amigas, algunas veces le negaba permisos solo por el hecho de tener el control. Un día me pidió vernos con urgencia porque se le había presentado un problema, me salí temprano del trabajo para verla en un café cercano a su trabajo.

    Al llegar no la vi despampanante como cuando salía conmigo ya que en el trabajo iba bien cubierta y recatada, a diferencia de cuando salía conmigo y la hacía ir con las faldas o vestidos muy cortos y las blusas más escotadas sin sostén, me senté a su lado y viéndola tan mal me enterneció, pregunte cual era el problema y me enseño una carta de embargo de un banco, al parecer tenía una fuerte deuda que no había solventado desde hace más de un año, ahí me di cuenta que tenía el control de sus actividades y de su futuro pero no sabía nada de su pasado. Pregunte que era esa deuda tan grande y me dijo que en parte era por la escuela de su hija que su esposo al morir había dejado de pagar.

    Hija? Esposo? Después de 4 meses de relación nunca lo había mencionado y me dijo que no lo vio necesario porque yo nunca pregunte, trate de calmarla, pedí un par de cervezas para relajarnos y escuchar su historia, en resumen…

    Su infancia fue difícil, una padre dominante que no tomaba en cuenta a las mujeres, ella y su madre, y sobreprotegía a sus hijos. Un novio que solo le quito la virginidad a los 16 y después ni sus luces, otro que solo se aprovechó lo que quiso y dejo abandonada con un embarazo, el padre la corrió de su casa y fue a parar con un viejo conocido de su madre en otra ciudad, el que se hizo cargo de ella y su niña a cambio de tener el control de la joven y su hija sin dar explicaciones de nada.

    Un infarto que dejo una viuda joven sin idea de cómo ganarse la vida, una mala administración y la ignorancia de los negocios del difunto por parte de esas dos mujeres y la cuñada, que también mantenía su esposo, gracias a una investigación nos damos cuenta que el esposo tenía mucho más de lo que siempre aparente y lo dejo a ella y su cuñada que después me ceden el control de los negocios dejando su futuro económico en mis manos y mejorando el mío enormemente.

    Con esta historia entendía porque esta madurita que era tan complaciente y entregada, tan inocente sexualmente pero con ganas de complacer a su hombre aunque lo compartiera, me tenía para darle rumbo a su vida pero yo desconocía su pasado hasta ahora.

    A partir de ahí deje mi trabajo para dedicarme al 100% a administrar los diversos bienes de mi amante, me había contratado para dicho fin con un sueldo mucho mejor que el que venía ganando, ella estaba feliz y me pidió que le contara mi más grande fantasía para hacerla realidad como agradecimiento de haber resuelto su futuro económico, como por instinto dije que hacer un trio, al principio mi noticia la tomó por sorpresa pero luego me dijo

    -yo soy tuya, puedes hacer conmigo lo que quieras, si es tu deseo entregarme a otro lo haré aunque no me guste, yo quisiera ser solo tuya, si por el contrario quieres tener a otra mujer para complacerte me empeñare en encontrar la adecuada para hacerte feliz, a menos que quieras que lo hagamos con tu esposa, cosa que no me desagradaría ya que de todos ahora te compartimos.

    Nunca se me paso por la cabeza hacer un trio con Cintia y mi esposa aunque sonaba bien, mi esposa no sería tan fácil de convencer, compartir a mi amante lo había pensado, me excitaba que coqueteara con otros pero nunca le pedí que fuera a más y ella descargaba su calentura conmigo. Dejamos el tema así hasta que un día me pidió hacer un viaje de fin de semana a una ciudad relativamente cercana, al principio me negué pero ella ya tenía un plan que me pidió autorizará a ejecutar.

    Como mi esposa ya sabía que trabajaba para ella, en teoría, sería la forma en que podríamos convencerla de ir a un viaje de negocios, la sorpresa fue que me pidió invitarla para no levantar sospechas y que llegando allá Cintia tenía todo preparado y ella se encargaría de hacerme disfrutar sin que mi esposa lo supiera. Así pues, un día jueves salimos los 3 al viaje muy temprano para aprovechar el día, llegando al hotel nos recibió una linda jovencita que «trabajaba» para Cintia, nos indicó cuales eran nuestras habitaciones, una donde estaríamos mi esposa y yo, y la otra para Cintia, todavía no dejábamos el equipaje cuando la señorita me pidió acompañarla a una junta para ver algo del negocio en esa ciudad, sabía perfectamente que mi amante tenia propiedades ahí las cuales yo manejaba pero no sabía que hubiera algo pendiente que ver, Cintia me guiño un ojo y me pidió que fuera a resolver eso y ella se llevaría a mi esposa a conocer la ciudad.

    Tome mi computadora y salí de la habitación siguiendo a mi guía, no pude dejar de notar su bonito culo que movía sensualmente al caminar, era blanca de cabello y ojos negros, muy simpática y segura, delgada, con estrecha cintura, pocas tetas pero con un culo respingón que se notaba era producto de horas en el gimnasio, al igual que sus piernas que dejaba ver bajo esa falda ajustada del traje sastre que vestía, subimos al elevador y presionó otro piso bajamos y sacando un llave me cedió el paso, era una habitación mucho más grande, cama kingsize, con una tina grande en el baño enorme y un jacuzzi en el balcón, bella habitación pero vacía, cuando di la vuelta para pedir una explicación vi a Ana de pie frente a mí en ropa interior, medias de ligas negras, tanga y sujetador de encaje negro con zapatos de tacón al mismo tono. Con la cabeza agachada me dijo en un susurro apenas audible, Cintia me ordeno ponerme a sus órdenes, para lo que usted guste hacer conmigo, me quede sin palabras, el pequeño cuerpo de la joven era muy atrayente, me acerque y gire a su alrededor deleitándome con lo que veía, tetas pequeñas pero duritas, cintura mínima, abdomen un poco marcado, piernas delgadas pero firmes, nalgas levantadas y duras, piel suave que pude sentir al pasar un dedo por su espalda y hacer que se estremeciera, tras de ella desabroche el sostén y jale un poco para retirarlo, puse mis manos en su cintura, baje a su cadera, la rodee y acaricie su plano abdomen llevando las manos hacia arriba, hasta tocar sus tetas, ya estaba abrazado a ella y besaba su cuello y hombros, ella se dejaba hacer y empezaba a gemir suavemente cuando pellizcaba sus pezones rosados, bese su cuello y baje por su espalda hasta su cintura y sus nalgas, hincado tras ella tome su tanga y la baje hasta sacarla cuando ella subió un pie y luego el otro, tenía esas bellas nalgas frente a mí y las mordí, bese y acaricie, las separe para poder ver el agujero en medio de ellas y me encanto, estaba cerrado y se veía bien apretado, lo toque con la lengua y su dueña se estremeció, seguí con mis caricias linguales abarcando desde su ya mojada vagina hasta regresar a ese rico ojete, me levanté y tomando su mentón eleve su cara para verla a los ojos y darle un beso para probar sus labios, respondió a mi beso abrazándome y acurrucándose en mi pecho mientras mis manos jugaban y acariciaban sus nalgas y espalda, ella me comenzó a desabrochar la camisa y la retiro, luego bajo sus manos para desabrochar mi pantalón y bajarlo hasta mis pies, quito mis zapatos y termino de retirar el pantalón dejando solo mis boxers cubriéndome, los que no duraron mucho pues también bajo y retiro dejando mi verga ya erecta frente a ella, la tomo con una mano y de un solo empujón la metió en su boca hasta que la punta toco su garganta, haciendo un esfuerzo la fue metiendo aún más hasta que poco a poco la tenía completa en su boca llegando a su garganta, luego de eso comenzó una rica mamada que estaba haciéndome venir hasta que la levante del piso tomándola de los brazos, volví a besarla y la lleve conmigo a la cama, acostados ahí nos volvimos a besar y me coloque sobre ella en posición de misionero, la fui penetrando lento mientras veía sus ojos y como mordía su labio inferior, cuando estuve adentro por completo me quede así unos segundos disfrutando el momento, ella empezó a moverse bajo mi cuerpo que la cubría por completo y la acompañe en sus movimientos que fueron creciendo en rapidez junto con nuestros gemidos, empezó a gritar del placer mientras me abrazaba y me apretaba con su vagina hasta que exploto en un húmedo orgasmo junto conmigo, llegamos al éxtasis al mismo tiempo y la sabana estaba mojada de la combinación de fluidos que salía de su sexo, descansamos un momento y ella fue al baño a preparar la tina. Regreso ya sin medias ni tacones, se subió a la cama a bañarme de besos desde los labios para bajar por cuello y pecho hasta llegar a mis huevos que beso y chupo muy rico lo que puso dura mi verga de nuevo, se la metió a la boca para hacer una garganta profunda mientras me acariciaba los huevos con sus dedos, parecía que sabía cómo me gustaba coger, se levantó de la cama jalándome con ella y me tomo de la verga con la mano para dirigirme a la tina, me senté cómodamente y ella se metió conmigo en la templada agua entre mis piernas, se puso de espaldas a mí y se metió mi falo de un sentón, movía su cadera de atrás a adelante haciéndome sentir sus nalgas, luego se recargo en mí y giro la cabeza para besarme, se dio la vuelta completa y se volvió a sentar sobre mí, así se puso a brincar hasta que tuvo otro orgasmo que la dejo rendida sobre mí, se levantó y la puse en la orilla de la tina para cogerla desde atrás tomando la de la cintura, de repente sacaba mi verga de su vagina para meterla en su boca un rato y luego regresar a su vagina, así estuvimos cogiendo un buen rato en la tina hasta que explote en su boca, se tragó todo y fuimos a secarnos y descansar en la cama, a los 10 minutos ya estaba mamando mi verga y huevos otra vez.

    Cuando estaba ya exhausto y a ella se le salía mi leche de su vagina nos quedamos dormidos.

  • Simplemente acepté un regalo de la vida

    Simplemente acepté un regalo de la vida

    Además de confesar este reciente evento de mi vida, también debo decir que me resulta difícil escribir pues me cuesta trabajo entrar en detalles y siempre hay una parte de mí que se inhibe, a pesar de escribir desde el anonimato. Tengo 52 años, 21 de casada, mi marido tiene 57 y tengo tres hijos, quienes ya no viven en la casa. Soy arquitecto de profesión, trabajo en una empresa de la construcción. El año pasado asistí a un congreso/seminario sobre los nuevos materiales de la construcción. Omito el lugar, sólo diré que fue en un hotel resort en el Caribe. Pocas veces había salido de viaje por cuestiones de trabajo. En este caso fue porque un ingeniero de la constructora no pudo asistir y yo ocupé su lugar, pues ya estaba reservado el lugar con anticipación.

    Fueron tres noches y cuatro días. Fue una reunión de carácter internacional y bueno, conocí a un hombre de 43 años, atractivo, con el cual hice click casi de inicio. Me sorprendí ante mi misma con esta reacción. Nunca me había sucedido, pues a pesar de sus altas y bajas he tenido una relación llevadera con mi marido. (Una vida sin problemas económicos y en el terreno sexual satisfecha). Pero algo me sucedió… pues además del atractivo físico de este hombre me agrado cómo se me insinuó. Estoy en plena menopausia, con sofocos, con poco deseo sexual, reseca… ciertamente con mal genio en algunos momentos. Estando en ese lugar, es decir, con calor y humedad, se me agudizaron los sofocos desde que llegué al aeropuerto y todavía en el hotel, a pesar del aire acondicionado. Después de conocer a este hombre y charlar en los recesos de las sesiones, me dijo que lo recomendable para los sofocos era el sexo. Así de explícito fue su comentario. No me molestó, pues tenía algo de razón. Le dije, porque era la verdad, que ya no tenía intimidad tan frecuente con mi marido por obvias razones, la edad, la falta de deseo, etc. A lo que me respondió con una sonrisa que me cautivo, entre picara y seductora, diciéndome que todavía era una mujer atractiva y que no desperdiciara los momentos que nos regalaba la vida. Yo iba vestida con un vestido suelto, de la cintura para abajo, arriba un poco ajustado, pero un poco corto, arriba de la rodilla, lo que hacía que lucieran mis piernas y se visualizaran mis caderas. A pesar de mis más de 50 años me conservo bien, y como soy del norte del país, soy caderona y piernona, pero con poco busto. Conservadora y liberal según las circunstancias.

    Me sentí muy bien con lo que me dijo y no sé, pero me empezó a gustar su compañía. Físicamente muy atractivo, alto, de espaldas anchas, hombros redondos, brazos fuertes y siempre dispuesto a escuchar, sin hablar mucho de él. Tal vez eso fue el motivo que me gustó de su personalidad. Llegó la cena, y la compartimos juntos. Después fuimos al bar, cerca de la playa. Todo muy bien. Hablábamos de nosotros, sólo de nosotros. Finalmente, ya de regreso a nuestros cuartos, me dijo si no quería pasar al suyo. Confieso que dudé, pensé en mi marido, en mis hijos, en mi matrimonio, pero también me emocionó lo desconocido, lo diferente.

    No quiero entrar más en detalles, me ruborizo solo pensar en escribirlos, sólo diré que pasé las tres noches con este hombre, quien me llenó de gozo y placer. Me sentí revivir, y si al principio dudé y me costó trabajo, desconociéndome a mí misma, después acepté esa oportunidad que se me estaba dando y simplemente disfruté, sin pensar en nada ni en nadie, sólo en mí. A estas alturas de mi vida, porque no pensar en mí, reflexioné al respecto.

    Finalmente, debo decir que tuvo razón aquel hombre, mis sofocos se redujeron y mi vagina ya no estuvo tan reseca. Fueron tres noches increíbles en que, y me da pena decirlo, me dio unas tremendas folladas (o cojidas como decimos en mi país), como no me las daba mi marido desde hacía mucho tiempo. Y esto es perfectamente entendible. Este hombre tenía por lo menos diez años menos que mi marido, por lo que no sé si tomó algo, pero en cada noche me habrá follado tres o cuatro veces. Además de que duraba lo suficiente, creo que esto fue la clave, pues mi marido, como toma un medicamento para la próstata, tiene algo que se llama eyaculación retrógrada y eyacula demasiado rápido, sin mucho placer por lo que me deja insatisfecha y si logro tener un orgasmo es de otra forma, con sus dedos o con sexo oral. Y con este hombre tuve varios orgasmos con su miembro dentro de mí, lo que ya tenía tiempo que no experimentaba, casi se me había olvidado…Pero también yo disfruté mucho a este hombre, no sólo él de mí; pues tenía un cuerpo bien formado y con sus músculos marcados todavía, con la piel bronceada y me da pena decirlo, pero con un miembro espectacular, el cual lo disfruté de muchas formas, acariciándolo, llevándomelo a la boca o sintiéndolo en mis nalgas cuando me abrazaba por detrás. Sentí que estaba a mi medida, pues como dije antes, soy caderona, todavía acinturada y este hombre me penetraba sin prisa y llenándome al mismo tiempo.

    Nos despedimos, sin ningún acuerdo ni compromiso ni nada, era lo mejor, a la vida sólo hay que pedirle momentos, esa fue a la conclusión a la que llegué. Mi marido fue por mí al aeropuerto, lo vi con gusto, y debo confesarlo, no me sentí culpable, se me dio la oportunidad de gozar y lo hice. No entro más en detalles, me cuesta trabajo expresarme, pero siento que tuvo beneficios este affair, pues ahora ha mejorado un poco el sexo con mi marido, se despertó mi imaginación y reavivó mi sexualidad. Sólo me resta decir que a pesar de los 50 años, las mujeres seguimos con el deseo sexual, pero falta que se presente una situación específica para responder, de eso estoy convencida, sin embargo, la rutina y demás contribuye a dejar de lado esos deseo ocultos y bueno, yo tuve la oportunidad de que se presentarán, no todas lo tienen.

  • Mi primera vez con una prostituta

    Mi primera vez con una prostituta

    Hola a todos. Soy de México DF y esta historia sucedió hace tiempo.

    Trabajaba en un local de venta de productos para limpieza en lo que es la famosa «Merced» esa zona es conocida por las abundantes sexo servidoras que ahí laboran.

    Siempre que salíamos del trabajo como a eso de las 4 de la tarde, varios amigos pasábamos a ver las pieles que estaban en turno.

    Siempre me animaba a pasar un amigo; ya que no me atrevía a pasar. Este amigo me decía que él me pagaba la estadía con la que yo quisiera.

    En ese tiempo el costo del servicio básico consistía en solo había desnudo de la cintura para abajo.

    Lo demás iba aumentando, dependiendo lo que uno quería; ya sea en poses, oral u otro servicio.

    De tanto que insistía este amigo, comencé a buscar alguna chica de mi agrado; hasta que un día, ahí estaba.

    Una chica disfrazada de colegiala.

    Su falda escocesa obviamente roja, sus calcetas a bajo de la rodilla, su camisa, blanca con una corbata roja.

    Era morena clara, delgada, ni muy culona, ni muy chichona.

    Al verla le pregunte a mi cuate si seguía la oferta en pie.

    Al ver a la chica quiso pasar con ella antes, pero le gane el turno.

    Una vez pagado desde el hotel hasta su servicio básico, le pedí de favor si me dejaba quitarle su ropa interior.

    Para sorpresa ella acepto, así que en el proceso le acaricie sus bonitas piernas.

    También le pedí que no se quitara la falda. Es que debo de confesar que me excitan las colegialas.

    Ella me puso el condón, luego de darme una pequeña masturbada.

    Al penetrarla, note que aún estaba algo estrecha su vagina.

    Trate de acariciarle todo el cuerpo, pero ella me dijo que no dejaba que le tocaran los pechos.

    Pero luego me dejo hacerlo.

    Mi excitación llegaba hasta el tope.

    Aunque tenía un límite de tiempo me sentía en la gloria, solo por cumplir a medias una de mis más grandes fantasías.

    Acariciaba desde sus piernas, pasando por sus nalgas, hasta llegar a su cabello.

    La verdad olía rico aquel perfume fresco que utilizo en esa ocasión.

    Mi tiempo estaba a unos minutos de terminar, por lo que intensifique mis caricias y mis movimientos, logrando así un rico orgasmo.

    Le agradecí a la chica, además de preguntarle su nombre y que días la podía encontrar en la calle.

    Ya con la información en mano, no paraba de oler mis manos y de recordar a la bella Rosa María (nombre artístico)

    Desde ese día me volví según yo su cliente.

    Solo pase con ella otras tres veces.

    Ojala les haya gustado mi ni relato…

  • Una madre muy puta, con mi amante y mi hijo

    Una madre muy puta, con mi amante y mi hijo

    Enrique me había venido a visitar como lo hace todos los viernes, nos tomamos unas copas y como cada viernes, lleve a Enrique a mi alcoba, lo senté en el pequeño sofá y me hinque entre sus piernas y comencé a desabrochar su pantalón, hasta que su verga apareció, la tome con mi mano y comencé a acariciarla, aún estaba algo encogida, así que lentamente la fui frotando hasta que adquirió un tamaño considerable, cientos de veces he visto la verga de Enrique, pero no deja de gustarme, su piel morena me fascina, y la manera en que sus venas se le marcan me enloquece, la continué acariciando durante algunos minutos más, hasta que se puso completamente dura, como a mí me gusta, acerque mi cabeza hacia ella y lentamente separe mis labios y comencé a tragármela y de inmediato un calor inundo mi boca, lentamente comencé a subir y bajar mi cabeza, y después de unos segundos, aquel pedazo de carne se puso bastante duro, parecía como si me estuviera tragando un pedazo de metal caliente, la saque de mi boca durante unos instantes, la sujete con mi mano y la sacudí un par de veces más, y después pose mi lengua sobre sus genitales y comencé a subirla lentamente, tratando de recorrerla por completo, para ese momento, Enrique había reclinado su cabeza en el respaldo del sillón, se veía que lo estaba disfrutando tanto como yo, continué tragando su verga durante unos minutos más, en ocasiones sentía que me atragantaba y la sacaba de mi boca unos instantes, tomaba aire y la volvía a tragar, pero de pronto, escuche como se abría la puerta, mire de reojo y alcance a ver a mi hijo observándome fijamente, subí mi mirada para ver si Enrique se había dado cuenta, pero no, el seguía con los ojos cerrados, disfrutando de mi boca, voltee de nuevo y me di cuenta que mi hijo se estaba tocando, era de esperarse, a sus 18 años, con la hormona a flote, y ver como su madre disfruta de sus amantes, que se podía esperar, así que lo deje mirar y continué lamiendo aquel hermoso pedazo de carne, sinceramente no podía parar, estaba ya tan duro y caliente, que después de unos minutos, Enrique comenzó a gemir y de pronto, sentí como su caliente semen inundaba mi boca, varios chorros se impactaron contra mi paladar, comencé a ahogarme, pero tengo bastante experiencia en esto, así que solo me quede quieta, me relaje y comencé a tragarlo lentamente, sentía como resbalaba por mi garganta y llegaba hasta mi intestino, como si se tratara de miel caliente, instantes después, el miembro de Enrique se fue apaciguando lentamente, comencé de nuevo a subir y bajar mi cabeza, hasta que aquel enorme pedazo de carne fue perdiendo fuerza, lo saque de mi boca, le pase la lengua un par de veces hasta dejarlo limpio y le dije a Enrique que me esperara, el solo contesto con un gemido, me levante y mi hijo ya no estaba, limpie el semen que escurría por mi barbilla y salí de mi alcoba, entre a su cuarto, la luz estaba apagada, pero alcance a distinguir que estaba en su cama, camine hacia él y me senté en la orilla de su cama y en voz baja le dije,

    – ya te dormiste?

    – lo volviste a hacer de nuevo Cristina,

    – sabes que así recibo a mis novios,

    – no me refiero a eso,

    Su respuesta me pareció extraña, así que le pregunte,

    – entonces que hice?

    – me volviste a excitar.

    No era la primera vez que le provocaba una erección a mi hijo, y sabía bien lo que él quería, lentamente metí la mano bajo sus cobijas, hasta que llegue a su entrepierna y de inmediato sentí un enorme bulto bajo su bóxer y comencé a frotarlo, su cuerpo de inmediato reacciono a mis caricias y aquel bulto se hizo más grande, retire la cobija y sujete su bóxer con ambas manos y lentamente se lo baje, dejando salir su juvenil miembro, lo tome con una mano y comencé a frotarlo, y en pocos segundos, su verga alcanzo un tamaño bastante considerable, sin duda era muy diferente a la de Enrique, era más corta, pero también un poco más ancha, lentamente acerque mi rostro hasta que mis labios rozaron su glande, el pego un ligero brinco al sentir la caricia, me aparte un poco y le dije.

    – no te muevas, déjame complacerte,

    Volví a bajar mi cabeza, saque mi lengua y comencé a recorrerlo lentamente, su miembro estaba bastante caliente y note algunos restos de semen alrededor de su glande, eso me hizo pensar que ya se había masturbado antes, pero también me hizo sentir culpable, el saber que mi hijo había derramado su leche mientras me veía con Enrique, así que sin pensarlo, metí su verga completamente a mi boca y comencé a subir y bajar mi cabeza de forma rápida, cada segundo que pasaba, la verga de mi hijo, crecía mas y mas, al grado que en ocasiones se me dificultaba respirar, pero no me incomodaba eso, por el contrario, trataba de mantenerla dentro de mi boca lo mas que podía, y le pasaba la lengua de arriba hacia abajo, a pesar de que aun tenia restos del semen de Enrique en mi boca, podía distinguir el sabor del semen de mi hijo, y también no lo creía, había terminado de deslechar a mi amante y ahora a mi hijo, de verdad era una puta, una madre muy puta, continué subiendo y bajando mi cabeza, y mi hijo ya había comenzado a mover su cadera de un lado hacia otro, eso era señal de que estaba dándole una buena mamada, hasta que después de unos minutos así, sentí como su verga se hinchaba bastante y de un momento a otro, comenzó a venirse, no me aparte, y comencé a tragarme el semen de mi hijo, este estaba aun mas caliente que el de Andrés, pero la cantidad fue menor, espere a que terminara y lentamente me fui apartando,

    – te gusto hijo?

    – claro que si, ese novio tuyo debe de ser muy feliz,

    – claro hijo y quiero que tú también lo seas, sabes que me tienes para complacerte cuando quieras, ahora duérmete,

    Salí de su cuarto así como había entrado, cerré la puerta y me fui al baño y me di cuenta que tenía aun semen en mis mejillas y en la comisura de mis labios, lo limpie con mi dedo y después lo metí a mi boca, me enjuague y después volví a con Andrés a mi alcoba, el aún estaba sobre el sofá, completamente dormido, lo lleve a la cama y después me acosté junto a él, me sentía satisfecha.

  • Chantaje (VII): Un paso a lo prohibido

    Chantaje (VII): Un paso a lo prohibido

    En una tarde de octubre a salir de la uni me encontré con un joven que repartía volantes, me ofreció uno, haciéndome platica y enalteciendo mi belleza, solo sonreía, pues en realidad poseedora de tan encantador cuerpo siempre estuve acechada por todo tipo de hombre, tome aquel volante y seguí mi camino, aquel simple papel solo lo doble y guarde en mi bolso. Al llegar casa me extrañó que todo estuviera en absoluto silencio, me dirigí a mi habitación y aquel bolso lo deje en el tocador. Minutos más tarde, recordé que traía ese volante lo saque y comencé a leer aquel papel, al ver que solicitaban edecanes para trabajo sencillo, mis ojos brillaron, aquellos recuerdos se apoderaron de mi mente, pues desde aquella vez, había pasado un año sin trabajar un año en el que mi pasado y arrepentimiento había sido sepultado; mi vista regreso al volante al parecer era promocionar los productos de algunas empresas o agencias de autos, me llamo la atención, y más por la oferta de pago era interesante, además de que lo podía alternar con sus estudios eso era lo mejor, estudiaría por las mañanas y trabajaría por las tardes.

    No hubo necesidad de pensarlo dos veces tome el teléfono y llame a la oficina, aunque ya era tarde pediría informes. Recuerdo que la voz que me atendió fue de una mujer que por cierto se le había olvidado pedir su nombre y que a mí tampoco se me ocurrió preguntárselo, en fin lo cierto es que tenía que asistir a la agencia de edecanes para conocer algunos detalles y si era de mi interés podría firmar contrato.

    Al siguiente día me apresure a bañarme; coloque otra muda en la mochila, rápidamente me fui a la escuela, solo veía la hora en el celular, las horas se me hicieron eternas pero por fin el timbre anunciaba la salida de clases, rápidamente salí y tome rumbo a la parada de autos, sitio donde abordaría el transporte para llegar a mi cita, antes de llegar a la parada pase a unos baños públicos a cambiarme pues no quería llegar con el uniforme así que decidí asistir a la entrevista con una minifalda color blanca, una blusa blanca de seda que se ajustaba perfectamente a la silueta de mi cuerpo, brassier blanco y medias color blanco sostenidas desde arriba con un liguero que combinaba y una tanga de seda blanca, y por supuesto zapatillas del mismo color, me veía como un verdadero angelito y eso lo comprobé desde que entre al lugar en que se llevaría a cabo la entrevista, los hombres que estaban ahí presentes me comenzaron a lanzar las miradas que a mí sinceramente me ponían nerviosa de cierto modo, no sé, si me sentía incomoda o deseada, en si me gustaban, aquellas miradas en las que solo se pueden quedar con el antojo, imaginarme tan cerca, a su alcance y no poder tenerme.

    Mientras esperaba mi turno más de uno se acercó a mí para entablar plática pero mi nerviosismo por la entrevista me impidió prestarles la atención debida, cada entrevista tenía una duración de 20 a 30 minutos, y siendo yo una de las últimas en pasar realmente estaba más que fastidiada pero eso sí con citas para invitarme a comer, a cenar y hasta bailar, yo pensé, dentro de mí, que si no me daban el trabajo de todos modos salía ganando. Cuando al fin llegó mi turno fui recibida por el gerente, este era una persona de aproximadamente 50 años, un poco más bajo de estatura que yo, sobre todo porque yo llevaba tacones, con abundante cabellera ya canoso, delgado, con unos ojos realmente vivarachos color verdes, el vestía con un traje obscuro, camisa blanca con corbata; la secretaria me llamo y me presento con él, que se encontraba en una puerta del vestíbulo, después de presentarme me dijo que pasáramos a su oficina, la cual se encontraba en un desnivel superior de donde estábamos, desde un principio pude notar que le llamé la atención, y más aún cuando tuvimos que subir las escaleras, ya que él iba detrás de mí, yo sentía su mirada penetrante en mi espalda, mis piernas y más que éstas sobre mi trasero imaginando mi culito; entré a su oficina, de nerviosismo solté algunos papeles los cuales cayeron al piso y como acto seguido me incliné inmediatamente a recogerlos a lo que le di lugar de que pudiera ver mis pechos por debajo del escote, ya de pie me sonrío y me ofreció asiento tomándome de la espalda para que pasara, el sentir su mano en mi espalda me ruborizó toda, nos sentamos en una pequeña sala que tenía dentro de su oficina que por cierto estaba lujosamente decorada, desde ese momento supe que estaba interesado en mi porque de acuerdo con lo que me dijeron los nuevos amigos que hice en el recibidor, la entrevista se las había realizado desde su escritorio.

    El gerente fue directo me dijo que era estar 5 horas los fines de semana y hablarles del producto a los que fueran a cargar gasolina, obviamente la mayoría de los clientes es hombre así que al ver una chica guapa se pararían a escuchar y pues algunos hasta comprarían, y la paga era de $1,000 por tres días más comisión si se vendía mucho, esto me pareció muy bien así que respondí con una sonrisa: ¿Cuándo puedo comenzar? Y me respondió el gerente: Hoy mismo. Me pareció una muy buena oportunidad, así que le dije que estaba de acuerdo, me pare muy contenta y ahí me menciono algo más que no me había dicho: lo único que hay que cambiar es su ropa porque lo que trae puesto no es ropa de edecán, pero nosotros tenemos esa clase de uniformes, es cuestión que se cambie y puede empezar a trabajar, pase por aquí por favor.

    Me condujo por un pasillo muy iluminado que al fondo tenía una puerta que decía PRIVADO, y a la izquierda antes de llegar a esa puerta tenía otra que daba a unos vestidores donde había unos lockers, ahí me señalo uno y me dijo: dentro hay un vestido rosa con una etiqueta grande de la marca de los aceites, y abajo hay 4 pares de zapatillas de diferentes tamaños, vea cual le queda, se cambia y viene conmigo por favor. Abrí el locker y me sorprendí al ver un pequeño vestido rosa strapless, muy corto la verdad de esa tela que te queda muy pegadita al cuerpo como spandex casi, y como era de esperar, me puse el vestido y me tuve que quitar el brasier ya que al ser strapless se veían las cintas por arriba, de esa parte me quedo muy bien, pero mi problema fue abajo por tener mis nalgas grandes, el vestido me apretaba mucho de la parte de abajo y estaba muy cortito que si me agachaba tantito se me vería todo. Escogí unas zapatillas negras que me quedaron a la perfección, y me vi en un espejo grande que había, me vi muy guapa aunque el vestidito era muy corto, se me lucían mis piernas y eso me gusto. Guarde mis cosas en el locker y fui con el gerente.

    Camine de regreso por el pasillo y no había nadie, dije: ya termine de vestirme, pero no hubo respuesta, vi los productos en el piso y me acerque a recogerlos, pero no sabía cómo agacharme sin que se me levantara el vestido. Pensé de frente no, me agachare doblando las rodillas con las piernas juntas y de ladito, es la forma más simple de hacerlo. Me agache la primera vez, recogí los primeros productos y sentí que el vestido se me subió un poquito, me agache la segunda vez, recogí los últimos productos y sentí que el vestido se me subió un poquito más, ya sentía que enseñaba la parte baja de mis nalgas, se me veía todo eso claramente, me levante y súbitamente oí la voz del gerente que venía caminando por otro pasillo: Guauuu, está usted guapísima y el vestido le quedo perfecto, entre mi dije: perfectamente chiquito. Yo estaba parada con los productos en las manos así que no acerté a bajarme el vestido, el al ver como estaba, se apresuró a sentarse en su escritorio como si le fueran a ganar el lugar en un concurso. Abrió los ojos como desorbitados y se puso rojo, ahí me di cuenta que ya me había visto la parte baja de mi colita apenas cubierta por el mini vestido, me apresure a poner los productos sobre el escritorio y rápidamente con las dos manos me lo baje lo más que pude, que la verdad no fue mucho pero si me cubrí.

    Después de un rato de silencio y de que el tragara saliva, me dijo: disculpe me puse un poco nervioso ante impresionante belleza, puede pasar a la despachadora de gasolina número uno, esa es en la que trabajara usted, no se preocupe por que la molesten los muchachos yo ya avise que usted trabajaba conmigo y nadie la molestara, cualquier cosa los reporta conmigo, descolgó el teléfono y llamo a un trabajador, no sabía quién era, pero cuando llego y por el uniforme que llevaba deduje que era el chofer, el gerente le pidió que me llevara a la gasolinera que ya había indicaciones precisas.

    El chofer un hombre de unos 50 años me ayudo con aquellos productos y nos dirigimos al estacionamiento, al llegar a la gasolinera me dirigí hacia la bomba despachadora, entre las miradas lascivas de los trabajadores pero por suerte ninguno se atrevió a dirigirme la palabra, lo único que dirigían eran unas miradas tratando de ver algo más. Ahí estuve hablándole a la gente que llegaba a la gasolinera, algunos se detenían solo para verme de pies a cabeza, otros para verme bien las piernas, otros para verme las pompas, algunos se paraban como que me prestaban atención pero los veía tratando de ligarme, y ya a algunos se los llevaban sus esposas entre regaños, esos sí que daban risa. Al terminar mi turno no tuve más que una venta de un tipo que prefirió comprar algo antes que lo siguiera viendo su esposa con ojos de regaño seguro, como había terminado me dirigí a la oficina de la gerencia donde había estado, a dejar los productos y a cambiarme para irme a casa tranquilamente.

    Al entrar estaba el gerente, Jaime por cierto se llamaba, sentado en su silla en el escritorio con una sonrisa de oreja a oreja, deje los productos sobre la mesa y me dirigí hacia el cuarto de los lockers para cambiarme, pero súbitamente el gerente me hablo en un tono extrañamente amable: Disculpe señorita, veo que ya termino el día y pues tuvo mala suerte ya que realizo solo una venta, es una lástima la verdad, así no ganara muchas comisiones. Me detuve a escucharlo y claramente puse una cara de decepción, a lo que el continuo: obviamente viene usted para ganar dinero si no usted no estaría aquí, pero para su buena suerte le tengo una propuesta de negocios muy interesante y redituable, le gustaría oírla o no le interesa para nada. A lo que respondí: Si, nada más permítame cambiarme el vestido.

    Y me dijo: Ok si me quiere escuchar pase al PRIVADO por favor, pero para este negocio es muy importante que se deje el mismo vestido que tiene y se quede tal como está por favor, así que si me lo permite pase de una vez a la otra oficina. Me dirigí aquella oficina como lo había mencionado el gerente, al entrar vi a una mujer de aproximadamente unos 35 o 40 años me observo muy detalladamente, eso sí me ponía muy nerviosa, Jaime me presento aquella mujer, mira Estefanía te presente a Valery es la nueva edecán, le di mi mano y estrechamos con un buen saludo, mira Valery, por tu belleza y atributos le llamaste la atención a mi amiga Estefanía ella es dueña de una agencia de edecanes y que su giro es muy amplio, igual y te interesa su propuesta, pero sobre todo tomen asiento, yo me mantenía a la expectativa, aquella mujer tomo la palabra.

    Mira como veras el empleo que yo te ofrezco es que pertenezcas a mi grupo de edecanes, el trabajo es tan amplio que abarca desde repartir muestras de perfume en tiendas departamentales o estar en stands de teléfonos celulares, hasta ir a las carreras de coches o promover bebidas, lo cierto es que la carga de trabajo es en su mayoría son los fines de semana, y dentro de todo esto no está demás que te comente que el vestuario que suelen utilizar generalmente son prendas muy ajustadas, cortas y escotadas, con tacón alto. Hay que parecer sexy, aunque el producto no lo requiera y lo mejor de todo es que como son varios eventos las ubicamos de acuerdo a la cercanía de su casa, esa parte fue la que me agrado y aún más cuando dijo: por el sueldo ni hablar $ 500ºº por evento y este puede durar 3 a 5 horas y en tu caso Valery puedes alternarlo por las tardes, creo que no te vendría nada mal.

    En ese momento ni lo pensé y lo único que acerté fue en decir: acepto, me levante y le di las gracias a don Jaime por la oportunidad, sonrió y me dio su mano, me fui a cambiar al privado y minutos después me marchaba con Estefanía rumbo a su oficina me pido número de teléfono y de celular, firme contrato por tres meses y regrese a mi casa.

    Comencé a trabajar con Laura, no podía quejarme me estaba hiendo bien, me daba mis lujos tenía dinero para mis cosas y lo gastaba cuando quería, sin duda el haber aceptado aquella propuesta de trabajo me había beneficiado de gran manera, mi vida había cambiado a mas no poder.

    Recuerdo que me llamó Estefanía por teléfono y me dijo que tenía una oferta de trabajo para mí. Fui a verla a su oficina y me dijo que necesitaba reemplazar a una edecán para uno de esos eventos de tunning. Era algo muy distinto de lo que venía realizando, como jamás había participado en ese tipo de eventos tenia algunas dudas, por lo que pregunte que tenía que promocionar por lo que Estefanía me menciono que más que promocionar había que estar en el stand entregando y repartiendo tarjetas además de bailar con la exhibición de música que por lo regular el evento se trataba de eso, me quede pensativa porque nunca había bailado, no porque no me gustara, sino porque no tenía experiencia en ese tipo de eventos, pero cuando me dijo sobre la pago que me iba a dar, casi me muero de un infarto. Con el sueldo de ese evento fácilmente podría dejar de trabajar un mes, le dije que sí por supuesto. Me hizo pasar a una habitación y me dio unas ropas para que me probara que es lo normal que se hace en esos casos; Estefanía se fue, me dejó sola y me cambié. Me puse una calza amarilla y un top creo que negro con verde si mal no recuerdo. Salí y me miró de arriba a abajo, mirando mi cuerpo y me dijo te queda bien. Me dijo mi jefa: el domingo esta ese evento y necesitamos cubrir un puesto de edecán. Además del sueldo, nosotros te llevamos y te traemos de vuelta a tu casa y te damos comida y bebida. ¿Qué te parece la idea? Buenísimo, pensé yo y le dije que sí.

    El domingo fuimos al mencionado evento, me dio una ropa parecida a la que me había hecho probar el primer día, solo que en esta ocasión el mallon era negro y una pequeño top de color blanco unas plataformas, salí del camerino, mi jefa ya me estaba esperando cuando me vio, hizo cara de sorprendida, con él se encontraba un señor que no sé quién era, solo cuando me acercaba atino a decir que belleza de mujer, yo con una sonrisa coqueta le dije a Estefanía que estaba lista, comenzamos a caminar, podía sentir la mirada de los hombres totalmente clavadas en mis nalgas, no me sentía incomoda pero el llamar la atención de los hombres sí que era algo diferente, cuando ingresamos al auditorio me asombre al ver una muchedumbre en su mayoría hombres de distintas edades.

    Al llegar al stand había dos tipos sentados con un carro muy hermoso por cierto. Me presentó delante de ellos, que era Rubén y Tomás, y me explicaron cómo era la cosa. Me dijo que ellos movían un staff de promotoras que servían en sus exhibiciones, para eso Tomás me dijo que las promotoras de coches tenían que estar siempre de buena onda, por decirlo así, porque había muchos tipos que se acercaban para sacarse fotos o te gritaban cosas feas y todo eso, y que si yo reaccionaba mal no me iban a contratar más. Me dijo Rubén: Yo sé que es feo escuchar todas aquellas palabras. Tampoco es tan grave, fíjate que no tuvimos problemas con casi ninguna de las chicas que han trabajado con nosotros. Tomás se paró al lado mío y me empezó a hablar: La verdad que estás divina, que era muy linda. Puedes servir muy bien para este negocio. Me estuvieron elogiando los dos mientras yo estaba ahí parada mirándolos como una mensa. Tomás se me acercó un poco más: Mira, cuando te explicamos hace un rato eso de los tipos que te vienen a pedir fotos, me refiero a que por ahí algunos se pasan de la raya ¿entiendes? Y entonces se me acercó más y me puso una mano en el culo. Yo se la saqué de un cachetazo y le dije algo que no me acuerdo, pero seguro que fue una mentada. Ahí se me acercó Rubén y me agarró de la mano. Tranquila, que acá no te va a pasar nada. Pero lamentablemente te van a pasar cosas de ese estilo. Igual piénsalo, además nadie te va a hacer nada porque siempre hay alguien de seguridad que viene y los saca a los que se pasan de vivos.

    Tomás me dijo: No te enojes, que no fue con mala intención. Pero no te voy a mentir, tienes un cuerpo espectacular y algún que otro desubicado siempre va a tratar de tocarte una teta o el culo. Por eso hice eso. Los dos me estaban convenciendo se notaba que seguro ya lo habían hecho con otras chicas, porque Rubén, que hasta ahí casi ni había hablado, también me dijo: Lo de Tomás fue una estupidez, acá estamos para protegerte y para cuidarte, no para hacerte mal. Pero hay un tema que es muy clarito. Si no vas a poder soportar que de vez en cuando algún tipo te trate de toquetear no te podemos contratar. Lo lamento mucho, pero es así. Son las reglas que hay.

    Estuvimos hablando unos minutos sobre el tema. Los dos estaban al lado mío, bien cerquita y me hablaban con voz suave, tirando la onda como para seducirme y convencerme. Yo les dije si había guardias, policías o alguien que me pudiera sacar a los tipos de encima si se ponían pesados, y me dijeron que sí, que siempre había alguno dando vueltas, y que además, ellos mismos o alguno de sus empleados siempre se metía para dar protección. Rubén se me acercó un poco más y me puso una mano en el culo suavemente. ¿Ves es algo así? Es un toquecito suave que te hacen algunos hombres nomás, no pasa de ahí. Es casi inocente, como un masaje.

    Yo no dije nada, estaba pensando en la paga que podía llegar a ganar y además los tipos ya me habían convencido de tanto hablar. Mientras Rubén me seguía tocando el culo yo dije: Bueno, si no pasa de ahí está todo bien. Ahí Rubén me soltó por fin y Tomás se me puso a un costado y me dijo: también te piden sacarte una foto. Me abrazó con su brazo y puso una mano en mi hombro, y después me dijo: Y de repente se hacen los tontos y te manosean una teta. Y obviamente hizo eso como si a mí no me hubiese quedado claro su idea: me agarró una teta con la mano. Ahí escuché desde atrás la voz de un hombre: son esas cositas nomás. Se me hacía familiar aquella voz. Alguno te va a querer tocar el culo, otro te va a apretar disimuladamente, van a pedirte el teléfono, a ofrecerte dinero para cogerte, va a ser todo el tiempo así. Pero vas a ver que no es tan grave, te vas a acostumbrar. Cuando busque de quien era la voz nadie más estaba en el stand si no pensara mal diría que esa voz era de mi hermano mayor.

    Mientras tanto, Tomás seguía aprovechando y me estaba tocando la teta izquierda, y Rubén me empezó a acariciar el culo de nuevo. Me hablaban, no paraban de hablarme, mientras me iban manoseando cada vez más fuerte. Sentí a Rubén que me estaba apoyando la verga por atrás y me seguía tocando el culo, y Tomás me dijo: ¡con estas tetas que tienes haces calentar a cualquiera nena! Digamos que la situación ya había llegado a un límite y la que tenía que frenar, me aparte sin decir nada y los encare le dije que donde estarían los folletos o propaganda que repartiría, algo asombrados por mi actitud, sin más que hacer se miraron y solo señalaron al fondo del stand un pequeño banco donde se encontraba la publicidad, me dirigí hacia ella y empecé a leerla por si alguna cosa necesitaba saber, más bien era muy precavida.

    Minutos después el evento comenzaba con el anuncio del interlocutor, no se hacía esperar la música a su máximo nivel, muchas jóvenes edecanes bailaban sensualmente, en cierta medida acaparaban la atención del público masculino, era sorprendente ver a las compañeras con diminutos atuendos, no sé qué tiempo había pasado pero lo cierto es que yo aún me mantenía a la expectativa porque de lo que me habían dicho no había ocurrido nada o por lo menos no eran tan atrevidos, eso sí que era mi consuelo, hasta que vi llegar a un grupo de adolescentes, muy picaros por cierto. Uno de ellos se me acerco y al ritmo de la música me contorneaba, creo que eso hizo que se acercara, pero no imaginaba sus intenciones pues a simple vista se veía como un chico tímido, jejeje, se acercó y me pidió me tomara una foto, cuando me abrazo, sentí una extraña sensación como si me observaran, buscaba ante el gentío pero no identificaba a nadie en especial, tal vez era una sensación por estar ahí, o tal vez mi nerviosismo por que no fuera a ser manoseada por algún patán, simplemente aquello me recordó el pasado.

    Fueron fracciones de segundos en el que me sumergí en mis pensamientos y sensaciones que descuide los movimientos de aquel escuincle que el muy pícaro deslizo su mano de mi cintura para posarla en mis nalgas y el muy cabron extendió su mano y con el dedo de en medio lo metió por el canalillo de mis nalgas recorriéndolo a su antojo, mis gestos eran de asombro lo que algunos hombres adultos no habían hecho este fulano lo hacía sin vergüenza alguna, quise cachetearlo, darle un pellizco, bofetearlo, pero sabía que no podía hacer un escándalo, solo lo mire a los ojos y entre mis labios casi cerrados le dije maldito puerco. Voltee hacia el stand Rubén y Tomás solo me veían y se sonreían de seguro se divertían de lo que estaba pasando, poco a poco la gente se acercaba a pedirme una foto, propaganda, y entre cada baile sensual atraía la atención de los hombres ese día no sé cuántos pelados me faltaron el respeto, me agarraban mi colita como si les perteneciera.

    Ya terminado el evento me dirijo al camerino a cambiarme, habrían pasado unos 15 minutos cuando el toque en mi puerta hacia que centrara mi atención en ella, con voz fuerte le dije adelante, me sorprendí al ver entrar un hombre de unos 60 años con el uniforme de limpieza, se dirigió de forma respetuosa preguntando por la señorita Valery, al escuchar eso le dije que era yo, de la bolsa de su pantalón saco una tarjeta, me dijo que lo habían enviado para darme un mensaje, tome aquella tarje y él se marchó y al leer decía textualmente «hola mamacita estás bien buena, me fascinan tus piernas, tus chichis y tus nalgas y te quiero coger, si estás interesada llama a este número celular, pregunta por T, a partir de hoy soy tu admirador número uno, pero también estas en mis manos, al principio mi reacción fue tirar ese papel e ignorar el mensaje pero lo pensé mejor y recordé en ese momento que había sentido una extraña sensación, aunándole la voz que se me hacía muy conocida, por lo que decidí conservar esa tarjeta la metí a mi bolsa y me fui a cobrar. Ya en la oficina me esperaba Rubén con dinero en efectivo y con la nómina junto con las demás edecanes, cuando firme la relación de pago Tomás me dijo que me esperara que me quería ir a dejar y de ser posible a tomar unas copas, al principio pensé que no habría problema, pero a la mente llego aquel episodio en el que me estaba magreando antes de iniciar el evento, como pude salí de la oficina sigilosamente, sin que nadie se percatara de mi ausencia.

    Rumbo a la casa no podía olvidar aquel mensaje que me inquietaba, de quien se trataba aquel recado, quise marcarle al número que me había dejado en la tarjeta pero para mí mala fortuna no tenía saldo, así que seguí mi trayecto a casa. Al llegar note que todo se encontraba apagado, era extraño pues mis hermanos siempre estaban a esa hora, pero bueno situación que no tome detalle me dirigí a mi habitación y escogí un shorcito y una blusita y una tanguita y me fui a bañar, me seque bien y me dispuse a dormir no sé qué me pasaba pero aquel envío me inquietaba demasiado, escuche ruidos y al ver la luz en la cochera por lógica pensé que eran mis hermanos, como eso de las 2:00 am me desperté y sin más me dirigí a la sala y tome el teléfono. Marqué el número del mensaje y me contestó una voz ronca, áspera y aguardentosa, me identifiqué como la edecán del mensaje y la voz me dijo «hola mamacita que bueno que llamaste», te estaba esperando, le pregunte quien era, me contesto que era un admirador y que desde hoy cumpliría todo lo que me pidiera, que me tenía en sus manos, o preferiría que mi familia en especial mis padres se enteraran del acontecimiento del día de hoy, trate de hacerme la tonta, al grado de decirle que me confundía, pero el muy cabron me hizo mención de cuando Rubén y Tomás me manosearon y del adolescente que me había recorrido el canalillo de mis nalgas, no lo podía creer, para finalizar volvió hacer hincapié que estaba en sus manos y que solo siguiera instrucciones y que le diera mi numero celular, ese día sin más colgué y me fui a dormir pensando en todo aquello.

    Por la mañana me fui como si nada a la escuela todo transcurría de maravilla hasta que el prefecto me fue a sacar del salón y me entrego un paquete algo pequeño que lo habían dejado para mí, deduje que se trataba de un cd, me extraño eso porque no tenía ningún trabajo y no se me había olvidado nada, le pregunte que quien había sido, pero solo contesto que un joven de unos 18 años había dejado el cd, de regreso a casa apresurada por saber qué era eso, inmediatamente me dirigí a mi cuarto encendí la lap y puse mi contraseña metí el disco que era un formato dvd y vaya sorpresa cuando empezó a correr el video sin duda me tenía en sus manos el video era mío con todo lo que había pasado en el evento, al final en forma de texto me daba el número de celular y me pedía que le enviara mensaje y esperara instrucciones, atónica me quede en la cama no sabía si llorar o que hacer, no quería un escándalo, y por la tarde había decidido mandar el mensaje, por la noche me contesto que estuviera pendiente para que hiciera lo que él quería.

  • Celebraciones familiares (3): El cumpleaños (Continuación)

    Celebraciones familiares (3): El cumpleaños (Continuación)

    Resumen: A sus 45 años, cuando en medio de una discusión su hija le dice que es una amargada que no disfruta de la vida, María Luisa se da cuenta de que no puede seguir perdiendo el tiempo.

    Hay un refrán que dice “Cría fama y échate a dormir” y este refrán se puede aplicar a otros tipos de éxito y reconocimiento, como el sexual. Si además se te da bien arreglar cosas, las mujeres no te dejarán en paz.

    Me llamo Roberto y llevaba más de diez años felizmente casado con Teresa la primera vez que le fui infiel, sorprendentemente por culpa de su modosa, educada, y cohibida prima Piedad. Confieso que el primer sorprendido fui yo mismo, Piedad era y es catequista en la parroquia además de tocar la guitarra en el coro del pueblo. Quién me iba a decir a mí que desinhibida por unos Gin-Tonics en la boda de su hermano Sebastián la mosquita muerta me provocaría como una auténtica calientapollas. Al parecer mi mujer tuvo algo de culpa ya que le había contado que me lo monto bien en la cama. Así, la recatada prima que era buena pero no tonta, no paró hasta conseguir “hincarle el diente” a mi polla.

    La excitación había hecho que me dejara llevar por la prima de mi mujer a un rincón de la discoteca para meterle la lengua en la boca, bueno la lengua primero y la polla después. Por suerte o por desgracia el azar quiso que dos muchachas nos descubrieran. Una de aquellas muchachas era Carla, su sobrina. De pronto mi mirada se cruzó con la de muchacha, y lejos de avergonzarme la miré con satisfacción. Satisfacción de tener a su estricta y disciplinada tía Piedad comiéndome la polla. Ante los ojos atónitos de la muchacha sujeté con ambas manos la cabeza de su tía y le dejé claro a ambas mi carácter dominante. Aquella fue la primera vez que intuí lo que iría concretándose con el paso de los meses. Aquella noche de bodas empecé a convertirme en el hombre de las Blázquez.

    Teresa – Roberto

    Rodrigo – María Luisa = Carla // Piedad – Paco // Sebastián – Montse

    Tiempo después, en un gélido mes de febrero toda la familia se congregó para celebrar la mayoría de edad de joven Carla. Como soy el manitas de la familia, mientras yo hacía unos arreglos en la desvencijada casa de campo, mi mujer, su prima Piedad y María Luisa salieron a dar un paseo. Como es normal comentaron las cositas que se habían comprado en las rebajas y animada por el sol mi mujer, con diferencia la más caliente de las tres, no se cortó un pelo:

    Teresa: ― Sí, sí, el abrigo es chulísimo pero lo que le gustó a Rodrigo fue el conjunto de Oysho y las medias de liga ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Casi me rompe el tanga…

    Piedad: ― Jo, que bestia que es, ¡qué envidia!

    María Luisa: ― Como sois. Ni que tuvieseis veinte años.

    Piedad: ― ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Necesito amor, ¡¿Qué quieres que haga?!

    María Luisa: ― Pues aguantarte, como todas.

    Teresa: ― Anda que tú también, que anticuada. ¡Eso ya no se lleva!

    Piedad: ― ¡Aguantarme, dice! ¡En cuanto veo un tío bueno se me pegan las bragas! ¡Eso no hay quién lo aguante!

    María Luisa: ― ¡Qué burra eres!

    Mi mujer prosiguió su relato mientras Piedad se partía de la risa. En cambio, María Luisa ponía cara de resignación.

    Teresa: ― Pues resulta que Roberto estaba viendo una peli y se me ocurrió hacer un experimento. Las tetas apretadas con el sujetador nuevo, las braguitas enseñando medio culo, las medias de elástico y encima… el abrigo nuevo de las rebajas.

    Piedad: ― ¡Menuda eres…!

    Teresa: ― Después voy para el salón y me pongo delante del televisor, él pregunta enfadado “¿Qué haces?” y le pido su opinión sobre el abrigo.

    Piedad: ― ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

    María Luisa: ― ¡Qué valor tienes!

    Teresa: ― Como os podéis imaginar enseguida respondió que sí para que le dejase seguir viendo la peli… pero entonces me quité el abrigo y… ¡Tachán! a qué no sabéis qué pasó.

    María Luisa: ― Seguro que se quedó pasmado tratando de entender, y después se tiró sobre ti como un lobo. Todos los tíos son unos salidos.

    Piedad: ― ¡Con lo bueno que está tu marido! ―suspiró Piedad― ¡… y no te molestes prima!

    Teresa: ― No te preocupes. Conozco a unas cuantas que se pasarían el día comiéndole la polla.

    Piedad: ― ¿Dónde hay que apuntarse? ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

    Mientras Teresa y Piedad se partían de risa, María Luisa se resignaba sin dar crédito al tono tan explícito de la conversación. Ella se sentía incómoda hablando de hombres y de sexo. Eso era algo íntimo.

    María Luisa: ― ¡Qué idiotas sois! En lugar de disfrutar de tener a un hombre a vuestros pies, atento a vuestros deseos… sois vosotras sus esclavas…

    Teresa: ― Esclavas sí, pero de “nuestro” placer.

    María Luisa: ― Justo lo contrario. El placer te acaba dominando, te hace débil y estúpida. Las mujeres estamos hechas para controlarles privándoles de lo que les gusta.

    Teresa: ― ¡Qué perversa!

    Piedad: ― Cada una disfruta a su manera. Unas del poder, y otras de algo grande y duro. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

    Teresa: ― El caso es que Roberto se la sacó y me hizo chupársela hasta que pusieran publicidad.

    Piedad: ― ¡Qué cabrón!

    Teresa: ― “Volvemos en 7 minutos”. No sé porque narices te avisan. Pues me puso a cuatro patas y mientras veía anuncios de coches… ¡Tres orgasmos en siete minutos!―exclamo con orgullo.

    Caminaban a paso ligero, como si fuese la hora de recoger los niños del colegio. María Luisa no dejó de refunfuñar por la actitud de mi esposa. A ella eso le sirvió de acicate para inventar ciertos detalles con intención de enojar aún más a la mujer de Rodrigo. Mi mujer puso esmero en describirse como una esposa alocada y sin complejos sexuales, a diferencia de la estricta María Luisa. No vaciló en confesar que a veces se comportaba una esposa sumisa que goza recibiendo tirones de pelo y azotes en el culo, que a veces era capaz de demandar a su esposo que la atase, que le hablase de forma obscena, que la tratase con firmeza y sin contemplaciones…

    En cuanto a mí, los encargos de María Luisa me tuvieron toda la mañana currando como un condenado. Entre poner un enchufe, colocar burlete en todas las ventanas, topes en algunas puertas y poner aceite en las bisagras se me fue toda mañana. Pero la verdad es que no me podía quejar, los quince minutos de mamada de la joven Carla compensaban de sobra todas aquellas tareas.

    Como ya dije en su momento, no soy de esos a los que les gustan las jovencitas sino más bien lo contrario, pero cuando una muchacha bien formada te provoca con descaro no hay que ser imbécil. Un hombre debe dar la cara cuando una hembra pide sexo a gritos. La muchacha era consciente del efecto de sus curvas y gestos en un hombre. A sus casi 18 años la hija de María Luisa no sólo era aplicada con los libros si no también con una buena polla. Ciertamente, la delgada y estudiosa muchacha no perdía el tiempo con su profesor de alemán así que no, no tuve ningún remordimiento por dejar que la muchacha saboreara mi estaca.

    En fin, todavía me quedaba lo del grifo de la cocina, pero además de estar abarrotada ya se había hecho la hora de comer. Debería dejarlo para más tarde.

    Durante la comida, María Luisa dijo con orgullo que Carla iba a comenzar los estudios de medicina, la carrera universitaria con la nota de corte más alta. Aquella noticia me inspiró una gran idea.

    Tras consultar con mi mujer, sugerí a María Luisa que Carla se viniese a vivir con nosotros mientras estudiaba en la universidad, así se ahorrarían una considerable cantidad de dinero. Además, en nuestra casa la muchacha no tendría que preocuparse por la comida y solamente debería limpiar y mantener el orden en su habitación. Carla se mostró entusiasmada ya que se entendía muy bien con mi mujer, mucho mejor que con su madre con la que tenía peloteras casi a diario. Nosotros procuraríamos que la muchacha se mantuviera centrada en sus estudios como hasta ese momento, estaríamos encima de ella alerta a que no se descarriase por las noches de fiesta o las malas compañías.

    Sin embargo a María Luisa mi idea no le hizo ninguna gracia, no sé porqué. Empezó a enumerar cosas en contra que no pude discutir, no porque tuviera razón si no porque llevaba un vestido azul con un escote tremendo y yo no soy capaz de discutir con una mujer que va enseñando las tetas. De todos modos había algo más detrás de aquella tajante y absurda oposición, algo que todavía se me escapaba.

    De todas formas aquella polémica pronto derivó en una acalorada discusión madre/hija en plena celebración familiar. Mientras la madre se enconaba en su decisión de meterla en una residencia de estudiantes católica la joven Carla defendía su derecho a decidir donde prefería vivir. María Luisa se empeñaba en que era la mejor opción, barata, tranquila y ordenada, pero para su hija mayor una residencia religiosa era poco menos que una cárcel o un reformatorio. La madre trataba de imponerse a la hija mientras que el padre se mantenía neutral, intentando en vano que ambas comprendieran que no era el momento más oportuno. Así, la una explicaba que era la mejor opción y la otra que no para ella, la madre justificaba que seguían siendo sus padres y la hija contestaba que ya era mayor de edad. María Luisa tenía claro que no la iban a dejar a su aire y Carla les exigía que confiaran en ella de una vez. Total que al final la terca señora y la muchacha rebelde acabaron a gritos, hasta que Carla le echó en cara a su madre que era una amargada que disfrutaba privándose a sí misma de las cosas buenas de la vida y que quería que ella hiciera lo mismo. Esa fue la gota que colmó el vaso. Inmediatamente se hizo un incómodo silencio que afortunadamente mi cuñado se encargó de romper antes de que la discusión pasara a mayores.

    ― ¿Quién va a tomar café?

    Yo aún no lo sabía, pero Carla acababa provocar un nuevo giro de los acontecimientos. Acababa de conseguir lo que mi maliciosa esposa no había sido capaz, es decir, quebrar la entereza y rectitud de María Luisa. Aquel reproche de Carla hizo saltar la chispa que originaria un tremendo incendio en la vida de su madre.

    Mientras estábamos tomando café mi hija pequeña grito.

    ― ¡Está nevando! ¡Está nevando!

    Todos corrieron a asomarse a la ventana y uno tras otro fueron saliendo al patio. En cambio, yo pensé que era el momento de ir a la cocina y terminar la faena pendiente. Si sólo se trataba de cambiar la junta del grifo, sería un momento.

    No había hecho más que empezar cuando María Luisa se presentó de improviso. Avergonzada, se disculpó por su actitud descortés ante nuestro ofrecimiento a alojar a su hija, aunque tampoco manifestó que fuese a considerarlo. Seguía enfadada. Yo deseaba que se sintiera a gusto y mentí, le dije a María Luisa que probablemente su hija estaría mejor en una residencia de estudiantes como ella opinaba. Mentira, allí era donde más distracciones iba a tener.

    Pronto la mujer de Rodrigo me estaba felicitando por lo bien que habían quedado las ventanas. Bromeando le dije que entre el antiguo mobiliario y los chirridos de las puertas, aquella parecía la mansión de los Drácula. De verdad que tenía que esforzarme para no mirarle las tetas a la mujer de Rodrigo. Después, María Luisa se relajó y acabó sincerándose conmigo. Al parecer había discutido con mi mujer, aunque no quiso darme más explicaciones. “Cosas de mujeres”, se limito a esgrimir. Un territorio hostil donde es mejor no entrar, pensé yo.

    Al final la confianza, proximidad y sobre todo las curvas de aquella mamá de buen ver hicieron que se me pusiera dura. Sin reflexionar lo que hacía dejé los alicates sobre la encimera y la rodeé con mis brazos. Antes de que pudiera reaccionar una de mis manos se metía ya bajo su falda y la otra amasaba sus formidables tetas. La pobre se quedó boquiabierta. Mi asalto la cogió completamente por sorpresa. María Luisa intentó zafarse pero yo ya había conseguido sacar del escote una de sus hermosas tetas. Tenía la areola más grande que yo hubiera visto y me dieron unas ganas irresistibles de chupar aquel pezonazo. Agarré entonces su mano izquierda y la obligué a tocar sobre el pantalón de faena la erección que me estaba provocando.

    ― No seas tonta… tengo lo que tú necesitas… ¿Lo notas? ―le susurré al oído.

    ― ¡Eh! ―se quejó.

    He de reconocer que me precipité, y el castigo a mi descaro fue una severa bofetada que todavía me duele. Unas veces se gana y otras se “aprende”.

    Me quedé tan conmocionado por aquella bofetada que di de inmediato un paso atrás con la mejilla ardiendo.

    ― ¡Joder! No hacía falta ponerse así. Con que me hubieras dicho “Suéltame” habría sido suficiente. ―le recriminé.

    ― ¡Vete a la mierda! ¡Eres un cerdo! ―me insultó enfadada.

    ― Nada de eso guapa, soy un hombre, nada más, y tú, tú has venido muy simpática… enseñando las tetas, luciendo tus bonitas piernas… ¿Qué esperabas?

    ― ¡Ibas violarme! ―gritó de nuevo fuera de sí.

    ― ¡¿Que qué…?!

    ― ¡Ibas violarme! ¡Cabrón! ―me repitió.

    ― ¿Violarte? Jamás haría algo así… de qué vas. ―repliqué sorprendido.

    ― Entonces qué coño hacías, ¿eh, imbécil?

    ― ¡Intentar follar contigo! ―respondí.

    ― ¡Lo ves!

    ― ¡No es lo mismo, ostia! No es lo mismo joder “con” alguien que joder “a” alguien. ―enfaticé tratando de hacerme entender.

    ― ¿Qué quieres decir? ―seguía demasiado ofuscada.

    ― Ni que fueses una cría… Sólo quería follar contigo… ―me sinceré con gesto serio.

    ― ¡Pues vete a la mierda! ¿Por quién me has tomado? ―indignada.

    ― Vale, vale. Perdona. Lamento haberte molestado.

    No esperé que respondiera, dándome la vuelta me puse a recoger las herramientas. La experiencia me decía que no tiene sentido discutir con una persona enfurecida. Por más que yo lo intentara no entendería mis explicaciones. Mejor dejarlo como un mero malentendido que no como algo tan ruin e infame como una violación.

    María Luisa:

    Aquella tarde no pudo dejar de pensar en su discusión con su hija Carla, y si su hija tenía razón, y si estaba dejando la vida pasar sin disfrutar de las cosas que hacían que ésta mereciera la pena. Ciertamente el intento de Roberto de acostarse con ella no podría haber sido más oportuno en ese sentido. Una chica joven y sin ataduras tiene siempre tontos más o menos deseables a su disposición, sin embargo muy pocos son los valientes que se acercan a una agobiada madre, casada, trabajadora y ama de casa. Debería hacer dos años al menos que el guarda de seguridad de su urbanización le propuso almorzar en su oficina…

    Los años no pasan en balde, el maldito espejo se encargaba de recordárselo cada mañana. La verdad es que su rostro tenía ya más rasgos propios de una mujer madura que de una joven, o eso le parecía a ella. Haber pasado de los 40, tener trabajo e hijos tenía un caro precio que ella aceptaba. Sin embargo, por alguna razón todavía resultaba seductora, al menos para el marido de Teresa.

    Qué extrañas son las cosas. Una hora antes se había enfadado muchísimo cuando Roberto intentó meterle mano. En cambio, después de que su propia hija la hiciera sentirse vieja y estúpida ahora casi se sentía orgullosa, contenta de seguir resultando atractiva.

    María Luisa se miró en el gran espejo que había en el pasillo de la primera planta, como queriendo comprobar por qué la había deseado el marido de otra mujer. Le gusto lo que vio. Se gusto. Sus tetas seguían siendo su talismán, ya eran grandes antes de los embarazos y éstos no le habían pasado tanta factura como a otras mujeres. Esas pobres que ven con alegría como sus pechos crecen al quedar embarazadas y un año más tarde, se deprimen cuando estos se desinflan. No, ella siempre tuvo un buen par de tetas. Por desgracia también su trasero saltaba a la vista y eso no le gustaba tanto, aunque se daba cuenta de que gracias a ello su cintura y sus piernas lucían mejor.

    Por otra parte María Luisa no podía negar que Roberto era un hombre seductor, a pesar de su arrogancia. Era alto, guapo, inteligente, con un buen sueldo y varonil, muy varonil. Se notaba que hacía deporte en su inabarcable espalda, en unos brazos fuertes y unas manos enormes. Entonces recordó el tacto duro de su miembro cuando él la forzó a tocarlo. Por lo que ella había podido verificar, Roberto cumplía eso que decía su compañera de trabajo sobre los hombres: “Si la cara es el espejo del alma, las manos lo son de la polla”. Realmente Roberto tenía una buena herramienta, y según su mujer la usaba además con ímpetu y talento. Dos cosas que rara vez se daban al mismo tiempo.

    María Luisa comenzó a turbarse fantaseando con el cuerpo sudoroso de Roberto mientras manejaba sus alicates y destornilladores. Se percató de que su sexo había comenzado a reaccionar con inquietud a sus fantasías y pensó que sería mejor bajar a cenar, pero eso no mejoró las cosas. Él estaba allí, y su mirada de deseo y complicidad casi la deja paralizada.

    Al entrar en el comedor su marido le dio un besito y ambos se sentaron a la mesa. María Luisa se dio cuenta de que su respetuoso marido suplía con amor y ternura, la pasión y el atractivo del otro. Lo malo, pensó María Luisa, era que hasta aquel momento el amor había servido principalmente para tener hijos, y no orgasmos, de éstos se encargaba ella misma desde hacía tiempo. Ese era su secreto.

    Siempre seguía el mismo ritual. Los lunes tenía turno de tarde en la oficina así que tras dejar a la tropa en el cole aprovechaba para tomar un cortado rápido con las otras mamás. Después iba con el carrito a comprar la fruta para la semana, pero nunca antes de las 10 h. A partir de esa hora encontraría al hijo del dueño solo detrás del mostrador, moreno, esbelto y con esa mirada feroz. A ella siempre le gustó que la atendiese Pedro, era un verdadero portento.

    Un día al darle a María Luisa el cambio Pedro le dijo: ― Espera―, y dándole un par de plátanos dijo: ― Toma… Para los niños― Dejándose llevar por la amabilidad del muchacho, ella le exclamó: ―…y ¿para mamá?―. Gracias a Dios que no había nadie más en ese momento. ¡Qué vergüenza! Pedro se quedó un poco pillado, no era para menos, enseguida buscó otra pieza de fruta: ― Claro que sí, pero para mamá mejor… una banana― ofreciéndole con una radiante sonrisa una enorme fruta de aspecto fálico que casi doblaba en tamaño a los pequeños plátanos. María Luisa se quedó paralizada sin saber cómo reaccionar.

    Se marchó de la frutería sonrojada como una chiquilla. Al llegar a casa soltó las bolsas en la entrada y subió al dormitorio con la banana escondida bajo la chaqueta. De rodillas sobre la cama María Luisa cabalgó aquella hermosa fruta tropical como si realmente Pedro estuviese entrando en ella una y otra vez hasta hacerla estallar.

    Cuando se repuso de aquel ataque de frenesí, María Luisa comprobó sorprendida el tamaño del cerco que habían formado sus fluidos sexuales. Obviamente tuvo que echar el edredón a la lavadora, después, igual que una mantis religiosa se alimenta de su amante, ella devoró la pieza de fruta que tanto gustito le había proporcionado. A María Luisa no le costó darse cuenta de que era la primera vez que se dejaba arrastrar por un impulso sexual. Constantemente presa de privaciones nunca antes había gozado del sexo tan intensamente.

    Desde aquel día Pedro le regalaba de cuando en cuando una hermosa banana, si bien el chico nunca le había insinuado un intercambio más comprometedor.

    Roberto:

    Cuando María Luisa entró en el comedor y se acercó a su marido para darle un besito, la miré fijamente sin ningún disimulo. Quería hacerle saber a la mujer que no estaba arrepentido por lo que había hecho. Yo esperaba de ella la misma ira y desprecio que un rato antes, pero me rehuyó y nada más sentarse comenzó a charlar con su cuñada.

    A lo largo de la cena nuestras miradas se cruzaron en tres o cuatro ocasiones, y cada vez ella la desvió apresuradamente. Yo la tenía por una mujer madura, estricta y segura de sí misma, así que no comprendía ese repentino cambio de actitud, esa indecisión.

    El encontronazo con la rubia no había ido nada bien. Me había dejado llevar por mi instinto animal y mi osadía había indignado profundamente a la mujer de Rodrigo. Para una mujer de talante conservador como María Luisa lo que yo había hecho era rotundamente intolerable, y pretender además que ella le fuese infiel a su esposo era sumamente deshonroso. Ya fuera por rencor o por respeto, yo no tenía ninguna intención de volver a molestarla. Sin embargo ahora los gestos y miradas de María Luisa plateaban una inesperada indecisión sobre sus verdaderos deseos, y no soy de los que se quedan con la duda por no haberlo intentado, una segunda vez…

    Últimamente las mujeres de mi familia política me habían proporcionado buenos momentos, y la posibilidad de saborear a la más reservada y recta de todas ellas bien merecía la pena el riesgo. Se me ocurrieron un par de ideas a cual más temeraria.

    Sin cenar demasiado, estuve esperando pacientemente a que María Luisa se ausentara de la mesa. Cuando ésta se levantó para ir al baño yo me ausenté con la escusa de poner a cargar el móvil, lo cual hice rápidamente para llegar a la puerta del aseo antes de que ella saliera. Afortunadamente para mis planes María Luisa había elegido subir al baño de arriba. Tardaba, comencé a impacientarme y entonces oí como accionaba la cisterna. Por fin María Luisa abrió y me vio apoyado contra la pared de enfrente, no pudiendo evitar un ligero sobresalto.

    En vez de dejarla salir caballerosamente, le hice una seña para que volviera a entrar. Ella se vio sorprendida por mi requerimiento.

    ― Pero… ―fue lo único que atinó a decir antes de que la hiciera regresar al baño.

    La pobre mujer no había tenido oportunidad de avisarme de que había hecho de vientre, no le di opción así que el olor hizo que ambos sonriéramos sin decir nada al respecto. Eché el cerrojo a la puerta por si acaso y la besé agarrándola por la nuca. Esta vez María Luisa no se opuso.

    Tomando las riendas le mordí suavemente la boca. La mujer de Rodrigo se agarró de mis hombros y se dejó hacer. Debía darme prisa así que apenas saboreé la boca de María Luisa. Me separé, ella se quedó esperando que volviera a besarla pero entonces hice que se diera la vuelta. Tenía que ser rápido.

    ― No, no lo hagas por favor ―suplicó preocupada pensando que la tomaría contra el lavabo.

    ― No vamos a hacer nada… de momento, ―la tranquilicé besándola sensualmente en la base del cuello― Ahora muéstrame tus bragas, rápido.

    ― Por favor. ―imploró arqueándose de gusto por aquella petición susurrada tan cerca de su oreja.

    ― Hazlo. ―insistí.

    De espaldas María Luisa subió tímidamente su vestido.

    ― Bien.

    Además de tener un culo colosal la mujer de Rodrigo sabía elegir la ropa interior que mejor le sentaba. Llevaba una elegante braguita de un suave color gris que iba de maravilla con su piel blanca como la leche de almendras. Entonces saqué el cuchillo que me había escondido en el bolsillo trasero de mi pantalón.

    ― ¡Joder! ―protestó espantada al verlo.

    Sin vacilar, hice un corte en el lateral de la braga de María Luisa dejando apenas unos milímetros de tela.

    ― No pasa nada, es solo un juego. ―e hice lo mismo en el otro lado.

    Quién se lo hubiera imaginado. Aquella mamá por quintuplicado estaba poniendo a prueba mi templanza. De buena gana me la habría follado allí mismo, pero tenía en mente algo mejor, mucho mejor, así que no me entretuve, volví a besarla de forma desesperada antes de salir del baño.

    ― No hay nadie, bajaré yo primero, espera un poco. ―la besé una última vez.

    Después de cenar todos nos sentamos a charlar pero como ya era tarde enseguida la gente empezó a irse a la cama. Primero los niños y la niñera, al poco los abuelos y mi mujer que ya llevaba un buen rato dando cabezadas. Uno tras otro todos se fueron subiendo. Solamente Rodrigo parecía tener la intención de trasnochar leyendo uno de los periódicos que había llevado. Carla tecleaba en su móvil a toda velocidad haciendo toda clase de gestos como si pudieran verla a través de la pantalla. María Luisa, Piedad y yo estuvimos un buen rato hablando sobre la educación de los niños, o más bien discutiendo ya que nuestras posiciones eran enfrentadas en cuanto a las tablets, las extraescolares, etc. Había una gran complicidad entre la mujer de Rodrigo y yo por hacer tiempo hasta quedarnos a solas.

    Finalmente Piedad se levantó y también la hija mayor de María Luisa que teléfono en mano dijo:

    ― Roberto, ¿me dejas tu cargador, por favor?

    Mi viejo teléfono no habría terminado de cargar, aun así lo desenchufé para que se subiera.

    ― Claro, toma. ―le dije.

    La joven se acerco a coger el cargador,

    ―Gracias. ―sonrió y susurrando añadió― Dejaré la puerta abierta

    ―No hay de qué. Qué menos…―puntualicé.

    Sólo la delgada muchacha supo que me refería a la magnífica felación de aquella mañana. Tendría que aclarar las cosas con ella. Yo no pensaba convertirme en el amante de una adolescente caprichosa. Ya pasé por eso en su día, y no me quedaron ganas de repetir.

    Carla tenía ese toque de ingenua intelectual que daban las gafas de pasta a la moda, como una aplicada estudiante que nunca se saltaría una clase de matemáticas. Nada en aquel rostro inocente hacía sospechar la voracidad con que la zorrita había chupado mis 20 centímetros de polla. Por un instante pensé si no lo habría soñado, pero no, todo el mundo sabe eso es lo que más les gusta a las jovencitas. Sólo así pueden gozar de un miembro viril sin poner en riesgo ni su decencia ni su virtud. Recordé una de mis primeras experiencias, aquella chica bajita estudiante de magisterio que tanto vicio tenía. La madre de Carmen, que así se llamaba la muchacha, siempre creyó que trasnochábamos para ver como acababa Gran Hermano. En realidad Carmen sólo fingía interés haciendo tiempo para que todos se subiesen a dormir, aguardando su verdadero festín. En fin, que siempre volvía a casa de mis padres tardísimo, congelado pero con una sonrisa de oreja a oreja.

    Nos habíamos quedado los tres solos. María luisa, su marido y yo. Finalmente, ella se levantó y nos anunció que se iba a dormir. Rodrigo levantó un momento la cabeza respondiendo como un autómata al beso de buenas noches de su mujer y siguió leyendo. Yo me levanté rápidamente y le corté el paso. El deseo relucía en los ojos de María Luisa.

    ―Rodrigo, yo la acompaño a la cama… si no te importa quedarte aquí solo.

    ― Ah, vale, no pasa nada. ―respondió él sin prestar atención.

    ― Bien… Ya has oído “No pasa nada” ― repetí las palabras de Rodrigo con mis ojos clavados en los de la rubia.

    Ella no dijo nada.

    ― Date la vuelta y pon las manos sobre la mesa ―ordené.

    Su marido levantó por fin la vista del maldito periódico y se me quedó mirando sin entender qué pasaba.

    ― Vamos ―la apremié.

    María Luisa puso ojos de súplica pero, viendo que yo aguardaba inmóvil a que hiciera lo que le había ordenado y que su esposo no decía nada, terminó por seguir mis indicaciones. Se giró y mirando a su marido se reclinó hacia delante para apoyar la palma de sus manos casi en el centro de la gran mesa de mármol.

    Sentado en el sillón Rodrigo tenía una estupenda panorámica del amplio escote de su mujer, una visión que sin duda dejaría paralizado a cualquiera. En cambio, yo tenía ante mí su indomable trasero. Comencé a acariciarlo con una mano despacito en grandes círculos. No tardé en tantear bajo su falda. La humedad de María Luisa anunciaba una cálida bienvenida.

    Mirando a Rodrigo subí la falda a su mujer hasta la cintura, y fue entonces cuando la rubia comprendió para qué había cortado los bordes sus braguitas nuevas. De un fuerte tirón hice saltar la escasa costura dejándola el culo al aire. El sonido de la tela al rasgarse resultó sobrecogedor. Su marido la vio estremecerse aún más que él mismo. Todo parecía ir tal y como yo lo había planeado. Lancé las braguitas a los pies de su marido, se podía distinguir a la perfección el cerco oscuro impregnado de los fluidos femeninos.

    ― Pero… ―protestó Rodrigo.

    ― Silencio ―exigí de inmediato.

    Tan alta como era, María Luisa estaba espectacular con el vestido subido más allá de las caderas y el culo ligeramente en pompa. Respiraba de forma agitada. Tenía el sexo rubito, sin depilar ni afeitar, brillante de humedad, caladito como un pastel recién hecho. También poseía un culo realmente poderoso. Curiosamente, en el centro de aquel amplio y pálido trasero llamaba la atención la piel arrugada y oscura de su ojete.

    Apenas tres metros más allá, el marido no perdía detalle. Atónito, sorprendido de ver sometida a su frígida y dominante esposa comenzó a dar muestras de estar inquietud. De forma involuntaria a Rodrigo se le estaba poniendo dura, y ese fue el verdadero detonante para que los tres diéramos rienda suelta a nuestros deseos ocultos. El marido aceptaba y se excitaba viendo a su mujer a punto de ser tomada por otro hombre.

    En ese momento yo deseaba domar a aquella hembra más que nada en el mundo, al igual que ella misma. El problema era que esa jaca pertenecía a Rodrigo y él tenía derecho a reclamar lo que era suyo. Sin embargo, cuando éste empezó a tocarse mientras yo sobaba el culo desnudo de su mujer me estaba autorizando implícitamente a gozarla a mi antojo.

    Seguí acariciando el revoltoso culo de María Luisa, deteniéndome de vez en cuando a estrujar los inflamados labios mayores de su sexo. Ella gemía cada vez.

    ― Ooogh…

    María Luisa jadeaba abriendo los ojos como platos cada vez que yo exprimía su sexo rubito rebañando sus fluidos y jadeaba igual cada vez que la untaba con ellos el sensible y oscuro orificio del culo. Aquella caricia prohibida la turbaba.

    ― Ooogh… Ooogh… Ooogh…―gemía la pobre lo más flojito que podía, traduciendo a su marido cada uno de mis mimos en su entrepierna.

    Todo marchaba tan rápido y tan bien que decidí espolear a aquella hermosa e insaciable mujer con un pequeño anticipo. Para ello me centré en estrechar entre mis dedos su abultado clítoris. Este nuevo estímulo revolucionó aún más a la complacida María Luisa que no tardo en cerrar los ojos y gemir atropelladamente con la boca abierta de par en par, proclamando la inminencia de su orgasmo. Entonces y sólo entonces me atreví a introducirle mi dedo pulgar por el culo.

    ― ¡Ooogh! ―la oí suspirar tibiamente, sin rechazar ni poner reparo alguno a lo que le hacía. La verdad es que mi pulgar se había abierto paso con facilidad. Aun así, no me apresuré y dejé pasar unos segundos antes de similar con mi mano el ritmo de una buena follada en su espléndido trasero. Con mis dedos frotaba sus resbaladizos labios mayores y su sensible fuente de placer.

    ― Ooogh… Ooogh… Ooogh… Aaagh…

    Al poquito una gruesa gota de flujo se descolgó del eufórico coñito de María Luisa formando un hilo pringoso que acabo pegándose en su muslo.

    ― Aaaggggggggggggggh… ― entre convulsiones y espasmos propios del orgasmo la muy puta logró contener el grito. Bufaba no obstante como una yegua exhausta tras una veloz carrera. Tuve que sujetarla como pude para que no se desplomara sobre la mesa.

    Mis planes llegaban justo hasta aquí. Originalmente yo había pensado comerme sus tetas y follarla allí mismo delante de Rodrigo, quien por cierto se había sacado la polla a través de la cremallera del pantalón. Mi idea era hacer que el marido se corriera viendo el rostro de gusto de su enloquecida mujer bien ensartada por el coño. Sin embargo, llegados a este punto la idea se me antojaba totalmente descabellada. Cualquiera podría sorprendernos sin posibilidad alguna de disimular.

    Tomé la decisión de buscar un lugar más discreto ya que todo se estaba complicando por momentos. No sólo porque estuviéramos haciendo demasiado ruido, ni porque cualquiera podría bajar y pillarnos in fraganti, si no fundamentalmente porque quería follarla bien, lamerla de arriba abajo, deleitarme con sus grandes tetas y joderla sin prisas.

    Con disgusto me vi obligado a hacer una breve pausa. Enrabietado le aticé a aquella mami golfa un sonoro azotazo.

    ― Sube a la habitación ―ordené― Espérame de rodillas, en el suelo.

    ― ¿Os vais…? ―protestó inmediatamente Rodrigo.

    No me había olvidado del marido, es más, yo quería que él estuviera presente en todo momento ya que su presencia sería un magnífico catalizador sexual para todos. A pesar de ello creí mejor que fuera él mismo quien pidiera seguir contemplando el ardiente espectáculo. También me pareció apropiado contar con la complicidad de su mujer, así que miré a María Luisa y le pregunté.

    ― ¿Qué dices? ¿Le dejamos que mire… a ver si aprende algo?

    ― Sí, que mire. ―se ensañó la muy pécora. Ya se había bajado la falda del vestido.

    ― Pues sube y haz lo que te he dicho, enseguida vamos.

    Cuando María Luisa se hubo marchado con gesto serio le pregunté a Rodrigo:

    ― ¿Lo has hecho antes?

    ― ¿El qué? ―preguntó a su vez Rodrigo.

    ― Ver como folla con otro―aclaré.

    ― No, pero…

    ―…pero se lo has propuesto, ¿verdad? ―completé la frase que él había dejado a medio.

    ― Sí.

    ― ¿Seguro que quieres verlo? ―insistí.

    ― Sí. Claro que sí.

    ― Tú no participarás. Sólo mirarás, entiendes. Te sentarás en una esquina y no te moverás de ahí. ¿Has entendido?

    ― Sí.

    ― Eso espero, si no cumples tu palabra habrá problemas…

    Hice una pequeña pausa. No estaba seguro si Rodrigo sería capaz de mantenerse al margen. Le pinché un poco más.

    ― ¿Alguna vez la has follado por el culo?

    ― No, ella… ―dudo si responder― tiene hemorroides.

    Efectivamente María Luisa tenía un pequeño pliegue en la parte inferior del ano seguramente a consecuencia de los partos, pero éste apenas era del tamaño de un garbanzo. Una escusa que algunas aprensivas utilizan y que salvo casos graves son totalmente compatibles con una sodomía “Como Dios manda”, o sea metódica y con abundante lubricante. El tono hipócrita con que Rodrigo trató justificarse hizo que me enfadara.

    ― Eres su marido, ―dije― deberías hacerla gozar como la diosa que es… y someterla como la puta que le gustaría ser. Vamos…

    Antes de subir me paré a pensar qué podría necesitar. Cogí un cojín del salón y dándoselo a Rodrigo le dije que esperara. Rápidamente fui al baño, cogí aceite de Aloe Vera y toallitas húmedas.

    Su habitación estaba al fondo del pasillo de la planta superior y cuando entramos nos quedamos de piedra. María Luisa se masturbaba arrodillada sobre una alfombrilla en el centro de la habitación, pero se detuvo al vernos. Se había desnudado. Tenía un cuerpo voluptuoso y sensual cuyas grandes tetas colgaban de forma pesada por la posición en que se encontraba. Naturalmente tenía algo de tripa, yo esperaba más teniendo en cuenta que había parido cinco veces. Quizá estaba conteniendo la respiración. De frente destacaban sus grandes pechos así como la anchura de sus caderas. Era toda una hembra, de eso no cabía duda.

    Coloqué una butaca a una distancia prudencial y le indiqué a Rodrigo que se sentara.

    ― Puedes mirar y mastúrbate si quieres, pero no hables ni te levantes. ―le advertí. Después, me acerque a ella, había incertidumbre en su mirada.

    Me aproximé a María Luisa.

    ― Si quieres que pare solo tienes que decirlo, entendido… pero escúchame bien, quiero que tu marido disfrute, ¿entiendes? Hoy tienes que demostrarle de lo que eres capaz.

    La noche era desapacible, en el exterior de la vieja casona se oía el viento rugir. Hay quien se pone nervioso en noches así y no es de extrañar. El constante soplido del aire en las altas ventanas podría hacer enloquecer a cualquiera. A pesar de todo yo debía mantener la calma para conseguir que María Luisa y su marido tuvieran un buen recuerdo de aquella noche… Por otra parte, el gélido vendaval estaba de mi parte, vendría bien para encubrir otra clase de ruidos libidinosos.

    ― ¿Quieres comérmela? ―pregunté alto y claro delante de ella.

    María Luisa, de rodillas, miró a su marido y al fin respondió.

    ― Sí.

    ― Adelante. ―le di mi permiso.

    Ella tardó en comprender que yo quería que ella misma me la sacase. Me miró y yo me limité a afirmar con la cabeza. Entonces hizo intención de soltarme el cinturón. Yo la detuve, un hombre con los pantalones en los tobillos no es nada elegante.

    ― Baja la cremallera. ―le indiqué.

    María Luisa la bajó despacito, con cuidado. La entrepierna del pantalón estaba sumamente abultada, así que mi miembro no podía salir sin ayuda por la estrecha abertura. Ella volvió a mirarme y yo afirmé otra vez con la cabeza. La mujer de Rodrigo metió la mano estirando de la abertura con la otra. Logró sacarla y de pronto se vio con mi grueso rabo entre sus delgados dedos.

    ― ¡Joder! ―exclamó sorprendida, y de nuevo miró a su marido. La cara de Rodrigo reflejaba una mezcla homogenea de admiración y malicia.

    ― ¿Pasa algo? ―pregunté a la mujer.

    ― No.

    ― ¿No te gusta?

    ― Sí ―reconoció ella.

    ― ¿Entonces?

    ― Es que es bastante grande. ―explicó sonriendo.

    ― Tú boca también es bastante grande ―me salió del alma…― Ábrela, quiero sentir tu aliento en mi polla.

    Ella hizo lo que yo había dicho y entonces acerqué mi violáceo capullo hasta ponérselo a dos escasos centímetros de la boca abierta.

    María Luisa permaneció completamente inmóvil, mirándome con complicidad.

    ― ¿A qué esperas? ―le inquirí.

    No tardó, cerró los ojos y echándose hacia delante saboreó por primera vez la verga de otro hombre, pues como más tarde supe tampoco había tenido pareja anterior a su marido, quién dicho sea de paso se acababa de convertir gustosamente en cornudo, y su mujer en… una puta, mi puta.

    La boca de aquella caliente mamá era un coctel fantástico de calor y humedad. Saboreaba la puntita con tanto cuidado que casi me hacía cosquillas. Después empezó a dar tímidas y suaves cabezadas arriba y abajo. Sus labios bajaban y subían con cautela y siempre apretados a lo largo de mi erección. Tenían un suave color rosa que contrastaba con mi morena verga.

    ― Quita las manos. ―dije.

    Ella me la soltó y apoyó sus cálidas manos en mi cintura. No había sacado mi polla de su boca en ningún momento, desde luego la había cogido con ganas.

    ― Shhhhluuuug ―se le escuchó al sorber su saliva.

    No es que no me gustara como lo hacía, al contrario, la dulzura y entusiasmo que demostraban eran perfectas. Sin embargo resultaba algo monótono ciñéndose a subir y bajar con delicadeza. Continuaba con los ojos cerrados para no marearse por el repetitivo movimiento, cuando lo que a mí me gusta es que me miren con la boca completamente llena. A pesar de todo, ver como mi polla se adentra en su boca que no dejaba de gemir era estupendo.

    ― Ummmmmm…

    De pronto, como si me hubiese leído el pensamiento, María Luisa cambió de estilo. Abrió la boca y se la tragó hasta úvula, entonces frunció los labios y chupó ascendiendo a lo largo de mis 18 centímetros de carne, repitiendo esto cuatro o cinco veces seguidas.

    ― Ummmmmm… ―gemía al ascender por mi verga.

    María Luisa era una mujer muy metódica, en todo. No sé el tiempo que estaría subiendo y bajando, pero al hacerlo era tal la cantidad de saliva acumulada en su boca que la tenía que sorber ruidosamente de forma bastante indecorosa para una mujer bien educada.

    ― Shhhhluuuug Ummmmmm…

    Estaba gozando igual que una chiquilla con un helado de hielo en el mes de agosto. A mí me hubiera gustado verla recorrer con su lengua todo mi rabo, lentamente, mirándome a los ojos. Me encanta cuando hacen eso, tendría que instruirla en otra ocasión. En fin, preferí aguantarme ya que quería evaluar sus conocimientos y destrezas por sí misma.

    ― Ummmmmm… Ummmmmm… Ummmmmm… ―sollozaba encantada.

    Pronto intentó engullir mi miembro viril, sin mucho éxito. Siempre me ha causado un poco de desazón causar esa pequeña frustración en las mujeres. Aunque verlas esforzarse es igualmente hechizante. Lo intentó una y otra vez.

    ― ¡Uaaagh! ―sollozaba exhausta― ¡Shhhhlug! ―tragaba después su saliva.

    Comenzaba a dar síntomas de cansancio. Fue entonces cuando dejó de chupar para mirarme con ojos lastimeros. La mujer de Rodrigo esperaba que yo hiciera o dijese algo, pero yo permanecí de pie inmóvil ofreciéndole mi verga a través de la cremallera abierta de mi pantalón vaquero.

    ― ¿Ya? ―pregunte expresando decepción― ¿No quieres más?

    Como una buena chica volvió a por el postre aunque esta vez se centró principalmente en mi inflado glande. Lo chupaba con fuerza como un Chupa-Chups.

    ― ¡Shhhhlug!… ¡Shhhhlug!… ¡Shhhhlug!…

    Cada vez que paraba me dedicaba una hermosa sonrisa. Realmente había un destello de alegría y sincero agradecimiento en sus ojos. Ese pequeño detalle tenía mucho valor para mí. Me hacía sentir orgulloso, de modo que sentí como mi esperma comenzaba a hervir en mis testículos.

    ― Ummmmmm… ¡Shhhhlug!… Ummmmmm…

    ― Ya. ―dijo dando a entender que deseaba cambiar de juego.

    ― ¡Sigue! ―exigí― ¡Haz que me corra!

    No tuvo elección. Restregué mi cipote contra los labios hasta que abrió de nuevo la boca y comencé a follarla oralmente de inmediato tratando de no provocarle arcadas. Estaba demasiado excitado, necesitaba descargar para afrontar con garantías lo que aún estaba por venir. Vi a Rodrigo claramente entusiasmado con que follara la boca de su mujer. Aguanta, aguanta… me decía a mí mismo, pero ya era demasiado tarde.

    ― ¡Oh!… ¡Oh!… ¡Oh!… ―empecé a bramar abrumado por el placer de las ahora largas y contundentes penetraciones en la boca de la mujer de Rodrigo. Inevitablemente, en unos pocos segundos ― ¡Aaaaaaaaagh! ―rugí anunciando mí ya inevitable eyaculación. Mis testículos se contrajeron y mi polla empezó a dar sacudidas.

    María Luisa intentó apartarse al notar el primer y enérgico chorro en su boca, pero yo la tenía bien sujeta. Ignorando sus quejas seguí bombeando con toda mi alma, chorro tras chorro.

    ― ¡Ogh! ¡Oogh! ¡Agh!…

    Solo después de ocho y diez convulsiones retrocedí extrayendo todo mi miembro de su boquita y obligándola a mirarme a la cara le exigí con firmeza que tragara mi esperma.

    ― ¡Traga, zorra! ―ordené apretando los dientes de auténtica furia viril. Mi polla aún seguía dando sacudidas en el aire.

    María Luisa se habría desplomado de no haber puesto las manos a tiempo. Trataba de recuperar el aliento. Tenía cara de repulsión por el gusto amargo de mi esperma en su boca. Me miró con odio.

    ― ¿Qué se dice? ―le pregunté.

    No entendía.

    ― ¿Qué se dice? ―repetí.

    María Luisa seguía sin comprender.

    ― ¿Qué se dice cuando alguien te hace un regalo? ―me expliqué.

    ― Gracias ―dijo por fin.

    ― Eso es… Dilo alto, ¡Qué te oiga tu marido!

    ― ¡Gracias! ―voceó.

    ― ¡¿”Gracias” por qué?! ―pregunté con malicia.

    ― ¡Por tu semen, cabrón! ―dijo angustiada.

    ― De nada preciosa ―sonreí y entonces me percaté de que tenía un pequeño grumo en la punta― Mira ―le indique tendiéndole mi polla con la mano.

    ― Saca la lengua. ―le pedí.

    María Luisa no tardo en hacer lo que yo le había dicho, y cuando le acerque mi pollón la muy hija de puta no dudo en relamerlo.

    ― ¡Chupa! ―demandé.

    Se metió la punta en la boca y sus mejillas se hundieron al succionar.

    ― ¡Más fuerte!

    Aproveché para quitarme la chaqueta y la camiseta, quedando desnudo de cintura para arriba. María Luisa hizo un gesto de admiración al ver mi torso desnudo.

    ― Túmbate ―le ordené.

    La agarré de los tobillos e hice que flexionara y elevara las piernas hasta que tuvo las rodillas sobre el pecho.

    ― Sujeta. ―hice que ella misma se sujetase las piernas.

    Cogí un par de toallitas y aseé un poquito el coñito y alrededores. Tenía unos finos pelillos que denotaban la falta de mantenimiento de ese rinconcito de su hermosa anatomía. Tras unas suaves caricias me puse a devorar el suculento y ardiente manjar que aquella mami me ofrecía. No tardó en volver a gemir.

    ― ¡Ufff…! ¡Aaah…! ¡Ummm!

    Mordí sus labios mayores, hundí mi lengua en los caldos vaginales, hurgué con la punta de mi juguetona lengua en su ojete, besé sus blanquísimos muslos… Estaba muy cachonda, así que cuando le rechupeteé el clítoris no tardo en empezar a temblar por segunda vez.

    ― ¡Aaaaagh!

    Agarré entonces el aceite y derramé una buena cantidad entre sus piernas. Esta vez no me anduve con miramientos al introducirle un dedo por el culo mirándola fijamente a los ojos. Con la otra mano amasaba una de sus tetazas.

    ― ¡Ummm…! ¡Ummm…! ¡Aaah…! ―gimió.

    El placer hizo que la mujer de Rodrigo se pusiera de improviso a frotarse el coño con entusiasmo. Se había desinhibido por completo. Yo le pellizcaba los pezones sin compasión.

    María Luisa se sujetaba las piernas en alto con una sola mano, mientras con la otra se ocupaba de su exigente coñito. Como un solo dedo entraba y salía cómodamente en seguida fueron dos los dedos que atormentaban el culazo de la mujer de Rodrigo, quien por cierto se masturbaba sin perder ni un detalle de los gestos y las muecas de su esposa.

    ― ¡Ummm…! ¡Ummm…! ¡Aaah…!

    Todo iba de maravilla. Mis dedos entraban y salían con facilidad, pero aún tendría que dilatar un poquito más aquel frágil orificio si aspiraba a introducir mi polla en él. Esta vez debería poner más cuidado, añadiendo un nuevo chorrito de aceite, jugué, hice pequeños círculos con dos dedos, dedicando el tiempo necesario hasta conseguir por fin que tres dedos se perdieran entre las nalgas de María Luisa.

    ― ¡Aaaaaaaaah…! ―gritó la pobre― ¡Mierda! ¡Joder! ¡Aaagh…! ¡Auh…! ¡Dios!

    ― Lo peor ya pasó ―traté que se calmara besándola en el hombro― Ahora solo tienes que relajarte, deja que tu cuerpo se adapte. No tenemos prisa, ¿verdad Rodrigo?

    Él no respondió. Al parecer se había corrido hace rato.

    ― Te gusta verla jodida, ¿eh, cabrón? ―le recriminé a su marido.

    ― Con lo remilgada que parecía y mira ahora como le chorrea el coño ―me burlé de su marido en voz alta para que ella le escuchase también.

    ― Quieres que te la meta, ¿eh, rubia? ―me jacté acariciándome la polla que volvía a estar en plena forma para el segundo y definitivo asalto.

    ― ¡Sí, por favor! ―respondió rápidamente― ¡Fóllame ya! ―María Luisa comenzaba a ponerse impaciente, así que me acerque y mientras pellizcaba suavemente uno de sus pezones le susurré al oído― Escúchame bien preciosa. Sé de sobra que no eres una rubia tonta, pero no quiero numeritos… Tú sabes que te la voy a meter por el culo, ¿verdad?

    María Luisa afirmó con la cabeza.

    ― …y que puede que te duela al principio.

    La mujer repitió el mismo gesto.

    ― Bien… ponte a cuatro patas…Voy a darte por el culo hasta que te desmayes de dolor o de gusto, ya veremos.

    Cuando se colocó, le froté el coño con brío. La mujer de Rodrigo esperaba con su culazo en pompa. Jadeaba sabiendo que pronto la sentiría entrar.

    Poniendo mi polla en la empapada vulva de la mujer la fui penetrando sin ninguna resistencia. María Luisa tenía el coño encharcado, calentito y sumamente resbaladizo. Ella misma empujó hacia atrás buscando la penetración.

    ― En la boca no te cogía… pero en el coño sí ¿eh zorra?

    Como yo no me movía fue ella misma la que de forma natural empezó a moverse adelante y atrás, haciendo que mi polla entrara y saliera de su coño. Sin duda, la desquiciada mamá estaba gozando como nunca había gozado en una cama. Tuve la sensación de que comprimía mi verga con las paredes de su ardiente vagina.

    En cuanto María Luisa aumento el ritmo dejándose llevar por el placer la obligué a detenerse, y apartándole el pelo de la cara dije a su marido

    ― ¡Mírala bien Rodrigo!

    María Luisa estaba fuera de sí, sintiendo en su interior toda mi poderosa verga. La saque por completo y apunté al oscuro orificio entre sus fuertes nalgas.

    Mi polla empujaba su ano, pero María Luisa apretaba el culo no permitiendo que entrara. Pero tengo un truco que nunca falla. Poniendo más aceite volví a meter dos y enseguida tres dedos en su ojete, y en un rápido movimiento mi verga ocupó el lugar de mis dedos.

    ― ¡Aaaaaaaaaaaaah! ―gritó al cómo le abría el ano.

    ― ¡Mira Rodrigo! ―y entonces se me ocurrió algo― Ya está. No ha sido tan difícil verdad. Me debes cien euros…

    ― ¡Aaaaaaaah! ¡Aaaaaah! ¡Aaaaah! ―empezaba un suave vaivén.

    ― Esta mañana le dije a tu marido que eras tan puta como la que más. ―mentí tratado deexcitarla.

    ― ¡Aaaah! ¡Aaah! ¡Aah! ¡Ah! ―los quejidos de María Luisa al ser sodomizada se fueron atenuando con cada nueva y completa embestida.

    ― ¡Qué gozada! ―bramé imponiendo buen ritmo.

    ― No tienes nada que decirle a tu maridito, o ¿con el culo lleno no se habla?

    Jadeaba

    ― ¡Vamos dile algo!

    ― ¡Me está matando de gusto, cari!… ¡Ah! ¡AaaH!

    Comencé a decir todas las obscenidades que se me ocurrían tratando de excitar más y más a los otros dos. La obligué a proclamar que su culo ya no era virgen, que yo era más hombre que su marido, que quería que me corriese dentro de ella.

    ― ¡Aah! ¡Ah! ¡Me arde el culo, cabrón! ¡Aah! ¡Aaaaaaaaah!

    La rubia alcanzó un orgasmo tan intenso que tuve que esforzarse para que mi polla no se saliera de su culazo. Comenzó entonces un espectáculo digno de una película porno. Volví a añadir aceite y la hice girarse para que Rodrigo pudiese ver su cara mientras la enculaba.

    ― ¡Qué culo tiene tu mujer, Rodrigo! ¡Mira que bien l’entra ahora!

    Aceleré. Mi duro miembro viril perforaba su espléndido culazo a toda velocidad, frenéticamente, y de pronto María Luisa notó como se le escapaba el pis sin poder hacer nada para evitarlo.

    ― ¡Se está meando, Rodrigo! ¡Mira! ¡Será guarra! ―dije ensartándola con fuerza, a lo bruto.

    ― ¡Aaaaaaaaaaaaaaah! ―María luisa gritó su cuarto o quinto orgasmo, todo su cuerpo temblaba y se tensaba con las contracciones del placer. La frontera entre un orgasmo y el siguiente se había desvaneciendo. Estaba en un éxtasis sublime y continuo. Después ya no fue capaz de sostenerse. Los brazos le fallaron, pero yo tiré hacia atrás de ella justo a tiempo de hacer que su culazo quedará apoyado sobre sus talones, mientras yo seguía enculándola tirada sobre el colchón.

    Yo había cumplido mi promesa. Follarla hasta que se desmayara de gusto, y debía celebrarlo en condiciones.

    ― ¡Me corro Rodrigo! ¡Me corrooooogh!

    También él lo hizo disparando varios chorros sobre el suelo.

    María Luisa se estuvo retorciendo de placer un buen rato, y como colofón se puso en pie, se acerco a Rodrigo y separando sus nalgas le mostró el estropicio que mi polla había ocasionado en su ojete, enrojecido, abierto y rezumando de semen.

    Le di un intenso beso, pero cuando iba a salir de su habitación…

    ― Espera… ―exclamó María Luisa y dirigiéndose al armario descolgó un saco enorme.

    ―Mira, mi traje de novia… ¿Crees que aún me entrará?

    ― Estoy seguro ―respondí.

    ― ¿Vendrás mañana? ―me preguntó― Siempre he soñado que dos amigos de mi marido…

    FIN