Autor: admin

  • Nunca cae mal una buena madura

    Nunca cae mal una buena madura

    Cuando llegó el cumpleaños de mi tía mis padres irían como todos los años y me dijeron para ir también les dije que no que era una fiesta de personas mayores y de seguro me iba aburrir mi padre estuvo de acuerdo conmigo pero mi madre no.

    -Necesito que vayas porque luego tu papá se pasa de tragos y es un problema luego para que maneje, ya el año pasado pasé un susto que no quiero que se vuelva a repetir.

    Cuando mi madre decía algo en la casa se tenía que hacer por más que mi padre dijo que era una exagerada que sólo fueron unas copitas de más e igual fuimos los tres. Llegando salude a mi tía y esposo y me fui a un lado mis padres se pusieron a conversar con ellos y de a poco fueron llegando los invitados todos casi de 50 años aproximadamente. Mi tío me veía aburrido se acercó y me dijo que subiera al tercer piso para que viera televisión o juegue play station en la habitación de mi primo que ya no vivía con ellos porque estaba en la escuela militar de Chorrillos.

    Ellos tenían una casa grande de tres pisos le agradecí a mi tío el gesto y subí rápidamente pero le dije a mi mamá que cualquier cosa estaba arriba ella estaba acompañada de Marílu que al verme me dijo lo grande y fuerte que ya estaba a mis 18 años y me dio un beso en la mejilla sentí su perfume y sus senos en mi pecho al abrazarme fuerte que alborotaron mis hormonas siempre me gustó y algunas veces ella fue la inspiración para unas buenas masturbadas en la ducha imaginando que me chupaba la verga y luego me la tiraba.

    Ella tendría unos 48 años era bajita de 1.60 de estatura de cabellos negro con rulos de ojos grandes era una negra clara porque su padre fue italiano y su madre negra por ende tenía muy bonito cuerpo para su edad de senos pequeños pero aún buen puestos y de muy buen trasero grande que sus amigas le decían cebollita china, era viuda tenía tres hijos que para nada echaron a perder su figura y tenía varios pretendientes según decía mi tía.

    Le agradecí por el cumplido y me fui al tercer piso pero me llevé sin que nadie se diera cuenta 5 botellas chicas de cerveza y juegue unos juegos de play un buen rato cuando bajé al primer piso en busca de unas cervezas más ya los invitados estaban súper animados por el alcohol y la música sólo pude sacar dos botellas del refrigerador y de nuevo al tercer piso antes quise ir al baño pero estaba lleno de gente esperando su turno y recordé que también había un baño que mi tío había hecho para mi primo en el tercer piso para que no esté bajando hasta la primera planta.

    Busqué con la mirada a mis padres y él estaba bailando con mi tía y mi madre conversando con unas señoras, ya estaba por subir y venía hacia a mi Marílu estaba al igual que todos con unas copas de más y estaba desesperada por entrar al baño pero la gente ahora era más le dije que arriba había un baño pero que no dijera nada a nadie porque solo los invitados debían estar en el primer piso y tampoco quería que estén subiendo y bajando gente.

    Primero subió ella y luego yo mirando que nadie nos viera, cuando llegamos al baño que estaba en el pasadizo junto al cuarto de mi primo entré yo primero y luego ella me despedí de ella volviendo a recordar que no dijera a nadie del baño a los demás y subiera las veces que necesite me agradeció y me fui a seguir jugando. Cuando tuve algo de hambre bajé nuevamente ahora la gente estaban más borrachos e igual seguía la fiesta mi madre me dijo que ya mi papá estaba bien mareado y le contesté que ella también.

    – No hay problema hijo nos vamos a quedar hasta mañana tu tía nos invitó almorzar con ellos así que sigue jugando arriba, ya no nos vamos.

    Cogí un poco de comida y regrese a seguir viendo televisión, luego buscando alguna película de mi primo para poner en el bluray encontré escondido debajo de unos libros una película porno, eché seguro a la puerta y me dispuse a verla era de mujeres mayores llamadas MILF con jóvenes, estaba de lo más caliente con las imágenes disfrutando el momento hasta que tuve ganas de orinar resultado de las cervezas bebidas.

    Cuando abro la puerta del baño Ohhh sorpresa encontré a Marílu sentada y dormida en el inodoro y yo con la verga en la mano listo para orinar…

    (Continuará)

  • La hermana de un amigo me obliga a masturbarme

    La hermana de un amigo me obliga a masturbarme

    A mis 18 años, la hermana de mi amigo Enrique era mi más hondo deseo. Ella tenía 4 años más que nosotros. Lo recuerdo perfectamente porque cuando todo pasó ella estaba en el cuarto año de la universidad y yo recién entrado en la facultad.

    Verónica se llamaba. Vamos… y se llama. En aquel entonces tenía un novio de 24 o 25 años. Un melenudo con camisetas de Nirvana y un Ibiza rojo.

    Verónica no sólo era la musa para mis pajas. Era la musa para más de una paja a los chicos de mi edad. A nuestra edad, acompañados por nuestro acné y nuestras revolucionadas hormonas, el cuerpo de aquella chica era toda un imán que nos llamaba a voces.

    Curvas marcadas, culo prieto y bien formado, tetas grandes para esa cintura que se gastaba… todo ello acompañado por una bonita sonrisa, ojos marrones claros y pelo rizado castaño.

    Toda una tentación que provocaba que las tuberías de nuestras casas casi se colapsaran con todo el semen que echábamos en las duchas pensando en aquel cuerpo.

    Yo, sin experiencia real apenas con chicas, y con una experiencia de unos años de pajas a mis espaldas, soñaba con besarla, con metele la polla en la boca, entre las tetas, en el coñito… Y así un día tras otro.

    Los padres de mi amigo eran médicos del centro de salud de la localidad, por lo que él tenía muchas horas en la que estaba solo. Para compensar eso, parece, que los padres lo mimaban en exceso. Capricho que quería el niño capricho que tenía. Así consiguió la consola que en aquellos tiempos estaba de moda. Y con ella uno de los primeros Fifa del mercado, el noventa y tantos. En esos tiempos no había juego online. Los amigos quedábamos a jugar y lo hacíamos juntos, en la misma habitación. Y aquellos Fifa eran para eso geniales (en aquella época, claro).

    Aquel día había quedado con Enrique sobre las 17, tras comer y tal. A esa hora me fui para su casa, en la misma calle que la mía y llamé al timbre. Me abrió Verónica, que llevaba un vaso de leche en la mano. Me dijo que su hermano estaba arriba en su habitación. Cerró la puerta, y se puso delante de mí en la escalera para subir. Mis ojos se pusieron como platos. Iba sólo vestida con una camiseta. Descalza. Andando casi de puntillas. La camiseta, que era blanca, no le llegaba a tapar todo el culo. Por lo que marchando un par de escalones por detrás pude ver perfectamente su blanquito culo apenas tapado también por unas braguitas rosas que se le recogían hacia la rajita del culo. Mis ojos sólo hacían recorrer, mientras subíamos, aquel cuerpo. Desde el talón del pie a la cola donde tenía recogido el rizado pelo y vuelta atrás.

    Creo que subí aquellos escalones con el corazón sin latir y, además, sin respirar.

    Llegamos arriba y ella sin girarse entró en una habitación que usaba como mini salón: un par de sofás y una tele.

    Yo seguí por el pasillo hasta la habitación de mi amigo. Miré mi polla y vi que estaba morcillona pero no erecta y que no se notaba demasiado. Así que llamé y entré en la habitación.

    Estuvimos jugando a aquel Fifa. Un Fifa recuerdo qué solo tenía selecciones. Partido arriba, partido abajo, coca cola arriba, coca cola abajo.

    Pasaron casi dos horas.

    Llamaron al timbre de nuevo. Al rato se asomó la hermana a la habitación para decirnos que había llegado su novio y que estarían en el salón de abajo.

    A nosotros allí jugando nos importaba poco eso. La verdad. Seguimos jugando al Fifa entre risas y goles.

    Tras otro partido nos habíamos quedado sin Coca-Cola. Enrique dijo que iría al súper que estaba tres casas más abajo por una botella fría. Así que pusimos cada uno la mitad del dinero y él fue por ella dejándome allí sentado mirando la tele.

    Lo escuché decirle donde iba a Verónica y al novio en la planta de abajo y salir. Unos segundos después una fuerza me empujó al pasillo. Lo recorrí completamente. La puerta del mini salón donde antes estaba Verónica estaba abierta. Allí no había nada. Las voces, hablando, se escuchaban abajo. Seguí adelante. Al fondo estaba la habitación de Verónica con la puerta también abierta. Me asomé. Obviamente no había nadie.

    Una cama con un edredón rosa. Un escritorio. Una estantería de libros. Y un buen montón de ropa aquí y allá desparramada. En un segundo decidí, empujado por mis hormonas, hacer lo que hice. Abrí el primer cajón de su mesita de noche. Bingo. Su ropa interior. Pufff. Durante el camino a la habitación mi polla se había puesto de nuevo morcillona, pero aquella visión de aquellas telas que protegían lo más íntimo de Verónica me la terminaron de levantar. Saqué una de las primeras braguitas que había en el cajón. Aspiré su olor buscando el más íntimo olor de Verónica. Aunque, la verdad, que sólo aspiré el perfume del suavizante. Me bajé los pantalones y empecé a masturbarme allí. Para mí era una situación muy morbosa que, además con la visión que había tenido hacia pocas horas del cuerpo de aquella chica, hizo que mi erección fuera enorme.

    Allí estaba yo tocando la zambomba de forma incontrolada cuando sentí algo detrás de mí. Oculté mi polla antes de girarme. Era el melenudo del novio. Miró mi erección, poco oculta en mis pantalones, me dijo en voz baja que coño estaba haciendo y de un manotazo me quitó las bragas que todavía tenía en la mano.

    Yo no sabía qué hacer. Lo único que hice fue sonrojarme, pasar entre él y la pared e ir a la habitación de mi amigo.

    Allí temí lo que me esperaba. Me veía al novio y a Verónica subir para echarme la bronca. Pero no pasó afortunadamente. Luego temí al escuchar que volvía Enrique que se lo dirían. Pero no pasó afortunadamente. La tarde siguió con otro partido de Fifa, aunque pronto le dije a Enrique que tenía que irme.

    Luego temí que se lo dirían a los padres de Verónica. Pero no pasó. Luego que se lo dirían a mis padres. Pero tampoco…

    En lo que quedaba de semana no volví a pisar la casa de Enrique pese a sus invitaciones. Me inventé un par de excusas y no fui.

    Llego el finde y todo se precipitó. Era el sábado por la mañana cuando venía caminando hacia mi casa. Alguien me habló por la espalda. Era el melenudo. Me dijo que no había olvidado lo que pasó el otro día y que era una asquerosidad. Que se lo había dicho a Verónica y ella estaba muy enfadada. Que no se lo habían dicho a nadie pero que pensaban decírselo a sus padres y que si yo no quería que eso pasara que esta tarde fuera tras comer a la casa de Enrique.

    Yo escuché todo eso sin hablar. Acojonado solo asentí con la cabeza. Aquella mañana la pasé encerrado en mi habitación, luego apenas almorcé. Luego le dije a mi madre que saldría un rato.

    Con pasos temblorosos me dirigí a casa de Enrique. Al llamar al timbre se abrió la puerta. Era el melenudo. Me dijo que subiera arriba al mini salón. Temí entrar arriba y que toda la familia estuviera esperándome para destrozarme moralmente.

    Pero sólo estaba Verónica. Verónica y el melenudo, claro, que venía detrás de mi.

    Ellos dos se sentaron en uno de los sofás y yo en el otro. Yo miraba al suelo, y notaba que estaba sonrojado.

    Verónica me dijo que el novio le había contado lo que yo había hecho. Que estaba muy defraudada. Que me conocía desde hacía años y que nunca me hubiera creído capaz de hacer aquella guarrada.

    Yo no alzaba la vista del suelo.

    Luego estuvimos todos un rato en silencio.

    Abrió ella de nuevo la boca para decirme que se lo iba a decir a sus padres a la noche cuando llegaran. Que estaban con Enrique en Sevilla comprando unas cosas pero que esta noche en la zona sabrían lo que yo había hecho.

    Mi corazón estaba a mil y sentía ganas de llorar.

    -Pero tienes una posibilidad de que no se enteren.

    Yo alcé la vista y la miré. Vi que el novio sonreía.

    -Levántate y bájate los pantalones.

    Yo no creía lo que me estaba diciendo. Casi ordenando. Pero lo hice.

    Me puse de pie y me quité el botón del vaquero que llevaba. Luego me bajé unos slips azules que llevaba. Mi polla asomó con la mata de pelo joven y rizado que la rodeaba. Estaba erecta, aunque yo no me había dado cuenta.

    Vi que ambos me miraban con sonrisas.

    Verónica se levantó también. Llevaba unos shorts rosas. Se los desabrochó y los dejó caer a los pies, se los sacó por encima de unas sandalias planas de tiras blancas que llevaba. Se había quedado con una camiseta de tirantes blanca y unas braguitas blancas también. Para mi sorpresa se dejó caer también las braguitas a los tobillos. En su lugar apareció una mata de pelo oscuro. Sacó los pies de la braguita, la agarró y me la lanzó al sofá que estaba a mi lado. Ella se volvió a sentar.

    -Esa si huele a mí. Cógela, y si no quieres que toda la gente se entere de lo que estabas haciendo… pajeate para nosotros ahora.

    Yo no daba crédito a lo que oía. Pero reaccioné agarrando las braguitas. Mi corazón estaba desbocado y mi polla apuntaba al cielo toda surcada por venas y venas.

    Solo agarrar sus braguitas noté su olor. Incluso noté que estaban algo caliente. Pero fue su olor lo que me fascinó. Era una mezcla de un olor dulzón pero fresco, con algo de olor a sudor e incluso de pis. Mirando a la pareja que me miraba desde el sofá me la llevé a la nariz con una mano. Mi otra mano ya recorría mi polla. Aspiré fuerte el olor de las bragas de Verónica e inicié mi paja. Siempre me ha gustado hacérmelas de forma dura y aquello hacía, empujado por la costumbre, sí, pero también por la excitación del momento.

    Ellos ahora estaban besándose mientras me pajeaba. Vi que las manos de él se metían debajo de la camiseta de ella y que ella no llevaba sujetador. Dos perfectas tetas de color blanquecino lechoso aparecieron cuando él le quitó la camiseta. Ella lo desnudó entonces a él. Un cuerpo más peludo que el mío asomó, con otra polla erecta y dura.

    Empezó a comérsela, él de pie y ella sentada en el sofá. Yo no perdía ojo. Había bajado las bragas hasta mi glande y ya estaba manchada de líquido preseminal. Frotaba la prenda contra mi polla imaginando que era el propio coño de Verónica.

    Verónica se levantó y vino hacia mí contoneándose y sonriendo. Llevaba agarrado al novio de la polla. Al llegar a mí, me hizo apartar la mano que sostenía la braga que frotaba en mi polla y dejó caer un largo hilo de saliva sobre mi polla. Me dijo que ya podía seguir y colocó al melenudo junto a mí. Ella se puso de rodillas delante de él y siguió con la mamada. Sentía los gemidos de él al sentir lo que le hacía. Yo lo único que sentía de ella eran los restos de saliva en mi polla y su mano que estaba sobre mi zapatilla deportiva apoyada. Seguí con mi paja, ahora de forma más bestia.

    Al momento ella se levantó y cogió de nuevo al novio por la polla. Se fueron hacia el sofá. Ella se tumbó y abrió las piernas dejando ver ese coñito peludo que tenía. Bajo los pelos se veían los sonrosados labios. El melenudo se colocó entra las piernas y la penetró. Ella gemía ante la follada. Sus pies, todavía calzados con las sandalias, descansaban en los hombros de él y se movían ante cada embestida.

    Yo seguía con mi paja, viendo desde detrás como la polla del tío entraba en el cuerpo de la hermana de mi amigo, escuchando sus gemidos, sus gritos de placer. Viendo como su mano se aferraba a la funda del sofá. Viendo como su piel se sonrojaba ante los roces de la otra piel.

    El melenudo fue el primero en correrse. Lo hizo con un gruñido y encogiéndose sobre el cuerpo de Verónica. Imaginé su leche llenando el interior de aquella chica a la que yo había visto convertirse en mujer. Ufffff

    Yo seguí con mi paja. Me faltaba muy poco ya. Alguna gotera incluso había caído ya al suelo de la habitación.

    El tío sacó la polla de ella y la chocó varias veces contra el pubis de Verónica dejando un rastro de semen en el pelo.

    Yo había dado un par de pasos adelante.

    Verónica se incorporó allí tendida en el sofá, abierta de piernas sobre sus codos, y me dijo que me acercara. Así lo hice, viendo como el melenudo estaba allí sentado mirando también.

    Verónica me miró a los ojos y me dijo que quería mi leche en sus tetas. Se apoyó contra el sofá y juntó aquellos pechos. Sus pezones estaban erectos. Eran rosados como sus pequeñas aureolas. Uno de los pechos tenía marcados en rojo los dedos del novio todavía.

    Miraba aquellos ojos que me miraban dilatados. Aquella boca que se mordía el labio inferior…

    Apoyé mi glande contra aquellas tetas que ella apretaba una contra otra. La primera descarga de semen salió de mí, sobre su canalillo. Al igual que la segunda y tercera. Veía resbalar mi leche en su piel. Vinieron una cuarta y quinta descargas que fueron sobre la teta derecha.

    Ella me seguía mirando a los ojos, taladrándome con aquella mirada. Yo gemía y suspiraba mirándola y viendo además mi leche en su cuerpo.

    Le pasé por el pezón, por debajo de donde estaba mi leche, mi glande, siguiendo el círculo de la aureola.

    Ella sonrió. Cogió un rollo de papel que había al lado y me limpió la polla y se limpió algo. Luego se puso de pie, me besó en la mejilla y dando pequeños saltos se fue al baño.

    El novio me dijo que me vistiera y que de lo que había pasado ni una palabra a nadie.

    Así lo hice yo. Y aunque Verónica luego, al tiempo, lo dejó con el melenudo, nunca le conté a nadie nada de esto. Y nunca más hice nada con ella.

    Esta vez es la primera vez que lo cuento.

  • Acá conmigo

    Acá conmigo

    Acá conmigo cielo estas en la cama te veo te siento como si fuera ayer.

    Tus caricias y tu boca bajando por mi piel escalofríos espasmos y leves gemidos estoy sintiendo la locura nubla mi juicio.

    Aaah!! Aaah!! Ya no aguanto más te deseo dentro mío pero me haces esperar más con tu lengua devorando mi cueva caliente aaah!!! Aaah!!! La siento siii tu polla dura siii lo deseo lo quiero.

    Me dices ahora chupa lo hago obedezco soy tuya y de nadie mas.

    Es mi manjar predilecto dura venosa gruesa mi lechita rica recorriendo mi garganta.

    Leves gotas cayendo a mis pechos.

    Mis pezones duros los chupa cual bebe hambriento estamos gozando la noche.

    Acá conmigo te deseo todas las noches.

    Me acuestas y lentamente lo vas introduciendo dentro mío aaah!!! Siii dámelo cariño soy tu puta aaah!!!

    Aaah!!! Estamos acompasados en una sola música de pasión sexo y lujuria.

    Y otra noche más acá conmigo.

  • Mi hermana me cura de una depresión

    Mi hermana me cura de una depresión

    Llevaba un buen rato dándole vueltas a la cabeza. Incapaz de concentrarme salí a la terraza y encendí un cigarrillo. Las volutas de humo ascendían realizando extrañas figuras antes de disiparse en la brisa vespertina. El sol se ocultaba en el horizonte produciendo reflejos rosas, rojos y malvas. Hacía solo media hora que me había levantado.

    Tras unos minutos fumando en silencio, mirando sin ver los tejados que desde allí se divisaban, regresé al interior de mi apartamento. Me gustaba aquel sitio. Constaba de un gran salón, con pocos muebles pero de calidad, una cocina separada por una barra, un baño con todos los lujos, sauna y jacuzzi incluidos y unas escaleras que subían a un amplio dormitorio abierto sobre el cuarto de estar. Toda la pared izquierda era un enorme ventanal que daba a una terraza desde la que se dominaba casi toda la ciudad.

    En una de las esquinas estaba mi escritorio donde el ordenador, encendido en un programa de procesamiento de textos, se moría de asco.

    -Tienes que darme algo, por lo menos cuatro o cinco capítulos. No podemos aguantar tu ritmo. O me lo tienes para el viernes o te vas buscando a otro – Me había dicho mi editor.

    Tenía razón. Se suponía que yo era un escritor de mediano éxito. Había escrito un par de novelas que se habían vendido bien, reportándome cierta fama y, sobre todo, unos pingües beneficios con los que me había costeado este apartamento… Pero era pasado…

    Desde que ella me dejó no había sido capaz de escribir una sola línea, se había ido con mis ideas, me había dejado vacío

    Me serví un güisqui solo y me senté frente a la pantalla. El cursor titilaba en una página en blanco, tan en blanco como mi inspiración. Bebí el ambarino líquido de un trago, quemándome la garganta. Los ojos enrojecidos, barba de varios días… Mi aspecto dejaba mucho que desear…

    ¿Qué había pasado realmente? Yo la quería, la amaba muchísimo, era mi musa; todo mi mundo giraba alrededor de ella. Y ahora… El éxito, la fama, las fiestas, las presentaciones, todas aquellas chicas que aparecían y se esfumaban sin saber siquiera sus nombres…

    -¡Luis, esto es un ultimátum! ¡O cambias esta forma de vida o me voy! – Me había dicho después de una de aquellas fiestas. No la hice caso. Si yo la quería y ella a mí, ¿Por qué se tenía que ir? Bobadas…

    Pero lo hizo, llegué un buen día a casa, de madrugada, y no estaba… Los armarios vacíos, ni un frasco en el cuarto de baño, ni siquiera una revista en el cajón de la mesilla. Había borrado toda huella de su paso por mi vida… La llamé, una y mil veces…

    «El teléfono al que llama está desconectado o fuera de cobertura…»

    Tres años… Tres años de teléfono fuera de cobertura. No había vuelto a saber nada de ella, ¿Y eso era lo que me quería? ¡A la mierda las mujeres!

    Encendí otro cigarrillo, las colillas desbordaban el atestado cenicero, buscaba alguna idea entre la resaca y el humo espeso del tabaco negro.

    El timbre del teléfono me sobresaltó, sacándome de mi abstracción…

    -¿Diga? -D. Luis, por favor -Sí, soy yo, dígame -Le llamo de la librería. No ha pasado a recoger los libros que encargó. ¿Se los seguimos reservando? -Pues mire, guárdemelos un par de días y, si para entonces no he ido, dispongan de ellos como quieran. -Muy bien, muchas gracias. Adiós -Adiós.

    ¡Buf! La librería… Lo había olvidado completamente. Además, ahora tenía que empezar a controlar gastos. Si no conseguía escribir algo en estos días me iba a quedar en la puta calle. ¿Cuánto tiempo podría vivir con el dinero que tenía ahorrado? Tres o cuatro meses a lo sumo…

    ¡Joder, que perra vida! ¡Mira que dejarme…! ¡Al diablo! Me la tenía que sacar de la cabeza.

    Puse las manos en el teclado…

    «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo caballero, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… «

    No… Si ya te vale Luis. Estás totalmente gilipollas. ¿No me había puesto a escribir El Quijote? Mi imaginación, otrora fértil y fecunda, era un terreno yermo y sin vida… ¿Por qué era incapaz de escribir algo coherente? ¿Por qué me había abandonado? ¡Yo la quería!

    Ya estábamos otra vez. Era una auténtica obsesión. «No es amooor, lo que tu sienteees, se llama obsesióoon…» ¡Joder! Encima se me había pegado la cancioncilla esa…

    Otra vez el teléfono. ¿Quién coño sería ahora? Cogí el aparato mientras me servía un segundo güisqui. Las resacas se pasan con alcohol, dicen…

    -¿Si? ¿Quién es? -Hola Luigi, soy yo. ¿Qué tal estás? – Luigi era un apelativo cariñoso que usaba mi hermana Julia. -¡Hombre! Hola Julia ¿Qué tal? Yo bien, dentro de lo que cabe… – Mi voz sonaba aguardentosa

    Mi hermana era una chica especial, a la única persona que permitía llamarme la atención. Nos queríamos de verdad y en este momento me alegraba escuchar su voz…

    -¡Vaya vocecita tienes! – Continuó por el auricular – Has estado bebiendo ¿Verdad?. Eres la leche – Me sentía como un niño pequeño cuando me regañaba, y eso que era más pequeña que yo… – Ahora voy para allá y nos tomamos un café. Tenemos que hablar… Hasta ahora mismo – Y colgó.

    ¿Qué había dicho? ¿Qué venía? ¡Horror!. Rápidamente recogí el cenicero, unos cuantos vasos vacíos, ordené un poco el escritorio y puse bien los almohadones del sofá. Bueno, esto estaba un poco más presentable, no se notaba tanto la porquería. Mientras no subiera al dormitorio…

    Fui corriendo a la ducha, me afeité y me puse ropa limpia. Parecía otro…

    Justo llamaron al timbre del telefonillo. Era ella, mi hermana. Le franqueé la puerta y, pasando, fue a sentarse directamente en el sofá, habiéndome dado un beso en la mejilla, de refilón.

    -Uy chico, creí que te iba a encontrar como la última vez, hecho un asquito… Veo que vas mejorando. Bien ¿Qué tal vas? ¿Ya escribes algo?

    -Pues si – Dije sentándome a su lado – Precisamente estaba empezando un capítulo cuando has llamado.

    -¿Ah, si? Voy a ver – Se levantó y fue hacia el ordenador, movió el ratón para aclarar la pantalla, leyó y se echó a reír…

    -¿Esto es lo que has escrito? «En un lugar de la Mancha… «Estás un poquito «p’allá» ¿No?  Venga Luis, que a mí no me la das… No has escrito una línea en tres años.

    -Mentira -Me defendí- He escrito esos artículos en tu revista… – Era una publicación semanal en la que trabajaba mi hermana. Gracias a ella tenía un pequeño dinerito extra. Les escribía un artículo de opinión literaria cada primero de mes

    -Sí, vale, es verdad. Pero tú sabes a qué me refiero. Un articulito al mes no te da para vivir… Tienes que empezar con tu novela. Si ya te han dado un adelanto, joder. ¡Tienes que espabilar y olvidarla! ¡Ella se fue, te dejó y no va a volver! ¡Hazte a la idea!

    Tenía razón, como siempre. Me había convertido en un imbécil llorón. Me daba pena de mí mismo… Me quedé abatido, sujetándome la frente con las manos. Julia vino a sentarse otra vez a mi lado. Me pasó un brazo por los hombros y me dio un besito en la mejilla.

    -Venga, venga. Ya verás cómo lo consigues… – Me acariciaba el pelo a la altura de la nuca, produciéndome una sensación muy agradable. Me recosté sobre su hombro…

    Me fijé en ella. ¡Qué guapa era mi hermana! Tenía el pelo castaño claro, algo ondulado, y unos ojos verdes que, como decía J. L. Martín Vigil en una de sus novelas, eran como un semáforo dándote paso.

    Miré su pecho que subía y bajaba al compás de su respiración. No sé qué talla tendría, pero calculaba que una 90 o así. ¡Pecho perfecto, vive Dios! A su edad, rondando la treintena y sin haber tenido hijos, sus tetas conservaban todo su esplendor. Cuando éramos pequeños, en la playa y la veía en bikini, siempre le decía que tenía las tetas de plexiglás por la perfección que tenían. Bajé la vista a sus piernas, increíbles, largas y bien torneadas con unos tobillos finos que eran la locura, siempre llevaba una cadenita de oro alrededor del derecho. Unos pies chiquitines remataban su más que espléndida figura. Su cuerpo derrochaba sensualidad, lo que unido a una carita de niña angelical hacían de ella una mujer 10.

    Secretamente siempre había sentido admiración por la figura de Julia.

    Pero ahora no era admiración, me estaba excitando con ella. ¡Válgame Dios! Verdaderamente estaba mal. Debía ser la resaca y la cantidad de tiempo sin follar, si no, no me lo explico… Jamás había pensado nada con mi hermana, como mínimo, no era ético.

    Me cogió una mano y me la besó. Le devolví una sonrisa de agradecimiento, por su compañía, por entenderme, por darme ánimo. Me apoyé en el respaldo del sofá, relajándome cerré los ojos. Julia seguía con mi mano entre las suyas.

    Me serví un tercer güisqui, bastante cargado, y me lo ventilé de golpe. Dejé que el calor inundara mi pecho produciéndome la ya conocida sensación de bienestar. También un ligero puntillo, estaba en ayunas y tres güisquis pegan lo suyo.

    -Bebes demasiado y esa no es la solución, Luis. – Me hablaba con preocupación en la voz. No sé por qué, siempre había despertado en mi hermana sentimientos maternales.

    -Vale, vale, ya dejaré de beber, pero no hoy. Necesito cargarme las pilas y esto me ayuda… – Dije tomándome el cuarto. Quería engañarme a mí mismo. Realmente, el alcohol no me ayudaba en nada, bueno, sí, me ayudaba a relajarme. – Volví a reclinarme en el sofá, cerrando los ojos.

    Sentía que me miraba, en silencio. Me gustaba sentirla a mi lado. Cada vez estaba más relajado… Noté como se movía pero no quise abrir los párpados. Sentí su respiración muy cerca de mí. ¿Qué estaría haciendo? Me gustaba imaginar los movimientos de la gente estando a oscuras, solo aguzando el oído. Se estaba aproximando más a mí, eso seguro.

    Noté una caricia en los labios, muy tierna, con la yema de los dedos… Los pasaba de izquierda a derecha sin introducirlos en la boca. No parecía haber nada morboso en su gesto, pero a mí me estaba excitando… Ya no fue una caricia, fue un beso en toda regla, con pasión, con legua, recorriendo mis dientes, intercambiando saliva…

    Abrí los ojos con sorpresa pero no abandoné el ósculo, seguí colaborando… Separándose de mí me miró ¿Qué había en aquella mirada? No lo sé, no sabía interpretarla… ¿Me estaría proponiendo algo? Si hubiera sido otra mujer creería que quería rollo conmigo ¿Pero mi hermana?

    No me dejó pensar más, su boca volvió a posarse sobre la mía y su mano se introdujo bajo mi camiseta, jugando con el ensortijado vello del pecho. Con la otra me rascaba la nuca y acariciaba el cuello. Bajó la mano del torso, por mi tripa, hasta el borde de los pantalones, se detuvo allí un momento acariciando la zona del ombligo. Suavemente pero con decisión desabrochó el botón y bajó la bragueta, se introdujo debajo de los calzoncillos y agarró mi monumento a la virilidad…

    Un gemido escapó de mis labios. Mis manos, hasta entonces inermes, volaron a su pecho y nalgas. Acaricié un seno sobre la ropa, solté los botones de su blusa blanca, lo liberé de la copa del sujetador y me fui a por él como un poseso. Era tal y como imaginaba, suave, terso, duro. El pezón, nunca visto hasta entonces, se mostraba tieso y excitado, coronando una pequeña areola de color rosado. Me lo introduje en la boca y jugué con la lengua, chupando y raspando suavemente con los dientes. Le arranqué pequeños jadeos de placer, su mano aceleraba sobre mi enhiesto miembro. Con maestría bajé la cremallera de su falda y ella misma me ayudó a quitársela arrastrando, de paso, sus pequeñas y frívolas braguitas blancas.

    La tendí sobre el sofá, no tuvo más remedio que soltarme. Me cogió la camiseta y me la quitó, haciendo yo lo propio con mis pantalones y calzoncillos. Estaba desnudo entre sus piernas, con mi polla apuntándola directamente. Me dediqué, un momento, a contemplar su cuerpo de diosa. El pubis recortado, la cintura estrecha, el vientre plano, las tetas perfectas aún con sujetador y la blusa abierta. Le acariciaba la parte externa de los muslos mientras la observaba, ella levantaba las caderas, invitándome, no decía nada, solo me miraba fijamente. Con esa carita infantil y su cuerpo escultural era la viva imagen del erotismo, el propio Eros habría bajado del Olimpo para poseerla.

    No quería entrar en consideraciones, la calentura y el güisqui hacían que pasara del vínculo fraternal que nos unía. Bajé la cabeza hacia su vientre y fui recorriendo con la lengua el camino que separaba su ombligo de su centro de placer. Me estuve entreteniendo en la parte interna de sus muslos, besaba y mordía suavemente… Lubriqué uno de mis dedos con saliva y fui dilatando con la yema su tierno anito, mi apéndice bucal recorría los labios mayores sin encontrar un solo pelo. Los fui abriendo poco a poco hasta encontrarme con los menores, una falange ya se había introducido en su agujerito trasero y realizaba círculos dilatadores.

    Julia jadeaba más fuerte, su pubis se alzaba en clara insinuación, ataqué su clítoris con los labios… Chupé con desesperación hasta sentir que sus jugos inundaban toda la zona, hice círculos con la lengua en la entrada de su cueva, alrededor de su botón de placer, aceleraba continuamente…

    Se corrió con frenesí, agitándose entera, llamándome por mi nombre… ¡Qué orgasmo! Aproveché para quitarle la camisa y el sujetador. Me tumbé en el sofá, no la dejé descansar, atraje sus caderas hacia mí y volví a chupar y lamer su vulva. Entendió el mensaje, cogiendo mi empalmado falo lo fue introduciendo en la boca, dando lengüetazos alrededor del glande, jugando con la punta sobre el dilatado frenillo. Con una mano daba suaves masajes a los testículos, mientras una de las mías excitaba sus tiesos pezones.

    Lamí su tierno culito, hasta ahora solo ollado por uno de mis dedos, introducía la lengua buscando su interior, dilatar el anillo del esfínter en el que notaba cada latido de su corazón. Restregaba su coño sobre mi cara buscando un mayor placer sin dejar de trabajarme la polla con maestría. Me acercaba a un orgasmo a marchas forzadas, no quería, no quería correrme sin haberla penetrado, lo necesitaba, pero la boca de mi hermana pudo más que yo y empecé a soltar chorros de esperma en su interior que ella saboreaba y no dejaba de tragar. Me dejó el instrumento como una patena.

    No me dio tiempo ni a pensar en nada, se giró y nos besamos largamente, intercambiando todo tipo de fluidos. Yo sobaba sus tetas y sus nalgas, duras y suaves, cada una en su estilo. Me mordisqueaba el cuello y las orejas y restregaba su vulva contra uno de mis muslos.

    Cogió otra vez mi miembro, intentando una nueva erección, me jadeaba en el oído, se movía como una culebra encima de mí. Poco a poco iba alcanzando su objetivo y en cuanto lo vio cumplido, apuntó el capullo a la entrada de su hermosa vagina y ella misma se lo fue introduciendo hasta quedar sentada sobre mi pubis, ensartada hasta las pelotas.

    Irguiendo el cuerpo me ofrecía una imagen sensacional de sus senos bamboleantes, realizaba movimientos con la cintura de auténtica bailarina de la danza del vientre. ¡Que bien lo hacía! Yo, de vez en cuando, levantaba las caderas de golpe para clavársela más dentro, haciéndola dar un botecito y soltar un pequeño gritito o un jadeo más profundo. Me miraba fijo a los ojos y echaba la cabeza hacia atrás. Sus mejillas coloradas, sus ojos verdes… Tenía cara de ángel.

    No pudo aguantar mucho. Se tumbó sobre mí y realizó un rápido movimiento de mete saca antes de alcanzar un segundo orgasmo, más intenso que el anterior, si cabe… Me mordió en el hombro, me clavó las uñas y se corrió apretando su pubis sobre mi polla para sentirla en todo su tamaño. Tras unos segundos, relajó sus músculos y quedó toda sudada encima de mí. Levantó la cara y me volvió a mirar. Por primera vez sonrió mientras intentaba recuperar el aliento.

    A mí me quedaba trabajo por hacer. La descabalgué, sus flujos escurrían a lo largo de mi pene, la di media vuelta y, situándome encima apunté a su prieto culito. Fui empujando con determinación. A pesar de la lubricación y de habérselo dilatado anteriormente con el dedo, le costaba entrar. Julia apretaba los dientes y no decía nada. Por el esfuerzo que me estaba costando, tenía la sensación de que era el primero que se lo estrenaba. Poco a poco iba cediendo, el esfínter se iba relajando permitiendo que la polla incestuosa de su hermano horadara sus entrañas. Con un poco más de paciencia me encontré con los cojones golpeando su rojo coñito. Estaba totalmente dentro.

    Mis movimientos fueron pausados, muy muy lentos, haciendo que se acostumbrara a mi tamaño en su interior. Para estimular su placer, frotaba su clítoris con los dedos de mi mano derecha, ella misma, al cabo de pocos momentos, empujaba su culo contra mí.

    Aceleré en mis embestidas, mi mano también aceleraba, sus movimientos de cadera eran incontrolados, jadeaba y gritaba con locura, me llamaba, llamaba a Dios, a su madre, a todos…

    En el momento en que soltaba toda mi carga en el interior de sus intestinos, ella se corría como no había visto en ninguna otra mujer…

    Diooosss, Luissss, Siiii, Asiiii, Asiii, Maaaamaaa…

    Cayó derrengada y yo encima de ella. Rodé hacia un lado liberándola del monstruo que la había desgarrado, mi semen fluía hacia su coño mezclándose con sus flujos. Nos estábamos mirando, cierto sentimiento de culpa me embargaba, no sé si a ella también. Quería decirle algo, preguntarle por qué. Le di un besito en los labios, acariciaba su espalda perfecta, de piel suavísima, hasta llegar al comienzo de las nalgas. Estaba aturdido…

    Me levanté del sofá dirigiéndome al cuarto de baño. El agua de la ducha caía sobre mí intentando aclarar mis ideas sin conseguirlo. Haber follado con mi hermana no era algo que tuviera previsto. Por un lado mi educación me hacía rechazarlo y arrepentirme, por otro, el placer obtenido y la actitud de Julia me hacían alegrarme por lo ocurrido.

    Salí entre el vapor de agua, me puse un calzoncillo limpio y fui a reunirme con ella. Estaba sentada, vestida solo con bragas y sujetador. Bellísima. Era perfecta. Su cara, la más hermosa. No hay nada más maravilloso que la cara de una mujer satisfecha sexualmente. Fumaba uno de mis cigarrillos negros, me miraba con amor. ¿Desde cuándo habría planeado esto? ¿O habría surgido ahora espontáneamente?

    Ocupé el sofá a su lado, volví a besarla… Serví un par de güisquis mientras esperaba que hablara, veía que no se decidía…

    -¿Y bien? – Le dije…

    -Y bien, qué. – No parecía que estuviera por la labor de compartir sus pensamientos…

    -¡Joder Julia! Pues esto. ¿Por qué has follado conmigo? – No sé si se estaba arrepintiendo.

    -Porque te quiero. Te quiero de verdad Luis. No sabes que mal lo pasé cuando te juntaste con Almudena – Almudena era mi exnovia, la que me había dejado – Cuando te dejó, lo pasé peor todavía, peor por ti, por lo que estabas sufriendo. La odié por ello.

    -Pero si me dejó hace tres años… ¿Por qué ahora? – No pude menos que preguntar.

    -Porque veo que estás tocando fondo. No sales, no escribes, solo bebes y fumas. ¡Eso no es vida! Eres un tío con talento y lo estás desperdiciando. No puedo soportar que tires tu vida a la basura.

    -Mira Julia, sigo sin entenderlo. ¿Qué tiene que ver que tire mi vida al retrete con que folles conmigo. – Seguía sin ver la relación de todo ello.

    -No me escuchas. Ya te he dicho que te quiero. – Hablaba con pena. Una lágrima rodaba por su mejilla.

    -¡Toma! Yo también te quiero – dije, limpiándole la lágrima – Eso no significa que me acueste contigo. Yo no conozco hermanos que se acuesten juntos, y sí muchos que se quieren…

    -Entonces es que nos queremos de forma distinta – Sorbía un poco por la nariz.

    -Ah, ¿Pero es que hay varias formas de quererse entre hermanos? – Iba viendo hacia donde quería llegar… Se había sacrificado por mí echando un polvo para levantarme la moral. Lo malo vendría después, ¿Cuál sería nuestra relación en el futuro? Yo no estaba dispuesto a que se fuera a la cama conmigo cada vez que me viera hecho polvo…

    -Imagina que no fuera tu hermana. ¿Qué pensarías?

    ¿A qué venía esto ahora? No terminaba de aclararme…

    -Pensaría que eres la mujer más maravillosa del mundo, mi auténtica media naranja. Guapa, inteligente, cariñosa… ¿Quieres que siga?

    -No, no, que me vas a poner colorada. En fin, si piensas eso de mí ¿Cuál es el problema? – Esta conversación estaba yendo por unos derroteros muy raros… Ya no sabía muy bien que es lo que me quería decir. ¿Qué iba a seguir follando? ¡Glups!

    -¿El problema? Vamos a ver, vamos a hablar claro. ¿Tú qué es lo que quieres realmente? – Más directo no podía ser…

    -Me da vergüenza… Me da mucha vergüenza decírtelo… – Bajó la mirada al suelo y se quedó callada.

    -Venga Julia, no me puedes dejar así. Siempre he creído que nos teníamos confianza, no entiendo qué te puede dar vergüenza conmigo.

    -Pues eso, que te quiero… – ¡Qué coñazo con el te quiero! Eso ya lo había dicho antes…

    -¿Y?

    -Veo que no lo pillas. QUE TE QUIERO. Que quiero vivir contigo, en tu cama, joder ¡Hala! ¡Ya lo he dicho!

    ¡Coño! ¡Así que era eso! ¿Y yo que le decía ahora…? Claro que quería a mi hermana, pero eso, como hermana… Ahora bien, si pensaba en el polvo que acabábamos de echar… Si ahora le decía que no, que esto había sido un suceso aislado que no podía repetirse se moriría de vergüenza y vete a saber cuándo la volvía a ver el pelo. Si le decía que sí…

    -Veo que no contestas. Sabía que no lo ibas a entender… – Se levantó y empezó a vestirse colocándose la blusa. Lloraba quedamente, en silencio, solo unas lágrimas traidoras resbalaban por sus mejillas delatando su estado…

    No la dejé continuar.

    Me levanté rápidamente, no la dejé abrocharse los botones… La abracé apretándola contra mi pecho. Sentía perfectamente cómo se me clavaban sus erectos pezones…

    Simplemente la besé en los labios. No sabía que contestar a su proposición pero no quería perderla. Después de los tres años pasados por el abandono de Almudena me sería muy difícil soportar la pérdida de mi hermana…

    ¡Buf, qué lío! Una cosa era acostarme con ella estando hasta el culo de güisqui y otra hacerlo estando sereno… A lo mejor no se me levantaba la polla. Si me tenía que tomar tres o cuatro copas cada vez que quisiera follar conmigo, vaya panorama…

    Seguía besándola y acariciándola allí de pie para evitar responderle directamente. Necesitaba tiempo para pensar pero no lo tenía… Ella se excitaba con mis caricias restregándose contra mí. Tenía la cara roja y cada vez me comía la boca más furiosamente, con anhelo, como si yo fuera a escaparme de allí.

    Que conste que lo deseaba. Estando ahora más lúcido, más reparos encontraba a enrollarme con ella, no es que me estuviera dando asco, pero casi. No podía olvidar que era mi hermana y ya se me había bajado la calentura…

    ¡Joder, joder! ¡Qué situación! Sin darme tiempo a nada más, Julia estaba de rodillas bajándome los calzoncillos, iniciando una mamada estupenda. A punto estuve de retirarme pero la dejé hacer, me daría tiempo a pensar más…

    Julia se aplicaba con ahínco, chupaba, lamía, absorbía, jugaba con mis pelotas… Pero mi nabo no pasaba de un estado morcillón…

    Sin embargo, apareció la inspiración. Sin venir a cuento dadas las circunstancias, mis ideas empezaron a fluir, era un torrente, un aluvión de pensamientos agolpados esperando ser plasmados en papel… Lo estaba consiguiendo, me estaba liberando… Solo podía ser por una cosa… Mi hermana me hacía olvidar a Almudena, me llevaba otra vez a visitar a mis musas, volvía a ser yo…

    Con la euforia mi polla creció, creció hasta límites insospechados para mí, creció a la par que mi agradecimiento a mi hermana… Mis sentimientos habían dado un vuelco diametral en un segundo…

    Tumbándola sobre la alfombra le abrí las piernas y, sin más dilación, la penetré hasta los cojones. No la besaba, no la acariciaba, solo metía y sacaba mi miembro de su húmedo coño. Ya no veía a mi hermana, miraba mi tabla de salvación, a la obradora del milagro. Viendo mi cara ella sonreía segura de su triunfo, jadeaba de forma enloquecedora haciéndome acelerar los envites, sus mejillas se arrebolaban, sus pechos se movían al son de mis entadas.

    Empezó a levantar el pubis, a chocarlo fuertemente contra mí anunciando su orgasmo, apoyaba los pies en el suelo para darse más impulso, me quería más dentro… ¡Pues más dentro me iba a tener!

    La puse a cuatro patas, se la iba a meter por detrás. Era la sublimación de mi liberación intelectual. Apoyé el glande en su entrada trasera y empujé de golpe. Aunque estaba dilatada había recuperado, prácticamente, toda su tensión. Le hice daño y más daño me hice yo. Si no me había roto el frenillo, poco le faltaba…

    -aaah Luis. ¡Joder, coño joder! ¡Ten más cuidado, coño! ¡Me has hecho polvo, cabrón!

    -¡Joder! ¡Yo sí que me he hecho daño, ostias!

    -Vale, pero no la saques. ¡Espera un momento!

    Hizo ligeros movimientos con su culo amoldándonos uno a otro… A mí me escocía, aguantaba estoicamente, se mezclaban las sensaciones de placer y dolor… No lo vi venir… El orgasmo de Julia me pilló de sorpresa. Había estado frotándose el clítoris con los dedos de forma frenética y, empujando fuerte hacia atrás, se corrió de forma escandalosa, apoyando la cabeza en la alfombra, sin dejar de pajearse en ningún momento.

    Me hizo más daño todavía. Apreté los dientes e intenté correrme yo pero no pude, el dolor era demasiado fuerte y me cortaba todo el rollo, era incapaz de realizar un mete saca en condiciones. Cuando se relajó me salí de ella. No le dije que no me había corrido, tampoco preguntó. Tenía algo de sangre en el capullo, pero no le di importancia, eso sí, escocía un montón.

    -Sabía que me querías – Dijo Julia. -Ya verás como no te arrepientes. Pienso hacer de ti el hombre más feliz del mundo.

    Di la callada por respuesta. Para ella, este segundo polvo había sido mi aceptación tácita a su proposición. En efecto, así era…

    Pocos días después Julia estaba instalada en mi apartamento. Mi desorden ordenado pasó a ser su orden desordenado. Yo antes sabía dónde estaba todo, ahora, con mi hermana, todo estaba recogido y en su sitio. Lo malo es que yo no sabía nunca cuál era el sitio de nada.

    Pero no hay mal que por bien no venga. Ahora estoy cuidado y atendido, follo muy a menudo, más por ella que por mí, sigo viendo que es mi hermana y me cuesta… Y, eso sí, he vuelto a escribir, incluso, basándome en esta experiencia, le he dado título a la novela «Un clavo saca a otro». No es muy original, pero es el homenaje a la aparición de Julia en mi vida.

  • Un hombre encandilado por la belleza de una joven

    Un hombre encandilado por la belleza de una joven

    Desde siempre me había sentido atraído por la hija mayor de mis vecinos del tercero derecha. Cuando aconteció lo que a continuación les voy a relatar, ella contaba con 18 años, y hacía tiempo que ya venía anunciando que iba a ser una de las indiscutidas bellezas de la ciudad. Esbelta, con uno setenta y cinco largos de altura, tipito de modelo, pero no de las de pasarela, sino de las de anuncio de lencería. Mejor les dejo los detalles de su cuerpo a la imaginación, porque estarán ya hartos de descripciones de turgentes senos juveniles y traseros redonditos. Por cierto, su nombre es Mónica.

    La he conocido de toda la vida, ya que sus padres se trasladaron a la vivienda que ahora ocupan cuando ella contaba con cinco años. Una familia humilde pero trabajadora y honrada a carta cabal, su madre es modistilla en un taller de confección, y carpintero el oficio de su padre. Esto no quiere decir nada en especial, aparte de que el dinero no sobraba en su domicilio. No soy de las personas que juzguen la valía de una persona por su profesión o el grosor de los ahorros en el banco. Hago esta anotación ya que es fundamental para entender lo que ocurrió.

    Yo he sido trabajador en un Astillero hasta que un desgraciado accidente relacionado con una grúa, una carga mal estibada y un operario con un par de vinos de más en el cuerpo hizo que, tras un par de meses en el hospital, acabase con una cojera de por vida y la incapacidad laboral permanente. Así fui testigo de cómo mi vecinita se iba desarrollando, y tenía una amistad bastante estrecha con la familia. A pesar de llevarle 35 años a la criatura, no la apreciaba como se aprecia a una sobrinita, créanme. Nunca jamás había hecho nada de lo que avergonzarme, ni espiarla, hacer el mas mínimo comentario sobre ella, y ni mucho menos rozarla. Nunca he sido de esos que molestan a las criaturas. Pero el corazón del ser humano es como es, y si Mónica excitaba mis bajas pasiones, eso era algo que requería una disciplina mental para dejar de pensar en ello que yo no tenía. Asistí a su Primera Comunión, la vi pasear con su primer novio, la vi crecer en definitiva.

    Un mes de octubre, ocurrieron un par de cosas que hicieron que una simple atracción por una bella joven diese paso a algo más. No soy un jugador habitual, pero en una quiniela me tocó un dinerito. No demasiado, estamos hablando de lo que ahora serían unos 3000 euros. No como para cambiar mi vida… pero si como para alguna alegría. Y una noche escuché como Mónica discutía a grito pelado con sus padres. A veces los adolescentes pueden ser muy ciegos y egoístas, influenciados por la sociedad consumista en la que estamos inmersos. Sus padres trabajaban mucho para que no les faltase educación, todo lo necesario para una vida cómoda, y más de un capricho como ropas de marca o videojuegos. Pero Mónica tenía dos hermanos, y nunca ha sido barato criar a tres hijos. Así que les chillaba que su paga era miserable, que no tenía dinero para salir con sus amigas sin sentirse una vagabunda, que eran unos roñosos… Al final su madre se echó a llorar, y Mónica se ganó un (bien merecido) bofetón. Así acabó el tema, pero entendí la situación de esa chica. A su edad se encontraba excluida, no podía llevar todos los objetos de consumo que la integrarían en la «normalidad», y se sentía como fuera de su grupo. Eso puede ser muy duro, y si no pregúntenselo a jóvenes de esa edad. Por cierto, no es que yo fuese un chismoso, es que vivo justo encima de ella, y la discusión se mantuvo en un tono de voz muy elevado.

    Esos dos elementos, al combinarse, crearon un coctel de lujuria que me sedujo. Yo tenía un dinerito del que nadie sabía, Mónica estaba rabiando por un extra dinerario, y no me quedaban demasiados años de vigor sexual. Tuve remordimientos, que fueron acallados por las erecciones que experimentaba pensando en poder acceder a los secretos del cuerpo de mi vecinita. Pronto mi mente se llenó de planes sobre cómo hacerle una propuesta que no rechazase, como evitar que otros pudiesen enterarse de si algo ocurría… No me costó demasiado llegar a una conclusión. Conocía los hábitos de esa familia a la perfección. Sus padres trabajaban hasta tarde. Sus hermanos los martes tenían entrenamiento de futbol. Así que esa tarde, y solo esa, Mónica llegaba a casa sola, y así permanecía durante unos noventa minutos. No podía llevar a su novio a casa, que lo tenía como es obvio siendo tal belleza, ya que su previsora madre tenía dicho a una vecina que vigilase no entrase en casa con el chico en esa tarde en que estaba sola, ya se sabía como eran los jóvenes. Su santa madre debió tener en cuenta como éramos los maduritos. Mónica entraba en el portal, revisaba si había correo, y entraba en la casa. Esa era mi vía de acceso a ella.

    Un martes por la tarde, cuando no había ningún miembro de la familia en el domicilio, metí con todo disimulo sin que me viese nadie un sobre en su buzón de correos, un sobre blanco y sin señas identificativas. En él estaba escrito a máquina un simple «para ti». Y dentro, un billete con el equivalente actual a unos 50 euros. No es mucho, pensarán, pero para Mónica eso equivalía a una cantidad no desdeñable. Cuando ella entró en su casa, bajé al cabo de un rato, y comprobé que había recogido el sobre. Repetí la operación el martes siguiente. Una semana más tarde el sobre contenía el equivalente a 100 euros. Entonces los jóvenes no manejaban las mismas cantidades que hoy en día. Eso ya eran palabras mayoras. Lo mismo el martes siguiente. Ya eran cuatro sobres en cuatro martes distintos, y seguro que ya se había acostumbrado a disponer de algo más de dinerito. Calculé que la curiosidad y la codicia debían estar en el punto adecuado. El siguiente sobre contenía el mensaje que podía llevarme al hospital, o al cielo. No había dinero, y solo decía lo siguiente: «Si quieres 200 euros, acércate al parque de (censurado), cerca de la estatua verde. Tranquila, solo quiero decirte algo en un lugar público lleno de gente».

    Era lo más seguro que se me había ocurrido. El mensaje no me incriminaba, y si no estaba allí en media hora, daría el tema por concluido. Si no acudía presa de un impulso, no habría nada que hacer. Me senté en un banco junto a la estatua, dando de comer a las palomas. Unos bichos voraces, nunca se hartan de comer. Pensé en cómo me vería ella… su vecino de arriba, que siempre había estado allí. Sé que se puso triste cuando lo de mi accidente, ella tenía entonces once años. No estaba mal conservado, pese a mi cojera, que no requería muletas ni bastón. Pelo cano, no había perdido toda mi musculatura, bien afeitado y vestido con sencillez pero con ropa buena. Mi paga de invalidez no es mala, aunque no de para lujos. Y no tengo familia a mi cargo. Esperé. La vi venir, curiosa e insegura. En el parque había mucha gente, familias, gente haciendo deporte, el policía que siempre andaba por allí a esas horas. Nada tenía que temer del desconocido que le dejaba dinero, aunque ella ya se oliese que era algo turbio, y relacionado con su tesoro. No menosprecien a una chica solo por ser joven. Pero también era curiosa, y yo había notado que estaba más contenta desde que tenía algo de dinerito extra en el bolsillo. La idea de que la estaba emputeciendo no se me pasó por la cabeza, estaba demasiado excitado, pero aunque hubiese sabido cómo iba a terminar, probablemente hubiese hecho lo mismo. Sí, me esperan laaaargos años de purgatorio, pero al menos tendré buenos recuerdos para llevarlos de un modo más ameno. Soy un pobre pecador sin voluntad.

    Esa soleada tarde, pese a ser otoño, Mónica vestía una falda de color verde claro, un poco sobre las rodillas, una blusa de manga larga de un color crema que hacía destacar su piel canela, y unos zapatos de medio tacón en negro que me chiflaban. Estaba guapísima… pero es que ella era así, simplemente. No es que se hubiese arreglado para su misterioso comunicante. Observé como caminaba, como las cabezas se giraban tras ella, el pelo que era levantado por la brisa que soplaba. Se acercó hasta unos veinte metros antes de reparar en mí. Sentado dando de comer a las palomas. Con aspecto pacífico y muy tranquilo. Se dio cuenta enseguida de que el juego iba de propinas a cambio de favores íntimos. Ya les he dicho que no era nada tonta, y era obvio. Su vecino le dejaba dinero y luego la citaba en un lugar seguro para hacerle una oferta. Nada comprometedor para nadie si ella se iba, no había pruebas contra mí. Retrocedieron unos pasos, y puso cara de furia. Yo sentía que la había cagado. Se dio la vuelta, el peso de la culpa cayó sobre mí. Jamás volvería a hablarme, había perdido su confianza para nada. Entonces Lucifer me ayudó.

    Por aquel entonces los teléfonos móviles comenzaban a hacerse populares y accesibles entre los jóvenes. No como ahora, que uno no puede imaginárselos sin ellos. Solo una parte tenían uno, que era un símbolo de posición y popularidad. Entonces Mónica y yo vimos a una compañera suya de clase, que caminaba con uno pegado a la oreja, para ser vista y envidiada. Las rivalidades entre «amigas» hacen que los duelos a espada entre Samuráis parezcan jueguecitos inocentes. Mónica hizo como que no la veía, pero su compañera la saludó alegremente, antes de continuar su camino. Codicia. Envidia. El demonio debió grabarlas en nuestra alma. Mónica se detuvo. Y se acercó despacio a mí. Se sentó lo más lejos posible de mí en el banco, y tomando unos granos de arroz de la bolsa que tenía junto a mí espero a que le dirigiese la palabra. Tensa. Deliciosamente bella. Yo hablé, y fui sincero por completo. Creo que si hubiese hablado falsamente, se habría marchado.

    «No pienses demasiado mal de mí, Mónica. Ya sabes que te conozco de toda la vida. Que no soy una mala persona, y no he hecho mal a nadie voluntariamente. Pero me siento solo, y el vigor se me escapa. Tengo deseos… que no puedo negar, ni lo deseo. Tú eres una perla de luz en mi vida. Despides vida. Quiero verte, palparte si es posible. Solo eso. Nada más que eso. Ansío ver cómo te desnudas para mí, ver como rozas con la yema de tus dedos tus zonas íntimas. Si me lo permites, me gustaría acariciarte con el mayor respeto. Solo con mis manos, ninguna otra parte de mi te tocaría. Y no lo haría donde no me lo permitieses. “Esperé a que asimilase lo que le decía, nada de sexo como tal… solo mirar, tocarse y ser acariciada. Le hablaba con respeto, casi con veneración. «En la bolsa hay 200 euros. Tómalos solo por haberme escuchado. Si quieres aceptar mi propuesta, por una hora, en mi casa, cada martes, en los términos que he mencionado, recibirás 200 más. De interesarte, ven a casa dentro de 5 minutos. Si no, nunca digas una palabra de esto, te lo ruego, como si no hubiese ocurrido».

    Me levanté y me fui sin mirar atrás. Entre en casa temblando. 3 minutos más tarde ella llamó empujó la puerta que había dejado entornada, y la cerró tras de sí.

    Parecía tranquila y decidida. Solo dijo una cosa; «Dime cómo quieres que lo haga». Yo me senté en un sillón, en la sala de estar, le indiqué con un ademán que se situase ante mí, a unos dos metros. «Desnúdate lentamente, te lo ruego. Deja que las prendas resbalen de tu cuerpo, solo eso.». No diré que estaba tranquila, pero me sorprendió el autocontrol que demostraba. Yo había dejado de ser como alguien de su familia, notaba desprecio bajo su piel, como el que cualquier puta siente por quien la alquila. Pero no odio. Hizo lo que le mandaba. El cierre del sujetador se le resistió. Yo esperé, notando como mi pene se hinchaba hasta reventar. Pero no hice nada, no me lo toqué. Pronto la última prenda se deslizó hasta el suelo. Llevaba ropa interior negra, sencilla pero para mí la más incitante del mundo. Sus pechos eran como los había imaginado, hermosos y notables para su edad, plenamente desarrollados. Morenos, con la marca de un bikini pequeño. Las aureolas algo más grandes de lo que esperaba, pero del mismo color tostado. Me sorprendió como llevaba recortado el pelo del pubis, depilado excepto por una franja vertical que seguía la línea de su sexo. Un vello oscuro y rizado, que me excitada. Ella simplemente esperaba.

    «Separa un poco las piernas, y acaríciate los pechos, tómalos desde abajo». Así lo hizo, algo mecánicamente. «Supongo que te tocaras a veces cuando estés sola, no es algo que me incumba, no necesito que me cuentes nada. Solo cierra los ojos, e imagina que estas sola.» Así lo hizo, y comenzó a sobarse el pecho para mí. Yo me sentía a reventar, no quería aún, pero debía hacer algo o me iba a dar un colapso. «Lo haces divinamente, solo continua así. Por favor, sin abrir los ojos. En unos minutos habremos acabado.» No parecía desagradarle, aunque lo intentaba disimular. En ese momento tuve la intuición de que esa joven sabía bastante de tocarse en la intimidad. No podía más, pero no quería asustarla en esa primera cita, por llamarlo así. Bajé la cremallera de mi bragueta, que hizo un ruido que me pareció ensordecedor. Ella vaciló, y yo me apresuré a hablarle. «Tseee, no pasa nada, tranquila, no me voy a levantar ni pedirte nada más. Solo tócate así, y deja que me alivie. Lo necesito tanto, eres tan bella…».

    Comencé a masturbarme, sacudiéndomela con suavidad. Sentía como me temblaban los huevos, con la vista fija en sus tetas, como las movía, como las amasaba. Ella las frotaba la una contra la otra, hacía que se moviesen. Sin decirle yo nada comenzó a pasar sus pulgares por los pezones. No debía ser la primera vez que se hacía un magreo de tetas para su novio. Cuando la leche se me disparó, me corrí sobre un pañuelo, mordiéndome los labios para no gruñir del placer que sentía. Me entraron unos temblores en el cuerpo que no había sentido desde hacía años… Quedé exhausto, había sido un orgasmo como pocos había tenido en mi vida.

    «Gracias, Mónica, muchísimas gracias. Me retiró para que puedas vestirte, supongo que estarás cohibida. No sabes cuánto te lo agradezco. En el cajón superior del aparador está tu propina. Si lo deseas, te espero el martes que viene. Y si no es así, gracias por esta experiencia. Juro que jamás diré nada a nadie». Me levanté, y con paso tembloroso me dirigí a mi dormitorio, donde me tendí. Escuché como se vestía y abandonaba sigilosa el apartamento. Yo me quedé allí tendido, mirando los últimos destellos del sol sobre el techo de mi cuarto.

    El martes siguiente acudió puntual a su cita. Todo se desarrolló como nuestra «primera vez», solo que en esta ocasión aguanté un rato más. La admiré mientras se acariciaba el abdomen y los muslos. Pasó sus manos por sus nalgas duras y redonditas para mí. No le indiqué que se acariciase el sexo. También la deje sola para que se vistiese, tras agradecerle sus atenciones. Una semana más tarde, me sorprendió con un tanguita de color rojo en lugar de su ropa interior negra sencillo. Era un modelo muy sexy, impropio de una jovencita como ella. Aguanté un poquito más, miré mientras se abrazaba, mientras jugaba con su pelo, se separó un poco las nalgas, la escuché jadear y no parecía fingido. No puedo jurarlo, no creo que fuese teatro. En esa ocasión vino a mi dormitorio cuando se vistió. Quería hacerme algunas preguntas, y yo se las iba a contestar con sinceridad.

    – «Te gusto yo de un modo especial, o es simplemente que soy la que tienes más a mano para darte el gusto?»

    «Eres muy especial. Si me hubieses rechazado no se lo habría pedido a ninguna otra. Ni lo he hecho antes. Eres mi luz, y digo la verdad»

    -«Supongo que esperaras que algún día me acueste contigo, por más dinero, cuando te coja confianza.

    «No, te equivocas. Lo que te dije en el parque es la verdad. Solo quiero verte… tocarte cuando estés preparada. Solo donde tú me dejes. Sé cuál es mi lugar, te llevo 35 años… sería grotesco. «

    -«Como te sientes cuando me voy?».

    «Te juré que jamás se lo diría a nadie, y eso significa nadie. Ni a un confesor. Cuando muera, lo haré en pecado mortal. Eso me pesa… pero el placer que experimento lo considero un pago justo por la condenación eterna. No te tocaré más que con mis dedos, eso es todo lo que te pido».

    Mónica se fue tras haber obtenido esas respuestas. Volvió la semana siguiente. Con el mismo tanga. Más suelta, más decidida. Cuando yo estaba a punto me susurró que esperase un poco… «Cuando salgo de aquí y me encierro en casa, me masturbo de lo caliente que me pone hacer esto. Es un desperdicio que lo haga sola… cuando puedo hacerlo para ti». Se puso de cuclillas de cara a mí, y comenzó a acariciarse el sexo. Estaba muy caliente, excitada por el numerito. Se acarició la zona del clítoris, pasándose un dedo sobre la rajita, sin llegar a penetrarse. Su respiración se aceleró, comenzó a sudar, se corrió ante mis ojos. Yo lo hice unos segundos después, cuando ella derrengada se dejó caer de rodillas, con el pelo sobre el rostro. Yo recuerdo que le di las gracias con lágrimas en los ojos.

    La semana siguiente me atreví a pedirle permiso para acariciarla yo. Ella accedió sin ningún impedimento. En los últimos años no había tenido práctica, pero sí que habían pasado por mis manos una buena cantidad de hembras en mi juventud. La acaricié para que gozase ella, no como un viejo libidinoso que soba para su placer. Al final se colocó de motu propio sobre mis rodillas, las piernas separadas, mis dedos bailando sobre su sexo. No creo que le hubiesen hecho nunca una paja como aquella. Como no quería mancharla con mi leche, me hice la paja sobre el pantalón mientras ella permanecía sobre mi regazo, y su mano rozaba la mía mientras lo hacía.

    Así fuimos llegando a más en cada martes, cita a la que nunca faltó. Con la confianza de que le decía la verdad y no lo que quería oír se fue soltando, y aunque no estaba en nuestro acuerdo, comenzó a masturbarme ella misma, y su mano suave se deslizaba sobre mi rabo mientras yo creía que me moría de placer. Mónica no era ninguna novata, sabía excitar a un hombre y como hacer una paja… y eso que solo contaba con 18 años. Comencé a asustarme por el mundo cuando se hiciese mayor. No creía que la humanidad estuviese para soportar el impacto de mi querida Mónica cuando llegase a la madurez sexual. Así pasaron un par de meses más, y el dinero se me iba agotando. Bendita quiniela. Tras acabar una sesión en la que ella estuvo especialmente activa, tanto que se corrió dos veces bajo mis caricias, le dije mientras le acariciaba el cabello que me estaba quedando sin dinero… le ofrecí paga doble ese día, pero que no podíamos seguir así. Ella se quedó pensativa y como triste… no dijo nada. Me dio un beso, el primero y el que entonces creí sería el último. En la mejilla. Me había masturbado y yo había jugado con su cuerpo, pero jamás me había besado.

    Y con los años el mundo hubo de enfrentarse a ella. Se hizo modelo, después la amante de un famoso futbolista. Consiguió escándalos, exclusivas. Cuando acabó con el deportista, se convirtió en la amante de un político sesentón. Grabó sus encuentros con él, se pagó una cifra record por esas imágenes. Mantuvo una vida escandalosa pero a la vez ordenada, sin perder la cabeza, con unos límites de los que no se salía. Porque sabía que era importante mantenerse dentro de lo pactado, hasta que el acuerdo expiraba. No había que defraudar a tu «socio». Ustedes se preguntaran que como lo sé… muy sencillo. El martes siguiente, mientras meditaba sobre lo que había vivido con Mónica y suspiraba por ella, alguien dio unos golpecitos en mi puerta. En el suelo ante ella, había un pequeño sobre blanco. En su interior, una sencilla nota. “Si deseas ganarte un céntimo, no tienes más que dejar la puerta abierta para mí. Subiré en cinco minutos». Nunca en la vida me ha importado tan poco que me ofreciesen una miseria tal por mis servicios. Por cierto, nunca lo cobré. Mónica tenía la cabeza bien amueblada en cuanto al dinero, conocía el valor de hasta la última moneda. Me gusta pensar que eso también lo aprendió de mí. Un cielo.

  • Chantaje (VIII): Un paso a lo prohibido

    Chantaje (VIII): Un paso a lo prohibido

    La siguiente semana transcurrió normal, pensé que T se había olvidado del chantaje, pues en ningún momento había llegado algún mensaje, no fue hasta el siguiente viernes durante el receso de clases, se acercó nuevamente el prefecto para entregarme otro cd, lo tome y por ende sabia de que se trataba, al término de la salida me dirigí a casa no iba molesta ni angustiada, sabia a la perfección que este tipo seguiría chantajeándome hasta donde él quisiera, lo peor de todo es que ni siquiera sabía quién era físicamente y el seudónimo que empleo para tener contacto conmigo, al llegar a casa encendí la tv y coloque el dvd, espere unos segundos para que comenzara a reproducirse al principio aparecía una leyenda de derechos reservados y enseguida la protagonista, ósea yo, lo cierto es que el contenido ya lo sabía era recopilación de los eventos en donde trabaje de edecán, pero hubo una parte que me llamo la atención al final del video hacia una pequeña aparición precisamente la casa de mis padres, las tomas habían sido por la parte externa y eso me daba mucho miedo pues ya no solo era en el trabajo sino que ahora ya hasta ubicaba mi hogar.

    Por la noche antes de acostarme recibí un mensaje que decía: “Hola Valery espero que hayas visto el dvd que te envié a estas alturas sabrás que te conozco más de lo que piensas, no intentes nada estas en mis manos y a partir de ahora tendrás que hacer lo que yo te ordene”, en ese preciso instante deseaba tenerlo enfrente y golpearlo con todas mis fuerzas, no sabía si llorar pues mi enojo no daba cabida aquella sensación.

    El sábado por la mañana suena el teléfono e inmediatamente mi hermano Antonio me lleva el teléfono a mi habitación, Valery tienes llamada, me destape y con muy pocas ganas tome el teléfono y le conteste: bueno quien habla y me contesto una mujer, no sé si porque estaba dormida no reconocí la voz y nuevamente pregunte quien habla, enseguida me respondió: soy Estefanía cómo es posible que no me reconozcas la voz, perdón apenas voy despertando y estoy un poco adormilada, pero dime en que puedo ayudarte, pues mira Valery se canceló el evento que tendríamos por lo que este fin de semana no trabajaras, a lo que le respondí: ok no te preocupes, no hay problema y gracias por avisarme, colgué y continúe durmiendo.

    Pasado el mediodía recibí una llamada a casa, el timbre del teléfono hizo que me despertara pero en mi intento de querer llegar se cortó la llamada, segundos después al regresar por las escaleras hacia mi cuarto sonó nuevamente, por lo que pegue la carrera, levante la bocina y escuche una voz que se me hacía familiar, conteste, bueno quien habla y de forma inmediata me contesto soy tu admirador secreto, pensé ¿mi admirador secreto? En mi mente se evocó el seudónimo de T en seguida ya reconocía la voz de mi supuesto admirador, de mala gana le pedí que me dejara de marcar a mi casa que por eso ya tenía el número de mi celular y le colgué. Busque a mi madre a mis hermanos a mi padre pero nadie estaba en casa me fui a mi habitación para realizar el quehacer de mi cuarto, lo hice tan rápido que no recuerdo que tiempo me abre llevado, lo cierto es que tenía un hambre como de niño de hospicio, en seguida baje con la pijama puesta hacia la cocina a prepararme algo de almorzar jejejeje, de inmediato me fui al refrigerador para ver que podía hacer de comer y solo encontré queso amarillo, tortillas de harina, jamón y de inmediato me puse hacer unas sincronizadas.

    En la comodidad de mi casa me fui a la sala para almorzar más cómoda, al tratar de encontrar el control de la TV vi que estaba un postín en la pantalla del televisor, el cual decía: Valery nos vamos a visitar a tu abuela y como sabemos que iras a trabajar pues no quisimos despertarte, se queda contigo Toño se guisan y nos vemos hasta el domingo en la noche, adiós y cuídense. Eso para mí era genial el fin de semana sin trabajar sin hacer nada era maravilloso, la tarde transcurría hasta que sonó el celular, en un principio no quise ver quien era pero la curiosidad me gano y vi que era un mensaje, lo abrí y era de T que decía: hola hermosa como estas siempre tu fiel admirador al pendiente de ti, sabes sé que estas sola en casa y que hoy no trabajaras, pero en esta ocasión quiero que vayas al centro comercial para poder admirarte, te espero en la plaza diamante cerca de la fuente, ve súper sexi, quiero admirar tu anatomía tan inigualable que posees.

    Por un momento pensaba en toda aquella situación en la que estaba envuelta, no sabía ni cómo proceder ante aquella petición, tenía que reconocer que con todo este juego no sabía si sentir rabia, frustración o deseo, mi mente estaba en blanco, cuando un portazo me saco de mis ambiguos pensamientos, era mi hermano mayor que llegaba a casa un tanto apresurado, solo me decía Valery no fuiste a ver a la abuela, no Toño, me quede para ir a trabajar pero vaya sorpresa me marcaron que no habría evento el fin de semana, ósea que estarás en casa, no saldré hoy, a dar una vuelta con mis amigas, ok, está bien, solo cuídate.

    Deje de hacer todo y me fui a bañar me apure más de lo que pude para no llegar tarde a donde T me había pedido fuera, aunque no estaba tan segura de hacerlo, pero ya le había dicho a mi hermano que saldría, no sabía que ponerme, sinceramente me excitaba el saber que era admirada, lo peor de todo es que no sabía hasta donde era capaz de llegar mi admirador, ya en mi habitación opte por ponerme un shorcito de mezclilla color azul con algunos vivos en lila, una playerita color lila que se ajustaba muy bien a mi cuerpo, en mi ropa interior decidí ponerme un brassier al tono de la blusa y una tanga blanca y con el toque coqueto de unas zapatillas tipo sandalia.

    Apresurada tome mi bolso y le dije a mi hermano que después regresaba, ya en la calle totalmente solida ya que en su mayoría solo son construcciones y locales que aún no están en uso antes de llegar a la siguiente calle se veía un grupo de hombres, que por cierto ya era costumbre topármelos seguido, el sonar de mis zapatillas hizo que voltearan, uno de ellos me miro de pies a cabeza y llevo su mano a su entrepierna y comenzó a sobarse por encima del pantalón su miembro, al ver eso me asuste porque aquel tipo con el simple hecho de verme así vestida le provocaba excitación, al mismo tiempo comenzó a decirles a sus amigos vean que hembrita tenemos apuesto que ya necesita macho y con ese culito complacería a su hombre, los otros reían y entre risa y risa comenzaron a decirme de cosas “que buen culo mamacita” “ofrece bien esas nalgas” “te has de mover rico zorrita”, apresure el paso pues me causaban temor.

    Ya en la parada me sentía tranquila aunque los que pasaban no quitaban la mirada de mi hermoso y suculento cuerpecito, espere que llegara el camión para el lugar donde me esperaban, para mi mala fortuna el camión que me llevaría a mí ya tan ansiado destino iba a reventar por lo que no me quedo de otra más que ir de pie ya que ningún hombre me cedió el lugar, lo cierto es que la mayoría de los hombres no quitaban su mirada de mi hermoso culito, algo que en vez de molestarme parecía todo lo contrario la verdad es que mi cuerpo era hermoso y pues no me quejaba este enorme atributo era de llamar la atención. Conforme avanzaba el camión durante el trayecto entre el subir y bajar sentía algunas manos acariciar mis nalgas, aunque volteaba para ver quien se propasaba y era capaz de rosarme mis glúteos pero sin tener el éxito que hubiese querido, toque el botón que anunciaba que en la próxima parada bajaría y así fue, ya estando ahí tenía que caminar una par de cuadras, mire el reloj y justo con el tiempo medido para llegar al lugar indicado.

    En el lugar busque la fuente y me senté, sin duda era el centro de atracción de hombres de todas las edades, con todo eso me sentía deseada pues mi atuendo siendo sexi, considero que era muy pero muy atrevido, cuando una llamada me alertaba, la tome y esa voz de mi admirador me daba indicaciones culmino la llamada y comencé a realizar lo que me había pedido, estando sentada enfrente de mí se encontraba un señor de por lo menos unos 40 o 50 años, lo mire fijamente y sonriéndole atraje su mirada, hacía gestos con mi hermosa carita y aquel señor solo se sonreía cuando vi que intentaba ponerse de pie rápidamente abrí las piernas y dirigí mi manita como haciendo que me iba acariciar mi cosita por lo que desistió de aquella acción y en seguida me puse de pie y comencé a caminar.

    Me dirigí a un local de celulares ahí les daba un buen espectáculo pues había gente comiendo y la vista que ofrecía el local que más que el local era yo, era dejar el mejor ángulo de mi culito que se veía muy antojable cerca de mí se encontraban dos adolescente que de inmediato escuche el clip de un celular o cámara de seguro se estaban dando un deleite gratis y lo primero que atravesó por mi cabecita es que sería dueña de sus masturbaciones así que comencé a ponerme en distintos perfiles, cuando nuevamente sonó mi celular pero ahora ya era mensaje, lo leí y era de T que me daba indicaciones, salí del local aquel y lentamente caminaba por toda la plaza lentamente marcando cada paso, por ende, mis glúteos daban un espectáculo a los espectadores, con un buen ritmo cadencioso regrese por aquel camino en que muchos hombres se deleitaban con ese espectacular culo que más de uno habrán pensado quien era el dichoso de disfrutarlo, otros mas no se quedaban callados y me decían cosas como ¿Cuánto cobras? Que rico culo, yo si te lo rompo, etc.

    Al llegar a la parada que por cierto ya estaba algo oscuro llego a mi ese temor de volver a encontrarme a ese grupo de borrachos, más sin embargo la suerte estuvo de mi lado, ya que no me encontré a nadie en mi camino. Al abrir la puerta de la entrada veo que todo está en silencio y a oscuras, me fui a la sala cuando escucho que tocaban el timbre no hice caso pues no quería salir ni nada, pero la insistencia me puso de malas, Y de mala gana fui abrir. Al abrir la puerta no había nadie y eso me enfureció solo que cuando iba a cerrar me veo que un sobre estaba en la banqueta tirado, eso me extraño demasiado pues no sabía que era lo tome y me dirigí a la sala, ahí nuevamente cheque de que se trataba y vi que era un dvd a mi mente llego que debía ser el video del día de hoy, sin pensarlo lo coloque al dvd y comencé la reproducción y me sorprendí del todo pues el video estaba grabado desde el microbús y todo lo acontecido en el centro comercial y justo cuando pensé que estaba por terminar el video veo un escenario totalmente distinto en el que veía a un hombre sentado con su miembro al aire masturbándose y eyaculando y mencionando mi nombre y diciendo peladeces, cuando la luz se encendió y rápidamente quise apagar el dvd pero fue inútil.

    Mi hermano me pregunto qué demonios era todo eso porque aparecía en un centro comercial y lo peor de todo es que aquel hombre se masturbaba, no sabía que decir así que lo mejor fue contarle todo lo que me estaba pasando, Antonio sorprendido me dijo que tiempo llevabas así, y le comente que solo un par de ocasiones bueno a decir verdad esta era la primera vez que hacia eso, porque las anteriores habían sido en el trabajo, se enfureció y tomo mi celular y busco a T y le marco, aquel hombre habrá supuesto que era yo quien le marcaba pero cuando mi hermano empezó hablar diciéndole de cosas este rápidamente colgó, no sin antes decirle no te enojes amigo al contrario debería agradecer por tener una hermanita o lo que sea de ti que se cae de buena, en ese momento mi hermano volteo y solo me veía de pies a cabeza y colgó.

    Quise hablar con él pero no se prestó y nos fuimos a dormir no sin antes saco el dvd y lo guardo en su habitación. Al siguiente día entre a su habitación y le dije que es lo que pensaba y tajantemente me contesto que les diría a mis padres, asustada por todo aquello le pedí, le suplique que no lo hiciera que haría lo que él quisiera pero que no les dijera a mis padres, ese día transcurrió como si nada, llegaron mis padres y minutos después vi hablando a mi hermano con ellos, en esa semana las cosas fueron muy tranquilas y eso me preocupaba de hecho deje de trabajar como edecán unas semanas y volví a lo mismo, lo malo es que no sabía lo que había platicado o porque estaba actuando así mi hermano.

    Al cabo de un mes mi hermano me volvió a dirigir la palabra y lo que me pregunto fue si ya no me molestaba más ese tipejo a lo que le conteste que gracias a su intervención había dejado de incomodar, con esa sonrisa que le caracterizaba se acercó a mí y me abrazo, sorprendida por esa actitud solo atine a decirle gracias Toño, sabes Valery todos estos días he analizado aquella situación en la que te encontré anonadada, lo mire a los ojos y le pregunte qué es lo que has pensado, dime por favor; pues veras hermana tengo la fortuna de haber visto aquel video y vaya que eres una mujer muy sensual y sexi, por lo que comprendí las acciones de aquel admirador tuyo pues en realidad con ese cuerpazo difícil que un hombre se resista a tus encantos, pero… espera con todo esto no le mencione nada a mis padres estuve a punto, juro que el maldito coraje me martirizaba, pero entonces de que hablaban pues de las remodelaciones de la casa, o ya, pensé que estaban hablando de mi pero gracias hermanito por no delatarme, no sé cómo pagarte esto que has hecho por mí, pues mira Valery hay cosas que quiero que hagas por mi pues también debo decirte que tengo los otros videos que te mandaba, ¡queeee! Has husmeado en mi habitación Antonio, lo siento hermanita pero recuerdo que querías que no les dijera a nuestros padres, además es la segunda ocasión que sucede y esto tiene un precio de lo contrario mis padres te hubieran reprendido o no sé qué; está bien dime que quieres que haga solo dímelo, pues veras yo creo que al rato seguimos ahora hagamos nuestros quehaceres va, ok.

    Sorprendida por los comentarios me dispuse hacer mis quehaceres, aunque era sábado me apure para irme a trabajar, en eso escucho que la puerta se abre y mis padres salían de casa no se adonde pero se iban, sin medir el tiempo ya era muy tarde me metí a baña rápidamente y salí corriendo pero mi hermano Toño me detuvo, a donde vas Valery, pues a trabajar, a ok, pero quiero ir contigo, tu mejor que nadie sabes que tenemos mucho en común y debemos retomar lo nuestro, no supe que contestar solo le dije: apúrate que ya se me hizo tarde salí apresurada y mi hermano segundos después detrás de mí.

    Iba vestida con una minifalda plisada roja el largo para que se imaginen, me llegaba a medio muslo, con una tanga del mismo color pero satinada, una blusa rosita algo transparente se me dibujaban bien los pechos y los pezones, así me dirigía al trabajo los hombres se me quedaban viendo yo me queda fijamente viendo, me veía muy, pero muy rica, cuando caminaba por la calle sentía pasos atrás de mí, además de que como ya les había mencionado es muy sólida mi calle, cuando escucho una voz gruesa, mamacita que rico y sabroso tienes el culo en ese momento me puse muy nerviosa y camine más aprisa cuando atrás de mi sentí una nalgada fuertísima que me dolió en realidad me ardía, me volteé rápidamente y le di una buena bofetada, lo cierto es que era aquel teporocho del otro día, no pude contenerme y le dije de cosas trate de caminar lo más rápido posible a la parada.

    Cuando llego mi hermano me pregunto por qué tenía esa cara de molestia y le comente que un estúpido degenerado me había nalgueado en la calle y que lo había cacheteado, comenzó a reírse y le dije que te causa gracia baboso si me nalguearon, ay hermanita pues como no quieres que te nalgueen si ve te vez bien buena y aparte se te marcan bien esas ricas nalgas, eso me asombró pues me hizo recordar aquellos momento con mi hermano.

    Esperamos a que llegara el autobús y como siempre iban llenos en su mayoría por hombres que al verme con esa falda clavaron la mirada en mis pompas, sus miradas lascivas me hacían sentir una sensación de violación y como era de esperarse con toda la muchedumbre al bajar me pasaban a tocar mi culito, situación de la cual mi hermano se había percatado llegamos a la parada donde bajamos y caminamos un par de cuadras, note un poco raro a mi hermano pues siempre o mejor dicho la mayor parte del tiempo caminaba detrás de mí, aunque nunca me imaginé el por qué camino siempre atrás si ni gente había.

    Cuando llegue al local inmediatamente busque a Estefanía la salude con el habitual beso de mejilla y nos dirigimos al final de un pasillo donde había un cuarto, ahí me enseño el vestuario que utilizaría, me dejo sola y empecé a desvestirme y vaya problema al ver el vestuario y no por lo que usaría, sino que por las prisas había olvidado poner mi ropa íntima, eso sí me ponía de malas ya que siempre había sido muy cuidadosa en ese sentido y más por las ropas que usábamos pero no había de otra. Comencé a vestirme me coloque un top color negro, una calza tipo pescador color blanco y unas zapatillas, había un espejo y la verdad es que me veía muy pero muy sabrosa lo más espectacular fue cuando modele mi trasero y sí que aquella tanga se hacía notar, wooow que barbaridad eso sí sería un buen espectáculo para los que estuvieran en aquel local jejeje, pase por los productos a promocionar que eran unos aceites y la música comenzó a sonar el ritmo candente de las melodías invadían mi cuerpo y con aquellos movimientos sensuales atrajeron al público que en su mayoría solo mirones pero entre mirar y mirar la venta se hacía con los automovilistas y más porque en la compra del aceite se tomaban una foto y pues eso creo que los animo porque elegían la pose que querían.

    Por todo aquel ajetreo jamás me di cuenta de donde estaba mi hermano ni mucho menos de lo que estaba haciendo, faltaba poco para cerrar la promoción cuando volteo hacia el local lo veo sentado con una cámara de video sorprendida con mi cara de.. qué demonios estuvo haciendo y lo peor para que lo quería, en eso mi jefa me llamo y me comento ya está hecho el deposito Valery y sí que me sorprendiste con este atuendo jamás pensé que fueras a ser tan aventada Valery, la mire y me carcajee no Estefanía la verdad es que me olvido mi ropa íntima y pues nunca pensé que fuera a usar una calza blanca jejejeje pero pues ya paso, eso sí Valery, bueno Estefanía me voy a cambiar y ahí mismo te dejo el vestuario, ok Valery está bien linda, más tarde te mando mensaje si mañana tenemos evento, ok hasta mañana.

    Al salir de aquel establecimiento busque a mi hermano que ni sus luces, por lo que le marque para ubicarlo y el muy tonto estaba comiendo me fui a una fonda que se encontraba a unos cuantos metros y vaya que me sorprendí al entrar estaban unos 6 señores de por lo menos unos 60 años que al verme me aplaudieron y me alabaron, uno de ellos era el dueño de aquel establecimiento agradecí sus ovaciones y uno de ellos me tomo una foto claro que pose muy sexi, enseguida me dirijo a la mesa donde estaba mi hermano y de inmediato le dijeron que suerte tiene amigo tener una mujer como esta hembra, mi hermano me tomo de la mano y les contesto que sí que era un hombre afortunado al tener esta hermosura de mujer, enseguida el dueño se acercó y me atendió ofreciéndome la carta pero antes de escoger mi hermano ya tenía un coctel de marisco y sin ver la carta le pedí lo mismo, no sé qué tiempo estuvimos ahí pero ambas mesas metidas en sus comentarios.

    Mi hermano pido la cuenta y el señor se acercó y le dijo a mi hermano que si le permitía tomarme unas fotos con sus amigos que sería todo un honor tener un recuerdo de tan linda mujer, mi hermano sin consultarme asintió que sí, aquellos hombres se pusieron de pie y enseguida fueron tomándose las fotos uno por uno y para broche de oro todos en foto grupal y ahí fue cuando me acariciaron el culo los muy cabrones viejitos, en eso mi hermano les vuelve a pedir la cuenta entregándole la cámara aquel señor y este en buen gesto le dice que era cortesía de la casa y vaya que cortesía si los muy cabrones me manosearon, y justo cuando estábamos por salir uno de ellos le pregunta a mi hermano señor perdonara la pregunta pero no puedo quedarme con estas palabras, si dígame, pues sinceramente que buen culo tiene su esposa y la verdad es que ha de coger muy rico con semejante culo que tiene su hembra, asombrada por lo que había escuchado mi hermano me jalo y me puso de espaldas a ellos y el solo les contesto pues miren este delicioso culo que siempre me estoy comiendo y poso sus manos en mis nalgas woooow aún más sorprendida voltee hacia ellos y les cerré el ojo y salimos como si fuéramos pareja metros después comenzamos a reírnos por todo aquello volteamos y los señores desde el local nos miraban y mi hermano me acaricio las nalgas así caminamos hasta la parada donde esperamos muy poco tiempo el camión que nos llevaría de vuelta a casa.

    Ahí esperamos un buen rato no sé cuántos camiones dejamos pasar por que venían demasiado llenos y ni una alma cabía, pero en el siguiente camión venía muy lleno y esta vez no, nos importó pues queríamos llegar temprano a casa, subí y detrás de mí subió un chavo y enseguida mi hermano, segundos después aquel adolescente me hablo en voz baja y me dijo que se me veían las pompas, el chavo estaba abajito de mí en las escaleras, me vi y se me había atorado la falda con la mochila de otro pasajero la acomode y le dije gracias, al tener este accidente intente irme en medio del camión, la mayoría eran trabajadores obreros y conforme pasaba sentía rosones con las manos, el camión iba llenísimo y la falda se me levantaba conforme pasaba lo más alto que se subió fue a media pierna y tapaba un poquito más que las pompas, por fin llegue a la mitad del camión y buscaba a mi hermano que se había quedado por lo menos a tres lugares, me sentía rara, había sentido rico en los rosones.

    A espaldas de mi iba un señor como de 40 años que veía como podía una y otra vez mis nalgas note como se acomodaba para intentar agarrarme vigilando que los demás no vieran, yo al ver lo que tramaba me quite, buscaba a mi hermano pero estaba lejos y no me quedo otra que colocar la bolsa en el piso recargada en mis pies para dejar el camino libre, no sé qué me pasaba pero nunca antes había hecho eso pero me sentía rara, poco a poco sentía en las vueltas del camión como una mano acariciaba una de mis pompas sobre la falda yo ardía sentía una y otra vez aquella mano apoderarse de mis nalguitas, esa situación empezó a humedecerme y más cuando sonó mi celular y de inmediatamente vi quien era, un mensaje de Antonio que me escribía hermanita que buen agasajo se está dando el ruco ese busque su mirada y eso me excitaba mucho más.

    Con toda esta excitación quería algo más entonces me agache como con pretexto de buscar algo en la bolsa la falda se me levanto un poco más, quería que me tocara y no hacía nada, me agache una vez más y de pronto sentí una mano grande en una de mis nalgas dándome un buen apretón yo reaccione y me reacomode, el señor al parecer se asustó, pues ha de haber pensado que lo iba a delatar, volví a agacharme y el señor sin pensarlo me volvió a agarrar una nalga por debajo de la falda me reacomode y no la soltaba, mi hermano pidió la parada que ya se aproximaba, el señor se acomodó como si se fuera a bajar también y a propósito pase por delante suyo y le replegué mi trasero y el replegó su miembro, sentí un gran bulto que me llenaba, ya estaba muy mojada, enseguida baje y no volví a ver aquel señor.

    Caminamos por la calle y mi hermano solo me veía y reía en eso durante el camino vimos en una de las banquetas un grupo de señores sentados había poca luz, sin embargo nos podían ver, y ellos a nosotros, murmuraban, al pasar frente a ellos eran aquellos teporochos y uno a uno volteaban pase tranquila y me decían piropos sin importarles que iba mi hermano cruzamos la calle y sentí como veían el movimiento de mis nalgas di vuelta y me detuve, mi hermano me dijo tenemos la oportunidad de enseñarles tus nalgas, como por accidente tire dinero y me agache sin doblar las rodillas dejando ver mis enormes nalgas, tarde unos segundos en recogerlas para que vieran bien, escuchaba que me decían piropos entre ellos cachetona, voltee de reojo y uno de ellos se masturbaba al ver eso me calenté seguí mi camino y por fin llegamos a casa. Comenzamos a reír y entre risa y risa mi hermano me decía que sinceramente estaba muy buena y que todo le había gustado, ese momento reímos y cada quien se fue a su habitación a descansar.

  • Mi novio punk

    Mi novio punk

    Hola y gracias por leer mis relatos, me presento: mi nombre femenino es Paulina, soy una mujer Tv a medio tiempo, esto quiere decir que aunque si salgo a la calle como mujer y realizó en la actualidad la mayor parte de mis actividades en este rol, (p.e. atender mi negocio, acudir a reuniones familiares y de amistades, realizar las compras de mi casa, etc.) Aún tengo que realizar algunas otras actividades como niño (básicamente algunos trámites relacionados a mi negocio, pues aun no me he decidido a realizar mi cambio de identidad) en fin, actualmente tengo 30 años y vivo en la zona centro de mi hermosa CDMX, me describo como una mujer plena y totalmente amante de la verga, desde pequeña siempre fui consciente de mi personalidad femenina y me declare homosexual abiertamente a mi familia, y posteriormente en un plano totalmente aceptado en mi familia y mi círculo de amistades, me declare mujer travesti homosexual, a los 19 años, lo único que ha cambiado en mi desde esa época a la actualidad es el gusto por los caballeros, pues en aquel momento como toda jovencita sentía atracción por los niños malos, malandros, diría mi madre buenos para nada, músicos, y justamente uno de estos noviecillos es el coprotagonista de este relato, que tiene lugar por allá del año 2007, en la CDMX, su nombre Ángel C., un chavo punk rocker. Se había cumplido el sueño de mi vida en aquel momento. Y no solamente porque se trataba de un tipo atractivo, alto, fuerte sin ser exagerada y, por si fuera poco, un excelente amante y súper bien dotado, sino que además también se había cumplido mi sueño de poder salir a conciertos de rock en vivo, ya en mi faceta de señorita y además protegida del abuso y de la Intolerancia a mi género por un punketo, fuerte y varonil que además de aceptar abiertamente a tener una relación de noviazgo por llamarlo “formal” con una niña como yo, acudía a pedir permiso a mi casa para poder salir con él, es más, fue el primer novio que acudió a alguna reunión familiar conmigo, pues como ya lo comenté con anterioridad, para ese momento mi familia ya había aceptado mi homosexualidad y mi travestismo plenamente.

    A él lo conocí por Internet, en aquel momento estaba de moda la red social Hi5, para las niñas que no son tan contemporáneas era una red social antecesora al Facebook, y básicamente era el mismo rollo, mirabas fotos en los perfiles de la gente y comentabas su muro, además había foros especiales con temáticas de diferentes intereses, básicamente lo que ahora se conocen como grupos de Facebook, y en uno de estos grupos que hablaban de música rock y punk fue en donde lo conocí, desde el principio tuvimos química y atracción, además de que también desde el principio le deje claro mi condición de niña Tv a lo que él estuvo plenamente de acuerdo, platicamos por messenger todo lo que tenía que platicarse, y en todo siempre fue el hombre que hasta ese momento en mi corta edad yo había soñado, debo confesar que físicamente me atraía demasiado este chavo, pues en su foto de perfil estaba el sin playera y luciendo todos sus tatuajes, resaltaba el de su pecho que era una calavera tocando la guitarra, sus cadenas que usaba en su cuello, las muñequeras típicas de un punketo con picos y claro, su moicana, en fin, un niño malo.

    Recuerdo con un poco de gracia la ocasión en que se los presente a mis padres, la cara que pusieron fue de infarto! Pero al mirar la seriedad con la que el se dirigía a ellos, todo quedó con mis padres en un “son chavos y es la moda”. Claramente y por obvias circunstancias mi estilo de vestimenta se miró sumamente cambiado durante mi relación con Ángel, pues al tener un novio Punk tenía que ser yo una novia Punk! Ya saben, blusitas y minifaldas negras, medias desaliñadas e incluso a veces rotas, botas de obrero, (aunque estas no eran mis favoritas, y claramente tampoco disfrutaba Ángel cuando las usaba), cadenas y muñequeras de picos, maquillaje en tonos negros y mucha sombra en mis ojos, y claro, me pinté la melena de rubia con mechas azules en aquella época, gracias a Dios en mi si fue sólo una moda pasajera.

    Las salidas a conciertos con el eran lo mejor de esa relación: pasaba por mí a mi casa en su auto, después de un saludo apasionado con besos y caricias, nos íbamos al concierto en el que escuchaba rock en vivo mientras era besada y acariciada por mi novio. Cual fuera el tipo de concierto, él conseguía bebidas; aunque ahí no vendieran o estuvieran prohibidas. Los besos, el manoseo y el alcohol me dejaban lista para irme totalmente desinhibida y feliz con él a la cama al salir del concierto, terminábamos la noche en su casa (pues vivía sólo, o si nos ganaba mucho la calentura, entrábamos a cualquier hotelito que quedara en el paso, algunas veces con el pretexto de que el concierto termino noche o la lluvia o con cualquier mentirilla, lograba convencer a mis padres para quedarme con el y que me hiciera su mujer el resto de la noche. Cuando me quedaba en su casa, por la mañana le preparaba el desayuno, nos bañábamos juntos y regularmente cogíamos nuevamente antes de salir, el rumbo a su trabajo y yo a mi casa. Aunque en alguna rara ocasión el llegó a verme con ropa de hombre, él me seguía tratando como su chica y me despedía con un beso apasionado y un par de suaves pero firmes nalgadas, una en cada una de mis nalgotas.

    El me llevaba a todo tipo de eventos de rock y punk, desde conciertos en bares, hasta conciertos masivos y hasta tocadas de rock urbano en bodegas y lotes baldíos. A estos últimos lugares jamás hubiera ido vestida yo sola, pero con el me sentía segura, además, no se porque, mis padres siempre confiaron muchísimo en el, por lo que solo necesitaba acudir a pedir permiso y en algunas ocasiones entrar a cenar con ellos, para luego disfrutar de un rico postre en mi habitación o ya de menos una rica mamada que le daba con mi traviesa boquita.

    En uno de estos permisos fuimos a un concierto de un conocido grupo que se llamaba Blink 182, recuerdo que me emocioné muchísimo pues ese grupo me encantaba, y en ese concierto se encontró con su banda; los amigos con los que, en su adolescencia, había formado un grupo de rock. Cuando me vieron junto a él, inmediatamente empezaron las bromas típicas: “preséntala”, “¿de dónde la sacaste que está re buena”, “que la role” y demás. Todos me saludaron de beso en la mejilla y algunos de ellos me abrazaron y, entre broma y no, me repagaron un abrazo más sexual que amistoso. Miré a mi novio y el se miraba orgulloso de traer una niña travesti tan atractiva y además se burlaba un poco de mi nerviosismo.

    Caminamos todos hasta una zona donde se podía observar bien al grupo, pero donde algunos adolescentes bailaban slam. Esto ya nos había pasado a él y a mí en ocasiones anteriores. Lo que él hacía en esos casos, era pararse atrás de mí, y abrazarme para protegerme de los empujones y de los manoseos anónimos. Pero como esta vez iba toda su pandilla, él me abrazo y sus amigos hicieron un semicírculo para protegernos a los dos. Lo malo era que, tal pareciera que no eran muy fuertes; porque cuando los empujaban, terminaban encima de mi, e involuntariamente me manoseaban de una forma muy descarada, al percatarme de esto, mire fijamente a Ángel y le dije:

    P- Te percataste que aprovechan los empujones para manosearme?

    Ángel, con una sonrisa un tanto burlona me contesto:

    A-Si, me percaté…

    P- Y no harás nada?

    A-No puedo hacer nada, son mis amigos, sólo disfruta…

    El concierto siguió; y con él, el consumo de cerveza y de otras cosas. Esto los hizo a ellos más atrevidos y a mí más desinhibida. Ya no solamente me manoseaban por los empujones, es más, ya ni siquiera fingían que sus acciones eran causa de los empujones, ahora simplemente me tocaban las piernas y las nalgas con gran descaro. Para agravar esto, en aquella ocasión yo llevaba un minivestido que me llagaba justamente por debajo de las nalgas, sumamente ajustado y de tela que simulaba piel, con botas de 10 centímetros de plataforma y un mallón brilloso que me dibujaba claramente los muslos y mis nalgotas. Volteaba a ver a mi novio y el sonreía, burlándose de lo que estaba pasando. Le pregunté nuevamente:

    P- De verdad no vas a hacer nada? hasta dónde llegaran tus amigos?

    A-Ellos van a llegar hasta donde tú quieras. Punto.

    Me sentía apenada porque algunas chicas se me quedaban viendo con cara de “mira esa puta”; y a la vez súper excitada, por estar siendo deseada por varios hombres y disfrutando de sus caricias. Además, pensaba para mis adentros, varias de esas criticonas seguramente sienten envidia, pues a mi me manosean estos porque estoy más buena que ellas. A ellas nadie las pelaba. Pinches gordas!

    Ya en otro nivel de desinhibimiento, y asegurándome a mi misma que sería la última vez que se lo preguntaría, le dije a Ángel:

    P- No te enojarás conmigo? No te dan celos?

    A- Porque habría de? Son mis amigos y tú eres libre.

    P- Y si uno de ellos llega más lejos?

    A-Si tú estás de acuerdo, adelante.

    Y regresó a ver al grupo que estaba tocando, mientras me daba un par de nalgadas muy firmes y regresaba su brazo a mi hombro.

    Sus amigos siguieron haciendo de las suyas, pero ya pude identificar a cada uno cuando se me pegaban; así que cuando toco el turno al más guapo de ellos, de nombre Pepe, el que había sido el cantante de su extinta banda, un morenote del mismo tamaño y fuerte como mi novio, decididamente paré las nalgas para que él pudiera contemplar lo ricas que las tenía, y yo, también quería sentir mejor el tamaño de su sexo excitado. Se sorprendió de momento, pero reacciono rápidamente y retomó el control: me manoseo con ambas manos mis gordas nalgotas y le cedió el lugar a otro de sus compañeros.

    Así pasamos todo el concierto: ellos turnándose para tocarme y sentir mi culo; mi novio riéndose de lo que pasaba y agarrándome las nalgas de cuando en cuando para demostrar que él me había llevado, que yo era su mujer, y que le correspondían más derechos. Y yo sintiendo placer de mujer al ser deseada por este grupo de hombres; y aprovechando cuando le tocaba al cantante para levantar las nalgas y sentir mejor su verga, porque vaya que en verdad me había gustado.

    Cuando acabó el concierto, sus amigos le propusieron a mi novio seguirla en su casa. Lo pellizqué y le miré como diciéndole que no; pero fue peor: consciente de mi nerviosismo aceptó y nos fuimos todos en su auto. Tres de ellos atrás, mi novio conduciendo, yo y Pepe el cantante adelante compartiendo el asiento del copiloto. En eso el me dice:

    Pepe- Oye, mira. Se te ensució de algo muy asqueroso tu mallon.

    A-Pepe tiene razón. Llegando a la casa te lo quitas, amor.

    Reforzó mi novio colocando firmemente su mano en mi pierna. Así viaje a su casa, con la mano un hombre apenas conocido en una pierna; y la de mi novio en la otra. Incluso, cuando pasamos a una tienda de conveniencia a comprar cerveza, alcohol y comida, ellos no se bajaron del auto. Nos quedamos los tres en el auto. Aproveché para besar a mi novio, quien me abrazo y sentí su mano recorrer mis caderas; y también la del cantante que bajó al muslo y a la parte baja de mis nalgas. No protesté; primero porque mi novio se había dado cuenta y no decía nada, segundo, porque me sentía soñada, deseada y tocada de manera simultánea por dos hombres tan guapos, además de que me excitaban ambas cosas: que me manoseara el cantante y ser de dos hombres a la vez. Cuando regresaron los otros, me zafé rápidamente, pero muy tardé; se dieron claramente cuenta de cómo me estaban manoseando los dos amigos, y de cómo yo disfrutaba feliz sus caricias.

    Llegando a la casa de mi novio, él mismo fue quien me recordó lo del mallón sucio que, efectivamente, lucía muy mal. Me dijo que lo quitara en su recamara y le hice caso, pues se veía fatal. Dudé un poco en salir de la recámara, pues el minivestido apenas y me tapaba completamente las nalgas, provocando que con cualquier movimiento mínimo este se levantará y expusiera mis femeninas redondeces enfundadas en mi muy diminuta tanga esconde penes y por obvias razones, mis piernas ahora quedaban completamente desnudas. El alcohol, que para ese momento me tenía totalmente desinhibida, la insistencia de mi novio y el escándalo de sus amigos me hicieron regresar a la sala, en la que ya estaban cómodamente sentados. Para esto, uno de los amigos de nombre Xavi, me dijo:

    X- Como eres la única mujer, serás la mesera. Por cierto una mesera muy guapa.

    P- No tienes idea de que machista se escucho eso!

    X-Anda, pórtate como una niña obediente, todo está en la cocina

    P- Bueno, que les traigo?

    A- Cerveza para todos y algo de botana

    Me dirigí a la cocina con la certeza de ser observada descaradamente por todos. Preparé jamón con queso y serví cinco cervezas. Busqué una charola y como mi novio no tenía, improvisé una con un platón, lo malo es que tendría que dar varias vueltas. Cuando regresé con la primera tanda, me hicieron espacio y me agaché en la mesa de centro para poner el plato de comida y los dos primeros tarros de cerveza. El tipo que quedó atrás de mí no dudó en acariciarme las nalgas que habían quedado al descubierto. Me levanté de inmediato y todos rieron. Y gritaron animándose entre ellos:

    – La propina, la propina!

    Voltee a mirarlo, pero otro de ellos aprovechó, el que ahora estaba detrás de mí, y me toco las piernas.

    – Hay que ganarse la propina!

    Entonces mire a mi novio, y este me dijo entre risas:

    A-Es juego amor, no te enojes.

    Entonces reí también, pues francamente, quizás por el alcohol y por lo ocurrido en el concierto y en el coche, me sentía sumamente cachonda, siendo deseada por cinco rocanroleros y sus caricias me producían un placer enorme.

    Les serví tragos y botana toda la noche. El juego se repetía, cada vez que pasaba entre ellos, me manoseaban. Pero a diferencia de antes, y gracias al calor de la noche, ahora cada vez que lo hacían, yo me portaba más puta, parando las nalgas, contoneándome y sonriéndole al atrevido. Así hubieran seguido las cosas, todos alcoholizados y divertidos; yo también ebria y sintiéndome cachonda por ser la mujer a la que todos manoseaban, sino es porque al final, uno de ellos se atrevió a hacerme cosquillas directamente en el ano. Reí, pero no aguanté más la excitación, y deje escapar un gemido que evidencio totalmente el gusto por lo que me estaban haciendo, por lo que uno de ellos, en un acto de machismo se levantó para restregarme su verga en mis nalgotas. Vaya sensación la de percibir una vergota super dura, aún a través de la tela del pantalón de este tipo. No supe si era más la excitación por el alcohol, o por el miedo a lo desconocido, pero literalmente tomé a mi novio Ángel de la mano y me lo llevé a la recámara casi arrastrándolo para que me bajara la calentura de una forma que él sabía hacerlo muy bien. Si bien él había bebido, su organismo aún reaccionaba como yo necesitaba y, además, él sabía con precisión qué hacerme para llevarme al cielo. Y lo demostró cuando me acarició con firmeza las nalgas, me beso y me mordió las piernas, lo mismo hizo con mi verguita y con mis pezones. Cuando me tuvo lista, sacó su grande pene de entre los pantalones para que me pusiera a mamar, por lo que sin hacerme del rogar me puse de rodillas delante de él y metí su gordo instrumento masculino en mi traviesa boquita para calentarlo aún más. Me sorprendió que en esta ocasión no tarde mucho en hacer que terminara, pues de las cosas que me gustaban de este hombre estaba en los primeros lugares la vitalidad con la que me cogía, pues aguantaba muchísimo, no se si tenía prisa por regresar a seguir cotorreando con sus amigos, pero yo tenia otros planes, y no era quedarme con ganas de verga, siempre tuve un lívido muy alto, desde chiquilla, apenas probé la verga y a partir de allí supe que lo mío estaba diseñado para satisfacer la lujuria de los hombres, y al mismo tiempo yo calmaría mi ya identificado lívido femenino, y esa noche yo tenía muchas ganas de que Ángel me penetrará por el culo, estaba en verdad sumamente cachonda, así que cuando lo vi que estaba a punto de poner los ojos en blanco, por la magnífica mamada que yo estaba propinándole ( pues si de algo puedo presumir es de saber hacer maravillas con mi golosa boquita y mis traviesos labios), me saqué su vergota de mi húmeda cavidad bucal y volteé de espaldas a el para bailar al ritmo de I cant get not, satisfaction, estampándole mis nalgotas en su durísima verga, acción que evidentemente le excito mucho, pues rápidamente se quitó toda la ropa y me cargó haciendo gala de la fuerza y vitalidad que poseía y que a mi me encantaba de el, para ponerme de espaldas a la orilla de la cama, con las piernas sujetadas por sus vigorosos brazos y mi culo levantado esperando su embestida, para cobrarme el sacarme de la boca su verga cuando él estaba más excitado, acostumbraba ponerme la cabeza de su vergotota en la entrada de mi agujerito y luego retirarla, de esta manera yo me volvía loca y solamente hasta que le suplicaba a gritos que me la metiera ya, me la metía poco a poco, despacio y muy suavemente. Gritos de súplica por ser cogida que en esta ocasión escucharon con claridad sus amigos en la sala. Primero, porque cuando estoy en esa situación, grito como loca, segundo, porque en el arrebato de calentura, ni mi novio ni yo habíamos asegurado la puerta de la recámara, y ésta se había abierto de par en par. La verdad, ni él ni yo nos detuvimos por esto; no iba a permitir que me la sacara para ir a cerrar la puerta, y no creo que él estuviera dispuesto a dejar de disfrutar mi culo un segundo. Seguramente también escucharon los gritos y gemidos que siguieron, pues la cogida que me dio mi novio fue magnífica. No pare de gritar y de gemir los muchos minutos que tuvo mi culo a sus servicio. En esa posición, su pene llegaba a tope y excitaba mi próstata todo el tiempo. El orgasmo definitivo me llegó cuando su vergota se hinchó dentro de mí, para expulsar un cantidad extraordinaria de semen. Con todo y el condón que traía, pude sentir cuanto se hinchaba y cuanto eyaculaba, y de la misma forma, mi orgasmo anal fue divino.

    Agotados por el orgasmo, por el concierto y por el alcohol, nos quedamos profundamente dormidos, sin embargo he de admitir que me quede cachonda, pues por alguna razón el desempeño de Ángel no fue el mismo que en otras ocasiones, o quizá el alcohol, o el sentimiento de puteria que habían provocado Angel y sus amigos en mi… O no lo sé, pero el chiste es que mi culito en aquella ocasión se quedó con hambre. Me desperté por las ganas de ir al baño, salí de la recámara dejando dormido a mi novio y crucé la sala para llegar al cuarto de baño, sus amigos dormían en los sillones, ebrios hasta el tope, mientras estaba sentada en el baño recordé a Pepe, el cantante. De los amigos de mi novio, él era el que me había gustado más, pues se asemejaba mucho a Ángel pero en Moreno, y desde siempre los hombres morenos han sido mi debilidad, en ese momento no podía dejar de pensar en el, era de madrugada, y tenía yo una resaca muy suave, de esas que incrementan el deseo sexual. O quizás aún estaba un poco ebria, porque sin más, cuando estaba saliendo del baño, lo vi más atractivo, sentado en un sillón de la sala, sin pantalones, se dibujaba un enooorme bulto bajo su ajustado boxer, el se despertó justo en el momento en que yo me mordía el labio inferior y me capturo mirándolo con deseo, por lo que al saberme sorprendida aprovecho la circunstancia y me hizo la seña de que sentara junto a él, palmeado el sillón y coqueteando descaradamente conmigo. Le obedecí y de inmediato empezó a besarme y a tocarme todo lo que podía: piernas, nalgas, nada escapó de sus manos, sin embargo, la sala estaba demasiado comprometida para realizar nuestros deseos de coger, por lo que le hice la invitación con mi mirada para movernos a la segunda habitación, la cual en ese momento estaba vacia, pues había pertenecido algun tiempo atrás a un compañero de piso de mi novio, y en dicha habitación sólo quedaba una vieja cama, y algunos muebles que en este momento no tiene caso recordar pues no son importantes para lo que Pepe y yo planeábamos hacer. Me dirigí a la habitación y jale de la mano a este macho que sería el afortunado de esa noche para terminar de saciar mis más carnales y bajos instintos femeninos, Pepe cerro la puerta detrás de él y me dijo:

    Pepe- Llevo todo el día de ayer y toda la madrugada con la verga dura por tu culpa putita, ahora vas a conocer a un verdadero hombre.

    P- Ah si? Pues lo estoy deseando

    Acto seguido se abalanzó sobre mi como León sobre su presa, sus hábiles y fuertes manos se aferraron a mis redondas y gordas protuberancias femeninas, su boca se fundió con la mía y me besaba de una forma tan experta, y al mismo tiempo intercalaba sus besos con mordidas a mi cuello y a mis excitados pezones, yo feliz y fácilmente, me dejaba hacer, el tipo me gustaba y me acariciaba de una manera deliciosa, luego sacó su vergota y pegue un gritito bien puton, mezcla de alegría y sorpresa pues además de guapo, le hacía himno a la raza de hombres morenos, pues en verdad que tenía una muy soberbia verga, calcule del mismo tamaño la de mi novio Ángel, pero mucho más gruesa, hipnotizada como estaba con esa gigantesca vara de carne masculina, baje mi pequeña y traviesa mano y la comencé a masturbar. Despacio por todo el largo tronco de esa hermosa verga Morena y luego arriba, en la gorda cabezota que ya me imaginaba abriéndose paso de una manera deliciosa a través de mis cavidades anales. Mi golosa boquita deseaba también proporcionar cariños a esta gorda serpiente, por lo que de forma felina me agaché, quedando de rodillas delante de este macho, y lo primero que hice fue besar sus grandes huevos, los cuales estaban perfectamente rasurados, después de llevarse la primera de mis caricias, subí con mi lengua por todo el gordo tronco, siguiendo la guía de una larga y dilatada vena que parecía amenazar con reventar, al llegar a la cabeza de la gran vergota de Pepe, junte mis labios para propinar otro sensual beso y ahora si, abrí mi pequeña boquita todo lo que pude, sin embargo apenas y podía meterme su cabeza y eso por rayos cuando prolongaba mi tarea de mamar este monstruo de verga, sentía como los músculos de mi quijada pedían descanso por aguantar el hecho de permanecer estirados para satisfacer a mi macho, después de algun buen tiempo de regalarle a este Moreno que me encantaba una de las mejores mamadas que estoy segura alguien le había dado, me levanté con los movimientos dignos de una puta, esto es: parando mis gordas nalgotas y girando mi cuerpo hacia el para que viera así excitado como estaba lo que se iba a comer a continuación, Pepe, que ya estaba muy caliente por la magnífica mamada que le acababa yo de dar, se agachó y comenzó a besarme las nalgas, de una forma muy deliciosa y con suma habilidad me despojo fácilmente de la tanga usando solo sus dientes, de su cartera sacó un condón y yo tomé la iniciativa de ponérselo y me senté encima de el, montándolo de frente para que pudiera observar la cara de gozo que me provocaba al irme comiendo su gorda vergota, una deliciosa verga Morena que llevaba yo toda la noche deseando, poco a poco, hasta que lo sus negros huevotes chocaron con la blanca piel de mis femeninas nalgas. Vaya que además de guapo, tenía la verga sumamente rica, del tamaño que ajustaba exactamente en las paredes internas de mi estrecho agujerito anal. Estuve un largo tiempo montándolo, haciendo caras de puta casa que la tenía hasta adentro, y el propinandome nalgadas para controlar el ritmo de la cogida y que no fuera yo a olvidar quien era el macho alli, cuando ya me podía subir y bajar sin problema sobre su gordo mastil, me lo sacó y me puso contra el colchón, de píe con las piernas abiertas, quedé empinada, apoyada con las manos únicamente y dejando mi culote a su merced. Entonces comenzó a penetrarme de una manera suave, para después darme una cogida que despertó a todos, pues el bramaba, y yo gritaba de placer. Me empujaba suavemente al principio y yo aguantaba el equilibrio sin mayor problema a pesar de mi ebriedad. Sin embargo, de pronto se calentó más y sus embestidas fueron más rápidas y fuertes. Tuve que hacer grandes esfuerzos para no caer de frente en el colchón, endurecí las piernas y paré las nalgas para mantener el equilibrio, esto nos llevó a un sexo más duro, pues él se excitaba y me daba más fuerte, mientras yo golpeaba su pelvis con mi cola. Para variar, grité y gemí como puta poseída, mientras él bramaba como si la vida se le fuera en esta cogida. El orgasmo me llegó con una energía imprevista y perdí el control de mi cadera, que empezó a vibrar rápidamente hacía todos lados. Cuando sentía que el equilibrio se me iba, su mente no aguantó más y se vino empujándome todo su pene hasta dentro de mí. Me tiró sobre el colchón y quedé ahí despatarrada, con las piernas aún abiertas, la vergota de Pepe todavía adentro de mí culo y los otros cuatro mirando sumamente excitados nuestra escena, Ángel entre ellos, que dijo:

    A- No les dije que mi novia era magnifica? ¿Qué opinas Pepe?

    Pepe- Sin lugar a dudas la mejor!

    T- Y yo qué?

    Pregunto Toño, que había sido el baterista de su banda. Voltee a mirarlo y noté como se acariciaba un enorme bulto que destacaba en su bragueta.

    T- Si yo fui el que la calentó más ayer, cuando le hice cosquillas en su hoyito. Me merezco algo, no mamita? Te hice reír y te prendí lo suficiente para que este cabrón de tu novio te gozara ayer hasta que bramaste.

    Voltee a ver a mi novio quien me respondió con gestos de aprobación, que parecían más una orden, resignada a que no me dejaría en paz hasta darle una probadita, miré al chico que no estaba nada mal y asentí con la cabeza. Además, lo malo de ser travesti, es que la excitación se nota, y mi diminuta verguita estaba al mil.

    P- Nada más ponte un condón y no creas que porque tu amigo acaba de salir va a entrar fácil. Date tu tiempo que tengo el culito bien estrecho, verdad muchachos?

    – Si!!

    Respondieron al unísono y con lasciva, Ángel y Pepe.

    T- De una vez?

    Preguntó fascinado el atrevido que me había rascado el ano la noche anterior.

    P- Sí, antes de que me arrepienta.

    Volví a la posición en que me había cogido Pepe el cantante: apoyada en el colchón, agachada y con las piernas bien abiertas. Me cogió de una manera que no conocía. Por primera vez experimenté el hecho de que alguien me cogiera con el culo relajado; pues siempre que Ángel me cogía varias veces, tomaba sus descansos. Su verga, que definitivamente no era más grande que la de Ángel ni mucho menos que la de Pepe entró suavemente y sin problema. También tuvo mayor libertad para moverla dentro de mí, hacía atrás y adelante, y hacía los lados. Esta nueva serpiente estaba visitando todos los rincones de mi cuevita anal. Yo también me atreví a moverme más y, después de algunos minutos, a dejarme caer en el colchón sin soltar su verga de mi culo. Él trató de seguirme pero, quizás por lo dilatado del ano, se salió y me alcanzó acostada pero no me la pudo meter. Toño, que estaba sumamente caliente me levantó del coxis y descanso mi peso sobre una almohada, para que mi culito levantará un poco más, y de esta manera me la metió toda de un solo empujón. En otra ocasión, esto me hubiera podido causar un dolor enorme; pero ahora, recién cogida, y después de tanto orgasmo, me produjo un placer nuevo. Su pene se deslizó adentró de mí, abriendo suavemente las paredes de mi relajado recto, hasta topar con fuerza con la próstata. El placer fue intenso y no lo pude, ni lo intenté disimular, mi grito agudo debió haberse escuchado incluso en las casas aledañas, sus amigos le aplaudieron como si fuera un torero que acabará de ejecutar una estocada magistral, bueno, eso acababa de hacer. El orgullo y la excitación lo hicieron perder el control y me dio una cantidad incontable de embestidas perfectas: me sacaba la mitad y después regresaba rápidamente a golpear mi próstata. Entré gemidos y gritos de placer, se me ocurrió cerrar poco a poco las piernas, aprisionando su verga entre mis nalgas. No pudo más y se vino empujándome todo el pene hasta vaciarse por completo, mi próstata, reaccionó como yo buscaba y mi orgasmo anal le sacudió la verga, trayéndonos un enorme placer a los dos.

    Por supuesto que, una vez que terminé con él, los otros dos pidieron su parte y yo, excitada por el hecho de ser la mujer de varios hombres, los acepté, pero ahora sí pedí espacios de descanso para beber algo y descansar. Espectadores de las cogidas previas, sabían bien qué hacer conmigo para gozarme al máximo y hacerme terminar como loca. Con distintas variantes, aprovecharon mi calentura y mi recto dilatado para que su pene jugara a gusto dentro de mí, probaron posiciones que no habría podido ejecutar con mi estrecho culo, a menos que me arriesgara a un gran dolor y a rasgaduras. En cambio ahora, después de varias metidas, mi ano y mi recto estaban más elásticos para practicar las posturas casi pornográficas en que me pusieron los dos últimos chicos, ante la morbosa vista de mi novio y los demás músicos, entendieron cómo causarme orgasmos anales y no descansaron hasta lograrlo. Eran unos chicos maravillosos, que no querían cogerme así nada más, si no que querían que yo me viniera de esa manera tan femenina.

    Al final, había sido cogida por los cinco y con todos ellos tuve orgasmos anales preciosos y todos ellos se vinieron con juvenil fuerza dentro de mí. Cansada y plena de orgasmos, fui con mi novio a la recámara para dormir el resto del día. No fue tan fácil; a él le había calentado mucho ver cómo me la metían sus amigos y, descansado por el sueño, no me mandó a dormir hasta después de haberme cogido una vez más.

    Mi relación con el ya no duro mucho tiempo más, pues no pudo nunca superar (No pudimos quizá sería más apropiado) lo ocurrido esa noche, además, debo de reconocer que posteriormente tuve algunos encuentros con Pepe, pues en verdad había quedado hipnotizada por su morena verga, por tal motivo, este hombre se convirtió en uno de mis amantes preferidos con los que frecuente hasta hace algunos años, pero estos ya se los contaré en alguna otra oportunidad.

    FIN

    Por favor escriban a mi correo

    [email protected].

  • Cita a ciegas (Segunda parte)

    Cita a ciegas (Segunda parte)

    Ya deben haber sido alrededor de las tres de la mañana, más menos, bebimos algo para aplacar la sed y yo no sé si se había tomado un viagra o no, pero su pene nunca se bajó y yo, completamente agradecida por su excelente labor anterior, me acerqué, lo besé apasionadamente y comencé a intentar darle su recompensa.

    Bajé con mis labios y mi lengua, lentamente por su cuello, por su pecho, mordisqueando sus tetillas mientras él se encontraba relajadamente en la cama, con los brazos detrás de su cabeza, mirándome con cara de caliente y como diciendo: Sigue más abajo…

    Le devolví la mirada, más caliente aún y comencé a besar sus caderas y a pasar mi lengua jugosa por entre sus muslos, haciendo círculos, chupando y mordisqueando y veía cómo sus ojos estaban expectantes porque yo tomara pronto el objetivo principal. Pero quería «vengarme» un poco y hacerlo sufrir, noté cómo su respiración se agitaba y movía sus caderas y me dijo:

    – ¡Ay, Javi, no seas maldita!

    La verdad es que la que no aguantó más fui yo y tomé su pene entre mis manos y lo acerqué a mi boca, primero lo olí… Mmmm qué rico olía, un olor que quedó grabado en mi memoria olfativa y que aún activa mis sentidos cuando lo recuerdo… De la punta de su pene brotaban ya unas gotitas de semen, yo levanté bien mi culito y agaché la cabeza y chupé esas gotitas de miel…

    Él comenzó a quejarse, a respirar profundo y yo con mi lengüita empecé a hacer círculos en la cabecita y él solo intentaba meterlo en mi boca, la cual abrí y comencé a meter su pene lentamente, primero hasta la mitad y luego metí lo que más pude y así, con un sube y baja constante y con el roce leve de mis dientes y mis labios, sentí como acelerábamos más el ritmo y yo me sentía más caliente que antes así que mientras con una mano agarraba su pene, sin dejar de chupárselo, bajé mi otra mano y la llevé hasta mi vagina que otra vez estaba muy mojada y me metí un dedo lo más adentro que pude. Y así estaba, con mi culito parado, chupándoselo bien rico y metiéndome uno o dos dedos en mi conchita…

    -Mmmmm ¡Sigue, Javiera, lo chupas tan rico! ¡Sigue, chiquitita!

    Entonces hice algo que siempre quise hacer y no me atrevía. Me metí su pene hasta la garganta y aguanté lo que más pude sin respirar, hasta que mi aliento se agotaba, ahhhhhh, casi me ahogaba, y vi como mi improvisado amante comenzaba a temblar, tomé aire y volví a repetir esto varias veces, me lo metía tan adentro de la boca que casi podía tocar sus huevos con mi cara de calentona…

    Y comencé a subir y a bajar con mi boca por su pene una y otra vez…

    – Ooooh ¡Me vengo, Javiera, no pares que me vengoooo!

    Y en eso lanzó un gran chorro de semen que me dio de lleno en la cara, entonces lo tomé y me lo pasé por las tetas y me chupé los dedos hasta que ya no quedaba nada… y él con cara de agradecido, así que ya estábamos a mano…

    Pero yo había quedado con ganas de más y él también así que nos comenzamos a besarnos como dos locos, nuestras lenguas pasaban por los labios, el cuello y el pecho del otro, respectivamente, como queriendo saborearnos enteros. Se fue otra vez a mis tetas y me las comió tan rico como antes, ahora las apretaba y me tiraba los pezones hasta hacerme gemir… me quejaba tanto, llegaba a jadear… Se tiró sobre mí y me abrió las piernas, tocó y vagina y su mano se empapó, entonces, de una, me metió tres dedos lo más que pudo dentro mío. Yo casi lloré del dolor… Aaaay! Pero no tuvo piedad… No sé cómo cabían tres dedos dentro pero los movía tan rico que comencé a pedirle más y más y le supliqué:

    -¡Andrees, métemelo ya, métemelo!

    Él se rio y me dijo:

    – Eso era lo que quería escuchar, quería oírte pedirme que te lo meta…

    Y así sin más se abalanzó sobre mí y de un solo empujón me metió todo su pene, me lo metió hasta el fondo…

    – Aaaaah, oooohhhh, ¡Mierda, qué rico! -gritaba yo…

    Y comenzó un mete y saca con mucha fuerza, podía sentir como sus coquitos rebotaban en mi culo…

    – ¡Sigueee, quiero maaas! – Le decía.

    – ¿Apuesto a que ya no estás tan asustada, no? ¿Quieres más, Javi?, ¿Quieres más?

    -Siiii, quiero…

    Y así más y más duro me daba y yo casi pierdo el conocimiento, no sé a dónde se fue mi cerebro, yo sólo suplicaba por más y más cuando de pronto siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal desde la nuca hasta mis pies… Arqueé mi espalda, apreté su espalda y lo aferré contra mí y me corrí…

    mmmmm… me corrí como dos veces seguidas y él se vino también, se vino dentro mío hasta descargar hasta la última gota de semen que tenía… ¡Qué placer recordarlo!

    De a poco fuimos volviendo a la tierra aunque ambos con todos los sentidos embrutecidos de placer…

    Esa noche lo hicimos como tres veces más y cada vez era igual o mejor que la anterior. Nos dieron las 12 p.m. y ahí entendí por qué había dicho que necesitaba toda la noche…

    Nos fuimos del lugar, nos despedimos con un beso y tomamos rumbos diferentes.

    Yo llegué a mi casa sintiéndome la mujer más feliz del mundo pero la más puta de todas también…

    Sé que mis relatos están siendo breves, pero estoy partiendo en esto. Espero ir mejorando poco a poco, por eso recibo sus comentarios acá o si gustan, me escriben a mi correo. [email protected]

    Besos para todos.

  • Me pierdo en las generosas nalgas de mi mujer

    Me pierdo en las generosas nalgas de mi mujer

    Hace unos años conocí a Sofía, mi actual mujer. Nos presentaron en la universidad unos amigos y pronto hicimos buenas migas. Comenzamos a salir y nos convertimos en novios al poco tiempo. Sofía es muy guapa, pero entonces estaba delgada. Vamos, delgada, pero que estaba bien. Buen cuerpo y demás.

    Cuando nos casamos empezó a engordar. Bueno, yo también un poco, pero lo que yo veía bien para mí, barriga y piernas gordas, en ella no me gustó tanto. Las tetas se le cayeron un poco y su culo se hizo más grande, aunque no demasiado.

    Aunque no teníamos hijos, yo perdí las ganas de follar. La pasión de novios se había acabado. Entonces podíamos hacerlo en cualquier sitio. Recuerdo que una vez lo hicimos en unos lavabos y casi nos pillan, pero nos podía el deseo. Ahora todo se había acabado.

    Cuando estaba solo en casa, ella trabaja de tarde y yo por la mañana, me ponía a ver porno y allí me la cascaba con la película.

    Alguna noche me despertaba y la escuchaba en el baño masturbándose. Ella no era de vibradores ni consoladores, ni nada de eso. Lo hacía con sus dedos, pero aun así, necesitaba sexo como yo.

    Lo que no se es porque hasta entonces nunca me había dicho nada.

    Todo cambió de repente un día.

    Mi mujer se había comprado un conjunto muy sexy, pero la verdad es que era como una talla más pequeña de la suya. Las nalgas se le salían por los lados.

    En un principio no le hice mucho caso, pero entonces estaba agachada alisando su vestido, que estaba sobre la cama y volví a sentir deseo por ella, algo que no había experimentado en algún tiempo.

    Después se giró y me quedé mirándola de frente. Sus pechos grandes se sostenían bien por el body y no pude evitar decirle lo guapa que estaba.

    -Gracias, me dijo.

    Me acerqué y la bese apasionadamente. Su lengua se metió en mi boca y yo la correspondí.

    No pude más y la quité el body y la tumbé en la cama. Estaba tan excitado que solo me bajé el pantalón y el calzoncillo y se la metí sin más.

    Empecé a moverme dentro de ella, saliendo y entrando como hacía mucho que no hacíamos y terminé corriéndome enseguida, de tan excitado que estaba.

    Mi mujer me miraba desde abajo.

    -Has aguantado poco, me dijo. No me he enterado de nada.

    -No te preocupes, cariño. Volví a llamarla cariño de nuevo como tiempo atrás.

    Me agaché y la comí el coño como nunca lo había hecho. Yo por aquel entonces solo pensaba en hacerlo y casi nada en los preliminares. Así que se lo comí como si fuéramos novios. Ella se corrió enseguida y para entonces mi polla estaba otra vez erecta y volví a penetrarla, medio vestido como estaba.

    Estaba vez disfrutó como una loca y se corrió un par de veces más, conmigo dentro. Fue algo increíble.

    Lo que no sabía es que algo había cambiado en mí.

    Dos días después, Sofía estaba encantada conmigo, aunque no lo habíamos vuelto a hacer desde ese día. Se paseaba por casa con el body puesto en cuanto volvía del trabajo. Sus nalgas asomaban como os dije y lo que antes me parecía un culo grande, ahora me excitaba un montón.

    Verla así me puso palote enseguida y me acerqué por detrás a ella y la sobé el culo.

    -Me encanta tu culo, le dije.

    -Pues antes no te gustaba tanto.

    -Ahora me vuelve loco.

    Sofía nunca quería que lo hiciéramos en la postura del perrito, decía que prefería verme la cara al hacer el amor. A ella, claro, le encantaba cabalgarme. Incluso no le importaba el misionero profundo que me gustaba tanto, porque podía verme la cara.

    Así detrás de ella, seguía sobándole el culo y luego subí a sus tetas. Nos veíamos en el espejo de nuestra habitación y era muy sexy vernos juntos.

    Me agaché y separé un poco el body, dejando un poco a la vista sus nalgas. Las besé con cariño y no pudo resistirse a que la pusiera a cuatro patas en la cama.

    Una vez más, la quité el body y abrí sus nalgas. La penetré despacio, saboreando como mi polla se deslizaba dentro de su coño húmedo y tierno.

    Puse mis manos sobre sus nalgas, mientras iba bombeando. La visión de su culo botando contra mí era maravillosa. Mis jadeos iban en aumento, mientras sudaba como un loco, presa de la excitación.

    Ahora apoyaba mis manos en su culo, pero en la parte enfrente de mi. No sabía cuánto tiempo aguantaría sin correrme.

    Sofía gemía como loca, no le importaba que pudieran oírnos los vecinos. La verdad es que hacía mucho tiempo que no debían oírnos, así que a mi tampoco me importaba.

    Mi pene seguía entrando y saliendo. Iba despacio, lento, no quería que acabara nunca. Pero llego el final y no pude prolongarlo más.

    -Me corro, me corro, no puedo aguantar más… ¡me corrooo!

    -No te preocupes, tú sigue, córrete, córrete, me animaba mi mujer.

    Un poco mas y acabé corriéndome dentro. Sofía tomaba la píldora y por lo tanto lo hacíamos a pelo. Eyaculé a borbotones como el otro día. Seguí un poco mas, hasta que derramé todo mi semen en su interior.

    La saqué despacio, y unas gotas de semen aun salían de mi glande. Cogí un clínex y limpié a mi mujer.

    Nos tumbamos juntos a recuperar la respiración.

    -Mi maridito, me dijo. Ya creí que te había perdido.

    -Para nada, aquí me tienes.

    -¿Cuánto hace que no follábamos así?

    -Desde que éramos novios. Hace unos años, jeje. Ese body ha salvado nuestro matrimonio.

    Nos dormimos abrazados, pero antes de dormirnos, se me ocurrió algo.

    Al día siguiente, mientras mi mujer trabajaba, entré en la farmacia del centro comercial que hay unas calles más allá de nuestra casa. No querían que me vieran en la farmacia de al lado de nuestra casa.

    Compré un gel lubricante y unos preservativos más gruesos para el sexo anal, que me recomendó la chica de la farmacia. No pareció escandalizarse cuando se los pedí.

    Me sonrió al cobrarme y me fui a casa.

    Esa noche estaba preparado para tener sexo con mi mujercita. La había calentado previamente con mensajes picarones y cuando volviera estaría a punto.

    Lo que no sabía es que lo tenía preparado para ella.

    Llegó a casa, se puso cómoda y comentamos nuestro día de trabajo. Me dijo que había tomado algo de picoteo, porque era el cumpleaños de una compañera y no traía ganas de cenar.

    Enseguida se fue a nuestro cuarto y se puso el body.

    Nos calentamos previamente con besos y sobeteos. La tumbé y la puse a cuatro patas. Ella ya sabía lo que me gustaba esa postura, pero ni idea de mis intenciones.

    Saqué el lubricante y lo eché por mi polla erecta, cubriéndola toda. Acerqué mi rabo a la raja de su culo y comencé a rozarme, subiendo mi polla arriba y abajo.

    Entonces, mojé un dedo con lubricante y acaricié su ano. Ella dio un respingo, pero no dijo nada.

    Con otro dedo, la masturbé, sobando su clítoris. Su ano aún no se dilataba, por lo que procedí a introducir más mi dedo. Un poco más de tiempo y un segundo dedo entró en su ano.

    Mientras, seguía acariciando su coño. Su humedad lo llenaba todo. Me puse un condón de esos gruesos y se la metí por el culo con cuidado.

    -Ay, duele.

    -Tranquila. Iré despacio.

    No me reprochó que quisiera follármela por el culo y se dejó hacer.

    Seguí con el mete-saca lento y conseguí que entrara toda en su culo.

    Abrí un poco sus nalgas y la visión de su culo con mi polla entrando y saliendo, fue maravillosa.

    Solo duré un par de minutos más y me corrí. La presión de su ano hizo que no durase nada.

    Lamenté no haber podido correrme a pelo.

    La saqué despacio. Me quité el condón y lo tiré al suelo sin más.

    -¿Qué tal? ¿Te ha gustado? Me preguntó mi mujer.

    -Mucho, cariño.

    -No quería dejarte con las ganas, aunque yo no he sentido mucho.

    -Ahora te compensaré.

    -Me duele un poco el culo. Me dijo.

    -Ahora lo soluciono.

    Me levanté de la cama desnudo y fui a por una bolsa, de esas de agua caliente, que todos hemos usado alguna vez. La llené de hielo y se la llevé a mi mujer.

    La puse bajo su culo y parece que se le pasó un poco el dolor.

    Pero estando así, abierta un poco de piernas, me puse cachondo otra vez y me puse encima de ella y volvimos a follar. Esta vez podría correrme dentro de mi mujercita.

    Habíamos recuperado la pasión de antes y era maravilloso.

  • El deseo de mi jefe

    El deseo de mi jefe

    Antes de empezar este relato debo aclarar que todo lo que pasó no fue premeditado, todo pasó seguro porque tenía que pasar, en ningún momento de mis 6 años en el trabajo donde estoy tuve insinuaciones ni dramas.

    Llegué al trabajo como siempre a las 7hs, me había dado cuenta en mi vehículo que uno de los botones de mi camisa estaba flojo, creí que aguantaría el resto de la jornada, ese botón se me llegaba a salir y prácticamente quedaría con los pechos afuera, normalmente uso corpiños, pero ese día me molestaba porque amanecí con un humor de perros, así que no me puse ropa interior ni abajo ni arriba.

    La secretaria del directorio se reportó enferma, así que me cupo cubrirla en una reunión, ya iba como una hora de reunión y yo dentro anotando todo, cuando me quise levantar, pum!, se le sale el botón y mi pecho izquierdo se me sale entre la camisa… me cubrí rápido pero mi jefe se quedó mirándome… me sentí con mucha vergüenza y pedí disculpas, me salí.

    Mi jefe, tenía una reunión de trabajo en la Argentina, pidió por mí para acompañarlo de secretaria, no quise ir porque su trato conmigo cambió desde ese día que me vio los pechos, lo pillaba mirándome toda en la oficina, no es que me desagrada, es un señor muy atractivo pero donde se come no se caga.

    Acepté acompañarlo puesto que el rédito económico por dicho viaje, sería beneficioso para mí.

    Ya en el avión, me dijo que consiguió habitaciones una al lado de otra… «este me va a tratar de seducir», pensé al instante.

    Hablamos como nunca lo habíamos hecho durante todo el trayecto, me dijo que veía mi desempeño laboral y que le encantaba que siempre estaba bien puesta y linda en la oficina, le agradecí y le sonreí, en eso se acordó del incidente en la reunión, diciéndome que después de verme, ya no pudo concentrarse en los temas que trataban, le sonreí y le volví a pedir disculpas, «al contrario, me gustó lo que vi», me contestó.

    Al bajar del avión, me preguntó si no quería pasar ya por el hotel a comer algo, asenté con la cabeza, en el Shop del hotel, vi unos diminutos atuendos de lencería, lo primero que pensé fue en comprarlos para usarlos con mis hombres, así que ingresé, y cuando me los estaba probando, siento que la cortina del probador se abre… era mi jefe, obviamente no pude cubrirme nada, estaba prácticamente desnuda, me miró de pie a cabeza y me dijo «llévate lo que quieras, paga la empresa» y volvió a cerrar.

    Me quedé helada, la forma en que me miró me hizo pensar que esa noche, él iba a conseguir cogerme, hasta yo también deseaba en ese momento, el solo hecho de que me haya visto semidesnuda, hizo que me moje, así que me dije, «ya estamos aquí, me desea, también quiero poseerlo», entonces me puse un brasier hermoso con encajes y le llamé para que me diga si me quedaba bien, me miró y me dijo «a vos con el físico que te cargas, te queda todo bien».

    Ya estaba hecho, ya habíamos caído en que esa noche habría sexo entre nosotros.

    Llegamos a nuestras respectivas habitaciones y me llama al cuarto «ponete hermosa para la cena, usa lo que compraste hoy debajo», si jefe, fue mi respuesta.

    Esa noche pasó a recogerme, estaba impecablemente vestido como siempre, abrí la puerta y me dijo «Dios mío, estás hermosa», bajamos al restaurante, me acomodó la silla, se sentó y no paraba de halagarme, me dijo «lindo espectáculo hiciste en tu balcón la otra noche», le dije que no comprendía a qué se refería y me contestó «vivo enfrente de tu departamento lo sabés y te vi teniendo relaciones», ahí me acordé de esa noche en el cuál estuve con Juan en el balcón, me puse toda roja, me dijo que no tenga vergüenza, que él sabe que tengo sexo sin compromiso con otros hombres…y yo que creía que nadie sabía de mis cosas!

    Me pidió que todo lo que él diga y haga, se quede entre nosotros, a lo que respondí que nadie sabrá lo que pase entre 4 paredes, le aclaré que si algo pasaba entre nosotros sería con total control y preservativos.

    Se sonrió…