Autor: admin

  • Esta minifalda y estas botas las visto sólo para ti

    Esta minifalda y estas botas las visto sólo para ti

    Mis ex compañeros de colegio habían orquestado una reunión para celebrar y traer a la mente los viejos tiempos, donde jugábamos, peleábamos, reíamos, llorábamos… en fin, lo que ocurre en cada amistad. Este fin de semana iba a ser la cosa. Si bien yo no era amiga de todo el curso, tenía muy buenos amigos. Nos reuniríamos luego de ocho primaveras. Creo que al igual que yo, ya todos tenemos 22 años.

    Ramiro, Saúl, Mónica, Karen, Paulo… Pero Samantha, mi mejor y más grande amiga, no iba a estar. Falleció el mes pasado de un infarto. Había estado enferma toda su vida la pobrecita.

    En la casa de Paulo acordamos hacer la junta, dado que es la más grande y por ende, la más ideal para una junta de ex compañeros. Ya era mediodía del sábado y por la noche era la cosa.

    Pensaba en cómo ir vestida. Siempre quizá por la timidez, vestía ropas largas y gruesas. Pero ahora ya no era así. Quería ser diferente, mostrar algo de rebeldía o atrevimiento, cosa que antes no era posible. Saqué una diadema roja de una caja donde tengo varias guardadas.

    Una blusa roja sin mangas, una minifalda azul de mezclilla… Y luego de revisar mi closet, opté por elegir un par de botas negras de tacón medio. Me llegaban hasta debajo de la rodilla. Ah, y me solté el cabello, siempre lo llevaba tomado. «Uh, me van a estar mirando todo el tiempo», decía mientras me miraba mis piernas vestida así ante el espejo. Y es que recuerdo que en esos tiempos de colegiala siempre había algunos compañeros que me miraban (y sin disimular), diciéndome que mis piernas eran bonitas. Yo no me quejaba ni nada, pues era algo natural.

    Fui la primera junto con Karen en llegar a la casa de Paulo, donde éste ya estaba. Sus papás habían ido a la casa de un familiar, no tenían preocupaciones pues su hijo sabía cuidar la casa estando solo. Vi cómo se le salió un suspiro al verme. «Qué guapa te ves, Bianca», sonrió al hacerme pasar. Nos hizo esperar en la sala de estar mientras él terminaba de preparar la carne. Karen también se veía distinta: estaba con frenillos. Conversábamos de cualquier cosa mientras esperábamos al resto.

    Nos saludábamos con quienes iban llegando. Todos me hacían el mismo comentario, que me veía «guapa». Los hombres me miraban desde abajo hacia arriba antes de saludarme.

    Y al fin llegó Eladio. El chico que me gustaba, y que aún me gusta. Simpático, aunque algo retraído. Me hizo un examen de rayos X con la mirada y sentí que murmuraba algo así como «Esa mini y esas botas…» Todos los hombres me miraban pero a mí no me molestaba. Además todos ya tenían pareja. Excepto Eladio. Nos saludamos con un beso en la mejilla.

    Durante la comida, estaba sentada entre Ramiro y Eladio, justamente. La música sonaba y Paulo había puesto un partido de fútbol en la TV. Todos conversando entre todos. Sentía que Eladio estaba un poquito nervioso, ¿es porque estaba sentado a mi lado? Fue el primero en terminar su plato, y luego se sentó en uno de los sillones. Yo hice lo mismo después.

    – ¿Éstas bien? – le pregunté al sentarme a su lado.

    – Claro… Estoy reposando de comer tanto – Me miraba.

    – Yo tampoco puedo más…

    Mirábamos el juego en la TV. Crucé mis piernas… Sí, para que se me vieran más y para sentarme con más comodidad. Eladio me miraba de vez en cuando. Chequeaba mi rostro y mis piernas. Inconscientemente o no, con sus dedos de la mano derecha me rozó el muslo. Fueron sólo algunos segundos. Francamente me sentí algo nerviosa, pero su roce no se sintió nada mal. Ya estábamos casi todos en los sillones, sólo Karen y Saúl seguían en la mesa, conversando.

    Ya largo rato después, cerca de que el partido terminara, me puso la mano derecha sobre mi rodilla. Yo pues… Me gustaba esa sensación, pero no quería que lo hiciera a la vista de todos. Me tapé la boca con mi mano derecha, como lo hago siempre que me dan los nervios.

    Durante el baile, se apagaron todas las luces. Y claro, todos bailando, excepto Eladio y yo. No se le da bien, y a mí muy poco. Así que seguimos sentados ahí mismo.

    Sabía que yo también le gustaba a él. Ambos nos gustábamos. Por su mirada, notaba que quería acariciarme. Aún con todas las luces apagadas, podían notarnos. La casa de Paulo es grande y Eladio se le acercó y le pidió una habitación para ir a dormir un rato.

    Me llevó con él. No sé por qué, pero lo hice.

    Estábamos solos. La música se oía silenciosamente. Nos sentamos en la cama. No decía nada. Nos mirábamos. No necesitaba hablarme para que le entendiera. Me puso lentamente su mano izquierda en mi rodilla derecha. Y empezó a moverla muy despacio desde arriba hacia abajo.

    «Dios, qué lindo se siente», pensaba. No es por ser «caliente», no. Pero era la verdad, me gustaba. Me miraba mis piernas al mismo tiempo. Yo vigilaba su mano moviéndose desde mis muslos hacia mis botas. De repente, me tomó la pierna izquierda con ambas manos y la dejó cruzada sobre la otra. Solté un suspiro cuando lo hizo. Continuó acariciándomelas, ahora con ambas manos.

    Me miraba las piernas y me miraba a la cara. Claro, yo a él. No iba a detenerlo. Estaba disfrutando de su masaje. Me frotaba las botas con la misma lentitud. Deduje obviamente que le gustó que las combinara con la minifalda.

    Se sentó a mi lado, detuvo lo que estaba haciendo.

    Y nos quedamos mirando. Se acercó lentamente. Y no quería detenerlo. Era el chico que me gustaba después de todo. «Prepárate», me decía mi mente.

    Me besó.

    Lo quedé mirando. Empecé a delirar. Primera vez que un chico me besaba…

    Como por impulso, me agarró la cabeza con sus manos y me besó con fuerza durante varios segundos.

    Al terminar… No tuve otra opción que desmayarme. Apenas me soltó caí hacia atrás. La emoción fue tal que me desmayé inevitablemente. Pero, de alguna manera parte de mi mente seguía despierta.

    «No me hagas nada malo», pensaba. Me quedó mirando por varios minutos. No se molestó en llamar a nadie. Quizás el medio escándalo se habría armado si supieran que estábamos juntos. Afortunadamente todos estaban en el baile. Empezó a acariciar mi cabello y mi rostro. Estaba inconsciente y consciente a la vez. No podía moverme ni abrir los ojos. Pero sentía lo que sucedía.

    Me removió la chaqueta negra que tenía puesta. La blusa roja dejaba mis brazos al descubierto y parte del cuello. Me cargó en sus brazos.

    Empezó a sobarme las piernas y las botas mientras me cargaba. Luego me recostó en la cama y prosiguió allí. Me acariciaba. Me miraba las piernas y mi cara durmiente. Me dio vuelta y acarició mis piernas por detrás y el cabello. Me dio una fuerte palmada en el trasero, sin duda le gustaba mucho cómo me veía en minifalda. «No te pases», decía mi mente.

    Yo le gustaba. Estaba con él en una habitación a solas. Me había desmayado por un beso de él. Y además estaba vestida como a él le gustaba… Estaba a su merced. Podía hacerme lo que quisiera. Y estaba convencida de que sus manos eran privilegiadas. Me gustaba la sensación de mis piernas siendo acariciadas por él. Sobre todo cuando con los dedos me hacía círculos en las rodillas.

    No sabía cuándo iba a despertar, pero no tenía apuro. El único problema era que en cualquier momento Paulo o alguien más podía entrar a la habitación y vernos. Salvo por eso, no tenía problema en seguir desmayada. Eladio no quería tener sexo, de hacerlo lo hubiera hecho de inmediato. Solamente quería manosearme mis piernas sin restricciones.

    Finalmente desperté. Me miraba y siguió deslizando su mano por mis muslos. Se acostó a mi lado. Me miraba y yo le sonreía tiernamente. Quería besarme de nuevo. Pero no lo iba a hacer. Quizás temía que me desmayara de nuevo.

    Me dijo entonces que me veía muy sensual en minifalda y botas. Que mis piernas eran muy suavecitas como una almohada. También que le gustaban demasiado mis piernas y que me quería besar nuevamente. Yo también lo quería besar. Deslizando su mano por mi bota me dijo que ojalá siguiera vistiéndome así. Le dije que así como yo le gustaba, el me gustaba a mí, pero no era el lugar adecuado para que se deleitara conmigo.

    Volvimos a la sala de estar. El baile continuaba y al parecer, nadie se había dado cuenta de que yo había estado ausente. Pasadas las dos de la madrugada, algunos se quedaron a dormir en la casa, otros se fueron. Claro, entre quienes se quedaron estaban Eladio y yo.

    Estábamos de nuevo en la habitación.

    Le puso seguro a la puerta. Me hizo sentarme y se arrodilló ante mí y me besó mis rodillas y me las lamió. Me sacó un suspiro. Jugando a provocarlo, me crucé de piernas y le dediqué una sonrisita. El me lamió ahora mis botas. Otro suspiro de placer.

    Cerré mis ojos y me dejé llevar por la emoción. Sonreía por la emoción. Ya no lo ocultaba: me estaba fascinando que me acariciara las piernas y las botas y me hiciera todo eso. Mi sonrisa se acentuaba cuando me hacía círculos en las rodillas. Claro, él gozaba viéndome disfrutar de esa manera.

    Me dio apretones en las botas, me siguió besando mis rodillas y mis muslos… Yo suspiraba de placer. Me recostó en la cama y me empezó a acariciar mi cabello y a besarme el cuello. No podía ni quería detenerlo. «Sigue así, sigue así», decía mi mente. No podía dejar de sonreír y hasta me sacaba una risita ocasionalmente.

    – ¿Te podrías desmayar de nuevo? – me preguntó.

    Me agarró y empezó a besarme de nuevo. Lentamente. Realmente me iba a desmayar de nuevo del placer, pero no tenía ganas de evitarlo. Me levantó, me puso de pie y entonces me dio un beso tan fuerte y me abrazó de la misma manera. Me soltó y me dejó caer sobre la cama.

    Me desmayé de nuevo. Y ahora, con una sonrisa en el rostro. Pero desperté minutos después.

    Mis piernas lo hipnotizaban al igual que mis botas. Quizás cuanto tiempo había deseado verme vestida así. También la minifalda le daba placer. Tanto que a la mañana siguiente al despedirnos me dio una buena palmada otra vez. Me dolió un poquito, pero me reí también.

    Tan solo días después me invitó a su casa. Era obvio que termine de vestirme de manera similar. Me puse esta vez blusa y diadema de color verde, minifalda celeste y unas botas matronas. Me miraba ante el espejo. Ante los demás, visto como siempre. Pero ante él, desde ahora, así.

    Pensaba que si Samantha me hubiese visto así, no hubiese aprobado mi vestimenta. La pobrecita era muy tímida.

    Mientras iba a su casa, pensaba en que si me besaba de nuevo, me iba a desmayar otra vez. Creo que Eladio sin querer me estaba contagiando de un fetiche por los desmayos. «Bianca si quieres ese placer desmáyate cuanto sea necesario», me decía esa voz en mi mente.

    Al llegar a su casa sólo estaba él. Entiendo por qué me invitó entonces. Me miró con los ojos brillantes al verme vestida así. Me tomó de la mano, me llevó a su habitación y al instante me hizo sentarme en la cama.

    «¿Apenas llego y empieza?», pensé. Empezó nuevamente a pasar sus manos por mis piernas y mis botas y lamerme las rodillas. Yo sonreía, no podía hacer otra cosa. Me hizo recostarme en la cama y me dio vuelta. Le gustaba mucho mirarme las piernas por detrás. Siguió con sus caricias. Yo cerré mis ojos para disfrutar de aquel placer y suspiraba de vez en cuando.

    Me acarició el trasero por encima de la minifalda y me hizo abrir los ojos. Me empezó a dar pequeñas palmaditas pero de repente me dio una muy fuerte que me dolió. Y luego otra. Y otra. Le hice saber que me dolía y entonces me dio vuelta y me miró a la cara fijamente.

    – ¿Qué pasa? – le pregunté.

    – Vestida así… Déjame tomarte una foto… -dijo sacando su celular.

    Me pidió que me cruzara de piernas, pusiese una mano sobre mi rodilla y otra sobre mi bota, y que sonriera. Lo hice. Tenía ganas de provocarlo. Empezó una sesión de fotos conmigo. Me pidió que me acostara en la cama, que me sentara, que jugase con mi cabello… También me dijo que diera una vuelta sobre mí, para ver cómo se me movía la minifalda… Sin duda gozaba el verme haciendo esas poses seductoras.

    Quizás de seguro ya antes me había tomado fotos sin que lo supiera. En el colegio o en la fiesta. Salió de la habitación y me dijo que volvería luego.

    Me quedé sentada en la cama. Me miré mis propias piernas. Crucé una sobre la otra. Estuve mirándomelas y comencé a acariciármelas. Sí, me gusta hacerlo de vez en cuando. Deslizaba mis dedos por la parte superior de mis botas. Me miraba los muslos y la minifalda. Las botas que tanto me gusta usar, tanto así le gustan a él, pensaba.

    Volvió.

    Traía un pañuelo con cloroformo.

    Pensé que me lo iba a aplicar de inmediato, pero me pidió permiso… Me dijo que desde que me dio aquel beso fantaseaba con tenerme desmayada en sus brazos. Yo simplemente le dije que me hiciera lo que quisiese.

    No sé si fue su gusto por las MMA o la lucha libre… Pero dejó el pañuelo a un lado. Me miró…

    Y me dio un puñetazo en el rostro, del lado derecho. Lo quedé mirando, empecé a delirar. Me pegó muy fuerte en el lado derecho. Y luego me hizo lo mismo en el cuello. Me desplomé sobre la madera del suelo de su habitación. Y aunque desperté algunos minutos después, de inmediato me puso el pañuelo encima.

    Ya rato después, estando despierta, me confesó que quería desmayarme de todas las formas posibles. Que cuando me veía en minifalda y botas no sólo me quería acariciar mis piernas, sino que también vestida así me quería dejarme inconsciente.

    Y pues ya varias semanas después, volvió a invitarme. Decidí que sería yo la que llevaría las riendas del juego. Minifalda azul muy oscura, un poquito más corta, una blusa blanca, y botas negras de tacón alto y puntiagudo. No me miré ante el espejo. Sabía que me veía bonita.

    Apenas me abrió la puerta, entré y le rodeé el cuello con mis manos. Le hice una mueca provocativa y tras soltarlo, di una vuelta sobre mi misma y le pregunté cómo me veía.

    – Más sensualona que nunca – me dijo y me volvió a dar una palmada en el trasero, que aunque igualmente me dolió, ahora me sacó una risa.

    Sin preguntar, lo tomé de la mano y lo llevé a su pieza. Me senté en la cama, me crucé de piernas y para provocarlo aún más, me empecé a sobar los muslos.

    – Amorcito… Esta minifalda y estas botas las visto sólo para ti… – le dije con mi tono más seductor posible.

    Y sin preguntar, se hincó ante mí y me agarró las piernas y empezó a besarme las botas, en la zona de los pies. Volvió a sacarme un gemido. Después hizo lo de siempre, pero con más ganas.

    Me acarició los muslos con fuerza. Me hizo círculos en las rodillas lenta y rápidamente. Me hizo recostarme en la cama y empezó a besarme el cuello y jugar con mi cabello. Gemí otra vez.

    – Ahora amor mío… Hazme desmayar… Cárgame en tus brazos… – le dije mirándole a los ojos.

    Y claro, no perdió el tiempo. Me dio un golpe de nuevo en el rostro, y esta vez no hizo falta uno segundo para que me cayera desmayada sobre la alfombra. Al despertar, me aplicó cloroformo. Luego, me desmayó a besos… Y sobre la cama quedé inconsciente con una sonrisa en mi cara…

    Y así él me contagió. Me quería desmayar siempre que luciera minifalda y botas. Y yo quería que me desmayara. Claro, sin dejar de pasar sus manos por mis piernas cada vez que me invitó a su casa.

    Ahora estoy en pijama, acostada. Pero imagino que él viene y me hace perder la conciencia… Incluso a golpes. Los suyos no duelen, como si tuviesen un toque mágico…

    Y si leyeron esto, pues supongo que les gustaría tenerme al frente suyo y jugar conmigo… Díganme, ¿cómo harían para hacerme desplomar? ¿De qué color deberían ser la minifalda y las botas? ¿Me golpearían? Leeré sus respuestas…

  • El día que abusaron sexualmente de mi

    El día que abusaron sexualmente de mi

    Esta confesión se los digo de forma para tan siquiera dar a conocer esto. Este abuso sexual que viví no me afecto ni me afecta en nada, así que no vengan en los comentarios con que ánimo y que siga adelante porque si lo necesitara que me lo dijeran estaría buscando lastima en otra parte.

    Era un 21 de febrero del año 2007, mi ciudad estaba pasando por una situación de inseguridad bastante importante, yo venía con mi tío ya que yo vivo con él desde los 5 años, veníamos a la casa y antes de que llegáramos a la casa, un tipo me agarra, me apunta con una pistola y a mi tío lo amenaza con esto: «si te acercas le disparo» (o sea me iba a disparar a mi), aun así mi tío se arriesgó y pues no fue la mejor idea.

    No me disparo a mí pero sí a mi tío en el brazo, Yo no podía gritar de tanto miedo que saturaba mi cerebro, me metieron a un carro donde fue donde me llevaron hasta las afueras de la ciudad. Ahí me meten a un cuarto obscuro y me encierran durante casi todo el día. Llegó la noche según lo que vi ese día y en el cuarto donde estaba yo entra un hombre. Nunca le vi la cara porque el lugar estaba obscuro.

    Me agarra a la fuerza, me empieza a manosear y ahí es donde sentí más miedo del que yo hubiera podido creer. Presentía que iba hacerme algo que me dolería mucho y así fue. Me manoseó, me desnudo, me metió su dedo índice en mi parte intima, yo grité y a la vez lloraba de miedo. Llega el momento donde me mete su pene y ahí fue donde sentí como todo el dolor de mi cuerpo se concentraba en mi parte intima. Ahí fue donde sentí como mi alma gritaba y como mi inocencia se iba al carajo. Tuve la suerte de que no me inseminara, si no hubiera sido peor para mí. El hombre se fue del lugar y ahí quede. En el suelo destrozada física y mentalmente. Después de casi 1 hora de estar tirada en el suelo llorando, decido y me comprometo a volver con mi tío y a volver a ser feliz. Fue allí donde yo como toda una guerrera agarro lo que me quedaba de ropa, me la pongo y empiezo a ver el lugar para así poderme escapar de ese lugar.

    No tenía idea a donde iba a ir ya que estaba a las afueras de la ciudad y a las 12 de la madrugada, pero logré escaparme. Corrí con mucho dolor físico ya que me dejó muy mal mi parte íntima la penetración. Recuerdo que iba sangrando pero trataba de ocultarlo porque ahí fue donde gente me quiso ayudar pero después de eso yo ya tenía miedo de todo el mundo. Corrí y sufrí por lo que me tope en las calles de la ciudad en la madrugada pero después de 12 horas de caminar y correr por toda la ciudad logré mi misión de llegar a mi casa. Tuve que esperar 1 día más ya que mi tío estuvo muy mal por el disparo, ese día perdió mucha sangre. Hasta el día de hoy no sé cómo fue que logre salvar mi vida pero aun así estoy agradecida de mi misma por el hecho de que aun estando adolorida, triste sin a donde ir, tuve el valor de cruzar toda una ciudad durante 12 horas.

    Si te han abusado sexualmente no te deprimas, yo no me deprimí nunca y por eso puedo contar esta historia de mi vida sin sentir miedo o tristeza. Gracias por su atención.

  • Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 5)

    Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 5)

    Hola a todos, creo que ya son varios meses desde que narre la ultima historia, es hora de adelantar agenda con ustedes.

    Empecemos diciendo que nunca habia usado el servicio de UBER, es algo que hasta hace poco era desconocido para mi, en fin, el miercoles pasado despues de tomarme unas cervezas con mis compañeros del trabajo sali de uno de los bares de Centro Suba y me disponia a coger un taxi.

    – C…o, ¿que hace?

    – Hola L… y, aqui buscando taxi, ya para irme para la casa

    – No, espere, yo le llamo un Uber

    – ¿un Uber? –

    – Si, es mas seguro, mas barato y rapido-

    – Ahhh, bueno…

    Mire como L… y pedia el servicio y me parecio bastante interesante, aunque lo mas interesante era la foto del conductor que acepto el servicio, un man morenito de unos 29 o 30 años, se llama Carlos, no recuerdo muy bien el apellido.

    – Llega en 7 minutos

    – Ok, Gracias L… y, que descanses

    – Vale nene

    Ahi esperando solo, cuando de repente un automovil hace bajon de luces y se estaciona justo frente a mi.

    – ¿Ud. Pidio el servicio de L… y C…o?

    – Si señor, gracias

    Me subi al vehiculo, y salimos para Chapinero.

    – Y que, ¿muchos servicios esta noche?

    – ha habido noches mejores, entre semana es poco el flujo de pasajero

    – Bueno pero le da tiempo para ud y su familia

    – La mozita, si para ir a darle la repasadita

    – ¿osea que ya paso por la repasadita?

    – Noooo, nada, toca el viernes, esta con el marido

    – ¿y entonces?

    – A veces sale una que otra pasajera que esta necesitada

    – y algun pasajero tambien me imagino

    – de esos uno que otro, no es tan comun, pero si se ve serio tambien se le hace

    – y que ¿los lleva a motel no imagino?

    – noooo, aqui mismo en el carro

    – ¿y a donde los lleva?

    – a pues eso es lo que hay sitios, casi siempre en la auto norte, uno estaciona la maquina y ahi

    – ¿si esta en suba?

    – a eso es por aqui cerca, venga le muestro

    Se desvio hacia la izquierda y se metio por un tapon, habia casas pero todas con luces apagadas.

    – Aqui es uno de los sitios donde vengo

    – si, se ve bien solo

    – ¿y que?, ¿como fue?

    Carlos desabrocho su pantalon y se lo bajo, al ver esa verga de 18 comence a chuparla sin pensar nada mas, el solo gemia, yo subia y bajaba, Carlos tocaba mi culo y mtia la mano bajo el boxer.

    – uy, que culo tan arrecho

    – (chupando) ¿le gusta?

    – venga la muestro

    Nos bajamos del carro, y abrio la puerta de atras del carro, me acoste boca a abajo, Carlos bajo mi pantalon, abrio mis nalgas y comenzo a chupar mi ano.

    – Uffff, que chimba, eso deme lengua

    Carlos lamia, metia su nariz en mi culo y lo mordia, dejo de hacerlo y escupio mi culo.

    – ahi va

    De un solo tiron metio la verga, yo grite de dolor, Carlos me tapó la boca y comenzo el mete y saca violento, gemia, yo gritaba ahogado, eso parecia excitarlo mas porque me abrio las piernas y la metio hasta el fondo

    – UFFFF, que culo mas rico, eso perra, gima

    Sentia mi culo romperse en 4, Carlos levanto mi culo y empezo a embestir como nunca habia sido embestido, los pelos de la verga de Carlos se podian sentir, tomi mi cadera y me embistio violentamente, yo grite, me nalgueaba, y me embestia, asi durante unos 10 minutos. De repente la saco, me quito el pantalon y me volteo, levanto mis piernas y volvio a meterla, ya no dolia tanto, co sus dedos abrio mis nalgas y metio los dedos, sentia como queria abrirme aun mas el culo, yo grite de dolor, el excitado gemia y me temia la verga y los dedos, yo estaba adolorido, queria que terminara rapido.

    – Carlos, ya termine, saquela

    – ni mierda, aguante

    Siguio metiendo la verga de tal forma que solo deje que hiciera que lo queria, despues de 15 minutos siento un calor interno y Carlos se inclina jacia adelante y empieza un movimiento mas rapido.

    – Ufffff, eso perra, que rico

    Al sentir ese calor, me masturbe y logre venirme tambien, me la saco, se limpio la verga con la mano y me la paso por la cara.

    – Chupeme los dedos

    Asi lo hice, nos vestimos y me llevo hasta la casa, ovbiamente me cobro el servicio.

    Escrito por pervertunlimits

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    NOTA DEL AUTOR

    Gracias por leer este y los próximos relatos, agradecería leer tus comentarios, y ver las calificaciones así me permiten mejorar en la redacción de dichos relatos.

    Quiero conocer tus opiniones y críticas, en lo posible constructivas.

    Cordialmente,

    Pervertunlimits

  • Cosas de casa

    Cosas de casa

    Viernes – 7 de julio de 2017 – 9.40. P. M – En un pazo gallego.

    -Necesito tu opinión profesional, Rosendo.

    Rosendo, 50 años, 1.82 de estatura, moreno, de pelo cano, psicólogo de profesión, sentado en un sillón de una lujosa sala de estar, le dijo a su hijastra.

    -Pregunta, cariño, pregunta.

    -Lo que necesito es hablar. Que me escuches y me des tu opinión.

    -Ponte cómoda y cuéntame tu problema.

    Elisa, que medía un metro setenta y ocho y era rubia de ojos azules, se echó boca arriba en el tresillo. Llevaba puesta una minifalda gris, cortita, y un top blanco, ceñido al cuerpo, bajo el que no llevaba sujetador y en el que se marcaban los gruesos pezones de sus grandes y redondas tetas. Sus piernas eran largas y moldeadas y su cuerpo escultural.

    Elisa comenzó a contar su historia.

    -Hoy, a la hora de la comida, tuve un love affair con mi cuñada Olivia. Todo empezó cuando me dijo que cree que mi hermano Luis tiene una aventura con otro hombre porque hace un tiempo que acaba enculándola. Me dijo que llevaba más de seis meses sin correrse con él. También me dijo que por más que se masturbaba no conseguía satisfacerse plenamente. Que tenía pensado buscar a otro o a otra. La noté muy estresada y le dije que lo que necesitaba era relajarse. La convencí para que fuese conmigo a mi sala de masajes. Una vez allí, mientras se quitaba la ropa, me preguntó:

    -«¿Cuándo te masturbaste por última vez, Elisa?»

    Vi que tenía ganas de hablar de cosas íntimas. Si ella quería que nos confesásemos, nos confesaríamos, por mí no había problema.

    -Esta mañana. ¿Y tú?

    -«Ayer noche. Tu hermano acabó dentro de mi culo. Le dije: No me dejes así. Fóllame el coño. Hazme un cunnilingus. Mastúrbame. ¿Sabes qué me contestó?»

    -No, ¿qué te contesto?

    -«Hazte un dedo que ya eres grandecita».

    -«Acabé masturbándome en el baño».

    -¡Qué cabrón! ¿Nunca te corriste dándote por el culo mi hermano?

    -«Una vez, y me encantó. Sentí un placer bestial, pero requiere mucho tiempo y estar muy excitada, y tu hermano ya no se para. Se volvió un egoísta».

    Ya estaba casi desnuda. Le pregunté:

    -¿Te corres con un buen cunnilingus?

    -«Como un río».

    -Échate boca abajo sobre la camilla.

    Boca abajo sobre la camilla, y sólo con una braguita puesta, masajeándole los hombros y la espalda con aceite de coco, seguí sacando de ella.

    -¿Te comió el chichi alguna mujer, Olivia?

    -«Mi compañera de cuarto en la universidad. Nos lo comíamos todo y nos corríamos como dos locas. ¡Qué tiempos aquellos!»

    -¿Cómo era la chica?

    -«Un ángel rubio al que desvirgué con mis dedos. A veces me hago un dedo pensando el ella. ¿Y a ti te la comió bien comida otra mujer?»

    -No, ni nunca me dieron por el culo.

    -«Con alguien que lo sepa hacer se llegan a ver las estrellas».

    -¿Con un cunnilingus?

    -«De las dos maneras, pero enculándote bien enculada, al correrte parece que estás volando».

    Masajeé sus glúteos. Se calló. Vi como lentamente abría las piernas. Al masajear su entrepierna, con el canto de mis manos toqué su coño. Se estremeció. Masajeé las plantas de sus pies, los talones, los tobillos y los dedos. Volví a los glúteos. Aparté con dos dedos sus nalgas y su braguita y dejé caer sobre su ojete el aceite. Con dos dedos se lo masajeé. Le comenzó a latir. Hice movimientos circulares sobre él con el dedo medio de mi mano izquierda. Le metí la puntita, Olivia levantó su culo y lo metió hasta la mitad. Se lo metí del todo. Dejé que me follara el dedo con el culo. Con la otra mano masajeaba sus nalgas, su espalda, sus hombros, sus costillas, y masajeando sus costillas, al llegar a la altura de las tetas, se levantó un poquitín para que las pudiese masajear. Le masajeé las tetas y le apreté los pezones. Comenzó a gemir y a mover el culo más aprisa. De repente, su ojete apretó mi dedo y comenzó a correrse. Sus gemidos eran tan escandalosamente eróticos que si me llego a tocar me hubiese corrido con ella.

    Al acabar de correrse le di la vuelta. Su braguita blanca estaba encharcada y se metía en el corte de su coño rasurado. Olivia seguía con los ojos cerrados. Masajeé de nuevo sus hombros, su cuello, el antepecho y después bajé a sus pequeñas tetas. Tenía las areolas grandes y rosadas, las froté con movimientos circulares, sus pezones estaban duros y erectos. Se los volví a apretar. Masajeé su vientre. Le quité la braguita. Estaba chorreando. Tenía el coño empapado. Masajeé su cintura y sus caderas. Masajeé su entrepierna. Esta vez el canto de mis manos apretó su coño. Olivia soltó un pequeño gemido de placer. Me dijo:

    -«Bésame».

    -Acerqué mi boca a la suya y le pasé la punta de la lengua por los labios. Ella sacó su lengua queriendo meterla en mi boca. Yo sólo dejé que rozase mis labios con ella. Olivia se desesperaba, con la voz entrecortada, me dijo:

    -«Cómeme todo, cariño».

    Sus palabras me pusieron tan cachonda que me olvidé de que era masajista. La miré y vi a una belleza morena, de ojazos negros y cuerpo de muñeca. La besé en los labios… Nos comimos las lenguas. La besé en los ojos, en la punta de la nariz, en el mentón, en el cuello, en las muñecas, en el interior de sus brazos, en los sobacos… Le comí las tetas saboreando cada gota de sudor, cada centímetro de ellas. Luego bajé a su sexo. Lo abrí con dos dedos. Sus labios carnosos estaban empapados de flujo de la corrida que acababa de echar. Lamí la humedad. Sus gemidos hicieron que me mojara aún más. Las manos de Olivia se posaron en mi cabeza y llevaron mi lengua a su clítoris erecto. Se lo lamí y se lo chupé, luego, con lentitud, metí mi lengua en su vagina lo más profundo que pude, y con lentitud, la saqué. Cada vez que mi lengua entraba en su coño arrancaba un gemido de su garganta. Diez, doce, o veinte minutos más tarde, no lo sé con certeza porque perdí la noción del tiempo, su cuerpo se curvó y empujó el coño contra mi boca. Sentí un desgarrador gemido de placer al tiempo que mi boca se iba llenando de un jugo calentito. Mi coño se abría y se cerraba. Necesitaba algo dentro, una polla, unos dedos… Me tuve que aguantar las ganas de masturbarme y de correrme en aquella boca abierta que aullaba de placer

    Al acabar de correrse la besé con mis labios mojados de su jugo. Los lamió, me besó, y me dijo:

    -«Gracias, cuñada. Te debo dos».

    Se vistió, se fue, y yo me metí en la ducha. Allí, con su recuerdo, la alcachofa y mis dedos, tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida. ¿Crees que hice mal, Rosendo? Mejor yo que otra u otro, ¿no?

    Rosendo, tapando con una mano el empalme que tenía, le dijo a su hijastra:

    -¿Desde cuándo tienes ganas de liarte conmigo, Elisa?

    -Eres bueno.

    -¿Desde cuándo tienes interés en practicar sexo anal?

    -Eres buenísimo. ¿Pides una pizza familiar mientras me doy un baño?

    -Mientras te das un baño y te haces una paja.

    -¿Tú qué eres, un psicólogo, un mentalista, un vidente, o un puto adivino?

    -Habla bien. Y deja de follar con tu cuñada que esas cosas se saben cómo empiezan pero no se sabe cómo terminan.

    -Es muy guapa, pero no me voy a enamorar de ella.

    -Eso nunca se sabe y menos si ella se enamora de ti. No debías volver a liarte con ella.

    -No te prometo nada. La idea de que me coma el coño ella a mí no me desagrada en absoluto.

    -No es que te desagrade, es que te quedaste con ganas de que lo hiciera.

    -¡Puto mentalista! ¿Qué vamos a cenar?

    -¡Te dije que hablaras bien! ¿La pizza con pimientos y anchoas?

    -Sí, y saca ese vino que tienes guardado para las grandes ocasiones.

    -¿Adega do Moucho o El Canto del Mirlo?

    -El que sea mejor.

    Rosendo acabó con las esperanzas de aventura de su hijastra.

    -¡Agua es lo que vas a beber!

    Viernes – 7 de Julio de 2017 – 10.20. P.M – The George Inn. Londres.

    -… Este pub, antiguamente, fue una posada para diligencias. Cuando ya era una cafetería estuvo aquí Charles Dickens. Lo menciona en la novela La Pequeña Dorrit.

    Sandy, la madrastra de José, esposa de Rosendo y madre de Lisa, era inglesa de nacimiento, tenía 42 años, y era rubia, de ojos azules, alta y delgada, estaba en el restaurante del George Inn, dándole una lección a su hijastro, un joven muy alto, moreno, con cuerpo de gimnasio, que la miraba a los ojos y se perdía en lo profundo de sus azules pupilas.

    -Tengo que decirte algo, Sandy.

    -No hace falta, lo sé. Hay cosas que una mujer percibe, en las miradas, en los silencios.

    -¿Y qué quieres que haga?

    -Disfrutar de este fin de semana que te pagó tu padre por tus buenas notas de selectividad.

    -Nunca estarás en mis brazos, ¿verdad? Nunca sabré a que saben tus labios, tus senos, tu sexo. Nunca sabré el sabor que tiene un sueño.

    -Una mujer de 42 años no puede ser el sueño de un joven de 18, si acaso podría ser su pesadilla.

    -¿Pesadilla? Eres mi Afrodita.

    -¡Vaya tontería! Afrodita era la diosa griega de la belleza y del amor, y mi belleza ya no es lo que fue.

    -Fuiste, eres y serás la mujer más bella que Dios puso sobre la tierra. La mujer que todo hombre quisiera amar, además de…

    José, bajó la cabeza y se calló.

    Sandy, era mujer, y a toda mujer le gusta que le den cera, por eso le preguntó:

    -¿Además de qué?

    -Si te lo digo igual te enfadas.

    -Contigo nunca me enfadaría. ¿Además de qué?

    -Además de ser escandalosamente sensual.

    -¿Por qué dices eso?

    -No te va a gustar lo que te diga.

    -Deja que sea yo la que lo juzgue.

    -Por tus grandes tetas, tu fina cintura, tus grandes caderas, tu precioso culo, tus labios carnosos, tus largas piernas, porque eres…

    José, se volvió a callar.

    -Acaba.

    -Ahora sí que te vas a enfadar.

    -Suéltalo.

    -Por qué eres un polvazo con patas.

    -Algo fuerte pero halagador.

    -Será halagador pero nunca te tendré.

    -Déjate de tonterías, José. Si me quieres tener no tienes más que cerrar los ojos y tirar una paja. En tus pensamientos seré tuya y te sabré a lo que tú quieras.

    -Jamás me masturbaría pensando en ti. Lo que siento es algo puro.

    -Ahora va a resultar que no quieres follar al polvazo con patas.

    -Claro que quiero.

    -Entonces calla. No hay pureza en follar con la mujer de tu padre.

    -Puede que no, pero te quiero tanto que por ti mataría, robaría, me humillaría…

    -No puedes seguir en ese error, cariño.

    -No es un error, es amor.

    -¿Con cuántas chicas te has acostado antes de fijarte en mí?

    -Con muchas, pero las seis últimas te estaba follando a ti mientras las follaba a ellas.

    Sandy, cedió.

    -Hay que acabar con esa obsesión. Voy a dejar la puerta de mi habitación abierta. Ven y hazme lo que quieras. Verás como cualquiera de las jovencitas con la que te has acostado vale cien veces más que yo. Me voy para cama. Ven dentro de media hora.

    Sandy llegó a su habitación. Encendió la lámpara que había sobre la mesita. Delante de un gran espejo se quitó los zapatos marrones con tacón alto, el traje marrón, la blusa blanca, y quedo cubierta con una lencería fina de color blanco. Se metió en cama por encima de la ropa. De lado, se miró al espejo. Levantó un brazo y vio el vello de su sobaco. (Tenía vello en los sobacos y en el coño porque era algo que excitaba a su marido) A su cabeza vinieron las palabras de su hijastro: «Eres mi Afrodita». Mirándose al espejo, se tocó las tetas por encima del sujetador. Le gustaba lo que estaba viendo. Bajó una mano y acarició el coño por encima de las bragas. Después se quitó el sujetador y acarició las grandes tetas y los pezones. Se llevó las tetas a la boca. Lamió areolas y pezones. Por primera vez en su vida no se masturbaba pensando en alguien, se estaba masturbando viendo cómo se masturbaba. Se quitó el liguero y las medias. Metió una mano dentro de las bragas y acarició su clítoris, los labios, y comenzó a hacerse un dedo… Al ratito se quitó las bragas y se sentó en la cama. En el espejo vio su coño abierto y mojado. Volvió a jugar con sus tetas. Luego metió dos dedos y durante un rato estuvo viendo en el espejo como sus dedos entraban y salían del coño. Al final los llevó a la boca y lamió el jugo que los mojaba, después se levantó de la cama y en el cajón de un mueble cogió un bolso, de él sacó un vibrador y volvió a la cama. Se puso a cuatro patas, dándole el culo al espejo. Abrió el coño con dos dedos y en el espejo lo vio en todo su esplendor. Acto seguido metió en él el vibrador… Con la cabeza sobre la almohada, girada hacia el espejo, se fue metiendo el vibrador en el coño… Vio como entraba y salía y sintió como se empapaba, más, más, y más… Vio como bajaba por el interior de sus muslos el jugo que salía de su coño. El ojete de su culo se abría y se cerraba. Metió el dedo medio en la boca y, humedecido, lo introdujo en su culo… Unos minutos más tarde sintió que se iba a correr. Quiso aguantar, pero el vibrador no sabía de pausas. Su vista se fue nublando. Sus ojos se cerraron. De repente, se abrieron, miraron al techo, se volvieron a cerrar de golpe, y entre gemidos y temblando, Sandy, se corrió. El vibrador cayó sobre la cama y detrás de él el flujo de una inmensa corrida.

    Poco después…

    José entró en la habitación de su madrastra y cerró la puerta con llave. Sandy estaba en cama con los ojos cerrados y tapada con una sábana. La habitación seguía iluminada por la lámpara de la mesita de noche. José, se desnudó, fue hasta la cama, levantó la sábana. Sandy estaba completamente desnuda. Vio su coño rodeado de una gran mata de vello rubio y sus grandes tetas con las areolas hinchadas y los pezones erectos. José se echó a su lado. Besó a su madrastra en los labios, Sandy no le devolvió el beso. Estaba visto que se iba a dejar pero no iba a colaborar. José le cogió las tetas con las dos manos y se las magreó. Chupó y lamió con dulzura las areolas… Le lamio y le chupó los pezones… Metió la cabeza entre sus piernas. Le pasó la lengua por los labios del coño, muy despacito… Estaba empapada. Saboreó el jugo. Aún con más ternura, le besó lamió y chupó el clítoris… Sandy, con los brazos estirados al lado de su cuerpo, parecía una estatua, una estatua que unos quince minutos más tarde se corría en la boca de su hijastro sin que de su boca saliese un sólo gemido… José, al acabar de beber de su madrastra, se volvió a echar a su lado. Le puso la verga mojada en los labios. Sandy sintió como se la frotaba entre los labios y como tocaba sus dientes. No abrió la boca. José subió encima de su madrastra, puso su larga y gorda verga en la entrada de su coño. Empujó. Le entró apretada. Cuando la tenía toda dentro, le cerró las piernas a su madrastra y abrió las suyas. Si a Sandy ya le había entrado apretada, ahora con las piernas cerradas, le parecía que tenía un cañón dentro de su coño. José, besando a su madrastra en el cuello, la folló haciendo palanca con el culo. Su pelvis se frotaba contra el clítoris y la cabeza de la polla con el punto G. Al rato largo, José, sintió como el coño de su madrastra descargaba un torrente de flujo calentito sobre su verga y como la apretaba con sus contracciones. Sandy, agarró con fuerza la sábana de la cama durante el tiempo que el orgasmo la llevó al paraíso del gozo. De su boca seguía sin salir un sólo gemido. A los pocos segundos, con la verga dentro de ella haciendo estragos, se volvió a correr con más fuerza, y otra vez agarró las sábanas. Después de correrse, no tardó ni un segundo en tener otro orgasmo más fuerte que el anterior. Esta vez levantó la pelvis y soltó un pequeño gemido, mientras estrujaba la sábana entre sus dedos. No le diera tiempo a recuperarse cuando le llegó su cuarto orgasmo seguido. Le vino con tanta fuerza que rompió a gemir. Sus manos apretaron el culo de su hijastro contra ella. Gimiendo y retorciéndose, le dijo:

    -¡¡Qué cooorrida!!

    Al acabar de correrse, le dijo José a su madrastra:

    -Te puedo hacer correr tantas veces como quieras.

    -Lo sé, cariño, lo sé, pero para, para que ya me corrí cinco veces y me puedes matar de gusto. Ahora te toca. Mete esa maravilla de polla en mi boca.

    José le metió la polla en la boca a su madrastra. Sandy se la mamó hasta que su hijastro le dijo:

    -Deja de mamar que me corro.

    -Córrete, vida mía, córrete en mi boca.

    Sandy, siguió mamando, José se corrió en su boca. La mujer se tragó la leche espesa y caliente de su hijastro

    Al acabar de correrse, le dijo José a su madrastra.

    -Aún era más hermoso de lo que yo pensaba.

    -La hemos hecho buena, cielo.

    -¿Por qué lo dices?

    -Porque ahora también yo me siento atraída por ti.

    Sábado – 8 de Julio de 2017 – 12,12. A.M – En un pazo gallego.

    Rosendo estaba en cama. A su mente vino la imagen de su hijastra comiéndole el coño a Olivia. Introducía una mano dentro de los calzoncillos cuando sintió que alguien se metía entre las sábanas. Encendió la luz y vio a Elisa. Estaba desnuda. Vio sus tetazas redondas, con sus inmensas areolas rosadas. Sus gruesos y grandes pezones, su coño rodeado de una pequeña mata de vello rubio y sus sobacos sin depilar. (Elisa sabía que a su padrastro le gustaban las mujeres con pelo en los sobacos y en el coño) ¡Cómo estaba la chavala! Le preguntó, por preguntar:

    -¿Qué buscas, Elisa?

    Elisa lo destapó, le cogió la polla y le dijo:

    -Esto.

    Elisa se inclinó y comenzó a hacerle una mamada a su padrastro. (Tenía una polla normalita) Como Rosendo no ofreció resistencia, se dio la vuelta y le puso el coño en la boca.

    Elisa cogía la polla de su padrastro por la base y le mamaba el glande, le lamía el prepucio y la corona. Se la sacudía. La metía toda en la boca, le acariciaba los cojones, se los besaba, se los chupaba y volvía a empezar. Rosendo magreando las tetas de su hijastra, le lamía el clítoris, la vulva el periné y y le follaba el ojete y coño con la punta de la lengua.

    Un cuarto de hora más tarde, más o menos, Elisa, decía:

    -¡Me voy a correr, me voy a correr, me voooy! ¡¡¡Me cooorro!!!

    Rosendo vio como el ojete de su hijastra aceleró sus contracciones, y como de su coño, que se abría y se cerraba, salía un diminuto riachuelo de líquido mucoso. Era el jugo de su orgasmo. Abrió la boca y se lo fue lamiendo y tragando hasta que acabó de correrse.

    Al acabar de correrse, Elisa, se dio la vuelta cogió la polla de su padrastro y la puso en la entrada del ojete. Rosendo, empujo. Elisa apretó los dientes. El glande entró tan apretado que se quejó del dolor. Rosendo, viendo que a su hijastra le caían las lágrimas, le quitó la polla del culo y se la metió en el coño. Elisa, folló a su padre, a lo bestia. Su culo se movía de atrás hacia delante y de delante hacia atrás a mil por hora. Era como si quisiera romperle la polla por el dolor que había sentido, pero ni dos minutos tardó en decir:

    -¡¡¡Me voy!!!

    Corriéndose, la muy viciosa, sacó la polla y le puso el coño en la boca a su padrastro, Rosendo, se tragó otra deliciosa corrida oyendo como gemía y viendo cómo se convulsionaba su hija.

    Después de la tremenda corrida con que llenó la boca a su padrastro, y aun tirando del aliento, la cabra volvió al monte. Elisa tenía metido entre ceja y ceja conocer el placer de un orgasmo anal. Puso otra vez la polla en la entrada del ojete. Esta vez estaba bien lubricada. La fue metiendo, despacito. El dolor fue aminorando a medida que iba entrando. Cuando llegó al fondo ya comenzó a disfrutar la enculada. Elisa le dio las tetas a chupar a su padrastro… Lo besó y lo folló hasta que se corrió dentro de su culo. La polla de Rosendo se puso flácida después de correrse. Elisa siguió follando a su padrastro hasta que se la puso dura de nuevo.

    Media hora más tarde, Elisa, sintió que se iba a correr.

    -¡Me viene, me viene! ¡¡¡Me vieeeene!!!

    ¡Fue un orgasmo anal brutal! Tanto azotó el placer el cuerpo de la muchacha que cayó desmayada encima de su padrastro. Rosendo, sintiendo como la cascada de jugo que salía del coño de su hijastra empapaba sus cojones, le volvió a llenar el culo de leche.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Una sobrina para sus dos tíos

    Una sobrina para sus dos tíos

    Todo comenzó un día cuando la pequeña Noemí y sus padres se van a unas trágicas vacaciones al campo. Al llegar al lugar escogido fueron víctimas de un atraco por un par de malhechores que les propinaron tres tiros a los adultos tras oponer resistencia. Su padre murió instantáneamente, mientras que su mamá falleció después de cinco días de agonía en el hospital. De ese mismo día la vida de Noemí de tan sólo 15 años cambió totalmente.

    Hubo disputas por ella por la guardia custodia, pero tuvo que irse a vivir a la casa de unos tíos que eran parientes de su mamá porque el juez de menores de la localidad dictó una sentencia sobre esto, ya que los familiares de su padre no eran aptos para asumir tal responsabilidad.

    Noemí llegó a este nuevo núcleo familiar donde estaba su tío Eduardo de 38 años, quien era casado con Cecilia y tenía un hijo de la misma edad que su prima que se llamaba Diego. Junto a ellos vivía su otro tío Jorge de 33 años quien era soltero pero que estaba comprometido para contraer nupcias prontamente.

    Lo cierto es que Noemí le costó adaptarse a su nueva vida sin sus padres. Sus tíos la consentían en todo lo que estaba a su alcance; pero a la vez tenía que soportar en silencio las rabietas de su tía política Cecilia.

    Así transcurrió su vida entre el estudio y de ser como especie de una ama de llaves de la casa de sus tíos para pagarle con algo el haberle dado refugio.

    Unos años después, Noemí ya con 18 años asistió a unas vacaciones con sus familiares a un balneario playero cerca de la ciudad donde vivían. Allí se puso un bikini de dos piezas que Cecilia le había regalado. Eso fue la clave de todo el cambio radical de su vida.

    Las miradas disimuladas de sus tíos Eduardo y Jorge a su cuerpo no cesaron, ya que Noemí estaba muy bien formada esculturalmente. Para detallarla para que tengan una idea, tenía grandes senos y un culo muy duro y ni hablar de su cuca, la cual se le notaba abultadamente con su traje de baño.

    Jorge se metió a bañar con ella y se la llevó hacia la parte más profunda que hizo que ella se aferrara a su cuerpo porque el agua del mar la sobrepasaba. En ese manoseo entre ambos Jorge sin querer le acarició sus grandes senos que le ocasionó una corta excitación. Al mismo momento su tío Jorge siguió disimuladamente y le frotaba su miembro por su culo, lo cual ella al parecer no lo notaba.

    Seguidamente se salieron del agua pero Jorge quedó marcado por el constante roce con su sobrina. Llegaron hasta donde estaba su tío Eduardo, Cecilia y su primo Diego. No pasó nada en especial hasta que se fueron a la casa que habían alquilado para pasar el fin de semana.

    Durante la cena se destaparon cuatro botellas vino y todos tomaron pero con el resultado de que Jorge, Eduardo y Cecilia se excedieron en la bebida que los hizo embriagarse. Diego y Noemí sólo tomaron unas pocas copas que le causaron casi lo mismo, pero aún estaban sobrios. Eduardo y Cecilia se fueron al cuarto para hacer el amor y después dormir. Diego igualmente se fue acostar, mientras Noemí fue invitada por su tío Jorge para seguir brindando aunque ella casi no quería.

    Le fue fácil a Jorge convencerla, prendió la televisión y con el control fue buscando un canal de pornografía privado. Noemí sintió pena con su tío pero a la vez miraba atónita la película. De pronto se escucharon los gemidos de Cecilia que era fornicada por su esposo Eduardo. Gritos y alaridos eran escuchados por toda la casa; además de algunas palabras obscenas.

    En eso su tío Jorge le propuso a su sobrina Noemí que si quería ver la escena en vivo de sus tíos. Ella no dijo nada pero su tío Jorge insistió y la llevó de la mano hasta el cuarto donde la pareja hacía el amor. Logró abrir la puerta con el mayor silencio y espiaron la escena de amor. Noemí por primera vez vio una sesión de sexo. Quedó sorprendida cuando logró ver como el gran miembro de su tío Eduardo taladraba con fuerza en el culo de Cecilia o después en la boca. Cuando todo término se bañaron para quedarse profundamente dormidos.

    Noemí sugirió a su tío Jorge que se fueran a dormir igualmente, pero éste insistió que aún era muy temprano y que todavía le quedaba una botella de vino; además el canal porno servía con otra película.

    Al cabo de una hora Noemí estaba totalmente rendida con la cabeza puesta en las piernas de su tío. Éste la levantó y se la llevó a dormir a su cuarto con él. En la cama le quitó la ropa para ponerle una bata de dormir, fue en ese momento cuando vio muy cerca las grandes tetas que poseía su sobrina. Se las acarició y hasta incluso se las chupó sin que ella se diera cuenta producto de su borrachera. Casi 15 minutos duró su tío chupándoles los senos. Le bajó el short e hizo lo mismo con sus pantaletas. Jorge quedó extasiado al ver la cuca rasurada de su sobrina. Se la acarició y le frotó con sus dedos el clítoris que hizo que Noemí totalmente dormida por el alcohol ingerido se mojara completamente. Se la chupó un buen rato, se quitó la ropa y se colocó encima de ella para intentar penetrarla, pero el miembro no lograba entrar en la vagina virginal de su sobrina Noemí.

    Buscó un aceite de coco que tenía para broncearse y llenó todo su miembro y la cuca de su sobrina. Se volvió a montar encima y colocó su miembro en la entrada de la vagina. Se impulsó con fuerza y poco a poco fue cediendo el himen hasta que se reventó todo. Noemí se quejó del dolor y se despertó notando la sorpresa que su tío la estaba cogiendo.

    ―Tío que me haces, que me duele -replicó Noemí.

    ―Nada querida sobrina, sólo te hago mujer. De ahora en adelante serás mi mujer, contestó Jorge.

    ―Me duele tío, me duele mucho, sácame tu guevo dentro mi cuca por favor.

    ―No quiero ni puedo, así que quédate tranquila y colabora conmigo mamita que ahora serás mi puta privada. Qué rica y cerrada tienes la cuca Noemí, no sabía que eras tan divina. Toma, toma, puta, porque eso es lo que en ahora en adelante serás, dijo Jorge.

    Jorge siguió consumando el acto sexual y se movía fogosamente dentro del cuerpo de su sobrina que aún se seguía quejando pero cada vez menos y al mismo tiempo soltaba un gemido cuando.

    Jorge estuvo a punto de acabar y se lo sacó para llevarse su miembro hasta la boca de Noemí que sintió asco pero que no opuso ningún tipo de resistencia porque estaba a merced de su tío Jorge. A los pocos segundos Noemí sintió como algo caliente y espeso se derramaba en su boca. Su tío la obligó a que se lo tragara todo cosa que hizo muy bien.

    ―Bueno sobrina, ahora eres mi mujer, por hoy está bien, pero quiero que no comentes con nadie esto que pasó entre tú y yo. OK., le ordenó Jorge.

    Noemí sólo afirmó con su cabeza. Su tío se despidió con un beso en la frente y se marchó. Ella notó que en sus piernas estaba manchada de sangre al igual que la cama. Supo que era la ruptura de su virgo.

    En la mañana cuando se levantó a desayunar se encontró que Eduardo, Cecilia y Diego habían salido desde muy temprano según se encontró una nota pegada en la puerta de la nevera, en la cual estaba escrita que llegarían al mediodía.

    Al rato se levantó Jorge y sintió miedo, pero éste la tomó por un brazo y le preguntó que como había terminado de pasar la noche. Ella le dijo que bien pero que sentía un pequeño dolor en su vientre.

    Jorge le respondió que no se preocupara porque pronto se le pasaría. Seguidamente le preguntó por su hermano, cuñada y su sobrino Diego, y Noemí le mostró la nota que habían dejado. Eso puso a mil a Jorge y le pidió a su sobrina que fuera hasta su cuarto que tenía que hablar seriamente con ella. Le hizo caso y al llegar Jorge la acostó en la cama y le pidió que se quitara la ropa; pero ella le pidió que no se lo hiciera nuevamente, cosa que no fue aceptada porque fue el mismo quien le quitó la ropa. A los pocos minutos Noemí era penetrada por su tío por segunda vez en menos de 5 horas. Esta vez ella sentía poco dolor y ligero ardor, pero se notaba como respondía a las ancadas que le daba su propio tío.

    ―Que rico follas sobrina, de que lo que me estuve perdiendo desde hace mucho tiempo. Cada vez que pueda te voy a coger, dijo Jorge.

    ―Está bien tío seré tuya como tú lo dices, pero con la condición que debes cuidarme porque no deseo salir embarazada.

    ―Eso lo tengo resuelto porque tengo en mi cuarto unas pastillas anticonceptivas las cuales tomarás a partir de hoy mismo.

    ―No tío, eso no, nunca he tomado pastillas, respondió Noemí.

    ―Hazlo es una orden, replicó su tío.

    Al instante Noemí sintió como por primera vez un semen caliente inundaba su pequeña cueva.

    El otro resto tuvo que limpiarlo con su boca. Al cabo de media hora la lanza de Jorge estaba erecta, se paró de la cama y se fue a buscar el aceite de coco que tenía en su cuarto. Noemí estaba inocente de todo pero esperaba cualquier cosa.

    No se equivocó porque su tío Jorge la levantó y la puso en posición en cuatro patas para colocarse detrás de ella. Seguidamente Noemí sintió como le perforaba su culo que hizo que soltara un grito inmenso que se escuchó por toda la casa.

    —No tío, esto no… ahhhhh, fueron sus palabras. Pero ya nada podía hacer porque el miembro de su tío estaba todo adentro sin ningún tipo de contemplación que le cercenaba su ano.

    Jorge se movía intensamente que le provocó una rápida eyaculación dentro del ano de su sobrina.

    Se paró y se fue a bañar y lo mismo hizo Noemí que estaba sumamente dolida por la relación anal que le había propinado su tío.

    Por la tarde Jorge repitió la dosis y a pesar de las quejas de su sobrina igualmente culminó con su semen dentro de ella.

    En la noche llegaron Eduardo, Cecilia y Diego y todo estuvo en silencio.

    Jorge y Eduardo eran grandes compañeros y al sostener una conversación entre ambos se enteró de todo lo que había pasado con Noemí.

    ―Qué le hiciste a Noemí, preguntó Eduardo.

    ―Me la cogí, tal como lo oyes, respondió Jorge.

    ―Cuando pasó eso, volvió a preguntar Eduardo.

    ―Anoche y hoy un par de veces, le rompí todos sus virgos.

    ―Que arrecho eres no me dejaste uno para mí.

    ―Tranquilo de todas maneras vas a gozar mucho cuando la estés cogiendo, le dijo Jorge a Eduardo.

    ―Ayúdame hacerlo esta misma noche, contestó finalmente Eduardo.

    Era como la una de la madrugada y Cecilia y Diego se habían quedado dormidos. Al igual estaba Noemí, en cambio Jorge y Eduardo aguardaban como unas fieras hienas tras la caza de su presa.

    Se aseguraron que todos estaban bien dormidos y se fueron hasta el cuarto donde dormía Noemí. Al llegar estaba ella acostada con una pequeña bata de dormir. Su tío Eduardo se escondió en el closet pero veía todo a pocos metros de distancia. Jorge se encargó de despertar a Noemí quien le dijo a su tío que estaba muy cansada y que le dolía todo su cuerpo. Pero esto no fue causa para paralizar la intención de sus tíos.

    Jorge le quitó la bata de dormir, se montó encima de ella y zuas, la penetró otra vez por su cuca. Noemí ya reaccionaba como una verdadera puta privada de su tío Jorge. Apenas sintió el miembro de su tío comenzó a gemir y mover sus caderas para que la penetración fuera mayor.

    Eduardo miraba atónito el acontecimiento excitado y aguardaba por su turno. Cuando casi Jorge estaba a punto de acabar le dijo a Noemí que le tenía una sorpresa la cual debía aceptar.

    Ella contestó preguntando que se trataba esta vez, pero Jorge le contestó que ella debía aceptar y callarse.

    Jorge para hacer más excitante la sesión sexual le pidió que se tapara con una venda su rostro. Ella así lo hizo y Eduardo salió del closet donde estaba escondido, se desnudó y se montó encima de su sobrina. Lo primero que hizo antes de penetrarla fue darle una buena mamada al culo de su sobrina y frotarle el clítoris que yacía húmedo y caliente.

    Al cabo de unos 10 minutos sacó su potente miembro, el más grande de los dos hombres y se lo colocó en la entrada de su vagina mientras que Jorge era el que hablaba por ambos.

    Todo se hundió completamente que hizo que Noemí se quejara por sentirlo muy grande para su cuca, pero sin quitarse la venda.

    Eduardo le daba duro y Noemí la cuca de Noemí poco a poco se iba amoldando a la magnitud de tan gigantesco miembro.

    La volteó y se lo hundió por el culo, pero esta vez Noemí si es verdad que no aguantó más por su profundo dolor. Se quitó la venda que le prohibía ver todo y vio cuando Jorge estaba al frente de ella y se dio cuenta que no era él quien la penetraba.

    ―¿Qué esto tío?, preguntó asustada Noemí.

    ―Tranquila sobrina que quien te esta cogiendo ahora soy yo tu tío Eduardo.

    ―No, tu no tío, porque me hacen esto ustedes dos.

    ―Muy bien te lo dije sobrina que ibas a ser nuestra puta personal, exclamó Jorge.

    ―Sácamelo, sácamelo, tío Eduardo, sácamelo, decía agitada Noemí.

    Pero Eduardo hacía todo lo contrario, ya que para él estas palabras pronunciadas por su sobrina aumentaban su excitación.

    Fue en ese mismo momento cuando Jorge se abalanzó sobre ella y le metió el miembro en la boca, cosa que se opuso pero la fuerza de su tío se impuso totalmente.

    Mientras que Eduardo la cogía por el culo, Jorge se lo metía por la boca simultáneamente. Jorge se sacó su miembro de la boca y se colocó debajo de ella y por primera vez Noemí sintió como dos miembros al mismo tiempo perforaban sus orificios hasta que los derramaron sus leches dentro de ella.

    Salieron sonriendo por el acto consumado y se fueron a dormir. Noemí sentía como el semen de ambos estaban dentro de su cuerpo. Se bañó y se fue a dormir llorando. Pasaron tres días y la misma escena se repitió.

    Ambos tíos se comían ansiosamente la cuca y el culo de Noemí.

    Regresaron a la casa después de las vacaciones. La vida transcurría normalmente. Noemí seguía en sus clases de la universidad y en el momento indicado Jorge o Eduardo, a veces los dos al mismo tiempo la poseían.

    Luego de un mes Jorge invitó a su cuñada Cecilia a hacer unas compras al automercado y Eduardo y su hijo Diego se quedaron con Noemí.

    ―Diego te tengo una agradable sorpresa. Quiero que a partir de hoy seas un verdadero hombre y vas a tener a una mujer para ti a tu disposición.

    ―Qué es papá, respondió Diego.

    ―Tu tranquilo que pronto vas a saberlo.

    Fue así como Eduardo llevó a su hijo Diego al cuarto donde se alojaba Noemí y ningún tipo de miramientos le pidió a su sobrina que se desnudara porque Diego debía ser hombre.

    Parece mentira pero Noemí no dijo nada y sólo cumplió la orden de su tío.

    Se quitó la ropa y se acostó con las piernas abiertas. Diego asombrado por todo lo que veía y ordenado por su padre se montó encima de ella inexpertamente pero fue guiado por Noemí que le agarró el miembro de su primo y se lo metió dentro de su cuca. No pasaron 5 minutos cuando Diego acaba por primera vez en el cuerpo de una mujer.

    Lo que no pensaba jamás Eduardo es que su mujer Cecilia y su hermano Jorge si andaban para automercado, pero con la variante que antes habían ido a un hotel para hacer el amor.

    Pues sí, Jorge y Cecilia eran amantes de hace cierto tiempo, pero nadie hasta ahora lo sabía. Jorge la cogió por todas partes y al culminar ambos se regresaron hasta su casa como si nada hubiese pasado.

    Así pasó la vida de Noemí entre guevos al mismo tiempo, pero hubo algo que cambió todo, porque Jorge la llevó hasta un hotel donde lo esperaba un amigo suyo quien la cogió sin que ella dijera absolutamente nada.

  • El manjar de mi prima

    El manjar de mi prima

    Esta historia se trata de mi prima Carmen Delia, (tengo tres más) que llegó a mi casa donde vivo junto a mi madre porque comenzó a estudiar en un Instituto Universitario.

    Al llegar mi prima Carmen Delia a nuestra casa la relación entre mi mamá y yo cambió, ya que sólo podíamos tener relaciones cuando mi prima no estuviera, y mayormente se la pasaba en mi casa metida casi a toda hora. A la 12 del día, era el momento que yo aprovechaba para coger a mi madre por todos sus orificios posibles, poniéndola en diferentes posiciones que la enloquecen.

    Por mi prima Carmen Delia siempre desde pequeño le había tenido ganas de cogerla, pero por vivir lejos uno del otro nunca se había podido, pero lo cierto es que cuando llegó, me quede sorprendido por lo bella y esbelta que se había convertido… Una preciosa mujer.

    Por las noches me dedicaba a espiarla cuando se bañaba y le veía sus redondas tetas y un trasero totalmente duro, que me ponía a mil, pero aún no me atrevía a insinuarle algo. Un día haciendo el amor con mi madre fue tanta la intensidad que tenía y el deseo por mi prima, que la nombre varias veces cuando penetraba a mi madre por el culo. Mi madre sólo me dijo: «sabía que la deseabas, pero no pensaba que cuando me hacías el amor también». Le pedí disculpa, apenado, y culminé dentro de ella prontamente. Mi madre me dijo, «hijo yo te puedo ayudar, pero debes ser cauteloso con Carmen Delia, porque no sabemos cómo pueda reaccionar».

    Pasaron muchos días y aún no había logrado conseguido cogerme a mi prima. Mantenía relaciones con mi madre y con mis hermanas Carla y María, además de otras mujeres. Tal vez la idea de cogerla se me había quitado, pero no las ganas, así que seguía deseando esa oportunidad. No tanto porque es mi prima, sino que ella de verdad está súper buenísima. Para mí ha sido la más linda de las mujeres de mi familia.

    Pasó mucho tiempo y aún nada, nunca había tenido una oportunidad, pero un día todo empezó a dar un giro a mi favor.

    Resulta que mi prima me invita a una fiesta porque no desea ir sola. Yo no quería aceptar al momento, pero lo pensé mejor y fuimos. En la fiesta departimos con varios amigos y me sentía orgulloso y con celos al mismo tiempo, al ver que mi prima era una de las mujeres más deseada y observada de la fiesta. A cada rato la invitaban a bailar y charlar, pero ella rechazaba a la mayoría.

    Serían las 2 y 30 a.m. cuando decidimos regresarnos a la casa, pero mi prima se había pasado de tragos, y andaba muy mareada. Tuve que pararme con el carro en varias oportunidades porque mi prima le venían nauseas. Lo cierto es que al llegar a la casa, me toco bajarla y llevarla hasta su cuarto acostarla, allí busqué a mi madre a su cuarto para que me ayudara y sólo encontré un papel sobre la cama que decía, «salí con unas amigas, llego tarde, te quiero».

    Volví al cuarto y le preguntaba algo a mi prima y ella me respondía algunas incoherencias, así que decidí bañarla. En ese momento lo hacía de corazón y no para aprovecharme de ella, de verdad era la intención. Cuando la desnudé, ya conocía su cuerpo porque la había espiado una que otra vez, a partir de ese momento todo cambió, porque parecía que una corriente eléctrica recorría mi cuerpo. El rozar de sus lindos senos a mi pecho, sentir lo duro que son sus nalgas… era demasiado, nadie es de hierro.

    Lo cierto es que le di una buena ducha y la enjaboné hasta por sus partes íntimas. Mi miembro me iba a explotar, así que la llevé a la cama y la acosté.

    Pensé marcharme pero a su vez veía su hermoso clítoris rojo saliente en la raja y deseaba besarlo. Con mucho miedo me atreví hacerlo y lo lamí, le chupaba y hasta mordía todo su pedacito de carne roja. Se puso jugoso e hinchado, era una locura. Me quité la ropa y comencé a besarle sus senos, me monté encima de ella, y de un solo envión la penetre, que lástima que no era virgen.

    No sé porque pero apenas tenía un minuto dentro de su caliente y húmedo cuerpo, cuando mi prima reaccionó llamándome por mi nombre, pidiéndome que la dejara dormir porque estaba muy mal. Me asusté tanto que salí disparado para mi cuarto pensando en el problema que me había metido. Lo que quedaba de madrugada pensaba mil cosas para defenderme, pero por ningún lado no encontraba excusas buenas. Estaba atrapado por mi prima. Al mediodía mi prima se paró todavía con la resaca de borrachera y me dijo… «Vicente, que hiciste conmigo anoche». Yo sólo dije, lo que pasó no volverá a pasar, perdón. Ella me respondió – sentí que me bañabas y me masturbabas, hasta sentí cuando me penetraste, porque lo hiciste así. Yo le pedí nuevamente perdón, y le dije todo pasó por tu culpa, porque estas muy linda y me atraes mucho, porque desde hace mucho tiempo que te deseo, y acuérdate que yo también andaba ebrio un poco. Ella me dijo, esto no lo puede saber nadie, y menos mi tía, OK. – Así será Carmen Delia – le afirmé. Lo cierto es que le preparé una sopa y procedimos a comer juntos mirándonos esquivamente ambos.

    Mi madre como de costumbre llegó tarde y se levantó temprano para irse con sus amigas, que por cierto hay una que está buena y que también tiene incesto con sus dos hijos, (después le cuento esa historia porque se lo contó todo a mi madre).

    Al culminar de comer me fui a ver la televisión por cable y sin querer puse el canal play boy, estaban pasando una película llamada «taboo II», ya la había visto. Mi prima culminó de lavar los platos y se me acercó y me dijo… «Que arrecho es el incesto, de verdad que es muy interesante como lo que pasó anoche entre tú y yo». Yo le pedí que cambiáramos de tema y asimismo cambié el canal por uno deportivo. Pero ella seguía con sus comentarios calientes y le pregunté acerca que si había tenido mucha experiencia sexual antes de vivir con nosotros. Ella me respondió que sí. Que había tenido dos novios con quien tuvo relaciones por separados. Yo le comenté sobre la suerte que ambos tenían de haberla disfrutado, pero ella me comentó, «ni te creas, ambos eran unos simplones en la cama, con decirte que nunca me chuparon el clítoris como lo hiciste tu anoche. De verdad, así sería que reaccioné de tanto placer que me diste – asegura mi prima.

    Yo le dije, «ni me lo recuerdes, ya que para mí es una decepción».

    ―Acaso no te gusto ― respondió.

    ―Sí, pero es que quede con muchas ganas y quiero olvidarlo porque tu dijiste que no iba a pasar más.

    ―Mira primo – tal vez yo diga eso, pero de olvidarlo no podría.

    ―Entonces que hacemos – le respondí.

    ―De verdad deseas mucho, o sólo porque deseabas tener sexo con alguien.

    ―No Carmen Delia, de verdad te deseo y mucho.

    Sin pensarlo más me fui directamente a su boca y mostrándose esquiva la bese profundamente.

    Después le tocaba por encima de la franela sus senos y acosté en el sofá cama, colocándome encima de ella.

    Ella sólo cargaba un short y mientras le besaba su cuerpo se lo fui quitando hasta dejarla totalmente desnuda.

    Le metí un dedo en su vagina, y quede sorprendido porque esta grandiosamente mojada, la chupe un buen rato. No aguanté más y se lo metí hasta al fondo. Mi prima gemía en cada empalme que le daba. A los 10 minutos aproximadamente de tanta excitación le acabé dentro de ella sin prevenir nada. Fue un verdadero torrente de semen que inundó su cueva.

    Nos paramos a bañarnos juntos y cuando estaba con ella, le pedí que me lo chupara cosa que hizo, poniéndome a tono otra vez. La llevé a mi cuarto y la puse en cuatro patas y la volví a penetrar pero esta vez más fuerte. – Me estás matando de placer – me dijo mi prima. Yo le contesté y lo que te falta.

    Al tiempo de penetrarla al estilo perrito, con una mano le acariciaba un seno, y con la otra le metía un dedo dentro de su culo rojizo.

    Le dije que quería comerme su culo, y me respondió que nunca lo había hecho por ese lugar, porque quiso intentarlo y le dolió mucho.

    Yo le respondí, deja eso en mis manos, me fui al cuarto de mi mamá y busqué el lubricante que usa ella cuando la cojo por el culo.

    Le unté por dentro y por fuera y poco a poco aún con pequeños gritos de dolor y excitación de mi prima la penetré hasta el fondo. Me quede un rato inmóvil dentro de ella porque me lo pidió. Después no aguanté más y le di hasta reventárselo todo. Le quedo un verdadero hoyo grande.

    Le acabé todo adentro y culminamos después de media hora cuando le eche el tercer y último polvo.

    Nos bañamos y nos dispusimos a ver más películas.

    Mi madre llegó como a las 5 p.m. y nos vio juntos acostado e inmediatamente sospechó que ya había pasado lo que yo anteriormente le había contado que deseaba.

    Hoy mi prima sabe que mantengo relaciones con mi madre y mis hermanas, le sorprendió mucho, pero le gustó. Vivo con las dos y las cojo cuando lo deseo. No me canso de tanto coger a mi prima, porque es un verdadero manjar, y a veces mi madre se pone celosa. Hasta ahora no he podido cogerlas juntas, pero eso sin duda alguna pasará pronto.

  • Don Beto y el chico lindo (Parte 3)

    Don Beto y el chico lindo (Parte 3)

    Don Beto fua visitar a su amigo el negro Polo, con quien compartia su aficion por los chicos jovenes y le conto sobre el espectacular chico que se estaba cogiendo diciendole lo bueno que estaba, describiendole sin exagerar la belleza de esa preciosura rubia, sobre las nalgas y piernas que tenia el muchacho y lo rico que era cogerlo

    El negro Polo lo escuchaba con atencion, empezando a excitarse con la descripcion que hacia Don Beto y al final le dijo: «Traelo para casa y lo culeamos los dos», la idea le gusto a Don Beto, que ya se imaginaba al chico siendo cogido por los dos viejos verdes. Le dijo «Bueno, dejalo por mi cuenta, hay que pagarle a la vieja de la pension pero yo lo arreglo».

    Al otro dia Don Beto llamo a Doña Lita, que regenteaba la pension donde vivia el chico que volvia loco a Don Beto, y le dijo de pasar a buscar al muchacho para llevarlo donde un amigo. Doña Lita le dijo «Te va costar mas si son dos los que se van a coger a Lalo, el doble de lo de siempre» a lo que Don Beto le contesto que no habia problema.

    Por la tarde paso a buscar al chico, lo hizo subir a su coche y se dirigieron a lo del negro Polo. El muchacho vestia un corto short de jean y una musculosa por lo que sus piernas y brazos estaban expuestos. Don Beto no se aguanto y comenzo a acariciarle las piernas mientras manejaba, mientras sentia como se le ponia dura la verga. El chico no hablaba y parecia nervioso, siempre que habia estado con el viejo verde habia sido en su pieza y esta era una situacion nueva, sabia que lo llevaban a un lugar desconocido y que lo iban a coger dos viejos en lugar de uno.

    Llegaron al edificio donde vivia el negro Polo, subieron por el ascensor y Don Beto aprovecho que estaban solos para besar en la boca al muchacho y sobarle las nalgas, el chico respondia y le pasaba la mano por la entrepierna al viejo, viendo lo duro que ya estaba.

    Los recibio en la puerta el amigo de Don beto, que se quedo mirando impactado lo bueno que estaba el chico, Don Beto no habia exagerado y el pendejo era un bombon. Pasaron al interior, el negro Polo los invito a sentarse y se sento al lado de Lalo, diciendole «Que precioso que sos nene» tomandolo con una mano por la cintura y con la otra le acariciaba el muslo.

    Lalo veia que el negro Polo era un viejo como Don beto pero moreno, grande y con una cara casi bestial que ahora era lujuriosa mientras le sobaba las piernas.

    El negro no perdio tiempo y empezo a besuquear en la boca al chico mientras su enorme manaza seguia acariciendole el muslo.

    A todo esto, Don Beto, sentado frente a ellos, tenia una ereccion imponente, viendo como el negro Polo se estaba besuqueando y sobando a su chico, decidio dejar que el negro se lo cogiera primero para luego cogerselo el.

    Por unos minutos solo se sentian los ruidosos chupeteos que hacia el negro besando al chico que como podia respondia a los embates de ese enorme negrazo que le comia la boca con furia mientras le tocaba las piernas sin cesar.

    El moreno se levanto mostrando un bulto enorme en su pantalon, tomo al chico por un brazo y le dijo «Veni vamos a coger» y lo llevo al dormitorio. Lalo miro a Don Beto que tambien mostrando una visible ereccion, los siguio al interior del cuarto.

    El negro le saco la camiseta y el short al chico, que tenia puesta una tanga blanca. Lo acosto en la cama, le quito las sandalias y empezo a acariciarle las piernas lentamente subiendo por las pantorrillas y los muslos y subio hasta sus pechos apretandolos y estrujando con los dedos los pezones, Lalo emitio un gemido de dolor mientras el negro le retorcia los pezones, el cuerpo del negro se aplasto contra el del chico y la dura verga del moreno se frotaba contra las piernas de Lalo.

    El negro se puso a chupar los pezones del chico que ahora empezo a gemir de placer, las manazas del moreno se pasaban por todo el cuerpo de Lalo hasta que tomandolo por la cintura lo puso boca abajo. De dos tirones libero al chico de su tanga. Don Beto se acerco a la cama porque no queria perderse lo que iba a pasar. El negro se levanto para sacarse el pantalon y el calzoncillo liberando una impresionante boa negra dura y parada con la que se iba a comer a esa belleza. Saco de un cajon un pote de crema para lubricarse y se puso sobre el chico, con cada mano tomo una nalga carnosa y la empezo a apretar con fuerza, sintiendo la dureza de esa carne, se puso como loco y se zambullo de cabeza sobre esas impresionantes masas carnosas y empezo a chupetear las nalgas y la raja del chico.

    Don Beto se subio a la cama y empezo a pasarle la lengua por el cuello y espalda de Lalo, viendo como el negro le chupaba las nalgas al muchacho, su calentura iba en aumento y ya deseaba cogerse al muchacho, pero iba a esperar que Rolo se lo cogiera primero.

    El negro Polo ya no podia mas y se subio encima del cuerpo de Lalo, frotando su enorme pene por las nalgas mojadas del chico, tomo el pote de crema y le puso una buena cantidad en el culo de Lalo y ademas se lubrico su miembro.

    Lo tomo con un brazo por debajo de la cintura para levantar el cuerpo del muchacho y guiando su verga se la puso en la entrada del culo, empujo y su cabeza entro con dificultad. Lalo se agito y pego un doloroso grito cuando sintio la brutal penetracion, el negro empujo de nuevo y la mitad de su verga se introdujo en el intestino de Lalo, que volvio a gritar de dolor, queria sacarse ese obelisco que le estaban metiendo pero Don Beto lo sujetaba mientras le lamia la espalda. Ante la agitacion del chico el negro embistio de nuevo y penetro del todo el culo del muchacho que volvio a resoplar y quejarse del dolor que estaba sufriendo.

    Espero unos segundos a que las entrañas del chico se acostumbraran al grosor de su verga y luego empezo a cogerselo, moviendose adelante y atras lentamente al principio y despues con fiereza resoplando de placer con cada embestida, mientras Lalo continuaba gimiendo dolorosamente, esperando que todo terminara rapido.

    El negro Polo embistio unas cuantas veces mas hasta que en medio de un bufido gutural acabo eyaculando y llenando el culo del muchacho, continuo cogiendoselo hasta que perdio rigidez y se desmonto del muchacho. Antes que pudiera darse cuenta, el chico sintio que de nuevo era penetrado. Don Beto apenas vio que el negro se apartaba se metio entre las piernas de Lalo y lo penetro completamente de una embestida, sintiendo que su penetracion era gloriosa, el culo del chico estaba lubricado y mojado reduciendo la friccion y su verga se desplazaba sin dificultad, era la mejor cogida para Don Beto.

    Su calentura hizo que lo embistiera varios minutos, resoplando de placer mientras el chico se quejaba pero ya no tanto de dolor, y de repente sintio que iba a explotar y soltando un suspiro de placer eyaculo en las entrañas del chico. Los tres quedaron exhaustos tirados en la cama por un buen rato.

    Cuando Don Beto llevo a la pension a Lalo, se despidio con un beso y noto que el chico caminaba con dificultad, seguramente tendria dolor por unos dias. A Don Beto le habia gustado compartir al chico con su amigo, el negro Polo.

  • Historias de oficina (Temporada 2 Capítulo 1)

    Historias de oficina (Temporada 2 Capítulo 1)

    Comienza una nueva historia, aunque tengo ya una idea de lo que quiero crear quiero decirles que como en la historia anterior pueden participar. Si tienen ideas, sugerencias o reclamos pueden hacerlo. Cada crítica será leída y analizada. Por otro lado, si alguien no leyó la historia anterior puede buscarla en mi perfil.

    Les dejo el link del primer capítulo acá: «Historias de oficina -1-«

    Como siempre que lo disfruten. Danuss.

     

    Cinco años atrás

    Mariza

    Mis piernas temblaban como si de una gelatina se tratase. Las tres pruebas de embarazo estaban frente a mí – positivo – ¡Que emoción! Una simple palabra representaba lo mejor que había pasado en la vida. Todo comenzaba de nuevo, ya no había enemigos ni homicidas mafiosos o mercenarios, sólo estábamos nosotros dos… bueno en realidad nosotros tres. Salí corriendo con todas mis energías, parecía que mi cuerpo la producía en cantidades industriales. De una sola vez recorrí toda la mansión me crucé con Michael que salía del despacho con su elegante traje nuevo.

    – Srta. Marq…. perdón Sra. Vask buenos días

    No me resistí, lo abracé con todas las fuerzas que mis brazos tenían. Le di las gracias una y mil veces diciendo que tenía algo muy importante que decirle pero que debería esperar hasta más tarde. Se resignó fácilmente con su típica actitud de hombre superado y se fue dando un beso en mi mejilla. Miré hacia atrás antes de entrar en el despacho – suerte – grité levanto la mano, pero no se dio vuelta.

    Abrí la puerta entrando rápidamente a la habitación.

    – Mi amor – grité, levanto un dedo mostrándome que estaba al teléfono

    Tras cinco minutos colgó, era hora. Sin palabras sólo lo abracé, nos dimos un tierno beso y volví a abrazarlo, paso el tiempo, aunque realmente no sé cuánto. Era como si el universo se hubiera detenido para nosotros.

    – estoy embarazada – dije emocionada.

    De repente me soltó. Tomo asiento y dio una bocanada de aire ¿Mala señal? Imposible, era algo que habíamos deseado siempre, pero no dijo nada, ni una palabra por mas de cinco minutos. Me estaba destrozando.

    – ¿No te pone feliz? – pregunte dando la vuelta a su escritorio – mi amor…

    – Embarazada… – repitió

    – ¿No piensas decir nada? – dije mirándolo

    – ¿Qué quieres que diga?

    – No te entiendo, realmente no te importa.

    Di media vuelta tratando de contener las enormes ganas de llorar que me invadían, le dediqué una última mirada, ni siquiera se había movido.

    – De verdad no te importa – dije por fin dejando que las lágrimas recorran mis mejillas – luego de tanto batallar, de tanto sufrir, de enfrentarnos a la mierda mas asquerosa de este mundo no te importa.

    – ¿Por qué me estás haciendo esto?

    – Haciéndote esto… – susurre casi sin fuerzas – fue…algo que paso. También me tomo por sorpresa ¡me hice tres pruebas de lo asustada que estaba!

    – Quiero un ADN – respondió sin que se le moviera un solo musculo de la cara.

    – ¿Qué estás diciendo?

    – ¿Como se que es mío? – dijo con voz fría e insensible – puede ser de Michael, no puedo estar seguro cuantas veces te revolcaste con él

    Ese fue el momento donde algo se rompió dentro de mí. Sentí como si me estuvieran arrancado una parte de mi sin poder hacer nada ¿sentía acaso mi bebe todo el dolor que estaba experimentando en ese momento? No quería que fuese así.

    – ¿me pedirás que me deshaga de él? – dije abrazando mi vientre

    – Puedes hacer lo que quieras con eso.

    “Eso…Eso” la palabra daba vuelta a mi cabeza, una y mil veces. Di una ultima mirada a sus ojos que se mantenían fríos, presionando contra mí. Desearía poder destrozarlo con algo que rasgara su interior, poder destruirlo justo como el estaba haciendo. No pude, me fui, hundiéndome en las tinieblas más oscuras y deprimentes.

    Eva

    Llevaba solo un año al frente de la compañía, los números estaban al rojo, estábamos al borde de declararnos en banca rota ¿había hecho mal las cosas? Claro que no, la empresa tenía cientos de deudas y todas estaban por vencer.

    – Pero por favor…. Hay gastos que no entiendo. Cien mil dólares en bienes de lujo no remunerados ¿Qué mierda es eso? – grite todavía más desconcertada.

    – Putas – dijo sin filtro la Sra. Hudson.

    – Sra. Hudson le juro por mis padres que desconocía todas estas cosas, de verdad…es que… ¿una cuenta en New York? Deudas de juegos en Nevada, Atlantic City, Mónaco ¿una hipoteca sobre nuestros galpones secundarios? De donde ¿un auto de lujo en Alemania?

    – Eso parece ser reciente

    – Por favor – dije largándome a llorar sobre los papeles.

    – ¡Niña basta! – dijo dándome una cachetada – no puedes rendirte, te necesito.

    – Lo siento – me limpié como pude las lágrimas con la manga de mi camisa y me dispuse a escucharla.

    – Todas estas deudas, son recientes. Algunas vienen desde hace mucho tiempo ¿Quién tenía acceso a las cuentas de la compañía?

    – Bueno… Víctor, Lorena, la madre de Víctor, La Junta y Alex.

    – ¿Quién mierda es Alex?

    – Ohh…perdón. Alexander Vask…el hermano menor de Víctor

    Pensó durante unos segundos haciendo un gesto de asco.

    – Ya sé quién es. Siempre me pareció que era un imbécil, desde el primer instante en que lo vi.

    – A mí me tomo un poco más de tiempo darme cuenta – susurre

    – ¿Qué?

    – Nada, no importa.

    – Eva, necesito que llames inmediatamente a nuestros abogados. Organiza una reunión urgente y convoca a La Junta.

    – De inmediato Sra. Hudson.

    Víctor

    Sencillamente no entendía a mi bella durmiente, jamás en mi vida me había sentido como me sentía cuando estaba con ella. Si tan solo pudiera explicarlo en palabras que no me hicieran parecer un idiota tal vez podría comprenderme.

    Se había ido nuevamente llorando, fue algo que me helo por completo la sangre y me dolió más que su cachetazo ¿la había perdido finalmente? No quería que fuera así. Había batallado mucho para volver a tenerla, no dejaría que se vaya por el simple hecho de un error.

    Mire el vaso de whisky una vez más, el delicioso liquido desapareció casi de inmediato. Mire su vaso, ni siquiera había tomado el primer sorbo, solo me observaba.

    – ¿No bebes?

    – Solo en muy raras ocasiones – replico.

    – ¿Qué voy a hacer? – dije angustiado

    – ¿Qué piensas que hay que hacer? – respondió él

    – Siempre me parece que tienes todas las respuestas, como si pudieras anticiparte a los hechos cada vez que se presentan frente a ti.

    – ¿esperas que te diga gracias?

    – No es lo que esperaba que me dijeras.

    – No, quieres que te diga que piensa Mariza, te odia.

    – ¿Tanto así?

    – Es lo que dice.

    Michael me observo durante unos segundos, su mirada fría y tranquila parecía ser en todo momento infranqueable.

    – Supérala ya Víctor, ríndete, déjate caer.

    Se levanto de su asiento y una vez más puso una medida en mi vaso.

    – ¿Vale tanto la pena?

    Observe el vaso durante unos segundos y luego a sus ojos.

    – ¿Lo vale? – repitió la pregunta.

    – Si, lo vale. Ella vale la pena.

    – ¿Qué haces destruyéndote solo entonces?

    – No lo sé – dije llorando por fin – no puedo evitarlo

    Me cubría el rostro ocultando mis lagrimas… de Michael, de la vida, de mi ¿quién me hacía avergonzar?

    – Víctor – comenzó diciendo – en lo que a mí respecta solo tienes dos opciones – tomo su vaso e inclinándolo dejando que se derrame sobre la alfombra – puedes quedarte solo en la oscuridad de tu despacho, llorando, avergonzándote de ti mismo o aceptar que tienes un problema, buscar ayuda y levantarte para seguir peleando por lo que quieres.

    Tomo mi vaso vacío observando sus detalles, lo dejo nuevamente sobre el escritorio y tomo su abrigo.

    – Sabes… en la vida hay dos clases de cobardes. Los que se arrepienten de tomar decisiones y los que ni siquiera se atreven a tomarlas.

    Capitulo Uno

    Las dos bandas se reunieron en el gran galpón abandonado que habían elegido.

    – No veo nada, cámara dos – ordene a uno de mis hombres en los controles.

    La señal era bastante buena. Mi informante había hecho las cosas bien, nos dio el tiempo de colocar al menos tres cámaras. Pareciera que es muy poco, pero puestas en lugares estratégicos resultan imprescindibles.

    De un lado Julio Gadin cabeza de la mafia de los analgésicos. Sus pastillas eran casi perfectas imitaciones de los medicamentos oncológicos salvo por una pequeña cuestión, eran simples placebos. Lo que lógicamente no evitaba que recibiera ganancias millonarias día a día.

    Entrando por la otra puerta se encontraba Emilio Santos, uno de los principales contrabandistas del mundo, sus redes se extendían desde Brasil hacia cualquier parte del mundo con enclaves principales en Budapest y Dubái. Ya me había encontrado antes con él, fue aliado de Sara en todo ese desastre y su casa sirvió para mantener cautiva a Mariza.

    Resulta un poco obvio tener que mencionar que las conexiones políticas y económicas de estos dos tipos les garantizaban inmunidad casi total.

    – Acercamiento por favor – ordene

    – Si, Señor.

    – ¿Equipos listos? -pregunte por el intercomunicador.

    – Alpha, listo.

    – Beta, listo.

    – Gamma, listo

    – Delta, listo

    Respondieron cada uno de ellos en el orden preciso. La alerta naranja de INTERPOL había sido ya emitida. Tras dos años de investigación por fin los tenia

    – Equipo Alpha – comencé diciendo – diez segundos y contando, luz verde, repito luz verde.

    – Si señor.

    Los poderosos portones de los galpones donde se llevaba a cabo la reunión volaron por los aires al momento que los agentes ingresaban, una gran balacera se creó al momento que intentaban huir despavoridos.

    – Equipos Beta y Gamma, luz verde.

    – Señor – respondieron simplemente.

    Ingresando por los portones oeste, como una gigantesca pared de escudos policiales cortaban el escape del lugar, fueron finalmente ellos los que aseguraron el cargamento valuado en más de mil millones de dólares.

    – Equipo Delta su turno entren.

    – Si señor.

    Tardaron más de lo que hubiera creído en abrir el techo hasta que por fin bajaron a plena acción, se libraron ataduras y avanzaron en conjunto con los equipos restantes.

    Momentos después recorrí las ruinas que había dejado la balacera

    – Capitán

    – Señor – dijo saludando

    – ¿Heridos?

    – Tenemos heridos en todas las divisiones, pero no tenemos bajas – respondió de inmediato – aseguramos el cargamento.

    – Olvida el cargamento, que todos los agentes sean atendidos lo más rápido posible.

    – De inmediato señor – logro decir antes que siguiera mi camino.

    Gadin resulto muerto en el enfrentamiento mientras que Santos por el contrario salió casi ileso, bueno así sería si no fuera por el disparo en su pierna. Ahora sentado sobre el capo de uno de los autos incautados mis hombres lo tenían en custodia mientras le daban la asistencia médica correspondiente. Me acerque con tranquilidad y le dedique una sonrisa.

    – ¿Cómodo Sr. Santos?

    – Ahh Sr. Michael… mucho, sabe no puedo dejar de pensar en el gran progreso que ha hecho.

    – Gracias – respondí.

    – En cierto modo también es de admirar. De Mercenario a Jefe de la INTERPOL en tu país, que gran historia. Parece un cuento de hadas – comento riendo.

    – No lo había pensado así – dije riendo al mismo tiempo.

    – Si, supongo que sabes que saldré en menos de un mes.

    – No en mi jurisdicción – dije sonriendo.

    – Piensas que eres muy superior al resto ¿cierto? – dijo acompañando mi sonrisa – piensas que puedes terminar con todas las redes que se crucen en tu camino, así como así ¿no?

    – Abra que ver como salen las cosas – respondí simplemente.

    – Solo será cosa de encontrar alguien que sirva para mis propósitos, tengo puntería para encontrar gente así, sobre todo jueces. Ese es mi talento – dijo mientras comenzaba a reírse.

    Acompañe su risa mientras colocaba mi mano sobre su herida y apretaba con fuerza, su sonrisa pronto se extinguió dando paso a muecas de dolor.

    – Si lo logras intenta que no nos volvamos a ver, yo también tengo puntería para encontrar gente. Ese es mi talento, pero cuidado no pienso entregarte dos veces a la justicia.

    Con la detención de Santos todas las miradas quedaron sobre mí, todo el mundo preguntaba constantemente que pasaría con él. Por un lado, se hablaba de una posible extradición directo a Brasil, sin embargo, también la justicia de los EE. UU. lo requería. Por lo que hasta no se resolviera ese conflicto permanecería en el país bajo custodia de la Policía Federal.

    Sentado en mi oficina observaba la información de los distintos casos, la puerta de mi oficina recibió dos golpes.

    – Adelante – dije sin dejar de leer.

    Uno de los capitanes entro al lugar saludo respetuosamente y luego simplemente espero a que terminara de leer.

    – ¿En qué puedo ayudarlo capitán? – dije cerrando la carpeta.

    – Señor, están llamando desde los Estados Unidos ¿Qué se supone que deben decirle?

    – Que no es problema mío – dije abriendo nuevamente la carpeta.

    Ese mismo día Mariza llegaría al país, se suponía que debía ir a buscarla, estaba contento por verla de nuevo. El escandaloso teléfono sobre mi escritorio comenzó a sonar, rápidamente lo atendí encontrándome con la voz de mi secretaria.

    – Sr. Michael disculpe que lo moleste nuevamente, el ministro de seguridad está en la línea dos.

    – Dígale que estoy ocupado.

    – Si, pero señor es la tercera vez que llama.

    – Bien – conteste dejando escapar un suspiro – comunícame.

    Tener que hablar con gente tan desagradable era algo que sencillamente me ponía de muy mal humor, tener que escuchar que me felicite por algo que su gestión tendría que tener como prioridad me parecía bastante patético, considerando todo el circo que los medios hacen con la famosa guerra a las drogas. Tan pronto pude colgué el maldito teléfono, cerré todos los expedientes y me retiré. No tenía ganas de ponerme a leer sobre mas crímenes.

    Tres veintisiete de la madrugada, el momento del reencuentro había llegado. Observé la fila de gente hasta que por fin la vi, su cara de repente se llenó con una sonrisa y saludo con una mano de manera muy alegre, asentí tranquilo sonriendo. La chica simple que antes fue había desaparecido, ahora con una enorme fundación con su nombre, un escandaloso divorcio y fama mundial debía adaptarse de manera casi continua.

    Me acerque hasta donde estaba ella tomando una de sus manos y dando un pequeño beso sobre ella.

    – Srta. Márquez – dije mirándola a los ojos – estoy contento de verla nuevamente

    – Lo note por tu expresión – respondió risueña – ¿No vas a abrazarme?

    – Debemos irnos antes que los paparazis comiencen a llegar.

    Asintió con la mirada triste, nos dirigimos hacia el estacionamiento, le abrí la puerta y comenzamos el viaje hasta nuestra casa. Desde que Mariza se había separado de Víctor las cosas se habían complicado por lo que decidimos vivir juntos, podría protegerla y ella podría hacer de cuenta que era una persona normal de nuevo.

    – Estoy totalmente ansiosa de ver a Ana – comento apenas subimos al vehículo – ¿Pregunto por mí?

    – Hable con Víctor ayer en la noche, dijo que Ana preguntaba por ti y lloraba.

    – ¡Vamos a buscarla ahora! – grito de repente

    – De ninguna manera, necesita descansar y tú también ¿pudiste dormir en el avión?

    – Ni un minuto – contesto

    – No hay más que discutir entonces.

    Mariza se había metido con gente muy poderosa, recibíamos amenazas prácticamente todos los días, pero jamás ocurrió nada.

    Cenamos algo sencillo que habíamos preparado juntos antes de irnos a dormir. Mi habitación era la que más espacio desperdiciaba, constaba de una cama de dos plazas, dos mesas de noche, un escritorio sobre el cual estudiaba mis casos y un pequeño chifonier para mi ropa. Me acosté envolviéndome en las blancas sabanas y casi al instante me dormí.

    Me vi rodeado de un mundo que hacía mucho que no contemplaba, era un niño de nuevo. Corría por una calle totalmente desierta, la lluvia caía sobre mí, a lo lejos podía ver a mi madre, realmente era ella. Había vuelto a buscarme, me esperaba con los brazos abiertos acompañado de una enorme sonrisa.

    – Mamá espérame por favor.

    – Corre – me decía, mientras me daba la espalda.

    – Mamá, no te vayas – grite con las fuerzas que tenía.

    Me desesperaba cada segundo, estaba tan cerca de tocarla, pero de pronto se evaporo. Mire para todos lados llamándola una y mil veces. Desperté de repente, miré para todos lados tratando de adivinar donde me encontraba, tras unos segundos me calme y camine Sali de mi habitación. Sin apenas saberlo me dirigí hacia la cama de Mariza donde me acosté, acaricié suavemente su rostro mientras por mi mente todavía pensaba en ese extraño sueño, sus ojos se abrieron. Se asusto en primer momento hasta que se di cuenta de que solo se trataba de mí.

    – ¿Tuviste una pesadilla acaso? – rio suavemente adivinando la causa.

    – Parte de mi pasado, nada más.

    – ¿Quieres contarme?

    – No es importante, discúlpame por despertarte.

    – Ven – dijo dándome un beso

    Me rodeo con sus brazos y se quedó dormida prácticamente al instante – a la mierda la excusa para estar acá – comente mirando techo, los minutos pasaban mientras por mi mente pasaban todos los problemas que tenia que resolver.

    Desperté de repente Mariza todavía no se despertaba ¿Cuántas horas dormí? Me levanté sin despertarla, fui para mí habitación y comencé a preparar mi bolso para poder ausentarme algunos días. La puerta recibió dos suaves golpes.

    – Adelante – respondí.

    – ¿Sigues con insomnio?

    – No necesito dormir tantas horas como tu

    – Según tengo entendido todas las personas necesitan dormir ocho horas para tener un sueño reparador y una vida saludable.

    – Tengo muchas cosas para hacer.

    – Podrías pedirle a alguien que te reemplace unos días y nos tomamos unas mini-vacaciones

    – No creo que sea para tanto mi ausencia. Mi vida se convirtió en algo insignificante.

    – ¿nos hubiéramos conocido si los IAF todavía existiesen? – pregunto mirando a través de la ventana que ofrecía mi cuarto.

    – ¿Porque lo preguntas?

    – Conocerte cambio mi vida…no, conocerte salvo mi vida. De no ser por ti, estaría en un burdel asqueroso siendo violada una tras otra o me hubieran asesinado y desechado en algún descampado.

    – No pienses así – la amoneste

    – Es la verdad.

    – Soy importante para ti, salve tu vida, ayude a terminar con Sara, liberar a cientos de mujeres.

    – ¡Eso es increíblemente importante!

    – Yo era más. Era el capitán de la Intenational Assault Force, comande a los hombres más capacitados y entrenados que el mundo jamás vio. Ingrese en lugares considerados inexpugnables.

    – Lastima que para el resto del mundo no existieron – dijo mirándome fijamente – nadie supo, sabe o sabrá que existieron.

    Me quede pensando en sus palabras, simplemente era verdad, se acercó abrazándome con fuerza.

    – ahora estas en un puesto importante también – comenzó diciendo – eres importante, para mí, para Ana, para tus hombres. Puedes cambiar el mundo y enorgullecerte de tus logros.

    – Es una forma de verlo, pero simplemente no lo conoces. No conoces el sabor de la aventura y el riesgo.

    – Cuéntamelo, cuéntame una de tus aventuras.

    Según los informes proporcionados por los agentes del M16 debíamos intervenir en la situación que se había generado en Singapur. Desde hacía más de medio año el país había comenzado a cerrar acuerdos con distintos proveedores en un intento de conseguir uranio enriquecido y comenzar un programa nuclear con el que pensaban desarrollar misiles de largo y corto alcance.

    Era algo totalmente ridículo pensar en la paz o en los derechos humanos que sin duda romperían para mantener todo en secreto, la razón era mucho más simple, hegemonía. El Reino Unido y sus aliados no dejarían bajo ningún punto de vista que avanzaran en la búsqueda de armas de destrucción masiva. El plan era el siguiente, deshacernos del primer ministro y frenar todo con su sucesor, pero el plan salió mal. El objetivo salió gravemente herido, pero vivo.

    Camine por los blancos pasillos del hospital general de Singapur, todo el cuarto piso había sido acordonado para alojar al primer ministro, ingresamos en los registros del hospital y robamos la identidad de uno de sus doctores. El paso dos consistía en llegar hasta él y terminar el trabajo, atravesé los controles y pinchando el suero a la altura de la intravenosa dando por cumplido el objetivo, desconecte todos los aparatos y me prepare para salir de la habitación justo en el momento que dos guardias entraron. Tome el pulso de mi objetivo y espere alguna clase de oportunidad, los guardias se acercaron. Me hice a un lado dándoles espacio y en un solo movimiento sujeté la cabeza de uno de ellos rompiéndole el cuello. El otro retrocedió dos pasos listo para dar la alarma, rápidamente me adelante a su idea con un golpe certero sobre su cuello rompiendo su tráquea. Se arrodillo con las manos en su cuello tratando de mantener su laringe abierta, le di una muerta rápida y acomodé los cuerpos sobre unas sillas cercanas. Abandone la habitación, salude al resto de los soldados y me dirigí hacia las escaleras, consulte mi reloj por segunda vez. Todo iba según el plan, comenzaron a sonar las alarmas del hospital, tardaron menos de lo que imaginaba, llegue a la azotea. Observe desde arriba como el edificio era completamente rodeado por decenas de patrullas. Pasaron unos segundos hasta que el helicóptero prometido llego, atravesamos el estrecho de Johor donde protegido por la oscuridad de la noche me tire al agua. Nade hasta Palau Ubin, la isla al noreste de la ciudad. Me cambie de ropa y llegue hasta el otro extremo de la isla donde ya me esperaban para trasladarme a Malasia. Una vez ahí la diversión se terminó, asumí otra identidad y viajé como si fuera un simple turista a la ciudad de Nom Pen capital de Camboya y de ahí a Londres.

    – Y ahora estoy acá – agregue – firmando papeles, soportando a personas estúpidas o simplemente no haciendo nada.

    – Podrías intentar un hobby – sugirió mariza

    Me causo gracia la sugerencia, algo que ella noto de inmediato haciendo una mueca molesta – ¿un hobby? – agregue

    – Podrías hacer algo que te ayude a combatir el stress

    – No estoy estresado estoy aburrido.

    – Claro, nada más divertido que matar gente para sentirse vivo ¿no?

    – Dicho de esa manera podría llegar a sonar mal Srta. Márquez – termine de poner las cosas en el bolso cerrándolo rápidamente – nos veremos en dos días.

    Sonrió en forma tranquila guiñándome un ojo, el hecho de despedirnos lo hacía tedioso por lo que habíamos dejado de hacerlo. Tras pocas horas llegue a la reunión con el consejo de disciplina de INTERPOL, según ellos había llegado el momento de hablar con más seriedad e investigar si realmente debía permanecer en mi cargo.

    Todo se fue al demonio por un pequeño favor que acepte hacer, según los informes se estaba organizando un atentado a la embajada chilena, debía llegar allá antes y convencer al embajador de acompañarme a un lugar seguro, pero como siempre suele suceder en este tipo de cosas los informes eran escasos en información. Llegue con un grupo de hombres fuertemente armados y sacando mi placa los obligue a abrir las puertas, una vez adentro me dirigí a la oficina principal.

    – ¿Quién es usted?

    – Michael Sellers jefe de la oficina nacional de INTERPOL. Tenemos que irnos ya.

    – Escúcheme calmémonos. No he recibido ningún informe al respecto ni ordenes que confirme nada de lo que tú me dices.

    – Señor embajador… todo esto me parece muy bien, pero la información es confidencial para mantener el orden y evitar el caos.

    – Yo no me voy a mover de acá sin información confirmada.

    – Sr. Embajador respeto lo que dice, pero esto no es una consulta sino una orden

    Su cara cambio de inmediato poniéndose completamente roja, comenzó a los gritos mientras me golpeaba el pecho con sus débiles dedos acostumbrados a no hacer nada.

    – Mira weón, esta es mi pega y yo sé todo lo que debo hacer. No voy a dejar que un militar fachista hijo de puta me dé órdenes.

    – Le doy la última advertencia. Viene conmigo o lo llevo a la fuerza.

    Me quedo mirando con sus ojos clavados en los míos mientras respiraba de forma agitada, tal y como lo había pensado decidió golpearme. Rápidamente evite su ataque tomándolo de su fino traje golpeando mi cabeza contra la suya, al soltarlo simplemente se desplomo semi inconsciente mostrando un evidente mareo.

    – ¡Sebastián! – grito su esposa.

    – Señora tranquilícese su esposo está bien, solo algo mareado.

    – Usted es una mierda, un parasito del sistema, lacra de esta sociedad ultra derecha llena de hijos de puta.

    – Señora respetare su odio en este momento, pero tiene cinco segundos para acompañarme de forma voluntaria.

    La discusión termino básicamente ahí, luego de eso salimos del edificio usando un helicóptero propiedad de los carabineros de Chile llegando rápidamente a un cuartel, una hora después nos informaron que habían intentado volar por los aires la embajada, aunque finalmente fueron abatidos. Tras unos pocos días el embajador volvió a su país para dar las explicaciones correspondientes.

    – Y… bueno básicamente eso fue todo – dije ante el consejo.

    – Pero usted – comenzó diciendo un concejal – ¡es un demente!

    – Tenía que cumplir con mi objetivo, si no hubiera tomado esa decisión en este momento el embajador estaría muerto.

    – Momento – interrumpió otro de los concejales – deberíamos revisar los otros casos que manejo el acusado,

    – Acá los tengo – agrego el presidente de consejo – veamos… en los casos en los que ha decidió participar han resultado muertos muchos de los criminales que se suponía que debía atrapar. Ha golpeado, reprimido y atacado a mucho de los agentes bajo su cargo.

    – Con respecto a eso debo agregar que fue con el fin de mejorar la calidad de los agentes que nos representan.

    – Recibió decenas de denuncias de sus agentes ¿tomar y asesinar gente dentro de la catedral?

    – Fue para proteger al obispo.

    – Usted ingreso a la casa de Dios armado y asesino gente a los pies de nuestro Señor – salto otro concejal, sin duda creyente.

    – No se preocupe fui en un momento que él no se encontraba o por lo menos así me pareció.

    – ¡Blasfemo ignorante!

    Golpeo con fuerza la mesa mientras por mi parte mantenía mi sonrisa. Como había pensado tenía razón, duda resuelta. El consejo se retiró, calculo que abrían pasado por lo menos media hora cuando regresaron tomando asiento.

    – El acusado de pie – comenzaron diciendo – este honorable consejo disciplinario ha decidido suspenderlo de sus tareas durante un mes completo, asignándole un agente que se encargue de vigilar sus movimientos e iniciar inmediatamente sesiones con la Dra. Cecilia Lamberg hasta que ella considere retirarlo de su programa. se levanta la sesión.

    Mariza

    Cerré los ojos tratando de dormir, la imagen de Ana venia nuevamente a mi mente. Tenia ganas de saltar de la cama y correr a buscarla, pero también era cierto que llevaba muchas horas sin dormir.

    Cuando me enteré de que había quedado embarazada fue el momento más feliz de toda mi vida, podía sentir como mi corazón latía con tal fuerza que estaba a punto de salirse de mi pecho. Tras comentárselo a Víctor quedé… destruida, la poderosa energía que corría por mis venas se había evaporado con tanta facilidad que me costaba creer que fuese cierto. Sin nada más que lo que llevaba puesto en ese momento salí de la mansión – ¿Está pasando esto realmente? – pensé mirando a los cielos ¿después de todo el dolor sigue más dolor? No quería que fuese así. Me acerque a los enormes portones de la propiedad encontrándome con la seguridad q me miraba sonriente.

    – Buenos días Sra. Vask – dijo uno de ellos

    – Buenos días – respondí sin ánimos

    – ¿Sra. Mariza necesita que la llevemos a algún sitio?

    – No, gracias chicos. Solo abran el portón.

    Las pesadas puertas comenzaron a abrirse hasta que por fin la salida se mostró ante mí. Me di vuelta dando una rápida mirada a la mansión.

    – Sra. Vask – dijo alguien – ¿quiere dejar un mensaje para el Sr. Vask?

    – Dígale… – pensé durante unos segundos – no, no le digas nada.

    Una suave y fría brisa de aire ingreso por mi boca hasta mis pulmones – ¿Un nuevo comienzo? – pregunté dentro de mi mente mientras miraba hacia la lejanía – claro – me respondí a mi misma.

    Me dirigí hacia la primera parada de autobús que encontré, me subí, pagué mi boleto y me senté sola en uno de los últimos asientos.

    – Hola – dijo una voz inocente en algún momento del viaje.

    Era una niña de negros cabellos y ojos grandes color almendra, no debería tener más de diez años, ocho tal vez. Me sonrió con tanta naturalidad, la imite mostrándole la mejor sonrisa que tenía en ese momento.

    – Eres muy hermosa – dijo con una sonrisa.

    – Tú también lo eres – dije acariciando su mejilla – ¿Cómo te llamas?

    – Sara – respondió

    Un gusto amargo recorrió mi boca, volví a sonreír mirándola a sus enormes ojos. Ese nombre ahora tendría un significado mucho más hermoso. Se subió rápidamente al asiento ubicándose a mi lado.

    – ¿Dónde está tu mami? – le pregunte.

    Me señalo a unos asientos más adelantes donde una pareja discutía, no pude evitar hacer una mueca de disgusto, la miré nuevamente a ella sonriéndole.

    – Siempre pelean – me dijo – cosas de grandes.

    “Cosas de grandes” debía ser el sinónimo de cosas de dinero. La pareja finalmente se percato que su hija se había alejado mucho, se pararon juntos mirando para todos lados. Levante mi mano señalándola. Abrazaron su hija pidiéndome perdón si me había molestado – para nada respondí simplemente.

    Michael se había ido, tenía la casa sola por dos días, bueno…sola. Eso podría decirse si no hubiera mucamas, cocineros, mayor domo, ama de llaves, chofer y vigilancia. Siempre intentaba poder contratar a la mayor cantidad de gente posible, era una forma de generar puestos de trabajo. Tras la caída de Sara mi vida debería haber sido un enorme colchón de rosas ¿podía ser completamente feliz? – por supuesto que no – le respondí a mi mente una y mil veces ¿Cómo podría ahora que sabía cuál eran las condiciones y el destino de todas esas mujeres? Tras el divorcio quería olvidarme de todo, no quería saber de nada que tuviera que ver con él, pero luego pensé – tomare el dinero que me corresponde y hare la diferencia – ahora cinco años después, tras pelear contra todos los obstáculos que se pusieron frente a mi por fin puedo decir que es algo de que estar orgullosa, saber que no mire simplemente para otro lado y continúe con mi vida. Durante solo el primer año prestamos ayuda y hospedaje a mas de ochocientas mujeres de todos los rincones del país, los medios estallaron en elogios o en recriminaciones acerca de cómo estarían esas chicas, nuestras instalaciones, alimentación, higiene…etc. ¿ayudaron alguna vez ellos a alguien? Si hay algo que siempre me molesto fue la hipocresía sea quien fuere. Con la red cayendo y cientos de prostíbulos siendo cerrados no solo a nivel nacional sino en los países limítrofes había muchas mujeres que necesitarían ayuda, no solo para volver a sus hogares. Sino para reinsertarse en la sociedad, poder confiar, poder creer que la pesadilla por fin había terminado.

    Contemplé la enorme fachada del edificio, con un estilo gótico que recordaba las hermosas calles de un París renacentista, la sede de la Fundación Márquez lucia imponente. Se elevaba sobre los demás edificios circundantes como si fuera un enorme y bullicioso centro urbano.

    Seguida por una hilera de tediosos y molestos guardaespaldas ingrese en la sede, de todos lados comenzaron a venir para poder saludarme. La fundación ya no sólo servía para darles apoyo a las chicas cautivas, nos habíamos extendido tanto en las tareas solidarias que ahora prestábamos ayuda a hospitales y orfanatos, llevando comida, medicamentos, ropa o lo que sea necesitasen. Ese día un pequeño grupo del orfanato Nuestro Señor fue a buscarme para poder agradecer por todo lo que hacíamos por ellos. Fabricio, un niño de apenas cinco años corrió a abrazarme llevando algo en su mano, apenas puede verlo antes que un fuerte empujón lo derribará tirando lo que fuera que llevará volviéndolo añicos. El salón se enmudeció solo a excepción de los llantos del pequeño, me di vuelta furiosa echando a cada uno de mis guardaespaldas casi a patadas. Fabricio todavía lloraba en el suelo cuando me acerque a él, lo que lo que llevaba consigo era una pequeña jirafa de arcilla rota a su lado, lo tome en mis brazos mientras lloraba contra mi pecho pidiendo perdón por dejar que se rompiera.

    – No importa, era una hermosa jirafa – le respondí.

    Sus ojos se llenaron de alegría abrazándome, su respiración era agitada e irregular, pero al menos ya no lloraba, lo baje al suelo acomodando su ropa.

    – ¿Quieres acompañarme a recorrer la fundación? – dije tendiendo mi mano.

    Asintió totalmente entusiasmado tomándola. En una de las tantas entrevistas que me han hecho dije que la jirafa era mi animal preferido por lo que desde ese momento me la envían como regalo. Aunque realmente no lo había dicho por eso sino para iniciar una campaña para la conservación de miles de hectáreas que mas tarde fueron convertidas en áreas protegidas.

    A pesar de que la fundación prestaba ayuda a distintas causas benéficas nuestra atención estaba puesta mayormente en las chicas que habían sido victimas de las redes de trata, el enorme centro contaba con habitaciones individuales cada una con un pequeño baño privado. Esto último era para volvieran a sentirse seguras, las habían despojado de toda privacidad y dignidad por lo que muchas veces era tomando como un lugar seguro donde podían sentirse… a salvo. Mas allá de eso contábamos con equipos de psicólogos que hacían rondas de ocho horas por lo que la atención estaba siempre presente, se las alentaba a trabajar ya sea dentro de la fundación para las recién llegadas o fuera para las mujeres en programas más avanzados.

    Al caer la noche la reunión con los representantes del orfanato termino, Fabricio estuvo todo el día pegado a mí, por lo que en ningún momento soltó mi mano salvo cuando se despidieron. Me dirigí hacia mi oficina cuando dos policías me detuvieron.

    – Buenos noches – dije llena de dudas.

    – Buenos noches Srta. Márquez – dijo uno de ellos mirándome fijo a los ojos.

    – ¿En qué puedo ayudarlos caballeros?

    – Somos de la Policía Federal – dijo al momento que sacaba su reluciente placa para guardarla rápidamente – ¿podría acompañarnos?

    – Por supuesto – dije aclarándome la garganta – ¿Ocurre algo?

    – Solo unas preguntas

    – ¿Porque no podemos hacerlas aquí mismo? – interrogue

    – Nuestros superiores insisten en que la llevemos con nosotros, por favor no se resista.

    Mordí mis labios tratando de no parecer nerviosa, accedí que me escoltaran hasta afuera donde un brillante auto de color negro nos esperaba. Lo mire sintiendo una mezcla entre confusión y dudas ¿Por qué no era una patrulla? Un frio recorrió mi espalda al momento que mis sentidos se agudizaban – ¡Atenta Mariza! – grito algo dentro de mí, vestían como oficiales, hablaban como ellos, pero no tenían patrulla, ni esposas, ni radio ni armas ¿los agentes federales no deberían tener armas reglamentarias? Podría ser que las hubiesen dejado en su vehículo… no tenía lógica.

    – Suba – ordeno el segundo agente

    Observe el vehículo, luego a cada agente. Hubo una pequeña competencia de miradas entre los tres, recordé la cámara que vigilaba la entrada de la fundación, ante cualquier cosa Michael seguramente podría rastrear el auto. Subí sin demoras, pero sin perder atención a cualquier gesto. Recorrimos la ciudad hasta prácticamente la zona centro.

    – Disculpen – comencé diciendo – no hay ninguna comisaria por esta zona.

    – Es una ruta especial Srta. Márquez. Es una persona especial, debemos mantenerla segura.

    Las palabras me convencían, pero algo no me sonaba nada bien. Estudie cada detalle de la supuesta patrulla, no estaban armados salvo por esas macanas negras tan características de los policías – mente fría y disparos certeros Srta. Márquez – recordó mi mente la frase que Michael solía usar durante los entrenamientos. Fue entonces que una pregunta rondo mi mente ¿La Policía Federal los usa? Podría ser que fuera para evitar llevar armas de fuego en público, pero tampoco tenía sentido.

    El auto ingreso por un callejón oscuro, mi corazón latió con muchísima fuerza al saber que todo podría cambiar ahí. Podría ser una trampa de Sara o algunos de sus socios por haber arruinado todavía mas sus horribles y asquerosos negocios. Una enorme cortina del garaje frente a nosotros se abrió mientras descendíamos, vi como tomaron sus macanas llevándolas en sus manos. Me rezagué unos pasos y cuando se distrajeron di la cabeza del primer “policía” contra la pared del edificio dejándolo adolorido en el suelo. El segundo se dio vuelta al instante. Parte del entrenamiento de Michael incluía técnicas agresivas de distintas artes marciales, en este caso levanté mi rodilla casi a la altura del pecho y dando una vuelta de trecientos sesenta grados di a toda velocidad una fuerte patada en el pecho del “segundo policía” quien reboto contra el suelo al caer. Tome la macana tirada en el suelo llevándola a su cara mientras aplastaba con mi pie una de sus manos.

    – ¿Quién mierda los mando?

    Se retorció quejándose con una evidente falta de aire, sin dejar de observarme, su labio temblaba y miraba constantemente adentro del edificio. Repetí la pregunta solo que esta vez levantando la macana.

    – ¡Eva! – grito cubriéndose como pudo con su mano

    – Eva… – dije con un tono de voz casi susurrante

    Las luces se prendieron de golpe mostrando un salón lleno de mujeres, todas completamente atónitas, algunas se llevaban las manos a la boca a otras simplemente se les podía ver el miedo su mirada mientras observaban dudosas para todos lados. Observe mis manos temblorosas tirando la macana al suelo ¿Qué estaba haciendo?

    Eva salió entre la multitud, su mirada estaba puesta en mi luego en ellos, de nuevo conmigo. Se disculpo con el público y principalmente con los policías que doloridos trataban de levantarse.

    – ¿Qué es esto? – interrogue.

    – Era una fiesta sorpresa para ti…de bienvenida y para celebrar que ganaras el Premio Novel – aclaro – esos eran los strippers.

    Premio Nobel de la paz…que contradicción – por hacer de este mundo un lugar mejor para toda la humanidad – decían los representantes del Comité Noruego del Nobel. Compuesto por un grupo seleccionados por el parlamento son los encargados de seleccionar al ganador siguiendo las normas establecidas en el testamento de Alfred Nobel.

    – Yo…lo siento muchísimo – le respondí – de verdad. Lo lamento muchísimo, me asusté – dije, pero esta vez a los policías.

    – Lo entendemos – dijo uno de ellos tomándose la cabeza.

    – Fue una mala idea – contesto el otro.

    – De verdad por favor discúlpenme.

    – Es un gusto conocerla – dijo el falso policía que golpee contra la pared – soy socio de su fundación siempre hago donaciones – agrego mientras tendía su mano

    – Lo agradezco muchísimo, lo siento – dije tomándola– ¿te encuentras bien?

    – No es nada – dijo limpiando la sangre que brotaba del raspón en su frente – hay mujeres a las que le gusta cosas muy rudas. Comparado con lo que ellas hacen esto solo fue un calentamiento.

    Obviamente lo decía por orgullo o por conservar el trabajo que seguramente Eva había pagado excesivamente bien. Tras disculparme con todas las invitadas la noche comenzó, las luces se apagaron mientras la música comenzaba a subir más y más. La fiesta había sido un verdadero éxito, el servicio de bebidas se aseguraba de que las copas no permanecieran vacías mientras que el DJ mantenía siempre un ritmo frenético de nuestros cuerpos. Los destellos luminosos se combinaban perfectamente con la nieve falsa que caía sobre nosotras, mi ninfómana amiga bailaba contra mí, restregando su piel contra la mía. Envuelta en un vestido por demás sugerente bailaba contra mí, dos manos fuertes sujetaron mis caderas marcando mi ritmo al son de sus movimientos, el stripper que había golpeado volvía al ataque solo que esta vez solo llevaba puesto un bóxer, aunque por las variaciones de la luz no identifique el color.

    Eva sonreía contra mi mientras en el centro de esa pequeña ronda era completamente manoseada elevando mi excitación a un nivel incontrolable, la bese… ya la extrañaba, hacía mucho tiempo que no probaba su sabor… su olor, su manera de morder mis labios.

    En un momento la ronda se rompió Eva me saco de ahí llevándome a una pequeña oficina en un piso superior, podía verse la fiesta desde el inmenso ventanal que tenía. Sentí sus manos en mis caderas, pero esta vez sí era ella.

    – Te extrañe – confeso en mi oreja antes de morderla.

    – Yo también – agregue.

    Acaricio mis brazos mientras descendía lentamente sobre mí, sentía como sus dientes mordían poco a poco mi piel mientras una de sus manos consiguió desabrochar mi pantalón y hundirse cerca de mi entrepierna. Solté un suspiro al sentir como comenzaba a mimar mí ya humedecido sexo.

    – Espera un momento – dijo soltándome de repente.

    – ¿Qué estás haciendo? – me queje muy molesta – Eva

    – Lo sé lo sé – dijo sacando su celular – hola…soy yo… ¿quieren venir? estamos en la oficina de la planta superior…bien.

    La observe con una mezcla de bronca, deseo y curiosidad. Ella solo sonreía – silencio – me dijo en una simple seña llevando su índice a los labios. Pasaron unos minutos hasta que la razón apareció frente a nosotras. Los dos strippers aparecieron sonrientes bailando para nosotras, nos acomodamos en un cómodo sillón mientras ellos movieran la pelvis frente a nuestros rostros. Mi estado de excitación aumentaba progresivamente tornando completamente duros mis pezones y mojado mi entrepierna, aunque la mi respiración se corto al ver a mi compañera de travesura, haciendo a un lado el escote de su vestido había liberado uno de sus senos para ser chupado y mordido por el stripper. Comenzó a masturbarse mientras comenzaba a gemir cada vez con más intensidad.

    – Mariza – dijo llamando mi atención el stripper – ¿Quieres algo para ti?

    Asentí de forma casi automática volviendo mi mirada a mi amiga, sentí como mi pantalón bajo suavemente, de un momento para otro estaba sin nada. Lo observé nuevamente abriendo mis piernas para el observando como su boca se acercaba a mi humedecida vagina y sin esperar comenzó a chupármela sin ningún tipo de compasión, me contuve cuanto pude, pero pronto me uní a los gemidos soltados por Eva. Mi stripper se concentraba en chupar mi clítoris completamente sensible, dos de sus dedos fueron abriéndose paso dentro de mi enloqueciendo mi respiración aún más.

    – ¿te gusta tu fiesta de bienvenida? – pregunto Eva sin aliento

    – ¡Si! ¡Me encanta! – grite en las mismas condiciones.

    Sonrió con picardía antes de introducir la verga del excitado hombre frente a ella, el miembro entro casi por completo antes de salir y ser engullido nuevamente. Lo masajeaba besaba y jugaba con el sin dejar de sonreír – ¡Quiero más! – me dije a mi misma. Tome la iniciativa esta vez levantándome libere el miembro de mi stripper comenzando a masturbarlo, pero su disfrute privado duro poco, me detuve. Regresé al cómodo sillón arrodillándome sobre el tapizado inclinándome hacia atrás, rápidamente sentí como tomo mi cintura colocando su glande en mi vagina y tras un breve juego me penetro hundiéndose casi por completo en mí.

    Suspire de forma profunda y ronca mientras sentía como comenzaba a marcar el ritmo, observe nuevamente a mi compañera. Era penetrada más violentamente, sentada en la misma posición de antes solo abría sus piernas recibiendo gustosa al extraño sin dejar de gemir, me devolvió la mirada y sonriéndome me dio una fuerte nalgada.

    Era demasiada perversión para mí, Eva me atrajo a ella mientras comenzaba a besarme apretando mis senos. Sentí como todo mi cuerpo empezaba a convulsionar mientras ambas nos acercábamos cada vez más y más al clímax, mi respiración se aceleró muchísimo mientras comenzaba a acabar con el miembro de ese extraño dentro de mí y justo a mi querida amiga.

  • La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (3)

    La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (3)

    Por poco casi éramos descubiertos por mis padres cogiendo bien rico la tía Silvia y yo sólo fueron minutos antes lo que nos salvó de tremendo escándalo en la familia.

    Después de esperar un poco me puse un short y polo y fui donde estaba la fiesta los invitados y padres seguían bailando y tomando ya no había mucha gente varios ya se habían ido, yo estaba bien escondido para no ser visto.

    Lo que me interesa eran mis padres él estaba bien borracho así que mi mamá con la ayuda de su hermano lo subieron a su dormitorio para que descanse ya, eso prácticamente hizo que la fiesta se acabará y empezó a irse todos mi madre también se fue a dormir.

    Ahora estaba más tranquilo ya nadie podía ir a mi cuarto a interrumpir, regresó rápido y tuve que esperar un rato a que mis ojos se adapten a la oscuridad no quería correr riesgos con Silvia que se despierte por completo si todo había sido en la oscuridad de mi cuarto así debía continuar.

    Me quité la ropa estaba nuevamente con la pinga dura y listo para seguir disfrutando de la tía Silvia, con unas toallas húmedas la limpie del semen que había eyaculado en ella con cuidado y alumbrado por la linterna del celular

    Echado en medio de sus piernas abiertas me mostraba su chucha con sus vellos púbicos algo crecidos y de labios grandes marrones con los dedos los abría y cerraba jugando con ellos y vi su clítoris grande e hinchado como si fuera un frijol.

    Le di leves masajes con un dedo en el botón rojo y brillante ella volvió a gemir entre lo dormida que se encontraba nunca había chupado una vagina y esté era el momento de aprendizaje con ella, mi boca buscó los labios vaginales estaban salados pero continué pasando la lengua por encima de ellos.

    -¡¡Hum… humm… hum!!

    Su cuerpo empieza a reaccionar a las caricias que recibía su sexo, sabía que no era un experto dando sexo oral pero aun así lograba arrancar gemidos de placer a una mujer de 52 años que volvía a sentir lo rico del sexo después de buen tiempo.

    Había pasado de ver en una revista y película porno la teoría de como se hacía una buena sopa a una mujer a la práctica real, el sabor de una buena chucha caliente qué estaba bien húmeda subía y bajaba la lengua por sus hinchados labios hasta llegar al clítoris qué con la punta de la lengua se lo pasaba hasta que empezó a moverse como si estuviera teniendo un ataque de epilepsia.

    Mi cara y boca fue mojada por sus jugos parecía como se hubiera orinado cuando su cuerpo explotó al llegar al orgasmo mis dedos y boca continuaron chupando y lamiendo su sexo volviendo que tuviera otro orgasmo su cuerpo se movía como si recibiera una fuerte descarga eléctrica.

    -¡¡Agggg… diooos… qué ricooo… Nunca sentíiii asiii… ahhhh!!

    Estaba borracha aún pero disfruta de todo lo que le hacía esté joven amante y aprendiz de 18 años ya era momento también que Silvia n devuelva el favor y acerqué a su boca mi verga.

    -¡¡Vamos chúpate esta rica pinga… vamos!!

    Ella aún tenía los ojos cerrados no sabía si era porque aún tenía sueño o era para no saber quién le estaba dando tanto placer, pero abrió la boca también quería tener una buena pinga dentro de su boca y empezó a tragarlo con una desesperación.

    – ¿Te gusta… ahhh… así chuparlo todito… ahhh…?

    Ella no contesta con palabras sino aumenta la velocidad de la felación tampoco era una excelente chupadora de vergas pero hacía el intento, chupaba y lambia como una perrita caliente y no se lo sacó de la boca hasta que logró que eyacule en el fondo de su garganta sujete fuerte su cabeza para que se trague toda mi leche caliente.

    -¡¡Agggg… Queee ricooo… agggg!!

    (Continuará…)

  • Mi marido se cree que trabajo de niñera (Cap. 1)

    Mi marido se cree que trabajo de niñera (Cap. 1)

    Después de varios meses sin escribir en ésta página aquí estoy de regreso con bastante para contarles, espero que me hayan extrañado.

    Para los que aún no me conocen, les cuento que soy una mujer casada de 28 años de edad, mi nombre es Julieta, vivo en Argentina y para que me conozcan aún más les recomiendo leer mis anteriores relatos.

    Los que ya me han leído saben que no soy ninguna santa y aunque amo a mi marido he tenido algunas aventurillas extramatrimoniales pero por miedo a arruinar mi matrimonio he pasado un par de meses siendo toda una santa y haciéndome respetar como toda dama debe hacer, hasta que el bichito de la tentación y del pecado me volvió a picar.

    Todo comenzó cuando mi amado esposo me pidió un favor…

    -Mi amor, necesito que me apoyes con la economía de la casa, con lo que yo gano no nos alcanza para nada…

    Sorprendida le pregunté…

    -Pero amor… ¿De qué manera puedo yo ayudar?

    -Trabajando Julieta, trabajando! Respondió…

    Un poco enojada le pregunté…

    -Pero trabajando de que?

    -No sé Julieta! Busca en los clasificados! Algún trabajo para vos debe haber!

    -Ok, yo voy a buscar trabajo! Le respondí muy enfadada y esa misma tarde me puse a buscar empleo por Internet, busqué y busqué un buen rato pero no había nada que me convenciera hasta que me detuve en un aviso que me llamó la atención: «Se necesita mujer para trabajo bien remunerado, requisitos tener entre 21 y 30 años, buena presencia y dedicación full time, enviar foto de cuerpo entero por whatsapp para coordinar una entrevista personal, excelentes ganancias»… sin dudarlo un instante y sin decirle nada a mi marido envié una de mis fotos al número publicado en el aviso con un mensaje adjunto pidiendo una entrevista personal, no tardaron en responder…

    -Hola, te espero esta noche a las 22 hs., en el hotel Roma, cuando llegues preguntar por Víctor… -Entusiasmada respondí el Whatsapp…

    -Muchas gracias! Allí estaré puntualmente!

    A las 21 hs., aproximadamente, antes de bañarme, le conté a mi marido que tendría mi entrevista de trabajo, él, se puso contento en un principio, pero enseguida comenzó a preguntar…

    -Una entrevista a las 22 hs? Me parece medio raro… y que tipo de empleo te ofrecieron? -Yo, que ya tenía preparada la repuesta le dije:

    -De niñera amor… -Él, pareció tranquilizarse y me preguntó…

    -Y dónde es tal entrevista? Sin decirle que era en un hotel de mala muerte le dije en que calle quedaba sin dar más detalles, y escapando de su pesado interrogatorio me metí en el baño para tomar una buena ducha de agua caliente… al salir me puse bien bonita, con un jeans bien ajustado, una camisita escocesa, tacos altos y bien perfumadita y maquillada fui hasta el living de casa para despedirme de mi marido…

    -Ya llamé un taxi amor, deseame suerte para conseguir ese trabajo. -Él, me miró de arriba a abajo como celoso de mi vestimenta y dijo…

    -Tanto te arreglaste para ver un trabajo de niñera? Y porqué no me pediste a mí que te lleve en vez de llamar un taxi? -Justo antes de responder se oyó la bocina del taxi que llegaba para buscarme… sin dar explicación alguna le respondí…

    -Me voy amor! Vuelvo en un ratito! -le di un beso y salí…

    Al llegar al Hotel me di cuenta que no era de los mejores ni mucho menos, era un hotel de mala muerte, al ingresar al mismo le pregunté al conserje por el señor Víctor, él tomó el teléfono y se comunicó con uno de los cuartos…

    -Víctor? Una señorita llamada Julieta pregunta por vos… ok… le digo… -Él conserje colgó el teléfono y me dijo…

    -Tercer piso señorita, habitación 28, le pido un favor, no quiero que hagan mucho ruido con la cama ni tampoco que grite tanto, ya que en la habitación de al lado hay gente hospedada… -Con cierto estupor ante sus palabras le respondí…

    -Se equivoca señor, yo no vengo a hacer eso que usted insinúa, vengo por una entrevista laboral… -Él sonrió con sarcasmo y me dijo…

    -Entrevista laboral? Si claro! Jajaja… dale nena! Subí y no grites mucho! -Enojada tomé el ascensor hasta el tercer piso y toqué la puerta en la habitación 28, sin demorar abrió la misma un hombre como de 48 años aproximados, negro, calvo, su aspecto era de un narcotraficante, lleno de cadenas, pulseras y reloj de oro, vestía un jeans y una camisa blanca bastante desprendida en su pecho, su perfume era riquísimo, sus ojos negros me recorrieron de pies a cabeza y luego me habló con acento centroamericano…

    -Julieta? Gracias por venir, pasa, sentate en la cama que ya estoy contigo… -obedecí, en la habitación había un escritorio ubicado a un par de metros del pie de la cama, detrás del mismo había un gran sillón de oficina color negro, pero lo que más me llamaba la atención era que a cada lado del escritorio había dos trípodes con cámaras filmando hacía donde yo estaba en la cama, luego miré para otros lugares de la habitación y descubrí al menos tres cámaras más… Victor sacó de una mini heladera una botella de vino blanco, dos copas y me acercó una…

    -Toma, te va a «soltar» un poco y la entrevista será más fluida… -Le agradecí por el trago, le pregunté de que país era y me respondió que era de Colombia, él se sentó en su sillón y comenzó a hablar…

    -Bueno Julieta, acá vamos, no voy a dar tantas vueltas, el trabajo que te estoy ofreciendo es el de ser dama de compañía, tengo muchos clientes que pagan muchísimo dinero, yo soy el intermediario y me quedo con una comisión, tenés que estar disponible las 24 horas del día, pues nunca se sabe cuándo pueden llamar, la cosa funciona así, ellos me llaman a mí, me hacen una transferencia bancaria por adelantado, yo te mando un whatsapp con el nombre del cliente y la dirección del encuentro y luego de que el cliente me avise que vos le has prestado como corresponde tus servicios yo te deposito tus honorarios en una cuenta que te vamos a abrir a tu nombre… tus honorarios son mil pesos por cliente… eso si! Tu servicio tiene que ser completo… -Llena de estupor y aturdida ante tal propuesta lo interrumpí…

    -Y que sería servicio completo? -Él sonriendo respondió…

    -Veo que nunca has trabajado de esto… servicio completo significa que tienes que hacer todo lo que te pida el cliente dentro de las dos horas que duran tus servicios… -Yo seguí preguntando…

    -Y cuantos clientes puedo tener por día?

    -Depende de lo solicitada que seas… yo ahora te voy a sacar algunas fotografías y luego las subo a la página donde los clientes buscan señoritas de tu estilo… hay días que tal vez no tengas a nadie pero hay días que puedas tener 5 o 6 hombres, que serían 5 o 6 mil pesos! Es mucha plata Julieta! -Yo traté de explicarle mi situación…

    -Me interesa el dinero pero no sé si voy a poder hacerlo, soy casada y tendría que hacer todo a escondidas de mi esposo… pues yo le dije que vendría a ver un trabajo de niñera! -Víctor, entendió rápido la situación pero lejos de dejarme ir así nomás, me dijo…

    -No te preocupes por tu marido, le dirás que conseguiste trabajo de niñera, que te van a pagar muy bien pero que tus horarios dependen de la necesidades de los padres de los chicos que vas a cuidar, que ellos te pueden llamar en cualquier momento y que vos tenés que cumplir! -Esa parte estaba solucionada pero me surgieron más dudas…

    -Pero Víctor! No puedo salir de mi casa vestida como una dama de compañía! Mi marido sospecharía! -Rápido, Víctor me tranquilizó…

    -No te preocupes por eso, tu sales de tu casa vestida de forma muy discreta, te vienes para mi casa y te vistes bien de putita y listo! -Cuando alguien me dice «putita» me pongo loquita de cachonda! Traté de borrar esa palabra de mi mente para mantener la cordura y volví a preguntar…

    -Qué pasa si es más de un hombre?

    -Siempre se te consulta antes y si estás de acuerdo es simple… tus honorarios se multiplican por la cantidad de hombres que atiendas… alguna otra duda?

    -No… creo que no… -Le respondí…

    -Entonces ahora el que te va hacer unas preguntas soy yo, mientras te hago unas fotos para la página ok?

    -Ok… -Respondí, él tomó de su escritorio un moderna cámara fotográfica y comenzó a tomar algunas fotos…

    -Quédate en ropa interior Julieta… -le obedecí y el comenzó a sacarme fotos en la cama en distintas poses hasta que dijo…

    -Unas poquitas más y terminamos, ponete boca abajo, separá las piernas y levantá la cola… -Obedecí y enseguida sentí el flash de la cámara y lo oí exclamar exaltado…

    -Ayy Julieta! Que pedazo de culo que tenés! Con esa cola nos vamos a llenar de dinero! Quédate un ratito así acostadita culo para arriba que quiero verte bien! Sos un infierno mujer! -le obedecí y de muy puta nomás que soy, levanté aún un poco más mi cola…

    -Esa tanguita roja te queda espectacular -Dijo y sentí como él se subía a la cama y se arrodillaba entre mis piernas…

    -Que haces? -Le pregunté…

    -Soy un tipo responsable… tengo que probar la mercadería antes de venderla… -Dijo con sarcasmo y en un cerrar y abrir de ojos me encontré con mi tanga a la altura de mis tobillos, intenté resistirme un poco…

    -No Víctor… dejame por favor…

    -Vos querés el trabajo o no culona hermosa? -Preguntó

    -Si… lo quiero pero… -Él me interrumpió…

    -Entonces quedate quietita y lo vas a conseguir… -No dije más nada, sentí como él apoyaba la cabeza de su pene en mi ano, no había visto su tamaño, pero podía imaginármelo de gran tamaño, imponente, se sentía tan duro que me asusté un poco…

    -Víctor… por mi cola no por favor… -Le pedí, él no le dio importancia a mis palabras y perdiendo un poco su amabilidad y buenos modales me dijo…

    -Te voy a romper el culo Julieta, hace rato que no veo un culo tan hermoso! -Terminó de decir esto y sentí como frotaba mi entrada con uno de sus dedos lleno de saliva, luego de lubricarme un poco y sin piedad alguna, metió de un solo envión toda la cabeza de su pene, conocía muy bien esa sensación de que te parten al medio, sólo que ésta vez parecía que lo que se me estaba metiendo por atrás era mucho más grande, intenté gritar pero él me tapó la boca con una de sus manos y otra vez, sin piedad y de un solo empujón, introdujo dentro de mí todo lo que quedaba de su enorme pene! Logré zafar de su mano que tapaba mi boca y comencé a gritar desesperada…

    -Ayyyy!!! Ayyyy! Sacamelo Victooor! No aguantooo! -Pero él, sin inmutarse ante mis súplicas, comenzó a bombear con un enloquecido frenesí dentro de mi cola…

    – Te gusta? Te gusta mi verga putona? -me preguntaba mientras me daba con fuerza, siguió penetrando mi ano durante un buen rato, cada vez se iba poniendo más salvaje, su cuerpo saltando sobre el mío me hacía rebotar en el colchón provocando mucho ruido, él, muy considerado, mientras me penetraba metió un par de dedos en mi vagina húmeda y comenzó a masturbarme, no tardé en tener un terrible orgasmo…

    -Siiii si Víctor… soy tuyaaaa… -le dije mientras me retorcía de placer… él aceleró sus embestidas y dos minutos después me llenaba de semen en mi culo…

    -Que hermoso culo por favor! -Exclamó y se desplomó sobre mí…

    -Te gustó putita? -me preguntó…

    -Mucho… -le respondí, él se puso de pie y yo hice lo mismo… recién ahí, en ese momento, pude ver el terrible pene que me habían metido! Aún bastante erecto se veía gigante y muy grueso, un terrible pene negro y brilloso… Víctor se dio cuenta de que yo lo estaba mirando con asombro y tomando su verga con la mano y sacudiéndola orgulloso me preguntó…

    -Viste? ¿Viste la verga que te comiste?

    -No puedo creer que me hayas metido todo eso! -Le dije…

    -Tan hermoso culo se merece una buena verga como la mía… vamos, vestite que te llevo a tu casa -Me dijo mientras se limpiaba su pene con mi tanga que había quedado a un lado en la cama…

    -No me la ensucies! -Le pedí, él sonrió…

    -Ya vas a tener mucho dinero para comprarte muchas tanguitas… -Dijo y la tiró en un cesto de basura, luego de higienizarme, me puse el jeans sin ropa interior, traté de mejorar mi apariencia con un poco de maquillaje que llevaba en mi cartera y cuando terminé de hacerlo le pregunté…

    -Como que me vas a llevar a mi casa? Estás loco? Que le digo a mi marido? -Él, con la seguridad de siempre me respondió…

    -Fácil… le vamos a decir que soy el padre de los niños que vas a cuidar, y que como se hacía tarde me ofrecí para llevarte en mi auto… andá bajando y esperame en la recepción que yo hago una llamada y te llevo… -Dijo y le hice caso, al llegar a dónde estaba el conserje, éste me miró y con ironía me dijo…

    -Ah sí que era una entrevista laboral?

    -Si… a eso vine… -Le respondí haciéndome la altanera… él largó una carcajada y se burló de mi…

    -Callate rubia, no mientas que desde acá abajo se oían tus alaridos! Se ve que te dieron muy duro… no? -Como me dio vergüenza ni le respondí, di media vuelta y me alejé de él caminado hacia la puerta del hotel, cuando lo hacía lo oí decir…

    -Que pedazo de orto que tenés! Con ese culo yo también te lo partiría a pijazos! -Hice como que no escuché nada y me quedé parada en la puerta del hotel esperando a Víctor el cual no se tardó demasiado, cuando volvíamos a casa en su lujoso auto me dio las últimas instrucciones para mi nuevo empleo, y al llegar a casa me dijo algo que me puso muy nerviosa…

    -Lo quiero conocer…

    -A quién? -Le pregunté…

    -A tu marido… -Me dijo…

    -Estás loco?

    -Dale… baja del auto -me pidió, lo hice y el me siguió por detrás hasta la puerta de entrada, antes de que yo abra la puerta, Víctor me tomó por sorpresa y sin darme tiempo a nada me arrinconó contra la misma y me besó en la boca…

    -Sos una puta divina… ya tengo ganas de nuevo… -Me dijo al oído…

    -No seas loco Víctor! -Le dije y abrí la puerta de casa… mi marido estaba en el living mirando futbol por TV…

    -Hola mi amor… te presento a Víctor, él es el padre de los chicos que voy a cuidar… ya conseguí el empleo amor! -Mi marido se incorporó del sillón y muy feliz por la noticia le estrechó la mano a Víctor…

    -Bueno… mucho gusto y gracias por darle empleo a mi mujer… -Dijo mi marido…

    -No tenés nada que agradecer… ella se lo ganó, sabe moverse muy bien en una entrevista de trabajo -Dijo Víctor, cruzando una cómplice mirada conmigo…

    -Bueno! Me alegro! Querés quedarte a cenar? -Le ofreció mi marido…

    -No, gracias, la verdad es que hace un rato comí algo muy rico -Respondió Víctor volviendo a cruzar una mirada cómplice conmigo…

    -Bueno… otra vez será -Dijo mi esposo y Víctor se marchó despidiéndose muy amablemente… yo no podía creer lo que había pasado esa noche, eran muchas cosas juntas, salí a buscar empleo y volví con la cola destrozada, sin ropa interior y encima le presento a mi marido al hombre que media hora atrás estaba saltando sobre mí en una cama de un hotelucho barato! Pero a pesar de todo me sentía feliz de haber conocido a Víctor, me sentía muy satisfecha… y ahora tenía empleo de lo que más me gusta ser en la vida… una putita.

    Al día siguiente por la tarde, me llega un whatsapp de Víctor… «Julieta tenés tu primer cliente, su nombre es Carlos, te espera a las 23 hs en su casa» y en un segundo mensaje me indicó la dirección donde tenía que ir y también me avisaba que no podría venir a buscarme porque no estaba en la ciudad así que yo me tendría que arreglar sola y salir vestida para la ocasión desde mi casa, ansiosa y un poco nerviosa pasé el resto del día preparando mi primer cita con un cliente…

    En el próximo relato les cuento como me fue en mi debut.

    Mucho cariño para todos.

    Julieta