Autor: admin

  • Mi excitación aumenta sólo con esa visión

    Mi excitación aumenta sólo con esa visión

    Era tarde, me encontraba desperezándome en la cama cuando escucho el agua de la ducha correr, tal como me encontraba totalmente desnudo me dirijo al cuarto de baño, desde el marco de la puerta observó una de las mejores visiones que se puede tener al despertar, mi mujer se encontraba bajo la ducha con su piel brillante, el agua arrastrando la espuma, sus pechos erguidos, redondos, coronados por unos pezones perfectos de algo más de un centímetro, que supongo que a causa del cambio de temperatura estaban en su máximo esplendor.

    Ella con una maquinilla de afeitar en una mano se repasaba su zona íntima, yo estaba hipnotizado viendo esa imagen tan sexual, a cada pasada de la cuchilla después con los dedos de la otra mano comprobada el resultado, al notar la inexistencia de ningún vello, con la alcachofa de la ducha retiró el resto de jabón, dejando a la vista unos labios vaginales con el aspecto de una veinteañera, suaves, deseables, jugosos, asomando entre ellos levemente los pliegues de su interior y su clítoris.

    Mi miembro ante tal espectáculo estaba como una roca, con la cabeza hinchada, con tonos morados y empezando a segregar líquido preseminal.

    Mi excitación sigue aumentando al verla lavar su pelo, levantado sus brazos, provocando este gesto que se elevarán aún más sus pechos.

    Ya no podía resistirme más, sobre todo cuando se giró y puso ante mi ese culo de infarto, creo que se dio cuenta de mi presencia e intentaba provocarme más aún, con la excusa de recoger el bote de champú se agachó hacia adelante sin doblar las rodillas, esa imagen ere tremenda, ver ese culo que es mi pasión, y su vagina rasurada asomando entre la abertura de sus muslos, iba a conseguir que me corriera sin tocarme.

    Ya mi deseo era mayor que mi cordura, entre en la ducha, la giré y mirándola a los ojos la besé, la atraje hacia mi quedando mi miembro apretado contra ella, su pecho contra el mío notando la dureza de sus pezones intentando traspasar mi piel, con ambas manos agarre los cachetes de su culo, la apreté tanto que si seguía así nos fundiríamos en un sólo cuerpo.

    Sin dejar de besarnos llegamos a la cama, no pronunciados ninguno de los dos palabras, no quería que se rompiera ese silencio que decía mucho más que ninguna conversación. La tumbe en la cama, con las yemas de mis dedos y mis labios recorrí su cuerpo, quería aprendérmelo, hacer en mi mente un mapa del mismo, intentar encontrar alguna imperfección si es que la había, y que hasta el momento mis ojos no encontraban.

    Su olor inundaba mis sentidos, no era a jabón ni a perfume, era olor a ella a su sensualidad.

    Mis besos se fueron dirigiendo a su entrepierna, el calor que emanaba era bastante superior al resto de su cuerpo, lo bese tiernamente, suave, dejando que notara mi respiración en el mismo, ella abrió con sus dedos su vagina, dejando ante mis ojos unos pliegues rosados aterciopelados, brillantes y húmedos, acerque mi lengua a esa manjar, dibujando con la punta su forma, a la vez que recogía esas gotas que brotaban de su interior para poder saborearlas.

    Notaba como su respiración se agitaba, su piel se erizaba, sus ojos cerrados disfrutando del momento, una de sus manos acariciaba sus propios pechos de forma sutil, espacio recreándose, sus mejillas aumentaban la intensidad de su color rosado resaltado en el tono de su piel canela.

    Se notaba que estaba por llegar al clímax, comenzó a tensar todos los músculos de su cuerpo y a retorcerse en la cama. Me encantaría poder de gama para poder en ese momento penetraron sin dejar de dale placer con mi boca y mi lengua a la vez que la penetraba con mi mástil duro, lentamente blando como las paredes de su interior se van abriendo y acoplando al intruso, pero al no poder ser, utilizó dos de mis dedos, intentó encontrar su punto G, con movimientos circulares, su orgasmo es inminente, me apoderó con mis labios de su clítoris y succiono intentando beberme todo su ser, ella convierte su respiración en gemidos, una de sus manos me agarra del pelo y me empuja hacia su interior, grita se arquea e inunda mi boca de sus jugos.

    Saboreo su sabor y le doy de mis dedos a ella para que pruebe y comprenda porque soy adicto a ese licor que desprende con nuestra pasión.

    Poco a poco se recupera, mientras yo la observó, si normalmente es bonita, en ese momento aún más, con su piel humedecida por el sudor, sus ojos brillantes, una diosa en la tierra.

    Se gira y me besa, compartiendo el sabor de su sexo mezclado con el nuestras salivas, quiere devolverme el placer que le he dado, pero Se lo impido, ese es su momento, la pongo de espaldas y con cuidado pero de forma continua le meto mi pene hasta hacer tope con mis huevos, comenzando un vaivén constante, haciendo que su sexo y el mío se acoplen y se sientan el uno al otro, voy aumentando el ritmo de mis embestidas, no aguantaré mucho más, la excitación acumulada hace sus efectos, la ordenó que se acaricie su botón del placer, ella acata mis órdenes y comienza con sus dedos a acariciarse haciendo círculos, me anuncia que está por llegar y aumento la velocidad y fuerza de mis empujones, haciendo un último esfuerzo para retrasar lo inevitable, unos pocos segundos después y al notar como su humedad comenzaba ya ha recorrer el interior de sus muslos y los míos, una corriente recorre mi espalda hasta mis testículos, las piernas me flaquean y mi leche sale disparada quedando depositada en su interior, notando ella el calor de la misma, provocando que llegase a su segundo orgasmo, menos intenso que el anterior pero más largo.

    Estábamos empapados exhaustos, pero felices, para mí era una forma de expresión de mi sentimientos y demostración de amor hacia ella, no era simplemente sexo.

  • Desconcertando a mi prima Vicky

    Desconcertando a mi prima Vicky

    Un desayuno tardío en el que las reprobadoras miradas de mi tía María Eugenia consiguieron hacerme sentir avergonzado fue lo más destacable de esa mañana de clima desaprensivo y con lluvia abundante frustrando así la subida a las pistas de esquí.

    En condiciones tan extremas como esas queda muy poco para hacer, después de la comida mis padres y tíos aprovecharon para ir a LGR a tomar vinos mientras mis abuelos pasarían la tarde al hogar social para con sus amigos hacer la partida de cartas y sus tertulias.

    La tarde prometía aburrimiento seguro y abundante hasta que mi prima Viky propuso que jugáramos a verdad-consecuencia, Marga, la menor de la familia fue la primera en desertar y Euge no tardó en seguirla y ambas desaparecieron.

    Yo me levante y me dirigí a mi habitación, a diferencia de las Navidades yo estaba en la que siempre tenía adjudicada cuando éramos menos en la casa, por cierto me encantaba pues contenía una biblioteca. Al poco llamaron a la puerta pidiéndome permiso para entrar, era Viky, yo había cerrado con llave, quedarme a solas con ella representaba todo un desafío, no era con la prima que tenía más feeling, físicamente no era la más agraciada de todas las primas ni la más femenina de todas, sin estar gorda siempre había sido la más rellenita, de pequeños sus juegos eran más de chicos y el jugar con ella casi siempre te tocaba las de perder, en los juegos infantiles con ella le gustaba mucho ser la dominadora, la maestra, mientras los demás éramos alumnos y yo por cierto el más insolente y el que recibía sus castigos, recuerdo alguna azotaina a veces con cierta violencia, además había sido y era una empollona en los estudios y la que tenía siempre la última palabra incluso en conversaciones con los mayores, ahora como estudiante de psicología cualquier cambio de palabras con ella se transformaba en un intento de psicoanálisis o algo por el estilo, se propuso continuar con el juego los dos solos y decidí arriesgarme antes que morir de aburrimiento.

    Sentados en la alfombra, durante los siguientes diez minutos las preguntas se fueron desarrollando en un cierto clima de normalidad hasta que se despachó con algo inesperado.

    —¿Te masturbas…? —inquirió con una semi sonrisa que me supo a burla.

    Vacilé en responderle y preferí hacerlo con una mirada que la hizo enrojecer en lugar de los improperios que se merecía por su audacia verbal. Pero al notar que sus ojos parecían desafiarme decidí que también se merecía aunque con cierta medida otro tipo de respuesta.

    —No creo que eso sea de tu incumbencia —dije tratando de mantener la calma, no estaba acostumbrado a tratar sobre ciertos temas y menos con ella.

    —¿Por qué no, te da vergüenza reconocerlo? —en un tono desafiante que presagia problemas.

    —¿Y tú?

    —¿Yo qué?

    —¿Yo si me hago pajas y tú te metes el dedo en el coño o utilizas algún consolador? —respondí harto de una insistencia que hasta ese momento no justificaba ni comprendía.

    El impacto causado por mis palabras se reflejó en sus ojos, pero el arranque quedó solo en eso, en un arranque aparentemente controlado.

    —Siempre sospeché que eras vulgar pero nunca imaginé que lo fueras tanto —replicó fríamente.

    Su respuesta me sonó divertida y aunque me encogí de hombros tratando de restarle importancia ello no fue suficiente para calmar sus ánimos, porque decidió continuar royendo el hueso al que se había aferrado.

    —¿Seguro que te gustaría saberlo para alimentar tus fantasías masturbatorias? —continuo con su tono de voz habitual para las burlas.

    —Tendría que tener muy mal gusto para pajearme pensando en ti —respondí tratando de agrandar la herida en su ego.

    Por un instante me dio toda la impresión de que de su boca brotarían los peores y más soeces improperios, pero no lo hizo, demostrándome una vez más que era toda una señorita cuando se lo proponía. Apenas unos segundos después su lenguaje corporal me hizo saber que iba a responder a mis palabras en forma física y así lo hizo. A pesar de su agilidad, me permitió neutralizar el ataque con relativa facilidad y la sujeté contra mi cuerpo.

    —¡Mocoso grosero! —dijo escupiendo las palabras.

    —¡Malcriada respondí! —empezaba a disfrutar de la situación.

    —¡Te voy a arrancar las orejas! —me amenazó tratando de escapar del cerco en que se habían convertido mis brazos.

    Decidido a terminar con esa tontería antes de que pudiera causarle algún daño me disculpé y a pesar de lo maravilloso que me resultaba sentir sus tetas frotándose contra mi pecho no deseaba que las cosas pasaran a mayores así que procedí a soltarla. Le costó muy poco invertir la situación a su favor.

    —¿Y ahora qué me dices? —sonrió ubicada a horcajadas sobre mis muslos.

    —Me ganaste —acepté con tono de resignación, pues sabía que halagarla era la mejor forma de terminar.

    —Ya lo sé —mientras una sonrisa de triunfo se dibujada en su rostro.

    Era evidente que se sentía vencedora, pero no había tenido en cuenta la precariedad con la que me mantenía sujeto. Pues una leve torsión de cintura bastaría para liberarme de ella y aunque me estaba gustando y mucho tenerla encima de mi decidí terminar con el juego de la mejor manera posible.

    —Deja que me levante —le pedí.

    La firmeza de su mirada me reveló que no me iba a librar tan fácilmente, al menos no antes de escuchar uno de sus consabidos sermones terapéuticos.

    —No estoy para sermones —le advertí, y a continuación y sin más la tomé de la cintura para quitármela de encima. Me ofreció una resistencia que no me esperaba y me vi obligado a ejercer un poco más de fuerza de la necesaria para librarme de ella. Como consecuencia de ello vi como sus ojos se llenaban de lágrimas haciéndome arrepentir de haber aceptado su reto. Intenté una disculpa pero sus puños aporreándome el pecho me hicieron callar.

    —Eres un bruto, un animal y una bestia.

    No me pregunten por qué lo hice, porque ni yo mismo conozco la respuesta, pero en su enojo dejó traslucir una sensualidad tan urgente que sin pensarlo la atraje hacia mí para besarla y en lugar del previsible rechazo me encontré con una respuesta tan apasionada que en unos instantes me sentí transportado a la cima de la excitación.

    —¿Nooo… tendríamos que parar? —jadeando, con el pelo revuelto y las mejillas rojas.

    En lugar de palabras le respondí con un golpe de caderas que incrusté el bulto de mi verga en la unión de sus muslos. Durante unas fracciones de segundos el tiempo pareció detenerse mientras acusábamos el impacto de lo que acababa de acontecer.

    —¿Por qué me haces esto? —preguntó entre confundida y atemorizada cuando la hice girar para que quedara debajo de mí.

    —Tú iniciaste el juego, después viniste a buscarme y ahora tendrás que atenerte a las consecuencias.

    —¿Qué consecuencias? ¿Qué quieres decir?

    La confusión en su voz coincidía con la confusión en sus ojos, una extraña lujuria emanaba en su vista, me sostuvo la mirada desconcertada, como si estuviera tratando de convencerse completamente de que eso era lo que ella quería.

    —Vamos, ¿me estás diciendo que nunca te ha pasado por la cabeza en algún momento…?

    —¡Oh, estás totalmente fuera de tus cabales!

    —Normalmente no lo estoy, pero ahora pienso que te gusta lo que está pasando y creo que vas un poco caliente. O tal vez es sólo la forma en que me miras, no lo sé.

    —¿Estás bromeando? pensaba que no te gustaban las chicas rellenitas como yo.

    —He de decirte que en estos momentos me resultas muy interesante y deseada —Se puso colorada y se movía inquieta en el poco espacio que le permitía al estar yo sentado a horcajadas sobre sus muslos.

    —Oh, dios mío —respiró profundamente.

    —Tienes el pulso acelerado, venga sé una buena chica ahora y déjame hacer.

    —¡Pero si soy una buena buena! ¿Qué quieres hacerme?

    Le abrí la blusa y tire del sujetador hacia arriba liberándole los pechos que saltaron como movidos por un resorte, eran generosos, blanquecinos rematados por unas aureolas rojizas que envolvían los pezones. No opuso la más mínima resistencia y alentado por sus apagados quejidos, besé y chupé las endurecidas y turgentes puntas oscuras que me supieron a leche fresca y miel, por unos momentos temí dejarme llevar por el arrebato de arrancárselos de un mordisco. Con voz apagada ella no dejaba de gemir, murmurando incoherencias mientras levantaba las caderas y frotaba su sexo contra el mío, pero a pesar de ello mantenía el control suficiente como para impedirme quitarle los pantalones.

    —¡No! —protestaba, tomándome de las muñecas.

    —Solo quiero ver —dije mientras me colocaba a un lado.

    Finalmente conseguí vencer su resistencia y accedió a que se los bajara, pero sólo hasta las rodillas dejándome al descubierto sus generosos muslos, se los acaricié pasando a continuación la mano sobre la tela de las bragas.

    —Viky, tienes unos pechos maravillosos, unos muslos espléndidos y seguro un hermoso coño que por cierto lo percibo deseoso ¿Quieres seguir con el juego…?

    Unas casi inaudibles gracias brotaron de sus labios, cerró los ojos, por lo que me dio a entender el beneplácito para seguir, pase la mano bajo la goma de las bragas acariciándole el vello púbico para posar después mis dedos sobre los labios para frotarlos y entreábreselos ligueramente, no opuso resistencia cuando le baje las bragas hasta la misma altura de sus pantalones. Su vello púbico era del mismo color intenso que su cabello pero maravillosamente ensortijado y muy abundante, no alcanzaba a cubrir los carnosos labios de su sexo que en ese momento se entreabrían por la excitación. Estaba repasando con la mirada su cuerpo blanquecino semidesnudo cuando soltó de golpe

    —¿Quiero ver tu polla? enséñamela.

    Inmediatamente me incorpore y la obedecí, no apartaba la mirada cuando asomó por la bragueta de mis pantalones.

    —Bájate los pantalones quiero verla toda —soltó sin reparos.

    Y sin reparos quedó todo al aire, la cabeza había alcanzado ese color morado intenso que precede a la eyaculación y me sobresaltó cuando una de sus manos se cerraron con firmeza en la parte inferior del tronco, apenas por encima de los huevos, para impedir lo que parecía ya inevitable.

    —Respira profundamente y trata de pensar en otra cosa —me indicó con un tono de voz que me sonó a cordura.

    La necesidad de expulsar la leche que colmaba mis inflamadas pelotas fue disminuyendo lentamente aunque mi polla continuaba tan dura como una estaca, ver a una chica con las tetas y la concha al aire sujetándome la verga con ambas manos sentada entre mis piernas resulta un espectáculo por el que hubiera dado lo que no tenía para inmortalizarlo en una filmación o al menos en una foto.

    —¿Mejor? —me preguntó cuando el color morado de la punta cedió a un rojo pálido.

    Asentí, mientras terminaba de sacarme los pantalones antes de tenderme de nuevo a su lado.

    —¿Y ahora qué? —preguntó con el nerviosismo propio de quien vive una situación muy irregular.

    —¿Quieres que lo dejemos hasta aquí…? —respondí a mi vez.

    —Esto no está nada bien verdad —dijo como si hablara consigo misma.

    —¿Pero ya que estamos, dejarlo ahora…? —insistí juntando un poco de coraje al notar que ella no se pondría a dar alaridos acusándome de un crimen sexual.

    —Creo que vamos a cometer un error muy grande, pero aceptare antes de que cambie de idea —dijo susurrando.

    Mi miembro en su mano lo aferra con tanta fuerza que me hace temer por su integridad. Gime, cuando le meto un dedo en la concha y empiezo a pajearla. Al intentar apagar el sonido de sus gemidos me muerde en mis labios. Contengo el grito de dolor y le introduzco un segundo dedo, entro y salgo con los dedos índice y corazón, le alcanzo el clítoris con el pulgar y froto. Vencida, echando la cabeza hacia tras, arqueando su cuerpo, cierra los ojos y llega al orgasmo mientras la sostengo contra mi pecho. Su respiración pasa del jadeo a las inspiraciones profundas antes de que sus ojos se abran de nuevo. No tengo nada que decirle, aparentemente rendida y debilitada por el placer, ella bien sabe que ha llegado el momento de devolver los favores recibidos.

    —¡No me hagas esto! —murmura cuando me arrodillo a su lado para poner la punta de mi verga al alcance de sus labios.

    El sentido común me dice que no debo vacilar para conseguir mi objetivo, sobre todo con una persona habitualmente dominante. Así que le respondo de la manera más cruda pero efectiva posible.

    —Tienes tantas ganas de comerme la polla como yo de que me la comas, así que apresúrate antes de que venga alguien.

    —No así, no de este modo, déjame hacerlo con las manos —argumenta sabiendo que no tiene escapatoria.

    Pero no estoy dispuesto a oír sus ruegos y golpeo sus labios con mi verga una y otra vez hasta que calla.

    —Deja de lloriquear como una criatura y chúpamela de una buena vez.

    No parecía tener demasiada experiencia en estos menesteres de chupar pollas, aunque debo reconocer que lo hizo con verdadera dedicación. Sus labios gruesos rodearon el glande y se amoldaron a la base, fueron dos o tres minutos de la más intensa excitación mientras la calidez de su boca y su salivación aumentaban. El ruido que producía entrando y saliendo de su boca es casi obsceno, mis bolas golpeaban contra su barbilla dando chasquidos que parecen marcarle el ritmo.

    La fuerza del primer chorro la sobresaltó e intentó apartarse echando la cabeza hacia atrás, pero mis manos sujetaron su cabeza impidiéndoselo. Perdida cualquier posibilidad de escape se resignó a tragar tan magnífica acabada pero la cantidad la superó y los dos últimos chorretones de leche salpicaron su ruborizado rostro. El morbo de ver su cara chorreando semen era tan intenso que inmediatamente eyaculé una segunda vez.

    —Esto es asqueroso —protestó tratando de apartarse de la grumosa y blanca lluvia, pero no lo consiguió y la mayoría del líquido cayó otra vez sobre su cara.

    El chirrido de la maneta de la puerta intentando entrar nos toma por sorpresa y sin siquiera darme vuelta Viky lanzó un grito que seguro paralizó a quien se encontrara del otro lado de la placa de madera.

    —¡Esta cerrado con llave!

    —¿Qué sucede? —pregunta mi abuela con voz alarmada.

    —Estamos ordenando los libros y tenemos algunos junto a la puerta, si abres pueden caerse —alcancé a decir, mientras a toda velocidad nos acomodábamos la ropa y Viky trataba de limpiarse la cara.

    —¿Les falta mucho para terminar? ya hemos vuelto, vuestros padres se quedan a cenar con unos amigos.

    —Más o menos tenemos por una media hora —responde Viky adelantándose en la respuesta.

    —Entonces nos vemos más tarde —mi abuela tras la puerta.

    Apenas nos quedamos en silencio llega la respuesta de ella a lo que considera una situación traumática y me suelta el sermón.

    —Llegué a pensar que habías madurado, pero lamentablemente continúas siendo un inmaduro, no puedes comportarte de la manera en que lo has hecho y creo que tendrías que visitar a un psicólogo.

    Su discurso no me llamó la atención porque era muy típico de ella responsabilizar a los demás de sus propios desaciertos, y lo que sucedió sin dudas lo era. Pero la forma en que dijo todo de corrido sembró en mi mente una idea que nunca se me hubiera podido ocurrir en otras circunstancias.

    —Tienes toda la razón, no sé qué me paso para comportarme de esa manera, nunca debí eyacularte en la cara y menos en tu boca, ¿cómo te sientes?

    —No hace falta que lo menciones —mientras se acomodaba los pantalones.

    —Pregunto cómo se siente tener una polla en la boca ¿es la primera vez…? —manteniendo un tono burlón.

    —¡Calla de una vez! —casi grita con la respiración jadeante, llevaba aun la blusa desabrochada con los pechos casi fuera del sujetador, yo conservaba mi verga aún fuera de los pantalones y de nuevo empezaba a endurecerse bajo su mirada.

    —Además, no te avergüenzas más de ti misma por lo ocurrido y deja ya de culparme a mí, pues yo jamás se me hubiera ocurrido que llegaras a chuparme la polla y creo no te ha disgustado el hacerlo.

    —¡Calla de una vez!

    —¿Al igual podrías brindarme tú esa ayuda profesional que tanto dices que necesito? —susurré con la cabeza gacha como si me sintiera avergonzado aunque nada más lejos de la realidad. Por el rabillo del ojo observé como se producía la transformación en su rostro.

    —¿De verdad quieres que lo haga yo? —pregunta la orgullosa y destacada estudiante de psicología.

    La caricia a su ego dio resultado y alzó la mano para acomodarse un mechón de pelo caído sobre sus ojos. Con las mejillas encendidas y el cabello cubriéndole a medias el rostro, volvió a convertirse en la imagen viva de la sensualidad. Mi verga termina de estirarse cuando cierro mi mano sobre ella. Me mira pajearme como si le resultara lo más natural del mundo. Su respiración entrecortada me hace saber que podría requerir de su colaboración para liquidar el asunto, pero prefiero crearle la necesidad de que sea ella quien se ocupe de plantear tal posibilidad.

    —¿Vas acabar otra vez? —el énfasis demuestra su interés.

    —¿Quién soy yo para negarte la posibilidad de hacerte sentir como una buena samaritana? —mientras tomaba asiento a su lado y cogía su mano derecha para colocarla por debajo de mis huevos, mientras con una mano pasaba a sobarle los pechos por entre la blusa medio desabrochada. Produjo su efecto. Ella suspira. Percibo la sensación de dominarla, de tenerla a mi merced.

    —Siente como se vuelven a llenar —susurro.

    —De acuerdo, ¿y qué quieres ahora?

    —Tus tetas, quiero verlas de nuevo —dije sin titubear.

    —Eres un guarro.

    Viky cae en la trampa y se llame los labios en forma instintiva. Esbozando una sonrisilla maliciosa, se desabrocha de nuevo la blusa y muy sensualmente empieza a desabrocharse el sujetador. Poco a poco iban revelándose el contorno de sus pechos, ya desnudos los sujetó con las manos mostrándome aquella excelsa parte de su anatomía.

    —¿Te gustan? —dijo.

    Por obra y gracia de la pasión la cuestión se tornó tan sencilla que me bastó colocar la cabeza de mi polla entre ellos.

    —¡Te odio! —alcanzó a susurrar mientras la acomodaba.

    Por fin empezó una masturbación en toda regla, me frotaba la polla subiendo y bajando con las palmas de sus manos apretando sus pechos para que no se escapara dándole una frotación más intensa lo que enviaba descargas de placer a mi obnubilado cerebro. La ansiedad de la primera vez ha dado paso a una calma que me llena de regocijo porque ya no parece un ternero hambriento, sino la mujer que realmente es. Finalmente chupa mi miembro con succiones largas e intensas que demuestran lo mucho que disfruta de esa felación fraternal.

    Acaricio sus mejillas que parecen hincharse cuando la cabeza de mi verga golpea impaciente contra el interior de sus carrillos y ella recompensa cada caricia con un lengüetazo que recoge el líquido seminal que escapa incontenible por la uretra. Me acerco muy rápidamente a la tercera eyaculación de la tarde.

    La maneta de la puerta vuelve a moverse, son sus hermanas que nos apremian para bajar al comedor para cenar, la tarde ha sido corta pero intensa.

    Finalmente recompuesta, con una leve sonrisa y con una mirada felina me lanza un beso al aire y en el umbral de la puerta saliendo de la habitación.

    —¡Te hago saber que te odio!

    —De acuerdo.

  • En el servicio social se aprende mucho

    En el servicio social se aprende mucho

    Hola a todos, este es mi primer relato, bueno, escribo porque he leído un muy buen número de ellos.

    Comenzaré por decirles que tengo 18 años, que estudio en un Conalep, que me encantan los hombres mayores y que disfruto de una manera tremenda ser infiel, además de eso debo decir también que me encanta el sexo (como a toda persona viva de éste planeta) y que a través de los años que llevo activa en éstas cuestiones he ido aprendiendo a sacar provecho y partido de lo que Dios me dio y también a las cosas que he ido aprendiendo a hacer con ellas para obtener algún beneficio.

    Definitivamente no tengo cuerpo de estrella de cine porno (como la mayoría de las chicas que se describen en las relatos), pero si les puedo decir que hay de todo y en su lugar, trato de cuidar mucho mi físico yendo al gimnasio cuatro veces por semana soy de piernas largas y firmes, de pompas algo paraditas y lo que más me gusta de mi cuerpo son mis senos son talla 34b.

    Como les comenté antes estoy estudiando en un Conalep (en el cual se hacen estudios a nivel técnico) y un requisito para poder obtener el título es realizar un servicio social, existe en la escuela una área que es donde coordinan esa parte y donde nos informan a los alumnos a que empresas podemos asistir y bueno en ese trámite me toco ir junto con otras compañeras a una empresa privada donde el Gerente nos recibió y nos hizo una ligera entrevista, seguido de lo cual ya nos habían aceptado y comenzaríamos el siguiente lunes, obviamente salimos felices, pero debo de decirles que mientras nos hacia la entrevista nos estuvo observando muuuy a detalle a todas.

    Debo de describirles nuestro uniforme, el cual consta de una falda de tela tipo escocesa a la rodilla (aunque la gran mayoría de las chicas las usamos arriba de la rodilla y ajustada), blusa blanca de manga corta y sweater azul marino, sinceramente creo que nos vemos bastante bien la gran mayoría.

    Pues bien llego el lunes y comenzamos a ir a la empresa de este señor, de inmediato fuimos presentadas al responsable de recursos humanos y luego él nos presentó con todas las personas que ahí laboran, en lo personal me sentía muy bien, ya que por fin estábamos ingresando a un universo nuevo para nosotras

    Debo decir que tanto el Gerente como el de Recursos Humanos son dos hombres ya mayores y sin ser súper guapos si me resultaron bastante atractivos y creo que desde ese momento decidí que terminaríamos teniendo algo más que trabajo, con el transcurrir de los días yo trataba de esmerarme en las actividades que me encomendaban y trataba todos los días de ir a saludar y despedirme de «mis jefes» de la manera más coqueta posible, lo cual me daba cuenta que iba causando los efectos que yo quería en ellos porque se me quedaban viendo a mis nalgas, a mis senos.

    Así iban transcurriendo los días y yo ganando terreno con los jefes, incluso me quedaba un poco más de tiempo que mis compañeras con el pretexto de sacar algunas cosas y como ellas vivían más lejos ninguna hacía por quedarse, pero yo ya tenía mi plan armado (y creo que ellos también) y en cuanto se iban me llamaban a la oficina de alguno de los dos y nos pasábamos un rato platicando de muchas cosas, así les fui diciendo muchas cosas de mi hasta que comenzaron a hacer insinuaciones referentes al sexo y confesé que ya no era virgen, pero que era así como que muy recatadita (como no) y así hasta que un día el gerente me llamo y me dijo que necesitaba que me quedara esa tarde para que le ayudara con algunas cosas, acepté y en cuanto me di la vuelta me acaricio una de mis nalgas sobre la falda, cosa que se fue haciendo común, en ocasiones me arme de valor y le llegue a tocar la verga encima del pantalón, la verdad es que yo disfrutaba esa situación y más de tres veces regrese a la casa con mi calzoncito húmedo y ganas de masturbarme.

    Así transcurrían los días y otra cosa que yo iba notando era que cada vez que me encontraba al gerente y al de recursos humanos ambos como que se decían algo entre ellos y no dejaban de verme, era algo que me intrigaba, pero a la vez me gustaba; un buen día ya cuando mis compañeras se habían ido me llamo el gerente a su oficina y me pidió que me sentara porque quería comentarme unas cosas, así lo hice y esa vez llevaba una falda un tanto más corta de lo habitual y cuando me senté se me subió mostrando una buena porción de mis piernas cosa que no pasó desapercibida para él, pues no quitaba su mirada de mi entrepierna, pero no hice nada para impedirlo tampoco y entre que me comentaba cosas de un trabajo que quería que hiciera me seguía mirando como tratando de ver algo mas y le concedí el deseo por que abrí un poco más mis piernas y ya podía ver un poco de mi calzoncito azul y en un momento se levantó de su sillón y pude notar con agrado que se le notaba una rica erección (para mis adentros me felicite), paso por mi lado diciéndome que lo esperara y siguió hasta la puerta de su oficina, salido de ella y regreso en cuestión de segundos, yo no entendí de que se trató, pero espere ahí tal como me había pedido, escuche cuando puso el seguro de la puerta y en automático mi corazón se aceleró, sabía que algo iba a pasar y no me equivoqué, algo de lo que siempre me ha gustado de su oficina es la vista que tiene hacia la avenida Paseo de la Reforma (una de las principales de la ciudad de México), le pregunte si me podía asomar a la ventana, asintió y me puse a mirar dándole la espalda en ese momento, unos segundos después sentí que se acercaba, pero no voltee, sentí como sus manos se posaron en mi cintura mientras me preguntaba cómo estaba el tráfico en la avenida ya lo hacía con su aliento bien pegado a mi nuca haciendo que mi piel se erizara, luego sus manos ya estaban en mis nalguitas, acariciándolas, apretándolas y logrando que me mojara bastante.

    Después con sus grandes manos me tomo los senos sobre mi blusa y mi bra, pero cuando los apretó pudo sentir con toda claridad que mis pezones ya estaba bien paraditos y los jalo un poco logrando que se me escapara un gemido muy rico y profundo, haciendo eso me puso su boca en mi cuello con lo que hizo que me pusiera aún más mojadita, ya hasta yo lo sentía y ambos lo podíamos oler, ya había un ambiente delicioso, ahora se pegó contra mi espalda presionándome contra el cristal y pude sentir lo rica que ya estaba su verga… enorme y muy sabrosa!!! teniéndome así metió sus manos bajo mi faldita y levantándola hasta la cintura me acarició mis piernas y le causo mucho agrado ver que traía una tanguita, así me lo dijo y sin más me metió dos dedos en mi rajita que entraron muy fácil por la cantidad de juguitos que ya había ahí, yo como pude le saque su verga del pantalón y la pude sentir ahora si en vivo, aunque no me dejo voltear, me pidió que me quedara viendo hacia la calle y obediente como soy me quede en esa posición sintiendo por un lado la cabeza de su rica herramienta que ya estaba bien llena de esa deliciosa «mielecita» que tanto me gusta y por otro sus dedos llegando cada vez más profundo dentro de mi almejita que ya estaba también proporcionándole una buena cantidad de juguitos y poniéndome realmente caliente.

    En un momento sentí que se hizo hacia atrás y trate de voltearme con la intención de que me dejara ver en vivo su rica verga, pero me pidió que en todo momento me quedara viendo hacia la ventana y ni modo sentí algo de frustración pero me quede como me dijo, solo escuché como se bajó el cierre de su pantalón, después se acercó nuevamente y haciendo a un lado mi tanguita me comenzó a pasar la punta de su verga que ya estaba más rica que nunca por mis chorreantes labios que en cuanto la sintieron me recorrió un escalofrió muy agradable, pidiéndola, deseando que ya me la metiera, pero era claro que él quería jugar un rato conmigo, pero al igual que yo ya no podía aguantar más y pegando su boca a mi oreja me dijo bajito que me la iba a dejar ir, que si me lastimaba o algo le avisara (yo lo que ya quería era tenerla adentro y él con esas cosas) y a continuación comencé a sentir por primera vez como esa deliciosa, jugosa y sensacional verga se abría paso en las paredes de mi rajita mojada, la verdad es que había yo probado otras tal vez más grandes, pero ésta es bastante ancha, me volvió a apretar los senos bastante fuerte cosa que me encantó y luego me los soltó, bajó una mano y la llevo a la parte frontal de mi rajita y le dio un masajito a mi clítoris mientras me daba unas bombeadas deliciosas, sentía como me lo sacaba completo para volverlo a meter hasta que le sentía los huevos mojados de mis juguitos, mmmm realmente delicioso, estaba sintiendo maravilloso, cada metida era muy rica, como me tenía ensartada y jugando con mi clítoris no tarde mucho en explotar en un delicioso orgasmo que le mojó aún más la verga y ahora sus manos se posaron en mis caderas y me jalaba hacia él ya con más fuerza, sentía que me llegaba la punta hasta mi estómago, que rica cogida me estaba dando, yo sentía que se le iba poniendo más gruesa y en un momento me pregunto que si quería su leche adentro de mi rajita, obviamente le dije que sí, quería ya sentir ese calor único y maravilloso de la leche recién ordeñada y no tardó mucho en que comenzara a salir a chorros bañándome de una manera muy rica, sentía que me escurría por una de mis piernas, como los kleenex habían quedado lejos de nuestro alcance no sabíamos con que limpiarnos cuando me la sacar, así que decidimos ir con su verga ya un tanto flácida en mi rajita dando pasos muy cortitos hasta que pudimos alcanzar la caja de los anhelados pañuelos desechables y realmente me sorprendió la cantidad de leche que me salió, luego de unos minutos en que nos limpiamos me senté un rato en uno de los sillones de visita para recuperar el aliento y con satisfacción vi que él también necesitaba un descanso para normalizar su ritmo de respiración, ambos estábamos con gotas de sudor en la frente, una vez que nos recuperamos nos dimos un beso rápido en los labios sellando con ello la promesa de que eso era apenas el comienzo de algo realmente grande y no me equivoque, porque hemos tenido muchas y muy variadas situaciones donde han intervenido algunas otras personas, que si ustedes me hacen saber que les interesa les contaré.

    Agradeceré mucho sus comentarios a mi correo [email protected].

  • Simplemente Patricia

    Simplemente Patricia

    Patricia, madura de unos 55 años, mide 1.60 con unos pechos grandes y naturales y un culo grande y bien parado. Ella es la mujer de mi patrón un señor que a sus 49 años, lo empezó todo esto fue que el regreso de una novia del pasado empezó a descuidar a Patricia, tenían discusiones peleaban muy seguido cuando era eso no se hablaban, pero cuando estaban de buenas era otro rollo se la pasaban fajándose por todos lados en el negocio tenemos una bodega y ahí está la oficina del patrón ahí puso un sofá cama y cuando estaban bien se metían a la oficina y le daban rienda suelta a la pasión solo se oían los gemidos de ambos.

    El día que empezó esto fue un día en el que ellos estaban cogiendo en la oficina y yo fui a sacar algo de la bodega cerca de la oficina y al pasar cerca vi a Oswaldo así se llama mi patrón ajeno a todo, lo que no sean los melones de Patricia no deja de lamerlos, mordisquearlos, sobarlos y ella con la cabeza echada atrás, yo estaba en la ventana viendo sin dejar de mirarle las tetas y la entrepierna, ella se encontraba completamente desnuda le restregaba una y otra vez sus tetas por el rostro, se los lamia con vehemencia, agarrando con una mano los duros glúteos, amasándolos con fuerza. Subiendo poco a poco, restregando su pene erecto por el interior de los muslos, el vientre y la entrepierna de ella, buscando la entrada a su vagina y una vez la ha penetrado, jadeando, aprovecha la ocasión y no para de subir y bajar, de subir y bajar frenéticamente sus caderas y su culo, de friccionar insistentemente su verga erecta por el interior de la vagina poco a poco incrementan su volumen de placer, a pleno pulmón ante las frenéticas cabalgadas.

    Es ella la primera en correrse, pero enseguida Oswaldo la sigue que también grita desahogando su deseo permanecen un rato sin moverse, él encima de ella, con su pene dentro, aún fatigado después de un rato extrajo su flácida verga de aquel grato aposento, y abandono su preciada monta, Patricia tomo las pantaletas negras y con desenfado se las puso, tomo su sostén al tono de sus pantaletas ahora estaba arreglada lista para salir al trabajo traía un vestido verde bandera bien ceñido.

    Los días transcurrieron dentro de una calma aparente pero yo al recordar esto la excitación iba creciendo y sus pensamientos iban adquiriendo aplomo.

    Patricia se estremeció al sentirse taladrada por mis lubricas miradas, intento concentrarse en sus labores, en un momento ella siguió despreocupada más de pronto sintió las miradas de fuego que yo le dirigía en un momento volteo solo para comprobar que en efecto era seguida por mis lívidas miradas.

    P: ¿Por qué me miras así?

    J: ¿cómo, es que no puedo mirarte?

    P: si pero no de esa forma me pones nerviosa

    J: ¿Por qué?

    P: me haces sentir desnuda

    J: o te acostumbras o tendré que sacarme los ojos

    P: solo te pido que no mires así

    J: si supieras cuanto daría por no verte de esta forma

    P: calla julio estás diciendo necedades

    J: lo que tú digas pero también estoy siendo sincero, al verte pasar me obsesione y cuando caminabas hacia mi te veo caminar desnuda con tus pechos pendiendo libres al aire y tu sexo cubierto de pelos provocando mi deseo, lo siento no puedo verte de otra forma

    P: lo que pretendes no puede ser y lo sabes

    J: eso lo dirá el tiempo nadie sabe lo que pueda pasar

    P: será mejor que la relación entre nosotros se limite a lo mínimo hasta que deseches esas absurdas ideas.

    J: te advierto que es en serio, estoy enamorado de ti no tienes idea cuanto te amo.

    P: Por todos los cielos no digas eso, estas confundido

    J: no estoy confundido sé lo que quiero, durante muchas noches no he podido dormir por estar pensando en ti

    P: entiendo que para ti sea fácil decir eso para mí… no, mejor me voy no quiero seguirte escuchando

    J: Como quieras mi amor al rato nos vemos porque esta charla aún no termina

    Los días transcurrieron dentro de una calma aparente a pesar de la relación poco amistosa sobre todo de Patricia. Sólo con mirarla un par de minutos en según qué circunstancias me provoca una erección incontrolable, así después de pasar largas horas pensando en el asunto ella no sería capaz de hacer algo Patricia era un manjar exhibiéndose frente a un hambriento, eso me estaba volviendo loco, las cartas estaban sobre la mesa quizá debía acosarla con más decisión, mas no quería forzarla quería una entrega voluntaria.

    Así pasamos un mes, sin que el ambiente mejorara pero un día me dio los buenos días como si nada y me sonrió como siempre hacía creí que había vuelto a recuperar el control ya había pasado toda aquella escena, había quedado atrás, un domingo Me invitaron a desayunar a su casa llegue antes de la hora ella todavía no se arreglaba y él había salido a correr así que me recibió ella al abrirme la puerta la vi iba vestida con un pequeño pantalón de pijama y una ancha camiseta nos dirigimos asía la cocina donde estaba prepararnos un buen desayuno, yo estaba sentado en una de las sillas de la mesa de la cocina y mi perspectiva era más que excitante al estar de espaldas a mí, la visión de su culo era espectacular, ya había empezado a acariciarme mi erecto miembro por encima del pantalón, que cada vez me notaba más ajustado me fui directo a ella con el pretexto de ayudarla, pero lo que hice fue ponerme detrás suyo la abracé por detrás apretándole el culo con mi brutal erección mientras que colé mis manos por dentro de su camiseta y le agarré con fuerza las tetas

    J: Mmmm, ¿en qué puedo ayudarte?

    Ella, no sabía que hacer yo seguí así hasta que me bajé el pantalón y el calzoncillo y comencé a restregarle mi verga por encima de su pijama

    J: Joder Patricia que buena estás -no pude evitar decirle.

    Ella se giró rápidamente con una cara de enfado que pocas veces le recordaba ¡Plas!, me dio un bofetón con ganas en ese instante oímos llegar a Oswaldo dijo que se iba a duchar y se metió en el baño que tienen en su cuarto me subí el pantalón y el calzoncillo raudo y veloz después que salió de ducharse nos sentamos a comer ella prácticamente ni me hablaba ni me miraba, después de eso el ambiente se enrareció de verdad.

    Un día que me enviaron a su casa para dejar unas cosas al encontrarme solo en su casa sentí el deseo de observar las pantaletas de Patricia vacíe todo el cajón tomaba prendas al azar todo era de encaje o seda; y frotándolas sobre mi cuerpo la imaginaba mientras tanto, nos fundíamos en un beso salvaje con mi lengua acariciando todos los rincones de su boca la podía ver con sus ojos cerrados, suspirando que me quería, mientras empezaba a acariciar el bulto de mi pene hinchado de sangre. Sintiendo casi vívidamente como sus labios la abrazaban, como la devoraba ansiosa, envolviéndome el glande con la lengua; termine sobre las prendas dejando que mi semen se derramara sobre ellas.

    Pasó el tiempo comenzaron a tener problemas, Justamente a causa de esas ocasiones desagradables en las que Patricia discutía con Oswaldo ella estaba vulnerable.

    Nuevamente Oswaldo me mando a su casa a ayudarle a Patricia a conectar unos aparatos que ella no sabía cómo hacerlo. Patricia lucia bellísima, llevaba su larga melena recogida en una especie de moño lateral e iba vestida con un vestidito de ir por casa, descalza con aquel vestido estaba más buena que nunca era cual haber arribado al paraíso largos minutos ocupe admirando el hermoso rostro me aproximo a su rostro y con inmensa ternura poso mis labios, en los suaves labios de la bella mujer. Comer de aquella boca roja como una manzana, había devoción detrás de aquel beso tierno apasionado el cual debía ser prolongado a través de los tiempos.

    J: no sabes lo feliz que me haces

    Ella se internó en la alcoba y llego hasta su lecho, la seguí con evidente excitación retiro lentamente las prendas que la cubrían, al descubierto quedo la sinuosa y exquisita anatomía de Patricia no tenía prisa y paso a paso admiraba y disfrutaba de aquel escultural cuerpo, de la sensual estampa que le brindaba me abalance sobre sus senos y los mame con verdadera gula, desesperado apretaba los enormes globos con ambas manos, ella empezó a liberar y deshacerse de sus pantaletas los risos que cubrían su puchita exaltaron de forma intensa la pasión que sentía por ella, Patricia era de esas mujeres tenía abundancia de vello púbico por algunos segundos observe como hipnotizado ese peludo objeto de su deseo separo los sensibles labios e introduje mi blanda lengua dentro del ácido sexo lamí encantado el delicioso ducto, Patricia emitiera quejidos casi imperceptibles, mi verga lucia amoratada repleta de sangre.

    Ella se recostó sin perder más tiempo me instale en medio de aquel hermoso par de piernas antes de penetrarla deslice mi hinchada verga a lo largo de su ansiada rendija hasta ubicar su grato orificio y entonces empezó empujársela mi placer perverso se estaba consumando y fui sepultando centímetro a centímetro mi endurecida verga dentro de su grata y humedecida panochita, inicie un lento y firme bombeo Patricia pujaba discretamente seguí embistiéndola en un salvaje e inclemente mete y saca, Patricia empezó agitar con fuerza sus caderas rodeo con sus piernas mi cintura le di un beso al cual ella respondió Patricia llego al orgasmo y contraía fuertemente los músculos de su vagina, fue un apretón fabuloso que termino por vencer mi resistencia incapaz de soportar un instante más explote descargando grandes cantidades de semen que llenaron por completo sus entrañas permanecí dentro de ella respirando apresuradamente aún fatigado después de un rato extraje mi flácida verga de aquel grato aposento, el blanco liquido escapo de su orificio hasta anegar sus nalgas yacía tumbado bocarriba en la cama ella me montó sentada a horcajadas encima de mi.

    J: Ahora te toca a ti mover el culo.

    Ella no respondió, bajó una de sus manos y, agarrándome la verga se levantó un poco y se la metió dentro de la vagina, jadeando al notar como nuevamente entraba. Se puso a cabalgar poco a poco sobre mí aumentando gradualmente la velocidad. Sus glúteos se movían rítmicamente, subiendo y bajando, subiendo y bajando mis manos iban de sus caderas a sus nalgas, sobándoselas, sujetándola, mientras se inclinaba a veces hacia adelante, permitiendo que tuviera una vista de sus pechos.

    Más que cabalgar, Patricia ya botaba, botaba y botaba, amenazando con romper la cama sus tetas enormes, se movían descontroladamente, no mucho más duraron los botes gimió y gimió, finalmente indicó que había logrado su orgasmo se mantuvo sentada sobre mi unos segundos, hasta que me desmontó y se tumbó en la cama, bocarriba, a mi lado estuvimos unos segundos, inmóviles, sin decir nada hasta que, de un salto, se levantó de la cama y se fue al cuarto de baño y luego oí el ruido del agua en la ducha.

    Al rato salió del baño Patricia envuelta en una toalla y, entrando en el dormitorio, dejó caer la toalla y se volvió a tumbar desnuda en la cama, sobre mí besándome con pasión.

    Mis manos bajaron a los glúteos de Patricia sobándolos, apretándolos con fuerza, así estuvimos durante varios minutos. En la pasión del momento, cogí suavemente a Patricia de la cintura y la coloque despacio bocabajo sobre la cama, en la posición del perrito, con la cara sobre la almohada, pero el culo en pompa, desde arriba tenía una visión inmejorable de sus glúteos macizos y de su vulva hinchada, acercándome todavía más a ella, coloqué mis manos sobre sus nalgas perfectas me entraron unas ganas brutales de comérmelas, así que agaché mi cabeza y empecé a chupárselas, a besarlas. Metí mi cara entre los dos cachetes y comencé a lamérselo mi lengua recorría ya todo el espacio entre las dos nalgas arriba y abajo, una y otra vez. Me incorporé, sin dejar de separarla las nalgas, y, colocando una pierna flexionada sobre la cama, con mi verga colocándola en la entrada a su vagina, hasta que la encontré y empecé a metérsela poco a poco.

    Gimió de placer todavía más, hasta que se la metí hasta el fondo levantó su cabeza de la almohada y puso rectos sus brazos, poniéndose a cuatro patas, y comenzó también a moverse adelante y atrás, adelante y atrás, sin dejar de gemir como una perra en celo. Sus gemidos se convirtieron en gritos de placer. Y eyaculé como una bestia, al mismo tiempo que Patricia emitía un último grito desgarrador de placer, sujetándola por las caderas, pude, a duras penas, desmontarla exhausto que estaba

    Después de un silencio incómodo se metió a bañar para irnos al negocio pasaron un par de horas, hasta que salió y nos fuimos en el camino predominó el silencio, parecía que los dos nos habíamos quedado sin palabras. Así regresamos al negocio después de un rato, como si no hubiera pasado nada, ella introdujo un tema trivial me parecía un buen punto de borrón y cuenta nueva un rato, después le dije que me iba a casa la verdad me sentía muy cansado al llegar a casa me fui directo a mi cuarto me tire a la cama y caí como piedra. Dormí por horas, me despertó un intenso aroma a café recién hecho.

    Estaba tumbado en mi cama completamente desnudo y empapado de sudor.

    Recordé que hacía pocas horas, Patricia y yo habíamos cogido en su propia cama. Y sonreí feliz.

  • Mis compañeros me convirtieron en Camila (III)

    Mis compañeros me convirtieron en Camila (III)

    El despertador sonó diciéndome que un nuevo día comenzaba, me estire un poco para despertarme bien, fue cuando caí en cuenta que por el cansancio me había dormido tal y como estaba, todavía portaba el vestido del día anterior, el poco maquillaje y hasta los aretes, recordé todo lo que había pasado y como a partir de ese día una nueva vida comenzaría para mí. Suspire, la visión del día no era nada halagadora, todo lo contrario la incertidumbre de lo que pasaría era lo que más me preocupaba. Por un momento trate de dejar todos mis problemas de lado, busque la ropa que me pondría ese día bajo el uniforme y termine escogiendo un conjuntito de braga y sujetador color blanco. Me metí al baño y gracias al agua tibia me relaje un poco. Al terminar salí y me vestí con lentitud, afortunadamente todavía tenía tiempo de sobra, empecé a acomodar mis cosas en la mochila; al fondo de ella coloque los zapatos y la falda del uniforme, por el momento prefería no tentar a mi suerte. Baje a desayunar, en la mesa mi padre tomaba un café mientras leía el periódico, mi madre me sirvió el desayuno mientras preguntaba cómo había estado mi salida con los amigos, yo respondía con monosílabos y trataba de evitar el tema para dar la menor cantidad posible de información. Mientras mi madre insistía, mi padre le pidió que parara, que ya era suficiente y que por fin estaba comportándome como persona normal que no insistiera o terminaría por volver a lo mismo. De esa manera el desayuno termino con relativa calma. 15 minutos después el claxon del auto de Manuel sonaba. Subí a mi cuarto tome mis cosas y tras despedirme rápido de mis padres Salí. Nada más entrar al auto Manuel me interrogo sobre si había cumplido sus condiciones, respondí con un rápido movimiento de cabeza. El dio la orden y avanzamos directo al colegio; en el primer semáforo aprovecho para revisar mi ropa interior, al agacharme a recoger unas hojas que se me habían caído, al levantarme pude ver su sonrisa de satisfacción y el principio de una erección. Veinte minutos largos de silencio muy incómodo después y me encontré a la entrada del colegio. Manuel y yo bajamos del auto y un momento después se nos unió Ricardo

    —realmente eres un camaleón, que gran diferencia entre hoy y ayer, es como si fueras dos personas diferentes, completamente diferentes, es lo bueno, así nuestro negocio se mantendrá bien y mantendremos un perfil bajo y, tu, el anonimato que deseas, en fin entremos, el estúpido del profesor de matemáticas se pone furioso si a uno se le ocurre llegar tarde a lo que él llama una clase. Deberían hacer algo con los profesores.

    Dando un paso Ricardo avanzo, Manuel hizo lo mismo y por consiguiente yo. El primero en entrar a la clase fui yo, me acomode en mi lugar, al fondo, en la esquina junto a la ventana, las clases pasaron rápido, llego la tercera hora y al finalizar esta me prepare para descansar una hora hasta el inicio de mi próxima clase; estaba por sacar un libro para estudiar cuando vibro mi celular, era un mensaje corto de Ricardo donde me indicaba que tenía 5 minutos para llegar al baño y que no olvidara en lo más mínimo llevar mis cosas, suspire, tome una pequeña bolsa y con disimulo saque la falda y los zapatos hice un pequeño bulto y Salí lo más rápido que pude.

    En el baño solo se encontraban Manuel y Ricardo, quien fumaba un cigarrillo, al abrir la puerta me vieron directo a los ojos.

    -—Llegas apenas a tiempo ¡cámbiate rápido!

    Me metí a un cubículo y quitándome el pantalón y los zapatos me cambie rápidamente, salí y al verme, pude notar una sonrisa de satisfacción de Manuel.

    —Te verías un poco mejor si desabrocharas un par de botones del sweater ¿tú qué crees Manuel?

    — si, sin duda se vería más sexy

    Hice lo que me indicaban. Estaba terminando por desabrochar el segundo botón cuando entro un chico; de la sorpresa me coloque tras Manuel. Ricardo volteo a ver de manera despectiva al intruso

    —vengo por lo del tratado

    —¿tienes el dinero?

    El chico los vio de manera nerviosa y luego me vio a mí directamente

    —si… tomen.

    Ricardo tomo el fajo de billetes y sonrió

    —de acuerdo estas son las reglas. Ella solo te hará una mamada; no puedes tocar ni propasarte, si se te ocurre hacerlo, Manuel acabara contigo y ese será el menor de tus problemas, pagaste por un solo servicio en cuanto llegues todo termina ¿estamos de acuerdo?

    —si…

    Ricardo me hizo una seña, el chico me tomo suavemente por la mano y entre con él en uno de los baños, si yo estaba nerviosa y aterrada el chico que estaba conmigo estaba peor que yo. Me senté sobre el excusado él se colocó frente a mí, lo mire rápidamente, unas gotas de sudor comenzaban a recorrer su frente, las manos le temblaban al intentar desabrocharse el pantalón; Un par de intentos después logro bajárselos junto con sus bóxers; él no estaba muy seguro de que hacer, estaba todo rojo por la pena, y movía las manos con nerviosismo. Sin dudarlo lo tome con mis manos, entre más rápido terminara más rápido podría irme de allí, lo introduje despacio en mi boca, sentí como tembló y empezó a palpitar con más fuerza, lo lamí despacio, iba por el tercer lengüetazo cuando el comenzó a gemir, lo vi cerrar los ojos y segundos después me lleno la boca con un par de chorros de leche, se separo de mi y se recargo, o más bien se dejo caer sobre una pared del baño mientras jadeaba, tome un pedazo de papel de baño y me limpie los restos de semen que cubrían mis labios, me levante pase a un lado del chico y Salí de allí, al notar mi aparición Ricardo dejo de fumar, le hizo una seña a Manuel quien solo sonrió.

    —eso fue rápido nena, te tardaste mas en decidirte que en salir, si las cosas serán así, podríamos tener más clientes por día que los que originalmente pensamos.

    Vi al chico salir subiéndose los pantalones, al ver a todos volvió a sonrojarse y tras abrocharse el pantalón salió corriendo.

    —ese seguro volverá… toma tu parte Camilita, a fin de cuentas tú hiciste el trabajo difícil.

    Ricardo me tendió un billete de doscientos pesos, y el resto del dinero se lo dividieron a partes iguales el y Manuel

    —ahora no tenemos gente y nos quedan 45 minutos de descanso, anda nena puedes irte.

    Iba a tomar mis cosas para volverme a poner el pantalón y los zapatos cuando Manuel me tomo de la muñeca.

    —ya que te vez tan linda y tenemos tiempo aprovechémoslo nena.

    Lo vi con sorpresa, Manuel solo sonreía con esa seguridad tan típica suya.

    —si es así los dejo, te veo más tarde Manuel, el estúpido del grupo c no ha pagado su cuota del día de hoy y tenemos que cobrar.

    Ricardo hizo un ademan con la mano y salió, de inmediato Manuel me empujo dentro de uno de los cubículos del baño y me sentó en el excusado, se saco su enorme verga y sin decir nada me la clavo en la boca, me ordeno que se la mamara; mientras yo la chupaba el solo repetía que la lubricara bien. Unos minutos después se separo de mí, me coloco hincada sobre el excusado colocando mis manos sobre la caja del mismo, me abrió un poco las piernas, me bajo las bragas solo lo suficiente para dejar al descubierto mi ano, me movió la falda, y al sentir al punta de su miembro empujando para comenzar a entrar, trague saliva y cerré los ojos. Manuel me tomo de la cintura y con fuerza me la clavo, ahogue un grito mientras me mordía un poco los labios; Manuel se detuvo, la saco un poco y volvió a ensartarme de golpe la mitad de su verga, un nuevo grito que evite dar y escuche una pequeña risa de Manuel, volvió a sacarla un poco y esta vez sin contemplación alguna me la clavo toda de golpe, esta vez no pude evitar ahogar mi dolor y un pequeño gritillo salió de mis labios, esa fue la señal que esperaba Manuel para empezar su mete saca; lo hacía con fuerza y velocidad, sin duda esta vez quería llegar lo más rápido posible. Me apretó con más fuerza de la cintura y sentí como mi falda se deslizaba un poco, sentía como mis nalgas botaban a cada embate; Manuel me dio una nalgada que saco un ahhhhh de mi boca, que me sorprendió bastante, Manuel se detuvo un poco, escuche su respiración entrecortada y luego volvía sentir su empuje, minutos después escuche gemir a Manuel al mismo tiempo que me la metía hasta el fondo para descargar toda su leche dentro de mí, uno dos , tres , cuatro… seis chorros de leche que me inundaron por dentro, despacio Manuel se separo de mí y me subió las bragas. Yo seguía sobre el excusado respirando con agitación, Manuel me quito la falda y me coloco los pantalones. Yo me dejaba hacer como niño pequeño, al pararme sentí como la leche escurría mojándome las bragas y corriendo por mis piernas, lo vi con sorpresa.

    —ahora princesa es mejor que corras a tu clase faltan 5 minutos para que comience la siguiente.

    Manuel me dio un beso fugaz en los labios y salió, dejándome sola allí. Hice caso omiso de las sensaciones y corrí.

    El resto del día fue tranquilo y sin muchas complicaciones, las clases terminaron rápido y comencé aguardar mis cosas, al terminar, mi celular volvió a vibrar, un nuevo mensaje de Ricardo me indicaba que tenía que volver al baño, quizás para ser presa de una nueva humillación. Tome mi mochila y despacio camine a mi matadero. Al llegar solo se encontraban Manuel y Ricardo

    —en fin, ya llego la nena, te dejo, nos vemos mañana Manuel no se te olvide la cita que tenemos mañana

    Ricardo salió del baño dejándome a solas con Manuel.

    —bien princesa cámbiate que tenemos poco tiempo en 15 minutos vienen a recogernos

    —¿a dónde vamos?

    —tu sígueme, créeme, todo esto es por ti princesa.

    Con un poco de sorpresa procedí a cambiarme, con el papel de baño y un poco de gel me limpie las líneas de semen seco que habían quedado en mis piernas. En ese instante Manuel comenzó a tocar a la puerta.

    —¿estas lista princesa o vas a tardarte a un mas? el chofer ya está en la entrada.

    Salí, Manuel tomo mi mochila y me abrazo, salimos de allí y caminamos en dirección al portón principal, me abrace a Manuel para no caer; una cosa era vestirme de chica en el baño y estar a salvo de todas las miradas, pero a mitad del colegio, con todas esas personas que me conocían era muy distinto, demasiado. Sentí como las piernas me temblaban y como poco a poco mi garganta se iba resecando, pensé que comenzaría a sudar pero estaba helada, mi corazón latía con muchísima fuerza y sentía que de un momento a otro iba a salírseme del pecho, comencé a respirar con dificultad, la cabeza me daba vueltas. Di un par de pasos y sentí que mi cuerpo no respondía, cuando volví a darme cuenta de lo que sucedía, Manuel cerraba la puerta del carro, no pude mas, una lagrima fue el comienzo y de pronto me vi llorando con fuerza. Creo que escuche a Manuel decirle al chofer que nos fuéramos y alguna cosa más, luego me abrazo y comenzó a consolarme, sentí como me recargaba en su pecho y llore con más fuerza, sentí sus brazos rodearme y decirme que estaba bien que no tenia de que preocuparme, me consoló a si por un rato luego me tomo de la barbilla y me vio directo a los ojos, diciéndome que me calmara que ya todo estaba bien, me paso un pañuelo desechable y me limpio las lagrimas. No sabía porque pero el miedo había desaparecido.

    El auto se detuvo. Bajamos para encontrarme frente a una clínica privada, Manuel me tomo de la mano y me llevo con él hasta el tercer piso, allí se acerco a una enfermera.

    —¿el doctor ya llego?

    -—¡claro! Te está esperando.

    Nos hizo una seña y al seguimos hasta un consultorio, nos abrió la puerta y la vi desaparecer. Al entrar vi a un hombre de unos 50 años revisando unos papeles.

    —¡Manuel! ¡Bienvenido! ¡Que gusto el verte! ¿Cómo está tu papa? Me imagino que también como siempre ¿y supongo que esta es la señorita de la que me hablaste? Siéntense

    —gracias doctor

    —¿y cómo te llamas corazón?

    —lo…. Camila, doctor

    —nerviosa no te preocupes corazón estas en buenas manos. Ahora pasa de aquel lado y desvístete.

    Voltee a ver Manuel con miedo, no sabía qué hacer, si me desvestía el doctor se daría cuenta de inmediato que era un chico y no una chica.

    —hay una bata allí, no te preocupes, nadie te vera sin ropa.

    Obedecí y 5 minutos después me encontraba sentada en una mesa de auscultación, el doctor entro junto a una enfermera. Me tomaron el peso, la presión, tomaron mi estatura y demás signos vitales; al terminar volví a vestirme y al salir vi al doctor hablando con Manuel.

    —corazón estas en buena forma y tu salud parece ser buena, quizás un poco delgada, pero eso es normal, mañana tras los exámenes decidiremos la dieta y el resto del tratamiento; por lo pronto esto será suficiente, dos de estas diario después del desayuno. Hija, ya sabes, mañana temprano en ayunas para las tomas de sangre y este frasco lleno con la primer orina del día, hoy evita las grasas y cena algo ligero, con eso estarás bien.

    Nos despedimos del doctor, Manuel guardo la medicina indicándome que el se encargaría de dármela para que yo no fuera a olvidarla. Suspire y salimos de allí, de inmediato Manuel me llevo a comer. Pasta y ensaladas fue el menú, platicamos de cosas sin sentido y a media tarde Manuel fue a dejarme a mi casa, esta vez no insistió en quedarse. Salí del auto y entre sin preocuparme siquiera de cambiarme, a esa hora la casa estaba más que sola, subí a mi cuarto y me tumbe en la cama. Descanse por unos 5 minutos y tras cambiarme por algo mas cómodo para andar en casa, inicie mis deberes del colegio y casi para terminar escuche a mis padres llegar a casa. Tras una cena ligera y poco comunicativa me retire a mi cuarto. Al entrar vi mi celular vibrar. Me acerque a él, era un mensaje de Manuel indicándome que pasaría por mí al cuarto para las 7 para llegar en punto a la cita en el laboratorio. El recibir el mensaje, me hizo recordar lo que había pasado ese día, me sentía completamente perdido hasta el grado de terminar llorando como una niña y en medio de ese abismo, Manuel, cuando me abrazo y me recosté en su pecho, sentí seguridad, muchísima seguridad, me sentía a salvo, el gran problema es que yo no era una chica indefensa. Vi el techo ¿qué estaba pasando conmigo? No me sentía a gusto, no me gustaba estar confundido sin saber qué hacer. Me envolví en las cobijas para dormir… no quería pensar en nada.

    El despertador me saco de mis malos sueños y mis pesadillas, me levante y al salir del baño me di cuenta que mis padres aun no se despertaban. Tome mis cosas y le marque a Manuel quien me indico que estaba por llegar. Al salir de la casa el auto se paro frente a mí. Subí y nada más entrar me recargue en la ventana, empecé a dormitar mientras avanzábamos, faltando unas cuadras, Manuel me despertó para que me cambiara; lo hice de manera mecánica, a fin de cuentas solo era cambiar zapatos y falda, mientras lo hacia Manuel noto mi ropa interior y de inmediato tuvo una erección. Al bajar del auto Manuel se comporto, como siempre, como todo un caballero, abriéndome la puerta y ayudándome a salir. Entramos al laboratorio y tras dar la papelería, entre a que me tomaran la muestra. Al ver la jeringa di gracias a que Manuel entrara conmigo, siempre he tenido horror a ver mi sangre, y las agujas y jeringas me ponen muy mal, cerré los ojos apreté la mano de Manuel, sentí el pinchazo y apreté mas a Manuel. Todo termino rápido. Pero yo ya estaba mal, al salir estaba pálida y mi corazón latía a mil por hora, casi arrastrando me llevo Manuel al auto, nada mas sentirme lejos del hospital me desmaye.

    Al despertarme me encontraba en una cama cubierta por las cobijas, me talle un poco los ojos y me estire al voltear vi a Manuel recargado a un lado de la cama observándome atentamente

    —veo que ya estas mejor ¿Cómo te sientes princesa?

    —bien… ¿Dónde estamos?

    —en mi casa, este es el cuarto de huéspedes, por si no lo recuerdas al salir del hospital te desvaneciste, el doctor dijo que no era nada grave solo un desmayo por no desayunar y estresarte tanto por el piquete así que te traje aquí a descansar, fui al colegio por un asuntillo y volví pensé que te encontraría despierta pero me equivoque ya es casi medio día, vamos a que desayunes algo, no quiero que te desmayes otra vez. Además necesitas tomarte la medicina que te dio el doctor.

    Allí estaba yo otra vez siendo salvada por Manuel, y a pesar de lo mal que me hacía sentir la situación, no podía negar que me agradaban todas esas atenciones, el tener una infancia solitaria y unos padres que solo se preocupaban lo mínimo por mí, me hacían algo vulnerable en ese sentido, la casa de Manuel era enorme, me llevo al comedor donde me sirvieron todo lo que quise, Manuel me observaba con detenimiento. Al terminar me dio las pastillas y me las pase con un jugo. Luego me indico que lo siquiera al cuarto donde me había despertado. Al llegar Manuel se sentó en la cama al sentarme en ella me empujo sobre la cama y se coloco sobre mí.

    —me encantas cuando duermes te ves hermosa.

    De inmediato comenzó a besarme el cuello y meterme mano por debajo de la blusa del colegio. Sentí como su mano se deslizaba por mi muslo mientras mordisqueaba muy suavemente mi cuello, fue colocándose sobre mí de manera lenta y esta vez con mas calma de lo normal; me empezó a quitar la ropa sin dejar de besarme y lamerme todo el cuerpo, mientras me chupeteaba la espalda cuando se coloco sobre mí para besarme mejor el cuello pude sentir como su verga erecta chocaba sobre mis nalgas ahora solo cubiertas por las bragas, me coloco completamente boca abajo y fue extendiendo mis brazos hacia los lados, sentí como sus labios bajaban de mi cuello en dirección a mi trasero recorriendo toda la línea de mi columna; suavemente me retiro la pequeña frontera de tela que evitaba que estuviera totalmente desnuda gemí un poco cuando sentí su saliva sobre la parte interna de mis muslos, continuo bajando por mis piernas intercalando su beso de una pierna a la otra. Temblé al escuchar como Manuel se desvestía, poco después se coloco sobre mí, colocando una almohada bajo mi vientre me elevo las caderas para facilitar la penetración, separo mis piernas y sin preámbulo alguno dejo toda delicadeza para penetrarme con fuerza y animalidad. Solté un grito que me imagino que se escucho en toda la casa, de un solo golpe la había metido toda hasta el fondo, al parecer tanto juego lo había excitado mucho; empezó el movimiento con rapidez sin darme tiempo a nada, con lo salvaje de la situación comencé a gritar con fuerza. Mis nalgas se movían a cada embestida y mi cuerpo botaba en la cama, mi cabello caía sobre mi cara. Manuel me tomo de las caderas y se apretó con más fuerza, dio su embestida final y como siempre sentí los chorros de leche correr; Manuel jadeo y se dejo caer sobre mí. Al terminar de llegar se separo. Pensé que todo terminaría allí, no fue así, de inmediato Manuel comenzó nuevamente con el besuqueo, buscaba mis labios mientras recorría mi cuerpo con sus manos, siguió con el juego y mientras lo hacía pude darme cuenta que su verga comenzaba poco a poco a ponerse a un más dura que antes, hasta estar nuevamente erecta y buscando penetrarme. Me tomo de las manos y colocándose entre mis piernas me levanto en vilo y me penetro nuevamente; Manuel estaba desbocado. Eran casi las 4 de la tarde cuando termino conmigo, volví a ser su juguete una vez mas y luego me dejo en la cama jadeante mientras se vestía.

    —¡vístete! comeremos algo y luego te dejara en casa

    Su orden era directa, tome mi ropa y me dirigí al baño para ducharme rápido; al verlo, Manuel me tomo de la muñeca y me detuvo, con autoridad me ordeno que me vistiera de inmediato allí, lo vi a los ojos y obedecí, al terminar bajamos al comedor donde nos sirvieron la comida, la incomodidad era enorme, toda la servidumbre de Manuel me veía, nos habían escuchado y yo no sabía dónde esconderme, baje la cara y me sonroje tratando de comer sin verlos directamente; Manuel se comportaba como si nada hubiese pasado. Treinta minutos después nos encontrábamos en el auto camino a casa. Yo miraba por la ventana y pensaba lo largos que habían sido los últimos dos días.

    Espero les hayan gustado mis relatos, cuídense, ya saben comentarios a [email protected]

  • Vanessa compartida (1): Mi fantasía

    Vanessa compartida (1): Mi fantasía

    Los sentimientos, las sensaciones y placeres que se viven compartiendo a la esposa de uno es algo que no se puede describir fácilmente y quiero compartirlas con todos los que de alguna manera también sientan lo mismo que yo. Por ello, quiero comenzar esta historia aclarando puntos que considero importantes para un buen inicio; primeramente lo que leerán a continuación es la historia real de las experiencias vividas con mi esposa con la única salvedad de los nombres cambiados de todos los involucrados. También es importante que sepan que no soy escritor así que desde ya pido disculpas por los errores que cometa y finalmente quiero decirles que no me arrepiento de nada, en otros relatos que he leído veo que muchos casos terminan mal algunas veces. Ese no es mi caso: gozamos con mi mujer al 100% de todo lo que experimentamos y seguimos juntos a la fecha, con ganas de seguir probando cosas nuevas.

    Dicho esto, es necesario además una presentación de nosotros; mi nombre es Mario, tengo 45 años y soy representante de una empresa dedicada a importaciones. Gano lo suficiente para tener una vida cómoda sin apuros y soy casado hace 4 años con Vanessa. Ella tiene 37 años pero no los aparenta, y permítanme tomar unas líneas para describirla y contarles más de ella… es importante. Vane mide 1,65 m y por los ejercicios que hace regularmente mantiene una figura envidiable para su edad. Es dueña de una belleza exótica: cabello ondulado a los hombros, ojos pardos grandes, labios carnosos y es dueña de un par de senos que, aunque no muy grandes, recalientan a cualquier mortal. Todo esto, sumado a sus grandes y oscuras aureolas que siempre se asoman «inesperadamente» por su escote… no saben cómo atrae las miradas de los hombres en la calle y arranca uno que otro comentario subido de tono que ya he sabido con el tiempo soportar, cada vez con más gusto. Sus contorneadas piernas se realzan cuando usa tacones (eso me vuelve loco) y ambas son el marco perfecto para su trasero que a más de uno ha dejado boquiabierto en la calle, lo heredo de su madre y parece que está en los genes de todas las mujeres de su familia. Dos cosas me gustaron de ella desde el primer momento en que nos conocimos: su culo de campeonato, por supuesto, y sobretodo el hecho de que además es una exhibicionista de primera… y a mí para nada me desagrada ello, por el contrario: me recalienta que vaya por ahí atrayendo miradas.

    Ahora yo la incentivo a usar minifaldas y mostrar su cuerpo porque si, he descubierto hace pocos meses que me excita sobremanera verla exhibida a los demás. Verlos babear por ella, me calienta sobretodo el que la deseen y se la “coman” con los ojos hombres de todo tipo pero principalmente de manera especial aquellos que sé que no podrían tener y gozar de una mujer como la mía. Creo que me entienden sobre todo aquellos a los que también comparten esta afición… mientras más extrema sea la situación es mejor. Quien pensaría que todo el tiempo antes de descubrir este placer yo era un celoso empedernido y más de un problema me gané por ello. Ella siempre fue muy regalona y coquetea incluso sin quererlo por su carácter y forma de ser… ya me entenderán porque más adelante, más bien sigo; no tenemos hijos pero ella tiene una hija de 14 años que actualmente vive con su abuela por cuestión de estudios en la capital. Es producto de una relación anterior y creo conveniente contarles un poco de su vida antes de yo conocerla. Ella desde muy jovencita tuvo ese cuerpo y le encantaba bailar, tenía un grupito de amigas con las que soñaban con ser famosas y se presentaron de muy chiquillas a un concurso de coreografías en televisión nacional a fines de los años 90, cuando tendrían 15 o 16 años. El asunto es que ganaron y les ofrecieron un contrato de baile en un programa de música tropical en televisión; la madre de Vane tuvo que autorizarlo a ruegos de ella y finalmente comenzó una muy activa y movida etapa de bailarina. Yo veía esos programas por aquel entonces y todas las bailarinas vestían prácticamente bikinis con una faldita corta de vuelo que al girarla hacía que mostrara todo y justo los camarógrafos parece que competían por hacer las tomas desde abajo y muy de cerca. Con lo que comenzó ganando fue ayudando en casa porque el dinero faltaba y la cosa así fue mejorando; ya cuando cumplió la mayoría de edad, Vane era conocida y en la calle dice que hasta la saludaban y le pedían que se tome fotos con los tíos que la abordaban muy efusivos. Así empezó una etapa en la que era llamada por los diarios populares para sesiones de fotos y ponerlas en sus contraportadas, ahora me parece increíble que años más tarde una de las muchas chicas que salían en esos diarios y yo admiraba sería mi esposa. Su fama y belleza la impulsó más, porque en TV las chicas bailaban en faldita y poca ropa pero en estas fotos eran mucho más atrevidas: posaban en topless sin dejar mucho a la imaginación y en poses realmente sugerentes. Parecía que entre los diarios y las chicas competían por quién llegaba más al límite de lo permitido para publicar en tiraje nacional y poder poner a la vista en los kioskos y puestos para los mañosos; las más buscadas y admiradas por los lectores eran convocadas por empresas para su publicidad gráfica y los famosos calendarios. Vane fue una de ellas y no faltó centro de servicio para autos, lubricantes y aceites de vehículos, empresas de transportes etc., que no la tuviera en sus fotos promocionales y los buscados calendarios de los primeros años del nuevo milenio. Con lo que llegó a ganar, Vanessa ayudó en casa y pudo pagar sus estudios de secretariado que gracias a Dios pudo culminar y ejercer paralelamente a su faceta de modelo y bailarina. En esos años tuvo una relación con un empresario de espectáculos y fruto de esa relación tuvo a su hija; por esta razón, y ante la llegada de una nueva generación de chicas más jóvenes y cada vez más atrevidas, Vane dejó voluntariamente todo eso para dedicarse a trabajar como secretaria y madre tiempo completo alejándose para siempre de ese medio. Siempre le gustó y hasta ahora le trae nostalgia recordar aquellos años sobre todo cuando ve sus recortes, recuerdos o sus álbumes de fotos.

    Volviendo al presente, comprenderán su esencia coqueta-exhibicionista, por años fue admirada en escenarios y le queda ese gustito, también debo indicar que de aquellas chicas de la farándula se hablaba que eran mujeres de la vida fácil y que por dinero hacían más de lo que se veía pero eso es algo que nunca conversamos ni me interesaba cuando la conocí. Y vaya que me impactó cuando la conocí, fue en el consultorio de mi dentista un día que esperé casi una hora por mi turno. Ella se encontraba sentada frente a mí, vestida con lo que se llama en toda regla un “putivestido” negro sin medias que al cruzar las piernas prácticamente se le subía hasta verle media nalga. Otra cosa que me fascinó de ella fueron sus pies, bien cuidados y enfundados en un par de zapatos negros de tiritas y tacón alto… en fin, estaba hecha un ensueño para cualquier fetichista como yo. Un señor como de 60 años junto conmigo éramos los únicos afortunados testigos del juego de ese monumento de mujer que sabía hacer muy bien aquello de provocar, siempre moderada y cuidadosamente como una experta. A ese señor y a mí se nos cayeron tantas veces las revistas al suelo en esa salita de espera que hubiera sido muy ingenuo e imposible de creer que el azar fue el que causó todo. A Vane le encanta atraer la atención de los hombres siempre, en todo lugar y momento, y que además sepan que no hace distinción alguna: viejos, jóvenes, estrato social no hay edad ni raza según ella cuando trata de insinuarse.

    Tuvimos un noviazgo corto y en ese tiempo comencé sufriendo (y ahora gozando) con su juego cuando salíamos juntos a divertirnos: siempre vistiendo faldas cortas, falditas muy delgadas que traslucían su tanga o pantalones muy apretados, generalmente blancos, que dejaban traslucir sus colaless favoritas. Usa blusas de una talla menos que hacen que sus pechos casi revienten los botones y en más de una ocasión parecía que se le pasaba la mano por lo extremadamente puta que se le veía. Así pasando el tiempo, día a día, ella notaba como me calentaba esto y lo comprobaba con las largas e intensas sesiones de sexo que tenemos hasta ahora luego de sus “jueguitos”.

    Ya de casados confieso que inicialmente me mortificaba pero ahora le he agarrado gusto y vicio al asunto; he incentivado y repotenciado un poco más su estilo y lo canalizo con el fin de que los resultados sean favorables para los dos: ambos quedamos, después de sus exhibiciones, muy calientes y tenemos unas sesiones de sexo que nos dejan completamente exhaustos y dormidos profundamente hasta el día siguiente. Le compro ropa provocativa, desde las medias, portaligas y tangas hasta zapatos de tacón y plataforma; blusas, vestidos y faldas que combinen haciéndola ver como colegiala calentona, secretaria hot y otros por el estilo. Ella FELIZ con todo eso… y yo ni hablar.

    Llegar a este nivel no fue nada fácil, a poco más de tres años de casados pude notar que estábamos dando vueltas en círculo y que empezábamos a entrar en una especie de estancamiento sexual. No digo que el sexo llegó a aburrirnos sino que sentíamos, yo más en particular, que éste podía ser mejor. Ella siempre sensual en la calle hacía que discutiera con los hombres que a menudo se propasaban con frases cargadas de tono, así que el “click” en mi cerebro sucedió un día que fuimos a comprar muebles a la zona industrial directamente del fabricante, ella salió con un short de jean cortado muy arriba que se le veía el inicio de sus nalgas y un cargador fornido le gritó de arriba de un camión “mamacita sube, ese culo pide mi verga dile a tu marido que nos espere o que suba para que vea y aprenda a darte tu gustazo”. Ella lo ignoró haciéndose la molesta pero bien en el fondo que le hizo gracia, mientras me agarraba para no irme de manos. Sin embargo en mi cabeza se formó la escena de Vane con el tipo ese juntos y yo viendo… así empecé sin darme cuenta desde ese día a fantasear con aquello que a todos los hombres nos ha pasado por la mente y nos ha calentado en algún momento: como sería verla tener sexo con otro hombre. Cómo sería verla poseída por otro, verla comiéndose otra verga. En nuestras sesiones de sexo comencé de a pocos a incluir en nuestras pláticas eventuales «terceros», le susurraba al oído mientras la penetraba que algún amigo o conocido de ambos estaba presente haciéndose una paja viéndonos y le pedía que se la chupara. Vane se metía un dedo a la boca y lo chupaba como si de un pene se tratara, ronroneaba como gatita y eso me calentaba más y más. También pude notar que ella se movía más deprisa y se excitaba aunque no lo admitía. Poco tiempo después, a manera de sorpresa, compré por internet un consolador de gran tamaño (22 cm) completamente realista con forma de pene, con textura, venas y pigmentación hiperrealista; en fin, realmente parecía una verga más grande que la mía. Esperaría el momento justo para estrenarla, así que la tendría guardada pero lista.

    La idea entonces de compartirla y poder verla con otro me carcomía el cerebro ya desde hacía mucho tiempo y creo que había llegado el momento de llevarlo a la práctica. Ella sin embargo no estaba, al parecer, muy entusiasmada con la idea. Una noche en la que platicábamos en la cama sobre nuestros gustos, placeres y fantasías se lo solté casi de golpe:

    – Amorcito, anoche cuando lo hacíamos noté como te calentó más cuando te dije que Marcos (el muchacho que despacha en la tienda cerca de la casa) te pedía que se la chupes. Que estaba parado al lado nuestro mientras te penetraba y quería que lo satisfagas con esa boquita rica… ¿te calentó eso no?

    – Hay bebito (así me dice) es que se te ocurre cada cosa…

    – Pero te calentaste más si o no? Dime pues…

    – Pues algo… si… un poco. ¿No te habrás molestado, no?

    No podía creer que una mujer tan provocadora como ella se ponga tan a la defensiva con tocar ese tema, fingía mal o era cierto aquello de que solo le fascina «calentar» pero no el hecho de poder ir más allá, así su yo se lo pidiera. Desde esa noche comencé a sondear más el terreno y poco a poco fui incluyendo a más amigos y conocidos “virtuales” en la alcoba. Desfilaban por nuestra cama conocidos como el referido Marcos, Miguelito el canillita, Pedro el cerrajero/gasfitero/mil-oficios y hasta mi jefe Don Orlando que en una ocasión, con copas de más, me confesó que no pudo evitar ver y admirar ese trasero que se manejaba mi esposita. Esto lo supo Vane y le encantó que se lo admiren… pero nada más que eso. Por más que sembré el terreno, mis esfuerzos no dieron frutos inmediatos. Aun no sé si fue por la emoción y excitación del momento en que hacíamos el amor luego de una exhibición de ella en una reunión a la que asistieron mis compañeros de trabajo, que le mencioné al oído:

    – Oscar te vio este hermoso culo toda la noche!! Eres una putilla descarada, Vane… mi putilla…

    – En serio?

    – Si putita!! ¡Calentaste a todos incluso al más quedado de la oficina! Ahorita Oscar debe estarse pajeando pensando en ti… ¡Ese solterón puñetero debe estarse corriendo a mares de leche justo ahora pensando en tu culo…en tus tetas que se te salían del escote… en tu concha húmeda y ardiente…!!

    – Si,… Ahhhh, siiii

    – No te da pena el pobre? Pajearse solo tantos años debe ser triste… Mmmm puedo llamarlo ahora para que venga y te coja bebita…. mmmm quieres? Oscar montándote rico así como yo…. mmmm ahhhh. Poniéndose tus piernas al hombro…. Ahhhh bombeándote como yo…. mmmm asiii.

    – Si..ahhhh si papi que..mmmm venga… Que me la meta ricooo también… Mmmmm… yo seré su putaaa!! Se la saqué de la concha y casi me mata con la mirada, de mi cajón estirando la mano cogí muy rápido el consolador realista que compré y se lo puse cerca a la cara, en los labios. Le dije…

    – Ya llegó… chúpasela como lo puta que eres! La sorpresa no le duró mucho y comenzó a mamar y lamer el consolador como si de una verga se tratara. Se lo metía hasta la garganta y lo sacaba lleno de su saliva. Tomaba aire y volvía a la faena. Se lo quité y le dije: -Oscar te la quiere meter…

    – Mmmmm. Siii que me la meta, papi. Quiero sentirlo dentro…

    – Pídeselo!

    – Métemelo Oscar, goza con ésta tu puta papitooo… (Nunca la había visto tan salida)

    Se lo metí con cuidado y solo la cabeza porque estaba tan mojada que no quería lastimarla, ese consolador era más grueso y grande que mi verga. La vi cerrar los ojos con fuerza…

    – Ahhhh que ricooo métela masss no me hagas esperar!!!

    – Háblale más, él está aquí. Di lo que quieres que Oscar haga…

    – Hay Oscarcitooo, méteme ya toda tu verga rica papitooo

    – ¿Es más grande que la de tú marido, putita? – Dije cambiando la voz… se me ocurrió en ese instante esa idea.

    – Siiii metela que la siento ricaaa!!! Mmmmm si mas grande… ahhhh

    Comencé un mete y saca violento, verla entregada y hablando así me excitó in extremis…

    – Hoy eres mi puta ¿no mami?

    – Siiiii hoy y lo seré siempre papitooo mmmmm

    Se lo saqué y en seguida la penetré con todas mis ganas, muy fuerte hasta que coincidimos los dos en un tremendo orgasmo, vine dentro de ella casi convulsionando y con una fuerza inusitada que hizo que ella también se venga chorreando flujos abundantes.

    Quedamos exhaustos, sudorosos y satisfechos, pero yo no iba a dejar pasar la oportunidad. Seguidamente le dije:

    – Vane, en serio puedo llamar a Oscar uno de estos días y…

    – ¿Oye, tú estás loco o te haces? ¿Te golpeaste la cabeza? ¡Cómo se te ocurre que yo con ese tipo… Aghh de solo pensarlo… y el solo hecho de que tú lo pienses también me parece inaudito!

    – Pero… ¡Te calentó la idea hace un rato tanto como a mí!! ¡No lo niegues!!

    – No distingues la realidad de la fantasía no? Jamás podría estar con ese o con otro. Soy tu mujer y no una puta ¿Te queda claro?

    – Ok no discutamos ahora, entiendo… ¡Caray tampoco es para que armes tanto drama!

    Cogiendo el consolador y mirándolo con los ojos bien abiertos me preguntó…

    – ¿De dónde has sacado “eso”?

    – Lo compré para nosotros… tú sabes…

    – Las cosas que se te ocurren- pasando el dedo por la punta y el glande finalmente me dijo – me lo quedo, yo lo guardo aquí.

    Finalmente lo guardó en su cajón y yo me quedé como se dice “picado”, pensé que era la oportunidad que había estado esperando, pero no. ¿Era realmente imposible poder cumplir mi sueño? Pero la vida tiene sus vueltas…

    Espero que les haya gustado esta introducción. Hay más aún pero no quisiera continuar sin antes recibir sus comentarios. Pueden escribirnos a [email protected]… lo que sigue que aún es mejor. Saludos.

  • Una mujer cabreada y frustrada

    Una mujer cabreada y frustrada

    Todos los fines de semana ella cogía su bicicleta y se iba a dar un paseo hasta el parque que unía los cuatro pueblos, eran unos cuantos kilómetros que le servían para quemar esas calorías no consumidas durante la semana y para calmar esa frustración sexual que se incrementaba día a día, su novio últimamente ni siquiera se molestaba en complacerla, siempre era monótono: quedaban en su casa, se daban un beso insulso de bienvenida, él se duchaba porque llegaba de correr, ella esperaba desnuda en la habitación, él la llamaba, ella le hacia una buena mamada, luego pasaban al dormitorio, follaban un ratillo y él insistía en correrse en su boca, ella no llegaba a alcanzar su orgasmo, pero a él le daba igual, se metía en la cama, se daba media vuelta y se dormía, vale que era muy guapo y que hacían buena pareja pero estaba demasiado harta del egoísmo que demostraba.

    Para ir al parque debía atravesar un pequeño polígono industrial construido prácticamente para los almacenes centrales de una multinacional, los fines de semana no había actividad pero estaba repleto de camioneros de todas las nacionalidades que esperaban a que fuera lunes para realizar la carga de su camión. Cada vez que pasaba por la zona veía a los camioneros reunidos en las aceras charlando, jugando a las cartas, o comiendo todos juntos como si fuera un pequeño camping, cogiéndola contra su voluntad, la metían en la parte trasera de un camión y se la follaban entre todos; cuando pasaba por al lado de los camioneros la saludaban y ella inclinaba la cabeza devolviendo el saludo y aceleraba el ritmo de su bicicleta, ya que se sentía tan acalorada con sus bragas húmedas, sus pezones duros, que se marcaban en el maillot ajustado que solía usar y que no quería que ellos notasen, porque una cosa era su imaginación calenturienta y otra que se hiciese realidad.

    Ese día estaba muy cabreada y frustrada, iba a dejarle, la última vez había sido la gota que acabo por desbordar el vaso, había quedado con su novio, le pidió que le hiciera sexo oral, se corrió, y no la toco ni la beso después, se dio media vuelta y la dejo ahí, con toda su leche en la boca diciéndole os gusta a todas. Cuando pasó por el polígono, los camioneros la saludaron, pero ella solo pedaleaba con fuerza para quemar toda esa energía no consumida, solo pensaba en esas estúpidas palabras, cuando volviera a casa estaría tan cansada que las ganas de gritarle se le habrían pasado, se daría una ducha, le llamaría y le mandaría tranquilamente a paseo; iba tan abstraída en sus pensamientos que no se dio cuenta y se salió de los caminos del parque, cruzo campo a través con tan mala suerte que se resbaló y cayó de la bicicleta. Se incorporó con unos cuantos rasguños y dolida en su orgullo, levanto la bicicleta y se dio cuenta que la rueda trasera se había pinchado, de ahí la caída; no le quedaba otra alternativa que volver andando y llevando la bici.

    Se le estaba haciendo bastante tarde, pero con las prisas que había salido olvidó coger su pequeña mochila en la que estaba el móvil y algo de dinero por si tenía una emergencia, otra cosa por la que culparle, pero no era culpa de él era suya por permitir que la hubiera tratado así y no haberle gritado -desahogándose- que él ni siquiera sabía follar como para saber lo que le gustaba a todas. Cuando llego al polígono ya era prácticamente de noche, las farolas iluminaban las calles desiertas, ni siquiera estaban los camioneros que seguramente habrían acudido a entretenerse un rato en la ciudad; caminaba despacio, cojeando un poco, aún le quedaba por lo menos una hora hasta llegar a casa.

    -Hola, ¿qué te ha pasado?, ¿necesitas ayuda?

    Escuchó una voz masculina con un pequeño acento extranjero, se volvió, era uno de los camioneros.

    -Me he caído, se me ha pinchado la bici así que me tengo que volver andando a casa…

    -Si quieres metemos la bici en el camión y te acerco a tu casa.

    -Gracias, pero no creo que sea correcto aceptar la ayuda de un extraño.

    -No soy un extraño, todos los fines de semana pasas por aquí y nos saludamos.

    Le dedicó una de sus bonitas sonrisas.

    -Sí nos saludamos, pero eso solo indica que somos educados, aunque no conocidos, ni siquiera sabes mi nombre ni yo el tuyo…

    -Me llamo Arman.

    -Yo Carolina.

    -¿Estás tú solo? ¿y el resto de los camioneros?

    -Han ido a cenar y divertirse a la ciudad, yo no tengo mucho dinero así que decidí quedarme leyendo un libro. Pero me alegro de haberme quedado, así he podido conocerte.

    -Gracias, estás siendo muy amable.

    -¿Me dejas que te ayude a curarte las heridas? aquí al lado hay una pequeña fuente, acércate a ella mientras voy a por el botiquín del camión.

    -Vale, creo que sí, además me vendrá bien descansar un poquillo.

    Se acercó a la fuente, dejo la bici al lado de un banco, él llego con un botiquín y una toalla que le pasó, le dio las gracias y comenzaron a charlar mientras ella mojaba la toalla en el agua y la pasaba por las heridas de la pierna, los brazos y las manos, ella se fijó como él la observaba, le empezó a dar morbo, posó la vista en su entrepierna que parecía un poco abultada, él abrió el botiquín y sacó el desinfectante, ella se sentó en el banco, él se arrodillo y se lo pasó por los rasguños de la pierna, ella se contrajo, él comenzó a soplar para aliviarle el escozor.

    -¿Tienes frío? en este tiempo, cuando se oculta el sol baja la temperatura.

    -Un poco la verdad, aquí parada sin hacer ejercicio se nota.

    Tenía los pezones duros y la piel de gallina pero no quería admitir que era por el deseo que estaba creciendo dentro de ella.

    -Si quieres te acerco en el camión, estamos lejos de la ciudad y no sería aconsejable que caminaras sola por estas calles, quien sabe con quién te podrías encontrar.

    Le pareció gracioso, porque con lo necesitada que estaba no sabría quien estaría en peligro, si ella o él, porque lo único en lo que pensaba era en follárselo…

    Fueron caminando hacia el camión, él le llevaba la bicicleta, la dejo en la parte de atrás del camión, como la cabina estaba muy alta, la ayudó a subir y al hacerlo le acarició disimuladamente el culo, ella se mordió el labio inferior, se sentó en el lado del copiloto, comenzó a inspeccionar toda la cabina mientras él entraba por el lado del conductor.

    -Está un poco desordenada –comentó él-.

    -No me he dado cuenta, lo que pasa es que siempre he sentido curiosidad por saber cómo sería por dentro, cuando paso siempre tenéis las cortinas echadas.

    -No es gran cosa pero te la enseño, las cortinas son para darnos un poco de intimidad, el asiento en el que estás tú se dobla y se hace mesa para comer, se puede inclinar para dar más espacio al pequeño dormitorio que hay detrás, este es espacioso y está pensado para dos personas.

    Al contemplar el pequeño dormitorio se estremeció pensando en los dos follando, tenía que serenarse y pensar en otra cosa, se volvió hacia él y vio como intentaba esconder una revista de esas de tías desnudas posando de forma “erótica”, cuando él notó que ella se había dado cuenta se ruborizó.

    -No te preocupes, no me asusta, entiendo perfectamente que un hombre que pasa tanto tiempo solo tiene necesidades…

    -No quería que pensases que era un salido…

    -Te diría que en este caso la salida soy yo…

    Se dio cuenta en el acto de que había expresado sus pensamientos en alto, se puso colorada como un tomate y se agarró las manos, mientras él se reía y le decía:

    -No creo que una chica tan guapa, no tenga a nadie que cubra sus necesidades…

    Sin poder contenerse le contó su triste vida sexual…

    -Tu novio es un gilipollas, en lo único que estoy pensando desde hace un rato es en poner mis manos sobre tu cuerpo, llenarte de caricias, probar esos pezones tan ricos que se te marcan y follarte toda la noche…

    Ella se lo quedó mirando, sus ojos estaban totalmente dilatados y la miraban de una forma muy pasional.

    -Si piensas eso, hazlo, porque yo tampoco pienso en otra cosa…

    Se inclinó sobre ella, la beso de una forma posesiva, ella respondió al beso, entrelazaban las lenguas, se saboreaban el uno al otro, él empezó acariciarle la espalda, los muslos, le ayudo a quitarse el maillot, sólo llevaba un sujetador deportivo, le beso el cuello, bajó hacia sus pezones, los lamió y chupó por encima del sujetador, ella no paraba de gemir, le acariciaba su espalda, su cabeza, se desprendió del sujetador, el contacto directo de la boca en sus pechos la hacía estremecerse de placer, hasta ahora no había sentido nunca ese placer en sus pechos, hábilmente él pasaba sus manos por el culotte de ciclista, estaba tan mojada que sus fluidos habían traspasado más allá de las braguitas, ella empezó a quitarle la camiseta, tenía la necesidad de sentir su piel, le acariciaba su pecho lleno de pelo, le encantó enredar sus dedos en el pelo y ver como él también se estremecía.

    Le quitó el culotte y pasó su mano por debajo de las braguitas, ella le acariciaba su polla por encima del pantalón vaquero, la sintió dura y grande, su boca se hizo agua solo de pensar en cómo sería, él terminó de quitarle las braguitas; ahora sus dedos acariciaban el clítoris mientras con la boca le devoraba los pechos, la inclino sobre el asiento, metió su cabeza entre sus piernas y comenzó a lamerle el coño, ella gemía de placer, sus manos se aferraban a la cabeza de él, le agarraban del pelo, él levanto su mirada y la poso sobre la de ella, veía la cara de deseo en ella, y como le urgía a continuar, le dio un suave mordisco en el clítoris, con la lengua le penetraba la vagina como si fuera una pequeña polla, estaba fuera de sí, tan excitada que de su coño no paraban de manar fluidos que él se encargaba de absorber, agarró fuertemente su cabeza, le tiro un poco del pelo y se empezó a contraer en un fuerte orgasmo.

    Quedó quieta en el asiento completamente laxa, él le daba besos y pequeños lametones recorriendo todo su cuerpo, ella volvía a sentir placer, se incorporó un poco para acariciarle el pecho y la espalda, bajó sus manos hasta el pantalón mientras se fundían en otro gran beso, las metió dentro y acaricio su culo por debajo del bóxer, él se incorporó un poco, desabrocho el pantalón y se quitó el bóxer, al hacerlo emergió su gran polla erecta, no solo era grande sino también ancha, le dio un poco de “miedo” el tamaño, él le susurró al oído, “no te preocupes, te entrara toda y disfrutaras como nunca”, al escucharlo volvió a estremecerse de placer, con sus manos empezó acariciar la gran polla, sus testículos hinchados y llenos de semen, no pudo resistirse se inclinó hacia él y se la metió en la boca, chupo su glande del que salían gotitas preseminales, su sabor le pareció exquisito, comenzó a lamer todo el tronco, llegando a los testículos, los acaricio con la lengua, se los metió en la boca, los paladeo, él suspiraba de placer, volvió a ascender por el tronco, se metió el glande en la boca, intentó meterse el resto pero era demasiado grande, se limitó a jugar con ella dentro de su boca, él la aparto un momento y le dijo que parara, que no quería correrse aún.

    Volvió a inclinarse sobre ella, la cubrió de besos y pequeños lametones, volvió a dedicarse con calma y placer a sus pechos, los paladeaba como si fuera un niño de teta, mientras con sus dedos acariciaba el clítoris y penetraba en su vagina, excitándola, haciendo que su coño se volviera a inundar de fluidos, dilatándola. Ella acompañaba los dedos de él con suaves movimientos, le rogó que la follara, pero él se hacía desear, ella necesitaba sentirle dentro, que la follara, estaba tan caliente, excitada y llena de pasión, sus ojos estaban en blanco no sentía otra cosa que no fuera el placer que él le estaba proporcionando.

    Sintió como él la penetraba, a pesar de lo grande que era su polla consiguió que se deslizara suavemente dentro de ella, grito de placer, ella estaba tumbada y él encima abrazándola y penetrándola despacio, lentamente, pero proporcionándoles un placer inmenso, aceleró un poco las embestidas, ella salía a su encuentro, se movían al compás, cambiaron de postura, él se sentó y ella se puso encima de él, ahora ella llevaba el control de la profundidad e intensidad mientras él le chupaba nuevamente sus pechos, tenía devoción por ellos, nadie nunca les había dedicado tanta atención, con cada penetración ella se llenaba más y más, sus fluidos salían como un torrente, nunca había disfrutado tanto follando; ella se giró, él continuaba sentado y la penetraba desde atrás mientras ella se agarraba al salpicadero y sentía sus embestidas y como sus testículos chochaban contra su culo, él tenía las manos sobre sus pechos agarrándolos con firmeza; sus embestidas fuertes, rápidas, ella solo pensaba en el placer que estaba recibiendo.

    Pasaron a la parte de atrás, él se tumbó sobre la cama, quería dejarle a ella el control de la situación, quería que disfrutase como nunca, así el placer que sentiría sería mayor, le gustaba y le motivaba que sus parejas se corrieran varias veces, ella comenzó a cabalgarle, movía sus caderas en pequeños círculos, estaba descubriendo un nuevo mundo de placer, quería disfrutarlo al máximo, había perdido la noción del tiempo, pero llevaba más tiempo follando que todas las veces que lo había hecho con su novio, sabía que era una exageración pero la rabia y frustración que llevaba tanto tiempo acumulada en su cuerpo se estaba liberando haciendo que el momento que estaba viviendo fuera el más placentero de su vida; volvió a sentir que se iba a correr, era como antes pero el placer era más intenso, se agarró fuertemente a sus hombros y dejó que el placer la llenara por completo.

    Quedo nuevamente laxa, él aprovecho para darle la vuelta, elevarle las piernas y apoyarlas contra sus hombros, empezó a penetrarla de una manera rápida y fuerte, su polla se deslizaba a través de ella como una funda, pararon le dio la vuelta, ella quedo tumbada boca abajo, él le abrió los cachetes del culo, paso su polla entre su ano y su coño, puso la punta de su polla a la entrada de su ano, dio un pequeño empujón pero sin penetrar, ella levantó la cabeza e iba a lanzar una queja y decirle que por ahí no pero él ahogó su queja con un beso y desvío la polla hacia su coño penetrándola nuevamente, la embistió muy suavemente, despacio, sin prisas, ella se corrió de nuevo, era increíble se había corrido tres veces cuando normalmente correrse una vez le costaba mucho, él le susurró al oído, lo siento pero no aguanto más tengo que correrme, ella lo miró sorprendida y le dijo córrete, el sacó la polla del coño, pasó su mano por el tronco y empezó a correrse encima de su culo, abriendo de nuevo los cachetes y echando la leche en su ano; cuando termino él quedó encima de ella cubriéndola con su cuerpo, besándola en el cuello, acariciando sus pechos…

  • Pasó lo que tenía que pasar

    Pasó lo que tenía que pasar

    Pasó lo que tenía que pasar, porque yo estaba dispuesta a que pasara.

    Este noviembre, aprovechando unos días libres, mi marido y yo nos fuimos a una isla canaria, con el fin de quitarnos los fríos de Madrid, ciudad en la que vivimos, para recordar un poco el lejano verano.

    Hace tiempo que estamos algo separados, sexualmente hablando, no sé si él ha perdido el interés por mi cuerpo o soy yo la que ha dejado de verlo como mi pareja y lo ha convertido simplemente en un amigo.

    El caso es que cuando me propuso pasar unos días en aquel paraíso comencé a soñar.

    Ya en el avión, sólo de pensar en los paseos desnuda por la playa, sólo de pensar en volver a ver de nuevo hombres desnudos a mi lado, comencé a excitarme, de tal manera que sentí como se me mojaban las braguitas.

    Me excitan mucho los hombres desnudos y me gusta mucho excitar a los hombres desnudos. Ver cómo va cambiando su anatomía, como crece su sexo lentamente ante mis miradas o ante mis posturas.

    En todo eso pensaba en el viaje hasta allí. Así que cuando llegué ya estaba dispuesta a todo.

    La primera noche fuimos a un bar al lado del hotel para saludar a las islas tomándonos unas copas. Hacía calor y además yo lo tenía por dentro, así que me puse un vestido cortito que sólo tapaba un minúsculo tanguita.

    Había para mi gusto demasiados jubilados extranjeros, pero afortunadamente también había un guapísimo camarero, alto, moreno, con una cara de guanche muy sugerente.

    Noté que no podía evitar que sus ojos se fueran una y otra vez hacia mis piernas y yo tampoco hice demasiado para hacer sufrir a su mirada, tan negra. Después de dos copas, cuando se acercó a la mesa le pregunté si había por allí cerca alguna playa nudista. «Muy cerquita», me dijo y me orientó para ir.

    Al día siguiente salimos hacia el paraíso. En la playa prácticamente nadie, dos o tres parejas al fondo y algún que otro paseante solitario. Mi marido y yo nos dimos un largo paseo por la orilla, me encantaba sentir mi cuerpo abrazado por aquella brisa cálida y me encantaba contemplar, tras mis gafas de sol, el bamboleo de los miembros de los paseantes.

    Nos dimos un buen baño y, cuando estábamos tomando el sol, veo acercarse, también desnudo, al camarero de la noche anterior. ¡Dios mío, qué cuerpazo! Me quedé de piedra. Se acercó lentamente y cuando ya iba a pasar de largo, me dije, ¿a qué he venido?, así que me levanté, toqué su hombro y cuando se volvió le pregunté ¿No me conoces? Se me quedó mirando de arriba abajo, tuvo un instintivo movimiento de taparse, pero le parecería ridículo y sólo contestó ¿Claro, como no voy a conocerte? Pero no te esperaba aquí. ¿Te quieres sentar con nosotros?, pregunté aparentando la mayor inocencia posible, ¡Claro!, contestó.

    Y allí estaba yo tumbada entre dos hombres desnudos, ardiendo. Un cuerpo ya demasiado conocido y otro, bellísimo, por descubrir. Pero, ah, los hombres son imprevisibles, cuando yo creía que iba a comenzar un disimulado acercamiento, de pronto ellos comienzan animadamente a hablar…de fútbol, como si se conocieran de toda la vida.

    Al poco tiempo estaban de pie frente a mí. Me dije, se acabó el futbol. Abrí mis piernas con todo el descaro del mundo, dejando bien a la vista mi coñito depilado. Observé como, Román, así se llamaba, el camarero me miraba y empezaba a ponerse nervioso. Sin poderlo evitar su polla comenzó a tomar una cierta consistencia, que él intentaba evitar sonriendo como si no pasara nada, pero al poco tiempo, sabiendo que yo le estaba mirando, aquello creció ya de una forma imparable, hasta mi marido exclamó: ¡Pero chaval!. ¡Uff, me voy a dar un chapuzón, no sé qué me ha pasado!

    ¡Vaya si lo sabía!

    Yo también me voy a bañar, dije, y salí detrás de Román. ¿Te vienes?, pregunté hipócrita a mi marido. El como siempre, afortunadamente, optó por quedarse.

    Tenía ante mí el hermoso trasero de Román, delgado y fuerte, masculino, camino de la playa, su espalda y sus piernas musculosas, e imaginaba su miembro erecto, deseando entrar en el agua para volver a su estado normal.

    Ya casi en la orilla le llamé: Román. Se paró sorprendido, se volvió, y efectivamente, su sexo seguía teniendo una erección considerable.

    -Vaya, Román, vaya secreto.

    -Fíjate, normalmente no me pasa, pero no sé… contigo.

    -Da igual, Román, no te cortes, a mí me gusta

    -Pero, ¿y tu marido?

    -No ha querido venir. Allá él. ¿Nos bañamos?

    Entramos en el agua. Cogió mi mano. Atravesamos el rompeolas. El agua nos cubría hasta el cuello, y entonces se me quedó mirando, serio y guapo, me dijo: Esperaba desde ayer este momento. Puso sus manos en mi cintura y acercó su cuerpo al mío, noté cómo su polla erecta, dura, caliente a pesar del agua, rozaba mi vientre; recorrió mi espalda con sus manos, acarició mis tetas -me estaba volviendo loca- y lentamente las bajó hasta tocar mi coño, empapado no sólo por el mar, me acarició despacio pero intensamente… yo acaricié su culo, sus nalgas, toqué su ano -me encanta- y llevé mis manos a sus huevos, pegaditos a la raíz de su sexo, y a su polla, dura como una piedra, palpitante.

    Métemela, le dije, métemela ya, no puedo más. Su polla me quemaba por dentro, abrí mis piernas colgándome en su cintura y dejé que me penetrara hasta el fondo. ¡Qué fuerza, qué pasión! Sentía su sexo dentro de mí, sus testículos chocando con mi culo, el agua acariciándonos y moviéndose al mismo compás que sus embestidas. De pronto sentí un chorro caliente en mi vagina, vi su cara rota de placer y sentí sus manos aferrándose a mi culo.

    Lentamente su polla se fue deslizando fuera de mí. Nos besamos. Salí del agua.

    Diez minutos, un cuarto de hora, no más, había durado el encuentro. Me prometí que no sería el único.

  • Cuál es el límite de una madre

    Cuál es el límite de una madre

    Fui madre soltera a los 23 años, con un personaje que prefiero ni acordarme, que apenas supo que quedé embarazada, desapareció completamente de mi vida. No fue fácil llevar a cuestas mi carrera y más con un hijo acuestas. Mis padres no tenían buena situación económica y me costó mucho salir adelante, pero al fin luego de mucho esfuerzo, obtuve mi carrera y conseguí un excelente puesto de trabajo en una prestigiosa empresa.

    Aun siendo muy trabajólica, dedicaba mucho tiempo y atención a mi hijo, mi bebé que poco a poco se fue transformando en un hermoso joven. Por lo mismo, siempre tuve especial cuidado de enseñarle todo respecto a la sexualidad logrando una excelente comunicación con él. Además tenía cuidado, ya cuando estaba más grandecito de usar ropa no muy sugerente o camisolas transparente, para mantener un poco de respeto hacia él y a su pubertad.

    Sin embargo, con todo ese cuidado que yo ponía en mi forma de vestirme en casa, fui notando un cambio en Andrés. Su mirada más penetrante, su conversación un poco distinta. A veces cuando desayunábamos juntos, muchas veces sorprendí sus ojos clavados en mis pechos, que sin usar una camisola muy provocativa, igual al ser muy usadas el escote quedaba un poco suelto y se me veían parte de mis pechos. Lo remedie cambiando a una menos sugerente, pero de todas formas notaba que cuando yo estaba sentada, él se apoyaba detrás mío y su mirada siempre clavada en mis pechos. Nunca dije nada, pero seguía sintiéndome observada por él, a veces mirándolo a través de un espejo, cuando caminaba hacia mi cuarto, su mirada y gestos en la cara clavados en mi trasero.

    Comencé a poner más atención a su comportamiento y descubrí que mi ropa interior nunca quedaba como yo la dejaba en el canasto de la ropa sucia, incluso se me perdieron unas bragas muy sensuales que tenía y nunca más aparecieron. Mi investigación llego más allá y un día, en que Andrés no se encontraba en casa, decidí meterme a su computadora y ver que paginas visitaba. Como mi trabajo es 100% internet, no me costó mucho encontrar las páginas que visitaba y me di cuenta que casi todas estaban orientadas a fotos y videos pornográficos entre mujeres maduras con jovencitos de su edad. Pero también encontré esta página de relatos y al ingresar, con su nombre de usuario que quedaba guardado en la PC, me di cuenta que los relatos que más frecuentaba eran los filiales y sexo con maduras. Me puse a leer algunos y se me ocurrió buscar por autor, con su nombre de usuario. Gran sorpresa me llevo al darme cuenta que Andrés había escrito unos cuántos relatos. Sabiendo que no llegaría pronto me puse a leer cada una de sus historias y me di cuenta que su musa inspiradora, era yo. Claramente describía como era nuestra casa, como le gustaba observarme, como sentía una loca atracción hacia a mí, y como había logrado tener sexo conmigo, un sexo completamente erótico, con poses, frases de lujuria, y como después de eso seguíamos nuestras vidas teniendo relaciones sexuales a diario, en cualquier parte y con todas las poses habidas y por haber.

    No sabía cómo enfrentar esta situación, pero tenía que hacerlo. Pensé en llevarlo algún psicólogo, o no sé, la verdad era algo muy difícil de enfrentar. No sabía cómo encararlo o como tocar el tema, hasta que sin darme cuenta entra Andrés a su cuarto y me pillo leyendo una de sus historias. Reconoció inmediatamente la página y al ver mi rostro solo agacho la cabeza.

    -Andrés, que significa esto

    (Silencio de su parte)

    -Me puedes explicar que significa esto?

    -Lo siento mamá

    -Que pasa hijo… soy tu madre!! como puede escribir algo así

    -Lo siento mamá… Nunca pensé que me descubrieras

    -Pero hijo por Dios… como se te ocurre estás loco!

    -No se madre

    -Pero donde quedó toda la educación católica que te di… ¡esto es pecado!

    (Silencio)

    -Hijo, por favor… no sé… discúlpame si yo sin querer te provoque… Me levanto y lo abrazo, el solo se deja abrazar.

    -… te lo juro que nunca fue mi intención, yo te amo mucho… pero

    Mis palabras son cortadas por un beso de el a mi boca. Sus manos abrazándome fuertemente y bajando hasta mis nalgas apretándome contra su cuerpo. Quise soltarme pero ya a sus 18 años poseía la fuerza de todo un hombre. Le pedí a gritos que me soltara y no lo hacía hasta que en la desesperación lo empujé hacia atrás y sin pensarlo le mande una tremenda bofetada que retumbo en todo el cuarto.

    El, con la mano en la cara, solo se echó sobre la cama y se puso a llorar. Yo sin saber qué hacer, salí del cuarto y me encerré en el baño a llorar.

    No podía dar crédito a lo que había pasado, mi hijo besándome de esa manera! Como había podido llegar a eso!… no sabía qué hacer, estaba desesperada. No sé cuánto rato estuve en el baño, quizás más de una hora, hasta que preferí salir de la casa.

    Manejaba sin rumbo, pensando en lo vivido. Mil ideas daban vuelta por mi cabeza, me encontraba culpable pensando que yo, quizás inconscientemente había provocado esa situación. Al volver, mi hijo estaba encerrado en su pieza con la luz apagada. Decidí no hacer nada y esperar hasta el otro día.

    Esa noche casi no pude dormir. Me daba vergüenza enfrentarlo, ¿qué decirle?, ¿Qué hacer?, todo era una mala pesadilla que no acababa. Me levanté muy temprano y salí antes que él se levantara. A la hora de almuerzo, yo no almorcé y él se llevó la comida a su cuarto. La situación era muy incómoda para ambos y así pasaron 3 días.

    Las veces que pude dormir, soñaba con lo sucedido, me veía amarrada, con mi hijo tratando de abusar de mí. Otra veces completamente desnuda sintiendo que mi hijo entraba a la casa y yo sin poder ocultarme o tapar mi desnudez. Pero hubo un sueño, que me desconcertó de sobre manera. Estaba en la acostada en mi cama, cuando sentía que se abría la puerta. Sabía que era el, el que sigilosamente se metía a mi cama, yo dándole mi espalda. Sentía como sus manos recorrían mis piernas, levantándome la camisa de dormir. Sentía como sus manos acariciaban mis nalgas, comenzando a bajarme lentamente mis bragas. En el sueño yo quería detenerlo, pero algo no me dejaba moverme. Estaba completamente paralizada y ni siquiera la voz me salía pidiendo que se detuviera. Sentía sus dedos avanzar por mi entrepierna hasta llegar a mi sexo. Como suavemente me comenzaba a acariciar y como lentamente su dedo se iba penetrándome.

    Por más que intentaba moverme, detenerlo, mi cuerpo no respondía, hasta que sentí que su dedo salía de mí y como él se acomodaba detrás de mí. Sabía que era lo que venía y luchaba con todas mis fuerzas por moverme, pero era inútil. Sentía su duro pene buscar la ubicación, como rozaba mi sexo, hasta que logrando la posición exacta, su verga fue adentrándose dentro de mi cuerpo. Mis lágrimas corrían sin poder detenerlo, mientras su duro miembro entraba más y más hasta poseerme por completo. Luego sentía sus manos en mis pechos y como me follaba una y otra vez. Sentía claramente el roce de su verga dentro de mí y un calor dentro de mi cuerpo. Comencé a excitarme, pero igual me frenaba, hasta que sin darme cuenta estaba gozando como una loca, como hace mucho tiempo no me sentía, logrando un monstruoso orgasmo despertándome con un grito, y con mi bragas completamente mojadas. Me quedé mucho rato despierta y cerraba los ojos y vivía cada una de las imágenes.

    Que me estaba pasando, esto no era natural, como podía haberme excitado con mi hijo. Quizás era por los años que llevaba sin tener nada con nadie. Quizás todas esas confusas ideas en mi cabeza me había hecho llegar a eso. Sin poder conciliar el sueño nuevamente me quede despierta en un mar de dudas.

    Ya era el cuarto día que no hablábamos con Andrés y no podía dejar pasar más tiempo. Llegue un poco más tarde que de costumbre por motivos de trabajo y Andrés no se encontraba en casa. Lo esperé hasta muy tarde, hasta que sentí que entraba a la casa. Se fue directamente a su cuarto y sentí que prendía el televisor. Sentía un nudo en la garganta, no sabía cómo enfrentarlo, que decirle, y por mucho que lo había pensado, nada se me ocurría. Salí de mi cuarto y permanecí más de 20 minutos fuera de su cuarto.

    Estaba a punto de volverme a mi cuarto, cuando sacando fuerzas de no sé dónde, abrí la puerta. Andrés estaba acostado en la cama y ni siquiera me dirigió la mirada. Me acerque a su lado y me senté en la cama. Sin saber que decir me quedé unos minutos callada y luego apoyé mi cabeza contra su pecho. Comenzamos a llorar y a pedirnos disculpa mutuamente. Yo sentía que él estaba muy arrepentido de lo que había hecho y yo trataba de calmarlo, diciéndole que lo mejor sería que no habláramos más del tema.

    Pero en la posición que estaba, apoyada en su pecho y mis caricias sobre este, mis ojos vieron como dentro de su pantalón se estaba formando un generoso bulto. Sus caricias sobre mis cabellos eran muy dulces y comencé a sentirme un poco extraña. No podía dejar de ver eso que se estaba formando y mi mano inconscientemente lo acariciaban más y más. Era divino sentir sus manos acariciando mis cabellos diciéndome suavemente que me quería, que me amaba.

    Su olor me tenía embrujada, me sentía en las nubes, frotaba mi rostro contra su pecho, sintiendo como había crecido mi bebe, no pensaba en nada mas, solo quería acariciarlo. Estuvimos mucho rato acariciándonos así, suavemente, sin decirnos nada, veía su pene creciendo dentro de su pantalón, pero no me provocaba rechazo, era natural, era un hombre, además a mis 45 años tampoco estaba tan mal y me sentía muy sensual al saber que podía provocar eso en un joven tan guapo como mi hijo.

    Comencé a besar su pecho. EL sabor de estera divino, que rico olor, que me estaba pasando era mi hijo… Pero sentía que lo que hacía era amor, amor verdadero, amor de madre… además mi cuerpo recordaba esos momentos vividos en mi sueño, no podía parar, no quería parar…

    Sabía muy bien lo que esos besos estaban provocándole a mi hijo, y por más que me quería detener su mano acariciando mis cabellos, guiándome hacia abajo, era algo incontrolable.

    Cada vez más abajo, ya sin ser besos pasaba mi lengua por su pecho bajando más y más, mientras ese bulto crecía a cada movimiento mío… Mi cuerpo se estremecía al sentirme tan cerca de su verga. Hace años que no tenía nada con nadie y me estaba quemando de deseos. Trataba de controlarme pero era inútil, mis manos desabrochaban la correa sabiendo perfectamente con lo que encontraría.

    Que estaba haciendo!!! Mis manos acariciando el pene de mi hijo!!! Tenía que parar, pero algo se apoderaba de mí, sentía mi sexo quemarme de deseos. Hace años que no veía una verga tan hermosa, tan dura, tan limpia, tan exquisita, y que fuera la de mi hijo me provocaba un morbo mayor aun… No me di ni cuenta cuando comencé a besársela. Era divina, sentir eso al contacto de mis labios… casi acabo con solo abrir mi boca y comenzar a metérmela…

    Que divino pedazo de verga tenía mi hijo. Y sentirlo suspirar cada vez que la metía a mi boca y la chupaba como enviciada. Trataba de detenerme pero mi cuerpo, mi sexualidad me pedía más y más verga. Quería sentirla toda adentro de mi boca. Quería llenarme de verga… sentía mi sexo hirviendo ya completamente mojado.

    Pensaba en mis creencias religiosas, en la moral, en el pecado, sabía que lo que estaba haciendo iba más allá de todo lo permitido, pero de todas formas no podía parar, mi cuerpo lo necesitaba.

    No sé dónde saque fuerzas y traté de parar y le dije a mi hijo que no lo podía hacer, más el sin escuchar a mis peticiones me besó fuertemente y me comenzó a desvestir. Quería detenerlo, pero al igual que mis sueños, mi cuerpo no respondía y me dejaba llevar por sus deseos…

    -Andrés… por favor… esto no está bien!

    -Madre… te deseo… te quiero

    -Andrés por favor… déjame ir!

    -No mamá… ni lo sueñes.

    -Andrés… para tu que yo no puedo!

    -Déjame tocarte mami…

    Mi cuerpo casi completamente desnudo y Andrés besándome por todas partes. No podía parar… o mejor dicho no quería que él se detuviese…

    Me sentí desfallecer cuando sus manos se metieron entre mis piernas y por sobre mis bragas comenzó acariciarme mi sexo… De ahí en adelante todo fue una locura. Mi cuerpo se entregó completamente a los deseos incestuosos de mi hijo, sin poder frenar comencé a gozar como una loca.

    Ya ni siquiera oponía resistencia, me entregaba como un pedazo de carne para que Andrés me utilizase como quisiese…

    Lentamente comenzó a desnudarme, y me calentaba más ver la expresión de su rostro al estar descubriendo el cuero desnudo de su madre. Ese cuerpo que tantas veces le oculte y que ahora era completamente suyo.

    Su obsesión me confesó que siempre había sido mi vagina, y completamente entregada le dije que era completamente suya. Y saboreándose se metió entre mis piernas, comenzando a chupar mi sexo frenéticamente… el paraíso era poco comparado con lo que sentía, me contenía las ganas de acabar copiosamente en la boca de mi hijo… quería que ese momento no acabara jamás, pero también quería disfrutarlo, así que le coloqué mi sexo sobre su cara y quedando con su verga a la altura de mi boca, comencé a chupársela desesperadamente.

    Entre gemidos le confesé que ya no aguantaría mucho rato más y que deseaba sentir su leche dentro mío… que me llenase mi sexo de semen caliente, blanco, ardiente… Y cambiando posición si dejar de saborearse… me miraba sin perder detalle, y lentamente, muy suavemente me apuntó su verga a la entrada de mi lubricada cueva.

    Confieso que con solo sentir como su verga me penetraba que causo el mayor placer nunca antes experimentado y cuando la sentí toda adentro mi cuerpo no aguantó más y casi gritando comencé a acabar monstruosamente mientras mi hijo me penetraba violentamente alcanzando también su orgasmo.

    Sentí como su leche caliente se metía hasta lo más profundo de mi ser, llenándome de gozo, saciando mi sed de sexo, por años reprimidos.

    Espasmo tras espasmo fui botando un volcando jugos sobre el cuerpote mi hijo, que apretando fuertemente sus dientes expulsaba hasta la última gota de semen en mi interior…

  • Mi mujer es muy complaciente hasta con extraños

    Mi mujer es muy complaciente hasta con extraños

    Esa mañana, Laura y yo cogimos el tren como cada lunes y miércoles, que eran los días que tenía clase de informática, el caso es que al hacer trasbordo en Clot para coger el metro, encontremos sitio junto a la puerta, yo me apoyé en la pared, ella se pegó a mí como de costumbre, pero hoy yo iba en chándal y tenía ganas de marcha, así que le susurré que metiera su mano dentro de mis pantalones, afortunadamente la puerta le quedaba a la izquierda, y como ella es zurda no se notaba lo que hacía: cogió mi verga ya en erección y comenzó a meneármela, con mi mano izquierda agarré su abrigo largo y lo acerqué a mí para disimular el movimiento, con la derecha desabroché sus pantalones para luego deslizarla bajo sus bragas, y poder tocar su sexo depiladito, así nos masturbamos el uno al otro mirándonos a la cara: ella se mordía el labio inferior, y de vez en cuando me sacaba la lengua sinuosamente.

    De pronto, llegamos a la siguiente parada y se abrieron las puertas, no nos habíamos dado cuenta de nada; estábamos tan metidos en faena que casi no nos dio tiempo a sacar las manos.

    En aquella estación entró un tropel de gente, y casualmente un hombre que se había colocado el primero para entrar, dejó pasar a todo el mundo para entrar el último.

    No estábamos seguros de si nos había pillado o no, pero nuestras dudas se esclarecieron cuando se colocó detrás de Laura y comenzó a tocarle el culo; al principio mi mujer no dijo nada, pero como el hombre la tocaba cada vez con más descaro, se giró y le preguntó en voz baja que qué se pensaba que estaba haciendo, el hombre le contestó que él si sabía lo que hacíamos nosotros y que nos montaría una escena si no lo dejábamos participar, Laura me contó lo que sucedía y me pidió que le cambiara el sitio, así lo hice, y el hombre se pegó a mí, y mi esposa tuvo nuestras pollas al alcance de la mano, nos masturbó a los dos, y fue él esta vez quien tocaba a mi mujer. Justo antes de llegar a la siguiente parada, el tipo, con la mano libre obligó a Laura a agacharse, y cuando estuvo a la altura apropiada, sacó su verga y la introdujo en la boca de mi mujer, la pobre nada podía hacer ya que estaba contra la pared, el hombre comenzó a correrse en la boca de mi mujer y lo noté por la mueca de su cara.

    Cuando terminó guardo su arma carnal y se abrochó los pantalones, yo pensaba que Laura ya tenía bastante y que me quedaría con las ganas, pero ella se apiadó de mí y sacó mi polla a la luz para chupármela, el hombre me miraba sonriente, satisfecho, y yo me corrí de gusto en el interior de la boca de Laura. Una vez acabamos todos, nos quedamos como si nada hubiera ocurrido, pero al llegar a la parada en que se bajaba mi esposa, él también se bajó y observé como la seguía mientras que yo me tuve que quedar en el metro para ir al curso.

    Luego cuando nos encontramos en casa, me contó que el muy cabrón la siguió hasta su trabajo, y que en las escaleras de este, (Laura trabaja en una cuarta planta) la alcanzó, y allí se la cepilló: la puso contra la pared, mi mujer se tuvo que apoyar con ambas manos, le apartó el abrigo, le bajó los pantalones, le rompió las bragas, y agarrándola de la cintura, se la metió, bombeando con fuerza el increíble y perfecto culo de mi mujer golpeaba el bajo vientre del hombre, después de beneficiársela un rato le preguntó:

    -¿Qué pasa si me corro dentro?

    -Me tomo la pastilla –dijo ella- córrete donde quieras y consigue de una vez lo que has venido a buscar, un polvo gratis.

    -Sé que trabajas aquí, puede que algún día vuelva a por otro.

    -Pues ven más pronto, porque llegó tarde al trabajo, y así te la podré chupar antes.

    El hombre descargó su semen dentro de la vagina de mi mujer, ella tan complaciente como siempre, se la chupó para limpiársela y dejo que se volviera a correr en su boca, como ya llegaba tarde que más da unos minutos más, «lo importante es hacer bien el trabajo».