Autor: admin

  • Primera e inesperada vez con mi hermano

    Primera e inesperada vez con mi hermano

    Me llamo Andrea y tengo 18 años, me considero una chica normal aunque todos mis amigos dicen que estoy de muy buen ver, para empezar les contare mido 1,65 metros y peso 57 kilos, tengo unos ojos marrones claritos el pelo moreno y rizado y unos pechos y un culito firmes debido a mi edad. Ahora les contare lo que ocurrió con mi hermano David un fin de semana que mis padres se fueron de viaje, como es normal entre hermanos siempre discutíamos por milicias, el canal de la tele quien se sentaba delante en el coche y cosas por el estilo, siempre considere a mi hermano guapo, a sus 21 años su cuerpo fibroso, su tez blanca y esos preciosos ojos azules.

    Como ya dije, mis padres salieron de fin de semana dejándonos a David y a mi solos, me desperté el sábado por la mañana y baje a desayunar oyendo como David me llamaba enana mientras bajaba las escaleras sin embargo note algo distinto en él, en su mirada, sobre todo cuando me acerque al mueble y poniéndome de puntillas abrí el armarito para coger los cereales, al voltear la cabeza me di cuenta de que mi hermano se había quedado embobado mirando mi culo en pompa mientras cogía el desayuno, sin embargo no le di importancia ya que, he de admitirlo, los pantalones de mi pijama son bastante cortos, seguido esto decidí meterme en la ducha y me puse a pensar lo que había ocurrido en la cocina, pero no tuve tiempo de hablar con mi hermano puesto que decidí salir con mis amigas de compras, la mañana transcurrió como cualquier otra, en el centro comercial, mirando tiendas y poniendo notas a los chicos que pasaban a nuestro alrededor, pero con el cansancio decidí llegar a casa antes de lo previsto, entre por la puerta y al creer que no había nadie solté las bolsas en medio del pasillo y subí agotada las escaleras hacia mi cuarto que al entreabrir un poco la puerta me lleve una gran sorpresa.

    Mi hermano, David estaba pajeándose con mi ropa interior, al principio me sentí rara y tenía ganas de entrar a gritos y sacarlo de mi cuarto amenazándole con contárselo a nuestros padres, pero la tensión sexual del momento me impidió hacerlo y me quede inmóvil en la puerta mientras mi coñito se mojaba viendo esa imagen, viendo a mi hermano tocarse, entonces decidí tomar la iniciativa en el asunto, baje a la cocina como si no hubiera visto nada, prepare la cena debido a que eran las 8 de la tarde y me senté en el salón a ver la tele. A eso de las 8 y media mi hermano bajo y puso la mesa con total normalidad sin saber lo que yo había visto. La cena transcurrió como si nada y después de ayudarme a recoger nos sentemos en el sofá a ver la tele.

    Entonces, después de que mi hermano se abalanzara sobre mí para quitarme el mando del televisor decidí romper el silencio:

    – Te he visto esta tarde en mi cuarto, no puedo creerlo de ti -dije mientras mi hermano se quitaba de encima de mi.

    – Lo… lo… lo siento, no pude evitarlo -fue lo único que atino a contestar antes de que me abalanzara sobre él y lo besara con pasión.

    Él, sin ni siquiera apartarme continuo con ese beso, me tocaba, me metía mano, me hacía sentir su respiración agitada mientras estaba sentada a horcajadas sobre él, le despoje de su camiseta mientras le besaba el cuello y el pecho mientras él se deshizo de mi vestido y me quito el sujetador al tiempo que me tumbaba sobre el sofá y comenzaba a mordisquear las aureolas rosadas de mis pezones que cada vez estaban poniéndose más duros, mientras con sus manos acariciaba mi clítoris, mojado haciéndome gemir como una loca mientras el solo decía:

    – Joder hermanita menuda puta estas hecha estás súper mojada…

    Sus palabras hacían que eso me excitara más y más entonces se despojó de mis bragas y empezó a comérmelo, haciéndome gritar haciéndome que le pidiera más, volviéndome loca cada vez que su lengua rozaba mi clítoris cada vez que sus dedos se metían en mi interior, un cosquilleo recorrió y cuerpo y entonces me corrí. Mi hermano satisfecho de su trabajo volvió a colocarse sobre mí besándome, yo estaba ida en ese momento estaba tan cachonda que no me importaba que fuera mi hermano el que me follara aquella noche y mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja y me despojaba de sus vaqueros solo atine a decirle:

    – Fóllame, y hazlo ya, como quieras y el tiempo que quieras pero quiero notarte dentro.

    Entonces el cogió un condón de su cartera y se lo puso colocándose encima de mí en el sofá y metiéndola de un solo golpe, haciendo que me retorciera de placer llegando hasta el fondo de mí, haciéndome temblar, era como un animal sus acometidas me llevaban al éxtasis no dejaba de gritar con la garganta casi al límite y los ojos en blanco de placer, mientras mis uñas arañaban su espalda y mis piernas le apretaban más hacia el interior de mí, entonces todo termino. Un orgasmo mutuo hizo que el silencio se hiciera en el salón y solo se oyera el ruido de la televisión. Exhaustos, con la respiración agitada todavía por el frenesí nos abrazamos y besamos un largo rato y después nos dispusimos a recogerlo todo, acordando que lo repetiríamos más veces cada vez que nuestros padres se fueran. Y entonces nos fuimos a dormir, cada uno por separado a nuestro cuarto como si nada hubiera pasado.

    Me desperté a la mañana siguiente y todo parecía normal, como si lo de la noche anterior no hubiera sucedido, eran en torno a las 11 de la mañana y mis padres no tardarían en llegar. Al entrar en la cocina lo vi preparando el desayuno le di los buenos días como de costumbre y agarrándome de la cintura me beso apasionadamente:

    – Buenos días princesa.

  • La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (4)

    La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (4)

    Cuando al fin Silvia abrió los ojos y volteó la cara para ver quién era el hombre que estaba a su lado en la cama y casi toda la noche se la había estado cogiendo bien rico haciendo que su cuerpo disfrute como hace buen tiempo no lo hacía del sexo, sus ojos los abrió de una manera que parecían .que se iban a salir de la cara por la impresión al descubrir que era yo.

    —¿Queee eras tú… Nooo puede ser?… ¿Por Dios que hecho?

    Se cubrió el cuerpo con la sabana rápidamente y luego llevando su mano a la boca que aún tenía algunas gotas de semen que no había tragado se limpió, estaba muy nerviosa así que yo traté de calmarla.

    —¿Cómo quieres que esté tranquila… Sabes en el gran problemón que voy a estar metida si tus padres se enteran de lo que hemos hecho?

    Le dije que no tenía por qué tener miedo nadie se iba a enterar de lo que hicimos además no había sido culpable para nada ella sino los que la habían llevado a mi cama y nosotros solo habíamos hecho lo que una mujer y hombre hacían al sentirse juntos.

    Se levantó de la cama y empezó a vestirse y acomodar su cabello cuando ya estuvo lista, mirándome fijamente a los ojos me dijo…

    —Manuel ya no se puede volver al pasado lo que hecho, hecho esta, si me dices que nunca nadie se va enterar de lo que hicimos anoche me voy a quedar tranquila pero quiero que entiendas que nunca más volverá a pasar soy la tía de tu madre y soy muy vieja para ti.

    Cuando ya estaba en la puerta por salir la sujetó del brazo y le digo que se quede bien tranquila y esté segura de mi silencio y que su marido fue un gran imbécil por haberla abandonado y no era ninguna vieja sino una buena mujer que necesitaba mucho cariño y atención y que estaba muy feliz de haber sido yo quien le hizo volver a sentirse feliz.

    —Gracias por lo que me dices no te voy a negar que si lo disfrute mucho como no lo hacía buen tiempo pero no está bien porque somos familia y estaba borracha y la oscuridad del cuarto y sentir las caricias y manos de un hombre de nuevo tocando mi cuerpo me hizo perder los papeles pero que jamás hubiera pensado que eras tú porque si no jamás lo hubiera permitido…

    Y no me dio tiempo de contestar y salió de la habitación mientras me ponía algo para ir detrás de ella demoré y ya no le pude alcanzar y se fue de la casa, me quedé con mucha cólera porque quería tirármela por el culo pero luego haciendo memoria no me podía quejar de mi suerte porque lo que había empezado esa noche molestándome mucho cuando llevaron a mi cama y creía que era un borracho luego resultando que era la tía de mi madre a quien me la había cachado como quise, regresé a mi cuarto y volví a dormir estaba cansado porque prácticamente no dormí nada esa noche.

    Cuando mi madre entró a mi cuarto me despertó y preguntó por su tía le digo que no había nadie cuando me desperté ni estaba enterado que ella había dormido en mi cuarto le llamó a su celular pero estaba apagado y luego se fue. Había pasado ya tres semanas desde esa noche y no sabía nada de ella sólo tenía recuerdos de lo bien que la había cachado y que era el motivo ahora de cuándo me masturbaba volvían a mi cabeza sus enormes nalgotas que había tenido en mi manos y su chucha rica y caliente que había saboreado mi boca y luego mi verga.

    Mi madre me llamó y me dijo que por favor vaya a recoger a su tía con el auto al terminal de los buses que había regresado a Lima del interior del país, que ella no podía porque estaba por salir al doctor llevando a mi hermana a su chequeo habitual, le pregunté sin parecer muy interesado que había sido de ella porque se había desaparecido así.

    —¡Ay hijo no sé qué le pasó! Después que su marido la abandono no está del todo bien sólo me dijo que había ido de urgencia a ver unos temas personales ya no quise preguntar más. Sólo un favor Manuelito ten mucha paciencia con ella y llévala a su casa.

    Cuando iba camino a recoger mi corazón latía muy rápido la volvería a ver a Silvia nuevamente pero definitivamente ya no sería igual había sido mi mujer conocía cada rincón de su cuerpo, luego de estacionar el auto empecé a buscar y la vi estaba bella tenía el cabello recogido en un moño y estaba leyendo un libro sentada me acercó por detrás y la abrazo muy fuerte y le doy un beso en la mejilla al mismo tiempo que una mano sujeta fuerte su seno.

    —¿Queee haces acá tú y tu mamá? Deja de tocarme alguien nos puede ver…

    —Te había extrañado mucho y estaba muy preocupado por ti… nadie sabía dónde estabas

    Preguntó de nuevo por mi madre le dije que no había podido venir porque había ido con mi hermana a ver al doctor y luego cogí su equipaje y me fui para evitar que pudiera pedir un taxi no le quedaba más remedio que seguirme… Cuando llegamos al auto guarde sus maletas y fuimos a su casa que era muy grande fue lo que le había dejado su esposo y una regular pensión para que pueda vivir tranquila…

    Ya dentro de la casa en la sala dejó sus maletas en el piso ella se me queda mirando como tratando de adivinar qué era lo que estaba pensando y ahí aproveche y me acerco a ella y le doy un abrazo y luego la besé sentí su cuerpo temblar como si fuera una adolescente.

    —¡Noo… suéltame por favor esto es una locura!

    No hice caso y seguía besando su mejilla ella volteaba la cara para evitar de nuevo que nuestras bocas se junten pero luego conseguí que de nuevo nuestros labios se unan mis manos rodearon su cintura sus senos los sentía en mi pecho ella también correspondía mi beso sentir de nuevo el calor de su cuerpo y el latido de su corazón produjo que tuviera una gran erección y más cuando de su boca salieron las siguientes palabras.

    —¡Sé que esto es una locura pero yo también te extrañé todos estos días no pude sacar de mi cabeza tu recuerdo… Ahora no sé qué hacer?

    Mi respuesta fue besarla apasionadamente y mis manos empezaron a sobar sus senos y ella tímidamente también bajo la mano y empezó a sobar el enorme bulto que se había formado en mi pantalón para luego bajar el cierre y sacar mi verga y acariciar…

    (Continuará…)

  • El mecánico de Cabarcos me rompe el culo

    El mecánico de Cabarcos me rompe el culo

    Eran sobre las 9 de la noche cuando me encontraba en la puerta de entrada de la estación de autobuses. Había ido a los servicios públicos de dicha estación a ver si encontraba alguien con quien follar; no me gustaba mucho el ambiente que solía haber por dichos baños, por lo que no solía ir mucho por ahí. Como no había encontrado nada De mi agrado, me fui para la puerta de entrada y salida de la estación de autobuses. Encendí un cigarrillo, mientras pensaba a donde ir; no sabía si ir al centro de la ciudad e ir al cine, para luego ir por los jardines del centro, o irme para casa, hacerme una paja, y el día siguiente ya veríamos a dónde acudir.

    Mientras estaba fumando el cigarrillo, miraba la gente que entraba y salía de la estación de autobuses. La mayoría iban con prisa para coger el autobús, al igual que los que después de bajar del autobús que los traía, se encaminaban para sus casas. Cuando me fijé que en el parking el cual ya empezaba a quedar desierto, llegaba un Mercedes, del cual bajó un hombre; se me hacía conocido, y efectivamente, lo conocía de vista, ya que trabajaba de mecánico en el concesionario de Cabarcos, el cual quedaba cerca de donde vivo.

    Cuando entró en la estación de autobuses, se me quedó mirando, pero no dijo nada, entró y siguió su camino.

    Yo una vez que entró, me fijé a donde iba, ya que la dirección que llevaba, parecía que iba hacia los baños públicos. Y así era, entró en los baños públicos, no tardando mucho en salir.

    Lo que yo no sabía era que a aquel hombre le gustaban los culos de jóvenes como yo. Vamos que me quedé sorprendido que aquel mecánico fuese homosexual.

    El hombre volvía a salir de la estación de autobuses, pero esta vez se quedó parado a mi altura, y acercándose a mí, me soltó si me apetecía ir con él. Al principio quedé algo sorprendido y sin saber que decir. Me cogió de la mano haciéndome bajar las escaleras que había, mientras me iba diciendo: Ven, vamos dar una vuelta ya verás que bien lo vamos pasar.

    Me llevaba cogido por el brazo hacia el parking, donde tenía el Mercedes que había terminado de aparcar.

    Al llegar a donde estaba el coche, me soltó el brazo, dejándome a la altura de la puerta del copiloto, mientras él iba a la otra puerta. Sube me dijo, mientras el se ponía al volante del mismo.

    Yo estaba medio aturdido y sin saber que hacer. No me había dado tiempo ni de pensar.

    Vamos me dijo, sube no te quedes ahí. Abrí la puerta, y sin pensarlo me subí al coche.

    Arrancó el mercedes, poniéndose en marcha. No sabía ni a donde íbamos, cuando me preguntó si quería ir a algún sitio en especial, o si me apetecía beber algo primero. Me encogí de hombros, mientras le decía que no tenía ni idea. Vamos entonces primero a mí casa, dijo él. Allí estaremos bien, vivo solo, y nadie nos molestará.

    Joder, aquello parecía surrealista, ni que estuviera haciendo la calle con un letrero que dijera, “busco polla que me dé por el culo”, o “soy chapero necesitado de hombre que pague bien”.

    Pronto llegamos a su casa, ya que no vivía muy lejos; era en el birloque donde vivía.

    Aparcó el coche justo a la puerta de su casa. Aquí es donde vivo dijo, mientras sacaba las llaves del contacto, y nos disponíamos a salir del coche.

    Sacó ahora las llaves del portal de su casa, abrió la puerta, invitándome a entrar. Pasa, me dijo. Subimos al 1º y allí abrió la puerta de su casa. Me hizo entrar, y me llevó directamente a su habitación; no supe si era grande o era un simple apartamento, ya que nada más entrar en la casa, me llevó a su habitación.

    Tenía la habitación bien ordenada, con una cama bastante grande y un baño en la misma habitación.

    Me quedé de pie en medio de Aquella habitación, sin saber que hacer, o decir. Pero él sí sabía que hacer, ya que no hizo más que dejar las llaves encima del mueble de la entrada, y acercándose a mí, me agarró por la espalda, a la vez que me mordía el lóbulo de la oreja, mientras me decía; que bueno estás, tienes un culito que muero por follártelo ¡dios que culito! Estoy que ardo por meterte la polla en él.

    No paraba de morderme mientras me tenía agarrado por la espalda, y con sus manos, me iba tocando por todo el cuerpo. Ya verás como lo vamos pasar, te voy follar bien follado, hasta que te rompa el culo.

    Me estaba empezando a desabrochar el cinturón, mientras él me seguía abrazando por mi espalda. Ahora me daba mordiscos en el hombro y base del cuello, mientras ya me empezaba a desabotonar los pantalones e irlos bajando junto al slip ¡ay que culito tienes, maricón! Me decía a la vez que se restregaba por la espalda, mientras con sus manos, me agarraba la polla y huevos, empezando a menearme la polla.

    Me giró para que quedásemos de frente, a la vez que me sacaba la cazadora, para tirarla al suelo, y Luego sacarme la camiseta que llevaba puesta. Tiró por ella hacia arriba, haciéndome levantar los brazos. Antes de terminar de sacarme la camiseta, se abalanzó sobre mi pecho, llevando su boca a mis tetillas, dándome mordiscos en los pezones ¡ay maricón, pero que cosita más rica! Como me gustas ¡dios que bueno estás! Te voy llenar de leche ese culito hasta dejarte preñado.

    Terminó de sacarme la camiseta, para seguido abrazarme, mientras se abalanzó sobre mi boca, empezando a morderme los labios, y sin dejarme respirar, introdujo su lengua en mi boca, saboreando con su lengua la mía, y todo lo que en mi boca había.

    No paraba de morderme por todo el cuerpo, a la vez que me manoseaba por todas partes. Empezó a morderme el cuello, cosa que me hizo estremecer, poniéndome a gemir y temblar de gusto.

    Aquello era mi punto débil, y además de hacerme estremecer, me hace temblar como si fuera un flan. Mientras seguía mordiéndome el cuello, me hizo ir hacia atrás, hasta llegar a la cama. Me tumbó sobre ella, y sin terminar de sacarme los pantalones, siguió con aquella tortura que me estaba dando.

    Ahora bajaba con su boca por todo mi cuerpo, parándose sobre mis pezones, para morderlos con fuerza ¡Aaah! Me haces daño, no muerdas tan fuerte, le dije.

    Siguió bajando con su lengua, hasta llegar a mi polla, introduciéndola en la boca ¡dios! De una atacada se la tragó toda, si se descuida, hasta los huevos se mete.

    Mientras chupaba mi polla, terminó de sacarme los pantalones y slip, sacándome antes los zapatos y calcetines. Los dejó en el suelo, para seguidamente agarrarme las piernas, levantarlas sobre sus hombros, así de esa manera, quedaba mi culo a su entera disposición.

    Dejó de chuparme la polla, para seguir con mis bolas, e ir bajando hacia mi hoyito ¡joder, aquello se sentía maravilloso, me sentía como un helado en la boca de un niño, el cual no para de darle lametadas.

    Mientras me iba lamiendo la entrada de mi hoyito, el escroto y perineo, se iba desabrochando el pantalón, quitárselo, al igual que ya se había quitado los zapatos. Se terminó de sacar los pantalones y calzoncillo, quedando desnudo de cintura para abajo. Se puso de pie, ordenándome que me colocara en medio de la cama, mientras el terminaba de sacarse la ropa que le faltaba.

    Una vez estuvo desnudo por completo al igual que estaba yo, se subió a la cama, poniéndose de rodillas a mis pies. Fue entonces cuando alcancé a ver por primera vez la polla que tenía. No era muy grande; normalita; pero lo que sí era, es que era bastante gruesa ¡dios! aquello si iba costar trabajo que entrara en mi culito.

    Me agarró las piernas, me hizo doblarlas, para luego ir llevándolas hacia mi pecho. Cuanto más empujaba mis piernas hacia mi pecho, más se levantaba mi culo, quedando totalmente expuesto y abierto para su enculada.

    Se arrimó todo lo que pudo a mi culo, y sin más preámbulos, me insertó su gruesa polla en mi culo.

    ¿Ay! Grité, al sentir una tremenda punzada en mi hoyito.

    ¡Dios que dolor! Espera espera, le pedí. Aquella punzada que me había dado, hizo que mi polla se desinflara como si quedara sin vida, y el dolor que había sentido, subía por toda mi columna vertebral. El muy hijo de puta, ni siquiera dejó que mi culo se preparara para recibir aquella gruesa polla.

    Lo siento, dijo, no me di cuenta de calentarte un poco más el culo, estaba desesperado por meterte la polla en este culo tan bueno que tienes. Tranquilo que ahora voy despacito, mientras arrimaba la punta de su gruesa polla a la entrada de mi culito.

    Espera espera, espera un poco que me vaya pasando el dolor. Pero el muy hijo puta, ya estaba presionando con su polla la entrada de mi culo. Sin darme tiempo ni siquiera a respirar, ya me la había clavado toda dentro de mi culo.

    Ya está, ya la tienes toda dentro, me soltó el muy hijo puta. Ahora sí podía empezar a cabalgar mi culo aquella gruesa polla.

    Y eso hizo, empezó a arremeter con todas sus fuerzas, haciendo que sus pelotas, tocasen mi culo.

    Cada vez me daba con más fuerza, y se subía sobre mi cuerpo, haciendo que mis piernas se pegasen más a mí. Cada vez que hacía esto, mi culo subía más haciendo que se abriera aún más, dejando entrar con más facilidad su gruesa polla.

    El muy hijo puta, deseaba llegar a mi boca con la suya. Mientras me estaba follando, con su boca, mordía mis pezones, y gritaba con lujuria y desesperación.

    ¡Dios que bueno estás! Como me gustas, ay que gusto, ay que gusto, como me esta gustando este culito, maricón.

    Arrima la boca hacia delante, que quiero morder tu boquita, me decía mientras con sus manos intentaba llevar mi cabeza hacia su boca.

    La verdad es que no era muy cómoda la posición en la que me encontraba, pero aquella gruesa polla, ahora me estaba dando un tremendo placer, al no parar de masajear mi próstata.

    Con la cabeza casi pegada a la suya, saqué la lengua para que la chupase, cosa que hizo. Se la metió a la boca, la saboreó todo lo que quiso, luego mordió mis labios, a la vez que empezaba a gritar que se corría.

    ¡Ahhh! Me corro, me corro ¡aaaahhh! Que gusto que gusto ¡aaahhh! ¡Dios que gusto maricón!

    El hijo puta se había corrido abundantemente en el fondo de mi culo, y que manera de correrse, debía llevar tiempo sin descargarse los huevos, ya que me había dejado el culo bien repleto de leche.

    Con la fricción de su cuerpo mientras me daba por el culo, mi polla se había descargado sobre mi vientre, por lo que ahora además del culo lleno de leche, tenía todo el vientre y pelvis, lleno de esperma, al haberme corrido.

    Una vez terminamos de descargar todo el semen y recuperar la respiración, nos levantamos para ir al baño a limpiarnos un poco.

    Después de habernos limpiado; el la polla la cual salió algo manchada de sangre; y no me extraña ya que el dolor que había sentido fue muy grande cuando me dio aquella punzada al meterme aquel pequeño pero grueso trabuco. Y yo haberme lavado el vientre pelvis y culo. Nos vestimos para luego llevarme él a tomar algo, para luego dejarme en la plaza de la estación de ferrocarril.

    Mientras estuvimos bebiendo unas cervezas en uno de los bares que había por la zona de la estación de ferrocarril, me preguntó donde vivía. Al contarle donde era, y que era muy cerca de donde él trabajaba, fue cuando se dio cuenta porque yo se le hacia conocido. Bueno ahora que ya nos conocemos, ya podemos vernos otro día, y quedar para repetir.

    Cuando me dejó, me dio unas palmaditas en el culo, diciendo que culito tan bueno tenía, y a la vez que metía 20 € en el bolsillo de atrás de mi pantalón.

    Oye, no hace falta que me des nada, yo no soy chapero, voy por gusto, y con quien me agrada.

    Tranquilo, no es para pagar los servicios, es para que tomes algo a mi salud.

    Bueno, pues que así sea, seguí andando para mi casa, pero antes de subir, fui a tomar algo a la salud de aquel mecánico que me había roto el culo aquella noche.

    Iba satisfecho, con el culo abierto a más no poder, y bien follado; algo roto, por el trabuco que se gastaba aquel mecánico, pero al fin y al cabo, iba bien satisfecho y bien follado.

  • Lorena, una relación que me dejó marca

    Lorena, una relación que me dejó marca

    Hace un par de convocatorias aprobé las oposiciones de administrativo de la Junta. Las aprobé, si, pero no conseguí plaza. Eso lo conseguiría más tarde. En esa ocasión me quedé a las puertas, pero fuera. Eso sí, tuve suerte y al poco tiempo me llamaron de la bolsa como interino.

    Estuve en la secretaría de un instituto en Málaga. Todo fue bien. Pero terminó mi sustitución. Al tiempo, me volvieron a llamar para un instituto de una localidad de Córdoba.

    La verdad es que todo fue bien, aunque la distancia a mi casa en Sevilla era grande. Afortunadamente conocí en el instituto a un par de profes también interinos que vivían de alquiler y me fui con ellos. Entre semana estaba allí y los viernes por la tarde tiraba para Sevilla.

    Entre papeles y el procedimiento informático que en ese momento estaba instalando la Junta iba mi día a día. Las tardes las pasaba viendo la tele, tomando café con la poca gente que conocía allí, leyendo o… o poco más.

    No era una vida muy divertida para alguien que no superaba por poco los 30, pero me adaptaba a ella.

    Una mañana me comentaron que el jueves de esa semana habría consejo escolar y que sería bueno que alguien fuera a explicar el sistema informático nuevo y sus posibilidades. Yo era el más indicado, no por mis conocimientos, sino porque era el único que no tenía hijos y tal. Para mi la tarde sería más fácil de consumir allí. Qué graciosos.

    No tenía más remedio que ir.

    Así que allí me fui. Un jueves lluvioso a las 17.30

    En el consejo escolar no había mucha asistencia aquella tarde, aunque luego me dijeron que era lo usual. El director, Manuel, la jefe de estudios, Blanca, tres profes más, dos padres y dos alumnos.

    Entre las profes estaba Estefanía, una profesora de Química que estaba tremenda. Algo pecosa, de pelo tirando a rojizo, ojos claros… y un cuerpo de escándalo. Esa profesora y su recuerdo harían estragos entre aquellos jóvenes a los que daba clase, pensaba yo siempre con una sonrisa.

    Pues nada. Tras un par de puntos del orden del día, en los que yo soñaba con perderme en las tetas de Estefanía, llegó mi turno. Expliqué algo el sistema, sus posibilidades, sus problemas y tal durante unos 8 minutos. Tras ello no hubo preguntas ni nada. O sea, había perdido toda la tarde de un jueves, que hubiera sido perfecta para estar tirado en el sofá viendo alguna serie, en aquello.

    Volví un rato a soñar despierto con las tetas de aquella profesora mientras seguía el orden del día.

    Unos 20 minutos después terminó la reunión.

    Cuando salimos a la puerta para irnos estaba diluviando. Había una tormenta tremenda, con aparato eléctrico, que iluminaba el cielo. Y las rachas de viento eran también inmensas. Yo había tomado la precaución de haberme llevado el coche. No vivía muy lejos del instituto pero había visto el cielo y… Una carrera y llegaría al coche.

    Pero fue entonces cuando Estefanía dijo que viendo como estaba el tiempo fuéramos a la cafetería de enfrente a tomar un café.

    No podía dejar pasar esa oportunidad de mirar a Estefanía de cerca, hablar con ella, conocer algo más de ella, deleitarme con su cuerpo.

    Cruzamos a la carrera y entramos un grupo. Al final fuimos el director, Estefanía, una madre y una alumna.

    Nos sentamos en una mesa, chorreando, literalmente, agua. Pedimos las bebidas, cafés en su mayoría, y allí empezamos a hablar. Para mi desgracia Estefanía hablaba sobre todo con Manuel sobre temas del instituto. Yo empecé una charla sin mucha trascendencia con Isabel, la madre de un alumno de nuevo ingreso como ella me relató, y con Lorena, la alumna que me contó que era de segundo de bachillerato de ciencias. Bien mirado la madre tenía también un polvazo. Iba recatada vestida pero bajo la ropa se adivinaba que era un cuerpo que en la cama debía rendir. Tenía una bonita mirada y su sonrisa no se veía nada mal.

    Al rato Manuel se fue y nos quedamos los demás. Pero no fue durante mucho tiempo. Aprovechando que la lluvia había perdido fuerza decidimos irnos. Fue pagar y al llegar a la puerta otra vez apretó. Decidimos echar una carrera hasta los coches, porque Estefanía lo tenía cerca del mío.

    Isabel y Lorena se vendrían conmigo, ya que así evitarían mojarse más de la cuenta. Estefanía saldría con el coche en sentido contrario.

    Tras la carrera, evitando charcos, y punto de meternos algún resbalón llegamos a los coches.

    Isabel, Lorena y yo nos montamos en el mío. Con una ráfaga de luces nos despedimos de Estefanía e iniciamos la marcha. En apenas dos minutos llegamos a la casa de Lorena, la alumna. Iba sentada atrás en mi coche. Se despidió, se bajó a la carrera y entró en su casa. Tres calles más allá se bajaba Isabel. Pensé que quizás habría alguna posibilidad de entrar con ella en su casa. Me la veía en el sofá a cuatro patas gimiendo.

    Pero que va. Entró en su casa y adiós. Ya no volví a hablar con ella nunca más.

    Lo cierto es que ese tiempo en aquella localidad, sexualmente hablando, era una mierda. Algo de sexo en el finde con mi pareja cuando volvía a Sevilla. Entre semana alguna paja pensando en los cuerpos que se veían en el instituto. Poco más.

    Al día siguiente durante un café me encontré en la cafetería con Estefanía que hablaba con Lorena. Le eché huevos y me acerqué. Ambas habían terminado como yo, con un buen catarro por la mojada del día anterior, y estuvimos riendo por ello.

    Además del catarro, el consejo escolar me sirvió para que ambas me saludaran por los pasillos del instituto. Y en las siguientes semanas pude tomar algún que otro café con Estefanía. Así me enteré que estaba casada y que tenía una niña pequeña. También supe que Lorena era una de las mejores estudiantes de su curso, delegada de su clase, dieciocho años recién cumplidos, y que salía con otro chico de la misma clase.

    Pero no hubo nada llamativo.

    Así llegaron unas fiestas en aquella localidad. Yo me iría al día siguiente para Sevilla, tal como habían hecho ya mis compañeros de piso. Pero aquella noche decidí tomar un par de cervezas con otros compañeros y conocer aquellas fiestas.

    Estuvimos en un par de locales bebiendo tranquilos. A eso de la 1,30 de la noche me fui para mi casa. Quería salir al día siguiente para Sevilla y no me vendría mal un descanso.

    Cuando estaba cerca de mi casa me crucé con ella, aunque al principio no la reconocí.

    Era una calle cercana a mi casa, y yo iba con la cabeza sumergida en el móvil. Me crucé con alguien y al hacerlo escuché un sollozo. Me quedé parado y me giré. Escuché que sí, que la persona con la que me había cruzado iba llorando. Era una chica joven.

    -Perdona -dije de forma automática – ¿te pasa algo?

    Ella se giró. Y pude comprobar con sorpresa como era Lorena.

    Tenía las mejillas surcadas de lágrimas y pintadas con la pintura de los ojos que se había corrido. Los ojos rojizos de llorar. Algún mechón de oscuro pelo suelto. Y temblaba.

    Di unos pasos hacia ella.

    -¿Lorena? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

    Ella se sorprendió de verme allí e intentó quitarle hierro al asunto.

    -Hola… no te… preocupes… no pasa nada. Una tontería. De verdad. No pasa nada.

    Y se giró para irse. Me salió de algún sitio, no sé, pero la agarré del brazo.

    -No parece que estés bien Qué te…?

    Rompió a llorar. Balbuceaba. Las lágrimas eran un reguero en su cara. Y volvía a temblar.

    La llevé a unas escaleras cercanas que había allí, que daban acceso a una pequeña placita que estaba en alto.

    La senté y quedándome yo más abajo, le cogí la cara con mis manos y la hice que me mirara. El llanto era desconsolado.

    -Mírame. Respira. Tranquilízate sea lo que sea que te pase. En serio. Mírame a los ojos.

    Ella lo intentaba. Pero lloraba y lloraba.

    Me senté junto a ella preguntándole que si podía hacer algo por ella. Me dijo que no. Y yo le dije que, de todas formas, me quedaría allí con ella.

    Minutos después empezó a relajarse y me contó, todavía entre lloros y balbuceos, que se había peleado con el novio y que éste le había dicho de todo. No sé la causa y no se la pregunté. Sólo le dije que pasara del tema, que quizás lo estaba llevando al extremo y que, en todo caso, no merecía la pena. Me dijo que eso era seguro, que no merecía la pena.

    Y allí nos quedamos un rato más.

    Iniciamos una charla diferente. Afortunadamente empezaba a ser, de nuevo, la chica inteligente de siempre. Y si, entre charla y charla, entre palabras y palabras y alguna risa nos liamos a besos en la escalera.

    De allí nos fuimos a la casa, que, como dije, estaba sola para mi.

    Ella era más baja que yo. Ojos oscuros. Pelo oscuro recogido en una cola y con una pequeña trenza enmarcándole un lado de la cara. Ni gorda ni delgada. Con una tetas algo grandes quizá para su tamaño. Buenas piernas y un culo de su edad.

    En los días siguientes me arrepentí de haberme liado con ella. Por su edad y por más cosas que luego contaré. Pero en aquel momento sólo podía pensar en follarla.

    Sólo cerrar la puerta de la casa nos abrazamos devorándonos mutuamente. Tocaba aquel cuerpo y mis ganas sólo hacían aumentar. Sus besos me transmitían una especie de frescor que se repartía por todo mi cuerpo. Y la sensación de abrazar aquel cuerpo era maravillosa.

    Nos desnudamos allí, uno al otro. Ella se agachó y empezó a hacerme una felación. Luego yo se lo comí un poco en el sofá. Recuerdo que no iba depilada, pero no me importó. Y a continuación terminamos follando en mi dormitorio, tirando al suelo las maletas que tenía sobre la cama.

    Fue un mal polvo. En serio. De los peores creo de mi vida. Ella creo que intentaba agradar en demasía, olvidándose de disfrutar. La notaba como forzada en muchas ocasiones. Y yo estaba asustado. Y ese miedo fue creciendo con el pasar del polvo. Cada vez me preguntaba más que coño hacía tirándome a Lorena, que era casi una niña. Le estaba poniendo los cuernos a mi pareja con alguien a la que casi le sacaba más de 10 años. Y claro, no sólo era la diferencia de los 10 años, el problema era que 10 años eran. Creo que no es la misma diferencia, aunque cuantitativamente sea la misma entre 32 y 46 que entre 18 y 32. Hay una diferencia cualitativa.

    Estaba allí disfrutando de aquel cuerpo, de aquellas sensaciones y comiéndome la cabeza. Que el polvo fuera una mierda no fue sólo culpa de ella. Claro. Seguro que yo también tuve mucha más culpa.

    De todas formas me corrí rápido (recuerdo que yo estaba de rodillas sobre la cama y ella a cuatro patas, que yo miraba mi pene entrar y salir de su cuerpo, veía su redondeado trasero y sentía la piel suave… cuando noté que llegaba mi corrida. Intenté aguantar… pero no pude) y nos quedamos allí, acurrucados en la cama, sin hablar. Me ha ocurrido otras veces, pero aquella vez fue la más descarada. Lo mejor del polvo ese fue el rato que pasamos luego juntos. Allí, desnudos bajo las sábanas, abrazados.

    Luego empezamos a hablar de tonterías y tal. Yo quería preguntarle que que le había pasado con el novio. Pero no lo hice. Ella me dijo que lo mejor sería vestirse e irse a su casa, que sus padres… Pero no se fue. Al rato nos quedamos dormidos los dos, allí abrazados.

    Así es como nos levantamos al día siguiente. Envueltos entre sábanas y los brazos del otro. Yo desperté antes y me quedé mirándola. De nuevo me asaltó la sensación, allí mirándola dormida, de que la había cagado, que era una niña y que yo era gilipollas. Luego ella abrió los ojos y me sonrió. Así parecía más mujer y me quitaba algo del peso de mi gilipollez. Pero…no sé. Era raro.

    Nos levantamos y yo hice el desayuno mientras ella se duchaba. Cuando volvió al salón, donde yo había servido las tostadas y el café, venía con una de mis camisetas, que le llegaba a medio muslo. La sensación de que era una niña me asaltó otra vez al verla así. Desayunamos, aunque yo estaba en silencio y ella se dio cuenta.

    Tras desayunar se vistió, me besó en la mejilla y se fue a su casa.

    Unas horas más tarde llegaba yo a Sevilla. Fue una estancia rara, ya que me sentía raro yo mismo. Lo hice con mi pareja y no me sentía a gusto. Dudé en si contárselo. Pero decidí que no. Que el secreto se quedaría a kilómetros de distancia. Me esforcé en aparentar que no había pasado nada y en hacer lo de siempre.

    Unos días después me reincorporé al puesto, pasadas las fiestas.

    Ese día no la vi.

    Al día siguiente había una carta en el buzón de la casa para mí. La abrí en mi habitación extrañado por recibir una carta sin sello ni nada. Dentro un folio con un “Te amo” gigante. Me acojonó, la verdad, y mucho. Pero lo ignoré porque no hacerlo sería acrecentar el castigo mental que me venía autohaciendo desde hacía días

    Pasados dos días me crucé con ella en el pasillo. Y me sonrió ampliamente. Me detuvo y empezó a hablarme. Yo no escuchaba lo que me decía. Y un momento después con una excusa me fui no antes sin recibir un beso en la mejilla.

    Esa noche pensé mucho sobre el tema. Lorena estaba equivocada conmigo. Seguro que yo la había llevado a esa equivocación pero debía hablar con ella.

    Conseguí su número de whatsapp al día siguiente. Pero dejé pasar el finde sin escribirle y, aunque no lo tenía pensado, hui a Sevilla esos dos días también. El domingo por la noche, de vuelta a Córdoba le mandé un mensaje diciendo que teníamos que hablar. Me dijo que si, y quedamos a la tarde del lunes siguiente en una cafetería de las afueras de la localidad, alejada de nuestra zona.

    Aquella tarde del lunes me dirigí allí con mi coche con la clara intención de decirle que había sido una equivocación todo y que la habíamos cagado. Y así empecé a decírselo alrededor del café que nos tomamos pero…

    30 minutos después estábamos en el recinto ferial, follando de nuevo en la parte posterior de mi coche. Fue mejor el polvo, cierto, en comparación con el primero. Esta vez, por razones obvias, no hubo estancia abrazados luego ni nada de eso.

    A la noche volvía a decirme a mi mismo que era gilipollas, que estaba metiéndome en un agujero muy jodido.

    Pero Lorena era mucho más inteligente que mucha gente de mucha más edad. Y un par de días después me lo demostró cuando me citó ella a un café.

    Allí ella me dijo todo lo que yo le tendría que haber dicho unos días antes y no hice. Yo le dije que era totalmente cierto lo que me decía. Que lo mejor era no seguir con aquello. Ella me dijo que sentía lo que había pasado, que había vuelto con el novio y que me pedía por favor que eso quedara entre nosotros. Yo le dije que el que la había cagado había sido yo, que me había sentido supermal, y que me alegraba que volviera con su novio. Que lo mejor era hacer como si nada hubiera pasado y seguir adelante con nuestras vidas.

    Salimos de la cafetería y no quiso que la acercara. Mientras yo conducía a mi casa, vi claro que una niña de 18 años me había dado una lección.

    Tres meses después, y sin haber vuelto a tener contacto con ella en ese tiempo más que un hola y adiós de vez en cuando, terminó el curso y me despedí de aquella localidad. En septiembre no volvería yo porque se reincorporaba la persona.

    Recogí cosas y recuerdos y me fui.

    Conduciendo de camino a Sevilla, recibí un mensaje de whatsapp que leí tomando café en una cafetería de esas de carretera.

    Era un mensaje de Lorena. Me decía que le hubiera gustado despedirse pero que por otro lado sabía que quizás hubiera sido lo mejor que todo hubiera pasado de esta manera, que le había gustado conocerme y que me deseaba lo mejor, que me agradecía que no hubiera dicho nada sobre lo ocurrido y un montón de cosas más. Antes me había dado una lección ya esa niña de 18 años, pero ese mensaje fue ya una lección magistral. Le contesté con un mensaje similar, aunque no le llegaba ni a la suela de los zapatos.

    Ella volvió a responder con un emoticono con una carita sonriente.

    Y ahí quedó todo.

    Luego otros destinos y otros sitios. Hasta que saqué la plaza y pude quedarme en Sevilla.

    Y exactamente unos 3 años después recibí otro whatsapp de ella. Ya era sólo un recuerdo, algo incómodo, ciertamente, del pasado. Pero un día su nombre apareció en la pantalla de mi móvil y un mensaje.

    Me preguntaba que si me acordaba de ella. Le dije que claro. No podía decirle otra cosa. Y me contó que estaba en tercero de Química y que iba a Sevilla a una cosa de la carrera. Que si quería tomar algo con ella.

    No sé qué le hubierais contestado vosotros. Yo tardé casi una hora en decidirme. Le dije que ok y quedamos en una cafetería que me cogía cerca del trabajo, en lo que es el Prado de San Sebastián, una de las zonas con más movimiento de Sevilla, ya que están los juzgados, una estación de bus, de metro y tal.

    Yo llegué antes. Y ella un poco más tarde. Venía con unos vaqueros negros ajustados, unas Adidas también negras sólo blanqueadas por las tres líneas laterales, una sudadera celeste de la UCO, y una blanca sonrisa. Me contó luego que había estado otras veces anteriores en Sevilla pero que no se había atrevido a llamarme. Pero que le apetecía echar un rato conmigo. Tenía la misma cara y sonrisa de niña que hacía tres años, pero ahora su cuerpo era más de mujer. Pero seguía demostrando esa personalidad de persona mucho mayor, de una persona con las ideas claras e inteligente.

    Le iba genial en la carrera y estaba con otro chico, no con el que yo conocí. Yo le comenté que estaba con mi misma pareja y que ya era funcionario en sí. Que ya no estaba en institutos sino en una delegación provincial y tal. Ella me contó sus planes de futuro, que se iría de Erasmus al siguiente año a Francia y que no podía quejarse de nada de su vida. Así pasamos un par de horas.

    Luego fuimos al piso donde estaba pasando aquellos días y lo hicimos por tercera vez. Si el primer polvo que tuvimos fue una mierda este tercer polvo fue uno de los mejores de mi vida. Seguro que por poder hacerlo sin los miedos que nos atenazaban las dos primeras veces, o por saber que ya no eran tan niña. O una mezcla de todo. Pero fue, ya digo, uno de los mejores de mi vida. Y espero que de la suya, claro.

    Fue suave pero duro al mismo tiempo, con besos cariñosos pero también con bocados profundos, algún arañazo incluso. Y luego volvimos a quedarnos abrazados, desnudos, bajo las sábanas, como hacía tres años hicimos. Había sido la tercera vez que yo había sentido derramarse mi semen dentro de aquel cálido cuerpo y, ahora que lo sentía allí, contra el mío, ahora que sentía su respiración, sus latidos… volvía a reafirmarme que aquella chica valía su peso en oro.

    Ya era de noche, cuando nos despedimos y yo me fui para mi casa, inventándome alguna excusa mientras conducía.

    Al día siguiente me agregó a su facebook.

    Por eso luego, pude comprobar por sus fotos que su estancia en Francia fue genial, que terminó la carrera y que, recientemente, se ha casado. Por cierto, Lorena, si lees esto, ibas radiante.

    No hemos vuelto a hablar (miento, cuando nació mi hijo me mandó un “enhorabuena, es guapísimo” por el messenger del facebook), pero debo reconoceros que su cuenta de Facebook la tengo como prioritaria y que cada vez que publica una foto la miro detenidamente.

    Su cara, su mirada, son sonrisa de niña siguen como el primer día.

    Y las lecciones de vida que me dio siguen en mi cabeza.

    La suerte de haberte conocido ha sido mía, Lorena.

  • Nuevas aventuras de nuestra argentina favorita

    Nuevas aventuras de nuestra argentina favorita

    Hola hermosos, la verdad es que no se si estoy bien o mal, obvio por una lado muy bien, pero lo que quiero decir es que no se si hice bien.

    A ver para que me entiendan, casi todas las cosas que hice fueron porque se fueron dando y yo estaba ahí, en el momento y lugar, o mi prima me convencía y se dio. No es que me vestí como una trola a ver quién me cogía!!! ¿me explico?, al menos así lo tome yo.

    Para que me entiendan les voy a contar lo que me pasó hoy.

    Lo cague a mi novio.

    Anoche había quedado con una de mis amigas, digo del “grupo de mis amigas” de esas a las que no les puedo contar nada de lo que hice en el verano, ni hago con mi novio, en ir a la casa a eso de las 10

    Llego, me atiende el hermano (llamémoslo Mati) y me dice que suba, que su hermana no estaba, si la quería esperar. La llamo al celular y me dice que se le hizo más tarde en la facultad, que no me pudo avisar y que va a tardar como una hora, que me quede esperándola que hace mucho que no nos vemos y blablablá.

    Yo al hermano, lo conozco desde chica, cuando teníamos, 15 o 16 años, en alguna fiesta unos besos nos dimos, pero cosa de pendejos, después nada más pero nos seguimos viendo.

    Hacía un tiempo que no lo veía, siempre fue muy lindo, para que se imaginen es rubio, (como la hermana porque son descendientes de alemanes), con ojos celestes y aparte es muy lindo. Para las chicas que me leen, vieron cuando los chicos tienen también los bracitos y las piernas con esos pelitos rubios, a mi me encanta.

    Nos pusimos hablar boludeces en el sofá del living (él estaba vestido muy de entrecasa, con un short y una camisa abierta), y de tantas boludeces nos empezamos a acordar de cuando éramos chicos, y él se acordaba que me había dado unos besos, y en joda me dice que si me agarraba ahora me mataba, y él me cuenta que estaba de novio, pero que siempre se acordaba de mi, y seguimos con boludeces.

    Ahh aparte de ser muy lindo habla como muy seductor, a mi me gusta como habla.

    Bueno la cosa es que de golpe, me dice si nos damos un beso como cuando éramos chicos, un beso nada más, que no que si, al final de digo que sí. Me encantó que me pidiera permiso, otro se juega y me lo mete de una.

    Nos damos un beso suave que me gusto, y después otro, yo le agarraba la carita cuando me besaba, les digo de nuevo es muy lindo.

    Me pide un último beso y le digo que no, que ya está, que era solo uno, que se deje de joder, (y aparte yo me conozco y nunca se cómo termino jaja).

    Bueno insistió y le digo que es el último.

    Nos empezamos a besar, pero este beso ya fue más fuerte, nos empezamos a besar con la lengua y Matías me empieza a acariciar la panza, por debajo de la blusa, yo quería decirle que basta, pero no podía, me gustaba lo que me hacía sentir, y seguimos así un rato.

    No sé porque pero en un momento pongo mi pierna sobre la de él, y aprovecha a empezar a desabrocharme el short (yo estaba con esos short de jean que usamos las chicas y que son amplios), y me termina metiendo la mano por debajo del pantalón hasta llegar a mi conchita.

    Otra vez, la verdad es que no quería seguir!!! pero estaba entregada, me encanta que me empiecen a tocar, no me puedo resistir, cuando me tocó se dio cuenta que estaba toda mojadita, y noto que su pija estaba ya muy parada, por lo que fue irresistible hacerme la boluda y poner mi mano sobre su pantaloncito, y más se le paró, y noté que tenía una linda pija jeje.

    En un momento (porque es muy educado y creo que no quería hacer nada para tener quilombo con su hermana) me pregunta si me podía bajar el short, me había tirado la pelota para mi lado!!! la decisión de seguir era mía!!!!, yo ya estaba tan caliente que le dije que si, pero un poco, obvio me lo empezó a bajar y yo solita levanté las piernas para que me lo saque todo, y obvio me sacó también la bombachita.

    Cuando vio mi conchita depilada le encantó y me la empezó a besar como loco, y yo lo veía con ese pelo rubio chupándome la conchita que le empujaba la cabeza para que me la chupe más y abría también más mis piernas, hasta que tanto me la chupó y me metió los dedos que me hizo acabar, ahí me di cuenta que ya era tarde para todo y quería más, después de acabar así, yo me quedo más caliente.

    Mientras me chupaba, no sé en que momento, se había sacado los pantalones, y después que yo acabé, se para, me pone su hermosa pijita frente a mi cara y me dice si no la quiero probar, pero que lo haga muy despacio, que me quería disfrutar (eso tampoco me lo habían hecho, cuando estaba con mi prima, casi me la metían de una en la boca, nunca me preguntaron si quería hacerlo).

    Bueno la cosa es que se la empiezo a chupar muy de a poco, mirándolo a la cara, con lo lindo que es y encima ver como gozaba más ganas de chupársela me daba, estuve así un rato, le chupaba los huevos, se la acariciaba, le pasaba la lengua, le chupaba la puntita, hasta que nos acostamos en el sofá para hacer el 69, que bien que lo hacía, aparte de chupármela con mucha dulzura, aprovechaba de mis juguitos y me iba metiendo el dedo en la cola,, me puso loca, me puso otro dedo más y me hizo acabar como una perra.

    Ahora viene la parte peor o mejor, lo que faltaba era coger, no le iba a decir que no, aparte quería que me cogiera y bien cogida, pero me dice que no tenía forros, la puta madre!!! Encima yo estaba en mis días fértiles, así que ni en pedo iba a dejar que me cogiera a pelo, y me dice que si no me molestaba hacerlo sin forro porque siempre hay un camino alternativo, y me empieza a llevar para que me acomode en el sofá en 4, yo no le dije nada, lo dejé a él que hiciera todo.

    Me pongo en 4 y me la empieza a meter por la cola despacito, despacito, hasta que me la metió toda, ¡como grite! ya no me acordaba ni donde estaba, yo cuando llego a ese momento pierdo el control y nada me importa.

    Después le pedí que se acueste en el sofá y yo me ponía arriba de él, y otra vez por mi colita, quería ver esa cara linda como se ponía cuando gozaba, me la puso y me cogió como una perra, acabé otra vez y después acabó él, me avisó que iba a acabar y le dije que siguiera, yo quería que me acabara en la cola y así lo hizo, me llenó la cola con su lechita calentita, lindo.

    Bueno ni bien terminamos, me tapo la cola, y me voy al baño a lavarme, él me lleva la ropa, y cuando estoy en el baño, escucho a mi amiga que llega.

    Salgo del baño, la saludo como si nada, y me dice de tomar un café, y nos sentamos ¿saben dónde? si, donde hacía menos de 10 minutos me estaban cogiendo por el culo.

    No sé si mi amiga se dio cuenta de algo, creo que no, si hubiera llegado un rato antes, ¿QUE QUILOMBO!, aparte ella es amiga de mi novio, y jamás pensaría que me puedo coger ¡a su hermano!

    La cosa es que me quedé en la casa de ella boludeando, y antes de irme Matías me mete un papelito en el bolsillo de mi pantaloncito.

    Cuando me voy lo abro y decía esto “sos hermosa, desde que nos dimos esos besos de pendejos, siempre me quedé con las ganas de estar con vos, lo que jamás pensé, y no te ofendas era que cogías tan bien, y lo que jamás hubiera pensado es que te guste tanto por la cola, me encantó hacerlo con vos, lástima que lo descubrimos tarde, quédate tranquila de esto nunca se va a enterar nadie, si fuera tu novio te cogería mañana, tarde y noche, este es mi celular xxxxx, si te parece que da, me pasas el tuyo y cuando quieras nos vemos. Un beso grande”.

    Todavía no le contesté nada,

    Hoy salgo con mi novio, espero que no me quiera ¡hacer la colita! Ya no me da más jeje

    ¿Lo que hice es muy de puta? no sé, pero lo pasé bien.

  • La tía Ana tiene sus necesidades

    La tía Ana tiene sus necesidades

    No me gustó para nada cuando Carla, mi esposa, me dijo que su tía Ana se vendría a vivir con nosotros por un tiempo. Me molestaba tenerla en casa, ya que suponía que se estaría entrometiendo en todo y que sería un real estorbo.

    La tía Ana, se acababa de divorciar después de más de 30 años de matrimonio… es una mujer de 60 años, que sólo había visto en mi matrimonio ya que vivía en otra ciudad, por lo que no tenía ningún recuerdo de ella.

    El día que llegó la tía Ana fuimos a buscarla al aeropuerto, y grande fue mi sorpresa al ver que era una mujer bastante guapa. Yo me la había imaginado gorda, llena de arrugas y entrometida. En realidad era alta, delgada y de muy buena presencia y elegancia. Se notaba que en su juventud había sido muy guapa.

    Pasaron varios días tranquilos, y ella era muy agradable así que mi percepción cambio rápidamente.

    Una noche conversando después de la cena, y bebiendo unas copas, comenzó a comentarle a mi esposa del fin de su matrimonio, como me pareció interesante me quedé escuchando.

    Ella dijo que el divorcio sólo vino a formalizar el término de la relación que estaba mal hacía años… y que ya hacía mucho que dormían en camas separadas… a lo que agregó que ella nunca había sido infiel… y luego agregó “imagínate Carla, como me siento… tanto tiempo sola… una tiene necesidades” yo me quedé de una pieza con el comentario… a lo que ella se percató de mi presencia y se sonrojó… A lo que yo le dije “tranquila tía, es natural” y cambie el tema.

    Después de eso comencé a mirarla con otros ojos… realmente guapa y bien conservada a su edad…

    Esa noche ya en la cama, mi esposa me comentaba de lo de la tía… y yo le decía que difícil debe ser estar tanto tiempo sin sexo… y luego cogimos rico… Carla se subió arriba mío y se movía exquisito… yo pensaba en la tía y me calentaba más… hasta que tuvimos un rico orgasmo… ella se durmió y yo me levanté al rato a la cocina por un vaso de agua

    Cuando llegué a la cocina estaba la tía Ana bebiendo un vaso de agua y me llamó la atención que tuviera tanto hielo… “qué pasó tía?” le pregunté, a lo que ella me dijo “no puedo dormir me siento acalorada”, ante su respuesta sólo atiné a decir “si?”, a lo que ella agregó “además no podía dormir con el ruido” y después de decirlo se sonrojó… Y me di cuenta que se refería a los ruidos que hicimos con Carla al coger (ella está en la habitación de al lado), a lo que le pedí disculpas por haberla incomodado… y ella me dijo con una voz sensual “no te preocupes, ustedes son jóvenes y están en todo su derecho”… yo al escucharla me excite y no pude disimular una erección en mi bóxer… lo que ella se dio cuenta, diciendo con voz pícara “me alegro por Carla que disfrute de su matrimonio”, haciendo que mi erección se notara aún más… y sin decir dejarme responder… me dice “sobrino tómese un vaso con agua con harto hielo” y sonriendo se fue a su dormitorio.

    Yo volví a acostarme con una erección, trate de despertar a Carla para aprovechar, pero no quiso, por lo que al rato me dormí.

    Después de eso, con la tía las miradas eran distintas…

    Cada vez que cogía con Carla, trataba de que hiciéramos el máximo de ruido, para ver si podía repetir dicho encuentro.

    Pasaron unos días, y con Carla fuimos a una cena un viernes, llegamos tarde, con unas copas de más… la tía dormía, y esa noche cogimos y por lo mismo hicimos mucho más ruido que lo habitual…ya que entramos a casa y comenzamos con los besos, juegos, y demases hasta llegar a la cama…

    Al día siguiente, Carla salió temprano por temas de trabajo. Como era sábado, me levanté tarde, y me fui a la cocina a buscar algo fresco para pasar el dolor de cabeza de la resaca de la noche anterior… iba sólo en bóxer…

    Estando en la cocina, aparece la tía Ana, estaba con un vestido que hacia resaltar su figura, adecuado a su edad, pero muy sexy (ella mide 1,65 delgada, pechos medianos, en general guapa), y al verme me dice con voz picara “parece que estuve muy buena la cena de anoche”, “Si le dije yo” por qué? La despertamos?” a lo que me respondió “si claro, con todas las risas al entrar… y después…”, y “después qué?” le pregunté.

    Se sonrojó y me dijo “si sabes… lo normal de una pareja joven, no pueden estar en silencio, no crees?” Su respuesta logró una erección inmediata y que no pasó inadvertida por la tía que se quedó pegada mirando… “te acordaste de la noche con Carla?” me preguntó, a lo que respondí “no tía, es por usted” ella se quedó helada y sin decir nada tome su mano y la lleve a mi bóxer… ella seguía sin reaccionar y le dije “si hay algo que no le gusta me dice”, ella solo hizo una sonrisa de aprobación así que me acerqué a ella… y la besé… beso que respondió tímidamente.

    Lo que interrumpió bruscamente diciendo “esto está mal, eres el esposo de mi sobrina… no es correcto” y sin darle más tiempo de hablar volví a besarla… y mis manos a acariciar sus tetas y le dije “dime que acaso no te calienta cuando cogemos… dime que no quieres que te coja y te dejo tranquila” y ella me dice “cógeme papá”.

    Le levanté el vestido, le arranque la tanga, la llevé a la mesa de la cocina y la clave con todas mis ganas, arrancándole un gemido de placer, comenzando a bombearla con fuerza, sacándole su primer orgasmo rápidamente.

    Luego la lleve a la cama, la desnude en el camino…tenía un cuerpo fenomenal para su edad… y le pedí que se montara en mi… así que la tome de las caderas para guiar sus movimientos, y así acariciar sus tetas y poder ver su cara de goce…

    No tardó en llegar su segundo orgasmo, por lo que cambiamos a la posición de perrito, donde la penetré con toda mi energía hasta llegar a un orgasmo largo en intenso corriéndome dentro de ella…

    Luego nos quedamos tirados en la cama… ahí me comento que hacía años no cogía… y yo le dije que la ayudaría a recuperar el tiempo perdido… nos dimos un beso… y nos arreglamos ya que Carla estaría por llegar.

  • Deep blue sea (Parte 1)

    Deep blue sea (Parte 1)

    Amanda Daynes observó a la mujer que se acercaba a través de los cristales en la Sala de Conferencias. Delgada, pálida, de cabellos rojo fuego y los ojos verdes más impresionantes que había visto en su vida. El Vicepresidente de la compañía familiar, Design Daynes, Thomas Jeffrey, la hizo pasar. Los hermosos ojos verdes expresaban confusión y cansancio, ¿sabría por qué estaba allí? Amanda se caracterizaba por confiar en su instinto, en los negocios, con las personas, era fría y práctica e implacable. Y estaba allí para encontrar al culpable de las pérdidas de dinero y lo haría.

    Durante varios meses después del infarto de su padre, Amanda había tomado el mando, llevaba toda su vida estudiando y preparándose para heredar el negocio familiar, al menos la parte que era su derecho, aunque había tenido éxito en los suyos propios, pero le disgustaba las condiciones en que se había producido. Por las pérdidas inexplicables su padre estuvo tan estresado durante meses que su cuerpo se rindió. Amanda no lo supo hasta que fue demasiado tarde, por eso el castigo para el ladrón sería incluso más severo. Mientras Ava Brenner tomaba asiento frente a ella, su instinto le decía que no era la persona que buscaba, aunque si la culpable más obvia, al menos en papeles.

    Un desconocido instinto de protección apareció de improvisto, a pesar de la gravedad de la situación le causaba rabia que tanto Ava como su padre hubiesen sido víctimas de la ambición ajena. En ese momento no se podía permitir confiar en nadie, a pesar de que le costaba creer que la joven contadora hubiese desviado varios millones de dólares en cuestión de meses, tendrían que demostrar su inocencia. Su pasado lo delataba, tenía muchas deudas de hospitales, a simple vista el motivo parecía el crimen perfecto, si no fuese porque en efecto, eso era lo más sospechoso. La pobre contadora endeudada que robaba para pagar las deudas, quien había trazado el plan no eran tan inteligente como quería aparentar, pero con todos los papeles firmados por Ava Brenner y las transacciones autorizadas por ella iba a resultar muy difícil encontrar el rastro verdadero.

    Se dedicó un instante a observarla, tenía ojeras y un profundo agotamiento en la mirada, las manos entrelazadas en el regazo para mantener la compostura pero el modo en que fruncía los labios delataba el nerviosismo. Apenas a un metro de distancia apreciaba la piel blanca y suave, los rasgos finos y unos labios rellenos y apetecibles. Incluso bajo el traje se apreciaba una figura delgada pero con curvas en los lugares apropiados. Extrañamente lo que más le atraía era el aire de inocencia y vulnerabilidad que la rodeaba, también cabía la posibilidad de que estuviese fingiendo, ¿pero con qué propósito? Si estaba al tanto de la magnitud de los hechos nada la iba a salvar de la cárcel.

    -Buenos días señorita Brenner, me alegra que haya podido asistir, sé que ha estado ocupada.- dijo Amanda con frialdad, que la joven le provocara sensaciones que no podía controlar, no quería decir que las fuese a demostrar -¿Sabe por qué la hemos citado? – la pregunta quedó en el aire y si fue posible, Ava palideció aún más.

    Ava había escuchado los rumores semanas atrás, desde que el presidente se había retirado y los motivos de ese hecho. Alguien estaba robando a la compañía, no mucho después también se escuchó que la hija de Harold Dayne había tomado el mando y se llevaba a cabo una investigación buscando al culpable. Ava tenía días preocupada y con un nudo en el estómago. Las transferencias de dinero se manejaban en su departamento y alguien debió autorizarlas, pero todavía no habían presentado acusación a nadie, lo cual era un alivio y una tortura a la vez.

    Esa mañana apenas si puso un pie en la oficina, cuando su supervisor le informó sobre la reunión con la nueva Presidenta a quien no conocía. Según era parte de la rutina entrevistar a todos, pero no pudo evitar los nervios, necesitaba el trabajo desesperadamente, tenía pocos ahorros y con su nueva situación no podía quedarse sin trabajo. Suplicaría si fuese necesario, por otro lado, no sabía que esperar. Los comentarios sobre la nueva Presidente no eran alentadores. Había despedido a varios desde su llegada y decían que la mujer se asemejaba más a un témpano de hielo que a un ser humano y apenas entró al salón tuvo la oportunidad de comprobarlo.

    La mujer que la observaba era increíblemente hermosa, de piel blanca, cabellos negros ondulados y unos ojos azules, claros y despejados como el cielo, inteligentes y muy fríos, que la estudiaron detenidamente hasta que prácticamente la hizo sentir expuesta y vulnerable. Le produjo escalofríos, había algo más en su mirada, pero desvió el contacto al instante. Entonces su voz rompió el silencio, indiferente, como la apariencia que proyectaba y Ava sintió temor por primera vez. Algo le decía que de aquella entrevista podía salir muy mal. Como pudo, reunió las palabras necesarias para contestar.

    -¿Por la investigación? Se me ha dicho que es parte del proceso.- contestó nerviosa.

    La expresión del Vice-Presidente fue lo primero que anunció la gravedad del problema, la de Amanda en cambio se mantuvo hermética, aunque no le quitaba los ojos de encima. Ava no se atrevió a preguntar pero…? sería posible que la estuviesen considerando como sospechosa o culpable? El corazón se le detuvo en el pecho.

    -Thomas, déjanos a solas.- pidió Amanda al instante.- El hombre la observó, primero con sorpresa, después indignado, pero obedeció sin mediar palabra. Esperó hasta que se hubo marchado, se puso de pie, llenó un vaso de agua y lo depositó frente a la joven que palidecía. Se veía enferma y Amanda se preocupó -Bebe.- fue una orden.

    A juzgar por la reacción Amanda sospechaba que había llegado a la conclusión de por qué estaba allí, habían descubierto sus artimañas, pero no le gustaba suponer, así que regresó a su asiento y esperó en silencio. Quería creer en su inocencia y el pensamiento la sorprendió, nunca le interesaban los problemas ajenos, ni los casos de caridad. ¿Entonces? ¿Por qué reaccionaba así con ella? Bien podía estar fingiendo. Por el momento prefería no buscar respuestas que le entorpecieran el camino. Un minuto después la observó asentir en silencio, como si hubiera tomado una decisión y buscara el valor para comunicarla. Amanda siguió el movimiento de sus labios cuando los humedeció con la punta de la lengua, completamente distraída. Entonces alzó la mirada y la encaró, había fuego en sus ojos de esmeralda, tal vez no fuese tan indefensa como aparentaba.

    -¿Me consideran sospechosa? – preguntó de pronto.

    -En este instante todos lo son.

    -Cada centavo que he ganado en mi vida ha sido honesto y con trabajo.- sintió la necesidad de aclararlo, aunque no sirviera de nada, para su sorpresa la Presidente asintió, ¿le creía?

    -Quiero que vea algo señorita Brenner y que sepa, que el hecho de que estemos aquí, representa una oportunidad.

    -¿Oportunidad para qué? – preguntó desconcertada y con el temor frío recorriendo su cuerpo.

    -Lea por favor.- le indicó una carpeta frente a ella.

    Y lo hizo, pero nada la preparó para lo que iba a encontrar en esa carpeta. El dinero, las transacciones, las firmas, las autorizaciones, enormes cantidades designadas a empresas pequeñas, que más tarde se identificaron como fantasmas. En total, 20 millones de libras esterlinas perdidas y en cada traspaso estaba su nombre, su sello y no tenía que ser detective para saber lo que significaba. Las pruebas estaban allí y todo apuntaba a que la ladrona, había sido ella.

    -No.- la negación se escuchó como un sollozo, un gemido de súplica.-Aquello no podía sucederle a ella. Dejó los papeles sobre la mesa mientras luchaba por respirar, iba a desmayarse y las lágrimas le nublaban los ojos -Yo no… yo no… soy una ladrona.- se ahogaba con sus propias palabras, a través de las lágrimas vio una figura borrosa acercándose.

    -Debes respirar profundamente, vamos, inténtalo.- le sorprendió escuchar un tono suave, casi hipnótico y su cuerpo respondió a la sugerencia, incluso antes de que la asimilara.

    Amanda Daynes se había sentado frente a ella y estaba inclinada hablándole, tan cerca que percibía el aroma a cítricos de su cabello, ¿o era su perfume? ¿Y por qué se tomaba el tiempo para ayudarla a calmarse, cuando ella era la culpable de que la Empresa estuviese en problemas?

    -¿Tienes idea de cómo pudo suceder algo así? – le preguntó Amanda, Ava la miró con sorpresa.

    La actitud de la Presidenta la sorprendía y más el hecho de que a pesar de todo, su cercanía le provocaba sensaciones que desconocía, pero que culpaba a la situación del momento.

    -No, es obvio que lo autoricé yo. A simple vista son presupuestos inofensivos.- pero que sumando eran una suma astronómica desviaba durante meses -Fueron mis primeras asignaciones, recién voy a cumplir cinco meses aquí.

    Amanda asintió, cada vez era más obvia la pantalla para inculpar a la joven. Recién llegada, inexperta y allí el ladrón había cometido un error. Al menos dos de los traspasos correspondían a fechas anteriores a un mes, cuando Ava todavía no estaba contratada. ¿Cómo no se había percatado de eso? «Porque estaba ocupada admirando a la bella jovencita,» le contestó una vocecilla malvada en su cabeza. En parte, pero el error se debía a una falta de información, inadecuada en la persona que se suponía, era responsable por llevar la Empresa, la mano derecha de su padre, su primo Andrew Daynes.

    -¿Tienes idea de por qué alguien querría inculparte? – le preguntó de pronto, Ava relamió sus labios, lo cual provocó ciertos impulsos en Amanda y negó al instante.

    -Solo tengo cinco meses en el trabajo y en la ciudad, a menos que rechazar invitaciones a tomar café sea un crimen.- contestó con ironía, era bueno saber que no había perdido el sentido del humor -Soy inocente, lo juro, a pesar de todo esto.- señaló los papeles -Jamás le he robado.

    Por alguna razón no procesó las declaraciones de inocencia y si el hecho de reconocer que Ava pudiese tener alguien en su vida. La verdadera pregunta era, ¿por qué le interesaba algo así de una desconocida? Sabía la respuesta y prefirió ignorarla antes de decir o hacer algo de lo que pudiera arrepentirse. Ava Brenner le atraía, más que eso, deseaba protegerla lo cual le servía de absolutamente nada y complicaba más la situación. Por otro lado, no sabía de ella, en el informe que recibió no decía que estuviese recién llegada a la ciudad, ni a su trabajo y eso la irritaba. ¿Por qué a cada paso se encontraba todo a medias e incompleto?

    -Comprendo, pero confío en que usted lo haga también, no puedo ignorar los hechos.

    Ava alzó la mirada, lo comprendía pero le resultaba difícil pensar con la lógica, cuando toda su vida se desmoronaba y no sería ella quien sufriría más con las consecuencias.

    -¿Iré a la cárcel?? Perderé mi trabajo? – indagó aun conociendo la respuesta.

    -A la cárcel no, ninguna prueba es concluyente para pedir un arresto, pretendo llegar primero al fondo de este asunto. En cuanto al trabajo, lamentablemente no puedo mantenerla empleada mientras corre la investigación.

    De todas las noticias fue el golpe más duro y Ava lo encajó como pudo. No iría a la cárcel, así que podía buscar otro trabajo al instante, por suerte había pagado la renta de ese mes y con sus ahorros podía sobrevivir otro. Asintió parpadeando para contener las lágrimas.

    -Si puedo retirarme, iré a recoger mis cosas.

    -Adelante.

    El impulso de ir tras ella y consolarla fue tan grande que Amanda se aferró a la silla. En el pasado se había metido en más de un problema por la misma razón y eso era suficiente para mantenerla en su sitio. Recogió los papeles y se marchó al despacho pensativa.

  • Danna y el desconocido

    Danna y el desconocido

    Danna no daba crédito a lo que sus ojos miraban, su hombre, su macho, se encontraba en brazos de otra, una señora madura, una escena bizarra digna de una película porno el veinteañero en brazos de esa fulana que tenía la edad suficiente para ser su madre, ella se encontraba arrodillada dejando sus pechos caídos al aire, él estaba parado con los ojos cerrados mientras disfrutaba de la felación que la mayor le ofrecía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y estas a su vez corrían sin control por sus mejillas, se quedó parada sin poder moverse, sollozos traicioneros escapaban de su garganta, la primera en darse cuenta de su presencia fue ella la señora que tan ocupada estaba succionando ese trozo de carne que alguna vez fuera de ella. La miraba fijamente, el aludido bajo la vista y siguió la mirada de su amante, se quedó atónito al contemplar a su novia de pie en el umbral, más blanca que el papel, más inmóvil que una estatua. Se separó de ella y cubrió sus partes nobles.

    -no es lo que parece. -balbuceaba él, pero ella no escuchaba, ella se sentía perdida, dolida. Cuando recupero la movilidad, se giró y salió corriendo del lugar.

    Por su parte él se vistió dejando a la mayor hablando sola.

    -Déjala no vale la pena.

    -Lo siento tengo que ir por ella. Te veré al rato si aún quieres.

    Fue por ella, sabía que iría directamente a casa así que tomo un taxi para llegar antes.

    Danna corría sin rumbo, hasta que casi es atropellada por un carro, se derrumbó en plena calle, y del vehículo bajo un joven de buen ver, asustado la subió junto a él y se la llevó con él. Cuando ella despertó se encontraba acostada en una cama en un lugar desconocido.

    Recuerdos de lo que había sucedido llegaron a su mente y se derrumbó a llorar, por su parte el desconocido la consolaba, en algún momento ella se abalanzó hacia él y comenzó a besarlo desenfrenadamente, se quitó la blusa, el sostén y comenzaron un faje muy intenso, en medio de la pasión el saco su miembro y ella lo tomó en sus manos, lo llevo a su boca y comenzó a chupar ese trozo de carne grueso, se deleitaba con su sabor, y gemía con gusto comenzó a despojarse de su falda y de su ropa interior. La humedad escurría por su entrepierna, y aumento el ritmo de sus succiones ocasionando que el desconocido se viniera en su boca.

    Al terminar se vistió y salió del lugar, tomo un taxi, y se fue a su casa. Al llegar encontró a su novio en la sala.

    Lo hecho hacia unos minutos pasaba por su mente y antes de que el pudiera decir nada se abalanzo por el en un violento frenesí sexual, rasgo su camisa y comenzó morderlo y chupetearlo, por el cuello, hombros, torso.

    Abrió la bragueta y saco el erecto miembro de su novio lo chupo, lo succionó y lo tiro al sofá, hizo a un lado su braga y se montó en esa verga erecta que pedía a gritos ser succionada por su vagina, la cabalgó furiosamente hasta que se chorreo dentro de ella y ella se vino mojando las piernas del sujeto.

    Se paró se acomodó y lo saco de su casa.

    Así fue como ella renació.

  • La caliente niñera (Parte 1)

    La caliente niñera (Parte 1)

    La vida de Diana era monótona, de la universidad a su trabajo, y de ahí a su casa.

    Ella era una muchacha introvertida no tenía más que dos amigas y no salía de casa, trabajaba de niñera cuidando a los hijos de un joven matrimonio. La madre de los menores de gran belleza pero de moral distraída y el padre joven vigoroso pero distanciado de casa.

    Su rutina era tranquila y aunque tenía muchos pretendientes debido a su hermoso y voluptuoso cuerpo a ella no le interesaba en lo más mínimo. Esa noche llego a su casa como todos los días, había terminado su turno de niñera, sin embargo apenas estaba entrando cuando su móvil sonó.

    -Bueno?

    -Diana?

    -Señor Méndez, buenas noches. En que puedo ayudarle.

    -La señora no vendrá esta noche por que viajó a new york, necesito saber si tendrías algún inconveniente en venir todo el fin de semana a quedarte en casa te pagaré muy bien.

    -Está bien. Iré.

    -Pasare por ti en 20 minutos, lleva lo necesario.

    Dicho esto colgó el teléfono, no tendría tiempo de bañarse así que cogió una maleta pequeña, puso su pijama y unas mudas de ropa. En 20 minutos exactos estaba su jefe ahí, llevaba a los dos menores en el carro.

    -Buenas noches Señorita Diana.

    -Buenas noches Sr. Méndez.

    -Llámame Leo. Espero no haya cenado aun, nos dirigimos a un puesto cercano.

    La cena transcurrió sin más, pero leo no podía dejar de admirar la cara de Diana, sus labios carnosos y seductores sus ojos coquetos y sobre todo su inocencia. La forma en que su boca se posaba alrededor del taco, hizo una reacción sublime en su polla.

    Llegaron a casa, acostaron a los menores y se le indico que dormiría en el cuarto de huéspedes, pidió permiso para bañarse, mientras ella estaba en el baño, Leo se imaginaba esas curvas sublimes y comenzó a tocarse por encima de la ropa, cuando Diana salió, lucía un minishort de seda rosa y una blusa fina de tirantes del mismo color dejando entrever que no tenía sostén pues sus grandes senos marcaban unos pezones grandes y parados. Su cabello caía húmedo al costado, ella paso casi corriendo a su lado abrumada por la pena. Llego al cuarto y sintió el calor correr por su entrepierna, la había excitado el que la mirara así, el sentirse deseada. Se tiró a la cama y comenzó a masturbarse, sin sospechar que del otro lado de la puerta leo escuchaba sus gemidos y su respiración, él había ido a disculparse pero se entretuvo cuando escucho los ruidos.

    Paso la primera noche en que ambos se tocaron pensando el uno en el otro.

    El sábado transcurrió con normalidad cuando ella y los niños se levantaron el señor Méndez ya se había ido, él llegó ya entrada la noche, los niños ya dormían y ella se encontraba viendo tele en la sala. Él se fue a su cuarto, se bañó y se puso un short sin camisa dejando expuesto su abdomen bien marcado, se sentó a lado de ella y veían la película que estaban dando, la tensión se sentía en el aire, se removió un poco en su asiento y sentía la humedad en su ropa interior. Leo la miraba, sin disimular veía esas piernas bien formadas. Y la V que se marcaba entre sus muslos era solamente tapada por el short de mezclilla él estaba como burro en primavera y pronto se comentaría a notar su erección, la película termino y comenzó otra pero esta vez era de la programación de adultos. Sin saber que hacer se quedaron inmóviles viendo la pantalla, en un momento leo posó su mano en el muslo de Diana y comenzó a subir la mano, ella gimió y esto le dio a él lo que necesitaba este se abalanzo por ella, y comenzó a comerse esa boca que tanto le invitaba a pecar, sus manos comenzaron a tocarla y ella gemía más y más alto, le quito la remera y lamió por encima del sostén. Le quito el short y saboreó su humedad por encima de la ropa, quito el sostén y dejo al aire sus tetas mordisqueo las aureolas y chupo sus pechos, bajo hasta su entrepierna de nuevo, quito las pantaletas y paso la lengua en su clítoris, y saboreo ese manjar, lo hizo durante 20 minutos hasta que ella se vino en su boca y él se bebió los jugos con gusto.

    Continuará…

  • Pololo, un viejo muy verde

    Pololo, un viejo muy verde

    Pololo es un viejo verde aficionado a los chicos siempre que tengan buenas nalgas y piernas. Tiene por costumbre ir a la plaza cercana a su domicilio porque alli es un buen lugar para ver muchachos con pocas ropas en epocas de calor, los cuerpos jovenes y bronceados lo vuelven loco.

    Esa tarde estaba sentado en un banco, no habia mucha gente solo unos chicos jugando al futbol en el pasto. Sus ojos acostumbrados a detectar buenos elementos se fijaron de inmediato en un chico gordito, de nalgas saltonas y lindas piernas que jugaba con otros chicos no muy lejos de donde el estaba sentado. Se puso a mirarlo con atencion y cada vez le gustaba mas. Era joven, quizas 18 o 19 años, se movia con agilidad y su cola y piernas no tenian nada que envidiarles a las de una chica. Se empezo a calentar mirando al chico, imaginando que tomaba con sus manos esas apetitosas nalgas y las apretaba, asi como a esos muslos y piernas y se excitaba cada vez mas.

    En cierto momento los chicos dejaron de jugar y se pusieron a tomar cerveza para refrescarse Pololo se levanto del banco y se fue a recorrer otras partes de la plaza. Cruzo la calle hasta un bar que quedaba enfrente a la plaza y pidio un vaso de vino. Estuvo un buen rato hasta que, aburrido, decidio irse a su casa. Al pasar por donde habia estado en la plaza noto que los chicos se habian retirado, menos uno que estaba tirado en el banco donde el habia estado. Cuando paso por su lado, vio que era el chico que le habia gustado y parecia estar en estado lamentable, semi inconsciente y rodeado de latas de cerveza por lo que Pololo asumio que estaba borracho.

    Se acerco y no pudo dejar de mirarle las piernas y pensar que bueno estaba, se le ocurrio una idea y tocando al chico de un hombro le dijo «No te podes quedar aca, si viene la policia terminas en cana» a lo que el chico respondio con monosilabos confirmando que estaba ebrio.

    El viejo pervertido miro alrededor, vi que no habia nadie y tomando al chico por un brazo y la cintura lo levanto, con esfuerzo, y lo cargo contra su costado haciendolo caminar, con dificultad mientras el chico murmuraba algo incomprensible.

    El plan del viejo verde era llevarse ese manjar a su casa y cogerselo, aprovechando que estaba ebrio y ni cuenta de donde estaba tenia el chico.

    Por suerte el domicilio del viejo era muy cerca, a casi una cuadra de la plaza y a pesar de lo dificultoso que era, el viejo consiguio llegar con el chico casi a rastras. Una vez que entraron, lo primero que hizo el viejo verde fue apretar una carnosa nalga del chico y sobarla largamente por sobre su short. Se deleito comprobando la dureza y redondez de esa cola que tenia a su disposicion…

    Lo llevo hasta el dormitorio y lo acosto boca arriba sobre la cama. El viejo ya tenia una monstruosa ereccion, pensando en todo lo que le haria a ese rico muchacho, carnoso como una chica. Al sacarle la remera le acaricio los pechos y apreto los pezones, el chico apenas gimio sin darse cuenta de los manoseos del viejo verde.

    Luego le quito las zapatillas y medias deportivas y se puso a acariciarle las piernas, suaves y deliciosas, sus muslos eran una locura y Pololo sintio ganas de eyacular sobre las piernas del chico pero se aguanto. Tenia un suculento culo a disposicion y no se lo iba a perder.

    Lo giro con suavidad hasta ponerlo boca abajo, solo se sintio un debil gemido del joven que ni se imaginaba lo que le iba a ocurrir. El viejo verde le saco el short y los calzoncillos, paso sus dos manos por los costados de los muslos del chico sintiendo una calentura brutal, la vision de esas imponentes nalgas lo tenia loco y no pudiendose aguantar se puso a lamerle sin mas tramite esas carnosas masas de carne, buscando la raja y el orificio del chico que apenas gimio un par de veces, en su sopor no sentia casi nada.

    Despues de lamer por largo rato y concentrarse en el ano del chico, el viejo metio un dedo en el culo para irlo dilatando y luego fueron dos los dedos que se movian de un lado a otro para preparar la penetracion. El chico parecio acusar los dedos en el culo y se quejo un par de veces, pero no mucho mas y el viejo cointinuo dilatando el culo del chico hasta que le parecio que estaba a punto y ademas ya no podia aguantarse.

    Paso una mano por debajo de la cintura del muchacho y lo separo de la cama mientras con la otra mano dirigia su dura verga hacia el culo del chico y lo penetro embistiendo al principio suavemente, luego mas fuerte y por ultimo en una embestida brutal le coloco todo su pito dentro del intestino.

    El viejo verde no podia creer estar cogiendose ese monumento al culo, ver como se movian esas nalgas mientras el las embestia lo ponian a mil y se sentia que iba a eyacular en cualquier momento., siguio taladrando ese culazo sintiendo un placer que hacia mucho no sentia, era realmente una delicia ese joven que de casualidad habia caido en sus manos.

    Siguio cogiendolo hasta que no pudo aguantar mas y en medio de un bufido gutural acabo dentro del chico. Siguio moviendose hasta que su pito estuvo flaccido, se retiro a un costado mientras que del culo del muchacho comenzaba a salir un hilillo de semen del viejo abusador.

    Al cabo de un rato Pololo volvio a vestir al chico, que parecia volver en si aunque todavia estaba muy ebrio, lo ayudo a llegar hasta la plaza, lo hizo sentar en un banco y se retiro a su casa. El chico nunca se entero quien fue que lo habia violado. Y nunca se lo comento a sus amigos.