Autor: admin

  • El secreto de Nakoma

    El secreto de Nakoma

    Nakoma estaba preocupada por su amiga Pocahontas ya que salió a buscar al hombre blanco y pensó que estaba en peligro, así que, decidió ir con Cocún para que le ayudara, ella no conoce otra persona que pueda salvarla de cualquier peligro.

    Recorrieron todo el bosque buscando a Pocahontas y no la encontraban, ambos estaban preocupados siguieron un rato hasta que Cocún divisó a lo lejos a Pocahontas y al hombre blanco, no los veía con claridad, pero le dijo a Nakoma que se quedara allí porque podría ser peligroso para ella también.

    Ella se quedó detrás de un árbol, pero podía ver todo a través de la horqueta de este. Cocún siguió caminando, pero, su sorpresa fue fatal cuando se dio cuenta que Pocahontas y el hombre blanco se estaban besando, fue muy fuerte verlo ya que él estaba enamorado de ella. El envuelto en rabia y celos salió disparado a atacar al hombre blanco y lo derribó. Comenzó a pelear con él, pero en el acto, salió un amigo del blanco con un arma de fuego, Tomas, había seguido a John Smith por orden del Gobernador Radcliffe.

    Nakoma seguía detrás del árbol asustada por lo que le pudiera pasar a Cocún y a Pocahontas. Estaba tan concentrada que no escuchó los pasos que se acercaban a ella.

    Cocún seguía peleando con John Smith, cuando su cabeza se estampó fuertemente contra el árbol noqueándola. Cayó al suelo, no inconsciente, pero si sumamente aturdida.

    – “Estos salvajes curiosos” –Dijo una voz varonil, Nakoma no podía distinguir a quien lo dijo.

    Era el Gobernador Radcliffe, había seguido a sus hombres para dar con los salvajes.

    Radcliffe: – “Mira que estas salvajes si están re buenas”.

    La giró quedando ella boca arriba. La observó detalladamente. Su rostro mostraba confusión y miedo, sus tetas moviéndose al compás de su respiración agitada. A Radcliffe se le paró la polla.

    – “Tienes un cuerpo muy rico, salvajita”.

    Empezó a acariciarle los pechos. Ella intentaba forcejear, pero seguía bastante mareada. Radcliffe seguía acariciándolos, besuqueando su cuello, sus hombros tiernos, es una chica bastante menudita.

    Bajó su vestidito que usaban las nativas de allí, dejando al descubierto sus tetas de tamaño mediano, bien paraditas y de pezoncitos oscuros. Comenzó a chuparlos. Estaba chupando un pezón mientras jalaba fuertemente el otro, provocándole dolor a Nakoma. Se incorporó un poco y jalaba ambos pezones con sus dedos, estuvo así hasta que aburrió de jugar. Levantó su vestidito, notó que no llevan ropa interior.

    Radcliffe, sacó su polla, estaba parada y muy muy caliente. Tomó su polla con la mano y la pasó por todo el coñito de Nakoma, jugueteaba con ella haciendo que se pusiera más cachondo. Colocó su polla en la entrada del coñito y se la clavó hasta los huevos. -“¡Ohhh Putita!! Eres virgen”. Nakoma gritó de dolor.

    Radcliffe la penetraba con ritmo constante mientras jadeaba y jadeaba, diciéndole obscenidades a la pobre Nakoma. Con cada embestida gemía y gemía aumentando la velocidad de sus cogidas mientras chupaba las tetas. Nakoma lloraba tristemente. Radcliffe terminó sin más dentro de ella.

    Radcliffe se salió de ella, se levantó volteó hacia donde estaban los otros chicos y sonrió malvadamente cuando observó cómo Tomas le disparó a Cocún, se marchó sin decir nada.

    Nakoma se sentía muy adolorida, también tenía un malestar profundo en interior. Después de varios intentos logró ponerse de pie, estaba atónita por lo que había pasado hasta que vio a donde se encontraban sus amigos y una profunda tristeza invadió su rostro. Veía como se llevaban el cuerpo sin vida de Cocún. Un llanto profundo inundó su rostro y sin decir nada, se regresó a la aldea.

  • Mi pene estaba en el cielo

    Mi pene estaba en el cielo

    Cuando era más joven (tipo 18/19 años) y aún estaba en el instituto tenía una amiga que era una diosa. Era bajita, rubia, con unos labios finitos, buenas tetas y lo más importante, tenía un culo perfecto; tenía un culo no muy grande pero tampoco pequeño, redondito y al tocarlo era como tocar la perfección misma.

    Éramos amigos desde que estábamos en tercer grado, no éramos mejores amigos pero nos teníamos confianza. Ella hacía algo que me ponía a mil, cada vez que me agachaba o mostraba mi culo ella me empezaba a dar nalgadas y a agárramelo; y me decía «oye amigo que buen culo que tienes» a lo que yo le respondía «no como el tuyo» y le agarraba el de ella.

    Un día cuándo salíamos de la clase de ciencia ya todos se habían ido y solo quedábamos ella y yo. Como nos habíamos comportado mal durante el experimento que hicimos en clase e hicimos un desastre el profesor nos dijo que nos teníamos que quedar limpiando.

    En un momento tuve que agacharme de una manera en la que mi culo quedaba muy visible. Yo considero que tengo un buen culo, no es muy grande pero tiene una buena consistencia. Cuando me agacho ella agarra mi culo como siempre me ha hecho y cuando yo vuelvo a levantarme me empieza a besar mientas sigue agarrando mi culo con una mano mientras que con la otra recorre mi cuerpo debajo de mi camisa. Cuando me empezó a besar yo me quedé como en shock, porque ella siempre me había gustado, siempre había fantaseado con cogerme su hermoso culito y besar sus hermosos labios, así que la empecé a besar con más ganas. Noto que su mano empieza a recorrer mi cuerpo con más lentitud y que se dirige hacia un lugar, mi pene. Al principio empieza a masajear mi pene por afuera del pantalón. Nos seguíamos besando apasionadamente. Con un solo movimiento ella aparta su boca de la mía y la lleva a mi oído mientras me empieza a abrir mi pantalón.

    -Siempre he querido chuparte ese pene tuyo y que me la metas en mi culito. Por hoy es todo tuyo, luego veremos si quiere volver a ser completamente tuyo.

    Al terminar de decir eso se apartó de mí con un empujón suave y se empezó a quitar la camisa y el sujetador dejándome ver sus hermosas tetas. La agarré por la cintura y la atraje hacia mí y la volví a besar. Empecé a bajar por su cuerpo mientras seguía besando su piel, al llegar a los pezones me quedé allí besándola, ella gemía suave mientras metía mi mano por debajo de su pantalón para acariciar su vagina, cuando logré introducir mi mano debajo de su pantalón noté que casi no tenía vello púbico, que lo tenía recién cortado, seguí bajando por dentro de su pantalón hasta que llegue a su vagina, noté que estaba súper mojada, por lo que mi mano se introdujo sola dentro de su clítoris y empecé a mover mis dedos lentamente hacia adentro y hacia afuera. En eso ella me dijo

    -deja de solo jugar y ya métemela.

    Saque mi mano de su pantalón y se lo empecé a quitar junto con su tanga.

    Frente a mi estaba ella completamente desnuda deseando que me la cogiera. Había soñado tantas veces con ese momento.

    -Voy a ocupar algo de ayuda con este- dije mientras desviaba mi mirada hacia mi pene que ya estaba al máximo.

    Ella se puso de rodillas y empezó a bajar mi pantalón junto con mi bóxer. Cuando me quito por completo mi ropa volvió la mirada hacia mi pene y me dijo:

    -Wow, Lo tienes más grande de lo que me había imaginado.

    Y antes de terminar la frase se acercó a mi pene y lo empezó a chupar. Sentía que mi pene estaba en el cielo, su boca se sentía caliente, su lengua, sentía como se movía por todo mi pene saboreando hasta el mínimo sabor de mi miembro. En eso ella se separó de mí.

    -Ya no aguanto, quiero que me la metas ya.

    De un salto se sentó en una de las mesas y me atrajo hacia ella. Me empezó a besar mientras me susurraba “métemela ya”. Meter mi pene dentro de su clítoris no fue nada difícil ya que ella estaba más que mojada. Su vagina estaba apretada, mientras iba metiendo mi pene sentía como se iba abriendo. Empecé a mover hacia adentro y hacia afuera, sentía como cada vez se hacía más fácil metérsela, por eso empecé a hacerlo con mayor velocidad. Ella gemía cada vez más fuerte, le tapé la boca para que nadie nos oyera. Mientras seguía penetrándola agarré su culo con las dos manos y la levante y ella empezó a moverse con más velocidad. Me excitaba aún más oír el choque de su cuerpo contra el mío oír como sonaban nuestros cuerpos al hacerse uno solo. La lleve alzada hasta una pared en donde la recosté para penetrarla mejor. Sentía como sus hermosos pechos tocaban mi cuerpo. No notaba nada más, los ruidos de afuera ya no estaban, lo único que escuchaba eran sus gemidos y el choque de nuestros cuerpos. En eso sentí un líquido en mi pene.

    -Espera, ya no puedo -dijo con voz cansada- pero aún tengo otra sorpresa para ti.

    Se bajó de mis manos y se acostó sobre una mesa, dejándome ver su culo, ese perfecto culito. Sin pensarlo dos veces me acerqué a ella y metí mi pene en su culo, estaba muy cerrado, hasta me costó lograr meter mi pene, pero se sentía delicioso el cómo notaba que su culo iba cediendo ante mi pene. Al principio vi como sentía que le dolía, pero cuando logré abrir su culo bien y la empecé a penetrar con más fuerza vi como su cara de dolor cambiaba a placer. Seguí penetrando ese culo que toda mi vida quise, hasta que sentí que ya me venía y ni traté de evitarlo, saqué toda mi leche en su culo.

    Me incliné para besarla y así nos quedamos un rato. Hasta que oímos que sonó el timbre para volver a clase, nos vestimos rápidamente y limpiamos lo mejor que pudimos ello más rápido posible para que pensaran que estábamos limpiando.

    Durante la clase nos pasamos mirando discretamente. Como estábamos a la par y en la última fila ella empezó a acariciarme el pene y me pasó un papelito

    “Espero la próxima”

    Pero esa es para otro día.

  • Voy a visitar a mi hija a la universidad

    Voy a visitar a mi hija a la universidad

    Hace poco tiempo que mi mujer y yo nos hemos separado. Pese a todo, ha sido una separación amistosa. Tenemos una hija que va a comenzar la universidad. Aunque ya es mayor, el hecho de que nuestra separación haya sido así, ha ayudado bastante a que se olvide de todo y se prepare para comenzar sus nuevos estudios.

    Yo me he mudado a un apartamento después del divorcio. Es un sitio tranquilo. Solo 3 puertas por piso y vecinos bastante simpáticos. Lorena, mi vecina de la puerta de al lado, no me quita ojo de encima. Es muy guapa y simpática, pero creo que es pronto para enamorarme otra vez.

    El otro día bajé a lavar la ropa. No tengo lavadora por el momento y el edificio tiene una pequeña lavandería en el sótano, como en las películas americanas. Cuando llego, Lorena mi vecina está separando la ropa para meterla en la lavadora. Al parecer, tiene un vestido morado que cree que puede desteñir y mira que más cosas podrían quedar moradas.

    -Hola vecino, me dice.

    -Hola vecina, le contesto con una sonrisa.

    Lleva un pantalón corto que me deja ver las bonitas piernas que tiene. No soy de piedra y evidentemente, me gusta lo que veo.

    Cuando ha terminado de separar la ropa, se agacha para meterlo todo en la lavadora. Su culo en pompa es la mejor visión que voy a tener hoy.

    Cierra la puerta y echa una moneda para ponerla en marcha. Se gira y se da cuenta de que me he quedado embobado mirándola.

    -Anda vecino, me vuelve a decir. Ayúdame a levantarme.

    Está de rodillas y parece que le cuesta levantarse o está fingiendo para que me acerque. Me acerco y la ayudo. No quita su sonrisa pícara.

    Soy un hombre y tengo mis necesidades, pero no quiero enrollarme tan pronto. Salimos de allí y me propone tomar algo en su apartamento.

    Abre la puerta y yo pienso mentalmente: No te acuestes con ella, no te acuestes con ella. Acabas de separarte, querías mucho a tu mujer. Esto no está bien. Por otro lado, pienso que solo querrá tomar algo y ya está. Así que, tú tranquilo.

    Me enseña su apartamento. No lo había visto desde que me mudé. Prepara un par de copas de vino y unas patatas y aceitunas.

    -No tenía nada más, lo siento. Tengo que bajar al súper a comprar.

    -No te preocupes, ya me va bien con esto.

    Hablamos de cosas triviales y el tiempo se pasó volando.

    Sigue sonriéndome picarona y en un instante, se acerca a besarme. Primero retiro la cara, pero luego no puedo reprimirme y la beso también.

    En eso estamos, cuando llaman a la puerta.

    -Lorena, oigo que dicen, ¿has visto a mi padre?

    -Es mi hija, maldita sea. Digo.

    -Escóndete en mi cuarto. Le diré que no estás.

    Lorena abrió y le dijo a mi hija que mirara en la lavandería, que tal estuviera allí, que no me había oído volver. Cuando se fue, me dijo que podía salir y volver a mi casa.

    -Otro día continuamos donde lo dejamos, ¿eh? Besas de vicio.

    Vaya con la vecina, pienso.

    Estoy en casa cuando llaman a la puerta. Es mi hija, que no me ha encontrado en la lavandería, evidentemente, y ha vuelto a llamar a casa.

    -Papá, ¿dónde estabas? Me pregunta mi hija entrando en el apartamento.

    -Acabo de llegar del banco.

    -He llamado hace un rato y no estabas.

    -Hemos debido cruzarnos.

    -Mamá me ha dicho que tienes unas cajas aquí, con parte de mis cosas, para la universidad. Cuando os separasteis ella se quedó con algunas y no sé porqué tú tienes el resto.

    -Tu madre, que quiso dividir todo a la mitad, jaja.

    -Anda, échame una mano y las bajamos a tu coche. ¿Me ayudarás a llevarlas a la universidad?

    -Bueno, está bien. Ahora estoy libre, (tengo una excedencia en el trabajo) y no tengo nada mejor que hacer que ayudar a mi niñita.

    -Oye, que ya no soy tu niñita. Tengo 19 años.

    Mi hija tuvo que repetir un curso, la edad del pavo ya sabéis, y empieza la universidad un año más tarde. Pero me conformo con eso, yo no fui a la universidad.

    Después de ayudarla con las cajas, me dice que está sudando y si puede darse una ducha antes de irse. Le digo que por supuesto y que tiene una toalla tras la puerta.

    Lleva puesta una camiseta anudada por debajo y deja a la vista su tripa. También un pantalón corto como mi vecina Lorena. La verdad es que hoy no sé porqué, la he visto por primera vez como una mujer y no como mi hija.

    La oigo en la ducha, porque ha dejado la puerta abierta. Algo pasa por mi mente y me levanto del sofá.

    Mi hija está en la ducha. El agua cae sobre ella y está de espaldas a mi. La cortina es un poco transparente y veo sus formas femeninas. Se agacha para frotar sus piernas con la esponja y su culo se pone en pompa. Entonces, sin saber porqué, tengo una erección. Ni siquiera antes con los besos con Lorena he tenido una erección.

    Justo en ese momento cierra el grifo. Me voy casi corriendo al salón y me siento. Cojo una revista y hago que la leo para disimular mi erección.

    -Papá, me dice mi hija ya vestida, me voy. Te he dejado la toalla en el cubo. Tenemos un cubo de mimbre para la ropa sucia.

    -Que te vaya bien hija. Se acerca a darme dos besos y yo disimulo como puedo para que no note que estoy empalmado.

    -Os veo mañana en la universidad.

    -Claro, allí estaremos tu madre y yo.

    Por fin se va. Me levanto azorado y me voy al baño. Respiro hondo. Mi polla aprieta mi pantalón y el calzoncillo. Me bajo los dos y mi polla se libera. Está al máximo de su tamaño. No la veía así desde que era adolescente.

    Levanto la tapa del váter y con la ropa por los tobillos, empiezo a masturbarme. Subo y bajo por toda la extensión de mi miembro. Al poco me doy cuenta de que necesito lubricación, está muy seca.

    Cojo jabón de manos, no tengo otra cosa a mano y me echo un poco en mi mano derecha. Con eso mi mano se desliza fácilmente por mi polla.

    Sigo y sigo cada vez más rápido. ¿Cuánto hace que no follo? Hace por lo menos 1 año, justo unos meses antes de separarme, lo hicimos y luego, se acabó.

    Pero ahora es distinto. Ahora me estoy haciendo una paja, si una paja, con la imagen de mi niñita desnuda en la ducha. Mi niñita que acaba de decirme que ya no es mi niñita, que es una mujer. No duro mucho más y me corro. Dos primeros chorros caen en la taza y el resto en el váter. Recupero la respiración. Me limpio bien el pene y limpio la taza. Tiro de la cadena. Me lavo las manos y vuelvo al salón.

    Más tarde, preparo algo de cena rápido. No hay nada que ver en la tele y la apago. Me acuesto pronto y sueño con mi niñita. Para mi, sigue siendo mi niñita.

    Hoy es el día de la presentación. Comienzo de curso y los padres se reunirán con sus hijos y con los profesores. He quedado con mi ex para recogerla en su casa y llevarla a la universidad. Mi hija ya está instalada allí. Llegamos como una media hora antes. Saludamos a varios padres y entramos en el gran salón. Todo está decorado como en las pelis americanas. El decano da un discurso y tras una hora, más o menos, salimos de allí.

    Nos reunimos con nuestra hija, que va enseñándonos el campus. Después de ver su cuarto, nos vamos a los jardines, donde han preparado un catering que tiene una pinta estupenda. Picamos algo y mi ex se queda hablando con una pareja de padres cuyos dos hijos gemelos han comenzado también la universidad hoy.

    Yo me adelanto con mi hija. Llegamos hasta el final de los jardines, a una zona en la que no hay nadie. Las mesas del catering terminaron más atrás. Mi hija se gira y se queda frente a mi. Parece que quiere decirme algo.

    -Que guapo estas hoy, papá.

    -Me he arreglado para la presentación. (llevo traje y corbata). Pero no soy tan atractivo.

    -Yo si te veo guapo. Entiendo que mamá se enamorara de ti.

    -Bueno, ¿y para que me has traído hasta aquí tan lejos de todo?

    -Tengo que confesarte algo. Es que si no, reviento.

    No tenía ni idea de por dónde iba a salir.

    -Ayer me duché en tu casa.

    -Sí, estabas sudando y te diste una ducha…

    -Me puse muy caliente…

    Para, pensé. No sigas por ahí.

    -Me, me… masturbé.

    -Es normal, hija, El sexo es algo natural. Le dije intentando quitarle hierro al asunto.

    -Pero es que… Me masturbé pensando en ti.

    Lo sabía, lo sabía, lo sabía, lo sabía. Apreté las manos y me clavé las uñas.

    -Papá, dime algo.

    Yo no sabía qué hacer, ni dónde meterme. Yo había hecho justo lo mismo, pero, ¿cómo iba a decírselo?

    Justo en ese momento apareció mi ex, salvándome.

    -¿Dónde os metíais? ¿Hablando a mis espaldas, eh? Ja,ja,ja.

    -Nuestra hija me enseñaba esta parte de los jardines que poca gente descubre.

    -Ah, pues muy bien. Solo que ahora tenemos que volver. Anda dame dos besos.

    Nos despedimos y mi hija me hizo un gesto, como diciéndome, tenemos que hablar de esto.

    Intenté olvidarme de todo, pero no pude. Por la noche pensé en enviarle un mensaje a mi hija. Quería decirle que me había masturbado pensando en ella, como ella me había confesado. Pero luego me di cuenta de que era un error. ¿Y si alguien cogía su teléfono y leía el mensaje y sabía que padre e hija se habían tocado pensando el uno en el otro?

    Renuncié a ese pensamiento, pero me estaba comiendo el deseo por mi hija, y más desde que me confesara eso.

    Vi que la chaqueta de mi traje estaba olvidada en una silla y fui a guardarla en el armario. Total, hasta que volviera a utilizarla, pensé.

    Entonces noté algo en el bolsillo izquierdo. Saqué un papel doblado en varias partes. Era un “planning” con los horarios de las clases de la universidad. Escrito con la letra de mi hija aparecía: “tenemos que vernos y hablar”. En el periodo de 4 a 6 de la tarde, tenía dos horas libres, sin clase. Entonces se me ocurrió ir a verla y confesarle que yo también me masturbé pensando en ella. No pude dormir apenas. Por la mañana desayuné y bajé a hacer la compra. Estaba deseando que pasaran las horas y que llegaran las 4. A las 3:30 me vestí e iba a bajar al garaje. Lorena abrió la puerta en ese momento y me dijo que le habían echado una carta mía por error.

    -¿Adónde vas tan pronto?

    -A que me dé un poco el aire. Le mentí.

    Me dio la carta y salí de casa. Bajé las escaleras en lugar de coger el ascensor.

    Al montarme en el coche, cogí el teléfono, pensé en llamarla, pero luego decidí esperar a llegar al campus. Iba a decirle que iba a verla, pero evidentemente, no para qué.

    Aparqué al lado de la universidad. Subí a su habitación, la 111 y llamé a la puerta. Me abrió su compañera de cuarto. Me dijo que mi hija estaría en la biblioteca a esas horas. La busqué en la biblioteca, pero no la encontré. Pregunté a un chico con gafas gruesas y me dijo que no la conocía, pero este preguntó a otro chico rubio y este si la había visto. Me contestó que se había ido a la piscina. Llegué a la piscina y vi que no había mucha gente a esas horas. Mi hija nadaba hacia el final con un bikini rosa. Salió del agua y fue a coger la toalla, sin saber que estaría yo allí. Estaba impresionante con ese bikini y me excitó mucho. Por fin me vio. No se sorprendió.

    Se acercó a mí y me habló al oído, aunque casi nadie podía vernos. Me dijo que nos viéramos en el parking del campus. Ella me esperaría allí.

    Metí el coche en el aparcamiento. Mi hija me esperaba en medio de la calle principal del aparcamiento. Me hizo una seña para que aparcase en una plaza al fondo del todo, pegada a la pared. El parking no tenía vigilante ni cámaras. Apagué el motor y se subió al coche. En un principio no dijimos nada ninguno. Nos quedamos mirándonos y entonces ella me besó. No pude evitarlo y seguí besándola y la metí la lengua en la boca.

    Después de un rato de besarnos y sobarnos, la giré y la puse con el culo en pompa contra la ventanilla. Yo me puse detrás de ella y me bajé el pantalón y el calzoncillo. Ella se quitó el pantalón y se deslizó la braga del bikini.

    -Mierda, dije, no tengo condones.

    -No te preocupes papá, tomo la píldora.

    Solo tenía 19 años, ¿cómo podía tomar la píldora tan pronto? Me dio igual, se la metí con fuerza.

    -Ufff, papá, dijo. Que grande.

    Comencé a follármela. La excitación era más grande que saber que estábamos haciendo algo prohibido. Sus manos golpeaban la ventanilla mientras lo hacíamos. Nuestros gemidos llenaban el coche. Nadie podía vernos allí.

    -Ah, ah, ah, papá, papá, papá.

    -Mi niña, gemía yo. Mi niña, mi niña. El coche temblaba. No podía aguantar más.

    Pero hija se corrió antes que yo.

    -¡Papaaa! ¡Aaaah!

    La excitación de oírla y las contracciones de su vagina hicieron que me corriese enseguida. Me salí de ella. Cogió unos clínex de la guantera y se limpió su sexo. Yo me limpié el mío. Nos vestimos, me dio un beso en la boca y se fue sin decir nada más.

    Me quedé en el coche viendo como desaparecía por la escalera.

    Esa noche, llamé a la puerta de Lorena. Follamos en su cama. Cuando me corrí dentro de ella, esta vez con condón, sentí un vacío.

    Solo mi hija podía llenar ese vacío.

  • En el faro de Mera me folló

    En el faro de Mera me folló

    Nos encontramos paseando por los jardines del centro de la ciudad. Ambos andábamos en busca de alguien con quien follar.

    Eran cerca de las 12 de la noche cuando nos vimos. Él estaba aparcando el coche en uno de los laterales de los jardines, bajó del coche, y después de cerrar la puerta, echó andar por los jardines, que era donde estaba yo, en busca de alguna polla que me diera por el culo.

    En el momento que cerraba el coche, nuestras miradas se cruzaron. Quedé parado unos instantes mirando al joven que salía de aquel coche; era guapo y no estaba nada mal; él clavó su mirada en mis ojos, como si quisiera ver lo que en ellos había dentro de mí.

    Aquello me puso nervioso y haciéndome ruborizar, porque era como si mi interior quedara totalmente al descubierto de aquella mirada; era como si pudiera ver mis sentimientos más íntimos.

    Estaba medio paralizado, hasta que reaccioné, sacando un cigarrillo del paquete de tabaco, encenderlo, y ponerme a seguir con el paseo por el jardín.

    El caminaba detrás de mí y durante un buen tramo, vino siguiéndome, hasta que se puso a mi altura, me pidió un cigarro y fuego, entablando luego una conversación. Hablamos de cosas banales, hasta que me dijo si me apetecía ir a follar con él. Le pregunté si tenía sitio a donde ir, contestándome que sí, que fuera con él en el coche, que sabía de un buen sitio a donde ir.

    Nos encaminamos hasta donde tenía el coche, y subiendo a él, nos pusimos en marcha.

    Íbamos hacia las afueras de la ciudad, hasta que se desvió hacia la playa de Santa Cristina. Vamos parar a tomar algo primero, para luego seguir a donde quiero llevarte, me dijo. Bueno le contesté, pero yo apenas tengo dinero; no fuera ser que me llevara a alguna discoteca, o Pub, y no me alcanzase el dinero para pagar mi consumición; no te preocupes, yo invito, dijo.

    Aparcamos el coche, para luego llevarme a un pub que quedaba en la calle principal, antes de llegar a la playa. Tomamos unos vinos, que fue lo que él pidió, pidiendo yo lo mismo que él.

    Mientras tomamos los vinos, charlamos un poco, preguntando él que si era de La Coruña, contestando yo que sí, que era de la zona de la estación de ferrocarril. Luego hablamos de todo un poco, diciendo él que era estudiante y que estaba estudiando economía en la universidad de La Coruña, y que él también era de aquí.

    Había pasado ya casi una hora cuando salimos de aquel pub, siguiendo camino a donde me quería llevar para follar.

    Montamos en el coche de nuevo, encaminando la carretera de la costa, la cual va pasando por todas las playas de la zona; Bastiagueiro, Santa Cruz, Lorbé, Mera; y en este último pueblo, se encaminó hacia el faro de Mera.

    Era un camino sin asfaltar el que nos llevaba hasta donde se encontraba el faro de Mera, que junto a la torre de Hércules, da entrada al puerto de La Coruña.

    Nada más llegar a los pies del faro, y haber parado, apagó el coche, dejando las llaves puestas en el contacto. Apagó las luces, dejando puesta la música de fondo que estaba sonando. Posó su mano derecha sobre mi pierna izquierda, y mientras me la iba acariciando, me hablaba de que allí era el sitio. Aquí no viene nadie a estas horas, además en el faro no vive nadie, por lo que nadie nos molestará.

    Se acercó más a mí, buscando mi boca, para poner sus labios sobre los míos, pasó su lengua saboreando mis labios, hasta que abrí la boca, dando permiso a aquella lengua que saboreaba mis labios, a entrar en mi boca.

    Estuvimos un buen rato besándonos, mordiendo él con su boca mis labios, lóbulos de las orejas, y cuello, a la vez que con sus manos, buscaba mis tetillas, apretando mis ya duros pezones.

    Iba desabrochándome la camisa, mientras con sus manos acariciaba mi pecho, y pellizcaba mis pezones, hasta que prácticamente me la había desabrochado, y ahora con sus manos intentaba sacarme la camisa de los hombros, a la vez que con su boca, me mordía en el cuello.

    ¡Dios! Aquello hizo que se me pusieran los pezones mucho más duros y excitados, al igual que la polla. Es mi punto débil, y me hace temblar de placer, a la vez que me recorre por todo el cuerpo una corriente de placer y excitación, que me hace temblar y gemir por el gran placer y gusto que siento.

    Mientras seguía mordiendo los pezones y cuello, iba desabrochando mi cinturón, para seguir con los botones del pantalón. Una vez lo hubo hecho, tiró por ellos a la vez que me pedía que me levantara un poco, para poder bajarlos hasta los tobillos. Luego terminó por sacarme la camisa, y lo mismo hizo con el slip, bajándolo hasta donde tenía el pantalón.

    Cuando quedó liberada mi polla, la agarró con su mano, pasando el dedo pulgar por la cabeza de la polla, esparciendo el precumen que ya se asomaba.

    Saca los zapatos, y quítate el pantalón y slip, para que estemos más cómodos.

    Así que sin más preámbulo me dispuse a sacar los zapatos, y de esa manera poder terminar de sacarme el pantalón y slip. Una vez terminé de sacarme el pantalón y slip, me saqué la camisa, y recogiendo la ropa, la coloqué sobre el salpicadero del coche.

    Él también se había terminado de sacar su ropa, colocándola igual que hice yo, sobre el salpicadero del coche.

    Nada más terminar de colocar la ropa en el salpicadero del coche, con su brazo rodeó mi cuello, llevando mi boca a la suya. Mientras me besaba y mordía el cuello, barbilla, y labios, con la otra mano, acariciaba mi polla.

    Yo ya estaba temblando como un flan, y si aquello continuaba, no tardaría mucho en corredme. Así que le pedí que parara, o me correría allí mismo.

    Me soltó diciéndome que fuésemos para el asiento de atrás.

    Salimos del coche, y abriendo la puerta trasera de mi costado, nos metimos en la parte trasera del coche. Me hizo estirar a lo largo del asiento, quedando boca arriba.

    Empezó entonces a morder otra vez el cuello, a la vez que iba bajando por todo mi pecho, hasta que llegó a mi polla que estaba dura como un mástil. Lamió la cabeza de la misma, saboreando las gotas de semen que por allí se asomaban.

    ¡Dios! Me estaba retorciendo de gusto, y deseaba que me abriera el culo con aquella polla que tenía. Quería ya su polla dentro de mí, y la quería ya, o terminaría corriéndome antes de que pudiera meterme su polla en mi culo, caliente y desesperado por recibir aquella bonita polla que tenía.

    Le pedí que por favor no continuara, que estaba a punto de corredme, que me metiera la polla en el culo y me follase ya.

    Sin dejar de chuparme la polla, llevó su mano a mi culo, haciendo que levantara un poco las piernas, y de esa manera tener acceso a la entrada de mi culo con sus dedos.

    Cuando metió un dedo, solté un suspiro de placer y lujuria, pidiendo de nuevo que me follara.

    Yo ya tenía el culo bien lubricado, ya que ese día iba preparado para que me follasen bien follado.

    Notó que yo ya estaba preparado y bien lubricado, así que se colocó entre mis piernas, y agarrándolas con sus manos, las levantó hacia mi pecho, quedando mi culo a su entera disposición.

    Colocó su polla en la entrada a mi culito, y dando un golpe de cadera, enterró toda su polla en mis entrañas.

    ¡aaaaahhh! Grité al recibir su polla dentro de mí. Dios que sensación y placer sentí al verme empalado por aquella polla.

    Le clavé los dedos en su espalda, a la vez que empujaba el culo para sentir toda su polla dentro de mí.

    El prácticamente estaba encima de mí y bombeaba sin parar su polla dentro de mi culo, y a la vez me besaba y mordía los labios.

    La verdad es que yo estaba en una posición incomodísima, pero estaba recibiendo una follada espectacular. Estaba caliente a más no poder, y sabía que no tardaría mucho en corredme.

    Ahora notaba como su polla no paraba de frotar mi próstata, haciendo que me derritiera de placer.

    ¡Ooooohhh! Gritaba a la vez que le mordía la base de su cuello, y es que me estaba corriendo como nunca. Me corro, me estoy corriendo ¡ooohhh!

    El todavía seguía taladrándome el culo con su polla. Ahora cada vez iba más rápido. Sudaba por todos sus poros, hasta que soltó un alarido, y enterrando en lo más profundo su polla, empezó a soltar su leche dentro de mí.

    ¡Aaaaahhh! Así, así, que gusto ¡ooohhh! ¡ay! que culo tienes ¡dios! Que gusto.

    Sin sacarme la polla del culo, se acercó a mi boca, dándonos un beso que casi me deja sin respiración.

    Cuando terminó de salir su polla de mi culo, nos sentamos sobre el asiento descansando, a la vez que nos reponíamos de la tremenda follada.

    Te ha gustado, me preguntaba.

    Sí, le contesté, ha estado estupendo.

    Si quieres lo podemos repetir, yo en menos de media hora estoy listo de nuevo, me dijo.

    Vale, le contesté. Déjame salir a tomar un poco el aire y a fumar un cigarrillo.

    Abrimos la puerta y salimos fuera del coche. Yo abrí la puerta delantera donde tenía mi ropa, y a la vez que me calzaba los zapatos, saqué del bolsillo del pantalón el paquete de tabaco y mechero, encendiendo un cigarro, y ofreciéndole otro a él.

    Cuando él terminó de ponerse los zapatos, así en pelotas como estábamos, fuimos recorriendo aquella zona del faro de Mera.

    Nos sentamos al pie del faro, que no estaba más que a unos 5 metros del coche. Allí hablando, fumamos el cigarro, y después de habernos fumado otro cigarrillo, empezó a meterme mano, y besarme de nuevo.

    ¡Dios! Ya estaba caliente de nuevo, como una perra en celo.

    Esta vez conseguí agarrar su polla y llevarla a mi boca. La saboree de todas las maneras que pude, hasta que me puso de pie y haciendo que colocase las manos sobre la pared del faro, me volvió a enterrar su polla en mi culo.

    Me hizo inclinar un poco para que mi culo saliese un poco, y pegándose a mí, y haciendo que abriera un poco las piernas, de una sola estocada, me enterró de nuevo su polla.

    ¡Aaaahhh! ¡Dios! Parecía que estaba clavado en una estaca. Cada vez que me culeaba, me hacía poner de puntillas.

    Iba despacio y a la vez con su boca me mordía la nuca, y susurraba; que bueno estás, te voy follar toda la noche. Te voy llenar el culo de leche hasta dejarte preñado.

    ¡Dios! Me tenía en trance con aquellas folladas. Las piernas ya me temblaban, y si no fuera porque me sujetaba con sus manos las caderas, me hubiese desparramado sobre la muralla del faro.

    Cada vez que me culeaba, ahora me levantaba en el aire.

    Me agarraba con sus manos sobre las caderas y detrás de mis piernas. Prácticamente me estaba follando en el aire.

    Con cada arremetida que me daba con su polla, ayudado por sus manos, me levantaba del suelo, haciendo que yo a la vez con mis manos apoyadas en la pared, las fuese cambiando de posición, pareciendo que estaba escalando aquella pared del faro.

    Aquella follada que me estaba proporcionando, me hacía sudar como un toro bravo. Si aquello no terminaba pronto, caería esparramado al suelo sin remedio; ya apenas me quedaban fuerzas.

    La polla se me bamboleaba derramando unas continuas gotas de semen, que iban en todas direcciones. Además de No parar de gemir, cada vez que me enterraba su polla en lo más hondo de mi culo.

    ¡Dios! Aquella follada me tenía extasiado; me hacía poner los ojos en blanco y a punto de desmayarme.

    Ahora cada vez iba a mayor velocidad y no paraba de gritar; así, así, así; ¡ooohhh! Que gusto, joder que culo, que culito tienes y que gusto me estás dando, ¡ooohhh! Así, así, así; ¡oooohh!, me corro, ya me corro.

    Y dando unas envestidas profundas, que prácticamente me tenían en el aire, me volvió a llenar el culo de leche.

    Cuando terminó de correrse, sin sacar la polla de mi culo, me abrazó fuerte mente, dejando que apoyara totalmente los pies en el suelo, a la vez que me besaba la cara, nuca y cuello.

    Mis piernas no paraban de temblar, y si en aquel momento me llega a soltar, me hubiese caído al suelo sin remedio. Pero él dándose cuenta de aquello, sin dejar de abrazarme y mordiendo ahora mi cuello, con una de sus manos agarró mi polla meneándomela hasta que me hizo corredme de nuevo aquella noche.

    Cuando ya no salía nada más de mi polla, fue sacando su polla de mi culo y dándome la vuelta siguió abrazado a mí, dándome besos por toda la cara mientras decía que bueno estaba y que hacía tiempo que no follaba tan bien.

    Le pedí que me dejase sentar, que ya no podía más. Nos sentamos los dos pegados a la pared del faro, y cuando me recuperé un poco, a gatas fui hasta donde había dejado el paquete de tabaco y mechero. Encendí un cigarrillo, ofreciéndole otro a él.

    Cuando terminamos de fumar, se levantó, y dándome una mano, me ayudó a levantarme a mí. Fuimos hacia el coche, sacó unos clínex para limpiarnos un poco y seguidamente vestirnos y montar en el coche, para venir de vuelta a La Coruña.

    Aquella noche llevaba el culo súper abierto, y bien repletito de leche. Desde luego que iba bien relajadito y muy satisfecho, y por supuesto bien follado.

    Me dejó delante del portal donde vivía y nos despedimos hasta otro día.

  • Con una chica que conocí en una App

    Con una chica que conocí en una App

    Mi nombre es Franco tengo 19 años, soy flaco, ojos color miel, moreno, buenas piernas, un poco nalgón y dotado

    El nombre de la chica que conocí es Romina tiene 22 años, es gordita, blanca, tetas grandes, un culito grande y bien firme, una boca hermosa, pelo negro y unos ojos marrones

    Como la conocí:

    Bueno resulta que me descargue una App para conocer chicas en esos momentos de sequías sexuales y cuando lo instalo veo el nombre «Romina 22 años a 1km de ti» entonces le hable…

    Yo: Hola Romi un placer que buscabas?

    Ro: Hola Fran el placer es mío, conocer chicos y ver si desean alguien como yo y tú?

    Yo: conocer chicas y bueno lo que se pueda dar, tu eres linda no sé que te refieres con alguien como tú

    Ro: gracias, vos también sos lindo… Vos sabes a qué me refiero alguien que quiera hacerlo conmigo

    Yo: vaya que sinceridad, yo podría ser voluntario y que te gusta en el sexo?

    Ro: me gusta que el hombre tenga el control y siempre tuve una fantasía que no pude cumplir con mis novios porque tenían miedo pero siempre quise alguien que me domine vos lo hiciste o sabes hacer Fran?

    Yo: si lo eh echo y lo haría si lo deseas pero tendrías que ser mi sumisa dispuesta a obedecerme…

    Ro: con gusto si cumples mi fantasía amo

    Yo: bien ven a x.x.x 11pm y empezaremos

    Ro: bien a esa hora estaré ahí

    Momento del encuentro:

    Eran las 11pm y yo esperando hasta que tocan el timbre, miro y era Romi con sus labios pintados de rojo carmín en ellos una sonrisa blanca, su pelo atado, llevaba puesta una pollera negra ajustada, una remera con un escote que se dejaba ver esas grandes tetas y unos zapatos negros, abro la puerta y la invitó a pasar.

    -Bien Romi querés tomar asiento?

    -Si Franco muchas gracias, de nada Ro.

    -Bien decime es cierto todo lo que me dijiste en el chat?

    -Si no lo fuera, estaría acá ahora Amo?

    Eso me había puesto tan caliente y duro…

    -Bien Romi tienes algún problema con algo?

    -Solo una cosa, con la luz apagada es mi única petición…

    -Bien acepto tu pedido

    Comienza todo:

    Apagó la luz y le ordeno que se desnude para mí, ella se iba bajando la pollera poco a poco, sacándose su escote pero no entendía si esperaba que yo le sacara el corpiño y esa tanga que se perdía en sus grandes nalgas. Ella se quedó parada con esas 2 simples prendas, le digo «que haces? Te dije desnuda» y luego de terminar esa frase le di una nalgada tan fuerte que sonó en toda la casa, ella salto y se empezó a desnudar rápidamente diciendo «Si mi amo, perdóname es que es mi primera vez así».

    No me interesa si es tu primera vez, yo te di una orden y le doy otra nalgada, en ese momento noto que larga un gemido y le pregunto «te gusta eso?» Lo cual ella asiente con la cabeza diciéndome que si. Yo le digo tu primera orden es chuparme la pija mientras me sentaba en la cama. Ella se colocó en 4 patas como una perrita sumisa acercándose hasta la cama, cuando llegó me agarró la pija con sus manos y le empezó a pasar la lengua sobre la cabeza, me empezó a dar besos por toda mi pija hasta llegar a los huevos y volver a subir, cuando subió se la metió hasta la mitad mientras subía y bajaba pasando su lengua en ese momento le agarro los pelos sacándola de mi pija y le digo «no puedes meterte más? No puedes toda?» Y ella me miraba diciéndome «lo siento amo, no puedo es muy gorda y larga». Yo solo reía mientras le ordenaba abrir la boca, le agarre la cabeza y la fui metiendo hasta que llegara a entrar toda se veía su carita y hacia arcadas pero no me decía «suéltame» sino que se esforzaba por lograrlo, hasta que la solté y ella sola lo intentaba hasta lograrlo, una vez que lo logro después de tanto tiempo le digo bien toma un premio y le acabe mientas hacia garganta profunda la única orden que le di en ese momento fue que no derramará una sola gota, ella se esforzó trago todo ahogándose y tomo un respiro mientras limpiaba mi pija con su lengua.

    La subo a la cama veía sus pezones duros como piedra, bajo con mis manos y ella se retorcía tocó con mis dedos su vagina y estaba mojada, me dijo “perdóname Amo acabe dos veces sin avisarle”, le dije “cuando acabaste?”. Y ella me contó que la primera fue en las nalgadas y la segunda vez fue chupándome la pija. Mientras me miraba esperando su castigo, empiezo a besos sus labios con leves mordidas bajo hacia su cuello, sigo bajando hasta sus pezones haciendo círculos en el, succionando y mordiendo suavemente cada pezón, sigo bajando hasta llevar a vagina con mi lengua empiezo a lamer como si fuera un helado desde abajo hasta arriba toda su vagina mojada, ella solo se estremecía de placer, abro sus labios con mis dedos y mis labios tocan su clítoris empiezo a succionar ese clítoris, dándole mordidas suaves y fuertes, pasándole mi lengua de arriba haciendo abajo, de costado hacia otro costado mientras 2 de mis dedos perforaban su vagina entrando y saliendo lentamente, ella me dijo «amo permítame acabar, no aguanto más» yo le dije «acaba, tienes mi permiso» y ella acabo tanto, como jamás vi a una mujer acabar tanto en mi boca.

    Cuando terminó de hacerlo subí hasta sus labios y la bese, preguntándole si le había gustado y ella se reía con la respiración entre cortada y aun retorciéndose diciendo siiiii, lo único que le dije es «esto recién comienza».

    Le ordeno ponerse en 4 sobre la cama y le empiezo a dar muchas nalgadas, escuchaba sus gemidos pero trataba de aguantarlo como una sumisa obediente, me acerco por atrás rozando con mi pene su vagina mojada y ella al sentirla solo temblaba, pongo la punta solamente de mi cabeza entrando y saliendo mientras le daba nalgadas y ella gemía como loca hasta pedirme por favor acabar, la dejo acabar y empiezo a apretarle los pezones y estirarlos bien fuerte ella solo me decía «gracias amo por sus castigos» la agarre del pelo y metí todo mi pene dentro de ella, ver su cara cuando entró todo de gozar, doler un poco, pero disfrutar ser tratada como sumisa me encantó y empecé a darle duro cada vez más solo frenaba para nalguearla duro, en un momento frene y me separé de ella le di la orden de que se monte sobre mí, ella como perra en celo se subió arriba mío dándome la espalda dejando su culito a mi viste, sabía que quería nalgadas por eso me lo dejo así y empezó a dar sentones aprovechaba y le daba nalgadas tan fuertes que iba cada vez más rápido hasta gritar «QUIERO ACABAR AMOOO» yo le ordené que lo haga y ella gemía y gritando «GRACIAS GRACIAS AAA MO MOOO» y se desmayó de acabar.

    Cuando se levantó le digo

    -y que te pareció todo esto sumisa?

    -Bien me encantó amo a partir de ahora seré su sumisa cuando lo desee y haré lo que usted quiera conmigo tiene mi cuerpo a su disposición.

  • Madre e hijo dispuestos a todo

    Madre e hijo dispuestos a todo

    Hace un año que estoy trabajando en casa, un poco forzada por las circunstancias, trabajaba en una multinacional en un puesto ejecutivo, pero estaba casada con uno de los gerentes de la empresa hasta que él me dejó por su secretaria y me comenzó a hacerme la vida imposible, tuve que renunciar. Con él tengo un hijo con el que no se habla, a causa de nuestra separación.

    Me fui a vivir con mi hijo a un apartamento, no muy grande dada la situación económica ya que mi ex no le pasa ningún tipo de manutención a mi hijo, aunque él tiene 18 años tampoco se lo hubiéramos aceptado.

    Decidí hacer un curso de estética y me especialice en depilación, sabía que iba a tener muchas clientas de la oficina y amigas, muchas veces se depilan solas por vergüenza de ir a un centro de estética por lo tanto era una salida laboral rápida, sin mucha inversión y la podía realizar en casa.

    Las atendía en un cuarto pequeño, que acondicione para el trabajo. Al principio venían dos o tres por semana, muchas todavía no sabían que me dedicaba a esto y también porque era época invernal, luego se hizo primavera y el calor y el boca a boca hizo que tenga una o dos clientas por días.

    Mi hijo estaba en el último año de escuela e iba a estar casi todo el día en casa. Cuando empezó el verano el trabajo me estaba sobrepasando, tenía de tres a cuatro clientas por día, realmente me estaba agotando. Por suerte estaba mi hijo para ayudarme, cuando esperaban mis clientas él le daba algo de tomar o me ayudaba con alguna compra que yo no podía hacer.

    No les dije mi nombre, me llamó Lorena y mi hijo Agustín yo tengo 37 años y muchas me envidian el cuerpo, buen culo, buenas tetas y una cintura de 54 cm. Trato de mantenerme lo mejor que puedo también es parte de mi trabajo, debo verme bien.

    Me acuerdo el día, era un viernes 5 de diciembre, me llama a mi teléfono un compañero de trabajo, si, un hombre, bueno sabía que era homosexual, pero era un hombre igual y me dice que quería depilarse y si yo podía hacerlo. No supe que decir, le dije que llame el lunes no me anime a decirle que no. El sábado no trabajo y estaba conversando con mi hijo y le comento quien me había llamado.

    -¿sabes quién me llamó?

    -La abuela.

    -No por un trabajo

    -¿para depilarse?

    -No, no sé, alguna ex compañera tuya

    -No, me llamó Federico.

    -¿Qué Federico? ¿El puto?

    -jajajaja Sí.

    -¿y que quería?

    -Depilarse.

    -¿Y qué le dijiste?

    -Todavía, nada, pero le voy a decir que no.

    -¿Por qué?

    -Estás loco nunca depile a un hombre. No sé cómo se hace.

    -Debe ser lo mismo, ahora está de moda, en la escuela varios de mis compañeros se depilaban.

    -¿Todo?

    -jajaja, Sí, que tiene de malo. Algunos lo hacían ellos y otros iban a depilarse a un centro de estética.

    -¿y vos?

    -yo, no. ¿Pero qué tiene de malo?

    -ah, bueno, entonces puedo practicar con vos. Jajajaja

    -¿Cómo quieras?

    -¿Sí?

    -Sí.

    -Bueno, anda al cuarto y llevo las cosas.

    No lo podía creer iba a depilar a mi hijo, nunca había depilado a un hombre y no esperaba que él hubiese aceptado con tal naturalidad, no le daba vergüenza, pero yo trate de ser profesional y no demostrar nerviosismo, aunque lo estaba y mucho.

    A mi hijo hacía años que no lo veía desnudo, ahora era un hombre y me daba morbo verlo así.

    Preparo algunas cosas y voy al cuarto, ahí estaba acostado sobre la camilla. Sólo llevaba puesto un slip azul, me parecía increíble vérselo puesto, casi a diario lo lavo y plancho. Saco una crema hidratante y se las empiezo a pasar por las piernas. Mientras enciendo el aparato donde caliento la cera depiladora.

    -Con esto se empiezan a ablandar los pelos, así salen más fácil con la cera y no te duele tanto.

    Les froto las piernas musculosas y se las dejo brillosas, hago lo mismo con el pecho y debajo de los brazos. Le digo que se ponga de espaldas y hago lo mismo con la espalda piernas. Cuando se vuelve a poner boca arriba me doy cuenta que está un poco excitado, el bulto en el slip había crecido. Le empiezo a pasar la cera por las piernas y de a poco empiezan desaparecer los pelos.

    -¿Te duele?

    -No

    Sigo con su espalda y piernas y termino.

    -Listo.

    -¿y acá?

    Me dice señalando el bulto del slip.

    -pensaba que te daba vergüenza.

    -No está bien.

    Apenas dice esto, se saca el slip y queda desnudo. Tenía la verga dormida sobre un costado, era gruesa y estaba un poco hinchada. Trato de mostrar naturalidad.

    -primero te tengo que pasar crema.

    Tomo el pote y le unto el pubis con crema, también la verga que apenas toco se pone dura como una roca. Él me dice.

    -Perdón

    -No, hay problema, es algo normal que te excites, a nosotras también nos pasa.

    -¿Sí?

    Mientras le hablaba le pasaba crema por los huevos y por toda la poronga, podía sentir cada vena y lo caliente que estaba. Con las manos le bajo el prepucio y dejo al aire el glande rojo y brilloso, una cabeza enorme, una frutilla gigante que quería llevarme a la boca.

    -Sí, a muchas chicas cuando las estoy depilando acaban, se mojan todas, otras no depende de cada una.

    No quería que acabe, le empiezo a cortar los rulos con una tijera. Luego empiezo con cera a pelarlo, en ningún momento la pija dejó de estar erecta. Yo estaba toda mojada pero resisto la tentación de metérmela en la boca quiero ser lo más profesional posible. En el cuarto hay un espejo en la pared que permite vernos de cuerpo entero.

    -Listo, mira cómo te queda.

    Se pone de pie y se mira orgulloso, la pija seguía erecta, casi apuntaba al techo, no podía sacar los ojos de encima.

    -¿Te gusta?

    -Si. Parece más grande

    Me la mostraba orgulloso mientras la sacudía con la mano derecha.

    -jajaja, no seas tonto. Ahora date vuelta que falta la cola.

    No hacía falta pero quería tenerlo un rato más desnudo. Se pone en la camilla en cuatro patas y le empiezo a sacar los pelos alrededor del ano hasta dejarlo todo despejado.

    -Bueno, listo ahora estás todo pelado.

    Se levanta de la camilla y se vuelve a mirar en el espejo, yo no resisto la tentación y lo tomo de la pija como dándole la mano y se la sacudo.

    -Bueno, anda al baño y bajate esto que te va a hacer mal, después comemos

    -jajaja bueno ahora voy.

    Me da un beso en la mejilla y sale desnudo por el pasillo al baño, mientras caminaba bamboleaba ese trozo de carne de un lado para el otro, era hipnótico. Me quedo acomodando las cosas, pero cuando me doy cuenta que ya estaba en el baño me meto los dedos en mi vulva y me pajeo con frenesí hasta que acabo, hacía años que no acababa de esa forma.

    Después que termino voy a la cocina a preparar algo de comer, mientras estoy tendiendo los platos sobre la mesa, veo que Agustín pasa por el pasillo desnudo con la pija flácida, iba a su habitación a vestirse, en ese momento sentí un hormigueo en mi vagina y un calor que recorría todo mi cuerpo. Después de unos minutos regresa vestido y nos sentamos a comer. Conversamos durante toda la cena.

    -Ahora que sabes depilar a un hombre. ¿Qué vas a hacer con Federico?

    -No sé.

    -Llamalo, es un cliente y te puede traer muchos clientes con dinero, sabes que conoce a muchos.

    -Bueno pero con una condición.

    -¿Cuál?

    -Me tienes que ayudar.

    -¿De qué forma?

    -Vemos, no sé, yo te digo, pero no quiero estar sola con él.

    En eso quedamos, lo llamo por teléfono a Federico y le digo que venga a casa el lunes por la mañana.

    Esa noche no pude dormir, no podía sacarme de la cabeza la pija de mi hijo, la veía en sueños y me despertaba toda mojada.

    El domingo preparo un delantal para mi hijo quería que Federico lo vea como a un profesional y no sospechara de su inexperiencia. Tampoco hablamos del tema, nos tratamos como en un día normal pero en el ambiente había tensión entre los dos, estábamos excitados pero no lo queríamos demostrar.

    Ese domingo me voy adormir pensando en el lunes, vendría Federico, es un gay hermoso, un verdadero desperdicio, por eso empezó a trabajar en la empresa, salía con un gerente financiero muy importante, todos sabíamos pero ellos trataban de mantenerlo en secreto, el gerente era un hombre casado con varios hijos.

    Me levanto temprano a la mañana, no pude dormir mucho, la ansiedad me sobrepasaba, voy a la habitación de mi hijo a despertarlo, estaba profundamente dormido y desnudo, no resisto en mirar otra vez su pene, después de unos largos segundos lo tapo y lo despierto.

    -Vamos, arriba que en media hora llega Federico.

    -Ya voy, ma.

    Pasan unos minutos y mientras preparo algo en la cocina se acerca Agustín a la mesa sin ropa, todo desnudo, con su péndulo de carne al aire y se sienta a la mesa.

    -¿Qué haces desnudo?

    -Nada, ¿Te molesta?

    -No, pero se hace tarde, todavía no te cambiaste.

    -Enseguida me cambio.

    -Dale anda y tapa eso que se te va enfriar. (Le señalaba la pija)

    -jajaja, no tengas miedo, la víbora no pica

    Dijo esto y se para a mi lado, yo estaba sentada y me arrima la pija a mi cara como si me fuera a morder con esa anaconda.

    -jajaja dale salí de acá y anda a cambiarte que si le pego un mordisco después vas a llorar.

    -jajajaja

    Se fue a su habitación a vestirse, yo veía como abandonaba la cocina mostrando el culo hermoso que tiene. Tuve por unos pocos segundos su tronco a unos pocos centímetro de la cara, me dejó caliente para tres días y con ganas de meterlo en la boca y tragarlo entero.

    Ya eran las nueve de la mañana horario en que había acodado con Federico. Escucho el timbre y voy a recibirlo a la puerta.

    -Hola Fede, ¿Cómo estás?

    -Bien linda y vos, hacía mucho tiempo que no te veía

    -Bien, trabajando.

    -¿Sola?

    -No, con mi hijo, termino el colegio y me está ayudando.

    -ah, qué bueno.

    -te molesta que me ayude

    -No mejor, lo vi de chiquito y que mejor si te ayuda.

    -Bueno entra a ese cuarto y quítate la ropa que ahora lo voy a buscar.

    Era como tener a Ricky Martin en casa, hermoso, de casi un metro noventa de alto y musculoso.

    Voy a buscar a mi hijo y le pongo el delantal, vamos juntos a la habitación. Golpeo y entro, ahí estaba Federico, todo desnudo acostado en la camilla, bronceado por completo casi sin pelos y con algo que nunca había visto a no ser en películas, una poronga gigante que le colgaba a un costado, sin prepucio, limpia y con la cabeza rosada.

    -Hola, que grande que estás, la última vez que te vi eras chiquito, pero cómo creciste.

    Mientras le decía esto a Agustín, yo no podía sacar la vista de semejante monstruo. Pero me tenía que concentrar y darle instrucciones a mi hijo.

    -Hijo, toma estos guantes y huméctale el cuerpo mientras yo preparo la cera.

    Mi hijo me miró sorprendido y enojado, pero fue profesional, se puso los guantes y tomó la crema humectante. Yo no podía creer a que estaba obligando a mi hijo, casi a una escena gay en vivo para mi sola, lo más excitante de mi vida.

    Mientras voy conectando todo pongo música suave, Federico se relaja esperando las manos de mi hijo, yo no sabía cómo podía reaccionar, tanto mi hijo como Federico, pero no me quería perder ningún fotograma.

    Empezó a frotar sus piernas con crema hasta dejarlas blancas, despues subió a su pecho que frotaba hasta sus brazos. No podía alejar la vista de ese espectáculo. Luego tomo el pene con una mano y como si fuera una salchicha le puso crema de la punta a la base como si fuera mayonesa. Los guantes azules eran el contrate perfecto para aquella verga. Su pene crecía. Se ponía duro y grueso en sus manos, lo veía crecer, hincharse, él lo miraba y acariciaba sin problemas, su mano no podía cubrir su circunferencia era enorme y brilloso. Luego lo acomoda sobre la barriga tallada por abdominales y le unta los huevos. Federico suspiraba profundamente y volvía a aspirar. Con la tenue música de fondo le dice.

    -Ahora la espalda por favor, se puede dar vuelta.

    Federico obedeció como un autómata a su dueño, giro y quedó de espaldas en la camilla, el pene aplastado sobresalía entre las piernas. Agustín lo lubrica hasta dejarlo brilloso. Cuando le toca el culo, Federico caliente se pone en cuatro esperando que rose con los dedos el ano.

    En ese momento mi hijo me mira y con un movimiento de su cabeza me señala el culo y se ríe, miro y veo cual era el motivo de su sonrisa, un agujero dilatado de forma exagerada, un agujero de unos tres centímetros que delataba el paso de kilómetros de verga, sonrío y me hago cómplice, hasta que termina. Mi ropa interior era agua.

    -Bueno Fede, ahora me toca a mí con la cera.

    -Sí, gracias.

    Me dijo fatigado. Se da vuelta, ahora el espectador era mi hijo. Comienzo a sacar con la cera los pequeños pelos que tenía y para disgusto veo cómo se va achicando su miembro. Ilusionada espero a que crezca en mis manos cuando lo tenga que depilar, pero no confirmo en carne propia que es gay, que no reacciona a mi tacto, sólo mi hijo pudo esclavizar ese miembro.

    Terminamos después de una hora, él quedo muy contento, no dejaba de ver a mi hijo mientras hablaba, la indiferencia de mi hijo lo excitaba más. Me preguntó si podía mandar algunos amigos y conocidos, era lo que esperábamos, buenos clientes.

    Cuando quedo sola con Agustín conversamos.

    -Gracias hijo, hiciste un buen trabajo.

    -No es nada, pero me gustaría una mujer.

    -jajaja sí perdón. Pero así es este trabajo, son sólo cuerpos y te acostumbras.

    -¿Mañana viene alguien?

    -Todavía la tengo que llamar

    -¿A quién?

    -ah, sorpresa, no te voy a decir, te tenés que acostumbrar a cualquiera. Igual le tengo que avisar.

    En ese momento se me ocurrió una idea, Mirtha, una conocida que venía seguido por casa, una mujer mayor de unos 60 años, que se mantiene muy bien y vive sola, quedo viuda hace diez años. Ella tiene una particularidad, las veces que viene a depilarse acaba de forma abundante, es increíble lo calentona que es, reacciona al tacto, es puro sexo. La tenía que llamar y preguntarle si podía participar mi hijo, que estaba aprendiendo conmigo, sabía que no se iba a negar. Así fue la llamo y le comento, ella me dice inmediatamente que sí, quedamos en que vendría al día siguiente a la mañana.

    Al otro día, el mismo ritual lo voy a despertar a su habitación y estaba desnudo, esta vez no lo tapo y le digo que se vista y venga a desayunar, al rato aparece desnudo en la cocina.

    -¿otra vez sin ropa?

    -jajaja me vas a decir quien viene o te pico con la víbora.

    Viene corriendo y me agarra por la espalda, siento su pene empujar sobre mi vestido, mientras me abraza.

    -¡dale salí!, bueno te cuento. Viene Mirtha.

    -¿qué Mirtha? La vieja

    -Si Mirtha.

    -jajaja así es el trabajo vos tenés que ser profesional, ahora anda a vestirte que por ahí llega más temprano.

    Pude sentir su verga entre mis nalgas, fue una sensación increíble. Tuve miedo.

    Llega Mirtha media hora antes, se la veía contenta, nos saludamos y vamos los tres al cuarto, ella sabía que iba a ser el objeto de estudio de mi hijo, se ve que eso la excitaba.

    -Bueno Mirtha quieres que salga Agustín mientras te desvistes.

    -No Lorena, no hay problema, él puede ver todo.

    -Bueno, entonces que te humecte la piel, mientras voy a buscar las cosa.

    La dejo que le haga un striptease a mi hijo y vuelvo en unos segundos con unas toallas, ella ya estaba desnuda y acostada boca arriba en la camilla. Mi hijo estaba rojo, excitado, ella desnuda parece más joven.

    -Bueno Agus, es tu turno, toma la crema.

    Apenas le toca las piernas ella suspira, mi hijo la empieza a humectar por sus piernas, sube a sus tetas y las empieza a frotar en círculos, no se había dado cuenta que ahí no había pelos, ni ella tampoco por que no se quejaba, los pezones estaban duros e hinchados, ya estaba excitada, en cualquier momento acababa. Luego las manos de mi hijo van a su vagina, mete sus dedos y la empieza a masturbar casi por instinto, yo no digo nada y lo dejo hacerlo. Mirtha en ese momento estalla, empieza a temblar y dobla sus piernas sobre su barriga, empieza a eyacular abundante líquido sobre la camilla, no podía parar mientras pedía perdón.

    -perdón, perdón

    -No pasa nada Mirtha, es normal, ahora date vuelta,

    Lo miro a mi hijo y con un movimiento de cabeza le ordeno que le pase crema por la espalda. Él me hace caso de inmediato pero no resiste en empezar por el culo. Le mete la mano bien en la raya tocando el esfínter y empieza de nuevo a temblar hasta que acaba.

    Fue una escena surrealista, yo sabía que podía pasar, pero fue más fuerte de lo que imaginé. Le pedí a Agustín si nos dejaba solas así podía terminar de depilarla. Mirtha parecía inconsciente sobre la camilla, fue una paja mortal.

    Termino con Mirtha y ella me pide perdón y me agradece por lo de mi hijo, hasta me dejó el doble de lo que cobro y me dijo que cuando yo quiera ella podía volver con todo gusto.

    Me encuentro con Agustín en su dormitorio y le cuento que Mirtha se fue muy contenta.

    -Agus, la dejaste loca a Mirtha. Pero ella es así, se excita muy fácil. ¿Te gustó?

    -Si fue muy bueno. Pero quiero una cosa.

    -¿Qué cosa?

    -te quiero depilar a vos.

    -¿A mí? Jajaja, ¿Por qué?

    -Es justo.

    -¿Cómo justo?

    -Bueno hasta ahora hice lo que quisiste, ahora me toca a mí.

    -Bueno pero esto es un trabajo y hoy nos fue muy bien.

    -¿Por qué tenés vergüenza?

    -No

    -¿y entonces?

    -Está bien tenés razón. ¿Cuándo?

    -Ahora.

    -¿Ahora?

    -Sí, ¿Cuál es el problema?

    -Ninguno, bueno, vamos.

    A él le cambió la cara, salió corriendo hacia el cuarto de trabajo, yo fui caminado detrás como un perrito faldero.

    En el cuarto él se queda mirándome desde la puerta, yo lo miro mientras me desnudo.

    Ya desnuda me acuesto en la camilla, mientras él toma el pote de crema. Me empieza a acariciar con sus manos mientras cierro los ojos, me unta todo el cuerpo, no podía parar de tocarme las tetas y con un movimiento rápido lleva sus dedos a mi vulva. Cómo hizo con Mirtha me empieza a masturbar, yo lo dejo y empiezo a eyacular como nunca antes me había pasado.

    Luego llegó lo inevitable, se saca la ropa y empieza a besarme, su pija parecía un garrote. Me da vuelta y me empieza a chupar el culo con fuerza parecía que me quería comer. Yo no podía más y le pido que me la meta.

    Me pone en cuatro patas sobre la camilla y me la mete con fuerza en la vagina, entra y sale como un animal, luego apunta el agujero del culo y me la mete de un golpe, sentía ese garrote caliente en el culo que entraba y salía con fuerza, sentía que me cagaba encima. Luego grita y acaba en el culo. Los dos quedamos tirados sobre la camilla. Fue el mejor polvo de mi vida.

    Desde ese momento fuimos perfectos amantes y la mejor pareja de trabajo.

    Los contactos de Federico nos trajeron clientes “hombres”, a los que mi hijo terminaba cogiendo y se corrió el rumor entre mis clientas gracias a Mirtha, a las que empezamos a dar servicios sexuales de todas las formas posibles.

    Ya no tenemos apremios económicos, nos transformamos en una máquina de sexo.

  • Por error terminé cogiendo con la señora Dora y con Juana

    Por error terminé cogiendo con la señora Dora y con Juana

    Estaba saliendo de la universidad cuando recibí una llamada al celular pero no reconozco ése número y contestó.

    -¡Aló Luis son la señora Dora tenemos que conversar pero urgente tenemos un problema!

    Quedamos en vernos en un lugar distante de su casa que ella escogió según ella para evitarnos más problemas, cuando pregunté el motivo no me quiso decir ni una palabra más.

    Cuando llegó era un restaurante muy elegante y preguntó por ella y el mozo me llevó a su mesa que estaba en un reservado de un segundo piso como siempre Dora muy elegante y me invitó a que tomé asiento, estaba algo nervioso por el tono de su voz ¿sería que Víctor o Liz se habían enterado de lo nuestro?

    -Luis por tu cara que traes veo que también estas preocupado así que iré de frente a decirte que tenemos un gran problema con Juana ella me enseñó un video donde estamos los dos en el dormitorio de Liz esa noche teniendo sexo.

    Yo la miraba fijamente mientras ella seguía contando como se había dado la situación y solo calló cuando el mozo llegaba trayendo nuestro pedido y luego se retira, me dijo que últimamente la empleada estaba muy rara con ella así que cuando le dijo que sólo trabajaba hasta fin de mes y recibirá toda su liquidación de acuerdo a ley le contestó que ella no podía despedirla y se fue dejándola con la palabra en la boca.

    Vaya resultó ser cierto lo que me dijo Juanita que ahora la tenía en sus manos sólo esperaba manejar está situación bien porque si ella caía también yo, seguía escuchando lo que me decía ella.

    -A mí nadie me deja con la palabra en la boca y menos una empleada así que fui a su cuarto y le dije que se vaya de una vez y es ahí donde esa desgraciada me enseñó el vídeo que tenía en su celular y me dijo que tenía varias copias y si era necesario se las enviaba a mi esposo y a Liz, e imagina como me dejó… ¿Y ahora que hacemos Luis?

    La calme estaba muy ofuscada tanto así que el mozo nos miraba y dio una leve sonrisa, dije que por ahora no haga nada que entendía la situación que yo hablaré con ella para salvar la situación, ella me vio y muy seria me dijo si ella no podía manejar a la empleada de su casa como podía yo o era que tenía confianza con ella en sus palabras note algo de celos por parte de ella.

    Como dije tengo que tener mucho cuidado en manejar la situación solo le comento el trato con Juana es lo normal al igual que Liz cuando me la presentó, que me dejé a mi arreglar las cosas con ella luego cualquier cosa se lo diría y salimos de ahí primero yo y después ella.

    Ya en el bus recibo una llamada otra vez no conocía el número y resultó ser Juana, vaya como se averiguaron ambas de mi número bueno por ahora eso era lo que menos importa.

    -¡Aló joven Luis disculpe que lo llame no sé si ya sabrá enterado del problema que tengo con la señora Dora pero no me voy a dejar que siga abusando de mí, sé que con usted cambió desde que se la tiró pero a mi ella me seguía tratando igual o peor solo lo lamentó por la señorita Liz que siempre fue buena conmigo y también por Ud….!

    Igual le dije que se calme que no haga nada que luego se vaya arrepentir que primero tenemos que hablar, ahora era yo quién la cito cuando nos encontramos le dije para ir a un lugar más discreto algo temerosa luego de tanto insistir aceptó y entramos a un hostal.

    -¡¡Joven yo no quiero hacerle daño porque si enseñó el vídeo la señorita Liz jamás se lo perdonaría y también el señor Víctor, pero ella no me puede botar del trabajo yo tengo a mis padres ya viejitos y les envió dinero soy hija única pero si me obliga lo haré…!!

    Sus ojos se llenaron de lágrimas ahí la abracé fuerte su cuerpo delgado entre mis brazos y su calor me excito rápidamente le levante la cara y la besé ella tímidamente correspondió nuestros labios se unieron, le dije que no estaba sola que si era necesario yo la podía ayudar con la ayuda a sus padres.

    -¡Muchas gracias pero no puedo aceptar sé que usted no tiene mucho dinero sólo lo llame para que ahora que usted se lleva bien con ella la convenza a que no me bote del trabajo!

    -¡Está bien Juanita… haré todo lo que esté a mi alcance para hacerla cambiar de opinión. Pero tú también me debes prometer que cambiaras tu aptitud con ella. Hazlo por mi!

    Era irónico ambas me pedían mi ayuda para no hacerse daño la patrona de la casa Dora y la empleada Juana… Le pregunté porque estos días había aumentado su mal trato hacía ella si sabía que podía usar cualquier pretexto para botarla del trabajo y lo que me dijo me dejó pensando.

    -¡Es que me da cólera que ella lo toqué ahora si antes ni lo podía ni ver, lo de la señorita Liz es diferente porque ella es su enamorada…!

    Estaba también celosa Juanita debía reconocer que últimamente la tenía descuidada así que mis manos recorrían su delgado cuerpo mientras besaba su cuello sin perder más tiempo le quite su ropa y también hice lo mismo.

    Sus pezones se pusieron duros cuando los besaba y daba leves mordiscos su frágil cuerpo temblaba, luego bajé y comienzo a chupar y lamber sus labios vaginales logrando que se mojaran rápidamente.

    -¡Ahhhh Joveeen ahhh qué ricooo me hace sentir ahhh!

    Seguía dando su buena sopeada a Juanita haciendo que gritara al sentir como su cuerpo se estremecía cuando llegó a experimentar la llegada de un orgasmo soltando sus jugos en mi boca

    -¡Ayyy joveeen queee rico!

    (Continuará…)

  • Lucía y los amigos de su hijo (Segunda parte)

    Lucía y los amigos de su hijo (Segunda parte)

    Lucía seguía disfrutando de su reciente orgasmo y trataba de entender como ese chico sin experiencia la había hecho acabar de tal forma, estaba ensimismada recordando que los 3 amigos de su hijo habían derramado su semen dentro de ella, aunque Arturo lo había hecho solo en su boca intuyo sus intenciones de hacerlo de nuevo cuando lo vio caminando hacia ella con su gorda verga apuntando al cielo.

    Cuando llego a su lado le dio la mano y la ayudo a ponerse de pie, camino abrazándola y ella sentía que sus piernas no la soportaban, llegaron a un sillón grande donde Arturo se sentó y la jalo para hacer que se sentara en sus piernas y encargándose en el respaldo del sillón la jalo quedando acurrucados como dos enamorados. El chico la acariciaba lentamente pasando sus manos por todo su cuerpo haciendo sentir a Lucía un cariño que hace tiempo nadie le demostraba, se puso a observar al amigo de su hijo, tenían la misma edad pero Arturo era mucho más grande en estatura y grosor, tenía una prominente panza y su cuerpo era grueso y fuerte, cosa que pasaba desapercibida por su aún tierna cara de niño y su forma inocente y tierna de comportarse, los labios del joven estaban recorriendo su hombro y cuello llegando a sus labios que abrió para recibir la lengua en su interior, no pudo evitar recordar como esa misma lengua había provocado su primer orgasmo de esa noche y el primero que le habían arrancado de esa manera, el chico la tenía bien abrazada y pasaba de sus labios a sus senos que ya estaban un poco rojos de tanto ajetreo que habían sufrido ese día. Lucía volvía a sentir como su vagina se mojada mientras la no muy grande pero sí bastante gorda verga de Arturo la punteaba desde abajo, queriendo regresar el placer que la hacía sentir se acomodó sentándose de frente a al chico con las piernas a los lados de las de él poniendo la cabeza de su miembro en la entrada de su vagina, con ese roce el amigo de su hijo quiso dar un golpe de cadera para metérsela pero la madura lo detuvo diciéndole al oído con voz sensual que la dejara a ella darle placer, que contuviera un poco sus ganas porque nunca habían tenido entre sus piernas un mástil de esas dimensiones. Alagado Arturo dejo a su madura amante hacer su voluntad y fue sintiendo como se iba empalando poco a poco en su miembro que le transmitía como iba abarcando y abriendo al máximo la vagina de la mujer, cuando por fin sintió las nalgas reposar en sus piernas tomó a su amante de la cintura y besaba sus tetas, bajo sus manos acariciando sus nalgas y espalda mientras la mujer movía sus caderas si sacar nada de la verga que le estaba provocando mojarse cada vez más, el joven estaba experimentando un placer nunca imaginado y aviso a su compañera que quería correrse, recibiendo como respuesta el aumento en la velocidad de los movimientos de la madura que llegaba al orgasmo junto a su joven amante mezclando sus fluidos y gritos de pasión.

    Lucía habían quedado descansando sobre Arturo que aún tenía su verga dentro de la vagina de quien tomara su virginidad sintiendo como salían las ultimas gotas de semen dentro de ella. Viendo el escultural cuerpo de ella Gonzalo se abalanzó levantándola de su posición y llevándola casi cargando al lado de su robusto amante, estando de rodillas el la obligo a recargar su cabeza en el respaldo del sillón dejando su culo en pompa el cual emociono más al joven que metió desde atrás su verga en el chorreante coño de la madura que lo recibió con sorpresa y gusto, en esa posición el musculitos daba fuertes embates contra las nalgas de la madura que colaboraba dando empujones hacia atrás para recibir más placer, Arturo que seguía a su lado estaba embobado viendo como las tetas de su amante colgaban sin control en cada embestida que recibía y cuando cruzo miradas con ella instintivamente fue a besarla metiendo su lengua tan dentro como podía.

    Ahí estaba la madre de Daniel besando a su amigo mientras el otro le perforaba constante el coño desde atrás provocando sonidos por los fluidos que salían de él, que ya contaba con 3 corridas, una de cada una de los chicos, de pronto Juan que había estado admirando el espectáculo también quiso participar tomando del cabello a Lucía la acomodo para poder recibir su larga pero delgada verga en la boca, sin ninguna contemplación el chico la metía y sacaba hasta el fondo como si se estuviera cogiendo la garganta de la madura, provocando que saliera un exceso de babas y lágrimas con algunas arcadas que la mujer apenas pudo contener mientras su otro amigo continuaba embistiendo desde atrás. De pronto Gonzalo le pidió cambiar posiciones ya que él no había probado la boca de su amante compartida, cambiaron posiciones y ahora era Gonzalo quien recibía el calor de la lengua y Juan quien perforaba como animal desde atrás el coño, viendo esas nalgas rebotar en sus piernas la comenzó a azotar con la palmas de las manos haciendo que Lucía emitiera sonidos guturales que eran callados por le verga en su boca que llegaba hasta la garganta.

    Por mucho que habían eyaculado antes los jóvenes no podían aguantar recibiendo tal placer y Gonzalo avisaba que estaba a punto de correrse de nuevo, Juan que había estado embobado viendo el deseable ojete de la madura espero el momento preciso en que su amigo metía su grande polla hasta la garganta de la bella dama para sacar su verga y apuntando al ano a su alcance la metió de un jalón hasta la mitad. Lucía no desconocía el sexo anal pero al recibir por sorpresa una nueva verga quiso gritar y sacarla pero las manos de Gonzalo en su cabeza y la verga en el fondo de su garganta le impidieron hacerlo, Juan terminaba de meter su verga hasta el fondo cuando la mujer por fin pudo tomar aire y gritar que lo hiciera con cuidado o le rompería el culo, cosa que no importo al joven que seguía metiendo y sacando la verga de ese apretado agujero, Arturo que volvía a tener la verga en condiciones tomo la cara de Lucía preguntando amoroso si estaba bien, recibió solo una sonrisa por respuesta, entonces le aviso que quería hacerla gozar otra vez y dirigiendo a su compañero pusieron otra vez a la dama sobre las piernas del gordo, la madura sabiendo lo que planeaban le pidió hacerlo con cuidado mientras bajaba ensartándose nuevamente la gorda verga de Arturo en su vagina sin que Juan sacara la suya del culo, la mujer sintió placer como nunca antes al sentir hasta el fondo dos vergas jóvenes perforándola al mismo tiempo por primera vez en su vida.

    La escena era por demás excitante, al oír gemir al trio de amantes Gonzalo se había vuelto a empalmar y se masturbaba con calma, de pronto Juan entre gritos derramaba su orgasmo en el culo de la madura, no duro mucho tiempo solo ya que ahora Gonzalo era quien pretendía meter su verga, que era más grande, en el recién usado culo, Arturo abrazo a Lucía por sus nalgas y las separo para dejar el camino abierto a su amigo que comenzó a meter poco a poco su verga por primera vez en un ano, Lucía no paraba de gemir y cuando sintió que su estaba llena gritó que la mataban del placer arañando y mordiendo el hombro del joven que bajo ella sentía aún más apretado su coño que parecía querer sacarle todo el semen posible, Gonzalo disfrutaba de cada movimiento del apretado culo en donde tenía su verga hasta el fondo y queriendo incrementar el placer comenzó a meter y sacar su miembro, su compañero hizo lo mismo y tomaron buen ritmo al rellenar de verga a su entregada presa que gozaba como loca, tanto que exploto en un intenso orgasmo con un grito que debieron oír a kilómetros, pero cómo los jóvenes que le perforaban no dejaban de penetrarla encadenó otro a los pocos segundos y otro más que termino con la resistencia de los jóvenes que llenaron sus agujeros de leche casi al mismo tiempo.

    Así como estaban Gonzalo tomo a Lucía desde atrás y la levanto sin sacar su polla del interior que continuaba dura y palpitando, al quitar la verga de su vagina dejo salir un reguero de esperma que mancho a Arturo por completo, cuando la tenía en el aire camino unos pasos y la dejo bajar al piso pero ella no se pudo sostener, sus piernas le temblaban y no tenía fuerza, Juan le ayudo a dejarla sobre otro sillón y la madura mujer quedo ahí tendida tratando de recuperar el aliento. Cuando todos estaban más relajados Juan se acercó a darle agua y a Lucía le causo gracia que el joven se preocupara de su constante hidratación, después de unos minutos el mismo Juan se ofreció a llevarla a la recámara donde había un baño para limpiarla ya que de sus agujeros seguía escurriendo semen y manchaba todo, la llevo casi cargando entraron a la recamara, al fondo tenía un baño amplio donde había una tina para dos personas, entraron en ella y el joven dejo correr el agua, Lucía sentía muy rico como recorría el agua toda su piel hasta que Juan empezó a sobar sus tetas bruscamente con jabón, luego lo hizo con su abdomen plano y espalda, fue bajando hasta pasar el jabón por la vulva de la mujer que sentía desagradable el roce sin cuidado del jabón aunque no podía dejar de excitarse, luego de un rato paso el jabón entre sus nalgas por el culo y fue bajando por cada pierna, cuando volvió a levantarse se podía apreciar que su delgada y larga verga estaba dura de nuevo.

    La madura sintió como el chaval la hacía girar y luego la jalaba hacia abajo para sentarse sobre él, quería que la bella mujer restregara sus nalgas en su verga hasta ponerla bien dura, luego la hizo levantarse y que pusiera sus manos sobre la orilla de la tina para sin miramientos enterrarle la polla de un jalón por la vagina, estuvo bombeando un rato y luego decidió volver a usar su ano, igual que la vez anterior la saco de su vagina y se la metió por el culo, volvió a repetir el cambio una y otra vez mientras azotaba con fuerza sus nalgas y tiraba de sus tetas desde atrás, el maltrato a la madura mujer se intensificaba junto al ritmo de las acometidas, mientras le jalaba el cabello a modo de riendas le gritaba que era una perra, una zorra buscona que calentaba a los hombres por diversión, y otras landeses que, por extraño que le parecía a la madura mujer, hacían que se excitara, de pronto entro al baño Arturo y viendo el maltrato al que sometía Juan a la madre de su amigo quiso quitarlo de encima, pero el agresivo joven solo atinó a decir que ella lo estaba disfrutando como la puta que era, Lucía gemía y pedía al robusto chico que se tranquilizara, teniendo la polla del chico a escasos centímetros Juan hizo que abriera la boca y de un empujón en su culo la hizo tragar sorprendiendo al tranquilo chico que no dejaba de ver con rabia como su amigo maltrataba a la dama mientras abusaba de ella, cosa que aunque no le agradaba y junto a las caricias bucales de la señora lo hizo empalmarse de nuevo, cuando Juan no aguanto más, tirando del pelo a Lucía la hizo hincarse frente a él para terminar eyaculando en su cara salpicando el pelo y sus tetas, todavía con los restos del ultimo chorro escurriendo de la punta la embarro por toda su cara esparciendo el semen y le ordeno limpiar su verga mientras la metía en su boca, la bella dama no se negó y en unos minutos dejo el miembro reluciente, separándose de él, pero el malicioso Juan no dejo que se alejara mucho, pues tomándola del cabello comenzó a orinar sobre ella mojándola por completo y al final dejándola tirada en la bañera llena de orines se retiró del lugar.

    Arturo no podía dejar así a su amada, entro con ella a la tina y dejo correr el agua mientras la enjuagaba los fluidos de su amigo, a estas alturas Lucía era una muñeca ya sin fuerzas que era movida con sumo cariño por el joven amigo de su hijo, era tal el cariño que la madura sin aviso se colgó del cuello del joven dándole un cariñoso beso que respondió al instante con la erección del joven, ella le dijo estaba muy cansada pero quería regresar la ternura y el cariño que sentía por los cuidados del joven, el gordito se alegró pero primero debía descansar y reponerse, la termino saco de la tina completamente limpia y la llevo hasta la cama donde se recostó junto a ella. Lucía estaba todavía caliente, Juan por la brusquedad del trato no la había dejado terminar y recostada sobre el gordito le pregunto porque no había el usado su culo, pregunto si no le gustaba y le parecía feo siendo de una vieja, cosa que por supuesto negó el joven y solo argumento que no la quería lastimar ya que sabía que su verga no era tan larga como la de sus compañeros pero si mucho más ancha, a la madura mujer esto le sonó de más romántico y se subió sobre la barriga del joven dándole un tremendo beso y le dijo que si era su deseo, estaba dispuesta a intentar darle placer con su ano, siempre y cuando se lo dilatara lo suficiente para no darle dolor. Tomando la iniciativa la madura se giró sobre él poniendo su culo en la boca del joven que entendió claramente su parte y comenzó a lamer el delicioso ojete de su amor platónico, ella se acostó sobre la prominente barriga del joven y comenzó una rica y lenta mamada para mantener la erección del hombre, solo sacaba esa verga de la boca para ir diciendo como ir ensanchando su orificio anal con los dedos y la saliva del chico que empezaba a desesperarse por el deseo de poseer ese rico agujero, cuando Lucía creyó estar lista, se dio la vuelta y coloco la punta de la gorda verga en su ano para ir metiéndolo lentamente, el tiempo se le hizo eterno a Arturo que ya deseaba sentir lo que era coger ese culo que devoraba y apretaba su verga dándole un placer descomunal, cuando estuvo totalmente adentro la mujer sudando suspiro diciendo al joven que era lo más grande que había metió alguna vez ahí y le provocaba tanto dolor como placer, esto último fue creciendo mientras la madura subía y bajaba dando gritos, estaban gozando de lo lindo cuando sorpresivamente entro al cuarto Gonzalo que al ver a la dama ensartada por la verga de su amigo quiso participar y se acercó a la boca de ella para que le diera una rica mamada pero a su compañero no le agrado tener tan cerca de su cara el miembro del recién llegado por lo que propuso cambiar de posición. Ahora es Gonzalo el que esta recostado en la cama mientras Lucía le daba una tremenda mamada a la verga que más le gustaba de los 3, Arturo no perdió el tiempo y volvió a encular a la madre de su amigo tomando sus nalgas para mejorar las penetraciones, que hicieron mella en la excitada mujer, tuvo un orgasmo por primera vez sin estímulos vaginales, fue la primera vez que sintió que algo en su culo le daba tanto placer y habría gritado sino fuera porque en ese momento su otro amante había logrado meter por completo su miembro en la boca de la madura llegando hasta su garganta y dejándolo ahí unos momentos para después soltar la cabeza de Lucía que tomo aire como si se estuviera ahogando. El orgasmo alentó a los dos jóvenes y ahora Gonzalo, queriendo disfrutar más, se metió bajo la madura hembra hasta colocar la punta de su verga en la vagina para después hacer que ella se metiera todo el instrumento hasta el final, con su reciente orgasmo la madura estaba más sensible y comenzó a encadenar orgasmos otra vez y a gritar de placer, nuevamente apretaba involuntariamente los miembros dentro de ella con sus espasmos haciendo que los jóvenes eyacularan en su interior dando gritos, el primero fue Arturo que al terminar saco con cuidado su verga asombrado por el tremendo boquete que ahora era el culo de su amada hembra.

    Lucía estaba todavía recostada sobre Gonzalo sintiendo como la verga de este iba desinflándose y como volvía a escurrir semen por sus piernas, Arturo aún estaba de píe cuando nuevamente entro alguien al cuarto dando un portazo y dejando a los dos chicos sin habla al ver a Daniel, el hijo de la mujer que acababan de rellenar de semen, recargado con una mano en la puerta y gritando que eran unos hijos de puta.

  • Nuestra amiga argentina sigue confesándose

    Nuestra amiga argentina sigue confesándose

    Hoy les voy a contar lo que me pasó ni bien llegué de lo de mi prima (la del interior) durante ese par de días que estaba peleada con mi novio.

    Una cosa rara:

    Esa tarde estaba embolada y me fui a tomar un frapuccino a Sturbaks, al que está por Scalabrini Ortiz y Cabello, para fumarme un pucho me senté afuera. Estaba vestida normal, con un jean y una blusa, nada como para que alguien piense que estoy de levante, y aparte había mucha gente.

    La cosa es que al rato se sienta en mi mesa un chico, grandote, muy alto, tendría entre 20 y 22 años, fachero, buen aspecto, nada, que podría ser como cualquiera de los amigos de mi novio.

    Me empieza a chamullar, y como estaba embolada lo dejé, me dijo que estudiaba en la UADE, que jugaba a rugby y nos quedamos hablando como una hora, el pendejo tenía buena onda, divertido gracioso, hasta que le digo que me tengo que ir, me dice si no me molesta que le de mi número y algún día me llamaba, y como estaba peleada con mi novio se lo di.

    A la noche me llama y quedamos en encontrarnos al día siguiente, en una esquina cerca de donde estábamos.

    Aunque les cueste creerme, fue la primera vez que me levantó un pendejo así en la calle de la nada, nunca lo había hecho jaja. Era salir con alguien que casi no conocía sin saber en qué podía terminar, ¿cómo me iba a portar? Si me avanzaba, ¿lo iba a dejar?, ¿me animaría a portarme como una trolita? O me iba a asustar y no pasaría nada no sé, me hacía mil preguntas.

    Me puse una pollerita, y para las chicas que me leen me van a entender, no era de esas ajustadas (no me gusta que se me marque mucho el culo), sino de esas que son amplias y que cuando te sientas no se te sube toda la pollera que se te ve hasta la bombacha, y aparte si pasa algo, para el hombre es más fácil meter mano jeje.

    La cosa es que llegué a donde quedamos y no lo veo, pero me tocan bocina de un auto (no entiendo mucho de autos, pero era un auto importado y muy bueno, me dio confianza, porque pensaba que era un chico bien y no iba hacer nada raro.

    Me subo al auto, nos quedamos hablando, boludeces, me dice que tenía muy lindas piernas, que ayer debería haber estado vestida así, y SIC, me mete un beso. Ahí pensé en que hacía: o me portaba como una trolita o lo sacaba cagando, pero la adrenalina que tenía y la curiosidad en saber cómo sería si me portaba como una trolita ganó.

    Dejé que me besara, ahh yo estaba sentada con las piernas cruzadas y él me seguía besando, lo hacía con mucha ternura (las chicas me van a entender), pero me empezó a tocar las piernas, para que las abriera, pero las seguía cruzando como si tuviera un candado.

    Después de un rato de tanto insistir, las descrucé y como siempre ¡ahí cagué!, me empezó a tocar las entrepiernas y cada vez los besos eran más apasionados, y yo me pongo como para su lado, cosa de dejar mi colita a su disposición y me la empieza a tocar, yo estaba ya bastante caliente y su pija la tenía ya reparada, no me pude resistir y sobre el jean se la acaricié, y él ya me estaba tocando mi conchita.

    Obvio me dice de ir a un lugar más tranquilo y me lleva a un telo, la verdad es que no estaba arrepentida de lo que estaba haciendo, quería portarme como una putita y lo estaba haciendo.

    La cosa es que entramos en la habitación y me empieza a dar unos besos, pero ya no eran esos con ternura, me partía la boca, parecía un animal, y me empieza a tocar por todos lados, yo ya no lo sentía como caricias, era como que me manoseaba por todos lados, de una me saca la blusa, el corpiño y él se pone en bolas. En ese momento me sentí una boluda, no sabía qué hacer. Yo pensé que de a poco me iba a ir sacando la ropa hasta desnudarme y dejarme recaliente, pero no, no fue así

    No me quedó otra que solita sacarme la pollerita y la bombacha y él se tira en la cama y me dice: “chúpame la pija”, ¡un animal!, le digo que está en pedo que quien carajo se piensa que soy, y hago como que voy a agarrar la ropa mía y me dice, que no vinimos hablar de política, que me deje de joder, que yo era una putita que me gustaba coger, que a los diez minutos de estar en el auto ya estábamos tranzando, y todo eso, me dice déjate de joder y empieza a chupar.

    La verdad es que la tenía reparada, pero yo no estaba ya caliente, pero se la empecé a chupar igual, y me decía de todo: que bien la chupas, que putita sos, me empezó a tocar la cola, tetas, todo, obvio al final terminé calentándome, un poco a la fuerza, pero traté de gozar esa hermosa pija que tenía en la boca.

    Después de estar así me pone en la posición de perrito y me cogió, ¡que pija tenía!, me hizo gritar de placer.

    Estuvimos un rato nada más, después me dice que era demasiado linda para ser tan putita.

    La verdad es que no me quedé bien ese día, no me gustó como fue, pensé que iba a ser distinto, me quedé con miedo de que otra vez me pase lo mismo, porque si no hacía lo que me pedía tenía miedo que lo quisiera hacer a la fuerza.

    Bueno esta es otra de las cositas que me pasaron.

  • Bájate las bragas, Teresita

    Bájate las bragas, Teresita

    -Teresita… mira lo que tengo aquí… -canturrea Mateo a la espalda de la mujer. Teresa no tiene ni que darse la vuelta para saber qué es lo que tiene Mateo para ella, y sonríe y se relame de gusto antes de girarse y contemplar la exuberante desnudez del macho.

    -¡Ay, Jesús! -exclama Teresa en voz bajita. La natación que practica hace que Mateo tenga los hombros anchos y un cuerpo espectacular en general, pero el timón que luce entre las piernas es desmesurado. Y más grande parece porque no hay nada de pelo molesto que enturbie la visión del magnífico cipote del chaval. ¡Y esas pelotas! Grandes como nueces. Y colgantes, que cuando Mateo se la folla, el golpeteo de los cocos contra la carne de la mujer es un aliciente más que no ha sentido con ningún hombre. –No sé cómo me puedes meter todo eso… -gorjea Teresa limpiándose las manos con un trapo de cocina.

    -¡Bájate las bragas que te voy a reventar! -amenaza Mateo dando un paso en dirección a Teresa. La mujer recupera la sonrisa zalamera al escuchar al brutote de Mateo, porque mira que la ha visto veces, y todavía la asombra el tamaño del don que tiene el chaval entre las piernas.

    -¿Qué bragas? -contesta picarona mientras se sube lentamente la falda del vestido cómodo. Es una costumbre recién adquirida, eso de ir de comando por casa, porque Mateo tiene la sana manía de empotrarla en cualquier momento y rincón del hogar. Así que… ¿para qué poner trabas? A Teresa le encanta la fogosidad del muchacho, y como ya le ha fastidiado unos cuántos pares de braguitas, mejor ir sin ellas.

    -¡Fuuu, Tere! -bufa Mateo cuando el peluche de la casera asoma por debajo de la falda. Una perfecta montonera de pelos castaños, con algún reflejo plateado, impide ver la rajita de Teresa, aunque eso no supone ninguna molestia para Mateo. Es más, la visión del perfecto coño de su casera lo pone más verraco si cabe. -¡Golfa!.

    -¡Guarro! -contesta rápida la mujer, sujetando la falda a la altura de la cintura y moviendo un poquito las caderas. Siente la raja húmeda, y los pezones se le han erizado nada más darse la vuelta y contemplar la polla firme de Mateo. Teresa baja la mirada, fascinada por el movimiento de los huevos del chico mientras acorta la distancia en dos pasos. Teresa está más que dispuesta para recibirle, pero lo que no espera es que Mateo, después de comerle la boca con saña y manosearle los muslos hasta dejarle marcas rojizas en la piel, la voltee, la doble un poco y se agache detrás de ella. -¿Qué… qué haces? -pregunta Teresa entre gemidos. -¡Uf, SÍ! -chilla cuando nota la lengua del chico abriéndose paso entre sus carnes. Las manazas de Mateo le abren las cachas, y ella ayuda separando las piernas, exponiendo la almeja a los lametones de Mateo. -¡Ay, niño, me matas! ¡No pares, joder!-. Teresa se lleva una mano al pecho, intentando liberar un pesado y cálido cántaro de leche. Imposible. ¡Mierda! ¿Por qué se habrá puesto ese vestidito? Porque tiene mucho vuelo, se pregunta y se contesta Teresa. La ventaja es esa accesibilidad a las partes bajas, como bien le demuestra Mateo a base de unos lengüetazos que abarcan desde el ojo del culo hasta el mismísimo clítoris. ¡La virgen! ¡Este chico lo tiene todo grande! Teresa nota los tirones que le provocan los pelos del chichi cuando Mateo los arrastra con ese apéndice largo, rosado y húmedo. ¡Qué cabrón!

    -¿Te gufta, Tede? -farfulla Mateo, abriendo y levantando las cachas de la señora.

    -¡Ay, joder, sí! Como sigas… me voy a… -Teresa cierra los ojos, conteniendo el orgasmo que ya pugna en el bajo vientre. No miente. Entre la visión de la asombrosa polla de Mateo y el uso que hace de la húmeda, la mujer está por partirse en dos en cero coma.

    -¡Ah, ah! -Mateo separa la lengua de los labios carnosos de Teresa, aspirando el aroma de hembra cachonda que expele la entrepierna de Teresa. -¡Todavía no, Tere!. Sin que la mujer lo vea, Mateo se saca un pelo castaño de entre los dientes, uno de esos hijoputas que pueden arruinar un polvo memorable. Le encanta el peludito de la casera, aunque a veces echa de menos que lo lleve arregladito, como Pilar.

    -No quiero, no tan rápido -suspira Teresa, notando que el estallido de placer se va alejando. Menea el culo, pidiendo más caña, y asoma la cabeza por encima del hombro. Mateo le devuelve la sonrisa con la barbilla brillante de los fluidos de la propia Teresa, cosa que a la mujer llena de orgullo y un poco de vergüenza. ¡Cómo puede soltar tanto líquido, por Dios! -¿Por qué no has venido ésta mañana? -pregunta Teresa entonces, coqueteando con el trasero casi pegado a la nariz de Mateo. –Te hemos echado de menos -continúa con tono mimoso. -¡Hostis! -exclama la señora, y la amenaza de orgasmo vuelve a presentarse de golpe después del traicionero lengüetazo que le suelta el chaval. ¡La madre que lo parió!

    -Me he quedado dormido -contesta Mateo, otra vez abriendo las cachas femeninas. Teresa se muerde el labio, encantada con el manoseo y los lametones.

    -¿Estabas cansadito? -Teresa reprime una risita, súper orgullosa de haber dejado al semental machacado. Claro que para eso necesitó la ayuda de Concha y de Pili, pero entre las tres parece que lo dejaron agotado.

    -Digamos que tenía que recuperar fuerzas… -La “s” final silba y vibra entre los labios y el clítoris de Teresa, que alza sin querer los talones porque el hijoputa del niño la tiene a punto de caramelo. Y eso, sin metérsela.

    -¡Espera Mateo! -ruega Teresa, hurtando el culo de la cara del chico. Se toma un segundo para respirar y controlar las contracciones que le suben por las piernas. –Vamos a la cama, que quiero que me folles como Dios manda -añade, flipada con el tamaño que tiene el cipote del chaval.

    -Negativo -responde Mateo alzándose. El macho atrapa la cara de Teresa, haciéndola desaparecer entre sus manos, y le planta un beso que casi la devora, todo labios y lengua. Esos besos la ponen en órbita tanto o más que los lametones en los bajos, y por un momento teme que se va a correr con la manera que tiene Mateo de comerle la boca. ¡Ay, madre!

    -¿Ne… negativo? -farfulla Teresa cuando Mateo separa los labios. La pregunta es un poco tonta, porque tal y como está, le importa un pepino dónde quiera joderla, el caso es que la parta en dos.

    -Ven aquí -Mateo pone las palmas de las manos de Teresa contra la mesa del desayuno, rebozando el miembro contra la tela suave del vestido de la casera. Teresa vuelve a morderse el labio, porque definitivamente, que se la tire desde atrás es su postura favorita. Así le puede amasar las tetas, que las tiene faltas de atenciones.

    -¡Joder, Mateo! -susurra Teresa cuando el chico coloca la polla entre las nalgas y aprieta contra el ojete. La mujer canda las cachas, aprisionando como puede la verga del chico, sintiendo que el calor que emana casi le quema la sensible piel del rodete del trasero, y empieza a menearse arriba y abajo, ufanándose con los gemidos de placer y sorpresa que se escapan de la garganta de Mateo.

    -Esto es nuevo -dice el chico, ayudando a la mujer a apretar las nalgas con sus fuertes manos. Enardecida, Teresa procura acelerar el ritmo de la paja que le está haciendo a Mateo con las rotundas posaderas. -¡Qué rico, Tere! -alaba Mateo. ¡Platch! La sorpresa hace gritar a Teresa, que sabe que en nada caerá un segundo azote que le pondrá la nalga correspondiente del color de las mejillas de Mateo. ¡Platch! Teresa rezonga, alternando el arriba y abajo con círculos amplios que consiguen que los huevos gordos de Mateo le rocen los labios hambrientos del coño.

    -¡Fuuu, Mateo! -gruñe Teresa, a la que le empieza a faltar el aliento. No está acostumbrada a menear tanto las caderas, pero si tiene que coger fondo, no se le ocurre una manera mejor.

    -¡Fuu, Tere! -imita Mateo, soltando las nalgas. La presión disminuye, y Teresa deja de notar tanto la polla pegada al ojete. No le importa porque siente que Mateo casi cae encima de ella, abrumándola con su presencia. El chico hunde la cara en el pelo de Teresa, que a estas alturas está como el nido de una cigüeña, y Mateo empieza a soplarle la nuca, y a morderle el lóbulo de la oreja, a resoplar y a decirle esas cositas que hacen que Teresa pierda el control… que no hace falta porque está más cachonda que una perra en celo. Y cuando Mateo le agarra las tetas por encima de la ropa… ¡Ay, madre! Teresa empuja hacia atrás, buscando el paquetón del chico, y con una de sus manos aprieta la que Mateo usa para agrandar el escote del vestidito, que para qué habrá elegido ese modelito.

    -Lo siento, Tere… – ¡Rasss! Teresa nota las chicas libres de repente, y entonces cae en la cuenta de que Mateo le acaba de rasgar el vestidito. Antes de que las peras puedan coger frío, la manaza de Mateo se ocupa de protegerlas, las dos al mismo tiempo, sin dejar de besar el cuello y la oreja de la mujer.

    -¡Para, cabrón! -murmura Teresa, escupiendo uno de sus propios cabellos. -¡Fóllame o para! -pide la hembra, contorsionando el cuerpo para evitar el golpeteo de la vara y las pelotas de Mateo en el centro de sus placeres. La mano de Mateo acaba de soltar a las chicas, y empiezan a entretenerse con los pezones de la mujer. -¡No pares, Mateo! -urge Teresa, buscando el cipote de Mateo alargando la mano entre sus piernas. Lo primero que toca es, obviamente, los cojones del chaval, bamboleándose adelante y atrás. Teresa los acaricia entre los gemidos de Mateo, que frena un poquito el ritmo agradeciendo las atenciones de la mujer. -¡Joder, qué gordos los tienes!-.

    -¡Y están cargaditos, Tere!-. Lo de Mateo es un gruñido gutural, seco, que eriza los vellos de Teresa.

    -Ya procuraré vaciarlos, nene -promete Teresa, raspando la delicada piel de la bolsa con una de sus uñas. Los huevos escapan de la caricia, pero a Teresa le parece sentir que la polla del macho palpita con más fuerza contra su ojal.

    Teresa maniobra, con cierta dificultad, resiguiendo el gordo tallo con los dedos, en una postura difícil que Mateo no facilita, porque sigue manoseando las tetas de Teresa. Consigue tirar de la palanca hacia abajo, y alzando los talones, deja la herramienta embocada. Ese es un momento sublime, piensa Teresa aguantando el aliento. El momento en que siente el capullo de Mateo justo a las puertas, acariciando los labios con delicadeza, casi pidiendo permiso para entrar… -¡Venga, Mateo! -susurra Teresa, abriendo el coño con dos dedos. Más permiso no puede tener. -¡Uuuuhhh! -suspira la mujer. El ariete del macho entra lento, degustando el coñito caliente y suave de Teresa. La manaza de Mateo abandona a las chicas para atrapar la mano de la propia Teresa, ayudándola a mantener el conejo abierto. -¡Asiiii! ¡Despacio!.

    -Como tú me digas -responde Mateo. Le fascina contemplar los ligeros temblores de las nalgas de Teresa mientras le va metiendo el rabo por primera vez. A veces, cuando se la empieza a follar con las patas para arriba, Teresa mueve una pierna como si fuera un perrete rascándose. Esas tonterías le hacen flipar, porque uno no se imagina nada de eso cuando piensa en cómo sería follarte a una hembra madurita como Teresa. También presta atención a las marcas rojizas que le ha dejado en las cachas, y a la blancura de las estrías que la mujer tiene en la parte alta y externa de los muslos. Y mientras tanto, sigue metiendo chicha lentamente, hasta que media verga queda enterrada en el interior de Teresa.

    -¡Ahhh! -suspira la hembra. -¡No te muevas! -pide. Por una vez, Mateo le da el gusto. El chico permanece inmóvil mientras el chochito de Teresa se acostumbra al tamaño del cuerpo invasor. Puede que hayan follado cien veces, pero cada vez que entra es diferente. O acaso es que el coño de Teresa es súper elástico y recupera su tamaño en cuanto acaba de joderla… El chico espera, acariciando el bosquecillo de Teresa con su mano y la de la mujer, esperando el momento de empezar a moverse. Mateo está en la gloria dentro de casa, piensa, aunque es mejor entrar y salir. Siente la media polla que tiene dentro aprisionada, abrazada por la musculatura vaginal de su amante, y unos segundos después, Teresa empieza a moverse. -¡Qué grande es, por Dios! -murmura Teresa, halagando a Mateo.

    -Y qué dura me la pones, Tere… -contesta Mateo, acompasando sus caderas a las de la casera. Teresa gime, y Mateo gruñe. Al poco, los chasquidos húmedos de la carne llenan la cocina, acompañados por explosiones sofocadas y gemidos guturales. Mateo procura ser suave, o al menos, se lo propone, porque luego es empezar el metesaca y se le olvidan los modales. Se folla a Teresa como si no hubiera un mañana, y la mujer acepta sus acometidas con todo el gozo del mundo. Nunca en la vida se siente más mujer que cuando tiene a Mateo perforándola.

    -¡Mateo! -gruñe Teresa, aferrándose a la mesa para no caerse al suelo, porque el chaval le está metiendo unos meneos que pa qué.

    -¡Teresa! -responde el macho a la espalda, agarrado a las caderas de Teresa para hacer fuerza cada vez que le endiña un pollazo.

    -¡Que me corro! -constata la hembra. Quería avisarlo, pero el orgasmo llega antes, no inesperado pero sí adelantado. -¡Coño, que me estoy corriendo! -farfulla Teresa, que ya no tiene el control de sus brazos ni de sus piernas. Menos mal que Mateo la tiene bien agarrada, porque nota las rodillas y los tobillos de gelatina, y que los pies se estiran al tiempo que los dedos se le engarfian. Aprieta las mandíbulas, poniendo los ojos en blanco porque la llamarada de placer es tan brutal que apenas nota las acometidas del macho a su espalda, tan grande y ancho es el orgasmo.

    -¡Tere… Tere…! -muge Mateo. Las pelotas se recogen por sí solas, el badajo se pone tenso y empieza a palpitar en el interior espásmico del coño de la casera. Observa el cerco blanquecino que tiene alrededor de la base de la polla, y la raja del culo de Teresa, y entonces aprieta los dientes, clavando la verga en el fondo del coño de Teresa, que bufa entre la sorpresa y la incomodidad que siempre siente después de correrse. Y acompañado de un bramido, se deja ir, llenado el conejo con su caldito espeso y calentito. Una, dos, tres veces, cada una de ellas acompañada de un golpe de cadera que obliga a Teresa a expulsar el poco aire que tiene en los pulmones con un chillido de angustioso placer. Mateo sujeta a Teresa, acabando de derramarse con otros empujoncitos, hasta que nota que no le queda nada.

    -¡Joder, Tere! -suspira el chico. La casera todavía mueve las piernas sin control, chocándolas contra los muslos de Mateo. -¡Sí que me has exprimido bien!-.

    -¡Mmmm! -gime Teresa, incapaz de hablar. ¡Qué orgasmazo, la virgen! De los mejores que recuerda, piensa la mujer. Es más, es que todavía la recorre de arriba abajo, como una descarga de electricidad que parece perder fuerza pero no. ¡Y ahí viene otra vez! Inconscientemente, Teresa aprieta los músculos de las piernas, notando el chocho gozosamente lleno de carne y espuma. La incomodidad ha desaparecido, aunque tampoco es que Teresa esté preparada ya para otra sesión de folleteo, pero el caso es que no le importa sentir dentro a Mateo, es más, no quiere que salga todavía. ¡Y menos mal que la tiene agarrada, que si no…! ¡Hala! ¡Y otra descarga! Teresa esconde la cara entre la superficie de la mesa y su propio cabello, mordiéndose los labios hasta casi hacerse daño, incapaz de controlar el contínuo orgasmo que está sintiendo.

    -¿Estás bien? -pregunta Mateo. No es normal que Teresa esté tan callada después de un polvo memorable. Aunque claro, con ella, todos los polvos son memorables. Pero es muy raro que no lo haya sacado, ni que tiemble de esa manera, ni que apriete el chichi así… Teresa asiente con la cabeza, todavía incapaz de hablar, y Mateo empieza a comprender que su casera está gozando todavía. Alza las cejas, francamente sorprendido, y ahora ya notando que las piernas empiezan a acusar el esfuerzo de mantener el peso propio y el de la mujer.

    -¡Madreeee mía! -es lo primero que consigue decir Teresa. -¡Madre de Dios! -repite, probando la seguridad de sus piernas. Todavía las tiene ligeramente gomosas, pero cree que ya puede aguantarse. Mateo la saca, casi flácida, sucia y pegajosa. Tiene en la base y en los huevos un moco blanquecino, de lo suyo y de lo de Teresa. –¡Poooor favooor! -canturrea la señora. -¡Qué polvazo, Dios!-. Teresa nota el semen de Mateo manando de la rajita, buscando un camino muslo abajo. Normalmente no es tan fluido, así que debe haberse mezclado bien con los flujos de Teresa. Le importa un pimiento. ¡Pero qué polvazo!

    -¿Estás bien, Tere? -vuelve a preguntar Mateo, buscando una servilleta de papel para quitarse lo gordo.

    -¡De puta madre! ¡Jolín! Creí que iba a perder el conocimiento-. Teresa se apoya bien sobre las manos, levantando el tronco con cuidado. Mantiene las piernas ligeramente abiertas, porque todavía no está muy segura de que puedan sostenerla. Es más, todavía le tiemblan.

    -Perdona por lo del vestido -escucha que le dice Mateo. Teresa se mira el pecho, donde las domingas cuelgan libres, sin ver nada raro. Luego se da cuenta de que ése escote no permite sacar las tetas de ésa manera, y con la mano comprueba que, efectivamente, se ha rasgado justo por debajo de los pechos, más que suficiente como para arruinar la prenda. ¡Bueno! Solo se lo pone para estar cómoda por casa, así que… razón de más para volver a ponérselo. Así Mateo tendrá todo, pero todo, a su disposición.

    -No pasa nada, Mateo… ¡Joder, qué bien me he quedado!-. Teresa busca una silla con la mirada, dejándose caer a continuación. Siente el pringue de Mateo empezando a secarse en la cara interna de los muslos, y los temblores de las piernas no remiten. El chico ya ha acabado su básico aseo, guardándose el rabo bajo el pantalón del pijama. –Esto es mejor que cuando me despiertas por la mañana, ¿eh?