Autor: admin

  • Los pequeños problemas de mi hijo (2 de 2)

    Los pequeños problemas de mi hijo (2 de 2)

    —Soy del mismo gremio que tú —dijo Olga a mi hijo.

    —Del mismo gremio que yo? —Dijo mi hijo— no te entiendo Olga.

    —Ahora lo vas a entender —se subió la falda y acto seguido se bajó un poquito las braguitas enseñando una bonita polla depiladita,

    —Eres un chico? —Comento mi hijo.

    —No cariño soy una chica —le dijo Olga— cuando nací en lugar de tener una vagina como todas las niñas nací con una polla, físicamente y mentalmente soy una mujer pero con una polla.

    —Esto es fantástico —le comente a Olga, repitiendo la misma frase mi hijo— si siempre dijéramos la verdad estaríamos todos mucho mejor añadí yo.

    —Gracias a los dos, solo lo saben mis padres y otra persona muy cercana a mí, bueno ahora lo saben dos personas más.

    —Seremos dos tumbas —comentamos los dos.

    —Gracias —nos dijo mientras se subía las braguitas y se bajaba la falda.

    —La otra persona que lo sabe es tu compañero? —Le pregunto mi hijo.

    —No cariño mi compañera.

    —Dos chicas que se aman que cosa tan bonita y romántica, estáis muy enamoradas?

    —Si cariño, estamos muy enamoradas —le contesto Olga— tu hijo y tu soy amantes verdad? —Me pregunto Olga.

    —Si desde hace cosa de un año también estamos muy enamorados —le dije a Olga cogiendo a mi hijo por la cintura.

    —Nos queremos muchísimo —replico mi hijo.

    —Os felicito a los dos, haces una pareja muy bonita os doy la enhorabuena.

    —Gracias —dijimos los dos.

    —Se te pone la polla dura Olga?

    —Por supuesto cariño que se me pone dura no me puedo quejar, cuando mi compañera me hace una mamada veo muchas estrellitas.

    —a mí me pasa lo mismo cuando mi madre me la chupa también veo muchas estrellitas. —nos pusimos los tres a reír.

    —Enséñale tus pechos a Olga —dije a mi hijo.

    —Muy bien mama —se quitó la chaqueta y la camisa acto seguido se quitó los sujetadores enseñando los bonitos pechos a Olga.

    —que bonitos y que bien formados los tienes realmente son de mujer, enhorabuena cariño.

    —Gracias Olga —mientras mi hijo se volvía a vestirse comento— al principio de llevar sujetadores tenía la talla 80 pero han ido creciendo y mi madre me ha tenido que dejar unos de los suyos, los dos llevamos lleva la talla 90.

    —Vaya cariño tener la 90 ya es presumir de pechos —le dijo Olga.

    —Cuando salgamos de tu tienda iremos a comprarme unos cuantos conjuntos de lencería en una tienda que hay en la esquina.

    —La lencería que hay en la esquina dices? La chica que hay en la lencería es mi amada decidle que venís de mi parte y contarle el encuentro que hemos tenido, es una chica amable y sabe guardar secretos. Se llama Silvia.

    —Ha sido un placer de haberte conocido Olga eres una persona encantadora y gracias por tu sinceridad, ya nos volveremos a ver.

    —Seguro —dijo Olga— que contenta que estoy de haberos conocido —mientras nos daba un beso de despedida a los dos.

    —Ahora vamos a ver a tu compañera para comprarle unos cuantos conjuntos de lencería para mi amado hijo.

    Solo tuvimos que andar unos cuantos pasos, nada más entrar nos saludó una chica muy guapa y simpática.

    —Buenas tardes que desean?

    —Eres Silvia?

    —Sí, encantada de conocerles.

    —venimos de parte de Olga la chica de la zapatería.

    —la conozco, les conozco de algún sitio sus caras las he visto en algún lugar pero no sé dónde.

    —Vivimos en este mismo edificio, claro de pasar por delante de la lencería, hemos ido a comprar unos zapatos y hemos tenido una conversación con Olga. —Entre mi hijo y yo le contamos toda la conversación que tuvimos con Olga sin dejar ningún detalle incluido los nuestros.

    —Que contenta estoy de haberos conocido, pues si, Olga es mi amante la conocí un día que fui a comprarme unos tacones adoro los tacones.

    —Yo también —dijo mi hijo enseñándole los que se había comprado.

    —Son muy bonitos cariño sabes elegir bien, has llevado alguna vez?

    —No, pero no es nada difícil he andado unos cuantos pasos en la zapatería y es como si hubiera llevado siempre.

    —Qué hijo tan simpático y agradable tienes —me dijo Silvia— cuanto tiempo hace que soy amantes?

    —Un año más o menos, enhorabuena y que estéis unidos muchos años.

    —Gracias —dijimos los dos a la vez— has sido siempre lesbiana? —Pregunto mi hijo a Silvia.

    —no cariño, tenía novio pero no sé qué me pasaba que no estaba a gusto con él, hasta que un día conocí a Olga cuando fui a comprarme los tacones y hasta hoy estamos muy enamoradas las dos, que puedo desear mas es una chica es muy guapa tiene una polla muy hermosa y unos pechos encantadores tengo todo lo que me gusta en una sola mujer —nos dijo riendo.

    —nos ha enseñado su polla la tiene muy bonita —dijo mi hijo.

    —Realmente la tiene muy guapa siempre que se la chupo me dice que ve estrellitas.

    —A mí me pasa lo mismo cuando mi madre me la chupa —nos pusimos los tres a reír.

    —Siempre has tenido pechos? —Pregunto a mi hijo.

    —Hace cosa de unos ocho meses empezaron a salirme pero no quiero operarme me gusta tener pechos y lo que diga la gente me da igual me tienen que gustar a mí y a mi querida madre y también llevare tacones por la calle porque me gustan paso de las habladurías.

    —Vaya tu hijo sabe hablar muy bien, si la gente hablase siempre así estaríamos mucho mejor —me dijo.

    —Adoro a mi hijo y lo quiero mucho —dije a Silvia.

    —Quisiera unos cuantos conjuntos de lencería con aros y sin relleno y con un poquito de blonda, quiero tener mi propia lencería los sujetadores que llevo son de mi madre como tenemos la misma talla, usamos la 90.

    —que encanto de hijo tienes —me dijo— acercaos que tengo lo que buscas —dijo a mi hijo— que tal? Te gustan? Son muy bonitos y tienen lo que a ti te gusta, aros, blonda y sin relleno, no os preocupéis por el precio os hare un precio especial.

    —Son realmente muy hermosos, finos y elegantes Silvia, la braguitas también van incluidas?

    —Por supuesto.

    —Qué opinas mama?

    —Tienes toda la razón son verdaderamente hermosos hijo, toma estos blancos y te los pruebas ya me dirás como te sientan.

    —Ven con nosotros Silvia y así me veras los pechos.

    —Lo vuelvo a repetir tienes un encanto de hijo —me dijo Silvia.

    Entramos los tres en el probador, mi hijo empezó a quitarse la chaqueta y la camisa, quedándose en sujetadores.

    —qué cosa más bonita dijo Silvia.

    —espera aun no lo has visto todo dijo mi hijo.

    Acto seguido se quitó los sujetadores, enseñando los pechos,

    —que pechos más hermosos y bien formados que tienes si solo enseñases los pechos en una foto no se sabría distinguir si la persona es un hombre o una mujer, puedes estar orgulloso de tus pechos.

    —muchas gracias Silvia.

    —toma cariño pruébate los sujetadores a ver cómo te quedan.

    Mi hijo se probó los sujetadores componiéndose bien los pechos en las copas y mirándose en el espejo.

    —que tal me quedan los sujetadores chicas?

    —Te quedan muy bien hijo la talla 90 es la que tienes que llevar, verdad Silvia.

    —Realmente le quedan muy bien y le hace un pechos muy hermosos, sabéis lo que me gusta también? El canalillo, a vosotras no os gusta insinuar un poquito el canalillo?

    —Por supuesto —dijimos las dos al mismo tiempo, después de que mi hijo se volviese a poner los sujetadores que llevaba y vestirse salimos del probador para elegir los colores.

    —Cuantos conjuntos me puedo comprar mama?

    —De momento cómprate seis conjuntos más adelante ya te compraras más.

    —de acuerdo mama —mientras me lo decía me lo agradeció dándome un dulce beso en los labios.

    —no me cansare de repetirlo tienes un encanto de hijo, —me dijo Silvia— que colores quieres?

    —dos blancos, dos negros, rojo, color carne, estos son los colores que quiero Silvia.

    Unos minutos después nos dio la bolsa con los conjuntos de lencería.

    —como os comente os he hecho un descuento especial, sois un encanto de personas y muy simpáticos.

    Antes de irnos nos dio un beso a cada uno volviendo a decirnos que éramos unas personas muy simpáticas y que seguro nos volveríamos a ver muy pronto.

    —Estas cansada mama? Te apetece ir a dar una paseo y sentarnos en alguna terraza?

    —Me apetece hijo, te pondrás tacones?

    —Prefiero llevarlos algunos días por casa para que el pie se adapte al zapato, tú lo haces mama.

    —va mucho mejor tienes toda la razón.

    Después de subir al piso las comprar nos fuimos a dar un paseo y después fuimos a sentarnos en una agradable terraza. Mi hijo me pregunto si mientras los dos estábamos en la calle me podía abrazar hacerme carantoñas y darme besos, yo le conteste que por supuesto, yo opino como el, no me importa lo que comente la gente o que nos miren. Pasamos una tarde muy agradable y hermosa, a ratos mi hijo me ponía la mano en el trasero acariciándolo hacia mucho tiempo que nadie lo hacía -me refiero en la calle- tuve una sensacional muy agradable, aquella noche follamos con mucha pasión durante unas cuantas horas.

    Los días pasaban muy agradablemente a mi hijo no le volvieron a crecer más los pechos se quedó con la talla 90 los tiene muy bonitos, llevaba también los tacones con mucha naturalidad sin importarle lo que murmuraba la gente, se atrevía a ir con las prendas un poco más ceñidas insinuando los pechos y el canalillo, tiene como he comentado anteriormente el pelo muy rubio y lo lleva largo algunas veces lo confunden con una chica si lo ven por detrás. Seguimos comprando los tacones en la de zapatería de Olga y los sujetadores, las braguitas y complementos en la lencería de Silvia. Lo vuelvo a repetir y lo diré las veces que haga falta amo y quiero a mi hijo con todo mi corazón.

    Nos hemos hecho muy amigos de Olga y Silvia son dos chicas muy agradables y sinceras se quieren mucho, algún que otro fin de semana nos reunimos en muestra casa o en la de ellas pasando unas horas muy agradables. Un fin de semana cuando terminamos de comer nos dijeron que tenían que hablar de un tema que a lo mejor nos interesaba, era el siguiente: como la zapatería es de Olga y la lencería de Silvia, nos propusieron lo siguiente: que podríamos trabajar para ellas los dos a jornada partida y ellas tendrían más tiempo para sus cosas y estar más tiempo juntas, nos dijeron que nos lo pensásemos unos días, un segundo después dijimos los dos a la vez que sí, se pusieron muy contentas diciéndonos que podríamos elegir donde queríamos estar, yo me decante por la lencería y mi hijo por la zapatería. Olga y Silvia no pararon de decirnos lo bien que estaríamos en la zapatería y en la lencería y que no nos preocupásemos por el dinero. Siempre va muy bien que entre un dinero extra en una casa, así podríamos ahorrar un poquito y tener para nuestros caprichos.

    Unos días después ya estábamos trabajando unas veces teníamos el turno de mañana y otras veces el de tarde. Nos adaptamos muy rápidamente, a mi hijo le encantaba trabajar en la zapatería y yo en la lencería, las chicas y mujeres que iban a comprarse los tacones siempre querían que estuviese mi hijo y si no estaba volvían cuando él estaba decían que les aconsejaba muy bien sobre las alturas de los tacones y como tenían que llevarlos y toda estas cosas, siempre querían que les contase lo de sus pechos y por qué llevaba tacones quedando ellas muy acorde con sus ideas, les decía si tenían que comprarse lencería acudiesen a mi tienda quedando ellas encantadas de que yo les atendiese sabiendo que el chico de la zapatería era mi hijo.

    Unos meses después estábamos los dos completamente integrados en nuestros respectivos negocios mientras Olga y Silvia estaban encantadas con nosotros diciendo que el negocio iba muy bien, siempre nos daban más dinero del que teníamos que ganar. Mi hijo ya tiene una buena colección de tacones, lencería y complementos, estoy encantada que se compre estas cosas porque le veo muy feliz, yo también me compro mis cosas por supuesto.

    Una noche después de haber cenado estábamos viendo la tele cuando de pronto mi hijo me dijo:

    —abrázame mama.

    —te pasa algo hijo? Estas bien? Tienes los ojos que te saltan las lágrimas.

    —lloro de felicidad, te quiero mucho, no quiero que nunca nos separemos.

    —yo también te quiero y nunca nos vamos a separar, estaremos juntos para siempre hijo de mi corazón. Vamos a follar?

    —Si mama vamos a follar y así estaremos todavía más unidos.

    PD: Este es un relato de ficción pero podría ser perfectamente real, hay que leerlo despacio y entre líneas la historia y vivencia de cada personaje: la madre, el hijo, Olga, Silvia.

  • Nuestra amiga argentina no perdona ni al portero

    Nuestra amiga argentina no perdona ni al portero

    Hola hermosos, yo como siempre contando las cosas que hago, Lo que les voy a contar ahora el que me quiera creer que me crea y el que no, no me importa. Ayer me fui a la remierda con lo que hice, ¡pero no lo pude evitar! me volví una trolita, les cuento.

    Ayer me recibí de trola

    Para que entiendan lo que me pasó les cuento un par de costitas:

    Yo vivo en esos edificios que son antiguos y grandes, donde hay solo un departamento por piso y son solo 7 pisos, o sea 7 familias. Vivo ahí desde que soy chiquita y el encargado fue siempre el mismo.

    Juan, el encargado es un tipo de unos 55 años, grandote, tiene piel oscura, bruto para hablar, pero es bueno, todos le tienen confianza; lo único que siempre se comentó es que es mujeriego, y que había pasado cosas entre él y las chicas que vienen a limpiar en el edificio.

    Bueno, otra cosa, yo tengo un par de polleritas que son muy cortitas, y las uso solo para ir a la playa, nunca salgo (o salía) a la calle con esas polleras tan cortitas, si uso polleras cortas, ¡pero tanto no! Hay una que es de jean, apenas me tapa la cola jeje, que me la pongo mucho cuando estoy en casa, porque me gusta.

    La cosa es que hace un par de semanas, me quede sin puchos, estaba con esa pollerita, una remera y zapatillas (hacía calor) y digo, “bahh no me voy a cambiar voy así”. Cuando salgo, veo que Juan se le van los ojos cuando me ve jeje, y en la calle me gritaron un par de cosas, y un par de vejetes me cogieron con la mirada jeje, cuando entro en casa mi mama, recién había llegado y me dice que no salga así que parezco una trola, bue no me reía sola jeje

    Me quedé pensando en eso, nunca me había pasado, porque no me visto para que me griten cosas.

    Otra mañana que estaba sola en casa, bahh con la chica que limpia, me visto igual (con la pollerita esa) y voy a comprar puchos, cuando me ve Juan, me dice:

    – nena, como creciste.

    -gracias Juan.

    Le digo haciéndome la boluda. Voy a comprar los puchos vuelvo, y otra vez Juan no me saca la mirada, me di cuenta por un espejo, que cuando estaba esperando al ascensor me estaba mirando.

    No sé porque, ni para qué, pero me dieron ganas de seguir calentándolo, no sé, cosas de pendeja boluda, y no me acuerdo que día de la semana pasada, un día que estaba fresquita a la mañana, me pongo lo mismo, pero con un saquito y voy a comprar puchos, cuando salgo no estaba, ¡la puta madre! Pero cuando vuelvo si, y el diálogo fue más o menos así.

    Juan: nena, ¡está fresco para que salgas así!

    Yo: (con cara de nena boluda) ¿así como Juan?

    Juan: Así, con esa pollerita

    Yo: ¿qué? ¿Me queda muy mal?

    Juan: no, te queda muy linda, pero no salgas así, está fresco.

    Yo: Bueno Juan, gracias.

    Me quedé con eso en la cabeza y no me lo podía sacar. Ayer sábado estaba sola en casa, porque mis viejos se habían ido al country de mi prima y mi novio estaba en un campeonato de Golf, y sabía que terminaba tarde, porque después se juntan a boludear.

    Me empezó a calentar la idea de seguir jodiendo a Juan, y cuando se me pone algo en la cabeza, ¡cagué! no sabía qué hacer para que me avanzara o no sé qué, pero algo quería hacer, pero tampoco me animaba mucho, era el encargado del edificio, si se entera mi viejo ¡me mata! Pero la idea de hacer “algo” me seguía dando vueltas en la cabeza, no se ¿me entienden cuando nos pasa eso?

    La cosa es que se me ocurre una boludez, me pongo la pollerita, una remera cerrada, pero sin corpiño, zapatillas y bajo, y estaba Juan

    Juan: Hola nena, te vas a enfermar de salir así vestida, antes no te vestías así.

    Yo: que Juan ¿no te gusta?

    Juan: si nena, pero ¿dónde vas así?

    Yo: a la ferretería porque se me quemó la bombita de la lámpara de mi cuarto (cualquier boludez).

    Juan: pero las ferreterías están cerradas los sábados a la tarde por acá.

    Yo: ah ¿y que hago?

    Juan: Si querés te doy una yo, o te vas a Easy

    Yo: no Juan, dame una vos, ¿dónde las tenés?

    Juan: en el cuarto de máquinas

    Yo: Bueno vamos

    Ahí, es donde empezó la cosa, al cuarto de máquinas, obvio yo nunca había ido. Hay que ir al garaje y de ahí sale un pasillito que da a ese cuarto, Yo iba atrás de Juan, no sé porque, ¡me podría haber quedad en el Hal!, cuando llego era un cuarto lleno de boludeces, con un sillón (se ve que ahí duerme el que va los domingos), y solo con una bombita.

    Juan me dice que las bombitas están en esa estantería (me la señala), pero que habían puesto (no se para que mierda) una mesa que le habían dado delante de esa estantería, que él no se quería subir a la mesa porque tenía miedo de romperla.

    Me dice que me suba y le alcance la bombita, la verdad no sabía que estaba haciendo, solo el hecho de estar ahí, me calentaba, aparte estaba casi en bolas, sin corpiño y con esa pollerita.

    Bueno me subo a la mesa, ahí Juan obviamente me vio la bombachita, le doy la bombita y me dice “sentate acá nena” (en la mesa).

    Me siento en la mesa, me pone sus manos en mi pierna y me dice más o menos así:

    Juan: mira nena, está todo bien, pero yo a las pendejas como vos las conozco mucho, decime ¿qué es lo que querés?

    Yo: Nada Juan solo la bombita.

    Juan: Nena, estoy seguro que si subo no tenés ninguna bombita quemada, y sos demasiado fina para estar en este lugar y yo tocándote las gambas (es bruto hablando)

    En ese momento me di cuenta lo que estaba por hacer, por una lado ya me daba calentura estar en ese lugar, me sentía desnuda frente a él, porque (las mujeres lo sabemos) estas polleras cuando una se sienta, se suben y faltara poco ¡para que se me viera la bombacha!, que Juan con esas manos grandes que tiene me estuviera tocando las piernas, pero por otro lado ¡era una locura!, seguro ahí se cogió a las chicas que limpian en el edificio, ¡yo iba a hacer lo mismo que ellas! no es por nada pero no puedo ser tan puta.

    Yo: está bien Juan, tenés razón, no sé lo que hago, perdóname, pero porfi no le digas a nadie que estuve acá.

    Juan: nena, no se lo digo a nadie, pero no me jodas, ya no sos una nena, y si querés hacer algo, hacelo, si no, ¡no jodas!

    Yo: Está bien Juan (me fui y obviamente no me lleve la bombita).

    Cuando llegué a mi casa estaba renerviosa, tenía la boca seca, iba y venía, ¡no sabía qué hacer!, por un lado me decía que estuve bien en no hacer nada, por otro lado me acordaba de Juan con esas manos con la piel oscura, tocándome las piernas en ese lugar mugriento y me daba calentura. Pensaba ¡qué hago! Y cuanto más pensaba eran si por un lado y los no por el otro, me entienden cuando uno llega a ese momento. ¿Qué hacer?

    Si seguía pensando se me pasaba la tarde y me iba a quedar con la calentura y la intriga, sin pensar, tomo el ascensor y bajo otra vez, Cuando le veo a Juan de una le digo Juan vengo a buscar mi bombita.

    Juan me mira con cara de asombro y me dice:

    – vení nena.

    Y me lleva de nuevo a esa “sala de máquinas”, yo estaba entre que las gambas me temblaban y la calentura de hacer eso me mojaba.

    Me sienta de nuevo en la mesa, me pone las manos en mis piernas, pero esta vez tocando las entrepiernas (que es una zona muy sensible mía) y me dice:

    Juan: nena ya te dije, sos muy linda para esta acá, decime que querés, pero no me jodas.

    Yo: No sé, Juan, estar acá.

    Mientras me hablaba sus manos cada vez se acercaban más a mi conchita y veía sus dedos que cada uno era como una pija (vieron esas manos grandes, con dedos grandes).

    Cuando sus manos estaban, no sé, a milímetros de mi conchita me preguntaba si eso me gustaba, le decía que sí, el HDP ¡me tuvo un rato así!, yo no daba más, quería que me metiera los dedos de una (les digo a los varones que las mujeres nos calentamos igual que ustedes eh), me tuvo así un rato largo hasta que pasa sus manos por debajo de la bombachita y me pone un dedo, después otro, yo estaba que volaba, tan caliente estaba que sola me saque la remera y él se tiró a mis tetas, como un animal me las mordía, me hacía doler pero me gustaba, (ya las dudas y el miedo se me habían pasado, me invadía la calentura y nada me importaba), sigue así hasta que acabo con un terrible orgasmo.

    Después, se saca el pantalón y los calzoncillos (nunca vi unos tan feos y viejos), se sienta en el sillón y me dice así (porque esto me lo acuerdo bien) “a ver si las putititas finas como vos me la chupan también como las que vienen a limpiar”.

    Todo eso me calentaba, me siento al lado de él y empiezo, primero a acariciársela, le acaricio los huevos, las piernas, y recién ahí le empiezo a pasar la lengüita hasta que se la termino chupando toda.

    Juan mientras me estaba poniendo esos dedos enorme en la cola, después de estar así un rato me dice que me ponga en 4 en el sillón, y me pregunta si soy tan puta para aguantarme que me haga el culo, les dije es muy bruto hablando pero eso me calentaba, bah ¡todo me calentaba!

    Como no le dije nada, me seguía preguntando hasta que le dije:

    -Si Juan metédmela por la cola.

    Me empezó a poner la puntita, y después de una entera. Ay, que grito pegué, ¡me dolió!, me tapó la boca y me dice que ahí las putitas no gritan, una vez que la tenía adentro, la calentura fue más que el dolor, me la ponía y sacaba, hasta que me terminó acabando en la cola (obvio con forro) ahí acabé otra vez.

    Se sacó el forro y me pidió que se la chupe para que le quede limpita, cuando terminamos, mientras él se vestía me quedé desnuda en el sillón unos segundos pensando en lo que había hecho, pero ya era tarde, me vestí y Juan me dijo que nunca pensó que yo era tan putita, que cuando quiera que me coja de nuevo que baje, le dije que no que esa fue la primera y última vez.

    Pero la cosa no termina ahí, cuando salimos de ese lugar y paso por el garaje, veo ¡el auto de mi viejo! como hacía para entrar mi casa ¡así vestida!, mientras él estaba entrando el auto a su hija se la estaba cogiendo ¡el encargado! ¡Por Dios! bueno subo y voy derecho a mi cuarto, y cuando paso por el escritorio de él me ve, me pregunta de dónde vengo así vestida. Y le contesté:

    – nada, fui a comprar puchos. Y que no me joda.

    Me quedé en mi cuarto pensando en lo que había hecho, ¡que loca que estoy!

  • Mi primer trabajo gay

    Mi primer trabajo gay

    Esto pasó cuando tenía 18. Aún estaba en el cole ya que es hasta los 19 que se sale.

    Yo nunca he sido gay, a mí siempre me han gustado las mujeres, pero admito que hay veces en que soñaba con cogerme a un hombre, para probar, y con quien yo soñaba que me cogiera era «Matías» (mi mejor amigo). Era morenito, no muy alto ni muy bajo, tenía una boca que se veía deliciosa; a veces sin querer veía como cuando su pene estaba erecto se marcaba en su pantalón y tenía un buen culo.

    Un día el profesor nos puso en parejas para que hiciéramos un trabajo largo, como no terminamos en clase quedamos en que iba a venir a mi casa a terminarlo.

    Cuando llegó nos pusimos a jugar play un rato, como a la media hora nos dio hambre y pedimos una pizza, cuando llegó la pizza pusimos una película. Empezamos a ver la película y a comer la pizza, todo iba normal. Como a la mitad de la película ya nos habíamos terminado la pizza. En eso hubo una escena gay, cuando empezó hicimos como si nada, pero yo lo veía con el rabillo del ojo y noté que el también. Durante esa escena no dijimos nada, pero cuando terminó él me dijo:

    -oye… ¿Nunca has querido probar algo como eso? -dijo con algo de pena.

    Yo me puso todo rojo.

    -Si -terminé diciendo con una voz apenas audible. -No soy gay pero me gustaría saber que se siente.

    Él se acercó a mí y me empezó a besar tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar. Cuando pude reaccionar lo empecé a besar con más ganas.

    Bajé mis manos hasta donde se cruzaba su pantalón con su camisa y se la empecé a quitar mientras él hacía lo mismo. Al terminar de quitarnos las camisas nos acercamos pero no nos volvimos a besar.

    -¿Estás seguro de esto? -le dije.

    -Shhhh -dijo mientras me volvía a besar.

    Continuamos besándonos mientras nos quitábamos los pantalones. Al quitárselos por completo empecé a bajar por su cuerpo desnudo mientas pesaba su piel. Primero besé su cuello, luego baje hasta sus pezones, sus abdominales, hasta que llegué a su vello púbico. He de admitir que siempre he tenido un fetiche con el bello púbico. Comencé a bajar su bóxer con una mano mientras que con la otra acariciaba su bello, lo besaba y lo lamía. Seguí bajando hasta que llegue a su pene, al igual que el mío estaba al máximo. Me sorprendí al ver su pene, estaba lleno de venas y no era muy gordo pero si largo, creo que medía unos, 17, 18 cm. Seguí besando su pelo hasta que desapareció y comencé a besar su tronco. Al llegar a su cabeza saqué mi lengua y empecé a lamer toda su cabeza, metí solo su cabeza en mi boca, estaba deliciosa, se sentía como después de no haber comido por días comieras tu comida favorita. Seguí metiendo su pene cada vez más adentro de mi boca, mientras movía su pene con una de mis manos con la otra seguía acariciando su pelo, tan largo y suave. El agarraba mi cabeza con sus dos manos y seguía el movimiento que yo hacía. Sequé su pene de mi boca y le dije:

    -Quiero que me la metas ¡ya! Pero no te vengas adentro quiero comerme toda tu leche.

    Me levanté y lo besé mientras me movía para quedar a la par de la cama. Cuando paré de movernos me senté sobre la cama de acosté y abrí mis piernas para darle todo mi culo. Él me agarró por la cintura y me atrajo hacia él. Me empezó a meter su pene por mi culo, yo solté un pequeño gemido de dolor y él paró.

    -¡No! -le grité. Mientras que con mi cuerpo me empujé un poco hacia él para meter más su pene.

    Él empezó a penetrarme cada vez con más ganas. Ya no me dolía, ahora estaba sintiendo un placer enorme. Comencé a masturbarme mientas él me penetraba.

    -álzame como si fuera tu Putita.

    Él era fuerte y yo no pesaba mucho, por lo que no le resultó muy difícil alzarme. Me agarré con mis piernas de su culo y con mis manos de sus hombros.

    -Ahora eres mi putita -me dijo.

    -Ahora soy tu Putita -le conteste entre gemidos.

    Ahora era yo el que hacía casi todos los movimientos. Acerqué más mi cuerpo al suyo y lo empecé a besar. Su cuerpo desprendía un calor que hacía olvidar que el frío existía. Mi pene completamente erecto chocaba justamente con su cuerpo en su bello por lo que me excité aún más, no pude aguantar más y me vine. Sentía como mi semen caía en su cuerpo y en el mío. Cuando nuestros cuerpos se separaban sentía como seguían unidos por mi semen, como si fuera el queso de la pizza. Noté que sus manos se empezaban a cansar por lo que me acostó en mi cama. Cuando se preparaba para volver a penetrarme le dije:

    -Espera -me puse por completo en la cama y le dije que también se subiera.

    Me puse en la famosa posición de “perrito” y él me siguió penetrando.

    -Me excita aún más verte en esta posición. Así tu culo es todo mío.

    Agarró mi culo con las dos manos tan fuerte que me dolió un poco. Empezó a bajar por mi espalda con sus manos y luego con su cuerpo. Se acercó a mi oído y me susurró.

    -Estoy a punto de venirme. Suplicarme que te de mi leche.

    -Dame tu… leche, dame… tu leche -le decía mientras gemía como toda una putita.

    Él sacó pene de mi culo. Se estaba bajando de la cama y lo imité. Me puse de rodillas frente a él y se lo empecé a chupar otra vez. Al chuparlo por primera vez sentí como tenía un poco de semen ya afuera. No tuve que chupárselo mucho antes de que se viniera. Fue delicioso, sentía como mi boca se llenaba de su semen. Después de disfrutar un rato el sabor de su semen en mi boca me lo tragué. Le seguí chupando la cabeza del pene ya que aún la tenía llena de su delicioso néctar. Al terminar de chupar todo su semen me levante y le di un beso rápido, cuando lo iba a seguir besando él me separó y me dijo:

    -Yo también quiero probar tu semen, vi lo mucho que disfrutaba con el mío, no es justo que solo tú lo disfrutes.

    Con mis dedos cogí un poco de mi semen que había caído en su cuerpo y lo puse sobre mis labios.

    -Eso me gusta -dijo mientras me empezó a besar.

    Al terminar el semen de mi boca siguió con el que estaba en mi cuerpo.

    Al terminar como aún seguíamos llenos de semen nos metimos al baño juntos. Cuando nos terminamos de quitar el semen de nuestros cuerpos nos quedamos besándonos bajo la ducha. Al salir nos pusimos la ropa y seguimos con el trabajo como si nada hubiera pasado. Cuando se iba a ir me dio un largo beso en la boca y me dijo.

    -La próxima yo seré tu putita

  • Me chantajea una joven de 18 años

    Me chantajea una joven de 18 años

    Bueno, mi nombre es Federico soy un maduro de 42 años, pelo negro, ojos color miel, musculoso, morocho, buenas nalgas y un pene grande, gordo y cabezón bien depilado y casado. Ella es Jesica una jovencita de 18 años, pellirroja, su piel blanca como la nieve y muy delicada, delgada, ojos verdes, pecas que se esparcían por todo su cuerpo, unas tetas pequeñas pero apetecibles y un culito normal bien firme y paradito.

    Comencemos: la conocí en un chat y jamás le pregunte su edad hasta conocerla, en esos momento que mi esposa no se encontraba en casa o se iba a realizar mandados yo me conectaba al chat para distraerme

    Maduro42: Hola Jesi como andas? es raro encontrar una mujer en estos chats jaja

    Jesicaa: Hola maduro todo bien y vos? si puede ser, quizás no somos muchas en el chat jaja

    Maduro42: Bien bien, la verdad es que sos la primera que vi, dime que buscas acá?

    Jesicaa: bien estaba algo aburrida la verdad, asique encontré este chat y decidí entrar, divertirme un poco y distraerme y vos que buscas?

    Maduro42: Lo mismo que vos y además es una forma de olvidarme que tengo esposa y de dónde sos?

    Jesicaa: uh eres casado jaja? quien lo diría, yo estoy soltera y soy de Oxxo y vos?

    Maduro42: Y con la edad que tengo si no estoy casado jaja, vaya eres de mi misma ciudad que raro encontrarte aquí

    Jesicaa: en serio? también sos de acá? no me lo creo que bueno

    Maduro42: si si pasa que el trabajo no me deja salir tanto, por eso capaz no me viste jamás, vivo cerca del centro de la ciudad, y que hace una chica como vos soltera?

    Jesicaa: Por ahora prefiero esta soltera, aunque contigo haría una excepción jajá

    Maduro42: es raro que una mujer como vos, busque un maduro y no alguien jovencito

    Jesicaa: me gustan los maduros a mí y aparte no te interesa conocer a alguien además de tu esposa? me imagino que te cansas un poco de ella sino no entrarías a este chat

    Maduro42: (ella estaba sacándome la ficha en todo) y sinceramente si, hace mucho no hago nada con mi esposa creo que ya se cansó de mí, por eso entro al chat y conocer mujeres

    Jesicaa: es una lástima, lo que se debe estar perdiendo tu esposa

    Maduro42: tú crees? no soy la gran cosa pienso yo

    Jesicaa: mira quieres que nos veamos? estoy en mi día libre y me gustaría conocerte y tener una charla personalmente contigo

    Maduro42: ( yo pensaba y si no es mujer? y si es una vieja?) me encantaría hoy también estoy libre, dime tu dirección y nos vemos

    Jesicaa: bien vivo del centro a dos cuadras en Oxxo ven a eso de las 10

    Me había desconectado del chat y eran las 7 pm asique decidí preparar mi ropa, ducharme, peinarme y echarme perfume, justamente mi esposa se iba a comer con amigas y yo le dije que con los ejecutivos de mi trabajo lo cual ella me creyó. Se hicieron las 10 pm llegue a la dirección que me dio, toco timbre y aparece una jovencita diciendo «hola si?» yo pensaba en mi interior (me abre equivocado de chat? era un hombre jugándome una broma? seria de mi ciudad o no la mujer?) entonces le dije «no perdona creo que me equivoque de número, hable con una mujer y me paso la dirección venía a su casa a comer, ella me miro sonriendo y dijo «no te equivocaste pasa» , cuando paso ella me dice «no te equivocaste, yo soy Jesica tengo 18 años», en ese momento no sabía qué hacer, solo pensaba porque no pregunte su edad o porque no sospeche eso, entonces le dije que me tenía que ir y ella enseguida me freno, saco una foto y dijo «no te vayas tengo fotos del chat y una tuya, si lo haces toda la ciudad sabrá que te hablas con jovencitas, incluso tu esposa, esta es la prueba definitiva, un paso más y subo todo a internet, tú eliges si te vas o te quedas”.

    Yo sentía miedo, lo único que hice es decirle que se tranquilice que me quedaría con ella, “dime que quieres Jesi?” ella pensó y dijo «quiero hacerlo con un madurito como vos, que su esposa no lo desea» yo no podía irme o ella subiría todo, solo me quedaba decirle que si para frenar todo esto. Ella me dijo “obedecerás todo lo que diga o ya sabes Fede, sácate la ropa y quédate con la interior nomas”, fui sacándome mi camisa dejando a la vista no por agrandarme sino un cuerpo brillante, con abdominales marcados, unos buenos pectorales y bien depilado, me baje mi pantalón y unas buenas piernas marcadas y un buen culito, ella solo me miraba y le gustaba así que me hizo dar unas vueltas y que subiéramos a su cuarto, yo solo pensaba, me está chantajeando una jovencita? tan bajo caí? no puedo irme, sino subirá todo que hago?. Ella me hizo pasar a su cuarto y me dijo “ten, ata esta soga en la cama una en cada punta”.

    Mientras yo ataba las sogas ella se iba sacando su ropa, era un vestidito completamente negro, se lo fue bajando y dejo a la vista un corpiño blanco con pequeños puntos negros y una tanguita blanca con un moño, yo miraba y ella daba vueltas diciéndome “se nota que te gusta eh”, yo digo “por qué lo dices?” y ella me señala mi bóxer, yo sin darme cuenta tenía una erección tan dura, que solo tuve que seguir atando todo y cuando termine le digo «bien no seguiré más adiós», ella me mira y enojada dice “upss casi apreté enviar a mis cuentas en internet, que mal se me está resbalando el dedo”, yo reaccione rápido, “no no perdóname sigamos por favor ya está todo atado que haremos con la soga?”, “bien, cállate y átame a ellas”.

    Yo pensaba cómo? que querrá?. Bien pero la ate suave porque no entendía y ella me decía «átame fuerte rápido y sácate el bóxer» me saque el bóxer dejando a la vista mi pene bien duro como piedra, estaba un poco más grande, mas gordito y bien cabezón, jamás lo había visto así por nadie, entonces ella me mira sonríe y dice “bien, abre ese cajón y te diré que hare”. Cuando abro el cajón había consoladores, esposas, látigos, mas sogas, una mordaza para su boca y muchas cosas más, yo sorprendido le digo «que quieres?» y ella sonriendo “que me domines y me folles como una putita sumisa» yo en ese momento pensé está atada puedo agarrar su celular borrar las fotos e irme dejándola así, pero si la encontraban me iban a buscar, mejor obedeceré y hare esto simple «bien lo hare pero no subirás las fotos y las borraras entendido?”, ella solo sonreía diciéndome «si está bien, cuando terminemos lo haré».

    Bien, comienzo agarrando un látigo y empiezo a darle suaves latigazos a sus tetas, noto que con cada uno ella comienza a excitarse y sus pezones se iban poniendo más y más duros, pero ella gritaba de dolor, luego de darle 15 golpes así ella comienza a llorar se notaba que era su primera vez y mis golpes no eran tan blandos, le pregunto si está bien y si quiere que frene? ella me decía «no no sigue soportare» entonces con el látigo le empecé a golpear la vagina unas 10 veces, podía notar como aguantaba llorando, y se notaba tan excitada porque con cada golpe salían sus jugos volando, ate sus tetitas con unas sogas y a sus pezones les coloque pinzas bien ajustadas, le pasaba el dedo sobre su vagina y le daba más y más latigazos, hasta que estallo y me dijo “por favor no sigas me duele, paremos no quiero más”. Se notaba su miedo en sus ojos y su dolor, pero si le dolía por que se excitaba? bien frene y le desate un brazo y una pierna le pedí que borrara las fotos y la desataría, ella entendió y borro todo me mostro su celular y me dijo que listo si la podía desatar, yo pensaba, listo libre, pero mira lo que esta jovencita, ya no pensaba con mi cabeza sino con mi pene, entonces me tire encima y la agarre para atarla en 4, ella solo decía «que haces? suéltame no quiero ser sumisa, ya borre todo porque lo haces?». “Vos me quisiste chantajear para esto cierto? bien ya no seré el Fede amable, ahora veras lo que es dominar, solo responderás cuando te hable, entendido? si dices algo fuera de lo que digo o pregunto recibirás castigos”.

    Ella me miraba con cara de susto y enojo, así que me dijo “sino me suelt…” hasta de terminar sus amenazas le di un golpe tan fuerte en sus nalgas que grito de dolor, “te dije que solo hablaras cuando pregunte algo o sobre el tema”, ella decía «pedazo de hijo de…» dos golpes más, “quieres seguir o entiendes?”. Ella lloraba de dolor, pero su vagina se notaba más mojada que antes, en un momento se quedó callada y dijo en voz baja «entiendo hare lo que digas» yo me reía y decía “muy bien ahora aprendiste bien, además te gusta se puede notar en tu vagina toda mojada”, yo ya tenía a mi disposición una jovencita bien sumisa.

    Revise su cajón mirando que podría usar para dominarla, agarre dos consoladores, un látigo más grande, la mordaza por si intentaba gritar se la pondría.

    Empecé por mojar el consolador todo de arriba hacia abajo por su vagina sin siquiera meterlo, podía sentir que tu cuerpo temblaba de solo sentirlo, metí solamente la cabeza del consolador y lo saque rápido, escupí en su culito le di 2 veces con el látigo y lloraba pero no me decía nada, ella entendía lo que sucedería así que empecé a meter la cabeza del consolador en su culito poco a poco metiéndolo ella respiraba cada vez más rápido, mientras tanto el otro consolador se lo empecé a clavar por su vagina metía los dos a la misma vez, ella estaba gimiendo como loca, cuando entraron los dos empecé a meter y sacar suavemente y aumentar cada vez más el ritmo, yo solo dije «si quieres acabar me avisas sino sufrirás un castigo“, seguía más y más rápido con sus consolador hasta que empieza a temblar, retuerce un poco la espalda y cae en la almohada, le pregunto “qué hiciste?” y ella solo contesta “perdóname por favor acabe no aguante”, le dije “bien, ahora veras un verdadero castigo ya que te gusta acabar sin avisar”.

    La desate de pies y manos, encontré una correa de perro se la coloque y le dije que se pusiera a 4 patas en el piso, le saque los consoladores, y le empecé a dar con el látigo 10 veces en cada nalga para que supiera quien mandaba, ella solo pedía perdón lloraba pero su respiración se hacía profunda, cuando terminaron todos los latigazos toque su vagina y la tenía demasiado mojada y caliente. Coloque un consolador en su ano y empecé a meter mi pene por su vagina lentamente sintiendo ese calor, empecé a meter y sacar cada vez más rápido la agarre del pelo y le daba fuertes nalgadas, le digo “toma putita este es tu castigo”, ella solo me decía «si amo graciasss, sigaa aaa» y le dije que cuando estuviera por acabar me avisara, luego de un rato ella me dijo que deseaba acabar, yo saque el pene y le dije que no, que aguantara o tendría un castigo peor, ella se retorcía tratando de aguantar, saque el consolador de su ano y lo coloque en su vagina, ella como pudo aguanto y metí mi pene en su ano, empecé a entrar y salir yo deseaba dejarle abierto todos sus agujeros para luego darle algo… empecé a meter y sacar mientras ella gemía y me rogaba acaba con todo su cuerpo, le dije «acaba putita pero esto no termina aun» ella acabo tan fuerte que el consolador salió de su vagina expulsado mientras yo le seguía metiendo todo mi pene en su ano, saqué mi pene y le dije que me lo chupara, pasaba la lengua por mis huevos chupándolos suavemente, subiendo por todo mi tronco con besos y llegando a la punta con un movimiento de lengua circulares, mientras ella hacia eso yo le daba con los látigos en su culito, ella gimoteaba se notaba que quería acabar de solo chuparme el pene, le dije que aguantara, ella me pregunto cuando podría acabar y yo le dije “aguarda”, le coloque los dos consolador en su vagina ella soporto y le metí mi pene en su ano nuevamente, ella estaba por gritar y gemía muy fuerte, le coloque la mordaza en su boca y empecé a darle bien duro las embestidas, se oiga que quería pedirme algo su cuerpo no soportaba más, yo lo entendí y le dije «HAZLO» empecé a llenar su culito de leche y saque los consoladores de su vagina rápidamente y metí mi pene para dejarle leche en vagina también, lo metí bien al fondo y largue tanta leche, ella solo se cayó en el piso de acabar tantas veces, cuando termine la desate y le saque fotos.

    Ella solo me decía “perdóname por no poder soportar tanto, te volveré a ver?” y yo le dije “no lo sé…”. Luego de eso todo fue bien con mi esposa y no la volví a ver nunca más.

  • Follando a mi vecina

    Follando a mi vecina

    Es viernes por la noche y Grecia (mi vecina) toca la puerta.

    -Buenas noches vecino, ¿puedo pasar?

    -Claro Grecia, puedes pasar

    Grecia pone sus manos sobre mis hombros y me dice con su voz suave:

    -Últimamente me he sentido muy cansada y estresada en el trabajo, y me preguntaba si usted podría ayudarme a divertirme un rato.

    Yo ya había follado a Grecia una vez y sabía que tenía que aprovechar esta oportunidad para volverme a follar a ese manjar de mujer, así que tomo con mis manos las enormes nalgas de Grecia y la acerco a mí.

    -Está bien Grecia, acepto, solo te advierto una cosa, esta noche será inolvidable para ti.

    Tomo asiento en el sillón Grecia se desnuda frente a mí y saca mi enorme verga de mí pantalón y empieza a masturbarme con sus enormes tetas.

    -Que bien lo haces Grecia, tus tetas me vuelven loco.

    De inmediato empieza a salir semen de mí verga y las tetas de Grecia se manchan un poco.

    – ¿Qué pasa Grecia, no piensas desperdiciar toda esa leche o sí?

    -Claro que no vecino

    Tras escuchar esto Grecia mete mi verga en su boca y empieza a beber toda la leche que sale, pero es demasía y la boca de Grecia se llena y empieza a salir leche de su boca y cae a sus tetas, Grecia intenta sacar mi verga de su boca, pero yo la tomo por los cabellos y se la vuelvo a meter, esta vez más profundo para que aprenda que conmigo no se juega.

    – ¿Qué te pasa no tenías ganas de leche?

    Tenía a Grecia (un manjar de mujer) frente a mí, de rodillas, con mi verga dentro de su boca, sujetada por los cabellos y totalmente indefensa, eso era demasiado excitante para mí, así que no lo pude evitar, meto mi verga hasta la garganta de Grecia y me vengo por segunda vez.

    Grecia no pude aguantar más, bebe toda la leche que sale de mi verga lo más rápido que puede, suelto su cabello y le permito sacar mi verga totalmente babeada de su garganta y boca.

    Grecia queda exhausta y comienza a toser tirada en el piso.

    Dejo pasar unos 20 minutos y le pregunto:

    – ¿Qué te pasa Grecia?

    -Nunca había bebido tanta leche vecino, usted es un verdadero macho.

    -Aún no he terminado de convertirte en mi hembra Grecia.

    Cargo a Grecia hasta mi dormitorio y la dejo en la cama boca abajo, permitiéndome ver su irresistible culo a la perfección.

    -Tienes un hermoso culo Grecia y me gustaría penetrarlo.

    -Muchas gracias vecino, que bueno que le guste, pero nunca me han penetrado por el culo.

    -Pues será mejor que lo disfrutes Grecia, porque hoy ese culo será mío.

    Pongo en cuatro a Grecia y separo sus nalgas lo más que puedo y comienzo a meter mi verga poco a poco.

    – ¡Ah!… ¡Ah!… ¡Ah!

    Pero decido metérsela de golpe:

    – ¡Ahhhhh!

    Y comienzo a embestir a Grecia por el culo, Grecia empieza a gemir descontroladamente:

    – ¡Ahhh vecinooo Ahhhh me encanta Ahhhh!

    Grecia empieza a descontrolarse un poco así que la vuelvo a tomar por su cabello.

    -Vecino, me encanta ser su hembra.

    -Y a mí me encanta ser tu macho para follarte como la hembra que eres, sé que te encanta.

    Ambos estamos exhaustos y nos vestimos.

    -Vecino, me encanto lo de esta noche, usted tenía toda la razón, lo que ha ocurrido esta noche será inolvidable para mí.

    Grecia se va a su casa, pero yo sé que a ella realmente le gusta ser mi hembra y desearía quedarse a mi lado.

  • Cama desconocida

    Cama desconocida

    Era sábado por la noche y yo me arreglaba para salir de fiesta por la ciudad. Me puse rompedora y seductora aquella noche para ver si había suerte y conseguía ligar aquella noche, algo que nunca me era muy difícil de conseguir. Salí y me fui a uno de los bares más concurridos de la ciudad y de repente, lo vi. Era aquel chico con el que coincidía todas las mañanas en el gimnasio y al que nunca tuve el valor de hablarle. Pero aquella era mi noche y, tras pedirme una cerveza, lo fui a saludar. Enseguida me reconoció como su compañera de gimnasio. Comenzamos a hablar y sentía como mis pulsaciones se aceleraban y el calor se apoderaba de mi cuerpo. Decidí quitarme la chaqueta y dejar a la vista mi blusa escotada que, junto a la falda de tubo, realzaba mucho mi figura.

    Seguí hablando con él y enseguida empecé a notar que me miraba de manera diferente y se acercaba poco a poco a mí hasta que nuestros labios quedaron a centímetros. Sin pensarlo dos veces, le besé y él me devolvió el beso. Cerré los ojos para disfrutar más del beso hasta que sus labios subieron a mi oído y me susurraron: “vámonos a un sitio más íntimo donde estar solos”.

    No me lo pensé dos veces, así que nos fuimos del bar y nos subimos a su piso. Me sirvió una copa y nos acomodamos en el sofá. Nos dejamos llevar y nuestros labios volvieron a juntarse mientras nos acurrucamos en el sofá. Sus manos empezaron a acariciar mi cuerpo lentamente mientras sus labios me susurraban lentamente al oído. Mis manos empezaron a desabrochar su camisa mientras sus labios empezaban a recorrer mi cuello haciendo que mi cuerpo se estremeciera. Pronto le quité la camisa y me tumbé sobre él en el sofá fundiéndonos en otro apasionado beso. Poco a poco fui bajando mis labios por su cuello, bajando por su pecho, su abdomen hasta que llegué a su pantalón. Lentamente se lo desabroché y empecé a acariciar su pene ya erecto con las yemas de mis dedos. Mis labios pronto se sumaron a la fiesta junto con mi lengua que empezó a recorrer su pene suavemente de arriba abajo hasta que me lancé a hacerle una de mis ricas mamadas. Notaba como se estremecía. Disfrutaba con mis labios. Gemía. Simplemente se dejaba llevar disfrutando al máximo de aquel delicioso momento que le estaba regalando.

    Volví a subir a besar sus labios y sus manos comenzaron a quitarme la blusa y el sujetador para perderse entre mis pechos. Me cogió en brazos y me llevó hasta la habitación donde me dejó caer suavemente sobre la cama para quitarme la falda. Sus dedos comenzaron a jugar con mi clítoris haciendo que mi cuerpo se empezara a estremecer. Pronto su lengua se unió a ellos entrando lentamente en mi vagina. Yo gemía y disfrutaba del momento mientras mis manos se aferraban a su pelo. No tardó en recorrerme el cuerpo el primer orgasmo de la noche. Subió hasta mis labios recorriendo cada centímetro de mí para luego, sin previo aviso, clavarme su pene hasta el fondo de mi vagina haciéndome soltar un pequeño chillido que ahogó con un beso. La intensidad pronto fue aumentando y con ello mis gemidos y mis múltiples orgasmos. Fuimos disfrutando cada segundo del juego hasta que soltó toda su corrida sobre mi espalda.

  • Deep blue sea (Parte 2)

    Deep blue sea (Parte 2)

    La pantalla del robo era una chapucería, una distracción, lo problemático eran las cuentas donde se había transferido todo el dinero, imposibles de rastrear. Todas eliminadas y el dinero desaparecido, culpar a Ava resultaba demasiado evidente, se sentía como una burla directa y probablemente lo fuera. En cuanto a la señorita Brenner, sus pensamientos desembocaban en ella cada vez, estaba intrigada, quería saber mucho más y no tenía paciencia para esperar un informe.

    Tardó exactamente 30 minutos en resistir sus impulsos de buscarla, pero ya se había marchado, el portero del edificio le indicó que había salido 5 minutos atrás en dirección al metro. Buscó su dirección en la base de datos y condujo el Maseratti por las calles atestadas calculando que llegaría aproximadamente junto con el metro. No se equivocó, cuando giró en la calle hacia el modesto barrio con apartamentos antiguos y descuidados Ava cruzaba la calle hacia uno de ellos. No era el lugar donde una mujer que había robado millones estaría viviendo. Amanda se detuvo cuando ella entró al edificio y se apresuró en seguirla. El interior lucía igual de descuidado, las escaleras estrechas y desgastadas, no tenían elevador así que comenzó a subir, apenas había alcanzado el primer piso cuando escuchó una conversación.

    -¡Señorita Ava! Estuve intentando comunicarme con usted. El plomero ha venido porque su piso está inundado.- era la voz de una señora mayor, amable y preocupada.

    -¿Cómo? – la de Ava rayaba la desesperación –No puede ser.

    -Una tubería rota, llevará un par de días arreglarla, ya sabe cómo es.- por segunda vez en el día Amanda escuchó el mismo gemido ahogado, ahora se sentía doblemente culpable. Despedida y sin techo donde pasar la noche –Le he dicho que puede quedarse aquí mientras.

    -Oh no, no podría, usted está enferma, ya hace suficiente por mí, buscaré un hotel.- negó Ava más serena.

    -Pero, ¿y Sebástian? ¿Qué sucederá cuando deba trabajar?

    ¿Sebástian? Otra punzada de irritación llegó hasta Amanda, ¿quién demonios era Sebástian? ¿Un perro, un gato?

    -No se preocupe por eso, tendré tiempo de cuidarlo ahora.- la escuchó responder y subió los escalones necesarios para observar la escena sin ser vista.

    -Está bien, pero ya sabes que si necesitas ayuda puedes traerlo.

    -Lo sé, gracias. ¿Le importaría cuidarlo un poco más mientras recojo algunas cosas y busco un hotel?

    -No, en lo absoluto, ya sabes que me encanta tenerlo en casa.

    De pronto se escuchó un quejido y ambas mujeres desaparecieron en el interior del departamento. Movida por la curiosidad, Amanda terminó de subir y se asomó disimuladamente por la puerta abierta. La escena la dejó paralizada. Ava sostenía en sus brazos un bebé pequeño, de algunos meses, de cabellos castaños y con unos ojos verdes tan impresionantes como los de su madre. Porque no existía otra opción, tenía que ser su hijo y la expresión de ella hacia el pequeño era de puro amor y devoción. La rabia hacia quien la había inculpado aumentó considerablemente, Ava era una mujer adulta, pero pensar que podían haber privado a ese bebé de su madre injustamente, le hizo hervir la sangre.

    Depositó el bebé en una sillita y se despidió con un beso, a juzgar por las condiciones como vivía, dudaba que recibiera ayuda del padre y recién la despedía. ¿Cómo iba a mantenerse? Retrocedió justo a tiempo para ocultarse, se sentía como una intrusa y la villana, por lo que no le llevó más de un segundo en tomar una decisión y tocó la puerta en el departamento de Ava.

    El peso del mundo le había caído sobre los hombros en cuestión de horas. Acusada de fraude y con posibilidades de ir a la cárcel, despedida, sin un techo donde vivir y sin dinero suficiente para rentar un hotel, pagar una niñera y poder buscar un nuevo trabajo. El departamento estaba hecho un desastre, inundado completamente así que solo quedaba hacer las maletas y componerse por Sebástian. Era un niño muy sensible y no quería alterarlo con sus preocupaciones. Abrumada se tomó un minuto para recostarse en el sofá, cuando unos toques suaves en la puerta la distrajeron. Estaba agotada pero aun así se puso de pie y abrió para llevarse la impresión del siglo cuando Amanda Daynes apareció en el umbral.

    -¿Pero… qué… cómo? ¿Qué hace aquí? ¿Cambió de opinión sobre enviarme a la cárcel? –fue lo primero que dijo sin pensar y al instante se arrepintió. Amanda permanecía estática en la puerta y su expresión no había cambiado en lo absoluto– Lo siento. -se disculpó avergonzada.

    -No, no estoy aquí por esos motivos. Veo que he llegado en mal momento.- observó el piso empapado.

    -Una tubería rota.- suspiró doblemente apenada, Amanda con su elegancia y aire refinado, desentonaba completamente –Te invitaría a pasar pero… no estoy segura de que sepas nadar.- ¡Una broma, le estaba haciendo bromas a su ex –Jefa en medio de semejante caos! –Perdón.

    -¿Te disculpas siempre de todo? – preguntó Amanda extrañamente el comentario la divertía, era espontánea y fresca, a pesar de todos los problemas se mantenía firme.

    -No, sí, a veces.- contestó nerviosa, la intimidaba y la impresionaba en partes iguales y de una manera inquietante y no todo se debía a la situación del fraude.

    Era la forma en que la miraba, con esos ojos azules impresionantes, parecía como si fuera capaz de ver a través de sus secretos, de sus defensas, hasta el deseo más profundo y eso la asustaba y la intrigaba.

    -¿Has llamado un plomero? – preguntó Amanda sorprendiéndola, su vecina lo había hecho, asintió.

    -Tardarán unos días.

    -¿Y mientras? – indagó sin confesar que sabía la respuesta. Dudaba que pudiese pagar un lugar cómodo para un bebé y eso la preocupó, un sentimiento que parecía ser una constante desde que la conoció.

    -Un hotel supongo.- intentó parecer natural, pero en sus ojos se reflejaba preocupación.

    Amanda estaba a punto de hacer una pregunta imprudente, cuando de pronto estalló el llanto de un niño, Sebástian. Sin dudarlo Ava se disculpó y cruzó el pasillo hacia la puerta donde la anciana aparecía con el bebé en brazos. Solo se calmó cuando ella lo tomó y comenzó a arrullarlo.

    -Tiene algo de fiebre, es por los dientes.- aseguró la señora mirando a Ava y Amanda alternativamente.

    La expresión de Amanda era de total seriedad y Ava casi adivinó lo que estaba pensando. ¿Cómo podía cuidar de un bebé en esas condiciones? Sin casa, sin trabajo, en un hotel que no podía permitirse pagar, su peor secreto y el mejor guardado, le aterrorizaba que pudiesen quitarle a su pequeño. Cuando pensaba que la estaba juzgando, Amanda la sorprendió aún más.

    -Te ayudaré a empacar lo necesario, conozco un lugar donde puedes alejarte y además puedes trabajar y cuidar de tu bebé.- a diferencia de otros momentos, aquella no era una decisión tomada por el impulso, estaba consciente de lo que hacía y por qué. Quería a Ava Brenner cerca, donde pudiese observarla, conocerla y no podía dejar a un bebé a su suerte. La vio abrir la boca para protestar y esgrimió el argumento más sólido –Piensa en él, no es una situación donde puedes permitir el azar.

    Ava no encontró una razón para rebatirle. Todo era demasiado bueno para ser verdad, demasiado preocupante. ¿Cómo confiar en la mujer que la había despedido y que podía enviarla a la cárcel? Lo peor era que lo hacía, confiaba en ella y sabía que estaba siendo sincera, tampoco le sobraban opciones. Le ofrecía techo y trabajo, a ella y a Sebástian, no podía darse el lujo de rechazar ninguno aunque después tuviese que pagar las consecuencias.

    -No… -iba a decir que no creía que fuese buena idea, pero la mirada severa de Amanda la detuvo, ¿realmente sería tan egoísta de someter a su bebé al estrés de sus problemas, cuando tenía la solución? No, no lo era, por él caminaría sobre brasas calientes si se lo pedían –Está bien, pero cuando el departamento esté listo regreso de inmediato y voy a buscar otro trabajo.- dijo intentando mantener el control de la situación sin mucho éxito.

    -Como prefieras, ahora sugiero que empaques lo necesario para marcharte.- le irritaba la testarudez de Ava, aunque la comprendía, ella tampoco tendría razones para confiar y mucho menos como se dieron las cosas.

    -Debería aceptar la ayuda de su amiga señorita Ava. La buena voluntad es algo escaso en estos días.- habló la señora sin percatarse de la tensión.

    Amanda asintió ligeramente, Ava suspiró rendida y regresó al departamento lleno de agua con Sebástian en brazos, quería gritar de frustración. El universo estaba al parecer en su contra. Para completar, Sebástian comenzó a llorar otra vez, Ava presionó los labios contra la frente del pequeño, tenía fiebre. Agotada y desesperada caminó despacio y con cuidado hacia la cocina, solo para descubrir que ya no tenía jarabe, había olvidado comprarlo. Se tragó el sollozo de impotencia e intentó poner al bebé en la sillita a pesar del llanto.

    -Sebástian por favor, solo será un momento.- le suplicó, pero un bebé de 6 meses con malestar no podía comprender el alcance de sus problemas, mucho menos pagar por ellos.

    Amanda apareció de pronto a su lado, sobresaltándola, había olvidado que estaba allí. Le extendió los brazos y antes de que Ava pudiese reaccionar, Sebástian se había ido con ella, al instante dejó de llorar y se limitó a observarla atento. No podía culparlo, ella impresionaba a todos con su belleza y esa aura de seguridad y autoridad que la hacía resaltar y ni siquiera un bebé era inmune a eso. Por un instante observó con horror como se llevaba las manitas a la boca y las limpiaba sobre el carísimo traje de su jefa, ese era el momento en que todos se deshacían de los bebés, en cambio Amanda, curvó los labios en una leve sonrisa, parecía relajada y cómoda, como si fuese natural para ella tener niños todos los días en brazos. Se percató que no sabía nada ella, ¿tendría hijos, esposo?

    -Tengo sobrinos pequeños.- dijo Amanda viendo su expresión confusa –Haz las maletas, yo me ocupo.

    -Pero… tu traje.- alcanzó a decir apenada.

    -Es un bebé, se espera que ensucie todo a su paso.- respondió con descuido, su voz también parecía tener un efecto hipnótico, a juzgar por la expresión de total adoración en el rostro de su hijo, Ava no salía del asombro.

    -Nunca lo vi comportarse así, no se lleva bien con desconocidos.

    -Se me dan bien los niños, ve ya, necesitamos hacer varias diligencias en el camino y no quiero que se haga tarde.

    Sin más opciones Ava obedeció y se fue a preparar las maletas con todo lo necesario, casi veinte minutos después y de lo más intranquila por el silencio total en el departamento, regresó a la sala para presenciar otra escena aún más desconcertante. Sebástian profundamente dormido en brazos de Amanda, quien estaba acomodada en un sillón hablando por teléfono, al parecer dando ciertas indicaciones. Como si hubiera advertido su presencia, terminó la llamada y se volteó hacia ella.

    -Está agotado por la fiebre. ¿Todo listo? – cuando Ava asintió, acomodó al bebé en la sillita y bajaron al auto, una vez todo listo y a punto de marcharse, Ava se percató de algo.

    -¿A dónde vamos? ¿Dónde me voy a quedar? – debía estar loca para irse así, por un instante el temor y las dudas la asaltaron. ¿Y si no era más que una estrategia de Amanda para obtener información?

    -A mi casa.- fue la respuesta que recibió, cuando ya era demasiado tarde para reaccionar y negarse –Trabajarás conmigo en algo importante para la compañía y no te preocupes, te pagaré el mismo salario y beneficios.

    Ava ni siquiera podía procesar la primera parte, mucho menos la segunda. Iba a vivir con ella, en su casa, bajo su mismo techo y una sensación parecida a la excitación la estremeció. ¿En qué demonios estaba pensando al confiar así? Bien podía secuestrarla, aunque en alguna parte de su mente reconoció que probablemente, eso fuese un poco exagerado. Amanda Daynes la ponía nerviosa con una simple mirada, se sentía segura a pesar de todo y la sorprendía a cada paso. La mujer era un misterio y de pronto, Ava quiso descubrir todo sobre ella. ¿Otra vez? Cada vez se le parecía más al cuento de la Caperucita… y la loba feroz. «Tonterías,» estaría solo unos días, en los que debía concentrarse en cómo conseguir arreglar su departamento y un trabajo para mantener a su pequeño seguro.

    -Gracias por hacer esto.- dijo de pronto, a fin de cuentas, ayuda era ayuda, sin importar de donde viniera.

    -Aún no me agradezcas nada, dicen que soy egoísta y no hago nada sin un motivo oculto.- contestó Amanda y no había nada de broma en su comentario.

    -¿Tienes un motivo oculto? – preguntó Ava, lejos de temor sentía curiosidad y esa otra sensación parecida a la euforia antes de la aventura. Si no tenía cuidado con el lobo feroz…

    -Quizás.- fue la enigmática respuesta de su acompañante, que le dedicó una mirada que no supo descifrar.

  • Dos gemelas se la lían parda a su tío

    Dos gemelas se la lían parda a su tío

    Este es un relato acerca de Eduardo, un hombre de cincuenta y cinco años, de un metro sesenta de estatura, delgado, sin tripa, moreno, de pelo cano, ni guapo ni feo, de los que les dicen del montón, que llevaba vida de monje putero.

    Vivía en su pazo ubicado en la costa gallega a escasos cien metros de la playa.

    Eduardo, desde que lo dejara su esposa por un camionero cuando él trabajaba de barrendero no quería saber nada de mujeres que no fueran de pago. Ni de mujeres, ni de su madre, ni de su padre, ni de su hermana Camila, que se casara en Madrid con el señor al que estaba sirviendo.

    Paso a contarlo en primera persona.

    La suerte me había sonreído en forma de bono loto y ya no daba un palo al agua. Era el típico lobo solitario que disfruta de su soledad.

    Una tarde de verano llamaron al timbre de la puerta de mi pazo. El sol ya estaba de retirada. Fui a abrir, ya que no tenía más servicio que el de una mujer mayor que venía tres días a la semana a limpiar, a lavar y a planchar. Abrí la puerta y vi a dos hermanas gemelas. Un taxi con una taxista al volante parecía estar esperando por ellas. Aún no lo sabía, pero mi tranquilidad, afortunadamente, se iba ir a la mierda.

    -Si creyera en Dios diría que se lució haciendo tanta belleza por duplicado. ¿Qué queréis, criaturas? -les pregunté, sonriendo.

    -¿Podemos pasar, tío? -Me preguntó una de las muchachas, devolviéndome la sonrisa.

    -¡¿Tío?! -dije, poniendo cara de ¿¡qué dices?!

    -Somos tus sobrinas, las hijas de Camila -me respondió la otra.

    -Pasad -les dije, sin darles un beso, y poniendo cara de palo.

    Las llevé a mi salón. Un salón con las paredes de piedra, pintadas de blanco, (como el resto del pazo) en el que en el techo colgaba una lámpara de araña. Tenía dos sofás blancos y dobles, detrás de uno de ellos, en la pared, colgaba un cuadro con una foto mía, ampliada, vistiendo un traje gris y con el bastón en la mano. En la pared de detrás del otro sofá doble colgaba otro cuadro con otra foto mía, ampliada, en la que estaba con una funda y una escoba en la mano. Al verla me recordaba de donde venía. Había cuatro sofás más de color rojo, una pequeña mesa, un mueble bar, una enorme televisión de plasma, cuadros de marinas por las paredes, unas cortinas blancas de seda en las dos ventanas y algunas cosas más que ahora no recuerdo. El piso era de madera.

    Les señalé con la mano dos sillones. Esperé a que se sentasen y me senté el enfrente de ellas.

    -¿Cómo os llamáis? -les pregunté.

    -Yo soy Nina -dijo una.

    -Yo Bea -dijo la otra.

    -¿Quién os manda, Camila o vuestro padre?

    -No nos manda nadie. Nos independizamos el año pasado. Venimos a Galicia por negocios y queríamos conocerte y saber porque no te llevas con la familia. No te preocupes que no vamos a molestarte mucho. Ya tenemos un hotel reservado -me respondió Bea.

    Examiné a las gemelas. Tendrían veinte años, si los tenían. Vestían dos trajes marrones con blusas blancas y zapatos marrones. Eran rubias, más altas que yo, delgadas, su cabello era largo, tenían ojos azules, eran muy bonitas. Si no fueran mis sobrinas, y quisieran, hacer un trio con ellas se debía parecer mucho a estar en ese cielo del que hablan algunos.

    -Eso se explica en pocas palabras. Estaba en el paro. Cogí un trabajo de barrendero y dejaron de hablarme. Se avergonzaban de mí.

    -¡Qué sinvergüenzas! ¿Qué querían, que te murieses de hambre? -me preguntó Nina.

    -No sé lo que querían, pero que trabajase de barrendero, no.

    -Si no hubiese barrenderos nos comería la basura.

    -Ya sabemos lo que queríamos saber. Nos vamos que la taxista nos está esperando para llevarnos al hotel -me dijo Bea, levantándose del sofá.

    Me cayeran bien las gemelas.

    -De eso nada. Decirle que se vaya y después anular la reserva del hotel. Os quedáis aquí el tiempo que os haga falta -les dije con voz autoritaria.

    Las gemelas se miraron.

    -O. K. -dijeron al Unísono.

    Hablamos de todo un poco… Les enseñé las habitaciones donde iban a dormir… Deshicieron las maletas… Picaron un poco de jamón y bebieron vino Albariño… Les enseñé la casa y poco de la finca, ya que empezaba a anochecer… Llegó la hora de cenar.

    -¿Qué pido para cenar? -les pregunté.

    -¿Traen almejas a domicilio? -me preguntó Bea, imitando a la perfección la voz del pato Donald.

    -A mí, si -le dije, sonriendo.

    -Pues nos vamos a poner cuadradas -dijo Nina, imitando a la perfección la voz del pato Lucas.

    Voy a abreviar. Con las almejas puse tres botellas de Albariño. Yo la acabé y estaba contento. Ellas dejaron la mitad, pero para quien no está acostumbrado, media botella de Albariño mete un buen pedal.

    Acabamos espatarrados en tres sillones de la sala de estar. Y como el vino hace hablar por los codos, por los codos íbamos a hablar.

    -Decía mamá que en tu juventud fuiste un Casanova -me dijo Nina.

    -Pensé que no hablaba de mí.

    -Hablaba. Nos habló muchas veces de ti. ¿A cuántas mujeres te tiraste?

    -Prefiero no hablar de esas cosas. Metí muchos cuernos y como todo se paga, me los acabó metiendo mi mujer.

    -A nadie le metiste los cuernos con ellas. Cuéntanos lo de las marquesitas -dijo ahora Bea.

    -Eran dos hermanas.

    -Gemelas. Cuenta. ¿Qué hiciste con ellas?

    -No sé si debo.

    -Si nos cuentas te contamos. Te sorprenderás de todo lo que hicimos. No somos monjas, aunque a veces nos disfracemos.

    Me habían sorprendido.

    -¡¿Os disfrazáis de monjas para follar?!

    -¿Te excita ver a dos monjas jugando?

    -No me desagrada. Debe ser porque…

    Nina me interrumpió.

    -Porque ves mucho porno.

    -Eso también. ¿Es que vosotras no lo veis?

    -¿Habrá alguien mayor de edad y sin perjuicios que no se haya hecho un paja mirando porno?

    Aquello me interesaba.

    -Contad…

    -Cuenta tú lo de las marquesitas si quieres que te contemos.

    Ya retomaría la conversación de las pajas. Empecé a recordar y a hablar.

    -Estábamos en Septiembre. Yo estudiaba COU y me ganaba unos duros de jardinero en un palacete. Aquel día, el marqués y la marquesa se fueran a un compromiso adquirido. Sus hijas, Eva y Nuria, que eran dos gemelas, morenas, delgaditas… con cuerpos perfectos, llegaron al jardín, descalzas y luciendo dos bikinis blancos. Unos bikinis que casi no dejaban nada para la imaginación. De los melones que tenían tapaban poco más que los pezones, y en la parte de abajo, para ponerme más enfermo, les sobresalían de la braguita los negros pelos del coño. Era como estar en el jardín del Edén con dos Evas.

    -«¡¿Vais a ir a la playa enseñando el vello del pubis?!» -les pregunté.

    -«No, los vamos a afeitar. ¿Te molesta vernos así?» -me preguntó Eva.

    -«No, estáis divinas, pero…»

    -«Pero te ponemos cachondo» -dijo Nuria.

    -Me perdió el subconsciente.

    -«Sí. ¡No!» -balbuceé.

    -Eva, bajó un poquito la braguita ceñida del bikini.

    -«¿Crees que deberíamos afeitarlo totalmente o solo los pelos que se ven?» -me preguntó mirando para los pelos del coño.

    -No sabía que decir.

    -«A los hombres les gusta más los chochos afeitados, para pasar la lengua y no arrastrar pelos. ¿Verdad, Quique?» -me dijo Nuria.

    -Mi polla quería romper el calzoncillo. Me pitaban los oídos. En mi pantalón salió un bulto que antes no estaba y ellas lo vieron.

    -«¿Sabes afeitar con maquinilla, brocha y jabón?» -me preguntó Bea.

    -«Sé»-le dije, a punto de tocar las palmas con las orejas.

    -«¿Nos afeitas tú los chochos? Son cinco minutos».

    -«Afeito».

    -Fuimos al palacete. Eva trajo al salón una palangana, mediada de agua, una maquinilla, hojas, la brocha y el jabón… y hasta aquí puedo leer.

    Las dejé con ganas de saber más.

    -Continúa que ya no somos niñas, tío -me dijo Bea.

    -Os escandalizaríais.

    -No digas tonterías. Acaba la historia y te contamos como follamos a papá.

    El que se escandalizó fui yo.

    -¡¿Os acostasteis con vuestro padre?!

    -Y acabó dejando a mama, y… y hasta aquí puedo leer. Cuenta tu primero, con detalles.

    Sentí una curiosidad como nunca antes había sentido.

    -Vale, os cuento. Eva y Nuria se quitaron la braguitas ceñidas de sus bikinis y se sentaron en un tresillo rojo con las piernas abiertas. Sus coños eran pequeñitos. El del ojo solo se me puso tieso como un palo y comenzó a llorar.

    -«¿Por quién empiezas, Quique?» -me preguntó Eva.

    -Me dejé de caralladas y fui de cara.

    -«¿A comerlos o a afeitarlos?»

    -«A afeitarlos, goloso, a afeitarlos».

    -Me arrodillé delante de Eva. Le mojé el interior de los muslos junto al coño peludo.

    -«Déjame a mí echarle agua» -me dijo Nuria.

    -Nuria se arrodilló delante de su hermana y cogiendo agua con las manos en la palangana le mojó todo el coño y el monte de venus. Eva echó la cabeza hacia atrás. Nuria le pasó el dedo por la raja y acarició su pequeño clítoris. Repitió la operación hasta que le salió el dedo mojado de jugo.

    -«Moja la brocha. Llénala de jabón y extiéndelo sobre los pelos de su coño» -le dije.

    -Le cubrió la matita del vello del coño de espuma.

    -«Extiéndelo bien con la brocha».

    -«¡Méteme mano, coño, que pareces tonto!» -Nuria me reprendió mi actitud pasiva.

    -Me agaché. Le toqué el coño. Lo tenía mojado. Le metí dos dedos y la masturbé. Eva se quitó la parte de arriba del bikini, y se magreó aquellas grandes tetas con enormes areolas rosada y pezones pequeñitos como lentejas. Al terminar de extender la espuma con la brocha, me puse en el lugar de Nuria y comencé a afeitarle el coño. Nuria se sentó a su lado y besó a su hermana. Vi como sus lenguas entraban y salían de sus bocas. Como las chupaban y luego como Nuria le comía las tetas. Los gemidos de Eva eran tan sensuales que el del ojo sólo lloraba sin parar. Con el coño rasurado y seco, Nuria se volvió a arrodillar delante de su hermana y le pasó la lengua por la rajita de abajo arriba lentamente, sin llegar a rozar sus labios. Volvió a hacerlo metiendo un poquito la lengua dentro del coño. Al sacarla un hilillo de flujo hizo de liana entre la lengua y el coño. Volvió a pasar la lengua. Sabía bien lo que hacía. Aquella no era la primera vez que se lo comía. Eva, jadeando, cogió la cabeza de su hermana y empujando su coño contra ella hizo que la punta de la lengua entrase en su coño. Nuria se lo folló. El pequeño coño de Eva, chorreando, ya estaba abierto con sus labios hinchados. Al rato, Nuria, me besó con sus labios y su lengua mojados de flujo.

    -«¿Te apetece comérselo? -Me preguntó Nuria- Está a punto de correrse».

    -¡Cómo no me iba a apetecer! Nuria se apartó y ocupé su lugar. Nuria se sentó al lado de su hermana. La besó y le magreó las tetas. Lamí sin piedad, del ojete al clítoris y a toda mecha, el resultado fue una corrida impresionante que llenó mi boca de jugo. Nuria, que conocía bien a su hermana, sabía que a nada que se la siguiese comiendo, se correría de nuevo. Se arrodilló y siguió comiéndole el coño a Eva… Le levanté el culo a Nuria, me agaché, le pasé la cabeza de la polla por el coño mojado y después le clavé mi gran polla hasta el fondo de su húmedo y estrecho coño. Le quité la parte de arriba del bikini. Le agarre las tetas y le di canela fina. Al rato, Eva, agarrando la cabeza de su hermana, y sacudiéndose de gusto, se volvió a correr. Nuria, también se corrió. Apretó mi polla con su coño como si tuviera miedo de que se le escapase.

    -«No te corras dentro» -me dijo, y después encharcó mi polla con el jugo de su corrida.

    -Cuando acabaron de correrse quité mi polla y le llené de leche la espalda. Tocaba afeitarle los pelos del coño a Nuria.

    -¿Se corrieron otra vez? -me preguntó Bea.

    -Dos veces ellas y una más yo.

    -Buena sesión de polvos -dijo Nina.

    No noté ninguna excitación en las gemelas. Era como si les hubiese hablado del tiempo.

    Ya me tardaba saber lo de las gemelas con su padre y lo de las monjas.

    -¿Cómo pudisteis follar con vuestro padre? ¿Os disfrazáis de monjas?

    -Cada cosa a su tiempo, ¿Quién empieza, Nina?

    -Yo. Nuestro padre era un cabrón y un vicioso, tío. Esperó a que fuésemos mayores de edad para hacer lo que quería, y nosotras, por dos ferraris, lo complacimos en todo lo que nos pedía.

    -¿Qué os pedía? -pregunté, intrigado.

    -Lo primero fue ver cómo nos desvirgaban.

    -¡¿Ver?!

    -Sí, vendió nuestra virginidad y vio como nos desvirgaba detrás de un falso espejo.

    -¡Qué hijo puta!

    -Lo es. Pero bueno. Algún día teníamos que perderla. Nos dio 20.000 euros a cada una, y la verdad, perder la virginidad no es como dicen. No se sangra una barbaridad ni te rompen por dentro. Eso es un cuento de viejas para meter miedo. Si el que desvirga sabe lo que hace, calienta bien a la chica, y deja que sea ella la que suba y se vaya metiendo la polla a su aire, ya no es que sea doloroso, es que llega a ser tan placentero que la chica se acaba corriendo.

    -¿Os desvirgó a las dos el mismo hombre?

    -Sí, él llegó vestido de cura, nosotras estábamos vestidas de monjas.

    -Rarito el tipo.

    -Más rarito era nuestro padre. Le gustaba que nos vistiéramos de Catwoman, de Harley Quinna, de Scarlet Witch… El cabronazo era sumiso y le gustaba que le zurráramos la badana disfrazadas de villanas.

    -¿Vuestra madre sabía lo que se estaba cocinando?

    -Sabía, y con el sudor de nuestros coños se compraba joyas.

    -¡Qué puta!

    -Más que puta, alcahueta sin alma.

    -¿Y ahora en que trabajáis?

    -Cada cosa a su tiempo. Te contaba lo de mi padre.

    -¿Se lo acabo de contar yo, hermana?

    -Cuenta, Bea. Cuéntale la última vez con papá. Esa tiene su morbo.

    Bea comenzó a hablar.

    -En esos días ya mi hermana y yo éramos amantes. Nuestro padre, que era un cabrón y un vicioso, nos volviera viciosas a las dos… Aquella noche llegó a mi habitación y nos encontró haciendo un 69. Se sentó en un sofá, nos miró y se masturbó hasta que yo me corrí en la boca de mi hermana y ella en la mía. Él no se corriera y estaba caliente. Lo llevamos a la cama. Lo desnudamos. Hicimos que se pusiera de rodillas. Nina le puso las esposas. Tenía las manos en la espalda. Con la cabeza apoyada sobre la cama, le echó en el ojete spray anal relajante. Yo me puse un arnés con una polla de 16 centímetros, la lubriqué y le follé el culo, el cabrón, decía:

    -«¡Más, puta, más, más, más! ¡Dame, dame más, más, perra asquerosa!»

    -Le di, pero quien le dio más fuerte fue mi hermana. Le arreó con la fusta en las cachas y en las espalda, ¡¡plas, plas, plas!! Dándole, se corrió sin tener que tocar la polla para nada.

    -Se ve que le gustó que le dieran por culo.

    -¡Vaya si le gustó! Le gustó tanto que dejó a mamá por otro hombre.

    -¡Cooooño! ¿Y ahora de que vive tu madre?

    -Vive con lo que le damos nosotras. Tres mil euros al mes. Nuestro padre la había dejado bien, pero un chulo la dejó sin nada. Sin dinero, sin joyas… Suerte tuvo que nos compadeciéramos de ella.

    -¿Y vosotras de que trabajáis para poder darle tres mil euros al mes a Camila?

    Ahora sí, ahora me lo dijo:

    -Trabajamos de putas de lujo, tío.

    Me quedé con cara de tonto.

    Bea, se levantó, y me dijo:

    -Bueno, nosotras nos retíranos, mañana, después de otros vinos, seguiremos hablando, si te apetece.

    -Hasta mañana.

    Bea, se acercó a mí, se inclinó y me dio un beso en la boca. Sus labios eran tan frescos que me la pusieron morcillona.

    -Hasta mañana, tío -dijo Bea después de besarme.

    Nina me plantó otro beso en la boca. Sus labios eran como los de su hermana, fresquitos. Tuve que tapar la polla con la mano.

    -Hasta mañana -dijo Nina.

    A la mañana siguiente estaba en la cocina dando cuenta de unos huevos con jamón y un zumo de naranja. Llegaron vestidas con una blusa blanca, pantalón negro y unas zapatillas de deporte blancas. Sin maquillar, y sin carmín en los labios, aún estaban más bonitas.

    -Buenos días -les dije.

    Buenos días, tío. ¿Dormiste bien? -me preguntó Nina.

    -De maravilla. ¿Y vosotras?

    -Acabamos durmiendo en mi cuarto.

    -¿Teníais miedo de mí después de lo que hablamos?

    -No, es que nos gusta dormir juntas.

    -¿Qué queréis desayunar?

    -Sólo zumo. Hay que guardar la línea.

    Desayunaron y se fueron. Llevaban dos bolsas de playa, demasiado grandes para mi gusto.

    Sabía que no estaba bien lo que iba a hacer, pero estaban tan buenas, que quise saber cómo era su ropa interior. Sus braguitas, sus sujetadores… Fui al cuarto de Nina, abrí el de la cajón de arriba de la cómoda y, ¡sorpresa!, en el cajón me encontré: Spray anal relajante, Lubricante, dos vibradores, uno en forma de polla y otro con un estimulador de clítoris. Un masajeador que tenía un mango largo y que en la punta parecía una maraca. Un consolador con ventosa. Unas esposas y un arnés con una polla importante… Abrí el armario y allí, entre vestidos, trajes y otras ropas, estaba el hábito de una monja, y un uniforme de policía con su pistola y todo. Una máscara veneciana… ¿Cuánto cobrarían? Ya no las veía como mis sobrinas, las veía como dos diablesas con rostros angelicales y cuerpos de infarto.

    Estaba tan cachondo después de ver aquellas cosas que llamé a Lupe, la dueña de una agencia de contactos, y le pregunté si había alguna novedad interesante. Me dijo que llegara una morenita nueva, que aún no hiciera ningún servicio, pero que era cara, por su juventud y su inexperiencia. Me importaba una mierda rascarme el bolsillo.

    Una hora más tarde llamaba la morenita al timbre del pazo. Le abrí, y me preguntó:

    -¿El señor Follabien?

    Aquel era mi mote de guerra.

    -De maravilla. Pasa que lo vas a comprobar.

    Su nombre de guerra era Rihanna, y como la cantante, era morena, de ojos negros, con buenas tetas, labios sensuales… con un cuerpo diez. Vestía con una minifalda roja y llevaba un bolso, una blusa y unos zapatos de aguja del mismo color. Venía a que la pillase el toro y el toro la iba a pillar. A mí no me gusta ir a lio al instante. Y esa vez, menos, ya que la chavala, que no creo que pasara de los diecinueve años, estaba visiblemente nerviosa. Le indiqué con la mano un sillón del salón. Se sentó. Lo primero que hice fue darle los 200 euros por el trabajo que me iba a hacer. Los cogió, los metió en el bolso y me preguntó:

    -¿Qué quieres que te haga?

    -¿Un coñac? -le pregunté.

    Puso cara de sorpresa. Sonrió, y se empezaron a esfumar sus nervios.

    -¿Tienes whisky escocés?

    -Marchando un Johnnie Walker.

    Le serví el whisky y me serví otro para mí. Charlamos acerca de su vida, y después del tercer Whisky, me dijo;

    -¿Sabes qué?

    -¿Qué?

    -Que tengo ganas de follar contigo.

    -Y yo contigo.

    Se vino a sentar a mi lado. Me abrió la bragueta y comenzó a meneármela. Era verdad que no tenía experiencia, ya que me la meneaba con dos dedos y sólo chupaba la cabeza descapullada. No iba a ser yo quien le enseñase. Cuando la puso dura. Se desnudó. Sus tetas eran grandes, con areolas negras y unos pezones más que generosos. Su coño lo tenía rodeado de una mata de pelo negro y rizado. Se sentó sobre mi polla y me dio las tetas a chupar. La chavala, en vez de follarme para que me corriese, me follaba para correrse ella. Me cabalgó como una fiera. Cuando sintió que se iba acorrer, paró, pero ya era tarde. Me miró, cerró los ojos, su coño apretó mi polla, me besó, y sacudiéndose y gimiendo de placer, puso mi pantalón perdido con el jugo de su corrida.

    Se estaba corriendo Rihanna, cuando entraron en el salón Nina y Bea. Vi como sonreían, se tapaban la boca con la mano, y se miraban.

    Al verlas, no sé por qué, pero me corrí dentro del coño de Rhianna.

    -Uy. ¡Llegamos en un mal momento! -dijo Bea.

    Rihana, al oírla, se asustó. Sacó la polla del coño. Se sentó en el sillón y tapó con una mano las tetas y con la otra el coño.

    Quedé mudo.

    -¡Qué situación -dijo Nina viendo caer la leche por mi polla abajo- Vamos a ducharnos, Bea.

    Las gemelas se fueron.

    -¿Eran tus hijas? -me preguntó Rihanna.

    -No, mis sobrinas. Ya puedes irte.

    Rihanna se vistió y se fue. Fui a mi habitación y encendí la pantalla de la cámara oculta que tenía en el baño. Era la única que había en el pazo, y la puse después de que una puta casi se muere allí con un pico de heroína que se metió. Así, la que veía que se metía algo, ya no volvía otra vez a follar con ella.

    Las vi en la ducha, de pie, una frente a la otra, Bea y Nina se daban un beso… Se quitaron una a la otra la parte de arriba de sus bikinis negros. Sus tetas eran grandes, puntiagudas, con areolas rosadas y pequeños pezones. Se quitaron la parte de abajo. Tenían el coño totalmente depilado. Se echaron aceite en las manos y se acariciaron una a la otra las tetas, las nalgas y el coño… Al rato, Bea se arrimó a la pared y le dio la espalda a su hermana. Nina le acarició el coño. Cogió el cepillo del pelo, untó el mango con aceite y después, acariciándole las nalgas, folló muy lentamente a su hermana con él. Minutos después, Bea, se acarició el clítoris, y se corrió acariciando el cabello de su hermana.

    Al acabar de correrse Bea, se metieron bajo la ducha, Bea se puso en cuclillas, agarró el culo redondito de Nina y le comió el coño hasta que se corrió en su boca.

    Al correrse, los gemidos de las gemelas fueran como suspiros. Ver como se corrieron fue como ver correrse a dos ángeles.

    Me fui a jugar unas partidas al mus. Volví a las nueve para cenar. Cenamos carne al caldero y al acabar de cenar se jodió lo que se podía dar.

    -No me encuentro nada bien. Creo que me sentó mal el vino. -dijo Nina – Me voy para cama.

    -Voy contigo -le dijo Bea.

    Se marcharon sin dar las buenas noches. La verdad es que no sé cómo le había sentado mal el vino si casi no había bebido.

    Después de recoger la mesa fui a la sala de estar a mirar la televisión.

    Eran las doce de la noche cuando me fui para cama.

    Estaba con el primer sueño, durmiendo boca abajo, cuando siento que me destapan y un cuerpo desnudo y calentito se echa sobre a mí. Su tacto era suave como el terciopelo. Sus tetas en mi espalda me encendieron. Besó mi cuello, después, se sentó sobre mis piernas. Rascando mi espalda con sus uñas lamió mi espina dorsal, lentamente, de abajo arriba y de arriba abajo. Sentí la voz de Nina.

    -¿Lo quieres para ti solita, hermana?

    -Ven. Repartiéndolo bien hay macho para las dos.

    Nina se metió en la cama y encendió la luz. Me dieron la vuelta. Las vi desnudas de nuevo. Eran la perfección hecha mujer. Cada una por su lado, y acariciándome una los cojones y meneándome la otra la polla, me lamieron las orejas, me besaron el cuello, me chuparon las tetillas, y después, Nina me chupó los cojones y Bea la polla. Al rato, Nina, dejó mis cojones y me dio sus deliciosas tetas a mamar, mamé, lamí, chupé y mordí sus pezones. Después me puso el coño en la boca y se lo comí… No tardó Bea en ser la que me diese sus tetas y su coño a comer mientras Nina me la chupaba.

    Media hora más tarde de vaivenes. Nina se echó boca arriba en la cama. Bea, poniéndome el coño a tiro, metió la cabeza entre sus piernas y comenzó a hacerle un cunnilingus. Nina se magreaba las tetas. Cogí a Bea por su fina cintura y, arrodillado detrás de ella, le di canela fina. Tardó lo suyo, pero acabó por apretar mi polla con su coño y encharcarla de jugo. Se sacudió al correrse, pero sus gemidos eran como susurros. Al quitarle la polla, le lamí el coño para saborear el jugo que salía de él. Acto seguido, Nina, subió encima de mí. Me cabalgo buscando su orgasmo y el mío. El suyo al frotar el clítoris con mi pelvis, y el mío al hacerme en la corona remolinos con el culo. Aguanté hasta que ella quiso. Al sentir que se iba acorrer, me cabalgó moviendo el culo de atrás hacia delante a toda hostia. Cuando sintió mi leche dentro de su coño, la metió hasta el fondo, y frotando su clítoris con mi pelvis, moviendo el culo alrededor y besando a su hermana, se corrió como una bendita.

    Al acabar de correrse tenía en los labios una sonrisa que jamás olvidaré.

    Poco después…

    -Te dejamos descansar, tío -Me dijo Nina.

    -Mañana te llevarás otra sorpresa -dijo Bea.

    -A ver si es verdad -dije viendo como aquellas dos diosas con celestiales traseros se iban alejando de mí.

    Por la mañana las busqué, pero habían cogido sus cosas y se habían ido.

    A las once de la mañana, leyendo el Faro de Vigo en la sala de estar, una noticia que venía en primera página me llamó la atención:

    «Dos atracadores disfrazados de Monjas, con máscaras venecianas, armadas de pistolas, y hablando como el pato Donald y el pato Lucas, se llevaron ayer más de dos millones de euros del BBVA de esta ciudad. Su modo de huida fue en un taxi manejado por un conductor disfrazado también de monja y que como los otros dos atracadores llevaba la cara cubierta con una máscara veneciana…»

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Acabar con el enfrentamiento entre Dora y Juana

    Acabar con el enfrentamiento entre Dora y Juana

    Cuando llegue a casa de Liz apenas me vio me abrazo y me besó sentía su cuerpo bien caliente, le pregunté si estaba sola y me dijo que sí, pero estaba muy intrigada.

    -Amor… ¿no sé qué pasa con Juana? Llegó y no la encuentro por ningún lado le pregunté a mi mamá y me dijo que tiene problemas familiares… Qué pena tú sabes que la quiero mucho ojalá no sea nada grave.

    Tuve que hacer como que no sabía nada pero al mismo tiempo le dije que estaba seguro que se iban arreglar las cosas para ella, me dijo para subir a su dormitorio, cuando apenas cerramos la puerta nos besamos con mucha pasión y le quité el polo que traía y también su brasier sus senos estaban con los pezones ya erectos que besé y cuando la estaba echando a la cama tocaron la puerta.

    -¡Niña Liz abra la puerta por favor soy Inés!

    Inés era una señora de 74 años que hacía el trabajo de ama de llaves y trabajaba por horas debido a su edad y tenía ese trato preferencial porque había sido su nana de Dora y luego de Liz cuando fue una bebé, tenía tiempo trabajando con ellos ahora que no estaba Juana ella estaba viendo todo de la casa..

    -¡Niña Liz no está bien que una señorita esté con un hombre en su dormitorio, así sea su enamorado su madre y padre me encargaron que todo esté bien en la casa!

    Tuvimos que rápido volver a vestirnos y abrió la puerta, vi la cara de molestia de Liz con lo arrecha que estaba pero por el cariño y respeto que le tenía no dijo nada,, bajamos a la sala a conversar la señora nos trajo unos refrescos y galletas y se mantuvo atenta a nosotros.

    Sin que se diera cuenta de vez en cuando ella me sobaba la verga por encima del pantalón y yo hacía lo mismo calentándonos más pero no pudimos hacer nada porque no se iba ir hasta que regrese la señora Dora, así que no quedó más remedio que despedirme e irme a mi casa.

    Ya estaba por llegar al paradero de los buses cuando suena el celular y vi era Dora.

    -¡Luis hace tiempo te estoy que esperando acá afuera que salgas de mi casa, ¿tanto te demoras? No puedo dormir esta noche sino solucionamos antes ese problema con Juana!

    Parece que otra vez Liz me calienta y me deja bien arrecho para que luego su madre termine lo que ella no puede, sabiendo que su esposo está de viaje por negocios tengo en mente ahora no sólo cogerla un rato sino toda la noche donde yo quiera.

    -Avanza dos cuadras más y te voy a recoger… ¿Quiero que me digas que es lo que has acordado con ella?

    Cuando se detiene su camioneta con lunas polarizada subí rápidamente y nos fuimos ya eran las 8.52 de la noche y llovía fue manejando hasta llegar a un parque y se detuvo.

    -¡Luis me dijiste que le habías prometido a esa atrevida que no la voy a botar del trabajo y además le voy a subir su sueldo… ¿Cómo crees que voy hacer eso? Encima que me amenaza y ella misma me dice en mi cara que todo lo planificó… ¿cómo confiar en ella?

    Le estaba por contestar cuando un patrulla de la policía se detiene y hace un juego de luces sabían que algunas parejas con carros se detienen ahí para calentar cuerpo y luego tener sexo y no lo permiten, ella se asustó y prendió el motor y nos fuimos, ahí aproveche la oportunidad y le digo para conversar más seguros y tranquilos era mejor ir a un hotel.

    Su mirada se clavó en mi unos segundos y volví a decir que es lo más seguro para ella porque de sólo imaginar que el policía nos pida los documentos puede haber problemas.

    -¿Y si vamos a un hotel acaso no nos van a pedir documentos también?

    Le dije que no lo harían porque tengo un amigo que trabaja en el hotel y para que acepté de una vez tenía razón debíamos conversar para que de una vez solucionemos lo de Juana, así que cambiamos de lugar y manejé hasta llegar ya para eso había llamado a mi amigo y nos dejó entrar de frente.

    Era un lugar muy discreto donde llegabas con el automóvil y bajabas y de frente entrabas a una habitación muy elegante, cuando bajó de la camioneta su andar era espectacular con esas caderas anchas que se movían a cada paso que daba, sus tacos y falda negra con una blusa blanca de seda me tenían full caliente.

    -¿Deseas beber algo mientras hablamos?

    Aceptó una copa de vino que serví para los dos porque había varios licores a escoger, ella se notaba nerviosa sabía que estaba en mis manos le dije que había que tener mucho cuidado con Juana y no era exagerado lo que pedía una mejora en su sueldo y lo más importante que la traté mejor porque yo sé muy bien lo que se siente.

    -¡Dora te pido por favor que lo pienses bien no es mucho pedir sé que lo del dinero no es problema para ti, lo que te cuesta es olvidarte lo que te dijo pero todos debemos hacer un sacrificio y salir del problema en que nos encontramos… Vamos hazlo!

    Le volví a servir otra copa de vino, era difícil de convencer como lo dije desde un comienzo tenía un carácter muy particular pero al final me dijo que si, tuvo que pasar casi una hora desde que entramos pero al final llegamos a un acuerdo positivo para todos… Luego ya más en confianza me preguntó.

    -¿Luis ahora quiero que me digas que tipo de familiaridad tienes con ella?… No me gusta que el enamorado de mi hija se esté dando de muchas confianzas con la empleada de la casa, y menos ahora que sabemos que es capaz de hacer!

    Nuevamente tuve que negarle a Dora que tuviera cualquier acercamiento con ella para evitar en ese momento un conflicto, y la abracé y viéndole a los ojos le digo que no tiene nada de qué preocuparse a partir de ahora lo tomaré en cuenta y mantendré una distancia con ella.

    -¡¡Siii eso quiero que hagas Luis!!

    Mis manos rodearon su cintura, ella trató de zafarse de mí, pero no la dejé y busqué sus labios para besarla.

    -¡Luis déjame… Sólo vinimos para hablar del problema con Juana… Ya es hora de irnos me está esperando Liz!

    Ya la tenía acá y no iba dejarla ir tan fácil y besé sus labios que volvió a rechazar entonces sujeto fuerte su cara y la beso ahí recién me corresponde tímidamente nuestras lenguas se unieron.

    Entonces aflojó la correa y ella ya sabía que hacer mirándome al mismo tiempo bajó el cierre del pantalón y después el pantalón y liberó la verga que comenzó a besar y lamber con maestría que le daba su edad.

    -¡Ahh… Doraaa… qué ricooo!

    Su boca se tragaba por completo el falo que había hecho que perdiera la cabeza y empezará una relación clandestina conmigo un muchacho humilde que antes no soportaba dejando de lado su nivel socio económico alto del cual siempre se jactaba, la mirada con los ojos verdes mientras chupaba la pinga jamás la olvidaría

    -¡Qué ricoo pene tienes, grande y duro como me gusta… ohhh… ohhh… sabrosooo!

    Su lengua subía y bajaba por los testículos y los metía a su boca intercaladamente haciendo que tiemble de placer a raíz de sus caricias bucales.

    -¡Afff… Uffff… Uffff… eres maravillosaaa!

    Cómo una bebé golosa no soltaba su chupete que salía y entraba de su experta boca hasta que consiguió llevarme al cielo y eyacule todo en su garganta

    -¡Ahhh… Meee vengooo… ahhh!

    (Continuará…)

  • Una madre muy puta, castigándome

    Una madre muy puta, castigándome

    Después de que había consolado a mi hijo, comencé a notar que se estaba comportando más y más desinhibido conmigo, entraba a mi alcoba sin tocar, cuando volvía de ver a mis amigos, me preguntaba donde me habían llevado, lo que había estado haciendo con ellos, que si me gustaba lo que me hacían y yo solo trataba de contestarle de la forma más natural posible, hasta que una noche cuando llegaba de una fiesta, me lo encontré en la sala, esperándome, no se me hizo muy raro verlo a esa hora, así que le di las buenas noches y me fui a mi recamara, y me estaba quitando la ropa cuando lo veo de pie en la entrada, así que le pregunte.

    – que pasa Alfredo, te veo preocupado.

    Entro de lleno a la recamara y me comenzó a preguntar.

    – Cristina, que tal te fue en la fiesta.

    – bien hijo, estuvo bastante animada.

    – haaaa… y Luis no te llevo a otro lado después?

    – no, salimos y me trajo a casa.

    – qué raro, siempre terminan por llevarte a la cama.

    El comentario de mi hijo se me hizo algo extraño y además note en su voz como cierta molestia.

    – pues esta vez no Alfredo.

    – y por qué no?

    – pues porque no y ya.

    Continué desnudándome y mi hijo solo se mantenía serio, así que rápidamente comprendí que a lo mejor estaba celoso, y pensé que era mejor calmarlo.

    – vamos Alfredo, no tienes por qué molestarte, sabes que siempre te compenso con algo.

    – no me gusta que llegues tan tarde.

    – bueno hijo, que puedo hacer para compensarte.

    Alfredo se quedó callado unos instantes y después con tono firme me dijo.

    – déjame castigarte.

    – que…?? Castigarme… Estas hablando en serio.

    – me acabas de decir que me compensarías, así que eso quiero, darte un castigo.

    Sabía que no era del todo una demostración de celos y esto iba también por el lado sexual, así que le dije.

    – está bien, como gustes, que quieres que haga.

    Alfredo se fue a sentar a la cama y después me dijo.

    – termina de desnudarte Cristina.

    Me pare frente a él y comencé a quitarme el brasiere y cuando mis pechos quedaron a la vista, Alfredo sonrió y yo la verdad me sentí algo abochornada, pero decidí no detenerme, así que después me comencé a quitar las medias, y me disponía a quitarme la pantaleta cuando me dijo.

    – detente, yo te la quiero quitar.

    Me tomo por la cintura y me llevo justo en medio de sus piernas y me dijo.

    – recuéstate aquí, sobre mis piernas.

    Rápidamente comprendí que mi hijo me quería dar de nalgadas.

    – vaya Alfredo, quieres castigar a tu madre con unas nalgadas, está bien, puedes hacerlo.

    Flexione mi cuerpo hacia adelante y me deje caer sobre su muslo, dejando así mis caderas a su alcance, Alfredo movió un poco su pierna para acomodarse mejor y después comencé a sentir como pasaba su manFlexioné mi cuerpo hacia adelante y me dejé caer sobre su muslo, dejando así mis caderas a su alcance. Alfredo movió un poco su pierna para acomodarse mejor y después comencé a sentir como pasaba su mano por mis piernaso por mis piernas, mientras me decía.

    – sabes Cristina, no me gusta que llegues tan tarde.

    El reclamo de mi hijo me pareció algo sin importancia y me disponía a contestarle, cuando sentí como su mano caía sobre mis glúteos ligeramente.

    – está bien llegare más temprano.

    Su mano golpeo mis glúteos dos veces más y después volvió a decirme.

    – quiero que me digas todo lo que hagas con tus amantes, entendiste.

    Al igual que la vez anterior, no me dejo contestarle y de nuevo su mano cayó sobre mis glúteos, en tres ocasiones más, pero ahora sentí que lo hizo con más fuerza.

    – está bien hijo, te diré todo lo que hago con mis amantes.

    Alfredo se quedó en silencio unos instantes y comencé a sentir como la palma de su mano se apoyaba justo debajo de mis nalgas y comenzó a subir y a bajarla recorriendo mis piernas lentamente.

    – también me gustaría verte con medias más seguido.

    – las traía puestas Alfredo.

    Alfredo en lugar de contestarme solo me soltó cuatro nalgadas más, pero ahora si las sentí bastante fuerte.

    – Alfredo, me lastimas…

    – cállate, no te dije que hablaras.

    Continuo acariciándome y de un momento a otro, sentí como sujetaba mi pantaleta por los costados y de un tirón me la bajaba hasta las rodillas, y después poso sus manos sobre mis glúteos y las caricias continuaron, yo lo deje que siguiera, pensé que tal vez solo deseaba calmar un poco su deseo por mí, pero después de unos segundos, comenzó a nalguearme más fuerte, le pedí que se detuviera, pero él no me hacía caso, y mi trasero me comenzaba a arder, intente moverme, pero me tenía tan bien agarrada, que me fue imposible, su mano no dejaba de nalguearme, alternándose de un glúteo a otro, mientras me decía.

    – me tienes muy descuidado Cristina.

    En ese momento no se me ocurrió otra cosa más que decirle que iba a esmerarme más con él, y en ese momento se detuvo.

    – vaya, veo que has entendido.

    Me intente enderezar, pensando que ya había terminado, pero no fue así, me soltó un par de nalgadas más y me comenzó a decir.

    – de hoy en adelante, vas a ser primero mía y después de tus amantes, entendiste.

    Pensé que lo mejor sería acceder a sus caprichos, para que se detuviera, así que le conteste que sí.

    – si Alfredo como tú me digas.

    Pero lejos de detenerse, continuo dándome de nalgadas, pero estas ya eran más fuertes, al grado que comencé a sentir como la sangre se me agolpaba en mi rostro, le volví a rogar que se detuviera, pero fue inútil así que decidí ponerle fin a todo esto y le dije.

    – está bien Alfredo, que es lo que quieres.

    – que seas mi puta.

    Su respuesta me desconcertó un poco, siempre había tratado de complacerlo, así que siguiendo aquel juego, le respondí.

    – si Alfredo como tú me digas, haré lo que me pidas.

    En ese instante se detuvo y me comenzó a decir.

    – está bien, pero quiero más de ti, quiero que en verdad te esmeres conmigo, está claro.

    – si Alfredo como digas.

    – está bien, solo te daré algunas nalgadas más para que no se te olvide.

    Y de inmediato me soltó una rápida tunda, que me hizo gritar bastante y cuando al fin se detuvo, solo me dejo caer y sin decirme más, salió de mi alcoba, me levante lentamente y me senté en la orilla de la cama, mientras me calmaba, y me preguntaba, por qué había hecho eso.

    Continuará…