Autor: admin

  • Mi novio de pene pequeño (II): Se la chupé en un camión

    Mi novio de pene pequeño (II): Se la chupé en un camión

    Hola, soy José, en esta ocasión me gustaría continuar relatando mi noviazgo con este chico de pene pequeño.

    Comenzando la historia ya había pasado varios meses siendo novios, por lo que me invitó a su rancho por las vacaciones de primavera, su rancho se encontraba a un día en camión, por lo que no me entusiasmaba tanto el ir, pero prefería eso a no verlo por dos semanas.

    El primer día en el camión fue bastante tranquilo, con la excepción que la gente que iba ahí nos juzgaba con la mirada cuando nos besábamos, comportamiento qué se me hacía normal, ya que casi todo el camión eran rancheros qué iban de regreso a su pueblo, por lo que no se los tomé a mal.

    Sin embargo, quién si se lo tomo a mal fue Miguel ya que le empezó a preocupar que alguien de ahí le dijera a su familia o algo así (la verdad me molestaba que me negara a mi o su orientación sexual frente a su familia, pero lo amaba así que lo dejaba pasar).

    Ese mismo día en la noche yo comencé a frotar su pene sobre el pantalón, al inicio el intento quitarme la mano, pero poco a poco fue cediendo hasta que pude sacar su miembro de su pantalón, comencé a masturbarlo, él aunque excitado se encontraba preocupado por si alguien nos miraba, yo le dije en voz baja qué se tranquilizara ya que todos iban dormidos, pero aun así seguía inquieto ya que quería que parara porque si se venía mancharía el piso o el asiento de adelante, a lo que yo rápidamente di la solución a su problema y me lleve su pequeño pene a la boca, y a los pocos segundos se vino en mi boca.

    Yo me reincorpore y lo mire con malicia, el aún seguía recuperando el aire por la mamada que le había propiciado, en eso me le acerque para besarlo y decirle al oído si me la quería meter, de inmediato vi su cara de excitación mezclada con miedo, le repetí mi pregunta en voz baja, pero en lugar de contestarme me hizo la seña de que se la volviera a chupar, por lo que para provocarlo me puse a espaldas hacia él y me bajo el pantalón, deje mi culo al descubierto esperando que cediera a mi propuesta.

    Cosa que no tardó en suceder, ya que a los pocos segundos comencé a sentir como introducía su pequeño pene dentro de mí, para empezar un mete saca a una velocidad lenta, cosa que disfruté bastante, a los minutos comencé a sentir qué se venía (era normal esto ya que es precoz), sin embargo no la saco ni de detuvo a tomar aire, el continuó cogiéndome se notaba que la situación lo tenía muy excitado, ya que aunque se volvía a venir de inmediato retomaba su movimiento.

    En total ese día me cogió unas ocho veces, hubieran sido nueve, pero cuando íbamos empezando la novena nos echaron la luz y dijeron «esos cachondos se me bajan del camión» y ante la burla e indignación de los demás pasajeros nos tuvimos que bajar un poco antes jeje, pero valió por completo la pena.

  • La novia del jefe (2 y final)

    La novia del jefe (2 y final)

    Viernes feriado y asado en lo de Carlos. Llevé un par de botellas de vino para tomar y llegué cuando estaban prendiendo el fuego.

    – Buenas buenaaas (Dije saludando a Carlos y un par de amigos más)

    – Que dice degenerado!!

    – Todo bien muchachos? Traje algo para tomar.

    – Dejalo en la barra que ahora estamos tomando un whisky, te sirvo?

    – Dale Carlos, serví nomás.

    Nos pusimos a charlar de fútbol y mujeres, hasta que llegaron ellas.

    Vicky y Soledad (hermanas), Amanda y Renata (primas), después llegó una pareja de amigos y al final éramos cerca de 15.

    Ya entrada la tarde estábamos un poco tomados, pensando prender el fuego de nuevo y poner algo más tarde para la cena y comprar más alcohol.

    Se me acerca Amanda y me dice.

    – Che, ¿qué pasó con mi prima?

    – No sé de qué me hablás.

    – No te hagas el boludo.

    – En serio, no sé de qué hablas.

    Me di vuelta y fui a hablar con un amigo que había llegado de estudiar en el exterior.

    Ya había bastante alcohol en el ambiente y Amanda se acercó de nuevo.

    – Dice mi prima que te espera en el baño.

    – Quien?

    – Beto, andá al baño por favor.

    Dejo mi vaso y voy al baño.

    Abro la puerta y estaba Vicky recostada contra la bacha.

    – Me vas a coger o que?

    – Te voy a coger y te vas a ir con el culo lleno de leche.

    – Y vos con la pija ardiendo.

    Me fui derecho a besarla y apretarle el paquete contra su pelvis, se empezó a refregar contra mi.

    – Chupame las tetas, dijo mientras se levantaba la remera y ya estaba sin corpiño.

    Le chupaba las tetas mientras le tocaba la concha sobre el jean y ella me agarraba el paquete y me masturbaba por encima del pantalón.

    La di vuelta y la dejé mirando el espejo, le bajé el jean y la tanga en un movimiento y se la clavé hasta el fondo de la concha que ya estaba chorreando. Yo estaba tan caliente que me iba a acabar en cualquier momento, pero no paraba de taladrar, agarrado de sus tetas y diciéndole cosas al oído.

    En un momento ella lleva la mano a la boca y se inclina hacia adelante. Se mojó los dedos y se los llevó al culo, para lubricarse.

    Abrí el botiquín y ¡Bingo! había una crema hidratante, saqué el pote y dejé caer sobre las nalgas y en la raja del culo. Las nalgas le quedaron brillantes y empecé a refregarle la pija por el culo y masturbarme metiendo la pija entre sus nalgas.

    La agarré del cuello y le dije al oído.

    – Pedímelo

    – Qué?

    – Pedímelo

    – Haceme el culo.

    – Así no, pedímelo mejor.

    – Rompeme el culo! por favor

    Enfilé la pija la entrada del culo y empecé a apretar, fue entrando sin prisa y sin pausa, hasta que llegué al tope. Ella hacía fuerza hacia atrás clavándose solita.

    – Veo que te gustó, Nelsito nunca te había hecho el culo? (dije mientras empezaba a moverme).

    – No, Nuca, Cogeme por favor,

    – No te coge bien ese puto tapado? (dije como tirando más morbo)

    Abrió los ojos grandes y me miró fijo a través del espejo

    – No me digas que le gusta la pija como a vos?

    – Cogeme fuerte, dame pija y leche! Dijo enculándose hasta el fondo.

    Le daba con más fuerza y empezó a chillar. Le tuve que poner la toalla en la boca para que no se escuche afuera por más que había música.

    – Te voy a llenar el culo de leche.

    – Siii dame la leche en el culo, haceme sentir bien puta.

    Largué la leche adentro de ese culo y se me daban vuelta los ojitos.

    La saqué, me limpié, me subí los pantalones y salí del baño.

    Por suerte habían sido solo 15 minutos y nadie (excepto Amanda) se había dado cuenta.

    Sonó el timbre y supuestamente estábamos todos.

    Carlos fue a abrir la puerta y cuando volvió no traía cara de buenos amigos, Nelsito había llegado a darle una sorpresa a Vicky, que estaba saliendo del baño.

    – Si llegaba unos minutos antes, podía ver la sorpresa que le estaban dando a la novia. Me dijo Amanda agarrándose de mi brazo.

    – Sos mala.

    – Yo no me cojo a la novia de mi jefe.

    – No sé de qué hablas. Los caballeros no tenemos memoria

    – Si tenes ganas de ir al baño en un rato, avisame. Dijo mientras me pellizcaba el culo y se iba a saludar al recién guampeado, perdón, recién llegado.

    – Que haces acá? ¿Te contrataron de mozo, para que sirvas? Tráeme una copa de vino blanco, haceme el favor. Dijo Nelsito cara de pito mientras me miraba despectivamente.

    Estamos fuera de la oficina y le puedo romper la cara a este pedazo de estúpido, pensé para mis adentros.

    – Cómo no señor emperador, el vino blanco está adentro, ya le traigo su copa. Dije mientras hacía una reverencia y todos se reían.

    Fui adentro, abrí una botella de vino blanco, serví una copa y antes de salir, saqué mi pija y la enjuagué en el vino. Por baranda te la vas a tomar, hijo de puta…

    – No tenes por qué servirle escuché a Vicky detrás de mí.

    – Tranquila, van a compartir algo vos y él. Saqué mi pija de la copa, la sacudí 2 veces y la guardé.

    Vicky ser rio y salió rumbo a la barbacoa.

    – Su copa, Almirante Nelson.

    La tarde siguió, Nelson no me volvió a molestar (después de una charla con Vicky un poco alejados de los demás).

    – Si queres le digo que se vaya de mi casa. es el novio de la prima de una amiga, no tiene por qué estar acá. dijo Carlos.

    – Tranquilo amigo, que yo la estoy pasando mejor que él.

    Carlos no entendió de qué le estaba hablando, me pidió que lo acompañe a comprar las cosas para la cena y salimos junto con Amanda.

    Hablamos de boludeces mientras comprábamos más carne, whisky y vino para seguir la fiesta y bebidas energizantes a pedido del idiota.

    Cuando volvimos habían abierto una botella de tequila y estaban dale que dale al tequilazo.

    Nelson haciendo alarde de su hombría y aguante, era el que más tomaba y al rato estaba bastante alegre, queriendo apagar las luces y poner música para bailar.

    -No sé cómo lo soportas en el trabajo.

    – Pagan bien y me están pagando el MBA, por suerte lo arreglé con el dueño antes de que mandara al inútil.

    Carlos prendió el fuego y ahí estaba Nelsito con su copa de vino blanco con energizante, diciéndole a Carlos (que ya estaba con cara de pocos amigos), cuál era el punto de tal y cual corte de carne y como era mejor asarlos. era in-so-por-ta-ble.

    – Tengo ganas de ir al baño, le dije a Amanda.

    – Ahora no, dame un rato, yo te aviso dijo y me guiñó un ojo.

    Seguí conversando con amigos y en un momento viene Amanda y me dice al oído.

    – En 5 minutos andá al baño de adentro de la casa con la cámara del teléfono abierta para filmar un videito.

    Iba con una mochila colgada.

    Me terminé mi copa y fui hacia el baño celular en mano y cuando abro la puerta, estaba Nelson con los pantalones bajos apoyado en la pileta y atrás de él, Amanda con un arnés con consolador dándole por el culo, y el pidiendo más con los ojos cerrados.

    Me puse a grabar un video y de repente me agarran de un brazo, era Vicky que me miraba con los ojos llorosos.

    – Por favor no digas nada, no lo compartas.

    – Tranquila, esto va a ser mi seguro, este puto a mi no me jode más.

    La agarré de un brazo y me la llevé para el cuarto de Carlos, se arrodilló, me abrió el cierre, me sacó la pija y empezó a chuparla, me la estaba poniendo como un hierro caliente, cuando entra Amanda.

    – No prima, ahora me toca a mi, te lo dejé amansado, chupame el culo.

    Se puso en 4, Vicky le levantó la pollera y se fue a chuparle el culo, esa imagen era demasiado para cualquiera.

    Fui a darle como si fuera la última vez a Vicky, mientras seguía chupándole el culo a la prima.

    – ¡Basta! dijo Amanda me toca a mi. Dale que tengo el culo pronto.

    Vicky se movió a un lado y fui directo a darle al culo de Amanda, que no era tan perfecto como el de Vicky, pero estaba muy bueno.

    Entraba y salía de ese culo que hervía de calor, hice levantarse a Vicky y mientras le daba por el culo a la prima, le chupaba las tetas a la morocha a sabiendas de que era una de sus debilidades.

    Estaba en el paraíso y a punto de acabar cuando escucho.

    – Que es esto! Bastardo te voy a matar.

    Era Nelson bastante borracho con los pantalones a medio subir y venía a atacarme con una botella de refresco de plástico en la mano, yo estaba con la leche en la punta de la pija y cuando me voy a dar vuelta, nelson cae de rodillas al lado mío, saqué la pija del culo de Amando y se la solté toda en la cara.

    Ahora sos mío.

    Mirá como Vicky me limpia la verga, le encanta mi leche.

    Vicky se arrodilla y me la empieza a chupar hasta dejarla limpia y brillante.

    El lunes llegué a la oficina y estaba el dueño de la empresa.

    Nelsito había renunciado a la gerencia y se había ido de la ciudad, me había recomendado para quedar en su posición y el dueño venía a ponerme al mando.

    Las cosas cambiaron bastante y mejores resultados.

    Lo que no cambió, es que Vicky llegaba a la oficina 3 veces por semana un poco antes de la hora de almorzar y ahora me dejaba mansito a mi con ese culo que se había convertido en mi vicio.

  • Historias reales de lectoras: Teresa (capítulo dos)

    Historias reales de lectoras: Teresa (capítulo dos)

    Como la vez anterior, salí corriendo de la habitación para ir al baño. Allí me limpié los restos de semen de mi pierna y brazo. Intenté demorar el momento de salir a enfrentarme a la realidad de ver a mi suegro una vez pasado todo aquello. Al ir a la cocina, al pasar por la puerta del salón lo vi en el sillón sentado, leyendo, como si no hubiera pasado nada, cosa que agradecí dado mi estado de confusión.

    Por la noche, durante la película, supongo que provocada por lo sucedido a la tarde, deseaba que no estuviera mi marido a mi lado. Deseaba levantarme la camiseta y que volviera a verme los pechos. Pensaba como sería levantarme del sofá y acercarme a su lado para que me volviera a tocar. Por primera vez era yo la que también miraba entre sus piernas y Gregorio disimuladamente me mostraba su erección bajo el pijama.

    Fueron tres tardes en las que hicimos lo mismo. Me iba a mi habitación, me tumbaba sin la camiseta y después de dejarle que me mirara desde la puerta era yo quien me levantaba para observarlo a él. Mi suegro me miraba y yo me acercaba para que me acariciara el pecho mientras lo veía masturbarse.

    No se que me pasó aquella tarde. Mientras me acariciaba el pecho lo veía mover su mano dándose placer y por primera vez apoyé la mía en su muslo. Le acaricié la pierna convencida que le gustaría sentirme. Miraba su pene, sus dedos cerrados sobre el tronco, mi mano cerca apoyada en su muslo. Sentí que apretaba ligeramente mi pezón con los dedos y me hizo sentir mucho placer y en ese momento sentí que se merecía sentir lo mismo. Nerviosa le aparté la mano de su sexo y la sustituí por la mía. Mis dedos rodearon su pene. Estaba húmedo, caliente y muy duro. Lo comencé a masturbar lentamente. Mi suegro gimió y en ese momento me comenzó a acariciar los dos pechos con ambas manos. Miré su cara para ver su expresión al ser masturbado por mí. Sus ojos abiertos como platos mirando mis pechos en sus manos, su boca entreabierta para respirar mejor. Esta vez pese a la vergüenza me incliné un poco. Cerré los ojos al sentir que apartaba sus manos. Me incliné un poco más y sentí sus labios rozar mi pezón derecho. Lo besó y me hizo gemir. Cuando cerró los labios con mi pezón entre ellos me corrí. El movimiento de mi mano lo hizo correrse a él y me sentí feliz de ser yo quien lo le había hecho llegar al orgasmo.

    Fueron días extraños en los que por momentos me sentía culpable pero a medida que se acercaba la hora de poder estar juntos esa sensación era superada por el deseo de estar en su habitación. Cada tarde me besaba los pechos y yo lo masturbaba y confieso que se convirtió en una especie de obsesión para mí poder hacérselo. Yo le entregaba mis pechos y su manera de besar y mamar mis pezones me hacía alcanzar deliciosos orgasmos.

    Un día después de hacerlo y ya en el salón limpiando, mi suegro estaba leyendo y escuché su voz.

    – Siempre te pones bragas debajo del pijama?

    – Para estar por casa si – me sorprendió con su pregunta – Por qué?

    – Me gustaría que no te las pusieras. Lo harías?

    – No sé, ya me parece una locura lo de estar sin sujetador y mas si está su hijo viendo la tele a mi lado.

    – Mi hijo no se entera de nada. Si lo hicieras creo que sería emocionante para los dos.

    Esa noche al irme a cambiar de ropa, no me quitaba de la cabeza esas palabras de mi suegro. Sería tan emocionante ver la película sin llevar bragas bajo el pijama? Solo la idea de poder sentir una sensación parecida a la que había vivido la primera vez que no me había puesto sujetador me resultaba muy tentadora. Veía mis bragas sobre la cama y las cogía para ponérmelas y enseguida las volvía a soltar, así varias veces. Pensaba en mi suegro que seguro estaría tan nervioso como yo pensando en si le haría caso. Guardé las bragas en el cajón y me puse el pijama. Era de color rosa y algo flojo en la pierna. Mi corazón comenzó a latir nervioso.

    Al empezar la película sentía la mirada de Gregorio en mis pechos, que como siempre estaban muy duros y se marcaban en la camiseta, alternándola con mis piernas. Sentía su curiosidad por saber si debajo del pantalón llevaba algo y mi corazón comenzó a agitarse cuando separé un poco las piernas. El pijama al ser flojito en la pierna dejaba un hueco entre la tela y mi piel. Deseaba que mi suegro supiera que le había hecho caso y me preguntaba si se había dado cuenta que debajo del pijama no llevaba nada.

    Recuerdo el momento en que me moví un poco más y esa distancia entre la tela y mi piel se hizo más evidente y sentí una punzada de placer en la vagina. Al moverme, la expresión de la cara de mi suegro cambió y supe que se había dado cuenta. La que sentía curiosidad era yo en ese instante y me fijé entre sus piernas. Su erección era más que evidente y aquella visión me hizo mojarme.

    Es incomprensible como en momentos de excitación la gente puede hacer ciertas cosas incluso por encima de nuestros principio o miedos.

    Mi suegro al darse cuenta que debajo del pijama no llevaba bragas y sintiendo mi mirada entre sus piernas, se cercioró que su hijo estaba distraído y ante mí asombro vi como llevaba una de sus manos a la cintura del pijama y la bajaba un poco. Su pene asomó bajo ella, erecto, hinchado y me gustó su atrevimiento pero me sentí mal por ser imposible calmar su estado como hacía todas las tardes.

    También yo miré de reojo a mi marido y viéndolo tan pendiente de la televisión hice algo que me sorprendió. Separé con cuidado las piernas y acercando la mano al pijama lo levanté. No sólo le había hecho caso a mi suegro sino que le estaba facilitando que mirara. No sabía si desde donde estaba sentado podía ver mi vagina pero solo pensar que podía estar viéndola me hizo humedecer mucho y un intenso cosquilleo se apoderó de mí zona íntima. En ese momento creí que tenía que levantarme para ir al baño a calmar aquel grado de excitación pero lo hice después, en cama, cuando mi marido dormía.

    Estábamos traspasando límites insospechados. Mi suegro se estaba haciendo dueño de mis sentimientos sexuales y supongo que yo de los suyos y sentir esa sensación me hacía estar todo el día excitada.

    Al día siguiente, cuando entré en su habitación para que me besara los pechos mientras lo masturbaba, al verme entrar me miró hacia las piernas.

    – Llevas bragas? – me preguntó mientras me acercaba a su cama.

    – Si, por qué?

    – Anoche te palpitaba agitada la vagina como tu corazón cuando te veo los pechos?

    – Si – sus preguntas provocaban en mi un efecto de morbo que nunca había sentido.

    Nota de autor:

    Cuando me estaba comentando esto, le pregunté si se consideraba una mujer morbosa durante los años anteriores y ella me contestó esto :

    “Yo era una mujer muy normal en el sexo, ni siquiera sabía lo que era el morbo. Cuando Gregorio empezó con aquellas miradas al principio de todo ,yo sentía cosas que nunca había sentido y no entendía que era. Era una sensación tan rara que empecé a buscar en internet y ahí pude darme cuenta que lo que estaba sintiendo era morbo.”

    Le pregunté si le gustaba lo que sentía :

    “Si que me gustaba pero me daba, como te dije, muchísima vergüenza sentir que provocaba en mi cuerpo esas reacciones.”

    Por último le pregunté si ahora se sentía una mujer morbosa y me dijo:

    “Con mi suegro si. Me provoca morbo y solo con él me siento morbosa.”

    Al decirle que mi vagina palpitaba agitada la noche anterior en el sofá, me miró con intensidad entre mis piernas.

    – Y ahora la sientes agitada?

    – Me avergüenzan sus preguntas, Gregorio.

    – Estoy convencido que si y entiendo tu reparo de contestarme – se quedó callado un momento – Aquel día me dejaste comprobar como tu corazón latía agitado.

    – Si.

    – Puedo?– estiró su brazo apoyando la mano en mi estómago – Me gustaría sentir si está agitada.

    – Gregorio, me va a matar de la vergüenza. No es que no quiera pero…

    – Confía en mí.

    Me quedé petrificada cuando sentí que su mano bajaba despacio y se colaba entre el pijama y las bragas. En ese momento hubiera echado a correr pero me quedé quieta. Pensé que me caía al suelo de la debilidad de mis piernas que temblaban y me agarré a sus hombros con las dos manos. Su mano cubrió mis bragas por encima de la tela y gemí al sentir ese contacto. La dejó quieta. Excitada agarré su polla y la tenía dura, muy dura. Besó mis pechos y comencé a masturbarlo.

    Cerré los ojos cuando, separé las piernas. Cuando metió los dedos por dentro de mi prenda íntima y fui consciente de lo que iba a pasar apreté mis pechos contra su boca. Placer en mis pezones, placer en mi vagina. Esa tarde, Gregorio y yo nos masturbamos mutuamente y por primera vez me mee al correrme.

    Nota de autor:

    Al explicarle que algunas mujeres si están muy excitadas pueden eyacular de tal forma que parece que se orinan, al día siguiente me contestó.

    “He buscado en internet lo que me dijiste ayer y me he quedado muy sorprendida. Yo no sabía que había mujeres que podían eyacular de la manera que me pasa a mí y pensaba que era pis. Gregorio tampoco lo sabía y siempre decía que no me preocupara por orinarme que igual era por los nervios. Ahora me quedo más tranquila pero menuda vergüenza tengo pasado.”

    Me dio curiosidad su respuesta y le pregunté si era mucho lo que eyaculaba.

    “Después de todo lo que te estoy contando de mi historia ya siento algo de confianza contigo para responderte a esa pregunta. Sino sería incapaz de decirte esto. Pues mira, esa primera vez que me masturbó mi suegro, al tener la ropa interior y el pijama, mojé toda la ropa y la mano de mi suegro goteaba al sacarla. Luego otras veces tenía que cambiar la cama y al final decidí poner toallas por encima de la sábana bajera. Alguna vez que me masturbó tenía que limpiar el suelo porque quedaba un charquito. No era siempre la misma cantidad, a veces era un chorrito y otras era como si se desbordara de golpe mi vagina. Pero ya te contaré y así lo puedes explicar mejor en la historia cuando la escribas.”

    Entendiendo su esfuerzo por responderme a esa pregunta, solo pude darle las gracias por superar su timidez y aclarar mis dudas.

    Sentía que no había vuelta atrás con mi suegro. Intentaba concentrarme en el trabajo pero me costaba mucho. Solo deseaba llegar a casa y estar en la habitación de Gregorio para darnos placer uno al otro. Las noches durante las películas lo pasaba mal. Me gustaba nuestro secreto pero me costaba mucho no poder hacer nada más que mostrarle mi vagina y que él me mostrara su pene erecto.

    Al día siguiente de masturbarme esa primera vez, me estaba besando los pechos y fui yo quien con mucha vergüenza le cogí la mano para meterla dentro de mis bragas. Si me volvía loca sentirlo besando mis pezones, sentir sus dedos en mi vagina era increíble y volví a orinarme de placer al llegar al orgasmo.

    Sabiendo que iba a volver a masturbarme, la tercera tarde me dijo:

    – Seria mejor que te quitaras la ropa, ayer y anteayer dejaste empapado el pijama – Se dio cuenta que a pesar de lo que estábamos haciendo yo no lograba superar la vergüenza – Se que te da mucho reparo pero creo que sería lo mejor.

    Esa tarde me vio por primera vez totalmente desnuda. Su cara al ver mi vagina fue indescriptible y al masturbarlo sentí su pene más duro que nunca. Al correrme entendí que tenía razón, me había meado otra vez y tuve que limpiar aquel charco del suelo pero por lo menos no había manchado la ropa.

    Mientras lo limpiaba agachada, Gregorio se sentó en la cama y me miraba afligido.

    – No sientas vergüenza, Teresa. A mi no me molesta que te orines, entiendo que estés muy nerviosa.

    – Nunca me había pasado esto. Ni siquiera las primeras veces que me acarició su hijo.

    – De veras, no te preocupes – sentí su mano en mi nalga – tienes un culo precioso.

    Era la primera vez que me acariciaba las nalgas y al sentir su mano me hizo excitar de nuevo. Me quedé quieta y Gregorio se dio cuenta lo que me estaba pasando.

    – Te gusta?

    – Si, nunca me había acariciado el culete.

    – Deja eso, ven – con sus manos en mi cintura me ayudó a levantarme – túmbate en la cama.

    Cuando estaba cerca de él siempre conseguía doblegar mi voluntad y a pesar de todos mis miedos y vergüenzas hice lo que me pedía. Era extraño estar en su cama, desnuda y sentir que miraba mis nalgas. Boca abajo y mirando hacia la ventana para evitar encontrarme con su mirada. Gregorio acarició mis glúteos de una manera que me encantaba. Cuando me di cuenta tenía las piernas separadas y me estaba masturbando de nuevo. Mi vagina explotó de placer y al ver las sábanas empapadas no sabía dónde meterme. Solo pude abrazarlo nerviosa, era la primera vez que estaba en sus brazos. Me puse a llorar como una tonta pero me sentía superada por todo lo que me estaba pasando. Gregorio me consolaba en silencio acariciando mi cabeza.

    – No sé que me pasa con usted, Gregorio – apenas podía hablar por el llanto – Yo quiero muchísimo a su hijo pero mi cuerpo nunca había sentido estas cosas.

    – Yo tampoco me siento orgulloso con lo que le hago a mi hijo pero me pasa lo mismo que a ti. Ni siquiera en mi juventud me sentí tan vivo sexualmente.

    – Tanto le excita mi cuerpo?

    – Me excita tu cuerpo y tu.

    – Yo? – no entendía lo que quería decir con eso.

    – Si, tu. A ti te excita mi cuerpo o soy yo el que te excita?

    En ese momento me hizo pensar. Su hijo hacía deporte, tenía un cuerpo muy bonito y era guapo. En cambio yo me excitaba mucho más con mi suegro a pesar de su edad y de que su cuerpo no era nada del otro mundo.

    – Creo que me excita usted, sus miradas, como me toca – no quería hacerle sentir mal por mis palabras – Su hijo es mucho más joven y siempre estuve coladita por él.

    – Lo sé. Se nota que estás enamorada de él, Teresa. Me siento muy feliz de que haya encontrado una mujer como tú que lo quiera y haga feliz.

    – Pero esto que me pasa con usted me hace sentir mal pero no puedo evitarlo.

    El contacto de su cuerpo me provocaba acurrucarme contra él aún estando desnuda. En toda mi vida solo había estado así abrazada a un hombre y era su hijo, pero me sentía protegida en sus brazos. Solo él sabía de mis miedos y sólo él podía protegerme de ellos. Aquel contacto de mi cuerpo hizo que su pene comenzara a ponerse duro.

    – Discúlpame, Teresa – estaba avergonzado e intentó tapar su erección – Me siento un estúpido de que pase esto en un momento como este en el que estamos hablando.

    – No tiene que disculparse – sentir su vergüenza me hacía sentir comprendida. Yo entendía que su cuerpo se excitara sin querer porque a mí me pasaba lo mismo muchas veces. Aparté su mano para que no ocultara su erección – Me gusta cuando se le pone así – acerqué mi mano y agarré su miembro – Me gusta mucho hacerle esto – y comencé a masturbarlo sin apartar la vista de su pene hasta que eyaculó.

    Desde ese día comenzamos a masturbarnos tumbados en la cama. Unas veces me masturbaba él a mí primero y luego yo a él. Otras, cambiábamos el orden pero lo que más me gustaba era hacerlo a la vez y al estar tumbada boca abajo era difícil por lo que un día, a pesar de mi reparo, me tumbé boca arriba.

    Estar totalmente desnuda, tumbada boca arriba, con Gregorio mirándome, era totalmente diferente a todo lo vivido antes. Podía ver mis pechos, mi cara, mi vagina. Me besaba los pechos con tanto deseo que hasta yo le pedía que por favor me masturbara. Me volvía loca cuando abría la boca y se metía mi pecho por completo en ella. Esas veces me orinaba más que nunca y decidimos poner toallas en la cama.

    En ese punto estábamos de tal ansiedad del uno por el otro que cuando estaba con él me olvidaba de quien era ; me olvidaba que estaba casada, me olvidaba que ese hombre que me estaba volviendo loca de placer era mi suegro, era como si fuera otra mujer y creo que a Gregorio le pasaba lo mismo.

    Y tanto se olvidaba que era la mujer de su hijo que un día me pidió que le dejara ver mi vagina de cerca y le dejé hacerlo. Y cuando me empezó a dar besos en ella, yo, no sólo no lo aparté, sino que le acaricié la cabeza y lo apreté contra mí. Incluso me movía para frotarme contra su cara. Y ese día mi vagina explotó y al estar tan excitados me oriné y a Gregorio no le importó y siguió pasando la lengua mientras salía mi pipí.

    Creo que le gustaba el sabor de mi pipí porque muchas veces me pedía que le dejara masturbarme con la lengua y nunca se apartaba cuando me salían los chorros. Y yo no podía negarle nada que me pidiera y mucho menos eso porque los orgasmos que sentía me hacían retorcer de placer.

    Una tarde, Gregorio me pidió que viera su pene de cerca. Yo sabía lo que eso significaba, estaba segura que deseaba sentir mi boca en su sexo y como no era capaz de negarle nada me puse entre sus piernas. Me gustó verlo tan cerca, y aunque no me lo pidió, en ese momento deseé darle besos y mis labios se acercaron. Se le puso tan duro que sentí ganas de saborearlo, abrí la boca y entró en mi. Me gustó lo que sentía, me excitaba tenerlo en mi boca y pasar la lengua por el glande. Si Gregorio no se apartaba cuando me venía el pipí yo tampoco quería apartarme. Esa tarde eyaculó en mi boca y lo peor de todo es que me encantó sentirlo temblar mientras se vaciaba en mi garganta.

    Nota de autor:

    Cuando me contó esa primera vez que su suegro eyaculó en su boca, le pregunté si alguna vez había pasado eso con su marido y Teresa me contestó.

    “Mi marido cuando éramos novios a veces me pedía que se la chupara y a veces se lo hacía. Yo le había puesto como condición que tenía que avisarme cuando se iba a correr. Él me avisaba y yo sacaba de la boca el pene y el se vaciaba en mis pechos o en mi cara pero yo cerraba los labios para que no entrara nada. Cuando nos casamos, en la noche de bodas le dejé que me eyaculara en la boca un poco y recuerdo que me pareció extraño su sabor. Luego, durante los años, algunas veces le dejé que hiciera eso de echar un poco en mi boca pero nunca dejé que se vaciara todo en ella.”

    Al saber esto le pregunté por qué a su suegro le había dejado que echara todo y cuál de los dos le gustaba más el sabor.

    “Todavía me pregunto por qué aquel día dejé que mi suegro lo hiciera. Creo que fue porque estaba muy excitada y verlo a él tan excitado me empujó a dejarle hacerlo. En cuanto a lo del sabor, ya esa primera vez que Gregorio lo hizo, me di cuenta que su sabor era distinto al de mi marido, era como más rico y me gustó. Cuando lo hizo otras veces, sentía que cada vez me gustaba más y creo que me volví un poco adicta a ese sabor y a veces le pedía que me dejara chupársela para saborear su semen. Si cuentas esto en la historia no sé si la gente me entenderá, supongo que no, porque ni yo misma lo entendía pero te prometí contarte todo sin dejar nada guardado para mí y estoy sintiendo que me sirve de ayuda contarte todo. Como te dije, esto nadie lo sabe y me sirve de desahogo.”

    Mi suegro llevaba tres meses en casa y un día comiendo, su hijo le preguntó cómo iba de avanzada la reforma. Al escuchar la pregunta me puse nerviosa. Me dio miedo que pudiera estar notando algo de lo que me pasaba con su padre. También fui consciente que tenerlo en casa era algo temporal y me sentí triste.

    Le dijo que iba con bastante retraso y sentí que se había molestado con la pregunta de su hijo. Mi marido también se dio cuenta y le pidió perdón. Le recalcó que no lo había preguntado porque molestara en casa sino todo lo contrario, que suponía que ya estaría deseando volver a su casa pero que él estaba feliz con tenerlo con nosotros.

    – Gracias, hijo. Si te soy sincero me costó mucho tener que venir para aquí pero cada día me siento más a gusto – le contestó algo menos disgustado al saber el motivo del interés.

    Escucharlo decir que cada día estaba más a gusto me hizo sonrojar e intenté disimular levantándome con la excusa de ir a coger un poco más de pan. Sabía el motivo de que se sintiera así y ese motivo no era otro más que yo y lo que hacíamos juntos.

    – Teresa ha sido muy comprensiva – con ternura mi marido me acarició el hombro – Y te agradezco que supieras entender que mi padre haya tenido que venir con nosotros.

    – Claro que lo entendí, cariño – me quería morir en esos momentos.

    – Yo también quería agradecértelo, Teresa – me miraba y después miró a su hijo – Hasta que vine para aquí apenas la conocía y tienes una mujer que merece la pena.

    – Si, Teresa es lo mejor que me ha pasado en la vida.

    No sabía dónde meterme. Escuchar a mi marido y a su padre hablando así de mi me ponía muy nerviosa. En esos momentos, eran literalmente los dos hombre de mi vida.

    Padre e hijo.

    Mi marido dueño de mi corazón y, su padre, dueño de mi cuerpo. Así me sentí al escuchar sus halagos. En ese momento fui consciente que ese hombre se había adueñado poco a poco de mi cuerpo, de mi sexualidad. Que era el hombre del que dependía mi placer. Me asusté al pensar que llegaría un día que tendría que irse para su casa.

    Esa tarde cuando lo vi sentado en el sillón leyendo me acerqué a él. Le quité el libro de las manos y lo apoyé en la mesa mientras me miraba extrañado. Me senté en sus piernas y lo miré nerviosa.

    – Que te pasa?- esta vez la caricia tierna fue de él sobre mi cara.

    – No sé, no era consciente que un día se tendrá que ir para su casa. Que va a pasar después?

    – Tenemos que vivir el presente y no agobiarnos por el qué pasará.

    – Si, eso es fácil decirlo pero al final es inevitable pensar esas cosas – nunca lo había hecho pero en ese momento fui yo quien acarició su cara y me gustó la sensación de su barba de varios días en la mano – Caray, como rasca.

    – Tengo que afeitarme, llevó tres días sin hacerlo.

    – No, déjesela un poco más.

    – Te gusta?

    – Si, creo que si. Me gusta la sensación de cómo rasca.

    – Y ya que lo mencionaste. Que te gustaría que pasara después?

    – No lo sé, Gregorio. Creo que no podría pasar sin estar con usted.

    – Vendrías a mi casa a visitarme?

    – Usted querría que fuera?

    – No es que querría es que te lo pediré. Vendrás?

    – Si, claro que iré.

    Nos miramos con timidez. Me gustaba sentir que a mi suegro le daba vergüenza mirarme. Me recorrió un escalofrío al sentir su mano acariciar mi muslo y cuando la comenzó a meter por debajo del pijama no pude evitar separar un poco las piernas.

    – Durante la comida cuando os escuchaba hablar de mi me sentía rara.

    – Te molestó que habláramos de ti? – me rozó la vagina con los dedos.

    – Era extraño – suspiré con aquel roce – Antes el único hombre de mi vida, era su hijo. Ahora siento que ya no es así. Siento que también soy suya, de otra manera pero así me siento.

    – Teresa, yo también percibo esa sensación y te aseguro que nunca había sentido esto.

    – Me siente suya? – aquello que hablábamos y sus dedos, me estaban haciendo mojar muchísimo.

    – Si. Lo eres?

    – Si. Y lo más extraño es que me gusta serlo. Ay madre ! Debo de estar loca por decir estas cosas.

    Con un movimiento rápido me bajó el pijama y me separó aún más las piernas. Lo único que deseaba era que me masturbara y calmara la excitación que sentía y Gregorio entendió mi necesidad. Me agarré a su cuello cuando me hizo llegar al orgasmo.

    Un día que me estaba chupando los pechos de pronto se detuvo y me miró a los ojos. Aquella mirada siempre me suponía muy difícil mantenerla.

    – Que piensa?

    – Estoy pensando lo que me dijiste el otro día. Eres mía?

    – Ya le dije que si – me extrañó su pregunta en ese momento – Siento que soy suya y de su hijo. Mi corazón es de su hijo pero siento que mi cuerpo es suyo.

    – Tu cuerpo es solo mío?

    – A veces su hijo quiere estar conmigo y espero que entienda que aunque no me guste mucho, tengo que atenderlo como su mujer.

    – Voy a hacer una cosa – acercó su boca a mi pecho – Espero que me entiendas.

    Sorprendida sentí como abriendo la boca metió mi pecho por completo en ella y la fue cerrando. Sentía sus dientes en mi sensible piel, me dolía un poco. Cuando apartó la boca tenía la piel colorada y se veían con claridad la marca de sus dientes en ella.

    – Pero por qué ha hecho eso?

    – No dejes que mi hijo te vea desnuda o se dará cuenta de esas marcas.

    En ese momento me di cuenta que Gregorio estaba celoso de que pudiera tener sexo con su hijo. Me quería solo para él.

    Durante cuatro días evité que mi marido me pudiera ver desnuda y pudiera ver las marcas que me había hecho su padre. Cada día, cuando estaba desnuda con Gregorio, me miraba el pecho para comprobar como iba evolucionando la marca en mi piel. El quinto día casi no quedaba rastro de sus dientes y me hizo lo mismo en el otro pecho. Mi marido varios días me pidió hacer el amor y tuve que ponerle excusas para no hacerlo.

    Llevaba sin hacer el amor con mi esposo quince días y empezaron las discusiones. Él no entendía que lo rechazara cada vez que intentaba acostarse conmigo porque, aunque no lo disfrutara, yo desde que nos casamos siempre accedía a sus pretensiones cada dos o tres días.

    Cuando llevaba diecisiete días sin acceder carnalmente con mi esposo, la última marca que me había hecho ya había desaparecido casi por completo. Gregorio iba a volver a marcarme y lo frené.

    – No, no lo haga, por favor – era la primera vez que apartaba mi pecho de su boca desde que habíamos empezado con aquello juntos.

    – No quiero que tengas sexo con mi hijo.

    – Pero su hijo está muy molesto conmigo. Llevo diecisiete días sin dejarle verme desnuda y cada noche terminamos discutiendo.

    – Tu quieres acostarte con él?

    – No, no quiero, pero es mi deber como esposa.

    – Pensaba que tu cuerpo era mío – molesto se levantó de la cama y me tiró la camiseta – Póntela – lo vi desaparecer de la habitación.

    Me sentí fatal al verlo así. Pero que podía hacer? Yo no quería ver a mi marido mal pero tampoco ver mal a Gregorio.

    Me puse el pijama y fui al salón. Allí estaba sentado en su sillón leyendo y me acerqué a él.

    – Gregorio, yo…

    – Ya me has dicho lo que tenías que decirme. Esta noche que te haga el amor mi hijo y pasarlo muy bien.

    Por la noche ni siquiera vino al salón a ver una película. Extrañaba su presencia y solo tenía ganas de llorar. Cuando nos fuimos para cama, mi marido de nuevo intentó acostarse conmigo y acepté. No sentí nada, solo tristeza y ganas de que acabara pronto. En silencio lloré cuando mi marido se durmió feliz y satisfecho de haber podido satisfacer sus necesidades.

    Pero lo peor aún estaba por llegar. Al día siguiente, cuando me fui a la habitación para desnudarme y esperar a Gregorio, no vino. Mi cuerpo pedía sus caricias diarias y no las tuvo. Por la noche tampoco acudió a nuestra cita en el salón.

    Llevaba tres días sin sus caricias y me sentía desesperada. En varias ocasiones lo busqué mientras leía en el salón y me rechazó. En qué me había convertido por culpa de ese hombre? Llegué a pedirle por favor que me masturbara aunque fuera solo para calmar mi deseo por sentir su mano en mi cuerpo. Extrañaba acariciar su sexo y me ofrecí a masturbarlo, a darle placer con la boca y solo obtenía por respuesta su rechazo. Jamás pensé que podría tener esa ansiedad de sexo con una persona.

    Eran ya cinco los días en los que me rechazaba y supe en ese momento que si, que era dueño de mi cuerpo, de mi placer.

    Mi cuerpo comenzaba a rechazar a mi marido, ni siquiera reaccionaba con sus caricias. Si antes no disfrutaba apenas con él, ahora me disgustaba más que nunca que me tocara. Sentía que mi cuerpo y mi suegro, se habían puesto de acuerdo para que aceptara lo evidente. Me costaba aceptar que o era con mi suegro o no volvería a sentirme viva.

    Aquella tarde, cuando mi marido se fue, me fui a la habitación y me desnudé por completo. Gregorio, en el salón, me vio llegar desnuda y me habló volviendo sin dejar de prestar atención a su libro.

    – Teresa, no insistas.

    Me acerqué a él nerviosa, con miedo de volver a ser rechazada. Sentía que era mi última oportunidad de enmendar mi error. Si… me sentía culpable de que estuviéramos así. Me daba igual pasar la vergüenza de tener que hacer aquello y sabía que esa tarde mi vida iba a cambiar para bien o para mal.

    – Gregorio… – levantó la vista con cara de enfado. Mi mano sujetaba mi pecho delante de su cara – Muérdalo si quiere – mis piernas temblaban y me costaba mantenerme en pie.

    – No importa si quiero yo o no, lo que importa es si quieres tú que lo muerda.

    – Si, quiero que me lo muerda como hace días.

    – Eres consciente de lo que eso significa?

    – Si.

    – Acércalo! Ponlo en mi boca.

    Me lo mordió más fuerte que nunca pero ese dolor me daba igual. Me sentí feliz al sentir sus dientes alrededor de mi pecho. Me mojé como nunca y mis pezones estaban felices de saber que volverían a tener las atenciones de ese hombre. Acaricié su cabeza y lo apretaba contra mí como pidiéndole que mordiera todo lo fuerte que quisiera. Era suya. Sus dientes se clavaron en mi piel un poco más fuerte y sentí al mismo tiempo su lengua lamiendo mi pezón. Me mee al correrme pero me daba igual, era feliz. Todo volvería a ser como antes aunque sabía que mi matrimonio iba a cambiar desde ese mismo instante.

    – Gracias – todavía temblando, solo podía agradecerle que me hubiera perdonado.

    – Gracias a ti, Teresa. Se lo mucho que te habrá costado dar este paso.

    – Si, no me atrevía a aceptar que me esté pasando esto.

    Gregorio estiró el brazo para alcanzar el libro que había apoyado sobre la mesa, lo cogió y se puso a leer.

    – Espérame en tu habitación.

    Salí del salón y me encaminé a mi dormitorio. Como siempre, me tumbé en la cama y lo esperé allí tumbada. Escuché sus pasos y sentí en mi cuerpo la emoción que siempre se adueñaba de mi cuando sabía que iba a tener sexo con él. El ruido de la cremallera me hizo entender que se estaba desnudando y lo miré. Echaba de menos su pene y verlo cuando se quitó el bóxer me hizo excitar de nuevo. Lo tenía totalmente duro, hinchado y desee sentirlo en mi boca. Creo que en mi cara supo leer lo que deseaba y acercándose a la cama me acarició los labios con él. Abrí la boca y gemí cuando su glande se introdujo en ella. Se movió penetrándola mientras metía sus dedos en mi vagina. Nos corrimos juntos entre convulsiones.

    Esa noche volvió al salón y me sentí dichosa.

    Mi cuerpo estaba cambiando a su estado anterior de deseo continuo. Sentía mis pezones duros todo el día, incluso trabajando. De estar las primeras veces una hora juntos, ahora estábamos dos y tres horas en su cama. A veces en la mía y parábamos cuando se acercaba la hora de regreso de mi marido. Perdía la cuenta de las veces que me hacía correrme y él, orgulloso, eyaculaba en mi boca. Estaba descontrolada sexualmente y lo extraño es que siempre le pedía más.

    Una tarde después de comer me masturbó en la cocina mientras mi marido se duchaba y yo no podía negarle nada. Si mi marido estaba en su despacho, Gregorio me ponía de rodillas para que le diera placer con la boca hasta hacerlo vaciarse en mi. Si yo estaba descontrolada, a mi suegro le pasaba lo mismo. Y verlo así me excitaba.

    Gregorio dejó de controlarme las marcas en los pechos porque era yo misma quien le pedía que me los volviera a morder cuando veía que la anterior marca estaba desapareciendo. Ya no sentía dolor cuando lo hacía si no placer. Placer en la entrega, aunque habían vuelto las discusiones con mi esposo por no cumplir en la cama como mujer suya que era.

    Como explicarle a un hombre que si, que era su mujer, que lo quería y mi corazón era suyo, pero que mi cuerpo ahora pertenecía a otro hombre? Como decirle que ese hombre que se había adueñado del cuerpo de su mujer era su propio padre?

    Una tarde salimos juntos los tres a dar un paseo. Mi marido cogía mi mano y yo a la mínima oportunidad aprovechaba para soltarme. De quien de verdad deseaba ir de la mano era de su padre. Esa tarde decidimos parar en una cafetería y al sentarme, juro que lo hice inconscientemente, me senté al lado de mi suegro ante la sorpresa de mi marido. Ese día por primera vez sentí que la mirada de mi esposo era de extrañeza y varias veces sentí que nos miraba a su padre y a mi como preguntándose qué estaba pasando. Hubo un par de momentos que Gregorio y yo nos pusimos a hablar y su hijo nos escuchaba sin intervenir. Lo hacíamos sentir desplazado sin querer. Me gustaba sentirme sentada al lado de su padre y él ,enfrente, viviendo un cambio de roles evidente. De vuelta a casa y dejándome llevar por lo que de verdad sentía hubo un momento que Gregorio y yo nos dimos la mano y me estremecí al sentir sus dedos entrelazados con los míos. Su hijo tuvo que darse cuenta pero quizás aceptando lo inexplicable no dijo nada y me sentí feliz de pensar que podía llegar a entenderme. Agradecida con él, también le di mi otra mano y caminamos así. Los dos hombres de mi vida llevándome agarrada a ellos.

    – Gracias, mi amor – sin soltar la mano de mi suegro me giré y besé a mi esposo.

    – Por qué me das las gracias?

    – Por saber comprenderme – con mi barbilla señalé mi mano entrelazada a la de su padre – te quiero muchísimo, cariño.

    Sentí que mi marido se avergonzaba de ver mi mano con la de su padre y no ser capaz de protestar. Lo entendí perfectamente porque era algo muy difícil de digerir estar asimilando lo que estaba viendo.

    Esa noche antes de acostarnos le pedí que me dejara hablar con su padre un momento.

    – Cariño, está bien. Vete a hablar con él. Te espero despierto? – me sorprendía verlo tan dócil.

    – Si, mi amor. Espérame despierto. Será solo un momento.

    Gregorio estaba en su habitación y me vio entrar. Me senté en sus piernas y acaricié su cara.

    – Gregorio, lo de hoy ha sido muy fuerte. Estoy impactada.

    – Yo también, Teresa.

    – Su hijo está comprendiendo todo y me gusta pensar que pueda aceptar lo que nos pasa.

    – Crees que lo aceptará?

    – Creo que si, nos vio de la mano y no dijo nada. Se que soy de usted pero esta noche creo que su hijo se merece que haga el amor con él. Será lo mejor para los tres.

    – Me dolerá saber que estás con él.

    – Lo sé, pero será la única manera que pueda aceptar la situación. Me entiende?

    – Si, quizás tengas razón. Si te pregunta se lo dirás abiertamente?

    – Si y tendrá que aceptar esta nueva situación.

    – Está bien, hazlo y mañana me cuentas. Vale?

    – Gracias, Gregorio – me levanté y le besé en los labios – Hasta mañana.

    Salí de su habitación y mi esposo me esperaba despierto. La situación era incómoda dadas las circunstancias. Al verlo le sonreí con timidez y su cara reflejaba su desconcierto. Sabía que mil preguntas se agolparían en su cabeza pero solo me miraba con vergüenza.

    – No sé que decir…

    – No digas nada, cariño – al quitarme la camiseta se fijó en la marca que su padre me había hecho hacía dos días – Solo sintámonos uno al otro.

    Esa noche hicimos el amor con más pasión que nunca. Le amaba y le hice todo lo que deseaba pues necesitaba que sintiera que mi amor por él no había cambiado en absoluto. Quizás también por sentirme liberada de la tensión de tener que ocultar las cosas me hizo sentir placer. No era un placer total como con su padre pero me hizo sentir un orgasmo y se me hizo raro no hacerme pipí.

    Dormimos abrazados. Hacía mucho tiempo que no dormía abrazada a él.

    Durante la comida del día siguiente la tensión y vergüenza eran patentes entre los tres. Casi no hablamos nada y nuestras miradas se cruzaban nerviosas.

    Por la tarde cuando mi esposo se fue lo acompañé hasta la puerta y lo besé como cuando estábamos recién casados.

    Esa tarde fue especialmente excitante con Gregorio y pasamos horas en la cama dándonos placer. Le conté que su hijo no me había dicho nada que quizás todavía estaba asimilando todo.

    A la hora que solía llegar mi marido a casa me iba a levantar pero Gregorio me pidió que no me fuera. Que sería mejor que me quedara con él en su habitación y que si su hijo tenía alguna duda sobre lo que pasaba pues le quedaría claro.

    Cuando lo escuchamos llegar, Gregorio me pidió que abriera las piernas y me empezó a lamer la vagina. Era muy extraño escuchar a mi marido andar por casa y yo abierta de piernas en cama de su padre sintiendo placer. Intentaba no gemir, me daba reparo pero era inevitable. Cuando estaba alcanzando el enésimo orgasmo de esa tarde, Gregorio me empezó a masturbar de tal manera que me hizo gemir mucho. Me corrí como una loca y sabía que mi marido escucharía mis gemidos.

    Me quedé un rato abrazada a mi suegro, los dos en silencio. Ahora ya estaban todas las cartas sobre la mesa y supongo que Gregorio también se preguntaba qué sucedería cuando saliera de la habitación. Me pasaban mil cosas por la cabeza y tenía que estar preparada para cualquiera de ellas pero. Gregorio acariciaba mi pelo intentando tranquilizarme y darme valor. Estaba asustada.

    Me senté en la cama y me costó ponerme el pijama debido al temblor de mis manos. Antes de salir le di un beso en los labios, me coloqué el pelo alborotado, respire hondo y abrí la puerta.

    Escuché ruidos en la cocina y me acerqué allí. Mi marido estaba preparando algo de cenar. Cuando se dio cuenta de mi presencia en la puerta de la cocina nos miramos. Recuerdo perfectamente la vergüenza que sentí en ese momento al saber que mi marido me había escuchado con su padre. Intentaba descubrir que me decía su mirada pero no era capaz.

    – Hola – mi voz temblaba.

    – Hola… – se quedó callado unos segundos – Estaba preparando unos sándwiches, vais a cenar?

    En ese momento toda la tensión me derrumbó. Cuando me hizo esa pregunta solo desee abrazarlo. Lo amé más que nunca por sentir que de verdad era capaz de asumir lo que me pasaba con su padre y podía llegar a comprenderme o por lo menos intentar ponerse en mi lugar.

    Me abalancé sobre él y lo abracé. No me salían las palabras pero quería que supiera que con su actitud me estaba haciendo la mujer más feliz del mundo.

    Al salir de la habitación para encontrarme con él, tenía asumido que me iba a hacer elegir; o él o su padre. Y yo sabía que si pasaba eso jamás volvería a ser feliz. Si me quedaba con mi marido tendría que renunciar al hombre que me hacía sentir viva, al hombre que conseguía volverme loca con sus caricias, sabía que nunca volvería a sentir placer. Si elegía quedarme con mi suegro, sabía que destrozaría mi corazón al estar renunciando al único amor de mi vida, al hombre que me había hecho mujer y al que amaba con locura pero por más que me pesara, sabía que mi cuerpo no aceptaría eso y estaba preparada para irme de casa.

    Nota de autor:

    En este punto de tanta intensidad emocional, Teresa tuvo dudas sobre si sacar a la luz su historia y me escribió esto.

    “Ayer me emocioné al recordar esos momentos en los que mi esposo descubrió lo mío con su padre. Siento que será imposible que puedas reflejar con palabras lo que de verdad sentía y me da mucha vergüenza desnudar mi alma a la gente que lea mi historia. Siempre he sido demasiado vergonzosa, ya lo sabes por las cosas que te voy contando, y no puedo evitar pensar que nadie podrá entenderme.”

    Le dije que lo que de verdad importaba era que quien tenía que comprenderla era su esposo y Gregorio. Que ellos eran quienes tenían que aceptar lo que le pasaba y que habían entendido la situación. Le comenté que ella era la que tenía la última palabra en decidir si seguir adelante con escribir su historia o no pero que lo que pensara la gente le tenía que dar igual.

    “Si, ellos me comprendieron y cada día les estoy más agradecida. Te agradezco mucho que tú también me hagas sentir comprendida porque si no no podría contarte todo lo que te estoy contando.”

    Le pregunté si quería seguir adelante y me dijo

    “Tienes razón. Si la gente no llegara a comprenderme lo tengo que entender pero debería darme igual. Escribe mi historia. Tienes mi permiso.”

    Continuará.

  • Inicios en el voyeur y exhibicionismo de mi exnovia (3)

    Inicios en el voyeur y exhibicionismo de mi exnovia (3)

    Hola, aquí les voy a contar lo que pasó en la fiesta de espuma que hizo el hotel donde estábamos hospedados.

    Para los que me leen por primera vez, les pongo un poco de contexto.

    Mi exnovia y yo hicimos un viaje a la Riviera Maya el cual fue muy revelador ya que mi exnovia se estaba comportando como puta, lo cual me excitaba demasiado. Ya me había contado como le rozó las vergas a unos gringos y que le agarraron el culo bien rico. Pero lo pueden leer a mejor detalle en mi relato “Inicios en el voyeur y exhibicionismo de mi exnovia (2)”.

    Después del agarrón que le dieron a mi novia en la piscina, regresó conmigo y seguimos con lo nuestro, tomando y tonteando en la piscina mientras nos dábamos unos agarrones bien ricos. Fue en eso cuando un animador/monitor se nos acercó para comentarnos que había una fiesta de espuma en otra alberca. Vi cómo el animador desde arriba no dejaba de ver las tetas de mi novia, sin descaro, eso me calentó demasiado, me gustaba mucho la idea de exhibir a mi novia.

    Sin más, el animador se fue y nosotros decidimos ir a la fiesta de espuma, ya sabía que se pondría buenísimo y sería una gran oportunidad para seguir con mi juego de exhibir a mi novia y yo verlo desde un ángulo.

    Les recuerdo que mi novia tenía puesto un bikini negro. La parte de arriba es de esos que levantan las tetas, ya es tetona de por si, entonces se veían mucho más ricas, rebotaban a cada rato y se le alcanzaba a ver un poco la aureola de los pezones, cada rato tenía que acomodarse el bikini, ufff. La parte de abajo era tipo cachetero, apretado, se le marcaba muy bien la vagina y el culo ni se diga…

    Dejé que mi novia salga de la piscina primero, pude ver su culo moverse bien rico, mojado, bronceado, quería comérmelo en ese momento, solo pude darle una nalgada.

    Recogimos las cosas y nos movimos a la piscina donde sería la fiesta de espuma. Ya había empezado pero nos dijeron que tardaría 2 hrs aprox. Entonces nos fuimos con calma. Primero fuimos por unas bebidas a la barra de afuera de la piscina. Estaba llena por lo que tuvimos que abrirnos paso, yo atrás de mi novia, por obligación tuve que untarle la verga en su culo, ella al sentirlo dio un pequeño brinco y me sonrió. Nos quedamos así unos 5 minutos apretados entre los demás huéspedes. había calor, sudábamos, veía como las tetas de mi novia goteaban bien rico, se veía super sexy.

    Otros huéspedes no dudaban en verle las tetas a mi novia, eso me excitaba más, no les importaba que yo estuviera junto a ella, eran en su mayoría extranjeros por lo que me atreví a besarle el cuello ahí frente a todos, ella dio un pequeño gemido y se erizó, uff era una sensación deliciosa. Al fin pudieron atendernos, nos dieron nuestras bebidas y nos fuimos al área de la piscina, pude observar como se le quedaban viendo a mi novia, morboseandole el culo y las tetas, ella se movía con más ímpetu, sabía que le encantaba esa situación.

    Ya con nuestras bebidas y en la piscina, nos pusimos a ver que todos en la fiesta de espuma estaba como locos, parecía spring break, las mujeres bailaban entre si, se besaban y agasajaban con desconocidos y con sus parejas, había una tensión sexual muy fuerte. Sabía que era mi momento de llegar al límite con mi novia. Aproveché el momento y le dije: “ve que tal la piscina, parece una orgía”, ella contestó, “y que esperamos”… uff sabía que ella ya estaba super caliente, la conozco y cuando se comporta así es porque quiere sexo, el alcohol y la vibra hizo que tengamos más valor.

    Aproveché y le dije, “te reto a que vayas sola a la espuma, a ver cuantas vergas puedes levantar”. Ella me dijo, “luego no vayas a molestarte, no se lo que vaya a pasar”. Ufff sabía que estaba por suceder, ya la había preparado con los agarrones, con los besos.

    Sin más ella se acomodó las tetas, el bikini y se fue a la fiesta de espuma. Yo guardé distancia como metro y medio para darle chance. Vi que empezó a bailar ella sola, no pasaron ni 2 minutos y un gringo se le acercó, empezaron a platicar, vi que brindaron con sus vasos y ella sin más le empezó a bailar de espaldas, le estaba untando el culo a solo un metro de mi. Yo tenía la verga bien dura, hasta me dolía, me acariciaba disimuladamente bajo el agua.

    El gringo primero tenía las manos arriba, en su cabeza solo veía su cara de excitación. Luego la empezó a agarrar de la cintura y le daba pequeños besos en el cuello, vi que mi novia se estremecía y poco a poco aumentaba su baile casi casi parecía que cogían ahí en el agua. Luego el gringo ya con más confianza vi que le empezó a sobar las tetas ufff de una manera bien rica. Con la espuma y la gente se disimulaba. Sin embargo, ya tenían espectadores, un pequeño grupo de gringos les hacían fiesta a mi novia y a su pareja, animándolos. Ella se volteó, quedó de frente a el, vi que bajó la mirada y metió su mano a la altura de la verga del gringo, no lo podía creer, mi novia le estaba agarrando la verga a un desconocido y en mi cara. Pasó si acaso un minuto y se empezaron a besar bien rico. la fiesta estaba en su punto, música, alcohol, bikinis y tensión sexual por todos lados.

    Yo no perdía detalle, pasaron unos 10 minutos más y mi novia y su pareja seguían en lo suyo, ya se la estaba agarrando el gringo como si estuvieran solos, le mordía las tetas, le besaba el cuello, le agarraba el culo, ella tenía cara de sexo, sin duda lo estaba disfrutando bien rico.

    En eso, un amigo (al parecer) del gringo se les acercó y lo saludó muy efusivamente. ella se quedó en medio de ellos 2, hablaron algunas cosas que no escuché y vi como los gringos se vieron con cara cómplices. Enseguida se pusieron a bailar con mi novia, el nuevo amigo no perdió el tiempo y se puso a mi novia de espaldas, un segundo extraño le estaba untando la verga a mi novia ahí frente a mi, mientras el otro de frente a ella le seguía agarrando las tetas como quería, sin sacarlas le mordía todo por todos lados, yo estaba tan impactado que no me movía, en eso uno de los gringos me vio con cara de que se estaba dando un gran agasajo y brindó conmigo a lo lejos. En eso mi novia volteo a verme y solo sonrió.

    Pasó un ratito más, hablaron algo y empezaron a caminar los 3 hacia el área de bar. Se abrieron espacio entre la gente, los 3 muy pegados, yo solo los seguía, ahí pude ver como mi novia le estaba acariciando la verga a uno de los gringos, que rica imagen.

    Pidieron shots de tequila, estaba muy enfiestados todos. Los tomaron y seguían hablando y fajando los 3. En eso vi como uno de los gringos cargó a mi novia y la sentó en la barra del bar, le abrió las piernas, se puso en medio y la empezó a besar ahí frente a todo el mundo, yo estaba alado de ellos, me sentía en la gloria, ver como mi novia me estaba engañando en mi cara, con mi consentimiento, mi verga estaba por explotar, sentía que me venía pero me aguantaba las ganas. Vi como el otro gringo le acariciaba el culo a mi novia, ufff.

    El barman me atendió, pedí una cerveza y al dármela me dice “buen show esta dando esta vieja, se ve que se la van a coger bien duro, salud!”. Yo le dije, “dichosos los gringos, salud!” Mi mente estaba volando demasiado. No solo se la estaban agarrando unos desconocidos sino que todos lo estaban viendo. Era un momento único para mi, no lo podía creer.

    Lo siguiente es que el gringo se separó de mi novia, ella se acomodó las tetas, ya se le veían más los pezones y se notaba que tenía chupetones ufff que rico. En eso el gringo le dijo: “conoces los bodyshots?” y mi novia le contestó “no, que es”. El gringo le dijo, “acuéstate en la barra y verás”.

    Mi novia obediente se acostó en la barra, el gringo pidió 4 shots de tequila, se los dieron y dijo, “esto es un body shot” Tiró el tequila en el abdomen de mi novia y el gringo empezó a chuparle el abdomen, hasta casi el inicio de la vagina de mi novia, el barman empezó a chiflar y todas las personas que estaban alrededor a hacerle fiesta al gringo. Mi novia se estremeció y vi como se le erizó todo el cuerpo. Que agasajo se estaba dando.

    Para el siguiente shot, el gringo le dijo a mi novia, “junta las tetas” ella obedeció sin decir nada. El gringo lo tiró sobre el pecho de mi novia juntándose todo en sus tetas. Claramente el gringo empezó a beber el tequila de las tetas de mi novia, pasaba su lengua por todos lados y pude ver como le bajó el bikini dejando las tetas de mi novia al aire uffff, le chupo y mordió los pezones de una manera deliciosa, mi novia dió unos gemidos bien ricos, a su vez, el otro gringo eufórico le acariciaba y besaba las piernas, el culo, la vagina a mi novia. Era un festín, jamás creí llegar a tanto.

    Para el tercer shot, el gringo le dijo a mi novia, “te esta gustando?” y ella le dijo, “demasiado papi”

    El gringo no lo pensó 2 veces y le dijo a mi novia que se voltee. Ella no dijo nada solo lo hizo, se puso boca abajo, dejando ver su delicioso culo, el gringo le dio 2 nalgadas y ella empezó a mover el culo bailando, yo ya no aguantaba, me frotaba la verga sobre el bañador sin discreción.

    Para ese momento ya había unas 6 personas alrededor de mi novia, todos le metían mano por las piernas, el culo, la vagina, se la estaban agarrando sin discreción. A ella le encantaba, más paraba el culo, se puso en 4, le colgaban las tetas, un tipo se las agarraba bien rico. El gringo tiró el shot en su espalda y vi como recorría el tequila por su culo, el gringo muy hábil lo empezó a tomarlo, le bajó un poco el bikini y le empezó a chupar el culo a mi novia mientras otro la estaba masturbando con sus dedos, yo tenía vista directa a la cara de mi novia, tenía los ojos cerrados, se mordía los labios y gemía como puta.

    En eso el barman dijo que no podían seguir con su juego, que tenían que terminar. Eso me cortó y a todos también. En ese momento, vi como mi novia empezó a caminar con el gringo hacia los baños.

    El la abrazaba y le agarraba el culo sin pudor. Sabía que se la iba a coger ahí en los baños. Yo no pensaba perderme eso por nada del mundo así que los seguí. El baño estaba muy lleno por lo que siguieron caminando hacia otros baños que estaban más retirados. Yo iba como a 2 metros de ellos, fumando un cigarro y viendo como se agarraban a mi novia mientras caminaban. Al llegar a los baños, por suerte estaban vacíos. Mi novia lo detuvo y entró sola al baño de mujeres. Creo que si quería ir al baño después de todo.

    El gringo entró al baño de hombres y yo junto con él, orinamos uno a lado del otro y me dijo, “amigo, me estoy agarrando a una mexicana bien puta y tetona, me duelen los huevos, necesito cogérmela” Yo le dije “si la vi, esta buenísima y se ve que le gusta la verga a la puta”. El gringo me dijo, le voy a reventar mis huevos en su culo hermano”, yo solo reí y le dije “suerte, hermano, disfrútala”. El gringo me dio una palmada en la espalda y se dio la vuelta. Nos lavamos las manos al mismo tiempo, vi como se acomodó la verga, a ese grado yo ya no estaba en sí, me explotaba la cabeza de morbo, le vi la verga al gringo, se le marcaba muy bien, la tenía grande y gruesa.

    No soy gay para nada pero me excitó demasiado verla y saber que mi novia llevaba dos horas agasajándose esa verga. El gringo notó que le estaba viendo la verga, pensé que me iba a decir algo malo pero dijo, “ve este paquete” y se agarró la verga por encima del short y se rio. Yo me quedé en shock y solo sonreí y dije “buena pistola, hermano”. el gringo rio y me dijo “salud amigo”. Se dio la vuelta y salió del baño. Yo me quedé ahí unos segundos, me lavé la cara, me vi al espejo y me sonreí. Estaba por salir cuando escuché a mi novia salir del baño primero y se encontró con el gringo.

    El gringo le dijo “nena, estás buenísima, me encantan tus tetas” Mi novia le dijo, “gracias baby, me gusta que las muerdas”. El gringo le dijo, “así?” y escuche lengüetazos y gemidos, luego mi novia dijo “así baby, no pares, lo haces delicioso”. Escuché más gemidos ahora de ambos y luego mi novia dijo, “tienes la verga bien grande, me encanta”, el gringo le dijo, “es toda tuya, haz lo que quieras” yo solo escuché como mi novia le empezó a sobar la verga y el gringo dijo, “si nena, así, sóbala delicioso” ella solo gemía, el gringo le dijo, “ven, vamos al baño”. En eso yo me metí a un inodoro y cerré la puerta. Ellos entraron, mi novia le preguntó, “está vacío?” y el gringo le dijo, “no lo sé y no me importa”.

    Entraron y se empezaron a besar, yo veía por la ranura de la puerta que ella estaba sentada sobre los lavabos y el gringo la besaba muy rico, le sobaba las tetas, para eso mi novia ya tenía las tetas por fuera, el gringo se las chupaba y mordía increíble. Ella tenía los ojos en blanco y gemía como puta. El gringo rápidamente cerro el baño con seguro y regresó con mi novia a seguir agarrándosela. Le corrió el bikini y empezó a masturbarla muy rápido y fuerte, ella se veía en la gloria, gimiendo y pellizcándose los pezones. Para eso yo ta tenía la verga por fuera y me estaba masturbando mientras veía esa escena de sexo con mi novia siendo protagonista.

    Lo siguiente es que el gringo bajó y le empezó a hacer sexo oral a mi novia, ella gemía, se chupaba los dedos y se agarraba las tetas llevándolas a su boca ufff, en se momento yo tuve un gran orgasmo silencioso por fin pude explotar.

    Pasaron unos 2 minutos y vi como mi novia empezó a convulsionarse, estaba teniendo igual un orgasmo, el gringo no paró, le chupaba la vagina bien rico, mi novia se masturbaba con una mano y con la otra se llevaba las tetas a la boca.

    Después de ese orgasmo el gringo se paró, se bajó el short y pude ver su verga bien hinchada y dura, algo asombrante. Mi novia claro no perdió detalle y le dijo, la tienes grandota quiero comérmela”

    El gringo sin más bajó a mi novia del lavabo, se puso de rodillas y empezó a chuparle la verga al gringo muy rápido. Él le agarró la nuca y se la metía hasta el fondo, ella hacía pausas para respirar, se untaba la verga en la cara y en sus tetas. Para ese momento yo ya estaba masturbándome de nuevo, lo hice muy rápido, tuve otro orgasmo.

    El gringo levantó a mi novia, la puso contra el lavabo, vi como le agarro el culo a mi novia, le escupió y acarició la vagina y metió su verga. Se empezó a coger a mi novia y a decirle, “estas deliciosa nena, tienes bien caliente la vagina, eres mi perra”, ella le contestó, “si baby, soy tuya, cógeme duro”, ellos gemían como locos, el gringo metía sus dedos en el culo de mi novia, le agarraba las tetas, el cabello, se la estaba cogiendo durísimo.

    Habían pasado unos 10 minutos, yo no dejaba de masturbarme, tuve como 5 orgasmos, no dejaba de sacar semen. Ellos no paraban ni perdían el ritmo, mi novia tuvo como 4 orgasmos seguidos sin parar, era una locura.

    El gringo le dijo, “quiero venirme en tus tetas”, ella respondió, “lo que quieras papi”. Se separaron, ella se arrodilló y empezó a mamarle la verga al gringo mientras lo masturbaba, vi en primer plano como el gringo empezó a venirse en la boca de mi novia, se tragaba su semen y le chorreaba por los labios, era demasiado, olía fuertísimo. ella gemía como una gran puta, se acariciaba las tetas con la verga del gringo, su verga seguía parada, ella no dejaba de acariciarla y mamarla. Pasaron así unos 3 o 4 minutos más yo claro me seguía masturbando ya no me salía nada de semen pero no paraba.

    Cuando por fin terminaron, se acomodaron la ropa, se dieron un beso, el gringo le agarró el culo a mi novia y así se despidió de ella. Salió el gringo y mi novia dijo, “ya puedes salir amor”, Yo enseguida salí y le dije vaya cogida que te ha puesto el gringo. Ella me dijo, “y que lo digas, me encantó, me duele la vagina, la tenía bien grande pero me gustó más saber que tu viste todo mi cornudo.»

    En eso me agarró la verga y me besó. Su boca sabía a semen, estaba caliente, no me importó, a decir verdad me gustó. Le saqué las tetas y se las empecé a chupar, aún tenía restos de semen y de saliva del gringo, sentí delicioso, me hizo cornudo y me encantaba. Ella gemía nuevamente y me decía “así mi amor, muérdeme las tetas como me las mordía el gringo”. Yo no paré, la masturbaba mientras le chupaba las tetas, tenía la vagina caliente y ancha, le decía, “eres una puta, gemías delicioso” Ella me dijo, “soy tu puta, me encanta que me veas coger con extraños”. Bufff en ese momento tuvo otro orgasmo, muy rico y largo como de 5 minutos, yo no paré de masturbarlo. Mi verga estaba a reventar, me empecé a masturbar y me vine en sus tetas. Saqué poco semen, pero lo suficiente para embarrarle las tetas. Se lo limpió con los dedos y lo chupó mientras decía, «que rico semen mi amor pero me gustó más el semen del gringo”, ufff yo me sentí en la gloria, en éxtasis total… fuera de si.

    Pasaron otros minutos mientras nos vestíamos y respirábamos. Nos besamos y le agarre el culo tal cual lo hizo el gringo. Nos empezamos a reír y salimos del baño.

    Caminamos hasta nuestro cuarto y la verdad nos acostamos, estábamos exhaustos, fue un día increíble y único. El resto de las vacaciones lo pasamos sin novedad, cogiendo muy rico y recordando todo lo que vivimos ese día pero sin tener otro encuentro con alguien, creo que dimos todo lo que teníamos que dar ese día.

    Espero hayan disfrutado mi relato. Quisiera mostrarles las tetas de mi novia de alguna manera para que me den su opinión.

  • Empresa de mantenimiento (5)

    Empresa de mantenimiento (5)

    Perdón por la tardanza, he estado muy liado y me ha sido imposible, aún sigo liado, pero bueno… Aquí os dejo el 5.

    Salimos temprano de mi casa y me dirigí a casa de Susana para dejarla allí. Una vez en su casa, me invitó a pasar para tomarnos un café.

    – Pero solo un café -le dije- que de verdad tengo prisa, no puedo entretenerme mucho más.

    – Sí tonto, un café -me dijo- Entra al garaje, será menos jaleo.

    Entramos en la casa y nos dirigimos a la cocina, ella se dirigió donde tenía las cápsulas de café.

    – Prefieres de cápsula o de cafetera de goteo, otra cafetera no tengo -me dijo como pidiéndome disculpas.

    – De cápsula me vale -le contesté.

    Se puso manos a la obra poniendo la cápsula y echando el agua en la cafetera. Mientras esperaba que acabase de hacerse el café, se vino hacia mí y me pasó los brazos por el cuello acercando su boca a la mía.

    – ¿Sabes que nos has encantado a mi marido y a mí, ¿verdad? -me preguntó- nos encantaría tenerte como nuestro macho…

    – A ver, creo que todo esto va muy rápido -le contesté- me encantáis los dos mucho. Pero pienso que esto va demasiado rápido, recuerda que hay otra pareja más que también quieren tenerme como empotrador…y ya tengo una edad que… joder, esto me pilla con 20 años y hago encaje de bolillos, pero 4 es mucha gente…

    – Lo sé, por eso te hablo de Alejandro y de mí -me indicó- Ellos son amigos nada más, y hasta hace bien poco unos amigos plastas…

    – Sabes que ayer aquí en la cocina hablamos Elena y yo de quedar los dos solos -le dije-

    – Lo sé, me lo contó nada más salir de aquí contigo -me dijo- pero Alejandro y yo podemos hacer que te sientas como un rey… hasta podríamos invitar a Quique a que nos folle a los dos mientras tú miras…

    – Jajaja, te ha gustado el portero, ¿eh? -le dije sin parar de reír- lo has pasado bien…

    Se dirigió a la cafetera que ya había acabado y sirvió dos tazas de café, me tendió una y me indicó con la mano el azucarero y la jarrita de leche. Cogí una pequeña cantidad de azúcar y la eché en el café. Oímos que alguien se acercaba a la cocina, apareció Alejandro en la puerta totalmente desnudo y con cara de haber dormido bien. Se acercó a Susana y la besó en la boca dándole los buenos días.

    – Buenos días David -me dijo- Qué pena que estés vestido… jejeje

    – Buenos días Alejandro -le contesté- sabes que tengo prisa y no puedo quedarme…

    – Ahora que estamos aquí los tres -prosiguió- tengo que proponerte unas cosillas, que algo he hablado con Susana y está de acuerdo… verás… sabes que nos gustas desde el día que apareciste en esa furgoneta para arreglar el fregadero. El tema es que nos gustaría que… como lo digo… nos gustaría ser tus putitas… bueno, entiéndeme, siempre dentro de casa, haremos lo que quieras por conseguir tener dentro lo que tienes entre las piernas, ya sabes a qué me refiero…

    – Eso me está diciendo Susana -le corté- con 2 podría… con 4 creo que no estaría cómodo, me refiero a Óscar y a Elena…

    – No, tranquilo. Yo me refiero a Susana y a mí, y aquí en mi casa… o en la tuya, donde tú digas, somos muy sumisos -me dijo- Ellos no entrarían en este juego… salvo que hubiese otro tipo para encularlos…

    Miré a Susana que automáticamente se echó a reír nada más mirarme.

    – Creo que hemos pensado en la misma persona -me dijo Susana- No sé si será bisexual, pero folla de maravilla… jajaja.

    – A ver… es el portero de mi edificio… apenas conozco nada de su vida -le dije- yo no puedo proponerle eso…

    – Tú no, pero yo sí, jejeje -me dijo Susana- después de lo de esta madrugada…no creo que me diga que no.

    – Tú misma, Susana -le dije un tanto apurado- yo no quiero saber nada de eso. Lo habláis con Elena y Óscar, y con Quique… y ahora me voy a trabajar, que llego tarde. Podríamos quedar para el viernes… si queréis. Ya hablamos.

    El día pasó lento, al menos para mí, lento y pesado como todos los lunes. Se me venía a la cabeza todo el fin de semana vivido y una sonrisa me aparecía en la boca acompañado de latidos y engrosamiento de mi polla. Después del lunes vino un martes igual de lento que el lunes, al menos a mí me lo parecía, ese día comencé a pensar en la relación que podría tener con Alejandro y Susana. Una relación de cornudo, corneador y putita… ¿Habrían llamado a Quique? Salía de casa muy temprano y volvía muy tarde, no coincidía con él y por lo tanto no podía preguntarle nada.

    El miércoles salí un poco más tarde de casa y coincidí con Quique en el bajo, me saludó con una sonrisa amplia, le devolví el saludo y me hizo señas para que me acercara, eso hice y agarrándome del codo me llevó a una zona acristalada.

    – Aquí mejor -me susurró- sé que hay gente que descuelga el telefonillo para poder oír algo que se esté hablando en portería… aquí no nos oyen. Ayer se presentó aquí su… ¿amiga?… con otra… ¿amiga?, me entiende, ¿verdad?

    – Mire usted Quique -le corté- lo del otro día fue una metedura de pata, no debí haberlo hecho, pero ya vio como estaba esa mujer de “necesitada”…

    – Por Dios, no se preocupe por eso -me cortó- si le estoy agradecido…me he ahorrado irme de putas… jejeje. Quería decirle que su amiga me presentó a la otra amiga, por lo visto también está casada y necesitada…y me han propuesto algo que me lo estoy pensando…no sé si será una broma, por eso quiero hablarlo con usted…

    – Le han propuesto que sea usted un corneador, que se folle a ella mientras el marido mira, ¿no? -le interrumpí-

    – No del todo -me dijo- quiere que me folle a ella y al marido… por lo visto él anda necesitado de polla… vamos que quiere que un tío lo monte bien montado, y no sé como son, ni si eso es cierto… pero ha despertado algo en mí que creí que nunca haría, es follarme a un hombre, y cada vez que lo pienso, más me excito…

    – Pues es cierto Quique -le dije- Esa chica se llama Elena y su marido Óscar y sí, están buscando a un macho que sea quien los monte… y me permito hablarle en confidencia… ella está tremenda y él tiene un culo que se lo traga todo… -dije bajando la voz-

    Se echó mano al paquete, lo tenía abultado imagino que, de pensar en la situación, se le veía muy excitado.

    – Es lo que imaginaba, pero quería asegurarme -me dijo- He quedado con ellos el sábado por la noche.

    – Estupendo, espero que lo disfrute -le dije-

    – Muchas gracias, ya le contaré -me dijo-

    El jueves pasó más lento si cabe, ya por la tarde sonó el teléfono estando en mi despacho. Era un número que no conocía, respondí a la llamada pensando que sería un cliente… y en parte no fallaba…

    – Hola, buenas tardes -respondí- ¡Dígame!

    – Hola David, soy Alejandro -me dijo- quería saber como te viene quedar con nosotros este fin de semana, habíamos pensado en irnos a la casa que tenemos en la playa de Zahora… ¿te apuntas?

    – Joder, así cualquiera dice que no -le respondí- pero me mandas la ubicación si puedes y ya me presento allí…

    – Vaya -me cortó- habíamos pensado en ir a recogerte para no perder mucho tiempo… si te parece bien… mañana viernes sobre las 12:30 o 13 pasamos a recogerte y nos vamos en un solo coche… tú me dices.

    – Bueno, salir a media mañana… deja que lo piense -le contesté-

    – Vamos coño, no tiene mucho que pensar -me soltó- déjalo todo listo entre hoy y mañana por la mañana, ¿qué me dices?

    – Voy a intentarlo -le dije- pero no te prometo nada…

    – De acuerdo -me dijo- Susana te manda un beso enorme…ya sabes donde, jejeje. Nos vemos mañana.

    – Venga, hasta mañana -respondí y acabé cortando-

    El viernes a medio día ya tenía todo controlado y planificado, en el tema laboral me refiero. Sobre las 12:10 me llamó Susana diciéndome que se pasarían por mi casa sobre las 12:30 más o menos. Recogí todo y despidiéndome de la secretaria, dejé todo listo y salí para mi casa.

    Tenía la maleta ya preparada, así que solo faltaba que me llamaran y bajar, sobre las 12:38 sonó el telefonillo y contesté.

    – Hola, dígame Quique -le dije al portero-

    – Hola David -me dijo- está aquí la señorita del otro día, dice que la está esperando, ¿le digo que suba?

    – No, Quique no hace falta -le contesté- está su marido en el coche esperando, dígale que bajo ya.

    – Umm, perfecto David -me contestó-

    Bajé y Susana me echó los brazos al cuello y me besó en la boca metiendo su lengua hasta el fondo, sabía que lo hacía para excitar al portero.

    – Venga vamos -le dije- no hagamos esperar más a Alejandro. Hasta el lunes Quique.

    – Hasta el martes mejor David -me contestó- he pedido un día y regreso el martes… ya sabe… hay que dejar el pabellón bien alto…

    – Sí, lo sé -dije suspirando-

    Fuimos hasta el coche, habían traído el Audi Q7 S Quattro Tiptronic de 507 Cv, una bestia. Alejandro abrió el maletero y coloqué la maleta dentro, Susana me dijo que me sentara en el puesto del copiloto, pero Alejandro me preguntó si prefería conducir yo, por lo visto no les gusta mucho conducir… y con los vehículos que tienen… asentí y me senté en el puesto de mando del coche, Alejandro se sentó de copiloto y Susana detrás de Alejandro. Arranqué aquella maravilla y comenzamos el viaje.

    Llegamos a la casa, más que casa era un casoplón, un chalet bastante grande, sin vecinos en unos 200 metros a ambos lados, de estilo moderno y con una piscina con jacuzzi incorporado. El jardín se acercaba hacia la playa, tendría unos 80 metros de largo, y acababa en el pequeño acantilado que daba a la playa de Zahora, muy cerca del Sajorami. Dejamos el coche en el garaje, un garaje para dos coches de tamaño normalito. Pasamos al interior de la casa decorada de estilo moderno, bastante minimalista, un salón, a dos niveles, bastante grande con un sofá de 4 plazas enfrentado a otro exactamente igual, y entre ellos, una gran mesa de café. A un lado una enorme pantalla de TV colgada de la pared, las ventanas eran desde el techo al suelo, una chimenea moderna se encontraba en una esquina del salón. Pusimos todas las maletas junto a uno de los sofás, Susana me cogió de la mano y se dispuso a enseñarme la casa.

    – Deja que te enseñe esta maravilla -me dijo tirando de mi mano- Alejandro colocará las cosas en su sitio, no te preocupes. ¿verdad, mi vida?

    – Por supuesto mi amor -le contestó Alejandro tirando de mi maleta y de la que ellos traían- Me encargo de todo. David, si quieres puedes usar la piscina, está lista para bañarse.

    – Perfecto, lo tendré en cuenta -le contesté- la verdad es que me apetece, pero primero quiero ver la casa.

    Susana me llevó a la cocina, parecía una cría enseñando los juguetes que ha recibido a los amigos, se le veía muy ilusionada, muy feliz. Vimos la cocina, baños, salita, dos despachos, y las 4 habitaciones… 3 para invitados, con cama extra grande y el dormitorio principal, con cama “California King Size”, tremenda. Todas las habitaciones con baño incorporado como no podía ser menos… Al llegar al dormitorio principal Susana me abrazó, se pegó a mí, notaba que no llevaba sujetador y se le notaba que los pezones los tenía erectos, acercó su boca a la mía y me besó.

    – Vamos a la piscina -me dijo- nos bañaremos desnudos, ¿te parece?

    – Lo estoy deseando. Desnúdame tú, que veo que estás deseando tocar una parte de mi cuerpo -le dije mientras le pellizcaba los pezones-

    Comenzó quitándome la camiseta mientras yo le acariciaba los pechos por encima de la suya. Notaba que mi polla empezaba a agrandarse, me cogió del cinturón y lo desabrochó, me miró a la cara y me besó mientras iba abriendo los botones del vaquero, mi pantalón cayó al suelo y me quedé con el slip abultado, ella comenzó a magrearme el paquete sin parar de besarme. Le quité la camiseta y sus tetas salieron tambaleándose, con los pezones totalmente de punta, metió su mano por dentro del slip y me sacó el nabo, se arrodilló y lamió la punta de mi polla con su lengua mientras me masajeaba las pelotas. La cogí de los brazos y la subí, se extrañó de mi reacción.

    – Lo harás cuando yo quiera, zorrita -le dije remarcando la última palabra- Ahora desnúdate que vamos a la piscina.

    – Perfecto, lo que tú digas -me respondió-

    – No te equivoques conmigo putita -le dije- Queréis un corneador y es lo que habéis conseguido, a partir de ahora me hablarás de usted y te dirigirás a mí, tanto tú como el maricón de tu marido, como “Amo” o Señor”, ¿de acuerdo?

    – De acuerdo Señor -me dijo sumisa y con un tono que se notaba que le excitaba- Lo que usted quiera, eso haré.

    – Bien, ahora avisa al maricón de tu marido y le dices que quiero un Beefeater con tónica, en la piscina -le dije- que no tarde, estoy sediento.

    – Por supuesto, Señor -me respondió- Ahora se lo digo, mientras acomódese en la piscina, si necesita algo solo tiene que llamarme.

    – Bien, aprendes rápido, zorrita -le dije- avísalo y le dices que se desnude completamente, que recoja toda la ropa que hemos dejado la doble y la meta en el armario. Cuando acabes te vienes a la piscina conmigo, tenemos cosas de qué hablar.

    – Sí Señor, estoy en nada allí con usted -me contestó feliz.

    Me dejó en la habitación, me desnudé completamente y me dirigí a la piscina. Me metí en la parte del jacuzzi, el agua estaba estupenda, observé como Susana hablaba con Alejandro y ambos sonreían, se besaron y él se desnudó y subió arriba después de preparar el gin-tonic que me traía Susana. La observé, esa mujer estaba buenísima, las tetas las tenía del tamaño ideal, y muy bien puestas para ser una madurita… su culo estaba durito y perfecto, y su coño… qué decir de él, depilado, con unos grandes labios superiores pero sin llegar a ser de tipo cortina. Dejó la bandeja con el gin-tonic junto a mí.

    – Siéntate en el bordillo y abre las piernas -le dije- quiero ver tu coño abierto… y te tocas un poco para mí.

    Se colocó frente a mí, sentándose en el poyete del jacuzzi y con las piernas abiertas, comenzó a acariciarse el clítoris, mientras veía como se le ponían los pezones más duros. Se notaba que estaba excitadísima, por sus gemidos y por la humedad que empezó a salir por su coño, mi polla comenzó a despertar. Me acerqué hasta donde estaba ella, y metí dos dedos en su coño, sus gemidos empezaron a ser más fuertes, uno de mis dedos se coló en su ano, lo tenía caliente y se colaba sin dificultad alguna. Lo saqué, y me salí del jacuzzi.

    – Tráeme una toalla, zorrita -le dije- quiero que me seques. Tengo algo de hambre.

    Susana se me acercó con una toalla que me echó por los hombros, me frotó con ella la espalda y las nalgas, agarrando la toalla, se puso a secarme la entrepierna, frotando mi polla con la toalla y mis huevos. Le quité las manos de ahí, veía como miraba mi polla, con qué ganas la veía mirándomela.

    – Avisa al maricón que vaya preparando la comida, tengo hambre, mientras lleva mi gin-tonic al salón, me lo acabaré allí -le dije con la polla bien dura-

    – Sí Señor, ahora mismo -me dijo-

    Avisó a Alejandro que se asomó por la puerta de la cocina para decirme que ya había empezado a preparar la comida: estaba preparando dorada al horno con ensalada, me pareció perfecto.

    – Si está buenísima, tendré que premiarte, maricón -le dije- Imagino que ya sé con lo que te gustaría que te premiara, ¿es lo que pienso? – le pregunté a Alejandro-

    – Creo que todos pensamos en lo mismo, Señor -me dijo- me gustaría ver como se folla a mi mujer y después me da por el culo o me da de comer. Como usted vea mejor.

    – Perfecto, ya veremos como se presenta la tarde… -le dije- todo es posible hoy, además, la zorrita de tu mujer me ha puesto caliente, y si a eso le sumamos que llevo toda la semana sin correrme… vais a tener leche caliente para varios días… jejeje.

    Una vez que me tomé medio gin-tonic, me dirigí a la cocina para ver como iba la comida, olía estupendamente bien. Alejandro era un crack en la cocina, eso no se podía negar. Tenía dos doradas grandes en el horno y ya tenía toda la verdura de la ensalada cortada y lavada… me coloqué detrás de él, bien pegado mi polla a su culo. Lo abracé por delante y le toqué el nabo para ver como lo tenía… empezó a subirse muy rápido, en nada de tiempo ya estaba empalmado. Le sobé los huevos y la polla y empezó a suspirar y gemir mientras movía sus caderas hacia delante y hacia atrás…

    – Por ahora no voy a seguir, putita -le dije con voz sensual- ya veremos como te sale la comida y a ver qué podemos hacer después… ahora sigue cocinando.

    Le di una palmadita en una nalga y me giré hacia la puerta de la cocina, allí estaba Susana mirándonos y tocándose. Salí al salón y se vino Susana detrás, me senté, tenía la polla que me iba a reventar… ella se arrodilló entre mis piernas y me miró con cara de súplica, asentí y se puso a chuparme la polla como si hiciese mucho tiempo que no probaba una, empezó lamiendo el capullo mientras sobaba mis huevos, se metió el capullo en la boca y se puso a lamer el frenillo mientras me masajeaba los cojones con una mano. Con la otra se tocaba el coño, oía el sonido que hacían los dedos entrando y saliendo de su coño, por lo mojado que lo tenía.

    – Vamos puta, come polla -le dije mientras le agarraba del pelo tirándole hacia un lado- es lo que te gusta, ¿verdad?

    Asintió con la cabeza, no podía hablar, tenía la boca ocupada. Le levanté la cabeza para que me oyera bien.

    – Venga, deja la polla tranquila -le ordené- no es justo que la puta de tu marido esté cocinando y tú estés aquí comiendo polla. Ve a la cocina y dile que venga.

    Susana se levantó a disgusto, tenía los dedos de la mano izquierda empapados de su coño. Yo tenía la polla muy dura, estaba muy caliente. Alejandro salió con Susana.

    – ¿Has terminado ya de hacer el pescado, zorrita? -le pregunté-

    Sí señor -me contestó- solo queda darle el último toque de horno y estará listo.

    – Pues vamos a la habitación -les ordené- quiero pasar un buen rato antes de comer. Alejandro, te pondrás un tanguita de Susana con una medias y liguero, que te ayude la puta de tu mujer, ¿estamos?

    – Sí Señor -me dijo con alegría- ¿de algún color en especial?

    – Negro, quiero que medias y tanga sean negros, como se lo merecen los grandes cornudos como tú -le contesté-

    Subimos al dormitorio, me tumbé en el centro de la gran cama mientras los dos se metían en el baño, uno para prepararse y la otra para ayudarlo.

    Al cabo de unos 10 o 12 minutos salió Susana del baño acompañando a Alejandro, el tanga le sentaba muy bien, salvo que un huevo lo tenía medio fuera.

    – Susana vente aquí a mi lado, y me vas comiendo el nabo como sabes -le dije mirando a Alejandro a los ojos- quiero que el maricón de tu marido vea lo que es un hombre de verdad.

    Susana se tumbó junto a mí con su cabeza en mi entrepierna y comenzó a chuparme los huevos y el tronco de la polla. Le agarré la cabeza y comencé a follarle la boca hasta que le dieron arcadas. Estaba notando como cada vez tenía más ganas de reventarla a pollazos, quería follarla por todos los agujeros… mientras su “querido marido” observaba como un desconocido se follaba a su mujer.

    – Acércate Alejandro -le dije- quiero que pruebes el sabor de mi polla en la boca de la puta de tu mujer.

    – Ufff, sí señor -me dijo excitado- quiero probar el sabor de ese nabo duro.

    – Venga putita -le dije a Susana- cómele la boca a la puta de tu marido, que sepa bien a qué sabe mi nabo.

    Susana se dirigió a Alejandro, que tenía el tanga abultado por su polla empalmada, le besó en la boca y Alejandro le pasó la lengua por toda la boca, metía su lengua en la boca de su mujer, parecía que rebañaba el sabor de mi polla. Susana estaba a 4 patas besando a su marido, así que le acaricié las nalgas y le metí un dedo por el culo, ella giró la cabeza, con un gesto de agradecimiento, y siguió comiéndole la boca al marido, pero esta vez más excitada.

    – Ummm, eres buena puta Susana -le dije incorporándome de rodillas detrás de ella- ahora voy a encularte, a empalarte por el culo…

    Coloqué mi polla en su ano, que se abrió sin necesidad prácticamente de empujar, comenzó a gemir de placer.

    – Mira putita -le dije a Alejandro- fíjate bien como un macho folla el culo de tu mujer y como lo goza ella. No sabes follarla… ¿y sabes porqué no sabes follarla?

    – No Señor -me dijo excitado mientras comenzaba a pajearse- Dígamelo

    – Porque te gustan las pollas más que los coños -le dije mientras comenzaba a mover mis caderas hacia delante y hacia atrás- ¿verdad que sí?

    – Sí Señor -me dijo- así es, me gustan más las pollas que los coños, y mucho más su polla que ninguna otra, Señor. Soy su putita con rabo, si me permite que se lo diga, Señor.

    – Jajaja -me hizo bastante gracia aquello- tienes toda la razón, eres mi putita con rabo, con rabito diría yo…

    Aceleré el movimiento y Susana comenzó a jadear y gemir, echando su pecho sobre la cama y dejando el culo en pompa, mientras que con una de sus manos se acariciaba el clítoris.

    – Ohhh diosss, más, deme más señor -me decía con la respiración entrecortada- Siii, asiii

    Alejandro aceleraba el movimiento de su mano mientras yo aceleraba el de mis caderas, veía como el tronco de mi nabo entraba y salía del culo abierto de Susana, la agarré bien de las caderas y paré el movimiento con mi polla bien enterrada en su culo, como queriendo atravesarla con mi nabo. Se la saqué y miré a Alejandro.

    – Vamos zorrita -le dije- prueba el sabor del culo de esta puta en mi polla.

    – Ummm, sí Señor -me dijo con una sonrisa que le cruzaba la cara- con muchísimo gusto lo hago…

    Se metió mi polla en la boca y comenzó a chupar, pasaba la lengua por el frenillo mientras me acariciaba las pelotas. Susana me acariciaba las nalgas y jugaba con mi ojal. Alejandro me miraba y me sonreía, lo estaba gozando de verdad. Le saqué la polla de la boca y me tumbé en la cama.

    – Venga zorrita -le dije a Susana- móntate aquí y que tu marido aprenda lo que es clavártela.

    Se subió en mi polla, se la fue acoplando hasta llegar al fondo. Una vez con mi polla totalmente dentro, empezó a galopar sobre ella, con una mano se acariciaba el clítoris y con la otra mano se aguantaba las tetas para que no botasen demasiado y pudiera hacerle daño. Yo la tenía cogida por la cintura con ambas manos, marcando el ritmo de penetración. Notaba como Alejandro me comía las pelotas, las lamía, las besaba…

    – ¿Lo ves putita? -le dije a Alejandro- ¿ves como se folla a tu mujer? Sigue comiéndome las pelotas y métele un dedito a tu mujer por el culo. ¡Y aprende a follar a una hembra!

    Susana comenzó a acelerar el movimiento arriba y abajo, yo notaba como mis huevos estaban preparándose para expulsar todo lo que tenía dentro. Quité a Susana de encima y la tumbé en la cama, hice que Alejandro se tumbara junto a ella y me senté sobre ellos, con la polla muy dura y a punto de correrme. Le cogí la mano a Alejandro, le obligué a que me pajeara mientras Susana me acariciaba los huevos.

    – Vamos cabrón, menéamela como tú sabes -le dije a punto de correrme- Te encanta tener mi polla en tu mano, vamos putita, ¡haz que me corra, cabrón!

    Noté como se extendía esa sensación desde mis huevos a mi vientre, Alejandro aceleró el movimiento de su mano.

    – Sigue así, putaa, sigueee -le grité totalmente excitado- Me corrooo.

    El primer trallazo le cayó en la frente a Alejandro, los siguientes se repartieron entre los dos, él movía mi polla como si de una manguera se tratase, para que los dos aprovecharan mi leche, ambos con la boca abierta.

    Caí sobre ellos totalmente extasiado, intentando recuperar la respiración…

    – Bueno, vamos a comer -les dije- Tengo hambre y quiero comer la dorada que has preparado, putita. Sé que no os habéis corrido, esa es mi intención, quiero teneros bien calientes y necesitados para después de comer… porque esto no ha hecho más que empezar.

    Y hasta aquí este quinto relato.

    ¡¡¡Ahh, y no olviden supervitaminarse y mineralizarse!!!

    Para cualquier comentario, crítica o sugerencia, mi email: [email protected].

    Saludos, Vantheway

  • No me digas no

    No me digas no

    Dentro de las características del poder natural que existe en los seres, existe la posibilidad de renombrarse en nuestro instinto de amor, de ser un anti materialista a un poseedor del gen. Un día vi a una mujer hermosa que tenía un amor desesperado por alguien a quien ella no solo admiraba, sino que rendía culto espiritual. Ella le salvó la vida a esta persona de una muerte temprana causada por el mal y tuvieron sexo austral durante muchas veces y aunque la atracción existe nunca su hombre se atrevió a llevarla directamente a la cama. Ella le creó una hija para poder tenerlo más cerca y su propia hija era creada para tener sexo con él.

    Finalmente hicieron tantas veces el amor de manera lejana que ya eran talentosos y distantes, ella había inscrito su nombre en su pensamiento además que habían logrado tener sexo entre los tres, es decir la madre la hija y el amante. Pero aunque ella amaba tanto y quería que él tenga más mujeres, él consiguió su amor incondicional y pareja principal. Ella era feliz aun así, solo que estaba destinada a sufrir la espera. Todos conocíamos de cerca esta historia. Un día él le dijo a ella te voy a conseguir otro hombre a quien puedas tú querer si prometes no olvidarme.

    Ella ya estaba tras de mi buscando pistas mías sobre posibles respuestas a delitos que me pusieran en jaque para llevarme a la corte. A mi suerte le veía dos veces a la semana y comenzó a tener interés en mi antes que sucediera algo con su pareja, era algo que solo yo entendía porque me miraba descuidadamente mostrando sus ojos carnosos de cariño y admiración. Yo traté de tomar un avance y cuando ella se alzaba descontrolada en intenciones yo le jugaba a tomar su cuerpo en principios tras humeantes, sentía que podía controlarla y comunicarme, tenía su permiso y comunicación pero cada vez que quería hacer el amor se me desmayaba y me quedaba en medio acto con ella desvirtuada por la somnolencia.

    Me comencé a dar cuenta que andaba tras de mí a tiempo completo cuando la vi saliendo alrededor mío de varias viviendas. Un día se dio cuenta que se enamoró de mí y cuando ella creía que yo andaba dormido se subía sobre mi directo al sexo a la distancia, yo me excitaba muchísimo pero no respondía para saber que es lo que hacía. Ella tomaba mi cuerpo y se aderezaba constantemente haciendo un contacto simple y tradicional, algunas veces llegaba a orgasmos en otras ocasiones parecía dejarme por algo intempestivo. Un día nos encontramos en el viaje austral a medio camino y nos quitamos la ropa y nos atendimos rápidamente aunque también con paciencia e intriga, fue un sexo muy riquísimo, dulce casi alejado al carnal. Ella llegó al orgasmo y se desmayó nuevamente, entonces olvidó que realmente sucedió, siguió con su vida buscándome y yo esperando que no solo se repita sino que también se origine carnalmente.

    Su amante ahora es más feliz porque ella se entrega con más amor y confianza, llegará el día en el que ella lo gobernará íntimamente y serán tan felices que el entenderá lo sensual que es la mujer que no abraza con locura en sus manos. Su hija gusta de ser gobernada y gusta también ser suave y dominada. Se que en algún momento ella se apoderará de los dos.

  • Mis dudas sobre Adriana (capítulo 4)

    Mis dudas sobre Adriana (capítulo 4)

    Yo era la mosca en la leche y, aparte tenía la suerte del subsidiado, yo era el que recibía las vaciadas, los reproches y las picaduras de los mosquitos; los demás se bronceaban mientras a mí el sol me quemaba y me dejaba manchas rojas en mi piel pálida; los demás lucían sus vidas como de revista mientras yo lucia mi vida como el barrendero que tenía que limpiar el desorden después. Tal vez por eso Adriana me estaba echando inconscientemente a un lado, porque entendía que mi sitio no era con ellos y que ese baile no era el mío; para ellos existía la discoteca y para mí la cantina de borrachos.

    Cuando comenzaron a jugar a la pelota, me paré y me fui a buscar algo de mi altura, algún trapero o algunos calzoncillos para lavar que me distrajeran mientras ellos se divertían. Lo peor fue que se volvió cierto porque a los pocos minutos vi como Gabriela salía de la piscina y prendía la música mientras el resto aplaudían y celebraban ¡Valía más un puto parlante que yo!

    A eso de las doce decidí darle una vuelta a la quinta, a familiarizarme con ese lugar tan lujoso para mí como extraño, quería por lo menos saber cómo era antes de que me sintiera menospreciado por todos sus detalles. Me metí a los cuartos. El cuarto de Sebastián y Julieta estaba completamente desordenado (y eso que apenas había pasado una noche), las sábanas revueltas, un par de latas de cerveza por el suelo, la ropa regada por todas partes y la tanga sucia de Julieta en un rincón de la cama. Miré atrás para saber si alguien estaba cerca, no había nadie, estaban gozando y riendo afuera. Agarré esa minúscula tanga con los dedos y con mucho cuidado me la llevé a la nariz. El aroma era de un coño joven, de las vitaminas de un corazón que latía a mil, de ese culito apretado que danzaba por ahí. Me la imaginé empelota, sin tanga ni nada, me la imaginé quitando esa prenda, ofreciéndose a su amante para que se la comiera; me la imaginé en cuatro patas mientras Sebastián le daba duro por detrás, me imaginé ese coño abriéndose y cerrándose a cada empujón. Volví a oler su tanga, si, olía a hembra, olía a sexo, olía a corrida, olía a que había pasado una noche tirando como perra y olía a que lo había gozado. Su aroma era dulce, delicado, pero presente, tan presente como ese par de tetas que me estaban volviendo loco.

    La dejé por ahí, no era suficiente para ameritar una paja y menos para justificar mi ausencia durante tanto tiempo. Salí aun impregnado de su fragancia y de su deseo. Con disimulo fui a la cocina y me asomé por la ventana. Todos me saludaron desde la piscina mientras yo les dibujé mi mejor sonrisa, el crimen perfecto. Rápido ellos volvieron a lo suyo, a sus juegos y yo también a lo mío.

    Con mucho cuidado, siendo muy sigiloso, entré al cuarto de Mauricio y de Gabriela, se notaba su rutina, se notaban sus tiempos y sus edades, la cama estaba tendida, las maletas estaban acomodadas, la ropa estaba en el armario y no había más cosas que las necesarias por ahí. Se notaba la experiencia, esa que dice que hay demasiado tiempo como para hacerlo todo en un solo día, había calma, había proceso, había método. Encontré la pijama de Gabriela, miré por encima y no encontré sus interiores, tampoco se trataba de buscarlos, con la pijama sería suficiente, era ligera, seguramente comprada para la ocasión, se veía nueva, apenas con el uso de la noche anterior, la blusa era una simple camiseta sin mangas y el pantalón un short que le cubriría el culo y poco más. Lo alcé con ambas manos contra la luz y me pareció notar algo en su entrepierna, una pequeña manchita, diminuta, pero suficiente para mis momentos. De nuevo miré a la puerta, nadie estaba detrás mío, ellos seguían afuera gozando y jugando, al igual que yo.

    Acerqué el short a mi nariz ¡Si, era lo que esperaba! Una manchita provocada por su sexo lubricado. Seguramente habían follado esa misma mañana, se notaba la frescura de la evidencia, incluso algo húmeda todavía. Gabriela olía más a mujer, a experiencia, a costumbre, se notaba que —aunque no parecía tan loca como las otras— si se había comido a más machos que solo Mauricio, se sentía ese olor amargo de sus decepciones y ese deseo expuesto de sus buenos polvos; su aroma se mezclaba con su fragancia frutal, no era una fragancia pura como la de Julieta sino que su aroma estaba mezclado con su perfume, aun así, olía a maravillas, olía a que se quedaba satisfecha después de un polvo pero no extasiada, no saciada, olía a que le faltaba un poquito para ser feliz, para llegar a tocar el cielo; tal vez por eso se quitaba el brasier y luego se lo volvía a poner, porque le daba pena consigo misma aceptar su nuevo limite; olía a que se controlaba, a que todo en su vida tenía un método.

    Me la imaginé tirando con Mauricio, primero suave, muchos besos, mucho juego, poco instinto, poca locura, me imaginé sus tetas un poco morenas y sus pezones más oscuros, duros, tiesos. Me la imaginé chupando vergas, despacio, acomodando su lengua al grosor de su invitado. Me la imaginé cabalgando, poniendo en práctica las horas de gimnasio y la rutina de piernas que hacía tan bien, debía ser delicioso tenerla encima, moviendo ese culo como si se tratara de una máquina automática que entraba y salía sin detenerse, con una constancia de profesionales. Me la imaginé en mil posiciones ¡Sí! Ella era de posiciones, ella era de métodos, de manuales, de pasar de chupar vergas a recibirlas con las piernas abiertas, de cabalgar a estar en cuatro patas, de estar de pie a estar sentada, de devorarse ese semen hasta sentirse agotada. Me la imaginé tragando, saboreando la leche de mi colega. La verga me dio un salto, la verdad, Gabriela olía mejor que Julieta, me gustaba más, me atraía más su flujo líquido y sus manchas descaradas, me imaginaba todas sus tangas mojadas, sucias, avergonzadas después de las locuras, pero sin llegar a arrepentirse.

    Ahora si me dieron tremendas ganas de pajearme, de sacármela ahí mismo y acompañar mi ritmo con su intenso flujo. De nuevo salí a la cocina y me asomé para saludarlos y de nuevo hicieron una pequeña algarabía al verme.

    —¿Cómo sigues? —me preguntó Gabriela desde su sitio en la piscina.

    —Mejor —le contesté— tu crema es excelente.

    —Sí, aplícate un poco más, en donde lo necesites, no te preocupes.

    —Gracias —le contesté casi delirando— ya mismo me echo otro poquito.

    La verdad ni siquiera paré a mirar a las otras mujeres, estaba tan embebido por el aroma de Gabriela que no dudé en hacerle caso y en volver a su cuarto para agarrar su short y hacerme una paja mientras su cremita me curaba.

    Iba en camino cuando de reojo vi que Mauricio se acercaba. Me detuve en seco, pero no alcancé a evitar mostrar mi decisión de entrar en su cuarto, por fortuna, me acordé de mi comodín:

    —Iba a entrar a tu cuarto a buscar la crema.

    —Claro, dale, esa crema es maravillosa, esta mañana también amanecí con picaduras, pero ya se me pasaron, ya no molestan. Voy por unas cervezas porque está haciendo un calor tremendo.

    —Claro —me quedé mirándolo, estaba todo mojado y estaba volviendo el piso una mierda, sin duda me tocaría trapear después para que nadie se fuera de narices y termináramos en el hospital, aunque eso no me importaba en ese momento, lo que me importaba era que recogiera rápido sus latas y se largara para que yo pudiera untarme la cremita de su esposa.

    —¿Te ayudo? —le dije por cortesía.

    —No, no hace falta, además no deberías salir con este sol, espera a que baje un poco y ahí si sales.

    Estaba saliendo y volviendo a agarrar carrera a su cuarto cuando me llamo y me dijo en silencio:

    —Oye ¿Qué tal las tetas de Julieta?

    —Divinas —le dije sonriendo mientras él se acercaba.

    —Me tiene como un palo —me dijo con un tono prudente— y cuando Gabriela estuvo en tetas, me puse como un burro ¿también la viste?

    —No, estaba dormido, cuando salí ya se había puesto el bikini.

    —De lo que te perdiste. Ahora solo falta tu mujer —me dijo sonriendo y volviendo a salir descomplicado, esta vez no se detuvo hasta que llegó con los otros.

    ¿Así que quería verle las tetas a mi mujer? ¿Así que había una especie de pacto en donde todos exponíamos las tetas de ellas y no nos sentíamos mal por ello? La verdad yo nunca había jugado con eso en mi vida, pero comenzaba a entender las conversaciones secretas entre ese par. Seguramente querían que Adriana también se quitara el brasier y, poco a poco, estaban ejerciendo presión para que ella aceptara. Las palabras de mi mujer coincidían con sus intenciones, ya le habían metido el bichito de quitarse el bikini y ese bichito estaba susurrando en su mente. Quise hacer algo, pero me acordé de la pistola que me hizo frente a todos ¡Que se jodiera! ¡Que las mostrara si así quería! “No soy tu esclava” me había dicho, entonces que se buscara otro y me dejara tranquilo porque mientras tanto yo estaba decidido a hacerme una paja con los calzones de su amiga.

    Entré de nuevo al cuarto y agarré la crema de los mosquitos y me la metí al bolsillo por si alguien llegaba y tenía que justificarme, luego agarré el short de Gabriela y volví a llevármelo a la nariz, ahora olía más a fresco que antes, olía a teta en piscina, olía a comida de verga mientras me miraba desde el suelo, olía más a perra que antes. Me comencé a bajar la pantaloneta y mi polla salió de un salto como un payaso de sorpresas, comencé a halármela despacio, pero de repente apareció la imagen de Mauricio con sus cervezas en la mano y su sonrisita estúpida diciéndome que quería verle las tetas a mi mujer, eso me desconcentró, me sacó de onda. Cerré los ojos de nuevo y olí más profundo la fragancia de su esposa y ese olor volvió a trasladarme al paraíso, y volví a halármela con la suavidad de los primeros momentos, pero al fondo escuché un grito que venía de la piscina, no era un grito alegre de baile sino de algarabía de algo prohibido, y de nuevo abrí los ojos. Lo primero que se me vino a la mente fue que Adriana se había quitado el bikini y todos celebraban ver sus pezones oscuros.

    Me acomodé la verga en la pantaloneta y salí a mirar por la ventana. Iba con el corazón a mil imaginándome a mi mujer exhibiéndose frente a todos ¿Y si lo estaba, que haría yo? Por fortuna cuando llegué me di cuenta que el ruido se debía a que ya todos estaban por fuera del agua, menos Sebastián y que Adriana estaba bailando al lado de Gabriela, pero ambas estaban vestidas. Suspiré hondo, había pasado el peor trago.

    Sin querer me di cuenta que había sacado el short de Gabriela y lo tenía en la mano. Me devolví a dejarlo en su sitio antes de que se dieran cuenta de mi aventura. Me frustré al volverlo a dejar sobre la cama, mi paja se había estropeado, pero eso sí, pensaba echarle un buen polvo a Adriana apenas la oportunidad se presentará.

    Salí y me di cuenta que ya todos estaban fuera de la piscina y que algunos bostezaban. Para mi poca fortuna el cielo se había cubierto un poco y pude salir por fin a disfrutar del ambiente, para mi máxima desgracia, Julieta ya se había puesto la parte de arriba y cuando salí no pude verle nada de sus delicias descubiertas. Todos me saludaron. Todos muy amables.

    —¿Qué? —me dijo Mauricio alegre— ¿Hacemos el asado?

    Antes de contestar todos aplaudieron y contestaron por mí. Para eso me habían llevado, para cocinarles mientras ellos se divertían. Con una sonrisa complaciente miré a las damas, me acordé que yo también era un bastardo que acababa de oler sus bragas sucias y acepté la propuesta.

    Los hombres fuimos al asador, era realmente grande, cabía más carne de la que podíamos comer, pero eso no significaba que el proceso fuera a ser más rápido. De cualquier forma, había que traer el carbón, preparar la hoguera y cocinar todo. A ojo de experto les dije:

    —Dos horas me demoro.

    —¿Cuánto? —pregunto a lo lejos Adriana.

    —¡Dos horas! —gritó Mauricio.

    —Alcanzamos a broncearnos un poco —contestó ella.

    Manos a la obra. Los hombres nos fuimos a traer el carbón al pueblo. En el camino aprovechamos tomarnos una cerveza y hablar de la quinta y del pueblo. Yo seguía siendo el más intruso del grupo, notaba que ellos se hacían comentarios y se lanzaban miradas en clave mientras yo me esforzaba por entenderlos. Cuando terminamos de comprar lo necesario, incluyendo unas empanadas para picar mientras tanto, Sebastián dijo:

    —Vamos rápido, que estas ya deben estar con las tetas al aire y eso no me lo quiero perder.

    Mauricio rio dándole la razón y yo tragué saliva suplicando que no estuviera pasando eso o, por lo menos, no con Adriana.

    El camino de regreso fue más rápido que el ida, se notaba que Sebastián —que era el que manejaba— tenía prisa por descubrir si las tres bellezas ya estaban exhibiendo sus vergüenzas. La verdad era que todos estábamos igual, en el fondo yo también sentía un tremendo morbo por encontrarme con esa escena, mi paja arruinada comenzaba a tomar vuelo de nuevo.

    —Entremos despacio —le dijo Sebastián a Mauricio que salió del carro para abrir la reja y meter el carro— no hay que asustarlas. Vamos de cacería.

    Mauricio no aguantó la tentación y lo vimos corriendo a hurtadillas hasta donde se podía ver la piscina y todo lo que la rodeaba.

    —Oye, Carlitos ¿Qué tal que Adriana este ya sin bikini? —me dijo sonriendo.

    Yo no supe que contestarle, pero al parecer él notó mi incomodidad.

    —No te preocupes, es un chiste. No es nada morboso o algo así. ¿te molesta? —me preguntó.

    —No, la verdad es que es una decisión de ella. Si quiere hacerlo —dije yo tratando de disimular mis frustraciones— pues que lo haga.

    —No te preocupes Carlitos, si quieres te prometo que, si la encontramos así, yo miró para otra parte. Además, ya vi estas mañanas las de Gabriela y no pasó nada.

    Quise preguntarle por las tetas de Gabriela, pero mejor decidí actuar como si no me importara.

    —No te preocupes, son unas tetas nada más —le dije tranquilo—. Todas las viejas tienen dos ¿no?

    —Exacto —me contestó él sonriendo y sintiendo la satisfacción de haber conseguido mi permiso.

    —Además, ustedes ya adelantaron tarea anoche ¿no?

    —¿A qué te refieres? —me preguntó extrañado.

    —Pues a que anoche ya se bañaron en la piscina y creo que hubo poca ropa —puse mi trampa.

    —¿Adriana te contó eso? —dijo riendo animado y yo sorprendido por su aceptación— es que Julieta es una loca y tú sabes, como ella es modelo pues está acostumbrada a andar así frente a cualquiera y, pues bueno, mientras nada sea obligado pues no le veo el problema.

    ¿Y eso que significaba? Sin duda había pasado algo terrible, pero no podía parecer celoso o intenso, tenía que salir de esta con mucho tacto.

    —¿Y entonces no se quitó el bikini?

    —No, claro que para lo que tapaba, era como si no llevara nada.

    —Tienes razón, ese bikini celeste es muy pequeño —le dije sonriendo.

    —¿Celeste? No, yo me refiero al rojo. Tremendo cuerpo tiene tu mujer —me dijo sonriendo orgulloso.

    ¿Rojo? ¿Cuál bikini rojo? Yo no le había visto ninguno de ese color y menos tan chiquito como el que decía Sebastián; ella tampoco me había contado nada y ni siquiera lo había visto colgado en alguna parte. Iba a preguntarle cuando Mauricio asomó su cabezota y nos hizo unos gestos con las manos que indicaban que estaban en la piscina y estaban en topless. Sebastián casi se enloquece en el asiento, se notaba que le tenía muchas ganas a eso de verle las tetas a mi mujer. Yo, nervioso, le hice un gesto a Mauricio para saber si Adriana también estaba en topless, pero él no me entendió. Con el corazón en la mano, nos bajamos del carro y muy cautelosos nos movimos; Sebastián entró lo más silencioso que pudo, como reconociendo el terreno mientras yo iba detrás suyo. Mauricio apenas abrió la reja lo suficiente para que pasáramos y luego, sigilosos, como ladrones de bancos entramos en la casa a descubrir la gran sorpresa que nos tenían esas tres bellezas.

    Yo iba detrás de ellos, con el pulso acelerado porque no quería que ese par le vieran las tetas a mi mujer, pero, por otro lado, me daba morbo si la encontraba acostada y tomando el sol casi desnuda. Mauricio nos llevó hasta el punto en donde se había parado antes. Sebastián hizo un gesto al asomarse, pero para mí sorpresa, no fue tan emotivo como yo lo esperaba, parecía un poco decepcionado. Yo fui el último en asomar la cabeza, temiendo lo peor y sintiendo ya mi humillación y mi derrota. Cuando las vi quedé de piedra.

    Julieta y Gabriela lucían sus tetas de frente, pero Adriana estaba acostada de espaldas y no se le veía nada.

    Mi verga dio un salto al ver las tetas de Gabriela, eran como me las había imaginado, grandes, mucho más que las de Julieta, aunque no tanto como las de Adriana, paradas a pesar de sus años y con unos pezones cafecitos y bien redondos. Se notaba que estaba algo caliente porque los tenía duros y apuntando hacia el infinito. Eran unas tetas hermosas y lo mejor era que —al bajar la mirada— se le había metido la braga en su entrepierna y se le dibujaba toda su rajita hambrienta. Se notaba que no estaba acostumbrada a ese tipo de exposición y la aventura la ponía nerviosa y cachonda al mismo tiempo y se notaba que ambas cosas las estaba disfrutando y la hacían sentir más caliente.

    No sé cuánto tiempo pasó, no fue mucho, cuando Mauricio se incorporó y dijo casi resignado:

    —Vamos, ya no va a pasar nada más.

    Caminó hacia la entrada de la casa y nosotros lo seguimos, al hacerlo hizo algo de ruido y vimos como Gabriela asustada recogía su bikini y medio se lo colocaba como podía, al mismo tiempo, Adriana buscaba los lazos de su brasier y se los llevaba a la espalda para amarrarlos. Julieta ni siquiera se movió.

    Sebastián salió ya sin tanto protocolo y volvió a subir al carro, Mauricio abrió la puerta por completo y luego recogimos todo lo que habíamos comprado. Cuando terminamos de rodear la casa y llegar a la piscina, Gabriela y Adriana ya estaban vestidas como las habíamos dejado. Julieta no se cubrió, no le importaba eso. Cuando pasé por su lado repartí las empanadas que llevábamos y ella y yo nos cruzamos las miradas.

    —¿Te molesta que este así? —me preguntó con su mirada de inocente.

    —Para nada —le contesté sonriendo y mirando a otra parte para no comprometerme.

    —Que le va a molestar —dijo Adriana un poco seca— al contrario, está feliz viéndote las tetas.

    Gabriela soltó la risa y, por supuesto, yo me sonrojé, pero mejor seguí mi camino para no involucrarme más.

    Mientras alistaba la parrilla pensaba que, tal vez, Adriana ya se había quitado el bikini frente a sus amigas y solo había sido cuestión de suerte para no haberla encontrado así. Además, seguía con su tono fiero conmigo, como si le molestara que yo pudiera mirar a Julieta o, tal vez, como si yo le estorbara para no poder lucirse como quería. De cualquier forma, se notaba que la pareja que estaba menos cómoda era la nuestra. Apenas si nos habíamos dirigido la palabra en todo el paseo, aunque yo tenía la esperanza de recuperar la condición después del asado… que inocente era.

    Me fui al asador y comencé a prepararlo todo. Al rato, llegaron a ayudarme Sebastián, Mauricio y Gabriela, al acercase ella pude notar ese olor tan delicioso que ya la caracterizaba en mi cabeza. No tengo que decir que me incomodó un poco tenerla a ella a un lado y a su marido al otro lado, me daba cierto remordimiento, aunque lo disimulé como mejor pude. Entre todos los presentes me ayudaron a preparar algunas cosas y a poner algunas ollas en el fuego, pero la verdad era que había muchas manos para las pocas tareas que se tenían que hacer.

    —Bueno —dijo Mauricio— voy a broncearme un rato mientras esto esta ¿vienes? —le dijo para mi pesar a Gabriela.

    —Espera termino —contestó ella acabando de alistar algo que no recuerdo.

    —Aprovechemos y te quitas ese bikini para que quedes pareja —le dijo sonriendo Mauricio.

    Ella lo miró con un gesto de desaprobación, como callándolo por ser tan imprudente, pero él no se contuvo y le lanzó el sablazo final.

    —No te preocupes que Carlitos ya te vio las tetas cuando entramos.

    Ella volteo de inmediato y se quedó mirándome como si fuera una fiera acabada de salir de su jaula para atacar a su minúscula presa, y ahora fui yo el que se puso rojo ante la evidencia.

    —Fue sin querer, te lo juro, es que, fui por donde no tocaba y…

    —¿Me viste las tetas? —interrumpió ella, yo no tuve más que aceptar moviendo mi cabeza y ella cerró los ojos de la ira que cargaba— eso me pasa por ponerte cuidado —le dijo regañando a Mauricio.

    Y se fue un poco cabreada mientras Mauricio la perseguía como un perro regañado tratando de disculparse con su mujer.

    —No te preocupes —dijo Sebastián— ¿si no quiere que se las veamos para que nos las muestra? Así son todas las viejas, te dicen que no, pero están que se corren por enseñar lo que tienen.

    Yo sonreí mientras los veía llegando a la piscina y acomodándose junto a las otras, ella les comentaba algo y las otras contestaban, como calmándola o dándole consuelo.

    La cosa pasó así y creí que todo iba a terminar en eso, cuando de repente, Sebastián me suelta:

    —Que calor está haciendo. Me estoy ahogando. Voy a darme un bañito y de paso aprovechó para ver si puedo convencer a tu mujer que también nos las enseñe.

    Continuará.

  • Mi novia me engaña con su ex pareja

    Mi novia me engaña con su ex pareja

    Hace casi un año mi novia estaba estudiando veterinaria en una universidad de una ciudad que estaba aproximadamente a 6 o 8 horas de donde vivimos actualmente, debido a ello comenzó a arrendar un departamento en aquella ciudad.

    Nosotros nos veíamos los fines de semana y entre semana siempre hablábamos por chat y videollamadas. Todo bien, hasta que un día a partir de las 6 pm ella ya no contestaba mis mensajes, si me preocupé, pero luego me mandó un mensaje diciéndome que está ocupada y que luego hablamos.

    Alrededor de medianoche yo ya estaba acostado en mi cama dispuesto a dormir, cuando me llegan mensajes de una persona que no conocía preguntándome si la conocía, si era el novio de ella y luego comenzó a decirme que ella está con él, que me busque otra novia y que la deje a ella tranquila y blablablá, varias cosas más, y yo simplemente no las tomé importancia y lo ignoré. Pero luego en uno de esos mensajes me mandó una foto de ella desnuda acostada en la cama de su departamento y diciéndome: «Acabamos de coger, ella quedó muy exhausta pero luego vamos por el segundo round».

    Eso me hizo sentir mal y traté mejor de dormir para no pensar en ello, alrededor de una hora después me entra una videollamada y yo por curiosidad lo acepté, y ese tipo me comenzó a hablar directamente cara a cara y me dijo: «Quieres ver a tu linda noviecita», volteó la cámara y me mostró a mi novia dormida desnuda y comenzó a cogérsela escuchando como mi novia gemía de placer, seguidamente colgó la llamada y me bloqueó.

    Yo quedé mal y sin palabras, al día siguiente mi novia me escribió y dijo que se quedó estudiando para los exámenes y por eso no contestaba los mensajes. Yo le quise decir que ya sabía la verdad, pero no le dije nada y simplemente le «creí». Una tarde que salimos los dos me estaba mostrando sus fotos de hace años y en una de esas fotos salía ese tipo y yo le pregunté quién era él y me contestó que era su ex y que ya no sabe de la vida de él. En ese momento me di cuenta de que quien la cogió esa noche era su ex.

    Al principio si me sentía mal por lo que había visto, pero luego de recordar todo lo que había visto me empecé a excitar y a imaginar en todo lo que ellos habrían hecho aquella noche, ahora me excita imaginar a mi novia siendo cogida por otros.

  • Mi “petite” compañera de universidad

    Mi “petite” compañera de universidad

    Comparto un breve recuerdo del último año en la universidad, para un proyecto final hice equipo con una compañera, la más pequeña del grupo, 1:50 de altura aproximadamente, pero con 22 años bien puestos, en un sensual cuerpo, ella era algo delgada, de senos pequeños, cintura bien marcada, un culo bien parado y unas nalgas que eran el deseo prohibido de todos en el salón, .

    Seleccionamos la misma área de especialidad, hicimos equipo de trabajo en dos cursos, de manera que nos reunimos por los proyectos; trabajábamos en la universidad casi siempre y cuando era necesario en su casa; avanzamos los proyectos, nos poníamos de acuerdo rápido y en otros momentos los discutíamos, todo nos llevó a tener platicas más abiertas, de diversos temas, hablamos de sexo, amor, gustos, ropa, viajes, de los ex; dónde habíamos tenido sexo y de las preferencias; un día hablando de sexo le dije, -con tú pequeño tamaño, -te cargan en los brazos y te lo hacen-, -cómo, no entendí?-, -si… te cargan de las piernas, tú te agarras del cuello y te mueves-, -haber no me sé, muéstrame cómo se hace?-, -bueno… abrázame del cuello, ahora, brinca y rodea mi cintura con tus piernas-, -no me digas, que no lo has hecho asi-, -nunca-, nos reímos un poco, -esos novios tuyos, no te aprovecharon, jajaja-, -no te burles y ahora qué?-, -muévete-, con los brazos la subí y bajé varias veces, alrededor de un minuto, unos cuantos roces en los vientres bastaron para excitarnos, -bueno ya!, que estás muy pesada, jajaja y nos puede ver tú mamá-, la bajé, nos reímos de nuevo, -ya!, a trabajar- le dije-, me volteé, para que no se fijará, con los roces, se me había parado, se notaba el bulto debajo del pantalón, seguimos en el proyecto y más tarde me despedí.

    Los siguientes días fueron normales, clases y avanzar los proyectos, hasta que un día en la cafetería platicando, surgió el tema de las posiciones de nuevo, -y en esa posición lo haces con tus amigas-,  -a veces, no siempre-, -ya sabes, vas cambiando de posición, para hacerlo rico y disfrutar los dos-, -y cómo lo haces con tú novio-, -si cambiamos, pero no hacemos tantas posiciones-, -bueno, ya lo harán, dile que te cargué-, -se sonrió y seguimos con del proyecto.

    Para la entrega final, nos apuramos la última semana, aprobamos y todo salió bien, sin problemas, el último día salimos con el resto del grupo a cenar y tomar una copa para celebrar el fin de cursos; cuando la llevaba de regreso a su casa, me dijo, -vamos a tu casa o un motel, para celebrar que celebrar que hicimos buen equipo y el proyecto fue perfecto-, me quedé un segundo en silencio y le respondí, -si, me gustaría mucho estar contigo-, le llamé a un amigo, -oye, préstame el depa hoy o tienes plan-, -ninguno, pasa por la llave-, veinte minutos después estaba tocando su puerta, salió y me dio la llave, -solo o acompañado-, -una amiga, sólo quiero que se sienta cómoda-, -gracias-, subí al auto y unos momentos después llegamos; al entrar tomé su cara para besarla, estuvimos varios minutos asi, saboreaba su deliciosos labios, los mordía, chupaba, sentía su lengua impaciente, ella lo deseaba, yo la deseaba, tocaba su espalda, bajaba las manos a sus nalgas, las apretaba, las abría, eran momentos deliciosos; nos detuvimos un momento, para desvestirnos.

    Cuando quedamos desnudos la recosté en la cama, abrí sus piernas y me perdí en su vientre, lamia, chupe, mame su deliciosa abertura, la recorrí con la lengua innumerables veces,  sentí salir sus calientes líquidos, probé el sabor de su placer, mientras gemía sin parar, -cómeme, soy tuya, aaaggg-, -así, así, aaaggg-; seguí comiendo su vagina y su hinchado clítoris, me paré, coloque sus piernas en mis hombros; -espera, méteme la verga cargándome-, sé paro en la cama, se agarró del cuello y sus piernas envolvieron mi cintura; la sostuve con los abrazos, tomé mi pene y lo coloqué en la entrada de su caliente vagina, empuje, le entró la cabeza, nos miramos apasionadamente, nos besamos, ella empezó va mover rápidamente, subía y bajaba, mientras yo empujaba, penetrándola hasta el fondo, fue un vaivén frenético, nos paramos hasta corrernos los dos; sentí dos sus venidas, escurriendo entre mis piernas; terminamos exhaustos, nos tiramos en la cama un largo tiempo, finalmente nos bañamos, nos vestimos y la dejé en su casa.

    Desde entonces salimos varias veces, su novio sospechaba, pero salimos varias veces a divertirnos.

  • Sorpresa inimaginable

    Sorpresa inimaginable

    Antes de iniciar el relato quiero presentarme mi nombre es Daniel, soy médico especialista en terapia sexual y de pareja, llevo unos cuánto años trabajando en esto, por lo cual he tenido unas experiencias y anécdotas que quiero contarles.

    Todo este relato se desarrolla cuando estaba terminando los estudios de mi especialización como sexólogo en la cuidad de Bogotá, en ese momento tenía una pareja estable, ella se llama Laura, una mujer de 36 años blanca, bajita, ojos verdes, pelo castaño y con unos kilos de más que le ayudaban mucho porque tenía un culo gordo y unas tetas grandes.

    Una noche salía de mi clase, ese día vimos un tema muy interesante y especial se llama Mindbody es una técnica donde el sexo se desarrolla desde la conexión enérgica del cuerpo la mente, yo tenía mucha curiosidad sobre esto entonces ese día iba muy seguro de hacerlo con mi Laura.

    Cuando llegue a casa ella estaba en pijama esperando para comer y ver un capítulo de nuestra sería favorita y después irnos a la cama, cuando empezamos a ver nuestras sería ella se retiró su pantalón y quedó en tangas para mayor comodidad yo sabía que hay era mi oportunidad para poner en práctica lo visto en clase mientras estaba preparando todo para empezar a ver la serie yo empecé a concentrarme para hacer sentir placer sin tocar, se sentó a mi lado y se arropó con una manta que siempre teníamos en el sofá.

    Después de esto yo empecé a mover mi mano derecha como si estuviera tocando su coño, pero obviamente lejos de el toda mi concentración estaba en mandarle la energía para que su coño fuera el receptor, llevaba yo más o menos 3 minutos y mi sorpresa fue que ella estaba ruborizada y con una cara de excitación inexplicable pero ella lo disimulaba para que yo no me diera cuenta, en un momento dejo salir un pequeñito gemido yo seguí moviendo mi mano cada vez más fuerte y yo sentía como ella le pasaba corrientazos por todo su cuerpo y tuvo un peque orgasmo, ella trató de disimular lo mas que pudo pero yo supe que había sucedido.

    Cuando ella se recuperó me dijo que quería que la follara duro, que estaba muy caliente y no sabía porqué, yo inmediatamente sin pensarlo me levanté y quité la cobija para comerme su coño tal fue mi sorpresa que encontré su tanga empacada de su delicioso líquido y su coño hinchado pidiendo que se lo comiera todo, le comí el coño por completo y le metí la lengua hasta donde más pude, ella solo gritaba y me apretaba hacia su coño, después la puse en 4 patas me saqué la polla de mi pijama y empecé a embestir muy duro ella gritaba como nunca, en ese momento veía su ano y me pregunte si el Mindbody también funcionaria con el ano esto es historia para otra ocasión.

    Después le saque mi polla y le dije que me la mamara a ella le encanta darme mamadas y lo hacía como nadie, es una experta en esto me folle su boca por aproximadamente 5 minutos lo disfrutaba mucho y más que ella estaba en 4 patas y podía ver ese gran culo como lo movía mientras me lo mamaba.

    Después la tomé de la cintura la llevé hasta la orilla del sofá y le metí la polla nuevamente pero esta vez duró en una sola embestida ella gritaba como nunca yo sentía que iba a llegar nuevamente porque su coño palpitaba seguía dándole y ella me decía que tenía chichi yo sabía que iba por buen camino cuando la sentí llegar dejo un charco de su delicioso líquido en todo el piso y parte del sofá. Ella que quedó cansada y yo quedé asombrado no sabía que ella podía hacer un squirt me lavo hasta las bolas.

    Inmediatamente la voleo y le doy en el famoso misionero en esta no duró mucho porque podía ver la cara de viciosa que ella hacía en cada embestida, llegué dentro de ella se deje toda mi leche dentro de ella se saque mi polla y veía como le escurría toda mi leche de su rico coño gordo y rojo por tanta excitación.

    Terminamos nos duchamos juntos y nos fuimos a dormir, esa noche no dejaba de pensar en el poder que había acabado de descubrir en mis manos y quería probarlo con el ano de Laura.

    Espero el relato les guste, todavía quedan muchas más anécdotas por contar.