Autor: admin

  • Un cura muy pervertido

    Un cura muy pervertido

    Tenía una amistad hermosa con mi maestra de secundario llamada Melody, éramos muy unidas, ella era profe de matemática, tenía el pelo dorado, un muy buen cuerpo y ojos verdes.

    Salíamos juntas a cenar, a tomar helado y una vez hasta fuimos a la iglesia a la que ella iba todos los domingos a las 10 de la mañana, fue esa visita a la iglesia la que ha quedado en mi memoria y de la que les voy a hablar en este relato.

    Era un día primaveral, había sol, pero no hacía una temperatura inhumana, hasta había una ligera brisa.

    Melody estaba vestida con un vestido blanco con flores rosas que apenas le cubría el trasero, si la brisa se lo levantaba un poco le podía admirar su hermoso culo que no me cansaba nunca de observar y de escote lo tenía muy abierto, así de esa manera fue vestida a la iglesia.

    Entramos en la iglesia, había poca gente, luego llego el cura y se colocó al frente, me quedé sorprendida en cuanto vi a ese hombre, ya que no parecía un sacerdote en absoluto.

    El cura era alto, algo musculoso, cabello oscuro rapado en los costados, tenía un poco de barba y ojos marrones, un hombre muy atractivo.

    El padre empezó a hablar, comenzaron las oraciones y vi que mi amiga se subía un poco el vestido dejando al descubierto sus muslos, me di cuenta de que el padre le dirigió una mirada para nada discreta a sus piernas y ella sonrió ¿le estaba coqueteando al sacerdote en la mismísima iglesia o eran fantasías mías?

    Después sé bajo el escote del vestido y se dejó los pezones al descubierto, aquí en este momento pude ver una mirada llena de lujuria del sacerdote, ya no me estaba imaginando cosas, además la situación en sí me daba mucho morbo por lo cual empecé a humedecerme.

    Cuando Melody se dio cuenta de que nadie la podría ver hizo algo totalmente inesperado, se sacó un seno completo del vestido, a mí me dieron ganas de lanzarme a lambérselo ahí mismo delante de toda esa gente sin que me importara nada, aunque no pude verlo me he podido imaginar con detalle la gran erección que debía de tener el cura que clavo sus ojos en el pecho desnudo de Melody.

    Después se volvió a introducir el pecho dentro de su vestido, todos tomamos asiento de nuevo y Melody abrió sus piernas, se levantó el vestido, corrió su tanga de hilo y se abrió con sus dedos su vulva para que el cura tuviera una muy buena visión.

    -Emily- me dijo.

    -¿Qué?.

    -Mastúrbame- fue su pedido.

    Yo hice lo que me dijo sin dudarlo y la empecé a masturbar con movimientos lentos y circulares, le abría su clítoris después la volvía a frotar hasta que aumenté la velocidad, ahora el sacerdote tenía la vista fija en las dos, su mirada era la de un hombre prendido fuego por la excitación.

    -Méteme los dedos- me dijo mi amiga con su respiración agitada.

    Le metí mis tres dedos en un solo movimiento, los empecé a mover y ella se corrió con un gemido apenas audible.

    Se quedó con sus piernas abiertas y después me dijo -Enséñale tus senos.

    -¿Qué?.

    -Solo será unos segundos.

    Sin que yo me lo esperará me quito ambos de mis pechos dejándolos al aire libre para que el cura pudiese verlos y se deleitó por completo con la visión que ambas le estábamos dando.

    Cuando se hicieron las 12 del mediodía el encuentro llego a su fin, todos se levantaron de sus asientos y se fueron.

    -Melody- le susurré a mi amiga.

    -No nos podemos ir todavía, el padre Luis es un muy buen amigo mío- me respondió ella.

    Solo quedábamos nosotros tres en la iglesia, el cura Luis se acercó a nosotras, tomó a Melody de la cintura y la beso apasionadamente metiéndole la lengua en la boca con mucha fuerza, las manos de él bajaron a sus nalgas y se las apretó con mucha fuerza todo lo que duro el beso.

    Se separaron, dirigieron la mirada hacia mí.

    -Ella es Emily, es una de mis mejores amigas- le dijo a Luis.

    -Eres una belleza Emily, pero te verás más hermosa saltando sobre mi verga- fue la respuesta inesperada del sacerdote.

    No me dio tiempo a responder porque vino hacia mí y me beso más apasionadamente que lo que había besado a mi amiga, yo le devolví el beso en todo momento y él con un movimiento de sus manos me quito mi falda.

    Cuando terminamos de besarnos, demoramos unos segundos en poder desnudarnos por completo los tres, observe al hombre y su belleza masculina aumento estando sin nada de ropa.

    Ambas miramos esa verga erecta que nos esperaba, nos llamaba, nos hipnotizaba, nos pusimos de rodillas al mismo tiempo nuestras cabezas casi chocaron de la desesperación que teníamos por chuparla, así que por lo tanto nos turnamos, se la chupe durante diez minutos yo luego iba mi amiga y así hasta que nuestras salivas se mezclaron en el miembro de Luis, mientras Melody chupaba su pene yo me dedicaba a sus testículos, después se la chupamos las dos juntas y cuando nos detuvimos mi amiga y yo acabamos besándonos apasionadamente en la boca, fue un beso lleno de morbo que nos sorprendió a las dos por igual.

    Después ambas nos pusimos de pie, pero el cura Luis no demoro en poner a Melody en cuatro, le escupió abundante saliva en el agujero de su culo y la penetro con una sola embestida, ella hizo un solo gemido, luego no pudo gemir más porque yo me senté con mis piernas abiertas y Melody empezó a chupar mi vulva mientras la penetraban duramente por el trasero.

    Luis aumentaba la intensidad de sus embestidas, las hacía cada vez más duras, le estaba destrozando el trasero a Melody, ella disfrutaba mucho con la rudeza en el sexo y me chupaba cada vez más rápido la vulva a mí que ya me había corrido como dos veces por la estimulación que ella me daba y además ver a un sacerdote hacer el amor así de delicioso tenía su morbo, así que por lo tanto a mí también se me antojo la verga de ese hombre.

    Cuando termino de penetrar el trasero de Melody, ella pensó que le iba a dar descanso, pero pareciera que las energías de este hombre nunca se agotaban, le puso ambas piernas en sus hombros y la volvió a embestir con toda la potencia, me dirigió una mirada llena de lujuria y me dijo: -Luego seguís vos preciosa.

    Después ella se sentó a horcajadas sobre el hombre y empezó a saltar muy rápido sobre su miembro, sus senos se movían sin parar y el trasero también se le movía de una manera deliciosa.

    Luis puso una mano en el cuello de Melody ejerciendo suave presión y con la otra mano no dejaba de darle nalgadas, los gemidos de ambos llenaban toda la iglesia, unos minutos más tarde él le apretó el cuello un poco más fuerte de lo normal y eyaculo dentro del agujero de su culo.

    Luego finalmente llegó mi turno la posición en la cual me coloco fue igual como estaba mi amiga, pero quede dándole la espalda sentada arriba de él y con mis piernas bien abiertas, luego los movimientos que hizo para penetrarme fueron con su pelvis hacia arriba moviéndose muy rápido y dejando que me entregará a un placer infinito.

    Me tomo fuertemente de los senos lo cual hizo que sus embestidas se hicieran más intensas y más rápidas.

    Después vino Melody a mi lado para besarme apasionadamente en los labios y me acarició mi vulva a pesar de que tenía la verga de Luis clavada bien adentro.

    Las caricias de mi bella amiga combinada con las embestidas del sacerdote hicieron que me viniera otra vez terminando agotada sobre aquel apasionado hombre, pero él no estaba agotado en lo más mínimo porque no me dio ni un minuto y me puso en cuatro para darme por el trasero, antes de penetrarme me tomo del cuello con fuerza y puso su otra mano en mi cintura, después de eso cuando comenzó a hacerme el amor en esa posición conocí lo que es que te den verdaderamente fuerte, hasta sus testículos entraron en mi interior así que imagínense con la rudeza que ha tratado a mi trasero, supe que luego de esto iba a quedar con dolor de cuerpo, pero no me importo porque lo estaba disfrutando muchísimo.

    Después de darme por el trasero, Luis nos dio lo último de su semen, ya que eyaculo en la boca de Melody y en la mía también.

    Después nos dio un beso en la boca a ambas

    -Vuelvan cuando quieran hermosas- nos dijo antes de vestirse e irse.

    Nosotras nos pusimos nuestra ropa y también nos fuimos de la iglesia.

    -Ese hombre- le dije a Melody, no me salían las demás palabras.

    -Si, ya lo se Emily, hace el amor de una manera espectacular para ser cura y antes de que me lo preguntes también se lo hace a todas las monjas.

    -Qué suerte la de las monjas.

    -Y la de nosotras también- fue la respuesta final de Melody.

  • Nunca pensé ser manoseada rumbo a la escuela

    Nunca pensé ser manoseada rumbo a la escuela

    Hola, este es mi primer relato. Espero les guste. Antes que nada, quiero decirles como soy. Tengo 18 años recién cumplidos, mido 1.60 soy de piel morena clara. Desde chica mis papas me han puesto a hacer deporte así que tengo unas nalgas muy paraditas y duritas, cintura pequeña y soy 34 b de bubis. Dicen mis amigas que me veo chichona pero yo siento que estoy normal. Me gusta vestir regularmente de mallones o falda arriba de la rodilla. Me gustan mucho mis piernas y me gusta lucirlas.

    Siempre he usado el transporte público para irme a la escuela. Desde la secundaria así ha sido. Después toda la prepa. La cosa es que siempre he sentido la curiosidad respecto al sexo, pero soy muy tímida. Mis amigas me han contado que luego los hombres se te acercan para manosearte o hacerte más cosas en el camión o en el metro y me asusta, pero me da curiosidad por unos videos que encontré en internet.

    El otro día estaba en la parada del camión, a las 6:30 de la mañana porque tenía exámenes finales. Así que debía llegar temprano para estudiar un poco. Llevaba puesto un suéter de la prepa, mi falda arribita de la rodilla, calcetas hasta las pantorrillas y mis tenis. Hacia algo de frio, pero así me sentía cómoda. Siempre me encuentro a un hombre como de unos 40 años, bien parecido y viste casual siempre. Cada que me ve me saluda con una sonrisa, pero nunca había notado que él no se subía a ningún camión que pasara, lleno o vacío. Siempre se esperaba a subir en el que yo me iba y me dejaba subir primero. Nunca le había prestado importancia hasta ese día.

    Como siempre mi camión iba un poco lleno así que me quite la mochila y la cargue de lado, solo en un hombro. El señor de la parada quedó justo detrás de mí y como es normal pues vamos todos pegados.

    Después de un rato sentí como que algo se apoyaba en mi trasero, pero no le di importancia porque venía platicando con una amiga por teléfono. Después de un rato sentía como que una mano se movía discretamente en mi nalga y me asuste. No supe que hacer y me quedé quietecita. En mi pansa empecé a sentir cosas muy raras, por un lado, sentía demasiado calor y un cosquilleo que recorrió desde la boca del estómago hasta mi colita. Me sentí excitada y asustada pero no hice nada.

    Más adelante bajó algo de gente del camión y nos tuvimos que recorrer, pero yo no quería dejar de sentir. Tenía mucha curiosidad y sentía mi panti mojado. Pensé que me había ganado del miedo jejeje.

    El señor busco quedar de nuevo pegadito a mí pero esta ocasión como subió más gente al camión si quedamos muy apretaditos. Sentí muy ligeramente como la tela de mi falda se movía y sentí que el corazón se me iba a parar. Un escalofrío me recorrió cuando percibí el calor de su mano directamente sobre mi piel. Este hombre había metido su mano por debajo de mi falda y me estaba tocando las nalgas de una manera tan suave y rica que yo no puede hacer otra cosa que quedarme tranquila. Respiraba profundo para no dejar escapar ningún sonido.

    Después de unos minutos pude sentir como trataba de hacer a un lado mi panti, pero pues son las que me llevo a la escuela, son un poco grandes y no pudo llegar a donde se proponía.

    Nuevamente bajo gente del camión y se desocupó un asiento frente a mí, así que me senté de inmediato y pude ver que el señor se fue hacia atrás y se bajó también.

    No sabía que pensar ni sentir, estaba desconcertada y muy mojada. Les cuento que aun soy virgen y aunque ya había tenido encuentros con mi novio, pues todo es un faje y ya pero jamás me había pasado que con solo unas caricias quedara toda mojada.

    Al día siguiente estaba muy nerviosa. Ya era hora de irse de nuevo a la escuela y no sabía si el señor estaría ahí de nuevo. Por un lado, me daba miedito, pero por otro deseaba encontrármelo.

    Llegue a la parada y ahí estaba, tan casual como siempre pero ahora lo veía incluso guapo. Con su chamarra bien cerrada, su barba bien recortada y ese perfume que usa que huele muy rico. Me acerqué y les di los buenos días a las personas que ahí estaban. El me saludo con una sonrisa sincera, pero en su mirada notaba que deseaba tocarme de nuevo.

    También yo lo deseaba. Así que busque que el camión en el que me subiría estuviera algo lleno para poder intentarlo de nuevo.

    Puedes ver los enlaces a mis redes sociales en mi perfil.

  • No fui expulsada del paraíso por ser infiel

    No fui expulsada del paraíso por ser infiel

    Es mi intención relatar una experiencia personal, vivida hace ya algunos años, de la cual ya poco me arrepiento, porque siempre he creído que todo tiene su fecha de caducidad y no merece la pena atormentarse por situaciones más o menos desafortunadas que pertenecen al pasado.

    En la actualidad soy una mujer felizmente casada, con una familia y una vida asentada, pero cuando tuve este desliz, todavía era muy joven y un poco alocada, en esa edad en la que el sexo contrario parece ejercer una influencia sobrenatural.

    Desde el punto de vista de mi físico, jamás he tenido motivo de queja. No soy especialmente alta, pero sí muy bien proporcionada, de preciosos pechos (sobre todo en esos años), muy guapa de cara y con cierto encanto en las maneras. Debido a ello, nunca me ha faltado un hombre al lado y mentiría si dijera que no disfruto con el sexo.

    Por ese entonces Carlos, mi actual marido y yo, éramos solamente novios, aunque ya vivíamos juntos, y las cosas no nos iban desde el punto de vista económico especialmente bien, dado que las carreras profesionales de ambos estaban comenzando y no gozábamos de una posición privilegiada. Sin embargo, dos íntimos amigos de Carlos y sus parejas nos invitaron a pasar un fin de semana en una ciudad costera del norte de España y como hacia prácticamente dos años que no nos permitíamos ni vacaciones ni una escapada, decidimos echar la casa por la ventana y disfrutar de la oportunidad.

    Debo reconocer que yo estaba encantada y prepare el fin de semana como si de un viaje de novios se tratase. De hecho, la vida cotidiana, el estrés y la rutina merman la actividad sexual, que se vuelve gris y monótona y yo creí que esta sería una oportunidad de oro para hacer los deberes y ponernos de nuevo al día.

    Llegamos un viernes por la tarde y nos encontramos con las otras dos parejas, que habían llegado con sus propios coches, en frente del hotel que habíamos reservado. No era gran cosa, pero por lo menos estaba limpio, siendo lo más incómodo el que las tres habitaciones compartían un mismo baño. Tras dejar las maletas, nos arreglamos y salimos a cenar.

    Después de la cena estuvimos dando una vuelta por los bares de copas de la ciudad, de modo que Carlos, que siempre ha sido un pésimo bebedor, se pasó de la raya y cuando volvimos al hotel no hizo más que posar la cabeza en la cama y quedarse dormido.

    Aquello me sentó a rayos y destrozo todos mis planes. Con el fin de tranquilizarme y despejarme un poco la cabeza del alcohol que había bebido, decidí darme una ducha relajante.

    Me acuerdo que fue de aquellas duchas que debieran ser de agua fría, porque prácticamente no podía quitarme la obsesión de la sesión de sexo que me estaba perdiendo por la inoportunidad de mi marido. Estaba tan inmiscuida en mis asuntos que no me percaté de que la puerta del baño se abrió y de que evidentemente no había corrido el cerrojo. Por suerte la cortina de baño me protegía de indiscreciones. Era Andrés, uno de los amigos de Carlos.

    -Vaya, perdón… ¿quién esta ahí? -dijo

    -Soy Sandra… me estoy dando una ducha

    -¿una ducha a estas horas? -me respondió?

    -Sí, no podía dormir, ya estaba acabando.

    -Aja, ¿no estará también Carlos hay dentro, golfos?

    Me acuerdo que me sorprendió tanto su pregunta como mi respuesta posterior…

    -Qué más quisiera yo, el tonto está roncando y yo consolándome con la ducha ¿me acercas una toalla?

    -Claro, toma… -me dijo. El muy vivo me paso una toalla de mano, en vez de ducha y aunque pensé en protestar, no lo hice. Me seque como pude y pregunte:

    -Andrés, ¿estas todavía ahí?

    -Si -me respondió

    -¿Y tienes para mucho? es que quiero salir…

    -Sal, nada te lo impide.

    Recuerdo que me quede perpleja, pero no eran horas para numeritos ni discusiones y además el alcohol ingerido tras la cena me hacía ser más atrevida, así que me coloque la toalla de mano justo encima de los pechos, sujetándola con las manos y dejándola caer como si se tratase del telón de un teatro; lograba tapar a duras penas el vello púbico, pero no, evidentemente, ni los laterales ni la parte posterior de mi cuerpo. Descorrí la cortina y allí me encontré a Andrés, apoyado en la pared, vestido tan solo con la parte inferior de un pijama y con cara de disfrutar de lo lindo con las vistas.

    -¿que? ¿Tienes noche graciosilla no? -le pregunte

    -bueno, no está mal. Es que como me has comentado que estabas desconsolada, he pensado que quizá podrías necesitar mi ayuda -contesto.

    -¿Ah sí? ¿Y para qué? -le dije mostrándome malhumorada

    -bueno no te enfades.

    -Que no me enfade… ¿Tú sabes la que puede liarse si alguno de estos, o peor Carlos aparecen y nos encuentran de esta manera?

    Francamente disgustada por su actitud, salí de la bañera mientras Andrés no perdía detalle. Evidentemente tapada o más bien destapada de esa guisa, al levantar una pierna para superar la pared de la bañera y posarla en el suelo y luego la otra, deje al descubierto buena parte de mi cuerpo, aunque sin embargo Andrés no se mostraba incomodo, salvo por un bulto que comenzaba a formarse en su entrepierna. Ultrajada como estaba, decidí no hacer más malabarismos estúpidos y deje caer la toalla al suelo, quedándome por segundos absolutamente desnuda, algo que puedo asegurar que si pillo desprevenido a Andrés, tras lo cual, rápidamente, cogí una de las toallas grandes de ducha y me tape adecuadamente.

    Al salir no pude dejar de comprobar que el bulto de Andrés era ahora muy considerable (pero mucho) y que las tornas habían cambiado, el que precisaba una ducha fría era él.

    Salí del baño mostrando mi enfado dando un portazo y me metí en la cama con Carlos, dispuesta a olvidar el incidente, no en vano era evidente que todos nos habíamos pasado bebiendo.

    A la mañana siguiente nos fuimos de turismo y pasamos un día delicioso. Nos dedicamos a recorrer la ciudad, que francamente nos deslumbro con muchos rincones interesantes. Andrés, por su parte, se mostraba de lo más natural. Yo llegue a la conclusión que tenía muy poca vergüenza.

    Al llegar la noche pensamos en hacer el mismo plan de la noche anterior. Nos arreglamos en el hotel y yo decidí que esta vez las cosas no se irían de las manos. Me duche, me hidrate, me perfume, me puse las pinturas de guerra y me vestí a todo trapo, con una minifalda preciosa de vuelo y una blusa a juego que me quedaban divinas. Así que le comente a Carlos:

    -Ya ves cómo me he preparado para ti, a ver si esta noche me das una alegría.

    -La alegría te la voy a dar ahora -me respondió excitado.

    -No, que nos están esperando, vamos.

    Y salimos a cenar. No hemos vuelto a ir a aquella ciudad, pero me acuerdo que había un ambiente fenomenal, también era verdad que era verano y estaba repleta de bullicio.

    Al comienzo de la noche y ya en la cena, empecé a sospechar que Carlos iba a volver a las andadas, porque de nuevo se pasó bebiendo, no mucho en realidad, pero demasiado para él, de modo que a la 1 de la mañana, cuando llegamos a una discoteca que nos habían recomendado, ya no era persona.

    Estaba tirado en la butaca del reservado, prácticamente dormido y para colmo seguía bebiendo. Les deje a los cinco sentados y me fui al baño, que estaba al fondo de local. Al salir del baño me tropecé con Andrés, lo cual parecía evidentemente más que una casualidad:

    -¿Que? hoy parece que tampoco vamos a encontrar consuelo ¿no? -me comento.

    -pero bueno ¿tú de que vas? -le respondí- no sé qué te incumbe a ti todo esto.

    -bueno yo ya te dije que solo quiero ayudar

    Yo ya no podía aguantar más

    -¿pero tú de que estas hablando? Que Carlos es tu amigo del alma, que esta ahí a 50 metros ¡y tú pensando en follarte a su novia!  le grite

    -mujer… así dicho… mira tu marido no va a darte lo que quieres y reconozco que estaría mal que te lo diera yo… Pero podíamos fantasear, jugar…

    -¿fantasear con qué? ¿Jugar a qué? -pregunte malhumorada

    -Tú eres una mujer bellísima, con un encanto especial y un físico de infarto y sin embargo necesitada de sexo… es una controversia… No hay un solo tío en esta sala que ahora mismo no perdería el alma por acostarse contigo

    -No te pases -le respondí, un poco halagada, lo confieso

    -Mira, haz la prueba y convéncete; elige un tío en la sala, el que pienses que está más bueno, vete y dile directamente que te acompañe al baño y que te eche un polvo

    -¿Pero estas tarado? -le dije- y si sale bien, luego que hago ¿quieres que me violen?

    -no te preocupes, tráelo para el baño y haz como que soy tu chico y nos hemos encontrado y te saco el atolladero

    -Joder… -comenzaba a picarme el gusanillo y la idea sin ser peligrosa, sin embargo me excitaba un poco- no va a salir bien -continúe

    -Que si… elige un chico

    -En fin. he visto antes un bombón al venir al baño, pero parecía que esperaba a alguien, igual a una chica

    -Ese mismo, mejor… no te cortes sin rodeos…

    -bueno pues nada, juguemos… igual haciendo esto, consigo que me dejes en paz de una vez -Andrés me miro exultante y marche con paso firme.

    Según iba avanzando hacia mi presa me iban asaltando temores y el corazón parecía latir en mis oídos. Decidí concederme una ayuda, así que me dirigí a la barra, pedí un tequila solo, que apure a su manera de un trago y decidida me acerque al chico que era una golosina.

    Alto, atlético, con una cara preciosa, una verdadera obra de arte digna del mejor de los museos:

    -hola… ¿cómo te llamas? -me sorprendió la firmeza de mi voz

    -Eh… hola Juan (creo que era) -me dijo un poco desinteresado

    -Mira es que… llevo un rato mirándote y estoy pasada

    -¿De qué hablas?? -me dijo esta vez sorprendido

    -Si… veo que estas esperando… probablemente a una chica… pero no he podido evitar notarte aburrido y tenso en tu larga espera; y eso para un hombre como tu es un desperdicio, de modo que he pensado que podrías acompañarme al baño de mujeres y me echas un polvo de esos que elevan el karma a las alturas.

    Juro que yo nunca he sido así… el hombre se quedó de piedra y le pille tan a desmano que estaba paralizado, así que le cogí de la mano y me lleve mi presa para el baño…

    En el camino lo pase un poco mal, con sentimientos enfrentados, porque si Andrés no cumplía su parte a ver cómo me quitaba el asunto de encima y por otro lado casi deseaba que no lo hiciera, porque era la primera vez en mi vida que me sentía como una mujer agresiva, de esas dispuestas a todo, que se estaba llevando al huerto a las primeras de cambio a un hombre espectacular.

    Pero no, Andrés apareció y bordo un papel perfecto de novio petardo y borracho, me agarro y me dijo que fuéramos a bailar con voz de beodo, de modo que con cara de circunstancias le susurre un “lo siento” al guapo y nos marchamos. Pobre hombre. Al poco llego la novia que a la fuerza tuvo que notarle la cara de susto.

    Andrés sin embargo no estaba satisfecho y se le notaba que quería ir más lejos.

    -¿Has disfrutado? -me pregunto

    -La verdad es que si, para que engañarte, ha sido divertido.

    -¿divertido? o excitante -volvió a preguntar

    -Te gusta jugar con las palabras ¿eh? Excitante sin duda -respondí decidida a no cortarme

    -Es que hay una diferencia importante. Bueno, como te has excitado y dado que estarán bien húmedas, quiero que te quites las bragas y me las des.

    -¿que? ¿Para qué? -pregunte

    -ya lo sabrás -me dijo

    -¿pero qué te has creído?

    -Lo único que había creído es que eras una mujer como mandan los cañones… pero descubro que quizás eres un poco ñoña.

    -Serás cabron -dije enfadada, no tanto con el sino conmigo misma por permitir que Andrés me irritara Yo sabía que era mejor dejarlo ahí y no liarse más; por otro lado el orgullo y un pueril deseo de no dejarme vencer ni avasallar, me impedían razonar, así que pregunte a Andrés:

    -¿y donde me las quito?

    -Este es un lugar tan bueno como otro cualquiera -me dijo con la excitación dibujada en su cara Estábamos en una esquina de la sala desde la cual se veían tanto parte de los reservados como de la pista, pero la iluminación era muy tenue. Decidí buscar mayor refugio pegando mi espalda a la pared y Andrés me siguió quedándose enfrentado a mí, a un metro.

    Levante la mirada, clave desafiante mis ojos en los de Andrés y sosteniendo su mirada, introduje mis manos por el vuelo posterior de la minifalda, enganche el elástico de la braga y las deslice primero por los glúteos y luego por los laterales; después poco a poco, las fui descendiendo por mis muslos. Andrés ya no era capaz de mirarme a los ojos, sino que contemplaba como poseído el modo en que mis bragas iban apareciendo por debajo de la falda. Cuando llegue a las rodillas hube de flexionarme y con agilidad libere una pierna tras la otra.

    -Toma aquí las tienes… ya ves que tampoco están tan húmedas como suponías -le dije con chulería mientras le depositaba las bragas en sus manos- ¿y ahora que ordena mi amo? -pregunte cínicamente

    -Muy bien -acertó a decir mientras se guardaba su botín en un bolsillo- como Carlos esta ya tan borracho que no podrá tenerse en pie, vete donde Luis -que era el otro amigo de Carlos que nos acompañaba- y dile que te saque a bailar a la pista

    -¿como? -conteste- ¿sin bragas?

    -Yo no pienso dártelas ahora… no sufras, hay mucha gente y no se percataran… disfruta de tu libertad -y se comenzó a ir

    -¿a dónde vas tú? -pregunte

    -Luego lo sabrás -me dijo sin pararse Inexplicablemente allí estaba, sola en una discoteca y sin ropa interior. Si me lo hubieran jurado no me lo creería.

    Como Andrés no aparecía y algo tenía que hacer, me dirigí a los reservados y allí encontré a nuestros cuatro amigos, en el sitio exacto en el que los habíamos dejado; les mentí comentándoles que Andrés y Yo estábamos bailando a tope y pasándolo de miedo. Les pregunte a ver si a ellos no les apetecía bailar, pero ni Carlos ni Luis parecían con fuerzas ni a las otras dos chicas les iba el plan (estaban francamente enfrascadas en una conversación que parecía bastante seria)

    Sintiéndome incomoda al temer que en un movimiento pudieran descubrir lo de mi ropa interior, decidí que era mejor perderles de vista, así que ni corta ni perezosa, me fui sola a la pista, metiéndome en el tumulto y comencé a bailar. Andrés tenía razón, está claro que la braga siendo como es tan solo un trozo de tela, aunque parezca mentira su ausencia puede cambiar toda la percepción de un momento: el roce con el resto de la gente bailando, la sensación de libertad y de aire, lo salvaje de saberse desnuda… la verdad es que a esas alturas estaba totalmente entregada a mi necesidad de sexo.

    Al cabo de un rato vi a Andrés en la barra haciéndome gestos para que me acercara. Fui para allí y le pregunte:

    -que… ¿ya has cumplido tu misión?

    -si -contesto escondiendo algo con un movimiento del brazo- te he pedido una bebida especial que te calmara Al segundo llego el camarero con un vaso de combinado con una bebida blanca.

    -¿qué es esto? -pregunte al camarero

    -Leche de pantera… Leche con ginebra, me lo ha pedido ese chico para ti

    -Está bien -le dije me di la vuelta y me encare a Andrés que seguía ocultando algo:

    -¿qué tal lo llevas? -me pregunto

    -Me está sentando fatal -me sincere- estoy todavía más caliente

    -Por eso te he pedido la bebida

    -No sé si me gustara… ahora la pruebo

    -¡No! -casi me grito Andrés- le falta un condimento especial a la vez que esto me decía saco lo que estaba ocultando y lo dejo a mi lado en la barra.

    Era un vaso pequeño, como de vino. Su fondo contenía un líquido blanco-amarillento que al principio no reconocí, luego si ¡era semen! Ahora estaba claro para que había necesitado mis bragas. Se había masturbado con ellas y depositado su esperma en ese vaso que ahora me tendía.

    -¿pero qué es esto? ¿De qué vas? -pregunte enfadada

    -Para eso necesitaba tus bragas… es mi semen, quiero que lo viertas en la leche de pantera y que te lo bebas

    -Pero bueno -proteste- ¿y qué más? te estás pasando

    -Hazlo y habrás superado el juego no podía creer donde me había metido. Nunca había probado el semen, me sorprendí a mí misma pensando que al echarlo en la bebida probablemente ni notara su sabor.

    Jamás sospeche que pudiera decidirme, pero con rabia cogí el vaso pequeño con el semen y lo vertí en la bebida. Al ser tan espeso tardaba en caer e iba resbalando sobre la pared del vasito, hasta que la primera gota toco la leche de pantera. Lo que hice después fue seguro producto del alcohol: con el dedo índice arrastre el semen del fondo y la pared del vasito y lo introduje, bien cargado, en la bebida; lo saque y me limpie la mano con una servilleta.

    -Hazlo por mí -me dijo Andrés- por lo menos pruébalo… es una de mis fantasías, que jamás he hecho realidad

    -¿A no? -le dije- ¿así que Sonia (que era su novia) no complace estas fantasías tuyas de tragarse tu esperma eh? Ven acompáñame  le dije prácticamente descartando la idea de probar aquella bebida y dispuesta a darle un poco de su propia medicina Le lleve a los reservados donde estaba la cuadrilla. Las dos chicas estaban un poco separadas y allá nos dirigimos.

    -¿que? ¿Vaya noche de bailoteo os estáis pegando no? -nos preguntó Sara, la novia de Luis

    -Pues si -conteste- estoy rendida. Me he pedido una bebida que me ha recomendado el barman.

    -¡pero si es blanca! -dijo Sonia

    -Si es leche de pantera -apunte- leche y ginebra esta buenísima

    -Déjamela probar -comento Sara le di el vaso, e inconsciente, lo acerco a sus labios y bebió un largo sorbo… Andrés estaba descompuesto. Lo mejor estaba por venir, porque dispuesta a cobrarme mi victoria y venganza, se lo ofrecí de inmediato a su novia, que no lo rechazo, pegando también un sorbo… Por el tamaño de la entrepierna de Andrés, que estaba sentado enfrente de mí, comprendí que tenía una erección descomunal, que pretendía disimular, y su cara de hecho lo decía todo. Sin embargo, paradójicamente no parecía disfrutar del todo del numerito.

    Ahora el vaso había vuelto a mis manos y pese a mis anteriores reticencias quería poner una buena guinda a nuestros jueguecitos y conseguir que Andrés, al igual que ocurriera en el episodio de la ducha, fuera el peor parado. Las dos chicas habían vuelto a su conversación y no nos prestaban atención. Me senté justo en frente de Andrés, a escasos dos metros.

    Con un movimiento lento de mis piernas, que capto su atención, fui separando lentamente mis muslos, de modo que la falda iba poco a poco avanzando y abriéndose, deslizándose vaporosamente a lo largo… por fin deje descubierto todo mi sexo, contemplado a placer por Andrés, el cual parecía revolverse en su asiento; lo siguiente fue una conducta increíble porque a la vez que mantenía esta indiscreta postura, levante el vaso, lo acerque a mis labios y comencé a beber… Pero no bebía de una manera normal… la excitación me provocaba hacerlo con furia… casi con todo el cuerpo… a tragos enormes que me llenaban la garganta.

    Mi cuerpo todo parecía líquido y esa bebida blanca con el esperma de Andrés simulaba recorrerme dulcemente todas las entrañas… Apurado el vaso, a duras penas intente tranquilizarme, Andrés, sentado justo en frente de mi me miraba con una cara que demostraba un deseo absoluto. Cruce las piernas en un intento de calmar la situación… pero el sexo me ardía de pasión con un contraste de calor húmedo.

    Mientras tanto sosteníamos nuestras miradas, en silencio… aunque de vez en cuando intuía que él se masajeaba el pene, evidentemente erecto a primera vista, a través del bolsillo de sus pantalones.

    Una voz me saco del túnel en el que estaba inmersa, era Luis, hablándome:

    -Oye ¡Carlos esta hecho un horror. ¿Por qué no le das un paseíllo a ver si se despeja?

    -Ella sola no va a poder con el -respondió en mi lugar Andrés- Venga te acompaño. Cogimos entre los dos a Carlos que prácticamente no podía sostenerse en pie y pidiendo a nuestros amigos que nos esperaran allí, nos dirigimos hacia la salida.

    Al salir de la discoteca, que estaba situada en las afueras de la ciudad, te encontrabas con un aparcamiento grande, el cual terminaba en un pequeño murete que nos llegaba a la cintura y que daba a una playa y el mar. Trasladamos a Carlos hasta dicho murete, a la altura de donde teníamos nuestros coches aparcados, con el fin de que se repusiera gracias a la brisa que provenía del océano.

    Sin embargo era tan malo su estado que solo acertó a tumbarse todo a lo largo de dicho murete, lo cual tampoco presentaba riesgo alguno, dado que de caerse, lo haría en la arena que tan solo estaba a escaso metro y medio de altura.

    Cayo dormido entre vapores etílicos prácticamente al instante y pese a mis intentos de despertarle y animarle, no conseguí gran cosa. Era la oportunidad para poner las cosas en su sitio, así que me encare con Andrés:

    -Andrés, devuélveme mi ropa interior, ya es hora de que las cosas vuelvan a su cauce y acabar con esta locura.

    -¿qué locura? -me replico- de cualquier modo había supuesto que me podría quedar con tus bragas como recompensa

    -¿cómo recompensa de qué? -respondí malhumorada- a ti algo te funciona mal en la cabeza… venga devuélvemelas!!

    -Si las quieres quítamelas -respondió de forma altanera- me voy a sentar en mi coche… estoy harto de estar de pie. Se fue hacia su coche, que estaba aparcado en batería, con la luna trasera mirando hacia Carlos, a muy poca distancia del murete.

    Yo no podía creérmelo; estaba claro que había disfrutado con los juegos y de hecho todavía no había logrado calmar la excitación previa, pero ya estaba bien. Carlos no tenía precisamente pinta de ir a recuperarse rápidamente, sumergido en su profundo sueño artificial, así que me gire hacia el coche de Andrés y avance dispuesta a acabar con el asunto. Al acercarme observe que Andrés estaba sentado en el asiento del copiloto, de modo que me acerque a su puerta y golpee en la ventana.

    Andrés estaba lateral, girado hacia el lado contrario, dando la cara al volante y pese a mis golpes no contestaba. Decidida, tire de la manilla de la puerta, la abrí de par en par y avance para tocarle en el hombro (pensé que igual también se había dormido) a partir de aquí todo fue demasiado confuso…

    Recuerdo que al tocar su hombro Andrés se giró y sentó; de manera inmediata, observe que la bragueta de su pantalón estaba abierta, el cinturón y el pantalón desabrochado y a través de ese espacio, de manera colosal, sobresalía su pene, en absoluta erección, el más enorme que jamás había visto en vivo. La vista de aquello, que anteriormente solamente había acertado a sospechar, me dejo absolutamente petrificada y sin respuesta, absorta en su contemplación, la boca abierta como al admirar un monumento en lo alto.

    Al momento Andrés aprovecho hábilmente para agarrarme por los hombros y empujarme al interior, cerrando a su vez de un golpe la puerta, quedando Yo colocada sentada lateral sobre él, como una amazona clásica en su montura.

    En vano intente zafarme:

    -Andrés NO… ¡No joder!… Carlos esta ahí fuera, le veo a través de la ventana ¡Andrés se mantenía callado y se aplicaba en agarrarme firmemente pero con dulzura con un brazo, de la cintura, para impedir que me escapara, mientras que con la mano libre me masajeaba los pechos por encima de la blusa llegando incluso a introducir su mano debajo de mi falda, hacia mi sexo, totalmente descubierto sin ropa interior, separando mis piernas, palpando mis calenturas, apretando su cara contra mi cuerpo.

    Debo decir en mi descargo que aquella era una prueba demasiado fuerte para mi voluntad, sobre todo debido a toda la noche de excitación continua que acumulaba, al alcohol, al abandono sexual al que me tenía sometida mi marido y sobre todo porque durante el fingido y protocolario forcejeo, mis glúteos y sexo desnudos estaban sentados sobre aquel magnifico pene, rozándole y apretándole con cada movimiento, tocando zonas que exigían una inminente satisfacción.

    Vencidas mis pobres disculpas, sometida a la pasión y a la necesidad de sexo, gire un poco el cuerpo, pase mi pierna derecha por encima de Andrés, sentándome sobre él y agarrándole la cabeza con ambas manos le bese como si la vida me fuera en ello, como si aquel beso debiera reanimarme a la vida y su lengua fuera el hilo de Ariadna que me condujera a la luz.

    A su vez Andrés me sostenía con una mano de la parte inferior de los glúteos mientras que con la otra se afanaba, de manera brillante, primero en desabrocharme el sujetador, luego en desabotonarme la blusa y por fin, con esta abierta, en colocar el sostén por encima de mis grandes pechos, que liberados de su anclaje se colocaron en su posición natural, con los pezones erectos y desafiantes, prácticamente dolorosos y sensibles a cada roce con la camiseta de Andrés; por fin, como recibiendo un mensaje de auxilio telepático, separo su boca de la mía y comenzó a besarme los senos, avanzando hacia las areolas y finalmente introduciendo en su boca cada pezón, que succionado y masajeado por la lengua, enviaba a mi cerebro evidentes señales de placer y alivio.

    Era el momento, ya no había posibilidad de marcha atrás, ni por su parte ni por la mía… Su pene ahora atrapado por azar bajo mi muslo izquierdo, palpitaba rítmicamente, pero en el anterior forcejeo sexual, había estado continuamente en contacto con mis labios, rozando mi clítoris y en ciertos momentos pensé que me iba a correr sin ni siquiera mediar penetración, lo cual sería un desperdicio y ahora una necesidad irrevocable… apoye mis rodillas en el asiento, subí mi minifalda enganchándola en la cintura, alce la cadera, la cabeza ahora presionada por el techo del auto y dirigiendo una mano hacia nuestras entrepiernas agarre su pene, sorprendiéndome de su tacto y dureza, pero sobre todo de su peso, y lo libere de debajo de mi muslo…

    Al momento Andrés se quedó tenso, me miro a la cara con ojos de inmenso deseo, consciente de lo que iba a ocurrir a continuación…

    -Espera -dijo con voz temblorosa, como recordando un deber- un momento

    -¿Qué ocurre?

    -Tengo un preservativo en el bolsillo, ayúdame a colocármelo. Yo no podía atender esa suplica, sentía una imperiosa necesidad de ser penetrada por ese magnífico instrumento que firmemente sujetaba mi mano.

    Haciendo oídos sordos, me incorpore un poco más sobre mis rodillas, de nuevo atrapada contra el techo, coloque su pene vertical, enfilado hacia la entrada de mi vagina, su enorme glande lubricado por sus líquidos y los míos, apoyado en mis labios al rojo vivo…

    -No -volvió a decirme- déjame que me coloque el preservativo, ¡es un segundo! No podía razonar; mientras desatendía sus suplicas, sin perder su posición, masajeaba el pene, arriba y abajo, con la mano que lo sujetaba, admirándome de su porte…

    -No puedo esperar, necesito sentirte dentro… tranquilo -dije con un atisbo de cordura- no estoy en días de posibilidad de accidentes

    -Ya pero…

    -¡Calla! -y le tape la boca con mi mano libre. Y así poco a poco y extrañamente casi sin ejercer presión, pero dilatándome al máximo, fui durante eternos segundos introduciéndome el glande, estrecho en el extremo, ancho en su base. Tuve que detenerme un momento para conseguir una mayor lubricación y después con nuevo estimulo comenzar a descender lentamente a lo largo del tallo, sintiendo su anatomía, su grosor, sus venas, sus pulsaciones… hasta que, llegado al final, cegada por el deseo descargue todo el peso de mi cuerpo en el miembro… lo note curvarse y ensancharse, mis paredes dilatadas al máximo, entre una sensación dolorosa e increíblemente placentera.

    Nunca había follado igual, me perdonaran la expresión, pero hasta entonces solo había hecho el amor. A duras penas controle el ritmo de penetración… la excitación del momento me exigía desbocarme, pero el enorme tallo del pene exigía prudencia, de modo que tranquilizándome como pude, comencé a bombear muy lentito, todo a lo largo del pene, casi saliendo por completo, saboreando cada ida y venida, tensa en la bajada y liberada en la subida… todo mi cuerpo reaccionaba al unísono: mi cabello, los poros de mi piel, mi garganta que no podía evitar lanzar gritos de pasión, una dulce pulsación en las sienes, en las piernas y sobre todo el inmenso placer, lento muy lento, centrado en mi vagina y mi clítoris, que en esa postura estaba siendo muy estimulado.

    Mientras todas estas sensaciones me invadían, no pude dejar de percatarme de que algo había cambiado en la conducta de Andrés. Efectivamente lo notaba interesado en mostrarse distante, en ocasiones intentando evadirse de sus propios estímulos… No quise pensar que fuera sentimiento de culpa, sino más bien una necesidad de controlar su impulso para no derramarse desafortunadamente, en mi interior, con demasiada prontitud, pese a que me constaba que apenas hacia una hora lo había hecho en un vaso, ayudado por mi ropa interior.

    No puedo precisar el tiempo que paso, aunque no puedo decir que me pillara desprevenida… porque comencé a sentir unas lentas pulsaciones lejanas, que al igual que unos tambores tribales, parecían prevenir la llegada de algún acontecimiento. Andrés mientras tanto me agarraba de los glúteos y en cada bajada imprimía un delicioso movimiento de rotación, pero continuaba pareciendo más interesado en mi placer que en el suyo propio… y así fue como poco a poco, lento y sin paliativos comencé a sospechar que me estaba corriendo; mi boca se llenó de saliva que parecía desbordar y una vez tragada formaba un manantial que acababa en mi sexo, estableciendo una corriente que semejaba acabar en una cascada y al fin lento muy lento, coincidiendo en una última bajada de la que ya no quise subir y en la que Andrés aprovecho para intensificar los movimientos rotatorios y yo para apoyar todo mi cuerpo sobre su pene, tuve el mayor orgasmo de mi presente y pasadas vidas…

    El placer llego poco a poco primero, durante unos largos segundos maravillosos, con los ojos cerrados pero la boca abierta, masticando el aire, pugnando por oxigenar mi cerebro que luchaba por no desvanecerse, para después desbocarse en una especie de explosión y vértigo, semejante a una estampida, igual de animal, durante la cual mi boca se cerró en un gran grito de placer liberado a la noche y mis ojos se abrieron de par en par…

    ¡NOOO!

    Los ojos abiertos… la luna trasera del coche… La vista del murete de la playa a un par de metros… y allí sentado, fumando y siendo testigo de todo… Carlos… Verle allí, sentado y mirando, con esa expresión extraña por poco me hiela el alma.

    De un salto me libere de Andrés y atropelladamente me recoloque el sostén, me ate la blusa y arregle de cualquier modo la falda y, abriendo la puerta, salí del coche espantada. Con las manos tapándome el rostro, prácticamente llorando, me dirigí hacia Carlos.

    Las palabras no me salían, de hecho que se podía decir; tan solo tenía fuerzas para balbucear frases inconclusas y sin sentido y dar vueltas nerviosas alrededor de él.

    Este, sin embargo, se mostraba extrañamente tranquilo y no cesaba de pedirme que me calmara y tranquilizara. Su voz suave y firme no era propia de una persona que estuviera borracha, como tampoco lo era ahora su porte.

    Algo que sostenía en la mano izquierda capto mi atención; parecía una tela o un pañuelo que mantenía pegado a su pierna, cuando, en uno de mis movimientos, lo reconocí: ¡era mi ropa interior! La misma que yo suponía en poder de Andrés.

    La cabeza me daba vueltas, no pude reprimirme y pregunte a Carlos:

    -Carlos, ¿eso que tienes en la mano es mi ropa interior?

    -Si cariño, tranquilizate -me respondio suavemente

    -Pero por favor ¿Qué haces tú con ella? ¿cuando…?

    -Tranquila por favor -dijo- la tengo en la mano para que pudieras empezar a comprender

    -¿a comprender qué? ¿qué es toda esta locura?

    -A comprender que no has hecho nada malo, ni hay nada que debas explicarme, ni nada que deba disculparte.

    -Pero como dices eso… si has presenciado…

    -Escucha -respondió fuertemente… y tras una pausa eterna- todo esto lo he preparado yo

    -¿que? -dije prácticamente temblando- pero que estás diciendo

    -Que esta es la forma de pedirte que me disculpes por todos los meses de abandono a los que te he sometido.

    He sido un egoísta y solo he pensado en mi carrera y no en ti. Nuestra vida sexual, no me lo niegues, no es si la sombra de lo que era, ni en calidad ni en cantidad. Sé que puede resultar maquiavélico, pero decidí que lo que necesitabas no eran dos días de descanso y dos revolcones conmigo, sino más bien una aventura excitante que pudiera resarcirte de todo y obligarme a mí a recapacitar y cambiar.

    -Pero como se te ocurre… -estaba mareada y confusa- cuando dices que tú lo has preparado… a que te refieres a todo… desde…

    -Todo -me corto rápidamente Carlos- Primero convencí a Andrés, que fue lo que más me costó. Su participación era fundamental. Sé que siempre ha tenido encanto con las mujeres, algunos se cuenta que ocultos.

    -¡Pero como se te ocurre involucrar a un amigo en esto!

    -Yo sé lo que me hago -contesto- Andrés es una persona reservada cuando es necesario y sé que guardara el secreto. Por otro lado yo plantee dos condiciones para evitar problemas.

    Una que en ningún momento de la noche la relación entre tú y el tuviera una carga emotiva y dos que si al final os acababais acostando él no tenía porqué correrse y sobre todo no debía, bajo ningún concepto, eyacular dentro de ti. Esta última es solo una cuestión personal; yo le dije que si se veía que no iba a poder evitar correrse, entonces utilizara un preservativo.

    -Pero…

    -Calla -me corto al momento- el que se haya cumplido o como se haya respetado mi segunda condición quiero que sea solo cosa vuestra, que quede entre vosotros. Yo confió, como exigí, que su esperma no haya entrado en contacto contigo.

    Ahora me explicaba la insistencia de Andrés para colocarse el preservativo e incluso su abandono durante el acto. Al no acceder a colocarle el condón había cerrado sus posibilidades de disfrutar del encuentro.

    -Tú estás loco -dije fuera de mi- confías en que su esperma no me tocara…. acaso no recuerdas que lo llevo en mi estomago

    -Ese no era su semen… era el mío

    -¿que?

    -Si lo era y lo es. De hecho tu mal genio ha puesto en un aprieto a Andrés, que además de obligarse a participar, ha debido contemplar como su mujer se tragaba parte de mi esperma. Eso evidentemente no formaba parte del plan.

    -Esto es increíble!!!

    -Increíble o no es lo que es -dijo seguro de sí mismo- y todo esto lo he hecho porque te amo y porque te lo mereces. Sé que has disfrutado y yo no voy a pedirte nada a cambio, ni jamás volveré a hablar del asunto. Así que por mi parte hare como si te hubiera llevado un día a una feria, en la que hubieras pasado momentos maravillosos y ahora te recojo para llevarte a casa. Te quiero y sé que me quieres. El resto no merece más pensamientos.

    Dicho esto me abrazo y efectivamente desde ese abrazo no volvimos a sacar el tema y de hecho él ahora es mi marido y el padre de mis hijos. Decidí pensar que era una Eva, la cual pese a haber probado la manzana de la tentación, no sufrió la expulsión del paraíso.

    Debo remarcar que Andrés ha ganado muchos enteros para mí.

    El hecho de que jamás hiciera mención del asunto, ni de palabra ni de obra, le convierte en un caballero. No obstante no pude obviar que sus reiteradas proposiciones de hacer uso del condón, revelaban que él esperaba también sacar provecho del encuentro, a consta de agarrase a la opción que le ofreció mi marido. Sin embargo su comportamiento posterior durante nuestro escarceo, también me convenció de que parecía dispuesto a respetar la premisa mayor de no eyacular dentro de mí, aunque eso jamás lo sabremos, porque al abrir los ojos y descubrir a Carlos mirando, el acto se interrumpió urgentemente.

    Por mi parte tenía claro, que inconsciente de la trama, tras haber conseguido mi orgasmo hubiera trabajado para que el tuviera el suyo…. era entonces cuando Andrés hubiera tenido que demostrar su entereza… Lo que nunca supo mi marido es que, por mi cuenta, decidí resolver estas dudas y meses después, ya en nuestra ciudad, fui un día a buscar a Andrés a la salida del trabajo y le invite a tomar una copa en un Pub. Fue allí en ese momento cuando dispuesta a resolver mis dudas, le pregunte si se hubiera acabado corriendo dentro de mí.

    Su respuesta fue sincera: “creo que si” y la mía fue: “hazlo, acabemos con esto”. Efectivamente, en los baños de ese mismo pub el me entrego su esperma y a la vez se puso punto final, para siempre, al asunto.

    Mi marido debiera haberse imaginado que no podría manipularme y salirse con la suya.

    Bien sabe que no soporto perder ni a las cartas

  • Gemidos en la ducha

    Gemidos en la ducha

    “Bueno, creo que mejor me voy a bañar”

    Son tus palabras al retirarte lentamente de mis caricias y mis labios, aquellos que hace un instante te hicieron respirar profundamente. Mis manos que recorrían tu piel semi desnuda y erizaba tu piel al morder los labios de tu boca. Sin más que hacer te dejo ir a la ducha pero, ¿Cómo quedarme así después que me haz encendido totalmente?

    Pienso eso dando vueltas de un lado a otro, desesperado por querer ir sobre ti y me armo de valor para seguirte hasta la ducha. Abro la puerta y sigilosamente me paro frente al cancel transparente de nuestro baño. Te observo de espaldas mientras el agua recorre tu cuerpo desde tu pelo hasta tus pies. Noto cada gota de la misma ir resbalando poro a poco por cada poro de ti. Es algo excitante observarte a detalle, mirar cada curva de tu cuerpo, detenerme en ciertas zonas y morderme los labios por mirar tan esplendida visualización.

    Tus manos comienzan a enjabonar con delicadeza tu cuerpo, el escalofrío comienza a invadir mi piel, mirando a detalle cada movimiento sin siquiera parpadear en lo absoluto. Bajo mi short comienza a sentirse aquella sensación que provoca el observarte. Es inevitable para mí no sentirlo, puesto que te deseo como no tienes una idea alguna.

    Continuas enjabonando tu cuerpo, el agua sigue cayendo sobre ti y mis ojos no dejan de observarte, la excitación me invade y se hace muy notorio ya. Inesperadamente giras y me observas, te quedas inmóvil al mirarme al otro lado del cristal. Sigo mudo sin decir una sola palabra mientras notas como mis ojos te recorren a detalle de arriba abajo. Puedo sentir como mi excitación incremente totalmente haciendo que tus ojos lo puedan notar sin problema alguno, puesto que miro tus ojos y noto tu mirada fija sobre mi short.

    Tus manos comienzan a moverse nuevamente sobre tu cuerpo, esta vez enjabonando tus atributos de mujer, aquellos que me vuelven loco cada vez que los miro al desnudo. Te pegas al cristal y tus pechos se miran de forma increíble frente a mis ojos. Mi mano inicia un juego sobre mi short, empezando a masajear mi erección provocada por ti, haciendo que me estremezca al sentir esa deliciosa sensación recorrer mi cuerpo. Tu mano se desliza sobre tu cuerpo y va en dirección al medio de tus piernas, la mía no se queda atrás, tomo de mi short y lo deslizo sobre mi piernas para dejarlo caer y dejarte observes lo que has provocado en mí.

    Tu mirada se sorprende al mirar lo que tengo para ti, puesto que ya le conoces tal cual es. Mi mano lo toma y comienza a estimularlo para ti, y tú, no te quedas atrás y empiezas al mismo ritmo que yo entre tus piernas. La sensación de lo inexplicable se incrementa y pequeños jadeos por parte de ambos comienzan a escucharse bajo el ruido del agua cayendo al piso.

    Me dispongo a entrar a la ducha, frente a frente mirándonos con ojos de deseo, recurro de forma inmediata a tu boca, la devoro como si fuese la última vez. Mis manos actúan sobre tu piel de la misma forma que las tuyas, mi espalda es invadida por tus uñas que resbalan de igual manera como mis dedos bajando hasta tu cadera para poder acercarte lo más posible a mí y podamos sentirnos tan juntos. El tenernos tan cerca, tu boca sobre la mía y sobre todo, mi miembro sobre tu sexo, es una de las sensaciones más deliciosas del mundo. Mi cadera se balancea de forma suave, te hago sentir mi masculinidad recorriendo toda tu intimidad al mismo tiempo en el que mi lengua invade tu boca y mis manos no dejan retrocedas. Nuestra respiración se agita de forma incontrolable y las ganas de invadir tu sexo me desesperan. Empujo tu cuerpo sobre la pared, tu espalda apegada a ella mientras tus manos rodean mi cuello, mi mano eleva tu pierna dejándome ese pequeño espacio libre para poder adentrarme en ti. Me acomodo para ti y mi miembro presiona insistentemente, dilatando tu sexo mientras nuestras miradas se hacen fijas queriendo besarnos pero sin poder hacerlo mientras disfrutamos ese justo momento donde comienzo a invadirte muy lentamente. Mi boca ahoga tus gemidos mientras mi cadera avanza muy suavemente, me detengo y retrocedo de la misma forma, queriendo que me sientas en cada centímetro dentro de ti. Tus dedos de una de tus manos se enredan en mi pelo y me lleva a tu boca, a besarme de forma apasionada mientras mi cadera comienza a moverse de forma más rápida para ti. Mi miembro avanza dentro de ti de forma exquisita, tu humedad hace que logre llenarte por completo con todas mis ganas de esta ocasión. Tus manos bajan sobre mi espalda en busca de mis nalgas, haciendo que apenas y retroceda de ti, me llevas profundamente a invadir tu sexo de una manera descontrolable.

    Retrocedo de forma inmediata y de manera rápida te volteo de espaldas rápidamente, elevo tus manos sobre la pared y obligo a separar tus piernas para mí. Mis manos separan tus nalgas y sin hacerte esperar más, mi miembro de nueva cuenta invade tu interior de manera profunda. Tus gemidos se escuchan en cada golpe de mi cadera contra tus nalgas. El sonido de eso eleva mi excitación por arriba de los mismos cielos y el deseo se vuelve indescriptible. Mis manos recorren cada parte de tu frente, desde tu cadera hasta tus pechos de los cuales me apoyo para hundirme con fuerza en ti. Mi boca se aferra a tu espalda besándola y mordiéndola a la misma vez. Mis gemidos se unen a los tuyos cuando comienzo a escucharte que no puedes más, que no me detenga, que quieres sentirme estallar dentro de ti.

    Esas palabras simplemente me hacen moverme casi desesperadamente, dándote lo que pides y lo que quiero. El momento se hace exquisito cuando mis dedos van en busca de tu intimidad, de tu sexo. Hábilmente logro estimular tu clítoris con mis dedos humedecidos de ti, tus gemidos se hacen fuertes y excitantes uniéndose a los que me provocas. El choque de ambos cuerpos no cesa y continúa su juego hasta no poder más. El grito de placer de ambos se hace presente, ese justo momento donde ambos estallamos de placer, donde puedo sentir como me atrapas dentro de ti y tú puedes sentir como exploto y te lleno de mí.

    Descansando sobre tu espalda mientras calmamos nuestro aliento, retrocedo muy lentamente de tu interior. Dejo sientas como mis fluidos se deslizan entre tus piernas, disfrutes ese momento tanto como yo. Te volteo frente a mí, busco tu boca y te beso dulcemente. Te miro fijamente y mis palabras simplemente son “Me encantas, termina de ducharte que te espero en la cama para dormir”…

  • Nuestra amiga argentina y sus locuras con Matías

    Nuestra amiga argentina y sus locuras con Matías

    Paula, ayer me volvía loca para que fuera de nuevo a su casa, yo no sabía qué hacer, porque por más que me haya gustado lo que hicimos, lo que me hizo sentir, no quería que se confunda, yo no soy lesbiana como ella, lo mío es solo sexo con mujeres.

    Así estuvimos hasta que me manda un whatsapp Matías (el amorcito de mi vida), para ver si estaba ocupada, le digo que no, me dice de pasarme a buscar y le digo que sí, que me espere en la avenida (que está a tres cuadras de casa). Yo sé que cuando me llama es solo para verme y coger, es así nuestra relación, y a mí me gusta, me dejo hacer todo por él, es tan lindo que me puede y nuestra manera nos queremos mucho.

    La cosa es que quería darle una sorpresa, me pongo unas botas largas, y un tapado bastante largo, bien cerrado arriba, con un pañuelo, pero abajo jeje NADA, pero nada en serio, totalmente desnuda (obvio que me llevaba en la cartera ropa para ponerme después, si después de coger, porque seguro que íbamos hacer eso).

    Caminar esas dos cuadras en las que me cague de frío, pero por otro lado me gusto, me gusta saber que yo estaba desnuda, sentía sobre mi piel solo el forro del tapado, me cruce con algunas personas (vivo en un barrio muy tranquilo) y me calentaba de solo pensar que estaba desnuda y ellos no se lo imaginaban.

    La cosa, es que lo veo, me subo al auto, y como hacemos siempre, nos partimos la boca, nos matamos besándonos, me empieza a poner la mano en la pierna y ahí su primera sorpresa “Caro, no tenes medias, ¿no tenés frio?”, lo miro y le digo, “lo que hice te va a gustar”, me pregunta “¿qué hiciste?” y solo le digo fíjate y lo sigo besando, mucho él no entendía, hasta que empieza a subir sus manos sobre mi pierna y se da cuenta que estaba desnuda ¡SOS UNA HDP, NO ME HAGAS ESTO!, me desabrocho solo los últimos botones del tapado, pero sentir como por debajo del tapado sus manos empezaban a acariciar todas mis piernas hasta llegar a mi conchita, mi panza, me puso re loca, estábamos en la calle a plena luz del día, eran las cinco de la tarde, yo desnuda cubierta solo por el tapado y él me estaba metiendo la mano en la conchita, y la gente pasaba, que calentura me agarre, como me excitó eso, y obvio a él también.

    Estuvimos así un rato, si fuera por el me cogía ahí, le digo “Mati ya está, vamos a otro lado”, fuimos al telo más cerca que había, llegamos a la habitación, me saca de una el tapado y obvio quedo totalmente desnuda. A mí me excita mucho, me calienta mucho estar yo primero desnuda, porque me siento indefensa , así estando sin ropa, entregada, sin poder decir que no a nada, y eso por si solo me calienta mucho, nos seguimos besando, le empiezo a desabrochar el pantalón, le toco sobre el bóxer esa hermosa pija que tiene que ya la tenía muy parada, se la franeleo bien, hasta que meto la mano dentro del bóxer, se la saco, y de a poquito la empiezo a acariciar, no se la chupe, solo la acariciaba y eso lo calienta mucho, me arrodillo, y le doy unos besitos, a esta altura ya se había sacado el pantalón y el bóxer.

    Y empiezo hacer las cosas que a él y obvio a mi novio le encantan, solo le paso la lengua por la puntita, y así me paso un rato jugando con mi lengua y la punta de su pija, mientras le acaricio esos hermosos huevitos que tiene, hasta que de a poco me pongo la puntita en la boca, la succiono con mis labios y se la empiezo a chupar, primero de a poco hasta que desenfrenadamente después me la meto toda en la boca y me la como entera, así un rato hasta que no daba más, y empezamos a coger como gatos en celo jaja.

    Y el resto, nada, no les voy a contar lo que hacen todos ustedes cuando cogen, pero cuando cogen bien como yo con él, fueron dos horas cogiendo, acabe varias veces, a él lo hice acabar tres veces, la última fue cuando le di la colita, porque sé que cuando se la doy y no le digo que se ponga un forro acaba seguro (lo hago solo con él y con mi novio eso).

    Bueno esa es la historia, corta, pero lo quería contar, jeje,

  • Desvirgando a Johana, la costeñita

    Desvirgando a Johana, la costeñita

    Este relato ocurre en mi época de soltero, recién había rentado mi primer departamento en la ciudad de México para mi solo, mi carácter ermitaño y mi trabajo me requerían y permitía darme esa privacidad y no tener que lidiar o vivir con mas gente, ya que me agrada tener mis cosas a mi gusto, limpio, ordenado y con un toque relajante de paz y armonía en medio de esa gran ciudad.

    Cosa que les atraía mucho a las chicas con las que tuve oportunidad de compartir mi privacidad el tener un departamento limpio, confortable y privado para nuestras sesiones de sexo. En el podía hacer y deshacer en el, podía andar desnudo por todos los cuartos si así quería, traer a alguna amiguita y cogérmela donde quisiera y como quisiera o ver una película porno con una chela (cerveza) al lado. Mientras no tuviera una relación muchas locuras que se nos ocurren como jóvenes y nos sentimos amos del mundo. Como siempre mis tardes-noches de cacería por la red de redes en lo que en su momento eran las redes sociales, desde BBS, Chats, MSN, ICQ, etc. etc., me permitió conocer a mucha gente, con la cual algunas de esas personas tengo muy gratos recuerdos y vivencias.

    Recién había conseguido una cama nueva con colchón ortopédico y que para mi solo era más que suficiente pero en espera de poderle dar un buen uso, de igual forma me hice de un refrigerador chico ya que vivía solo, y por el trabajo casi no estaba en casa, así que no cocinaba, solo en contadas ocasiones los fines de semana que tuviera algún antojo especial, mi idea principal era llenarlo de cervezas y cuando organizara fiestas en el departamento, en fin, estaba feliz con mi situación actual, tenía dinero, libertad, salud y trabajo. Lo principal en esa época era vivir la vida, comértela completa y como dijo el sabio, si la vida te da limones haces lio-monada, si la vida te da la espalda, entonces agárrale las nalgas, en pocas palabras estaba joven y disfrutando la vida.

    Así que nunca faltaban las amiguitas, reuniones en mi departamento y yo en busca de chicas dispuestas a pasar por la piedra de los sacrificios (mi nueva cama), y en esta ocasión les contare lo que ocurrió con una chica que conocí por medio de algún foro o chat, la protagonista de esta historia fue una chica que ya tenía sus años (25 si no mal recuerdo) y seguía virgen.

    Bueno para no hacer largo y cansado el relato, esta vez tuve la oportunidad de conocer a una chica de una ciudad petrolera del Norte de Veracruz, México, hicimos buena química, me contó que trabajaba para una empresa de gobierno del sector petrolero (ya saben cuál, que por cierto años antes tuve otra aventura con otra chica de la misma empresa pero del sur del estado, **esa será otra historia**), aparte ella tenía un negocio por su cuenta, el cual abastecía regularmente en la ciudad de México de las materias primas que ella vendía en su local me parece que de papelería, por lo que ella al menos una vez al mes venía a la ciudad de México a surtirse para su negocio o por cuestiones de la empresa. Y siempre se hospedaba cerca del zócalo de la gran ciudad en un modesto hotel.

    Obviamente no me iba a ver descortés con aquella chica y no ofrecerle mi hospitalidad y alojamiento des-interesadamente verdaddd… Además tenía una cama nueva que estrenar, tenía todo en cuanto a privacidad, un ambiente confortable, cálido, discreto, en fin, que más podía brindarle, bueno lo que ella pidiera.

    Nos fuimos conociendo más y más, y entre la plática me confeso que no tenía novio, y que a su edad era virgen (Bingo, vaya que sorpresa, precisamente la chica ideal para mi nueva cama, sé que suena mamón y misógino, pero como jovenzuelo puñetero piensas que es lo máximo que puede pasar en tu vida).

    El tema de su virginidad me lo confeso como si le pesara, aunque no era muy grande de edad, hay mujeres que ya piensan que el tren de la vida las está dejando, y bueno ella tendría unos 26 años, no estaba vieja estaba en la plenitud de la vida, ella obviamente nunca había tenido ninguna experiencia sexual en su vida, pero su temperamento ardiente por ser de tierra caliente, le estaba quemando su interior, y yo sería ese combustible que alimentaba su fuego, durante varios días nos fuimos intimando más y platicábamos de supuestas situaciones si ella y yo nos viéramos en la ciudad de México, fantaseábamos con vivir candentes encuentros en lugares públicos como en el metro, que yo me la follaría en un vagón lleno de gente, y que sin que se dieran cuenta la iba a ensartar ahí mismo, que la iba a coger, acariciar y preñar ahí mismo, abiertamente hablábamos que yo le quitaría ese pequeño defecto que le preocupaba, que tenía la vacuna para su el mal que le aquejaba, llamada Virginidad.

    Ella ya estaba abierta a todas mis propuestas, no se inmutaba y le calentaba la situación que podríamos vivir el día que ella se decidiera, su respuesta en nuestras sesiones calientes siempre me decía que le gustaría hacer realidad todo lo platicado por el chat. A diario platicábamos y me decía que era su amor, tenía esos detalles de princesa agradecida con su caballero que llega a rescatarla, no me puedo quejar que ella fue detallista siempre y yo con ella.

    Una tarde me comento que de su trabajo la mandaría con cierta documentación a las oficinas centrales en la ciudad de México y que aprovecharía para realizar sus compras para su negocio, obviamente yo le reitere la invitación a quedarse en mi departamento y hacer realidad todas nuestras fantasías que habíamos creado en el transcurso de conocernos.

    Ella estaba indecisa, porque al ser hija de familia no le permitían tantas libertades y creo que ese era el motivo de su virginidad, siempre tenía que estar en contacto con su familia en cuanto se hospedara cuando venía a la ciudad de México por motivos de trabajo, en fin dar santo y seña de todo lo que hacía en la ciudad.

    Parecía que no podría justificar el no hospedarse en el hotel que siempre usaba y del cual sus padres ya conocían el teléfono y le marcarían al hotel buscándola.

    Ese inconveniente nos había hecho poner los pies en la tierra, ambos deseábamos el encuentro, yo más puesto que un calcetín le sugerí que nos podríamos conocer y tal vez si se pudiera realizar nuestras fantasías. Si ella no deseaba algo, al menos podríamos convivir y poderle servir de guía de turistas (aja) o para acompañarla a cenar o ir al cine o lo que se le ofreciera.

    Le volví a proponer que como yo trabajaba, ella podría quedarse en el departamento mientras yo cumplía mi jornada laboral, ella podría hacer base en mi departamento, que aparte estaba localizado en un lugar muy cerca del centro y con muchas líneas para moverse para cualquier lado en transporte público. Ella podía ir a realizar sus trámites del trabajo, las compras para su negocio, dejarlas en el departamento si así lo deseaba y salir, y ya nos veríamos en la tarde cuando yo regresara del trabajo para poder ir al cine o a cenar, etc.

    Me dijo que lo iba a pensar y me avisaba al otro día, por lo que se fue a dormir con esa tarea, nos despedimos emotiva mente, ya saben como enamorados, besitos y buenos deseos en nuestros sueños, en su camita yo creo que analizo muy bien la situación, le había dado confianza el que no la presionara y también porque veía la posibilidad de que yo le aplicara su vacuna.

    Al otro día me dio la buena noticia, aceptaba mi propuesta, y que ya había resuelto lo del hotel para que su familia no llamara, le dijo a su familia que se quedaría en casa de una amiga que tenía tiempo que no veía porque se había ido a vivir a la ciudad de México, y que tenían mucho que platicar, que le marcaran a casa de ella (que en realidad mi departamento), para que estuvieran tranquilos y les paso mi número telefónico del departamento.

    Ya teníamos todo cuadrado, hicimos planes de que es lo que quería que hiciéramos esos días que ella estaría conmigo, ya que al menos se iba a quedar como 5 días, casi una semana con ella en su tratamiento anti virginidad…

    Ya me imaginaba estar todas las noches follando con aquella chica costeña virgen, no cabíamos de alegría ambos, habíamos esperado con ansias la fecha de nuestro primer encuentro, eso era lo emocionante de ese tipo de citas, no sabes que va a suceder ni como es la persona del otro lado, si le ibas a agradar o si te iba a agradar, en fin el tiempo daría la razón a cada uno.

    Como no hay fecha que no se cumpla, llego el tan esperado día y yo iría a recibirla a la terminal de autobuses del norte aunque, solo nos habíamos descrito como vendría ella vestida, al igual yo describí mi vestimenta. De acuerdo con la hora de llegada programada, llegue a la terminal y me dispuse a esperar el autobús procedente de su ciudad de acuerdo con el itinerario programado. A los pocos minutos fue anunciada la llegada del autobús en el que viajaba y me dispuse a buscarla de acuerdo a las características que me había descrito.

    Cuando por la entrada de las llegadas, aparece una chica de muy bonito cuerpo, morena tipo mulata, vestía una falda casi tipo minifalda y que hacía notar sus muy bien torneadas piernas y pantorrillas, lucia muy bien esas piernas con zapatillas, se le paraban unas nalgas sabrosas. Corrió hacia mi arrastrando su maleta a darme un abrazo de película como si lleváramos mucho tiempo de conocernos, nos dimos un beso tierno de novios, y entre preguntas de como había hecho el viaje, si quería algo antes de marcharnos al departamento a dejar sus pertenencias, etc. ella solo me dijo que iría al sanitario y podríamos continuar, así lo hizo, lo primero que íbamos a hacer para ir calando lo que habíamos platicado, le dije que nos iríamos en el metro, ella solo sonrió y me dijo que si ya tan rápido íbamos a iniciar nuestras fantasías.

    Desgraciadamente ese día tal vez por el horario no había mucha gente que nos cubriera de nuestras travesuras, por lo que solo la pude tomar de la cintura, acariciar sus caderas al tomarla del talle, y llevarla como mi novia, con mi palo pegado a sus ricas nalgas, obviamente yo quería meter mano y tentar su pucha, que debería estar ardiendo. Solo me tuve que conformar con un faje rico en el metro, yo tenía que ir a trabajar ya que solo me había escapado unas horas para ir por ella pero mi jornada laboral aun no concluía había pedido permiso para llegar tarde.

    Llegamos al departamento, se lo mostré entre besos y caricias, pude meter mis manos bajo su vestido y recorrer esas piernas lejos de las miradas ajenas, ella solo disfrutaba y sonreía, sabía que ese viaje sería distinto a los anteriores que había hecho ella sola.

    Pude tomarla de sus nalgas y sentir que venía preparada con una prenda íntima en lencería encaje color negro (vaya vaya con la putita venia dispuesta a matar al oso) así que solo pude besar su pucha sobre su ropa interior y sentir su aroma a hembra deseosa, no teníamos mucho tiempo ya que ella como yo teníamos actividades pendientes ese día, así que solo le pude dar un beso muy húmedo a su conchita que estaba depilada y con poco vello púbico muy bien cuidado, con un corte simétrico, sabia delicioso ese néctar virgen, pero no podía ganarnos la calentura, tendríamos varias tardes y noches por delante para disfrutarlos.

    Ella tendría de ir a dejar los documentos a las oficinas centrales de su trabajo y después tendría que volver por ellos firmados o algo así, pero no precisamente el mismo día. Aparte aprovecharía para realizar sus compras de mercancía y ropa para ella en el centro. Aprovecho para avisar en su casa que ya había llegado a casa de su amiga y que saldría con su amiga que la acompañaría a ver todos sus pendientes y que llegaba hasta la noche, y que los supuestos padres de la amiga trabajaban y hasta la noche ya llegaban, por lo que nos les contestaría hasta en la noche que llegara la hora de descansar.

    Nos despedimos en la estación del metro que estaba a una calle del edificio donde estaba el departamento, con la promesa de que nos veríamos en la tarde para ir a cenar o al cine y hacer travesuras, ya que a eso había viajado por nuestro encuentro.

    La tarde entera nos transcurrió sin problemas atendimos los asuntos de trabajo de cas uno, y con las ganas de encontrarnos lo más pronto posible, solo manteniéndonos en contacto de cómo iba y si no había tenido problemas, en la tarde ya desocupados de nuestras actividades corrimos a nuestro encuentro, el cual habíamos establecido que nos veríamos cerca del departamento para alistarnos y salir a dar la vuelta.

    Estando los dos solos en el departamento nos besábamos como desesperados y yo recorría su cuerpo con mis manos expertas en caricias, lo cual la puso calentita al recibir su dosis de ardientes caricias sobre su ropa ligera que portaba esa tarde, lo que pude apreciar que al ser de una ciudad costeña su ropa era para ese clima, como minifaldas de tela ligera y suave. Y qué decir de su ropa interior la cual era bonita y de calidad, muy acorde al tipo de mujer que lo portaba, ella joven trabajadora y ardiente.

    Entre besos y caricias sabíamos que esa noche no iríamos a ningún lugar ya que nuestro destino era consumar esa primera noche que estábamos solos en la privacidad de mi departamento, nuestra primer noche sexual nos esperaba cada beso y caricia que nos prodigábamos daban cuenta la premura que teníamos por consumarla, pero a la vez debía tener paciencia digna de un monje tibetano para que esa noche valiera la pena y no espantar a la doncella.

    Ella me besaba de igual forma y pareciera que me quería devorar entero, ya que me quito la corbata y camisa para besar mi cuello y mi pecho, recorrió esa parte con sus labios anchos y grandes tipo mulata, me colmaba de besos y caricias ardientes, bajando por mis tetillas, con la lengua las recorría y a veces succionaba suavemente, y eso me ponía mas que cachondo y mi verga ya estaba ardiendo por penetrar la pucha de esa putita costeña, lista para dar una batalla más, Johana con sus manos le daba masaje mi verga sobre el pantalón, el cual magistralmente manipulo el cinturón y lo zafo para abrir mi pantalón liberando mi verga con la cabeza roja de placer, parecía un champiñón venenoso del cual escurría su sabia ponzoñosa, incitando a que la mi mulata le diera a probar esa rica concha que aún no había tenido la oportunidad de conocer al 100% pero sabía que era igual o más que ardiente y tampoco quería precipitar lo inevitable.

    Johana estaba irreconocible, no era la misma chica que había conocido en la terminal de autobuses en la mañana, estaba ardiendo de cachonda yo solo me dejaba querer por ella, a su vez le acariciaba sus bellas piernas, ahí tendido en el sofá de la sala, admirándola parada frente a mi con su vestido que parecía minifalda acorde para el tipo de ciudad de donde ella vivía, con la palma de mis manos recorría sus piernas morenas las cuales estaban muy bien formadas, podía sentir el borde de su ropa interior, su puchita se sentía ardiendo, estaba caliente y húmeda, ya no aguantaba más mi verga estaba a reventar, porque ella me la estaba acariciando con vehemencia agachada frente a mi, pude palmar ese par de glúteos que se sentían suaves, firmes y de tamaño acorde a ese par de piernas, su pucha estaba cuidadosamente arreglada, nos besábamos, con gran placer mientas ella con su mano me acariciaba el cabello y con la otra seguía jugando con mi falo suavemente, su caricia era suave y firme a la vez, muy bien para una chica que no había tenido aun su primer experiencia.

    En un momento dado, ella beso nuevamente mi pecho, tetillas y fue bajando para poderse llevar mi falo a su boca, estaba a punto de engullirlo y arroparlo con esos labios carnosos que previamente había probado mi boca, con la punta de su lengua la extendió para tocar la punta de mi glande que estaba mas que excitado e hinchado, con gotas de líquido de mis huevos escurriendo del ojito de verga, ella abrió su boca como si se tratara de un helado del más delicioso chocolate que ella hubiese probado antes, se lleva la lengua al interior de su boca con el sabor de aquellas gotas del líquido seminal, lo saborea y cuando está a punto de engullir mi trozo de carne, suena el teléfono de la casa el cual alcanzo extendiendo la mano y contesto mientras ella voltea a verme, con mi pene en su boca, succionando mi falo, esos labios carnosos color carmín, envolvían a mi verga, y en su rostro se notaba un bulto de mi grande en una de sus mejillas, como los chupaba con vehemencia y emitiendo ruidos típicos de una rica mamada de palo, los chasquidos de su boca, besos y gemidos leves que emitía ella, mientras yo apenas podía responder la llamada ella estaba dándome una gran mamada, acariciando mi pecho y mis huevos, hacían que mi voz se distorsionara por el placer que estaba sintiendo, atinando a decir solo “¿Bueno…?”, y del otro lado la voz de una mujer me responde “Buenas noches, ¿de casualidad estará mi hija Johana, la amiguita de Gabriela…?“ (Ooops es la suegra, se nos había olvidado que marcarían para saber de su hija querida…). Así que fingiendo ser alguien de la familia donde se estaba quedando Johana, emití un llamado diciendo “Gaby, le hablan a tu amiga su mamá…” jejeje “Un momento señora, parece que van llegando de la tienda…” la señora me agradece la atención hacia su hija, y que se la cuide mucho etc. etc. dentro de mi “Claro que yo le daré toda mi atención… jejeje.

    Le paso el teléfono a mi invitada y saca mi verga de su boca cerrando sus labios en la punta de mi falo caliente y le da una lamida y un beso, para contestar, y empieza a hablar con su madre, le da detalles de las cosas del trabajo, del viaje, y los pendientes que aun tendría que hacer en la ciudad, esto para estar mas tener más pretextos de quedarse conmigo, mientras con su otra mano no suelta mi falo para seguirlo chupando y acariciando, que rico se tragaba mi verga y lo envolvía en sus carnosos labios, mientras me miraba y atendía la llamada, hasta que se despidió de su madre con la promesa de que le llamaría las noches en que se quedaría en la ciudad.

    Después de esa llamada teníamos la noche entera para nosotros dos, ya no habría mas interrupciones, y podríamos por fin hacer realidad todo lo que habíamos platicado en línea. Esa noche l planeamos para no salir del departamento a algún lado ya que esa noche era para nosotros, así que ya era hora de cumplir nuestra promesa y perversiones que estaban guardadas para esa noche.

    Entre besos y caricias llegamos a la recamara principal, y continuamos el faje, ya la tenía semi-desnuda en la cama, entre besos y caricias recorrí la piel de su cuerpo semi desnudo, con la sorpresa de que su ropa interior era sexy y atractiva que encajaba con la suavidad y color de su piel, además de ser un conjunto de encaje de muy buen gusto, Johana sabía que esa ocasión tan especial para ambos debía ser sensual y agradable en todos los sentidos, porque olía delicioso su perfume y su ropa interior ni se diga. Ella se dejaba guiar por mis besos y caricias que le propine por todo el cuerpo mientras terminaba de desnudarle, me enfoque en sus tetas morenas con pezones obscuros puntiaguditos, erectos en señal de que estaba muy excitada, se los chupe, mame suavemente y ella solo gemía y exclamaba que así le gustaba, que estaba muy rico, que me amaba, que me deseaba… Sus gemidos con leves sobre saltos cada que mi boca recorría algunos de sus puntos sensibles de su cuerpo, tome la ruta de su pecho, estómago y pubis para poder llegar a su conchita, que como ya les había descrito, estaba muy bien arreglado, con ese vello púbico ensortijado pero con un bonito corte sobre el poco vello que tenía, poco a poco abrí sus labios morenos para poder beber de su fuente que emanaba sus líquidos deliciosos, besando su entre pierna, y ella me dejaba hacerle esas caricias, era la primera vez que tenía a un hombre entre sus piernas y proporcionándole ese tipo de caricias que su interior tanto tiempo llevaba reprimido, me estaba regalando ser el primer hombre en su vida, por lo que me sentía halagado de tan honorable misión, por lo que no podía defraudar su interés por mi verga.

    Ella solo gemía a cada beso que rozaba su clítoris, al pasar mi lengua por la entrada de su gruta, ella solo se sobre salto al sentir mi lengua húmeda en su gruta, arqueando su cuerpo, su piel se puso de gallina, exclamando un gemido suave que expresaba su sentir y consentimiento, batí mi lengua en su interior y ella solo me tomaba de la cabeza, para tratar de hundirme en su pucha ardiente, solo escuchaba sus gemidos y palabras de incitación, como “así, así, así, papi… papi… que ricooo!” con esa tono de voz costeño.

    Estuve dándole lengua y acariciando su bello cuerpo, sus torneadas piernas estaban en posición de V abiertas para mi por lo que podía acaricias y besar de vez en cuando, ella no quería que dejara de mamar su pucha, me empujaba insistentemente al interior de sus piernas. Era el momento ideal para clavarle mi falo en su virginal conchita costeña, y ella lo pedía a gritos silenciosos con sus gemidos, besos y caricias. Mi nueva cama tendría su bautizo de oro, con esa costeñita hermosa y virgen.

    Ella estaba transportada y convertida en mi putita, ya pedía que la penetrara, por lo que no había más tiempo que perder, son sus piernas abiertas de par en par, vi su pucha negrita brillante por lo empapado de nuestros fluidos de mi boca y su vagina. No sería necesario mayor lubricante, mi verga ya estaba escurriendo demasiado líquido seminal por los escarceos previos, llevábamos varios minutos en el departamento solos, y ya era momento de que ella recibiera su dotación de mi verga, por lo que hice una pausa, para quitarme la poca ropa que me quedaba en el cuerpo, y pase mi falo rojo y ardiente por sus labios, que estaban inundados de jugos, sus labios parecían quererse tragar mi verga como un planta carnívora aprisionando su presa, pero solo eran movimientos previos a la penetración, no iba a penetrarla así, solo quería excitarla al jugar con mi verga en su gruta, frotando su clítoris hinchado por la excitación, ella solo se retorcía y empujaba su pelvis hacia mi verga, ya quería que la penetrara, confieso que en varias ocasiones si metí la puntita de mi verga en su concha y ella solo abría más sus piernas y echaba su cabeza hacia atrás, esperando mi estocada, pero al final no le hundía mi verga, solo era un juego previo, se la sacaba y frotaba en repetidas ocasiones para que estuviera en su punto.

    Detuve mi juego y me dirigí al cajón donde tenía guardada la dotación de condones, no quería que esa nena virgen quedara preñada a la primera, y mas que tendríamos varios días para esa faena, posiblemente podría quedar preñada si no teníamos cuidado, así que mas vale condón en el pájaro que cambiar pañales, jejeje.

    Regrese donde estaba mi doncella como la había dejado, con las piernas abiertas de par en par, lista para recibir la verga que había deseado con ansias desde que bajo del autobús procedente de su ciudad de origen. Abrí el envoltorio del condón y lo coloque en mi verga dura y caliente. Entre la piel de látex y mi piel estaba la humedad de mi verga que previamente mi amante en turno había embadurnado de jugos de su pepa por todo el tronco de mi falo. Ella ayudo un poco a acomodarme el condón, motivada por la curiosidad de su primer falo que la penetraría. Así con las piernas abiertas en medio de mi cama, ella con su mirada ardiente me hizo saber que era el momento de penetrarla, acomode mi pene nuevamente en la entrada de su gruta, y sus labios se fueron abriendo al empuje de mi trozo caliente, mientras la penetraba suavemente, ella hacía gestos de place y dolor a la vez, le estaba doliendo su primera vez, por lo que la bese en sus labios, acaricie su cara, colme su cara, cuello y pecho de caricias y besos para que el dolor no le fuera traumatizante, así que solo escuchaba sus leves gemidos en mi oído y su exclamación cuando mi verga estaba ya dentro de ella, me besaba de igual forma, desesperadamente como tratando de agradecer que le había convertido en una mujer hecha y derecha en toda la extensión de la palabra.

    Empecé a realizar movimientos mas fuertes, mis embestidas se volvieron poco a poco en movimientos salvajes. Besaba sus senos morenos hermosos, era nuestra noche de placer, estábamos viviendo un tipo de luna de miel, ella por primera vez dormía fuera de su casa y un hombre la estaba volviendo en mujer. Para mi no era la primera mujer en mi vida, pero la experiencia de hacer realidad algunas de las fantasías que habíamos planeado en línea por mucho tiempo, era más que gratificante, la trate como se debe tratar a una novia, la hice que se sintiera amada, deseada y segura.

    Entre muchos besos y caricias, la cambie de posición quería ponerla de perrito para admirar esas nalgas abundantes que tienen las mujeres de tierra costeña, y mi deseo fue cumplido, se puso en cuatro pudiendo admirar sus grandes nalgas que casi me paralizan el corazón y me pusieron más como toro de lidia, mi verga se puso más que dura al admirar ese gran culo moreno. Mi mulata estaba muy rica, y había que darle batalla para que su primera vez la recuerde siempre como algo bueno. Así que mi mástil lo hundí en su pepa caliente con rastros de sangre por la ruptura de su himen, la tome de sus amplias caderas, para traerla hacia mi tronco, ella seguía el ritmo y también empujaba con fuera su cola hacia mi verga, dirigía el ritmo de sus ensartadas, mientras golpeaba con sus nalgas mi pelvis, quería explotar ahí mismo por tanto placer visual que tenía ante mi, mi mulata se estaba moviendo en la cama como pantera, se ensartaba y retiraba sus nalgas para volverse a meter mi verga en su coño, que rica sensación.

    Después de unos minutos de inmenso placer tuve que detener sus embestidas estaba a punto de hacerme derramar mi leche en el condón, pero no quería que eso sucediera, ya que mi intención es que su primera vez fuera más que buena, así que aproveche para besar su espalda, recorrer su piel, besar sus grandes y morenas nalgas, bajar por sus piernas, hasta llegar a sus pies limpios y bien cuidados, la cubrí de besos, para volver a subir y no perder mi erección que volvi a ensartar pero ahora la puse de lado, con una de sus hermosas piernas estirada y la otra flexionada, yo arrodillado frente a su concha para clavarle mi falo lo más profundo que podía, mientras le tomaba de su pierna flexionada y su cadera para apoyar mis impulsos hacia el interior de su rica vulva. Ella solo gemía de placer abriendo sus boca cuando sentía mi pinga abrir camino e su recién estrenada panochita, estuve unos minutos así, hasta que la voltee para que se acostara boca abajo, y de nuevo su culito mulato estaba frente a mi, el cual me encendía a mil, quería terminar así dentro de ella, apunte mi glande a su puchita caliente, y se la hundí lo mas que pude, entre gemidos y exclamaciones de satisfacción por parte de Johana, estaba en su punto, ella también lo estaba disfrutando con sus manos extendidas a sus lados tomaba los bordes de las sabanas y colchón para apretarlos entre sus manos cuando sentía mi verga entrar en su vulva. Soltando un leve pujido haciendo su cara a un lado para besarnos mientras yo la ensartaba, nuestras lenguas jugaban entre besos de lengüita, profundos como la penetración que le estaba dando. Entre pausas de su parte y apretar de las cobijas y pegar su cara a la almohada era indicación que estaba disfrutando mi verga en su interior, sentía su conchita apretadita, me friccionaba la verga muy rico, sus espasmos en su pepa pareciera se querían comer mi verga con todo y condón. Mi verga ya no pedía aguantar tan rica tortura, y mientras soltaba la carga de mis huevos, sentía correr la leche por los conductos, mi orgasmo estaba inundando mi sentir, solo pude bufar y exclamar mi venida rica, un torrente de semen fluía por mi verga hirviendo, jalando a Johana hacia mi, como queriendo depositar mi carga en su interior, la cual quedo dentro del condón, al mismo tiempo ella tuvo sus contracciones, y apretando aún más su vagina, aprisionando mi verga, me beso de una manera salvaje, apretando las sabanas y ese beso fue bastante sensual, porque a pesar de lo brusco que fue sabía que era porque ella había alcanzado su orgasmo y le había gustado nuestra primera noche.

    Caímos rendidos en la cama, ya que teníamos agotado nuestra fuerzas en esa sesión amatoria, mi cuerpo desvanecido sobre el suyo por la posición pude besarle atrás de su cuello y espalda, acariciaba su piel, mientras ella estaba desvanecida sobre la cama, poco a poco mientras mi verga iba perdiendo su rigidez, salido de su pucha así que me deje caer a un lado suyo, para mirarle a la cara, lo cual ella estaba con una linda sonrisa mirándome a través de su cabello rizo típico de aquellas mujeres mulatas, nos mirábamos y besábamos las pocas palabras salían sobrando me dijo que había sido hermoso para ella (para mi también, lo había disfrutado perfectamente).

    El condón utilizado para esa primera ocasión, estaba ya secándose de nuestros fluidos, en su interior estaba lleno de leche, y al exterior marca de su primera vez de Johana, lo retire y fui al baño a tirar el condón con mi leche y limpiar los pocos residuos que quedaban en mi verga, le lleve un poco de papel para que se limpiara sus partes mi mulatica linda, se limpió un poco y se paró al baño, a terminar de asearse, admirando su hermoso cuerpo desnudo recorrer la habitación se veía hermosa moviendo sus bellas nalgas, estaba provocando que mi verga reaccionara nuevamente…

    Aun nos quedaba por disfrutar esa y otras noches más lo que duraría su estadía en la ciudad. La faena inicial de ese día nos había provocado un poco de apetito, y yo quería lucir a mi mulata en la calle así que nos vestimos.

    Ella mas sexy que la vez anterior, se vistió con otra falda bastante corta que mostraba sus piernas y pantorrillas bellas, se veía divina en zapatos altos. Salimos del departamento y no me importaba que los vecinos pudieran verme con ella. Johana ya no era aquella oruga, se había convertido en la gran mariposa, toda una mujer y que iba por la calle transpirando sexo y su reciente inicio de su sexualidad. De mi parte yo me deleitaba viendo algunas vecinas me veían al pasar por el pasillo del condominio y como varios hombres en la calle volteaban a verla, ya que ese tipo de vestimenta no era común en la ciudad y más propio para clima tropical. Me excitaba el saber que esa hembra era para mi y si supieran que la acababa de hacerla mujer, eso elevaba mi ego. Aunque pudimos haber pedido algún servicio de comida por teléfono los dos queríamos pasear un momento y tal vez podríamos realizar alguna locura en la calle…

    Dejare este relato para una segunda parte, terminar de contarles lo que sucedió el resto de esa primera noche y el resto de los días de su estancia. Con un anécdota que marco esa reunión con mi mulatica bella “Johana”.

    Como siempre agradezco y quedo atento a sus comentarios, con dedicatoria a esa gran señora “Fina”, que siempre lee mis relatos. Mi correo alien_project2004 en hotmail.com.

  • Juego, control y orgasmo

    Juego, control y orgasmo

    Abro la puerta de mi habitación y ¡Vaya sorpresa!

    Eres tú recostada sobre mi cama, cubierta por una fina sabana donde se puede resaltar un poco de tu desnudez bajo ella misma. El cuarto apenas con poca luz pero lo suficiente para poder observarte a detalle. Me señalas con tu dedo a ir sobre ti y de forma inmediata obedezco pero me haces señal de alto al llegar al borde de la cama. Tu mirada me hace una indicación sobre la sabana que cubre tu cuerpo, intuyo que deseas la deslice lentamente y obedezco a tu petición.

    Tomando cada extremo con mis manos, comienzo a jalarla sobre mí de forma muy lenta, comienzo a apreciar parte de tu pecho descubriéndose hasta mirar tus senos firmes. Hermoso par de atributos que posees y que están ya a la vista mía. Los miro fijamente mientras detienes la sábana, puesto que quieres jugar un poco conmigo. Tus manos se acercan a tus pechos y juegas con ellos para mí, noto como los cubres y los acaricias a tu antojo, mi piel se eriza a tan bello espectáculo ante mis ojos.

    Me miras levantando tu ceja indicándome que puedo continuar bajando la sabana, sin pensarlo lo hago de nueva cuenta hasta descubrirte por completo. Puedo notar la única prenda que tiene tu cuerpo, una panty roja de encaje. Subo a la cama tratando de acercarme entre tus piernas pero tu piel me detiene, me haces esperar un poco más y obedezco ante ti. Tus manos se deslizan por tu piel hasta llegar a tus piernas, juegas con mi excitación a tal modo de desesperarme pero me fascina esto que siento. Acaricias delicadamente tus piernas hasta ir justo a esa parte en la cual no quito la mirada, donde mis ojos se mantienen fijos. Tus dedos recorren los bordes apenas de tu panty, y mi excitación aumenta por completo. Juegas con tus dedos por encima de tu intimidad y admiro los gestos de tu rostro a la misma vez por lo que te provocas tú misma.

    Quitas tu pie de mi pecho y me permites acercarme al medio de tus piernas a la vez que las separas para mí, me recuesto a unos centímetros de lo que ansío sentir sobre mi boca. Apenas intento acercarme pero me vuelves a detener con tu mano, me señalas un ¡No, aún no!

    Es desesperante pero obedezco a ello. Tu juego continua por encima de tu panty, logro ver como tus dedos resbalan de arriba abajo, como tu cuerpo se estremece y esos pequeños jadeos que me excitan aún más. Me recuesto sobre una de tus piernas para seguir admirando sin perder detalle de tu juego conmigo. Tus dedos se hacen más hábiles al deslizarse por debajo de tu panty, ese olor de tu sexo me vuelve loco, me desespera más por querer probar de ti. Sentir ese tibio sabor que emana con cada roce de tus dedos. Tu mano se detiene y me indicas haga algo por ti, me invitas a quitar la única prenda que me separa de tan admirable visualización a mis ojos. Tomo cada extremo y deslizo muy delicadamente, el mirar como poco a poco tu sexo se hace notorio me eriza la piel. Logro deslizarla por completo de tu cuerpo, dejarla a un lado y seguir muy cerca de ti que es lo único que ahora me importa.

    Tus dedos se dirigen nuevamente justo a tu sexo y separas tus apetecibles labios. Se hace mirar como la humedad baña por completo tu intimidad. Un acto tan indescriptible y a la vez delicioso del cual quisiera probar, pero sé que seguirás en tu juego y sólo tendré que observarte. Tus dedos se vuelven a hacer hábiles, los deslizas y te recorres de forma exquisita. Se inundan con tu humedad que continua emanando de esa excitación que te provocas, mi lengua solo saborea mis labios ansioso por sentir siquiera una gota de tan apetecible humedad. Me miras y te miro fijamente, tu placer aumenta al sentirme ahí, de espectador de tan maravillosa filmación. El placer es tanto para ti que ambas manos son necesarias para saciar esas ganas tuyas. Muerdo mis labios al mirarte adentrar a tu sexo con tus dedos. Tus jadeos se convierten en gemidos cuando tus dedos se inundan en ti, puedo ver tus gestos, al ir bajando noto como tus pechos se mantienen firmes y tus pezones erectos, continuando hacia abajo tu abdomen estremecerse y tu clítoris ya hinchado, a lo cual no tardas en estimularlo con tu mano libre. Tus gemidos se hacen más intensos y eso simplemente me causa más excitación. Llegas al punto en el cual no puedes contener más placer y con un gemido fuerte empiezas a estallar de placer. Tu cuerpo tenso se libera con tan delicioso orgasmo. Te recuestas mientras disfrutas de esa sensación que recorre cada centímetro de tu piel. Por mi parte simplemente observo a detalle como tus fluidos se deslizan por tu piel.

    Tus dedos retroceden de tu interior, me miras mientras saboreo ese momento y me das a probar un poco de ti. Tus dedos se dirigen a mi boca y por fin, me dejas saborear ese exquisito sabor de tu sexo, embriagante y delicioso que me hace adicto a ti.

    Me levando quedando de rodillas desesperado, comienzo a quitarme la ropa. Los botones de mi camisa quedan arrancados por la prisa, tiro de mi pantalón hasta quedar completamente desnudo entre tus piernas. Tu mirada se hace fija a mi miembro, duro y húmedo por el anticipado espectáculo que me acabas de dar. Mi mano comienza a acariciarlo dejándolo totalmente firme para ti.

    Tus piernas de nueva cuenta se vuelven a separar, dejándome ahora sí la libertad para ir sobre ti. Me acomodo entre tus piernas y de igual manera mi miembro sobre tu sexo, te siento justo ahí y nuestras miradas se fijan. Tus palabras simplemente son ¡Hazlo!

    Apenas terminas de darme tu orden y te embisto en un solo intento, pues tu humedad me dejó adentrarme a lo profundo de ti sin problema alguno. Un gemido intenso se emite de tu interior cuando me adentro en el mismo. Mis manos someten las tuyas sobre la cama y mi boca va en busca de tu piel devorándote ansiosamente. Mi cadera te embiste aumentando el ritmo a cada segundo, comenzando a hacerse más salvaje el encuentro. Nuestras bocas se buscan a la misma vez que nuestras lenguas se intentan entrelazar entre sí, mi cadera empuja una y otra vez y nuestros gemidos se hacen unísonos en la habitación. Nos revolcamos literalmente sobre los pliegues de nuestra cama, dejando nuestra humedad marcada en las sábanas.

    La excitación se hace tan intensa que no queremos detenernos en lo absoluto, me pides no hacerlo y yo simplemente no quiero hacerlo. Suelto tus manos que de inmediato van a adueñarse de mi espalda, mi mano rodea tu cadera elevándola para que mi penetración sea profunda y puedas sentirme por completo. Mi boca muerde tu cuello y te recorre desesperadamente. Tu boca muerde mi hombro al mismo tiempo en el que tus piernas me rodean y me jalan contra ti. Siento palpitar tu sexo y mi miembro se estimula como nunca, tus palabras de ¡Ya no puedo más! Me hacen no parar, moverme frenéticamente para darnos ese delicioso placer. Mis ganas aumentan y no me detengo. El juego y el control ahora son míos. Tus uñan se encajan en mi espalda y continúo hundiéndome en ti, los segundos pasan y no puedo aguantar más. Te pido hacerlo conmigo y tus gemidos se intensifican afirmando mis palabras. Nos movemos sin poder aguantar más, comienzas a estallar de placer al mismo tiempo en el que te comienzo a inundar por completo. Esa sensación tan exquisita, sentir como me atrapas mientras lo hago para ti es tan maravillosa. Me quedo inmóvil mientras mueves suavemente tu cadera para exprimir hasta la última gota que te pertenece. Nuestras bocas se buscan para sentir nuestros labios que comenzaran a relajarnos poco a poco hasta que quede rendido sobre tu cuerpo. Me dejes escuchar como tu corazón se normaliza mientras me acaricias, provocando que el sueño venga a mí, y terminemos dormidos juntos en esta noche. Esperando el amanecer para que quizás podamos repetirlo nuevamente.

  • Ninguno dio la talla de hombre como lo hizo mi hijo

    Ninguno dio la talla de hombre como lo hizo mi hijo

    Me encontré parada en medio de la lujosa habitación del hotel solamente en ropa interior disfrutando de los suaves labios de mi hijo, que tomándome de la cintura parecía suplicarme en cada tierno beso que no me negara a continuar. Su mano se dirigió a acariciar uno de mis senos, decididamente bajó de mi hombro el delgado tirante del sostén para descubrir el pezón que comenzó a chupar de inmediato mientras sus manos se adueñaron de mi trasero. Mi tanga y mi sostén hacían un conjunto perfecto para la provocación.

    Soy muy conocida en el medio del espectáculo en mi país, mi trabajo me exige conservar un cuerpo de veinteañera a pesar de mi edad, por lo que invierto mucho en clínicas especializadas en el cuidado de la figura y la piel. Sus labios volvieron a los míos para seguir alimentando mi excitación, desabroché mi sostén y lo dejé caer al suelo para que él pudiera tocar mis senos sin ningún estorbo. Él estaba vestido solamente con una bata de baño blanca que enseguida abrí para descubrir que debajo traía un bóxer también de color blanco y que su miembro ya estaba bastante duro.

    Admiré ese hermoso y vigoroso cuerpo de hombre, su bata también cayó al suelo, ya casi desnudos seguimos besándonos pero de una manera más apasionada, sus manos apretaban mis senos. Por impulso lo empujé hacía la cama, el cayó sentado y entendió que debía acomodarse en el centro del colchón. Yo subí sobre él y seguí gozando de sus labios que me tenían fascinada, mi hijo aprovechaba a manosear mi trasero. Se sentó, yo quedé de rodillas sobre él y le ofrecí mis pezones que chupó frenéticamente, yo jalaba su cabeza hacía mi pecho para que su boca no dejara de estimularme tan deliciosamente.

    No podíamos dejar de besarnos y sus manos no podían dejar de recorrer mi cuerpo. Me acostó y frotó entre mis piernas por encima de la tanga mientras chupaba mis pezones. Entendí su intención de quitarme la tanga por lo que le ayudé levantando mi cadera, él me despojó de ella con destreza y la lanzó lejos. Se acomodó para que su boca se encontrará con mi entrepierna y comenzó a lamerla, parecía que quería devorarla. Dos de sus dedos se dirigieron a la entrada de mi vagina y después fueron explorando cada vez más profundo en ella, mi hijo me masturbó mientras seguía chupando con fuerza mis pezones.

    Los dos dedos se fueron deslizando cada vez con mayor facilidad dentro de mi vagina y el placer que yo sentía aumentaba a cada segundo. Nos pusimos de rodillas sobre la cama, para hacer más fácil lo que yo pretendía, mi mano se dirigió a su miembro y lo saqué del bóxer, era un cilindro carnoso durísimo como piedra pero con una apetitosa textura que invitaba a saborearlo, era un deleite para el tacto y el gusto que yo disfruté incansablemente.

    De repente mi hijo pone sus manos detrás de mi cabeza y comienza a mover su cadera simulando una penetración, yo no opuse resistencia, apreté con mis labios el miembro de mi semental que se deslizaba vigorosamente, llegaba muy profundo algunas veces hasta el punto de casi sofocarme por lo que hacíamos una breve pausa. Mi cuerpo se postraba elegantemente a lo ancho de la cama mientras mi hijo permanecía de rodillas cogiéndome por la boca. Mi trasero se alzaba de manera sugerente indicándole que yo deseaba ser penetrada en esa postura.

    Se colocó detrás de mí agarrando fuertemente mis caderas y yo le permití el acceso a mi interior prohibido para él hasta ese día. Caí acostada sobre mi pecho y apoyé la cara en una almohada mientras él empujaba su durísimo miembro hasta lo más profundo de mi vagina. Dominado por un primitivo instinto que no conoce parentescos me cogió con mucha fuerza, yo me aferraba a la almohada y a la orilla del colchón gozando del intenso orgasmo que me produjo. El incestuoso coito se prolongó por largo rato hasta que entre varias enérgicas embestidas me inyectó una abundante descarga de semen.

    Está de más describir lo que sucedió varias veces durante la noche y los excesos de los que esa cama extraña lejos de nuestro hogar fue testigo y cómplice. En un momento de desenfreno lo persuadí a hacerme el sexo anal, una vez más terminé apoyando la cara sobre una almohada mientras él me daba una vigorosa cogida hasta acabar descargando su semen dentro de mí, lo que fue una sensación deliciosa. De todos los galanes que a lo largo de los años tuve a mi disposición para elegir y que consiguieron gozar de mi cuerpo, ninguno dio la talla de hombre como lo hizo mi hijo.

  • Como mueve el culo la mojigata de mi madre

    Como mueve el culo la mojigata de mi madre

    Mi familia está compuesta por mi madre, mi padre, mi hermana y yo.

    Aquel verano no se presentaba demasiado bien, era como extraño, el calor era sofocante en Madrid, y yo estaba algo raro, más inquieto de lo normal.

    Mi hermana había decidido irse con unas amigas a conocer el centro de Europa. Mis padres habían alquilado una casa en Mallorca (se lo podían permitir, puesto que aunque mi madre no trabajaba, mi padre era directivo una gran empresa y nuestro nivel de vida era bastante alto), y yo que había terminado con éxito mi curso en la universidad me iría con mi novia Patricia a la playa, aún no habíamos decidido el lugar.

    Pero antes tenía que celebrar el fin de los exámenes y quede con mi novia y unos amigos. La celebración no fue demasiado bien, bebimos bastante, lo pasamos bien, pero al finalizar la noche Patricia me confeso que se había enamorado de otro y me dejaba. La noticia me dejo bastante descolocado. La verdad es que yo era bastante lanzado y la había engañado en numerosas ocasiones, incluso con sus amigas con lo que tarde o temprano esperaba una reacción así, pero no me podía imaginar que lo haría justamente ahora, me dejaba colgado para las vacaciones.

    Cuando llegue casa a eso de las 2 de la mañana escuche ruidos en la habitación de mis padres, parecía una discusión, pero no le di mayor importancia y me acosté.

    A la mañana siguiente me entere de que discutían, al parecer a mi padre se le habían complicado las vacaciones y tendría que venirse a mitad de ellas, por lo que mi madre se pilló un cabreo de aúpa. Después de haber planificado 2 semanas, solamente podrían estar una puesto que ella no quería estar sola. Yo por mi parte al quedarme sin alternativas y antes que quedarme en Madrid aquel caluroso agosto, me ofrecí a irme con ellos (menudo plan tan aburrido, pensé) pero mi madre se alegró, así podría estar los quince días en la playa.

    La casa de Mallorca era bastante agradable, estaba en la parte norte de la Isla (la menos masificada de turismo) en una urbanización apartada y cerca del mar tenía 2 dormitorios y una pequeña piscina privada.

    El panorama que se presentaba era bastante aburrido pero había decidido que lo utilizaría para descansar y pensar: playa, sol, buena comida y algunas excursiones, puesto que la segunda semana en la que nos quedábamos mi madre y yo la utilizaríamos exclusivamente a tomar el sol.

    Cierto es que a mis 18 años mi libido estaba por las nubes y las masturbaciones eran continuas, casi siempre por las noches. En una de ellas oí a mis padres follar. Era la última noche que pasaba mi padre con nosotros, y el pajote que me hice fue tremendo.

    Nunca había mirado a madre como una mujer, pero aquella mañana en la que nos quedamos solos, me fije y la verdad es que estaba tremenda, media 1.70, y tenía el tipo de la típica macizorra: guapa, buenas tetas y un culazo de quitar el hipo. La verdad que a sus 42 años se conservaba de maravilla. Solo tenía un inconveniente, por la educación tradicional que había recibido era bastante mojigata. Nunca la había visto ni una rodilla, siempre con vestidos largos, aunque la verdad, nunca me había fijado. Pero era de las que se escandalizaban si veían alguna escena de sexo en la TV.

    Aquella mañana con su bañador negro estaba de escándalo o eso me parecía a mí (esta semana me voy a matar a pajas a la salud de mamá, pensé)

    -¡Vamos Oscar! Que se hace tarde. Esta semana que estamos solitos, nos vamos a poner negros. Ya está bien de excursiones iremos a la playa de aquí abajo.

    Llegamos a la playa, y estaba bastante sucia por las algas, pero nos indicaron que como a unos 500 metros estaba más limpia. Cogimos nuestros bártulos y nos dirigimos hacia allí. La verdad es que el sitio era maravilloso apenas había gente y el agua era cristalina, era un día perfecto para tomar el sol y mi madre estaba súper contenta (seguro que por el polvete de anoche, pensé yo).

    De repente un señor que estaba como a unos 10 metros de nosotros.  ¡Sorpresa! va el tío y se despelota delante de mi madre para meterse al agua. El tío tenía un buen rabo y mi madre aunque se hizo la distraída, se puso roja como un tomate.

    Al rato una pareja totalmente en pelotas pasa por delante de nosotros.

    -¡Que poca vergüenza! ¡Esto es una guarrería! ¡No vuelvo aquí -dijo mi madre

    (Pero yo me fijaba como miraba de reojo y no perdía detalle). Y levantándose se fue al agua (seguro que esta cachonda y se iba a enfriarse un poco).

    -Mamá es algo natural -le dije cuando salió, igual que ellos te respetan a ti por ir vestida, nosotros tenemos que respetar su opción de bañarse desnudos.

    -No es lo mismo Oscar, esto no es normal, me contesto bastante enojada.

    La verdad que la paya estaba fenomenal y había gente vestida también, con lo que mi madre no opto por irse y pasamos allí el día, yo la miraba cuando alguien pasaba desnudo y la podía ver como de reojo no perdía detalle y se ruborizaba (para ella era algo nuevo ver cuerpos desnudos, estoy seguro que no conocía más que el de mi padre, pero la monjita parecía no perder detalle a pesar de la ofuscación).

    Al llegar a la casa y después de una larga conversación sobre el desnudo, nos bañamos en la piscina para quitarnos la arena, y aproveche para intentar meterla mano jugando, pero nada, era imposible.

    -¡Oscar cuidadito! -decía con mala cara si intentaba algo

    -¡Perdón Mama! -contestaba yo (No me quedaba más remedio que pajearme otra vez a su salud).

    Al día siguiente más de lo mismo, fuimos a la misma playa, la misma situación los mismos comentarios… (Menuda semana más aburrida me espera, pensé).

    Pero al tercer día la cosa cambió radicalmente, desde que se levantó mi madre parecía inquieta, nerviosa, y bastante irritada.

    Al llegar a la playa nos pusimos al lado de una familia que estaban todos desnudos, padre, madre e hijos, con lo que mi madre dijo:

    – Pues la verdad Oscar, es que me estoy acostumbrando y no me parece tan mal el desnudo, fíjate que familia tan bonita.

    – Pues claro mama, es algo de lo más natural. ¿A ti te importaría que yo me bañara desnudo?

    – Si quieres tú, me dijo mi madre

    – Porque no nos animamos los dos, así tendremos menos corte, contesté

    La respuesta tardo en llegar pero me sorprendió sobremanera: -Vale, pero será nuestro secreto, si tu padre se entera me mata.

    Fue algo increíble, ver a mi madre desnuda me impresiono, menudas tetas tenia, que cuerpazo, y además tenía los pelos del conejo muy arregladitos. Tuve que salir corriendo al agua, y meterme un buen chapuzón para disimular mi tremenda erección.

    Una vez, ya controlado y en la arena tomando el sol, el día paso plácidamente, parecía que al habernos desnudado, hubieras tirado nuestras mascaras de madre e hijo y hablamos de temas impensables tan solo unas horas antes. La conversación se centró mucho en el sexo, le conté mis últimas relaciones, mis experiencias… e incluso ella, se atrevió a preguntarme:

    -¿Oye Oscar a ti como te gusta más hacerlo?

    -Por detrás conteste sin vacilar, los culos me pierden

    -Eso es contra natura contesto, con su tono de monjita, además es doloroso, una vez tu padre lo intento y tuvimos que parar, lo recuerdo como una mala experiencia

    -Eso es porque no sabe, si lo hicieras con un experto, con cuidado, paciencia ya verías si entra le dije de forma guasona.

    -¡Oscar, que soy tu madre! -dijo cabreada, y diciendo esto se levantó y se fue al agua. Que espectáculo vaya culazo, un viejo que pasaba en pelotas se volvió incluso para admirarlo. Entonces lo pensé: Ese culo tiene que ser mío.

    Al llegar a la casa yo como si nada, me despelote y me tire a la piscina para quitarme la arena, mi madre me imito y también se metió al agua desnuda. Me quede observando cómo se desnudaba, parecía que se estaba recreando con lo que volvió a provocarme una erección. Intente juguetear con ella, para intentar tocarla y que notara mi rabo, pero nada, cada vez que acercaba: ¡Oscaaaar! Cuidadito que soy tu madre.

    Salí del agua súper cabreado, y súper caliente. Ella también salió y de repente sonó el móvil (era mi padre)

    -Hola cariño que tal por Madrid, aquí todo fenomenal…

    Entonces vi mi oportunidad, me acerque a mi madre, y la empecé a meter mano, ella me miraba indignada, se movía inquieta, intentaba disimular en la conversación con mi padre, pero yo la toque las tetazas, su culazo… Uhmmm… era alucinante, me puse detrás de ella, le puse mi polla entre sus cachas y al mismo tiempo le tocaba las tetas, incluso me atreví a meterle un par de dedos en su chochazo.

    Cuando colgó la bronca fue de campeonato, que me había creído, que era un degenerado, que se lo contaría a mi padre… Me puso a caldo

    Yo por mi parte solamente me atreví a pedirle perdón, le dije que al verla tan bonita no había podido resistirme y que nunca volvería a hacerlo, con lágrimas en los ojos me di media vuelta y me marche a mi cuarto.

    -Anda… anda… menos lloros y dame un poco de crema en la espalda (alucinante, mi madre después de meterla mano me pedía que diera cremita)

    Se tumbó boca abajo y le di un buen masaje con la crema. No quería estropear el momento y a pesar del calentón, me contuve y la dije:

    -Mamá tienes el trasero rojo, si quieres también te pongo un poco de crema.

    -Vale. -Contesto

    Me puse ciego que repaso la pegue en su culazo. Me quedaría a vivir en el, pensaba, mientras se lo robaba, y se lo robaba. Poco a poca me atreví a ir a más y mis dedos resbalaban por su raja, rozándole su prieto ano y su rajita rosada, ella se estremecía, suspiraba y se movía nerviosa.

    -Basta, basta dijo dándose la vuelta.

    Pensé que la fiesta había acabado, pero me atreví a echarle un chorro de crema en su tetazas y empecé a sobárselas. Ella no dijo nada, con lo ojos cerrados, seguía suspirando. Yo por mi parte, no podía más, continuaba amasando su cuerpo de diosa, baje hasta su conejo, se lo toque y le metí un par de dedos, lo tenía encharcado. De repente empezó a separar sus piernas, pidiendo más con los ojos cerrados. No me pude resistir, me coloque entres sus piernas, apunte mi pene en su cueva y de un solo estoque, como un cuchillo caliente en mantequilla, entro hasta el fondo. Me rodeo con sus piernas los riñones y dijo: -Pedrooo (Es como se llama mi padre)

    Un par de envites y me corrí como un animal. Le llene el coño de leche. No creo que ella se corriera, puesto que seguía moviéndose cuando abrió los ojos:

    -Pero que hemos hecho. No puede ser… No puede ser… repetía mientras se iba a su cuarto y le chorreaba por sus muslos mi corrida.

    Se encerró en su cuarto y no salió hasta el día siguiente. Esa noche la oí llorar y no pude evitar que aflorara en mí un sentimiento de culpa.

    Al día siguiente, llegamos a la playa de siempre, pero las cosas habían cambiado. No nos desnudamos, mi madre parecía triste, estaba ojerosa.

    Tuvimos una larga conversación, hablamos de lo humano y lo divino, pero sobre todo de lo que había sucedido. Era un accidente. No volvería a suceder más. Eso es lo que acordamos pero ella y yo sabíamos que nuestra relación no volvería a ser la misma.

    Después de una charla interminable mi madre parecía recobrar la sonrisa en su rostro, y la verdad es que la terapia a mí también me ayudo (al fin y al cabo no habíamos hecho nada malo, es más yo me lo pase bastante bien, pensé).

    Mi madre me confeso que las relaciones sexuales con mi padre no eran muy frecuentes y que había perdido el control (menudo patán era mi padre, no tener relaciones con una mujer así. Yo me hubiera pasado la vida follándomela)

    -Bueno aprovechemos nuestro último día de playa. -Y diciendo esto se volvió a despelotar. Me dejo bastante sorprendido.

    El día paso tranquilo, y mi madre parecía bastante desinhibida. Incluso se atrevió hacer un comentario sobre el pene de un viejete:

    -Menudo aparato tiene ese. Aunque el tuyo tampoco está mal -me dijo mirándome la polla. Se ruborizo y se fue a bañarse.

    Era nuestra última noche en la Isla, y decidimos darnos un homenaje gastronómico, nos fuimos a cenar a un famoso restaurante de un pueblo cercano, y tomamos unas copas en una terraza muy bonita con vistas al mar.

    Ella estaba impresionante. Se había puesto un traje blanco, que realzaba sus encantos. La verdad es que llamaba la atención. Estaba buenísima y esa era mi última noche a solas con ella. Luego llegaría la rutina y olvidaríamos lo ocurrido.

    Al llegar a casa ella se fue rápidamente a su dormitorio, imaginé que queriendo evitar cualquier tentación pensé, yo me fui al mío, pero no podía dormir. La noche era calurosa y no dejaba de dar vueltas en la cama y pensar en lo sucedido el día anterior. Tenía una erección de caballo. Acabaría por masturbarme, pero no lo hice.

    Me levante, y fui al dormitorio de mi madre. Llame a su puerta

    -Oscar eres tú

    -Si mama, tengo que hablar contigo, no puedo dormir

    Abrió la puerta y me recibió con un camisón semitransparente, donde se podía apreciar sus pezones erectos, era bastante ceñido y no llevaba bragas (nunca imagine que mi madre utilizara ese tipo de prendas, parecía una puta, con ese cuerpazo… Uffff…)

    -Veras mama, yo… es que… No sé cómo decírtelo. Es nuestra última noche y…

    -Tranquilo hijo, me dijo mientras ponía una mano en mi pecho y se acercaba.

    No sé cómo paso pero nuestros labios se unieron, nuestras lenguas se encontraron en un beso maravilloso y lleno de pasión, mi madre parecía fuera de sí y se restregaba contra mi miembro. Fuimos retrocediendo juntos hasta la cama, ella se sentó y me empezó a acariciar la polla, no decía nada, solamente:

    -Tranquilo hijo, tranquilo que mamá te va ayudar. Me bajo el slip, acaricio mi pene, se lo puso en los labios y me la empezó a chupar. No lo hacía muy bien, y le daban como arcadas, pero pensar que era mi madre la que me la mamaba me ponía a cien (a esta la voy a enseñar yo a tragárselas dobladas, pensé) pero prefería hacerme el tímido.

    Se la saque de la boca, la tumbe en la cama y así, con las piernas colgando, le hice la mejor mamada de coño que la habían hecho en su vida, la separé sus labios vaginales y la comí el clítoris durante varios minutos, pude apreciar cómo se corría varias veces en mi boca. También me comí su prieto ojete, lo puse blandito con mi lengua y aproveche que había un bote crema en la mesilla para lubrificárselo. Le metí un par de dedos en el culo mientras seguía comiéndole el coño.

    -Oscar, Oscar, Oscaaar… Me corro, me corro, me corrooo, otra vez, decía mientras se convulsionaba.

    -Que putón eres -me atreví a decirle

    Me subí encima de ella la levante las piernas para clavársela y recordé mi primer día de playa con mi madre cuando pensé: ese culo va ser mío.

    En esa posición casi de misionero, apunte mi pija a su ano, presionaba poco a poco, despacio, mientras me comía sus tetas.

    -Que me haces, ahhhh, ahhh… -decía

    -Tranquila mama, confía en mí, ya verás cómo te gusta

    -Me duele, aahhh, con cuidado cariño

    Mi glande ya había entrado. Deje unos segundos que su culo se acostumbrara a mi polla, mientras yo seguía comiéndole sus melones, tenía unos pezones que no me cabían en la boca. De repente su cintura se empezó a mover. A la muy puta la estaba gustando tener mi polla en su culo. Ya era mía.

    Entonces la puse a cuatro patas, la bese sus cachas, y le dije:

    -Ya verás cómo disfrutas mama

    Ella agacho la cabeza, echo su culazo para atrás y dijo: -Con cuidado cariño

    Me puse un pegote de crema en el capullo y lentamente se la metí hasta los cajones, despacito como ella me pedía, pero muy profundo y bien adentro.

    -Ay, ay… cha, cha… Hijo que me haces, que me haces… Ay, May…

    -darte por el culo madre, como si fueras una puta.

    Estuve un buen rato quieto, con la polla bien dentro, y acariciándole las tetas y el coño, por cierto lo tenía bien mojadito. De repente noté como empezó a moverse muy despacito, de atrás a adelante y en pequeños círculos. Estaba disfrutando

    Esa fue la señal, me incorporé, me aferré a sus tremendas caderas, y la di bien dada por el culo, con fuerza y con ilusión

    Todavía recuerdo el sonido de mis huevos chocando contra su coño encharcado. Mi madre alargando una mano me agarro de los huevos y gritando dijo:

    – Ahhh… Ah… Ohhh… Ohhh Me corro cabrón… Hijo de puta

    El sonido de esas palabras soeces de la boca de mi madre, y la visión de mi polla entrando y saliendo de su culo a toda máquina, me hizo explotar.

    -Mamá, mamá, mamaaa.

    El grifo se abrió y estuve corriéndome un buen rato en sus entrañas.

    Me baje de su grupa. Su ano estaba súper dilatado y rebosaba borbotones de semen. La di una palmada en su culo y la dije:

    -Ves cómo te iba a gustar.

    Nos quedamos dormidos abrazados, de madrugada me levante y me fui a mi cama.

    Al día siguiente, no hicimos ningún comentario, como si no hubiera ocurrido. Pero al ver andar a mi madre espatarrada y quejarse cuando se sentaba me hacía recordar nuestro caluroso encuentro. Regresamos a Madrid, a la rutina diaria, la veía hablar con mi padre, con mi hermana, con sus amigas, vestida de la forma recatada de siempre, y yo en mi interior pensaba: “joder, con la mojigata de mi madre, como mueve el culo“.

    Nuestras vidas habían cambiado y tuvimos más experiencias.

  • Me encontré de nuevo con el señor manoseador

    Me encontré de nuevo con el señor manoseador

    Aquí mi segunda experiencia con el señor de la parada.

    Francamente no había dejado de pensar en las manos de ese señor y de cómo me había tocado como nadie nunca lo había hecho. Cuando llegué a la escuela fui al baño de inmediato y logré confirmar lo que ya sospechaba, estaba completamente mojada. De mi vulva escurría aun ese líquido que me acusaba de haber sentido tanta excitación.

    Me senté en la tasa del baño para orinar y limpiarme bien ya que no podía andar toda mojada pero al pasar el papel de baño sobre mi vagina, no pude evitar sentir el rose del papel y de manera involuntaria comencé a tocarme, rosaba mi clítoris con la puntita de mis dedos y en mi memoria solo estaba la mano de aquel señor y de solo imaginar que eran sus dedos los que me tocaban logré tener un orgasmo, carajo!!! Era mi primer orgasmo real de la vida, sentada en un baño de la escuela fantaseando con un extraño. Me sentí bastante mal después de eso, me sentía sucia, como dice mi mamá: Esas son putas mija. Y la verdad yo jamás he querido ser una puta ni nada de eso, pero esta sensación que no me deja ni pensar es increíble. Solo he tenido 2 novios y nunca ha pasado a mayores, pero nunca sentí ni la mitad que ahora estoy sintiendo.

    Así pasó todo mi día. No me podía concentrar y de milagro pasé el examen.

    Me fui a mi casa, me bañé y me dispuse a olvidar todo. Solo quería estar sola y dormir. Cuando sonó el despertador me costó trabajo poder levantarme, pero me llegó la idea que quizá el señor de la parada estaría esperándome y por alguna razón sentí la urgencia de salir de casa lo antes posible. Tenía hasta ansiedad y no sabía qué hacer. ¿Qué tal que el señor no me esperaría?, ¿quizá buscaría a quien más tocar? ¿Y si se va antes y no lo alcanzo?

    No era posible que estuviera pensando todas estas idioteces. Solo me apuré. Desayuné y me bañé de rápido.

    Me estaba cambiando y después de ponerme crema en todo el cuerpo me puse unos calzones más pequeños, dejé que mi falda quedara un poquito más arriba de lo normal y me dispuse a salir corriendo hacia la parada.

    Ahí estaba, parado, esperando el camión, me vio y me sonrió de manera sincera pero con la mirada me dijo todo. Yo saludé a todos los que estaban en la parada y todos contestaron con un: “buenos días” muy normal.

    Yo estaba súper nerviosa, me puse cerca de él y le pregunté si ya había pasado el camión que iba al estadio azteca. Me dijo que se acababa de ir pero que no tardaba el siguiente.

    Llegó el camión después de unos minutos y, afortunadamente, venía muy lleno. Él se pegó luego detrás de mí ya que varias personas se subirían también. Apenas logré subir en el segundo escalón y el quedó en el primero, pegado a la puerta. Logre sentir como recargó el dorso de su mano sobre mi pierna. No había mucho que se pudiera hacer en ese momento. Solo venía sintiendo como rosaba con su mano la parte trasera de mi rodilla.

    Más adelante bajaron unas personas y logramos acomodarnos. De manera discreta miré hacia atrás y vi que él estaba buscando la manera de acomodarse justo detrás de mí. Yo dejé pasar a unas personas para no recorrerme y por fin, avanzó el camión y quedamos justo espalda con espalda. Esta ocasión no se hizo esperar, de inmediato sentí su mano tocar mi nalga de manera más libre. Él sabía que yo no le diría nada y estoy segura que sabía que yo deseaba que lo hiciera. Pasó su mano entre mis nalgas y con un dedo recorrió la rayita que se hace. Eso me excitó demasiado. Abrí un poquito las piernas para dejar que pudiera hacerme lo que quisiera.

    Sentí como fue levantando mi falda poco a poco, muy discreto, muy cuidadoso, hasta que sentí su dedo en el borde mis nalgas. Yo ya estaba de nuevo sumamente mojada pero ahora le fue mucho más sencillo hacer mi calzón a un lado. Sus dedos eran muy hábiles. Pasó su mano completa justo entre mis dos nalgas y con su dedo medio roso apenas mi anito. Por instinto apreté y su dedo quedo apretado entre mi colita. Lo empezó a mover y yo sentía que las piernas se me doblaban. Relajé mis piernas y él pudo liberar su dedo. Fue un poco más hacia abajo y tocó el borde inferior de mis labios. Pude sentir como le mojaba la mano con todos mis jugos que ya escurrían. De manera muy rica y diestra, metió su dedo entre mis labios hasta que, de repente empezó a bajar gente. Mucha gente. Entonces él, de manera muy apresurada tapó mis nalgas con mi falda. Se fue hacia la parte de atrás y se bajó.

    Maldita sea, pueden creerlo…. Solo se bajó y ya. Me dejó tan caliente y excitada que yo no sabía qué hacer. Miré por la ventana y él me estaba observando. Se llevó los dedos a su boca y eso me desquició. Fue lo más delicioso y morboso que yo hubiera imaginado. Ver como estaba probando mi miel hizo que deseara sentir su miembro, en verdad deseaba probar ese bulto que se le veía debajo de su pantalón. Les juro que no me importaba en ese momento nada. Yo solo deseaba por primera vez mamar una verga. Mis amigas hablan mucho de ello pero creo que no todas lo han hecho, pero aun así yo deseaba sentir esa verga. Solo esa verga entre mis piernas, entre mis tetas, dentro de mi colita. De mi papayita. Deseaba que fuera él quien tomara este tesoro que había estado guardando.

    Pueden ver los enlaces a mis redes sociales en mi perfil.