Autor: admin

  • Mi hermana y yo (Partes 1 y 2)

    Mi hermana y yo (Partes 1 y 2)

    Yo tenía unos 28 años y mi hermana 20 años, siempre fuimos muy compañeros y para ella yo era más que un hermano, una noche de mucho frío teníamos pocas frazadas y ella me pidió acostarse conmigo así sus frazadas las utilizaban mis otros hermanos y hermanas.

    Se acostó a mi lado acurrucándose contra mi cuerpo y colocando su cabeza sobre mi pecho, minutos después me dormí, no sé si estuve dormido una hora o dos pero en eso me despierto y siento la mano de mi hermana sobre mi bulto, me quede paralizado no podía reaccionar ya que me excitaba, simule seguir dormido y mientras su mano acariciaba mis testículos lentamente sus dedos se metían por debajo de mi slip hasta que sentí el calor de su mano acariciándome el pene, yo aguantaba la respiración para que no se diera cuenta que estaba despierto, lentamente comenzó a masturbarme con cierta molestia debido al slip apretado, lentamente comenzó a bajar su cabeza a mi abdomen y de repente sentí sus labios besando la cabeza de mi pene por encima de mi slip, sus besos recogieron lenta y suavemente todo mi miembro siempre por encima del slip, de repente mete su mano por debajo del slip desde mi pierna derecha, toma mi miembro y lentamente lo saca haciendo a un lado el slip y continua masturbándome mientras se acomodaba a un costado colocando su cara a la altura de mi miembro, en ese momento sentí que la sangre me calentaba todo el cuerpo, minutos después sentí el calor de sus labios tragándose la cabeza de mi pene ya empapado de líquido pre seminal, se metió de golpe todo el miembro y comenzó a tener arcadas, se lo saco rápidamente de la boca tratando de recuperar la respiración, y luego de recuperarse coloco su boca en mi pene solamente metiéndose la cabeza mientras con su mano derecha me comenzó a masturbar, su lengua jugaba con la cabeza de mi pene, mi eyaculación se acercaba pero trataba de contenerla, sin querer coloque mi mano sobre su cintura y ella se quedó paralizada por un momento, yo fingí seguir dormido y luego de unos minutos continuo masturbándome y chupándome la cabeza de mi pene, hasta que no aguante más y un chorro de semen entro en su boca produciéndole fuertes arcadas mientras mi pene seguía despidiendo chorros de leche, rápidamente se acomodó a mi lado tratando de contener sus arcadas, coloco su cabeza sobre mi brazo y su mano sobre mi abdomen, quedándose inmóvil, y mientras la abrazaba le dije…

    -¡Genial!

    Ella se aferró con más fuerza a mi cuerpo y colocando mi pene dentro del slip nos dormimos.

    Los días pasaron y pronto llego la primavera , al llegar del trabajo al medio día me encuentro con que mi hermana estaba aseando la casa, vestida con un pantalón cortito y una remera muy escotada, me dijo que me sentara a comer y luego me sirvió la comida ella siguió limpiando la casa y cada vez que tenía que recoger basura se agachaba mostrándome su hermoso trasero, rato después fui a acostarme, al sentarme en la cama ella entró a mi habitación y mientras se arrodillaba entre mis piernas me dijo que me sacaría las zapatillas, estaba muy activa y le dije que se serenara un poco, me acosté y ella se fue al comedor, por un momento reinaba el silencio y fui a ver si ella estaba bien, ella estaba sentada pasando el repasador por la mesa, coloque mis manos en sus hombros y me dijo…

    -¡te quiero mucho!

    Y le respondí que yo también la quería, me agache un poco y bese sobre su cabeza, ella se paró y se colocó frente a mí con sus enormes pechos cada vez más escotados, coloque mis manos debajo de sus pechos y ella respiro profundo y cerro sus ojos, comencé a acariciárselos lentamente y con mucha suavidad mía manos recogieron su espalda y sus brazos y regresaron a sus pechos, y le dije…

    -¿puedo mirarte los pechos?

    Y me dijo

    -¡no me hables no quiero pensar que sos mi hermano, por favor no me hables!

    Lentamente le baje la remera y vi por primera vez los hermosos pezones que me volvían loco cuando los imaginaba, con un gran miedo me anime a besárselos prensa do que reaccionaria mal y mientras mis manos seguían acariciando su espalda mi boca comenzó a besar sus pezones, me acomode entre sus piernas y por un buen rato lamí, bese y chupe sus lindas tetas, en eso ciento que una de sus manos buscaba mi miembro, me paro y me baje el pantalón, ella seguía con los ojos cerrados, manoteo mi miembro y comenzó a lamerlo lentamente mientras yo acariciaba su cabeza, su boca tragaba solo la mitad de mi pene y le dije…

    -respira profundo y métetela toda de golpe, por momento vas a sentir nauseas pero en lugar de sacarla hundítela mas al fondo y así hizo metiéndose la hasta nos huevos una y otra vez, repente sentí que mi leche estaba por salir y aparte mi pene de su boca y salto un chorro de semen sobre sus pechos y luego otro y otro empapando sus tetas completamente, tomo su remera y la paso por sus pechos y mi pene limpiándolo cuidadosamente, luego se paró y me dijo…

    -¿no estabas por dormir la siesta?

    Se paró y continúo limpiando un rato más y luego se acostó en su cama.

  • La desconocida (Capítulos 1 y 2)

    La desconocida (Capítulos 1 y 2)

    Era la merendola de tarde donde un grupo de chicas pasaba el rato, unas viendo la TV, otras charlando en la terraza y el resto atracando el frigorífico y los embutidos. En el caso de Tania Garzón, de 19 años, vaivenía por el piso con un vaso de ponche en la mano.

    Miró la hora.

    -Mierda…

    Enseguida la llegaron gimoteos profusos al fondo de un pasillo, en una habitación apartada y casi en penumbra donde dos chicas se comían a besos casi subida una de ellas en una mesa. Natalia Peña, con la falda subida y las bragas bajadas, mientras la hermosa desconocida la inmovilizaba contra la mesa a base de besos, tirones de pelo y mucho frotamiento corporal. Natalia goteaba flujo de lo excitada y receptiva que estaba, de ahí que la desconocida procediera a la penetración manual vía vagina.

    -Oye, Tania, ¿qué haces ahí? –la vio Olga Palmeral al fondo del pasillo.

    -Sssssh –con señas Tania la hizo callar y que se acercara en silencio.

    -¿Qué pasa?

    -Eso es lo que pasa –la invitó Tania a que mirara.

    -La madre que parió… -susurró Olga viendo el panorama-. Será puta la Nati…

    -¿Quién es la otra? ¿La conoces?

    -No es del grupo. Esa golfa se ha colado, pero está más rica que el pan con aceite de oliva… bufff… madre mía cómo le mete los dedos… esta sabe… seguro que es puta…

    -Nati está que se corre de un momento a otro. No sabía que fuese tan zorrón –reía Tania.

    -Y tan afortunada. Ojalá que yo estuviese yo ahí.

    -¿Eres lesbiana, tía?

    -¿Lo dudas? Me he follado a todas mis amigas y tengo una colección de 23 follamigas. ¿Tú no lo eres?

    -No sé…

    -Pues prueba y alucinarás. Solo tienes que ver a esas dos de ahí. ¿Tú crees que lo pasan mal?

    -Veo que no.

    -Mmmmm… bufff… -no dejaba de mirar Olga la escena tan sexual y hot.

    Los gemidos de Natalia fueron a más y la desconocida la tapó la boca con la mano mientras daba las últimas pinceladas a la masturbación.

    -Joder, qué envidia… mmmmm… –se metió Olga la manita por dentro de sus bragas.

    -¿Qué te pasa? –rio por lo bajo Tania al verla.

    -¿Quieres saberlo? Ven –tiró Olga de ella y la llevó a una habitación contigua.

    -Oye, yo no sé qué… -pero Olga se abalanzó sobre ella como una leona en celo y la calló con un beso apasionado. Un beso que duró cinco minutos mientras de fondo, al otro lado de muro, se podían distinguir los alaridos ahogados de Natalia.

    Al sexto minuto, Olga se bajó las bragas…

    -Ahora entiendes qué me pasa.

    … y se abrió de muslos en un sofá.

    -Olga, yo nunca he hecho… ¡Pero qué coño! –se arrodilló Tania para deslizar su lengua por la cavidad fina y preciosa de Olga.

    -¡AHHHH, COÑO! –dio Olga un respingo y encorvó al espalda de puro placer.

    -Ahhhh… ¿Qué ha sido eso? uuuuuy… –lo escuchó Natalia al otro lado.

    -Quien sea te va a adelantar. ¿Lo vas a permitir?

    -AHHHH no…

    -Pues venga, preciosa, a correrte como una campeona…

    -Ohhh, sí…

    -No me decepciones o te marco el culo a manotazos.

    -¡¡JOOODER!! –se volvió a escuchar el grito de Olga.

    -¿La escuchas? Te va a pillar en un minuto, así que pon el turbo al coño.

    Natalia separó más los muslos, sacó el culo un poco más y apoyó mejor las manos en el filo de la mesa.

    -Eso es… así me gusta, Nati… -besó la desconocida su nalga derecha.

    -¡Dale! Yo sé quién es esa golfa que chilla. Se llama Olga. Se folló a mi novia hará un año y no voy a consentir que se corra antes que yo. ¡Dame duro!

    -Hecho.

    -¡¡OSTIAAA PUTA!! –despotricaba Olga sin disimulo.

    -AHHHHH, JODER –berreaba Natalia con desmesura.

    -Le quedan 30 segundos, Nati –la avisó la desconocida.

    -AHHHH puedo… puedo hacerlo… DAME MÁS…

    -¡¡MADRE MIAAAA!! –gritaba Olga extasiada de placer.

    La desconocida propinó un bofetón en el culo de Natalia.

    -¡Auu!

    -¡Córrete ya!

    Un segundo guantazo en las nalgas.

    -¡AYYY!

    -¡HAZLO!

    -¡Ya! ¡¡Ya viene!! ¡¡YAAAAAHH!! –clamó Olga a los cielos.

    Y al tercer manotazo, el más duro de los tres, Natalia pegó una corrida que la llevó al extremo del placer. La desconocida mantuvo los tres dedos quietos dentro mientras Natalia alcanzaba un orgasmo delicioso.

    -¡MIERDAAA PUTAAAAA! –en ese momento Olga se corrió también en la habitación de al lado con orgasmo y eyaculada chorreante.

    Luego silencio, calma y jadeos.

    -Sabía que tu coño era mejor –sonrió la desconocida. Natalia giró el cuello buscando sus labios y germinó un beso precioso.

    -Tu dinero está ahí. Mañana te llamo y quedamos otra vez, ¿vale?

    -Tú pagas. Tú mandas. Voy a sacar los dedos. No muevas el culo –cogió la desconocida una probeta vacía preparada por ella-. ¿Ya?

    -Ya, venga.

    -Una… dos… ¡y tres! –sacó los dedos y enseguida colocó la probeta debajo para recoger todo el flujo eyaculatorio que se derramó como una pequeña cascada-. Espera… no te muevas, joder… -la probeta de laboratorio se fue llenando hasta el borde. Unas gotitas más y todo quedó almacenado dentro-. Buena chica –soltó un cuarto bofetón en el culo de Natalia, el más doloroso de todos al estar la piel enrojecida y los poros abiertos.

    -Auuuu, coño…

    -Me quedo tus bragas y tu eyaculada. Anotaré en el bloc de mi móvil tu nombre, apellidos y hora de la eyaculada, para etiquetar la muestra.

    -Joder, qué pervertida eres. Me encantas.

    -Venga, bájate la falda y tápate ya, so guarra –rio la desconocida mientras salía de la habitación, pero antes se pasó por la contigua. Olga debía ser la que estaba despatarrada en el sofá, sin moverse y tan exhausta que se quedó dormida en postura parturienta. La desconocida se arrodilló frente a su zona genital viendo que la vulva aún se contraía y se abría como resultado de un magnífico sexo oral.

    -No te preocupes. Lo tengo todo aquí –apareció Tania desnuda y con la eyaculación de Olga en otra probeta prácticamente llena.

    -Buen trabajo –la besó la desconocida-. ¿Y sus bragas?

    -Aquí. Restregadas y sucias –las enseñó Tania en la otra mano.

    -¡Choca! –le dio la desconocida una palmada de colegas-. Esto es lo tuyo –le pasó unos cuantos billetes.

    -Genial. Ya tengo para tampax –rio Tania.

    -Tráeme mi neverita para guardar las dos muestras. ¿Me has pasado por whatsapp los datos? ¿Nombres, apellidos y hora?

    -Todo. Tranquila.

    -Mientras me traes la neverita, yo hago las etiquetas.

    -¿No te apetece follarme?

    -De ti tengo tres eyaculadas etiquetadas y cinco bragas. Busco chochitos nuevos.

    -¿Y si te consigo chochitos nuevos me follas?

    -¿Aquí? ¿Esta misma tarde?

    -Hay una. Rocío Velázquez. Me folla con la mirada. Dame 20 minutos y tendrás su eyaculada y sus bragas.

    -¿20 minutos? Joder. Yo lo hago en menos.

    -Vale. 10.

    -5.

    -¿5? ¿Cómo?

    -Viólala. En el baño. La puerta tiene pestillo por dentro.

    -Pedirá auxilio. Gritará.

    -O puede que le guste y se deje si eres tú. ¿Qué pasa? ¿No hay coño?

    -Cinco.

    -Así me gusta. Con un buen par de ovarios. Vete al baño así mismo. Haré que la gacela vaya a la leonera.

    -Te amo, joder –la besó Tania con pasión salvaje.

    -Venga, coge una probeta nueva y ya sabes lo que hacer.

    -¡Choca!

    -¡Yeahhhh!

    -¿Rocío Velázquez?

    -Sí, soy yo.

    -Te llaman.

    -Ah, voy.

    Así de sencillo fue. Rocío siguió a la desconocida hasta el cuarto de baño. Pese a la extrañeza del sitio, Rocío entró con ella donde esperaba Tania desnuda y muy puta.

    -¿Qué es esto? –Rocío se quedó entre una mezcla de perplejidad y excitación.

    -Toda tuya, Tania –cerró la desconocida la puerta pero quedándose apoyada para evitar un escape.

    -¿Te gusta lo que ves, Rocío? –posó Tania como una ramera rumana de polígono.

    -Sí… quiero decir, que no, que quiero irme.

    -A mi nadie me rechaza, que lo sepas.

    -No es eso, es solo que… -un bofetón en la cara de Rocío la calló y la dejó aturdida, tiempo precioso para que Tania la arrancara la blusa y las bragas. A todo esto, la desconocida lo grababa todo con la cámara de su móvil.

    Una vez desnuda y desprovista de la ropa, Tania la inmovilizó contra una pared alicatada y empezó a besarla y chuparla las tetas. Las hormonas en efervescencia de Rocío indicaban que no solo le gustaba sino que le apasionaba aquel juego enfermizo. Tania lo comprobó vaginalmente con su mano.

    -¿Te gusta que te violen, cariño? –seguía Tania con sus lametones y roces.

    -Mmmmm… si…

    -Date la vuelta, zorra… eso es… saca el culo… más, joder… así me gusta… separa los muslos… ¡más, coño! Como si fueras a mear en la calle… ¡eso es! Vaya culo tienes, hija. –Y Tania le pegó una primera bofetada.

    -¡Ay, coño!

    -Dale más fuerte –exigió la desconocida.

    Y más fuerte que le dio.

    -¡AUUUU!

    -Comprueba –pidió la desconocida.

    Tania colocó la mano en el entremuslo y palpó el clítoris.

    -Auuuuu, coño… -sintió Rocío un latigazo de placer al sentir la yema de los dedos ahí.

    -Dos más y se va –calculó Tania.

    -Pues dale.

    Y otra vez el culo de Rocío recibió un arreo con la mano…

    -¡Ayyyyy, coño!

    … soltando un gemido más que un grito.

    -Prepara –avisó Tania.

    La desconocida se colocó de rodillas junto a Rocío.

    -Date prisa que se nos corre sola.

    La desconocida colocó la probeta entre pierna y pierna.

    -Cómo está la Rocío, coño –admitió ella impresionada-. ¡Dale ya!

    -Espera, espera, espera, no, no… -suplicó Rocío pero fue inútil. El violento manotazo que recibió la hizo correr de forma salvaje. Ella misma se cogió el coño de gustazo.

    -Quita la mano, coño –le dio Tania un manotazo.

    -Me corro, ostias…

    -Ya lo sabemos, querida –reía Tania.

    Y la eyaculada de Rocío se fue depositando chorro a chorro en la probeta con coágulos de sangre y restos de regla.

    -Mmmmm, premio –se sintió la desconocida satisfecho por eso mismo.

    -Joder, yo dejé de menstruar hará dos días –comentó Tania.

    -La tendrá más propensa. Buena chica –besó la desconocida su culito lechoso y azotado, y dio por finalizada la transferencia eyaculatoria.

    -¿Me la puedo follar? –suplicó Tania.

    -Claro, llévatela a la cama del fondo. Nadie os molestará.

    -Camina, zorra –la empujó Tania fuera del cuarto de baño. Fuera esperaba una chica para mear y se quedó impresionada al verlas salir desnudas-. ¿Qué miras, cabrona?

    -Nada, nada.

    -Ah, creía. Pues ponte a mirar a tu puta madre.

    La chica las vio alejarse por el pasillo en pelotas y Rocío casi corriendo para llegar a la cama de inmediato.

    -¿Te gusta lo que ves? –se aproximó la desconocida a la chica.

    -¿Cómo? Oh, no, yo…

    -¿Te gustaría hacer un trío con ellas dos?

    -¿Puedo?

    -¿Y no prefieres esto? –enseñó la desconocida sus tetas firmes y rectas.

    -Joder…

    -Lo sé –rio.

    La desconocida se subió la minifalda para luego quitarse las bragas.

    -Sigue mi culo precioso –se alejó con un contoneo de nalgas que quitaba los sentidos.

    -Claro –fue la chica detrás babeando.

    -¿Cómo te llamas?

    -Andrea.

    -¿Andrea qué más?

    -Andrea Contreras.

    -¿Y el segundo apellido?

    -Andrea Contreras del Olmo.

    -Es por esa puerta. Vete quitando las bragas y me las das. Por cierto, ¿qué hora es?…

  • Carolina, una chica que se obsesiona con los maduros (2)

    Carolina, una chica que se obsesiona con los maduros (2)

    Esa tarde Carolina decidió repetir su «aventura» como lo había hecho un tiempo atrás. Todavía se excitaba al recordar lo fácil que había sido, simplemente se había vestido como una colegiala y en la calle un señor muy maduro la abordo y casi sin decir palabras terminaron en un hotel, donde el viejito la cogió con una energía y vitalidad que no parecían la de un setentón.

    Carolina era una chica de 19 años, alta y esbelta, tenía su pelo castaño por los hombros lo que aumentaba su imagen juvenil y en la Facultad donde estudiaba varios compañeros la habían invitado a salir pero ella siempre se negaba. A ella le gustaban los maduros, no los jóvenes de su edad.

    Especialmente esa tarde era favorable para la chica ya que sus padres no volverían hasta tarde y no tendría que dar explicaciones, cuando al salir, alguien la viera vestida de colegiala y si se encontraba con algún vecino que extrañado le preguntara algo siempre podía decir que iba a una fiesta de disfraces o convención de animes o algo por el estilo.

    A Carolina le encantaba su viejo uniforme de secundaria, lo saco de su percha y se empezó a cambiar. La blusa le ajustaba un poco en los pechos, que se habían desarrollado desde su época colegial y la pollera tableada escocesa le quedaba a medio muslo, la usaba corta ya en sus épocas colegiales pero viendo como usan hoy las colegialas sus polleras no era nada del otro mundo .Se miró en el espejo y quedo satisfecha con lo que vio, completo su atuendo con una corbatita escocesa y unas medias blancas con zapatos negros parecidos a los que usaba en el colegio.

    No quería parecer una putita, su pelo largo y cara aniñada favorecían su imagen de colegiala y Carolina sabía bien que nada enloquecía más a un hombre maduro que una chica vestida de colegiala. Tomo su mochila y salió a la calle.

    Había pensado dirigirse a la plaza distante dos cuadras de su casa y encontrar algún maduro que se interesara en ella, al cruzar la calle desde un camión le gritaron groserías pero era algo habitual, también le decían groserías cuando no iba vestida de colegial.

    Llego a la plaza, busco sentarse en un banco y saco su celular para entretenerse. Era un día muy nublado, amenazante de lluvia y había realmente muy poca gente en la plaza. Carolina no se decepciono, aunque no hubiera nadie solo el hecho estar allí sentada como una colegiala la excitaba.

    A los pocos minutos la chica vio que se acercaban caminando dos viejitos, un hombre y una mujer, parecían pareja, de unos sesenta y tantos años, y al llegar cerca se sentaron en un banco que estaba justamente enfrente a donde estaba sentada Carolina.

    La chica los miro curiosamente y lo primero que observo fue que el viejito la miraba fijamente y para su sorpresa también vio que la mujer la miraba con intensidad. La chica se movió en el banco y cruzo las piernas, al hacerlo su pollerita se subió aún más y sus piernas quedaron casi desnudas para la visión de la pareja que miraba con atención a la joven.

    Carolina guardo su celular en la mochila y disimuladamente miro a los viejitos, vio que la mujer entreabría su boca y se pasaba la lengua por los labios mirándole las piernas mientras el viejito también la miraba sin disimular su cara de lujuria.

    La chica se empezó a excitar, el hombre maduro era lo que buscaba pero la situación era más morbosa de lo que pensaba, ella no había estado nunca con una mujer y menos con una mujer tan mayor como esa, sin embargo la excitación y el morbo la estaban consumiendo. Se puso una mano en un muslo y se acarició lentamente y miro sin ningún disimulo a la pareja mayor, hizo como que se acomodaba la pollera y siguió tocándose el muslo.

    Carolina vio que el hombre le dijo algo a la mujer, esta asintió y se levantó para acercarse a donde ella estaba, al estar frente a ella le dijo «Discúlpame nena el atrevimiento pero te vimos acá sentada y como está por llover, si querés, venite con nosotros a casa que es en la esquina, así no te mojas».

    Carolina quedo sorprendida por como la mujer la había encarado, en ese momento una gruesa gota de agua cayo en su pierna y luego otra. Carolina se levantó y le dijo «Bueno, gracias, por lo menos me refugio hasta que pare de llover».

    Se encaminaron hacia la casa de la pareja, Carolina sintió que al cruzar la calle, la mujer la tomo de la cintura diciéndole «cuidado que acá pasan muy rápido los coches» manteniéndole la mano en la cintura hasta que llegaron a la casa. En ese momento se desato una furiosa lluvia dándole tiempo a los tres de entrar y ponerse a salvo del aguacero.

    La chica paso hacia lo que era el living y la mujer la invito a que se sentara en un amplio sillón mientras le decía al hombre «traele algo para tomar, Fermín».

    Carolina se sentó y la mujer se sentó a su lado, le dijo que sabían que iba a llover fuerte y les había dado pena verla allí sentada y por eso la invitaron a su casa, la chica le agradeció viendo como la vieja le miraba las piernas, su pollera se había subido tanto que prácticamente tenía todas las piernas desnudas y la mujer no se perdía detalle.

    El hombre volvió trayendo un vaso con refresco para Carolina que lo acepto y bebió un trago. El viejito se sentó también al lado de Carolina y empezó a mirarla en forma intensa mientras ella bebía. La mujer dijo «No fuiste al colegio hoy nenita?» «Es que no vino un profe y me fui a la plaza un rato» mintió Carolina.

    La mujer le dijo «Tenés que tener cuidado porque a esa plaza a veces van degenerados y si ven una nenita tan linda como vos y solita capaz que te hacen algo».

    Carolina le devolvió el vaso al hombre mientras se daba cuenta que tanto la mujer como el hombre están sentados casi pegados a ella. La mujer dijo «sos muy linda» y puso una mano sobre el muslo izquierdo de Carolina y empezó a acariciarla. La chica no dijo nada y la mano de la mujer siguió acariciándola, ahora dijo, con voz enronquecida «mira que linda que es Fermín» y de inmediato la mano del viejo se posó en la otra pierna de la joven, sobándola lentamente.

    Carolina empezó a excitarse y sintió que se mojaba entre las piernas, los dos viejitos la estaban acariciando sin pausas, sentía las manos mientras subían y bajaban por sus piernas, cada vez con más entusiasmo, bajaban hasta sus pantorrillas y subían de nuevo para darle deliciosas caricias a sus muslos.

    La mujer dijo, mientras le terminaba de subir del todo la pollerita, «me di cuenta que estabas buscando coger nenita» y le empezó a acariciar con los dedos la conchita por sobre la tanguita de la chica. Carolina empezó a suspirar de placer y entrecerraba los ojos, la mujer se inclinó sobre la entreabierta boca de la chica y paso su lengua sobre el labio superior de la chica y luego sobre el inferior rozando apenas la lengüita que Carolina empezaba a asomar hasta que le metió la lengua dentro de la boca y se entrelazaron las lenguas al tiempo que los agiles dedos de la vieja se metían por el costado de la tanguita y se metían dentro de la mojada concha de Carolina.

    A todo esto, el viejo seguía sobando las piernas de la chica, viendo como la mujer dedeaba la conchita de la pendeja mientras se comían la boca a lengüetazos, la chica demostraba estar bien caliente y el hombre ya estaba deseando cogérsela de una vez.

    Se levantó y tomando de un brazo a la chica la levanto separándola del besuqueo con la vieja, que también le saco los dedos de la concha. El viejo empezó a sobarle los pechos sobre la blusa, como desesperado viendo que la chica no tenía sostén se puso a desabotonarle la blusa hasta que se la saco con corbatita y todo, quedando al aire las redondas tetas de Carolina. El viejo se metió un pezón en la boca y lo empezó a mamar con desesperación, su verga ya estaba dura como una piedra.

    La mujer dijo «vamos a llevarla al cuarto» y entre los dos la arrastraron tocándola por todas partes al dormitorio. Carolina estaba disfrutando al máximo con los dos viejitos, la mujer la había llevado al borde del orgasmo y el viejito estaba con una erección visible aun con el pantalón puesto.

    Mientras el hombre seguía disfrutando de las tetas de Carolina, la mujer se puso a quitarle la pollera y la tanga… Se puso por detrás de la chica y empezó a acariciarle las nalgas, pasándole los dedos por la raja entre las nalgas y siguiendo su caricia hacia la encharcada conchita de Carolina.

    La chica gemía de placer, por delante un maduro bien maduro le comía las tetas y por detrás una vieja le sobaba las nalgas y la concha, ya estaba deseando que el bulto que el viejo frotaba contra sus piernas se metiera dentro de ella.

    Carolina dijo, con voz lujuriosa al oído del viejo, para ponerlo aún más caliente «te gusta coger colegialas, te gusta chuparles las tetas y cogértelas verdad?»

    El hombre al borde de la locura la beso con ardor en la boca, enlazando la caliente lengua de esa pendeja que lo estaba enloqueciendo. Se apartó para sacarse el pantalón y el calzoncillo, mostrando una erección que hacía mucho no tenía.

    La mujer tomo la chica por la cintura y la acostó en la cama, le acaricio los muslos nuevamente, le saco los zapatos y medias para dejarla totalmente desnuda, se puso sobre la joven abriéndole las piernas y empezó a comer a lengüetazos la mojada concha de Carolina.

    El viejo observaba, parado al borde la cama, como la chica gemía de placer y se contorsionaba mientras la mujer la chupaba sin pausas, abriendo a lengüetazos los labios vaginales llegando hasta el clítoris, en un momento volvió a introducirle dos dedos mientras su lengua seguía estremeciendo a la chica.

    Carolina sintió que estaba teniendo un orgasmo mientras la mujer le hacía sexo oral, nunca había imaginado el placer que le podía dar una mujer a otra mujer. El viejo se subió a la cama, estaba a punto de explotar y no podía esperar más.

    La mujer se separó de las piernas de la chica para ver como el viejo se cogia esa belleza. El viejo, sorpresivamente tomo a la chica de la cintura y la puso boca abajo. Le acaricio las nalgas y Carolina se dio cuenta lo que quería, el viejo le dijo «Si pendejita me gusta coger nenitas como vos, me gusta cogerlas por el culo» y antes que la chica pudiera hacer algo sintió como algo duro se le metía por atrás, venciendo con fuerza la resistencia del esfínter y metiendo la cabeza de su pito dentro de las entrañas de la chica. Carolina grito de dolor pero el viejo empujo de nuevo y ahora el dolor se acrecentó, era como que le metieran una viga de acero ardiente en el culo, De nuevo el viejo embistió y ahora toda su verga se alojó dentro del estrecho orificio de la chica. Empezó a culearla de a poco, venciendo la resistencia de esas apretadas paredes y volviendo ahora mucho más placentero para Carolina el vaivén con el que el viejo la cogia. Llego un momento en el que no fue posible para el viejo aguantarse más y en medio de un gutural gruñido acabo en el culo de la chica.

    Al cabo de un rato, ya repuestos los viejitos, le dijeron a la chica que ya no llovía más, que había sido un gusto dejar que se refugiara con ellos y que cuando quisiera podía irse. Carolina les agradeció y les dijo que había pasado muy bien. «Espero verlos de nuevo en la plaza» y se fue a su casa.

  • Cómo me volví una puta de vergas

    Cómo me volví una puta de vergas

    Soy una mujer de 40 y tantos años. Tengo un cuerpo fino, con buenas curvas y mi culo es mi orgullo. Lo tengo bien paradito gracias a que todos los días le dedico buenas horas de pesas, y mis tetas, son normales, ni muy grandes y ni muy chicas. Me case cuando tenía 22 con un hombre al que ame con todo mi corazón, pero gracias a mi suegra, me cambio mi vida sexual.

    Cuando me case, mi esposo y yo nos fuimos a vivir con mis suegros por un tiempo ya que nos ofrecieron su casa y nos hacían falta pocos meses para terminar nuestras carreras profesionales.

    Les comento que hoy en día, tengo mi propia compañía y soy una mujer muy discreta en mi trabajo.

    Nuestro cuarto quedaba justo al frente de mis suegros. Mi suegra, es una mujer muy bella y hace 18 años, la verdad que lucía una mujer muy sexy. Mi suegro, un hombre alto de cuerpo muy normal, pero de un carisma espectacular, igual al de mi esposo.

    Todas las noches, nos sentábamos a comer juntos los cuatro y compartíamos risas y diálogos.

    En las mañanas salíamos mi esposo, mi suegro y yo para nuestros quehaceres. Una mañana, en la universidad, el profesor que me daba la última clase de ese día, no llego así que nos cancelaron esas horas. Unos amigos me invitaron a desayunar. Yo les dije que tenía que irme a terminar un trabajo. Cuando llegue a la casa, entre y por un momento supe que me encontraba sola. Así que me cambie y me puse mi pijama. Baje a la cocina a calentarme una taza de café ya que estábamos en invierno. Y cuando subí note que la puerta de mis suegros, estaba un poco cerrada. Golpee, pero nadie me contesto. Así que entre a ver si alguno de ellos estaba cuando de repente escucho:

    «Métemela papi»

    «Con que querías verga hoy no, puta?»

    «Si la quería hoy papi…»

    Me quede fría por unos momentos, cuando se siguen diciendo:

    «Ven dame tu cara de puta, que estoy que me corro!»

    «Dame esa leche en mi cara…»

    «Ahhhh, tómala puta!»

    ¡No sabía que hacer! Sabía que era la voz de mi suegra, pero la otra voz, era gruesa y profunda, y supe en esos momentos, que no se trataba de mi suegro dándole a mi suegra su vitamina.

    Salí corriendo a mi cuarto y me quede allí esperando a ver quién era ese hombre.

    Me canse y me senté por unos minutos en la cama, pensando en aquellas palabras y como ese hombre hacia que mi suegra le obedeciera. Cuando salí del cuarto después de 15 minutos, levante la mirada y allí estaba mi suegra con una bata un poco transparente la cual se le notaban sus pezones, grandes y cafés y sus grandes tetas…

    «Hola G, pensé que no había nadie…»

    Me dijo con voz nerviosa.

    «No Sra., es que me cancelaron la clase y acabo de llegar.»

    Le conteste de igual manera, nerviosa. Nos miramos y tan solo nos dimos una sonrisa.

    Baje a hacer mi trabajo.

    En la noche, cuando mi esposo y mi suegro estaban en casa, nos sentamos todos a cenar. Allí yo miraba disimuladamente a mi suegra, la cual estaba actuando como si nada. Pero a la vez, ella me miraba, con ojos de sospecha.

    Pasaron unas semanas y yo quería cerciorarme de quien era esa persona que estaba clavando su verga a mi suegra. Así que opte por dejar de ir un día a la universidad. Cuando salíamos juntos con mi esposo y mi suegro, agarrábamos para direcciones diferentes, así que yo me quedaba de mi bus, y calcule más o menos la hora de la pasada vez. Llegue a la casa. Esta vez, abrí la puerta con cuidado y subí las escaleras. Mire a hacia el cuarto de mis suegros y allí la puerta estaba entre abierta. Me acerque y note una pierna en el aire y el sonido típico cuando entra la verga en una chocha mojada… Me excito escuchar ese sonido. Abrí con mucho cuidado la puerta cuando vi a un negro entre las dos piernas abiertas al máximo. Note ese hermoso culo de negro empujando mientras que las piernas iban y venían con el empuje.

    Comencé a tocarme una teta y comencé a morderme mi labio.

    «Ah, así papi, así méteme todo ese chorizo, ese pedazo de salami…»

    Escuche la voz de mi suegra diciéndole a ese negro. No me había acordado que traía en mis hombros mi maleta, y por el peso, se me deslizo y golpeo la puerta. Salí corriendo en esos momentos. Me entre a mi cuarto y eche seguro.

    Pasaron unos pocos minutos cuando escucho un toc toc.

    «G estas hay?» era la voz de mi suegra.

    Yo no sabía que contestar, hasta que tome el valor de abrir la puerta y allí estaba, mi suegra completamente desnuda. Sus hermosas tetas, su cuerpazo y su chocha bien cuidada.

    «Yo sabía que eras tú la que me había espiado la otra vez con José.»

    «Como así?» le pregunte.

    «Acompáñame…»

    «No Sra., como se te ocurre eso… ¡No, yo me quedo acá, no diré absolutamente nada de lo que estás haciendo te lo juro!»

    Me agarro de la mano y me llevo a su cuarto.

    Entre con la cabeza baja…

    «José, sal un momento.»

    Escuche la puerta del baño abrirse y la voz gruesa y profunda de ese negro:

    «Quien es ella?»

    «Te presento a G, mi nuera»

    «Que piensa hacer?»

    Le pregunto José.

    Me levanto la cabeza y me dijo:

    «Quieres mirar?»

    «No Sra. como le dije, Yo me quedo en mi cuarto…». Mientras que de reojo miraba la verga de José. ¡Le llegaba hasta un poco más de la mitad de la pierna!

    «Está bien, tú te lo pierdes…»

    Me soltó mi mano y salí hacia mi cuarto. Cuando en la salida, escucho.

    «Van para acá negro y dame esa vergota…”

    ¡No lo podía creer! Mi suegra a la que yo tanto respetaba y admiraba, era una completa puta.

    No volví a entrar al cuarto.

    Pasaron los días y yo no podía sostenerle la mirada a mi suegra. Ella sabía que yo sabía de su «pequeño» secreto. Hasta que una mañana de un sábado, mi suegro en el desayuno, nos comentó que se tenía que ir de viaje y mi esposo esa noche iba a salir temprano con sus amigos a tomar. Qué casualidad ¿verdad?

    El hecho que mi suegra me miro con ojos de felicidad los cuales yo sabía que esa noche iba a ser de clavada!

    Así que esa noche yo quería quedarme en casa de una amiga, pero la muy perra estaba con el novio. Así que me quede encerrada en mi cuarto. Habrían pasado unas horas desde que mi esposo se había ido. Y escucho que la puerta de la entrada se abre y los pasos subiendo las escaleras.

    Susurrando:

    «Óyeme, tu nuera esta acá»

    «Si, ella esta, pero no la molestemos, vamos a lo que viniste»

    Entran en el cuarto y comienza la faena.

    Escuchaba los gemidos y los sonidos de esas clavadas… No me aguante las ganas, estaba completamente excitada, me quite la pijama y me puse una bata, salí de mi cuarto y caminando hacia el cuarto de mi suegra, me estaba metiendo dos dedos dentro de mi chocha. Seguramente mi suegra me sintió, paro y se acercó a la puerta y me dijo:

    «Si quieres estar más cómoda, sigue y te sientas…». Abrí la puerta y allí estaba ella, caminando hacia la cama y se arrodillo frente a José y su mega salchichón! Se lo comenzó a mamar como una profesional.

    Me senté en la silla y comencé a ver ese espectáculo.

    José no decía nada, tan solo le cogia las tetas de mi suegra, mientras que ella con su verga dentro de su boca. Pude ver con mucha claridad la verga de José, una verga de cabeza rosada bien larga y un poco gruesa con los huevos bien caídos! Y pude ver como mi suegra se los metía en la boca y escuchar a José disfrutando de esa lamida y mamada.

    «Eso mamita, metete esos dedos dentro de esa chochita rica».

    Me decía, cosa que yo estaba disfrutando al máximo… De repente José le saca su vergota de la boca de mi suegra y se baja de la cama, camina hacia a mí y se me pone de frente! Yo no sabía que hacer… y note como las manos de mi suegra por detrás comenzaron a agarrase de semejante verga y le cogia los huevos.

    «Vamos G, pruébala, te lo juro que no diré nada…»

    De lo excitada que me encontraba, no lo pensé dos veces y me metí esa cosota de verga en mi boca y comienzo a mámasela! José tan solo disfrutaba y me cogia mis tetas sobándolas suavemente.

    «Que tetas tan deliciosas, tienes mamita»

    Mientras que y con su vergota no podía pronunciar nada.

    Vi que mi suegra de sentó a mi lado y comenzó a acariciarme las piernas. José puso sus manos sobre mi cabeza y comenzó a culearme la boca! Mis manos se pusieron en sus piernas y sentí las manos de mi suegra sobándome las tetas, esto me puso muy pero muy caliente.

    «Yo sabía que tú eras un perrita cuando te conocí por primera vez y ahora me lo estas confirmando, jajaja»

    Me dijo mi suegra mientras que José no me dejaba sacar su verga de mi boca.

    De un momento a otro mi suegra coge la vergota de José y me saca de una sola y comienza a mamársela fuertemente. Desde ese momento entendí que tenía que mamársela así de esa manera.

    Comencé a hacerle lo mismo a mi suegra, le cogí sus grandes tetotas y a sobárselas.

    Mi suegra se puso de pie y se colocó en 4 en el borde de la cama, José se colocó detrás de ella y apunto y se la mando a guardar.

    «Ahhhhh… que chimba de verga papi»

    Me miro y me llamo con un dedo. Me coloque delante de mi suegra y abrí mis piernas… No sabía lo que estaba haciendo, pero lo mejor es que mi suegra me respondió chupándome mi chochita! Me metió lengua, dedo, me la golpeaba, me hizo subir y a bajar!

    Mientras que yo miraba a José como clavaba a mi suegra ese panorama que yo tenía nunca se me va a olvidar. ¡Con 22 años y estaba haciendo mi primer trio! De repente José empujo a mi suegra por el culo y me halo de las piernas, mi chocha estaba bien mojada y el negro sin decirme nada, agarro su verga con una mano mientras que yo estaba mirándolo apunto su cabeza en mi rajita y la fue empujando poco a poco… ¡QUE DOLOR! Pero a la vez se sentía muy delicioso. Mi suegra se me sentó encima de mi cara.

    «Ahora chúpame mi chochita a ver cómo eres…»

    Y comencé a meterle lengua se sentía muy rico y sabia a los mejores jugos que he saboreado.

    Culeamos casi toda la noche en todas las formas que existían. Hasta que José no aguanto más y mi suegra me cogió del brazo y me hizo arrodillar junto a ella, juntamos las caras y me dice:

    «Nuerita, aquí viene lo mejor de lo mejor…»

    Note que abrió su boca y saco su lengua, lo cual hice lo mismo, cuando de repente, José saca unos bueno chorros de leche! El primero golpeo la cara de mi suegra y los otros en mi cara. Mi esposo no le llamaba la atención en correrse en mi cara, pero desde que José lo hizo, me quedo gustando.

    Nos quedamos allí un momento, y de repente, mi suegra gira su cara y me sampa un beso llenos de leche, m gusto, nos besamos y nos entramos a la ducha.

    Nos quedamos dormidos esa noche los tres en la cama de mi suegra.

    En la mañana siguiente, nos culeamos una vez más antes de que José se fuera.

    Él que sale y a los 15 minutos entra mi esposo!

    Lo saludé como si nada y note que estaba excitado, así que mire a mi suegra la cual me pico el ojo y me entre con mi esposo y me lo culee.

    Yo sabía que mi suegra estaba escuchando desde la otra parte de la puerta.

    Cuando salimos y nos sentamos a comer, mi esposo diciéndonos lo que había hecho la noche anterior y nos preguntó que habíamos hecho esa noche. Nosotras nos miramos y nos reímos.

    Pero por debajo de la mesa, nos estamos tocando.

    Esos dos años me culee a mi suegra junto con José y muchas veces tan solo nosotras dos.

    Hoy en día, recuerdo eso, y mi suegra esta en otro país, pero siempre que hablamos recordamos aquellos tiempos. Ahora me pregunta que si he estado culeando por ahí y le digo que ¡siempre! Que gracias a ella me volví una puta de vergas negras y de chochas…

  • Adoro a mi bella madre

    Adoro a mi bella madre

    Nunca imaginé que aquella mañana de enero mi vida tendría tal vuelco, que hasta el momento no he podido asimilar todo lo que me ha pasado estos años. Mi relato quizás busque una catarsis que puede amilanar un poco lo que mi consciencia a veces me recuerda. Provengo de una familia de clase media; mi padre un ingeniero de petróleos y mi madre una arquitecta de cierta notabilidad en mi ciudad. Tengo una hermana mayor que se casó hace 3 años y se fue a vivir con su marido. Aunque sé que el matrimonio de mis padres siempre estuvo signado por la rutina o el desgano de mi madre, y las continuas aventuras de mi padre, a quien no justifico, no pensé que la separación fuera tan inminente. Vivimos en una ciudad muy calurosa durante todo el año, puesto que el trabajo en la multinacional petrolera de mi padre queda a dos horas de donde residimos. Un mes antes, al regresar de la facultad donde estudio ingeniería civil, me sorprendió encontrar a mi madre en casa, bastante descompuesta, con una vaso de licor en las manos, algo inusual puesto que eran apenas las cinco de la tarde. La saludé como acostumbraba con un beso en la frente, y me dirigí a mi cuarto para tomar una ducha, vestir algo cómodo, comer y pegarme de mi laptop a hacer mis deberes. Al bajar a la cocina, ella, un poco turbada por el licor, estalló en un llanto que me angustió. La abracé y le pedí que me contara que pasaba. Me comentó que mi padre había tomado la determinación de irse definitivamente de la casa y aunque la verdad que él permanecía casi toda la semana por fuera, pues ahora quería iniciar los trámites del divorcio. Para ser sinceros esta noticia no me afectó, puesto que era preferible que todo acabara en buenos términos y no tener que vivir el infierno de dos seres que apenas si se dirigían la palabra en casa. Para rematar mi madre me dijo que debíamos mudarnos de apartamento puesto que mi padre había decidido venderlo, y ante la oferta que era buena, eso le facilitaba que ella pudiera tomar su parte en los bienes que le correspondían. Conclusión: a comenzar a empacar y prepararme para la mudanza, lo cual ocurrió un mes después.

    Mi madre había comprado un apartamento en las afueras de la ciudad, en un proyecto inmobiliario para el que trabajaba. Ante la premura debimos ocuparlo sin los acabados necesarios, es decir sin puertas interiores y otras cosas, ya que ella que es en extremo cuidadosa, prefería importar todos los interiores para hacer de éste sitio algo muy lindo. A mí, la verdad me importaba un carajo todo. El apartamento era realmente pequeño, con dos cuartos, un estudio y un área de servicio. Sin embargo la vista era preciosa puesto que ocupábamos el piso 12. El cuarto de mi madre tenía su baño privado y yo decidí que como nadie nos visitaba, el baño social sería mío. De lo único que nos ocupamos fue de comprar unas cortinas provisionales para evitar que los vecinos de los apartamentos vecinos pudieran espiarnos, sobre todo a mi madre Nos instalamos pues en nuestro nuevo hogar, y ese evento de la mudanza despertó entre nosotros algo desconocido; un afecto increíble que nos hizo demasiado bien a los dos. Bromeaba permanentemente con ella, le daba abrazos fuertes para levantarle la moral y le preparaba un trago en la tarde cuando regresaba de su oficina. Aparte de eso tuvimos que seleccionar muchas cosas que no usaríamos para regalarlas, debido a lo reducido del espacio. Desechamos algunos muebles, utensilios y otras cosas las llevó papá a su nueva casa. Mi madre entonces se dio cuenta que su guardarropas debería sufrir un recorte muy grande y sentados en su cama, comenzamos a escoger entre los dos, que cosas no usaría más. Al observar varios de sus trajes, descubrí que muchos de ellos jamás se los había puesto, por lo que ella decidió colocárselos para que yo pudiera opinar si los guardaba o no. Los modelaba con cierta coquetería al tiempo que se colocaba unas zapatillas abiertas de tacón bastante elevado lo cual resaltaba mucho más lo gracioso y voluptuoso de su figura. Yo la observaba atento, pero de un momento para otro, la sensación de admiración y respeto hacia esa mujer, fue diluyéndose y transformándose en una extraña mezcla de curiosidad por descubrir más de esa piel que por momentos ella me permitía apreciar, al tirar un vestido y ponerse otro, quedando en sostén y pantaletas que por cierto eran diminutas. De todas maneras y dado que muchos de los trajes le quedaban bastante ajustados le pedí que los guardara puesto que en realidad se le veían bien, aunque en realidad se notaba extremadamente vulgar por el tamaño de sus grandes nalgas. Convivir en esas circunstancias dio origen a lo que se convirtió no en una estrecha relación filial, sino en una indefinida y tácita relación de macho y hembra, y ese es el motivo que me lleva a relatarles esto. Esa mañana de enero de la que hablaba, nuestras vidas cambiaron para siempre.

    Resulta que Sofía, que es el nombre de mi madre y como la llamo desde entonces había olvidado su toalla de baño y me pidió que por favor la alcanzara una. Entré desprevenido a su cuarto y como la ducha era de acrílicos transparentes sin querer la observé como Dios la trajo al mundo. Desde muy niño la había visto en paños menores pero nunca reparé en ella como hasta el día que se probó sus vestidos y más en ese momento. Ella sin darle importancia a mi presencia, tomó la toalla y comenzó a secarse. Salí del cuarto con la impronta de su total desnudez martirizándome; quemándome las entrañas y para qué negarlo, con una inquietud que terminó en una maldita erección como pocas veces tuve en la vida. Haberla visto así, en la plenitud de su piel blanca y sus cabellos húmedos surcándole los hombros, su pubis ligeramente rasurado, enmarcando ese triángulo en medio de sus muslos, era algo para lo que no estaba preparado. Decidí entonces regresar a contemplar ese precioso espectáculo, y cuidando de que no se percatara, pude verla de espaldas a través del espejo de su tocador. Era preciosa. Me impactó el tamaño de sus nalgas redondas y provocativas, así como sus piernas gruesas. Mientras esparcía la crema por su cuerpo, mi pene comenzó a crecer exigiéndome ese monumental pajazo que me hice inmediatamente en la ducha. Ese día no pude apartar su imagen de mi cabeza, y lo único que deseaba era regresar a casa para poder verla de nuevo, al salir de su baño. Sabía que era mi madre, y era consciente de que estaba ad portas del incesto, pero nada me importaba como no fuera disfrutar su belleza.

    Sin embargo a pesar de la convivencia permanente, solo hasta ese momento pude comprobar que si bien ella despertaba en mí, ciertas emociones inexplicables, lo cual en un principio atribuí a nuestra relación filial, no estaba exento de experimentar esas mariposas en el estómago cuando ella dedicando toda su ternura jugaba conmigo en la cama, por lo cual la imagen de su semi desnudez no me era extraña, pero si fue lastrando una curiosidad mucho más allá de lo que supuestamente me era permitido. De todas maneras dada la presencia de papá en casa, cualquier inquietud quedaba de lado, puesto que inconscientemente la imagen de otro macho apaciguaría en mí, cualquier deseo hacia ella. Por eso a partir del momento en que vivimos juntos, las cosas dieron un giro de ciento ochenta grados y el volcán del deseo, hasta entonces dormido, despertó con toda la furia al tener tan cerca su precioso cuerpo y poder observarlo furtivamente, tal como Dios la trajo al mundo.

    Los días siguientes fueron un tormento cada vez mayor. Comencé a madrugar para poder espiarla a las 5 y 30 am, y me encantaba mirar cómo se jabonaba en un ritual más de complacencia que de higiene. Tomaba la afeitadora y procedía a rasurar la entrepierna de su vello púbico, dejando intactos los de la entrada de sus labios y una pequeña área de su monte de venus, lo más cercano al cielo que tuve en mi vida. Queriendo no perder un solo detalle en lo sucesivo, cambié el sitio de su cama y su tocador, para que pudiera verla tranquilamente por el espejo, que además reflejaba la ducha también. Aunque nada podía compensar la magnitud de su desnudez, comencé a experimentar unos estados de ánimo que no conocía, y que oscilaban entre la euforia y la depresión luego de haberme masturbado pensando en ella. No sé si notó estos cambios pero de un momento para otro comenzó a hacerme ciertas preguntas acerca de mi sexualidad, que no eran frecuentes. Le comenté acerca de un par de nenas, hijas de amigos de la familia, con quienes tuve sexo pero la verdad que todo fue muy insulso. Ella fingidamente sonreía con mis comentarios, y en un momento me dijo que cuál era el tipo de belleza que me hacía perder la cabeza. Por poco le respondo que precisamente era ella, pero de todas maneras si le dije que quizás por ser su hijo, me hubiera encantado una mujer así de su porte, su figura y su color de piel. Se rio demasiado y queriendo bromear conmigo me dijo que podríamos ser novios pero platónicos, ya que era mi madre. Yo me reí mucho también y le dije que aceptaba encantado, pero que si podría invitarla a salir al cine, y porqué no acompañarla a tomarse sus tragos. Queriendo sellar nuestro pacto de esa conversación aparentemente inocente, la abracé con fuerza y le di un sonoro beso en su mejilla, pero al tratar de zafarse de mis brazos, su boca rozó la mía y fue inevitable que nuestros labios tuvieran ese contacto. Nos miramos a los ojos sorprendidos pero queriendo evitar reacciones de su parte le dije que me disculpara pero que ella se había movido y por estar jugando conmigo pues le había besado su boca, que además era muy hermosa. Me miró extrañada, pero no demostró disgusto para nada, y creo que ella esperaba que por las circunstancias algo pasara entre nosotros a pesar de la maldita prohibición que la sociedad nos imponía por ser madre e hijo. Seguimos conversando banalidades, y ante la inminencia de un fin de semana decidí irme a mi cuarto a terminar una investigación pendiente para el día siguiente viernes.

    Sé que muchas cosas pudieron pasar por nuestras cabezas a partir de ese día. Y estoy seguro que muchas veces Sofía se detuvo en mi ducha para comentarme algo; y era inevitable que observara mi cuerpo desnudo. Tengo 1.78 de estatura, soy delgado, pero atlético y sin presumir creo que mi miembro es normal para mi tamaño, aunque mis huevos si son bastante grandes. Sofía tiene 1.68 de estatura, unas caderas que miden 115 centímetros, 36 de sostén, y unas piernas bastante gruesas, las cuales se enmarcan de manera deliciosa cuando usa ciertas prendas ajustadas, como faldas o jeans. Sé que esos kilos de más que tiene, se encuentran justamente en el tamaño de sus nalgas inmensas, deliciosas. A pesar de haber parido dos hijos su vientre es perfectamente alineado aunque de hecho, por ser una mujer blanca si tiene estrías, pero no son desagradables. Es más, creo que es el prototipo de la mujer que sin ser gorda es voluptuosa, exuberante y con formas que llaman la atención a todos, menos al cabrón de mi padre cuya afición por las putas hizo que mi madre terminara cogiéndole fastidio. Y era apenas natural que así ocurriera puesto que mi madre al único hombre que tuvo en su vida fue a mi papá, alguien que no se distinguía precisamente por su fidelidad. Por eso hoy en día entiendo que la frigidez de mamá se debió al maltrato e incomprensión de un hombre como mi padre acostumbrado a manejarse entre prostitutas, y cuyas actitudes debieron afectar demasiado a una mujer inexperta como Sofía.

    A partir de esas conversaciones tuve dificultades para conciliar el sueño. Elucubraba mil fantasías, pensando en ella, a su lado, besándola, acariciándola y olvidando por completo lo que nos unía. Sofía se convirtió en mi obsesión, en el único motivo para ser feliz, para sentirme absolutamente enamorado de ella, de sus ojos cafés, de sus cabellos castaños, de sus manos delicadas y de la locura de su cuerpo hecho deseo para mí. Pienso que cambié demasiado a partir de entonces pues ella lo notó y me lo hizo saber. Era extraño que quisiera estar ayudándole en las labores de la casa y ofreciéndome para hacer lo que fuera con tal de estar a su lado. Para acabar de dañarme la mente, ella permanecía en casa con unos pequeños shorts de tela muy liviana que se partían en medio de su vulva y entraban ligeramente en medio de su precioso culo. Usaba unos tops que me dejaban observar su vientre hermoso con ese ombligo profundo que no tardaría en chupar hasta enloquecerme. Calzaba unas sandalias que le iban perfectas a la belleza de sus pies largos, delgados y con unos dedos divinamente arreglados y sus uñas pintadas de varios colores nacarados. Y esa parte de su cuerpo despertó en mí, un fetichismo que me trajo toda la complacencia, sobre todo cuando ella al regresar de su trabajo, se descalzaba y sentándose en el sofá procedía a masajearlos puesto que la altura de sus tacones le cansaba un poco.

    Una tarde cualquiera le pedí que me dejara darle su masaje, a lo cual no se rehusó. Tomé un poco de crema en mis manos y procedí a esparcirla por sus plantas, dedos y tobillos, acariciándolos suavemente, y tratando de disimular la excitación que me producía el contacto de sus hermosos pies. Esa primera vez comprobé como el contacto de mis manos le causaba una sensación de placer que tampoco pudo ocultar, puesto que su respiración se notaba agitada. Había vestido una pijama de tela vaporosa que le llegaba hasta las rodillas, por lo cual le pedí que se recostara en el sofá totalmente, mientras yo desde la esquina opuesta continuaba con mi labor supuestamente para desestresarla. Estuve frotando sus pies por lo menos una media hora, y poco a poco fui subiendo mis manos hasta la altura de sus pantorrillas, y sin poder evitarlo al encoger sus piernas dejó ante mis ojos toda la belleza de sus muslos y su ropa interior, por lo que ella procedió a cubrir su intimidad con la pijama pero descubriendo un poco más sus muslos, algo que me dejó atónito, puesto que el grosor de éstos, y una ligera celulitis en la cara interna de sus piernas eran algo demasiado provocativo para todo lo que se fraguaba en mi mente al comenzar a verla con toda la lascivia y falta de pudor. Esas supuestas atenciones se repitieron los días siguientes, en un contubernio en el cual ella disfrutaba mis caricias, mientras yo aumentaba el deseo por tenerla conmigo, en esa actitud en la cual la suavidad de sus pies, la belleza indescriptible de estos y el espectáculo de sus piernas hacían que una vez acabara buscara cualquier pretexto para masturbarme en su nombre. Una tarde no resistí y viéndola ligeramente adormecida, luego de limpiar la crema de sus pies, los acerqué a mi boca, pasando mi lengua suavemente por su empeine y sus plantas, chupando sus dedos imperceptiblemente, ante lo cual Sofía retorciéndose me miró riendo y me dijo que esas caricias jamás las había sentido y que le producían una cosa muy rara, no dije nada, y mordí suavemente sus deditos, diciéndole que eso no tenía nada de malo. No respondió nada, pero su turbación era evidente, así que decidimos dar por terminado el masaje.

    De un momento para otro comenzó a usar ciertas prendas para dormir que dejaban muy poco para mi imaginación. Vestía unas pijamas transparentes de color negro y rojo cuyo tejido me permitía apreciar totalmente la dimensión de sus senos y sus pezones grandes, así como también el tamaño de sus pequeños interiores que entrando en medio de sus nalgas daban toda la libertad para que estas armónicamente se mecieran cuando ella caminaba. Sé que en cada una de sus actitudes había una cierta coquetería o desafío, y pienso que encararme de esa manera perseguía, o bien que se me quitara la bobada con respecto a ella, y me acostumbrara a verla como mi madre o, a acabar de generar ese clima de morbo infinito en el cual convivíamos. Para bien o para mal ocurrió esto último y la tentación de estar solos, de vivir en esa intimidad peligrosa habló más alto. Sin poder evitarlo comencé a buscar un contacto cada vez más cercano, abrazándola por el menor motivo y queriendo apartar cualquier prevención de su parte, comencé a jugar con sus cabellos, a cargarla a pesar de sus 65 kilos de carne deliciosa, y a llevarle el jugo a su cama en las mañanas de los fines de semana, cuando entraba a su cuarto, me sentaba en su cama y le estampaba un beso en su frente acariciando sus cabellos y despertándola con frases melosas. Acariciaba su espalda levemente, dejando que mis manos se recrearan en toda la belleza de su piel tapizada de unos lunares que aumentaban en la medida en que surcaban su cuello y el derredor de sus senos. Ella haciéndose la dormida comenzaba a moverse con unos movimientos de nena mimada, y haciendo pucheros con su linda boca, me tomaba de las manos, dándome los buenos días. Era inevitable que al levantarse de la cama la observara con su pijama mal cubriéndola y así entraba al baño a cepillarse los dientes regresando a la cama para tomar su infaltable jugo de naranja. Me fascinaba ver sus cabellos revueltos, sus tetas a través de la camisa de dormir y sus muslos desnudos, recogidos sin ninguna prevención, mientras a veces quedaba expuesta la delicia de su sexo no muy protegido de mi vista por sus pequeños interiores. Quería convertirme en el macho que nunca tuvo, en ese hombre tierno, atento, detallista, que la consintiera y la hiciera sentirse la nena que nunca pudo ser. La cercanía de nuestros cuerpos era cada vez menos inocente. Yo en casa dejé de usar pantaloncillos y me colocaba únicamente un short que le permitiría dimensionar y sentir en su piel el tamaño de mi pene. Cuando la abrazaba al comienzo evitaba que mis piernas entraran en contacto con su cuerpo, pero decidí que era preciso que tomara la iniciativa y empecé a juntarme más al suyo, abrazándola con fuerza, pasando mis manos por su talle y acercando mis labios a su cuello, cuya cercanía le producía una sensación inocultable que se expresaba a través de lo erizado de los preciosos vellos de sus brazos. Solo faltaba un pretexto para terminar amándonos como hasta ahora lo hacemos.

    No había pasado un mes cuando llegaron las puertas interiores y ella contrario a lo que pensaba, las dejó de lado diciéndole al maestro de la obra que las instalaría cuando todo llegara y no por partes. Eso me confirmó que ambos podríamos estar deseando espiarnos mutuamente, y que ella sabía que yo vivía pendiente de sus entradas a la ducha para darme el espectáculo de su piel de marfil, acariciándose con el jabón y reprimiendo el deseo insoportable que sentíamos y que estaba a punto de enloquecernos. Un viernes en la noche tuve que ir a un compromiso de la facultad. Cuando regresé estaba muy cambiada y de un pésimo humor. Había vestido una trusa negra que la cubría totalmente, y al mirarme, el disgusto en sus ojos era evidente. Me preguntó si quería comer algo, pues debía estar muy hambriento después de haber estado con todas las puticas de la facultad, y que en eso era igualito a mi padre. No podía creer lo que ella me estaba diciendo. Sofía estaba celosa, enloquecida de pensar que otra mujer y no ella se hubiera acostado conmigo. Me quedé mudo, y mirándola fijo a los ojos me fui acercando poco a poco. La tomé de las manos y le expliqué que si me había demorado se debía a que precisamente ese día, era la despedida de la facultad y que a pesar de que todos se citaron en una discoteca de moda, y que la fiesta presagiaba todo el desorden del mundo, yo preferí regresar a casa puesto que nada compensaba la alegría de estar a su lado. La abracé con decisión; quería fundirla a mi cuerpo, en tanto que ella abandonándose por completo comenzó a sollozar pidiéndome perdón por ser tan celosa cuando yo no era su macho sino su hijo. Me rodeó con sus brazos por mi cuello como implorando ese perdón y esa protección que no quería perder. Sentir su aliento tan cerca, el perfume de sus cabellos aún un poco húmedos por el bálsamo que se aplicaba y sus senos totalmente aprisionados a mi pecho, me hicieron sacar a flote todo el cúmulo de emociones reprimidas, de sentimientos, de amor y deseo inaguantable. Estuvimos así; quietos, sin querer apartar nuestros cuerpos en un abrazo que nos condujo a ese nuevo universo en el cual nos sumiríamos para siempre. Comencé a besar su frente, a murmurarle que era la mujer más preciosa del mundo; la mujer más tierna y amorosa y que por nada ni nadie estaría dispuesto a dejarla sola. Sentí como se estremecía mientras mis labios imperceptiblemente se posaban en sus párpados cerrados, y mis manos la asían con más fuerza por su talle delicado. Tomé su carita entre mis manos y sin que pudiera evitarlo posé mis labios suavemente en los suyos. Nos miramos intensamente sin que ninguno de los dos tratara de evitar ese contacto, hasta que enloquecido abrí mi boca y con mi lengua fui abriendo lentamente sus labios, mordisqueándolos sin que ofreciera resistencia. No sé cuánto tiempo pudimos estar besándonos con esa fragilidad en la que era preciso estar totalmente entregados, sin hablar, para que el hechizo no fuera cortado. En un momento reaccionó y apartándose de mí, me miro aterrada. “¡Por Dios, que estamos haciendo?!”, fue lo único que alcanzó a decir puesto que nuevamente callé su boca con la mía, y cargándola la llevé hasta su cuarto. Sofía comenzó a gemir como una chiquilla pidiéndome que me detuviera puesto que se hallaba demasiado frágil emocionalmente y demasiado confundida; que estaba al borde de la locura conmigo. Sin decir nada la acosté en la cama, me recosté a su lado, y seguí abrazándola, ya no con ternura, sino dejando que mis manos bucearan por toda la extensión de inmaculada espalda, hasta sus caderas, al tiempo que mi miembro totalmente enloquecido se refregaba en sus piernas para que su voluntad fuera doblegándose por el contacto de un macho. Ella respirando agitada solo murmuraba “no, no, no por favor, mi vida, esto no está bien mi cielo, no, nooo, qué estamos haciendo por Dios!”; aunque ya sus manos se aferraban a mi espalda llevando la contraria a lo poco que quedaba de su cordura y sus prejuicios.

    Sin soltarla comencé a bajar el pantalón de su trusa, lo cual quiso evitar pero dada mi fuerza no pudo impedirlo. Pude palpar por primera vez la delicadeza de toda su piel de fuego, la lisura de sus piernas y sus nalgas descomunales y perversas. Acaricié su hermoso culo con sevicia, pero sin llegar a lastimarla, mientras se excitaba cada vez más cerrando sus bellos ojos de los cuales brotaban unas deliciosas lágrimas que secaba con mis labios. Me detuve con mi mano izquierda a recorrer la suavidad de su vientre en cual un día me tuvo y hoy estaba dispuesto a disfrutar de nuevo en toda la plenitud de un placer diferente. El sentir su dermis me quemaba, me dejaba completamente enloquecido, por lo cual aflojé mi pantalón y lo tiré a un lado. Continué besándola y recostándome encima de ella, abrí sus piernas poco a poco para que su sexo empapado de un gozo diabólico y extraño para ella, experimentara la dureza del mío. Los gemidos de mi princesa eran más y más intensos cada vez. Abrió sus piernas de par en par, para sentir todo el volumen de mi verga estrangulada por el bóxer, y a punto de penetrarla. Besé su cuello, lamí sus orejas y sin decirnos nada, levantándose un poco, tiró su blusa y aflojó su sostén. El espectáculo de sus tetas desafiantes me llevó a besarlas con ternura, aumentando mis caricias con mi lengua y mordiendo delicadamente sus pezones duros. Relamí cada centímetro de sus pechos, hasta llegar a sus sobacos lo cual me pareció increíble, pues ella se retorcía como una perra en celo. Bajé mi lengua por sus caderas y tiré de su tanga con mis dientes hasta sus rodillas, regresando a sumergirme en toda la extensión de sus labios vaginales, chupándolos, pasando mi lengua por todo ese vértice de lujuria que ahora era mío y que estaba dispuesto a beber por todo el tiempo del mundo. La besé y chupe con sevicia, como un poseído, relamiendo sus labios y su clítoris, pasando mi lengua por toda el área de sus piernas abiertas, hasta la entrada de su precioso ano; degustando cada gota de sus fluidos que manaban desde su alma entregada al deseo. El sabor y el aroma de su sexo era el más poderoso lenitivo que jamás bebí, hasta que mi hermosa mujercita no pudo más y estalló en un delicioso orgasmo, sollozando como una jovencita recién desvirgada.

    Sabía que en ese momento no contaba mi placer sino el de ella, y que debía continuar hasta que todas sus dudas, temores y remordimientos quedaran atrás ante la grandeza de nuestro mutuo amor y nuestras más perversas pasiones. Ad portas de ser poseída y habiendo atravesado el umbral del no retorno, Sofía clavó suavemente sus uñas en mi espalda, y mirándome fijamente a los ojos, me obligó a confirmarle que en ese momento no me estaba acostando con ninguna perra de la facultad, pues una de esas zorras había dejado un mensaje en el contestador de mi casa, ofreciéndose para estar conmigo en la fiesta y anunciándome que estaba loca por hacer lo que yo ya sabía con ella. Mi hermosa mujer sentía celos, y no precisamente de madre: sentía celos de su macho, rabia de pensar que otra pudiera estar conmigo, cuando ella desde hacía mucho había dejado volar su imaginación al igual que yo, soñando con ese momento. Me reí mucho de sus ocurrencias y sabiendo que ese momento era irrepetible le confesé que estaba perdidamente enamorado de ella desde que estábamos viviendo juntos. Que hacía mucho tiempo había dejado de mirarla como mi madre y que todo el tiempo la observaba como la deliciosa mujer que era. Me confesó entonces que desde que llegamos a ese apartamento había comenzado a sentir lo mismo, y que vivía loca de celos cada que cualquiera de mis compañeras llamaba, y que muchas veces optó por no darme los recados, en particular en dos ocasiones en que había una fiesta bastante interesante, y que sin que yo me diera cuenta, desconectó el teléfono para evitar que llamaran a casa y entrando en mi cuarto apagó mi celular. No sabía que decir y simplemente solté una sonora carcajada.

    Continué besándola colocándola de lado, después de pasar mi lengua por su cuello, espalda, cintura y sus caderas donde me detuve a mordisquear sus nalgas infinitas. Sofía estaba enloquecida; gemía como una gata.  Regresé de nuevo a la indescriptible sensación de chupar su vulva, cuyos labios aumentaban de grosor, me dediqué a lamer cada poro, cada milímetro de piel de su culo vulgar y delicioso. Abrí su pierna derecha y la puse encima de mis hombros, y abriendo sus grandes nalgas exploré la delicia de su ano cuyos pliegues perfectamente delineados me acabaron de alucinar. Introduje mi lengua lo que más pude tratando de dilatar ese orificio de placer, lamiendo todo lo que de ella bajara, pues todos sus fluidos, eran lo que necesitaba para vivir desde entonces… Dispuesto a que sintiera todo aquello a lo que tenía derecho, seguí lamiendo su sexo y su clítoris hasta hacerla sentir no sé cuántos orgasmos más. Mi madre era multi orgásmica y no me explico como el imbécil de mi padre no se percató de semejante hembra tan lúbrica en su vida. Dándome vuelta y mientras chupaba su preciosa cuquita fui colocando mi pene cerca de sus labios, hasta percibir como su lengua comenzaba a lamerle la cabeza, y en uno de sus arranques de locura optó por meterlo todo en su boquita mamándolo con una delicadeza que no pude resistir vaciando todo el semen que no pude retener y que para mi sorpresa ella bebió encantada, queriendo extraer hasta la última gota. Sin embargo esa eyaculación no hizo mella en mí, y dispuesto a concluir nuestro pecado subí sus piernas a la altura de mis rostro chupando y lamiendo sus bellos pies, los cuales introducía en mi boca hasta donde fuera posible mientras le colocaba en la entrada de su vulva todo aquello que tanto deseaba sentir en sus entrañas. La penetré al comienzo con delicadeza, después con decisión, con fuerza, mientras ella daba un grito de placer y sus gemidos aumentaban así como el vaivén de sus caderas, me abrazaba durísimo y como cosa extraña comenzó a musitar palabras de grueso calibre, lo cual aumentó mi excitación y queriendo que mi verga entrara hasta su corazón le di las estocadas más fuertes que pude, hasta que comenzó a gemir más y más, estallando en el orgasmo más prolongado que pude experimentar en mujer alguna, mientras inundaba sus entrañas con el semen que hasta ese momento pude haber reprimido y guardado en su honor. Sofía evitando mirarme a los ojos, con una falsa vergüenza y un discutible pudor se aferró a mí, pasando sus manos por mi espalda, suspirando como una quinceañera enamorada, y recostándose en mi pecho fue adormeciéndose en esa nebulosa que ahora le demostraba que un nuevo amor, quizás prohibido pero esta vez el definitivo, había llegado a su vida.

    Me detuve a contemplarla así, desnuda, entregada, indefensa, y enloquecido por la obsesión de sus nalgas, poco a poco le di vuelta de costado para seguir lamiendo como un demente su culo delicioso, entrando mi lengua hasta donde esta me alcanzaba, mientras ella abría sus piernas facilitando mis besos. Mi verga estaba a punto de estallar, por lo cual tomé un poco de crema humectante de su tocador y lubriqué su precioso ano, ante lo cual ella angustiada me pidió que no le hiciera daño, pues temía que esto le doliera. No dije nada; la abracé así de lado y con mi pene embadurnado de crema comencé a pasearlo por la entrada de su culo, acercando mi cabeza hasta la entrada ya un poco dilatada. Sofía comenzó a excitarse y tomando mi miembro con una de sus manos lo colocó justo en la entrada de su culito y empezó a recostarse contra él, esperando que al penetrar no sintiera el dolor que tanto temía. Resulta que mi padre en una de sus borracheras una noche cualquiera quiso comérsela por detrás y prácticamente violentándola le hizo mucho daño por lo cual ella se rehusó a ese tipo de relación. Entendiendo su mensaje me quedé quieto mientras ella poco a poco se fue recostando más y más contra mi pene hasta que sin poder evitarlo sintió como este invadía la cavidad de su delicioso recto. Suspirando en cada milímetro de verga que la invadía, aumentó sus movimientos hasta que estuve casi dentro de ella. Se quedó quieta a la espera de que yo ahora sí terminara mi labor, al sentirse totalmente penetrada gimió de dolor pero me pidió que continuara, pues estaba siendo desvirgada por mí, pero a pesar del dolor el placer era más intenso que todo en la vida. Tomó mi mano y la llevó a su clítoris y refregándose como la más experta de las putas, llegó al orgasmo al tiempo que yo dejaba dentro de ella una nueva descarga de semen.

    A partir de entonces y sin detenernos a pensar o a cuestionar nada, nos hemos convertido en marido y mujer. Siento que la amo cada vez más; que la deseo las 24 horas del día, y que a pesar de dormir juntos totalmente desnudos, y hacer el amor en las noches, las madrugadas, las mañanas y cuando tenemos la oportunidad de estar solos, cada nuevo apareamiento es más intenso y nos conduce a un estado de placer del cual ninguno de los dos quiere descender. Adoro su cuerpo y su piel blanca está cada vez más expuesta a mis miradas. Tan pronto llega a casa prácticamente se desnuda a mi espera, o simplemente se coloca esas pijamas que nada cubren realmente. No veo la hora de regresar después de las clases y terminar mis obligaciones, para esperar que se abra esa puerta y poderla abrazar con todo el amor y estamparle el beso más delicioso en su boca de fuego. No la dejo que se duche cuando regresa de su trabajo, hasta tanto yo no haya saboreado la delicia de su sexo y su culo sudorosos y acalorados, de su excitación con ese inconfundible aroma de sus hormonas y el sabor delicioso de sus orines y sus fluidos que se pegan a la entrepierna de sus tangas, las cuales relamo con locura. Amo olfatear y lamer también el sudor de sus axilas, y le prohibí que usara desodorantes puesto que el sabor de estos me molestaba y me dejaba un sabor desagradable en la boca. Me encanta sentarla en el sofá, tomar sus bellos pies en mis manos, acariciándolos de la manera más pervertida, haciendo que con ellos acaricie mi pene, hasta hacerla morir de la risa, la excitación y el nerviosismo. La adoro, y adoro todo lo suyo; y me complace saber que es feliz a mi lado, cuando en las tardes nos recostamos a ver televisión o el fin de semana desconectamos nuestros celulares y nos tendemos desnudos en nuestra cama, a amarnos ajenos al mundo.

    Somos absolutamente felices y solo el maldito hecho de ser madre e hijo empaña a veces nuestra dicha total. Cada día está más preciosa, y si bien ha engordado un poco, esos kilos inexplicablemente se depositan en sus adorables caderas, sus nalgas y sus piernas. Sentimos que nada ni nadie podrán separarnos y no tengo más ojos que para ella, y sé que a pesar de celarme por todo, muy en el fondo sabe que no fijaría mis ojos en nadie que no fuera ella. La amo con devoción y locura y sé que ambos moriríamos solo de pensar en que un día tuviéramos que dejarnos. Para evitar inconvenientes decidimos que se operara el año pasado, pues no hay día que no hagamos el amor sin tener en cuenta ni siquiera su período menstrual, púes me ha confesado que es en los días que más excitada está y para ser sinceros, chuparla durante su período me encanta, por el olor y el sabor de sus flujos de sangre y excitación que bajan a montones, mezclados, en medio de sus contorsiones y sus gritos de placer.

    Adoro todo lo suyo, y sé que muchos podrán pensar que se trata de cualquier fantasía este relato, o simplemente es el producto de una mente enferma. Total lo que cuenta es nuestra felicidad, y saber que Sofía es la mujer de mi vida, pues ella misma me dio esa vida, me hace pensar en que solo la muerte podría acabar con todo este universo de lujuria, pasión, amor e incontinencia. Ella a su vez ha demostrado que puede ser la más depravada de las putas con tal de hacerme feliz, y que mi padre jamás supo llegar a su corazón y menos a su sexualidad. Que hemos descubierto miles de cosas, que hemos elucubrado miles de fantasías y que tal vez lo más loco que pensamos hacer es estar con otra nena para verla haciéndole el amor. Ya tenemos todo planeado para nuestras próximas vacaciones y Sofía está dispuesta a hacerlo con otra mujer y de paso permitirme que también la penetre pero estando con ella. Esa es mi mujer, la preciosa Sofía, a la que cada día parecen crecerle más sus nalgas y empinarse desafiantes a la espera de mi verga. Esa es mi mujer, mi adorada amante; aquella que me espera cada noche con sus piernas abiertas para sentir su macho hijo explorando todos sus orificios, posando mis labios y mi boca por su sexo inclemente, por su culo de ensueño, inundándolos de semen; su semen que adora beber y refregar por su carita pues sostiene que es la mascarilla ideal para prevenir las arrugas. Este soy yo; su macho, su novio y amante, y el hombre que compensó con creces toda la felicidad que sacrificó los años que estuvo con el imbécil de mi padre. Ahora estoy dispuesto a darle todo lo que esté a mi alcance para dedicarme en cuerpo y alma a la adoración apóstata de toda su belleza, de su piel de marfil y deseo, de pasión y ternura, de su boca que sabe llevarme de cabestro por todo el universo del placer para perderme en el delicioso infierno de sus caricias y sus mimos. La amo como nunca pensé que un hombre pudiera amar a una mujer; a mi mujer, a la preciosa Sofía, el motivo más grande que tengo para vivir.

  • Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 3)

    Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 3)

    Ya os he contado que mi ex me había pedido volver con ella. Pero también le prometí a mi hija que la compensaría. Por supuesto que iba a hacerlo, aunque tengo que reconocer que el sexo con mi ex había sido excitante, tan bueno como cuando estábamos casados. Ahora lo más importante era centrarme y pensar en si iba a volver con mi ex o no, y por supuesto seguir follando con mi hija.

    Lo primero era cortar con Lorena. Con ella no teníamos más que un polvo casual a la semana. Algunos pensareis que soy un pervertido incestuoso por tirarme a mi hija y que tendría que hacerlo solo con Lorena. Pero no me importa lo que penséis. Quiero a mi hija y el sexo con ella me hace rejuvenecer. Y si vuelvo con mi ex, todo quedará en familia, ¿no?

    Ese día al llegar a casa, lo primero que hice fue llamar a la puerta de Lorena. Me abrió enseguida.

    -Hola, pasa.

    Entré y se lo dije directamente.

    -Mira Lorena, mi ex me ha pedido volver y voy a serte sincero. No sé si voy a volver, pero tenemos que dejar de vernos. Ese “vernos” iba entrecomillado, claro, porque nos acostábamos más que vernos.

    -¿De verdad? ¿Ya no te gusto?

    -Claro que sí. Eres muy guapa y buena gente, pero, lo nuestro no lleva a ninguna parte. Tenemos que dejarlo. Es solo sexo.

    Lorena se quedó callada un rato. Luego se levantó y de malos modos me llevo a la puerta y, sin despedirse, me echó fuera.

    Sin embargo, me pareció oír unos lloros cuando me fui.

    Tenía pensado algo para esa noche con mi hija. Durante una de sus clases nos estuvimos whatsappeando y la fui calentando, pero no le dije que había preparado.

    A eso de las 22:30 salí de casa rumbo a la universidad. Había encontrado una zona con árboles, lo suficientemente cerca, pero también oculta para que nadie pudiera ver mis incursiones, que fue justo donde mi hija y yo nos habíamos despedido, después de volver del hotel.

    Salí del coche. Llevaba puesta una sudadera con capucha, como los asesinos de las películas. Me reía al ver la pinta que llevaba y qué pensarían si alguien me veía.

    Llegué pronto al campus. La habitación de mi hija daba a la parte de atrás. Miré hacia arriba y la reconocí por la cortina rosa tan hortera que seguro colocó su compañera de cuarto.

    Me agaché a coger una piedrecita y la lancé a la ventana.

    El primer intento no funcionó. Tiré una segunda y una tercera, y esta vez se abrió la ventana.

    Mi hija se asomó y al principio no me reconoció.

    – Soy yo, le dije en voz baja.

    -¿Papá?

    No creía que fuera yo.

    -Voy a subir.

    -¡Estás loco! me dijo, pero sonreía.

    Había una escalera de incendios justo al lado de la fila de ventanas y aproveché para subir por ella, hasta su ventana.

    Me fijé al entrar, que su compañera estaba durmiendo en la cama de al lado. Nada más entrar, me acerqué a mi hija y nos besamos. Nos quitamos la ropa entre besos y sobeteos y la llevé a la cama.

    Me puse encima de ella. Quería hacerlo así sin más, pero mi hija me hizo taparnos con una sábana por si su compañera se despertaba y nos pillaba. Ella sabía que yo era su padre y menudo chasco que nos pillara.

    -Papá, me dijo, llegas justo a tiempo. Nuria acaba de dormirse.

    -Pues mejor. Yo estaba empalmado y mi hija húmeda. Entró sin problema.

    Comencé con el bombeo, primero lento, saboreándola como siempre. Y luego acelerando más.

    La sabana se movía con nuestro bamboleo. Mi hija cruzó sus piernas alrededor mío y me apretó para que le penetrara más adentro, como aquella vez en la ducha.

    -Ah, ah, ah, ah, papá, que gusto, que gusto.

    -Si, mi niña, si, si, si.

    -Tenemos que hacerlo más… a… a menudo… no podía casi hablar. Una vez a la semana es mucho tiem… po… ooo.

    -Si, mi niña, ya lo hablamos, aaaah, me corro.

    -No papi, aguanta, aguanta un poco mas.

    No podía mas y me derramé de nuevo en mi niña. Ella no se había corrido todavía.

    Oí como la cama de su compañera se movía. La chica se levantó.

    -¿Qué haces Sara? ¿Te has traído un tío? Como se enteren verás…

    Sara no dijo nada y mientras estaba en el baño, yo seguí follándomela hasta que se corrió.

    Tardó rato en salir y yo aproveché para vestirme rápido y, tras darle un beso a mi niña, me fui por la ventana, como un ladrón en la noche, poniéndome la capucha.

    Llegué a paso rápido al coche, no pasaba nadie por allí, y me fui a mi apartamento.

    Al llegar a casa me acosté pronto. Estaba cansado, pero feliz.

    Al día siguiente, llamé a mi mujer y le dije que lo había pensado y que volvía con ella. Se puso muy contenta.

    Me mudé en un par de días. Ni siquiera me despedí de Lorena.

    Desayuné con mi mujer ese día cuando ya estaba instalado.

    -Me alegro de que volvieras, no debimos separarnos.

    -Supongo que el sexo conmigo fue lo bastante bueno como para convencerte.

    -Pues tal vez, jeje. Por cierto, ¿cuánto te queda de excedencia?

    -Un mes.

    -Entonces tenemos tiempo de sobra. Aprovechémoslo.

    -No. He pensado que por el momento no quiero tener sexo contigo. Mas adelante.

    -Como quieras. Pero entonces tendrás que dormir en el sofá.

    -Estoy de acuerdo.

    Pasó pronto la semana y como cada jueves, me fui a la universidad a visitar a mi hija. Ese día me había contado que jugaban a esa hora en el estadio, un partido de rugby, donde ella era animadora.

    Al llegar, me senté en la grada, bastante alto. Sara estaba vestida de animadora y estaba preciosa. Me sonrió al verme.

    Empezó el partido. Mas tarde, con una jugada de punto, las animadoras se pusieron a bailar y subieron a mi hija en brazos, que quedó tumbada abierta de piernas y pude ver sus bragas rosas.

    Yo estaba excitado, deseando que llegara el descanso, ya que habíamos acordado que en el descanso nos veríamos.

    Sonó la sirena y llegó el descanso. Bajé de la grada y me metí debajo.

    Mi hija dejó los pompones y supuse que me seguía.

    Llegamos al fondo de la grada. Nos besamos, subí su falda de animadora y sus bragas y le comí el chocho.

    Yo me bajé los pantalones y los calzoncillos y por primera vez mi hija se agachó y me chupó la polla.

    Al principio no lo hacía demasiado bien, era su primera vez, y la fui indicando como hacerlo.

    Al poco me daba mucho gusto. Se había convertido en casi una experta.

    -Humm, mi niña que gusto. Sigue, así, así, ¡siiii, mi niña!

    -Córrete papi.

    -No tesoro, me correré dentro de ti.

    La cogí a pulso y la apoyé contra el fondo de la pared y la penetré. Después de darle fuerte un rato, la saqué y acaricié sus labios y su clítoris con mi glande. Ella se volvía loca.

    En eso estábamos, cuando note una luz detrás de mi. Otra mas. Era un fogonazo, un flash. Alguien nos había descubierto y nos había hecho al menos dos fotos.

    Me salí de mi hija y sin volverme, ella me señaló con el dedo detrás de mí.

    -¡Maldita zorra! ¿Qué has hecho?

    -Tienes un amante y te he pillado, dijo una voz a detrás de nosotros.

    Oí como esa chica, que debía ser muy joven por la voz, salió corriendo.

    -Es Sonia, una maldita tía de 18 años, me contó Sara, que es superdotada y entró antes de tiempo en la universidad.

    -¿Me ha visto?

    -No, papá. Estaba demasiado oscuro y aunque haya disparado el flash, no te has dado la vuelta, con lo que no ha podido verte.

    Salimos de las gradas un poco azorados. Mi hija primero y más tarde yo. Volví a sentarme y a ver el partido. Sara me hizo un gesto con el móvil en alto. Acabó subiendo al ver que yo no bajaba y me lo enseñó.

    Tengo unas fotos de ti y tu amante. Decía el mensaje. Me ha gustado mucho su culo. Quiero verle en mi habitación en menos de una hora o envío las fotos a todo el campus.

    -Maldita hija de…

    -Tranquila Sara.

    -Quiere que vayas y no sé qué más tiene pensado.

    -No enviará las fotos. No se atreverá.

    -Tu no la conoces, papá. Es capaz de todo.

    -Soy adulto, tengo 45 años, ¿qué puede hacer esa tía contra mí? Tranquila, iré. No pasará nada.

    -No debes ir papi. Seguro que quiere… y no dijo nada más. Sabía a qué se refería.

    Sara respondió que aceptaba ir, sin decir que era su padre, claro. Al poco recibió un mensaje con el número de su cuarto. Era el 346.

    Subí hasta la 3ª planta y no encontré a nadie por los pasillos. Los que no estaban en el partido estaban echándose la siesta. Quedaba casi media hora para que cumpliera el plazo.

    Toqué la puerta de la 346 en cuanto llegué. Solo se abrió una rendija. Una voz me dijo:

    -¿Eres tú?

    -Si.

    -Pasa y no hagas ruido.

    La tal Sonia parecía más mayor de 18 años. Tenía un buen de par de pechos, casi como mi mujer y caderas anchas, pero no demasiado.

    Alzó el móvil para que viera otra vez las fotos que tenía.

    -Así que tú eres el amante de Sara. Me dijo. ¿Cuantos años tendrás? ¿44, 45?

    -45, contesté.

    -Le gustan maduritos. ¿Y te llamas?

    -¿Porque tendría que darte mi nombre?

    -Ya sabes, dijo y volvió a levantar el móvil.

    -Gerardo, le dije.

    -Bájate los pantalones Gerardo. Me gustó tu culo y quiero volver a verlo.

    Obedecí y me quedé en calzoncillos.

    -Date la vuelta y quítate los calzoncillos también.

    Lo hice.

    -Huuum, buen culo. Se nota que haces ejercicio.

    No lo hacía, pero bueno, si creía eso…

    -Ahora date la vuelta.

    Lo hice. Se quedó mirando mi polla y se acercó.

    -La tienes bien. No es excesivamente grande, pero me gusta.

    Se agachó frente a mi y la cogió. Intenté retroceder, pero volvió a amenazarme con el móvil. ¿Me estaba dejando amenazar por una niñata de 18 años o qué?

    Subió con su mano arriba y abajo. No podía creerlo, pero me estaba gustando.

    -Así, ponte dura.

    Paso a acariciarme el culo con la mano derecha.

    -Uff, que rico lo tienes. Y siguió sobándolo.

    Al poco se me puso dura como un cohete y no sé porqué, pero me apeteció follarme a esa guarra.

    Me hizo que la ayudara a poner el sofá de su cuarto atrancando la puerta y me cogió del brazo y con la polla tiesa y la camisa aun puesta, me llevó a su cama.

    Se tumbó boca arriba y estiró la mano a su bolso. Sacó un preservativo y me lo dio.

    -Ahora póntelo y follemos. Cuando lo hagamos, borraré las fotos.

    Imaginé, que aunque las borrase, tendría mas copias, pero acepté follármela.

    Me lo puse despacio, quería saborear el momento.

    -¿Es tu primera vez? Le pregunté.

    -No. Así que al lío. Vamos, fóllame.

    La obedecí y para vengarme, se la metí de un tirón. La empujé lo mas fuerte que pude, para que le doliera, pero no se quejó.

    Seguí dándole fuerte, ella me miraba con cara de éxtasis, pero no gemía, solo se limitaba a mirarme.

    Decidí que hablaría yo.

    -Ah, ah, ah, ¿te gusta? ¿te gusta, eh?

    Seguía callada.

    -Eres una zorrita adolescente. Te gusta hacerlo con hombres mayores, ¿eh? ¿eh? ¿No contestas? Te has quedado sin habla, ¿eh?

    Seguí follándomela.

    -Me voy a correr, me voy a correr, vas a saber lo que es una corrida de un hombre de verdad, no un niñato de esos que te habrás tirado. ¡Aaaaah! ¡Me corroooo!

    Y era verdad, en ese momento me corrí con ganas. Antes no lo había hecho con mi hija.

    Seguí bombeando después de la corrida y me quedé dentro de ella presionado mi polla fuerte contra su chocho.

    -Vale, ya está. Me dijo. Has cumplido. Cogió el móvil, conmigo todavía dentro, y borró las fotos.

    Me salí de ella y me quité el preservativo. Me limpié bien en su baño y me fui de allí.

    -Hasta otra, me dijo sonriendo, cuando me fui.

    Salí un poco azorado, pero satisfecho. Ahora me había convertido en un pervertidor de adolescentes.

    Mi hija me miró comprensiva cuando se lo expliqué.

    Cuando llegué a casa, saqué la cartera y vi una nota escrita a mano:

    Me ha gustado mucho, aunque no haya gemido, decía. Espero que repitamos, esta vez sin chantajes. Sin rencores, ¿eh?

    Arrugué la nota y la tiré.

    Esa noche cuando mi mujer se acostó, me fui a nuestra habitación.

    -¿Has cambiado de opinión?

    -Si, esta noche follaré contigo.

    Mi mujer me esperaba desnuda en la cama, no sé cómo había adivinado que esa noche querría hacerlo con ella.

    Se abrió de piernas. Se había depilado el coño y lo agradecí.

    Después de comérselo como cuando éramos solteros, la penetré.

    Follamos varias horas y fue increíble.

    Antes de dormirme, me acordé de Sonia y pensé en que también me apetecía volver a satisfacerla otro día.

    Pero eso ya es otra historia…

  • Chantaje (X): Un paso a lo prohibido

    Chantaje (X): Un paso a lo prohibido

    Aquellas situaciones continuaron con mayor frecuencia las exhibiciones en centros comerciales, los atuendos sexis en la calle, en el transporte público, lo más importante es que seguía calentando a los hombres, muy en especial a mi hermano Antonio que ya se había vuelto un adicto a mi cuerpo en especial a mis pompis que tanto clavaba su mirada, lo mejor de todo es que en todos estos meses el adopto la manía de grabarme en mis eventos y cuando salíamos a pasear. Dentro del ritmo de vida hubo cambio laboral en parte de mis padres, no sabía si era bueno o malo ya que mis padres tendrían que cambiar de residencia lo que los llevaría ausentarse de lunes a viernes y estar con nosotros los fines de semana, obviamente la carga del aseo era para mí y lo digo por lo de la comida.

    Recuerdo que dos semanas después Antonio, en medio de la borrachera, mi propio hermano, me miró con esa misma expresión con la que me miraban todos los hombres que tanto me deseaban a diario. Mi hermano nunca jamás lo había hecho, tan sugestivamente, evidentemente no era tonto, sabía que tenía una hermana espectacular y así se lo habrían comentado sus amigos. Pero jamás me miró con demasiado deseo. En aquella ocasión, tras la cortina de alcohol que bañaba su mente y sus sentidos, me miró no como a su hermana, no como a carne de su carne, sino a carne que como hombre debía poseer, un cuerpo apetecible que se entregaría al sexo como el resto de las mujeres. Una expresión lujuriosa que me recorrió de arriba abajo mientras yo estaba allí en el sofá con mi pijama que dejaba mis muslos y mi canalillo al aire. Respiraba más profundo, no solo por el alcohol sino por el deseo de su hermana medio desnuda que le estaba agobiando.

    Un fin de semana, mis padres hicieron planes. Solía ocurrir a menudo. Me quedaba la casa para mí, era estupendo. Pero esta vez se fueron por separado: mi madre se fue con una amiga a la capital porque querían ver un espectáculo de teatro y quedarse allí, y mi padre junto a Jesús y Juan Carlos se iba a ir con unos amigos a pasar el fin de semana pescando. Antonio tenía una temporada de exámenes, por lo que tampoco iba a disfrutar mucho de la casa en soledad, pero me gustaba la idea de que en ese fin de semana iba a poder cocinar lo que yo quisiera y acostarme cuando yo considerara. La noche del sábado era entonces para mí. Hacía calor, había entrado junio y no teníamos aire acondicionado ni nos lo podíamos permitir. Por la noche abrías la ventana y entraba un poco de fresquito. Allí estaba yo, en la cocina, con mi pijama de verano y un delantal, haciendo un poco de pasta mientras ponía el horno para hacer una tarta. Sin duda, a mis padres les gustaría volver y encontrarse una tarta recién preparada. Todo esto, acompañado de buena música salida de mi emisora favorita. ¿Nunca había cocinado con la radio puesta? Para mí es la vida.

    Acababa de poner el horno a gratinar y estaba escurriendo los macarrones, cuando de repente llamaron a la puerta. El timbre sonó tres veces, como si no lo quisiesen soltar. Me dije para mí misma que era muy raro, yo no había invitado a nadie porque precisamente quería la noche para mí sola. Me quité el delantal y me quedé con mi pijama fresquito. Me acerqué cautelosamente a la puerta y miré por la mirilla al exterior. La sorpresa fue mayúscula al ver a mi hermano afuera. Corrí a abrir la puerta. Antonio entró tambaleante, apestaba a alcohol y se notaba en sus ojos que le faltaba conexión con la realidad. Entró y no paró de decirme que lo sentía. Cerré la puerta con llave.

    Lo siento mucho, Valery, se me pasaron los tragos jejeje, no pasa nada. Estaba cocinando justo ahora, ¿quieres comer algo? Parecía que las palabras tardaban en llegarle a los oídos, es el etanol que hace el espacio más denso. Noo… tranquila, está todo bien, decía con la voz claramente afectada mientras íbamos por el pasillo, yo delante y él por detrás. Un pensamiento terrorífico se me pasó por la cabeza al ser consciente de que él iba detrás de mí y con estaba allí, con esos pantalones braguita que marcaban bien mi culo respingón. Me di la vuelta para confirmar mis temores, y es que mi hermano, como hipnotizado, me miraba el culo como si fuese lo único que le importase en mí. Otra vez estaba en su cara la expresión de aquella noche en la que me vio con este mismo pijama y con un nivel de alcohol similar. Lo peor fue que al darme la vuelta se entretuvo también en mirar el escote que marcaba la sedosa camisa rosa de mi pijama.

    Esta vez no estaba mi madre para mandarlo a la cama, pero decidí que yo lo haría, antes de que esa expresión de lujuria pudiese llegar a más. Oye, venga, te vas a ir a la cama si no quieres cenar, duermes un rato y si quieres más tarde cenas un poco de lo que me sobre. Lo dirigí hacia la cama de su habitación y dócilmente me obedeció, avanzando lentamente y de forma algo descoordinada. Parecía que incluso intentaba bailar, la música de la radio seguía a tope. Cuando llegué a su habitación hice lo mínimo que podía hacer, que era abrir las sábanas para que se metiese dentro a descansar. Me incliné sobre la cama de matrimonio para retirar el edredón mientras él se quedaba detrás de mí, otra vez. Y entonces ocurrió el horror. Sentí como sus manos fuertes, las suyas claro, me agarraban la cintura. Pero no fueron directamente a mi culo, fueron hábiles, tremendamente hábiles para un borracho, y de un pase rápido cogieron mi pantalón junto al tanga que llevaba puesto y arrastraron mis prendas inferiores. Casi sin poder darme cuenta, de un tirón Toño me había bajado la ropa y estaba con el culo desnudo delante de su cara.

    Oye, ¡¡¿¿¿pero qué???!! ¿Qué haces, Toño? Me empujó en el catre y se quedó en las manos con mis prendas, a mí solo me quedaba puesta la camiseta sin sujetador mientras yacía en la cama. Tiró la tanguita y el pantalón a un lado y se acercó a mí, con una expresión perdida, fijándose sólo en mi culo. Me lo agarró con ambas manos y comenzó a estrujarlo con fuerza, a mover mis nalgas. Con habilidad me dio la vuelta y quedé boca arriba, mirando al techo entre mi pelo desordenado, mientras abría mis fuertes muslos. Llegó a mi intimidad al descubierto, ¡a estar frente a los ojos de mi hermano! Bajé mis delicadas manos a mi sexo, a taparlo, a proteger mi virginidad. Antonio, molesto por ver que la rajita se tapaba, me miró con un cabreo importante, pero con habilidad pasmosa aprovechó para atacar a mi camiseta y me la rasgó con furia. Sí, me rompió la camiseta sedosa del pijama y fue entonces cuando quedé completamente desnuda ante él, con mis tetas descubiertas delante de su cara.

    Valery, cielo, ¿cómo es posible que tengas tan hermosos pechos? Son más grandes que los de mi novia, mucho más… Odié ese comentario, odié que se deleitara con el tamaño de mis pechos, tan comentado por los hombres que me rodeaban todos los días. Y yo ya no daba abasto, no pude cubrir, como comprenderán, las partes erógenas de mi exuberante cuerpo con mis manos. Aparte de que mis manos no eran nada comparadas con la fuerza bruta de mi hermano. Para entonces, Toño casi se había quedado desnudo, y vi su pito bien erecto, era gruesa, muy gruesa. Él se encendió mucho más cuando contempló desde sus ojos el pito que cogía con la mano frente a mi cuerpo desnudo, que yo pugnaba por ocultar. Esa chica virgen, de curvas de infarto que intentaba defenderse del sexo incestuoso a toda costa, con sus pechos y sus largas piernas, no era una imagen ante la cual uno se pudiese quedar de piedra. ¡Pero era su hermana! Y mi hermano era ahora el primer hombre que me veía desnuda. Tocaba mis pechos sin compasión, mis tetas se veían retorcidas por el efecto de sus manos nerviosas que las manoseaban con ahínco. Apretaba mis carnes, retorcía mis pezones. Por más tiempo no pude resistirme, sus manos apartaron las mías y las dejaron a los lados de mi cuerpo, abrió mis piernas y mi conchita virgen le miraba. Antonio se deleitó observando mi sexo cerrado, con un vello que coronaba la entrada a mi virgen tesoro.

    Tienes una vagina tierna y muy bonita, hermanita… e hizo lo que no pude soportar, acercó su boca a mis genitales y besó mis labios con los suyos, durante largo rato sus labios recorrieron mi vagina inexperta. No tardó en sacar su lengua y pasearla por mi pliegue, chupando hasta mi clítoris, abriendo por primera vez mi intimidad y llenándola la saliva, lubricándola. ¿Cómo iba a sentir yo placer, cómo sentir más que vergüenza ante mi padre chupándome la almeja? Tocaba con sus dedos para dilatarla más, para succionar más adentro, para clavar sus dientecitos en mi carne virgen. Mientras, mis pechos también eran objeto del acoso, eran movidos como sacos de arena para calmar el deseo lujurioso. Yo en aquél momento era toda para mi hermano. E iba a ser así, toda para él. Al poco él se cansó de chupar mi vaginita y dejándola bien húmeda, procedió al inevitable momento de penetrarme. ¡Sí, a mí! Su polla, palpitante, dura y extendida, se encontraba ya tocando la humedad de mi vagina. Con los dedos, y reprimiendo mis intentos por escaparme, abrió la abertura vaginal y su glande comenzó a entrar dentro de mí, a abrirme, ¡Antonio! ¡Oye, no podemos hacer esto! Soy tu hermana, además soy virgen, ¡no, por favor no! suplicaba, derretida entre lágrimas. Pero como dije, no podía detenerle.

    Así me gusta, mi niña que te conserves virgen, que cuides tu virtud. Aquí tu hermano te va a enseñar a hacer sexo, para que puedas darlo a los demás adecuadamente. Ven, que te desvirgue. Su grueso pene se abría paso dentro de mí, me ensanchaba, los músculos de la vagina me dolían al no estar acostumbrados a dejar entrar a un sexo de hombre dentro. Me estaba desvirgando, me iba a desflorar. Y en su pesado avance dentro de mi canal intacto, llegó a mi himen, sentí como algo dentro de mí se interponía entre mi fondo de vagina intacto y aquél sexo dispuesto a todo. Sentí el tacto de la polla de mi padre en mi himen, en mi virginidad.

    ¡Para, paraaa! le volví a pedir. Pero imagino que aquí es difícil volverse atrás, aunque sea su hermana. Antonio no se anduvo con muchos miramientos, estaba tan cachondo por cogerme que no se detuvo. Y es más, se metió muy rápido. Con fuerza, de un empujón violento, metió su pito hasta el interior de mi vagina desgarrando violentamente mi himen. ¡NOOO! ¡AAAAHHH! ¡NOOOO! chillé de todas las formas posibles. Y ahí empezó a dolerme mucho la vagina, mi himen ya no estaba, se deshizo en sangre, sangre que apenaba, que impregnaba mi sexo y el de él. ¡AAAAAHHH! ¡Me duele la vagina! ¡Sácalo! le pedí casi ya sin voz. Pero no lo hizo, al contrario, enterró más su miembro en mi inexperta vagina, me partió en dos, avanzó hasta pegar contra la pared de mi útero y dejar su carne dura y caliente envainada dentro de mí, dentro de su hermanita. Y tampoco se detuvo ahí, el olor a sexo, mis gritos de dolor, el contacto de la sangre que ya asomaba por fuera de mi vagina rota en pedazos, la imagen de esas tetas coronando mi cara de ángel movieron a que mi Toño empezara a sacar y a meter su pito con cierto ritmo.

    Mientras yo seguía sufriendo, hecha trozos, desvirgada por mi propio hermano, con mi vagina sufriendo un vaivén doloroso por culpa de un miembro duro como el acero que se clavaba una y otra vez dentro de mis carnes vírgenes. Aaaaaa Valery, hermanita, eres una putitaaaa con tu hermano, quién me iba a decir que eras tan zorra, me decía mientras me cogía. Sintiendo cómo el rebotaba sobre mí, como echaba su cuerpo contra el mío, como su experiencia se mezclaba con mi inocencia y la rompía.

    Sus firmes empujones ya casi habían desplazado al hecho de que estuviera borracho, y es que se movía con tracción mecánica, sin pensar, metiéndome el rabo hasta el fondo y apoyándose en mis ricas tetas para acometer la siguiente embestida. Me cogía muy a lo bestia, pero confieso que me cogía deliciosamente bien. Y no tardó mucho, su excitación era máxima y yo presentía lo que estaba a punto de pasar, ese momento donde el hombre insemina. No se atrevería, pensé, no podría atreverse a fecundar a su tierna hermanita. Pero todo dependía de si seguía siendo su dulce hermanita o era una puta con la que sólo se podía pensar en sexo.

    Sus acometidas fueron creciendo, sus potentes caderas metían su sexo en el mío cada vez con más rapidez y más fuerza, destrozaban mi vagina al acometer con fuerza una y otra vez, sus testículos incluso me hacían daño al rebotar. Y de repente, al coger más velocidad en la cogida, me gritó: ¡Valery, diossss! No puedo mássss, voy a hacerlo. Ahora voy a dejar mi leche en Ti hermanita ¡No me lo podía creer! ¡Toño! dije llorando ¡No, te corras dentro de mi vagina, que soy tu hermana. Estaba horrorizada, se iba a correr dentro de mí, el incesto se consumaba al máximo. ¿Y si me dejaba embarazada? Pero ya el ritmo que imprimía a mis caderas me indicó que no podía dar marcha atrás. ¡NOOO! grité yo, intentando hacer que saliese de mí, en un intento más que inútil. ¡Antonio, no te corras dentroooo! Y así, sin yo poderlo evitar, ni él quererlo impedir, ocurrió. Sus movimientos frenéticos indicaron su orgasmo, se empezó a convulsionar y gritar como un loco mientras me empujaba muy fuerte contra la cama. Y su pito, golpeando la entrada de mi útero, perforando lo más profundo de su hasta hace poco virgen hermana, comenzó a soltar su líquido. Y recuerdo para mi pesar como si fuera ayer, los cinco chorrazos de semen denso que dejó en mi interior. Uno tras otro, se sucedieron con una presión insólita, saliendo de su duro pene y fueron proyectados dentro de mi matriz, empapando mi vagina y llenando mi útero por primera vez. Un líquido lechoso, muy denso y sobre todo muy caliente que se esparcía por toda mi feminidad, que me hacía daño al chocar con fuerza contra mi intimidad virgen y cuyo calor me abrasaba el sexo. Mi hermano se estaba corriendo dentro de mí, y no era precisamente una corrida finita, sino un caudal de semen desorbitado, una humedad exagerada para un hombre normal que me llenó entera como mujer.

    De manera que mi hermano bajó el ritmo cuando sintió que por fin la cascada de esperma se estaba agotando, yo no podía dar cabida a más. Lentamente sacó su pene fuera de mí, aún estaba duro, y yo observé para mi espanto como además de estar cubierto de semen también tenía mi sangre en él. Mi hermano se convertía así en el hombre que me había desflorado, qué vergüenza.

    Cuando ya no sentí su pito en mi sexo sentí como un alivio, que mis paredes vaginales volvían a estrecharse sin ya tener que soportar aquél tronco que las abrió de una vez para siempre. El semen de mi padre, que aún sentía dentro, se empezó a deslizar por mi matriz porque ya no cabía en mi interior y se dirigió a la entrada de mi desvencijado coñito. Un río caudaloso de esperma salió de mi vagina y llevó con él sangre de mi desvirgación, la mezcla mojó mis labios externos y se deslizó por mis muslos y mojó las sábanas mientras seguía saliendo esperma y sangre de mi vagina.

    Esa mezcla de fluidos sexuales se vertía sobre la cama de mis padres, allí había sido donde aquella noche no se acostaron papá y mamá, sino que practicaron el sexo a su hija. Antonio borracho había tomado a su hermana de tan buen ver y la había penetrado, desvirgándola y había dejado su semilla en mí. Todavía no parecía arrepentido, sino me seguía mirando deseoso. Miraba con deseo de hombre a esa mujer que encendía la pasión de los machos y no me miraba como debía de ser, como si fuese su hermano. Allí estaba yo, sollozando porque ya no me quedaban lágrimas, desnuda, con las tetas sobadas y la entrepierna rota de dolor y llena de semen. Y lo peor es que yo pensaba que la cosa se habría acabado. Pero mi hermano cogió una toalla de debajo de la cama y la pasó por mi coñito dolorido, secando los fluidos, dándome a entender que seguiría toda la noche, que limpiaba el semen para hacer sitio a más.

    Esa noche fui el juguete de mi hermano hasta que se le pasó el alcohol a las tres horas y se quedó dormido y cansado. Tengo que decir que sí, que la primera vez dolió, pero ya después de tanto tiempo, me tuve que rendir al placer evidente que sentía. Y eso sí que fue mucho más vergonzoso, yo gritando como loca del gusto mientras mi hermano me follaba. Lo hacía muy bien. Me cogió bien el coñito varias veces, se corrió dentro de mí más veces, también me echó esperma en las tetas y me hizo chuparle el pene como un caramelo hasta que soltó el maldito semen de nuevo y me mojó la cara y el pelo sin avisar. Y allí se quedó él, dormido con el pene por fin flácido después de tantas horas de ejercicio, mientras yo, aunque también estaba cansada, miraba el techo con los ojos muy abiertos, con el semen de mi hermano resbalándome por toda mi superficie y sintiendo cómo se extendía dentro de mi intimidad dolorida.

    Me levanté, pegajosa entera y fui a la ducha, me lavé bien fuerte el cuerpo y el sexo. Y lloré, lloré desconsoladamente, porque sabía que jamás se lo podríamos contar a mis padres, que destrozaríamos la familia si lo hacíamos, que era mejor olvidar. De manera que eso hicimos, aunque olvidar tampoco es que olvidásemos. Mis padres llegaron el domingo por la noche y se nos notaba el cansancio pero disimulamos. Y es que a partir de entonces, la mirada de mi hermano al mirar mi cuerpo ya no era censurada ni por él ni por mí.

    Pasaron dos meses desde aquel acontecimiento donde había perdido mi virginidad con mi hermano, en casa el ambiente era solo de cordialidad entre él y yo; recuerdo era finales de junio y con ello las vacaciones de verano comenzaban, mis padres planeaban la salida de excursión mis hermanos contentos por querer ir a vacacionar un par de semanas, lo cierto es que yo continuaba con mi servicio social por lo que no iría, además de que tenía que trabajar. Seria a mediados de julio cuando mi familia partiría a su destino vacacional en realidad se iban con la familia durante dos un mes así que estaría solo o por lo menos eso pensaba, pero vaya sorpresa porque Antonio tampoco iría por que al igual que yo estaba prestando servicio.

    Al siguiente día cuando nos disponíamos ir al servicio Toño me alcanzo en la calle y me tomo de la mano y asustada pegue un grito, tranquila hermana soy yo, me asustaste Toño lo sé, es que sabes, este, ummmm quiero que hablemos, de que Antonio, pues es que desde aquel día cambio lo nuestro, sé que hicimos mal pero la verdad es que siendo sincero sé que disfrutaste de aquel momento, y aunque somos hermanos al final somos hombre y mujer y lo que nos ha pasado es la atracción mutua. Perpleja de aquella situación sabía que tenía la razón pues yo también había hecho que mi propio hermano se fijara más en mí, aunque jamás pensé que el sería el primer hombre en mi vida.

    En la parada esperamos nuestros carros para las escuelas en el transcurso solo pensaba que tenía mucha razón mi hermano y que yo también había hecho todo por encender y aumentar el libido, de solo pensar en eso me comenzaba a mojar pues sabía bien en mi inconsciente que a pesar de aquella noche había disfrutado aquella penetración.

    La primera semana paso desapercibido pues nos concentrábamos en hacer nuestras cosas pero aquellas imágenes rondaban en cabecita logrando mojarme con cada pasaje que en mi mente evocaba. Por fin el primer fin de semana de aquellas vacaciones había llegado, ese día ni siquiera fui a trabajar o más bien no tenía ganas así que salí a dar una vuelta estuve deambulando por unos cuantos minutos, mirando a cada rato el reloj, hasta que me detuve frente a una vidriera. En eso escucho una voz tras de mí que me saca de mis disquisiciones: Ese conjuntito negro te debe quedar excelente, recién en ese momento caí en que estaba frente a la vidriera de un local de lencería. ¿Te parece? fue lo que salió de mi boca antes de cualquier otra reacción. El tipo que me había hablado, se sorprendió tanto como yo al escucharme. Por lo menos a mí me daría gusto si te lo viera puesto, ok, gracias, asentí y entre al local.

    Sin saber quién me había dicho eso me puso a mil al saber que no solo los hombres de mi familia me deseaban comprándome el mismo conjuntito negro que aquel desconocido me había recomendado, eso sí, lo compré un talle más chico para que me quede mejo. Pague con la tarjeta y salí del local con mi coqueta bolsita con la marca de la lencería. Aquel hombre seguía dando vueltas por ahí haciéndose el que esperaba el colectivo. Me acerque a él y mostrándole la bolsita le dije: ya está, compre el que me dijiste, ahora necesito que alguien me dé el visto bueno.

    Aquel hombre alzó la mira y vaya sorpresa mi hermanito detrás de todo esto me miro de arriba abajo, devorándome con la mirada, y dijo: Para eso estoy yo, bueno, espero no te dé un infarto me sonreí a la vez que con un gesto le indicaba que me acompañara.

    Sin hacerme esperar se salió de la fila de la gente que esperaba el colectivo y me siguió. Eso era lo que necesitaba, ni más ni menos que un pito y mejor si era el de mi hermano. Ya se sabe, una buena cogida cura todos los males, te mejora el ánimo, te levanta la autoestima, en síntesis, te lleva a la gloria, y en ese momento tan especial, un bien pito era lo único que podría tranquilizarme, bueno, en realidad no uno, sino unos cuantos.

    Como estábamos de la casa pero aquella sensación tan extraña hizo que buscáramos un hotel de la zona mejor que cualquier guía especializada, fui yo la que eligió el lugar. Uno común y corriente, de esos que se encuentran escondidos y casi como en la clandestinidad, me excitaba la idea de estar con aquel desconocido en un lugar como ese, tan marginal, en el cuál, además, nunca había estado. Entramos, como todo caballero pagó el turno, mientras caminábamos por el pasillo tenuemente iluminado por una frágil luz rojiza y aromatizada con el típico aroma de todo cinco letras que se percibe, me acarició la cola y me susurró al oído: Hoy es mi día de suerte. Le devolví la caricia, palpando lo que portaba entre las piernas y al sentirlo, repliqué: ummmm el mío también.

    Ni bien entramos a la habitación, le pedí que se pusiera cómodo y me fui directo al baño. Cerré la puerta para que no espiara, me desnudé por completo y me puse el conjuntito de lencería que había comprado. La verdad que parecía que en vez de un talle, eran dos talles menos, me quedaba súper ajustado, las tetas se me desbordaban por todos lados, y la tirita de la tanga se me metía bien adentro de la concha. Era un Baby Doll de tul y encaje con cinta de raso morada, la verdad un encanto, no se podía decir que mi hermano tuviera mal gusto. Cuando volví a la habitación, él ya estaba desnudo, en la cama, manipulando una erección que confirmaba mi acierto de un rato antes: ese también era mi día de suerte. ¿Y, que te parece? le pregunté dando una vueltita cual modelo de lencería erótica. Increíble, te queda espectacular- exclamó mirándome fascinado. ¿En serio? Bueno, es tu gusto, te dije Valery que te iba a quedar estupendo. Te voy a pegar una linda cogida, y de un salto vino hacia mí y me abrazó, frotándome su verga por todo el vientre. Como era más alto que yo tenía que agacharse para hacérmela sentir justo ahí. ¡Mmmm…!-suspiré al sentirlo ¿Me vas a coger mucho? Todo lo que quieras.

    -Entonces sí, quiero que me cojas mucho le aseguré agarrándole la verga con una mano y mientras se la frotaba adelante y atrás, le di un beso cargado de morbo y excitación, nuevamente la lujuria se apoderaba de nosotros sin importar que éramos hermanos ni mucho menos de lo que ya habíamos pasado.

    Nos besamos por un largo rato, mordiéndonos los labios, chupándonos las lenguas, sin dejar de tocarnos, disfrutando de las pasionales pulsaciones de nuestros cuerpos. Luego del beso desató la cinta de raso, y deslizó el Baby Doll por sobre mis brazos, disfrutando la radiante aparición de mis pechos. El conjuntito de lencería cayó al suelo, quedándome solo con la tanga de encaje puesta. Volvió a mirarme de arriba abajo, comiéndome, o mejor dicho, “cogiéndome” con la mirada y metiéndome tremenda mano entre las piernas comenzó a “comerme” en una forma mucho más efectiva. Empezó con mis pechos, a los que brindó una atención especial, a la vez que sus dedos eludían la tanguita y efectuaban su labor ahí abajo. Me pasaba la lengua alrededor de los pezones, me soltaba una escupidita justo sobre el botón y metiéndose buena parte del pecho dentro de la boca, me lo succionaba con frenesí.

    Que mi hermano me chupe las tetas, me las mame en esa forma, me enloquece, por lo que echando la cabeza hacia atrás solté una exhalación de placer, a la vez que lo agarraba de los pelos y lo “obligaba” a seguirme mamando de esa manera. Su respuesta fue meterme los dedos más adentro todavía. Yo seguía aferrada a su verga, como si sostenerme de esa erección dependiera mi vida, por lo que de a poco fui bajando, hasta quedar frente a frente con mi objetivo, de rodillas, casi en absoluta sumisión, dispuesta a entregarle a mi hermanito la prueba de sometimiento más extrema que pueda brindarle una mujer a un hombre.

    Sin soltarla, comencé a besársela por los lados, evidenciando mi entrega y redención. Debido a la dureza que ostentaba, la piel se tensaba al máximo, casi al borde del desgarro. Me encantan esas pijas que exhiben su virilidad en todo su entorno, hasta las bolas se notaban llenas, se las tocaba y las sentía duritas, entumecidas. No pasó mucho para que empezara a chupársela con suma delectación, por lo que sin demora alguna ya le estaba brindando una mamada en toda regla, como semejante obra de arte se merece. Escuchar gemir a un hombre, suspirar, estremecerse por la chupada de verga que le doy es mi mayor recompensa.

    Nada me reconforta más que esos suspiros, saber que Toño está gozando por lo que yo le hago. Parecía que convulsionaba por la forma en que se estremecía. Le chupé y lamí las bolas largo rato, sintiendo en ellas la irresistible ebullición del placer. Acto seguido procedió a devolverme atenciones. Me puso de espalda contra el colchón, yo misma me saque la tanguita, preparándome para lo que de inmediato habría de venir. Me abrió de piernas y entró a chuparme la concha con el mismo entusiasmo y frenesí con que yo lo había atendido a él. Me dejo la concha a punto de caramelo, temblando de excitación, lista para metérmela, y eso fue precisamente lo que hizo.

    Se puso condón, se acomodó encima de mí y apoyando la punta justo en la entrada, entre los labios, me la metió. Solté un ahogado gemido al sentirla adentro, recorriendo con su pronunciada curvatura todo mi caliente y húmedo interior. Me llenó toda con un solo movimiento, y ahí mismo, en la tradicional pose del misionero, empezó a cogerme con un ritmo por demás intenso y sostenido. Yo cerraba mis piernas en torno a su cintura, empujándolo más contra mí, ansiosa por sentir esa curva rasparme el clítoris. A la vez que me cogía, nuestras bocas mantenían su propia batalla, nos besábamos, nos chupábamos, nos lengüeteábamos, nos mordíamos, sin dejar de movernos en esa forma que nos aseguraba una penetración plena y absoluta. En cuatro también me hizo sentir esa comba en una forma que me desquiciaba. Me agarraba bien del culo y me la mandaba a guardar toda entera, con empujones firmes y certeros, haciéndomela sentir en toda su extensión. Era alucinante sentirlo entrar con esa fuerza, con ese vigor, con ese poderío, cada ensarte era un golpe al corazón, un mazazo que me repercutía hasta en el alma.

    -¡Ahhhhh… sí… así… ahhhh… cogeme… ahhhh… toda… la quiero toda…! le pedía entre jadeos y espasmos, echando la cola bien para atrás, disfrutando todas y cada una de sus embestidas. Teniéndome ahí de perrita, me la dejo clavada adentro, palpitando furiosamente y arrastrándome con él me puso de costado, para seguir bombeando con más vehemencia todavía.

    Me le subí encima, a caballito, poniéndole mis pechos justo frente a la cara. Me acomodé yo misma la verga en la entrada, y fui bajando de a poco, despacito, ensartándome cada pedazo como si fuera la primera vez que lo sentía. Cuando volví a tenerlo todo adentro, grueso, duro, potente, curvado, eché la cabeza hacia atrás, exhalé un profuso suspiro de placer, y empecé a moverme atrás y adelante, atrás y adelante, decidida ahora sí a hacerlo acabar. Desde abajo el me acompañaba agarrándome bien fuerte del culo y chupándome las tetas, mordiéndome los pezones, evidenciando con cada gesto, con cada suspiro, que ya se estaba aproximando al final. Me senté entonces prácticamente en él, y empecé a subir y bajar, intensificando el ritmo con cada sentada, guiándolo cual amazona salvaje hacia un polvo brutal y violentísimo, podía sentir los lechazos golpeando contra la contención del látex, llenando hasta el límite la capacidad del mismo. Nos besamos furiosamente, más que besarnos, nos comíamos las bocas, agradeciéndonos mutuamente el momento vivido… y gozado.

  • Se dio lo que creía imposible

    Se dio lo que creía imposible

    Hace unos años, conocí a la nueva novia de mi hermano… una despampanante mujer de 1.67 con un trasero y unos senos imposibles de no quedarse viendo.

    Me cayó muy mal en principio, pero no podía negar que me encantaba y yo era feliz masturbándome imaginándome con ella en mil posiciones (y aún sigo haciéndolo). Con el paso del tiempo empezó a generarse cierta amistad, y cierta confianza; hasta que un día, en un pequeño periodo de vacaciones me invito a una finca de unos familiares de ella, y allí me tocó dormir con ella en la misma cama, en una habitación completamente oscura… ella tenía puesta como pijama una camiseta mía, y descaradamente toque toda su tanga con mis dedos sin hacer más, tuve miedo, ella fingió hacerse la dormida, al tiempo me di cuenta.

    Con el paso de los días, fuimos acercándonos mas, hasta que llego un día donde ella con un par de cervezas en la cabeza, me confeso que yo le gustaba y nos dimos un súper beso, yo no lo podía creer y a los pocos días ella sorpresivamente me propuso ir a un motel, donde quede muy mal al venirme en tan solo un minuto. Mi reacción en esos días fue de rechazo al ver que ella se burló de mí, pero no podíamos negar el gusto, y fue así como un día, de la manera más descarada, ella le pidió el apartamento prestado a una de sus amigas para hacerlo conmigo, a una hora inusual nos vimos (8am), me apliqué algo en el pene para poder durar las casi 4 horas que lo hicimos de manera descarada, recuerdo como si fuera ayer cuando la tenía en 4 y mi hermano la llamó y ella decía que estaba en la calle haciendo unas diligencias mientras con señas me decía que no lo sacara y siguiera haciéndolo con fuerza.

    Desde ese entonces las cosas tomaron otro rumbo, a la vez que nos íbamos enamorando, y haciendo un amor clandestino, y sentía celos de toda la gente que la molestaba… nos volvimos más y más descarados, al punto de que yo en cualquier momento sacara mi pene en la casa de mis padres para que ella me diera el mejor sexo oral de toda mi vida. Fueron muchos los momentos en los que vivimos muchas aventuras, y es imposible no tener unas increíbles erecciones y las mismas ganas de masturbarme al recordarlo.

    Muchas mamadas de afán, rapiditos, manoseadas, besos robados, metidas de dedo, en la cuales yo sentía que mi pene y mi cabeza iban a explotar de tanto placer. Recuerdo un día que nos tomamos unos tragos, y al llegar a la casa a las 5am y con mi papá y un tío durmiendo en otras habitaciones, la penetré de una manera tal que decía cosas que no olvido: «párteme» «métemela toda» «quiero que te vengas dentro de mi» «dame toda esa leche» «quiero mamártela toda» «dame más»… palabras que cualquier hombre sueña, palabras que la hacían totalmente irreconocible y que como dicen por ahí, una dama ante la sociedad y una puta en la cama.

    Con el paso de los años, fuimos distanciándonos, pero el gusto seguía, hoy; varios años después de conocernos, sigo tratándola bien delante de mi familia, pero con el mismo morbo en mi cabeza, con el mismo deseo de hacerle el amor, este año, por cosas de la vida, volvimos a hablar de manera seguida, y empezamos a enviarnos fotos calientes, yo le enviaba de mi pene, masturbándome, y ella de sus partes íntimas, en ropa interior y hasta llegamos a estar totalmente solos pero ella no quiso hacer nada y me dijo que prefería evitar.

    Hoy, ella con dos hijos, y yo con esposa, sigo esperando el momento de poder volver a hacer algo así, extraño esos momentos de pasión y deseo donde mi pene la aclamaba a ella a gritos, mis brazos desean tenerla y vivir de nuevo, mi mente solo la invocaba para tenerla cerca, mi boca solo quería hablarle y besarla; y mis ojos la buscaban todo el tiempo… no puedo negar que en este momento vuelvo a sentir la misma emoción de hace un tiempo al saber que puedo relatar algo de lo que paso y quizá alguien pueda leerlo y agradarle.

  • La novia de mi hermano

    La novia de mi hermano

    Hola que tal soy Valery tengo 18 y soy bisexual, tengo un hermano el cual tiene 19 y tiene una novia de 18 que esta buenísima.

    Siempre que Daniel (mi hermano) la invita a casa se siente la tensión sexual que hay entre nosotras, porque nos tenemos muchas ganas, nos miramos y nos hablamos sucio pero nunca había pasado nada más.

    Hace poco vino a mi casa a cenar y la cena termino un poco tarde por lo cual mis padres la invitaron a quedarse a dormir, como ella vive lejos. Pero le dije que podía dormir conmigo ya que mis padres no querían que mi hermano y ella durmieran juntos porque podrían tener sexo, pero lo que no se imaginaron es que ella y yo si tuvimos sexo. Cuando terminamos de comer decidí subir rápido a mi habitación acomode algunas cosas y saque un colchón inflable que tenía guardado bajo mi cama para que ella durmiera ahí.

    Entonces ella toco la puerta:

    -Hola Lucia ven pasa deja tu maleta donde quieras- Dije yo un poco nerviosa por su presencia, enserio no podía creer que iba a dormir con ella

    -Hola vale gracias por dejarme quedar acá- Dijo ella con una sonrisa picara

    Sonreí en respuesta, luego le señale el baño y mi armario le dije que podía entrar si quería, saque una pijama que tenía en mi armario y le dije que podía usarla, ella se dirigió al baño a cambiarse, luego de unos minutos salió del baño con mi pijama puesta,

    -oh que sexy te queda Lucía, mejor que a mí- Le dije riéndome

    Pues la verdad que se le podía ver con claridad el tamaño de sus pechos y trasero ya que le quedaba un poquito apretado, me moje con solo verla. Luego llegó la hora de dormir, apague las luces y me acosté.

    Luego de pasar unas horas me desperté y vi que ella estaba dormida y con mucho cuidado me dirigí al baño que estaba al frente de mi cama, silenciosamente cerré la puerta y encendí la luz, me recosté en la bañera me levante el vestido negro que tenia de pijama y lamí dos de mis dedos y con movimientos suaves comencé a masturbarme, masajeaba mi clítoris suavemente mientras que con mi otra mano me insertaba un dedo, y luego dos y luego tres, sacándolos y metiéndolos un poco rápido, yo solo gemía y gemía de placer pensando en Lucía y en sus jugosas tetas, seguí gimiendo y me retorcía, cuando estuve de llegar al orgasmo aumente la velocidad, ahh ya estaba llegando hasta que veo que alguien abre la puerta del baño, era ella era Lucía, y estaba desnuda!

    Ella me tomo de la mano y me saco del baño y me lanzo sobre mi cama, ella se lanzó sobre mi hasta que nuestros labios se encontraron en un desesperado y apasionado beso que ambas estuvimos esperando desde que nos conocimos, yo le seguía el beso, nuestras lenguas se saboreaban del placer, entonces no aguante más y me saque el vestido que tenía puesto de pijama ya que estaba semi subido, y ella también hizo lo mismo, quedamos en braziers y ella se acercó y me dijo:

    -Yo te voy a hacer llegar a ese orgasmo bebe y va hacer el mejor orgasmo que tendrás en tu vida- seguía besándome y me beso el cuello hasta llegar con su lengua a mi vagina, seguíamos besándonos y yo di una vuelta quedando encima de ella y comencé a besar su cuello y sus hombros mientras que ella masajeaba uno de mis senos, luego empecé a chupar y morder esas tetas que tan loca me traían, ella gemía y solo disfrutaba de todo su cuerpo, ella me hizo voltear quedando de nuevo encima de mí, con su lengua bajo hasta mí ya mojada vagina y separo mis muslos dejando abierta ante ella, ella con sus dedos abrió mi clítoris y con su lengua me empezó a comer toda, yo solo gemía y me retorcía de excitación, luego empezó a morder y a chupármela ahhhh yo ya no podía mas de la excitación, entonces ella paro y se lamio dos dedos y me los metió, moviéndolos y jugando dentro de mi clítoris, mientras volvía a chupar y succionarme toda, yo gemía y gemía cada más rico y me arqueaba del place hasta que gloriosamente por fin a ese orgasmo, y ella tenía razón fue el mejor orgasmo que pude haber tenido.

    Luego me pare y me acerque a mi armario, y de uno de los cajones saque un consolador, la hice ponerse en cuatro y me acosté quedando con mi cabeza bajo su vagina, cuidadosamente metí el consolador por su culo y mientras lo movía de adentro hacia afuera mi lengua jugaba con su clítoris, ella solo gemía y gritaba y se retorcía encima mío, cuando me dijo que estuvo a punto de venirse deje que todos sus fluidos cayeran en mi boca, subí hasta su cara y la bese, pasándole todos esos ricos fluidos para que se los tragara.

    Yo ya estaba en el clímax de la excitación, tiramos el consolador a un lado, en la cama ella se acostó arriba y yo abajo y cruzamos nuestras piernas entre sí para hacer unas deliciosas tijeras que tanto había soñado hacerlo con ella, comenzábamos a movernos en sincronía haciendo que nuestras vaginas se frotaran, ambas gemíamos de placer, con una de mis manos agarraba la cama mientras que con la otra aruñaba, masajeaba y jalaba sus tetas. Luego de un par de minutos gimiendo y gritando llegamos juntas a un rico e inolvidable orgasmo y nos corrimos con nuestras vaginas aun unidas.

    Luego me levante y de la mano la lleve al baño aun con nuestras vaginas chorreando, abrí la ducha y nos empezamos a duchar y a seguir besándonos, fue hermoso.

    Desde entonces siempre que viene a visitar a mi hermano sin que nadie sepa nos besamos a escondidas, pero claro a la que viene a visitar es mi jeje

    No sé hasta cuando seguiremos así pero mientras dure será rico.

  • Las doctoras femdon: Tratamiento

    Las doctoras femdon: Tratamiento

    -Bien Pamela, como se portan los pacientes.

    -qué bueno que preguntas Cristina, tenemos uno con molestias en salva sea la parte.

    -en salva sea la parte…??

    Pamela comienza a reír y le explica a Cristina.

    -jajajaja… si Cristina, en el recto.

    -vaya, eso es tentador.

    -sí, llego hace como una hora, todo está bien, solo le duele el recto.

    -qué raro, será mejor que lo revisemos.

    -si Cristina, además de que es bastante molesto, inclusive tuve que ponerle un sedante.

    -amerita trato especial entonces…??

    -eso había pensado, pero que te parece si lo dejamos a la suerte.

    Cristina comienza a reír ante la idea de Pamela y acepta su proposición, saca una moneda de la bolsa de su bata y le dice a Pamela.

    -cara, trato especial, cruz, se queda como esta.

    -echo.

    Cristina echa la moneda al aire y en segundos, la suerte de aquel paciente está echada, la moneda rebota en el suelo un par de veces y cae en cara, ambas mujeres ríen y Cristina comienza a decir.

    -qué edad tiene el paciente…??

    -es un joven, como de 28 años, bastante atractivo por cierto y era tan molesto, que ahorita está un poco sedado.

    -vaya, tenemos suerte con los jóvenes, dices que lo sedaste.

    -sí, se quejaba de que le dolía mucho y estaba algo irritado.

    -será exceso de uso y bendita sea la parte de su malestar jajaja.

    Ambas mujeres salen de la oficina y se encaminan rumbo al cuarto del paciente, entran y Cristina se da cuenta que el paciente, esta acostado de lado y un poco contrariado por el sedante, le hace una seña con la mano.

    -señor, buenas tardes.

    Aquel chico con trabajo y responde al saludo de Cristina. Cristina se va hacia su trasero, le retira la cobija y comienza a revisar entre sus nalgas, y después de unos segundos, le dice a Pamela.

    -cierra la puerta.

    Pamela hace caso y después se acerca a Cristina y le pregunta.

    -y bien…?

    -exceso de uso Pamela.

    -en serio…?

    -sí, seguramente tuvo una noche difícil y bueno, ya te imaginaras, pero sin duda se ganó un trato especial, vamos a darle más anestesia en salva sea la parte. Entre las dos doctoras lo acomodan boca abajo, y Cristina le dice a Pamela.

    -sepárale un poco las nalgas.

    Pamela se acomoda y sujeta con ambas manos las nalgas de aquel joven y las separa, hasta dejar al descubierto su orificio anal, Cristina comienza a observar más detenidamente el trasero de aquel joven y dice.

    -te fijaste que esta depilado.

    -es una chica, no es así Cristina.

    -así es Pamela, la trataron mal… jajaja pero aquí le vamos a dar un buen trato.

    Cristina se calza unos guantes, y de su bata saca un pequeño frasco de pomada, mete su dedo embarrándolo un poco y después comienza a esparcirlo entre las nalgas de aquel joven.

    -sabes Pamela, no es la primera vez que atiendo estas situaciones y lo que me gusta es que puedes divertirte bastante, mientras aplicas el tratamiento.

    Ambas mujeres ríen y Cristina no deja de pasar sus dedos por en medio de las nalgas de aquel joven, hasta que de pronto dice.

    -la crema debe de entrar lo más profundo en el recto, que dedo quieres que le meta primero.

    -qué te parece el índice.

    Cristina apoya su dedo en el maltratado trasero del joven y lentamente lo va introduciendo, gracias a la pomada, el dedo de Cristina entra por completo.

    -bien, entro todo, ahora vamos a embarrar bien la pomada.

    Cristina comienza a girar su mano y aquel joven a pesar de la anestesia, mueve sus caderas un poco, pero Cristina no se detiene, inclusive deja su dedo unos segundos dentro, para después sacarlo.

    -bien, ahora el dedo que sigue.

    Cristina vuelve a repetir la acción, el joven vuelve a quejarse. Pero ella continua, y lentamente le introduce otro de sus dedos y comienza a moverlo de un lado a otro.

    -jajajaja… está bastante apretado, abra que repetir la operación varias veces.

    Cristina deja su dedo unos segundos dentro, lo saca y vuelve a repetir la misma operación con cada uno de sus dedos, hasta que finaliza.

    -bien Pamela, es tu turno.

    Ambas mujeres intercambian lugares, Pamela se calza unos guantes de látex y ahora es Cristina quien separa las nalgas de aquel joven, Pamela mete su dedo dentro del frasco y va de lleno al recto del joven y comienza a meterle el dedo.

    -vaya, si esta algo apretado.

    -así es Pamela, pero que eso no te detenga.

    Pamela mete su dedo hasta el fondo y al igual que Cristina, comienza a mover su mano, el joven comienza de nuevo a gemir.

    -sabes Pamela, en ocasiones cuando aplico estos tratamientos los pacientes suelen tener erecciones, veamos si este es el caso.

    Cristina mete su mano bajo la frazada y exclama.

    -vaya…! la señorita tiene una erección.

    -lo está disfrutando.

    -así es Pamela, entonces vamos a darle lo que quiere.

    Cristina suelta las nalgas del joven y retira por completo la frazada, toma un frasco de uno de los estantes de la habitación y sujeta el miembro del joven y comienza a frotarlo lentamente, mientras le dice a Pamela.

    -sigue moviendo tu mano Pamela.

    Ella sigue las indicaciones al pie de la letra, su dedo no deja de entrar y salir, mientras que Cristina frota lentamente aquel miembro, que para ese momento, ya alcanzo una erección bastante considerable.

    -bien Pamela, no olvides cambiar de dedo… jajaja.

    Y al igual que Cristina, Pamela va turnándose para introducirle cada uno de sus dedos, hasta que después de algunos minutos, Cristina le dice.

    -hazlo más rápido, creo ya va a terminar.

    Pamela mueve su mano más y más rápido y Cristina ha acercado el frasco al glande del chico, mientras continua masturbándolo y de un momento a otro, varios chorros de semen comienzan a caer justo dentro del frasco.

    -muy bien Pamela, creo el tratamiento a finalizado.

    Cristina procura recoger todo el semen con la boquilla del frasco y después lo retira y lo tapa.

    -vaya…! Lleno casi la mitad del frasco, esto nos podría servir para futuros tratamientos, ahora vamos a untarle un poco más de pomada.

    Y durante algunos minutos más, ambas mujeres se turnan para penetrar el adolorido ano del joven. Al día siguiente aquel joven despierta y a los pocos minutos entra Cristina.

    -cómo se siente…?

    -bastante mejor, el dolor ha disminuido bastante.

    -muy bien, seguramente podrá irse mañana.

    -me gustaría quedarme un día más, si no tiene inconveniente, hasta estar bien del todo.

    -bueno, siendo así podríamos poner un poco más desinflamante, la verdad es que estaba bastante irritado.

    -así lo prefiero.

    -bueno, como usted diga entonces, por hoy descanse.

    Continuará…