Autor: admin

  • ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (4)

    ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (4)

    —¿Y desde cuando te interesa saber tanto de mi papá?

    Me pregunta Rita en medio de sonrisas mientras trato de disimular mi interés en don Luis, su papá.

    —Hola, buenas tardes, —me dice don Luis, quien repentinamente llega a la sala donde estamos.

    La tarde transcurre entre anécdotas y charla amena, la esposa de Luis se une a la plática y es ahí donde aprovecho el momento cuando empiezan a recoger las cosas llevándolas a la cocina para acercarme a él.

    —A propósito, don Luis, mi sirvienta Reynalda me dijo que encontró una gorra de usted.

    —¿Mia?

    —Si, me dijo que se la lleva a la alameda hoy como a las siete.

    Su esposa y su hija regresan y solo me asienta con la cabeza.

    Es domingo, así que con cualquier pretexto me libro de ir con mi marido a su partido de futbol.

    Sentada en la cama, me quedo pensando en la forma de cómo conseguir mi propósito, contemplando la gorra una y otra vez, jugándola entre mis manos.

    Tiene 71 años, me digo a mí misma, está casado y su esposa es muy amable y aparte es el papá de Rita.

    En fin, decidida tomo unos leggins tipo mezclilla, no soy tanto de tangas así que me coloco unas pantaletas negras de tiro alto que me dejan ver lo necesario, me coloco los leggins y mis botas negras altas arriba de la rodilla, coordinándolos con un top negro y encima un suéter blanco de Reynalda, de alguna forma don Luis tiene que ubicarme, me digo para mis adentros.

    Antes de salir me doy una checada en el amplio espejo de mi recámara, y es que a mis 24 años me siento muy bien conmigo misma, mejor que nunca diría yo, soy rubia natural, de piel blanca, cuerpo armonioso de medidas casi perfectas de estatura mediana y para rematar mi madre me heredó el color verde aceitunado de sus ojos, en fin, coloco la gorra en mi bolso y me dirijo a la alameda.

    Llego a la plaza, el corazón casi me da un vuelco al ver a Rita y a su mamá a lo lejos, saco la gorra de mi bolso y me la coloco tratando de que no me vean.

    Quiero retirarme, pero unos brazos alrededor de mi cintura me lo impiden

    —Hola Reinita, a poco ya te ibas.

    —Es ¡Don Luis!

    —No, es que vi a tu esposa y a tu hija, le digo tratando de imitar la voz de Reynalda lo mejor que puedo.

    —Ellas van a misa de siete, ¿a poco ya se te olvido?

    No digo nada, la noche es cálida, don Luis coloca sus manos con más confianza en mi delgada cintura por debajo del suéter aferrándome fuertemente atrayéndome hacia él, trae desabrochada la camisa así que puedo sentir su pecho cálido en mi espalda.

    Lo observo de reojo completamente rendida, recojo mi cabello hacia el lado derecho para sentir su cara por encima de mi hombro, sus roces comienzan a subir de tono sobre mis nalgas, subiendo poco a poco sus manos hasta colocarlas en mis senos, uno en cada mano, lo apretujado de la gente y la oscuridad son los cómplices perfectos para lo prohibido.

    —Vamos para otro lado ¿no?

    —¿A dónde? (pregunto ingenuamente)

    —¿Pues como que a dónde? Tu ya sabes

    —¿Y mi patrona?

    —Que tiene que ver esa pinche vieja mamona, quisiera tenerla aquí para darle unos madrazos por metiche y pendeja.

    —¿Ah sí?

    Le digo al mismo tiempo que le retiro mis senos de sus manos dándome vuelta lentamente quitándome la gorra sonriéndole mientras me acomodo el pelo.

    —¿Señora Arleth?

    —¿Don Luis? —Le digo sonriendo y en tono de broma—, así que… ¿a dónde vamos?

    No sale de su sorpresa, tomo sus manos y las coloco en mi cintura, la gente nos mira, la diferencia de edades es notoria.

    —¿Vamos a otro lado no? —Le digo colocándome de espaldas a él, tomando sus manos con las mías en mi delgada cintura.

    Como niño con juguete nuevo comienza a guiarme por en medio de la gente a veces casi cargándome en vilo, punteándome de vez en vez con su herramienta, sonriendo como un par de chiquillos enamorados, la alameda queda cerca de la estación de autobuses así que hay varios hoteles alrededor, no me causa sorpresa cuando me doy cuenta que me guía hacia uno de ellos.

    Ya dentro con ansias y brusquedad me desviste arrancándome prácticamente la ropa, después se desviste el apresuradamente, me observa, me sonrojo desviándole la mirada, se acerca, lo observo, me imagino que está con esa sensación de intentar hacer lo que su conciencia no le deja hacer.

    Tomo la iniciativa acercándome a él, le hecho los brazos al cuello y le ofrezco mis labios, sus labios empiezan a chupar los míos, mi boca se abre permitiendo la entrada de su lengua gorda y caliente, chupamos nuestras lenguas, los dos estábamos llenos de lujuria y de morbo y nos correspondemos mutuamente, siento sus manos moverse por mi espalda, colocándose en mis nalgas una en cada nalga, me carga en vilo enterrando su cara vieja y arrugada en mis pechos, lamiendo, mordisqueando, besando y chupándome los pezones.

    —¡Qué rico mamar estos melones! —Me dice en su frenesí.

    —mmm don Luis, que rico.

    Inconscientemente empiezo a restregar mi sexo en su pelvis tratando de introducirme su verga ya hinchada al máximo, triunfante, me mira, camina hacia la cama, me tiende en ella y él se tiende encima de mi besándome de nuevo, lentamente empieza a bajar, deteniéndose un rato más en mis “melones”, luego, prosigue su exquisito descenso hasta llegar a mi vagina restregando su cara contra mi sexo.

    Gimo con lujuria y deseo, mi cuerpo serpentea para sentir sus lamidas y mordiscos, mi mano derecha lo toma de la cabeza mientras la izquierda pellizca mis pezones, me lame y me mordisquea a su gusto.

    De repente se detiene, abro los ojos al sentirlo separar mis piernas con sus manos, mis ojos chocan con su mirada libidinosa y perversa… destila deseo, morbo, y por lo que ve en la mía intuyo que siente lo mismo que yo en este preciso instante

    Cierro los ojos al sentir como acomoda la punta de su hongo en mis labios vaginales, rendida a mi amante abro la boca sin emitir ningún sonido, al sentir como su barra acero candente se introduce dentro de mí; abriéndose paso decididamente, suelto el aire retenido en un gemido de angustia provocado por el excitante dolor que me causa don Luis al llenarme a más no poder, su barriga sudorosa y arrugada cae sobre mi esbelto vientre y su lengua empezar a recorrer mi cuello.

    Lo rodeo con mis piernas, su arrugada piel se aplasta ante la presión de mis muslos, su respiración es pesada y ansiosa, sus caderas responden a mis ansias desesperadas de hembra bombeándome sin piedad con poderosas embestidas, me imagino que quiere estar a mi altura haciéndome disfrutar y gozar de mi joven cuerpo, el mete y saca es cada vez más frenético, la tremenda cogida que me está dando este viejo que podría ser mi abuelo me arranca gritos de placer estallando en un orgasmo fuerte y febril, deliciosas descargas eléctricas invaden mi cuerpo.

    —Deme más fuerte, por favor don Luis, ah, más ¡fuerte!

    Me imagino que utiliza todas las fuerzas que le quedan ya que intenta metérmela hasta el fondo en cada embestida, no queriéndose quedar atrás como el macho dominante que es en este momento explotando en candentes chorros de semen convulsionándose en espasmos frenéticos aferrando mis tetas con sus manos mientras volteo para fundirnos en un beso y explotar violentamente junto con él, acompañándolo al cielo, gimiendo, gritando, desprendiéndonos rendidos, agotados, sus fluidos deliciosos nadando en mis entrañas.

  • Las apariencias engañan (3)

    Las apariencias engañan (3)

    No sé en qué momento se quedó dormida. Me dio pena despertarla y la llevé en brazos a la cama. Me dormí abrazando su cintura. Aún en sueños debió haber sentido mi erección. Cuando abrí los ojos no estaba a mi lado. La encontré preparando el desayuno. Se había puesto el cullote rojo y una remera blanca. Su pelo aún estaba húmedo, demostrando que se había duchado. Sin tener la sensualidad de la vestimenta de la noche la encontré igualmente excitante. Yo estaba vestido con una camiseta de dormir y boxers. Me acerqué y la rodeé con mis brazos. Le di los buenos días besando su cuello y apoyando mi ya morcillón paquete entre sus nalgas

    -Gracias por llevarme a la cama bebé –se giró para verme– fuiste muy dulce en no despertarme –me dio un beso corto– espero que no te moleste que me haya bañado.

    -Para nada –respondí agarrando sus pechos sobre la remera.

    -Mmmmm veo que seguís motivado –hablaba como si no me hubiera dejado con las ganas la noche anterior– pero tengo hambre y el desayuno casi está listo. Comamos algo y después podemos pasar toda la mañana en la cama.

    Ya habiendo aguantado una noche, esperar unos minutos más no me pareció tan terrible. Había preparado café con leche y pan tostado. Comimos con ganas y sin prisas. Cuando terminamos Analía recogió la mesa y llevó todo a la cocina, meneando su cola mientras caminaba. Apenas apoyó los platos en la pileta me abalancé sobre ella. La abracé por la cintura y pegué mi paquete a su cola mientras le besaba el cuello.

    -Dejame lavar que sino después se pega todo –dijo entre risas– aunque sea bajá el ritmo para que no rompa nada.

    Accedí a su último pedido, dedicándome a besar despacio su cuello y abrazándola con delicadeza. En cuanto dejó la última taza en el secaplatos se dio la vuelta, me rodeó el cuello con sus brazos y me comió la boca. Llevé mis manos a su cola al mismo tiempo que ella se colgó de mi cuerpo. Sin dejar de besarnos la fui cargando hasta el sillón; no creía que hubiera llegado a la cama.

    Ya sentados le saqué la remera y me lancé a chupar sus tetas. Sus pezones negros estaban grandes y duros. Mientras succionaba con ganas su seno derecho, amasaba el izquierdo con una mano. “Si bebé son tuyas” me incentivó Analía entre jadeos. Ella me dejaba hacer apretándome suavemente contra su pecho.

    Después de un tiempo empecé a besarla, dirigiéndome al valle entre sus dos pequeños senos. Al llegar al centro me tomó de los hombros y empezó a pararse. La fui besando a medida que ganaba altura, intercalando cortas lamidas. Cuando su entrepierna alcanzó el nivel de mi rostro dejó de ascender. Tomó mi cabeza y me acercó a ella. Di un beso sobre su ropa interior y a continuación bajé ese cullote que tantas veces me había imaginado.

    Lamí el contorno de su conchita para después introducirle mi lengua. Me agarraba de sus nalgas mientras ella sostenía mi cabeza. Sin dejar de apretarle el culo recorrí todo su interior, tragando los jugos que iba juntando. “mmmm bebé, me vas a hacer adicta a tu lengua” escuché que alcanzó a decirme gimiendo.

    Se separó unos centímetros de mí y acariciando mi cara me guio para que la viera. Estaba parada con una pierna a cada lado de mi cuerpo. Cuando mis ojos conectaron con los suyos puso sus manos en jarra. Sus ojos brillaban y sonreía. Ambos supimos en ese instante que estaba a su merced.

    Sin mediar palabra se bajó del sillón y se dirigió a la habitación. Mientras caminaba extendió su mano hacia atrás. La miraba tan embobado que no me dé cuenta que se detuvo. Con su penetrante mirada clavada en mi excitado aparato me dijo “Vamos Santi, ¿o ya no querés cogerme”.

    Su voz me sacó de mi ensoñación y, aún algo atontado, tomé la mano que me ofrecía. Ya en la habitación volvió a besarme mientras me desnudaba. Sacó primero mi remera. Después recorrió mi torso con sus manos. Yo la abrazaba por la cintura. Empezó a descender por mi cuerpo dándome suaves besos o mordiscos. Cuando estuvo frente a mis calzoncillos los bajó despacio. Dio un beso en la punta y se la metió con lentitud. La sacó a la misma velocidad. Mi hiperestimulado pene sintió como su lengua se deleitaba con él. Después se paró, dejándome agitado. Me atrajo hacia ella tomando de la nuca y me besó.

    “Comeme de vuelta el culo” me pidió poniéndose a cuatro patas sobre la cama. Sin dudarlo me acomodé sobre ella y empecé a besarla desde los hombros. Di un suave mordisco cuando alcancé a su final y seguí mordiendo su nalga derecha. Analía ronroneaba y se retorcía. Al llegar a su entrepierna di una larga lamida en su vagina antes de separar sus cachetes. La chica de limpieza gimió sorprendida y se le escapó una risa. Con su cola abierta lamí su interior. Daba lamidas largas para luego incorporarme y volver a pasar por su chochito antes de seguir hacia su ano. A medida que los gemidos se intensificaban fui sacando menos mi lengua y lamiendo más alrededor de su agujerito trasero.

    Sacando la cola y apoyada con una mano y su cabeza en el colchón Analía empezó a masturbarse frenéticamente. Sus gritos y movimientos me motivaron a centrarme más ella. Penetré su culo y movía la lengua dentro de ella todo lo que podía. Cuando estaba por explotar en un tremendo orgasmo me alejó y me dio un preservativo.

    “Metémela ya” dijo mirándome con fuego en sus ojos. Apenas la penetré Analía gritó como poseída. Empezó a batir su cola mientras me agarraba de sus cachetes y trataba de acompasar nuestros movimientos. La atraía y alejaba sin soltarla. Sus nalgas botaban de arriba abajo a toda velocidad. Me fue imposible seguirle el ritmo, con lo que me limité a sujetarme y evitar que mi pene se saliera de su vagina. Libre de mi presión se empezó a mover aún más rápido.

    “Meteme un dedo en el culo” me rogó ronca de excitación. La fuerza de mi pulgar ingresando en su agujero trasero fue lo que terminó de llevarla al clímax. Durante un minuto gritó, gimió y aulló de forma salvaje sin dejar de subir y bajar su cola. Creí que me la iba a arrancar de la fuerza que hacía para que no se saliera. Cuando su orgasmo se estaba apagando apaciguó un poco el ritmo.

    Empezó a moverse adelante y atrás. Yo me sostuve de sus caderas y también comencé a empujar. El comienzo de mi eyaculación le dio un último espasmo de placer. Yo bufaba y expulsaba leche como no recordaba desde mi adolescencia. Cuando se la saqué caí rendido a su lado. Nos miramos sonrientes sin poder hablar. Nos abrazamos mientras nos recuperábamos. El día recién iniciaba.

    Estuvimos acostados unos minutos. Solo dándonos cariño. Besos, abrazos y caricias. En ese rato pensé en la grata sorpresa que había resultado Analía. Era inteligente, divertida, buena y además de linda muy sexy.

    -¿En qué pensás? –me sacó de mi mundo sonriente.

    -En vos.

    -Tonto –me golpeó en forma jocosa.

    -En serio. Pienso en lo linda que sos. En todo sentido.

    -¿Solo linda? –preguntó mordiéndose una uña.

    -Linda, inteligente, divertida, buena, dulce y muy sexy –la última palabra dibujó una gran sonrisa en su rostro.

    -¿En serio te parezco sexy? –Se arrodilló encima de mí. Tenía sus tetas colgando y sonreía. Cuando sintió que mi pene despertaba descendió para rozarlo con sus nalgas.

    -Si, muy ¿no sentís como me pusiste con poco más que un pucherito? –Un dulce gemido salió de entre sus labios cuando empezó a balancearse.

    -Si bebé –me miró a los ojos como si quisiera traspasarlos y ver mi interior a través de estos– y me encanta ponerte así –Se estiró sobre la mesa de luz para buscar un nuevo preservativo. Sus tetas rozaron mi pecho terminando de ponerme duro. Me besó antes de volver a incorporarse– No sabía que te caliento tanto.

    -Uf Ani. Muchísimo. Más si te ponés encima mío como ahora.

    -Mmmmm –gimió levantándose para ponerme el forro– ¿te gusta estar abajo mío?

    -No sabés cuanto.

    -Lo noto –dijo sonriendo y pajeándome despacio antes de penetrarse.

    -Me excita que estés sobre mí y decidas lo que puedo o no hacer –me observó con una mezcla de sorpresa e incredulidad, como si no me hubiera entendido– que decidas si querés o no que te abrace o apriete tu culo o tus tetas –la comprensión de mi idea la estimuló mucho más de lo que imaginé y empezó a moverse en círculos más rápidos

    -¿Te gustaría que te ate?

    -No –respondí tajante, sorprendiéndola nuevamente– quiero poder moverme sin limitaciones físicas. Que tus actos me digan lo que puedo o no hacer. No luchar, aún sabiéndome más fuerte que vos –su cara se iluminó, confirmándome que ahora si había interpretado correctamente mis deseos.

    Llevó sus manos a mi abdomen y comenzó a subirlas de a poco. Al mismo tiempo se concentró en subir y bajar en forma lenta. Cambió sus movimientos de verticales a horizontales. Después puso una mano en mi pierna izquierda y la otra sobre mi pecho. Arqueó su espalda, haciendo que sus senos se vieran mayores. Me incorporé a intentar chuparlos, agarrando la mano que apretaba mi cuerpo. Me empujó despacio sin decir una palabra. Me dejé caer sobre el colchón sin soltar su mano. Después la acerqué a mi boca y le chupé sus dedos mirándola hacia arriba.

    La comprobación del poder que tenía sobre mí terminó de encender su lujuria. Se movía rápido en círculos mientras subía y bajaba casi saltando. Yo intenté elevar y bajar mi cadera siguiéndole el ritmo. Analía gemía y gemía. Mientras mayor era el volumen de su voz más fuerza hacía sobre mi pierna. En el momento más álgido de su placer me clavó sus uñas.

    El dolor recibido (insuficiente para hacerme gritar, pero suficiente para distraerme) junto a la reciente eyaculación evitaron que acabara cuando ella experimentaba su clímax. Cuando su orgasmo empezó a disminuir calmó su ritmo y me besó sin salirse de mí. Hacía movimientos lentos ascendentes y descendentes sin dejar de besarme. La tomé de la cintura. Cuando mis manos iniciaron su descenso separó sus labios y las recolocó sonriendo.

    La soltura y naturalidad con que manejaba la situación terminaron de volver a ponerme a tope. Puso sus dos manos en mis mejillas y volvió a besarme, acostándose encima de mí. Empezamos a mover nuestras caderas arriba y abajo sincronizadas. Gemimos uno en la boca del otro cuando sus pezones me rozaron. A medida que me acercaba al punto de no retorno fui bajando inconscientemente mis manos. Cuando me aferré a sus dos nalgas gimió de gusto. Su reacción me dio un mensaje importante: no había zonas prohibidas, solo momentos prohibidos.

    Asido firmemente a su trasero empecé a balancearme con más potencia. Analía me gritaba que no parara. Mi pene salía hasta la mitad rápidamente para volver a introducirse igual de veloz. La fricción de su vagina en mi miembro y el suave bamboleo de sus pechos en mi piel me tenían al borde del orgasmo.

    -Seguí bebé –me incentivaba entre jadeos– dame duro

    -Estoy a punto.

    -Mmmm si mi amor dale. Dame toda tu lechita

    Esas palabras me hicieron cruzar el límite. Empecé a echar borbotones de leche mientras gritaba guturalmente y me aferraba con todas mis fuerzas a su trasero. Cuando creía que no me quedaba más para dar sentí su vagina comprimiendo mi miembro. Un dulce y largo gemido escapó de entre los labios de la chica de limpieza antes de que colapsara sobre mí. Apenas pudo desacoplarse y casi no tuve fuerzas de sacarme el preservativo antes de que nos quedáramos dormidos.

    Como empezaba a ser costumbre, cuando me desperté Analía estaba en la cocina. Tenía la misma ropa que en la mañana. Nuevamente me acerqué por su espalda, la rodeé con mis brazos y empecé a besarle el cuello. Al mismo tiempo la chica de limpieza podía notar mi pene poniéndose duro entre sus nalgas.

    -Algún día me la vas a meter mientras yo cocino como si nada –dijo entre risas.

    -¿Pero no va a ser hoy?

    -¿No valió la pena esperar una noche más para cogerme?

    -Cada segundo de espera –se dio vuelta para besarme.

    -Ya deberías saber confiar en mis tiempos entonces.

    -Es que me calentás mucho Ani

    -Y parte de lo que te calienta es que no me abra de piernas cada vez –asentí en silencio– Estar listo y aguantarte las ganas hasta que yo quiera –se dio vuelta y apoyó en la mesada– Ya sé todo lo que te caliento. Vos también me ponés muy caliente. Pero haciendo las cosas a mi manera todo está resultando muy bien, ¿no?

    -Perfectamente bien –me rodeó con sus brazos y me besó intensamente, aumentando mi excitación. Gimió cuando mi creciente pene tocó su vagina.

    -Excelente –sonrió al separarse de mí– Comamos algo liviano que a la tarde quiero cumplir una de mis fantasías.

    Ninguno dijo nada, pero ambos supimos lo que habíamos acordado tácitamente. Analía me tenía vuelto loco y haría lo que ella quisiera. La sola mención de una fantasía suya me tuvo excitado todo el almuerzo. Por más que intenté que me diera detalles no logré sacarle ni una palabra de lo que planeaba, pero aun así cada evasiva respuesta me ponía más duro.

  • Mi novio cumple su fantasía de verme coger con otro

    Mi novio cumple su fantasía de verme coger con otro

    Llevaba poco tiempo de tener relaciones con Bernie, cuando empezó a preguntarme sobre mis experiencias sexuales; que quiénes me habían cogido, qué dónde me habían cogido, qué le contara cogidas que me habían dado, que le dijera en dónde me echaban sus mecos y esas cosas. Me di cuenta de que le excitaba mucho que le contara, de hecho, era común que le costara trabajo mantener una erección y era justamente cuando me hacía esas preguntas.

    Casi desde que empezamos a salir, iba con nosotros un amigo suyo, Omar, y desde que me conoció me sabroseaba con la mirada. Aprovechaba que me gusta vestir un poco coqueta para deleitarse los ojos y cuando salíamos de antro o a algún bar, hacía lo posible para toquetearme al menos un poco, sobre todo cuando andaba yo un poco tomada.

    De hecho, una ocasión estaba bastante tomada y de regreso me fui atrás (en el coche) y cuando llegamos a la casa de Bernie –todavía no vivía con él, pero seguido me quedaba en su casa- tenía la blusa abierta y la minifalda a media nalga. Me fui a acostar y ellos se quedaron en la sala. En la madrugada, ya desnuda y dormida, llegó Bernie y empezó a manosearme, cuando desperté ya traía la blusa toda abierta, las tetas al aire y la mini en el suelo. Se acostó de cucharita, me agarraba las tetas y me masturbaba, yo sentí su verga poniéndose dura en mis nalgas; él ya estaba encuerado.

    -Estabas tan peda que de regreso Omar te estuvo manoseando y ni cuenta te diste, Ana… hasta fotos te sacó… y me calentó un chingo ver eso –sentí cómo su verga se ponía más dura y grande mientras me decía eso- me puso durísima la polla ver cómo te agarraba las tetas y las nalgas –en ese momento me la metió-.

    -Ay, cabrón, ¡qué rico! La tienes bien rica, Bernardo, métemela hasta adentro.

    -¿Así, putita? ¿Así te gusta que te cojan, guarra? Te gusta mi polla, ¿verdad zorra?

    -Ay, sí, Bernardo, me encanta tu polla; dame rico. Ando bien ganosa.

    -¿Sentiste cómo te manoseaba, Omar, guarra? –negué con la cabeza- ¿segura? Se me hace que sí y te hiciste pendeja, Ana. Te gustó que te manoseara otro cabrón.

    -No, no sentí nada, Bernardo… ay, que rica la siento, amor.

    -Te abrió la blusa, te tocó las tetas… te pellizcó los pezones y estaban duritos, putita; te levantó la falda para verte los calzones, te agarró las nalgas y te destapó el coño… te lo olió… yo quería que te dedeara, pero le sacó –sentí cómo palpitaba su verga dentro de mí; me dijo que lo montara de frente, entonces se acostó en la cama, me metí su verga y empecé a montarlo-te hubiera gustado que te dedeara, ¿verdad guarra?

    -Me encanta cuando se te pone así de dura la polla, amor.

    -Así se me pone de ver cómo te metió mano Omar, putita y de imaginar que te calentó que te manoseara enfrente de mi –la verdad me calentó mucho lo que me decía, además a mi pareja anterior también le gustaba que le contara cómo me cogían y hasta verme coger-.

    -Qué rica polla tienes, amor… no me di cuenta de lo que me hizo, en serio.

    -Quiero ver cómo te manosean, Ana… quiero verte fajar, quiero ver cómo te follan, guarra –yo estaba a punto de venirme-.

    -¿En serio quieres que me coja otro?

    -Sí, quiero ver cómo disfrutas con otra polla, zorra… quiero ver tu cara de puta mientras te la están metiendo en el coño y en el culo –me agarró fuerte de las nalgas y me jalaba hacia él-.

    -Me voy a venir, amor… ay, no manches qué rico –me vine; después de unos minutos me puso de perrito, yo me incliné levantando las nalgas y me la metió-.

    -Menudo culo, zorra –me dio un par de nalgadas y me bombeaba bien rico-.

    -Es tuyo, amor… mi culo es tuyo, Bernardo. Ay, papito, ¡qué rica polla!

    -A ti también se te antoja coger con él, verdad, Ana –negué con la cabeza, pero era mentira-.

    -Pero si quieres lo hago, si quieres se las doy. Dedéame el culito, por favor.

    -Sí, quiero verte fajar y follar con Omar –me metió el pulgar en el culo-.

    -Ay, qué pinche rico se siente… mmmm…

    -Me calienta que te guste por el culo, Ana

    -¡Me encanta!

    -Quiero que Omar te dé por el culo, guarra.

    -¿En serio quieres que les dé las nalgas? ¿Quieres me lo coja?

    -Quiero que te manosee las tetas, el culo… que te encuere… quiero que te dedee el coño y te lo coma; quiero que le comas el pollón… que te folle como la zorra que eres, Ana, quiero oírte gemir, gritar que quieres más polla, guarra –sentí cómo su verga palpitaba en mi panochita-.

    -Quiero tu leche, amor, échame tus mecos, por favor… ándale.

    -¿Quieres mi leche, Ana? ¿Quieres mis mecos, guarra?

    -Sí, amor, échamelos, ¿sí? –me vine de nuevo-.

    -¿En dónde los quieres, putita?

    -En donde quieras, amor –me la sacó-.

    -Te los voy a echar en la cara de zorra que tienes, Ana –me acomodé para recibirlos, él se la jaló un poco-.

    -Me encanta que me los eches en la cara.

    -¿Te lo vas a coger, guarra?

    -Sí, amor, lo que quieras.

    -¿Vas a dejar que manosee? ¿Le vas a comer la polla?

    -Sí, amor, lo que digas.

    -¿Vas a dejar que te folle el coño y el culo?

    -Sí, Bernardo, soy tuya.

    -¿Eres mi puta, Ana?

    -Sí, amor, soy tu puta.

    -Ya sabía que te lo querías coger, guarra… ahí te van, zorrita…

    -Aaaah… mmmm… -me salpicó toda la cara con su semen calientito mientras yo me agarraba las tetas-.

    -Ay, qué rico, amor… mmmm… -después de venirse en mi cara me embarró más la cara con su verga y después se la limpié mamándosela me gusta cómo sabe tu polla, amor.

    -Me gusta cómo te ves toda embarrada de leche, guarra.

    Dos semanas después, en las que cuando teníamos sexo, Bernardo mencionaba lo de Omar siempre, nos fuimos los tres de fin de semana a un balneario en Puebla y cumplió su fantasía. Llegamos al hotel y para mi sorpresa habían reservado sólo una habitación con dos camas matrimoniales. Obvio en una cama estaría Omar y en la otra Bernie y yo.

    En el día estuvimos en las albercas del balneario, pero después de comer aprovechamos el chapoteadero que tenía adentro la habitación y nos quedamos ahí –a pesar del olor a azufre-escuchando nuestra música, tomando unos tragos y disfrutando de las aguas termales. No sé bien qué le dijo Bernie a Omar, pero todo el tiempo que estuvimos en las albercas y cuando podía, me tocaba un poca las nalgas y me rozaba accidentalmente las tetas. La verdad me gustaba sentirme así de deseada y que me tocara aunque sea un poco frente a mi pareja.

    Como el chapoteadero de la habitación estaba caliente, después de cierto tiempo cada quien iba a darse un regaderazo de agua bien fría para refrescarnos; yo traía bikini y obviamente se me paraban los pezones con el agua fría y estos dos –Bernie y Omar-no solo me veían descaradamente las tetas, sino que luego de algunos tragos entraron en más confianza y hacían bromas sobre mis pezones duros y empezaron a decirme que si estábamos en confianza y en privado, por qué no andaba topless. Después de un par de tragos más y luego darme un regaderazo de agua fría, volvieron a pedirme topless para ver bien mis tetas y les hice un pequeño striptease quitándome el top del bikini.

    -Mira nada más qué tetazas tiene mi muñeca, Omar –dijo Bernie agarrándome las tetas y enseñándoselas a Omar- se antojan, ¿no?

    -Pero ¿cómo no? Mira nada más qué ricas y esos pezones que te comes, hermano.

    -Bueno ya vieron, ahora a cubrirlas –ambos gritaron- “No, no” jajaja ¿por qué?

    -Te ves mejor así, nena.

    -Además así tomas los beneficios de las aguas termales, Ana; de hecho, deberíamos encuerarnos todos.

    -Me gusta la idea, hermano.

    -Jajaja no, que, ustedes encuérense si quieren –ante mi sorpresa lo hicieron y el resto del tiempo así estuvieron-.

    Debo confesar que me gustó la verga de Omar, era más grande que la de Bernie, que de hecho apenas era mediana, y se le veía de buen grosor, además la traía medio erecta, mientras que la de mi novio estaba flácida; la verdad es que empezó a excitarme la situación.

    Era de esperarse que entre el alcohol y lo cachondo de la situación se diera algo más, entonces en un momento en que Omar estaba sentado en el borde de la alberquita y Bernardo y yo adentro, empezamos a besarnos, poco a poco empezaron las caricias, él me agarraba las tetas y pellizcaba los pezones, yo le agarraba la verga; entonces me agarró las nalgas metiéndome el calzón del bikini entre ellas.

    Después de unos minutos Bernardo se sentó en el borde, su verga quedó a la altura de mi cara y empecé a mamársela; no me importó que estuviera Omar, estaba demasiado tomada y caliente; de hecho me calentó más que estuviera él.

    -Deberías ver cómo mama la polla esta guarra, hermano.

    -No coman en frente de los pobres.

    -Pues únete a las viandas, hermano –me corazón latió a mil, no sabía qué pasaría, entonces unos segundos después sentí las manos de Omar en mis nalgas, luego en mis tetas y después sentí su verga dura en mis nalgas-.

    -¿Rico, putita? –asentí- dos vergas para ti, Ana –eso me calentó mucho; Omar me agarraba muy rico las tetas, pellizcaba mis pezones y simulaba metérmela tallando su verga con mi panochita y entre mis nalgas, yo abrí un poco más las piernas invitándolo a que me la metiera- rica la putita, ¿verdad?

    -Está buenísima, hermano.

    -Clávasela.

    -¿Se la meto? ¿Chingue a su madre?

    -Métele la polla, hermano; la guarra quiere verga.

    -Ahí te va, Ana –me la metió poco a poco- tienes unas nalgas deliciosas, mami –yo seguía mamándosela a Bernie, mientras Omar me cogía y me agarraba las tetas; sentí enseguida cómo se ponía más grande y dura la verga de mi novio en mi boca; después de unos minutos Bernardo nos dijo que nos fuéramos a la sala, ahí me senté en Bernie y mientras él me cogía yo se la mamaba a su amigo.

    -Así quería verte, Ana, siendo una verdadera guarra; recibiendo mi polla en tu coño y mamando otra –Bernardo me agarraba fuerte de la cadera y me movía de atrás hacia delante, Omar me sostenía la cabeza para que se la mamara-.

    -Es muy buena mamadora, Ana, compadre. La saborea rico esta putita.

    -Te lo dije, hermano; tiene cara de puta y es un putón jajaja

    -Tenía mis dudas de que aflojara, pero la convenciste, compadre; ¡qué chingón! Tenía muchas ganas de cogérmela.

    -Mi zorra me obedece, hermano.

    -¡De poca madre!

    Después de estar recibiendo la verga de Berni en mi panocha y la de Omar en mi boca, se sentaron ambos en el sillón y me recosté de lado para mamársela a mi novio mientras me la metía su amigo. La verdad aunque me resistía un poco a la idea de que Bernie me viera coger con Omar, el de hecho de coger con ambos no me desagradaba tanto; además hacía muchos meses que no hacía un trío y extrañaba tener dos vergas para mi. Después de estar así unos minutos, empecé a sentir cómo palpitaba la verga de Bernie en mi boca, así que me hinqué en el piso de perrito, para seguir mamándosela y jalándosela, mientras Omar me la metería así.

    -Qué culo tan más rico tienes, Ana –me acariciaba las nalgas y las apretaba fuerte, me dio un par de nalgadas-para gozarte bien empinada.

    -¿se te antoja?… Mmm…

    -De a madres, reinita –me la metió de una embestida, yo solo gemí- te encanta la verga, ¿verdad putita? Hermano, qué divertidas de debes dar con este culo de vieja… y bien golosa jajaja.

    -Te lo dije, hermano, ¡es un putón!

    Así estuvimos hasta que volví a sentir cómo palpitaba su verga en mi boca.

    -Me vas a sacar la leche, zorra.

    -Mmm… eso quiero, amor… mmm… quiero que me llenas la boca con tus mecos… quiero saborearlos… tragármelos… mmmm

    -¡Eres una zorra, Ana… joder! ¡Me la vas a sacar! –en ese momento sentí como empezaba a darme Omar más rápido y duro, seguro acabaría pronto-.

    -Vente, amor… mmm… échamelos… mmm…

    -Yo también me voy a venir, pinche Ana –se la apreté con mi panochita y en ese momento sentí cómo se venía en mi boca Bernardo, se vino bastante y seguí mamándosela con su semen en la boca y me los fui tragando poco a poco; Omar se vino segundos después que Bernie, sentí cómo me llenó las nalgas y hasta la espalda me salpicó con su lechita caliente; la verdad es ese momento yo también me vine-.

    Después de descansar un rato nos bañamos y en la regadera sólo me manosearon a placer mientras me enjabonaban y enjuagaban. Por esa noche fue todo, pero la noche siguiente estando ya acostados –cada quien en su cama, Bernie y yo en una y Omar en la otra-y Omar dormido, Bernie me susurró mientras me abrazaba de cucharita viendo hacia la cama de su amigo:

    -Fóllatelo, Ana.

    -Ya ayer follamos los tres.

    -Sí, pero quiero ver cómo te folla –me agarraba las tetas y la panochita- quiero ver cómo se la mamas… cómo te la mete… cómo gimes con su polla…quiero verte siendo toda una zorra con él.

    -¿Por? ¿Para?

    -Porque me calienta… porque quiero jalármela viéndote.

    -¿Estás seguro, amor?

    -Anda, fóllatelo, Ana. Despiértalo y fóllatelo.

    Entonces me levanté y fui a la cama de Omar, lo destapé para que viera Bernardo, le acaricié el paquete y enseguida le bajé los boxers sacándole la verga aún flácida; se la agarré y se la lamí, le di pequeñas chupaditas y después se la mamé. Poco a poco se le fue poniendo dura, se despertó y obviamente se sorprendió; sólo dijo “Ah, ¡cabrón!”, Bernie dijo “Disfrútala, hermano”.

    Después de mamársela un rato, se le puso como mástil, entonces me senté sobre él, le puse mis tetas en la cara para que me las chupara y me calentara más; me agarró las tetas y me chupó los pezones, entonces me senté sobre su verga metiéndomela bien rico. Así lo estuve montando cambiando mis movimientos de cadera; de repente volteaba a ver a Bernardo y estaba en nuestra cama jalándosela viéndonos coger.

    -Eso quería ver, Ana, cómo se las dabas a Omar, cómo te lo follabas, zorra. Sabía que eras un putón… se te ve en la cara que te encanta la polla.

    -¿Te gusta ver cómo me folla tu amigo?

    -Me la pone durísima ver cómo te pones de zorra con otra polla, Ana. Me pone ver cómo te calienta coger con otros, sentirte toda una guarra comepollas –me excitó muchísimo que me dijera esas cosas-.

    -Te mueves bien pinche rico, Ana –Omar me comía las tetas, lo que me pone a mil, me agarraba las nalgas fuerte y me daba una que otra nalgada-.

    Después me dijo que lo montara de espaldas para verme las nalgas, aprovechó también para meterme un dedo en el culo; eso provocó un par de orgasmos.

    -A esta cabrona le gusta que le den por el culo.

    -Ya le daremos los dos por el culo a la zorra.

    Luego me acomodó de perrito viendo hacia Bernardo, él se puso detrás de mi debajo de la cama y empezó a darme, poco a poco más duro dándome nalgadas y jalándome el cabello o metiéndome un dedo en el culo. Bernardo no dejaba de jalársela; la tenía grande e hinchada, tenía una cara de muchísima excitación, no lo había visto así nunca. “Tienes una cara de zorra de puta madre, me dijo”.

    Finalmente, Omar me acostó de misionero y así me estuvo cogiendo. Bernardo se acercó para ver bien cómo me estaba cogiendo su amigo, hasta que se vino en mi cara y mis tetas, no me dejaron limpiarme; mi novio nunca se había venido tanto. Omar, no tardó mucho más en echarme sus mecos también en la cara, me los embarró más con su verga y luego me la clavó de nuevo, antes de que me dijera que se la limpiara mamándosela.

    Así fue que Bernardo cumplió su fantasía, aunque por supuesto fue solo la primera vez.

  • Fernando, el novio de mi hermana

    Fernando, el novio de mi hermana

    Una vez más me siento delante de mi portátil con la pantalla en blanco dando forma a un nuevo relato que me haga vibrar, que os haga imaginar aunque solo sea un momento ser partícipes de mis fantasías sexuales, como todos los días que me encuentro sola en casa y siento la necesidad de escribir en mi sillón preferido solo con mis braguitas rosas cubriendo mi sexo y una camiseta, empiezo a golpear las teclas dando forma a esta mi nueva historia.

    Puede que sea un hermano perdido, un primo, un alumno, un policía que me acosa o quizás un médico que quiere meterme algo más que el palito para ver mi garganta, quizás solo sea el novio de mi hermana, un hombre entrado en años jugando al ajedrez conmigo, a las damas, quizás mi amiga mientras nos cambiamos en el vestuario o puede que tomando una copa en un bar contigo, te doy a elegir que prefieres, hoy eliges tú, o quizás quieras ser tú el protagonista de mi historia ¿quieres jugar conmigo? ¿Quieres pasar un momento de sexo conmigo?, pues si es así, ven, cierra los ojos e imaginarme, vuela cogiéndome de la mano y no te sueltes porque empezamos.

    Ya me hubiera gustado a mí que las cosas hubieran salido de otra manera, pero no podemos elegir de quien nos enamoramos y yo estaba enamorada de Fernando el novio de mi hermana desde hacía tiempo, estaba tan ilusionada de que mi hermana me hubiese invitado a ir con ellos de vacaciones, tenía los 18 años recién cumplidos y este sería el mejor verano de mi vida seguro, un viaje con él… bueno, con él y con mi hermana, pero él estaría allí todos los días y la verdad que no pudo empezar mejor el viaje.

    A última hora llamaron a mi hermana del trabajo, algo urgente a lo que no podía decir que no y que la iba a demorar una semana de las vacaciones, la decisión la tomaron ellos dejándome al margen, el apartamento estaba pagado así que Fernando y yo nos iríamos ese mismo día y al cabo una semana o quizás más, mi hermana se reuniría con nosotros y así lo hicimos, nos despedimos de ella y a las siete horas estábamos en las maravillosas playas de arena blanca de Cádiz.

    El apartamento estaba en un enclave precioso justo enfrente de la playa, un ático con unas vistas de ensueño, yo estaba tremendamente feliz de vacaciones en aquel sitio tan bonito y sola con Fernando ni más ni menos, la verdad que esas primeras horas fueron un poco extrañas, me sentía mal por alegrarme de lo que le había pasado a Lucia, mi hermana y a la vez estaba cohibida por estar sola con él, Fernando quien en todo momento desde que salimos de casa intentó hacerme el viaje más fácil, siempre bromeando conmigo, siempre haciéndome reír.

    Ya la primera noche supe que lo iba a pasar mal, cuando le encontré apoyado en la barandilla con el bañador y una camisa abierta, el viento soplaba con fuerza, hacia volar su camisa y le desnudaba parcialmente para mí mostrándome sus abdominales, su torso musculoso con algo de vello en el pecho, le miraba atontada como algo inalcanzable, tenía todo lo que me atraía en un hombre, era guapo con unos ojos verdes que me desmontaban al mirarme, una sonrisa limpia y fresca con unos labios carnosos que te invitaban a besar, manos fuertes, era culto, tierno, simpático y gracioso, te sabía escuchar y sabía cuándo tenía que hablar, en fin tenía todo por lo que una mujer suspira.

    Al día siguiente me prometió llevarme a cenar y así lo hicimos, pero antes de salir la que esperaba ahora en la terraza era yo, esperaba a que terminara de vestirse y ahora el viento a quien golpeaba levantándome continuamente la falda era a mí, una brisa fuerte hacia volar mi melena y mi blusa, hacía tiempo que Fernando me miraba desde el salón por detrás de la cortina, me sentía espiada, observada y estaba realmente nerviosa, el viento mi peor enemigo en esos momentos porque en más de una ocasión me había levantado la falda dejándole ver mi braga, mis manos no daban abasto en sujetarme el pelo y la falda, sabía que él estaba allí y para mí hubiera sido más fácil meterme dentro de casa, pero no sé por qué no lo hice, bueno sí, quería que me viera.

    El viento arreciaba y tomé la decisión de cambiarme la falda por un pantalón, al entrar en mi habitación nuevamente le veía que me perseguía con su mirada, había dejado la puerta abierta a posta y empecé a quitarme la falda muy despacio sabiendo que él miraba, me estaba excitando tanto que empecé a moverme sensualmente al ponerme los pantalones mirándole de reojo, incluso llegué a ver como su mano se dirigió hacia su pantalón para colocarse el bulto que le había crecido dentro de él.

    Reímos, comimos y bebimos esa noche, me llevó a una discoteca y ya casi amaneciendo nos fuimos a casa, me lo había pasado como nunca, había ligado con un par de chicos a los cuales Fernando había espantado haciéndose pasar por mi novio, me rodeaba con sus fuertes brazos y me besaba castamente en la frente, lo justo para que me dieran por perdida, estaba feliz, como en un sueño, antes de salir de casa Fernando se había fijado en mí, se había excitado conmigo y yo con él y ahora de camino al apartamento íbamos los dos abrazados por el paseo marítimo, con su mano derecha cogiéndome suavemente por mi cintura, yo le rodeaba con mi brazo la suya y apoyaba de vez en cuando mi cabeza en su pecho con la excusa de que mi melena no se volara continuamente.

    No dijimos nada desde que salimos de la discoteca, simplemente nos abrazamos y recorrimos los dos kilómetros de distancia hasta llegar al apartamento, había una luna espectacular, el viento se había calmado, el mar se sentía en silencio y solo el batir de las olas que nos habían acompañado durante todo el camino fueron testigos del beso que me dio Fernando antes de llegar, nos detuvimos un momento mirándonos y subiéndome a la barbilla con sus manos me dio un beso sin decirme nada, solo un beso, nuestros labios se unían y tal como vino se fue, nos mirábamos fijamente y yo temblaba, pero no de frío, ese beso me había traspasado todo el cuerpo y quería más, necesitaba más, pero Fernando simplemente me miraba con seriedad hasta que intenté besarle y me rechazó, entrando en el portal rápidamente.

    Ya en casa era de noche todavía cuando me encontraba en la terraza nuevamente, me había quitado la ropa y esperaba a acostarme, estaba descalza con una camiseta larga que me cubría un poco más de medio muslo, recordaba cada momento de la noche, del beso que me había dado mientras empezaba ver el amanecer, estaba feliz y a la vez triste, estaba ilusionada y a la vez me sentía culpable por mi hermana, pero no había problema por ella, sabía que Fernando había tenido un momento de duda y nada más, me había rechazado y yo lo admitía.

    Estaba con mis pensamientos mirando el amanecer y no me di cuenta cuando Fernando salió a la terraza y sin decirme nada y otra vez, sorprendiéndome me rodeó con sus brazos justo por debajo de mis senos con fuerza, besándome el cuello, creía estar en un sueño cuando mis manos se apoyaron en las suyas, era real no era un sueño, él estaba detrás de mí desnudo tan solo con su bóxer abrazándome y besándome, nuevamente una tormenta de culpabilidad asomaba por mi cabeza, pero poco a poco me la fue disipando, yo no hice nada por apartarme, le dejaba hacer en todo momento y sus labios mordían continuamente mi cuello por un lado y por otro, mis lóbulos sometidos en su boca y su lengua recorrer mis orejas de principio a fin.

    Sus brazos no se contentaron solo con abrazarme, sus manos apretaban mis senos con suavidad por encima de mi camiseta, las mías acariciaban sus muslos desnudos y por fin su boca busco la mía y entreabiertas nos buscamos besándonos, enganchando mi lengua a la suya, quien habló de culpabilidad, que era eso, ninguno de los dos en esos momentos pensaba más que en estar el uno con el otro, en disfrutar del momento, sentir su lengua bailando con la mía en mi interior, notar como sus manos cogían mi camiseta y me la quitaba lentamente, sus manos recorrían ahora mi cuerpo desnudo mientras que no parábamos de besarnos y de acariciarme él con sus labios mi cuello.

    Sentía como la humedad me había inundado el interior de mi vagina, como mis braguitas blanca de encaje se había mojado, sentía como sus dedos habían pasado esa información ya a su cabeza cuando con nocturnidad y alevosía habían levantado la goma de mis braguitas después de un buen rato jugando con ellas y ahora jugaban con mi clítoris, haciendo pequeños escarceos ocultándose entre mis labios húmedos para penetrar en mi vagina, toda esta operación bien orquestada había hecho que mis ojos ya no vieran más el amanecer, cerrados y abriendo la boca mis gemidos empezaban a ponerle música al nuevo día.

    Sus manos acompañaban a mis bragas hacia la salida, ya pasadas las rodillas, flexionaba estas para que salieran por mis pies descalzos, sentía su pene detrás de mí como una barra de acero golpeándome las nalgas, su bóxer en el suelo hacía tiempo que había caído encima de mis bragas haciéndolas también el amor, los dos desnudos en la terraza atendiendo solo a nuestras necesidades más primarias, Fernando recorría con sus labios todos los rincones de mi espalda, sus manos en mis glúteos apretándolos y mordiéndolos con su boca, estaba muy excitada y él me excitaba cada vez más, el sol ya había salido y los primeros transeúntes paseaban y corrían por la playa.

    Había separado un poco mis piernas para que Fernando disfrutara de mi clítoris con su lengua, me daba de vez en cuando lametazos por toda mi vulva metiéndose los labios en su boca, luego más quirúrgicamente con la punta de su lengua hacia que volviera a gemir al acariciarme con ella mi clítoris sin parar ni un momento de atenderlo, cuando no era su lengua eran sus dedos, cuando no penetraba con su lengua mi vagina eran sus dedos, los gemidos pasaron a pequeños gritos de placer, sus dedos corazón e índice se metían en mi vagina haciendo las funciones de su pene entrando y saliendo de mí con rapidez a la vez que su boca se entretenía con mi clítoris.

    Fernando se levantó y cogiéndome en brazos me llevó a la mesa de madera que había en el centro de la terraza, sentándome en ella me subió la pierna izquierda hasta sus hombros sujetándola con su brazo, su pene erguido se paseaba arriba abajo entre mis labios húmedos empapándose de ellos, de mi vagina salía una especie de crema blanquecina, mi flujo se adhería a su pene cada vez que pasaba entre mis labios e intentaba entrar en mi vagina, los dos nos mirábamos con pasión, besándonos de vez en cuando, los dos mirábamos como su pene me recorría, como golpeaba mi clítoris y bajando lentamente se metía un poco en mi vagina, solo la cabeza, solo su glande desaparecía y volvía a salir. Fernando me estaba poniendo enferma de placer, necesitaba que me la metiera ya, pero le encantaba hacerme sufrir, le encantaba ver como mi rostro se desencajaba cuando metía su pene, no solo la cabeza, sino que parte del tronco y me lo sacaba nuevamente para volver a jugar entre mis labios y mi clítoris.

    Estaba tan excitada, nunca había estado así de excitada, mi cuerpo pedía más, mi cabeza le odiaba y le amaba por lo que me estaba haciendo, le miraba entre gemidos, mordiéndome los labios con los dientes, el ceño fruncido, mi mano apretando mis senos, acariciando mis pezones que eran asaltados por él también de vez en cuando, pero todo tiene una recompensa y más si has sido una niña buena, por fin Fernando empujó con fuerza su pene dentro de mi vagina, llegando tan profundo que más que un gemido, un grito de placer salió de mí inconscientemente, había hecho que cerrase los ojos y mi cabeza se echara hacia atrás, mis manos apretaran con fuerza mis pezones, fue el principio de lo que vendría, ya que esta vez Fernando ya no me hizo sufrir más, ya solo se dedicaba a meterla y sacarla, a que mis gritos no pararan, empujando mi cuerpo y haciendo bailar mis pechos sobre mí, de un lado a otro.

    Veía como su polla desaparecía en mi interior, notaba como se friccionaba con mis paredes vaginales deslizándose por mi vagina tremendamente mojada, como la sacaba y salía blanquecina de mi flujo, Fernando paraba de vez en cuando dejándomela allí dentro, muy dentro de mi cuerpo sintiéndola palpitar, salir y entrar tan solo unos centímetros, nos besábamos y nuevamente empezaba a penetrarme con fuerza, golpeando nuestras pelvis con fuerza, desplazándome poco a poco por encima de la mesa, nuestros gemidos y gritos casi a la par, cuando empezamos a descubrir que era el principio del fin de aquello, mi cuerpo temblaba, tenía espasmos en las piernas, calor en el vientre y una ola de placer me recorrió el cuerpo de punta a punta a la vez que sentía como Fernando eyaculaba dentro de mí, con su polla muy profunda sin moverse, lanzando y expulsando en mi interior el semen caliente de su cuerpo.

    Todavía ninguno de los dos había dicho palabra alguna, simplemente nos habíamos comunicado con nuestros besos y nuestro sexo, estaba feliz, me sentía dichosa no sabía por cuanto tiempo, pero en esos momentos no pensaba en ello, solo pensaba en el placer que me acababa de dar Fernando, en el que me estaba dando ahora besando mi vientre acariciando mis pezones mientras que yo miraba al sol que ya empezaba a calentar el día.

    Cuando Fernando terminó de recorrer mi cuerpo con sus besos, sentía su pene entrar en mi vagina nuevamente, no me lo esperaba y una vez más estaba gozando con él, Fernando se empezó a mover de forma rápida metiéndomela con vigor hasta que paró besándome profundamente y se levantó sin decirme nada, sacando su pene, le miraba extrañada, no sabía qué pasaba, Fernando me había extendido su mano para que se la cogiese y levantarme, estaba nerviosa, pero le seguí hasta al interior de la casa, entraba en su habitación y me tumbaba en su cama.

    Pero eso, eso es otra historia porque fuera en la terraza follamos y allí dentro en la cama, haríamos el amor.

  • Nuevas experiencias de casada

    Nuevas experiencias de casada

    Hola lectores, soy Sandra nuevamente a relatarles a mi manera, lo mejor que recuerdan mis neuronas otra situación sexual que me correspondió vivir en el tiempo que era extorsionada por José, un taxista de profesión que me sorprendió con un amigo del colegio y tomó algunas fotos y videos, para no enseñárselas supuestamente a mi esposo, en consecuencia, me vi obligada a ser su amante, llevándome a ser su perra sumisa, algunos hechos ya relatados en otro escrito.

    Para quienes no me conocen soy Sandra, 35 años, casada, sin hijos, pelo negro, largo y lacio, 1,60 de estatura, 57 kg de peso, contextura delgada.

    Mi esposo, un gran hombre, educado, decente, 38 años de edad, contador de profesión, contextura media, podría llamarse el esposo ideal, pero, nadie está contenta con lo que tiene, en la cama es muy pasivo, adora el misionero, eyacula, se voltea y queda dormido, casi siempre es así, muy poco de juegos pre y post, aunque su herramienta, una hermosa y jugosa verga de 16 cm, se la he medido con una regla, tiene la potencia para sacarle provecho, no lo hace.

    Mi esposo Antonio le correspondió salir en un viaje de comisión de la empresa a ver una situación laboral en una ciudad capital distante unas seis horas en automóvil ya que no hay aeropuertos, lo que lo obligaba a quedarse una noche para regresar al día siguiente, si terminaba sus obligaciones en aquella sucursal.

    Mi extorsionador José, me llamó que necesitaba verme urgente, yo aún, no le contaba de la ausencia de mi esposo ese día, pero por accidente le dije que le estaba arreglando la maleta para mi esposo, el muy astuto me siguió la mentira y caí redondita, así que me dijo, te tengo el plan perfecto, me negué al principio pero le dije que su hermana llegaba a acompañarme en la noche y no podía estar fuera, tranquila, me dijo, te recojo a las tres de la tarde, mi esposo salió a la una de ese día, tuve tiempo de arreglarme, cavilar sobre esa culeada que me esperaba, José era un tipo muy joven, 28 años, atlético, 17 centímetros medía su vergota, una morcilla que sabía trabajar como un maestro, las ironías de la vida, pero, nunca me imaginé ese regalo especial.

    Nos fuimos a su habitación, un curto que rentaba con un amigo, que tenía las mínimas comodidades para una estadía corta, de un rato, cama, televisor, un refrigerador pequeño, baño, nada más. Al llegar allí mi sorpresa fue mayor, al encontrar encamados a una pareja, la cual no se inmutó al vernos entrar, José de dijo tranquila son viejos amigos míos, pronto tú lo serás también de ellos, nos presentaron rápidamente y tan fría como pudo ser la situación, José me dijo tú vienes bañadita y perfumada, así que a lo que vinimos.

    Me abrazó con sus fuertes brazos, nos besamos apasionadamente, su amigo Andrés dijo oye, eso está muy bueno, dándome una nalgada suave, espero me dejes probar, le dije ni en sueños querido, ya veremos me contestó fríamente.

    De repente me vi rodeada de Andrés y Juliana que era la otra chica en comento, quienes ya estaban desnudos como lo expliqué, José me sacó mi ropa, una blusa, jean y zapatillas, la botó a un rincón, quedé en solo calzones, pantys o tanga para que entiendan, nos seguíamos besando sin parar, en determinado momento, sentí rodear mi cintura por unos brazos, era Andrés, a la par, José abrazó y atrajo con uno de sus brazos a Juliana quien no se rehusó, para nada, yo meneaba mi cintura como para zafarme de esa situación extraña y nueva para mí, me era imposible,

    Andrés me metió las manos entre mis tangas, acariciando la parte frontal de mi vagina que ya estaba empapada por el espectáculo que estaba viviendo, José mi amigo novio y Juliana se besaban en mi propia cara, Juliana se agarraba de mis hombros, luego, me empezó a acariciar y apretar mis tetas, supe que aquella chica le gustaba algo más que sólo hombres, además, lo que me esperaba era totalmente nuevo para mí. José me hizo besar a la chica, unos labios muy delicados, exquisitos, tiernos a sus 25 años, muchos escalofríos recorrieron mi cuerpo con esas sensaciones nuevas y diferentes, era la cereza que le faltaba al postre, mientras tanto Andrés, me quitaba la tanga y todos quedamos totalmente desnudos, sin preguntar nada, Andrés, se hizo por mi espalda, comenzando a arremeter por mi chochita con su herramienta que ya la tenía a punto de ser devorada, podía sentir que mi raja, más parecía una laguna que otra cosa, José, mi amigo novio, se empalaba de la misma forma a Juliana, mientras ella y yo nos besábamos, sorteando los golpes y embestidas que estábamos recibiendo por nuestros traseros, ella llevando la iniciativa en todo, yo estaba recibiendo mis primeras lecciones en compartir con otra chica.

    Al rato me hicieron acostar boca arriba, Juliana se tiró encima de mí, como haciendo un 69, eso fue por orden y dirección de los machos de ese día, nos lamimos nuestros coños llenos de jugos vaginales y de la verga de ellos, eso fue otra sensación extraña, unos labios, igual o más delicados, carnosos, jugosos, un olor que hasta me pareció agradable, ahora entendía por qué, a los hombres le encanta el sexo oral, aclaro que ninguno se había venido aún. Andrés empezó a meterle la verga por la chocha a Juliana, en mis propias narices, yo veía como entraba y salía ese bulto de carme dura entre los labios de esa chica que apenas gemía de placer, sus labios parecían una boca hambrienta, insaciable, se abrían y cerraban al vaivén de las embestidas.

    José y sin que me diera cuenta empezó, a empalarme bestialmente, me imaginé que Juliana estaba viendo el mismo espectáculo que yo, ella vería en mi chocha lo que yo veía en ella, vaya lujuria que me estaba dando yo misma, sentía que me venía a chorros y sin control, no supe cuántas veces me vine de placer, José sacaba su verga y de vez en cuando, me la metía en mi boca, sentía yo una mezcla de sabores, de esos jugos, un tanto salados, viscosos y con un sabor especial, indescriptible,

    Sé que Juliana pasaba por la misma situación que yo estaba viviendo, ver cómo me la metían y tragarse mis jugos y los de Andrés revueltos, claro sin poder protestar ninguna de las dos, ella por vagabunda profesional seguramente y yo por estar obligada a ser sumisa, extorsionada por José, para que no le entregara pruebas de mi infidelidad a mi esposo.

    Cuando a ellos se les antojó nos hicieron desmontar de esa posición, Andrés se acostó boca arriba con un pene que no había visto plenamente, hasta ahora, ya que me lo había metido de espaldas y después se lo metía a Juliana, lo pude analizar, era una verga gruesa, creo que unos 14-15 centímetros, dije para mis adentros, que suerte de estos tipos, mi marido apenas unos 12, pareciera la mitad de esas anacondas que empezaba a disfrutar,

    Me hicieron sentar encima mirando la cara de Andrés, empecé a galopar, José me hizo inclinar hasta que me encontré besándome con Andrés, sentí en mi cintura las manos de Andrés, separando mis nalgas para ofrecer mi culo a José o la chica, no podía saber en ese momento, sentía como unos dedos, hurgaban dentro de los esfínteres de mi culo, lo preparaban para una penetración, no sabía qué hacer, si relajarme, saltar o salir corriendo, recuerdo que meneaba mi colita como para tratar de disuadir a los dedos intrusos que sin piedad estaban entrando en mi cuerpo, opté como buena puta a relajarme, recuerdo gritar, pacito papi, pacito, estaba en ese momento, más asustada y a la expectativa que otra cosa, gracias a Dios, escuchó mi petición, José.

    Me arrimó su verga y fue deslizándola suavemente, mi culo la recibió con algo de agrado, ya que solo un quejido de ayyy, ay que rico, salió y no supe el por qué, empezaron unos movimientos de mi cintura en forma circular, tratando de sincronizar tres cuerpos a la vez, otras veces optaba por quedarme quieta y que ellos hicieran todo el trabajo.

    Juliana se sentó en la cara de Andrés, este le lamía ese culo y esa chocha aunque parecía ahogarse por momentos, parecía como si le faltara el aire, la verga de Julián se empezó a bajar su fortaleza, debido a su incomodidad seguramente, nos obligaron a cambiar, José se tumbó y Juliana se le sentó encima, yo me senté en la cara de José para que me lamiera mi chocho bien pelado como acostumbro a tenerlo siempre, Andrés atacaba a Juliana por su parte trasera, no supe si por el culo o chocha, al rato se desmontó esa posición nuevamente, nos acostamos como hermanitas las dos niñas del cuento, ellos se nos echaron encima, cada uno encima de su puta, al estilo misionera, Julián se vino primero, sacándolo y acercándose a la cara de Juliana para que se lo chupara hasta que quedó en posición de descanso y dormido, hasta parecía inocente esa verga, pensé que José no se queda atrás, o que hará lo mismo,

    Efectivamente, cuando se iba a venir me hizo abrir la boca, acercó su vergota y toda su leche cayó dentro de mi boca, acto seguido se dejó caer sobre mi cabeza, de un solo golpe, sentí que me atravesaba toda, por un segundo que me descuidé, ya que no me esperaba esa maniobra suya, me la tragué toda, seguramente casi llega a mi estómago, mi garganta quedó dolorida por el paso violento de ese trozo de carne, de la leche, no quedó nada en mi boca, ya que del susto y todo, seguramente, me la pasé para suavizar el dolor e incomodidad, que había sentido, sin embargo, eso no fue obstáculo para propinarle una buena mamada hasta dejarlo bien limpio y escurrido.

    Como ya había transcurrido como dos horas o más, les dije que me marchaba, que me tenía que ir, ya que llegaba mi cuñada a acompañarme esa noche, ante la ausencia de mi esposo y debería estar en casa antes, así evitaría habladurías y que mi esposo sospechara algo, optaron por dejarme duchar, arreglar un poco, salimos los cuatro a un bar cercano, bebimos dos cervezas cada uno, me supieron a Gloria en ese momento, la despedida de Andrés y Juliana fue muy amorosa, besos en la boca, abrazo fuerte y la promesa de otro plan más elaborado, una estadía de una noche en un hotel, piscina o un viaje a la playa, al menos era un sueño en ese momento.

    Llegué a mi casa con una sonrisa placentera, me volví a duchar, me puse un camisón para descansar, cuando llegó mi cuñada dijo uy cuñadita, que elegancia, estás esperando a alguien?? Que hermosa y radiante estás, le dije son los cuidados de mi esposo al que adoro con todo mi ser, sí es muy buena persona, asintió ella, para mis adentros pensaba, ojalá supieras lo que acabo de vivir y esa sonrisa burlona no se separaba de mí, dormimos juntas en la misma cama, pero claro que no pasó nada de nada, aunque recordaba y parecía sentir el olor de la chocha de Juliana por momentos, eso me perturbaba a cada momento.

    Mi relación con José y Andrés, siguió algunos meses, hasta que tramé y pensé, el cómo conseguir pruebas para amenazarlo con denunciarlo, no para ponerlo preso, solo para alejarme de él, pues me estaba enamorando de sus locuras, cuando las obtuve, lo presioné a mi manera, aunque nunca presenté esas pruebas a las autoridades, ¿para qué? Estaba enamorada, muy feliz, agradecida, fue mi mejor maestro y eso lo valía todo, de Andrés tampoco volví a saber nada de él supe que se mudaron de ciudad con Juliana.

    Seguiré contándote otras historias reales y verdades de mi vida, de mis inicios, vicios y época de colegio, no te las pierdas.

    Leeré todos los comentarios que hagan y si alguno me interesa lo responderé.

  • Cuñada mal follada y muy necesitada

    Cuñada mal follada y muy necesitada

    Pasaba de las cuatro de la tarde. Antonio estaba desnudo fumando un cigarrillo en la cama en la habitación de un motel de carretera. Era musculoso y tenía la polla a media asta, una polla gorda y larga, Nicky, su cuñada, era una hembra de toma pan y moja que pasaba mucha hambre de polla, se la acarició cómo si estuviera acariciando a un gatito. La levanto con dos dedos de la mano izquierda y tres de la derecha. Su boca se acercó tímidamente y le dio un beso en la punta. La olió, le olía a su coño. Lamió el frenillo, chupó el glande, luego le lamió y le chupó los huevos, para acto seguido subir lamiendo desde la base hasta en frenillo, meterla en la boca, chupar el glande primero, después meterla en la boca hasta donde le cupo y mamar con ansia apretando su lengua contra ella. Se la mamó y se la meneó. En nada la polla se puso dura y la bolsa de los cojones se le encogió. La cogió con una mano, la miró y le volvió a chupar el glande al tiempo que lo miraba a los ojos… Hacía todo despacito, era como si estuviera saboreándola. Antonio le dijo:

    -Mamas de maravilla.

    -Son años de experiencia.

    Poco después Niky dejó de mamar. Antonio vio venir sus tetas hacia él, unas tetas grandes con areolas rosadas y pezones generosos. Nicky le puso el pezón de la teta derecha en la boca. Antonio se lo lamió y le chupó la areola. Le volvió a coger la polla y se la meneó mientras le ponía el otro pezón en la boca… Antonio le lamía pezones, areolas y le mamó y magreó las suaves y esponjosas tetas. Le dijo:

    -Dame este coño que debe estar mojadito.

    -Ni te puedes imaginar cómo está.

    Le puso el coño en la boca.

    -Joder, gotea.

    -Ya te dije que ni te podías imaginar cómo estaba.

    Nicky le cogió la polla y comenzó a masturbarlo. Antonio le echó las manos a las caderas y le enterró la lengua en el culo primero y en el coño después… Nicky la sacaba de ambos lados al mover el culo hacia delante y la volvía a meterla al echarlo hacia atrás y también le frotaba el culo y el coño contra ella cuando la dejaba plana… Minutos después se puso tan perra que dejó de masturbarlo, le cogió la cabeza con las dos manos y subiendo y bajando el culo y moviéndolo alrededor se masturbó contra su lengua, hasta que no pudo más y le dijo:

    -¡Me corro!

    Al correrse abrió el coño con dos dedos para que su corrida espesa cayera toda en la boca de su cuñado.

    Al acabar de correrse se echó a su lado. Antonio la puso boca abajo, le echó una mano al vientre y le levantó el culo. Quitó la mano de su vientre, le abrió las nalgas con las dos manos y le lamió el ojete cómo se lo lamería un perro. Nicky movía el culo para que la lengua lo abarcase todo…, periné, ojete, nalgas…, Antonio se lo lamió y se le folló el ojete con la punta de la lengua. La puso tan perra que le dijo:

    -Métemela en el culo.

    -Claro que te la voy a meter, pero no tengas prisa.

    Antonio era de los que pensaba que cada cosa tenía su tiempo. La puso boca arriba. La cogió por la cintura, la levantó, Nicky se abrió de piernas y Antonio le lamió su coño encharcado cómo había lamido su culo. Iba de abajo a arriba, haciendo paradas para enterrar la lengua en su coño. Cuando ya los gemidos le dijeron que se iba a correr, apretó la lengua sobre su clítoris erecto y lamió alrededor muy despacito, Nicky moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, le dijo:

    -No puedo más. ¡Me corro!

    Se corrió en la boca de su cuñado y al correrse apretó su cara con los muslos de las piernas.

    Niky era insaciable. Después de correrse subió encima de él. Dándole la espalda le puso el culo en la boca. Antonio se lo volvió a follar y a lamer, luego Nicky puso el ojete encima de la polla, dejó caer el culo lentamente y la gran polla entró hasta el fondo. Lo folló despacito. Follándolo le dijo:

    -Cuando te corras quiero que me llenes el culo de leche.

    Antonio con la polla dentro del culo, la volvió a poner boca abajo y apoyando las manos en la almohada le dio duro. Nicky metió dos dedos dentro del coño y mientras la polla entraba y salía se masturbó. Pasado un tiempo le dijo:

    -¡Me voy a correr!

    Antonio cambió de tercio de nuevo, la volvió a poner boca arriba, la volvió a coger por la cintura, Nicky se volvió a abrir de piernas, le enterró la lengua en el coño y después lamió de abajo a arriba desde el ojete al clítoris, lo hizo a toda hostia. Nicky al correrse dijo:

    -¡Diosss, que buenooo!

    Antonio siguió lamiendo cuando sintió en su lengua los flujos calentitos de su corrida. Nicky le dijo:

    -¡Me matas, cabrón, me matas!

    Al acabar de correrse le clavó la polla hasta el fondo del coño de un trallazo y después le dio caña. Nicky lo miraba a los ojos, unos ojos impregnados de lujuria, Antonio deseaba volver a llenarle el coño de leche. Deseaba sentir cómo su coño le apretaba la polla y se la bañaba con una corrida…, y lo sintió, sintió cómo el coño de Nicky le apretaba la polla queriendo succionarla, cómo lo bañaba, y sintiendo sus gemidos le llenó el coño de leche. Antes de que la polla perdiera cuerpo se la quitó del coño, se la clavó en el culo y comenzó a darle caña. La polla entraba y salía del coño mientras la leche que salía del coño la iba engrasando, con esa misma leche pringó ya yema de su dedo pulgar y le frotó el capuchón del clítoris, haciendo su glande se descubriera y se tapara… Pasado un tiempo fue ella la que acarició el clítoris con dos dedos hasta que le dijo:

    -Me voy a correr de nuevo.

    Se corrió entre fuertes sacudidas. Al acabar la quitó del culo, encendió otro cigarrillo y dejó que descansara. Nicky poco descanso necesitó. Cuando llevaba el cigarrillo por la mitad, se lo quitó de la mano, lo apagó en el cenicero, y le dijo:

    -Ahora quiero follarte yo a ti.

    Antonio le reprochó las prisas.

    -¿No podías dejar que acabara el cigarrillo?

    -Fumar mata.

    -Y follar sin medida también.

    -¿Te rajas?

    -Jamás. Sube, golfa.

    Subió encima de él. Metió la polla a media asta en el coño. Su culo voló de delante hacia atrás y de atrás hacia delante y la polla se puso dura. Antonio veía cómo las tetas subían y bajaban. Se las agarró y se las magreó. Nicky hizo un descanso, se las dio a mamar, se las aplastó contra la cara. Le puso el coño en la boca y se lo comió… Le volvió a dar las tetas a mamar…, después le puso el culo en la boca, culo que le devoró antes de volver a meter la polla en el coño y follarlo de nuevo a toda hostia… Tanto fue el cántaro a la fuente que el caño lo iba a romper. A punto de correrse, le dijo:

    -¡Córrete conmigo!

    Nicky echó la cabeza hacia atrás y se corrió cómo una loba. Antonio no se corrió.

    Nicky al acabar se echó a lo largo de su cuñado, lo besó, Antonio quitó la polla del coño, se la acercó al ojete y se la frotó. Nicky se incorporó y luego bajando el culo la metió hasta el fondo. Con la polla metida a tope, Antonio no pudo más. Le llenó el coño de leche.

    Antonio al acabar de gozar encendió otro cigarrillo, pero no era el cigarrillo de después, no, era el de antes, ya que Nicky comenzó a acariciar la polla cómo si estuviera acariciando a un gatito. Le dijo:

    -Tienes una polla deliciosa.

    Antonio le preguntó:

    -¿Tú nunca te cansas, cuñada?

    -No.

    Nuria cogió la polla con dos dedos de la mano izquierda y tres de la derecha y… Y aprovechó bien la tarde.

    Quique.

  • Encuentro casual

    Encuentro casual

    Esta noche de sábado voy a salir con la que ahora es mi mejor confidente; sí, aquella chica con quien pasé una de las mejores noches hasta el momento.

    Quedamos en explorar entre nosotras nuevas aventuras y vamos a ir a un bar que desde hace mucho tiempo quería ir. Nos pusimos muy guapas para la ocasión; ella viste una falda corta de color negro satinada, una blusa blanca de tirantes suelta con un escote que lo hacía la propia tela al caer libre por sus senos; tacones de punta altos negros y por su puesto sus risos sueltos. Por mi parte llevo un vestido plateado sin mangas algo suelto, pero marca mi silueta, de espalda descubierta que llega al inicio de mi lumbar, sandalias negras y mi cabello con un semi recogido a un costado.

    Llegamos al bar, estamos nerviosas porque era nuestra primera vez, tenemos mucha expectativa con que nos encontraremos en aquel lugar. Piden nuestras cosas, nos colocan unos brazaletes y nos ofrecen unos antifaces negros de encajes muy lindos para la ocasión, así que decidimos usarlos.

    Pasamos a una mesa con taburetes altos, el lugar es muy lindo en tonos negros grises y morado oscuro; la mayoría de las personas tenía puesto su antifaz. En el centro había una tarima redonda con una cama redonda; las mesas son de varios tipos como sofás de media lunas, puf cuadrados pequeños etc.

    Pedimos margaritas y nos dejamos llevar por la música para relajarnos y disfrutar del momento; le pedí que bailáramos y ella accedió encantada… bailamos muy sensual sentimos las miradas de varias personas, pero no nos importaba. De pronto el DJ anuncio el show de medianoche, nos sentamos se oscureció el lugar y solo dejaron luces sobre esa cama redonda.

    Suben tres personas de las cuales son dos hombres y una mujer, mi amiga me mira inmediatamente y yo le sonrío pícaramente; ponen una música de fondo y comienza el show.

    Con cada beso y caricias que se daban empiezo a excitarme luego aquella mujer se arrodilla en medio de ellos cogiendo sus vergas con cada mano y empieza a chupar uno y después del otro; esto hace que mi amiga le tiemblen las manos. De pronto aquella mujer se puso en cuatro y uno de ellos la penetra por detrás mientras el otro la toma del cabello y le abre la boca para meterle su gran verga…

    Mientras ella chupa con ansias el otro la está embistiendo, le tomo la mano a mi amiga y hago que me toque mi coño que se encontraba mojado por lo excitada que me encuentro. Ella no lo duda y me hurga metiendo sus dedos hasta el fondo. Sin pensarlo la tomo por el cuello y empiezo besarla mientras le agarro un seno para sacarlo por encima del escote y pellizco su pezón, ella deja de besarme para soltar un gemido, separo más mis piernas para que ella tenga mejor acceso a mi coño.

    De pronto escucho un grito y volteo a mirar el show cuando aquella chica estaba siendo penetrada doblemente, uno estaba por debajo de ella y el otro sobre la espalda. ¡Uf! Al ver esa imagen me excito más deseando estar en el lugar de aquella chica, tomo mis pechos a dos manos y empiezo amasarlos, pellizco duro mis pezones mientras mi amiga acelera el movimiento de su mano. Escucho aquella mujer disfrutando el momento, esto hace que cada vez gime más duro, hasta que no aguanto y estallo en un gran orgasmo. El show seguía por un rato más mientras me dirijo al baño para refrescarme un poco.

    Al llegar entro al baño, me miro al espejo estoy muy sonrojada y sudada, por lo consiguiente mojo mis manos y humedezco mi rostro, cuello y escote; cierro mis ojos y recuerdo las imágenes del show, muevo mi cabeza de un lado a otro. Cuando de pronto siento que alguien me toma por la cintura fuertemente para acercarme a su cuerpo y escucho una voz grave hablándome al oído.

    -¡Al verte como amasabas tus pechos con vehemencia recordé aquel día en esa habitación de hotel!

    Esta historia apenas comienza.

    Gaby Borsh

    Notas del alma

  • Fantasías (parte 2)

    Fantasías (parte 2)

    Pasa por aquí, lo dirigí al baño para que viera la fuga, después le mostré la cocina que era una parte de la casa que queríamos pintar.

    Total, él nos dio el costo por sus honorarios a lo cual accedí.

    Ese mismo día hablé al trabajo para pedir un día a cuenta de vacaciones.

    (Esposa)

    Ese día por la noche no podía dormir de la emoción el simple hecho de que Ismael estuviera dentro de la casa y poder calentarlo a mi voluntad era para mi algo muy emocionante.

    Por la mañana nos levantamos en pijama, desayune con mi esposo, se sentía un ambiente como de nerviosismo.

    Rondando las 10 de la mañana sonó el timbre una mezcla de nerviosismo y excitación recorrió todo mi cuerpo.

    Ahí estaba el, con su ropa de trabajo, pero está vez, llevaba una playera sin mangas que permitía ver por completo sus brazos bien torneados.

    Me puse de pie y le ofrecí una taza de café.

    (Gustas una taza de café, mientras me das oportunidad de usar la regadera antes de que empieces a trabajar)

    Ismael accedió y se sentó a la mesa con mi esposo.

    Entre a mi recámara y salí cargando mi toalla y la ropa que me pondría.

    (Esposo)

    Mi esposa estaba en la regadera y yo platicaba con Ismael sobre comenzar a trabajar con la pared de la cocina. “Pensé” que es donde comúnmente pasa el tiempo mi esposa.

    El comentó estar de acuerdo tomó una espátula de su mochila y comenzó a raspar la pared quitando toda la pintura vieja que prácticamente estaba colgando.

    Ismael se quedó trabajando y yo entre al baño, mi esposa estaba en la ducha, había dejado colgada su toalla y su ropa la puso sobre la tasa de baño.

    La tuve que cargar para poder ocuparlo, tomé su ropa y la llevé conmigo a la recámara, la deje ahí y me senté en la sala frente a mi computadora.

    Desde ahí tenía una vista perfecta de la cocina y el pasillo que comunica el bañó con nuestra recámara.

    Se abrió la puerta del baño y desde adentró mi esposa me hacía señas preguntando por su ropa.

    (Solo me reía y ella también lo hacía)

    Se hacía aire con sus manos simulando un abanico como en una señal de pena.

    (Esposa)

    Me sentía muy nerviosa, solo de pensar que tenía frente a mí la oportunidad de cumplir una de mis fantasías más deseada.

    Salí de la regadera y casualmente no estaba mi ropa, a mi esposo se le hizo gracioso llevarla a la recámara. Abrí la puerta del baño y lo vi sentado frente a mí.

    Le hice señas y solo se reía.

    (Quieres jugar, juguemos me dije con el pensamiento)

    Me asomé al pasillo no veía a Ismael porque estaba dentro de la cocina.

    Salí completamente desnuda y modelé para mi esposo, lo vi tan emocionado, nunca olvidaré su cara.

    Regresé al baño por mi toalla y me envolví en ella, para salir a la recamara a vestirme, salí al pasillo y tomé dirección rumbo a la cocina, mi esposo se enderezó en el asiento como que no creía lo que veía.

    Entre a la cocina, Ismael estaba agachado raspando la pared, cuando yo entre, abrió los ojos al doble, en un gestó de sorpresa y dejó caer el objetó que tenía en las manos.

    Tomé la taza de café con la que había desayunado y salí de ahí rumbo a mi habitación, pero exactamente en la salida de la puerta justo dando la vuelta en el pasillo dejé caer la toalla y aceleré el paso para entrar a la recamara.

    (Ismael)

    Soy Ismael tengo 25 años me dedico al mantenimiento en general hago un poco de todo.

    Hablando de mi sexualidad soy un chico muy caliente, mi cuerpo se desarrolló muy lentamente crecí muy acomplejado porque siempre fui el más bajito de la clase.

    Todo se desarrollaba lento a excepción de mi pene, de hecho, hubo un tiempo que parecía que era lo único que me crecía, siempre tuve el complejo como dije de ser bajito y no poder ponerme traje de baño o short por que todo era muy notorio.

    Trataba de ponerme una bolsa tipo cangurera para tratar de disimular.

    Estoy en el relato de estos dos, por casualidad simplemente por estar detrás de una ventana en el momento que quiero llamar como afortunado.

    Me encontraba trabajando fuera de la ventana de la señora Jaqueline justo en el momento que se encontraba vistiéndose, quise retirarme de ahí, pero como dije soy muy caliente.

    Ella dejó de caer su toalla y quedó completamente desnuda, lo que me llamó más la atención fue su par de hermosas nalgas que continuaban de esas piernas increíbles, por un momento pensé que había logrado verme y sentí miedo por tener algún problema con el administrador del edificio.

    Pero luego ella camino de espaldas hacia mí y se agachó creo que buscaba algo debajo de la cama.

    Después se acostó en la cama ella se encontraba boca abajo creó viendo su celular, solo movía sus pies desde mi lugar podía observar con lujo de detalle todo su cuerpo, se veía todo tan rico, que mi pene casi se salía de mi pantalón, metí mi mano para acomodarlo, pero todo fue inútil.

    En el momento más inesperado la señora Jaqueline se puso en 4 y pude observar su vagina depilada, deseaba estar ahí penetrándola.

    Ese día terminé el trabajo con su vecino y me dirigí a la casa.

    Tome un baño y ya recostado en mi cama, no podía dejar de pensar en esas imágenes que vieron mis ojos y me hacían desear tanto a la señora.

    Al día siguiente me presente al edificio con ganas de estar nuevamente parado en esa ventana.

    Pero el administrador me comentaba que no había nada de trabajo que pudiera yo hacer, hasta que conocí al señor Bernardo y me llevó a su departamento para mostrarme lo que quería que hiciera.

    Subimos la escalera y cuando vi de que departamento se trataba, no lo podía creer, entramos y ahí estaba la señora Jaqui la mujer que me tenía completamente sumido en mis pensamientos y me hacía fantasear. (Me han dicho que tengo una cara muy expresiva y no puedo disimular). Se veía divina con esa falda.

    Salí de su departamento super emocionado no sabía que me esperaría al día siguiente.

    (Esposa)

    Corrí por el pasillo desnuda y entre a la recámara ya tenía en mente que atuendo vestir.

    Me puse un vestido blanco completo la falda muy cortita parecida a la del día anterior.

    Pero esta vez tenía preparado algo especial.

    Terminé con mi cabello, el maquillaje y salí a la sala con mi marido le pregunté qué haría.

    Esposo: voy a trabajar desde aquí el día de hoy. Te ves muy bien.

    Esposa: Que bueno que te gustó, me acerque a él y lo besé, él metió su mano por debajo de mi falda y la recorrió hasta mis nalgas o sorpresa.

    Esposo: ¿No traes nada debajo?

    Esposa: No quieres que me ponga algo.

    Esposo: -Mi mente daba vueltas no sabía que responder quería cuidarla, pero al mismo tiempo quería satisfacer mi fantasía de verla deseada por alguien más. Respondí- no así estás bien.

    Esposa: Voy a lavar los trastes del desayuno estás de acuerdo o quieres que me quede aquí.

    Esposo: Te aburrirías estando aquí, mejor has tus cosas y has de cuenta que no estoy aquí, mientras metía mis dedos entre sus nalgas.

    Se fue caminando a la cocina mientras yo la observaba. Sus piernas se veían deliciosas.

    Esposa: -Entré a la cocina, Ismael seguía raspando la pared,- te estorbo si lavo los trastes -pregunté a lo cual el respondió que no le afectaba.

    Recogí los platos que habíamos utilizado y me dispuse a lavarlos, dándole la espalda a Ismael.

    Ismael estaba de pie raspando la parte más alta de una pared, pero cuando vio mi falda poco a poco fue bajando hasta ponerse de rodillas y siguió raspando la desde la orilla más opuesta de donde yo me encontraba.

    Fácilmente tenía una vista maravillosa de mis piernas y si se agachaba un poco mas quien sabe que más podría ver.

    Yo traía puestas unas sandalias de color blanco descubiertas tanto los dedos como el talón.

    Yo jugaba con mis pies tratando de llamar la atención de Ismael, tenemos un banquito que me ayuda subir o bajar cosas de las repisas más altas comencé a subir algunos platos cada vez que me estiraba levantaba un pie más para captar la atención que para ganar impulso.

    En uno de estos intentos una de mis sandalias salió volando Ismael, la recogió y se acercó lentamente con ella en sus manos, se arrodilló dejando una rodilla levantada y colocó mi sandalia sobre ella haciendo un gesto de que metiera mi pie, levanté mi pierna a la altura de su rodilla, él tomó mi pie y metió la sandalia.

    Desde su lugar fácilmente podía ver que no traía ropa interior. Tomó mi pie, lo puso en el piso y se puso de pie.

    Yo notaba un bulto enorme dentro de su pantalón, estiré mi mano y lo toqué por encima de su pantalón (válgame que gran herramienta, pensé).

    El también estiró su mano y toco mi pierna. (Dios que manos)

    Lo solté y me dirigí con mi esposo.

    Lo tomé de la mano y lo jalé hasta nuestra recámara.

    Le dije te puedo preguntar algo.

    El me interrumpió y me pregunto: ¿Te lo quieres coger?

    Le contesté moviendo la cabeza.

    Me dijo hazlo, pero con dos condiciones. La primera yo quiero ver todo. Dos que todo sea con condón.

    (Esposo)

    Por fin mi fantasía estaba por volverse realidad.

    Jaqui salió de la habitación rumbo a la cocina.

    Tomó decididamente a Misael de la mano y lo comenzó a besar al mismo tiempo que lo llevaba a la sala ambos se sentaron en el sillón sin dejarse de besar.

    Sin dudar mi esposa desabrocho su pantalón y metió su mano.

    Ella exclamó válgame.

    Bajo el pantalón y pude ver su verga, fácilmente era del doblé de tamaño que la mía.

    Jaqui lo empezó a frotar y parecía que con cada caricia aumentaba más su tamaño, mi esposa se arrodilló debajo del sillón en medio de las piernas de Ismael y metió esa gran verga en su boca, lo metía hasta el fondo, lo sacaba por completo y jugaba con su lengua en la punta de su verga, Ismael tomaba su verga y le daba unos suabes macanazos en su boca a mi esposa.

    Mientras ella lamía y chupaba sin control sus huevos.

    Ella se levantó y tomó a Ismael del pene, observé que no le cabía en su mano y lo condujo hasta la recámara. Ahí Ismael terminó de desvestirse.

    (Esposa)

    Estaba tan excitada por la respuesta de mi esposo salí por Ismael decidida a comérmelo. Lo tomé de sus brazos y comencé a besarlo. Si perder tiempo lo llevé a la sala, lo senté ahí y decidí darle la mamada de su vida.

    Desabroché su pantalón y saqué su pene. Nunca había visto uno de ese tamaño, lo comencé a mamar y creo se hincho un poco más prácticamente no me cabía en la boca.

    Lo tomé del pene y lo jalé hasta la habitación, el momento había llegado.

    Se desnudó, me desnudé, lo recosté sobre la cama, me puse en 4 junto a él y seguí mamándoselo mientras él me acariciaba la espalda.

    En ese momento ocurrió algo inesperado. Comencé a sentir que mi esposo me empezaba a mamar el culo por detrás, me tomaba de las nalgas y las abría para que entrara su lengua ahí jugaba con mi ano y mi vagina.

    Ismael comenzó a tocarme mis senos y Bernardo metía su lengua hasta el fondo yo estaba extasiada y me desquitaba con el pene de Ismael.

    (Esposo)

    Vi como mi esposa gozaba y disfrutaba de su caramelo parecía que lo quería arrancar con cada mamada, decidí participar y comencé a preparar el sabroso culo de mi esposa, cuando empezó a sentir mis manos y mi lengua sus muslos se contrajeron.

    Ella se levantó, el momento había llegado, Ismael se levantó también se puso de rodillas sobre la cama, ella seguía en cuatro, Misael la jaló suavemente de sus caderas.

    El muy cínico se colocó el condón y se puso un poco de lado para que yo pudiera ver la penetración, apuntó la punta de su verga en la entrada de la vagina y jugó ahí haciendo como pequeños círculos.

    Mi esposa hacía pequeños gemidos.

    Nuevamente Ismael apuntó y comenzó a entrar.

    Nunca olvidaré ese sonido de humedad haciéndose aún lado para dejar entrar ese gran pene.

    Jaqui hizo un sonido entre grito y gemido mientras le entraba todo ese gran miembro, Ismael empezó hacer el movimiento natural de sacarlo casi por completo y volver a entrar.

    Cuando entraba mi esposa gemía, noté como apretaba la colcha con sus manos y esto se repitió unos minutos, llegó un momento en el que Ismael no se movía y más bien Jaque era la que hacia el movimiento de sacarlo y después empujar su cadera hacia atrás hasta que sus nalgas chocaran un tanto fuerte con la cadera de Ismael.

    De momento mi esposa hizo que parara todo. Y sin voltear tomó el pene de Ismael desde su base y en un movimiento como de prisa le sacó el condón quería sentirlo piel con piel, nuevamente tomó el pene y lo ayudó a entrar.

    Otra vez ella hacía el movimiento como si dejara caer sus nalgas, un poco más abajo los huevos de Ismael también chocaban con la humedad de mi esposa haciendo un sonido maravilloso.

    Un instante después Jaqui saca por completo la verga y se recuesta en la cama al mismo tiempo que se giraba para quedar viendo al techo, en un movimiento sincronizado como si lo hubieran ensayado varias veces Ismael levantaba las piernas de mi esposa colocándolas en sus hombros, al mismo tiempo que la penetraba esta vez el movimiento era más intenso Ismael chocaba sus huevos fuertemente la hacía gemir con cada estocada, yo nunca había logrado hacerla gemir así.

    Los senos de mi esposa se movían de arriba abajo. Cuando iniciaron con esta posición lo hicieron en la orilla de la cama para este momento casi llegaban al centro. Ismael no bajaba el ritmo ni un segundo.

    Al llegar al centro de la cama hubo una pausa, Ismael se recostó y mi esposa lo monto rápidamente, el lugar de la cama donde habían estado las nalgas de mi esposa había dejado una silueta húmeda.

    Estaba mi esposa cabalgando a Ismael detenida de su pecho e igual que en las dos posiciones anteriores ella levantaba las caderas y se sentaba con fuerza sobre la firme verga de Ismael.

    El ritmo se comenzó hacer más lento, el cuerpo de ambos brillaba por el sudor, nuevamente cambiaron de posición está vez Ismael se sentó en la orilla de la cama su verga seguía firme, mi esposa lo montó de nuevo, pero esta vez dándole la espalda a su amante, recargó su espalda en el mientras su pene volvía a entrar Ismael no perdía tiempo para besar su espalda.

    Jaqui subió sus pies en las piernas de Ismael.

    Ismael la cargaba las nalgas de mi esposa y la dejaba caer en su verga el ritmo era lento pero los gemidos de mi esposa eran más intensos.

    De pronto mi esposa dio un grito y un chorro de líquido salió de su vagina al mismo tiempo el pene de Ismael empezó a escurrir de su leche, pero, aunque el ritmo ya era muy lento no dejaban de moverse.

    Ismael se recostó exhausto en la cama y mi esposa sobre él acariciando su vagina palpitante y la verga de Ismael que aún estaba adentro.

    Así pasaron algunos minutos hasta que el pene de Ismael se desmayó por completo.

    Hubo un silencio en toda la casa.

    Me fui a la sala, tenía mucho que reflexionar, por una parte sentía celos, pero, por otra parte, volvían a mí las imágenes, sonidos, gestos y esa forma de venirse de mi esposa.

    Verla siendo feliz, aunque no sea yo el que provoque esa felicidad.

    Es lo más importante para mí.

    Después de ese día mi esposa y yo platicamos del tema, yo no tenía problema alguno por repetirlo.

    Pero si tenía que ser sobre mis reglas.

    La única regla que yo ponía era estar presente cuando ella lo hiciera. Si yo estoy ahí no hay engaño ni infidelidad.

    ¡¡Esto!!

    Aumentó nuestra confianza.

    Consejo de esposo:

    Para todos esos esposos como yo que les gusta que admiren su esposa y tal vez hasta verlas coger con alguien más.

    Tengan cuidado con lo que desean porque puede hacerse realidad.

    Algunos días ocasionales seguimos invitando a Ismael a comer a la casa o a veces lo invitamos a algún hotel.

    Se que este relato fue largo por lo cual agradezco que te quedaras hasta el final.

    Gracias.

    Después de algún tiempo he decidido retomar la escritura.

  • El seductor (parte 1)

    El seductor (parte 1)

    En esta ocasión quiero narrarles otra de mi fantasías de infidelidad, una de mis favoritas. Y en esta ocasión, lo contaré con otra protagonista muy, muy especial, mi mamá, cuando era joven y recién casada. Me encanta imaginarla en una situación parecida, en donde el deseo se apodera de ella, pierde el control y se entrega a otro hombre.

    Carla era la mujer más feliz del mundo. A sus 24 años finalmente se casaba con el hombre que era el amor de su vida. Había soñado con el día de su boda por mucho tiempo, y todo había salido perfecto. Su vestido blanco, elegante y sensual, se ajustaba a la silueta de su cuerpo en plena juventud, esbelto, curvilíneo, proporcionado. Con su largo y suave cabello castaño, sus ojos cafés claro y su piel blanca y suave, era la mujer más hermosa del momento. Y lo más importante para ella, era finalmente pasar el resto de su vida al lado del hombre que amaba (Andrés, mi padre).

    Fue una boda de ensueño. El baile, los amigos, la familia, la comida. A altas horas de la noche, el auto nupcial llevaba a la joven pareja hasta el hotel donde pasarían su primera noche juntas. En esa cama, Carla se entregó finalmente y por primera vez al amor y la pasión de su esposo. El momento que ambos habían estado esperando finalmente se consumaba. Carla estaba en un sueño sin duda, haciendo el dulce amor con su esposo, sintiéndose mujer por primera vez, y durmiendo arrullada en sus brazos.

    Al día siguiente comenzaba su romántico viaje de luna de miel. Como muchas parejas, eligieron un lugar paradisíaco donde pasarían poco más de una semana, disfrutando del mar, la arena, y de mucho sexo. Carla estaba más que lista para entregarse a su esposo cada noche, y Andrés no podía esperar por poseerla de nuevo.

    Una vez registrados en el hotel, la joven pareja se acomodó en su habitación. Sin perder el tiempo, se fundieron en una deliciosa sesión de amor, antes de prepararse para salir y disfrutar de la alberca y de la playa. Carla se veía preciosa, usando un traje de baño de una sola pieza, de color negro, resaltando sus bellas piernas y un escote de lo más elegante y sensual. El contraste con su blanca piel habrían de llamar la atención de cualquiera con el que se cruzara.

    Instalados en la playa, era imposible que Carla no atrajera las miradas; hombres jóvenes, mayores, solteros y casados, no podían evitar notar la belleza de la dama que acompañaba a Andrés. Más de uno habría imaginado lo afortunado que era su esposo por disfrutarla cada noche. Todos, a excepción de uno, habrían dejado que todo quedara en un simple pensamiento, una fantasía pasajera.

    El hombre que era la excepción, no quitaba la mirada de Carla. Francisco era un hombre que ya se acercaba a sus 30s. De muy buen ver, atlético, castaño y bronceado, y con un don irresistible para atraer mujeres hasta sus sábanas, Francisco estaría determinado a conocer a esa bella extraña, casada o no, él disfrutaba de los retos.

    Averiguando un poco más, supo que la pareja se hospedaba en su mismo hotel, y más tarde esa noche, se aseguró de estar presente en la misma discoteca donde ellos estarían festejando sus tan recientes nupcias. Carla lucía un vestido rojo de playa que la hacía ver encantador; sin duda, Francisco estaba más que dispuesto a conseguirla. Sutilmente logro acercarse a la pareja. Se presentó con cortesía, asumiendo que eran una pareja de recién casados, y se ofreció a invitar un trago a ambos.

    Andrés por supuesto no estaba cómodo; un hombre como él acercándose así, no lo haría por nada, y sabía bien que su bella esposa era el objetivo. Carla por su parte, no pudo evitar pasmarse por un par de segundos al verlo, le dolía admitirlo, pero era quizás el hombre más varonil que había visto; su camisa negra ajustada y abierta, hacía lucir su pecho ejercitado, velludo, adornado con una cadena dorada. Lucía una barba corta y sutil, y tenía una mirada diferente.

    Francisco comenzó a conversar con ellos, familiarizándose con la pareja, pero, curiosamente, intentando conectar con Andrés mayormente, casi al punto de ignorar a Carla. Una vez encontrando los puntos en común, fue fácil ganarse la confianza del joven. Carla se sentía desmotivada, pues la noche que prometía estar llena de baile y algo de alcohol, ahora consistía en escuchar a dos tipos hablando de fútbol, carreras, y cuánto más.

    Pero Francisco descubrió el punto débil de Andrés. Su ego y su gusto por las apuestas. Muy listo, le ofreció jugar una partida de billar, en el que él no era para nada malo. Por el contrario, Andrés se sentía bastante seguro, y sería una oportunidad de impresionar a Carla. Su contrincante admitió no ser tan bueno, pero ofreció una muy buena oferta para apostar.

    Con la excusa de que eran una pareja encantadora, ofreció la cantidad equivalente a 5000 dólares, que bien les serviría para disfrutar más aún su luna de miel. La idea era más que alentadora, tanto para Andrés como para Carla, pero sabían que el precio a ofrecer debía ser igual de alto, y muy seguramente no podrían costearlo. Francisco ofreció una alternativa interesante.

    -No tienen que apostar ni un centavo, pero podríamos apostar, dejarme convivir con tu bella esposa por 5 noches… -dijo con atrevimiento y confianza.

    Para Andrés era una locura. ¿A qué se refería con “convivir” con su esposa? ¿Cinco noches? Era disparatado. Carla por su parte se sorprendió muchísimo con la oferta. Por un lado, se estremeció al pensar que ese misterioso hombre estuviera tan interesado en ella como para apostar tal cantidad de dinero a cambio de su compañía. Por otro lado, estaba muy atenta de la reacción de Andrés. ¿Su esposo le pondría precio? Inicialmente ambos se negaron, a lo que Francisco replicó:

    -No tienen de que preocuparse. Sólo pido que Carla pase las tardes conmigo; iremos a comer, a la playa, quizás a bailar un rato y al final de la tarde, e incluso en cualquier momento, ella podrá volver contigo siempre que así lo desee. ¿Qué les parece? -preguntó sonriendo, especialmente a Carla, de quien no quitaba los ojos de encima.

    La idea comenzaba a sonar menos arriesgada en la cabeza de Andrés. Carla aún seguía atónita, especialmente al ver que su esposo se lo estaba pensando. Sin embargo, la idea tampoco estaba tan mal, sentía confianza en su esposo y, en el peor de los casos, pasar las tardes con un hombre como él no podía ser tan malo, al contrario.

    -Es tu decisión… -le dijo Carla a Andrés. Lo retó, esperaba que desistiera de la idea, aunque muy en el fondo estaba tentada por la posibilidad de que no lo hiciera.

    Finalmente, Andrés aceptó apostar a Carla. Se fueron a la zona del bar del hotel para comenzar el juego. Francisco se comportó como un caballero en todo momento, invitándoles otros tragos mientras jugaban. Carla observaba atentamente sentada en un banco cerca de la mesa. Tal y como esperaba, Andrés comenzó dominando el juego, lo que alivió a su mujer; quizás terminarían la noche con 5000 dólares. Le emocionaba lo que podrían hacer con el dinero. Andrés se sentía orgulloso y seguro, su victoria parecía cuestión de tiempo hasta que…

    Francisco comenzó a mejorar sus tiros, y poco a poco comenzó a ganar terreno. Para el nerviosismo de la pareja, el juego continuó hasta la última bola negra. Andrés tenía la oportunidad perfecta para terminar el juego, pero un golpe nervioso hizo derrapar la bola blanca de forma equivocada. Era el turno de Francisco. Carla no podía creerlo, lo que nunca espero que pudiera pasar, estaba a solo segundos de ocurrir. Su corazón latía fuerte, no podía pensar con claridad, toda su concentración estaba en la bola negra que finalmente entró en el agujero. Francisco sonrió a la pareja:

    -Fue un gran juego y bueno, un trato es un trato -dijo con picardía mirando a Carla. Ella no podía ni sonreír.

    Andrés se quedó helado, sin poder emitir palabra. Humillado, derrotado, se daba cuenta que aquella apuesta fue una terrible idea. Francisco se acercó a Carla lentamente, sin dejar de sonreírle, tomó su mano y le dio un beso suave.

    -Tu esposo no tiene de qué preocuparse, yo solo quiero conocerte y pasar un tiempo contigo. Él te tendrá toda la vida, y yo solo 5 tardes. Te veo mañana a las 5 pm en el lobby, vístete tan hermosa como lo estás ahora -enseguida se despidió de la pareja y se fue.

    Carla y Andrés regresaron al cuarto, sin mediar palabra. Andrés no podía mirarla a los ojos, y no dejaba de pensar en lo que había pasado y peor aún, lo que habría de pasar. Carla por su parte se sentía decepcionada de su esposo con tan solo 48 horas de casados, él la había “ofrecido” a otro así de fácil. La pareja finalmente se atrevió a hablar, coincidieron en que no tenían opción, pero Carla era buena:

    -Bueno, ya tranquilo. Iré con ese tipo en la tarde y regresaré contigo en la noche, todo estará bien. Además, él dijo que puedo irme cuando yo quiera -las palabras de su esposa tranquilizaron a Andrés.

    Tras un dulce beso, pero sin hacer el amor, ambos se acostaron para dormir. Carla no paraba de pensar ¿Qué pasaría mañana? ¿Qué querría hacer Francisco con ella? Y ¿Por qué se sentía emocionada?

    Primer día

    Al día siguiente, después de pasar el día en la playa con su esposo, ambos casi se olvidan de la deuda que debían de pagar. Recordarlo parecía sólo romper con lo bien que la pasaban juntos. Como si de una cita se tratase, Carla se puso un vestido azul de playa, escotado, corto hasta media pierna.

    -Tampoco tienes que arreglarte tanto… -le dijo Andrés con molestia.

    -No es tanto, mejor cumplir con lo que dice y que todo termine pronto-le respondió su esposa, minimizando el hecho de que en realidad lucía hermosa.

    Ambos bajaron al lobby, vieron a Francisco sentado esperando. Carla se estremeció. Volteó a ver a su esposo, lo besó y se despidió de él. Andrés se quedó ahí parado, viendo a su mujer caminando hacia otro hombre. Francisco tomó su mano, la besó, y la invitó a acompañarlo hacia la playa. Andrés por su parte, tenía la tentativa de seguirlos, pero algo se lo impedía ¿era miedo? ¿quería escapar de la realidad de su error? En su lugar, fue al bar a tomar un trago e intentar olvidarse de la situación, confiando en su dulce esposa y contando las horas para tenerla en su cama de nuevo.

    Carla por su parte, estaba sorprendida de lo interesante que era Francisco. No sólo era atractivo, era también divertido, listo, y con un cierto encanto que era difícil de explicar. Él tenía la habilidad de hacerla reír en el momento menos esperado y tenía un tacto muy sutil hacia ella; tomaba su mano, se acercaba a ella, todo con tanta naturalidad que ella no lo podía creer. La tarde se acercaba a su fin, el tiempo se pasó volando y ella sentía que había pasado un rato increíble. Al mismo tiempo sentía alivio; su esposo era quizás un irresponsable por apostarla a un desconocido, pero al menos este hombre no era ningún psicópata.

    Durante toda su conversación, Francisco no hizo más que hacerla sentir atendida, escuchada y muy hermosa. Antes de despedirse, Francisco le dijo que cada noche quería que fuese ella la que lo acompañara a su habitación. Una vez ahí, él le dio un dulce beso en su mejilla, y se encerró en su habitación. Número 567, leyó Carla, antes de dirigirse al cuarto con su marido.

    -¿Qué pasó? ¿Cómo te fue? ¿Qué hicieron? -le preguntó Andrés ansioso.

    -Calma, amor. No pasó nada, solo caminamos por la playa todo el rato… -lo tranquilizó ella.

    -¿Y? -insistió.

    -Fue muy agradable. Creo que no es un mal tipo. Me cayó bien… -le respondió ella sin mucho interés mientras comenzaba a ponerse cómoda.

    Andrés la abrazó por detrás y le dijo lo mucho que le alegraba que estuviera de vuelta con él. Sus manos se posaron sobre su abdomen y comenzaron a subir hasta acariciar los suaves senos de Carla sobre su vestido, besando su cuello. Su esposa cerró sus ojos, suspiró, tomó sus manos y lo detuvo.

    -Tampoco estoy muy contenta contigo. Lo mínimo que te toca hacer es esperar a que terminemos con la deuda… -le dijo volteándolo a ver, mirándolo con firmeza.

    Andrés, decepcionado, no tuvo palabras para responder, y tuvo que aceptar las condiciones. Después de todo, todo esto era su culpa.

    Segundo día

    Al día siguiente, Carla se despertó sintiéndose algo ansiosa. Tomó una ducha caliente, se quedó sintiendo el agua masajeando su cuerpo, como si fueran un par de manos recorriéndola toda. Por un brevísimo instante no pudo evitar pensar que fuesen las manos de ¿Francisco? las que acariciaban su piel. De inmediato cerró la regadera y se dispuso a salir.

    La pareja bajó al restaurante del hotel para desayunar. Al menos podrían pasar un rato tranquilo juntos y distraerse de todo lo que estaba pasando. Sin embargo, la pregunta tarde o temprano tenía que llegar…

    -Y… ¿A dónde te dijo que irían esta vez? -preguntó Andrés.

    -Me dijo que iríamos a cenar a uno de los restaurantes del hotel. Eso uno bueno, no está mal -le respondió Carla sonriendo.

    -No me digas que lo estás disfrutando -le reclamó Andrés.

    -Te recuerdo que tú me metiste en esto y sí la comida está rica, sí, lo disfrutaré, al menos la cena valdrá la pena -las palabras de Carla eran duras, pero lograban tranquilizar a su esposo.

    La tarde llegó, y Carla nuevamente se preparó para su “cita”. Se puso un vestido negro, un poco más elegante, con un lindo escote. Miró su anillo de casada en el espejo, y no pudo evitar pensar lo irónico de la situación. Estaba usando toda la ropa que tenía planeado usar con su esposo, todo para verse con otro. Y no solo eso, cualquiera pensaría que ellos eran pareja. Lo encontró divertido, y se propuso a bajar.

    Nuevamente, Andrés despidió a su esposa, viéndola irse hacia Francisco. Se saludaron con un beso en la mejilla, como si se conocieran de más tiempo. Vio como aquel hombre se llevaba a su mujer tomándola de la cintura. Nuevamente, se fue al bar para intentar matar el tiempo lo más rápido posible.

    No solo la cena había estado deliciosa, sino que la conversación que Carla tenía con Francisco era aún más interesante que la anterior. Serían sus temas de conversación, o el hecho de que él coqueteaba con ella de manera un poco menos discreta. Fuera lo que fuera, ella se sentía más segura y en confianza con ese desconocido y más atraída, aunque quisiera negarlo.

    -Eres muy hermosa, no creí que fueras tan divertida -le elogió Francisco.

    -¿Te sorprendí mucho? -le preguntó ella, coqueta.

    -No lo negaré -le respondió con un guiño.

    Terminaron la noche y salieron del restaurante. Francisco puso su saco sobre los hombros de la joven, y aprovechaba la ocasión para abrazarla y acariciar sus hombros con suavidad. Como las reglas indicaban, ambos fueron hasta la habitación de él, 567. Allí se despidieron, esta vez Francisco tomo a Carla de su mejilla, con dulzura, y se acercó para besar la otra; no pudo evitar sentir mariposas.

    Carla volvió con su esposo, que de nuevo estaba ansioso por saber lo que había pasado. Ella le contestó que la cena había estado deliciosa, un poco en burla en alusión a su conversación anterior. Nuevamente ella se negó a hacerle el amor, argumentando que ya solo faltaban 3 días más.

    Tercer día

    Carla empezaba a notar que las mañanas cada vez eran más largas y hasta un tanto aburridas. Empezaba a contar el tiempo, casi como esperando a la tarde y así poder pasar un rato diferente con…Francisco. Se sentía confundida y contrariada, cómo era posible que hubieran terminado en una situación así. Sentía la noche de su boda muy lejana, y su luna de miel no era como la había imaginado, y a pesar de todo, sentía que la estaba disfrutando.

    Carla se puso otro vestido, ahora de colores más vivos; naranja, amarillo y rojo. Lucía una piernas espectaculares. Cada vez prestaba más atención a su maquillaje, a su peinado, a los detalles. Quería lucir bella, sin darse cuenta, para el desconocido que la esperaba. En esta ocasión Francisco quería llevarla a un bar tranquilo donde pudieran charlar y conocerse un poco más. Como siempre, Andrés despedía a su esposa y la veía alejarse, más bella cada vez, hacia Francisco, quien la esperaba de brazos abiertos y la saludaba cada vez más efusivamente.

    En el bar, se sentaron en la barra, frente a frente. Pidieron un par de tragos y comenzaron a tener una charla encantadora, como de que costumbre. Francisco se aventuraba más con sus manos; acariciaba la mano de ella, rozaba sus piernas, acomodaba su cabello, y en cada ocasión, a ella no parecía importarle. Al contrario, respondía afirmativamente al contacto con él.

    -Me parece una locura que estés aquí -le dijo a la bella chica.

    -¿A qué te refieres? -le preguntó antes de dar un trago a su bebida.

    -Una mujer tan hermosa como tú, pasando unas tardes tan maravillosas y recién casada, es una locura -le explicó sin mucho interés.

    -Lo es, es una locura ser tratada como premio -le dijo sonriéndole.

    -Es una locura que tu esposo aceptara, jamás pensaría ni por un segundo a arriesgar a una mujer como tú -le dijo mirándola de arriba a abajo, enfocándose especialmente en sus piernas. Carla se sonrojó.

    Más tarde, Francisco y Carla salían del bar juntos. Como ya era costumbre, él la llevaba abrazada del él, y esta vez, ella pasaba su brazo por detrás de su espalda. Cualquiera pensaría que era la pareja perfecta. Camino a su habitación, Francisco se acercó a ella para darle un beso en la mejilla.

    -Me encanta tu perfume -le dijo.

    -G… gracias -le dijo sonrojada.

    Al llegar a la habitación 567, Francisco la invitó a entrar. Le dijo que su habitación era un poco diferente. Y efectivamente, se trataba de un cuarto más lujoso. Era más amplio, con una cama grande y una vista increíble. Tenía un jacuzzi en el baño. Carla estaba muy asombrada, casi se olvidaba que estaba en la habitación de otro hombre mientras su marido la esperaba ansioso.

    -¿Qué te parece? -le preguntó Francisco.

    -Muy lindo… -le dijo ella mirándolo a los ojos.

    -Creo que ya es tiempo de que te vayas, tu esposo debe estar preocupado -le dijo con ironía, pues él la había perdido en primer lugar.- pero antes de que te vayas, ten esto -y le entregó una de las llaves de su habitación.

    -Pero… ¿por qué me das esto? -le preguntó confundida.

    -Si en algún momento estás aburrida, si quieres charlar o algo más, no necesitas tocar la puerta, ya conoces el número de la habitación -le explicó con picardía.

    Carla se sonrojó y sonrió. Asintió con la cabeza y le dijo que lo pensaría. Al dirigirse a la puerta, volteó por un instante al baño, observó el jacuzzi, y no pudo evitar imaginarse a sí misma disfrutando de un rico baño caliente, las burbujas masajeando su espalda, la espuma cubriendo sus senos y ¿acompañada de Francisco? Era una locura.

    El misterioso desconocido se acercó a Carla y le dio un beso suave, más largo, justo en la comisura de sus labios. Carla cerró sus ojos instintivamente, sintiendo sus piernas temblar junto con una chispa pasando por su espalda.

    Esa noche habría regresado más tarde a su habitación. No podía creer que Andrés ya estuviera dormido, ni siquiera la había esperado. Decepcionada, comenzó a prepararse para acostarse y dormir. Se miró en el espejo del baño, y no pudo dejar de observarse. Empezó a bajar su vestido muy lentamente hasta que sus senos, perfectos, blancos y suaves, quedaron al descubierto. Los miraba, se sentía sexy ella misma. Sentía eternas las noches sin haber hecho el amor con Andrés, pero lo que realmente pasaba por su mente era Francisco. Volteó a ver su bolso, recordando la llave que le había dado, habitación 567.

    Continuará.

  • Mi culo también tiene sed

    Mi culo también tiene sed

    Olía a mejillones cocidos cuando Jacobo entró en la casa de campo su hermano Luis con una bolsa en una mano, bolsa que llevaba cuatro botellas de vino blanco. Sentados a la mesa estaban Isidro, un cincuentón viudo, delgado, bajo de estatura y agradable de ver y Luis, el hermano de Jacobo, que era un sesentón cómo él, de estatura mediana y complexión fuerte y una joven que no conocía. Tenían cuatro fuentes de mejillones con cachelos sobre la mesa, con pan…, con todo lo necesario para merendar, incluidos cuatro tarros con agua y limón para lavarse las manos. La joven le dijo:

    -We were going to start withouth you.

    Sin quitar la mascarilla, Jacobo le preguntó a su hermano:

    -¿Qué coño dice?

    Luis, que había llegado de vacaciones dos días atrás de Inglaterra donde llevaba treinta años trabajando, le dijo:

    -Qué íbamos a empezar sin ti.

    -¿Quién es?

    -Es Jenny, la hija de mi nueva mujer.

    Luis hacia cinco años que enviudara y tres semanas que se había casado de nuevo. A Jacobo solo le importaba una cosa.

    -A ver si va a estar infectada.

    Jenny lo miró.

    -Infected could be you.

    -¿Y ahora que carallo dice?

    -Que infectado podrías estar tú.

    -Entonces entiende el español.

    -Sí, pero no lo habla.

    Poniendo las botellas sobre la mesa, le dijo:

    -Me importa una mierda que no quiera hablar el español, pero, ¿se hizo una PCR?

    -Es enfermera y está vacunada. Siéntate y calla. No jodas la comida.

    Estaba en casa ajena y se tuvo que callar. Se quitó la mascarilla, se sentó a la mesa y le preguntó a su hermano:

    -¿Y tu mujer dónde anda?

    -Anne llega mañana.

    Charlaron, comieron y bebieron, charlaron ellos, ya que Jenny se dedicó a comer, a beber y a escuchar.

    Jenny era de estatura mediana, pelirroja, de ojos claros, delgada, con buenas tetas, y buen culo. Vestía una minifalda marrón, una blusa azul y calzaba unos zapatos marrones.

    Al acabar de comer, sin levantarse de la mesa y después de lavarse las manos, Jenny comenzó a abrir los botones de la blusa y dijo:

    -Whenever you want.

    Aquello sorprendió a Jacobo.

    -¡Hostias! ¿Qué me perdí, Luis?

    -Nada. Parece que tiene prisa por follar, le debisteis gustar.

    Jacobo estaba asombrado.

    -¡¿Pero no era tu hija?!

    -Es la hija de mi mujer…

    -Es tu hija y es mi sobrina también.

    Jenny metió baza.

    -Daughter in low and niece in low. (Hija política y sobrina política.)

    Jacobo le dijo a su hermano:

    -¿Qué dice ahora?

    -¡Qué más da! El caso que me rompió la cabeza con su puñetera fantasía.

    -¿Qué fantasía es esa?

    -Follar con tres hombres.

    Jacobo sumó dos y dos y le salieron tres.

    -En tres semanas aprovechaste bien el tiempo con la madre y con la hija.

    Jenny se cansó de escuchar y le respondió por su padrastro.

    -He did, yes. ¿Are you gona fuck me or not?

    Jacobo le preguntó a su hermano:

    -¿Qué dijo?

    -¿Qué si quieres follarla o no?

    -Claro que quiero, pero no parece tan puta, por parecer parece un ángel.

    Jenny le dijo a Jacobo:

    -I´m not an angel, i´m a devil, a devil and a bitch (No soy un ángel, soy una diablesa, una diablesa y una puta.)

    Jacobo e Isidro no entendieron nada. Luis se levantó, se puso detrás de ella, le quitó la blusa, le abrió el sujetador y vieron sus grandes tetas, con areola rosadas y sus pezones gruesos. Isidro que estaba tan sorprendido cómo Jacobo, exclamó:

    -¡Joder que cosas más bonita! Dan ganas de devorarlas.

    Jenny le preguntó:

    -What are you waiting for?

    Isidro miró para Luis, que le dijo:

    -Dice que a qué esperas para devorárselas.

    Isidro se levantó, se puso a su lado izquierdo, y le amasó las tetas, le lamió los pezones y le chupó las tetas. Luis le comía la boca. ¿Y a Jacobo que le quedaba? Eso mismo, el coño.

    Se metió debajo de la mesa. De rodillas le abrió las piernas, bueno, las abrió Jenny de par en par al sentir el contacto de las manos en el interior de sus muslos. No llevaba bragas. Echó el culo hacia delante y la minifalda hacía atrás y dejó el coño peludo semi abierto y listo para ser degustado. Jacobo lo olió y le olió a jazmín, lamió para probar y estaba rico, muy rico. Después siguió lamiendo sus labios vaginales y metiendo y sacando la lengua de él. Cuando lamió su clítoris sintió cómo gemía y después cómo le decía a Luis y a Isidro:

    -I want to suck cock.

    Luis se dijo a su amigo:

    -Quiere mamar polla, Isidro.

    Jacobo no podía ver cómo se las mamaba, lo que podía sentir era el ruido de las mamadas y sus gemidos. Estaba empalmado cómo un cabrón, pero no se iba a masturbar, Jenny estaba buenísima y tenía que follarle aquel delicioso coño. Tiempo después, lamiendo el coño, Jenny cerró las piernas y aprisionado su cara con los muslos, y dijo:

    -¡I cum in you mouth! (¡Me corro en tu boca!)

    Se corrió en su boca y Jacobo mientras lo hacía vio cómo temblaban sus piernas. Le había tocado el gordo, ya que tragarse la corrida de una veinteañera un sesentón es lo más parecido a que le toque la lotería.

    Al acabar de correrse y de recuperar el aliento, les dijo:

    -What are you waiting for to get naked? ¿A qué estáis esperando para desnudaros? (¿A qué estáis esperando para desnudaros?)

    Luis les dijo:

    -A desnudarse toca.

    En segundos estaban los tres en pelotas con las pollas mirando al frente y los huevos llenos de leche, les dijo:

    -I want to suck more.

    Luis de nuevo al rescate.

    -Quiere mamar más.

    Luis se puso a su lado izquierdo y comenzó a acariciarle una teta, Isidro, que tenía una polla un poquito más larga que la de Jacobo, se puso a su derecha y le acarició la otra, y Jacobo en frente de ella le metió dos dedos en el coño. Jenny tenía donde escoger, desde la polla pequeña de Luis, a la larga de Isidro pasando por la de Jacobo. No le hizo ascos a ninguna. Al principio cogió la polla de Jacobo con la mano derecha, con la izquierda la de Isidro y las meneó y las mamó. Después cogió la de Luis y se la meneó y se la chupó al tiempo que iba chupando la de Isidro y la de Jacobo cuando se las iban dando, una a una y a pares. De su boca salía saliva mezclada con aguadilla de las pollas y le bajaba por el cuello. Su pelvis se movía de abajo a arriba y de arriba a abajo buscando que los dedos de Jacobo le diesen otro orgasmo… Cuando se lo dieron dejó de mamar para decir:

    -I cum again! (¡Me corro otra vez!)

    Ese fue el detonante para que las menearan a toda pastilla y que acabaran corriéndose los tres en su cara. La dejaron perdida.

    Al acabar de correrse los tres, Jenny se limpió con el mantel y pidió de beber:

    -I am thirsthy, serve me wine. (Estoy seca, servirme vino.)

    Luis le dio una botella que estaba mediada de vino blanco. Echó un trago y después se la devolvió. Se quitó la minifalda y los zapatos, y les dijo:

    -Follow me. (Seguidme.)

    Fueron detrás de ella en fila india con las pollas a centímetros de los culos de los otros, que ya hay que tener confianza para eso, pero la había, la había. Jenny se metió en la habitación de Luis, se echó boca abajo sobre la cama y dijo:

    -My ass is thirsty too.

    Luis tradujo:

    -Dice que su culo también tienen sed.

    Jacobo fue a la cocina y volvió con una botella de vino, se lo echó por la espalda y por la raja del culo. El vino le llegó al coño, el coño le comenzó a arder, y Jenny echando el culo hacía arriba, dijo:

    -I have fire in my pussy! (¡Tengo fuego en el coño!)

    Luis no tradujo, dijo:

    -¡Yo te lo apago!

    Se arrodilló entre las piernas de Jenny y le echó las manos a las tetas. Jenny se puso a cuatro patas y se abrió de piernas. Luis lamió cómo un lobo su coño y su ojete. A Isidro y a Jacobo se les volvieron a poner las pollas duras viendo al lobo comerle el culo y el coño a la loba, pero la cosa no quedó ahí. Luego Luis le folló el ojete con la lengua un par de minutos. Jenny jadeaba cómo una perra. Paró de jadear para decirle:

    -Stick you cock in my ass (Clava tu polla en mi culo.)

    Jacobo e Isidro vieron cómo a polla de Luis entraba cómo un cohete en su culo y cómo sus huevos chocaban con el coño mojado. Comenzaron a menearlas Tiempo después Jenny se puso boca arriba dejando a Luis debajo de ella con la polla dentro de su culo. Jacobo, mirando para el coño abierto, le pregunto:

    -¿Cuál de los dos quieres que te la meta?

    -The one that has a preservative.

    Luis tuvo que volver a traducir.

    -Dice que el que tenga un condón.

    El que tenía un condón era Jacobo, un condón que estaba a punto de caducar. Lo sacó del bolsillo. Isidro al ver el condón, le dijo a Jacobo:

    -Eso es jugar con ventaja.

    -No, es una casualidad que lleve un condón encima.

    Jenny metió dos dedos en el coño y dijo:

    -Stop talking. I need a cock in my pussy.

    Isidro le preguntó a Luis:

    -¿Qué dijo?

    Luis follándole el culo a Jenny mientras la agarraba por la cintura, le respondió:

    -Que paréis de hablar, que necesita una polla dentro de su coño.

    Isidro tuvo una idea.

    -¿Lo echamos a cara o cruz?

    -Vale, cara gano yo, cruz ganas tú.

    Isidro tiró la moneda al aire y salió cruz. Jacobo se quedó con cara de tonto, pero había perdido y ya no podía hacer nada.

    Isidro se puso el condón y la montó. A Jenny le entró muy apretada, tanto que cerró los ojos, era cómo si le doliera, pero no era eso, era que le gustara una barbaridad. Al abrir los ojos miró para Jacobo y le echó la lengua para hacerle burla. Isidro pensó que era por otra cosa y se la chupó y le dio caña. Jacobo la meneó para hacerle burla a ella. Jenny disfrutaba con su primera doble penetración. Sus escandalosos gemidos así lo decían… Isidro se corrió antes de tiempo. Ella estaba a punto. Sabía que no había más condones y que la iba a follar a pelo, pero le importó una mierda, le dijo a Jacobo:

    -Fuck me (Fóllame.)

    Jacobo se quedó mirando a Luis, que le dijo:

    -Dice que la folles.

    Jacobo se echó encima de ella y se la clavó hasta las trancas. La polla sin condón entrando y saliendo apretada de su coño la llevó a punto de no retorno. Jacobo vio cómo se le cerraban los ojos, cómo fruncía el ceño y cómo se corría entre gemidos y convulsiones, diciendo:

    -I´m flying! (¡Vuelo!)

    Luis se corrió dentro de su culo. Jacobo esperó a que acabara se la quitó y se corrió entre sus tetas.

    Al acabar estaba rota y no quiso follar más.

    Quique.