Autor: admin

  • La primera vez que fui infiel

    La primera vez que fui infiel

    Hacía tiempo que con toda la pandilla acudíamos de vez en cuando durante el sábado por la tarde a un balneario cercano para disfrutar de una sesiones tremendamente relajantes.

    En algunas ocasiones yo acudía entre semana, con mi mujer a veces algunas tardes a última hora y solo especialmente a la hora del almuerzo después de esas mañanas de caos que me dejaban destrozado.

    Hace poco tiempo en una de las sesiones de mediodía me encontré a Paula.

    Paula es la mujer de uno de los amigos de la mía. Es una mujer increíblemente dulce y alegre con una sonrisa siempre dibujada. Baja y delgada, tiene una figura envidiable, con unas proporciones ideales para su escasa estatura.

    Durante la sesión charlamos un rato y decidimos comer juntos. Durante la comida me comentó que solía venir algunos días a la hora del almuerzo, y en ocasiones acompañada de una pareja de conocidos suyos aficionados también a los relajantes baños. Decidimos quedar para la semana siguiente.

    Cuando llegué a la cafetería Paula acababa de llegar, estaba muy atractiva con su habitual y sexy estilo de ejecutiva agresiva, traje de chaqueta con falda por la rodilla ajustada al hermoso culo y camiseta ceñida con un generoso escote.

    Junto a ella estaba una pareja de aproximadamente la misma edad que nosotros, tras la presentaciones y un par de comentarios nos preparamos para comenzar la sesión.

    Tan relajante como siempre, decidimos juntos terminar la agradable charla con un pequeño baño en la piscina de agua salada con masaje de alta presión.

    Durante ese rato pude observar como la pareja que nos acompañaba iniciaban unos poco disimulados juegos de manos, adornados con besuqueos y bromitas. Con el paso de pocos minutos y a pesar de que el movimiento del agua dificultaba la visión, no podía casi disimular mis continuas miradas a las caricias y trabajos que se regalaban entre ellos. Cada vez me sentía más y más excitado con la situación.

    En un momento noté la mano de Paula apoyándose en mi pierna con intención de llamarme la atención y acercándose a mí me susurró:

    —Ten cuidado que te van a poner fatal, yo casi estoy acostumbrada, pero procuro hacerme la medio dormida en este rato.

    Terminando la frase con un golpecito cómplice de nuevo, pero esta vez su mano accidentalmente se había acercado un poco más a mi cuerpo y cuando la acercó hacía donde esperaba encontrar mi pierna, aterrizó sobre mi polla completamente dura empujando mi bañador con fuerza.

    Se giró hacia mí.

    —Quería avisarte, pero veo que es tarde. —Y se sonrió, recostándose de nuevo y entrecerrando los ojos continuó la frase.— Al menos nosotras tenemos la suerte de en esta situación disimular perfectamente todos nuestros síntomas.

    Continuando con la broma acerqué mi mano ligeramente al centro de la braguita de su bikini.

    —Es cierto aquí en la piscina es difícil evidenciar alguna señal.

    En medio de unas risitas apagadas, con la intención de no interrumpir a nuestros compañeros continuamos la broma. Su mano de volvió a tender hacia mi entrepierna y sin ningún disimulo exploró mi dura polla desde la punta hasta agarrarme delicadamente los huevos.

    —Creo que tú vas a tener que esperar un rato para salir de aquí, con ese arma no puedes ir a ningún lado.

    Nuestro juego subacuático se interrumpió con el anuncio de nuestros acompañantes de que nos abandonaban, y se volvían para almorzar en la oficina, nosotros decidimos quedarnos a comer en el restaurante del hotel para regresar a temprano a nuestros trabajos.

    Cuando Paula llegó a la mesa, mi mirada la recorrió completamente y ella dándose cuenta de ello se tomó cierto tiempo para acomodarse y sentarse. Se me hizo inmediatamente evidente, que había prescindido del sujetador tras la ducha y su ajustada camiseta me permitía apreciar con absoluta claridad la forma de sus tetas, y sus pezones apuntando ligeramente.

    No podía aguantar más, mi sangre hervía y mi polla se endurecía una y otra vez mientras mi mente fantaseaba con disfrutar de su cuerpo.

    En un momento le propuse entre bromas quedarnos por la tarde en el hotel para sorprenderme a mí mismo en unos minutos besando como un salvaje a Paula contra la pared de una de las habitaciones.

    Apoyados contra la pared nos besamos como dos adolescentes, mi lengua saltaba desde su boca a sus orejas, para bajar por el cuello empapándola. Mis manos comenzaron a acariciar sus tetas, mientras distinguía por encima de la camiseta como crecían sus pezones y su aureola se hacía cada vez más dura. Besándola despacio por la cara , sobre sus ojos cerrados, lamiéndole las orejas y rozando delicadamente el cuello con la punta empapada de mi lengua, comencé a deslizarme hacia delante por su escote para besar sobre la camiseta sus pechos y atrapar sus pezones suavemente entre mis labios.

    Mi excitación era brutal y la de Paula iba creciendo en cada momento, sus manos me agarraban por el culo y me apretaban contra sus cadera mientras su cintura se movía despacio atrapando con su pelvis mi polla tan dura que se perfilaba perfecta sobre mi pantalón de vestir.

    Le quité la camiseta y con la punta de mi lengua empapada rozaba ligerísimamente sus pezones oscuros mientras Paula me desnudaba por completo y se paraba para acariciarme despacio mi polla ya completamente liberada de todos las ropas.

    Mis manos se deslizaron bajo su falda y comencé a acariciarle la cara interior de sus muslos ascendiendo despacio hasta rozar los bordes de su tanga. Mis dedos se enredaron sobre la húmeda tela para desnudarle su coño empapado. Las yemas de mis dedos recorrían arriba y abajo la raja, con la presión justa para sin apenas separarle los labios empapados, acariciarle el clítoris y deslizarlos luego hasta la suave piel que anunciaba el comienzo de su culo.

    Su mano mientras, atrapándome con una suave presión recorría mi polla completamente empapada con hábiles movimientos, ofreciéndome unas olas de placer increíble.

    La levante agarrándola por la cintura para bajando apoyada en la pared dejar que se empalara hasta que tropezar con mis caderas y notar como la punta de mi polla empujaba contra el final de su coño completamente encharcado.

    Apoyándose en sus brazos y en sus muslos Paula empujaba despacio una y otra vez mi polla hasta encajarla por completo dentro de ella , cada vez que se levanta su coño se ceñía sobre mi polla ordenándola una y otra vez mientras ella temblaba ligeramente con cada oleada de placer.

    No podía aguantar más así sin estallar en un grito, apoyándola de cara a la pared, con sus palmas y dedos abiertos sobre la suave tela y doblando su cuerpo, me mostró una imagen increíble, de un morbo tan sublime que creí que llegaba inmediatamente al orgasmo, con la simple mirada de su cuerpo ofreciéndose tan lascivo, de su hermosa, rosada, hinchada, y húmeda vulva esperando el embate de todo mi cuerpo.

    Acerque mi polla a su entrada todo lo despacio que me permitió mi pasión, para disfrutar al máximo del placer y tras acariciar suavemente su vulva con la punta primero, y toda la longitud de mi polla después la enterré despacio, muy despacio resbalando con el glande sobre la entrada con suavidad.

    Cada vez que mi polla quedaba fuera latía en el aire deseando enterrarse una vez mas para penetrarla con fuerza y violencia mientras notaba como Paula con su mano acariciaba su clítoris y doblaba su espalda con cada empujón hacia atrás de su culo. Llegué a un orgasmo brutal, mis piernas temblaban y el ardor subía en oleadas por mi vientre y mi pecho hasta mi cuello cuando Paula entre unas delicados gemidos comenzó a arquear su espalda y doblar sus rodillas disfrutando a la vez del orgasmo mientras la inundaba de mi pasión.

    Nos tiramos sobre la cama para disfrutar de besos y caricias, para lamernos las pequeñas perlas de sudor que nos empapaban, para acariciarnos todo el cuerpo con ansias de repetir inmediatamente.

    Sus besos se deslizaron por mi pecho y me regalaron una nueva humedad en mis pezones, sus labios recorrieron mi vientre, su lengua jugueteó con mi ombligo y su boca se enfrasco en una deliciosa guerra con mi polla otra vez dispuesta.

    Paula encerraba mi glande con sus labios mientras con su lengua lamía delicadamente bajo el frenillo, otorgándome un placer que nunca me habían regalado en una mamada. Se giro completamente para ofrecerme su coño y en un movimiento sentó su raja directamente sobre mi boca, dando un par de ligeros empujones. Mi lengua se afano directamente con los pliegues de sus labios, su vulva hinchada estaba dura de la excitación y sus labios llenos de placer rebotaban contra mi lengua que resbalaba increíblemente lubricada por sus jugos y mi saliva.

    Con la punta de mi lengua podía disfrutar del roce con su clítoris, empujarlo a un lado y al otro, lamer delicadamente su puntita y apreciar como su cuerpo se arqueaba y retorcía con el placer y su boca se cerraba con más intensidad aun, ascendiendo y descendiendo a lo largo de mi polla. Paula se incorporó de un salto y de espaldas a mí se clavó de nuevo en mi verga erecta, ligeramente inclinada hacia mis pies marcaba el ritmo de las penetraciones, mientras yo notaba casi con perfección la pequeña almohadilla arrugada en el interior de su resbaladizo coño. En unos momentos Paula yacía tumbada con su cara entre mis pies, con mi polla chorreando todavía parcialmente metida dentro de ella.

    En la última cena de la pandilla hemos bromeado abiertamente delante de su marido y de mi mujer acerca de lo relajante y conveniente que son las sesiones de balneario a mediodía.

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  • Mi joven esposa (4): Cuernos consentidos (parte 2)

    Mi joven esposa (4): Cuernos consentidos (parte 2)

    Segunda parte de este capítulo.

    Sin esperar nada más, el señor Diego la tomó de la cintura y la llevó a sus labios, Yes lo beso en la boca con torpeza de primeriza, los nervios le estaban ganando, eso le gustaba a Diego que bajo las manos a sus caderas y la pego totalmente a él, a lo que Yes solo reaccionaba dejándose hacer y acelerando su respiración.

    En esa pose dieron pasos hacia dentro llegando a la barra que usaba como comedor, yo me senté en una de esas sillas altas, Diego pasó sus manos más abajo, recorrió sus piernas alzando una y pegando a Yes hacia él en con esa pierna arriba, la volvió a bajar y ahora ponía sus manos sobre sus nalgas, nada de esto pasaba desapercibido por ella, cada que la tocaba ella lanzaba un gemido, esta ebria y excitada, su sensibilidad estaba al límite y se notaba.

    A mí el momento me parecía irreal, todo lo que habíamos fantaseado, el acuerdo al que habíamos llegado, lo que parecía un juego, ahora estaba haciéndose realidad y esa realidad superaba por mucho la ficción, solo habíamos llegado ahí por casualidad, u2n día aburrido sin esperar nada, se había vuelto el día en que se me cumpliría mi más perverso deseo, que otro hombre se follara a mi esposa.

    Ellos continuaban besándose y explorándose, el señor Diego ya había desabotonado la blusa de Yes, ella ya había bajado sus manos hacia el paquete del señor Diego, lo acariciaba por encima del pantalón y ahora era él quien respiraba con mayor frecuencia, le desajusto el cinturón y buscaba despojarlo de sus pantalones, Diego no espero más, así como la tenía besándola de frente, la tomó de las piernas y la levanto, camino hacia la puerta de su habitación y la llevo dentro. Yo me quedé estático ante la situación, les perdí de vista, pero tampoco me animaba a buscarlos con la mirada, la puerta había quedado entreabierta, solo podía escuchar el sonido de sus besos y sus respiraciones entremezcladas.

    De nuevo me sumí en mis pensamientos, mucho había deseado que ocurriera esta situación, pero ahora no sabía si lo soportaría, las experiencias que había leído, me decían que podía ser una situación dura para el marido, había veces en que ellos no soportaban los celos y detenían a sus parejas o hasta agredían al tercero, quizás yo no estaba preparado para ello, lo mejor seria dejarlos solos y no ver, pues no quería que un arranque de celos le cortara la experiencia a Yes, con esa idea en mi mente me resigne a quedarme sentado ahí en el comedor, con una cerveza en la mano, mientras ellos consumaban el acto dentro de su dormitorio.

    Estaba en eso, cuando el sonido de besos se convirtió en susurros, algo se decían y no podía entenderlo, de poco en poco se escuchó la ropa caer y se hizo el silencio por un momento, cuando preste mayor atención para intentar escuchar algo, en la habitación comenzó a sonar un “gluk, gluk”, la curiosidad se intensificó, haciendo dejar a la duda de hace un momento atrás, casi hipnotizado por el sonido me acerque prácticamente de cuclillas, con total cuidado de que no me escucharan, como si tuviera miedo de que ellos me vieran ahí, abrí lentamente la puerta y despacio entre a la habitación, los busqué entre la oscuridad de la habitación, hasta que finalmente vi las dos siluetas dibujarse ante mí.

    Yes estaba de rodillas con la cabeza a la altura de su pelvis, Diego sostenía su cabello en una especie de coleta hecha solo con su mano, la llevaba lentamente, pero con firmeza hacia él, ella engullía su miembro como una golosina, después de un momento de observarlos Diego me percibió.

    D: ¿te vas a quedar de pie? es mejor que vayas por una silla

    Como si fuera una orden, salí de nuevo de la habitación y busque la misma silla donde estaba sentado antes, entre con ella y busque donde ponerla, no lo había notado hasta el momento, pero la habitación era pequeña, en el medio del piso tenía un colchón King size, que dejaba poco espacio en las orillas, alrededor pocas cosas, algunas prendas tiradas y una gran pantalla en el frente sobre un mueble, al lado de la pantalla estaban ellos dos, puse la silla a la altura de su cabecera, pegado a la pared, en el rincón má2s alejado de ellos, como para no estorbarles.

    Con las luces apagadas, era difícil distinguir las siluetas, pero la vista se acostumbra a la oscuridad y poco a poco los pude distinguir mejor, el señor Diego ya había sacado su miembro de la boca de mi esposa, ahora jugaba con esté dándole golpes en sus tetas, la levantó y con una mano tomo su cara, mientras salían hilos de saliva de su boca, él la beso.

    Con ese beso guarro, la volvió a levantar y ahora la tiro encima del colchón, no estaba seguro de si ella me percibía o si sabía que yo estaba presente, ya que su mirada estaba centrada en el señor Diego, él se recostó sobre ella y comenzó a jugar de nuevo con su miembro, lo pasaba por su entrada una y otra vez, de forma lenta, pero restregándola con fuerza, ella estaba desquiciada por el placer, se veía en su cara la necesidad de ser penetrada. No pudo soportar más el juego, lo tomó de su cabeza y susurrándole al oido le dijo, “penétrame”.

    Diego obedeció, dirigió su miembro a la vagina de mi esposa y la penetró con facilidad, lo húmeda que estaba permitía que el señor Diego entrara y saliera con facilidad, manejo un ritmo regular, ni lento ni rápido, pero asegurándose de hacerle sentir todo su peso en cada embestida, no tardó en llegar el orgasmo de Yes.

    Mientras ellos se detuvieron, otro sonido se hizo presente en la habitación, afuera se escuchaban voces y sonidos de platos y cucharas chocando, no me había percatado de que la ventana de la recamara de Diego daba justo en el pasillo por donde antes habíamos pasado, las voces se hicieron más claras, en el otro departamento se encontraban cenando. Ajenos a esto, los ahora amantes volvieron a los movimientos, Diego había tomado de los tobillos a mi mujer y los sostenía alzando completamente sus piernas, de esa manera la volvió a penetrar llegando más profundo en su interior, con cada estocada ella lanzaba un gemido cada vez más intenso, al principio había intentado mantener la calma, pero ante tal placer era inevitable que soportara tanto, así cedió a sus instintos y comenzó a gemir con fuerza.

    Las voces afuera seguían, era la voz del niño y la señora que antes habíamos encontrado, hablaban de cosas que no se entendían muy bien, pero sus voces eran distinguibles, lo que quería decir, que, si nosotros los escuchábamos a ellos, lo más seguro era que ellos podrían escucharnos a nosotros también.

    En esa posición, Diego recostó su peso en Yes, acercó su cara a la de ella y le decía cosas al oído, “estas muy apretada”, “lo sabias”, “¿tu esposo te lo dice?”, de pronto, Diego volteo a verme y me dijo sin ninguna vergüenza, “gracias por traerme a tu esposa”, Yes soltó un gemido profundo al escucharlo, a mí se me hizo un hueco en el estómago con su comentario, en ese momento sentía rabia, coraje ,enojo, ahora entendía por qué decían que los celos podrían ser un problema, aun así, solo atine a decirle, “de nada”.

    Se detuvo y la reincorporo, ahora tocaba ponerla en cuatro, Yes se dejaba llevar sin ningún tipo de oposición, sólo estaba interesada en el placer que le estaba proporcionando su infidelidad, la puso de frente a mí, y volvió a dirigir su pene a su vagina, se quedó en la entrada y le dijo a Yes.

    D: voltea a ver a tu marido

    Yes obedeció y su mirada se encontró con la mía, ahora dirigiéndose a mí preguntó.

    D: ¿te gusta lo que ves?

    Con voz cortada conteste

    K: S s sii

    D: ¡Dile a tu marido que quieres Yes!

    Y: ¡quiero que me penetre!

    D: jaja, dime ¿se lo meto a tu esposa?

    K: si Diego, cógetela por favor

    Todo pasaba como un sueño, sin pensarlo tanto, Diego sabia como hacer que dijéramos lo que él quería, nos estaba dirigiendo a ambos y movidos por el morbo, caímos en su juego, Diego la había penetrado de nuevo y tras las pocas palabras que nos dirigió, Yes se mostraba aún más sensible, ya no eran simples gemidos, ahora se escuchaban gritos fuertes, Diego la estaba embistiendo con fuerza y ella solo podía gritar entre una mezcla de dolor y placer.

    Cuando mis sentidos volvieron en sí, note que los ruidos de fuera se habían apagado, ya no parecía que hubiera nadie hablando en el otro departamento, solo se escuchaban los gritos de mi esposa mientras recibía en su interior la verga de Diego y los bufidos que este daba en cada embestida, literalmente se la estaba cogiendo y se podía escuchar en toda la habitación y seguramente, en el departamento de sus vecinos.

    Diego continúo cogiéndose a Yes en esa posición, mientras le seguía diciendo lo buena que estaba, lo puta que era por coger con otro en frente de su marido, que tenía la edad de las amigas de su hijo, a las cuales también tenía ganas de cogérselas, etc., todo esto para encenderla aún más y vaya que lo logró, fueron minutos de intensos gemidos, hasta que Diego anunció que se venía.

    Yes se tiró a la cama de espaldas y Diego se masturbo sobre su vientre hasta que derramó su blanco esperma, lanzó un tremendo bufido mientras se corría, de igual forma Yes gimió mientras sentía su calor caer sobre su piel, por la oscuridad no lo había notado hasta ese momento, pero el señor Diego no se había colocado condón y Yes tampoco se lo había pedido, aun así se vino afuera.

    Estuvieron un momento recostados, mientras recuperaban el aire, Diego se levantó y me dijo:

    K: ¿terminaste?, yo me voy a dar un baño, están en su casa

    Era verdad, de los nervios ni siquiera había considerado masturbarme, tenía una erección considerable desde el principio, pero tenía miedo de que si me corría antes de que ellos terminaran, los celos me podrían traicionar, así que decidí aguantarme hasta volver a casa, sin embargo, quizás por la experiencia de Diego, el nos estaba permitiendo utilizar su habitación para tal fin. Me acerque a Yes, estaba totalmente sonrojada y con la temperatura a tope, me vio a los ojos y me pregunto:

    Y: ¿qué tal estuvo, te gusto lo que viste?

    K: estuvo genial amor, super caliente

    Y: ¿también te corriste?

    K: no, no lo hice

    Y: entonces ven

    Se sentó sobre el colchón, me tomo el pene y comenzó a masturbarme,

    Y: ¿imaginaste que iba a ser así?

    K: no, fue más intenso de lo que imagine

    Y: si lo sé, para sus años el señor Diego tiene buena condición

    K: ¿ah sí?, ¿Te gusto como lo hace?

    Y: si, desde el principio supo llevar el ritmo, yo solo me deje llevar

    K: ya veo, ¿y usaron condón?

    Y: no, no traía condones, no esperaba que pasara algo esta noche

    K: ¿y, aun así, se lo permitiste?

    Y: ya estaba muy caliente, no iba a quedarme con las ganas, pero si te preocupa, me tomare la pastilla

    K: ¿pero se vino afuera o no?

    Y: si, él se salió por sí mismo

    K: jaja, tu querías que se viniera adentro

    Y: jeje, pues si, se hubiera sentido más rica su leche adentro

    Con ese último comentario me corrí abundantemente, por increíble que parezca, esa fue una de las mejores pajas de mi vida. Nos levantamos de la cama y nos vestimos de nuevo, Diego ya se había terminado de bañar y nos dijo que en un momento nos llevaría de vuelta a casa, nosotros le dijimos que no se molestara y que solo nos acercará al mismo punto de encuentro, a lo que él aceptó.

    Salimos de su departamento, tomados de la mano y abrazándonos como una pareja de recién casados irradiando felicidad, hasta que nos pusimos nerviosos, cuando vimos que por las escaleras venía subiendo de nuevo la vecina de horas atrás, en esta ocasión no nos dirigió la palabra, pasó de largo lanzándonos una mirada de desprecio o asco. El señor Diego nos llevó al punto acordado, nos dimos un fuerte estrechón de manos y se despidió de mi esposa besándola en la mejilla, “fue un placer, espero verlos de nuevo”, solo esas palabras quedaron.

    Una vez en el camino, nos fuimos besando, acariciándonos, hablándonos de forma tierna como recién enamorados, la experiencia lejos de causarnos un conflicto en pareja, pareciera que nos había devuelto al tiempo de novios, con los nervios y las sensaciones a flor de piel. En casa repasamos lo acontecido, volvimos a desnudarnos y jugar con nuestros cuerpos, lamí y recorrí cada parte de su cuerpo aún impregnado en el sudor de Diego, conversamos sobre lo que había pasado por la mente de la señora.

    Había escuchado sexo entre un hombre y una mujer, sabía que los ruidos provenían del departamento de su vecino, los bufidos se escucharían de un hombre mayor y no de un joven como yo, deduciendo que no podrían ser de nadie más que de su vecino; los gemidos eran de una chica y había visto entrar a una chica al departamento con su vecino, pero venia acompañado de su marido, no había mas mujeres, los gemidos definitivamente serian de la chica, pero, nunca se escuchó al marido, solo eran los gemidos de ellos dos.

    Supongo que es inimaginable para ella el escenario, pero lo vio, un chico joven trajo a su esposa veinteañera, a la casa de su vecino cincuentón, para convivir y beber unas copas y las cosas irían tal, que su vecino maduro terminó cogiéndose a la chica y lejos de escuchar alguna discusión entre su vecino y el marido, vio salir a la joven pareja feliz y con una total satisfacción en la cara, acompañados de nuevo por su vecino, con toda tranquilidad como si lo que escucho no hubiera pasado.

    Toda esa conversación nos dio tal morbo que volvimos a hacerlo durante toda la noche, así, sin siquiera habernos bañado, oliendo el aroma de su sudor en mi mujer, el olor a su semen sobre su vientre e introduciendo mi pene, en el mismo lugar donde el señor Diego había estado hace unas horas, pudiendo notar la lubricación y lo abierta que la había dejado, además de tener presente, que había estado sin condón, mezclando sus fluidos con los de mi esposa y ahora con los míos.

    Esta primera experiencia abrió nuestro matrimonio a nuevos placeres, siendo testigos vivos de que cuando se separa el sexo y el amor en un matrimonio, la pareja puede vivir una sexualidad donde disfruten ambos sin tabús ni remordimientos, siendo solo el principio de las tantas experiencias que viviríamos después.

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  • Mi esposa se desnuda para otro

    Mi esposa se desnuda para otro

    Mi esposa es muy sensual. Pelo liso moreno por debajo de los hombros. Piel morena por su afición a la playa.

    Uñas siempre arregladas, cara linda y ojos marrones. Mide 165 cm y es rellenita, pero sin tener sobrepeso. Pero lo que más llama la atención de los demás hombres son dos cosas. Sus tetas y la forma de su culo. Sus tetas son redonditas de tamaño mediano, con un escote pronunciado y una leve caída debido a sus dos embarazos. Suelen rozarse ambas tetas dejando un canalillo muy sugerente que ella alimenta con sus vestidos escotados. Las tiene bronceadas al no usar la parte superior del bikini en la playa (noto como muchos hombres no quitan ojo de esas tetas) y sus pezones algo rosados y aureola más oscura.

    Pero lo que resalta mi hi en su figura es su culo. Lo tiene respingón, bastante más ancho que sus caderas y duro debido a sus entrenamientos en el gym. La piel de culete también es morena (le encanta usar tanga en la playa) y suave. Cuando camina su trasero se mueve que parece que tenga vida propia. Estoy seguro que muchos de mis amigos harán comentarios sobre esa parte de su cuerpo y alguno se masturbará pensando en él.

    Tan atractiva es ella que muchas veces le he preguntado si no le gustaría algún día estar con otro hombre y probar que se siente. Siempre me contesta que no, y que si algún día lo hiciera me lo diría.

    Una mañana estaba con mi amigo José en casa. Había venido a ayudarme con una reforma que estaba haciendo. José es un chico que se mantiene en forma y suele ligar mucho con las mujeres. Es bastante guapete y tiene un cuerpo definido y musculado sin ser exagerado. A veces me invita a salir de copas y siempre le digo que no. Él me contesta que es normal que no vaya, si él tuviera en su casa la mujer que tengo yo estaría toda la noche disfrutando de esas curvas jejeje. Lo dice con respeto y en tono de broma pero yo sé que está loco por meter su cabeza en esas tetas y su polla entre semejantes nalgas.

    Al terminar la obra, le digo que se espere en casa y yo me acerco al supermercado a comprar carne y unas cervezas. Justo cuando me disponía a salir mi esposa entra por la puerta, me da un beso y dos a José. José estaba sin camisa y noto como mi esposa se queda mirando si torso definido y sus pectorales y bíceps aún en tensión por el esfuerzo hecho hace unos minutos.

    -“Cariño José vino a ayudarme con la obra pero ya hemos terminado. Me voy al Super a por carne y cervezas para comer algo en un rato”- le dije yo.

    -“Vale cariño, me voy a dar una ducha. Si José quiere también se puede duchar luego. Nos vemos cuando vuelvas”.

    Cuando volví (tras una hora debido al tráfico y la cantidad de gente en el supermercado ) comimos los tres y bebimos alguna cerveza. Pero mi amigo José se fue enseguida.

    Mi esposa y yo nos quedamos solos y ella me dijo que quería hablar conmigo.

    -“Cariño puedo contarte algo?”

    -“Claro”- le dije.

    -“Siempre te he dicho que no necesito estar con otro hombre, y que si algún día pasara te lo contaría”.

    -“Me parece bien”. Le dije algo extrañado.

    En ese momento mi mujer empezó a contarme que José siempre le había puesto muy cachonda, que alguna vez le había tomado fotos cuando estábamos en la playa y se le marcaba en el bañador su polla, y que más de una vez se había masturbado con su consolador imaginando que es José quién la penetraba. Me contó que cuando salí al supermercado ella comenzó a desvestirse para bañarse, pero lo hizo a escasos metros de él, se quitó su camisa frente a él pero sin mirarlo(dejando sus generosas tetas bronceadas y redondas a su vista) y se bajó su short de espaldas a él dejando su culo en pompa.

    Luego caminó delante del sillón donde él estaba sentado meneando bien sus caderas y moviendo ese culo redondo que subía y bajaba al ritmo que ella marcaba en sus andares, hasta entrar al baño. Cuando terminó de bañarse se dió cuenta que no tenía toalla y le pidió a José si podía acercarle una que estaba en la solana.

    José entró al baño, le dio la toalla con vergüenza intentado no mirar el cuerpo de ella y cuando iba a salir ella le dijo:

    -“José deberías aprovechar y bañarte tú también para comer luego”.

    José le dijo que cuando ella saliera aprovecharía y se bañaba él. Mi mujer salió con la toalla enrollada pero solo le cubría la mitad de sus pechos y por debajo dejaba medio culo a la vista.

    José aprovechó y se metió en el baño. Se quitó la ropa y vio como estaba empalmado debido a haber visto a Emma desnudarse. Abrió el grifo que caía desde arriba y comenzó a masturbarse pensado en el cuerpo de ella. Entonces nota como se abre la puerta del baño y aparece Emma con una toalla.

    -“José te dejo la toalla por aquí para cuando acabes”.

    -“Gracias”- dice José intentando taparse y disimular su erección.

    Emma en lugar de salir del baño cierra la puerta del mismo y se acerca a la ducha. Se queda mirando a José de arriba a abajo y suelta su toalla que tenía enrollada cayendo al suelo y dejando su cuerpo desnudo a menos de un metro de José.

    -“José perdona que me quede aquí, pero siempre me has puesto muy cachonda. Deseaba verte desnudo y ver esa verga que tienes. No podía pasar esta oportunidad. Tengo que aprovechar antes de que mi marido vuelva.”

    Yo estaba escuchando esta historia y tenía una mezcla de celos y excitación. Mi mujer se dio cuenta y me sacó la polla y comenzó a masturbarme mientras continuaba su narración.

    Ella apartó las manos de José que tapaban su erección y las puso sobre los pechos de ella. José comenzó a acariciarlos suavemente, pellizcó sus pezones y no pudo resistir y comenzó a chuparle las tetas. Ella aprovechó y bajó sus manos a su polla y empezó a masturbarle muy lento. Luego subió una pierna sobre el grifo dejando su coño rosado y depilado a la vista, y comenzó a rozar la polla de José con su clítoris. José seguía entretenido con sus pechos hasta que Emma le dijo que se tumbara. Él se tumbó en el suelo de la ducha y su polla quedó tiesa como un mástil apuntando al techo.

    Emma se puso de espaldas a él y comenzó a bajar su cintura, dejando su redondo culo a la vista de José. Cuando la entrada de su coño notó la punta del pene ella se arrodilló con sus piernas a ambos lados del cuerpo de José y comenzó unos movimientos circulares que fueron encajando esa polla poco hasta entrar totalmente.

    “-No puedo creerme que tenga este culo delante mía, con las pajas que me he tocado pensando que me lo follaba” dijo José.

    Ese comentario hizo que Emma se pusiera más cachonda y comenzó a moverse más veloz. José aprovechó que tenía ese culazo a escasos centímetros y comenzó a darle suaves caricias, luego leves azotes que hacían gemir a Emma, y más tarde empezó a jugar con sus dedos dentro del culo de ella. Ella alcanzó un orgasmo y paró de moverse pero le dijo que no sacara los dedos del culo. Le gustaba lo que sentía, y al notar que ya lo tenía algo dilatado le dijo a José: -“nunca he dejado a mi marido tener sexo anal, pero me tienes muy cachonda y me encantaría sentir ese pollón”.

    José no tardó ni un segundo en ponerse de pie, tumbó a Emma boca abajo y levantó sus caderas dejando ese culo redondo en pompa apuntando hacia él. Con su pene aún húmedo con los fluidos del coño de ella, presionó su pene en la entrada del culo de Emma. Ella decía que la metiera toda, pero el iba poco a poco. Cuando por fin logró meterle la mitad de su pene, inició unos movimientos más rápidos que acabó por entrar completamente. Ella le decía: -“¡qué ricooo no pares, quiero que llenes de leche, la tienes muy grande y dura!”.

    José aprovecha para agarrarla del pelo y le levanta la cabeza, él se agacha un poco y se quedan cara a escasos centímetros. Por la excitación pone a chuparle la cara, le pasa la lengua por sus labios y su cara, le escupe dentro de la boca, y le dice cosas como: “estaba deseando follarme este culazo, eres una zorra que me tenías caliente, me encanta desvirgar tu culo…”.

    Mientras yo escuchaba la historia, mi mujer había empezado a masturbarme más rápido y cuando estoy a punto de correrme se mete mi polla en su boca y me corro muy fuerte debido a la excitación de la historia.

    Ella continúa la historia y dice que José saca la polla de su culo porque quiere correrse en sus tetas redonditas y morenitas. Ella se arrodilla delante de él y pone su pene entre sus tetas, empieza a masturbarla con sus tetas y darle chupadas a la punta, cada vez más rápidos los movimientos de sus tetas pero no llega el orgasmo de José.

    -“Ya he sentido ese coño, ese culazo y tenerla entre tus tetas. Creo que ya sé dónde puedo correrme”- le comenta José a mi mujer.

    Aprovechando que está de rodillas acerca su polla a la boca de Emma que abre la boca y comienza a la lamer la punta de la polla, luego sigue chupando los huevos y metiéndolos en su boca, para luego comenzar una mamada desde el tallo del pene hasta introducirlo totalmente en su boca. Durante cinco minutos alterna chuparla y masturbarla. José le folla la boca con fuerza agarrando a veces la cabeza de Emma por detrás para meterla más fuerte y más profundo.

    Entonces ella nota que se le pone muy dura dentro de su boca y explota esa polla en un orgasmo que la llena de leche y José le agarra fuerte la cabeza para que no la saque. Tras el orgasmo ella sigue jugando con su lengua y no se saca la polla de la boca, al mismo tiempo que masajea los huevos con sus manos.

    Entonces se escucha la puerta de la casa que se abre. Ella sale de la ducha, se enrolla como puede la toalla y sale del baño. José abre el agua y continúa su ducha. Cuando me encuentro a mi mujer por el pasillo me dice:

    “-Cariño me acabo de duchar, ahora le toca a José ducharse. ¿Qué tal por el súper?”

    “-Todo bien, había mucho tráfico y por eso he tardado pero ahora mismo enciendo la barbacoa y comemos”.

    “-Gracias mi amor”- y ella besa a su marido aún con algunas gotas de semen que bajan desde la comisura de sus labios hacia sus pechos.

    Cuando José sale de la ducha me saluda, y yo al ver que Emma sigue con esa toalla enrollada que solo tapa sus pezones y mitad de su culo le digo:

    -“Cariño ponte algo de ropa que no quiero que mi amigo José se fije mucho en ti y te ponga en su agenda de conquistas”- ellos se miraron y tras unos segundos de silencio nos reímos los tres.

    Cuando mi mujer terminó de contarme la historia me pidió perdón y me prometió que no volvería a pasar. Yo le dije que la perdonaba pero le reconocí que me había excitado también.

    Ella me preguntó si me hubiera gustado haber participado o verles, y es algo que hemos acordado quizás probar en un futuro cercano.

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  • Mi suegro emputece a su hija Lidia y esta se lo hace con Corina

    Mi suegro emputece a su hija Lidia y esta se lo hace con Corina

    La siguiente vez que el sistema se conectó me llevé una nueva sorpresa, era como muchas veces, el salón de la casa de mi suegro, y allí estaba mi suegro con Lidia, esta era, también hija de mi suegro, la hermana melliza de Corina, Lidia, había nacido un pocos minutos antes que su hermana, por lo que Corina era la benjamina, y las dos procuraban diferenciarse la una de la otra, en esta ocasión al parecer venía de montar en moto, cosa a la que era aficionada y llevaba un traje ajustado de color negro, estaba hablando con mu suegro que le decía:

    -Cariño, ¿En serio me dices que no quieres seguir estudiando?

    -No, no quiero papa, le respondió ella.

    -Pues yo en mi casa no quiero vagos, dijo mi suegro, así que mientras te buscas un niño de papa que satisfaga todos tus caprichos, si no estudias tendrás que trabajar en la empresa.

    -¿Haciendo que papa?, preguntó ella

    -Lo único que se te da bien, dijo mi suegro, follar, sé que te gusta y lo haces con varios chicos.

    -Pero papa, ¿Crees que soy una puta?

    -Si no lo eres lo serás, o te buscas la vida por tu cuenta, replicó mi suegro, y luego añadió, Y ¿Sabes quién va a ser tu primer cliente?, púes voy a ser yo.

    Y diciendo esto la rodeo con sus brazos y comenzó a acariciarla el culo, ella trató de protestar:

    -Pero tú eres mi padre, que te lo hagas conmigo es una asquerosidad.

    -Tú decides, dijo mi suegro, o follas conmigo y te ganas la vida tu sabrás como.

    Tras un momento de reflexión Lidia dijo:

    -Está bien papa, siéntate en el sofá y deja que tu zorrita se ocupe de ti.

    Antes de que mi suegro tuviera tiempo de sentarse en el sofá su hija le había bajado los pantalones y los calzoncillos, dejando su polla al aire, ella se puso de rodillas en el suelo y dijo:

    -Oye papa, tienes una buena polla.

    La cogió con una de sus manos, y sacando su lengua se puso a lamerle su capullo, mi suegro al sentirlo dijo:

    -Que zorra que eres, la chupas muy bien, si yo se esto te hubiera hecho hacerlo hace tiempo.

    -Pues esto solo está empezando papaíto.

    Lidia se quitó el traje de motera y se quedó desnuda, en ese momento se sentó encima de su padre e hizo que la polla de este entrara dentro de su coño, mientras decía:

    -Esto va a ser mucho más agradable de lo que pensaba, Papito, me encanta tu polla, la tienes más grande que muchos de los chicos con los que he salido.

    Y siguió montándole, los gemidos de los dos eran muy intensos, mi suegro decía:

    -Que bien follas, so puta.

    -Menuda polla tienes so cabron.

    Y siguieron follando hasta que mi suegro la ordenó:

    -So puta túmbate en el suelo de medio lado, quiero meterla así.

    Ella, como una buena niña obedeció a su papi, y tumbándose de lado en la moqueta del salón se quedó a la espera de lo que su padre la hiciera. Este se tumbó, también de medio lado, a su espalda y desde esta postura se la metió de lado, entre gemidos ella dijo:

    -Papi, que vigoroso eres, no me extraña que de deshicieras de mi madre para juntarte con la zorra de Sonia, tienes mucho vigor.

    Mi suegro siguió follandosela de lado, sus gemidos se intensificaron aún más, hasta que él, nuevamente dijo:

    -Zorra quiero que te subas encima de mí.

    Se la sacó y se tumbó en el suelo boca arriba, ella entendiendo lo que se esperaba que hiciera, se sentó encima de él, dándole la espalda, y apoyada sobre sus manos fue bajando, hasta que, otra vez, la polla de mi suegro se introdujo dentro de su coño y comenzó a montarle, como si fuera una moto, y comenzó a subir y bajar, mi suegro volvió a decir:

    -Que puta eres, que pena los años que he pasado sin follar contigo.

    Estuvieron asó hasta que mi suegro se corrió y llenó el coño de su hija con su leche, en tono jocoso ella dijo:

    -Papi, espero que de esta no me dejes preñada.

    -So zorra, sé que tomas precauciones, y si o ya buscaremos un tonto que cargue con el bombo.

    Tras ello Lidia se arrodilló ante su padre y se puso a chuparle la polla, aunque paró un momento y dijo;

    -Papito si yo llegó a saber que tu tienes esta polla, no hubiera, perdido el tiempo con otros chicos desde hoy seré solo tuya.

    -De eso nada, dijo mi suegro, tu te follaras a todo lo que se menee, su eso es beneficioso para la empresa.

    Al rato él le dijo a su hija:

    -So zorra quiero ser yo quien te coma el coño.

    Ella se sentó en el sofá y mi suegro agachándose, sacó su lengua y comenzó a lamerle el coño, mientras le decía

    -Tu y la zorra de tu hermana me recordáis tanto a vuestra madre de joven.

    Y siguió comiéndola el coño, después sacándole la lengua la sustituyó por uno de sus dedos y dijo:

    -Lo tienes muy mojado.

    Se tumbó y le indicó a ella que se pusiera encima y que le cabalgara, ella lo hizo, y mientras ella se movía encima de él mi suegro decía:

    -Desde luego las dos mellizas habíais sacado el puterio de la zorra de vuestra madre cuando era joven.

    Siguieron follando hasta que mi suegro se corrió, ella se bajo de encima y él se sentó y pidió a su hija que se tumbara de espaldas sobre sus piernas, ella lo hizo y le dijo:

    -Me tienes como cuando de pequeña

    -Pero esta vez no te voy a azotar, dijo mi suegro, aunque eso tendría su morbo, pero ahora lo que me apetece es otra cosa.

    Llevo sus manos hasta los agujeros de su hija, le introdujo un dedo en su coño y otro en su culo y comenzó a masturbarla, ella al sentir los dedos de su padre en sus agujeros comenzó a gemir, mientras decía:

    -Papito, eso es divino sabes qué hacer con tus dedos, seguro que la zorra de Sonia está contenta contigo.

    Mi suegro siguió masturbándola por sus dos agujeros, mientras su hija gemía, hasta que la hizo correrse, en ese momento ella se levantó y agarrando la polla de su padre con sus manos comenzó a masturbarla, hasta que la tuvo bien dura, y en ese momento dijo:

    -Zorra quiero follarte por el culo.

    -Si ese es tu deseo, dijo ella.

    Ella se puso de pie inclinándose hasta apoyar sus manos sobre el respaldo del sofá, su culo quedó en pompa, e indefenso, y mi suegro que estaba otra vez de pie de un golpe se la clavó, su polla entró muy suave en el coño de la chica, que no sintió ningún dolor por el contrario se puso a gemir de una manera muy intensa, muy suegro se animó y comenzó a moverse dentro del agujero de Lidia, que dijo:

    -Papaíto, si yo sé que follas tan bien hubiera sido tu putita mucho antes.

    Mientras sostenían esta conversación mi suegro no paraba de moverse dentro del culo de su hija, aunque en un momento dado dijo:

    -Mi nena, ¿no te apetecería ponerte a cuatro patas en el suelo, así estarías más cómoda.

    -Si es lo que deseas papito, respondió ella.

    Y se puso en esta posición, mientras seguían follando, hasta que mi suegro sintió que se iba a correr y ordenó a su hija ponerse a cuatro patas encima de sofá, y desde esta posición chuparle la polla, hasta que se corrió, y la llenó la boca con su leche.

    La siguiente vez que el sistema se conectó era otra vez la casa de mi suegro, pero esta vez no era el salón sino la puerta de la habitación de Corina y sobre ella estaba esta con su hermana melliza, Lidia, la primera decía a la segunda:

    -Sabía que eras zorra, hermanita, pero nunca me imaginé que llegaras hasta a follar con nuestro padre.

    -Jajaja hermanita, si no supiera que tú lo habías hecho antes, respondió Lidia.

    Mientras tenían esta conversación Corina acariciaba el vientre de su hermana, las dos hermanas llevaban unos jeans cortísimos, lo mismo que sus tops, que dejaban al aire su vientre, Lidia se agachó y se puso a acariciar las piernas de su hermana, esta al rato le dijo:

    -Hermanita, ¿Qué tal si nos quitamos los tops?

    Las dos lo hicieron a la vez, resultó que ninguna llevaba sujetador y sus tetas quedaron al aire, después Corina se quitó los jeans quedándose solamente con un diminuto tanga de color negro, y le dijo a su hermana:

    -Te voy a quitar los jeans, para que las dos estemos igual.

    Su hermana se dejó hacer y como Corina, Lidia se quedó con una tanguita negro diminuto, parece que las dos hermanas ses habían puesto de acuerdo sobre su ropa interior, pero Corina no quedó satisfecha y pidió a su hermana que se pusiera a cuatro patas, y cuando esta lo hizo le quitó el tanga, dejándola completamente desnuda y le dijo:

    -Menudo culo hermanita, no me extraña que al salido de nuestro padre le apeteciera tanto tu culo.

    -Desnúdate tú también, so zorra, le respondió Lidia.

    Corina accedió y se quedó desnuda, después le dijo a su hermana mientras las dos estaban desnudas:

    -Quiero que juguemos al caballito.

    Y poniéndose encima de su hermana la hizo a esta moverla por el suelo como un caballo con su jinete, hasta que Lidia le dijo;

    -Hermanita, dejemos de jugar como niñas y empecemos a jugar como dos mujeres, saca tu colección de consoladores.

    Corina fue hasta el armario y sacó de allí una bolsa que al parecer tenía consoladores, Lidia extrajo uno de ellos de color rosado y le dijo a su hermana:

    -Zorra ponte a cuatro patas.

    Cuando su hermana lo hizo, Lidia llevó su lengua hasta el agujero anal de su hermana y comenzó a lamérselo, yo estaba alucinada, me consideraba muy puta, pero llegar hasta ese punto era algo que nunca había considerado, tras estar un rato en esta postura, Lidia pidió a su hermana que se girara, y cuando esta lo hizo se puso a chuparla el coño, Corina se puso a gemir.

    Fue en ese momento cuando su hermana, le introdujo el consolador en el culo, y Corina se puso a gemir de una manera muy intensa, mientras decía:

    -Eres una guarra hermanita, me metes tu lengua en el culo y después en mi coño, eso es muy guarro.

    -Dime que no te gusta, le replicó su hermana,

    La verdad es que, aunque hubiera tratado de negarlo tanto sus gemidos de placer, como los movimientos de su cuerpo decían lo contrario. Cuando Corina se corrió le dijo a sy hermana:

    -So puta, ahora me toca a mí.

    Su hermana se puso tumbada en el suelo, en la misma postura que había estado ella antes y cuando lo hizo Corina sacó de la bolsa otro consolador, este era morado, y antes de que Lidia pudiera reaccionar se lo metió en el culo y dijo:

    -Que bien ha entrado, hermanita, se nota que ese culo no tiene nada de virgen, jajaja.

    -El tuyo tampoco, replicó su hermana.

    A continuación, Corina abrió con sus dedos el coño de su hermana y se puso a acariciárselo, esta se puso a gemir y dijo:

    -So puta, lo haces muy bien se nota que tienes mucha experiencia.

    Su hermana siguió dándole placer de la misma manera, hasta que Corina la pidió que se pusiera a cuatro patas. Cuando esto sucedió ella puso su lengua sobre su culo, y como había hecho antes su hermana con ella comenzó a lamérselo, Lidia se puso a gemir como una verdadera cerda y dijo:

    -Me parece hermanita que por algo somos mellizas, las dos somos putisimas, jajaja.

    Corina siguió lamiéndole igual hasta que notó que se corrió, en ese instante le sacó el consolador, pero siguió lamiéndole el coño y el culo un poco.

    Después las dos hermanas se abrazaron tumbadas en el suelo hasta que Corina dijo:

    -Hermanita, ¿Qué te parece si continuamos en la cama?, Allí estaremos más cómodas.

    Las dos hermanas fueron hasta la cama, y se tumbaron sobre ella, Lidia llevo una de sus manos hasta el coño de su hermana y le dijo:

    -Hermanita, ¿Qué te parece si continuamos haciéndolo como mujeres?

    Su hermana hizo un gesto de aceptación y Lidia comenzó a acariciarle el coño y arrimando su boca a la de su hermana le dio un beso muy profundo, luego se lanzó a por su cuello, mientras con sus manos acariciaba las tetas de Corina y le dijo:

    -Me encantan tus tetas, hermanita, no me extraña que papa esté loquito por ellas.

    Tras ello, llevó su cabeza hasta el coño de su hermana y comenzó, nuevamente a comerle el coño, Corina se puso a gemir, mientras decía:

    -Joder hermanita, toda la vida juntas y hasta hoy no habíamos disfrutado de esta manera, por supuesto esto no va a ser solo hoy.

    Después Corina, tomó el control de la situación hizo tumbarse a su hermana en la cama y se puso encima de ella de manera que sus coños se rozaban y comenzó a fortar el uno contra el otro Lidia se puso a gemir, mientras decía:

    -Desde luego hermanita, te las sabes todas.

    -Es lo que aprendí en el internado, respondió su hermana, como tu no quisiste venir.

    Las dos se rieron, mientras seguían acariciando sus coños, parecía que las dos se habían olvidado de que eran hermanas mellizas, o quizás por recordarlo se daban más placer, pero sus gemidos se fueron intensificando, se notaba que las dos sentían algo muy especial. Gasta que Lidia dijo;

    -Hermanita, me corro.

    Su hermana siguió rozando sus coños hasta que sus gestos demostraron que también se estaba corriendo y en ese momento la transmisión se cortó.

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  • El aroma de la lluvia y el cuero

    El aroma de la lluvia y el cuero

    La hacienda se encontraba perdida entre cerros verdes del valle ubicada en la Patagonia, el Sr M se estaba acostumbrado a vivir lejos de la civilización, además descubrió podría disfrutar de sus fetiches libremente, su fetiche favorito era el cuero, el olor y textura de dicho material lo fascinaba. En la casa principal, las sillas del comedor estaban tapizadas en vaqueta negra, los sofás eran de cuero curtido al cromo, y hasta las cortinas tenían ribetes de badana oscura. Pero nada lo satisfacía más que vestirse él mismo de pies a cabeza con esa segunda piel. Cada mañana, apenas el sol asomaba por los eucaliptos, el Sr M se ponía sus pantalones de cuero negro de cordero napado.

    Eran ajustados pero flexibles a la vez y se amoldaban a su vientre generoso. El cierre metálico subía lento, con ese “zip” profundo que le erizaba la nuca. Luego venían los guantes, largos, hasta medio antebrazo, de cuero de cabritilla negro brillante, forrados de seda fina. Los deslizaba despacio, dedo por dedo, sintiendo cómo se adherían a su piel, cómo el calor de sus manos los hacía más suaves y vivos. Cuando cerraba el puño, el cuero crujía levemente, un sonido que le llegaba directo a su cerebro.

    Entonces llegó al lado de él, la Sra J, su acompañante y mujer desde hacía varios años, era su espejo perfecto, una mujer grande, de caderas anchas y pechos pesados, tambien fetichista empedernida y había convertido el cuero en su religión, llevaba un vestido negro de cuero de oveja, tan ajustado que cada curva quedaba marcada como en un molde, se veían unos hermosos rollitos en su cintura, la redondez de sus nalgas, el canal profundo entre sus pechos.

    Debajo, ropa interior de cuero del mismo tono, sus piernas metidas dentro de botas altas hasta el muslo. Sus brazos estaban envueltos en guantes que le llegaban casi al codo, del mismo cuero que los de él. Cuando caminaba, el roce de cuero contra cuero producía un susurro constante, como un secreto que solo ellos entendían.

    Aquella mañana ambos estaban de un excelente humor, habían tenido un excelente sexo mañanero en el cual ambos se habían poseído mutuamente, desayunaban esa mañana en el comedor, los dos cubiertos de negro, oliendo la estancia a cuero y a café.

    Al levantarse de la mesa, las manos de él, dentro de esos guantes largos, recorrían la espalda de ella, sintiendo cada costura, cada pliegue. Ella le acariciaba el pecho por encima de la camisa blanca, pero siempre terminaba metiendo los dedos bajo el cinturón de cuero grueso para apretar la carne caliente que había debajo.

    Trabajaban juntos en la hacienda, él dirigía las actividades cotidianas y ella llevaba los libros, ese día habría un gran ajetreo, por cuanto se anunció por el servicio meteorológico que se aproximaba una tempestad de lluvia y viento que duraría varios dias, se ordenó a los trabajadores volvieran a sus hogares, para que se pusieran a recaudo, y ordenó cerrarían las actividades de la hacienda mientras hubiera mal tiempo, asi se despacharon los últimos envíos de la producción de la hacienda, clausurando todo las dependencias antes se hiciera inviable el transitar por los caminos, tambien alcanzo a llegar “un pedido especial”, había solicitado el señor M.

    Sin perjuicio de ello a media tarde, en un momento de calma, se encontraron en la oficina de administración y se abrazaban con fuerza, cuero contra cuero, sudor contra sudor. cerró la puerta de la oficina y ella se arrodillo, abría el cierre de sus pantalones y lamio el miembro ya duro, que estaba envuelto en la suavidad del forro de cuero. Él le levantaba el vestido y la penetraba de pie, sintiendo cómo el cuero de sus guantes se hundía en las caderas anchas de la sra J quien gemía contra su cuello, al terminar el coito, trataron de disimular frente a sus empleados y hasta tarde terminaron los preparativos para la gran tormenta de lluvia se acercaba.

    Al otro día llego efectivamente la tormenta, primero fue un murmullo lejano, luego un tamborileo fuerte sobre los tejados de teja, el señor M estaba solo con su pareja en las estancias, durmiendo en la casa patronal, este salió al exterior de su hogar con la intensión de ver con claridad la tormenta, su indumentaria era completa de cuero, los pantalones, los guantes largos puestos, y una chaqueta, entonces un trueno hizo se rompiera a llover.

    La lluvia caía sobre el cuero negro y lo hacía brillar como obsidiana líquida. Aspiró profundo, aquel olor único, mezcla de agua limpia y cuero curtido, lo volvía loco. Era como si la lluvia despertara al animal dentro de la piel. La señora J lo siguió. Llevaba puesto un largo abrigo de cuero negro hasta los tobillos, abierto, dejando ver pantalones del mismo material debajo. La lluvia le empapó el pelo y corrió por sus guantes hasta las yemas de los dedos. Se encontraron en medio del patio, bajo el agua torrencial. Sus cuerpos pesados y calientes chocando, cuero mojado contra cuero mojado. Para ellos la situación y el olor era embriagador, cuero caliente, lluvia, tierra húmeda, deseo.

    Él la llevó hasta la habitación y sobre el cubrecama empezaron a besarse, como un rito se desprendieron de cada uno de sus ropajes exceptos los guantes, con los que se masturbaron mutuamente. El abrió el cierre de sus pantalones y guion sus manos dentro de ella, ella hizo lo mismo y con sus guantes apretó fuertemente el pene del sr M . Se movieron lento, después rápido, con el ruido de la lluvia como música de fondo y el aroma del cuero mojado llenándoles los pulmones, se desnudaron y empezaron un coito salvaje, el primero sobre ella y después ella se subió, galopando como una posesa, con el ruido de la fuerte lluvia de fondo.

    Cuando llegaron al orgasmo, fue al unísono, a esa altura solo quedaron con sus guantes puestos y siguieron entregándose mutuamente en un frenesí de sexo salvaje, todo bajo la orquesta del ruido de la fuerte lluvia había en el exterior

    Después de terminar, se abrazaron, empapados, oliendo a cuero y a lluvia… Entonces sonó el teléfono, era el vecino de la casa mas próxima, a varios kilómetros, este estaba preocupado, indico que recién hoy había llegado al pueblo más cercano, ubicado a unos 30 kilómetros por caminos de ripio, un medicamento que era esencial para su anciana madre y no había manera de que se le hicieran llegar dado el estado de los camino, le consulto si tenia un medicamento parecido o similar.

    Busco en su botiquín y no había nada, entonces volvió a llamar a su vecino y mientras hablaba con este se le ocurrió la idea y dijo iría a buscar el medicamento al pueblo… la señora J la miro extrañado, cuando corto el teléfono le explico había llegado el encargo ansiaban y pensó sería una buena oportunidad para probar el encargo, ambos se miraron y sonrieron.

    El cielo se había puesto violeta-negro cuando terminaron de vestirse en el garaje de la hacienda. Ninguno de los dos habló, no hacía falta. La lluvia golpeaba con furia el tejado de zinc, un tambor constante que les aceleraba el pulso. El señor M reviso el envio especial, dos trajes completos de motocicleta, el primero se puso el mono completo de cuero negro, hecho a medida, una sola pieza de piel de cordero grueso (1,2 mm), con costuras dobles y forro de satén negro. Subió la cremallera central desde la entrepierna hasta la barbilla con un “zip” largo y definitivo que resonó como un disparo.

    El cuero se pegó de inmediato a su vientre prominente, a sus muslos fuertes, a su sexo ya medio hinchado. Luego las botas que llegaban a sus rodillas y los guantes largos de cabritilla hasta medio antebrazo, pero esta vez metidos por dentro de las mangas y sellados con una cinta de cuero para que ni una gota entrara. Por último, encima la capucha del mono subida y ajustada el casco integral negro, con visor ahumado, entonces apareció detrás de él la ser J convertida en una diosa de cuero mojado, Un catsuit negro puro la envuelve por completo, tan ajustado que parece haber sido vertido sobre su piel aún caliente.

    El material brilla con una luz húmeda y pecaminosa, reflejando cada suspiro de su cuerpo, los pechos altos y firmes se marcan, a cremallera frontal, cerrada hasta el cuello, recorre el centro exacto de su torso como una promesa de lo que podría abrirse. un corsé invisible creado solo por la perfección de sus proporciones y la presión implacable del cuero, que acentuaba sus caderas anchas, redondas, cada glúteo es una esfera perfecta, brillante, que invita a ser tocada… y castigada.

    Sus piernas son interminables, enfundadas en ese negro líquido hasta donde comienzan las botas apretando la caña hasta medio muslo, sus manos enguantadas se elevan lentamente hasta su sien, los dedos estirados en un gesto frío y autoritario, pero el brillo del guante sobre su piel hace que parezca que acaba de acariciar algo (o a alguien) prohibido. El cabello negro, recogido en una coleta altísima. Se colocó el casco, bajó el visor, y con un gesto enguantado le indicó que ya estaba lista.

    Salieron al diluvio, en sus inmensas motocicletas alemanas, que rugieron bajo ellos cuando la encendieron. Entonces salieron hacia el pueblo, al poco andar los dos estaban ya empapados: la lluvia resbalaba por el cuero en ríos brillantes, formando charcos en cada pliegue. Arrancaron. El agua golpeaba como agujas. El cuero, al mojarse, se volvía más pesado, más vivo, más pegado a la piel. Aceleraron por el camino de tierra que bajaba al valle. Cada bache y cada curva hacía crujir el cuero de ambos, un sonido húmedo y obsceno que se mezclaba con el rugido del motor y el latigazo de la lluvia.

    A los diez minutos ya olían exactamente igual: cuero caliente, lluvia y un poco de gasolina. El aroma subía desde sus cuerpos, se metía por las rejillas de ventilación de los cascos y los mareaba de placer. Llegaron al pueblo momento antes de que cerrara el emporio, el dependiente se sorprendió de verlos y cuando le explico a lo que venían se alivió, ya que asi la madre del vecino tendría su medicina durante la tormenta.

    Ya de camino vuelta a la Hacienda, hubo un momento que la lluvia fue muy intensa y se tuvieron que proteger bajo una arboleda, girando hacia un camino secundario, bajo los eucaliptos, en esa espera ocurrió que la sra J deslizó una mano enguantada hacia adelante, bajó la cremallera central del mono de él unos centímetros, metió los dedos y lo abrió. El pene del sr M, al contacto con su mano se puso duro como hierro, saltó dentro del forro de satén empapado. Ella lo apretó, lo acarició lento, el cuero mojado de su guante deslizándose perfecto sobre el cuero interno. La lluvia caía con más fuerza.

    No hablaron y ella se puso de rodillas en el barro, el cuero de sus pantalones crujiendo y salpicando agua. Abrió del todo la cremallera de él, sacó su miembro palpitante y lo tomó en la boca a través del guante, primero lamió el cuero mojado, luego succionó fuerte, el sabor de lluvia y cuero curtido llenándole la lengua. Mas tarde el señor M la levantó, la giró, le abrió el cierre delantero de su traje, le toco el culo grande y redondo y la penetró de una sola embestida, sintiendo cómo el agua furiosa de la lluvia corría entre sus cuerpos, sintió cómo el cuero de sus guantes se hundía en las caderas de ella, cómo sus botas altas resbalaban en el lodo.

    Se movieron con furia, el chaparrón azotándolos, el olor del cuero mojado tan intenso que casi podían morderlo. Cuando llegaron al clímax, fue como si la tormenta misma se corriera con ellos, un trueno retumbó justo cuando él se derramó dentro de ella y ella gritó contra el visor empañado. Se quedaron así un minuto entero, temblando, empapados, abrazados bajo la lluvia torrencial, el cuero pegado a cada centímetro de sus cuerpos y felices por las nuevas sensaciones. Después volvieron a subir a las motos, cerraron cremalleras, ajustaron guantes y cascos.

    El viaje de regreso fue lento, casi ceremonial. La lluvia seguía cayendo, pero ahora era una caricia. El cuero, totalmente empapado, pesaba deliciosamente sobre sus pieles. Cada kilómetro olía más fuerte, brillaba más negro, los abrazaba más. Llegaron a la casa del vecino a media tarde, quien los invito a almorzar, la familia se alegró de verlos y no se extrañaron de sus atuendos ya que conocían sus gustos fetichistas, antes del anochecer volvieron a la hacienda, legaron cuando ya era noche cerrada.

    No se quitaron nada hasta entrar al dormitorio. Allí, bajo la luz cálida de su habitación, se desvistieron lentamente, lamiendo la lluvia y el sudor del cuero del otro, sabiendo que al día siguiente si seguía la tormenta volverían a ponérselo todo otra vez. Porque para ellos no existía mejor clima que la tormenta, ni mejor perfume que el cuero mojado.

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  • El protocolo

    El protocolo

    Andrés, que siempre se enteraba de todo, salió del despacho de don Manuel, el jefe, con cara de alguien que se acaba de enterar de algo muy gordo.

    -Espera. -espetó Juani, la secretaria de toda la vida, agarrándole del brazo.

    -¿qué haces?

    -Y tú, ¿qué escondes? -preguntó la mujer con seguridad.

    Andrés se hizo el loco y comenzó a contar historias para no dormir. Juani frenó la cháchara en seco y exigió la verdad. Al final Andrés, viendo que era inútil seguir fingiendo, decidió hablar. Al fin y al cabo necesitaban a una tercera persona.

    -Ha activado el protocolo -susurró al oído de la secretaria haciéndole cosquillas en la oreja.

    Juani notó el contacto de los labios en la piel, la proximidad, el olor a colonia de varón. Pero el deseo, si lo hubo, duró un instante, ya que en su mente, solo había una palabra, bueno dos, “el protocolo”

    Aquella misma tarde, en secreto, Juani y Andrés fueron convocados por don Manuel.

    Las papeletas, con los nombres de los catorce empleados (incluyendo a los participantes en aquella reunión) se encontraban en la bolsa.

    Bueno, no todas.

    Faltaba la de la empleada número quince, Sonia, la más joven, la más nueva y, porqué no decirlo, la más atractiva de la oficina.

    -Juani, ya que te has apuntado a esto, haz algo y saca una papeleta.

    La aludida metió la mano en la bolsa y sacó un nombre con apellidos.

    -Menudo marrón para Pablo. -comentó Andrés tras leer el nombre de su compañero.

    -Creo que está bastante liado esta semana. -continuó hablando.

    -Pues tendrá que apañárselas. Juani, envíale un correo con la información. Andrés, ayúdame a preparar la habitación. Cuanto antes tengamos listo esto antes…

    Pablo recibió el email a las seis y media de la tarde.

    ¿Y ahora qué pasa? -pensó en alto.

    Su compañera Laura, por suerte, ignoró la queja. Pablo, el pobre, llevaba así toda la semana. Pablo era un tipo con la cabeza amueblada, un poco tímido, pero super resolutivo en todo lo concerniente al trabajo.

    El empleado leyó el encabezado y el remitente. “Urgente, prioridad máxima” . Don Manuel, alias su jefe.

    Durante unos segundos pensó en lo peor, luego leyó y se relajó un poco. Al menos no era él.

    -Me voy a casa. -anunció.

    Laura levantó la cabeza.

    -¿ocurre algo?

    -No, simplemente que el idiota de Andrés no deja que me concentre. -improvisó.

    Laura meneó la cabeza y sonrió tragándose la mentira.

    Pablo no solía mentir. Pero el protocolo obligaba a ello.

    Ya en casa recibió la llamada de don Manuel.

    -Sonia la ha cagado -empezó sin miramientos.

    Las demás palabras explicaban como un cliente estaba en el alambre a causa del error de la joven. El resto de la historia, no hacía falta contarla.

    Pablo, después de imaginar la escena en el despacho de su jefe, leyó el manual con atención. Era muy detallado. Tenía hasta un apartado con “cosas que podían pasar”.

    Aquella noche el empleado tardó en conciliar el sueño. No podía quitarse de la cabeza a Sonia. Sonia, la chica nueva, la tía buena, la popular, la… no estaba siendo justo con ella, no podía imaginarse que estaría pasando por su cabeza en aquel momento. La decisión había sido suya pero… no era tan sencillo.

    -Son las siete de la tarde. Sonia, mayor de edad, consiente. -comenzó a leer Pablo en presencia, como testigos, de Andrés y Juani.

    La cámara conectada al portátil enviaba las imágenes encriptadas con la última tecnología al centro de control y justicia. Allí, por ley, permanecerían quince días para atender reclamaciones o ser inspeccionados por personal autorizado antes de ser borradas para siempre.

    Sonia estaba serena aparentemente. La procesión iba por dentro.

    “Está igual de guapa que siempre y además es valiente” pensó Andrés con admiración.

    -¿Algo que objetar? -dijo Pablo concluyendo el texto legal.

    Nadie dijo nada.

    -Entonces podemos empezar, Sonia, quíte…

    -El baño. -interrumpió Juani.

    -Perdón, los nervios. ¿Desea usar el baño? -rectificó Pablo.

    Sonia asintió y se cerró en el lavabo.

    Juani, incapaz de estar callada, comentó en voz alta.

    -¿No te has leído el manual?

    Y luego susurró algo en el oído de Andrés y ambos se permitieron unas risas.

    -¿Qué os hace gracia? -respondió Pablo muy serio.

    Nada, nada… solo hablábamos de viento…

    Pablo, inconscientemente, se ruborizó. El manual hablaba de la posibilidad de que, debido a la naturaleza del proceso, el individuo en cuestión pudiese orinar o dejar escapar aire involuntariamente.

    Sonia salió del baño.

    Pablo tomó asiento en una silla y dijo.

    -Bájese los pantalones y las bragas y acuéstese boca abajo sobre mis piernas.

    Sonia se ruborizó, respiró para controlar los nervios y tras unos instantes obedeció.

    Pablo azotó con la palma de su mano el trasero de su compañera de trabajo a modo de calentamiento hasta que las nalgas tomaron algo de color.

    Acabada la primera fase, la chica se incorporó, cubriendo su desnudez.

    -Ahora procederemos con el castigo. Juani, acomode a Sonia sobre el potro y asegure que muñecas y tobillos quedan atados. Andrés, traiga la vara.

    Segundos después, inclinada y atada al potro, Sonia aguardaba el comienzo.

    Pablo, siguiendo el reglamento, descubrió de nuevo el culo de la mujer. Era importante monitorizar el daño causado en la piel.

    La vara silbó en el aire dos veces haciendo que las nalgas de la joven se contrajesen de manera refleja.

    -Serán quince. -anunció Pablo antes de que el primer latigazo marcase el trasero de Sonia.

    Sonia apretó los labios, dispuesta a sufrir en silencio, con dignidad.

    Casi lo consigue.

    Cinco días después Juani sacó el tema.

    Pablo, después de asegurarse que nadie oía respondió.

    -¿Qué opino? Pues mira, eso del consentimiento es importante pero… pero acaso tienes alternativa. Quizás tú o yo u otro sí… o quizá no. Conseguir un trabajo no es sencillo hoy en día. Sonia es una mujer responsable y trabajadora que quizás, no lo sé, ha tenido que pelear para llegar aquí… un error lo tiene cualquiera… ¿qué si yo lo haría? No sé, no he estado ahí… quizás. Lo que no tengo tan claro es eso de ser tan valiente como ella… seguro que yo perdería la dignidad antes… me refiero al dolor.

    Ya. -dijo Juani.

    Cristina pasó por delante de ellos segundos después.

    Nadie la miró. Cristina era invisible.

    No hablaba mucho.

    Vestía ropas amplias.

    El peinado no la favorecía. Era la amiga de las máquinas, la informática.

    Nadie la miró aquel día.

    Ni cinco días atrás.

    Había estado en la habitación, fuera, oyéndolo todo y viéndolo todo por el ojo de la cerradura.

    Había visto el culo de la azotada.

    Había deslizado su mano y frotado sus partes íntimas.

    Había hecho coincidir sus gemidos con el golpe de la vara.

    Técnicamente el proceso tenía que haber sido secreto. Obviamente alguien se había equivocado.

    Una llamada anónima, una inspección de la autoridad competente y Andrés y Juani se verían en la tesitura de elegir.

    Cristina no era una buena persona, tampoco mala. Solamente era alguien a la que le gustaba mirar y observar cosas guarras.

    Imaginó a Andrés y Juani con el culo al aire.

    Solo tenía que marcar el número. Llamada anónima… tan fácil.

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  • Mi mujer se coge a mi vecino y a su nuevo amante

    Mi mujer se coge a mi vecino y a su nuevo amante

    Veo los videos y me pongo al palo. Luli montando a Kevin mientras el Justi la filma cómo jadea y se menea poseída por un frenesí erótico. Sin dejar de cabalgar sobre su mancebo, mi mujer se voltea y le pide al Justi que se acerque. Sin dejar de menearse sobre Kevin, mi nujer le agarra la poronga a mi vecino y amigo y se la lleva a la boca. No puede con todo, así que hunde su concha empapada en la pija del jardinero y deja que la embista por debajo.

    Kevin le chupa las tetas como un bebé hambriento, Luli aferra la verga del Justi y le chupe el glande, el prepucio, lame su tronco hasta los huevos, se solaza chupando los huevos adamascados del Justi, vuelve a lamer el tronco de la verga de mi vecino y mete el glande entre sus labios que lo van succionando lentamente mirándolo a los ojos. Se va tragando la verga hasta que su nariz le toca la pelvis, se nota cómo su lengua juguetea con toda la poronga dentro de la boca.

    El Justi la toma suavemente de la cabeza y la coge oralmkente, ella se deleita, goza como perra en celo, se quita la poronga de la boca y tiene un neuvo orgasmo. Con lujuria, acerca la pija de mi amigo a la boca de Kevin y lo incita a chuparla también. Loco de deseo, el jardinero se deja llevar y besa el glande del Justi, la boca de mi mujer y comparten la verga apasionadamente. Kevin acaba dentro de la concha de mi mujer jadeando intensamente con la boca bien abierta. Se calma y vuelve a chupar la pija de mi amigo, intercalando con mi mujer. Luli le pide al Justi que se la ponga también.

    -¡Cogeme, puto!

    Kevin tiene la pija ligeramente curvada hacia arriba, como pude comprobar cuando se la chupé hasta el mango dias antes, junto a la de su primo, Many (es otra historia). El Justi tiene la poronga casi recta, no tan gruesa pero sí de unos 17 centímetros (se la medí cuando estuvimos cogiendo en su cama para saber cuántos centímetros me podía tragar entera hasta su pubis).

    El Justi se acerca y apoya el glande en la parte superior de la entrada de la vagina chorreante de Luli. La toma de la cintura con una mano y frena su meneo. Dirige su pija por encima de la verga de Kevin y la va penetrando muy despacio, ayudándose con la mano. Acerca bien el celular y noto cómo va entrando, mientras mi mujer berrea como una cabra en celo.

    Cuando tiene las dos pijas dentro de la concha, Luli no se mueve, no atina a nada, solo abre la boca, extasiada de placer.. Kevin le come los pechos con lujuria. Él está sintiendo además, el roce de su poronga con la del Justi dentro de la húmeda cavidad de mi mujer y eso lo enloquece. Luli toma de la cabeza al pendejo, lo mira a los ojos unos segundos y lo besa desesperadamente.

    El Justi la empieza a bombear, mi esposa goza sin freno con la cogida y tiene varios orgasmos en cadena. Retoma su meneo, algo limitado por las dos pijas que la están horadando pero galopa a sus sementales de todos modos. Se estremece, pide más pija, Kevin acaba jadeando con alaridos sofocados por los chupones de mi mujer, llenando de leche su vagina empapada de los jugos de los tres.

    El Justi saca su verga de la concha de Luli y apunta su glande chorreante de la leche de Kevin al rosado ano de mi caliente esposa. La penetra lentamente, centímetro a centímetro. Luli se arquea pero empuja su hermoso trasero hacia el cuerpo de mi amigo, logrando que le entre toda la poronga, lanza un grito ahogado y sigue empujando para atrás.

    El Justi la embiste gradualmente, en un infernal pone y saca, le pasa el celular a Kevin y capta toda la escena. Luli mira al celular, se muerde los labios, se relame, vocaliza hacia la cámara:

    -¿Te gusta?

    -Sí, ¡puta!, digo yo mirando la grabación, sabiendo que no me puede oír.

    -Me gusta coger con ellos, me gusta muuuchooo, berrea entre jadeos y gemidos.

    No para de menearse y cabalgar. Kevin parece que siempre tuvo la pija parada y cuando el Justi la coge bien a fondo por el culo, el jardinero, como un potro alzado se vuelve a correr. Mi amigo acaba dentro del culo de mi mujer y ella vuelve a tener otro orgasmo múltiple aferrando la nalga de mi vecino y apoyada en el pecho de Kevin, sin dejar de menearse. Termina desplomándose sobre su joven amante, jadeando y feliz.

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  • De visita en su trabajo

    De visita en su trabajo

    Quedamos de vernos un día, pero siempre ocurrían situaciones que hacían imposible vernos, pero en una ocasión quedamos de acuerdo en que yo iría a verla a su trabajo.

    Ella mi rubia Macarena, con su piel blanca, sus labios para comérselos a besos, sus tetas y su buen culo me movían para ir a verla, aunque sea unas horas, sabía que habría algo más que unos buenos besos y sus buenas caricias.

    ¿Dónde estás? Le pregunto a través de un mensaje, por lo que me contesta que está saliendo de su casa. Unos días antes me dice que tenía que a ir a su trabajo por unas horas a cumplir con unos inventarios y que tenía que entregarlos en 3 días mas, yo le digo que me espere porque iba a ir a verla a su trabajo. Yo tenía libre esa mañana y que sería muy bonito y rico verla siquiera unos minutos.

    Yapo me dice, te espero por acá.

    Al llegar estaciono el auto me está esperando en su oficina, había un escritorio, nada de lo normal. Nos saludamos con un beso suave, tranquilos, ¿cómo estás? Me dice. Yo bien. Pasé a verte un ratito, ojalá que tu estés bien.

    Después de conversar sobre algunas cosas le dije si me emprestaba un pequeño lugar para ver unas cosas en mi computadora, me dice allí ponte, me siento y al rato siento el calor de su cuerpo detrás de mi, me besa por detrás, nos abrazamos y se va a su escritorio. Al rato se sienta y voy a su lugar ella se para y se pone al lado del escritorio. Sabíamos a que iba a ir a buscar más que un beso. Ella de espaldas la abrazo por detrás, andaba con un chaleco de hilo muy lindo donde se le notaba lo duro de sus tetas y sus pezones. Una calza color negra ajustada a su cuerpo que se siente el calor de su piel. La tomo de la cintura y comienzo a besarle el cuello mientras voy subiendo por su cintura hacia sus tetas.

    Uff que ricas y abrigadas tienes tus manos mi amor, me dice… yo le digo gracias por tu piel cosita rica, te voy a besar toda… uhhh que rico me dice.

    La beso por el cuello, la parte de atrás de sus orejas y voy hasta sus tetas y se las masajeo por debajo del chaleco. No se había puesto sostenes, soltó una sonrisa picarona, eso me calentó mucho más la voy vuelta y ella se pone contra la pared.

    Con una sonrisa caliente, me toma del cuello yo salvajemente me la beso toda, a morderle los labios, el cuello. La arrincone contra la pared y una mano se fue a las tetas y la otra hacia su vagina sobre la calza.

    Ella soltó un gemido y me apretaba el pene contra su cuerpo, con las dos manos le hice masajes a sus tetas mientras le besaba el cuello. Ella con su mano me refregaba el pene por encima del pantalón.

    Fui a sus pezones allí estábamos gimiendo comiéndome los pezones cuando mi rubia se da vuelta, se pone contra la pared, yo la tomo de la cintura y cargo mi cuerpo sobre su culo, le bajo la parte de la calza un poco y le pregunto… ¿que color? Ella me responde: azul, son los que me compraste, solo para ti cosita rica, le doy unos besos en el cuello y le digo al oído: ¿por qué rechucha soy tan puta? me vuelves loco así (unas semanas antes le había regalado unos colales hilo abiertos abajo en la entrepierna forma de mariposa jejeje).

    Entonces soltó una risa, abrió los brazos como diciendo haz lo que te plazca y le bajo la calza y la dejo en solo colales. Se giró y me besó a la vez que su mano agarraba mi pico sobre el pantalón. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y baja con sus manos y me baja el pantalón y quedamos allí, desnudos de la cintura hacia abajo.

    Entonces ella se agachó y me tomo el pene y me la agarró con su mano y la meneaba de arriba abajo al punto que le apunté para que me la chupara, la tomé de la cabeza dirigiéndomela y se la metió en la boca, la sensación fue más que rica como siempre genial con ganas de acabarle en la boca allí pero no quería que aquello terminase.

    Ella la tenía en la boca, la sacaba, la probaba, me miraba con ganas yo la tenía sostenida la cabeza dirigiéndole el ritmo, sabía como hacer un rico oral y ella lo sabía, hasta que la separé de la boca, se subió sobre el escritorio, se abrió de piernas y me fui a su zorra, mojadisima.

    Ahora te toca a ti le dije.

    Me fui sobre ella, le saque el chaleco y quedó son solo el colales puesto, le chupe las tetas, sus pezones le di pequeños mordiscos ella gemía y a retorcerse sobre el escritorio por que iba de un pezón a otro y fui bajando mi mano hasta meterla entre sus piernas, le abrí los labios, estaba mojadisima, la tenía caliente, me metí un dedo y le di un mete saca riquísimo.

    Con mis besos llegué hasta sus piernas, ella más se abrió y pase mi lengua saboreando sus jugos, ella gemía, yo seguía chupando y mi lengua trataba de penetrarla ella me agarraba de la cabeza y me apretaba contra su vagina para que no dejase de chupar, se la chupe toda y me fui a su clítoris en círculos un buen rato, subí hasta su boca, nos besamos, me saco la polera y me tomó el pico y se lo puso a la entrada de su vagina, un movimiento hacia delante de ambos y adentro, su vagina estaba caliente, mojadisimos estábamos.

    Comenzamos a movernos con suavidad haciendo círculos mientras yo la agarraba de la cintura y me acercaba sus tetas para chuparselas.

    Ella cada vez gemía más y seguía aumentando el ritmo, nos seguíamos dando y ella seguía gimiendo, los besos eran más duros, más fuertes hasta que nos separamos y le dije: Intentemos de otra manera le dije… alguna idea me dijo ella… Había una silla y le dije, ven.

    Intentemos con la silla. Me senté en una silla y ella vino hacia mí.

    Después de un intento logramos alinearnos, le dirigí la verga a su vagina, ella se movió y se acomodó un poco de todo lo mojada que estaba, ella la sintió en su entrada y se sentó sobre mi…

    Al principio nos costó un poco y nos fuimos acomodarnos mejor, lo más rico es que me calentaba el triángulo del colales, ver eso es lo más rico que hay y se lo dije.

    Al rato nos dejamos llevar, ella comenzó a flotarse sobre mi pene con movimientos circulares y después arriba y abajo. Yo la tome de la pelvis, pero tan pronto como empezó a frotarse con más fuerza y rapidez, la penetré firme y apreté fuerte para que ella la frotarse de arriba y abajo pueda tocar la parte de arriba y atrás de su vagina…

    Mi rubia gemía entrecortado como disfrutando la posición, sus movimientos circulares me daban contracciones en el pico yo disfrutaba de esa zorra mojada, caliente, que rico me decía… eso… tómame firme por favor, me decía.

    Le corrí la punta del colales del triángulo y de los sujetadores hacia el lado pero no había necesidad, le tenía todo el pico adentro y ella se movía de arriba abajo como si quisiera sacarme el chuto de mi cuerpo y metérsela toda, eran sensaciones nuevas, me encantaba y me calentaba tenérsela dura adentro, la tome de los muslos, unos ligeros agarrones en su espalda y su culo, oh que rico me dijo, tómame duro, al decir eso me calenté y sentí algo que iba a salir por la punta del pene, ella gemía, la apreté firme y siento que le lleno la zorra de semen caliente.. ella se movía, se movía y entre cortada su respiración. ¡ohh que rico! me dijo

    Cuando dejamos de movernos le pregunte, ¿acabaste? Ella me dice siii… súper rico… aun me dura el orgasmo me dijo, soltamos una pequeña risa, al tiempo que se levantó un poco y trató de equilibrarse, tenía la piel erizada, comprobé que había acabado muy rico…

    Yo no podía creerlo, le dije acabaste rico entonces. sí me dijo. fue súper diferente, lo había hecho de esta manera, pero no tan rico como ahora, fue rico en esta posición, sentí muchas más cosas, me apretarse rico, me moví rico, me tomaste firme y eso me calentó. Yo le dije, entonces fijo que con el sillón curvo la hacemos más rico aun, mientras le besaba el culo y la espalda, si me dijo ella. Hay que probar. Me encantaría mi amor.

    Nos vestimos, unos ricos besos ricos por allí pero quedamos con ganas de más.

    Al venirme me llega un mensaje de wasap: ¿te diste cuenta? En el escritorio me faltaban los puros tacones. Estaba en pelota para ti. Quiero darte ese regalo. Te amo.

    Me lo debes ehhh… Te amo le respondí… ya será ese día.

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  • Madrugada en el río

    Madrugada en el río

    Hay risas de madrugada

    y el cerro se ha sorprendido.

    Está fresco, es primavera.

    ¿Mayo? Casi: abril tardío.

    Despedazando en sus dedos

    blancas flores de guajillo,

    Cristina y Estefanía

    van abriéndose camino

    entre matas y entre charcos,

    persiguiéndose hasta el río.

    Los pies, hartos de torcerse;

    los huaraches, ya salidos.

    Cuando llegan a la orilla

    que se habían establecido

    como meta en la carrera

    que ningún árbitro ha visto,

    se agarran y jalonean,

    queriendo tirarse al río,

    lanzandose obscenidades

    que hace mucho oyó mi oído,

    en un español cantado

    que tenía un sabor de siglos.

    Cristina vence a su amiga

    poniendo un pie a su tobillo;

    pero Estefanía la agarra.

    «¿Caigo yo? ¡Tú caes conmigo!»,

    dice y cumple… y es verdad:

    su caer es compartido.

    Si Estefanía cae de espaldas,

    da a su amiga un suave piso,

    y Cristina, entre sus brazos,

    cuida nuca, espalda e ílion.

    La caída que las moja

    les pone un color más vivo.

    Son dos muchachas morenas;

    el cabello, entretejido,

    les hace olas en la trenza:

    onda en onda y río en río.

    Llevan dos blusitas blancas,

    no sé decir de qué hilos;

    sé —a juzgar por los colores

    y las formas que distingo—

    que el agua las transparenta

    y que las traspasa el frío.

    En las piernas llevan una

    falda azul, de dobladillo

    más apto para correr

    que para misa y domingo.

    Ahora están, sin más, descalzas:

    que el voraz lecho del río

    se ha comido esos huaraches

    ya bastante descosidos.

    Cristina tiene ojos grandes

    y nariz de botoncito;

    labios gruesos, pies delgados;

    muslos duros, definidos;

    pechos en forma de gotas,

    turgentes, hinchados, vivos,

    entre dos brazos robustos

    por cargar agua del río.

    Estefanía es delicada:

    no es muy dada al ejercicio:

    brazos sueltos, muslos suaves,

    sonrientes labios rojizos

    de beber, siempre que pueden,

    fría jamaica y tamarindo.

    Sus pechos son más pequeños,

    porque Dios juzgó atrevido

    juntar demasiados dones

    con su ser antojadizo.

    “Quedadas” para sus padres;

    para el cura “gran peligro”;

    envidia de sus hermanas,

    obsesión de sus amigos,

    se han lanzado esta mañana

    para correr los caminos

    que conocen. ¿Que por qué?

    Porque pueden y han querido.

    Y ahora que, en el río, mojadas

    una en otra se han caído,

    ¿qué más queda? Están tan cerca

    y el sereno está tan frío

    que no hay nada más deseable

    que un beso que les de abrigo.

    Y no es que lo duden mucho:

    ya conocen el camino.

    Labio sobre labio apenas,

    rozando con vaho gemido,

    poco a poco se conectan

    las bocas y los sentidos.

    Y salen a tierra un poco,

    donde estorban los vestidos:

    se va la falda pequeña,

    las blusas y los corpiños.

    Besa Estefanía los pechos,

    sus rincones escondidos

    su pezón difuso y pardo,

    su reflejo humedecido.

    Ama Cristina los muslos

    de su amiga, sus bracitos,

    sus labios, rojos de besos,

    y sus gestos pervertidos.

    ¿Son lesbianas?, te preguntas.

    ¡No conoces este sitio!

    En el pueblo aislado y viejo

    donde las dos han crecido

    no hay palabras ni señales

    para hablar de lesbianismo.

    Hay historias de mujeres

    que nos cuentan los castigos

    de acostarse con los hombres

    o de no encontrar marido,

    pero ¿qué es un solo beso,

    beso tierno, beso amigo,

    entre dos mujeres grandes

    que no tienen compromisos?

    ¡Malo si fueran dos hombres!

    ¡O una mujer y el marido

    de otra! ¡O con el cura, Dios!

    ¡O si fuera con tu primo!

    Pero ¿qué son dos mujeres

    que conocen los caminos

    que, bajando por el monte,

    las conducen hasta el río?

    No hay un nombre para eso;

    si lo había, se habrá perdido.

    «¡No la cima! Ve despacio,

    porque está resbaladizo.

    Siente cada recoveco,

    busca por dónde es más liso.

    Cuando llegues a la orilla

    toma un cántaro del río

    y riega con él las tierras

    que sientas que no han bebido.»

    «Εntra un poco, amiga mía.

    Se está muy bien en el río.

    Dale a tus dedos inquietos

    un baño calmado y tibio»

    Así se complacen ellas

    masturbándose en el río.

    Si les da tiempo y si quieren,

    quizá hasta incluya su idilio

    lo que tú llamas “tijeras”

    y en su idioma compartido es:

    «echa rosa sobre rosa,

    y rocío sobre rocío»

    Ya no están. Ya no se escuchan.

    Sale el sol. Un satirillo

    de pelo rojizo y crespo,

    que ayer se quedó dormido

    por entre las enroscadas,

    blancas ramas del guajillo,

    hoy, al despertar tan tarde,

    tristemente sólo ha visto

    cortadas las tiernas flores

    que él regó con mil suspiros.

    «¿Qué es esta cosa?», se dice,

    estrujando confundido

    el brasier de Estefanía

    que, en sus aguas, trajo el río.

    Llora, sátiro, tus flores;

    llora el “¡uff!” que te has perdido.

    Los popotes de tu flauta

    ya casi no dan sonido.

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  • Julia, la farmacéutica (5): Cuenta su servicio muy, muy especial

    Julia, la farmacéutica (5): Cuenta su servicio muy, muy especial

    En lugar de ir a la carpintería, me paso la mañana dando vueltas cerca de la farmacia hasta que veo que don Boscos sale y se aleja. Es mi ocasión de poder ver a Julia sin que él se enfade conmigo y con ella si ve que voy solo para verla.

    En la farmacia hay tres clientes y yo hago como que me pongo a la cola. Julia me sonríe y me guiña un ojo. Entra una señora después de mí y, al cabo de unos minutos, otra mujer, esta vez con dos niños. Mientras despacha, disimuladamente se desabrocha un botón de la bata para que yo pueda intuir algo el inicio de sus pechos. Julia va vendiendo lo que sea y cuando es mi turno, dejo que pasen las dos señoras delante de mí y les digo que ya me espero, que no tengo prisa, aunque me preocupa que vuelva el farmacéutico antes de que yo pueda hablar con Julia. Una me mira bastante mal y también a la farmacéutica y pienso que quizá sabe a qué se dedica ella en la farmacia además de vender medicinas.

    Por suerte, no entra nadie más de momento.

    -Hola, don carpintero. ¿Acaso ya tiene usted dinero? ¡Qué bien! – se desabrocha el siguiente botón de la batita, me abraza y da un paso hacia a la sala contigua. Yo aprovecho para mirarle el culo que adivino bajo la bata tan corta.

    -Pues no, Julia.

    -¿A no? ¡Oh, vaya disgusto! Yo, al verle entrar, he pensado que usted y yo, por fin, hoy podríamos… -se abrocha un botón de los que se había desabrochado.

    -Bueno, si usted quiere, igualmente podemos…

    -No, no, si usted no puede pagar ¡pues nada!

    -Ya le dije que hasta finales de semana yo no…

    -Sí, pero, bueno, pensé que quizá ya hoy… -se abrocha todos los botones de la batita -Es que ya sabe que precisamente estaré unos días sin poder venir a trabajar.

    -Sí, ya, se debe ausentar. Por algo de un servicio muy, muy especial, me dijo.

    -Sí, pero que muy especial. Me da algo de apuro. Según cómo, podría parecer que yo… en fin. Bueno, oiga, si no tiene dinero ¿a qué vino usted?

    -Precisamente para… para que usted me cuente…

    -¿Qué?

    -Ayer me dijo que había hecho tres servicios muy, muy especiales, pero usted solo…

    -Ah, sí. Solo le conté los dos primeros.

    -¿Qué hizo usted en el tercero? ¡Me explicó que había cobrado veinte mil euros!

    -Sí, la verdad es que nos vinieron muy bien. ¡No sabe usted lo contento que se puso mi marido al ver que don Boscos me ingresó dieciséis mil euros extra!

    -Claro, no me extraña. ¿Y él, su esposo, no se extraña de que usted cobre tanto?

    -No, él contento. A ver, yo no me meto en su trabajo y él tampoco en el mío. Además, como desde hace un tiempo, gracias a mí, las cosas nos van tan bien económicamente. Y también muy bien en lo que atañe al sexo…

    -¿A sí? Ya. Me dijo usted que él… bueno… que ahora le gusta… a él…

    -Sí, sí, darme porculo, ya lo puede usted decir. Bueno, y a mí también, no crea. Desde que practiqué el sexo anal aquí en la farmacia, primero con el jefe y después con los clientes que pagan más, que me gusta que me la metan en el culo.

    -A mí me gustaría…

    -¡Ya, seguro que sí, don carpintero, ja, ja, ja! Pero me temo que usted no… que no le sería fácil llegar a poder pagar lo dos mil euros.

    -Difícil, sí – admito.

    -Y eso que me gustaría que usted, ay, me da vergüenza, pero es que es así, que me enculara y se corriera dentro de mí. Que me llenara el culo con su lefa caliente.

    -Si usted quisiera, yo… -mi erección parece que vaya a romper el pantalón.

    -Solo si usted paga por el servicio. Si no, me parecería que soy infiel a mi marido, por vicio. ¡Uy, un cliente! Espere un momento a que lo atienda y vuelvo con usted.

    -Sí, sí, haga, haga.

    Julia atiende a varios clientes hasta que puede volver a charlar conmigo. Por suerte compran poca cosa y enseguida vuelve.

    -Mejor que se vaya, don carpintero, que don Boscos estará por llegar.

    -Espere, mujer. Me gustaría saber qué… en qué consistió el tercer servicio, ese tan especial.

    -¡Qué curioso es usted!

    -Es que, por veinte mil euros, no sé… ¡es mucho dinero! ¿Qué tuvo usted que hacer? ¿o qué le hicieron?

    -¡Me parece, don carpintero, que usted es muy morboso!

    -No, es solo que…

    -Mire, me da vergüenza contarlo, pero sé que puedo confiar en usted…

    -Sí, claro, mujer.

    -Pues va, se lo voy a decir. Espero que usted no… que no me juzgue mal… que no me pierda el respeto…

    -¡Julia, eso nunca! – aunque la verdad es que cada vez veo más claro que esta farmacéutica está hecha una buena puta – Somos amigos, usted y yo ¿verdad?

    -Sí, buenos amigos. Usted sabe que todo lo hago por dinero, solo por eso. Tenemos tres hijos. ¡Muchos gastos! Y, además, nos gusta vivir bien, esa es la verdad. Yo desde niña que he sido muy rica. Pero desde que me enamoré y me casé con Ramón, pues íbamos mal de dinero. Y claro, ahora debo aprovechar la oportunidad.

    -Lógico.

    -Bueno, y la suerte es que, usted ya sabe que yo… bueno… que disfruto cuando hago… cuando estoy con… los clientes especiales.

    -Sí, eso, que a usted… que también le guste… debe ser una suerte, claro.

    -Me gusta hacer este servicio especial. Me siento deseada, querida, incluso admirada y amada. Y me excito y a menudo me corro. Bueno, pero porque ellos me tratan bien, la verdad. Si no, no…

    -Obvio.

    -Quiero decir que no estoy con cualquiera, solo con clientes que don Boscos sabe que son buena gente.

    -Y que pueden pagar.

    -Hombre, claro, si no, nada.

    -Ya, ya.

    -¡Verá qué bien lo pasaremos usted y yo cuando tenga el dinero!

    -¡Lo estoy deseando! Casi no gasto nada para mí, solo para mis hijas, lo imprescindible.

    -Bien hecho.

    -Oiga, quisiera que me contara… usted ya sabe… ese tercer servicio tan, tan especial.

    -A sí, hace un mes. Don Boscos me convenció para hacerlo, algo muy especial. A mí medaba reparo, incluso algo de temor. Era fuera de la tienda y con unos desconocidos, más de dos o tres. Él me dijo que podía estar tranquila, que eran buena gente, que él los conocía desde hacía años. Aunque no son clientes de la farmacia.

    -¿Y qué? ¿Qué pasó?

    -Yo tuve que ir a la dirección que me dio don Boscos. Era un piso cerca de aquí, en una calle de gente adinerada. Eso me daba una cierta tranquilidad.

    -Entiendo.

    -Esa tarde no tuve que venir a la farmacia. Mi jefe me dio unas instrucciones muy precisas de lo que había pedido el cliente que contrató mis servicios. Claro, por veinte mil euros, quería que todo saliera bien.

    -Es normal, por tanto dinero.

    -Pues sí, me dijo don Boscos que me debía presentar vestida muy elegante, de señora educada, pero que, por debajo, debía vestir como… como una fulana, vaya.

    -¡Oh!

    -Así que me compré ropa interior muy sexy, muy cara, pero muy de putilla. Después de comer y cuando mi esposo se fue, me puse las medias negras de rejilla hasta la rodilla, el liguero, el tanga minúsculo, el sostén casi inexistente pero que realzaba mi pecho… Era lencería muy cara, pero, en fin. Bueno, después la pudo disfrutar mi marido. Desde entonces, él siempre quiere que yo, los sábados…

    -Ya.

    -Se lo imagina, ¿verdad? Ramón me hace poner esa ropa de pilingui y… ¡venga a darme porculo!

    -¡Todos los sábados!

    -Sí, bueno, menos este sábado pasado que yo, ya sabe, tenía el ano escocido, muy irritado y no… no dejé que él…

    -Ya, claro.

    -¡Por culpa de don Boscos!

    -Sí, no se portó bien con usted, Julia.

    -No, nada bien. Es que se enfadó porque estaba con usted a esa hora y… bueno, pues me presenté a ese piso vestida muy elegante pero debajo con lencería de puta fina. Ya le digo, yo ya sabía a qué iba porque don Boscos me lo había explicado todo y dado instrucciones de qué debía hacer y qué no. La verdad es que estaba nerviosa y entre excitada y asustada.

    -Claro, si habría más de un hombre…

    -¡Uy, sí, muchos más!

    -Ya.

    “Me abrió la puerta un caballero de unos cincuenta años que me saludó muy educadamente. Me dijo que se llamaba Gustavo y me agradeció que hubiera aceptado el trato. Al entrar, me reciben con aplausos y silbidos. ¡Había seis hombres en la casa! Eran de distintas edades, pero todos se veían gente educada, caballeros. Gustavo me presentó:

    -Bueno, amigos, aquí tenemos a Juli. Como veis, una auténtica milf. ¿A que no os engañé?

    Todos asintieron y dejaron claro que yo les gustaba. Eso me halagó. A ver, sé que soy una mujer atractiva y que estoy bastante buena, pero no ignoro que no soy una jovencita. Además, he tenido tres hijos.

    -Julia, usted está muy bien, la encuentro muy, muy deseable.

    -Gracias, don carpintero, es usted muy amable. Por suerte, a ellos también les agradé.

    “Bueno, los caballeros me saludaron alegres, uno a uno se fue acercando a darme dos besos. Alguno se apretó demasiado, pero bueno, lo encontré normal. Primero tomamos champán y algunas pastas y conversamos animadamente. Después empecé mi show. Pusieron música e hice un estriptís ante todos. Yo hace unos años no habría sabido ni como empezar, pero ahora, bueno, la verdad, he hecho muchos estriptises aquí en la farmacia. Cuando quedé solo con ropa interior, los silbidos y piropos aumentaron de volumen, claro. Y ya se puede imaginar cuando me bajaba las medias sensualmente, cuando me fui quitando eróticamente las braguitas…

    -Oiga, ¿y no le daba cosa, así, delante de tantos hombres…?

    -Sí, pero también, me excitaba, la verdad. Y no podía negarme. Era mucho dinero. Sabía a lo qué iba. Y ellos, aunque me decían cosas y me silbaban y eso, no eran mal educados ni me hacían sentir mal. Al contrario, me sentía admirada y deseada. Así que seguí mi show, con posturitas, meneando las caderas, el culo, ya casi completamente desnuda, sin bragas ni nada, solo con el sostén y el liguero… Todos gritaban, me vitoreaban. Yo me sentía como una estrella. Alguno se me acercaba, pero yo debía decirle que no me tocara y los demás lo agarraban y lo apartaban, todo en plan risas y alegría, de buen rollo. La verdad es que yo me estaba poniendo muy caliente y reconozco que deseaba que alguno me follara ahí mismo. Pero don Boscos me dejó muy claro que no debía dejar que me tocaran. Bueno, no en ese momento.

    -¿A no?

    -Todavía, no.

    -¡Ah!

    -Yo seguí con el baile, las posturas… La temperatura subió aún más cuando me puse de espaldas. Yo sabía que todos me miraban el culo desnudo. Me quité sensualmente el sostén, lo lancé a uno de mis admiradores y me giré, ante ellos tapándome las tetas y, al final, después de algunos movimientos sensuales, se las muestro, claro, poco a poco, ahora sí, ahora no. Noté que me admiraban los pechos y eso me halagaba. ¡A ver, es que he dado de mamar a mis tres hijos! Pero sí, me parece que mis tetas aún son muy deseables.

    -¡Por supuesto, Julia!

    -Así que yo deseaba ofrecer mis pechos para que alguno me los tocara y me los mamara, la verdad. Notaba que los pezones se endurecían. Disimulando, miraba sus paquetes y temía que alguno iba a explotar en su pantalón. Y más cuando me acaricié los labios del chichi con un dedo y después lo olí i lo lamí. Y todavía más al ponerme de espaldas, reposar mis codos en un sofá y mostrar a todos mi culo y mi coño que sabía chorreante. Deseaba que todos se dieran cuenta de que mi vagina rezumaba, aunque eso no estaba en las instrucciones, digamos que improvisé, je, je, je. Pero me encantaba y me daba morbo que vieran que estaba mojada, no sé. Oí que alguno reía y decía algo de que mi chocho chorreaba y que vaya puta estaba hecha y que pobre mi marido cornudo, pero no lo decía con mala leche. En ese momento sonó el timbre. Pensé que sería otro hombre y no me extrañó porque don Boscos me había dicho que serían siete.

    -“Espere, señora, debe ser Esteban. No se levante, no, está bien así.”, me dijo Gustavo. Y yo me quedé en la postura, en pompa ante todos. Sabía que no podía ser, pero deseaba que alguno se acercara, se sacara el miembro y me follara. “Ya puede continuar” me dijo Gustavo cuando volvió. Es quien parecía llevar la voz cantante y supongo quien hizo tratos con mi jefe. Así que seguí meneando el culo al ritmo de la música. Muy sensual. Me metí un dedo en el ano y también lo olí. Ellos me vitorearon cuando me puse otros dos en el chirri y luego dos de la otra mano en el culo y los movía dentro de mí. Creo que yo estaba más excitada que ellos, la verdad, aunque sus braguetas parecían a punto de estallar. Hice un esfuerzo para no correrme, me daba vergüenza y apuro, quizá pensarían que era una fulana.

    -Ya, claro. Es que, bueno, por lo que usted cuenta, allí… desnuda delante de tantos desconocidos…

    -Bueno, no estaba completamente desnuda, don carpintero. Llevaba puesto el liguero. ¿No pensará usted que yo soy una cualquiera?

    -Claro, que no, de ninguna manera, Julia.

    -Ah, bueno. Pues esa primera parte estaba a punto de terminar. Yo debía seguir las instrucciones y acabar sentándome en un sofá y separar poco a poco las piernas ante todos. Así que lo hice y todos aplaudieron. Me daba vergüenza ver que humedecía el sofá, pero no podía evitar el flujo que salía de mi vagina, eso tampoco entraba en el guion, pero no lo podía evitar y saber que todos veían lo mojada que estaba aún me excitaba más. Separé las piernas completamente, así que mostraba a todos mi sexo y mi ano. Improvisé meterme un dedo en la vagina y otra en el culo y se los ofrecí para que quién quisiera los pudieran oler.

    -Es usted buena improvisando, una artista.

    -Bueno, no sé, se me ocurrió que quizá a ellos les gustaría el olor de mi chocho y de mi ano.

    -¡Seguro que sí!

    -Todos se acercaron a oler mis dedos y yo me los iba metiendo y sacando para que el olor se mantuviera en ellos.

    -Claro.

    -Alguno incluso me chupó los dedos y, por su cara, les encantó mi sabor. Yo deseaba que no resistieran la tentación y que ellos también me metieran sus dedos, pero no podía ser.

    -Ya, claro, debía seguir las instrucciones.

    -Sí, así es.

    “Al cabo de un par de minutos, la música cesó y yo me levanté tapando las tetas con mi brazo derecho y el sexo con la mano izquierda. Los aplausos y bravos, así como los piropos, fueron espectaculares. Yo saludé con una divertida y elegante reverencia. Entonces vi al hombre que había llegado a medio espectáculo y me quedé helada. Era Raúl, uno de los primos de mi marido. Él se había quedado en el fondo de la sala y no me había dado cuenta de quién era.

    -Oh, pero… ¡tú aquí!

    -¡Hola, primita! No te creas, vaya sorpresa he tenido al verte. Y más, haciendo ante todos este… este baile.

    -Pero… no es lo que parece. Oh, yo… me voy a ir. ¡Qué vergüenza! ¿Dónde está mi ropa?

    -No, prima, no, por mí no te vayas. Me encantó lo que vi. Bueno ¡lo que veo! – me repasa de arriba abajo, sin disimulo, descaradamente.

    -Sí, sí, debo irme. ¡Ya está! -Y yo, entonces…”

    -Oh, el señor Boscos ya está aquí. Váyase, váyase don carpintero. Diremos que usted ha venido solo a… comprar aspirinas.

    -Pero Julia, me gustaría saber que más pasó.

    -No puede ser, no. Ya sabe que mi jefe tiene mala leche y no quiero que él me castigue, no, y menos antes del miércoles.

    -Es que…

    -¡Julia, otra vez perdiendo el tiempo con este… con este… carpintero! – me mira con desprecio.

    -No, no, él ya se iba – se acerca a mi oído y susurra – Mire, venga usted mañana a la misma hora que hoy y con un poco de suerte él va a ir a desayunar y a hacer sus encargos y le podré terminar de contar lo de ese día y también porque estaré fuera desde el miércoles hasta el domingo.

    -¡Sí, sí, mañana vuelvo!

    -¡Y a ver si viene con dinero!

    -¡No, eso sí que no podrá ser! Pero vendré a que me cuente qué más pasó.

    -Sí, vale, pero asegúrese de que mi jefe no esté.

    -Adiós, Julia.

    -¡Adiós, amigo carpintero!

    Al salir, oí que el cabrón de don Boscos le decía “ya estoy harto de ver a ese hombre por aquí y que tú pierdas el tiempo con él sin que pague nada así que llama a tu marido y dile que hoy vas a llegar tarde porque cuando cerremos la farmacia te voy a dejar las cosas muy, muy claras” y que ella suplicaba “No, por favor, don Boscos, hoy no, que aún tengo el culo muy escocido y además, ya sabe que a partir del miércoles yo debo…” pero no oí qué más decían.

    Me fui directamente a casa, más caliente que un mono ardiendo. Me excitaba lo que me contó Julia, pero no me quitaba de la cabeza que realmente era muy, muy puta. Me hice varas pajas pensando en ella e imaginándomela esa tarde de un servicio tan, tan especial.

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