Autor: admin

  • Vacaciones de verano con mi tía (Final)

    Vacaciones de verano con mi tía (Final)

    Todas las noches terminaba cogiendo con mi tía Claudia, faltaba solo unos días para que mi tío regresara y quería disfrutar lo más que pudiera del culazo de mi tía, lo mejor era despertar al lado de ella y darle los buenos días completamente desnudos

    Una mañana me desperté con la sorpresa de que no estaba a mi lado y me levante de la cama para ir a buscarla, la encontré en la cocina limpiando la estufa, tenía puesto solamente su bata gris que apenas podía cubrir su tremendo culazo, me quede en silencio observándola y disfrutando del bamboleo de sus nalgas al limpiar la estufa y la mesa.

    Con solo verla fue suficiente para que mi verga se volviera a poner dura y me acerque sorprendiéndola por la espalda.

    –Buenos días tías –dije abrazándola.

    –¿Días? más bien tardes, hasta que por fin despertaste dormilón –respondió besándome -¿quieres algo de desayunar?

    –Solo a usted tía –respondí apretando con fuerza sus tetas y arrimando mi verga a sus nalgas

    –Espérate Toño déjame terminar de limpiar –dijo gimiendo suavemente –tu tío va a regresar pronto y va a encontrar la casa sucia.

    Seguí masajeando sus tetas y culo hasta que mi tía Claudia quito mis manos y me ordeno que me sentara a desayunar, como casi no tenía hambre opte por comer un simple cereal mientras mi tía estaba lavando los platos, aún seguía disfrutando del meneo de su delicioso culazo cuando una cuchara se le cayó y al inclinarse para levantarlo pude ver el ojote de su culazo

    Me quede inmóvil era la primera vez que veía con claridad el ojote rosado de mi tía Claudia, me calenté de sobre manera, seguí comiendo pero no podía dejar de pensar en el ojote de mi tía Claudia, me entro una gran curiosidad por saber si alguna vez se había dejado romper su culazo por mi tío y con la confianza que ya teníamos le pregunte sin vacilar

    – ¿Tía alguna vez has practicado sexo anal con mi tío?

    – ¡Que! ¿Por qué quiere saber eso Toño? –Dijo volteando a verme

    –Me entro curiosidad y solo quiero saberlo

    –Que sobrino tan curioso –dijo riendo – ¿de verdad quieres saber?

    –Si tía, tengo mucha curiosidad por saber

    –Si tanto quieres saber la respuesta es sí, hace mucho tiempo antes del accidente de tu tío –respondió acercándose a la mesa y levantando el tazón– pero ya deja de hacer preguntas y vete a duchar que esta noche vamos a ir a una fiesta con unos amigos.

    –¿Una fiesta?

    –Sí, nos caería bien salir, hemos estado solo encerrados en esa habitación.

    Mi tía tenía toda la razón, desde que llegue no había hecho nada más que estar encerrados, llevamos casi 2 semanas encerrados en esta habitación literalmente solo cogiendo y aun que yo no quería salir para seguir gozando con mi tía acepte para darle gusto, me fui a duchar y me vestí semi formal como ella me lo pidió.

    Me fui a la sala a esperarla pero tardaba mucho en salir de la habitación, fui a revisar que todo estuviera bien y mi tía Claudia aún seguía con su bata gris probándose varios vestidos en el espejo de su peinador.

    -¿No sé cuál usar Toño? –Dijo probándose varios vestidos por encima– ¿Tu qué opinas?

    La verdad es que con cualquier cosa que usara mi tía robaba miradas, pero esa noche la vi un poco más vanidosa de lo habitual le dije que la pasada navidad la vi usando un vestido de encaje corto color rojo que me había vuelto loco y que se veía magnifica con ese vestido.

    Haciendo caso a mi consejo saco el vestido rojo que tanto me gustaba y me pidió que la esperara en la sala, A la media hora apareció enfundado en el vestido rojo, el escote en V hacían sobresalir sus deliciosas tetas, el encaje resaltaba su magnífico y prominente culazo y lo corto del vestido deslumbraban sus fenomenales piernas torneadas con tacones negros.

    – Eres todo una belleza tía –dije boquiabierto –te ves magnifica con ese vestido.

    –Muchas gracias Toño –contesto acercándose a mi dándome un beso largo –ya vámonos que se nos hace tarde.

    Me dio las llaves del carro y me dijo que esta vez yo condijera, con semejante mujeron a mi lado no me podía concentrar en el volante, coloque mi mano derecha sobre su rodilla y mientras mi tía daba sus últimos retoques a su maquillaje comencé a sobar sus fabulosas piernas tornadas.

    –Pon atención en el camino o vamos a chocar –dijo riendo –después de la fiesta me haces lo que quieras pero ahora concéntrate en el camino.

    Siendo una de las cosas más difíciles que he hecho me contuve, llegamos a la casa donde sería la fiesta y como un caballero le abrí la puerta y sujetada a mi brazo entramos, como siempre mi tía Claudia robo la mirada de todos, en ese momento me sentía tan orgulloso que semejante calibre de hembra entrara sujetada de mi brazo y ni de hablar de las cosas tan ricas que habíamos hecho.

    –Claudia que sorpresa –menciono una mujer acercándose –pero donde estabas mujer, llevo semanas sin saber de ti.

    –Perdón Karen, pero me han tenido muy ocupada estas semanas –dijo riendo.

    Me presento con su amiga y demás invitados de la fiesta, se juntaron todas las amigas de mi tía y para darle espacio me fui a beber algo a la barra, con mi trago en mano y observándola a la distancia con mi mirada fija en su culazo la imagen de su ojete estaba en mi cabeza.

    Me dije a mi mismo que antes de que regresara mi tío tenía que romperle el culazo, la noche pasa sin ninguna novedad a excepto de las decenas de invitados que querían coquetear con mi tía Claudia, pasando las 2 de la madrugada decidimos retirarnos además de que mi tía estaba algo borracha por lo que había bebido, conduje de regreso a casa y mientras mi tía abría la cerradura de la puerta la imagen de su ojete seguía en mi cabeza.

    –¿ Que tanto estás pensando Toño? Aunque creo saber qué piensas –dijo sonriendo al abrir la puerta.

    –¿ Sabe lo que estoy pensando tía?

    –Claro Toño, me has estado mirando así desde que te dije que tu tío me rompió la colita.

    En ese momento me abalance sobre ella besando sus labios y cuello, el olor de su perfume era embriagador, le comencé a besar todo su cuello al mismo tiempo que apretaba sus nalgas, mi tía cerró la puerta y empezó a responder a mis besos, tal vez por los efectos del alcohol mi tía Claudia estaba más caliente de lo normal.

    –Quiere romperle el culo tía –dije susurrándole al oído.

    –No podemos Antonio –respondió gimiendo.

    – ¿Por qué no podemos hacerlo? –pregunte subiendo su vestido dejando libre sus nalgas.

    –Se lo prometí a tu tío –dijo desabrochando mi pantalón –Que solo el sería el único en tomar mi colita.

    –Jamás se va a enterar tía, va hacer nuestro secreto-dije bajando el cierre de su vestido mientras me la comía a besos.

    –Está bien Antonio, pero solo por esta y única vez.

    La voltee de espaldas y termine de bajar el cierre y de quitarle el vestido rojo quedando solo en tacones y en una tanga de encaje roja, mi verga estaba a punto de reventar por lo que rápidamente nos fuimos a su recamara, la coloque en 4 sobre la cama y con su enorme culazo en pompa estaba a punto de penetrarla pero ella me dijo que parara.

    –Espérate Toño, así no se hace –dijo mi tía deteniéndome –me vas a lastimar, lo primero que debes hacerme es lubricarme.

    Me dijo que buscara un aceite corporal que guardaba en el baño, me fui de inmediato a buscar el bendito aceite, no quería que mi tía se fuera arrepentir y me dejara con las ganas de probar su culazo, tome el aceite y Salí disparado de regreso a la habitación con mi tía.

    – ¿Este es el aceite que tía? –pregunte enseñándosel.

    –Si es ese, lo uso para mis piernas pero creo que no servirá –respondió destapándolo y volviéndose a colocar en 4 sobre la cama.

    Me puse detrás de ella y con mis manos comencé a sobar sus nalgas abriéndolas para ver mejor su ojete rosado, me dio el bote de aceite y me dijo que untara un poco en su culo y en mi dedo, seguí sus intrusiones y me volvió a decir que introdujera suavemente un dedo.

    Metí mi dedo como mi tía me lo pidió y lentamente comencé a moverlo, cuando mi dedo entraba y salía sin dificultar me dijo que introdujera 2 y así lo hice, estaba muy excitado y desesperado por cogerme su culazo pero tenía que tranquilizarme para poderlo conseguir.

    Su ojete estaba bastante apretado y mientras lo estaba lubricando mi tía estaba tendida en la almohada gimiendo, seguí moviendo mis dedos lentamente tratando de lubricarla y dilatarla lo más que se pudiera, al poco tiempo mi tía Claudia que con eso era suficiente que me untara aceite en mi verga y que ya estaba lista.

    Me coloque nuevamente detrás de ella y con mi verga aceitada separa sus nalgas mientras metía la punta en la entrada de su ojete y lentamente se la metí toda, se sintió tan rico que casi eyaculaba, lo único que pude haber mejorado ese momento era que el culazo de mi tía fuera virgen.

    –Tu tío nunca se debe enterar de esto Toño.

    Me quede quieto para no correrme y puse mis manos sobre su cadera para sujetarla con fuerza, ya más tranquilo comencé a mover lentamente mis caderas, despacio evitando que mi verga se fuera a salir de tan gloriosa prisión, el tremendo culazo de mi tía Claudia que tanto deseaba al fin lo está rompiendo y era todo mío.

    Poco a Poco su culazo se fue acostumbrando a mi verga y empecé a cogerme a mi tía Claudia con más fuerza, los gemidos y gritos de mi tía fueron aumentando, Podía ver sus enormes nalgas saltando a cada embestida que le daba, la tomaba con mucha fuerza de la cintura tratando de meter hasta lo más profundo mi verga.

    Era excitante ver como mi verga se perdía por completo en el culazo de mi tía Claudia, de repente su culazo empezó a contraerse dando pequeños apretones a mi verga, seguí cogiéndomela pero se sentía tan rico que no puede aguantar más y termine corriéndome dentro de su culo, dispare toda mi carga dentro de ella mientras me seguía exprimiendo con las contracciones de ojete.

    Caí a su lado totalmente satisfecho y feliz por lo que había pasado, rompí el grandiosos culazo de mi tía Claudia, nos dimos un último beso y acurrucándonos nos quedamos dormidos no sin antes darla las gracias por haber hecho realidad todos mis sueños con ella y que estas eran las mejores vacaciones de mi vida.

    Seguimos haciéndolo hasta que mi tía Claudia me dejo muy claro que llegando mi tío de su viaje todo se acabaría y fiel a su palabra al regresar mi tío Armando todo termino, por más que la buscaba me rechazaba, sin poder disfrutar nuevamente de ese enorme culazo decidir regresar con mis padres.

    El resto de mis vacaciones fueron de lo más aburridas, el único contacto que tenía con mi tía Claudia era por teléfono y no la volvería ver hasta navidad, espere con ansias los últimos meses y al llegar por fin a casa de mis abuelos donde todos nos reuníamos en estas fechas, llego con la sorpresa que estaba embarazada de 7 meses.

    Me quede en shock en ese instante sin saber qué hacer, mientras toda la familia se acercaba a acariciar su barriga de embarazada mi tía Claudia me miró fijamente por unos segundos regalándome una sonrisa, de entra la multitud se me acerco mi tío Armando a darme un fuerte abrazo.

    –Muchas gracias sobrino –dijo levantándome del suelo –deseábamos tener un hijo.

    Solo podía pensar en ¿si todo había sido planeado?

    FIN

  • La vergota de mi tío (Parte 2)

    La vergota de mi tío (Parte 2)

    Hola, y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo que mi nombre es Paulina, soy una mujer TV a medio tiempo, esto quiere decir que aunque salgo vestida de mujer la calle, y realizó la mayoría de mis actividades ya en mi modo femenino (atender mi negocio, acudir a reuniones familiares y de amistades, realizar las compras de mi casa, etc.), Aún tengo que vestir en algunas pocas ocasiones de niño, ciertamente muy pocas veces, y básicamente sólo cuando tengo que realizar algún trámite correspondiente a mi negocio o a mi casa, pues ambos están a mi nombre, y no me he decidido aún a realizar mi cambio de identidad, pues no me siento aún preparada para hacerlo (cuestiones personales).

    El siguiente relato que voy a contarles el la secuela de la saga en la que les platico la forma en la que me relacione íntimamente en una relación de amantes con mi tío político, esposo de una hermana de mi madre. Para que comprendan mejor este relato les invito a leer el relato previo llamado “La vergota de mi tío”, esto que les contaré tuvo lugar en la hermosa ciudad de México, por allá del año 2005, justo cuando yo tenía hermosos 18 añitos. Espero que les guste:

    Hacía tres semanas que no me veía con mi tío Alfredo, a cada momento en que pensaba en lo que había sucedido en la sala de mi casa con él, me ponía cachonda, y más aún cuando recordaba la gran vergota de la que era dueño mi tío, y de la que sería dueña yo, al menos por ese rato, pues su invitación a pasar esa noche de viernes juntos en su casa, para suplantar a mi tía que estaría fuera y lejos de la ciudad junto con mis primos, era una oportunidad única de cumplir una perversa fantasía sexual, además de calmar las ansias y el hambre de verga que había dejado en mi este macho desde la última vez que lo vi. Como ya lo comenté, no nos habíamos visto en esas 3 semanas, pero habíamos mantenido una buena comunicación por mensajería, lo más parecido al whatsapp en aquella época, y de esa forma es que pudimos ponernos de acuerdo para nuestros planes de esa noche. Recuerdo vanamente algunos de nuestros mensajes:

    TA- Hola bonita, sólo quería desearte un lindo día y preguntarte si podremos vernos el viernes que sigue, estaré solo toda la noche del viernes y después alcanzó a tu tía Lupe y a tus primos en Cancún, ojalá puedas pasarla conmigo.

    P- Hola papi! Creí que sólo lo habías dicho por decirlo aquel delicioso día, quiero que sepas que nada deseo más que pasarla contigo toda la noche, ya estoy ideando alguna excusa para faltar a casa toda la noche… alguna idea? Besitos!

    TA- Por nada del mundo cancelaría está oportunidad de pasarla rico con una delicia de niña como tú! Lo de menos es que les pida a tus papás yo permiso para que te dejen venir, pero no sé si se extrañen, pues tu madre ya sabe que tu tía y tus primos se van ese día por la mañana.

    P- Descuida, prefiero no exponer lo nuestro, le pediré a algún amigo que me cubra. Por cierto, en verdad podré disponer del closet y el tocador de mi tía?

    TA- Si tu quieres, si. Tú quieres?

    P- Pues es un punto que me llena de mucho morbo y me excita, así que si me gustaría hacerlo!

    TA- Adelante, a partir de qué llegues tú eres la mujer de mi casa. Sólo asegúrate de dejar todo como lo encuentres, te aseguro que tu tía Lupe no sospechara, tiene tantas cosas que no se dará cuenta si usas un poco para ponerte guapa. Pregunta: Lo has hecho antes?

    P- Que cosa? Vestirme de mujer?

    TA- Sí.

    P- Por supuesto! Desde los 7 años, por cierto mi prima Fany me ha enseñado mucho en cuestión de lo femenino.

    TA- De acuerdo, hoy temprano pasaré por tu casa, lástima que a esa hora estás en tu escuela, pero en cualquier descuido dejo una llave del zaguán escondida, más tarde te aviso en donde la deje.

    P- Si papi!

    TA- Listo bonita, busca la llave en el baño de abajo, justo debajo del mueble del lavabo.

    P- La tengo! Que emoción! Ya quiero que sea viernes!!

    TA- Ya casi, un beso mujer bonita.

    Durante toda la semana estuvimos platicando y afinando detalles, básicamente, yo intentaba conocer más de mi tío, en cuanto a gustos, preferencias, que le gustaba más, etc., en verdad me interesaba mucho complacerlo y que está noche fuera inolvidable también para él, (Supongo estaba un poco enamorada como toda niña de esa edad), también platiqué un poco más de lo que normalmente lo hacía con mi prima, con el pretexto de invitarla a una pijamada, pero básicamente lo que quería era asegurarme de que la casa estaría sola, no por desconfiar de mi tío, pero si por algo se venía abajo el plan, o llegaban a sospechar, podría advertirle a mi tío, sin embargo nada sucedió y mi prima se disculpó conmigo por no poder asistir, pues saldría en unas vacaciones exprés con sus padres todo el fin de semana por una convención de ventas de algo en lo que trabajaba mi tía Lupe, lamente por teléfono que no pudiera acompañarme, y quedamos para otro momento. Días previos al encuentro con mi tío, diseñe una coartada En la cual me iba a ayudar mi mejor amiga Paco, para los amigos era Franny, pues era otro chavo gay de la misma edad que yo, cómplice de todas mis puterias, e igual de joto que yo, él le diría a mis padres que teníamos una tarea en equipo del cual terminaríamos hasta tarde, y aprovechando el viernes, podíamos desvelarnos jugando videojuegos, cosas de niños obvio! La mamá de Fran, cómplice indudable de su hijo y por obvias razones de mí, fue la que al final consiguió la aprobación de mi madre, y ya con la excusa perfecta para no llegar a mi casa, llego mi tan esperado día, prepare todas mis cosas desde un día antes, mi tío juraba que en casa de mi tía encontraría lo necesario para mi transformación, pero quería estar completamente segura, por lo que de mi propio arsenal femenino tome: preservativos (obvio), lubricante anal, un kit de limpieza anal, perfume París Hilton, brillo Gloss, tangas esconde penes, medias, un bra que había comprado por internet que daba volumen a mi busto, (hoy en día se llaman brassieres push up), obviamente no podía faltar mi peluca y un juego de uñas postizas con cinta quitapon, (obsequio de la mamá de Fran, mi segunda mami, como ella misma se nombró) todo esto lo metí en mi mochila de la escuela, que en ese momento parecía un bolso femenino, pues solo llevaba cosas de mujer, para esa noche, y frente a mi tío no me interesaba ser otra cosa, ya había sentido todo el rigor de su gran herramienta masculina, haciéndome sentir más hembra que nadie.

    En nuestras pláticas, quedó pactado que una vez que yo entrará en su casa, solo sería Paulina, y que él me trataría como si fuera la señora de la casa. Esto me llenaba de un completo morbo y no podía evitar ponerme cachonda cada que lo pensaba. Apenas dio la hora de la salida de clases y básicamente corrí como desesperada a la salida, mi tío me había depositado algo de efectivo en mi cuenta, por lo que cómodamente pude tomar un taxi de mi escuela que se encontraba por el metro Balderas, hacia la colonia Lindavista en donde viven hasta la actualidad mis tíos, pase a comprar un pollo rostizado a las finas hierbas y 2 botellas de vino tinto a un Súperama que está por dicha zona, y con todo listo me dirigí a la casa de mi tío, apenas traspase el umbral de la casa, sentí la necesidad de mudar mi indumentaria y maquillarme, en verdad estaba ansiosa por caminar y sentirme la señora de la casa, así que sin más me dirigí a la habitación de mis tíos, quería explorar el enorme closet de mi tía Lupe, creo que hasta aquí no he hecho mención del físico de mi tía Lupe, bueno ella es como de mi estatura, morena clara, cabello rizado como el de mi madre, senos pequeños y como todas las mujeres de mi familia, goza de un tremendo culote, principal atractivo de las féminas de mi familia, (como ya lo mencioné en relatos previos, al yo desarrollarme a la inversa en mi pubertad, también gozo de este hermoso atractivo femenino, y me encanta, pues es lo que me ha abierto muchas puertas y posibilidades en mi vida, jijiji). Al abrir la puerta de la recámara de mis tíos, me invadió la excitación por el olor que desprendía ese espacio, un poco de la masculina loción de mi tío mezclado con la femenina fragancia del perfume de mi tía, sin más, me dirigí al closet y explore con felicidad justo como explore previamente los closets de mi madre y de casi todas las mujeres de mi familia, este closet me era familiar, pues durante mi infancia mi prima, hija de mis tíos Alfredo y Lupe fue una de mis mayores confidentes en mis inicios en el travestismo, claro que habían pasado muchos años de este suceso, y había muchas cosas nuevas, vestidos que le había envidiado a mi tía, otros que nunca le había visto puestos, sentí deseos de explorar también el closet de mi prima, lo conocía también, su estilo por obvias razones era mucho más juvenil, sin embargo, hoy no quería ser la niña de la casa, la situación se prestaba totalmente a que yo fuera la señora de la casa, mire el reloj y apenas eran las 2:15 PM, tenía más de 4 casi 5 horas para vestirme, sin embargo sabía que me encontraría en una difícil situación para elegir que ponerme para sorprender a mi tío a su llegada, por lo que lo primero que hice fue despojarme de las feas ropas de mi uniforme escolar de niño, que para ese momento me pesaban, me estorbaban, me lastimaban. Guarde todo en mi mochila y está la guarde bajo la cama, pues desde ese momento y hasta el día siguiente no quería saber nada de ellas, pude observar mi completa desnudez en el grande espejo de cuerpo completo que tiene mi tía justo en la puerta de su envidiable armario, y la imagen que me regaló el espejo fue de una hermosa y joven silueta femenina, llena de curvas, no podía observar en el reflejo ocasionado por la poca luz que entraba por la ventana ningún rasgo masculino, pues por la falta de luz y debido a la posición del espejo, no podía observarse mi diminuta verguita, tan sólo los bordes de mi figura, que en verdad parecían los de una señorita, supongo que de no ser yo un chavito gay, tendría serios complejos dada mis femeninas formas, sin embargo y debido a que era todo lo contrario, siempre me sentí en verdad bendecido por mi cuerpo. Termine de admirarme en el espejo y entonces comencé la difícil selección de mi atuendo, primero la ropa interior: de mi propio guardarropa seleccione una diminuta tanga oculta pene, color rosado muy claro y con lindos holanes en todos los bordes, tenía un pequeño pero coqueto moño en la parte frontal y en la parte trasera el pequeño triángulo se escondía casi completamente en mis redondas y gordas protuberancias femeninas, dándome casi sin querer una sexi apariencia de usar un diminuto hilo dental, para la parte superior seleccione uno de mis bras predilectos, sin tirantes, en color lila y que gracias a su efecto modelador me regalaba volumen en mis pequeñas bubis dando la ilusión de poseer un muy generoso escote propio, seleccione un lindísimo vestido en color blanco, entallado de la parte central para arriba y con un amplio vuelo en la parte baja del mismo, también traía una coqueta cinta que se amarraba por todo el contorno de mi cintura y quedaba por detrás como un femenino detalle, además de que ayudaba a modelar la cintura, decidí que usaría ese vestido sin medias y cuando toco el momento de que seleccionara los zapatos que acompañarían mi atuendo seleccionado para la noche, me dirigí al área del closet que mi tía tenía designado para este femenino e irreemplazable accesorio, y casi me voy para atrás de la emoción, al igual que mi mamá, mi tía Lupe era fanática de los zapatos, así que no me costó mucho trabajo hallar unas zapatillas que se llevarán bien con el vestido seleccionado para esa ocasión, recuerdo que eran negras, con un bonito tacón de aguja, muy alto, y una coqueta tira a modo de pulsera al tobillo, además por abajo la suela era color rojo, detalle que siempre he considerado sumamente femenino. Con mi selección lista me dispuse a tomar un relajante baño en la tina de mis tíos, seleccione algunas sales y un poco de jabón líquido para hacer espuma. Me realicé un lavado íntimo en mi ansioso agujerito y me recosté un rato a descansar y disfrutar del baño. Por poco y me quedo dormida de la relajación muscular que me proporcionó ese baño, si no es porque mi tío Alfredo me mandó un mensaje que decía:

    TA- Hola princesa, espero mi bonita mujer esté preparándose para mí en este momento.

    P- Hola papi, es justo lo que estoy haciendo, no llegues tarde, compre la cena, te espero en casa.

    TA- Se me pone durísima sólo de pensar en lo que te haré hoy.

    P- Créeme que también quiero que ya sea más tarde para estar contigo.

    TA- Perfecto, besos hermosa.

    En ese momento salí del baño y me dirigí de nuevo a la recámara, lista y relajada para comenzar mi transformación. Lo primero que realice fue hidratar perfectamente todo mi cuerpo con una crema que dejaba mi piel suave y sedosa al tacto, ya la usaba yo con anticipación y en verdad me encantaba su efecto. Enseguida comencé el arte de maquillarme, para aquel momento yo ya era una verdadera experta en ese departamento, pues llevaba ya más de 10 años travistiéndome y casi 5 maquillándome, por lo que con suma confianza de saber lo que estaba haciendo tome una barra de maquillaje líquido en color canela cobrizo, el cual unte por toda la superficie de mi rostro con ayuda de una esponja suave, enseguida selle mis poros con maquillaje en polvo traslúcido, acentuándolo con uno de los polveros especiales de mi tía Lupe, con esto la piel de mi rostro termino por tomar una tonalidad y vista como la seda, enseguida tome uno de los lápices delineadores en color negro, y dibuje una felina y sensual línea por la parte superior e inferior de mi ojo, el contorno lo lleve medio centímetro más allá del final de mi pestaña, provocando la ilusión de tener los ojos más grandes, después tome la máscara para pestañas que mi tía usaba y que había sido recomendada entre todas las mujeres de mi familia, pues en verdad regalaba volumen y mantenía las pestañas alisadas, provocando que se miraran unas pestañas enormes, me regalaba una mirada muy sexi, para esa tarde me puse sólo un poco de sombra en mis párpados, en tonos oscuros, únicamente para resaltar el trabajo con la máscara para pestañas, me pinte los labios con un rojo pasión súper sensual, mis labios incitaban a ser mordidos, y encima de este coloque un poco de brillo Gloss, claro que no podía faltar que resaltará mi femenino lunar que tengo justo encima de mi labio superior. Mi maquillaje estaba listo y en verdad había valido la pena el tiempo invertido. Ahora me tenía que vestir con todo lo que previo a mi baño había seleccionado, en verdad disfrute enfundarme en la ropa de mi tía Lupe, cuando termine, aun sin usar mi peluca, parecía una más de las mujeres de mi familia, con todos los atributos físicos característicos que las distinguen. En verdad nunca tuve nada que envidiarles, (quizá el hecho de haber nacido mujeres biológicas y yo no, nada más), termine por colocarme la que por mucho tiempo fue mi peluca favorita, color castaña clara y rizada en su totalidad, y esta peluca fue en definitiva parte esencial de mi transformación, pues con ella me decían que me parecía muchísimo a mi mamá. La peine totalmente de lado dejando la parte lateral derecha de mi rostro descubierta. Termine mi transformación de aquel día ataviándome un par de femeninos anillos, 2 en cada mano, un lindo collar con un dije de corazón y unas hermosas arracadas en forma circular, estas últimas junto con el collar parecían de oro puro y me daban un aspecto muy elegante. Mire el reloj y eran apenas las 5:45 PM, tenía tiempo de sobra para poder colocarme las uñas que la mamá de Franny me había regalado, incluso, pude darme el lujo de cambiar su color, pues eran rosas fosforescente, y en el tocador de mi tía Lupe encontré un esmalte de uñas de color rojo que se asemejaba mucho al color del pintalabios que en ese momento estaba utilizando, por último me monte en las hermosas zapatillas que había elegido para la noche y por fin estaba totalmente lista, me pare frente al espejo que horas antes me había regalado lindas imágenes sobre mi desnudez, y en este momento la imagen que me regalaba era la de una señorita guapa y porque no decirlo, bien buena, elegante pero con el toque típico de una verdadera puta, además por qué negarlo, me sentía una puta y de hecho lo soy y me gusta serlo. No sé cuánto tiempo estuve frente al espejo, pero al mirar nuevamente el reloj y mi teléfono celular vi que eran casi las 6:30 PM, por lo que saque de mi bolsa mi perfume favorito desde siempre, París Hilton tradicional y me rocíe generosamente, pues es el mismo perfume que yo utilizaba uno de los días que mi tío Alfredo, un poco alcoholizado, me hizo comentarios subidos de tono por primera vez, situación que había derivado en lo que estaba a punto de suceder.

    Aún con tiempo de sobra, me dirigí a la cocina, pues aún me hacía falta preparar la mesa para servirle de comer cuando mi hombre llegase de trabajar. Me excitaba por el hecho de escuchar el ruido de los tacones de mis zapatillas retumbar por toda la casa. Vertí el pollo que había comprado más temprano en una bandeja y le puse un poco de adobo y queso manchego y las papas encima, y lo metí al horno, pues por las pláticas previas con mi tío Alfredo me pude hacer con la información de que le encantaban las papas y el pollo frito al gratín, en lo que estaba listo mi rápida improvisación de cena, me dediqué a pasearme por la casa de mis tíos, una casa que yo conocía muy bien, pues desde niño venía a jugar aquí con mis primos, sin embargo hoy la diferencia es que estaba paseándome por ella con vestido y tacones, y estaba esperando a mi tío para esta vez jugar como niña adulta con su gran vergota. Recorrí prácticamente toda la casa, pues me llenaba de morbo hacerlo como mujer, además de que la diferencia de material en los pisos me regalaba distintos tipos de sonido de mis tacones, y en cada habitación en la que entre, encontré espejos en los que no dejaba de mirarme. Tan absorta estaba mirando mi femenino cuerpo en el espejo que estaba en el gran cuarto del comedor, que no escuché cuando mi tío llegó, sólo me percaté de su presencia cuando al girarme sobre mis tacones para observar mi bien formado y femenino culo, me dijo:

    TA- No hace falta que yo te diga lo rico que es el culo de mi princesa, o si?

    Corrí a sus brazos como una niña emocionada, me colgué de su fuerte cuello y le regale un piquito en los labios, y le respondí:

    P- Hola papi! Perdón, no escuché cuando llegaste.

    TA- Voy llegando bonita, que es lo que huele? Me cocinaste algo?

    P- Si! Bueno casi, compre un pollito rostizado con papas y le puse adobo y queso manchego encima para hacerlo al gratín.

    TA- Gracias mi amor, ya quiero probarlo, muero de hambre!

    P- Yo también!- Le replique mientras le propinaba un segundo beso, está vez de lengua y con evidentemente carga de cachondez en el, mientras me pegaba a su cuerpo y mis muslos rozaban su entrepierna, entonces su respuesta que también se cargó de evidente toque sexual, al sujetar con sus varoniles manos mis gordas protuberancias traseras, fue:

    TA- Y estas dos tienen hambre?

    P- Pufff! Malo, las has tenido a dieta todo este tiempo!

    TA- Hoy y a partir de hoy, estarán bien comidas, te lo prometo bonita.

    P- (otro beso) Quieres que te sirva de cenar?

    TA- Por favor!

    Lo tome de la mano y lo guíe hasta el comedor, se acomodó mientras yo iba por el pollo al horno, y cuando le acerque su plato, el aprovechó para manosearme de una forma sumamente descarada, obvio a mí no me importaba, pues por la manera en que él se comportaba conmigo, me daba plenamente a entender que le había gustado la forma en que me vestí para él. La cena transcurrió sin más, platicamos como una pareja de nuestro día, de lo que hacíamos y de lo mucho que nos gustábamos, al terminar de cenar, a los dos nos urgía mucho sentir más cerca el cuerpo del otro, por lo que de inmediato le hice el comentario de que había comprado dos botellas de vino tinto, y él me invitó cortésmente a que nos trasladáramos a la sala para degustarlo más cómodamente, a lo que accedí, el se adelantó y yo recogí la mesa (La verdad es que no soy tan mala ama de casa).

    Cuando me fui a la sala, mi tío Alfredo ya me esperaba con 2 copas servidas. Se sentó en el sillón más grande y me hizo la invitación con su mano para sentarme al lado de él, no logramos ni siquiera terminarnos la primera copa, y ya estábamos besándonos y acariciándonos. Me reconfortaba saber que no sólo era yo, y que ambos estábamos tan calientes. Sus manos no tardaron en buscar mi piel por debajo de los pliegues de mi vestido, acariciaban mis carnosas nalgas, y sus dedos, metiéndose entre mi tanga, se introducían de a uno en mi ansioso agujerito sexual. Yo no planeaba quedarme estática, y desabroché su cinturón, después su pantalón y tomé con mi mano izquierda su semidormida verga, que aún en ese estado se miraba muy apetecible y respetable, mientras mi boca seguía atendiendo a sus labios con sensuales y pasionales besos, su otra mano sobaba mis pequeñas bubis por encima de la tela de mi vestido. A esta altura, uno de sus dedos, el cual previamente me había dado a chupar, estaba totalmente dentro de mi goloso ano, nos separamos un momento, y nuestras prendas restantes quedaron tendidas en el piso, mi tío Alfredo se sentó en el sofá, con su enorme verga apuntando al techo, adivine sin problemas lo que él deseaba, por lo que me posicione hincada entre sus velludas y fuertes piernas, tome ese enorme trozo de carne masculina entre mis manos, las cuales se miraban súper lindas por mis largas uñas pintadas y por los femeninos accesorios que las adornaban, lo metí ansiosa a mi boca y comencé a chuparla como podía. Por más que intentaba, en mi boca no entraba más que su una tercera parte de su instrumento masculino, sus huevotes, grandes como dos pelotas de tenis, eran masajeadas y lamidas alternativamente. Después de varios minutos de saborear su vergota en todos sus ángulos posibles, unte mi estrecho agujerito con lubricante y lo monte de frente, mientras le besaba la boca, el con sus fuertes manos fue apuntando su durísima verga a mi ansioso ano, que esperaba con deseo acoger en su interior a ese gordo y venoso invitado que ya conocía con anticipación. La gorda cabeza de la verga de mi tío, comenzó a penetrar, sentí ese rico calor característico que se siente cuando las paredes anales comienzan a estirar para permitir el ingreso, me hizo gemir por el placer que me provocaba, fui bajando lentamente, hasta que sentí toda su inmensidad dentro de mí. Su boca no dejaba de besarme y de morder suavemente mis endurecidos pezones, mientras la formidable herramienta de mi tío palpitaba, esperando que mi culo se amoldara para comenzar el delicioso sube y baja que haría aparecer y desaparecer esa rica barra de carne dura. El dolor comenzaba a ceder, y daba lugar a que se transformara en el placer de sentir su vergota entrando y saliendo, haciendo que en ese momento no importara nada más que ser una hembra a la altura de este macho. Cuando quedaba totalmente sentada sobre mi tío, y lograba sentir sus enormes huevos chocando en mis nalgotas el placer me sobrepasaba, no quería que me la sacara jamás. Disfrute como una verdadera puta el estar clavada y ser poseída por mi tío, en un momento determinado, sus manos me tomaron por mis caderas y me marcaron el ritmo de la deliciosa cogida que estaba recibiendo, cada vez más rápido, cada vez más duro, su gran vergota entraba y salía de mi culo con suma facilidad, pues a esta altura, mi hoyito estaba ya totalmente dilatado, su trozo de carne era como un pistón aceitado penetrando cada vez con más fuerza. Me sentía totalmente empalada, yo ya no podía y sinceramente no quería controlar ningún movimiento de la rica y soberbia cogida que recibía en casa de mi tía Lupe, la hermana de mi madre, a manos y con la vergota de mi tío su esposo, que morbo! Me fascinaba sentirme dominada, de nada valía que yo estuviera montada sobre él, mis manos solo atinaban a acariciar su velludo pecho o pellizcar yo misma mis pezones. No tenía control del momento para nada, era una hembra hecha para dar solo placer a un macho que arremetía en cada embestida dentro de mí abriéndome cada vez más. Mis gritos eran de calentura desenfrenada, el dolor ya no existía, mi mundo en ese momento empezaba y terminaba con mi tío Alfredo, quién estaba cogiéndome en aquel momento sin miramientos. El mete y saca era cada vez más rápido, con rugidos bestiales y gritos empezó a acabar dentro de mí. Sentía el característico calor del semen dentro de mí. Yo misma, dejé salir mis líquidos sobre el trabajado estómago de mi tío sin poder contenerme. No, no tenía dominio de nada, me abracé extenuada a él, nuestros cuerpos se aferraron y nos fundimos en un hermoso beso, mientras su soberbia verga se ablandaba en mi interior. Con su ayuda me incorporé y trastabillando llegué al baño. Entre mis piernas se chorreaba el semen que brotaba de mi culito aún abierto, calenté a mi antojo el agua y me metí en la ducha.

    La lluvia de la ducha, caía sobre mí relajándome un poco. Aún me temblaban las piernas, mis dedos con jabón se metía con tal facilidad por mi ano, que parecía una vagina.

    Mi tío Alfredo se metió conmigo en la regadera, y completamos entre los dos nuestra higiene corporal, matizándolo con apasionados besos y caricias. Era un placer enjabonar esa vergota semi dura, que colgaba entre sus piernas o sentir sus dedos limpiar mi culito. Casi para salir de la ducha reparadora que nos estábamos dando, mi tío me dijo:

    TA- Oye bonita, aún es temprano, ponte algo bonito y salgamos a cenar.

    P- Noooo! Nunca he salido a la calle, me da mucho miedo.

    TA- No pasará nada, yo te cuido. Además, la camioneta está dentro de la casa, sólo tenemos que subirnos y vamos y buscamos unos tacos, si no quieres bajar, podemos comer arriba de la camioneta, yo me bajo a pedir, anda si?

    P- Seguro? Y si alguien nos reconoce?

    TA- Nadie va a reconocerte, eres muy guapa y te sabes arreglar muy bien, y si me reconocen a mi, sólo pensaran que tengo una aventura con una niña muy guapa.

    P- Ok, vamos.

    TA- Pero ponte algo bonito.

    P- Ok.

    Mientras terminaba de maquillarme frente al espejo del baño, vestida con corpiño, tanga, liguero de encaje, medias negras con una muy sensual tira de encaje que gracias a la banda de silicona que traía se adhería a mi carnoso muslo, y unas zapatillas de tacón alto, mi tío Alfredo detrás de mí se peinaba y fingiendo un descuido me acomodo su vergota entre mis femeninas formas traseras, era imposible disimular la excitación que sentía, pues provocó que mi pequeña verguita se saliera entre los pliegues de mi tanguita. En cambio, su enorme trozo de carne ya estaba durísima otra vez, y exigía atención inmediata, sus fuertes manos masajeaban mis pequeños pechitos, poniéndome los pezones duros y sensibles nuevamente, los soltó únicamente para correr mi diminuta tanga a un lado y acomodar la cabeza de su vergota de nuevo en mi pequeño orificio anal, sin embargo, y debido a que ya nos habíamos aseado en ese momento, mi hoyito no estaba nada lubricado y estaba siendo muy difícil y dolorosa la penetración, por lo que de la sala traje el bote de lubricante y yo misma unte generosamente este aliviador gel en su vergota, y ahora si, al intentarlo nuevamente sentí ese enorme trozo de carne de hombre deslizarse de una manera muy deliciosa por mi interior. En el espejo del baño veía mi cara recién maquillada retorcerse por las muecas y gestos del placer que mi tío me estaba regalando, y la suya con gesto de satisfacción de estar enculando a su nueva puta personal, y en el espejo de la puerta veía como yo, parada con las piernas abiertas, con mi culo en pompa, inclinada hacia el frente, recibiendo esa vergota dura dentro mío, y mi tío, detrás mío, aferrado a mis caderas, me mantenía inmóvil y empinada para el frente, mientras no dejaba de meter y sacar sin compasión su gorda anaconda de mi pequeña cuevita. La metía hasta el fondo y la sacaba casi toda para volver a embestir. Mi cuerpo era sacudido con cada empuje, cada vez más rápido. Mis ojos por momentos se ponían en blanco, debido al placer recibido y al mar de sensaciones ricas que obtenía al ser cogida sin contemplaciones por ese enorme macho. Podía apreciar con detalle como su enormeee vergota se enterraba por completo en mi culito, desapareciendo completamente por momentos. La cachondez que obtenía por la cogida que me estaban dando, y por la visión de la película porno que podía mirar a través de los espejos, en donde yo era la actriz protagónica, en el papel de toda un hembra siendo sometida por el gran macho semental que resultó ser su tío, me descontrolaba, en ese momento no era dueña de ninguna de mis emociones ni de mis sentidos, solo me limitaba sumisamente a recibir esa verga que me inundaba de placer. La verdad, si me pongo a recordar, no recuerdo el número de hombres en mi vida me han hecho sentir esa sensación de placer tan grande, de sentirme tan pero tan mujer, con el deseo propio de entregarme y complacer a un macho de esa manera, seguro que no fueron muchos. El placer sentido, sólo puede describirse en la forma en que mis suspiros, gemidos y grititos histéricos de placer extremo se escuchaban, no hay mejor descripción para plasmarlo en este relato. Casi para llegar a su clímax, mi tío dirigió una de sus manotas, y tomó mi verguita y masturbándome, sacó mis jugos mientras los suyos inundaron mi ser.

    Después de algunos minutos que ambos ocupamos para recuperar nuestro aliento, miramos el reloj, ya pasaban de las 11pm por lo que ya no era factible arreglarnos nuevamente con la intención de salir como habíamos planeado previamente, por lo que nos dimos una limpieza rápida, yo me cambié nuevamente pues mi ropa interior estaba llena de semen mío y de mi tío, esta vez elegí un hermoso babydoll en colores blanco y lila, recuerdo que tenía hermosos detalles de encaje en la parte de las bubis y el resto era de hermosa tela satinada, también tome prestadas un sensual par de medias a medio muslo, color blancas con una muy sexi tira de encaje que se adhería a mi piel gracias a una discreta tira de silicona, las combine con un liguero de encaje en color blanco que hacía juego perfecto con la tira de encaje de las medias, y sólo para rematar seleccione una hermosísima bata color blanco de tela de rayón, me enamoré de ella pues era larga pero transparente, por lo que perfectamente se podía mirar por debajo y dejaba ver mis gordas nalgotas desde atrás, también tenía peluche en todo lo largo de las costuras y en las mangas, estaba en verdad feliz de disponer esa noche del closet de mi tía Lupe, y en definitiva lo estaba aprovechando al máximo, así me dirigí junto a mi tío que sólo tuvo que cambiarse de bóxer, a la cocina, no quedaría otra opción que cenar algo de lo que encontrásemos en su refrigerador, afortunadamente pudimos encontrar lo necesario para que yo pudiera cocinarle huevo con jamón, yo preferí un platito de cereal, pues quería mantener mi intestino ligero, por si mi tío (y deseando que lo hiciera), volvía a cogerme está noche. Cenamos y nos fuimos a dormir un poco, pues en verdad necesitábamos reponernos, ya que por el esfuerzo físico yo sentía mi cuerpo realmente cansado. Le di un besito de buenas noches y me dormí perdidamente sobre su pecho, acurrucada totalmente al fuerte cuerpo de mi tío Alfredo.

    No sé cuánto tiempo dormimos, pero me despertó la riquísima vergota este macho semental, pues tenía una típica erección matutina y aunque el estaba dormido por el cansancio derivado de la épica cogida que me dio la noche anterior, su anaconda estaba totalmente dura y buscando batalla nuevamente, yo podía admirar el físico tan espectacular que el poseía, sus músculos bien trabajados para sus 40 y tantos años, y obviamente, su majestuoso cetro de carne de hombre que se cargaba este fabuloso macho semental. Me incorporé y arrodillada sobre la cama tomé su vergota entre mis manos y comencé a lamer y besar la cabeza de ese monstruo venoso con verdaderas ganas, mi tío se despertó y con mi mano en su estómago le pedí que se quedara acostado, está vez quería manejar yo misma la situación, así que haciendo gala de las habilidades en el arte de mamar verga que yo poseía ya para ese momento, le propone a mi tío una verdadera felación, una mamada como debe darse, quería que se fuera a la playa con mi tía y se acordará de mí, quería que mientras mi tía Lupe se la estuviera mamando pensara en mi. Mame todo el tronco de su gran vergota, bajaba y besaba sus gigantes huevos, los sobaba mientras atendía la inmensa cabezota de esa verga. Solo la solté para lubricar mi culo, con mi tío acostado y su vergota apuntando al techo, me monté sobre él y lentamente la fui devorando con mi culo hambriento. Mis manos sobre su pecho me servían de apoyo para cabalgarlo. Era yo quién ahora decidía, era Paulina quién le daba placer a su amante. Mi culo se tragaba toda su verga, me movía en círculos con toda su gran herramienta masculina dentro mío y luego daba brincos sobre él, me despegaba un poco, para luego embestir y mandármela a guardar nuevamente hasta lo más profundo de mi caliente agujerito anal. Subía y bajaba sobre su grande barra de carne con gran facilidad, mi culo gozaba cada centímetro de verga que penetraba en mi cuerpo, mi tío no permanecía del todo estático, pues sus fuertes manos pasaban de sobar y nalguear mis gordas y femeninas asentaderas, a masajear y pellizcar mis pequeñas bubis y mis pezones, de pronto, mi tío me indicó con gestos que estaba por terminar, asi que me baje de mi montura y me abalancé sobre su vergota y con la cabeza de esa víbora en mi boca, lo masturbé con fuerza, hasta que hinchándose hasta el extremo posible explotó su cremosa leche en mi boca, la cual deguste con verdadero placer, ante la satisfecha mirada de mi tío. Cuando terminó, me dispuse a lamer los restos de su deliciosa corrida, dejé su verga totalmente limpia con mi boca, y enseguida recogí con mis dedos el semen que caía por las comisuras de mis labios y me los tragaba deleitándome con su delicioso sabor, y entonces regalándole una coqueta sonrisa le dije:

    P- Buen día, mi amor…

    TA- Uff… Que buen inicio de día!

    Allí termino el delicioso día en que reemplace por primera vez a mi tía en su propia casa, en su propia cama con su delicioso marido, acepto que no fue la última vez que esto sucedió, pues sus viajes a convenciones en ciudades foráneas eran continuos, y siempre se adelantaban ella y mis primos, por lo que dejaban a mi tío Alfredo sólo una noche y allí era cuando yo y el aprovechábamos para dar rienda suelta a nuestra lujuria.

    Él se fue a alcanzar a su familia, y yo me quedé aún un rato más, el me dejó la llave y me dijo que la guardará para cuando pudiéramos repetir lo sucedido, me quedé allí para limpiar lo que habíamos utilizado y lavar la ropa de mi tía y las sábanas que habíamos ensuciado. Acepto que también aproveche para dar rienda suelta a mi gusto por la ropa de mujer, pues mi tía Lupe tenía en ese momento un guardarropa que me causaba envidia, y en ese momento lo tenía completo para mí durante los siguientes 3 días, quien de ustedes mis niñas no aprovecharía semejante oportunidad?

    FIN

    Por favor regálenme sus comentarios a mi correo:

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  • Teniendo un accidente muy doloroso en el baño

    Teniendo un accidente muy doloroso en el baño

    Era el año 1981 y tenía 18 años y era un muchacho muy bueno para los deportes y especialmente en el fútbol, en el colegio éramos un grupo de amigos que siempre parábamos juntos como nos conocíamos de años anteriores había una gran amistad, como nuestro colegio era solo de hombres luego de clases íbamos a buscar muchachas al colegio de mujeres estábamos en la edad del despertar del sexo.

    Cuando llegó al colegio un nuevo alumno que se llamaba Martín casi todos lo veíamos con recelo y nadie se juntaba con él, venía del interior del país para ser más específico de Iquitos una ciudad de la selva y cuando hablaba tenía un dejo que daba risa, creo que vivía por mi casa porque varias veces lo veía cuando iba o regresaba del colegio.

    Hasta que un domingo que me enviaron para ir a comprar al desayuno lo vi bien acompañado de una muchacha de unos 18 años, muy bonita de cuerpo espectacular de tetas de regular tamaño con un trasero grande, también estaban comprando en la bodega así que me acerco y lo salude él se asombró al inicio.

    -Hola Martín

    Como no contestó y demoró en responder el saludo su acompañante le preguntó quién era yo, ahí recién le dijo que era un compañero del colegio ella me saludo resultó ser su hermana y se llamaba Pilar me decía que gustaba que su hermano menor ya tuviera amigos en el colegio.

    Desde ese momento me hice amigo de él lo buscaba a la salida de clases para regresar juntos mis amigos me decían porque me juntaba con él pero no les dije nada de su hermana porque la quería sólo para mí y evitar competencia así que sólo dije que vivía por mi casa.

    Luego de verdad me hice su amigo y también del Pilar buscaba cualquier pretexto para estar juntos, ella era la inspiración para mi primeras masturbadas en la noche me imaginaba que la cogia en varias posiciones y me hacía sexo oral. Martín vivía con su hermana y madre habían venido de Iquitos luego que sus padre había tenido un accidente fatal en su trabajo.

    La empresa era petrolera y les había dado una gran cantidad de dinero por el seguro de vida y también una pensión así que no estaban mal económicamente me había contado Pilar, su mamá Nelly también estaba feliz conmigo porque como su hijo era tímido y era su único amigo me decía que cuando quiera podía ir a su casa.

    Para mi mejor porque siempre estaba buscando estar junto a su hija y muchas veces estaba con una erección que trataba de disimular, ella ya se había dado cuenta que me gustaba y me sonreía y coqueteaba hasta que apareció con un amigo, de unos 20 años, que la veía a ver y se iban juntos me puse celoso, pero nada más podía hacer.

    Cuando una tarde llegó buscando a Martín me atendió su mamá me dijo que había ido a comprar pero que lo espere que no demoraba, estaba en la sala cuando tocan la puerta y era su enamorado de Pilar nos tocó estar juntos en el sofá mientras su mamá le decía que habían venido a buscar luego salió ella recién bañada y con una falta que mostraba sus hermosas piernas y su culazo apenas me dijo hola.

    Se fueron sonriendo y felices le vi la mirada del enamorado de seguro estaba buscando lo que yo sólo imaginaba con Pilar, fui al baño para mojarme la cara y bajar la cólera cuando veo que con el apuro había dejado su ropa interior que lo cogí y aún tenía su olor de su sexo y empiezo a masturbarme oliendo ese calzón chiquito que minutos antes había estado junto a su chucha mi imaginación estaba en lo mejor cuando siento que abrían la puerta del baño.

    Estaba tan excitado con el calzón de Pilar que no había puesto el seguro de la puerta, lo más rápido que pude metí la verga en el pantalón y cerré el cierre pero me cogió la piel del pene y solté una exclamación de dolor.

    -¡Ayyy!

    -¿Qué te pasó? -preguntó Martín quién había sido el que abrió la puerta inesperadamente con una cara de imbécil tuve que aguantar la cólera por más que intente el cierre no bajaba para dejar en libertad a mi verga, me dijo que le diría a su mamá cuando vio que había pasado.

    -¡Noo Martín. No le digas nada!

    Me moría de la vergüenza que me viera así su mamá, pero no me hizo caso y salió en busca de ella sólo me dijo que una vez también a él le había pasado de niño y ella lo solucionó rápido cuando vino yo me tapaba con las manos.

    -A ver déjame ver no tengas vergüenza no es la primera vez que veo a un hombre… Ya te habrá contado Martín que a él también le pasó lo mismo.

    Con mucha vergüenza baje las manos y la señora Nelly empezó a revisar donde el cierre había cogido yo miraba para otro lado de los nervios, del dolor había perdido toda la erección pero mi padre una vez que me vio en la ducha y me felicito dijo que tenía su herencia de su tamaño en el pene, sólo sentía que su mano cogia mi sexo y el cierre no sé cómo lo consiguió pero logró liberarlo aunque tenía un dolor pequeño aún y una pequeña herida que le hizo el cierre en la piel del prepucio.

    -Martín quiero que vayas a la farmacia y compres alcohol y algodón.

    -Pero mamá ¿no hay en el botiquín?

    Su mamá lo miró sería y le contestó que si decía que vaya a comprar era porque no había que coja dinero de su cartera y se vaya de una vez, la farmacia quedaba lejos de su casa así que se fue.

    Quedando yo con el pantalón abajo y con su mamá arrodillada en el baño y sobando mi verga para quitar el dolor, pero de verla así a mis pies y el canelillo que forman sus enormes senos en su vestido de a pocos hizo que vaya recuperando su vigor y dureza sin poder evitar.

    -Vaya parece que no produjo ningún daño el cierre en tu pene… Qué buen tamaño tienes…

    Le pedí disculpas a la señora Nelly pero sus manos y sus masajes habían provocado eso, me contestó que no había de qué avergonzarme entendía que era normal y ahora lo importante era saber que no había sufrido daño mi pene y levantó la vista y me dijo:

    -Lo que voy hacer ahora tiene sus motivos pero a nadie debes decirle nada ¿lo prometes?

    Con la cabeza le dije que sI porque mientras hablaba sus masajes sobre mi verga iban en aumento, no lo podía creer la mamá de Martín me estaba masturbando cuando ya había estaba totalmente erecto se lo metió en la boca y luego empezó a jugar con el glande y su lengua.

    -Ahh… ahh…

    -Veo que te gusta cómo te lo chupo y esto es porque eres amigo de Martín y sé que venias por mi hija también… Pero no te preocupes.

    Yo que pensaba que no se había dado cuenta pero entendí que no podía engañar a una mujer de 42 años, ella sabía que estaba molesto por la aparición del enamorado de Pilar y creía que ya no sería amigo de su hijo por eso luego me enteraría que había sufrido mucho por la muerte de su papá y lo habían llevado al psicólogo.

    -Glop… glop… glop…

    Era el sonido de su boca cuando mi pinga salía y entraba, yo que había venido a su casa por su hija y sólo imaginaba que me hacía una buena mamada y al final terminó su madre chupando bien rico y haciendo realidad mis deseos.

    -Qué rica verga tienes… dura y joven… Ahh Ahh…

    Entonces ya en confianza le pedí que siempre deseaba que me hicieran una rusa y con esas tetas tan ricas lo que tenía que lo haga ahora no sé cómo lo hizo pero rápidamente dejó en libertad sus senos grandes de enormes pezones marrones y puso en medio la verga que subía y bajaba y al mismo tiempo que seguía chupando la cabeza del pene.

    Primera vez que sentía la boca de una mujer en mi verga la sujete de sus cabellos para cuando sentí que explote al llegar al clímax y eyacule por completo en su boca ella trató de quitarse pero no lo permití toda mi leche caliente lleno su garganta.

    -Aggg. Qué ricoooo…

    Ella sólo me vio y se lavó la boca en el lavadero y luego me limpió con una toalla húmeda había que apurarse antes que regrese su hijo, cuando llegó ya estaba en el sofá para no despertar sospechas me limpió con el alcohol y algodón esperé un tiempo y me despido de los dos para regresar a mi casa.

    Cuando estaba por salir la señora Nelly me dijo al oído que recuerde mi promesa del silencio y que también sabía bajo qué circunstancias había tenido el accidente con el cierre y esperaba verme llegar a su casa para buscar a su hijo.

    (Continuará…)

  • Recuerdos de mamá

    Recuerdos de mamá

    Por las tardes al regresar de mi trabajo cuando pasaba por la puerta de su habitación veo a mi madre desnuda en la cama, tenía la cabeza sin almohada mirando hacia el techo, su vagina sin depilar estaba completamente cubierta por su vello púbico que formaban un triángulo perfecto, su mano derecha estaba entre sus piernas masturbándose suavemente, sus pezones sobresalían de sus pechos, esa imagen me alucinó, me quede mirándola mientras lentamente comenzó a jadear y a mover más las piernas hasta que de repente dio un fuerte gemido de placer y su flujo empapo sus piernas, luego se relajó y pensé que se pararía pero ella se puso boca abajo y su hermoso culo quedo frente a mis ojos, la mire por un instante y luego fui al comedor y empecé a hacer ruido para que supiera que llegue, minutos después apareció en el comedor y nos pusimos a tomar un té.

    Esta escena se repitió varias veces, una tarde luego de masturbarse entro al comedor y tenía una camisa semi transparente que me dejaba ver sus negros y hermosos pezones, como si nada ocurriera se sentó frente a mí y tomamos algo mientras yo no dejaba de mirar sus pezones, rato después fui al baño a darme un duchazo y mientras me bañaba de improviso entro al baño y me dijo que no podía aguantar más y tenía que orinar, yo le di la espalda ocultando mi miembro, mientras orinaba me dijo que no tenga vergüenza que era mi madre, luego me dijo…

    -¡cuando eras chiquito ya apuntabas a tener una cosa grande pero no pensé que sería tan grande, jajajaja!

    Luego se vistió y salió del baño. A partir de ese día era más frecuente que entrara al baño mientras yo me bañaba, pero una tarde mientras ella se bañaba me pidió que le alcanzara un toallón que se había olvidado en la puerta del baño sobre una silla, abría la puerta del baño y pase mi mano con el tallón extendido, ella abrió la puerta de par en par tomo el toallón y se tapó yo tratando de no mirarla desvíe mi vista para otro lado. Días después siendo un sábado mis hermanos salieron a pasar la noche con unos amigos, quedamos mi madre y yo solos, al rato me fui a mi habitación y empecé a mirar una película porno, rato después ella me llamo y me pidió que le hiciera masajes en su espalda porque estaba tensionada, entre a su habitación y ella dándome le espalda me dijo donde le molestaba y comencé a masajearla sobre su remera, minutos después me dijo que pasara mi mano por debajo de la remera, y cuando mis manos tocaron su piel comencé a excitarme, de repente se sacó la remera desnudando su espalda, no llevaba corpiño y me dijo que sin remera estaría más cómoda para mis masajes, continúe masajeándola y en un momento ella dio un paso para atrás y mi pene se apoyó entre sus nalgas ella continuo pegada a mi miembro, la luz aún estaba prendida, extendió su mano y apago la luz, desde el comedor entraba luz pero ella entono la puerta y dándose vuelta quedamos enfrentados mientras terminaba de cerrar la puerta y quedamos totalmente a oscuras, por mi mente comencé a ponerme algo nervioso y excitado a la vez. Comenzó a acariciarme suavemente, mientras me iba desnudando, en eso toco mis tetillas y las pellizco suavemente y comenzó a lamerlas y a chuparlas mi miembro se puso más duro y quería salir de mi calzoncillo que parecía estallar, lentamente fue bajando y comenzó a besarme el miembro sobre mi calzoncillo, para sacarlo y metérselo en la boca y comenzar a chuparlo, mientras yo le decía…

    -¡Ay mama! Y ella me dijo…

    -¡yo te voy a hacer todo un hombre!

    Continuo chupándome la pija mientras me desnudaba completamente, luego me empujo delicadamente sobre la cama y continuo chupándomela, minutos después se sentó sobre mi miembro y se lo introdujo lentamente llevando mi mente al paraíso mientras exclamábamos de placer los dos a la vez. Tomó mis manos y las llevo a sus pechos y comencé a acariciárselos, me tomo de la cabeza y me inclino hacia ellos y mi lengua sentí que tocaba el cielo al momento en que su pezón entraba en mi boca, continuo cabalgando sobre mi pija y sus flujos comenzaron a chorrear cada vez más empapándome hasta los testículos mientras jadeaba más y más hasta que estuve a punto de acabar, de repente se sale de encima mío y comienza a chupármela hasta hacerme acabar tomándose toda mi leche.

    Luego se acostó a mi lado, yo apenas tenía 18 años y ella me dijo…

    -¡ni tu padre me hizo tan feliz! ¡si te gusto quédate a dormir a mi lado, sino anda a tu habitación y haremos como que esto nunca ocurrió!

    Me quede acostado a su lado y nos dormimos abrazados.

  • Me lo monto con una ex (Parte 2)

    Me lo monto con una ex (Parte 2)

    Tras ese primer encuentro con Paula hubo una serie de días de esos tontos en que nos veíamos en los entrenamientos… y apenas cruzábamos palabra. Yo sabía que ella se daba cuenta de mis miradas a su culo y al resto de su cuerpo, pero no reaccionaba.

    Pero tanto ella como yo sabíamos que la cosa ya no tenía marcha atrás y que el hecho de que se lo hubiera medio comido en el coche aquella mañana de domingo era el pistoletazo de salida para más encuentros.

    El primero de ellos sucedió de forma accidental, pero fue memorable.

    Mi hijo llegó a casa un día, lo había acompañada la madre al entrenamiento, diciendo que la semana siguiente iban al cine con el equipo. Mi mujer me explicó la cosa algo mejor: los habían invitado al cine de Alcalá de Guadaira e iban a ir todos juntos a ver una película infantil que en esos días hacía furor. El entrenador había solicitado que algunos padres y madres los acompañaran porque controlar a esa manada de pequeños debía ser jodido.

    Yo podía ir de acompañante así que mi mujer se encargó de “apuntarme”. La tarde del cine llegó, recogí con el coche a otro padre con su niño y los cuatro nos fuimos a la entrada del CC Los Alcores, que es donde habíamos quedado.

    Fueron apareciendo padres, madres y niños. En total seriamos unos 14 niños y 8 adultos. No estaba mal el promedio. Pero con desilusión comprobé que no estaba el niño de Paula, ni su marido ni ella misma.

    Cuando nos dirigimos hacia las taquillas, donde el entrenador tenía que recoger los pases, me llevé la agradable sorpresa de que Paula esperaba allí al lado junto a su hijo. Por lo visto no había leído bien el mensaje de quedada y se había ido hacia allá directamente desde el parking subterráneo. Yo la miraba con ganas.

    Vestía unas deportivas Adidas blancas, una falda vaquera amplia que le llegaba por las rodillas, una camiseta blanca y una cazadora roja.

    Cuando recogimos las entradas el entrenador nos dijo que no era necesario que todos y todas entráramos en la misma película, que él creía que con 4 adultos se apañaba la cosa. Hubo cuatro voluntarios rápidamente, así que los otros cuatro podíamos ir a la sala que quisiéramos con los pases que teníamos. Con agrado vi que dentro de los cuatro estábamos Paula y yo.

    El grupo de los niños y los cuatro adultos que iban con ellos entraron porque se acercaba la hora de inicio de su peli. Le tuve que comprar a mi hijo unas palomitas y un refresco que me costaron casi un ojo de la cara. Joder con los precios.

    Y allí nos quedamos los cuatro adultos restantes, mirando la cartelera para ver qué película ver. Realmente al ser una tarde de un día entresemana el cine estaba medio vacío, al igual que el centro comercial en sí.

    Al final decidimos que viendo las horas de inicio de las otras pelis era jodido ver alguna. Nos decantamos por tomar un café en una cafetería que hay a la entrada del centro comercial. Es la típica cafetería de Café de Indias con grandes tazas y pasteles. Nos fuimos para allá, yo mirando de vez en cuando el culo de Paula. Cuando llegamos nos sentamos y pedimos. Yo pedí un café con canela. Y empezamos a hablar de temas sin mucho sentido.

    Al rato uno de los padres dijo que aprovecharía el estar allí para ir a mirar una cosa al MediaMarkt, una tienda de electrónica cercana. El otro padre dijo que le acompañaría. Así que quedábamos Paula y yo que nos miramos sin decir nada.

    Pagamos los cafés y ellos se fueron para el MediaMarkt, mientras Paula y yo empezábamos un paseo en silencio por los pasillos casi desiertos del centro comercial. Las palabras que nos cruzamos fueron pocas y sobre cosas sin importancia. El recuerdo de lo que hicimos en su coche estaba latente, pero parecía algo prohibido. Me contó un poco de su vida, de lo que había estudiado y tal y de donde había estado trabajando. Lo cierto es que no conocía esa información pese a las veces que nos habíamos visto últimamente. Yo por mi parte lo comenté casi lo mismo. Estaba siendo una situación jodida, la verdad.

    Nos paramos ante un escaparate de una tienda de telefonía y yo aproveché para mirar la hora en el móvil. Faltaba una eternidad para que la peli de los críos terminara.

    A continuación Paula me dijo que iría al baño y yo, por mi parte, le dije que también iría. Los baños estaban al final de un pasillo que se abría en un lateral. Azulejos azules guiaban hasta dos puertas, una para hombres y otra para mujeres, frente a frente. Si decir nada más entré en el mío. Olía al típico olor de wc público, una mezcla de lejía con otros productos. Al entrar había cuatro lavabos juntos, con grandes espejos. Justo enfrente de los espejos estaban los baños. Me dirigí al último de los baños, con excepción del especial para sillas de ruedas que ocupaba el final del todo, y eché una meada. Luego me lavé las manos. Estaba solo en el baño. Me sequé y salí.

    Parecía que Paula todavía estaba dentro así que me eché en la pared y saqué el móvil para esperarla. Pasaron unos cuatro minutos hasta que la puerta del baño de mujeres se abrió y ella salió.

    No sé qué se me pasó por la cabeza pero lo hice rápidamente.

    Guardé el móvil en el bolsillo, me acerqué a Paula, la cogí de la mano y tiré de ella para meterla en el baño de hombres. Ella protestó y tiró para soltarse, pero la levedad de su resistencia me hacía ver que aquello le ponía y le hacía recordar viejos tiempos. La llevé al baño de minusválidos que, como decía ocupaba el final del baño, y cerré la puerta.

    La agarré de la cintura y empujándola contra la pared empecé a besarla. Metí mi lengua entre sus encías y la parte posterior de sus labios y fui lentamente recorriendo su boca. El olor fresco de su pelo me recordaba al domingo en la parte en posterior de su coche.

    Me aparté algo de ella y con una sonrisa le dije que teníamos algo pendiente del otro día. Ella me dijo, con una sonrisa, que estaba loco. Y le dije que loco por follarla. Y volví a besarla, esta vez apretándole el culo con fuerza. Me gustaba la firmeza de ese culo, que se sentía perfectamente a través de la falda. Aunque no tardé mucho en meter las manos por debajo y tocarlo directamente, sólo protegida su piel por unas braguitas. Notaba la saliva resbalar por nuestras bocas y eso me hacía desearla todavía más.

    En ese momento alguien entró en el baño silbando. Dejé de besar a Paula y me llevé un dedo a la boca diciendo que no hiciera ruido. Ella se tapó con ambas manos la boca. Escuchamos un chorro de meado y luego un grifo. Tras un rato, que pareció eterno, se escuchó la puerta y el silbido se perdió.

    – Estamos haciendo una locura. Joder. Nos van a pillar y a montar un escándalo. Paso de estas historias –dijo Paula poniéndose bien la falda y abriendo el cerrojo de la puerta.

    Coloqué mi mano sobre la suya, empujando de nuevo el cerrojo a la posición de cerrado. Al hacerlo me apreté mucho a su cuerpo para que pudiera sentir mi polla erecta por el deseo. Y empecé a comerle la oreja al mismo tiempo que le decía “lo deseas, te conozco. Lo deseas”.

    La hice girar y la llevé a la pared contraria de la puerta. Allí la aprisioné entre la pared y mi cuerpo. Ella gemía levemente. Metí una mano por debajo de la camiseta hasta sus pechos. Los tenía duros, con unos pezones ya de punta totalmente. Volví a recorrer su cuello con mi lengua, dándole pequeños mordiscos. Ella movía algo el culo, haciendo que los refregones con mi polla empezaran a mojarme la ropa interior.

    La giré y le subí la camiseta. Tiré del sujetador hacia arriba haciendo que ambas tetas escaparan de la prenda. Apreté una con una mano y la otra teta me la llevé a la boca. El contacto de mi lengua hizo que Paula gimiera y se estremeciera. Era mía. Estaba, pese a sus reticencias iniciales, dejándose hacer de todo. Le mordí la teta dejándole una marca de mis dientes y ella protestó, pero no dejé que lo hiciera mucho. La hice girar de nuevo y la lleve hasta el inodoro. Puso sus manos contra la cisterna, arqueando la espalda y dejando las piernas separadas. Me desabroché el cinturón, y llevé mis pantalones y ropa interior a mis tobillos. Mi polla erecta, con gotas de líquido preseminal ya goteando esperaba ya allí. Paula me dijo, estando en aquella posición, que prefería comérmela en vez de follar. Mi respuesta fue subirle la falda, y retirarle a un lado las braguitas. Ella no dijo nada más así que yo tenía claro que sí quería follar. Es más, separó las piernas un poco más, lo que me dejaba claro que quería tener mi polla dentro.

    Ver entrar mi polla en su cuerpo, sentirla dentro, me subió la temperatura varios grados. Empezar a escuchar sus gemidos rítmicos, empezar a ver como arqueaba su cuerpo…t odavía más. Me quedé ensimismado viendo como mi polla entraba y salía de aquel cuerpo que tanto deseaba. Ella empezó a empujar también, haciendo que las penetraciones fueran profundas y duras. Sus gemidos se intensificaban, así que con una mano le tapé la boca. Sabía que así, dándole duro, sintiendo ese culo contra mi cuerpo, sintiendo su lengua contra mis dedos yo no duraría mucho. Pero ansiaba sentir mi leche derramándose dentro de ella, así que apreté todavía más en mis movimientos.

    Sentía que mi leche se me escapaba ya, y quise aguantar. Pero fue en vano porque aunque yo me detuve, Paula movió todo su cuerpo y mi polla no aguantó más: descargué dentro de ella unos buenos chorreones de semen. Justo en ese momento, entraba alguien más en el baño. Fue morboso saber que alguien estaba allí, a poca distancia de mi, mientras mi leche llenaba todo el coñito de Paula. Ambos íbamos recuperando la respiración normal, escuchando al extraño a pocos metros. Cuando se fue saqué mi polla, chorreando de ella, y ella se reincorporó. Nos limpiamos y nos vestimos entre sonrisas.

    Salí yo primero, eché un vistazo tanto dentro como al pasillo, y al no ver nadie ella salió y se metió en el de mujeres para arreglarse el desaguisado que habíamos hecho en su pelo y en su maquillaje.

    Mientras la esperaba apoyado en la pared, me daba cuenta con satisfacción que aquello iba a significar el inicio de una aventura con una ex en toda regla.

  • Mi vecino el urólogo

    Mi vecino el urólogo

    Soy bisexual pero nunca lo he dicho abiertamente. Este relato toma lugar cuando tenía 18 años, por ese entonces yo tenía un amigo su nombre es Darío, él era menor para mí con 1 año. Yo me llevaba muy bien con él, sus padres se habían divorciado cuando él tenía 12 años y mi amigo se quedó al cuidado de su padre. Su padre Mario de 42 años en el medico urólogo. Bueno, volviendo al relato a mí siempre me han llamado la atención los hombre mayores, un día mi amigo me invita su casa con mucho gusto fui él tenía un play 4 en la sala de su casa y siempre que nos reuníamos la jugábamos, bueno resulta que ese día acudí y me abre la puerta su padre y me invita a pasar.

    Una vez dentro Mario me dice.

    M: Buenas tardes Ricardo como estas?

    Y: Buenas tardes don Mario todo bien y Ud. como ha pasado?

    M: todo bien sin problemas. Por cierto Darío salió a recoger unos documentos que le encargué, pero siéntete en tu casa y espéralo hasta que vuelva.

    Y: muchas gracias don Mario espero no molestar mientras espero

    M: tranquilo, cuéntame como te va en las clases

    Y: todo bien esperando que se acaben para salir a vacaciones jejeje

    M: jajaja en la universidad que piensas seguir?

    Y: no lo se ha decir verdad aun no me decido

    M: eso es muy importante y debes pensarlo muy bien para tu futuro

    Y: lo hare muchas gracias don Mario, que tal el trabajo?

    M: tocando a profundidad jajajajaja

    Y: jajajaja bien a fondo jajaja por cierto siempre he tenido curiosidad sobre su trabajo

    M: jeje de verdad? Si quieres yo te lo puedo enseñar

    Y: jaja si es que tengo curiosidad de como se hace eso

    Estábamos conversando cuando le entra una llamada y resulta ser de su hijo diciéndole que su madre lo había llamado para preguntarle si quería que lo acompañara al almuerzo lo cual Darío había aceptado, yo note una sonrisa cómplice cuando Mario escucho eso y no negare que eso creo una excitación en mí, bueno Mario colgó el teléfono y me cuenta lo que paso y me dice si quiero que él me enseñe como es su trabajo de urólogo, como ya mi excitación era más acepte sin dudar.

    Me dice que me ponga una de las batas que utilizan sus pacientes cuando van a sus consultas, fui al baño me quite todo y salí solo con la bata, sin mentir me quedo viendo de pies a cabeza y yo tenía la cara roja, me dice “acuéstate en el sillón voy a ver unas cosas”, fui y lo hice, después de un momento observo que viene con sus guantes y ahora me dice “ponte en cuatro y respira”, solo sentía su respiración y escuchaba como se ponía sus guantes y abría el gel lubricante mientras tenia a la vista todo mi culo para él.

    En eso siento que me empieza a untar el gel y con el dedo empieza a hacer presión contra mi ano, me dice que me relaje y así lo hice y siento como empieza a entrar su dedo por mi culo, creo que noto mi excitación que empezó un mete y saca con su dedo yo trataba de controlar mi respiración hasta que siento que empieza a entrar otro dedo yo solo me deje y seguía con el mete y saca. Así estuvimos por 10 minutos y me los saca y me dice que todavía no terminamos hasta que sentí algo un poco más grueso y caliente tratando de entrar en mi culo, regrese la mirada y veo que es su pene todo erecto se acerca a mi oído y me dice “qué buen culo que tienes te lo voy a abrir” yo estaba tan excitado que le dije “si hágalo”.

    Se unto gel un su verga y me lo empezó a meter, empecé a gemir y se escuchaba por toda la sala, él me cogia de la cadera y me presionaba contra sus huevos.

    Yo me entregaba al deseo y solo pensaba en que me coja y sentirlo dentro mío, creo que me leyó la mente porque me dio unas nalgadas que me hicieron gritar, pero no del dolor sino de la excitación, sin sacarme la verga se acomodó en el sillón y me hizo que lo cabalgara y así lo hice yo solo sentía como entraba y salía.

    Estuvimos cogiendo por unos 20 minutos y me dice que quiere acabarme dentro y yo le dije “hazlo papi, dame tu leche dentro de mí”, eso lo prendió mas porque me empezó a embestir con más fuerza hasta que termino y se dejó su verga dentro de mi hasta que se salió sola.

    Nos quedamos desnudos y yo con su leche en mi culo y me dice “no pensé que tendría sexo con el amigo de mi hijo, pero me encanto y espero que lo volvamos a repetir” le dije “me encanto sentir su verga y su leche dentro de mí y si me gustaría repetir”.

    Lo hicimos un par de ocasiones más en su casa y luego me invito a su consultorio, pero eso queda para otra historia, háganmelo saber en los comentarios.

    Espero que le haya gustado, perdonen cualquier falla, acepto cualquier consejo.

    Gracias por leer.

  • Mañana lluviosa

    Mañana lluviosa

    Buenos días a mis queridos lectores, después de un tiempo sin visitarlos me estoy poniendo al día, con nuevos relatos vividos y nuevas experiencias, como en todos mis relatos anteriores el protagonista principal de ellos es quien les escribe, no me gusta montar relatos basados en hechos de otras personas o mucho peor, según mi opinión andar inventando loqueras.

    Bueno a lo que vine, les cuento que a comienzo de año conocí a una nena bastante joven según mi apreciación ya que es 10 años menor que yo, tiene veinte y algo, pues bien ella la llamaremos Ana, digo el pecado pero no el pecador, bueno todo comenzó así.

    Ana me contacto gracias a las maravillas del internet, a través de un anuncio, el anuncio contenía una información bastante especifica era bastante claro y especifico lo que yo buscaba, saben ya esta edad no me gusta andar con rodeos, y pues bien ella me contacto al principio nos comunicamos un tiempo por correo ya que Ana es una persona bastante tímida saben aunque por cómo se dieron las cosas no parezca, pero así es.

    Ana es una mujer delgada de bonita figura, alta y de pelo largo, morena clara, senos ni muy grandes ni muy pequeños bastante sensitivos, Ana es de ese tipo de personas que son de pocas palabras, saben de esas personas que en un salón de clase cuando todos están hablando y riendo ella esta callada y observando todo a su alrededor bueno si me captan la idea así es Ana, así es su personalidad, habla poco y piensa mucho, pero si ella les dice lo que piensa ufff ay si se pone la cosa al rojo vivo.

    Retomando el tema, Ana me solía escribir por correo y conversábamos por esa vía mucho nos conocíamos el uno al otro, ella le gusta mucho la lectura y he ahí donde aparezco yo, pues les cuento, ella estaba leyendo una novela referente al bdsm, era una novela bastante larga, según ella me cuenta eran varios libros, una trilogía, la cual ella para ese entonces estaba terminando de leer, y me dice ella que fue tanto lo que le gusto, y fue tan bueno lo que ella pudo leer en esos libros que se vio en la necesidad de probar de llevar a cabo todo lo que vivía en esa novela, entonces ella empezó a buscar en internet anuncios relacionados al tema, se metió en foros, blogs etc., hasta que logro dar conmigo, y fue así que nos conocimos, claro todo esto me lo cuenta ella después que nos conocimos.

    Y bueno hablamos y hablamos hasta que se dio el momento de vernos. Me acuerdo de ese día la primea vez que nos vimos como siempre cuando voy a estos encuentros siempre me da un poco de nervio y algo de emoción y morbo todo a la vez es una mezcla de sensaciones, si les ha pasado seguro me entenderán. Pues bien así fue esa mañana estaba bastante fresca y nublada parecía que iba a llover, recuerdo que nos vimos por la avenida Lara, y posteriormente nos fuimos a un lugar más privado y mas solo para hablar bien, bueno una vez que llegue al destino, deje el carro encendido y con los vidrios arriba justo al rato de haber llegado empezó a llover lo que para nosotros fue mejor, pues eso nos daba más privacidad aun. Recuerdo que empezamos hablar referente a lo nuestro a que cosas nos gustan y cuáles no, me excito mucho cuando me dijo que ella era casada, pero le daba pena hace esto con su pareja ya de por si estaba en una situación morbosa y con eso que me dice me dio mucho más morbo aun, mis oídos al escuchar eso no lo podía creer.

    -Entonces te gustaría practicar sesiones de bdsm conmigo?

    -Si me gustaría –respondió.

    -Serás una sumisa obediente?

    Su respuesta fue la misma, mi corazón se aceleró mucho y mi respiración se agita al oír esto, pues bien le digo:

    -déjame ver tus manos y pies -a lo cual ella accedió estuve un rato tocando y acariciando sus manos ese fue nuestro primer acercamiento, como note que era ella bastante delgada, galga diría yo, quise ver su abdomen a lo cual ella accedió y levanto su blusa pude apreciar y tenía un abdomen muy bonito y plano, así fui detallando todo su cuerpo, recuerdo que ella estaba muy callada, y yo le preguntaba- te sientes bien? Estas bien?

    A lo que ella me respondía que sí, solo eso, no mostraba mayor expresión lo cual me incomodaba un poquito, y por ello le preguntaba, al cabo de unos minutos en esta tarea yo iba agarrando más confianza y le hablaba con un tono más autoritario y más dominante, pues veía en ella una sumisión total y pura, sin darme cuenta de a poco empecé a tener una erección muy rica aunque un poco molesta pues estaba apretado por el pantalón, me acuerdo que le dije:

    -voltéate, déjame ver tu cintura déjame ver tu espalda -y empecé a tomar sus caderas su cintura y acariciar su pelo largo, y fue ahi en ese instante que empecé a notar un poco de excitación en ella pues su respiración se empezó agitar y se empezó acelerar ya yo tenía rato así, sin embargo quise confirmar mis sospechas y le pregunto- te gusta?

    -Si me gusta.

    -lo estas disfrutando? Sí, que tanto?

    -Mucho señor.

    -Del uno al diez cuánto?

    -7 señor.

    -Entonces no lo estas disfrutando mucho -le dije.

    -Si lo disfruto -me contesto.

    -Bueno hay una forma de ver si en verdad lo estas disfrutando voltéate y abre las piernas -así lo hizo, respiro profundamente y cerró los ojos, pues tenía como una mezcla de excitación y pena a la vez, ya que yo era un desconocido no tenía ni dos horas hablando con ella y ya la estaba tocando por todo el cuerpo. Acerque mi mano a su abdomen plano y empecé a bajar lentamente y ella solo respiraba cada vez más agitado y con los ojos cerrados y le pregunto- estas bien?

    -Sí señor.

    -Te excita hacer esto?

    -Sí señor.

    -Déjame ver -y sin más preámbulo puse mi mano en su vagina por fuera del pantalón y soltó un suspiro- te gust,a te molesta?

    -No señor.

    Desabroche su pantalón y a continuación metí mis dedos en su vagina y la muy perra estaba mojadísimas con esa situación y ufff que rico sentir su humedad, y le digo:

    -Vaya, se nota que no lo estas disfrutando.

    -Sí, lo disfruto señor y mucho.

    Acto seguido empecé a meter mis dedos con más velocidad metí dos dedos en su jugosa vagina y ella no decía nada pero está muy agitada, saco los dedos y los llevo a su boca y le digo:

    -Chúpate tú misma tus jugos -pareció que le gusto y le dio más morbo pues los empezó a chupar como loca, tuve que quitarlos pues sentía que no se quería despegar y le dije- ya va, calma -después empecé a agarrar sus pezones y se excito demasiado y le dije- tócate perra.

    -Sí señor -y empezó a tocarse con una mano la otra se la lleve a mi verga, estaba tan excitado que no me había percatado si había gente afuera o no y cuando me fije bien tenía una camioneta negra en frente con gente adentro, razón por la cual tuve que bajarle dos a aquella morbosa situación, y recuperar la calma…

    Sin embargo le dije:

    -Bueno, vamos a llevarte a casa -prendí el carro y le dije- agárrame la verga y hazme la paja hasta que acabe -y así lo hizo, iba muy nerviosa y excitada cuando se me secaba la verga le decía- chúpala y mójalo…

    Y ufff que escena más morbosa, así me estuvo un rato y me dio vaina acabarle en la boca pues no sabía si se iba a molestar pero si le hundía la cabeza y eso me gustaba mucho, hasta que al fin me saco la leche y se la regué en las manos.

    Esa fue nuestra primera cita, en persona les cuento esta historia pues el día de hoy 25/04/18 nos íbamos a ver y pues que creen, me dejo plantado cosa que no me gusto para nada, motivo por el cual le voy a dar un merecido castigo, pues no me gusta que me dejen vestido y alborotado.

    Dejen quieto que la agarre y les cuente que le voy hacer, si tienen alguna idea me pueden decir para darle un buen castigo por haberme dejado embarcado. Saludos y gracias por leer mi relato, cuídense.

  • Gigoló por un día

    Gigoló por un día

    Hace 45 años estaba yo partiendo leña con un hacha para la señora Gloria en la parte de atrás de su casa. La mujer tenía 60 años y llevaba treinta viuda. Vino a mi lado y mirando para mi torso desnudo y sudado, me preguntó:

    -¿Quieres ganar mil pesetas, Quique?

    -¿A quién le hay que dar una paliza?

    -A nadie. Si me dejas que te la chupe y me trague tu leche te doy mil pesetas.

    -Por ese dinero dejo que me la chupes, te follo y de propina te doy por culo.

    Me miró a los ojos, y me dijo:

    -Júrame que no se lo vas a decir a tus amigos.

    Le respondí, con solemnidad:

    -Te lo juro

    Con mil pesetas en aquellos tiempos se hacía una fiesta. Con decir que un paquete de tabaco marca Celtas, que era el que yo fumaba, costaba cinco pesetas, ya está todo dicho.

    Concha era una mujer con el pelo cano recogido en un moño. Era morena de cara, de ojos negros, alta para aquellos tiempos en que las mujeres mayores rara era la que pasaba del metro y medio. Estaba rellena, pero no era gorda.

    Al entrar en casa y cerrar la puerta con la tranca, la cogí por la cintura con una mano y le bajé la cremallera del vestido, que le llegaba a los tobillos. La besé en el cuello y le quité el sujetador negro y las bragas blancas. Le di la vuelta y la vi tal y como era. Sus muslos eran blancos y sus piernas estaban cubiertas de pelo negro, bastante largo, de unos dos o tres centímetros. Su coño estaba rodeado de un poblado bosque de pelo negro. Sus sobacos hacían juego con el pelo del coño, ya que sobresalían por los lados. Sus tetas eran grandes y decaídas. Me importó un comino que estuvieran decaídas. Se las chupé y se las mamé mientras Concha gemía y me acariciaba el cabello. Bajé a su coño. Lo abrí con dos dedos. No eran telarañas las que iban de un lado al otro de los labios, era hilillos de flujo, parte de él, ya que el otro que echara bajaba por sus blancos muslos. Le olí el coño como se huele el café, aspirando profundamente hasta llenar los pulmones con su aroma…

    Pobrecita, debía llevar 30 años sin correrse, fue lamerle el coño, aflojársele las piernas, y caer arrodillada con los ojos en blanco. Se corrió como un río. Dejó un charco de jugo en el piso de madera.

    Jamás había visto a una mujer correrse así, ni tan peluda, ni tan, ni tan apetecible. Cuando se recuperó y se levantó, la llevé junto a mesa de la cocina, hice que se apoyase en ella. Le abrí las piernas, le cogí las tetas con las dos manos, puse mi polla tiesa como un palo en la entrada de su coño y empujé para meterla. Creía que iba a entrar como un tiro, pero a pesar de tener el coño empapado le entraba ajustado como si fuera una jovencita. Se le había cerrado por falta de uso. Tuve que quitar una mano de las tetas y darle cachetes en el culo para que se fuese relajando. Poco más tarde ya entraba y salía del coño sacando gemidos de la garganta de Concha, que al ratito se volvía a correr.

    Cuando acabó de correrse, con la polla empapada de su jugo, la quité del coño y se la metí en el culo. Recuerdo que dijo, cuando le metí la cabeza:

    -¡Cooooño!

    Le pregunté:

    -¿La quito?

    -Si no quieres cobrar, sí.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Que si no me la clavas hasta el fondo no cobras, cabrón.

    Le azoté el culo con las dos manos.

    -¿A quién llamas cabrón, cerda?

    -A ti, hijo puta.

    La azoté. Le gustaba. Le gustaba que la azotara, que la insultara y que le dijera guarrerías. Se puso tan cachonda, que media hora más tarde, al quitarle la polla del culo y metérsela a tope en el coño, se volvió a correr. Esta vez tuve que sujetarla porque se quedaría sin dientes si diese contra la mesa.

    Cuando acabó de correrse y se recuperó, me lavó la polla con un trapo mojado, se arrodilló y me la mamó. No es que la mamase bien, pero ya estaba tan caliente que no tardé en llenarle la boca de leche. ¡Y cómo saboreó la leche de su yogurín!

    La mujer me dio las mil pesetas y me fui de su casa, sin acabar de cortarle la leña, y más contento que un cuco.

    Fin

  • Mi mujer, el culo de mi suegra y el mío

    Mi mujer, el culo de mi suegra y el mío

    Pues, vale, te lo cuento.

    En realidad, cuando Helena, mi mujer, me propuso montar un trío con su madre (exactamente con su madrasta) pensé que me estaba contando un chiste o que quería tomarme el pelo. Pero la tercera vez que repitió que “lo decía en serio”, dejé de reír y de burlarme y me sentí completamente desconcertado.

    ‒Desde la muerte de papá, lleva más de un año viuda, “consolándose” a base de dedos y dildos… ‒argumentó y, luego, sonriendo con cierta picardía me confesó algo chocante: ‒No pensaba contártelo, pero, después de cargarnos de gin-tónics, un par o tres de veces, yo misma he compartido sus “consolaciones”…

    Y, sin dejarme asimilar su revelación, me dijo que no pensase que había cometido incesto, porque Pilar era su madrastra. Aunque ella la llamaba “mamá”, no era su madre. Por tanto, técnicamente no había incesto.

    ‒Pilar tampoco lo piensa ‒concluyó‒. Además, tanto nos da… Lo hemos hablado. Me explicó que, con papá, habían llevado a cabo varios tríos e intercambios.

    Así, de manera directa, Helena me informaba de la capacidad y de la experiencia sexual de su madrasta, mi suegra. Y, aparentado un tono de normalidad, precisó:

    ‒Lo hemos hablado… Ella está de acuerdo.

    Estábamos en la cama, después de un polvo fantástico. Mi libido, pues, se hallaba en plena pausa de resolución. Pero te confieso que la idea de una buena jodienda con Pilar me ponía un montón. Con todo, no lo veía muy claro.

    ‒¿Estás segura de lo que propones? ‒requerí.

    ‒Sí, claro… Después de todo, nos hemos montado tríos con amigos y amigas muy íntimos…Y con tu prima…

    En efecto, con mi prima hermana, una “cincuentañera”, muy caliente y folladora. Durante un fin de semana nos montamos una orgía desenfrenada. ¡Dios, qué trío!

    ‒Tenemos que repetirlo ‒se me escapó.

    Pero Helena seguía con lo suyo.

    ‒Después de todo, no está tan mal ‒aseguró‒. Y es una calentorra de mucho cuidado. Lo sé por experiencia.

    No, no estaba mal Pilar, a sus años. Era una sesentona muy atractiva, con unos labios besucones, unas tetas apetecibles, y un culo espléndido. Me la imaginé desnuda y noté un amago de erección. Realmente tenía un buen polvo, Pero era la madre de Helena, era mi suegra. Pensar en los tres en cueros en una cama y disfrutando del sexo me descolocaba. Pero, incesto o no incesto, inevitablemente también me excitaba.

    ‒¿Seguro que ella está de acuerdo? ‒insistí.

    ‒Desde luego que sí… Es más, casi ha sido idea de ella… Sabes que te aprecia y, yo diría, que en todos los aspectos.

    Por lo visto, la cosa ya estaba decidida. La verdad es que la idea no me disgustaba en absoluto. Mi mujer lo intuía, porque me dio un beso largo, profundo, lujurioso.

    ‒¿No te da morbo? ‒me dijo‒. A mí, solo imaginarte follando a mamá me pone supercaliente.

    Comprendí que se trataba de un especial capricho de Helena (quizá también de Pilar). Y los caprichos sexuales, de mi mujer o míos, siempre se terminaban realizando. Así que me hice una rápida composición de lugar, que ciertamente me puso muy cachondo y acepté la propuesta con un escueto “vale”.

    En realidad, Helena y Pilar, de antemano, estaban seguras de que aceptaría, porque incluso habían preconcebido un plan de encuentro. Plan que seguí estrictamente.

    Acordamos que una tarde mi suegra me esperaría a tomar el té, sola en su casa. Helena llegaría después, para cenar, y luego montaríamos el trío.

    Según Helena me dijo, Pilar quería estar un tiempo conmigo a solas para conversar e “ir preparando el terreno”.

    Así que la tarde indicada llegué preparado a casa de mi suegra. Ella me esperaba enfundada en un chándal azul y con una sonrisa encantadora. Naturalmente, tomamos té sentados en el sofá de la sala de estar. Y en un momento dado, me preguntó qué opinaba de ella.

    ‒¿En qué sentido? ‒le dije para ganar tiempo mientras lo pensaba.

    ‒En todos… Pero, querido, espero que seas sincero,

    ‒Ya sabes cómo te aprecio… como te quiero…

    ‒¿Me quieres…? ‒sonrió‒ ¿Helena te ha explicado…?

    ‒Sí, me lo ha explicado… Eres una mujer muy sexy… ‒y decidí entrar en el asunto a fondo‒. Sinceramente, muy sexy, con esos labios, esas tetas… ¡y ese culo espléndido!

    Pilar soltó una sonora carcajada,

    ‒¿De verdad, querido, te gusta mi culo?

    ‒No sabes la de veces que se me levanta cuando me fijo en tu culo… ‒me crucé de piernas para aliviar la erección, mientras farfullaba: ‒Como ahora.

    ‒¡Vaya, vaya, vaya! ‒exclamó, mientras se me iba aproximando en el sofá hasta prácticamente quedar pegada a mí. Entonces desplegó su sonrisa y deslizó:

    ‒Quiero verla, querido.

    La miré y vi tal convicción en su mirada que automáticamente me bajé la cremallera de la bragueta, agarré la polla dentro del bóxer, y la saque afuera, dura y erecta en todo su esplendor.

    ‒¡Dios!¡ Qué alegría, querido! ‒profirió Pilar‒. Me lo había dicho Helena, tu mujer… Pero, ¡Dios mío!, qué pedazo de carne apetitosa… ‒ironizó

    Durante unos segundos mantuvo su vista sobre mi polla, pero enseguida, ni corta ni perezosa, se lanzó sobre ella, se la metió en la boca y me hizo una mamada de campeonato.

    Te aseguro que hacía tiempo que no tenía un ataque de goce tan rápido y profundo. La tía se había apoderado de mi polla y la chupaba y rechupaba con entusiasmo. Me hacía sentir agudos chispazos de placer que iban en aumento a cada mamada. No me daba cuenta, pero yo debía jadear fogosamente, para que Pilar detuviese su felación y, sonriendo, apuntase retóricamente:

    ‒Te gusta, ¿eh?

    Sin esperar respuesta, se puso en pie frente a mí, me tomó de la mano y me hizo levantar del sofá.

    ‒Vamos a mi cuarto, querido, Estaremos más cómodos ‒indicó.

    La seguí, con la polla tiesa, cimbreante y ensalivada, intentando reponerme de la brusca interrupción de la mamada. Ella, camino del dormitorio, se despojó de la chaqueta del chándal, soltando así un par de gordas tetas, algo caídas, con oscuros pezones túrgidos. La verdad es que ya las había visto en verano, en la playa. Pero ahora, con el morbo de la situación, me resultaban más voluptuosas, más excitantes.

    ‒¡Joder, qué tetas! ‒solté mientras intentaba magrearlas.

    ‒¡Espera! ¡Espera un momento! ‒me paró Pilar, escabulléndose de mi manoseo.

    Al entrar al dormitorio, se quitó finalmente los pantalones del chándal y se quedó quieta, completamente desnuda, como esperando mi aprobación. La vi allí delante, sonriendo, y mi mirada pasó de golpe de las tetas a la raja de su coño depilado, comprimido por unos muslos anchos y poderosos. Se giró un momento para retirar la colcha de la cama, y exhibió su culo de nalgas grandes y mullidas, un hermoso culo de veterana.

    A toda prisa, me quité camisa, pantalones, calcetines y bóxer y me quedé en pelotas, con la polla, firme y tiesa, y los cojones llenos a tope.

    Pilar me aguardaba tumbada de espaldas en la cama, Yo, sin espera, me puse a sobarle las mamas y a chuparle los pezones. Ella comenzó a gimotear y, entre suspiros, me preguntó:

    ‒¿Te gusto?

    ‒¡Con locura, cariño! ¡Me gustas con locura, Pilar! ¡Y te quiero follar! ¡Y te voy a follar…!

    ‒¡Sí, sí…! ¡Fóllame, fóllame fuerte!

    Entonces, me encaramé de un salto a la cama, la abrí de piernas y me aboqué sobre su coño maduro que estaba mojadísimo. Le metí la lengua entre sus labios menores y, lamiendo, la hundí en su vagina cuanto pude. Enseguida la saqué sin dejar de lamer y se la volví a hundir. Repetí la maniobra tres o cuatro veces. La oí gemir de gusto y pasé a hociquear en su clítoris. Lo chupé, lo lamí, lo sorbí, a veces lentamente, a veces acelerando, pero sin pausa.

    Cuando sus gemidos fueron más ruidosos, me arrastré por la cama para, con toda la furia de mi excitación, clavar mi polla en aquel coño empapado de fluidos y saliva.

    ‒¡Oh, sí, sí! ¡Fuerte, fuerte! ‒reaccionó ella‒ ¡Así, así! ¡Jódeme! ¡Fóllame!

    La verdad es que nunca hubiera imaginado que mi suegra fuese tan caliente.

    Parecía disfrutar a tope con cada una de mis penetraciones en su chocho jugoso. Esa actitud estimulaba mis ganas de follarla a fondo. Cada embestida de mi polla era acogida con implacable lascivia por su chumino amplio y confortable, y me hacía sentir por todo mi cuerpo una gozada irresistible que iba aumentando hacia un orgasmo inevitable.

    De pronto, Pilar dejó de gemir y jadear.

    ‒Quiero que me llames puta y me hagas guarradas ‒me pidió.

    ‒Bueno, yo… ‒desconcertado, saqué la polla de su coño, sin saber que decir.

    ‒¡Llámame puta! ‒insistió, mientras, tumbada de espalda, levantó las piernas, sosteniéndolas con las manos en sus muslos, y se plegó un poco sobre su cintura para mostrar así no sólo su chocho, sino también el ojete de su culo.

    ‒¡Llámame puta y hazme guarradas! ‒volvió a pedirme‒ ¡Hala, tío, fóllame el culo!¡Me vuelve loca que me follen el culo!

    Automáticamente me fijé en su ano. En la posición que me lo enseñaba, era un agujero algo amplio, de bordes limpios, lisos, y aparentemente elásticos. Sin duda era un ano muy habituado a la sodomía.

    ‒¡Vamos, vamos! ‒me apremiaba mi suegra.

    ‒¿Tienes a mano algún condón? ‒le dije.

    ‒¿Para qué? ¡A pelo, tío, a pelo!

    Así que mojé la lengua en el fluido salobre que resbalaba de su coño y, con un par de lametones, le humedecí convenientemente el ano. Luego, escupí un par de veces sobre los bordes del agujero y, con la punta de la lengua, fui extendiendo la saliva por fuera y por dentro del ojete. A continuación, le metí un par de dedos y maniobré dentro con intención de dilatarle el ano.

    ‒¡Oh, sí! ¡Oh sííííí…! ‒ iba aprobando ella entretanto,

    Enseguida, le metí un tercer dedo. Al comprobar la facilidad con que entraba y se movía dentro, comprendí que era un culo con mucha experiencia y decidí sustituir los dedos por mi cipote.

    Primero, apoyé la punta del capullo sobre el ojete. Con precaución, lo fuí hundiendo poco a poco culo adentro hasta cerciorarme que entraba cómodamente.. Entonces, de un golpe le metí el cipote entero hasta los cojones. Pilar soltó un grito repentino y sentí el apretón de su esfínter. Me quedé inmóvil, indeciso, aunque manteniendo la enculada. Enseguida ella me sonrió, mientras relajaba su esfínter, y me exigió autoritariamente que la sodomizase.

    ‒¡Sí, sí! ¡Menéate, tío! ¡Embísteme a fondo! ‒me ordenó‒. ¡Fóllame! ¡Soy tu puta! ¡Machácame el culo!

    La obedecí de inmediato. Me puse a bombearle el culo pausadamente. Pero al notar que mi polla penetraba sin apenas resistencia, aceleré el bombeo. Muy pronto sentí agudos trallazos de placer que iban encendiendo mi lujuria. Y comencé a adorar y a disfrutar (“¡Joder, qué culo…! ¡Qué guuusto, joder!”) de ese culo de mi suegra que me auguraba una gozada final fastuosa.

    Pilar, por su parte, se estaba masturbando. Se metía los dedos en el chocho o se palmeaba y se acariciaba el clítoris. Resoplaba, gemía o soltaba grititos de placer o de dolor. Realmente estaba excitadísima. Posiblemente al borde de un orgasmo.

    De pronto, me gritó con furia:

    ‒¡Así, así! ¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Así, asíííí… hijoputa!

    Estimulado por el desenfreno de Pilar, reaccioné dándole sin tregua.

    ‒¡Córrete, hijoputa, córrete yaaaa! ¡Lléname el culo de leche! ¡Ya, tío, yaaaaa! ‒seguía gritándome ella.

    Cada vez le metía la polla más deprisa, más deprisa, más deprisa… Y me puse a resollar. Y tal vez a maldecir. Y a llamarla “puta cachonda” y al mismo tiempo a asegurarle que tenía un puto culo divino. Hasta que llegué al instante que un placer irresistible y doloroso se apoderó de todo mi cuerpo y paralizó mi voluntad.

    Pilar debía intuir que estaba a punto de venirme, porque me gritó:

    ‒¡Córrete dentro de mi culo, hijoputa! ¡Suelta la leche!

    Inevitablemente me corrí enseguida. Me corrí con la polla empotrada dentro del culo de mi suegra. Me corrí eyaculando toda la leche de mis cojones en su recto. Me corrí disfrutando de un placer violento que casi me hizo perder la noción de las cosas momentáneamente.

    Seguramente Pilar también se había corrido porque había dejado de masturbarse. Permanecía inmóvil, con los ojos entornados. Sentí la necesidad ineludible de besarla. Me derrumbé sobre su cuerpo y la besé. La besé apasionadamente, con mi lengua revoloteando dentro de su boca. Y ella, con la misma pasión y revuelo de lengua, me devolvió el beso.

    Cuando bajé de la cama tenía la polla pringada de semen. Pilar, que se había quedado tumbada de espaldas, al verlo, sonrió y se ladeó para enseñarme su ojete.

    ‒Mira ‒me dijo.

    Lo tenía empapado de esperma viscosa que goteaba sobre la sábana de debajo.

    ‒¡Joder! ‒exclamé y nos entró risa a los dos.

    ‒¿Te ha gustado darme por el culo? ‒me soltó con cierta sorna.

    ‒Ha sido de alucine… Cariño, tienes un culo de lujo.

    ‒Es mi punto débil… ¿No te lo ha contado Helena? Me la han metido casi más por detrás que por delante… ‒bajó de la cama sonriendo‒. ¿No te lo ha contado tu mujer? Quien me toca el culo, me folla el culo ‒por su tono de voz parecía que me estaba explicando una travesura‒. Tío, cuando veo a alguien follando un culo de una mujer, de un gay, de un trans o de lo que sea, me pongo supercachonda…. Aunque sea con un arnés, como el que yo tengo… ¿No te lo ha contado Helena?

    Sacó un par de toallitas húmedas del cajón de una de las mesillas de noche. Se limpió, con una, el semen de los muslos y del trasero y me ofreció la otra para que me quitase el pringue del pene.

    ‒Tienes una polla muy rica, querido ‒profirió; y dándome un par de azotes en las nalgas, concluyó: ‒y un culito muy guapo… ¡Hala, vamos a la ducha!

    Nos duchamos juntos enjabonándonos a la recíproca, sobándonos libidinosamente y jugueteando como un par de adolescentes. Como era de esperar con tanto retozo, a mí se me levantó la polla y Pilar se puso muy cachonda. Y hubiésemos follado allí mismo, en la ducha, de no haber aparecido Helena que acaba de llegar.

    ‒¡Vaya! ¡Veo que ya os habéis presentado! ‒exclamó jocosamente, mientras Pilar y yo nos envolvíamos en sendos albornoces.

    Cenamos la comida japonesa que Helena había traído. Estuvimos haciendo bromas sobre la situación, durante la cena. Pero no fue hasta cuando tomábamos café y licores que la cosa se inició.

    En un momento dado, mi mujer se acercó a la butaca donde yo estaba arrellanado y me besó con arrebato, mientras me desabrochaba el albornoz. Al instante, mi cipote saltó presentando armas. Nuevamente lo tenía erecto, duro, agresivo,

    ‒¡Dios, qué panorama más sugestivo! ‒profirió Pilar que estaba sentada enfrente, en el sofá.

    Mi mujer, por su parte, me hizo unas carantoñas masturbatorias y, dirigiéndose a su madre, le preguntó: ‒¿Te lo has pasado bien ?

    ‒Como un putón verbenero… Nena, tu marido es un tío estupendo… con una polla estupenda.

    ‒Tu mamá es una calentorra de mucho cuidado ‒me sentí obligado a intervenir en plan socarrón‒. ¡Y menudo culo!

    ‒¡Vaya! ‒exclamó Helena, sonriente‒. Ya lo has catado, ¿no, cariño?

    ‒A fondo ‒le respondió Pilar que se había puesto en pie y se encaminaba hacia el dormitorio‒. ¡Hala! ¡Vamos! ‒nos invitó.

    La seguimos de buena gana. En un santiamén, nos desnudamos y Pilar tomó la iniciativa azotando cariñosamente las nalgas de mi mujer, mientras le comentaba:

    ‒Nena, con un marido con esa polla, debes gozar de enculadas de miedo…Al menos yo, en tu lugar, tendría siempre el culo lleno de leche…

    ‒Mi culito también es mi punto flaco. Pero me gusta que me llenen de leche todos mis agujeros ‒explicó Helena.

    Pilar soltó una gran carcajada.

    ‒¿Los tres a la vez? ‒inquirió.

    ‒En ocasiones ‒deslizó mi mujer‒. En alguna fiesta, alguna orgía… ¿Verdad, Alfred?

    Hasta el momento, yo prudentemente había asistido a esos comentarios en silencio y acariciándome la polla para que no perdiese consistencia.

    ‒A veces… ‒susurré y, de inmediato, elevando la voz solté: ‒Yo solo sé que tenéis dos culos de vicio. Esta tarde me he tirado el de tu mamá y esta noche me tiraré el tuyo.

    ‒Bueno ‒concedió Helena‒, pero no ahora… Porque ahora… ‒abrazó a Pilar frotando sus tetas contra las suyas y le dijo al oído: ‒ Ahora te quiero comer ese chichi tan rico y cachondo que tienes…

    ‒¡Sí, sí! ‒profirió Pilar, zafándose del abrazo de Helena y subiéndose a la cama de un salto. Se tendió boca arriba con las piernas abiertas de par en par para facilitar el acceso a su chocho.

    Helena gateó sobre la cama hasta alcanzar con su boca la vulva de Pilar. Comenzó lamiéndole muy despacio las ingles. Volvió a lamerla, pero casi rozando con la lengua el borde de los grandes labios del coño. A la tercera lamida, le alcanzó el clítoris con la punta de la lengua y mi suegra empezó a gemir. Entonces, le metió la lengua en la vagina y lentamente la fue sacando hasta volver alcanzar el clítoris con la punta. Repitió la maniobra tres veces más, mientras Pilar gemía, jadeaba y proclamaba que se iba a morir de gusto. Finalmente, terminó lamiéndole el coño reiteradamente, con succiones de clítoris.

    Yo volvía a tener la polla tiesa y firme. El espectáculo lascivo que ofrecían madre e hija me excitaba terriblemente. Sentía unos deseos irreprimibles de intervenir activamente, pero dudaba de qué manera hacerlo. Dejé de masturbarme porque no quería correrme tan pronto. Finalmente, me decidí por magrear las mullidas mamas de mi suegra y chuparle sus gruesos y turgentes pezones.

    Pilar, que se había entregado al placer que le daba Helena, apenas reaccionó. Sólo un leve estremecimiento y un ligero incremento de sus jadeos y bufidos ansiosos. Pero, de pronto, me atrapó la polla y, tirando de ella, me obligó a subir a la cama hasta que me tuvo arrodillado frente a su cara. Entonces, se engulló mi cipote y comenzó a mamarlo despacio. Acompañaba cada chupada con caricias que me hacían gozar sin tregua.

    A las pocas chupadas, se me puso la polla muy tensa y muy dura y sentí por todo mi cuerpo un chisporroteo excitante. Pilar mamaba de maravilla como ya había comprobado por la tarde. Mucho más ahora, estimulada por el cunnilingus de Helena, que amorrada en el coño de su “mamá”, se lo estaba trabajando a fondo. Yo presentía los subidones de goce de mi suegra por la intensidad momentánea de sus mamadas que me hacían bramar de gusto.

    En un momento dado, Pilar se incorporó hasta quedar sentada sobre la cama. Soltó mi polla, me agarró por las nalgas y me arrastró hacia ella. Durante unos instantes, se mantuvo inmóvil disfrutando de la gozada que le proporcionaba Helena, que seguía comiéndole el chocho.

    Sin embargo, yo no estaba dispuesto a perderme el indescriptible deleite que me procuraban sus mamadas. Así que le metí la verga en la boca y la moví incitándola a que me la chupase. Pero ella permaneció pasiva y yo, decidido, comencé a follarle la boca despaciosamente. Pilar aceptó el cambio de felación a irrumación y aprovechó para acariciarme el perineo. Fue avanzando con sus caricias hasta alcanzar mi ano. Y entonces, al mismo tiempo que ceñía con los labios mi polla fuertemente, me metió un dedo en el culo.

    Pasado el primer momento de sorpresa, las maniobras digitales que comenzó a practicar mi suegra en mi trasero me resultaron muy gratificantes. Enseguida, me sentí dominado por un deseo angustioso de alcanzar el orgasmo. Aceleré el vaivén follador en la boca de Pilar. Cada vez, la metía y la sacaba con más ansia y, cada vez, gozaba de arranques de placer más largos. Y Pilar, con sabiduría erótica, seguía apretando mi polla con sus labios. Aunque, a veces, se estremecía y relajaba un instante su presión, seguramente por los arreones de gusto que le daba la comida de coño de su hija.

    Finalmente, con los dedos de mi suegra maniobrando dentro de mi culo y mi polla hundida en su boca, me vino esa necesidad ineludible de correrme. Y me corrí… Me corrí… Me corrí deliciosamente, eyaculando la leche dentro de la boca de mi suegra que la aceptó hasta el último chorro. Estuve vaciando mis cojones sintiendo un placer inaprensible que me mantuvo feliz y aturdido durante algunos segundos.

    Al volver a la realidad, Pilar me estaba besando y llenando mi boca de mi propio semen que tenía un sabor dulzón. Cuando terminó conmigo, se fue hasta su hija, que también se había sentado sobre la cama. Le dio un profundo morreo y luego, riendo, le comentó:

    ‒Ya conoces el gustito: leche de tu marido.

    A continuación le propuso hacer un 69 ”como los otros días”. Al instante, se tumbó en la cama, de espaldas, bien abierta de piernas, Helena se colocó encima, en posición invertida, con chocho chorreante de su madre al alcance de su boca, y el suyo, también muy mojado sobre la cara de esta. Y enseguida empezaron un cunnilingus recíproco

    Era fascinante verlas lamiéndose dulcemente los clítoris, chupándose despacio los labios del coño, metiéndose las lenguas poco a poco en las vaginas, y oírlas jadear y gemir de gusto. A veces, la una o la otra alargaban sus lametones hasta terminar en el ano. Y Pilar, especialmente, iba ensalivando el ojete de su hija, quien también alcanzaba en ocasiones el de su madre.

    Resultaba un espectáculo tremendamente excitante, magníficamente obsceno, maravillosamente pornográfico. Lo malos es que yo acababa de correrme y me hallaba en un profundo periodo refractario. Mentalmente estaba muy caliente, pero mi polla apenas se enteraba.

    Así que decidí dar tiempo al tiempo. Me largué al cuarto de baño. Oriné. Me lavé la verga en el lavabo, Comprobé con el manoseo que había síntomas de pronta resurrección de la carne. Y, esperanzado, me fui a la sala de estar para tomarme un whisky mientras aguardaba esa resurrección.

    Hasta allí se escuchaba el alboroto sonoro y las obscenidades con las que se estimulaban mi mujer y mi suegra. Desde luego, ya conocía, y me gustaba, la lujuria de Helena, pero me sorprendía, me parecía increíble, la cachondez de mi suegra. Lo más asombroso era su adicción al sexo anal, lo que nos abría posibilidades que, naturalmente, no íbamos a desaprovechar.

    Sentado en una butaca, quitándome, con un buen whisky, el gustillo del semen tragado con el beso de Pilar y pensando en el pedazo de culo de mi suegra, comencé a sentirme rijoso. Recordé mi gozada de la tarde, corriéndome dentro de ese pandero y sentí que se me despertaba la libido. Me dije que sodomizar a Pilar era una fiesta que, en adelante, iba a celebrarla ciento de veces. Y me puse a acariciarme voluptuosamente la polla que ya se me estaba recuperando.

    Me serví otro whisky, mientras del dormitorio me seguía llegando la algarabía que provocaban Pilar y Helena con su juerga sáfica. Gemían, gritaban, blasfemaban, se insultaban. Me las imaginé disfrutando libidinosamente de sus cuerpos. Me las figuraba besándose con pasión, sobándose las tetas, lamiéndose los coños, masturbándose los clítoris, trabajándose los culos, haciendo las tijeras, o el columpio o cualquier otra práctica excitante.

    Pensando en ese probable panorama, sentí que volvía mi lujuria y que comenzaba a empinárseme el cipote. Visto lo cual, me terminé el whisky y regresé al dormitorio.

    En la habitación me encontré a mi mujer tumbada de espaldas en la cama, con el pubis levantado por una almohada bajo las nalgas. Mientras ella se estaba masturbando clitorianamente, su “mamá” le iba follando el culo con un consolador que era una polla larga, gorda y negra.

    ‒¡Disfruta, nena! ¡Disfruta de tu culete, cariño! ‒la estimulaba Pilar, que parecía muy enardecida sodomizándola‒. ¡Mi “negrito” te va matar de gusto, putarrona!

    ‒¡Ooooh, sí! ¡Ooooh, sí! ¡Oooooh, síííí! ‒iba aprobando Helena, con un jadeo hondo, rítmico y creciente.

    Ver a mi mujer y a su madre, en pleno jolgorio lésbico, gozando lascivamente, me excitó a tope. Se me puso la verga sólida y agresiva y sentí la necesidad ineludible de participar en esa fiesta sexual.

    Así que me subí a la cama de un salto y, más o menos en posición del misionero, envainé toda mi polla dentro del coño empapado de Helena. De inmediato, comencé a follarla impetuosamente. Me puse a hundir con furia el cipote en su vagina para sacarlo enseguida y volvérselo a meter sin concesiones. Y así una y otra vez… una y otra vez… una y otra vez… Helena, que continuaba con el negro consolador metido en el culo, respondía a mis penetraciones con resuellos, gritos, y fuertes afirmaciones de goce.

    Como siempre, el chocho de mi mujer era mi fiesta. Cada embestida que le dada, me provocaba espasmos de placer que aumentaban mi deseo y me hacían perder el control de mis sentidos. Me incliné hacia delante para frenéticamente morrearla, y magrearle las tetas, y chuparle los pezones.

    En esa posición, mantenía mi culo un poco en pompa, cosa que aprovechó mi suegra para sobarme las nalgas. Sin embargo, yo estaba tan profundamente concentrado en joder y gozar como un íncubo que casi no presté atención a esas maniobras. Ni siquiera cuando noté que me lubricaba el ano con espray, crema o saliva. Pero, luego, sucesivamente me fue metiendo y agitando dentro del culo hasta tres dedos. Entonces recibí un subidón de placer (“¡Aaah…! ¡Joder, qué bueno! ¡Jodeeeer!”) que me puso al borde del orgasmo.

    Pero, súbitamente, sentí un dolor agudo mientras algo duro me taladraba el ano y se iba metiendo culo adentro.

    ‒¡¡Mieeeerda!! ‒aullé azuzado tanto por el dolor como por la sorpresa. Giré la cabeza y, por un espejo en la pared, vi a mi suegra, que llevaba un arnés con un pollón que había comenzado a hincar en mi ojete.

    ‒¡Cabrona! ‒le grité, fastidiado porque me había frustrado el inminente orgasmo.

    Y ella, de un golpe, me hundió sin piedad aquel artilugio entero en el culo. Sobresaltado y dolorido solté un fuerte aullido que enardeció a mi suegra. Lanzó un excitado bufido y se puso a follarme implacablemente con ese consolador.

    ‒¡Aaaah…! ¡Qué culazo, hijoputa! ¡Aaaah…!¡Qué gustazo, hijoputa! ‒clamaba.

    Me sentí poseído, violado, a merced de la furia lujuriosa de Pilar. Pero, extrañamente, al mismo tiempo, lleno de una lascivia incontenible. Mientras mi suegra me daba por el culo sin contemplaciones, yo, a mi vez, jodía a mi mujer frenéticamente. A cada embestida de ese pollón de látex hasta mi recto, yo respondía con una follada a fondo del coño de Helena. Así que empecé a gozar de una bárbara mezcla de dolor y placer que apresuraba mi llegada al orgasmo.

    Helena, por su parte, gemía, jadeaba, se reía.

    ‒¡Así, asííí…! ¡Más fuerte, más fuerte, hijoputa! ¡No pares, no paaaares…! ‒me pedía a gritos. O azuzaba a su “mamá”: ‒¡Dale, dale…! ¡Rómpele el culo! ¡Dale, dale! ‒vociferaba.

    Las acometidas de Pilar iban en aumento y me obligaba a follar salvajemente a mi mujer para compensar. Estaba tan excitado y ansioso que me costaba respirar. Resoplaba y bufaba sin parar, con el culo torturado y la polla endurecida. Hasta que, muy pronto, sentí la necesidad urgente de liberar la tensión libidinosa que dominaba todo mi cuerpo. Y nuevamente me corrí… Me corrí bramando de gusto. Me corrí eyaculando con placer y gozando de un orgasmo poderoso, que me mantuvo, durante unos instantes, por encima de todas las cosas.

    Helena celebró mi corrida con un “disfruta, hijoputa; cariño, disfruta” y acelerando su masturbación clitoriana. Y mi suegra, respetando mi eyaculación, con una pausa en la sodomía, para acto seguido volver a follarme el culo con su violencia habitual.

    Así que, con la polla desentumeciéndose dentro del chocho de Helena y el trasero lastimado por el dildo de Pilar, apenas pude disfrutar del placer del orgasmo. Durante un rato, que a mí me pareció un siglo, aguanté pasivamente la masturbación de mi mujer y la sodomía desmadrada de mi suegra. Por suerte, cuando había decidido sacarme de encima a Pilar y abandonar a Helena en pleno pajeo, esta se estremeció y se cerró de muslos, exprimiendo así lo que aún quedaba de mi polla fofa dentro de su coño. Entonces, soltó un “uuuuy” largo y profundo, y se corrió riéndose y proclamando “¡Oooh, Dios, qué guuuustoooo…!”

    Pilar respetó también el orgasmo de su hija, deteniendo unos instantes mi sodomía. Pero enseguida me folló de nuevo, hundiéndome con fuerza el pollón de látex hasta el recto, sin compadecerse de mis quejas de dolor.

    Afortunadamente, esta jodienda violenta de mi suegra duró muy poco. De pronto, profirió un grito indescriptible, mientras me enculaba otra vez a fondo, y retrocedió, liberándome totalmente del coito anal.

    ‒¡Qué culo, tío! ¡Qué culazo más estupendo! ‒exclamó, mientras se dejaba caer panza arriba en la cama.

    También yo, soltándome de mi mujer y con la verga pringada de semen, me tumbé en la cama junto a mi suegra que seguía ataviada con el arnés. Entonces, desde más cerca, advertí que se trataba de un juguete de doble penetración. En contraposición al pollón de látex, estaba dotado con otra polla menor que Pilar tenía aún hundida en la vagina. Por eso la muy zorra disfrutaba tanto jodiéndome el culo.

    ‒¡Uuuf! ¡Fantástico!‒celebró Helena‒.Ha sido fantástico.

    ‒¡Oh, sí, nena! He disfrutado como una puta guarra ‒le aseguró Pilar, riñéndose mientras se despojaba del arnés.

    Las dejé con sus comentarios y carcajadas y me fui al baño para aliviarme en el bidet el trasero que tenía dolorido y con el ano irritado. Estuve casi un cuarto de hora con el culo remojándose en agua caliente y asombrado, de nuevo, por el furor uterino de mi suegra y su afición desmedida a las sodomías.

    Finalmente, me fui al comedor; tomé tres copas y la botella de cava brut nature que habíamos descorchado durante la cena, y volví a la habitación.

    Encontré a Helena y a Pilar entreteniéndose con sus móviles. Acogieron alegremente la aparición del cava. Estuvimos brindando por un montón de chorradas y haciéndonos varios “selfies” pornosatíricos.

    En un momento dado, no sé cómo nos convenció Pilar para hacernos una foto especial. A su solicitud nos colocamos arrodillados sobre la cama, y mostrando nuestros culos a su móvil con temporizador.

    Realmente, resultó una fotografía apaisada muy sugerente, con el gran trasero de Pilar dominante en el centro, y el de Helena y el mío a cada lado. Y Pilar, a través de la red, la ha ido mandando a un grupito íntimo de amigas y amigos, a modo de proposición. Por eso, también tú la has recibido.

    Por cierto, ¿qué te parecen nuestros ínclitos culos?

    por Werther el Viejo

  • Sexo con Sofía

    Sexo con Sofía

    Era uno de esos días en los que uno no quiere ni levantarse, el cielo estaba gris, la humedad del aire mezclado con el calor del lugar donde vivo hacia insoportable el día. Como yo vivo a 1km del cole yo me voy caminando. Sentía como la humedad se pegaba en mi piel. En ese momento comienza a llover, aún me faltaba bastante para llegar, así que me puse a correr. Cuando por fin logré llegar al colegio estaba todo mojado. Me fui rápido al baño para intentar secarme, cuando estaba llegando a la puerta del baño escucho como una de mis mejores amigas (Sofía) me llama.

    -Oye… como que te mojaste un poco.

    -¡No me digas!- le dije sarcásticamente.

    -¿Ocupas ayuda para secarte?

    -Si, gracias -le dije sin saber qué es lo que ella pretendía que hiciéramos.

    En mi colegio los baños no son de esos en los que hay muchos cubículos, es solo para uno, pero hay varios dispersos por todo el colegio. Por lo que teníamos privacidad.

    -Será mejor que te quites la camisa, así va a ser más fácil secarla.

    Yo en verdad no tengo buen cuerpo, tengo que admitir que estoy algo gordo, y mi pene nos es muy grande, yo considero que es un poco más grande que la media.

    Al quitarme la camisa veo como ella se muerde el labio intentando que yo no lo note. Escurrí mi camisa en el lavatorio, y la puse abajo del secador de manos. Me puse a pensar cómo iba a secar mi pantalón, pero no pude terminar de pensar cuando sentí que unas manos estaba tratando de quitarme el pantalón.

    -Oye, ¿qué estás haciendo?

    -Te estoy quitando el pantalón para secarlo, tontito.

    -Pero… ¿no es algo raro?

    -No.

    Dejé que me quitara el pantalón. Me excité bastante al notar que estaba casi desnudo frente a ella. Al sentir que mi pene estaba erecto me sonrojé. Sofía es bastante alta si la comparaba con la mayoría de mujeres de mi colegio. Ella tiene un culo pequeño, pero tenía unas tetas que me volvían loco, pero, lo que más me gustaba de ella era su boca, me había hecho cientos de pajas pensando en cómo sería que me la chupara.

    Siento como unas manos empiezan a agarrar mi pene y como empiezan a masajeármelo por afuera del bóxer. Al volverme hacia ella veo como estaba roja. No pensé en nada, solo la atraje hacia mí y la besé. Me invadió una sensación de felicidad al descubrir que besaba mejor de lo que me había imaginado. Con mis manos agarré esas tetas que tanto había deseado agarrar.

    Al quitarle toda la ropa de la cintura para arriba, con mis manos en su cintura, pego más nuestros cuerpos para poder disfrutar el cómo sus pechos chocaban contra mi cuerpo.

    Al apartarla un poco le desabotono y le bajo el pantalón junto con su ropa interior. Ella se puso de rodillas y bajó mi ropa interior dejando completamente libre mi pene. Al terminar de quitarme el bóxer empezó a chuparme el pene, mientras que con su lengua jugaba con mi pene. «Es la mejor mamada que me han hecho-pensé.»

    Mientras veía como Sofía me la chupaba me excitaba cada vez más, ya quería poder metérsela, así que la levanté y la senté al lado del lavatorio y la comencé a penetrar. Me encantaba como se sentía estar dentro de Sofía, y ver como gemía. Lo hacía cada vez más rápido y cada vez más fuerte, al igual que ella gemía cada vez más rápido y más fuerte.

    -¿Que está pasando ahí? -dijo una voz detrás de la puerta.

    Mi corazón paró de latir por un segundo al reconocer la voz de quien estaba tras la puerta, era Carmen, la directora del colegio.

    -No pasa nada, solo estoy en el baño -gritó Sofía.

    -Lo siento -dijo ella- creí haber escuchado algo.

    No lo había notado, pero seguía penetrándola. Ella seguía gimiendo, pero ahora lo hacía más bajo.

    Al sentir que estaba a punto de venirme la baje y le di vuelta, dejando su culo ante mí. La empecé a penetrar con la misma velocidad con la que lo estaba haciendo. No tardé demasiado en venirme en su culo, pero yo aún estaba al máximo. Así que le volví a dar la vuelta y la seguí penetrando, ahora fue ella la que no duró mucho en venirse. Sin decir nada se puso de rodillas y me la empezó a chupar otra vez, hasta que me vine en su boca. Ella se levantó otra vez y nos seguimos besando. Al oír el timbre nos pusimos la ropa rápidamente y nos fuimos a clase. Ella, mi novia (También se llama Sofía) y yo estábamos en la misma clase. Antes de llegar a la clase nos encontramos a mi novia. Al saludarla ella nos vio algo raro, me asusté al creer que había descubierto lo que veníamos de hacer.

    -Oye, tienes algo en la boca -le dijo a Sofía.

    -Gracias, no lo había notado, tiene que ser del desayuno.

    Sofía se fue a la clase dejándome solo con mi novia. Yo estaba muy nervioso.

    -No creas que no sé lo que hiciste -dijo mientras se encaminaba a la clase.