Autor: admin

  • Sexo anal entre burbujas

    Sexo anal entre burbujas

    En cierta ocasión, y como tantos otros, atravesé una ruptura con una pareja, después de bastantes años de relación. Esto hizo que, de repente, me convirtiera en el típico solterón treintañero, con un buen trabajo, buena casa, etc., por lo que noté como ciertas amigas de mi entorno laboral y de amistad me prestaban más atención. Tal era el caso de Ángela, una chica muy voluptuosa, metida en carnes, pero de muy buen ver. Personalmente siempre me he sentido atraído por las mujeres con curvas y carnes, nunca me gustaron las tremendamente delgadas.

    Ángela mide 1,70, y pesará casi 90 k, con unos pechos talla 120, pero muy firmes. Tiene un hijo de 10 años, y tenía pareja, pero no era el padre de su hijo. En aquellos día atravesaba también horas bajas con su pareja, por lo que una noche que estábamos una reunión de amigos en mi casa, ella, que no tenía coche, dependía de que una amiga común la llevara a casa en el suyo. Pero esta amiga -Isabel- estaba un poco bebida, y me preguntó si me importaba que se quedara a dormir, a lo cual -por supuesto- accedí. La verdad es que Isabel, estaba buenísima, y siempre fue inspiración de imaginaciones sexuales. Me inspiraba en alguna que otra paja a su salud. Así es que la idea de que Isa durmiera en mi casa, ya me ponía la poya tiesa solo de pensarlo (Isa estaba casada, pero su marido era un capullo integral que nunca estuvo a su altura).

    Así es que Ángela no tenía cómo volver, y le dije que se esperase a que a nuestra amiga se le pasase un poco el pedal, o bien que se quedara también a dormir, y aceptó.

    Cuando todos marcharon, y quedamos nosotros tres, nos tomamos otra copa en el salón, mientras veíamos un poco de Tv, con el sonido quitado, y escuchando música. Hábilmente, yo saltaba al canal porno del cable, y las chicas sonreían. No sé en qué momento, Ángela quiso ir al servicio, y le indiqué el de mi habitación. A los pocos segundos la escuché hablándome en voz alta ”killooo, no sabía que tenías Yacuzzi!!!”

    Me preguntó si podía darse un baño, fue entonces que le dije que si, pero con la condición de que me dejara bañarme con ella, y entre risas me dijo que ni por asomo! La cuestión es que la dejé tranquila, que se metiera en la bañera.

    Me quedé con la otra amiga –Isa- charlando, cuando escuché el motor de las burbujas. Miré a mi amiga Isabel (la que estaba bebida), y le dije, Isa, tía, vamos a meternos con Ángela en la bañera, que cabemos los tres. Isa se reía, con el pedal que llevaba, y creo que lo estaba considerando seriamente, pero decía que no. Seguía escuchando el motor del hidromasaje, me levanté y dejé a Isa sola viendo la Tv, me desnudé y sin previo aviso, me metí corriendo en la bañera sin darle tiempo a protestar. Al principio la situación era violenta y ella se tapaba como podía, pero entre burbujas y chapoteos, conseguí acercar mi mano a su entrepierna, y ella ya no podía dominar la situación, ni la excitación, y en ese momento supe que íbamos a tener la follada de nuestra vida.

    Con las risas, grité a Isabel que se viniera con nosotros, y apareció por la puerta y se quedó perpleja de vernos a los dos en bolas, metidos en el agua. Empezó a pasar por mi cabeza la idea de que aquello degeneraba en trio, y no paraba de invitar a Isabel a que se desnudara y se metiera con Ángela y conmigo en la bañera, (aprovechándome de su pequeña tranca), pero lo único que conseguí, es que me enseñara una teta descomunal (hacia poco que se había puesto implantes de silicona, y le gustaba presumir y enseñarlas), pero poco más. En seguida se marchó de nuevo al sofá a seguir viendo tele.

    Ángela y yo nos quedamos solos, con el agua y las burbujas, así es que no esperé más y acerqué mi mano a su coño, y pese a estar debajo del agua, estaba tremendamente resbaladizo y lubricado por sus jugos, por lo que hábilmente procedía a masturbarla bajo el agua, mientras que me acerqué a darle un beso profundo y suave de lengua, que ella correspondía súper excitada. De repente se incorporó, y buscó mi polla, y se puso a darme una sabrosa mamada, No me lo esperaba tan pronto. Debía estar muy cachonda; Se metía mi polla hasta la garganta, mientras succionaba y me daba lengüetazos en la punta, era una experta mamadora… Nunca había estado con una tía que se tragara entera toda mi polla, mientras hacía movimientos de succión, en el agua, entre burbujas; que punto y que gusto.

    Era una postura un poco difícil e incómoda, pero yo me las arreglaba para meter la mano por donde podía y la masturbaba mientras ella me la mamaba. De repente, sentí que me corría a lo bestia, No la avisé, ni pretendía que se sacara la poya de la boca, así es que la sujeté por la nuca, y le clavé bien la polla hasta la garganta, ella se dio cuenta, y en lugar de rechazarlo, se puso a mamar con más fuerza, en plan glotona, haciendo ruidos, y en eso que le dije: meee… corrrooo… aaaahhh mientras la seguía bombeando… Me seguía corriendo entre espasmos, y del calentón, la poya ni se inmutó; seguía lista para el trajín. Ella pareció sorprenderse por eso, y me dijo que me sentara en un pequeño sillón de la bañera. Se puso a horcajadas sobre mí y se folló ella sola, hasta los huevos, mientras me puso las tetazas a la altura de la cara, para que le comiera glotonamente los pezones. Se corrió en seguida, sin darme tiempo a enterarme. Me la quite de encima, y la puse a 4 patas en el agua, con las tetas colgando, y hundiendo levemente los pezones en el agua templada. Le enfilé el nabo, y volví a penetrarla sin compasión, haciendo presión con mis brazos, empujándola hacia mí por sus hombros. Ella tenía la boca entreabierta, y jadeaba, y eso me daba mucho morbo, y me animaba a ser más bruto; así es que con la mano derecha, le agarre una teta, y le pellizcaba un pezón, y con la mano izquierda la agarré por el pelo, en plan salvaje, y la atraje hacia mí, para morrearle la boca, y de nuevo se corrió en un plis plas, con un leve quejido lastimero… “heeee, mmm, uffff…” mientras yo bombeaba y le tiraba del pelo. El caso, es que no conseguía correrme; y ella me pregunto ¿No te corres? -Mirándome con cara de vicio y duda; Le di un poco de caña, y veía que me correría muy pronto, por lo que me puse en pie, y ella agarró mi polla con una mano, y se la introdujo en la boca otra vez hasta la garganta, mientras me miraba a los ojos.

    De repente, observé cómo se enjabonaba un dedo, y lo dirigía hacia mi culo, hacia mi ano… Me quedé sorprendido, porque nunca me habían toqueteado por ahí, pero me estaba dando tanto gusto con su boca, que no me importó el movimiento circular que comenzaba a hacer sobre mi ano

    Introdujo suavemente su dedo en mi culo, provocándome una sensación extraña de placer, y sentí que me venía de nuevo la leche a la punta de la verga… Empecé a correrme entre espasmos y perdida de equilibrio, pero Ángela me sujetaba hábilmente, a la vez que me iba introduciendo más y más su dedo en mi culo… aaahhh… Joderrr!, me corro tiaaa… ahhhh…! toma mi leche en tu bocaaaaa!!!! Y ella saboreaba mis lechazos como si fuera un yogurt… Cuando terminé de correrme en su boca, ella continuaba con su dedo en mi culo y yo tenía la polla extrañamente más dura que nunca.

    Entonces la miré y le dije… quiero darte por el culo!!! Ella me dijo que no se atrevía, que le podía dole, yo le dije que tenía un lubricante muy bueno, que me apresuré a traer. Le puse el lubricante en su ano, que además con el agua calentita, le produjo un relajamiento extra así como una mejor lubricación. La incorporé, y con sus piernas rectas, ella de espaldas a mí, le incliné el tronco y la cabeza hacia el escalón de la bañera, ella se apoyó con sus manos, y yo tenía ante mí su perfecto culazo, a mi disposición. Agarré mi polla con una mano, y la enfilé hacia su ojete. Entró a la primera, se ve que estaba acostumbrada, pero emitió un caliente aaaaaggg…

    -Despaaaciooo, tioooo… ufffff, que gustooo…

    -¿te gusta¿ -le pregunté- y ella dijo siii, pero ve con cuidado.

    Poco a poco fui empujando mi polla hasta lo profundo de su culo, hasta que hice tope con mis huevos en su coño. Mis bamboleos de verga hacían que mis huevos le dieran masajes en su clítoris, y la volvía loca.

    -¿Cómo te sientes? -le pregunté-

    Y ella respondió:

    -llena, me siento empetada… ufffff

    Yo seguía taladrándole el culo sin compasión, y le sacaba de vez en cuando la polla de golpe, para ver su ojete bien abierto.

    La postura era un poco incómoda para ella, por lo que le dije que nos fuéramos a la cama, así mojados como estábamos. Ya en la cama, la puse en cuatro patas, y ella pegó su cara a la almohada, mientras con sus dos manos se separaba los cachetes del culo, para que yo pudiera ver bien cómo la enculaba. Como ya me había corrido dos veces, esta vez me estaba haciendo esperar, y ella quería terminar ya porque estaba agotada. Me dijo que se estaba meando, que necesitaba ir al baño. Entonces me tumbé de espaldas en la cama y le dije que se sentara sobre mi polla, se puso en cuclillas, y se enculó mi pija. La eché para atrás, para tener una vista perfecta de su coño y de mi verga entrándole en el culo. Ella no paraba de bufar, fue entonces que le dije

    -¿tienes ganas de mear? Y ella dijo SIIII!!! Y le dije, pues méate toda, y abrió los ojos, como pidiéndome permiso e incrédula, y yo le dije, venga, quiero ver cómo te meas. De repente cerró los ojos y empezó a arrugar la cara. No salía nada. Pero ella seguía concentrada, y yo seguía empujando mi pelvis hacia arriba para meterle más profundamente la polla en el culo. De repente me sujetó por la rodilla y me puso una mano en la barriga como para que me parara de mover, y se echó un poco hacia atrás, y empezó a soltarme una tremenda meada caliente en la barriga, que empezó a poner todo perdido, las sabanas, el colchón, pero me dio un subidón de adrenalina tremendo, y me puse a intentar meterle hasta los huevos, mientras ella meaba, y meaba, y bufaba diciendo, jodeeerrrr, que gustazo!!! aaaahhhh!!! En esta vi que me iba a correr otra vez e intenté levantarme, pero ella se sentó aún más sobre mí y se clavó totalmente la polla mientras me corría espasmódicamente.

    Se dejó caer sobre un lado, sin dejar que mi polla, que iba desinflándose muy rápido, se le saliera del culo. Se la sacó, apretando el ojete, y se puso en cuclillas sobre mí, poniendo el coño a la altura de mi cara.

    En eso, me dice… ¡MIRA!, y se abrió los cachetes del culo, haciendo fuerza, y vi como salía del ano toda mi corrida, goteando sobre mi pecho. Al principio me sorprendió un poco, pero cuando ella termino, se puso de rodillas a mi lado, y mirándome a la cara, se puso a lamer y limpiarme con la lengua el semen que estaba sobre mi pecho. La verdad es que todo era muy guarro, lleno de semen y de pis, las sabanas mojadas…

    Y a todo esto, recordé que Isabel estaba en el sofá del salón, y seguro que se había enterado de todo. Así es que me levanté de la cama, y fui para el salón. Estaba todo a oscuras, con la tele encendida, y ella “parecía” estar profundamente dormida; así es que me acerqué sigilosamente para hablar con ella, y me volvieron a venir ideas a la cabeza (¿Y si me la follo?) En cuanto a Angelita, estoy deseando volver a follar con ella.

  • Por una infidelidad, un trío

    Por una infidelidad, un trío

    Tengo una mujer encantadora con la que sexualmente me he compenetrado siempre, de hecho llevamos casados veinticinco años y todavía no hemos llegado al punto de la monotonía ya que imaginación nunca nos ha faltado a la hora de realizar nuestras fantasías sexuales.

    Lo más bonito, siempre hemos sabido hacerlo de dos formas: hemos hecho el amor y hemos follado, que son dos cosas bien diferentes, ya que aunque todo eso conlleva ternura, hay momentos en que el animal que llevamos dentro sólo deja lugar para el desenfreno total.

    Bueno, una vez presentados, y sin ánimo de ser un pesado, quiero contaros una historia que nos ocurrió hace dos años y de la que aunque al principio fue de sabor amargo, sobre todo para mí, luego una vez reconsiderada la situación y consumada la experiencia, nos dejó un recuerdo que cada vez que rememoramos nos hace acabar a los dos en la cama follando como descosidos.

    Todo comenzó con una sospecha, mi mujer y yo nunca habíamos tenido el más mínimo desliz con otra persona, pero como dice el refrán: «el roce hace el cariño», y eso fue finalmente lo que ocurrió, que hubo roce.

    Ella se puso a trabajar en una empresa donde tenía un compañero colombiano al que al principio ni miraba por pesado, pero el muchacho, por su condición de «dicharachero» poco a poco se fue ganando su confianza hasta hacerla caer en sus redes. Los piropos continuos, las palabras bonitas, la aproximación física progresiva y algunos problemas laborales que los unieron más a todos fueron la mezcla que provocó la relación.

    Yo, que la veía venir a casa muy contenta, cada vez más contenta, pensé al principio que estaba en un buen momento personal y anímico, pero mis sospechas comenzaron a tener más fundamento cuando observé que ella empezaba a escuchar música colombiana, a vestir de manera sugerente y algo provocativa y a maquillarse y cuidarse más de lo que habitualmente solía hacer.

    Un día, después de pensarlo mucho, y como aquella situación no me dejaba vivir, decidí acercarme al lugar donde trabajaba y esperar sin ser visto la salida de todos para de alguna confirmar la sospecha que me atenazaba o para convencerme finalmente de que todo eran imaginaciones mías, así que discretamente, una vez salieron del trabajo, les seguí de lejos, observando sus movimientos que en principio casi me convencieron de que allí no pasaba nada, ya que aparte de ellos dos, iban dos compañeras más de trabajo y mantenían una conversación bastante amena por lo que pude observar, así que, aparentemente, pensé, más que sospechas eran suposiciones mías.

    Entraron en el metro y yo, que los seguía de lejos, pude colarme en el mismo vagón sin ser visto, tapando mi rostro con un periódico que utilicé para no ser descubierto, ya que las compañeras de mi mujer me conocían y si me veían, se acabó la investigación.

    La cosa cambió cuando las dos compañeras se apearon en la parada siguiente.

    Mi esposa y su compañero quedaron solos y ella se cambió de asiento para ponerse al lado de él, llevando en principio una conversación normal. El cambio de asiento y que instantes después se pegara excesivamente a él ya hizo que mi corazón se disparara, pero lo que me dejó casi fuera de combate fue cuando le llegó el turno a ella para bajar del tren. La despedida que le hizo a su compañero fue un señor beso cargado de ternura delante de mis narices (tapadas por el periódico), quedando confirmadas todas mis sospechas.

    No voy a entrar en detalles, pero hubo «tomate» con todo aquello, me sentí dolido, mal, traicionado y todo lo que queráis añadir al paquete, a punto estuvimos de separarnos hasta que la cosa se calmó, con el tiempo comprendí que todos somos humanos y que todos podemos caer en la tentación, la carne es débil.

    Bueno, pues al cabo de dos meses de digerirlo y analizarlo todo, hice un examen de conciencia y descubrí que en el fondo me gustaban ciertas situaciones, así que me vino una idea bastante retorcida a la cabeza:

    «Vamos a ver, si llevamos años fantaseando con un trío y poniéndonos a cien los dos con esa idea mientras follamos, ¿por qué ahora que ha encontrado alguien que le atrae tanto físicamente no aprovechar la situación?»

    Dicho y hecho: una noche mientras follábamos (que no hacíamos el amor) como animales, le propuse llamar a su amigo colombiano y proponerle hacer un numerito entre los tres. Al principio se quedó mirándome sorprendida, después de los disgustos que habíamos pasado por culpa de lo que había ocurrido tiempo atrás yo le salía con esas, pero luego reaccionó de otra forma, se corrió en unos instantes (supongo que de imaginárselo) después de lo que le propuse y mientras se corría me respondió un sí detrás de otro, consintiendo la relación a tres, por lo que ni que decir tiene que aquella noche mientras fantaseábamos con lo que íbamos a hacer, algo nuevo y nunca experimentado por nosotros, tuvimos una sesión de sexo como nunca nos había ocurrido antes.

    Ella se encargó de llamar al colombiano y quedamos en un bar donde tuvimos una entrevista no sin bastantes recelos por parte de él, pero una vez se distendió el ambiente y se dio cuenta de que la cosa iba en serio, ya que dejé que mi esposa se pusiera a su lado en el bar donde tuvimos la conversación y lo «sobara» un poquito en mi presencia, y no con pocas ganas, pues hacía meses que no se veían, empezamos a ponernos los tres en sintonía.

    Nuestra primera cita no fue inmediata, sino que aprovechando que yo debía realizar un viaje a Francia por motivos de trabajo, le invitamos a venir con nosotros y de esa forma evitábamos ser descubiertos por alguien conocido (el mundo es un pañuelo, ya sabéis), a lo que accedió encantado, desde luego.

    Nos despedimos de él, yo estrechando su mano y mi esposa, regalándole un morreo con lengua antes de que bajara del coche ya que lo llevamos hasta la puerta de su casa, quedando para el día siguiente.

    Aquella noche casi no pudimos dormir de la excitación que llevábamos los dos en el cuerpo, así que follamos y fantaseamos con lo que íbamos a hacer cuando estuviéramos en la cama del hotel por fin los tres.

    Al día siguiente, jueves, a las diez de la mañana, salimos hacia Francia, y aunque la visita que yo debía realizar era el viernes a las dos de la tarde, la idea era llegar pronto al hotel y comenzar cuanto antes con el juego.

    El juego comenzó antes de lo previsto, porque cuando entramos en la autopista, y paré en un área de servicio para poner gasolina, al volver de pagar, mi mujer ya se había cambiado a la parte de atrás con su amigo colombiano.

    Allí empezó a calentarse el ambiente, mi mujer iba vestida, evidentemente a propósito, con una falda negra corta que dejaba ver bien sus magníficas piernas, adornadas con medias de rejilla también de color negro que le encantan y que al sentarse junto a él quedaron descubiertas en su totalidad, una blusa semitransparente y sin sujetador debajo completaba el conjunto con un escote escandaloso dejando ver a través del raso transparente los pechos y pezones duros como garbanzos que indicaban por supuesto que estaba predispuesta a lo que se avecinaba. Todo ello, quiero decir, el «uniforme» que vestía mi mujer quedaba cubierto y fuera de miradas curiosas por un abrigo negro largo que fue abierto totalmente cuando iniciamos la marcha y entramos de nuevo en la autopista.

    Yo estaba alucinado, y sorprendido, mi esposa se había preparado, vestido y maquillado para la ocasión, desde luego, pero empezaba a darme cuenta de que no la conocía del todo, algo en ella se estaba liberando y aquello me puso «burro», mi polla se endureció y mi estómago comenzó a acusar el hormigueo típico que produce la excitación, por lo que auguré que íbamos a tener un buen fin de semana los tres.

    La situación era tan clara que el colombiano, sin demasiados preámbulos, comenzó a acariciar sus piernas y a manosearlas, hasta llegar a su entrepierna y entretenerse un poquito rozando y acariciando por encima de las bragas el coño ya mojado de mi hembra caliente mientras con la otra mano descubrió sus pechos para chupar y lamer los pezones duros y palpitantes de mi mujer. El frenesí se apoderó de los dos y entre chupetones, morreos, lamidas y chasquidos de lenguas, dimos por iniciada nuestra particular fiesta.

    El día estaba muy nublado, eran las once de la mañana y llovía copiosamente, había tantos nubarrones negros que no había ni un solo rayo de sol que los atravesara, se había hecho de noche a las once de la mañana y la previsión del tiempo en esa parte de Francia era de la misma situación para todo el fin de semana.

    Aquello acompañaba, desde luego, porque encendí la calefacción del coche y en un minuto estábamos en ambiente de verano dentro del vehículo. Los dos se habían enzarzado en un magreo total, él le quitó las bragas y ella le desabrochó el pantalón que luego le quitó, para dejar al descubierto una polla que para la estatura del muchacho no guardaba proporción alguna, es decir, una polla descomunal, larga y gorda, con unos huevos hinchados y gordos, en fin, que el chico lo tenía todo a su favor en ese aspecto.

    Mientras yo conducía bajo la lluvia que no arreciaba, en ningún momento, oía en la parte de atrás los gemidos de nuestro amigo, al que mi querida cónyuge estaba comiendo literalmente la polla mientras él metía y sacaba dos dedos de su mano en el coño de mi mujer, haciéndola gritar de vez en cuando de gusto.

    Yo puse el espejo retrovisor en posición de poder observarlo todo y os aseguro que el espectáculo era digno de admirar, estaban devorándose el uno al otro, se colocaron de manera que hicieron un sesenta y nueve y después de morderse, comerse y lamerse todo, él la colocó de rodillas sobre el asiento, apoyando la cara en la ventanilla… metiéndosela por detrás hasta el fondo, follándosela con verdadera maestría y dureza, hasta que primero ella, con un espasmo brutal, se corrió como una perra, cayendo de bruces sobre el asiento; él, con la polla todavía dura en la mano, se la empezó a menear y también, con un largo gemido se corrió soltando un chorro de leche caliente que regó el trasero de mi mujer en toda su extensión, para quedar después agotados los dos y medio dormidos sobre el asiento trasero.

    Fue de tal intensidad aquél polvo que echaron, que hasta nuestra llegada al hotel estuvieron durmiendo, tapados con una manta, de manera que en ningún peaje de la autopista notó nadie nada extraño, solamente se veían dos personas, un hombre y una mujer dormidos dulcemente.

    Menos yo, claro, que aparte de conducir estaba con la polla como una estaca de dura. La verdad es que hubiera parado en algún área de descanso para intervenir en la fiestecilla, pero preferí seguir conduciendo para llegar lo antes posible al hotel y entonces sí dar rienda suelta mi impulso sexual.

    Por fin llegamos, seguía lloviendo con mucha intensidad, el cielo seguía encapotado y entramos en recepción para reservar dos habitaciones, una para él y otra para nosotros dos, por aquello de no levantar sospechas al personal del hotel.

    Llevamos los equipajes a nuestras habitaciones correspondientes y aprovechamos para comer algo en el restaurante del hotel, los tres muy modositos pero en un estado total de excitación y complicidad total, comimos en silencio pensando cada uno de los tres en lo que iba a ocurrir en pocos minutos en la habitación, así que nos dimos prisa en acabar el almuerzo y una vez pasamos por caja nos dirigimos nuevamente a nuestras habitaciones para tomar una buena ducha antes de encontrarnos y comenzar con lo que estábamos deseando los tres.

    Mi mujer y yo nos duchamos en silencio, nos secamos, nos perfumamos y cuando acabamos de arreglarnos, (aunque yo iba desnudo totalmente y ella solamente llevaba puesto un tanga pequeñísimo), nos miramos tiernamente, nos abrazamos y nos dimos un largo morreo, con verdadera pasión, como señal de consentimiento mutuo a lo que íbamos a hacer a continuación.

    La espera se hizo eterna, ella estaba tumbada sobre la cama y yo sentado junto a ella y con la polla como una piedra otra vez, hasta que alguien llamó suavemente a la puerta (él).

    Cuando sonó la puerta, ella emitió un suspiro de satisfacción y yo me dirigía a la entrada abriendo y dando paso al colombiano que venía también preparado para la sesión.

    Se dirigió directamente hacia la cama, se quitó la bata de baño que había traído para taparse durante el camino y quedó desnudo totalmente también, con la polla enorme apuntando hacia el techo y palpitando de ansia por entrar en aquél coño caliente que la esperaba.

    Se tumbó junto a mi esposa y comenzó a acariciarla suavemente, diciéndole cosas tiernas al oído (en eso era especialista) y haciéndole cerrar los ojos de gusto, sus manos pasaban por su vientre, sus pechos, su boca, sus piernas, su lengua buscó la de la hembra caliente y al encontrarla sonaron las dos en un choque húmedo que les hizo vibrar a los dos, así que en unos instantes la tuvo preparada para lo que ya quisiéramos hacerle entre los dos.

    El colombiano le quitó el tanga y se colocó entre sus piernas, acercando su cara al coño palpitante de ella para comenzar a lamérselo y chuparle el clítoris con verdadera ansia. Mi mujer, abriendo las piernas, colocó una en cada hombro del hombre para estar más cómoda y se dejó hacer durante un buen rato. Los gemidos y suspiros eran continuos, se retorcía en la cama como una culebra mientras él incluso la follaba con la lengua, metiéndola y sacándola como si fuera una polla.

    Yo, permanecía sentado junto a mi mujer en la cabecera de la cama acariciando su cabello mientras ella con los ojos cerrados se pasaba la lengua humedeciendo sus labios, hasta que entre gemidos y casi sin poder hablar, me pidió que le acercara la polla ya morada a su boca. Así lo hice, me aproximé a ella y la coloqué en sus labios que no tardaron en abrirse y engullirla casi entera; me la agarró con una mano y comenzó a meneármela mientras me la chupaba con delirio. Cada vez que el colombiano chupaba su clítoris, yo lo notaba porque su boca se cerraba y chupaba con más fuerza mi polla que ya estaba a punto de reventar.

    Así estuvimos un rato, yo tuve que apartarme porque si no me corría enseguida, estaba tan excitado que una chupada más y le hubiera llenado la boca de leche a mi mujer, por eso opté por descansar unos instantes, no quería que aquello acabara todavía. Me senté en un sillón que había situado en un rincón de la habitación, y me dediqué a observar como el colombiano se trabajaba a mi esposa.

    Cuando el chico se sació de su coño, comenzó a subir hacia arriba, sin dejar de lamer ni un centímetro de su cuerpo, pasó por su vientre, su pecho, sus tetas, sus pezones, su cuello, su barbilla para llegar a su boca, allí se entretuvo bastante tiempo, el morreo fue intenso, se recrearon los dos bastante en ello y cuando quedaron satisfechos, mi mujer se incorporó y se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y con un suplicante «¡fóllame!» , abrió sus piernas esperando que la polla dura de nuestro amigo entrara hasta el fondo de su coño.

    Este no se hizo esperar demasiado, se colocó detrás de ella y agarrando su polla, la acercó apuntando en la abertura del coño de mi mujer para iniciar una penetración lenta… centímetro a centímetro… suavemente… hasta que sus huevos hinchados como pelotas hicieron tope y no pudo entrar más en aquél coño chorreante y caliente.

    Una vez hubo colocado bien colocada la verga dentro, se inició la follada más espectacular que he visto… entraba y salía con ritmo, sin prisas pero sin pausas, salía casi hasta sacar el capullo y entraba nuevamente hasta que sus huevos chocaban en la carne de mi mujer y producían un chasquido peculiar, que a mí me hacía vibrar de nuevo.

    Ella, agarrada a las sábanas de la cama gemía y ya desbocada del todo, insultaba al colombiano indicando con aquello que estaba totalmente poseída por el frenesí sexual. Él, seguía con sus embestidas acompasadas y cada vez que ella le dirigía un insulto, éste le pegaba un azote en las nalgas sin dejar de follarla; aquello la ponía todavía más frenética y animaba al colombiano a aumentar cada vez más el ritmo de bombeo en el coño de la mujer.

    Yo, ya incapaz de soportarlo más, desde mi posición de observador, me puse en pie y me dirigí hacia ellos, colocándome tumbado en la cama boca arriba y debajo de mi mujer, a la que ofrecí mi polla para que acabáramos con aquél primer polvo. Casi me la arranca cuando me la agarró para chupármela, se había convertido en un animal salvaje y cada vez que su amigo la empujaba al meterle con fuerza la polla, ella me la mordía revelando todo el gusto que por detrás le estaban transmitiendo.

    Así estuvimos durante dos o tres minutos, hasta que por fin, avisándonos con la voz entrecortada, nos dijo que se iba a correr ya.

    No le dio casi tiempo de avisarnos, simplemente emitió un gemido animal, tensó todo su cuerpo que temblaba exageradamente y con un último espasmo comenzó a correrse como creo yo nunca había hecho. Empezó a gritar y se tapó la boca con la almohada para que no se oyeran los gritos, cayendo de bruces sobre la cama jadeante, sudorosa y sin poder abrir apenas los ojos.

    Pasados unos segundos, cuando se dio la vuelta en la cama quedando boca arriba, los dos hombres nos pusimos uno a cada lado de ella y le ofrecimos nuestras pollas para finalizar con aquello, así que nos las agarró y a dos manos nos las comenzó a menear y a chupar; no tardamos ni un minuto, nos corrimos los dos a la vez y la dejamos pringada de leche, desde su cara hasta el vientre recibió chorros calientes de semen que hacían todavía más morbosa aquella situación.

    Cuando los dos acabamos de corrernos, volvió a llevarse las dos pollas a la boca y entre lametones no dejó ni una gota. Quedamos los tres dormidos, agotados, sobre la cama, ella en medio y uno a cada lado.

    Por la mañana, y entre sueños oí un sonido peculiar nuevamente, el chasquido de carne contra carne, abrí los ojos y al girar la vista, los vi en el suelo, donde para no despertarme habían puesto una manta y el colombiano se la estaba follando con fuerza nuevamente, ella tumbada boca arriba con las piernas sobre los hombros del amigo para que su polla entrara mejor, acertó a mirarme un instante y darme un jadeante «buenos días».

    Me levanté, los dejé continuar, me duché, me vestí y me bajé a desayunar antes de ir a mi trabajo. Cuando volví de desayunar a la habitación para recoger mi cartera, aún estaban los dos enzarzados en una follada que parecía iba a durar toda la mañana, así que les animé a seguir sin mí y me fui a cumplir con mi trabajo.

  • La vagina de la amiga de mi mujer

    La vagina de la amiga de mi mujer

    Y allí estaba yo, sosteniendo una escalera que me conduciría sin duda al cielo con tan solo dar un paso hacia sus braguitas.

    Mi vecina Norma me había pedido ayuda para pintar su casa y yo acudí gustoso pues estaba secretamente enamorado de ella.

    Norma no paraba de hablar y al estar de espaldas no podía o no quería ver hacia donde dirigía compulsivamente mi mirada, desde esa perspectiva no tenía ninguna dificultad para dibujar las líneas de su vulva, y como aquellos labios se mostraban entreabiertos, mi polla sabía que Norma la llamaba pero mi mente decía, -no puedes, es su amiga-. Y por desgracia era así, Norma era la mejor amiga de mi mujer, pero yo cada vez que miraba su culo, lo imaginaba pegado a mis huevos y completamente empapado de mi leche, por eso ahora que lo tenía tan cerca ya me había corrido dos veces.

    -vamos a descansar un poco -me dijo mientras me servía una cerveza.

    Ese día el calor era sofocante, y norma estaba más sensual que nunca, tenía por única vestimenta una camiseta de algodón muy holgada y sus pechos sin sostén dejaban entrever unos pezones pequeños pero firmes.

    De pronto sucedió lo más inoportuno, estábamos hablando de banalidades cuando comprobé bastante azorado que ella me estaba mirando el paquete sin ningún tipo de reparo, mi primer pensamiento fue engordar el típico ego del macho, pero en un segundo descubrí horrorizado que tenía un lamparón de semen de proporciones bíblicas en mi raído bañador, la sangre acudía a mi rostro en tropel, abandonando a su suerte a la chorra que, con toda seguridad, se había dejado unos cuantos centímetros en el camino.

    Estaba pensando en todo esto cuando se produjo un esclarecedor y cómplice silencio que aceleró mi corazón.

    En unas décimas de segundo ella se había despojado de su camiseta, la visión de sus pechos tan de cerca me provocó un golpe en las bolsas de mis testículos, note como una violenta erupción se producía en ellos, aún no se había quitado las braguitas cuando ya nos estábamos besando como fieras salvajes, los dos olíamos a sudor pero esto nos excitaba aún más. En ese momento aparté suavemente con mis dedos la goma de sus bragas y los introduje en lo que ya era un lago húmedo y sediento de rabo.

    Mis manos ascendieron por su cintura, se podría decir que me pinché con sus pezones que eran de los de aureola grande y morbosa, mi boca no tardo en deglutirlos con fruición; al tiempo que la tumbaba en el suelo descendí con mis labios hasta su templo de pasión, un coño que se abría ante mí para que al sorber todos sus jugos alimentara con ellos mi lujuria.

    Reconozco que soy un fanático enfermizo del culo femenino, la verdad es que no me importaría que fuera su único orificio, me enerva como me aprisiona la polla un ano, estrangulándola y propiciando que la leche salga con una fuerza inusitada.

    Mientras la comía el coño quise darle vuelta con mucha suavidad pero ella estaba demasiado centrada en disfrutar de su éxtasis, por eso aventuré mis dedos hacia el oculto objeto de mi deseo, ella no me lo impidió, al contrario, cuando comencé a masajear su agujero ella gimió aún mas de placer, la mente se me nubló y en un gesto quizá un poco violento la giré y sin ninguna contemplación introduje mi polla en su culo, ella al principio gritó pero cuando mi rabo se terminó de acomodar en la cavidad oscura, su coño escupió de placer, mis huevos se habían hinchado de tal forma que llegué a pensar incluso que me iban a estallar, ella a veces dirigía, con estudiados movimientos, mi polla entre las paredes de su culo apartando todo lo que no fuera mi carne y, ante esos resbalones de mi nabo me excitaba cada vez más, de pronto me detuve porque al tiempo que mi pene asestaba las ultimas estocadas un estremecimiento comenzó a recorrerme todas las ramificaciones nerviosas del cuerpo, fue entonces cuando rompí en ella, jamás había derramado tal río de semen, norma gritaba de dolor y placer porque tras pajearse también se había corrido salvajemente.

    Cuando saqué la chorra aún estaba escupiendo leche y norma totalmente desinhibida se la metió en la boca relamiendo hasta mi última semilla escrotal.

    Tras este momento de locura nos sentamos en el suelo el uno frente al otro, sudábamos de tal manera que las gotas corrían sobre nuestro cuerpo yendo a parar la mayoría de ellas a nuestros genitales, fije la mirada en sus braguitas, las tenía totalmente retorcidas dejando ver en sus márgenes los labios de una vagina que yo intuía que aún estaba hambrienta, ella, consciente de que todavía la miraba loco de placer, se subió coquetamente sus bragas de algodón hasta que éstas se introdujeron por completo en su coño.

    -quitártelas Norma. -Le dije con voz sugerente. Entonces ella me sorprendió de nuevo al romperlas de un solo tirón.

    Pero yo aún no había recargado mis bolsas seminales y para hacer un poco de tiempo encendí un cigarro mientras le ofrecí otro, ella al cogerlo acarició mis manos aun húmedas por el contacto con sus jugos, lo que yo no sabía es que tras encenderlo decidió fumarlo por sus otros labios, la visión de su vulva amenazada por el pitillo ardiente en su interior volvió a poner mis testículos al borde de una explosión nuclear, por un instante al ver como ella se hundía el cigarro en la vagina pensé que se la iba a quemar por lo que brinqué del suelo y llevándola entre mis brazos la conduje a su cuarto donde entre plásticos y periódicos manchados de pintura.

    Su coño ardía, y de su ano manaba aun mi leche infecunda. Mientras mordía mi pecho con rabia, dirigió su ira hacia mi rabo, clavando sus uñas en él con saña, lancé un terrible alarido de dolor, quise reaccionar violentamente pero de pronto la sorprendí lamiendo la sangre que manaba de mi herida, ella me había dejado la vagina a escasos centímetros de mi cara, por lo que, aunque aún me retorcía de dolor, separé con fuerza sus muslos y tras conseguir que los flexionara, comencé a comerla el coño.

    -mutílamelo -me dijo. Yo por supuesto no la obedecí (estaba buenísima, pero también loca como un cencerro), al principio le hice una lamida dulce, su coño era pura agua, enseguida me hice con su clítoris mordisqueándoselo sin piedad, entonces sucedió, sus flujos estallaron en mi cara, se había corrido salvajemente, palpé sus muslos húmedos y decidí que la me iba a follar sin piedad, mi lengua volvió a su coño humeante, pero yo ya tenía otros planes y dirigí mi ataque a su ano, no le costó a mi lengua entrar en su interior, las paredes de la entrada eran cálidamente blanditas, ella entonces se introdujo mis huevos en la boca, por un instante temí que los mordiera pero pronto me confié entregándome solo al placer.

    Ella se había centrado en mis bolsas seminales, su masaje bucal estaba provocándome una erección terrible, mi falo no es demasiado potente pero ella había conseguido que se convirtiera en un mástil aterrador, incluso me pregunté sorprendido si la reventaría por dentro, enseguida comencé a preguntarme porque no reconocía mi propio sexo, mis manos en un instante lo descubrieron todo, mientras ella saboreaba mis genitales me había colocado una anilla en el pene, pero no una anilla cualquiera, el interior estaba acolchado pero el exterior estaba formado de pequeñas púas que, aunque siendo romas, suponían un peligro potencial para su sexo. Por fin llegó el momento, ella se acomodó sobre mis muslos, a escasos centímetros de mi polla, tenía los brazos extendidos hacia atrás, de tal modo que no podía distinguir sus manos pero cuando al final conseguí ver lo que llevaba en una de ellas se me heló el corazón.

    Sí, la peor de mis pesadillas se había hecho realidad, la mano izquierda de mi vecina sostenía las desnudas caderas de mi mujer, yo, enfrascado como estaba en follarla no había caído en la cuenta de que toda la escena hacia sido contemplada por mi pareja, creo que en ese momento cualquier tipo de explicación sobraba, sobre todo al descubrir que ella se estaba besando apasionadamente con la chica a la que unos segundos antes había estado a punto de follar, mi rabo de todas perdió fuelle por lo que la anilla se escapó de él sin dificultad, mi mujer metía sus dedos en la cálida y acuosa vagina que aun reposaba en mi vientre, cuando de pronto noté que una mano me acariciaba con suavidad el pene, yo no podía ver quien era , pero inocentemente pensé sin dudarlo en mi mujer, menuda sorpresa me llevé al descubrir claramente las manos de mis fogosas compañeras ocupadas en sus coños y pezones, ¿quién me estaba haciendo una paja entonces?, de pronto me temí lo peor y lo peor sucedió; al apartar un poco el tronco de mi mujer divisé un brazo peludo que cada vez me atenazaba con más fuerza la polla, reconozco que hasta ese momento una gota de semen que resbalaba suavemente por mi capullo avisaba una próxima corrida salvaje…

    Soy heterosexual, me han parido así y aunque no tengo nada en contra de que dos hombres se follen el culo con hermosos genitales inundados de semen prefiero para mi ano el dedo de una mujer, mi reacción fue lo más parecido a una huida hacia delante, en ese momento ya sabía que el hombre era su marido o sea que sin dudarlo agarré con fuerza mi rabo y ayudándome de mis dedos le rompí el coño a mi vecina que gimió de placer, a todo esto mi mujer al verse sola sin comenzó a comerle el rabo al cornudo que me iba a convertir en carnudo también, pero mientras tanto las paredes cálidas y venosas del coño que me estaba follando hicieron que dejara de lado cualquier atisbo de celos, la piel de mi polla se desgarraba debido a sus movimientos vaginales, la herida había vuelto a sangrar y cada golpe de mi polla me producía un dolor que competía cara a cara con el placer, ganando por supuesto el goce de un polvo bien echado, al movimiento de su coño le acompañaba un viento suave en mis huevos provocado por el salvaje contacto con su culo, que golpeaba con tal fuerza que mi pene se clavaba en sus tripas, y a ellas fueron parar los manguerazos de leche de mi primera corrida, pero mi polla temerosa de que en el exterior de aquel irritado agujero oscuro hiciera frío, se quedó dentro ensartándola de nuevo.

    Desde mi posición veía claramente lo que hacía la recién descubierta puta en que se había convertido mi mujer, la piel de su vagina mil veces follada por mí era tierna y suave, por eso cuando observé como mi vecino se ponía en su inmenso pollón la anilla de púas que ya me había puesto yo, temí que su vagina se desgarrara hasta su ombligo, o lo que es peor que sufriera una ablación del clítoris.

    Los hombres normalmente no nos fijamos en los rabos de los otros machos pero el pedazo de animal calzaba un mango negro de dimensiones desconocidas para mí, era una polla de solera que a bien seguro habría entrado en infinitos agujeros, los cojones eran tan grandes como kiwis y sus bolsas seminales prominentes prometían una gran lava ardiente que si le entrara por el ano engordaría las carne del culo de mi delgada mujer regando todas sus paredes internas; reconozco que comenzaba a sentir una enorme excitación al imaginarme ese enorme miembro venoso derramando también su leche en el diminuto coño de mi mujer.

    De pronto tuve que volver a lo que estaba haciendo, mi vecina se había cansado de la postura y sacó mi pene con fuerza de su agujero abalanzándose sobre mí para recoger algo que estaba a mi espalda; noté sus erizados pezones rozándome la cara por lo que sin poder resistirme le mordí con cuidado uno de ellos mientras masajeaba a la vez su vagina y el ano que por cierto tenían un agridulce olor a hembra recién follada y culeada, realmente parecía que se había meado encima, mi mujer no lubricaba tanto y por eso no estaba acostumbrado a lavarme las manos con el coño de una mujer, ella mientras tanto seguía revolviendo mientras yo me preguntaba qué coño estaba buscando…

    Su marido no perdía el tiempo con mi mujer y le comía el coño con tal maestría que llegué a preguntarme si no perdería en la comparación a partir de ahora, en ese momento sin dejar de comerle todo hizo un rápido y brusco movimiento poniéndola de cara al suelo, la separó sus piernas y le metió ese enorme pepino hasta el estómago, ella no decía nada, simplemente miraba hacia la pared en pleno éxtasis mientras yo pensaba en como gozaba la cabrona, el hombre no le había metido todo el rabo consciente quizás de que sus dimensiones y la anilla podrían estropear ese chochito que se estaba follando con tanto placer…

    Cuando mi vecinita termino por fin y tras incorporarse me dio otra sorpresa aunque no sé por qué esta vez no reaccioné con el terror que la situación imponía, en sus manos sostenía una tijeras enormes, yo aún no sabía que no estaban afiladas por eso al ver como ella se tiraba de un pezón haciendo el morboso ademán de mutilárselo me corrí de tal forma que la duché todo el cuerpo con mi semen, fue entonces cuando atrapó mi pene con las tijeras, me quede lívido, pero la naturaleza del erotismo no se rige por las leyes de la física y mi polla en vez de ocultarse se enervó aún más produciéndome una dolorosa erección, que se multiplicó al descubrir que realmente las tijeras eran romas y casi no cortaban, liberé con confianza mis genitales animándola a que me los cortara. El contacto de mi escroto con el frío filo de acero consiguió que la poca leche que me quedaba se derramara como si fuera un chorro de sangre de una polla cortada, esta vez el semen se depositó en las tijeras y como las armas las carga el diablo ella frenéticamente se colocó las tijeras en los labios vaginales con tal fuerza que realmente temí que se los cortara allí mismo, su clítoris estaba tan erguido sobre sus labios que parecía un pene pequeño, sé que puede parecer raro pero en ese momento me pareció que escupía leche…

    Tuve un sobresalto cuando un grito de mi mujer retumbó en todas las paredes de la habitación, ella al ver que yo me había corrido empujó en venganza contra sí y con rabia el rabo de toro de mi vecino con tal fuerza que se clavó una púa de la anilla, pero ella lejos de quitárselo de encima abrió de tal forma su coño que hubiera entrado perfectamente la polla de un caballo, no tardó mucho el momento de su corrida y vi salir con tal fuerza la leche que cuando salió la chorra del sucio coño de mi mujer éste escupió semen…

    El resto es historia, mi mujer se puso las bragas mientras su vagina aun manaba leche, yo por supuesto le hice también el regalo de mi leche a la vecina, más que nada para no ser menos y provoqué que ella también meara leche en sus bragas, cuando todo acabó no nos dijimos adiós y la casa por supuesto se quedó a medio pintar.

    Al cruzar la puerta metí las manos bajo la falda de mi mujer que para mí tranquilidad aun tenia dimensiones normales, y tras darle un sonoro beso la comenté que nuestra casa también necesitaba una mano de pintura jeje.

  • Mi vecino el urólogo (Parte 2)

    Mi vecino el urólogo (Parte 2)

    Gracias por sus comentarios aquí les cuento lo que siguió pasando con mi vecino el padre de mi amigo…

    Bueno después de aquella sesión de sexo que tuvimos en su casa los días pasaron, cabe decir que mi amigo no sabe nada de lo que pasa entre su padre y yo en presencia de sus padres y yo somos amigos, vecinos por lo que él no sospecha nada, desde aquel encuentro que tuvimos no lo hemos podido repetir por lo que habíamos intercambiado números desde aquel día así que seguíamos conversando de cosas cotidianas y cuando se encontraba solo la charla se tornaba en una caliente en las cuales me mandaba fotos de su pene erecto y con precum y videos masturbándose, yo por mi parte le enviaba fotos de mi culo y le enseñaba como me abría de nalgas, a lo que me decía mira como me tienes.

    Eso me prendía aún más saber que lo tenía bien erecto y así pasaban los días en los cuales me cuenta que una de las fantasías que se le había ocurrido era la de que me quería coger en su consultorio yo en la camilla y el atrás mío apuntando su pene contra mi culo, esa idea me prendió y le dije que porque no intentarlo, esa idea lo prendió aún más, así pasaron los días en los cuales conversábamos hasta que a Mario se le ocurrió una idea y me lo mando por mensaje…

    M: Ricardo qué te parece si digo que vas a ser mi ayudante en el consultorio aprovechando que estas de vacaciones por la finalización de clases y así cada vez q podamos nos divertimos a solas, claro si es que tú estás de acuerdo con la idea podrías venir

    Y: de verdad? me encanta la idea Mario así DISFRUTO más la vacaciones jejeje dime que días podría ir para ¨ayudarte¨

    M: Sabia que te gustaría la idea, mira porque no vienes por las tardes por esas horas no sabe venir mucha gente así me ¨ayudas¨ y te ¨enseño¨ jaja nos vemos desde mañana entonces?

    Y: claro en la tarde nos vemos entonces jeje

    Yo por mi parte estaba ansioso porque el día de mañana llegase, así que por la noche nos escribimos y la emoción aumentaba aún más por lo que casi no podía dormir de la emoción por saber lo que podría pasar en aquel consultorio así que ese día por la mañana me limpie y me aliste para cuando vaya al consultorio de mi vecino, así pasaron las horas y yo me ponía mas ansioso pero mi excitación se incrementaba, así que en la tarde fui al consultorio, timbre y me contesto le avise que era yo y me dijo que suba que me espera.

    Una vez arriba me dijo que entrara, al entrar vi que en la sala de espera había un paciente, fuimos directo al consultorio, invito a seguir a sus paciente y le explico que era su ayudante que no se preocupara por mi presencia, así que mientras lo ayudaba teníamos nuestros roces y sentía que su pene estaba duro y se lo tocaba por encima de pantalón, una vez termino con el paciente lo acompaño hasta la puerta se despidió y entro nuevamente al consultorio y me dijo con una sonrisa cómplice.

    M: mmm veo que aún me queda un ¨paciente¨ por atender jeje

    Y: si doctor me duele mi culito me lo podría revisar?

    M: claro, pero el doctor necesita ayuda

    Y: con gusto…

    Se quitó el pantalón con el bóxer incluido y salió su verga toda dura, me arrodille y empecé a mamar esa verga que tanto quería la chupaba de arriba a abajo el solo gemía y me cogia de la cabeza para metérmela hasta el fondo acto seguido me levante, me fui a poner la bata de paciente, me puse en la camilla y le dije ¨doctor estoy listo para mi revisión¨, él se quedó solo con la bata del doctor fue por el lubricante se unto en su verga y dijo ¨esta vez no utilizaremos los dedos¨ a lo que respondí ¨con esa herramienta hasta el fondo doctor¨ y me empezó a meter su verga yo solo podía gemir y ver cómo me bombeaba seguimos así por unos minutos y me dice quiero seguir pero en mi escritorio, paramos y nos fuimos hasta su escritorio me puso de espaldas saco mi culo me abrió las nalgas y me empezó a comer mi ano estaba en el paraíso luego se levantó y se colocó atrás mío y me volvió a penetrar.

    Se podía oler el aroma a sexo en todo el consultorio, nos entregamos al deseo, su escritorio rechinaba por culpa de las embestidas mientras lo hacíamos me dice que quiere terminar y le dije que me termine y llene mi culito y así lo hiso vacío todo su semen en mí en eso suena el timbre del consultorio mi vecino se sale de mí y me dice que debe contestar no sin antes limpiarle los restos de semen de su verga que acababa de estar en mi culo, resulta era otro paciente así que nos vestimos y mi vecino dijo que lo atendería enseguida que lo esperar en la sal de espera mientras tanto nosotros nos vestimos nuevamente…

    CONTINUARÁ…

  • Trabajo extra de oficina

    Trabajo extra de oficina

    -¿Por qué no vienes por mí a la oficina? Pasas y comemos juntas.

    La invitación de Marcela me sonó maravillosa. Tenía varios días que no platicábamos ni bromeamos juntas. Así que le dije que encantada pasaría por ella a las 6 y media de la tarde.

    Cuando llegué a su oficina, encontré vacío el local, el velador me dejó pasar ya que es común que yo fuese al trabajo de mi amiga por ella. Pero esa tarde me sorprendí al no encontrar a nadie en la recepción, ni en el archivo, ni siquiera en el área de finanzas.

    Camine suavemente sin hacer ruido por la gruesa alfombra, diciendo suavemente: «yujuuu… ¿ay alguien aquí?” Casi al llegar a la oficina del jefe de Marce escuche sonidos extraños saliendo del privado de ella:

    -Uffff, que graaande la tienes, cabrón, cielos, métemela toda toda todaaa!

    Asombrada pero llena de curiosidad me acerque de puntillas hacía la puerta que no se encontraba cerrada, sino ligeramente entreabierta de donde identifiqué la voz de mi amiga que sonaba con jadeos y fuertes suspiros:

    -Que pijaaa, soy tu putaaa, tu putaaa, vamos! dame hasta los huevos! Cómo te la voy a mamar, mi vida!

    Lo que vi a través de la rendija de la puerta me dejó fascinada: El jefe de Marcela se encontraba sentado en el sillón de la secretaria, con los pantalones bajados hasta la rodilla, con el rostro convulsionado del esfuerzo, mientras Marcela se encontraba encima de él, dándole la espalda, con su fina falda de casimir subida hasta la cintura y unas pequeñísimas pantys blancas enrolladas en sus muslos.

    -Dame tu verrrrga fantástica, dámela, dámela, dámela…

    Cada vez que Marcela pronunciaba esa palabra, su cuerpo se levantaba dejando ver entre sus muslos una enorme verga, larga y gruesa, que entraba y salía de su rajita chapoteando en delicioso semen lubricante, brillante y oloroso aún hasta la puerta.

    Hipnotizada y fascinada por la escena, escuchando el «plaf-plof» de ese hermoso tronco de carne que se introducía como un pistón en la rajita de Marcela, apenas si podía parpadear cuando mi manita cobró vida propia y empezó a frotar mi sexo al mismo ritmo que las arremetidas de ese macho en la vagina empapada de Marcela.

    -Dame tu verga, quiero venirme…

    En este infernal y fantástico ritmo Marcela apretaba sus hermosas nalgas, movía sus caderas para adelante y para atrás, giraba su cuello y agitaba su cabello haciendo que ese falo, pija, camote, chile, tranca, rabo, pito, pene, nabo, verga entrará y saliera, mientras ella cabalgaba hasta casi ponerse de pie sobre su jefe para después caer lenta pero firmemente sobre ese poste de carne y apachurrar las bolas cada vez más duras y grandes con sus muslos.

    -Vas a hacer que me venga, puta, espera un poco.

    Con jadeos entrecortados, su jefe decía esto mientras sus manos apretaban convulsivamente las caderas redondas y grandes de Marcela y su rostro enrojecido se llenaba de sudor, sus caderas respondían frenéticamente a las arremetidas del culo de Marcela en un contrapunto exacto en el cual cada vez que las nalgas de Marce bajaban, la cadera de ese tipo se empujaba hacía arriba metiendo en forma increíble aún más su tremenda tranca, hasta perderla dentro de la rajita de Marcela, dejando solamente sus enormes huevos afuera, entre los muslos empapados de ella.

    -Dame tu leche, quiero tu verga…!!

    Las manos de Marcela se crispaban nerviosamente agarrando y aventando todos los objetos del escritorio y mientras gritaba esa fantástica rima giraba su cuello haciendo que sus cabellos se convirtiesen en una llama ardiendo alrededor de las cabezas de esas dos criaturas, llenas de sensualidad, salvajes, liberadas de cualquier limitación, moviendo sus caderas con un ritmo cada vez más desenfrenado, sin perder la cadencia en ningún solo instante, tan solo entrando y saliendo la verga de esa raja mojada, entrando y saliendo…

    Sus movimientos, sus gritos, sus olores lograron enloquecerme y dejé de ser dueña consiente de mis actos, como un autómata me puse de rodillas y empecé a caminar como una bestia hacia ellos, sin parpadear, entrando en la habitación, caminando como una gatita, como una perrita puta en celo, buscando tan solo ese pene delicioso que entraba y salía de tu vagina.

    -¿Qué pasa, qué hace aquí?

    Tu jefe alcanzó a verme entre tus cabellos que caen por tu espalda y por un instante pareció que iba a dejar ese ritmo tan brutal que tenía contigo, cuando tú te sobrepusiste a mi presencia y con toda tranquilidad, entre un jadeo y otro dijiste en voz alta:

    -Déjala, es mi aprendiz, yo la invite a comer…

    Y al terminar de decir esto, apretaste tus nalgas aún más sobre la verga de tu jefe, haciendo que su placer llegara al cielo, dejaste caer todo el peso de tu cuerpo sobre su pija, haciendo que esta entrara totalmente, hasta la base de los huevos en tu rajita, moviste tus caderas en rápidos círculos, separaste tus muslos y con tus manos masajeaste firmemente sus huevos, mientras él empezaba a jadear cada vez más fuerte y decir:

    -«Nooo, putaaa, me vengo, me vengooo…»

    En ese instante yo estaba acariciando sus muslos mientras mi lengüita chupeteaba sus bolas y con mi naricita te hacía cosquillas en tu delicioso clítoris que sobresalía de tu rajita.

    -Marce, tengo mucha hambre.

    Te dije con mi vocecita traviesa y tú me contestaste con un simple

    –»Prepárate»

    Estabas cubierta de sudor mientras te levantaste rápidamente hasta dejar ver una monstruosa pija enorme saliendo de tu rajita, empapada, chorreando jugos, con la cabeza hinchada de color morado, y aunque tú ya estabas completamente de pie sobre la cadera de tu jefe, su pija enorme aún no acababa de desprenderse de tu cuerpo.

    -Cielos, Marce, tiene las venas hinchadísimas, su cabeza dura y brillante está a punto de reventar.

    -Tómala toda, mi amor, buen provecho.

    Entonces, con tu manita acomodaste ese glande duro y caliente en mis labios para que yo recibiera toda la leche que como por arte de magia empezó a brotar a chorros de esa pija enorme en una explosión constante hasta llenar de manera rapidísima mi boquita y empezar a escurrir por mis labios y mí barbilla.

    -Anda, pequeñita, trágatela toda, no la tires.

    Me dijiste esto con un tono hermoso y sensual, mientras tu mano movía mi quijada para hacer que esa verga pudiera entrar poco a poco en mi boquita y con tu otra mano me tomabas por la parte de atrás de la cabeza y me empujabas para hacer que entrara en mi boquita ese monstruo caliente que apenas si pudo taladrar tu raja y que parecía una locura tratar de meter la punta tan solo en mi boquita.

    -Lecheee, leche, lecheee.

    Entre cada espasmo de eyaculación que tenía tu jefe, yo apenas si podía alcanzar a tragar grandes cantidades de esa maravillosa crema de macho, sin embargo, mucha de esa leche me escurría por los labios y la barbilla cayendo a la alfombra del piso en gruesos goterones. Tú deslizaste tus manos por debajo de mi barbilla para recoger toda esa crema que no podía yo alcanzar a tragar y haciendo un cuenco con tu mano recogiste una gran cantidad de leche cremosa.

    -Amor, ¿no te gusta? Está rica, tibia y espesita.

    Entonces te llevaste a tu boca un gran sorbo de semen, de semen caliente que tenías en tu mano y suavemente lo deslizaste por tu lengua y lo saboreaste dejando que te escurriese por tus labios.

    -Llegaste justo a tiempo, pensé que iba a comer yo sola.

  • La novia de mi compañero de piso

    La novia de mi compañero de piso

    Apuraba mi última semana de curso en mi típico piso de estudiante, después de realizar todos los exámenes me quedaba unos días de libertad antes de regresar al hogar familiar.

    Durante esa última semana mi compañero de piso se trajo a su chica al piso; una mala idea ya que a él le quedaba un examen por hacer el viernes y la chica paso toda la semana bastante aburrida, o tal vez no??

    Estaba todo pensado, sabía que mi compañero tenía el examen el viernes por la mañana y que no volvería hasta bien tarde, tal vez hasta depuse de comer, por eso el jueves por la noche prepare de nuevo «mi elixir» para ponerlo en funcionamiento al día siguiente en el desayuno…

    Me levante justo después de que mi compañero marchara al examen y al rato se levantó su chica.

    -Bueno días! Y este? (refiriéndose a su chico)

    -Se marchó ya, quería dar el último repaso en la universidad. ¿Te preparo algo para desayunar?

    -Sí, gracias! Mientras voy a preparar la bañera para relajarme.

    La pobrecita o por qué no decirlo, la agraciada (por lo que sentiría poco después) no se esperaba que en el desayuno iría cierto «complejo vitamínico» que le cargaría las pilas como ningún otro.

    Desayunamos juntos sin mantener una conversación muy particular, pero yo sabía que en poco instantes mi «complemento» surtiría efecto y no podría resistirse…!

    Recogimos y yo me fui a mi habitación sabiendo que aquello daría resultado; al poco entró ella en mi habitación… solamente con una minúscula toalla alrededor de su cuerpo desnudo, con su melenita suelta; en aquel momento me quede un poco perplejo de ver semejante escultura entrando a mi habitación.

    -perdona, es que tengo problemas con el termo del agua y sale fría, que debo hacer?

    -Mi traducción simultánea fue:

    -perdona, pero me encuentro con un calentón de 1.000 demonios y mi novio no está, me quitas tu este calor o tengo que darme una ducha fría?

    Entonces me levante del escritorio y me dispuse junto a ella a ver qué problema tenía, aun sabiendo lo que buscaba, aunque ella no supiera en que podría terminar todo aquello.

    Una vez frente al termo del agua, ella delante de mí intentaba arrancarlo y al inclinarse sobre él la pequeña toalla se subía y dejaba parcialmente al descubierto su espectacular y bien formado trasero del cual yo no quitaba la vista mientras ella insistía en los problemas del termo…

    -¿Has mirado si el paso de la bombona de gas está abierto? Tal vez sea ese el problema!

    -Uy! Pero que estúpida soy no me había dado cuenta de eso!!!

    Se giró hacía la bombona, se agacho de forma bien descarada para comprobar el paso de gas, sabiendo que la minúscula toalla dejaría al descubierto sus encantos, pero, sucumbiría yo a ellos?

    Sin pensarlo impregne un par de dedos con algo de saliva y palme con firmeza su ansioso y calenturiento conejo mientras le decía:

    -Pues tu pareces estar bien calentita por esta parte! Seguro que necesitas agua caliente?

    Entonces ella sin dejar de estar volcada sobre la bombona, giro la cara y sonriendo me dijo:

    -si tú tienes algo más calentito y mejor pues…

    Con sólo decir eso la incorporé, le arranque la toalla y mientras nos besábamos y jugábamos con nuestras lenguas, mi mano seguía palpando al completo su conejo, aquello le encantaba y movía bien sus caderas para que no hubiese ningún rincón que no obtuviese placer, mientras ella por su parte me correspondía igualmente metiendo su mano por mi bañador para despertar con fiereza mi rabo.

    No tardamos mucho en estar con tal calenturón que esos tocamientos nos sabían a poquísimo, estábamos encaminados a terminar en la bañera pero al pasar por la cocina se me ocurrió una idea!!!

    Cogí unos cubitos de hielo, los moje en agua para que se fueran derritiendo, tumbe a mi querida compañera en la mesa de la cocina y dejaba caer frías gotas que se desprendían de los cubitos sobre su desnudo y acalorado cuerpo, fui de arriba abajo, dejando caer las gotas y chupando después la zona, primero por su boca, después por la barbilla, su cuello…. hasta llegar a sus pechos dejando el pezón para el final, era increíble como todo aquello nos excitaba de sobremanera, pero más abajo sería aún mejor!!!

    Llene su gracioso ombligo con la fría agua y después de acariciarle, succione con fuerza, pero ella quería que bajara aún más y se abrió bien de piernas para que mis juegos llegaran hasta donde ella quería, me moje bien las manos y palpé bien su calenturiento conejo, le daba muchísima impresión el cambio de temperatura pero le encantaba, empecé a rozar sus labios con el borde de los cubitos que se derretían por tan altas temperaturas, mis dedos empezaron a sacar de su escondite su botoncito y a jugar con él y como no, también le correspondía su ración de agüita para luego ser bien comido.

    Fue tanta la intensidad que ella sentía que tras jugar un poco con su botoncito su cuerpo no opuso más resistencia y terminó corriéndose con abundancia, pero no me iba a conforma con aquello así que dejé la parte inferior de su cuerpo fuera de la mesa y sin pausa procedí a propinarle con mi rabo sacudidas que abarcaban hasta el fondo de su húmedo conejo; llegado el momento le regale toda mi leche, derramándola por todo su cuero, llegó hasta su barbilla y quedó algo sorprendida, ya con todo su cuerpo cubierto la acariciaba para impregnarla bien del todo.

    Era increíble el olor que a los dos nos rodeaba, un olor a sexo que seguía invitándonos a no dejar todo allí…

  • Queriendo ser nalgueada

    Queriendo ser nalgueada

    No podía aguantar más. Mi grado de excitación había llegado a un nivel importante y necesitaba descargarme de alguna forma. Luego de hablar con ellas de nalgadas y dominaciones, mi calentura tenía que culminar con una buena masturbación. Me relajo, dejo de lado mi ordenador y cierro mis ojos.

    Sin darme cuenta comienzo a sentir unas manos que empiezan a manosear mi cuerpo. Pasan por mi cuello, mis pechos, mi pancita, mi cadera, mi pelo. Una de ellas me desprende el sostén y lo deja caer sin más. Allí siento que cuatro manos juguetean con mis pechos desnudos. Se notan por su suavidad que son de mujer y porque lo hacen mejor que los hombres.

    Mis pezones se ponen bien duritos y es cuando siento un mordisco en uno de ellos. Sin meditarlo pego un grito de dolor aunque también de placer y escucho una voz que me sacude de mi estado de relajo.

    –Aquí no hay que gritar perra, quieres que te castigue con unas nalgadas?

    Allí fue cuando abrí los ojos y estaban ellas. Diana, la más experimentada y Caro manoseándome todo mi cuerpo y advirtiéndome lo que me iba a pasar.

    Estaba todo en mi cabeza y en mi sueño erótico, pero mi cuerpo había dado cuenta de ello y estaba transpirado y húmedo. Mis pechos a punto de salirse del sostén y el cosquilleo típico en mi entrepierna. Voy hacia mi cama y me desnudo rápidamente. Con una mano me sostengo las tetas y con la derecha voy hacia mi coñito empapado y desde hace unos días, bien depiladito.

    Empiezo con la faena y mi imaginación vuelve hacia ellas. Ahora una esta chupándome frenéticamente mi vagina y la otra sin dejarme respirar con su culote en mi cara señalándome todos sus riquísimos jugos, los cuales tomo como si fuera un precioso néctar. La lengua y los dedos de Diana me están haciendo gozar como loca, lanzo un pequeño gemido seguido de un leve grito. Su lengua dejo de chupar dejando un vacío en el cuerpo.

    –ya te lo he dicho, nada de gemidos… ahora vas a saber cómo hay que tratar a las putas.

    En verdad me sorprendieron esas palabras, pero a la vez me hacen sentirme más sucia y por consiguiente más cachonda. Fue entonces cuando me pusieron en cuatro patas y dejaron mi colita bien paradita. También me pusieron una venda en los ojos. Comienzo a sentir sus manos rodeándome todo el culo y mi vagina. Lo hacían muy suave y despacio hasta que de pronto siento el impacto de un cinturón en mi culito.

    Una y otra vez sin ningún descanso, se escuchaba el ruido de mis nalgas con los golpes certeros y placenteros que me proporcionaban las chicas. Yo me mordía los labios para no gritar. Solo escuchaba los golpes y los cuchicheos de ellas que decían algo como «viste como disfruta la putita esta».

    Eso me hizo poner más caliente, tanto que explote en un exquisito orgasmo cuando sentí unos deditos en mi clítoris. Mis pensamientos volvieron a la realidad y los dedos que sentía en mi conchita eran los míos. Estaban todos enchastrados de mis jugos. Por fin había saciado mi calentura.

  • El culo de porcelana de mi cuñada

    El culo de porcelana de mi cuñada

    Estuve desempleado por espacio de tres meses, teníamos junto a mi esposa unos ahorros que nos permitían estar solventes, a veces hago trabajo de investigación y asesorías en el sector agrícola, por lo que en ese tiempo me entretuve haciendo un trabajo para un amigo.

    Durante una semana Jazmín, mi esposa, tuvo que ir a visitar a su madre, ya que al parecer tenía problemas con mi suegro. En la misma ciudad vivía mi cuñada que estudia en la universidad, al segundo día de estar solo Angélica, mi cuñada, llego a visitarnos yo me encontraba en el baño ya que tenía que salir, Angélica tiene una llave que le hemos entregado para cualquier emergencia, por lo que entro hasta la recamara ella creyó que no habría nadie en casa, en ese momento salí desnudo solo cubriendo mi torso con la toalla, me quedé atónito no sabía qué hacer ni decir, mi cuñada no quitaba la vista de mi verga la que tenía en todo su esplendor ya que acaba de hacerme un pajazo, me cubrí y le pedí disculpas, me dijo no Armando yo tuve la culpa por haber entrado así a tu habitación.

    Me cambie y ella estaba en la cocina cuando baje, no sabíamos que decir le dije que tenía que salir que si se iba a quedar, me dijo que tenía clases pero que había llegado para avisar que esa noche tendría que dormir en la casa ya que por la mañana saldría rumbo a casa de su mama, le dije que no había problemas que yo llegaría un poco tarde ya que estaría en casa de Antonio revisando un proyecto que estaba haciendo, salí pensando en el escenon que había hecho. Angélica es una chica con cara de niña, 21 años, con un cuerpo fenomenal sin embargo lo que siempre me ha fascinado de ella ha sido su culo, un poco pronunciado y redondo una vez tuve la oportunidad de verla desnuda yo había llegado tarde a la casa y ella se había quedado durmiendo en el sofá de la sala estaba desnuda y la sabana se le había caído en parte y dejaba ver su exquisito culo de porcelana.

    Antonio había organizado una fiesta ya que gano la licitación del proyecto y como yo se lo había diseñado era el invitado especial tomamos bastante ya eso de las 11 decidí irme a casa, cuando llegue vi que mi cuñada se encontraba en la sala viendo tele, era el canal porno e inmediatamente cambio un poco apenada, estaba en unos pantaloncillos cortos de miedo dejaba entrever una parte de sus nalgas y una blusa que cubría solo parte de sus pechos, dirigí al baño para enjuagarme la cara y desde la sala Angélica me preguntaba que si quería tomar algo le dije que sí, cuando salí tenía dos tragos en la mesa, me dijo que había tomado un par de tragos porque estaba sola.

    No podía dejar de verla y aún más cuando se levantaba a servir algún trago o iba al baño, sentí como la protuberancia de mi pene se notaba en mi pantalón, por lo que decidí ir a ponerme una camiseta y un pantalón corto, empezamos una plática un poco erótica al preguntarme que era lo que más me gustaba que me hiciera Jazmín, la pregunta me agarro de sorpresa y no supe que contestar y solo me sonreí, me dijo que ella lo sabía ya que Jazmín se lo había contado y le dije que era lo que le había dicho, también se sonrió y me contesto que le daba pena y que solo me lo diaria en el oído, cuando se acercó sentí su aliento a licor y su voz audazmente erótica y sensual, me di la vuelta hacia ella y vi sus labios húmedos, su lengua los remojada sensualmente, no estaba seguro de lo que estaba por lo que le dije dímelo de frente me gustaría ver tu boca cuando me digas que es lo que más gusta que me haga tu hermana.

    Me estaba enloqueciendo su mirada, en ese momento el vaso que tenía en la mano se le cayó y derramo el contenido en su pequeña blusa, me acerque para limpiarla tome una servilleta y la comencé a limpiar, en ese momento vi como sus manos quitaban aquel pedazo de tela y brotaban unos exquisitos pechos cuyos pezones se encontraban duros y erectos, me dijo quiero me las limpies con la boca sentí una explosión de lujuria en mi mente y mis dos cabezas comenzaron cada quien por su lado a hincharse, me prendí como un becerro hambriento, lamiendo licor y chupando esos pezones con delicadeza me acerque a su boca y nos comenzamos besar, comencé a sentir como su mano buscaba mi verga la que salía de mis pantalones cortos ya que no tenía calzoncillos se agacho y comenzó a lamérmela sentía como sus labios me besaban la cabeza y hacían el recorrido de la marcha turca, gotas de semen comenzaron a brotar de ella y su legua se encargaba de que no cayeran en el sofá.

    Mis dedos habían encontrado su orificio húmedo, el cual introducía suavemente, los saque y probé su semen un rico sabor salado y un olor a sexo de pecado percibieron mis sentidos, ella se retorcía de placer y lo demostraba succionando de placer mi verga, nos despojamos del resto de la ropa y comenzamos un 69 con masajes bucales en nuestras partes íntimas, trate de introducir mi lengua lo más profundo que pude y ella comenzó a tragarse toda mi verga, sentí como una convulsión de su garganta ya que no podía tragársela toda pero en el segundo intento sentí como toda mi verga desaparecía en su boca y entraba en su garganta, note dos lágrimas en sus ojos cuando la saco, era una devota del semen no desperdiciaba nada, nos dimos vuelta y me acosté deje que ella me cabalgara me dijo papi quiero sentirla toda que me toques lo más profundo y comenzó a introducírsela, hacia movimientos belicosos y observarla me provocaban lujuria comencé a introducirle mi dedo en el ano, con movimientos suaves y en forma de caricias, luego saque mi verga y lubrique mi dedo con mi propio semen, y comencé a introducírselo suavemente esto provocaba olas de placer en ella, sentía como trataba con locura de introducirse toda mi verga mientras se acaricia el clítoris, mis dedos habían logrado penetrar su estrecho culito, en ese momento gritos de placer y contracciones de orgasmos se mezclaron en su garganta y su conchita, sentí como se detuvo un momento para disfrutar su último estertor de placer, se volvió hacia mi para fundirse en un abrazo y un beso de agradecimiento.

    Nos fumamos un cigarro y le pregunte que por qué no me había dicho lo que le había contado Angélica y me contesto, dice mi hermana que tu mayor placer es cuando se lo haces por atrás y que tenés una práctica para no lastimarla y ella no se explica cómo es que la haces terminar, aun sin terminar su cigarro comenzó a mamármela, me encanta mamar cuando fumo me da un placer exquisito, vi cómo le pegaba un buen jalón al cigarro y se introducía mi verga y comenzaba a exhalar humo de sus narices, se separó y se puso en cuatro, quiero que me comas el culo y que me des ese placer que le das a Jazmín, quiero que me la metas toda necesito sentir tu verga en mis entrañas, le abrí sus nalgas y vi su orificio rosado y café claro, me provoco mamarle su culito, lo que hice utilizando mi lengua dándole suaves mordiscos, el alcohol y la lujuria al mezclarlos provocan un cóctel de pasiones inimaginables, comencé a exprimirme la verga para sacar semen que lubricara aquel hoyito que se iba dilatando suavemente.

    Los ruidos del placer son exquisitos y más aún cuando provienen de alguien a quien estas cogiendo, sentí como mi cabeza se atoraba y se negaba a pasar más allá, sin embargo un par de contracciones anales de angélica, produjeron el milagro de que mi verga se introdujera toda, comencé un delicado mete y saca que combinado con la lujuria que mostraba mi cuñada me provocaron sensaciones de placer inimaginables, comencé a sacar mi verga para ver su culo dilatado y ver la profundidad oscura de hoyo sus dedos acariciaban su clítoris y sus chillidos se convirtieron en gritos ante la acabada que estaba dando, no pude contenerme y me vine junto con ella sus contracciones anales me provocaron aún más placer y sentí como descargaba toda mi furia contenida en chorros de semen, sentí como se calmaba y me retiraba de su culo para tomar mi verga e introducírsela en su boca para succionar las ultimas gotas de semen provocándome más placer.

    Aquella noche fue inimaginable, dormimos en la alfombra de la sala después de otra cogida, al día siguiente cuando me levante ella ya no se encontraba en la casa se había ido temprano, después de esa noche la he vista un par de veces y ha logrado convencer a su hermana que visite más a menudo a su mama para quedarse conmigo los fines de semana.

  • Un favor sexual: Admina, Mamadou y yo en un trío interracial

    Un favor sexual: Admina, Mamadou y yo en un trío interracial

    Aminata era negra como la noche, tenía 23 años medía casi un metro ochenta, y llevaba casada 3 años con Mamadou, un senegalés de 25 años, negro y alto como ella, muy fuerte, que jugaba conmigo en el equipo de fútbol del hospital Manor de Epsom, en Inglaterra, un hospital de enfermos mentales. Un día después de un partido, en el bar del club del hospital, sentados los dos a una mesa frente a una pint de lager, yo, y un tomato juice, Mamadou, me dijo:

    -Te quería pedir un favor, Garsia.

    -Si es de dinero no me lo pidas, ando tieso.

    -No es de dinero, es un favor sexual.

    Me alarmé.

    -¡Quieto parado! Amigos sí, pero el culito por lo que vale.

    A Mamadou le entró la risa floja.

    -No, hombre, el favor se lo harías a Aminata, mi esposa. Quiere saber qué se siente al hacerlo con un blanco.

    En la España de 1974, aquello, si se supiese, sería un escándalo de proporciones bíblicas, por eso, extrañado, le pregunté:

    -¡¿Y tú le consentirías que follase conmigo?!

    -Claro que sí. La quiero, por eso deseo que tenga todo lo que desee.

    Estaba visto que aquella era otra cultura, y Mamadou y su esposa habían nacido en Inglaterra.

    -¿Y crees que soy su tipo?

    -Sí, te conoce de vista.

    -¿No será esa morenita delgadita tan guapa que bajó de tu coche el otro día?

    -La misma, la de las piernas interminables. Se llama Adminata. ¿Qué le digo?

    -Si la cosa no trae rabo… dile que cuando quiera estaré a su disposición, pero en mi habitación, en la vuestra no me fío.

    -¿Por qué?

    -Te lo acabo de decir, por lo del rabo.

    Mi día libre era el miércoles. El martes por la noche estaba en el bar del club. Acababa de jugar una partida a los dardos con mi amigo Benny, llegó Mamadou, me llamó aparte, y me dijo:

    -Mi esposa está en su coche en el aparcamiento esperando por ti.

    Dejé por la mitad la cerveza y me fui del bar del club.

    Al llegar al aparcamiento vi a Aminata dentro de su Ford Capri amarillo. Al llegar a su lado quitó el seguro de la puerta de mi lado. Abrí la puerta, entré, me senté en el asiento del copiloto y cerré la puerta. Adminata me dio dos besos, uno en cada mejilla, y me preguntó:

    -¿Adónde?

    -Hook road. ¿Sabes dónde es?

    -Sí, paso todos los días por esa calle para ir a mi casa y para ir a trabajar.

    Aminata, llevaba unos aros grandes de oro en las orejas, tenía el pelo corto y rizado, unos ojos negros, preciosos. Vestía un vestido blanco que le daba por debajo de las rodillas, y que tapaba unas tetas que prometían. Sus zapatos eran blancos y sin tacón. Era un bomboncito de chocolate negro.

    Al poner el coche en marcha, para romper el hielo, le dije:

    -Estás muy guapa.

    -Gracias,

    -El perfume que te has puesto me encanta.

    -Es chanel número 5…

    Hablando de cosas intrascendentes llegamos a la casa donde nos íbamos a matar a polvos.

    Yo vivía en una habitación alquilada por la que pagaba 5 libras a la semana. Fuera un trastero. Le habían puesto unas escaleras de quita y pon. Lo habían enmoquetado, puesto una cama de matrimonio, unas cortinas de flores en la ventana, una mesita de noche y un mueble que hacía de ropero. Sólo se podía caminar erguidos por la mitad de la habitación. La cabecera de la cama estaba a un metro del techo… Lo bueno era que los caseros, que eran gallegos, me dejaban llevar mujeres.

    Adminata se sentó en la cama. Estaba nerviosa. Puse vinilos de los Beatles con sus grandes éxitos, en un tocadiscos automático, que al acabar bajaba uno nuevo. Lo puse en bajito para no molestar a los dueños de la casa.

    Llené dos copas de Hundred Pipers. Me senté a su lado, le di una copa, y le diije:

    -Sé que tu religión no te lo permite, pero tampoco te permitirá lo que vas a hacer, ¿o sí, Admimata?

    Cogió la copa, y me dijo:

    -Llámame Admina.

    Admina no había bebido en su vida, y con el primer trago, los cien gaiteros se le subieron a la cabeza. Me sonrió y me preguntó:

    -¿Bailamos?

    Puse las dos copas sobre el mueble, y bailando «Love me do», Amina, puso sus gruesos y sensuales labios sobre los míos. Su lengua entró en mi boca buscando mi sin hueso, al encontrarla, la acarició y nos dimos un primer beso, largo, tan largo que me empalmé. Admina sintió mi polla entre sus piernas. Me quitó la camisa, el cinto, el botón del pantalón del ojal. Me bajó la cremallera, metió su mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi polla empalmada y mojada de aguadilla. Se iba a agachar para chuparla. La detuve, le di de nuevo la copa de wisky, y se echó otro trago. El cuerpo se le volvió a estremecer. Le quité la copa de la mano. Puse las dos copas sobre el mueble. Me deshice del pantalón, los zapatos y los calcetines. Le abrí la cremallera del vestido, que cayó sobre la moqueta. Al verla sin vestido vi a un ángel negro en lencería blanca. Sus tetas sobresalían de las copas y el cabello rizado de su coño sobresalía de las bragas por todas partes, por arriba, por abajo y por los lados. Sus sobacos también tenían pelo en abundancia. Mi polla latía una cosa mala cando me la volvió a coger. Se agachó y la chupó, despacito, saboreándola como si fuese un caramelo. Su otra mano acarició mis huevos. Transcurridos unos minutos, comenzó a mamar y a masturbarme a todo gas, diciendo:

    -Dámela, dámela, dámela. Obviamente, lo decía en inglés, give it to me, give it to me, give it to me. ¡Vaya si se la di! Le di leche de la corrida de un gallego de 18 años, calentita, espesita, y en cantidades industriales.

    Admina ya estaba desatada. Al acabar de tragar, se levantó, cogió su copa y se mandó el resto de whisky de un trago. Mezclar leche con whiky no le sentó bien. Puso cara de asco y dijo:

    -Buuurrrrrbbb. Arrrrrg.

    Con una media sonrisa en los labios le dije:

    -Vas a coger una tajada del 10, morena.

    -Calla y lléname la copa otra vez.

    Mientras yo llenaba las dos copas, oyendo, «From me to you», Admina se quitó los zapatos y se echó boca arriba en la cama. Se quitó el sujetador. Vi sus grandes y redondas tetas, con inmensas areolas negras y pezones gruesos y erectos.

    Acababa «From me to you» y sonaba «She loves you», cuando me eché a su lado. Le comí las tetas como me comiera ella la polla al principio, despacito, lamiendo y chupando las areolas y los pezones, acariciándole cada teta con las dos manos…

    La diosa de ébano, se quitó el liguero, las ligas y las bragas, que tenían una gran mancha de humedad. Su bosque tropical era el más hermoso que había visto. Encogió las rodillas de sus interminables piernas. Bajé de sus tetas a su ombligo, metí mi lengua en él y después me metí entre sus piernas. Lamí el interior de sus muslos. Admina levantaba su pelvis al llegar mi lengua al lado de su coño buscando su contacto. Después de hacerla sufrir un ratito, le pasé la lengua plana por los labios mayores y menores, de abajo arriba, casi como si no los tocara, al tiempo que acariciaba sus muslos sus brazos, su vientre, sus tetas… Admina era un delicioso bizcochito de chocolate negro y lo iba a disfrutar.

    Al sentir que el ritmo de su respiración aumentaba aceleré la velocidad de los movimientos de mi lengua sobré su clítoris y la presioné con más fuerza. Sus gemidos eran de pre orgasmo. Casi corriéndose, me dijo:

    -I love the way you do it.

    Coloqué dos dedos en la entrada de su vagina y sentí como se aceleraba aún más su respiración… El orgasmo era inminente. Entrando y saliendo mis dedos de su vagina hice círculos con mi lengua sobre su clítoris… Con dos dedos quité el clítoris del capuchón. Lo succioné, y con un «¡¡¡oh!!!» Admina, jadeando y retorciéndose, comenzó a correrse soltando un torrente de jugo blanquecino de su coño.

    Fue hermoso sentir y ver como se corría.

    Al acabar de correrse me eché a su lado. Una sonrisa iluminaba su precioso rostro. Sin decir palabra y mirando al techo de la habitación. Su mano cogió mi polla, mojada de aguadilla, empalmada y latiendo, la apretó y la masturbó muy suavemente.

    Unos minutos más tarde, al recuperarse, se puso a cuatro patas, y me dijo:

    -Fuck me.

    Me arrodillé detrás de Amina. Acariciando su espalda le metí la polla. Estaba empapada y le entraba muy holgada. Mamadou debía calzar un buen pepino. Quité la polla y le acaricié el clítoris con ella. Hice círculos con mi polla en el agujero de su culo. El ojo latía. Se abría y se cerraba pidiendo polla. No se la di. Metí la cabeza en su coño, Admina, movía el culo hacia atrás para que la penetrase, como no la penetraba, (le acariciaba, le besaba y le lamía la espalda) su coño, latiendo, se fue cerrando en torno a mi glande. Al metérsela un poquito su coño la apretó. Se la volví a sacar y la puse en la entrada. Así estuve un rato largo, sin dejar de acariciar, besar y lamer su espalda. Al final, le cogí las tetas con las dos manos, la besé en la nuca, y de un golpe de riñón se la clavé hasta el fondo. Amina comenzó a follarme con su culo. No tardó su coño en apretar mi polla para acto seguido bañarlo de jugo. Admina, corriéndose, se derrumbó sobre la cama. Sus espasmos de placer y sus gemidos hicieron que no pudiese aguantar más. Quise quitar la polla, pero Admina, al sentir los latidos de mi polla dentro de su coño, echó sus manos a mi culo, lo apretó contra ella, y nuestros jugos se mezclaron.

    «We can work it out», sonaba en el tocadiscos cuando nos dimos la vuelta, y me dijo:

    -Nunca imaginé que un polvo pudiese llegar a ser tan dulce. Eres un amante increíble.

    Con falsa modestia, le respondí:

    -Se hace lo que se puede, aunque me gusta más que me hagan que hacer.

    Admina me besó en la boca, en las tetillas, cogió mi polla y la mamó unos minutos para ponerla dura… Subió encima de mí, y besándome me folló despacio, muy, muy despacio.

    Media hora más tarde, al sentir que se iba a correr, volvió apretar mi culo contra ella, y me dijo:

    -Quiero tener un hijo tuyo.

    Me acojoné. Aquello pintaba mal.

    -¡¿Te has vuelto loca?!

    -No, quiero tener un hijo tuyo.

    La hostia fue que sus palabras me excitaron tanto que comencé a correrme dentro de ella, Admina, al sentir mi leche calentita dentro de ella, besándome con dulzura, también se corrió. Esta vez sus gemidos los ahogó en mi boca. Mentiría si dijera que no fue una de las corridsa más largas de las que he tenido en toda mi vida.

    Al acabar, Admina, se levantó de cama, tomó un pequeño trago de whisky de su copa, y me dijo:

    -¿Tienes música sexy para bailar? Barry White no estaría mal.

    -Tengo algo mejor.

    Quite los LPes de los Beatles y puse el single, en vinilo, «Jet t´aime… moi non plus» de Jane birkin y Serge Gainsbourg. Al girarme, Admina, dándome la espalda y echando los brazos alrededor de mi cuello, bailó contoneándose y frotando su duro trasero contra mi polla. Giraba la cabeza y me besaba sin moverse del sitio. Yo, que era algo más bajo que ella, magreándole las tetas, le metí la polla, a media asta, en el coño y dejé que me la pusiera dura con sus contoneos… A punto de acabarse la canción, por tercera vez, algo más de 11 minutos después de haberla puesto, me corrí dentro de ella. Cuando terminé de correrme, Admina, con unos tremendos reguerones de jugo bajando por el interior de sus muslos, me dijo:

    -I´m coming again.

    Se corrió entre dulces gemidos y sin parar de besarme.

    Al acabar se mandó todo el whisky de la copa de un trago. Resultado, a los cinco minutos estaba durmiendo la mona en mi cama.

    Desperté a las seis de la mañana al sentir que alguien subía encima mí. Era Admina. Esta vez me cabalgó al trote. Al correrse me volví a correr dentro de ella.

    Después de corrernos, me dijo:

    -Me tengo que ir. Empiezo a trabajar a las siete de la mañana.

    Se vistió. Yo me puse la bata. La acompañé a la puerta de la casa. Me dio un beso y se fue a trabajar. Era enfermera en el Wet Park, otro de los hospitales de enfermos mentales que había en Epsom, que eran tres El West Park, el Manor y el Horton.

    Admina y yo follamos una docena de veces más sin que lo supiese su marido. Después de una de estas veces, me dijo:

    -Me gustaría hacer un trío con mi marido y contigo. ¿Quieres hacerlo?

    -¿Y si Mamadou acaba dándome por culo?

    -A Mamadou no le gustan los hombres. Aunque a mí sí le gusta clavármela en el culo.

    Sus palabras me dieron yu yu.

    -¡¿Ves, ves?! Puede ser peligroso.

    -Serás tú el que se corra en mi coño, bueno, y en mi culo, si quieres.

    -Mira, Admina, te estoy follando sin que Mamadou lo sepa. Se da la casualidad de que tú eres su esposa, y si por otra casualidad se enterase, reventarme el culo sería la venganza perfecta.

    -Jamás lo haría. No es celoso. ¿Por qué crees que me echó en tus brazos?

    -Por qué te ama tanto que te quiere dar lo que tú deseas.

    -¿Y qué es lo que yo deseo?

    -Follar con un blanco, o eso me dijo.

    -Eso no es. ¿Por qué será?

    -Esa es ahora la pregunta del millón de libras.

    -¿Será por qué Mamadou no puede tener hijos?

    Ahora me explicaba todo. Esa era la idea desde el principio. A nadie le gusta ser un cornudo, pero habiendo una fuerza mayor…

    -¿En ese caso por qué un trío?

    -Por qué nunca he sido penetrada anal y vaginalmente al mismo tiempo y tengo curiosidad.

    Me convenció.

    -Pues vale, un día quedamos.

    Una noche fui a cenar a casa de Mamadou y de Admina, que estaba en Upper High street.

    Cenamos pollo al curry. Charlamos de muchas cosas, menos de sexo.

    Al terminar de cenar fuimos a la sala de estar, Admina, sin cortarse un pelo, me desnudó, me sacó la camisa, el pantalón, los calzoncillos, los zapatos y los calcetines. Mamadou se desnudó solo. Tenía una polla que hacía dos de la mía, de largo y de ancho. Luego, entre los dos, desnudamos a Admina, Mamadou, por detrás, le quitó la blusa, yo, por delante, el resto. Al estar desnuda, Mamadou se agachó y le atacó el culo con su lengua, yo también me agaché y le comí el coño. Al rato largo, Admina, tocándose las tetas y sintiendo como le comíamos el culo y el coño, se corrió. Salió un chorro de flujo blanquecino de su coño y sus piernas flaquearon, Mamadou la sujetó… Cuando acabó de correrse la cogió en brazos y la llevó a la cama. La depositó boca arriba, con mucho cuidado, y me dijo:

    -Folla su chocho y llénaselo de leche…

    No me lo tuvo que decir dos veces. Le metí la polla en el coño. Le cerré sus largas piernas y la follé a toda hostia. Tenía prisa. Mamadou estaba meneando su tronco, tenía mi culo a tiro y me lo podía reventar. Al rato, Admina, se volvió a correr y yo me corrí dentro de ella. Increíble lo que ocurrió a continuación, Al quitarme yo de encima, Mamadou ocupó mi lugar. Se la clavó, y antes de dos minutos, Admina, ya se corriera dos veces más. Cuando Admina se iba a correr por tercera vez, con la verga dentro, Mamadou se dio la vuelta y puso a su mujer encima de él. El culo de Admina se ofrecía a mi polla, que fue cogiendo cuerpo al ver como el ojete se le abría y se le cerraba… Cuando se puso dura, Admina, me dijo:

    -Ven aquí y dame el blanquito a chupar.

    Me arrodillé al lado de Admina y de Mamadou. Admina me cogió la polla y la metió en la boca. Al ratito, se la llevó a la boca a Mamadou, el bicharraco giró la cabeza, Admina, insistió. Al tercer intento abrió la boca y me hizo unas mamadas que me pusieron a mil por hora. Aquello no era normal, por contentar a una mujer no se hace lo que él me estaba haciendo. Mamadou llevaba un mariconazo dentro.

    Admina, follándose el ano con un dedo, me dijo:

    -Ponte un condón, ponle crema y fóllame el culo.

    Encima de la mesita tenía lo necesario… Puse el condón, le puse crema, subí a la cama y se la clavé en el culo. Admina se volvió loca, ya no gemía, gritaba de gusto. Se corrió a corros.

    Al recuperarse, sintiendo mi polla latir dentro de su culo, se quitó la polla del marido, sacó la mía del culo y la metió en el coño. Entró como entra el hilo en el culo de una aguja, sin tocar los lados, pero eso sí, chapoteando al llegar al fondo «¡Clash, clash, clash…»

    Corriéndome dentro de su coño, la leche del negro que tenía dentro me quemaba el glande, pero eso mismo hizo que mi corrida fuese inmensa.

    Admimata no quedó preñada. Parece ser que los dos eran estériles. Aún hoy me pregunto si lo sabían y me usaron, si fue así, se equivocaron de cabo a rabo, Fui yo quien los usó, a él, y a ella.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Asesoría en programación o asesorando a la p… con su tesis

    Asesoría en programación o asesorando a la p… con su tesis

    Anteriormente publique un relato que titule “Rox, la madura de Toluca”, por lo que en esta ocasión espero me den la oportunidad de compartir con ustedes otra caliente historia del día que conocí a una chica para apoyarla con temas de su tesis, para el título de este relato estaba indeciso en como titularlo, ya que aunque es un poco despectivo el título de “Asesorando a la putita con su tesis” realmente no es por hacer mala referencia de esta chica a la que pudimos tener varios agradables encuentros sexuales sin que por ello trate de denigrar su posición de mujer, mi referencia es más al aspecto cachondo de aquella chica que era toda una putita en la intimidad, para los que no tuvieron la oportunidad de leer mi relato anterior les contare que en ese tiempo que sucedió esta historia yo radicaba en lo que hoy es llamada CDMX, y trabajaba como consultor en sistemas informáticos para algunas empresas grandes del país.

    Un día estando en el MSN, me contacto un amigo que vivía en la ciudad de donde soy originario, y me comenta que una conocida suya que estudia informática en la misma escuela de donde me gradué hace ya al menos 8 años aproximadamente en ese momento indicándome que ella necesita a alguien que le ayude con algunos problemas que tiene para poder desarrollar su tesis, por lo que pensó en mi por mi experiencia profesional.

    Así que me puso en contacto con la chica y la agregue a mi MSN (como les había comentado en mi relato anterior esa era la red social de la edad media del Internet ya que en la prehistoria use los Chats por medio de BBS o Telnel ya habrá tiempo para esa parte de mi historia) para así poderla asesorar en temas de sus tesis, entablamos comunicación nos presentamos formalmente, ella me dijo llamarse “Montserrat” y la charla cordial giro sobre el tema de su tesis, le indique que podría ayudarle consiguiéndole libros en algunas de las grandes librerías que existen en la capital del país y que a veces no era posible conseguir en nuestra localidad o a mayor precio, por lo que ya una vez que me indico lo que requería yo se los conseguiría así como el material que yo pudiera tener y se los llevaría a nuestra ciudad, a veces cuando la encontraba conectada nos saludábamos y le asesoraba en lo que podía con su tesis.

    Hasta ese momento no tuvimos un acercamiento más allá de lo “profesional” no nos conocíamos ni en foto, una vez que le conseguí la información que me solicito, quede con ella para entregárselos el fin de semana que viajaba a casa de mis padres (Que se encuentra en la región centro de Veracruz, y de las altas montañas). Así que una vez puestos de acuerdo para vernos en un punto que fuera fácil identificarnos, no era la primera cita a ciegas para mi, pero esta era “Profesional” a diferencia de muchas que ya había tenido de encuentros con otras chicas.

    Llego el día acordado acudiendo al lugar establecido para entregarle lo que me había solicitado, ella podría identificarme fácilmente porque yo llevaba muchos libros de programación Java, nos saludamos cordialmente y me pareció una chica muy sencilla nada exuberante de rasgos digamos que normal, morena, estatura media, con rasgos faciales podría decir que bonita. Estuvimos platicando un rato, me contó sobre su tesis, que trabajaba en cyber café Internet propiedad de su hermana y por tal motivo podía estar más tiempo conectada en el MSN (Chat), parecía que ya nos conociéramos de mucho tiempo porque fue una charla amena y quizá hubo química entre ambos ya que mientras platicábamos mi mente iba maquinando alguna excusa para alargar esa conversación y como era fin de semana, por lo regular cuando iba de visita a casa de mis padres trataba de pasar bien el fin de semana con los amigos ir de antro o lo que hubiera, por lo que se me ocurrió invitarla a algún sitio para poder seguir conociéndonos. Le hice la invitación al cine en la tarde, lo cual acepto sin hacerse del rogar mucho.

    Como era muy temprano aun, nos citamos a las 3 de la tarde, afuera de las salas del cine en el centro de la ciudad para decidir cuál veríamos, así llego la hora que habíamos acordado, entramos y escogimos alguna película, realmente no había nada bueno y le sugerí el churro de “Meteoro” pensando que habría menos gente y podríamos platicar para conocernos más a fondo (y vaya que se hizo realidad) y posiblemente habría oportunidad de algo con ella, siendo de las primeros horarios de la tarde habría muy poca gente para esa función. Dio inicio la película y no había más de 10 personas en la sala, al entrar escogí de manera premeditada las butacas de atrás retirados de la gente y así no tener miradas indiscretas, aunque ese día la había conocido realmente no tenía muchas expectativas a poder hacer algo con ella en esa primer cita. Inicio la película y todo normal, de repente hacíamos comentarios discretos y como les mencione anteriormente, yo supongo que hubo química desde el primer momento que nos vimos en la mañana cuando le entregue el material que le había traído de la capital, ya que entre que nos comentábamos cosas cerca del oído para no molestar a la gente, eso dio oportunidad para que en determinado momento le robara un beso sin que ella pusiera mucha resistencia, del primer beso vinieron muchos más, y le besaba a un lado del cuello y le susurraba lo linda que era, la película ya no nos importaba realmente, estaba súper aburrida (por eso sugerí esa película) y ya estaba como burro en primavera, quería cogerme a la chiquita que tenía a mi lado.

    Tenía que hacer algo para poder lograr mi objetivo de esa tarde poder besar su cuerpo desnudo, ya la tenía abrazada, y con mi otra mano recorría su cuerpo frágil, acariciando sus senos sobre su blusa, y bajando hasta meter mi mano en su entrepierna sobre el pantalón, se sentía muy caliente, se lo frotaba y ella se estremecía al contacto, pero de repente le regresaba la cordura al estar en un sitio público y retiraba mi mano, pero yo no quitaba el dedo del renglón así que la besaba más, y mi mano entraba en acción, así estuvimos toda la película, hasta que termino, y le regreso lo niña bien portada, hasta ese momento supe que tenía novio (pero no soy celoso).

    Nos habíamos calentado demasiado dentro del cine y creo que tanto ella como yo deseábamos más que solo besos y caricias de novios tiernos dentro del cine.

    Así que ya una vez fuera del cine caminamos por las calles de la ciudad, parecíamos viejos amigos caminando aquella rica tarde de veranos por la ciudad, aunque no era tan tarde ya que habíamos entrado muy temprano al cine y la tarde era fresca e incitaba a irse a un café o un bar a tomar algo y yo no quería perder todo lo ganado dentro del cine, así caminamos varias calles sin rumbo fijo y yo tratando de convencerla de pasar más tiempo juntos y conocernos más, ella argumentaba que tenía que llegar temprano a su casa y trataba de desanimarme aunque por dentro tenía una putita ardiendo, sentía ese ambiente sexual alrededor de nosotros creo que los dos deseábamos más de ese encuentro, nos sentamos a platicar en una bancas, por mi parte ya no aguantaba más esa situación necesitaba cantarle lo que deseaba y me deje ir con mi propuesta le sugerí que si podíamos entonces ir a algún lugar privado (lo más que podía pasar es que me mandara a la fregada y punto, como si nunca nos hubiéramos topado), le dije que me gustaría seguir con ella, y ella pregunto que “a donde yo sugería ir”, le sugerí un motel cercano, aceptando mi propuesta de inmediato sin inmutarse (“inguesu” ya chingue, pensé que me iba decir que no, que era un depravado abusivo pero a la ves presentía que ella también lo deseaba desde el primer momento que nos conocimos en persona) indicándome en que no podía llegar tarde a su casa, nos fuimos rápido al motel ya que no quería perder tiempo con esa rica morenita que ya había aceptado ir a coger. Solicite una habitación y llegando entro al baño a asearse supongo, mientras yo la esperaba en la cama buscando algún canal porno, aunque yo ya estaba más que caliente y no necesitaba más estimulación visual si ya me imaginaba a la morenita aunque me dio más sorpresas en el transcurso de ese encuentro, ella regreso del sanitario y se recostó a mi lado, y nos empezamos a besar nuevamente como novios deseosos de ese encuentro que estaba saliendo a la perfección, nos habíamos conocido en persona esa mañana y ya en la tarde estábamos en una habitación semidesnudos, ahí estábamos ya a punto de sentir vibrar aquella chica morenita bella, en el faje nos íbamos desnudando del resto de ropa que aun teníamos, mientras yo recorría con mis labios su cuerpo, le bese todo su bello cuerpo pasando por su cuello, su pecho sus tetas mientras le despojaba de su brasiere, baje por su vientre bese su ombligo, la sentía estremecerse y veía como los bellos de su piel se erizaba con mis caricias, me susurraba al oído que la había puesto muy caliente en el cine, que porque le había hecho eso, que la calenté mucho, que no se había imaginado esa situación, así que la besaba y acariciaba con las yemas de mis dedos recorría su erizada piel, sintiendo las puntas de sus pezones y recorriendo su diminuta cintura pasando por sus caderas sus piernas que recorrí varias veces con las puntas de mis dedos mientras seguía besándola en su vientre y regresaba a sus senos, mientras mi erección estaba al máximo ella también me desnudo mientras me acariciaba con sus dedos la espalda y me besaba, trataba de corresponder mis besos con besos suyo por mi cuellos y pecho mientras con su mano alargada jugaba con mi pene, el cual estaba masturbándome muy delicadamente con su tierna mano, acariciaba mi verga y huevos, aun no probaba su caliente y perfumada vagina, la habitación estaba cargada de erotismo y se podía respirar nuestras hormonas sexuales en el ambiente.

    Le fui quitando su calzón tipo bikini primero con mi boca mientras resoplaba mi aliento sobre su vientre lo cual la hacía estremecerse ya que sentía su piel de gallina al recorrerlo con mi lengua y labios, ayudado por mis dedos quite su prenda recorriendo aquella prenda por sus piernas y pies para poder sacarla de su cuerpo, mientras recorrí nuevamente aquel cuerpo llenándolo de besos y regresar a sus bubis menuditas, coronando 2 bellos pezones erectos y erizados por mis ardientes caricias, mientras con mis dedos ya acariciaban el interior de su ardiente vulva, los cuales propinaban las caricias que ella quería sentir en su interior, era muy rico poder besar y mamar esas hermosas tetas que hasta hace unas horas solo había podido acariciar sobre su ropa y que solo imaginaba en ese momento cuando me la estaba fajando en el cine, quemándome por poder probarlas ya sin ropa, así que me entretuve un rato mamándolas, acariciándolas dependiendo de sus gestos, yo podría determinar que le agradaba y que no. Ya tenía mis dedos en el interior de su vulva, y ella solo me acariciaba, recorría con sus manos mi cabeza pegándola a sus tetas suspirando, ella en la cama boca arriba y yo encima de ella explorando todo su cuerpo en aquella cama del motel de paso, empecé a bajar besando su cuerpo, por su vientre plano, y llegando a su puchita que no tenía mucho vello púbico, ella ya estaba húmeda por las caricias que le había aplicado mis dedos dentro de su cuevita mientras mi boca estaba en la entrada de su vagina saboreando de aquellos jugos de hembra ardiente, mi boca saboreaba cada labio de su vulva como si una dulce fruta se tratara, con mi lengua sentía cada milímetro de aquella cueva que sabía a gloria, ella solo gemía y se contorsionaba mientras yo trataba de hundir mi dedo y haciendo giros en su interior haciendo presión en su interior buscando su punto G, y con mi lengua parecía un león bebiendo el agua sagrada de aquel manantial que tenía un sabor delicioso, con ese peculiar sabor de néctar de mujer, un poco salado con un toque acidulado era el combustible del fuego de nuestra pasión.

    Ella ya estaba más que preparada, pero mi boca aun quería seguir probando la rica pucha de mi putita. Se la mamaba y ella solo gemía y se retorcía, me hundía la cabeza sobre su pucha ardiente y solo podía mirar desde mi posición estando entre sus dos morenas piernas abiertas de par en par y en ese horizonte sexual podía ver sus senos y cara que tenían ese esos gestos de placer, mis oídos escuchaban sus gemidos y palabras entrecortadas que indicaban que así le gustaba, así estuve unos minutos mamándole, hasta que se quedó quieta con espasmos en su vulva, y escurría su humedad a los lados de su entrepierna mi cara estaba llena de sus jugos y saliva de mi boca con alguno que otro vello de su pubis, mi lengua reptaba lo más que podía para poder entrar en aquella ardiente y húmeda puchita de mi reciente amante, sabía que había tenido alguno de los varios orgasmos que pude darle a esa bella princesa, así que me dispuse a penetrarla, pero antes tenía que devolver el favor, y le dije que me lo mamara, así que se dispuso a mamármelo suavemente no era experta pero si pasaba su lengua alrededor de mi verga, ya estaba bien parada y caliente embarrado de su saliva, salían gotas de lubricante de mi circuncidado glande que estaba ya embadurnado de líquidos, parecía un champiñón de lo hinchado, rojo y caliente, así que lo mamo muy rico, era una nena muy ardiente, no parecía que nos hubiéramos conocido en la mañana, aquella chica bien portada en la calle, le salió lo putita.

    Así yo sobre ella mientras la miraba a los ojos mientras nos acariciábamos y besábamos, mi verga ya la dirigía ella a la entrada de su vulva, jugo con el entre sus manos le estiraba el prepuso y lo retraía tratando de calentarme más lubricado ya estaba, mientras embarraba mi glande por sus labios vaginales los cuales estaba muy húmedos de su anterior venida, la fui empalando suavemente como queriendo disfrutar ese momento previo a la primera vez que mi verga entraba en ella, nos mirábamos frente a frente mientras nos propiciábamos caricias y palabras contenidas, únicas para ese momento erótico, le decía al oído palabras como “¿Te gusta mi amor? ¡Que rica estas! ¡Me encantas!” en determinado ya avanzado el coito con mi verga dentro de ella y moviéndonos al ritmo de coito, le dije que cambiáramos de posición y le indique que se pusiera en cuatro patas la clásica posición de perrito, por lo que ella me pregunto, “¿te gusta mi culito?” yo no acababa todavía de asimilar estar teniendo sexo con aquella adolescente y que ella me hiciera esa pregunta, me hizo pensar que ella necesitaba más nivel de cachondería, así que le empecé a dar estocadas leves intercaladas con fuertes empujones de palo dentro de ella, la poseía agarrándola de las caderas fuertemente se escuchaba el choque de mi pelvis con sus nalgas en nuestros oídos eran aplausos para esa unión carnal que teníamos, y de repente trataba de darle nalgadas suavemente para no espantarla, ella solo gemía y podía ver su rictus de placer en su cara, que daba frente al espejo de esa catedral del sexo, tenía a esa morenita empalada con la boca abierta emitiendo gemidos y palabras que a veces no se distinguían, y mi verga dentro de ella queriendo penetrar lo más que se pudiera, nalgueándola y en algún momento de éxtasis la tome del cabello para cabalgarla y retraer su cabeza hacia atrás en esa posición, mientras mi verga se hundía en esa vulva ardiente yo jalaba de sus riendas de aquella potranca, y en ese lapsus de placer se me escapo decirle “¡Eres mi putita! ¡Eres una perrita putita!” yo esperaba algún tipo de rechazo o que bajara la excitación si es que no le gustaba lo que le decía, pero las sorpresas aún continuaban (Y más me animo el haberle escuchado la pregunta de que si me gustaba su culo) ya que eso la prendió porque respondió afirmativamente “¡Soy tu puta!”, “¡Soy tu perra golosa!”, “¡Eres mi macho, mi hombre!”, “¿Te gusta mi culo verdad?”, esa palabras me calentaron de sobre manera, ya que me excitaba lo caliente que era esa niña. Dejaba de ser una niña fresa de la mañana, para ser toda una putita en la cama.

    Como en todo encuentro hubo una pequeña pausa para encontrar otra forma de unir nuestros cuerpos, en la habitación había un sillón tantra que tiene una forma especial para poder realizar posiciones placenteras en la unión de dos cuerpos que se están dando placer, así que nos movimos a este ahora yo recostado sobre la base boca arriba y ella subida en mí se ensartaba mi verga en su vagina bella, que no estaba ni muy peluda ni depilada, solo bien cuidada, abrió sus labios y fue metiendo mi pene dentro de ella, yo tenía frente a mi su cara juvenil, sus senos colgando ante mí con su pezón erecto fruto de aquella excitación que estábamos viviendo, mientras era testigo de cómo ella dirigía la maniobra de dirigir mi estaca hasta lo más profundo de su concha. Yo solo le tomaba de la cara para besarla mientras nos mirábamos a los ojos. lamia y mamaba de sus ricas y juveniles tetitas, mientras la penetraba con frenesís su rica puchita se contraía, como ella llevaba el control a veces lo hacía suave y en otras ocasiones lo hacía duro, moviendo sus caderas en círculos tratando de sentir el mayor placer, haciendo el torso arqueado hacia atrás, tocándose la cara y los pechos mientras yo la sostenía de la cadera, ella entre abría la boca, gemía y balbuceaba palabras frente a mí, sus palabras eran “que rico…”, “así, duro…“ , “Masss…” sentir el placer cuando lo sacas y lo vuelves a meter profundo, la fricción de mi pene en sus paredes vaginales era inmensa, en verdad parecía que estábamos hechos el uno para el otro, la fricción le sacaba gemidos de placer… “así mi macho, cógeme, soy una puta… soy muy puta…”, cambiamos de posición ahora ella viendo hacia atrás, veía la silueta de su cuerpo como se movía en nuestra danza sexual abriéndose las nalgas y volteando a verme mientras le daba nalgadas, eso nos prendía, cambiamos en varias posiciones ahora en la cama, la puse patitas al hombro y ella sentía mis embestidas más profundas, gimiendo más fuerte y bufando de placer, repetía sus palabras que ella veía me ponían como toro, yo ya estaba sudando copiosamente, aun no quería correrme dentro del condón que estaba para ese encuentro.

    Como les decía ella estaba consciente de que sus palabras me habían vuelto un toro, me sentía la estocada en el orgullo, ella siguió diciendo “te gusta mi culito? te gusta como esta mi culo, se ve bien?” yo solo con más vigor le propinaba vergazos en su rica y ardiente pucha y le decía que estaba bien rica, así que se la metí varias veces más, tomándola de la cadera, los dos improvisábamos nuestro ritmo a veces era ella quien tomaba la rienda y en otras yo la llevaba por ese sendero sexual, yo estaba fascinado con ella en mi cabeza no cabía que esa linda niña no teníamos más de unas horas de conocernos personalmente y ya me la estaba cogiendo y que resultara tan ardiente en la cama.

    Mientras la penetraba y le daba nalgadas, ella solo repetía… “soy tu perra papi, así cógeme… soy una puta… y tú eres mi padrote, mi macho, cógeme rico”.

    Tuvimos varios orgasmos después de haber estado amándonos en aquel recinto del placer, ella al menos tuvo tres, yo dos las cuales una de ellas quedo dentro del condón cuando me vine estando dentro de ella, y la electricidad de mi descarga activo sus espasmos los cuales apretaban mi verga con sus músculos vaginales, y mi otra venida fue cuando la tenía en posición de boca abajo y salí desde su concha arrancando la piel de plástico de mi palo, y sacudiéndolo sobre sus nalgas morenas, lo cual le embarre abundantemente por sus nalgas y su espalda baja mi crema del placer, lo cual ella solo tomaba entre sus dedos y la embarraba por su cuerpo, y algunos hilillos de mi néctar escurrió por su ano hasta llegar a mezclarse con los fluidos de su vagina.

    Descansamos abrazados, mirándonos besándonos acariciándonos y ya con mucha más confianza que en la mañana, platicábamos agotados en la cama, y me decía que nunca hubiera pensado que eso sucedería, pero que la puse muy cachonda en el cine, y que no pensaba que ocurriera por lo serio que estábamos al conocernos, ya que solo nos habíamos reunido por cuestiones “profesionales” así que ni planeado hubiera salido. Me comento en ese momento que al principio le parecía yo muy serio antes de conocernos sexualmente, y que nunca se imaginó que la hiciera vivir ese episodio “¿Quién te viera?” me comento y dentro de mí solo pensé para no ofender su estima, que también había resultado una ardiente pupila, que no me podía imaginar lo puta que resulto en la primer cita.

    Esta situación la catalogaría como si yo fuera su mentor o su profesor, ya que la diferencia de edad era de aproximadamente unos 8 años entre ella y yo, ella era una pupila recién saliendo de la universidad y yo ya con un poco más de experiencia profesional (y sexual).

    Nos duchamos juntos, fajando en la regadera. Nos alistamos para salir de esa catedral del placer y la deje en un sitio cercano a su domicilio para no comprometerla ya se había pasado de su tiempo que me había dicho para llegar a su casa, pero se veía muy complacida, quedamos de vernos después, aunque ella tenía novio, seguimos nuestra relación por varios meses más, y ya será en otra ocasión que les cuente, cuando le compre un disfraz de colegiala, y le tome fotos que podría compartir con ustedes si así lo quisieran, en aquella sesión fue igual o más ardiente que la primera, ya que el disfraz y las poses para las fotos son el fetiche de nuestra fantasía de ese próximo relato.

    Les dejo unas fotos que ella me envió mientras atendía el Cyber, me mandaba fotos de sus nenas y una foto, con el uniforme de colegiala, para que se la imaginen en este relato.

    Me despido de ustedes esperando que haya sido de su agrado este relato, que no trata de una escena de película porno con chicas de súper cuerpo de “top model” y yo galán de telenovela con pinga de negro de whatsapp jejeje.

    Solo quiero hacer una especie de tributo a esas hermosas féminas que me dieron la oportunidad de compartir un momento lleno de placer y erotismo. Y que gracias a sitios como este podemos disfrutar de la lectura de los mismos. Agradezco sus comentarios.

    Contacto: [email protected].